EL ARCEDIANATO DE BRIVIESCA Y LA COLEGIATA DE SANTA MARÍA.SUMARIO: 0. Introducción 1. El Arcedianato: Naturaleza y desarrollo Histórico 1.1. Briviesca y su Arcedianato 1.2.

-El Arcedianato hasta el Siglo de Oro 1.3.- El Arcedianato hasta el siglo XIX 2. La Colegiata de Santa María la Mayor 2.1.- Historia interna de la Colegiata hasta el siglo XIX 2.2.- Una Fundación singular en la Colegiata: La Capilla del Sagrario 3.- El ocaso de Arcedianato y Colegiata

0. Introducción.Han existido en Briviesca dos instituciones fundamentales para la comprensión de su identidad histórica, a través de los más de dos milenios de existencia de la antigua VIROVESCA 1 que ya reseñara el Itinerario de Antonino, en tiempos del Bajo Imperio: fueron éstas el Arcedianato eclesiástico, que se remonta a los inicios casi de la Cristianización de La Bureba, y el Señorío de los Fernández de Velasco2 y luego Condestables de Castilla. Por ello, cuando, concluidos mis estudios de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid, luego de presentar mi trabajo de investigación de fin de carrera en 1968,
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WESSELINGIO, P.: Vetera Romanorum Itineraria sive Antonini Augusti itinerarium. Amsterdam, 1735 GONZALEZ CRESPO, Esther: Elevación de un linaje nobiliario castellano en la Baja Edad Media: Los VELASCO. Tesis Doctoral. Madrid, Universidad Complutense, 1981

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sobre “Un Siglo de Oro en Briviesca. 1568 – 1668, Arte e Historia”3, opté por investigar sobre los orígenes de ambas Instituciones: Arcedianato y Señorío, en mi TESIS Doctoral, presentada en diciembre de 1971, en el ámbito de la Cátedra de Paleografía y Diplomática de la misma Universidad, que por entonces dirigía mi maestro, y quasi vecino, el riojano, pues era natural de Haro, e ilustre Presbítero y Catedrático Dr. D. Tomás MARIN MARTINEZ. A ambas instituciones debe la otrora “Virovescentium civitatis”, luego villa y posteriormente Ciudad de Briviesca, su importancia histórico-social y hasta buena parte de su patrimonio artístico y cultural. Sin embargo, ninguna de estas dos instituciones es cantada desde 1929, en el Himno a Briviesca, insigne obra poético musical de mi también maestro, Catedrático de Historia Medieval de la Universidad Complutense y Abad de Sto. Domingo de Silos primero, y luego Abad fundador de la Abadía benedictina de la Sta. Cruz del Valle de los Caídos y erudito historiador Dom Fray Justo PEREZ DE URBEL; loa a la que pusiera música, como todos los briviescanos conocemos, el también maestro de compositores Don Rafael CALLEJA. Por tanto, en la presente disertación en este Año Cultural, promocionado por el Excmo. Ayuntamiento de mi ciudad natal, con motivo del VII Centenario de la concesión del Fuero Real a Briviesca, en 1313, promovida por Doña Blanca, hija del Rey de Portugal Don Alfonso III, el Boloñés, y nieta de Alfonso X, el Rey Sabio, y Señora de las Huelgas, voy a sacar a la luz algunos datos interesantes sobre una de nuestras instituciones más notables y longevas, bajo el punto de vista histórico: el mencionado Arcedianato, y su Insigne y Real Colegiata de Sta. María la Mayor, pues con este nombre figura en los documentos más notables del período arcedianal. Dicha institución eclesial cumplió más de un Milenio de Historia, pues subsistió, con entidad propia y como urdimbre institucional social y religiosa, desde finales del Alto Medioevo, hasta mediados del Siglo XIX. Y digo bien, institución notable bajo el punto de vista social y religioso, porque el Arcedianato de Briviesca influyó de forma
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SAGREDO FERNANDEZ, Félix: Siglo de Oro. Burgos, Impr. Santiago Rodríguez, 1968

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determinante hasta mediados de dicho siglo, en todo el decurso histórico de la villa.

1.- El Arcedianato: Naturaleza y desarrollo histórico.Si intentamos clarificar la figura del Arcediano, cabeza física de lo que luego será jurisdicción social, religiosa e incluso geográfica, con el nombre de Arcedianato, tenemos que remontarnos a los primeros años del cristianismo. El primer Documento donde consta el nombre de Archidiaconus o Arcediano en lenguaje vulgar, pertenece a Optato de Milève, célebre obispo de Mila, Numidia, hoy Argelia, en el norte de Africa, cuando aún esta región no estaba islamizada, y que alude en el año 370 a un tal Ceciliano4 con motivo de ciertas desavenencias dogmáticas, debidas a los donatistas. En esa misma época, San Agustín, obispo de Hipona otorga ese mismo título eclesiástico a San Lorenzo con estas palabras: “Sanctus Laurentius Archidiaconus fuit “. El poeta de la Edad Antigua Prudencio, en su obra Peristephanon, refiriéndose al mismo Santo, escribe: “Hic primum e septem viris, Qui stant ad aram proximi…” Es decir que San Lorenzo era el primero de los Siete Varones que estaban junto al Ara, es decir junto al Altar, y por supuesto junto a la figura más alta de la Iglesia5 el Sumo Pontífice. Por tanto, el Arcediano era el superior de los siete varones más cercanos al Pontífice, diáconos todos ellos, de origen apostólico. Pero su jurisdicción no se limitaba sólo a los aspectos religiosos, sino que iba más allá: tutelaba la administración de la incipiente Iglesia en los campos eclesiástico, social e incluso económico. Los concilios de Toledo, instituciones en las que se basó, en las Edades Antigua y Alto Medieval, toda la organización eclesiástica y buena parte de la social de la Hispania tardorromana y visigoda, toman esta figura de la corte papal de Roma, como elemento imprescindible de la misma. Llega a
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PATROLOGIA LATINA :, Tomo 9, Col. 916.Edición de J. P. MIGUEL, Serie 1ª París. 1884. Idem. Ib. Tomo 5, Col. 1388.

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ser la figura clave después del Obispo, tanto es así, que en el Concilio de Trento, en el siglo XVI, se les considera “quasi obispos”. Cuando en el IIIer. Concilio de Toledo, presidido por el Rey Recaredo, se oficializa el cristianismo en la España visigoda, como religión del estado, varios arcedianos figuran, junto a los obispos asistentes, como representantes del estamento episcopal de sus diócesis respectivas, por ausencia obligada del prelado. En el Concilio hispano-godo de Mérida del año 666 se ordena, en el canon X, que todo obispo debe de tener, en la provincia Bética, los cargos de: “arcipreste, arcediano y primicerio6”. La invasión árabe de España, medio siglo después, en 711, y la rápida penetración del islam en nuestra tierra, hacen desaparecer o emigrar a la mayor parte de los habitantes, y el entramado religioso, social e institucional se colapsa durante casi tres siglos, o bien emigra a zonas más seguras del Norte de Hispania. Iniciada la Reconquista, nos relata Berganza, en su obra Antigüedades de España7, que después de la Consagración de la Iglesia de Santiago Apóstol, el 7 de mayo del 899, se celebra en Oviedo un Concilio nacional, once meses más tarde, o sea en abril del año 900. En dicho Concilio se encarga a todos los obispos que elijan un Arcediano, para que visitase las iglesias y monasterios recién restaurados e informen de su estado. El Diccionario de Historia Eclesiástica de España, elaborado bajo de Dirección efectiva de mi citado maestro el Catedrático riojano Don Tomás Marín, y realizado mientras yo preparaba en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas entre los años 1968 y 1971 mi Tesis Doctoral, en la voz Dignidades Eclesiásticas, dedica al Arcedianato de Briviesca, entresacado del historiador Don Vicente de La Fuente, el texto siguiente : “Burgos tiene ocho arcedianos, entre los cuales – y entre todos los de
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VIVES, J., MARIN, T. y ALDEA, Q. : DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA. MadridBarcelona, Eds. Instituto FLOREZ, CSIC. 1963. Voz CONCILIOS NACIONALES Y PROVINCIALES. 7 BERGANZA, Francisco de: ANTIGÚEDADES DE ESPANA PROPUGNADAS EN LAS NOTICIAS DE SUS REYES Y CONDES DE CASTILLA LA VIEJA: En la Historia Apologética de RODRIGO DIAZ DE VIVAR, dicho CAMPEADOR y en la Crónica de CARDEÑA. Parte Primera. Madrid, Impr. Francisco del Hierro, 1719. P.124

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España – sobresale el de Briviesca”, el cual, escribe La Fuente, “después de largos pleitos con el Arzobispado de Burgos, logró sostener la jurisdicción ordinaria y privativa en un territorio de catorce pueblos, con una Colegiata – la de Sta. María – y quince pilas bautismales; tenía demás asiento en la Catedral, después del Deán y del Arcediano de Burgos, y conservaba la presidencia en su Colegiata, donde tenía tribunal, con provisor, fiscal y secretario de cámara, haciendo la visita en su territorio”8. El benedictino P. Berganza, en la obra “Antigüedades de España” en su libro tercero, nos describe según el Libro de Ordenes, de época y rito mozárabe, cómo se procedía en la alta Edad Media para conferir la autoridad arcedianal, entre los diáconos de la iglesia “Antes que el Obispo pasase a dar dicha orden (el diaconado) tomaba el parecer de los monjes ancianos, y examinaba a los diáconos sobre si convenía constituirle por su superior. Reconociendo el Obispo que convenía, le entregaba una vara o palmatoria en señal de autoridad”. Debemos de hacer notar que en la antigüedad tal cargo eclesiástico no conllevaba el presbiterado, es decir la celebración de la Misa y de los Sacramentos; más aún, se prefería para este cometido, el que se fuera sólo diácono de la correspondiente iglesia madre. Esto determinaba que, cuando no eran afectos al obispo respectivo, éste los promocionaba al presbiterado, dejando entonces su cargo archidiaconal, y pasando a ser simples presbíteros. Avanzada la Reconquista de los territorios cristianos, las iglesias solían tener una configuración colegial o monástica de sus miembros, para mejor realizar su función sagrada y para mantenimiento adecuado de los mismos componentes del cabildo Colegial. Tanto presbíteros, como diáconos e incluso diferentes religiosos, que formaban parte del clero de un territorio reconquistado, convivían en un ala de la iglesia principal, generalmente restaurada, o alrededor de su claustro; imitando, en cierto modo la vida de los grandes monasterios medievales, pero sin ligaduras de sometimiento a una regla monacal, como ocurría en los clásicos cenobios.
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Id. Tomo II. P. 759

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Tenían sus estatutos, o normativa específica, que se iba enriqueciendo con la acción consuetudinaria, es decir, las costumbres propias de los distintos territorios o circunscripciones eclesiásticas. En la obra citada, Berganza nos indica que la iglesias catedrales carecían de jurisdicción sobre los monasterios, y que algunos de ellos se constituyeron e iglesias colegiales, como sucedió con Briviesca. Hacia los años 1000, este tipo de organización eclesiástica se fue consolidando alrededor de ciertas iglesias madre, constituyéndose éstas en arcedianatos, dependientes del obispado respectivo, e incluso el arcediano formaba parte del denominado Cabildo catedral. La figura eclesiástica del arcediano se mantiene entre las comunidades cristianas de finales del primer milenio, y llegan a ser incluso notificadores, ante la Santa Sede, de la defunción del obispo; y, mientras Roma proveía la sede, después de la elección y presentación del nuevo prelado, por parte del clero de la Diócesis, eran considerados como administradores de la denominada “Domus Ecclesiae”, es decir la “Casa de la Iglesia” o Sede Episcopal respectiva. Muchos de ellos, una vez ordenados presbíteros acceden a diferentes obispados, e incluso tenemos el caso del Papa Gregorio XI, Pedro Rogerio según Flórez, último de los Papas de Aviñón, que ostentó el título de Arcediano de Briviesca, antes de acceder al Papado. El elegido nuevo Papa era sólo Cardenal Diácono de la Iglesia Católica cuando fue promovido al Pontificado, debiendo en consecuencia ser ordenado sacerdote después del nombramiento. Su retrato, de época renacentista, lo contemplábamos años ha en el rincón superior derecho frente a la entrada a la Sacristía de San Martín, y creemos haberlo rescatado del olvido recientemente en una vista hecha a la casa parroquial, en donde se encuentra muy deteriorado. En el siglo XIII la figura del Arcediano había logrado ya una preponderancia notable en los aspectos jurisdiccional y contencioso, dentro del territorio de la correspondiente diócesis, y sobre todo del propio. Por ello para mediatizar esta categoría más adelante, se nombra, por parte del obispo, un Vicario General, para la jurisdicción ordinaria, y un Provisor para la contenciosa.
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1.1.- Briviesca y su Arcedianato.Es absolutamente fantasioso lo que el P. Gregorio Argaiz expone, en el siglo XVI, en su libro Soledad Luareada9, cuando nos habla de un obispado de Briviesca que dataría de los años 66 después de Cristo. Argaiz llega incluso a dar nombre a un hipotético primer obispo de Briviesca, al que denomina San Laurio, y en su fantasía historicista llega a citar un Concilio de Briviesca en el año 122, e incluso a un obispo que llega a mártir : San Vicente, al que declara sepultado en Sta. Casilda hacia el año 300. Lo que sí parece cierto es que a finales del primer tercio del siglo V, se establecen en el alfoz de la aún Virovesca dos iglesias reconocidas: Santa María y Santiago. Argaiz no yerra al decir que en el siglo XVII existían ambas iglesias, la primera de ellas como Colegiata o Sede del Arcedianato. Eclesiásticamente Briviesca aparece claramente en el mismo Siglo V, en una carta10 que el metropolitano de Tarragona dirige al Papa Hilario entre 463 y 464, para exponerle la conducta irregular del Obispo de Calahorra, Silvano, dependiente de la provincia eclesiástica tarraconense, que ha ordenado un obispo para una sede cercana a la ciudad riojana, sin haberlo comunicado a los fieles para su aceptación, según se procedía en aquellos tiempos. El prelado calagurritano se defiende ante el Papa aduciendo en su favor las opiniones de ciertas iglesias menores, como son, entre otras las de Briviesca, Tricio y Tarazona, que aprueban el nombramiento, que luego el Papa da por bueno, atendiendo a la justificación de estas iglesias menores. El hecho de la presencia de una figura eclesiástica como el Arcediano, lo explica detalladamente el Abad de Silos Dom Luciano Serrano en su Obra “El Obispado de Burgos y la Castilla Primitiva: Desde el siglo V al XIII”. Desaparecida la dominación romana, a finales del siglo V, los pequeños núcleos poblacionales previos a la invasión musulmana, y sobre todo los posteriores a la misma, cayeron bajo el dominio de grupos nobiliarios familiares, que crean iglesias y monasterios primigenios, dentro de sus
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ARGAIZ, Gregorio: SOLEDAD LAUREADA POR SAN BENITO Y SUS HIJOS Y TEATRO MONASTICO DE LA PROVINCIA DE ASTURIAS Y CANTABRIA. Madrid, 1675. T. VI, 378 – 395. 10 SERRANO, Luciano: EL OBISPADO DE BURGOS Y LA CASTILLA PRIMITIVA. Madrid, Instituto Valencia de Don Juan, 1935. 21 – 23.

