Mefisto

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Mefisto
Número 4      Enero de 2012
El buen cristiano debe estar precavido frente a los 
matemáticos y todos aquellos que hacen profecías 
vacías.  Existe  el  peligro  de  que  los  matemáticos 
hayan hecho un pacto con el diablo para ofrecer 
el espiritu v conhnar al hombre en el inherno.
San Agustín, De genesi ad Litteram, libro II, capí­
tulo xviii, verso 37.
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Toda  contribución  deberá  enviarse  en  versión 
electrónica a:
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das  en  los  artículos  son  puntos  de  vista  del  (los) 
autor(es) y no necesariamente refejan la opinion
del Comité Editorial.
Mefisto
Editor
Fausto Cervantes Ortiz
Comité Editorial
Ana Beatriz Alonso Osorio
Octavio Campuzano Cardona
Fausto Cervantes Ortiz
Daniel Maisner Bush
Verónica Puente Vera
Universidad Autónoma de
la Ciudad de México
Nada humano me es ajeno
Mefisto
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Contenido
Presentación                       3
El mecanicismo cartesiano como un estilo de pensamiento          4
Federico Ricalde
Frases célebres                               11
El cielo de invierno                             12
Yakóv Perelmán                                14
Fausto Cervantes Ortiz
La simplicidad, un enfoque computacional                       18
Jesús E. Cruz Martínez
Mujer igual a 'X¨ salario (M÷X) 11
Leticia Puente Beresford
Acertijos 22
Sudoku                                                   24
Mefisto
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Presentación
Daniel Maisner Bush
Academia de Matemáticas
Plantel San Lorenzo Tezonco
Bienvenidos al número cuatro de nuestra Gaceta
Mesto. En este número proponemos, además
de las secciones tradicionales, cuatro artículos de
muy diversa índole. A diferencia de números ante-
riores, en el presente no existe un hilo conductor o
temático evidente, que una los contenidos de cada
uno de ellos.
Sin embargo, podemos mencionar que todos
tienen en común el no ser, desde un punto de vista
purista, de divulgación cientíca. Y esto es parte de
lo que nos hemos propuesto en Mesto: entender
ambos vocablos, tanto divulgación como cientíca,
en un sentido más amplio, donde caben diversas
manifestaciones y expresiones del conocimiento
humano.
Una de las principales necesidades del investi-
gación cientíca es la de realizar trabajo interdis-
ciplinario, integrando diferentes áreas del saber y
sus diversos enfoques, y esto debería reejarse en
cualquier intento por realizar divulgación.
Hemos incluido un primer artículo, El mecanicis-
mo cartesiano como un estilo de pensamiento, que
reexiona en torno a la manera en que las grandes
revoluciones cientícas y tecnológicas que se dan
a lo largo de la historia van de la mano con los
cambios que la sociedad maniesta en la concep-
ción del conocimiento en sí, y de la forma en que
el cientíco debe desarrollarlo. Esto se ejemplica
describiendo cómo en los inicios de la moderni-
dad se comenzó a a concebir el mundo como una
gran máquina de la cual había que entender el fun-
cionamiento, permitió el desarrollo de la mecánica
clásica. Especícamente, el artículo en cuestión
analiza cómo esta forma de ver el mundo inuyó
en los trabajos de Descartes.
Más adelante presentamos la biografía de uno de
los más grandes (si no es que el más grande) di-
vulgadores de la física y las matemáticas, que dejó
honda huella en varias generaciones de estudiosos
de la ciencia: Yakóv Perelmán. Si creemos que la
divulgación es importante debemos hacer divul-
gación de los divulgadores.
En seguida encontramos una breve reseña sobre
el decálogo de De Bono, referente al concepto de
simplicidad, desde el punto de vista de las ciencias
computacionales. Denir la simplicidad no es nada
simple, sino que es, en general, algo muy difícil.
Pero curiosamente, desde el punto de vista de la
creación de algoritmos es posible destacar algunos
puntos importantes para aclarar el concepto, con
lo que se vuelve muy simple.
Finalmente, en el último artículo leeremos una re-
exión sobre el salario y la desigualdad de género
en cualquier sociedad, escrita usando lenguaje
de uso frecuente en matemáticas, pero que no se
usa con el mismo signicado que en esa ciencia.
La falta de rigor matemático y su tono burlón no
reducen seriedad a tal reexión en torno a uno de
los temas de mayor actualidad, sino que le dan un
enfoque humorístico novedoso.
Esperamos que disfruten ampliamente este nuevo
número y les recordamos que nuestra dirección
electrónica
gaceta.mehsto@gmail.com
está disponible para cualquier comentario.
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1 Introducción
Durante el siglo XVI la física explicaba los hechos
del mundo a partir de una variedad de discursos.
Por ejemplo, la causa de la caída de una roca podía
atribuírsele a su esencia como cuerpo pesado; asi-
mismo, podía creerse en cierta anidad entre la
roca y el suelo o podía ser el efecto de alguna causa
oculta o fuerza misteriosa que actuaba a distan-
cia. Sin embargo, un siglo más tarde el universo,
las plantas, el hombre mismo se explicaban cual
máquinas, como si se tratase de relojes a distintas
escalas: entender su funcionamiento era, por tan-
to, comprender el movimiento de sus partes, de sus
“tuercas” o “poleas”.
A esta losofía se le conoció como losofía
mecánica y fue el sustento sobre el cual se llevó a
cabo gran parte de la física del siglo XVII.
¿De qué manera se dio este cambio de pensamien-
to? ¿Bajo qué circunstancias cobró sentido pensar
al mundo como si fuese una máquina? En este en-
sayo intentaré esbozar una respuesta a estas pre-
guntas. Para nalizar esta introducción, hagamos
un par de comentarios:
1) Quiebres de pensamiento en la historia. En la
historia de la ciencia podemos encontrar múltiples
ejemlos de ‘quiebres’ que parecen mostrar que el
orden empírico se ha transformado radicalmente.
Estos ‘quiebres’ representan un antes y un después
en la manera en que el hombre piensa, interactúa,
conoce y reconoce el medio que lo rodea. Estos
momentos que rompen con una tradición deben
encontrar su explicación en la propia historia. Por
lo anterior, uno de los propósitos de este ensayo
es encontrar y describir los rasgos comunes entre
losofía mecánica y su antecesora inmediata, la -
losofía natural que prevaleció en el renacimiento.
