He descubierto un libro sobre el comportamiento humano en varios ámbitos de esta aventura que es el Amor y todas las vicisitudes y estadios

que lo rodean. El Autor es José Ramón Chaves García y se titula “EL GRAN LIBRO DEL DESAMOR”. Es bastante curioso, pero no nos deja impasibles y tal vez nos sintamos identificados en algún episodio; o servirá para hacernos pensar y reflexionar sobre estos comportamientos humanos, a veces, desde la más primigenia base animal; o nos hará ver la diferencia en el sentimiento y búsqueda del mismo entre el hombre y la mujer; o nos hará ver los escollos que amenazan la felicidad afectiva; o...¿quién sabe lo que a cada uno le inspirará o aportará? Veamos una muestra de la obra, la comprendida entre los apartados 190 a 208 y referida a la Infidelidad (el libro consta de un total de 501 apartados). 190. El motivo real del 65% de las extinciones de las parejas es que ha surgido un tercero en su vida. Otro 5% se debe a que ese tercero ya existía antes de la relación, se ha cansado de fingir, y reclama su lugar en la relación sentimental. Es más fácil y llevadero abandonar a la pareja si se cuenta con una prometedora expectativa de recambio: nadie salta de un avión si no lleva puesto el paracaídas. Por eso, cuando se dice que una relación sentimental es cosa de dos, se está desafiando a la matemática de la vida, que demuestra las constantes y desestabilizadoras interferencias de terceros. Y es que, no todos los cuentos comienzan " Erase una vez ..."; muchos empiezan: " No hay nadie más en mi vida...". 191. Caben varios tipos de infidelidad o de traición afectiva. Básicamente se reducen a cuatro, atendiendo a su motivación:
a. La infidelidad por enamoramiento. Es un caso grave porque

revela la sustitución de la pareja en el corazón del amante, lo que dificulta enormemente la recuperación del amor perdido. b. La infidelidad para buscar una cualidad de la que carece la pareja estable. En unos casos, el amante está dotado de una virtud o cualidad (psíquica, anímica, temperamental, sexual, social o de otra índole) de la que carece su pareja. En otros casos, el amante se evade de su pareja estable y busca un cómodo refugio donde liberarse de la opresión de la vida, costumbres y servidumbres propias de la vida con su pareja.

c. La infidelidad por aburrimiento. La pareja se echa en

brazos del amante por el deseo de la novedad en su vida, por el aliciente de la conquista y la doble vida amorosa. d. La infidelidad genética o psíquicamente insuperable. Es el caso de personas incapaces de guardar lealtad o compromiso alguno. El deseo sexual les resulta incontrolable. Son "cleptómanos" del corazón, aprovechan la mínima ocasión, y su propio placer lo anteponen a otros valores.

192. Aun cuando la infidelidad es la causa última de la ruptura suele existir otra motivación real subyacente. En la mayor parte de las ocasiones la infidelidad tiene lugar cuando se busca fuera de la relación de pareja algo que ésta no le proporciona o satisface. Si su pareja le proporciona compañía, conversación, respeto, diversión, caprichos, atenciones, sexo... ¿Para qué buscarlo fuera?. Ilustrémoslo con un ejemplo de la pantalla: en " La hija de Ryan" (David Lean,1970), Sarah Miles, veinteañera romántica, se casa con Charles (Robert Mitchum), un viudo aburrido y desapasionado que defraudará sus ilusiones, por lo que se lanza al romance con un oficial inglés que se cruza accidentalmente en su vida. Ahora bien, no pocas relaciones de pareja funcionan con empatía, química y amor, e inexplicablemente se ven torpedeadas por los escarceos puramente sexuales de uno de sus miembros con un tercero. ¿Por qué estas personas arriesgan su familia, su tranquilidad, su vida social, por una aventura accidental?, ¿Por qué vence el instinto sexual hacia la infidelidad sobre la razón que la desaconseja?. Probablemente, el proceso evolutivo de la especie humana no ha culminado y el animal que llevamos dentro se resiste a desaparecer.

193. Dado que buena parte de las infidelidades obedecen a la búsqueda de placer sexual fuera de la pareja, es fácil concluir que una relación en que el deseo sexual no evolucione al unísono es campo abonado para el engaño. Lo explica claramente el filósofo francés Bernard-Henri Lévy. " Las gentes dicen que ya no se entienden, que no marcha, que no es la pasión del principio... Cada día, cada semana que llega, espesan un poco más todavía la invisible frontera que ahora separa los dos cuerpos. Cada día y cada semana vuelven un poco más trágico, y angustioso, el callejón sin salida en que se han metido. Y los infelices deben rendirse a la