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territorios respectivos, a los que al final del alto Medievo encontramos constituidos en una cierta autoridad, social y religiosa dependientes de un cabildo o convento, bajo el báculo de eclesiásticos que ostentan dicha autoridad, que se personifica en Abades y Arcedianos, inferiores en categoría al obispo respectivo, pero con atribuciones de propiedad, justicia y gobierno más cercanos a sus fieles respectivos. Uno de los primeros documentos que conocemos sobre Briviesca, datado en el siglo IX, concretamente según Fray Justo11, el 15 de marzo del 873, nos habla ya de la dependencia de algunos lugares de La Bureba del Monasterio de San Félix de Oca, Sede Episcopal anterior a la Reconquista y luego de ella. Se trata del ofrecimiento que hace el Abad Severo a San Félix, de una Decanía, algo así como una pequeña institución canonical y monástica, con sus propiedades y territorio; expresamente dice el documento “Et tercia decanía in Birviesca sancti Cipriani, cum suo ingressu et regressu in suis terminis, et terris, et vineis ab omni integritate”. Podía ser esta Decanía la sede primigenia del Archidecano o Arcediano correspondiente. La iglesia de Briviesca, cuyo cabildo reside en Nuestra Señora de Allende ya equiparada a Colegiata tiene en 950 como Abad a Egidio. Cuando, según la documentación del Archivo de la Catedral de Burgos, es nombrado Vicente obispo de la diócesis (969–975), La Bureba se incorpora definitivamente a la mitra burgalesa También nos habla el citado historiador benedictino P. Argaiz, de otra iglesia, de la que sí tenemos constancia documental en 985, por el Cartulario de San Millán; se trata de la ermita o iglesia de San Clemente. Del mismo modo se pueden citar históricamente las iglesias de San Tirso y la de San Sebastián, todas ellas en el denominado alfoz briviescano. Estas iglesias y su clero respectivo, estaban bajo la dirección de un abad, de modo similar a como lo estaban la mayor parte de los monasterios medievales.

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PEREZ DE URBEL, Fray Justo: HISTORIA DEL CONDADO DE CASTILLA. Madrid, 1945

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En 1075, avanzada la Reconquista, el Rey Alfonso VI traslada a la ya ciudad de Burgos, la sede episcopal de Oca, que existía como hemos indicado desde tiempos apostólicos, como consecuencia de la evangelización de la provincia tarraconense, a la que perteneció casi todo el territorio burgalés. El Rey dota a la mitra burgalesa de ciertos bienes, como son el monasterio “quod vocant Sancta María de Berviesca12 “, monasterio que entrega a Don Jimeno o Simón, primer obispo de la restaurada sede burgalesa. Por este texto documental colegimos que ese monasterio altomedieval figura entre los primeros asentamientos de un collegium o cabildo de clérigos que, viviendo al estilo regular, constituyen el esbozo del futuro floreciente Arcedianato. A principios del segundo milenio, entre 1050 y 1100, encontramos consolidada la figura de la iglesia briviescana y de su Arcedianato. En la Crónica de Alfonso XI figuran ya en la documentación el denominado Monasterio y después Colegiata de Santa María de Allende, que es donado después al Obispado de Burgos. El primer arcediano de Briviesca que nos consta por la documentación medieval es Don García Aznárez, que accede a la sede burgalesa como Obispo en 1097 y lo es hasta el 4 de octubre de 1114; era un clérigo de origen aragonés. Tenemos documentación de los sucesivos arcedianos de Briviesca, que aunque con domicilio en su sede arcedianal, acompañan a los diferentes obispos burgaleses y tienen también silla preeminente en el Cabildo catedral del Obispado burgense; si bien su jurisdicción efectiva recae sólo sobre la Colegiata, su cabildo colegial y los núcleos e iglesias pertenecientes a su territorio exento. En 1145, el Arcediano de Briviesca Don Pedro, junto al Obispo de Burgos Don Victor y al Señor de Bureba Gundisalvo Ruiz, están presentes en la confirmación del Fuero concedido a Pancorbo por el Rey Alfonso VII el Emperador13.

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FLOREZ, P. Enrique: ESPAÑA SAGRADA, TOMO XXVI, pp. 458—462. En este tomo encontramos el documento de dotación de la sede de Burgos, también publicado por Dom Luciano SERRANO, en la obra El Obispado de Burgos y la Castilla primitiva. 13 SERRANO; Luciano: FUEROS Y PRIVILEGIOS DEL CONCEJO DE PACORBO. Rev. Anuario de Historia del Derecho Español X (1933). .325 – 27.

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Por un documento del Monasterio de Las Huelgas, fechado en 1196 conocemos incluso a dos canónigos de Santa María de Berbiesca, uno de ellos llamado Andrés, que confirman dicho documento, consistente en la donación de un molino al monasterio burgalés. Pasamos por alto la evolución de la figura del arcediano a partir del siglo XII, en que lo encontramos entre los protocolos documentales de obispados, monasterios e iglesias importantes y Condados y Casas nobiliarias de Castilla, participando de forma preeminente en actuaciones eclesiales y sociales. Destacamos la fecha de 1221, cuando el 21 de julio, el obispo Don Mauricio de Burgos coloca la primera piedra de la que luego será la Catedral gótica. El P. Flórez, nos da en el tomo XXVI de su España Sagrada los puestos más cercanos a la silla episcopal : así, al lado derecho del obispo figurarán, en 1er. lugar el Deán de la Catedral, en el 2º, el Chantre y los puestos 3º y 4º se reservan para los Arcedianos de Valpuesta y Treviño. Era lógico que el Arcediano de Valpuesta ostentara esa preeminencia, porque fue la sede episcopal burgalesa de la época primera de la Reconquista, y el territorio a donde emigró el obispo y la curia de la sede romana y visigótica primigenia de Auca. A la izquierda del obispo de colocan respectivamente: 1º el Arcediano de Burgos, y en 2º lugar el Arcediano de Briviesca, por entonces el Maestro Pedro, ocupando los restantes puestos: 3º, 4º, 5º y 6º respectivamente, los Arcedianos de Lara, Palenzuela, Salas y San Quirce. Esta organización del Cabildo Catedral pervivió prácticamente durante los siglos posteriores, hasta el XIX, en que, por el Concordato entre la Santa Sede y el Reino de España, cambia la estructura eclesial de la Península. El Arcediano pasará con el tiempo a ocupar el tercer puesto de la Curia, después del Obispo y del Vicario General. 1.2.- El Arcedianato hasta el Siglo de Oro.Dentro de esa Institución arcedianal debemos destacar entre los siglos XIV y XV, una serie de acontecimientos que influyeron notablemente en la organización social de la entonces villa de Briviesca.

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El primero de ellos tiene que ver con la fijación del territorio jurisdiccional del arcedianato que, a finales del siglo XIII, abarca una serie de villas y lugares casi coincidente con la actual zona de La Bureba. Igualmente tendremos la delimitación eclesial de la Colegiata en relación con las varias iglesias de la villa. En su día, y basándonos en la documentación de la época, realizamos sobre el mapa topográfico de La Bureba, la delimitación del territorio arcedianal, que presentamos por vez primera en la presente conferencia. Hasta 128 núcleos poblacionales tenemos identificados pertenecientes al Arcedianato a principios del siglo XIV. Para delimitar el territorio y competencias del Arcedianato de Briviesca, cuya sede se encuentra en esta época en pleno y renovado desarrollo urbano, se concierta una Concordia, como consecuencia de las disputas entre las respectivas parroquias, sobre la jurisdicción propia del territorio urbano de la Colegial, que queda especificado con fecha 1 de octubre de 1317. Concordia, que impone el Abad de Cervatos, nombrado y aceptado por las iglesias locales de Santa María, San Martín y San Andrés, para el acuerdo. Esto eliminará la mayor parte de las desavenencias entre los clérigos de la Colegial y los de las iglesias de San Martín y San Andrés, que eran las que por entonces desarrollaban todo el culto y vida cristianos en la villa. Es muy interesante conocer los límites de dichas circunscripciones eclesiales menores: Santa María, que en casi todos los documentos del primer tercio del siglo XIV se denomina la Nueva, tiene por límites y por parroquianos a todos los que, en esas fechas habiten de la cerca nueva para adentro, entrando del Arrrabal por la puerta de la Tejera, y siguiendo la calle Traviesa, en dirección hacia la puerta de Pancorbo. Esta asignación urbana, fruto de la Concordia aludida, nos está indicando que, ya por esas fechas, Briviesca había cambiado de asentamiento; y que estaba desarrollándose el que ahora conocemos como casco histórico, merced a los desvelos de Blanca de Portugal, verdadera Señora de la Villa, quien desde Las Huelgas de Burgos, que ostentaba posesiones

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importantes en el alfoz briviescano, y como Señora del mismo Monasterio, vela por el armónico emplazamiento de la misma. Son varios los documentos de Santa María que reseñan donaciones especiales para la “obra de la cerca”, algunos de cuyos restos han llegado hasta nuestros días. La jurisdicción de San Martín va desde la puerta de la Tejera hacia el oeste, comprendiendo el espacio que hay entre la cerca y la calle que llega a la plaza donde se encuentra la iglesia del mismo Santo, y al Norte la parte que va desde la plaza, hasta la denominada puerta de Pancorbo. Tenemos por tanto, por aquel entonces ya cuatro puertas: Al oeste, La Tejera; al este, la de Pancorbo; al sur, la de Burgos y al norte la denominada de Medina. La parroquia de San Andrés, que será anexionada en el XVI a las anteriores, se queda con los terrenos extramuros del denominado barrio del Castillo, donde se ubican los judíos y la zona del Arrabal, que llegaría hasta la cuesta del Rosario. Esta iglesia de la que hemos perdido datos, fue demolida antes de 1770, para ensanchar el Hospital de Nuestra Señora La Mayor extramuros de la villa, y desconocemos su emplazamiento exacto. Al mismo tiempo que se procede a esta reorganización eclesiástica de la villa y sus aledaños, se produce el traslado de la Sede Colegial del Arcedianato, desde la primitiva iglesia de Nuestra Señora de Allende, al emplazamiento actual de la Colegiata. La Concordia es renovada en el siglo XV, el 15 de mayo del año 1405, en los términos siguientes: “A quince días del mes de mayo del año del nacimiento de Nuestro Salvador de mil e cuatrocientos e cinco años, Este día en la Iglesia Colegial de Santa María de Briviesca, ante Ferrando Dias, Vicario en el Arcedianato de Briviesca, por el muy Reverendo en Cristo , Padre y Señor Don Pedro, por la Divina Providencia Cardenal de España, Arcediano de Briviesca, en presencia de Miguel Martínez, escribano público de la dicha Villa e de los testigos suso escritos, (a)pareció y presente por delante Juan Martínez, Prior Provisor e Procurador de la Iglesia de Santa María e de los beneficiados e servidores della e mostró e

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fizo leer ante dicho Vicario, por mi el dicho escribano, un compromiso escripto en pergamino de cuero, e signado de dos signos que parecían ser signados segund que en el dicho compromiso se contiene…” a continuación, como en las confirmaciones documentales de la época, se repite el texto de la Concordia de 1317, en todos sus extremos. Si hemos destacado este nuevo documento, es también por la presencia del famoso Arcediano Don Pedro, Cardenal al mismo tiempo de la Iglesia Romana, dato poco conocido por cuantos han escrito sobre Briviesca. En el siglo XV, siglo del apogeo de la Casa de Haro, luego Condestables de Castilla y Duques de Frías, pasaron por el Arcedianato de Briviesca varias personalidades relevantes de la Iglesia española; su nombramiento, contribuía más a incrementar su categoría e ingresos, que probablemente a destacarse por su quehacer eclesial; aunque, eso sí, casi todos procuraron la preeminencia del Arcedianato y de sus ancestrales privilegios. Así, por ejemplo, tenemos hacia 1434 a Don Fernando Díaz de Toledo, capellán de Doña Leonor, esposa de Fernando I y del Consejo de Don Juan II; en 1475 es Arcediano de Briviesca Don Fernando Díaz de Fuente Pelayo, quien defendió los derechos dinásticos de la famosa Beltraneja; y hacia 1487, ya en plena época de los Reyes Católicos, tenemos al franciscano Diego de Nava, confesor de Isabel de Castilla.

1.3.- EL Arcedianato hasta el siglo XIX.La historia del Arcedianato desde el Siglo de Oro hasta su extinción en el siglo XIX está por hacer, dado que existen numerosas fuentes documentales para ello, a pesar del expolio sufrido por el Archivo de Santa María en diferentes etapas de su reciente historia. De lo que sí nos constan noticias precisas es de las interesantes desavenencias territoriales y jurisdiccionales entre el Obispado de Burgos primero, Arzobispado de Burgos después y el Arcedianato de Briviesca, en los siglos XVI a XVIII, con datos abundantes y prolijos, tanto en el Archivo Vaticano como en el de la Catedral de Burgos.

