UNA AGRADABLE ALTERNATIVA DE RECREACIÓN

Por Carla Daniela Pineda Dorantes Es una tranquila tarde de sábado, de esas en las cuales no se sabe ni que hacer para entretenerse o simplemente se desea pasar un buen rato en compañía de la familia, de los amigos, de la pareja y de hasta...porque no con uno mismo , “cholito” como se dice, meditando o disfrutando de un buen libro. Perfecto, la Plaza de la Ciudadela en el Centro de la Ciudad de México, aquel lugar, el cual en tiempos de la Revolución Mexicana se utilizó con propósitos militares, es ahora la opción acertada para esos fines de semana y salir de la rutina; como el señor Benjamín a quien le gusta visitar la Ciudadela después de su trabajo de redactor en la estación de Radio Reporte 98.5 para relajarse. ¡Hemos llegado! Es la estación Balderas de la línea 1 o “la rosita” como muchos la conocen, un punto cercano y accesible para quien venga de cualquier sitio de la Ciudad, pues se encuentra en pleno centro a unos pasos de la estación ya mencionada que se convirtiera en memorable por su canción alusiva compuesta e interpretada por Rockdrigo González, una gran leyenda del rock mexicano. Al salir nos topamos con un pasillo, el cual es necesario recorrer para llegar a la Plaza. En este pasillo se encuentran aglomerados numerosos puestos con la venta de todo tipo de libros y revistas pasadas en su mayoría; así como pulseritas, colgandijos, cinturones, artesanías o comida. “Quío bolee” de Jordi Rosado, “¿Porqué los hombres aman a las ca...”,(esta bien dejémonos de actitudes tan propias) el libro se llama “¿Por qué los hombres aman a las cabronas?”, “Drácula” de Bram Stoker y antologías de autores como Franz Kafka y Edgar Alan Poe, además de abundantes libros de superación personal son algunos de los ejemplares más vistosos ante los ojos de los visitantes. Muchos de los vendedores de estos libros pueden hasta casi adivinar el tipo de personalidad de una persona por los títulos que pide: -¿Tiene algún libro sobre vampiros o algo así?-“Claro, mira éste. Oye por el título que pediste suenas como si fueras una persona inestable emocional, ¿es así o me equivoco?-“expresó seguro de su intuición uno de los tantos vendedores de libros en aquel pasillo a un costado de la Biblioteca México. En algunos de estos puestos también se pueden encontrar cancioneros, una especie de libritos con la letra de las canciones de artistas como Metallica,

Placebo, The Cure, del extravagante Marilyn Manson, Nirvana y otros más, para no “Washawasear” a la hora de cantar las canciones de estos exponentes de la música y saber lo que dicen en español. Casi al final de este pasillo y ya de frente a la Plaza de la Ciudadela se encuentran las adivinas quienes a través de la baraja le pueden decir a los crédulos como será su futuro marido o cuantos hijos procreará. A llegado ahora sí el encuentro con la Plaza de la Ciudadela, después de ese recorrido. Diversas emociones invaden todo el que arriba hacia esta plaza pues existen un sin fin de opciones para el entretenimiento. Niños, abuelos, madres, padres, jóvenes están ahí dispersos entre la biblioteca, las áreas de comida, clases de baile, la danza prehispánica... Bancas dispersas dentro de toda la Plaza, invadidas por la fresca sobra de los árboles, donde personas platican, enamorados se confiesan o transmiten amor, mamas vigilantes de sus hijos que juegan y corren por todos los rincones, lectores quienes con un libro pierden por completo la noción de todo y guardan en su rostro la incertidumbre de cambiar de página constantemente y dormilones que no pierden el momento para recostarse en las bancas y olvidarse del mundo. Más adelante en el mismo centro de la plaza, a las faldas del monumento a Morelos, se observan las clases de baile, no se trata de ningún centro cultural o casa de baile, es ahí en medio de la Plaza. Pisotones, 2 pies izquierdos en acción, caras frustradas y la falta de ritmo para sentir correctamente la música se percibe si se es un inexperto en la materia del baile. De lo contrario será sumamente grato aprender de nuevos pasos con la ayuda de los instructores que con sólo un sonido y sus mejores intenciones de enseñar pueden hacer bailar hasta a un “palo de escoba”. Al son de un sabroso ritmo tropical o salsa y a la elegancia del danzón, baile del cual no sólo participan abuelitos sino hasta jóvenes aprendices; se puede mover el bote a todo lo que da. Pero aparte de todos estos ritmos, tampoco hay que dejar atrás las danzas prehispánicas; numerosas personas se juntan alrededor de tambores que hipnotizan y contagian con su exotismo a todo escucha o curioso. Las personas saltan con espinilleras llenas de cascabeles en sus piernas que suenan al compás de los tambores; la personas emiten un “jeu” cada vez que se acercan al centro del círculo. Invade un intensa emoción que es imposible no querer integrarse a la envolvente energía de los danzantes.

Así es una tarde en la Ciudadela, una tarde que se puede convertir en inolvidable como le pasó a José Antonio, un joven visitante quien afirma le gusta mucho visitar este sitio porque ahí le declaró amor por vez primera a su actual novia y cada vez que llega al lugar no puede evitar recordar ese agradable episodio en su vida. Es interesante saber que después de haber sido un refugio de rebeldes contrarrevolucionarios en la Revolución Mexicana, la Ciudadela es hoy por hoy un sitio de recreación para todas las personas, que al final de su visita les es inevitable no pensar en volver de nuevo.

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