evidencia: no ha cambiado nada y ha cambiado todo; no son enemigos, sino extraños; visto desde fuera, no hacen nada que señale su nuevo estado, pero saben el secreto terrible, saben que la miseria se ha convertido en la parte que les toca. Por regla general son las mujeres las que revientan. En un primer momento, no dicen nada. Lo encajan. Se resignan... La fatiga persistente. Los cuerpos que se adormecen o que fingen adormecerse, en cuanto se encuentran cerca del otro. Son las mil y una explicaciones miserables, a las que fingen adherirse hasta el día en que dicen: " Basta, el engaño ha durado bastante". Ese día, se rebelan. En silencio, la mayoría de las veces, pero se rebelan. Entonces se buscan un amante". El dilema consiste en mantener una relación poco gratificante a base de silencios y tolerancia o salvarla al alto precio del oxígeno vital que supone un amante fogoso que ofrece lo que la relación estable niega.

194. Hay amantes cuya propensión a la infidelidad es insuperable, casi genética, a pesar de sus promesas sinceras de enmienda para no hundir la relación. Son amantes a los que ni el matrimonio, ni la censura social, ni el amor de su pareja pone freno a sus deslices. Tal y como sentenciaba " Primera plana" (Billy Wilder,1974):" no se le pueden borrar las manchas a un leopardo ni enganchar un purasangre a un carro". En fin, son casos, en palabras de Frederic Raphael en los que " la idea de la fidelidad es no acostarse con más de un hombre al mismo tiempo". En estos casos, su pareja debe tomar una decisión siempre dolorosa: o bien cortar por lo sano para evitar la permanente sombra de la duda y el engaño; o bien asumir la situación con todas las consecuencias.

195. Para anticiparse al problema y evitar errores irreparables, es útil fijar las reglas del juego al iniciar la relación sentimental. Amor y celos son las dos caras de la misma moneda. El planteamiento de la pareja en el compromiso inicial gira en torno a varias posibilidades:
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Tipo 1: " Te seré fiel, pase lo que pase". Tipo 2: " Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero eso sí, nos lo contaremos todo". Tipo 3: " Cada uno es libre de hacer lo que quiera, pero eso sí, que la otra parte no se entere y no traiga ninguna enfermedad venérea".

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Tipo 4: No existe acuerdo. Cada parte obra a su antojo e improvisa. La escalada de las mentiras llega a hacerse insostenible.

196. El tercero de la discordia, que interfiere en la estabilidad de la pareja preexistente, puede tratarse de una simple aventura acaecida en el pasado ( alguien que apareció y se fue ) o puede tratarse de un amante del presente ( alguien que apareció, no se ha ido y previsiblemente seguirá estando). La figura del amante puede a su vez ser, bien un episodio meramente transitorio, o bien algo serio y con vocación de permanencia. Tengamos en cuenta, que según las estadísticas, el 37% de las infidelidades son aventuras de una sola noche y apenas el 12% de ellas duran más de un año.
a. La simple aventura puede dar lugar a que la propia pareja

culpable rompa la relación porque su propia infidelidad le ha demostrado la fragilidad de su propio compromiso con su pareja. Lo habitual será que la pareja defraudada rompa la relación al enterarse de la infidelidad por quebrar su confianza ( piensa que quien engaña una vez, como los vampiros que prueban sangre humana, volverá a hacerlo). b. La figura del amante crónico es una cruda realidad cuyo alcance no está obviamente evaluado por estadísticas fiables, pero en franca regresión. En los tiempos modernos no hay lugar a mantener engañosa y simultáneamente una doble relación afectiva. En efecto, los valores actuales de tolerancia, libertad, independencia y sinceridad, obligan a ser valiente y a optar, planteando abiertamente la ruptura si es necesario. Allí donde hay un amante estable, debe reconocerse que una de las dos relaciones no funcionaba, y decir valientemente " Basta". Aunque la decisión nunca es fácil ya que suelen concurrir factores que apoyan la subsistencia de la relación triangular. No faltan intereses económicos (se desea conservar la cómoda situación de parasitismo económico de la otra parte) o familiares ( no decepcionar a los progenitores o perjudicar a los hijos, por ejemplo) o sociales ( el temor a perjudicar la imagen social) que son cómplices de la situación de infidelidad y que frenan la ruptura. Tampoco es inusual que el amante tenga a su vez una relación estable (que esté casado), con lo que la

situación se va de las manos ( hemos pasado del " Trío" a las " Dobles Parejas"). E incluso caben situaciones que demuestran la riqueza del corazón humano y la complejidad de las relaciones: por ejemplo, el hombre casado, que no está dispuesto a romper su matrimonio, pero exige fidelidad a su amante, impidiéndole a éste que a su vez mantenga otras relaciones ¿ Por qué ser fiel a alguien que no lo es?. Nuevamente el corazón no atiende a razones.