2) Colectivo de pensamiento. Aun cuando pode-
mos designar bajo la categoría de losofía mecáni-
ca a los trabajos de Pierre Gassendi, René Des-
cartes, Robert Boyle, Christian Huygens o Robert
Hooke (por mencionar a algunos destacados ex-
ponentes), la diversidad de posturas que encon-
tramos en sus obras, así como los intereses que en
ellas podemos resaltar, hacen de dicha categoría
una ilusión más que una caracterización certera.
i

Efectivamente, no podemos hablar de una losofía
mecánica homogénea bajo la que se describan to-
das las posturas referidas; sin embargo, podemos
encontrar puntos en común que parecen mostrar
estilos parecidos.
Ante esto me parece necesaria una descripción
correcta de la losofía mecánica que, tomando en
cuenta las diferencias entre las diversas perspecti-
vas, no caiga en el análisis por separado de las pos-
turas individuales (lo cual, desde mi perspectiva,
haría que se perdiera de vista el efectivo trasfondo
losóco que muchas de éstas comparten), y que
ofrezca, además, una posible respuesta al por qué
del divergente desarrollo de estas posturas. En este
artículo nos aproximamos a este objetivo utilizan-
do la teoría del conocimiento que describiremos
en la sección 2.
2 Los estilos de pensamiento de Fleck
El objetivo principal de la teoría del médico y
lósofo alemán L. Fleck es la caracterización de
la relación cognitiva que mantiene un individuo,
El mecanicismo cartesiano como 
un estilo de pensamiento
Federico Ricalde
Facultad de Ciencias, UNAM
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inmerso en un colectivo de pensamiento (el cual
deniremos más adelante), y la realidad objetiva.
El hacer referencia a estas tres instancias se debe
a que, para él, esta relación cognoscitiva no puede
ser pensada de manera bilateral entre el objeto y el
individuo. Más bien, siempre se da entre la realidad
objetiva, el individuo y un conocimiento anterior.
Este conocimiento no debe ser pensado a priori
como un conocimiento formal, ni como un cono-
cimiento individual, sino de carácter histórico,
porque se desarrolla y tiene una dependencia en
el tiempo; y social, porque rebasa a todo indivi-
duo e incluso a generaciones de individuos que lo
modican constantemente.
ii
Este conjunto de pre-
concepciones son necesarias, ya que gracias a ellas
el hombre distingue sólo ciertos objetos del todo
que le rodea, constituyendo una ontología carac-
terística que sirve de base para construir otras
representaciones.
iii
Al mismo tiempo, no relacio-
namos aleatoriamente un objeto con otro, las pre-
concepciones instauran una normatividad que nos
muestra qué representación se debe de relacionar
con otra. Por último, el individuo actúa mediante
una metodología que restringe las posibles formas
de intervención en el mundo, a partir de las cuales
se le mostrarán reconocibles de manera colectiva
las representaciones presupuestas, rearmándolas
en la realidad común.
iv
La estructura conformada
por la interrelación entre estas preconcepciones
dene el estilo de pensamiento de una comunidad
dada en un tiempo determinado;
v
y es lo que con-
gura el orden o “armonía de ilusiones” que ex-
perimentamos en la realidad empírica.
vi
“Al portador comunitario de un estilo lo llamamos
colectivo de pensamiento.”
vii
Este concepto, como
Fleck señala, debe entenderse de manera fun-
cional, como si a la misma presencia de la colec-
tividad le fuese inherente un campo de coerción
que condiciona y, en este sentido, determina a la
conguración característica de un estilo de pen-
samiento. Las condiciones propias del colectivo
de pensamiento pueden hacer referencia a nece-
sidades e intereses contextuales, o a virtudes epis-
temológicas que la tradición del colectivo tenga
fuertemente arraigadas. El papel del colectivo, por
tanto, es fundamental, pues es lo que éste reconoce
como conocimiento lo que termina por justicar
toda creencia, mediante un proceso que transfor-
ma a la pretensión de conocimiento hasta hacerla
reconocible, ya no como lo que originalmente era
sino como un hecho objetivo.

Siguiendo las ideas anteriores, podemos hablar
del mecanicismo como un estilo de pensamiento
que encuentra su conguración característica a
partir de las condiciones propias de los colectivos
al que le es inherente. En otras palabras, el estilo
de pensamiento losóco mecanicista ofrece un
espectro de preconcepciones (rasgos ontológicos,
metodológicos y epistemológicos), pero no todas
se verán cristalizadas en la investigación empírica,
sino sólo aquellas que entren en concordancia con
las condiciones que propicia el colectivo de pensa-
miento. Siendo así, podemos hablar de un estilo de
pensamiento losóco mecanicista propio de un
colectivo francés, u otro estilo propio de un colec-
tivo inglés; en algunos encontraremos una tenden-
cia a denir el mecanicismo a partir de leyes de
la naturaleza, en otros se describirá a través de las
posibilidades que esta postura abre a la matema-
tización del mundo o a la experimentación cientí-
ca.

Debemos tomar en cuenta que, si todo estilo de
pensamiento es producto de una dependencia
histórica, los rasgos fundamentales del estilo me-
canicista surgen a partir de ciertas ideas anteriores,
las cuales, a manera de proto-ideas o tendencias,
posibilitaron las ulteriores posturas mecánicas. Rá-
pidamente esbozaré algunas tendencias ontológi-
cas y metodológicas a partir de ciertas prácticas
del renacimiento, puesto que me parece que cons-
tituyen la base sobre la cual la perspectiva mecani-
cista cobró sentido.
1
En la sección 5 se propone en
el mecanicismo cartesiano una cristalización del
estilo de pensamiento mecanicista, inuida por el
contexto francés de principios del siglo XVII.
1 La búsqueda de estas tendencias daría cuenta de la primera con-
sideración expuesta en la Introducción.
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3 El renacimiento europeo: algunas
de sus tendencias estilísticas
La revalorización del conocimiento técni-
co-artesanal.
