PRIMER CONCURSO DE ENSAYO DE TEORÍA DE LA ARQUITECTURA, TEMENOS

2012

0. ÍNDICE
0. ÍNDICE 1. INTRODUCCIÓN
1.1 APEGO A LA HISTORIA: EVOLUCIÓN DE LOS CONCEPTOS

2. ARQUITECTURA Y SUS DEFINICIONES:
2.1 BÚSQUEDA DE SU(s) ESENCIA(S)

3. CONCEPTO DE IDEA Y LA TEORÍA ARQUITECTÓNICA
3.1 TEORÍA ARQUITECTÓNICA Y LA FIGURA DEL ARQUITECTO 3.2 REPERCUSIÓN DE LA TEORÍA ARQUITECTÓNICA

4. ARQUITECTURA: TIPO ESTILO Y LENGUAJE ARQUITECTÓNICO
4.1 TIPO Y LA CONCIENCIA DE LA FORMA 4.2 ARQUITECTURA Y ESTILO 4.3 ARQUITECTURA Y SU MEDIO DE TRANSMISIÓN: EL LENGUAJE ARQUITECTÓNICO 4.4 ARQUITECTURA Y SIMBOLOGÍA

5. ARQUITECTURA Y LA TEORÍA DE LA IMAGEN O LA PERCEPCIÓN
5.1 ARQUITECTURA, IMAGEN, PERCEPCIÓN Y CULTURA 5.2 ARQUITECTURA COMO OBRA DE ARTE

6. ARQUITECTURA E HISTORIA
6.1 ARQUITECTURA Y EVOLUCIÓN 6.2 REFLEJO DE LA ESENCIA DE LA ARQUITECTURA COMO PROCESO COGNOSCITIVO DE LA HISTORIA 6.3 ARQUITECTURA, UTILIDAD Y SU CARÁCTER COLECTIVO 6.4 LA ARQUITECTURA HISTÓRICA EN LA ARQUITECTURA DEL PRESENTE

7. ARQUITECTURA COMO ESTRUCTURA DE UN LUGAR
7.1 ARQUITECTURA, Y SU RELACIÓN CON LA NATURALEZA 7.2 ARQUITECTURA Y LUGAR 7.3 LA ARQUITECTURA DE LA CIUDAD 7.4 HABITAR EL ESPACIO 7.5 HABITAR LA ESTRUCTURA

8. ARQUITECTURA MATERIA Y TÉCNICA 9. ARQUITECTO Y ARQUITECTURA
9.1 EL ARQUITECTO Y LA IDEA DE PROYECTAR 9.2 NUEVAS FORMAS DE ENSEÑAR: ARQUITECTURA Y CREATIVIDAD 9.3 ARQUITECTOS DEL SIGLO XXI

10. BIBLIOGRAFÍA

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REFLEXIONES ARQUITECTÓNICAS

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1. INTRODUCCIÓN
Aún recuerdo el primer libro sobre arquitectura que leí nada más comenzar la carrera: Introducción a la arquitectura de Alfonso Muñoz Cosme. En su introducción proponía una imagen que tanto ha perdurado en mi cabeza que resulta casi obsesiva. Es difícil pensar sin obsesiones , afirmaba Aldo Rossi en su Autografía científica. Muñoz Cosme incitaba a imaginar la arquitectura como un ser que una vez introducido en tu organismo vive dentro de manera simbiótica, imposible desprenderse de él. Desarrolla como un estilo de vida: cuanto más se padece, más se quiere. Durante el período académico nadie se preocupa por una definición acertada del término arquitectura. La componente teórica queda tan abrumada por imágenes y conceptos físicos que ocultan su carácter su verdadera esencia. Sobre esta temática ya ha corrido mucha agua bajo el puente y que todo lo que se diga tiene muchas más vertientes que las que aquí se puedan volcar. Lo que en este pequeño escrito se intenta expresar es sólo a efecto de aclarar las dudas de quién lo está redactando (esto no significa que muchas de ellas quedaran en interrogante para seguir reflexionando) y ayudar a conocer un poquito más sobre la realidad e imaginar lo que acontecerá en un futuro que, en principio, parece lejano. En este aspecto ha de entenderse la historia. La dinámica empleada se basa en la realización de breves ensayos que podrían ser objeto de concienzudos estudios. En función de lo expresado, se trata de resumir algunas ideas, tanto en lo inherente al pensamiento filosófico como en las manifestaciones de la arquitectura y enfocar de una manera más clara lo que puede llegar a ser el término “arquitectura”, así como sus esencias básicas y su repercusión en el hombre. Incluso algunos conceptos se yuxtaponen, resultando difícil en un ensayo tan breve establecer grandes relaciones entre los conceptos.
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1.1

APEGO A LA HISTORIA: EVOLUCIÓN DE LOS CONCEPTOS

La capacidad interrogativa a la que puede someterse a la historia no muestra una total conciencia lineal de sus conceptos, y en menor medida de la arquitectura; pero en cualquier caso, los conceptos forman a los seres de cada época, y por tanto su evolución marca el desarrollo del hombre. Sin embargo, la historia debe ser entendida como un proceso cíclico donde los conceptos fundamentales se hallan en un centro hipotético, siendo los demás elementos entes rotativos, describiendo multitud de círculos, los cuales modifican su trayectoria o amplían su ángulo de curvatura al asumir nuevas aportaciones y perspectivas. Si en algún momento describieran las mismas coordenadas, la evolución se detendría o, por el contrario, se lograría un conocimiento pleno. Algo similar ocurre en arquitectura. Se puede considerar como un universo menor pero que atañe de manera considerable a la actividad humana. No quiero decir que la modifique. La mayoría de las ideas perduran en el tiempo y continúan dando forma a la arquitectura vigente. Digamos que la arquitectura sería un gran mosaico compuesta por infinitas teselas, siendo algunas piezas claves, otros irrelevantes o simples adornos cuya presencia o ausencia no modificaría su significado; y la gran mayoría serían precisos y concisos para su constitución. El espectador puede intuir el final de la obra, pero no es hasta el último momento cuando se descubre su verdadero significado. Al final todos los elementos configuran la imagen del mosaico. Se podría decir que, de una manera u otra, así se construye la arquitectura. Sin más preámbulos, doy paso a la explicación de un modo racional y objetiva del concepto arquitectura y la búsqueda de sus esencias ligadas a su evolución, sin dejar de manifestar aquellos puntos más relevantes a mi modo de entender.

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2. ARQUITECTURA Y SUS DEFINICIONES: BÚSQUEDA DE SU(s) ESENCIA(s)
Según la Real Academia Española, el término arquitectura es considerado como el arte de proyectar y construir edificios, distinguiendo entre arquitectura civil, religiosa, hidráulica, militar, naval, religiosa…, todas ellas con la premisa de el arte de. Su segunda acepción ofrece una concepción más precisa, a pesar de referirse al ámbito informático: estructura lógica y física de los componentes de un computador. En definitiva, los académicos de la lengua española son incapaces de dar una idea global del concepto arquitectura. Olvidan la actividad arquitectónica y la figura del arquitecto, su modo de proceder y, en parte, su repercusión en el ser humano. No se puede obtener una definición clara del concepto arquitectura sino no se trabaja con él. Una explicación racional del término arquitectura va ligado a su origen etimológico, que no hace relación a su concepto sino más bien a la persona encargada. La palabra «arquitectura» proviene del griego αρχ (arch, cuyo significado es jefe, quien tiene el mando), y τεκτων (tekton, es decir, constructo, o carpintero). Por otra parte, infinidad de arquitectos y personas relacionadas al mundo arquitectónico han querido otorgar una cita cumbre para la historia. Muchas son las definiciones, la mayoría de las cuales no hacen más que potenciar algún aspecto decisivo para entender su arquitectura; otras son reflejo fidedigno de su época. Gropius apela por la unidad teórica y proyectual ; Le Corbusier por los volúmenes y la luz en su ya famosa aforismo ; Aldo Rossi por la ciudad análoga y la arquitectura de la ciudad ; Louis Khan asevera que la arquitectura no existe, existe una obra de arquitectura ; Giedion define la arquitectura como espejo de la sociedad, ayudando a comprender su evolución ;… Viollet-le-Duc determina la arquitectura como el arte de construir edificios , una definición bastante efímera desde mi punto de vista. Es cierto que dicho arte tiene un origen utilitario surgido de las necesidades específicas del hombre, dependiendo del período histórico, pero equiparable a un solo concepto: la protección frente a las inclemencias meteorológicas, así como contra las bestias y demás elementos de la naturaleza. El hombre configura un universo propio donde se siente dueño y señor. Un microcosmos afable, un lugar de desarrollo tanto físico, social y por consiguiente, intelectual, emergido de la propia interpretación del hombre de la naturaleza, una prolongación de su cuerpo para realizar sus actividades.
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3.

