HOMO FABER

Max Frisch

BIBLIOTECA DE BOLSILLO

Cubierta: Ripoll Arias Título original: Homo Faber Traducción de MARGARITA FONTSERÉ Primera edición en Biblioteca de Bolsillo: noviembre 1991 Copyright 1957 by Suhrkamp Verlag, Frankfurt am Main. Todos los derechos reservados Derechos exclusivos de edición en castellano reservados para todo el mundo y propiedad de la traducción: © 1961 y 1991: Editorial Seix Barral, S. A. Córcega, 270 - 08008 Barcelona ISBN: 84-322-3088-X Depósito legal: B. 23.441 - 1991 Impreso en España Edición digital: Adrastea, Marzo 2008 Esto es una copia de seguridad de mi libro original en papel, para mi uso personal. Si ha llegado a tus manos, es en calidad de préstamo, de amigo a amigo, y deberás destruirlo una vez lo hayas leído, no pudiendo hacer, en ningún caso, difusión ni uso comercial del mismo.

PRIMERA ETAPA .

Los baches eran frecuentes. uno tenía la impresión de estar ciego. Estaba contento de estar solo. FIRST PICTURES OF WORLD'S GREATEST AIR CRASH IN NEVADA (Primeras fotos de la mayor catástrofe aérea del mundo. dejamos de ver las luces amarillas del campo. no me explico por qué. ni siquiera rastro de Manhattan. despegamos. en la pista. por razones de negocios. mientras esperábamos el avión que venía con retraso. Yo sólo veía la luz intermitente verde del ala de nuestro aparato que se balanceaba furiosamente. fuera. que llamó inmediatamente mi atención. a pesar de que sabía que me niego radicalmente a casarme. Mi vecino me ofreció un cigarrillo. cuando por algunos segundos incluso esta luz verde desaparecía en la niebla. resistiendo la prueba de ser lanzados a todo gas. los motores zumbaban. según me informó inmediatamente. se dirigía a Guatemala. Ya se podía fumar. Por fin.Max Frisch Homo Faber Salimos de La Guardia. Durante tres horas. luego. Yo estaba muerto de cansancio.. a 5 . un Super-Constellation. Jamás había subido a un avión en medio de semejante ventisca: apenas nuestro tren de aterrizaje hubo abandonado la blanca pista.. Aguardamos cuarenta minutos más. rubio. llamó mi atención cuando se quitó el abrigo. me pareció entender. remolinos sobre la pista. El aparato era. sentado sencillamente en el sillón. aunque de todos modos. cuando se sentó y se subió la raya de los pantalones. pero yo tomé de los míos. Yo me dispuse inmediatamente a dormir. de tez rosada. más joven que yo. Venía de Düsseldorf. que se me presentó inmediatamente. uno tras otro. mi vecino. la nieve lo tapaba todo. nieve pulverizada. sino únicamente aquella vibración en el aparato pegado al suelo con los motores en marcha —y además aquel joven alemán a mi lado. cuando no hizo absolutamente nada más sino esperar el despegue como hacíamos todos. y tampoco era tan joven como de momento me había parecido.. en Nevada). nieve frente a los reflectores. era de noche. como de costumbre en aquel trayecto. No comprendí su nombre. incluso antes de que nadie se hubiese atado los cinturones. rebasaba los treinta. Ivy había estado tratando de convencerme. y lo que me puso nervioso hasta el punto de no dejarme conciliar inmediatamente el sueño no fue la revista que distribuyó la azafata. con tres horas de retraso a causa de las borrascas de nieve. novedad que yo ya había leído a mediodía. Nueva York. ni rastro..

un vuelo como otros muchos se habían hecho. quería descansar y la gente obliga a hacer un esfuerzo. —Buenos días —me dijo mi vecino. pero fue inútil. 6 . nos sirvieron un consommé caliente. Mi vecino leía un libro de bolsillo. Supuse que se encontraba por primera vez en los Estados Unidos pero que. le veía. en aquel mismo instante. a pesar de ello. Apenas me hube despertado. volando a gran altura: un vuelo tranquilo. Yo fingí seguir durmiendo. Estuve descortés. De nada me sirvió cerrar los ojos. era un rostro muy alemán. Yo no discutí. Traté de olvidar su cara rosada. nuestras hélices resplandecían al sol de la mañana. pasó a hablar de radar. envaradas en el espacio. estaba definitivamente desvelado. y al alemán (a su deficiente inglés había yo contestado en alemán.Max Frisch Homo Faber pesar de que no tenía ganas de fumar y le di las gracias.. con los ojos cerrados. Luego saqué mis papeles de la cartera. acerca del cual entendía muy poco. Yo apenas abría la boca. luego. desgraciadamente. ni un día sin conferencia. nada de vaivenes: estábamos inmóviles en un cielo sin nubes. tenía ya formado sobre ellos un concepto total e inalterable. Después me dormí. —¿Ha descansado bien? —preguntó. Los baches cesaron. juzgaba a los americanos faltos de cultura) algunas cosas. curiosas planchas que se ven y dejan ver a través. de tan cansado que estaba. posiblemente. Yo le devolví el saludo. conozco la región. Reflexioné con los ojos cerrados. un «Rororo». cerré los ojos para seguir durmiendo. Habló del tiempo. con lo cual él descubrió inmediatamente que soy suizo) no había quien le detuviera. Continuábamos subiendo. Se vislumbraban los afluentes del Mississippi. y mi vecino no me dejaba en paz. como por ejemplo la simpatía de la mayoría de americanos por los alemanes. Acababa de pasar una semana muy dura. No puedo decir por qué aquel individuo me ponía nervioso. me puse a mirar por la ventana. los motores funcionaban a la perfección. lo conseguí y dormí casi seis horas. las alas resplandecían también. por así decirlo. Cuando hube terminado la última cucharada de consommé. no obstante lo cual se veía obligado a reconocer (en general. y volví a tomar la revista. Nos hallábamos (lo vi con el ojo derecho) en algún lugar sobre el Mississippi. aunque entre nieblas iluminadas por el sol: red de irrigación de cobre o bronce. se lanzó rápidamente al tema de la comunidad europea. volvió a ponerme nervioso. como era costumbre hacer después de la segunda guerra mundial. Pedí el desayuno. era muy temprano por la mañana.. Estaba ya tomando el desayuno. pues no sentía deseos de trabar relación. me parecía conocer aquel rostro. dispuesto a trabajar. de vez en cuando un rayo y el resplandor rojo en el casco del motor. a pesar de que no se veía sino la luz intermitente verde en el extremo del ala mojada.

más seguro —no puedo sufrir ir mal afeitado—. En el momento de abandonar el avión y de separarnos en la aduana. yo como suizo no lo podía juzgar porque no había estado nunca en el Cáucaso. porque al Iván las demás cosas no le hacían la menor impresión. Me comí mi manzana. y me los tendió. ¡Ya lo creo que conocía al Iván! Lo repitió varias veces. Decidí sentarme en otro sitio. Entretanto yo iba mondando mi manzana. que me había acompañado ya a dar media vuelta al mundo. Texas. donde se apearía mi vecino. Eso ocurría en Houston. no obstante. por su parte.. lo cual no impidió que continuara poniéndome nervioso. y hasta México-City. era una tragedia. afeitado. después de la acostumbrada discusión por mi aparato fotográfico. mi vecino dejó de tratarme como suizo y empezó a escucharme como se escucha a una autoridad. con verdadero respeto. de manera que me sentía más libre. pero él sí que había estado en el Cáucaso y conocía al Iván. Lo olvidé inmediatamente. pero que los rusos obligaban a América a seguir fabricando armas. mi amigo. a pesar de que Joachim. una sensación estúpida. era un disparate. me recordaba. no que me doliera. como me ocurría a menudo en esos últimos tiempos. No sé lo que estuve pensando.. no me gustan los alemanes. Parece que la UNESCO produce el mismo efecto que las demás cosas internacionales. resultaba la cortesía en persona. Después de la aduana. se me ocurrió lo que había estado pensando antes: su rostro (rosado y rollizo como no había sido nunca el de Joachim). Me senté en mi asiento y. Al tiempo que guardaba mis papeles en la cartera le di las gracias. por lo menos. para que nadie los pisara.. ninguna molestia.. me dirigí al bar para tomar algo. todavía quedaban asientos libres. Cuando regresé a la cabina. pero vi que el caballero de Düsseldorf ya estaba sentado en el bar y que reservaba 7 .. sentía sólo que tenía estómago. puedo hablar de ello mientras pienso en otras cosas. pero los asiáticos siguen siendo asiáticos. con un interés que lindaba en la sumisión. cuatro horas. al que sólo se podía convencer con las armas. no sentía la menor curiosidad por conocer más a fondo a aquel caballero. ya que él lo aprovechó para hacerme inmediatamente una serie de otras preguntas. como había hecho Hitler. Me alegré de tener que hacer escala. Claro que dividir la humanidad en hombres superiores y hombres inferiores. Saqué la máquina de afeitar eléctrica de la cartera para afeitarme o mejor dicho para estar un cuarto de hora solo. a Joachim. AYUDA TÉCNICA A LOS PAÍSES SUBDESARROLLADOS .Max Frisch Homo Faber Dijo que ningún alemán deseaba el rearme. Quizá fuera éste el motivo que me hizo poner antipático. En el lavabo me planteé si no me podría sentar en algún otro sitio. ¿Tal vez trabajaba para la UNESCO? Yo me «sentía» el estómago. le empecé a hablar de mi trabajo. por lo visto con demasiada efusión. faltaban todavía.. él se había permitido recoger del suelo mis papeles. ¡Sólo se le podía convencer con las armas!. dijo. para no ser antipático. también era alemán.

estaba ahora junto a mí. traté de poner la cara debajo del grifo. igualmente amarillo-violáceas. KINDLY REQUESTED (por favor). Supuse que era el efecto de la luz de neón y me sequé las manos. (El avión va a despegar. su boca enorme.. (¡Atención.. dijo que había sido un placer (pleasure) para ella. La negra seguía arrodillada. luego otra vez: PLANE IS READY FOR DEPARTURE. Me sudaban las manos.Max Frisch Homo Faber un taburete.GUATEMALA . por lo tanto también en los sótanos: YOUR ATTENTION PLEASE.. por favor!) En seguida me sentí mejor. yo le dejé sencillamente el billete allí. salidas. nada más. Me levanté. luego el acostumbrado altavoz que penetra en todas las dependencias. La negra se negó a aceptar dinero. sólo para perder tiempo. a pesar de que en aquel lavabo hacía más bien frío. 8 .Panamá). por favor!) No sé qué ocurrió. no comprendí por qué la negra se echó de pronto a reír. una negra gorda que limpia los lavabos y a la que antes no había visto. ruido de motores. YOUR ATTENTION PLEASE.) Yo lo oí. no sabiendo qué hacer. YOUR ATTENTION PLEASE! (¡Atención. y me obligó a volver a tomar el dinero. posiblemente para mí.Guatemala . oí el potente altavoz mientras todavía estaba de cuatro patas: PLANE IS READY FOR DEPARTURE. pero ella me anduvo siguiendo hasta la escalera. Me sequé la cara con el pañuelo.. sus ojos blancos y negros. su cabello crespado. la negra estaba arrodillada a mi lado. un ataque de sudor con mareo. luego otra vez: PASSENGER FABER. había sido un ataque de sudor. Juré que no volvería a fumar en la vida. sumergí el rostro en la pila abierta con la esperanza de que siguieran el viaje sin mí. en parte gris y amarillenta surcada de venas violáceas. que Dios había escuchado su plegaria. mi cara. no podía pasar. PASSENGER FABER. GATE NUMBER FIVE. (Sírvase pasar por Información. PASSENGER FABER! (¡Pasajero Faber!) Ése era yo. el agua apenas estaba más fresca que mi sudor. luego me las sequé: blanca como la cera. Parada: 20 minutos. mientras la negra me sacudía los pantalones.) Dos veces: PLANE IS READY FOR DEPARTURE. interrumpido por el ruido de los motores. repugnante como un cadáver. de donde. Mi cara en el espejo. Sólo sé que cuando volví en mí. vi su enorme boca de labios negros... llegadas. PASSENGER FABER. PLEASE TO THE INFORMATION-DESK. la risa sacudía su pecho como un flan. ALL PASSENGERS FOR MÉXICO . Me peiné incluso. donde. una imagen de África de tamaño natural. el altavoz seguía dando informaciones.PANAMÁ (Todos los pasajeros para México . y me fui directamente al lavabo. THANK YOU (puerta número cinco. Gracias). Conozco estos avisos por altavoz. fuera hacía calor. mientras me estuve lavando las manos durante varios minutos. verme resucitar. por ser negra. pero no pude porque la cubeta me lo impedía. me lavé las manos. sus encías color de rosa.

pero las hélices no funcionaban. yo empecé a sudar de nuevo y tuve que sentarme para no desmayarme. yo no podía soportar ya más aquella espera de mi persona y volví a dirigirme al sótano. La verdad es que no tenía ganas de seguir volando. otro telegrama a Nueva York. Éste estaba. los tanques Shell habían desaparecido. Aguardé detrás de la puerta cerrada hasta haber oído el zumbar de un aparato al despegar. sin mí.. mientras. cuando el altavoz volvió a proferir: YOUR ATTENTION PLEASE! Durante unos segundos no se oyó nada... Permanecí en mi escondrijo hasta estar seguro de que el altavoz había desistido en su empeño de buscarme. No sé. subí a la terraza de observación para ver nuestro aparato. Texas. un Super-Constellation. Cada vez que sonaba el altavoz. encendí un cigarrillo.. Luego. por lo menos diez minutos. PASSENGER FABER. pero las cuatro cruces de las hélices seguían inmóviles. y luego en el fondo de la copa. desde fuera se me podían ver los pies. para hacer algo. al parecer. no tengo costumbre de ser el último. por qué me escondía. ROSENTHAL. luego. Estaba avergonzado. Era una voz de mujer. el hombre de Düsseldorf iba entre los primeros. Me acomodé en un taburete alto. AND MRS. yo di un suspiro de alivio al ver la comitiva de nuestros pasajeros atravesar el campo desierto para ir a subir al avión. Yo esperaba ver cómo las hélices se ponían en marcha. para que no caiga ningún trozo de hielo en la copa.. contemplé cómo el barman echaba la aceituna de costumbre en el agua fría. y se repitió aquel: PASSENGER FABER. el altavoz resonaba también allí: PLEASE TO THE INFORMATION-DESK! Pero no se refería a mí. fuera roncaban en aquel momento los motores del Super-Constellation al despegar... Nadie podía suponer que se refería a mí. esperé. todo parecía marchar sin mí.. me dirigí a la Western Union para poner un telegrama referente a mi equipaje que viajaba. Dejé un billete encima del mostrador. volvía a guardarme el bolígrafo en el bolsillo 9 . luego otro telegrama a Caracas diciendo que aplazaran por veinticuatro horas el montaje.. ¡conozco perfectamente su zumbido!. entonces me froté la cara para no llamar la atención por mi palidez y abandoné el retrete como un pasajero cualquiera silbando para mi capote al cruzar el vestíbulo. (Éste es el último aviso. fuera. en realidad. y yo me dije que ya no podían esperar mucho tiempo más. no tenía la menor idea de qué iba a hacer en aquel Houston. de nuevo: PASSENGER FABER.. Era curioso: de pronto. hacia México.) Dos veces: THIS IS OUR LAST CALL. escuchaba. Miss SHERBON. MR.Max Frisch Homo Faber El bar estaba vacío. y compré un periódico. ¡Sin mí! Yo estaba bebiendo mi «drymartini». donde me escondí detrás del cerrojo de la puerta de un retrete. con el gesto de siempre: con el pulgar sostiene el colador en la boca de la coctelera de plata. luego éste con su habitual zumbido pasó por encima de nuestras cabezas y se alejó.. THIS IS OUR LAST CALL. a punto de despegar.. PASSENGER FABER. se oyó pasar un Super-Constellation que se dirigía a la pista para despegar. Yo esperé.

Con ello quedó liquidado el tema. llegamos tarde. tropicales. (Llegamos tarde. andaba como un reo al que conducen de la cárcel al juicio: mirada fija en el suelo. Le deseé mucha suerte. por lo visto. no me resultaba difícil de imaginar: tierras bajas. La cuestión me interesaba por cuanto yo también me ocupo de aumentar el rendimiento de territorios subdesarrollados. Faber. le encontraba incluso simpático. desde Flores. Le deseé mucha suerte. me aseguró que incluso un Nash había cruzado aquella selva. Un hermano suyo. Lo que mi vecino me contó luego era interesante. en general. los únicos nombres (rojos. Un despegue habitual. según me pareció. tierra de nadie. (Lo siento. al que había olvidado. —I'm sorry —dije—. todo es pura cuestión de comunicaciones.Max Frisch Homo Faber cuando nuestra azafata.. Mr. pero nada desdeñable. Mister Faber. volvieron la cabeza sin hacer comentarios. que vivía allí desde hacía meses. al que. él. En su mapa (1:500.. tenía.. luego en la escalera que. sólo legibles con lupa) correspondían a ruinas mayas. dificultades con el clima. mientras que desde Palenque (territorio de México) se llega fácilmente en jeep. pronunciando toda clase de excusas que no tenían el menor interés. que llevaban todos ya los cinturones puestos. con evidente preocupación: ¿qué me había ocurrido? Yo le dije que se me había parado el reloj y me puse a darle cuerda. la base indispensable de un buen cigarro —dijo— es un buen tabaco. me cedió inmediatamente el asiento junto a la ventana. me agarró por el codo: —There you are! (¡Hele aquí!) No supe qué contestar. —We're late. puerto de embarque en Puerto Barrios.) Yo la seguí. Yo fumaba y miraba por la ventana: debajo de nosotros el golfo 10 . en territorio de Guatemala. I'm sorry. blanca. fue retirada. incluso tal vez algún pequeño campo de aviación. Era la primera vez que él iba a aquellas tierras. sol vertical. humedad en la época de lluvias. quizá represente realmente el futuro de los cigarros puros alemanes. hacia un SuperConstellation. sólo se podía alcanzar a caballo. ahora que no tenía molestias de estómago. con la consabida lista en la otra mano.. reconoció que los cigarros alemanes no son todavía lo mejor del mundo. Mi vecino volvió a doblar el mapa. Población: indios. we're late. he aquí una empresa audaz. dos líneas azules entre fronteras de Estado verdes. estuvimos de acuerdo en que hay que construir carreteras. en cuanto penetré en la cabina. por su parte. Extendió un mapa. y el caballero de Düsseldorf. por lo que pareció. sin soltar los telegramas ya inútiles. Las plantaciones que su empresa comercial esperaba establecer estaban situadas.) Los pasajeros.000) tampoco se veía nada. ríos. en el fin del mundo.

apareció también el profesor O. resultaba desagradable. todo lo demás no me importaba. Hora: las 10. pero soñé con Ivy. rojas y amarillas. en todo caso.. pero yo me di cuenta de todo antes de que ella me lo explicara.. luego. me había agarrado del hombro izquierdo para despertarme. por lo que recuerdo. el cuarto de arriba a la derecha. no sé cómo.. (Gracias. el capitán: THERE IS NO DANGER AT ALL... nos hallamos a 8. yo inspeccioné con la lengua si verdaderamente no se me movían las muelas. en realidad.. En aquel momento estábamos volando a dos mil metros de altura. juego de colores como siempre. la lotería. el golfo de México..) Se trata sólo de una medida de precaución. Nuestra azafata. Leía su novela.) Todos permanecieron como en la iglesia. rumbo a Tampico. ni siquiera el diente de espiga.5 millas de la costa mexicana. como ya he dicho.. Naturalmente. Delante. barullo. pero lo más absurdo de todo era que yo estaba casado con el individuo de Düsseldorf. una hélice formando una cruz estática en el cielo sin nubes. el mar. me sentía oprimido. en el pasillo.. por lo menos. mi vecino permanecía callado. eso era todo.. lo he filmado muchas veces. (No hay el menor peligro. A mí no me gustan las novelas. se ruega a todos los pasajeros que no se muevan y que. me hice cargo de la situación: Debajo de nosotros. no he estado nunca). Debajo de nosotros. una niña a juzgar por su aspecto. una serie de nubecitas y sus sombras moradas sobre el mar verdoso. estaba en una sala de juego de Las Vegas (donde... 11 . THANK YOU. nuestro vuelo era completamente tranquilo. tampoco me gustan los sueños. las tenía todas como guijarros en la boca. una muchacha de veinte años.. todos con el salvavidas verde alrededor del pecho. no se me habían caído las muelas. no cesaba de llorar. altavoces que no cesaban de repetir mi nombre. yo esperaba con un grupo de gente desnuda para pedir el divorcio (cuando en realidad no estoy casado). a pesar de que es matemático y profesor de electrodinámica. pero completamente sentimental. un caos de máquinas automáticas azules. me sentí aliviado. no fumen. mi querido maestro en la Escuela Técnica Superior Federal. porque sentía que se me acababan de caer todas las muelas.25. con aire de buen humor como se acostumbra a tener en los ensayos de alarma de ese tipo. de momento. pero no podía abrir la boca sin tapármela con la mano. cerré los ojos para recuperar un poco de sueño del que Ivy me había privado. verdaderamente satisfecho. Yo quería protestar. Apenas despierto.. mientras me ofrecía un salvavidas verde.Max Frisch Homo Faber azul de México. nuestro aparato puede volar incluso con sólo dos motores. Era el motor de la izquierda el que estaba averiado. además.. mi vecino se estaba abrochando el salvavidas. donde se puede ganar dinero.

arena.. así lo dije al de Düsseldorf. no acababa de comprender. pero lo que es nosotros. como se demostró. no suelo hacer— no estaba para dar explicaciones. ¡Ya se podía volver a fumar! Tal vez el aeródromo de Tampico era pequeño para nuestro SuperConstellation (en aquella época era un DC-4) o habían recibido orden de dirigirse a México-City. Parece que yo pronuncié toda una conferencia sobre amibas y sobre los hoteles de Tampico.. sino súbitamente tierra adentro. ya verá usted. cosa que no acostumbro. El hombre intentó una sonrisa. sino lagunas. Asintió sin escucharme. en ocasión de una intoxicación por pescado que no olvidaré hasta el fin de mis días. sólo para decir algo. dispuesto a pedir información a la azafata. subíamos. Yo estaba asombrado.. pantanos y más pantanos. ni hablar de peligro. Efectivamente. poco profundos y turbios. pase lo que pase. En cuanto vi que el individuo de Düsseldorf no me escuchaba.. —Tampico —dije— es la ciudad más sucia del mundo. en medio franjas de tierra. pues en aquel momento el capitán la acababa de llamar. Le pregunté qué hora tenía exactamente. un desagüe. después otra vez azul celeste líquido (como los ojos de Ivy) con fondos amarillentos. —Los indígenas.. cosa que. que no coma pescado. están inmunizados —le dije—. apesta a pescado. Pero todavía no se vislumbraba Tampico. Pero si no era así.. no eran pantanos. Yo conocía Tampico de otra vez. oscuras. —Le aconsejo de verdad —dije—. cuando no apesta a petróleo. en 1951. Debajo. y allí donde se refleja el sol.. los pantanos en parte verdes y luego otra vez rojizos.. No me contestó. marrón 12 . le agarré de la manga. en realidad. lo cual no acertaba a explicarme. manchas como tinta violeta. no me escuchaba. en todo caso reflejos metálicos. no volábamos. cosa que yo.. naturalmente. rojos como pintura de labios. No me contestó. Yo traté de pensar en Ivy. Odio las situaciones solemnes. un puerto petrolífero. De manera que no nos dirigíamos a Tampico. Entre tanto. Los otros tres motores marchaban perfectamente. brilla como filetes de oro o de estaño. Seguíamos subiendo. habríamos llegado ya a México-City. teniendo en cuenta la Sierra Madre Oriental que aún nos faltaba salvar. Mi vecino se tocó el salvavidas.Max Frisch Homo Faber De no ser por el retraso a causa de la ventisca en los Estados Unidos. más allá pantanos. Nuestra azafata —yo la agarré del codo. Y le conté toda la historia de mi aburrida intoxicación en Tampico.. pese a la avería del motor. o sea hace seis años. probablemente alguna planta acuática. al contrario: odio esta manía de agarrarse mutuamente de la manga. de pronto. a lo largo de la costa. como ya he dicho antes. luego apareció la costa envuelta en niebla. una especie de laguna. vi que manteníamos la altura.

A partir de aquel momento. se temía que fallasen también los otros motores.. aquí no lo hay. no danger at all. Cuando. Alguien profirió un grito. mientras el aparato vuela tierra adentro. otro bache. el pánico. como ya he dicho antes. el de Düsseldorf. de pronto se paró otro motor y se desencadenó. le dieron orden de servir el almuerzo.Max Frisch Homo Faber como el café con leche americano. luego otra sacudida hacía bascular las alas y otra vez el titubeo hasta que el aparato se estabilizaba y subía como si hubiese alcanzado definitivamente la serenidad.. en cuanto se le gastaba una broma. mi vecino. El hombre de Düsseldorf también tenía la impresión de que subíamos. con tres motores. Sierra Madre Oriental. yo observaba los tres discos resplandecientes. durante algunos minutos el vuelo era tranquilo. sonriendo como si fuese un cartel de anuncio. que a veces parecían detenerse. Afortunadamente. Sir.. Debajo. todo ocurrió muy de prisa. No había motivo de alarma. la temperatura normal. señora.. poco después.. el tiempo estaba también magnífico tierra adentro. el desierto rojo. era inevitable a pesar del almuerzo sobre las rodillas. subiendo. Nuestra azafata me daba lástima. y lo que me pone nervioso es sencillamente esa información idiota: Rumbo Tampico. mirar si todo el mundo llevaba bien ajustado el cinturón. naturalmente. We're going to land in México-City in about one hour and twenty minutes. A lo lejos. pero. a pesar de que todavía no era hora de almorzar. le dije (claro que en broma).. o mejor dicho por la muñeca. lo único que resultaba extraño era ver la cruz fija de una hélice parada en pleno vuelo. que ella había sido quien me había obligado a hacer aquel viaje. se tambaleaba hasta volver a encontrar el equilibrio. Yo le pregunté si se podía nadar en los picos de las montañas. ella y nadie más que ella. Un buen mapa como los ofrece la Swissair. Tenía que ir de fila en fila.. lo cual es debido a una ilusión óptica: una sacudida negra.. Órdenes eran órdenes. La muchacha me dijo: —There is no danger. aunque con algunos remolinos como suele hacer ante las montañas.. Por lo visto. La gente volvía a hablar. más o menos. las montañas azules. (No hay peligro. casi sin nubes. de 13 . a poco. y yo nos disponíamos a tomar nuestro almuerzo —lo de costumbre: zumo.) Lo mismo iba diciendo a los demás. Vamos a aterrizar en México-City dentro de una hora y veinte minutos. Yo la solté para que pudiera volver a sonreír y cumplir su obligación. levantando el dedo.. Yo agarré por el brazo a aquella joven que hubiera podido ser mi hija. perdía la sonrisa. no hay el menor peligro. como suele ocurrir al entrar en un torbellino. para volver luego a hundirse con balanceo de alas. sí. un bocadillo blanquísimo con lechuga fresca—. A poco. como de costumbre. y preguntar si todo el mundo se encontraba bien en su salvavidas. de manera que nuestro aparato acusaba los baches.

descender como en un ascensor. aunque nos hallábamos todavía a unos quinientos metros sobre tierra firme.. No pensaba en nadie. raudas. (Prohibido fumar. un retal gris sobre la arena rojiza que iba revoloteando. Luego. como ya he dicho. Después. y además las zapatas de los frenos.. en el aterrizaje forzoso. el altavoz gruñía y chirriaba de tal manera que apenas se podía comprender una palabra de lo que decía. yo tampoco. Por lo visto. y yo puse mi almuerzo sencillamente en el suelo del pasillo. nuestro aparato corría el peligro de estrellarse o incendiarse. todo completamente pelado. bajábamos. todos estábamos inclinados hacia delante colgando de los cinturones.. En el último momento perdí los nervios. En todo caso.. yo me pegué contra la ventanilla. —Go on —dijo el capitán—.. sólo estábamos llenos de curiosidad. debajo de nosotros arena. pero arena con pitas. que se hacían sentir como un puño contra el estómago. cuando están ya fuera las zapatas de los frenos. De pronto. pero a la altura de una casa. En realidad. Luego rocas. desierto..Max Frisch Homo Faber manera que se decidió hacer un aterrizaje forzoso.) No ignoraba que. volvieron a izar el tren de aterrizaje. Ahora no había torbellinos. nadie abrió ninguna salida de urgencia.. frenar. No SMOKING. así me lo parecía por lo menos. afortunadamente. ambos motores a todo gas. nuestro aparato evitaba cualquier curva para dar un bajón. apareció de nuevo el tren de aterrizaje. ¡De manera que aterrizaje de bruces! Volábamos como cuando se vuela a gran altura. corría más de prisa que nosotros. con relativa tranquilidad y sin tren de aterrizaje. 14 . de manera que el aterrizaje forzoso no fue para mí sino un golpe ciego. otra vez arena. con los dos neumáticos inmóviles en el aire como se acostumbra al ir a aterrizar. y yo sabía que no habría pista y. go on. yo mismo estaba asombrado de mi sangre fría. Me asombré de que no aparecieran. (¡Adelante!) Nadie se movió. sin embargo. seguía con la cara pegada a la ventanilla. y volamos por encima del llano propicio. sin que se divisara ninguna pista. silencio. por cuanto estas pistas sólo se ven siempre en el último momento. las pitas y me cubrí el rostro con las manos). Ahora volvíamos a subir. nuestra sombra se nos acercaba cada vez más.. Tengo que confesar que nos quedamos atontados. como ya he dicho antes. un valle llano entre colinas que parecían ser rocosas. nadie se movió. una caída hacia delante en la inconsciencia (sólo vi pasar a cada lado. Mi primera preocupación: ¿dónde meto la bandeja del almuerzo? Bajábamos aunque nos habían dicho que dos motores bastaban. así volamos durante varios minutos a la altura de una casa. Todo ocurrió con mucha rapidez. —Go on. Descendimos como si hubiera una pista debajo.

todavía no sabría hoy que soy padre.000. como tanto le gusta al profano. no se acercó ninguna escalerilla.000. pero sobre todo arena y más arena. sólo el tren de aterrizaje delantero estaba torcido. quizá no habría oído hablar nunca de Hanna. y lo más frecuente parece ya de buenas a primeras más verosímil. como técnico.. las montañas rojizas a lo lejos. pero ni siquiera estaba roto. (Bueno. sino únicamente por su frecuencia. No comprendo por qué nadie se quitó el salvavidas. arena. Y se echó a reír. ¿Por qué. las matemáticas me bastan. nadie decía una palabra. Di cuerda al reloj. por lo visto. hubo que decir a la gente que se podían soltar los cinturones. No lo puedo negar: fue algo más que una casualidad que todo sucediera como sucedió. Es imposible imaginar hasta qué punto todo hubiera sido diferente sin aquel aterrizaje forzoso en Tamaulipas. que la puerta estaba abierta. ya hemos llegado).000 de jugadas con un dado regular de seis caras salgan aproximadamente 1.000. con el centelleo del aire cálido encima. Hora: las 11. Pero cuando ocurre lo improbable no es por nada superior. there we are. Alrededor sólo agaves.000. y si ocurre alguna vez lo improbable no hay motivo para maravillarse. la escala de cuerda. Nadie se movía. La tripulación sacó mantas de lana para proteger los neumáticos del sol mientras nosotros continuábamos con los salvavidas verdes.05. Cuando hablamos de probabilidad comprendemos también la improbabilidad como caso límite de lo probable. lo mismo que los tres timones de la cola. un aire sofocante. Tal vez Sabeth viviría aún. un aire como vidrio líquido. todos nos reunimos en la sombra del ala. Yo estaba ileso. ni estremecerse.000 de unos) y lo improbable (que entre 6 jugadas con el mismo dado salgan seis unos seguidos) no difieren por su esencia. amarillenta. —Well —dijo—. Las cuatro cruces de las hélices brillaban en el cielo azul intenso. no habría conocido a ese joven Hencke. como si en el desierto estuviera terminantemente prohibido hablar. milagroso o algo así. porque se había hundido en la arena. Pero ¿por qué llamarla Providencia? Yo no necesito ninguna clase de mística para admitir lo inverosímil como un hecho experimental.Max Frisch Homo Faber Por suerte no se había producido ningún incendio. Sin necesidad de que lo ordenaran. fue toda una cadena de casualidades. Yo no creo en una Providencia ni en un Destino. más lejanas de lo que antes habíamos creído. Y hablando en términos matemáticos: Lo probable (que entre 6. 15 . pero. naturalmente. Finalmente. sin hacer nada. como ya he dicho. como uno está acostumbrado a ver. Nuestro SuperConstellation estaba algo capotado hacia delante.. estoy acostumbrado a calcular según las fórmulas de probabilidad. todos esperaban que el capitán dijera algo. no mucho. Providencia? Reconozco que sin aquel aterrizaje forzoso en Tamaulipas (2-IV) todo hubiera sido distinto. ni creer en ningún misterio. sino sólo un gran calor como cuando se abre un horno.

. Ni siquiera se necesita escuchar cuando el otro habla. una especie de araña.. y menos el desierto. nos sobrecogió el frío. que hace por lo menos veinte años que no me ha escrito. —Vamos a dormir —le dije—. y desapareció (filmado por mí) en dirección norte. vacaciones en el desierto con todas las comodidades. pero ni pizca de sensacionalismo. porque él se interesó por mi cámara. Poco antes del anochecer apareció un avión militar. No teníamos más remedio que esperar. Hans Reichenbach. pero sin echarnos nada. de pronto. Uno se queda contemplando el damero y no resulta descortés si no se demuestra interés por trabar amistad. Teoría de la probabilidad. Y además. duró cuatro días y tres noches. nos habíamos alejado a paso ligero para fumar un cigarrillo. —Eso no lo dirá en serio —exclamó el de Düsseldorf. «Hotel Super-Constellation. Principia Mathematica. Holiday In Desert With All Accommodations». México. Él lo encontraba maravilloso. a la sombra.. como pude comprobar muy pronto. hubiéramos podido seguir jugando al ajedrez de tanta luz que había. Descubrí por pura casualidad que no sólo conoce a Joachim. sólo con zapatos (a causa del calor de la arena) y shorts—.Max Frisch Homo Faber Véase en relación con ello: Ernst Mally.) 16 . sino que se toma el juego en serio. una experiencia grandiosa (como parece esperar todo el mundo cuando me oye hablar de ella). Afortunadamente. Claro que pensé inmediatamente también en la película de Disney. estuvimos salvados. no lo fue. Probabilidad. de vez en cuando una lagartija. en total 85 horas. estadística y realidad. en plena arena: allí le confesé que el paisaje no me interesa. (Hotel Super-Constellation. Von Mises. mi amigo. —Le toca a usted —me dijo. sino que es su hermano. y poco puede decirse de ella. que era realmente grandiosa y tomé en seguida la cámara. Probabilidad y ley. Cena: un bocadillo de queso y medio plátano. jugaba también al ajedrez. demasiado calurosa. dio varias vueltas encima de nosotros. Whitehead y Russell. y como yo viajo siempre con mi estuche de ajedrez. eso era todo. rumbo a Monterrey. Nuestra estancia en el desierto de Tamaulipas. debajo del timón de la cola — desnudos.. La tarde pasó muy deprisa. yo le expliqué cómo funcionaba el aparato óptico. pero. Cuando salió la luna (eso también lo filmé) entre las pitas negras del horizonte. Lo primero que hice en el desierto de Tamaulipas fue presentarme al individuo de Düsseldorf. A mí me gusta el ajedrez porque permite pasar horas enteras sin hablar. él dispuso inmediatamente dos cajas vacías de Coca-Cola. nos sentamos un poco apartados para no oír la conversación general. Otros leían. que me asustaba.

Veo perfectamente a qué se refieren: no estoy ciego. por pura mística. lo siento. ¿Por qué tendría que imaginarlos? No veo tampoco ángeles petrificados. Lo que veo son pitas. un objeto de la gravitación. mientras estábamos allí. cosa que no me sorprende. no veo por qué razón allí. sino sólo arena. por mucho que la luna lo ilumine como quiera. Estoy tiritando. Veo la luna sobre el desierto de Tamaulipas —más clara que nunca. sino explicable. pero no una experiencia maravillosa. y no nos encontramos en ningún reino de los muertos. una planta que sólo florece una vez y luego muere. eso habría que verlo de cerca para asegurarlo. ni demonios. en dirección a Tampico. tal vez el de las pitas negras en la noche del desierto. México. Sé además que no soy (aunque de momento lo parezca) el primero ni el último hombre sobre la tierra. lo cual es algo desagradable. habría de empezar el más allá. seguía con su experiencia maravillosa. pero yo sé que son rocas. a unas veinte millas de aquí. ¿El fin del mundo? ¿Por qué? No puedo inventar esas tonterías sin otro objeto que tener una experiencia maravillosa. —Venga conmigo —le dije. tal vez sí. probablemente volcánicas. con las manos en los bolsillos del pantalón.Max Frisch Homo Faber Yo tenía frío. a unas sesenta millas de la carretera más próxima. Me niego a tener miedo por pura fantasía. nada más. nos disponíamos a subir a la cabina. pero la considero una masa calculable que gira alrededor de nuestro planeta. Yo no sé qué aspecto tienen las almas en pena. y soy incapaz de dejarme impresionar por la mera idea de ser el último hombre. pero ¿por qué una experiencia maravillosa? Veo las rocas recortadas. pero sé que dentro de siete u ocho horas volverá a salir el sol. Conozco Tampico. Herbert no se movía. pero ningún fantasma. pero es la Sierra Madre Oriental. ¿De qué podría tener miedo? Ya no existen animales prehistóricos. negras ante el resplandor de la luna. iluminada por la luna. no oigo otra cosa que el crujir de la arena debajo de los pies. yo no lo encuentro fantástico. sino únicamente un Super-Constellation con avería del motor. piedras. rizada por el viento como si fuera agua. 17 . Para mí un avión es un avión y no veo ningún pájaro muerto. blanquecino en la noche verde. me niego a fantasear por puro miedo. sino en el desierto de Tamaulipas. ¿A qué ponernos histéricos? Las montañas son montañas. Muchas veces me he preguntado qué debe querer decir la gente cuando habla de una «experiencia» maravillosa. Veo el horizonte de arena. ¿tiene usted algún parentesco con un tal Joachim Hencke que estudió en Zurich? Se me ocurrió de repente. según calculo. interesante. Yo soy técnico y estoy acostumbrado a ver las cosas tal como son. sólo veo lo que veo: las formas corrientes de la erosión y mi larga sombra que se proyecta sobre la arena. ¿Por qué he de figurarme que asisto a lo que no es verdad? Tampoco logro oír nada parecido a la eternidad. puede ser que parezcan cuerpos dentados de animales prehistóricos. aunque posiblemente bajo una determinada iluminación parezcan algo distinto. es decir. ¿Para qué ponerse cursi? No veo tampoco el diluvio universal. y el cuello de la chaqueta levantado. —Por cierto —le dije—. porque eso no es verdad.

gracias. la mayoría con las bocas abiertas. porque así 18 . —me dijo. Lo que me contó no tenía nada de extraordinario: se había casado. los pasajeros sentados como si volaran. durmiendo en sus asientos con las cabezas torcidas. frías.. pero envueltos en un silencio mortal. la arena clara. Herbert volvía a leer su «Rororo». —¿Por qué? —Joachim es el único blanco allí —dijo—.... La mayoría de los pasajeros dormían ya. el campo de concentración. las alas iluminadas por la luna. la luz de la cabina estaba apagada. no había que preocuparse.. —¿Por qué un motín? —dije—. me estremecí por el espacio de un segundo. —¿Cómo le va? —pregunté—. Yo me quedé asombrado de cómo corre el tiempo. etc. resplandecientes. pues de lo contrario no se lo hubiera vuelto a preguntar). precisamente le dije que iba a ver a mi hermano en Guatemala.Max Frisch Homo Faber —¿Joachim? —dijo él—. sólo. —¡Qué pequeño es el mundo! Pasábamos las noches en la cabina tiritando en los abrigos y mantas de lana. de cómo envejecemos. —Entonces —le dije—. montar turbinas en Caracas. éramos muy amigos.. No tuvimos más remedio que reírnos. claro que sí. es mi hermano. cuando miré por la ventanilla y vi la arena. hubiera sido más prudente no decir nada.. sino que está parado en el desierto. Hace veinte años que no tengo noticias suyas. incluso bebidas. estábamos a oscuras.. tenía una hija (lo cual no debí oír.. —Sí —dijo Herbert—. innecesariamente. —¿Por qué un motín? —pregunté.. el regreso a Düsseldorf.. Yo saqué mi agenda: «3 del IV. —Estamos preocupados. la tripulación hizo té mientras hubo agua. y el exterior. resultaba un espectáculo extraño. teníamos que hablar en voz baja. y. la proximidad de la arena.. Alguien nos pidió que nos calláramos de una vez. Procuré tranquilizarle. Me dio más detalles. luego la guerra. Alguien habló en sueños. las cuatro cruces brillantes de las hélices. y hace dos meses que no tenemos noticias. nos habían pedido que apagásemos también la lamparilla de encima del asiento. el resplandor blanquecino de la luna sobre las alas. Cuarenta y dos pasajeros en un Super-Constellation que no vuela.» Para desayunar nos dieron un zumo y dos galletas. —Bien —contestó Herbert—. asegurándonos que los víveres estaban en camino. un avión cuyos motores están envueltos en mantas de lana (para protegerlos de la arena) y con mantas alrededor de cada neumático. para ahorrar batería. fuera. todo inmóvil. tal vez se han perdido sencillamente las cartas. —No me diga —repliqué yo. Al despertar por la mañana...

era sólo un zumbar lejano. Se me ocurrió preguntarle: —¿Joachim ya no está casado? —No. Los ánimos decayeron más aún. en su reflejo blanco como la nieve. como si nadie hubiera pasado jamás por allí. Quise afeitarme. Nosotros nos manteníamos alejados. se precipitaron bajo el sol ardiente para observar el cielo violeta sobre la arena amarillenta. como de costumbre. de tal manera que incluso en la sombra se estaba como debajo de un reflector. me ponía nervioso no poder fumar. donde deberíamos de haber llegado nosotros ayer a esta hora. deslumbraba con el reflejo de la arena al sol. en el sentido de limitar su vestido a zapatos y calzoncillos. ni enchufes. que por lo demás no se veían. ni nada. pero sin corriente eléctrica esas máquinas no sirven para nada. Sus monosílabos me ponían nervioso. No me siento bien sin afeitar. blancos o rosas. De pronto. se oyeron motores. el arrastrarse de una lagartija. Muchos pasajeros siguieron nuestro ejemplo. Herbert y yo. Saqué la máquina e hice toda clase de intentos posibles e imposibles. —Ah —dijo él. Tengo la impresión de que cuando no voy afeitado me convierto en algo así como una planta. sino sólo la hacía crepitar y la rizaba. —¿Divorciado? —Sí —contestó. porque Herbert reflexionaba tanto a pesar de que debía de ver que ya no tenía salvación. y sobre todo un viento constante que. azules.. No había nada que filmar. de vez en cuando. Alguien tuvo que vomitar.. como ya he dicho. chillidos de ratas. rumbo a México-City.. ya lo sé. Se oía: el viento. como si no hubiera un grupo de cuarenta y dos pasajeros y cinco tripulantes. y me toco involuntariamente la barbilla. Todos.. Las señoras lo tuvieron más difícil: algunas estaban sentadas con las faldas subidas y en sostenes. apagado. de manera que nuestras huellas quedaban borradas. sino por mí mismo. Afortunadamente. no levantaba la arena. a la sombra. Dentro de la cabina hacía todavía más calor. tenía un cigarrillo en la boca. Muchos se quejaban de dolor de cabeza.Max Frisch Homo Faber estuvimos todo el día esperando ruido de motores. ni teléfono. como las alas. no por los demás. a excepción de Herbert y yo. en aquella época. —¿Con quién se casó? Preguntaba para pasar el rato. debajo del timón de la cola que. durante la partida apenas dijimos palabra. los henequenes grises y las montañas rojizas.. Volvía a hacer un calor sofocante. un DC-7 corriente que brillaba a gran altura. a mediodía.. yo le 19 . —Jugábamos mucho al ajedrez. con la blusa enrollada alrededor de la cabeza como si fuera un turbante. nosotros teníamos nuestro juego de ajedrez. eso es lo que me ponía nervioso: que en el desierto no haya corriente eléctrica.

Ni siquiera me atrevía a preguntar si Hanna vivía aún. 20 . Ya hacía tiempo que sentía la necesidad de aclarar las cosas. —¿Qué le pasa? —dijo él riendo—. gracias a Dios. dijo el nombre de Hanna. —. inclinados sobre mi damero de bolsillo de cuero que.. A última hora de la tarde. de vez en cuando. latas de cerveza en el desierto. Todo el mundo estaba sentado escribiendo. ni madre. cerveza mexicana. hice correr el carro y dejé espacio para el encabezamiento: My Dear! (Querida:) Escribí pues a Ivy.. el avión prometido. ni hijos. CARTA BLANCA. tanto que incluso Herbert. Yo no dije nada.Max Frisch Homo Faber llevaba una evidente ventaja por haberle ganado un caballo. tal vez por miedo a que me dijera que había ido a parar a Theresienstadt. tuvo que reconocerlo. a correr la caja de Coca-Cola para continuar a la sombra. cuando después de un largo silencio. buena cerveza. por fin. por lo menos. Hice como que pensaba las jugadas. Ya no quedaba nada para beber. y para llevarse correspondencia: estuvo una hora esperando el correo. yo saqué mi Hermes-Baby (todavía hoy está llena de arena) y puse una hoja de papel. pero perdí una pieza tras otra. como quien no quiere la cosa.. en el mismo tono en que yo había preguntado.. No me la podía imaginar. porque suponía que iba a escribir a Williams. Por fin. y lo volví a apagar en seguida. a la mamá argentina y a sus dos retoños. Estábamos salvados. poco antes del anochecer llegó. —Le toca a usted —dijo. un aparato particular. forzados. la tranquilidad de todo un desierto. lástima. Encendí mi cigarrillo como sin darme cuenta. medio judía. yo abandoné y giré el damero para volver a colocar las piezas. No sabría decir por qué no pregunté si Hanna vivía aún. quedó manchado de nuestras gotas de sudor. de Munich. Calculé qué edad debía tener. Soñé con Hanna. tenía tranquilidad y tiempo. finalmente. señoras y caballeros en sostenes y calzoncillos. Estuvimos jugando varias horas sin decir una palabra.Hanna Landsberg. Sudábamos como en un baño de vapor. ¿qué le pasa? No terminamos la partida. puse la fecha. es decir: obligados a sentarnos cada vez sobre una arena que unos momentos antes todavía estaba ardiendo al sol.. el primer helicóptero para recoger. Casi había que escribir sólo para que aquella buena gente no le preguntaran a uno si no tenía esposa. dos y papel carbón. que dio numerosas vueltas antes de decidirse a lanzar el paracaídas: tres sacos y dos cajas que hubo que recoger en un área de trescientos metros. aunque estaba terminantemente prohibido. mudos. mejor dicho. ¡Hanna de enfermera a caballo! Al tercer día. por alemán que fuese. y nueva puesta de sol que yo filmé en color.. Herbert escribió inmediatamente a Düsseldorf. Me parece que no dejé translucir nada..

rojo frambuesa en mi opinión) fue gusto suyo. no estaba dispuesto a divorciarse. una criatura encantadora. Le había dicho bastantes veces que no estaba dispuesto a casarme. y yo no veía por qué Ivy. Por otra parte. Y a pesar de todo. Lo único que recuerdo es que me echaba constantemente en cara que yo no tenía ni pizca de gusto y que no me casaba con ella. porque la quería. Me bastó pensar en ello para empezar a teclear sin darme cuenta. Ivy incluso había llorado. que era un egoísta. Nos peleábamos a causa de si sería un Studebaker o un Nash. un bruto. como todas las mujeres. tuve que mirar el reloj para ver de terminar la carta antes de que el helicóptero se marchara. ¿Qué más? Ayer bebimos cerveza. escogía los vestidos según el color del coche. un bárbaro por lo que se refiere al gusto. no mío. me parece. el helicóptero. y un monstruo por lo que se refiere a la mujer. se empeñaba en convertir aquello en un matrimonio. la verdad es que no era fácil. al final. ¿Qué más? Las montañas azules a lo lejos. Pero que a mí se me ocurriera vender su Studebaker lo encontraba imposible. que armonizaba con el Studebaker rojo tomate. Ignoro si sospechaba por qué Ivy iba regularmente a Nueva York. No era yo. Ivy era. y el color del coche según el color de su lápiz de labios o al revés. y su marido. en mi opinión. la amistad con el jugador de ajedrez. o lo que pensaba si no sentía nada. o por lo menos se lo había dejado adivinar. por otra parte. ¿por qué tendría que casarme con Ivy?. todo ello no llegaba a llenar una carta. me parecía que últimamente no hacíamos más que pelearnos a propósito de cualquier tontería. además.. como ya he dicho antes. los calzoncillos. y eso yo lo sabía exactamente: «No me casé con Hanna a quien quería. al contrario. ¿Qué más? Ni siquiera le podía pedir que me enviara películas y. Que hacía calor. sólo quería saber lo que yo sentía. En todo caso. El motor estaba ya en marcha. o sea que había oído lo que le decía. Pero quizá necesitara verlo escrito. ¡Si en aquel aterrizaje forzoso hubiésemos muerto quemados.. que no pensaba ni un segundo en su ajuar. pero de esa especie de americanas que se creen obligadas a casarse con cada hombre que se las lleva a la cama. o mejor dicho típico de mí. porque ella no había oído hablar nunca de Hanna y era una criatura encantadora. no quedaba lugar a dudas. no lo sé. se lo había dicho explícitamente en el aeródromo mientras tuvimos que estar esperando tres horas aquel Super-Constellation. empero. Ivy era modelo. efectivamente. que en otras cosas era una mujer moderna. estuvo dicho muy pronto. sino Ivy quien había querido el Studebaker. porque la parte técnica la preocupaba poco. también hubiera tenido que pasarse sin mí! —le escribí (afortunadamente con copia) en términos tan tajantes que. Yo conocía sus reproches y estaba harto de ellos. de manera 21 .Max Frisch Homo Faber My Dear! Que estaba tirado en el desierto. lo hacía. etc.. en realidad. buen tiempo.. típico de mí. Ivy se había casado y recasado. que no me había hecho ni un rasguño. no llamaron nunca a mi puerta.» Pero formularlo sin herir. todo ello amenizado con un par de detalles: la caja de Coca-Cola. sabía que Ivy.. Ella decía que iba al psiquiatra y. sobre todo el color (rojo tomate según ella. funcionario en Washington. a sesenta millas de la carretera más próxima.

ver como el helicóptero se elevaba... —Ah —dijo él y siguió preocupado por ver de qué manera podría defenderse de mi gambito. El helicóptero estaba a punto de despegar. Antes de ser trasladado al Cáucaso.Max Frisch Homo Faber que podíamos ahorrarnos volvernos a ver. en realidad era un abuso que los cuarenta y dos pasajeros y los cinco tripulantes no hubiesen sido sacados aún de aquel desierto. igual sea inútil. Me vi obligado a preguntar de nuevo: —¿Dónde vive actualmente? —No lo sé —dijo él.lo supongo.. si no rescato la reina lo veo muy mal. —¿Pero vive aún? —Supongo.. —¿Sabes si tuvo tiempo de emigrar? —Sí —contestó—. un silbar bajito sin melodía.. Cada vez jugábamos con menos ganas. Se refería al juego. Lo que más echaba de menos era la corriente eléctrica.. pero lo supongo. —Mira —dijo—. que ésa fue la época más hermosa de mi vida. —repetía las cosas como si fuera su propio eco—: ... Poco a poco nos iba creciendo la barba. Yo ya no tuve tiempo de releer la carta. No teníamos más remedio que esperar. Por cierto. y además sin dejar de silbar. inconsciente. fue a parar? —A París. la cosa empezaba a tener poca gracia. eso sí. lo cual contribuía a ponerme nervioso. —¿Cuándo? —En 1938 —dijo Herbert—... en aquel momento había ocho helicópteros de la US-Army en la frontera mexicana esperando el permiso reglamentario para salir a buscarnos.. Sous les toits de París! No pude preguntar nada más.. al fin y al cabo la mayoría de nosotros tenía asuntos urgentes que resolver. Luego seguramente más lejos. sólo de meterla en el sobre. Herbert volvió a leer. en el último momento. cerrarla y entregarla. —Igual sea inútil —dijo luego—. 22 . A medida que pasaban las horas.. Según supimos más tarde.. —¿No lo sabes? —No —dijo—. Finalmente me decidí a preguntar: —¿Vive todavía? —¿Quién? —preguntó Herbert.. un susurro como de válvula mal cerrada. porque un par de años más tarde nosotros también estábamos en París. El ajedrez era para él lo más importante de todo en aquel momento. —¿Adónde. Yo me puse a limpiar mi Hermes-Baby. su mujer. —Hanna..

