INTRODUCCIÓN HACIA UNA HISTORIA DE LA MARGINACIÓN EN EL PERÚ Claudia Rosas Lauro

“Nosotros también somos peruanos”.1 Doris Caqui

Este libro, que pertenece a la Colección “INTERTEXTOS” de Estudios Generales Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú, trata sobre la marginación en el Perú, analizada desde una perspectiva multidisciplinaria y de larga duración, que abarca desde la época colonial hasta la actualidad. Para ello, reúne una serie de trabajos de especialistas, sobre todo historiadores, cuyo objetivo es analizar las formas y condiciones de marginación a lo largo de la historia a través de una selección de casos, así como la situación e identidad de los diversos sujetos marginales y las representaciones que la sociedad elabora de ellos, incluso su propia autorepresentación. Asimismo, se aborda temas como la política del Estado o la actitud de la Iglesia ante los marginados, los procesos de desclasamiento o reintegración al cuerpo social, o la relación entre marginación, violencia y construcción de la memoria. También se estudian la situación de las minorías, la construcción de identidades y la elaboración de discursos por parte de los sectores marginados para lograr ser incorporados o ascender socialmente, la relación entre enfermedad, pobreza e imaginario social, las formas de adaptación y resistencia al sistema, entre otros temas. Los autores son, en su mayoría, profesores que enseñan o han enseñado en Estudios Generales Letras. Ellos nos brindan a través de sus investigaciones, diversas miradas a un problema fundamental en la historia de nuestro país, que es la marginación. Dicho problema ha sido elegido para mostrar a los estudiantes otra cara de la historia, aquella a la que estamos menos acostumbrados debido a la permanencia de viejos modelos en la formación escolar y en la cultura en general, que privilegian a las grandes figuras de la historia, los acontecimientos
La expresión “Nosotros también somos peruanos” que da título a este libro, ha sido extraída del Discurso “Una ofrenda para la memoria y la justicia”, pronunciado en el aniversario de la entrega del Informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, por la Sra. Doris Caqui viuda de Rímac, en la ceremonia del 28 de agosto de 2008 realizada en Lima.
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considerados relevantes y la sucesión de hechos de carácter político y militar del pasado. Se trata —en cambio— de una historia que centra su atención en lo social y, específicamente, en lo marginal, una “historia desde abajo”2 cuyos actores son los pobres, los marginados, los sectores subalternos o el pueblo. La selección del tema responde, además, a la propia naturaleza de Estudios Generales Letras, que tiene una vocación multidisciplinaria y humanística, que busca estudiar al ser humano en sus diversas dimensiones y desde diferentes perspectivas de análisis, que incluyen la sociología, la historia, la antropología, entre muchas otras disciplinas que están en permanente proceso de renovación. En este sentido, Generales Letras apunta a una formación integral del alumno, lo cual involucra tanto conocimientos y capacidades como actitudes y sensibilidades. Por ello, la perspectiva histórica cumple una función muy importante en esta etapa de formación inicial y durante el resto de la vida universitaria. Antes de sumergirnos en la lectura apasionante de los artículos que componen el libro, nos abocaremos a la comprensión de la noción de marginación y sus implicancias en el análisis histórico, y reflexionaremos sobre la marginación en la historia del Perú.

Aproximación a la noción de marginación Un considerable número de trabajos se han centrado en la marginalidad en Europa durante la Edad Media y la Edad Moderna.3 Veamos brevemente el origen de este tipo de estudios, las características de esta perspectiva de análisis y las fuentes que emplea. a) Origen: El estudio de los grupos marginales surge alrededor de los años 60 del siglo XX, cuando los grupos hippies, ecologistas, feministas, etc. ponen sobre el tapete el tema de la marginalidad consciente y contestataria en mayo del 68, lo que iba de la mano con la denuncia de la dominación y exclusión, y el creciente interés por la pobreza y sus causas. Este interés por la sociedad y sus grupos desplazados fue acogido por las ciencias sociales, especialmente por la sociología, que fue la primera en acercarse al estudio y comprensión de la naturaleza y dinámica de estos grupos.

Véase SHARPE (1991). Para un balance de los trabajos más importantes sobre la marginalidad en la Europa medieval y moderna consúltese PETIT (1998).
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Sin embargo, hay que recordar que el materialismo histórico y la historiografía marxista que se generan a partir de este mostraron, desde el inicio, su preocupación por estudiar a los pobres y marginados. Justamente, en 1966, el destacado historiador británico Edward P. Thompson, que pertenece a esta tendencia historiográfica, fue el primero en hablar de una historia desde abajo, con la intención de conocer las experiencias históricas de las personas cuyo papel en la historia pasaba desapercibido.4 Desde esta perspectiva, se dedicó a estudiar las experiencias de la clase obrera durante la Revolución Industrial. La década del 70 fue muy importante para la “descolonización” de la historia, que empezaba a cuestionar el “etnocentrismo” europeo y, con ello, se tomaba consciencia de la relatividad de los estudios. La posmodernidad, el proceso de descolonización de los antiguos territorios coloniales europeos y la lucha por los derechos de las minorías van a influir en esta transformación. La historia desde el centro fue cuestionada, porque no permitía abarcar con una sola mirada la sociedad en su conjunto y las nuevas perspectivas que se abrieron en su estudio permitieron pronto incluir a los “marginados” de la historiografía, para que formen parte de ella. Sin embargo, estas transformaciones también se relacionaron con dos cambios fundamentales en el campo historiográfico contemporáneo que se iniciaron con la revolución historiográfica francesa de los Annales:5 por un lado, la democratización de la historia, que amplió el terreno de estudio del historiador a sujetos antes olvidados, como los niños, los locos, las mujeres, los marginales, entre tantos otros, y, por otra parte, la fragmentación y atomización de la historia en diversos campos de estudio,6 entre los cuales estaba la historia de la marginalidad.7 Uno de los grandes exponentes de esta tendencia de investigación es el historiador polaco Bronislaw Geremek, cuyo objeto de estudio fueron los pobres y marginados en la Europa moderna.8 Como vemos, dos de los tres paradigmas historiográficos del siglo XX, marxismo y Annales, plantearon el tema de la marginalidad y la pobreza en sus enfoques. En este sentido, superaron las limitaciones del paradigma historiográfico tradicional o positivista, que centraba
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Entre las obras principales de este autor están THOMPSON (1989 y 1995). Véase BURKE (1994). 6 Un panorama de la historiografía actual lo tenemos en HERNÁNDEZ SANDOICA (2004). 7 Véase SCHMITT (1979: 400-426). 8 Las obras más importantes de este autor son GEREMEK (1989 y 1991a).

