Esta novela es de distribución digital libre y gratuita. El sistema editorial actual no abre camino a autores nuevos, por lo que probablemente no se verá nunca impresa en papel. Un sinnúmero de autores jóvenes chilenos se encuentran en la misma situación. Algunos de ellos han escrito obras maravillosas que nadie ha podido leer, sólo porque a algún oficinista se le ocurrió que no eran una inversión segura. No nos quedemos de brazos cruzados. Si esta novela es de tu agrado, muéstrasela a tus amigos, recomiéndasela a conocidos. Haz lo mismo con otras novelas no publicadas a las que logres tener acceso. Busca escritos de gente que conozcas; seguramente más de alguno de tus amigos es escritor y aún no lo sabes. Dales importancia. Léelos, critícalos, ayúdalos a hacerse conocer. Demostremos que Chile (y Latinoamérica, y el mundo) tiene jóvenes interesados en tomar la antorcha que dejaron los autores que escribían por gusto y no por negocio. Que a algunos no nos interesa cuánto podamos vender, sino a cuánta gente podemos llegar. Cuánta gente sentirá algo al leer nuestras palabras, a cuántos podremos hacer reflexionar, disfrutar, evadirse y soñar. No necesitamos que nos recuerden que somos mal negocio. Escribir una novela implica una entrega y pasión que no vale la pena cuantificar. Nadie podría pagarnos lo suficiente por el amor con que hemos escrito.

Emilia Díaz Noviembre del 2011 Contacto: cronicaslicantropas@gmail.com

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Llevo más de dos horas intentando decidir si este fue el mayor acierto o el mayo error que pude haber cometido. Frederick insistió una y otra vez en que es un suicidio, pero él no tiene idea. Por más que diga que lo entiende, no sabe que esto es lo único que me queda. Si puedo lograr algo, acercarme de una vez a mi objetivo, será gracias a lo que haga ahora. Lance estará aquí en menos de diez minutos. Mi mano derecha aferra la empuñadura del arma con tanta furia que no siento de hace rato los nudillos. Cuando llegue sabré por fin lo que necesito. No creo en su palabra, pero no tiene razón para mentirme. De una manera u otra, lo sepa o no, va a ayudarme. Todas las luces del departamento están apagadas. Los lentes oscuros cubren completamente mis malditos ojos. Detrás de la ventana se asoma, débil entre las nubes, la luna creciente. Es curioso pensar que es la misma bajo la que viví en Berwick durante dieciséis años. Las luces de Londres la hacen parecer infinitamente más oscura. Desde el primer piso comienza el sutil sonido de pasos apagados. Sigo con el látigo en la mano. Te estoy esperando. Entonces se detiene.

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PRIMERA PARTE 3 .

Demasiado simple. Me había quedado con ellos. borrosa por el movimiento. reprochándole un error mortal. La expresión de mi rostro les previno que algo andaba mal. y al que me he aferrado con un odio casi enfermizo durante los últimos diecinueve años. Evan? ¿Te preocupa algo?” Me fijé en las arrugas sobre su frente y los surcos bajo sus ojos. Junto a la imagen revive un hedor de saliva y sangre. Marianne! ¡Que tarde o temprano acabaría contigo! ¡Nunca debiste conocer a ese monstruo. cerniéndose sobre mí.Berwick El primer recuerdo que poseo. Porque lo único que escuchaba era mi corazón. Esta es la única reminiscencia que poseo de mi padre. “Quería que me contaran cómo murió mi madre. Mi padre se había ido. Pero aún no comprendía. de sangre! ¡Era un monstruo. la ansiedad. Un apellido vacío – Skartzia. Pero eso puedo decirlo luego de nueve años. durante aquella hora muerta que se insiste en llamar sobremesa. Y lo que quería saber se movía tan cercano a ambos reinos que ya casi me desesperaba por completo. pasando una mano arrugada sobre mi pelo negro. Con su tacto de siempre. yo y mis sueños. Claro que me habían contado una historia. Sobre todo luego de la brillante idea de esconderme bajo la mesa del comedor durante una de las interminables borracheras de Howard. yo y mis ideas. la abuela se sentó a mi lado. Fue una noche. No merecía que la cuestionara como iba a hacerlo.” dijo mi abuelo una noche en que se encontraba peor que de costumbre. es el de una masa gris. una revelación. A esa edad sólo importaba yo. No tardé mucho en hacerles saber lo que había averiguado. “¿Qué te ocurre. una suerte de versión estándar. Marianne! ¡Nunca debió tu boca pronunciar el nombre de ese maldito Alexander!” Quizás dijo algo más. Marianne.” 4 . Demasiado poco convincente. Tampoco de cómo había llegado yo a sus manos. Una verdadera avalancha de información que el alcohol desordenaba y trizaba. Faltaba un indicio esencial. Marianne. Por eso mi madre había muerto. la imagen desdibujada y el olor. por mucho que dijeras que lo amabas. Mi madre había muerto de una enfermedad. No lo sabré nunca. Era el momento. Alexander la había matado. la raíz de su propia perdición. y lo sabías! ¡Un energúmeno desgraciado! ¡Un asesino!” recuerdo el encogimiento en el pecho. Mi padre la había matado. Mis abuelos nunca hablaban de él. una idea< “Marianne. “te advertí que era un suicidio. palpitando desaforado. ¡Como si él pudiese hacer lo mismo! ¡Como si esa bestia sintiese algo más que hambre de destrucción. Hasta Grace coincidía conmigo. Por eso yo estaba en aquella casa. ah. permitiéndome a duras penas escuchar cómo llamaba a mi madre una imbécil. “¡Como si no lo hubiésemos sabido.

que entrelazó las manos entre los vasos de plástico.” “Eso no lo he olvidado. por lo que su respuesta fue un garrotazo a mi pobre lógica. no pudo reprimir el temblor de sus manos. Creí que no olvidarías algo tan importante. “Marianne murió de una enfermedad horrible. me sorprendió ver cómo palidecía y daba un paso hacia atrás. es verdad.” Aunque Grace mantuvo la compostura. “que todo lo que te digamos. “Tu padre. Preferí mirar a Grace. Varios segundos después. de esas que atacan al cerebro y al corazón. y comencé a lanzar preguntas como una ametralladora. sus restos eran irreconocibles! ¡Ese hijo de<” “¡HOWARD!” Silencio. Dos.” No supe qué pensar. un gruñido animal. “Sabíamos que ya no podía quedar mucho tiempo. “¿Qué es un hombre lobo?” “Es una bestia que puede tomar dos formas. querido.” Respiré profundamente y di la estocada. Pareció olvidar que se encontraba ante un niño. “¿Dónde est{?” 5 . Evan. mi niño. Es la pura verdad. “Ya te lo he dicho varias veces. Ya tenía una idea muy definida sobre lo que me dirían. Entonces escuché mi voz. Como si una pared gigante. de humano y de lobo. la cara roja de ira. “Est{ bien. se hubiese venido abajo. Te lo diremos todo. tres segundos y algo cambió en los viejos semblantes. Cuando levanté la mirada. Comenzó a dar manotazos al aire. Evan. engrandecida con los años. Tuve que reponerme del golpe. no logré decir nada.El silencio trocó sus miradas por gestos hoscos.” “¿Fue él quien mató a mi madre?” Howard se volvió de golpe hacia mí. mis posibilidades variaban entre un psicópata y un asesino en serie.” “Pero tienes que entender. por extraño. “¡Sí! ¡Así es! ¡Tu padre la mató! ¡Esa bestia asquerosa la asesinó! ¡La volvió pedazos! ¡Cuando llegamos a sacarte.” Mi mente infantil colapsó sin previo aviso.” “¿Son asesinos?” “Sí. se acomodó en la silla y me dirigió una mirada de profundidad insospechada.” inspiró ruidosamente “era un hombre lobo.” “¿Y mi padre era uno?” “Así es. Howard escondió la cabeza entre las manos.” Una mirada de espanto a los ojos inquietantes del niño que tenían delante. Por un par de segundos. demente o imposible que suene. Intenté calmarme con esa madurez fría que tanto escandalizaba a mis abuelos. los pasos de la abuela se me acercaron. “Ahora quiero que me cuenten la verdad. Evan” mi abuelo se levantó de pronto y tomó entre las suyas mis manos p{lidas de niño.” Mi abuela suspiró.

antes de que mi abuela pidiera las correspondientes disculpas y me arrastrara a la salida. temblando incontrolablemente. Claro que no tenía ni la más mínima idea de cómo era un hombre lobo ni de qué lo diferenciaba de un ser humano común y corriente. Lo dejé pasar. Abrirlo y ver la frase escrita con caracteres gruesos en tinta azulada fue suficiente para saber que era lo que necesitaba. donde llevaba viviendo más de una decena de años. liso. Durante las salidas con Grace utilizaba todos los medios a mi alcance para obligarla a entrar a la biblioteca. profesora jubilada. querido<” “¿Dónde est{?” “Evan<” “¡¿DÓNDE EST[ ESE HIJO DE PUTA?!” Grace tropezó con su silla y cayó al piso. Su única condición fue en esos momentos extraña y estúpida. y que con la abuela nunca conseguía permanecer más de medio minuto en la biblioteca. Me volvería cazador de hombres lobo. Iba a asesinar a Alexander Skartzia. El encargado de turno siempre me miraba como a un mosquito parlante. sin título en la portada. Y como manera de congraciarse conmigo. Nunca salía. Howard volvió a esconder el rostro entre las manos velludas. Era un tomo negro. Bastó una conversación cargada de indirectas y alusiones veladas para encontrarme camino a la librería más grande del pueblo. tuve que idear otro plan. pero pretendía averiguarlo. Lo encontraría y lo mataría. Sentía cómo mi pecho subía y bajaba mientras un torbellino de emociones afloraba en mi cabeza. Crónicas licántropas. ofreciéndome por primera vez el mundo exterior. No iba al colegio. que traía su mercancía directamente de Londres. Todo fuera por salir y poder así comenzar la búsqueda. Por aquella época comprendí que mis abuelos habían estado intentando mantenerme lo más aislado del mundo posible. No brillaba. donde preguntaba de golpe por libros sobre licántropos. casi esperando que algún libro anónimo comenzase a brillar a un par de metros. No podía dejar la casa sin un par de grandes anteojos de sol que ella misma me había conseguido. prácticamente corrí por los pasillos buscando algo que pudiera servir.“Evan. Y mi doceavo cumpleaños llegó justo para proporcionármelo. Grace utilizó este aislamiento. y recibía todas mis enseñanzas directamente de Grace. No podía soportar saber que estaba viviendo en ese mismo maldito mundo donde mi madre había sido asesinada. bajo el mismo cielo que yo. algo extraño e irritante. Dado que no podía dejar la casa solo. No conocía nada salvo el pequeño pueblo inglés de Berwick. Una vez allí. En ese preciso instante hice la decisión que definiría mi vida. 6 .

7 . centauros. Cuando me preguntaba si alguien más sabía de su realidad. Seguramente lo habrás escuchado: centeno. solucionaba muchos problemas.” decía aquella p{gina a modo de introducción. O podía ser un escritor loco. Tenía muchos conflictos con la idea de la existencia de los monstruos. En la tercera página. creyendo casi como acto de fe en que el autor a su vez creía en lo que escribía. Bien podía tratarse de alguien que intentaba hacer un velado llamado de atención a los hombres. pues quizás encontrarás algo que te será de utilidad en el futuro. grandes letras como las del título rezaban “Declaración de intenciones. o sencillamente. pero no se la ha tomado demasiado en cuenta a la hora de tomar papel y lápiz y comenzar la verborrea literaria. Contuve el aliento y comencé.No me atreví a abrir el libro hasta que los abuelos estuvieron acostados en su habitación. elfos y criaturas presentadas por lo general como buenas hasta sus contrapartes: orcos. Mi habitación no tenía ventanas. eliminaba un obstáculo primordial: la permanente idea escondida en mi subconsciente que susurraba que mis abuelos estaban locos. Escribir algo como eso equivalía al suicido si dentro de esos monstruos existía algo parecido a las reglas. demonios. la lógica hacía resonar su No. Ni lugar de impresión. ¿Cómo saber que no se trataba de un simple escritor algo desequilibrado de novelas macabras? ¿Qué me garantizaba que lo que decía era real? ¿Qué posibilidades había de que esas líneas hubiesen sido realmente escritas por un licántropo? Casi nulas. No pretendo dar un listado de maneras para acabar con uno. ni autor. como única manera de saber a qué velocidad transcurría el tiempo. pero te recomiendo leer mi historia con atención. Cualquier bestia intentaría esconder su naturaleza. gigantes. “Se ha escrito mucho sobre criaturas seudo-humanas.” Todavía sin respirar. Por lo que encontrar aquel libro y leerlo. ceniza. Cerca de medianoche prendí la luz del velador y coloqué el reloj a mi lado. vampiros. alguien que realmente creía en la existencia de los licántropos y que sabía necesario protegerse de ellos. ninfas. muérdago. no salir nunca en noches de luna llena. pero no había nada. quizás apenas suficiente para defenderse. comencé a leer. Busqué bajo el título.” Volví a la primera página. y que todo era una mentira. Durante varios minutos no hice más que contemplar el libro con nueva suspicacia.” “A mi raza se le ha colocado en esta última categoría. Los monstruos que alimentan las pesadillas. Pero muy pocos de estos métodos son realmente efectivos. luego de haber pasado por el ritual empalagoso y estéril del canto y la torta. Nadie sabe demasiado sobre nosotros. si deseas defenderte de un verdadero hombre lobo. Básicamente. balas de plata bendita. si decides abrir los ojos y dejar de ignorar nuestra inexorable presencia. “Desde sirenas. ni fecha.

no era pánico. El autor parecía ser una persona descuidada. Y también. En vez de esto. la mujer deber{ ser asesinada antes del nacimiento. Esto hizo que le perdiera algo de confianza al autor. hasta que llegué a la penúltima. aunque dudaba (y casi podía asegurar lo contrario) que aquellos monstruos pudiesen siquiera acercarse a formar una sociedad. sin lograrlo. era la rebeldía que se hinchaba en mí al comprender que seguía viviendo. debe ser eliminado inmediatamente. pero no era lo que sentía. No.Pero con el obstáculo erradicado. La regla decía lo siguiente: “Un lic{ntropo nunca podr{ concebir con una humana su primogénito. De ser el caso. conteniendo el vómito hasta llegar al baño. un círculo al que le faltaba un pedazo más o menos grande. Esto. y que los temas estaban esparcidos por doquier. de partir su cuello. A segundos de darme por vencido. Seguramente hablaba del sol.” Pasé la página con la mente en blanco. “Si el hijo de un lic{ntropo y una humana llega a nacer. debe ser eliminado inmediatamente. 8 . Era saber que ese monstruo había matado a mi madre por mi nacimiento. que comentaba cosas sobre lo que él mismo decía y nunca quedaba demasiado claro si lo negaba o afirmaba. creciente o menguante. La última hoja sólo contenía una oración. según estuviera nueva. Y ésta era cómo haría para reconocer a un hombre lobo. Un verdadero dolor de cabeza. lo que desembocó en terminar por pasar las hojas sin prestarles demasiada atención. Tenía como título La única regla. para mí. No existía la luna completa.” Tuve que salir corriendo con el menor ruido posible. recorrí las p{ginas con los ojos. Me detuve un momento a comprender la oración. aunque debía estar irremediablemente muerto. Era de nuevo ese odio incandescente hacia la bestia. Era ira. Era ver duplicadas mis ganas de atravesar su cráneo. pálido y tembloroso como nunca. Asumí que la regla sería algún tipo de norma de conducta. Si el hijo de un licántropo y una humana llega a nacer. La luna era. Le di una rápida ojeada a la página anterior: algo sobre agrupaciones de licántropos. cobraba importancia otra interrogante. como si se tratase de alguien intentando poner en orden sus ideas sobre algo de lo que sabía demasiado. No sabía qué demonios quería decir con luna llena. notando al poco tiempo que el libro no era una verdadera crónica. Seguramente parecía el miedo personificado. Debo haber pasado media hora tirado sobre el piso helado. una frase saltó a mi vista: sólo la luna llena evidencia su transformación. Lamenté en mi ingenuidad que no hubiese un índice en que buscar “cómo reconocer a un lic{ntropo” o un título similar. en menor medida.

pero había un dejo 9 . Grace me acostaba temprano y me contaba historias o se quedaba a mi lado cantando. Nunca había visto mi rostro. poco antes de despertar. las ventanas permanentemente cubiertas por una ligera cortina blanca. en mi habitación sin ventanas. y todo tendría sentido.No tenía fundamento alguno. Después de todo. los vasos de plástico. ¿Qué peligro podía representar para un puñado de esas bestias un enano como yo? No había en mí nada de especial. Podía lograrlo. Solté un bufido. Me abalancé sobre el volumen negro. Sólo esa grotesca palabra me dio la certeza que necesitaba. Destrucción. A la mañana siguiente mis abuelos siempre se mostraban alegres y activos. El hijo de una humana y un hombre lobo. buscando cualquier cosa que tuviese que ver con romper la regla y lo que ocurriría. ¿qué tendría de imposible. creía escuchar el sonido del pestillo descorriéndose. y todo lo que sabía de mi físico se ubicaba de mi pecho hacia abajo. Debo haberme encontrado en el limbo del sueño y la vigilia. Mientras me hallaba ahí. En ninguna parte del libro se daba ni la más mínima noción lógica que pudiera llevar a esa sentencia. Varios detalles se agolparon en mi mente: las superficies lisas cuidadosamente opacadas. Nunca se me había ocurrido pensar que no había visto mucho de mí: espejo era una palabra que conocía sólo por libros. Eliminado. sin poder responder de qué color eran los míos< Todo tenía que calzar. pues el pensamiento me despertó de súbito. ¿Por qué? ¿Qué importancia tendría para ellos un híbrido. una conversación de hacía años sobre ojos. mitad bestia. tan brutal< el hecho en sí tenía que ser un riesgo que se negaban a correr. A la mañana siguiente. como un recordatorio de último momento. y unos cuantos mechones de mi pelo negro y desordenado. recostado. de irreal. Debe ser eliminado. Entonces. Una noche al mes me encerraban. que yo fuese<? Me senté y eché los brazos sobre las rodillas en un intento de calmarme. Mi venganza tendría un efecto devastador. pero sólo encontré una palabra en una acotación a pie de página. en que mis abuelos habían callado de repente. como un golpe en el estómago. sin que yo lo supiese. un híbrido era para ellos un peligro. Una vez al mes. Salvo una cosa. Los hombres lobo se transformaban con luna llena. Yo era un peligro. claro: su concordancia con la Única regla. mitad humano? La regla era tan precisa. Al menos. algo en mi mente comenzó a repetir algunas de las palabras que había pensado. Sólo algo más. Yo era un híbrido. no hasta donde podía ver. Yo no conocía la luna llena. Nada más que eso. Destrucción.

Otro tipo de revelación me había atacado en ese estado de frenesí. dos garras bestiales negro azabache impactando contra un cuerpo que fue a dar al piso con un estruendo de estantes. La transformación fue horrenda. desplazando por fin a la bestia que había tomado el control. Pero aún así. y ojos grises. No fue aquel monstruo quien escuchó el grito de mi abuela. por qué nunca me habían permitido verme la cara. aquello era la clave. no podíamos<” 10 . Escuché voces. de pelo negro. Pude sentir cómo ardía cada centímetro de mi piel. Y si ahora sí lo hacía. no. por qué llevaría destrucción a los lic{ntropos< Las imágenes se vuelven borrosas: recuerdo haber bajado las escaleras de un salto. Desperté en la cercanía de un cuerpo caliente. ojos cruelmente plateados< Dos ojos que reflejaban la luna. no me arrepentí ni lo haré nunca. si estaba en lo correcto< ¿Y qué tenían que ver con todo esto mis ojos? Quizás mezclé ambas cosas gracias a una mente demasiado excitada. De haber sabido qué ocurriría. Yo también era un monstruo. Recuerdo el rostro desfigurado de Grace y a Howard sangrando en el suelo. Me consideré un imbécil por no haberlo pensado mejor. si era o no humano. Aullé con todas mis fuerzas. Mis ojos tenían algo. de golpe. sin saber que aullaba aún. haber llegado al living y haber descorrido. sino yo. “¡Evan! ¡EVAN!” Mis movimientos dejaron de ser mecánicos. las cortinas. Un grito agudo y exasperante. lo haría una y otra y otra vez. me recibió la imagen de una Grace fantasmalmente blanca. Entonces apareció frente a mí el reflejo de un chico de doce años. o algo en mi interior se agitó de tal manera que no pude más que comprender. y todo se oscureció. que me despertaban. plateados. mis huesos alargándose más allá de su potencial y el sonido de todos mis músculos rajándose en un intento vano de seguirlos. La consciencia intentó despertar. Luego caí. Y luego mis puños. “¿Por qué lo hicieron?” “E-evan<” La voz quebrada por el pánico. Me había convertido en lo que odiaba. “¡Evan!” escuché como a través de una cortina. Al abrir los ojos.de preocupación en sus semblantes que nunca había llegado a comprender. “¿Por qué nunca me lo dijeron?” “Querido. ¿Lo habría hecho? Lo lamenté muchas veces durante los años siguientes. y el aullido se tornó un gruñido de rabia. como manos quemantes que me arrastraban. Mi nombre dicho como a través de una pared de cristal. Un par de lágrimas. Con tal de encontrar de golpe tantas respuestas. Aunque casi matase a Howard nuevamente.

entonces. Sigue siendo tan sencilla. No me miraba a los ojos cuando respondió. No eran tan estúpidos después de todo. Ahora entendía. Pero no tenían utilidad alguna. “¡No les bastó con esconder lo de mi madre.“¡¿Te das cuenta?!” La ira consumió mi voz. Cualquier licántropo que me viera se transformaría de la misma manera en que había hecho yo. ¿Por qué no acabar. Todo cuanto sabía de los espejos era que podías verte en ellos. Anteojos oscuros. Era un hombre lobo. “Por eso no había espejos en casa. Porque primero acabaría con mi padre. Pasaron meses sin que pronunciase palabra.” Sólo una manera de protegerse ellos mismos. Mis ojos eran dos lunas.” “¿Cómo?” “Nos moríamos de miedo ante la idea de que te cruzaras con una de esas bestias en la calle y te atacara. “No deberías haberlo hecho. no! ¡Sobre mí! ¡Me han mentido durante toda mi vida!” Un nudo en el pecho me cortó el habla.” “¿Por qué habrían de<?” Se transformarían. querido. antes de tomar esa decisión. Como cualquiera de esos monstruos. mi pequeño. Luego de la experiencia del ventanal. Como si no hubiese ocurrido nada. No podía soportar que no salieras. “Intentamos de todo. ¿Era para que no me viese reflejado por error?” “Fue idea de Howard. tenía una idea bastante clara de lo que eran. Evan. No importaba que la luna llena no se alzara en el cielo: yo me había transformado con la mera visión de mis ojos. mintieron también sobre aquel imbécil y no. Debe haber sido entonces cuando noté sobre la mesa los lentes que me hacían llevar.” “¿Había manera de evitarlo?” Grace volvió a callar y se mordió el labio. “Los anteojos. también conmigo? Ah.” Chasqueé la lengua. No sabían nada. Y entonces comenzaban a cerrarse delante de mis ojos. Me proferí heridas tan profundas que me detenía casi por admirar lo grotescas que resultaban. Evan” “He leído mucho.” “N<no sabía que habías averiguado que existían.” Y era cierto. ¿Por qué habría de confiar en ellos ahora? Quizás su voluntad no había sido mala. eso no es todo. la respuesta era tan sencilla. acabar con el monstruo en mi interior. Yo mismo era una bestia como la que quería asesinar. No diré que no intenté. sin experiencia alguna. Me sorprendió la 11 . “Adem{s< temíamos que pudiesen haber< otros. Me lo explicaba todo. Todo palpitaba en mi cabeza como una bomba de tiempo.

Es su fase más poderosa. Todo se había reducido hasta aquel leve cosquilleo en la piel. o decía algo ligeramente amenazante. un ansia de poder al alcance de la mano. Logré acostumbrarme a ignorar el fulgor plateado que luchaba por llenar mi cabeza cada veintiocho días. sobre todo cuando sabía que la luna estaba allí afuera. Me enfoqué especialmente en los párrafos donde se hablaba de daño y heridas. permanente? ¿Cómo acabar con una de esas bestias? Lo único que saqué en limpio de las páginas fue que un licántropo sana más rápidamente si se encuentra en estado de lobo. y a lo lejos un perro aullaba< Entonces me odiaba. una y otra vez. una libertad inesperada. Comencé a preocuparme yo mismo por el calendario lunar. Aquellas noches tuve tiempo para revisar. combinada con el máximo de sus habilidades físicas. Desde la transformación. quizás por la sencilla razón de que me conocía y sabía que. pero luego se volvió normal. Pero claro que sabía que aquello no era más que un truco de la bestia para que me rindiese ante ella y le entregara mi cuerpo una vez más. Si un licántropo cualquiera era capaz de recuperarse con tal rapidez de cualquier herida. En mi cabeza se formaba por partes el gran disco plateado que pugnaba por completarse y someter al fin a mi mente. echándoles en cara que habían traicionado su verdad para protegerme y se habían expuesto a mis garras y no me habían reprochado nada. También 12 . Incluso podía caminar normalmente. por cierto. Howard había optado por no mirarme. las noches de luna llena se habían vuelto imposibles. sentía un cosquilleo en la piel. Era una especie de promesa. yo era una bestia repugnante. La mala sorpresa de la regeneración había aumentado considerablemente la dificultad de mi venganza. las Crónicas licántropas. Cuando se levantaba sobre el horizonte. en más de un sentido. Mis abuelos me habían dado casi trece años de sus vidas. Grace había desarrollado un tic nervioso que se mostraba cada vez que la miraba con fijeza. con una pasión incluso mayor que la ira que sentía hacia Alexander. se había recuperado. Podía sentir en qué momento la luna llena se asomaba. Útil. que podía resultar incluso agradable. Ya había leído en el mismo libro que los hombres lobo poseían sentidos tan agudizados que la mera comparación con un humano era irrisoria. mientras la luna continuaba su inútil periplo por el horizonte. ¿cómo hacer para provocarle daño real. No sentía necesidad de protegerlos. Howard. con la defensa impenetrable de la maldita regeneración.primera vez (como una sorpresa desagradable o una broma de mal gusto). encerrándome en mi habitación con la puerta trancada y una almohada sobre mi cara. y ahí estaba yo. Y no me importaba. pero tampoco me apetecía hacerles daño. Mantenerlo a raya era una tarea titánica. Me mantuve firme y sin transformarme noche tras noche. Ahora lo considero útil.

gracias a esos ojos que sentía que habían arruinado mi vida! ¡Sería su destrucción! Por fin lo entendía. pues sería yo quien decidiría cuándo transformarme. lo aceptaba y lo creía. Yo poseía la luna. Tenían el mismo brillo. de daño real. Di con una sola palabra: Plata. Con sólo ver mis ojos en el espejo. debía haber algo que presentase un peligro para los licántropos. y sería tan sencillo. tendría su poder y su fuerza. buscando cualquier cosa que hablase de peligro mortal. quién lo hubiese esperado. Lo entendía todo. y reía. potencia. el escritor volvió a ganarse mi respeto. Ese híbrido tendría ojos de plata. con solo ver mi reflejo. y nunca creí que ser un licántropo terminaría resultando útil. lo tendría realmente a mi disposición. Volví al libro escudriñando cada página. ¡Por eso yo era un peligro! ¡Sería más poderoso que ellos! ¡Más letal que ellos. por el puro capricho de esa bestia en su interior. equilibrio y actividad motora en general. Por qué se prohibía aquella unión. reía. Pero todas esas destrezas físicas serían inútiles contra un licántropo si tal capacidad de regeneración era real. pues tendría completo control sobre mí! Aquellos imbéciles de seguro actuarían por instinto. ¿Por qué no la plata? Peligro. de perpetuar heridas. Me reí. Seguramente ambas. La asociación fue casi inmediata. Gracias a su asquerosa herencia genética. debe ser eliminado inmediatamente. “Si el hijo de un lic{ntropo y una humana llega a nacer. y lo que era mejor. ¡Pero yo dominaría a la bestia! ¡Sería su amo y señor! ¡Dominaría al monstruo en mi interior. La transformación ocurría en la luna llena. Plata. los haría pedazos. Por algo me había parecido que mis ojos eran de plata. resistencia. Plata. La plata es lo único que puede inutilizar la imparable defensa de autocuración de los licántropos. Corrí de vuelta al libro y lo abrí por la última página. velocidad. reía porque todo estaba ahora tan claro. Podía utilizarla a mi antojo. alcanzaría ese estado que los volvía temibles. Yo lo cazaría.las destrezas físicas se veían aumentadas: fuerza.” Porque aquel niño nacería con el poder de poner en riesgo a su raza. Luego de la transformación. a todos los licántropos por 13 . la luna y la plata en mis ojos. pues yo mismo era capaz de realizar varias de las “hazañas” que utilizaba a modo de ejemplo (cosas como pasar diez minutos en posición invertida con una sola mano apoyada en el piso o hacer trescientos abdominales seguidos). y cómo esos malditos ojos iban a resultarme infernalmente útiles. y Skartzia estaba perdido. la verdadera razón de la regla. Seguramente tenía algo que ver con la luna. y sería más astuto que los monstruos. ah. Después de todo. Mi primera opinión de esto fue que el autor hablaba una sarta de estupideces. O quizás me tiré al piso. A él y a todos los de su raza. perdido. irremediablemente perdido.

igual, con sus estúpidas reglas que me prohibían, que vedaban mi vida. Debieron haberme matado antes. Ahora era yo quien acabaría con ellos. Ocurrió el otoño antes de cumplir dieciséis años. Una manta de neblina cubría Berwick, oscureciendo el follaje rojizo y las raíces húmedas en las plazas y calles. Nunca me gustó el silencio en que se sume el pueblo cuando la muerte reclama, una a una, las hojas de los abetos y los sauces. Pero lo más molesto es, sin duda, el río. Me encontraba caminando junto a su cauce, de vuelta de uno de mis ocasionales paseos, la débil luz de la luna menguante a mis espaldas. Llevaba unos segundos de muda contemplación del astro maldito cuando algo llamó mi atención. Sobre el puente de la Frontera Real, podía ver claramente la silueta de un hombre encorvado. Y ese hombre me observaba. De una distancia imposible para un humano. El presentimiento entró en mí al galope, mas logré contenerme y seguí caminando como si no hubiera notado nada. Pero entonces vino el viento, desde el otro lado del puente, y arrastrando su olor hasta mí. Lo que se apoyaba en la piedra no era humano. Olía a perro mojado. Otro hombre lobo. Ahora comprendo que era la primera vez que encontraba uno y que, como tal, no tuve claro lo que tenía que hacer. ¡Pero qué imbécil fui! ¡Cómo no pudo ocurrírseme como instinto, como presentimiento, como lo que fuera! Cierto, no llevaba ningún arma. Cierto, no me había entrenado de ninguna manera. Bien, lo acepto. No estaba preparado para hacer nada que no fuera correr directamente hacia el licántropo y saltarle encima como una verdadera bestia. Que, por cierto, fue lo que hice. Corrí por la orilla pantanosa, me encaramé de un salto en la pared de piedra y lo embestí con todas mis fuerzas. En medio instante me encontré en el piso. Me había esquivado como si nada y ahora reía con ganas, con las manos en los bolsillos y mirando mi cuerpo inerte con una sonrisa irónica en la boca. Al levantarme pude ver con claridad sus rasgos (ojos cafés de párpados bajos, pelo oscuro y algo de bigote que cubría su boca repleta de dientes anormalmente afilados) antes de sentir el impacto en mi cara. Salí disparado hacia el borde, aferrándome casi por reflejo a una piedra que sobresalía. Me impulsé y cargué nuevamente contra el licántropo que parecía considerarme lo más gracioso que se había cruzado en su camino por un buen rato. El hijo de perra tenía una notoria ventaja: se enfrentaba a un crío de quince años que nunca en su vida se había entrenado, mientras él, ¿cómo podía saber si quiera qué edad tenía? ¿Envejecían los hombres lobo, aún con esa regeneración automática en sus cuerpos? ¿Fallaba en algún momento, o salvo por las matanzas eran monstruos inmortales, sin temor al paso del tiempo? Me esquivó de nuevo. Luego de una patada fallida volví al ataque, estirando mis puños hacia su estómago, sus hombros, sus brazos. Pero no le 14

daba. Se movía con una rapidez envidiable, dando siempre la impresión de que era yo quien había apuntado mal, siendo que los golpes debían haber sido perfectos. La rabia creciente aumentó la rapidez de mis manos, y pronto pude comenzar a acercarme a su velocidad. Sólo entonces noté que tenía los puños crispados, sentía la cara tirante y mis dientes parecían demasiado afilados. Me detuve un momento para verme las manos. Aunque seguían siendo humanas, las uñas se habían alargado y los dorsos se cubrían de pelos negros y espesos, que daban paso a venas anormalmente marcadas. Debo haberlas quedado mirando como un idiota, pues el licántropo rió nuevamente, antes de hablar por primera vez. “¿Aún no te acostumbras, renacuajo?” El gruñido murió en mis labios, se había acercado con tanta rapidez que no había visto nada, y el dolor en la boca del estómago fue casi inmediato. “Vuelve a buscarme cuando puedas resistir un golpe, enano.” Caí al piso como un saco, mientras todo mi cuerpo se sacudía. Di patadas y manotazos en un intento desesperado de recuperar el aliento. En la distancia, escuchaba aquella risa asquerosa que me persiguió durante todo el tiempo que debí mantenerme ahí echado, sintiendo cómo no podía pararme. Pasada cerca de media hora pude levantarme y caminar hacia la casa, sin sentir dolor alguno más que la agonía de mi orgullo mancillado. En algún momento del camino, tuve que agradecer a regañadientes a Howard por mandarme a hacer esos anteojos tipo antiparras, de esos que cubren completamente los ojos y se ajustan con un grueso elástico detrás de la cabeza que impide que se caigan incluso en situaciones como aquella. De haber estado sin lentes, no estaría aquí ahora. Con esa pelea me dí cuenta de muchas cosas. Me hizo plantearme, por ejemplo, por qué mi oponente no se había sorprendido por mi súbito ataque. Quizás creyó que era una suerte de desafío. Una lucha territorial. Podía ser que existieran bandas que defendieran su espacio con armas y permanentes guerrillas. Aunque siempre estaba la posibilidad de que fuera normal, casi una costumbre. Quizás incluso era una norma de buena conducta, que dentro de esas bestias era de buena educación intentar matar a uno de los tuyos a penas lo veías. Pero lo más importante, fue que me hizo aceptar que tenía que comenzar a actuar de una vez por todas. Comencé a entrenar con un afán casi psicópata. Me concentré en fuerza y velocidad, que debían ser suficientes, a futuro, para salvarme el pellejo. Corrí por cada camino que conocía y destrocé a golpes cada cosa que pude, manteniendo siempre la imagen del licántropo con quien me había enfrentado hacía ya un año como objetivo primordial. Era a él a quien tenía necesidad de romperle la cara. Cuando consideré que tenía mi cuerpo dominado, me concentré en el arma. No contaba con mucho conocimiento del tema ni con recursos como televisión o Internet para informarme (las pantallas no habían sido parte de mi

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infancia; ahora comprendía que había sido para que no me viese reflejado en ellas), pero tenía un par de nociones que oficiaron como ciertas. Un arma define tanto el tipo como el estilo de pelea. Una de largo rango resulta muy práctica en persecuciones y combates a distancia, pero se hace inútil en la lucha cuerpo a cuerpo. Lo mismo sucede con un arma de corto rango, que no tiene uso alguno si no se tiene al enemigo encima. Lo que yo buscaba tenía que servir en ambos casos, y al mismo tiempo sacar provecho a mis capacidades físicas. Mi mente pasó por todas las opciones imaginables. Desde espadas y lanzas hasta machetes, rifles o mazas. Pasé días en disquisiciones un tanto sádicas, imaginando cuál sería la mejor manera de partir en dos a una de las bestias, hasta que di con el arma indicada. Látigos de plata. Aunque cuando la idea apareció en mi cabeza sonó estúpida incluso a mis oídos, pronto me di cuenta de todas sus ventajas. Si lograba forjar un par de látigos semejantes a dos serpientes, con anillos de plata concatenados, podía infringir heridas numerosas desde un rango bastante amplio de distancias. Tanto la defensa como el ataque quedaban cubiertos. Era, de hecho, una idea perfecta. Ahora sólo tenía que conseguir plata y hacerlos. Las lunas se sucedieron sin cambio. Por aquellos días, Grace y Howard estaban haciendo todo lo posible para mantenerme de buen humor, puesto que febrero se aproximaba y aparentemente ambos abuelos consideraban importante que fuera a cumplir diecisiete años. Ya me estaban sacando de mis casillas con tanta sonrisa falsa y preparaciones inútiles, por lo que mis habituales ausencias se hicieron más prolongadas. Caminaba sin rumbo entre las calles más abandonadas del pueblo, cruzando a veces el puente de la Frontera Real o sencillamente siguiendo el curso del río por un par de kilómetros. Me servía para intentar vaciar mi mente y dedicarme por unos minutos sólo a notar los sutiles cambios en la dirección del viento y las distintas gamas de olores que podía distinguir, como un permanente entrenamiento de mi percepción. Como medida de seguridad, nunca salía de casa sin los anteojos oscuros, firmemente asegurados en la nuca con un grueso elástico negro. Uno de esos días llegué al río, en un intento de escapar del estúpido cuestionamiento senil sobre qué ideas tenía planeadas para el “tan esperado día”. El puente se perfilaba con claridad, una masa oscura contrapuesta al cielo claro que precede la tormenta. El aire arrastraba aromas a madera húmeda y hojas pisoteadas. En aquellos olores se mezclaba un sinfín de sustancias que podía separar a gusto, diferenciándolos por el leve de almizcle de aquel, o la suavidad pastosa del otro. Eran como hebras de tonos distintos, anudadas al azar en una trama única. Podía seguir la que quisiera, viendo cómo se cruzaba con el olor de la hierba húmeda, el de la tierra fría, el de<

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el bosque cercano. Por ello al levantarme otra vez. Pero esta vez era distinto. e imitándolo tomé mis pies y los reorienté. pero no puede desmayarse. Me retorcí intentando liberarlos. con mi oponente sosteniéndome el brazo sobre la espalda. Sentí con claridad un escalofrío que se detuvo en mis dedos. La impotencia que sentí en esos momentos es uno de los peores recuerdos que tengo. Volví a saltar. en que caí al piso como una piedra. el pueblo en la distancia<. Aullé como nunca y giré mi cabeza como pude. me había quebrado ambas rodillas. propinándome luego una patada que me rompió el cuello.Me detuve. me hizo levantar la vista hacia el puente. luego de haberme roto las rodillas dos veces. algo palpitante. Caí de nuevo. pero logré aferrarme a él por unos momentos. implica reordenar los huesos de manera manual: hay que volver a romper un hueso previamente roto. De un salto me puse sobre él. una rodilla sobre mi espalda y ambas manos torciéndome los brazos con una sonrisa de asquerosa autosatisfacción en la cara. El dolor que esto ocasionaría a un humano es suficiente para desmayarlo. como si no pudiese hacer nada mejor. esta vez lo traje conmigo. ¿De dónde provenía? El río. Uno no suele darse ese privilegio en medio de un combate. y me tumbó de un golpe en las piernas. Le rasgué el cuello antes de sentir el dolor en las piernas. El monstruo lo notó en seguida. pero que reconocía: algo tibio. Levanté el brazo para descargarlo nuevamente sobre él. Me asió por el brazo y me lanzó contra el piso. Ahí había un olor distinto. me encontré comiendo piedras. desencajándole el hombro izquierdo. escuchando tronar los huesos y rodando hacia mi costado derecho para esquivar otra patada. destorció su cuello con ambos brazos y me arrojó volando contra un montón de piedras desparramadas cerca del borde. En un solo movimiento. cientos de metros más allá. Fue una especie de déjà vu: Ahí estaba yo. El golpe hizo que un grito gutural escapara de mi garganta. que se tornaron garras al alcanzar el pecho de mi oponente. torciéndolo con una lentitud endemoniada. corriendo hacia la bestia desconocida. pero sólo logré que 17 . Sobre el borde estaba apoyado. y le propiné un puñetazo en la cara que me hizo doler los nudillos. Me tenía completamente neutralizado. para que se recupere en el ángulo correcto. Aunque la recuperación licántropa es casi automática. Un licántropo siente lo mismo. con aquella sonrisa sardónica. pero fue más rápido que yo. esquivando una furiosa patada y girando sobre mí mismo para alcanzar su garganta con las garras. A diferencia de nuestro encuentro previo. mientras escuchaba esa risa que me había perseguido durante todos los meses de entrenamiento. Desde el piso lo vi tomar su brazo y darle un tirón brutal que reacomodó sus huesos. Una risa contenida. No bien apoyé un brazo para levantarme y estamparle la cara contra el piso. que me observaba. Escuché con placer el sonido de los huesos quebrados y la visión de la sangre brotando del costado de su cabeza. una hebra que no me pertenecía. el licántropo con quien había peleado hacía casi dos años. no pude evitar titubear.

El dolor estaba a punto de nublarme los ojos. Mientras pataleaba logré estirar mi mano de manera que por fin pudiese arreglarse. pude ver que sus ojos reflejaban un odio con el que casi me sentí identificado. Comenzó a silbar una especie de tarantela. un puñado de piedras me nubló la visión. cuando lo vi dar un paso en mi dirección. sin lograr encontrar la dirección correcta bajo la piel. prosiguiendo la canción. y antes de que volviera a patearlo. escuchándolo reír a mandíbula batiente. iba a lograrlo. enano. Creí que podría escapar y me sacudí otra vez. Con una mano sostuvo ambos antebrazos. trizando sus puntas y comenzando de nuevo. y con la otra tomó mi mano izquierda. aún en el piso de piedra. Volvió a reír y. Aullé tras los labios cerrados y rodé por las piedras para alejarme. Con una risa escalofriante se detuvo. a una velocidad que sólo pude emular gracias al exagerado entrenamiento. Me levanté y salté hacia atrás.” Lo pateé en el costado sólo por el gusto de quitarle la respiración otra vez. pero estaba desesperado y sólo podía esperar que diese resultado. No intenté si quiera evitar una sonrisa torcida. “Vuelve a buscarme cuando puedas resistir un golpe. Me hice hacia atrás. y en un solo movimiento le enterré el puño en el estómago. Nada. El monstruo inspiró ruidosamente y volvió a toser. El maldito se me estaba escapando de las manos. sentir el olor asqueroso a adrenalina y sadismo. Me había girado completamente el dedo meñique. una punzada de odio despejó por completo mis sentidos. recordando sus palabras cuando él me había hecho lo mismo. Por fortuna el monstruo era un imbécil. Entonces. Se giró intentando escapar. Salió corriendo por el borde conmigo detrás. sólo para tener el placer de oírme gritar. Cuando giró. Cuando tomó mi pulgar cerré los ojos apretando los dientes para no gritar. No dije nada. 18 . No iba a darle ese gusto. Intenté girarme y sentí un pisotón que me aplastó completamente la mano contra el piso. a tiempo de verlo levantarse para escapar. me quebró el anular. Casi sin abrir los labios emitió un gruñido ronco que escuché como si estuviese a mi lado.aumentara la risa y la presión en mis muñecas. Tenía que detenerlo como fuera. Me mordí el labio con brutalidad y no dejé que ningún sonido escapara de mi garganta. Si seguía así. “¡NO HUYAS! ¡COBARDE!” Era lo más tonto que podía hacer. tosiendo sangre y abriendo desmesuradamente los ojos. y luego de otra frase melódica me quebró otro dedo. Luego el índice. de ver mis botas cubiertas de su sangre. y mi grito lo detuvo. aferrando lo que alguna vez había sido mi mano como un muñón que colgaba de la muñeca izquierda. Cayó al piso intentando respirar. amenazando con romper mis anteojos. Pero el dolor no llegó. Siguió tarareando sobre mis aullidos como si nada. pero un dolor lacerante en la mano me hizo parar. mostrando todos esos dientes anormalmente afilados Mi mano no se recuperaba: los huesos volvían a crecer pero se quebraban al chocar unos contra otros. Si llegaba a la orilla no habría manera de que lo alcanzara.

” “¿A dónde?” “A Roma. frustrado y boquiabierto. si con eso se libraban de mí? “Sólo me voy. prorrumpieron en gritos. ¡¿Qué pasa?!” “Grace. cuando ambos viejos aparecieron delante de mí. En Roma continuamos. La miré por un par de segundos que Howard aprovechó para cerrar la puerta. Subí corriendo a mi habitación y metí a la carrera un par de cosas en mi mochila vieja: algo de ropa.” Dicho esto. Grace. tomar mi mochila y acercar una silla.” “¿Por qué?” ¿Cómo que “por qué”? ¿Tenía que darles explicaciones. Bajé las escaleras de un salto y me dirigí a la puerta. obligándome a sentarme. cubrió lo que quedaba de puente de un salto y se perdió bajo el horizonte. para no llamar tanto la atención en el tren. Tiré la chaqueta desgarrada al piso y saqué otra que no estuviese cubierta de sangre. No bien entré a la casa. Evan? Dime. Tenía un aspecto realmente miserable. Grace. Eso es lo que uno suele hacer cuando entra corriendo. Evan.” “¿<Te vas.“En Roma continuamos. toma lo que tenga de importante. y lo que había dicho retumbaba en mi interior como un desafío inescapable. con los ojos rojos e hinchados y una mirada suplicante que nunca había visto en ella. “Evan< ¿Te vas?” Claro que me iba. Volví a casa de Grace y Howard sin pararme ni un momento a reflexionar sobre el estado en que me encontraba ni cómo reaccionarían al verme. lo que tenía de dinero. En Roma continuamos. “Sí.” 19 . No preguntes. Grace se arrodilló delante de mí y me tomó las manos. acaso? ¿Qué importancia tenía para ellos a dónde me fuera. Evan! ¡Dinos qué ocurre!” “Sal de la puerta. disparando preguntas sobre qué había pasado. ¿Te vas?” Aún no sé por qué la voz de Grace en esos momentos me hizo dudar. No quedaba más que partir a Roma. querido<Si te pidiera que te quedaras<” “Me iría de todas maneras. ap{rtate. Me quedé sobre el puente. de quién era esa sangre y qué demonios había hecho. No podía creer que el maldito se hubiese escapado. “Por todos los dioses. Howard. cubierto de sangre tanto mía como suya.” “Evan. y se dirige a la puerta.” “¡Escucha a tu abuela. y el libro de tapa negra. si me encontraba bien.

Y si algún día decides volver. Evan. “Llévate esto. y sin embargo Grace me hablaba como si yo hubiese anunciado que me iba a pasar un fin de semana al campo. “Est{ bien. para que fueras feliz! ¡Y yo nunca te negué nada. Cuídate mucho. Si seguía así. Vete. el cuerpo apoyado contra la pared. En lugar de eso. Evan. me transformaría. Pataleó un par de veces. maldito! ¡Incluso aunque fueras hijo de esa bestia! ¡Siempre intenté hacerte feliz. Howard estuvo en el piso y Grace gritaba otra vez. para que vivieras. mientras mis manos se crispaban. Era tu regalo de cumpleaños. El odio de sus palabras no lograba ocultarse tras la palidez de su cara. “Espero que no tengas problemas.” Grace no había hecho ningún movimiento para apartarme de su esposo. siempre. “¡Te hemos cuidado por casi diecisiete años. y si acaso sería suficiente para perder el último tren. había sacado un sobre de sus ropas y lo extendía hacia mí. cada día eras más como ese maldito Alexander!” En un momento. aunque con cada día que pasaba te parecías más a ese monstruo desgraciado. con una mirada vacía. preguntándome qué tanto me retrasaría comprobar que había dejado de respirar. No iba a tomarme más de medio minuto. Permanecí de pie frente a él. esta es tu casa.“¡Niño insolente!” Howard apartó a la abuela y se colocó delante de mí. Lo que Marianne dejó para ti. ¿Vale?” 20 . Evan! ¡Siempre. Lo tomé de la garganta y lo alcé en vilo. Contemplé el sobre preguntándome si Grace había notado que Howard comenzaba a dar bocanadas y perdía color con una rapidez que espantaba. Tenía que acabarlo de una vez. y así nos lo agradeces! ¿Acaso no sabes todo lo que hicimos por ti? ¿Por todo lo que pasamos? ¡Grace te dio cada minuto de su vida para que aprendieras.” Estaba a punto de ahorcar a Howard. todo para ti! ¡Incluso luego de que casi me mataras.

“Hemos decidido que no podemos encontrar nada apropiado para ti. Fue realmente frustrante saber que no había trenes directos a Roma. Los franceses odian el inglés como si el idioma fuese portador de la peste. Tengo la impresión de haber gruñido durante todo el recorrido. además. puesto que el tren a Roma partía en la madrugada siguiente. en la Gare de Lyon. con una sonrisa. De sobra está decir que me perdí. el Quartier Latin. y acepté con un bufido la oferta que me permitía hacer una escala en París y tomar. creyendo que iba a perder el siguiente tren. Por ello te entregamos lo que Marianne dejó para ti antes de que muriera. el tren que me llevaría por fin a Roma Termini. terminó por recaer en el pedazo de papel que había extraído del sobre. negaban con la cabeza. un diccionario de conversación. Había pasado por alto el hecho de que no hablaba ni entendía una pizca de francés. El problema era que parecía más interesada en darme su dirección que cualquier otra. así que cada vez que me acercaba a un guardia para pedirle indicaciones. Para mi suerte. junto con un pequeño aporte nuestro.Llegué con tiempo de sobra para tomar el último tren a Londres. La pronunciación endemoniada del francés. 21 . Espero que le saques provecho. conllevaron a que tomara cualquier línea menos la correcta y me encontrara de súbito en los suburbios de París. rodeado de frases irritadas en el inglés pomposo de la capital o en un francés incluso más aparatoso. y terminé llegando al metro sin más indicación que un barrio. y al mismo tiempo.” El sobre contenía. como me indicaba el mapa. con lo que tendría que darme a entender para conseguir alojamiento por la noche. lo que dificultaba incluso más ubicarme en el entuerto subterráneo que. Evan. pero sin tener la más mínima idea de qué debía hacer después. afloró el cansancio de la reciente pelea (no podía ser que aquella fuese la misma tarde en que casi había vencido al maldito cobarde. Bajar en París fue horrible. era el metro parisino. Tuve que comprar. En Londres bajé corriendo apenas abrieron las puertas. a regañadientes. junto con esa mala costumbre de escribir una palabra justamente de la manera en que uno no lo haría si la escuchara. Me esperaba un viaje de poco más de cuatro horas en un asiento incómodo y con un leve traqueteo que siempre había imaginado más ruidoso y menos narcotizante. la encargada de la pequeña librería sabía inglés y parecía dispuesta a ayudarme. Después de todo. suficientes libras para pagarme la universidad o alimentarme de por vida. siempre oculta tras los gruesos cristales. no podía ser ninguna otra). Debo haberme quedado dormido luego de pensar. Al poco rato. y un nombre de estación. que mi madre estaba financiando mi arma. y mi mirada. sin hacer ningún esfuerzo por ayudar. casi no te conocemos.

El arma no era lo mejor que había conseguido. mec ? T’as perdu ta m’man ? Tant pis pour toi ! » Mi ceja izquierda debe haberse alzado medio decímetro. incluso olvidé mirar con odio los carteles de las estaciones. Lancé al que me había atacado contra el armado. y el cargador contenía todas las balas. hasta que notó que lo observaba. Plata. completamente acorde al paisaje urbano de aquella ciudad. cuando el tipo comenzó a correr hacia mí. Cuando volví a tomar el metro. me dedicó una sonrisa. Se giró de inmediato e intentó darme una estocada. desaliñado y muy poco francés. Su compañero se apresuró a sacar un revolver de caño largo. no me percaté de la presencia de los dos hombres hasta que estuvieron prácticamente sobre mí. pero todo el mundo llevaba una sonrisa de autocomplacencia que los volvía elegantes y fríos. y me apuntó con un temblor más que notorio en la mano. « T’fais quoi. el cuchillo con el que habían intentado atacarme y una pequeña cadena que me hizo arder los dedos. y ambos cayeron al piso con un estruendo y un par de gritos que me apresuré a callar con un golpe en sus nucas. Mientras se alejaba. Me rodeaban calles adoquinadas y edificios señoriales que se abrían en terrazas a ras de suelo. ese compatriota mío lo había arruinado todo. mirando a mi alrededor. Era curioso. lo que se llevó toda mi concentración. Pero luego. Por ello. Justo cuando comenzaba a gustarme París. El revolver no se había disparado. No podía ser que alguien riera con tal soltura o sonriera con tal sinceridad. Parpadeó un par de veces y luego. Me faltaban euros y el tipo tenía un arma. Aquel imbécil vivía en otro mundo. Aquella delgada cadena haría mucho más daño que esas ocho balas. apreté ambos puños con toda mi fuerza. hasta que gritó por ayuda.Emergí odiando profundamente todo lo que se pronunciase con una erre arrastrada. y pronto me encontré envuelto en una atmósfera completamente distinta a la que había asociado hasta ese momento a París. logrando apenas contener las horribles ganas que tenía de patearlo o romperle el cuello. Sería matar dos pájaros de un tiro. sospecha que comprobé al ver salir de un bar a un joven pelirrojo y pecoso. Entre las conversaciones capté un acento horrible que sólo podía tener otro inglés. Esta vez sí logré bajar en el lugar indicado. cuchillo en mano. Los odié a todos. O quizás más. Me hice a un lado y se estampó contra un farol cercano. Los tipos no tenían mucho más encima. veía que todos compartían en alguna medida ese hálito de felicidad imposible en su mirada o en sus voces. con un descaro increíble. 22 . donde miles de caras sonreían detrás de los menús de pequeños cafés o vitrinas cubiertas de libros o música. Paré su brazo en seco y comencé a torcerlo lentamente. que hablaba animadamente con un par de mujeres rubias de piernas interminables. Lo seguí con la mirada unos minutos. salvo poco menos de setenta euros.

Cuando una fisura apareció en la superficie blanca la saqué de un tirón. No sería sorpresa que estuviese esperándome en la estación. Familiaridad. Tenía que haber algo más. Podía sufrir daño real y duradero. Tenía poco más de cinco horas. Gracias a aquel pequeño acto de masoquismo. Pero a cualquier idiota se le hubiera ocurrido sacar una conclusión como esa. Decidí cerrar mis oídos a los ruidos que llegaban desde todas direcciones e intentar aprovechas las escasas horas de sueño. un ácido mortal.La pensión era un poco cara. Claro que el hecho de que yo lo hubiese presupuesto disminuía su ventaja al perder el elemento sorpresa. Conocimiento del campo de batalla. Comprobé el horario del tren y me eché a la cama sin siquiera sacarme las botas. ahogando un alarido. por algo había elegido Roma. me dediqué a resolver todas las pequeñas interrogantes que se habían acumulado: el uso que debería darle a la cadenilla. corroyéndome como un veneno en cámara rápida. Recordé mi elección de arma. Era seguro que vendría a mí por su propia cuenta. Dirigí mi mirada a la cadena. pero el dinero extra que abultaba mis bolsillos eliminó el problema. justo sobre el boulevard Saint Michel. Fue como poner mi sangre al fuego: la cadena quemó mi piel cual metal incandescente. Estaba exactamente igual que antes. cómo ocultar debidamente el revólver en la chaqueta. o que tuviera alguna manera de comprobar mi entrada a la ciudad. siempre y cuando la plata se mantuviese en contacto con la herida. seguramente. Me encerré en el cuarto que había conseguido. con especial atención a la cadenilla. Me hice un corte en el brazo procurando no salpicar demasiado para no levantar sospechas entre las encargadas de la limpieza del día siguiente. abriéndose paso desde la sangre hasta el hueso. Me aprestaba a comprobar cuántas de las afirmaciones del libro eran ciertas. y saqué de los bolsillos todo lo que había obtenido. apoyé sobre ella la cadena de plata. Después de todo. en qué momento lograría hacerme con los látigos y. y una sonrisa se arrastró hasta mi rostro. Era la primera vez que tenía plata entre mis manos. pude darle la razón al libro negro. Antes de que la herida se cerrara. No bastaba con pensar que era su ciudad natal. hasta que los músculos lograron cubrir el hueso nuevamente y la piel se cerró sobre ellos. Había tenido razón en mis suposiciones: tenía un efecto mucho más nocivo en la sangre que con el mero contacto con la piel. Los látigos serían endiabladamente útiles. 23 . La carne comenzó a regenerarse muy lentamente (para estándares licántropos). sobre todo. Tenía la ligera impresión de que no iba a poder cerrar los ojos al llegar a Roma. A menos que dicho idiota lanzara retos por ahí tirando dardos a un globo terráqueo para elegir el lugar de la pelea. Algo me decía que no tendría que buscarle. cómo lograría encontrar a mi rival una vez estando en Roma. Una vez en el tren. Era probable que supiera dónde estaba.

Mas aún así no podía levantar esa permanente capa de odio que cubría mi concepto de mí mismo. Yo mismo sólo había podido reconocerlo por olfato. y así acabaría con ellos mucho más completa y cruelmente que si no compartiera su idiosincrasia. Gran cosa. Esas cosas no pasan. Tenía que focalizarme en Roma. Un híbrido. conocidos. yo era el caso extraño. impidiéndoles ver la bestia que eran? ¿La deseaban realmente? ¿Eran felices siendo lo que eran? Lo mío era cosa de utilitarismo. de mí y la bestia. Quizás incluso inventaban razones para comenzar discusiones y terminar matándose unos a otros.Lo peor a lo que podría enfrentarme sería. Aunque en ello no divergían demasiado de los humanos. Sólo podía visualizarlas como una pelea de perros callejeros por un mendrugo mohoso de pan. Era un monstruo. aquellas bestias eran animales. Me conseguiría un mapa. entonces. No había características físicas que lo delataran. la idea de las luchas territoriales. si la conocía a la perfección. Quizás la creación de un hombre lobo era un fenómeno distinto. tenía que tener una red de contactos. Si era su ciudad natal. Gracias a eso los comprendería. En términos muy fríos. No podía tener alguien que supiera lo que era y se mantuviera a su lado. Pero algo me molestaba. De la misma manera en que yo lo hacía. A ellos no les molestaba. y había vivido en ella por lo menos veintitantos años (pues esa edad aparentaba). Peleaban. ¿Acaso su parte lobo los volvía idiotas. Lo que Roma le otorgaba era ayuda. las bestias? 24 . Resultaba asqueroso saber que esas ratas podían caminar entre la gente sin que nadie sospechara nada. Recordé mis suposiciones anteriores a nuestra pelea. Después de todo. Y concebir un hijo con una humana estaba terminantemente prohibido. ¿O si? ¿Y si un licántropo no nacía. sino que se hacía? ¿Si obraba algún tipo de conversión? Después de todo. Eran monstruos y lo disfrutaban. Era increíblemente útil ser uno de los suyos. ¿Quién iba a ayudar a un monstruo? ¿Cómo probar como errónea la tentadora tesis que lo presentaba como el asesino de su familia y sus cercanos? Seguramente no los tenía. Recordaba que en párrafo alguno del libro se hacía mención a licántropos femeninos. Roma. el parecido era inaguantable. a mi adversario en su casa. Aunque bien podían estar bajo algún tipo de engaño. Aunque no lo hubiese elegido. Pero estaba pensándolo como si fuese humano. entonces. una familia. El mero conocimiento de campo no justificaba tanto kilometraje. Debía haber algo que estaba olvidando. Aunque no fuese mi culpa. ¿Cómo se multiplicaban. camaradas< Ayuda. No pueden tomarse decisiones sobre la propia naturaleza.