CONCEPTO DE IDEA Y LA TEORÍA ARQUITECTÓNICA

3.1

TEORÍA ARQUITECTÓNICA Y LA FIGURA DEL ARQUITECTO

La historia ha determinado la figura del arquitecto como una persona cualificada para conseguir los mayores logros de la civilización. Se le ha considerado como un artista absorto en su mundo, egocéntrico y fantasioso, con la creencia que, a diferencia de los ingenieros, no puede basar su trabajo en una teoría (estigma que perdura sobre su figura aún en los tiempos modernos) En cierta medida se podría considerar cierto, desde luego: la obra arquitectónica no llega a hacerse solamente por seguir las normas de los manuales ni por proceder de una

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forma totalmente racional a partir de la información inicial. El proyecto, en palabras del aclamado arquitecto milanés Aldo Rossi, debe ofrecer una mezcla de lógica y biografía, es decir, teoría y sentimiento . En general, un artista tiene que tener su técnica. En el arte, como en cualquier otro trabajo, se necesitan habilidades profesionales y esto es lo mismo que saber lo que se tiene que hacer en cada momento: la habilidad sin conocimiento no es nada. Las escuelas de arquitectura, olvidan que la arquitectura se configura como la suma de ambos conceptos. Rechazan el planteamiento teórico entendido de forma genérica como teoría de la arquitectura, dando mayor énfasis a los procesos prácticos y olvidando los sentimientos de cada persona, apelando por una arquitectura unitaria basada en asfixiantes modas. La investigación de la arquitectura, contribuye como en otras áreas, a la teoría. Pero la necesidad de una teoría arquitectónica implica la necesidad de su materialización, su manifestación física. En el arte, con frecuencia ocurre que las obras de un estilo nuevo llegan sin una teoría explícita, guiadas por la intuición; sólo después de algunos años se aclaran sus principios en un grado tal como para que puedan formularse. Es el carácter inherente de la arquitectura. Una idea puede ser una idea, pero necesita de su manifestación física para ser considerada propiamente arquitectónica. El proceso material arquitectónico entronca con la función constructiva. En palabras de Viollet le Duc dentro de Dictionnarie raisonée de l’Architecture Francaise du XI au XVI siécle, editado en París entre 1854 y 1864 la arquitectura consta de dos partes, la teoría y la práctica: la teoría comprende: el arte propiamente dicho, las reglas inspiradas por el gusto, basadas en las tradiciones, y la ciencia que se puede demostrar con fórmulas invariables, absolutas. La práctica es la aplicación de la teoría a las necesidades; es la práctica la que hace que el arte y la ciencia queden sometida a la naturaleza de los materiales, al clima, a las costumbre de una época, a las exigencias del momento. De la combinación de ambos aspectos surge la figura del arquitecto: porque el arquitecto meramente práctico no es capaz de asignar las razones suficientes para las formas que él adopta; y el arquitecto de teoría falla también, agarrando la sombra en vez de la sustancia. El que es teórico así como práctico construyó doblemente; capaz no sólo de probar la conveniencia de su diseño, sino igualmente de llevarlo en ejecución.
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La concepción filosófica occidental demuestra que el mundo de las ideas ha sido la premisa filosófica occidental, desde Platón a Kant. Pero no hay que olvidar que en arquitectura es la materialización de la idea lo que aporta la carga metafísica arquitectónicamente hablando. Los términos y conceptos han evolucionado, permitiendo nuevas intervenciones en arquitectura, ligado, a nuevas necesidades; pero es su materialización la que permite pasar del mero plano conceptual a la realidad humana. Contribuye a la esencia de la arquitectura: la idea teórica, combinada con la propia experiencia constructiva la que permite el desarrollo arquitectónico. Walter Gropius en su obra Arbeitstrar fur Kunst del año 1919 reclama la idea, la creación de una idea constructiva, ardiente, atrevida, de visión profunda y lejana. (…) Artistas, derribemos al fin los muros levantados entre las “artes” por nuestra deformada educación académica y volvamos a ser todos, nuevamente, constructores. Deseemos juntos, pensemos juntos, creemos juntos la nueva idea de la arquitectura.
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3.2

REPERCUSIÓN DE LA TEORÍA ARQUITECTÓNICA

La historia demuestra la existencia de un gran número de obras dedicadas a la teoría arquitectónica. De Architectura, obra del arquitecto, escritor, ingeniero y tratadista romano del siglo I a. C Marco Vitrubio, son un claro manifiesto de las condiciones teóricas, constructivas y proyectuales que han de solventar cualquier actuación arquitectónica. Sin embargo, a partir del siglo XVI los libros teóricos empezaron a parecerse a revistas de moda, apelando a la forma, la modulación, el diseño y la belleza, ligado mayoritariamente al tema de la percepción. Su

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finalidad solía ser el presentar las reglas del arte a los diseñadores de la forma lo más fácilmente aplicable, comentando brevemente sus razones. I quattro libri dell’architettura, de Andrea Palladio, (1508-80) representa el origen de los modernos libros de imágenes de arquitectura. Contiene poca teoría, pero un buen número de imágenes sobre edificios hábilmente diseñados por el propio Palladio. Sirvieron incluso para ser copiados por arquitectos menos instruidos. He aquí el gran error, la mímesis sin un conocimiento lícito, generando obras contradictorias a lo largo de la historia, sin una vinculación clara con su época, sin ser reflejo de la sociedad o simplemente un espacio decorado, sin un carácter unitario y propio. Se consigue la mera reproducción de los cánones academicistas, tal como se instruye en los tratados barrocos y neoclásicos. Y aún hoy se aplaude esta conciencia: la transmisión y copia de la imagen sin reclamar su verdadero significado, relevando la teoría a un segundo plano. Muy pocas obras han tratado de manera generalizada las cuestiones teóricas propiamente arquitectónicas. La teoría arquitectónica no debe constituir un simple catálogo de edificios, sino la manifestación de una serie de herramientas con las que poder guiarse. Le Corbusier afirmaba la necesidad de una herramienta creadora de formas en el caso de su famoso Modulor: los arquitectos en todas partes han reconocido la necesidad de una herramienta que pueda ser puesta en las manos de creadores de forma, con la simple intención de hacer lo malo difícil y lo bueno fácil e incluso reconocer la función implícita de la arquitectura, un lenguaje extremadamente práctico enfocado a resolver cualquier problema.
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4. ARQUITECTURA: TIPO, ESTILO Y LENGUAJE ARQUITECTÓNICO
La teoría pretende dar unas pautas genéricas sobre la concepción arquitectónica. Entre los puntos a destacar se encuentra el tipo, el estilo y el lenguaje arquitectónico, no sólo como modo de proceder, sino que constituye su medio de transmisión, configuran la imagen y el simbolismo que deriva de la obra. La combinación de dichos elementos permite, en parte, eliminar los elementos superficiales añadidos a lo largo de la historia para aclarar la naturaleza más íntima de la arquitectura.