A raíz del surgimiento de un desarrollo del co-
mercio y las necesidades propias de las nuevas ciu-
dades europeas, el conocimiento técnico (en gran
medida denigrado durante toda la edad media y
parte del renacimiento) se consolidó como un sa-
ber eciente que permitía transformar al medio en
pos de las necesidades de ciertos grupos de la so-
ciedad.
viii
Al mismo tiempo, éste se mostraba como
un conocimiento que podía modelarse a través
de métodos geométricos, los cuales tendrían un
fuerte impacto en la forma en que se investigaría la
realidad empírica durante el siglo XVII, pues con-
solidaron a la experiencia particular (en contraste
con los enunciados universales aristotélicos) como
una instancia able del conocimiento empírico.
ix
Por último, al revalorizarse este conocimiento se
dio la posibilidad de considerar a las instancias ar-
ticiales, a las máquinas o a las experiencias en las
que ha intervenido el hombre como fuentes ables
de un conocimiento real del mundo.
La losofía natural- animista renacentista.
Sin duda, el heliocentrismo jugó un papel central
en la conformación del nuevo pensamiento cientí-
co: no hay otra perspectiva que haya contribuido
tanto al n de la jerarquización ontológica de la
losofía aristotélica. No obstante, el universo he-
liocéntrico no cobró pleno sentido sino hasta la
creación de una nueva física terrestre que comple-
mentaría la imagen de este nuevo mundo. Ya en el
siglo XVII, con la obra de Galileo, se encontraban
asentadas algunas de las bases de esta nueva cien-
cia. Sin embargo, no se debe pasar por alto que gran
parte de esta nueva física presuponía dos elemen-
tos que habían surgido en la losofía natural del
renacimiento: 1) la emergencia de un nuevo con-
cepto de materia homogénea, en el que las formas
sustanciales (lo que para la física aristotélica era la
esencia de los objetos) pasaban a ser su accidente.
x

2) En concordancia con este concepto de materia,
la concepción de naturaleza se transformó en la
imagen de un organismo unicador que animaba,
desde el interior de la materia, las formas de los
objetos en todo el universo. En consecuencia, las
causas de los fenómenos no se buscaban en agen-
tes externos, sino en principios internos (posible-
mente ocultos) a la naturaleza misma (de lo cual,
se posibilitaba la investigación empírica en torno a
los principios o leyes naturales).
4 El mecanicismo cartesiano
Hemos rastreado dos tendencias estilísticas: una
ontológica y una metodológica (la normativa será
expuesta más adelante, cuando hablemos del co-
lectivo de pensamiento). A partir de esto no nos
debe extrañar que un naturalista haya estudiado
a la naturaleza a través de medios típicos de las
herramientas de la losofía mecánicas (posible-
mente mediante métodos matemáticos, instru-
mentos especializados, etcétera). Sin embargo, si
ya los artesanos desde un siglo atrás investigaban
el mundo mediante estos métodos, ¿qué tenía de
novedoso que un lósofo natural lo hiciera? La
respuesta radica en la crítica, reexión y especu-
lación de estos lósofos con respecto a las condi-
ciones para que el mundo efectivamente pudiese
explicarse como una máquina, pues al pensar los
fenómenos naturales a través de propiedades más
elementales (desencantando, de paso, a la realidad
animista y abandonando todo esquema de la física
aristotélica), se tuvo que replantear la ontología
renacentista heredada. Aquí podemos ver cómo
interaccionan dos tendencias estilísticas, conver-
giendo en un estilo común, pues a pesar de que
la idea de un mundo mecánico y la de un mundo
orgánico divergen en sus inquietudes prácticas-
metodológicas, ambos satisfacen las mismas nece-
sidades teóricas. En consecuencia, el organismo se
transformó en una máquina y, aún cuando perdió
lo que le era esencialmente característico, heredó
ciertos rasgos al mundo mecánico convirtiéndolo
en una imagen inteligible. Bajo esta mutación, el
universo orgánico y unicador se transformó en
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un universo-máquina, en donde la causa de los
fenómenos ya no radicó en la voluntad del or-
ganismo, sino en el movimiento de las partes del
universo; con esto se mantuvo la idea renacentista
de que las causas de todo fenómeno radicaban al
interior de la naturaleza. Otro punto importante:
se mantuvo la cosmovisión homogénea renacen-
tista que unicaba tanto la física terrestre como
la celeste, posibilitando la investigación en torno
a un saber universal. De igual manera, la materia
homogénea del renacimiento se mantuvo como el
correlato del que se compone la máquina: la dife-
rencia es que esta materia se desprendió de sus
fuerzas vitales, reduciéndose sus características al
tamaño y la forma (una condición impuesta por la
metodología artesanal heredada).
La imagen expuesta puede comprenderse como
el espectro de posibilidades que podía adoptar la
forma del estilo de pensamiento losóco mecani-
cista. Como se mencionó en un inicio, me parece
que la última conguración que adopta el estilo, la
cual sienta las bases y el sentido de la investigación
empírica en concreto, se posibilita a partir de los
condicionamientos que introduce el colectivo de
pensamiento. Cabe subrayar que estos condiciona-
mientos no deben comprenderse solamente como
un conjunto de normas internas, sino también res-
ponden a factores externos surgidos a partir de un
contexto social especíco.
xi

En lo que sigue se describirá escuetamente uno de
estos factores, el cual termina por inuir en una
cristalización particular del estilo mecanicista en
Francia. Posteriormente se planteará cómo el me-
canicismo que Descartes muestra en El mundo o
Tratado de la luz ,puede interpretarse en cierta me-
dida como un reejo de este estilo.
El escepticismo: un reejo del contexto so-
cial
A inicios del siglo XVII, se vivía en Francia una
profunda crisis social, debido al medio siglo de
disputas religiosas entre católicos y protestantes. El
primer intento a nivel político por poner n a las
disputas de fe, lo llevó a cabo Enrique IV quien le-
galizó el protestantismo con el edicto de Nantes. El
rey, amigo de M. de Montaigne, justicaba su pos-
tura tolerante en las conclusiones del escepticismo
resurgido durante el renacimiento (este escepti-
cismo parecía mostrar que la razón era incapaz
de alcanzar verdades incuestionables, por lo que
sugería suspender todo juicio y aceptar al cono-
cimiento práctico como el único saber posible).