Podían tener alguna manera extremadamente anormal, que concordara con lo imposible de su especie. Lo único seguro era que no nacían como monstruos, sino que se transformaban en uno en algún minuto de su vida. Si aceptaba aquello como un axioma, su reproducción consistía en transformar a otros en bestias como ellos, lo que implicaba una asquerosa aceptación. La idea de querer transformarse en un monstruo y aceptar la conversión por propia voluntad me resultaba repugnante. Un estornudo me distrajo, y eché una mirada alrededor. El resto de los pasajeros tenía los ojos fijos en una pantalla que pasaba una película barata, o dormitaba con la almohadilla del tren apoyada sobre la ventana. El viejo del asiento reclinado, o el chico que se reía entre dientes siguiendo los diálogos de la película, de habérseles presentado la oportunidad< ¿Qué hubieran hecho? ¿Qué harían? Terminé por poner punto final a mis disquisiciones, en un intento desesperado de conservar mi sanidad mental. Recordaba que había estado pensando en algo importante antes de perderme en esas reflexiones. Algo sobre una pelea, sobre Roma. Ayuda. Eso era. Mi oponente me había llevado hasta Roma para contar con aquel ventajoso detalle. Aunque eso ameritara tragarse su orgullo, y tenía clarísimo que los licántropos eran orgullosos. Me tenía a mí de ejemplo. Al diablo con las ventajas de conocimiento de campo: esta tenía que ser la verdadera ventaja. Debía haber alguien en Roma a quien mi oponente podía pedir ayuda. Alguien que respondiese su llamado por la razón que fuera: obligación, necesidad, deuda. Lo que elevaba exponencialmente la dificultad a la hora de acabar con él. No se me había ocurrido algo tan sencillo como que las bestias podían ayudarse entre ellas, y unirse para derrotar a un enemigo común. Mi reloj marcaba las cinco. En poco más de cuatro horas estaría en las puertas de su guarida. Roma me parecía ahora un hervidero de garras y colmillos afilados que se burlaban de la idiotez que me había impulsado a ir directamente hacia ellos. De ser el caso, me plantaría justo delante de sus hocicos, los miraría fijo y preguntaría de qué idiotez me hablan, antes de deshacerme de ellos.

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Roma
Bajé del tren de un salto y aspiré de inmediato todos los olores que me rodeaban. Eran tantos matices extraños y hebras desconocidas que no podía separar y menos identificar entre aquella mazamorra de olores incógnitos. Experimenté un mareo desagradable que me obligó a reaccionar como un golpe en la cara. No lograría nada intentando determinar si había algo allí que no fuera humano. Los olores eran demasiado sutiles, demasiado cercanos. Debía esperar. Me mordí la lengua, apreté los puños y avancé por la estación. De repente creí escuchar una risa. Alguien o algo acababa de salir. Lo sabían. Mi pragmatismo emergió para cubrir la impotencia y la furia, desplazando la odiosa sensación de estar expuesto por la decisión de buscar un lugar donde alojarme, aunque dudaba que lograra dormir. La impaciencia me hizo olvidar mi exiguo presupuesto y terminé aceptando lo primero que me ofrecieron, que por fortuna resultó ser una pieza en un hostal para nada caro al lado de la estación. Para lograr que la dueña se callara, pagué en seguida por el mínimo de dos días antes de salir. La verdad, esperaba que me tomara menos. No podía correr el riesgo de pasar la luna llena en una ciudad desconocida, y para ello faltaban tres noches, contando aquella. Salí a la calle con el revólver y el cuchillo en los bolsillos interiores de la chaqueta, y con un par de eslabones de la cadenilla de plata en el pantalón. No me di tiempo de admirar las calles o de detenerme a pensar que pisaba Italia por primera vez. Estaba completamente avocado a la tarea de intentar encontrar el olor de mi enemigo entre las millones de esencias que impregnaban todos mis sentidos. De varias partes llegaba el tenue olor de piel mojada mezclado con sangre de animal, pero nada lo señalaba como algo que no fuese un perro callejero con gotas de lluvia sobre su pelaje. Podía sentir también el inconfundible matiz de la adrenalina, que competía con mi propio olor y se vertía por las calles como si la ciudad entera vibrara. Podía reconocer detalles, era cierto, pero no bien lograba aislar un aroma lejano, otro se inmiscuía de manera repentina, haciéndome perder el rastro. Roma, con esa insidiosa costumbre de parecer un caleidoscopio aromático, comenzaba a molestarme de verdad. Me había hecho con un mapa cubierto de números marcando atracciones turísticas, cortesía de la dueña del hostal. Gracias a él pude caminar desde la “Stazione Centrale” hasta la “Piazza del Cinquecento” y luego (solo entonces noté que los nombres en inglés aparecían más abajo) a la plaza de la República, donde pude tomar la calle principal, que llevaba a casi todas partes. Avancé sin mirar, concentrado en adueñarme de las fragancias extrañas y comenzar, poco a poco, a asignarles un lugar en mi memoria y un papel al momento de encontrar el olor que buscaba. Podía homologar algunas esencias y adecuar otras a los recuerdos que ya poseía. Me acostumbré sin dificultad a la 26

presencia casi imperceptible del Tíber y a la cantidad constante de árboles cada cientos de metros en plazas cerradas. La caminata duró bastante menos de lo que había previsto, y la Plaza Venecia apareció frente a mí, la estatua de Vittorio Emanuele Secondo dominándola desde las alturas. A la plaza llegaba la Vía del Foro Imperial, que culminaba en el famoso Coliseo. Lo miré a lo lejos, diciéndome que quizás el licántropo me estaría esperando allí, hasta que acepté que sólo estaba buscando una excusa para verlo de cerca. De ninguna manera elegiría para la pelea un lugar como el Coliseo, que fuese de noche o de día estaba siempre repleto de los más molestos turistas, armados de cámaras, guías turísticas y mapas sin escala. Nadie en su sano juicio lucharía ahí, por lo que no tenía motivo para caminar todo el largo de la avenida y pararme a contemplar aquel increíble monumento como un turista más. Estando ahí delante, mi mente tuvo que aceptar, a regañadientes, que hubiese sido una pérdida inconmensurable no haberme desviado un par de segundos para observarlo. Me sumí completamente en la contemplación, olvidando por un par de minutos mi persecución odorífica. A eso atribuyo el hecho de que, al retomar conciencia, la presencia de aquel conocido olor se hiciese tan evidente. Con una sonrisa torcida, pensé en lo mucho que me gustaba el Coliseo. Gracias a él, había encontrado a la bestia que venía a matar. El olor provenía de la misma calle, a la altura del Foro. La fuente se había quedado inmóvil. Sabía que lo había notado. Aferré el mango del revólver y volteé hacia el olor, pensando cómo iba a atacar< pero el olor se movió. El maldito cobarde escapaba. De nuevo. Corrí calle arriba, sintiendo que el olor se alejaba por segundos mientras me obligaba a internarme en calles angostas, repletas de gente, que ralentizaban mi carrera. Giro tras giro me iba acercando, unos segundos más y sería mío. Volteé una esquina, seguro de atraparlo, y me encontré con un enorme grupo de turistas que me impedían el paso. Maldiciendo a toda voz giré por una calle adyacente y volví a mi ruta inicial, pero aquellos segundos perdidos habían cambiado por completo la situación. El olor se había perdido. No quedaba más que un amasijo de fragancias que reconocía apenas, la oscuridad creciente, el viento que seguía mis pasos, y una calle extrañamente vacía. Escuchaba ruidos lejanos como un tintineo de cubiertos, y un fuerte aroma a comida impregnaba todas las fragancias. Debí admitir que estaba bien planeado. No podría encontrarlo por olor ni tenía manera alguna de orientarme en un lugar como ese. Para colmo, mi mapa había quedado tirado frente al Coliseo. Sólo tenía el revólver, el cuchillo, la cadenilla, y la convicción de que, si era tan orgulloso como creía, me atacaría de frente. Como él mismo había dejado en claro, para él yo era sólo un niñato. Nadie con una pizca de amor propio atacaría por sorpresa a un ser inferior, como él me consideraba. Yo no atacaría por sorpresa a alguien inferior. Era como moler a palos a alguien atado y vendado. No tenía nada de gracia. El problema es que, generalmente, lo que 27

evitando los techos bajos y aprovechando las diferencias de altura para impulsarse a mayor velocidad. Lo seguí a la máxima velocidad de que fui capaz. utilizando la pared como apoyo. No sabía italiano. dándome una patada en el estómago. al tiempo que reconocía los rasgos de mi rival. La mirada en mi rival cambió con la visión de mis zarpas. De una manera u otra. Aunque ya 28 . “Ciao. Le arrancaría los colmillos si se atrevía a llamarme bella una vez más. de un salto. O quizás sólo era su afán macabro. La semi transformación me alcanzó en ese momento. Rió en mi cara antes de la segunda descarga. pero tal y como yo había hecho. y volvió a cargar contra mí. que pudo haberme reventado el diafragma. pero mi rodilla se dislocó de todas maneras. incluso luego de su cobarde aparición. pero se afirmó en una de las paredes y trepó. saltó nuevamente hasta el techo. Me lancé contra él. y vi su puño enterrado en mi estómago antes de perder el aliento. tomé provecho de su demora y de un golpe que me dejó libre. cual animal. bella. pero el odio hacia el monstruo que tenía delante era mayor que al que tenía dentro. En lugar de esquivarlo lancé una patada para hacerlo caer. ya estaba de boca en el piso. desapareciendo de mi vista con otro salto por las azoteas. Giré con ella.no me resulta gracioso parece tener un encanto sublime para el resto del mundo. por lo que me permitió respirar nuevamente antes de volver a atacar. “Veamos qué tan bueno eres ahora. M atacó por sorpresa. Se arrojó sobre mí con presteza. Odiaba sentir que la necesitaba. Me levanté justo a tiempo para esquivar otro golpe. Atrapé su pierna cuando pretendía retirarla y lo arrojé contra el piso. ¿Cómo lo subestimé tanto? Bueno.” Saltó sobre mí. respirando otra vez.” Dijo mostrando los dientes. al techo de la casa contigua. Conocimiento de campo de nuevo. y la encajé de un golpe no bien estuve en el piso. tampoco tenía manera de saber que el muy cobarde iba a escaparse por los techos de Roma. atrapó mi pierna en el aire y le dio un giro macabro. esperando que respondiera con una patada. me esquivó y. yendo de techo en techo a una velocidad que sólo podía conseguirse conociendo el barrio a la perfección. Creo que el único indicio que tuve de que me iban a golpear fue un leve aumento en la velocidad del viento que no alcancé a razonar. pero media hora en la ciudad bastaba para saber lo que aquello significaba. El cretino mostraba una sonrisa irónica en su hocico cuando volvió a hablar. Lo encontré varios metros más allá. Era. por lo que mi mente autorizó la rendición del cuerpo. esta vez en inglés. una criatura orgullosa. Para ese entonces. procurando evitar como él las calles transitadas y los lugares con demasiada afluencia. matándose de la risa bajo su barba descuidada y sus repudiables ojos cafés. Cayó en cuatro patas. Cuando me volví a lanzar contra el.

Que no llegó a dar. La súbita aparición de tres cuerpos me hizo olvidar el gatillo. lo que me volvía desagradablemente vulnerable. el jefe. Pero Baltassare también proyectaba esa imagen. y esa ayuda provenía de más licántropos. miserable y repelente. Baltassare (era extraño poder asignarle un nombre) era. Además. No los había visto bien. y no sólo numérica. y un cartel turístico con el nombre Piazza Di Spagna. me seguía molestando que los otros tres hubiesen respondido a su llamado con tal presteza y sumisión. mientras los otros dos lo tomaban. pero mezclando el sonido con gruñidos guturales que me parecieron una orden o una sarta de palabras ininteligibles. superior. 29 . no faltaría algún turista mirando el cielo embobado que podía ver aparecer en su campo de visión dos cuerpos saltando por los techos. Era el equivalente a declararse vencido. Lo que me sorprendía era la falta de orgullo que había demostrado mi rival al llamar a los otros en su ayuda. Se hizo hacia atrás para no caer y cubrió de un salto los escalones que quedaban. Podía reconocer a Baltassare por olor sin problema alguno. y era él quien había salido corriendo con la cola entre las piernas. Sólo alcancé a ver que Baltassare. Cayó rodando un par de escalones. “Baltassare!” Gritó uno de ellos. Efectivamente había vínculos entre las bestias. Para cuando la tuvo entre sus dedos. En un solo movimiento extraje el revólver de la chaqueta y le disparé en el muslo. por supuesto. Pero estaba en desventaja. Alcanzó a esquivarla. pero las esencias de los otros tres me resultaban completamente desconocidas. y se ayudaban en caso de necesidad. sólo preocupándome por ver de dónde demonios habían salido y por qué no los había visto. y entonces aulló con una fuerza impensable. retorciéndose en su intento de sacar la bala antes de que se cerrase la herida. Mi oponente contaba con ayuda. pero a cambio recibió de lleno mi puñetazo en la cara y la patada en las rodillas. yo ya estaba a su lado y había otra bala camino a su sien. En un salto lo perdí de vista. Doblé gruñendo el recodo que había cruzado y me encontré a los pies de una larga escalera que ascendía hasta una pequeña iglesia. mi rival. lo que lo volvía incluso más repugnante. flexionando las piernas para el siguiente salto. gruñía algo entre dientes y luego todos desaparecieron con un salto del otro lado de la escalera. pero me habían dado la impresión de ser bestias individualistas y altaneras. Sólo podía suponer que su instinto de supervivencia era mayor que sus ansias de victoria y su amor propio. entonces. Apunté de nuevo.era noche cerrada. En el segundo tramo de escaleras estaba mi oponente. apenas lo suficiente para reconocerlos a posteridad. encargado. lo que fuera de los tres que habían ido en su ayuda.

El olor parecía curiosamente incompleto. Algo llamó mi atención: tras la plaza donde había luchado contra el licántropo italiano. Ese sería mi siguiente destino. además. entonces. ni podía percibir en ellos el hedor pringoso de la adrenalina. Ya que estaba en Italia. saber cuándo sería la próxima batalla. Era como agregar más plata a la herida. Me adentré por los árboles. Bajé a la calle a buscar cualquier cosa que llenase mi estómago. No comía nada desde la mañana antes de tomar el tren en París. estaba justo a la entrada de la Villa. Los techos no resultaban demasiado reconocibles. eran ellos quienes llevaban la voz cantante. pero había un leve tinte en el aire que me traía de regreso a la noche anterior. Y eso me daba motivo y rabia suficiente para estar preparado. desperté con peor humor que de costumbre. por cierto. en el que logré trazar la ruta que había seguido el día anterior persiguiendo a Baltassare desde el Coliseo hasta el barrio de restaurantes. y estuve a punto de romper la ventana en un impulso destructivo que comenzaba a hacerse habitual en mí. cosa absolutamente innecesaria pues podía perfectamente comer lo primero que me trajeran. resultaba ser el jefe. por lo que tomé el metro agradeciendo las únicas dos líneas que había y luego de asegurarme unas tres veces del nombre de la estación en que debía bajarme. En algún lugar al interior del parque. Pero en eso. La Villa Borghese. Ya estaba harto de perderme. Por culpa de la falta de sueño. Debo haber dormido poco más de tres horas. Además. hacerme con un nuevo mapa. siguiendo mi olfato y casi sin ver. tenía la certeza de que Baltassare y los otros habían escapado en esa dirección. gracias a los rayos del maldito sol. me encontrarían. Si hubiese sabido dónde encontrarlos. había un discreto matiz animal por sobre las cortezas viejas y las hojas mojadas. sin más. tenía hambre. Además. ya había vencido a uno de ellos. El resto seguramente sería patético. Veía también la Piazza Di Spagna. Pude. Pero había algo raro. los habría enfrentado en seguida. Según el mapa. un extenso parque circundado por anchas calles. El único problema era. No se movían. convenientemente alejado del esporádico tránsito de la calle principal. Si mi orientación no fallaba. había en el mapa un gran manchón verde representando una especie de parque. El que. lo menos que podía hacer era comer bien. No estaba seguro. Terminé en un café madrugador donde lograron explicarme el menú en un inglés horrible. pero me era imposible decir por qué camino había llegado a ella. No me habían notado. 30 . cuatro contra uno. Iba a tomarlos por sorpresa. Cuando quisieran.Pero ya había supuesto que algo así ocurriría.

Alessio. Pero Baltassare no se hizo esperar. “Siempre podemos molerlo a palos. Si bien el rubio me sostenía el brazo derecho con una fuerza bastante considerable.” El otro licántropo que me sostenía contrastaba con el anterior tanto en voz como en aspecto. y luego mi visión se convirtió en una gran mancha carmesí. Mi agresor me miraba con una sonrisa curiosa en la cara. enterrando mis rodillas en la tierra húmeda. por una casualidad cualquiera. Me desharía de él en cuanto apareciera. Había dejado al resto como carnada y.” El muy hijo de perra realmente había escapado. y luego encargarme del motociclista frustrado. Su pelo era rubio y sus ojos claros e inmutables. Alessio no parecía tan aplicado en su trabajo. Daban ganas de golpearlo sólo para ver si su expresión facial experimentaba algún cambio. enredándome entre las ramas. Pero esta vez no era casualidad. me propinó una patada en la cara. luego de salvar el pequeño obstáculo que presentaban los otros tres. Eso era algo en lo que no había pensado: mis ojos. Escuché la rotura de los huesos antes de sentirla. supe que Baltassare lo había hecho a propósito.No logré girarme por completo. Nadie podía caer tan bajo. noquear a Alessio. Por cómo me había pegado. “Yo creo que lo m{s sencillo sería abrirle el vientre y llenarle las entrañas de plata” dijo uno en inglés. con cadenas y vestiduras negras. Apareció luciendo su sonrisa torcida. para atraparme y neutralizarme y que él pudiese venir con la garantía de no sufrir daño alguno. recibiendo el golpe entre la nuca y la quijada. Delante de mí estaba el licántropo que había llamado por su nombre a Baltassare. para asegurarse de que lo entendiera. a la vez. Caí sobre la masa de hojas. Baltassare viene en camino. Sólo tendría que liberar un brazo. Se acercó ensanchando su sonrisa y. Daba tan por sentado el hecho de que se mantendrían ocultos bajo el cristal que nunca sopesaba la opción de que el rival. autor del dolor en mi cara. Los otros dos sostenían mis brazos de manera de mantenerme inmovilizado. Hizo un amago de golpe contra mí y todo el grupo rió su ocurrencia. pero seguían cubriendo mis ojos. como tropa de asalto. y estallaron en risotadas mucho más lobunas que humanas. luego al rubio para que me soltase. que por esta vez parecía una máscara para cubrir su orgullo maltrecho y su ira. como evaluando mi aspecto. Los anteojos se habían trizado. y relajaba su muñeca de vez en cuando por espacio de fracciones de segundo. “Pero habr{ que esperar un minuto. 31 . con toda la calma del mundo. Quiz{s trocearlo sea mejor idea. Dos pares de brazos me asieron por los hombros y me empujaron hacia atrás. Los otros dos comentaron algo en un italiano rápido y brusco. Tenía la piel oscura y una maraña de pelo que le tapaba los ojos.” El que me había golpeado vestía como un motociclista cualquiera. “Eso sería demasiado r{pido. los rompiera y emergieran los irises plateados.

“¿Así que este chico es el ojos de plata?” <¿Cómo? No había manera de que lo hubiese averiguado. No, era imposible que los hubiese visto. ¿Cómo lo sabía? ¿Podía ser que lo supiese de antes? ¿Que no fue casualidad, sino que él me buscó dos años atrás, en el puente de Berwick?¿Por qué lo sabía? ¿Qué tanto sabía? “Hemos tenido suerte, chicos” siguió hablando con la sonrisa reflejada en la voz. “Nos ha caído el premio mayor. Recuerden lo que dijo: Nuestro territorio se ensanchará como sangre sobre la herida si entregamos su cabeza al Consejo. Pero manténganlo amarrado. Da incluso más problemas que su padre.” La frase retumbó en mi cráneo. Luego perdí la cabeza. Fue lo más parecido a transformarme de golpe, con toda la pérdida de consciencia que eso conlleva. Me debatí furioso, intentando librarme, y casi lo logro, de no ser porque los tres secuaces de Baltassare prácticamente se me tiraron encima para no perder su control sobre mí. Baltassare volvió a propinarme una patada, esta vez en pleno estómago, que me hizo perder la respiración y con ello el hilo de mis pensamientos. Lo escuché avanzar hacia mí, animado por las risas de los otros, hasta que sentí su respiración sobre mi rostro. “¿Saben? Siempre he tenido una gran curiosidad por los híbridos, por todo el cuento de la primera regla y cómo han castigado a los traidores. Nunca supe de verdad qué era lo que los hacía tan peligrosos. Podríamos divertirnos un rato con él antes de entregarlo. ¿Qué tal” Una mano delante de mi cabeza. “si le quitamos los anteojos?” Giré sobre mí mismo en un último intento de ocultar mi rostro, pero los vidrios quebrados yacían en el suelo, y Baltassare me tomaba el mentón, mir{ndome a los ojos< Su cara se desfiguró de dolor antes de que el cambio arremetiera contra su piel. Seguramente nunca se había transformado de una manera que no fuese la natural. Su penetrante alarido dio cuenta de eso. Me giré apresuradamente, sin razonar mis movimientos, cometiendo un error increíblemente estúpido. Levanté la cara, y los otros tres también pudieron ver mis ojos. Eran más jóvenes, por lo que la transformación quemó su piel con más rapidez y sus aullidos fueron aún más desgarradores que los de Baltassare. Los cuatro se debatían entre furiosas contracciones, replegándose sobre sí mismos y al mismo tiempo estirándose a niveles que sus músculos no podían soportar. Y ahí estaba yo, en medio de cuatro licántropos recién transformados, completamente cegados por el dolor y la sorpresa y sólo un objetivo en la mira: mi cuerpo destrozado en sus mandíbulas. Eché a correr. Sentía a mis espadas las garras de mis perseguidores enterrándose en la tierra y arremetiendo unos contra otros en la ciega carrera. No podía más que correr, completamente consciente de la situación en que me 32

encontraba, y sabiendo que no había manera de sobrevivir al ataque de cuatro hombres lobo. Estaban a punto de alcanzarme. Tuve un minuto de abstracción, donde el sonido de sus colas azotando el viento pareció un leve eco de la muerte, lejano como un susurro en invierno, como la risa del verdugo en la guillotina< ¿Qué otra cosa podría haber hecho? No me culpo de nada. Quería vivir. Debía vivir. Por ello en aquel instante, no podía darme el lujo de caer presa de mis propios escrúpulos. En esos momentos no importaba que fuese a traicionarme. Que fuera a hacer lo que había prometido no hacer, ni aunque me costara la vida. Iban a alcanzarme. Mi mano buscó a tientas en los bolsillos internos de la chaqueta, hasta que tanteó la superficie lisa y brillante. Saqué el revólver de mis ropas y, sin dejar de correr, lo puse frente a mi vista< Mis ojos se reflejaron en el cañón metálico con una exactitud espantosa. Sentí bullir en mi sangre una adrenalina de olor tan penetrante que ocultó por un momento todo lo demás. Pero mis ojos estaban claros: veía ante mí a mis cuatro rivales, cuatro bestias que compartían mi forma. Pero yo no era una bestia. Lo veía todo, sentía todo, podía oírme pensar. Ellos eran las bestias. Yo seguía siendo Evan. Rugí con todas mis fuerzas y mis oponentes se detuvieron, menos su líder, que embistió contra mí cual ariete medieval. Ambos rodamos por el piso intentando clavar nuestros colmillos en el otro, hasta que apresé entre mis mandíbulas su hombro. Le arranqué un pedazo de un solo mordisco y retrocedió de un salto, sangrando profusamente antes de que se cerrara su herida. Los otros tres reaccionaron y arremetieron contra mí con una ferocidad ciega y sin orden, volviéndose presas fáciles, estúpidas. Con un zarpazo certero el primero quedó en el suelo con la garganta abierta. Los otros dos aullaron e intentaron batirse en retirada. Después de todo, eran un atajo de cobardes, a la sazón de su líder. No iba a permitir que escaparan, después de haberme mantenido apresado de manera tan humillante. Ambos cayeron al piso como un pilar de cemento, mi mandíbula marcada en sus cuellos, derrumbados el uno sobre el otro en una masa sanguinolenta. Entonces Baltassare saltó sobre mí. Me aparté de él intentando ganar la delantera, notando la diferencia de nivel con el resto y no muy seguro esta vez de cómo debía atacarlo. Era la primera vez que yo peleaba en cuatro patas. Mi enemigo denotaba experiencia. Me arrojó un zarpazo en el aire que me hizo perder el equilibrio. Pronto me encontré semi sumergido en un charco de sangre que me hizo dilatar las narices y puso mi mente en alto, como si un interruptor se hubiese apagado. Por un par de momentos, no pude pensar. Sentí un golpe y luego sus colmillos en mi brazo, y como por osmosis lo supe. Debía hacer lo que más odiaba. Debía dejarme llevar.

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En ningún momento había permitido a la bestia hacerse con en control. Me había mantenido consciente, dolorosamente consciente, debiendo razonar mis movimientos y evaluarlos antes de actuar, disminuyendo peligrosamente mi velocidad. Baltassare peleaba como si los movimientos fluyesen bajo su pelaje oscuro, en sus ojos vacíos se reflejaba el impulso asesino. Pulsiones animales con un cuerpo a su servicio. Racionalmente, me negaba rotundamente a parecerme un ápice siquiera a semejante bestia, pero mi orgullo pugnaba por dominar mi mente, diciendo que aquella bestia en mi interior seguía siendo parte mía, seguía siendo mi poder, y era una idiotez no usarlo, y me estaba condenando a mí mismo a una derrota inútil si no aprovechaba semejante capacidad< Me dejé ir. Mi último acto consciente fue el breve pensamiento que recordaba que esta sería la primera vez en que permitiera a la bestia actuar a placer, y no había nadie cerca para asegurarme que volvería alguna vez a mi estado racional. Logré hacerme una idea de lo que había ocurrido intentando conectar los recuerdos de dolor y la sensación de carne rota bajo mis garras. Debemos habernos arrancado a mordiscos la mayor parte de la piel. Tengo la idea de haber recibido un zarpazo que dejó mi mandíbula abierta, al tiempo que yo daba otros tantos que cosechaban aullidos y furia por igual. En algún minuto caí al piso y lo arrastré conmigo, consiguiendo abrir un profundo surco en su estómago y arrancándole parte de sus interiores con el golpe (olor de sus intestinos sobre mi piel). Y luego el olor de la muerte. Es una de las pocas imágenes que conservo: mis garras bajando, todos mis colmillos enterrándose en su garganta, un tirón, silencio. Y luego, una cabeza de lobo rodando por el suelo, a mis pies, mientras su cuerpo teñido de rojo se derrumbaba. Su cuerpo en el piso por partes y su sangre en mi garganta. Había ganado. El cuerpo yacía inmóvil sobre la hierba carmesí. El monstruo no podría regenerar su cabeza, aunque la luna llena estuviera cerca. En una abrupta vuelta a la conciencia, quise reír, patear aquella masa rojiza, escupir sobre su cabeza< pero el agotamiento me hizo su presa. Sólo sentí que volvía a mi forma humana, y que caía. Al despertar, había un solo pensamiento en mi cabeza. Lo había matado. Quería reír. Quería pararme a la mitad de la Via Nazionale y gritar a todo pulmón que le había vencido, que le había despedazado sin problemas, que era débil, que incluso en su campo le había sacado la mierda, y que su ayuda no le había servido de nada, y que< Que no veía nada. Un trozo de tela cubría mis ojos. Incluso los olores parecían cegados: sólo podía percibir la peste del azufre, mezclado con tierra seca y calcárea. Luego 34

éste ni siquiera sabe lo que es un Mayor. una parecía agitada mientras otra voz fría dictaba una sentencia. Hablaban italiano. “Supongo que tendré que explicarte un par de cosas. Puedes llamarlo nuestro Jefe. sin quitar aquel tono de condescendencia. había cometido la idiotez de dejarlos vivos. y no podíamos arriesgarnos. aunque animales idiotas como Niccolo insistían en nombrarlo macho alfa.” Lo miré sin decir nada. Sólo quiero decirte un par de cosas antes de que tengas plena libertad de movimiento y la utilices de manera que luego puedas lamentar. ahora te corresponde ese nombre. Escuché como Niccolo (su nombre no le venía para nada a la estudiada facha de rebelde) se acercaba y ponía algo en las manos del anterior. “Acabaste con nuestro Mayor. gracias por informarme. Tenía que irme de ahí a como diese lugar. “Los anteojos. Hubo un suave murmullo. y alguien bufaba< Alessio. el rubio y el motociclista. y Niccolo se alejó de mí alzando las manos.” “Baltassare era nuestro Mayor. “No hacía mucho teníamos otro Mayor.” M me irritó su manera pedante de hablar. Debo haber emitido un gruñido involuntario. y pude escuchar voces. pasó de 35 . Faltaban menos de veinticuatro horas para la luna llena.” Era la voz del rubio. Volvió a despertar en mí esa extraña necesidad de partirle la cara. No sabíamos en qué estado ibas a despertar. con una sonrisita sarcástica. Una gran linterna iluminaba lo que parecía una pequeña caverna de piedra.presté atención al sonido. “Suéltenme. Sentí cómo el nudo en mi nuca se aflojaba y. en el momento en que la tela cayó. Su nombre era Gervasio. ¿No es cierto?” Se alzó lentamente. el de la voz calmada y expresión inmutable. me sonrió. por lo tanto.” Le gruñí involuntariamente. “Disculpa las precauciones. como resignado.” Ya había notado nimiedades como esa. Niccolo. pues las voces callaron. Preocupado como estaba de acabar con Baltassare. Volví mi vista al rubio. como regocijándose en ella. Gracias a esa victoria.” “Recuerda. tres. Baltassare lo venció hace poco menos de un año. La salida de la caverna estaba oculta. que parecía llevar la voz cantante ahora que Baltassare no estaba. Observó detenidamente mi hosca mueca y luego. un par de vidrios ahumados cubrió mi visión.” “En un momento. Era de aquellas que te hacen rechinar los dientes hasta provocar una neuralgia. y luego pasos que se acercaban. no. y luego se inclinó hacia mí con aires de profesor dictando un axioma básico. Gino. hablando en inglés. pero el descenso de temperatura indicaba que ya era bastante entrada la noche. Gino suspiró teatralmente. Delante de mí se encontraba el licántropo rubio. “No sabes nada de nosotros. eran dos voces.

” la fría sonrisa desapareció. Era la primera vez que tenía una fuente directa de información sobre los licántropos y. y su rostro se tornó una m{scara de cera. Pensándolo mejor. Nuestro territorio se ensanchará como sangre sobre la herida si entregamos su cabeza al Consejo. aunque existiese la posibilidad de que todo lo que dijese no fuese más que una mentira bien elaborada. claro está. más débiles que yo. Ahí se encuentran nuestros líderes y representantes. pasa inmediatamente a ocupar su lugar. gracias a él.” El sistema de recambio me resultaba extraño. Matar a tu superior para ocupar su lugar. Seguramente había una especie de recompensa por la cabeza de los 36 . Podrías decir que es quien norma y lidera a los hombres lobo. las cosas funcionan de esa manera. era obvio por qué Baltassare pretendía entregarme a ellos. aparte de él. contaba tres integrantes: Alessio. Lo detectaría y. No tenía relación alguna con nada de lo que Gino había dicho. y conseguir valiosa información sobre mis presas. claro está. Niccolo y yo. Eso.” Sonaba curiosamente como un partido político. Al menos en un estado animal. “Pues el Consejo es lo que vela por el cumplimiento de las reglas de la sociedad.ser un Novato a un Mayor con una pequeña manada que. Contaba ahora con tres Novatos a mi disposición. ¿Pretenderían ellos seguir con su plan? Una simple pregunta me ayudaría a ponerlo en evidencia. Si el Consejo era el organismo regulador. Podía que sirvieran de algo.” Me obligué a dejar de gruñir y poner atención. podría distinguir la verdad de la mentira. “ahora tú eres nuestro líder. “¿Eres conciente de que en nuestra sociedad existen reglas. pero cualquier cosa que estuviese de mi lado ayudaría a inclinar la balanza a mi favor en peleas de número. era preciso que cometiese algún error. “Y. “Para nosotros. Hice un esfuerzo por recordar lo que había dicho Baltassare en el momento de su llegada. pero poco a poco comenzaba a asumir que podía existir la organización entre ellos. Cuando un Novato desafía a su Mayor y lo vence. intentando encontrar algo que me dijese que el licántropo rubio mentía o que confirmara sus afirmaciones. pero para seres bestiales como aquellos era claramente posible. básico. no es cierto?” Me resultó algo chocante que utilizase el término Sociedad.” Dejé pasar unos cuantos minutos mientras sopesaba la información que acababa de recibir. dado que has vencido a nuestro Mayor. si lo que decía Gino era cierto. “¿Qué es el Consejo?” Una pausa. de hecho. sonaba casi humano. parecía que hubiese evitado tocar el tema: Baltassare pretendía atraparme para ponerme en manos de aquel ente al que había llamado el Consejo.

por lo que sus últimas palabras me llamaron la atención. “Como su Mayor. Aquello sólo facilitó que mi mano encontrase su cuello que giró con un tronar de huesos. que seguramente habían sacado de los bolsillos de 37 . Gracias al impulso recibido. y llenó la bestia de placer. y me di por fin el gusto de golpear a Gino en la cara con todas mis fuerzas. Alessio saltó sobre mí tan inseguro como inútil. Mi orgullo decía que me vengara. Alessio pareció despertar de un letargo y miró fijamente a Gino con sus ojos saltones y ojerosos. les ordeno que me desaten.híbridos como un símbolo de incumplimiento de reglas. Mi mente decía que eran inútiles. quizás algo territorial.” Murmuré por lo bajo. liberé un brazo y estampé a Niccolo contra la pared.” Niccolo hizo una mueca de disgusto ante mi orden. En un último esfuerzo. pero antes de eso. pero Baltassare decidió dejarla. Lo miré inquisitivamente y comprendió mi pregunta. “Sí. Un grito de “Avanti!” y Niccolo me lanzó una patada a la cabeza. esparcidos por el piso como muñecos de madera. Noté entonces que lo que había encontrado era mi cuchillo. éste se colocó detrás de mí y tomó las amarras. con la que Gervasio solía tratar. pues no concordaba con su línea de pensamiento” ¿Tenían ideologías? ¿Me estaba tomando el pelo? “Suficiente. Nuestra manada pertenecía a una tribu determinada cuando Gervasio estaba al mando. Y mi cuerpo hervía en ganas de acabar con ellos de una vez por todas. Gino se levantó y saltó empujándome con su peso contra la pared.” “¿Cu{ntos hombres lobo hay en la ciudad actualmente?” “¿Cómo quieres que lo sepamos? Ellos se preocupan de sus asuntos y nosotros de los nuestros. Después de todo. no hemos tenido contacto externo con nadie más que el mensajero de la tribu cercana. sentí que la presión aumentaba.” Sólo lo había escuchado hablar de manadas. también nos organizamos por tribus. Baltassare había mencionado algo como aquello. Necesitaba algo que confirmase rápidamente cualquiera de las cosas que Gino había dicho. Nos alejamos del Vaticano y no cruzamos la línea determinada por la estación de trenes. pero mi mano había dado con algo con filo y en un corte limpio su cabeza cayó al piso. Al levantarme liberé la otra mano. Sin decir nada. “¿Cu{l es exactamente su territorio?” “El noroeste de Roma y sus alrededores. necesitaba moverme. Comenzaba a hartarme de tantas afirmaciones ambivalentes. y pronto se unió a los otros dos en el piso. y mis piernas se estaban agarrotando. En vez de sentir mis manos liberadas. Me había confiado demasiado. Presentaban una imagen patética. Desde que Baltassare asumió como nuestro Mayor. Quizás era una manera de hacer mérito para sumar más tierras a posesión. Se llevó las manos a la cabeza para reacomodar su columna.

A su lado figuraba mi revólver. Cuando por fin entré a mi habitación. poco a poco. y si dejaba fluir mis pensamientos aunque sólo fuese por un par de segundos comenzaba a aparecer en mi mente un disco incompleto que. sobre todo una compuesta por monstruos. para comprobar su efecto. Llevé instintivamente la mano al bolsillo interno del abrigo. erizando mis vellos y dilatando mis narices< 38 . Existían también tribus. De existir una verdadera Sociedad Licántropa. Tenían un terreno bien delimitado. con tal de ocultarme a la maldita luna y evitar por todos los medios pensar en ella. Aún así me sentía inseguro. Qué ingenuidad. me di la licencia de arrojarme sobre la cama y dormir un par de horas. Desperté sobresaltado y considerándome idiota. Pude haberme quedado a ver si se reducían a penosas calaveras. entonces el Novato vencedor tomaba su título. iba completando sus fases. pero ya estaban indudablemente muertos y no presentaban ningún interés. qué hora era y cuánto faltaba para la luna llena. y podían agruparse bajo una ideología determinada. Prefería averiguar dónde estaba. hay algo que establece las leyes y su cumplimiento. Fue una verdadera suerte que no se atrevieran a tocarla. Pero la existencia de un Consejo implicaba una sociedad organizada. Hoy sé que la verdadera pregunta es cómo hacen los humanos para no notarnos. y cualquiera de ellos podía desafiarlo por su posición. la bodega. y una manada podía o no pertenecer a una de ellas. cerrando cortinas y ventanas de un tirón que casi las arranca de su sitio. Un Mayor dirigía a un grupo de Novatos. ¿Cómo hacían para esconderse de los humanos? Ah. Rayaba el alba. hasta comprobar que el leve fulgor plateado sería incapaz de llenar la estancia. Adentro yacían aún los pequeños eslabones de plata. pues la bestia estaba anormalmente atenta por la transformación artificial de la pelea. y la carne fue quemándose poco a poco. el baño. Recorrí la habitación como un poseso.la chaqueta. Aún no lograba evitar bufar cuando en un pensamiento se conectaban las palabras Licántropo e Ideología. pero sus semblantes me molestaban. era lógico pensar que. Pronto tuve las tres cabezas frente a mí. el armario. iluminándose con su propio brillo. Tenía tiempo suficiente para encontrar el camino de vuelta al hostal y encerrarme donde fuera. No cabía duda que eran cadáveres. Surgió un vapor que opacó incluso la peste del azufre. Si el Mayor moría. Aunque la existencia del tal Consejo me parecía dudosa. Y esconder la existencia de una sociedad de tal calibre. Terminé por dejar un eslabón de plata sobre sus heridas. donde hay una sociedad. era imposible. minutos antes de la puesta de sol. Gracias a la falta de mapa (puesto que mis víctimas habían tenido la delicadeza de librarme de su peso) llegar al hostal me tomó mucho más de lo previsto.

¿Por qué demonios no había pensado en eso antes de subir al tren? ¡Claro que debía haber más hombres lobo en la capital italiana! ¿No había hablado Gino de una tribu vecina. Por tanto. a la espera de que este pasara.Terminé pasando la noche encerrado en el armario. Fue un acto meramente impulsivo. tomé mis pocas posesiones y monté en el primer tren a París. Había más monstruos en Roma. de una frontera delimitada que no podía tener otro uso más que separar su territorio del de otra manada? Me golpeé mentalmente. lo otro había sido un caso extraordinario que no se repetiría jamás. Había abandonado una ciudad donde los monstruos seguían respirando. Qué imbécil. por tanto. en esos momentos fue para tirarme a la vía del tren. Digna de un animal. en París hay armas. basado en lo que había escuchado de Gino y Baltassare. En más de una ocasión la bestia estuvo a punto de vencer y lograr que me entregase al cambio. Lógica aristotélica básica. debían existir conexiones entre ellos. Una de las peores que recuerdo. ¿Se enterarían entonces de la muerte de Baltassare y su manada? ¿Sabían que era yo quien los había asesinado? Después de todo. ni aún cuando me encontrase al borde de la muerte. de un mensajero. Pero mi mente tenía demasiado presente que ya me había dejado llevar una vez. Otra conclusión llegó a mi mente. Y yo lo había 39 . Y si formaban realmente una sociedad. No volvería a correr bajo este cielo en cuatro patas. ¿No me había llamado Baltassare “el ojos de plata”? ¿Cómo había averiguado sobre mi existencia? ¿Tendría que ver con el Consejo al que pretendía entregarme? ¿Buscarían a los híbridos como yo? ¿Había otros híbridos. Porque. había en Roma más licántropos que los que había vencido. ¿Cuándo me había vuelto lo suficientemente idiota como para cometer una tontería semejante? Baltassare sabía de mi padre. Aunque no era solo eso. necesitaba algo que asegurase mi permanente victoria. Fue entonces cuando recordé mis disquisiciones sobre obtener un arma. recorriendo sus calles y escrutando recodos con la mirada. y mi orgullo no permitiría que hubiese una segunda. consecuencia de una relación lógica tan simple que rayaba en lo paupérrimo. estuve a punto de saltar por la ventana y echar a correr de vuelta a la ciudad. Qué imbécil. Pero no podía morir. a la espera de que un licántropo descuidado cayese en mi red. Cuando llegué a esa conclusión. No iba a perder el tiempo con una ciudad que no conocía. No. aparte de mí? ¿No había hablado Baltassare de mi padre? Si antes había querido tirarme por la ventana para volver a Roma a la carrera. Había dejado Roma pues era lo único que podía hacer. y me planteé seriamente que los látigos de plata que había diseñado como una mera posibilidad se habían vuelto completamente necesarios. En París había conseguido un arma. No bien el sol opacó la vil luna.

No volvería a cometer semejante estupidez. de cuánta valiosa información poseía que podía llevarme como un camino de flechas hacia Alexander. 40 . En cualquiera de los dos casos necesitaba un punto de partida. y París seguía pareciendo el lugar indicado. la búsqueda de información se había vuelto más importante que la de mi arma. De un momento a otro.matado sin llegar a enterarme de cuánto sabía.

al igual que la Plaza de la Concordia y la torre Eiffel en la lejanía. pero pens{ndolo ahora< Luego de varios intentos fallidos de conciliar el sueño. acostumbrándome con ellas a los barrios y sus olores. vuelta a perderme en el metro y escuchar a gente que hablaba como si tuviese algo sin tragar en su garganta. por tanto. podía darme un par de clases prácticas. Por fin comenzaba a hacer lo que tanto había ansiado. Había pasado del mero palabrerío a la acción. personajes de historias de terror que tuviesen alguna relación 41 . O podía ser que fuese el momento perfecto. cuando lo dijo. Notre Dame se convirtió en pan de cada día. además. pues no tardé en notar que me sentía mucho más cómodo en las calles irónicamente bajo la luna que bajo el sol.París El viaje se me antojó considerablemente más corto que el anterior. criaturas antropomorfas. La dueña me reconoció de inmediato y pareció encantada al saber que me quedaría por un período indefinido. los cuerpos corroídos por la plata< No. la cabeza de Baltassare rodando por el piso. Roma se me antojó más amigable y cómoda que París. ¿Quién no hubiese disfrutado al ver el primer paso hacia su meta cumplido? Un simple niño (seguiría teniendo dieciséis por espacio de unas semanas. aunque nada en mí lo aparentara) había vencido a cuatro de esos monstruos con quién sabe cuántos años de peleas encima. No negaré que lo disfruté. decidí salir a recorrer la ciudad. Llegué incluso a dormitar un par de horas recordando la sensación de la sangre de las bestias en mis manos. Un par de tiendas ubicadas en la calle de la pensión tenían estantes repletos de literatura inglesa y traducciones para extranjeros. En medio de mi búsqueda de información se me ocurrió volver a recurrir a los libros. una de herramienta de gran utilidad. nunca me he considerado s{dico. Claro que me perdí. y había salido ileso. básicamente porque aquellos momentos no cuentan. Por unos momentos. Adquirí así la costumbre de recorrer París por las noches. permitiéndome la búsqueda de textos que hablasen de seres sobrenaturales. Por la sencilla razón de que tenía dos líneas de metro en vez de catorce. Las interminables caminatas me proporcionaban. agregando que si tenía problemas con el idioma. sonrojada. y tuve que hacer uso del olvidado y vergonzoso diccionario de conversación hasta lograr llegar a la pensión en que me había hospedado hacía unos días. y la medianoche no era el mejor momento para poner en marcha mi plan de conseguir armas e información. pero bajaba lo menos posible a sus intrincados túneles. En esos momentos no entendí por qué bajó la vista. Ya reconocía incluso el nombre de todas las estaciones de la línea principal del metro. En mi primera visita no había tenido oportunidad ni ánimo de ver París. considerando que estaba de vuelta en Francia y. Todo aquello me dio ánimos suficientes para bajar del tren con una sonrisa que duró bastante.

Reí entre dientes ante su estupidez. Entonces noté que el silbido había 42 . Caminaban por la calle riendo. Ni siquiera en el andén logró captar mi olor. Quizás se debía. Ese monstruo sería mi nueva fuente de información. de unos veintiuno o veintitrés años. Bajé al túnel siguiendo el silbido. Lo que se contradice bastante con otros tantos. parece que soy del tipo de persona que hace que la gente se cambie de acera para no cruzarse conmigo. nadie había osado acercárseme si quiera. Ningún cambio. no se trataba nada de eso. Si perdía su olor. El metro llegó y la bestia subió. en búsqueda del licántropo. Luego de un tiempo.con las pesadillas que caminaban por las calles de Berwick y Roma. Cuando volví a fijarme en mi objetivo. se estaba despidiendo de la mujer al lado de una boca de metro. porque en ese caso sé bien que no hubiese esperado tanto. En dos veces que había vuelto a la estación de metro en cuyas cercanías habían intentado asaltarme. Podría haber sido un humano cualquiera. sin saber muy bien qué me impulsaba. No era pena por la mujer. La búsqueda del arma tampoco avanzaba. Una lista enorme de torturas se materializó en mi mente. Necesitaba encontrar una nueva fuente de información de inmediato. y mi mente distinguió en seguida. No era mero impulso asesino. Me hice un espacio a partir de codazos (Mirar fijamente no sirve cuando llevas anteojos oscuros puestos) y me puse de cara a la puerta. en parte. pues podría matarlo con una buena coartada. seguramente terminaría muerta. Lo seguí por la calle abarrotada. mis oídos bastarían para dar con él. si el monstruo se lanzaba sobre ella en ese mismo momento para asesinarla me iría bien. Luego de sonreírle y gritar algo en francés. Me contenté con girar bruscamente la cabeza. Y eso fue lo que hice aquella noche. Si aquello continuaba. Respiré profundo para no abalanzarme a la fuente como un salvaje: la calle estaba repleta y no pasaría desapercibido. Pensé en lo estúpida que era esa pobre humana. del brazo de una mujer. No. comenzó el descenso silbando una melodía estridente. poco después de mi cumpleaños. de hecho. matándolo en la primera oportunidad que se presentase. Salía de un café. Y noquear a gente al azar para revisar sus bolsillos no era la mejor opción. Recordé la Única regla. manteniendo una conversación que no pude entender. Pero nada logró siquiera asemejarse a las Crónicas. como si de un radar se tratase. comencé a hartarme. cuando la bestia reía. Por los comentarios que he recibido. Cerré los ojos para volver a concentrarme en el olor. Llegaría a toda la información que pudiera proporcionarme. de pelo castaño y ojos claros. De súbito una hebra conocida cruzó delante de mí. a mi aspecto. de emisores mayoritariamente femeninos. pero que hacía que la mujer se sonrojara de vez en cuando. Era algo práctico. las trazas de olor a perro mojado. tres vagones más allá del mío.

“Voy a quitarte eso del hocico. Al llegar a la pensión. impaciente por comenzar. Me lancé contra la puerta. Después de un par de parpadeos pareció verme. mi presa aún no despertaba. Me llevaba escasos cincuenta metros de distancia. abrió los ojos. cubriendo el trecho que nos separaba con tal celeridad que su grito de horror sonó cuando ya estaba sobre él. Era muy ágil.parado. casi literalmente. Pero en ese momento quedé cegado por la luz incandescente de un tren que venía en dirección contraria. Todo su cuerpo estaba alerta. no gritar{s ni emitir{s sonido alguno. y las palabras comenzaron a salir a borbotones de su boca. y cuando lo haga. una puerta se abrió a la fuerza. Odié profundamente las barreras idiomáticas y el hecho de que el 43 . con lo que casi se ahoga. Se había percatado de mi presencia. O quizás mi irritación bastó como excusa para dejarme en paz. “Ne me tue pas.” Saqué el bulto de un tirón. arrastré la silla del escritorio al espacio frente a la cama y tiré ahí mi carga. pero no estaba acostumbrado a correr. y su respiración era tan desaforada que resultaba fácilmente audible. Le amarré ambas manos a la espalda con una cadena de acero que había recogido en la calle un par de días antes y me senté en la cama delante suyo. Una pequeña risilla triunfal varios metros delante me hizo salir de mi estupor y correr en serio. Lo alcanzaría en cuestión de segundos. arrojando a todos los pasajeros al piso. Suspiré y saqué el revólver de la chaqueta. contra el muro curvo. quieto un par de momentos por la impresión. Su intento de oponer resistencia fue patético. on m’a dit que…” Reprimí a duras penas la necesidad de pegarle un tiro y de suicidarme luego. Tres vagones más adelante. y gritó con un volumen inapropiado a su género. despachando a los guardias diciendo que mi amigo se había desmayado en un francés tan rústico que no sé cómo entendieron. planeando qué haría cuando recuperase la conciencia. El tren se puso en marcha con un leve tirón. Rápidamente metí un bulto de tela en su boca (habrá sido una camiseta o un calcetín. Luego de tres minutos. ce n’est pas juste. mirándome desafiante. y subí a mi habitación a la carrera. apoyando el cañón en su frente. lo que tenía a mano en ese momento). casi arrancando las hojas con las manos. y que al hedor de pelaje lobuno se había sumado una fuerte peste a adrenalina. Sus movimientos cesaron de inmediato. entró en el túnel oscuro.” Se me escapó una sonrisa al ver su mirada de terror intentando enfocar el arma. y con el segundo quedó inconsciente. Me estampé. “Veo que ahora si nos entendemos. Tuve la suerte de que la recepción se encontrara vacía. y al segundo siguiente se detuvo de golpe. Lo saqué del metro. Lo tumbé de un golpe. Hizo amago de tragar la tela que ocupaba su hocico. y comenzó la persecución. Luego de echar todos los cerrojos. moi je n’ai fait rien.

no bien vio el brillo del filo. comentó mi cabeza. Logré preguntarle con un gruñido de qué hablaba. Tendría que apañármelas solo. aquella persona que relacionaba con la libertad. no conseguiría nada. sin lograr cubrir los espasmos de su voz. Mencionó un par de nombres que confundí con palabras desconocidas. el cobarde Athanase hizo amago de echarse a chillar otra vez. 44 . de escape. a pesar de mi pobre intento. En un principio no supe bien de qué hablaba. de preferencia el inglés. de rebeldía. Tenía que ocurrírseme algo. que era francés y que por favor no lo matara. Puse el filo frente a sus ojos y volvió a caer en silencio. porque él no había hecho nada malo. Todo lo que podía comprender de su historia era que se había escapado de su manada. hasta que uno se repitió lo suficiente para asociarlo a otra palabra: Mayor.mundo no tuviese un único idioma. sin darme tiempo alguno de entender lo que decía. Creo que me dijo que se llamaba Athanase. Comenzó a expulsar las palabras como si vomitara. que lo había llevado a su manada hacía poco más de tres años. a la guerra. cosa que él siempre había sabido. hablando ahora de alguien o algo en especial. Le dije entre dientes que fuese más lento. Decía que lo había hecho despertar. pues no me apetecía aprender nada más. un tal Jacques. a la formación de la manada. En ningún momento me había planteado la posibilidad de hacer mi interrogatorio en francés. un par de cosas sobre la libertad. alguien que le había hablado de libertad. Hablaba de su Mayor. Siguió monologando. Escupí un par de preguntas con el sólo fin de averiguar si me entendía o no. pero sólo calló y miró el cuchillo con más fijeza que antes. Claro. Las ansias comenzaron a cubrirme capa por capa al comprender que. un balazo en el pie? ¿Una esquirla de plata en la muñeca? Tomé el cuchillo y. esperando que continuara. puedo ir y pedir al primer transeúnte que pase que me sirva de intérprete. y explicarle en el camino que tendrá la suerte de ayudarme a interrogar a un hombre lobo y luego verme torturarlo hasta la muerte. Sólo entonces el cuerpo de Athanase pareció relajarse y comenzó a hablar a un ritmo lento y nervioso. sin saber si mis palabras eran las indicadas y ocultando el cuchillo tras los pliegues de mi ropa. ¿Debería comenzar en seguida con el dolor? ¿Un cortecillo en las piernas. de seguir así. Dijo también un par de cosas sobre los otros Novatos con los que había convivido. y luego su narración se volvió confusa: su pulso se aceleró cuando dijo algo sobre prohibiciones y un encuentro fortuito. Esa frase fue lo que me llamó la atención. que gracias a él había visto que su Mayor estaba equivocado. pues nunca había concordado con sus ideas con respecto a las otras tribus. Me detuve y lo miré fijamente. “Je n’ai fait rien… on m’a dit qu’il n’y avait pas de problème…” Me dijeron que no había problema.

y que en su manada no había espacio para perros inútiles como él. Que había muchos novatos rebeldes como él. Athanase hablaba también de ideologías. Lo que quería eran nombres. Pero aquellas eran guerras humanas. Athanase se había mostrado en contra. y llegué a dudar que el mismo Athanase lo supiese). con mi horrible francés. Decía que no había estado de acuerdo con lo que su Mayor pensaba sobre las guerras. Gracias a él podría abrirme paso hasta los hombres lobo que rondaban París. y sus números se incrementaban año tras año. No tenía idea de qué guerra estaba hablando. o revueltas por motivos económicos en casi todo el globo. 45 . en esos momentos no había guerra alguna. diciéndole que tenía todo el derecho a la libertad como cualquier otro licántropo. más allá de lo que había imaginado. como preguntándose si saldría de ahí con vida. Jacques se había encolerizado. Debí apoyarme nuevamente en el cuchillo. podría buscarlo a él. Los monstruos pensaban. y acabar con ellos uno por uno. y que su Mayor les había dado la orden de enfrentarse con cualquier hombre lobo enemigo que se cruzara ante su vista. Nuevamente me encontraba con que se contraponían los conceptos de licántropo e idea. Sorpresa. por lo que sabía. diciéndole que estaría a salvo. para lograr que volviera al tema que me interesaba. lugares. sólo con un leve tic en el párpado izquierdo. “J-je ne sais pas. Todo lo que me ayudase a encontrar a cada uno de los monstruos que pudiera y acabar con ellos tan pronto como me fuese posible. Él fue quien lo trajo a París desde Marsella. Seguramente.Guerra. Licántropos en París y en Marsella. donde había conocido a Jaques. una libertad que iba más allá de la humana. Athanase había callado. Entonces había aparecido “él” (me llamó mucho la atención que nunca dijese su nombre. y me observaba con un leve temblor en la mirada. monsieur. diciendo que no lo había transformado para que se convirtiese en un cobarde. Aquel Athanase me estaba ayudando mucho más de lo que él mismo creía. Athanase no hablaba de ellas.” Qué tipo más inútil. desechando la idea de luchar. diciendo que tenía derecho a decidir si los motivos por los que debía enfrentarlos le interesaban o no. quizás incluso los de toda Francia. caras. No me importaban para nada sus pequeñas guerras idiotas o sus dichosas ideologías. pues no cometía crimen alguno y la sociedad no tenía por qué castigarlo. En el peor de los casos. que siempre se mantendría cerca por si necesitaba ayuda con el Consejo o con su ex Mayor. dónde estaba ahora el licántropo que lo había ayudado. para conseguir que siguiera hablando con la soltura de antes. salvo algunos conflictos en oriente medio. Dijo que la tribu a la que pertenecía su manada estaba en guerra con otra tribu vecina. Intenté llamar la atención del francés. Tragó ruidosamente cuando me acuclillé frente a él y le pregunté.

