Colegio Palmarés Departamento de Letras Asignatura de Lengua Castellana y Comunicación Profesora Greta Montero Barra

Nota: Selección realizada según las lecturas recomendadas en los Planes y Programas de 1 Medio del Ministerio de Educación del Gobierno de Chile.

La autopista del sur por Julio Cortázar (Argentino) Gli automobilisti accaldati sembrano nom avere storia… Come realtà, un ingorgo automobilistico impressiona ma non ci dice gran che. Arrigo Benedetti “L’Espresso”, Roma, 21/6/1964 Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainbleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas. A la cuarta vez de encontrarse con todo eso, de hacer todo eso, el ingeniero había decidido no salir más de su coche, a la espera de que la policía disolviese de alguna manera el embotellamiento. El calor de agosto se sumaba a ese tiempo a ras de neumáticos para que la inmovilidad fuese cada vez más enervante. Todo era olor a gasolina, gritos destemplados de los jovencitos del Simca, brillo del sol rebotando en los cristales y en los bordes cromados, y para colmo sensación contradictoria del encierro en plena selva de máquinas pensadas para correr. El 404 del ingeniero ocupa el segundo lugar de la pista de la derecha contando desde la franja divisoria de las dos pistas, con lo cual tenía otros cuatro autos a su derecha y siete a su izquierda, aunque de hecho sólo pudiera ver distintamente los ocho coches que lo rodeaban y sus ocupantes que ya había detallado hasta cansarse. Había charlado con todos, salvo con los muchachos del Simca que caían antipáticos; entre trecho y trecho se había discutido la situación en sus menores detalles, y la impresión general era que hasta CorbeilEssones se avanzaría al paso o poco menos, pero que entre Corbeil y Juvisy el ritmo iría acelerándose una vez que los helicópteros y los motociclistas lograran quebrar lo peor del embotellamiento. A nadie le cabía duda de que algún accidente muy grave debía haberse producido en la zona, única explicación de una lentitud tan increíble. Y con eso el gobierno,

el calor, los impuestos, la vialidad, un tópico tras otro, tres metros, otro lugar común, cinco metros, una frase sentenciosa o una maldición contenida. A las dos monjitas del 2HP les hubiera convenido tanto llegar a Milly-la-Fôret antes de las ocho, pues llevaban una cesta de hortalizas para la cocinera. Al matrimonio del Peugeot 203 le importaba sobre todo no perder los juegos televisados de las nueve y media; la muchacha del Dauphine le había dicho al ingeniero que le daba lo mismo llegar más tarde a París pero que se quejaba por principio, porque le parecía un atropello someter a millares de personas a un régimen de caravana de camellos. En esas últimas horas (debían ser casi las cinco pero el calor los hostigaba insoportablemente) habían avanzado unos cincuenta metros a juicio del ingeniero, aunque uno de los hombres del Taunus que se había acercado a charlar llevando de la mano al niño con su autito, mostró irónicamente la copa de un plátano solitario y la muchacha del Dauphine recordó que ese plátano (si no era un castaño) había estado en la misma línea que su auto durante tanto tiempo que ya ni valía la pena mirar el reloj pulsera para perderse en cálculos inútiles. No atardecía nunca, la vibración del sol sobre la pista y las carrocerías dilataba el vértigo hasta la náusea. Los anteojos negros, los pañuelos con agua de colonia en la cabeza, los recursos improvisados para protegerse, para evitar un reflejo chirriante o las bocanadas de los caños de escape a cada avance, se organizaban y perfeccionaban, eran objeto de comunicación y comentario. El ingeniero bajó otra vez para estirar las piernas, cambió unas palabras con la pareja de aire campesino del Ariane que precedía al 2HP de las monjas. Detrás del 2HP había un Volkswagen con un soldado y una muchacha que parecían recién casados. La tercera fila hacia el exterior dejaba de interesarle porque hubiera tenido que alejarse peligrosamente del 404; veía colores, formas, Mercedes Benz, ID, 4R, Lancia, Skoda, Morris Minor, el catálogo completo. A la izquierda, sobre la pista opuesta, se tendía otra maleza inalcanzable de Renault, Anglia, Peugeot, Porsche, Volvo; era tan monótono que al final, después de charlar con los dos hombres del Taunus y de intentar sin éxito un cambio de impresiones con el solitario conductor del Caravelle, no quedaba nada mejor que volver al 404 y reanudar la misma conversación sobre la hora, las distancias y el cine con la muchacha del Dauphine. A veces llegaba un extranjero, alguien que se deslizaba entre los autos viniendo desde el otro lado de la pista o desde la filas exteriores de la derecha, y que traía alguna noticia probablemente falsa repetida de auto en auto a lo largo de calientes kilómetros. El extranjero saboreaba el éxito de sus novedades, los golpes de las portezuelas cuando los pasajeros se precipitaban para comentar lo sucedido, pero al cabo de un rato se oía alguna bocina o el arranque de un motor, y el extranjero salía corriendo, se lo veía zigzaguear entre los autos para reintegrase al suyo y no quedar expuesto a la justa cólera de los demás. A lo largo de la tarde se había sabido así del choque de un Floride contra un 2HP cerca de Corbeil, tres muertos y un niño herido, el doble choque de un Fiat 1500 contra un furgón Renault que había aplastado un Austin lleno de turistas ingleses, el vuelco de un autocar de Orly colmado de pasajeros procedentes del avión de Copenhague. El ingeniero estaba seguro de que todo o casi todo era falso, aunque algo grave debía haber ocurrido cerca de Corbeil e incluso en las proximidades de París para que la circulación se hubiera paralizado hasta ese punto. Los campesinos del Ariane, que tenían una granja del lado de Montereau y conocían bien la región, contaban con otro domingo en que el tránsito había estado detenido durante cinco horas, pero ese tiempo empezaba a parecer casi nimio ahora que el sol, acostándose hacia la izquierda de la ruta, volcaba en cada auto una última avalancha de jalea anaranjada que hacía hervir los metales y ofuscaba la vista, sin que jamás una copa de árbol desapareciera

del todo a la espalda, sin que otra sombra apenas entrevista a la distancia se acercara como para poder sentir de verdad que la columna se estaba moviendo aunque fuera apenas, aunque hubiera que detenerse y arrancar y bruscamente clavar el freno y no salir nunca de la primera velocidad, del desencanto insultante de pasar una vez más de la primera al punto muerto, freno de pie, freno de mano, stop, y así otra vez y otra vez y otra. En algún momento, harto de inacción, el ingeniero se había decidido a aprovechar un alto especialmente interminable para recorrer las filas de la izquierda, y dejando a su espalda el Dauphine había encontrado un DKW, otro 2HP, un Fiat 600, y se había detenido junto a un De Soto para cambiar impresiones con el azorado turista de Washington que no entendía casi el francés pero que tenía que estar a las ocho en la Place de l’Opéra sin falta you understand, my wife will be awfully anxious, damn it, y se hablaba un poco de todo cuando un hombre con aire de viajante de comercio salió del DKW para contarles que alguien había llegado un rato antes con la noticia de que un Piper Club se había estrellado en plena autopista, varios muertos. Al americano el Piper Club lo tenía profundamente sin cuidado, y también al ingeniero que oyó un coro de bocinas y se apresuró a regresar al 404, transmitiendo de paso las novedades a los dos hombres del Taunus y al matrimonio del 203. Reservó una explicación más detallada para la muchacha del Dauphine mientras los coches avanzaban lentamente unos pocos metros (ahora el Dauphine estaba ligeramente retrasado con relación al 404, y más tarde sería al revés, pero de hecho las doce filas se movían prácticamente en bloque, como si un gendarme invisible en el fondo de la autopista ordenara el avance simultáneo sin que nadie pudiese obtener ventajas). Piper Club, señorita, es un pequeño avión de paseo. Ah. Y la mala idea de estrellarse en plena autopista un domingo de tarde. Esas cosas. Si por lo menos hiciera menos calor en los condenados autos, si esos árboles de la derecha quedaran por fin a la espalda, si la última cifra del cuentakilómetros acabara de caer en su agujerito negro en vez de seguir suspendida por la cola, interminablemente. En algún momento (suavemente empezaba a anochecer, el horizonte de techos de automóviles se teñía de lila) una gran mariposa blanca se posó en el parabrisas del Dauphine, y la muchacha y el ingeniero admiraron sus alas en la breve y perfecta suspensión de su reposo; la vieron alejarse con una exasperada nostalgia, sobrevolar el Taunus, el ID violeta de los ancianos, ir hacia el Fiat 600 ya invisible desde el 404, regresar hacia el Simca donde una mano cazadora trató inútilmente de atraparla, aletear amablemente sobre el Ariane de los campesinos que parecían estar comiendo alguna cosa, y perderse después hacia la derecha. Al anochecer la columna hizo un primer avance importante, de casi cuarenta metros; cuando el ingeniero miró distraídamente el cuentakilómetros, la mitad del 6 había desaparecido y un asomo del 7 empezaba a descolgarse de lo alto. Casi todo el mundo escuchaba sus radios, los del Simca la habían puesto a todo trapo y coreaban un twist con sacudidas que hacían vibrar la carrocería; las monjas pasaban las cuentas de sus rosarios, el niño del Taunus se había dormido con la cara pegada a un cristal, sin soltar el auto de juguete. En algún momento (ya era noche cerrada) llegaron extranjeros con más noticias, tan contradictorias como las otras ya olvidadas, No había sido un Piper Club sino un planeador piloteado por la hija de un general. Era exacto que un furgón Renault había aplastado un Austin, pero no en Juvisy sino casi en las puertas de París; uno de los extranjeros explicó al matrimonio del 203 que el macadam de la autopista había cedido a la altura de Igny y que cinco autos habían volcado al meter las ruedas delanteras en la grieta. La idea de una catástrofe natural se propagó hasta el ingeniero, que se encogió de hombros sin hacer comentarios. Más tarde, pensando en esas primeras horas de oscuridad en que habían respirado un poco más libremente, recordó que

La chica del Dauphine dormía apoyada sobre el volante. Mucha gente había salido de los autos recalentados. antes de subir al 404. antes de acostarse un rato. el ingeniero bajó el respaldo de los asientos delanteros del 404 y ofreció las cuchetas a las monjas. Del otro lado. y el ingeniero volvió lo antes posible a su auto. El ingeniero agradeció y quiso saber si tenían hambre y si podía serles útil. no había setos ni árboles. Hacia las tres de la madrugada pareció llegarse a un acuerdo tácito para descansar. Casi tropezó con el campesino del Ariane. No. con el tiempo justo para regresar corriendo a sus autos bajo una lluvia de bocinas. que rehusaron. . su vecino de la izquierda. solamente el campo negro y sin estrellas. adivinó las razones. enderezándose. alegando que podía dormir muy bien de cualquier manera. pero más adelante. ya agotadas las botellas de limonada. no tenía agua pero podía darle unos caramelos para la niña. el ingeniero pensó en la muchacha del Dauphine. Las diarios locales habían suspendido las emisiones. adivinando la curva de los labios que soplaban suavemente. un mechón de pelo contra los ojos. se vio que hubiera convenido llevar mejor la cuenta. persistente en la autopista recalentada. el viejo movió negativamente la cabeza. los hombres del Taunus y la muchacha del Dauphine. el hombre del DKW miraba también dormir a la muchacha. La primera en quejarse fue la niña del 203. Quizá ya era medianoche cuando una de las monjas le ofreció tímidamente un sándwich de jamón. sin alejarse demasiado. la coca-cola y hasta los vinos de a bordo. por ser siempre la misma en el recuerdo. al olor de la gasolina. pero su sueño seguía demasiado cerca de la vigilia y acabó por despertarse sudoroso e inquieto. Aparte de esas mínimas salidas. Más tarde la muchacha del Dauphine y el ingeniero exploraron juntos las filas de la izquierda. Las monjas rezaban todavía cuando el ingeniero se dejó caer en la cucheta y se fue quedando dormido. el ingeniero encontró un Beaulieu ocupado por una mujer madura de ojos inquietos. se empezaba a sentir sed. ella se negó. El ingeniero lo aceptó por cortesía (en realidad sentía náuseas) y pidió permiso para dividirlo con la muchacha del Dauphine. el ingeniero se divirtió explorando en la sombra su perfil. y hasta el amanecer la columna no se movió. acostado en el asiento trasero donde debía tener demasiado calor. Los muchachos del Simca sacaron unas camas neumáticas y se tendieron al lado del auto. empezó a percibir los confusos movimientos del exterior. un deslizarse de sombras entre los autos. sin comprender en un primer momento dónde estaba. Durante un rato se oyó llorar al niño del Taunus. y más tarde también él salió del auto sin hacer ruido y fue a aliviarse al borde de la ruta. donde la radio parecía suficiente alimento. Delante del Simca. El matrimonio del ID se consultó un momento antes de que la anciana metiera las manos en un bolso y sacara una pequeña lata de jugo de frutas. suponiendo que tendría hambre. y el soldado y el ingeniero abandonaron los autos junto con el padre de la niña para buscar agua. pero la mujer pareció asentir sin palabras. cuando empezaron los cálculos contradictorios de las monjas. muy quieta contra el volante. sin preocuparse de un nuevo avance. y como sin darle importancia le propuso que cambiaran de autos hasta el amanecer. era tan poco lo que podía hacerse que las horas acababan por superponerse. algo que parecía un muro abstracto limitando la cinta blanca del macadam con su río inmóvil de vehículos. en algún momento el ingeniero pensó en tachar ese día en su agenda y contuvo una risotada.en algún momento había sacado el brazo por la ventanilla para tamborilear en la carrocería del Dauphine y despertar a la muchacha que se había dormido reclinada sobre el volante. que aceptó y comió golosamente el sándwich y la tableta de chocolate que le había pasado el viajante del DKW. y vio un bulto que se alejaba hacia el borde de la autopista. volvieron con algunos bizcochos y los llevaron a la anciana del ID. que balbuceó una frase ininteligible. porque otra vez llevaban horas sin avanzar. y sólo el viajante del DKW tenía un aparato de ondas cortas que se empeñaba en transmitir noticias bursátiles. se sumaba ahora la presencia más ácida del hombre..

y el sol los acorralaba en los autos) cuando ella lo interrumpió con un . El ingeniero le estaba contando a la muchacha del Dauphine su circuito por la periferia (era la una de la tarde. al que los muchachos del Simca llamaban Taunus a secas para divertirse. Al ingeniero lo molestaba la idea de erigirse en organizador. Los muchachos del Simca encendieron la radio y uno de ellos trepó al techo del auto y gritó y cantó. Por la mañana se avanzó muy poco pero lo bastante como para darles la esperanza de que esa tarde se abriría la ruta hacia París. y pensaban que si alguien se encargaba de dirigir el grupo (la mujer hacía un gesto circular con la mano. y la muchacha del Dauphine fue a jugar con ella y se hizo amiga del matrimonio. se encargará de coordinar las actividades. que evidentemente sabía mandar. y a su izquierda tenían que aguantar la verbosa indignación del conductor de un Floride. Más tarde llegó otro extranjero con la misma treta. y prefirió llamar a los hombres del Taunus para conferenciar con ellos y con el matrimonio del Ariane. y el americano del De Soto los miró asombrado y dijo algo sobre la voluntad de Dios. Un rato después consultaron sucesivamente a todos los del grupo. obtuvo un asentimiento burlón. cinco autos atrás en la misma fila. A las nueve llegó un extranjero con buenas noticias: habían rellenado las grietas y pronto se podría circular normalmente. El joven soldado del Volkswagen estuvo inmediatamente de acuerdo. en un momento dado el ocupante de un Alfa Romeo se negó a hablar con él del asunto. Al ingeniero le resultó fácil proponer que uno de los ocupantes del Taunus. el hombre pálido del Caravelle se encogió de hombros y dijo que le daba lo mismo. Uno de los hombres del Taunus. El ingeniero se dijo que la noticia era tan dudosa como las de la víspera.fumando en silencio. que había ido a consultar a los muchachos del Simca. para quien el embotellamiento era una afrenta exclusivamente personal. la anciana del ID y el resto de las mujeres. pero nadie quiso darle nada. al soldado y a uno de los muchachos que exploraran la zona circundante de la autopista y ofrecieran alimentos a cambio de bebidas. El ingeniero no encontró a nadie que pudiera ofrecer agua. Los pilotos del Floride y del DKW no hicieron observaciones. comprendían que en una situación semejante era necesario ayudarse. al ingeniero se le ocurrió ir a hablar con los campesinos del Ariane. ajeno a todo lo que ocurría en torno. Más tarde vieron volver al muchacho del Simca que no había podido conseguir agua. en que tenía una confianza instintiva. Los ancianos del ID y la señora del Beaulieu se mostraron visiblemente contentos. seguro de que en ese auto había cantidad de provisiones. que hicieran lo que les pareciese mejor. El calor empezaba a subir y la gente prefería quedarse en los autos a la espera de que se concretaran las buenas noticias. y que el extranjero había aprovechado la alegría del grupo para pedir y obtener una naranja que le dio el matrimonio del Ariane. Los del 203 no tenían suerte. pidió al ingeniero. pero Taunus calculó que ya tenían bastante para los dos niños. cuyo dueño exigía en cambio comida para dos personas. y el matrimonio del 203 ofreció las pocas provisiones que les quedaban (la muchacha del Dauphine había conseguido un vaso de granadina con agua para la niña. y le dijo que se dirigiera al representante de su grupo. En el 2HP de las monjas y en el Ariane de los campesinos había provisiones suficientes para ese tiempo. Taunus. el jefe. pero el viaje le sirvió para advertir que más allá de su grupo se estaban constituyendo otras células con problemas semejantes. A nadie le faltaría de comer por el momento. como si se sintieran más protegidos. que reía y jugaba). Pero solamente el soldado regresó con una cantimplora llena. Cuando la niña volvió a quejarse de sed. a su derecha estaba el hombre silencioso del Caravelle. pero era necesario conseguir agua. y si los exploradores volvían con agua el problema quedaría resuelto. había calculado que deberían cubrirse las necesidades de un día y medio como máximo. A mediodía la niña del 203 empezó a llorar otra vez. poniéndose en la posición menos optimista. abarcando la docena de autos que los rodeaba) no se pasarían apreturas hasta llegar a Paría. Para su sorpresa los campesinos se mostraron muy amables.