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su estudio en los “grandes” hombres de la historia —reyes, jefes militares, papas o presidentes—, para darles protagonismo a los marginados. En la actualidad, nuevos enfoques teóricos, como los estudios subalternos preconizados por importantes especialistas hindúes, estudian a los grupos subalternos de la sociedad.9 Para estos especialistas, el subalterno es, a grandes rasgos, quien está subordinado por clase, género, edad o de cualquier otra manera. b) Hacia una definición de marginación: La marginación es esencial para la constitución y comprensión de una sociedad. Esta se da por la trasgresión de las normas jurídicas y éticas, de las costumbres y los valores fundamentales de la sociedad. Jean-Claude Schmitt afirma que la marginalidad “implica un estatuto más o menos formal en el seno de la sociedad y expresa una situación que, en teoría al menos, puede ser transitoria; sin llegar a la marginalidad, la noción de integración (o reintegración), que indica la ausencia (o pérdida) de una estatuto marginal en el seno de la sociedad; y al contrario, más allá, la noción de exclusión, que señala una ruptura —a veces ritualizada— con relación al cuerpo social”.10 En este sentido, los marginales —apunta Nilda Guglielmi— son quienes, aun cuando pertenecen al cuerpo social o participan en él, no se encuentran identificados con la totalidad de las pautas y normas de este; en consecuencia, no responden al modelo que la sociedad establece.11 Por ello, es importante para la comprensión de una sociedad el análisis de los procesos de dominación, exclusión y marginación, a la vez que el estudio de la imagen social del marginado y las actitudes que la sociedad adopta frente a él. Las formas de rechazo, aislamiento, castigo, persecución y represión de marginales deben ser objeto de estudio. Un ejemplo muy estudiado es el de la bruja, en torno a la cual principalmente la Iglesia construye un estereotipo, que tuvo su apogeo con la cacería de brujas en Europa en los siglos XVI y XVII, y que también llegó a América. La bruja era, generalmente, una mujer sola que estaba fuera de la tutela masculina, que se había entregado al diablo por un pacto, hecho que se evidenciaba en una marca en su cuerpo, que significaba la renuncia permanente a Dios. Su pacto con el diablo les otorgaba el poder de realizar maleficium. Se trataba de una secta de adoradoras de Satán, quien se presentaba como hombre o animal para tener relaciones sexuales con ellas en los Sabbats o aquelarres, que eran reuniones de brujas a las que estas acudían volando. Asimismo, se les acusó de canibalismo, porque se pensaba que comían niños o
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Sobre este tema se puede consultar CHAKRAVARTY (2009: 27-56). SCHMITT (1979: 403). 11 GUGLIELMI (1986: 11).
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simplemente los asesinaban.12 Sobre la base de esta concepción plasmada en el Malleus Malleficarum o Martillo de las brujas, la Inquisición se encargó de perseguir y ajusticiar a mujeres acusadas de brujería. Sin embargo, se debe tener en cuenta que muchas veces existe una actitud ambivalente frente a los grupos marginados, que oscila entre el rechazo y la compasión. Es el caso de los pobres en la Europa medieval y moderna, frente a los cuales la sociedad tiene una actitud ambigua: por un lado, la pobreza tiene aspectos positivos, pues el pobre es la imagen de Cristo y permite la caridad, que es un principio cristiano de gran valor; y, por otra parte, su condición está relacionada con aspectos negativos como son el castigo divino, la criminalidad y el ocio. Asimismo, este ejemplo nos permite señalar que la marginación también está ligada a un criterio de utilidad social. En este caso, la función social del pobre sería permitir la caridad, que era muy importante para la salvación del alma. También hay que señalar que hubo formas de marginalidad voluntaria o automarginación. Este es el caso de los movimientos de pobreza voluntaria como el franciscanismo o los Pauperes Christi, que siguieron el ideal de pobreza voluntaria. La categoría de marginalidad tiene carácter relativo; en general, es una categoría móvil y cambiante, ya que se puede pasar de marginado a integrado en la sociedad, y viceversa. En el proceso de integración de los marginados al cuerpo social, cumplieron una función la familia, las confraternidades, las formas de seudoparentela o compadrazgo, las formas institucionales elaboradas por la autoridad, entre otras. Un ejemplo de esto pueden ser los esclavos, quienes podían obtener la libertad de parte de sus amos a través de las cartas de manumisión, que cambiaban su condición de esclavitud por la de hombres libres. Sin embargo, sus formas de resistencia y adaptación al sistema los llevaron a utilizar estrategias legales y económicas para la obtención de su libertad, el establecimiento de relaciones afectivas con sus amos para el logro de sus fines, e, incluso, las rebeliones y las fugas. En muchos casos, los marginados tienen un mundo paralelo y una cultura propia. Como ejemplo podemos mencionar un caso de consolidación de la marginación que Geremek encuentra en los delincuentes profesionales que viven del crimen, quienes comparten un lenguaje o jerga propia, signos particulares (tonsura, tatuajes, etc.), espacios de sociabilidad
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Para un análisis de la construcción del estereotipo de la bruja, se puede consultar COHN (1980: 285-329).

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(tabernas, burdeles, prisión, etc.), técnicas propias (fabricación de ganzúas, por ejemplo) y reglas de honor (juramento, secreto, etc.).13 Asimismo, la situación de los marginados varía de acuerdo a su pertenencia a un grupo social, es decir, que, mientras más elevado es su estatus social, sus condiciones de vida serán mejores. En efecto, las categorías de clase social o estamento, género, raza o etnia, etc. se entrecruzan con las formas de dominación y marginación. La historia de los marginados no solo forma parte de la historia social, sino que también está relacionada con la historia de las mentalidades, que estudia, entre otros temas, los sentimientos y actitudes colectivas.14 Los marginados pueden generar miedo y, en algunos casos, hasta odio, que puede llevar a buscar su eliminación. Un ejemplo es el de los judíos, cuyo estereotipo construido en la Baja Edad Media e inicios de la modernidad los tachaba principalmente de ser deicidas —por ser acusados de haber matado a Cristo—, de practicar la profanación de la hostia y el cáliz, y de pertenecer a una religión y estilo de vida diferentes. Asimismo, se los acusaba de realizar asesinatos rituales de niños, adorar a Satán y atentar contra la sociedad cristiana a través de actos como el envenenamiento del agua. Según Delumeau, del antijudaísmo local, diverso y espontáneo se pasó al antijudaísmo unificado, teorizado, generalizado y clericalizado, que llevó a que el miedo al judío se convirtiera —en muchos contextos— en odio.15 Así, en momentos de crisis, el odio, sentimiento que busca la eliminación del sujeto odiado, inició los progroms y masacres de judíos en Europa. En efecto, los sentimientos colectivos de miedo y odio son, en muchos casos, instrumentalizados por el poder y, en momentos de crisis, los marginados se pueden convertir en “chivos expiatorios”.16 Asimismo, por considerarse peligrosos, se los separa de la sociedad, pero, al mismo tiempo, deben ser visibles, pues reflejan lo opuesto al modelo social, siendo un ejemplo —negativo— de los riesgos de no seguir la pauta común. Esta ruptura del marginado con la sociedad a veces es ritualizada y se visibiliza con signos exteriores infamantes que expresan su condición. Un ejemplo es el de los leprosos de condición humilde en la Edad Media, a quienes, a través de una ceremonia solemne e impresionante en la Iglesia, se los

