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El miedo y la muerte son un maravilloso homenaje a nuestros orígenes.

La obra de Osvaldo Puente es un ejercicio de subversión que parte de un replanteamiento de su propia identidad mestiza, basado en un diálogo entre su memoria y la de los otros. La memoria es recuerdo, pero es también invención, es historia, pero también es utopía. Esas son algunas de las connotaciones de las imágenes que aquí evocan lo americano. Porque América estaba en la memoria de Europa antes de que los europeos se encontraran con América. Era (y tal vez siga siendo) un mito por realizar. Pero también ha sido permanentemente un mito por destruir. Tal vez lo más interesante de estas obras sea su pretensión desmitificadora. La cita, la apropiación, la subversión de referentes culturales históricos, implican una situación de cruce, de transgresión, de anulación simbólica de las fronteras entre el viejo y el nuevo mundo, pero al mismo tiempo expresan una crítica de los estereotipos sobre los que en gran medida se ha basado la relación histórica entre ambos universos culturales. Hay aquí una alegoría sobre el intercambio mutuo entre los centros y las periferias. Los antecedentes históricos de tales intercambios en lo que respecta a América se remontan a la época misma del descubrimiento-invención de nuestro continente por los europeos. El intercambio entonces fue simbólico e imaginario, pero también violento y cruel. Algo de aquella violencia mutua se recreó de manera metafórica en la apropiación (digestión) de los lenguajes europeos por las vanguardias artísticas latinoamericanas desde los años 20. Baste ver el aterrador vocabulario del manifiesto Antropofagia, que en su inicio planteaba "Sólo la antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente ... " En su ensayo "Da razao antropofágica: diálogo e diferenca na cultura brasileira" (1983), Haroldo de Campos habla de la antropofagia como “…teoría de una deglución crítica de un legado cultural universal, desarrollada no desde la perspectiva pasiva y aceptable del buen ‘salvaje’, sino más bien desde el punto de vista libérrimo del ‘mal salvaje’, el que se come a los hombres blancos, el caníbal…” (1) Con esos antecedentes se entiende que el gran terror de este fin de siglo siga siendo, en el "primer mundo", el terror al extraño, a aquél que viene a ocupar un sitio y a devorar la cultura local (universal) no de manera pasiva, sino con la alevosa intención de regurgitarla convertida en un nuevo producto, impuesto con afán exhibicionista y subversivo. Detrás de términos como "globalización" y "multiculturalismo" encontramos esa realidad de infiltración cultural que choca con el subconsciente de una civilización caracterizada por un miedo ancestral al otro. Ese miedo está en el trasfondo de numerosas estrategias culturales hoy día. Y tal parece ser el punto de partida de la obra de Osvaldo Puente, quien retorna el pensamiento de Hobbes ("Las sociedades numerosas y duraderas no se fundan en el amor recíproco de los hombres, sino en su miedo mutuo"). (2) Ese planteamiento me remite a una conclusión similar, que el artista chicano Guillermo Gómez-Peña contextualiza en la relación de las culturas latinas con la cultura estadounidense, pero que puede ampliarse a otros contextos: El miedo es el signo de los tiempos (…) Ellos temen que nosotros, el “otro”, nos apropiemos de su país, sus trabajos, sus vecindarios, sus universidades, su mundo artístico (…) No se dan cuenta de que su miedo ha sido implantado como una forma de control político… (3)

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En ese espacio fronterizo en que se enfrentan la aceptación, el terror, la negociación, la apropiación y la imposición de patrones, se mueve la obra de Osvaldo Puente. Pese a hablar del miedo y la muerte y pese a " canibalear" fragmentos del imaginario europeo de América, Osvaldo no presenta su arte como un manifiesto terrorista de la barbarie, sino de la razón. Carente de todo espíritu exhibicionista, su contenido crítico se equilibra con una concentración fría y calculada en el objeto, en sus límites físicos y en sus posibilidades lingüísticas e ideológicas. Esta es una propuesta ética del objeto artístico, combinada con una extraordinaria economía del lenguaje, que vuelve más eficaces las posibilidades arqueológicas, documentales y políticas del arte. En ese ámbito, un par de plantillas de zapatos usados por el autor representan un pedazo amputado de su memoria, una evidencia de su biografía, un símbolo de su experiencia de viajero y cruzador de fronteras, un resumen de sus propios miedos. Y un maravilloso homenaje a nuestros orígenes. Juan Antonio Molina. Texto original: El miedo y la muerte son un maravilloso homenaje a nuestros orígenes. Catálogo de la exposición My last days among you. Ludwig Forum für Internationale Kunst, Aachen, Alemania, 1998 Notas:

(1) Citado por Andrea Giunta. En Strategies of Modernity in Latin America. Beyond the Fantastic. Contemporary Art Criticism from Latin America. London/Cambridge. INIVA/MIT Press, 1995. Pág. 57 (2) Hobbes. Antología. Edición de Enrique Lynch. Ed. Península, 1987. Pág. 199 (3) Guillermo Gómez-Peña. The Multicultural Paradigm. An Open Setter to the Nacional Arts Community. En Beyond the Fantastic. Contemporary Art Criticism from Latin America. London/Cambridge. INIVA/MIT Press, 1995 Pág. 185

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