con ayuda del soldado y el hombre del 203. lo enternecía casi la rotunda indiferencia del matrimonio de campesinos al olor que les brotaba de las axilas cada vez que venían a charlar con ellos o a repetir alguna noticia de último momento. Pero después. Cayeron algunas gotas. A la hora de la siesta. El ingeniero no tenía sueño y jugó a los dados con Taunus y su amigo. Cuando al atardecer soplaron bruscamente una ráfagas tormentosas y el sol se perdió entre las nubes que se alzaban al oeste. Nacían hipótesis. que llamaba burlonamente el wagon-lit. Hacia el atardecer el ingeniero miró casualmente por el retrovisor y encontró como siempre la cara pálida y de rasgos tensos del hombre del Caravelle. Le pareció que sus facciones se habían afilado todavía más. la otra fue a dormir al 203 junto a la niña y su madre. y que el 2HP de las monjas serviría de depósito suplementario. El soldado del Volkswagen le contó más tarde que a su mujer le daba miedo ese hombre silencioso que no se apartaba jamás del volante y que parecía dormir despierto. Taunus había ido en persona a hablar con los jefes de los cuatro o cinco grupos vecinos. Las mujeres improvisaban de a poco sus actividades samaritanas. que al igual que el gordo piloto del Floride se había mantenido ajeno a todas las actividades. yendo de un auto a otro. cuando al ir a charlar con el soldado y su mujer tuvo ocasión de mirarlo desde más cerca. se había decidido que el Ariane de los campesinos sería el almacén general. Para su sorpresa. a lo lejos brilló un relámpago y el calor subió todavía más. sus padres se visitaban. y la muchacha del Dauphine iba cada tanto a ver cómo se sentían la anciana del ID y la señora del Beaulieu.gesto y le señaló el Simca. coincidiendo con un avance extraordinario de casi cien metros. bajo un sol todavía más duro que la víspera. por darle algún nombre. a quienes lo necesitaran. una separación. se dijo que ese hombre no estaba enfermo. Se decidió que los muchachos del Simca cederían sus colchones neumáticos a la anciana del ID y a la señora del Beaulieu. que se repantigaba en su asiento para beber a grandes tragos de la cantimplora que había traído escondida en la chaqueta. Taunus escuchó lo sucedido. envuelto en una frazada. El ingeniero le quitó la botella y se la alcanzó a Taunus. una de las monjas se quitó la toca y su compañera le mojó las sienes con agua de colonia. en un escepticismo de buen tono. llevó una cantidad de alimentos a los grupos. Había tanta electricidad en la atmósfera que Taunus. mientras el marido pasaba la noche sobre el macadam. A su gesto iracundo. ocupándose de los niños para que los hombres estuvieran más libres: nadie se quejaba pero el buen humor era forzado. el ingeniero respondió aumentando la presión en el brazo. por lo demás inútilmente puesto que la columna avanzó apenas cinco metros. y se preguntó si no estaría enfermo. se acercó al muchacho de la botella y le dio un par de bofetadas. el otro muchacho bajó del auto y se tiró sobre el ingeniero. después. y los gritos de las monjas alertaron a Taunus y a su compañero. que dio dos pasos atrás y lo esperó casi con lástima. Para el ingeniero y la muchacha del Dauphine. era otra cosa. como si temiera los efectos del cansancio y el calor. En dos saltos el ingeniero llegó hasta el auto y sujetó por el codo a uno de los muchachos. Empezaban a sonar bocinas y cada cual regresó a su auto. sentirse sudorosos y sucios era la vejación más grande. dejó al grupo en paz hasta la noche. en algún momento se les agregó el campesino del Ariane y hablaron de . Los niños del Taunus y el 203 se habían hecho amigos y se habían peleado y luego se habían reconciliado. regresando con más agua y un poco de vino. lloriqueando. la gente se alegró pensando que iba a refrescar. El muchacho gritó y protestó. mientras el otro rezongaba sin atreverse a intervenir. El soldado ya venía corriendo. la muchacha del Dauphine aceptó el ofrecimiento y esa noche compartió las cuchetas del 404 con una de las monjas. A las ocho las mujeres se encargaron de distribuir las provisiones. se basaba siempre en los mismos juegos de palabras. con un instinto que el ingeniero admiró sin comentarios. la muchacha del Dauphine les llevó dos mantas escocesas y el ingeniero ofreció su coche. se creaba un folklore para luchar contra la inacción.

se decidió que el campesino. La idea era buena y no resultó difícil reunir dinero entre los asistentes. pero a nadie se le escapó lo que quería decir. sólo tres veces le tocó correr hasta su auto. esa necesidad de estar a cubierto que nacía con la grisalla del alba. que se sentía mejor. Se envidiaba la suerte de los que en ese momento podían ir hasta la banquina y aprovechar la frescura de la sombra. Los cálculos de Taunus no correspondían ya a la realidad. Esa mañana la columna empezó a moverse muy temprano y hubo que correr y agitarse para recuperar los colchones y las mantas. La noche no fue mala. El jefe del tercer grupo a retaguardia contaba con un médico entre sus hombres. Después las monjas se ocuparon de la anciana. vino a buscar a las mujeres más jóvenes para que atendieran a la anciana que no se sentía bien. corriéndole por las piernas. había refrescado y brillaban algunas estrellas entre las nubes. Taunus. Su marido se tendió a su lado. vio dos lágrimas que le resbalaban por las mejillas. La muchacha del Dauphine cerró los ojos y pensó en una ducha cayéndole por el cuello y la espalda. y lo dijo francamente. en un radio de ochenta o cien automóviles. quizá había un arroyo. y tenían la seguridad de que la situación era análoga en todas partes. Taunus bromeó sobre lo sucedido mientras iba de auto en auto para ver cómo habían pasado todos la noche. teniéndole la mano. y empezaba a divisarse la sombra de un bosque a la derecha de la ruta. su amigo y el ingeniero descansaron un rato en la delantera. que acababa de adelantarse hasta el ID. Los ganó la noche sin que hubiesen llegado a la altura del bosque. que había seguido con irónica benevolencia los esfuerzos de los muchachitos del Simca para hacerse perdonar su travesura. visitando otros autos y descansando en el de Taunus cuando el sol castigaba demasiado. El campesino conocía bien la región y propuso que dos o tres hombres de cada grupo saliera al alba para comprar provisiones en las granjas cercanas. y los que tenían mantas se alegraron de poder envolverse en ellas. el ingeniero creyó oír gritos a la distancia y vio un resplandor indistinto. provocado por alguien que había querido hervir clandestinamente unas legumbres. Los jefes habían hablado con los responsables de los grupos más alejados. donde los viejitos parecían dormir. A mediodía habían avanzado más de cincuenta metros. el ingeniero. El soldado fue a buscar a los jefes de los grupos vecinos. pero como en todas partes debía estar sucediendo lo mismo nadie se impacientaba ni hacía sonar las bocinas. y el wagon-lit se transformó en ambulancia para que la anciana descansara en una oscuridad relativa. que la miraba de reojo. y los dejaron solos con el médico. Al ingeniero. o un grifo de agua potable. para hacerlo avanzar junto con la columna hasta el alto siguiente. el jefe de otro grupo vino a decirles que treinta autos más adelante había habido un principio de incendio en un Estafette. el soldado y el amigo de Taunus irían juntos y . Como la columna no se movería hasta el alba (era algo que se sentía en el aire.política bebiendo unos tragos del aguardiente que el campesino había entregado a Taunus esa mañana. entendió que era el momento de darles su oportunidad. Con los elementos de una tienda de campaña los muchachos cubrieron la ventanilla del 404. Hacia el amanecer los ganó el sueño. por la mañana habría que hacer algo para conseguir más provisiones y bebidas. y el soldado corrió a buscarlo. Entre dos imágenes de sueño. que venía desde el horizonte de autos inmóviles en la noche) el ingeniero y Taunus se sentaron a fumar y a charlar con el campesino del Ariane y el soldado. Hacia las dos de la madrugada bajó la temperatura. y el ingeniero pasó la tarde como pudo. que tampoco dormían. mientras Taunus se ocupaba de designar pilotos para los autos que quedaran sin dueño durante la expedición. y se discutió el problema en voz baja para no despertar a las mujeres. Mientras Taunus dormía junto al niño en el asiento trasero.

Lo sorprendió ver a la señora del Beaulieu que casi nunca abandonaba su auto. Los jefes de los otros grupos volvieron a sus unidades para organizar expediciones similares. Taunus decidió que uno de los muchachos se haría cargo del auto abandonado para no inmovilizar la columna. y la gente parecía esperar la llegada de la noche para taparse con las mantas y abolir en el sueño algunas horas más de espera. quizá robadas por el soldado que sonreía sin entrar en detalles. Desde su auto el ingeniero escuchaba la charla de la muchacha del Dauphine con el viajante del DKW. resultaba comprensible en plena noche y en esas circunstancias. y bajó para saber si necesitaba alguna cosa. uno de los muchachos del Simca había visto el coche vacío. El amigo de Taunus llegó discretamente a buscar al ingeniero. que no vio inconvenientes en que el matrimonio regresara a su auto. había desertado llevándose un valija de mano y abandonando otra llena de camisas y ropa interior. que vino hacia las cuatro y media para ver a la enferma. la temperatura seguía bajando y a mediodía empezaron los chaparrones y se vieron relámpagos a la distancia. Cuando a las cinco de la mañana no quedó la menor duda de que Floride. a las ocho llegó el médico. fabricaron un banderín con una cruz roja y lo fijaron en la antena del auto. inclinado sobre el volante donde había un libro abierto que no le interesaba demasiado. El médico. Nadie conocía mucho al hombre gordo del Floride. pero aparte de un helicóptero que apareció brevemente al anochecer no se vieron otros aprestos. La muchacha del Dauphine le dijo al ingeniero que la anciana ya estaba mejor y que insistía en volver a su ID. Taunus decidió que el 404 quedaría habilitado permanentemente como ambulancia. el ingeniero se preguntó por qué los expedicionarios tardaban tanto en regresar. como se divertían en llamarlo los chicos del Simca. Por la radio se había hablado de una operación de emergencia para despejar la autopista. Por lo demás parecía ser la noche de las grandes decisiones: tendido en su cucheta del 404. para divertirse. hizo un gesto de exasperación y cansancio y dijo a Taunus que en su grupo y en todos los grupos vecinos pasaba lo mismo. y se preguntaban hasta dónde habría podido llegar Floride en su fuga a través de los campos. De todas maneras hacía cada vez menos calor. que tanto había protestado el primer día aunque después acabara de quedarse tan callado como el piloto del Caravelle. al soldado y al hombre del 203. más tarde Taunus lo llamó discretamente a su auto y cuando estuvieron dentro le dijo que habían fracasado. después de todo. pero pensó que el soldado y su mujer serían responsables de algo que. Después lo pensó mejor y levantó la lona que cubría la ventanilla trasera. aduciendo las reglamentaciones sobre ventas a particulares y sospechando que podían ser inspectores que se valían de las circunstancias para ponerlos a prueba. y al amanecer se explicó la situación a las mujeres y se hizo lo necesario para que la columna pudiera seguir avanzando. como pegada al vidrio y un poco ladeada. A todos los había fastidiado vagamente esa deserción en la oscuridad. De todos modos.. redes y cantimploras disponibles. El amigo de Taunus dio detalles: las granjas estaban abandonadas o la gente se negaba a venderles nada. Mirando todo eso. Un hastío sin nombre pesaba sobre ellos al anochecer. se esperaba más del sueño que de las noticias siempre contradictorias o desmentidas. los muchachos. Hacía ya rato que la gente prefería salir lo menos posible de sus coches. la cara convulsa del hombre. Taunus les anunció que el tripulante del Floride acababa de desertar. a la luz de unas pocas estrellas vio a un metro y medio el eterno parabrisas del Caravelle y detrás. y después de un rato se había puesto a buscar a su dueño para matar el tedio. A pesar de todo habían podido traer una pequeña cantidad de agua y algunas provisiones. Sin hacer ruido salió por el lado . pero los alimentos de que se disponía no eran los más adecuados para los dos niños y la anciana. para especial regocijo de los muchachos del Simca. al ingeniero le pareció oír un quejido.llevarían todas las bolsas. La mujer del campesino se apresuró a recoger agua con un embudo y una jarra de plástico. pero la señora buscaba solamente las últimas noticias y se puso a hablar con las monjas. Desde luego ya no se podía pasar mucho tiempo sin que cesara el embotellamiento. que le contaba cuentos y la hacía reír sin ganas.

y nadie pensaba en quitarse las chaquetas. Dejar el cadáver al borde de la autopista significaba someter a los que venían más atrás a una sorpresa por lo menos penosa: llevarlo más lejos. Sin que pudiera saberse por qué. Taunus no creía que conviniera ahondar la hostilidad. Esa misma noche Taunus pagó de su bolsillo dos litros de agua. mantas. en pleno campo. Cuando empezaban su trabajo se les agregó la muchacha del Dauphine. alguna gabardina o abrigo ligero. y el soldado corrió a prevenir al médico. bastaba salir del límite de la autopista para que desde cualquier sitio llovieran piedras. interesado de a ratos en quitarle la compañía del viajante del DKW que le hacía la corte a su manera profesional. podía provocar la violenta repulsa de los lugareños. así. que la noche anterior habían amenazado y golpeado a un muchacho de otro grupo que buscaba de comer. por la mañana. y se acercó al Caravelle. las líneas a lápiz en la agenda bastaban. quizás fuese todavía posible hacer una salida en busca de agua. Taunus se negó. Ya nadie llevaba la cuenta de lo que se había avanzado ese día o esos días. pero el americano del De Soto (que no formaba parte del grupo de Taunus pero que todos apreciaban por su buen humor y sus risotadas) vino a la carrera y después de revolear la guadaña la devolvió campo afuera con todas sus fuerzas. Taunus y sus hombres habían metido el cuerpo en el portaequipajes. y jugó horas y horas a pasar de uno a otro y a instalar parte de sus juguetes en el Caravelle. el ingeniero era menos optimista pero se divertía en prolongar y complicar los cálculos con su vecina. Había unos pocos pulóveres que aparecían por casualidad en los autos o en alguna valija. Taunus llamó a un consejo de guerra. El campesino del Ariane y el viajante del DKW tenían lo necesario para cerrar herméticamente el portaequipaje del Caravelle. Esa misma tarde el muchacho encargado del Floride corrió a avisar a Taunus que un Ford Mercury ofrecía agua a buen precio. el Ford Mercury prometió conseguir más para el día siguiente. al doble del precio. ya más tranquila. Él le explicó en voz baja lo que acababa de ocurrir y la devolvió a su auto. Por primera vez el frío se hacía sentir en pleno día. En plena noche alguien tiró una guadaña que golpeó el techo del DKW y cayó al lado del Dauphine. Las baterías empezaban a descargarse y no se podía hacer funcionar todo . y el médico estuvo de acuerdo con su propuesta. y el viajante trabajó con scotch tape y tubos de cola líquida a la luz de la linterna del soldado. y las mujeres lo destinaron a la anciana y a la señora del Beaulieu. Por suerte la costumbre de dormir en los autos estaba bien establecida (las noches eran ya tan frías que a nadie se le hubiera ocurrido quedarse fuera) y a pocos les preocupaba que otros anduvieran entre los coches y se deslizaran hacia los bordes de la autopista para aliviarse. Después buscó a Taunus. Desde luego el hombre se había suicidado tomando algún veneno. y Taunus envió a tres de sus hombres. la muchacha del Dauphine creía que entre ochenta y doscientos metros. entre ellos el ingeniero. Como la mujer del 203 sabía conducir. que se colgó temblando del brazo del ingeniero. la niña del 203 descubrió que su papá tenía otro auto. y la carta dirigida a una tal Ivette. pero al anochecer una de las monjas le pidió al ingeniero un sorbo de agua para la anciana del ID que sufría sin quejarse. Otra vez volvía a faltar el agua. siempre tomada de la mano de su marido y atendida alternativamente por las monjas y la muchacha del Dauphine. La muchacha del Dauphine y las monjas hicieron el inventario de los abrigos disponibles en el grupo. para que trataran de establecer contacto con los lugareños.izquierdo para no despertar a la monjas. Quedaba medio litro de agua. maldiciendo a gritos. Era difícil reunirse para discutir. Sin embargo. alguien que lo había abandonado en Vierzon. porque hacía tanto frío que nadie abandonaba los autos como no fuera por un motivo imperioso. la resistencia exterior era total. El viajante se puso muy pálido y no se movió de su auto. Taunus resolvió que su marido se haría cargo del Caravelle que quedaba a la derecha del 203.

oliendo a encierro y a ropa sin cambiar. una mano . Quizá fuera una ciudad pero las nieblas de la mañana no dejaban ver ni a veinte metros. sobre la derecha. Mientras su compañera la contemplaba aterrada y la muchacha del Dauphine le humedecía las sienes con un resto de perfume. Casi sin resonancia la chica se dejó atraer al 404. con alguna envidia descubría a Dauphine en el auto del 404. algo de felicidad duraba aquí y allá. Deploró la carencia de una inyección calmante y aconsejó que llevaran a la monja a un auto con buena calefacción. nadie miraba a los demás. Sin hacer ruido. las luces de una ciudad. se había repuesto con el frío y era de las que más ayudaba a la monja a cuidar a su compañera. Todo ese día y los siguientes nevó casi de continuo. pasaba horas contándoles cuentos a los niños. y el niño pasó al Caravelle donde también estaba su amiguita del 203. abriéndose paso entre la nieve que caía desde el mediodía y amurallaba poco a poco los autos. perdida en un sopor que las mujeres se cuidaban de disipar. El Ford Mercury y un Porsche venían cada noche a traficar con las vituallas. salvo Taunus que se sentía obligado a mantenerse al corriente). Curiosamente ese día la columna avanzó bastante más. Taunus la instaló en su coche. Envueltos en mantas (los muchachos del Simca habían arrancado el tapizado de su auto para fabricarse chalecos y gorros. y cuando la columna avanzaba unos metros había que despejar con medios improvisados las masas de nieve amontonadas entre los autos. vigía incorregible envuelto en pedazos de tapizado y estopa verde. y otros empezaron a imitarlos). siempre débil y un poco extraviada. La mujer del soldado y del 203 se encargaban de los dos niños. los locutores hablaban enfáticamente de medidas de excepción que liberarían la autopista. Coincidió con nuevos anuncios de la radio (que casi nadie escuchaba. En alguna de esas noches heladas el ingeniero oyó llorar ahogadamente a la muchacha del Dauphine. Lo único que podía hacer Taunus era administrar los fondos comunes y tratar de sacar el mejor partido posible de algunos trueques. abrió poco a poco la portezuela y tanteó en la sombra hasta rozar una mejilla mojada. y se hacían referencias al agotador trabajo de las cuadrillas camineras y de las fuerzas policiales. Increíblemente la anciana del ID sobrevivía. Bajo mantas sucias. La muchacha del Dauphine no se había equivocado: a lo lejos brillaba una ciudad. una de las monjas deliró. En algún momento el ingeniero bajó los dos parasoles y colgó de ellos su camisa y un pulóver para aislar completamente el auto. Cansado de explorar el horizonte inútil. cada uno trataba de abrir lo menos posible las portezuelas para conservar el calor. La oscuridad era más densa en el coche ambulancia. A nadie se le hubiera ocurrido asombrarse por la forma en que se obtenían las provisiones y el agua. de la cadena de cinabrio. El médico vino mucho después. con manos de uñas crecidas. miraba por milésima vez los autos que lo rodeaban. las portezuelas se abrían silenciosamente para dejar entrar o salir alguna silueta aterida. Por las tardes el chico del Simca se trepaba al techo de su coche. Bruscamente.el tiempo la calefacción. la monja hablo de Armagedón. el ingeniero la ayudó a tenderse en la cucheta. el viajante del DKW. quizá para consolarse de que la ocupante del Dauphine hubiera preferido al ingeniero. con sus ventanillas tapadas por las lomas de la rienda. y poco y a poco se irían acercando. quizás doscientos o trescientos metros. jugaban con sus autos y se divertían mucho porque eran los únicos que no pasaban hambre. Hacia el amanecer ella le dijo al oído que antes de empezar a llorar había creído ver a lo lejos. del noveno día. La señora del Beaulieu que unos días antes había sufrido de náuseas y vahídos. En la noche los grupos ingresaban en otra vida sigilosa y privada. Taunus decidió que los dos coches mejor equipados se reservarían llegado el caso para los enfermos. la abrigó con la única manta y le echó encima su gabardina. Taunus y el ingeniero se encargaban de distribuirlas de acuerdo con el estado físico de cada uno. los ojos tan ciegos como la sombra misma.