” El hijo de perra me había engañado.” Hubiese resultado intimidante de no haber estado amarrado a una silla y a punto de echarse a llorar como un niño. y al que seguramente querría ver muerto después de escuchar cómo lo había tratado.Le pregunté. Soy un rebelde. Me miró fijamente a los ojos (o debo decir que fijó los suyos en el vidrio que cubría los míos) y escupió una frase como si fuese veneno. No había conseguido nombres ni lugares. El caso es que tomé su brazo y le efectué cuatro cortes rápidos. Le golpeé la cara para que callase. Pero la bestia me sorprendió. Me estaba cabreando en sobremanera. 46 . Cuando enterré la hoja de metal en su pecho. pero mi lealtad hacia él no ha cambiado. Antes de que sanara. Quizás soy un torturador nato. con los pequeños pedazos quemando su carne y pudriendo su sangre a medida que avanzaban. dónde estaban los otros que conformaban su anterior manada. no un traidor. Tenía los eslabones de plata en el bolsillo. No me sacarás nada. lo único que había conseguido era un malhumor insoportable. y luego dijo en un perfecto inglés “No voy< a decirte< nada. uno en cada espacio que quedaba entre sus dedos. mientras su cuerpo entero se revolvía sobre la silla. No sé de dónde saqué la creatividad. Decidí preguntar por su ex líder. pero increíblemente se mantuvo firme en su postura. metí la mano en mi bolsillo y le enterré cuatro trozos de plata en las heridas abiertas. Le grité un par de veces más. Me invadió una oleada de ira. “¡Habla ahora! ¡Dime dónde est{ tu Mayor! Dites-moi où est Jacques!” Con cada frase mi puño impactaba contra su rostro. y la sangre de Athanase cubría el suelo sin que éste dijera una sola palabra. como los perros. al que había llamado Jacques. “Parle!” “Je…ne…dirais…rien. A decir verdad.” Entornó los ojos en un intento de enfocarme. pues no me importaba verdaderamente si me entendía o no. me pareció que el imbécil reía. Puedo decir con toda propiedad que mi primer trabajo como torturador fue un completo fracaso. No. pensé. “¿Quieres morir. Como un perro. no te diré nada. “¿Entonces no vas a decirme nada?” grité en inglés.” Le dije por última vez con un gruñido sordo. Puede que lo haya dejado. y su mano al alcance de la mía. imbécil? ¿No entiendes que puedo acabar con tu asquerosa existencia en este mismo momento? ¡Habla! ¡Dime sus nombres! ¡Dime dónde se esconden! Parle!” “Je ne dirai rien. Volvió a decir que no sabía nada. Un alarido impresionante. incluso antes de que gritase. Leales a sus amos. “Dites-moi où est Jacques.

) Bueno. Tenía que deberse al lazo establecido entre ambos. Mayor y Novato. Necesitaba una fuente de información fiable. Posiblemente. En uno de esos paseos llegué casualmente a una de las tantas universidades de París. y dediqué un par de tardes a pasear por mi barrio favorito. Tenía otras cosas de las que preocuparme. ¿Pero cómo iban a mantenerse leales a quien los había vuelto monstruos? ¿O acaso esos idiotas disfrutaban ese tipo de vida? Logré a duras penas detener mis reflexiones y obligarme a aceptar que cada pensamiento era un callejón sin salida. Recorrí cada lugar concurrido por gente joven que se cruzó en mi camino. De una guerra a otra. ya comenzaba a desesperarme. del que sólo pude librarme gracias a la inaudita cercanía del Sena. Pero si sin pista alguna había dado con la primera víctima.¿Mi ira no era de esperarse. No me quedaba más que vagar. Nuevamente. ¿Se puede pasar una vida en guerras sólo por defender una idea? Sonaba ligeramente más noble. sobre todo. Y había sido testigo primario de mi patético intento de hacer un interrogatorio en francés. (Eso. Y no. me daba la impresión de que se trataba de una especie de ciclo. Nada de lo que pensara en esos momentos era comprobable. Sí. Cuando se me acabaron las ideas me di un respiro. y el hecho de haber tenido que escurrirme por la ventana del baño hasta el patio interior con un cadáver de olor repulsivo al hombro. ¿Se puede pasar una vida en guerras sólo por dominio territorial? La humanidad había comprobado que así era. qué mejor. A Athanase lo había encontrado por mera casualidad. acaso? La bestia que había secuestrado para interrogar me había engañado. a la espera de que alguna bestia tuviese la ocurrencia de entrar a una tienda en la acera de enfrente o que fuese directamente a saludarme. en el horario de salida de un gran grupo de estudiantes que dejaban la universidad cargados de libros 47 . no sabía dónde buscar. Por la manera en que Athanase usaba el concepto. pero ¿qué tipo de lazo podía ser? Athanase había dicho algo sobre la conversión. no me parecía posible. Jacques era quien había transformado a Athanase en un hombre lobo. detalles que había almacenado del monólogo de Athanase y. algo que Jacques había dicho a su vez< Que no lo había transformado para que se convirtiese en un cobarde. la lealtad perruna que había demostrado hacia el Mayor que lo había repudiado. toda su historia era falsa. ciertamente había confirmado la existencia de las guerras e ideologías. tarde o temprano debía dar con la segunda. No se necesitaban monstruos cambiaformas para ello. eso era lo que más me molestaba. Había llegado el momento de la segunda víctima. Esa era la relación entre el Mayor y sus Novatos: él era quien los convertía en bestias. Sí.

Junto con el olor a crêpes y baguettes. con un par de estanterías repletas de libros viejos con un olor tan penetrante que. como a cualquier otro compañero. Luego entré y. observando aún los lomos de los libros. un grupo de estudiantes se detenía frente a un puesto callejero a comprar algo de comida. “¿Necesita algo?” 48 . Pero el chico permaneció impasible. Cuando finalmente entró en una librería de mala iluminación y convenientemente vacía me apresuré a seguirle. era un monstruo como todo el resto de los licántropos. Sólo aguzando mucho mi olfato pude saber que el nivel de adrenalina en su cuerpo se había disparado. hasta llegar a una de las calles comerciales que tanto abundan en el barrio aledaño. de un salto. como me había parecido Baltassare? Al anochecer. El grupo hablaba alegremente. por lo que debió haberse sobresaltado aunque fuera sólo un poco. el grupo se dispersó y mi presa cruzó las concurridas calles del Quartier Latin. ¿Sería acaso esa la forma de vida que tenía la mayoría de ellos? ¿Por qué había imaginado que todos serían hoscos y solitarios. No se entretuvieron demasiado tiempo en la calle: a los pocos minutos reemprendieron el camino y se instalaron en un banco de madera en la plaza Jussieu. Saint Michel. Lo seguí de lejos. para ellos no era más que un chico de pelo oscuro y ojos pardos con cara de niño. haciendo comentarios que provocaban la risa del resto. Mientras atravesaba la calle. Un par de calles más allá. sin pararme a pensar que en un espacio así de reducido. Me ubiqué de manera que pudiese verlos sin que el viento arrastrase mi olor hasta donde se encontraban. Desde ahí pude fijar la vista en la fuente: mi víctima no podía tener más de dieciséis años. viviendo entre ellos y aprovechando su ingenuidad. Seguramente. Entre esos chicos se escondía mi siguiente presa. ocultaría por unos instantes el mío. Me alejé un par de pasos en dirección contraria. El lugar era pequeño. todo se complicaba. capté por fin la hebra que tanto había estado buscando. con un poco de suerte. “No te muevas. llevaba como el resto un bolso en bandolera y reía como un niño ante las bromas de quienes lo acompañaban. una callejuela oscura. que chocaban los puños con él en señal de afecto o le sonreían con calidez. lo que fuera. “¿Es usted inglés?” preguntó en voz baja. me ubiqué detrás de mi presa. esperando el momento en que doblara algún recodo vacío. Para mí. Ya era la segunda vez que me encontraba con una bestia haciéndose pasar por humana. con la vista al frente. Había reconocido la similitud entre su olor y el mío. y entre ellos el hombre lobo sonreía y aplaudía.” Lo había tomado desprevenido. gruñendo por lo bajo. sin voltear y con un acento americanizado.y con una gran sonrisa que anunciaba que comenzaba el fin de semana. me dije que estaba siendo demasiado impulsivo.

No tengo por qué ocultarle nada. monsieur. monsieur. “Entra normalmente y sube las escaleras. Cualquier movimiento brusco significará una bala en tu nuca. preguntándome qué haría con ella. asumí que había comprendido que iba en serio. se disculpó y se dirigió a las escaleras. No hables. “No tiene por qué hacerme daño. te mato. en el mejor de los casos. ¿Quién demonios pregunta algo así en una situación como esa? “Vas a hacer lo que yo te diga.” Ante tal amenaza frunció un poco el ceño y me miró con más repulsión que miedo. monsieur. corrí las cortinas y sólo entonces me volví a mirarlo: seguía sentado como si nada. y nos saludaba a mí y a mi víctima con una sonrisa.” “La verdad es que puedo hacerme una idea. estaba desesperado.” Hubiese preferido que se negara. Y cosas como esa” sus ojos se posaron en el cuchillo y luego el revólver “son completamente innecesarias. El idiota tuvo además el descaro de saludarla. tan calmado.” Me observaba sin miedo. seguro de sus palabras y con una curiosidad legítima en sus ojos. Hacía que mi ansiedad pareciese innecesaria e idiota. Marcel tomó asiento en la silla del escritorio como si lo hubiese invitado a pasar con una sonrisa. Estaré detr{s de ti. Lo seguí sin mirar a la mujer. pero asintió y salió de la tienda. lo que obligó a la mujer a preguntarme quién me acompañaba. Si en cualquier momento te niegas a responder. Un leve escalofrío recorrió su espalda. “Me parece que no comprendes la situación en la que est{s. Con una garra en el hombro lo llevé hasta la entrada de la pensión. Aprecio mi vida. le haré caso. En la esquina se detuvo a esperarme. Avanzó las tres cuadras como si no hubiese ocurrido nada. Pregunte lo que quiera. necesito que me digas todo lo que puedas sobre tu raza para luego acabar contigo. Eché el cerrojo.Sí. Si hablas o intentas escapar.” Pasamos a la recepción y sentí un impulso de ira: la dueña estaba detrás del mostrador. y sólo entonces atiné a apoyar con discreción el tubo metálico de mi arma contra su espalda. intentas escapar o gritas por ayuda.” Hice sonar el seguro del revólver para remarcar mi afirmación. “Sal a la calle y camina tres cuadras hacia el norte.” No olvidaba lo que había decidido luego del interrogatorio con Athanase: necesitaba nombres y lugares. Calló de inmediato.” “No se preocupe. Aunque fuese imposible decirlo con sólo verlo. Por su temblor. La única diferencia era el olor que ahora manaba de él. voy a abrir tu linda garganta y te llenaré la traquea de plata. No podía soportar que se mantuviese tan seguro de sí mismo. Se presentó como Marcel antes de que yo pudiese decir nada. Saqué el cuchillo del bolsillo y lo puse delante de sus ojos. niño. para tener una excusa para noquearlo. Aquello lo complicaba todo. “Vas a responder un par de preguntas. Aún miraba las vitrinas y sonreía de cuando en cuando a la gente que pasaba. pero también habían muchas cosas 49 .

” Igual que Athanase.” “¿Eres un Novato rebelde?” “Puede llamarme así si quiere. “Que me fuera con él a las montañas o a algún bosque lejano. Soy uno de los tantos que ha negado su manada. donde mantuviésemos contacto sólo con los mensajeros de la tribu. La conversión y los lazos que conllevaba me intrigaban. debió haberse sentido feliz al verse liberado de su presencia. o una especie de programa para matar el tiempo. “El resto de la manada estaba de acuerdo. y la relación con los humanos no parecía importarles. “Fue duro dejar a Donat. O discordancia.” No podía ser. ¿Es que acaso los licántropos no hacían más que pelear? Bueno. No podía ser que abrazaran la idea. “¿¡CÓMO PUEDE SER QUE HAYAS ACCEDIDO A CONVERTIRTE EN UNA BESTIA?!” 50 . nunca supe a ciencia cierta de qué tribu formábamos parte. Bien podía ser que el Mayor lo convirtiese en contra de su voluntad. Dejarlo no pudo haber sido duro. El golpe fue tan repentino y seco que dudo que Marcel se haya enterado en qué momento llegó al suelo.” Alcé una ceja ante tan simple declaración.” Nuevamente aparecían las guerras.que era imperioso saber sobre la naturaleza de los licántropos. “¿Por qué?” “Aburrimiento. “¿Quién es tu mayor?” “Mi ex mayor. “¿Obligarme? Claro que no. que accedieran.” Una mueca de disgusto. Después de todo. y yo acepté. Sólo sabía que siempre estábamos en guerra. Y aún así.” continuó como explic{ndose. Donat me lo ofreció. monsieur. “Quería que dejara la ciudad. cuyo elenco cambia constantemente. Su nombre es Donat. No me apetecía hacer lo que Donat quería. Como si le hubiese dado algo que apreciaba muchísimo. Para ellos. no eran más que peones de juego. si quiere. como se hace a todo el mundo. La vida de ermitaño no es lo mío. que la desearan. Eran mayores que yo. No comprendía muy bien toda la dimensión de lo que Marcel decía. Eso ya no sucede casi nunca. Marcel hablaba de él como si le tuviese respeto. A decir verdad. pero seguirlo hubiese implicado dejar muchas otras cosas que tenía desde antes que me convirtiese. “¿Cómo lo hizo? ¿Te obligó a hacerlo?” Era una opción bastante probable. incluso cariño. Tenía que estar mintiendo. era lógico.” Mentía. Eran bestias. ese Donat era el que lo había convertido en un monstruo.

mirándome desde el piso.” El segundo impacto fue más brutal que el primero. “No soy m{s monstruo que cualquier hombre que camine por la calle. aquella charla con Marcel fue. Después de todo. Al fijar la vista en sus ojos sentí que había olvidado algo crucial. el interrogatorio. “Yo quería seguir una vida como la que llevo ahora. y tiraba casi todas mis apreciaciones por tierra. No gritó.” Lo dejé caer. y la imagen de la masa gris se había instalado como un blanco en mi cabeza. no me avergüenzo de ser un hombre lobo y no. Dudé. Marcel levantó la vista y se mantuvo firme. Marcel estaba a un paso de la puerta. no destruyo. pensé en esos momentos. gano una libertad y energía que cualquier otro quisiera. Ese pequeño discurso contenía todo lo que nunca había esperado encontrar dentro de uno de los monstruos. información que conseguir. estoy equivocado. frente al discurso de un chico que hacía minutos consideraba sólo otra bestia idiota. dispuesto a partirle la columna y enviar al diablo toda la información que pudiese salir de su boca. Lo estampé contra la pared. estaba seguro de eso< Las preguntas. “¿Puedo irme ya?” La pregunta me despertó sólo a medias. Sentí cómo mis dedos tomaban forma de garras. No me importaba 51 . Gracias a esta naturaleza puedo vivir como se me dé la gana. ¡Reacciona! Tienes preguntas que hacer. y dejé que me invadiera una furia asesina. aplastando sus piernas. no robo. Si en todos estos años tuve un momento de completo vacío mental. No mato. No. sin emitir quejido alguno. No tengo razón para odiar la conversión ni le veo nada de malo. ¡un objetivo que cumplir! “¡Vuelve aquí!” dije con una potencia animal. como se dice comúnmente. Reacciona. me dije para mis adentros. Sólo fijó sus ojos en mi rostro y mantuvo esa actitud desafiante que tanto me enervaba. Ah. Era la manera más segura de recuperar mi confianza. Lo tomé del cuello de la camisa. Avancé un paso hacia él.Más que palabras. una puñalada a mi convicción. cuando por primera vez en la vida quedé sin palabras. la frase parecía formada de gruñidos animales. No dijo nada. “¿Sinceramente crees que sólo un cambio en mi sangre me convierte en una bestia?” Había en sus ojos una convicción tan fuerte que no pude más que escucharle. Si lo que Marcel decía era cierto. y todo lo plenamente que quiera. Mi razón había vuelto a su lugar. Dudé de mí. debió ser en esa habitación en París. qué idiotez. sí. el armario se tambaleó y cayó. Centré todos mis pensamientos en aquel recuerdo. y lo alcé en vilo. Sí. Siguió mirándome. Una vez al mes voy a las montañas y recorro como lobo los senderos de piedras. un balde de agua fría. no me considero una bestia. Había estado haciendo algo importante. A cambio de eso. mi meta final era Alexander.

“Pues<” por primera vez en toda la sesión. No puedo concentrarme así. Los licántropos tienen en su mandíbula una sustancia que actúa como veneno. claro. manteniéndolo aún en su campo de mira. y que se propaga por la sangre a gran velocidad. “Responde la pregunta.” Vaya ironía. Como lo decía él. Palideció de sorpresa cuando el filo del cuchillo apareció a escasos milímetros de sus ojos. ¿Qué más podía decirme ese chico? Era otro renegado que no delataría a nadie.” Bajé el cuchillo.” No se había percatado de la diferencia entre nosotros. tenía teorías que aún no habían sido probadas. dependiendo de la herida. “¿Qué preparación?” “La que pasa todo el mundo. Donat insistió en que debía probar mi capacidad de curación para asegurarse de que no moriría desangrado si la herida que me ocasionaría resultaba ser muy profunda. Si la herida atraviesa todas las 52 . las tres profundidades de mordida. “¿Cómo funciona la conversión?” “Comment? ¿Cómo que “cómo funciona la conversión”? ¿Me est{ tomando el pelo? ¿Ha olvidado que usted también es un licántropo. No podría extraer de él conexiones ni debilidades. Quizás no había manera alguna de hacerlo m{s que viendo mis ojos. y se removió incómodo en la silla. junto con el dejo petulante que había adquirido su voz. por favor. Pero antes pasé por toda la preparación necesaria. monsieur<” giró los ojos en un gesto de impaciencia que. para asegurar que no moriría antes del cambio<” Reproducción por mordida.cruzarme con un par de monstruos que afirmaran no ser tales. Si la herida es superficial. Por ello dirigí las preguntas a mi curiosidad personal. como un perro que obedece una orden de mala gana. y los factores de los que dependía. ya sabe. “La< la preparación fue algo apresurada. sólo una especie de prueba. y acabaría con ellos también si me impedían seguir avanzando. a la espera de más preguntas. las posibilidades de muerte. Luego de sentarse se mantuvo inmóvil. “Primero baje el arma. Después de todo. Marcel había perdido ligeramente la compostura. y no habrá transformación posible.” “Pues me mordió. Marcel soltó un suspiro y volvió a la silla. Digno de Bram Stoker. Me explicó todo muy detenidamente: cómo funcionaba. el cuerpo atacará la sustancia con anticuerpos como si se tratase de una enfermedad. para dejarle en claro que las órdenes era yo quien las daba. como si yo no supiera. me sacaron de mis casillas. Me ardían las manos por abrirle un corte en el cuello o la mejilla. Un par de escalofríos recorrieron su espalda y humedeció sus labios con insistencia antes de volver a hablar. sonaba fácil. y él quien debía seguirlas. monsieur?” “Silencio. “Vas a dejar ese tonito de lado y me vas a explicar todo desde el principio.

” No pude dejar de notar que. Yo fui transformado de la manera corriente. dependiendo en gran medida de las defensas y capacidad de curación de la persona a quien se quiera transformar. el mismo máximo de dieciséis años. Por como hablaba del tema. pero seguía teniendo la misma cara de niño. con un par de libros bajo el brazo< “La Universidad de la que te vi salir<” pero su exhalación me interrumpió. ¡Y ciertamente es una gran pérdida no poder pedirle al decano de la facultad que revise mis trabajos!” “Espera un momento. dañando los órganos y tejidos de manera generalmente mortal. que llevaba el nombre de dos grandes científicos). “¿Me estaba siguiendo desde la salida? Es usted realmente bueno. Según Donat. aunque a veces el “veneno” se abre paso tan rápidamente por los cartílagos que los órganos de mayor irrigación sufren una especie de implosión al verse transformados antes que el resto del organismo. así que no puedo pensar si quiera cómo alguien puede haber sobrevivido a algo peor. o su cuerpo experimentará una especie de colapso que en una autopsia parecerá un paro o una embolia cerebral. Donat me confesó que se sabe de muy pocos licántropos que sufrieron la transformación por una herida tan profunda. aquello le interesaba lo suficiente como para olvidarse de la situación en la que estaba. Ni siquiera me percaté de su olor. monsieur.” Su sonrisa se ensanchó aun m{s. “¿A qué edad entraste a la universidad?” “A los dieciocho como casi todo el mundo. Aparentemente. Lo miré con impaciencia. Seguramente esto último depende de qué tan cerca está la mordida del corazón. como esperando que el cumplido suavizase la hoja metálica que mi mano aún sostenía. También depende de la voluntad de la persona. y puedo decirle de todo corazón. Me habló por último de las mordidas profundas. ingresé a la universidad a estudiar biología y ciencias de la vida. Sonreía. daba la impresión de que lo había estado estudiando. pero aún no logro encontrar algo que confirme mis teorías. monsieur. había recuperado su soltura y naturalidad y había terminado de hablar como si se encontrase tomando un café. pero eso es sólo una teoría mía. monsieur. Entonces recordé que lo había visto saliendo de una Universidad (creía recordar que era la sexta. para intentar comprender cómo funciona la conversión. Suelen producir la muerte por desangramiento. en los individuos de cuerpo débil o metabolismo excesivamente rápido la transformación se produce de manera muy violenta. la probabilidad de transformación es de cincuenta y cincuenta. con una mordida de profundidad media. cuando en realidad yo seguía delante suyo. cuchillo en mano.” 53 . que casi no pude soportar el dolor. y siempre se trató de alguien que atravesó un entrenamiento previo o que parecía tener una habilidad natural para ello. a medida que hablaba. Llevo más de un año asaltando la biblioteca de la facultad todos los viernes.capas de la piel y los colmillos logran hincarse en la carne. ¿M{s de un año?” volví a mirar detenidamente a Marcel. “Pues sí. pues debe ser capaz de sobreponerse al dolor que causa la conversión. las que se usan para matar.

aunque no aspiro a volverme un Superviviente ni nada por el estilo< seguramente viviré un siglo. dado que de ninguna manera le revelaría que estaba tratando con un híbrido. Lo miré con el disgusto pintado en la cara. monsieur!” dijo Marcel entre risas. después de la conversión? ¿Qué sería aquello? ¿La “juventud eterna”? ¿La resistencia total al paso del tiempo? ¿Trascendencia? ¿Inmortalidad? “¿Morir{s de viejo?” Aunque la pregunta sonase estúpida. y que no me encontraría en la calle con seres que llevaban siglos caminando en cuatro patas por la Tierra.” El hecho de Marcel dijese aquello como si nada me descolocó aún más.” Hizo un gesto con los brazos para disculparse. “Es solo que< me pareció que tampoco sabría quiénes son los Supervivientes< aparentemente su Mayor fue demasiado negligente con usted. de mil años? ¿Qué ocurriría si yo tuviese la capacidad de vivir por siglos o incluso milenios? “¡Es difícil saberlo. Además. recuerdo que Marcel tenía la capacidad de salir con cosas como esa. Así que asentí con lentitud. Mi faro en esos momentos era que sí tenían un plazo de vida determinado. como si quisiera agregar “est{s olvidando algo importante”. “Pretendo vivir todo lo que mi cuerpo pueda. que fuese en forma de viejos o con el mismo aspecto joven con que abrazaron la conversión no me importaba. monsieur. Las bestias no eran inmortales (cinco cadáveres avalaban aquella verdad).” “¿A qué edad te convirtieron?” “A los quince.Mi turbación en esos momentos debió haber resultado casi cómica. y el cuchillo retomó su posición a milímetros de sus globos oculares. uno y medio con algo de suerte y sin inmiscuirme en guerras. ¿Qué hubiera hecho yo frente a ellos? “¿No va a preguntarme por los Supervivientes?” Sí. pero sé que no podré estar toda la vida apartándome del camino. seguro que intentaré morir luchando por ello. y sentí 54 . no sabía cómo formularla. “Lo siento. y sólo logre abstenerme de perder la cabeza porque una teoría fatal quedaba eliminada: los cuerpos de los licántropos sí morían. si en algún momento el objetivo de la guerra me compete. Me lo preguntó con un tono casi de reproche. de doscientos. ¿Podía ser que los licántropos compartieran aquel rasgo con sus personajes chupasangres? ¿Acaso los hombres lobo no envejecían nunca. no he querido ofenderlo. pero ¿qué ocurría si nada interfería en su vida? ¿Seguirían vivos luego de cien. “¿Qué edad tienes?” “Diecinueve. ¿no es así?” Aquello era una buena coartada.” Fue la segunda vez en el transcurso de la conversación en que recordé a Stoker y sus inventos sobre vampiros. Casi veinte. a decir verdad.

“No se debería transformar gente así como así. tuvo suerte al no ser convertido demasiado joven. ¿no es así? Aparenta unos veintidós o veintitrés años. “Pues bien.” Puso ambas manos delante de sí. bordeaba en realidad los veinte. que van poco a poco perdiendo las capacidades que poseían. aunque definido. Bueno.” aquí separó las manos hasta el doble de la distancia anterior “tenemos una vida que bordea los 200 años. y son muy pocos quienes llegan a contar más de 150 años. en cambio. si no mal recuerdo.” Fue mi turno de quedarme en blanco. a eso iba. manteniéndose en su máxima expresión durante poco menos de doscientos años. Y sin tomar en cuenta. “La vida humana termina. pero esta vez con compasión. o lo hubiese notado. con las palmas hacia adentro. dándose un pequeño golpe en la cabeza. La muerte por pelea es la más común entre nosotros. incluso estas células se regeneran. ¿es esa su edad real o la larga juventud ya ha comenzado a obrar sus prodigios?” “¿La< la larga juventud?” Y mi segundo pensamiento. aquella regeneración se extiende a todos los aspectos. por ejemplo. Los licántropos. yo tampoco me hubiese dado cuenta si Donat no me hubiese dicho nada sobre aquello< lo que dio origen al mito de la eterna juventud. “Lo siento. ¿qué edad había tenido realmente Baltassare. para sobresaltar el hecho de las muchas guerras que han debido sobrevivir para llegar a esa edad. Si Marcel. que aún conservaba la apariencia de los dieciséis. dej{ndolos luego a su suerte< eso sí. La juventud eterna. En nuestro caso. luego de 80 o 90 años. yo tuve bastantes problemas durante los primeros años por la transformación temprana< Usted lleva poco tiempo transformado. habrá experimentado ya la regeneración que nos es inherente. Sabrá que la vejez es un desgaste del cuerpo desde sus células. ¡Imagine la cantidad de guerras que pueden sucederse en siglo y medio!” “Te has desviado del tema. Por muy poco tiempo que lleve entre nuestra raza. claro. tiene razón. muchos menos los que mueren por acción del tiempo. que a primera vista tenía veintitrés o veinticuatro? 55 .” Se quedó en blanco un par de momentos y luego soltó una risa distraída. Quienes alcanzan los 150 años son llamados Supervivientes. sin contar los años humanos vividos antes de la conversión. entonces debe llevar realmente poco tiempo.que me hervía la sangre cuando me sonrió nuevamente. fue ¿Ya aparento más de veinte? ¿En qué momento? “Ah. 100 como máximo. dando la impresión de una juventud eterna cuando realmente se trata de un período extenso. como marcando un trazo determinado frente a mí. por lo general.” Asentí de mala gana. los duelos y las guerras. Por ello nuestro cuerpo se mantiene joven.

para ver qué era capaz de lograr teniendo la información de su manada y Mayor de su parte. pero sí a conseguir información en mi nombre.Aprovechando mi descuido. Me había dispuesto a matarlo. Marcel se revolvió en la silla y llevó una mano a su bolsillo. por lo tanto. de hoy. “Durante 29 noches al mes. para comprobar que no ocurría nada que interviniese con lo que había planeado. para hacerle una que me urgía más. un nombre escuchado al azar. Lo obligaría a ir a las montañas. quizás un día o dos. más licántropos a los que podría seguir e interrogar hasta dar con la pista que me conduciría inexorablemente hacia Alexander. además. se mismo andar despreocupado y natural que había tenido antes de nuestra pequeña conversación. se est{ haciendo tarde< he quedado en ayudar a unos amigos a primera hora de mañana<” echó otra mirada al reloj. con el resto de su sociedad. Lo mejor sería darle un tiempo. si no quería verme rodeado de la policía francesa. Sean así porque me ayudan. noté que tenía entre sus manos un inofensivo reloj. Podría dejarlo como un ejemplo para los otros. Sean así o mueran. “Monsieur. Podía pensar en una decena de excusas. Marcel seguía teniendo conexión con su Mayor y. pero no había olvidado de un pequeño detalle: la dueña lo había visto entrar. Sólo tenía que aprovechar esos vínculos. ¿No podríamos<?” Pasé por alto su pregunta. monsieur?” “¿Por qué te empeñas en vivir entre los humanos? ¿Por qué aparentas ser uno de ellos?” “¿Por qué no?” Me sonrió mientras se levantaba. Su pequeño discurso me había hecho replantearme muchas cosas. seguirlo en secreto y en contra del viento. Ciertamente recordaba mi resolución de aniquilar a cuanto licántropo viese antes de dar con mi padre. le daría un nombre. Había algo más. una enorme impresión. Pero en esos momentos me planteé que.” Lo observé caminar por la calle a oscuras desde la ventana de la habitación. un apellido susurrado en una esquina. bien podía tratarse de una de sus tantas investigaciones (no dudaba que Marcel pasaba la mayor parte de su tiempo en ellas) o simple curiosidad. después de todo. si seguía encontrándome hombres lobo como Marcel. me estorban. Era necesario que saliera caminando libre e ileso por aquella puerta. “Bueno. sigo siéndolo. No habría razón para que le ocultaran lo que supiesen de él. la tasa de mortalidad lobuna bajaría considerablemente. nada más. “¿Por qué?” “¿<Por qué qué. Marcel me había provocado. De no ser así. obligarlo quizás no a conducirme al refugio de Donat. Para cuando volví a apuntarlo con mi arma. 56 . Con el debido dolor haría que acudiese a su antigua manada y ampliase sus redes.

No podían haber pasado más de una decena de minutos desde su huída. o leyendo en un banco. No era la hebra de la noche anterior. El día pasó con una lentitud desagradable. pero había algo que me impulsaba a volver. por el contrario. más que fluido vital. un nuevo olor estaba ocupando un espacio que no le correspondía< Finalmente no pude contenerme y salí con las primeras sombras del atardecer. En ese momento debo haber empezado a correr. sentí un aroma parecido a la victoria. estaba ahí. completamente inmóvil. a asomarme a la ventana. Tenía que haber sido un arma de plata. que algo faltaba o que. incluso dormir. captando la hebra. Sabía que Marcel estaba cerca. iría en busca de Marcel y pondría en marcha mi plan: Hacer que averiguase todo lo que pudiese acerca de un tal Alexander Skartzia. En aquellos lugares no había cafés ni plazas. Mi paso fue aumentando progresivamente a medida que reconocía el barrio en que me encontraba. Y ahora estaba ahí tirado. nada más que calles angostas adoquinadas. Algo acababa de masacrar mi preciada fuente de información. Intenté calmarme. un leve olor a quemado< Lo encontré en uno de esos callejones oscuros. quizás cerca de la universidad. por más que su sangre se regenerara. aquí la adrenalina parecía haber desaparecido. Ya tenía todo resuelto. y a esa falta se sumaba un olor fuerte pero escurridizo. Había dicho algo sobre ayudar a unos amigos. cubierto por un charco de sangre tan excesivo que parecía una cañería rota. No. aquello me produjo un relajo inesperado. y permanecía inmóvil. un olor met{lico. Su cuerpo no había podido cerrar la herida y. Entrada la noche. en unos momentos me apoderaría de ella y podría seguirla< 57 . Mi cuerpo me decía que algo no iba bien. cada diez minutos. Un corte humeante atravesaba su garganta. aunque fuese sábado. con el cuello abierto y rodeado por las últimas trazas de humo. De ser así. ¿Qué tan lejos podía llevarlo aquello? Atravesé todo el barrio antes de dar con el olor. Debía estar en el barrio. al eterno trajín de París. Su olor no era normal. quizás sentado en la terraza de un café. Me lancé por las calles en una búsqueda odorífera. Podía sentirla. formando un pequeño laberinto donde tanto im{genes como olores se perdían< Y Marcel no se movía.Al despertar. su olor< Prácticamente me abalancé sobre el cadáver. siguiendo la hebra que había asimilado con facilidad la noche anterior. no fue lo bastante rápida y se secó por completo. ni aún en el momento en que su adrenalina se disparó y el olor cambió por completo. Yacía en el piso. después de la larga sesión con Marcel. Pero estaba demasiado quieto. no podía serlo. bastante cerca a decir verdad. De alguna manera.

Porque aunque el olor había escapado en instantes. sino que no permitirían su vida. en vano. se volvió incluso más sutil. desapareciendo para siempre. Volví a golpear los restos de pared una y otra vez. Mi mirada se detuvo por última vez en Marcel. diciéndome que me encontraba en un callejón destrozado con un cadáver reciente a mi lado. completamente inmóvil para evitar algún otro destrozo. ¿tendría la muerte de Marcel algún significado que yo ignoraba? ¿Tenía motivo alguno? Siendo completamente egocéntrico. Primero. y se mezcló con el olor de la muerte de Marcel. Su cara de niño estaba desfigurada por completo: la mandíbula abierta de par en par. con Marcel muerto. O un conflicto personal. Segundo. y la herida que casi dejaba ver el pavimento del otro lado. hasta que se alzó una nube de polvo que antes habían sido piedras. provocando un estruendo atronador. Dos minutos. los ojos velados por una capa blanquecina. No estaba ni cerca de calmar mi furia. Diez minutos. No sólo nunca se parecerían a él. recuperar el olor del asesino. mostrando los dientes afilados que no le correspondían. me apresté a dejar el lugar lo más rápido posible. quizás solo cinco minutos antes. Sentí deseos de romper otra pared al intentar. con aquel grito incluso un sordo podría haber dado conmigo. todo mi plan se había ido al demonio. Luego de media hora con las garras enterradas en los brazos. Me volví hacia Marcel. y podría haberlo evitado. Podía ser por las guerras. Con un gruñido contenido. Tercero. y esto no era más que especulación. logré analizar lo que había pasado. Seguramente no tenía nada que ver conmigo. Lo preocupante era el asesino. Incluso una purga. incluso podía pensar que lo había hecho alguien que estuviese al tanto de la información que me había dado. Marcel había sido asesinado por un licántropo. alguien que quisiera arruinar mi plan< Pero aquella teoría no tenía más asidero que mi paranoia. Aquella carnicería la había hecho otro licántropo.Pero antes de poder aislarla. Bastante bueno. Para colmo. En eso se había convertido el único hombre lobo digno de recorrer el mundo junto a los humanos. lo que significaba que era bueno. 58 . había un licántropo en París cuya presencia no había notado. Si por mi mente había pasado la ingenua idea de aceptar que podían existir licántropos como él. El mismo sirvió para despertarme. había captado a la perfección que no se trataba de un olor humano. ¡¿Así que esto hacían las bestias cuando uno de ellos intentaba dejar de ser un monstruo?! Mi aullido debió escucharse hasta el arco del triunfo. incluso un minuto antes y podría haberlo encontrado. Le propiné un puñetazo al muro del callejón y cayó por completo al piso. Por tanto. aquello la desgarró de golpe.

Y yo seguía con las manos vacías. Apreté los dientes ante la idea de una noche perdida y caminé un par de 59 . en los que al menos tres borrachos intentaron entablar una conversación con mis puños. aunque fuese por casualidad.Posiblemente. pero nada en aquella pestilencia presentaba utilidad alguna. Una vez en el barrio indicado. donde prácticamente tenía que perderme para llegar. Conforme el sol avanzaba. ¿cómo no iban a tener. No pude creer lo descuidado que había sido. tendría que secuestrar otro licántropo y esperar que supiese algo que pudiese llegar a ser de utilidad. Quizás había un lugarcillo tras el Arco de la Defensa. donde ya había hecho varias incursiones fallidas. como que había cumplido los diecisiete en París y que. las ventanas rotas o cubiertas por una densa capa de suciedad. el verano casi había terminado. me centré en el arma. nada que me guiara a mi objetivo. ¿En qué momento me había olvidado del tema del arma? Se sumaba aquello al problema principal: la pérdida de información. Mi única esperanza estaba en los suburbios. Cuando por fin di con él. Me bastaba con observar las fachadas rotas y la concurrencia para saber que ahí no encontraría lo que buscaba. No aguantaría otros seis meses. siempre a través de los cristales ahumados. Mis probabilidades eran alarmantemente vagas. Prosiguiendo mis inspecciones con un afán casi enfermizo. algo que sirviese de arma? Con esa resolución salí a recorrer París por completo. El arma. era la primera vez que me encontraba con un rival realmente complicado. A veces me daba por pensar en cosas como esa. Luego de unos cuarenta o cincuenta minutos. Aquella perspectiva no me agradaba. una recorrida minuciosa y atenta orientada a notar lugares que antes hubiese pasado por alto. detalles sin importancia. Entre caminatas interminables llegó el verano. No había otro remedio. Por todas partes había antros oscuros repletos de olores de dudosa procedencia. recordándome que llevaba ya medio año en París. Ahora que mi conocimiento de París era bastante amplio. o cerca de los bosques de Boloña. de seguir en la situación en que estaba. Cada vez que pensaba que hacía un par de horas todo aquello estaba solucionado< Para no perder los estribos otra vez. sabía perfectamente que no tenía manera de conseguir un par de látigos de plata en los barrios que frecuentaba. Decidí echar otra mirada a la ciudad. me vi obligado a aceptar que no tenía nada que hacer allí y que el viaje había sido en vano. pues significaba admitir que no encontraría nada de utilidad en otros seis meses. algún local de luces bajas donde el alcohol era lo único legal que se vendía. sentía como perdía la paciencia. o a cuadras de la estación Saint Lazare. me dediqué a espiar. cumpliría allí también los dieciocho. me dirigí una noche a uno de los lugares que me eran menos conocidos.

Abrí la puerta segundos después. Pronto apareció ante mi vista en una calle larga. Si realmente estaba escapando por haber notado mi olor. esta vez a su nuca. Entonces mi puño impactó en su cara. Más que moverse. salió corriendo. aquel no era el asesino que buscaba. para poder derrumbar un muro o al menos aporrear un poste de luz hasta reducirlo a pedazos de metal. ¿Cómo era posible? Tenía el viento de mi lado. Pero sería igual de útil. Un golpe más. Me abrí paso con la brutalidad que me caracteriza. Tuve que detenerme en seco para comprobar que no lo había imaginado. abrió la vieja puerta de golpe y se metió a uno de los tantos antros que había visto al llegar. se movió. y me recibió una humareda que turbó mis sentidos. como desafiándome a acercarme. Hizo un gesto con los ojos. La posibilidad de que el monstruo al que perseguía en esos momentos fuera el asesino se me antojaba realmente tentadora< Aunque su olor era demasiado fuerte. una masa de pelo claro contra las vestimentas oscuras. de cara a mí y mirándome con un descaro incomparable. Supongo que creyó que el hecho de que el lugar estuviese atiborrado de testigos me detendría. Cerré los ojos con fuerza y al abrirlos di con mi presa: estaba sentado en la barra. Estaba tan concentrado en encontrar un muro apropiado para desquitarme. Alcé una 60 . A unas quince o veinte cuadras en contra del viento. No alcanzaba a distinguir en su olor más que la hebra característica de los licántropos. Volvió la vista a mí y soltó una risa insolente. Demoré sólo un instante más para determinar su posición exacta. abarcando el bar y a la gente que en ese momento nos miraba. siempre atento a los movimientos de mi presa. Demasiado bueno. se movía un hombre lobo. de farolas rotas. la ansiedad me desconcentraba. y cayó desmayado. Me disponía a saltar sobre él cuando de improviso se aferró a una manilla.cuadras hacia la periferia. ¿Podía haber sido él? Atravesé los callejones a toda velocidad. y miré al licántropo a la cara por un par de segundos. mis músculos se tensaron para el salto y entonces. era bueno. La distancia entre nosotros se acortaba de manera cada vez más perceptible. que avanzaba con tanta o más agilidad que la mía. que el olor llegó sin previo aviso. No. e incluso antes de que los borrachos comenzaran a maldecidme por haberlos empujado llegué a la barra. “Sylvain! Mon dieu! Sylvain!” Caí en cuenta de la situación en que me encontraba con los gritos histéricos de la mujer morena y el sonido de los nudillos de unos diez o veinte hombres que se me acercaban con la intención de molerme a patadas.

desencajándola por completo de las caderas. supongo que sabr{s también que ahora te conviene mantenerte callado hasta que sea momento de responder a mis preguntas.” “Ah. 61 . no despegó los labios. en vez de abrirle el vientre y comprobar su última comida previo llenarle de plata las tripas. Era hora de comenzar. El imbécil seguramente no valía tantos problemas. Di un rodeo hasta el patio posterior. claro. como había hecho con Athanase. ¿hablar{s?” No hubo respuesta.” “Me lo imaginé. sólo para ver qué tan rápido moría. Saqué mi chaqueta del armario y volqué los trozos que me quedaban de la cadenilla de plata sobre la cama. y ningún sonido escapó de su mandíbula.ceja en dirección al cuerpo inerte de Sylvain. Tenía la impresión que esa noche debería usarlos todos. al tiempo que me reprochaba por descuidado y me felicitaba por previsor. y luego recorrió la habitación con la mirada. “Sólo por deferencia hacia ti te pregunto.” Le hablé en inglés y me respondió en la misma lengua. Aunque todo su rostro se tensó y sus ojos enrojecieron. “Si fuiste lo suficientemente listo para saberlo. desde donde podía llegar de un salto a la ventana trasera de mi habitación. así que debí correr todo el camino de vuelta a la pensión.” El viejo truco del revólver en la frente. Mantuvo la vista fija en la pared durante unos instantes. ¿y yo voy a hablar porque<?” “Por esto. aún sobre la butaca de la barra. aterrizando junto al armario y a dos pasos de la silla de interrogaciones. Su expresión fue impagable. Quizás si hablaba de buena gana sólo le trozaría los dedos. No podía tomar el metro con un cuerpo al hombro. Lo lancé sobre mi hombro y salté sobre las cabezas de los hombres. Comprobé con un guijarro que no la había cerrado y. A pasos de la entrada principal. pensando que algo de presión sicológica no le vendría mal. El silencio fue inmediato. para después hacer saltar los goznes de la puerta de una sola patada (tenía que desquitarme con algo) y luego perderme en la noche. Tomé una de sus piernas y la tiré brutalmente hacia mí. Arrojé a Sylvain contra ella y le encadené ambas manos contra la espalda. Cuando se volvió hacia mí. “Sí. salté con Sylvain al hombro. Dejé también a la vista el cuchillo y el revólver. su anterior sonrisa se había vuelto una mueca de torcido disgusto que curvó las comisuras de mi boca. recordé el error que había cometido al traer a Marcel. Despertó cuando aún sopesaba la posibilidad de abrir su pecho y poner la esquirla más pequeña en su arteria aorta. est{s atrapado.

Ante su mirada de espanto di una vuelta con la cadena a la carne bajo la rodilla. me parecía una gran idea< “¡Basta! ¡Te digo que basta! ¡Hablaré! ¡Hablaré!” Obligar a mis manos a detenerse y recobrar mi posición delante de Sylvain. pues. Sylvain ahogó un alarido. Sylvain me miraba con los labios ensangrentados y los ojos húmedos de rabia. Bajo la cortina de sangre. pues la cadena comenzaba a quedar en ciertas partes semi oculta bajo la piel. podría repetir aquella operación con cada uno de sus huesos. Logré escuchar cómo se agrietaba.” su mirada recobró algo de esa ferocidad que tenía antes de finalizar la persecución. sin inmutarme. Luego di el tirón necesario. lentamente. sino un bramido lupino. avanzando inexorablemente al hueso. notando cómo su cuerpo intentaba cerrar la herida y lo empeoraba todo.” “No. Me volví hacia él por el gusto de reír en su cara. Logré retenerme diciéndome que necesitaba lo que aquel imbécil pudiese decirme. El dolor debió haber sido insoportable. deteniendo el avance un instante. “Habla. Pero el hecho de que los pedazos afilados quedasen atrapados dentro de la pierna de mi víctima me tenía sin cuidado. a metros de él. de manera que sanara en aquella posición y quedase completamente inutilizada. Yo seguí tirando. pero se notaba que lo que más sufría en esos momentos era su orgullo destrozado. Aunque Sylvain dio un grito atronador. era lo suficientemente larga para lo que haría. provocando un gemido sofocado. tomé ambos extremos y. supuso un esfuerzo ante el cual mi voluntad casi se entrega. destruyendo internamente los músculos y tendones. aun manteniendo las manos de Sylvain amarradas. Una orden.Mantuve su pierna en la dirección más antinatural posible. Arranqué la cadena de su pierna lo más brutalmente posible. la cadena se iba incrustando en su pierna. mas la cadena amenazaba con romperse antes de ejercer un daño mayor al que ya había efectuado. expuesto así.” Me senté sobre la cama. Aproveché el movimiento para tomar un extremo de la cadena de acero con que había amarrado sus brazos y comprobar que. abriendo los ojos en todo su diámetro. “¿Eres otro de esos inútiles novatos rebeldes?” “Tengo un Mayor. el hueso no llegó a romperse.” 62 .” “Entonces supongo que no me revelar{s su nombre. comencé a tirar. Hice amago de tomar su otra pierna y la apartó de inmediato. mordiéndose la lengua hasta que su boca quedó carmesí. Alcé mi vista desde la carne inmolada hasta los ojos oscuros. m{s aún. Que una vez le hubiese extraído todo. dejando la cadena nuevamente en el piso.” “Puedo volver a incrustar la cadena en tu piel. “Y soy leal a él. que sólo significaría un leve aumento en la presión que debería ejercer para escucharlo romperse< “¡BASTA!” No fue un grito.

” “Habla. Dime a qué otros lic{ntropos conoces. “Dame otros nombres. pero al menos un imbécil leal. “Pues lo que un Mayor suele decirte. en uno notablemente más denso que el provocado por el revólver. Quizás en algún momento haya alguna falla en mi cuerpo y me desangre por completo o muera de la manera que sea. un perpetuo vigilante< ¿No debería estar al tanto de todo lo que 63 . Aquello merecía alguna especie de compensación si llegaba un poco más lejos.” me estiré para alcanzar uno de los eslabones que yacían sobre la colcha de la cama. Cuando su mandíbula se hubo recuperado perfectamente. haciendo hincapié en la similitud que él veía entre nosotros. No había chillado como Athanase ni se había mostrado tan alejado de la realidad como Marcel. Mantendría su lealtad y su orgullo ante todo. Su respiración se aceleró. “Vamos a cambiar el sistema.” Cayó nuevamente en silencio. recuperada toda la confianza. o no podré responderte como quieres. “Si me das su nombre. Sólo faltaba que supiese tan poco de la sociedad licántropa como yo. y te quedes sin saber lo que sea que est{s buscando.” sonrió nuevamente.” Calló con mi mano enterrada en su quijada. Yo pregunto y tú no respondes.” “Nunca he tenido contacto con otro que no fuese mi Mayor. Quiz{s un poco m{s. Si efectivamente se trataba de un organismo poderoso.” Lo marcó curvando los labios.” Mi impresión de él mejoró bastante con aquel intercambio de frases.” Tuvo la desfachatez de permanecer en silencio hasta que volví a levantarme y me acerqué peligrosamente a la cadena.” Era un imbécil. Quizás así me desmaye. el llamado Consejo. Era lo único en él digno de elogio.“De todas maneras no lo diré.” Demasiadas interrogantes se agolparon en mi mente. No pude creer mi mala suerte.” Aparentaba diecinueve. “¿Qué sabes del resto de los tuyos?” “De los nuestros. Yo pregunto. “Pregunta. Cáusame todo el dolor que quieras. Recordé a ese ente desconocido. me dio la cara.” Otro más.” “¿Hace cu{nto tiempo?” “Dos años. “¿Qué quieres que diga? Sé un poco m{s específico. Me he mantenido entre los humanos desde que fui convertido. “te hago tragar uno de estos. Es más: adelante. tú respondes.” “Entonces me quedaré aquí por siempre. Adelante. pero su mirada se tornó fría. “¿Cu{ntos m{s hay en tu manada?” “Nunca lo supe. te dejaré ir. “hazlo.

“O contestas o tragas. Normativas y vigilancia eran sus funciones principales. así no te creas que ando de ilegal por la vida. mis dedos se cerraron en su garganta. te ahorro la pregunta: sí. si viniste a ver el grado de educación que recibí por parte de mi Mayor. “Hombre. la conforman los Supervivientes. como si la pregunta lo divirtiese en sobremanera. y los Carent son el restante diez por ciento. Y no era para menos. pero mantuve el eslabón de plata en la mano hasta que sentí las heridas que se abrían en las yemas de los dedos. “Veamos<” entornó un poco los ojos oscuros.ocurría entre sus filas? ¿No sería la mejor. Quizás debía intentar conseguir un informante entre las filas del mismo Consejo. Eso era todo lo que Marcel me había dicho de ellos. En una especie de regresión sumamente desagradable. y quizás la única fuente de información que me ayudaría a dar con Alexander? “Da incluso más problemas que su padre. est{ bien!” le solté el cuello. pues qué quieres que te diga<” hice amago de levantarme otra vez y las palabras volvieron a salir atropelladamente de su boca. como avergonzado de la situación en que se encontraba.” Sylvain alzó las cejas. como en un esfuerzo por recordar algo que no le interesaba. “¿Acaso olvidaste nuestro nuevo sistema?” le mostré el trozo de metal que sostenía en la otra mano. claro. dónde se encontraba y. Nunca me han dado buena espina. La mitad. recuerdo que tanto los Jefes de tribu como los Independientes van a partes iguales. bien podrías ahorrarte la<” antes de explicitar qué pretendía que me ahorrase. mantener bajos los números. volvió a inundarme la sensación de que no entendía absolutamente nada. “¿Es acaso una prueba de conocimientos b{sicos? Mira. quién lo manejaba.” “¡Est{ bien. “¿Qué es el Consejo?” “La ley.” Aquello había dicho Baltassare. en definitiva. Pero para ello. De la otra mitad. y lo acerqué hasta milímetros de su boca. un quinto cada uno. No había duda: el Consejo sabía de Alexander. necesitaba saber con precisión qué era.” Mi rudimentario esquema Mayor – Manada más organismo controlador pasó a mejor vida en ese mismo instante. Sylvain exhaló en silencio. “H{blame de los Supervivientes. Lo que requería ahora era información práctica. aunque supuestamente aquel poder es del Consejo como entidad y no de cada uno de ellos. cómo funcionaba. “Son los jefes máximos.” ¿Aprobada? ¿El Consejo aprobaba incluso las conversiones? Números. mi conversión fue aprobada por ellos. “Y por si vas a preguntarlo. Había supuesto bien. “Cuatro de los seis niveles est{n presentes en el Consejo. Por suerte 64 .” Lic{ntropos de m{s de ciento cincuenta años.

“¿Y los otros dos niveles? ¿Los que no est{n en el Consejo?” “Mayores sin manada y Novatos. Nunca me dijo cuál era su rango. Mis otras víctimas no habían pasado de simples Novatos. Baltassare había sido un Independiente. He oído que bordean los cuarenta. Seguramente el más bajo de ellos era conformado por Novatos. como si imitase una voz de profesor. Bueno.” Los jefes de tribu habían tenido el buen gusto de elegir un nombre obvio para su rango. Los Independientes. pero era obvio que se trataba de un Independiente. no se ha integrado a su manada. sólo me hacían pensar en los Novatos rebeldes. 65 . había dicho Sylvain. Así que en caso de necesidad se deshacían de los Novatos rebeldes. Los que se eliminan cuando los números est{n ligeramente excedidos. por lo que las preguntas eran innecesarias. la experiencia en Roma me había dejado con la impresión de que era necesario matar a un Mayor para tomar su lugar. sin embargo. pero yo los había considerado sinónimos. Me faltaba uno.” La respuesta me llegó de un modo extraño por dos motivos: primero. Una especie de premio a la longevidad. Cuatro de seis niveles. por orgullo. que no contaban con la protección de un Mayor. y algo me decía que aquella idea era errónea. “Los Independientes. ¿Habría sido obra del Consejo? ¿Había sido eliminado sólo por ser un Novato rebelde? “¿Quiénes se consideran Exiliados?” “Cualquier Mayor que se ha dejado vencer por alguno de sus discípulos y que.” “¿Cuarenta miembros en el Consejo?” Ochenta en total. Ahora entendía el miedo que había demostrado Athanase antes de comenzar el interrogatorio.” Cruzó por mi mente la posibilidad de que Sylvain me estuviese tomando el pelo. “Cuarenta en el mundo. Y de súbito. si no hay Exiliados de los que deshacerse.” Su voz tenía un sonsonete intencionado. y los Novatos rebeldes son la escoria de la pirámide. Todo Superviviente pasa a formar parte del Consejo por derecho.no duran demasiado. mi cerebro asimiló lo que Sylvain había dicho. ningún altercado con una tribu enemiga. en ese orden. Antes de formular la evidente pregunta sobre los Exiliados. Gino había usado la palabra vencer y no matar. creyendo seguramente que yo estaba ahí por culpa de su condición de sublevado. el asesinato de Marcel se me presentó bajo un nuevo enfoque. Recordándolo bien.” Terminó el comentario con una sonrisa sardónica. “¿Qué me dices de ellos?” “Los Mayores con manada que no se sienten identificados por los principios de ninguna tribu. “Así me lo explicó mi Mayor. y ahora sus números están increíblemente bajos. Nunca me vi envuelto en ninguna guerra.” Según aquel parámetro.

En aquellos momentos. sencillamente no pensaba.” Eliminados. supongo que nadie sabe realmente qué pasa por la cabeza de Skartzia<” “¡¿QUÉ?!” El bramido escapó de mi garganta incluso antes de que terminara de pronunciar aquel apellido. Cada músculo de mi cuerpo temblaba cuando volví a rugir. claro. ¿Podrías creer que quien le está causando mayores problemas tanto al Consejo como a los Carent en este minuto. llegué incluso a considerar encajarle un balazo en la cabeza para poder pensar tranquilo. en el sentido estricto de la palabra. y tiritaba incontrolablemente. y se encargan. de eliminar a los Novatos que han convertido a otros sin permiso del Consejo. Son eliminados al instante. Esta vez su sonrisa era macabra. “Ah.Y segundo< “¿Acaso no son Exiliados aquellos que no cumplen las reglas?” “¿Est{s de broma?” alzó nuevamente las cejas. dado que aún no han logrado encontrarlo. “¿¡QUÉ SABES DE SKARTZIA?! ¡DIME QUÉ SABES!” Las garras surgieron con una violencia monstruosa. Son verdaderos monstruos.” Sylvain prosiguió con su monólogo. “son quienes han decidido no crear manada ni unirse a tribu alguna pese a que ya tienen edad más que suficiente para ello. Interpretó mal mi inclinación refleja en su dirección y se apresuró a seguir hablando. Eliminados. “¡YO SÉ DONDE EST[ TU PADRE! ¡NO ME MATES! ¡PUEDO DECIRTE! ¡YO SÉ! ¡YO SÉ!” Lo dijo tan rápido que no pude tener otra reacción. generalmente unos cien años. no es otro que un ex-Carent? No sé qué habrá hecho que un Carent tan importante y bien visto como él haya cometido tal traición.” 66 . “Habla. no era motivo para asegurar que no había pasado< ¿Y si el alcance del Consejo era tal que ya lo habían asesinado? ¿Y si alguien más había acabado con Skartzia? “Claro que siempre est{n los listillos que logran burlar un tiempo a los Carent del Consejo. Pero bueno. “Los desleales no existen. se les pide que actúen como jueces en el Consejo. sin notar el efecto de sus palabras. “Los Carent. Los menos escrupulosos se vuelven mercenarios. “E-eres el hijo de Skartzia< el Ojos de plata< Evan Skartzia<” Mi mano encontró en cuestión de instantes el gatillo del revólver. Aunque Baltassare había hablado de él. Los vidrios de los ventanales temblaron. Sylvain estaba p{lido. No quiero pensar qué hubiese pasado de haber cedido a aquel impulso. no he hablado sobre los Carent. por ejemplo. Máquinas de batalla con un cerebro superdotado.” Estuve a punto de gritarle que se callara. Trabajan al servicio del Consejo como espías o asesinos. “¡HABLA!” “T-tú<” Sylvain tenía los ojos fuera de órbitas. y se haya vuelto el Exiliado más buscado de las últimas décadas. Le apoyé el cañón en la garganta. Como son neutrales.” prosiguió Sylvain.

me esperaba un recorrido de media hora corriendo a todo dar. Estarían allí en medio segundo. sólo podía pensar en maldecir a las autoridades de transporte de Francia o a quien fuera que había decidido que los trenes a Inglaterra salían desde la Gare du Nord y no la Gare de Lyon. “¡Est{ en Londres! ¡Alexander está en Londres!” El disparo le atravesó el cuello de lado a lado. El primer tren salía a las seis y cuarenta y cinco. no pensaba. El reloj de la estación daba las seis y cuarenta y dos. No se me ocurrió salir al pasillo como el resto diciendo que el tiro venía de la habitación de al lado. Tomé lo poco y nada que había traído conmigo desde Berwick. una mochila andrajosa con algo de ropa y el volumen negro que no había abierto en medio año. El empleado palideció un poco y luego habló con voz muy insegura. y me puse la chaqueta a la carrera mientras escondía en ella el cuchillo y la pistola. ahora!” concentrado en no gritar. Para llegar a la estación norte. ¿Desea alguna ubicación en<?” 67 . en esos momentos. le hablé en inglés. no me sorprendió ver aparecer en el horizonte el cartel de la estación sólo quince minutos después de iniciada la carrera. Corrí un par de cuadras a velocidad vertiginosa con el cuerpo al hombro. hasta que el Sena apareció ante mi vista. Aquello me trajo de vuelta al mundo práctico: estaba a punto de dejar un cadáver claramente inhumano (la fuerza corrosiva de la plata ya estaba causando estragos en Sylvain) en una pieza de pensión en uno de los barrios más concurridos de París. sin siquiera asegurarme de no haber atraído miradas indiscretas desde los otros ventanales. qu’est-ce que je peux… ?” “¡Un boleto para Londres. todo esto luego de haber disparado un tiro que era como una bengala para la policía. cubrí la herida con todo lo que me quedaba de aquella leal cadenilla de plata. el siguiente tren a Londres sale en media hora. Insisto en el hecho de que. Tomando en cuenta la información que acababa de recibir. y en un acceso de rabia. más práctica y menos estúpida. en cambio. olvidando que seguía en Francia. “Claro. y cayó a las aguas con un sonido sordo. monsieur. monsieur. y la nueva presión hizo que abriera su boca con espanto. Amanecía. escuché voces en las habitaciones contiguas. Mientras corría.“Est{<” calló un momento para recobrar el aliento. Sólo cuando estaba a punto de saltar por la ventana y salir corriendo a la estación de trenes más cercana. para luego sacar discretamente el cadáver y hacer una huída bastante menos aparatosa. que me quedaba a pocas cuadras. Lo lancé con tanta fuerza que se estampó contra el muro opuesto. Así el cuerpo inerte y parcialmente consumido de Sylvain y salté por la ventana trasera. “Bonjour.

despavoridos. y los ojos pequeños se abrieron. los pasajeros deben subir al tren con al menos cinco minutos de antelación. “Tengo que subirme a un tren que parte en dos minutos.“¿Media hora? ¡No! ¡Necesito subir al tren que sale ahora!” Eché un vistazo al reloj.” 68 . Varias gotas de sudor le cubrieron la frente. Seis cuarenta y tres. hasta quedar a centímetros del empleado.” “Mais… monsieur…” “¿No me entendiste?” el filo del cuchillo apareció con discreción bajo su cuello. si tuviera la amabilidad de<” “Mira. así que tú me vas a vender un boleto ahora.” Me incliné sobre la ventanilla. Ahora. “Vas a hacer como te dije. “Mais. monsieur.