4.1

TIPO Y LA CONCIENCIA DE LA FORMA

Ligado al concepto de tipo se plantea distintas cuestiones: ¿el tipo especifica una forma determinada o se inclina más por la función?, ¿el simbolismo que conlleva el tipo existe antes del su nacimiento o, en cambio, es una deducción a posteriori?, ¿la aceptación del tipo supone la suspensión creativa propia del arquitecto o implica una mayor vinculación entre arquitecto y sociedad? ¿Es reconocible el tipo en la sociedad? La palabra tipo no representa tanto la imagen de una cosa a copiar o imitar perfectamente, sino más bien la idea de un elemento que por sí mismo debe servir de regla. A diferencia, en el modelo todo viene dado y es preciso; en el tipo todo es más o menos vago. El tipo surge en el momento en que el arte del pasado deja de proponerse como modelo condicionante. Se asimila la esencia propia de la obra, constituyendo, en parte, la naturaleza más íntima de la arquitectura.

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El nacimiento de un tipo está condicionado al hecho de que ya exista una serie de edificios que tengan entre sí una evidente analogía formal y funcional; en otras palabras, cuando un tipo se afianza en la teoría arquitectónica es que ya existe como respuesta a un conjunto de exigencias ideológicas, religiosas o prácticas, entre otras. El establecimiento de un tipo desprecia todo ornamento innato a su posible desarrollo, asume la más pura esencia de la arquitectura y valida la creatividad artística de su creador. Digamos que supone la imagen identificativa de una sociedad, independiente del período histórico y, por tanto, es inherente a la memoria colectiva. El arquitecto formalista olvida el verdadero simbolismo del tipo. Una casa no debe parecer una casa, sino que debe ser una casa. En el momento en que la imagen es alterada, se produce una incomunicación entre emisor y receptor, entre arquitecto y sociedad. El tipo va más allá de la forma, habla de simbolismo y su función, potencia la arquitectura en su significado. La casa en sí misma carece de sentido si no lleva ligado la actividad humana. Robert Venturi, en su obra más famosa juega con este concepto. La casa Venturi, recoge elementos clásicos combinados con una perspectiva analítica y reconciliadora, un paso ciertamente agresivo pero identificativo con la arquitectura clásica. Recupera la imagen tipológica de casa, retoma la memoria colectiva tan descuidada por el Movimiento Moderno, pero a su vez propone la alteración de los elementos propios del lenguaje clásico, buscando una imagen análoga, una imagen identificativa: parece una casa y lo es.

4.2

ARQUITECTURA Y ESTILO

El tipo muestra la esencia propia de las construcciones arquitectónicas independientes de una época; sin embargo el estilo configura la visión particular de una de ellas; puede ser considerado como el paradigma de la arquitectura. Se suele concebir un estilo arquitectónico como un conjunto de rasgos estructurales y decorativos que, con ciertas variaciones, se repiten dentro de una época dada, resultado de la actividad incesante de muchos temperamentos representativos en un momento histórico. Y como las actitudes cambian sin cesar, los estilos se encuentran también en un estado de flujo continuo. Supone el lenguaje propio de una época. Se sabe reconocer el estilo gótico, barroco o clásico, como modo identificativo de un período y, a su vez, reflejan trasfondos históricos. De un modo mayoritario, se concibe como una técnica, que por otra parte, supone una útil abstracción que permite dominar la confusa variedad de rasgos alternativos. Al fin de cuentas, de gustibus et coloribus non disputandum (sobre gustos y colores no se discute). Por lo tanto, cada época impone una concepción arquitectónica, formas y significados. Pero cada obra alberga su esencia misma, en parte, en relación con el tipo. La gran confusión sufrida en el siglo XIX donde se abogaba por un eclecticismo histórico refleja la falta de conciencia del período en el que se vive. La negación del progreso supone la aceptación de estilos pasados, y, por tanto, la falta de identidad propia de una época. Por otra parte, los “estilos personales” no necesariamente basados en las leyes de la naturaleza o del razonamiento lógico, buscan plasmar su huella en la historia. No manifiestan la conciencia de una época, sino el más puro egocentrismo en muchas ocasiones.

4.3

ARQUITECTURA Y SU MEDIO DE TRANSMISIÓN: EL LENGUAJE ARQUITECTÓNICO
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Los límites de mi mente son los límites de mi lenguaje. Ludwig Josef Johann Wittgenstein

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La arquitectura supone un medio de transmisión, necesitado de los principales elementos de comunicación: receptor, emisor, mensaje, canal… A grandes rasgos el principal medio de transmisión de la arquitectura es la imagen o mejor dicho, la percepción de cada hombre respecto a la obra, resultado de la combinación del lenguaje arquitectónico. Al margen del lenguaje no puede haber comunicación alguna, por tanto la no mímesis con la sociedad propicia una inconexión y propicia el declive del oficio del arquitecto. Los límites de mi mente son los límites de mi lenguaje, afirmó Ludwig Wittgenstein y consiguientemente, la falta de un lenguaje común entre sociedad y arquitecto genera un claro conflicto cultural. El lenguaje arquitectónico, como cualquier lenguaje, se puede aprender, pero requiere ese ámbito de participación de ambas partes, lograr un consenso por el cual nadie quede desplazado, marginado social ni culturalmente. ¿A qué se considera lenguaje arquitectónico? Tanto a nivel a conceptual como en su materialización física, la arquitectura cuenta con sintagmas cuya combinación genera la materialización, tanto teórica como física de la arquitectura. La manifestación empírica, el proceso constructivo, la forma e incluso la materia también es lenguaje arquitectónico (existe infinidad de tipos de hormigón, cuyo uso en uno u otro edificio darán una imagen y un carácter totalmente distinto). Y es más, el lenguaje debe reforzar el simbolismo de la obra.

4.4

ARQUITECTURA Y SIMBOLOGÍA

No es suficiente la correspondencia entre forma y contenido sino que, además de ello, el juego de las formas debe corresponder al engrandecimiento de los horizontes humanos. Bruno Taut La arquitectura no sólo es estética, sino también es ética y moral. La dialéctica arquitectónica refleja la dialéctica de la vida. En ella existen simultáneamente: continuidad y mutación, lo universal, lo nacional y lo individual, lo objetivo y subjetivo, lo intelectual y lo emocional, lo eterno y lo transitorio, lo objetivo y contextual. De ahí la búsqueda de la racionalidad en arquitectura, es decir, de la transmisibilidad de su forma en tanto que responde a un enunciado lógico, con la intención de transmitir un mensaje. Cuando el simbolismo en arquitectura es visible su imagen es de dominio público. En ocasiones el arte ha tenido un fin didáctico, como el aprendizaje católico mediante las imágenes en las iglesias medievales. La arquitectura, más que ningún arte, debe ser parlante, en palabras del arquitecto ilustrado Etienne-Louis Boullée (1729-1799): los edificios deberían ser como poemas. Las impresiones que crean en nuestros sentidos deberían producir sentimientos análogos a los producidos por el uso de esos edificios . La arquitectura parlante se establece como un simbolismo de lo más explícito. La teoría de Boulleé invita a un simbolismo explícito, al igual que la arquitectura propuesta por Aldo Rossi o Robert Venturi con su famoso edificio pato o el análisis de las fachadas renacentistas. Ambos aclamados pensadores y arquitectos configuran los principios del posmodernismo, basado en el empleo efusivo de la imagen y el trasfondo social al que alude. Por otra parte, en el momento en que el historiador y teórico del arte alemán Wilhelm Worringer dictamina su teoría sobre la arquitectura organicista y la arquitectura abstracta, en relación a la arquitectura mediterránea o la arquitectura nórdica, establece una relación simbólica en relación a la esencia de un pueblo. Se identifica un tipo de arquitectura con la manera de ser de cada sociedad, su forma de vida. A un nórdico no se le puede plantear su vida si no es mediante una lucha constante contra la naturaleza, sus condiciones adversas y la repercusión abstracta que tiene de ella, manifestado, según algunos críticos y entre otras obras, en la construcción de las grandes
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catedrales que asemejan ser grandes bosques de esbeltos árboles (entre otros símbolos) Su forma de vida se plasma en su arquitectura, y por consiguiente, responde al desarrollo de su simbolismo explícito. El hecho de que la arquitectura necesite ser significativa es algo que está relacionado con su naturaleza más íntima; es, por tanto algo a lo que no puede renunciar sin desnaturalizarse, sin abdicar de su carácter de actividad humana. Si lo hiciera se estaría equiparando con la construcción de nidos y madrigueras por parte de los animales, por ejemplo en comparación de la construcción de una colmena por las abejas, cuyo proceso responde a un esquema mecánico contrastado desde el punto de vista funcional. El ser humano es un ser emocional.