se volvía hacia el 404 y agitaba el brazo mientras el 404. el Simca y el Ariane empezaban a moverse.acariciando un cuello. el Caravelle. Detrás. Nunca faltaban del todo el agua o las conservas. Se habló de un golpe de mano. un trecho en primera velocidad. Ahora el 2HP. a su vez lentamente. esperando poder pasar a tercera. el Dauphine. y al muchacho del Simca le hubiera gustado tanto poder traer a su coche a alguna chica de otro grupo. sin contar que el grupo de más adelante estaba en franco tren de hostilidad con el de Taunus por una historia de un tubo de leche condensada. lo más importante empezó cuando ya nadie lo esperaba. a trescientos. el 203 y el Floride arrancaban. Pero todo estaba en saber cuánto iba a durar eso. y finalmente se logró hacer la paz con el grupo de más adelante. y salvo las transacciones oficiales con Ford Mercury y con Porsche no había relación posible con los otros grupos. el Fiat 600 y el De Soto arrancaron con un mismo impulso. el Volkswagen. pero después comprendió que no se podía hacer nada para evitarlo y la idea de tener un hijo de ella acabó por parecerle tan natural como el reparto nocturno de las provisiones o los viajes furtivos hasta el borde de la autopista. Al ingeniero. a doscientos cincuenta. el soldado y el campesino venían corriendo y desde el techo del Simca el muchacho señalaba hacia adelante y repetía interminablemente el anuncio como si quisiera convencerse de que lo que estaba viendo era verdad. entonces oyeron la conmoción. pero Porsche siguió viniendo y controlando el mercado negro. entonces Dauphine tenía que abandonar al 404 y entrar en su auto. algo como un pesado pero incontenible movimiento migratorio que despertaba de un interminable sopor y ensayaba sus fuerzas. y el muchacho del Simca. Trepado en el techo del Simca. visitarse. y al menos responsable le tocó darse cuenta el primero. lo sobresaltó por un momento el tímido anuncio de la muchacha del Dauphine. pero no era ni para pensarlo con ese frío y esa hambre. pero en esos días la columna había avanzado un buen trecho y los jefes prefirieron seguir esperando y evitar el riesgo de echarlo todo a perder por una decisión violenta. acompañar y consolar al marido que no se resignaba a entender. Entre dos de los grupos de vanguardia estalló una pelea y Taunus tuvo que oficiar de árbitro y resolver precariamente la diferencia. Tampoco la muerte de la anciana del ID podía sorprender a nadie. el Taunus. Entonces el muchacho del Simca suspiraba descontento y volvía a hacer de vigía hasta que la nieve y el frío lo obligaban a meterse tiritando en su auto. con el pie firme en el acelerador. el ID. y después de un período de lluvias y vientos que enervaron los ánimos y aumentaron las dificultades de aprovisionamiento. reanudar relaciones con los grupos de vecinos. que había acabado por ceder a una indiferencia casi agradable. aunque los fondos del grupo disminuían y Taunus y el ingeniero se preguntaban qué ocurriría el día en que no hubiera más dinero para Porsche. sin horarios previsibles. Pero el frío empezó a ceder. pero al rato volvía a pasarse en buscar de calor. Se lo gritó al 404 y el 404 le dijo algo Dauphine que se pasó rápidamente a su auto cuando ya Taunus. Taunus les ordenó a gritos que volvieran a sus coches. el Beaulieu. De la brusca desaparición del Ford Mercury se habló mucho tiempo sin que nadie supiera lo que había podido ocurrirle. interminablemente la segunda pero ya sin desembragar como tantas veces. después la segunda. el 404 se lo preguntó casi por rutina mientras se mantenía a la par de Dauphine y le sonreía para darle ánimo. orgulloso de algo que era como su triunfo. siguieron días frescos y soleados en que ya era posible salir de los autos. el final de un beso. de hacerlo prisionero y exigirle que revelara la fuente de los suministros. Todo sucedía en cualquier momento. un sol amarillento deslizaba su luz rasante y mezquina) y que algo inconcebible estaba ocurriendo a quinientos metros. ahora que había reconquistado la amistad del 404. Hubo que trabajar otra vez en plena noche. Por pura broma. el 2HP de las monjas y el DKW se ponían a su vez en marcha. Estirando el . les gritaba que la columna iba a moverse. el alegre vigía tuvo la impresión de que el horizonte había cambiado (era el atardecer. Los jefes habían discutido la situación.

Dauphine se había adelantado casi un metro y el 404 le veía la nuca y apenas el perfil. y que detrás venía el Caravelle y que todos aceleraban más y más. acariciar las sábanas y acariciarse entre las sábanas y amarse entre la espuma y la lavanda y los cepillos antes de empezar a pensar en lo que iban a hacer. el 404 alcanzó a distinguir todavía en la delantera el 203 que ocultaba ya a Dauphine. Tranquilizándola con una sonrisa el 404 aceleró bruscamente. Después fueron las luces rojas que todos encendían siguiendo el ejemplo de los que iban adelante. amarse y bañarse y beber y entrar en la peluquería. a comer. habría un dormitorio con muebles y un cuarto de baño con espuma de jabón para afeitarse de verdad. y todo eso siempre que no se detuvieran. el 404 se echó atrás en el asiento. El Dauphine iba tres metros más adelante. las risas de los niños jugando con sus autos. en el hijo y los problemas y el futuro. pero casi en seguida tuvo que frenar porque estaba a punto de rozar el Simca. los consejos de guerra en el auto de Taunus. que irían juntos a cualquier lado. seguido de Dauphine. pero cada minuto lo iba convenciendo de que era inútil. Los autos corrían en tercera. adelantándose o perdiendo terreno según el ritmo de su fila. sintió aumentar la velocidad. El grupo se dislocaba. al mismo tiempo la tercera fila de la izquierda se atrasaba porque en vez del DKW del viajante. los mínimos rituales. la imagen de la monja pasando las cuentas del rosario. las agujas de los velocímetros subían cada vez más. y una tijera de uñas. y casi en seguida el Chevrolet se adelantó seguido por un Lancia y por un Renault 8. a la altura del Simca. sintió que podía acelerar sin peligro de irse contra el Simca. las caricias de Dauphine en la paz de la madrugada. y apenas puesto el freno de mano saltó del auto y corrió hacia adelante. De cuando en cuando sonaban bocinas. vio en su cara una sonrisa de incrédula esperanza y pensó que iban a llegar a París y que se bañarían. pero seguir. El 404 había esperado todavía que el avance y el retroceso de las filas le permitiera alcanzar otra vez a Dauphine. agitaba los brazos y le mostraba su muñeca. algunas filas corrían a setenta kilómetros. mostrándole con la mano izquierda el Beaulieu pegado a su auto. que la columna continuara aunque todavía no se pudiese subir a la tercera velocidad. y que después habría muebles. Era natural que con tanta aceleración las filas ya no se mantuvieran paralelas. la noche que se cerraba bruscamente. entre sábanas limpias. que ya no volverían a repetirse los encuentros rutinarios. que el grupo se había disuelto irrevocablemente. antes de conocerse de verdad a plena luz. ya no existía. el 404 alcanzaba a ver la parte trasera de un viejo furgón negro. y el 404 miró enternecido y deslumbrado a su izquierda buscando los ojos de Dauphine. Taunus debía de estar a más de veinte metros adelante. justamente cuando ella se volvía para mirarlo y hacía un gesto de sorpresa al ver que el 404 se retrasaba todavía más. Cuando se encendieron las luces de los frenos del Simca. y que el Simca aceleraba sin peligro de chocar contra el Beaulieu. Una mancha roja a la derecha desconcertó al 404. y volver a bañarse por juego. a bañarse interminablemente y a comer y beber. algunas a sesenta. seguir así en segunda. le tocó secamente la bocina y el muchacho del Simca lo miró por el retrovisor y le hizo un gesto de impotencia. pero antes de que fuera sustituido por un 403. y la niña del 203. y a los lados de la autopista se veían huir los árboles. y retretes. Con los paragolpes rozando el Simca. el 404 redujo la marcha con un absurdo sentimiento de esperanza. comida y retretes y sábanas.brazo izquierdo el 404 buscó la mano de Dauphine. algunas casas entre las masas de niebla y el anochecer. rozó apenas la punta de sus dedos. Fuera del Simca y el Beaulieu (más atrás estaría . y vino blanco. entrar en el baño. A su izquierda se le apareaba un ID que empezaba a sacarle ventaja metro a metro. otras a sesenta y cinco. al nivel del 404. París era un retrete y dos sábanas y el agua caliente por el pecho y las piernas. beberían vino blanco antes de besarse y sentirse oler a lavanda y a colonia. en vez del 2HP de las monjas o del Volkswagen del soldado vio un Crevrolet desconocido. a su casa o a la de ella a bañarse. y que ya se podía pasar a tercera sin que el motor penara. y la palanca calzó increíblemente en la tercera y la marcha se hizo suave y se aceleró todavía más. quizá un Citroën o un Peugeot.

a través de cristales diferentes lo miraban con sorpresa y quizá escándalo otros rostros que no había visto nunca. no pensar. Y él tenía ahí. que se podría seguir adelante sin destruir nada.el Caravelle. Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor.com/textos/cuentos/esp/cortazar/autopist. A la izquierda del 404 corría un Taunus. No obstante. que había escaseado en las últimas horas. No es raro que adelgazara.producía una otoñal impresión de palacio encantado. pero poco le importaba) no reconoció ningún auto. Alicia pasó todo el otoño. Dentro. En ese extraño nido de amor. afirmaba aquella sensación de desapacible frío. había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños. después sería la noche. el chico del Simca le hizo un gesto amistoso. columnas y estatuas de mármol. no era posible que eso hubiera terminado para siempre. siempre que se le pagara el precio que pedía. Sonaban las bocinas. sería Dauphine subiendo sigilosamente a su auto. Fuente: http://www. Tal vez el soldado consiguiera una ración de agua. el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. y en el volante había una mujer con anteojos ahumados que miraba fijamente hacia adelante. la vida. y aún vivía dormida en la casa hostil. el osito de felpa que Dauphine le había regalado como mascota. sin el más leve rasguño en las altas paredes. Al cruzar de una pieza a otra. sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido. examinar la situación con Taunus y el campesino del Ariane. por su parte. y el 404 tuvo que volver a su auto. echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán. lentamente durante unos minutos y luego como si la autopista estuviera definitivamente libre. Alicia no se reponía nunca. el brillo glacial del estuco. sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro.htm El almohadón de plumas Por Horacio Quiroga (Uruguayo) Su luna de miel fue un largo escalofrío. que todo entraba en el orden. Ella lo quería mucho. de todos modos se podía contar con Porsche. habría que visitar a los enfermos. No se podía hacer otra cosa que abandonarse a la marcha. donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante. las estrellas o las nubes. más expansiva e incauta ternura. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días. La blancura del patio silencioso -frisos. tocándolo a veces con la mano derecha. como si comprendiera. sin darlo a conocer. La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La columna volvía a ponerse en marcha.vivieron una dicha especial. En el Volkswagen del soldado debía de estar su chaqueta de cuero. exclusivamente hacia adelante. y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco. pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre. como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia. Durante tres meses -se habían casado en abril. mudo desde hacía una hora. por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros. adaptarse mecánicamente a la velocidad de los autos que lo rodeaban. tenía que ser así. sin embargo. Rubia. los pasos hallaban eco en toda la casa. angelical y tímida. Él. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el . Y en la antena de la radio flotaba locamente la bandera con la cruz roja. y señaló alentadoramente en dirección de París. Sí. la amaba profundamente. a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle. Absurdamente se aferró a la idea de que a las nueve y media se distribuirían los alimentos. Taunus tenía la novela que él había leído en los primeros días.ciudadseva. Pero era un Taunus verde. y por un segundo al 404 le pareció que el grupo se recomponía. Un frasco de lavanda casi vacío en el 2HP de las monjas.

desangrándose día a día. La alfombra ahogaba sus pasos. con la voz todavía baja-.brazo de él. pasándose de uno a otro la muñeca inerte. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. Luego los sollozos fueron retardándose. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido. Tiene una gran debilidad que no me explico. apoyado en la alfombra sobre los dedos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama.. No quiso que le tocaran la cama.. completamente inexplicable. y Alicia rompió en seguida en sollozos. que tenía fijos en ella los ojos. Es un caso serio. pero cada mañana amanecía lívida. Alicia no tuvo más desmayos.. Los médicos volvieron inútilmente. hubo un antropoide. nada. redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama. y aún quedó largo rato escondida en su cuello. mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección. Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. soy yo! Alicia lo miró con extravió. pero que remitía siempre en las primeras horas. Al otro día Alicia seguía peor. le pasó la mano por la cabeza. sin dejar de mirar la alfombra. Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia. y sin vómitos. acariciándola temblando. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Lloró largamente todo su espanto callado. De pronto Jordán. Jordán vivía casi en la sala. -¡Soy yo. Entre sus alucinaciones más porfiadas. sin saber absolutamente cómo. Al día siguiente amaneció desvanecida. se serenó. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor. volvió a mirarlo. no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. sin moverse ni decir una palabra. Apenas podía mover la cabeza. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha. llámeme enseguida. -No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle. también con toda la luz encendida. hora a hora. Hubo consulta. Perdió luego el conocimiento. con incansable obstinación.. Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. echándole los brazos al cuello. con los ojos desmesuradamente abiertos. Había allí delante de ellos una vida que se acababa. -se encogió de hombros desalentado su médico-. poco hay que hacer.. y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán. El médico de Jordán la examinó con suma atención. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. ordenándole calma y descanso absolutos. con honda ternura. -Pst. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban. en síncope casi. y que descendieron luego a ras del suelo. Miraba indiferente a uno y otro lado. -¡Jordán! ¡Jordán! -clamó. En el silencio agónico de la casa. Una noche se quedó de repente mirando fijamente.. Paseábase sin cesar de un extremo a otro. -¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa. pero se iba visiblemente a la muerte. Constatóse una anemia de marcha agudísima. La joven. Alicia. ... Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. ni aún que le arreglaran el almohadón. agravado de tarde. y después de largo rato de estupefacta confrontación. miró la alfombra. Si mañana se despierta como hoy. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror. y sus narices y labios se perlaron de sudor. confusas y flotantes al principio. Alicia dormitaba. Jordán corrió al dormitorio. Al rato abrió la boca para gritar. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Durante el día no avanzaba su enfermedad. rígida de espanto.

En cinco días. manchado de grasa en varias partes. Entre unos vagones apareció un joven delgado. había aplicado sigilosamente su boca su trompa. Salieron con él. La sangre humana parece serles particularmente favorable. I am not hungry! Thank you. -¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca. moviendo lentamente las patas velludas. La sirvienta. pero desde que la joven no pudo moverse. no tengo hombre. Sin saber por qué. el marinero parecía esperar a alguien. -Pesa mucho -articuló la sirvienta. Fuente: http://www. Con la otra mano atendía la pipa. diminutos en el medio habitual. como para detenerse.ciudadseva. Muchas gracias. pero enseguida lo dejó caer. pero al fin dijo. sin dejar de temblar.a las sienes de aquélla. Tenía en la mano izquierda un envoltorio de papel blanco. chupándole la sangre. pesaba extraordinariamente.) -Very well. -Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación. había vaciado a Alicia. sobre la funda. Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. miró un rato extrañada el almohadón. se veían manchitas oscuras. desde que Alicia había caído en cama. y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo. durante el cual el joven pareció reflexionar y hasta dio un paso más corto que los demás. distraído o pensando.com/textos/cuentos/esp/quiroga/almohado. -¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. Sobre el fondo. look here! (¡Oiga. y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca. y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta.Alicia murió. Las plumas superiores volaron. en cinco noches. contestó en el mismo idioma: -Hallow! What? (¡Hola! ¡Qué?) -Are you hungry? (¿Tiene hambre?) Hubo un breve silencio. sailor. mejor dicho. -Levántelo a la luz -le dijo Jordán. (No. que entró después a deshacer la cama.htm El vaso de leche Por Manuel Rojas (Chileno) Afirmado en la barandilla de estribor. llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. mire!) El joven levantó la cabeza y. Noche a noche. sin detenerse. caminando por la orilla del muelle con las manos en los bolsillos. llevándose las manos crispadas a los bandós. había un animal monstruoso. Estos parásitos de las aves. Jordán lo levantó. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.) . y se quedó mirando a aquél. La picadura era casi imperceptible. Efectivamente. miró hacia el mar y avanzó después. la succión fue vertiginosa. entre las plumas. una bola viviente y viscosa. a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia. se detuvo un instante. La sirvienta lo levantó. marinero. por fin. sola ya. Cuando pasó frente al barco. mientras dirigía al marinero una sonrisa triste: -No. Jordán sintió que los cabellos se le erizaban. el marinero le gritó en inglés: -I say. (Muy bien. lívida y temblando.

escupió y colocándosela de nuevo entre los labios. señor. ayudando en sus ocupaciones a un austriaco pescador de centollas. que se alzaba más allá de las callejuelas llenas de tabernas y posadas pobres. Y más por timidez y vergüenza que por orgullo. miró hacia otro lado. Ni siquiera dio las gracias y abriendo el envoltorio calentito aún.. pero después. que se mantienen de no se sabe qué. desempeñando distintos trabajos y faenas. tres largos días. esperando de la generosidad de los marineros algún paquete que contuviera restos de guisos y trozos de carne. sin un centavo en los bolsillos y sin saber trabajar en oficio alguno. pero no encontró nada. sin conocer a nadie. Lo había dejado allí un vapor inglés procedente de Punta Arenas. no podría hacerlo nunca. El puerto tenía poco movimiento y en los contados vapores en que se trabajaba no lo aceptaron. faenas y trabajos que en tierra casi no tenían explicación. puerto en donde había desertado de un vapor en que servía como muchacho de capitán. vestido inverosímilmente de harapos. En el primer puerto grande que tocó el vapor lo desembarcaron. y allí quedó. . Hacía tres días justos que no comía. las rechazaba heroicamente. en diversos vapores. como él. oscura. restregándose las manos alegremente al contemplar su contenido. avergonzado de que su aspecto despertara sentimientos de caridad. alguno le ofrecía sus sobras. no le atraía. sir. larga barba rubia y ojos azules. y entre cuyas altas paredes y calles rectas la gente vive y muere aturdida por un tráfago angustioso. presenció la escena. que tuerce las vidas más lisas y definidas como un brazo poderoso una delgada varilla. marineros sin contrata. aun de aquellos en cuya existencia no se cree hasta no haber visto un ejemplar. convencido de que no podría resistir mucho más. * Al día siguiente.. El joven. Un atorrante de puerto puede no saber inglés. Ambulaban por allí infinidad de vagabundos de profesión. esperando del azar algo que le permitiera vivir de algún modo mientras volvía a sus canchas familiares. mendigando o robando. tengo harta hambre. y éste. sin aire. I am very hungry! (Sí. como un fardo sin dirección ni destinatario. como temiendo arrepentirse de su negativa. pareció apresurar el paso. o no esperando nada. Seis días hacía que vagaba por las callejuelas y muelles de aquel puerto. sintiendo que la negativa aumentaba su hambre. pero nunca se perdonaría no saber el suficiente como para pedir de comer a uno que hable ese idioma. El paquete voló en el aire y fue a caer entre las manos ávidas del hambriento. le gritó: -Are you hungry? No había terminado aún su pregunta cuando el atorrante. esperando quién sabe qué extraños acontecimientos. atorrantes abandonados al ocio. Lo descubrieron al día siguiente de zarpar y enviáronlo a trabajar en las calderas. decidió recurrir a cualquier medio para procurarse alimentos. parado a corta distancia de allí. Estaba poseído por la obsesión del mar. parecíale un lugar de esclavitud. La ciudad enorme. Estuvo un mes allí. se resistía a pararse delante de las escalas de los vapores. Él también tenía hambre. desertados de un vapor o prófugos de algún delirio. individuos de las razas y pueblos más exóticos y extraños. mirando con ojos brillantes el paquete que el marinero tenía en las manos. Y cuando. pasó ante el marinero. pasando los días como las cuentas de un rosario mugriento. El joven que pasara momentos antes. como es el caso reciente. Mientras estuvo allí el vapor.) Sonrió el marinero. pudo comer. contestó apresuradamente: -Yes.Sacose la pipa de la boca el marinero. y en el primer barco que pasó hacia el norte embarcose ocultamente. Un instante después un magnífico vagabundo. Aunque era muy joven había hecho varios viajes por las costas de América del Sur. a las horas de comida. sin esa grandeza amplia del mar. sentose en el suelo. No podía hacerlo. sin llamarlo previamente. Después que se fue el vapor anduvo. grandes zapatos rotos.