xii

Al aceptar las conclusiones escépticas, se armaba
que la verdad absoluta era inaprehensible, por lo
que juzgar a alguien por sus creencias carecía de
todo fundamento. Sin embargo, tras el asesinato de
Enrique IV (aparentemente por un fanático católi-
co) este intento se vio frustrado, cerrándose la
única salida losóca que en ese momento parecía
existir a la crisis religiosa. El escepticismo había
mostrado una posible solución a un problema que
por más de medio siglo había desgastado a la so-
ciedad francesa, y en la solución negaba la posibili-
dad de justicar exhaustivamente nuestras preten-
siones de conocimiento. Como Stephen Toulmin
ha enfatizado, en un ambiente donde la vía prác-
tica y la tolerancia han fracasado, donde toda in-
certidumbre se vuelve inaceptable, se ha creado un
clima propicio para que la búsqueda racional de
la certeza pueda orecer,
xiii
una búsqueda racional
que, sin embargo, debe tomar en cuenta a la crítica
escéptica para su plena justicación, deniendo
una tendencia epistemológica en el contexto de
Francia a inicios del siglo XVII.
xiv
Las Reglas para la dirección del espíritu:
una respuesta al escepticismo
El mecanicismo cartesiano se puede entender
como el reejo de un estilo de pensamiento inspi-
rado en l losofía mecanicista que se ha cristaliza-
do en función de las preconcepciones ontológicas,
metodológicas y epistemológicas anteriormente
referidas. En particular en las Reglas para la di-
rección del espíritu (1638), Descartes se circuns-
cribe a la tendencia epistemológica del contexto
francés, y da una solución al problema escéptico
aplicando un método posibilitado por la tenden-
cia metodológica expuesta. En las reglas uno a la
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8
cuatro de dicha obra podemos ver cómo Descartes
ja el n de su proyecto: “El n de los estudios
debe ser la dirección del espíritu para que emita
juicios sólidos y verdaderos de todo lo que se le
presente”.
xv
Por lo que, todo aquel que quiera llegar
a la verdad de las cosas debe preocuparse por el
“buen sentido o de esta sabiduría universal”
xvi
; en
otras palabras,
“no debe elegir una ciencia determinada […]; sino que pien-
se tan sólo en acrecentar la luz natural de la razón, no para
resolver esta o aquella dicultad de la escuela, sino para que
en cada circunstancia de la vida el entendimiento muestre a
la voluntad que se ha de elegir”.
xvii

Estas ideas son fundamentales, pues sugieren que
la capacidad de discernir lo que nos rodea no de-
pende tanto de la razón en sí misma, sino de qué
tanto ‘acrecentamos’ esta luz natural; dicho con
otras palabras: la certeza de nuestros juicios de-
pende del modo en que nuestro entendimiento
nos muestre las cosas.
xviii
A partir de aquí, Des-
cartes se plantea la descripción de este método y,
tras examinar el conjunto de ciencias que cono-
ce, concluye que sólo la aritmética y la geometría
tienen un objeto de “tal modo puro y simple que
no supone nada que la experiencia haya mostrado
incierto”.
xix

En la regla cuatro da un paso esencial, pues no
trata simplemente de matematizar al mundo para,
sin más, adoptar este modo de discernimiento.
La cuestión radica, más bien, en saber qué tiene
el objeto de estudio de la matemática tal que se
nos puede mostrar de manera del todo verdadera.
Creo que aquí podemos encontrar otro reejo del
trasfondo epistemológico de los colectivos fran-
ceses de los que Descartes formaba parte, pues él
no se detiene a aceptar a las matemáticas como un
principio fundamental de la naturaleza, va más allá
investigando el fundamento mismo de la certeza
matemática. Un fundamento que encuentra una
respuesta en las nociones de orden y medida.
xx
Así,
Descartes se propone contribuir a la ciencia del
orden cuyo método consiste en que partiendo de
las cosas que la intuición nos muestra evidentes,
deduzcamos cosas más complejas. Bajo esta pers-
pectiva, método y objeto convergen en un mismo
lugar: el fundamento real de nuestros juicios, pues
tanto el método prescribe lo verdadero que puede
haber en el objeto, como el objeto dará la posi-
bilidad de que el método muestre esta verdad de
manera clara y evidente. En consecuencia, la na-
turaleza se racionaliza, el orden de los fenómenos
no se encuentra vedado a la mirada del hombre,
sino que éstos, para mostrarse evidentes, deben re-
vestir las formas que se muestran bajo el orden de
nuestras representaciones.
Con esta perspectiva, Descartes analizó el mundo
empírico. Testimonio de esto es El mundo o Trata-
do de la luz, primera obra en la que el mecanicismo
cartesiano se ve nalmente cristalizado.
A grandes rasgos, este mecanicismo cae bajo el
espectro de posibilidades que delimitaban las
tendencias ontológicas y metodológicas anterior-
mente descritas (por lo que su exposición sería
redundante) pero particularizado a partir de la
postura epistemológica referida. El estilo de pen-
samiento se reeja principalmente en los siguien-
tes puntos: 1) La igualdad cartesiana entre materia
y extensión, y la explicación de la primera a partir
del movimiento de sus partes.
xxi
Este punto es fun-
damental: con esta igualdad Descartes introduce
un orden cuanticable en el mundo empírico, y
con él la posibilidad de encontrar leyes matemáti-
cas en la investigación empírica. En suma, la rea-
lidad cognoscible se somete a las reglas del enten-
dimiento tal como el método en las reglas sugería:
no es que las otras cualidades no sean reales;
simplemente no se pue-de decir nada certero de
ellas. 2) Las leyes del movimiento. La ciencia del
orden, ese saber universal al que Descartes busca
contribuir, alcanza su punto más claro en las leyes
universales. La necesidad de estas relaciones es tal
que, aun suponiendo que Dios “no ponga en esto
ningún orden ni proporción, sino que componga
con esto un caos, el más confuso y embrollado que
los poetas puedan describir; ellas [las leyes] son
sucientes para hacer que las partes de este caos
se desembrollen por sí mismas.”
xxii
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9
5 Conclusiones
El mecanicismo cartesiano podría ser caracte-
rizado como un estilo de pensamiento de L. Fleck.