5. ARQUITECTURA Y LA TEORÍA DE LA IMAGEN O LA PERCEPCIÓN
5.1 ARQUITECTURA, IMAGEN, PERCEPCIÓN Y CULTURA
Ceci n’est pas une pipe. Rene Magritte Los amantes del arte reconocen esta afirmación. El propio Rene Magritte llegó a desestimar su obra, pero su intención era clara: la pipa dibujada no es una pipa real, sino la representación propia de una pipa; representa la traición de las imágenes. La historia ha vivido absorta de imágenes, el arte es la historia de la transmisión y la transmutación de imágenes. La evolución arquitectónica debe su gran desarrollo a esta premisa. La actividad artística es esencialmente una actividad de la imaginación: pero en la imaginación también entran las imágenes acumuladas en la memoria, un aspecto esencial planteado en la teoría de Robert Venturi. El hombre capta su vida a través de impresiones, que en el caso de la arquitectura hace mayor alusión a las imágenes, o al menos gran parte de la arquitectura se basa en este principio. Excepciones existen, y de gran valor, por ejemplo la Alhambra, donde la vista se ve abrumada por el resto de sentidos o el famoso Strip de Las Vegas. Pero la historia atestigua que la alteración de la imagen en el aspecto perceptivo del ser humano asume un gran influjo en su manipulación. Los romanos, por ejemplo, cubrieron con arcos el monte Palatinum con la intención de causar mayor impresión ante sus oponentes, la naturaleza en sí se transforma en plena arquitectura (se podría hablar de cierta hipocresía) O la imagen del Partenón griego, donde sus elementos están alterados con el fin de causar sensación de belleza al espectador. Son dos modelos de entender la imagen, tanto en su percepción como en su cultura arquitectónica. Uno de los principios básicos de Vitrubio afirmaba la belleza (venustas) como elemento clave en el desarrollo arquitectónico. Diversidad de criterios cabe citar en relación a este concepto. Algunos críticos opinan que la belleza no tiene identidad por sí misma, sino que se consigue por medio de la utilitas y firmitas. Otros reclaman su plena autonomía. Pero, ¿a qué se considera bello? ¿Al propio objeto físico o la percepción que se tiene de la obra? Es entonces cuando se puede hablar de psicología de la percepción. Además de enumerar órdenes clásicos, los arquitectos analizan otras características formales, tales como equilibrio, escala, ritmo, espacios y componentes. Pero en arquitectura se debe privar el arte por el arte, el predominio de la forma frente al contenido, porque belleza es concordancia de forma y contenido: la impresión final en su conjunto es la que se considera bella.

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La imagen hace referencia a un significado. Se capta su significado cuando alguien reconoce la imagen, aunque no la haya vivido. Los clásicos son aquellos con los que la sociedad se siente identificada, aquello que en el inconsciente colectivo la sociedad asume como propio. Esta premisa puede tener un hecho verídico en la relación de la sociedad de principios del siglo XX con la arquitectura del Movimiento Moderno. La aceptación de la nueva arquitectura en el lugar de trabajo, es totalmente rechazada en la arquitectura residencial. El inconsciente colectivo no estaba capacitado para asumir tales formas como vivienda. Se propuso sin quererlo una arquitectura ligada a minorías intelectualizadas, olvidando los principios básicos del movimiento, su aspecto social. De ahí la respuesta del posmodernismo y el rechazo a las nuevas formas impuestas por el Movimiento Moderno y su ruptura promovida por las vanguardias, donde se apela por una tabula rasa con la que poder generar una sociedad nueva. La sociedad recriminaba las nuevas obras por no ser identificado como un hogar digno de vida. Por otro lado las viviendas de Wright apelan por un reconocimiento del modelo de vida americano, la chimenea, cuerpo y alma de la casa, el desplazamiento horizontal por su afán de ligarse a la tierra... El pueblo americano encontró en su arquitectura su modelo de vida. Se configura una imagen propia de una arquitectura como representación de una sociedad. Se ha de aceptar el hecho de que la arquitectura manifiesta a una sociedad: de las cúpulas en Roma a las favelas en Sau Paulo. El fracaso del Estilo Internacional refleja la imposibilidad de ofrecer una imagen universal apta para todos los lugares, desoyendo los gritos de la tradición y el valor de la historia. La inmersión en un mundo globalizado supone, en parte, la pérdida de la tradición y, por tanto, de aquellos rasgos característicos inherentes a cada sociedad. La creación del ciudadano cosmopolita, viviendo por y para la imagen, sin raíces ni vínculos a un lugar, se asume un mayor reconocimiento individual y supone la desaparición, aunque parezca lo contrario, del ser social. La arquitectura como tal reflejo de la sociedad y de su cultura debe evitar la sensación de desarraigo actual. Por tanto, la arquitectura sin resonancia pierde sentido cultural por su fugacidad y fragilidad. Lo que más rápido pasa de moda es lo que está de moda. La arquitectura es culturalmente más estable cuanto mayor sea el reconocimiento cultural (consciente o inconsciente) de esa resonancia, en cuanto a su reconocimiento social. Claro que la mayor parte de las arquitecturas “de autor” de nuestros días no están preocupadas por esta cuestión, sino que siguen obsesionadas por exhibir su propia singularidad, su indiferencia frente al contexto, su habilidad para plantear soluciones tecnológicamente carentes de justificación y otras cosas semejante, sin hablar del elevado coste tanto económico, ambiental como social que generan sus obras; en definitiva, aspiran prolongar el rupturismo de las vanguardias y a seguir buscando la originalidad a toda costa. Una cosa sí es clara, que no se dará con una solución a las cuestiones actuales a base de coleccionar arquitectura “de marca”. Se antoja el oído al oír expresiones como “ha construido en las grandes ciudades metropolitanas del mundo” o “salió vivo de tal ciudad por su obra…”, pero la pregunta que ha de responderse es otra, ¿de qué manera su arquitectura mejora la vida de la sociedad, impregnando ese carácter lógico, racional, y poético de su obra, sin olvidar que el presente es el resultado continuo de la historia, por lo cual debe manifestar su reflejo? ¿Modificará el modo de vida social, el desarrollo colectivo o únicamente económico de la ciudad, ampliando sus turistas? Por otra parte, ¿se puede decir que la arquitectura como tal es una imagen congelada? ¿Debe limitarse la arquitectura a una fotografía? Es muy lamentable comprobar el gran éxito que la presente sentencia tiene en la actualidad, y como desde las escuelas y los medios se postula una arquitectura de iconos edificados. Se olvida que la arquitectura se centra en la actividad humana: no puede ser considerada como una imagen, sino más bien, como el escenario donde se desarrolla la vida, tanto a nivel social como individual.