Era un vejete de anteojos. poco a poco... vio su casa. Cien veces repitió mentalmente esta palabra. le parecía que estaba aplastado por un gran peso. si usted necesita. como huyendo de un nuevo mareo. Fue aceptado y animosamente formó parte de la larga fila de cargadores. respirando profundamente. atravesando una planchada. ¡Un día más! Por otro lado. que con la nariz metida entre las hojas de un periódico. a que lo mandaran preso.. lo importante era comer.. Era un negocio muy claro y limpio. Contestole el capataz que la costumbre era pagar al final del trabajo y que todavía sería necesario trabajar el día siguiente para concluir de cargar el vapor. y mientras marchaba resolvió ir a comer a cualquier parte. al hombro los pesados sacos. hasta la escotilla de la bodega. a todo. Haga lo que quiera". hasta que el vocablo perdió su sentido. el rostro de su madre y el de sus hermanos. se sentó en unas bolsas acechando al capataz.. y cuando se hubo marchado el último acercose a él y confuso y titubeante. comer. fue a dar delante de un vapor que había llegado la noche anterior y que cargaba trigo. hambre! Un hambre que lo doblegaba como un latigazo. En ese instante. Una hora más y caería al suelo. Le agradeció el ofrecimiento con una sonrisa angustiosa y se fue. cesó el desvanecimiento y se fue enderezando. Llegó hasta las primeras calles de la ciudad y en una de ellas encontró una lechería. Sin embargo. comer. pues su sufrimiento era obscuro y fatigante. doblándose forzadamente y creyó que iba a caer. hambre. Estuvo un rato mirando hasta que atreviose a hablar con el capataz. acabamiento. el mar. glogloteaba sordamente. viendo a sus pies la abertura formada por el costado del vapor y el murallón del muelle. leyendo. veía todo a través de una niebla azul y al andar vacilaba como un borracho. no adelantaban un centavo. dando la vuelta. lleno de mesitas con cubiertas de mármol: Detrás de un mostrador estaba de pie una señora rubia con un delantal blanquísimo. La calle era poco transitada. cubierto de sudor.Caminando. el paisaje que se veía desde ella. ofreciéndose. y se detuvo. Se fue inclinando. tenía hambre. en el fondo de la cual. hambre. sino angustia sorda. Esperó que se retirara. Terminó la jornada completamente agotado. Habría podido comer en uno de los figones que estaban junto al muelle. desde los vagones. hambre. todo lo que él quería y amaba apareció y desapareció ante sus ojos cerrados por la fatiga. aunque sin contarle lo que le sucedía. dispuesto a que lo avergonzaran. no era dolor. En la lechería no había sino un cliente. le preguntó si podían pagarle inmediatamente o si era posible conseguir un adelanto a cuenta de lo ganado. él se tendió en el suelo a descansar. reducido ya a lo último. como pegado a la silla. Por fin se irguió. Mientras los trabajadores se retiraban. donde los estibadores recibían la carga. Apuró el paso. ¿Tenía hambre. Le acometió entonces una desesperación aguda. pero después empezó a sentirse fatigado y le vinieron vahídos.. le diría al dueño: "Señor. como si una ventana se hubiera abierto ante él. mientras la quemadura se enfriaba despacio. Sobre la mesita había un vaso de leche a medio consumir. manchado de aceite y cubierto de desperdicios. pero se encontraban llenos de gente que jugaba y bebía. Una hilera de hombres marchaba. permanecía inmóvil. Durante el tiempo de la jornada trabajó bien. sin pagar. comer. dejándole una impresión de vacío caliente en la cabeza. disimulando su hambre. Después. comer. a que le pegaran. paseando por la . yo podría prestarle unos cuarenta centavos. vacilando en la planchada cuando marchaba con la carga al hombro. y no tengo con qué pagar. Eligió ese negocio. A la hora de almorzar hubo un breve descanso y en tanto que algunos fueron a comer en los figones cercanos y otros comían lo que habían llevado. -Pero -le dijo-. comer. inclinando. No pensaba huir. no había podido quejarse ni gritar. Sintió de pronto como una quemadura en las entrañas. No tengo más.

le preguntó: -¿Qué se va a servir? Sin mirarla. por un gasto reducido. Salió. Un terrible sollozo lo sacudió hasta los zapatos. bebió un sorbo de leche y sintió que la quemadura. Le daban ganas de entrar y decirle algo fuerte que le obligara a marcharse. y esperó cinco. regocijado. sabiendo sus intenciones. No se atrevía a mirarla. o por lo menos. -¿Grande? -Sí. grande. a sollozar a gritos. era un vejete encorvado. -¿Solo? -¿Hay bizcochos? -No. desde donde lanzaba al viejo una miradas que parecían pedradas. y aunque sabía que la señora lo estaba mirando no pudo rechazar ni deshacer aquel nudo ardiente que le estrechaba más y más. lloró con pena. se dio cuenta de que iba a sollozar. como quien tiene frío y va a beber algo caliente. por fin eligió una mesa y dirigiose hacia ella. la realidad de su situación desesperada surgió ante él y algo apretado y caliente subió desde su corazón hasta la garganta. con un dulce acento español. una grosería o una frase que le indicara que no tenía derecho a permanecer una hora sentado. . Su primer impulso fue beberse la leche de un trago y comerse después las vainillas.acera. humedeciola en la leche y le dio un bocado. y mientras resistía comió apresuradamente. se levantó pausadamente.. se hubiera propuesto entorpecerlas. Se bebió de un sorbo el resto de leche que contenía el vaso. en seguida. retrocedió y tropezó en una silla. vainillas. como si nunca hubiese llorado. dirigiéndose después a su puesto detrás del mostrador. indeciso. sin probar lo que había pedido. hijo. llore. sintiendo que poco a poco se le encendía en el estómago la quemadura de antes. pasó un trapo por la cubierta de la mesa y con voz suave. ¿Qué diablos leería con tanta atención! Llegó a imaginarse que era un enemigo suyo. diez. temiendo que el llanto le impidiera comer. Esperó que se alejara y entró. quien. Acudió la señora. y leyendo. Pausadamente tomó una vainilla. Resistió. Apenas estuvo en la calle. le parecía que. como asustado. con rabia.. afirmose los anteojos. cayendo dentro del vaso. Cuando la señora se dio vuelta. * Inclinado estaba y llorando. pagó y dirigiose a la puerta. con trazas de carpintero o barnizador. al hacerlo. sentía que los ojos de la mujer lo miraban con curiosidad. le decía: -Llore. le contestó: -Un vaso de leche. Cuando terminó con la leche y las vainillas se le nublaron los ojos y algo tibio rodó por su nariz. la interrumpió. caminando despacito y deteniéndose cada diez pasos para leer con más detenimiento. instalándose después en un rincón. metió de nuevo la nariz entre las hojas del periódico y se fue. Se cansó y parose a un lado de la puerta. Un momento estuvo parado a la entrada. ya encendida en su estómago. Pero. no sabiendo dónde sentarse. Afirmó la cabeza en la manos y durante mucho rato lloró. vainillas. se apagaba y deshacía. pero en seguida se arrepintió. -Bueno. él se restregó las manos sobre las rodillas. conocería su estado de ánimo y sus propósitos vergonzosos y él tendría que levantarse e irse. Volvió la señora y colocó ante él un gran vaso de leche y un platito lleno de vainillas. pero a mitad de camino se arrepintió. cuando sintió que una mano le acariciaba la cansada cabeza y que una voz de mujer. Por fin el cliente terminó su lectura. hasta quince minutos. en la que se notaba un dejo de acento español. con ganas de llorar.

y el hecho reciente retrocedió y se perdió en los recodos de su vida pasada. temblando suavemente. y no se siente con ánimo de rechazarlo. su presencia inopinada le despierta curiosidad. sin ocurrírsele nada oportuno. se reunieran y amalgamaran sólidamente.. Miró el mar. Ya almorcé. el dieciochoañero Braulio está allí. pero estos pensamientos de gratitud se desvanecían junto con el ardor de su rostro. inoportuno pero ineludible. mirando el cielo largo rato. -le contestó ella. Hasta que se quedó dormido con el rostro vuelto hacia el mar. como si estuviera en su casa y su madre fuera esa mujer que estaba detrás del mostrador.Javier se había aprontado para almorzar a solas en una mesa del fondo. Se tendió de espaldas. Se irguió alegremente.. había un nuevo vaso de leche y otro platillo colmado de vainillas. a un punto lejano. pero ésta no le miraba ya. ¿Querés comer algo? -No. -Adiós.ciudadseva.htm Andamios Por Mario Benedetti (Uruguayo) “. hijo. Al fin se levantó y dijo simplemente: -Muchas gracias. Cuando terminó ya había oscurecido y el negocio se iluminaba con una bombilla eléctrica. La noche era hermosísima y grandes estrellas aparecían en el cielo de verano. Todavía no había asimilado del todo el relato de Nieves sobre la muerte de Ramón. ni de hablar. ni de cantar. como si sus fuerzas interiores. Caminó un rato sin dirección. y su rostro estaba triste.Una nueva ola de llanto le arrasó los ojos y lloró con tanta fuerza como la primera vez. Llegó a la orilla del mar y anduvo de un lado para otro. hasta que no quedó ninguno. elásticamente. a lo mejor te acepto un helado. Fuente: http://www. apagando eso caliente que le había estrangulado la garganta. adiós. pero ahora no angustiosamente. En todo caso. Se sentía vivir. cuando termines de comer. administrar para sí mismo la importancia de una imagen que le resultaba aterradora. sintiendo que una gran frescura lo penetraba. . No obstante. miraba hacia la calle.com/textos/cuentos/esp/rojas/vasolech. antes dispersas. En la mesita. Las luces del muelle y las de los barcos se extendían por el agua en un reguero rojizo y dorado. como si nada le hubiera pasado. recobrando la claridad y firmeza de otros días. ante él. No tenía ganas de pensar. De pronto se sorprendió cantando algo en voz baja.. La presunta amistad con Diego no es suficiente.. sino con alegría. sin pensar en nada. pensando en lo que le diría a la señora al despedirse. Además. Después la fatiga del trabajo empezó a subirle por las piernas en un lento hormigueo y se sentó sobre un montón de bolsas. señora. El viento que venía del mar refrescó su cara. sintiéndose rehacer. Salió. Cuando pasó el acceso de llanto se limpió con su pañuelo los ojos y la cara. Quería evaluar con serenidad ese hecho insólito. comió lentamente. Estuvo un rato sentado. medir su profundidad. Levantó la cabeza y miró a la señora. ya tranquilo. tomando después por una calle que bajaba hacia los muelles. Javier queda a la espera de una explicación. nada más. Mientras lloraba pareciole que su vida y sus sentimientos se limpiaban como un vaso bajo un chorro de agua. caliente aún por el llanto.. Pensó en la señora rubia que tan generosamente se había conducido e hizo propósitos de pagarle y recompensarla de una manera digna cuando tuviera dinero. -Sentate.. pisando con firmeza y decisión.

Una noche el profe me mandó al patio porque mi bostezo había sonado como un aullido. qué sé yo. pero sólo aguanté un año. Diego no. ¿no te parece? Otros tienen historias parecidas. claro. abrió el gas y emprendió la retirada. Hicieron lo que pudieron ¿o no? Nosotros no estamos descalabrados. aturdidos. Después abandoné. Yo. El problema es que no aguanto ni el dolor ni la alegría planificados. moderadamente desorientado. es cierto. Además estuviste exiliado. que la de los Asaltantes con Patente. Dice que siempre fuiste amigo de su padre y que lo has ayudado. Murió a los treinta y ocho. somos adolescentes carcamales. Mi viejo. una noche en que sus viejos se habían ido a Piriápolis. Bueno. Diego es un tipo mucho más vital. Pero al final de la jornada estamos jodidos. el rabo todavía se nos para. Somos algo así como una federación de solitarios. Conocés gente. no sirve para unirnos. o salieron con cáncer. no soporto el carnaval. Dijiste que sos amigo de Diego. sin pena ni gloria. claro. cuando cayó. que anuncia que la próxima revolución tendrá . ¿De qué futuro me hablás?. Ni rabia. pensaban en términos sociales. pero ustedes sabían que eran desenlaces posibles. eso. chambones. Nadie les puede exigir más. vos dirías hipocondríaca. en una dimensión nada mezquina. nos sentimos inservibles. entonces alguien menciona el futuro y se nos cae la estantería. Basura o muerte. el hecho de que seamos unos cuantos los que vivimos este estado de ánimo casi tribal. confusos. obligatorios por decreto. o tuvieron que rajar. al menos los sobrevivientes. bueno. aunque se da cuenta de que el otro aguarda un comentario. A veces otros campeones nos arrastran a una discoteca o a una pachanga libre. Los cagaron. Parece que Fermín le dijo que hay un español. ¿Él también anda en lo mismo? -No.-Te preguntarás a qué viene este abordaje. no nos convierte en una comunidad. Y si no nos matamos es sobre todo por pereza. un tal Paulino. Por otra parte. como en una comunión de vaciamientos (¿qué te parece la figura poética?). pero ¿qué mierda hicimos? ¿Qué mierda proyectamos hacer? Podemos darle que darle al rock o ir a vociferar al Estadio para después venir al Centro y reventar vidrieras. Rosario y tantos otros) perdieron. Vos dirías heterogéneo. Cogemos casi como autómatas. vos dirías verosímiles. una retirada más loca. Y es peor. Es cierto que ahora están caídos. Un poco las Llamadas. Nadie se enamora de nadie. y a veces casi llorando. Yo lo conozco porque fuimos compañeros en primaria y además somos del mismo barrio. Javier calla. -Aquí los muchachos de mi edad estamos desconcertados. Conocés mundo. sin ánimo para nada. Pero están en sosiego. Fermín. Diego me ha hablado bien de vos. Quevachachele. No es demasiada vida. Mi viejo es una mujer vencida. Cuando nos roza un proyecto rudimentario de eso que Hollywood llaman amor. Son precios tremendos. o los movieron de lo lindo. tenemos los músculos despiertos. Te aseguro que el proyecto del suicidio siempre nos ronda. pero nada más. pero es tan inocente que espera algo mejor y trata de trabajar por ese algo. ni en un foco ideológico. y llegaba a las clases medio dormido. Quizá por influencia de sus viejos. Ustedes (vos. por ejemplo. Y somos muy cagones. No integra la tribu. Tenía que laborar. Yo empecé a estudiar en el Nocturno. Y solitarias. decimos casi a coro. por pelotudez congénita. vos dirías que oscilamos entre la desdicha y el agobio. Tenés experiencia. -Vamos a ver. Mi círculo de amigos boludos es muy mezclado. Hasta para eso se necesita coraje. de una u otra forma los liquidaron. Varios de nosotros (yo. con las que nos acostamos. También está desorientado. Lo dejaron libre un mes antes del final. en España creo. por ejemplo) no tenemos padre. un tal Vázquez Montalbán. Porque también hay mujercitas. no nos hace sentir solidarios. se equivocaron en los pronósticos y en la medida de las propias fuerzas. murga clásica si las hay. Cuando nos juntamos. ni entre nosotros ni con los otros. con fecha fija. Ni siquiera hemos aprendido a sentir melancolía. Los metieron en cana. descalabrados. ni siquiera en una mafia. pero al menos se habían propuesto luchar por algo. ya estaba bastante jodido y de a poco se fue acabando en la cafúa. Uno de nosotros.

son los escandalosos. que el Marqués de las Cabriolas. flojera. Probé varias y prefiero el chicle. que el Colegiado. Que el Reglamento Provisorio. Todos ésos: los motorizados. apoyándolas en los coches estacionados en segunda fila. ¡Le tengo una envidia! -¿Y se puede saber por qué quisiste hablar conmigo? -No sé. dejadez.lugar en octubre del 2017. o buscan afanosamente trabajo (hay más de dos millones de parados. que la Vuelta Ciclista. y de paso consiguen eliminar al incauto que venía en sentido contrario). Hace unas semanas. y hasta conciben la tremenda osadía de tener hijos. sobre todo si son de la famosa “ruta del bakalao”. También Dios me tiene harto. -Pero si te comprendo. Pero tal vez es una interpretación que vas llamarías baladí. -No jodas. que estudian o trabajan. No estoy contra vos. sino la minoría ruidosa preMaastricht. Ni a vos te gusta que te comprenda. un amiguete que vivió dos años en Madrid me sostuvo que la diferencia es que aquí. Algunos papás ceden a la presión de los nenes y les compran motos (son generalmente los que se matan en las autovías). Harto. o quizá una desviación semántica. Pero también hay jóvenes que viven y dejan vivir. -Quién sabe. A lo mejor tenés razón. o su parejo. ¿no?. Pero eso sí. que la puta madre. A partir de ese Rubicón. los de esta edad. los que figuran a diario en la crónica de sucesos. y zamparse litronas de cerveza. el día (tenía unos doce años) en que no lloré viendo por octava vez a Blanca Nieves y los 7 enanitos. -Ah no. que el Pueblo Unido Jamás Será Vencido. Me parece que en esta ruleta rusa del hastío. -¿Querés hablar en serio o sólo joder con las palabras? Bueno. -¡Ufa! ¡Qué reprimenda! Te confieso que hay tópicos de tu franja o de las precedentes o de las subsiguientes. otros progenitores más encumbrados les compran coches deportivos (suelen despanzurrarse en alguna Curva de la Muerte. que me tienen un poco harto. Pero hay muchos otros que quieren vivir y no destruirse. No es necesaria mucha guita (ellas dicen pasta) para reunirse todas las tardes frente a un bar. que el Pepe Schiaffino. nada de eso sale gratis. el de la cama monda y lironda. un misionero sin Dios ni religión. que el viejo Batlle. Te comprendo pero no me gusta. que los cantegriles. no el de Hollywood ni el de los culebrones venezolanos sino el posible. -¿Y por qué no te metes? . en la calle. Y está la droga. -Quiero aclararte algo. No creas que el desencanto es una contraseña o un emblema de todas las juventudes. Para ser ocioso con todas las letras hay que pertenecer a alguna familia de buen nivel. ustedes tienden de a poco a la autodestrucción. que Miss Punta del Este. la diferencia es que aquí tienen tetas y allá tienen lolas. Y también que aquí se coge y allá se folla. pero concurrir noche a noche a las discotecas. que tiranos temblad. Yo diría que más que desencanto es apatía. Con todo te creía más comprensivo. -Después de todo no está mal crepar así. pero de todos modos son una minoría. los del bakalao. somos boludos y allá son gilipollas. que la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. que las caceroleadas. y Diego se da ánimos afirmando que para ese entonces él todavía será joven. al volante de una máquina preciosa. pero no es culpa de los jóvenes). ¿Sabés una cosa? A veces me gustaría meterme a misionero. los drogadictos. que los apagones. Reconozco que para mí se acabaron la infancia y su bobería. sino a favor. No la tan nombrada minoría silenciosa pos-Vietnam. pude odiar a Walt Disney por el resto de mis días. ¿sabes lo que es harto?. que Atilio García. O el videoclip. Vos venís de España. allá hay de todo. Y en cuanto a las hembras. Allí viviste varios años. Quizá los jóvenes españoles encontraron otro estilo de vida. que Maracaná. que tienen su pareja. que gozan del amor despabilado y simple. pereza de pensar. Eso no va conmigo.

