Zizek, Slavoj (1992) En El sublime objeto de la ideología. Madrid: Siglo XXI. 123-175.

Zizek plantea que la estructuración de la ideología a partir del concepto lacaniano point de capiton; éste vendría a fijar los significantes flotantes y su plus de significación metafórica. Así, la libre flotación de los elementos ideológicos se detiene y estos se sistematizan a partir significantes como, por ejemplo, ecologismo, comunismo, capitalismo, etc. La elaboración de este punto de acolchamiento (point de capiton) permite que los elementos relacionados de manera libre con los significantes antes mencionados hallen en su plus de significación su equivalencia y, de esta forma, logren conectarse todos mediante una reacción retroactiva a la fijación. “El point de capiton es, antes bien, la palabra que, en tanto que palabra, en el nivel del significante, indica un campo determinado, constituye su identidad: es por así decirlo, la palabra a la que las „cosas‟ se refieren para reconocerse en su unidad” (Zizek 136) En este sentido, cuando se busca analizar una ideología debe asilarse la lucha particular de un campo ideológico determinado que determina todo su horizonte. Para comprender la postura del autor sin calificarla como esencialista, Zizek plantea recurrir al antidescriptivismo de Saul Kripke. Según esta corriente, el significante es el que nombra al objeto, mediante un bautismo primigenio y una contingencia radical, y lo sigue nombrando a pesar de que sus constituyentes descriptivos cambien (como un designante rígido: un significante puro que garantiza la unidad y la identidad de una determinada experiencia, más allá de las propiedades reales del objeto). Es decir no existe una congruencia entre el objeto y su significante, sólo se trata de una objetivización del objet petit a; que finalmente logra escapar. Sin embargo, Zizek plantea que el antidescriptivismo no considera que la nominación del objeto imposible constituye la identidad de los demás significantes de manera retroactiva y, a su vez, hace que al significante se le escape el plus-X del objeto que en algún momento intento abarcar. “El „designante rígido‟ apunta entonces a ese núcleo imposible-real, a lo que hay „en un objeto que es más que el objeto‟, a ese plus producido por la operación significante” (Zizek 137). El designante rígido se convierte en el objeto-causa de deseo, un punto de saturación de significado y no de densidad de sentido. En la ideología, el point de capiton sirve para encubrir la falta de sentido mediante un designante rígido que todo lo puede denominar; no obstante, se le considera un punto de suprema plenitud, se le desea a pesar de que no contiene más que diferencia y no cubre más que la falta. Para explicar el proceso de constitución de la ideología, Zizek revisa el esquema del deseo lacaniano en sus cuatro fases, dado que entre cada uno suceden cambios que modifican su propia estructura inicial. En el caso del primer grafo, lo que Zizek explica es que la función presimbólica ---intención mítica o real--- atraviesa la cadena de significantes, el vector S-S‟, y de ello resulta el sujeto barrada, $, cosido a la cadena del significante, así como el S‟, el

significante que carece; ese punto de encuentro es el punto de subjetivización mediante el que se detiene el deslizamiento. El autor resalta que el punto de acolchado sirve además para hacer que el sujeto se fije a un significante amo, como comunismo, Dios, libertad, Estados Unidos, etc. Como se puede observar la dirección del vector ∆-$ va hacia atrás en la cadena de significantes, por lo que es a partir del punto de acolchado que el designante rígido comienza a fijar los demás significantes de la cadena en torno a sí mismo, mediante la ilusión de una esencia inmanente. En el segundo grafo se puede ver cómo la intención ya se ha eliminado y se ha producido la idea de que el sujeto es el inicio de la función significadora; es decir, el capitonnage ha sido exitoso al haber producido la ilusión de que los objetos contienen en principio un significado. Éste es el proceso de retroversión. Por otro lado, a nivel del point de capiton se ha ubicado el Otro, mientras que en el otro punto de corte de la cadena del significante se ha especificado el significado como función del otro, s (O), es decir como el sentido que se produce a partir del cruce entre la intención y el orden simbólico. Asimismo, lo que resulta de la sustracción del significante durante el acolchado es la voz, un remante objetal que ha perdido sus huellas de significado. Como nuevo fin del vector que inicia en $, se tiene I(O) ---el ideal del yo---, es decir la identificación del sujeto con un elemento simbólico, significante. Existen otro elemento que han sido incluido en esta fase, el yo ideal y i(o), imaginario que siempre tendrá que ceder ante la potencia del ideal del yo. La tercera fase del diagrama se presenta en la medida que a niveles del inconsciente no se puede producir la cuadratura de la interpelación simbólica e imaginaria. En la medida que la demanda y la respuesta a la misma se han enunciado pero ninguna de éstas puede complacer lo que nunca deja de escapar: el deseo, d. Lo que se desea realmente no existe; a nivel simbólico sólo existen representaciones arbitrarias tanto para lo que se desea como para el sujeto; por ello, ante la