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5.2

ARQUITECTURA COMO OBRA DE ARTE

¿En qué aspectos la arquitectura pude considerarse como una obra de arte? Es evidente la función utilitaria de la arquitectura, aspecto que distingue plenamente la arquitectura de cualquier otra actividad artística, pero ciertamente existen coexistencias con la obra de arte. Si el espectador emprende su tarea, la obra arquitectónica tiene expectativas del objeto de arte. Vincula la obra a referencias conocidas: a otras obras de arte comparables y a estilos históricos. El observador competente es también capaz de estimar si la obra obedece a estos estilos o se desvía de ellos a propósito; y si hay tal desviación, sabe que espera descubrir la finalidad y el mensaje de la desviación: esto no es realidad, esto es arte y así hace al espectador tener algún pensamiento estético. De todos modos la arquitectura asume un papel más importante que una obra de arte. Si por función se entiende la de la pura y simple utilidad, el confort y la elegancia práctica, no es su único significado ni su único cometido. La arquitectura es arte en el sentido más elevado, es orden matemático, es teoría pura, armonía alcanzada gracias a la exacta proporción de todas las relaciones y a su vez reflejo de una sociedad. Ésta es la función de la arquitectura.

6. ARQUITECTURA E HISTORIA
6.1 ARQUITECTURA Y EVOLUCIÓN

Ante la visión cíclica histórica cabe destacar dos grandes períodos en relación al nacimiento de la arquitectura occidental, a mi modo de ver: la Grecia y la Roma clásica que llegaron a dominar la arquitectura occidental instaurando la mayor parte de los principios teóricos revitalizadas en la época del Renacimiento por su afán de recuperar los principios clásicos y, en segundo lugar, la revolución industrial, modificando la forma de construir y, junto con diversos procesos culturales, desembocaron en muchas de las principales corrientes de la arquitectura reciente.

6.2

REFLEJO DE LA ESENCIA DE LA ARQUITECTURA COMO PROCESO COGNOSCITIVO DE LA HISTORIA

Los tiempos cambian, y con ello la manera de ver e interpretar el mundo. Distintas artes han muerto, pero la necesidad de una morada por parte del hombre es permanente. La arquitectura no ha conocido jamás una pausa. A diferencia del resto de las artes, la arquitectura muestra su rango utilitario. Por más que un período intente mistificarse, su auténtica naturaleza se manifestará a través de la arquitectura: expresa en gran medida los valores eternos de la vida colectiva del hombre. Representa las memorias, las esperanzas, los temores, las metas y los valores sagrados de los que construyen. Prescindiendo de todo cerebralismo, es evidente que toda construcción importante es un tesoro de memorias acumuladas. Así mismo, los valores estéticos de la arquitectura dependen particularmente de la absorción de los significados generados por la vida colectiva. La evolución arquitectónica, grosso modo, implica la búsqueda de la naturaleza más íntima de la arquitectura, eliminando todos los conceptos superficiales. El resto responde al juego de la historia, la eterna lucha del hombre por superar a su prójimo. Como ejemplo, mientras que Italia sufría grandes convulsiones internas,
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revueltas y un gran desarrollo filosófico y cultural en su época de máximo esplendor, el Renacimiento, Suiza, en cambio, en tres siglos sólo supo desarrollar el reloj de cuco (un tópico promovido, entre otros, por Orson Welles) En verdad, la historia del hombre siempre ha habido época de esplendor, crisis y renacimiento. De ahí la visión cíclica y no tanto lineal. Por otra parte, la evolución de la arquitectura en su materialización se percibe de forma exponencial hasta alcanzar los puntos más inauditos de la arquitectura. Lo que antes se levantaba en años o incluso siglos hoy no hace falta más que un buen ordenador, dinero y un arriesgado constructor dispuesto a llevarse la gloria.

6.3

ARQUITECTURA, UTILIDAD Y SU CARÁCTER COLECTIVO.
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La arquitectura no posee otro significado que el cometido civil para la que ha sido concebida. Guido Canella Algunos los han considerado como principalmente utilitaria y sólo ocasionalmente estética, excepto en el caso de los monumentos (como afirmaba Adolf Loos, en relación al monumento funerario y el conmemorativo ) Otros lo han considerado como arte aplicada, en la que las consideraciones prácticas siempre exigen algún sacrificio a la visión del artista; y algunos han tratado de encontrar las prosaicas exigencias de la utilidad atribuyendo un papel predominante a la función, creyendo que las formas verdaderamente apropiadas son siempre bellas, principio, en mayor medida, evidente en el desarrollo del Movimiento Moderno. He aquí el gran conflicto entre belleza y utilidad. Si la arquitectura es utilitaria, salvo en los monumentos, es que la utilidad no es su esencia; si puede tratarse como escultura excepto cuando interfieren necesidades prácticas, es que los valores escultóricos no son esenciales para ella (reflejo de la arquitectura monumental o sublime de la que toda ciudad destacada desea contar). Si puede servir a los intereses funcionales sin belleza, es que la forma puede seguir a la función, pero la funcionalidad no es la medida de la belleza. Por tanto, la arquitectura es la esfera de influencia de una o varias funciones, la configuración de la triada vitruviana en todo su esplendor determinan, sin quererlo, el progreso arquitectónico. Vilmente se puede considerar que las grandes ideas arquitectónicas casi nunca han derivado, si es que lo han hecho alguna vez, de las necesidades domésticas. Se desarrollaron como templo, tumba, fortaleza, palacio, teatro. La razón es bastante sencilla: la cultura tribal es colectiva y, por tanto, su ámbito esencialmente público, de ahí sus necesidades. A grandes rasgos, la forma se debe a una relación recíproca de necesidad y así lo ha demostrada la historia, contribuyendo a su imagen ideal y su simbología. Si de aquí no se extrae una de las características esenciales de la arquitectura en contraste con el resto del arte, y si este aspecto no se manifiesta en la arquitectura vigente, supondría un estancamiento en la evolución arquitectónica.
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6.4

LA ARQUITECTURA HISTÓRICA EN LA ARQUITECTURA DEL PRESENTE.

Un concepto evolutivo amplio en la historia invita a reflexionar sobre la inexistencia de una arquitectura que niegue el pasado u otra arquitectura que le haya precedido. No hay una arquitectura que emerja sin exaltar al mismo tiempo todo lo que ella misma parece superar. Incluso la ruptura propuesta por las vanguardias, en relación a la arquitectura del Movimiento Moderna, ante su desesperación por negar el pasado no hace sino ser una continuación más de un proceso evolutivo. La arquitectura lecorbusierana, por ejemplo, respira conceptos clásicos debido, en cierto modo, al estudio por parte de su autor de las grandes obras clásicas. Siempre ha existido un lenguaje, un lenguaje unánime a pesar de la evolución. El hecho de que se elude hoy el problema de un lenguaje
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propio de la arquitectura demuestra que quizá por el momento el hombre ha sido capaz de deshacerse de él, pero esto no quiere decir que tal cuestión no se plantee hoy en los mismos e idénticos términos de entonces. La concepción histórica entorno a la arquitectura no deja de ser un proceso cíclico, donde se retoman los aspectos pasados para volver a estar vigentes en la arquitectura actual con un cierto carácter renovado. Una clara concepción de la arquitectura del pasado en el presente se encuentra en la obra de Robert Venturi, donde sin olvidar los elementos clásicos, los modifica y adapta para adecuarlos a las necesidades de la sociedad de finales del siglo XX. Pero no es un caso aislado, sino que él mismo refleja en su famoso libro Complejidad y contradicción en la arquitectura , todo el desarrollo arquitectónico. Articular históricamente el pasado no significa reconocerlo como propiamente ha sido. Significa apoderarse de un recuerdo, un recuerdo que permite identificar los aspectos positivos. El pasado debe interpretarse como lecciones y objetos de afecto de los que se sirven el proyecto y la memoria. Importa más las relaciones asociativas entabladas por la mente en referencia al pasado en el proceso proyectual. La imagen del Ciudadano Kane, que al ver su antiguo trineo recuerda su infancia, y por lo tanto analiza el trascurso de su vida. La falta de conocimiento del pasado implica caer de nuevo en los mismos errores. El arquitecto que actualmente comienza su actividad profesional no parte de cero en la concepción arquitectónica, sino que su proceso proyectual deriva de las teorías extraídas del pasado. La confrontación con la historia se entiende en función de las luchas presentes, y la misma historia es parte del presente. Cabe constatar la relevancia de la arquitectura como proceso histórico al reconocer en ella la evolución humana. En cambio, la historia contada por los historiadores, no es la misma que el arquitecto debe interpretar. La arquitectura superviviente del paso del tiempo puede considerarse como fiel reflejo de una época. Esta afirmación puede provocar controversia en la medida en que no toda la arquitectura que nos ha llegado es tan pura de su tiempo, ya que ha sido sometida al cambio. Toda arquitectura en su relación con el tiempo, está abocada a sufrir cambios, y en el caso de que no consiga que la vida arraigue en ella, al abandono o incluso a la desaparición.
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7.