¿Sacaste la cuenta de cuánto se mata hoy día en nombre de Dios. cuando acabe de recibir el anuncio cierto de su propio fin. remota. aunque por fuera conservase el aspecto calmo y solemne de todos los días—. la vista huida.ciudadseva. ese aplomo del actor experimentado. semejante a un latido: Es imposible. con una especie de escalofrío interior..-Me da pereza. sería casi como convertir el Mercosur en Maastricht. Pensaba: No tengo escapatoria. Frente a ambos era el perenne sancho irredimible. Que en el drama fingido sabe ser el Rey. sin flaquear —perfecto ciudadano de las tablas—. Había en ellas una suerte de nimbo blanco: el reverbero del sol recién amanecido. en cada músculo y cada nervio y cada articulación. ni en palomas. -De pronto pienso: para eso está la Madre Teresa. Años y años representando papeles similares en el ámbito de la liturgia y en el mundo. que descendía las gradas del altar. bajo cuyo toque se tornaban difusos los contornos. se estremeció. El ser prosaico . Y yo. Oyó que su voz decía: —Introibo ad altare Dei.htm Misa de réquiem Por Guillermo Blanco (Chileno) Uno Esto es el fin. en la profesión y en la vida. por esa serena majestad profesional. en todo caso. Aun. o don Álvaro. -Claro que no. a medida que pronunciaba las primeras frases latinas. -¿Creés que algún día podré evolucionar de boludo a gilipollas? -Bueno. (También el sacristán era. martillaba con insistencia casi física. luego. Claro que tiene el lastre de la religión. querría ser un misionero sin Dios. Revestida. pero sobre todo miedo. buscando la página del libro que correspondía a la misa de hoy. Y a medida que sus dedos operaban con mecánica eficacia.com/textos/cuentos/esp/benedett/mb. aun cuando entre tanto le oprima por dentro un violento drama real. Como independientes de él —dos palomas—. o Pedro Crespo. Siempre que además fuera sin diablo. Le confortó. trémulo el cuerpo. Y no son lágrimas lo que ellos precisan. un actor de experiencia. gracias al hábito y al tiempo. comprobar que sonaba como de costumbre impermeable a su jadeo interno. Pero el sacerdote no pensaba en el Espíritu Santo. Pero sería un buen cambio. a su modo. Es imposible. como vos decís. produciendo un eco de luz que traía a la memoria la imagen del Espíritu Santo. a medida. su mente. Y era una voz externa. a lo mejor inaugurás una nueva especie: los misioneros sin Dios.” Fuente: http://www. De más experiencia que él. —A Deun qui latifica juventute mea—replicó el sacristán con mascullar monótono. que conoce a sus personajes y no defrauda. sin embargo. ajena a las plegarias.. el pie vacilante—vacilante por dentro. sus manos revolotearon en el aire limpio de la mañana y fueron a juntarse sobre el misal. Miedo de ver al primer niño hambriento de Ruanda o de Guatemala y ponerme a llorar como un babieca. cualquier dios? -Quién te dice. No estaría mal. pensó el sacerdote.

Y al .. fuera. si fuera verdad esto. No debe de haber entrado—pensó—. . Deun nostrum. . en el mismo plano las papas y la escoba y los adobes y la leche y las oraciones. Hubo una pausa. . La alternativa. el inalterable tono de la indiferencia: —Adjutorium nostrum in nomine Domini. Era la vida. en contraste con la luminosidad mansa de los lomajes costinos.. de percibir algún indicio a través del Confiteor que chapurreaba el sacristán. mas no descubrió nada. Su trabajo. pugnaba por ahincarse en su mente: ¿Se habrá ido? Ah. Ninguno de ellos osaría interponerse. —. De averiguar si el bandido permanecía allí. Pero ¿qué estaría esperando el Negro? ¿Por qué no disparaba de una vez? ¿O por qué no venía. Así. gritarle: ¿Entonces. Para él. . Otro le respondió. pues. Y amó fugazmente a los tres. ¿Sería que aun para el Negro era pecado dar muerte a un sacerdote? No. Su tono era parejo. Algún chiquillo gritó algo. en fin. sino sólo se repitió—fugazmente—que eso era la vida. En la grava del camino resonó el andar crujiente de una carreta.. amén—terminó el zumbar monocorde del sacristán. y era algo más que un Cristo de yeso.cuyos pies se apegaban naturalmente a la tierra. ¿Por qué.) No. Sólo el peso de la estolidez de sus feligreses y el denso tedio que parecía flotar en el aire. Negro? ¿Entonces? Pero eso. inconmovido por el valor simbólico de los actos o los gestos que realizaba. Seguirá en la puerta. O un simple nombre vacío: las siglas de una abstracción patronal de donde en forma indirecta emanaba su sueldo. claro. ¿por qué el Negro no disparaba? No podía detenerle un inimaginable temor a las mujeres y ancianos congregados allí. O quizá hubiera resuelto marcharse. no actuaba en cualquier forma? Era absurdo dudar de que había venido para matarle. Y a los bueyes. antes deseo que esperanza. Ladró un perro. sería una sorpresa mayúscula llegar a descubrir que Dios existía en realidad. distorsionando sin piedad esos latines tras los cuales no conseguía divisar nada que no fuera el mecanismo preciso de su empleo. Seguro que no. El sacristán no había visto al hombre. pensaba el sacerdote a veces. se dijo. más lejos. Y si no. Sí: quizá. tímidos todos y demasiado respetuosos de su prestigio de bandolero. Otros sembraban papas o repartían leche o levantaban muros para ganarse el sustento: Lucho barría la iglesia y dialogaba los oficios. hasta él y lo acuchillaba? Le atenaceó un deseo casi invencible de volverse a la puerta. intentado por el vago vuelo de la mística. habría sido un disparate. Quizá hubiera penetrado en el recinto de la iglesia. Trató de escuchar. Ni siquiera a los escasos hombres jóvenes. El sacerdote no pensó ahora que ni el carretero ni los chicos asistían a misa. ¿Entonces? ¿Entonces? De nuevo quiso girar hacia él. Un breve instante de silencio. con su silueta—oscura como su apodo— recortándose contra el paisaje exterior.. Sin embargo.

flamígeros. con su polvo sereno. exaudi orationem meam. intentando al mismo tiempo aclarar la nebulosa que había en su mente y analizar la situación. ajenos a toda ley o razón: que venga que dispare que aseste su golpe no importa aquí estoy aquí me tiene y si cree que voy a flaquear se engaña y aunque yo tiemble por dentro no lo sabrá él y aunque me aterre no lo sabrá y caeré sin quejarme sin darle ese gusto como no se lo dio mi padre ni deben de habérselo dado mis hermanos no no anda negro atrévete de una vez y dispara negro no temas . con la prodigiosa autonomía del hábito. En seguida le asaltó el temor de que su estado se manifestara al exterior. Una pulpa cálida y abigarrada y rotante. plenamente. de andar. en tropel. que era una imagen de la libertad. nada sacerdotal. Deum de Deo. Buscar la posibilidad de una salida. . En veloz remolino. si recién o desde el principio. . con sus álamos alineados marcialmente pero no marciales. Un torrente indescriptible. nada cristiano. Trató de discernir desde cuándo le ocurría eso. confusa. de ser. lumen de lúmine . ebrios. articuló con energía un poco superior a la habitual los Kiries. Podía ser una cosa u otra. le llevaron de nuevo al altar. . Sintió que el cuerpo entero se le estremecía con un temblor similar al de la fiebre. Había una vibración épica en las palabras latinas. henchido por un sentimiento casi de orgullo. suave. diríase. era una suerte de masa informe. . cualquier frase breve del oficio: —Deus tu conversus vivificabis nos. no obstante. Su cerebro. —Gloria in excelsis Deo. por lo menos hay que salvar las apariencias. y el Negro lo percibiera y lo percibieran sus feligreses. y expandirse en seguida por el aire. por sí solos. a beber inclinados junto a los sauces. como si ella perteneciera en forma exclusiva al rito. Y a medida que la profería se iba modulando oscuramente otro canto en su interior. de imágenes que eran potros ciegos lanzados al galope. El cántico de gloria era un grito. Llenos. de ser. Después entonó el Gloria con verdadera ostentación.perro que ladraba en la distancia. y que se vería a esa hora cubierto de sol. flotando sobre las cabezas indiferentes de los fieles. de un deseo profundo de quebrar la fila y desparramarse eglógicamente por el llano. con sus baches y sus curvas y su modesto puente sobre el estero. Su voz. Y luego: —Oremus. a través de tres gradas que fueron tres siglos de angustia: ¿Será ahora? ¿Será ahora? ¿Será ahora? Comenzó a leer el Introito. y no consiguió recordar. et in terra pax homínibus bonnae voluntatis. . A beber la vida. de la cual era imposible sacar nada en limpio. repercutiendo en el eco de los muros: —. que semejaban elevarse desde sus labios a la minúscula bóveda que cubría el altar. El camino. Y sus pies. ideas y recuerdos volaron por un instante en el alma del sacerdote. Un himno soberbio. un alarde. Una bravata. de ser. y sus sentimientos no poseyeran voz propia—. Amó el camino. mientras sus labios pronunciaban. que él ya no vería. En seguida tornó al miedo como a su estado natural. O: -Domine. —No—se dijo—. y el corazón le golpeaba dentro con ahogadora prisa. . siempre solemne y tranquila—como si fuese independiente. No duros y fríos: alineados a la fuerza.

solo estoy solo nadie puede ayudarme nadie me defenderá y este hombre quiere matarme ha venido a eso ha jurado que me mataría igual que ya mató a mi padre y a mis dos hermanos sin piedad y a lo mejor incluso sin odio ya No. pero inapelable. lenta. en la mano. Era sólo el primer remoto impulso a la rueda. sin recordar casi. Tampoco una sentencia grave. sus puños. No: Porque me hicieron aquello. Nada que en su ánimo revistiera trascendencia esencial. la impresión de la soledad en que se hallaba. sino sólo el manso Miguel de gestos apacibles y . con sus botas. duro. Un simple fallo de menor cuantía. y el sacerdote percibió de pronto. las manos grandes y toscas los ojos azules. su poncho marcial y su andar lleno de aplomo. que tornaba a cogerle. Simplemente: Debo. si es que pensaba. ya el rencor del Negro sería no más que algo frío—no muerto. Ahora la bravata murió en él. en el acero del puñal o del revólver. su barba. A estas alturas. él era niño aún. con el caprichoso deshilván del sueño— las estampas trágicas de su infancia. Poseía la apostura de un conquistador. él. pensando apenas. Montado a caballo evocaba la sensación de centauro que a los indios produjeran los primeros jinetes de la conquista. Hablaba con voz plena. Tampoco. Debo eliminar a Fulano. sorda. Miguel. áspera. Sin odio. cesó en la iglesia el resonar sonoramente marcial de los versículos. Era alto. Una especie de fórmula judicial. Eso era lo peor: el Negro iba ejecutando su serie de venganzas con una especie de frialdad judicial. superior a lo humano. Una unidad indestructible. Y en esta contabilidad macabra no poseía la venganza mayor papel que el del móvil inicial. sus espuelas. barrida por el brusco reflujo del miedo. su padre. Dos En la memoria del sacerdote apareció la imagen de su padre.estoy indefenso mi sotana es de género vulgar y corriente no oculta nada no detendrá la bala ni la hará rebotar contra ti no hay riesgo negro dispara Y esto último suavemente. Un hielo oscuro en la mirada. Desde la memoria. cual si la serenidad y la invitación contuvieran el íntegro vigor del desafío: dispara no más negro Suave. la apostura de un Aries castellano. sin decirse: Hago esto por tal o cual razón—. con que avanzaba por el camino que se trazara—sin mirar hacia atrás. De cuando no era todavía el padre. en los dientes apretados y la marcha inflexible. suavemente: anda no temas Pero terminó el Gloria. Tenía los hombros cuadrados de un atleta. segura. su retina de niño comenzó a devolverle ahora—en un torbellino veloz y sin orden. Una sentencia. con toda su fuerza aplastadora. comparable a una resta en la cual cada uno de ellos: su padre. en tono a la vez enérgico y profundo. Su desgarrada soledad en medio de tanta gente y sin embargo—o quizá por eso mismo—tan honda y sin remedio. si es que se detenía siquiera sobre eso: Le toca a éste. constituían otras tantas cifras que era preciso ir descontando de una cifra mayor. sino frío únicamente—. aritmética. No: Porque los detesto. Cuando murió. su hermano Pedro. Su risa bronca. su hermano Carlos. hasta llegar a cero.

Rebosaban los tres una bravía. pero aún no esa ira desbocada. ¿Por qué no responde. él no era más que un muchacho sentado en la ribera. Una especie de vasallaje sin condiciones ni trabas ni límites. —¿Tú tomaste esa montura?—repitió don Pedro. Ira. por ejemplo. pero sin tocar jamás los objetos que las provocaban. lo prohibido poco menos. en el interior del patrón. lo que se estaba acumulando. Con ira. le atenaceaban ya. no llegaban nunca a compartirla. era para ellos un atributo legítimo. —¿No me oyes? ¡Contesta! Y el Negro mudo. campechanía fácil desde la distancia. Mano abierta. Un vigor masculino que precisaba manifestarse chocando. Carlos y Pedro también. Pero Miguel y el Negro sabían que no. dispuesto a perdonar. gigante. disfrutando del eco. connatural. Los personajes eran su padre. Y. Sin actuar. Eran las suyas unas meditaciones difusas. en su código. Con una ira normal todavía. que no galopaba casi nunca junto a sus hermanos y se iba. ahogándole. acariciando las imágenes. con la bondad caprichosa del monarca que condesciende. Si las vidas son ríos. Aunque pudieran. Nada. brusca: . o por qué no huye?— se preguntaba Miguel—. El permanecía en un rincón. La vida era lo ajeno. violenta virilidad de puño. Hablaba su padre. y en su rostro moreno se iba haciendo piedra el silencio. por esas quebradas y esos cerros y esos bosques. Su padre era el polo opuesto. ¿Por qué espera? ¿Qué espera? Y el temor. Increpaba al Negro: —¿Tú tomaste esa montura? ¿Es cierto? El Negro callaba. el Negro y él. La primera escena del drama pudo titularse así. eran en general buenos patrones. a divagar. la premonición. y la vida constituía a sus ojos un espectáculo en el cual jamás se sintió con el deber o siquiera con el derecho de intervenir. y cuya comisión desencadenaba la ira irrestricta del monarca convertido en déspota. cordialidad. los inquilinos les debían sujeción por la ley misma de las cosas. A los campesinos de la Treilera no se les reconocía el lujo de la dignidad. La normalidad —su normalidad—perduraba mientras no descubrieran algún gesto rebelde. A pesar de eso. Y al fin toda esa explosiva energía contenida estalló. La autoridad absoluta de que disfrutaban en el fundo. de parte de sus subalternos. hombre: es por tu bien. como de costumbre. apretando. llenar la mesa de uno de sus pobres. En su concepto. o siquiera digno. al paso de su montura. y apenas si le estaba concedido verla pasar desde una orilla. Cualquier espectador habría percibido calma en su tono. Sabían lo que ardía bajo ese aparente dominio de sí. o a castigar sin alejarse demasiado de lo justo. Las dos respiraciones silbaban con suavidad absurda al salir de las tensas narices. no ligado a principios o a rendición de cuentas. en cambio. O él no.blanda sonrisa. —Contéstame. que en él engendraba cualquier resistencia. o lo vagamente aterrador. en un rapto. mirando. la rebeldía era un crimen para el cual no había atenuantes. Rebeldía.

no huyendo—entre los eucaliptos que rodeaban las casas. sino un simple mozo de cuadra frente a él. O igual que si le diera lo mismo una cosa u otra. . vuelta trofeo de venganza. No era ésa su intención todavía. más hombre. Cargaba tres años de correrías y odio encima. sin emoción tampoco—veloz. Desde lo alto de su montura. junto a la tranquera. pronunció en la penumbra de su agonía la sentencia: —Yo le 'ije. en un instante. Allí. Tres años de monte y escaramuzas y sangre. cuando las figuras adquieren contornos difusos. Una puñalada sola. Noh vamoh a ver. Igual que si no hubiera un bandido. ladrón? Era al crepúsculo. don Pedro no replicó. gritó: —Ehto no va'quear así. un latigazo cruzó el rostro del joven inquilino con un son siseante. Veloz.—¿No vas a contestar. y el sauce una vieja curcuncha. a la velocidad del relámpago que apenas rasga la penumbra. Mientras desaparecía—tranquilo ya. Todavía no. que ingresaban en el colegio. on Peiro. En el segundo siguiente. el Negro se inclinó sobre don Pedro y le hundió el corvo en el pecho. ni para el Negro—. Y a los niñoh leh va' pasar lo mihmo cuando crehcan. el Negro montó en la cabalgadura de su antiguo patrón. lo arrojó a la cabeza de don Pedro y le arrebató de un tirón la fusta. en la forma en que se ultima a una res. —Güenah tardeh. A la hora de las luces opacas. Ahora. revestida por una furia de contorno imperial. certera. porque buscaba una postura airosa para la muerte?—y trató de seguir hacia adentro. patrón. on Peiro. No devolvió el golpe. Era el crepúsculo. internos. que era también el símbolo de la tiranía patronal. veloz: todo era veloz y helado. y el álamo es un monstruo sombrío. y a la vez en forma imperceptible—no imperceptible para él. Se lo juro. también poco después de la puesta del sol. Señor. Y antes de retirar su arma para que huyera del cuerpo del otro el postrer soplo de vida. Ante el asombro estático de los peones y de Miguel. Nos vamos a ver. Fue una tarde. el Negro cogió el poncho que colgaba de sus hombros y golpeó con él los belfos del caballo. Al llegar al jardín exterior. le igualaba más con el ofensor destruir el instrumento de la injuria. Venía don Pedro de regreso de San Millán. sus dedos atenacearon la fusta. que se encabritó y arrojó al suelo al desprevenido jinete. En seguida se fue. Luego. Con cierta majestad espantosa. y en el agua de los charcos se ocultan objetos de plata. sin darle tiempo para levantarse. donde había dejado a los dos hermanos de Miguel. sin ensañamiento: justo lo necesario. Fue un segundo. frío ya: yéndose. Era más altivo. la estampa de don Pedro cobró en integridad su esplendor épico. porque presentía. con la helada celeridad de la serpiente—. el Negro emergió—quizá si en el punto preciso por donde se marchara la otra vez—. el Negro recogió del suelo un guijarro. Se veía siniestro bajo la semiluz del ocaso. también. por la postrera vez capitán. de lo que no son. más alto ahora. Espoleó su cabalgadura—¿porque sabía. y se marchó hacia los cerros. que partió en dos con la rodilla. con sereno a la vez que ostentoso desafío.