¿qué haces que no te vas? En cuestiones profesionales. no había que pensar en poderme casar. la cabeza reclinada contra un muro y las piernas despatarradas. Era también un Super-Constellation. mirándolo desde un punto de vista económico. PERNAMBUCO.. todo ello acompañado del altavoz de costumbre: YOUR ATTENTION PLEASE.. únicamente con el fin de visitar a un amigo de juventud. ya que por aquel entonces. sencillamente me repugnaba volver a meterme en un avión. incluso con exceso.. En el fondo. Yo no hubiera sabido cómo calificarlo. ALL PASSENGERS FOR PANAMÁ. Hanna tampoco me echó nunca en cara que no me casara con ella.. y cuando uno se limpia el sudor de la frente parece como si apestara también a pescado. pero según se demostró después de cinco horas de espera. volví a estrechar la mano de Herbert y le rogué que saludara a su hermano de mi parte. Una hora más tarde volaba al lado de Herbert. bastantes veces he esperado por culpa de las turbinas. en todo caso. preparaba mi tesis (acerca de la importancia del llamado «daimon» de Maxwell) y ganaba trescientos francos al mes. —Esta vez. la tomé en el nuevo aeródromo de México-City. —Ésa sí que ha sido buena —dijo Herbert. ahora me esperarán ellas a mí. hedor de barro que se corrompe bajo el sol. y menos aún modificarlo. Yo no dije nada. exactamente en el último momento. jamás me había ocurrido retrasar un viaje de servicio porque sí. era ayudante de la Escuela Técnica Superior Federal de Zurich. Por otra parte. entre 1933 y 1935. y cuando uno se quiere duchar. Finalmente. las turbinas me esperarán —repliqué—.Max Frisch Homo Faber Por lo que se refiere a Hanna: Yo no me hubiera podido casar con ella. me hallaba ya junto a la barandilla. Herbert estaba convencido de que el tren salía todos los martes porque así lo decía una guía que se había comprado en Düsseldorf. Claro que esto no era ninguna razón. volver otra vez a ponerme el cinturón. Yo estaba dispuesto a hacerlo.. YOUR ATTENTION PLEASE. pero al cabo de un rato volvían a subir por el 23 . En el hotel hay por lo menos una ducha. si es que Joachim todavía se acordaba de mí. de la cortina mohosa caen cucarachas de un dedo de largo. La decisión de alterar mi viaje de servicio y dar por mi cuenta una vuelta por Guatemala. respirando con la boca cerrada. lo ponía en letra impresa.. una toalla que huele a alcanfor. aparte de todo lo demás que eso significaba. Yo las ahogué. no salía los martes sino los lunes. fue la propia Hanna quien entonces no quiso que nos casáramos. como es costumbre en aquellos países. uno deja de limpiarse el sudor y se sienta con los ojos cerrados. Yo no abría la boca. Ya en Campeche nos recibió el calor con un sol pastoso y una atmósfera pegajosa. Herbert me dijo: —Pero hombre. tengo fama de ser sumamente escrupuloso. CARACAS.

arrastran la carroña más allá. 24 ... me encontré que era mediodía. Me volvía a doler el estómago.. no se veía ni una luz. ducharme. el agua tibia también estaba pegajosa. o muera un burro. de vez en cuando unas lagunas. De pronto. Soñé con esas cucarachas. en fila. No obstante. donde no olía tan mal. nuestra locomotora silbaba una y otra vez en la noche. imposibles de ahuyentar ni siquiera cuando pasa un carro. o se mate un caballo. Fuimos a sentarnos en un muelle. Estaba desnudo como Dios me puso al mundo. Y Campeche es todavía una ciudad. pero en cambio hacía más calor porque no había sombra.. Todavía no me explico por qué no lo hice. No sé cómo pasó aquel día. Estaba desesperado. a podredumbre indeterminada. sólo apartándose. pero en todos los cables estaban ya posados los zopilotes que.. comimos la piña.Palenque . sin remontar el vuelo. esperan a que un perro muera de hambre. y con teléfono. por fin. nadie sabía por qué. No dije nada. El hedor de la noche era insoportable. Nosotros llegamos en el preciso momento en que tiraban de aquí para allá de una de esas masas de entrañas. a aceite mineral. una población con corriente eléctrica que permite afeitarse. y los dedos olían a algas. De pronto. De pronto.. Herbert compró una piña. en medio del mercado. —¿Quién sabe si Joachim me reconocerá? De vez en cuando. Estaba decidido a abandonar a Herbert y a regresar en el avión del día siguiente. se adivinaba que atravesábamos una espesa selva.. Yo me quedé helado. el tren se paraba en plena vía. relámpagos detrás de un espeso tejido de árboles.Max Frisch Homo Faber desagüe hasta que tuve que aplastarlas con el pie para poder. pero pasó. Nuestro tren (Campeche . toda una manada de pájaros de color negro violáceo con los picos ensangrentados de tripas. de manera que nos los frotamos rápidamente con el pañuelo. Mi DC-4 hacia la capital mexicana volaba en aquel momento por encima de nuestras cabezas para virar luego hacia el mar. pero no azucarada. la amistad tiene sus límites. volvía a ponerse en marcha: treinta quilómetros por hora. Yo estaba decidido a regresar a la capital. donde se desvaneció en el cielo ardiente como se disuelve un cuerpo en un ácido azul.. y luego nos asomamos por encima de las piedras para lavarnos los dedos azucarados. de tal manera que olvidamos el calor y con el calor también lo absurdo de aquel viaje. sólo. inclinándonos hacia delante de tanto como goteaba. el ruido de los motores. Herbert también estaba desnudo. gracias a una lejana tormenta. no se podía abrir la ventana para ver qué pasaba. a pesar de que el terreno era llano como la palma de la mano y la vía recta. sólo saltando. sino salada.Coatzocoalcos) era mejor de lo que cabía esperar: una locomotora Diesel y cuatro coches con aire acondicionado. en la noche. para lanzarse sobre él. a moluscos.

—Una hija.) Yo me eché a reír. naturalmente.. selva sin fin. Otra vez que volvió a pararse el tren me fui a la puerta del coche para mirar afuera. a veces. (Ya hemos llegado. al paso de nuestro tren. ni siquiera una doble vía (si no recuerdo mal)... un cobertizo junto a los raíles. ella se hizo comunista.. una oscuridad húmeda y silencio.Max Frisch Homo Faber nos alegramos de que continuase el viaje. una palmera solitaria. El sol brillaba otra vez como detrás de un vidrio opaco. silencio con relámpagos. habíamos llegado a Palenque. La locomotora no cesaba de silbar. en la que pululaban pájaros color de azufre. grandes vuelos de garzas que se levantaban. Estaba allí como disecado. el búfalo (o lo que fuera) desapareció lentamente de delante del faro. Nunca pregunté nada. se podía ver el calor. el primer sol sobre el horizonte regular de la selva. excepto nosotros. Al amanecer continuaba todavía la selva. un semáforo. un búfalo parado sobre los raíles que se alejaban en línea recta delante de nosotros. —¿Por eso? Herbert bostezó. la selva. —No lo sé —dijo—. e inmediatamente el ruido que hizo el animal al zambullirse en el agua.. Preguntamos tres veces si aquello era efectivamente Palenque.) Cuando volvimos a detenernos en pleno campo. (No con Hanna. y.. —¿Tiene hijos? —pregunté. —¿La conocías? —Sí —contesté yo—. —There we are. deslumbrado por el faro de nuestra locomotora. escondidas entre árboles de raíces superficiales.. 25 . Puse el pie en el estribo y bajé. maleza antediluviana. de vez en cuando un grupo de chozas indias. Alrededor. Inmediatamente volvimos a sudar. Inmediatamente uno volvía a tener la frente sudada y el cuello pegajoso. Al cabo de algunos minutos. una estación perdida en la selva donde nadie sube ni nadie se apea. impenetrable. Yo había estado soñando. pero en general bosque bajo. crujir de ramas. nada más. Cuando el tren volvió a ponerse en marcha. Al cabo de un rato pregunté: —¿Por qué se divorciaron? —No lo sé —dijo Herbert—. luego oí como un susurro en la selva. Me asaltó el calor que ya había olvidado. no había ni rastro del jeep que debía esperar allí al señor de Düsseldorf para llevarlo a la plantación. que no se veía. blancas. nada más. atontado. ¿por qué? A poco vi que dormía. por lo visto no se entendían. Nos dispusimos a dormir. creo. un vaho. Herbert y yo nos quedamos allí con nuestro equipaje como en el fin del mundo o por lo menos en el fin de la civilización. El tren volvió a ponerse en marcha.. con la chaqueta debajo de la nuca y las piernas estiradas sobre los asientos vacíos de enfrente.

y sólo se podía soportar Palenque si se estaba echado en la hamaca. inmóviles como hongos. sí. el sol no se pone nunca. Hasta después de ponerse el sol (en realidad.. siempre con una cerveza al alcance de la mano. después de media hora que nos dejó bastante agotados. luego un hombre con un burro que cargó nuestro equipaje: un indio. que hablaba demasiado pero que afortunadamente se pasaba el día fuera. YUCATECA. casi infantiles. era el único vehículo de Palenque pero lo necesitaba para traer cerveza y viajeros de la estación. ¡Ni pensarlo! Cada paso que uno daba desencadenaba el sudor que había que reponer inmediatamente con cerveza. Tardes enteras se pasan acurrucados en sus chozas blancas de paja. Pero. sudando. sin embargo. como ya he dicho. callados. Estaba días enteros delante del hotel. queríamos un jeep! Si uno no se lo repetía a menudo. nos hizo reaccionar. el amo lo necesitaba. lo olvidaba. ¿Motín de los indígenas? Ni pensarlo. Estuvimos cinco días en Palenque. nos limitamos a mirarnos.. Nuestra única salvación era el Land-Rover. estuviera abandonada desde hacía meses. amantes de las pirámides. El amo de nuestro insignificante hotel (LACROIX) tenía un Land-Rover.. incapaces de tomar cualquier decisión. una mísera carretera y. ¡Ah. sino que se disuelve en el vaho) no cedía un poco el calor y se podía hablar de alguna cosa sin interés. satisfechos. más allá de la frontera. la apatía era el único estado posible. para eso los indios son demasiado dóciles. El sol y la luna son toda la luz que necesita ese pueblo afeminado. nuestro viaje. decíamos pocas cosas al cabo del día. por lo visto. yo conservé únicamente la cartera amarilla con cierre de cremallera. y seguimos bebiendo nuestra cerveza. Un jeep. Herbert y yo. en realidad.Max Frisch Homo Faber Había. sólo había uno. extraña situación. un americano joven. con los pies desnudos y sin moverse. sí. allá lejos en las ruinas que. y confieso que no sabía lo que esperábamos. como si sudar fuera nuestra única finalidad en este mundo. Estuvimos echados en hamacas. mejor que la cerveza de la meseta.. sin luz. nada más. extraño y. vimos salir a unos niños de entre los matorrales. ¡Del porvenir de los cigarros alemanes! A mí me daba risa. las dificultades y todo lo demás. demasiado pacíficos. satisfechos porque la cerveza es excelente. pero ¿de dónde? Hablar nos daba sed. la nuestra. gente aficionada a las ruinas indias. por lo menos. fumando. según nos dijo. 26 . y por lo demás. en aquel momento. estuvimos echados en nuestras hamacas bebiendo para poder seguir sudando. inofensivo. también nosotros debíamos visitar. ni siquiera el rumor de que la plantación. claro está.

. lo comprendo perfectamente. relámpagos al fondo de la llanura.. y la de los moscardones rojos luminosos.. sólo al caballo se le oyó pacer toda la noche. si bien construyeron templos. sencillamente porque hacía demasiado calor. ¿De dónde? Al cabo de un momento roncaba. Me preguntó qué había que hacer. si uno empezaba caía en el extremo contrario.. Palenque tiene un motor Diesel que produce corriente eléctrica. había un cine. —Ven —le dije—. en la oscuridad de la selva sin más iluminación que los relámpagos. los zapotecas y los aztecas que... más acá una cerda negra.. y se puso furioso cuando yo me eché a reír. la luna. En cambio. Yo pensaba en Joachim. vámonos al cine. 27 . reinaba silencio. Me parece que Herbert debió de juzgar mi carencia absoluta de opinión como una falta de compañerismo. Me pasaba el día entero duchándome. o está muerto. cuando paraba el motor Diesel. Venía de Boston y era músico. aborrezco el sudor. no conocían la rueda. pero hacía demasiado calor para poder opinar o. de pronto. empezó también. pero todo en silencio. ¿Pero qué pensaba.. un pavo al que excitaban los relámpagos y que graznaba. pero a las 21 horas la cierran y uno se encuentra. en realidad? Me limitaba a estar despierto. bostezando.Max Frisch Homo Faber Herbert me preguntó qué opinaba. en ese caso no hay nada que opinar. Herbert me dijo gritando: —¿Un jeep?. medio mecánico. sólo cabe esperar hasta lograr un jeep para cruzar la frontera y ver qué pasa. de pronto. como nosotros. pastosa. Cada mañana me despertaba un ruido extraño. No llovió ni una sola vez. tenía demasiadas opiniones. En general. De vez en cuando me alteraba los nervios como todos los artistas que se consideran unos seres superiores o inferiores sólo porque no saben qué es la electricidad. a graznar. Sólo nuestro amigo arqueólogo hablaba sin cesar y si uno se tomaba la molestia de escucharle. azulados como la luz de una lámpara de cuarzo. todas las noches relampagueaba: nuestra única diversión vespertina. —Ducharnos. como Herbert. hablaba de los toltecas. Finalmente. porque me da la impresión de estar enfermo (jamás he estado enfermo a excepción de cuando tuve el sarampión). está echado en su hamaca. fue una súbita alarma. creo yo. luego otra vez silencio. incluso encontraba interesante lo que decía. más tarde.. un ganso que. que sólo consiste en unas cuantas chozas de indios. no se veían estrellas por exceso de humedad en la atmósfera. Joachim no escribía ninguna carta. Herbert creyó en serio que en Palenque.. alarmado por el pavo. también me quedé dormido. un caballo pacía a la luz de la luna y en el mismo pasto un ciervo. —Nada.

pero insistente como el canto de un grillo. y Coca-Cola. Hihi. La mesonera india.. Naturalmente. Éramos los únicos huéspedes en el mesón. y. que yo no soporto. donde vimos primero: Harold Lloyd subiendo por las fachadas al estilo de los años veinte. pero no adivinaba cuál. pero todo me daba igual. El papagayo tampoco sabía nada. Bebí ron y me dormí. observados por un grupo de niños mayas que no mendigan.. Todo el mundo vestido de noche y entre 28 . Por lo menos. pero con unos cuchillos en forma de media luna en la mano. —Dice que se acuerda de un auto —dije—. Incluso filmar me daba pereza. Yo le hablé en español. —Pregúntale —me dijo Herbert— si conoce a mi hermano y cuándo le vio por última vez. divorcio con Cadillac y Browning—. se encontraría un jeep. de las bananas o del maíz. que yo ya conocía. Era una estupidez como todo lo demás. que no regresó hasta el anochecer. creía yo. de áspero sabor. como no había cerveza. sino que están sencillamente junto a la mesa y de vez en cuando se echan a reír. Además de la cerveza YUCATECA que era excelente. iguales que los hombres del pueblo. luego. en algún lugar de una choza. en efecto. había descubierto un arroyo y se había bañado. más tarde. un cine. debía de ser una máquina. como película importante: pasión amorosa entre la mejor sociedad de México. Hihi. eso es todo. A la tercera o cuarta mañana. mientras estábamos desayunando como de costumbre.. Yo le dejé hablar. metálico. con tortilla de maíz y cerveza. nos tenía por sabios. Me pareció que Herbert estaba muerto de miedo. además.. donde pedíamos siempre lo mismo: huevos a la mexicana. por lo menos): indios con pantalones blancos y sombreros de paja blanca. cuando íbamos a desayunar al pueblo. Me afeité aprovechando que todavía había corriente.Max Frisch Homo Faber medio musical.. pero probablemente muy sanos.. no muy intenso. una cuadra con cubierta de metal ondulado. Gracias. en Palenque sólo había ron.. pálido de cansancio. y Herbert no se dejó ver en todo el día. pasé algunas horas sin pensar nada. gracias. escondido entre el espesor de las calabaceras. un ruido que no acertaba a explicarme. a Herbert le entró la obsesión de que en algún lugar de aquel pueblucho. malísimo. sus historias de miedo del Iván. Me quedé echado en mi hamaca.. con reflejos azulverdosos. ni rastro. una matrona de trenzas negras. Herbert. Herbert volvió a contar de cuando estaba en el Cáucaso. si se buscaba bien.. y. monótono. había desaparecido. No sacamos gran cosa en claro. luego había visto a dos hombres que andaban entre el maíz con unos cuchillos en forma de media luna (eso dijo. nos fuimos al cine guiados por nuestro amigo el de las ruinas que conocía muy bien Palenque —existía. de jeep.. pero que se había acabado. tenía unos dientes de marfil cuando alguna vez sonreía. Hihi. Sus cabellos parecían plumas negras. y unos ojos también negros y suaves. no se veía nada.

acompañado de cantos. El ron tiene la ventaja de no provocar un ataque de sudor como la cerveza. exactamente de la proporción invertida entre ancho y alto. tal vez contentos. Me dolía el estómago. yo por lo menos. Nos aseguró muy serio que si se fotografiaban aquellos jeroglíficos y aquellas máscaras de dioses. pero Herbert no encontró el misterioso arroyo y fuimos a parar. un ruido parecido a música moderna. abundaban los pájaros de largas colas azules. entre las seis y las siete de la mañana. Nuestro amigo.. no se sabe. Allí se olvidaba todo... que lo mismo pueden ser monos que pájaros que alguna especie de felino. era evidente que le estorbábamos. Estaba decidido a regresar. espatarrado de brazos y piernas. sólo para hacer unas copias. El sol pastoso. silba o brama. Reinaba un ruido como en un parque zoológico. Yo no soy historiador del arte. nadie lo puede saber. un calor pegajoso y pútrido... si por todo el día siguiente no habíamos encontrado un jeep. dijo 29 . tal vez no.. Intenté dormir. medio piano. que dicen que representan un templo. nos preguntó qué hacíamos allí. con sus enormes sombreros de paja puestos. cada día.) En otro tiempo. de puro no saber qué hacer (los peldaños son demasiado empinados. no se sabe.. pero en cambio da dolor de cabeza a la mañana siguiente cuando vuelve a empezar aquel ruido inexplicable. hubo allí toda una ciudad.. El aire húmedo. americano de origen francés. impenetrables.. para reponerme. uno se moría en el acto.. celo o pánico. Apenas nos saludó. a las ruinas — encontramos a nuestro artista trabajando. como ya he dicho antes. Herbert y yo. (Fumaba demasiado. Nos miramos. Nos encogimos de hombros. Entre aquellas piedras. en algún lugar a la sombra del llamado palacio. me eché.Max Frisch Homo Faber relucientes mármoles. alguien había utilizado el templo como retrete y ésa era la causa de tantas moscas.. mogólicos. era un trabajo fabuloso. mareado de tanto calor.. en el siglo XI o XIII. el músico de Boston.. dejando cada cual que el otro dijera que estábamos esperando un jeep. Hacía más calor que nunca. donde no se puede distinguir qué es lo que gruñe.. Un día —nos habíamos propuesto ir a bañarnos. de pronto. medio ametralladora. Su única preocupación era que no le cayera ninguna gota de sudor sobre el papel. Nos moríamos de risa mientras los cuatro o cinco indios permanecían inmóviles ante la pantalla arrugada. estaba entusiasmado con el Yucatán y no podía comprender que a nosotros no nos interesaran las ruinas.. No sé qué pensó de nosotros. Su trabajo consistía en tender un papel de calcar sobre los relieves de piedra para luego frotarlo durante horas con un yeso negro. me proponía investigar a qué era debido pero lo olvidaba en el transcurso del día. hacía un calor infernal. de tal manera que uno pierde el aliento). Después de subir y bajar por aquellas pirámides. No lo discutimos.

luego. Tampoco conocían la bóveda. Asombra pensar cómo pudieron llevar hasta allí aquellos sillares sin conocer la rueda y por consiguiente tampoco el transporte con rodillos. Exceptuando la decoración. en lugar de ello estaba allí para ir a saludar a un amigo de juventud que se había casado con mi amiga. y lo dice en serio. La gente es muy rara.. Yo le dejé roncar. que nuestra pirámide era una isla o un buque rodeado de mar. también de juventud. después de todo. necesitaba aire. Herbert seguía roncando. profunda. se apaguen todos los hogares.. la encuentra sencillamente genial. que. y se traslada por motivos religiosos para fundar una nueva ciudad-templo a cincuenta o cien millas en aquella selva siempre igual. espesor. una serpiente más o menos.. ya no se dignó contestar: empezó a roncar cuando todavía un instante antes hablaba de la religión de los mayas... una ciudad maya. se esparza el mismo fuego por todo el país y se empiece a fabricar de nuevo toda la cerámica. aunque sea antieconómica. de arte y otras cosas por el estilo. a diferencia de nuestro amigo el artista que está entusiasmado con los mayas precisamente porque no conocían ninguna clase de técnica... a él le parece maravilloso que cada cincuenta y dos años se inicie una nueva era. Yo estaba decidido a despertar a Herbert y decirle que me marchaba en el primer tren que saliera de Palenque. Si volvía la cabeza de lado para no ver siempre aquel mismo cielo de vidrio opaco. donde todo se cubre de moho y se desmigaja con la humedad. un pueblo que emigra sencillamente dejando (intactas) sus ciudades. desde el templo. a llevarse a casa unos jeroglíficos que nadie puede descifrar. tenía palpitaciones de tanto calor. no obstante.. encuentro aquellas ruinas muy primitivas. Encima. ¿Para qué? Esperamos el Land-Rover que llevaba cada día a nuestro amante de las ruinas hasta allí y luego volvía por la noche a recogerle a él y sus rollos de papel de calcar. ¡Y a mí qué! A mi pregunta de si todavía creía en el porvenir de los cigarros alemanes. Un pueblo como esos mayas que no conocían la rueda y construían pirámides monumentales y en la selva virgen.. porque prefiero lo funcional. qué más daba. estaba asombrado al ver a nuestro artista del papel de calcar que podía seguir trabajando a pleno sol y dedicaba sus vacaciones. y en cambio adoraban a los dioses. El silbar de los pájaros.. sólo era espesor vegetal. no me gusta. o sea se destruyan todos los cacharros existentes.. luna llena color violeta a media tarde. compacto como un océano.Max Frisch Homo Faber Herbert. 30 . total ¿para qué? Yo mismo no me comprendía. Me descalcé. podía figurarme que estaba en el mar. A él le parece que la cosa tiene sentido. Nunca se veía un avión. sus ahorros. Hacía una semana que hubiera tenido que llegar a Caracas y hoy (a lo más tardar) hubiera debido estar de regreso a Nueva York.

lo cual indignó por varias horas a Marcel. Hice una revisión a fondo del Land-Rover. Inmediatamente sacó su agenda del bolsillo para contar los días que le quedaban de vacaciones. En el transcurso de la noche fueron llegando más indios. con una luna pastosa. su astronomía. Cuando desperté a Herbert se sobresaltó.. (Cien pesos al día. nuestro amante de las ruinas. según me pareció. A mí no me interesa el folklore. contando con su amistad con el amo del hotel LACROIX. El milagro se produjo cuando nuestro amante de las ruinas se enteró de que queríamos ir a Guatemala. me preguntó qué pasaba y cuando vio que no pasaba nada. y que si le llevábamos con nosotros.. ni una brújula. cinco indios que golpeaban frenéticamente con sus mazas el instrumento. según nos dijo nuestro amante de las ruinas. Traté de imaginarme qué pasaría si. en efecto. para la fiesta de la luna. no les sirvieron para desarrollar ninguna técnica y por eso estaban predestinados a desaparecer. para no aburrirse. algunas de ellas apenas excavadas. De motor. Yo tenía otras preocupaciones. una noche calurosa. propiamente epiléptica. el retumbar de una marimba arcaica. Hanna había tenido que abandonar Alemania y estudiaba entonces 31 . y el extraño ruido que me había despertado cada mañana resultó ser música. largo como una mesa. pueblos enteros. cuyo adelanto hay que reconocer. repique sin sonoridad. Su calendario calculó el año solar. volvió a roncar. Era alguna fiesta relacionada con la luna llena. una especie de xilófono. Por otra parte. Nos dijo que en Guatemala había innumerables ciudades mayas. Las muchachas estaban sentadas alrededor de la plaza. y. ni un ruido. de pronto. lo logró.Max Frisch Homo Faber De vez en cuando me hacía pensar en Hanna.. boca arriba. sus matemáticas. Se entusiasmó. estaba dispuesto a intentarlo todo para conseguir el Land-Rover. sino vestidos de confección americana. en lugar de 365. debajo del Land-Rover.. No teníamos ni un arma. Cada mañana antes de la labor del campo habían estado ensayando para tocar ahora para la danza. la mayoría de ellas con un crío pegado a su pecho moreno. Yo revisé el motor para ahorrarnos una avería en la selva y no tuve tiempo de contemplar la danza.2420 días. ¡Algo había que pensar! Juzgué que había sido un asombro estúpido el mío con relación al transporte de aquellos sillares: pusieron sencillamente unas rampas y luego arrastraron los sillares. que a nosotros no nos era concedido. llegó el Land-Rover.. los danzarines sudaban y bebían leche de coco. nada.) Era domingo cuando hicimos las maletas. alguien lo tenía que hacer y yo lo hice a gusto para poder salir de allí. en 365. sin embargo. Por fin.. una música terrible.2422 días. las muchachas no llevaban sus vestidos típicos como de costumbre. con un idiota despilfarro de energía humana que constituye precisamente lo primitivo de la cosa. dejase de haber motores como en el tiempo de los mayas.

mi amigo. Hanna estaba sentada. pero Hanna había tenido tiempo suficiente para preparar su emigración. Poco tiempo después (si no recuerdo mal) murió su padre en el campo de concentración. En la antesala me puse los guantes y la gorra al tiempo que a Hanna. Tampoco Hanna pensaba en el matrimonio. nos recibió el comisario del departamento de extranjeros. Éramos demasiado jóvenes. profesor de la Universidad de Munich. día del partido en Nuremberg. como ya he dicho. era Hanna la que por aquel entonces no se quería casar. A veces llegamos a auténticas peleas. Su padre. pálida como una muerta. Luego su pregunta bien intencionada de si la señorita era mi novia. como decía Joachim: un temperamento maníaco-depresivo. el derecho de asilo. era la época en que se contaban toda clase de historias espeluznantes y yo no estaba dispuesto a plantar a Hanna. aparte de que nuestras aficiones no siempre coincidían. la volvían a llamar a la ventanilla. pero de nada me sirvió. que encontraban muy simpática a Hanna. 32 . donde mi uniforme no pudo influir en nada. fue internado en un campo de concentración. Nos dijo que teníamos que comprender que Suiza era un país pequeño en el que no cabían todos los refugiados. yo de pie. por lo menos. nosotros estábamos sentados junto a la radio y oímos la proclamación de las leyes racistas alemanas. pero por lo demás nos entendimos en seguida sin pensar en casarnos. Yo estaba decidido. por el franqueo de la citación que había sido enviada erróneamente a su dirección. estaba yo de oficial en Thun. Yo le juré que Joachim. claro. Yo lo encontré gracioso. Cuando me enteré de que Hanna tenía que abandonar Suiza en el término de quince días. Finalmente le entregaron el expediente y resultó que no se trataba de Hanna. me trasladé inmediatamente a Zurich para ir con ella al departamento de extranjeros de la policía. sino de otra emigrante que llevaba el mismo nombre y que ya se había marchado a ultramar. ella en cambio me llamaba a mí: Homo Faber. yo estaba dispuesto a hacerlo. La indignación de Hanna no tuvo límites. tenía un temperamento que se disparaba del modo más imprevisto. Me acuerdo perfectamente de aquella época. temían por mi carrera si yo me casaba con una chica medio judía. no sé por qué no lo hice. Comprendía perfectamente su suspicacia. Todos nos quitamos un peso de encima. Tenía que pagar diez rappen. durante aquel viaje tomé la decisión de casarme con Hanna si llegaba el caso de que le retiraran el permiso de residencia. porque Hanna no quería tratos con alemanes. pero no lo hice. Yo la llamaba apasionada y maga. me sentía obligado a ello precisamente teniendo en cuenta la época en que vivíamos. tuve que marcharme aquella noche a Thun a reunirme con mis reclutas. Yo estaba dispuesto a casarme con Hanna. Todavía hoy recuerdo de qué manera examinó el escrito presentado por Hanna y mandó buscar su expediente. aunque. sin contar con que nos amábamos de verdad. En realidad. Hanna siempre había sido muy sensible e irritable. No era un cobarde. pero ella no me daba facilidades. y nuestra confusión. no era nazi. En el fondo.Max Frisch Homo Faber historia del arte con el profesor Wölflin. Y no obstante Joachim sólo la había visto una vez o dos. Desgraciadamente. preocupación ésta que a mí me indignaba y me sacaba de quicio. una materia que a mí no me decía nada. sin contar que mis padres.

me parece a mí. Pero la verdad es que no lo hicimos. No. en aquel momento no se me ocurrió gran cosa. Gran decepción por su parte. Yo le dije: Esperemos todavía quince días. creo que las circunstancias políticas eran demasiado serias para ello. para ser padre. sólo tomar un café y fumar.Max Frisch Homo Faber por ejemplo al salir del teatro. Su afirmación de que me aterró el pánico. Más tarde me echó en cara este «tener que». era sólo demasiado joven. por una parte. del cargo en Bagdad y de las posibilidades de un ingeniero en general. sino que Hanna se quedara en Zurich. y luego llenó la pipa. y lo único que me preocupaba no era el clima de Bagdad. Estaba segura. naturalmente tenemos que casarnos. como la mayoría de los hombres que no han llegado a los treinta años. Nos reuníamos siempre en su habitación. pero que no había dicho nada. que tampoco la ofrece si uno sabe reunir los certificados necesarios. Es verdad que no me puse a bailar de la alegría de ser padre. con la vista fija en el damero. A diferencia de mi padre. Hanna sostuvo que yo me había quitado un peso de encima al saber que ella no quería tener aquel hijo. por eso le pregunté: ¿Has ido a ver al médico? Otra pregunta objetiva y nada ofensiva. En todo ello no había la menor intención contra su hijo. me faltaba madurez. le había pasado el brazo alrededor de los hombros. y por otra. al ver que ella lloraba. que ya encontraría la manera. Me había prometido su ayuda 33 . Yo pregunté: ¿Qué quieres decir con eso? Más tarde. Puse mi mano encima de la suya. Ella misma fue la que no quiso que se hablara más del asunto. y yo empecé a contarle lo de Escher-Wyss. ésa es la verdad. éramos muy felices. cosa que Hanna no podía comprender. no había ido a ver a ningún médico. lo cual me resultaba insoportable. Trabajaba todavía en mi tesis y vivía en casa de mis padres. al fin y al cabo. Luego le pregunté: ¿Tienes algún médico al que puedas ir a ver? Claro que con ello me refería únicamente a que fuera a visitarse. Entonces quedó encinta. Yo le dije incluso cuánto ganaría en Bagdad. por lo visto. y también de la parte jurídica. creo yo. objetiva y sensata. que eso no era ninguna dificultad. porque Joaquim era enemigo radical de dar consejos. lo único que hice fue preguntar: ¿Estás segura? Pregunta. la niego todavía hoy. Hanna tenía cierta tendencia al comunismo. Hanna me dijo que sí. eso fue lo único que me dejó asombrado. al que ella me forzaba muchas veces a ir. Me lo confesó precisamente el día en que acababa yo de tener mi primera entrevista con Escher-Wyss y estaba decidido a ir a ocupar mi puesto en Bagdad lo más pronto posible. no ofrece ninguna dificultad. por no decir a la histeria. que. y en realidad no me explico por qué no nos casamos. yo no era antisemita. Hanna se echó a reír porque estaba completamente segura. Hablé de ello con Joachim mientras jugábamos al ajedrez. Yo le pregunté claramente: ¿Quieres que nos casemos o no? Hanna sacudió la cabeza y yo no supe a qué atenerme. Me había asombrado la seguridad con que lo había afirmado. él me informó de la parte médica. que había estado encantado y que por eso. En cambio yo soy un individuo que toca de pies en el suelo. En aquella época recibí la oferta de Escher-Wyss. lo cual me hizo suponer que ya hacía tiempo que lo sabía. a la mística. Y literalmente: Si quieres tener a tu hijo. oportunidad única para un joven ingeniero. Sin embargo.

A pesar de estar sentados detrás y de caer. Lo que más nervioso me ponía era el traqueteo de nuestros asientos. Fue ella quien. mientras estamos vivos. nada. y pasó a través. que podríamos decir que equivalen a cien millas en coche. no sobrepasa apenas las setenta millas. medida en línea recta. Traté de hacerla entrar en razón. Yo le agradecí. fue preso de un verdadero furor. nada absolutamente. a cada momento aparecían claros. se perdía sencillamente entre musgos y helechos. naturalmente.. saltan alrededor de la carroña despachurrada.. por fortuna. no había. Treinta millas el primer día. por la idea absurda de regresar a Munich. quiso romper conmigo. pero contento. Apenas volvimos a hablar de Joachim.. que no hiciera más comentarios sobre el particular. me paraba de vez en cuando y los sujetaba. avanzamos. Yo había dicho: tu hijo. unas veces hacia un lado y otras hacia el otro. revolotean. Lo que Herbert no podía soportar eran los zopilotes. Comuniqué a Hanna que la cosa no ofrecía ninguna dificultad.Max Frisch Homo Faber (estudiaba el último curso de Medicina) para el caso de que la muchacha y yo le necesitásemos. pues tampoco es tan compacta como parece desde lejos. la única carretera en la dirección que nosotros seguíamos terminaba en las ruinas. una friolera si hubiese habido algo parecido a una carretera. de pronto. Sin embargo. de tal forma que nos envolvió una nube de plumas negras. pero al cabo de media hora de correr por encima de raíces y troncos podridos volvían a traquetear.. sólo apestan como es natural que hagan unos animales que comen carroña.. pero sin pastor.. 34 . que. algo turbado. Relámpagos. durante horas enteras no cesó de cantar sus canciones francesas de cuando era niño: IL ÉTAIT UN PETIT NAVIRE. pero no la abandonan. hizo las maletas. de pronto. de pronto dio gas a fondo y arremetió contra la negra manada. pero Hanna no dijo más que: Hemos terminado.. Una vez que Herbert conducía el jeep. son feos y se les ve siempre en grupos que apenas se dejan ahuyentar una vez dedicados a su voraz labor. pero sin que llegara a llover. en zigzag. Marcel iba silbando. es inútil tocar el claxon. La distancia entre Palenque y la plantación. Nos alternábamos en el volante. por allí donde la espesura nos lo permitía. ningún pantano excesivamente extenso. sin embargo.. no nos hacen nada. en lugar de decir: nuestro hijo. Diecinueve millas el segundo día. naturalmente. Joachim se limitó a decirme: Ahora te toca a ti jugar. silbaba como un chiquillo y se divertía como si hiciera una excursión con la escuela. incluso rebaños. animada. Avanzábamos orientándonos con el sol. A Herbert le daba más bien por callar. Eso no me lo podía perdonar.

que.. del alma del maquis. simplemente porque tenía pólvora!). Herbert sacó su mapa. —Es idiota —dije— seguir adelante sin saber adónde vamos hasta que no nos quede ni una gota de gasolina. no por miedo. me repugnaba aquella pululación en todas partes. lo llevábamos pegado entre los surcos de los neumáticos y lo único eficaz fue una penosa labor manual.000 en el que no se descifra nada. Yo le pregunté si era comunista. el trazo de un paralelo en el blanco vacío. acerca del retroceso del alma en todos los territorios civilizados de la tierra. pero la vida no se deja cosmetizar. No teníamos idea de dónde nos encontrábamos. Al tercer día. En algún lugar a 18 grados latitud norte. según él. sino por sentido común. puramente «en dirección a Guatemala». desgraciadamente. del catastrófico triunfo aparente del técnico occidental (¡Cortés un técnico. en efecto. el standard de vida como ersatz del sentido de la vida.. al final. porque al poco rato llegamos. Marcel lo negó. en general. Creía mejor retroceder. nada más que papel blanco: un riachuelo azul.. no tenía porvenir. aquel hervidero de galápagos en cada efímero estanque. viendo que volvíamos a atravesar matorrales. a 35 .. al tercer día—... teníamos ron. Sólo continuamos por simpatía por Herbert. Afortunadamente. sin carta de navegar. y le dejamos con su teoría sobre América. Marcel seguía cantando IL ÉTAIT UN PETIT NAVIRE o volvía a charlar media noche seguida: de Cortés y Moctezuma (eso todavía se podía soportar porque era un hecho histórico) y de la decadencia de la raza blanca (hacía demasiado calor y demasiada humedad para protestar). a floreciente descomposición. la industrialización como último evangelio de una raza en vías de extinción. nos apeamos. ni siquiera con lupa. Me parece que sin el ron hubiéramos hecho marcha atrás —si no antes. Basta escupir en la tierra para que germine. No porque tuviera miedo (¿de qué?) pero la cosa no tenía sentido.Max Frisch Homo Faber Pero nos lo llevamos con las ruedas. Herbert despertó al oír la palabra MAQUIS que comprendió y preguntó: ¿Qué dice? Y le contesté: Palabrería de artista. del alma india y de mil cosas más. manifesté que estaba harto. una frontera recta como trazada con tiralíneas. etc. Creía mejor retroceder. Ya conocía yo aquel mapa 1:500. THE AMERICAN WAY OF LIFE: un intento de cosmetizar la vida. Yo intenté dormir. conferencias enteras sobre el indiscutible retorno de los viejos dioses (después del lanzamiento de la bomba H) y acerca de la extinción de la muerte (¡palabra!) gracias a la penicilina. Lo que más nervioso me ponía eran los galápagos en cada charco. todo olía a fecundidad. venciendo la repugnancia. o sea acerca de la UNESCO: el técnico como última edición del misionero blanco. surco por surco. No exploté hasta que Marcel expuso su opinión acerca de mi actividad. Aquel hedor dulzón nos acompañó durante horas hasta que...

en parte lleno de agua y que apenas parecía correr. pestilente. sans blague. siguió a lo largo de la orilla hasta encontrar el lugar vadeable. era agua. Seguí en el agua aunque. mientras Herbert intentaba sacar nuestro Land-Rover de la marga viscosa. a pesar de que yo me quería bañar. Herbert ponía gasolina. el sol como enguatado. que hacía suponer que Joachim (¿quién si no?) también había llenado el depósito de gasolina en aquel lugar. —Voilà —exclamó— les traces d'une Nash! (¡He aquí huellas de un Nash!) De momento. Nuestro Land-Rover estaba metido hasta el eje en la marga viscosa (o lo que fuera). Cada movimiento en ella provocaba burbujas. Marcel también era partidario de retroceder porque veía que se le terminaban las vacaciones y. por lo demás silencio sepulcral (cuando a Herbert no se le antojaba hacer pruebas a todo gas) bajo un cielo blanquecino. yo creo que casi le tenía convencido. o mejor dicho. tejidos. Yo me bañé.. pero al fin y al cabo. no dije ni media palabra. turbia y caliente. aquel cielo lleno de verduras si uno lo miraba echado boca arriba en el agua: palmas con hojas de a metro. frontera entre México y Guatemala. raíces aéreas.. en parte seco.. sólo se trataba de convencerle de que era absurdo continuar adelante sin la menor orientación. y Herbert no paró. Cuando vi en el agua un bidón oxidado. nunca encontraremos esa maldita plantación. y nos quedamos flotando boca arriba. me molestaba únicamente que hubiera tantas libélulas y que Herbert nos diera prisa para continuar. pegajoso y ardiente. Creía mejor retroceder.. más acá filigranas de acacias. si no hubiese sido por Marcel que me interrumpió. Herbert se quedó en tierra. —Es absurdo —dije—.) 36 .. Marcel también se echó al agua. inmóviles. sino que seguí bañándome. me entró asco al ver tanto bicho. luego dejó de hablar y empezó a escucharme. las burbujas sobre el agua marrón. pero debía de haber lugares donde se podía pasar sin necesidad de puente.Max Frisch Homo Faber un río. puesto que Herbert había logrado efectivamente pasar el Land-Rover a la otra orilla. de vez en cuando un pájaro rojo que volaba sobre el río. (Pero fijaos. por consiguiente. nos figuramos que era una broma. el brillar putrefacto del sol. no tan fácil de cruzar. Propuse que lo decidiéramos por mayoría. —Mais regardez —seguía gritando—. en serio. me insultó. de pronto. y pensar que podía haber serpientes. viendo que no podía discutir mis argumentos. con la boca cerrada para no tragar ni una gota de aquella agua.. Todo bullía de mariposas. el mismo por donde había pasado también Joachim (como descubrí luego). envuelto en un halo irisado. Creía mejor retroceder. al lecho de un río que no podía ser otro que el río Usumancinta. inmóviles. De momento.

