Persistencia del silencio Arenas movedizas es un proyecto que pretende investigar las potencialidades del artefacto y su factibilidad en el contexto

social. Indagar en la cualidad del objeto artístico como conductor y generador de sentidos. Esta cualidad es vista como un rasgo esencial del objeto y como un fin (o un principio) que condiciona el propio acto de la creación. Incluso el concepto de objeto artístico debería ser entendido aquí más allá de la objetualidad pura. Es decir, debería tener en cuenta los niveles de contenido en su estructura comunicativa, y el universo ideológico en que operan. Desde esa perspectiva se comprendería mejor el carácter reflexivo (o refractante, diría Bajtín) de las obras, en su interacción con el ámbito de significados que las contextualizar. Algo que es común a todos los procesos artísticos, pero que en estas obras, que enfatizan el tono conceptual y la intención filosófica, resulta crucial: su diálogo con el espacio artístico y con los discursos de la historia, la crítica y la teoría del arte que se mueven en ese espacio. El otro centro de interés de la exposición es precisamente ese territorio ideológico que genera las condiciones de producción y vida del objeto artístico. Éste se impone de una manera bastante provocativa. Porque exhibe un falso hermetismo que funciona cuando el espectador actúa automáticamente como lector del icono, sin percibir que el icono esconde más allá de su simbología, más o menos obvia, una trama de lecturas que pudiéramos llamar esenciales. Y que esas lecturas son autosuficientes, en tanto “narran” al lector y no al objeto. Detrás de la aparente antropo-lógica de estas obras hay una curiosa ironía: su discurso reconstruye, desdobla y “congela” a un sujeto que debiera ser activo en la relación con el objeto. Las “piezas” funcionan como autómatas que leen y recodifican la textura ideológica de un ser humano localizable en términos históricos. Poseen una subjetividad no atribuida, sino inherente, que viene muy bien con su carácter híbrido: lo que yo veo en esas esculturas fotográficas y en esas fotografías escultóricas es una parábola de la creación, no en los términos en que tradicionalmente ha sido mitificada, sino sencillamente como un proceso de semantización del universo (en este gesto metonímico el universo se reduce a una pequeña galería, y mi lectura, esto mismo que escribo ahora, es una ridícula mímica ritual, generada y prevista de antemano). Esta semantización no consiste en atribuirle un significado al universo, sino en plantear la calidad del universo como objetivación de un significado previo. La creación –decía Feuerbach- es un acto formal. El contenido de lo creado ya existiría previamente como “objeto de la idea y de la inteligencia”, lo único que cambia es que pasa a ser también un objeto de los sentidos. Sin embargo, para el filósofo seguía siendo “absolutamente inexplicable” el proceso en que un objeto ideal se convertía en un objeto material. Creo que ni Luis Gómez ni Juan Carlos Alom están en condiciones de responder esa vieja pregunta. Tampoco me parece que estén interesados en hacerlo. Sus obras no vienen a develarnos ningún misterio, sólo a recordarnos que el misterio existe y que desentrañarlo no tiene por qué ser la motivación más importante. Esta postura, que vuelve bastante relativa la posibilidad de “verdad” que ofrece al obra de arte, también reduce bastante la importancia del autor. El razonamiento de Feuerbach concluía con esta acotación: "Es, por tanto, un gran error si se cree poder explicarse la existencia del mundo mediante la suposición de la existencia de un Creador". De lo que no deduzco que ese creador no exista, sino que su existencia no explica nada, o al menos no lo explica todo. Creo que en Arenas movedizas la cuestión de la creación está enfrentada como ese misterio teológico, del que suponemos el por qué, pero ignoramos totalmente el cómo. Y se me ocurre que la duda y la sorpresa pudieran ser en definitiva los efectos previstos por los autores. Al menos, Juan Carlos Alom y Luis Gómez tienen en común el haber venido realizando, cada uno por su cuenta, ese tipo de obras donde la imagen aparece como lo otro que encanta y atemoriza simultáneamente. Una alteridad que sintetiza lo sagrado como objeto inaprehensible

1

por la razón, en tanto su realización plena radica, no en el juicio egocéntrico, sino en el silencio de su veneración. Juan Antonio Molina Texto original: Persistencia del silencio. Catálogo de la exposición Arenas movedizas I. Fundación Ludwig de Cuba, 1995.

2