Sin formularla. y sus hermanos quince y diecisiete. acumulada a través de un lustro de sacerdocio—se fue derrumbando con la fragilidad del castillo de arena que arrasa una ola. La ola hecha de miedo y de sorpresa y de la sostenida pregunta que martillaba en su inconsciente: qué espera qué espera lo hará en este momento o luego o espera a que concluya todo y por qué por qué no lo hace de una vez. casi congruentes: corresponde el evangelio me matará en cuanto dé muestras de flaqueza debo leer el evangelio está esperando a que yo me vuelva y me aterre porque cree que no lo he visto hasta ahora y él no mata sin anunciarse sin su único goce de felino o de cuervo de mirar como muertos a los hombres que están aún vivos y hablarles tal vez igual que a mi padre cuando se apaga la existencia cuando existen sólo lo suficiente para entenderle y llevarse consigo sus frases heladas y crueles el broche de su venganza Lentamente—debía mantenerse firme. Hacía tiempo que la madre había muerto. paralizado por su repentino retorno a la realidad. ¿Qué venía ahora? De pronto todo el edificio de su hábito—la eficacia automática. La Epístola.Miguel tenía doce años. afuera. y en forma simultánea comprendió. Tres —Christum. El viento y luego la lluvia. . pronunció con morosa meticulosidad la oración del rito. Durante unos instantes permaneció inmóvil. De pronto recordó. Desnuda de palabras: cambia mi corazón señor purifica mis labios dales tu ciencia dales elocuencia y dame valor porque ahora en unos momentos más voy a precisarlos señor señor mío y dios mío dame la vida la llama de la vida para que en esta ocasión única en que no soy espectador sino actor pueda desempeñarme en forma digna dame la serenidad que necesito para mirar hacia mis feligreses y hacia el negro sin flaquear —Dominus vobiscum—dijeron sus labios. no al contrario mostrarme fuerte y duro tal cual mi padre don pedro pedro-piedra habría hecho en lugar mío sólo que yo menos duro o duro con otra dureza y por lo mismo más fuerte Comenzó a leer el Evangelio en latín. mientras el sacristán trasladaba el libro al costado izquierdo. ¿Qué era esto? ¿Qué era? Ah. Y él : —Sequentia Sancti Evangelii. pues. . Y por dentro: sí señor que sea digno de mi padre que no lo defraude al menos en la muerte con esa blandura que le era tan ajena —E' cun espírito tuo —replicó el sacristán desde las gradas. entonaron un largo canto de réquiem para su insomnio. La misa. . y para las dos preguntas hubo contestaciones yuxtapuestas. Quedó. Dominum nostrum —oyó que decían sus labios. —Munda cor meum. . . entonces. pero sin disfrutar su agonía— pasó al centro del altar. sí: terminaba la Epístola. solo en el caserón aquella noche. no darle el gusto: que lo matara. Abstractamente. Hizo suya la plegaria en la mente.

Sin principio ésta ni término la anterior..voy a hacer mi defensa la prédica será mi alegato defensivo ante el tribunal que ha venido a erigir el negro ante el juez negro ante su conciencia negra debo prepararme debo meditar bien las palabras apropiadas las ideas que podrían influir en su ánimo tal vez salvar su alma y no por qué me miento por qué trato de engañarme yo no estoy tratando de salvar su alma ojalá que la salvara ojalá que quisiera salvarla que pudiera querer algo más que salvarme yo y debería ser lo contrario primero su alma y después mi vida habrá más regocijo en el reino de los cielos por un pecador arrepentido que por cien justos o mil justos olvidé cuántos justos no importa y yo soy uno y tal vez no soy justo o por lo menos no tengo derecho a sentir que lo soy porque ya eso me haría poco justo y poco digno señor que yo pueda desear la salvación de esta alma hundida en la sombra porque si no la deseo cómo podré salvar la mía yo que soy tu sacerdote —. leer quizá simplemente la epístola y explicar sus palabras que son las palabras de pablo o de cristo antes de pablo o de dios del dios que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos sin embargo él no entenderá o no le importará que las palabras sean de Pablo o de Pedro o Juan o Diego y será lo mismo y será inútil y habré perdido el tiempo y peor que eso me habré humillado y con ello habré perdido además mi causa en definitiva porque lo único que él desea es matar a uno siquiera de nosotros como a un perro en el suelo implorando quejándose y yo soy su última esperanza de conseguirlo Su voz sonaba tranquila. debo estar tranquilo venit inimicus meus pensar con lucidez preparar lo que voy a decir Pero la frente le ardía siempre con ese ardor insoportable de fiebre. de esperanza. . Redondas. . y otra vez el miedo y otra vez la fiebre y otra vez la bravura. el remolino oscuro y febril: qué digo cómo predico cómo aprovecho la parábola de la cizaña si parece que la hubiera elegido a propósito o que me la enviara dios parece demasiado buena o aprovecharé la epístola son más fogosas las frases de pablo Recordó el comienzo de la Epístola: "Revestíos de entrañas de compasión y benignidad". . Un mensaje dirigido al Negro. En un delirio. y en medio una veta amarilla. . . su pensamiento corría desatentado: o podría dejar de lado el evangelio y la epístola y dirigirme a él sin subterfugios decirle llanamente cordialmente has venido a vengarte a asesinarme a desquitarte en mí de un daño que no te hice y que no te habría hecho y tú lo sabes y además estás más que vengado de mi padre en mi padre y en mis hermanos después si ellos eran iguales a él pero yo soy distinto .. podría sí emplear el sermón para decir algo que le llegara a lo hondo sugerirle insinuarle algo igual que si hablara para todos pero dirigiéndome sólo a él apuntando a él y a su corazón que ha de tener su resquicio de bondad porque la perfidia absoluta no puede salir de un vientre de mujer hacer madre a una mujer Eso. acorde con la serenidad de tiempo ido de los latines. Su mensaje hacia él. atropellándose. un remolino de fiebre y miedo y bravura. su postrera apelación. y por dentro. . También parecía hecha aposta. Y nuevamente las ideas giraban vertiginosas en su interior. una borrosa ilusión de que quizás. . la veta. De que. De que a lo mejor a él. y en seguida. Una espiral. jadeante. . ligadas unas a otras en una masa.venit inimicus ejus.

Libre. En la separación de la cizaña. Decía: —. hermanos—¡y qué hondo era ahora este hermanos. aunque todavía sin mirar hacia el fondo de la iglesia. . el hijo del hábito. vuelto hacia los fieles. deliberada. que era consciente. aunque siempre pensando. desafiante aun. Solemnemente.pero quieres que alguno de nosotros te implore perdón quieres que me arrastre a tus pies y que lo haga delante de mis feligreses para mayor perfección La protesta: no eres tú quien puede recibir perdón de mi parte pues me has quitado a mi padre y a mis dos hermanos has deshecho mi hogar mi familia ya no habrá descendencia con el nombre que odias y bien negro yo te perdono yo te absuelvo vete tranquilo y busca si puedes la paz porque yo te perdono Y con angustia ante el heroísmo imposible: no no esto no sirve sería ridículo no haría sino exacerbarlo y precipitar los hechos y además yo no soy capaz de hablarle así debo pensar debo pensar claramente debo discurrir una manera señor señor señor apiádate de mí Cuatro De pronto oyó que el sacristán decía. hasta aquí vacío y sonoro como un gongo!—. con su latín prosaico: —Lau tii Christe. . " Había concluido. mientras la maquinaria automática continuaba su trabajo. . perplejo. y nosotros estamos a este o aquel lado? El Negro se hallaba de pie al fondo de la iglesia. solemne y sereno y deliberado. nosotros mismos. desde luego. Y comprendió que el autómata exterior. El padre Miguel hablaba con los ojos clavados en los ojos del bandido. hondamente suya. y prestó atención. en esos .porque. deseando que la cizaña. Ni es tan repudiable. ¿podemos juzgarla? ¿Podemos trazar una línea y decir: aquí empieza el mal y aquí el bien. quizá. . sí. No era Dios quien predicaba a través de él. y muy. no debemos pensar sólo en el final de la historia. y recoged el trigo de mi granero . alguna potencia interior suya. si bien en cierto modo independiente. . Ajena a su voluntad y más nítida que su entendimiento. sino quizá el inconsciente. la mala hierba. que se nos libere de su contacto. a los sentidos. al centro. No debemos vivir esperando para otros el momento del fuego. Y en todo caso. inescrutables. Su oficio: —" . muy consciente de cada uno de sus gestos. siempre devanándose los sesos —qué digo cómo hago cómo me dirijo a él sin interpelarlo abiertamente sin que mi apelación sea ostensible—. sea apartada de nosotros. que de su garganta empezaban a salir unas palabras que no había elaborado y que no conocía. tratando empecinadamente de adivinar la presencia del Negro. Dos de sus secuaces se habían colocado a su izquierda y dos a su derecha: cinco estatuas silenciosas. Comenzó ahora a leerlo en castellano. de percibirla de algún modo ajeno a la visión. igual que si las manejara el hábito pero ya no era el hábito. No somos tan limpios para eso. y escuchó. la cizaña. había terminado la lectura del Evangelio. con una majestad que no venía de la costumbre. . observándole. depositó el libro sobre el altar y alzó la vista. No era un milagro.

Había hablado tan rápidamente. sino él. y los otros. por quien nos perjudica. alegre como la chicha. que amasaba un pan exquisito. metidos a tajo en el rostro sin afeitar. Y ahora era también él. (Para don Juan. quien predicaba. o peor: quedamos huérfanos. con hondo afecto. amor. No sólo para nosotros nuestros frutos. pero no en bloque. tan trabajadora y tan llena de chiquillos y con un marido borrachín sin remedio—don Juan le pagaba en vino los pocos trabajos que podía inducírsele a hacer—. a pesar de ella o con ella o para ella. y no. con su voluntad y su inteligencia y su comprensión. Para doña Matilde y doña Chepa. De a uno. para cada uno. Creemos sembrar para nosotros. . No se nos ha dado esa seguridad. para ella y para sus hijos: el Lucho. perdidas la vitalidad y la sonrisa y la paz. mas ahora para sus feligreses. que siempre hacía de Virgen María en los cuadros navideños de la parroquia. la Mechita. Para Esperanza. Crecer codo a codo con la mala hierba y dar frutos. el almacenero. que ésa es precisamente nuestra tarea en el mundo. Para el pueblo entero. para la familia. Sí. No. Sin saber para quién. . ya lo afirma el adagio. de sombra: dos puntos que brillaban bajo el ala oscura del sombrero. ) Para cada uno siguió: —No hay que maldecir: hay que perdonar. de arcilla.ojos pequeños. y vagaba con expresión de fantasma. es preciso hacerlo. . . . a quien el corazón había jugado una mala pasada y de un día a otro se puso pálido. Trabajamos sin garantía. . y un día llega alguien y nos lleva todo. gorda y morena y buenamoza a pesar de sus años. . íntegro. uno a uno. No para el Negro ya—aunque siempre mirándolo. para la Clara y la Luisa y la Flor. no su potencia interior. Y quizá si nuestro dolor nos conduce a gritar o a maldecir a quien nos causó daño. y quedamos pobres o hambrientos. Y conseguir algo más difícil todavía: sentir cariño. Sin embargo. dueño de las cosas sin dueño y sin valor. con un remedo de paz demasiado semejante a la muerte. que nunca venía a la iglesia porque todo lo duro que allí se dijera semejaba dicho contra él. Antonio.. Para el viejo maestro Moreno. Para la Meche. que necesitó detenerse para cobrar aliento. porque eran tantos y tan pequeños y tan indiferenciados en la edad.a echar raíces junto a las plantas venenosas? Yo diría que sí. cuesta. la adolescente de expresión triste y de rasgos tan finos. O a increpar a Dios. . optimista. para la mujer a quien amamos y los hijos que amamos. que oraba con gran devoción exterior. cuyos nombres se perdían. siempre sin apartarle la vista—. . Para el padre de ellos.. —. o sin hijos. aunque era un truhán redomado. individualmente. tan precipitadamente. o tal vez sin hermanos. de hierro. Y nos preguntamos por qué y no descubrimos por qué. y por eso despreocupado y feliz. lo que no merecía ni tenía derecho a arrebatarnos. Hizo una pausa. Para doña Teresa. y unas deliciosas empanadas de horno. Para el Traro López. lo que no era suyo. No entendemos qué habíamos hecho para merecer aquello. dueño—diríase— del sol y del agua que canta cerro abajo. el bufonesco Pancho. mi padre—pensaba—mi hermano pedro y mi hermano carlos negro me oyes negro lo que digo a ti te lo digo entiéndeme —. medio muerto: andaba por el pueblo como quien camina en torno a una tumba.

Y amémosla. Comprendía que no era posible terminar así.. el otro que había dentro de él—con tenacidad. más allá del alcance de los fieles y más. que diese cabal sentido a su prédica. al encarar a su asesino. no de la manera que perdona el monarca. de caridad. Debemos revestirnos de entrañas de bondad. y luego de unos instantes de vana lucha interna articuló: —En el nombre del Padre. amar la mala hierba. con el tedio nadando en sus rasgos. Perdonémosle su veneno y su naturaleza nefasta. sin embargo. como afirma San Pablo.siento yo acaso amor por el negro acaso doy el ejemplo y sí y tal vez lo amo y tal vez esto que digo no es sino expresión de mi amor cristiano hacia él —. Porque si la odiamos. y palpitaba y . los rostros vacíos de expresión. No apartarla de nuestro lado. preguntándose: qué hará qué hará se decidirá ahora a disparar o prolongará la tortura Solo de nuevo frente al muro y a los objetos del culto. no iluminado mas sí porfiado. no pagar su odio con odio. nuevas. no odiarla. aunque nos quite el alimento y el sol y la tranquilidad. es un idioma diferente del nuestro. también. continuaba pronunciando frases abstrusas. Frases casi místicas. . si un insecto fuese capaz de perdón. y comenzó a sentir que el miedo se le iba metiendo otra vez por las venas. y aun esto hagámoslo con humildad. se dio cuenta de que al hablar. inquieto. aunque nos cueste. entre la piel y la carne. Y de pronto. en las sienes. del Hijo y del Espíritu Santo. por los músculos. Perdonemos a la cizaña su triste condición de instrumento maligno. había hallado una suerte de refugio contra su propio pavor. de amor. eso no nos llega. para alcanzar la vida eterna. veinte minutos. En seguida se volvió al altar para rezar el Credo. ¿qué diferencia habrá entre ella y nosotros? ¿Y para qué habría venido Cristo a la tierra? Amemos y perdonemos. no obstante. Pensó: me alejo de ellos me pierdo estoy desperdiciando el tiempo que pude emplear en dejarles mi último mensaje mi única herencia un credo un arma un escudo para que afrontaran la vida y por qué renuncio a convencer al negro a intentar siquiera una persuasión difícil de imaginar aunque no imposible porque en verdad lo único imposible lo único absurdo lo único que la mente se niega a aceptar es la muerte señor perdóname yo quiero salvarme yo siento la vitalidad correr a lo largo de mi cuerpo y tengo miedo tengo miedo soy joven Y entre tanto seguía hablando—otro. Su lengua. y casi abruptamente se detuvo y dijo : —Hermanos. mucho más allá del alcance del Negro. todo esto debe ser cosa de entrañas. y algo. Tratemos incluso de amarla por eso: porque nos ha privado del sol y del alimento y de la paz. Amén. parecían decir: Es cierto. cerniéndose igual que una aureola. . que debía decir algo más—su defensa—. angustiado: no no es esto no esto no me lo entienden ni ellos ni el negro es una tontería un disparate hablarles así es preciso que me explique mejor más al alcance de sus mentes no son catedráticos abiertos al sentido oculto o a la sutileza de las comparaciones Ante él. O hacía menos: hacía un cuarto de hora. que a él mismo le habrían sonado distantes hacía una semana. . por los nervios. y ya no tenía qué le escudara. sino de la manera que perdonaría el insecto al que se aplasta sin querer. Permaneció helado.

mas ahora sin mirar al Negro. Huyendo. huyendo. . Con lo que nos dejó nuestro padre podrás costearte un sacerdocio holgado. reemplazas unos muros por otros. Sin decir al mundo su palabra de hombre. La hora. A diferencia de Carlos. En medio de su azoro. o "el camino de la verdad". ahora con la vista esquiva. era precisamente por el pudor de las grandes palabras. . Cinco Sí. las palabras enormes y solemnes.. un animal monstruoso y cálido que se apoderaba paulatinamente de su ser. —Dominus vobiscum —murmuró. un monstruo. Su vida había tenido siempre una tonalidad de fuga. ¿Por qué? De pronto se encontró tratando de resolver este problema. ahora. frente a la realidad. Conscientemente no. Por no pronunciar frases como "la salvación de las almas". guardó silencio. No hables de vocación: habla de fuga. ¿Recuerdas el año en que yo salí del colegio? Me confesaste tu terror al pensar en que para ti también tendría que llegar ese momento. Sí. No seré yo quien te lo discuta. Aunque si te examinas a fondo descubrirás que. Carlos se lo había enrostrado. sobrecogimiento lo que experimentaba? ¿No sería otra cosa? .latía y vivía en él igual que un cáncer. Y. a quien le provocaban cierta irritación de tosca virilidad. Y los de la iglesia son más altos. ¿Cómo es? "Sacerdos in aeternum"? Es una espléndida salida. o "la búsqueda del bien". A él también le desesperaban. modularlas le dolía a él como una desnudez. Y tienes derecho a elegirla. jadeante. No de la fuga desbocada. . en efecto. dijiste. cara a los fieles. sino de este dar vuelta la espalda. de abandonar el refugio de los muros escolares. y son permanentes. a pesar de que en ese instante no abrigaba duda de ser vocación y no temor lo que le empujaba. . Sí me entiendes. cuando él anunció su propósito de hacerse sacerdote: —¿Vocación?—gruñó—. A él también. este cerrarse a los peligros o a la simple aventura.. este escabullirse quieta. en realidad. ¿Te acuerdas? —Sí . Pero no le llames vocación. Miguel. inexpresivamente. Sin pronunciarse. —No te entiendo—había objetado Miguel. y es buena la idea. claro. de diversa manera. Su hermano lo miró con una mezcla de intensidad triunfante y de vago menosprecio: —Ahora has hallado la solución. tienes derecho. ¿Por qué? ¿Por qué no había hablado entonces? En parte. una pregunta surgió en su interior: ¿Era. cual si hacerlo fuese lo más urgente. Me desesperan esas palabras enormes y solemnes. Le sobrecogían esas expresiones de proporción ciclópea. —¿Crees que doy este paso con ese propósito enano y ridículo? —No. Tú sabes mejor que nadie tu sacerdocio no va a ser otra cosa que seguir escabullendo el bulto a los problemas.