Herbert gritó. la tierra ardía. (¡Qué lástima!) A la mañana del cuarto día vimos a dos indios que cruzaban el campo provistos de unos cuchillos curvados. No podíamos estar muy lejos. El sol no tardaría en ir al ocaso.. surcadas de acequias. La esperanza de llegar antes de que cayera la noche nos mantenía más nerviosos que nunca. Cuando. subimos al Land-Rover y. me senté en ella.. Herbert iba arriba y abajo. hasta que Herbert tropezó con unos zopilotes que estaban despedazando un asno muerto. como hinchado. imposible apaciguar su ira. asqueroso. El espectáculo era repugnante.Max Frisch Homo Faber Las huellas resecas habían sido. Seguimos buscando a la luz de la luna. Habíamos vuelto a perder la pista. trataban de sacarle las tripas por el ano.. Poco después aparecieron los primeros campos de tabaco. Centelleaban luciérnagas. obra de la mano del hombre. se reconocía. con los dedos en la boca. aquellos cuchillos curvados no eran otra cosa sino hoces. Sólo Marcel dormía. en efecto. juró y apedreó a los pajarracos. como una ampolla de sangre en el vaho. Aquello representaba una orientación. en otros lugares.. El que encontrara algo parecido al rastro de un neumático. De pronto.. con la cabeza entre las manos. de tal manera que también podían ser roderas de un carro. pero no se veía alma humana. Los zopilotes estuvieron comiendo toda la noche. inundadas. El mismo aspecto tenía la luna. mientras Herbert seguía apedreándoles. Nos asignamos sectores que cada cual debía explorar. De lo contrario. exactamente iguales a los dos que había visto Herbert en Palenque y que había tomado por asesinos. en parte. grandes plantaciones de tabaco. como un riñón o algo parecido. En vano buscábamos la muestra de los neumáticos. contemplándolos como hechizado. Yo estaba muerto de cansancio. la luna desapareció detrás de los tabacales y 37 . silbamos tan fuerte como pudimos. No nos quedaba nada que beber.. según la clase del suelo. Silbamos y tocamos el claxon mientras el sol caía ya sobre el tabaco verde. Era nuestra cuarta noche. Habían vaciado los ojos al asno — dos hoyos rojos—. sin contar con que el calor era también más intenso que nunca. que silbara a los demás. dejé de oír pasos y alcé la mirada hacia Herbert: le vi que estaba junto al asno muerto. la muestra de los neumáticos. sin echar piedras contra los repugnantes pajarracos. a nuestro alrededor. Sólo silbaban los pájaros. rectas como trazadas con tiralíneas. ya he dicho que no hubiera continuado y (no puedo sacarme esta idea de la cabeza) todo hubiera sido distinto. y también la lengua. Sólo hubiera faltado que nos hubiésemos extraviado con la luz del anochecer. ahora. andando cada uno en una dirección distinta para ir en busca de las huellas de los neumáticos. Pero ahora no me podía negar a continuar. sudando a la luz azulada de la luna. finalmente.

la barraca estaba rodeada de zopilotes en las ramas de los árboles. Llamamos y golpeamos a la puerta diciendo a Joachim que abriera. de momento. b. nos dijeron que el amo había muerto. Sacamos fotografías y le enterramos. m. por aquel entonces. Se veía el cadáver a través de ella. H. a pesar de que. como representante y sobrino de la Hencke-Bosch G. no sabía todavía ni una palabra de español. puesto que nadie había contestado a nuestros insistentes y repetidos bocinazos y silbidos. naturalmente. ¿Qué querían decir con eso de que había muerto? Los indios se encogieron de hombros. y se lanzó a campo traviesa por entre los tabacales. lo había hecho con la ventana cerrada. ∗ —Nuestro señor ha muerto. Por suerte. y la única puerta estaba cerrada por dentro con llave. a la que pertenecían aquellos campos. 38 . de Düsseldorf.. y uno de ellos nos indicó el camino corriendo a paso ligero al lado de nuestro Land-Rover. b. zopilotes sobre el tejado. sin embargo. no sé lo que a Herbert se le metió en la cabeza. cosa que yo comprendía perfectamente. El sol estaba cada vez más alto. pero no pudieron entrar por la ventana. porque Herbert no comprendía una palabra de español. pero no había más remedio. como disecados.Max Frisch Homo Faber el vaho húmedo sobre los campos perdió su aspecto lechoso. pero no por mucho rato. Yo sacrifiqué todavía un día y medio para convencer a Herbert de que no había ningún motivo para sospechar que se tratara de un motín y que lo único que había ocurrido es que su hermano no había podido soportar aquel clima. Yo lo tuve que traducir. empleados de la Hencke-Bosch G. y le reconocieron al punto como señor inmediato. cerramos en seguida—. cuando nosotros reanudamos el viaje sin camino.. No pude reconocerle. pero eso no era lo más importante. un grupo de indios. Era una barraca india. Herbert. Fui a buscar la llave inglesa en el Land-Rover. m. no hubo manera de  En castellano en el original. No se trataba pues de ningún motín.. los zopilotes estaban hartos y estaban posados en los árboles de alrededor. Finalmente. sin pronunciar una palabra. Se oía una radio. cubierta con plancha ondulada. Volvió a salir el sol. Los indios (según consta también en el informe que redacté y entregué al Consejo de Administración) obedecieron todas las órdenes de Herbert.. Los demás siguieron trabajando. Era absurdo ir dejando aquella estela de plantas destruidas. y Herbert saltó el cerrojo. Me pregunté de dónde sacaba la corriente la radio —que. El asno estaba despachurrado. asumió la responsabilidad y se hizo cargo del volante. Joachim se había ahorcado con un alambre. los indios continuaban yendo todos los días al campo y no se les había ocurrido la idea de forzar la puerta y descolgar al ahorcado. me quedé dormido. Dijeron que el señor estaba muerto. H..

nosotros vestidos de calle. casualmente. y era cuestión de avanzar mientras pudiésemos seguir nuestras propias huellas. Hanna había 39 . también les pareció bien que no quisiéramos una boda con coches y boato. lleno de arañazos. antes de una semana. visiblemente abandonado desde hacía tiempo. nosotros también teníamos nuestras ocupaciones. Él se limitó a encogerse de hombros. Presenté los documentos en el juzgado y anunciamos nuestro enlace en el periódico. No sé lo que Herbert se imaginaba. pero no había que pensar en quedarnos.Max Frisch Homo Faber convencerle una vez hubo decidido que el clima no le arredraría. Sigue siendo un misterio para mí cómo Hanna y Joachim llegaron a casarse y cómo a mí. finalmente. no hablaba ni siquiera español. por fin. Pero al llamarnos. como ya he dicho antes. no sospeché nada. pero en condiciones de funcionar. Además. Yo teñía que volver a ocuparme de mis turbinas. sucio. dejarle allí siendo el único blanco. Yo me decía que. A mis padres. lo probé y vi que todavía quedaba una provisión respetable de gasolina. o mejor dicho. Hanna continuaría siendo suiza y tendría un pasaporte. Había muchos contrayentes. no nos hubiéramos atrevido a dejar a Herbert solo. pero fue inútil. y de allí a Campeche y a México para proseguir mi vuelo. Lo repasé personalmente. de sí era mejor para mí. incluso en caso de divorcio. sólo Hanna seguía con sus dudas de si era mejor que nos casáramos. La cosa corría prisa porque yo debía irme a ocupar mi cargo en Bagdad. Marcel y yo.. Herbert nos daba lástima. tenía que regresar a Palenque. esperando todavía a que se decidiera a venir con nosotros. el coche estaba en una barraca india. Cuando. Marcel tenía que volver a reunirse con su orquesta. sin replicar y apenas nos dijo adiós cuando nos vio subidos en el LandRover. y tuvimos que aguardar en la antesala. El motor estaba bien. pequeñoburgueses preocupados. Herbert sacudió la cabeza. yo también tenía que seguir mi camino. al juzgado para formalizar la boda. Yo me había jurado que no abandonaría a Hanna y estaba dispuesto a mantener mi palabra. Pero ni Marcel ni yo teníamos tiempo que perder. Yo sólo puedo informar acerca de lo que sé. Herbert tenía el Nash 55. que yo repasé. el tiempo amenazaba tormenta. insistimos. y a mí me parecía una falta de compañerismo. protegido de la lluvia sólo por un cobertizo de hojarasca. Era la época en que se anularon los pasaportes judíos. rodeados de novias blancas y novios engalanados que parecían camareros. el juez. aunque sucio de barro. que seguían echando de menos el repique de campanas— y nos dirigimos. Era una mañana de sábado —después de un desayuno algo incómodo en casa de mis padres. no me comunicaron ni tan siquiera que había venido al mundo. Nosotros no teníamos más remedio que regresar. seguí charlando y fumando. al fin y al cabo. Marcel tenía que volver a Boston y reanudar su trabajo. aparte de que tampoco hubiera tenido sentido que lo hiciéramos. tanto si Herbert lo comprendía como si no. sin contar que nos habíamos comprometido a devolver el Land-Rover al amable hotelero del LACROIX. De lo contrario. padre de la criatura. Joachim se avenía a ser testigo de boda. como suele haber todos los sábados.. un caso de irresponsabilidad. Hanna salió de la sala.

en la orilla del Limmat. Ella me besó sin contestar. Sólo me casaba con ella —dijo— para demostrar que no era antisemita. olía a whisky. y además vino de Sauternes: para celebrar mi resurrección del desierto. Hanna me acompañó todavía a la estación y nos despedimos. Ni chistar de mi carta del desierto.Max Frisch Homo Faber desaparecido. a pesar de que sabía que a mí las flores no me dicen gran cosa. Lo encontraba muy simpático. Por fortuna. No le dije ni una palabra.. rogué a Hanna que considerara las cosas de un modo completamente objetivo. fue espantosa. y no hubo modo de evitarla... La semana siguiente. Ivy me puso entre la espada y la pared. porque ella adora la violencia y le da derecho a morderme. mi última en Zurich. Era el año 1936. tenía que marcharme a Bagdad según estaba estipulado en el contrato. Nos sentamos en nuestro Studebaker e Ivy me condujo a casa. Nuestra pelea empezó cuando Ivy se presentó con una toalla de baño. y así nos separamos. Ivy había comprado flores. y además langosta. yo la eché fuera con violencia. todo ello acompañado de besos mientras yo repasaba el correo. porque las turbinas estaban todavía en el puerto. Luego que me hube puesto de acuerdo con Dick (que había llamado para felicitarme por mi aterrizaje forzoso) para ir a jugar una 40 . Le pregunté si había recibido mi carta. Pero jamás se me hubiera ocurrido la idea de que Hanna y Joachim se pudieran casar. Idlewild. y menos aún en aquel piso que ella llamaba «nuestro» piso. pero no pudimos convencerla.. Ella seguía negando con la cabeza y llorando. iría a ver a Joachim.. Fuimos en su busca y la encontramos fuera. embaladas en cajas y no había que pensar en montarlas. Yo había preguntado a Hanna qué le parecía mi amigo Joachim. habíamos acordado que nuestro hijo no debía nacer. No había contado con volver a ver a Ivy. se negó a volver a entrar en el juzgado. Era Hanna quien no se quería casar y yo no podía hacer nada. Es posible que me estuviera duchando sin encontrar la hora de acabar. Me prometió que en cuanto yo me hubiera marchado. pero fue en vano.. No volví a saber nada más de ella. Odio las despedidas. sabía ya que al cabo de una semana yo tenía que marchar a París por cuestiones profesionales. Día 21 del IV: Llegada a Nueva York. Mi estancia en Venezuela (hace dos meses) duró sólo dos días. sonó el teléfono. que nos había ofrecido su ayuda médica. Día 20 del IV: Salida en avión de Caracas. no hubo nada que hacer. por desdicha. ¡No podía! Yo le hablé mientras daban a nuestro alrededor las campanadas de las once. se había enterado de cuándo llegaba.

y ella accedió a ir al restaurante chino.. decidí acabar. pero caro si uno no es enamorado. Pero Ivy no parecía estar enterada de que hubiésemos roto definitivamente nuestras relaciones. Me quedé aguardando.. no tenía ganas de hablar de eso. 41 . llamé a Dick para decirle que lo sentía mucho pero que no podría ir. Me preguntó qué me parecía su vestido.. Yo le dije que yo sí. Ivy se rizaba las pestañas. De pronto. ¡Todo inútil! Ivy me aseguró que no tenía apetito. un monstruo. sin duda. ¿Por qué estaba tan callado? Dick por ejemplo.. llevaba en la cara señales de haber llorado. magníficamente situado. dos habitaciones y una terraza. Es posible que Ivy me quisiera. (Con las mujeres. pero yo me guardé muy bien de emplear la violencia. Naturalmente. que no tenía sentimientos. luego otro sueco. Eran las seis de la tarde.) Cuando. y además. juega también al ajedrez.. creo yo. y yo sabía perfectamente cómo transcurriría aquella noche si no salíamos. Ivy estalló diciendo que yo era un salvaje. es un hombre muy culto. pero no pude negarlo. porque eso era precisamente lo que ella quería. le dije sólo que. me eché a reír. Ivy volvió a sollozar.. que no era adecuado para ir a un restaurante distinguido. confieso que le admiro (sólo en el ajedrez puedo compararme con él) o por lo menos le envidio. Ivy prometió inmediatamente ser razonable. un egoísta. Ivy no le conocía. Ivy se pintaba las uñas y canturreaba. Ivy seguía peinándose. la dificultad estaba en que no le podía decir el porqué de la cosa. luego su traje sastre. Joachim había sido mi único amigo verdadero. La muerte de Joachim. en verdad. propuse un restaurante francés. muy gracioso. hubiera preferido una partida de ajedrez. numeré las bobinas como de costumbre.. me disculpé como pude. un cuarto de hora más tarde. uno no está nunca seguro. No le contesté. o por lo menos más culto que yo. Estaba en la entrada ordenando las últimas películas para llevarlas a revelar. sollozando. El mero hecho de volver a salir juntos después de haber roto por escrito. Ivy empezó a pegarme con los puños cerrados. luego uno chino. Volví a dejar la langosta en la nevera.. Central Park West. Ya hacía tiempo que encontraba caro aquel piso. es uno de esos hombres que nos podrían salvar la vida sin que por ello aumentara la intimidad.Max Frisch Homo Faber partida de ajedrez.. Ivy me preguntó cuándo me marchaba a París. Le conté mi aterrizaje forzoso.. él había preparado ya el damero. Ella alegó la langosta que había en la nevera. Yo ya tenía la langosta en la mano a punto de tirarla al crematorio: no estaba dispuesto a dejarme dominar por una langosta. me ponía furioso. es simpático.

jamás he sentido ese miedo. se quedó muda de asombro. ¿Por qué no tomar. fuera la línea que fuera. acababan de devolver un camarote de primera. naturalmente. al oírlo. no debería ocurrir.. por segunda vez. Pero ella también. hasta entonces no me lo confesó.) De todas maneras. Creyó que si pasábamos una semana juntos. eso es lo que había creído. —You're ready? (¿Estás a punto?) —pregunté. cariño!) Un defecto en el carburador. se lo había dicho claramente. Ivy lo tenía todo arreglado para pasar una semana en Manhattan. acudió rápidamente para interrumpir la conferencia. mi aterrizaje forzoso en Tamaulipas y le dije lo poco que había faltado para que.. Su sospecha de que yo tuviese miedo a volar era conmovedora. con gran placer mío. naturalmente.. Honey —exclamó ella—.Max Frisch Homo Faber Sin saber cómo fue.. incluso se sentó y reconoció que ella habría sido incapaz 42 . (Mañana por la mañana. Estuve de suerte. pero ella no había hecho ningún caso de la carta. Recogí el abrigo del suelo. tomando su abrigo para ayudarla a ponérselo. y mi súbita decisión de no hacer el viaje en avión. Le mentí y dije aquello que podía hacerle comprensible mi resolución y volví a describirle. echaba abajo todos sus planes. un pasaje en un barco? Continué haciendo cálculos hasta dejar a Ivy completamente convencida.. stop it! (¡Basta ya. me oí hablando por teléfono. pataleando. todavía no sé cómo se me antojó (tal vez porque Ivy canturreaba y hacía como si nada hubiese ocurrido) no ir en avión. como de costumbre. cuanto antes mejor. Ivy también se había enterado de la hora de salida: —Eleven o'clock tomorrow morning. se lo repetí. no quería ser cruel. Tal vez estuve cruel. que. Yo mismo me quedé sorprendido. como solía hacer cuando me disponía a salir con ella. Era muy difícil en aquella época encontrar pasaje en un barco que fuera a Europa y. Le había escrito que nuestras relaciones habían terminado. diciendo: —It's okay! (¡Perfectamente!) Ivy. 999 no ocurra nada? ¿Qué me importa que el mismo día en que yo caigo al mar haya 999 aparatos que aterricen magníficamente? Ivy se quedó pensativa. y pregunté si había pasaje en un barco que saliera para Europa. pero yo colgué el aparato. la verdad. Ivy oyó cómo lo hacía reservar. fuera de quicio. y por eso yo me reía.. a las once. y ¿de qué me sirve que de cada mil veces que vuele. Ivy me atravesó con la mirada y luego tomó el abrigo y lo echó a un rincón. en efecto. encendí un cigarrillo. le dije. Quería darle facilidades... sino salir al día siguiente en barco para llegar igualmente a París al cabo de una semana. que todo seguiría igual. —¿Por qué en barco? —preguntó Ivy. me dejaría convencer. y a pesar de que. una sola avería basta. hice como que lo tenía. —Oh.

Max Frisch Homo Faber de hacer aquellos cálculos. Le rogué que se vistiera. Hubiera querido pegarle fuego.000 millas sin la menor avería. Ivy canturreaba. había preparado dos pomelos y me preguntó si quería tomar café. Ahora se vengaba. su beso cuando yo escancié vino. pero la langosta me repugnaba. era insoportable. Confieso que me daba lástima. y a mí me repugnaba su cariño. Durante mi vida. su hombro junto a mi pecho. en lugar de vestirse. Yo estaba junto a la ventana y odiaba todo el tiempo que había pasado en aquel Manhattan. como si estuviera a punto para salir inmediatamente. su mano sobre mi mano. Me odiaba a mí mismo. Me preguntó desde la cocina si quería ir al cine. comiendo langosta y bebiendo Sauternes. mientras ella me examinaba la mano izquierda. tan convencida estaba de mi miedo a volar que ella misma temía por mi vida. Finalmente. Ivy. la odiaba. pero la acariciaba como se consuela y se acaricia a una viuda. como si fuera un mocoso. porque tenía la impresión de que sus sentimientos eran auténticos cuando me habló llorando de lo corta que era mi línea de la vida (aunque he cumplido ya los cincuenta). su mano sobre mi rodilla. Yo tenía hambre. Una hora más tarde. que yo le había regalado para Navidad. Yo le había escrito que todo había terminado y ella llevaba mi carta en el bolsillo (lo vi perfectamente). Ivy la encontraba deliciosa. Ivy no me hizo caso. le dije francamente que la odiaba. el cabello —grave error—. creía firmemente lo que decía y. pero sobre todo odiaba mi piso. yo le acaricié. su brazo sobre mi hombro. Ivy tiene veintiséis años. con la derecha. con su temperamento. Todo ocurrió exactamente como yo no quería que ocurriera. Se lo tuve que jurar. Cuando me aparté de la ventana. ¡Nunca más! Ivy era extraña. en zapatillas y bata. Ivy en su bata. Simulé este miedo hasta que Ivy me pidió que no volviera a subir nunca más a un avión. estábamos sentados uno al lado del otro. Ivy. quiso leerme el destino en la mano.. tuve que consolarla como si ya me hubiese estrellado y hubiese pasado a mejor vida. No podía tratarse pues de miedo de volar. claro está. Me pidió que la perdonara. pero no lo podía remediar.. Cuando pasó junto a mí para ir a poner el agua al fuego me tiró de la nariz. Como burlándose. en el fondo me reía. creo que he volado más de 100. acabé besándola. a pesar de que yo no creo en la quiromancia ni he creído nunca. me sentía ridículo. 43 . le prometí ir a ver a un médico y sentí sus lágrimas sobre mi mano izquierda. Sentía bajo mi mano el calor de su cráneo. comprendía perfectamente que no quisiera volar.

Yo me digo: si no hubiese desmontado la maquinilla. provisto de mi pasaporte. Fue también una pura casualidad lo que decidió el futuro. y así se lo dije. pero a mí me pone nervioso no saber por qué fallan. Mi decisión de dejar el piso era inquebrantable. Ivy encontró que iba muy bien afeitado. fue una casualidad que no hubiésemos salido ya de casa cuando llamaron de la CGT. sino con auténtico sarcasmo. —Technology —dijo ella.) Como si yo no hubiese esperado nunca. Me dominé y no dije ni media palabra. sin contar que tenía otra maquinilla en el cuarto de baño. pero confieso que fue una llamada decisiva: mi pasaje para Europa no me lo podían reservar si no me presentaba inmediatamente en la oficina. Ivy no protestó. aquella llamada ya no me habría pillado en casa. no fue sino un hilo de nylon que se había metido en la maquinilla. con mi pasaje en el bolsillo. como ya he dicho. Pero la maquinilla estaba estropeada. mástiles y grúas y chimeneas encarnadas bajo los focos. Pero no se trataba de eso. para que Ivy pudiera volverse a arreglar inmediatamente. la misma llamada que ya había oído una hora antes. pero no conseguí oírla zumbar. en todo caso. es decir. Claro que iba bien afeitado. Disfrutaba de la vida como un muchacho. I'm waiting. junto al Hudson. ¡Sí. Tuve deseos de afeitarme. no hubiera podido hacer el viaje en barco o por lo menos en aquel barco en que viajaba Sabeth. quería saber qué le pasaba. Una hora más tarde estaba sentado en un bar. Todas las máquinas pueden fallar algún día. pero no se trataba de eso ahora. y mi hija y yo no nos hubiéramos conocido. no porque me hiciera falta. otra más vieja. lo cual no me impidió desmontar la maquinilla pieza por pieza. Para no estar esperando a Ivy. no con el tono de incomprensión con que suelen decirlo las mujeres. quería ir al cine! El café me sentó bien. —Walter —dijo Ivy—. hasta las nueve de la noche a lo más tardar. fui de enchufe en enchufe. pero que no había podido atender.Max Frisch Homo Faber Ahora se divertía a jugar conmigo al escondite. satisfecho después de haber visto el barco. estoy esperando.. hombre entre hombres. con todas las ventanas iluminadas. recogí sus zapatos y su ropa interior (no puedo soportar el espectáculo de esas prendas de color de rosa) y lo eché todo a la habitación contigua. enorme. pero que iba bien.. sino sencillamente porque sí. Ella llevaba puestos el abrigo y el sombrero. ¡Mi primer viaje por mar! Bebí una cerveza y comí un Hamburger. 44 . (Walter. yo me había sentado para desmontar la maquinilla. como hacía tiempo que no había hecho.

con el abrigo y el sombrero puestos sonriendo a pesar de que ya hacía dos horas que estaba aguardando. Ivy (se había puesto de pie) me deseó un buen viaje y una vida muy feliz. que tolera bromas sobre cualquier cosa menos sobre el Papa. Decidí comerme otro Hamburger. extraña y.. En resumen.. quizá frígida. —Borrón y cuenta nueva —dijo Ivy. que trabaja de modelo. La besé. la probabilidad de no encontrar a Ivy. No tenía más remedio que volver a casa. Todavía quedaba vino en la botella. en realidad. El Sauternes estaba caliente. 45 . tal vez únicamente porque todavía no había hecho nunca un viaje en barco. una criatura todo corazón cuando no se deja llevar por el sexo. En el fondo tenía la esperanza de que Ivy ya no me esperaría. la encontré sentada. Cuando he trabajado demasiado soy insoportable. pero no había otra manera de librarme de Ivy. Al brindar con los vasos a medio llenar. El cenicero que tenía delante estaba lleno a rebosar. Ni un beso. pagué y me fui a pie para aumentar. furiosa contra mí. Ivy no es tonta. la verdad es que estaba ilusionado con aquel viaje. que es católica. Borrón y cuenta nueva. sólo el busto era muy femenino. lo cierto es que sentía la necesidad de tentarme porque le parecía que yo era egoísta. me eché el sombrero sobre la nuca. la mirada fija en un combate de boxeo que daban por la televisión. Pensé en Joachim. siquiera media hora. que habría acabado la paciencia y se habría marchado del piso. rodeado de descargadores del muelle.. llené dos vasos tan bien como pude y le pedí perdón por lo de antes.. los fines de semana en Fire Island y las tardes en la terraza de nuestro piso.. Estuve allí hasta medianoche.. Bebimos de pie como en las recepciones diplomáticas. de la vida cuando era joven. sin una palabra de reproche. un monstruo. Tenía la impresión de empezar una vida nueva. me parecía a mí. quizá es lesbiana.. Cuando penetré en mi piso.. —Everything okay? (¿Todo está arreglado?) —preguntó. las caderas estrechas como debe tenerlas una modelo. pero sí algo perversa. —Everything okay —dije yo. habíamos pasado una época muy agradable.Max Frisch Homo Faber un Hamburger con mucha mostaza. Pero rechazó el beso. sin embargo. Así nos despedimos.. Ivy me aguardaba en el piso. Ivy tenía cara de haber llorado. dije. también. sabía que es tenaz —no sabía muchas cosas más de Ivy—. me lamí la espuma de los labios. porque tenía hambre en cuanto me hallaba solo. pero no tenía ninguna prisa. casi todos ellos negros. tenía el tipo de un muchacho. Ivy estuvo de acuerdo.. y casi siempre resulta que he trabajado demasiado. porque yo me comportaba como un bruto (y lo sabía). encendí un cigarrillo e intenté poner en claro qué había esperado. ya que debía hacer las maletas. Estaba preciosa y había que reconocer que era la sensatez personificada.

tres de los cuales tuvieron que ser sacados del ascensor. Cuando volví a llamar por teléfono a Dick —no encontré otra solución—. Ivy se peinó por tercera vez... Para demostrármelo.. hasta el filtro. Se les oía por el teléfono. Insistí. el cuello tenso. eran ya más de las doce.) Naturalmente.. Dick tenía una reunión en su casa. Dick se sentía responsable de que no se le perdiera ningún amigo y los contó con los dedos de la mano y después de largos cálculos llegó a la conclusión de que seguía faltándole uno. Ivy se mantenía envarada como un maniquí. a pesar de ello. Yo estaba muerto de cansancio. humillarme. sino que me lo dijeron para burlarse de mí. Uno se negó a entrar cuando oyó que había una mujer. lo cual pudimos impedir. ella volvió la cara. por lo visto le pareció excesivo o insuficiente. algarabía de voces borrachas. sangre. me recibieron a carcajadas diciendo que no había volado 46 .. Al parecer. Dick hizo las presentaciones: —This is a friend of mine. pero Dick no me hacía el menor caso. no era un acróbata. dieciséis pisos.. Volvimos a sentarnos como unas horas antes. echó de menos a uno. no sé exactamente por qué. Se fue. se ha perdido.) Me parece que ni él mismo conocía a aquellos tipos. borracho como estaba. no tocó a nadie. Por suerte. la besé a la fuerza. Hasta que Ivy no se colgó del auricular. y yo le pedí que se viniera con todos sus amigos. Por fin. que me venía a detener. ése era el único placer que yo le podía dar. incluso cuando se rompió el jarrón indio que no me pertenecía. sanitarios. me amenazó con hacer la vertical sobre la baranda de mi decimosexto piso. seguía sin la menor noción de quién era aquella gente. no sé..Max Frisch Homo Faber Mientras yo la mantenía prisionera con el único fin de darle un último beso y sentía su cuerpo entre mis manos. Creo que Ivy quería que yo me odiara y me tentó únicamente con ese fin... cuando ya me había dormido en la mecedora. (Sea como sea.. Ivy quería dormir. policía. Cuando volví al piso. escaleras abajo. profiriendo juramentos. le besé la oreja. yo procuré tomármelo todo en broma. eso era lo que más la divertía. dispuesto a encontrar que se había formado un grupo. como inválidos. el cabello amargo. —He's lost —dijo— anyhow. Pero a Ivy le pareció que yo no tenía sentido del humor. uno de ellos era un gran acróbata. Pero nada de ello. mientras Ivy seguía fumando sin soltar el cigarrillo. No sé cómo ocurrió otra vez. Después de una hora. Yo me había precipitado en seguida a la calle. (Un amigo. él no se mostró dispuesto a hacernos el favor de no dejarnos a Ivy y a mí solos. entre tanto voló una botella de whisky balcón abajo —naturalmente. No sólo seguía fumando su cigarrillo como si aquél fuera el último de su vida. la sien. Yo le expliqué que se había vuelto a marchar. llegaron Dick y sus amigos: siete u ocho hombres. sino que con la otra mano sostenía el vaso de vino vacío.

Hacía un día magnífico. 47 . le di un beso.. al principio. todo había salido bien. pensé. mientras los remolcadores nos arrastraban por la popa. porque Ivy tenía que marcharse irremisiblemente.Max Frisch Homo Faber ninguna botella de whisky balcón abajo. luego filmé las gaviotas que nos escoltaban. pero nada más. la había tomado por una bailarina. Le hice adiós con la mano. Me dolía la cabeza.. que quería saber cómo me llamaba.) Lo único que sabía era que procedía del Bronx. jamás me había hablado de su padre ni de su madre. Excepto a su marido y a mí. filmé (con mi nuevo teleobjetivo) a Ivy hasta que.. lloró. (No soy más que una criatura que no va a ninguna parte. Ella con su sombrerito. dejaron de verse las caras. Una criatura encantadora. luego por una cocotte. Fui a buscar un destornillador y desmonté el cerrojo. Estábamos en cubierta. al final. No sabría decir cuándo ni cómo fue que se marcharon de mi casa. pero ninguna de estas dos cosas era exactamente verdad. y le rogué que hiciera otro café de aquellos tan buenos que sabía hacer ella. recuerdo una graciosa expresión que solía repetir con frecuencia: I'm just a dead-end kid. Así continuamos hasta la madrugada. sin una nube. ¿A qué viene esta reunión si uno se podría morir estando con vosotros y nadie se daría cuenta. encontré que la puerta estaba cerrada por dentro. creo que Ivy trabajaba de veras como modelo. a simple vista. Le di las llaves. Tuve que contenerme para no demostrar mi alegría al ver soltar los pesados cabos. no sé a quién tenía en el mundo. Ivy fue la última persona que pisó la pasarela para bajar del barco. sin que os dierais cuenta. sólo Dick estaba allí. Ivy me prometió que se encargaría de liquidarlo todo: el piso y el Studebaker. la verdad es que no sé por qué nos hemos reunido —grité—.30 tenía que estar a bordo. ¿por qué? —(yo mismo me oía gritar)—. Filmé toda la salida mientras pudo verse Manhattan. Cuando quise ir al lavabo. Le estaba dando las gracias cuando sonó la sirena y por los altavoces advirtieron que los visitantes abandonaran el barco. ¿A eso llamáis amistad? Uno se podría morir estando con vosotros. uno se podría morir. —En vuestra compañía uno se podría morir —grité—. seguían retumbando las sirenas. a pesar de que jamás había comprendido a Ivy.? Estaba borracho. Ivy estuvo encantadora e incluso me acompañó al barco. Encontré a uno sentado en el suelo.. Yo me sentía feliz al pensar que. Estaba apoyado contra el zócalo de una grúa. fumando. Naturalmente. Ivy seguía diciéndome adiós con la mano. hice las maletas y agradecí que Ivy me ayudara. Yo ya no sabía qué era verdad y qué era mentira. Así pasamos la noche. A las 9. las sirenas retumbaban de tal manera en el aire que nos tuvimos que tapar los oídos.

descortés cuando alguien no entendía 48 .Max Frisch Homo Faber A Joachim. nada que motivara mi repugnancia. hablaran la lengua que hablaran. Yo llevaba el volante. porque la tierra. et que la terre est femme!. no corría ningún peligro. solté una carcajada. la mañana fue cálida y vaporosa. iluminadas. lluvia tibia y pesada. resplandecían como tripas. porque resultaba demasiado oscuro sin luna. me lo hizo comprender.) En el viaje de regreso sólo nos paramos por la noche.) Yo me quedé mirándole. aunque. Marcel dijo: Tu sais que la mort est femme! (Sabes que la muerte es mujer. sangre de menstruación. súbitamente. yo no cesaba de decirme que se trataba de agua pura. y nosotros estábamos mojados de sudor y lluvia y grasa. Cuando pasábamos por en medio de un charco. Luego la aurora. aunque estábamos parados. dijo él. salpicábamos de barro hacia ambos lados. Hacia la madrugada cesó la lluvia. no sé cómo logramos cruzar el río con nuestro Land-Rover. no se podían resistir las ropas mojadas pegadas al cuerpo. No obstante. llena de burbujas de putrefacción. pero. Llovía. No soplaba ni un hálito. en efecto. Estábamos sentados allí como en un baño de vapor. no cesaba el ruido del agua en sus diversas formas. pero las hojas de los árboles seguían goteando. nos habían llamado a todos al comedor para asignarnos nuestros sitios en las mesas. mirado objetivamente. Yo estaba contento de no encontrarme solo. El camarero. como se cierra una ducha. y el rumor era el del diluvio. desnudos. montones de cabezas negras y estremecimiento de colas como si fueran espermatozoos. charcos llenos de galápagos. el sol pastoso como nunca. en realidad. el agua se escurría. (A mí me gustaría que me incineraran. prefería una mesa de hombres solos. No dormimos ni un momento. Poco después de salir del puerto vi por primera vez a la muchacha de la cola de caballo rojiza. En el cono de luz de los faros se veían las hojas inmóviles. es decir. y esta vez comprendí perfectamente. lo cruzamos y no comprendimos cómo habíamos podido bañarnos en aquella agua tibia. no hubiéramos debido enterrarle en el suelo. charcos de madrugada que parecen charcos de sangre sucia. mugrientos como recién nacidos. en cambio la tierra se convierte en lodo después de la primera tormenta (como pudimos apreciar en nuestro viaje de regreso). un embrollo de raíces aéreas que. de todos modos. como si me hubiese dicho una obscenidad. no daba mucha importancia a quién se sentaría conmigo en la mesa. pero. Pero no nos dejaron elegir. Dejamos los faros encendidos. un espectáculo repugnante. En realidad. las hojas brillaban. No refrescó ni por el espacio de un instante. Marcel tenía razón: el fuego es un elemento limpio. con un plano en la mano: un burócrata francés. contemplando aquellos charcos a la luz del amanecer. sin querer. Pero la cosa ya no tenía remedio. la tierra hervía ante nosotros. Toda la noche se oyó el ruido del agua. a nuestro alrededor. en podredumbre llena de gérmenes. viscosa como vaselina. lo he pensado más de una vez. sino que deberíamos haberle incinerado.

Jugaba estupendamente. Yo prefería decididamente una mesa de hombres solos. sólo agua. Le cedí la litera de abajo. No podía imaginarme cómo se podían pasar cinco días en un barco como aquél. No le vi la cara. a mí el segundo. Todos los sillones llevaban el nombre de su usufructuario. No tenía experiencia marinera. con la prisa de la mañana. Cuando entré. había desaparecido también Long Island. no podía verle la cara. ya no quedaban tumbonas. en cambio. Sabeth estaba jugando al ping-pong. con un collar de madera natural. literalmente flotando. y ansioso de saber de dónde habían sacado las tumbonas los demás pasajeros. No había nada que ver. Traté de imaginármela. alrededor. Luego otra vez a cubierta. en cambio charlatán cuando a él se le antojaba. Aquella espera me obligó a fijarme en ella. A ella le tocó el primero. amable hasta no encontrar el momento de terminar. agua por todos lados. Unas gaviotas seguían el barco. luego. Lo natural en estos casos es mirar si se conoce a alguien. no lo había hecho. sólo se encogió de hombros: lo mismo le daba comer en el primer turno que en el segundo. los gestos. tictac. Me fijé únicamente en aquella muchacha porque su cola de caballo estuvo balanceándose junto a mis narices durante media hora por lo menos.. pero creo que a ambos nos gustó más que él ocupara la inferior y yo la superior. casi tan alta como yo. tictac. todo hubiera podido ser. Por otro lado. Era un hombre como una avalancha. porque. apenas había gente joven entre los pasajeros. yo bajé mi aparato cinematográfico al camarote. de estilo existencialista. mientras nosotros esperábamos haciendo cola. El señor Lewin volvía de estudiar la agricultura californiana.Max Frisch Homo Faber el francés. iba de aquí para allá. y vi que funcionaba perfectamente. Yo me afeité sin hablar demasiado. con los pantalones revoloteando. unas veces empujado por el viento. alpargatas. de Israel. se llamaba Lajser Lewin. con las manos en los bolsillos del pantalón. la misma del día anterior. fuerte como un roble. daba 49 . debía de ser muy joven: el vello en la nuca. las orejas pequeñitas que se le sonrojaron cuando el camarero le gastó una broma. y del bolsillo posterior de los téjanos le salía un peine verde. de un lado a otro. como se hace un crucigrama para pasar el rato. a mi compañero de viaje: joven. la última costa americana.. me sentía feliz de que nadie pudiera venir a molestarme. mero pasatiempo. Cuando me decidí a preguntar al camarero. donde vi. vi que se había sentado en la de arriba tal como le correspondía por su billete. Yo empecé a afeitarme. inclinándome hacia delante. sino la cola de caballo rubia o rojiza que a cada movimiento que hacía con la cabeza le iba de un lado a otro. contra el viento. La muchacha llevaba (me acuerdo perfectamente) un jersey negro de cuello alto. Enchufé la maquinilla. todo relativamente barato.. agricultor. con dificultad. Estaba fumando con un libraco debajo del brazo. por primera vez. Delante de mí: una muchacha con pantalones téjanos negros. Entre tanto. en lugar de preocuparme por una tumbona de cubierta. inglesa o escandinava.

eso creí yo. al ir a recoger una pelota. la imposibilidad de saber quién era? He destrozado la vida de mi hija y no lo puedo remediar. en cuanto cruzamos dos palabras sentí que 50 . en otra sala había mesas de juego que tenían también un aire muy aburrido. ella me dio brevemente las gracias en inglés (hasta entonces la había oído hablar siempre en alemán) y. Volví a detenerme más de una vez en la sala de ping-pong. en el horizonte. obligado a preguntarme si era verdaderamente aquella misma persona cuyo rostro había tratado de adivinar mientras esperábamos que nos asignaran nuestros sitios en las mesas. un barco de carga. sólo se mueve el sol.Max Frisch Homo Faber gusto mirarla. se oyó el gong que anunciaba el primer turno. casi se me echó encima.. al contrario. yo no podía sospechar que era mi propia hija y ni siquiera sabía que era padre. tictac.. Yo estaba junto a la gran ventana de la cubierta de paseo. Se oían las olas más fuertes que antes. siempre asombrado al verla de cara. De vez en cuando.. las dos paletas de ping-pong estaban encima de la mesa verde.. creo yo. sólo me había llamado la atención. suponiendo que fuera la misma persona que había visto en el comedor. tictac. Ella no me reconoció. se quitó la chaqueta de lana y se subió las mangas de la blusa. En realidad. le recogí una pelota sin precipitarme demasiado. no había un alma. llevaba ahora una falda de cheviot color aceituna. Probablemente. A las cuatro sirvieron el té. pero de frente. sólo tenían novelas. No me veía. cosa nada insólita en una pelirroja. En cubierta empezó a hacer frío. Sabeth jugaba con un joven. Tenía los ojos grises como el agua.. cuando bajé al camarote para ir a buscar el abrigo tuve que volver a pasar por la cubierta de paseo. al poco. Yo seguí paseando. En todo caso. Había cambiado de ropa. No dijo ni una palabra de disculpa. nada más. su amigo o su prometido. ¿A qué intentar demostrar mi ignorancia. Yo la había saludado con un gesto de cabeza. En el bar.. fumando y fingiendo mirar al mar. y al mismo tiempo. ¿A qué hablar de destino? Yo no estaba enamorado. Cuando hubo perdido la partida. Cuando volví a cubierta con el abrigo y la cámara para filmar la puesta de sol. Vista de espaldas. el camarero recogió las tumbonas.. el mar se había encrespado y salpicaba. el ping-pong en la sala de abajo. Yo hacía años que no jugaba. a la otra no la vi por ningún lado. Yo empecé a tiritar. del lado de la cola de caballo rojiza. resultaba extraña. acampanada. En la biblioteca. Una de las veces. en la cubierta hacía viento. que descubrí por casualidad. aunque resultaba más divertido porque se tenía la impresión de avanzar. que le sentaba mejor que los pantalones masculinos. Luego se puso el sol. ¿Para qué esta confesión? Yo no estaba enamorado de aquella muchacha de la cola de caballo rubia. no cabía duda: era la misma. Había transcurrido la primera tarde.

Ella se figuraba que yo estaba celoso. el del bigotito. No me pegué a ella de ningún modo. pero todo lo que yo decía la aburría. o con el pastor americano. solo. sino incluso con las solteronas de mi mesa. En cuanto apareció su amigo del bigotito y se quedó de sonriente espectador. No tardé mucho en estar más encarnado que un tomate. Apenas hubo ocasión de hablar. yo le di también las gracias a ella y recogí la chaqueta. jugaba naturalmente mucho mejor que yo. después que hube filmado la puesta de sol. ¿Por qué hablar de destino? Todo hubiera podido ser distinto. yo había olvidado por completo que en el mundo hubiera personas tan jóvenes. dejé la paleta. ella se me acercó y me preguntó dónde estaba mi amigo. El ping-pong es una cuestión de confianza en uno mismo. pero muy agradable. cuando estaba apoyado a la borda. No estoy acostumbrado a estar ocioso. A mí no me interesaba saber a quién se refería cuando hablaba de mi amigo: lo mismo podía 51 .Max Frisch Homo Faber aquella muchacha estaba más lejos de mí que todas las demás. jugamos al ping-pong.. atacaba a cada momento. La partida de ping-pong salió mejor de lo que yo había supuesto. Ella atacaba en cuanto podía. Sólo que su manera de jugar era más decidida. Conversaba con toda clase de gente. ella hacía como que no me había visto. Aquella misma noche. generalmente con el señor Lewin. El joven de la tarde. ¿Y a mí qué me importaba? Yo sólo daba una vuelta para respirar aire puro. con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón. Hubiera podido perfectamente ocurrir que pasásemos uno por el lado del otro sin decirnos nada. pero no siempre con éxito. un baptista de Chicago. Sabeth me dio las gracias pero no me pidió que continuara la partida hasta el final. fue nuestra primera y última partida. como si no quisiera que me enterase de que estaba enamorada. y de ningún modo solamente con Sabeth. para respirar aire puro. Antes de acostarme. poco a poco fui descubriendo de qué manera había que contestar a sus golpes. porque a cada momento tenía que agacharme a recoger la pelota. yo me defendía a mi manera. En otro tiempo yo también había sabido atacar. taquimecanógrafas de Cleveland que se sentían obligadas a visitar Europa. pero también la muchacha tuvo que quitarse la chaqueta de lana e incluso subirse las mangas de la blusa para poder vencerme. con gesto impaciente se echó la cola de caballo hacia atrás. daba cada noche una vuelta por todas las cubiertas. y fue una casualidad inverosímil que llegásemos a hablarnos mi hija y yo. Si la encontraba en la oscuridad — casualmente— del brazo de su compañero de ping-pong.. por eso mi juego era más lento. Había estado explicándole cómo funcionaba mi cámara. Era evidente que la aburría... Una mañana. ahora estaba desentrenado. Solo. Yo no era tan viejo como la muchacha parecía suponer y no pudo eliminarme así como así.

acostumbrado a oír pronunciar mi nombre en inglés. Me llamaba mister Faber porque yo. por lo demás.000.000 de sumas o restas en un minuto.. Pero sobre todo. Son capaces de realizar 2. de electricidad. la máquina no tiene experiencias. Sabeth fruncía el entrecejo (como siempre que una broma le desagrada) y se reía. Claro que no me refería a los robots como suelen pintarlos las revistas ilustradas. en todo caso. es decir. como siempre que se habla con profanos. M. pero puedo asegurar que no flirteaba con ella. no tiene miedo ni esperanzas.. sino que trabaja según la pura lógica de la probabilidad. sólo sirven para estorbar. Sabeth me encontraba un tipo extraño. Yo le dije que leyera Norbert Wiener: Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine. 1948. me había presentado así. que son precisamente respuestas automáticas. Sabeth me dijo que se veía que me sentía solo. Mister Faber. porque es un argumento tan manido: el hombre no es una máquina. 52 . y ella sonreía. quiso estar amable conmigo y no cesó hasta hacerme hablar: de navegación. y un problema que antes hubiera exigido toda la vida de un matemático lo resuelven en pocas horas y en forma mucho más segura. no especula ni sueña. Era una chica francamente lista. sino que es gobernada por sus propios resultados y no puede equivocarse. sino a las máquinas de calcular de gran velocidad. Le hablaba como un maestro. porque me parecía que Elisabeth era un nombre imposible. de la curvatura de la Tierra. por eso sostengo yo que el robot comprende mejor que el hombre. estaba sentada en su tumbona y tomaba inmediatamente su libro. de la entropía. a la que yo llamaba Sabeth. pero me saludaba: —Hello. me saludaba con un gesto de la cabeza cada vez que me veía pasar por cubierta. calculan logaritmos a una velocidad superior a la que nosotros necesitamos para leer el resultado. Yo le expliqué lo que representaba la cibernética actual en el campo de la información: nuestras acciones como respuestas a las llamadas informaciones. cuando no mejor. sabe mejor lo que sucederá en el futuro que nosotros. Sabeth no sabía lo que era la cibernética y. porque lo calcula. eso temía yo por lo menos. no tiene deseos en cuanto al resultado.T. casi siempre independientes de nuestra voluntad. En el fondo. que me irrita por limitado. Me gustaba. máquinas que actualmente superan ya a cualquier cerebro humano.. hablábamos alemán. reflejos. que una máquina puede dar tan bien como una persona. los llamados cerebros electrónicos. el robot no necesita intuiciones. y el resentimiento humano contra la máquina. creo que yo no le desagradaba. impulsos. En el mismo tiempo realizan un cálculo infinitesimal.Max Frisch Homo Faber ser el agricultor de Israel que el baptista de Chicago. de la que ella nunca había oído hablar. de radar. etc. había que desvanecer un montón de opiniones ingenuas sobre el robot. Poca gente he visto que al hablarles del llamado «daimon» de Maxwell me comprendieran tan rápidamente como aquella muchacha.I. la máquina no puede olvidar nada porque comprende todas las informaciones necesarias mucho mejor que un cerebro humano y en ella no cabe margen de error.

¿Por qué le ponía tanto la mano encima? Sólo porque conocía muy bien el Louvre.Max Frisch Homo Faber Generalmente. no sé a cuántos nudos. Una mañana. por otra parte. (Noticiario de hoy.) Sólo el sol se mueve.. Empezaron a hablar del Louvre de París.. listen. sólo las olas se van.. Sabeth opinó que yo sólo pretendía burlarme de ella.. la dejaba en paz. que yo no conozco. Faber es ingeniero) —dijo. por más que el barco trepide y levante olas. como si estuviera fijo.. Sabeth hablaba el inglés con mucha fluidez. sino su manera de flirtear con la muchacha. Si la muchacha no hubiese querido estar conmigo —me dije—. pero esos viajes por mar son una situación algo rara. Sabeth se sentó a nuestra mesa. Hacía un tiempo magnífico. mientras estaba desayunando con el baptista. y entre tanto me puse a mondar mi manzana. Volví a asombrarme de que fuera tan joven. No podía trabajar. aquí no puede molestarme nadie. En realidad. pero sólo el sol se mueve. pero nada se altera. y luego encima del hombro. que no se había sentado a nuestra mesa por él. en cambio. y todas las cosas a que no estoy habituado me ponen nervioso.) ¡Que diga lo que quiera! Lo importante es meter la plaquita de madera en el cuadrito adecuado. el horizonte no cambia y uno sigue estando en el centro de un círculo. En realidad lo que ocurría es que el baptista se estaba burlando de mí. 53 . Me pregunté si yo he sido tan joven alguna vez. hacía diez años que no había caminado tanto como en aquel barco. lo cual confieso que me alegró. o la luna. se les oye funcionar. seguramente muchos. lo único que ocurre es que uno va envejeciendo. jamás me había sobrado tanto tiempo y. los motores no paran ni de día ni de noche. ¡Qué opiniones las suyas! Una persona que no conoce el Louvre porque no le interesa. Le puso la mano encima del brazo. Yo me pasaba mañanas o tardes enteras paseando. NEWS OF TODAY.. —Mister Faber is an engineer (Mr. nunca lograba acabar de leer el periódico de a bordo. PRESIDENT EISENHOWER SAYS. por ejemplo. la chica llevaba los pantalones téjanos negros. es algo imposible.. Cinco días sin coche. Ivy. Sabeth jugaba a ping-pong o leía. no descanso si no hay algo que corra. Yo estoy acostumbrado a trabajar o a conducir mi coche.. lo cual podría también ser una ilusión de que avanzamos nosotros. nadie puede venir que no estuviera ya a bordo. hubiera tenido que trabajar. Me alegré sinceramente. Lo que me irritaban no eran sus bromas pesadas sobre los ingenieros. —Listen (Oiga) —decía siempre—. el comedor está lleno de mesas vacías. El barco marcha. a veces podía convencer al baptista para que jugara a aquel juego de niños que consiste en hacer avanzar unos palitos y unas plaquitas de madera. y otra vez encima del brazo: una mano carnosa. y lo que es seguro es que. (El presidente Eisenhower dice. se les siente sin cesar. marcha. aunque sabía que era imposible encontrar a nadie que no estuviera ya a bordo.

. hice notar que nos hallábamos en un barco. cuando ella ya había 54 . fingía estar admirado y atento únicamente para no tener que soltarle el brazo.) Entre tanto no soltaba el brazo a la muchacha.. Al descubrir que míster Lewin tampoco había estado nunca en el Louvre.) Y el baptista no tenía nada que decir. mientras Lewin y yo hablamos de motores Diesel. en vista de que yo no conocía las esculturas del Louvre. después de todo. Afortunadamente apareció míster Lewin. míster Lewin y yo. Yo me reía. el baptista resultó no saber nada. no perdía de vista a la muchacha: ella escuchaba atentamente al baptista pero tomó su mano y la depositó sobre la mesa como si fuera una servilleta. Sabeth (sin la menor instigación por mi parte) expresó el deseo de visitar las máquinas conmigo. no cabe duda. La muchacha quiso salir en mi ayuda y. —Why do you laugh? (¿De qué se ríe?) —me preguntó. have your eve read his letters? (¿ha leído usted alguna vez sus cartas?) A lo cual intervino Sabeth en alemán: —La verdad es que sabe muchas cosas. es decir. aunque no sea la única actividad masculina. Más tarde. aunque yo.. la conversación recayó sobre Israel. sencillamente. —True —dijo él—. gracias a Dios. Ella se asombró de que yo no tuviera ninguna tumbona para sentarme a cubierta y me ofreció inmediatamente la suya. ya que ella. —Van Gogh is the most intelligent fellow of his time (Van Gogh es el tipo más inteligente de su época) —me dijo—. De ninguna manera la quería molestar. y el resultado de ello fue una conversación doble: el baptista y Sabeth siguieron hablando de Van Gogh.. Pero en cuanto nosotros. (Siga. very true. siga. y se limitó a mondar su manzana en silencio. en una obra de la técnica.. Técnica en lugar de mística. —Go on —me dijo—. go on. aquel vejestorio que entre tanto trataba de burlarse de mí. siempre tenía alguna partida de ping-pong por jugar. pero yo no tenía ganas de hablar de robots y me limité a decir que las esculturas y esas cosas no son otra cosa (para mí) que antepasados de los robots.. lo único que le interesaba de todo el Louvre era poder tocar a la muchacha. Míster Lewin había visitado el día anterior las máquinas de nuestro barco. yo sólo había dicho que aprovecharía también algún momento para ir a verlas. Finalmente. —Go on —dice—.) Yo expuse la tesis de que la profesión del técnico que domina las cosas es una profesión masculina.Max Frisch Homo Faber Sabeth: —Yes I'm listening. pese a mi interés por los motores Diesel. llevó la conversación hacia los robots. la conversación cambió de rumbo. go on. se quedó como un pez fuera del agua. ya estoy escuchando. (Sí. hablamos de electricidad. lo hacemos sustituyendo al hombre. Los primitivos trataban de anular la muerte reproduciendo el cuerpo humano. (Es verdad. en cubierta. en cambio. Apenas tuve tiempo de darle las gracias. nosotros.

pero (me decía yo) hay mucha gente que habla alemán sin asomo de dialectalismo. en cambio Sabeth era rubia o más bien pelirroja. que no cesaba de vibrar. en cuanto me veía. La hacía por puro ocio. fuma y observa sin que el objeto de su observación lo pueda notar. En aquel instante (abrí los ojos porque alguien había tropezado con 55 . no podía tratarse de parecido: Hanna era morena. Lástima que no se les pudieran ver los ojos. siempre que los llevaran desnudos. El viento silbaba en la chimenea. lo cual no resulta tarea fácil. Y me levanté a dar una vuelta por entre las tumbonas. objetivamente. y mirando al mar. Desde aquel momento. prefería reflexionar para descubrir a qué es debida esa vibración y por qué no tratan de evitarla. descubría labios francamente florecientes. y al mismo tiempo pensaba que Hanna todavía debía de ser muy guapa. reconozco que temía que pudiera ser verdad y estuve observando a todas las señoras que ya no eran muchachas jóvenes. con las piernas apoyadas contra la borda blanca que no cesaba de vibrar. Espuma sobre las olas. uno examina a los demás tranquilamente. ni siquiera cerrando los ojos. Más tarde. Me aburría. Lo único de que estaba seguro era de que Hanna no podía jamás en su vida tener aquel aspecto. Eso se puede hacer tranquilamente cuando se llevan gafas oscuras. el camarero la sacaba a cubierta y me la preparaba. muchas que posiblemente no habían florecido jamás. me senté a menudo en su tumbona. Por desgracia. Piper. que de nada sirve si la persona no está presente. Yo me decía a mí mismo que era muy natural que cualquier muchacha me recordase de algún modo a Hanna. pero sobre todo en las manos y en los labios. Si Hanna hubiera estado a bordo. creaciones de la cosmética. pero sin pensar en serio que Hanna se hallara en cubierta. Volví a sentarme. saludándome con el nombre de míster Piper. Horas y horas estuve echado en su tumbona con las piernas apoyadas contra la borda. e inmediatamente me puse a calcular qué edad debía de tener Hanna. me fijaba menos en el color de los cabellos que en las piernas y en los pies. porque todas llevaban gafas de sol. y lo que sabía de Hanna era sólo lo indispensable para llenar una filiación.Max Frisch Homo Faber desaparecido. Veinte años son mucho tiempo. quiero decir muy digna de ser amada. De vez en cuando. americanas. y de ahí mis elucubraciones acerca de Hanna. Me entretuve calculando la edad de cada una. y la comparación entre las dos me parecía completamente fuera de lugar. porque en la tumbona decía: Miss E. Cerré los ojos para dormir. al azar. Vi muchas cosas ajadas. Mero pasatiempo. estaba allí. Pensé: tal vez está ahora en cubierta. un barco de carga en el horizonte. En realidad. mientras que el cuello hacía pensar en las lagartijas por lo arrugado de la piel. uno se para. Precisamente aquellos días volvía a pensar mucho en ella. De todas maneras. no llevaba ninguna revista científica conmigo y no me gusta leer novelas. No podía imaginármela. no cabe duda que la hubiera reconocido al instante. Sabeth era joven como lo era entonces Hanna y además hablaba el mismo alemán académico.