Como tal, el estilo mecanicista delimita las posibles
formas con las que un colectivo de pensamiento
representa e interviene en el mundo, condicionado
a su experiencia empírica y a su realidad objeti-
va. El estilo de pensamiento tiene una dependen-
cia histórica; por lo tanto, para comprenderlo fue
necesario rastrear las tendencias estilísticas que lo
posibilitaron. Estas preconcepciones permitieron
identicar los rasgos comunes entre dos rostros
divergentes de la realidad empírica: el mecanicista
y la losofía natural del renacimiento; en este caso,
se observaron dos tendencias renacentistas que,
a pesar del quiebre histórico, terminan por posi-
bilitar en el mecanicismo los siguientes puntos: 1)
Una idea de naturaleza bajo la cual se unican to-
dos los fenómenos tanto terrestres como celestes,
lo cual posibilita la concepción de un saber univer-
sal cuyas leyes describen todo fenómeno natural
a través de causas inmanentes a la naturaleza. 2)
La idea de una materia homogénea esencialmente
extensa como real correlato del mundo empírico,
exiliando todo tipo de cualidades no evidentes y,
en particular subjetivas (color, olor, etcétera) del
plano de lo cognoscible y 3) la posibilidad de in-
vestigar de forma válida a la naturaleza a partir de
máquinas o instancias articiales creadas por el
hombre.
xxiii
Me parece que estas ideas constituyen
una especie de gradiente que señala la dirección
que tomó el mecanicismo, a partir de lo posibili-
tado por la losofía natural renacentista. El quie-
bre histórico, en este sentido, se comprende como
la reconguración de ciertos rasgos comunes, los
cuales en su nueva disposición ofrecen un rostro
inédito de la experiencia empírica pero inteligible
para un colectivo de individuos que aún se en-
cuentran experimentando estas transformaciones
en el seno del orden de su experiencia.
Por otro lado, me gustaría señalar que como es-
tilo de pensamiento, el mecanicismo cartesiano se
instaura como un orden empírico presupuesto in-
conscientemente por el colectivo de pensamiento
al que le es inherente. En este caso, lo anterior sig-
nica que para los colectivos mecanicistas france-
ses el orden de nuestras representaciones cobra
una realidad objetiva en la experiencia empírica;
dicho de otra forma: el orden de nuestro pensa-
miento se sobrepone de manera real al orden de las
cosas. Esto no sólo se reeja en la posterior inves-
tigación cientíca en Francia durante el siglo XVIII
(en el caso de las ciencias físicas, el desarrollo de la
mecánica analítica es un claro ejemplo), sino que
también en la consolidación de la idea de un mé-
todo universal — independiente de todo contexto
— que habita en la lógica de nuestro pensamien-
to, y que se desempeña como un criterio episte-
mológico que demarca al conocimiento cientíco
de otros tipos de conocimiento. Me parece que esta
postura todavía encuentra una clara resonancia en
el positivismo lógico del siglo XX y, en general, en
la losofía de la ciencia que en el último siglo ha
adoptado como objeto de su reexión a las teorías
cientícas (el orden de nuestras representaciones);
asumiéndolas, en muchoss de los casos, como la
cualidad detrás del desarrollo cientíco.
Por último me gustaría recalcar que a través de
esta plataforma se puede obtener una mejor ima-
gen de las transformaciones históricas de la prácti-
ca cientíca mostrándolas en su justa complejidad,
pues, por un lado, ofrece un medio que permite en-
tender la continuidad y ruptura históricas, a través
de las condiciones internas (normas epistemológi-
cas, teorías, métodos validados) al desarrollo del
conocimiento cientíco y, por otro, articula alre-
dedor del concepto de colectivo de pensamiento
los factores externos o sociales que particularizan
la práctica concreta de este conocimiento.
Notas
i Roux, S., “Los retos de la losofía mecánica en el siglo
XVII: el caso de Descartes”, en Los orígenes de la Cien-
cia Moderna. p. 429.
ii Fleck, L., Génesis y Desarrollo de un hecho cientíco.
Alianza Editorial, Madrid, 1986. pp. 85-86.
iii Ibídem.
Mefisto
10
iv Ibíd. p.151.
v Ibíd. p.145.
vi Ibíd. p.133.
vii Ibíd. p.149.
viii El pensamiento escolástico-tomista que regía en el
pensamiento ‘culto’ de la edad media y de gran parte
del renacimiento se caracterizaba por mantener una
separación clara entre el conocimiento natural y el arte-
sanal. El primero consistía en contemplar los fenóme-
nos en la naturaleza, pues, desde esta perspectiva, es en
la naturaleza donde se pueden observar las esencias de
los objetos (objeto de estudio de la ciencia aristotélica).
Por lo tanto, siendo todo artefacto una alteración del
orden natural, éste no calica como un fenómeno natu-
ral, de lo cual, no puede ser objeto de estudio cientíco.
ix Es de importancia señalar que el reconocimiento de
la geometría como un método able de representación
empírica, se dio también en los círculos escolásticos,
como lo ejemplica la orden de los jesuitas; en este
caso, los jesuitas incluyeron el método geométrico en
pos de validar las instancias particulares (no calica-
das por la ciencia aristotélica) como una fuente cona-
ble de conocimiento cientíco. Cabe recalcar que este
proyecto no tenía ninguna pretensión de reformar a la
física aristotélica. Sobre este tema se puede consultar:
Dear, P., Discipline & Experience, U.S.A., e University
of Chicago Press, 1995, cap. 2.
x Desde la postura ortodoxa escolástica, la materia era
un simple sustrato inerte y pasivo, receptáculo de las
formas esenciales. Los naturalistas romperán con esta
conceptualización. Para ellos el principio del cambio
se encuentra inmanente a la materia misma, siendo las
formas sustanciales, simples formas circunstanciales de
una materia homogénea.
xi Respecto a la tendencia ontológica animista, pode-
mos ver en la Francia de inicios del siglo XVII, una
fuerte inuencia de esta metafísica en ciencias como la
astrología, la alquimia, la medicina. Además, por tes-
timonios de algunos autores, podemos observar que
las relaciones básicas de esta metafísica daban forma al
sentido común empírico de la época, por ejemplo: Des-
cartes en el Compendium Musicae utiliza ciertas rela-
ciones de semejanza, simpatía y antipatía – típicas rela-
ciones de la metafísica animista – para la explicación de
algunas de sus posturas. En el caso de la metodología,
me parece que podemos encontrar su inuencia en el
proyecto de educación que los jesuitas implementaron
en sus colegios a lo largo de Francia a principios del
siglo XVII, los cuales inuyeron de manera fundamen-
tal en la educación de hombres como Descartes y Mer-
senne.
xii Esta tesis la retomo de la obra de Stephen Toulmin
Cosmopolis en la que señala la posible conexión entre
el humanismo renacentista – principalmente el escep-
ticismo – y sus consecuencias en los ideales de cono-
cimiento que se tenían en Francia a principios del siglo
XVII. Para la referencia completa revisar la siguiente
nota.