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No obstante, un erudito párroco de la villa de Rojas, del hoy arciprestazgo de Briviesca, Don Esteban, me trasmitió, en los años 60, una serie de detalles interesantísimos sobre la historia del Arcedianato hasta su final, notas que aún conservo, y de entre las cuales entresaco alguno de los detalles históricos más destacados. Don Esteban, a quien los conocimientos paleográficos no le eran ajenos, los extrajo, de los múltiples legajos que releyó en el Archivo Colegial, siendo párrocos respectivamente Don Lorenzo Montes y Don Bonifacio Garcés; y su meritísimo trabajo resulta imprescindible para el conocimiento de casi cinco siglos de historia, siglos XV a XIX. Los acontecimientos más trascendentales de esta dilatada etapa, como reiteramos, se encuentran reflejados ampliamente en la documentación contemporánea y entre ellos vamos a destacar los encuentros y desencuentros del Arcedianato con la mitra burgalesa, episcopal primero y arzobispal a partir de 1567, en que, a instancias de Felipe II, Burgos es elevada a Sede Metropolitana. También surgieron a los largo de los siglos desencuentros menores con la Parroquia de San Martín, cuyos clérigos no rendían muy a gusto la pleitesía protocolaria, y la preeminencia debida, a los prebendados e iglesia Colegial, que se creían de mayor categoría, y con derecho a algunas privilegios jurisdiccionales incluso, por pertenecer a la iglesia matriz del Arcedianato. Así por ejemplo, en 1628 tienen ambas iglesias un pleito, que llega hasta Roma, por los asientos en los funerales de la Colegial, a los que están obligados a asistir varios de los beneficiados de San Martín. Incluso cuando son requeridos para ceremonias religiosas los frailes del Convento franciscano de Nuestra Señora de la Salud, en el valle de San Francisco, fundación del conde de Haro en el siglo XIV, y cenobio muy floreciente durante varios siglos, se les exige un comportamiento protocolario determinado, y que no se sienten, salvo el Padre Guardián, en los asientos del Coro pertenecientes al Cabildo. Este mismo año de 1567 fallece el Arcediano Solórzano Salazar, poco estimado en la villa, pues nunca deseó residir en ella; fue enterrado en Frías, a donde le acompaña una representación del clero Colegial.
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Le sucede en el Arcedianato el Licenciado Don Juan de Trillera, quien, sin embargo, desde el primer momento quiere residir en la antigua sede de Nuestra Señora de Allende, donde, se dice: “según tradición antigua, tuvo principio esta Santa Iglesia Colegial”. El Cabildo accede gustoso a esta preferencia del Señor Arcediano, “dispensándole de todas las horas como si asistiese a ellas, y le obliga tan sólo a asistir a las procesiones generales, a no ser que haya tempestad de agua o nieve “. Todos los viernes del año, se nos indica en el Libro de Actas del Cabildo de la Colegiata, se reúne éste en la Capilla de San Lorenzo del Claustro. Claustro que subsistirá hasta el siglo XX, en que por remodelación de los edificios anejos a la iglesia, desaparece en su totalidad, si bien pueden observarse, en las estructuras aledañas al hoy edificio del clero parroquial, algunos de sus elementos de factura gótica. A mediados del siglo XVII, año 1650 se nos indica que, en esta Insigne Colegiata hay, además del Arcediano, tres dignidades: Prior, Capiscol y Tesorero; siete canonicatos, seis racioneros, ocho medio racioneros y dos capellanías de número; lo que hacen un total de veintitrés clérigos. No todos residían en la villa, porque eran promocionados a dichos cargos, pero muchas veces permanecían en sus diócesis o cargos curiales o seculares de otro orden. Cada canonicato recibía 72 fanegas de trigo y 40 fanegas de cebada; de centeno tres fanegas; de avena cuatro, de queso y lana 70 libras; 60 cántaras de vino y 900 reales en dinero. Todo ello tasado venía a equivaler 3.008 reales, además de otras remuneraciones competenciales. Por ello, los cargos y dignidades de la Colegial eran muy apetecidos por el clero de todo el reino. Dada la importancia que iba ostentando también la sede de la Caput Castellae en los albores de la Edad Moderna, las aspiraciones de sus prelados, sobre todo a partir del Concilio de Trento, se concretaban en recortar los privilegios de las sedes menores, e incluso de monasterios y demás instituciones eclesiales. Pero además de la labor eclesial propiamente dicha, la Colegial sede del Arcedianato, tenía otras actividades como la del socorro de enfermos y pobres, y para ello había fundado un Hospital denominado de Nuestra

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Señora La Mayor, anexo al claustro de la misma, y situado entre el cauce de la acequia que discurría por la calle del Rio, y la misma Colegial. Dicho Hospital, que provenía del siglo XV, se encuentra en pésimas condiciones a mediados del XVII, y en el año 1650 se intenta el traslado a las afueras de la villa, por los muchos inconvenientes que representa para el traslado de enfermos, sacramentar a los mismos y sacar los cuerpos para el sepelio. Pretende el Cabildo que se ubique cerca de la iglesia de San Andrés, y de la entrada de la villa por el sur. Este Hospital debió de subsistir hasta el siglo pasado, aunque a finales del XIX era reconvertido en cuartel de la Guardia Civil. Como el Arcedianato de Briviesca había logrado, a través de los siglos, una importancia singular por su historia y por sus rentas, no olvidemos que a partir del siglo XIV es junto con Medina de Pomar la villa principal de los Condes de Haro, luego Condestables de Castilla; el obispado de Burgos planteó ya a finales del mismo siglo XV, un pleito de jurisdicción que fue llevado a Roma incluso, y que fue dilucidado por el Abad de Gumiel y ratificada por ambas partes la sentencia favorable al mantenimiento del los derechos del Arcedianato por la Sagrada Rota romana. Siguen siendo constantes las desavenencias entre la Mitra de Burgos y el Arcedianato y así a principios del siglo XVII se reúnen el Arzobispo de Burgos y Don Manuel de Salamanca, para comunicarse sus quejas sobre tales incidentes de jurisdicción eclesial que ha originado cuantiosos dispendios, por la posesión de la jurisdicción ordinaria en los 128 pueblos de los Arciprestazgos de Cerezo, Belorado, Pancorbo, Rojas y Frías. Quieren reducir el Arcedianato a 15 pueblos. Dos años mnás tarde acuerdan ambas partes que el Arcedianato ceda los lugares de Foncea, Valluércanes, Berzosa y Cascajares, y adquiera los derechos de Cameno, Monasterio de Rodilla, Quintanavides, Berzosa y Prádanos, trocando Quintanilla del Monte por Revillagodos. Desde los años 1512, 1539, 1595 y hasta 1716, el Obispado creía tener el derecho omnímodo sobre la silla Arcedianal y sus privilegios, pertenencias y exenciones, y pretende visitar las iglesias del Arcedianato, al margen de la propia autoridad del Arcediano. Pues bien, a pesar de los recursos del Obispo ante Roma, con el fin de arrogarse los derechos inmemoriales del
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Arcediano, y de que Trento limitó mucho los respectivos privilegios de las denominadas sedes menores, es decir de los arcedianatos, abadías y monasterios, el Arcediano de Briviesca mantuvo sus privilegios hasta el año 1727 en que dos ilustres personajes: Don Manuel de SAMANIEGO Y JACA, por entonces Arzobispo de Burgos y el Arcediano de Briviesca, Don Onésimo de SALAMANCA Y ZALDIVAR, uno de sus más ilustres Arcedianos, luego Obispo de Salamanca, y Arzobispo de Burgos, rubrican por indicación del Papa BENEDICTO XIII, la concordia en que se contienen todos los extremos de la futura jurisdicción arcedianal, hasta que el Concordato entre la Santa Sede y España, en el año 1851, según apuntamos anteriormente, en el reinado de Isabel IIª, extingue el milenario Arcedianato, y la Colegiata se transforma definitivamente en iglesia parroquial de Santa María la Mayor, y pasa a ser cabeza de un arciprestazgo, del que dependen únicamente las localidades de : Aguilar de Bureba, Alcocero, Cameno, Grisaleña, Quintanillabón, Castil de Peones, Quintanaloranco, Quintanabureba, Quintanilla San García, Revillagodos, Reinoso, Revillalcón, Salinillas y Valdazo. 1659 es un año especial para la Villa. El Conde duque de Olivares, Privado de Felipe IV, después de los Tratados entre España y Francia, en la famosa Paz de los Pirineos rubricados en la Isla de los Faisanes, en la zona fronteriza del río Bidasoa, viene a visitarla de paso para Irún, donde se va a concertar el matrimonio entre Doña Teresa de Austria, con el Rey de Francia. Se acuerda en el Cabildo que, cuando llegue la comitiva, salgan a recibirla a los términos del Arcedianato, cuatro Dignidades del mismo, en mulas con gualdrapas, cuatro criados a pie, y otros cuatro a caballo. Se trasladan hasta Prádanos, y conducen a la comitiva hasta el Palacio del Condestable. Por la mañana vuelven los comisionados a darle los buenos días y es despedido por la tarde. Vuelve el cortejo cuatro meses después, por la tarde del 23 de noviembre; se le recibe en Cameno, donde el Prior le da la bienvenida. Se alberga en el mismo Palacio, y a la mañana siguiente se le invita a visitar la Colegiata, lo que hace con toda la pompa y se Canta un TE DEUM, con repique de campanas de todas las iglesias de la villa.

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El Arcedianato organizaba numerosas procesiones a lo largo del año, que a veces eran más romerías que tales procesiones; se solían hacer a lugares un tanto alejados de la villa, y acudían los representantes del clero y pueblos cercanos. Así por ejemplo en 1673, se hace, como todos los años la romería procesión a Santa Casilda, patrona de la villa, cantando las Letanías mayores. Por los problemas surgidos en el lugar de Revillalcón, donde el séquito procesional se paraba a comer, se renuncia en años sucesivos a este ágape, que se agradece al alcalde respectivo. Durante las procesiones, que frecuentemente eran de cuatro leguas, se visitaban las estaciones de las ermitas, de las que en el entorno de Briviesca había varias, como por ejemplo las de la Magdalena, San Juan, San Miguel, San Acisclo y San Sebastián, San Bartolomé y San Adrián, San Pedro Mártir, San Tirso y Nuestra Señora del la Calzada; en la de San Andrés se dice que no se debe hacer estación porque está profanada, dado que los pastores han resguardado en ella los rebaños. De la ermita de San Adrián salió un raposo al visitarla, con lo que se organizó un alboroto para cogerle. En ocasiones surgían eventos curiosos, porque al tener que vadear o cruzar los arroyos, pisando sólo piedras grandes, algún clérigo caía en la corriente, con la consiguiente mofa por parte del pueblo, e incluso algunos tiraban piedras al vado para que se chapuzón fuera mayor. En una de estas procesiones, desde Cameno, el Arcediano mandó que se repitieran con el debido respeto y con la Cruz alzada. Al fin se solicita una reforma en el régimen de procesiones, así: “viendo los inconvenientes que resultan de dichas procesiones”, - o Letanías lejanas, como se las llama, a San Adrián, Santa Casilda y Nuestra Señora de Cameno -, el Arcedianato las prohíbe bajo pena de excomunión: y ordena que en lugar de ir a San Adrián se procesione a la iglesia de Nuestra Señora de Allende; en lugar de ir a Santa Casilda, se vaya al Convento de San Francisco y en lugar de ir a Cameno, se haga a San Pedro Mártir. Muchos de estos nombres de ermitas pasaron al entorno agrícola de su respectivo emplazamiento, y aún recuerdo, que mi abuelo tenía fincas en el término de Trasiglesias, que seguramente hacía alusión a alguna ermita o iglesia respectiva cercana al camino de Quitanillabón; todos

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reconocemos por ejemplo, los términos de San Miguel, o Santotis (San Tirso) y San Juan. No obstante nos consta, por la Santa Casilda y de las Cruces, con motivo de las rogativas de San Marcos, en los meses de abril y mayo respectivos, que Briviesca siguió procesionando lejos, a través de los siglos, y hasta tiempos recientes, al mismo tiempo que tales procesiones se transforman en romerías. Tales ermitas y lugares de culto, procedían con toda seguridad, al menos muchas de ellas, de los pequeños cenobios instaurados por los clérigos, en la Repoblación castellana de finales del Alto Medioevo, que a su vez estaban asentados en lugares de culto del Bajo Imperio y de época visigótica, dando origen varios de ellos a alguno de los Monasterios más conocidos, como Oña, Cardeña, Arlanza y muchos otros castellanos. Sería curioso e interesante localizar los restos de alguno de estos solares históricos de la villa, porque con toda seguridad, en su mismo emplazamiento se hallarían retazos de la historia civil y eclesiástica de Briviesca. Por circunstancias adversas para el campo, se solicitará muchas veces la asistencia del Cielo, como ocurriera el 25 de abril de 1654, en que por hallarse en peligro de perderse las cosechas, se acude a Nuestra Señora; lo mismo se hace en 1690, trayéndose esta vez la imagen de Nuestra Señora de la Serenidad, desde el Convento de San Francisco; permanece ocho días en la Colegiata, pidiendo en un octavario que se serenase el tiempo húmedo y tormentoso. O sea que cuando se precisa lluvia, se acude a Santa María La Mayor, y cuando urge que cesen las tormentas y el tiempo húmedo, se trae a Nuestra Señora de la Serenidad, una pequeña estatua que durante los últimos lustros del XIX y buena parte del XX hemos venerado en la Capilla de Santa Casilda, adornada con coqueto manto blanco recamado en oro. El Arcedianato, tenía además de los privilegios esenciales de su categoría eclesial, otros de índole terrenal, como la entrega de los menudillos de las carnicerías para el clero de la Colegiata. En 1668 se entabla un pleito entre él y el Ayuntamiento de la Villa, ante la misma Cancillería de Valladolid,
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reclamando ese derecho ancestral. Concretamente el Arcediano Don José Hernández de Soto expone ante el Concejo y la Cancillería que necesita de esa aportación cárnica para el mantenimiento de su familia, así como para la del Provisor. Cuando envían sus criados para recabar dicho derecho, se les niegan las aportaciones de las carnicerías, especialmente en el día de sábado; mientras que los Alcaldes y regidores de la villa se los llevan para sí y para los suyos, e incluso se los reparten entre amigos y parientes. Lo que a todas luces es un agravio pues en Briviesca se matan los sábados muchos bueyes y carneros. Se reúnen miembros del Cabildo y del Concejo para tratar este tema en la Casa Ayuntamiento llamados por la Cancillería; el Ayuntamiento accede a que se siga con esta costumbre, pero aclara que no es cierto que se haya observado siempre así, e indica que muchas veces no ha habido ni siquiera para los Alcaldes ni regidores. Contesta el Arcediano que es una honra para la Villa que él resida en la misma, y que por tanto deben de subvenir a sus necesidades y las de su entorno, máxime dado el número de cabezas que se sacrifican; y hace notar que los sábados precisamente, que es cuando él se cree con tal derecho, en vez de matar unas veinte reses, sólo sacrifican dos o tres y así no tienen despojos para el Arcediano; y “ que conste dice, que también el Arcediano podía haber puesto carnicería, pero que por los inconvenientes para la villa que se derivarían de ello, no lo ha hecho”. Al final el Ayuntamiento accede a que se den al Arcediano lo solicitado de acuerdo con la sentencia de la Cancillería, rubricada por el Rey el 19 de agosto de 1669. En los últimos decenios del XVII, la Colegial está dedicada a hacer realidad la fundación de Don Francisco de Soto Guzmán de la Capilla del Trassagrario a la que nos referiremos más adelante en capítulo aparte; quiere el noble caballero poner espadaña y campanas en dicha capilla, a lo que no accede el Cabildo, por los perjuicios que puede ocasionar a la iglesia madre del Arcedianato. Don Francisco regala dicha espadaña a la iglesia de Allende, y es colocada sobre uno de los arcos vanos de la torre. Por tanto sabemos que a finales del XVII, dicha iglesia, luego considerada ermita, aún era como uno de los monumentos más importantes de Briviesca.