Incluso olvidé por un par de segundos el disgusto que me provocaba aquel acento exagerado capitalino. Esto también había condicionado tanto los interrogatorios como mis acciones posteriores. Me arriesgaba a quedarme atascado escuchando la patética historia de su vida por un rato. una cocina pequeña y un living espacioso y despejado. Era un departamento simple. Lo que había convertido mi salida de Francia en una huída prófuga había sido no tomar en cuenta que me hallaba en un lugar repleto de gente. y se dedicó a bombardearme con preguntas igualmente ridículas sobre lo que el llamaba “la capital del arte”. algún método de pago que me conviniese.Londres [Frederick] Fue un alivio incomparable volver a escuchar inglés en las calles. un dormitorio destartalado. Entonces el tipo me rogó que no partiera todavía. agregando que podía hacerme una pequeña rebaja. hasta que mi silencio terminó por intimidarlo y volvió al negocio. Luego de un exhaustivo examen. El dueño era un hombre joven con aspecto de artista. que me hizo girarme hacia la puerta con un ademán de furia por el tiempo perdido. No me di tiempo de vagar por las calles hasta que hube solucionado un problema fundamental: el alojamiento. que tenía que deshacerse de aquel lugar. me instalé en una plaza cercana para comenzar la búsqueda de lo que tendría que llamar mi casa por un plazo de tiempo indefinido. Terminé comprando el departamento a un precio irrisorio. las calles. que se emocionó de manera estúpida cuando le gruñí que acababa de estar en París. que siempre me había parecido grandilocuente e irritante. Me habló de todas de las bondades del lugar en un penoso intento de ser convincente. o un tronar de huesos rotos. adquirido en la estación. lo que fuera. curiosamente amplio y bastante desgastado. Con el Times en mano. 69 . evitar los hostales o pensiones a toda costa. Seguramente el francés parisino había bajado mis defensas. que lo que quería era irse. un barrio de estudiantes y extranjeros donde no llamaría la atención de nadie. absolutamente todo. la gente. por lo que mis opciones seguramente se reducían a departamentos de arriendo derruidos en los suburbios de la ciudad. hasta que lo irónico de la situación me sacó de quicio. irse ya. ¿Había venido a Londres a regatear con un pintor frustrado o a exterminar lic{ntropos? Le ladré que diera su precio o bien se metiera las “finas terminaciones” del departamento por donde le cupieran. di con un departamento en Camden. con dos piezas completamente vacías. irse ahora. Tendría que buscar un lugar asequible que me otorgase suficiente privacidad. Calló de improviso y murmuró un precio asquerosamente alto. aunque mi impulsividad había prevalecido. La experiencia en París me había dejado además una obvia enseñanza. tentando la suerte más de una vez con un golpe demasiado fuerte. pero parecía tan desesperado que podía serme útil.

Por el momento carecían de sentido para mí. Me levanté de un salto. Avancé un par de callejuelas escapando de la peste. Tener preocupaciones normales me hizo sentir endemoniadamente extraño. A primera vista. Lo primero que debía hacer era acostumbrarme a la ciudad.Cuando al fin pude cerrar la puerta en la cara del aspirante a artista. Ya que no podía respirar hondo sin que me dieran arcadas (no había reparado en la pestilencia del diluyente y pintura que inundaba el departamento). Siempre había atribuido a la capital una frialdad agradable. y que a partir de ahora tendría preocupaciones inocuas como pagos de cuentas y todo el tipo de cosas que me hacían pensar si acaso no habría sido mejor quedarme durmiendo en la calle. Las Crónicas licántropas. y luego me detuve unos minutos frente al par de habitaciones vacías. sino en mi fuerte: olores. Desde mi llegada a Londres. y se fundían unos con otros. que de seguro habían servido de talleres para su anterior dueño. El dormitorio no contenía más que un catre y una cómoda. encontrar a Alexander. no guardaba ninguna semejanza con las ciudades que había visitado. por lo que podía pasar a preocuparme de otras cosas. Mi madre había sido bastante generosa. hasta llegar a la calle principal en torno a la que parecía formarse el vecindario. haciendo imposible determinar su fuente. el revólver y el sobre que contenía todo mi capital. como el hecho de que el dinero no duraría para siempre. Tenía que acostumbrarme a ellas de alguna manera. que pronto pasó a ocupar el contenido de mi mochila. exhibían imágenes de 70 . y la mejor era hundirme en su esencia. el bulto en que se había convertido mi ropa. ya que aún después de mi reciente adquisición parecía tener suficiente para no morir de hambre por un par de meses. Camden. no sólo en términos de espacio y orientación. Ya tenía un lugar donde quedarme. en cambio. expulsando el pensamiento de mi cabeza. y me daba la chocante impresión de estar en cualquier lugar del mundo menos Londres. mi nariz se había sentido extremadamente desorientada. una lejanía algo anacrónica. Tal y como me había sucedido al llegar a Roma o París. Me propuse seguir el mismo plan de acción que tenía inicialmente en París: conseguir un mapa detallado. contra los libros y ropa de marca del Quartier Latin. era un bullir de jóvenes que gritaban y reían recorriendo el mercado y las vitrinas que. Había otros temas prácticos que quizás tendría que tratar más tarde. todos los olores parecían nuevos. me dejé caer en uno de los sillones de tapiz barato (Lo había comprado con muebles y todo) y abrí el sobre que había estado llevando encima desde el comienzo de mi viaje. el cuchillo. si seguía la dieta espartana que había adoptado en París. peinar el terreno. como la que había encontrado en París. tuve que salir del departamento. Me levanté para inspeccionar la cocina y comprobar que funcionaba bien.

Aparentemente. Comencé a sospechar de la presencia de mis víctimas. llegué a mi departamento física y sicológicamente cansado. hasta que todo se desenvolvió ante mí y pude notar. encontraría algo. a lo lejos.tatuajes. En la distancia continuaba la misma hebra deleznable e incierta. Fue grato comprobar que mi presencia pasaría fácilmente desapercibida. La experiencia decía que si incluía tiendas. y vestimentas negras. No hice más que caminar sin rumbo fijo. atribuyendo el supuesto olor a mi paranoia y haciendo que estallara en mi cabeza una chispa de irritación. El olor era tan tenue que pareció difuminarse cuando di con él. Para el final del día. La pestilencia del diluyente se había despejado ligeramente. Mis primeras inspecciones fueron patéticas. quizás decenas de ellos. Al día siguiente conseguí el mapa y comencé mi inspección de Londres. No logré preocuparme por revisar los nombres de las calles y olvidé incluso comprar el mapa que necesitaría para una buena inspección de la ciudad. Las ansias de victoria me animaron a atravesar todo Camden en dirección al centro. más cerca estaría de dar con Alexander. lo suficiente para percibir olores más allá de la ventana sin tener náuseas. Piccadilly o quizás incluso en Soho. bares de moda y ese tipo de antros. pero tenía la certeza de haberlo sentido. que amenazaba con hacerme perder la cabeza. agujereadas o con cadenas. en la lejanía había trazas que podían pertenecer a un licántropo. Luego de haber visto a Marcel y Athanase caminando como si nada por los barrios comerciales de la capital francesa. arreglando el nudo de su corbata y dando una conferencia sobre capacidades financieras de tal o cual distrito. fundiéndose con el fondo. Canary Wharf o Covent Garden no podía evitar imaginar un lobo vestido de ejecutivo. no me extrañaba tanto la idea de encontrar un hombre lobo en Trafalgar Square. esperando en cualquier momento retomar la hebra perdida y correr a su origen. asociando unas a recuerdos y otras a impresiones. Si mi imaginación exaltada no mentía. Caminé por las veredas como había hecho en Roma. deleitándome en lo fácil que se había vuelto separar cada fragancia en sus mínimas hebras. mi chaqueta serviría de camuflaje en la atmósfera vibrante en que me encontraba. y mis recorridos se redujeron a caminatas instintivas dejando de lado el mapa. aunque había barrios en los que era absolutamente imposible que encontrase a un licántropo. medio muerto de hambre y sin haber conseguido más que un dolor de cabeza y la molestia punzante de haber perdido mi primera tarde en Londres. Había hombres lobo en Londres. donde el olor se mantuvo en la distancia. y guiándome sólo por la impresión que me producían 71 . a ojos cerrados. lo que estaba buscando. La ansiedad me impedía indagar organizadamente. Otros lugares parecían más propensos a albergar licántropos. perforaciones. Tenía pensado verlo todo. Siempre que mi vista pasaba por barrios como la City. y con cada uno de ellos que atrapara.

De tanto en tanto. un par de semanas luego de mi arribo a Londres. Si estuviera siguiendo a alguien. Reconocí los ojos celestes y la sonrisa descarada. o una hebra animal acompañada por la esencia de un rostro humano. Se dispararon quinientas posibilidades en mi mente antes de que mi cuerpo reaccionara. doblaba recodos sin salida. No puede ser nada peligroso. El imbécil que me había sonreído en París. maldiciendo el momento en que había decidido entrar porque podía tratarse de algo útil e importante. y las calles mal iluminadas parecían vacías. me había reconocido. En vez de eso. lo que significaba que la había oído en Roma o París. Intentaba recordar el nombre del barrio en el que estaba. El local estaba repleto de pequeñas mesas orientadas hacia una tarima que hacía las veces de escenario. con una chaqueta corta y un sombrero de copa cubierto de tela. pelo crespo y anaranjado. lo olía de nuevo y volvía a correr. lo menos que haría sería ponerme a cantar en un bar. Era bastante tarde. me desesperaba. que había escuchado hacía tiempo. el rostro cubierto de pecas. Era él. Lo peor de todo era que. me dije. que cantaba. Aún así. a veces al punto de desanimarme por completo. Todas las miradas se dirigían hacia el sujeto que cantaba desde el sector iluminado. No tengo por qué entrar con la pistola delante. aparentemente. seguramente. una voz conocida. El sonido era una voz. cuando un sonido se superpuso al zumbido de risas y música de los locales cercanos. a medio paso de la puerta. me encontraba con un tipo al que vi por menos de dos minutos en el Barrio Latino. y comenzase a avanzar hacia el lugar de donde provenía la voz. que di por casualidad con algo que conocía. hasta que parecía como si me estuviese persiguiendo la cola. no pude evitar escuchar mi respiración acelerada cuando abrí la puerta de golpe.los distintos lugares. Y ahí estaba. Un tipo joven vestido de manera extravagante. Fue luego de una de aquellas infructuosas carreras. nunca más se cruzaría en mi camino. La resignación e irritación que seguía a esos arrebatos era tan desagradable que lograba calmar un poco mis ánimos. 72 . sintiendo cómo mi cuerpo se ponía en guardia. una voz de hombre joven. Entonces era peor: corría. A media cuadra había un bar con dos grandes puertas de madera de donde provenía la voz. Me quedé apoyado contra la pared. No recordaba cuánto. Me detuve. cuya voz me bastó para saber que era inglés y para odiarlo lo bastante como para agradecer que. Estaba caminando por uno de los barrios plagados de pequeños locales de comida y bares enclaustrados. daba con un olor que me parecía demasiado conocido. quizás seis meses o un año.

o a Sylvain. El modo no importaba. cuando estuvo a poco más de dos metros de distancia. Retomé mi posición con la espalda en la pared. el lugar rompió en aplausos mientras se despedía y bajaba del escenario en dirección a la barra. Pero mi mente me jugó una mala pasada. ¿Te conozco? Después de todo lo que había pasado por mi cabeza. que sabía< ¿Y si lo estaba subestimando? ¿Y si efectivamente me había estado siguiendo? ¿Podría ser un enviado del Consejo? ¿Utilizarían humanos para ello? ¿Por qué no? Quizás conocía a Athanase. como para deteriorar aún más mi estado de ánimo. Por la manera en que me había mirado en ambas ocasiones. Lo mejor que podía hacer era irme de ahí inmediatamente. No era mi estilo tratar con humanos. sonriéndoles a todas y bromeando con ellas. no había notado que él había advertido mi presencia y.En mi aturdimiento. Estaba exagerando cada idiotez que me ocurría. Me mantuve inmóvil mientras un barman le alcanzaba un vaso de whisky que vació con una rapidez que me recordó a Howard. por el hecho de que me había reconocido incluso después de casi un año. se detuvo. incapaz de aceptar que mi búsqueda no avanzaba en lo más mínimo. 73 . por esa sonrisa sinvergüenza que pr{cticamente gritaba que sabía. Respiré hondo. y crucé ambos brazos sobre mi pecho. Atravesó el bar en mi dirección y. Había pasado dos semanas actuando como un completo imbécil. Si realmente sabía algo. Me giré hacia la puerta en un notable intento de no ir hacia la tarima y partirle el cuello al pelirrojo. “Disculpa. pero ese era un caso especial. Mi paranoia fue tan evidente que parte de la rabia que sentía hacia el pelirrojo se volcó hacia mí. Su sola presencia me molestaba. guardando las diferencias de edad y grado de alcohol. Con un segundo vaso en mano. Quizás sabía quién era. a golpes o cuchillazos. Varios metros delante. o a Marcel. Creo que lo quedé mirando con la misma cara que hubiese puesto de haber declarado que él era Alexander Skartzia. un ligero golpe en la nuca camuflado como un tosco saludo. como tanto había querido hacer aquella noche en el barrio latino. Si podía molerlo a golpes antes del alba. Le sacaría todo lo que supiera. una copa de más. se abrió paso a través de una pequeña multitud de mujeres que se había agolpado a su alrededor. consideraría las cuentas saldadas. mientras me decía a mí mismo que iba a delatarse. Tal vez podía sacarlo antes de ahí sin mayores sospechas. Me miró largamente. Sabía algo. Cuando por fin terminó su canción. Avanzó un paso más en mi dirección y despegó los labios. como evaluándome. Quizás sabía a quién buscaba. había decidido dedicarme otra de esas sonrisas insolentes que tanto me sacaban de quicio. ¿Te conozco?” No reaccioné. lo averiguaría. y aquel había sido mi momento cúspide. resultaba que el tipo ni siquiera me recordaba. Quizás sabía lo que había hecho. el pelirrojo seguía cantando como si nada. Esperaría que el lugar se vaciara y lo interrogaría.

preguntándome por qué demonios me habían traído hasta allí. “Todos vuelven. quería acabar con él en ese mismo momento. ¡es increíble! ¡Mira que volver a encontrarte aquí! Nos encontramos en dos capitales distintas. y con un vaso en cada mano. hasta dar vuelta a la llave del departamento. Cuando la puerta se cerró detrás de mí y me encontré inmerso en la luz suave que bañaba la barra y las mesas. Miré mis pies con odio. y menos a aquel bar. Lo único que impedía mi retirada del lugar era que tanto la perspectiva de irme como la de darle una paliza al cantante pelirrojo me atraían con excesiva potencia. “Sabía que volverías. esperando que la notara aún a través de los cristales ahumados. no voy a entrar.” 74 . Una noche particularmente monótona. Respiré hondo. me dije.” Dijo poniéndome uno de los vasos entre los dedos antes de que me diese cuenta. Antes de quedarme dormido. Lo aparté con violencia y atravesé la puerta a grandes zancadas. Chirrié los dientes. pero no pasaría desapercibido. ¡Ya somos prácticamente camaradas! ¡Ven aquí. Tampoco tenía ánimo de esperar a que todo el mundo se hubiese retirado. No miré hacia atrás en ningún momento. me encontré caminando por las calles angostas que anunciaban el comienzo de la zona que tanto había esquivado los últimos días. No. Emití un bufido mientras daba media vuelta y desandaba el poco camino recorrido hasta la puerta del bar. intentando ignorar que no poseían voluntad propia. Estaba tan concentrado regocijándome en la idea de arrancar todos los dientes de esa sonrisa sardónica que no noté que había terminado de cantar hasta que estuvo delante de mí. aunque ahora los usaría por simple gusto. Regresaron a mi mente los planes que había trazado cuando había creído que tenía alguna información de utilidad. esta vez a volumen de grito. caí en cuenta de que el pelirrojo aún me estaba mirando. lo que me hizo reaccionar al fin. Era delgado y desgarbado: podría noquearlo de un solo golpe y sacarlo a rastras del bar. Nunca más volvería a acercarme a ese barrio. Iba a ladrarle que se hiciera a un lado cuando volvió a hablar. rearmé mentalmente todas mis rutas para evitar el lugar en unos quinientos metros a la redonda. tomemos algo para celebrar!” Intentó tomarme del brazo y obligarme a avanzar hacia una mesa. dediqué mi mirada de mayor odio al pelirrojo que ocupaba el escenario.Pero cuando iba a girar hacia la puerta. preguntándome qué hacía en ese lugar. Pasó una semana. Había dicho que no volvería. Volver había sido una verdadera idiotez. sonriendo como la vez pasada. “¡Ya recuerdo! ¡París! ¡En el Quartier Latin! ¡Fue ahí donde nos vimos! Vaya. esta vez con un mohín de concentración en la boca.

bebiendo esta vez con algo m{s de calma. supongo que sé reconocer a mis compatriotas. Incluso si aquello implicaba hablarle.” Lo interrumpí. Las comisuras de su boca se curvaron aún más ante mi enfado. “Ahora es cuando te presentas<Creí que no iba a tener que<” “Evan.Sentí que el vidrio se trizaba. le entregaron otro vaso. Aún así sonrió. para que siga recolectando datos?” Alcé una ceja hasta sobre el marco de los anteojos. vamos a hacer esto de buena manera. ¿sabes?” rió con desparpajo su propia ocurrencia.” La ironía no me habría sacado tanto de mis casillas de no haber provocado una punzada de vergüenza en mis entrañas. tres si se había tomado uno al bajar del escenario. “¿Y qué hacías en París? Es bastante obvio que eres inglés.“¿No quieres decirme tu nombre. que titubeó ligeramente cuando vio que seguía sosteniendo el vaso lleno. “¡Que estaba bromeando. De seguir así. todavía entre risas. mordaz. que permaneció vacía. “A tu salud” dijo. aunque nunca te he escuchado decir una palabra. noquearlo no sería necesario. “Bueno. pero sólo emití un gruñido irritado. Pr{cticamente conozco tu vida. ¿Para lograr que te sientes tengo que explicitar que las sillas son para eso?” Quise responderle algo agresivo. “Bueno. y prosiguió como si nada hubiera ocurrido. sé que eres inglés y que estuviste en París.” 75 . “mi nombre es Frederick. Intenté acribillarlo con la mirada.” extendió una mano en mi dirección. incluso ruso o escandinavo. Luego del brindis unilateral exhaló ruidosamente y se volvió hacia mí con esa sonrisa enervante en la boca. “Por esa facha podrías ser cualquier cosa nórdica.” Se quedó de pie junto a mí. sin que yo me diera cuenta. No sé qué te delata.” Bufé ante lo inútil de la observación. Mas en vez de dar muestras de sentirse intimidado. esperando que respondiese algo. al tiempo que tomaba asiento en una de las pequeñas mesas. es un comienzo. intacto. Pero bueno. pues lo único que quería era que se callara. Tomé un trago y lo miré fijamente. “Se bebe. rompió a reír. Haciendo caso omiso de mi evidente exasperación. mir{ndome con una fijeza molesta. para asegurarme que el idiota comprendiera el gesto a cabalidad. diciendo claramente con la mirada que no me dejaría en paz hasta que me lo llevase a los labios. qué se yo. Ni siquiera yo me he presentado. “Soy Evan. “¡Espera!” dijo. la verdad<” calló un momento. hizo chocar su vaso contra el mío para luego vaciarlo de golpe. Con una seña. Es un gusto conocerte. Sólo debía esperar que se intoxicara solo. bromeando! Venga. pero no dio resultado. Dos vasos. sin calmarse hasta que me vio de pie y en dirección a la puerta.

No sé bien cuánto tiempo trascurrió de esa manera. no encerrado en un bar apestoso con un cantante de cuarta calaña que amenazaba con mantenerme escuchándolo toda la noche si no me largaba pronto. En todo momento sentía la atención de un número indefinido de ojos puesta sobre mí. manteniendo siempre aquella detestable distancia. era tan fácil de respaldar que considerarla real era una opción ciertamente tentadora. más nítida se hacía en la lejanía aquella hebra esquiva que tanto me había molestado desde el comienzo de mi estadía en la ciudad. parecía como si el olor se encontrase siempre a la misma distancia. y me rehuían. Yo debía estar recorriendo Londres en busca de licántropos. El problema era que no se acercaban. pero mi paciencia había sobrepasado su límite. vi que alzaba los hombros en un ademán de resignación. Aunque aquella posibilidad estaba altamente teñida de paranoia. Ya estaba completamente familiarizado con Londres. manteniendo la distancia. como la de un niño que consigue una victoria absurda. Me había obligado a recorrerlo todo. Era como ser el centro de una esfera y moverse hacia el borde con la intención de alcanzarlo: toda la esfera se movería en la misma dirección. ¿sabes? Estaba pensando en traer un cuaderno o una hoja para que escribieras<” Alargó su brazo hacia mí como para dirigirme de vuelta a la mesa. yo también me escondería de un aniquilador de mi raza. “¡Hablas! ¡Genial! Llegué a creer que eras mudo. El único problema era que ellos parecían conocer a la perfección mi ubicación. Como si me rehuyera. midiendo cada paso que daba y ajustándolo al suyo. llegué a la misma conclusión que había sacado al notar aquel olor en la distancia. por mucho que me moviera por la ciudad. Y mientras más me familiarizaba con las esencias de Londres. demasiado débil para rastrearlo. para luego tomar mi asiento y terminar el vaso de licor. apenas suficiente para molestarme. Era lógico que las ratas escaparan. De la misma manera. Sus bromas necias me habían hecho olvidar que. Yo no sabía nada. escuché que resoplaba. Luego de todas mis pesquisas. Cruzando la puerta. a llamar cada calle por su nombre en mi mapa mental. Por el rabillo del ojo. a reconocer cada fachada de los edificios de la City. Efectivamente había licántropos en Londres. Los licántropos de Londres sabían de mi presencia. Había absorbido sus olores hasta hacerlos míos. De ser una bestia cobarde. estaba haciendo algo importante. Había pasado tres o quizás cuatro lunas en relativa calma. recostado en una de las habitaciones 76 . minutos atrás.Su cara se iluminó. mis recorridos tomaron un matiz extraño. Luego de esta reflexión.

como la última vez?” Estuve a punto de hacerlo en ese mismo momento. y centró su atención en la mesa. y agregando. sonriendo.” Cuando giré hacia él. pero Frederick se limitó a quedarse ahí.” Deseé tener en mis manos cualquier cosa. un tubo de metal. sin hablar con nadie ni efectuar movimiento alguno. noté que había tenido la mala suerte de hacer coincidir mi llegada con el momento en que Frederick bajaba del escenario y quedaba. como racionar el dinero para la comida y las cuentas. “Es mejor con vodka en vez de gin. sonriendo como si acabase de revelar la verdad universal. por curiosa suerte. procuré convertirlo en un “m{tenlo ahora”. temiendo que el contenido terminase en su garganta. En una y otra me mantuve apoyado en la pared que lindaba con la puerta.” exclamó luego de un par de momentos. Durante ese período.” Hizo sonar los hielos de su vaso vacío. antes de que sus ojos se volvieron curiosamente serios. que esta vez iba en serio. Cuando entré al bar. Evan! ¡Tanto tiempo sin verte!” Mi cara debe haber gritado “m{tenme ahora. en la segunda. pues era bastante organizado y ahorraba todo lo que podía. un bate. esperando como un imbécil que le devolviera el saludo. “Y dime<” alcanzó otro vaso y lo bebió de un trago. Lo miré queriendo transmitirle todos mis impulsos thanáticos. pero aquello habría significado darle la razón. tenía unas persianas de madera que no dejaban entrar siquiera un rayo de luz. aunque aquello significase tomar medidas poco convencionales (duchas de agua fría cada día eran lo de menos). “¿Qué bebes? ¿Gin?” aparté el vaso antes de que lo tomara. “¡Hola. diciéndome en ambos casos que aquella era la última vez. “¿Cu{nto tiempo va a durar nuestra conversación de hoy? ¿Nuevamente vas a levantarte e irte sin previo aviso. Cualquier cosa que abriera el cráneo cubierto de rulos anaranjados que había tomado asiento frente a mí. una tabla de madera. No había tenido demasiados problemas con los detalles prácticos que se me antojaban tan superfluos. Me mantuve en silencio. Frederick cantaba. libre para parlotearme durante toda la noche. volví al bar en dos ocasiones. mientras arriba en el escenario. “Buena elección.vacías del departamento que. de la manera tradicional. para que éste no estallara. Después de un par de minutos se convenció de que era inútil. Aunque el pomelo no me va mucho<” 77 . con la vista fija en mi bebida y esperando que mis manos se calmaran un poco antes de volver a tomar el vaso. pero no hay nada como un buen whisky. o mejor. “que yo lo mato ahora. por lo tanto. El bate comenzaba a volverse una necesidad biológica. “Salty dog. La tercera vez ni siquiera me molesté en intentar engañarme diciendo que era definitivamente la última.

“Si no hablas ni para quejarte. Corrí hasta la esquina y me detuve en seco. Me giré nuevamente hacia Frederick. pero Frederick había salido tras de mí y no pretendía darle un motivo para la risa.Me demoré un par de segundos en entender que hablaba de lo que estaba tomando. Pensé que era una buena idea dejar que lo hiciera. Básicamente no hablas. “¡Evan! ¡Al fin te detuviste! ¡Espera!” Me volví: Frederick estaba a segundos de alcanzarme. que dejó en la mesa durante un par de segundos antes de vaciar. Tensé mi cuerpo y me alisté a correr. escuchando a Frederick siguiéndome con paso firme y decidido. Una. es más: me sentí satisfecho sabiendo que tendría una molestia menos de qué preocuparme. Doblé la esquina y atravesé una callejuela sombría en dos zancadas. máximo dos calles más allá. Así que aún no entiendo por qué me interpuse entre ambos. cubierto de sal tosca y gruesa. y si acaso sería divertido para él no dejarme en paz. principalmente porque estaba ocupado preguntándome por qué rayos no se había ido todavía. Me puse de pie y me encaminé a la puerta. lo que me dio un mal presentimiento.” Pidió un tercer vaso. “Pero eso tiene su lado bueno. cayendo de pronto en cuenta de lo que me había visto hacer. me esperaba un licántropo. cada vez más cerca. había vuelto a su boca la mueca irónica que le era tan característica. Estrépito de pasos lupinos. Estaba a pasos de devolverme y degollarlo cuando de súbito un olor invadió mis narices. así que es como conversar conmigo mismo. porque seguramente estaba en mis planes quedarme escuchándolo hablar hasta por las narices durante un lapso indefinido que tendía al infinito. una silueta oscura me miraba fijamente. 78 . Pero lo segundo no sería necesario. sacudiendo un par de veces la cabeza. buscando deliberadamente la ruta más engorrosa que conocía. aprovechando la velocidad de su caída para enterrarlo en el asfalto de una patada. Frederick mantuvo los ojos fijos en el borde de mi vaso. Me contenté con caminar a paso de marcha hacia la esquina y doblar en la primera calle que se me presentase. Vi al segundo antes de olerlo.” Claro. est{s obligado a escucharme hablar de lo que yo quiera. en el momento en que saltaba en la trayectoria exacta para caer sobre Frederick y hacerlo pedazos. Perro mojado. Pensaba sinceramente que eso era lo mejor que podía haber pasado. “Creo que ya voy pillando cómo se habla contigo. Evan! ¡Espera!” Salí a la calle con toda la intención de echar a correr no bien cruzase el umbral. “¡Eh. Cuando volvió la vista hacia mí. y listo tanto para gritarle que huyera como para matarlo. ¿sabes?” su sonrisa se ensanchó aún m{s. “¡Evan! ¿Qué<?” Lo esquivé en el último instante. Al otro extremo de la calle.

no podía evitar pensar que era lo más vergonzoso que había hecho en mi vida. Licántropos. dicho sea de paso. tirándolo al piso con un gruñido. cuando el segundo olor inesperado de la noche me hizo abrir los ojos. Vencerlos iba a ser pan comido. cuando sonó un disparo. regando el pavimento con sangre y entrañas. A uno bastó con quebrarle la clavícula y rajar su garganta. La piel que rodeaba la herida comenzó a cerrarse con la bala adentro. completamente inmovilizado. “¡EVAN!” El hijo de perra tenía un arma escondida. El primero había sido un idiota. lo que me enfureció profundamente. Cayó al piso inconsciente. Y todo por culpa del bulto que llevaba casi volando. Arrojé el cuerpo inerte a un lado.Era tan débil como el primero. pero al menos no era cobarde. Si le había salvado la vida. A un lado había un par de contenedores de basura y cajas de cartón. un lugar para tirar el cuerpo de Frederick una vez que lo hubiesen matado. hasta que un amplio callejón apareció ante mi vista. quebrándole cada hueso de la columna. Y donde tuviera. Nunca es agradable abrir heridas recientes. metí la mano en el hueco y extraje el proyectil. Forcejeó un par de momentos contra mis brazos. pensando que habría sido mejor idea dejado que el otro licántropo terminase el recorrido de sus garras sobre su garganta. aferrado a mi brazo derecho. Habría dado resultado de no haber sido tan patéticos. Dos más. 79 . El segundo detuvo su carrera en la boca del callejón. Tomé a Frederick del brazo y salí corriendo. mientras que el otro quedó fuera de combate cuando enterré mi mano cual garra en su torso. Sin perder tiempo. Bufé. Lo esquivé y salté sobre él. Quedaban tres. No tenía tiempo ni medios para pensarlo todo detenidamente. Me había dado en el brazo. Entonces sonó el segundo tiro. Y venían corriendo en mi dirección. pero ya estaba preparado. Flexioné las piernas para comenzar mi carrera. como castigo por su insolencia le rompí las muñecas para luego reventarle las rodillas. Los otros dos fueron más precavidos y atacaron juntos. y los primeros ya estaban de pie. Crucé callejuelas anónimas a toda velocidad. El escenario era el siguiente: o me quedaba a esperar a las presas que tantas semanas había buscado en aquella calle estrecha y poco ventajosa o intentaba trasladar la batalla a un lugar que me fuese más propicio. salvo por el estorbo pelirrojo que tenía a mi lado. Uno fuera. Retrocedió levemente para esperar el relevo. Los otros dos monstruos se aproximaban. no era para que se la quitaran a la primera de cambio. avanzando en mi dirección. a donde arrojé mi carga instantes antes de que el licántropo de pelo negro cayera sobre mí. Mientras corría.

Parpadeó un par de veces. la opción más factible. Me llamaría bestia. Por cómo se abrieron sus ojos. vi a Frederick de pie entre las cajas y los basureros. su gama de respuesta no sería muy amplia. Me había visto matar (ningún humano esperaría que otro sobreviviera a algo como eso) a cuatro “personas” delante suyo sin inmutarme. escuchando sus estupideces.. Pero si lo comprendía. enderezando la cabeza y abriendo despacio los ojos. Si no lograba hacer la relación mental que indicaba que yo no era humano. ni hablar de la posibilidad de haber visto cómo me sacaba una bala del brazo. Pensándolo nuevamente. Sólo al girarme hacia el primer cuerpo para comprobar su estado. Frederick emitió un quejido. monstruo. De cualquier manera. Quizás porque era el primer humano que había intentado hablar conmigo. apuntándome. cayó desmayado. seguramente había recordado todo. Lo lancé contra el sillón de la sala con un golpe seco. Podía dejarlo ahí tirado. el tipo era un completo imbécil y merecía que lo hubiese dejado en el callejón. permitiendo que éste sanara de inmediato. Podía desentenderme de todo en ese mismo momento. hasta que su vista recayó en mí. saldría corriendo hacia la puerta en cuestión de instantes. No sabía por qué había terminado arrastrándolo conmigo. Esa era. Estaba más pálido de lo habitual. Escoria como ellos eran una buena manera de liberar tensiones. me dije. tú< ellos<” Y con aquella interesante reflexión. Seguramente gritaría. Quizás porque. 80 . pero seguramente tenía algo que ver con el por qué lo había salvado la primera vez. Podía dar media vuelta y largarme. Quizás incluso volviera a desmayarse. con el brazo semi extendido hacia mí. O quizás porque el alcohol se me había subido a la cabeza y mi línea de pensamiento estaba más perturbada de lo habitual. podía olvidar de a momentos y pretender por un rato que era una persona como cualquier otra. Me contempló inmóvil un par de segundos. Quizás podrían curar aquellas heridas con su aberrante regeneración y salir nuevamente en mi búsqueda. sin duda. “Tú. a pasos de unos monstruos que seguramente se pelearían su cuerpo al despertar. con las palabras “dónde estoy” prácticamente escritas en su frente. en estado de completo shock. Luego abrió la boca. Giró el rostro a uno y otro lado..Me erguí lamentando no tener ni un gramo de plata para acabar definitivamente con ellos. “¡GUAAAAAAAAAAAAAAAAAU!” Sólo atiné a quedarme mirándolo como si se tratase de lo más extraño del mundo. sonaba bien. Aquí viene el grito.

No podía creer mi mala suerte. Quise partirme la cabeza contra la pared. cosas lobunas. me esperaba algo más espectacular! ¿No tienes< qué se yo. “¡¿EN SERIO?! ¡¡GUAAAAAAU!! ¡¡GENIAL!! ¡¡ES INCREÍBLE!!” Parecía mentira.“< ¿Qué?” “¡Evan. “¿Cómo demonios lo hiciste? ¡Una patada y el tipo ya estaba en el piso! ¡A otro prácticamente lo abriste a la mitad! ¿Qué haces? ¿Eres grado máximo de algún arte marcial o algo por el estilo? ¿Un luchador profesional? ¿Asesino a sueldo? ¿Cómo fue que<” Se detuvo de golpe. No pude leer nada en su expresión. Tenía que acabar con él en ese mismo momento. viéndolo correr. hombre. Casi comencé a sonreír por adelantado. y retrocedió instintivamente. Seguramente había recordado la bala. ¡La verdad! ¡Qué solución más sencilla! Llevaba meses queriendo hacer aquel experimento. Ahora estaba en un verdadero problema. “¿Realmente quieres saber qué soy? ¡Pues te lo digo! ¡Soy un hombre lobo!” Se hizo un silencio sepulcral mientras Frederick digería mis palabras. hasta la puerta. quizás interpretando incluso una desaforada huída. Frederick. cayendo sentado en el sillón. o algo así? ¿Un gran pedazo de carne cruda para comer? ¿Una especie de ataúd para dormir? Ah. “¡Espera un momento! ¿Dónde estamos? ¿Es tu departamento? ¡Carajo! ¡Estoy en el departamento de un hombre lobo! ¡No me lo creo! ¿Dónde está mi cámara cuando la necesito? ¡Eh. De todos los imbéciles que vivían en Londres. completamente ajeno a mi desesperación. que después me firmas un autógrafo o algo! ¿A dónde lleva esa puerta? ¿Es tu habitación? ¡Pues vaya. Eso murmuró mi mente. “¿Qué rayos eres?” Dile la verdad. Decir lo que era. aumentando aún más el diámetro de sus ojos. Decirlo sólo una vez. Me miraba fijamente. eso es si fueras un vampiro< ¿o para ustedes es parecido? ¿No sales de día? ¡Siempre te he visto de noche! ¿Te quemas o algo así? ¿En verdad te 81 . enunciarlo como una verdad improbable. espera. “El disparo< vi perfectamente cuando te llegó la bala<” Un vago chispazo de miedo cruzó sus ojos. moviendo los brazos y gesticulando con un entusiasmo que me aturdió aún m{s. en mi mente. La bala. sólo para comprobar que la mirada de mi interlocutor reflejaría tanto temor como incredulidad ante una locura tan desbocada. bullía de excitación como nuca antes. no. que fue increíble!” Se levantó a medias del sillón. tenía que tocarme el único que era capaz de creer una idiotez semejante. “La< la sacaste< la herida< cerró de inmediato<” El muy infeliz había visto absolutamente todo.

“¡¿QUÉ?!” “Tienes demasiado espacio libre. 82 . no importa que no digas nada ahora. Abrí la puerta de par en par y lo arrastré hasta ella sin ningún miramiento. no es demasiado grande. así que me quedo. Era realmente agudo. Igual podría darle una mano de pintura antes. ¿no es cierto?” Apareció en su mirada un brillo calculador. así que no sería demasiado útil< Ah. “Bueno. me quedé completamente en blanco.transformas en monstruo gigante en luna llena? ¿Y qué pasa si está menguante o creciente? Bah. Me gusta la habitación de la izquierda. ¿qué escondes? ¿Hay algo raro en tus ojos?” Su aspecto engañaba. “Vamos. ¡que sí te reflejas! ¿Entonces por qué lo de los espejos? Si hasta tienes ollas opacas y cubiertos pl{sticos< ¿No tiene algo que ver con el hecho de que siempre andas con anteojos?” Debo aceptar que la velocidad de su pensamiento me dejó algo pasmado. ¿no te parece?” Mi ceja derecha tembló. te hace falta una empleada o algo< ¿Tienes baño. A medio metro del umbral. como la gente normal? ¡Anda! ¡Que no tiene espejo! <Espera un momento. y como tienes un solo baño. “Me quedo. sosteniendo un espejo de bolsillo en mi dirección. logró clavarse al píso.” Por tercera vez en menos de diez minutos. tu cocina est{ hecha un desastre. No esperaba que pudiese atar tantos cabos al parecer inconexos. ¡Caray! ¡No tienes ni un solo espejo! ¿Acaso no te reflejas o algo por el estilo?” No reaccioné ante su avalancha de palabras hasta notar que estaba delante de mí. “No vas a decirme nada. lo mejor ser{ que hagamos turnos para las duchas y esas cosas. ¿Y qué me dices? ¿En verdad el centeno y el muérdago te hacen daño? Aunque eso lo leí en un cuento viejísimo< ¿qué hay de la plata? En todas las películas a los hombres lobo los matan con plata. ¿y esta habitación vacía? ¡No tienes buen uso del espacio! ¿Qué? ¿Otra más? ¡Con tanta amplitud es un desperdicio vivir solo! Oye. “Anda. Me mantuve en silencio. Como si algo dentro de mi mente hubiese explotado. deteniéndose a poco más de un metro con la mejor de sus sonrisas. ¿realmente te hiere tanto? ¿Pero por qué? Ah. observándolo a través de los cristales y preguntándome si aquella agilidad mental era fortuita o innata en él. pero mi cama cabrá perfecto. Cuando comencé a intuirlo. avanzó un par de pasos. Estaba a meros segundos de desarrollar un tic nervioso de por vida. Vas a tener todo el tiempo del mundo para contarme. pero seguramente terminaré cubriendo toda la pared con afiches en menos de una semana. en exceso preocupante.” En un principio no entendí lo que quería decir con eso. la que da hacia el este.

” Dio la espalda a la puerta. “No voy a irme. “Llevo como diecinueve años llevando una vida de lo más promedio. ah. pero lo menos posible<” “No es suficiente. te has delatado. “Trato hecho. por no hablar del hecho de que aquella habitación no hacía más que juntar polvo.” Pr{cticamente le ladré de lo enfurecido que estaba.” Perfecto. asúmelo. de ahora en adelante tendrás que lidiar conmigo.” “¿Acaso no hay algo m{s que necesites? Qué se yo< algo con lo que no has podido dar.” Cuando al fin pude cerrar la puerta del departamento. acaso? ¡Vete entonces!” “No quiero. Frederick sencillamente me miró y luego cerró los ojos. algo que hayas estado buscando desde hace tiempo<” Mi arma. quedando de cara a mí. “Entonces sí necesitas algo. puedo quedarme aquí. “ “¿Y qué gano yo con dejarte quedarte. ¡que por lo que hay en tu refrigerador llevas al menos dos semanas comiendo sólo pastas instantáneas! No soy un completo inútil. “Pues hagamos una apuesta. “¿Y si no lo consigues?” “Pues me largo y nunca m{s vuelves a saber de mí. esperando que algo extraño y emocionante ocurra de la noche a la mañana. Creo que ese es el primer cambio de expresión facial que te veo. me recosté sobre el sillón con una mueca maquiavélica en 83 . “¿Y por qué est{s tan empeñado en quedarte? ¿No tienes ya una casa. Si yo te traigo aquello que necesitas.” ¿Una semana? ¿Una semana para conseguir un par de látigos de plata? Aquel idiota estaba loco. Me quedo a vivir ac{. por dejar traslucir mis pensamientos de manera tan f{cil.“L{rgate. puedo cocinar y pagar mi parte de las cuentas y la comida. Así que lo siento. “Ah. Mi plazo ser{ de una semana.” “¡Pero de qué demonios est{s hablando! ¡Tú te vas. y que sería un alivio dividir las cuentas. También me odié un poco a mí mismo.” Prosiguió Frederick sin inmutarse. ayudar con los gastos< incluso barrer y cosas como esa. Fue lo primero que pensé cuando Frederick dijo esas palabras. puedo cocinar. ¡será como arrendar una habitación a otro inquilino! ¡No voy a molestarte!” No pude evitar aceptar que ciertamente me iría bien un cambio de alimentación. ahora!” “¡Pero tienes espacio! ¡Y acepta que te vendría bien algo de ayuda! Vamos. dejando fuera al hablador pelirrojo. Evan.” Mi necesidad de los látigos aumentó de manera exponencial. Largo. Pero no iba a aceptar como si nada que el primer tipo que viniera terminase viviendo en mi casa. Y adivina qué: acaba de suceder. cruzándose de brazos como un niño. aparte de una molestia?” “Pues ya te dije. Una semana.

Tenía pistas. Tenía seguridad. Tenía información. pero no pude encontrar absolutamente nada. En una semana aparecería ante él para que admitiese su derrota. Quizás la pelea de la noche anterior me había dejado de buen humor. Al día siguiente. suavizando los olores y creando nuevos matices que. Bastaba con recordar cómo se había turbado el rostro de Frederick para que casi me echara a reír de buena gana. Ahora tenía ventajas a las que ni siquiera me acercaba hacía doce meses. Juzgando por las apariencias era el jefe del grupo. El idiota se lo había buscado. Tenía planes. cayendo en cuenta de que no había notado cuándo el tiempo se había vuelto frío. Tenía un conocimiento de los monstruos que hacía ver patéticas mis anteriores disquisiciones. podía volver a centrarme en mi búsqueda. ¿no querrá también un cafecito. “Son los l{tigos o nada. con lo mucho que te pavoneabas. Un año. Había dejado a cuatro licántropos completamente fuera de combate hacía apenas un par de horas. Pude escuchar cómo murmuraba malhumorado “y encima cubiertos de plata. Y de tanto en tanto. Me relajé lo suficiente para dormir un par de horas. Por ahora. parecía como si no hubiese avanzado nada.” “¿<Una ametralladora ligera?” “Vaya. “¿L{tigos<?” había preguntado con una leve inclinación de cabeza. salí a buscar la hebra que había aislado del supuesto jefe de la manada destrozada la noche anterior. Sacudí la cabeza expulsando aquella idea tan desmoralizante que.los labios. Una copiosa lluvia había caído durante la madrugada. ya que estamos? Plata. Tenía un entendimiento de mis propias habilidades que antes tampoco habría podido desarrollar. volvían las esencias irreconocibles. después de todo.” Me permití trocar mi expresión vacía por una sonrisa displicente. plata. pues me veía en una facilidad sin precedentes para contener tanto a la bestia 84 . Maldije el invierno por lo bajo. Frederick tragó ruidosamente. tal y como ya lo había hecho. Vagué largo rato por las calles donde la persecución había tenido lugar. Llevaba un año completo dándole caza. aunque seguramente no serían una gran diversión. en particular del primero en atacarme. era mentira. “¿Seguro que no prefieres unas pistolas o un buen juego de cuchillos? ¿O quiz{s una escopeta?” “No. creí que ibas a mantener tu palabra. y de que aparentemente. y luego no tendría que ver su rostro nunca más. ¿de dónde pretende que saque plata?” Emití una profunda risotada. Un golpe y al piso. superpuestos a los viejos. Había logrado aislar el olor de cada uno. Dar con él significaría entretenerme un rato con sus tres secuaces.” Había salido refunfuñando. estaba comenzando Enero. perdida ya toda su compostura elocuente y jactanciosa.

Su cuerpo se hallaba torcido en un ángulo extraño. Quizás se debía a la humedad del ambiente. No tenía por qué estar ansioso. mi victoria era segura.como a mí mismo. Si podía cubrir aquella distancia antes de que el otro reaccionara. antes de caer en cuenta de lo obvio. y tenía una gran herida en forma de equis en pleno torso. Miré el cuerpo con odio. el caso es que la hebra se presentó ante mí con tanta claridad como durante nuestro primer encuentro. Era sangre de licántropo mezclándose con la lluvia que cubría el piso. quizás a mera casualidad. Y su olor. su olor parecía cada vez m{s denso< Ya había pasado por eso alguna vez. despreciándolo por no haber retenido a su asesino unos diez. sentí movimiento en la masa odorífera en la lejanía. Sólo entonces noté que en su cuerpo había señales de pelea. esperando oler la huída de mi víctima de un momento a otro. Por segunda vez. Un torbellino se desató dentro de mi cabeza. Me lancé a la carrera por las calles. que sus músculos estaban contraídos y en actitud de defensa. cubierta de una leve llovizna. cuando había centrado mis esfuerzos en aquel cadáver? 85 . Pero no ocurrió nada. reflejaba ira y sorpresa. Al noroeste. Alguien o algo lo había atacado de improviso. La ocasión en que había encontrado el cuerpo de Marcel desangrándose en aquel callejón parisino. Ya no quedaba nada. Tenía tiempo. olvidé lo primero que debía haber hecho: rastrear su olor. Lo que olía no era la hebra común que distinguía a cualquier hombre lobo. Solo pudo ser otro licántropo. ¿Qué hacía un hombre lobo acabando con los suyos? ¿Acaso había entre sus filas otro como yo? ¿O podía deberse al tan renombrado Consejo? ¿Podía ser que aplicara alguna de las teorías que había formulado a la muerte de Marcel? ¿Un asunto pendiente con otro licántropo? ¿Algo relacionado con las guerras? ¿Un incumplimiento de reglas? De ser así< ¿Por qué justo ahora. El licántropo moreno. El líder del grupo que me había atacado había decidido dar el paso final. Alguien o algo acababa de aniquilar a mi presa. alguien se me adelantaba. Tenía tanta similitud con el caso de Marcel que me acometió una punzada de rabia. En un acceso de ira. Lo observé en silencio por unos minutos. a menos de trescientos metros. dos grandes cortes abiertos que se consumían por los bordes con un humo que hedía a plata. unos quince minutos más. Su rostro. parcialmente cubierto por el pelo negro. Estaba quieto. Una noche fría. Y aquella era otra de las cosas de las que no tenía conciencia hacía un año.

Por tanto.Si me dejaba llevar por la paranoia. un alboroto que indicaba que algo no iba bien. seguía ahí el fuerte olor a adrenalina y miedo. por ejemplo. Al llegar al lugar que había estimado. a una velocidad inigualable. siendo retenido y luego soltado. la que a primera vista había considerado como la más ingenuamente optimista e improbable: Un traidor entre sus filas. sería yo quien lo atrapase. Uno de los olores inmiscuidos en la batalla era el del tercer licántropo que había aparecido en el callejón. un Carent. Había en Londres otro exterminador de monstruos. una hebra escurridiza y traicionera. me detuve a respirar profundamente e interpretar mediante olores lo que ocurría con los que perseguía. peleando seguramente cuerpo a cuerpo. Al despuntar el alba. El olor se detenía de tanto en tanto. Bajé las escaleras dando tumbos y me lancé a la calle. hacía cinco días. quedaba una sola opción. Aquellos días transcurrieron para mí en una alerta continua. Podía sentir un movimiento continuo. el resto estaría informado. con una clara ventaja de parte del posible traicionero de su raza. aquel pobre idiota estaba completamente perdido.una persecución. Si por casualidad escapaba. Había dado muestras de una habilidad prácticamente inexistente. de ser el caso. despreciando al muerto por haberse hecho odiar por los dirigentes. que percibiese del horizonte maloliente. podía llegar a elucubraciones tan disparatadas como que alguien lo estaba pasando de lujo arruinando todos mis planes sin motivo aparente. cuando aún no tenía demasiado claro si la perspectiva de encontrar a otro afuerino de la sociedad licántropa me agradaba o irritaba. Bueno. como forcejeando por continuar. ocupándose de acabar con cuanta víctima pudiese presentar alguna utilidad para mí. siempre atento a todo movimiento. real o imaginario. La Masa estaba asustada. Tampoco podía ser algo personal. lo habría estado de todos modos. pertenecía a quien había asesinado a su Mayor. un borboteo inquieto proveniente de la distancia. Si se tratase de una simple pelea entre el muerto y alguien más. enfrentándose a la hebra más hábil y sutil. 86 . y podía oler la segunda hebra tanto junto al licántropo inepto como alejándose milla tras milla. Corrí hasta el punto en que habría de interceptarlos. En un principio me pareció que nada había cambiado. o se quedarían quietos y en silencio. Un movimiento limpio y certero . Pero el movimiento había cesado. Si el segundo olor. Si la muerte del licántropo moreno era el motivo. debía eliminar la teoría de un asesino trabajando bajo órdenes del Consejo. sentí movimiento en la Masa. Suponía que. Estaba luchando. esperando no ser los próximos. sintiendo ambas hebras seguían intrínsecamente unidas. Eso. no habría presentado importancia alguna para el resto de los licántropos de Londres.

Y sigo pensando que hubiese sido mejor haberlo hecho. severamente dañadas. El otro había ganado. calmarme un poco y recuperarme de siete días de perpetua vigilia. Ni siquiera intenté asir mejor el olor del asesino. en última instancia. poder asociar su olor a una imagen y. Se había hecho tarde. O quizás sólo me estaba proyectando. pero tenía la impresión de no haber comido en días. No me importaba. como si su persecutor lo hubiese herido durante la carrera por el mero gusto de verlo arrastrarse en un intento desesperado de huir. Dirigí la mirada al escenario. Gruñí pensando que tendría que verlo nuevamente. Dormí más de lo debido. pero el gruñido se tornó una risa fría cuando recordé que sólo sería para verlo aceptar que había perdido. Era como si aquella sociedad asquerosa se estuviese desarticulando de a poco. completamente inmóviles y hediendo a sangre desde hacía al menos un par de horas. Dejé de lado el pensamiento que insistía en rondar mi cabeza. y luego había dejado el lugar tan de improviso que no había podido distinguir el momento exacto de su partida. la sonrisa no quería salir de mi rostro. Ahí estaba el cuerpo cubierto de rojo. aquel exterminador era rápido. Sus piernas estaban. Sonaba demasiado como algo que hubiese hecho yo. Al día siguiente se cumplía una semana. apoyándome en la pared junto a la puerta que casi podría haber tenido mi figura marcada. A él no lo rehuían. Asomó en mí una oleada de desprecio para ocultar algo de envidia. Podía salir. Casi lo había olvidado. Aunque sabía que era inútil. y la seguridad de que no encontraría nada nuevo. además. bien por él. dispuesta a mezclarse con el primer aroma que la envolviera. y al despertar no me sorprendió captar las hebras de los otros dos licántropos que conformaban en grupo del Mayor de pelo negro. Quizás lo mejor sería comer y dormir. corrí hasta el punto donde el primer olor se hacía cada vez más fuerte. Pero por muy apáticamente que lo enunciara. prácticamente desviviéndose en cada frase de la canción. incluso hablarle. Pero su huída dejaba en claro que no pretendía contactar conmigo. perdiéndose con una facilidad capaz de sacar de quicio a cualquiera. traicionera y tenue. Mientras abría un paquete de pastas instantáneas. marcado con dos grandes cortes humeantes. diciendo que habría sido una buena idea lograr que se diese a conocer. Un pequeño rodeo alrededor del lugar me confirmó que su esencia se mantenía exactamente igual. una voz jocosa y molesta resonó en mi memoria. Fuera quien fuera.Me quedé inmóvil al comprender lo que ocurría. donde Frederick cantaba con su entrega de siempre. Claro que para él resultaba más fácil encontrarlos. Comenzaba a creer que no acabaría nunca cuando se 87 . Entré sonriendo. Si no se entrometía en mi camino e iba por ahí arrasando con la población lupina. dejando al cobarde impregnado de su olor. Tenía que ir al bar en veinticuatro horas. No pretendía perder mi tiempo intentando encontrarlo.

creí que ibas a mantener tu palabra. Frederick acentuó aún más su sonrisa y alzó la caja. me dije.” Fue todo lo que dijo. “Yo me mudo en seguida. por casualidad? Para que me des una en seguida. flatmate. Una vez lejos de toda mirada inquisidora. lo amenazaría. De ser necesario. De ninguna manera iba a dejar que aquel idiota se quedase en mi departamento. levantó la tapa en mi dirección. Dentro. Frederick se quedaría en mi casa. Me giré para encontrarme de cara con Frederick. dejando el micrófono a un lado. una sonrisa tan felina y autocomplaciente que presentí que algo andaba mal. indicándome que nos alejáramos de la multitud. pude ver que se levantaba sosteniendo una caja negra. y luego de sólo una semana. para hacer la mudanza de inmediato. Acto seguido. apuntando su maleta.” Entrecerró los ojos antes de agregar “Eso.” Golpe bajo. aparentemente pesada y de un tamaño considerable. ¿No tienes dos. Evan! Con esa actitud tan seria y segura de ti mismo. así que por hoy me robaré tu sillón. A partir de ahora. Ahí estaba el maldito pelirrojo. “Mi cama la traen mañana. Pero a mitad de camino se detuvo. Sonrió. tengo que hacer una copia de tu llave.” Me di media vuelta y comencé a irme. o puedes aceptar aquí 88 . cubiertos de plata. sosteniendo en una caja lo que no había podido conseguir luego de todo ese tiempo. Si aquella caja contenía lo que suponía. Lo seguí sin saber muy bien qué esperar. abandonó el escenario entre gritos y aplausos. y ya veo luego cómo me arreglo. El grupillo de mujeres que lo acechaba como fieras lo rodeó inmediatamente. Y aquello sólo significaba una cosa. Alzó las cejas mirando hacia un lado. mientras desandaba el camino y se agachaba a un lado del escenario. Y por si mi orgullo no se sentía lo suficientemente mancillado con eso. Creo que recuerdo cómo llegar. pero claro que olvidé el piso y el número. ¿Era el cuarto o el quinto? Estoy casi seguro de que terminaba en 6< por las escaleras a mano derecha.” Señaló una gran maleta negra que parecía a punto de reventar por excesivo contenido. No lo podía creer. ¿no es así?” “Olvídalo. para colmo el imbécil había cumplido su palabra. que sonreía con malicia. Al acercarme. Sin más preámbulos. y temiendo el contenido de la caja negra como nunca antes había temido nada. Tienes el camino a casa para acostumbrarte a la perspectiva. estaba perdido. mientras Frederick hacía su usual camino a la barra. y ah. Esto no puede estar pasando. “Gané.despidió y. “Me traje la maleta en seguida.” Que lo mato ahora. lo< “¡Vaya. enrollados. Había perdido. Espero que no te moleste. lo mataría. “En serio que vamos a tener que ver lo del baño. había dos látigos de por lo menos dos metros y medio. y miró en mi dirección. hizo un gesto invitándome a avanzar.

” El pelirrojo me seguía a unos veinte metros de distancia. No le abras el cráneo.” “¿Y qué esperabas? ¿Que me trajera un pijama y listo? ¡Que voy a vivir ac{. aunque sea un poco?” “Pues no. me dije. pronto sufrirá las consecuencias.” Respiré hondo. Un niño. estaba intentando intimidarme. “si es que llegas. sonriendo para mí ante la cara de incredulidad del pelirrojo. Puse bajo mi brazo la caja que contenía mis armas recién adquiridas a un precio desorbitadamente alto. “¡No puedo ir m{s r{pido llev{ndola!” “Es culpa tuya por meter tantas cosas dentro. Frederick resoplaba y estiraba los brazos de tanto en tanto.” Me volteé a mirarlo.” “¿Qué? Pero< pero< ¡Espera! ¿No piensas ayudarme. hombre! ¡Claro que tengo que traerme todo!” “No tengo ni idea de dónde vas a poner todo eso. alzando una ceja ante su intento de mantener una mirada desafiante. Por su rostro. “Ah. “¿Y qué me dices? ¿Aceptas o aceptas?” Incliné levemente la cabeza. sin bajar la mirada. “¿Cómo puedes ser tan exagerado? ¡Sólo son unas escaleras!” “¡Pero ya no puedo m{s! ¡Me duelen los brazos!” 89 .” dije reemprendiendo el camino. No le retuerzas el cuello. Aparentemente. espera! ¡Que no recuerdo bien el camino! ¡Ten algo de compasión!” “Pues ve m{s r{pido. No pruebes los látigos aquí mismo. Perdedor podía hacerme un favor y llevarla<” “¡Eh. claro est{.” “¡Pero Evan! ¡Estoy sufriendo demasiado en este momento!” Me detuve. Si realmente piensa pegarse a ti. dale algo de tiempo. Era realmente un niño. “Es en el quinto piso. como está algo pesada pensé que el sr. Sólo espera. haciendo tronar su espalda. “¡Pero pesa mucho!” rezongó Frederick. Comencé a subir las escaleras como si nada.” “¡Evan! ¡Espera! ¡¡Evan!!” Para cuando llegamos al edificio. Tus cosas. bueno. puedo asegurar que Frederick habría saltado de haber podido hacerlo.” “Lo haré caber.mismo que eres incapaz de cumplir lo que prometes. con respecto a mi maleta. “Seguro que lo har{s. tu problema. acarreando su maleta sobredimensionada con una expresión de patético agotamiento. No durará vivo mucho tiempo. y que por ende tu palabra y tu orgullo no valen nada. Entonces Frederick volvió a señalar su equipaje.

