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MAESTRÍA EN ESTUDIOS CULTURALES Fundamentos Latinoamericanos para los Estudios Culturales Iván VILLANUEVA JORDÁN

Stavrakakis, Yannis. “El sujeto lacaniano: la imposibilidad de la identidad y la centralidad de la identificación”. Lacan y lo político. Buenos Aires: Prometeo. 2007. 33-68. Stavakakis plantea que el mayor aporte de Lacan a la teoría social crítica es la categoría sujeto, “un sujeto que por ser esencialmente dividido y alienado se convierte en el locus de una imposible identidad, el lugar donde se produce una entera política de identificación” (35). Dicha categoría se opondría a la concepción de la subjetividad cartesiana, humanista y marxista, en la medida que no se reduce a una esencia, como tampoco se le concibe transparente o totalmente representable en el discurso. En este sentido, desde el psicoanálisis lacaniano se busca establecer que el sujeto no puede crear una representación de sí mismo que sea absoluta debido a la escisión de sí en distintos niveles, una división radical ya percibida por Freud. El sujeto se encuentra escindido debido al inconsciente; el descubrimiento de éste último imposibilitó continuar reduciendo la subjetividad al ego consciente, dado que éste sólo representa al sujeto en el orden imaginario. Las imágenes que corresponden a la unidad del sujeto unificado constituyen el ego, son alienantes y se originan en el estadio del espejo; no obstante, ésta unidad sólo es aparente, dado que oculta y produce el malestar de encontrarse alienado en la figura del otro. Stavrakakis vuelve a Lacan para establecer que la conformación imaginaria y la asunción de lo simbólico suceden paralelamente. Ya en el primer momento de júbilo del estadio del espejo, cuando el niño se asume a sí mismo como una totalidad funcional en su imagen especular, ya en ese punto de reconocimiento inaugural, se vuelve hacia quien lo carga, hacia quien lo soporta y sostiene, al representante del gran Otro como si buscara la aprobación de él o ella. (Stavrakakis 42) En este sentido, el sujeto surge en lo simbólico al tener que asumir las condiciones que el gran Otro transmitirá mediante el lenguaje; sólo mediante esta subordinación podrá ubicarse en este orden mediante un significante que a su vez erradicará diversas posibilidades dejando una huella comprendida como falta. El autor entonces plantea la relevancia del significante como el verdadero constituyente de significación; el significante como parte una lengua es el que posibilita la transferencia del significado mediante el juego y no mediante la unión saussuriana signo: significado-significante. En el caso de Lacan, el significante prevalecería sobre el significado, S/s, y la barra que los divide constituiría la imposibilidad de aquella representación directa. En este sentido, no existe una esencia en la persona que se exprese mediante significantes en el Orden simbólico; sino que es en el orden simbólico que comienzan estructurarse el sujeto; no obstante, lo real siempre excede el significante. “La ausencia del

significado en su dimensión real es lo que causa la emergencia de la transferencia del significado” (Stavrakakis 53). Hay algo que el significante no puede abordar y se encuentra siempre en fuga; ésta condición posibilita la emergencia del sujeto. De ello parte que, desde el psicoanálisis, no se pueda hablar de identidades fijas sino de identificaciones fallidas o sólo momentáneas que se suceden en un juego ---como ejemplos, se mencionan la primera identificación en el estadio del espejo y la siguiente en la resolución del complejo edípico---. De ahí, que Stravakakis plantee que la identidad como esencia sea imposible mientras que las identificaciones como procesos sí se producen. Estos factores son los que hacen posible utilizar la categoría lacaniana sujeto desde una perspectiva sociopolítica, ya que entre las identificaciones que se suceden también están aquellas que son políticas. De esta forma, la identificación que sucede mediante la inscripción del Nombre-del-Padre sostiene la asunción del poder en el orden simbólico así como la estructuración de la realidad mediante el lenguaje. Lo que escapa del significante por la exclusión por parte del poder es la naturaleza animal y el acceso a lo real; los instintitos pasan a ser pulsiones y luego se estructuran en deseos. Nuevamente, la identificación simbólica no puede conducir a una identidad fíja dado que el sujeto nunca puede hacer suyo lo socio-simbólico, porque éste no abarca aquello que al sujeto le falta. “Es precisamente la naturaleza de la identificación lo que reproduce esa falta dentro de la estructura subjetiva. El sujeto encuentra la falta y la alienación allí donde busca la completud y la identidad” (Stavrakakis 63). A nivel social, la falta sólo puede llenarse mediante identificaciones sociopolíticas que de una u otra forma llegarán a fallar; desde la perspectiva del autor, mediante el psicoanálisis existe una radicalización de la conformación de la subjetividad mediante diversas identificaciones con representaciones sociales posibles. Asimismo, el psicoanálisis revela que ni siquiera lo socio-simbólico llega a cubrir la falta estructurante del sujeto.