Véase GEREMEK (1991b). Una buena síntesis sobre historia de las mentalidades se encuentra en VOVELLE (2004). 15 Un capítulo dedicado al miedo al judío lo tenemos en DELUMEAU (2002: 423-470). 16 Para estudios sobre los miedos y odios colectivos en la historia del Perú, se pueden consultar los libros editados por ROSAS LAURO (2005 y 2009).
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separaba de la sociedad, negándoles sus derechos, y se los enviaba al hospital o leprosorio fuera del pueblo, donde debían permanecer recluidos para evitar el contagio. Cuando salían esporádicamente a pedir limosna y caridad, debían portar la vestimenta que los distinguía, un bastón, una escudilla y una matraca o sonaja que los identificaba y anunciaba su llegada.17 El espacio también se encuentra en esta historia porque su asimilación al territorio conocido pasa por procesos de exclusión e integración. La marginalidad espacial estudia la función que cumplen los márgenes o confines geográficos y culturales que separan el mundo conocido del desconocido, donde surge un nutrido imaginario. Sin embargo, en el propio mundo occidental están las fronteras internas que separan el mundo de los hombres del mundo salvaje. En la Edad Media y Moderna, los bosques, las zonas áridas o el mar eran áreas marginadas donde el imaginario medieval tomaba forma a través de monstruos, sirenas o hechos sobrenaturales. c) Las fuentes: Uno de los problemas que debe afrontar la historia de la marginalidad radica en la escasa documentación que nos trasmita información directamente producida por los mismos marginados. A pesar de ello, los “archivos del poder” generados por el Estado, la Iglesia u otra institución cuentan con documentos —que, muchas veces, nacen de algún interrogatorio a un criminal o a un hereje—, que nos ofrecen información indirecta sobre estos grupos. Estos documentos generados por la represión requieren, como toda fuente, un análisis crítico para servir como fuente fiable a la historia. Para Jim Sharpe, pese a la dificultad de encontrar fuentes directas de la gente común y corriente, este modo de hacer historia se basa en un enfoque diferente, pues la historia desde abajo cumple dos importantes funciones: la primera es la de servir de correctivo a la historia de las personas relevantes, y la segunda consiste en que, al ofrecer este enfoque diverso, “la historia desde abajo abre al entendimiento histórico la posibilidad de una síntesis más rica, de una fusión de la historia de la experiencia cotidiana del pueblo con los temas de los tipos de historia más tradicionales”.18 Para concluir el breve esbozo de esta perspectiva de análisis, es importante enfatizar en que este tipo de historia permite el estudio de los marginales y de otros sujetos históricos similares
17 Sobre la marginación de los enfermos, en especial los leprosos en la Edad Media, véase GUGLIELMI (1986: 108-173). 18 SHARPE (1991: 50-51).

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en tanto actores y creadores de la sociedad, cuyas acciones afectaron de diferentes maneras el mundo en que vivieron. Esto significa restituir a los grupos marginados su propia historia y, con ella, su memoria, su identidad y sus sentimientos de procedencia y pertenencia. Es más, la identidad de un grupo o una nación no se fundamenta solo en sus grandes figuras, sino también en cada individuo que, en su cotidianeidad, fue construyendo la sociedad y su futuro. Esta forma de hacer historia, que reconstruye las vivencias de la gente corriente, debe buscar escribir una historia que sea inclusiva y que reconozca la voz de aquellos que permanecieron silenciados a través de los siglos. Esta función es muy importante porque reconocer su papel histórico es afirmar su agencia en la creación de la historia, tanto del pasado como del tiempo presente. En un país como el nuestro, donde los problemas de marginación, desigualdad social, pobreza y subalternidad son muy marcados, la historia tiene una responsabilidad social de primer orden y este libro quiere ser una contribución a responder a esta demanda social. A continuación, veremos una aproximación a la historia de la marginación en nuestro país.

El libro como un aporte y aproximación a la historia de la marginación en el Perú El libro se inicia con un tema fundamental para la comprensión tanto de nuestra historia como del problema de la marginación. El interesante artículo de la destacada historiadora Karen Spalding analiza un aspecto olvidado de la historia de los derechos humanos, que está íntimamente ligado a nuestra historia y que se refiere al llamado “problema del indio”. Este no es un tema circunscrito a los siglos XIX o XX, sino que hunde sus raíces en el siglo XVI y es de allí desde donde debemos partir para contar con una comprensión cabal y de larga duración sobre la situación del indio en el Perú. La autora explica cómo la legitimación y establecimiento del sistema colonial se basó en la falta de reconocimiento de los derechos de los indios y su concepción de subordinación frente a los españoles. Para ello, retoma una de las posiciones sobre la historia de los derechos humanos, que ve sus antecedentes en un campo generalmente rechazado como favorable al surgimiento de derechos universales, que es la Iglesia del siglo XIII y el cuerpo de leyes heredadas de la tradición romana y canónica.19 Esta interpretación se contrapone con la más conocida, que señala que la idea de derechos humanos nació como parte de la Ilustración y la

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Una relación de documentos de la época sobre el tema puede verse en FLÓREZ (2010).

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Revolución francesa, cuando se formuló el concepto de los derechos del hombre y el ciudadano en 1789.20 Spalding ofrece una interpretación —desde la perspectiva generalmente rechazada— sobre el gran debate que se desarrolló a mediados del siglo XVI acerca del conflicto entre el derecho que tenía el rey Carlos V sobre América y los derechos de sus habitantes, los indígenas. Ello se debe a que —en esta línea argumentativa— el Estado moderno, en lugar de ser concebido como la culminación de la evolución política y el protector de los derechos humanos, es visto como un poder que tiene poco o ningún interés en reconocer estos derechos en la medida en que vayan en contra de lo que el Estado entiende como sus propios intereses. La autora nos dice cómo la idea de una raza humana dividida entre superiores e inferiores no estaba presente en el pensamiento de los mejores teólogos canonistas del siglo XVI, que se basaban en una larga tradición jurídica que tenía como punto de partida la idea de que toda la raza humana había sido creada por Dios y, por eso, estaba regida por la ley divina, es decir, natural. Siguiendo esta idea, estos teólogos jurídicos plantearon que los seres humanos de las tierras descubiertas por los españoles debían ser tratados de acuerdo a las mismas reglas que regían las relaciones entre los príncipes europeos y su gente. Bartolomé de las Casas fue el más destacado representante de esta tradición. Sin embargo, estos planteamientos fueron rechazados por otro grupo de teólogos, cuyo más distinguido exponente fue Juan Ginés de Sepúlveda, que apoyaban el aumento del poder del nuevo estado en formación. De esta manera, se elaboró una tradición basada en el desarrollo de los intereses del estado español por encima de los derechos humanos de los indios. Spalding explica cómo este proceso se desarrolló durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo, quien, además de desatar una guerra de palabras contra la legitimidad de los incas, organizó una campaña política y militar para eliminar toda posible sucesión incaica. La consolidación del sistema colonial en los Andes significó la subordinación de la población indígena al Estado español y el fin de toda posibilidad de desarrollo de una tradición basada en el reconocimiento de los derechos humanos de los indios, situación que duró hasta mucho tiempo después en la historia de nuestro país. Este artículo está emparentado de muchas
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Véase HUNT (2009).