197. Cuando alguien rompe con su pareja y lo justifica en una causa diferente a la existencia de un amante, la sospecha de infidelidad cruza como un relámpago el cerebro del abandonado y se dispara la brusca réplica: ¿Cuántas veces me has engañado? o ¿Desde cuando me engañas? O ¿Quién es ella o él?. En ocasiones, es inútil cualquier desmentido o negativa. La idea de la infidelidad una vez anclada en el cerebro tarda en desvanecerse. Al igual que en el desierto abundan los espejismos de oasis repletos de ansiada agua fresca, o que al mirar fijamente las nubes con el estómago vacío se ven formas suculentas, quien es abandonado por su pareja, mire donde mire (como si viese el mundo a través de unas lentes verdes) verá figuras de cuernos o a su pareja en brazos de imaginarios rivales. Además los celos que origina una repentina ruptura por la interferencia de terceros suelen extender sus tentáculos al pasado, de forma que cualquier detalle insignificante de la pasada convivencia será elevado a prueba contundente de una gravísima infidelidad: el retraso en las últimas citas, los monosílabos al contestar al teléfono, aquellos viajes de negocios súbitamente obligados y una singular somnolencia al regreso, el sospechoso encendedor nuevo, el hábito de ponerse colonia y desodorante a todas horas, aquel cerramiento con arrobo de los ojos al hacer el amor, etc.

198. Sin querer incurrir en simplismos machistas, sino siendo realistas, puede afirmarse que la infidelidad tiene distinta consideración y efectos para el hombre que para la mujer.
a. Como principio común, diremos que no hay hombre ni

mujer, que sea plenamente fiel tanto en obra como en pensamiento. Por muy virtuosa y leal que sea una persona, la infidelidad de pensamiento es instintiva e inevitable (acaso uno de los pocos placeres íntimos que le quedan a la

pareja insatisfecha). Será difícil probarlo pero es innegable que nadie es inocente de la infidelidad de pensamiento. Recuérdese la defensa de Jesús de la mujer sorprendida en adulterio:" El que esté sin culpa, que tire la primera piedra" (Juan 8:3-8). b. En materia de infidelidad, los hombres llevan la fama y las mujeres cardan la lana. Las películas y la opinión popular han sustentado el estereotipo del hombre que busca la infidelidad y de la mujer que en ciertas circunstancias se ve empujada a ella. Así por ejemplo Mary Cecil en " Mujeres" (George Cukor,1939) se sugiere: "¿Sabes? El primer hombre que se invente una buena explicación de cómo se puede estar enamorado a la vez de tu esposa y de otra mujer, ganará ese premio que dan en Suecia". En " El cartero siempre llama dos veces" (Tay Garnett,1946) se dice: " Robarle la esposa a un hombre no es nada. Pero robarle su coche es un crimen". En la misma línea, en " Encuentro en la noche" (Fritz Lang,1952), Barbara Stanwyck mantiene un curioso diálogo con su amante Robert Ryan:  La última vez que te vi, tenías una esposa.  Quizás la próxima vez que me veas, no la tenga.  Eso es lo que decís todos. c. Por lo general, el hombre infiel busca sexo y la mujer persigue sentimiento. En efecto, los psicólogos opinan que el hombre busca el sexo fuera de la pareja y le daña más la infidelidad sexual (aún sin sentimiento de amor), esto es, que su chica se acueste con otro. La mujer busca sentimiento fuera de la pareja y le hiere más la infidelidad sentimental (aún sin sexo), esto es, que su chico ame a otra. d. Resulta más fácil detectar, y probar, la infidelidad en un hombre que en una mujer. El hombre pillado en falta tiende a admitirlo y a echar tierra encima. Aunque en ocasiones las explicaciones sean peregrinas; así el actor Eddie Murphy para salir al paso del asunto de un travestido con el que le sorprendieron a las cuatro de la mañana en Santa Mónica Bulevard explicaba: " No podía dormir, decidí ir a comprar el periódico y al ver en una esquina a una mujer sola pensé que podía ayudarla acercándola a su casa", Curiosa versión: no sabía que ejercía de buen samaritano con un travestido.