. Apenas nos hubimos estrechado la mano. porque la cola de caballo no le permitía otra cosa. me llama la atención y me recuerda inmediatamente a mi padre.. No sé qué hubiera hecho. era evidente. se metió en su camarote. aunque no tuviera más remedio que reírse. pero no me preocupaba. Me gustaba. se echaba la cola de caballo a la espalda (siendo así que Hanna jamás llevó cola de caballo). Él la tenía agarrada de la mano. Afortunadamente estaba yo allí. Cuando alguien. su rápido fruncir el entrecejo cuando una broma mía le parecía estúpida. En el fondo. Yo siempre he dudado cuando he oído a alguien hablar de parecido. vomitó por el pasillo. eso está clarísimo. estaba echada de cualquier manera. le desató las alpargatas. cuando la gente.. el joven volvió a sentarse al borde de la litera. como le había aconsejado. con sus pantalones téjanos negros. al hablar. Desenrosqué inmediatamente la lumbrera para que entrara más aire. Lo que más me llamaba la atención en ella era la manera como.. Había terminado la partida de ping-pong. Me llamaba la atención. Un día. he dudado por experiencia. mi hermano y yo. pero en todo caso. la señorita llamada Elisabeth Piper. Fue una amistad de viaje inocente.. Pero sobre todo. Me presenté. El cinturón encarnado le ceñía demasiado la cintura. Sabeth.. ¡Lo que nos hemos reído.Max Frisch Homo Faber mi tumbona) apareció la muchacha. es evidente que inmediatamente le hubiera preguntado: ¿quién es su madre? ¿Cómo se llama? ¿De dónde procede?. puramente por altivez. con el rostro vuelto de lado. mi comportamiento hubiera sido distinto de lo que fue. en lugar de subir a cubierta. Yo me atengo a la razón. Tal vez era efectivamente su novio. no tengo instintos perversos. naturalmente. o su manera de encogerse de hombros cuando algo no le era totalmente indiferente. no soy un perturbado y hubiera tratado a mi hija como a una hija. no podía sacarme de la cabeza después de la historia de Joachim) existía una relación verdadera. No soy baptista ni espiritista. le di agua. sentado al borde de la litera. por ejemplo. pálida como el yeso. como si el malestar le viniera de los pies. Sabeth estuvo algo mareada. Sabeth era ya 56 . hay gestos que nos gustan porque ya los hemos visto alguna vez en algún lugar. se rasca la sien izquierda por detrás de la cabeza con la mano derecha. ¿Por qué tenía que sospechar que una muchacha que se llama Elisabeth Piper pudiera ser hija de Hanna? Si a bordo de aquel barco (o incluso más tarde) hubiese tenido siquiera la más leve sospecha de que entre aquella niña y Hanna (a quien.. Todo pasó de una manera tan natural. descubría nuestro evidente parecido! Mi hermano era sólo adoptivo. con los brazos y piernas separados. para hacer algo. Yo me quedé en el camarote.. pero jamás se me ocurre pensar que ese individuo sea hermano de mi padre sólo porque se rasca como él lo hacía. para demostrar su disconformidad. —Muchas gracias —dijo él. con la mayor buena fe. pero yo juzgué que no era cosa nuestra desabrocharle el cinturón. y su amigo del bigotito la metió en cama como si fuera su marido.

En cuanto vio que conmigo no había nada que hacer con la pintura. efectivamente. artista o algo por el estilo. su preocupación principal en estos días es encontrar un hotel barato en París. —Adiós —le dijo. Vi claramente que deseaba dejarme plantado en cubierta y volver solo al camarote de la chica. si médico pediatra. Yo le había prometido. No sé qué le encontraba Sabeth a aquel individuo. Por mi parte. Insistí en que se tomara realmente las pastillas. lo que sí sabe que quiere es visitar algún día la India y China. con una beca. que le daría las pastillas. si uno se toma la molestia de explicárselo. Lo único que sabía entonces de ella era lo siguiente: Un semestre en Yale. y les importa un bledo lo que nosotros hayamos realizado verdaderamente en este mundo. pero con visión práctica. su tono. porque con tenerla asida de la mano y desatarle las alpargatas. no lo sé. Si él estaba o no en el camarote. pero empecé a hablarle —en el más correcto alemán. aunque ocupe un cargo directivo. Al fin y al cabo. sólo quería ayudarla. cuando en realidad. —¿Usted me permite? —Naturalmente —dije yo. habló como un hombre de negocios. Esperé sencillamente a que el joven juzgara que ya no había nada más que hacer y que debíamos dejar a la muchacha sola. Sabeth no quiso dejar entrar a nadie en su camarote. artista. por lo que pude ver por la rendija de la puerta. que vive en Atenas. luego quiere ir hasta Roma en auto-stop (lo cual me parece una insensatez) y no sabe lo que será. sonríen cortésmente. no soy un genio. yo tomé una manta de la litera de arriba y se la eché encima pensando que quizá tenía frío. Estuvo muy rara. nada de sentimientos de inferioridad. Cuando fui a llevarle las pastillas que a mí me habían ido tan bien. no sin escrúpulos. No era tan necio como yo había creído. Le invité a una partida de ping-pong. —Gracias —dijo el joven del bigotito. a la suiza y. su genio. Verdaderamente. —No quiero detenerle —le dije.Max Frisch Homo Faber toda una mujer. y al enterarse de que voy a cumplir cincuenta. Sabeth (se lo he preguntado) calcula que tengo unos cuarenta años. echada así sobre la cama ya no parecía una niña. ¿Por qué llevaría aquel bigotito? No pudimos jugar la partida porque ambas mesas estaban ocupadas. él era dibujante de profesión. yo sólo me lo preguntaba. no me interesaba saber si una muchacha como Sabeth (su despreocupación sigue siendo un misterio para mí) había ido ya alguna vez con un hombre o no. sólo por esto había vuelto a bajar. sólo pueden presumir de ilusiones para el porvenir. naturalmente— de turbinas. hacía un momento. tampoco 57 . Ella tomó las pastillas por la rendija de la puerta. pero se ganaba la vida. en cambio el señor Piper vive en la Alemania Oriental porque sigue convencido de que el comunismo es la gran solución. además iba vestida. pero no me resultaba nada simpático. pero cada vez soporto menos a esos jóvenes. el teatro y demás. actualmente regresaba a reunirse con su madre. resultó ser suizo. no se la curaba de nada. o quizá azafata de avión para poder volar mucho.

yo me preguntaba qué puede saber verdaderamente una muchacha así de los hombres. del color de las esponjas. que entre tanto estaba pensando en su agricultura. mi amigo se movía al paso del viento cálido. si le hubiese dicho con el mismo tono de voz que podía hablarle también de Napoleón.. En realidad. me reí y le describí el aspecto de un hombre colgado de un alambre: a dos pies del suelo. Me bebí un tercero o cuarto pernod. le hablé de mi amigo que no había podido resistir más y de cómo le habíamos encontrado: por fortuna. Yo solía apoyarme contra la borda. Antes de creerlo. creo yo. desde el punto de vista de Sabeth nada hubiera cambiado. Un día. No me explico por qué le conté aquella historia. Además fumé muchísimo. sólo iba a encontrar a Sabeth cuando tenía algo que decirle. De ninguna manera quería imponerle mi presencia. pero la verdad es que estaba envarado como un monigote. Le prohibí que fuera azafata. Yo no conozco a Tolstoi. o con otros pasajeros que se rendían a las pocas jugadas: era aburrido. Sabeth se figuró que exageraba. Yo no le reconocí. Ella tiene veinte. una desgracia.. Sabeth solía estar enfrascada en su libraco. Los brazos tiesos como dos palos. 58 . los brazos grises. Lo que más la impresiona en mí es que me acuerde personalmente del vuelo de Lindberg sobre el Atlántico (1927). Y veneraba al autor ruso. pero yo prefería aburrirme que aburrir a la muchacha. Tenía las uñas de los dedos moradas. en el bar —no sé por qué sería—. Sabeth me encontró cínico porque yo no podía dejar de reírme. porque de lo contrario. los zopilotes lo habrían desgarrado como a un asno muerto.. Su rostro estaba negro de sangre.. hinchado en lo alto del alambre. Jugaba al ajedrez con míster Lewin.Max Frisch Homo Faber se asombra. y al revés tampoco podía ser: Sabeth echada en la tumbona y yo sentado a su lado con las piernas cruzadas... Naturalmente me molestaba cuando me decía: —Ahora ha vuelto a hablar usted como Tolstoi. de pronto. no había nada que contar. y cuando hablaba de Tolstoi. como si fuera a volar. porque tenía entonces veinte años.. Yo no tenía ganas de contar aquella historia. lo calcula. detrás de la ventana cerrada. Además apestaba. Mi amigo llevaba barba. porque no me parecía bien que Sabeth (generalmente en traje de baño) se sentara en el suelo mientras yo estaba echado en la tumbona: yo hubiera parecido demasiado un tipo viejo. Se movía como un espantapájaros al viento. Por lo que respecta a mi edad.. hubiera resultado igualmente raro. se trataba sólo de un accidente. La silla había sido derribada. es decir. las manos blanquecinas. Tenía la lengua también azulada.

Joachim Hencke. es imposible describir esas cosas. A veces. hay que ver cómo es uno cuando está ahorcado.. ¿Qué me había figurado? Y me preguntó sin rodeos: —¿Qué quiere usted de mí. pero no acepté. pero la muchacha la levantó como si nada y quiso acompañarme a mi camarote. y se movía al paso del aire cálido. —¿Por qué lo había hecho? Mi amigo no nos lo dijo. Quería subir a cubierta. mi amigo vivía completamente solo. francamente. sólo estaba allí colgando como un muñeco y apestaba. mi amigo aparecía ante mis ojos como si no le hubiésemos enterrado. tal vez porque en aquel bar sonaba también una radio. Cuando me levanté.Max Frisch Homo Faber Por desgracia. seriamente enojada. poco después de comer. Un día la filmé. Yo hubiera debido preguntar a Sabeth si era mahometana que no se la podía filmar. Sabeth se dio cuenta. la radio funcionaba. hice ruido y llamé la atención de los que había en el bar. Sabeth llevaba un vestido de noche azul. como ya dije. la cerramos en seguida. en realidad? Eso ocurría por la mañana. derribé la silla. Si aquel día hubiese dicho el nombre de mi amigo. por fin.. naturalmente. hay que verlas. Por lo visto no mencioné siquiera su nombre de pila. yo la filmé con la lengua fuera hasta que ella. le recordé que había prometido avisarla cuando fuera a visitar las máquinas. ¿Qué se creía ser. —¿Ahora? —preguntó ella. y eso no me gusta. o si tenía algún otro prejuicio. y no me hacía falsas ilusiones cuando luego. Era evidente que no le resultaba simpático. porque era inoportuna: bailables. mi amigo ni siquiera había cerrado la radio. pero no había habitación contigua. todo se hubiera aclarado. mis películas de Guatemala todavía no estaban reveladas.. Sabeth empezó a preguntar. sino que hablé sencillamente de un amigo que se había ahorcado en Guatemala. míster Faber. Cuando. que no pudiera dejar de preguntarme por quién me tomaba aquella niña cuando me dijo: —Está usted observándome constantemente. me echó una bronca en toda regla. nos dimos cuenta de que tenía que ser una radio. sacó la lengua. Cuando le encontramos. aquella muchacha? ¡A ver si iba yo a sacar de la máquina aquella película (juntamente con las telefotografías de Ivy) y exponerlas al sol para que todo quedara borrado! ¡No hubiera faltado más! Lo que más me irritó es que su tono de voz me estuviera preocupando toda la mañana. De momento. Estaba borracho. de una terrible desgracia.. Quería estar solo. Eso era todo. como ya he dicho. creímos que alguien hablaba en la habitación contigua. 59 . Eso era todo. No muy fuerte. y cuando luego dieron música.

sus muslos jóvenes dentro de los pantalones ajustados. arrugados en las rodillas. Le expliqué el cuadro de mandos. No quería tocar a la muchacha. el rosario de las vértebras marcándosele de arriba abajo del espinazo. La borré del programa. la cola de caballo rojiza balanceándosele sobre la espalda. La agarré por las caderas cuando su pie iba buscando en vano el último peldaño de una escalera metálica y la deposité tranquilamente en el suelo. —Ça va. no lo he necesitado. La sala de máquinas de uno de esos barcos tiene las dimensiones de una verdadera fábrica. de buen empuñar. además de las instalaciones para la producción de energía. qué es hidráulica. de todas maneras le expliqué brevemente qué es un quilovatio. niña. —Desde luego —le dije yo.. naturalmente. como el volante de mi Studebaker. sirvieran para lo que sirvieran. Siempre lo he hecho así. Sabeth enfundada en sus téjanos negros con costuras que en otro tiempo habían sido blancas.. que le parecieron todos muy amables. luego la muchacha se quedó de pie sobre la plataforma de metal perforado sin sonrojarse lo más mínimo.. Lo que más la impresionaba eran los numerosos tubos. el peine verde en el bolsillo de detrás. mademoiselle. etc. Fue cuestión de un segundo. me dio rápidamente las gracias por mi ayuda innecesaria y se limpió las manos en un manojo de cabos 60 . resulta siempre digna de ser vista. debajo del jersey negro los dos omóplatos. Tenía las caderas extremadamente ligeras. sudaran sin cesar y pasaran toda la vida en el océano sin ver nunca el mar. yo le di una breve explicación. cosas que. De pronto. sus tobillos. la verdad. yo mismo no me gusto cuando molesto a otras personas. —Pas trop vite. del mismo diámetro. y la gran caja de escalera que permitía ver a través de cinco o seis pisos hasta el techo enrejado. Me fijé muy bien en cómo miraban a la muchacha (a la que evidentemente tomaban por mi hija) cuando pasaba de una escalerilla de hierro a otra. (No corra demasiado.. sin contar que siempre agrada ver máquinas en marcha. Sólo muy bonita. Sabeth había aprendido en la escuela.. pero al mismo tiempo duras. ma petite. pero no atractiva. con las manos metidas en los bolsillos del pantalón para no tocarle el brazo ni el hombro como había hecho el otro día el baptista durante el desayuno.. y jamás fue mi estilo correr detrás de las mujeres que no me querían.. pero que en parte había olvidado y que volvió a comprender sin dificultad. tengo la impresión de que la instalación en sí. tuve una sensación de senilidad. ça va? (¿Va bien.. condicionada por la forma del barco.. pero Sabeth no se daba cuenta de nada. y luego sus caderas. ventilación.. me pareció a mí. Nos hallábamos frente a la mirilla de cristal de un carburador Diesel. Aunque para el especialista eso no tenga nada de inusitado. y comprende principalmente los grandes motores Diesel. señorita?) Sabeth se encaramaba como un gato.Max Frisch Homo Faber Tenía que terminar de leer un capítulo. qué es un amperio. agua caliente.) Las muecas de aquellos hombres eran desvergonzadas. graciosas. La preocupaba que los maquinistas. sin entrar en detalles. Sin sentirme ofendido. yo la encontraba bonita.

que tampoco era muy aficionado a bailar. Había que gritar. Iría a preguntarlo. pero por lo demás perfectamente contento. el mejor que había a bordo (sólo se cumplen cincuenta años una vez en la vida. Sabeth abría los ojos admirada. todo con la sonrisa en los labios. y a la muchacha de la cola de caballo roja e impreciso porvenir: mucha suerte. yo (sin decirle el motivo especial) le había invitado a una botella de borgoña. decir adiós a todo el mundo. 61 . pero inmediatamente la invitaron de nuevo a bailar: su dibujante del bigotito. una noche y una mañana. Al hablarle de la considerable presión del agua que tenía que resistir aquella construcción. un último resto de siete centímetros. en el lugar donde el árbol de hélices sale del cuerpo del barco para mover las hélices en el agua. lo cual no es mi estilo. ya no me siguió. Yo había querido hacerle un favor. me costaba resignarme a la idea de que nunca más volveríamos a saber el uno del otro. adiós y mucha suerte. y al baptista: que le vaya bien en el Louvre. Míster Lewin estaba ya haciendo las maletas. su fantasía infantil estaba ya fuera con los peces mientras yo le enseñaba la construcción. demasiado corto. Problemas de torsión. calculaba yo.Max Frisch Homo Faber multicolores. me limité a explicarle dónde nos encontrábamos en aquel momento. unos ocho metros debajo del nivel del mar. iba pensando en silencio —o mejor dicho en medio de un ruido en el que apenas se podía hablar—. pero no tan bueno en cuanto al deje. Estábamos. cansancio del acero por vibración. era la última noche que pasábamos a bordo. tiburones? Yo le contesté gritando: No lo sé. etcétera. En realidad. Esta cifra sólo era aproximada. quizá sólo eran seis metros. lo cual no pareció molestar a míster Lewin. que igual engullía el borgoña californiano. naturalmente. Estaba sentado en el bar. ¿Tiburones? No comprendí otra palabra. ¡Amistades de viaje! Me estaba poniendo sentimental. de estupendo bouquet. aunque. grité al tiempo que le ponía la mano sobre los remaches de setenta milímetros para hacerle comprender lo que le decía. pensé): Beaume 1933. y había un gran baile. por lo visto como de costumbre. la cosa tampoco había tenido mayor importancia. y luego oficiales del barco en uniforme de gala. e incluso algo turbio. Para mí. ¡Mire aquí!.. grité. estaba sentado con míster Lewin. Nuestro viaje tocaba a su fin. casualmente mi cincuentavo cumpleaños. y seguí enseñándole la construcción. Discutimos la cuestión de las propinas. Al pensar que dentro de veinticuatro horas tendríamos que despedirnos. no se lo dije a nadie. Fue mi primera petición de matrimonio.. coeficientes de frotación. ¿Por qué. y continuamos en dirección al gran árbol de hélices que todavía le quería enseñar. a mí me dolía ver que sólo nos quedaba ya una última banderita en el mapa del Atlántico. es decir. una tarde. Yo estaba defraudado (me había imaginado mi cincuentavo cumpleaños algo distinto. la verdad) por el vino. Sabeth apareció sólo un instante para beber un sorbo de zumo de limón. a míster Lewin: que tenga usted mucha suerte en la agricultura.

. verdes y rojos. crecido en el ghetto. y estábamos demasiado cerca de la música. Míster Lewin se puso francamente divertido. cuyo plumaje brillaba igual.. Fue una noche muy rara. Me parecían divertidos. etc. Las chimeneas rojas a la luz de los faros. le dije. pues no estaba acostumbrado al vino. ¿Por qué iba a estar triste? Inglaterra no se divisaba aún. la verdad... Y aquel carnaval abigarrado. el humo que sale de las chimeneas. Míster Lewin no llevaba traje oscuro y lo bailaba todo como una mazurca. Apenas se oía la música. le dije en seguida que se resfriaría. de pronto. yo no podía dejar de pensar en Herbert. pero divertido. mientras él. y en el porvenir de los cigarros alemanes.. cuando silban todos los cables y todo se estremece. por algo había nacido en Polonia. me divertían esas cabriolas existencialistas. que yo no puedo soportar. no de mal gusto. solo entre indios. Luego subí a cubierta. y bebiendo. todo algo epiléptico. meneándose. Pensé si no haría mejor yendo a acostarme. estremeciéndose como en un ataque de fiebre. Le enseñé el 62 . Le presté mi chaqueta para que no se resfriara. Estaba completamente sereno. negros como zopilotes. donde cada uno baila por sí. mantenía la cabeza gacha. No quería pensar más en aquella historia. demasiado pueril. y cuando Sabeth fue en mi busca. iré a ver a un médico a que me examine el estómago. decidido a no ponerme sentimental aunque fuese el día de mi cumpleaños. para no enredarse con las serpentinas.. en París —eso era aproximadamente todo cuanto lograba pensar en medio de aquel tumulto—. serpentinas y guirnaldas por todas partes: una selva de papelitos. Quiso saber si estaba triste y por qué no bailaba. para dondequiera que se mirase: farolillos borrosos en medio del humo de cigarrillos y cigarros. y se lo pasa en grande por su propia cuenta. los bailes de hoy en día. retorciendo las piernas. como de opereta. Y Sabeth con su eterno vestidito azul. un ruido infernal. lo demás es romanticismo. Hablamos de constelaciones: lo corriente hasta que uno se da cuenta de que todavía entiende menos de astronomía que el otro.Max Frisch Homo Faber deslumbradores. caballeros de smoking.. el viento era tan fuerte que no había manera de que la cola de caballo se le mantuviera detrás. muy animado. Sabeth encontraba estupendo eso de pasar una noche a cubierta. pero sí barato. pero yo no lo sé hacer. y. como una niña de la escuela que va en tranvía y se quiere agarrar para no caerse. Sabeth levantaba la suya para hablarle.. en su ligero vestidito de noche. Yo seguía sentado. Pasado mañana. Sabeth tenía que hacer esfuerzos para poderle poner la mano sobre el hombro. se animó a bailar con Sabeth. y en cómo debía arreglárselas Herbert.. me dolía el estómago.. la muchacha no le llegaba ni siquiera a las costillas. vaya gigante. Los alemanes bebían champán. como el sol en Guatemala. meneando mi vaso de borgoña. las velas sobre las lanchas de socorro.

francamente. una mujer que a primera hora. porque mis pensamientos están proyectados hacia adelante. que no vaya a Roma en autostop. Quiero estar solo. No dije pues ni una palabra de mi cumpleaños (29 de abril). Prefiero fregar platos. en vacaciones. única situación posible para un hombre. —¿Y la segunda? —La segunda —dije yo—. pero jamás lo he soportado más allá de tres semanas. bueno. Pero yo decía la pura verdad. entregado a mi trabajo. Vivo. —Quiero pedirle dos cosas como despedida —le dije—: la primera que no se haga usted azafata. Ni por un momento se me ocurrió la idea de que iríamos juntos hasta Roma. Me interpretó mal. antes de vestirse. es capaz de arreglar unas flores en un jarrón mientras habla del amor y del matrimonio. bueno. estoy acostumbrado a mirar hacia el futuro y no hacia el pasado. Después de medianoche hubo una cena fría. y más de tres o cuatro días de vivir con una mujer.Max Frisch Homo Faber cometa que se veía aquellos días en el norte. a menos que sea en un hotel que se podrá abandonar pronto. aunque creo que míster Lewin no comprendía 63 . Ivy significa hiedra. Por un tris no le dije que era mi cumpleaños: hacía ya tres o cuatro días que el cometa se veía. como de costumbre. por lo menos desde el 26 de abril.. Yo aseguré que tenía hambre y obligué a Sabeth a bajar porque vi que tiritaba a pesar de mi chaqueta. me gusta poderme despertar solo. pero caricias por la mañana me parecen insoportables. Me basta ver una habitación doble. Abajo seguían bailando. Le tiritaba visiblemente la barbilla sin que pudiera disimularlo. y éste es para mí el nombre apropiado para todas las mujeres. Sabeth se reía. Preferiría pagarle el tren o el avión. como todo hombre de verdad. por excepción. no se me había perdido nada. Su insistencia en suponer que yo estaba triste porque estaba solo. me pone furioso. Los sentimientos a primera hora de la mañana.. Se lo digo en serio. Ella se me echó a reír a la cara. Tomar el desayuno con una mujer. Sabeth me encontraba cínico. no deseo otra cosa y me considero feliz de vivir solo. por ejemplo. Caricias por la noche. pero al cabo de tres semanas (lo más) echo de menos las turbinas. para pensar en la legión extranjera. Sabeth y yo.. no hay hombre que los resista. eso es bueno para las vacaciones cuando uno tampoco sabría qué hacer todo el santo día. sin tener que decir una palabra. creo que son el principio de la hipocresía. ¿Dónde está la mujer capaz de comprenderlo? La mera pregunta de cómo he pasado la noche. aunque nunca tan bien como en aquella noche. creo yo. a mi entender.. me puso de mal humor. Estoy acostumbrado a viajar solo. una habitación doble como institución permanente. a hacer planes. a menos que disimule. en Roma. Al contrario.. No seguí hablando. No pude por menos que pensar en Ivy.. no hay hombre que la resista. desayunar en una terraza. la calma de las mujeres por la mañana.

pero precisamente entonces es cuando más me alegra estar solo. Los sentimentalismos. pasos que no son sino los míos propios. No soy cínico. enciendo un cigarrillo con el encendedor y arranco con el pie en el gas. no puedo con ella. nada más. que me encontraba cínico. el gigante. dejando un momento el baile para venir a tomar un sorbo de zumo de limón. todo aquel rato? —me preguntó. cierro la portezuela y abro el contacto. La soltería es la única situación posible para mí.. y que estoy expuesto a ponerme romántico. Sabeth. pero luego se recobra. Como ocurre con el acero. estoy inmóvil para no oír pasos en mi casa. dicho sea de paso). y bebo. fue invitada a bailar. sólo es cansada: uno no puede decirse buenas noches a sí mismo. —¿Qué estaba pensando. francamente. empiezan los reproches de que uno es un egoísta. que uno no está siempre en forma. Soy únicamente algo que las mujeres no aceptan: soy completamente objetivo. y de pronto se callan: hasta mañana a primera hora. la gente. La cosa no tiene nada de trágica. dormía sonriente como si con los ojos cerrados estuviera contemplando la fiesta. no hago caso.. Son manifestaciones de cansancio. cubrió su copa con la mano cuando vio que iba a servirle más vino. Y entonces de nada sirve tampoco escribir cartas para no estar solo. a veces uno se pone blando. sencillamente. etcétera. bocinas de coches. Confieso que estar solo no siempre es divertido. ellas tampoco lo están. A veces me quedo dormido con el periódico sobre las rodillas y el cigarrillo sobre la alfombra. me impone un esfuerzo. No soy un monstruo. a pesar de que la ginebra.Max Frisch Homo Faber una palabra. pongo la radio. y voces en la calle. y Sabeth. porque no estoy dispuesto a hacer desgraciada a una mujer. los globos que las parejas tenían que hacer estallar. como pretende Ivy. No puedo negar que tampoco yo estoy siempre con ánimo de mirar la televisión (a pesar de que estoy convencido de que la televisión todavía mejorará con el tiempo. Por otra parte. en general han sido las propias mujeres las que han encontrado que no servía para casado. me dio un codazo: míster Lewin. se siguen oyendo únicamente los propios pasos en la casa vacía. incluso los hombres. me siento en mi coche. roncar de algún avión. lo tengo experimentado. Pero resulta que sólo son las dos de la madrugada. prefiero aburrirme solo. Soy incapaz de sentimentalismo constante. retumbar del metro. Entonces ginebra.. o qué sé yo. pero cierro la radio. Uno de los momentos más felices que conozco es el momento en que me marcho de una reunión.. y no digo nada contra el matrimonio. todo me da igual. No se arregla nada. como ya he dicho. las serpentinas. y las mujeres tienen cierta tendencia a ser desgraciadas. Entonces. 64 . son manifestaciones de cansancio. Hago un esfuerzo. Peor aún: esos locutores de radio que anuncian un producto alimenticio para los perros. Y por lo que se refiere a mis momentos de romanticismo. con el vaso lleno de ginebra. sé por experiencia que cuando uno no está en forma. ¿Qué más? Allí estoy. ¿Para qué? Hay alguna emisora tardía que todavía da sinfonías. Pero ése no es motivo para casarse. en cuanto se aburren. o una levadura para las amas de casa. Llega un momento en que uno se derrumba. de vez en cuando. por lo menos en mí. que no me gusta.

mirando a los que bailaban. Míster Lewin. llamar a Williams.. Me olvido de llamar a Williams a pesar de que todo el rato he estado pensando que lo haría. ¿Por qué precisamente de aquella manera? Mirándolo desde fuera: ¿por qué precisamente con la parte inferior del cuerpo? Sentado allí. ¡vaya manera de bailar! ¿Qué debe pensar Lajser Lewin? Roncaba. oigo su pregunta: You're happy? (¿Y tú. en la cocina. Pero eso de la fecha no tiene importancia. mientras Ivy. Cuando abrazo a Ivy y pienso entre tanto: tendré que hacer revelar las películas. Pensé en Ivy. Yo sabía perfectamente lo que había estado pensando. voy hacia ella y le digo: ¡Ivy!. De pronto. 65 . Luego oigo que alguien entra en la habitación. el barco se detuvo.. so happy. inútil decirle nada. aquella súbita visión no me abandonaba. que la había estado buscando por todas las cubiertas. sé a qué día estamos. eres feliz?) Y cierro los ojos para pensar en Ivy que tengo entre mis brazos. y la invitó a bailar dirigiéndome una mirada. oh dear! (¡Soy feliz.. es estar loco. oigo el ascensor. súbitamente despierto.. quiso saber si estábamos en Southampton.. sin embargo. —¿Y usted? —dije. Meneé el vaso para oler el vino. Sabeth lo supo en seguida: —Que tendría usted que casarse. está haciendo el té. aunque yo no le había dicho ni media palabra. —¡Naturalmente! —dije. las parejas bailaban sosteniendo entre las narices una naranja. Luego todo queda olvidado. me vuelvo y veo que es Ivy en bata que trae las dos tazas de té. Entre tanto.. oh dear. de pronto. míster Faber. amor mío!) Siento sus diez dedos sobre mi nuca. Volvió su amigo. Quizá tenga yo la culpa de verlo así. muy feliz. ¿Por qué precisamente así? Es absurdo que uno mismo se haya sentido atraído a hacer lo mismo. por fin. Estoy junto a la ventana y fumo. no quería pensar en cómo se unen el hombre y la mujer. Probablemente Southampton. y le doy un beso porque es una criatura encantadora. Me dejó el bolso. pensé. veo su boca epilépticamente feliz y el cuadro en la pared que vuelve a estar torcido. era impensable imaginárselo fríamente.Max Frisch Homo Faber Yo no lo sabía. Asombro. a pesar de que no comprende que yo preferiría estar solo. pánico como en una pesadilla. y beso por equivocación mi propio codo. podría resolver de memoria cualquier problema de ajedrez mientras Ivy dice: I'm happy. Se ven luces fuera. y. oh dear. Pedí una cerveza. No había palabras para expresarlo. un cigarrillo.. pese a mi voluntad. amor mío. amor mío. Todo es como si no hubiese ocurrido. me pregunto qué día es hoy. con la boca medio abierta: como la boca rojiza de un pez junto al cristal verde de un acuario.. es sencillamente perverso que a uno se le ocurran estas ideas. verdaderamente.

¿Lo decía en serio? ¿Por qué no? Arriba. Al día siguiente. hacía frío.. se me hizo verdaderamente un nudo en la garganta cuando la vi desaparecer sencillamente entre el gentío. Nosotros estábamos uno al lado del otro sin tocarnos. las señoras tiritaban en sus vestidos de noche. la besé en la frente. que le impedía decirme adiós. noche llena de luces. que ya había dormido su vino de borgoña. caballeros con sombreritos de papel. luego en la boca. Cuando volvimos a quedarnos solos. Llovía. pero todo envuelto por la niebla. pero yo no podía ayudarla. y se sentó a mi lado. sin embargo. Aquella muchacha me era simpática. volvía a estar completamente sereno. se ahorraba un mozo. me sentía feliz callando. que iluminó su rostro joven. 66 . era imposible. Creo que vio cómo yo la saludaba con la mano. no había nada que decir. empezaba ya a amanecer. ¡Nuestra hija! Pero entonces yo no lo podía saber.. en el momento de ir a abrir mi maleta. estábamos cogidos del brazo y charlamos con míster Lewin. ruido de grúas. si siempre ha sido absurdo. con una maleta en cada mano. Todo el mundo subió a cubierta. y Sabeth me preguntó si verdaderamente había hablado en serio. reflectores que iluminaban la descarga. ella me sonrió. Algo tenía que decirle: le di fuego. Jamás me había sentido tan lejos de ninguna muchacha. En el tren especial de París hubiera podido mirar todavía todos los coches. me quedé asombrado: se despidió de su amigo. Sabeth desapareció entre la gente. niebla. Por un momento. al contrario. le pesaba demasiado. luz intermitente de los faros de la costa. Había querido filmarla. Yo había dicho lo que jamás había querido decir. Luego. le besé las lágrimas que asomaban a sus ojos. Eso era lo único que sabía. y me asusté. dicho. Sabeth se ruborizó. nos alegró. los últimos en la cubierta mojada. Mi vida estaba en sus manos. y yo estaba en la cubierta alta cuando aquella muchacha de la cola de caballo roja cruzó la pasarela. caballeros de smoking que trataban de abrigar a sus compañeras abrazándolas. Y me bebí mi cerveza tratando de recordar si con Hanna también había resultado absurdo. Sabeth tiritaba con todo el cuerpo. que puso muy mala cara. que había que ver. Su boca entreabierta. pero lo dicho. era imposible. llegada a Le Havre. volví a ver aquella cola de caballo. luego en los párpados fríos y temblorosos. con su carita de Hanna joven.. al pasar la aduana. y le pregunté si se quería casar conmigo. sin la menor idea de lo que estaba pensando: probablemente nada. Me pidió un cigarrillo y siguió queriendo saber qué había estado reflexionando toda la noche. Nuestro buque llevaba por lo menos una hora anclado. el desembarque. discutimos la cuestión de las propinas y otras cosas parecidas.Max Frisch Homo Faber Míster Lewin se levantó y subió a cubierta. sin estorbar. seguí despidiéndola con la mano aun después de haberla perdido de vista entre la muchedumbre. cargada con su equipaje.. pero era una cuestión de honor. a Sabeth también. se acercó míster Lewin. creo yo. Cuando Sabeth volvió a entrar en el salón de las serpentinas para recoger el bolso.

A lo mejor se figuraba que en Guatemala o durante el viaje había yo tenido alguna aventura amorosa. mi informe de palabra. París. du vin rouge avec du poisson? (¿Vino tinto. como siempre. fui a un restaurante que no conocía. —It's okay —dijo—. Su sonrisa me ofendía. como ya he dicho antes. It's okay... Walter?) Yo no le comprendí. Sencillamente.Max Frisch Homo Faber ¿Para qué? Ya nos habíamos dicho adiós. por lo menos. Faber. Williams estuvo extraño. no es mi carácter. this is. Walter? (¿Qué tal le parecerían unos días de vacaciones.. nunca le había visto tan escrupuloso. en lugar de viajar en avión. ya que en cuestiones profesionales soy. Pero lo que más coraje me daba era que su suspicacia o lo que fuera cuando me decía constantemente It's okay me preocupara de tal manera. —This is Mr.. monsieur.. —Beaune. me hospedé. después de la conferencia. Faber. —Du vin rouge —exclamó él—. como siempre. le presento a.. llamé inmediatamente a Williams para dar.. significaba una semana llena de conferencias. es un vino tinto. la conciencia en persona.. Más tarde. Williams estaba muy extraño. Y al final me dijo: —What about some holidays. (Beaune. solo y de mal humor cada vez que pensaba en Williams. (Le presento a Mr.) —It's okay —le dije yo. (Tiene usted cara de. Una vez en París. jamás —y eso Williams lo sabía perfectamente— he llegado ni siquiera media hora tarde a una conferencia por culpa de una mujer. él me dio los buenos días (Hello) y no tuvo tiempo de escuchar mis explicaciones. —It's okay —repitió Williams al contarle yo el terrible suicidio de mi amigo de juventud—..) No sé si Williams interpretó mal que. Hasta entonces. por una vez hubiese viajado en barco. volvieron a darme mi habitación con vistas al Sena y a ese Louvre que todavía no había visitado nunca.. además de tostado por el sol. Yo me pregunté si ocurría algo. no había representado ningún retraso puesto que las turbinas todavía no estaban dispuestas para el montaje. como ya se puso en claro en Caracas. vino tinto con el pescado?) 67 . c'est un vin rouge... señor. menos flaco que de ordinario. I'ts okay —repetía una y otra vez mientras le daba cuenta de mi breve estancia en Guatemala que. su manera de decirme que se veía que necesitaba urgentemente tomarme unas vacaciones sólo podía tener un sentido irónico. exactamente enfrente. You're looking like.) Nos interrumpieron. después de las comilonas de a bordo. aparte de que yo había llegado a tiempo a las conferencias de París. en el Quai Voltaire. que eran el acontecimiento más importante de la temporada. hasta el punto de darme aires de imbécil ante el camarero. —What about some holidays? —dijo él—. porque yo estaba moreno como nunca y.

luego la descorchan. y he tenido a mis órdenes centrales enteras. pero con aire deportivo. y preguntan: —Il est bon? (¿Está bueno?) Odio los sentimientos de inferioridad. sé perfectamente que me aprecia) yo. pero yo no le encontré el gusto. un espejo con marco dorado. pero eso no era razón para ponerme encarnado como un tomate. —Voilà. porque todavía era muy temprano. no sabría decir lo que me pasaba. en lugar de mirar mi plato de pescado. estaba indignado de que aquel camarero (como si sirviera a un bárbaro) me hiciera perder el aplomo. cada vez que miraba hacia él. pero no quise empezar una discusión. estaba tostado por el sol. un fastidio. Protesté con decisión. yo dirijo montajes. no vengo de la luna como parecía suponer aquel camarero. Venezuela y Perú. no tengo por qué tener sentimientos de inferioridad. resultó ser excelente. y lo que importa más. —It's okay. no sé por qué. no hacía sino mirar aquellos ridículos espejos que me reproducían en ocho ejemplares: Claro que uno se hace viejo. —You are looking like. pero me irritaba la impresión de que los camareros no me tomaran en serio.. no tengo la pretensión de considerarme un inventor. hago mi trabajo. Que mi nariz fuera algo larga me preocupó en mi adolescencia. Soy un hombre en la flor de la vida (esto lo sé sin necesidad de mirarme al espejo). señor. y lo que más me irritaba era el espejo que tenía enfrente. Tenía otras cosas en que pensar. canoso. Noté perfectamente el sabor a corcho. como si fuera un retrato: Walter Faber comiendo ensalada. tenía un aspecto excelente. yo también.. tenía otras cosas en la cabeza. por lo demás. mire hacia donde mire. pero creo que valgo por lo menos tanto como un baptista de Ohio que se burla de los ingenieros: si él dirige. Me veía. eso era todo. monsieur. en los que se invierten millones.. Sólo por culpa de ese estúpido comentario de Williams (y por otra parte.. y un solo cliente: Walter Faber desmigando pan. (Servidor. pero hace años que ya no me importa. 68 .Max Frisch Homo Faber Yo había olvidado sencillamente lo que acababa de pedir. veía espejos. como ya he dicho. desde entonces han sido bastantes las mujeres que me han liberado de esos falsos sentimientos de inferioridad... por el contrario. y ni con mucho tan flaco como de costumbre. aquella interminable espera por el pescado. un restaurante vacío con cinco camareros que cuchicheaban entre sí. Era el único cliente. en un marco dorado. Tenía ojeras. aunque tenía tiempo.) Toda la comedia que hacen cuando le enseñan a uno la botella. cuando por fin me sirvieron el pescado. he trabajado en Persia y en África (Liberia) y en Panamá. luego escancian un poquito para que uno lo cate. y además. es lo que dirige cada uno. en un marco dorado. Al fin y al cabo. y lo único que me irritaba verdaderamente era el local: mirara hacia donde mirara. Los hombres guapos no me gustan. —It's okay —le dije sin dejarme intimidar.

