Tierras y Contra reforma Por: Gino Alejandro Román Email: g.roman@verdeamerica.zzn.

com Las limitaciones a la tenencia de la tierra a nivel nacional han sido un tema que se ha mantenido en el baúl de las reformas necesarias durante décadas. Si bien Mariategui ya hablaba del problema de la tierra, y lo equiparaba al sustrato material del problema del indio, tuvieron que pasar casi 40 años para que los anhelos de una distribución más equitativa de la tierra sea una realidad. Los primeros intentos de eliminar el régimen colonial de acceso a la propiedad de la tierra se dieron con la tímida (mini) reforma agraria del primer gobierno de Belaunde en el 64 que, tras la lucha armada impulsada por Hugo Blanco, busco poner fin a las intentonas sediciosas en la provincia cusqueña de la Convención que expuso al Perú y al mundo la dantesca desigualdad en la que estaban sumidas las comunidades campesinas desde la época de la colonia. Luego con el gobierno de facto del general Velasco de por medio se desarrollo una serie de reformas sociales que pretendían transformar a profundidad la realidad peruana. El merito del general reside en la reforma agraria que puso en marcha en el 69 ya que puso fin a casi 500 años de explotación colonial y abuso sistemático que se institucionalizo con la conquista al negar derechos de propiedad a los habitantes nativos del Perú. Al distribuir las tierras de los terratenientes a los trabajadores del campo se terminaba con el régimen feudal hasta entonces imperante. Lastima que tras las conquistas sociales vino la contra reforma de Morales Bermudez en 1975 que auguraba un final sombrío a los experimentos de propiedad social y cooperativismo de los pequeños productores agrícolas que se asociaban con la esperanza de hacer sus pequeñas parcelas más rentables. Tal como explica Enrique Mayer en su investigación “Cuentos feos de la Reforma Agraria” los efectos de la contra reforma perduran hasta nuestros días pero no fue hasta mediados de la década del 90 donde la proclama de “la tierra es de quien la trabaja” pasa a ser reemplazada por “la tierra es de los grandes grupos agro exportadores” tornando invisibles las exigencias que pretenden reivindicar la propiedad de la tierra a favor de los pequeños productores y forzándolos a convertirse en peones asalariados bajo un régimen de semi-esclavitud en plenos albores del siglo XXI. Es por ellos que frente a las recientes declaraciones del presidente de la CONFIEP “(que) limitar la propiedad de la tierra agrícola es una tara para la creatividad y la productividad del sector” es importante exhortar a la población que la creatividad no es patrimonio de uno pocos neoterratenientes o de unas cuantas corporaciones ni de los gerentes que las dirigen y que es mejor fomentar en los pequeños productores el espíritu de experimentación y permitirles reinventar nuevas formas de asociación como el cooperativismo o las asociaciones público-privadas. A su vez es esencial que el estado cierre filas y se ponga del lado de los pequeños y medianos agricultores y que desarrolle verdaderas políticas públicas eficientes y equitativas que frenen la creciente desigualdad y se busque beneficiar a la totalidad de los actores involucrados en el proceso productivo agrícola en especial al campesino, históricamente dejado de lado, y no solo a los exportadores. Estas nuevas políticas deben demostrar que el aumento de la productividad puede ir de la mano con la dignidad de los trabajadores del campo. Un claro ejemplo de política inclusiva y partidaria de la justicia social es la Política Agrícola Común (PAC) emprendida por la Unión Europea en el periodo de posguerra a partir de la década del 50 donde toda Europa decidió jugársela por los pequeños productores agrícolas. Es mediante la PAC que la Unión Europea da asistencia financiera a lo agricultores, les brinda capacitación, tecnificación y los provee de subsidios para que aumenten su producción y les ofrece

amortizaciones en caso de desastres naturales asegurando de esta manera un ingreso fijo. es decir garantiza la Seguridad Alimentaria. un suministro estable y un acceso a precios asequibles por parte de los consumidores. en realidad la única tara es la que ellos representan al negar la innovación y buscando perpetuar el antiguo régimen feudal en el Perú al pretender imponer sus oligopólicos y negando el potencial de nuestros pequeños productores. . Otra vez nos mienten o quizás solo exageran un poquito. Los viejos terratenientes y hoy representantes de las patronales tratan de engañar a la opinión pública al decir que “el poner un limite (máximo de hectáreas) a la tenencia de la tierra afectara la producción y que es una tara para la capacidad creativa”.

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