Y no. y la ignorancia de sus feligreses pueblerinos. Pero esta misma expresión: "logrado sentir". . No que no sintiera el vigor y la verdad de las bienaventuranzas o de las epístolas de Pablo.sí—latió un pulso en su mente—no seria quizá algo diferente de eso menos noble menos justificable y justificador no seria simple vergüenza vergüenza de manosear conceptos demasiado nobles o trascendentales a sabiendas o intuyendo que no los sentía de veras en mis adentros y que por eso equivalían a mentiras era como si engañara a los demás al enarbolarlas del modo que se enarbola una bandera cuando no cuando para mí no pasaban de ser unos paños de colores vistosos atrayentes o a lo más un intermedio entre la bandera y el paño Esto le había ocurrido en otras oportunidades. Era una sensación extraña. Yo he vivido siempre en la zona. en ocasiones lo había estado. Y "aburrir" le sonó a profano. no creo. sólo porque iba a ejercerlo entre campesinos y aldeanos. No que no creyera en lo que salía de su boca. luego de obtener él que se le destinara acá. Cuando amar al prójimo era una cosa y soportar a doña Nieves con sus añuñuques. Cuando pensaba en el frío—como un cartero. él había pensado que era una frase más. como un empleado de banco—y no en su misión sublime. Tal vez el obispo la pronunció con frialdad—cumpliendo también una rutina—. ¿Aplicar esa idea tan pedestre a su ministerio. mas a él la frase le quedó grabada en la memoria. la otra vida. si había de hacerse justicia. sino que de pronto se le iba de adentro el fuego o la luz o el ardor. como un basurero. un irritante gaje del oficio. . Al oírlo. el pecado. la eucaristía. Hablar sin convicción. —Te vas a aburrir ahí—le había dicho un compañero de seminario. Cuando las confesiones idiotas. identificarse con su sencillez. No hueca. no mera música verbal. otra. y la prédica se transformaba en un trámite de rutina. que eran los seres a quienes Cristo amó con su mayor ternura? —No—replicó—. por ejemplo. Estaré en mi elemento. y los errores y las falsas concepciones del dogma no eran a sus ojos candor evangélico ni simplicidad primitiva. Cada vez más a menudo—pensó—. al levantarse en invierno para la misa de siete. Dar la cara a la verdad requiere mayor voluntad y mayor energía que sostener el más absurdo de los errores. . En ocasiones había logrado sentir con ellos. y entre su gente. con el humo de una duda vagando siempre en su espíritu mientras tocaba esos temas esenciales que son la salvación. ¿no era un reconocimiento implícito de lo artificial de su adhesión? señor señor—se debatió—es acaso inevitable que mis últimos momentos se vean torturados por esta duda tan esencial Quiso decir: aparta señor de mí este cáliz Pero le brotó en cambio: señor señor yo quiero la verdad —La verdad—había dicho el obispo en la ceremonia de su ordenación—exige valentía. sino sólo un elemento tedioso. y ahora volvía. Eso había sido al año de su ordenación. En realidad. un recurso oratorio relativamente fácil. Era entonces cuando surgían las terribles zanjas entre la teoría del sacerdocio y la realidad de su práctica. a su tierra.

hay truenos y relámpagos—. Era su petición de cuentas. en la misma forma inerte en que podría oír y ver un feligrés distraído. a galopar empapado en medio de unas tinieblas wagnerianas. cuando recibió la noticia y corrió a los establos y montó sin silla en un potro recién domado. para decirle: no no es eso la verdad es otra la única verdad es el miedo y la cobardía y la miseria humana y la inadecuación y la vida vana que ahora se extingue como una luz innecesaria y eso otro esas grandes palabras son ciertas pero no me pertenecen pertenecen a lo ajeno a lo que no se siente y no es de entraña y voy a morir y tengo miedo como tuve miedo de vivir sólo que este otro miedo es peor es activo me roe me está matando con una muerte previa con mil muertes a cada instante que pasa y dios y señor madre mía piedad piedad piedad Seis Ya no tornó a tener conciencia de lo que hacía. como increpándose a sí mismo. las imágenes del miedo se sucedían otra vez en galope de potros desbocados. Diríase que el Miguel adolescente. galopando. sí —continuó en su interior. al temporal. la generosidad de la primera entrega la fe incondicional. y la noche era esa otra noche de hacía ocho. el idealista de hacía cinco o diez años. honda. con los dientes . o no: ni eso siquiera. algo surgía inconsciente o apenas consciente en su adentro. porque ya era suficientemente grave que estuvieran desprovistos de unción. y oía las fórmulas latinas que a la distancia profería su boca. para acusarle. sin impermeable ni manta. aun mientras avanzaba corriente arriba del río de su propia lógica. potros desbocados en la noche. Mientras. en este momento. en el temporal—ruge el viento. venía a este altar. para lanzarse al campo. a la parte cruel o la parte de ayer de su yo—quizá si la existencia de mis hermanos fuera hasta más suave que la mía porque ellos no tenían que preguntarse nada más trascendental que si iría a llover a la semana siguiente o si sería preferible sembrar trigo o girasoles en tal sementera mientras yo me había echado encima la responsabilidad de lo mío y lo de muchos otros de las almas de muchos otros de la salvación o la condenación de muchos otros y el peso de la duda y el peso terrible de la propia insuficiencia de la debilidad inevitable del hombre frente a una tarea sobrehumana Sí. ¿Dónde estaban? ¿No los había sepultado el hábito? Su anhelo de darse entero a la causa. razonando vertiginosamente contra su razón misma. Notaba de vaga manera el movimiento de sus manos. ¿no yacía ahogado bajo una verdadera montaña de bautizos y misas y confesiones que eran otros tantos actos mecánicos. en su interior. aquí había una esperanza. galopando. Por cumplir con la letra del precepto. y le exigía al actual que le explicara desde su agonía qué había hecho de su hacienda. y era él galopando. llueve. Volvía para perturbarle. tangible. presente sólo en lo físico. Del sueño mirífico.como la sintiera en aquella oportunidad. Pero aun mientras pensaba así. sino viva. de ese sentido tibio y transfigurador de lo sobrenatural que animara sus comuniones y sus meditaciones de adolescente? pero huir de qué—se preguntó—de un fundo próspero como el que teníamos con mis hermanos de una vida en que lo más duro era montar a caballo bajo la lluvia para traer unas reses extraviadas o para ver un desborde de canal Por aquí brillaba una esperanza. a un paso de la tumba. diez años.

apretados y las riendas apretadas en las manos. despedazara el silencio el detonar de la bala que vendría a ultimarlo. sin decirle nada. que Pedro ya había muerto. más lejos. y diez y doce—¿cuántas?—. esperando pacientemente a que se ahogara. sanctus. ni siquiera cuando ha visto caer a su padre y va a buscar el cadáver de su hermano en una carrera de pesadilla. . solo también. bañado en la sangre que manara de sus heridas. sí. seguían con él. del hermano. tacatac. . y al llegar al postrer rellano antes de la cumbre. sanctus. temiendo además—lo mismo que ahora—que en este momento o en éste. tacatac. quizá si después de quitarle la vida. tacatac. aunque ahora de día. porque lo habían arrastrado por el campo. la queja que no vino. este momento. tacatac. espoleando a su cabalgadura igual que si aún fuera tiempo. lo justo—. por el camino recovequeado que conducía al bosque. en lo alto. . y la luz solar recién salida.Había hallado desierto el Cruce. y ellos aumentando de tamaño. que no puede aceptar. . y colgado del travesaño del pozo el cuerpo de Pedro. o en medio de los sauces que jalonaban los bajos: tacatac. en la mañana. el primogénito. haciendo reír a los álamos y los eucaliptos y. y él sabía que era tarde. Siete —Sanctus. tacatac. . bajo un cielo cerrado y negro como un no. por el vado. Se enteró después de lo que ocurriera: el encuentro de su hermano con la banda la breve lucha. quizá si antes. el silencio. el suplicio: le ataron los pies a una piedra y lo sumergieron una. fratres. allí. la quietud amenazadora. y más. tacatac. de la novia. grotesco. petrificado. deseando en silencio el grito. los cascos del potro no resonaban sobre el suelo cubierto de hojas. la captura. pero le restaba la desesperada esperanza del amor. porque lo lógico es la vida—lo natural. fresca. Y no. mísero. avanzando con él. balanceándose a impulsos del vendaval. de la madre. más lejos. al cielo claro y transparente: tacatac. sin quitarle esa impresión de fiebre: tacatac. . y ya en el bosque—subiendo. en el mismo potro. con los ojos macabramente fuera de órbitas. a través de los bosquecillos de pinos donde se cobijaba el ganado cuando llovía o hacía demasiado calor. dos tres veces. —Orate.. creciendo..Y el otro galope. éste. . y el rostro y la figura vejados a intervalos por la fantasmagórica luz de los relámpagos. a las casas blancas de los inquilinos. cubierto de polvo y de barro y con las facciones deshechas y la ropa en jirones. arañando monte arriba—. sin insultarlo ni herirlo. pasando por entre los pastizales y las vegas. en una grata mañana de septiembre. de la madre. y la muerte es un absurdo espantoso que el hombre se niega a aceptar. a los cerros de suave lomaje. lo mismo que ahora. recortándose contra el ámbito celeste. mojándole el rostro y las manos. la rebeldía que sigue siempre a la muerte del padre. no balanceándose. sino quieto. y hubo de disminuir el ritmo de la marcha para evitar las ramas inferiores. en la sombra. que podían azotarle. hinchado. aunque sin vivificarlo. con el agua salpicando a diestro y siniestro. el cadáver de Carlos pendía de un árbol. y a cada instante esperando el hallazgo. o bien avanzando él hacia ellos. a las nubes.

las flores. diverso. en la ventana de la iglesia. y el corazón le latía con demasiada fuerza y se detenía y tornaba a latir. cómo de repente se encontró con los brazos en alto. o mejor. sí—. y el hombre era su hermano. eran dos. La maquinaria de la rutina funcionaba con normalidad. sino ahogado. y cuando bajaba las gradas para rezar las postreras oraciones.Esa sombra. que tan nítidos profería los latines. que luego desaparecía en la oleada del caos que dominaba su espíritu. a través de su terror le preocupaba esto. se había hecho nudo. que era la sombra de un olmo. Con autonomía. la gente de San Millán. porque había algo de porfía. qué significa esto por qué se ha ido Un torbellino nuevo. las lámparas de ambos costados—una danza inmóvil de cadáveres—. irá a esperar todavía y qué espera no entenderá que termina la misa El Negro. regresando. . no obstante. a su espalda. por dentro en la entraña. miró de reojo al fondo de la iglesia. balanceándose. y su corazón era una piedra. y también. sino apenas. en que él afrontara al Negro y éste no se atreviera a ultimarle. Lo estaba haciendo bien. No supo cómo pasaron la Consagración y la Comunión. las estampas de pesadilla que giraban en su mente: el Negro. y el Cristo no estaba crucificado. le pareció sin embargo la de un hombre colgado. eran Carlos y Pedro. lo que daba vueltas en su interior: oh señor tal vez tal vez tal vez he vencido tal vez algo de lo que dije le ha llegado al alma o no tal vez tú has tenido misericordia de mí simplemente Y luego. y su garganta. sino sólo una horrible banda de fantasmas. o se hallaba oprimido entre piedras. El Negro no estaba ahí. No. a galopar desbocado. para luego pararse de nuevo en una vorágine sin término. ni nada. con el cuerpo cubierto de un barro hecho de polvo y sangre. sus manos exteriormente firmes temblaban. don Pedro. ahora. y a través del terror notaba la calma de los fieles. a ratos. perdóname dios mío es la sangre de mi padre que me hierve en las venas a ratos es su orgullo su fuego perdóname . una especie de decepción corroyó su dicha. apuñaleado. —Benedicat vos. y ya no era la sombra los cadáveres: eran los cirios del altar. sino también una especie de alegría infantil. ya sin recuerdos ni planes ni reflexiones. Pedro. y lo miraba. . lo perseguía. no daba señales de vida. un ejército de muertos que venían a conquistarlo para la muerte. Todo penetró en el vértigo ahora. en que el bandido llevase a cabo su venganza y él no flaqueara. ya al retirarse. pronto a dar la bendición final (pero voy a morir pero éstos son mis últimos momentos pero no he preparado nada ni pensado nada y a lo mejor pude). y ahora no era el miedo solo —pese a que continuaba presente. que ni habían visto al Negro ni sabían lo que pasaba por su ánimo. y detrás. él lo sabía. Mientras. algún rostro modesto y amable hacia el cual—perforando el miedo o desde el miedo o mezclado con él—le impulsaba un chispazo de afecto. y cuando el sacristán comenzaba a mover ruidosamente las bancas para hacer el aseo de la iglesia. Leyó el sacerdote el evangelio final. Carlos. de duelo. se apoderó de su ánimo mientras oraba. vivo—. ni feligreses. no eran bandidos los que le aguardaban. lo estaré haciendo bien lo estaré haciendo bien lo estaré haciendo bien Sí.

. tal vez" —piensa Brígida. dedico el cuento que. nadie necesitó imponérselas. como a sus hermanas. de aguardar o no acurrucado en un rincón. sin saber. una intuición que estalló en su mente y le hizo detenerse en mitad del pasillo: me espera en la sacristía Eso era: no cabía duda. pero comprendió que los bandidos vigilarían ese acceso. No." ¡Sabía tan poca música! Y no era porque no tuviese oído ni afición. Lo único difícil era el comienzo: llegar hasta la puerta de la sacristía y abrirla. jamás. Como de costumbre se ha olvidado de pedir el programa.do El árbol Por María Luisa Bombal (Chilena) A Nina Anguita. al tiempo que una frase musical comienza a subir en el silencio. Ella había abandonado los estudios al año de iniciarlos.. en tanto que ella.. y la puerta comenzaba a abrirse lentamente. gran artista. tal vez. tocaban ahora correctamente y descifraban a primera vista. ¡La indignación de su padre! "¡A cualquiera le doy esta carga de un infeliz viudo con varias hijas que educar! ¡Pobre Carmen! Seguramente habría sufrido por Brígida. Pensó en volver atrás y huir por el portón de entrada. Es retardada esta criatura".. Tenía que avanzar.Y en seguida un relámpago. Se preguntaba si sería capaz de mantenerse firme o si su valor se quebraría al final. El pianista se sienta. "Mozart. Fuente: luyohenriquez. De morir en una postura más digna o menos. La razón de su inconsecuencia era tan sencilla como vergonzosa: jamás había conseguido aprender la llave de Fa. estrecha y juiciosamente caprichosa. Que era cuestión de tiempo. o Scarlatti. . tose por prejuicio y se concentra un instante.com/2010/10/misa-de-requiem. o lo que fuera a emplear para asesinarlo. mágica amiga que supo dar vida y realidad a mi árbol imaginado. Se dijo que avanzar no era un acto heroico. clara.. y no conseguiría sino hacer un papel más triste.wordpress. Dio un paso. pues la hoja se iba sola hasta atrás. a desenvolverse. cuando se encontrara ante el Negro y su revólver o su puñal o su hacha. Sus hermanas. "No comprendo. "Mozart.files. no me alcanza la memoria más que para la llave de Sol". sin embargo. Y ni aun abrirla: bastaba con hacer girar la manilla. por el propio peso de su vejez chirriante. Las luces en racimo que alumbran la sala declinan lentamente hasta detenerse en un resplandor mortecino de brasa. dos. escribí para ella mucho antes de conocerla. Bruscamente: quizá después de todo no vigilen la entrada y quiera darme una oportunidad de escapar a mí al sacerdote sí a lo mejor es eso Pero ya era tarde para retroceder: había puesto la mano sobre el picaporte. De niña fue ella quien reclamó lecciones de piano.

cuando todos la abandonaban. "Eres un collar —le decía Luis—. el amigo íntimo de su padre. y la deja en una sala de conciertos. lo hacía tan perplejo y agotado por las cinco primeras que prefería simplificarse el día declarándola retardada. Ayer encontré a tu marido. juguetona y perezosa. complicado y fino como una telaraña. con un quitasol de encaje.Brígida era la menor de seis niñas. De nuevo la penumbra y de nuevo el silencio precursor. Una a una iban pidiendo en matrimonio a sus hermanas. ¡Mozart! Ahora le brinda una escalera de mármol azul por donde ella baja entre una doble fila de lirios de hielo. Y Mozart la lleva. Desde muy niña. sus trenzas castañas que desatadas le llegaban hasta los tobillos. arrastrándola en un ritmo segundo a segundo más apremiante. Ella está vestida de blanco. todas diferentes de carácter. ahora que han pasado tantos años comprende que no se había casado con Luis por amor. a tu ex marido. las particularidades de su técnica! Dejarse solamente llevar por él de la mano. una sonrisa dulce y el cuerpo más liviano y gracioso del mundo. Una pequeña boca de labios carnosos. la obliga a cruzar el jardín en sentido inverso. Él la alzaba y ella le rodeaba el cuello con los brazos. Altos surtidores en los que el agua canta. Si no quiere estudiar. su tez dorada. sentada al borde de la fuente? En nada. Déjenla. Y luego de haberla despojado del quitasol y de la falda transparente. abierto sobre el hombro. Cuando el padre llegaba por fin a su sexta hija. Y Brígida había conservado sus muñecas y permanecido totalmente ignorante. oyendo cuentos de ánimas. sigue cruzando el puente que Mozart le ha tendido hacia el jardín de sus años juveniles. corría hacia Luis. le cierra la puerta de su pasado con un acorde dulce y firme a la vez. que juegue". Tiene todo el pelo blanco. Y ahora Beethoven empieza a remover el oleaje tibio de sus notas bajo una luna de primavera. ¡Qué lejos se ha retirado el mar! Brígida se interna playa adentro hacia el mar . Pero ella no contesta. Por eso se había casado con él. Pero he aquí que Mozart la toma nerviosamente de la mano y. Pero a ella nunca le importó ser tonta ni "planchar" 1 en los bailes. —Estás cada día más joven. como ahora. Si le gusta pasarse en la cocina. ¡Qué agradable es ser ignorante! ¡No saber exactamente quién fue Mozart. a retomar el puente en una carrera que es casi una huida. por qué se marchó ella un día. sus influencias. no atina a comprender por qué. "Es tan tonta como linda" decían. "No voy a luchar más. Eres como un collar de pájaros". es inútil. A ella no la pedía nadie. de pronto. Sí. desconocer sus orígenes. Brígida. quiero decir. allá ella. ¿En qué pensaba. aplaudiendo maquinalmente en tanto crece la llama de las luces artificiales. sus ojos oscuros tan abiertos y como interrogantes. en efecto.. la frente y el pelo ya entonces canoso (¿es que nunca había sido joven?) como una lluvia desordenada. Y ahora le abre una verja de barrotes con puntas doradas para que ella pueda echarse al cuello de Luis. que no estudie. Si le gustan las muñecas a los dieciséis años. entre risas que eran como pequeños gorjeos y besos que le disparaba aturdidamente sobre los ojos. no se detiene. La lleva por un puente suspendido sobre un agua cristalina que corre en un lecho de arena rosada. Sus dieciocho años. Porque al lado de aquel hombre solemne y taciturno no se sentía culpable de ser tal cual era: tonta. vestida de negro.. sin embargo.