Era una cosa absurda. en un momento de sed. tal como verdaderamente me había propuesto hacer. Tenía que dibujar figuras. era naturalmente una mujer madura.. no la recuerdo si no quiero.. el teorema de Pitágoras y cosas así. Naturalmente pensé que era una mala persona porque la olvidaba y me impuse la obligación de ir una vez al mes a visitar su tumba. estaba tostado por el sol como pocas veces en la vida lo había estado. poco antes de mi examen de madurez. me miraba al espejo sólo porque Williams había dicho: What about some holidays. por vieja que fuera mientras funcionara. al contrario. a los ojos de un muchacho de mi edad. porque era el único que no había hecho ninguna falta. es decir. Fue la esposa de mi profesor. remolinos de nieve y cielo azul.Max Frisch Homo Faber Claro que no tardaré en ser calvo. cuando nadie me veía. y había que salir y enfrentarse con toda la clase. Estábamos en primavera. y cuando besaba mi cuerpo infantil se me figuraba una loca o una perra. jamás la llamé de otra manera que «Frau Professor».. No acostumbro a ir al médico. creo yo. estuve más de una hora deambulando por el tal Louvre. Ella murió aquel mismo verano y yo lo olvidé como se olvida el agua que uno bebió en cualquier parte. en tinta china. la he propiamente olvidado. sólo cuando el profesor entraba en clase y dejaba los cuadernos encima de su pupitre. porque cada vez estaba contento de que ya hubiese pasado. Al día siguiente (domingo) fui al Louvre. excepto cuando me operaron de apendicitis. Generalmente era yo el primero a quien llamaba cuando se trataba de repartir los cuadernos. jamás he estado enfermo. tendría unos cuarenta años. Mi primera experiencia con una mujer. aunque fuese de ocasión. Sólo con Hanna no resultó nunca absurdo. me invitó a pasar algunas semanas en su casa. incluso me olvidé de ir a ver a un médico en París. Yo la olvidaba de una vez a otra. pero no cansado de vivir. pero ni rastro de una muchacha con una cola de caballo rojiza y. me entraba la sospecha de que se había enterado y de que todo el mundo lo iba a saber. quizá sí. porque era el mejor discípulo en matemáticas y geometría. sino sólo un número. hacía casi una semana que no nos habíamos visto y ella se alegró de encontrarme. no tenía un céntimo. se alegró por los cigarrillos. Mi mayor deseo era una moto. A los ojos de una muchacha que quería ser azafata de avión era un hombre maduro. tuberculosa. Me sentía perfectamente normal. que por aquel entonces. sin decir nada. Walter? No obstante.... la primera de todas. sin embargo. 69 . me pareció a mí. pero al mismo tiempo me avergonzaba. Su esposa. yo le ayudaba a corregir las pruebas de la nueva edición de su manual. y las depositaba rápidamente sobre la tumba que no tenía todavía lápida. sacaba un par de flores de la cartera. pero nevaba cuando nos sentamos en las Tullerías. para ganar algún dinero.

pero sí indispensables Pisa. Florencia. Al cruzar la plaza de la Concordia.Max Frisch Homo Faber —Hice bien en no creerle cuando me dijo que no iba nunca al Louvre —dijo Sabeth. y nevaba. una vez en la acera. pero claro está que no voy a ser tan tonta. como ya he dicho antes. encantada. pero nada en la cabeza. Sabeth tenía hambre. —¿Vamos a tomar un café? —dije. salvados y del brazo. no quería llegar tarde a la conferencia. creía que era de veras una casualidad que nos hubiésemos vuelto a encontrar en el gran París... Sabeth me dio el brazo. —¿No tiene frío? —No —dijo ella—.. un abrigo con una capucha. —Muy poco —replicó ella riendo—. pero ya dispuesto a marcharme. sí —exclamó ella—. tenía incluso todo un programa ultimado: Aviñón. de un cielo azul de primavera. precisamente ahora que Williams estaba tan raro. con la cartera sobre las rodillas. se hartó de pasteles sin apenas poder levantar la mirada. Al cabo de un momento dijo: —Tuve que prometerle que no me metería en el coche de cualquiera. —¿Su mamá ya lo sabe? Sabeth me aseguró formalmente que sí. Eh bien!. —¿Su mamá no sufre al pensar que. Ya anteayer le vi. abajo en las salas de arte antiguo.. Jamás lo hubiera esperado. y continué andando del brazo de la muchacha. me dije que se alegraba de haberme encontrado porque apenas le quedaba dinero. que su madre lo sabía. sino únicamente la cola de caballo rojiza. Para no hacerme ilusiones. acuciados por el silbido de un agente de circulación. —Voy muy poco. nevaba. Orvieto. ¿Despreocupada en qué 70 . y ayer también. Tuvimos que correr porque el agente levantaba ya su porra blanca y un montón de coches avanzaban sobre nosotros. y añadió riendo—: Mamá siempre sufre. Marsella (no indispensable). como si dijéramos. —Muchas gracias —dijo la muchacha. me di cuenta de que había perdido el sombrero: estaba en el arroyo gris. Nimes. No hubo manera de quitarle de la cabeza la idea de llegar a Roma haciendo auto-stop. apenas poder hablar.. dije. Llevaba otra vez los pantalones téjanos negros y las alpargatas. lo había estado intentando cada mañana. pero usted sí. aplastado ya por un neumático. Realmente era una niña.. —Oh. —Claro que sufre —dijo Sabeth mientras recogía con la cuchara los últimos restos de pastel y sólo por buena educación no lamía con la lengua el plato. A las cuatro de la tarde yo volvía a tener una conferencia. con la cabeza descubierta como un joven. aunque por lo visto se había equivocado de carretera. Entre tanto yo había pagado. Asís y qué sé yo.? Seguía allí únicamente porque todavía tenía que pagar. aunque fumara sin cesar. No me atrevía a preguntar: ¿qué hace usted esta noche? Cada vez sabía menos qué clase de chica era Sabeth. en plena tempestad de nieve. Siena.

eso sí que no lo puedo aceptar. ja —dice riendo—. —Si tiene usted tiempo —le dije— para hacerme un favor. pero en cuanto abre la boca. «¿Pero es posible que no me conozca?» Su risa se volvió algo horrible. Williams. si no. Tiene las orejas como unos pámpanos. y yo le pido excusas por no haberle reconocido en mi precipitación. todo lo demás es flaco. celoso. —¿Se queda usted todavía aquí? —Sí —dijo ella—.. la piel como cuero o arcilla. tome dos entradas y nos encontraremos a las siete… aquí. tengo tiempo. —¿Dos? —Parece que es sensacional. «Ja. le deseo muchas felicidades. los ojos vivos. pero es una calavera. y esta mímica me recuerda al profesor O. —Míster Faber —dijo Sabeth—. esa idea. sólo lo parece. Yo me había levantado. exclama riendo. ahora todo va mejor. con su experiencia humana. No reconocí al profesor O. hundidos en sus órbitas. En lugar de ello digo: «¿Cómo sigue usted?» Nunca había estado tan cariñoso. sentimental. se comprende. pero muy hundidos. Yo mismo me sorprendí de mi audacia. pero Sabeth. no lo sospechó ni por un segundo. —Si quiere ir también —dije—. dispuesta a hacerme un favor. Lo había oído decir a Mrs. «¿Dónde va tan 71 . tiene ahora una gran barriga... le desfigura la cara. Faber. sino sólo una calavera cubierta de piel. demasiado grande comparada con los ojos. Yo le cuento cualquier cosa.. —¿Volveremos a vernos? —dije. pero ¿de dónde? Él debió de notarlo. sí —dice—. y tomó el dinero para las entradas. jamás había estado en la ópera. «¡Primavera en París!».» En realidad. yo le conozco como profesor de la ETH y no como payaso. exclamo yo y tengo que reprimirme para no decir: Ya sé. yo le apreciaba. cosa que no tenía antes. yo sólo me dije que conocía aquella cara. que no me entristeció. «Sí. mejor dicho. parece que se ría. pero estaba completamente transformado. y añadí inmediatamente—. —Quisiera ir esta noche a la ópera. e incluso con músculos que hacen una mímica. pero no tengo todavía las entradas. Realmente tenía que marcharme. ¡lo que debo haber cambiado!» Su cara no es una cara. pero tan cariñoso como en ese momento en que abro la puerta del taxi. en cambio. Llegué tarde a la conferencia. y yo no comprendo por qué se ríe tanto. no se ríe. El profesor O. Estaba buscando mi perdido sombrero.Max Frisch Homo Faber sentido? Quizá se dejaba invitar. dónde va? Su rostro ni siquiera había empalidecido. me dijeron que usted había muerto. como no lo hace una calavera. «¡Señor profesor!». no lo había estado nunca. me puso.. por cualquiera. aquella sonrisa. en el momento en que se me paró delante y me dijo: ¿Dónde va usted tan de prisa. una barriga como un balón que le sale por debajo de las costillas. a pesar de que yo no sabía lo que daban en la ópera. su boca es enorme al reírse. efectivamente.

porque me ha cogido del brazo y sé lo que sabe todo el mundo.) Me afeité y me cambié de traje para el caso de que lo de la ópera saliera bien. hoy tenemos otros medios de comunicación. un viajecito (trip) a Aviñón y Pisa. he cambiado de idea. señores. estaba en París. Me senté en un café de por allí. Quizá no fuera verdad que tenía (según decían) un cáncer de estómago. pero. aprendan idiomas. que estaba dispuesto a tomarme unas vacaciones cortas. fue siempre para mí una especie de modelo: no era un premio Nobel. dice riendo y me pregunta si no quiero ir a tomar un aperitivo.) —What's the matter? (¿De qué se trata?) —Well. y le digo: «Con mucho gusto». sin que ella me viera. Sigue riendo.. es un atavismo eso de trasladarse de un lugar a otro. luego encontrarán todas las cosas interesantes en publicaciones. le digo. dice. pero viajar es una costumbre medieval. un par de semanas. y mientras tanto le expliqué que sí. Williams estuvo encantador como siempre. y no digamos ya mañana y pasado mañana. have a nice time. en realidad. ¡Querido profesor!».» Y ahora. también llegaba antes de la hora convenida. No olvidaré nunca un día que nosotros los estudiantes. está tan seguro de que nos volveremos a ver otro día. se ríe de nosotros. Walter. (Que se divierta. Quizá fuera por eso que se reía sin cesar. he cambiado de idea. nadie más que ellos. de pronto. no más. le rodeábamos y nos reíamos de sus declaraciones: «Con un viaje de novios ya basta. I changed my mind. a causa de la primavera. todo lo contrario. ni uno de aquellos profesores de la ETH de Zurich que gozan de fama mundial. El profesor O. cuando vi pasar a la muchacha de la cola de caballo. y se ríe porque hace dos años que todo el mundo dice que los médicos no le dan ni dos meses de vida.. llegará un día en que la gente dejará de circular y sólo las parejas de novios viajarán en coche de caballos por el mundo. yo le apreciaba. y me ofreció inmediatamente su Citroën diciéndome que se marchaba al día siguiente a Nueva York en avión. terraza de cristales con calefacción de rayos infrarrojos y. Llegué demasiado temprano a pesar de que fui a pie hasta los Campos Elíseos. Roma. y me meto en el taxi. con nuestras batas blancas de dibujo. —Walter —me dijo—. pero ya lo verán. En la conferencia no se dijo nada que me interesara. fue profesor mío en Zurich. pero él no parece estar enterado. Ustedes se ríen. Su amabilidad es también excesiva. «Otra vez será».Max Frisch Homo Faber de prisa?». él no se mostró sorprendido. I changed my mind. y yo sé perfectamente que ese hombre. verdaderamente. —Williams —dije—. señores. hubiera 72 . Ustedes se ríen.) Williams me acompañó al hotel. La conferencia duró dos horas escasas. «¡Querido profesor! —Eso tampoco se lo había dicho nunca—. no tengo tiempo de ir a tomar un aperitivo. (Williams. ya no existe. señores pero ésta es la pura verdad. Florencia. pero sí era un especialista serio. viajar es un atavismo. apenas me habían traído mi pernod. (Pues sí. medios de comunicación que nos sirven el mundo a domicilio.

a punto de ir a la ópera. y debajo. no obstante. el vestido de noche azul. como una jovencita. la vi llamar al camarero. La interrupción del embarazo es hoy en día una cosa perfectamente comprensible. habrá que contar con que la población árabe se duplicará en el plazo de veinte años. e independientemente de la situación política mundial. la humanidad se ha triplicado. Desde que sé cómo anduvieron las cosas. En un siglo.. Me sentía feliz y me tomé el pernod sin apresurarme. por ejemplo. no cabía felicidad mayor que la mía en aquel momento. Cesáreas. a través del cristal de la terraza. ¡Gloria a la vida! La natural superproducción (si los hombres se siguen reproduciendo alegremente como las bestias) se convertirá en catástrofe. Lucha contra la fiebre puerperal. Johann Sebastian Bach puso trece hijos (o algo así) en el mundo. de los cuales no vivieron ni el 50 %. Amenazadora superpoblación de la tierra. Engendrar y parir y dejar que los hijos se mueran durante el primer año. Consecuencia: tenemos que quitarle también de las manos la 73 .. no quisimos que viniera al mundo. éxito de la profilaxis. pero no más moral. política nueva. compartían mi punto de vista. casi me alegré de que el camarero me hiciera esperar. Fijémonos un poco: ¿adónde iríamos a parar si no hubiera aborto voluntario? El progreso de la medicina y la técnica obligan precisamente al hombre consciente a tomar nuevas medidas. en el fondo. sino resultado del progreso: hemos de regular nosotros mismos las cosas. Las personas no son conejos. como quiere la Madre Naturaleza. pero protesté. Yo era feliz como nunca lo había sido en París y esperaba al camarero para pagar y marcharme —al encuentro de la muchacha que me estaba esperando—. Llevaba aquel abrigo de capucha negro con alamares y botones de madera. es más primitivo. especialmente en cuanto al hecho de que la muchacha que me acompañó a la ópera en París era la misma criatura que nosotros dos (Hanna también). éste es el objeto de la UNESCO: industrialización de las regiones subdesarrolladas. un momento dado vi que miraba el reloj. Tomó un zumo de limón. ha disminuido de un 30 % a un 8 %. cómo fumaba y. no será la conservación de la especie. ¿Cuántas personas puede mantener la Tierra? Es posible aumentar la producción. Así lo hace la Naturaleza en todas partes: superproducción para asegurar la conservación de la especie. nosotros le hemos quitado las epidemias de las manos. Sabeth se sentó en el café. Conozco a un médico importante que estuvo en el norte de África y dice literalmente: El día que los árabes se civilicen lo bastante para no hacer sus necesidades al lado de su tienda. Incubadoras para los prematuros. he hablado con muchas y muy distintas personas y consultado su opinión sobre el aborto provocado. Un vistazo a las estadísticas: regresión de la tuberculosis. observé cómo esperaba. Pero nosotros tenemos otros medios para asegurarla. sino la destrucción de la especie. pero este aumento no es ilimitado. repasaba el rojo de sus labios. considerando nuestra situación personal.Max Frisch Homo Faber podido llamarla. y he podido comprobar que. Hoy nos tomamos la vida más en serio que antes. Antes no había higiene. Nuestro Señor lo hacía con epidemias. A problemas totalmente nuevos.

Naturalmente. sin máquinas de calcular. y quien dijere lo contrario. ¿Qué quiere decir fatalidad? Es ridículo hacer derivar la fatalidad de circunstancias mecánicofisiológicas. no. al contrario: dignidad del hombre de actuar con cordura y decidir por su cuenta. La incultura y la falta de objetividad están todavía muy difundidas. Nada de remordimientos. Tuvimos un tiempo maravilloso. olvida que ha podido evitarlo. Los hijos son algo que se quiere o no se quiere. sin energía atómica. y volver a la selva. ¿Diferencia entre prevención e intervención? En ambos casos se trata de la voluntad humana de no tener un hijo. en último término. De lo contrario habría que ser consecuente: nada de penicilina. Quien se niegue rotundamente a aceptar el aborto voluntario es un romántico y un irresponsable. El romanticismo ha sido la causa de mucha infelicidad. De nuestro viaje por Italia sólo puedo decir que fui feliz. pero también en Francia. ¿Perjuicio para la mujer? Fisiológico. Lo que no queremos es convertir la naturaleza en falsa divinidad. habría que ser consecuente y rechazar cualquier intervención. etc. De lo contrario. Sería más sensato aumentar el nivel medio de vida. automatismo de los instintos. Sabeth se burlaba de los jóvenes: —¡Niños! —decía—. El aborto provocado es una consecuencia de la cultura. una cuestión de materias primas. sin motores. nada de pararrayos. porque lo ha querido el destino. Todo lo demás conduce a la guerra y a la destrucción total. porque la muchacha también parecía serlo a pesar de la diferencia de edad.Max Frisch Homo Faber reproducción. sin contar con su sensación de poder frente al hombre. la maternidad como arma social de la mujer. no te puedes imaginar. es el dueño de la naturaleza. si quien interviene no es incompetente. nada de DDT. Es una cuestión de espacio vital. que no utilice ningún puente que no haya sido tendido por la naturaleza. tendremos que sustituir las epidemias por guerras.. una se siente como si fuera su madre. sin anestesia. nada de radar. Habría que vivir sin bombillas. 74 . Es una aberración fomentar públicamente la natalidad en los países fascistas. psíquico sólo en el caso de que la persona afectada esté dominada por prejuicios morales o religiosos. ¿Cuántas criaturas nacen porque se las ha querido realmente? No es lo mismo que si la mujer lo quiere cuando ya está en camino. Si no. no es digno de un hombre moderno. por lo menos. El hombre vive técnicamente. nada de gafas. sólo la selva cría y se pudre como quiere la Naturaleza. No hay que olvidar la mecanización: ya no necesitamos tanta gente. Se acabaron los romanticismos.. de gran número de matrimonios catastróficos que todavía hoy se celebran por miedo a practicar el aborto. es decir: morir en cuanto se presente una apendicitis. no hay que practicarlo a la ligera. y eso es terrible. pero sí aceptar el principio: tenemos que enfrentarnos con el hecho de que la existencia de la humanidad es. el hombre es ingeniero. El hombre planifica. Siempre son los moralistas los que más desgracias ocasionan.

por ejemplo. También un poco los mendigos de las mandolinas. y sólo pude comprobar que no tengo la menor idea de cómo es la juventud actual... en tal caso tenía derecho a tomarme un Campari hasta que la señora saliera de la iglesia. una confianza infantil. no obstante. cuanto más ingenuo mejor. pero sí respecto a la vida en general). una muchacha como aquélla.. La seguía en todos los museos sólo por estar a su lado. ya no lo podía soportar. Y lo que me interesaba eran las carreteras. no lo discutió.. mientras Sabeth. Su preocupación era que yo no la tomaba en serio. su rostro joven. si no hubiese sido por lo de Aviñón. Lo que a mí me gustaba era el Campari. Asís. Florencia. y. por otra parte. el nuevo tren rápido.. para ver por lo menos a Sabeth en el reflejo de una vitrina llena de cacharros etruscos. Orvieto. Arezzo. A veces. creo yo. bebiendo un Campari como de costumbre. Siena. creo yo. Perusa. No estoy acostumbrado a viajar así. Luego rectifiqué: ingenuo. incluso sarcástico (no respecto a ella. De día en día. ¿Pero por qué? No quería defraudarla en su esperanza de que Tívoli superaba todo lo que yo había visto en este mundo. únicamente porque tenía treinta años más que ella. su manía de visitarlo todo. la mera idea me ponía celoso. ¿Me escuchaba siquiera? Yo tenía la impresión de que ya no comprendía a la juventud. Cuanto más cariño iba cobrando a aquella criatura. A veces me parecía que la engañaba.. sólo por estar a su lado. su alegría. para llevarme la contraria. y que una tarde en Tívoli sería. no hubo ni un lugar donde no tuviera que pararme: Pisa. Apenas llegamos a Italia. al contrario. pero yo no lo podía creer. En Florencia me rebelé y le dije francamente que su Fra Angélico me parecía algo cursi. ni pizca de respeto. ¿No le hacía de chófer? Pues bien. estaba decidido a serle franco. sólo temía que no me creyera o incluso que se burlara de mí. Los museos me cargan. y eso era un error. la nueva Olivetti. pero. Lo que ocurrió en Aviñón. Estaba sentado fuera en la plaza de San Marco. de modo que a veces me quedaba sin saber qué decir. No veía por qué tenía que estar celoso. como la felicidad elevada al cuadrado. desde Aviñón. en realidad. Ella. ¿hubiera ocurrido con cualquier otro hombre? Jamás había pensado tanto en el matrimonio. y algo había que me ponía siempre celoso a pesar de que me esforzaba en ser joven.. lo estaba. visitaba todo el convento. había contemplado una serie de cosas. su seriedad. Seguía encontrándome cínico. No sabía qué podía pensar. tanto menos quería llevarla por aquel camino. Sabeth me escuchaba 75 .Max Frisch Homo Faber Lo único que me cansaba era su necesidad de arte. estuvo encantada. los puentes. por su parte. yo no me tomaba en serio a mí mismo. Sabeth no creía que yo no comprendiera ni una palabra en arte y tenía una confianza ilimitada en mí. no sabía cómo la tenía que juzgar. la esperanza de hablar con ella era mayor. A mí me molestaba inspirar respeto.. No hacía más que observarla. la nueva estación de Roma. Durante los últimos días. el nuevo Fiat. No me hubiera importado ser su chófer. ¡Esa manía suya de ir a Roma en auto-stop! Aunque al final no lo hizo. Me preguntaba si la juventud de hoy (1957) es completamente distinta de la de nuestro tiempo.

cuando Sabeth me dejó solo. nuestro viaje no siempre era fácil.. 76 . estaba harto de tantas colecciones de piedras viejas. me interrumpía para adelantarse en el relato y dar así a entender que todo aquello ya se lo había contado en otra ocasión. —¡Qué mamá tan amable! —dije yo. el porvenir.Max Frisch Homo Faber cuando yo le hablaba de mis experiencias. No había nadie más. el día en que tendría hijos. disfrutaba de cada momento que se lo merecía. sin interrumpirle. Con todo ello. que me desfiguraba. En un gran claustro (Museo Nazionale) me negué a escuchar su Baedecker. Es posible que eso me diera celos.. por lo demás el silencio era absoluto. ver lo poco que necesitaba para empezar a cantar. Sabeth creía que siempre me dolía el estómago. como no interesan a ningún joven. sencillamente. creía firmemente lo que su mamá le había dicho: todo el mundo es capaz de comprender una obra de arte menos los pedantes. Una pareja italiana que paseaba por el claustro me interesaba más que todas las esculturas. sin darle demasiado crédito.. un disco. pero las experiencias no la interesaban en absoluto. tampoco lo entendía) y me puse a contemplar una escultura para comprobar la aseveración de su madre: todo el mundo es capaz de comprender una obra de arte. pero Sabeth seguía convencida de que yo le tomaba el pelo con mis afirmaciones de no entender ni una palabra en arte. como si yo fuera menor de edad. pero que le hacía ilusión. pero disfruto como los demás. que llevaba un niño dormido en brazos. corría las cortinas y veía que no llovía. Me declaré en huelga. me guardé el periódico en el bolsillo (después de todo. En realidad.. volver a ver a su madre. Lo que más me alegraba era su alegría. y también un poco el presente. su cumpleaños. todo lo determinado y más aún todo lo indeterminado: todo lo que todavía no era realidad. Luego. Pero ¡qué pocas son las personas que trato que se interesen por mis alegrías o por mis sentimientos! Sabeth decía que yo siempre exageraba. Los pájaros trinaban. por su parte. no canto.. sobre todo el padre. Yo no hago aspavientos. cortésmente. un día mencioné mi dolor de estómago. Les importa un comino que las cosas hayan ya ocurrido y que a nosotros nos hayan enseñado o hubieran podido enseñarnos algo. Me asombraba. Me esforzaba por descubrir qué esperaba Sabeth del futuro y pude comprobar que ella misma no lo sabía. pero la mamá se había equivocado. pero como se escucha a un anciano. sino muchas veces extraño: yo la aburría contándole mis experiencias y ella me hacía sentir viejo al esperar de la mañana a la noche mis demostraciones de entusiasmo. me senté bajo una arcada y traté de leer un periódico italiano. Y yo. ¡Y no únicamente con una buena comida! Tal vez no sepa siempre expresarme. y empezaba a cantar. ¿podía esperar del futuro algo que todavía no conociera? Para Sabeth todo era distinto. casi nada. a partir de aquel momento. pero no es verdad que yo no sea capaz de disfrutar. le hacía ilusión el desayuno. Le hacía ilusión Tívoli. Entonces me avergonzaba.. Por desgracia. A lo sumo. sin inmutarse. a veces. para ella sólo contaba el porvenir. me prodigaba cuidados maternales.

decorativo. todo un vocabulario high-brow. Yo no puedo soportar que me digan lo que debo sentir. muy impresionante. de tal modo que despertaron mi curiosidad. pero a mí me interesaba más eso que saber si era del siglo cuarto o del siglo tercero antes de Jesucristo. elemental.. fue inútil. divino. Aquello era magnífico. dice ella. más viviente. cuando Sabeth me encontró («Ah. Mientras no llegamos a la salida. tampoco me dicen nada los nombres clásicos. Cuando Sabeth (o cualquier otra persona) está junto al nacimiento de Venus se producen unas sombras y el rostro de la Erinnia dormida. aunque vea. Sabeth encontró que eso de encantadora no era la palabra adecuada. repite. cubista. en general.. yo le dije lo que acababa de oír del sacerdote: EL NACIMIENTO DE VENUS. parece de pronto mucho más animado. pregunto. «¡No te muevas!». casi salvaje. muchas veces me estorban los títulos porque. de todos modos. helenístico. tocando la flauta. Volvemos a cambiar una o dos veces de sitio. la Erinnia es mucho más hermosa.. verdaderamente magnífico. ya que nos quedan todavía salas enteras de esculturas que Sabeth querrá haber visto. no es lo mismo. lineal. parece mentira lo que cambia. como se me ocurrió hacer. expresivo. de lo contrario. Cuando me acerco de nuevo a mirar el nacimiento de Venus. CABEZA DE UNA ERINNIA DORMIDA. ella lo encontró estupendo. «¿Qué debe de estar soñando?» Es posible que ésa no sea la buena manera de contemplar una obra de arte.» Tengo que convencerme por mí mismo. tengo la impresión de estar ciego. donde no se veían sino 77 . Walter. Sabeth insiste en que cambiemos de sitio.. colocada de tal forma que se la podía mirar por encima como se mira el rostro de una mujer dormida cuando uno se apoya sobre el codo. yo no sabía el título. fantástico. Éste sí que fue un descubrimiento (en la misma sala lateral de la izquierda) sin la ayuda de ningún sacerdote bávaro. etc. sacro. Era una cabeza de muchacha. estás aquí. al contrario. cultural. de piedra. de pronto: «¡No te muevas!» Tengo que quedarme donde estaba. Sobre todo la muchacha de al lado. Efectivamente. Afortunadamente. genial. pero no me extraña: cuestión de iluminación.. luego soy partidario de seguir adelante. ya creía que te habías ido a tomarte tu Campari»). al que le llega la luz por un solo lado. «Cuando tú estás ahí. compositorio. «¿Qué pasa?».Max Frisch Homo Faber Únicamente me aburría. —Es extraordinario lo que cambia —dice Sabeth. impresionante. más bien me dan la sensación de que me estoy examinando.. me parecía encantadora. En el claustro pequeño (con vidrieras) tuve suerte: todo un grupo de turistas alemanes conducidos por un sacerdote católico se apretujaban ante un relieve como ante el lugar de un accidente. alegórico. vinieron otros turistas. Pero hablar de un restaurante. ni siquiera obtuve respuesta a mi pregunta acerca de dónde sacaba Sabeth todos sus sabios comentarios y palabras como: arcaico. pero no me importaba. Yo tenía apetito. naturalista..

afortunadamente..Max Frisch Homo Faber unos arcos de ladrillo antiguos. de los que. su curiosidad por todas las cosas que la rodeaban. por lo que parece. su madre no tuvo suerte con los hombres. su afición a la ensalada. y llamada la reina de las calzadas. no sufre por esa separación. cuando me enteré de algunos detalles acerca de la erudita señora que era su madre. tenía que ganarse la vida porque estaba separada del señor Piper. siempre desbordante de alegría. de donde fue prolongada más tarde hasta Brindisi. La mamá también había sido comunista.. pensé yo. sin dejar de mirar a su alrededor. y ahora trabajaba en Atenas porque no podía soportar la Alemania occidental de hoy. sin darle importancia. tiene un apetito magnífico mientras me cuenta esas cosas y bebe alegremente su Orvieto blanco —a mí siempre me sabe demasiado dulce. de cassate. de catolicismo. 78 . quizá por ser demasiado intelectual. por otro lado. montículo de escombros cubierto de hierbajos.. no habla el Baedecker. —Mira —dijo—. sino que pedí otra media botella de ORVIETO ABBOCATO. una obra de albañilería simple pero correcta. pero es su vino predilecto: ORVIETO ABBOCATO—. quien. a su vez. cosa que también comprendo.. no había estudiado arqueología. y volvimos a hablar de otras muchas cosas. porque no puedo con las mujeres intelectuales. naturalmente. Aquella muchacha me gustaba cada vez que nos sentábamos en un restaurante. ¿duermes? Yo disfrutaba de no tener que admirar ninguna obra de arte. ya que su madre ya había estado casada antes. Sabeth es pues hija del primer matrimonio. yo esperaba. Lo hizo pasar por el torniquete... Sabeth con su Baedecker. «La VIA APIA. no lo dije.. con la copa en la mano. entusiasmándose por unos entremeses. que me interesó. y nos sentamos en uno de aquellos sepulcros. construida el año 312 antes de Jesucristo por Apio Claudio el Ciego.. pero así y todo no se avenía con el señor Piper. por eso se divorciaron. Nos echamos a la sombra de un pino y fumamos un cigarrillo. lo comprendo perfectamente. Levanté la copa y la interrumpí: ¡A tu salud! y bebimos. montículo de piedras.. allá abajo está Tívoli. para brindar. el señor Piper no me interesaba. aunque. no era su verdadero padre. la verdad. no contestó a mi pregunta. su manera infantil de engullir panecillos. y de cómo se llega a la Via Apia.. de alcachofas. comía un panecillo tras otro.» Salimos por la Via Apia. —Walter. como siempre que se refería a su madre: —De mamá. pero que trabajaba en un Instituto Arqueológico. tres quilómetros a pie. verdadera plaga de nuestro tiempo. sino filología. Sabeth no quería demasiado a su padre. iba de Terracina a Capua. Respecto a su madre: Estábamos chupando nuestras alcachofas. un hombre que por convicción vive en Alemania-Este. No me interesaba mucho. y Sabeth. Supe que. del tránsito rodado. de la Erinnia dormida. en realidad. al contrario. mojando hoja por hoja en la mayonesa y pasándonosla luego por entre los dientes.

los arcos de las cejas blancos como el mármol a causa del reflejo desde abajo. —Eres un animalito salvaje —le dije—. que este sitio es nuestro. no paras ni un minuto.. —Oh. how lovely here! (Oh. yo echado en la hierba. un grupo de gente que rondaba cerca de nuestro sepulcro. como si fueran un rebaño de cabras. a juzgar por las voces hubieran podido ser las mecanógrafas de Cleveland. Tuvo una verdadera decepción. Aunque fuera hombre. Tívoli más o Tívoli menos. a causa del escorzo. lo importante era su cabeza sobre mi hombro. mientras yo la contemplaba desde el suelo y nos azotaba el viento. pensé. cada vez vienen más. los labios. esperaba que me levantaría y la emprendería a pedradas para ahuyentar a la gente. Era cómica. por último.. sus muslos que a pesar del escorzo aparecen muy esbeltos. Me incorporé para mirar por entre las hierbas. oí sólo las voces. —Esta tumba —dije— parece ser una tumba muy famosa. despojos de un asilo de ancianos. sus caderas ceñidas por los pantalones téjanos. —¿Lo hago? —preguntó aguzando el hocico como si fuera a escupir —. estaba con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. sin miramientos. pero visitaré lo que tú quieras. Esbelta y vertical. Sabeth está encima de mí. o mejor dicho a mi lado: sus alpargatas. ¡qué precioso!) Oh. this is the Campagna? (Oh.Max Frisch Homo Faber Sabeth llevaba. como de costumbre. aquella niña que yo trataba como a una mujer. Ella se arrodilló para tomar vistas. inmediatamente encima las pestañas. Se oyeron voces. callada como una estatua. la barbilla. Eran americanos probablemente. Sabeth. a pesar de que yo le había comprado un par de zapatos italianos apenas llegados a Pisa. su insistencia en decir: ¡Tú eres un hombre! Por lo visto. la cabellera sobre el cielo azul intenso como si fuera a enredarse con las ramas del pino negro. luego sus pantorrillas desnudas. A mí me bastaba estar echado en la hierba. A mí también me fastidiaba no estar solos. no le encontraba remedio. 79 . ¿Lo hago? Yo la tiré de la cola de caballo y la obligué a echarse. No se le veía la cintura. etc. o mujer que yo trataba como a una niña. pero ella no se conformó. ¿Qué es lo que no hace uno en viaje de novios? Sabeth volvió a encontrarme cínico. Ella estaba de pie. Peinados violáceos de señoras entre calvas de caballeros que se quitan los sombreros de paja. pero no podía remediarlo. Luego el pecho y los hombros. sus pantalones tejanos negros con costuras que habían sido blancas y unas alpargatas que también en otro tiempo fueron blancas. isn't it lovely? (Oh. cariño. —¿De veras no te interesa? —De veras no me interesa —dije yo—. —Oye. ¿verdad que es precioso?) —Oh. pero no lo dije. ¿eso es la Campagna?) —Oh. —Encuentro —dijo—. —Mira —dijo Sabeth—. Ella estaba así. yo mismo no lo sabía. todo un autocar.

No podía conformarse.» Sabeth hojeaba cada vez la guía. De pronto. eso que nos ha gustado tanto esta mañana era el trono Ludovisi.. —Fumas demasiado —le dije—. Cada vez pensaba menos en su parecido con Hanna. 261). volvió a agacharse y reclinó la cabeza sobre mi pecho como si se dispusiera a dormir. estábamos con los pies desnudos sobre la hierba. el sepulcro de Cecilia Metela. Y como protesta contra los sitiadores americanos. construida el año 312 antes de Jesucristo por Apio Claudio el Ciego y llamada la reina de las calzadas. me contemplaba a la cara. Le pregunté qué pensaba ella. revestida de travertino. ¡Ni sombra de parecido! Le di fuego a pesar de que estaba convencido de que fumaba demasiado para sus veinte años. —Sí. apoyada sobre mi pecho. empieza a la izquierda del monumental acueducto del Aqua Marcia (véase pág. «El trecho más interesante de la vía. Una obra famosísima. Desde Aviñón no había vuelto a ocurrírseme. Me dejé instruir. pero la verdad es que no lo sabía. pero no duró mucho. cuyo antiguo pavimento se conserva en gran parte. construcción circular de veinte metros de diámetro. la ruina más famosa de la Campagna. Sabeth. —No —contesté—. Volví a pensar en nuestra aventura de Aviñón (Hotel Henry IV). A lo sumo me asombraba haber podido pensar alguna vez que Sabeth y Hanna se pareciesen. sobre base rectangular. que debía de parecerle un viejo. a medida que crecía la intimidad entre aquella muchacha y yo. malhumorada. yo le pregunté: —¿Cómo se llama tu madre. que hacía el viaje a Italia para reponerme. Sabeth me pidió un cigarrillo sin contestar a mi pregunta.. con el Baedecker abierto. —Oye —dijo—. Cuando yo tenía tu edad. sabía desde buen principio que yo era un técnico. eres ligera como una pluma. van a comer aquí. La observé detenidamente. Se incorporó de un salto y me preguntó si me pesaba. Cretici (filiae) 80 .. Todavía hoy me parece oír su voz de Baedecker. estás preocupado por algo. leyó en voz alta: —La Via Apia. siempre se piensa algo. —Hello —contestó Sabeth. Yo no tenía ni idea de lo que había estado pensando. cuando Sabeth. en realidad? Ella no se dejó interrumpir. La inscripción de la lápida de mármol dice: Caecilia Q. Sin embargo.. «Algunos minutos después. —¿Pero? —No hay pero —dije.. y yo disfrutaba de andar descalzo y de la vida en general.Max Frisch Homo Faber —Hello —gritó alguien desde abajo.. Nos habíamos descalzado. —Mira —dijo—. Cada vez se me burlaba: —¡Pareces un papá! Quizá también yo había pensado (más de una vez).

Necesitaba todas mis fuerzas sólo para seguir sentado allí. Yo quería saber fechas exactas. pero así y todo tenía que ausentarse por un momento. Piafaba como una niña cuando pide a la maestra para salir de clase. —Por favor —decía ella—. el mismo zumbido que se oía encima de mi terraza de Central Park West. aunque en los mapas de aquel Baedecker no figurase. la cola de caballo rojiza rozándole el hombro. hay que ver lo que llegan a comer esos de ahí abajo.. se oían constantemente motores. —Perdóname. Se divertía. —Dios mío —dijo—. Yo estaba sentado y la agarré por la muñeca para que no se me escapara. No lo dije porque sí. Siguieron mis preguntas de si su madre había estudiado en otro tiempo en Zurich. nuera del triumviro Craso. La divertía que yo quisiera saber tantos detalles sin sospechar siquiera lo que representaban para mí sus respuestas. como agotado. Posiblemente sonriente. No se dio cuenta de lo que me pasaba.. ¿Qué estudió? ¿Cuándo? Yo seguía preguntando a pesar de que la muchacha quería marcharse. 81 . —Entonces yo todavía no había nacido —dijo. —Hanna. Pero yo te estaba preguntando otra cosa.) contenía la cámara mortuoria. me interesaba de veras. con el tren de aterrizaje ya a punto de tocar tierra y desaparecer en algún lugar de la Campagna. ¿aquello es Tívoli? En la llanura de Tívoli debía de haber un aeródromo. al nombre de pila. Mi última pregunta: —¿Y su nombre de soltera es Landsberg? La había soltado.Max Frisch Homo Faber Meellae Crassi: A la hija de Metelo Crético. —My goodness! —exclamó—.. —Aquello de allí —pregunté—. con las manos metidas en los bolsillos del pantalón. El interior (prop. Cerró el Baedecker. en realidad.» Sabeth se detuvo a reflexionar. perdóname un momento. —Allí debe de estar el aeródromo —le dije. que volaba encima de nuestro pino. ahora empiezan otra vez con la fruta. Mi esperanza era que ahora se marchase. Sabeth había vuelto a levantarse para espiar por entre las hierbas. como es natural. fueron suficientes. aunque arrancadas a la fuerza. —Cómo se llama tu madre. —¿Qué me has preguntado? Yo tomé el Baedecker y lo abrí. naturalmente. ¿cómo quieres que se llame? Yo me refería. no van a acabar nunca.. —¿Qué me has preguntado? —dijo. —Piper —dijo Sabeth—. Sus respuestas. por favor. —Prop: ¿qué quiere decir? —Propina —le expliqué—. de vez en cuando un DC-7 o un Super-Constellation. —No tengo la menor idea. Walter.

Cuando las cosas se esclarecen casi me divierto. Hoy que lo sé todo me parece increíble que entonces. eso ya lo dimos en clase. no la afectaba en absoluto. No sé qué estuve pensando durante los diez minutos que tardó en volver la niña. —Walter —me preguntó ella—. —¿Sabes qué? —dijo Sabeth—. —Algún día tenemos que separarnos. la idea de que nos teníamos que separar no la afectaba. —¿Quién sabe si mamá todavía se acuerda de ti? 82 . tanto da que sea hoy como mañana. —Naturalmente —dijo ella. criatura. sí —dijo—. Yo la observaba. la hija de Hanna. pero a mí no se me ocurrió pensarlo. mamá se alegrará. fue Sabeth quien se sentó a mi lado para hacerme preguntas. me pareció. —Oye —dijo alejándose—.. eso sí. —¿Sabes? —añadió—. En realidad. Le expliqué lo de los vasos comunicantes... has conocido a mamá? Yo asentí con la cabeza. mejor dicho no lo quise creer. pero no lo pude creer porque era demasiado inverosímil que aquella muchacha que poco después volvió a subir al montículo del sepulcro fuera mi propia hija. Lo único que sé es que hubiera preferido marchar al aeródromo. sólo divertido. sino que se la enrolló en el dedo y repitió: —Naturalmente. fuera a ver a Joachim. —Sí. ¿qué te pasa? Sabeth no sospechaba nada. Luego nos pusimos a hablar de acueductos. se lo voy a escribir. sólo una confirmación. Claro que lo pensé: toda aquella historia del embarazo de Hanna antes de que yo me marchara. en teoría. Prefería esta confirmación. Los aviones pasaban por encima de nosotros. Se había sentado para coger una brizna de hierba. Pero no pensé ni siquiera un solo instante que Sabeth pudiera ser mi propia hija. nuestra decisión de que ella fuera a ver a un médico. Eso formaba parte del reino de lo posible. para decir algo. luego se quedó mirando lejos. Era nuestro penúltimo día. no fue una sorpresa. Sabeth. —¿Así. no lo viera todo claro. Estábamos otra vez tumbados en la hierba. Claro que lo pensé. —¿Os conocisteis cuando mamá todavía estudiaba? Ella lo encontraba divertido. después de aquella conversación en la Via Apia. me gustaría que no te marcharas.. —Pero ¿es posible? ¿De veras? Yo no podía ni hablar. Lo que se me ocurrió primero fue que no había que pensar en una boda. Es posible que no pensara nada en absoluto. No se puso la brizna entre los dientes... Se divierte cuando le digo que si los romanos hubiesen tenido el croquis que acababa yo de hacer sobre mi paquete de cigarrillos se hubieran ahorrado por lo menos el 90 % de sus construcciones.Max Frisch Homo Faber Pero en lugar de ello. Hice una especie de balance. tú también fumas demasiado. Ni se le había ocurrido que nos pudiésemos casar.

) —Entre tanto sujetaba un pasador entre los dientes—. y luego más pesada. viviendo en una buhardilla como dices. En realidad. mirando a Tívoli. me haces daño. Se refería probablemente al joven jugador de ping-pong. no tenía el menor deseo de quedarme sentado. claro está. Sólo le sostenía la cabeza. Yo no sabía nada. —Walter —dijo ella. y estuvo lista. —No —añadió—. no me gusta. pero no le servía de nada la fuerza que hacía con la nuca. Como una copa. No la besé. eso ya lo sabías.. primero los calcetines. ligera y frágil... yo mantenía las manos firmes como una tenaza. Entonces necesitó el pasador y se lo sacó de la boca. Mamá. —Se quiere casar conmigo —dijo—. haciendo un esfuerzo—.Max Frisch Homo Faber Eso la divertía: —Mamá estudiante —dijo—. pero me equivoqué. Sentía que ella hacía fuerza. Me tocaba a mí decir algo. poco a poco. de eso no me ha hablado nunca. —It's okay —le dije. —Oye —dijo—.. no me la puedo imaginar. me haces daño.. Le seguí oprimiendo la cabeza hasta que abrió. Siguió mi pregunta. it's okay. como se mantiene quieta. —¿Vámonos? —dijo. tú no eres el primer hombre en mi vida. Y al otro —dijo sin sacarse el pasador de la boca mientras se peinaba la cola de caballo—. —Déjame —dijo. ella volvió a cerrar los ojos: como un perro cuando se le agarra así.. la cabeza de un perro. yo mismo no lo sabía. (Es profesor en Yale. Luego sopló el peine. o mejor dicho. —De veras —dijo—. al otro ya le conoces. —¿Cómo era. pero muda. por ejemplo. no me contaba sino sólo me dejaba adivinar: —He's teaching in Yale. no te preocupes. ir por los zapatos. Sabeth cerró los ojos. entonces? La tenía agarrada por la cabeza de manera que no se pudiera mover. con las dos manos. cuando Sabeth 83 . mientras ella terminaba de peinarse. Por la manera cómo se apartó el cabello aplastado sobre las sienes se hubiera podido creer que sólo se trataba de su cabello. —¿Crees que soy una desvergonzada? Yo no creía nada. Luego el regreso a pie por la Via Apia. —No —dijo Sabeth—. quería levantarme. luego los zapatos para podernos marchar.. los ojos para ver qué me proponía. Estábamos ya de nuevo sentados en el coche. Sacó el peine del bolsillo de los téjanos negros para peinarse mientras me contaba. ¿sabes?. Yo esperaba la respuesta. que quedó entreabierta.. calzármelos. Parecía divertirse mucho.

—Walter —dijo ella—. de Rusia. ni a preguntar nada más. me arreglé las fechas hasta que me salieran las cuentas. ¡qué bien lo pasamos! De regreso a nuestro hotel (Via Veneto) nos sentíamos contentos. —Ven —le dije—. incluso chistoso. yo les fui pagando ronda tras ronda y el ambiente se caldeó. no hablemos ahora.. ahora a la derecha y llegaremos a San Giovanni in Laterano. Quizá soy un cobarde. hasta quitarme un peso de encima.. Sabeth me habló de su padre.. me parece) sin parar. Miss Faber. después de mendigar en los restaurantes de turistas.Max Frisch Homo Faber volvió a preguntarme: «¿Crees que soy una desvergonzada?». —¿A papá? —A Joachim —dije—. el resto lo calculé por el método de Adam Ries. luego a la derecha hasta encontrar una basílica. buenas noches.. mientras Sabeth se ausentó un momento. habitación de gran hotel: demasiado grande. Estoy convencido de que. Estaba allí sin desnudarme. Examinó el mapa. Prefería moverme. 84 . Mientras estuvimos sentados en el coche sin andar. no estábamos bebidos. —Yo le conocí —dije. Hasta medianoche estuvimos en aquella pizzeria popular entre el Panteón y la Piazza Colonna. Volví a poner el motor en marcha. de guerra. En la pizzeria. sí. No sé cuánto tiempo estuve de pie en mi cuarto sin echar las cortinas. pero sí muy alegres. donde los guitarristas. —¿Tienes el Baedecker? —me preguntó. Yo metí la llave para poner el motor en marcha. demasiado alta de techo. de Hitler. pero no funciona. No sé cómo lo calculé. —Ni siquiera sabemos si papá vive aún —dijo. lo único indiscutible era la fecha de nacimiento de Sabeth. Yo paré el motor. de emigración. hasta el hotel donde nos abrieron la gran puerta de vidrio y. Luego conduje como un autómata: hacia la Porta San Sebastiano. más que de costumbre. comen su pizza y beben su Chianti a tanto el vaso. y quiso saber lo que yo estaba pensando. Continuamos nuestras visitas arqueológicas. disfruté comprobando mis cálculos otra vez por escrito. nos dieron inmediatamente las llaves de las habitaciones según nuestra propia declaración: —Míster Faber. de divorcio. hasta que me salió la cuenta como yo quería: Sabeth sólo podía ser hija de Joachim. —Ésta es la Porta San Sebastiano —añadió—. en el vestíbulo de alabastro. Seguía calculando en silencio (mientras hablaba. Sabeth me encontró más divertido que nunca. No me había equivocado. aquella noche. No me atreví a decir nada más referente a Joachim. de su madre. Como una máquina que recibe la orden: «Lávate». y mi viaje a Bagdad) de tal manera que las cuentas salían bien. yo había elegido las fechas (la confesión de Hanna de que esperaba un hijo.

¿qué te pasa? Estaba delante de la puerta. ni siquiera me había quitado los zapatos polvorientos y la corbata. Más tarde se durmió. ¿Qué culpa tuve yo? La encontré en el barco cuando esperábamos que nos asignaran nuestros sitios en la mesa. ya que Williams me prestaba su Citroën. me sentía incapaz de pensar en el futuro. al contrario. la llevé a su hotel barato de Saint-Germain y la invité a hacer su viaje en auto-stop conmigo. y de ahí aquel estrépito: motos que roncaban sin moverse de sitio y luego paraban.. sobre mi corbata. el Alfa Romeo. de vez en cuando las campanadas de una iglesia romana. y de nuevo aquel ruido metálico. Vi que había llorado. Le hice una propuesta de matrimonio. a pesar de su miedo a que me marchase. le dije por ejemplo. no quiso entrar. acelerador a fondo sin desfrenar. se le oía retumbar entre las casas. luego. de tal manera que ésta me agarrotaba. frenazos con chirriar de neumáticos. sin entretenernos más. hablé con ella con toda franqueza. Apenas había tres minutos seguidos de silencio. frenazos. fardo negro con cabellos cálidos y respiración ritmada. la muchacha dormía con una mano sobre mi pecho. No la engañé. una muchacha con una cola de caballo que se balanceaba ante mis ojos. por fin. —¿Por qué no tengo ya que quererte? —pregunté—. o mejor dicho. no me podía mover porque tenía su cabeza apoyada sobre mi hombro. donde 85 . exactamente como si el mismo Alfa Romeo estuviera dando vueltas toda la noche. y en Aviñón. el claxon en los callejones. que era soltero. Aquélla debía de ser una calle donde aparcaban los coches. —Dime qué te pasa. por mi parte. ¿Por lo de Hardy o como se llame? De pronto rompió en sollozos.Max Frisch Homo Faber —Sabeth —exclamé—. En las cortinas se veía la luz de un farol que de vez en cuando se balanceaba y yo estaba como en un potro de tortura porque no me podía mover. inútilmente. como tengo por costumbre hacer. sin llamar. sólo decir otra vez buenas noches. y encima el abrigo negro con capucha. Luego. Le dirigí la palabra como se suele hacer con la gente que uno encuentra en esos barcos: no fui detrás de ella. parece que el calor la calmó y se durmió profundamente a pesar del estrépito de la calle. Yo estaba cada vez más desvelado. luego otra vez los claxons. Iba descalza y llevaba el pijama amarillo.. se le oía alejarse en la noche. yo la había tapado porque la ventana estaba abierta y la noche era fresca. ¿Por qué traté de encontrarla en París? Fuimos juntos a la ópera. lo peor era un Alfa Romeo que iba y venía y cada vez arrancaba como si tomara parte en unas carreras. y después tomamos todavía un helado. motores a todo gas. y vimos inmediatamente que era una tontería y nos despedimos. sin estar enamorado. Estaba echado a su lado. Oía dar las horas mientras Sabeth seguía durmiendo. por puro gamberrismo. Me llamó la atención. otra vez.

más bien aterradora. después de haber estado ante la puerta hasta tiritar de frío. ya que al día siguiente queríamos continuar el viaje de madrugada.) Yo la reconocí ya antes de despertarme. e incluso más clara que de costumbre: no como un disco luminoso como siempre. hora de irnos a acostar. un gran silencio. y. yo no había leído ningún periódico y no lo esperábamos. un laboratorio. me puso inquieto como si no supiera con relativa exactitud lo que es un eclipse de luna. ni por un momento creí que las cosas anduvieran de aquella manera. Era la noche del 13 de abril. muerto de sed. por primera vez. abro los ojos: una habitación blanca. y había un eclipse de luna. que nos sorprendió.. Espera con las manos en los bolsillos de la chaqueta. nos alojamos. De pronto. había sido la mera contemplación. el sol.. Mi terror a que la niña hubiese muerto. Le dije: «¿Qué pasa con la luna?» Nos habíamos sentado al aire libre y eran casi las diez. Nadie más en la habitación. como un cuerpo. y sabía: cuando me despierte. en el mismo hotel. En todo caso fue ella quien aquella noche. Hanna estaba hablando con la enfermera.Max Frisch Homo Faber pasamos la primera noche. la señora que está junto a la ventana y se figura que yo duermo y no la veo. dormía y lo oía todo y sabía que dormía. sólo la 86 . pero yo no lo podía tomar. de color naranja. mirando por la ventana.. como una enorme masa en el vacío. pero estaba dormido. ni siquiera yo. de una masa enorme que flota en el espacio. Le expliqué por qué la luna. la que provocó en mí la idea objetiva y perfectamente explicable de que la tierra flota también en el vacío o se precipita velozmente en él. lo cual produce irremisiblemente el oscurecimiento de la luna. como un balón. Súbitamente. por primera vez. Una extraña para mí. como un astro. y no lo pude decir. recibe tanta luz que la vemos perfectamente. Me acuerdo perfectamente. Me habían traído té. aunque completamente cubierta por la sombra de la tierra. No le puedo ver el rostro. Luego. No obstante. que yo no tomaba a los dos en serio. en cuanto descubrí la sombra de la tierra sobre la luna llena. tuve la impresión turbadora de que aquella muchacha que yo hasta entonces había tenido por una niña estaba enamorada de mí. (3 de junio en Atenas. Cabello cano. pagué en seguida nuestros cafés y nos fuimos a la terraza que hay junto al Ródano para seguir durante una hora el proceso de aquel fenómeno natural. la tierra y la luna. pequeña estatura. Al mismo tiempo oí su voz hablar griego. coincidieran en una línea recta. creo recordar. en términos generales. completamente agotado. y ambos estábamos excitados porque todavía no habíamos visto nunca un eclipse de luna tan claro. El mero hecho de que tres cuerpos celestes. Hablé de vida y muerte. y me besó como no lo había hecho hasta entonces. tendré que enfrentarme con Hanna. vino a mi cuarto. Me di cuenta de donde me hallaba y quise preguntar si habían hecho la operación. pero ni siquiera en el mismo piso. naturalmente (lo contrario hubiera indicado una intención que yo no tenía). el encuentro de nuevo con Hanna. o mejor dicho corre disparada. sino claramente como una esfera. a diferencia de la luna nueva. La muchacha dijo en aquella ocasión (lo recuerdo muy bien)..