xiii Toulmin, S., Cosmopolis, e University of Chicago
Press, 1992, pp. 55-56.
xiv El mismo M. de Montaigne da cuenta de que lo úni-
co en que podemos obtener una certeza es en el modo
de nuestro juicio; de hecho, para él el ensayo es una
forma de depurar nuestros juicios sobre el mundo, sin
embargo, a pesar de que las certezas adquiridas por este
método se deben consumir en la vida práctica y no en
la búsqueda de razones universales, es un antecedente
claro a la duda metódica cartesiana.
xv Descartes, R., Reglas para la dirección del espíritu,
Alianza, España, 1996, regla 1.
xvi Ibíd. pp. 63-64. Como vimos, la búsqueda de un sa-
ber universal era un ideal posibilitado por la ontología
animista renacentista.
xvii Ibíd. pp. 66.
xviii Ibíd. regla 2.
xix Ibíd. pp. 71-72. La conclusión cartesiana no debe
sorprendernos. Finalmente, los jesuitas (con los que él
mismo se educó) durante el siglo XVI habían aplicado
el método geométrico para mostrar la evidencia de
ciertas experiencias particulares. La diferencia radica
en el trasfondo epistemológico, pues, mientras para los
jesuitas la aplicación de la geometría se entendía en el
marco epistemológico aristotélico, para Descartes el
n del método es encontrar un fundamento correcto a
nuestras facultades cognoscitivas (un problema que no
tiene cabida en el pensamiento aristotélico).
xx Ibíd. regla 4.
xxi Descartes, R., El mundo o Tratado de la luz,
U.N.A.M. México, 1986. pp.53. Sobre la igualdad de la
materia con la extensión, p, 80-81.
xxii Ibíd., p, 79.
xxiii Me gustaría recalcar que, aun cuando en el pre-
sente ensayo no ahonde en las consecuencias prácticas
del mecanicismo cartesiano, es claro que esto no quiere
decir que no existieran. En el artículo referido, Sophie
Roux nos narra las consecuencias prácticas de dicha
perspectiva. En particular son de interés las conclu-
siones divergentes a las que llega Descartes (respecto
a las conclusiones de Galileo) al momento de describir
la caída de los cuerpos, a través de su concepción de
pesantez.
Mefisto
11
Los jóvenes hoy en día son
unos tiranos. Contradicen
a sus padres, devoran su
comida, y le faltan al res-
peto a sus maestros.
Sócrates (470-399 AC)
Filósofo griego.
Frases célebres
Si la juventud es un de-
fecto, es un defecto del que
nos curamos demasiado
pronto.
James Russell Lowell
(1819-1891) Poeta y escri-
tor estadounidense.
Al cabo de los años he ob-
servado que la belleza,
como la felicidad, es fre-
cuente. No pasa un día en
que no estemos, un instan-
te, en el paraíso.
Jorge Luis Borges (1899-
1986) Escritor argentino.
Cada cosa tiene su belleza,
pero no todos pueden verla.
Confucio (551-478 AC)
Filósofo chino.
El virtuoso se conforma
con soñar lo que el pecador
realiza en la vida.
Platón (427 AC-347 AC)
Filósofo griego.
La virtud no consiste en
abstenerse del vicio, sino
en no desearlo.
George Bernard Shaw
(1856-1950) Escritor ir-
landés.
Mefisto
12
El cielo de invierno
Fases de la Luna
Luna nueva
22 de enero
21 de febrero
21 de marzo
Cuarto creciente
30 de enero
28 de febrero
29 de marzo
Luna llena
8 de enero
6 de febrero
7 de marzo
Cuarto menguante
15 de enero
13 de febrero
14 de marzo
Mefisto
13
Lluvias de estrellas
Cuadrántidas
4 de enero
Alfa Centáuridas
8 de febrero
Lyridas
22 de abril
Planetas
Júpiter en Aries
Marte en Piscis
Neptuno en Acuario
Plutón en Sagitario
Mefisto
14
Yakóv Perelmán
Fausto Cervantes Ortiz
Academia de Matemáticas
Plantel San Lorenzo Tezonco
Introducción
La ciencia no  sólo es  útil, sino  que también pue­
de  ser  muy  divertida.  Esta  última  característica 
ha sido injustamente olvidada por muchos, pero
también  ha  sido  magistralmente  explotada  por 
otros. Uno de ellos fue el gran divulgador cientí­
fco Yakov Perelman, quien a lo largo de su vida
publicó  copiosamente,  tanto  artículos  en  revistas 
como  libros,  fundamentalmente  de  matemáticas, 
física y astronomía y que aún ahora, casí un siglo 
después de su muerte mantienen una sorprendente 
actualidad.
Juventud
Yakóv  Isidorovich  Perelmán  nació  en  la  ciudad 
de  Grodno,  provincia  de  Bialystok  del  Imperio 
ruso (ahora parte de Polonia), el 4 de diciembre de 
1882.  Podría  decirse  que Yakóv  nació  en  el  seno 
de  una  familia  de  clase  media,  ya  que  su  padre 
trabajaba como contador en una empresa textil y
su madre era profesora de primaria. Sin embargo, 
esto  no  duró  mucho,  ya  que  su  padre  murió  en 
1883, por lo que la madre tuvo que criar a los hi­
jos, haciendo lo posible para que recibieran la edu­
cacion sufciente. En 1890, Yakov inicio la escuela
en el primer grado de primaria, y el 18 de agosto 
de  1895  entró  en  la  Escuela  Real  Bialystok,  que 
era una academia de artes y ofcios, unica escuela
de educación media de la ciudad.
La divulgación de la ciencia
El 23 de septiembre de 1899 publicó en el periódi­
co  Gaceta  Provincial  de  Grodno,  usando  sus  ini­
ciales a modo de seudónimo, el ensayo En espera 
de  la  lluvia  de  fuego,  que  trataba  de  la  lluvia  de 
estrellas  conocida  como  Leónidas.  Con  ello,  la 
lluvia de estrellas mencionada, con radiante en la 
constelación  Leo,  se  convirtió  en  una  de  las  más 
famosas a nivel mundial.
En agosto de 1901, se inscribió en el Instituto Fo­
restal  de  San  Petersburgo.  Casi  desde  el  primer 
año  comenzó  a  colaborar  con  la  revista  Natura­
leza y Pueblo. Su primer ensayo titulado Un siglo 
Figura 1. Yakóv Perelmán, hacia 1920.