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maneras con el de Nelson Manrique, que trata sobre la construcción del discurso racista en el Perú en “la larga duración”, siguiendo la expresión de Fernand Braudel. El siguiente trabajo también aborda el contexto del siglo XVI, pero desde la situación de las mujeres cuya prominente condición social se ve afectada por las guerras entre los conquistadores y el convulsionado período de las rebeliones de los encomenderos. El artículo, que forma parte de una investigación en curso para una tesis doctoral, es una contribución importante al volumen, porque, si bien es cierto que a lo largo de las últimas décadas los historiadores han prestado interés al estudio de la historia de la mujer en América en la época de la Conquista y la Colonia, todavía hace falta mucha investigación en este campo.21 Liliana Pérez Miguel, en su artículo ““Viudas y pobres como lo soy yo”: mujeres marginadas en el Perú del siglo XVI”, aborda los casos de aproximadamente quince mujeres de la Audiencia de Lima, pertenecientes a la élite, españolas en su mayoría, a excepción de dos casos de mujeres de la nobleza inca y una mestiza. Sobre esta base, analiza cómo se produce el desclasamiento de estas damas de elevada posición social que fueron despojadas de su estatus y derechos, y que cayeron en una condición de marginalidad al convertirse en viudas de los conquistadores y encomenderos, situación que —en la mayoría de los casos— las llevó a un estado de pobreza y desplazamiento social, entendidos en el marco de una sociedad de antiguo régimen con una fuerte jerarquización social, estructuras de dominación colonial y diferenciación racial. En este sentido, en la sociedad colonial existieron mujeres que pertenecían a grupos subalternos como indias, negras esclavas, mestizas, entre otras, que vivieron una situación de permanente marginalidad que alternaron con diferentes formas de resistencia. Sin embargo, el estudio del frágil mundo femenino de la naciente élite sujeto a los avatares de las guerras nos ofrece una mirada a los procesos de movilidad social y desclasamiento, a las formas de identidad y autorepresentación de estas mujeres en sus discursos, a sus estrategias para lograr de nuevo una posición acomodada, entre otros muchos rasgos de la sociedad colonial temprana. Siguiendo esta línea, la autora estudia los diversos mecanismos utilizados por estas mujeres para salir de esta situación de marginación y recuperar un estatus y posición social y económica, que les permitiese reintegrarse y participar nuevamente de forma activa en la
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Véase como ejemplo representativo de esta tendencia historiográfica MORANT (2005).

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sociedad colonial: el empleo de canales legales y el uso de la justicia a través de peticiones al rey y pleitos contra la Corona, otros encomenderos o, incluso, contra otras mujeres encomenderas. En estas peticiones y procesos judiciales, Liliana Pérez llama la atención sobre la retórica utilizada por estas mujeres viudas para salir de la situación de marginalidad y pobreza en que se encontraban, apelando a su condición de mujeres, de otrora miembros de la élite, a su estado de viudez, entre otros argumentos que construían una autorepresentación acorde con los valores de la época. Al mismo tiempo, observa cómo, en muchos casos, las damas desclasadas emplearon estrategias matrimoniales para salir del estado en que se encontraban, por lo que algunas llegaron a casarse en varias oportunidades para reintegrarse en la élite dominante. Además de las mujeres, en la sociedad colonial los niños y jóvenes tuvieron, en muchos casos, una situación subalterna y marginal, al punto que aún no han sido incorporados al discurso histórico peruano. En efecto, los niños han sido y son sujetos de la historia y, sin embargo, hasta hace muy poco, fueron olvidados por el discurso histórico.22 El descubrimiento historiográfico de la infancia lo debemos a la obra pionera del historiador francés Philippe Ariès, quien devolvió a la memoria histórica a los niños y niñas del pasado a través del estudio del sentimiento y la actitud de los padres hacia los hijos en la sociedad del Antiguo Régimen.23 Luego, el conjunto de trabajos que compila Lloyd DeMause significó el estudio sistemático de la infancia en la historia.24 Si bien la literatura sobre el tema ha proliferado en diversos países desde estos estudios pioneros, en el Perú esta historia está aún por hacerse. Lo mismo ocurre con la historia de los jóvenes, que tiene un hito importante en los volúmenes editados por Giovanni Levi y Jean-Claude Schmitt, dos reconocidos historiadores.25 En este sentido, el artículo de Teresa Vergara titulado “Vivir y crecer en Lima: niños y jóvenes indígenas en el siglo XVII” es un aporte importante y novedoso al libro, pues —como señala la autora—, es necesario considerar la doble condición de marginalidad, cronológica y étnica, que tenían los niños y jóvenes indígenas en la sociedad colonial: siendo además de menores de edad, indios. Esta situación, salvando las distancias, se relaciona con la situación de marginación y pobreza que viven actualmente muchos niños y jóvenes en nuestro país, y que

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Véase BECCHI y JULIA (1998). ARIÉS (1973). 24 DE MAUSE (1974). 25 LEVI y SCHMITT (1996).

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se puso de manifiesto con toda crudeza durante en el conflicto armado interno, tal como muestra el estudio de Elizabeth Acha a partir del Informe final de la CVR.26 Teresa Vergara estudia cómo llegaban los niños y jóvenes indígenas a la ciudad de Lima, las diferencias en sus patrones de migración, y su inserción en la vida económica y social limeña, con el objetivo de analizar cómo vivían y qué capacidad tuvieron para influir en el desarrollo de su propia vida. Pero, además, el trabajo muestra que, en el proceso de convertirse en adultos en la capital del Virreinato, los niños y jóvenes indígenas fueron adquiriendo herramientas y desplegaron estrategias para discutir su condición de “menores de edad” y reclamar su derecho a ser considerados indios adultos. Para reconstruir esta dinámica, las fuentes manuscritas que utiliza la autora son contratos de trabajo, juicios y un expediente matrimonial. Los casos analizados por Vergara muestran que el paso de Nicolás Ayllón de niño a adulto, de sirviente a artesano, de infiel a creyente y de bárbaro a ladino fue similar al de otros niños indígenas que crecieron en Lima. El proceso de crecer en la ciudad significó para estos niños un tiempo de perfeccionamiento del castellano, de adquisición de valores y creencias, así como de conocimientos de tecnología y legislación españoles. Para la autora, este fue un período en el que adquirieron las herramientas y los conocimientos que, luego, como adultos, utilizaron para intentar colocarse más allá de los límites que se les había impuesto como población colonizada y reivindicar el derecho a ser considerados indios capaces, respetables y verdaderos cristianos. Por su parte, Claudia Rosas Lauro, en su artículo “Vagos, ociosos y malentretenidos. La idea de pobreza en el Perú del siglo XVIII”, empieza señalando cómo, en nuestro país, la pobreza es un problema estructural de larga duración y, paradójicamente, carecemos de una historia de la pobreza realizada por especialistas y solo contamos con trabajos fragmentarios y, sobre todo, centrados en el presente. Por ello, el ensayo analiza la idea de pobreza y la imagen del pobre en el Perú durante el siglo XVIII, especialmente en las últimas décadas de esa centuria, en que fue importante la producción de discursos, imágenes y representaciones sobre la sociedad peruana, que tendrán vigencia en el siglo XIX.