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Como lo era la misma Colegial, que a principios del XVIII, en 1702, va a ser propuesta para la restauración de su capilla mayor, que era de artesonado en madera, y se va a cambiar dicho artesonado por una bóveda, con sus arcos y “vuelta de coche”. Se convocará concurso público entre maestros cualificados para la importante obra de renovación. Se pagarán las obras en principio con los 400 ducados que Don Manuel de la Torre ha enviado desde América para la lámpara que debería arder siempre delante de la imagen de Nuestra Señora. Hemos hablado antes de las frecuentes procesiones en la Villa; pues bien el 10 de junio de 1713, y ante una meteorología adversa para el campo, las autoridades solicitan al Cabildo, se tenga una novena para pedir a Nuestra Señora La Mayor la esperada lluvia, “pues no ha llovido en seis meses”. Accede la iglesia, y nada más comenzar la novena aparecen nubes que presagian lluvia abundante durante dos días con sus noches. El Sexto día, ya serenado el tiempo sale la procesión con el Santísimo por ser día del Corpus Christi, y antes de llegar a Santa María Encimera, vuelve a llover de tal modo, que se tienen que refugiar en la parroquia de San Martín, dejando al Sacramento en dicha iglesia por la imposibilidad de volver a la Colegial. Todo ello se acaba con una gran procesión con Nuestra Señora, a la que acuden representaciones de 26 pueblos con sus cruces respectivas. A mediados del XVIII, se renueva el suelo de la Colegiata, encajonando todas las sepulturas de la nave central, y determinando que en lo sucesivo sólo haya enterramientos en las naves laterales. Por el fallecimiento sin sucesión de la Marquesa de Torre Soto, en 1757, pasa a ostentar el mayorazgo con todos sus derechos el Cabildo Colegial. El caballero Don Isidro de la Peña, pariente lejano, aspirará al Mayorazgo y derechos anejos, pondrá al Cabildo, que lo ganará, según el testamento de Don Francisco de Soto, un pleito que durará casi medio siglo. En 1758 es nombrado Arzobispo de Burgos el ilustre hijo e Briviesca Don Onésimo de Salamanca. La Villa se alegra enormemente de que su antiguo Arcediano acceda a la Sede Metropolitana, el prelado regala en su primera visita en terno rojo bordado en oro y un pectoral para Nuestra Señora.

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Fallecido el Arcediano Don Nicolás de la Cuadra en 1759; es propuesto para la sede Don Juan Sáenz de Vitoria, que toma posesión en 1760. Don Onésimo durará muy poco al frente del Arzobispado, pues fallece en 1761, lo que ocasiona gran sentimiento en Briviesca por lo mucho que ha hecho por la villa. Muchas veces, y sobre todo en el siglo XVIII, se hace alusión a la fundación de un Convento de frailes Carmelitas en la ciudad, según una donación realizada por el Marqués de Torre Soto en 1687; al final su pingüe legado se va a emplear en elevar un retablo en la Colegial a Santa Teresa de Jesús, hacia 1765. Buena parte de esos caudales se aplican también a obras de la iglesia, que tendrá que soportar, durante decenios la llamada de atención por parte de los albaceas para que se lleve a efecto la citada Fundación. La gestión de la misma con el Cabildo había comenzado en 1729, cuando el Duque de Frías enviaba una carta sellada al Prior, que éste abre en la reunión del clero de la Colegiata. Expone razones y deseos de que se cumpla la voluntad del Marqués, y en principio les parece bien a los prebendados, aunque el Prior pospone la decisión para una reunión posterior de la mesa capitular. A partir de ahora la fiesta de Santa Teresa ha de celebrarse con especial esplendor con volteo de campanas la víspera de la festividad de la Santa, colocando seis velas en su altar de la Colegiata y se han de tirar cuatro docenas de cohetes. En la iglesia de San Martín también se elevará un retablo a la Virgen del Carmen del mismo orden y belleza que el de la Colegial. Será patrono de esta fundación Don Francisco de la Torre, que era nieto de Don Tomás de la Torre, hermano del fundador, Don Manuel, a quien se entregarán 6500 ducados, para que viva decorosamente y como compensación por no haber cumplido con el deseo de su antecesor de la Fundación Carmelitana. También llegan los beneficios de la Fundación de Don Manuel de la Torre al Convento de Carmelitas descalzas de Burgos, última fundación de Santa Teresa al que le corresponden 500 ducados. El dinero para la Fundación de Carmelitas lo envió desde la ciudad de la Provincia de Tucumán, San Felipe de Lerma, situada en el valle de Salta, Virreinato del Plata, actual Argentina, y fue trasportado en el viaje que el sargento Don Pedro Pérez de Hoyo, que a su llegada a Cádiz lo consignó en 1701, a la

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persona indicada, para hacerlo llegar al entonces Arcediano Don Manuel de Salamanca, que se negó a recibirlos para destinarlos a ese fin; se sabe que no todos los galeones que venían en aquella comitiva llegaron a puerto, pues se cuenta que la Capitana se perdió, y en ella venía la décima parte de la dotación fundacional. La esposa de Don Manuel de la Torre, también litigará con el Cabildo, porque no se destina al fin por el que se ha hecho la fundación, pero el Cabildo la contenta con una porción del mismo. El 12 de noviembre, en Cabildo extraordinario, se vuelve a examinar el tema, “ que es para tratar y conferir lo que sea y parezca más del agrado de Dios, bien y utilidad de esta Iglesia Colegial, en orden a admitir o no la fundación del Convento de Religiosas Carmelitas Descalzas”, que contaba con el beneplácito de los religiosos de dicha Orden de Burgos, leyéndose la cláusula del testamento del Marqués de Torre Soto, que dota dicha posible fundación, y que para llevar a cabo todo lo necesario nombra y da poder a Don Pedro Martínez España. Además se solicita que se funde una Casa Hospicio, en que haya cuatro religiosos del Carmelo, para que las religiosas de la nueva fundación, corran a cargo del mismo. Todo se somete a votación, que sale positiva; pero no definitiva, porque al día siguiente se vuelve sobre el tema, que sin embargo parece controvertido, por lo que se realiza votación secreta, en la que la parte que aprueba la fundación está en minoría. El Prior, que es contrario a la misma, consigna su oposición, sin embargo se comunica al Arcediano y al señor Duque de Frías una posición favorable. Se volverá a tratar sobre la fundación en el año siguiente 1730. A primeros de enero se tiene nueva reunión en la que el Prior abiertamente manifiesta su oposición frontal al proyecto; el Cabildo duda después de las votaciones a favor anteriores, quedando la cosa en tablas provisionalmente. El hecho es que jamás se instauró el monasterio de Carmelitas, y los dineros de Don José de la Torrre, que gestionaba el Magistral Ilarraza en Madrid, se emplearían luego en otras necesidades de la Colegiata. Se originó con todo ello un largo pleito que duró varias décadas, del que se habla en documentos de los años 1738 y 1744.

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Hemos indicado que el Cabildo mantenía también una Escuela de Gramática; se quejan los padres de los alumnos de que el Profesor no cumple adecuadamente con su función y se le invita a dejar el puesto, o si no a ser demandado por el Arcediano. La Escuela de Gramática, que llega hasta entrado el siglo XIX, tiene vacante su Cátedra y en el año 1800 se presentan a ese puesto nada menos que diez presbíteros para ocuparla. Es curioso cómo se desarrolla la oposición que tiene lugar en la tarde del 25 de febrero. Un niño hace tres piques con un cuchillo en la Historia de Don Quijote, quedando todos para comentar el capítulo 45 de la obra : “ En que se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y la alabarda”. Cada opositor recoge papel suficiente y escribe al dictado el texto que expone el señor Magistral, que deberá de ser traducido. Algunos estuvieron hasta las once y media de la noche – se había comenzado a las dos de la tarde – entregados los ejercicios de traducción, se guardan bajo llave por el Secretario Capitular. A la mañana siguiente cada opositor expone en la Cátedra, ante el Cabildo y numeroso público, la traducción una vez leído el romance. El primero en intervenir fue Don Alfonso Palomo, que responde a las preguntas de los demás opositores. Estos proceden del mismo modo. Al día siguiente se realiza la traducción del latín de un trozo de la obra de Julio Cesar de la Guerra de las Galias, de la misma forma que el ejercicio anterior, exponiendo el método más adecuado para la enseñanza de la lengua latina. Tan bien han realizado los opositores sus ejercicios que estos son remitidos al Instituto San Isidro de Madrid. Existían al mismo tiempo dentro del territorio del Arcedianato otras escuelas de Gramática, como la de Busto, que hacía competencia a la de Briviesca, y que es clausurada por ello. Los párrocos de diferentes pueblos se quejan al Arcediano de que a veces los maestros de la Cátedra no son lo suficientemente expertos; y exigen que no se dediquen ni a la labranza, ni al comercio, ni administración alguna y que, en caso contrario se les desposea de su cargo. Otra costumbre inmemorial en el Arcedianato es cantar las Oes en el octavario anterior a Navidad, que iban acompañadas de una invitación de

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dulces, a lo que se niega el Prior en el año de gracia de 1766; y se le amonesta y condena a pagar 56 libras de dulces para ese convite La Santa patrona de La Bureba tampoco es ajena a las preocupaciones del Cabildo, aunque la jurisdicción sobre su santuario, que quiso tener el Arcedianato, nunca la logró. Lo que sí consigue el Arcediano de finales del XVIII Don Vicente Ramírez es que una reliquia del cráneo de Santa Casilda sea entregada a Briviesca, y sea colocada en el altar respectivo de la Colegiata, reliquia que es venerada por “la Serenísima Princesa de Asturias”. La ceremonia tendrá lugar en 1788 en San Martín, donde el pueblo rinde homenaje a la Santa, quizás porque se deseó hacer una procesión a la misma Colegiata desde San Martín, iglesia en donde quedaría la reliquia, al haber entrado por la puerta de Medina, acompañada de todo el clero y frailes de San Francisco. El Arcediano Don Vicente fallecerá en 1805. Durante dos años hay Sede Vacante en la que el Cabildo Catedral de Burgos, quiere quedarse con los derechos del Arcedianato; se entabla el correspondiente pleito en el que el Provisor y Cabildo de la Colegial acuden al Rey Carlos IV y a Roma; ambos dictaminan que los derechos pertenecen al Cabildo de Santa María. En el apartado de la historia de la Colegiata, indicaremos más adelante cómo a finales de este mismo siglo se consideran perentorias las obras, que financiará en parte el canónigo Magistral Ilarraza residente en Madrid, quien recurre incluso al Rey, all Arzobispado y al mismo Cabildo de Burgos. Ya en 1836, cuando el ministro de S. M. Mendizábal, ordena la denominada “Desamortización de los bienes eclesiásticos y regulares “, los documentos del Archivo Colegial detallan que la fábrica de la Colegiata carece en absoluto de bienes notables. En 1842 los escasos bienes pasan a ser administrados por un Comisionado de la Nación. Después de la Desamortización, y entre los años 1836 y 1851, no es raro que el Cabildo recurra al Ayuntamiento para cubrir las necesidades más esenciales, como sucede más tarde en 1843 y 1864.

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Será el Estado quien, a partir de 1851, en virtud del Concordato con la Santa Sede, se haga responsable de los gastos más elementales del Cabildo y de la Colegial, como compensación por haber pasado a aquél buena parte del patrimonio eclesiástico. En el Cabildo cuenta, por esas mismas fechas, con ocho miembros, a los que corresponden, junto con los dos sochantres, 120 reales – que aportará el Estado – “como asignación que siempre se les había dado, por ir a celebrar la Rogativa a Santa Casilda, distante legua y media de la villa” Un texto de la época nos atestigua que en Briviesca, por estos años, 1879, “el estado moral es bueno, habiéndose dado la última Misión en noviembre, a la que asistieron muchos de los pueblos de los alrededores. Los feligreses son respetuosos para con los sacerdotes, lamentando únicamente la profanación de los días festivos, pues de continuo están abiertos los comercios sin diferenciar días, ni hallar medio de cortarlo; y la autoridad local no quiere intervenir, porque dice que la Ley civil no lo prohíbe”, Los tiempos en que el Arcedianato y su rigurosa normativa era respetados habían pasado . En 1880 se produce la unión de las dos parroquias Santa María y San Martín. Don Cándido Sancha es el párroco; y en 1889 es nombrado Párroco Arcipreste único Don Manuel Santaolalla, y ya a finales del XIX tenemos de Párroco a Don Teodoro Martínez, que lo había sido de Rojas. Como datos más recientes y curiosos sobre la Iglesia de San Martín, hoy sede de la Parroquia, tenemos el derribo de la torre en 1892, cuya espadaña es remozada. Este mismo año ocurre el desprendimiento de los campanillos de Santa María que son reparados y reubicados en la torre.