—El doctor Eleutheropulos ha estado aquí hace un momento —dijo —. sólo se quedó mirándome.Max Frisch Homo Faber nuca. gafas de concha. —¿Ya sabes —dijo Hanna—. tómate el té. —Anda —dijo—.. por fin le veo la cara. saca el pañuelo para sonarse y se lo vuelve a guardar en seguida en el bolsillo o lo arruga entre los dedos nerviosos. Tiene un aire deportivo. Yo hice como que dormía. el cabello corto. un amigo no hubiera podido preguntar de un modo más objetivo. se queda así largo rato. Hanna explicaba las cosas de una manera completamente objetiva. casi juvenil si no fuera por los cabellos grises o blancos. sólo como profilaxis —dijo—. ya la han operado. morena. no lograba hacerme cargo de que habíamos pasado veinte años sin hablarnos. —Sólo diez centímetros cúbicos. un hombre. Yo bebía una taza de té tras otra. fumando. —Esperemos que todo vaya bien —dijo—. Me llenó la taza.. De vez en cuando. —¿Cómo está? —pregunté. se lo mete en el bolsillo y espera mirando por la ventana. se diría el rostro de un indio viejo. Hanna siguió fumando. Vuelve a sacar el pañuelo para limpiarse las gafas. ¿A qué repetir cien veces que no tuve la culpa? 87 . a causa de las mucosas de la boca. donde no hay nada que ver sino unas persianas.. —¿Dónde tienes la chaqueta? La había perdido en la playa. Luego necesita ambas manos para volver a desdoblar el pañuelo mojado. Éste es el único movimiento que hace. Ni una palabra de saludo. Estaba con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada en una mano. —¿Cómo ha ocurrido? —preguntó—. ha dicho que no cree que fuese una víbora de cruz. ¿Habéis estado hoy en Corinto? Yo temblaba. Lleva gafas negras. Yo traté de contestar también con toda objetividad... Si no ponía en juego toda mi imaginación. comentamos la operación que habían hecho una hora antes o estuvimos callados. Hanna vio que estaba despierto. que también te han puesto una inyección a ti? Yo no me había dado cuenta. hasta que la cabeza me resbaló por la pared y tuve un sobresalto. medio minuto o media hora. una abogada o algo por el estilo. ¡Hanna con el pelo blanco! Es evidente que me había vuelto a dormir. —¿Desde cuándo estáis en Grecia? Hanna me asombraba. No dijo ni media palabra. Esperábamos juntos las noticias del médico. de no ser por los ojos azules. esperemos que todo vaya bien. —¿Vive? —Sí —contestó. Está llorando. Veo que se lleva las manos debajo de las gafas como para sostenerse la cara. Podría ser una doctora.

vi aquel carro. cuando vi pasar el Ford. Pero el Ford pasó sin detenerse. Subía de la playa. en vista de que en las barracas no le contestaba nadie. una cura con hierbas o embrujos o qué sé yo. resbalaba yo con la niña inerte en brazos. yo apenas la podía ya sostener. por fin. No podía ni respirar con la muchacha en brazos. solo oí que Sabeth gritaba. No comprendía lo que decía el griego ni por qué se detuvo junto a un pozo y ató el borrico. Resbalaba la grava. grité cuanto pude. sin dejar de mirar por la ventana. porque ella no se ayudaba lo más mínimo. pero no se veía ningún coche. Subí al carro cargado de grava húmeda y me senté con la niña en el regazo. solo con aquella accidentada. tómate el té. —Anda —dijo Hanna—. —¿Conque no ha sido una víbora de cruz? —pregunté yo. No podía más. El carro empezó a dar sacudidas. tres hoyitos muy juntos. sólo me hacía preguntas. La carrera por la arena blanda. cada vez pesaba más. Me preguntó sin volver la cabeza: —¿Qué tienes que ver con la niña? Me di cuenta de que estaba muy nerviosa. No había visto la víbora. iba descalzo. No sé qué se proponía. adelante.Max Frisch Homo Faber Hanna no me hacía ninguna clase de reproche. Un campesino que sólo hablaba griego. luego seguí mi camino. Pedí al campesino que fuera más aprisa. no podía llevarla hasta 88 . pero no se veía ni un vehículo por ningún lado. la excitación. Vi que el hombre se dirigía a las barracas para pedir socorro. Cuando llegué estaba desmayada. con la niña en brazos. Por fin llegué a la carretera. La había visto caer y corrí hacia ella. La tendí en la cuneta porque correr era inútil. Hasta después no me di cuenta de la mordedura en el escote. Me vino a la memoria: abrir inmediatamente la herida o cauterizarla. pero que comprendió inmediatamente al ver la herida.. un quilómetro se hizo una eternidad. con la accidentada en brazos. e inmediatamente comprendí lo ocurrido. sabía que debía agarrotar la arteria en dirección al corazón.. en traje de baño (bikini). Le oí silbar y luego. Le sangraba muy poco y yo le chupé en seguida la herida tal como me habían dicho que debía hacerse. El borrico avanzaba al paso de una persona. pero había perdido ya el aliento antes de llegar a la carretera. pequeña. primero a paso de carga. Yo esperé un par de minutos. yo estaba sentado cara atrás. luego más despacio. tal como iba. Volví a chuparle la herida. Pero ¿cómo? La mordedura estaba en el lado izquierdo del escote. siguió adelante. no comprendía cuál era su idea al dejarme solo en el carro de grava. sin pensarlo más. llena de arena. Creí que había perdido el conocimiento de resultas de la caída. Era mediodía. —¿Desde cuándo llevas gafas? —pregunté yo. que necesitaba suero. Pedí socorro. No le pedí que siguiera para no perder tiempo. Lloraba y seguía adelante hasta que. haciéndome señas de que aguardara. primero otra vez a paso de carga hasta perder de nuevo el aliento. Era un carro miserable de ruedas torcidas y tambaleantes. cada vez más despacio. Me desgañité y seguí adelante por aquella carretera de asfalto y gravilla.

En la subida hacia Dafni apenas adelantábamos. Todos los hospitales estaban al otro lado de Atenas. no lo sé.. sino a Megara. las luces de tráfico. era mediodía. No sé si temía que yo le reclamara el reloj Omega si podía seguir con otro vehículo más rápido. en voz ronca. pero en todo caso. jamás lo hubiéramos encontrado a no ser por el muchacho que subió al pescante y nos fue guiando. El estruendo de los tubos de hierro y encima. naturalmente. Afortunadamente vi venir el camión a tiempo y pude correr hasta la carretera. Preguntas en griego. que no necesitaban ningún suero. podía chillar y gritar cuanto quisiera. y no obstante.. Me senté al lado del chófer. con su confusión de tranvías y carros tirados por borricos. me limitaba a cerrar los ojos o a mirar a Sabeth que respiraba muy lentamente.. Jamás olvidaré aquel viaje.Max Frisch Homo Faber Atenas. con la muchacha en brazos. la maldita poca velocidad: apenas treinta quilómetros por hora en una recta. para que siguiera adelante sin descargar los tubos. No quería dejárselo perder. me arrodillé junto a Sabeth. como paralizada. Finalmente. Corrí en busca de agua. ni un alma viviente. Luego aquella sala de recepción. que venía del campo. los embotellamientos clásicos. un camión con un haz de largos tubos de hierro. intentaba ayudar.. cuando paramos en Megara. Por fin. sólo dijo que tenía sed. un autobús. la enfermera que entendía el inglés. se detuvo. llevaba el dinero en la chaqueta. Pero a mi alrededor sólo había retamas. iba en la dirección que nosotros necesitábamos. asquerosa ciudad. perdimos otro cuarto de hora. un par de cabras a la sombra. era un chófer pésimo.. no estaba desmayada. 89 . Leofores. y otra un coche de turismo que yo había logrado detener haciéndole señas. abrojos y olivos en un campo seco. Tenía el pulso muy lento.. un silencio mortal. los suburbios de Atenas. pero ni siquiera sabía leer. Nuestro chófer. un pullmann. la verdad es que por dos veces me impidió cambiar de vehículo. sólo amodorrada. yo sólo oía cada vez: Leofores. no conocía siquiera los nombres de las calles que le decían. que tampoco hablaba más que griego. luego vomitó y empezó a sudar. nuestro camión con los tubos que le salían por detrás avanzaba menos que los demás. No iba a Atenas. Una vez. o qué pensaba. di mi Omega al chófer. me parecía que no lo encontraríamos nunca. Sabeth parecía dormir y yo no sabía si volvería a abrir nunca más los ojos.. quería ser nuestro salvador.. pero cada vez íbamos más despacio.. En Eleusis. Me había dejado la chaqueta en la playa.. nuestro chófer no sabía dónde había un hospital y tuvo que preguntarlo. Una de dos: o pasaba un vehículo de motor que nos recogiera o no pasaba ninguno. mi chófer les dijo algo en griego y los otros siguieron adelante. Al volverle a chupar la herida del escote vi que Sabeth recobraba poco a poco el conocimiento: abrió los ojos sin mirar a ninguna parte. donde tuvo que reponer bencina. una persona con una calma diabólica: su principal preocupación era saber nuestros datos personales. Entonces vi la hinchazón rojo-azulada alrededor del mordisco.

que era transportarla al hospital. no me dejó permanecer ni un minuto junto a ella. un verdadero vagabundo. como si quisiera robarle la hija. respiraba a sacudidas pero de un modo regular. Se parecía mucho a su hija. a bordo.Max Frisch Homo Faber El médico que había asistido a la niña vino a tranquilizarnos. le dije: —Todavía no te he saludado. su afirmación de que no había sido una víbora de cruz. poco antes de llegar a Le Havre. con los pies llenos de alquitrán y no hablemos ya de mi camisa. no se lo dije. insistí en ver a la niña aunque sólo fuera por el espacio de un minuto (el médico me lo concedió inmediatamente). 90 . hasta que ésta me presentó. En el taxi. no parecía fiarse mucho de las curas populares (succión. sin chaqueta. —Mister Faber is a friend of mine. y la abertura de la herida sólo como medida complementaria. lo cual no responde en absoluto al terror supersticioso con que la gente acostumbra mirar a las víboras. Comprendía el inglés pero contestaba en griego. al darme cuenta de ello. me ofreció alojamiento en su casa. —Ven —dijo Hanna—. descalzo. sudado y lleno de polvo como el campesino del carro de grava. abertura de la herida. el médico se ocupó de mis pies y en seguida los dejó al cuidado de la enfermera. ¿En el barco? Sabeth le había escrito de un caballero ya mayor que. cauterio. volvió la cabeza hacia mí. estuvo muy rara. Hanna pareció también tranquilizarse. Yo hubiera preferido irme a un hotel cualquiera. como siempre que yo fracasaba en una broma. ahora está dormida. (Mr. —¿Eras tú? —preguntó Hanna. agarrotamiento del miembro afectado). le había propuesto casarse con ella. ¿Por qué no lo dije? Tal vez Hanna lo hubiera preferido también. y que yo había hecho lo indicado. dormía con la boca abierta (cosa insólita en ella) y estaba muy pálida. Naturalmente. De momento. y en el instante en que estuve yo a su lado. Pero yo no quería marcharme del hospital sin haber visto a Sabeth. lo único seguro era la inyección de suero dentro del plazo de tres o cuatro horas. Sonrió frunciendo el entrecejo. —Ven —dijo—. Hanna me tradujo lo más importante. Nuestro diálogo en el taxi consistió en una serie de preguntas sin respuesta. Yo me encontraba también en un estado deplorable. sino un áspid (Vipera Aspis). —¿Dónde conociste a Elsbeth? —me preguntó—. según él. Quizá fue una suerte que la niña ya no nos reconociera. Como especialista. casi como satisfecha. en cambio Hanna. con las orejas como de mármol. Ni siquiera nos habíamos dado la mano. aunque sin dejar de dormir.) Lo que me tranquilizó fue saber que la mortalidad en los casos de mordedura de víbora es sólo de un diez por ciento y que incluso si se trata de una mordedura de cobra no sobrepasa el veinticinco por ciento. Faber es amigo mío. para ponerse a hablar únicamente con Hanna. El médico no sabía quién era yo. déjala dormir.

una ciudad pequeña. ¿por qué no te sientas? Por espíritu de contradicción. naturalmente. más allá. contándolo bien. vuelvo en seguida. 91 . Me dolían los pies. me repetía yo sin cesar. naturalmente. Sabía. la puerta del taxi. otra vez desierto. Luego su casa. aunque ahora. por otra parte. muy levantina. Otra indicación acerca de unas columnas rotas. semáforos. me sentía completamente perdido. Hanna pasa delante. Lo importante es que la niña se salve. ¡Qué le vamos a hacer. mientras decía cualquier otra cosa o callaba. me quedé de pie. ¿Quieres comer algo? Hanna haciendo de madre. que más pronto o más tarde repetiría la pregunta: «¿Qué ha habido entre tú y la niña?». ella sacó algunos libros de los sillones para que yo me pudiera sentar. —Déjame pasar delante —dijo. ponte cómodo. las paradas de costumbre. mientras fumaba los cigarrillos de Hanna. de lo contrario le hubiera abierto. se llama Elisabeth! No hay remedio. ¿Por qué precisamente Elisabeth? Yo no hubiera puesto nunca este nombre a una criatura. yo tenía la impresión de que íbamos dando vueltas y me ponía nervioso. las gafas de concha. Hanna tampoco. y hubiera podido jurarle: «Nada». de vez en cuando me sorprende que nos tuteemos sin más explicaciones. Cuando Hanna salió del Instituto. Hanna. balcánica. desconocida. porque yo mismo lo creía al ver a Hanna así delante de mí. pero madre de Sabeth o mejor dicho de Elsbeth (como si dijéramos mi suegra). tiene razón: son veintiuno. —Entra —me dijo—.Max Frisch Homo Faber ¿Por qué la llamaba Sabeth? Como pregunta a mi pregunta: ¿Por qué Elsbeth? Entre tanto.. Luego la pregunta: —¿Has vuelto a ver alguna vez a Joachim? Yo encontraba que Atenas era una ciudad repugnante. ruinas entreveradas de imitación de capital. Entre tanto. Nos detuvimos poco después de su pregunta. No había contado con volverla a encontrar a los veinte años. Yo no sabía qué pensar. de pronto. confieso que no la reconocí. repugnante. casi un pueblo. Era el Instituto donde trabajaba Hanna y yo me quedé aguardando en el taxi sin ni siquiera un cigarrillo. teníamos tiempo. con el chófer que interpelaba a un peatón. no llegaba a comprender dónde vivía la gente. así lo quiso su padre. en griego. Hanna levantó las persianas. —Siéntate —dijo. sin mentir. remolinos de gente en las calzadas.. la señora del cabello corto canoso. ¿Por qué la llamaba Sabeth? Pues porque yo encontraba que Elisabeth es un nombre imposible. Luego regresamos a la ciudad. —Walter —dijo—. —No —contesta Hanna—. sus indicaciones: el teatro de Dioniso. Hanna habló. —Walter —dijo—. intenté leer los carteles y tuve la impresión de ser un analfabeto. —¿Es aquí? —pregunté yo.

excepto un reloj de pared anticuado y con la esfera rota. —¿Y tú qué haces? —me preguntó. Piper —dijo. hablando de los hombres. que me habían prestado en el hospital. tampoco tenía televisión.. casi la manía de ser exacta en los detalles: no. y me sentía incómodo en una prenda que me caía grande. resultaba totalmente moderna. —Lo digo en serio —insistí. Hanna citó aquella frase mía acerca de su «casa de sabio» como demostración de que yo creía que la ciencia. Ella se limitó a sonreír. 92 . pero sin chaqueta tampoco estaba presentable a causa de las manchas de sangre que ensuciaban mi camisa. Se veía claramente. una mesa escritorio cubierta de fragmentos de cerámica con etiquetas. —No. eran un monopolio masculino). A veces.. las mangas parecían las de un muchacho que ha crecido demasiado. Yo le dije: —No has cambiado. veo que te has vuelto progresista. Comprendía perfectamente que los remordimientos que uno suele tener frente a una muchacha con la que no se ha casado. —¿Crees tú? —me preguntó—. ni siquiera desde el punto de vista económico. y yo estuve contento de ver que. pero al mismo tiempo demasiado corta. resultaban superfluos. Su manera de vestir hubiera podido resistir perfectamente la mirada exigente de Ivy. —Si quieres tomar un baño —me dijo Hanna—. —Tienes una casa muy bonita —le dije. No tenía coche pero estaba completamente satisfecha. y. Mencioné a su marido. pero sí con dignidad. por lo menos. Tampoco éste le hacía falta. Y tú. a cada momento me daba cuenta: demasiado ancha. todas las paredes estaban llenas de libros. Conque ésa es la famosa Acrópolis. —¿Sigues igual? —preguntó.. ése es el Licabeto. —Ah. como ya he dicho. y en general las cosas del espíritu. su casa. —Hanna —le dije—. a primera vista. ¿has cambiado? Su casa parecía la de un sabio (por lo visto también se lo dije.. Hanna no me necesitaba. confieso que no la comprendía. —¿Sigues siendo tan progresista como antes? —preguntó.Max Frisch Homo Faber —Tienes muy buena vista desde aquí —dije—. Me la quité en cuanto Hanna se fue a la cocina. los muebles eran completamente modernos. por lo delgado que estoy. cosa que me sorprendió tratándose de Hanna. más tarde. por el contrario. ése es el Licabeto. por otra parte. mientras yo preparo la comida. no me dieron la impresión de hallarme en casa de un arqueólogo. que. Yo llevaba una chaqueta de otro. Siempre había tenido la costumbre. porque. se sonreía. Hacía años que vivía de su propio trabajo (confieso que aún no he comprendido en qué consistía) no lujosamente.

por lo de entonces.Max Frisch Homo Faber Estaba poniendo la mesa. Walter? ¿Enfadada durante veintiún años? La bañera estaba llena. yo mismo no sabía qué pensaba e incluso diría que no me podía decidir a saber lo que pensaba. ni la Hanna de hoy: ninguna de las dos. pero no tenía ganas de volver a ponerme la camisa ensangrentada. para luego decir: —Se te está enfriando el baño.. todos aquellos adminículos femeninos. me dolían terriblemente los pies. me trajo una toalla limpia y jabón. y ya no podía figurarme a Hanna. hasta que me eché a temblar. como un invitado.. he sudado mucho. los tubos. sin hacer nada... pero dejó que le diera toda una conferencia en el cuarto de baño. —¿Por qué hubiera sido una desgracia? —pregunté. sentado en un taburete. teníamos otras preocupaciones. no contesté cuando Hanna llamó. que no habían cambiado en lo más mínimo. a través del vaho sólo veía sus movimientos. Hanna sólo dejó ver su asombro.. eso lo vi muy pronto.. de ahí mi falta de resolución. Me preguntó si quería té o café. creías que estaba enfadada.. la Hanna de otro tiempo. de ahí mis fantasías (la bañera como un sarcófago ¡etrusco!).. Aquel día me había agotado. nada habitual en mí. No sé cuánto tiempo estuve en el agua con los pies vendados sobre el borde de la bañera: pensando en estadísticas. —Siempre pensé que estarías enojada conmigo —le dije—. pensando en el porvenir. claro que puedes vivir aquí. Se reía francamente de mí. —¿Por qué? ¿Porque no te casaste conmigo? —preguntó—. en Joachim que se había ahorcado. encendió el calentador y me dijo cómo había que hacer para apagarlo. En realidad. había decidido no volver a ver a Hanna. La bañera se llenaba muy despacio y despedía vapor. a nuestra 93 . no volvimos a hablar de la historia de nuestro posible matrimonio. Hanna abrió el grifo del agua fría como si yo no lo pudiera hacer. Estuvo amabilísima. Hanna tenía razón. Estaba temblando. A Hanna las estadísticas no le decían nada. aunque siempre distante. Yo tenía la impresión de ir muy mal afeitado. Aparte de eso. —¿Qué te pasa? Yo mismo no lo sabía. —Sí —le dije—. yo estaba allí. Veía las botellitas y los tarros. —¿Todavía te duelen los pies? —preguntó sin dejar de afanarse—. casi un delirio de frío e irresolución. pensando. Hubiera sido una desgracia. ya voy. sobre estadística.. —¿De veras. ¿A qué ir al hotel? —preguntó—. Estaba asombrado. Hanna abrió la ventana.. —¿Ya sabías que la mortalidad en los casos de mordedura de víbora no es más que de un tres a un diez por ciento? —preguntó. —Sí —le dije—.

Pregunté a Hanna por qué no creía en las estadísticas y en cambio creía en el destino y otras cosas de ésas. —Pero sólo tengo una hija —añadió.. y aun así casi nos peleamos. Hablaba como si sólo existiera Hanna en el mundo.. Finalmente. Gracias al suero. Entonces sólo perdería de tres a diez hijas. Mi hora había pasado. Sin afectación. —Walter —preguntó ella—. había llamado al hospital y hablaba con Elsbeth. era como si tal cosa. colgó el auricular. pensé. Tienes toda la razón. ¿sales? Yo no había cerrado la puerta del cuarto de baño. —¿Cómo está? —pregunté. No tuve valor para contradecirla. No tenía idea de cómo haría llegar a París el Citroën que me había prestado Williams y que se había quedado en Bari. La Via Apia. La cosa empezó con una observación mía. podía entrar sin más dificultad y degollarme por detrás con un hacha. perdimos el control de los nervios. la madre. volví a hablar como si tal cosa. —Perdóname —dije—. Hanna estaba hablando por teléfono.Max Frisch Homo Faber llegada a Atenas tenía el proyecto de ir inmediatamente al aeródromo. lo importante era que Sabeth estaba salvada.. Hanna. Mi cuerpo debajo del agua. Yo no comprendí ni una palabra. Lo oí todo sin querer. La momia del Vaticano. 94 . de pronto.. No soy partidario del suicidio. hablaron en alemán hasta que yo entré en la habitación. entonces Hanna se puso a hablar en griego. —No —contestó. —Sí —contesté—. pareces una clueca. que tenía angustia por Sabeth y se alegraba que la niña se recuperara poco a poco. Oí que Hanna telefoneaba. creo que no puede alterar el hecho de que uno haya estado en este mundo.. Y seguí echado en la bañera. —¿Ya vuelves a empezar con tus estadísticas? —exclamó—.. Cifra enormemente reducida.. Parecía que le habían quitado un peso de encima. —Hanna —le dije—. pero es así.. ¿Por qué era necesaria mi presencia? Luego. y lo que deseaba yo en aquel momento era no haber existido jamás. en realidad. Se me escapó sin querer. en el curso de la tarde. Al decir eso se echó a reír. Hasta más tarde no me di cuenta de qué era lo que me había puesto nervioso: al salir del cuarto de baño. Ni siquiera sabía el nombre del garaje donde lo había dejado. estaba con los ojos cerrados para no ver mi cuerpo viejo. de que incluso pudiera hablar. si yo tuviera cien hijas y a todas las hubiese mordido una víbora. Ni una palabra acerca de mí. —¿Le has dicho que yo estaba aquí? —pregunté. ya voy. bueno.

—¿Por qué lo intentas. más femenina de lo que la había visto nunca. no me molestaban.. las bolsas debajo de los ojos. Hanna estaba más delgada. yo no podía creer sencillamente que la muchacha no hubiese preguntado por mí. tú tampoco lo puedes hacer.. —¿A qué viene ofenderte porque hablo con mi hija? ¿A qué viene eso? —preguntó. su hija única. su tez marchita. ¿qué tienes que hablar con mi hija? ¿Qué quieres de ella? ¿Qué tienes que ver con Elsbeth? Vi que estaba temblando. —La vida sigue a los hijos —dijo ella. dime. —Ya no es una niña —dijo—. Pero yo no me senté. algún día tendrá que organizarse la vida ella sola. —Déjame —dijo—. —Las cosas son como son —dijo ella—. De ahí mi pregunta: —¿Es verdad que es hija de Joachim? No me contestó. no nos podemos volver a casar con nuestros propios hijos. a saber todo lo que habían dicho. ¿Qué quieres de mí? He estado medio año sin ver a Elsbeth. llego y encuentro a la niña sin conocimiento. Se comportaba efectivamente como una clueca que toma bajo sus alas al polluelo (sospecho que éste es el estilo de todas las mujeres. —Siéntate —me dijo.. Comprendía perfectamente que Hanna adorara a su hija. En realidad. a excepción de la piel debajo de la barbilla. 95 . vamos a comer algo. más frágil. esa llamada desde el hospital. entonces? Yo ya no la comprendía. sé perfectamente que llegará un día en que no volverá a mi lado. tenía derecho. de ahí mi comentario de la clueca. Hanna estaba furiosa por mis comentarios. Retiré todo cuanto le había dicho. no sé lo que ha ocurrido. yo misma la animé a emprender este viaje. tú. —Ya lo sé —contesté. que me hizo pensar en las lagartijas. pero las vi. llevaba muy bien su edad. Hanna no era una mujer vieja. Su argumento era siempre el mismo: —Se trata de mi hija. —Ven —dijo Hanna—.Max Frisch Homo Faber Hanna tenía una actitud algo rara. Walter —dijo Hanna—. naturalmente. al fin y al cabo. pero vi. —La vida es así —dijo—. Retiré todo lo dicho. no la podemos encerrar entre nuestros brazos. Walter. se lanza por primera vez sola por el mundo. por intelectuales que sean). que hubiera estado contando los días que faltaban para que la niña llegara a casa y que no es fácil para una madre ver llegar el momento en que su hija. Yo la dejé hablar. sobre todo en la cara. las patas de gallo en las sienes. no de la tuya. de pronto. creía yo. de una palabra vino la otra.. Yo le pregunté por su trabajo. Lo que más furioso me ponía era su sonrisa. —Pero tú. como si yo no tuviera derecho a saberlo todo.

El hombre se considera soberano del mundo y en la mujer sólo ve su propio espejo. Así dice Hanna. Encuentra natural (dice) que los hombres sean limitados y sólo se arrepiente de su propia necedad al considerar a cada uno de nosotros (no sé cuántos han sido) como una excepción. a ese Piper con quien trabó relación durante la emigración. Hanna fumaba. a todos los hombres en general. estropeada? —pregunté. Eso parece que fue en otro tiempo un jarrón. mísera. No conozco a su segundo marido. —Así lo espero —repliqué riendo. A mí no me parece que la vida de Hanna esté estropeada. Hanna se arrepiente de ser doctora en filología. es a sí misma. —Tú eres un hombre —dijo—. Hanna apenas habla de él. Ha llevado la vida que ha querido. Eso me lo dijo dos veces en el transcurso de la tarde. El soberano no está obligado a aprender el idioma de sus súbditos. Se nos enfriaba la comida. —Walter —dijo Hanna—. Si echa algo en cara a alguien. Por otra parte. y que su hija sólo tenía una vida (cosa que yo también ya sabía) como todas las demás personas. yo soy una mujer. Pero ella cree que sí. —¿Por qué. y esto. Walter.Max Frisch Homo Faber No contestó a mi pregunta. Siempre habla de él con elogios. ni sombra de reproche. Mientras Dios sea un hombre y no una pareja. En realidad no me dijo por qué no se había avenido con Joachim. en lugar de comer. aquí está la diferencia. Sin embargo. a pesar de que (todavía hoy me sorprende) sigue llevando su nombre: Dra. Trato de remendar el pasado. Hanna quizá se había hecho demasiadas ilusiones respecto a los hombres. Hanna siempre ha hecho lo que le ha parecido bien. sólo tenía una vida.. la mujer será la proletaria de la creación. Cerámica cretense. una vida estropeada. en mi opinión. Hanna Piper. por mucho que la cosa se quiera disfrazar. seguirá siendo como ahora. si Hanna pudiese volver a vivir trataría y amaría a los hombres de una manera muy distinta de como lo ha hecho. Hanna. aunque de nada le aproveche: por el contrario. El hombre sólo se escucha a sí mismo. es decir. para una mujer. aprende un lenguaje que siempre la hace quedar mal.. la vida de la mujer. Al contrario. Dice que es una tontería que una mujer pretenda ser comprendida por un hombre: el hombre (dice Hanna) quiere que la mujer sea un misterio para entusiasmarse y excitarse con su propia incomprensión. eso ya lo sabemos. —Yo ya no tendré más hijos. Hanna. según Hanna. me parece mucho. pero la mujer sí está obligada a aprender el idioma de su señor. —¿Me preguntas en qué trabajo? —dijo—: ya lo ves. según Hanna. ahora? Luego repitió su afirmación de que no tenía cien hijas sino una sola (cosa que yo ya sabía). por eso la vida de una mujer que aspire a ser comprendida por un hombre no puede ser más que un fracaso. y yo (como si no lo supiera) también sólo tenía una vida. porque creo que le gustan. —Hanna —le dije—. también ella. no tiene nada de necia. ¿cuántos años tienes. se limita a encontrarnos extraños. en cacharros. A mí me hacía gracia: una mujer de cincuenta 96 .

blanca y huesuda y ajada. No sé qué dije. una extranjera que sólo hace tres años que vive en Atenas.. como una profesora. más vieja que el resto de su persona. Yo no osaba mirarla a los ojos más que por el espacio de un segundo cada vez (más no podía). fea. Hanna me miraba como si fuera un espectro mientras yo le hablaba de Roma.. —¿Dónde estuvisteis. Hablaba de mitos como yo hablo de las leyes del calor. —Así lo espero —dije—. pero en vano. era algo querido para mí. del porcentaje de mortalidad en los casos de mordeduras de víboras. traté de imaginarme la mano de Sabeth. —Oye. sólo veía lo que había encima de la mesa junto al cenicero: carne humana con venas debajo de la piel. cera con pecas. pero si no pruebas bocado. sobre eso no cabía duda. La mano de Hanna (puedo decir que sólo hablaba a su mano) era curiosa: pequeña como la de una niña. Le conté lo que habíamos visto. ni una palabra. mollar y al mismo tiempo brillante. callé.. Hanna no estaba dispuesta a sonreír. pero me resultaba lejano. asiéndola del brazo. en cómo la trataban en el hospital—. Hanna no quería saber nada de estadísticas porque creía en el destino. por eso me extrañaba. y de estadísticas en general. que estaba sentada frente a mí. sino algo parecido a un muñón. —dije. era la madre de mi amante y que había sido mi amante a su vez. ciego. como de unas leyes físicas que se 97 . así lo espero. no precisamente fea: al contrario. aunque no me lo dijo claramente. —En el fondo. pero Hanna es una mujer culta. proletaria de la creación. y que al mismo tiempo es una personalidad. era algo terrible. Su mirada. todavía es una niña —dijo Hanna—. una mujer de aspecto tan impecable como Hanna. Todas las mujeres tienen cierta tendencia a la superstición. una especie de premio Nobel. casi diría atractiva. Estaba muerto de cansancio. un monstruo que bebe té. una señora que goza de gran consideración —me bastaba pensar. pensaba que había tenido a Sabeth en los brazos y que Hanna. lo comprendí en seguida. Como si no me oyera. hablé. en vista de que el silencio era imposible... en realidad no era una mano... —Walter. nerviosa y fláccida. estaba esperando a que la soltara el brazo. Volví a hablar. por ejemplo. Por su parte. como un papel de seda arrugado. me daba lástima. ¿Verdad que no crees que haya estado con ningún hombre? Miré a Hanna en los ojos. triste. Yo la ayudé.Max Frisch Homo Faber años que filosofa como una muchacha de catorce. en Roma? —preguntó. es decir. Jamás olvidaré aquella mirada. De pronto Hanna se levantó para quitar la mesa. un animal extraño con trompa y garras.. hablé.

¿quieres tomar café? Los recuerdos son algo muy curioso. todo ello son hechos reales para Hanna. —Porque sí —dije—. gracias. debía yo repetirme a cada momento. Hanna trabajaba en un Instituto Arqueológico. Los platos estaban fregados y secados.. Edipo y la esfinge representados en una vasija rota en forma ingenua. nos sobraban problemas de orden práctico.. Pero cedí para no oírla corregirme cada vez. dijo ella. —¿Tú crees? —¿Tú no? —repliqué yo.. en literatura y que no quería discutir. —Sí —le contesté—. como veinte años antes. Yo creo que no es poco si uno logra vivir aproximadamente 98 . te pregunto si quieres tomar café. —Sí. dije. No quería oír hablar de recuerdos. en su habitación. sin asombro. en otro tiempo. otra vez su pregunta: —¿Has vuelto a ver alguna vez a Joachim? Algún día tendría que decirle que Joachim había muerto. seguro que yo. fregó los platos mientras yo le hablé rápidamente de mis obligaciones profesionales. pero no precisamente en aquel momento. Hanna puso agua al fuego. las Erinnias o las Euménides o como se llamen. no hay nada que le impida hablar de ellos en medio de una conversación seria. sin darme cuenta. creo yo. en general. los dioses formaban parte de su profesión. De pronto. —Bonita cocina. El 10 de junio (a lo más tardar) en Venezuela. de cómo golpeaba a la puerta con el mango de la escoba si todavía estaba en tu cuarto a las once de la noche.. Al contrario. y le ayudé a secar. El 5 de junio tenía que estar en París. también tengo alguna deformación profesional. puedes creerme. —Walter —dijo Hanna—.. Hablé de otra cosa. me pareció. no precisamente aquella primera noche. Inmediatamente los abandonaba. Hablé de nuestras cenas.. —No me marcharía —dije— si no estuviera seguro de que la niña está fuera de peligro.. Tenía que sonreír cada vez que Hanna decía aquellas cosas. como veintiuno. Hanna se hacía perfecto cargo de mi situación. Sin contar que yo no estoy muy fuerte en mitología ni. No sé cómo contaba Hanna que le salían veintiún años. No comprendo por qué dice que su vida ha sido un fracaso.. —¿Te acuerdas de la señora Oppikofer? —¿Por qué? —preguntó. y por eso se habla de ellas con aire indiferente.. —Ya vuelves a tus dioses. El 7 de junio en Nueva York. —Walter —dijo—.. al cabo de veinte años uno se puede reír de estas cosas. Atenea.Max Frisch Homo Faber confirman con cada experiencia.

—Walter. Hanna encuentra que es lástima. Hanna se casó con él para sacarle de un campo de concentración (eso creí comprender) sin pensarlo demasiado. o mejor dicho. En junio de 1953 Hanna le abandonó. o concretamente en aquella cocina: 99 . Le sienta bien tener una profesión. tendrías que dar gracias a Dios. Sabeth y Hanna y yo en aquel piso. Hanna se limita a reír: ¡lo que son los hombres! Piper acepta cualquier bandera para poder hacer sus films. —¿A Dios? Hanna era la misma de siempre: sabía perfectamente lo que uno quería decir. tu hija. finalmente. sino un oportunista. en virtud de su antigua debilidad por los comunistas. El señor Piper fue un desengaño: no era un comunista. Hanna no le echa nada en cara.. no se puede decir que Hanna no sea femenina en sus cosas. En París.Max Frisch Homo Faber tal como algún día se había propuesto vivir. había perdido toda relación inmediata con la realidad. La admiro. después de su divorcio. y más todavía durante la emigración.. Y no obstante.. Hanna sabía perfectamente a qué atenerse y cuando. resultó que ella lo había dicho en broma. Y todavía hoy sigue siendo súbdita británica. No podía imaginar qué ocurriría cuando Sabeth saliera del hospital. creo yo. aunque dispuesto a encontrar bien los campos de concentración. Eso te parece a ti. —Sólo veo lo que tengo delante —le dije—: tu casa. de pronto. traducciones o cosas parecidas. dice Hanna. Pero encontró que yo también estaba ciego como un topo. Jamás había creído que la filología y la historia del arte dieran para vivir. Como si lo importante fueran las palabras. Cuando luego llegaron los alemanes. —¿Cómo se te ha ocurrido la idea de que me había vuelto religiosa? —preguntó—. Joachim estaba de médico en Rusia. sin contacto con la vida real. Hanna fue locutora de lengua alemana en la BBC. El señor Piper le debe la vida. tu trabajo científico. ¿desde cuándo crees en Dios? —Anda —dije—. pero se enamoraba de las palabras. la manera como ese Piper estaba en el mundo: ciego como un topo. se ríe de sí misma y de su amor por los hombres. pero lo hace tanto más extensamente cuanto menos me interesa a mí. Como dice ella: fiel a una línea hasta la traición. que es típica de determinados hombres. pero luego sólo se reía de Occidente. arrostramos el problema en serio. En otro tiempo había tenido humor. ¿Crees que a una mujer que llega a la menopausia ya no le queda nada más? Hice el café yo. Hanna huyó a Inglaterra y tuvo que mantener con sus propios medios a la niña. Cuando uno habla en serio. de modo que no podía ayudarla en nada. trabajó en una editorial. Era un hombre que ni siquiera se daba cuenta de que hoy proclamaba lo que ayer había combatido. Parece que ya durante su matrimonio con Joachim siguió trabajando. haznos café.. —¿Por qué dices que tu vida ha sido un fracaso? —le pregunté—. en realidad. A Hanna no le gusta hablar de él. o al revés. en realidad. ella se agarra a una palabra.

Yo estaba asombrado. —Walter. y Sabeth.Max Frisch Homo Faber Hanna. ¿A qué tenía yo que hablar? Pero Hanna seguía esperando. Desde el principio había estado temiendo el momento en que nos sentaríamos y no habría nada más que hacer. Todo resultaba más fácil de lo que yo había temido. como si hubiésemos pasado juntos aquellos años. asuntos profesionales y cosas así. a pesar de la separación. Lo dije sin querer. —¿La quieres? —preguntó. En otra ocasión dijo: —Walter.. casi diría que resultaba trivial. —¿Por qué no tiene que ser azafata? Yo comprendía perfectamente que Hanna.. no es una muchacha cualquiera. Hanna inspira confianza... la madre. nada digno de mención. tampoco estaba muy entusiasmada con esa idea de la niña. ahora había llegado.. todo seguía como si no hubiesen transcurrido veinte años. Su voz no se había alterado. tú no eres su padre. Lo que no sabíamos el uno del otro eran meros detalles exteriores. más exactamente. por más que la siguiera abrazando a ella.. —Ven —dijo Hanna—. ahora ya era demasiado tarde. —¿Muerto? —preguntó—. —Cuéntame qué ha sido eso —dijo. que se daría cuenta de mi esfuerzo para no besar a su hija o por lo menos para no pasarle el brazo alrededor de los hombros. En cierto modo. también distinta de Sabeth. —Puedes imaginarte el susto que tuve —añadió—. —Ya lo sé —repuse. Seguí sorbiendo mi café. —¿Por qué no? —Porque no es para ella —contesté—... que me cuentes.. yo creo que eso es cosa suya. aunque ésta se le parece en muchas cosas. —Todavía no sabes —le dije— que Joachim ha muerto. El café estaba a punto. —¿Tomas azúcar? —me preguntó. no es para una muchacha como Sabeth que. su mirada no era pendenciera. cuando llegué al hospital y te vi allí sentado durmiendo. Yo le hablé de mi profesión. tuve 100 .. pero me llevaba la contraria sólo para demostrarme que la cosa no me importaba. Yo estaba asombrado ante su sangre fría. al fin y al cabo. ¿Cuándo? Yo había cedido a un impulso. Hanna es una mujer distinta de Ivy y de las demás mujeres que he conocido... —Por nada del mundo tiene que hacerse azafata —dije—. —¿Y cómo fue que hiciste el viaje con Elsbeth? —dijo. que descubriría que yo —como un granuja que disimula su anillo de boda— pertenecía a su mamá. —¿Cuándo te enteraste de que yo era su madre? Seguí sorbiendo mi café. ya he tratado de sacárselo de la cabeza.

Me asombró su sangre fría. —Hanna —dije—. su regreso de Rusia. Hanna quiso que le contara todo lo que sabía. creo yo. Oí que volvía a la cocina. tenemos que dormir. flores en la mesita de noche. Lo dicho. eso era todo. tampoco podía alterarlo) era que a la muchacha le hubiesen puesto el suero y se hubiese salvado. casi alegre. donde no había ya nada que hacer.. Hanna también. —Walter —me interrumpía—. —Dormirás en la habitación de Elsbeth. —Tú no tienes la culpa —dijo. —¿Se lo has dicho a la niña? —preguntó. —Anda —añadió—. finalmente. que Hanna hizo desaparecer rápidamente. Serían las doce. Hanna todavía sonrió como si no lo hubiese oído. no tenía motivo para suponer que Hanna mintiese y juzgué que lo más importante (el porvenir. en realidad. —Vamos a acostarnos —dijo. La cama estaba hecha y con sábanas limpias: todo para la hija que había pasado medio año fuera de casa: un pijama nuevo. sino que le mentí: angina de pecho. —¿Estás enfadada? —pregunté.Max Frisch Homo Faber que contárselo todo —precisamente aquella primera tarde—. ya nos habíamos dado las buenas noches. toda la historia de Guatemala. dime la verdad: ¿es hija suya? —Sí —contestó—. No estaba enfadada. —¿Sí o no? —preguntó. ella no había vuelto a saber nada de Joachim. ¿qué ha habido entre tú y Elsbeth? Estaba claro que lo sabía perfectamente. 101 . cuando Hanna volvió a preguntarme: —Walter.. Estaba nerviosa. —Yo no podía sospechar. el tiempo parecía haberse detenido efectivamente. su trabajo en la plantación. que dejó. aliviado. —¿Estás enfadada conmigo? —pregunté. El jabón está allí. yo me consideraba una calamidad. desde que se habían divorciado. me pareció... en todo caso. después de todo. no le dije que Joachim se había ahorcado. pero Hanna insistió en que descansara de verdad. No sé qué contesté. dilo. —¿Tienes todo lo que necesitas? —preguntó ella—. pero. lo digo a ojo porque no tenía reloj. Tenía prisa. pero aparte de eso. Hanna había vuelto a pasarse las manos por debajo de las gafas de concha como si sostuviera el rostro. El hecho de que Hanna ni siquiera llorara complicaba más aún la situación. Yo hubiera preferido dormir en el suelo. Le tendí la mano para darle las buenas noches. yo me sentí aliviado de haberlo dicho por fin. y chocolatines. Estábamos en la puerta de su cuarto. sino que incluso volvió a darme la mano. dicho está. De momento me sentí aliviado. Estábamos cansados a no poder más. Luego un silencio interminable. luego se levantó. sí.

y cómo pude pensar que Hanna dormía. Luego probé a lavarme la camisa.. su padre... Por fin. No quería hablar conmigo. que basta sólo con despertarse. pero la vi. uno de Le Havre. Volví a mirar el rostro de Joachim. En realidad estaba decidido a acostarme y no pensar en nada más. que estaba colgada detrás de la puerta. pero no podía dormir. luego postales de Italia. inclinados hacia adelante como un feto (ésa es la idea que se me ocurre cuando los veo). Fumé otro cigarrillo. simpática. todo me pareció una pesadilla como cuando se sueña que se está condenado a muerte y se sabe que no puede ser verdad. Me levanté para lavarme. La habitación de Sabeth era algo pequeña.. —Hanna —llamé—. cuando tú lo dices! Tal vez Hanna dormía efectivamente. en que ella me había dicho que me callara: ¡todo se empequeñece tanto. Hanna ya hacía rato que sollozaba. me asusté al 102 . no se me ocurrió la idea de tomar su bata. Yo estuve todavía largo rato junto a la ventana. y vista al Licabeto. oí que Hanna entraba en su habitación. Sus cartas desde América —me refiero a las cartas de Sabeth— estaban encima de la mesa. duérmete ya. como ya he dicho antes. pero muy agradable. y la tomé. Probablemente. Lavé procurando hacer el menor ruido posible. durante aquella tarde. No tenía pijama que ponerme. vi sus objetos de muchacha: su flauta en la estantería. con el rostro hundido entre las almohadas. ¿duermes? No hubo respuesta. Serían las dos. también muchos libros. pero no tenía pijama.. Apagué la luz. yo estaba sentado encima de la cama limpia como se sienta la gente en los bancos de los parques públicos cuando se duermen..Max Frisch Homo Faber —¿Quieres que te ayude en algo? —No —dijo ella—. todo un montón de cartas. leí una sola porque se me cayó al suelo: un saludo desde Asís (sin mencionarme a mí para nada) y mil besos para mamá.. En general. yo había conocido a Joachim. Confieso que durante un cuarto de hora olvidé lo que ocurría... hasta que no pudo más. Hanna fingió dormir. un estrecho abrazo. sólo mi camisa sucia. Tenía frío porque iba sin camisa.. matasellos de Yale. pero no encontré que se pareciera a Sabeth... los que no tienen casa. La fotografía había sido hecha en 1936 en Zurich. por lo menos lo peor. había llegado un momento. Colgué la camisa mojada en la ventana. Llamé a la pared de su habitación. una cara varonil. o mejor dicho. No tengo costumbre de curiosear en las habitaciones ajenas. No sé cómo me pude figurar que todo estaba superado. pero la fotografía estaba encima del estante y.. al fin y al cabo..

Cuando nos enteramos de que no había habitación. Rebuzno de un asno en la noche: ¡parece el ataque de un violoncelo!. Luego. pero como a Sabeth le pareció una idea luminosa. unas veces flojos. Un último 103 . casi mojada. Me quedé allí oyéndola sollozar. silencio absoluto. dice Sabeth. ¡parecen unos frenos mal engrasados!. y si por un instante dejaba de sollozar. Llegamos a un acuerdo: parece yogurt. rebaños en la noche. sólo para seguir el juego. En realidad. una noche de junio. Jamás lo olvidaré. debían de ser bestias de tamaño regular a juzgar por los ladridos. ladridos de perros pastores. ábreme. en cambio. sólo se la oía gemir. hasta que fui a su puerta y llamé. ni pensarlo. por fin. Naturalmente. y en la altura donde nos obligaron a refugiarnos ya no había higueras. mi primera idea fue: me ha mentido y yo soy su verdadero padre. Las chozas blancas de Corinto: ¡como si hubiesen vaciado una caja de terrones de azúcar! Yo encuentro que parecen otra cosa. Y ni idea de adonde nos conduciría aquel sendero que bordeaba los peñascos. ya oscurecía.. sólo cardos y viento.. Y las rocas negras encima de nosotros: «¡Parecen de carbón!». Veinticuatro horas antes (ahora me parecía un recuerdo de juventud) todavía estábamos sentados en Acrocorinto.Max Frisch Homo Faber oírla. a campo traviesa. para ver la salida del sol. —Hanna —dije—. rogándole en vano que saliera al pasillo y me dijera lo que le pasaba. «¡Parece nieve!». lo había dicho en broma. y sin otra respuesta que sus sollozos. salimos en busca de la higuera. pedregoso. encuentra que parecen otra cosa. tal vez fuera por esto. Luego. dice Sabeth. Quería estar sola. todavía era peor. Hanna la empujó por detrás. El resto de Corinto no tiene interés. Sabeth. sin saber qué pensar. y por lo mismo blanco como yeso a la luz de la luna. luego cenamos en una fonda de por allí cerca. Al verme soltó un grito. Jamás hubiera creído que las noches en Grecia pudieran ser tan frías. Yo iba medio desnudo. No tenía ni un cortaplumas a mano. —Hanna —dije—. soy yo. digo yo. Veníamos de Patrás y nos detuvimos en Corinto para ver las siete columnas de un templo. Cuando logré forzar la puerta con las tenazas del hogar. Sabeth encontró que yo había tenido una idea luminosa al proponerle que siguiéramos a pie carretera adelante y nos echásemos debajo de alguna higuera. soy yo. y así nos divertimos avanzando por aquel sendero cada vez más empinado. otras más fuertes. empinado. no paraba. alarma a nuestro alrededor. —Hanna —le decía—. de tal modo que me aliviaba volver a oír sus sollozos. se callaron al dejar de oír nuestros pasos. los perros. yo acercaba el oído a la puerta. por momentos perdía la voz. Hanna sollozaba cada vez más fuerte. Echó el cerrojo. me dio lástima y dejé de empujar la puerta. digo yo. Dormir. polvoriento. Sabeth y yo.

el mar de Corinto y el otro. Era feliz. A ella siempre se le ocurre algo. silencio con palpitaciones y sed. y jamás olvidaré que Sabeth rompió a cantar. todavía es de noche. dice Sabeth. «Parece la primera chispa de un alto horno». Sabeth gana un punto. mientras Sabeth encuentra que. el color rojo de los campos. mientras Sabeth se calla y pierde un punto. nos asustó el cencerro de una cabra. Sabeth dice que parece encaje.. verdes y nebulosos. A lo lejos el mar: «Parece de hojalata». a favor de Sabeth. las islas negras en las bahías claras.. se ve dónde debe estar Atenas. Es su primera noche al raso.. El aire a esa hora: «¡Parece cólquico!» Yo encuentro que parece celofana sin nada detrás. según las reglas del juego. Antes de amanecer es cuando más frío hace. De pronto. no se oye ruido de agua por ninguna parte. dice Sabeth. digo yo. dice Sabeth. llegamos a la cumbre de la montaña. y que para Sabeth representa el regreso a casa. parece una custodia. Atravesamos portales y más portales. dice Sabeth. cada vez más azul. está tiritando de frío. Jugamos a veintiún puntos como en el ping-pong. Retiro lo de la espuma de cerveza y encuentro que parece lana de vidrio. morado. sólo el rumor del viento entre la hierba seca. Pero para cada vuelta sólo se cuenta un punto. Sabeth. mientras esperamos a que amanezca. el mar ático. saliendo del mar: parecen una gavilla. Torres y almenas de una fortificación medieval. callada y recibiendo los primeros rayos del sol. parecen fotografías de una lluvia de electrones. Diecinueve a nueve. se distingue el agua de la tierra. entonces. Fumamos juntos nuestro último cigarrillo. De minuto en minuto se ve más claro: el cielo y el mar. parecen estallidos en un cristal. Jamás olvidaré a Sabeth sentada en aquella roca. Yo se lo discuto: los signos de exclamación no tienen la punta hacia arriba. ni una palabra. y jamás olvidaré el mar que oscurecía a ojos vistas. un par de nubecitas matutinas completan el cuadro: «Parecen borlas de polvos color de rosa». Pero Sabeth no sabe lo que es la lana de vidrio. luego. digo yo. Nuestro cometa ya no se ve. «¡Parece como si desgarraran seda!». parece un decorado de ópera. el mar y el sol y todo. Hacia las cinco empieza a alborear: el cielo parece de porcelana. yo no sé replicarle nada y vuelvo a perder un punto. Empieza a distinguirse el oleaje a lo largo de la costa: parece espuma de cerveza. los olivos. apenas tenemos tiempo de hacer media docena de comparaciones cuando el sol se muestra ya con todo su esplendor. en cuanto nos paramos. yo tengo que reflexionar y a veces no se me ocurre nada. de nuevo silencio por las lomas negras que olían a menta. sólo oímos el eco de nuestros propios pasos en las murallas turcas. con los ojos cerrados. Nuestras sombras a la luz de la luna: «Parecen papeles recortados». ha sido una idea luminosa no pasar la noche en un hotel. entre mis brazos. de pronto. y ahí están ya los primeros rayos. dijo. sino hacia abajo. a pesar del frío. Caminamos toda la noche sin encontrar a nadie. sus largas sombras proyectadas sobre la tierra roja. el primer calor de Sabeth abrazándome como si yo se lo hubiese regalado todo. luego empezamos una nueva partida hasta que. pero no la tierra. un silencio mortal.Max Frisch Homo Faber ciprés negro: «¡Parece un signo de exclamación!».. 104 . del día que va a empezar. parecen lanzas.