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ACHA (2007).

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Así, la burocracia virreinal y la élite construyeron una imagen de pobreza, vagancia y ociosidad en función de los valores ilustrados de trabajo, utilidad y orden en los periódicos, como en el Mercurio Peruano, o bajo el formato de libros, como en el caso de la Reforma del Perú. A estas representaciones iba asociado el concepto de plebe que el discurso ilustrado y borbónico va a emplear como diferente de la categoría de indígena. En estos textos, se pueden distinguir los niveles, grados y umbrales de pobreza que establece el discurso ilustrado, cuyo vocabulario alude a pobres, vagos, ociosos, malentretenidos o miserables. Al mismo tiempo, la idea ilustrada de pobreza se relaciona estrechamente con el problema de la marginalidad, la discriminación y las formas de exclusión en la sociedad colonial tardía. Estas imágenes y discursos alimentaron los temores que despertaban estos sectores en la élite y el Estado colonial, avivados por las rebeliones indígenas anticoloniales. Finalmente, el artículo estudia la actitud que adoptan tanto el Estado colonial como la Iglesia frente al problema de la pobreza, en el contexto de las reformas borbónicas que apuntaron también a la reforma de las costumbres de la sociedad, en especial de la plebe. De la época colonial pasamos a la República a través del artículo de Jesús Cosamalón Aguilar titulado “Entre la discriminación y la integración. La servidumbre doméstica y la construcción del mestizaje en Lima en el siglo XIX”. El autor, especialista en historia social y de la ciudad de Lima en los siglos XVIII y XIX, analiza las características de los sirvientes domésticos y su gran variedad, para mostrar cómo el espacio doméstico y privado se convirtió en uno de los elementos fundamentales en la elaboración del mestizaje cultural en la capital. Para ello, se vale principalmente de los registros del Censo de Lima de 1860 conservados en el Archivo Histórico Municipal de Lima, y también de expedientes matrimoniales y de divorcio, así como de reglamentos de trabajadores, entre otras fuentes. El autor, para establecer la composición social de los servidores domésticos y su papel en la conformación de la cultura urbana limeña del siglo XIX, rastrea sus precedentes en la época colonial. En este sentido, el artículo está emparentado con el de Teresa Vergara, que refiere la situación de niños y jóvenes indígenas en la Lima del XVII, que se convirtieron —a veces temporalmente— en servidores domésticos, para, luego de un aprendizaje, ejercer un oficio. Sin embargo, se trata de un tema de gran actualidad, porque muchos de los aspectos que se pueden apreciar en el servicio doméstico en la larga duración tienen vigencia en nuestro país

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hasta la actualidad. Un ejemplo interesante de ello está en este mismo libro, en la reseña que hace Rodrigo Benza del Proyecto Empleadas de su autoría, que realizó utilizando la técnica del teatro documental y en el que recoge los testimonios de trabajadoras del hogar. Si bien Cosamalón parte de la dimensión discriminatoria, explotadora y racista de la labor doméstica en la época colonial y republicana, trata de mostrar que, a pesar de esas características y junto con ellas, se construyeron otras dimensiones sociales y de intercambio que terminaron por generar un rico y complejo mestizaje en la ciudad de Lima. En efecto, los sirvientes, a pesar de vivir en una sociedad que los discriminaba y estigmatizaba, y estar bajo el dominio del patrón, establecieron lazos entre ellos y lograron reproducir costumbres culturales en los espacios que compartían. El paternalismo, la discriminación y el racismo se mezclaban en estas relaciones, junto con la violencia, el abuso y el desprecio por el otro. Sin embargo, desde el principio, este tipo de trabajo produjo la coincidencia, en el mismo lugar, de indios, mestizos, españoles, castas y negros. Por eso, surgían entre ellos los matrimonios interétnicos y las relaciones amicales y de compadrazgo. Durante el siglo XIX, la servidumbre doméstica progresivamente fue siendo ocupada por cada vez mayor número de indígenas, debido, en parte, a la disminución del comercio negrero y la posterior eliminación de la esclavitud, así como al crecimiento de la ciudad. Por ello, el maltrato, racismo y marginación se hicieron más fuertes. A esta situación hay que agregar la presencia de chinos, que también llegaron a desempeñar este trabajo. Así, los reglamentos de trabajadores reflejaron el temor de la sociedad a estos grupos y, al mismo tiempo, la necesidad que tenían de ellos para asumir estas labores. Por su parte, Jeffrey Klaiber S.J. nos ofrece una visión sintética y analítica de la relación entre la Iglesia y la marginalidad, no solo en el Perú, sino en toda América Latina, cuya historia recorre desde el período colonial hasta la actualidad. En su artículo “La Iglesia y la marginalidad en el Perú y América Latina del siglo XVI al XXI”, el autor explica cómo la Iglesia ha estado al lado de los pobres y marginados desde el período colonial hasta la actualidad. Klaiber, especialista en historia de la Iglesia en el Perú y América Latina, y con varias publicaciones importantes sobre esta temática, afirma que, más allá de lo estrictamente

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sacramental, ha habido religiosos y religiosas que se preocupaban de la caridad directa y la atención humanitaria en hospitales, orfelinatos y asilos para los enfermos mentales. Asimismo, el autor resalta que, si bien durante la mayor parte de su historia, la Iglesia se ha guiado por una visión social y política conservadora, nunca abandonó su labor humanitaria. Es más, señala que, si bien en los últimos años la Iglesia católica ha experimentado una disminución en el número de sacerdotes y religiosas, sigue siendo la institución religiosa y humanitaria más grande al servicio de los pobres y marginados en toda América Latina. El trabajo está dividido por etapas. Sobre la época colonial, Klaiber explica la llegada de las órdenes religiosas, el desarrollo de las misiones y la presencia de personajes, como Bartolomé de Las Casas, que defendían a los indios contra los abusos de los colonos —sin embargo, y lamentablemente, la Iglesia no defendió a los esclavos negros de la misma manera—. En este punto, el artículo se relaciona con los de Karen Spalding y Nelson Manrique. Luego, el autor continúa con la Independencia y el siglo XIX, periodos en los que se produce un vacío por la emigración de religiosos que, luego, se va paliando con la llegada de nuevos grupos. Asimismo, Klaiber destaca la labor de los religiosos y religiosas en la educación popular, y las transformaciones que se dan al interior de la Iglesia católica en el siglo XX con el surgimiento de la Teología de la Liberación y la Conferencia Episcopal de Medellín en 1968, que cuestionaron el asistencialismo de los grupos conservadores. Finalmente, sobre todo después del Concilio Vaticano II, la Iglesia también asumió la defensa de los derechos humanos y la democracia como parte de su misión, lo que llevó a la muerte a muchos religiosos que lucharon por estos principios. Por su parte, el destacado historiador y sociólogo Nelson Manrique, en “Los justos títulos de la guerra. De Ginés de Sepúlveda a los ppkausas”, nos presenta, desde una perspectiva de larga duración, uno de los problemas más importantes para comprender la marginación y la exclusión en el Perú: el racismo. Este es enfocado como una ideología, pero también se resalta su pertenencia al ámbito de la mentalidad y, por ello, su resistencia al cambio a lo largo de los siglos, al punto que varían los metarrelatos, pero el núcleo duro del discurso racista que se basa en la naturalización de las diferencias sociales, pervive —parafraseando a Braudel— como una suerte de cárcel de larga duración.