Mefisto
15
de asteroides fue publicado en el número 4 de la 
revista de 1901. En 1904, Perelmán, decide seguir 
estudiando  en  el  Instituto  Forestal,  y  también  se 
convierte en secretario ejecutivo de la revista Na­
turaleza y Pueblo.
En  1908,  Perelmán  presentó  su  tesis,  y  el  22  de 
enero  de  1909  recibió  un  diploma  del  Instituto 
Forestal con el título de Cientihco-tecnico forestal
de  nivel  I.  Pero  en  el  instituto  no  tenía  ninguna 
posibilidad de trabajar en su proIesion, despues de
la graduacion, por lo que comenzo a trabajar en
la revista de manera constante, y no sólo escribió 
ensayos, sino que tambien hizo imprimir el trabajo
de otros.
Durante  1913  escribió  su  primer  texto  de  éxito, 
presentado en julio de ese año: Física  recreativa 
(primera  parte).  El  libro  fue  un  éxito  inmediato 
entre los lectores. Ello despertó interés, aún entre 
los físicos rusos, como el profesor de física de la 
Universidad  de  San  Petersburgo,  en  ese  momen­
to, Opest Danilovich Xvolson, quien hablo con
Perelmán  y  descubrió  que  el  libro  no  había  sido 
escrito por un especialista en física. La calidad de 
este libro hizo que le aconsejara seguir escribiendo
textos  similares.  De  hecho,  Perelmán  siguió  este 
consejo en lo sucesivo y escribio muchos libros,
exponiendo de Iorma amena temas cientifcos.
En 1914 escribió y publicó un capítulo adicional a 
la novela de Julio Verne, De la Tierra a la Luna, 
que Iue su primer trabajo de ciencia fccion. Este
artículo  fue  titulado  El  desayuno  en  una  cocina 
ingrávida  y  pronto  fue  incorporado  a  la  segunda 
parte  de  Física  recreativa  que  estaba  en  prepara­
ción en aquel momento.
En  1915,  durante  unas  vacaciones  de  verano, 
Perelman conocio a la joven doctora Anna Davi­
dovna Kaminski con quien contrajo matrimonio.
Labores en el nuevo gobierno
Entre  1916  y  1917,  fue  uno  de  los  participantes 
en la reunión especial de Petrogrado que propuso 
el  adelanto  en  una  hora  de  las  zonas  horarias  so­
vieticas con el fn de ahorrar combustible. La re­
comendación  que  surgió  de  esta  conferencia  fue 
aplicada  por  el  gobierno  en  los  años  20.  Durante 
este  período,  fue  publicada  la  segunda  parte  del 
libro  Física  recreativa  que  se  concibió  en  forma 
independiente  de  la  anterior,  pudiéndose  leer  en 
cualquier orden ambos libros.
En el periodo entre 1918 y 1923 trabajo como ins-
pector  de  la  Comisión  Escolar  de  la  Unión.  Una 
de sus tareas fue la elaboración de nuevos planes 
de  estudios  de  física,  matemáticas  y  astronomía, 
Figura 2. Libros de Yakóv Perelmán publicados en ruso.  Figura 3. Libros de Yakóv Perelmán publicados en francés. 
Mefisto
16
Matemáticas recreativas
Aritmetica recreativa
Álgebra recreativa
mientras que enseñaba estas materias en diversas 
instituciones educativas. Por iniciativa propia creó 
la primera revista de divulgacion cientifca sovie­
tica llamada En el taller de la naturaleza, la cual 
se publicó entre los años 1919 y 1929.
En 1924 participó en la Sección de Comunicacio­
nes  Interplanetarias  de  la  Unión  Soviética,  cuyos 
miembros  fueron  el  revolucionario  ruso  Feliks 
Dzerzhinski,  Konstantin  Tsiolkovsky,  Vladimir 
Petrovich  Vetchinkin,  Friedrich  Arturovich  Zan­
der y Nikolai Alexsevitch Rynin, entre otros. Entre 
ese año y 1929 trabajo en el departamento de cien­
cia de la Red Ofcial de Leningrado y Iue miembro
del consejo editorial de las revistas Ciencia y Tec­
nología y Enseñar a pensar.
Entre 1925 y 1932, también formó parte del con­
sejo editorial de la cooperativa Vremya  (Tiempo) 
y  organizó  la  producción  masiva  de  libros  de  su 
serie recreativa. Antes de fnalizar este periodo y
hasta fnales de 1933 estuvo a cargo del departa­
mento de propaganda de Leningrado. 
El 15 de octubre de 1935 inaugura la Casa de Len­
ingrado  de  divulgación  de  la  Ciencia,  en  lo  que 
se  considera  la  culminación  de  sus  esfuerzos  por 
la divulgacion cientifca. InIortunadamente, Iue
destruída durante el sitio de la ciudad, por las tro­
pas alemanas.
Muerte
El 22 de junio de 1941, las Iuerzas del Tercer Reich
alemán invaden la Unión Soviética en la denomi­
nada Operación Barbarroja. En estas circunstan­
cias, Perelman comienza a trabajar para soldados
y  marinos  como  profesor  y  conferencista.  Desde 
julio de 1941 hasta Iebrero de 1942, oIrecio con­
ferencias  a  los  soldados,  exploradores  del  Frente 
de  Leningrado  y  la  Flota  del  Báltico,  así  como  a 
los  partidarios  de  la  resistencia,  para  que  pudie­
ran  orientarse  sobre  el  terreno  sin  dispositivos  ni 
aparatos, las cuales serían útiles en las operaciones 
militares. Pero los percances de la guerra no le im­
pidieron continuar sus labores de escritor.
Esto  no  duraría  mucho  tiempo,  pues  tanto  el  in­
tenso  frío  de  Leningrado,  como  el  rigor  del  sitio 
impuesto por el ejercito aleman minaron las es­
casas  fuerzas  de  Perelmán  y  de  su  esposa, Anna 
Davidovna.  El  18  de  enero  de  1942  Davidovna, 
estando  de  guardia  en  un  hospital  de  la  ciudad, 
falleció  víctima  de  desnutrición.  Escasamente, 
Perelmán soportó dos meses más, pues moriría de 
la misma forma el 16 de marzo de 1942.