Hanna creyó que era mejor que primero fuéramos a comprar una camisa. no sé si Hanna se había encogido. tú y yo? La agarré por los hombros. No dije una palabra. he estado veinte años sola con ella. tubos. —Todo está arreglado —dijo—: he encargado un taxi. pero más extensas.. —Todo está arreglado —dijo—: puedo disponer del coche del Instituto para ir a Corinto a recoger sus cosas y también las tuyas. pero en toda la mañana no me había mirado.» Me quedé aguardando. —Quiero verla —dije. el rostro enrojecido. Hanna. y la respiración difícil. —Oye. quería a toda costa que me miraran. más pequeño. no se quejaba. —Sólo cosas muy confusas. Hanna volvió del hospital. Sólo eso. pero tienes que comprenderlo. Las noticias que Hanna traía no me gustaron: pulso irregular. Walter. vació los ceniceros. quería hablar con ella. Hanna —le dije— ¿no podemos hablar. de un joven llamado Hardy. ¿Qué culpa tenía yo si las cosas habían ido de aquel modo? Cierto es que Hanna no me echaba nada en cara. Sentía que iba mal afeitado y registré todo el cuarto de baño en busca de una cuchilla: sólo encontré frasquitos. sin más preámbulos: —Quería estar sola con Elsbeth.Max Frisch Homo Faber Vi el desayuno que Hanna me había dejado preparado y su nota: «Volveré pronto. Tuve que darle la razón. hoy lento. —No —contestó Hanna—: habla de Yale. —Mírame a la cara. esmalte de uñas. al mirar al espejo. su cuerpo era más frágil que el de su hija. Le pregunté qué había dicho. demasiado lento. —No es un reproche —dijo—. me vi la camisa. Al cabo de un rato. Me asusté. —¿De mí? —pregunté. ayer rápido. —He creído que era mejor dejarte descansar —dijo. ¿por qué no me miras? Es posible que ni ella misma se diera cuenta. sólo de Yale. peor que el día anterior. se limitaba a vaciar los ceniceros de la noche anterior. las manchas de sangre algo más pálidas. Parecía un manager.. Estuve aguardando por lo menos una hora. Iba y venía continuamente. tus zapatos y tu chaqueta.. —¿Cómo está? —pregunté. las pupilas muy contraídas. Quería estar sola con ella. —Hanna —le pregunté—. más delicado.. Hanna estaba muy rara. pasadores. 105 . tarros llenos de polvos. Hanna telefoneó. pero sólo dice cosas muy confusas. sus ojos eran aún más hermosos. lápices de labios. dijo Hanna. eso no es motivo para que te sientas ofendido. y no había manera de entablar un diálogo con ella. No pude resistirlo más. luego bajó las persianas.

Aquello. —Walter —exclamó—. porque yo no tenía dinero y me quedé esperando en el taxi para que no me vieran la camisa sucia. tomé su cabeza entre mis manos. Luego fuimos al Instituto. no quería hacerlo en el coche. a poco de salir de Atenas. setenta y seis quilómetros antes de llegar a Atenas. la compró Hanna. No pensé ni por un momento en besar a Hanna. La besé. incluso volvió al taxi al cabo de un momento para preguntarme el número del cuello. Lo dijo dos veces.. sólo veía sus ojos horrorizados. todo delicado. no dijo nada pero vi que me maldecía. su frente. su nariz. En Dafni. todo arrendado a empresas alemanas. pero. no dijo nada y ni siquiera se arregló el cabello. Abrí el paquete. Hanna se quedó mirándome hasta que la solté. Hablé de la situación económica de Grecia. Fuimos al centro de la ciudad para comprar una camisa. la piel de lagartija debajo de la barbilla. lo vi en su cara. sus ojos que no se ven cansados. más hermosos que antes. según lo convenido. ¿Qué quería?. las patas de gallo en las sienes. Hanna al volante. habíamos salido de Corinto en autobús y nos habíamos apeado en algún lugar donde nos había gustado la playa. 106 . no le interesaba lo más mínimo.. Hablé de mi reloj... ahora (ni en otro momento). eso sí que lo sabía. y hablé del tiempo en general. eres terrible. a mi juicio. noble (o como se le quiera llamar) y muy femenino. principalmente) y la máquina fotográfica. sino horrorizados. —Para —dije de pronto—: es aquí.. pero el silencio entre nosotros era insoportable.. le prestaron el coche. ¿Por qué se defendía? No tengo la menor idea de lo que dije. Pasamos por Megara. a Hanna. Sólo más adelante me preguntó: —¿No sabes cómo se llama el pueblo? —No. sus cabellos grises. No sabía de qué hablar. recordaba perfectamente la placa en una avenida de eucaliptos. Hanna estuvo muy amable. Esperaba una ocasión para poderme poner la camisa limpia. donde. No dije más que tonterías. el silencio era imposible. Pasamos por Eleusis. hay una huerta donde propuse cambiarme de camisa. Hanna al volante.. es decir. Hanna meneó la cabeza y siguió carretera adelante. Luego llegó el taxi. callada.. un Opel. —¿Sabes si se llamaba Theodohori? Yo no lo sabía. y luego a la playa para recuperar los vestidos de Elsbeth y mi cartera y mi chaqueta (a causa del pasaporte. que había dado al chófer del camión. más noble que en la hija... antes de llegar a Eleusis había visto la gran instalación de GREEK GOVERNMENT OIL REFINERY. me preguntó. de relojes que fueran capaces de hacer andar el tiempo hacia atrás.Max Frisch Homo Faber —Walter —exclamó—. me haces daño.

Max Frisch Homo Faber Hanna paró el coche. —¿Aquí? —preguntó. Yo sólo le quería enseñar la cuneta donde la tuve que depositar hasta que pasó el camión con los tubos de hierro. Una cuneta como otra cualquiera, rocas con cardos entreverados de amapolas rojas, y la carretera recta por la que la había llevado en brazos corriendo a paso de carga; negra, alquitrán con gravilla, luego el pozo con el olivo, los campos pedregosos, las chozas blancas con cubierta de cinc ondulado. Era otra vez mediodía. —Por favor —le dije—, más despacio. Aquello que a pie descalzo resultaba una eternidad, apenas fueron dos minutos en el Opel. Lo demás, todo igual que el día antes. Sólo faltaba el carro de grava junto a la cisterna. Hanna no dudaba de mis palabras; no sé por qué tuve tanto empeño en enseñárselo todo. El lugar por el que subió el carro con la grava chorreando, no fue difícil de encontrar; se veían perfectamente las roderas y las herraduras del borrico. Creí que Hanna preferiría esperar en el coche. Pero se apeó, caminó por la carretera de alquitrán recalentado, siguiéndome; yo busqué el pino, luego bajé agarrándome a las retamas; no comprendía por qué Hanna no se había quedado en el coche. —Walter —dijo—, allí se ve un rastro de sangre. A mí me pareció que no habíamos ido hasta allí para seguir los posibles rastros de sangre, sino para recoger mi cartera, mi chaqueta, mi pasaporte y mis zapatos. Todo estaba intacto. Hanna me pidió un cigarrillo. ¡Todo como el día anterior! Sólo que habían pasado veinticuatro horas, la misma arena, el mismo oleaje, leve; sólo un latido de olas que apenas se levantan; el mismo sol, el mismo viento entre las retamas...; sólo que no es Sabeth la que está a mi lado, sino Hanna, su madre. —¿Aquí os bañasteis? —Sí —dije. —Es hermosa esta playa —dijo Hanna. Era horrible. Por lo que se refiere al accidente, no tengo por qué ocultar nada. Es una playa llana. Hay que andar por lo menos treinta metros antes de poder nadar y, en el momento en que oí su grito, estaba por lo menos a cincuenta metros de la playa. Vi que Sabeth se había levantado, le grité: «¿Qué ocurre?» Vi que echaba a correr. Después de pasar la noche en vela en Acrocorinto, habíamos dormido en la arena, pero pronto sentí necesidad de meterme en el agua y estar solo mientras ella continuaba durmiendo. Antes de irme, todavía le cubrí los hombros con su ropa interior sin despertarla; lo hice para evitar una insolación. No Había mucha sombra por allí, sólo un pino solitario; nos acostamos en la hondonada, pero, como ya era de prever, la sombra, o mejor dicho el sol, se trasladó de sitio y me parece que fue eso lo que me despertó, porque, de pronto, me encontré sudado; el silencio de 107

Max Frisch Homo Faber mediodía me sobresaltó, o quizá soñé algo o creí haber oído pasos. Pero estábamos completamente solos. Tal vez había oído las paladas que daba el hombre al cargar el carro de grava; pero no vi nada. Sabeth seguía durmiendo y no había motivo de alarmarme: un mediodía normal, un oleaje tranquilo, sólo un susurro del agua al arrastrar la arena, como un campanilleo de guijarros; por lo demás, silencio; de vez en cuando, una abeja. Estuve reflexionando si sería prudente nadar teniendo palpitaciones. No acababa de decidirme; Sabeth debió de sentir que no había nadie a su lado y se removió sin despertar. La rocié de arena, pero ella ni siquiera se dio cuenta. Entonces entré en el agua... en el momento en que Sabeth gritó, yo estaba por lo menos a cincuenta metros. Sabeth echó a correr sin contestar. No sé si me oyó. Intenté correr dentro del agua. Le grité que se detuviera, pero, por mi parte, no podía avanzar, estaba como paralizado. Cuando por fin, logré salir del agua, corrí tras ella hasta que la vi detenerse. Sabeth estaba arriba en el terraplén, cubriéndose el pecho izquierdo con la mano y sin contestar mientras yo iba encaramándome por el terraplén (no me daba cuenta de que iba desnudo) y acercándome a ella... Luego, el disparate de irse alejando de mí, cuando yo sólo trataba de ayudarla, hasta que, finalmente, se cayó de espaldas —yo me paré en seco— del terraplén. Ésa fue la desgracia. Apenas se despeñó dos metros, la altura de un hombre, pero cuando llegué a su lado, la encontré desmayada en la arena. De momento, creí que había sido el golpe en la nuca lo que la había dejado sin sentido. Pero al cabo de un momento descubrí la mordedura, tres gotitas de sangre, que limpié al instante; me puse los pantalones y la camisa, pero no los zapatos, tomé la niña en brazos y subí a la carretera, por donde pasó el Ford sin oírme...

Hanna en el lugar del accidente, Hanna con el cigarrillo entre los dedos, mientras yo se lo contaba todo con tantos detalles como podía y le enseñaba el terraplén y lo demás; Hanna, parecía increíble, como un amigo y sin embargo, yo estaba preparado a que ella, la madre, me maldijera, por más que, objetivamente, yo no tenía la culpa. —Anda —dijo—, recoge tus cosas. Si no hubiésemos estado seguros de que la niña estaba salvada, no hubiéramos podido hablar de aquella manera en la playa. —¿Tú ya sabes —dijo— que es hija tuya? Sí, lo sabía. —Anda —dijo—, recoge tus cosas. Estábamos allí, yo con mi ropa sobre el brazo, los zapatos llenos de polvo en la mano; Hanna, con los pantalones téjanos negros de nuestra hija. Yo no acertaba a decir nada. —Anda —dijo—, vámonos. 108

Max Frisch Homo Faber Yo no pude por menos que preguntarle: —¿Por qué no me lo dijiste? Hanna no contestó. Otra vez el calor azul del día anterior encima del mar, como ayer a la misma hora, mediodía con olas tímidas que apenas baten, sólo se despliegan en espuma, luego tintineo de guijarros, silencio y vuelta a empezar. Hanna me comprendía perfectamente. —Olvidas —dijo— que estoy casada. Y en otro momento: —Olvidas que Elsbeth te quiere... Yo era incapaz de hacerme cargo de todo; pero alguna solución debía de poderse encontrar, me parecía a mí. Seguimos allí todavía largo rato. —¿Por qué no había de encontrar trabajo en esta tierra? —le dije—. En todas partes se necesitan técnicos, tú misma ves que Grecia se está industrializando... Hanna comprendía perfectamente lo que yo quería decir, mi actitud ni romántica, ni moralizadora, sino sencillamente práctica: una misma casa, una misma economía, una misma edad. ¿Por qué no? Hanna lo sabía cuando yo todavía no podía sospechar nada, lo sabía veinte años antes; sin embargo, estaba más sorprendida que yo. —Hanna —le pregunté—, ¿por qué te ríes? Siempre hay algún futuro, me parecía a mí: la tierra todavía no se ha detenido nunca; la vida continúa. —Sí —replicó—, pero quizá sin nosotros. Yo le había puesto la mano encima del hombro. —Anda, Walter —dijo—; estoy casada; no me toques. Volvimos al coche. Hanna tenía razón; yo siempre olvidaba algo; pero incluso cuando ella me lo recordaba, me sentía decidido fuera como fuera a pedir que me trasladaran a Atenas o a dejar mi empleo para irme a vivir a Grecia, aunque, de momento, ni yo mismo viera de qué manera podía ser factible vivir juntos; estoy acostumbrado a buscar soluciones hasta que las encuentro... Hanna me dejó sentar al volante; yo todavía no había conducido nunca un Opel-Olympia, y Hanna había pasado la noche sin dormir; cerró los ojos haciendo como que dormía. En Atenas todavía compramos flores. Eran cerca de las tres de la tarde. En la sala de espera, donde nos dejaron solos un rato, todavía no sospechábamos nada; Hanna desenvolvió las flores. Pero luego, la cara de la enfermera... Hanna junto a la ventana, como el día antes, sin decirnos ni una palabra, ni siquiera mirarnos. Más tarde entró el doctor Eleutheropulos. Todo fue dicho en griego, pero yo lo comprendí perfectamente. Había muerto poco después de las dos.

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del 21 de junio al 8 de julio. ni siquiera noto que me golpea la frente con los puños. Se rompió la arteria meníngea. pero no dirigiéndome a Hanna. con las manos pegadas a las caderas. se produjo lo que llaman un hematoma epidural. Hoy sabemos que la muerte de nuestra hija no fue causada por el veneno de una víbora. su cuerpo larguirucho debajo de la sábana. nuestras flores sobre su pecho. no. pero blanca como la cera.Max Frisch Homo Faber . que.. Escrito en Caracas. no me defiendo. igual que si durmiese. empieza a insultarme. compressio cerebri. 110 .Luego junto a su cama. parece increíble. No la conozco. de pronto. ¡Qué más da! Hanna grita y me pega en el rostro hasta que no puede más. digo. que hubiera podido resolverse fácilmente (según me dijeron) con una pequeña intervención quirúrgica. murió como consecuencia de una fractura de base de cráneo no diagnosticada. yo me he estado cubriendo los ojos con la mano. Hanna y yo. provocada por la caída del terraplén. levanta sus diminutos puños contra mí. me lo digo no como consuelo.. nuestra hija con los ojos cerrados. que pudo combatirse con éxito con una inyección de suero. sino de verdad: Está dormida.

SEGUNDA ETAPA .

—Come on. y tampoco llevo botón negro en el ojal porque no quiero que me pregunten nada: no les importa. me preguntaba a mí mismo si estaba a la altura de mi misión. me pone nervioso. su entrada en mi habitación blanca. ¿Podrá perdonar? ¿Podré rehabilitarme? Ni siquiera sé lo que ha hecho Hanna desde aquel día. Afortunadamente me esperaba por lo menos la noticia de que las turbinas de Venezuela estaban finalmente a punto de montaje. otra copa!) 112 . no dice ni una palabra sobre ello. —Come on. 8 de junio. pero me vi obligado a hacerlo. pero fui. estoy sentado en la cama con el torso desnudo y mi ventilador (regalo de Hanna) funciona día y noche. porque nadie sabía que esta hija hubiese existido jamás.. silencio absoluto. una copa!) De aquí para allá. porque es mediodía. Comienza el diario. hora de hacer la siesta. como siempre. tengo miedo cada vez que llaman a la puerta blanca. Walter. optimista. Hoy hemos llegado otra vez a los cuarenta grados a la sombra. Hoy hace seis semanas. Mientras Williams. Walter. su sonrisa cuando pregunto algo. el 19 de julio. su mirada que no se fija en mí. sin sentarse. oh. —Roman holidays. pero en el fondo seguía preguntándomelo. Hanna vestida de luto. Nueva York. No sabía qué hacer.. y su silencio. have a drink! (¡Ande. por lo demás. me daba palmadas en el hombro. Walter.Max Frisch Homo Faber Hospital de Atenas. nadie podía obligarme. Y me queda poco tiempo para escribir mi diario. Hanna viene a verme todos los días. how marvellous! (¡Vacaciones en Roma! ¡Qué maravilla!) No dije a nadie que había muerto mi hija. a veces me entra miedo a que se vuelva loca. another drink! (¡Ande. Estas horas de reposo (de las 13 a las 17) son las peores. Le he preguntado por qué no se sienta. Que escriba a mano. Me han quitado mi Hermes-Baby y la han encerrado en el armario blanco. me dicen. tomaría el avión cuanto antes mejor. El hecho de que ella esté de pie junto a la ventana mientras yo tengo que permanecer en cama. en realidad. es decir. Odio escribir a mano. ¿Por qué no se sienta nunca? Va todos los días al Instituto. No la comprendo. Walter. yo no quería ir. me dije que sí. La saturday-party de costumbre en casa de Williams.

Más tarde subí a un sighseeingboat.) Williams cree que debo representar algún papel. —Walter. lo sabía.Max Frisch Homo Faber Bebí demasiado.. Walter no puede encontrar la llave de su casa.) Antes pasé todavía por mi garaje para preguntar si sigue allí mi Studebaker. I just love it! (¡Fra Angélico. —Semantics? You’ve never heard of semantics? (¿Semántica? ¿Nunca oyó hablar de semántica?) Tengo la impresión de ser un idiota. United Nations. Y. Walter can't find the key of his home! (A Walter le pasa algo. pero durante once años jamás hice trasbordo. pero no necesité preguntar: se le veía desde lejos (rojo del color de su lápiz de labios) en el patio entre paredes negras. Me metí en un cine. volví al hotel. dont't be silly! (No haga tonterías. me apeé allí donde me había apeado siempre y pasé. donde no tenía nada que hacer. lo encuentro adorable!) Todo el mundo entiende más de pintura que yo. donde llamé repetidas veces a mi propio número —naturalmente. Walter?) En el fondo. No sabía qué hacer. el cine. «Hello. luego. Pero no por eso necesito que me den palmadas en el hombro. —Fra Angelico. como de costumbre. etc.. todavía no me explico cómo alguien descolgó el teléfono. No se puede quedar uno en un rincón comiendo almendras. etc. por mi CHINESE LAUNDRY (lavandería china). como si no hubiese vivido durante once años en aquel Manhattan.) Yo ya sabía que no estaba a la altura. sólo para pasar el rato. sólo mi piso estaba cerrado. Cuando uno desaparece. —Nice to see you. etc. No tengo el don de ser chistoso... pero Freddy el conserje no me supo dar razón de mi llave. sin hacer trasbordo en Columbus Circle. a pesar de que con el INDEPENDENT hubiera podido llegar más cerca de mi casa. donde todavía me conocían. —How did you enjoy the Massaccio-fresco? (¿Qué le parecieron los frescos de Massaccio?) No sé qué decir. sin éxito— y me vine aquí. what's the matter with you? (¿Qué le pasa. Estaba borracho. Yo vivía en el Hotel Times Square. Desaparecí. el metro. 113 . mister Faber». Walter. aunque sea cómico. oh. me vine aquí. nadie lo nota. Todo estaba abierto: la oficina. los rascacielos parecían lápidas mortuorias (siempre me lo habían parecido). oh. Mi nombre figuraba aún en el registro. Luego tomé el metro.. escuché el altavoz: Rockefeller Center.. EXPRESS UPTOWN. (Cuánto gusto en verle. para meterme en un teléfono público y volver a marcar mi número. Ivy hubiera debido entregarla. Empire State. siempre he odiado estas saturday-parties. Crucé el Times Square (espero que por última vez). —Walter. —This is Walter (Aquí Walter) —dije. tuve que llamar a mi propia puerta.. con tres camisas que habían estado esperándome durante meses. lo de siempre: IRT. Les conozco muy bien. como ya he dicho antes. —Walter has trouble —dijo Williams a todo el mundo—. Ellos creían que no me daba cuenta.

. sólo por decir algo. porque no cree en las estadísticas. mareado. Al cabo de un rato pedí al barman que buscara el número de míster Walter Faber y lo marcara. qué número es aquél. no me puede pasar nada por contestar. that's me. —Yes. mejor dicho. ¿qué quiere usted?) En realidad. No puedo imaginarme qué hace Hanna cuando no está en esta habitación. o. no pasa un minuto sin que falte algo. lo hizo.Max Frisch Homo Faber —Who? (¿Quién?) —Walter Faber —dije—. Quizá mi piso ha sido alquilado. No estoy acostumbrado a estar enfermo. Hago un esfuerzo antes de que el otro cuelgue.) Oigo cómo cubre el micrófono con la mano y habla con alguien (¿con Ivy?). tiene éxito en un 94. (Trafalgar 4-5571. —Sorry (Lo siento) —contesté.. ¿Por qué no habla? Si alguna vez se sienta. cenicero o encendedor. quizá ha cambiado de número. según las estadísticas. —Who's calling? (¿Quién es?) —Walter —dije yo—. día tras día. Si Hanna no me puede 114 . ¿Qué más? Le he rogado que se siente. tengo que ver a Hanna. Me tendió el auricular. —That's impossible! (¡No puede ser!) —grito. tengo que hablar con ella. de manera que me callé por un momento. éste es mi número. Tal vez me había equivocado de número. lo comprendo perfectamente. no lo comprendo. todo es posible. oigo risas. oí llamar durante largo rato. y pregunto. What do you want? (Bien. Walter Faber. tomé el enorme listín de Manhattan para comprobar mi número y volví a probar. Estoy borracho. Esta intervención me librará para siempre de todas mis molestias. Desconocido. cuelga el aparato. Contestaba la misma voz que antes. y lo único que me pone nervioso es esta espera. —Trafalgar 4-5571 —digo—. de manera que se levanta y vuelve a quedarse de pie. —Yes. Hay otra cosa que también me pone nervioso y es que Hanna me quiera consolar. ¿Come? ¿Duerme? Todos los días va al Instituto (de 8 a 11 y de 5 a 7). por fin descolgaron: —Trafalgar 4-5571. y todos los días va también a la tumba de nuestra hija. this is Trafalgar 4-5571. y luego: —Who are you? (¿Quién es usted?) Yo contesto con otra pregunta: —Are you Walter Faber? (¿Es usted Walter Faber?) Finalmente. Estoy realmente esperanzado y además me alegro de no habérmela dejado hacer en Nueva York o Düsseldorf o Zurich. pero no me sirve de nada. no tolero más whisky. this is Walter Faber. me senté en un bar. Hello? Colgué sin decir palabra.6 por ciento de los casos.

Yucatán. es lógico. con la cabeza apoyada contra la pared. donde nada ha cambiado tampoco. donde. Herbert había cambiado. llevaba barba. y sobre la tierra los relámpagos de unos nubarrones negros. trinos de pájaros como la otra vez. los ojos cerrados y brazos y piernas abiertos. con cactos entre las traviesas. (Seis horas y media en autobús desde Mérida. La gente me reconoce. El hedor a pescado y piña tropical. la luna como enguatada. pero no era sólo eso. lleva más agua. Los perros flacos.. se veía en seguida. todo está igual que hace dos meses. espero. Me casaré con Hanna. Vuelvo otra vez a Campeche. Me baño en el río Usumancinta que sí ha cambiado.Max Frisch Homo Faber soportar. en compañía de Herbert Hencke. se lo he dicho a Hanna y la he convencido. Hablo con Herbert. el olor pútrido del mar. Y a cada momento mi inútil idea: ¡Ojalá fuera entonces! ¡Ojalá pudiera retroceder esos dos meses.. Hablo con Marcel. Los perros muertos que nadie se cuida de enterrar. Vuelo hacia Caracas. que aquí no han alterado nada! ¿Por qué no es posible que estemos en abril y que todo haya sido pesadilla mía? Hago el viaje en el Land-Rover. donde casi todos los días hay combinación para ir a Caracas.. cuando para el motor Diesel de Palenque: el pavo en la pradera junto a la galería. Volver a Palenque confieso que me alegró. compro y distribuyo caramelos mexicanos. incluso la noche. su desconfianza: 115 . esperé ya otra vez el tren.. todo estaba como antes: nuestra galería con las hamacas. ninguna inyección. el ciervo. el caballo que pace en la noche. nuestra taberna con el papagayo. aquí todo sigue igual: El aire pegajoso. los zopilotes en los tejados alrededor del mercado. solo.. me hubieran operado en seguida. el calor. ¿por qué viene? Me arregla los almohadones. ahora.. voy en coche hasta las ruinas. no se ven burbujas porque corre más deprisa y no es seguro que ahora se pueda vadear con un Land-Rover sin anegarse. todo lo ocurrido desde aquella última espera me parece una alucinación. pero interrumpo el viaje en Mérida (molestias de estómago). Si fuera cáncer. Hoy. Lo logré. sus graznidos como protesta contra los relámpagos. que recuerdan la luz blancoazulada y convulsa de una lámpara de cuarzo. 9 de junio. el sol como un disco de fieltro sobre el mar. nuestra cerveza. no hay nadie. dos meses atrás. Otra vez el ferrocarril. la cerda negra atada a un palo.. incluso los niños. Esta vez vuelo por Miami y Mérida..) En la modesta estación de vía estrecha.

Pasamos la noche en unas hamacas. para obligarle a volver a Düsseldorf y no me cree cuando le digo que he venido sólo a verle. Por su parte. Herbert con un manojo de iguanas. Se pasan el día mirando cómo desmonto el motor: hojas de banano en el suelo. es verdad. todo está igual. Las madres también me contemplan. Su Nash 55 estaba debajo del cobertizo de hojarasca como la vez anterior. y las piezas encima. Relampaguea. pero me gusta trabajar en algo. a oscuras. porque la batería con que. Encuentro el motor completamente lleno de barro a causa de los aguaceros. plantadas frente a mí. los niños mayas.Max Frisch Homo Faber —¿Qué has venido a hacer tú por aquí? Herbert cree que he venido por encargo de su familia. hay que limpiarlo todo.. es evidente que esos indios ni siquiera saben cómo se pone en marcha un motor. Durante los chubascos. Sonríe entre las barbas. no obstante... —dice—. funcionaba la radio. miran cómo desmonto el motor. no se tienen tantos amigos en el mundo como uno se figura..... ni siquiera los acontecimientos de Alemania. porque no voy a quedarme ahí. porque tampoco las entendería. y a Herbert no le importan un bledo las noticias del mundo.. —Si eso te divierte. ningún plan. Alrededor. cinco bidones para Herbert. saben a pollo. ya hace tiempo que está agotada. haz como gustes. con su boca de lagartija atada con paja para que no muerdan. sin decir palabra. el manifiesto de los profesores de Gottinga. Sonríe cuando ve que me afeito con una hoja vieja porque no tengo corriente eléctrica y porque no quiero dejarme crecer la barba. sólo leche de coco. o mejor dicho. como si dijéramos en una arca de Noé. pero no tiene ganas. —¿Por qué no te las arreglas? —le pregunto. Yo evito hablar de cosas personales. Le arreglo las gafas. Herbert busca iguanas. No nos entendemos en absoluto. todo está atascado y sucio.. Se le han roto las gafas.. de manera que puse inmediatamente manos a la obra.. Le pregunto por el Nash. quietas si no se las toca. permanecemos en la barraca. Huele a polen pegado al aceite mineral y corrompido. Mi preocupación de que nos puedan robar algo insustituible no afecta a Herbert. incluso la llave de contacto estaba puesta. Sin cerveza. en otro tiempo.. Herbert no ha estado ni una sola vez en Palenque. Están vivas. por lo visto están en continua cría: llevan el último vástago agarrado al pecho moreno y lo apoyan sobre el que va a nacer. cocidas. para que pueda desplazarse cuando quiera. pero en un estado lamentable. está convencido de que no tocarán ninguna pieza del 116 . de la empresa. He traído gasolina.

Me puso la mano sobre el hombro y me dijo que el Nash era para mí. Herbert se ha vuelto como un indio. aunque no fue tarea fácil. No quise contagiarme y seguí trabajando. madres con sus camisas blancas. Estaba desolado al verlo. No logré sacar a Herbert de su necia terquedad. puse el contacto para probar si funcionaba. que me lo regalaba.Max Frisch Homo Faber motor. Cuando finalmente hube montado el motor y vio que funcionaba. porque muchas de ellas se habían hundido ya en el lodo. le obedecen. Ya no habla de motines. Herbert me dio veinte indios para consolarme y siguió tan tranquilo. Se suda como en un baño de vapor. habían sido sencillamente tragadas por la tierra. como si aquello de cortar árboles y construir caballetes para montarlo. que están siempre en la espesura. aunque están convencidos de que no sirve de nada. Al día siguiente llovió. Herbert estaba perdido. sentado al volante del coche. porque Herbert se desinteresó de todo. —Déjalo —se limitaba a decir de vez en cuando—. Por más que quisiera. y yo había sacado el Nash del cobertizo para poder trabajar al aire libre. sin sospechar que precisamente allí se formaría un lago. Perdí todo un día hasta haber vuelto a reunir las piezas principales del motor.. aún encima de los caballetes. dice Herbert. Sin el Nash. El calor. la cosa no me divertía. en derredor. súbitamente. chapoteando en aquel charco turbio. pero el agua se concentró en charcos oscuros. y que hace meses que no han oído un motor. sólo por espacio de un cuarto de hora. doy todo el gas 117 . todas ellas con un recién nacido en brazos. Un diluvio. Sonríe entre las barbas. Le dije que había encontrado a Hanna y que me casaría con ella. sólo así fue posible encontrar todas las piezas. y remover la tierra no le incumbiera a él.. todo lo tuve que hacer solo. estaba allí como un agente de tráfico mientras yo. Herbert sonrió y exclamó: —Bravo. ¿Para qué? Mandé a los veinte indios que abrieran surcos para que el agua se escurriera por ellos. ¡El porvenir del cigarro alemán! Le pregunto qué planes tiene en realidad: quedarse o regresar a Düsseldorf. qué piensa hacer. —¿De qué me sirve a mí? —dijo. y no hablemos ya de las piezas del motor desmontado que yo había extendido en el suelo. El agua llegaba hasta más arriba de los ejes. Incluso trabajan a conciencia. luego acudieron también los hombres. Su palabra más frecuente era: ¡Nada! Le dejé refunfuñar sin contestarle. hurgando en el lodo tibio. Las luciérnagas. luego otra vez sol. pero ni siquiera sé si me oyó. chiquillos mayas. todos con sus cuchillos curvados. —¿Qué harás sin coche? —le dije. al revés que a Herbert. —Nada.

.. ahora que el montaje está a punto. pero no había nada preparado. se logró. por ejemplo reduciéndolo por medio de la velocidad. Un telegrama que envié a Atenas desde allí. pero no tenía la menor idea de dónde se hallaba en aquel momento y no tuve más remedio (algo tenía que hacer en aquel hotel) que redactar un informe sin dirigirlo a nadie. porque tampoco la guardas con la muerte. porque no la soporta como compañera. El montaje se hizo perfectamente. sino un error muy propio de mí (?). 21 de junio. Literalmente: tú no consideras la vida como una figura. Manía del técnico: convertir la creación en algo útil. me comporté como si la edad no existiera. según Hanna. en un silencio casi religioso.. La vida no es materia. ahora se puede decir que ha sido culpa mía que no haya vigilado el montaje. lo cual no me divirtió ni pizca. toco el claxon.Max Frisch Homo Faber sin levantar el freno. Tenía la esperanza de recibir una carta de Hanna al llegar a Caracas. Herbert hace otra seña: ¡Paso libre! Los indios —cada vez más numerosos— nos miran ensimismados. sin mí. mientras nosotros nos divertimos. tampoco obtuvo respuesta. no encuentra inconcebible mi comportamiento con Sabeth. de casarnos con nuestros propios hijos. Llegada a Caracas. Hice un gran esfuerzo mientras pude. mala suerte. sí. dice. Herbert levanta la mano: ¡Stop! Yo paro.. por lo demás. las ruedas giran en el aire. Hanna reconoce que no sabe explicarme lo que quiere decir. de un modo antinatural. Mi error consiste en que nosotros los técnicos intentamos vivir sin la muerte. yo fui puntual. Discusión con Hanna: discusión acerca de la técnica (dice Hanna) como ardid para organizar el mundo de tal manera que no lo tengamos que vivir. mientras nosotros (¡vete a saber por qué!) jugamos a estar regulando el tráfico por las calles de Düsseldorf. las turbinas estaban en su sitio. es figura en el tiempo. los dolores de estómago me han abatido.) El técnico se desentiende del mundo. tuve que quedarme en cama más de dos semanas. Mi error respecto a Sabeth fue la repetición. sino como una mera suma. para no enfrentamos con él. Dice que no fue un error casual. por eso no guardas relación con el tiempo. Quería escribirle y empecé varias cartas. callan. como mi profesión.) Hanna no me echa nada en cara. (No sé qué quiere decir Hanna con eso. No podemos suprimir la edad por el hecho de seguir sumando. (Tampoco sé qué pretende significar con esa frase. no puede forzarse por medio de la técnica. pero no lo puedo remediar. no sabe cómo tratarla. sin sonreír. Por fin. la técnica es un ardid para eliminar el mundo como resistencia. fui víctima de una especie de atracción que yo no conocía y que interpreté erróneamente. diciéndome que estaba enamorado. cuando estuve aquí la otra vez (15 y 16 de abril). así como los braceros contratados. 118 . toda mi vida. La vida. como. por lo tanto.

Nunca había habido tantas defunciones. me veo como era antes. No hay razón para alarmarme. en Cuba. soy un rubio ceniciento. un fracaso: la carne no es un material. Cubana hasta Lisboa. estoy asustado. Sin embargo. o mejor dicho. Verdaderamente. con quien hablé hace sólo una semana. como durante este último trimestre. KLM desde Caracas. Ahora ha muerto también el profesor O. Sigo encontrando que tengo la boca simpática y no sé por qué. en Zurich. porque lo dice el pasaporte. Siempre he llevado el cabello muy corto. En cuanto vuelva a estar de pie. de lo contrario Sabeth no hubiera querido ir conmigo a la ópera. naturalmente. eso es todo. tamizada por los visillos que le hace parecer a uno pálido debajo de la piel tostada por el sol. Lo único que me preocupa son los dientes. como construcción. Con poros. pero no me preocupa. todo lo demás podría pertenecer perfectamente a cualquier otra persona agotada por el trabajo. Si estoy boca arriba y me miro al espejo colocado encima de mí. Hay que decir que llevo un pijama sin cuello. No puedo imaginarme seriamente que se me haya encogido el cráneo. 119 . Siempre he tenido la nariz demasiado larga. sino amarillento. y no me clarea ni en las sienes ni por atrás. Será el sarro o quizá también un granuloma. que no son pardos como había creído siempre. lo cual hace resaltar la longitud del mío y ver más los tendones cuando muevo la cabeza. sino de un gris verdoso. Siempre lo he temido. porque resulta más práctico. por mucho que uno haga. Siempre he estado flaco. no exactamente blanco. no me duelen. sino una maldición. la enfermera me ha traído un espejo. sólo siento latir el pulso en las mandíbulas. Seguro que hace dos meses en París no tenía este aspecto. me parece a mí. 9-13 de julio. .Max Frisch Homo Faber Por fin. como el cuello de un pollo desplumado. sólo me falta un poco de ejercicio y aire libre. los hoyos profundos que hay entre los tendones. Lo único que tenía que hacer en La Habana. pero no como ahora. sigo teniendo la piel bastante morena. Es ridículo lo que uno puede llegar a inventar por pura ociosidad. no como el viejo indio de Palenque que nos enseñó aquella húmeda cámara sepulcral. la boca y los ojos. Excepto cuando me afeito. verdaderas cavernas de las que nunca me había dado cuenta. P. Todo el cuerpo humano es así. porque de ninguna manera quería pasar por Nueva York. sino más bien absurdas. se estropean. estoy algo asustado. pero como material. Tengo las orejas como los presos recién rapados. Canas. sin embargo. sólo algo más flaco. debido al régimen. Acabo de afeitarme y de darme un masaje. Me pregunto si mi nariz resulta más simpática y llego a la conclusión de que las narices no son nunca simpáticas. cambiar de avión. Quizá sea también esa luz blanquecina. sólo el cuello se ve algo blanquecino. tengo que ir a casa del dentista.S. las tengo hace tiempo. Mi dentadura no me ha gustado nunca. casi obscenas. Me quedé cuatro días. uno sabe el aspecto que tiene. no está mal. el aspecto que tenía. pero nunca me habían llamado la atención las orejas. no suelo mirarme al espejo. a decir verdad.

Vuelvo una y otra vez al hotel para descansar. EL PRADO: Ocaso verde. como la Rambla de Barcelona. No siento deseo (¿por qué será?).Max Frisch Homo Faber Cuatro días sin más ocupación que mirar. su piel. nubes de tormenta sobre la ciudad blanca: de color negro violáceo. Todo el mundo quiere limpiarme los zapatos. últimos resplandores del sol en las casas altas. Pero sí un terrible cansancio. paseo del anochecer. PARTAGÁS. lengua rosa en un rostro oscuro. Estoy inquieto.. debajo de los faroles. TAMALES: Maíz envuelto en hojas de banana. CASTILLO DEL MORRO (Felipe II). Una mulata me saca la lengua porque la miro. aquella dentadura blanca en la flor roja de sus labios (si se me permite la imagen) y aquellos ojazos. Los pájaros amarillos. el calor. —How do you like Habana? (¿Le gusta La Habana?) Me irrita que me tomen siempre por un americano. su alboroto al caer la noche. estoy echado boca arriba y fumo mi cigarro. sigo fumando sin parar. luego me echo desnudo encima de la cama. se come andando y no se pierde tiempo. en el pasillo. Me hago limpiar los zapatos. mestizos de negro y español. vuelvo a echarme y fumo un cigarro. sólo porque soy blanco. ella también se ríe. pongo el ventilador en marcha. 120 .. el sol brillando sobre su piel mojada. ¿Por qué? No tengo nada que hacer en La Habana. también mulata. también los hombres son magníficos. yo saludo y sonrío. me ducho. avenida llena de tipos magníficos. una golosina que venden por las calles. tipos espléndidos. Parece un sueño: Policías blancos fumando puro.. sin tener nada que hacer. esos rufianes a cada paso: —Something very beautiful. Decido vivir de otra manera. EL PRADO: Viejo paseo con viejos plátanos. (Una preciosidad. todo el mundo ríe. increíble. sobre el poyo. yo no le pido nada.. la chica que limpia cantando.. muchachas sentadas (en grupos) y riendo. me da pereza levantarme para ir por un cenicero. se queda vertical. Cuando vuelvo al Prado tengo la impresión de vivir otra alucinación: está lleno de muchachas hermosas.. ¿Comprende lo que quiero decir? ¡Jovencísima!) Todo el mundo se pasea. Me siento feliz. me siento y fumo un cigarro. al mismo tiempo. No cierro la puerta de mi habitación. Do you know what I mean? Something very young. Chiquillos desnudos en el mar. soldados de la marina fumando puro: muchachos con las caderas embutidas en estrechos pantalones. Compro puros: dos cajas. no puedo dejar de contemplarles admirado: su porte altivo y cimbreante. Voy y vengo. la ceniza blanca no se derrama. vendedores de helados. Puesta de sol.

.. you are my brother! (¡Eres mi hermano. para preguntarles cuántos hijos tienen. (Por primera vez. yo me mezo y sonrío. THE AMERICAN WAY OF LIFE: Basta ver lo que comen y beben. los pañuelos blancos y los dientes resplandecientes. THE AMERICAN WAY OF LIFE! (El modo de vivir americano. de pronto. lluvia de flores como lluvia de confetti.. luego uno se queda como ciego. —Walter —dice—.. sentado en una mecedora amarilla. blancos. insiste en pagarme el whisky porque acaba de ser padre: —For the first time. Walter!) Apenas hemos brindado y ya desaparece para pagar un whisky a los demás.. nubes violáceas con el resplandor azulado de un soplete de soldar. la bandera de Cuba.) Me abraza y no cesa de repetir: —Isn't it a wonderful thing? (¿No es maravilloso?) Me dice su nombre y quiere saber el mío. ¡Qué me importa! ¡Qué rabia me da América! Me mezo y me estremezco. relámpagos. ROMEO Y JULIETA. (Cinco. y el blanco de los ojos. que ni siquiera saben lo que es el vino. Luz de relámpagos. esos comedores de vitaminas que toman té frío y mastican guata y no saben lo que es el pan. sobre todo varones. como si hubiese habido una alarma. De vez en cuando.) Quiere pedir inmediatamente cinco whiskys. yo le digo: —Five. Un joven.) Estoy decidido a llevar una vida nueva. sus escotes desnudos oscuros como las sombras debajo de los plátanos. salpicones sobre el asfalto: parece que esté cuajado de narcisos (sobre todo debajo de los faroles). el aguacero: . el paseo se ha quedado desierto.. el tejado de metal ondulado. se mueven las otras mecedoras vacías a mi alrededor. alegría infantil mía.. una ducha debajo de las arcadas. el mar... retumba un súbito aguacero acompañado de viento huracanado. olor de hojas cálidas y súbito estremecimiento epidérmico. azules o violetas. me pongo a cantar. al que ya no puedo soportar más. Otra vez fumando. esos rostros pálidos. THE CARIBBEAN BAR.Max Frisch Homo Faber las muchachas con faldas acampanadas azules. Felicidad de estar aquí. estruendo de persianas. sus muñecas y tobillos como los de las negras. a quien de momento tomo por un chulo. de vez en cuando. ruido de ese tejado al ser sacudido. ese pueblo de Coca-Colas. Por un instante se han visto: las palmeras verde azufre en la tormenta. viento. a mi alrededor. que hacen que a primera vista sólo se vean las faldas. ahora.. 121 . cuántos hijos tengo. en el arroyo. pero el aguacero es más fuerte que cualquier trueno. Parece que estemos en un manicomio. los pendientes que brillan. Por fin. sobre todo varones. cuando se ríen. Me mezo y contemplo.estoy solo debajo de las arcadas. sus pañuelos blancos en la cabeza. gozo.

pero rizado y corto. Me indigno contra mí mismo. Me sonríe. Me encanta su tez. nado con el rostro dentro del agua para ver el fondo. ¡Con su dinero! El chico de siete años que ya me los había limpiado antes. te dan palmaditas en el hombro. su tacto parece el de las crines de un potro.. como cuando se toca un caniche rapado. El agua está clarísima. todo parece convertirse en highway: una carretera emparedada de anuncios a cada lado. (¡Si uno pudiera volver a empezar la vida!) Por la noche escribo una carta a Hanna. andan por ahí. él está agachado. y hacen como que son felices porque son americanos. todas las playas me recuerdan Theodohori. Me hago limpiar los zapatos.Max Frisch Homo Faber Y sin embargo. gris pardo. despreocupados. con la mano izquierda en el bolsillo del pantalón. sino más bien gris como la ceniza. exhiben su optimismo hasta que se emborrachan y entonces empiezan las crisis de llanto. Mueve las manos con gran agilidad. THE AMERICAN WAY OF LIFE: Hay que ver lo feos que son comparados con la gente de aquí: su piel rosada como morcilla cruda.. Al día siguiente. protectores de la humanidad.. el blanco de sus ojazos. siendo el calor de su cráneo infantil debajo. nos rodea el diluvio.. se ve el fondo del mar.. No tiene el cabello negro. Sus ojos me recuerdan Houston. el mundo como vacuidad americana. Hablamos de marcas de coches. distintos de los demás. se deslizaban suavemente y se oía el tintineo de los guijarros. dondequiera que lleguen. le agarro del cabello rizado. vivo de su dinero. Me sonríe y sigue limpiándome los zapatos. el vaso en la otra mano. joven. tomé un coche y me fui a la playa. porque hacen lo que se les antoja. pero en el fondo.. dándome brillo a los zapatos con rápidas y sonoras sacudidas. Me echo a llorar. sólo son unos matones y unos gamberros —tipos como Dick.. viven porque existe la penicilina. eso es todo. no tienen nada entre las piernas. a mediodía apenas había olas. Lo que América puede ofrecer es: confort. horrenda. Texas. que yo tomé como modelo—.. cuando me mareé se arrodilló a mi lado. ready for use (listo para su uso).. Me gusta ese chiquillo. la mejor instalación del mundo. hacía calor y no había ni una nube.. Escribo una carta a Dick. el hombro apoyado contra la pared. Sus dientes. sus 122 . parece ahora un gato ahogado. No hay nadie más que el chico y yo. hermosos como ojos de animal. su piel joven. la negrita que limpiaba los lavabos cuando tuve mi ataque de sudor. tradición de la raza blanca. mi propia sombra en el fondo del mar: una rana violácea.

no me reconocía a mí mismo. que sólo era de arena. su obscena juvenilidad.. majaderías infantiles.. hasta que... Incluso vestidos con traje de baño se ve que tienen dólares. Luego la historia del taxi: era todavía temprano. Los chulos. Ya sólo existo para los limpiabotas.. ni idea de cómo transcurrió. azul. su voz (como en la Via Apia) es insoportable. llamé un taxi y. vuelvo a sentarme en el poyo del Prado con los ojos cerrados... Marcel tiene razón: su falsa salud.. su voz de goma penetra en todas partes. plebe de la opulencia. Más tarde alquilé una barca. esas dentaduras blancas en el anochecer. trato de imaginarme que estoy en La Habana. pero al día siguiente se ven los andamios vacíos. sobresalto. Deseo.. Me fui remando hasta muy adentro del agua. todo era extraño. y me tendí sobre ella. una tarde que tenía aspecto de eternidad. esos hombros y esos brazos morenos. los contemplo maravillado como se contempla un animal exótico. por puro goce de vivir. alrededor. Escribo a Marcel. los papelitos sobre el agua. No lo consigo. Todo el mundo quiere limpiarme los zapatos.. su presidente que tiene que sonreír en todas las primeras páginas de las revistas como un bebé rubicundo... por la noche.... publicidad para comprar optimismo que sirva de pantalla de neón ante la noche y ante la muerte. pero yo ya no podía soportar por más tiempo sentirme cadáver en el paseo de los vivientes y quería ir al hotel a tomar un somnífero. Releí las cartas que había escrito a Dick y a Marcel y las rompí porque las encontré poco objetivas. Gran soledad.. mi vello blanco en el pecho. sus mujeres que no pueden confesar que se hacen viejas. porque es víspera de fiesta. y le hablé en voz alta. pero hermosa y al mismo tiempo interminable.. ocaso verde y faldas acampanadas azules. sus artes cosméticas incluso en los cadáveres. porque son hermosas. Los vendedores de helados. su falsa juventud. Sus vehículos: combinación de viejos cochecitos de niño con un mostrador..Max Frisch Homo Faber ciudades que no lo son. Un sinfín de tipos estupendos. Luego me comporté como un colegial: dibujé una mujer en la arena cálida. Luna azul. Calor en el mar. si quiere que le vuelvan a votar. Gran soledad. de mí.. esa risa. su comportamiento pornográfico ante la muerte. ¡Salvaje! No se sabía qué hacer de aquel día... media bicicleta y un baldaquino de persianas oxidadas: luz de carburo. en general. insoportable. sentado en el poyo del Prado. Para poder estar solo. Goce de mirar. Nada entre las piernas. esos ojos.. iluminación. 123 .