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Manrique rastrea este núcleo duro del racismo a mediados del siglo XVI a través del pensamiento teológico de Ginés de Sepúlveda, quien, basándose en la doctrina de la servidumbre natural de Aristóteles, sostuvo que la inferioridad de los indios estaba fundada en su condición natural. Tiempo después, en el siglo XIX, el pensamiento político de Bartolomé Herrera, que fue muy influyente entre los intelectuales de la fracción criolla dominante, continúa esta tradición de raigambre religiosa y con tintes providencialistas, que, a fines de esa centuria e inicios del XX, terminó por revestirse con una argumentación científica “moderna” gracias a la influencia del positivismo y el evolucionismo. El darwinismo social o racismo científico presente en el discurso de los intelectuales de la Generación del 900 dotó de una sustentación no providencialista, laica y científica a la largamente interiorizada convicción de que la inferioridad de los indios se debía a su naturaleza y se explicaba en función de su biología. Manrique enfatiza, en todo momento, cómo se ha mantenido la idea esencial del discurso racista de que el orden social es la consecuencia de un hecho natural y de que la existencia de diferencias biológicas esenciales entre los seres humanos son las que crean y legitiman relaciones de superioridad e inferioridad entre ellos. El autor señala que, si bien después de la Segunda Guerra Mundial las doctrinas racistas resultaron tremendamente desprestigiadas en la esfera pública y se vieron forzadas a replegarse al ámbito privado, en la práctica, el racismo sigue teniendo una vigorosa vigencia. Para demostrarlo, Manrique recurre al caso de la reciente elección presidencial, en que las expresiones racistas vertidas en Facebook por los ppkausas contra uno de los candidatos serían un buen ejemplo de esta persistencia. Por su parte, Carlos Pardo-Figueroa Thays, especialista en los gitanos en el Perú y con diversas publicaciones sobre el tema, nos presenta el caso de este grupo, una de las minorías menos conocidas en nuestro país y una etnia que ha sido invisibilizada por la historia peruana hasta época muy reciente. Este hecho nos ha animado a incluir un artículo sobre este grupo marginal en este volumen, realizado por su principal especialista. En el trabajo “Marginación, cultura popular y mestizaje: los gitanos ludar y el circo en los siglos XIX y XX”, el autor rastrea los orígenes —hasta remotos— del pueblo gitano y algunas características importantes de su etnicidad, y muestra la llegada de grupos gitanos a fines del siglo XIX, pero se centra sobre todo en los orígenes de uno de los grupos, los gitanos

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ludar y estudia sus principales patrones culturales en nuestro país. Uno de ellos se relaciona con su intensa actividad en el espectáculo, en particular en el circo. Este aspecto es interesante porque los profesionales del espectáculo han sido objeto de marginación desde la Edad Media y se trata de un grupo que padece de estigmas y prejuicios.27 A partir de este recorrido, PardoFigueroa plantea algunas reflexiones sobre la presencia gitana en el Perú en relación con la multiculturalidad, la marginalidad, la cultura popular y el mestizaje, y rescata del olvido historiográfico a esta minoría que forma parte de nuestro país. Para ello, se vale, además, de las fuentes bibliográficas y archivísticas, de entrevistas a los propios actores de los acontecimientos y de fotografías que ilustran sus testimonios. El autor señala cómo los gitanos peruanos han sido objeto de una marginación en el Perú y en otros países, pues son discriminados y vistos como extranjeros en su propia tierra. Esta idea la ilustra con un caso reciente de marginación y persecución acontecido en Europa y, en particular, en Francia. Pardo-Figueroa señala que no debe sorprender que los gitanos —que son una minoría nacional— hayan sido ignorados o vistos según estereotipos importados de Europa, pues, históricamente, las grandes mayorías indígenas en nuestro país han sido menospreciadas, circunscribiendo su aporte a elementos turísticos, museológicos o históricos del pasado y dejando de lado su aporte en el presente. El tema es un buen ejemplo de cómo los estereotipos se pueden mantener en la larga duración, pues muchas de las imágenes negativas que existen hasta hoy sobre los gitanos provienen de aquellas representaciones que llegaron de Europa en el periodo colonial. Roisida Aguilar, historiadora de formación y con estudios doctorales en ciencia política, analiza cómo, entre 1924 y 1956, se logró el sufragio femenino en el Perú, que significó para las mujeres un paso importante para superar su marginación de la vida política del país. Esta cronología responde a que, en 1924, se creó la Asociación Feminismo Peruano con el objetivo de lograr el sufragio femenino, y, en 1956, las mujeres obtuvieron la ciudadanía y el derecho de sufragio, lo que les permitió votar en las elecciones presidenciales y las del Congreso, y además participar como candidatas al Congreso. Para ello, la autora utiliza como fuentes esencialmente los Diarios de Debates de la Cámara de Diputados y los periódicos de la época, a partir de los cuales reconstruye, de manera precisa, los discursos y las posiciones de los actores en torno a la
27

Véase GEREMEK (1991b).

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participación de las mujeres en la política. Es de destacar la relación que se hace de los argumentos masculinos empleados para justificar la marginación política de las mujeres, que iban desde su naturaleza, que no las hacía aptas para el ejercicio de la política, su falta de formación o el hecho de que la educación que habían recibido era religiosa, hasta la presunción de que su religión católica las hacía proclives a un voto conservador o influenciable por la Iglesia, o que realizaban un trabajo no remunerado que incluso no era considerado trabajo, lo que no las hacía merecedoras del voto. Dichas posiciones son vistas a la luz de la condición jurídica de las mujeres en el Perú antes de la consecución del derecho de sufragio. Sin embargo, el artículo “Vía crucis de las mujeres peruanas para salir de la marginación política, 1924-1956” no solo aborda el contexto y los debates en torno al voto femenino, sino que estudia el despliegue de las estrategias que desarrollaron las propias mujeres para romper las cadenas jurídicas que las marginaban de la vida política del país y cómo finalmente, en 1956, lograron obtener el derecho al sufragio y la presencia de representantes mujeres en el Congreso de la República por primera vez. Entre las diversas estrategias que pusieron en marcha las mujeres, estuvieron la fundación de una asociación denominada Feminismo Peruano, que, bajo el liderazgo de Zoila A. Cáceres, buscaba el sufragio femenino; el promover proyectos de reforma de la Constitución de 1933 que eliminaran las restricciones al voto femenino; o el empleo de la prensa escrita para crear una opinión pública favorable al derecho de las mujeres a participar en la política. De esta manera, las páginas de Roisida Aguilar nos muestran un capítulo importante de la lucha por los derechos humanos y políticos en el Perú. En el siguiente artículo, el historiador Antonio Zapata sintetiza la historia de uno de los pueblos jóvenes más representativos de nuestro país, tema que es fruto de una investigación doctoral de largo aliento. En “Comunidad y conflicto: historia de Villa El Salvador. Lima, 1971-2000”, el autor sitúa su origen bajo una forma de urbanización que utiliza mecanismos que están fuera del mercado convencional capitalista, en la que la población llega a un terreno vacío, donde progresivamente va completando el equipamiento urbano elemental y, como generalmente no hay propietarios privados, la relación fundamental que se establece es entre el Estado y estos pobladores muy pobres. El autor resalta el rol de las barriadas como tipo de urbanización que ha recibido diversos apelativos en los distintos países y es muy difundido en América Latina. Asimismo, lo relaciona con los procesos de migraciones y los proyectos de