La mujer en cambio, suele aferrarse a su inocencia a pesar de la evidencia. Lo expresa graciosamente el escritor Martin Amis en boca del protagonista de una de sus novelas: " Según mi experiencia, con las tías siempre pasa lo mismo: nunca se sabe. Aunque las pilles con las manos en la masa (dobladas en tres en mitad de un salto mortal, por ejemplo, y rozando con los dientes la punta del capullo de tu mejor amigo), nunca se sabe. La tía lo negará indignada. Y hasta se creerá lo que dice. Sostendrá el capullo ahí, como un micro, y te dirá que no es cierto". Por lo general, la mujer es más discreta y el hombre más imprudente. Ellas lo confiesan a sus amigas íntimas en los lavabos de señoras y ellos son capaces de comentarlo con todo el que quiera escucharle en cualquier lugar, y cuanto mas público, mejor. Resulta reveladora la anécdota que se cuenta del célebre torero español, Luis Miguel Dominguín, que parece ser tuvo ocasión de acostarse con la actriz norteamericana Ava Gardner, y tras finalizar la corrida nocturna, nuestro torero saltó apresuradamente de la cama para vestirse, a lo que le preguntó la actriz:
 

¿Qué prisa tienes?. ¿Dónde vas?. Pues ¿Dónde voy a ir?. ¡A contarlo!.- Repuso el torero.

El ego machista se robustece con el ingrediente añadido de la publicidad de las hazañas sexuales, hasta el punto de que no sólo suele exagerarse el número de mujeres o la cifra de orgasmos consecutivos, sino que incluso lo imaginado o soñado se eleva a real y se cuenta con plena convicción como tal. Las conversaciones entre hombres sobre proezas sexuales son como las tertulias de los pescadores: cada uno intenta eclipsar al otro a base de embustes tolerados sobre sus respectivas capturas. Y si les ponemos unas copas en la mano, se multiplican las hazañas. El filósofo Ortega y Gasset clasificaba a los hombres en tres tipos: los que creen ser Don Juanes, los que creen haberlo sido y los que creen haberlo podido ser, pero no quisieron. Así, hay hombres que siendo rigurosamente fieles y leales a su pareja, jamás renunciarían al placer de aparentar ser unos tenorios ante sus amigos. Las mujeres, en cambio, si son felices en brazos de un hombre, no necesitan aparentar una

condición lasciva. Así y todo, lo cierto es que el diccionario incluye en sus páginas tanto la palabra crápula – referida al hombre- como casquivana – referida a la mujer- ¡por algo será! Las mujeres tienen una especial habilidad para captar las señales de alarma del fuego en su relación. Para confirmar la infidelidad detectada, no vacilan en seguir una táctica digna del mejor de los policías de los telefilmes americanos a la hora de interrogar a un sospechoso del que carecen de pruebas; bajo preguntas aparentemente inocentes, normalmente lanzadas en momentos placenteros (al acostarse juntos, en una cena romántica, al mirar una puesta de sol, etc) comienzan a tejer una sofisticada trampa, sonsacando cosas a fuerza de asegurar (¡aquí está el cebo envenenado!) que digas lo que digas no se van a enfadar, que son comprensivas y liberales, que ellas también se han sentido a veces atraídas por otros y que no por eso la relación se tambalea. Falso. Jamás, jamás, jamás debe nadie caer en tan burdo señuelo. La confesión de infidelidad efectuada en estas condiciones afectará siempre a la relación, ya sea quebrándola, debilitándola o al menos, concediendo una implícita autorización a la otra parte para un viaje a la infidelidad (a modo de represalia). Por último, para confirmar la sospecha de la infidelidad matrimonial crece hoy día el recurso a los detectives privados, ya que su testimonio y pruebas pueden no sólo demostrar la culpabilidad del infiel sino garantizar al inocente una buena compensación económica, ya sea mediante acuerdo o por decisión judicial. El papel de estos detectives es desagradable pero de extrema utilidad social: " Mi trabajo es enterrar a los matrimonios muertos", declara el detective Nicholson en " Two Jakes" (Jack Nicholson, 1990).
e. Las mujeres aman apasionadamente, pero cuando odian lo

hacen con igual pasión, y no hay odio más visceral que el que despierta en la mujer la infidelidad del hombre. No está de más recordar "Lunas de Hiel" (Roman Polanski, 1992), en que la mujer advierte al marido cuando sospecha que tiene tentaciones de serle infiel: " Piensa que todo lo que tú

puedas hacer, lo puedo hacer yo mejor". ( La pura verdad, tanto en términos biológicos como psicológicos). Sabiamente nos confies la copla popular:" Tres veces te engañé. La primera por despecho, la segunda por venganza y la tercera por placer".