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2.- La Colegiata de Santa María La Mayor.La sede del Arcedianato estuvo indudablemente en la cabeza eclesial del mismo, Briviesca, pero no siempre en la misma iglesia. La Ex - Colegiata de Santa María tuvo su nuevo emplazamiento, que data del siglo XIV, según hemos dejado indicado, dentro del nuevo recinto de la entonces villa. El tema del emplazamiento de la Sede primitiva y de su iglesia es una de los más interesantes, bajo el punto de vista arqueológico, para conocer el asentamiento primigenio, no sólo de la villa anterior a Doña Blanca, sino de su posterior desarrollo urbano. Uno de los primeros documentos en los que se hace referencia concreta a la sede de la iglesia colegial, de la que se nombran sus cargos respectivos está fechado en la era de 1356, o sea el año 1318, En el se nos dice textualmente: “…estando en la sacristía de Santa María La Nueva, Juan Sánchez, Prior, Domingo Pérez, Capiscol y Ruy Sánchez, Sacristán y otros canónigos de la Iglesia de Santa María de Vervisca, por sacristán llamados a campana tañida – fijémonos que todavía hay una lejana referencia a la vida conventual – ayuntados así como lo han de uso y costumbre, … y en presencia de mi Sancho Martínez, escribano público de Vervisca… sepan que yo Domingo Pérez, capiscol de la iglesia de Santa María de Bervisca … habiendo devoción a la Virgen Bienaventurada Gloriosa Santa María señaladamente en la iglesia de Santa María La Nueva, que agora es dentro de la cerca de la villa de Bervisca … fago donación perpetua, sana, e firme, e valedera entre vivos, y doy y cedo a la dicha iglesia de Santa María La Nueva, y al cabildo…las mis casas que yo he en la villa de Bervisca, en que ahora moro … la mi bodega que yo he … la cual bodega es (entre) la Cal Mayor, y el andamio de la Cerca de la Villa…” Más adelante afirmará que también dona varios majuelos, y que uno de ellos fue del judío Abraham. Resulta muy interesante y expresivo, al gusto de la época, finales del siglo XIII y principios del XIV el final de dicho documento : “ E luego Domingo Pérez, el dicho Capiscol, dijo al Cabildo : Andad conmigo, el luego y quiero venir, y poner en la posesión de esto sobredicho que yo vos do, según que a la carta pública dice: y el Cabildo vinieron con él y metióles en las sus
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casas, y bodega y en el majuelo de La Vega que fue de Don Abraham, y en el majuelo cercado con su casa … el Capiscol salió del majuelo cercado, y les dio la llave de la puerta de la casa, y del majuelo y se desapoderó del majuelo cercado, y dijo que en su vida el Capiscol se entrará a servir de las casas de la Villa, y de la bodega y del majuelo de la Vega que fue de Abraham, y que después de la vida del Capiscol, todo fuese del Cabildo y de los capellanes para ellos y para sus sucesores…” El texto es lo suficientemente expresivo y prueba no sólo la presencia del Arcedianato que iba incrementando su patrimonio, sino sobre todo la actividad constructora en la villa por aquellas mismas fechas. Conocemos abundantes testimonios sobre dicha iglesia, cuyo topónimo ha perdurado hasta tiempos recientes en el denominado término de “Aliende”, utilizado por labradores y lugareños, al menos hasta los años de mi infancia en Briviesca, alrededor de los años 50 del pasado siglo. En los ratos libres de mi trabajo en la Universidad, he dedicado varias investigaciones a precisar el lugar exacto del emplazamiento de Nuestra Señora de Allende, y al final logré dar con un testimonio topográfico, debido a Don Juan Sanz, párroco de Briviesca en el primer tercio del pasado siglo, y que publiqué en mi obra BRIVIESCA ANTIGUA Y MEDIEVAL14i. A este emplazamiento parece que se refería el Profesor de la Universidad de Valladolid J. A. Abásolo en su obra “Comunicaciones de época romana en la Provincia de Burgos”15. Lo único que conservamos de aquella sede primitiva de Allende, nominada en numerosos textos históricos hasta los umbrales del siglo XX, es la
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Op. Cit. Pg. 224. En nuestra obra indicábamos las coordenadas en las que pueden hallarse los restos de dicha Colegiata primitiva: “ … situada en el kilómetro 415 antiguo de la carretera Madrid-Irún , hoy kilómetro 278; a 824´40 metros de la vía férrea Madrid-Briviesca-Irún y a unos 250 metros de la caseta del guardabarrera del camino encimero de Bañuelos, o de las Yeseras, o sea a 250 metros del paso a nivel”. Sobre este paso sabemos de la instalación, en la segunda mitad del pasado siglo XX, de un puente sobre dicha vía; instalándose junto al mismo un Crucero, sobre recios tambores estriados de piedra, cuya procedencia podría ser quizás de la antigua Sede Colegial de Nuestra Señora de Allende. 15 ABASOLO, J. A.: COMUNICACIONES DE EPOCA ROMANA EN LA PROVINCIA DE BURGOS. Burgos, 1975. P. 94 – 95 “ …en la otra parte del río Oca se estableció una prolongación del núcleo urbano, ya que se encontraron diversos materiales de época romana, en el lugar donde estuvo situada la ermita de Nuestra Señora de Allende junta a la carretera Madrid – Irún”. Cita de: Varia de Arqueología, pg. 222.

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imagen gótica de Nuestra Señora, ubicada en el ojo de buey de la fachada neoclásica, y que hoy preside majestuosa el acceso a la Ex Colegiata. Sería sumamente interesante localizar el emplazamiento exacto de la iglesia de donde procedía dicha imagen, ya que en ella pueden encontrarse numerosos restos arqueológicos que iluminarían una etapa aún oscura de la primitiva Sede Colegial. Lo que sí tenemos documentado es que junto a la iglesia/ermita de Nuestra Señora de Allende existía un molino, que se destruye en 1781, y por lo tanto no podía estar lejos del cauce del Oca. La piedra del molino pasa a las obras de la Colegiata. El tema de los molinos de la Villa dio bastantes problemas tanto a la misma como a la Colegiata. En efecto, frecuentemente el Oca se desbordaba con sucesivas avenidas provocadas por lluvias copiosas; entonces quedaban inservibles para la molienda, así que había que reparar la presa que regulaba y proporcionaba la corriente de agua. En 1702 hubo una gran avenida en el Oca que se lleva la presa de la denominada Puente Nueva que lleva el agua a los molinos de la Colegiata, a las huertas y a la misma villa. Se solicita la ayuda del maestro carpintero Mateo Echevarría para que reconstruya una obra tan necesaria. Se rehace la presa con potentes vigas de olmo atravesadas en el río y con entramado de piedra. La reparación de la obra va a costar 7086 reales que se abonarán a prorrata, según fanegas de regadío. Tanto la Colegiata, como San Martín y el Monasterio de Santa Clara abonan su parte. Por ello conocemos que a la Colegial le corresponde una mayor cuantía no sólo por sus propiedades, sino porque la reconstrucción de la presa conlleva la regularización del cauce para los molinos de la misma, que han quedado sin suministro de agua. San Martín tendrá que regar sus 16 fanegas de huerta, más 14 de linar. El lino era un cultivo muy frecuente en aquellos años en La Bureba; el Hospital del Rosario, que Depende del Duque de Frías tiene también un linar de 10 fanegas y debe de realizar su aportación pertinente, además de pagar por la “teja” de agua que tiene para riego en sus propiedades.

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En 1789 las aguas se vuelven a llevar otra vez la presa, y hay que repararla con urgencia, los molinos quedaban sin poder moler, y las huertas sin riego. La reparación supone un gasto cuantioso que la Colegial no desea realizar por creerlo asunto del Ayuntamiento. Se entabla un pleito que dirima responsabilidades; pero se dan cuenta que ello no haría sino demorar la reparación, por lo que Ayuntamiento y Colegial se reúnen en el salón de la Villa y acuerdan un reparto curioso de gastos: dividen éste en 11 partes; de ellas una abonará el Duque de Frías, Señor de la villa; y otra el Convento de Santa Clara, que aprovecha la acequia para riego; tres partes cada uno pagarán Concejo y la Colegial y las restantes los propietarios de las huertas, con lo que se da por zanjado el conflicto. Volvemos a ocuparnos de la iglesia fundacional del Arcedianato: conocemos, por un documento de 1672, que por estas fechas el capellán de Nuestra Señora de Allende era el canónigo Don Francisco Pérez de Boraíta, y que en su tiempo se realiza un inventario de los bienes, ornamentos y demás enseres que tenía la iglesia de Nuestra Señora, que son los siguientes : Una mesa que el capellán tenía en el cuarto nuevo de la casa, banco de nogal con respaldo – de ahí provendría los varios bancos de esta naturaleza que había en la sacristía de la Colegiata -, una pintura de la Encarnación, cuatro pequeños cuadros del retablo de la ermita, atriles, lámpara de plata que alumbraba a Nuestra Señora, donados a la iglesia por Don Francisco de Soto Guzmán, promotor del edificio del Ayuntamiento actual; en esa lámpara constan las armas y cartel de los Soto Guzmán, con lo que del estudio de las que aún existen en Santa María, se puede saber si proceden del donativo del dicho señor; otras lámparas de bronce, campanillas y cruz procesional de bronce también. Tres relicarios que están a los pies de Nuestra Señora, también dos “agnus dei” que están a los pies de su imagen; además de tres láminas que están en los altares de Santa Lucía y San Adrián. Existe un cuadro de San Andrés con marco dorado en la capilla de San Isidro. Tiene también la iglesia primitiva sede del Arcedianato abundantes ornamentos y ropa de altar, así como cuadros que parecen muy artísticos y de calidad. Un cáliz y patena que regaló Don Juan de Soto Guzmán, Arcediano que fue de Badajoz, con sus armas y cartel; también hay una casulla de damasco blanco regalo de la Casa de Salazar. En la sacristía hay una caja con Nuestra Señora de
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Allende y una imagen de San Francisco. Enumero todos estos enseres de la iglesia porque se conozca en su caso, de dónde proceden varios de los que actualmente son propiedad de nuestra ex Colegiata. En 1822 el Arcediano adquiere el Retablo de Nuestra Señora de Allende, que desconocemos a dónde fuera a parar dentro de la Colegiata. Lo que sí nos consta, por documentación del Archivo de la colegial, es que en 1826 la todavía ermita, antigua sede del arcedianato, está arruinada. Todos los años donaba el Cabildo 33 reales a la fundación llamada Allende para la lámpara de dicha ermita de Ntra. Señora; pues bien, a partir de ese año ya no se abona dicha cantidad por “no existir tal ermita”. Releyendo los documentos del que fuera archivo de los Soto Guzmán, referentes a la Capilla del Sagrario de la Colegiata, a los que nos referiremos ampliamente más adelante, hemos podido conocer que la linterna, aún en pie, de dicha capilla, se realizó a principios del XIX, a imitación de la que había en Nuestra Señora de Allende. Voy, no obstante, a dar algunas pinceladas, sobre la Colegiata que por desconocidas, no son menos importantes para la historia de la iglesia colegial. Decíamos en nuestra obra antes indicada, que “el templo actual guarda como una reliquia de la vieja iglesia sobre la que está construido, una capilla gótica, la de Santa Casilda…” En efecto, dicha capilla es un resto del templo construido, como hemos dejado indicado, dentro de la cerca de la villa entre la segunda mitad del siglo XIV y el siglo XV. Y, cuando se produjeron algunas reformas menores del arranque de las naves laterales y central, en la segunda mitad del pasado siglo XX, de las que fui en parte testigo, se alumbraron restos góticos bajo medievales y renacentistas que aún perduran felizmente. Consta por ejemplo, que a finales del siglo XIV, año 1392, ya estaba construido el claustro anejo a la parte sur de la colegiata y se constatan donaciones a principios del siglo XV para la obra de la misma iglesia. Los restos de esta misma colegiata fueron utilizados con posterioridad para la construcción de la neoclásica, según consta por las vigas del entre tejado y

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bóveda, adornadas con restos de filigrana y que atestiguan haber correspondido a una iglesia más primitiva. De aquí colegimos, que la actual ex Colegiata de Santa María ha tenido tres épocas de construcción y ampliación respectivamente. La primera coincide con los años finales del primer milenio, y consolidación de la repoblación, quizás como ermita o monasterio, lo que nos falta por precisar documentalmente. La segunda en la etapa de Doña Blanca y siglos posteriores, a las que debe su factura gótica, existían detalles en la documentación del Archivo de la Colegiata que atestiguaban que la iglesia de esta segunda etapa se debe a la misma Doña Blanca de Portugal. La tercera, ya documentada, en épocas neoclásica y barroca, que es la que más destaca por su aspecto casi catedralicio, y la que casi en su totalidad ha llegado hasta nosotros. Y digo casi en su totalidad, porque algunas partes de la misma iglesia, como el claustro seguramente gótico en sus principios, y adornado con numerosas capillas, como la de San Lorenzo, que constantemente citan las Actas del Cabildo de los siglos XVI a XIX, como lugar de reunión del mismo “para tratar de las cosas que miran al servicio de Dios y de la misma Colegial”, han desaparecido por completo. En ese claustro ruinoso, lleno de restos de floreros viejos, andas, estatuas de santos y maleza, y en buena parte lóbrego y descuidado, correteábamos a veces los monaguillos de mediados del siglo XX. Las obras más recientes histórica y arquitectónicamente hablando; - no nos referimos a las del siglo XX - se corresponden con los finales del siglo XVIII, cuando se restauran y construyen las dos torres de la colegiata, anteriormente en pirámide cuadrangular en punta, con lo que su misma fachada experimenta notables modificaciones, al rematarse dichas torres con casquetes metálicos semiesféricos, prolongados con visera del mismo metal. Lo más destacado de esta reforma de la tercera época es la ubicación del magnífico retablo barroco realizado entre 1750 y 1756 dorado entre los años 1761 y 62, a costa del Obispo Don Manuel Quintano Bonifaz, en tiempos del Arcediano Don Manuel Sanz, e inaugurado el 15 de agosto de 1762, o sea hace exactamente 250 años. Las tablas del Retablo del templo

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gótico se trasladan a la denominada Casa del Sacramento, actual Ayuntamiento. La piedra para las nuevas obras se trae de las canteras de Revillagodos y Pancorbo, y se acarrean con carros de hasta tres mulas. Toda esta piedra será cuidadosamente labrada por maestros canteros; junto con los materiales de forja, que prepara el maestro herrero José Corrales. También se extrae piedra de Reinoso, que ocasiona numerosos destrozos en lindes y caminos del lugar, que la Colegiata debe de abonar al concejo burebano. Asimismo se instalan nuevas vidrieras que fabrica Pedro de Güemes, artesano del gremio de Burgos, residente en Las Huelgas. Buena parte del patrimonio histórico-artístico de la Colegiata y de la hoy ciudad, fue estudiado sumariamente y publicado en la mencionada obra sobre Briviesca “Siglo de Oro”, que seguro poseen muchos paisanos, y cuyo contenido, por conocido, no voy a repetir aquí.