ARQUITECTURA COMO

ESTRUCTURA DE UN LUGAR
7.1 ARQUITECTURA Y SU RELACIÓN CON LA NATURALEZA

El arte está en la Naturaleza, pero hay que arrancárselo. Alberto Durero Muchas son las teorías en relación a la similitud entre naturaleza y arquitectura. La arquitectura es el arte que trabaja por excelencia en el domino del mundo físico. William Morris en su famosa conferencia pronunciada en la London Institution el 10 de marzo de 1881 afirma que la arquitectura abarca la consideración de todo el ambiente físico que rodea la vida humana: no podemos sustraernos a ella mientras formemos parte de la civilización, porque la arquitectura es el conjunto de modificaciones y alteraciones introducidas en la superficie terrestre con objeto de satisfacer las necesidades humanas, exceptuando sólo el puro desierto . Plantea la modificación de la naturaleza, con la premisa de dominarla, o al menos, esa ha sido la constante a lo largo de la historia, intentar someter las fuerzas de la naturaleza a la voluntad humana. Sin embargos, las alteraciones ya no
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sólo se producen en la mera superficie debido a que el hombre también ha alterado la morfología vertical de la naturaleza. En la película de Metropolis (1927) queda vigente el deseo de dominar las alturas, o en el caso del Observatorio Latting , primera torre de Manhattan o Luna Park , en Coney Island (New York), un parque de atracciones considerada como la primera ciudad de torres, sin función alguna, un ensayo del sucesivo desarrollo de la ciudad de New York. Hoy es visible el deseo del hombre por alcanzar todo lo que su mente se propone, construyendo sin mesura incluso rascacielos en medio del desierto. He aquí la dominación del hombre, ligado al deseo perverso de imponer una superioridad sobre su más vil oponente. Galileo Galilei en el siglo XVI describe la naturaleza como un lenguaje matemático, la cual debe descifrarse y así obtener recursos de ella. Dicho concepto supone la clave del dominio humano de la naturaleza. El hombre, ser natural por excelencia y supuestamente inteligente, debe captar su esencia y transmitirla a partir de su transformación, tanto física como espiritualmente, cuya manipulación implica su asentamiento y, por tanto, la generación de la arquitectura como tal, lo que conlleva a la alteración de las condiciones iniciales de la naturaleza. El hombre acepta cualquier medio. ¡Sé construye incluso en el desierto! Es éste un punto crítico a la hora de conciliar el hombre y su impacto en la naturaleza.
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7.2

ARQUITECTURA Y LUGAR

La modificación de la propia naturaleza constituye un nuevo lugar. Empleando el término rossiano locus, entendido como aquella relación singular y sin embargo universal que existe entre cierta situación local y las construcciones que están en aquel lugar , la arquitectura lleva consigo el valor de transformar un lugar, por ejemplo de un lugar inhóspito a una de las principales espacios de placer. En muchos casos, la situación de ciertas obras configura su morfología. Se apela al geniu loci del lugar. Fijar un lugar es concretar la individualidad de éste, donde la relación entre arquitectura y naturaleza entablan una relación espacial culmen. En la idea general de la arquitectura participa también el lugar como espacio singular y concreto. ¿Qué hubiera sido de Wright sin su cascada, de Palladio sin su monte al que poder abrirse en los cuatro puntos cardinales o de Manhattan sin sus condiciones naturales? Cada arquitectura debe interpretar su entorno. Las herramientas arquitectónicas pueden ser las mismas, pero no el modo de proceder. Sus mismas formas cambian, en el sentido más general, la situación, constituyen un todo y sirven de acontecimiento, constituyéndose ellas mismas como acontecimiento; sólo así se pude entender la importancia de un obelisco, de una columna o de una lápida. Eso es arquitectura.
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7.3

LA ARQUITECTURA DE LA CIUDAD
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Y es en la ciudad donde se produce el desarrollo de la arquitectura . Aldo Rossi ... la arquitectura es un logro colectivo que no se puede conseguir en una sociedad ajena o antagónica, o cuando se opone a la tecnología predominante Peter Smithson

La ciudad refleja la transformación de un medio hostil para hacerlo habitable por el hombre. La historia de la ciudad viene a ser así, en un sentido más positivo y fenomenológico, el substrato en que se inserta siempre cualquier nueva arquitectura. Es en la ciudad donde la arquitectura adquiere todo su sentido, donde arte y sociedad se encuentran, el arte se pone al servicio de la vida. El arquitecto debe dar sentido a los lugares que proyecta reflejando la sociedad en ellos: en ese momento la sociedad se siente identificada y comprometida con el proceso.

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En ocasiones la arquitectura genera la propia cultura del lugar, como demostró Rem Koolhaas en su polémico libro Delirio en Nueva York (1978), demostrando que en ocasiones la propia realidad es un laboratorio de nueva cultura, una fábrica donde lo natural y lo real han dejado de existir. Es en la ciudad donde se da un mayor desarrollo social, donde se produce el ser social adquiriendo el término de ciudadano en su carácter aristotélico. Esta cuestión se mantiene vigente de tiempos inmemorables: mercados, ferias y demás procesos eran el elemento identificativo de la ciudad; las grandes ciudades se daban a conocer por sus acontecimientos culturales, económicos y especialmente sociales. De ahí el auge de las ciudades y el deseo de engalanarlas frente a sus competidores. Pero este concepto recriminaría a todos los ámbitos humanos exentos de la vida civita. Entraría en conflicto con la afirmación de William Morris, al respecto de considerar arquitectura a cualquier alteración de la superficie terrestre. Se propone ampliar el término a cualquier alteración del medio que implique un acto humano de vida. Por último, no sólo la ciudad refleja un combate contra la naturaleza, sino es también donde se produzca un combate intelectual. La ciudad es el sumun de la simbología, el desarrollo del estilo y la correspondencia de una ciudad con su arquitectura. Pero en ocasiones la propia ciudad se convierte en una celda cuyos barrotes oprimen a su inquilino. El hombre cierra los ojos y...se ahoga. Vive en un mundo imaginario, con pautas importadas que nada tienen que ver con la necesidad y la pauta cultural local. ¿No será que debemos elaborar una nueva síntesis, probablemente también transgresora y desprejuiciada, pero nueva, auténtica, con pertenencia, con identidad? Quizás debamos comenzar a respetar nuestras costumbres, nuestro espacio, nuestro pasado y nuestro presente, que son los que pautarán verdaderamente nuestro modus vivendi, nuestro hábitat.
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7.4