199. ¿Cómo garantizar la fidelidad de la pareja? No hay fórmulas mágicas. En el pasado la sombra del repudio o el brutal castigo del adúltero bastaban para disipar toda tentación de infidelidad. Incluso existían métodos tan expeditivos como reprochables. Es el caso de los cinturones de castidad, o armazones metálicos de cuero dotados de férreos candados que surgieron en las épocas medievales de desconfianza, intolerancia y abuso, especialmente utilizados cuando los cruzados se lanzaban a la batalla. No hay cinturón que sirva para poner freno a la pasión. Un chiste clásico lo refleja: un caballero cruzado tras confiar la llave del cinturón de su esposa a su mejor amigo se dirige a luchar con los infieles. A los pocos minutos de abandonar el castillo, aparece su amigo al galope y le grita: "¡Me has dado la llave equivocada"!. Incluso un poema de Voltaire titulado " El Candado" fue dedicado a una amante que conoció a los veintidos años y en la que descubrió al desnudarla un cinturón de castidad: " Yo triunfé y el amor reinó/ Y me acercaba a esos instantes demasiado breves/ De mi felicidad, y de la tuya quizá./ Pero un tirano quiere dificultar nuestro gozo./ Es tu esposo, un carcelero sesentón/ Ha puesto un candado al ibre santuario/ De tus encantos y, abusando de nuestros deseos,/ Retiene la llave del domicilio del placer".

200. En la película " Cowboys de ciudad" (Ron Underwood,1991) varios amigos en la crisis de los cuarenta se plantean un curioso dilema:" Si en un descampado llegase una nave espacial y de ella saliese una belleza escultural y seductora y te invitase a hacer el amor, con garantías de que después la nave espacial se perdería en el espacio y nadie lo sabría. ¿Serías infiel a tu esposa?". El dilema se plantearía en términos similares a las mujeres, y sirve para poner de relieve la gran atenuante que supone la ocasión y las circunstancias que rodean a la infidelidad. Dicho de otro modo, no es infiel todo el que le gustaría serlo, sino el que tras sopesar necesidades y riesgos, se tira a la piscina. Debería bastar el

amor para retener a la pareja. Lo que sucede es que quizás el amor no es incompatible con cierto grado de infidelidad. Hacer el amor con un tercero no siempre supone consumar una grave infidelidad y no siempre el no acostarse con el amante demuestra fidelidad. En absoluto. Intentemos ver la escala de la infidelidad en toda su amplitud, de menor a mayor grado: cuando se mira con lujuria o deseo a otra persona; cuando se recrean mentalmente fantasías sexuales con otra; cuando se comparte una copa y se siente una mezcla de gratitud, placer y una atmósfera de sensualidad latente; cuando se da la mano, el brazo, la oportuna caricia, el beso, y el último peldaño, el escarceo sexual, que si es reiterado y ansiado, demuestra un auténtico problema de incompatibilidad de pareja.

201. Al menos una vez en la vida, la infidelidad suele llamar a la puerta de todos los corazones. Sólo la abrirán, por afán de sexo quienes lleven una lánguida vida sexual, y por afán de amor, aquellos corazones no correspondidos, decepcionados o aburridos, o visceralmente románticos y cándidos. Por eso el mejor antídoto frente a la infidelidad es el amor, el respeto y el buen sexo con la pareja para garantizar su solidez a las tentaciones de una aventura gozosa y excitante. La pareja engañada no sólo tiene un útil pretexto para hacer lo propio, sino que el despecho puede empujarle a consumarlo aún no deseándolo. Una persona aburrida, agresiva, intolerante o insensible, y no digamos infiel, puede empujar a su pareja a las brasas (y a los brazos) de la infidelidad. Y por supuesto, si no hay motivos de desunión, nunca debe ponerse a prueba la fidelidad de la pareja. Las sorpresas siempre achechan. Recuérdese la clásica obra de Cervantes, "El curioso impertinente", en que el marido ordena a un buen amigo que ponga a prueba la fidelidad de su mujer; tan eficaz resulta su labor de seducción, que al consumarse, el marido muere de disgusto, el infiel amigo busca la muerte en la guerra y la mujer se retira a un convento. No se puede jugar con el fuego del amor.

202. La tentación de la infidelidad está ahí. Como dice la serie televisiva Expediente X, "la verdad está ahí fuera". Aventurarse a la infidelidad es una decisión de enormes implicaciones y jamás debe tomarse con ligereza o bajo la influencia del alcohol, drogas o calenturas irreprimibles. El difícil momento de titubeo entre el placer de la infidelidad y la lealtad a la pareja está magníficamente reflejado en la