” Sonaba tan serio que creí que estaba hablando de otra cosa. Ustedes los licántropos tienen un oído privilegiado. “¡Tengo cosas importantes ahí dentro!” Frederick prácticamente se metió dentro de la maletaa antes de sentarse en una posición casi humana. pretendo empezar a gritar ahora. “¡Pero qué haces!” corrió a abrazar la maleta como si ésta contuviera parte de sí. se levantó de improviso. esperaba encontrar algo bastante más fuera de lo común que un montón de tela y unos discos viejos.” Prácticamente le enterré la palma de mi mano en la boca. Cuando iba a retomar mi ascenso. Antes de que pudiera reaccionar con alguna de sus muecas sarcásticas o algún comentario incisivo. No tengo equipo. Pensé cerrar la puerta en su cara. “¿Qué rayos te pasa?” “Tienes que estar de broma. te digo!!” Se apoyó en la maleta como dándose por vencido.“¡Deja de chillar!” “¡¡Pero Evan<!!” “¡¡C{llate. intentando acallar el grito. “No tengo equipo nada para reproducirlos. “Pues te voy a hacer odiar tenerlo. Abrí el cerrojo sintiendo la risa sofocada de Frederick a mis espaldas. A partes iguales.” Tomé la caja de los l{tigos y me dirigí a mi habitación. ¿qué?” “Que si no me ayudas a subir esta porquería.” “Voy muy en serio. De hecho. sonriendo como antes. en toda la postura corporal de alguien que sabe que ha ganado. “Disculpa. No pude evitar echar una mirada al contenido por sobre su hombro. tomé su maleta en vilo y subí las escaleras dando largos trancos. me quedo grit{ndote desde acá hasta que te hartes. una mano pálida me retuvo. Ropa y discos. “O me ayudas o no me callo. pero antes de eso arrojé la maleta al piso. “¡Que es importante! ¡Es toda mi colección!” “Pues te va a servir para decorar una pared o algo. Se escuchó un estruendo de chasquidos y metal. y la caja de los látigos al sillón. Soy capaz de quedarme aquí pegando alaridos toda la noche” “<Tienes que estar bromeando. Después de todo el teatro que había hecho.” “<¿Qué?” “Pues que ha sido completamente inútil que te trajeras todos esos discos. Ahora suéltame. ¿no es así?” se cruzó de brazos. “¿Y por esto hacías tanta alharaca?” tengo la impresión de haberlo gritado. “No bromeo.” 90 .” Cuando crucé el umbral para buscarle un lugar a la caja que tenía en los brazos.” Creí que no le había entendido bien.

voy a cocinar algo. tan fuera de lugar. ¿qué día es?” “Siete. Tenía la habilidad de volver la frase más nimia una declaración molesta. ¿no es cierto? ¡Quizás incluso cumplimos el mismo día! Anda. “Diecinueve. pequeñín?” De súbito quedarme la noche entera trapeando el piso no sonaba para nada mal.” Me enervó tanto que opté por entrar a mi pieza de una vez y cerrar la puerta con cerrojo. que se me pasó el enojo. “Vaya.” Se interrumpió el mismo.” “Un año no es nada. dime. después de todo eres un hombre lobo. Es gracioso. “Bueno< casi. Era eso o convertir el living en un vertedero de entrañas. Te apuesto a que no has comido nada m{s que esas malditas pastas que vi la última vez que estuve aquí. pero eso de vivir sin música en verdad no lo< espera. “Y dime.” 91 . Desde el otro lado de la puerta. manteniendo la sonrisa.” Emitió una risa tan idiota. hasta permitirme asomar la cabeza. sin dejar de mirarme. no se callaría nunca. casi esperando que me dijera treinta y cinco y que había olvidado decirme que era un licántropo. para luego señalarme con una sonrisa incipiente en la cara.” Su comentario era una simple afirmación que no debió haberme molestado. ¿sí? ¿Y qué edad tienes?” le espeté. Pero quizás era la manera en que lo había enunciado. Tengo diecisiete y cumplo los dieciocho el mes próximo. ¡Ah! Pero eso quiere decir que no sólo soy mayor que tú. Resoplé antes de abrir un poco más la puerta. “Entonces no es el mismo día< yo estoy el primero. sino que estoy de cumpleaños antes.” “¡Realmente no te entiendo! Digo. Escuché un resoplido de decepción.” Sabía que si me quedaba en silencio. eres raro y todo. est{ bien. ¿no te parece. ¿qué día es tu cumpleaños? Si naciste en febrero debes ser acuario también.” “Olvidé mencionar que cumplo veinte el mes que viene. pues Frederick se había echado a reír en silencio. mira por donde< Soy mayor que tú. Frederick siguió su interminable cháchara. Abrí la puerta con toda la lentitud que pude. En vez de eso se alzó de hombros. “¿Cómo me llamaste?” “¡Ah{! ¡Logré hacer que salieras!” Entonces cayó en cuenta de que todo mi cuerpo seguía dentro de la habitación. “¿has dicho casi dieciocho?” “Pues sí. “¿Qué quieres?” “Ven ac{. ¿Algún problema con eso?” la pregunta fue un gruñido molesto. y no me apetecía pasar la noche limpiando.“¡Pero Evan! ¿Cómo rayos vives sin música?” “De la misma manera que he vivido casi dieciocho años. “Ah.

Volvió con un plato rebosante. “Y buenos días para ti también. Tardé unos segundos en recordar qué contenía. Luego tomó la cafetera y empezó a llenar mi taza. Me giré para intentar seguir durmiendo.” Frederick estaba entrando con una paila de huevos en una mano y el azucarero en la otra. Me puse los lentes y me levanté de golpe. Frederick estaba quemando algo en la cocina. en pocos segundos.. y la sonrisa aún curvando su boca. pero el pelirrojo comía como si nada. “creo que encontré algo comestible en tu refrigerador. rebanadas de pan y una cafetera que no recordaba haber visto nunca. Salí aún esperando oler humo de un momento a otro. y por ende debía ir a sacarlo a patadas. seguramente. Me eché una cucharada de aquella masa a la boca y.“Ya no apuesto contigo. echándose a reír como un imbécil antes de entender que ese era el momento en que debía pararse y servirme más.” Me senté con un resoplido. Evan. Claro que él tenía que echarlo todo a perder. Al día siguiente. Eché una mirada a Frederick.” Se sentó.En meses. o me arriesgo a terminar comiendo lo mismo que tú. estaba terminando el plato.” soltó luego de un rato considerable. Al borde de lo agradable. mientras el pelirrojo ponía mi cocina patas arriba en busca de algo cuya fecha de vencimiento no comprobase mi día de llegada a Londres. En vez de eso.” Dije mientras salía de mala gana.. presumiblemente arroz. Era comible. maldiciendo lo que creí una alucinación odorífera ocasionada por la prolongada exposición al hambre. indicándome que lo imitara con una parcimonia estúpida.” . pensando que quizás era una broma. Mañana tendré que ir a comprar un par de cosas. “¿Qué demonios es esto?” “Se llama desayuno. “Te apuesto que es la primera comida decente que has tenido en semanas. Entonces vi la caja negra apoyada sobre la repisa de madera. porque me estaba muriendo de hambre. 92 . No quise hacer suposiciones ni me atreví a preguntar qué demonios contenía. tazas.” Me puso delante un plato de algo blanco. por ahora tendr{s que conformarte con esto. parcialmente cubierto de salsa. “Me lo imaginaba. Frederick se limitó a sonreír. me despertó el olor de café y comida caliente. me encontré con la mesa del pequeño comedor cubierta por platos.” “Ya te dije que no apuesto contigo. “Bien. refunfuñando y diciendo que. Pero bueno.

” Frederick estaba lavando los platos. el pan y los huevos. Evan!” “Y cuando volvamos cumples lo que dijiste y barres el piso. Evan.” “¡Vamos!” dijo golpeando la puerta. podemos dividirlo a partes iguales<” “Ni hablar.” “¡Pero Evan<!” Luego de dejar aquello claro. duermes mucho. Sentí que me temblaba la ceja izquierda.” “¡Pero Evan!” “¡Deja de decir eso!” “¡Voy a seguir hasta que digas que me acompañas!” Me quedé un rato parado bajo el chorro de agua fría. diciendo que contara hasta diez mil o lo estrangulara. Lo bueno de Camden es que siempre encontrarás dónde comprar comida. “¡Pero Evan! ¡Por favor! Los parlantes son bastante grandes. Su perorata había rebasado los límites de mi paciencia desde su mismo comienzo. pero no se me ocurría forma de hacerlo callar. Gastar dinero. Ya veré cu{ndo te hago limpiar las ventanas.” Me encerré en el baño y eché a correr el agua para no escucharlo. Y se acabó.“¿Azúcar? Aunque me impresionaría bastante que no lo tomaras amargo. sin importar la hora que sea.” “¿De dónde sacaste eso?” apunté la cafetera. “No tenías absolutamente nada. “¿Cu{nto gastaste en esto?” Frederick hizo como si esquivase mi mirada. Frederick seguía lamentándose de lo pesado que era el equipo de música y lo bien que me haría tenerlo ahí y que ya lo había visto llevando la maleta y que yo sabía que él era débil y no podía con eso.” 93 . Por cierto. di cuenta de un desayuno como no tenía desde que había dejado Berwick.” “¿De veras? ¡Gracias. ¡No puedo traerlos solo!” “Ya dije que no. Finalmente. y luego me sonrió con su inocencia más fingida. o quizás que contara mientras lo asfixiaba. “Por cierto. así que fui a comprar un par de cosas. Vamos en cinco minutos. cualquier cosa pero que decidiera en seguida. ¿Lo sabías?” Comprar. “Como es para ambos. “En un rato voy a ir a buscar el equipo del que te hablé. ¿Cómo decirlo? El azúcar no te va. “C{llate de una vez. “¡Al menos como agradecimiento por la comida! ¡Mira que lavé los platos y todo! ¡Y ya dije que yo pagué por lo del desayuno!” “¿No me escuchaste? No. Del otro lado de la puerta. mientras yo revolvía el cesto del lavado en busca de una toalla limpia. y que por favor en mi gran magnificencia me apiadase de el y lo ayudase. me di por vencido. ¿Puedes venir conmigo?” “No. Fue idea tuya. Va por tu cuenta.

tan conocido que me descolocó encontrarlo ahí. No bien di un paso hacia el interior.” Cuando cerré la puerta. Pensé que. Y es en serio. De ninguna manera me habría venido a vivir aquí de haber tenido más opciones de donde escoger.” Observé los edificios que me rodeaban. para encontrarme de cara con Frederick mirándome con la expresión más apesadumbrada que le era posible adoptar sin largarse a reír. cierto?” dijo con una risita nerviosa. me dio la impresión de que el pelirrojo se estaba riendo. Lo poco que conocía de ellos me bastaba para saber que el barrio al que nos dirigíamos se veía demasiado recatado y ordenado como para aceptar a Frederick viviendo en él. Entonces entendí el por qué de mi recuerdo. El idiota estaba de broma. que no me importaba en lo más mínimo lo que pudiera decirme. Luego caí en cuenta de la frase que había terminado. No creo que pueda dejar de odiar este barrio. que no pasó de un alzamiento de cejas.“¿Est{s bromeando. exageradamente grandes. a polvo y talco. Olor a Grace. y como no tenías opción decidiste ir y comprar un departamento en el barrio m{s caro de Londres. Eso lo har{s mañana. Un olor a colonia y paños húmedos. (que seguramente valía por sí solo más dinero que mi piso) deteniéndonos ante el 302.” No hice preguntas. Aquella breve conversación sólo derivó en dos afirmaciones.” Salí del baño con los anteojos puestos y echándome una camisa sobre los hombros. Pero era pequeño y necesitaba un lugar. y esto fue todo lo que pude conseguir. sus precios serían cualquier cosa menos un peor es nada. por las fachadas. “¿Vives con tu abuela?” 94 . no había reparado en que tenían que limpiarse por fuera. Atravesamos el barrio en dirección a uno de los distritos céntricos y sofisticados a los que no había prestado demasiada atención. sentí un aroma débil.” “¿Quién ha dicho que lo compré? Lo conseguí. al principio lo odiaba. y subimos al tercer piso en un ascensor a la antigua. que no sabía absolutamente nada de Frederick. “¡Estamos en el quinto piso!” “Vaya. Aunque debo admitir que la seriedad con la que habló me provocó una leve curiosidad. Gu{rdatelo. Gracias por record{rmelo. “Claro. Primero. estoy<” “<sufriendo demasiado en este momento. Y vamos de una vez. Y segundo. Abrí los ojos y apareció ante mí un espacio decorado como sólo lo haría una mujer de al menos sesenta años. “Evan. Llegamos a un edificio antiguo de ventanas señoriales. Su presencia me estaba afectando. “No creas que yo lo elegí. eso dije.

” No me cabía en la cabeza la idea de que una persona pudiese tener “varios” departamentos sin siquiera usarlos. “ahora vivo contigo. Reapareció con dos bolsas que identificó como su “aporte benéfico a la fundación Hagamos Que Evan Coma Algo Que No Sea Comida Instant{nea. Sólo pude concluir que la abuela de Frederick era de lo más extraña.“Habla en pasado. tirado. “Mi patrocinadora” Dijo Frederick cuando notó que miraba a la mujer de pelo blanco y ojos celestes.” me llegó la voz de Frederick desde la habitación contigua. Opté por guardar silencio a regañadientes.” “¿Uno de ellos?” “Tiene varios. unidos a un equipo de los que sólo había visto en grandes avisos publicitarios repartidos entre calles y vitrinas. Era comida de verdad. repartidos entre los países que le gustan. Pero Frederick mantuvo silencio. A pasos de la puerta se detuvo un momento ante una cómoda y sacó una foto de su marco. Siempre le dije que era una pérdida que éste estuviera ahí. pero acertaste a medias.” Antes de poder replicar que por qué no se metía la fundación por donde le cupiera.” fue todo lo que dijo Frederick antes de que saliéramos de allí. anunciándolos como la última novedad de la tecnología. por favor!” Me encaminé a la puerta. porque ella no quería arrendarlo. así que no me quejo de nada. “Mis padres. “¿Por casualidad eres millonario y habías olvidado decírmelo?” Frederick se echó a reír.” Seguí su voz hasta una pieza que constituía una verdadera ruptura con respecto al resto. no vivía con mi abuela. ya desconecté todo. Este era uno de sus departamentos. Y no. Supuse que era hereditario. “Ven aquí. me mostró lo que contenían las bolsas. como un capricho cualquiera. hombre! ¡Algo así te lo habría comentado. 95 . pero me fue muy útil cuando quise irme de casa. y que sólo podía ser suya. en serio! ¡Ahora ayúdame a levantar esto. “Te presento a mi abuela. Frederick dijo algo sobre buscar algo importante y desapareció un par de minutos en la cocina. Me preparé mentalmente para escuchar algún discurso fastidioso sobre su vida o cualquier otra cosa que me resultara tan indiferente como aquello. El pelirrojo estaba forcejeando con un puñado de cables que salían de un par de parlantes de al menos un metro de alto. vi que otra foto había quedado sobre el mueble: una pareja frente a una casa de proporciones inmensas. “¡Claro que no.” Mientras comentaba para mí que no parecía tan extraña como su nieto. pero no logro mover este monstruo. dejándome el equipo en los brazos y la paciencia por el piso.

Reparé en que me había levantado. Estaba esperando que pasara. son geniales<” Por algún extraño motivo. un fuerte olor a comida comenzó a emanar de la cocina. se quedó en blanco unos instantes y luego se propinó él mismo un golpe en la mejilla. Como si después de toda la preparación mental para aguantar su monserga. “¿Tierra llamando a Evan?” Caí en cuenta de que estaba delante. perdí por completo la paciencia.” “¡Pero al menos ayúdame a moverlo!” “Es asunto tuyo. Cuando hizo una observación sobre el lindo día que hacía afuera. el equipo.” “Vamos. “Oye. Y la tensión me estaba sacando de quicio. pues su silencio me estaba poniendo de los nervios. fuera una estupidez desperdiciar el logro. Aunque Frederick no diese señales de recordar su lapsus. hablando disparatadamente de todo cuanto cruzara con su mente con ese tono animoso y jovial que parecía tener siempre. que conservaba su estado catatónico. Dejé el equipo y me dispuse a zarandear al pelirrojo. Evan< Ya me ayudaste a traerlo hasta aquí. unos tipos alemanes que prácticamente vomitan cuando cantan. Pero no ocurría. Lo observé fijamente varios minutos. Mi recuerdo más claro de aquel almuerzo es la espera continua en la que me mantuve durante toda su extensión. “¡Habla de una vez!” Me miró con expresión atónita. pues no había vuelto a pronunciar palabra. Hasta pude aceptar lo mucho que me enervó que el cretino actuase como si nada hubiese pasado. que lo despertó por completo. “<¿Qué?” Me sentí resoplar. yo no lo había olvidado. esto no es nada< ¡Por favor!” “Lo har{s solo. me acometió una leve sensación de chasco. “¡Bien! ¿En qué est{bamos? ¡Ah. La jodida caminata me dio hambre. comencé a pensar que Frederick había entrado en una especie de trance o algo parecido. ¡Que te pregunté tu opinión!” “Me da igual. moviendo una mano frente a mis ojos.Para cuando llegamos al departamento. Y luego de que cocines algo. Cuando di un paso hacia él pareció reaccionar. exasperado. De un momento a otro se quebrantaría esa fachada de entusiasmo. y retomé mi asiento como si nada.” Después de un rato. Lo aparté y me dirigí a la cocina. el equipo! ¿Qué te parece si lo ponemos en ese espacio que queda en la pared del frente? Así se va a escuchar bien tanto de tu pieza como de la mía< Estoy seguro de que tengo un par de discos que podrían gustarte. 96 .

aparentemente intimidado. “<¿Te preocupa?” En un instante ya había detectado todas las potenciales armas que tenía a mi alcance (dos platos. así que te advierto que va para largo<” “Ya me hice la idea de escuchar tus idioteces por un rato. Aprovecha mientras no se me ocurre una buena manera de extirparte las cuerdas vocales. Así el cuchillo. o lo que sea que te has guardado desde el trayecto de vuelta.” A su boca volvió el matiz irónico que curvaba aún m{s las comisuras de sus labios. Lo mato. “No lo tomes a mal. De hecho. se encogió de hombros. me dije. palidecer o salir corriendo.” Me pregunté si acaso agradecía que fuera a matarlo en ese mismo instante. “Te importa. Cuando iba a tomarlo. o tu infancia. un tenedor en excelentes condiciones y un cuchillo de cocina recientemente afilado) y me disponía a lanzar la más adecuada (el cuchillo.” Moví la mano delante de él para enfatizar lo que decía con mi peor cara. Comencé a salir. como un actor preparándose para un monólogo eterno. cuando quise dedicarme a él. Intentaré que no sea interminable.” Aspiró exageradamente. ¡Imagínate la cara que pusieron cuando llegué con el tatuaje!” mientras reía levantó un poco su polera. señalándome un amasijo de líneas negras que formaban un fénix sobre el hueso 97 . sus hombros comenzaron a sacudirse como en una risa silenciosa. dejando muy en claro que lo hacía sólo para ahorrarme sus malditos cambios de humor. una cacerola bastante dura que resistiría uno o dos impactos. con mi vieja diciendo que había ofendido a sus antepasados duques de irlanda y qué iban a pensar de ella con ese hijo descarriado. “No te explico los gritos en casa esa noche. ensanchando su sonrisa. con la sola misión de sacarlos de sus casillas.” Comenzó a reír. respuestas que habría considerado normales. “¡Habla!” Imprimí a mi voz toda la imponencia que podía demostrar. Evan. “Veamos< por dónde comienzo< puedo resumirte mi infancia diciendo que era un enano mimado que nunca tuvo que hacer nada gracias al dinero de sus viejos. tuve que enfrentarme a mis progenitores. Luego. “¿Sinceramente quieres escucharme? Porque nunca lo he hablado con nadie. y pareció darse cuenta de mi plan. tú te lo buscaste.” “La mejor manera de animarme a comenzar. Si se pusieron así con un par de piercings. por supuesto) contra mi blanco.“De lo que ibas a decir sobre tu familia. me dediqué a ser lo más distinto posible a esa plasta que había pasado casi quince años encerrado en casa sin hacer nada. Tuve varios actos de rebeldía estúpidos. descubrí mi afición por el canto y. lo que es decir bastante. habló otra vez. Frederick sostuvo mi mirada un par de segundos. “Bueno.” Señaló tres argollas de metal clavadas en su oreja izquierda. Cuando por fin me di cuenta de eso. En vez de asustarse. te lo agradezco.

pero me atrae más sanar animales que gente. y que duplicarían el dinero si entraba a estudiar medicina. En ese punto lo hizo. de algo que te sirva que esté aquí. Se quedó en blanco unos momentos. Me echaron de casa. Predecible y poco interesante. “Tengo una vida sin ningún brillo. Y en un veterinario te mirarían con la cara más graciosa del mundo.de su cadera. Pasaron varios minutos. y tu raza era mi favorita.” Se había mantenido gesticulando y moviendo los brazos en varias direcciones. ¿Vas a comentar algo o qué?” “Es aburrido. para luego casi ahogarse de risa. Evan. y de repente. sin mirarme directamente. aún riendo. dando por terminada su historia. Les dije que podían guardárselo y entré a veterinaria. Cuando llevaba unas dos semanas de supervivencia. Pues sí. Al mes siguiente.” Miró hacia mis ojos. así era. no creo que puedas ir a un doctor normal siendo un hombre lobo. “Me refiero a ti. cuando mis padres confesaron que habían sido ellos. debo haber devorado toda la literatura fantástica existente. En eso tuve suerte. Eso y sus comentarios extraños e interpretables. Entonces mi abuela acudió en mi ayuda. Pero bueno. más bien) hacia mí. igual que en la ocasión anterior.” Sonrió. “Creo que lo m{s suave que dijo mi viejo fue que era un marica subhumano que no merecía ni la última letra de su apellido. tuve que hacerme cargo de mí mismo. Eso sí. pero me mantuve en silencio. “¿A qué demonios te refieres?” “¡Cómo que a qué me refiero!” se inclinó sobre la mesa. y ahí me quedé hasta hoy. “Y bueno.” El cuchillo volvió a mi mano derecha con la misma velocidad con que lo había hecho la primera vez e. “Una mierda. lo dejé de lado al comprobar que Frederick no se asustaba. Fue el único momento en que agradecí que a la familia le sobrara tan descaradamente el dinero. Después de todo.” Era lo más sincero que le había dicho. Entre libros y 98 . Fue un tiempo extraño y despatarrado. lo estaba volviendo insoportable. apareció un depósito misterioso en mi cuenta de banco. Pero luego vino el golpe de suerte. claro. “Nunca se me ocurrió que podía resultar curiosamente útil. porque conocí por casualidad a la dueña del bar donde trabajo. en esas tardes en que casi no salía de casa. Su falta de miedo (respeto. que era lo que de verdad me interesaba. No sé por qué. prestándome su departamento por un lapso de tiempo indefinido. menso. Duró hasta que salí del colegio. falté al colegio tantos días que casi repruebo el año y tuve que conseguir un trabajo para pagarme la comida. “Tienes toda la razón” fue lo que dijo cuando logró calmarse. ¡PAF! ¡Aparece un hombre lobo! ¡Uno de los personajes a los que prácticamente consagré mi infancia! En serio. otro más. Pensé que había olvidado incluir algo en su historia.

Después de un prolongado lapso de silencio. bestia. “Amenazar con la muerte a quien no te considera un monstruo. Me observó fijamente. Frederick se levantó con un suspiro. recogiendo los platos para dejarlos en el fregadero. Lo hiciste por voluntad propia. ¿eh? Muy cruel. En un acto de autocontrol. para evitar los gritos. o como quieras llamarte. Frederick quedó en silencio de inmediato. mi único sueño infantil era llegar a conocer una de esas criaturas. frunciendo un poco el ceño. Casi me convences.” Susurré con virulencia.” Era como si nada funcionase con él. levantándolo en vilo de la silla. 99 . Yo no te pedí que me contaras nada. “Así que eso era lo que querías que dijera desde un principio.” Cerré un poco más el puño por instinto. “Estoy buscando a alguien. “Pues de veras lo siento.” “¿Debo recordarte que tú me incitaste a hablar. no conseguirás convencerme. “¡Eso fue mi vida en una c{scara de nuez! Ahora sabes prácticamente todo de mí. No creo que seas un monstruo. Luego cerró los ojos. haciendo caso omiso del hecho de que podría haberlo degollado segundos atr{s.” Su rostro reflejó una presuntuosidad sin precedentes. ¡Y apareces tú! ¡Hombre. Evan.” “Si te empeñas en seguir así. Evan?” Iba a comenzar a reír otra vez. sin parpadear. imbécil! ¡Una bestia! ¡Un monstruo!” Estaba de pie. Pero no. Y por mucho que te esfuerces en demostrarme lo contrario. “¿Y tus ojos? ¿Tiene algo que ver con eso?” No respondí. “¡Y bueno!” dijo Frederick estir{ndose. lo haré con gusto yo mismo. vas a acabar descuartizado por uno de esos engendros a los que tanto admiras. pero maldije para mis adentros. Frederick se llevó una mano al mentón. Tenía que callarlo de alguna manera. exhalando despacio. “Y si ninguno de ellos se toma la molestia de acabar contigo. ¿No crees que es justo que me retribuyas el favor?” “No.” “¿Por eso los l{tigos?” Asentí. lo solté y retomé mi asiento. muy inhumano. Esa facultad del maldito pelirrojo para dar justo en el clavo era irritante. no tengo idea de cómo llamarlo!” “¿Eres imbécil o qué?” Mi voz había sido una especie de gruñido gutural. lo había tomado del cuello de la camisa. Buen intento. No tuvo el más leve sobresalto. pero no voy a darte el gusto de compartir tu opinión.películas. Sin darme cuenta. “¿Acaso no lo entiendes? ¡No es nada de lo que deberías alegrarte! ¡Soy un licántropo. que si eso no es suerte.

recordé vagamente los cuerpos abiertos en equis sangrantes. seré el único que tengas cerca. Una vez en la ducha. completamente instintivo. Algo que agradecerle a mi madre. pensando que quizás la sala sería un buen espacio si corría el sillón a un lado (que se jodiera el equipo) cuando recordé que aún quedaba una habitación vacía. Pasé así ocho horas. como una gran 100 . las heridas que me había provocado. Los saqué del claustro acolchado y tomé uno en cada mano. Me metí al baño para examinar. y comprobando que su control me iba a llevar mucho más tiempo del que había querido asignar a la tarea. bajo el chorro de agua. no podía practicar en aquella habitación. Se debía. pero provocando un ardor bastante perceptible. atacando a un enemigo invisible. a mi sangre humana. al menos en su última predicción. sin más preámbulos. Comprobé que había espacio suficiente y. ahí estabas!” Frederick me dirigió un saludo desde la puerta. las puntas chocaban contra las paredes y salían disparadas en mi dirección. que me rozó las ropas sin entrar en contacto con mi piel. por lo que creo. alcé y dejé caer el brazo. era un amasijo de sangre y cansancio producido por la absoluta falta de pausas.“Bueno. cuando reparé que el movimiento seguramente echaría abajo la lámpara y la estantería. Desperté temprano. seguramente. mochila al hombro. Me apresté a chasquear el látigo izquierdo. Balanceé tentativamente mi brazo derecho. Que te quede claro: no pretendo irme. a veces meramente rozando mi torso o desgarrando por completo mi ropa. En ese momento caí en cuenta de algo: mi resistencia a la plata era mayor a la suya. junto a su exiguo contenido. estaba en lo cierto. Todas habían cerrado sin problemas. En numerosas ocasiones. Uno de estos días vas a necesitar decírselo a alguien y. “¡Ah. observando con cuidado las curvas que definía la hilera de anillos encadenados. sólo por el gusto de escucharlo tronar. ya me lo dir{s. haciendo eses delante de mí o chasqueando el látigo en el aire. Mi entrenamiento fue. provocando un fuerte chasquido metálico que llenó el aire de la habitación. como en el pasado. aún cuando un par había amenazado con expandirse más allá de sus bordes. Abrí la puerta de un codazo. utilizando primero un brazo y luego el otro. Debí hacerme a un lado para esquivar la punta en retroceso.” Pensé que. con la decisión de comenzar por fin a adiestrarme en el manejo de los látigos. Medí las distancias con los ojos. lánguida y sin vida. Ciertamente. que se movían como una anaconda plateada. me ubiqué en el centro del lugar y extendí los brazos a ambos lados. Me contenté con practicar movimientos simples que pudiesen defender mi cuerpo. Le gruñí algo en respuesta mientras me asomaba a la habitación de práctica para comprobar que no había quedado algún rastro muy obvio. comprobando su peso. Para el final del día. En un movimiento rápido.

Pero aparentemente. y 101 . “¿Así. con lo que ambos se cruzaron sin tocarse. mi estoicismo se fue a mejor vida. Seguí con aquel entrenamiento durante un par de meses. estaba completamente harto de la rutina. “¡No puedes comerte eso frío! ¡Sabe mal!” No gasté tiempo en explicarle que me importaba un comino el sabor de lo que estuviera ingiriendo. Frederick seguía de pie en mitad de la cocina. aprisionando el aire delante de mí. antes de comenzar a roer los muebles.mancha carmesí en el piso o pedazos de tela rota.” Entonces noté que no había comido nada en todo el día y mi estómago rugía con una impetuosidad parecida a la mía. sin lograr cambios que pasaran de reducir lentamente el número de heridas. Tenía con la impresión de que era mejor que el pelirrojo no lo supiera. ¿Qué tal tu día? ¿Algo interesante? Espera un momento. te digo! Ya estoy ac{. sin moverse y estorbando el paso.” Mientras salía. Nunca podría entenderlo. Quedaba estupefacto con algo como eso. Cuando llegó el viernes de una semana especialmente lenta (con Frederick cómodamente ausente tanto de día como de noche. que se me antojaba cada vez más inútil. dispuesto a arrasar con lo que hubiese en el refrigerador. sentía que su mirada seguía fija en mi nuca. lo que me hizo poner los ojos en blanco. así que mejor cocino otra cosa< Comida fresca. gracias a la universidad y su trabajo en el bar). Sigo con hambre. Acababa de echarme lo que quedaba del plato a la boca. “¡Espera. y que era una simple necesidad biológica que debía satisfacer con presteza. “¿No ibas a cocinar algo? Apresúrate. Di media vuelta y entré en la cocina. hastiado con sus preguntas estúpidas y sintiendo que aún estaba muerto de hambre. “¿Te lo comiste?” Asumí que era una pregunta retórica. pero en cambio no tenía problemas para aceptar de inmediato que se había encontrado en la calle con un licántropo. ¿Por qué te estás duchando tan tarde? ¿Acabas de despertar? ¿Comiste lo que te dejé?” “Si te decides por una pregunta quiz{s la conteste. medio congelado como estaba. No hacía otra cosa que practicar movimientos simples y cortos. y sin m{s?” Otra más. frío. A mitad de una de las estúpidas eses que había pasado las últimas seis horas y media trazando delante de mí. pues sentía que ni siquiera tenía algo como aquello dominado. ¿sabes?” Me quedó mirando con cara de “no puedo creerlo”. lancé la punta de ambos látigos hacia delante con un pequeño desfase. “¿Cómo haces eso?” Dejé el plato en el fregadero. En un exabrupto de violencia. “Y dime. aquel no era su punto de vista.

Aquello parecía estúpido. Dos pequeños surcos de textura distinta. Me llevé una mano al espinazo. Como un error de cálculo. la plata y el mundo en general. lo suficiente para empezar a gritar otra vez todo lo que se me ocurriese contra mí. Ambos extremos rebotaron con tanta violencia como los había lanzado. y evitando mirar la poza de agua acumulada entre mis manos. aquello no tenía sentido. con cada segundo que pasaba. No estaba sanando. Nunca se me había ocurrido que un licántropo podía tener cicatrices. Mis manos corrieron a mi espalda: la piel se estaba regenerando. hasta que una conocida sensación me hizo detenerme. Me eché por encima toda el agua que pude. ¿No radicaba su fortaleza en aquella regeneración omnipotente? Cicatrices. Una vez fuera toda la sangre. pero la sangre impedía a mis dedos sentir nada que no fuese el hecho de que. como era el caso de la supuesta ventaja de resistencia. Su gravedad quizás duplicaba las heridas de mi espalda. En los que le había hecho yo mismo a los licántropos parisinos. Me quedé helado. la distancia a la pared que se encontraba a mis espaldas. pues había tomado la costumbre de entrenar sin anteojos. en esos meses que me parecían tan lejanos. Si una herida que me dejaba una cicatriz no dejaba marcas en un licántropo normal. Cicatrices. Volví a mojar el sector. Claro que no me había acercado siquiera a comprobarlo. mis dedos sintieron algo extraño en el lugar en que habían estado las heridas. en dimensión sólo un patético reflejo de los cortes reales. estampándose en mi espalda. de imperfección. ¿Acaso sólo yo las tendría? No. diciéndome que había sido un imbécil por dudar de algo que ya tenía casi comprobado. Quizás lo que dejaba en mi cuerpo cicatrices era capaz de destrozar a uno de los otros. estaba profundamente equivocado. Pensé en los cortes de los cadáveres de la semana pasada. Una demostración de debilidad. Específicamente. Pero había calculado mal las distancias. pero sólo sentía el flujo de la sangre. pero en el momento lo creí fervientemente. O quizás estaba viéndolo mal. su cantidad aumentaba alarmantemente. sintiendo dos profundos surcos sobre mi piel. maldiciendo como si estuviese mal de la cabeza. se mantenían impávidos en mi espalda.siguiendo luego su trayecto a ambos lados de mi cuerpo. Mantuve la mano sobre ambas heridas. Casi sonreí: algo como eso tenía que serme útil en batalla. 102 . esperando sentir bajo mis dedos el cosquilleo de la regeneración. intentando limpiar la zona para ver qué demonios ocurría. Me pareció tan extraño que me quedé inmóvil un par de minutos. parado en el piso empapado del baño. Pegué un alarido que debió despertar a medio edificio. Admito que perdí un poco la compostura. esta vez con calma. Corrí al baño. Exhalé un profundo suspiro.

cubriéndome en un mismo movimiento con el látigo izquierdo y lanzando el derecho hacia mi blanco. Debo haber soltado una carcajada fría. Otra vez. por excesiva consideración hacia mí. pues significaba que mi cuerpo no estaba a la altura de mis expectativas. En un último arranque de voluntad. un impacto en la pierna y otro en la espalda. tendría que esperar a que me hirieran. y en las primeras horas de la madrugada. Sentí el flechazo de dolor antes de entender lo que había pasado: uno de los látigos me había dado de lleno en la cara. De las diversas maneras en que he despertado a lo largo de mi vida. Averiguarlo sin dejarme vencer. la del episodio de Roma (en que me había encontrado amarrado. me decía. Aquello no fue una muestra de masoquismo. Otra vez. bastante poco segura para mi cuerpo. sobre la mejilla derecha y rozando bajo el lagrimal al ojo que había cerrado una fracción de segundo antes. Quería demostrar la veracidad de mi razonamiento. La primera cosa que haría. me dije. Un error. cruzando ambos brazos delante de mi torso. dolor y cansancio. cegado y sin 103 . Hasta que lo logres. Claro. me desmayé. Aunque tengas que hacerlo una y otra vez. volviéndose en mi dirección. sigue intentándolo. y lo intenté de nuevo. Pero aunque mi coordinación había sido perfecta. y un golpe seco en una vértebra. en definitiva. Las horas pasaban sin que me detuviese a limpiar la sangre que ya chorreaba desde diversos puntos de mi cuerpo hasta el piso. lo que me irritaba profundamente. mi potencia de tiro falló y ambas puntas se engancharon demasiado cerca de mí. Recordé los látigos que yacían en la otra habitación. Mi orgullo se enfrentaba dentro de mí en dos facetas. pero de ninguna manera me dejaría herir a propósito en batalla.Haciendo memoria. Dolor en la misma pierna. repetí un movimiento que había intentado dominar durante toda la última hora. Mis piernas comenzaban a flaquear (había olvidado desayunar. sin haber hecho una pausa ni siquiera para comprobar que seguía vivo. desde heridas que en la mayoría de los casos sanaban. avancé todo lo que no había podido en una semana de prácticas. También almorzar. En las otras seis horas que pude practicar. Otra vez. reanudé mi entrenamiento. Si quería saber si estaba o no en lo cierto. pero de manera violenta y. Bring it on. Pero obtuve buenos resultados. Bastante pasada medianoche seguía practicando. Y cenar). Sigue. noté que nunca había sufrido heridas de tal calibre. Sencillamente. por lo que no quise darle importancia. Nuevamente dolor. pero que en otros dejaban grandes marcas carmesí que pujaban por mantenerse abiertas durante minutos enteros. Pero mi cuerpo se antepuso a mi voluntad. El corte no parecía más grave que los otros.

¡Tienes un corte abierto en la cara! ¡Déjame ver eso!” Atrapé su mano a medio camino de mi mejilla. preparado para tirarlo al piso. cuando el látigo me había dado de lleno en la cara. “Pasa que tienes un corte en la cara. me habría azotado la espalda con los látigos hasta morir desangrado. “¿Qué mierda te pasa?” bramé. mierda.” Me soltó y se dirigió hacia la puerta de la habitación. mientras la voz de Frederick seguía como un zumbido de fondo. Quizás. Otra parte de mí tuvo el tiempo de extrañarse por el hecho de que Frederick no hubiese hecho comentario alguno sobre lo que acababa de ver. Había visto mis malditos ojos. sintiendo la mitad de mi rostro cubierto de sangre. En otro momento quizás te molesto hasta que me lo cuentes. Pero esa madrugada tuve que reordenar mi clasificación. Pero Frederick no me permitió avanzar. se había mantenido por mucho como la peor de todas. mierda!” o “¡Carajo. escucha cuando te hablo y quizás te enteras. Demonios. si de mí hubiese dependido. dispuesto a tomar los látigos y seguir practicando como si nada hubiese ocurrido. “No querías hablarme de esto. imbécil! ¡Todo el lugar regado de sangre! ¡Estás hecho un desastre! Y mierda.” Volvió a mi mente el destello de dolor que había sentido no mucho antes de desmayarme. Debo haber quedado aturdido un par de segundos. Se colocó delante de mí y me agarró la cara con ambas manos. Para mi desgracia. Iba a gruñirle algo cuando caí en cuenta de lo que ocurría. Mis ojos. Evan! ¡Despierta! ¡¡Despierta!!” “C{<llate<” “¡EVAN!” el jodido imbécil estaba prácticamente sobre mí. por lo que su grito casi me hizo explotar las orejas. pronunciando maldiciones como “¡Mierda. pensé. Lo aparté a un lado y comencé a levantarme. y sólo se quedó mirándome. 104 . pues el siguiente recuerdo en mi memoria es el de un par de manos que me tomaron por los hombros y me remecieron con todas sus fuerzas. Me sentí tan extremadamente imbécil que. Creí que iba a seguir gritando y armando escándalo. como congelado.” su semblante seguía curiosamente serio “ así que haré como si no hubiese visto nada. así no notaría la importancia de lo que había visto. Solté la mano pálida y me hice a un lado. “¡Evan! ¿Qué diablos pasó aquí? ¿Vino alguien? ¿Te atacaron? ¡Creí que estabas muerto. Ahora hay cosas m{s importantes. al igual que casi todo el resto de mi cuerpo. Lo primero que sentí. y que por ende me indicó que estaba despierto. Así que no había sanado. fue el grito espantoso de Frederick. esa parte tomó control de mi expresión facial. pero su cara experimentó un cambio abrupto.saber dónde demonios estaba).

” “¡Pues no! ¡Te habría dejado tranquilo con tus asuntos! ¡Y si tienes el descaro de seguir viviendo aquí. Yo seguía con ganas de matarlo.” “Esto es completamente innecesario” gruñí por lo bajo mientras limpiaba el corte de la mejilla. pero no tenía idea de a qué demonios se refería. “¿Y qué mierda te importa?” me levanté de un salto. Y pobre de ti si te levantas. tú ni siquiera te hubieses inmutado. 105 .” bufó.” “Te tengo noticias.“No te muevas. Pero ya no tenía caso. No sonrió en ningún momento. aprender{s a hacer lo mismo!” “¡Siempre que no implique que te estés matando en el cuarto de al lado con tu supuesto entrenamiento. Evan. “Ahora no te muevas. tela. pinzas y frascos transparentes de líquido incoloro. y luego hizo un mohín de desagrado. Entonces el conocido sonido de la risa de Frederick llenó la habitación. Toda la tensión parecía haberse disipado. acarreando consigo un bolso del que empezó a sacar algodón. imbécil!” “¡Voy a hacerme pedazos si me da la gana! ¡Seguiré entrenando hasta que te largues por tener que dormir ahogado en mi sangre!” “¡Suena bien!” en su boca asomó un indicio de sonrisa. ¿no?” respondió antes de que yo pudiese verbalizar mi pregunta. Frederick me contempló unos momentos. si llego a casa y mi compañero está tirado en el piso cubierto de sangre al menos tengo un atisbo de preocupación! Pero claro.” Mi intento de sonrisa se hizo añicos. pues estuvo de vuelta en nada de tiempo. Voy a traer algo para limpiarlas. encogiéndose de hombros. al menos para él. Casi no se te ve la cara debajo de tanta sangre. Vuelve a sentarte. ¡Y ahora quédate ahí antes que tenga que dislocarte las piernas para que no te muevas!” La amenaza fue tan estúpida que mis labios se curvaron en una sonrisa involuntaria. “¡Es problema mío! ¡No tienes nada que ver con esto! ¡No es de tu puta incumbencia!” “Ah. volcando frascos y dejando un reguero de alcohol y sangre. “supongo que si fuese al revés. “Te acuerdas de lo que estudio. Todo ese tiempo había pensado en urdir una buena mentira. o cualquier cosa que justificase el estado en el que me había encontrado.” Quise enumerar a gritos todas las posibles maneras de asesinarlo lenta y dolorosamente que llevaba acumuladas desde nuestro primer encuentro. No se está regenerando. “No sé que tan peligrosas son el resto de las heridas. “¡Pues para tu información. ¿Que no?” Frederick se había levantado a su vez. Me sentía horriblemente lento.” Dijo con una voz curiosamente autoritaria. “Se regenerar{ tarde o temprano. “¡Espero que tengas suficiente hemoglobina!” Quise responder algo. “Veo que el masoquismo te deja de buen humor. No alcancé a decir nada. una historia sobre algún licántropo que se había colado por la ventana y me había atacado por sorpresa. Evan.

“Bueno. aceptas?” “¿Cu{l es el lugar?” repetí con todo el odio que podía imprimirle a mis palabras. Me estremecí levemente. que yo hablo con la jefa y en dos minutos tenemos todo solucionado. “Mira. “Ya sabe que me gusta practicar en lugares amplios. Si Frederick realmente pretendía estar conmigo en los entrenamientos. No es la primera vez que se lo pido. a ver si alguien quiere arrendarme su gimnasio particular para practicar<” Lanzó otra risotada. a eso de mediodía ya tendré todo listo. aparentemente complacido por su genio. para regular volumen y todo eso. “¡Aceptas! ¡Perfecto! Tú tranquilo. sin obtener respuesta alguna. Evan< Si insistes en hacer una tontería como esta. perfecto no. Con tan poco espacio. “¿Cu{l es el lugar?” Frederick se detuvo y me miró con esa misma sonrisa. Quiz{s haya que mover un par de cajas y cosas así. saldré a la calle con los l{tigos al hombro. así que 106 . “lo ha apagado. Mañana mismo. demonios.“Ah. salvo yo. podía usarlo de sujeto de pruebas. Pero por otra parte. que no hizo más que aumentar mis ansias asesinas. alguien tiene que esconder el cad{ver si te mueres. para luego mirar la pantalla.” “¿Cómo. Pero hay espacio suficiente y no te molestar{ nadie. si sigues entrenando aquí te vas a desangrar con los golpes de los rebotes. todo se complicaba. “¡Imagina los titulares del London Times! ¡“Se halla cuerpo destrozado de algo que no es humano”! ¡En cosa de minutos tendrías a todo el cuerpo científico y de inteligencia militar investigando tu cadáver! ¿Te apetece algo así? No deja de sonar interesante< Siempre he dicho que tengo la veta periodística<” No tenía opción. digo hoy.” “¿Y qué propones?” “Para tu fortuna. “Bueno.” Lo observé mientras sacaba un teléfono móvil de su bolsillo. salvo tú?” no pretendía tenerlo presente en mis patéticos intentos de dominar los látigos. Sólo tengo que hablar con mi jefa y pedirle la bodega que hay detr{s del bar para practicar un par de canciones.” Alcé una ceja en gesto de incredulidad. Dejó caer los brazos con un suspiro. tengo el lugar perfecto. Pero espera un minuto< ¡Si son casi las cinco de la mañana! ¡Rayos! ¿En qué momento se hizo tan tarde? Bueno. “Ah. no te preocupes. ¿por qué no al menos hacerlo en un lugar algo m{s propicio?” “Claro. sintiendo que hervía de ira. Evan. “¿Qué.” Frederick se alejó el celular de la oreja.” Guiñó un ojo. o tan temprano<” “¿Y qué hay del lugar del que tanto hablabas?” “Oh. “¡Tienes sentido del humor! ¡Eso es nuevo!” hizo un gesto de aprobación con las manos. Evan. ¿No?” sonrió con esa mueca que daba a entender que tenía todo planeado a su manera.

“Espera. a la que respondió con una carcajada aún más sonora e irritante. pero al menos deja que<” “C{llate.” Exageró aún más su sonrisa ante mi impotencia. “Evan. en serio. “Insisto en lo del cad{ver. por lo que pretendía entrenar tal y como había hecho en el departamento. “Evan. haciendo que chocaran en el punto exacto que buscaba. o que se esquivaran sin dificultad alguna. aunque estuviesen completamente estirados. uno a cada lado de mi cuerpo. Si me colocaba al centro del lugar. “¡Que por mi cualquiera de las dos est{ bien!” Había comprobado que la chaqueta me restaba movilidad. Decidí practicar con los anteojos puestos. Pero el maldito pelirrojo parecía encontrar muy graciosa la oportunidad de decir ocurrencias sobre mi torso desnudo. Sólo hay que evitar que te vea entrando. y todas las camisas que había insistido en utilizar durante las prácticas se habían reducido a jirones. Una palabra m{s y tomas el lugar de los pilares. no tanto porque Frederick no volviese a ver mis ojos como porque no pretendía salir a la calle sin ellos sólo porque me perjudicaban un poco en pelea. El espacio me favorecía: los movimientos que en mi escuálida habitación de prácticas se habían complicado hasta volverse imposibles fluían con una naturalidad que me sorprendió incluso a mí. Le di la espalda a ver si se callaba de una vez y profirió un silbido. casi básicos. con 107 .” No dijo nada más durante el resto de la tarde. ¿viniste a entrenar con los l{tigos o a hacer un strip-tease?” dijo entre risas mientras me sacaba la chaqueta. y con la rapidez que me había concentrado en desarrollar podía lanzar los látigos con movimientos certeros e invisibles. o va a pensar cosas extrañas. diciéndome que tendría que aprender a proteger mi espalda o en cualquier momento me encontraría desangrándome bocabajo en el piso. No podía pensar en una idiotez más grande que aquella. Haber dejado que Frederick me acompañara podía quitarle el podio. Los bloqueos resultaban sencillos. Sólo interrumpían el espacio un par de columnas de acero que podría usar como objetivos. ¿No quieres que revise eso? Porque ya sé que no vas a parar aunque te diga que es una imbecilidad tremenda.” “La mejor solución sería que no vinieras.” La bodega era más amplia de lo que había imaginado. Pero quizás sí la había. “¡Carajo!” esta vez su voz era seria.no se extrañará. la punta de los látigos ni siquiera rozaba las paredes. Le dirigí una mirada de odio profundo. ¿Te has visto la espalda? ¡Que ya parece un mapa de carreteras!” Me pasé una mano distraída por sobre el hombro.

y me sentía pleno de una autosuficiencia sumamente agradable. Decidí entonces que me tenía harto. el pelirrojo aún me miraba con una expresión rara. su silencio no parecía deberse por completo a mi amenaza. a saber que estaría ahí si me volteaba. A que al llegar siempre tuviese ánimo de cocinar algo que me gustara. “No me dieron ganas. Mi habilidad lo había dejado aparentemente estupefacto. ello significaba que llevaba siete días en que Frederick no se había despegado de mí. Cuando negué con la cabeza. comprobando según me dijo que no hubiesen esquirlas que pudiesen imposibilitar mi curación. para luego darme la llave e ir a hacer sus trabajos a la biblioteca de la facultad o estudiar para los exámenes que se le avecinaban junto con el fin del año universitario. Comencé a mejorar con una rapidez asombrosa. “¡No creas que lo he olvidado!” Tenía el lugar. ahora su mera presencia me resultaba inaguantable. Sin embargo. rió nuevamente y se encaminó a la entrada principal. No podía entender cómo aquel imbécil sin vida era capaz de 108 . Frederick había insistido en revisar las pocas heridas que me había causado.” Se encogió de hombros. Las primeras semanas llegaba conmigo e inspeccionaba el lugar. “Lo que te dije del autógrafo. Gratas. Pero poco a poco. Cuando salimos del lugar. Para el final de la tarde. sonriente como siempre. tenía el arma. “Me apetece m{s quedarme aquí. que sospecho habría sido aún más impresionante de no haber tenido mi molesta compañía. Y tomando en cuenta el hecho de que pasaba en ella casi todo el día. Cosas como esa habían comenzado a parecerme normales.la fluidez de una corriente de aire. para reírme en tu cara si te matas. porque no decía nada y podía verlo como una obligación necesaria. ya iba a lo menos una semana completa en que no había estado ni un momento solo en la bodega. caí en cuenta de que lo estaba dando por sentado. Frederick comenzó a estar presente en todas mis sesiones de entrenamiento. de asombro atolondrado. una suerte de pago a cambio de la excelente mejora que estaba experimentando.” me dijo desde el umbral. Luego me lo describió como admiración.” Me había acostumbrado a verlo en todo momento. Había podido soportarlo las primeras tardes. No me había dado más que dos golpes graves en todas las horas de entrenamiento. Cuando le pregunté si no tenía nada mejor que hacer. sentía que podía salir a exterminar un par de licántropos en ese mismo instante. En algún momento. me dio una respuesta de lo más estúpida. y entre risas me preguntó si recordaba una de las primeras cosas que me había dicho en su primera visita a mi departamento. Para cuando lo noté. medio muriendo de hambre y agotado como estaba. que se reiría si en algún momento me equivocaba y los látigos me golpeaban en un ademán estúpido. o que se hubiese tomado en serio mis amenazas sobre limpiar la cocina y el baño y mantuviese todo en un desorden bastante estable.

como si no tuviese absolutamente nada mejor que hacer. Espera que guarde estos frascos. Exageradamente pronto. de nivel parecido a la manada que había exterminado hacía tiempo. los pasos. “¿Salir? ¿A esta hora? ¿Se te olvidó algo?” “No. “¿Te pasa algo? ¡Evan. viendo pasar a nuestro lado cada vez menos transeúntes. responde!” Diez. el olor cambió. “¿Evan? ¿Est{s bien?” Veinte segundos. Mantuve la vista baja para que no notara la sonrisa macabra que no había podido borrar. Me seguían. “Voy a dar una vuelta. Me detuve. Pero algo debió traslucirse en mi cuerpo.” Reprimí una sonrisa maquiavélica mientras Frederick se apresuraba a cerrar las despensas e ir en busca de su abrigo. La oportunidad se me presentó pronto. Entre cinco y diez minutos nos separaban de ellos. Si antes no se habían atrevido a atacarnos. “¿Qué diablos te pasa?” 109 . y Frederick hizo lo mismo a mi lado. No lo aguantaría un minuto más. aunque no hacía nada de frío. ahora sería una completa idiotez que no lo hicieran.perder su tiempo molestándome.” Le dije mientras me echaba la chaqueta sobre los hombros. Primero olí el aumento de la adrenalina. Una noche cálida. Era más fuerte. veraniega. hasta llegar a una calle completamente vacía. Frederick había olvidado sus característicos monólogos. una de esas bestias que tanto admiraba le partirían la garganta. Había estado cocinando otra vez. voy contigo. Dos o tres. Luego. Frederick alzó la vista desde los estantes de la cocina. con la que había comenzado mi martirio pelirrojo. Tenía que deshacerme de Frederick como fuera. Bajamos hasta la avenida principal. Era un plan cruel. Voy a caminar. Íbamos en silencio. Apuré un poco más el paso. muy de lejos y extremadamente rápidos. lindando con los suburbios.” “Dame un momento. Aquel sería ese día tan ansiado por mí. Me dije para mis adentros que de ahora en adelante tendría que aprender a hacerlo yo mismo. Cumplía además con todas las amenazas que siempre le había hecho. y luego comencé a internarme en las calles aledañas. Que algún día. Sentí que mi pulso aceleraba. Y yo estaba demasiado ocupado siguiendo el rastro de la esencia que se aproximaba. Se acercaban. La voz de Frederick se notaba extrañada. Más decidido. lo que me parecía perfecto. en mis pasos.

No habría reaccionado de no ser porque Frederick se echó a reír en ese mismo momento. recuperados y en pie para volver a atacarme. Como si nada. sólo atiné a aferrar su garganta sin siquiera volverme hacia él y luego estrangularlo sin moverme de mi lugar. no había escuchado a los licántropos que había dejado medio muertos en el piso. el grito desesperado. “¿Pasa algo. empuñando dos pistolas con las que acababa de asesinar a un licántropo de dos balazos. A sus pies.” La mejor manera de describir mi sorpresa en ese momento es diciendo que.” Dijo Frederick con una voz l{nguida. El licántropo se abalanzó sobre Frederick. usando además balas de plata. Y un disparo. aunque era completamente innecesario. y los ojos entrecerrados en una sonrisa de autocomplacencia. Plata. “¿Necesitas una ayudita para deshacerte de esos de ahí?” Ocupado en estar estupefacto. Mi mente se declaraba en huelga. las garras desgarrando piel. dejando a Frederick atrás. que los hizo aullar de dolor hasta que sus restos chamuscados y sin vida se estrellaron contra la calle. uno en el pecho y otro que le había volado la mitad de la mandíbula.Me lancé calle abajo. cuando llegó el tercer licántropo del grupo. Otros dos disparos llenaron el aire y ambos monstruos cayeron al suelo. No pude moverme por un par de segundos. cada uno con una bala incrustada más o menos a la altura del corazón. “Le he dado. Plata y muerte. Escuché un disparo más. Luego me volví tan repentinamente que casi no vi al hombre lobo que venía a atacarme desde el lado opuesto. sujetando un par de pistolas gemelas en sus manos. Pero como esa risa insoportable tenía la cualidad de sacarme de golpe de cualquier estado anímico que no fuese furia u odio profundo. balanceando las pistolas en sus manos. La carrera se volvió completamente audible. con los tres cadáveres deshaciéndose 110 . y luego destrozar su cráneo contra el pavimento con un movimiento descuidado. desangrándose con una rapidez espeluznante. Ahí delante estaba el inútil. Entonces pude al fin girar hacia Frederick para ver qué demonios ocurría. En instantes escucharía el silencio del salto. yacía el licántropo que lo había atacado con dos agujeros humeantes. Sentía que no podía conectar dos ideas coherentes. Pero me bastó para enterrarle el codo en el pecho. Evan?” mantenía aún esa sonrisa burlona. Estaba a unas decenas de metros. Y no era para menos. me encontré de súbito frente al pelirrojo. “Mira nada m{s. y con algo de suerte. el estúpido Frederick. Tanto la humareda como el olor lo dejaban en claro. Hubo un grito de sorpresa ahogada. Luego sólo pude correr hacia el cuerpo del licántropo yaciente. con la vista completamente fija en la escena que tenía delante de mí y sin notar lo que estaba haciendo (pese a que el tipo pataleaba como un gato agonizante).

y las manos me ardían de ganas de llenarle la cara de golpes. Sentí que las venas de las sienes se me hinchaban. “¿Casualmente encontraste esto tirado en la calle y decidiste qued{rtelas. Unos nueve u ocho. la situación me tenía algo< superado. aunque tenían varios años encima. Me las regaló mi viejo cuando empecé a ir de caza con él. Cuando me fui de casa las escondí y olvidé que estaban allí.” Volvió a sonreír. Claro que tenía que hacerles mantención o algo. gruñendo y escupiendo palabras como “absurdo”. Eran pistolas largas. pero eso no suena tan bien. como las que se usaban para caza. la verdad no fue “de debajo de la manga”. Una tradición de familia. y desempolvé las armas y mis días de caza. Estaban en perfectas condiciones. Sólo cuando caí en cuenta de que andaba por ahí con un licántropo al que podían atacar en cualquier minuto se me ocurrió que quizás debía hacer algo por mi sobrevivencia. por si te eran útiles?” “M{s bien pasé días enteros poniendo mi viejo departamento de cabeza para encontrarlas. “¿Y qué quieres que te explique? ¿El hecho de que haya sacado un par de pistolas de debajo de mi manga y haya acabado con aquellos tipos con unos cuantos tiros? Bueno. seguidos de todas las maldiciones que acudían a mi cabeza. “Las pistolas. Frederick. Igual es triste saber que matar pájaros fue lo único que logró acercarme al menos un poco a mi padre. te sientes bien?” “¡¿Y cómo demonios esperas que me explique que hayas sabido usarlas?!” Aunque me había prometido no perder la calma. intentando ponerse serio.” “Y luego tomaste un curso por correspondencia para aprender a utilizarlas.” “¿Evan. por si me eran útiles. pero para eso tengo un par de amigos que hacen cualquier 111 .” “¿En qué minuto se volvió esto un interrogatorio?” preguntó con voz dram{tica. Sentí que mi tic regresaba. y mis preguntas prácticamente escritas sobre el cielo nocturno. “completamente estúpido”. Empecé a dar vueltas por la sala. y las puso en mis manos.frente a nosotros. luchaba por no desternillarse de la risa ante el espectáculo. “Me vas a explicar esto ahora. ¿no? Queda muy largo. De hace años. Se las lancé de vuelta.” Se inclinó de hombros ante la orden. Luego suspiró. o algo por el estilo. pero me contuve. “impensable”. sino del bolsillo interior del abrigo. Entrégamelas. Cuando al fin pude aclarar mis pensamientos y formular una pregunta concreta. “Las tenía.” Frederick sonreía como si su vida dependiera de ello. retomé mi puesto de pie frente a él. “Dime de dónde las sacaste. entre tanto.