HABITAR EL ESPACIO…

Al igual que el volumen exterior altera la morfología de un determinado lugar, el espacio interior advierte sobre la presencia de un nuevo universo dentro del ya existente. Es entonces cuando el hombre empieza a tener conciencia sobre la percepción del espacio y, por tanto, habita el espacio. De aquí se deduce el concepto de espacio y su posterior materialización ligado a términos como estructura, recubrimiento… lo que supone, al fin y al cabo, la delimitación del espacio. Este hecho permite instaurar la idea de arquitectura como “el arte (de la delimitación) del espacio”, un concepto reciente de finales del siglo XIX y principios del XX, cuyo desarrollo motivará la arquitectura moderna. Bruno Zevi en su famoso libro Saber ver la arquitectura determina la arquitectura como la no suma de longitudes, anchuras y alturas de los elementos constructivos que envuelven el espacio, sino dimana propiamente del vacío, del espacio envuelto, del espacio interior, en el cual los hombres viven y se mueven . La arquitectura no se basa en la construcción en sí, sino más bien en los vacíos y la adaptación de estos a través de la interpretación de ellos mismos al convivir con el ser humano. Si se olvida la forma y los materiales, surge lo que algunos siguen llamando arquitectura. En esencia, el núcleo y el quid de la cuestión arquitectónica son sus interiores los cuales permiten el desarrollo de la vida humana.
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7.5

…HABITAR LA ESTRUCTURA26

Multitud de pensadores y arquitectos se han construido una cabaña como espacio para evadirse del mundo real: Ludwig Wittgenstein, o el propio Le Corbusier. Una persona instruida en arquitectura tiene en mente la famosa ilustración de la cabaña primitiva del abad Laugier en Essair sur le architecture, de 1753 . El abad Laugier
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aboga por el uso estructural honesto de los órdenes clásicos, proponiendo una limpieza de la arquitectura devolviéndola a sus orígenes, buscar liberar la arquitectura de su bagaje estilístico y abogar por una expresión racional de la estructura. Del mismo modo Viollet le Duc apela por una lógica estructural: una columna es un soporte, no una decoración, como un friso o un arabesco; si entonces no hay motivo para las columnas, no puedo entender porqué amueblamos nuestras fachadas con ellas . Por tanto, la arquitectura se resume a una cuestión de coherencia o incoherencia, estableciéndose una lógica estructural eliminando todo ornamento considerado como delito en palabras loosianas. Es con los años cuando las nuevas técnicas constructivas las que han permitido despojar a la arquitectura de todo ornamento. La manifestación de la estructura promulga una nueva concepción del espacio. Encontramos la arquitectura como un arte práctico cuyo fin último sería la determinación del espacio para el desarrollo de la actividad humana. Es en este punto donde todo recurso empleado por la arquitectura remite a un elemento técnico. La arquitectura se podría reducir a la premisa de habitar la estructura. Aúna dos aspectos clave, firmitas y utilitas, cuya combinación siguiendo los resquicios vitruvianos otorgan la belleza a la obra. La arquitectura ya no es su aspecto material, sino el ente metafísico concebido por el arquitecto.
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8. ARQUITECTURA, MATERIA Y TÉCNICA
La arquitectura no se funda en ideas, sino en su materialización. El mundo platónico de las ideas no se puede concebir sin sus formas. Las ideas que realmente cambian el arte práctico de la arquitectura no son sólo las relativamente escasas corrientes de pensamiento filosófico que dan forma a las civilizaciones, sino que con frecuencia suelen ir de la mano de ideas más simples como el ladrillo o el hormigón armado con redondos de acero. Todo lo que crea el ser humano empieza, al fin y al cabo, con una idea. En algún caso ideas prosaicas, casualidades o serendipias. Grandes ideas teóricas viene ligadas a soluciones constructivas. Grandes ideas teóricas que han marcado la evolución de la arquitectura, como el humanismo, la forma sigue a la función, o menos es más. Conceptos cuya evolución ligada a los avances tecnológicos han trastocado las ideas tradicionales, como la cubierta convertida en la quinta fachada a principios del siglo XX. El problema de la técnica es también el problema de la invención, ya que el desarrollo de la sociedad reclama nuevas formas de vida, nuevos espacios y consecuentemente nuevas soluciones constructivas. Los materiales se inventan cada día y suponen una clara revolución en la vida del ser humano. No hace falta explicar la connotación del desarrollo del hierro o la aparición del acero en los últimos tres siglos, constituyendo una de los grandes avances en la historia, no tanto de la arquitectura, sino del ser humano. La arquitectura en cierta medida consiste en establecer relaciones emotivas mediante el uso de materiales. Pero la historia ha demostrado que no sólo el material constituye la arquitectura, sino que el vacío y la luz juegan un papel dominante. La arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz.
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9. ARQUITECTO Y ARQUITECTURA

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9.1

EL ARQUITECTO Y LA IDEA DE PROYECTAR

Hay algo más importante que la lógica: es la imaginación. Alfred Hitchcock La única razón de ser de la arquitectura es proporcionar situaciones hasta ese momento consideradas imposibles Cedric Price Pensar es más interesante que saber, pero menos interesante que ver. J. W. Goethe El proyecto constituye la actividad genérica del arquitecto, pero no oculta el desarrollo de la actividad teórica. La teoría arquitectónica sólo puede construirse por medio de la praxis arquitectónica, es decir, del proyecto; y viceversa, sólo en la manera en que existe una manifestación física se es capaz de realiza una teoría. El gran Miguel Ángel, reconocido por el mismo como escultor antes que arquitecto, afirmó la arquitectura nacía del encuentro de la realidad con la razón, y no del lápiz. La capacidad de proyectar no reside en el manejo del lápiz, sino en la comprensión de la realidad a través de la perspectiva del arquitecto, un punto emocional que escapa al análisis. Llegados a este punto, se puede afirmar la arquitectura como una actividad propiamente humana que apela a los sentimientos. Es en el proyecto donde se debe manifestar la lógica y la biografía, la vertiente teórica y la vertiente poética. Cuando ambas aspiran a ponerse al unísono con las necesidades sociales, incluso las funciones simbólicas, entonces es posible superar la arbitrariedad en las decisiones formales, sin por ello suprimir la libertad ni cercenar la creatividad. La actualidad de la arquitectura debe residir sobre todo en su significado y no tanto en sus recursos formales. Hace tiempo leí una afirmación del propio Aldo Rossi que en parte parece ambigua en relación al principio de proyección por parte arquitecto: saber olvidar para afirmar la vida. El proyecto arquitectónico tiene que ver no sólo con el recuerdo, sino sobre todo con el olvido, para alcanzar su grandeza, la arquitectura debe ser olvidada o constituir tan sólo una imagen de referencia confundida con los recuerdos; de ahí que para saber proyectar resulte imprescindible aprender a olvidar, por cuanto la memoria necesita seleccionar los recuerdos para construir esa imagen análoga. Dicho recuerdo requiere de la memoria individual y la memoria colectiva La propia arquitectura necesita ser olvidada para que en su interior pueda desarrollarse la vida, porque no se trata de imponer mediante la arquitectura un modo de vida, sino permitir todo lo imprevisible que hay en la vida. La misión del arquitecto podría compararse entonces a la de quien pone la mesa para que en ella tenga lugar el almuerzo o la cena. La arquitectura está supeditada a la vida, subordinada, no debe comprenderse como una realidad espacial objetual, cerrada sobre sí misma, sino vista sobre todo en relación con el tiempo, con el periplo vital de sus usuarios, con la experiencia de la historia, como forma capaz de soportar los cambio, y, en cierto modo, de posibilitarlos, no sólo resolviendo una única función, sino muchas.
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9.2