película " Los puentes de Madison"(Clint Eastwood,1996): una ama de casa rural (Meryl Steep) que sobrelleva la gris existencia de un matrimonio estable apuesta dolorosamente por la seguridad frente a la aventura, ante un atractivo fotógrafo (Clint Eastwood) que la espera chorreante bajo la lluvia. Otras veces el freno a la infidelidad no es la ética del matrimonio sino otros temores; por ejemplo, en la película " Pulp Fiction", el gangster Vicent Vega (John Travolta) se ve obligado a bailar con la bella amante de su despiadado jefe y a acompañarla al anochecer a su casa sufriendo lo indecible por no poder abalanzarse sobre ella (en un momento de máxima temperatura sexual Vicent se refugia en el baño y exclama mirándose al espejo: " Un trago, eso es todo. Beberás la copa, no seas grosero, pero bébela deprisa. Dí buenas noches y vete a casa... Verás, esto es una prueba moral a la que estás sometido. Mantener la fidelidad. Porque mantenerse fiel es importante. Así que saldrás ahí y dirás: " Adiós, ha sido una velada encantadora, subirás al coche, te irás a casa, allí te harás una paja, eso es todo lo que harás"). En la decisión del paso hacia la infidelidad ha de sopesarse no sólo el brillo placentero de un escarceo o encuentro de cuerpos nuevos, sino el futuro de esa nueva relación que nace y que puede amargar la vida de los tres implicados. Nos lo advierte el cantante Sting: " Pienso que todas esas mentiras y estrategia de horarios acaban por destruirte. A veces, estar con otras mujeres puede ser una perspectiva muy agradable para uno o dos días, pero al final la realidad siempre se impone y te atrapa". Mucho más pragmático es el planteamiento del actor Mel Gibson ante la cuestión de la infidelidad:¿ Por qué vas a salir a buscar una hamburguesa cuando en casa tienes un filete de primera?.

203. La infidelidad es un peligroso camino. Ya lo dicen los refranes castellanos: " Dos es armonía y tres es multitud"; " compañía de tres, mala cosa es; compañía de dos, hízola Dios, compañía de tres o cuatro, hízola el diablo". El infiel camina por la cuerda floja tendida sobre el precipicio de la ruptura y que une el lado de la pareja estable y el lado de la soledad. Lo peligroso no es pasar por ella una vez, por imprudencia o curiosidad; lo auténticamente peligroso es pasar una y otra vez, saltar sobre ella, pasar con los ojos vendados o de espaldas. Una cosa es una cana al aire, el engaño ocasional acompañado de arrepentimiento, y otra cosa la reincidencia premeditada y sistemática, en aires de orgullo e irresponsabilidad o el abandono injustificado del hogar. Como dice Luis de Sebastián: " Accidentes contra la fidelidad

ocurren todos los días sin que se destruyan las parejas. No todos son mortales, aunque algunos que comenzaron como un encuentro casual acaban arruinando la relación. Lo único que podemos decir es que, como de todos los accidentes, hay que protegerse porque ponen en peligro y debilitan la relación, ya que cualquier encuentro de éstos puede convertirse en el primero de una cadena que estrangule la relación existente, sobre todo si está ya ‘tocada’". Todo el mundo puede aceptar un error, o poner la otra mejilla, o perdonar al arrepentido, pero a nadie puede exigírsele que perdone al reincidente, que olvida una y otra vez sus promesas de enmienda. Si se perdona, la penitencia puede ser terrible. No sólo la eterna sombra de duda que planeará sobre la pareja, sino la imprevisible licencia o prebenda que puede obtener la parte inocente como compensación. Las aventuras del Presidente americano Franklin Delano Roosvelt con una empleada de la Casa Blanca le costaron la vida marital con su esposa, que no volvió a recibirle en la cama. Asímismo, la pintora Frida Kahlo al enterarse de la infidelidad de su marido Diego Rivera con su hermana, se divorció y al año se volvieron a casar con la condición de que él jamás volviese a tocarla.

204. La infidelidad es como la ruleta rusa. Podrá practicarse numerosas veces en toda impunidad pero nadie podrá descartar con plena certeza que pueda llegar a oídos de la pareja estable. Unos son infieles a mansalva y jamás son descubiertos y en cambio, otros que son infieles de forma ocasional y con infinidad de atenuantes, se caen con todo el equipo. Lo cierto es que el ser humano tiene mucho de tahúr y sopesando un placer inmediato y la improbable noticia a su pareja, una buena parte optará a ciegas por el desliz al alcance de la mano. ¡ Cuántos hijos son fruto de la infidelidad sin saberlo el supuesto padre!.¡Cuántos se han llevado el secreto a la tumba! Se cuenta un chiste de un vendedor de IBM que quería vender una computadora que "lo sabía todo"; le dijo a un cliente: " Pregúntele lo que quiera que le contestará con certeza". " Vale, ¿dónde está mi padre?". La máquina pensó unos instantes y le salió una tarjeta que decía: " Su padre está pescando en Alaska", Vaya, dijo el cliente, esta máquina es inútil, mi padre se ha muerto hace unos años". A lo que el vendedor repuso que había que formular las preguntas en un lenguaje más preciso y acercándose a la computadora le preguntó: "¿ Dónde está el marido de la madre del hombre que está aquí?. La computadora pensó un momento y le salió otra tarjeta. " El marido de su