. ese pelo plateado y brillante de Luis! —Luis. Luis. recibía orgullosa sobre su hombro el peso de su cabeza cana. —Estoy ocupado. Hola. qué tristes sus despertares! Pero —era curioso— apenas pasaba a su cuarto de vestir. la envuelve. Un compromiso. en cambio. trataba de vivir bajo su aliento. Y se aleja. Luis ya no estaba a su lado. Inconscientemente él se apartaba de ella para dormir. se despeñaba directamente al río. nunca me has contado de qué color era exactamente tu pelo cuando eras chico. pero entonces el mar se levanta. Luis". Sus despertares. Un oleaje bulle. desde un costado de la ciudad. perseguía el hombro de su marido. Apaga la luz. Tengo mucho que hacer. ¿Es Beethoven? No. y ella inconscientemente. "Cinco minutos. hasta la vista descansaba. estoy muy cansado. dejándola olvidada sobre el pecho de Luis. Se había levantado sigiloso y sin darle los buenos días. bulle muy lejano. y nunca me has contado tampoco lo que dijo tu madre cuando te empezaron a salir canas a los quince años. —No tienes corazón. Come y acuéstate. Era el único árbol de aquella estrecha calle en pendiente que. sí estoy en el club. no alcanzo a llegar para el almuerzo. y con suaves olas la va empujando.. durante la noche entera. ¡Qué agradable era ese cuarto! Parecía un mundo sumido en un acuario.. Tengo sueño. Tu estudio no va a desaparecer porque te quedes cinco minutos más conmigo. ¿Por qué te has casado conmigo? —Porque tienes ojos de venadito asustado —contestaba él y la besaba. tus compañeros.. empujando por la espalda hasta hacerle recostar la mejilla sobre el cuerpo de un hombre. cuando antes de dormirse él abría ritualmente los periódicos de la tarde—. ¡Ah. Le bastaba entrar para que sintiese circular en ella una gran sensación bienhechora. No puedo acompañarte. ¡Cómo parloteaba ese inmenso gomero!2 Todos los pájaros del barrio venían a refugiarse en él. murmura como un mar de hojas. su tristeza se disipaba como por encanto. Es el árbol pegado a la ventana del cuarto de vestir. en el cuarto de vestir. súbitamente alegre. Nunca estás conmigo cuando estás a mi lado —protestaba en la alcoba. ¡Qué calor hacía siempre en el dormitorio por las mañanas! ¡Y qué luz cruda! Aquí. Y ella. crece tranquilo. . Brígida.. los espejos que doblaban el follaje y se ahuecaban en un bosque infinito y verde. No sé. viene a su encuentro. refulgente y manso. Más vale que no me esperes. Por las mañanas. buscaba su aliento. el árbol que desenvolvía sombras como de agua agitada y fría por las paredes. Latía tan adentro el corazón de su marido que no pudo oírlo sino rara vez y de modo inesperado—. ¿qué decían? Cuéntame. se refrescaba. Las cretonas desvaídas.contraído allá lejos. Brígida. no tienes corazón —solía decirle a Luis. No. como una planta encerrada y sedienta que alarga sus ramas en busca de un clima propicio. ¡Oh. . . cinco minutos nada más. —Mañana te contaré.. ¿Qué dijo? ¿Se rió? ¿Lloró? ¿Y tú estabas orgulloso o tenías vergüenza? Y en el colegio. por temor al collar de pájaros que se obstinaba en retenerlo fuertemente por los hombros. cuéntame. cuando la mucama abría las persianas.

Me gusta llamarte. —Este verano te llevaré a Europa y como allá es invierno podrás ver nevar. inquieto. Pero todo el mundo se aburría con ella.—¡Si tuviera amigas! —suspiraba ella. —Me gustaría ver nevar alguna vez. de sábado a lunes. sin embargo. de su ignorancia. llamándolo: Luis. Pero en vano buscó palabras hirientes que gritarle. ¡Si tratara de ser un poco menos tonta! ¿Pero cómo ganar de un tirón tanto terreno perdido? Para ser inteligente hay que empezar desde chica. ¿no es verdad? A sus hermanas. —¿Qué? ¿Qué te pasa? ¿Qué quieres? —Nada. tal vez para estrechar la vieja relación de amistad con su padre. Y él sonreía. como si su extrema juventud fuera en ellos una tara secreta? Y de noche ¡qué cansado se acostaba siempre! Nunca la escuchaba del todo.. el fracaso. pero Luis —¿por qué no había de confesárselo a sí misma?— se avergonzaba de ella. por lo tanto. acogiendo con benevolencia aquel nuevo juego. su primer verano de casada. Luis. llorando. a sentarse en los bancos de las plazas. Tal vez la vida consistía para los hombres en una serie de costumbres consentidas y continuas. . por llamarte. el calor va a ser tremendo este verano en Buenos Aires. Llegó el verano. entonces? —Por nada. como para despertarlo al arrebato del verdadero amor. Luis. consistía en llenar con una ocupación cada minuto del día. cada día peor vestidos y con la barba más crecida. probablemente se producía el desbarajuste. dejando pasar la hora de llegada a su despacho. eso sí. —¿Qué te pasa? ¿En qué piensas. ¡Tan ignorante no soy! A veces. le sonreía con una sonrisa que ella sabía maquinal. Si alguna llegaba a quebrarse. Brígida? Por primera vez Luis había vuelto sobre sus pasos y se inclinaba sobre ella. Luis. ¿No le había pedido acaso que dijera que tenía por lo menos veintiuno. ¿Por qué se había casado con ella? Para continuar una costumbre. ella se echaba sobre su marido y lo cubría de besos. La vida de Luis. Y los hombres empezaban entonces a errar por las calles de la ciudad. —Ya sé que es invierno en Europa cuando aquí es verano. Ni siquiera insultar. ¡Cómo no haberlo comprendido antes! Su padre tenía razón al declararla retardada. ¿Por qué no te vas a la estancia con tu padre? —¿Sola? —Yo iría a verte todas las semanas. —Brígida. Nuevas ocupaciones impidieron a Luis ofrecerle el viaje prometido. La colmaba de caricias de las que él estaba ausente. de su timidez y hasta de sus dieciocho años. Ella se había sentado en la cama. los maridos las llevaban a todas partes. nada.. No sabía nada. Le sonreía. —¿Por qué me llamas de ese modo. dispuesta a insultar.

... ¡Ah. —¡Qué lindo traje! ¿Es nuevo? . el que golpeaba con sus ramas los vidrios. esgrimiendo rabiosamente el arma aquella que había encontrado sin pensarlo: el silencio. muy cerca de Luis... Puñados de perlas que llueven a chorros sobre un techo de plata. contraídos todos sus nervios. Estudios de Federico Chopin. Había corrido. —había replicado Brígida puerilmente. Fue entonces cuando alguien o algo golpeó en los cristales de la ventana. —¿Todavía está enojada. ¿Durante cuántas semanas se despertó de pronto. y yo —murmuraba desorientada—. ella podría oír la lluvia azotar. . el que la requería desde afuera como para que lo viera retorcerse hecho una impetuosa llamarada negra bajo el cielo encendido de aquella noche de verano.. —¿Es nuevo. mientras escondía la cara en las almohadas. no supo cómo ni con qué insólita valentía. lo asombroso. Se llega a mi edad hecho un esclavo de mil compromisos. Soy un hombre muy ocupado. Pero ella había rehusado salir al teléfono. . —¿Quieres que salgamos esta noche?. Brígida? Pero ella no quebró el silencio. temblando de indignación por tanta injusticia.. collar de pájaros. Luis que se levanta de su asiento. ahora también él obstinadamente callado.. me voy esta misma noche! No volveré a pisar nunca más esta casa.—Tengo sueño. entre las sábanas del amplio lecho. lo absurdo. tiraba desatinadamente la ropa al suelo. Y en seguida lo inesperado." Y abría con furia los armarios de su cuarto de vestir. Durante toda la noche oiría crujir y gemir el viejo tronco del gomero contándole de la intemperie. ¡Qué delicia! Durante toda la noche. apenas sentía que su marido. Por primera vez él la había llamado desde el club a la hora del almuerzo.. muy temprano. Ella se había levantado a su vez. Brígida? Contesta. escurrirse por las hojas del gomero como por los canales de mil goteras fantasiosas. "Y yo. La había abierto. Dime.. el gomero que un gran soplo de viento agitaba. ¿llamó Roberto desde Montevideo? ... Pero no puedo estar contigo a toda hora. yo que durante casi un año.. Era el árbol. Esa misma noche comía frente a su marido sin levantar la vista. cuando por primera vez me permito un reproche... —Bien sabes que te quiero. atónita. mientras ella se acurrucaría. me voy. —¿No quieres? Paciencia. tira violentamente la servilleta sobre la mesa y se va de la casa dando portazos.. Un pesado aguacero no tardaría en rebotar contra sus frías hojas. se había escurrido del lecho? . voluntariamente friolenta. hacia la ventana.... Pero ella tampoco esta vez quebró el silencio. Chopin. contéstame..

y páginas de viento caluroso. y el árbol se llenaba de risas y de cuchicheos. "Nunca". En ella los impulsos se abatieron tan bruscamente como se habían precipitado.. se entremezclan en su agitada nostalgia. eterno y muy noble. Y noche a noche dormitaba junto a su marido. Y había cierta grandeza en aceptarla así. del viento que trae el "clavel del aire" y lo cuelga del inmenso gomero. vacía de todo pensamiento. cuando la asediaba un deseo . Se acercó a la ventana. Se había sentado muy tieso. los días y los años. los niños se dispersaban asustados. ¡A qué exaltarse inútilmente! Luis la quería con ternura y medida. Todo parecía detenerse. no. atontada de bienestar. la vida! Al recobrarse cayó en cuenta que su marido se había escurrido del cuarto. Y así pasan las horas. si alguna vez llegara a odiarla. Y la lluvia. Una podía pasarse así las horas muertas. Y eso era la vida. ¡Siempre! ¡Nunca!. Apenas el cuarto empezaba a llenarse del humo del crepúsculo ella encendía la primera lámpara. con su calma habitual: —En todo caso.. Entonces ella se asomaba a la ventana y golpeaba las manos. Mientras del fondo de las cosas parecía brotar y subir una melodía de palabras graves y lentas que ella se quedó escuchando: "Siempre".El cuarto de vestir: la ventana abierta de par en par. permanecía largo rato acodada en la ventana mirando el oscilar del follaje — siempre corría alguna brisa en aquella calle que se despeñaba directamente hasta el río— y era como hundir la mirada en un agua movediza o en el fuego inquieto de una chimenea. te quiero". Solitaria. Eso era la vida. secreta e igual. Allí estaba el gomero recibiendo serenamente la lluvia que lo golpeaba. Chopin y la lluvia que resbala por las hojas del gomero con ruido de cascada secreta. Algunos niños solían jugar al escondite entre las enormes raíces convulsas que levantaban las baldosas de la acera. apoyó la frente contra el vidrio glacial. —Brígida. tranquilo y regular. ¡Siempre! ¡Nunca! ¡La vida. y páginas de una humedad malsana como el aliento de los pantanos. Pero cuando su dolor se condensaba hasta herirla como un puntazo. Puede que hubiera gritado: "No. y parece empapar hasta las rosas de las cretonas. aún continuaba susurrando en Chopin. si él le hubiera dado tiempo. se multiplicaba como una luciérnaga deseosa de precipitar la noche. El cuarto se inmovilizaba en la penumbra. Luis. la odiaría con justicia y prudencia. Hay que pensarlo mucho. ordenado y silencioso. Hubo un silencio. ¿entonces es cierto? ¿Ya no me quieres? Ella se había alegrado de golpe. te quiero. un olor a río y a pasto flotando en aquel cuarto bienhechor. sin reparar en su sonrisa de niña que a su vez desea participar en el juego. y la primera lámpara resplandecía en los espejos. y los espejos velados por un halo de neblina. caían páginas de furiosa y breve tormenta. irremediable. El verano deshojaba su ardiente calendario. ¿Qué hacer en verano cuando llueve tanto? ¿Quedarse el día entero en el cuarto fingiendo una convalecencia o una tristeza? Luis había entrado tímidamente una tarde. mediocre. casi de inmediato. si no hubiese agregado. Caían páginas luminosas y enceguecedoras como espadas de oro.. estúpidamente. no creo que nos convenga separarnos. Brígida.. sufriendo por rachas. como algo definitivo.

Melancolía de Chopin engranando un estudio tras otro. se había apoderado de ella una inesperada sensación de plenitud.demasiado imperioso de despertar a Luis para pegarle o acariciarlo. de pisadas misteriosas. capaces de gozar por fin todos los pequeños goces. Por el contrario. Y vino el otoño. Echada sobre el diván. Era como si hubieran arrancado el techo de cuajo. la gente que se dispersa? No. su cara arrugada. La ventana abre ahora directamente sobre una calle estrecha. ¿Es el entreacto? No. de placidez. ella lo sabe. De su cuarto de vestir invadido por una luz blanca aterradora. Un estruendo feroz. de aleteos. . Ya nadie ni nada podría herirla. sin entusiasmo y sin ira. Es el gomero. la quemaba de frío. luego una llamarada blanca que la echa hacia atrás toda temblorosa. Cuando recobra la vista se incorpora y mira a su alrededor. del dulce gemido de un grillo escondido bajo la corteza del gomero sumido en las estrellas de una calurosa noche estival. Las hojas se desprendían y caían. engranando una melancolía tras otra. vidrieras y más vidrieras llenas de frascos. "Las raíces levantaban las baldosas de la acera y entonces. y las cretonas de colores chillones. Había vuelto a hablarle. Lo habían abatido de un solo hachazo. Las hojas secas revoloteaban un instante antes de rodar sobre el césped del estrecho jardín. imperturbable. en mangas de camisa. ¿Qué mira? ¿La sala de concierto bruscamente iluminada. Ella no pudo oír los trabajos que empezaron muy de mañana. patean una pelota en medio de la calzada. la llegada improbable de Luis. había vuelto a ser su mujer. Despavorida ha corrido hacia la ventana.. tan estrecha que su cuarto se estrella." Encandilada se ha llevado las manos a los ojos. El cuarto se llenaba instantáneamente de discretos ruidos y discretas presencias. se escurría de puntillas hacia el cuarto de vestir y abría la ventana. se ensombrecía como el forro gastado de una suntuosa capa de baile. Ha quedado aprisionada en las redes de su pasado. se le metía por los poros. Y todo lo veía a la luz de esa fría luz: Luis. la comisión de vecinos. de sutiles chasquidos vegetales. ella esperaba pacientemente la hora de la cena. En la esquina de la calle.... En la planta baja. Su fiebre decaía a medida que sus pies desnudos se iban helando poco a poco sobre la estera. No sabía por qué le era tan fácil sufrir en aquel cuarto. Pero ya no sufría. Algunos muchachos. pero por debajo el árbol enrojecía. sus manos que surcan gruesas venas desteñidas. una luz cruda entraba por todos lados. Y el cuarto parecía ahora sumido en una copa de oro triste. que son los más perdurables. Entonces empezamos a movernos por la vida sin esperanzas ni miedos. Ya no lo quería. sobre la acera de la calle en pendiente. La cima del gomero permanecía verde. no puede salir del cuarto de vestir. una hilera de automóviles alineados frente a una estación de servicio pintada de rojo. Puede que la verdadera felicidad esté en la convicción de que se ha perdido irremediablemente la felicidad. naturalmente. casi contra la fachada de un rascacielos deslumbrante.

mx/redescolar/memorias/. esa risa postiza de hombre que se ha adiestrado en la risa porque es necesario reír en determinadas ocasiones. ¿por qué te quedabas? —había preguntado Luis. Luis. ¿por qué te vas?. esa risa demasiado jovial./el%20arbol. Dentro de sus espejos había ahora balcones de níquel y trapos colgados y jaulas con canarios.ilce. . se encontraba desnuda en medio de la calle. No comprende cómo pudo soportar durante un año esa risa de Luis.doc . amor. . que no le había dado hijos. y amor. amor. Brígida. desnuda junto a un marido viejo que le volvía la espalda para dormir. su secreto. Ahora habría sabido contestarle: —¡El árbol. cómo había llegado a conformarse a la idea de que iba a vivir sin hijos toda su vida. Fuente: redescolar.edu. quería amor.. el árbol! Han derribado el gomero.Y toda aquella fealdad había entrado en sus espejos.. ¡Mentira! Eran mentiras su resignación y su serenidad. Le habían quitado su intimidad. sí. —Pero. y viajes y locuras. No comprende cómo hasta entonces no había deseado tener hijos.

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