NUEVAS FORMAS DE ENSEÑAR ARQUITECTURA Y CREATIVIDAD

Apoderémonos de los medios que nos proporciona nuestro tiempo, apliquémoslo sin hacer intervenir tradiciones hoy por hoy no vitales, y sólo entonces podremos inaugurar la nueva racionalidad arquitectónica. Viollet le Duc: Al igual que en la propia arquitectura los conceptos de planta libre han dado lugar a nuevos conceptos como espacio fluido, flexibilidad… entre otros, la enseñanza debe evolucionar. El período de la Revolución Industrial
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introdujo un nuevo proceso académico: conocer la materia para manipularla, reproduciendo lo ya existente. Es el culmen de la mecanización. Pero las nuevas escuelas de arquitectura deben apelar por la creatividad modificando los principios educativos. La vida es orgánica y creativa, y a diferencia del resto de seres vivos, el ser humano genera su vida a partir de su imaginación, su temperamento y de las oportunidades que genera: estar vivo es un proceso creativo. Toda persona en su interior es un ser creativo, y ante esto el hombre debe sacar provecho. Ofrecer nuevas maneras de ver la presencia del hombre en el mundo. Pero en muchas ocasiones no depende de la enseñanza exterior, sino de lo que cada persona entiende por arquitectura. Nace así la necesidad de encontrar una respuesta apta con el aprendizaje obtenido, marcando una serie de objetivos con los que poder enfocar su carrera y la vida profesional. Ante todo el arquitecto debe ser un ser crítico, constante y ligado a su lugar: ser arquitecto es un modelo de vida. Debe aceptar la teoría como forma de aprendizaje inicial, comprender la evolución histórica de la arquitectura y sus pormenores para dar respuesta de forma clara a las necesidades actuales sin cometer errores pasados. Pero no está sólo. En los tiempos que corren es difícil abarcar todas las áreas de conocimiento. Debe enfocar su trabajo de una manera multidisciplinar. Es quizá, por ello, la actividad más bella de las profesiones ya que el arquitecto debe tener cualidades de economista, artista, ingeniero, administrador, licenciado y un sin fin de disciplinas que aunque no sea un experto dentro de estas, si debe tener conocimiento de los aspectos fundamentales de ellas para realizar de mejor manera su labor constructiva y sobre todo evitarse los muy variados y difíciles problemas que se suscitan en la rama de la construcción y la teoría. Con todo ello no cabe duda que la arquitectura es más que solo el arte de construir edificios.

9.3

ARQUITECTOS DEL SIGLO XXI

A lo largo de la historia, al arquitecto ha sido considerado como un asediado héroe-artista, un demiurgo dedicado a conseguir los mayores logros de la civilización. Hoy en día dicha concepción ha cambiado. Los cambios especialmente técnicos han derivado en la creación de nuevos oficios acordes al siglo XXI. La cuestión es si el oficio del arquitecto, uno de los más antiguos, debe renovarse. Indudablemente la respuesta incita a ser afirmativa. Hay que considerar la experiencia humana como referente último de toda construcción y por otro, a reivindicar la dimensión oficial del arquitecto. Nuevos materiales, procesos y técnicas constructivas invitan a permanecer al día sobre las mejoras, sin olvidar los conceptos y principios con los que se ha constituido la cultura arquitectónica. Pero este proceso no sólo implica estos aspectos, sino también a los cambios sociales que permiten una mejora (a priori) de la sociedad. El arquitecto debe interpretarse como un ser crítico, ávido y valiente, cuyo proceso de análisis determina nuevas ideas. La profesión de arquitecto debe adaptarse a dichas exigencias acordes a una sociedad del siglo XXI, realizando un giro copernicano, un cambio de modelo donde el centro no es el arquitecto, ni la arquitectura, sino lo que el hombre puede sacar de ella, entendiendo la arquitectura como una actividad propiamente humana con cierta incidencia en la vida de sus usuarios. Esta cuestión no exime al arquitecto la búsqueda de hacer operativo aquel núcleo de cuestiones fundamentales en torno a las cuales se ha venido desarrollando la práctica de la arquitectura desde los orígenes mismos de nuestra cultura. Es el ejemplo de la ciudad de Medellin, un intento de generar una integración social por medio de la arquitectura. ¿No busca eso la verdadera arquitectura, solventar las necesidades que la sociedad plantea? Si la arquitectura y con ella el arquitecto, no contribuye a la felicidad, a la paz de los hombres, no merece existir, merece desaparecer.

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Por otra parte la profesión de arquitecto ha sido totalmente maltratada y ciertamente, se lo ha ganado a pulso. El prototipo de arquitecto héroe-artista ha sido fulminado por la sociedad, al desvanecerse la relación entre arquitecto y sociedad. La situación económica en la que vive inmersa la sociedad actual es producto de un desorbitado deseo constructivo y un mayor beneficio económico, sin coherencia ni necesidad alguna. Conceptos como ecología, desarrollo o medio ambiente han perdido toda su connotación para a ser simples aledaños del producto a desarrollar, falsos discursos de moda. Dada esta situación hay mucho que hacer: hay que atreverse a seguir haciendo una arquitectura abierta a la vida, atenta a las exigencias del tiempo en que se vive, que no renuncie a ser un hecho cultural y, por consiguiente, que sea capaz de expresar lo mejor de nuestras aspiraciones como personas libres y civilizadas; en suma, una arquitectura del presente destinado a la mejora de la sociedad y recriminando la abusiva intervención de los mercados financieros en la vida social, evitando entender al hombre como una mercancía más de las muchas que se manipulan dentro de una efusiva cultura del consumo donde lo no necesario resulta prácticamente vital. Ya no se hace una arquitectura para personas, sino para marionetas. Ejemplos actuales son muchos y muy diversos: las nuevas poblaciones del Golfo Pérsico en lugares inhóspitos recreando otros lugares del mundo, o la nueva cultura de los centros comerciales, cuyo reclamo es constituir un reflejo del propio mundo. La arquitectura emblemática que requiere cada ciudad para ser considerada como ciudad cosmopolita no causa otra cosa más que enajenación por parte de la sociedad ante una arquitectura desorbitada, tanto en el plano cultural como económico, ante la existencia de una gestión deficitaria, culpando en todo momento a la actividad del arquitecto. Por otra parte, cualquier intento de crear una arquitectura personal, alejada de los objetivos vigentes de la sociedad, caerá en el torbellino de las modas. El arquitecto debe apelar a su experiencia propia y, a su vez, la experiencia de toda la sociedad, escuchar el sonido del mundo, olvidar su burbuja y reflejar lo que la sociedad demanda. Renunciar a ser original a toda costa o saber desprenderse de los estereotipos que impone la moda no supone una ruptura con la creatividad, sino un reconocimiento con la actividad de la sociedad. De ahí que la repetición no hay de conducir necesariamente a la monotonía, ni tenga que ser vista como un mero ejercicio ascético para aprendices de arquitecto: ya advirtió el arquitecto milanés que rehacer lo mismo para que resulte diferente es algo más que un ejercicio: es la única libertad que pueda encontrase. El estudio y la comprensión de la
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teoría arquitectónica supone el primer paso de esta evolución.
Con la arquitectura sucede como con la vida, que el verdadero éxito de la felicidad sólo se alcanza cuando no se convierte en aquello que se busca por encima de cualquier otra cosa. La felicidad es encontrar objetivos que valgan la pena y que contribuyan al bienestar del hombre. La felicidad no está en los logros, sino en el esfuerzo. La felicidad está en dar, no en recibir.

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1. 2.

BIBLIOGRAFÍA

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Aldo Rossi, La arquitectura de la ciudad, Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2010
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