madre murió hace años. Su padre está ahora pescando en Alaska". 205. Aunque la infidelidad sea una conducta moralmente reprochable por comportar una traición a la pareja, el engaño a la pareja es una práctica que, a pesar de su limitada publicidad, se prodiga y se ha prodigado, con generosidad en todos los ámbitos. Hasta el mítico Ulises, a pesar de la sincera añoranza de Penélope, pasó un año junto a Circe y siete con la ninfa Calipso. Demos un salto a la realidad y, a título de ejemplo, citemos algunos casos de cierta notoriedad, a título de ejemplo:
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El psicoanalista Carl Jung mantuvo una prolongada relación de infidelidad con una paciente durante su matrimonio. El eminente filósofo Bertrand Russell mantuvo varios matrimonios todos los cuales acabaron en separación por la reincidente infidelidad de aquél. La princesa Chantal se divorció de Ernesto de Hannover por adulterio de éste. La princesa Estefanía de Mónaco rompió con su esposo Daniel Ducret, tras una escandalosa infidelidad revelada en un explícito video. Jan Wenner, director de la revista Rolling Stone, abandonó a su esposa por un joven diseñador de la empresa Calvin Klein. El cantante Bob Geldof se separó de su mujer, la presentadora de televisión Paula Yates, después de sorprenderla los periodistas con su amante en un hotelito del condado de kent. Su amante, el cantante Michel Hutchence, la había atado a la cama. Tom Clancy, el novelista autor de Juego de Patriotas, tras veinticinco años de matrimonio fue abandonado por adúltero. Camilla Parker-Bowles, amante del príncipe Carlos, se divorció de Andrew Parker-Bowles tras la notorit de su affair con el príncipe, y extraoficialmente esa fue la razón de la consiguiente ruptura del príncipe con la malograda Lady Di ( y el detonante los ridículos piropos confidencialmente lanzados por el príncipe a su amante:" Quiero ser un tampax para estar dentro de ti siempre", etc). Pablo Picaso fue abandonado por su mujer a los ochenta años por causa de su infidelidad ( por lo visto, a esa edad aún dominaba el pincel). Michel Douglas y Diandra Douglas, se separaron tras la contumaz e incorregible infidelidad de aquel.

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John Hurt se divorció de su tercera esposa,( Jo Hurt) tras descubrir que le engañaba con el jardinero ante el alcoholismo y ausencias de su esposo. Robert Duvall se divorció de su mujer, Sharon Brophy al enterarse de su relación con el constructor de la piscina. Milos Forman fue abandonado por su esposa, tras aguantar largo tiempo la infidelidad por el bien de los hijos comunes, cuando aquél tuvo mellizos con su amante.

Nadie está libre de la infidelidad. No es patrimonio de los famosos ni mucho menos del mundo del espectáculo. Hasta el Presidente americano Bill Clinton se ha visto implicado en numerosas aventuras amorosas e infidelidades, harto notorias e incluso escabrosas, que su esposa ha aguantado con tolerancia y estoicismo. Por su parte, el Presidente francés Francois Mitterrand ocultó durante casi un decenio su relación con Anne Pingeot, con la que tuvo una hija, hasta la cruel coincidencia de la esposa y la amante en el desfile tras el féretro del Presidente.

206. El engaño afectivo se da en todo ámbito cultural y nivel económico o social. Veamos los fríos datos estadísticos:
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El Informe Malo de Molina revela que un 27% de las personas con pareja estable han tenido relaciones sexuales fuera de su pareja habitual. Estos lances son más frecuentes entre los hombres que entre las mujeres, aunque las diferencias se reducen. El estudio Actitudes y conductas interpersonales de los españoles en el plano efectivo, realizado en 1995 por el Centro de Investigaciones Sociológicas, sobre un segmento de la población española de ambos sexos con edades comprendidas entre los 18 y los 64 años en municipios de más de 2.000 habitantes, afirma que sólo el 9% reconoce haber sido infiel a su pareja. Los motivos invocados para guardar fidelidad son por este orden: respeto a la pareja, tener hijos, escrúpulos morales, temor al sida, falta de tiempo y no tener ganas de complicarse la vida.

Parece claro que la fiabilidad de las estadísticas en materia de fidelidad matrimonial es cuestionable por tratarse de cuestiones pertenecientes al fuero interno y a la intimidad. En esto, cabe decir, parodiando la leyenda del pórtico del manicomio de Zaragoza, que " ni son todos los que están ni están todos los que son", es decir, ni los infieles son tan crápulas como

confiesan

ni

los

fieles

son

tan

castos

como

sugieren.