” Simuló un estremecimiento antes de comenzar. “salvo que ahora mismo mi amigo debe pensar que vivo con un fetichista rarísimo. No hay mucho m{s que decir. “¿Eso es todo?” “Pues< sí. y bueno. tú sabes. conocí un par de amistades que< bueno. “La plata. lo había olvidado. esa noche en la que terminó la apuesta. “Cuando hicimos la apuesta. “No te explico mi sorpresa cuando en medio de la desesperación abrí todos los cajones de la repisa de la sala y encontré una cubertería de plata. resultaba complicado. creo. en efecto. así que no puedo juzgarte. desde arreglos de pistolas hasta< l{tigos de plata. “Sí.” En este punto me miró atentamente. Y uno de ellos.” Sofocó una risita.” Lo quedé mirando con la expresión que podría tener alguien a quien le acaban de decir que lleva una mortífera ametralladora hecha de cucharas. su tío. refunfuñé para mis adentros. aún tenía su dirección anotada en alguna parte y además me debía un favor. Evan. ya est{.” Frederick parecía a punto de echarse a reír de nuevo. “Debo decirlo. algo tardía. Andaban en cosas algo turbias. “Este es el silencio en el que me explico. Pero te digo. estaba algo metido en el negocio de las armas. 112 . Sentí que mi boca se crispaba: otro tic que agregar a la lista. supuse que eso sería lo más difícil de conseguir. así que sólo fue cosa de encontrar la puerta correcta<” Y luego se quedó en silencio. Nunca me había dicho de dónde había sacado los látigos. por ejemplo. como adelantándose a mi reacción que fue.. ¿no es así?” “Habla. imbécil. por la época en la que se me metió en la cabeza el tema de rebelarme contra mis padres.” “<¿Y eso es todo?” Me miró extrañado. concentrándome en intentar taladrar su cráneo con los ojos. Evan. la plata. no sabes lo útil que puede resultar<” “Ve al grano.” Casi gruñí ante su estupidez. Pero bueno.cosa. lo que a través de los lentes. claro. inclin{ndose hacia mí “la verdad es que no creí que fueras a aceptarlos así como así.” Le dirigí una mirada displicente.” “Ah. supongo que estabas desesperado. claro.. ¿no? Y no es como si fueses a encontrar armas tan especiales como esas en la vitrina de la tienda más cercana.” Dije aún sin creerlo. ¿Qué esperabas? ¿Qué fuera el máximo traficante de armas de Londres y sus alrededores?” “No.” aquí se interrumpió con otra risa. por extraño que sea el negocio. eso de tener una abuela millonaria y extravagante. a nadie se le ocurre pedir l{tigos como esos. “La fundiste. “Bueno< Hace un tiempo. porque bueno.” Olvidado. Ah.

habría demostrado incluso algo de respeto por tal idea.” Frederick suspiró como si fuese a reprocharle a un perro que ha volcado su plato. “¿Y me vas a decir que esto se te ocurrió de la nada?” El pelirrojo inclinó la cabeza a un lado con un gesto confuso. que nunca sabes cu{l va primero< ¡Adem{s era como para veinticinco personas! Incluso sobró un poco. “¿<Un veterinario matando p{jaros?” Me miró con sorpresa y luego casi se ahogó en risa. “Claro que tenían plata. en la que habían ensartado dos pequeñas esquirlas plateadas. “No deberías sacar conclusiones tan apresuradas. Frederick frunció el cejo ante mi falta de respuesta. Me hirvió la sangre.” “Si sobró tan poca no pudo haberte alcanzado para hacer suficientes balas.” “Ah. Evan?” En un intento por salvaguardar mi orgullo. lo que te vuelve un completo imbécil. “Pues< no es como que lo haya inventado< es bastante típico< Hasta lo he visto en un par de películas<” No tuve más opción que guardar silencio. no me refiero a eso. pero alzó ambas manos y siguió hablando con una sonrisa. La punta de la bala tenía una hendidura en forma de cruz. Momentos antes había incluso sopesado la posibilidad de calificarlo una invención útil y creativa. Hablaba más bien de la cantidad.“Toda. De haber sido cualquier otra persona. ¡Y era gigante! De esas con como ocho cubiertos para cada maldito puesto de la mesa. Evan. Pero se trataba de Frederick. gracias. “Ahora que lo dices< ¡Nunca lo había pensado!” 113 . Eso. dije lo primero que se me vino a la cabeza.” Puso una ante mí. unas cuantas esquirlas. Son balas truncadas. ¿o me equivoco?” Iba a espetarle que reconocía la plata. y de la manera en la que están hechas. “¿No tienes algo m{s que decir. Evan. o hiciste sólo las cuatro que disparaste hace unas horas. ¿sabes? Y ahí fue donde entraron mis viejas pistolas. Ahora me sentía el estúpido más redomado de la superficie terrestre. Ni siquiera viste las balas.

Claro que acabaría con él si resultaba serme perjudicial. No tenía manera de saberlo. Qué más daba que el año fuese otro año o el anterior o cualquier 114 . o si el motivo debía preocuparme. Anoté mentalmente varios de ellos para usarlos en caso de necesidad. sin que nadie me molestara.[Jarred] Luego de interminables meses de silencio. Lo único que podía hacer era esperar hasta que el traidor hiciese un nuevo movimiento. decidí salir a caminar. El episodio terminó con Frederick guardando el celular y recogiendo atropelladamente todo lo que tenía esparcido a su alrededor. Una vez en el departamento. cosa que aparentemente había hecho varios días seguidos. Aunque era extraño pensar que un par de licántropos muertos pudiesen venirme mal. apartándome a como diera lugar de los idiotas que insistían en quemar los últimos cartuchos de bienvenida al nuevo año. Desapareció por la puerta como un torbellino de hojas de cuadernos y maldiciones varias que. Pasaba los días entrenando en la bodega. Llevaba prácticamente un año (fue extraño darme cuenta lo rápido que aquellos casi doce meses habían pasado) entrenando con los látigos. Como había sido el caso de Marcel. Pero en pocos minutos comencé a sentirme inútil y. que fuesen justo los que estaba buscando. me dieron a entender que era la jefa de Frederick. Quizás el otro se había movido también. De manera que logré forzarme a aceptar la espera. La expresión de su rostro y lo poco que me había hablado de ella. Salvo. Me dediqué a recorrer los barrios que había descuidado en mi escrutinio. que había comenzado una semana atrás. pude por fin darme una ducha sin nadie parloteando desde el otro lado de la puerta. acompañado de un buen rato simplemente yaciendo en el sillón de la sala. Por lo que aquel día no pudo venirme mejor escuchar el sonido de su teléfono y luego una voz irritada hasta la exasperación gritándole que era un ingrato inservible. así que ya no lo necesitaba en lo más mínimo: mis heridas eran mínimas. Me preguntaba constantemente si se debía a que se había corrido la voz del asesinato de los tres licántropos que nos habían atacado. diciendo que su jefa lo mataría si volvía a faltar al trabajo. Me acometió tal buen humor que decidí hacer un alto en el entrenamiento. sentí un cambio en el horizonte: La Masa estaba inquieta. Pasé cuanto menos siete minutos muriendo de risa para mis adentros mientras la mujer seguía vociferando insultos como “cretino bueno para nada” y “cantante paupérrimo de cuarta calaña”. diciendo que el tiempo de ocio no me atraía para nada. seguramente habrían logrado que me revolcase en el piso de la risa. de no haber ocurrido tan rápido. lo que me daría una oportunidad para observarlo y evaluarlo. con Frederick estudiando y repitiendo en voz alta lo que seguramente no podría memorizar de ninguna manera. claro está.

Recordaba el suave murmullo del Tweed en Berwick. Sentí cómo mis talones se enterraban en el asfalto con una facilidad alarmante.” Giró su cuello a ambos lados y luego me sonrió como un toro a punto de comenzar una carrera. hacen recordar demasiadas cosas. supe que debía dar la caminata por terminada. Hizo tronar los huesos de sus manos. Pero no me explicaba que no hubiese escuchado absolutamente nada. El muy cabrón había hecho excelente uso del viento para esconderse. Los ríos me afectaban la cabeza. veía la figura a contraluz del licántropo que no cesaba de mover sus hombros gigantes con una risa gutural. “Tu manada. me encontré a la orilla del Támesis. pero mi oponente sólo repitió esa risa bestial y sobreexcitada. ya veo. Lo así por las muñecas y lo 115 . que llevaba completamente vendadas y competían con el resto de su cuerpo en masa muscular. Luego de horas de caminata. el Támesis no me decía nada. Entonces escuché el bufido burlón a mis espaldas. “Seguramente. Cuatro meses. Cuando noté que me había quedado quieto. Skartzia. Pude verlo mejor: unos 26 ó 28 años de apariencia humana. y no en maneras que pudiesen ser provechosas.” Se lanzó contra mí con una fuerza monstruosa. me dije. Parado delante de mí.” Esperaba un ataque en ese mismo momento. “el que te viene a partir la cabeza. pelo café grasiento y desordenado. de haber sabido hacerle caso. Hasta el momento. “¿Así que tú fuiste el hijo de puta que masacró a mi manada?” Me incorporé y escupí la sangre acumulada en mi boca. El olor de mi agresor llenó entonces mi nariz. Pero esa alerta silenciosa hubiese resultado de lo más beneficiosa. algo inclinado sobre mi reflejo. y el magnificente flujo gris del Sena en París. esta vez a sus pies. prepar{ndose para el ataque. Pero el río que recorría ahora no era como aquellos que se expandían por mis recuerdos. El tipo parecía levantador de pesas. Era una venganza algo tardía. Seguí su curso hacia el este.otra fecha en especial. al menos. Los olores no cambiaban. casi a la espera de que algo pasara.” Escupí una vez m{s. Las noches seguían siendo las mismas.” Decidí omitir que así había sido. Un gusto. “Incluso un humano podría haber acabado con ellos. que no tenía nada de humana. “Parece que sí eres como cuentan. Los ríos. soy Jarred. su Mayor es igual de mierdecilla. el olor lejano y persistente del Tíber en Roma. y mi mente corriendo a mil millas por hora. pensando en la clara reminiscencia de la presencia de un río en cada ciudad en la que había estado. y pronunciadas ojeras bajo los ojos enrojecidos. El puñetazo me arrojó al piso con el sabor metálico de la sangre en la boca. “Entonces si valdr{s la pena. Di media vuelta y avancé un par de pasos. Me sacaba por lo menos veinte centímetros.” Flexionó un poco las rodillas.

Luego. dirigiéndole una patada desde pleno aire. seguido de un puñetazo igualmente predecible. me dije. No era el tipo de opresión que esperaba dejar a alguien sin aliento. esquivando un placaje casi igual al primero. mientras intentaba leer en los ojos enrojecidos cómo mierda podría zafarme de eso. el monstruo fue capaz de aferrar mis hombros. con tal fuerza que casi esperaba verla aparecer por su espalda. Luego me sentí arrojado nuevamente por los aires. Pude incluso aferrar su brazo un instante y. un puñetazo en el hombro que deshizo lo que acababa de lograr. lo crispado de mis dedos. aumentando la presión lenta y persistentemente. Me levantó medio metro del piso. al tiempo que le propinaba uno en pleno estómago. con un tirón hacia abajo. un agujero inmenso y sangrante cerrándose en su pecho. Algo en mi mente dijo que no era el mejor lugar para comenzar a odiar toda manifestación de mi naturaleza< Y menos cuando esa naturaleza podía salvarme la vida. Escuché bajo mi pie el sonido de huesos rotos. dirigí su torso contra mi rodilla. diciéndome que tenía que derrumbar ese cuerpo antes de estar yo inconsciente en el suelo< Aprisioné las manos que me retenían y. cosa que Jarred parecía ansioso por remediar. saltando para evitar un puño lanzado ciegamente a mi costado. No podía competir en fuerza contra semejante bestia. con mi capacidad de respirar de vuelta. Mi mente se disparó como luego del primer golpe. le quebré el hocico de una patada. en ese momento aquella idiotez me habría salvado. El sonido de mis clavículas haciéndose añicos me hizo elevar un aullido que no recordaba que podía salir de mi garganta. cuanto menos. Tenía que encontrar una manera efectiva de dañarlo. En seguida esquivé otro que pasó rozándome el cuello. Me lancé hacia atrás con todas mis fuerzas mientras mi oponente se erguía de nuevo. y corrió hacia mí con el rostro vuelto una mancha roja. pretendía. Llevaba años esperando no volver a verlas. Un puño enorme me dejó sin respiración y sólo atiné a saltar hacia atrás. sacarme la tráquea sin necesidad de cortes. 116 . Sólo se detuvo a sonreírme. algo como un arma. Logré reacomodar precariamente mis brazos antes del siguiente ataque. Pero aún bajo el torrente de sangre y fracturas. desconcertándolo un momento. Salté sobre él. o terminaría con cada hueso de mi cuerpo hecho trizas. Tendría que basarme en rapidez e inteligencia. Jarred tomó ventaja de mi momento de estupidez. maldito momento en el que había dejado los látigos en casa pensando que era una idiotez andar por la calle con ellos. con un rápido balanceo hacia atrás. Logré caer sin romperme nada. noté lo acelerada de mi respiración.arrojé a un lado. mientras esa carcajada gutural volvía a llenar mis oídos. la tensión en mi rostro. una mano en mi garganta. Sólo cuando estuve en el piso. Gruñí ante la vista de mis garras. Retrocedí nuevamente. algo que lograra que me soltara en ese mismo momento.

Lo miré esperando que su fachada invencible se viniese abajo de una vez. El tipo no usaba las piernas más que para tenerse en pie. por tanto. seguiría cambiando de plan cada dos por tres. riendo como si no supiese hacer ninguna otra cosa.” Cubrí los metros que nos separaban en un par de zancadas. sintiendo lo distinto que era correr. meramente corporal. profundas y acertadas? ¿Lógica aristotélica b{sica?” Me habría lanzado contra él una vez más de no ser porque el golpe anterior no sólo me había torcido el cuello. Con algo tan sencillo como hacerlo perder el balance. y un puño en mi estómago me hizo retroceder. tendiéndolo de espaldas contra el suelo con un ruido sordo de huesos quebrados. Jarred había saltado. mirar. sólo que el imbécil lo ocultaba muy bien. y le lancé una patada baja que trizaría cada milímetro de sus rodillas. Jarred bramó. Recuperé la vertical y otro golpe me alcanzó en el cuello. la primera muestra de dolor desde que comenzaba la pelea. Pero.” La mueca se transformó en sonrisa ante mi expresión iracunda. Mi plan no podía haber sido tan obvio. razonándolo. Mira que recurrir a una transformación frustrada para intentar ganarme. no debe saber usar las piernas. Eso pensaste. señalándome con la mirada. le había logrado hacer daño. con la semi transformación que había intentado olvidar. notando el cambio en mi rostro. con las manos en los bolsillos. “No te creí tan patético. Me había equivocado. reacomodando mi cuello y luego girando para ver a Jarred de pie. La frustración me recorrió como corriente eléctrica.Me hice a un lado para esquivarlo dándole un puntapié en las canillas. sin dejarle margen alguno 117 . Pero no hubo impacto. Arremetí contra él. Antes de que lograra ponerse en pie lo tumbé con una patada en pleno pecho. respirar incluso. Me alejé de un salto. y la muy idiota estaba tardando en arreglarse. “¿Cómo demonios llegas a conclusiones tan. Si tenía que ser una pelea de desgaste. otra vez un pie y no un puño como había esperado. y luego rompió a reír. Alcé el rostro para encontrarme con un puntapié que bloqueé a duras penas. Me miró fijamente un par de segundos. Me detuve como un idiota. Sonreí como él había hecho antes. Había sido un impulso. Luego inclinó la cabeza a un lado con una mueca de desprecio. rodando por el piso hasta darse de lleno con una pared cercana. sino que se las había arreglado para romper mi clavícula de nuevo. tendría la ventaja. ah. arreglando su columna en el camino. sin dejarlo adivinar nada. No acostumbraba moverlas o defenderlas. ¿A que sí?” lanzó otra carcajada. vi que era la clave para vencer al gigante contra el que me enfrentaba. Ya era mío. algo bestial. claro que tenía debilidades. fomentado sin duda alguna por la bestia que se regocijaba por estar despierta luego de tantas lunas. Jarred se alzó de golpe. perdiendo el equilibrio con mi ataque fallido. “Sólo pega puñetazos. “Yo no necesito nada de eso.

Sólo debía fijarme en sus pies y sabría dónde tendría que esperar el siguiente golpe. Trazas efímeras que me recordaron. No podía durar mucho con esas cosas entre sus puños. y yo no podía hacer 118 . que segundos antes habían estado enterrados hasta las muñecas en sus bolsillos. como para que apreciara la vista de las armas. Entonces la manopla impactó en mi quijada. Lo otro había sido un golpe de suerte. pero algo de tales dimensiones. En cosa de instantes. los hombros. Pensé fugazmente que mi suposición sobre su aspecto tenía seguramente algo de verídico. Un alarido desgarrador. los huesos completamente deformados. la boca del estómago. adelantando alternadamente los pies para acompañar los puños. pero algo me hizo perder toda concentración. Resistir y esperar. Tarde o temprano tendría que arrojarlas al piso o acostumbrarse a que sus brazos acabasen en muñones. Manoplas plateadas. Podía predecir todos sus movimientos. con la pureza adecuada. la cara ardiéndome en carne viva. Intenté protegerme. No un levantador de pesas. Y lo hacía lo suficientemente predecible. Me incliné levemente hacia la derecha para esquivar el golpe que sabía que venía. El tipo era realmente un imbécil. Pelear asiendo pedazos de plata era lo más estúpido que podía ocurrírsele a un licántropo. Era como si me hubiesen arrancado la piel a tiras y se estuviesen ensañando con mis músculos. Jarred seguía enterrando las manoplas en mi cuerpo hasta que desaparecían de la vista. la base del cuello. Me alejé lo más que pude. la mandíbula. Por un instante.para abalanzarse nuevamente contra mí e inutilizar mis brazos como había estado haciendo. pero un golpe del lado contrario me hizo perder el equilibrio. Jarred estaba sobre mí. Debía resistir. sin entender por qué. no pudo ser mi garganta. Lo que volvía a Jarred un masoquista redomado o un completo imbécil. Dirigí de inmediato mi mirada a los brazos de mi oponente. pero boxeador al menos. mientras sentía alternadamente dolor en el costado. Tendría que esquivar sus golpes a toda costa. Me llevé una mano al lugar del impacto. mientras una sonrisa de arrastraba a mi boca. podía dejar si manos a un licántropo promedio. Ciertamente haría un daño indudable al adversario. Esquivaba y retrocedía alternándome también. Entonces escuché un leve choque metálico. Eso explicaba su estilo. una hebra conocida invadió mis sentidos. Probablemente ambas. a una húmeda calle parisina< Un golpe en el pecho me hizo vomitar sangre. Aunque siguiéramos así. podía ganarle. Cargó contra mí. De súbito. “¿Asustado?” Extendió ambas manos delante de sí. las enormes vendas que cubrían sus nudillos se hicieron completamente lógicas al ver lo que tenía en ambas manos.

tenía que estarlo. Podía razonar. “Bueno. volvió a colocarme boca arriba. de una patada. Cada hueso de mi cuerpo estaba completamente triturado. Logré ver que rebuscaba algo en los bolsillos de sus pantalones.” Escuché la voz de Jarred como a través de un muro o una cortina. logré escupirle a la cara. 119 . poco más que un pedazo de fierro con la punta afilada. No sabía si estaba despierto o dormido. la expresión vacía. Y luego el pensamiento se perdía en un torrente de quejidos mudos emitidos por cada célula de mi cuerpo. Mis brazos tampoco respondían. ¿Qué prefieres. digamos.nada. Intenté levantarme. Mi corazón iba cada vez más lento. Recordaba vagamente una incertidumbre crucial. barba y pelo cubiertos con mi sangre. mientras tosía y vomitaba sangre y dientes. un momento de revelación. El dolor era tan inconcebible que acallaba todo lo demás: mi ira. No lograba moverme. Sentí que mi respiración se cortaba. y esa preocupación que rayaba en la histeria por lo que había olido o imaginado< La lluvia de golpes cesó y sentí el impacto seco de mi cabeza contra el piso. y su risa resonó en mi oreja. Con un resoplido de satisfacción. El río. pero mi cuello no respondía. dime. Ya casi no respiraba. “Tiene bastante poca. Sólo podía oír la ausencia de latidos< y un murmullo a lo lejos. No sabía si mis sentidos estaban velados o si no había ruido alguno.” Una mueca complaciente subió a los labios rotos de boxeador mientras se inclinaba un poco más hacia mí. “Pero esa no es la idea. Me acababa de enterrar en pleno pecho una suerte de estaca. Despierto y consciente. “De hecho. Miré como a través de un mosaico y casi sin ganas lo que tenía en sus manos. Sólo tenía conciencia del dolor. lenta y dolorosa o lenta y dolorosa?” Con la poca fuerza de voluntad que me quedaba.” Me dejó caer (un chasquido de vidrios rotos) y. y cuando logré enfocar la vista me encontré con Jarred agachado a mi lado. veía la misma oscuridad con los ojos abiertos y cerrados. Me giró de una patada hasta quedar boca abajo. casi hasta apagarse. Estaba despierto. “Lenta y dolorosa ser{. Me sentí alzado por el pelo. Y la estaca emitía ese brillo esquivo que sólo puede tener el metal que contiene plata. El olor a carne quemada. ¿No?” Y todo se volvió negro. dudo que mueras. me mareaba. diez minutos.” Sentí el calor de su aliento en mi cara. volvió a inclinarse sobre mí. mi impotencia. La sonrisa desapareció. podía reconocer sonidos. Intenté girar la cabeza. si te lo sacas dentro de los próximos. “Y yo que creí que me entretendrías m{s. mi carne quemada. pero no podía mover las piernas.

todo el pánico y la desesperación que había ocupado mi ser hasta el momento parecieron detener su flujo interminable. Los alaridos resonaban rasgados. susurró una voz en mi oído. intenté levantarlo levemente. que sólo tenía que lograr moverme y comenzaría a sanar. Sólo pensaba que me estaba muriendo. Mi mente aletargada consiguió con esfuerzo concebir una idea coherente. y falla. débiles. Me dije que tenía que calmarme. Bien. Cristal resquebrajado. lo que fuera. de levantarme. era porque ya podía razonar claramente. mientras yo sólo podía pensar que estaba perdido. Uno de estos días vas a necesitar a alguien y. trayendo consigo la destrucción de todo lo racional que podría haberse alojado en mi mente. los pies. Despierto. Sí puedo notar un poco de luz. Los huesos trizados se quebraban. temblaba. bestiales. Sentí que un gemido involuntario subía a mi garganta. Vas a morir. que alguien me escuche. que en segundos ni de gritar sería capaz y luego mi corazón ya débil se detendría y se me nublaría la vista y todo habría acabado y no habría logrado nada< Seguí aullando. pero sabía que no era así. Nada. pensé. Estoy desvariando. No podía siquiera emitir un sonido. de voltearme. El pánico estalló como una bomba de tiempo. La presión desapareció. sólo logré escuchar un par de patéticos gruñidos salidos de mi boca. Abrí los ojos con cuidado. Volvía a estar en mis cabales. Hice un esfuerzo por mover los dedos. para dar paso a la primera idea clara que tenía en lo que parecían horas. y grité hasta quedarme sin voz. Ahora sólo tenía que encontrar la manera de salir de ahí. Que era mejor que nadie lo hiciera. Si era capaz de darme cuenta de que estaba pensando idioteces. por partes. 120 . desesperados. Parpadeé un par de veces. Mentiroso. Por una puta vez que lo necesito a mi lado. Entonces logré gritar. por lo que creo. Sin que el miedo te consuma. consciente. que había despertado. me dije. Tiene que haber algo<alguna parte< Entonces noté que mi hombro derecho. Y los pelos de la nuca se me erizaron cuando un frío irreal se posó sobre mis miembros. Sin poder girar a mirarlo. medio aplastado contra el asfalto. Cuando aquella frase resonó en mi mente. seré el único que tengas cerca. que alguien se acerque. ayuda. Que venga alguien. Por más que traté de gritar. completamente incapaz de hacer nada. ayuda< Algo en mi cabeza dijo que de nada serviría que alguien hubiese escuchado. pero era como estar fuera de mi cuerpo. Ahora con calma. perdido. que seguramente aún tenía tiempo. al chocar con otros fragmentos. Y un vacío en mi estómago que nada tenía que ver con las heridas abiertas sirvió de antesala a mi pérdida de control.Intenté abrir los ojos y acostumbrarme a la oscuridad.

Si lograba moverlo con suficiente violencia como para romper mi brazo hasta que se reacomodara por sí sólo. Arranqué la estaca con un quejido. Debo haber estado tendido en esa posición durante horas. en pocos momentos todo lo que había logrado se volvería inútil. Me levanté y caí al piso al menos tres veces. Sólo podía rogar que Frederick estuviese en casa y me abriera la puerta. lo que se volvía mil veces peor con los lentes rotos. a la escala del departamento. hasta que comprobé que podía ponerme de pie. el sonido de la voz de Frederick me provocó un relajo inexplicable. sentí que no era más que un fantasma sanguinolento. Murmuraba algo. 121 . estaba salvado. Mi hombro se había reacomodado con el impacto de la caída. me dije. Ni siquiera tenía fuerzas para maldecir mi estupidez o preocuparme por quién podía encontrarlas. Por favor. Hurgué en los bolsillos de la chaqueta prácticamente deshecha con una mano en similar estado. sin poder recuperar el control del brazo izquierdo. Mi vista estaba horriblemente borrosa para cuando logré llegar frente a mi puerta. Entonces la muñeca se tornó fácil. haciendo que la estaca en mi pecho se enterrase un poco más y acarreando en el proceso un dolor horrible. Mis pulmones rotos se hincharon con una velocidad casi dolorosa. Con lo que en esos momentos me pareció un esfuerzo titánico. Había logrado arreglar mis piernas con el sistema de golpes y ayudado de una sola mano. porque sentía que mi visión comenzaba a fallar y sabía que. pero no logré dar con las malditas llaves. pero no importó. pero penosamente arduo de descifrar en el estado en que me encontraba. claramente audible e incluso atronador en plenitud de mis capacidades. claramente impedidos por el metal maldito. Los dedos fueron repuestos con una brutalidad sin precedentes. alcé levemente la mano derecha y golpeé la superficie de madera ahogando un quejido de dolor. Me tomó cuando menos un minuto sin parar de golpes y alaridos arreglar el codo. Cuando por fin pude avanzar. pues mis pies no lograban aguantar el peso de mi cuerpo. y a duras penas logré razonar que necesitaba encontrar mis llaves y podría al fin encerrarme en un lugar seguro. Aún no sé como demonios logré atravesar medio Londres y llegar. Por favor… Entonces escuché una inspiración sobresaltada y un remover de cojines. Pasé cuidadosamente los dedos por mi abdomen y estómago. si no me apresuraba. Mi mente se iluminó diciendo que claramente se habían caído de mi bolsillo en uno de los tantos saltos de la pelea. apoyándome en las paredes. Esa era la clave. Por primera vez. Por fortuna no tenía sensibilidad alguna: Estaban monstruosamente abiertos. Me apoyé en el marco de la puerta esperando escuchar algún sonido proveniente del interior. con las primeras luces del alba.Suspiré ruidosamente.

comenzó a gritarme una verdadera cascada de insultos. “¿¡Cómo mierda se te ocurre irte así nada m{s y no volver hasta ahora?! ¿¡Tú crees que no me preocupo. revelando a un Frederick ojeroso que.“M{s de las cinco de la mañana< cómo rayos se le ocurre hacerme esto< ni una maldita nota diciendo en dónde demonios est{< y adem{s se olvida las llaves< ya va a ver ese imbécil<” Los pasos se interrumpieron y la puerta se abrió de golpe. y al levantar los párpados me encontré con el botiquín que había usado para curarme hacía tantos meses. no puede ser que<” “Frederick<” Se volvió hacia mi rostro. “¿Sí?” “< Sólo c{llate. sentí que me pasaba una mano por sobre los hombros y me hacía entrar al departamento. “Veamos< supongo que debería comenzar por tus piernas. a ojos cerrados. imbécil!! ¡¡La próxima vez dime dónde demonios vas a estar para no pasarme la noche preguntándome si no te habrá raptado alguna desagradable bestia peluda que va a entretenerse esparciendo tus vísceras por la orilla del Támesis!! ¿¡Te quedó claro!?” Entonces abrió los ojos. Una vez quieto. tienes una mancha 122 . noté que el pelirrojo no había detenido su ruidoso torrente de interrogantes. Evan. “Ahora no te muevas. pero no tenía caso. Me dejé llevar así hasta el sillón. Como un libro abierto. “¿Evan?” aprovechó de decir Frederick mientras yo tosía.” Iba a protestar. casi no podías pararte< ¿Hay algo que te duela m{s? Espera. furibundo. que estaba generándome una jaqueca en tiempo récord. Te voy a sacar los lentes antes de que tu cara se llene de vidrio. Ni siquiera pude alzar una ceja como me habría gustado hacerlo. Lo que no evitaba que me sintiera horriblemente incómodo. “¡¡EVAN!! ¿EST[S BIEN? ¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASÓ?! ¿EVAN? ¡EVAN!” Antes de que lograra decirle que primero tenía que entrar y echarme sobre alguna superficie horizontal. “Oh. cuando mis huesos dejaron al fin de quejarse. De todas maneras. dime que puedes moverte. ah?! ¡¡Mira que eres idiota!! ¡¡Y ni siquiera he podido dormir porque seguramente andabas sin llaves o algo por el estilo. pero tuve que aclararme la garganta un par de veces antes de poder decir algo inteligible. Escuché que se levantaba y avanzaba unos pasos hacia su habitación. El extraño silencio no duró más de un segundo. Emití un gruñido que quería ser una palabra. por favor. apremiante. Frederick ya había visto mis ojos. Volvió a los pocos segundos.” Por una vez me hizo caso y se quedó en silencio. no puedo creerlo.

poco más que unos jirones de tela ensangrentada. si la ira o la vergüenza. Me había desmayado. casi completamente acallado por la nada que resonaba en mi cabeza como una lúgubre campana. estaba el rostro pecoso y agitado de Frederick. visiblemente espantado pero intentando mantener la calma. cuerpo imbécil. A segundos de que todo se acabara. Lancé una mirada iracunda a mi cuerpo postrado y cubierto de vendas innecesarias. El tal Jarred era un verdadero hijo de puta. la cercanía irreal y al mismo tiempo tan tangible del vacío. Lo más parecido que puedo recordar estaba muerto. “¿P-Por casualidad tienes el estómago abierto y habías olvidado mencionarlo?” “No me habías dejado decir nada” logré murmurar. mientras Frederick revisaba alternadamente mis brazos. “Sí. “Tuviste una especie de ataque de p{nico. el crujir espantoso de mis huesos haciéndose añicos. Llevabas inconsciente casi tres horas. Te pusiste p{lido y comenzaste a temblar<” Suspiró como quien lleva minutos enteros aguantando la respiración. pecho. Delante de mí. de la muerte< Escuché a lo lejos la voz de Frederick que me llamaba. porque una sonrisa subió a la boca de Frederick. Entonces me acometió el recuerdo de los golpes que prácticamente me atravesaban.” “Desmayado<” logré murmurar. El olor abominable de mi sangre cubriendo el piso. “¿Evan? ¡Evan! ¡Responde! ¿O est{s pensando en desmayarte de nuevo?” 123 . “Me gustaría decir que he visto peores.” Debo haber pasado horas recostado sobre el sillón. Me había golpeado con tanta fuerza que había resquebrajado las manoplas. Inspiró con dificultad y comenzó a sacar objetos del bolso. pero esto es demasiado.” Mi intento de fruncir el cejo de seguro resultó más patético que temible. “¡Pero Evan!” de inmediato me despojó de lo que quedaba de mi chaqueta y camisa. Durante largos y dolorosos minutos estuvo extrayendo pequeñas esquirlas plateadas de mi hombro izquierdo. Suspiró lentamente. “Bueno. nunca me había asustado tanto. Se veía más relajado. Había estado a punto de morir. te desmayaste. una y otra y otra vez. si puedes poner mala cara. la pérdida de consciencia.gigante bajo el pecho< ¿Evan?” aquí se detuvo y le tembló la boca.” No sé qué vino primero. “Te digo. Cuerpo exagerado. Me desperté cuando una mano fría se posó sobre mi frente. lo que explicaba por qué no había podido sanar. Quédate quieto. Desmayado. ¿vale? Voy a ver qué puedo hacer. piernas. todo lo que pareciese grave. el quejido de mi cuerpo derrumbándose. no debes estar tan mal. Qué no habría dado en esos segundos por destrozarlo.

sintiendo los pies desagradablemente cansados. Parece que tu estómago ya está bien y deberías poder mover tus piernas sin problema. “¡No te va para nada!” “C{llate. otra chaqueta. ¿Qué te falta? ¿Traías algo importante? Porque bueno. con suerte llegaste tú<” “Los anteojos. tus dichosos lentes< y bueno. aparentemente. imitando ese gesto infantil de un niño que sabe que hará una pregunta comprometedora. “Mira. que fuera a dormirse o algo (las tazas de café repartidas por la mesa de centro y una almohada en el suelo parecían indicar que el muy idiota no se había movido de su lugar en las tres horas que llevaba desmayado). Frederick me miró estupefacto. se veía realmente horrible. para variar. pero. ahora tienes que decirme cómo te sientes.Iba a escupirle que se alejara. De algo tenía que servir. su lengua fue más rápida. “Vamos. le causó muchísima gracia. cómo te lo digo. no te imaginas<” Alcé mi mano izquierda y tracé un círculo con el hombro hacia delante y luego hacia atrás. “Ah.” Lo hice a un lado y me puse de pie. y si tenía suerte. y luego recordé los cristales quebrados. Pero nunca he sido previsor. mi cuerpo lento y pesado.” Murmuré de mala gana. 124 . olvidándome de que el pelirrojo podía verlos. claro. y luego se echó a reír. ¡No hagas eso!” dijo entre molestas risas. pero tengo serias dudas con tu hombro. en el estado en que llegaste< y. Instintivamente busqué mis lentes en la mesa cercana. “¡Y bueno! Creo que subestimé todo el cuento ese de ser hombre lobo. con aún más fuerza. iba en serio. Di media vuelta y me dirigí a mi habitación. Puse los ojos en blanco. con un leve tronar de huesos que indicaba que había vuelto a la normalidad. Se llevó una mano a la boca. puedes enojarte conmigo luego. pensando que tenía que tener algún par de lentes de reserva guardados en alguna parte. “¿Qué? ¿Te falta algo? ¡No deberías ponerte de pie en seguida! ¡Ve a echarte a tu cama!” “¿Desde cu{ndo me das órdenes?” “¡Desde que soy tu médico!” “¡Ni siquiera eres médico!” “Bueno. anda a la esquina y te compras otros. aún con un dejo de sonrisa en los labios. El gesto. Mierda. ¡Soy tu veterinario!” Mi mueca de “eres el estúpido m{s redomado que jam{s he visto” sólo logró que se echara a reír como antes. “Evan. Frederick eligió ese momento para asomarse al umbral. creo que hay una óptica en la acera del frente<” Simuló sorpresa ante mi mirada de odio. ¿no?” y sonrió con un guiño. Evan. Me senté al borde de la cama con la frustración plasmada en mis manos vacías.

si estoy desconcentrado. ¿No? Sino que tú mismo te veas. si sencillamente es más fuerte. qué quieres. todo el que pase cerca está perdido). “O sea.“¿Qué pasa. Entonces avanzó hasta colocarse delante de mí.” Sonrió sabiendo que había obtenido la victoria.” Me esperaba cualquier cosa menos eso.” ¿Cómo demonios hacía para saber lo que evitaba decirle por todos los medios? Asentí lentamente. La explicación no me tomó más de cinco minutos. mientras bajaba la mirada. “Bueno. “Pues< eh< en cada luna llena me quedaba ahí. emitió otro de sus largos suspiros. ¡Y ya me he aguantado bastante la pregunta! ¿Me vas a explicar de una buena vez qué pasa con tus ojos?” “No. sin reírse como hacía siempre. Frederick escuchó todo sin emitir palabra. “¿Es inmediato. “¿Y cómo rayos has hecho durante el último año para no transformarte durante la luna llena?” “¿Por qué est{s tan seguro de que no me he transformado?” Se sonrojó ligeramente. “Ya ver{s como te consigues otros lentes. “No sabes cu{nto te odio. Nunca antes me había fijado en lo fácil que resultaba enunciarlo (si un licántropo ve mis ojos y se transforma en plena calle. los anteojos que usabas siempre< Lo que m{s te preocupa no es que otro como tú pueda verte. atento como nunca antes lo había visto. el silencio se mantuvo por un par de minutos. entonces? ¿Los ves. pero las palabras prácticamente se escaparon de mi boca.” Intenté no decir nada. Cuando por fin parecía en condiciones de hablar. Evan?” habló con un matiz tan meloso que resultaba insoportable. del otro lado de tu puerta. perfecto.” “Ah. Al terminar. al principio creí que solo eran ideas locas que tenía. ¡Pero vamos! ¡Que encajaba todo! La falta de espejos. 125 . soy una persona curiosa.” Me dio la espalda. Yo que iba a ofrecerte ir a comprar unos que se ven de lo más cómodos. más aún gracias a la transformación… entonces yo también estoy perdido) no tuviesen ninguna importancia. “Lo sabía. y ya est{? ¡Momento!” había pasado todo ese tiempo apoyado en el umbral de la puerta. “¿Acaso no puedes salir sin ellos?” Casi comenzaba a desear haberme quedado tirado en aquella callejuela cerca del Támesis con una estaca con plata en pleno pecho. hasta los cubiertos y vasos de plástico. escuchando<” No supe que decir. aprovechando la salida< tuve que tirar lo que quedaba de la vieja. y una chaqueta también. mientras digería la información. como si todo el resto de las implicancias que tanto me obsesionaban (y si son demasiados.

“¿De dónde sacaste esto? Y yo que creí que había leído todo lo que tenía que ver con hombres lobo< espera. bueno.” Apunté con desgana hacia la vieja cómoda donde había vaciado mis escasas pertenencias el día en que había llegado al departamento. no hay nada que hacer contra eso. con especial atención a la portada y las primeras páginas.“¡Bueno! ¡Eres un hombre lobo. preguntándome con la vista si podía tomarlo. “¿No verla? ¿Y ya est{?” “No es f{cil. con el volumen delante suyo como si se tratase de un tesoro increíblemente preciado. “¡Tengo derecho a saber si de repente ibas a salir convertido en un monstruo gigante dispuesto a matar a medio mundo! ¡Digo.” Sonrió mientras sus mejillas retomaban su color natural.” Me dirigió una mirada completamente vacía. malhumorado. Y ahora que ya te reíste por mi cuenta. Volvió a su puesto. “Bueno. “Es como si te obligase a mirarla.” “¿Casi como algo magnético? Creo que puedo imaginarlo< ¿Y qué haces para distraerte?” “Leo.” Me llevé una mano a la cara. “Eh<pues< sí.” “Creí que eso ya lo habíamos establecido. sentado frente a mí. “Querías verme transformado. estaba el libro negro.” Gruñí. pasó un par de las páginas que había vuelto a releer. después de todo!” dijo como defendiéndose. Se vuelve necesario. qué quieres. 126 .” Se desanimó de golpe. Sobre el pequeño montón de ropa. mas a los pocos instantes estaba nuevamente hurgueteando entre las páginas del libro. Lograr concentrarse en otra cosa es extremadamente difícil. Se siente en la piel. Soy un niño. ¿Me vas a contestar la pregunta? ¿Cómo haces para no transformarte?” “No verla. debilitadas no tanto por los viajes que habían visto sino por todas las lunas que me habían mantenido ocupado. “Eres un completo imbécil. ¿O es algún documento importante de ustedes los licántropos y sólo uno de ustedes puede tenerlo y lo heredaste de quien te convirtió y en muchos años tendrás que dárselo a tu descendencia para perpetuar la leyenda y<?” “Lo encontré en una librería. quizás no reírte. no es el punto. para ir a esconderme o algo!” Era la primera vez que resultaba tan poco convincente. negando impulsivamente con la cabeza.” Se sonrojó tanto que pudo haberse camuflado detrás de su pelo. Frederick se levantó. “¿Crónicas licántropas?” Con sumo cuidado.

” El sonido tintineante de su risa llenó el departamento cuando se hubo ido. Para cuando Frederick regresó. Sus ojos celestes volvieron a abrirse en todo su diámetro. no un Neardenthal.” Dicho esto se puso de pie de un salto y. mas tuve que detenerme para atrapar al vuelo una caja que pretendía impactar en mi cabeza. Qué extraño< Ninguna casa editorial publica algo sin dar un nombre. al menos le ponen Anónimo. Me era imposible ver la pelea sin el recuerdo acosador del despreciable miedo. hasta que apareció ante él la primera de las páginas escritas. dispuesto a tomar los anteojos y salir. cuando me fijé en la fotografía que llevaba impresa.“No tiene autor. qué pude haber cambiado.” Extendió una mano hacia mí con una gran sonrisa. “¿Evan?” había en su rostro una expresión tan rara (¿Esperanza?) que no supe qué esperar. Me he salvado. que eres un hombre lobo. Pero espera< ni siquiera tiene marca de editorial ni nada< Y estoy m{s que seguro de que no lo he visto en ninguna parte. Pero por más que lo intentara. entre el sonido de la frase murmurada se mezclaron las vibraciones de una nueva oración. Sencillamente lo seguí mirando con el semblante incrédulo que había adoptado hacía un rato. también una chaqueta. Y no volverá a ocurrir. me sentía listo para salir a cazar a Jarred en aquel mismo instante. Evan. Me he salvado.” 127 . “<¿Me lo prestas?” Pude haberme llevado la mano al rostro una vez más. Me levanté de golpe. “Y ya que sales. que ya no salió de ahí. La tomé diciéndome que era demasiado empaque para los lentes que debía contener. “Claro. pero de súbito se me ocurrió una mejor idea. No podía recordar los golpes sin el dolor y la ira. la declaración de intenciones. y créeme cuando te digo que conozco como mi pieza todas las bibliotecas de Londres<” murmuró un par de cosas mas. era incapaz de pensar en ello con la mente en frío. Ver qué errores había cometido. Pasé la siguiente hora u hora y media yaciente en mi cama. “Trato hecho. y quedó nuevamente en silencio. en un intento por darle una mirada objetiva (qué aspiración estúpida) a lo que había sobrevivido. Cuando vuelvas con los lentes en la mano. tuve que repetirme un sinnúmero de veces. se dirigió a la puerta. Pero luego de largos minutos. ¿O me vas a decir que nunca habías visto uno?” “Se suponía que ibas por mis lentes. “Vamos. “¿Qué demonios es esto?” apunté la imagen del teléfono celular que relucía en la caja. Algo tenía que extraer de mi enfrentamiento con Jarred. tras un breve paso por su pieza.

sintiendo con agrado el nuevo peso.” Logré sesear. que contenía un par de anteojos algo más grandes que los viejos. Supuse que necesitarías la talla más grande con lo alto que eres.. pero quizás deberías haber pensado antes en una buena manera de llevarlos<” Lo corté con un gruñido. con amplios bolsillos internos que seguramente me serían de gran provecho. “¡Te quedan bien!” exclamó Frederick. Vas a aprender a usarlo y lo llevar{s contigo. ¿no? Estabas en desventaja. pruébatela.” “Que se me ocurrió una. tenía un arma.” Alzó una pequeña bolsa que llevaba en una mano. Aún no me explico como rayos lograste llegar hasta acá en primer lugar.” Iba a decir expláyate.” “Para ti. Dado que eres incapaz de dejar notas o algo por el estilo.. pero con Frederick nunca es buena idea. ir a buscarte o algo. y tomé la bolsa que el pelirrojo había dejado sobre mi repisa. Al menos podré. y los traje. qué se yo. En lugar de eso. pero la que tenían era muy ancha. para nada. que implica las hombreras de la chaqueta. Mas una vez la tuve puesta.. 128 .. esperé. el olor animal del cuero llenándome las narices. Y también esto. noté algo extraño. Y para eso. Ten. “Y tu punto es.” Sacó de la bolsa un abrigo largo. para luego salir y volver a entrar con la segunda bolsa en las manos. “Todo esto de la pelea< el hecho de que hayas terminado tan herido< Bueno. Y el tipo este con el que te enfrentaste< tenías trozos de plata en el hombro. Luego no pude más que dirigirle al pelirrojo una mirada ligeramente asombrada.“Oh. Así no volver{ a ocurrir otro episodio como el Evan-en-calidad-de-estropajo de esta madrugada. “Ahora sólo falta ver lo de la chaqueta. No deberías haber podido ni subir las escaleras.” “¿Tú crees sinceramente que voy a usar esa cosa?” “Sí. y luego señaló otra m{s grande que había dejado sobre el sillón. nada mejor que un celular. por no llevar los látigos. “¿Hombreras? ¿Por qué demonios<?” “No es que te falten hombros. Las observé un par de momentos. y dos gruesas correas de cuero cayeron al piso. Y no es que te lo reproche ni nada. Me la eché sobre los hombros. cubiertos también por los lados al estilo de las gafas de aviador. “Aún no me dices para qué es esto.” Dio vuelta la bolsa que había contenido el abrigo. y afortunadamente cómodos. Es sólo que se me ocurrió una idea. claro. “Y una chaqueta también.” Tiré el teléfono sobre la cama mientras Frederick se explayaba sobre su uso.” “Frederick. créeme. negro azabache. con las pocas veces que te he visto pelear puedo decir que no eres débil. decidí unilateralmente que necesitabas volverte una persona ubicable. seguro que te daba la vuelta dos veces.

“Arregla eso. “Sólo hay que hallar la forma de fijar las correas pasando sobre el hombro y bastante por debajo del brazo. Veinticuatro horas. Y si le sacamos las almohadillas y te colocas la chaqueta.“¿Ya ves?” dijo con una sonrisa triunfal.” Después de varios intentos. Averiguar cómo demonios haría para sacarlos de manera rápida y certera. que ni siquiera atraería demasiadas miradas indiscretas en la calle. cuando menos. y si los bultos son demasiado visibles< ¡Quién sabe! ¡Podrías llegar a formar una nueva moda!” “Claro. porque es exactamente lo que estoy buscando. Salí de mi habitación intentando recordar la última vez en que había ingerido algún tipo de alimento. Fueron horas de quedarme enroscado como en los ahora lejanos días de aprendizaje. el sol comenzaba a ponerse y me sentía desfallecer de hambre. de manera que puedas enrollar cada látigo sobre una de ellas sin dañarte.” Le lancé el abrigo a la cara. o que tienes unos hombros descomunales. Para cuando lo logré. No pude agradecer más el olor a comida proveniente de la cocina. Yo veré qué hago con las correas. Luego vino lo difícil. Bueno. sólo parecerá que llevas hombreras. no sin heridas pero a una velocidad satisfactoria. cubriéndome de rasguños y cortes. logré dar con una buena manera de enrollar los látigos. 129 .

mi cuerpo volvió a estar en el cénit de sus capacidades. de ser necesario. Me puse en guardia. Un olor tan esquivo. Me puse en guardia de inmediato. Su olor no parecía estar en ninguna parte. la mayor parte de ellos durmiendo. una figura se adelantó un par de pasos y emergió de las sombras. decidido a que. un cambio en el aire tan sutil que no lo había notado. ignoré como siempre sus idioteces y salí a la calle. traicionero. Un centenar de metros más adelante. El traidor. Repartía mi tiempo entre el entrenamiento (basándome ahora en disminuir el tiempo empleado para sacar los látigos) y las caminatas sin rumbo aparente por los distintos barrios. otros dos días. pero sólo alzó los brazos. no permitiría que lo hiciera por mucho tiempo. mas tuve un momento de vacilación. las manos en las empuñaduras de los látigos. se hallaba en su peor estado. Un hombre joven. Contuve la respiración. 130 . Pero no logré encontrarlo. Al comenzar Febrero. tenue< De golpe apareció en mi mente la imagen de un cuerpo deshecho marcado por dos cortes humeantes. sentí que iba a perder la paciencia. Era una noche sin luna. Sigo queriendo creer que por eso no lo vi primero. una sonrisa afilada. de a momentos. Hasta que sentí la mirada lobuna fija en mí. Ni siquiera en la lejana Masa. de pelo rubio y ojos del mismo color.[Lance] Después de dos días completos pasados en el departamento. y no me parecía que nada vivo pudiera encontrarse en un radio de varias millas. a través de la Mancha. La calle inusitadamente larga se extendía ante mí sin más iluminación que la de una única farola lejana. Me miraba como si fuera a sonreír de un momento a otro. cuanto menos. si Jarred se estaba escondiendo. ahora deshabitada. dispuesto a rastrear a Jarred y seguirlo. listo para el ataque. por lo que mi mal hábito de perderme en mis pensamientos y descuidar. el olor estaba ahí. sobreviviente solitaria entre las ampolletas rotas. Las ansias me tenían al borde de la desesperación (ni siquiera algún otro idiota paupérrimo intentando matarme como para pasar el rato…). Me encontraba en una antigua área industrial. No olía nada a la distancia. dicho sea de paso. curiosamente quieta. No. Aunque mi veterinario insistió en que debía guardar reposo por. depredadora. Pasaron semanas sin cambio aparente en los olores de Londres. Me adelanté imperceptiblemente. Que estaba. mi alerta. ¿Dónde estaba su olor? ¿Por qué no podía sentirlo? Inspiré con profundidad. de manera que sólo parecía que me estaba cruzando de brazos.

” Emitió un sonido a medio camino entre un bufido y una risa. proclamándose aliado. “Tú y yo queremos lo mismo. Entonces. una extraña sensación de compañía). Seguía pareciéndome sospechoso. “¿Alguna prueba?” “No hay manera de que sepas si miento. bajando ahora lentamente las manos. atrapando la pierna en el aire y quebrándola con violencia. manteniendo la vista fija en mí en todo instante. Luego su sonrisa se tornó aún m{s sombría. Lo mucho que había pensado en poder dirigirle la palabra. “¿Y qué sería eso?” “Creí que estaba claro. Antes de pensar que su cuerpo se tensaba para atacarme. hizo ademán de proseguir la conversación. lo que me enfureció lo suficiente para desgarrarle el cuello. que me respondió con un asentimiento casi imperceptible. En lugar de eso. Derribé a uno de un codazo mientras esquivaba una patada. ¿no?” se acercó unos metros.” Avanzó un par de pasos. En todos los sentimientos encontrados (envidia. Eso.” Hizo una leve inclinación de cabeza. “Son mi palabra y mis acciones contra tus convicciones y tus recuerdos.” Se detuvo al ver que no bajaba la guardia. olí un grupo de hombres lobo que se acercaba a una velocidad tremenda. claro está. “Como gesto de buena voluntad.” Así que tenía delante de mí a un renegado lo suficientemente orgulloso para preferir volverse un paria a estar bajo la tutela de su propia creación.” Recordé las muestras de pericia que había dado. le di la espalda. Y ahora estaba frente a mí. Lance debió sentir mi reticencia. Quizás porque era el primer licántropo que intentaba entablar una conversación conmigo por voluntad propia. Pude distinguir en sus colmillos la sonrisa que había predicho.” Sopesé por un fugaz instante que fuera cierto. ansia. Skartzia. No sabía si admirarlo o asquearme. Tres cuerpos se lanzaron contra mí en ese momento. Eran siete pares de pasos. abandonando ligeramente el círculo de luz. esperando como acto de fe no lamentarlo en ese mismo instante. si lo que decía era cierto. “La destrucción de la sociedad lic{ntropa. Por lo que debí batirme sólo a puños y 131 . Por ningún motivo revelaría mis armas ante Lance de no ser estrictamente necesario. me presento. Soy un Exiliado. y venían de ambos flancos. Le lancé una corta mirada al licántropo rubio. la inclinación a la tortura. formar incluso una suerte de alianza.“Dejemos para otros las peleas innecesarias. El tercero logró darme un golpe en pleno hombro izquierdo. pues no intentó acortar las decenas de metros que se interponían entre nosotros. Aquello no era normal. Como si fuera así de fácil. pero se paralizó antes de formular una palabra. “Mi nombre es Lance.

ese algo tenía que ser< Información.” Lo miré de arriba abajo unos momentos. si Lance podía proveerme de algo útil. algo sencillo de ocultar. “Cooperación. y al girarme noté que había quedado a pocos metros de Lance. con algo que pudiera ser considerado un compañero. aproveché la oportunidad para observar el estilo de lucha de Lance. Un golpe en mi espalda me hizo perder el equilibrio. lo que demostró ser más que suficiente. En esos breves momentos. de ninguna manera quería algo que involucrase contacto directo. Un ruido tras de mí me previno que estaba a punto de correr con una suerte parecida. Aterrizó con facilidad a mi lado. claro. Mi atacante voló por los aires. pero no sirvió de nada. y uno de sus contrincantes había aprovechado para atacarme. sin demostrar debilidad alguna. me percaté de que el licántropo rubio no llevaba armas visibles y que. sonriendo con esa mueca afilada que había tenido antes de la interrupción.” Dijo sin dirigirme la mirada. Quizás incluso garras. Pero el golpe no llegó. 132 . de tenerlas. debían ser casi seguramente cuchillos o pistolas. pero Lance sacó una pequeña caja metálica de su bolsillo y pasó por cada uno de los casi-cadáveres. Cuando el suelo se cubrió de cuerpos. sobre el corazón. “No me gusta esto de la cooperación forzada. Emití un gruñido en señal de desacuerdo.patadas. Peleaba simultáneamente contra cuatro de los monstruos. Se basaba principalmente en patadas. Implicaba demasiada cercanía innecesaria. Las heridas que había visto en los cuerpos de hacía un año tenían que haber sido hechas con algún tipo de cuchillo. Nos cubrimos mutuamente las espaldas. Esto me calmó lo suficiente para dirigirle la palabra. y volvió a ponerse en guardia. enterrándoles pequeñas astillas en el pecho. pues no llevaba como yo un abrigo largo ni nada que proveyera un buen escondite a la vista. Despachamos a los cinco que quedaban con una rapidez impresionante. pero no nos queda más remedio. pensando qué beneficios reales podía reportarme su ayuda. Pero no forzada. Le pulvericé las costillas de un puñetazo. No. Se movía con rapidez y esquivaba con igual facilidad de ambos flancos. De ser así. Una hoja afilada. Dos prófugos significaban el doble de perseguidores. con la huella de la bota de Lance claramente impresa en su cara destrozada. “¿Qué sugieres?” Lance dio la espalda al último cadáver y se apartó el pelo de los ojos (lo llevaba cogido hacia atrás de manera tan desordenada que no servía de nada). Me distraje lo suficiente para esquivar a penas los puños dirigidos a mi cabeza y estómago. yo llevaba ventaja. Y no me apetecía luchar con alguien más. No llevaba conmigo más plata que la de los látigos que quería mantener en secreto.

Si nos estaban rastreando. una gran molestia para las bestias. no como los inútiles Novatos rebeldes de mis días en Francia) de la sociedad licántropa. El London Eye. Un lugar donde no pudiésemos ser atacados fácilmente. Frederick se impacientó y entró en mi habitación listo para sacarme a gritos. Y. ¿No?” señaló los cuerpos ya casi consumidos de los monstruos que nos habían atacado. “Me basta con saber que no tengo que protegerme de ti. Un informante desde dentro. El problema era que no acudía a mi mente ningún lugar realmente propicio para ello. con todas las vías de escape y ataque que se me ocurrían.” “Perfecto. y que por qué demonios me había demorado tanto. “¿De qué va eso? ¿De súbito te laten los juegos de parque de diversiones? ¿O es una idea loca para encontrar a ese Jarred desde las alturas?” 133 . en cuanto a mi malhadada búsqueda. así que acepté la propuesta. “Ahora me interesa saber cu{nto sabes. diciendo que si me daba un teléfono era para tenerlo prendido. por otro lado. sus fallas. “Necesito información. Sería al día siguiente. Veremos de qué puedo proveerte. “Información. Frederick me recibió con un par de gestos malhumorados. guardando para mí una aún más extrañada.” “Si me das lo que pido. Y donde ninguno de los dos pudiese intentar nada. Alguien que conocía su funcionamiento como la curva de sus garras. dándome tiempo de trazar un mapa completo de las cercanías del London Eye. Alguien que conociera sus carencias. Con el maldito Consejo ya tengo bastante. Cuando se calmó decidió para mi alivio que iba a hacer la cena. no tienes por qué preocuparte. obviamente. Él seguramente pensaría lo mismo de lo que yo dijera.Alguien que había formado parte (buena parte. como si todo aquello le divirtiera. Algo como eso merecía correr el riesgo.” “¿Y tú qué pides?” “¿Yo?” Alzó las cejas. podrían encontrarnos en cualquier parte. no iba a acudir a algún lugar que Lance sugiriera y pudiera presentarle la más mínima ventaja. Cuando no contesté su tercer llamado a la mesa. “No me apetece verme interrumpido a cada rato.” Tampoco quería tener que dar alto al torrente de información que seguramente obtendría por culpa de unos estúpidos Novatos.” No iba a acabar así como así con lo que era. Recorrí mentalmente las calles londinenses. pero era eso o quedarme estancado como llevaba años ya.” “No esperar{s que tengamos esa conversación aquí.” Le dije. La idea de estar encerrado en un cubículo de vidrio y metal en las alturas con un licántropo excesivamente sospechoso no me atraía en demasía. Le dirigió una mirada curiosa. encontrándose con el mapa sobre el escritorio.