2.1.- Historia interna de la Colegiata.En la segunda mitad del siglo XVI, la Iglesia celebró uno de los concilios más trascendentales de su Historia: El Concilio de Trento, que afectó a los aspectos teológicos, morales, institucionales y jurisdiccionales de la naciente sociedad renacentista. En estos dos últimos capítulos los arcedianatos resultaron muy afectados en su poderío y prestancia; pero el Concilio respetó la figura eclesial del Arcediano y algunas de sus preeminencias más ancestrales. A ello contribuyó el Arcediano Hernando de Briviesca, quien nacido en 1530, fue tesorero de la recién fundada Casa de Contratación de Sevilla, y que participó en la preparación de la expedición de Magallanes y El Cano, que diera la primera vuelta al Mundo. En Trento intervino, como padre del Concilio, un ilustre Briviescano Fray Juan de Briviesca Muñatones, hijo de Juan Sánchez de Briviesca y de Juana de Muñatones, Prior de la Orden de San Agustín y Confesor de Carlos V,

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quien, por su destacada labor en el Concilio, donde representará al mismo Emperador, llegó a ser promovido en 1566 a Obispo de Segorbe y Albarracín en el Reino de Valencia. Fue íntimo del célebre prelado valenciano Sto. Tomás de Villanueva, de quien escribió su vida y obras. Fallece en 1571. Un Deán de aquellas iglesias de Valencia, recuerda a Fray Juan y funda, a finales del siglo XVI, en la citada capilla de Santa Casilda de la iglesia Colegial, donde está enterrado, sendas capellanías para su servicio religioso; al mismo tiempo deja 75 ducados cada año para el ornamento de dicha capilla. Por tanto ya sabemos a quién debemos el ornato y rejería de esta capilla gótica, de magnífica factura, cuyo estilo se corresponde con la remodelación de la Colegial, una vez trasladada de Allende y cuyo retablo fue esculpido en la segunda mitad del XVI por los maestros de Santa Clara Diego Guillén y Pedro López de Gámiz. A ambos famosos maestros debemos, como todos sabemos, el Retablo de la iglesia de Santa Clara, realizado en la segunda mitad del siglo XVI, y que en este mismo siglo cumplirá cinco siglos. En la primera mitad, precisamente en 1511, se había decidido, por parte de Doña Mencía de Velasco y Mendoza, hija de los Condestable de Castilla, le erección o mejor dicho el traslado de la Comunidad de clarisas que se erigió en el siglo XV en Briviesca, casi al mismo tiempo de la fundación del Convento de Nuestra Señora del Puerto de la Salud, de Frailes Menores de San Francisco, a un nuevo cenobio, que ella solicita construir en la Vega de Valdeparado, y del que el Prior del Arcedianato, después de la licencia preceptiva del Obispo burgalés Don Pascual de Ampudia, coloca la primera piedra el 16 de mayo de 1512, o sea hace ahora 500 años. El texto del permiso para la edificación del Monasterio de Santa Clara, reza así: “ Nos los provisores en todo este Obispado de Burgos, por el Muy Reverendo Padre y Señor Dom Fray Pascual de Ampudia, por la Gracia de Dios e de la Iglesia de Roma, Obispo de Burgos, del Consejo de la Reina Nuestra Señora – se refiere por la fecha del documento a Doña Juna hija de los Reyes Católicos – facemos saber a Vos el Venerable Pero Martinez, de Briviesca, Tesorero en la iglesia colegial de Santa María… licencia e facultad para que se pueda hacer el edifico en el dicho término, donde
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dicen la Vega de Valdeprado, que es cerca de esta Villa… e estando presentes el Venerable Prior Pero Martinez, … e Diego de Isla, mayordomo de la dicha señora, como su apoderado y en su nombre… puso con sus manos la primera piedra… a diez y seis días del mes de mayo, año del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil e quinientos e doce años.” La historia del Monasterio de Santa Clara, concluida poco antes de cumplirse en este mismo año los cinco siglos, corrió paralela a la de la Colegial, y su ocaso ha sobrevenido siglo y medio después del de la misma. Esperemos que a este legado monumental, honra de Briviesca, y a su Retablo “ Escorial de los Retablos Hispanos “, no le ocurra lo mismo que lo que le sucedió a la Colegiata, como veremos más adelante, a partir de mediados del siglo XIX. No nos toca a nosotros, en este Ciclo Cultural de conferencias conmemorativas, tratar el interesante tema de los Velasco ni del Monasterio de Santa Clara; así que dejamos para profesores competentes la disertación correspondiente. Pero volvamos a Trento y a su repercusión en la vida de la Colegiata. Una de las principales preocupaciones de los Padres del Concilio de Trento es el que hubiera un control más cuidado de las diferentes iglesias locales; y así, en Briviesca tiene lugar en 1576 una de las primeras Visitas canónicas, poco después de la Asunción de Ntra. Señora, el 19 de agosto. La realizó el Cardenal Arzobispo Don Francisco Pacheco de Toledo, primer titular de la ya Sede metropolitana de Burgos. Se le recibe cantando el Te Deum, al que prosigue una misa rezada a la que asiste todo el pueblo, y luego de la cual se administra el sacramento de la Confirmación. El Cardenal manda a Don Juan de Briviesca que cumpla el testamento de Sancho Morán que ha donado a la Colegiata un cáliz de plata, una patena y dos casullas, y que añada a lo anterior, una saya grana de tejido noble que su mujer Constanza de Padilla, ordenó al heredero Juan de Briviesca entregar a la iglesia. También visita el purpurado los dos Hospitales que existen en la ciudad, que ordena reparar por sus muchos desperfectos. Y lo curioso es que manda a los mesoneros que obliguen a todos sus huéspedes a que oigan
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la misa los días de precepto; y a los herradores que no yerren a las cabalgaduras en las mismas fechas, si no fuere por mucha necesidad, y no lo hagan en la calle. En 1583 visita la iglesia Colegial Don Cristóbal Vela, sucesor del Cardenal Toledo, en la Sede burgalesa. Permanece tres días en Briviesca y confirma en las tres parroquias: Sta. María, San Martín y San Andrés. A la confirmación acuden varios pueblos del Arcedianato. Por entonces ya existe en Briviesca, en el Claustro de la Colegial una Escuela de Gramática, - algo así como una Facultad Universitaria menor de la época – y ordena a su Catedrático que acuda las vísperas y días festivos a los actos de la misma. Vuelve Don Cristóbal a Briviesca en 1590, y al visitar la colegiata, observa el mal estado de los altares laterales, y manda que no se diga misa en ellos hasta que sean convenientemente reparados, lo que origina gran disgusto en el Cabildo, pues se precisan todos ellos, por el número de prebendados, para decir Misa diariamente. La Iglesia será ampliamente reformada y ricamente decorada a lo largo de los siglos XVII y XVIII, al estilo de la época, ubicándose en sus amplias naves laterales numerosos altares con las advocaciones de la devoción briviescana: a la derecha los de San José, la Inmaculada y Nuestra Señora del Rosario; los de la izquierda se dedican respectivamente a San Roque, a Nuestra Señora del Carmen, Santa Teresa, San Antonio y Santísimo Cristo. Todas las tallas de los altarcitos son de delicada factura al gusto de la época. Tengo que hacer aquí una confidencia: mi madre Juana Fernández Moneo celadora del altar de San Antonio hasta su muerte, muy joven, con 49 años; y en el armario ropero de nuestra casa de la calle de Medina, entonces Calvo Sotelo, observé de niño, que conservaba un conjunto de ornamentos del altar del Santo franciscano, y del Niño que sostenía en su brazo, que periódicamente lavaba, almidonaba y cambiaba con respetuosa devoción, según pude observar varias veces de niño. Hasta 1662 no vuelven a ser visitadas la Colegiata y el Cabildo. Incide el Arzobispo Don Antonio Paíno en la presencia de los canónigos de Sta. María en su iglesia colegial, indicando que si se ausentan y no regresan en un mes, quede vacante su plaza. El canónigo Don Andrés Martínez, que

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lleva ya tres años fuera de la Sede colegial es amonestado para que regrese; él se excusa por estar enfermo y requerido por la Inquisición, e indica “que ya comunicó al Cabildo la renuncia a su debido tiempo, porque no pareciera hacer burla a una iglesia tan insigne como la Colegiata de Briviesca”. Encarga también el Arzobispo que en la ya ermita santuario de Ntra. Señora de Allende se nombre capellán, que de continuo more en ella y, que si no hubiere capellán, todos los días fuera a celebrar un prebendado. Indica además el Señor Arzobispo que, bajo pena de excomunión, ningún sacerdote entre en tabernas. Prohíbe que se fume o tome tabaco, no sólo en la iglesia, sino incluso en la sacristía, ni en las ermitas. Existe un dato en esta visita que indica el estado de la iglesia colegial, pues el Arzobispo halla mucha amenaza de ruina en la colegiata. Se debe de apear el pilar que está junto a la pila del agua bendita; se encuentra en ruinas la capilla de la puerta trasera y la de entrada al claustro. Se deben de colocar apeos en la torre (con lo cual se nos informa de que sólo hay una). Todo ello debe de realzarse con premura para que no haya daños mayores. En consecuencia se emprenden obras de importancia en la Colegiata a partir de 1700. Concretamente en 1703 en la media naranja y en la Capilla mayor, para ello se entregan 5.178 reales a Juan de Arechay y a su hermano, maestros de albañilería, que constituyen el coste de reconstrucción. En 1706 se realiza una gran transformación del Coro, para ello se trae la piedra de la Puerta de Medina, es decir, se desnuda un santo para vestir a otro; con motivo de estas obras se dan desavenencias entre el Arcediano, Don Manuel de Salamanca y el Cabildo de la Colegial, que en este caso está más cerca del Arzobispo. Ha visitado éste la iglesia de Allende, que ahora considera ermita y manda que se funda la campana, que se encuentra rajada, y que se recubran los laterales. En la Visita del Arcediano de 1718, se darán órdenes en contra de esta disposición, y él mismo ordenará que no se funda la campana rajada, pues fue donada por Don Francisco de Soto Guzmán para que estuviera allí y que se arregle y vuelva a su emplazamiento, so pena de excomunión. Visita el Arzobispo las ermitas, de San Juan, Santa Cecilia y La Magdalena, dentro del alfoz de
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la Colegiata, ordenando que se ponga cerradura en la de San Juan; que se termine de demoler la de Santa Cecilia, y que en este lugar se ponga una Cruz, para indicar que es lugar bendito, y que tejas y madera pasen a las obras de la Colegiata. En 1711 se ha derrumbado el tejado de la Sacristía, que todavía sigue en ruinas en 1718. En 1719 la iglesia de San Andrés se encuentra sin tejado, y se solicita cubrirla, al menos para que no se vengan abajo sus muros. El Arzobispo Don Francisco Navarrete Ladrón de Guevara había visitado la Colegial en 1706, y en 1708 realiza otra Visita el Arcediano de Briviesca Don Manuel de Salamanca, quien aduce que el Señor Arzobispo de Burgos no tiene jurisdicción para visitar canónicamente ni la sede colegial, ni el mismo Arcedianato, lo que es ratificado por la Sacra Rota romana. Realiza tal visita saliendo de su casa (inmediata a la iglesia de Santa María), con gran pompa y solemnidad, a lo que responde el Arzobispo, que vuelve en visita regular en 1721, pues dice que siempre será el Ordinario de la Diócesis, y entre otros mandatos reclama, que si viniere el Arcediano a visitar la iglesia, que se le coloque en un estrado menor, y no en el propio del Arzobispo. En 1727 se coloca en la Sacristía el cuadro de Don Manuel de Salamanca. El del siguiente Arcediano, Don Onésimo de Salamanca y Zaldívar, que pudimos contemplar al menos hasta mediados del siglo XX, se colocará poco después, junto a un cartel realizado caligráficamente a plumilla con las memorias de todos los bienhechores de la Colegiata, sobre los recios bancos de madera del lateral derecho. Conocemos por la Concordia de la Bula Papal “Illius qui est Princeps pacis”, cómo, en esta década, tiene lugar el arreglo de las múltiples diferencias entre Arzobispo y Arcediano, que ya hemos enunciado, surgidas a través de los últimos siglos, XVI a XVIII. Fueron casi un cuarto de milenio de litigios, sobre todo después de Trento, en los que se invirtieron sumas elevadísimas de ducados, que hacen pensar finalmente a los litigantes, que no merece la pena estar enfrentados para siempre y arruinarse por estos temas y otros similares.

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Todo ello nos viene a demostrar no obstante el celo del Arcediano correspondiente y de su Cabildo colegial por preservar los privilegios jurisdiccionales que también significaban muchas veces la fuente de ingresos de prebendados e iglesia. Las preocupaciones del Arcediano no sólo eran de carácter eclesial; él es el patrono del Arca de Misericordia, Fundada en Briviesca por los Franciscanos y dotada por el Conde de Haro, según Bula de Eugenio IV de 1431, que pudimos leer en el Archivo Vaticano años ha. Esta Arca almacenaba desde el siglo XV grano para los labradores, con el fin de prestarlo cuando la cosecha era escasa o cuando se necesitaba para aumentar la siembre de los campos. También prestaba dinero para las necesidades urgentes de los campesinos, lo que dio origen a los Montes de Piedad, y Cajas de Ahorro posteriores, que no nacen en Italia, como se creía hasta el siglo pasado, sino en España, y concretamente en Briviesca, como demostramos en su día con los documentos papales y condales pertinentes. A principios del XVII la mencionada Arca guardaba en sus graneros más de 400 fanegas de trigo. También patrocina el Arcedianato un Estudio de Gramática y la Escuela de Primeras Letras, que por los dotos que poseemos se ubicaba en el claustro anejo de la iglesia Colegial. Asimismo dependían de su jurisdicción el Hospital de Cartujos, fundado por los Condestables de Castilla y el situado extramuros de la villa fundación de Don Ruy Saenz, tesorero de la Colegiata. La Colegial y sus prebendados no se mantenían sólo con los fondos de Fundaciones y con las aportaciones de los fieles por los servicios religiosos de todo orden, sino que poseían, muchas veces en exclusiva, algunos servicios a la comunidad, como por ejemplo el prestado por los imprescindibles molinos de la época. Casi todos ellos eran de responsabilidad y provecho eclesiástico, normalmente arrendados a ciudadanos que pagaban generalmente en especie la correspondiente maquila. Lo mismo ocurría con los hornos de cocer pan.