207. El efecto habitual de la infidelidad, suele ser, bien la ruptura por el propio amante infiel, apostando por el cambio de pareja, o bien la ruptura a iniciativa del engañado. Al daño inherente a la quiebra de la relación se suma el lacerante dolor del engaño, de la burla, del posible escarnio, y ello puede dar lugar a la reacción enconada e incontrolada del engañado. En el pasado el adulterio era un delito merecedor de grave reproche social; en la edad antigua, el mundo cristiano castigaba a la adúltera con la lapidación; en el medievo los castigos eran horrendos, por ejemplo, una mujer fue obligada a embalsamar a su amante muerto y a comerse su corazón, y otra fue expuesta a violación por un grupo de leprosos. El aumento de civismo al compás de los tiempos llevó a que el castigo penal fuese sustituido por un severo reproche social, hasta hoy día, en que se contempla con aversión por su matiz de engaño, pero sin mayores consecuencias. El poeta Ramón de Campoamor nos ha dejado un soneto expresivo de lo que cosecha quien siembra infidelidad: A la infiel más fiel de las hermosas/ un hombre la quería y yo la amaba,/ y ella a un tiempo a los dos nos encantaba/ con la miel de sus frases engañosas/. Mientras él, con sus flores venenosas, queriéndola, su aliento empozoñaba,/ yo de ella ante los pies, que idolatraba,/ acabadas de abrir echaba rosas./ De su favor ya en vano el aire arrecia;/ mintió a los dos y sufrirá el castigo/ que uno la da por vil, y otro por necia./ No hallará paz con él, ni bien conmigo;/ él, que solo la quiso, la desprecia;/ yo, que tanto la amaba, la maldigo".

208. No siempre la infidelidad da al traste con la relación. Veamos tres supuestos de supervivencia de la pareja al engaño:
a. Cuando la infidelidad ha desaparecido y ambas partes se

esfuerzan por recomponer la relación, con los naturales ajustes. Suele referirse a casos de infidelidad ocasional y limitada a la pura relación sexual desprovista de amor, que siempre resulta más tolerable que la infidelidad permanente y acompañada de amor. El notorio caso del actor Hugh Grant sorprendido en plena felación por la policía con la prostituta Divine Brown en Sunset Boulevard, no acarreó la

ruptura con su novia Elizabeth Hurley a pesar de su publicidad y lo chusco de las circunstancias en que tuvo lugar. b. Cuando la infidelidad subsiste y la parte engañada, enamorada y clemente, intenta recuperar a toda costa a su pareja, y sustraerle al embrujo o reclamo de su aventura. La dureza de la situación la refleja el escritor David Lodge en una de sus novelas, cuando la esposa engañada intenta reconquistar a su marido para arrebatarlo de brazos más jóvenes:" Marjorie se había hecho peinar según un nuevo estilo y el resultado la había sumido horas enteras en el llanto. Comenzó un régimen que consistía enteramente en pomelos y lo abandonó al cabo de tres días. Compró una bicicleta de ejercicio y se la podía oír resoplando y resollando detrás de la puerta del cuarto de huéspedes, donde la habían instalado. Alquiló una instalación de baño solar a la firma Riviera Sunbed, que cuidaba de entregarlas y recogerlas a domicilio, y yacía bajo ella, con un bañador de dos piezas y gafas de sol, empuñando ansiosamente un cronómetro de cocina por si fallaba el temporizador incorporado, acosada por el mortal temor a cocerse en exceso. Vic comprendía que hacía todo esto para resultarle atractiva, probablemente siguiendo el consejo de alguna despreciable revista femenina, y no dejó de emocionarse, pero con una emoción distante, despreocupada. Marjorie le miraba desde el lado más lejano de su obsesión, con un afecto y un desvelo cerriles, como un perro en el hogar, y él se sentía como si sólo le bastara con alargar la mano para que ella se abalanzara sobre él y le lamiera la cara. Pero no le era posible hacerlo. Despierto a primera hora de la mañana, ya no buscaba el consuelo animal del calor que desprendía el cuerpo de ella". c. Cuando se acepta o tolera de forma consciente la infidelidad tanto pasada como actual o futura por parte del otro, como precio de la subsistencia de la relación. Por ejemplo, la emperatriz Elisabeth de Austria-Hungría (Sissi) se casó con su primo Francisco José, y no sólo no se opuso a las relaciones de su marido con otras mujeres sino que parece ser que colaboraba en algunos de sus encuentros con sus amantes. El caso de la relación entre el pintor Dalí y Gala, su musa y amante, quién al ver a los setenta años su belleza marchita, mantuvo episódicas relaciones con numerosos jóvenes esbeltos, con la tolerancia del pintor, sin

que ello hiciese quebrar su relación. Asimismo, los escritores Paul Bowles y Jane Auer se casaron en 1.938 y se separaron en 1.973 cuando ella murió, sin que sus amores homosexuales con una criada marroquí - Cherifa- quebrasen su relación. Y como no citar la confesión de infidelidad del Presidente Clinton, a bombo y platillo, bajo la luz de los tribunales y la prensa, que ha sido acogida con notoria resignación por su esposa Hillary.