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urbanización, atendiendo al contexto económico, social y político en que se desarrollan y prosperan. Zapata demuestra cómo Villa El Salvador es el primer ejemplo de una gran barriada asistida por el Estado con un plan general de ocupación y con el compromiso de implementarlo. Inicialmente, durante el gobierno de Juan Velasco (1968-1975), este impulso fue decidido, pero, en el gobierno siguiente, el de Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), esto cambió, lo que generó un fuerte grado de conflicto y hostilidad. Es interesante el análisis que hace el autor de la composición social y demográfica, el proceso económico, la actividad política, el papel de la familia, la comunidad y la participación femenina, entre otros temas que integran el cuadro de la dinámica evolución de Villa El Salvador. En este cuadro se puede apreciar cómo pobladores muy pobres y marginados, a pesar de la desigualdad social y económica del país, se convierten en agentes de su propia historia y forjan su propio destino. A su vez, Jorge Lossio, especialista en temas de historia de las enfermedades, la salud y la medicina, estudia la relación entre la marginación y la salud pública en el Perú a partir de la difusión del virus AH1N128. El autor relata cómo, en abril del 2009, las autoridades sanitarias y políticas mexicanas anunciaron la aparición de un extraño virus de influenza reconfigurado, el AH1N1, que se propagaba rápidamente y que se pensaba era responsable ya de la muerte de cientos de mexicanos. La Organización Mundial de la Salud calificó la situación como una crisis sanitaria internacional y, rápidamente, elevó los niveles de alerta epidemiológica a los máximos posibles, lo que despertó pánico internacional. Sin embargo, al cabo de un año de iniciada la pandemia, en abril de 2010, se calcula el número de muertos en todo el mundo en poco más de 17 000, lo cual nos habla de una enfermedad real pero con un grado de letalidad bastante baja comparado con el número de muertes que dejan todos los años muchas enfermedades endémicas en los países del tercer mundo. En su artículo titulado “Salud, globalización y marginalidad: debates mediáticos y percepciones públicas en el contexto de la pandemia de influenza AH1N1 del 2009”, Lossio analiza de manera muy aguda los debates que se produjeron en el Perú a raíz de la pandemia de AH1N1. Constata cómo sectores importantes de la población criticaron la excesiva atención dada por la prensa y por las autoridades sanitarias nacionales a la nueva enfermedad, en

Este trabajo ha sido desarrollado con mayor amplitud por el autor en un libro sobre el tema: LOSSIO (2010).

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contraposición con el histórico desdén de los agentes del Estado frente a males endémicos de la salud pública peruana, tales como las infecciones respiratorias agudas que, cada año, matan miles de niños en las alturas andinas. En la percepción pública peruana, dicha diferencia en el trato fue atribuida, básicamente, a factores clasistas. Debido a que los primeros casos de influenza AH1N1 en el Perú se produjeron entre estudiantes de colegios privados de clase alta de Lima mientras veraneaban en el Caribe, la nueva influenza pasó a ser percibida en el imaginario social peruano como una enfermedad de las clases acomodadas. Asimismo, pasadas las primeras semanas de la epidemia, se hizo evidente a muchos sectores de la sociedad que el AH1N1 no era un virus especialmente contagioso ni letal, e incluso se empezó a cuestionar la existencia misma de la enfermedad, calificándola, más bien, de epidemia mediática. Así, frente a la llegada de la influenza AH1N1, las críticas a las autoridades sanitarias peruanas no fueron elaboradas frente a lo que no se hizo, sino, más bien, por la sobrerreacción frente a lo que se percibía como un problema muy secundario de la salud pública peruana. En su artículo “Otras formas de narrar la historia: el mapa de la memoria de Ama Qunqanapaq. Ayacucho, 2005”, la antropóloga María Eugenia Ulfe propone que, en el proceso de construcción de la memoria en el Perú, el campo cultural ha servido de plataforma y mecanismo para narrar esas otras maneras de entender la historia reciente y, desde este punto de vista, analiza un caso muy interesante, la experiencia del colectivo de jóvenes Ama Qunqanapaq (Para que no se olvide), que, en su afán de intervenir en las celebraciones de la Semana Santa en Ayacucho, decidieron distribuir un mapa de la ciudad en el que se indicaban lugares donde habían sucedido hechos trágicos del período de conflicto armado interno. Este mapa de la memoria es interpretado por la autora como una lectura marginal y reducida de la historia local, pero que sirve de guía para visitar la ciudad con otra mirada y entender que existe una parte de la memoria de la ciudad que es marginada en el discurso oficial y hegemónico por ser un terreno difícil y complejo. Asimismo, el mapa cumple la función de convertir la ciudad en lugar de memoria y, en esta línea, traduce una intención política de intervenir en el espacio público. Ulfe nos explica cómo la idea de desarrollar un mapa de la memoria para Ayacucho nació en las reuniones que se sostuvieron en la ONG Servicios Educativos Rurales durante el período de investigaciones de la CVR, en las que el colectivo de jóvenes participó. Luego de la presentación del Informe final de la CVR, esta idea fue abandonada, pero se retomó durante la
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fiesta patronal religiosa más importante de la ciudad, cuando un mapa turístico común de la ciudad sirvió de modelo y fue transformado por este grupo de jóvenes para mostrar esa otra historia de la ciudad. Esta perspectiva de análisis contribuye a la temática del libro, porque relaciona la marginación con el espacio a través de la construcción de la memoria, mostrando lo complejo de sus vínculos. Por otra parte, el artículo nos ofrece una lectura del turismo como discurso hegemónico e ideológico que necesita un fundamento basado en elementos históricos antiguos para convertirse en un recurso. Así, la Semana Santa promueve una mirada arqueológica y colonial de la ciudad, donde el pasado reciente de violencia queda marginado. En cambio, a través del mapa de Ama Qunqanapaq, el grupo de jóvenes busca evidenciar los sucesos del período de la violencia para problematizar el acercamiento que se tiene a la ciudad y su historia, e integrar esa otra cara de la historia que, para ellos, como grupo, es importante. Este aspecto nos enfrenta en nuestro país al problema de la existencia de varias memorias y cómo lograr integrarlas o, por lo menos, conocerlas y respetarlas. Justamente, el trabajo termina con una demostración importante de cómo se puede integrar estos discursos y praxis marginales a aquellos oficiales y hegemónicos. En la actualidad, el Museo de la Memoria de Anfasep ya ha sido incluido en el mapa turístico de la ciudad que elabora la oficina regional de PromPerú en Ayacucho. En su artículo “Esterilizaciones masivas y esfera pública en el Perú, 1994-1998”, Adrián Lerner analiza, de modo acucioso y crítico, una temática muy poco abordada por la historiografía peruana, que se refiere a la anticoncepción. Como bien apunta el autor, la tradicional dificultad de discutir públicamente en el Perú asuntos relacionados con la sexualidad tuvo como consecuencia lógica el silencio de los historiadores. En efecto, la historia de la sexualidad que abarca entre sus temas la anticoncepción es un campo poco estudiado en la disciplina, por lo que este artículo resulta una contribución importante no solo para este libro, sino para la historiografía en general. Lerner se centra en el estudio del Programa de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (1996-2000) que implementó el segundo gobierno de Alberto Fujimori, para analizar no solo la manera en que se llevó a cabo en el marco de los cambios económicos, políticos y administrativos del Perú de mediados de la década de 1990, sino también su relación con la