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Un dato curioso de 1734, en este año se abonan a la iglesia 500 maravedies por dejar ver, desde las ventanas, las corridas de toros que se tenían en la Plaza delante de la iglesia Colegial. En 1760 Don Onésimo de Salamanca es Arzobispo de Burgos. En este mismo año se coloca el nuevo Retablo barroco de la Colegiata, pagado por Don Manuel Quintano Bonifaz, cuya erección es celebrada con fuegos de artificio. En el centro del retablo, y delante de una vidriera trasparente, que se corresponde con el expositor del trassagrario, la imagen de Nuestra Señora con perfiles góticos, preside el culto de la Colegiata, rodeada de angelotes. Por lo que respecta al exterior de la misma, todos hemos observado los círculos en relieve de ambos relojes en el cuerpo intermedio de las torres; pues bien en 1732 se realizan las cámaras para albergar la maquinaria de los mismos. En las postrimerías del XVII se siguen realizando obras de importancia en la Colegiata; así en 1780 se abre el óvalo del presbiterio, que figura también en el retablo central, con la imagen del Espíritu Santo. A finales de siglo, hacia 1794, el Arcediano Sr. Ramírez paga el cimborrio; Don Juan de Mata y Don Diodoro de Salamanca adoquinan los laterales de la Colegiata; el Canónigo Ilarraza costeó el traslado de la sillería del coro, rejería y órgano. Con este motivo se desprende el Cabildo de varios de los retablos del claustro. Para las obras mayores se solicitan grandes cantidades de dinero a censo, como era de costumbre, para realizar las obras definitivas de la fachada y de las torres, según indicamos más arriba, y se lleva a efecto en la época del Arcedianato de Don Vicente Ramírez. A finales del siglo XVIII, la torre y fachada de la Colegiata amenazan ruina; se debe de llamar al Maestro de obra señor Hernantes y a un cantero, para que diseñen y lleve a efecto la construcción de una nueva fachada con dos torres, lo que se realizará, no sin grandes dificultades por la penuria económica en 1792 y parando las obras en el invierno. En 1799 se

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desprende la pesa del reloj de la torre, destrozando la bóveda que da a la pila bautismal. Todos estos dispendios originarán el que la Colegiata se encuentre muy empeñada, y que cuando los franceses, a principios del XIX aparecen por la villa, no puedan apoderarse de grandes cantidades de dinero por estar exhaustas las arcas de la iglesia madre. Como colofón de este capítulo, voy a reproducir el interesante y documentado texto sobre la Colegiata que debemos a la pluma del ilustre historiado burgalés Don Luciano Huidobro, Cronista de Burgos, y firma muy autorizada, en su obra publicada en 1949 “Las Peregrinaciones Jacobeas16” y que ratifica en buena parte cuanto hemos indicado sobre los orígenes del Arcedianato. “El Arcediano de este título se cita desde 1137, entre los varios que existían en la Diócesis, y radicaba en un canónigo, dignidad de la Catedral. Se extendía su jurisdicción a los afluentes de la derecha del Ebro, a Oña, Merindad de Valdivielso, Villarcayo y Briviesca. Los miembros del Cabildo de su Colegiata llevaban el nombre de Canónigos. El Sr. Rodríguez – se refiere el historiador a Don Amancio, en su Historia del real Monasterio de las Huelgas17 - cita a dos de ellos. La iglesia se hallaba en los arrabales de la Villa y recibió el nombre de Nuestra Señora de Allende, Alfonso VIII dio su hacienda en la Villa al Monasterio de las Huelgas, y confirmó su fuero en 1207 – se refiere también sin duda al Fuero reducido de Alfonso VII el Emperador de 1123 - ”. “A mediados del siglo XIII – añade el historiador – se nombran con la Colegiata las iglesias: San Martín y San Acisclo”.

16 17

HIDOBRO SERNA, Luciano: Las Peregrinaciones Jacobeas. Madrid, Instituto de España, 1949. 3 vols. RODRIGUEZ LOPEZ, Amancio : El Real Monasterio de las Huelgas Y el Hospital del Rey. Burgos, 1907. 2 vols. I, 317.

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2.2.-Una Fundación singular en la Colegiata: La Capilla Sagrario

del

Deberíamos de escribir mejor: La Capilla del Trassagrario, así lo escribe el P. Flórez en la España Sagrada, pues efectivamente, la primorosa capilla adosada a la parte posterior del Sagrario de la Colegiata, constituye, junto con la iglesia de Santa Clara, su Retablo, el hoy desierto Monasterio, desaparecido casi a los 500 años de construido, y el Hospital de los Velasco, las dos fundaciones señeras realizadas en los últimos 1000 años de historia, fruto de la moderna largueza nobiliaria. La Capilla tiene escrito en sus muros “Non est in toto sanctior orbi locus“, lo que no dejaba de ser, aunque pretencioso, una expresión verdadera, ya que este apelativo en la Iglesia Católica fue reproducido del que tenía por aquellos años el mismo Archi - Hospital del Salvador de la Urbe romana, desde 1673, en años previos al comienzo de las obras de la misma capilla, “noble capricho histórico artístico” de Don Francisco de Soto Guzmán. Escribíamos en 1968, poco después de concluida en la Complutense nuestra licenciatura en Filosofía y Letras: “Es doloroso ver la preciosa Capilla en su estado actual: el contemplarla nos produce la misma tristeza que la hermosa dama de cuya espléndida belleza sólo quedasen contados vestigios.” Desconozco cuáles serían hoy mis palabras, cuatro décadas y media después. Pero, sin duda, menos expresivas que la sinigual hermosura de un recinto adornado con las mismas indulgencias que las que ganaban los romeros al visitar los centros de culto de la ciudad Eterna en el siglo XVII. Don Francisco de Soto Guzmán nacido en Briviesca, hijo de Don Domingo de Soto, Alcalde que fue de Briviesca en 1640, era entre otros muchos títulos: Caballero de la Orden de Santiago, según Cédula Real, rubricada por el mismo Rey Felipe IV, de 14 de enero de 1664; del Consejo de Su Majestad; alguacil mayor perpetuo de los reinos de España, Capitán de la Infantería Española en la fortaleza de Buenos Aires, en el Virreinato del Perú, según cédula de 12 de diciembre de 1659; anteriormente lo había sido, con el mismo cargo en la provincia de Tucumán, también perteneciente al mismo Virreinato. A él se debe la construcción y dotación
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de la insigne Capilla, construida en la segunda mitad del mismo siglo y adosada a la pared del ábside de la iglesia Colegial. Don Francisco era hijo de Don Domingo de Soto Guzmán y de Doña María Ruiz de Almendres, y nieto de Don Estéfano de Soto Bonifaz y de Doña Ana de Guzmán y Lapresa. El encargará a su tío el Licenciado Don Martín Ortiz Ruiz de Almendres, canónigo de la Colegiata de Briviesca, y primo suyo, buena parte de la administración de sus bienes. El padre de Don Francisco tenía varias propiedades en Madrid, en las calles de Jesús María y Abades de la capital de España. Es decir era un noble rico propietario y bien afincado y relacionado en la Corte. Tuvo cinco hijos: Don Martín de Soto Guzmán, canónigo de Plasencia, Don Juan que residió en Roma buena parte de su vida, y los menores José y Diego, hijos de su segunda mujer Doña Casilda de Soto Valderrama. De la herencia de Don Domingo le quedan a Don Francisco, luego de las particiones familiares 515.337 maravedises, y la casa principal de su padre en Briviesca, actual Ayuntamiento, que él reconstruirá totalmente en la segunda mitad del siglo XVII, y que fue tasada para la herencia en 375.000 maravedises. Con su patrimonio y el heredado, Don Francisco constituirá no sólo una Fundación, sino hasta cuatro sucesivas, que fueron a parar al fin a la Sede Arcedianal, por falta de herederos directos de Don Francisco, ya que la Colegiata se quedó con el Mayorazgo en el siglo XVIII, con numerosas joyas de arte, muchas de las cuales no existen, como por ejemplo las historiadas pinturas de sus muros interiores, que en su día describimos en nuestra obra Siglo de Oro, y que contó hasta con pinturas de Bartolomé Esteban Murillo. Escribíamos entonces: “Desde el paño decorado frente a la entrada de la capilla nos intuye, con ojos penetrantes, y teñido el rostro de gallardía, el retrato de cuerpo entero, al gusto de las de la época, y con tintes tizianescos, del muy noble Señor Don Francisco de Soto y Guzmán. Parece reprocharnos nuestra desidia…” No sé lo que escribiría hoy, pero casi prefiero no saberlo nunca, porque si el tiempo y la incuria son implacables con los humanos, me supongo lo
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que habrá sido con la más hermosa joya artística y religiosa de la Colegiata. La capilla se construyó y erigió, según documento dictado en la villa de Madrid, el 3 de setiembre de 1667, en el reinado del efímero Don Carlos II y bajo el Papado de Clemente IX. El 31 de mayo de 1773, es por fin acabada la obra de la Capilla del Sagrario y se hace inventario de todos los bienes muebles, imágenes, cuadros, ornamentos, enseres litúrgicos y demás. Se indica que las esculturas ricamente esculpidas y estofadas de San Miguel Arcángel, San José, San Juan Bautista y Santiago Apóstol están colocadas cada una en su nicho de los ochavos de la capilla. No sé si aún permanecen allí, pero doy fe de haberlas contemplado en mis años jóvenes al menos. El Archivo Colegial conservaba por aquellos años, como oro en paño, sendas escrituras, colocadas en el Legajo nº 14, 2, de las Fundaciones perpetuas de la Capilla del Sagrario del Santísimo Sacramento, otorgadas en 30 de abril y 27 de mayo de 1689, ante el escribano de la villa Don Diego Urrutia por la que se dotaba a perpetuidad y con prodigalidad casi real, la que consideramos pequeña iglesia aneja a la Colegial. Voy a rescatar literalmente los primeros párrafos del documento fundacional: “In Dei nómine. Amén. En la villa de Briviesca, a veintisiete días del mes de mayo de 1689, estando juntos y congregados a son de campana tañida, como lo tienen de costumbre, dentro de la capilla de San Lorenzo, su capítulo : los Señores Prior y Cabildo de la Real e Insigne iglesia Colegial de Santa María de este dicha Villa, para tratar de las cosas tocantes al servicio de Dios Nuestro Señor y bien y utilidad de esta Iglesia, especial y nombradamente los Señores Licenciado Gaspar de Salazar, Prior,… etc. … (y así hasta 19 prebendados que rubricarán el documento) que son todos los que al presente residen en dicha iglesia… y Don Francisco de Soto Guzmán … y Doña Lorenza Antonia Muñoz, su legítima mujer, residentes al presente en esta villa, dueños y únicos patronos de la Capilla del Sagrario del Santísimo Sacramento y de lo demás a ella anejo…” A Don Francisco se debe también la amplia sacristía de la Colegiata, así como la antesacristía, que transforma además de una pieza útil para el

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Cabildo, en verdadero museo de pintura, y digno pórtico de la Capilla del Sagrario; e indica que en las paredes de la misma “puse lienzos de pintura de San Lorenzo y San Francisco, que son originales de Pablo de Legot. Otro lienzo de cuerpo entero de San Antonio de Padua, con hábito de capuchino, que es original de mano de Bartolomé Esteban Murillo. Otros dos lienzos de medio tamaño, que ambos son también originales de Bartolomé Murillo, y están fijos en la techumbre de dicha antesacristía y entrada de la capilla, y el uno de estos lienzos es de San Juan Niño, y en el otro están pintados tres niños desnudos, que son retratos de dos niños y una niña, hijos míos difuntos. Y asimismo esta fija una pintura antigua de tabla de San Jerónimo de mucha estimación”. Esta última tabla la hemos contemplamos reiteradamente en el interior de la Sacristía grande de la Colegial, presidiendo las mesas laterales para los ornamentos sagrados de celebración; de los otros lienzos nunca tuvimos noticia. A la largueza del prócer responde el Cabildo con numerosas muestras de gratitud y de atención religiosa, y en una de ellas dice que tantas mercedes y engrandecimiento han trocado a la Colegiata en una verdadera Catedral, aunque sin el título de tal. Contesta complacido el ilustre y complacido hijo de Briviesca, “ donde por la Gracia de Dios fui bautizado en la iglesia Colegial”, con nuevas donaciones, esta vez consistentes en algo de lo que todos los briviescanos nos sentimos orgullosos: “ … y porque Su Divina Majestad, por los méritos de su Pasión y de su Madre Santísima me conceda nuevas gracias y el perdón de mis pecados … de mi libre y espontánea voluntad y de mi propia hacienda se hizo labrar una custodia rica de plata sobredorada… obra y primor que de ella se reconocerá, y una caja guarnecida y forrada de terciopelo carmesí para que con decencia se encierre y guarde, y unas andas portátiles de madera, doradas y estofadas, para que en ellas se ponga la Custodia con el Santísimo Sacramento sobre todo en el Corpus Christi, dando poder a mi primo Don Martín Ruiz de Almendres, canónigo de esta Colegiata, para que se la entregue a dicho Cabildo.” Queda por tanto totalmente esclarecido una parte del riquísimo patrimonio fundacional, cuya enumeración de dotes, cuadros, joyas, ornamentos y demás enseres sagrados y profanos, ocuparían toda una
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obra de carácter histórico artístico, digna de ser escrita y conocida por todo briviescano que se precie de su ciudad. Don Francisco fallece el 7 de julio de 1698, siendo enterrado en la cripta de la Capilla del Sagrario, profanada por las tropas francesas en 1810; sobreviviéndole su segunda esposa Doña Lorenza Antonia Muñoz. También su hermano el Canónigo Don Martín de Soto Guzmán, Presidente más antiguo de los Reinos de Nueva España, entre otros títulos, y que regresa de México para despachar en la Villa y Corte, fallece en 1682 en Sanlúcar de Barrameda. Será enterrado, según su deseo, en nuestra ciudad, por su hermano, pues había fallecido en Sanlúcar dejando a su hermano, que le sobrevivió, casi todos sus bienes, si bien parece que a la Colegiata deja una Concepción de Murillo o de discípulo suyo, y un David y un San Sebastián del Españoleto. No es de extrañar que las riquezas artísticas de la iglesia Colegial la convirtieran casi en una pinacoteca a finales del siglo XVII. La capilla del Sagrario lindaba con una huerta que dejó el racionero Don Lorenzo del Val a la Colegiata. Se ve que con el riego de la huerta las aguas pasan a los cimientos y a la cripta de la iglesia, con lo que se está produciendo un daño irreparable a la construcción que puede venirse abajo, según los maestros. Se arrendará dicha huerta, sin derecho a riego en piquera, como se solía hacer; además de protegerla con un muro sólido, para que tampoco lleguen a ella y a la iglesia colegial y Sagrario, las aguas de la calle del río en crecidas, que suceden con cierta frecuencia.

3.- El Ocaso de Arcedianato y Colegiata.El siglo XIX va a presenciar la supresión del Arcedianato, y en consecuencia el paso a iglesia excolegial de la orgullosa sede del mismo. No obstante en 1801 se trabaja intensamente en el nuevo y sobrio coro obra del maestro Barriocanal; que debe de levantar el pavimento del mismo donde hay varios enterramientos. Se indica al maestro que debe de dejar patentes las puertas de la colegiata, para que los humores posibles no provoquen enfermedad alguna.