. eso la hace reír. la flor roja de esas bocas. —Say it in English! (Dígalo en inglés. los pájaros y su parloteo y la red de sombras en el suelo. creo que es la misma que anteayer me sacó aquella lengua de color de rosa. señor). me siento feliz. Sus brazos morenos echados hacia atrás para servirle de apoyo. yo me abrazo la rodilla derecha con las dos manos blancas. Todavía no ha salido nunca de Cuba. he terminado el trabajo.. Como ostras porque no sé qué hacer. Luego el desastre. su cabeza junto al farol de hierro colado. el cuerpo todavía me sirve para disfrutar del viento del ventilador que vira de un lado a otro.Max Frisch Homo Faber cuando abrí la portezuela. Por lo demás. las cortezas sucias de los plátanos. La meta de Juana en la vida: Nueva York. dice abriendo de nuevo la puerta del taxi: For you. ya terminado. incluso a mí me parece insignificante. Lo que verdaderamente me obsesiona es pensar que tengo cáncer de estómago. pero todo me es familiar. A ella. Juana tiene dieciocho años. viento sobre el pecho. Parloteo de pájaros al llegar la madrugada. (De ahí mi dolor de estómago. Soy víctima de mi reducido vocabulario. Dije sencillamente: Sorry (Lo siento). viento sobre el pecho. y cerré la portezuela de un golpe.. Mi español es demasiado premioso.. su pañuelo blanco en la cabeza.) Mi español sólo me sirve para negociaciones comerciales. los vendedores de helados. después me acuesto en mi hotel. sobre el montaje de Venezuela. fumo demasiados puros. sus pies extraordinariamente delicados. Una cena estupenda. su cabello negro. Ya lo sabía que algún día me tenía que ocurrir. no digo lo que quiero sino lo que quiere el idioma. Sólo llevo tres días aquí. pero el chófer se apea y me llama: Yes. pero tranquilo. pero no tomo ningún somnífero. hace una noche de calor. esos ojos casi cariñosos cuando yo mismo me quedo asombrado de lo que digo acerca de mi vida: expuesta así. Fumamos. viento sobre las piernas. Luego duermo hasta mediodía. el anochecer verde con anuncios de neón. Tanto «service» me da risa. una morena y una rubia. encontré que ya había dos señoras en él. subo.) Suiza: siempre la confunde con Suecia. tomo mi Hermes-Baby y escribo finalmente un informe para la Unesco. Ese asombro. señor). (Más joven aún que nuestra hija. Ella no se acuerda.. Se ríe cuando le digo que no soy americano. de vez en cuando me ducho ese cuerpo que me hace traición. 124 . sir (Sí. sir (Para usted. es curioso..) Sorpresa por la noche: Cuando me siento en el poyo del Prado junto a la desconocida y le hablo. Despreocupación de Juana.

sólo un momento.) No tiene ninguna importancia. (Voy a casarme con ella. Juana contesta con una sonrisa.) Juana me interpreta mal: —I think she's dead. ya comprendo. es todo un caballero. Juana apaga la punta del cigarrillo con el tacón del zapato y me pone la mano morena sobre el hombro: —He's going to marry his wife. del viaje de bodas con mi hija. de mi porvenir. el chulo joven con quien también hablé el otro día.Max Frisch Homo Faber De arriba. (Sólo un momento.) —As soon as possible. (Mi mujer vive en Atenas. —I'm going to marry her. aquel tejado metálico. del áspid que la mordió en el escote.) Se lo aclaro. señor. y por ende en Dios. (Hola. Esa despreocupación: Juana es empaquetadora. (Creí que había muerto. todo transcurre con una gran alegría. la palmera verde es flexible como una caña. la fachada española con sus cortinas amarillas que flotan fuera de las ventanas negras. pero que no lo olvidaría: las arcadas en la noche. su ruido que penetra en los huesos. su hermano. tiene un niño. (Cuanto antes. pero era así.. polvo. viento. Pasan otra vez los jóvenes marineros. —Oh —dice riendo—. comrade. just a moment. qué opina?) Llega el individuo de la camiseta rayada. farol de hierro colado que empieza a silbar como una flauta. —My wife is living in Athens.. responde con otra pregunta: —What's your opinión. (Va a casarse con su mujer. sir? (¿Y usted. relinchar el caballo de un coche de punto.) Esos pendientes. los pájaros dejan caer un regalito.. esa tez morena. del entierro. ¡No hay tiempo para dormir! No tenía ningún motivo especial para sentirme feliz. just a moment. camarada. He's a gentleman. 125 . nada más que viento que sacude las palmeras. yo me mezo y sudo. yo me mezo y me río.. de Corinto. sólo busca aventuras las vísperas de fiesta. Está esperando a su hermano. en alguna parte. —Wait here! (¡Aguarda!) —dice él y mira hacia atrás para retenerme—. señor. Me da una palmada en el hombro: —Hello.) —Fine (Estupendo) —dice.) Juana ha desaparecido. viento sin nubes. I see. sir. no vive en la misma Habana. Sabía que tendría que abandonar todo cuanto veía. Le hablo de mi hija que murió. mi goce. entre sus hojas pasa el viento con un ruido de cuchillos. A mi pregunta de si cree en el pecado mortal. luego otra vez. a mi pregunta de si cree (en general) que las víboras están dirigidas por los dioses o por los demonios.) Es mi última noche en La Habana. you 're going to marry the mother of the girl. va a casarse con la madre de la chica. (Ah. o mejor dicho escucho. donde me mezo y contemplo.

Max Frisch Homo Faber contemplo su luz trémula y mortecina; el vendaval debe ser enorme; el caballo que relincha apenas puede detener el coche; todo parece querer huir: el cartel de un barbero, de hojalata, tintinea en la noche, y el mar invisible salpica por encima del muro; retumba la tierra, encima se oye un pitido como de cafetera exprés; tengo sed; sal en los labios; tormenta sin lluvia; no cae ni una gota; es imposible, porque no hay ni una nube; sólo estrellas, sólo polvo ardiente y seco en el aire, aire de horno; yo me mezo y bebo un whisky escocés, uno solo, no tolero más; me mezo y canto durante horas. Canto. No es que sepa cantar, pero nadie me oye; sólo el caballo del coche de punto en la calzada desierta y las últimas muchachas con las faldas al viento; se les ven las piernas morenas cuando las faldas se levantan; se ven sus cabellos negros que vuelan también y la persiana verde, arrancada; esa risa blanca entre el polvo; y vuela por encima del asfalto, la persiana verde, hacia el mar; luz color frambuesa en el polvo sobre la ciudad blanca en la noche; calor; bandera de Cuba... yo me mezo y canto: eso es todo; se balancean las mecedoras vacías a mi alrededor, el hierro colado suena como una flauta, remolinos de flores. ¡Alabada sea la vida!

Sábado, 13 de julio. Prosigo mi vuelo. Por la mañana en el Prado, después de haber ido al banco a cambiar dinero, encuentro el paseo desierto, resbaladizo de excrementos de pájaros y flores blancas. Hace sol. Todo el mundo trabaja. Pájaros. Luego, un hombre me pide fuego para su cigarro; parece tener prisa; sin embargo, me acompaña para preguntarme: —How do you like Habana? (¿Le gusta La Habana?) —I love it (Me encanta) —le digo. Es también un chulo, siente simpatía por mí. —You're happy, aren't you? (Es usted feliz, ¿verdad?) Admira mi máquina fotográfica: —Something very beautiful! D'you know what I mean? Something very young! (¡Una preciosidad! ¿Comprende lo que quiero decir? ¡Jovencísima!) Cuando le digo que me marcho, quiere saber a qué hora tengo que estar en el aeropuerto. —Ten o'clock, my friend, ten o'clock. (A las diez, amigo, a las diez.) Mira el reloj. —Well —me dice—, now it's nine o'clock, sir, that's plenty of time. (Bueno, ahora son las nueve, señor, le sobra tiempo.) Me dirijo otra vez al mar. A lo lejos, las barcas de pescadores. Adiós. Vuelvo a sentarme en los bloques del muelle y fumo otro cigarro; ya no filmo nada más. ¿Para qué? Hanna tiene razón: después uno tiene que ver en película algo que ya no existe; y ya sabemos que todo 126

Max Frisch Homo Faber pasa... Adiós.

Hanna ha estado aquí. Le dije que parecía una novia. Hanna vestida de blanco. De pronto, se ha quitado el luto; su excusa es que hace demasiado calor. Yo le he hablado tanto de zopilotes que ahora no quiere presentarse junto a mi cama como un pájaro negro... y cree que no me doy cuenta de su amabilidad para conmigo porque antes (hace sólo pocas semanas) no me daba cuenta de nada. Hanna me ha contado muchas cosas. P.S. - Un día, cuando era niña, Hanna se peleó con su hermano y juró que no amaría nunca a ningún hombre, porque el hermano, que era más joven, había logrado derribarla de espaldas. Se indignó con Nuestro Señor porque había hecho a los chicos más fuertes, le encontraba unfair, no a su hermano, sino a Nuestro Señor. Hanna decidió ser más lista que todos los chicos del barrio de Schwabing, de Munich, y fundó una sociedad secreta de niñas para suprimir a Jehová. A lo sumo, sólo aceptaba un cielo en que hubiera también diosas. Hanna se dirigió de momento a la Madre de Dios, sugestionada por las imágenes de las iglesias, donde la Virgen María lo preside todo, sentada en su trono; Hanna se arrodillaba y se santiguaba como sus amigas católicas, pero papá no tenía que enterarse. El único hombre en quien tenía confianza era un anciano llamado Armin, que tuvo un papel importantísimo en su infancia. Yo no sabía que Hanna tuviera un hermano. Vive en el Canadá, me dijo, y creo que trabaja mucho; los derriba a todos de espaldas. Le pregunto cómo había sido la vida con Joachim, en otro tiempo; dónde, cómo y cuánto tiempo habían vivido juntos. Le hice mil preguntas a las que Hanna siempre acababa contestando: pero ¡si ya lo sabes! De quien más le gusta hablar es de Armin, que era ciego. Hanna todavía le quiere a pesar de que ya hace tiempo que murió o, dicho más exactamente, desapareció. Hanna iba todavía a la escuela, era una niña de calcetines largos; le encontraba regularmente en el Englischer Garten, donde él solía sentarse siempre en el mismo banco, y ella le acompañaba por todo Munich. Armin era muy anciano y a la niña le parecía un matusalén: tendría entre los 50 y los 60 años. Siempre tenían poco tiempo, pues Hanna sólo le podía dedicar un rato los martes y viernes al salir de la clase de violín; se encontraban aunque hiciera mal tiempo, y ella lo guiaba y le enseñaba escaparates. Armin era completamente ciego, pero sabía imaginarse cualquier cosa que le explicaran. Hanna dice: era sencillamente maravilloso ir con él por el mundo. También le pregunté por el nacimiento de nuestra hija. No había asistido en él, ¿cómo podía imaginármelo'? Joachim, naturalmente, sí estuvo. Sabía que no era el padre, pero se portó como si lo fuera. Fue un parto fácil, según Hanna; sólo recuerda que se sintió muy feliz de ser madre. Yo tampoco sabía que mi madre estuviera enterada de que la niña era hija mía; era la única persona en Zurich que lo sabía; mi padre lo ignoraba por completo. Le pregunté por qué mi madre no había hecho nunca alusión 127

Max Frisch Homo Faber a ello en sus cartas. ¿Secreto entre mujeres? No; sencillamente no hablan de cosas que nosotros no podemos comprender; nos tratan como si fuésemos menores de edad. Según Hanna, parece que mis padres fueron muy distintos de como yo me figuraba, por lo menos respecto a ello. Cuando habla de mi madre, me quedo boquiabierto escuchándola. ¡Como un ciego! Siguieron escribiéndose, Hanna y mi madre, durante varios años. Me dice que no murió de una embolia como yo creía. Hanna se queda asombrada de la cantidad de cosas que ignoro. Asistió al entierro, en 1937. Según ella, su amor por los antiguos griegos empezó también en el Englischer Garten; Armin sabía el griego, y la niña tenía que leerle en voz alta las frases que había en su libro de escuela para que él lo pudiera aprender de memoria. Ésa fue, como si dijéramos, su violación. Armin no la llevó nunca a su casa; Hanna ni siquiera sabe dónde vivía. Le encontraba siempre en el Englischer Garten y le volvía a dejar allí; nadie en el mundo sabía que habían convenido que irían juntos a Grecia, Armin y Hanna, en cuanto ella fuera mayor y libre, y ella le enseñaría los templos griegos. Nadie sabe si el anciano lo creía de verdad; Hanna sí se tomaba este pacto en serio; Hanna en calcetines. Un día, ahora lo recuerdo, estaba sentado en el café Odeon de Zurich un anciano al que Hanna tenía que ir a recoger periódicamente para acompañarlo al tranvía. El tal café Odeon me parecía verdaderamente odioso; emigrados e intelectuales, bohemios, profesores y viejas cocottes esperando a los campesinos que venían a la capital para algún negocio; yo iba a aquel café únicamente para complacer a Hanna. El anciano vivía en la Pensión Fontana y yo esperaba, escondido entre los arbustos de los jardines de la Gloriastrasse a que Hanna le dejase. ¡De manera que era Armin! Ni siquiera puedo decir que me fijara en él. Hanna dice: «Pero él sí que se fijó en ti.» Hoy todavía habla de él como si viviera, como si viera las cosas de su alrededor. Yo le pregunté por qué no había hecho nunca aquel viaje a Grecia en compañía del anciano. Ella se ríe como si todo hubiese sido únicamente una broma, una chiquillada. En París (entre 1937 y 1940) Hanna vivió con un escritor francés que parece que era bastante conocido; he olvidado su nombre. Otra cosa que tampoco sabía: Hanna estuvo en Moscú (1948) con su segundo marido. Pasó una vez por Zurich (1953), sin nuestra hija. Hanna siente el mismo cariño que antes por Zurich, como si no hubiese ocurrido nada, y estuvo también en el café Odeon. Yo le pregunté cómo había muerto Armin. Hanna había vuelto a encontrarle en Londres (1942); Armin quería emigrar y ella le acompañó todavía al barco, que él no podía ver y que probablemente fue hundido por un submarino alemán; lo único cierto es que no llegó jamás a su destino.

15 de julio. Düsseldorf. No sé qué debe pensar de mí el joven técnico que los señores Hencke-Bosch pusieron a mi disposición; sólo puedo decir que aquella mañana, mientras pude, hice un esfuerzo por quedar bien. Edificio altísimo con mucho metal cromado... 128

me encontraba allí. señor. —¿Cómo. de ahí mi impaciencia. Tenía la sensación de que no me tomaban en serio. porque había sido tomada en la barraca con el mismo diafragma que antes los zopilotes sobre el asno. —Muy agradecido —le dije. —Ya conozco este aparato —le dije. fumando. cortésmente recibido. —¿Cuánto tiempo duran esas películas? En realidad. Pero no logré quitármelo de encima. Tuve la impresión de que habían ya desistido de sus proyectos respecto a la plantación y de que se interesaban por pura cortesía. Aquí terminaba el rollo. me asombré al ver el gran número de puestas de sol. sólo del desierto de Tamaulipas había tres. —Ésta es toda la precisión que permite el aparato. Yo. señor. los sillones del Consejo. —Traigo algunas películas —dije.Max Frisch Homo Faber Consideré que era un deber de amigo informar a aquellos señores de cómo iba su plantación en Guatemala. de pronto. conversación acerca del ectachrome. hilo eléctrico. aquella mañana. a mi alrededor. Salió Joachim colgado del alambre. pero no había más remedio que pasar la película en colores sobre Guatemala. entre tanto. es decir. era muy joven. una pantalla. Mi amigo se ahorcó. yo necesitaba una máquina de proyectar. 129 . Era la primera vez que yo veía proyectadas mis películas (todas ellas sin cortar aún). —Siga. lo cual exigió cierto tiempo. por favor —exclamé. me trasladé en avión de Lisboa a Düsseldorf sin reflexionar qué era exactamente lo que tenía que hacer o decir. estaba convencido de que estaban llenas de repeticiones: era inevitable. Cambio de rollo. El técnico que pusieron a mi disposición para preparar lo indispensable para la proyección en el salón de sesiones del Consejo de Administración de la empresa sólo consiguió ponerme nervioso. no se veía qué era: falta de luz.. simpático. sólo les estorbaba. accidente? —repliqué—. confieso que casi me avergonzaba ante el joven técnico.. y ahora. —He aquí al doctor Joachim Hencke —dije. —Para servirle. pero no necesitaba ningún técnico. era ridículo. Nuestro Land-Rover junto al río Usumancinta. anunciándonos que su amo había muerto. sólo que no se balanceaban con el viento.. lástima. de momento. la gente hubiera podido creer que viajaba únicamente como representante de puestas de sol. —Siga. por favor —dije. pero no me hacía la menor falta. ¿no lo sabían ustedes? Claro que lo sabían. La fotografía había salido muy oscura. vacíos. porque no tenía nada que hacer. —Pare.. sentado en un sillón tapizado. al aire libre y bajo el sol de la mañana. Los primeros indios. por favor —rogué entonces al joven técnico. Zopilotes en pleno trabajo.

no puedo hacer otra cosa. No era culpa suya si los rollos no estaban numerados. una película como tantas se han visto.Max Frisch Homo Faber El técnico miró hacia la pantalla: —Lo siento. gaviotas. si no recuerdo mal. salen los indios rodeando la sepultura y rezando. pero a mí me hace tan poca impresión como al joven técnico. —Se ve que ha viajado usted por medio mundo. —Empieza con el señor Herbert Hencke —le dije—. sus ademanes de despedida tomados con mi teleobjetivo. 130 . Tenía que tomarme las pastillas para estar animado cuando llegaran los señores del consejo de administración. señor. Eran las once. había dejado de numerarlos. sin agua. Otra vez Joachim ahorcado. Por lo tanto sólo necesitaba las de mi última visita a Herbert. Cambio de rollo.. señor». también a mí me gustaría viajar tanto. hace tanto calor como en los trópicos. señor. Apagó la luz y empezó el susurro del film en la oscuridad. por favor —dije. pare. tampoco es éste. señor. —No —dije—. es curioso. Hablamos de fotografía. por favor. Fue una verdadera suerte: me bastaron los primeros metros para ver que se trataba de Ivy en el muelle de Manhattan. de manera que se distingue mejor de qué se trata. porque no quería que nadie se enterase. las ruinas de Palenque. de momento saldrá un hombre barbudo tendido en una hamaca. —No puedo hacer otra cosa. de pronto. todo ello demasiado largo. esto es Grecia. el joven y yo. con aquel aire de superioridad. remolcadores negros. pero ahora de perfil. —Basta —exclamé—.. no se puede enfocar más. ponga la siguiente. El contratiempo vino porque en la aduana me habían revuelto los rollos y en parte también porque. mientras.. durante el último tiempo (desde mi viaje en barco). de iluminación. su «como usted mande. en eso tuve que darle la razón. —Siga. sol de madrugada sobre el Hudson. como si él fuera el único hombre del mundo que sabía manejar semejante aparato. pero sobre todo. sus tonterías sobre óptica. Aquel muchacho me ponía malo. si los rollos no están numerados. que pasar las películas y ver si son las que usted quiere. —Como usted mande. —Quizá se pudiera abrir alguna ventana —dije—. un noticiario. —Basta —dije—. falta el hedor.30— las películas referentes a Guatemala. luego.. el papagayo y termina el rollo. la realidad. que no llevaban a ninguna parte. —¿Grecia? —Basta —grité—. —Como usted guste. Eso fue todo lo que supo decir. yo sólo quería enseñar a los señores de la Hencke-Bosch —que iban a venir a las 11. los rascacielos de Manhattan. su manera condescendiente de ser cortés.

todo ondea: cabellos. Me levanté del sillón.. Sabeth junto a la baranda. Sabeth en biquini.. comiendo cerezas y mirando a la calle. Todavía hoy me parece estar viendo aquella cinta: Su rostro que ya no volverá a brillar nunca más. sino que dejé que pasara toda la película.. Sus labios. según ella. Estaba atento para poderlo interrumpir en seguida. ¿verdad? No contesté. andando a contraviento. sus brazos que no 131 . falda. a pesar de que el técnico hizo notar varias veces que aquello no podía ser Guatemala. como un globo. Sabía que Sabeth a bordo. la terraza. Sabeth sentada en el ancho alféizar de la ventana con las piernas separadas.. sin embargo.. Desayuno debajo de unos plátanos. Sabeth me enseña algo.... todo eso debía de estar en el primer rollo que empezaba con Ivy. el jardín de los papas. Sabeth conversando con el camarero y luego llenándome la taza de café. El puente de Aviñón. que ya no existen. fría. El agua del Ródano. sin darse cuenta de que la filmo. su manera de fruncir el entrecejo.. Esperaba el rollo siguiente. su mueca cuando descubre que yo filmo en lugar de mirar. Sabeth con sus téjanos negros. Su risa. Sabeth lo comprueba con la punta del pie y sacude la cabeza. el viejo puente que se interrumpe en medio del río.. por consiguiente. Su cuerpo. —Eso era la estación de Roma. el camarero que nos sirve más brioches. Día de lluvia. Sus manos. ya estaba liquidado. Sus ojos. acarician el mulo. me saluda con la mano. Sabeth jugando al ping-pong (con el amigo del bigotito). Sabeth azotada por el mistral. Paisajes.. Pero quedaban todavía seis o siete rollos encima de la mesa y. Sabeth echándose la cola de caballo hacia atrás. sol de tarde. Hotel Henri IV. era inevitable. Nuestro Citroën...... va demasiado cargado. pero muda. Sabeth sacando la lengua al ver que la filmaba. me dice algo. que ya no existe. Sus manos. El teatro romano de Nimes. de pronto.Max Frisch Homo Faber Otra vez cambio de rollo. No hice cortar. escupe tranquilamente los huesos por la ventana. En colores. descalza. —Sabeth en Aviñón. que ya no existen. Sabeth comprando postales para escribir a mamá. Sabeth de tamaño natural en la pantalla. Pont du Gard. en el que se ve mi larga sombra... Sabeth dando de comer a las palomas. modelo 57. Sabeth acariciando a un mulo francés que. Sus gestos.

. Su manera de andar. la Virgen... creo).. parecen desmayarse al verse flotar en el aire.. con la boca entreabierta: boca infantil.. con sus tejanos negros. Pinos azotados por el mistral: Más pinos azotados por el mistral. yo mismo me quedo asombrado. no logra hacerlo bien. Probando a beber directamente de la botella. Anda a saltitos. probablemente me dice que no la filme. su cara... Finalmente. Sus dientes sanos. Su frente joven. todo mudo. descubre otra vez que la estoy filmando y se quita el pasador de la boca para decirme algo. Su cuerpo al respirar. Desembarque de ganado vacuno: conducen a los bueyes pardos hacia una red extendida. luego se limpia la boca. Sabeth. L'Unité d'Habitation (Le Corbusier). la iluminación de esta película no está mal. pero no se oyen. ojos cerrados. pinos azotados por el mistral. Otra vez. Sabeth subida a un poyo para poder ver por encima de la gente. Sabeth peinándose de nuevo.. Una procesión (también en Arles. se para en el borde de la acera para mirar a derecha e izquierda. luego cruza la calle hacia mí. cierra los ojos y lo vuelve a intentar.) Oleaje a mediodía. Sabeth durmiendo. (Defecto.. la cola de caballo va de un lado a otro. Sabeth peinándose con el pasador entre los dientes jóvenes. las bestias se asustan. Paseo de Provenza. baldaquinos. Marsella. En general. se ve el cabello mojado. como siempre. los colores resultan magníficos. Sabeth alargando el cuello y fumando con los ojos entornados a causa del humo. he aprendido a mover menos la cámara de un lado a otro y por eso los movimientos de la niña resultan más precisos. Corrida de toros en Arles. cabello suelto.. nada más. luego la izan. y las manos en el bolsillo del pantalón.. Nuestro picnic por el camino. con las cuatro patas saliendo entre las mallas de la enorme red. Más pinos azotados por el mistral.. Sabeth bebiendo vino. Sabeth andando.. de pronto empieza a reírse. avenida de plátanos.. probablemente doblar de campanas.. y los ojos convulsos. Oleaje.. Sabeth ve por primera vez un alcornoque: sus dedos rompiendo la corteza y echándomela a mí. me devuelve la botella y se encoge de hombros. los monaguillos que cantan.Max Frisch Homo Faber son de este mundo. la cabeza 132 . rostro serio. Su risa que nunca más volveré a oír. Su cara.. Sabeth se dirige a un quiosco para comprar cigarrillos.. sobre todo si se la compara con el fragmento de Guatemala. Sabeth cogiendo flores..

sencillamente. que todavía estaba en la dirección. no sé qué aspecto tiene actualmente Düsseldorf. pero yo me disculpé diciendo que tenía dolor de estómago (lo cual no era verdad) y tomé el ascensor. Les di las gracias y me fui a pie. Sabeth sentada en el muelle. no se da cuenta de que la estoy filmando y me dice algo mientras sigue peinándose. y pedí a la señorita que me diera mi cartera. Sus manos que ya no existen. Dije al joven técnico que tenía que marcharme y le di las gracias por su ayuda. El pillete de la langosta viva. su piel de mármol cubierta de gotas de agua. Sólo dejé allí las películas. se figura que está sola en el mundo y canta.Max Frisch Homo Faber echada a un lado para desenredarse la melena. estaba sentado en el coche restaurante.. con las manos en los bolsillos. ¿A qué mirar por la ventanilla? Ya no tenía nada que ver.) Sabeth nuevamente en el muelle. Sabeth tiene miedo cada vez que la langosta se mueve. Final del rollo. pero no era verdad que me doliera el estómago. ¿A qué voy a Zurich? ¿A qué ir a Atenas? Me hallo sentado en el coche restaurante y pienso: ¿por qué no tomar estos dos tenedores... Sin prisa. donde había dejado el abrigo y el sombrero. sus labios. sus dientes. más rojizo. bebiendo Steinhäger y mirando por la ventanilla. yo andaba sin hacerles caso. eran las 11. sin saber adónde tenía que ir. yo estaba sentado en el coche restaurante —HELVETIA-EXPRESS o SCHAU-INSLAND-EXPRESS. (Demasiado largo. creo que andaba como ciego. Llegué a la taquilla. me marché. sus ojos que no encontraré nunca más. pero no se la oye... porque lo tiene mojado. sin explicaciones.. y compré un billete y me metí en el primer tren que salió. Estaba ya junto al ascensor. no existir en ningún lugar de la tierra. mi único deseo era dejar de existir. sin dar excusas. no lloraba. No sé lo que pensó ni lo que dijo de mí el joven técnico cuando llegaron los señores del Consejo de Administración. tiene el cabello más oscuro que de costumbre. su gesto al echarse el cabello hacia atrás o al peinarse. Tampoco sabría decir cómo abandoné el edificio de la Hencke-Bosch. pasé por las calles de la ciudad. Querían llevarme al hotel en coche o quizá mejor al hospital. Submarinos en Tolón.. ahora de pie. Otra vez oleaje.32... ¿dónde los puedo buscar? Sólo quisiera no haber existido jamás. Sabeth sigue hablando. todos estaban preparados para asistir a la proyección. Nuestro hotelito en Le Trayaz. su frente. agarrarlos bien entre mis puños y dejar caer la cara encima para librarme siempre de mis ojos? 133 .. semáforos. no sé exactamente— bebiendo Steinhäger. nuestra hija que murió. Salí al vestíbulo. el peine está lleno de arena. Sabeth lo limpia.

Me preguntó qué hacía en Zurich. tampoco le reconocí. Fuimos juntos al café Odeon. ¿Cómo puede Hanna resistirme después de todo lo que ha ocurrido? Viene aquí para ir a alguna parte y vuelve todos los días. yo no sabía qué decir. siempre de prisa. Diálogo con una calavera. en el mármol amarillo había un caracol petrificado. volví a guardarme el lápiz estilográfico en el bolsillo. no reía. su afabilidad.. Desde entonces no la comprendo.. sus ojos todavía vivos.. su risa como de calavera. cuándo pensaba morirse. tenía que hacer un esfuerzo para no preguntar al profesor O. cuando se detuvo junto a mí y se apeó del coche para saludarme. Creo que fui de Düsseldorf a Zurich únicamente porque hacía muchos años que no había visto la ciudad donde nací. . del mismo modo que no le había reconocido la vez anterior: un cráneo cubierto de piel. 16 de julio. me trae todo lo que deseo.Max Frisch Homo Faber Mi operación ha sido aplazada para pasado mañana.. ¿Por qué no lo dice. —Ya es la segunda vez que no me reconoce —me dijo. Todavía no lo sé hoy.Durante el viaje no he tenido la menor idea de qué hizo Hanna después de aquella desgracia.. pero muy hundidos.S.. Faber? Yo dibujaba sobre el velador. —Siento mucho que la última vez en París —le dije— no le reconociera. claro que le reconocí. Él me dijo riendo: —¿Qué dibuja usted. los músculos ya no alcanzaban a cubrir aquel rostro si no se reía. pero de momento volví a no saber quién era. me escucha cuando hablo. una piel como cuero amarillento. se reía. hablamos 134 . aquel día junto al lecho de la muerta. no puedo imaginarme cómo puede vivir. porque tenía los dientes demasiado grandes. Tenía un aspecto espantoso. yo sólo supe que le conocía. Ni una sola carta suya. la barriga como un globo. ¿Qué piensa? Se le han vuelto los cabellos más blancos. —Siempre corriendo —me dijo riendo—. sólo lo parecía. En Zurich. sencillamente una espiral. luego el miedo a decir alguna inconveniencia. Cuando se lo pregunto. me contesta: «¿Qué puedo hacer?» Yo me siento incapaz de comprender nada. que yo le he estropeado la vida? Después de lo ocurrido. William me esperaba en París. Pero él no me guardaba rencor. No tenía nada que hacer allí. había sido sólo el primer susto. las orejas separadas. P. Finalmente le dije: —Claro que tengo tiempo. por eso dibujaba una espiral. Zurich. yo le escuchaba con la mirada fija en sus viejos dientes. Una sola vez comprendí a Hanna: cuando me pegó con ambos puños en el rostro.

Max Frisch Homo Faber de la situación mundial; su risa me molestaba de tal manera que no encontraba literalmente nada que decir. Me dijo que me encontraba muy taciturno. Uno de los camareros del Odeon, Peter, un viejo vienés, se acordaba todavía de mí; encontró que no había cambiado. El profesor O. se reía. Cree que fue una lástima que entonces yo no hiciera mi tesis (acerca del llamado daimon de Maxwell). En el Odeon, las mismas prostitutas que antes. —¿No está enterado —me dijo riendo— de que van a derribar el Odeon? De pronto, la pregunta: —¿Cómo está su linda hija? El profesor había visto a Sabeth cuando nos despedimos en el café, entonces, en París; el otro día en París, como él dice. Fue la tarde antes de ir a la ópera, la antevíspera de nuestro viaje de boda; yo no le dije sino: —¿Cómo sabía usted que era mi hija? —Me lo figuré. Lo dijo riendo. A mí no se me había perdido nada en Zurich; aquel mismo día (después de la conversación con el profesor O. en el café Odeon) me fui a Kloten para continuar el vuelo... ¡Mi último vuelo! Era también un Super-Constellation. El viaje, en realidad, fue tranquilo; sólo un débil viento del sur sobre los Alpes, que conocía todavía de mi juventud, pero que sobrevolaba por primera vez; tarde azul, con su habitual muralla de viento cálido; lago de los Cuatro Cantones, a la derecha el Wetterhorn, detrás el Eiger y la Jungfrau, quizá el Finsteraarhorn; ya no distingo muy bien estas montañas; tengo otras cosas en la cabeza. ¿Qué pienso, en realidad? Valles en la luz oblicua del atardecer, valles de sombra, precipicios de sombra entre los que corren arroyos blancos, prados en la luz oblicua, montones de heno enrojecidos por el sol, un rebaño en una hondonada llena de pedruscos al borde de un bosque: parecen gusanos blancos (Sabeth, naturalmente, lo diría de otro modo, pero no sé cómo). Apoyo la frente en el cristal frío de la ventana y sigo el lento curso de mis pensamientos. Deseo oler heno... No volver a volar nunca más. Deseo volver a la tierra, allí entre los últimos abetos que reciben el sol del atardecer, oler la resina y oír el agua, probablemente ruidosa, y beber con la mano... Todo va pasando, como en una película. Deseo tocar la tierra con mis manos. En lugar de eso, nos elevamos cada vez más. ¡Qué estrecha es, en realidad, la zona de vida! Unos doscientos metros a lo sumo; luego la atmósfera ya se enrarece, se vuelve demasiado fría; es algo así como un oasis, lo que habita la humanidad; 135

Max Frisch Homo Faber el fondo verde de los valles, sus estrechas ramificaciones; luego termina el oasis, los bosques parecen rapados (aquí a los 2.000 metros, en México a los 4.000); todavía hay rebaños, que pacen junto al lindero de la vida; flores —no las veo, pero lo sé— abigarradas y olorosas; pero diminutas; insectos, luego sólo guijarros; luego hielo. De pronto, aparece un embalse. El agua parece pernod, verdosa y turbia; en ella se refleja una cumbre nevada; barca de remos junto a la orilla, presa de segmento; no se ve un alma. Después, las primeras nieblas, huidizas. Resquebrajaduras de los glaciares: verdes como el vidrio de las botellas de cerveza. Sabeth diría: como esmeraldas. Vuelvo a nuestro juego a veintiún puntos. Las rocas iluminadas por los últimos rayos del sol, parecen oro. Yo encuentro que parecen ámbar porque son mates y casi transparentes, o quizá huesos, porque son pálidas y ásperas. La sombra de nuestro avión sobre las morrenas y los glaciares se hunde en los atajos de tal manera que uno creería cada vez que se ha perdido; pero inmediatamente se le ve pegado a la otra pared de las rocas; en el primer momento, parece que le hayan echado allí con una paleta, pero no se queda pegado como el revoque, sino que resbala y vuelve a caer en el vacío más allá de la arista. La sombra de nuestro aparato parece un murciélago, diría Sabeth; yo no encuentro nada que replicar y pierdo un punto; tengo otras cosas en qué pensar: sigo una pista en la cima nevada, una pista humana, que parece una soldadura; Sabeth diría que parece un collar azulado que describe una amplia curva alrededor del escote blanco de la cumbre. ¿En qué pienso? Si ahora estuviera encima de aquel pico ¿qué haría? Pero ya es tarde para desembarcar; oscurece en los valles y las sombras de la noche se extienden por encima de los glaciares y luego remontan en ángulo recto hasta lo alto de las paredes. ¿Qué puedo hacer? Seguimos volando; se ve la cruz de la cima, blanca, brillante, pero muy sola; los escaladores no ven nunca esa luz porque tienen que emprender el descenso antes. Luz que se pagaría con la muerte, pero muy bella; sólo un instante; luego nubes, claros, la parte meridional de los Alpes cubierta de nubes como era de esperar. Las nubes: parecen algodón, parecen yeso, parecen coliflores; parecen espuma con los colores de las ampollas de jabón, no sé cuántas cosas encontraría Sabeth que parecen; cambian rápidamente, de vez en cuando un claro entre las nubes que permite ver el fondo: bosque negro, arroyo, bosque parecido a un erizo, pero sólo por el espacio de un segundo; las nubes se cierran; sombra de las superiores sobre las inferiores; sombras como cortinas; nosotros las atravesamos; nubes iluminadas por el sol frente a nosotros: como si nuestro aparato fuera a estrellarse contra ellas. Montañas de vapor de agua, pero densas y blancas como el mármol griego, graníticas... Penetramos en ellas. Desde mi aterrizaje forzoso en Tamaulipas, siempre me siento de manera que pueda ver el tren de aterrizaje cuando lo hacen bajar, atento para ver si la pista, en el último momento, cuando los neumáticos tocan tierra, no se convierte en desierto. 136

Max Frisch Homo Faber Milán: Telegrama a Hanna diciendo que llego. ¿Adónde podría ir si no? No es de prever que un tren de aterrizaje, formado por dos pares de neumáticos con muelles dentro de un sistema de tubos y engrasado debidamente, se comporte, de pronto, como un demonio, al tocar tierra, como un demonio que súbitamente transforma la pista en desierto... mera fantasía que yo mismo no tomaba en serio; en mi vida todavía no he tropezado con ningún demonio, excepto con el llamado daimon de Maxwell, que sabemos que no lo es. Roma: Telegrama a Williams, dimitiendo de mi cargo. Poco a poco, me fui calmando. Era de noche cuando continuamos el vuelo; volábamos demasiado al norte, de manera que no pude reconocer el golfo de Corinto, hacia medianoche. Todo se desarrollaba como de costumbre: Escape con chorros de chispas en la noche... Luz intermitente verde en el ala... Reflejos de luna sobre las alas... Rojo ardor en el casco del motor... Yo estaba tan atento como si volara por primera vez en mi vida; vi cómo aparecía lentamente el tren de aterrizaje; el reflejo de los focos debajo de las alas, su resplandor blanco sobre la superficie de las hélices; luego volvieron a apagarse; luces debajo de nosotros, calles de Atenas o mejor dicho del Pireo; descendimos; luego las luces de tierra amarillas, la pista, de nuevo nuestros focos; finalmente, la habitual sacudida, suave (sin capotaje hacia la inconciencia), con las nubes de polvo tras el tren de aterrizaje, como de costumbre. Me solté el cinturón. Hanna en el aeródromo. La veo por la ventana... Hanna de luto. Sólo llevaba la cartera y la Hermes-Baby, el abrigo y el sombrero, de manera que la cuestión de la aduana quedó liquidada rápidamente. Fui el primero en salir, pero ni siquiera me atrevía a saludarla de lejos. Poco antes de llegar a la barrera me quedé sencillamente parado (dice Hanna) y esperé a que ella se me acercara. Era la primera vez que veía a Hanna vestida de luto. Me besó en la frente y me recomendó el hotel Estia Emborron.

Hoy sólo té; han vuelto a hacerme un reconocimiento a fondo, después del cual uno se queda liquidado. Por fin, mañana me operan.

Hasta hoy he ido una sola vez a ver la tumba, porque aquí (pedí únicamente un reconocimiento) me obligaron inmediatamente a quedarme; es una tumba caliente; las flores se marchitan en menos de 137

Hanna tampoco tiene casa.40 horas. 19. No recibió ya mi telegrama desde Caracas. Yo lo creeré. Lo sé todo. No he dormido ni un minuto. 04. seguiré teniendo esperanza aunque ya sé que estoy perdido. que es lo mismo que concentrar la eternidad en el momento. siempre se dice: si supiera que tengo un cáncer de estómago.00 horas. He escrito una carta a Hanna. Se han llevado mi Hermes-Baby. en Amorgos por cien. Vive ahora en una pensión. más intensos que nunca. un miserable año. Debió de ser por aquellos días que Hanna embarcó. donde tiene amigos griegos de la época de las excavaciones (Delos).00 horas. 04. como son confesiones. aunque sólo sea un año. 02. Tengo más apego que nunca a la vida. dice Hanna. deben ser destruidos.00 horas. Ser eterno es haber sido. Mañana me abrirán y se cerciorarán de lo que ya saben: que no hay nada que hacer. De momento pensó en pasar un año en las islas. nada es verdad. 18.Max Frisch Homo Faber un día. resistir al tiempo. dos (corresponderían a septiembre y octubre). En estos casos. me pegaría un tiro en la cabeza. Pero no estoy solo. 20. Hanna es una verdadera amiga y no estoy solo. En Miconos se puede comprar una casa por doscientos dólares. cartas y cuadernos de notas. Instrucciones para el caso de defunción: todos los testimonios de mi vida. Ya no trabaja en el Instituto. pero sobre todo consiste en resistir a la luz y a la alegría (como hacía nuestra hija cuando cantaba). dice que se vive muy barato en esas islas. Hanna ha estado otra vez a verme. a pesar de que lo sé todo. no me lo dijo hasta hoy (ayer). sabiendo que la luz me destruirá sobre retamas. Estar en el mundo equivale a estar en la luz.15 horas. tres meses. asfalto y mar. 138 . No confesaré que vuelvo a sentir dolores.30 horas. Volverán a coserme y cuando recobre el conocimiento me dirán que me han operado. ni deseo hacerlo. Nuestro oficio consiste en guiar un asno a algún lugar (como hacía aquel viejo del otro día en Corinto).

De pronto (dice Hanna). ella había ido casualmente al piso para entregar las llaves al propietario. Me dice: «Cuando nació la niña. y éstos viajarán rumbo a Nápoles y volverán de un momento a otro.» Hanna opina que nuestra hija no hubiera venido nunca al mundo si 139 . Cuando embarcó. era hija mía. por las tardes. todo era muy inseguro. No sabría decir si Hanna me ha estado esperando aquí o si quería irse de Atenas para no volver a verme. y volvió a pedir su plaza en el Instituto. nunca me hizo pensar en ti. por las mañanas. por las noches. Actualmente. cuando éste llegó. He vuelto a escribir a Hanna. Primero se alojó en el hotel Estia Emborron. 06. en la Acrópolis y. pensaba irse a vivir a París. Lo único que le pueden ofrecer son trabajos extraoficiales y recomendaciones para el extranjero. me dice. pero. En el fondo. pero el Instituto no dispone de presupuesto suficiente para cubrir ese cargo por duplicado. Pero Hanna quiere quedarse en Atenas. Hanna intentó alquilar su piso con todos los muebles.45 horas. los lleva a Sunion. cruceros por el Mediterráneo. con la prisa. haciendo de guía a los turistas en los museos. Conduce principalmente grupos de turistas que lo quieren ver todo en un día. y durante los primeros años todo fue muy fácil. que estaban ya en la bodega. Fue mera casualidad que recibiera a tiempo mi telegrama desde Roma. ¿Cómo quiere que lo sepa? Siempre vuelve al mismo tema a pesar de que sabe que yo sé menos de Joachim que ella. el barco zarpaba a las 15. porque. como secretaria. Abandonó la ciudad sin despedirse de sus amigos. entre tanto. dice Hanna. pero por una serie de circunstancias la salida se retrasó casi una hora. No sé por qué se ahorcó Joachim. No tuvo tiempo de retirar los tres baúles. Hanna siempre me lo pregunta. pero a la larga le resultó demasiado caro.00 y había que estar a bordo a las 14. no había nada que hacer.00 horas.Max Frisch Homo Faber como yo creía. pero quizá también en Londres. de esos que organizan las agencias. por ejemplo. por eso no me escribió. Ni por un momento se le ocurrió pedirme ayuda. Parece que el director es muy amable. excepto del director del Instituto. Sencillamente no podía soportar más la vida en Atenas. Hanna sólo tenía un propósito: marcharse de Grecia. Hanna trabaja.» Referente a Joachim: «Yo le quería precisamente porque no era el padre de mi hija. la mayoría de los libros los regaló. por cuanto su sucesor había estado esperando largo tiempo una oportunidad y no estaba dispuesto a renunciar. no encontró a quién.00. donde. le pareció absurdo lo que hacía y abandonó el barco con el equipaje de mano. 06. a su edad no es fácil encontrar trabajo. entonces lo vendió todo. el que era antes su colaborador había pasado a ocupar el cargo con un contrato para tres años. sólo mía. por el cual siente un gran aprecio. Las últimas horas antes de salir de Atenas las pasó junto a la tumba.

En aquella época abundaban las razones para no querer tener más hijos. sobre todo tratándose de una semijudía. mientras estuvo en aquella edad en que se es de la madre. Joachim no tenía ningún motivo de sentirse celoso ni lo estaba de mí. porque confiesa que Joachim también le dijo en otro tiempo estas mismas palabras. que me había olvidado por completo —como ella se empeña en repetir—. que no estaba enterado de nada y que tampoco lo representaba para Hanna. pero Joachim tenía recelos y sentía que estaba de sobra. Pero ese viaje no llegó a realizarse. y cuando fue a ver a Joachim para dejarse convencer. sin echarme nada en cara. de una niña que no tenía nada que ver con ningún hombre. quería trasladarse con él al Canadá o a Australia. no se trataba de su hija ni de la mía. según parece. mientras la niña fue pequeña. menos a causa de diferencias de puntos de vista. Tampoco la preocupó mucho la exclamación mía del otro día en su casa: «Pareces una clueca». incluso aprendió a trabajar en el laboratorio para poderle ayudar dondequiera que fueran a parar. que porque Joachim no podía soportar que Hanna se considerara la última instancia en todo lo que se refería a hijos en general. por lo menos durante los primeros años. Es evidente que le hubiera hecho ilusión un hijo común que le diera la categoría de padre y que con ello esperaba que todo tomaría un carácter más natural. Se encontraba sola y feliz de estar encinta. sino un hijo exclusivamente suyo.Max Frisch Homo Faber entonces no nos hubiésemos separado. y le quería. dice Hanna. Joachim no quería tenerlas en cuenta e insistía en manifestar su recelo. y Joachim se la dejaba a Hanna sola porque veía que esto la hacía feliz. ya estaba decidida a ser madre. Hanna me dice que no se volvió a hablar más de mí. Las dificultades entre Joachim y Hanna empezaron cuando surgieron los problemas de la educación de la niña. De eso está convencida. decidido a todo por su parte para no tener que separarse de Hanna. deseaba tener un hijo (dice Hanna) que no tuviera padre. Cuando Joachim se enteró de que Hanna se había hecho 140 . no le importaba que él creyera haber influido en ella para hacerle tomar una decisión tan importante en su vida ni que se enamorara de ella. Elsbeth le consideraba como a su verdadero papá. con lo cual Joachim parecía estar conforme. Tampoco Hanna pensaba en el divorcio. que eran poco frecuentes. pero los acontecimientos la desbordaron y cuando yo desaparecí descubrió que. y le echaba en cara que sólo quería tener hijos a condición de que el padre desapareciera después. lo cual le llevó poco después a casarse. comprendía que yo no ostentaba el papel de padre delante del mundo. de la hija de Hanna. sino sencillamente de una niña que no tenía padre. en efecto. exclusivamente suya. Hanna confiesa que Joachim era un hombre comprensivo en todo menos en lo que respecta a este punto concreto. Hanna todavía insiste hoy en esas razones como si yo se las discutiera. Ella tomó la decisión antes de que yo llegara a Bagdad. «Tú no quieres tener a un padre en tu casa». Joachim subvenía a las necesidades de la niña sin entrometerse en su educación. decía. Yo tampoco sabía que Joachim había estado gestionando la emigración a ultramar desde el año 1935. no un hijo que fuera de los dos. Hanna deseaba tener un hijo.

Trabajó en París y más tarde en Londres. Sabeth encontraría a su padre y que éste lo echaría todo a perder. ¡Me pregunta si puedo perdonarla! Hanna. Hanna no mimó demasiado a su hija. aunque sólo fuera por medio año. Hanna. 08. desde hace unos días. creo yo. le dio personalmente clase cuando no tuvo escuela alemana donde poderla llevar. Hanna no quiera moverse nunca más de Atenas.. he retirado mis palabras y me he retractado de ellas. no quiera abandonar la tumba de nuestra hija. Huyó con su hija. y a los cuarenta años volvió a tomar clases de violín para poder acompañar a Elsbeth. precisamente en el viaje. a Hanna nada le parecía demasiado. tomó rápidamente la decisión de alistarse como voluntario en la Wehrmacht (después de haberse liberado gracias a arduas gestiones por parte de toda su familia). Cuando se trataba de su hija. a pesar de que en cualquier momento puede entrar la enfermera. en el Berlín oriental y en Atenas.. Hanna no lo olvidó jamás. Siempre había estado convencida de que algún día su hija la abandonaría. Ahora insiste a menudo en preguntarme por qué dije entonces aquello de «tu hijo» en lugar de «nuestro hijo».» Desde que sé lo que Hanna ha tenido que hacer en esta vida. de rodillas. es demasiado inteligente para ello. Hanna besándome la mano. después de lo que ha ocurrido. Quiere saber si me daba entonces cuenta de lo acertado de mis palabras y por qué dije el otro día: «Pareces una clueca.05 horas. llora. pero ni ella misma había podido sospechar que. Comprendo también que dejara el piso con la habitación vacía. ¿Como reproche o quizá sólo por cobardía? No comprendo su pregunta. Cuidó de la niña en un sótano cuando el ejército alemán entró en París. no la reconozco. y sólo se aventuró a salir a la calle para ir en busca de medicinas para ella.Max Frisch Homo Faber hacer una ligadura. consagró toda su vida a su hija. en cambio. ya le había costado gran esfuerzo consentir que la niña emprendiera aquel viaje sola. parece tenerles especial cariño. a pesar de que. Creo que ambos nos quedaremos aquí. insiste en llamarse a sí misma idiota. Ya vienen. Sólo comprendo que. 141 . A pesar de que en los años que siguieron no renunció a vivir con otros hombres.

agosto de 1957. F. Zurich.Max Frisch Homo Faber Mi trabajo en este libro ha sido posible gracias a una subvención de la Fundación PRO HELVETIA. M. 142 . Ahora que el libro está terminado. es para mí un deber dar las gracias a dicha Fundación por haber contribuido a permitirme llevarlo a cabo.

Recaredo. A.Max Frisch Homo Faber Impreso en el mes de noviembre de 1991 en Talleres Gráficos HUROPE. 2 08005 Barcelona 143 . S.

entre otras. y. 144 . Grecia y Turquía. Una cadena de acontecimientos imprevistos y la aventura sentimental con la que resultará ser testimonio de una culpa que él arrastra desde hace veinte años. en un mundo dominado por la ley de probabilidades. Posteriormente se estableció como arquitecto en su ciudad natal. ambas publicadas por Seix Barral. donde su padre estaba establecido como arquitecto. de las novelas No soy Stiller y Digamos que me llamo Gantenbein. introducirán en esa mentalidad el sentido del dolor. y desarrolló una extensa labor de creación literaria hasta su fallecimiento en 1991. al hombre.Max Frisch Homo Faber MAX FRISCH nació en 1911 en Zurich. A los veintidós años empezó a trabajar como periodista. Es autor de diversas obras teatrales. de relatos. haciendo nacer en él El ingeniero Faber. como si un mundo de perfiles humanísticos se revolviera contra el personaje. de un diario y. a orillas de la vieja Corinto. La tragedia se cumplirá en una playa de Grecia. técnico al servicio de un organismo internacional. y ello le dio ocasión para visitar los países de Europa central. libre de toda veleidad de fluctuación humanística del espíritu. del destino. cortante. es un personaje de mentalidad pragmática. Homo Faber encarna una figura típica de nuestros días.