imposibilidad de cumplir con el mandato de las relaciones simbólicas y la imposibilidad de que en lo simbólico se encuentre el objeto a, surge la pregunta desde el Otro: che vuoi? a lo que el inconsciente responde ¿por qué soy lo que dices que me dices que soy? En el caso de las ideologías, por ejemplo, el antisemitismo, la pregunta se formula en torno al judío ¿qué quiere el judío? Y como respuesta surge la fantasía de su conspiración. El giro que se da de la pregunta por parte del Otro hacia el sujeto, tiene que ver con la imposibilidad de los sujetos para responder a su falta. La fantasía es una manera de cubrir lo que no está en lo simbólico y a su vez estructura el deseo del sujeto. La definición usual de fantasía (“un argumento imaginado que representa la realización del deseo”) es por lo tanto algo descarriado o, por lo menos, ambigua: en la escena de la fantasía el deseo no se cumple, no se “satisface”, sino que se constituye (dados sus objetos y demás) ---mediante la fantasía aprendemos a “cómo desear”. (Zizek 163) El fantasía vendría a configurar el deseo que defiende al sujeto del deseo del Otro, el deseo puro entendido como pulsión de muerte. Zizek ubica en esta protección la máxima de la ética psicoanalítica: no ceder al deseo del Otro; es decir, atravesar este deseo que requiere el sacrificio del sujeto frente a la imposibilidad de cumplir con el significante que se le ha impuesto. En la cuarta fase, se presenta el grafo en su totalidad, en el que se incluye el nivel del goce. En este nivel, lo que resulta del cruce entre el goce corporizado y la cadena del significante es la castración. Por otro lado, cuando el goce choca con el significante sucede que el Otro revela su falta S(O/); ello dado que el goce no puede ser contenido en lo simbólico. “Esta falta en el Otro da al sujeto, por así decirlo, un espacio de respiro, le permite evitar la enajenación total en el significante, no llenando su falta, sino permitiendo que él mismo, su propia falta, se identifique con la falta en el Otro” (Zizek 168). Algo que subsiste en el cuarto grafo es la pulsión, ($◊D), cuyos componentes han

sobrevivido la inundación de lo simbólico sin poder escapar de los significantes. En el caso de la fantasía, ($◊a), ésta se encarga de disimular la falta en el otro.

Tras la revisión del esquema del deseo, Zizek plantea su tesis principal respecto a la ideología y la posmodernidad. Por un lado, los ensayos en torno a la ideología sólo se han centrado en el nivel inferior del esquema del deseo, es decir, en la interpelación por parte de lo simbólico, más no se han preocupado por abarcar los niveles superiores que revelan el deseo, el goce, la fantasía, la falta en el Otro y el plusgoce. Estos elementos dejan notar que no todo en la ideología es ideológico, sino que existen elementos que son el sustento último del pensamiento ideológico. De esta forma, la crítica ideológica debe centrarse, por un lado, en desechar la idea del significado espontáneo y demostrar que ésta es el resultado de un montaje de significantes mientras que, por otro lado, se halla el núcleo del goce, un goce preideológico estructurado mediante la fantasía. Así, lo que se lograría es demostrar que la sociedad se encuentra escindida en principio y que las ideologías buscan erradicar la presencia del antagonismo mediante la creación de significantes que absorban la imposibilidad lo Social. No obstante, estos significantes son la clave para demostrar que algo anda mal en la estructura porque se configuran como síntomas de la falta en el Otro. La identificación con estos síntomas sería la manera de comprender cómo funciona verdaderamente lo Social.