“No me parece buena idea. est{ bien. quizás incluso emocionado por alguna idiotez del tipo de “¡Puede ser como tu side-kick!” o algo. ¿vale?” Suspiré.” “< ¿Ah?” Antes de golpearlo por su idiotez. incluido el episodio del entrenamiento que terminó con mi cuerpo desangr{ndose en el piso del departamento. para que me dé información. ya me estaba poniendo nervioso< Adem{s. pero en vez de eso. Ninguna de las posibles respuestas me inquietaba. y le relaté brevemente lo que había ocurrido. pero Frederick se echó a reír de todas maneras. “No es nada ilegal. “No me creo que el tipo vaya y de la nada se le ocurra que quiere estar de tu lado.” Se cruzó de brazos. hombre. sé que es muy rom{ntico y todo. No sabía por qué terminaba contándole todo. “Tengo que ver a alguien” murmuré mientras doblaba la hoja y la dejaba sobre el velador. el London Eye.” “¿Disculpa?” “Digo que no me parece buena idea. “No te preocupes. “Bueno. tienes mi apoyo de todas maneras. Voy a verlo mañana. “¡Vaya. intentando armarme de paciencia. “< ¿Qué?” “Encontré al otro lic{ntropo que andaba por ahí deshaciéndose de los suyos.Tenía que decirlo. ¡Mírate! ¿Cómo es posible que salgas tan poco? Pero oye. m{s serio de lo que nunca lo había visto. Inspiré hondo. Pero me gustaría que no fuera ilegal.” Se quedó de piedra. frunció el ceño y se le ensombreció la mirada. entonces limito mi apoyo<” “¿Puedo ir por ahí matando monstruos. ¿Por qué ahora?” “¿Por qué no?” Me había planteado las mismas preguntas. lo más sarcástico y desagradablemente posible. pero si hago algo ilegal pierdo tu visto bueno?” Lo había dicho en serio. Frederick tenía días creativos. Como favor personal. Es otro lic{ntropo. pero<” Reprimí las ganas de partirle el cráneo para ver si se callaba. Creí que se mostraría bastante de acuerdo con la idea de una posible alianza con Lance. no tienes para qué avergonzarte< Si es otra cosa igual puedes decirme. recordé que el episodio de los asesinatos con las equis humeantes había ocurrido antes de que se fuese a vivir conmigo. “¡Tienes razón! ¡Qué tonto!” hizo el gesto de golpearse la cabeza. 134 . pero si andas en algo ilegal o algo así< bueno. ¿No? Entonces. déjame fuera de la trata de blancas. qué bien! ¡Una cita al fin! Tengo que decirlo. ¿Por qué no intentó contactarte antes? Pudo haberte rastreado por olor si hubiese querido.

sintiendo una diferencia de peso casi inapreciable en la chaqueta. quizás. dado el silencio y la calma que proveía. Había decidido que el mapa trazado la noche anterior no era suficiente. De esta manera. el teléfono celular pareció prácticamente gritarme desde la mesa. Tenía el odio en el cuerpo y la claridad en la mente. con un bufido. resultaba mucho más soportable. como sin duda me había buscado él. Giré levemente hacia él. Lo observé por unos instantes y. Estaría ahí hasta sentir su último latido. y me encerré en mi habitación. luego de haber enrollado los látigos bajo la chaqueta. desperté para encontrar el departamento vacío. Luego la boca cubierta de barba y las ojeras violáceas sobre la nariz torcida de boxeador. me dirigí a la puerta. aunque esa preocupación excesiva me molestara. No. varias horas más tarde. Al día siguiente. lo que. Me puse en guardia. como él había hecho conmigo. Tendría que ir al London Eye. Jarred me sonrió desde la punta misma de uno de los altos edificios a diez cuadras de distancia. Algo me había impedido olvidar las dudas de Frederick. Apreté los puños mientras sentía mis dientes chirriar de rabia.” Mi voz se tornó gélida con la última frase. ver y oler cada maldito pasadizo. y la derrota profundamente arraigada. Concentración y alerta. ¿Qué pasa si sencillamente estuvo esperando el momento propicio para atacarte. y lo hará ahora que estás confiado y que sabe cómo vencerte?” Respiré hondo para no abrirle el cráneo. y sólo entonces me consideraría lo suficientemente seguro para presentarme en el lugar. No percibí su olor hasta que sentí sobre mí su mirada. “Quiz{s el tipo te estaba siguiendo. es la primera vez que alguien te derrota así.” Dejé a Frederick en la cocina. igual que la vez pasada. el mismo algo que me las había repetido una y otra vez durante toda la mañana. “Lo de Jarred no volverá a ocurrir. Iba a tener todo el cuidado posible.” Fue casi una súplica. el eco del diálogo resonó en el espacio vacío. Quizás vio cómo Jarred te vencía. Ahora sería yo quien lo buscara. Pero yo no cometería el mismo error que él. “Y que no se te ocurra volver a subestimarme. ¿Qué más necesitaba? Atención. Su incertidumbre no era infundada. que casi te mata. recorrer toda la zona circundante. cada calle. Al principio fue sólo una sombra a contraluz. Sería yo quien lo dejaría yaciente como un cadáver en el piso. Me dije que Frederick seguramente seguía ofuscado por nuestra conversación de la noche anterior. No ocurriría nunca. por favor entiéndelo. Recuerda que ahora tendré conmigo los l{tigos.“Evan. Evan. era de lo más agradable. Sabía que no necesitaba algo así para la victoria asegurada. Pero cuando me disponía a salir. Tenía mis armas conmigo. Una vez adentro. lo de Jarred no volvería a ocurrir. 135 .

Y su cuerpo desapareció de mi vista. Me lancé tras su rastro pensando que no era propio de él, era la última bestia a la que esperaría ver huyendo. No, no podía estar escapando. Lo que hacía tenía que tener otro significado. Vino a mi mente una persecución por la capital italiana. Trasladar la pelea a un lugar propicio. Ventaja de campo. Aumenté mi velocidad en todo lo que pude, alimentado por el olor que ahora parecía llegar a raudales (la adrenalina, el esfuerzo) desde un punto indefinido delante de mí, a una distancia que tenía que eliminar a como diera lugar. Ambos conocíamos Londres. Si estaba haciendo algo como eso, era porque tenía algo preparado que le daría una ventaja tan grande que la falsa huída valía la pena. Algún lugar que yo no hubiese visto. Algo que no pudiese haber conocido. Tenía que alcanzarlo a como diese lugar. Subí de un salto a una empalizada de piedra y luego al techo más cercano. Podía ver fugazmente marcas de pisadas precediéndome. Por mucho que acelerara el paso, la distancia entre nosotros disminuía demasiado lentamente. Tenía que hacer algo. Alguna manera de acortar camino, algún punto muerto en qué demorarlo< Entonces mis obsesivas caminatas londinenses cobraron utilidad. Había en las cercanías un espacio abierto que Jarred estaba evitando para dificultarme la cacería. Si lograba empujarlo hacia allá, titubearía. Así lo alcanzaría. Me desvié levemente, de manera que tuviese que torcer al lado opuesto para conservar la distancia. En medio de un salto escuché gritos despavoridos provenientes desde abajo. No me detuve a pensar que estaba saltando techos en Londres sin posibilidad de ocultarme en las sombras como hacía años en Roma, con el sol aún a horas de ponerse. No era momento de preocuparme por nimiedades: el plan estaba funcionando. Seguí cambiando de rumbo, haciendo que Jarred se acercara, aún sin percibirlo, al lugar en que lo atraparía. Y aunque lo notase, sólo ese instante de duda sería suficiente para cubrir el tramo de un salto y atraparlo. El momento llegó y, viendo hacia dónde lo estaba empujando, Jarred vaciló. Corrí con todas mis fuerzas. Lo estaba alcanzando. A escasos metros pensé en saltar sobre él, decidido a llevarlo al piso conmigo. Pero no podría alcanzarlo. Aunque saltara y me estirase, nos separaban dos metros, dos malditos metros. La idea llegó tan rápido que no tuve tiempo de pensar en las consecuencias. Así la empuñadura de uno de los látigos y lo saqué con una velocidad brutal, dejándome un dolor ardiente en el pecho. Luego lo lancé hacia delante, apuntando a las piernas. La punta se enroscó limpiamente en uno de los pies de Jarred. El grito de dolor y sorpresa se volvió un alarido cuando retraje el látigo hacia mí y tropezó, cayendo los buenos cincuenta metros de los que nos encontrábamos del piso sin lograr protegerse las rodillas. 136

Salté tras él aferrándome con el látigo a un balcón para evitar que mis rótulas estallaran como las suyas. Se puso de pie casi sólo a fuerza de voluntad en el momento en que yo llegaba al piso, y me miró fijamente con esos ojos enrojecidos. Me limité a extraer el segundo látigo con una lentitud deliberada, más en favor de no abrirme el pecho nuevamente que para conservar la tensión del momento. Jarred curvó su boca en una mueca sicótica y, tronando los huesos de las manos, se las llevó a los bolsillos. “Comenzamos en seguida, entonces.” Se acomodó las manoplas sobre los nudillos vendados sin ningún gesto de dolor. “Trata de no ser tan patético como la vez anterior.” Una sonrisa involuntaria dejó ver mis colmillos. “Entonces intenta no ser tan imbécil como para volver a dejarme vivo.” Corrió hacia mí blandiendo sus puños. Dirigí un látigo contra su torso y, mientras bloqueaba el golpe con las manoplas, el otro impactó de lleno en su costado. En medio de su aullido logró echarse hacia atrás, sangrando profusamente y mirándome como si no entendiera cómo demonios había hecho eso. “¿Qué pasa?” hice tronar los l{tigos delante de mí sólo por el gusto de escuchar el chasquido met{lico. “¿Asustado?” La mueca sicópata volvió a su rostro, y se remeció como presa de una risa incontenible. “Excelente, ¡excelente! Ahora sí, ahora sí estamos hablando<” estiró los labios hacia atr{s, descubriendo sus dientes hasta las encías. “Así que dejémonos de tonterías.” Se lanzó hacia delante otra vez, y en menos de un instante uno de los látigos lo alcanzó de lleno en el estómago. Salió despedido hacia atrás. Chocó con uno de los muros que delimitaban la zona de la batalla (una calle estrecha y corta atrapada entre dos altas paredes) y un estruendo de huesos trizados hizo eco de su caída. Salté en su dirección, lamentándolo segundos más tarde. Una trampa: había esperado que me moviera para abrir un agujero en mi defensa. Impulsándose con la pared, me enterró hasta el hueso una de las manoplas en el hombro izquierdo. Se dio el lujo de sonreírme con los ojos horriblemente abiertos como antes. Entonces el látigo lo alcanzó en la nuca. Me soltó en seguida, completamente desorientado por el golpe, dándome valiosos instantes para arreglar mi brazo izquierdo y volver a atacar. Saltó a tiempo para esquivar los golpes, al precio de quedar a una distancia en que sus armas se volvían inútiles. Sólo sabía luchar cuerpo a cuerpo. Los látigos habían sido un golpe bajo para él. Me adelanté sólo un paso, de manera de poder alcanzarlo sin descuidar mi defensa. Se hizo hacia atrás otra vez, pero la pared estaba cada vez más cerca de su espalda. Casi me echo a reír. Mi buena suerte había sido impresionante.

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Una calle así de angosta, así de corta, donde la única posibilidad de escapar de mis látigos era salir volando. Excelente. Cuando iba a girar para intentar rodearme, retraje uno de los látigos y lo atrapé entre ambos. Uno lo golpeó en las piernas, el segundo se enroscó limpiamente en el brazo que alzó para protegerse. El grito de dolor fue impagable. Iba a golpearlo otra vez cuando sentí que algo me tiraba hacia delante. Me mantuve en mi lugar a duras penas, preguntándome, mientras lo miraba, si Jarred no estaría verdaderamente loco. En lugar de intentar zafarse del látigo que mantenía su brazo aferrado como una serpiente, lo había tomado y tirado hacia sí. Aunque la plata se estuviese enterrando en su carne como cuchillas. Aunque su brazo humeara como una hoguera encendida. Tiró una vez más y no pude mantenerme de pie. Antes de llegar al piso, un golpe en el pecho me levantó por los aires. Sintiendo el dolor de los órganos desgarrados, puse toda mi fuerza en tirar del látigo hacia mí. Yo no podría mover a Jarred de su lugar, y lo tenía claro. Pero podía exprimirle el brazo. La piel se rasgó, aplastando sus músculos entre un reguero de sangre. Jarred ni siquiera gritó, sólo pudo lanzar una mirada aterrada a la masa sangrante conectada a su codo. Cuando giró hacia mí con la ira impresa en el rostro, otro látigo venía a su encuentro, dispuesto a despedazarle la cara. No sé de dónde diablos sacó fuerzas para levantar el brazo que le quedaba y permitir que el látigo se enrollara como el primero, estrujando su antebrazo hasta que cada milímetro visible de piel pareció hincharse. Habría sido el movimiento más estúpidamente suicida del que había tenido conocimiento de no ser por un pequeño detalle. A menos que soltara los látigos, me tenía completamente atrapado. Con una risa grotesca, levantó ambos brazos (levantándome a mí en el proceso) y los bajó lo más bruscamente posible, haciendo que me destrozara los tobillos y rodillas contra el pavimento por la mala caída. Sin permitirme gritar, y aún en el piso, aumenté la tensión en los látigos, que se hundieron aún más en la carne de los muñones que habían sido sus brazos. Tampoco gritó. Sabíamos que ambos estábamos atrapados. Nos observamos el uno al otro, compartiendo esa asquerosa sensación de saber que no puedes hacer nada. Y al mismo tiempo, oímos los pasos. Recordé fugazmente los gritos que había escuchado durante nuestra persecución. La pelea tampoco había sido precisamente silenciosa. Venía gente, una verdadera multitud, indudable e inevitablemente hacia nosotros. Nuestras miradas se cruzaron sólo una vez más. Entonces dimos un paso hacia atrás, él soltando los látigos y yo desenroscándolos, y ambos saltamos hacia lados opuestos. Me dije que sería la primera y última vez en que aceptaba un empate. Al caer del otro lado de los edificios y notar que no podía pararme, recordé mis piernas rotas. El golpe seguramente las había astillado, lo que haría 138

no sabía qué decir a algo como eso. escuchando los gritos provenientes de la calle vecina y guardando discretamente los látigos bajo la chaqueta. intentando encontrar la fuente. Adem{s tampoco es que< Lo que intento decir es que tenías razón.” “¡Qué te dije sobre lo de evitar por todos los medios otro episodio de Evan-en-calidad-de-estropajo!” “No soy un estropajo. Mi sorpresa fue mayúscula cuando noté que venía de mí. Frederick. preparándome para escuchar la segunda parte de su cátedra de la noche anterior. ¿No?” y emitió una risa extrañamente tímida. “Eh. “Demonios. Evan. ¿Dónde andas? Vuelve a casa. “Creo que me vendría bien algo de ayuda. ¿El hombro izquierdo otra vez?” 139 . No tuve más remedio que quedarme sentado de espaldas a la pared. molesto. ah. Entonces un ruido comenzó a molestarme.” Pero Frederick pr{cticamente tuvo que arrastrarme escaleras arriba. más fuerte y decidida que la de hacía un momento. que se desvaneció al fijar la vista en mi hombro. Llamada entrante. es que no tengo buen control en ese tipo de situaciones. no debí haberte subestimado.la recuperación horriblemente lenta. entre tantos exámenes y entrenamiento olvidé celebrar mi cumpleaños. Sabes lo que haces. Además.” “¡Mentiroso! ¡Yo te llamé!” “Es lo mismo. Usé el dichoso teléfono. y luego volvió a su voz jovial de todos los días. “No te preocupes. ¡y el tuyo es en dos días!” “Sobre lo de volver<” le di otra mirada a mis piernas despedazadas. Para cuando lo asocié a que algo parecía estar moviéndose en mi bolsillo ya había sacado el celular y miraba la pantalla con el ceño fruncido. Estaba preocupado y. Después de todo. “¡Y bueno! Ahora que tenemos eso arreglado. Me giré. Luego de haberme preparado para un par de insultos y quizás otro más de gritos. Evan< Hola< Llamaba porque< bueno< Para decirte que siento lo de anoche. y el hombro que creía haber reacomodado me hacía un daño de los mil demonios. podemos ir a tomar algo por ahí si tienes tiempo antes de ir a eso del tal Lance. mi estómago me dolía más de lo que debía. Llamé. hacia todos lados.” Suspiró como si aquello realmente lo hubiese tenido preocupado. “Y dijiste que te llamara. Lo abrí y me lo llevé a la oreja. Terminé quedándome en silencio un rato (“Evan< ¿Evan? ¿Est{s ahí?) y luego dije algo completamente estúpido. ¿feliz?” Me ayudó a sentarme con un mohín de enojo en la boca. algo de experiencia tienes ya en esto de sobrevivir.

dijo que con algo así debía estar en cama. el Exiliado más buscado de las últimas décadas. “Sé que prometí que no te iba a subestimar. reposo absoluto. mirando a cada minuto el reloj de la pared como si con ello fuese a avanzar más rápido. ya estaba en perfecto estado. Pasados de unos treinta o cuarenta minutos. Gracias a sus chistes malos terminé saliendo con casi una hora de adelanto. indicando el London Eye con un gesto de cabeza. supe que no tenía manera de priorizar las preguntas que me venían a la mente. ¿Y si Lance conocía a Alexander? ¿Y si contaba con la información del Consejo. Pensé en dar una vuelta a la manzana. que casi funciona<” o “¡Pero Evan! ¡Vaya manera de matar el tiempo! ¡El pobre reloj no tuvo nada que ver con todo esto!”. Por fin tendría contacto real con alguien que. quien me sonrió con naturalidad (claramente me había olido decenas de metros atrás) y se puso de pie.” Luego centró su atención en mis piernas. Desde lejos divisé el armatoste metálico de la rueda. Frederick se regocijaba con el espect{culo. Tenía que empezar como fuera. y sabía su paradero? No sería extraño que conociera o hubiese escuchado hablar de Skartzia. Jarred siempre apuntaba ahí. Pero el lugar jugó en mi contra. no era el único que se había impacientado. etcétera. Después de arreglarlas como pudo. después de todo. Recordé las palabras de Sylvain. en serio. Estaba obligado a conocerlo de alguna manera. Pensamientos como aquel sólo contribuían a aumentar mi impaciencia. y la reducida cola de visitas. el resto de los pasajeros decidió tomar asiento y ponerse a conversar a 140 . completamente inmovilizado. Me detuve a pocos metros de Lance. ¿ves? Podré correr. “Puedo caminar. no lo consideres como que te estoy subestimando< ¡Pero en serio que no es buena idea que vayas así!” “Estoy bien” marqué las palabras como si hablara con un deficiente mental. haciendo comentarios como “Míralo un poco m{s feo. pero al acercarme un poco más reconocí una figura sentada en un banco cercano y me dije que. Quizás incluso sobre mi objetivo principal.“No lo protejo bien. Treinta minutos. Me paseé de un lado a otro de la sala. cualquier cosa que me demorara un poco. En vez de pegarse a los ventanales como moscas.” Los minutos que me separaban de la hora acordada se me antojaron eternos. así que mira. las luces encendidas tras el tardío atardecer. potencialmente. Ahora c{llate. En la pelea me di cuenta. “¿Subimos?” Cuando la puerta del compartimiento se cerró detrás de mí.” “Bueno< no parece que esté sanado mal< le voy a echar una mirada de todas maneras. podía responder todas mis preguntas sobre los licántropos.

Tiró del tejido hacia abajo. de su historia. todo se vendrá abajo. asomaron dos leves marcas.viva voz. pero no pretendía perder tiempo en contarle la gran anécdota de cómo el maldito de Jarred me había roto la clavícula por segunda vez en menos de un mes. Lance sonreía como si mi desesperación fuera lo más gracioso que le había ocurrido en todo el día. Lo mejor sería hacerlo hablar de lo más difícil. No iba a someterme a mi creación. Por eso tengo esta marca de desprecio que tendré que llevar hasta el resto de mis días.” Bufó mientras desviaba su mirada hacia la amplia vista de Londres del otro lado de la ventana. Comencé a tronar los dedos contra uno de los vidrios. Dejé la manada.” “No es nada. Desde el otro extremo. como interrumpir una fila de hormigas. “Ahora tú responde. de pie ante mí. Podemos vencerlos. “Giraste m{s de lo necesario al entrar. “¿Te ocurrió algo en el hombro?” Frené el impulso de llevarme la mano a la clavícula. como para no rozar si quiera el umbral de la puerta. interponiéndose como una torpe barrera de cámaras entre mi informante y yo. desarrollaría una suerte de xenofobia asesina. Intentó arrancarme el cuello con plata entre los dedos. de manera que pude ver cinco surcos como garras que cubrían el costado derecho de su cuello.” Se encogió ligeramente de hombros. “Fue él. demasiado orgulloso para priorizar el funcionamiento de la sociedad sobre su propio prestigio. diciéndome que si no se levantaban en menos de cinco minutos. “Uno de mis discípulos me venció. ¿Cómo iba a someterme a alguien como él? Yo lo había creado. Y todo por convertirnos en traidores. Mantener el contacto visual sólo aceleró mi pérdida de paciencia. Exiliados. Será fácil.” Su voz se tornó un siseo envenenado. clavando la mirada en los ojos amarillos.” Tenía que asegurarme de que no mentía. dejando por fin libre el amplio espacio de la banca de madera. mientras Lance se acercaba con una calma que casi me hizo perder los nervios. A él y a toda esa podrida sociedad que se cae a pedazos. Aquel grupo había sido una 141 . Di un vistazo alrededor. Los extranjeros seguían agolpados en los ventanales. hablando en sus lenguas foráneas. No fue sino hasta la mitad del recorrido cuando los malditos extranjeros se dignaron a ponerse de pie y colmar los ventanales. Los aplastaremos como a moscas. Con el desorden suficiente. “¿La cicatriz?” Preguntó al notar que estaba mir{ndolas.” Un resentido social en el más amplio de los sentidos. Evan.” Parecía genuinamente extrañado. al centro del compartimiento. “¿Por qué te convertiste en Exiliado?” “La razón est{ndar. Me senté de inmediato. “Lo único que quiero es matarlo. Bajo el cuello alto de su chaleco.

Luego el pequeño compartimiento se estremeció. ya te lo dije. “No por nada el Consejo barajaba pasar a nombrarlo el mejor Carent de todos los tiempos. Si no hay registro. se apoyaba en las barandas para observar a través de los ventanales. como un turista más. Nunca dije cu{nta información te daría. se dio a la fuga poco después de tu nacimiento. “Vas a decirme lo que necesito.” “¿Seguro que podr{s confiar en lo que te diga?” “Tú sólo contesta las preguntas. Lance sabía. Con las preguntas correctas. con esos imbéciles “todos los tiempos” no significa casi nada<” “¿A qué te refieres?” “Las quemas.” 142 .” Una mano se cerró en mi antebrazo y lo apartó como si nada. “Estoy buscando a alguien. Y tienes que hablarme de Alexander. Además. cuando la horda de extranjeros retomó sus puestos entre ambos. “Su nombre es Alexander Skartzia.” “No pienso hacer algo así en un lugar donde podamos vernos interrumpidos. Quiero toda la información que puedas darme sobre él y su paradero.” “¿Tu padre?” alzó las cejas antes de sonreír. ¿Cómo demonios va a haber comparación?” Iba a gritarle que se explicase antes de lanzar preguntas retóricas al aire. incapaz de encontrar a uno solo de los suyos? Su sonrisa se tornó amarga. Después de todo. Un Exiliado. aplicando la presión necesaria.suerte. aunque bueno. diecinueve años? Bueno.” “¿Dónde est{?” “¿Sinceramente crees que alguien m{s que él lo sabe? Skartzia es uno de los licántropos más dotados que ha habido a la hora de huir y esconderse. Había malgastado el tiempo. “Aquí no te diré nada. Por diez minutos no pude más que mirar con odio al rubio que.” “¿Es broma? ¿Casi diecinueve años busc{ndolo y nadie ha podido atraparlo?” ¿Acaso el tan renombrado Consejo era sólo un puñado de imbéciles. “Tienes que explicarme lo que dijiste antes. La portezuela se abrió. podía conseguir lo que necesitaba. tú lo sabes mejor que nadie. deteniéndose. pero lo ha mantenido con vida durante ¿Cuánto tiempo ya? ¿Dieciocho. No me apetecía dejar con vida a nadie que escuchara por casualidad lo que pretendía decir ahora.” Mi voz se volvió un gruñido bajo el nombre odiado.” Aumenté la presión en su hombro sin que la sonrisa irónica se tensara. No es que sea una cualidad demasiado loable. dando término al recorrido y a la conversación que tanto había esperado. Necesitaba otra oportunidad. considero que ya he cumplido con mi parte. “Sí< creo que podré decirte un par de cosas.

“dentro de tres días. 143 . “Medianoche. Mostró su verdadera sonrisa. sonriendo ya sin esa humanidad que aparentaba. recordando una idea que había tenido antes de proponer el London Eye.La mirada más desdeñosa que desafiante hizo que quisiera poder prescindir de la información que pudiera darme para romperle la cabeza. y que había desechado en un instante.” la oscuridad me sería m{s propicia. Le espeté la dirección del departamento.” Asintió con ese gesto que tanto repetía.” Y se perdió en la multitud. Liberé mi brazo sintiendo cómo la sangre volvía a circular a duras penas por los capilares constreñidos. Ahora no sonaba tan estúpida como antes. que escuchó con la atención de quien toma nota mentalmente. “Ahí estaré. lobuna y siniestra. Y presentaba grandes ventajas.

SEGUNDA PARTE 144 .

Me hago a un lado. casi lindando con Escocia. Doy otra mirada a mi alrededor: todo a oscuras. considero necesario agredirlo. Te estoy esperando. De una manera u otra. Es mucho más probable que esté a millas de la isla. Entonces se detiene. la luna creciente.” 145 . que a él le parecerá ajena. Lance aparece en el umbral con la misma actitud de en nuestros previos encuentros: confiado. Y además. Frederick insistió una y otra vez en que es un suicidio. acercarme de una vez a mi objetivo. lo sepa o no. Es curioso pensar que es la misma bajo la que viví en Berwick durante dieciséis años.” “¿No me digas?” había recordado mis reflexiones luego de la muerte de Sylvain. Presiento que su posición no cambiará en un buen rato. débil entre las nubes. casi me hace perder la cabeza por un momento. Resisto la urgencia de ponerme de pie. Cuando llegue sabré por fin lo que necesito. todo en la disposición que conozco a la perfección. de manera que le sea más difícil controlar sus impulsos. será gracias a lo que haga ahora. va a ayudarme. altanero. las armas. ¿Qué demonios tenía que hacer Alexander ahí? “Pero eso es sólo lo que se dice. No creo en su palabra. puede mantenerse escondido en donde quiera que esté durante otros diecinueve años. Lance estará aquí en menos de diez minutos. de manera que se muerda la cola y se deje en evidencia. Las luces de Londres la hacen parecer infinitamente más oscura.” Berwick. Todas las luces del departamento están apagadas. por el contrario. Por más que diga que lo entiende. y no servirá de nada que haya venido. A un pueblito al noreste. Por mucho que se deje ver en lugares a kilómetros a la redonda. Sigo con el látigo en la mano. Mi mano derecha aferra la empuñadura del arma con tanta furia que no siento de hace rato los nudillos.Llevo más de dos horas intentando decidir si este fue el mayor acierto o el mayo error que pude haber cometido. Los lentes oscuros cubren completamente mis malditos ojos. Maldito imbécil. Toca la puerta. Pero no a Londres. “Eso es lo que dice el mito. no sabe que esto es lo único que me queda. pero no tiene razón para mentirme. un solo movimiento de muñeca y estará retorciéndose en el piso. Detrás de la ventana se asoma. Desde mi posición tendré una defensa perfecta. Y si. Pero ahora avanza. Quizás se ha arrepentido. pero él no tiene idea. De ser así lo mato. “¿Comenzamos?” “Escuché que estaba en Londres. manteniendo aún el arma en la mano. Desde el primer piso comienza el sutil sonido de pasos apagados. supuestamente siempre vuelve a Inglaterra. No podía ser que el Consejo lo supiese y no hubiese hecho nada. Si puedo lograr algo. El día elegido con pinzas: La luna a veinticuatro horas de estar llena. Si no quiere ser encontrado.

“¿Qué te hace pensar que no es lo suficientemente buscado?” “Quiz{s el hecho de que haya logrado escapar todos esos años.” Mi voz baja hasta un murmullo. “Así que continúan. Provoqué una guerra que aún no termina.“No dudo que pueda seguir riéndose en las narices del inútil Consejo durante otro par de décadas. “Dijiste que se dejaba de ver en distintos lugares. Como si importara. Fuera de todas esas guerras estúpidas. entre la tribu que dominaba el sur de la ciudad y la que se había apoderado del Vaticano. “No veo que pongan demasiado brío en la búsqueda. pero tras su fachada veo que memoriza cada detalle.” “¿<Finlandia?” “El lobo vuelve siempre que puede a su cueva. “¿Hay m{s guerras llev{ndose a cabo?” 146 .” “¿Continúan?” alza las cejas. “Evan. “Supongo que nadie nunca te dijo que eres mitad finlandés. El sector del noroeste. “¿Y cómo lo sabes?” “Porque a esa fecha aún era parte del Consejo. Lo que significa centenares de cadáveres lupinos a mi sombra.” ¿No es lo único<? Lance emite un resoplido y se sienta en el sillón con un relajo que raya en el descaro.” La manada de Baltassare.” Frunce el ceño. nunca acaban. Busco alguna manera de quebrar su concentración. ¿Dónde y cu{ndo fue la última vez?” “Helsinki. están en guerra desde Venecia hasta Palermo. Hace catorce meses.” Me dirige una sonrisa que prácticamente grita lo gracioso que le resulta saber más que yo de mi propio padre. quedó desocupado de la noche a la mañana. y ambas quisieron proclamar soberanía.” Lo que explica mi apariencia escandinava.” “Las búsquedas de quienes son sospechosos de haber roto la primera regla movilizan a prácticamente todos los Carent del Consejo. Qué agradable. Hace dos años comenzó una en Roma.” Hacía años que no escuchaba hablar de las guerras. Y es aún peor si tomas en cuenta que no es lo único que hizo. Podrás imaginarte la magnitud de la pesquisa cuando es seguro que el licántropo en cuestión la ha trasgredido. A estas alturas. que se utilizaba de zona neutral. Italia completa desgarrándose porque me deshice de un puñado de idiotas.” ¿Qué? “¿Qué rango tenías?” “Independiente. un gruñido. Recorre el departamento con una mirada despreocupada.

La de Italia a estas alturas está perdiendo protagonismo. todos tomábamos cartas en el asunto. pero los que forman el Consejo son. Es su utilidad b{sica: deshacerse de los Novatos rebeldes y los convertidos sin aprobación.” Vuelve la mirada hacia mí. Nunca nadie votó en contra de los exterminios. Si es lo que dice. Pero encuentro al fin algo que no calza en el relato de Lance.” “Claro que no. la forma anónima y la ira que conozco tan bien. Lo cierto es que les cayó en el mejor momento.” Vuelvo a apretar los puños. que la 147 .” Hace caso omiso de mi amenaza. y se reclina sobre el sillón.” Se ha ido. en su defecto. “Yo no he estado escapando. “No son tan buenos como el Consejo quiere hacernos creer. Siento que los pensamientos se me escapan.“Las de siempre. Para ello est{n presentes representantes de todos los rangos: solucionar conflictos o. y se le crispan los labios. en su mayoría. y me duele la cabeza con una desagradable insistencia.” Vuelve a esa sonrisa vacía. silenciosos como g{rgolas. Perseguir a los Exiliados se suele reservar a un selecto número de ellos. Tampoco éramos demasiados los que queríamos acabar con aquella guerra. El día comienza a clarear. Recuerdo que el Consejo sopesaba la posibilidad de terminarla de una buena vez hace poco más de un año.” Me acomete el recuerdo del pelaje gris. Pero las viejas costumbres se imponían. Pequeñas guerrillas a lo largo de Asia y América. mercenarios. “¿Cu{nto sabes del Consejo?” me pregunta de repente. “El Consejo es el espacio neutral. De los solitarios no suele saberse nada. “¿Todos los Carent son asesinos?” Sylvain había hablado también de una suerte de jueces. para mantener la población en un rango estable. Hace veinte años atr{s. “Como tu padre. por ejemplo.” Me asquea que suene tan conocido.” “Los exterminios que mencionaste<” “Los Carent se encargan de ellos. En cosas como aquellas. Si se contradice ahora< “El resto son jueces o solitarios. “Recuérdalo.” ¿Él estaba encargado de acabar con los Exiliados? Hipócrita de mierda. aprovecharlos.” Me mira de arriba abajo antes de agregar “Pero yo no he sido el único que se ha salvado. Supongo que era el miedo a los malditos asesinos que miraban desde los últimos estrados.” Siento cómo me chirrean los dientes apretados. pero los números estaban altos. ¿Por qué a él no lo han atrapado? “¿Cómo has logrado huir de ellos?” Se toma su tiempo antes de responder. Para los jueces hay un máximo de tres plazas. “Eso es lo que te diferencia de Alexander. Alexander encabezaba esa lista. “Tú eres quien responde.

148 . La puerta se abre con un chirrido espantoso. prefiriendo ahorrarle el teatro. o el riesgo habrá sido inútil. a esta hora ya se van todos.” Ríe y me da una palmada en el hombro. es lo mismo que me hace apretar los colmillos. “Entonces< ¿no est{s herido? ¿No pasó nada?” “¿Por qué no te vuelves al bar y trabajas un par de horas m{s?” “Evan. tan dispuesto a ayudarme. “No estoy seguro. no se ve muy probable.” “¿Pero cómo va a ser eso?” suelta una carcajada. m{s sencillo.” “Oye. hombre. Me levanto de la cama en dirección a la sala. ¿Para qué acudir a mí. y se sienta a mi lado. Ha escapado del Consejo sin problemas. Da media vuelta y entra a la cocina. soy un fantasma corpóreo que te penar{ hasta el fin de tus días. “Estoy despierto. Tose un par de veces y me mira como si estuviese loco. Es demasiado bueno.” “¿En serio? ¡Vaya! ¡Pues eso es bastante útil!” “Fue hace catorce meses.” Casi escupe el café. Lo cierto es que el riesgo sólo ahora comienza. Aún desconfío. Ahora que Lance está lejos de mi radio olfativo y sabe dónde encontrarme en mis momentos de mayor descuido. “¿Un café?” Lo sigo de mala gana.” entra balanceando las tazas. ¿sabe algo de quien sea que est{s buscando?” “Me dijo dónde fue visto por última vez. eso me daría miedo. en serio.” “¡Evan! ¡Est{s vivo!” “No. Desconfío del hecho de que haya parecido tan abierto. Y lo que más me hace dudar. No necesita mi ayuda de ninguna manera. para luego observarme fijamente. ¿pero cómo voy a hacerlo? No puedo olvidar nada. ¿te dijo algo útil?” Sorbo el café pensando si sé la respuesta. dentro de una semana. imbécil. Aunque con Frederick a un lado. Ahora que hay una segunda fecha fijada aquí mismo. seguido por el aún más atronador sonido de Frederick intentando entrar sin hacer ruido.preciada información espera el minuto adecuado para perderse en la atmósfera. y ahora sabe que mi cruzada se dirige hacia un único objetivo con el que no tiene nada que ver.” Me sonríe con ese aire de no te dejaré tranquilo hasta que me digas lo que quiero. “Bien. “el tipo Lance. Trato de calmarme. “Entonces. si no tengo nada que pueda serle de ayuda? Un tintineo de llaves me hace reaccionar. quizás la cafeína disuelva la neuralgia.

” “¡Sí. “Bueno<” se alza ligeramente de hombros. Se dio a la fuga poco después de tu nacimiento. “O al destino o los dioses o los antepasados o lo que sea en lo que crees. Un momento. 149 .” “¡Pero Evan!” se levanta y me vuelve a dirigir esa mirada a medio camino entre aturdido e indignado. ¿no? Digo. “¿Intentas matarte o algo? ¡No puedes confiar en un tipo como ese!” “Ya pasamos por esto.“¡¿Catorce meses?! ¿Arriesgas tu vida para que este estúpido te de información y sólo se digna a decirte dónde estuvo tu presa hace más de un año?” Me sirvo otra taza. sabiendo que es completamente necesaria para lidiar con el pelirrojo. Alexander no acabó conmigo. ni si tiene debilidades conocidas. No averigüé más que su procedencia. “Por algún motivo supuse que dirías eso. pero creí que entrarías en razón o algo! ¡Est{s tentando a la suerte!” Mi brazo se detiene antes de apurar la tercera taza. por el error imbécil que cometió. “Ya est{. Frederick no ayuda con su molesto conteo de “¡Faltan exactamente x horas para tu muerte segura!”. cambiemos de tema. Algo más en la lista de cosas que no quiero que se entere. y es capaz de esconderlo con esa envidiable precisión? Si lleva tanto tiempo escondido. ni siquiera su apariencia física.” Frederick sabe que con idioteces como esa la tensión se esfuma con una velocidad impresionante. que seguramente hasta en un cuartel de policía te pueden decir algo m{s provechoso. escondido por casi dos décadas. debe ser así. Creí que el olor será suficiente para reconocerlo. Antes no lo había notado.” Vuelve a reír mientras se sirve m{s café. ¿Qué tal van tus diecinueve?” “Igual que los dieciocho. pero< Hay algo que no< Si el hijo de un licántropo y una humana llega a nacer. No creo que sepa que se lo agradezco.” La semana avanza con la lentitud de una tortuga asmática. Pero. después de información como esa< Vamos.” “Vendr{ dentro de siete días. ¿y si es como Lance. Hasta Lance se me antoja menos desagradable por un momento. debe ser eliminado inmediatamente. Ni cómo pelea. Maldito cobarde. supongo que eso fue todo. Tampoco me ayuda el hecho de que un examen minucioso de la última conversación me hiciera aceptar que la había llevado de la peor manera. “Bueno.

“Eres muy parecido a él. Abro la puerta y los ojos amarillos me sonríen con sorna. comienzo a lanzarle las preguntas. y ladea la cabeza sin que de su boca desaparezca una mueca de autocomplacencia. Tiene ojos azules. pero él lleva algo de barba. Lo buscaban porque no había asesinado a su hijo híbrido. en ese caso me habría matado no bien comencé a entrenar para acabar con él. Primero lo primero.” La sonrisa asquerosa se traspasa a su boca.” ¿No era una descripción demasiado detallada para alguien que sólo lo conocía porque era un Exiliado buscado? “¿Qué tanto lo conoces?” Se ríe. qué familia extraña. La Masa parece presa de un ajetreo sin precedentes. muy largo. La misma forma de la quijada y una boca parecida. Las ansias me consumen. Dejarme vivo. Lo único que me distrae es el movimiento constante que llevo días sintiendo en la lejanía. sobre la regla< el hecho de que todos los Carent del Consejo irían tras el traidor si su error era probado< Y es aún peor si tomas en cuenta que no es lo único que hizo. En apariencia. Pero. “¿Cómo es. Su pelo es negro como el tuyo. casi lindando con Escocia. ¿por qué? ¿Por qué? Llega el día pactado. “Skartzia tiene ciento cuarenta y ocho años. aunque sospecho que él te lleva uno o dos centímetros y unas cuantas décadas entrenamiento. Antes de que se siente. son unos diez años de diferencia como mucho. ¿Qué era lo otro que había hecho Alexander? La respuesta obvia. Alexander en Berwick. y lo lleva siempre amarrado. de ninguna manera. “¿No sería m{s útil para ti que me preguntaras qué edad tiene. Se dice que siempre vuelve a un pueblito al norte. Tienen la misma contextura. extraña.” “¿No tenían fotos de tu padre en casa? Vaya. pero sus escrúpulos le impedían atacar a su hijo? ¿Por qué demonios me había dejado vivo? Y estaba también aquello que Lance había comentado como si no tuviese importancia. y una nariz más prominente que la tuya. ¿Por qué? ¿Qué había en Berwick que lograba sacarlo de su escondite? ¿Me habría estado vigilando? No. Lo conocía mucho más de lo que aceptaría. Termino por asentir levemente.” 150 . por ejemplo?” Me arde la lengua por preguntarle aquello. físicamente? Descríbemelo. Escucho a Lance en las escaleras. ¿Qué más había dicho Lance? ¿Por qué no puedo recordarlo? Sobre las búsquedas.¿Qué significaba aquello? ¿No tenía problema en masacrar a su mujer. O mucho antes. pero me pareció que debía cuestionar primero su supuesta lejanía.

“Dicen que su estilo es bastante equilibrado. Un bufido reclama mi atención. Me preguntaba si sabrías algo de ellos.¿<Qué? Esperaba cincuenta. utiliza unos anillos de metal con garras sobre las uñas. Cinco surcos. “Respóndeme. Siempre le da a puntos vitales. ¿Usa armas? ¿Se basa en brazos o piernas? ¿Ataca algún punto en específico?” “M{s despacio. como garras. por la mismísima mierda. suicidas. mas intento acallar mi instinto asesino. visto en perspectiva. Ciento cuarenta y ocho. Con ellos no falla golpes. El enojo está a pasos de volverse ira. Licántropos de uno y otro bando se ocupan de acabar con cuanto registro de historia de la tribu tenga su contrincante. Pasan todo el tiempo. Evan. hasta pensar en la pregunta correcta. pero debo hacer tiempo de alguna manera.” Vuelve a mi mente la imagen fugaz de la cicatriz que Lance tiene sobre su garganta.” Pero es obvio que escuchó perfectamente cada pregunta y est{ planeando su respuesta. pero la recuerdo a la perfección.” Se me crispan los puños.” “Pues no. y siento el enojo acelerar mis latidos. “De metal. ¿Qué son esos Cuervos?” “Sólo algo que escuché hace un tiempo. Lleva un chaleco con cuello alto como la vez anterior. va a asesinarte. no tiene importancia 151 . por el contrario. “¿Cómo fue que<?” “¿Qué sabes de los Cuervos sin sombra?” La pregunta me toma desprevenido. Si. De súbito recuerdo lo que dijo en el London Eye hace días. “¿Qué es eso que mencionaste sobre las quemas? Tenía que ver con el hecho de que Alexander iba a ser nombrado mejor Carent de todos los tiempos por el Consejo. que no tiene debilidad aparente en su defensa. ¿Cuándo se volvió él el interrogador? “¿Qué demonios es eso?” Lance se lleva una mano a la barbilla y baja la mirada. Seguramente no servirá de nada. Murmura algo. ochenta.” “¿Son de plata o sólo metal?” de mero metal son insuficientes.” “Quemas de información. cien como mucho. “¿Pensabas acabar con él?” O le saco los intestinos o consigo más información sobre Alexander. y se queda en silencio. Lo que hace es hundir las puntas en un frasco con polvo de plata que siempre lleva consigo. que tiende a tirarte al piso o noquearte si no tiene intención de acabar contigo. veo que no. Es una costumbre estúpida. impidiéndome verla. Y de plata. ¿Por qué rayos ambas opciones suenan igual de bien? “Descríbeme cómo pelea. generalmente asociadas a las guerras. pero la verdad es que.

no sé si sus ojos o su sonrisa< Y espera. diciéndome que debería dejarme de idioteces y matarlo de una buena vez. Le dedica una breve mirada. sin registros. Me voy gruñendo hasta la mía. me vengo antes del trabajo por si te pasaba algo y resulta que lo fastidié todo.Luego cierra la puerta y gira hacia mí. Aunque hay algo que me molesta. Que quemen esos viejos papeles si quieren. “Creí que iba a ser m{s< amenazante. no puede haber una verdadera comparación. Me retiro. “Ya te dije. me sentía sólo así que invité a pasar al primer idiota que encontré. había algo extraño en ese chaleco que llevaba.” marco cada palabra con el rostro estirado. el sonido metálico de las llaves. pero sólo se pone de pie y sonríe con esa mueca falsa. mirando a Lance fijamente. donde Frederick se hace ligeramente a un lado. Frederick se mantiene de pie y en completo silencio por un par de minutos. Pasos tras la puerta. no sé. “que no volver{ a ocurrir. los Cuervos. Por un momento pienso que le saltará encima y le rajará la garganta. Se queda de pie en la entrada. “¿Ese es el tal Lance?” No. Lo echó todo a perder. “Ah. ¿Te fijaste? ¿No crees que<? ” “Me importa un bledo lo que te moleste de él o lo que opines de cómo mierda se viste. claro. Digo. Con suerte hay un par de archivos sobre los últimos doscientos años en el Consejo. como si me quemaran las encías.” Camina hasta la puerta.alguna. aunque sólo podían compararlo con los que estuvieran cerca en ese mismo instante.” “¿Pero qué son<?” Lance se pone en guardia. Le hago una seña con la cabeza y vuelve a sentarse. Querían nombrar a Alexander el mejor de todos los tiempos. que no sirven de nada. las mangas eran exageradamente amplias. claro que es asunto mío!” Le dedico mi mejor mirada de furia. El único inconveniente es que. que se ve hasta normal. imbécil.” Pasa a mi lado y se encierra en su habitación de un portazo.” “Eso espero. 152 . “Ya es tarde. supuestamente. al tiempo que Frederick abre la puerta. genial. Te pones de un humor aún peor cuando tienes algo roto. ¿te das cuenta de que acabas de darle el motivo perfecto para irse sin contestar mis preguntas?” Estoy a punto de tirarlo contra la pared. Bueno< y también est{n. ¿no?” “¡Exacto! ¡Cu{ntas veces te he dicho que te ocupes de tus propios asuntos!” “¡Si luego me voy a quedar hasta el alba arregl{ndote los huesos. y atraviesa el umbral.

Y este vale la pena.Pasan los días sin que pueda contactar a Lance. y que el grupo no es para nada malo. Ya no sé a qué achacarlo: Lance no ha seguido exterminando licántropos como antes. “¿Qué mierda es eso?” “¡Entradas!” casi grita de felicidad. ¿y por qué yo?” “¡Pues porque quiero ir contigo. No sé si es grato o extraño que nadie haya intentado atacarme en este tiempo. La Masa parece aún más alterada y. ¿vale?” 153 . Además. ¡no creas que no me doy cuenta cuando sacas mis discos!” ¿Tiene una cámara o algo? Reviso el trozo de papel. Quizás debería haberle preguntado a Lance si lo conocía. y me digo que efectivamente le escuché decirlo. Otra cosa me inquieta: no he logrado encontrar a Jarred. y yo tampoco he encontrado a nadie en mi camino. Frederick entra corriendo a la bodega con una sonrisa que de seguro no anticipa el golpe que le voy a propinar si la interrupción no es absolutamente necesaria. “Vamos. ¡estoy seguro que te había comentado que venían! ¡Me las envió mi abuela! ¡Regalo de cumpleaños atrasado y todo eso!” Prácticamente hiperventila. “¡Entradas para primera fila en el concierto de mi grupo favorito! Vamos. claro!” me sonríe mientras me pone la entrada en la mano. “¡Adivina qué!” “¿Me interrumpes para hacer adivinanzas?” levanto un l{tigo para continuar. “¡Perfecto! Es en diez días. sé que es de los pocos grupos que en verdad te gustan. “¡Una es para ti! ¿No sabes que cuando se regala una entrada para algo siempre se dan dos? Aunque generalmente es para ir con esa persona. diciéndome que quizás algo así me hará bien para relajarme un poco. “¿Y para qué demonios tienes dos? ¿Vas dos veces?” “¡No. ¡pero no me imagino a mi abuela en un concierto de rock industrial!” “Momento. Luego de varias horas de entrenamiento visualizando a Jarred delante de mí. Sé que no debería darle tanta importancia. esperando que a Frederick le baste y se vaya de una vez. Intento leer el nombre escrito en los papeles. “Est{ bien” gruño. la siento más lejana que de costumbre. y parece haber corrido todo el camino desde donde sea que vino. así que asegúrate de no apuntarte para salir a matar a nadie en esa fecha. tonto!” suelta una risa estrepitosa. “¡Evan!” exclama al verme. curiosamente. nunca he ido a un concierto. Me ayudará a tener la cabeza más despejada para entrenar y rastrear. pero me encantaría dar por fin con el olor del maldito boxeador y estamparle la cara contra el piso de una buena vez. pero el pelirrojo corre hacia mí y me pone delante de los ojos un par de trozos de papel. Lleva un sobre en la mano.

Comenzamos a subir las escaleras mientras Frederick comenta que debe llevarme a conciertos más seguido. El cerrojo está en perfecto estado. “¡¿Qué demonios pasó?!” Frederick cierra la puerta tras de sí completamente consternado. le echo una última mirada a la entrada antes de meterla en mi bolsillo. Entonces veo el leve resplandor metálico en el mesón de la cocina. Frederick va cantando trozos de las canciones que acabamos de escuchar a un volumen atronador mientras caminamos de vuelta a casa. No sabía bien qué esperar con esto del concierto.” “¿Pero cómo iba a saber Jarred dónde vives? ¿Por qué lo haría?” 154 . inmóvil. “¿E-evan<? ¿Qué<?” Levanto el llavero delante de mí. Ahora comprendo perfectamente a qué se refería Frederick al decir que me mataría de calor. Los sillones tirados. No hay ventanas rotas. El departamento está de patas arriba. ¿cómo?” “Las perdí en nuestra primera pelea. No parece que falte nada. observando. El hijo de perra debe haberlas tenido desde entonces.” Me dice entre risas. aunque Frederick dice que me voy a morir de calor con ella puesta. Después de todo. Un olor fuerte. Mis llaves. “Jarred. el piso completamente regado de papeles. pero cualquier expectativa fue ampliamente superada. “No puedo decidirme si estoy que muero de cansancio o si quiero ir a correr hasta reventar. Hasta siento que no fue una pérdida de tiempo en términos de entrenamiento. “¿no te pasa?” Me limito a sonreír. imposiblemente cercano< Llego corriendo ante la puerta y forcejeo con las llaves antes de poder girar la manilla. De algo que sirva que trabaje en eso. Los días prosiguen sin cambio. Estoy de tan bueno humor que ni siquiera le grito que se calle. La abro de golpe y me quedo en el umbral. La tarde del concierto. No me explico cómo alguien puede morir de calor en el Marzo de Londres. sin recibir queja alguna de mi parte.Mientras sale. no lo hace tan mal. Lo cierto es que buscaba una excusa para ir desde que vi los carteles esparcidos por Camden. Frederick llega a sacarme de la bodega gritando que tenemos que apresurarnos o vamos a quedar pegados a las rejas. Recién en el rellano del tercer piso noto algo extraño. la mesa de la sala dada vuelta. discos y el resto del contenido de las cajoneras. Por seguridad.” “Pero. llevo los látigos enrollados bajo la chaqueta.

y que yo no había podido hacer lo mismo que él.” “¿No se te ha ocurrido pensar que quiz{s Lance trabaja para Jarred? ¿Que hizo todo este teatro de te-voy-a-dar-información para que cayeras y terminaras revelándole tu escondite. vamos. “No se han llevado nada. Te buscaban a ti. Y Jarred< no. que vengan. ¡vete!” No pienso huir y esconderme como cierto cobarde que conozco. Lo m{s posible es que ni siquiera lo conozca.” Lance es una bestia demasiado altanera para estar al servicio de nadie. Y pueden volver en cualquier minuto a atacarte. su cejo fruncido. “Esto tiene que haber sido obra sólo de Jarred. Jarred sería incapaz de algo planificado como aquello. El muy cabrón me est{ desafiando.” “¿Cómo?” “Me est{ retando. ¿Qué puedes hacer si llegan mientras duermes? ¿Cómo vas a protegerte? Evan. sé razonable. Los estaré esperando. ¡ya no es seguro!” “¡¿Qué?!” mi voz se alza hasta un bramido. y Frederick parece empequeñecerse un poco.” Est{ a medio camino entre un murmullo y una plegaria. “A Lance no le presentaría ningún beneficio decirle a Jarred cómo encontrarme.Mi mirada vuelve al desorden reinante en el lugar pero.” “¡Evan! ¿Cu{ndo te volviste tan imbécil? ¿No se supone que tienes que sobrevivir para encontrar a quien sea que est{s buscando?” 155 . Gruño un poco más fuerte de lo necesario. ¿no es cierto? Pero las circunstancias cambiaron<” Me molesta su tono acusador. sobre todo.” “¡Y deberías estarlo! ¡Ahora puede atacarte en cualquier minuto! Evan. pero era la única explicación posible. “Y antes no habría podido hacer eso. “¡¿Crees que voy a salir corriendo con la cola entre las piernas por una tontería como esta?!” “Evan. tienes que irte de aquí. “No pretendo irme. o< “Un reto.” Tiro las llaves sobre la mesa y me siento en uno de los sillones volcados. No tenía idea de qué podía ser. “¿A qué te refieres?” “¡Pero Evan! ¿No es obvio? ¿Quién es el único ser aparte de nosotros dos que sabe dónde vives?” Sus inútiles dudas de nuevo.” “Evan. para que Jarred venga y te mate?” “Deja de decir tonterías. Si quieren atacarme. por favor. Eso. ¿de qué demonios hablas? ¡Esto es allanamiento de morada! ¡No es ningún desafío! ¡El tipo te estaba buscando!” deja el montón de discos sobre la cómoda y voltea hacia mí. en mi habitación. “Quería demostrar que me había encontrado. Estaba buscando algo. ¿no? No buscaban ningún objeto. sin más objeto que intentar asustarme.

sin hacer absolutamente nada. Paso a lo menos veinte minutos de pie. Así el idiota no las 156 . Después de una docena de minutos siento que puedo mantener la mente en frío. Antes de salir hago lo mismo con las de Frederick. ¿¡A QUIÉN MIERDA ESTÁS LLAMANDO PERRO IMBÉCIL!? Quince minutos de gritar y patear todo cuanto hay en el piso sin siquiera esperanza de calmarme. Al menos lo suficiente para trazar mi plan de acción. “perro imbécil. Sigo preguntándome qué podría haber estado buscando Jarred. “Y no te atrevas a llamarme imbécil otra vez. También a él le tiemblan los puños. Si buscaba algo. “¡Entonces l{rgate y deja al completo imbécil en paz de una vez por todas! ¡No me hacen falta tus preocupaciones idiotas ni tus ideas dementes! ¡Así que vete y déjame tranquilo de una buena vez!” Aprieta los dientes sin bajar la mirada. Lo primero que tengo que hacer es encontrarlo. Lanzo el abrigo sobre mis hombros y meto las llaves recientemente encontradas a uno de los bolsillos. La luna a menos de un día de distancia lo hace horriblemente difícil. Exhalo profundamente. “¡Si piensas quedarte aquí eres un completo imbécil!” Que lo mato ahora mismo. y tira algo a mis pies. “Por si se te ocurre que no quieres morir. Lo que debo hacer ahora es salir a buscar a Jarred. la furia casi suficiente para una odiosa semi transformación que me obliga a evitar todo movimiento. me saco la chaqueta y entro a la ducha. Cuando mis músculos dejan de temblar y no me palpitan las sienes. estará esperando que salga a su caza. Si es un reto. me aseguraré de preguntarle qué demonios era. “Como quieras. como creo.” Y cierra la puerta con estruendo.” La cólera me mantiene clavado en el piso mientras el cretino se dirige hacia la puerta. En el umbral se detiene. En un intento de contrarrestar mi creciente impulso thanático.” “¡Pues te lo digo de nuevo!” el grito estridente me hace crispar los puños. las manos quem{ndome por darle un buen golpe en la cara. Luego podré liberar todas mis ansias asesinas contra él.“No necesito que me lo recuerdes. Le dirijo una mirada hosca a lo que el idiota había tirado a mis pies: las llaves de su viejo departamento. Me pongo ropa seca y aseguro los látigos en su lugar.” Me planto frente a él.” dice después de una eternidad. el gruñido congelado en mi boca. me permito relajar al fin mi posición. echando a correr el agua congelada sobre mi cabeza. De un puntapié las coloco en la esquina donde han quedado los restos de sus cosas. Sólo entonces el alarido escapa de mi garganta. Me limito a mirarlo fijamente. e inhalo con la misma vehemencia. concentrado solamente en que la ira no tome control de mi cuerpo y la descarga saque a la bestia de su letargo. con la cara completamente enrojecida.

esa nauseabunda sensación de ahogo. definitivamente esta no es la mejor idea. como merece. ajeno al hecho de que su fin se acerca gracias a la idiotez que ha cometido. Un olor tenue y conocido. y entonces recuerdo: esta noche es luna llena. ofendido. “Tengo algo que puede interesarte.” Se apresura a decir ante mi impaciencia. Un hombre enorme. El maldito de Jarred. De seguro está dormido en su guarida. Veinte a lo menos. Es difícil que esté mintiendo.” Al fin. ¿no?” No me detengo a devolver la sonrisa: Epping está a varios kilómetros que debo cubrir lo más rápidamente posible. pero ya sanó. algo me interrumpe. Tengo una hora. “No bien pude soltarme. Además. Salgo a la calle. pero tengo que acabar con él ahora. “Dices que te atacó. Pero la búsqueda resulta infructuosa. Algo dice que debo apresurarme.” Lo dice con asco y resentimiento que sólo pueden ser verdaderos.” “Gracias. claro. 157 . Es el momento perfecto para rastrear la hebra de Jarred. Te está buscando. con facha de boxeador. Y el sol avanza. esquivando autos y gente casi sin verlos. Cuando voy a emprender el viaje de regreso. Dan las nueve y no he encontrado nada. Echo a correr como un poseso. “¡Evan!” me toma del hombro y me aparta un poco de la multitud. Me atacó en las afueras. yo mismo pasé por aquello en nuestro primer encuentro. Tengo que encontrar a Jarred antes del atardecer o no podré volver a tiempo para ocultarme de la odiosa luna. preguntando por tu paradero. casi llegando a Essex. Son las cinco de la tarde. Tiene una fuerza monstruosa. “es alguien m{s.encontrará cuando vuelva a buscarlas y tendrá que dormir en la vereda. la mirada agitada. no es Alexander. salí corriendo. Nos cubrimos las espaldas. No. Debo mantener la calma. La tarde precedente a la luna llena. no. Me levantó del cuello como un salvaje. “¿Qué le dijiste?” “Pues nada. Lance sonríe. No son más de las cuatro de la mañana. “¿Dónde estaba?” “Hacia el noreste. en este mismo instante. Me pareció que iba al bosque de Epping.” frunce el ceño. su boca ya sin esa calma ficticia. y después de más de doce horas no me queda ánimo ni paciencia. que se aproxima. Mis músculos se tensan al reconocer la figura de Lance viniendo hacia mí con largas zancadas.” Lo observo cuidadosamente un par de segundos. “No hay de qué.” Lo digo m{s para ver si reacciona que por otra cosa. ¿No te hirió?” “La garganta.