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Las tropas francesas aparecen en este año por la villa, y en Navidad se adelantan los maitines y se suprime la Misa del Gallo. Los franceses empiezan a cobrar impuestos a la Colegiata en 1811, en todas las demás parroquias lo habían hecho desde los inicios de la Invasión en 1801. Algunas parroquias del Arcedianato tienen que cooperar tanto con las tropas invasoras como con los guerrilleros que las hostigan. Según las cuentas de este año, la Colegial paga al francés 1200 reales, como todas las parroquias del Arcedianato. En 1813, ya de retirada, rebajan a los labriegos las rentas de las viñas, porque el numeroso ejército francés ha destrozado muchos majuelos. No quiero pasar por alto un detalle curioso: en los primeros años del siglo XIX, se repite el testimonio de un pago de 420 reales por parte del Cabildo de la Colegiata, para el canto de la O; costumbre que pasó a la ciudad en vísperas de la Navidad, el 18 de diciembre. A partir de la segunda mitad del XIX el Arcedianato, ya suprimido, languidece a pesar de contar con numeroso clero. La fábrica de la Colegial comienza a vender objetos de culto en 1859: vinajeras de plata, puerta de hierro, ropero de la sacristía y otros objetos, por falta de ingresos. El claustro gótico, por otra parte, quién lo diría, es utilizado como granero, y por ello recibe la excolegiata 750 reales. En la Capilla de San Lorenzo, ubicada en dicho claustro, transcurrieron durante más de tres siglos las frecuentes y periódicas reuniones del Cabildo Colegial, como queda indicado en el párrafo anterior. En el 1862 se sigue con las ventas de objetos: otra bandeja de plata, dos de las cabezas de plata de los ciriales procesionales, para reemplazarlos por otras dos de metal blanco. Como la penuria se acelera, es el Ayuntamiento quien en 1864 apoya económicamente a la parroquia abonando el importe de las funciones religiosas. No obstante esa penuria, la ex-colegiata perdona el importe de los funerales por los soldados fallecidos en la campaña de África de 1876, comandada por el General Prim. También el Arzobispado coopera en 1876 a la reparación del órgano de Santa María. Para hacer frente mejor a la labor parroquial, el 7 de marzo de 1880 se unifican las parroquias de Santa María y San Martín, que durante siglos
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habían litigado por sus respectivos privilegios; el último párroco de la misma fue Don José Saigí, quien entrega a Santa María 424 reales que aún tenía de superávit la parroquia extinguida; con 80 de estos reales se elabora el sello común de la única parroquia de la ya Ciudad de Briviesca. Es párroco común ahora, en 1889, Don Manuel Santaolalla, que había sucedido a Don Cándido Sancha. El último párroco del XIX, que toma posesión en 1895 será Don Teodoro Martínez. En 1892 se restaura la torre de San Martín, que amenazaba ruina, y por las mismas fechas, como hemos indicado más arriba, se desprenden del campanario los campanillos de Santa María. Parece que a los edificios señeros del Arcedianato les llegaba también la crisis histórica. Tal fue el ocaso de una Institución arcedianal, sin la cual no se explica en su totalidad la historia civil y religiosa de la antaño civitas romana, luego villa medieval, moderna y contemporánea; y hoy ciudad de Virovesca, como la denominara Plinio en la Edad Antigua. También la Colegiata ha experimentado las mutaciones del tiempo religioso y social que nos ha tocado vivir; y la que antaño fuera Sede Insigne y Real Colegiata, y cabeza hogaño de una floreciente Parroquia arciprestal, hoy se nos presenta como monumento en casi desuso, y añora las épocas de esplendor y grandeza de su cuidada liturgia y de sus quehaceres eclesiales y sociales. Enmudeció su magnífico órgano, que, en mi infancia, escuche con los arpegios del alegre e ilustre organista y Presbítero Don Vicente y que en su postrer etapa tecleó, junto con el armonium, Doña Rosario Ortiz, mi vecina. Incluso ya iniciada la segunda mitad del pasado siglo, la coral de la capilla, llegó a contar con un Coro Parroquial, dirigido por el Maestro Villanueva, Director también de la Banda de Música del Concejo, que se permitió presentar en polifonía casi perfecta una particular versión del Coro de los Peregrinos de Wagner. Nos queda por tanto, a nosotros y a las generaciones futuras, herederos todos, naturales y avecindados, como misión irrenunciable, el conocer y preservar nuestras pasadas grandezas y asumir nuestra decadencia con la esperanza de un renacer con ese “juvenil vigor” que entonamos en
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nuestro Himno cada año, al final de las fiestas patronales de Nuestra Señora y San Roque. Gracias por tanto, al Excmo. Ayuntamiento de Briviesca, a su Alcalde, Don José María Ortiz, a toda la Corporación municipal, a la Concejala de Cultura, al Secretario Coordinador de estas Conferencias y a la Archivera del mismo Ayuntamiento, por haberme permitido exponer, aquí y ahora, los retazos de una historia que llevo muy dentro, a pesar de que desde los 12 años, Briviesca estuviera un tanto lejos de mis quehaceres intelectuales y profesionales.

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Anexo Documental.LA CONCORDIA ENTRE EL ARZOBISPADO DE BURGOS Y EL ARCEDIANATO DE BRIVIESCA en el siglo XVIII.
Briviesca, fue sede de uno de los Arcedianatos más apetecidos de la Historia Eclesiástica de España, tanto por su status como por su munificencia. Llegó a rivalizar en prerrogativas con el mismísimo Arzobispado de Burgos; lo que originó no pocas controversias eclesiales que llegaron hasta Roma en muchos casos. Años ha, a finales de los 60 del próximo pasado siglo, localizamos en la Real Academia de la Historia, cuando por aquellas fechas la frecuentaba para elaborar mi Tesis Doctoral sobre la ciudad, una serie de documentos trascendentales para conocer la Historia de nuestra patria chica en el siglo XVII. Aunque parezcan prolijos los detalles apuntados en los documentos que adjunto, nos hemos permitido darlos en su integridad, porque de ellos se desprenden cantidad de datos sobre vida y costumbres de los que muchos burebanos no teníamos idea de su origen y evolución. Ofrecemos por tanto a continuación un relato del histórico acuerdo que puso fin a numerosas discrepancias jurisdiccionales desde el siglo XV, rubricado por el entonces Papa Benedicto XIII. El resumen localizado en la Real Academia, y del que conservo fotocopia, fue elaborado para la magna obra del agustino P. Enrique FLOREZ: ESPAÑA SAGRADA, tomo XXVII “1725, octubre 28 Concordia entre el Arzobispado de Burgos y el Arcedianato de Briviesca. Resumen de Don Manuel Sáenz de Victoria para el P. Varona, colaborador del P. Flórez, autor de la España Sagrada. La concordia entre el Ilmo. Sr. Don Lucas Conejero y Molina, Arzobispo de Burgos; y el Ilmo. Sr. D. Onésimo de Salamanca y Zaldivar, siendo Arcediano de Briviesca, se otorgó por testimonio de Juan Anejo, Notario público Apostólico, en los Palacios Arzobispales de la Ciudad de Burgos en 28 de setiembre de 1725. Lo que se aprobó y confirmó por la Santidad de Benedicto XIIIº de feliz memoria, en la Ciudad de Roma apud sanctum Petrum, sexto Idus Martii del año de 1727, y en el cuarto de su Pontificado. La prebenda Magistral no tiene anexa Dignidad alguna, por lo que sólo - indica el citado P. Varona - hay en la Colegiata las cuatro, a saber: Arcediano; Prior, a la que está anexa la Penitenciaría; Capiscol y Tesorero. El canónigo Magistral tiene de tabla 18 sermones, que son, la 4 dominicas de Adviento; segundo día de Pascua de Navidad, las dominicas de septuagésima y sexagésima, ceniza; los 6 Domingos de Cuaresma; Mandato, segundo día de Resurrección; segundo día de Pascua del Espíritu Santo, y Asunción de Ntra. Sra., titular de la Colegiata. El Prior penitenciario, como cura propio, además de explicar la Doctrina, según y conforme el Concilio; predica todos los [Escribir texto] [Escribir texto] [Escribir texto]

Domingos de Cuaresma, todas las tardes después del Rosario, que es cantado por las calles. Y además de esto, hay otros varios sermones entre año, de particulares. Hay Salve cantada al acabar completas todos los sábados en el coro y todos los domingos y días de Cuaresma, y después del Rosario. Y por Inmemorial devoción del Cabildo la hay también cantada al bajar del coro todos los domingos del año. No hay mozos de coro; pero sí 4 acólitos, un sacristán y organista. La Sacristía es una pieza hermosa, y adornada de bellísimas pinturas. No hay Bula, ni memoria de la erección primitiva de la Colegiata, sino la voz a bulto de que tiene su origen del tiempo del Rey Recaredo: lo cierto es que cuando se trasladó por los años de 1316, a donde hoy se halla, desde Sta. María de Allende del Río, demostraba mucha antigüedad. La Colegiata, por ser Parroquia bastante dilatada, y por lo mismo, ofrécense en ella muchos entierros, y funerales a ellos consiguientes, de inmemorial tiempo a esta parte. No se dicen todos los días todas las horas: y así el método que se observa indefectiblemente según la costumbre y sus reglas, es el siguiente. Hay todos los días Misa Conventual cantada con órgano y ministros; Nona rezada antes de Vísperas; estas cantadas, y lo mismo Completas, todo con órgano según rúbrica; todos los días festivos hay Tercia cantada y Sexta. Todos los días de primera clase hay todas las horas y la Tercia muy solemnes. Todos los días de ayuno de la Iglesia, y en las rogativas, hay todas las horas: y además de la Misa conventual hay la de la feria. Los más días además de la Misa conventual hay otra antes, que se llama de Memoria; si ésta no tiene Nocturno antes, se canta la Prima; pero si lo tiene, no se dice ni cantada ni rezada. Los días de primera clase y los de Apóstoles y otras festividades, hay misa que llaman de Tercia, mientras se canta ésta ; y en el día del Corpus y toda su octava, se dicen, patente el Santísimo, dos misas de Tercia al mismo tiempo, una en el Altar Mayor y otra en el del Trasagrario; estando Su Majestad manifiesto en ambos lados por medio de un cristal hermoso y de extraña magnitud. Aunque la Colegiata no tiene música ni capilla de voz, con todo, se celebran los Divinos Oficios con la mayor grandeza y solemnidad; conforme a la festividad del día. Y para celar sobre la observancia de la ceremonias y rúbricas, hay, por Regla, cuatro cabildos espirituales, en los primeros días de las cuatro témporas del año, y varias multas irremisibles; y si algún individuo llevado de la fragilidad humana, se descompone en alguna palabra o acción menos decorosa, se le corrige por el Cabildo, celebrando una Misa de Paz a costa del culpado. La mañana del Domingo de Resurrección, hay Maitines a las 6; y a la misma hora, la Benedicta, el día de la Natividad de Ntra. Sra. Hay también entre año otros muchos días Maitines por la tarde, unos por regla y otros por Fundación.

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(Hay un sello: Real Academia de la Historia. Biblioteca Madrid) (... falta la 1ª línea en la fotocopia del original) el Arcediano, Prima Sedes en la Colegiata, Dignidad de la Sta. Iglesia Metropolitana de la ciudad de Burgos, tiene en aquella y su Arcedianato una jurisdicción Ordinaria privativa, en todas las causas civiles, criminales matrimoniales y decimales; con la provisión de todas las prebendas del coro de dicha Colegiata, en los cuatro meses ordinarios y en todos los del año. Los beneficios de los lugares de su extensión que en el día son 12, son a saber : San Martín de Briviesca, Berzosa, Cascajares, Foncea, Valluércanes, donde hay dos Parroquias, Quintanilla del Monte, Loranco, Loranquillo, Bañuelos, Alcocero, Reinoso, Valdazo, Temiño y Revilla Alcón; y un despoblado que llaman Quintanillas. Y dichos beneficios se deben conferir, previo examen de los opositores, a solos hijos patrimoniales de cada pueblo respectivo, como en lo restante del Arzobispado; y según se prescribe en sus Constituciones Sinodales, siendo igualmente de su jurisdicción e incumbencia la concesión de licencias de celebrar, confesar, predicar, y el nombramiento de curas de almas en cada Iglesia, a la reserva de la Colegiata misma en que el curato está anexo a la Dignidad de Prior, y se provee por oposición en la forma dicha arriba. Esta es la presente situación del Arcedianato de Briviesca después de que, entre el Ilmo. Sr. D. Lucas Conegero de Molina, y el Ilmo. Sr. Don Onésimo de Salamanca y Zaldivar, ambos Arzobispos de Burgos, siendo el último actual Arcediano de dicha Villa, se hizo una Concordia, en que estrechándose los límites del Arcedianato, cuya extensión era anteriormente de 125 lugares repartidos en 6 Arciprestazgos, se amplió la jurisdicción , concediéndosele mucha de la que tenían, en quieta y pacífica posesión, los Arzobispos; y cortándose de raíz las controversias y pleitos, que antes habían agitado a los Prelados de Burgos y a los Arcedianos de Briviesca, con gravísimo dispendio de caudales, y no sin otros inconvenientes, de harto peso, relativos al gobierno espiritual y disciplina eclesiástica de los súbditos del Arcedianato. Los Prelados de Burgos, reconocieron entonces la Jurisdicción Ordinaria del Arcediano ( que antes siempre fue repugnado por ellos ) en virtud de la nueva Concordia, con que quedó establecida, y confirmada, en todos y en cada uno de los capítulos que contiene, por la Santidad de Benedicto décimo tercio, en su Bula, que empieza : Illius qui est Princeps Pacis : Por manera que su presente estado en los puntos que se ofrecen, y son de la Jurisdicción Ordinaria del Arcediano ( borrado : de Briviesca), se despachan requisitorias del Tribunal de Burgos, al Ordinario de Briviesca, como a cualquiera de los sufragáneos. Y también los Arcedianos, antes de la Concordia, para los 125 lugares y despachos de ella para los 12 y el despoblado, siempre han tenido para el ejercicio de su Jurisdicción un Provisor, y Vicario General, un Fiscal, un Notario Mayor, Alguacil con cárcel llamada vulgarmente Sta. Pía, y derecho de traer vara de Justicia con un casquito de plata en la punta superior; y los demás mínimos que componen una Audiencia formal. [Escribir texto] [Escribir texto] [Escribir texto]

No obstante de ser tan amplia la Jurisdicción Ordinaria del Arcediano en todo su Arcedianato, no es nullius”. Los tiempos fueron cercenando privilegios y tradiciones, pero no por ello debemos desconocer nuestro pasado, sobre el que se asentó una ciudad señera entre los rincones selectos de nuestra nación hispana.

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