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esfera pública, observando la manera en que apareció en los medios de comunicación masiva y cómo esta tuvo impacto en su desarrollo. Dicho programa era parte de una política pública de salud que pretendía promover la expansión de los derechos reproductivos a los sectores menos favorecidos y que tuvo como resultado que, entre 1996 y 1998, el Estado peruano esterilizara a más de 217 000 mujeres a través de la ligadura de las trompas de Falopio. El trabajo demuestra que esta política de salud, como muchas durante la República, estuvo basada en ideas y prácticas que privilegiaron la imposición de decisiones tomadas por “especialistas” que se expresaron en una legislación vertical y autoritaria del Estado, que no tomó en consideración ni el debate político institucional ni las prácticas popularmente aceptadas. Como consecuencia, se empleó un sistema que funcionó de modo compulsivo en su aplicación a los sectores populares, de manera que vulneraba sus derechos humanos. Si bien la esfera pública, a través de los medios de comunicación, logró detener los aspectos más peligrosos del Programa de Salud Reproductiva del Estado peruano, también es cierto que eso sucedió dos años después, cuando buena parte del daño ya estaba hecho. Esto estuvo relacionado con la procedencia social de las víctimas de dicha política, mujeres de sectores populares a quienes no se les dio la opción de decidir sobre su propia salud y su propio cuerpo. Entonces, la desigualdad social —incluida la de género— no solo fue reproducida por la esfera pública, sino que fue agravada por ella. Esta situación muestra claramente cómo la marginación del espacio público termina siendo parte central de la marginación en otras esferas de la vida social. Además, Lerner señala que la esfera pública no solo reproduce la desigualdad social, sino que también revela una falta de laicidad en nuestra sociedad, pues el escándalo mediático sobre la política reproductiva surgió a partir de la crítica contra las transgresiones del orden religioso y no de la legalidad acerca de derechos humanos. Por ello, la falta de laicidad de la esfera pública peruana motivó que las violaciones de derechos humanos causadas por esta política pública no fueran analizadas en tanto tales sino hasta muy tarde. La marginación, la desigualdad social y la pobreza también pueden ser abordadas desde la literatura, el cine o el teatro, que, en nuestro país, han producido obras que tratan esta temática y que presentan a los sujetos marginados, nacen de ellos o son dirigidas a ellos. Por ello, el libro se cierra con el trabajo del comunicador y director de teatro Rodrigo Benza

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Guerra “Temas y personajes marginales en el teatro peruano contemporáneo”. En él, el autor señala cómo la relación entre teatro y marginalidad se puede encontrar en diferentes aspectos del quehacer teatral. En efecto, por un lado, el teatro en sí puede ser una actividad marginal; por otra parte, tenemos el teatro puesto al servicio de una población marginada, y, finalmente, a la marginalidad representada en el teatro. El artículo empieza señalando que, si bien, en el Perú, la marginalidad y el teatro siempre estuvieron relacionados, fue recién a mediados de la década de 1960 en que los personajes y temas marginales asumieron un rol importante en el teatro nacional. Luego, en la década de 1970, esta tendencia se revitalizó porque surgieron grupos como Yuyachkani, Cuatrotablas y Maguey en Lima, y Barricada en Huancayo, mientras que, en las décadas siguientes, durante los años 80 y 90 en que vivimos la crisis económica, las migraciones y la violencia política, la forma de hacer teatro y los temas a tratar fueron influenciados por este contexto conflictivo. Rodrigo Benza destaca el caso del grupo Yuyachkani, que comenzó con lo que ellos mismos denominarían el proyecto “Migración y Marginalidad” y con la puesta en escena de la emblemática obra Los músicos ambulantes en 1982, que plasmaba el impacto de la fuerte migración a la capital y la relación de Lima con las regiones del país. Este mismo grupo teatral inauguró la década siguiente con un testimonio de las víctimas del conflicto armado interno titulado Adiós Ayacucho. La última parte del trabajo está dedicada al análisis de seis obras escritas entre 1982 y 2009, que nos muestran temas y personajes marginales del teatro peruano. Estas son Los músicos ambulantes y Encuentro de zorros, de Yuyachkani; Hatun Yachaywasi o Gran casa del saber, de G. Juan Vilca; Un misterio, una pasión, de Aldo Miyashiro; y Proyecto Empleadas, creación colectiva dirigida por el propio autor. De esta manera, se muestra cómo el teatro peruano puede ser un espejo donde nos podemos mirar como sociedad y observar el problema de la marginalidad desde una mirada crítica y reflexiva. El libro recoge el producto de las investigaciones realizadas por los profesores de Estudios Generales Letras, en su mayoría del área de historia, pero en él también participan colegas y amigos de otras especialidades. Si bien este aborda el tema de la marginación con diferentes enfoques, fuentes y métodos de análisis, no agota el conocimiento de una problemática tan compleja que debe seguir siendo estudiada. Sin embargo, la obra es una

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invitación a mirar la historia desde otro punto de vista y, en ese sentido, busca ser un elemento para la formación de nuestros estudiantes, a quienes enseñamos a ver los problemas desde otras miradas, para que puedan ampliar y enriquecer nuestra comprensión del mundo y de los seres humanos. Queremos agradecer la feliz iniciativa y el decidido apoyo brindados por Fidel Tubino, decano de Estudios Generales Letras cuando se inició el proyecto, Estrella Guerra y Julio del Valle, quienes acogieron la propuesta y se comprometieron a hacerla realidad. Asimismo, ofrecemos nuestro agradecimiento a Pablo Quintanilla, actual decano de Estudios Generales Letras, en cuya gestión se publica el texto; a Nahil Hirsh, Secretaria Académica, y a mi colega y amigo Jorge Lossio, quien me sucedió en la coordinación de historia en EEGG Letras. También reconocemos el trabajo de Rolando Iberico, destacado estudiante de Historia, quien fue de gran ayuda para la recopilación, revisión y ordenamiento del material que compone esta publicación. Del mismo modo, agradecemos el apoyo brindado por Ursula Chirinos en la revisión de estilo del texto. Finalmente, y de manera muy especial, expresamos nuestro agradecimiento a los autores, cuyos trabajos han sido piezas esenciales para la realización del volumen que llega a sus manos.

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