De alguna manera parece incluso más sicótico que en nuestro último encuentro. “¿Qué estabas buscando?” adelanto uno de los l{tigos.” Se queda completamente inmóvil. debo estar cerca. en alguna parte< La hebra. Me lanzo en persecución de la peste lobuna. Por la mierda. más rápido. notará mi presencia de un instante a otro. Vuelvo a atacarlo. Jarred se vuelve hacia mi dirección con una mueca de sorpresa impagable cubriendo su rostro. Luego la risa atolondrada comienza a remover su cuerpo acromegálico. donde el follaje no parece tan oscuro. 158 . Está quieto. suficiente para enrollar los látigos alrededor de su cuerpo y obligarlo a hablar y aunque lo diga todo despedazar sus miembros y esparcir por el claro los detritos. tengo que terminar esto en seguida. vislumbro la masa verde. Tengo que lograr atraparlo. el bosque aparecerá en mi vista en cualquier momento. como a la espera. Ningún sonido sale de él cuando los látigos envuelven su cuerpo. En alguno de sus saltos chocará contra la pared vegetal y quedará a mi disposición por un instante. esto no va a durar. El hedor de la adrenalina me golpea cuando el cuerpo se aleja de un salto y mis brazos se cierran en la nada. las narices dilatadas como un perro. la luna que lo tiene inquieto. las manos a los bolsillos. adelante. previendo que no obtendré respuesta. Mi adrenalina está demasiado elevada. ser más ágil que él. Un cuerpo ensombrecido de espaldas. estamos en un claro. ¿Acaso no me estabas esperando? Alcanzo las empuñaduras de los látigos y los saco de su escondite. no deben quedar más de una decena de minutos. “¡Responde!” No hace más que seguir riendo. sí. como creí que haría. Cubro la distancia con las zancadas más rápidas que puedo dar y salto. haciendo que se pegue cada vez más a los árboles circundantes. No pretende sacar sus armas. Debe ser la luna. Nítida y penetrante. su olor tiene que estar aquí. No acerca. pero no puedo esconderlo en este estado. Corro un par de metros. Se limita a mirarme con la sonrisa en la boca y los ojos cada vez más abiertos. Ahí. Lanzo ambos látigos hacia él. Jarred los esquiva con facilidad. No puedo perder ni un segundo. no puedo permitir que la luna me encuentre desprevenido. imbécil. Las ojeras tremendas. “A ver si ahora te parece buena idea haberte metido en mi departamento. Podrá eludir mis ataques sin problemas. ¿Por qué? Está haciendo tiempo. Siento que mi respirar jadeante se escucha a millas de distancia. es demasiado amplio. La luna que va a aparecer en cualquier momento. el olor aumenta. Tengo el viento a mi favor. Lo hago tronar entre ambos. Funciona.Treinta o cuarenta minutos. alejándose de mi rango. tengo que encontrarlo primero. Jarred no se mueve. lo que necesito ahora es rastrearlo.

a tu lado. Los lentes no logran opacarla. No es como la transformación en Villa Borghese hace años: mis movimientos no obedecen a mis pensamientos. Lo que hay delante de mis ojos puedo verlo con la precisión del lobo. Te va a atacar. Lo único que puedo ver es el disco brillante. No fue él. Luego escucho un rugido. carajo. el fulgor plateado que parece introducirse en mi cuerpo como una tormenta eléctrica. los ojos abiertos como platos.“Dime ahora mismo qué buscabas. Mis pies clavados en el piso se niegan a obedecerme. Por unos instantes. sin signos de un trabajo de odio. Sin dejar de reír. “Por el maldito gusto de dejar todo hecho trizas. El departamento en un completo caos. no sé nada de mi persona. La luna llena. muévete. Siento cómo se me eriza cada vello de la nuca. Delante de mi. no mi boca< Ya no controlo la bestia negra dentro de la que estoy encerrado. va a saltarte encima y luego no verás nada. despertando lo que siempre he intentado dormir. Un golpe y dolor.” Vuelve a reír en silencio. y enfoco la forma del gran lobo que se apresta a atacarme de nuevo. y permanezco inmóvil. Está mintiendo. Me tiritan las manos. ¿sabes?” Su sonrisa se ensancha. No veo más que brumas sin sentido. Y todo lo que veo es la luna. y cambia mi campo de visión. está flexionando las rodillas. Mi cabeza se dispara en la dirección adecuada. Bajo un leve velo de nubes. como si nada de eso fuera cierto< ¿Qué mierda me está ocurriendo? Deja de mirar hacia arriba. Me vuelvo dispuesto a volarle la cabeza ya no muy seguro de por qué.” Mi mirada se dispara hacia el cielo antes de que pueda detenerla. El efecto de la verdadera luna. haz algo. Aumento la presión.” Hay algo extraño en esa frase. Mis ojos quieren volver a la luna. pero no. aparece sobre el horizonte. algo que me tira al piso. es en la tierra.” Ya no debe poder respirar. “Por fin.” Mierda. ahí está lo que debes estar mirando. Su cuerpo se escapa con una sonora carcajada. entreabre la boca. Jarred mira hacia arriba. “Dime por qué lo hiciste. un aullido que proviene desde mi interior. No puedo razonar. pero sé como presa de una ciega fe que eso es sólo lo que hay dentro de mi mente. imbécil. ¿Podía ser? En ese caso< “Destrozar la puerta no fue la manera m{s educada de entrar. pero un escalofrío en mi columna me detiene. ni siquiera 159 . “Pero se sintió excelente. salvo por las ganas quemantes de hacerlo. sin destrucción. sino a algo que parece espantosamente superior.

pero lo siente. como el monstruo que soy. Quiero desgarrar cada maldito centímetro de piel. Por sus aullidos. sacarle los ojos con las garras. mi cuerpo funcionando como en frecuencias distintas. de una mordedura certera. entre el hueco de las costillas trituradas. Los ojos demoran en volver a crecer en sus nidos sangrientos y no puede ver lo que hago. sino imponerme por fin. ¡nos vas a matar a ambos! Pero mis garras se entierran en el piso y al segundo siguiente estoy a metros del agujero que Jarred deja al intentar caer sobre mí. Pero no puedo mantenerme consciente < tengo que dejarme ir. No dejarme vencer. Se acerca otra vez e intento hacer algo. ¿Por qué demonios no funciona? ¿Qué hago? Un recuerdo fugaz. ahogarlo con sus propias vísceras. Veo su corazón. cuando me aparta una garra en el cuello. imbécil. mas no me muevo de mi lugar. esta fuerza extraña que parece darme la sola sensación de la luna entre las nubes. Siento los latidos sobre mi lengua. reventarle los pulmones sin permitirle que muera. sin darle oportunidad alguna de defensa. aprovechar esta agilidad imposible. transparentando en rugidos lo que pretendo hacer con su cuerpo y destrozándolo sin dejar de pensar en el sabor de su cadáver y en ese olor increíble que lo cubrirá todo cuando envuelva su figura deshecha con uno de los látigos y su carne se pudra. Quiero oler su sangre sobre mi pelaje. cuerpo idiotizado. 160 . así que reacciona de una vez. aunque enfoque todas mis fuerzas en atacarlo. mientras se deshace entre patéticos gemidos de cachorro perdido< Me lanzo contra él con una histeria salvaje. porque debo ser una imagen realmente monstruosa. sé que siente mi hocico haciéndose paso a fuerza de colmillos hasta que. Un aullido de horror y dos cuencas vacías. El zarpazo que abre el torso y la sangre que cubre el mío. Entonces muerdo. Quiero sentir sus huesos haciéndose trizas bajo mis dientes. otro golpe que no llega. Si me dejo ir ahora. y hasta parece paralizarse de miedo.esa maldita luna que tanto te está perturbando. Jarred vuelve a saltar. Mi mente sigue letárgica e imprecisa. sacarle el corazón y reventarlo de un mordisco. La bestia es más fuerte que antes. Tengo que ser la bestia. El sabor de su carne me llena el hocico y. pero manteniendo el control. sigo sintiendo el ardor bajo la lengua y el olor a sangre que me tensa los músculos con una anticipación demencial. y la sensación momentánea del vacío mental que estoy evitando. Tengo que aceptar a la bestia y hacerla entrar en razón. Veo cómo mis garras se encogen y vuelvo a elevarme por los aires. pero nada. bestia estúpida. La fuerza de la caída nos lanza rodando por el piso. La masa marrón me embiste de nuevo. una masa palpitante y horrorosa. no sé que pueda llegar a hacer luego. Una mirada desorbitada de los ojos nuevos. su pecho queda vacío. por esta vez. mientras hundo mis colmillos en su pecho. Un ardor punzante en el costado que intenta detenerme.

Abro los ojos. lo había buscado por algo que no había hecho. luego la impotencia de no poder agredirlo. a mi lado. El penetrante olor a quemado. Extraigo la garra rota de mi costado. 161 . y espero que la herida se cierre. sintiéndome lento y estúpido. Que no era sádico. Vuelvo a cerrarlos. Aunque quizás debería preocuparme algo más el ser capaz de pensar así. Intento recordar la pelea. No es algo contra lo que deba luchar. Nunca hubo otra bestia dentro de mí. Ahora. Y eso era lo que lo había llevado a su muerte.El cadáver se queda quieto unos momentos. Aquí reposa Jarred. el pobre imbécil con peor suerte de la tierra. Soy un maldito monstruo. a la salida del bosque. Ah. pero no. con la empuñadura entre los dientes. que pasa a cubrir mi mirada. Sólo entonces me permito ver lo que tengo delante. de no poder controlarme. y me encuentro con el sol en sus primeras luces. Creo que debo reconsiderar lo que me dije alguna vez. escupir sobre la tumba improvisada. Es sólo algo que tengo que poder dejar salir en el momento adecuado. Como anoche. y el olor comienza. los escombros chamuscados de Jarred. así podría haberlo pensado antes. Un olor demoníaco a victoria. en el lugar exacto de mi transformación. Pero todo. Enrollo los látigos sin apartar la mirada de los restos del que había sido mi mayor enemigo hasta hacía pocas horas. La transformación y todo su aluvión de sensaciones. Se me escapa una sonrisa al pensar que algo así no debería haber sido tan fácil. así que me limito a enterrarlos en el lugar mismo en que cayeron. Ya veo. tan fuerte y animal que me desconcentra. Qué va. ya sé que no es así. Corro a por uno de los látigos. relleno el agujero con la serpiente de plata. La bestia. y. todo resulta opacado por ese sentimiento de resolución siniestra que vino después. Luego me giro para alcanzar mi chaqueta. pero un nuevo corazón empezará a crecer. Me levanto a medias. Tanteo el pasto en busca de los anteojos. Mis manos dan con la superficie lisa y opaca. como gesto de decencia. Un último alarido. No me deja ver que yo también estoy cayendo. La claridad excesiva confirma la falta de esa leve presión sobre la nariz y junto a las orejas. sin olvidar. Eso era lo que había derrotado a Jarred. Porque después de todo. para comprobar los daños. tirada a un lado del otro látigo. así que eso era el dolor que había sentido. lo recuerdo. Y. casi lamento no haber dejado alguna suerte de lápida. Que el piso está cada vez más cerca. la visión de Jarred atacándome. Siempre ha estado en mi naturaleza esa sádica necesidad de muerte. sí. Sí. Las marcas sobre el pasto de las pisadas y los saltos. La bestia siempre he sido yo. Los pedazos de hueso podrían ser de cualquier cosa.

Me dispongo a hacer caso omiso de él. La firma sólo confirma lo que el olor ya me ha dicho. y puede venir a buscarte. y sólo puedo pensar en que necesito unas merecidas horas de sueño. A menos< A menos que fuera a llevarse algo. y se habría ido sin dejar rastro. Data de hace cinco semanas. Es de la abuela de Frederick. Pobre imbécil. Entonces el sonidillo metálico en uno de los bolsillos reclama mi atención. 162 . Lo levanto esquivando y lo pongo a contraluz. Pero entonces.La conversación reverbera en mi cabeza. Seguramente creyó que tenía la ventaja. parece concentrado en el pequeño sobre blanco.” Nada de eso. un pensamiento odioso se hace oír en mi cabeza. para inspeccionar cada ínfimo espacio< Había sido una trampa. Jarred no fue quien entró. en alguna parte. y el desorden lo ocultara. “Por si se te ocurre que no quieres morir. imbécil. Gruño con insistencia. pero algo me llama la atención: nuevamente. Alguien había planeado todo aquello. Lanzo el sobre a un lado y yo mismo caigo sobre uno de los sillones desagradablemente mullidos. es el olor. Las llaves de su viejo departamento. Jarred no había sido quien había entrado en mi departamento. ¿para qué me había mentido? ¿Para enfurecerme? Iba a luchar contra él de todas maneras. Sólo resulta ser la cama más cercana que tengo. Pero no bien me encamino a mi departamento. intentando acallar la idea repetida en un tono acusador que me recuerda demasiado al estúpido pelirrojo. Alguien capaz de tal planificación no habría hecho visible su presencia en el departamento. Hay alguien más que está vivo. El olor a abuela me hace bajar la cabeza en un gesto involuntario de asco. con tiempo suficiente para registrarlo por completo. Lo habría examinado todo sin cambiar en lo más mínimo su posición. Las entradas. Dentro hay un cheque y una nota que contiene un “feliz cumpleaños”. Con lo rápido que fue. Era bastante posible que ni siquiera supiese con anterioridad que alguien lo había hecho. Todo exactamente como estaba. con una precisión y una osadía tan desagradablemente certeras que resultaba difícil creerlo. y lo había hecho con demasiado cuidado. el concierto que me mantendría ocupado y lejos del departamento. Mis músculos agarrotados hacen eco del esfuerzo y las pocas heridas sufridas. ya algo diluido. ni se enteró de lo equivocado que estaba. La carta con las entradas era falsa. El mismo olor. del departamento. Podía tratarse sólo de una manera para hacer tiempo hasta que se alzara la luna. la mentira. Las calles vacías me recuerdan que no pueden ser más de las siete de la mañana. Mi mirada se topa con un sobre blanco a centímetros de la puerta. la inconsistencia.

Es cierto que antes de eso me preocupaba menos por ocultarlo y que cuando niño. Me habría matado. de ninguna manera. pero imaginar a alguien vigil{ndome desde entonces< Carajo. Sabía que había estado de cumpleaños. no puede ser. Pero la pregunta resuena en mi mente mientras intento quedarme dormido.¡Mierda! ¡Cómo no me di cuenta! Tiene que haber algo que falte. Lance ni si quera sabía que las tenía. casi lindando con Escocia. Alguien quería las Crónicas con suficiente locura como para idear un plan maquiavélico con que colarse en mi departamento. siempre vuelve a Inglaterra. Es la falta de sueño. Supuestamente. Estoy divagando demasiado. No me preocupé por preguntarle si a él le faltaba algo. con el revólver y el cuchillo. Alguien capaz de pensar todo eso tenía que estar obsesionado con las Crónicas o lo que pudiese encontrar en ellas. el teléfono celular en los bolsillos de la chaqueta. Maldigo mientras rebusco. ¿qué demonios puede ser? ¿Qué podía estar buscando? Hasta el sobre con el dinero de mi madre estaba en el piso. no puede ser. Frederick. Tenía que haberlo estado vigilando. En ese caso me habrían atacado. qué idiotez. Tiene que ser eso. Sin pensar demasiado. Me está afectando. Sabía que quería ir a ese concierto. Es completamente imposible que me haya estado observando. Entre mis opciones sólo queda Lance. el dinero. incluso había sido algo descuidado. ¿Alexander? No. Un sonido estridente me despierta de golpe. A un pueblito al noreste. casi haciéndome caer del sillón. un plan como ese< recién dimensiono la preparación que tenía. no. aún adormilado. sólo lo sacaba en las noches de luna llena desde que llegué a Londres. Adem{s. en Berwick. Se habría necesitado una vigilancia desesperada para verlo. Pero hay un problema: su olor no estaba en el departamento. ¿Por qué? ¿Podría ser obra del Consejo? ¿Habían decidido al fin considerarme un problema? No. pero ¿cómo? Lo habría notado. ahora. Frederick tenía las Crónicas Licántropas. Demonios< un plan como ese requiere meses de preparación. ¿Qué más tengo que pueda ser importante? ¿Qué me está faltando? Sólo tengo mis armas. Necesito una cama y algo de olvido. Seguramente ni siquiera se había fijado. No era solo el hecho de que le había enviado las entradas a Frederick haciéndose pasar por su abuela. Pero no a Londres. Nadie más que Frederick y yo lo sabía. el libro< No puede ser. no. 163 . reviso el nombre en la pantalla. Llamada entrante. No habrían hecho algo tan ridículo como robarme un libro que ya casi no tiene utilidad.

¿ah? ¡Pues dile a ese imbécil que es un redomado idiota y puede irse a que lo disequen como el mayor cretino del mundo!” No tardo más de un instante en reaccionar a sus insultos. ¿cierto? ¡Monstruo de mierda! ¡Y yo que me preocupaba por ti!” “¡Preocuparte! ¡No eras m{s que una molestia constante!” “¡Buena manera de agradecerme. Te propongo que<” “Hagan lo que quieran. sobre el rescate. “¿¡QUIÉN MIERDA TE CREES. en un intento de retomar la compostura. “Con que no se preocupa.” La voz de Frederick suena como un resoplido irónico. “Vaya manera de contestar el teléfono. Miro de reojo la pantalla.” se detiene un poco. PELIRROJO RETRASADO!? ¡ME ALEGRO DE QUE POR FIN TE HAYAN ATRAPADO! ¡YA SE ESTABAN TARDANDO DEMASIADO!” “Ah. “¿Amigo? ¿Qué amigo?” La misma risa ahogada hormiguea en mis orejas. Skartzia. Skartzia. chico? Ni siquiera se interesa por ti< creo que esto va a resultar m{s entretenido de lo que pensé.” Un bufido se escapa de mi boca.” Entre nuevas risotadas. te alegras. El secuestrador queda en silencio. ¿Qué<? “Tenemos a tu amigo. en serio!” “Esto< Sobre el rescate<” “¡C[LLATE!” Ambos lo gritamos al mismo tiempo. Luego prosigue. y tiene suficiente coraje para insultarme desde el otro lado de la línea. ¿Y qué quiere este imbécil ¿Llamarme perro otra vez? Contesto con mi mejor gruñido. es el teléfono de Frederick.” La voz lupina me es completamente desconocida. Que yo sepa. y tengo suficientes segundos para digerir la situación. Deberías aprender algo de modales. Después de todo. escucho una voz conocida. Voces de al menos cinco licántropos. No me interesa. “¿Qué mierda quieres?” Me responde una risa ahogada y una descarga me recorre el espinazo. esta vez engrosada con carcajadas lejanas. “Ya les dije que no haría nada. no es la mejor manera de pedir ayuda. “no es m{s que un perro imbécil. Un momento de vacío. “¿Escuchaste eso. Frederick fue secuestrado por un grupo de licántropos idiotas.” 164 . una voz gangosa y desagradable. “Entonces. Escucho al licántropo aclarándose la garganta. Skartzia. Sí. subiendo un poco su tono de voz.Observo el aparato por unos momentos.

Cierro los ojos con insistencia. ¿cu{nto tiempo ya? Unas ocho horas tortur{ndolo. Pero estoy prácticamente convencido de que no estarán. Repaso 165 . Para cuando cae al piso. Atrapo algunas al vuelo. Si pasó por ahí en algún momento. Decido salir.” Lance me mira fijamente. y abro la puerta antes de que Lance pueda siquiera llegar al rellano. En algún minuto del recorrido logro razonar que debería ver si efectivamente faltan o no las Crónicas licántropas. Sin demasiado ánimo rebusco entre las cosas de Frederick. los ojos dorados algo ensombrecidos por el ceño fruncido. me importa más. y se detiene delante de mí. quiz{s aún pueda seguir su rastro< Mas al abrir la puerta compruebo que la última vez que Frederick pasó por ahí fue la madrugada de nuestra pelea. Estoy a punto de perder los estribos. Termino por levantarme y reanudar la caminata. Camino calle abajo y luego de varios minutos me detengo en una plaza. pero nada parece coherente. en dirección al edificio que Lance me indicó. Pateo un par de cosas sin que el nivel de desorden general cambie en lo más mínimo: todo sigue en el perfecto desastre en que estaba cuando salí a buscar a Jarred. Un olor en las escaleras me reorienta. pero el lomo negro no asoma en ninguna parte. Se hace más sencillo no pensar en nada. El rastro aparece cuando logro divisar la construcción anticuada y aislada. Intento revivir trozos de la pelea.” No tengo idea de por qué estoy haciendo esto. diciéndome que fue una estupidez interrumpir mi siesta por una nimiedad como aquella..El celular se estampa contra la pared.” Su mirada se intensifica con las últimas palabras. No puedo mantener mi concentración en nada. Comienzo a golpetear el piso con el talón hasta que yo mismo me saco de quicio. Me encamino a Camden. “Escuché que lo tienen. “Quiz{s debería importarte.” Reprimo toda muestra de asombro o interés al contestarle. “Me importa una mierda. a mi departamento. dejándome caer sobre el banco más cercano. Parte de mí sabe que puede haber otra cosa que. Corro lo más rápido que el tráfico vespertino me permite. Llevan. Media hora más tarde me doy por vencido y comienzo a andar en círculos por el departamento. “No ha dicho absolutamente nada. Vuelvo a recostarme sobre el sillón. para obligarme a sentarme. Vuelvo a la sala y aparto un par de cosas del sillón. pero al mismo tiempo mil ideas se entrecruzan tras mis ojos. en esos momentos. diciéndome que en cualquier momento me quedaré dormido. ciega e insistentemente. Salvo algo que me impulsa. Me pongo de pie de un salto. Camina lentamente hasta el umbral. Pero no soy capaz de mantenerme quieto. pero es como si perdiesen importancia. no son más que añicos.

Los sonidos parecen más lejanos. Me dirijo rápidamente hacia él y comienzo a deshacer las ataduras. pero la variedad de olores llega. en una planta aparentemente vacía. El muy hijo de perra. y me apresuro a indicarle con un gesto que se quede quieto. Al fondo de la amplia sala en penumbra. pero ¿qué esperabas?” lo murmuro lo m{s bajo posible. y echo un vistazo dentro. sé que no debí haberte gritado así. Lance dijo que eran cuatro pisos hacia arriba y tres subterráneos. Sus brazos y piernas están cubiertos de sangre. El olor a licántropo viene del tercero. A mi nariz llega por fin el olor de Frederick.lo que Lance me ha dicho: la entrada es falsa. “Mira. Salto al tejado ayudándome con uno de los látigos. Al final del corto pasillo. El tronar de las patas de la silla contra el piso sería claramente audible dos niveles más abajo. Me hierve la sangre al encontrarme con los ojos amarillos sonriéndome desde el umbral. sólo tendré el olor para guiarme. y luego de una rápida inspección encuentro la hendidura correcta. Estoy en un pasillo. Lance se cruza de brazos con esa expresión de asquerosa victoria en la boca. Por el teléfono sólo pude distinguir unos cinco. Los olores provienen de abajo. “Y sobre la pelea. sólo e inmóvil. soltando el nudo por fin. prácticamente tragándose el trozo de tela en un intento de hablar. “No dudaste lo suficiente. pero Frederick prosigue sus intentos desesperados de moverse. Al verme intenta moverse. desesperado. el problema es que ahora<” “¡<Una trampa!” El grito retumba en la habitación no bien la tela resbala de su posición. Quiz{s debiste escucharlo. Los olores ya son claramente distinguibles. y antes de que lo repita. y éste tiembla visiblemente. Una vez adentro. Abro la puerta lentamente. Lance dijo que lo habían torturado. hay una trampilla a la que se accede por el tejado lateral. Salto los otros tramos de escalera y desciendo al primer subterráneo ya con mucho más cuidado. agradeciendo que Lance no me hubiera mentido al decir que no ponían centinelas en las puertas. se abre la puerta. Fue él en todo momento. no hagas ruido y sal lo más rápido que puedas. con un pedazo de tela cubriéndole la boca. no había sido Jarred. Bajo al siguiente nivel con una lentitud endemoniada por culpa de la vieja escalera. tenías razón. El primer subterráneo. Lo miro unos instantes. cuanto mínimo. Espero que la hebra de Frederick sea lo suficientemente fuerte para resaltar entre la de los licántropos que lo custodian. Evan. se define claramente la hebra de Frederick. Que lo más posible era que lo tuvieran abajo.” Apunta a Frederick con un gesto de cabeza. a la docena. 166 . Frederick está amarrado a una silla.

Mierda. parece al mismo tiempo enfurecido y ajeno. pero está alerta. y mantengo mi palabra. No se mueve.” “¿Eras su Mayor?” “Claro que no. No deja de sonreír. tiene los dedos crispados sobre el regazo. Espera algo. por favor. quizás merezco que este monstruo acabe conmigo en este momento. Pero. Una suerte de señuelo. en una expresión curiosamente despreocupada. Un Carent del Consejo. qué le habían hecho? Impulsivo e idiota. Evan.” Su semblante se torna súbitamente serio.¿Cómo demonios no me detuve a preguntarme cómo sabía que lo tenían.” Su boca vuelve a curvarse.” Silencio. “Aparentemente. ¿por qué habían tardado tanto tiempo? De súbito. ¿Qué planea? ¿No era a mí a quién esperaba? ¿No raptó a Frederick para hacerme venir? “Te estoy dando tiempo. “Tú le enviaste a Frederick las entradas para alejarme del departamento. No tengo Novatos vivos. sólo para comprobar que estaba equivocado. ¿qué? ¿Quién? “¿Para qué querías las Crónicas Lic{ntropas?” No pierdo nada con intentar. “Me había desobedecido. Y lo cierto es que necesito estos momentos cruciales: tengo que ver cómo salir de aquí vivo. fue muy útil durante un tiempo. Lance se queda completamente rígido. No iba a permitirle eso. ¿Sacrificó a Jarred por eso? Lance casi se echa a reír. encargado de acabar con la amenaza que yo representaba para ellos. Pero. Cierto. gracias por hacerle una a tumba a Jarred. Al relajar su posición. “Eso no es una pregunta. “¡Compañero! Incluso el concepto de ayudante le queda algo grande. eso lo explica todo. No era lo que buscaba. ¿Para qué? ¿Para qué le servía ese tiempo? Para raptar a Frederick. Fue muy dulce de tu parte. Lo estaba encubriendo. ¿De qué habla? 167 .” ¿Qué demonios<? “¿Jarred era tu compañero?” Él mismo me dijo dónde encontrarlo. ¿No tienes cosas que preguntar? Acordamos que te daría información.” No me quita los ojos de encima. Se impacienta. “Soy un Carent.” Un Carent.” Aunque su sonrisa se ensanche.” Alza levemente los hombros. Murmura algo entre dientes. “Por cierto. Como si esperara algo. Jarred mintió sobre el departamento. No está funcionando. Luego sólo quedaba deshacerme de él. Mantiene los ojos fijos en mí. ¿Por qué no lo ha hecho? No me ataca.

“De tu padre. Pero. ¿Y qué mejor que otro supuesto Exiliado? Jarred fue muy amable al ofrecer la manada de uno de sus Novatos para que yo acabara con ellos. Miro sin pestañear cómo alza lentamente un brazo. momento. Su murmullo no alcanza a camuflarse por completo en el estruendo. Cuando le hundo el cráneo de un golpe. muy atento. Evan. Aunque gracias a Jarred pude convencer al Consejo de que estabas vivo después de todos estos años. pero uno de los bastardos logra torcerme el brazo. Era el mejor modo de hacerlos entrar en razón. Pero se acabó tu tiempo. Había enviado a estos Novatos en su lugar. “Eso es algo que no necesitas saber. pero Frederick está lo bastante lejos. “¿Cu{nto tiempo hace que me sigues?” Lance inclina ligeramente la cabeza. por supuesto. estará a salvo. Y claramente no podía pelear yo contigo. ¿Cómo iba a acercarme a ti si lo hacía? Jarred acabó con esa confianza que tenías en que eras lo más cercano a la inmortalidad. y me rodean con muecas sádicas en sus hocicos. Esos idiotas ya no le creen a los ojos ni a los sonidos. Mi mente no alcanza a reaccionar y ya me han saltado todos encima. las equis humeantes en sus cuerpos< no hacía matanzas visibles desde hacía tiempo. No se había ensuciado las manos.” “¿Qué? ¿De quién hablas?” No logro que sea un grito. Y resultó todo tan teatral. Los tres primeros caen al piso con facilidad. hace dos años<” No puede ser. “Qué lento. Evan. Marcel. ¿sabes? Desde una tarde en París. No quiero afrontar la respuesta.” Me mira unos segundos. y eso es m{s que rescatable. Siento dolor en mis rodillas. Una de las hebras que había en el departamento. dos años< desde mi estancia en París< No quiero hacer la pregunta.” Su voz parece venir de muy lejos.” Y baja el brazo. “Veo que no funcionó. Ni siquiera a la palabra. Hace una pausa casi suficiente para hacerme perder los estribos. Lance se limita a alzar una ceja.” Avanza un paso hacia la habitación y me pongo en guardia. No me muevo en lo m{s mínimo. Escucho un grito de pánico. sería todo tan estúpido. “Nuestra charla ha sido de lo m{s amena. Te hizo querer ayuda. tan inútil. no voy a permitir que muera después de haberme arrastrado hasta aquí. Supongo que también debo agradecerle eso. 168 . Catorce licántropos aparecen tras de Lance. La pelea. el techo es bajo. “Después de todo lo que ha hecho por protegerte y no aparecer ahora< creo que aún no lo entiendo.” Chasquea los dedos y escucho una estampida de pasos en las escaleras. Claro que no había olido a Lance.“¿No vas a seguir pregunt{ndome por Alexander? Es un tópico mucho más interesante que Jarred. caigo en cuenta del olor conocido. Necesitaba que peleara contigo y luego se presentara en el Consejo hediendo aún a tu sangre.

murmurando. una mirada fugaz y compruebo que sigue en el umbral. un látigo no es suficiente contra este tipo. uno prácticamente reventándose sobre el otro. es el dolor y el desconcierto antes de la certeza del ataque. Otro golpe interrumpe mi 169 . los otros van a arremeter contra mí.” La voz est{ tan cargada de odio que su naturaleza inhumana es completamente perceptible. Lance se arranca los retazos de tela que cubren aún su brazo. vamos. Se vuelve fácil: uno abierto a lo largo.no puedo saltar. los hombros. Lance no me ha atacado. El ardor en mi pecho hace eco del resplandor argentino. como pozas de sangre. Sólo cinco de pie. los ojos exageradamente abiertos. impidiendo que la hoja penetre más en mi cuerpo. pero hay un momento malgastado. otro par que retrocede por la impresión. su posición tensa y sin rastro de esa despreocupación socarrona. heridos. Seguramente llevaba la cuchilla consigo en todo momento. tengo que sacármelos de encima. “Tantos años para nada. aparece. vamos. Algo extraño. Así que hagamos que esto valga la pena. “No puedo creerlo. las narices dilatadas. murmurando. dos no se levantarán más. el cuello. Vamos. y recupera esa sonrisa animal. la ambivalente duda. si no sana no tengo cómo demonios defenderme. ¿de acuerdo?” Se mueve tan rápido que. Con un impulso. Siento manos enterradas en mi pecho antes de reaccionar. “Aunque no negaré que fue divertido. destrozado. bestialmente calmada. de ninguna manera. Los látigos se enroscan en sus pies. Siento el dolor en el pecho antes de razonar lo que veo y a duras penas salto hacia atrás. Aferro mi hombro y me hago hacia atrás. encadenada a su brazo en ambos puntos. Nueve cuerpos a medio rehacer en el piso. y entonces saco los látigos. no. pateo a uno y se lleva a otros dos por delante. el resto ya está de pie y dispuesto a volver a atacarme. Sobre el bullicio logro leerle los labios. Incluso tengo que mirar mi brazo para comprobar que casi se ha desprendido. Pero no son como otros pobres con los que he peleado: se levantan y no pierden instantes en intentar romperme las rodillas. Ahora sólo queda Lance. De un salto me levanto y doy cuenta de otros tres que terminan bajo las hormas de mis botas. de un codazo en la nuca cae al piso. dejando el arma visible: una hoja curva desde el puño al codo. Quizás ni siquiera los dos bastan. Un corte imposiblemente limpio. nuevamente. pero el golpe adecuado los detiene para siempre. estrello a un par contra la pared.” ¿Servir? ¿Que no serví de nada? Exhala profundamente. uno al que le arranco un brazo (venganza) y más que caen. Al final no serviste de nada. En un momento menos crucial aceptaría que Frederick tuvo una buena intuición al fijarse en lo extraño de su atuendo. Me vuelvo hacia él al escuchar un sonido metálico. otro me embiste y me rompe las costillas. ¡vamos! ¿Cómo puede ser que esté hablando de Alexander? Uno me tira al piso y otros cuatro caen conmigo.

mas la transformación es rápida y. Caigo como una viga de hierro. Me mira aterrorizado. Mis anteojos caen al piso. Que me mira un par de segundos en completo silencio. 170 . Y entonces. Muerdo con todas mis fuerzas. exaltado. necesito impulsarme. Choco contra el piso sintiendo cómo el aire entra por mi pecho hasta las costillas. con un chirrido pavoroso. apuntar a su cuello< Escucho mis pasos como si fuera en cámara lenta. Carne y sangre. momentáneo. No puedo abrir los ojos. Adelanto los dientes y recibo un corte en el cráneo. dándome tiempo a penas para retroceder y volver a atacar. transfórmate!” Lance se queda quieto un instante. El salto se hace interminable. pero deja que se enrolle sobre la hoja y luego. en cuatro patas. un golpe en las patas traseras. Lo hago. ¿me he equivocado? No. Me impulso contra la pared para alejarme lo más posible de él. seguramente. Otro golpe. El hecho de que no puedo defenderme. inutilizada. Alzo un brazo para descargar el látigo sobre él. Corro hacia el otro extremo de la habitación. como evaluando con la mirada si soy capaz o no de hacerlo. salto de nuevo. no puede ser. pero sé que Lance está sobre mí. Avanza hacia mí y me pongo de pie como un perro apaleado. Le lanzo un zarpazo que esquiva y la hoja roza mis garras. no. La mitad del látigo cae al piso. tengo que poder hacerlo. decidido. que me alza por el cuello y. alguna manera de atacarlo directamente. Me gustaría no poder enfocarlo bien.evasión y caigo sin sentir mis pies. a tiempo para evitar un corte que me habría separado para siempre de mis piernas. no. Siento un vacío delante. el izquierdo. “¡Evan. no darle tiempo para cubrirse con la cuchilla. Tengo en la mano el espejo de bolsillo que Frederick siempre anda acarreando. tengo que correr y saltar. levanta su arma. Estoy perdido. los ojos cerrados en un último acto de cordura. “¡Transfórmate!” Me giro casi por instinto y atrapo algo al vuelo. Escucho a Lance saltar hacia mí. resbala de mi mano. pero no. pero la adrenalina lo hace todo horriblemente visible. sólo un poco m{s< Nada me adelanta el dolor más que un silencio irreal. cómo vacía mi estómago brutalmente abierto. abalanzarme sobre él. con ese silencio atronador. No me permito dudar. Con un poco más de fuerza se lo arrancaré con hombro y todo. carne. la desliza sobre mi arma. La otra. no es su cuello. cómo llena mis pulmones de la manera incorrecta. en la cabeza. que mi vista fallase. como lobo seguramente es capaz de lincharme en segundos. su brazo. De que está a punto de matarme. logro esquivarlo. Se da el lujo de sonreírme unos instantes.

todos los miembros acalambrados. señales de la tortura.” Lo digo sin pensar. Evan< déjame ver que est{s bien. y levanta el arma. Evan! ¡Comenzaba a pensar que no lo lograrías!” ¿Cinco días? ¿Cinco días desde que<? “¡¿QUÉ PASÓ CON LANCE?!” me incorporo de golpe. y el eco de mi grito aún reverberando en la habitación. Me levanta por el cuello y acerca la hoja curva a mi garganta. Despierto con mi propio alarido. 171 .Estoy tendido en el piso. ¿Qué está pasando? “¡EVAN!” Algo cae sobre mí y cada músculo se resiente con un gemido inaudible. Intento moverme.” Su sonrisa se torna maniática. observándome en silencio. Me descoloca tanto que pierdo por completo el hilo de mis pensamientos. Tiene cicatrices en los brazos. Lance está sobre mí. Déjame comprobar que sanaste bien tus heridas. “Pero c{lmate. Echo una mirada a mi alrededor: los lentes sobre la mesilla de noche. la descarga sobre mi pescuezo. y que estoy recostado sobre mi cama. pero con su mueca asquerosa curvándole la boca. y unas ojeras amoratadas bajo los ojos aguados. Como si me inmiscuyera en algo privado. y me toma un momento reconocer el olor. “Eso puede esperar. ah.” Me examina los brazos y el torso. pero los brazos no salen de mi cuello. En una esquina de la habitación hay algo que no quiero mirar. luz artificial bañando los muros. “¡Cinco días. no me serviste de nada. Caigo en cuenta de que es mi habitación. “Fre<derick<” “Evan. Y luego me explicas qué ocurrió. Evan. Una colcha sobre mi cuerpo. La verdad es que me resulta de lo más incómodo verlo así. Frederick me pone las manos sobre los hombros y me observa largamente. Me pregunto vagamente si Frederick habrá guardado los despojos. ¿si?” “<Vale. las pistolas de Frederick en el piso. “Después de todo. Evan. ¡por fin!” se aparta bajo el crujir de mis huesos. pero el dolor me recuesta otra vez. Ya me explico las ojeras. los restos de mi chaqueta sobre la silla.” “¿Puede esperar? ¡¿Cómo que puede esperar?! ¡De ninguna manera! ¿Dónde está? ¿Qué ocurrió? ¿Por qué<?” pero me detengo. “Por favor. La caja negra que solía contener mis látigos. con un sonido zumbante. Luego. Frederick parece a punto de echarse a llorar. rodeadas por decenas de tazas de café a medio consumir y un par de cojines. abierto por un corte a lo largo de todo mi pecho.

¿quién era ese lobo? ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué demonios Frederick no me lo dice? “¡Dime de qué mierda hablas!” “Bueno. y antes de lograr preguntarme qué demonios ocurría. y luego<” se detiene. Silencio. “Cuando< cuando Lance te lanzó al piso y se puso sobre ti. Lance le gritó una frase< No los encontrarás nunca. “Era Alexander.” ¿<Qué? Me levanto de la cama. La puso sobre tu cuello. si quiere regañarme porque no debí confiar en Lance. ahora! ¡Habla!” Inspira. y ambos cayeron al piso. tengo que saber “¡Dímelo. o cómo debería decirlo.” Observa mi reacción antes de continuar. Se defendió como pudo. creí que estabas perdido. claramente ajena a mis músculos raídos. “Cómo demonios te atreves a decir algo como eso. adelante. es que< a veces uno escucha versiones equivocadas de ciertas cosas. Parece que él creyó lo mismo. esto< uno puede incluso armar su vida en torno a esto. Sólo después de unos dos litros de agua y algo más de comida. ¡pero en otro momento! Tengo que saber. Traga otra vez. pero se veía que no tenía oportunidad: el lobo lo lanzó contra la pared y el edificio tembló como si fuera a caerse. Frederick acepta decirme qué ocurrió.” 172 . entró de un salto en la habitación. El lobo se quedó como petrificado. un lobo enorme. porque se tomó un tiempo antes de levantar esa arma que llevaba. Me acomodo los anteojos y mi estómago ruge como condenado cuando el pelirrojo me pone delante un plato de algo que devoro en segundos. y de alguna manera. y el lobo volvió a atacarlo. Con alguna fuerza desconocida. “¿E-Evan? Te has planteado alguna vez< digamos< ¿Se te ha ocurrido pensar que< que puedes estar equivocado en un par de cosas?” “¿De qué hablas?” No tengo tiempo para esto.Pasan cuanto menos treinta minutos antes de que Frederick diga que mi estado es aceptable. ¿cierto? Y< por mucho tiempo. aunque esta vez si que no tranzará los dos días de reposo. Después< fue raro< El lobo se detuvo y ambos se miraron fijamente un par de segundos. Frederick se pega un poco a la pared cuando me ve erguido frente a él. uno no sabe que son erróneas< y. Te soltó y se incorporó en un instante. y en el momento en que la iba a bajar< se detuvo. Lance logró salir de la habitación. como evaluando qué va a decir. y<” “¡Explícate de una vez! ¿Por qué te detienes? ¿Quién era ese lobo?” Tengo que saber. todo en mí exudando furia. Y me mira entre compungido y atormentado. lo levanto del cuello. Sencillamente me mira. Y cuando parecía que iba a saltar otra vez. El animal lo siguió pero no pudo alcanzarlo. pero no hace caso. Le indico que siga. como de victoria. “Fue todo muy r{pido. dispuesto a matarlo. No llego a asentir.” ¿Un lic{ntropo transformado? ¿Pero cómo? No había luna llena< no hay m{s híbridos< Un lobo gris< Un lobo gris< “Lance pegó un grito de lo m{s extraño. grisáceo.

ahí. bajando la vista. Lance me engañaba. escúchame< hay veces en que lo que uno cree no es cierto<” “¡CÓMO MIERDA PUEDES DECIRME ALGO COMO ESO!” Lo arrojo contra el suelo. un brillo que tengo que estar imaginando. Estruendo de tazas. “¿Dónde est{?” Suspira. A minutos de cumplirla. Tu padre. un disparo certero en la sien. sólo una vez lo he olido. Nada puede importar ahora. No. Tiene que estarlo. Sé dónde está. Acabaré con él por fin. Sólo demoro lo suficiente para lanzarme algo sobre los hombros y calzarme unas zapatillas viejas (¿dónde demonios están mis botas?) y salgo corriendo con las pistolas de Frederick prácticamente a la vista. Ante mí aparece la figura de la bestia.” “¿Hablaste con él?” me detengo. y aún así creo que lo reconozco como por inercia. y mantiene la vista fija en el piso. Ciertas ideas se conectan en mi mente. saltarle encima y acabar con él por fin. seguramente roto.“Evan. Como si no pudiera sentir dolor. No sé cómo logro estar corriendo. sólo unas centenas de metros. se levanta. No dice otra palabra. Se acerca. hace diecinueve años. Sigue sin mirarme luego de nombrar un punto en las afueras. El suelo se despega de mis pies. Para siempre. Se afirma el codo. en ese bosque improvisado. Con ese monstruo al que he perseguido durante tantos años. Se dice que siempre vuelve a Berwick. sí. El cuerpo completamente sublevado a la única tarea que siempre tuvo. al igual que mi mente. Frederick está mintiendo. mirándome con algo completamente inadecuado en los ojos. monstruo malparido? ¿Nunca esperaste las consecuencias de tus actos? ¿No creíste que querría la venganza? “Evan<” 173 . El momento más importante de mi vida. ¿De qué mierda te sorprendes. así es.” “Evan. Era Alexander. “¡¿Cómo te atreviste a dirigirle la palabra a esa bestia?!” Vuelvo a alzarlo en vilo. De que acabe. siempre lo hizo. por favor<” “Cómo te atreves. por supuesto. un hombre al que me parezco con asquerosa familiaridad. de sangre y huesos. Después de todo lo que hizo para protegerte. y podré verlo en instantes. “Yo le dije que no me escucharías. pues no es de odio< Caigo sobre él y lo llevo al piso conmigo. a millas de las construcciones más cercanas. Nada importa. creo que incluso puedo escucharlo. Me entran ganas de partirle la cara. La pistola en su cabeza y la sorpresa en la mirada azul. y luego molerlo a puñetazos. Me molesta la resignación en sus ojos.

“¡NO TE ATREVAS A HABLARME. Por lo mismo. “Habla. No me clava los ojos con odio. ¿piensa que no podré matarlo? ¿Me cree alguna clase de cobarde inservible.” La ira me recorre como una descarga. y la apoyo sobre el corazón. y siento los dedos crispándose en garras. voy a apretar el gatillo y ya estará todo hecho. Gracias a eso ahora vengo a acabarte. ¿Por qué diablos su postura es tan relajada? Lo tengo aprisionado contra el piso. La llevo lentamente a su pecho.” Mis dedos se tensan sobre el arma. Y por la memoria de Marianne. llegó en seguida a mis oídos.” Cierra los ojos y mantiene el silencio. me digo. “Si hubiese matado a Marianne. al menos déjame contarte qué sucedió. la pistola en su cabeza. de su olor. sólo ese pequeño impulso que tanto ansío.” No se tensa. Pero aún así retiro el arma. como él? Entierro un poco más el caño en la mata de pelo negro. Los latidos de su corazón: pausados. Ni rastro de adrenalina. MONSTRUO DE MIERDA! ¡ASESINO HIJO DE PUTA!” Se encoge de hombros levemente. Alguien 174 . ignorando la calma de sus latidos.Sólo un instante me retiene el recuerdo inseguro de esa voz escuchada hace casi dos decenios.” Sólo el ruido de los árboles cercanos. todo una estúpida mentira. en calma. Su mirada no se atemoriza. Hazlo por ti. Suspira. Es una mentira. “No lo escuchaste. “Grace y el viejo Howard nunca fueron demasiado dotados para inventar historias. “Tú la mataste y me dejaste vivo con su cadáver en un arranque de idiotez. Evan. nada que indique nerviosismo o mentira. “¡Cómo te atreves a decir su nombre después de lo que le hiciste! ¡Cómo puedes nombrarla después de haberla asesinado!” “Yo no maté a tu madre. ¿cu{l sería la lógica de haberte dejado vivo? ¿Nunca te pareció extraño? Vamos. cuando el rumor comenzó a recorrer los pasillos. ¿Qué está ocurriendo? “Tú la mataste. “Era uno de los Carent de confianza del Consejo.” ¿Para qué demonios iba a escuchar las mentiras que repitió? ¡Imbécil! “Evan. la certeza en el actuar. tienes que habértelo preguntado alguna vez< después de tantos años<” Está mintiendo. Cuando comienza a hablar. ¿no?” No comprendo cómo puede decir sus nombres con esa facilidad tan parecida al afecto. me da la impresión de que estuvo mucho tiempo preparándose para este momento.

Lo único que veía. No lograba explicarme estas frases. Llegué al tiempo preciso para ver cómo terminaban de desmembrar su cadáver. Lo derribé de un salto y te tomé en brazos. Me propusieron redimirme. Me ofrecí como voluntario. “Pero me equivoqué. Un hijo de un licántropo y una humana había nacido. Tres días tardaron en averiguarlo. pedí que me dijeran el verdadero motivo por el que había sido llamado.” Una pausa. Con todo el respeto que la situación ameritaba. Pero hablaban lento. un poder más ambiguo. pero en ambas ocasiones. diciéndome que debía apresurarme. mas los Mayores y Jefes de tribu tuvieron derecho a juicio. sencillamente no sé. “era la imagen de mi esposa humana encerrada en casa. sosteniendo en sus brazos al hijo que aún tenía los ojos cerrados. No sé en qué estado me encuentro. dejando un reguero de sangre y a medio Consejo jurando que acabarían conmigo como fuera. las caras desfiguradas y la voz temblorosa rogando piedad. me confesaron. Los interrogados pasaron uno tras otro delante de mi mirada perdida. Sólo ha ocurrido dos veces. No era un interrogatorio: sencillamente me hablaron de los resultados de mi última misión. que aún no era demasiado tarde. Los niños prohibidos tienen la luna en sus ojos. Los Novatos rebeldes fueron despachados sin miramientos. o más cercanía que nosotros a la inmortalidad? Aún recuerdo cómo rechinaron los colmillos al darme la respuesta. Entonces cerraron las puertas. como esforz{ndose por no dejar el relato inconcluso. a cambio de una condición: Averiguar el por qué de la primera regla. con sólo retomar mi juramento de lealtad. los exterminios. como llamándome. “Tres días. “Me transformé tan r{pida como 175 . Me volví hacia ti. Así. Aún así. Que no me preocupara por eliminarlos. fue suficiente para poner a toda la raza en peligro.” Hace un alto para observarme.” los ojos penetrantes aserrando la superficie de mis anteojos.” Recién se vuelve audible el odio en sus palabras. Quienes nacen con genes humanos y sangre de lobo tienen el poder de acabarnos a todos. pero yo ya no escuchaba. No sé. Me llamaron el mejor Carent que habían tenido en siglos. sin poder razonar la muerte de Marianne y diciéndome que tenía que sacarte de ahí a como diese lugar. La voz que no flaquea. Cuando fui llamado ante el Consejo. regocijándose como demonios monstruosos.había roto el tabú. “Sólo tengo consciencia de haberme lanzado contra la puerta instantes después. Dijeron que. Corrí a casa con la sola imagen de Marianne contigo en brazos. pude averiguar el motivo antes de los interrogatorios. Se repetían. Y abriste los ojos. Que cuatro de mis compañeros ya estaban en camino a mi casa. claramente desgastado. todo sería olvidado. ya sabía de qué se trataba. no pierde la calma. Baja la vista. Tienen lo que hace falta para que nos destruyamos unos a otros. Uno de ellos avanzaba hacia ti. A media milla. pude oler la sangre de tu madre. Hiciste un sonido. lo único en que podía pensar. Estaban alargando la conversación todo lo que podían. Cuatro Carents debían estar presentes durante las sesiones.” Vuelve a mirarme. De inmediato comenzaron los interrogatorios. ¿Tenían incluso más fuerza. para acabar con mi error como si nunca hubiese existido.

preocupado. Alexander me mira. aún con el semblante algo inquieto por mi falta de reacción. para que continuemos?” Se sienta a mi lado. Y la sensación de una respuesta ansiada.” 176 . Seguramente hay muchas cosas que quieres preguntar. todo lo que no pude comunicarte por ningún medio. Me seguían en todo momento. Y aunque no tuviera tu odio. “Fue la única manera que se me ocurrió de ayudarte. o era capaz de perder el control y aplastar tu frágil cuerpo con mis garras. Finalmente las envié desde Londres. no podía esperar contactarte nunca. Me dejé ver en puntos a lo largo y ancho de todo el globo. no iba a dejar que corrieras ese riesgo. En un espasmo de consciencia. Después de lo que Grace y Howard seguramente te habían dicho de mí. No entiendo nada. Actué como si no existieras. lo suficiente para verte. es como algo a lo que aferrarme< “Las Crónicas Lic{ntropas< ¿Por qué las conoces?” Me sonríe. y que no podrías defenderte si no sabías cómo.” Pasmo. contrastada con una explicación imposible. No podía dejarte ahí. Evan. lo que me nubló la mente el lapso suficiente para destrozarlos a todos. Pero al mismo tiempo. Pero mencionó algo< una palabra que. y desaparecí de Inglaterra. y tengo la impresión de haber permanecido inmóvil durante todo el largo monólogo. Era arriesgado. ni siquiera con las Crónicas. Se aclarar{n muchas cosas. ¿Me permites levantarme. Evan. presintiendo algo malo. Las escribí para ti. Te har{ bien. y aullar bajo su ventana. pero no sabía cuánto tiempo estaría consciente. “Porque las escribí yo. a un par de cuadras de la nuestra. irme en ese mismo instante. y supe que buscabas libros. más que un patético intento de un padre para ayudar a su hijo. Para eso debería dudar algo. Me estabas mirando con esos ojos de plata. Por eso tuve la idea de escribir las Crónicas. Y la verdad es que no sé cómo reaccionar. esperando alejarlos lo más posible de ti. Creían que tanto Marianne como tú habían muerto. aún en este estado. ni cuánto duraría la transformación. aún tengo tantas cosas que decirte. y no podía permitirme que el Consejo pudiese establecer alguna relación entre ellas y yo. Y entonces supe que tenía que irme. también.” No tengo nada que preguntar. Aturdimiento. “Pregunta. sabía que en algún minuto te encontrarían. No entiendo. Sólo me atreví a llegar ante la puerta de tus abuelos.dolorosamente. “Evan. me dirigí a ti. Me arriesgué a acercarme a Berwick.” Han pasado diez minutos de silencio y aún no creo poder pensar nada. y me esforcé lo más que pude para que siguieran creyéndolo. La pistola ha resbalado de mi mano. esperando que a nadie más que a ti le interesara ese libro de lomo negro que parecían las fantasías de un escritor desquiciado. Lo dudo todo. Me aseguré de que salieran en dirección a nuestra casa.

“Muchas gracias por escucharme. “¡Ese es mi Evan! Recuperado ya de toda la impresión. y al encontrarte se le metió en la cabeza que podía utilizarte para llegar a mí.” Lo miro atentamente por una vez. Es la humillación más grande que un Carent puede sentir. Protegiendo. Ah. eso es lo que debe haber hecho que su obsesión se tornase enfermiza. Lance no tenía oportunidad alguna< “¿Por qué estabas en forma de lobo? ¿Cómo lo haces?” Parece sorprendido ante mi pregunta. pero algo en mi expresión lo tranquiliza de inmediato. pero fui yo quien ganó la pelea. el Consejo lo sacó de la misión. “¿Por qué te est{ buscando?” “Venganza. Recordando lo que me dijo Frederick. En lo nervioso que se mostraba Lance. Evan. En el hecho de que era a Alexander a quien aguardaba. pero creo que su plan tuvo ciertas fallas estratégicas.” Me sonríe con ese mismo afecto extraño que tanto me desconcierta. Tampoco tenías demasiadas opciones. “Así es. y te manda saludos. Todo el tiempo me estuvo ayudando. Que agradece mucho que hayas intentado hacerme entender. Tengo tantas cosas que contarte. “Hace cinco días< Fuiste a salvarme<” Sonríe otra vez. Lance no habría dudado en hacerte trizas si no aparecía.” Frederick me recibe con una mirada nerviosa. sentémonos un momento. Una honestidad inocente e implacable.” Los ojos azules tienen una sinceridad que nunca había visto. una sonrisa cálida que me perturba. Aunque tenía motivos para odiarme desde mucho antes.” Asiento mientras sonríe.” Como modo de evasión. Al segundo. Podríamos decir que funcionó. mi mente prefiere centrarse en esa batalla. y una mano firme se posa sobre mi hombro. Por eso no me buscaban. ¿No? Como que yo ganara otra vez. “Te estaban buscando y yo quería matarte. Toda mi vida me basé en un texto que había escrito la misma persona que quería matar. Gracias a la marca de derrota que dejé en su cuello. Después de tantos años siendo un padre de mierda. Me alegro de haber llegado a tiempo por una vez.” 177 . lanza una carcajada. sé que no merezco tu confianza. No hay en su cuerpo el más leve rastro de heridas. Un padre que mira a su hijo. “Ven.Todo el tiempo creyeron que estuve muerto.” Me sonríe una vez más. Me levanto sin tocarla. en la obvia espera. “Me dijo que había hablado contigo. “Pudiste escucharlo.” Se pone de pie y me extiende la mano para que haga lo mismo. “Era el Carent encargado de encontrarme y acabar conmigo.

Que no me conviene andar matando licántropos como antes.” Nos quedamos en silencio. “Podría matarme ahora mismo y no importaría. y que no podía permitir que Lance lo encontrara primero.” “Ya veo. Y bueno.” Espero que el silencio se mantenga. Evan. Ni yo mismo lo sé. 178 . Alexander sólo me dijo que estaba buscando algo. y espanta a Lance. “¿Qué har{s tú ahora?” Me toma unos segundos responder. se aseguró de que Alexander sea quien lo busque la próxima vez. mas Frederick chasquea la lengua en señal de desaprobación. no te explico cómo me sentí cuando entendí que él era al que estuviste buscando todo este tiempo< y bueno.” “Y en cuanto al Consejo. Diablos.” Me recuesto un poco más sobre el sillón. “Y dime< ¿qué vas a hacer? ¿Qué hay de Lance. Sólo me utilizó para que él apareciera. pura y maciza. Cuando me mira. Sólo al quinto lo logra.” Alzo los pies. con lo que le dijo. o les daré motivo para atacarme. dijo que. y lo hizo. había dicho. “Estoy destrozado. Digo. Utilizas muy bien las patadas. transparenta preocupación. de ser el caso. Además. y ahí me contó todo. me lanza una mirada tentativa. He gastado diecinueve años persiguiendo un objetivo inútil. “Créeme. digo<” enrojece un poco y baja la vista. seguramente harán caso omiso de mi presencia.” “¿Lo que le gritó en la pelea? ¿No los encontrarás nunca?” “Exacto. “No me explico cómo te lo has tomado tú. sin saber qué esperar. La punta redondeada con la placa de plata. es lo m{s extraño que me ha pasado. y luego vuelve y es igual a ti y me dice “soy el padre de Evan” y en serio que casi no reacciono y lo quedé mirando con una cara de no entiendo nada que le hizo tanta gracia que se habría largado a reír ahí mismo de no ser porque te estabas casi muriendo en el piso< se quedó conmigo la primera noche. Lance debe haber perdido todo interés en mí. Acabo de perder el objetivo de mi vida. bajo una premisa falsa. de manera que no pueda ver mi expresión. después de conocerte. Escucho tras unos minutos sus intentos de comenzar a hablar. del Consejo?” “Según Alexander. calzados con las botas que creía perdidas. sin Lance sacándoles en cara que no habían podido eliminarme. la cabeza colgando hacia atrás. Al que se atreva a agredirte. me dio un pequeño regalo. reluce perversa ante la luz de la ventana.Su risa resuena en las paredes mientras nos sentamos en la sala. De súbito llega este lobo gigante. No le pregunté m{s. “Pero< ¿y qué hay de ti?” ladea un poco la cabeza. entiérrale el pie hasta que lo veas aparecer del otro lado. así que esto te será de gran utilidad. “¡Ahora me explico por qué habían desaparecido tus botas!” Cuando la risa se desvanece.

pensando en lo simple que resultó ser todo.” Frederick me mira mezclando desazón e indignación con un gesto de brazos. no puede ser< Entonces< ¿Entonces no ha cambiado nada?” El recuerdo de las palabras de mi padre me hace sonreír involuntariamente.” “¡¿Cómo?!” “El Consejo no olvida. el sonido de su risa tintinea en mis orejas.” “¿De qué hablas?” Me pongo de pie y me dirijo a la ventana. invertido. claro est{. ¿sabes? Podrías entrar a la Universidad o algo así. Una de verdad. “Alexander se escapó otra vez. Frederick casi se asusta al escucharme reír. pero no sería buena idea.” Cierro los ojos. 179 . movimiento en la lejanía. “¡Hablo en serio! ¿Qué me dices de una vida ligeramente normal? Con cosas humanas.” Siento que se levanta y luego aparece.” Estoy a punto de escupirle en la cara. ¡Podría ayudarte con los exámenes de ingreso! ¡No tengo problema en enseñarte acá en mis tardes libres! Bueno< si no te vas a ir a vivir con Alexander.“Corrección. Sin andar por ahí persiguiéndote la cola como un perro. “Según él. “Acabas de ganarte una vida. es todo el cambio del mundo. “Porque ahora yo no lo estoy buscando. Nuevamente. en mi campo de visión. “Pero. Sigue siendo el Exiliado m{s buscado. Londres está quieto.” Febrero del 2009. Creo reconocer un olor familiar.