El legado de Perelmán
Hoy en día, los libros de Perelmán no han perdido 
actualidad,  y  continúan  editándose  sin  práctica­
mente ninguna modifcacion, y en los mas diver­
sos idiomas, lo cual confrma el caracter universal
y atemporal de su obra. En español se publicaron, 
por lo menos, los siguientes libros:
Figura 4. Libros de Yakóv Perelmán publicados en español. 
Mefisto
17
Aunque  en  un  principio  sus  libros  los  editaba  la 
editorial  Mir,  hoy  desafortunadamente  desapare­
cida. Actualmente hay varias editoriales que con­
tinúan  editándolos  en  varios  idiomas.  Desafortu­
nadamente,  en  español  ya  no  se  publican,  por  lo 
que  hay  que  conformarse  con  las  versiones  elec­
trónicas  que  circulan  por  la  internet.  Dentro  de 
estas mismas está también la obra Geometría rec­
reativa.
El  gran  legado  de  Yakóv  Perelmán  fue  hacernos 
ver que la ciencia es divertida, y que no es nece­
sario ser especialista en algún tema para poder ex­
Astronomía recreativa
Física recreativa 1
Física recreativa 2
Mecánica recreativa
¿Sabe usted física?
Problemas y experimentos recreativos
ponerlo al gran público. Perelman nunca demostró 
ningun  teorema  matemático,  ni  descubrió  alguna 
ley Iisica, o algun objeto astronomico. Sin embar­
go, hasta la fecha sigue siendo la principal referen­
cia como divulgador de las matemáticas, la física 
y la astronomía. De hecho, un cráter de la Luna se 
llama Perelmán en su honor.
Referencias
Perelmán. Matemáticas recreativas
Perelmán. Aritmetica recreativa
Perelmán. Álgebra recreativa
Perelmán. Astronomía recreativa
Perelmán. Física recreativa 1
Perelmán. Física recreativa 2
Perelmán. Mecánica recreativa
Perelmán. ¿Sabe Usted física?
Perelmán. Problemas y experimentos recreativos
Perelmán. Sanimatelnaya Geometriya. 
www.wikipedia.org
programa de materiales educativos
para estudiantes de la uacm
matsedusuacm@gmail.com
san lorenzo tezonco E-207
5850-1901 x 14507
www.freewebs.com/matsedusuacm
Inserción pegada
Mefisto
18
Edward de Bono, el padre del pensamiento lateral,
autor del afamado libro de los seis sombreros (Six
inking Hats: An Essential Approach to Business
Management. Little, Brown & Company, 1985),
sacó a la luz un libro sobre la simplicidad (Simplic-
ity. Penguin Books, 1990). Siendo un personaje tan
reconocido, uno no escapa al morbo de conocer la
posición de este físico, inventor y consultor sobre
el complicado tema de la simplicidad.
Simplicidad es un concepto abstracto y difícil de
denir en cualquier contexto. Es uno de los que
se conocen como conceptos primitivos. Pueden en-
contrarse en cualquier ciencia y son piedra angular
de ellas, como lo puede ser el concepto de inteligen-
cia: pensamiento abstracto, entendimiento, comu-
nicación, razonamiento, planeación, inteligencia
emocional y hasta resolución de problemas. Otro
ejemplo, la palabra amor evoca: pasión, afecto,
apego, sexo, compasión, altruismo, relación. Estos
conceptos no pueden denirse sin llegar a deni-
ciones circulares, dado que están ligados. Según
la Wikipedia, simplicidad es una característica
de lo simple, contrario a complejo. ¿Pero qué es
algo simple? ¿Y qué es algo complejo? Podríamos
denir complejo como contrario a simple. Enton-
ces llegaríamos a una denición circular.
Desde el punto de vista de las ciencias de la com-
putación, en particular en el campo de la creación
y programación de algoritmos (el tipo de recetas
seguidas para llegar a una solución), podemos
armar que ocupar menos pasos para llegar a un
mismo resultado es algo simple. (Aquí, simple está
vinculado a eciencia). Podríamos también basar
la idea de simplicidad en el concepto de esfuerzo:
si para lograr algo se requiere de una gran cantidad
de trabajo, ¿por qué no pensar en disminuir la la-
bor para llevar a cabo ese algo?
La simplicidad es un valor de carácter epistémico,
es decir interviene en los procesos de decisión
relativos a la evaluación de conocimiento. Otros
valores epistémicos son la adecuación empírica, la
consistencia, la precisión, el alcance y la fecundi-
dad. Además están los valores sociopolíticos como
la pluralidad, la tolerancia, la civilidad y la demo-
cracia. Es en el marco de estos valores que se pue-
de pensar la simplicidad y en el cual se ancla el
decálogo propuesto por de Bono:
Regla 1. Has de conceder mucho valor a la simpli-
cidad.
Regla 2. Has de tener la determinación de buscar
la simplicidad.
Regla 3. Has de comprender muy bien el asunto.
Regla 4. Has de diseñar alternativas y posibili-
dades.
Regla 5. Has de desaar los elementos existentes y
descartarlos si es necesario.
Regla 6. Has de estar preparado para empezar de
cero.
Regla 7. Has de usar conceptos.
Regla 8. Puede que tengas que dividir las cosas en
unidades más pequeñas.
Regla 9. Has de estar dispuesto a renunciar a otros
valores (epistémicos y ético-sociales por la simpli-
cidad).
Regla 10. Has de saber para quién se está diseñan-
do la simplicidad.
Simplicidad: un enfoque
computacional
Jesús Ernesto Cruz Martinez
Facultad de Ciencias, UNAM
Mefisto
19
A decir verdad, el decálogo de De Bono nos lleva
a pensar en una serie de aspectos a considerar si
pensamos en la simplicidad desde el punto de vista
de las ciencias computacionales. Un computólogo,
por ejemplo, conoce el sistema a simplicar: debe
conocer cada uno de los pasos del mismo y, sobre
ellos, debe buscar mayor eciencia a través de la
simplicidad. Pero para lograr esto debe, ante todo,
poder identicar la complejidad -o no simplici-
dad- del sistema y desde ahí buscar construir al-
ternativas que logren la eciencia del sistema. Por
ejemplo, el área de especialización computacional
del análisis de eciencia de algoritmos, que es la
base de cualquier programa, nos lleva a generar al-
ternativas y posibilidades.
La regla 5 implica necesariamente analizar los
porqués de los elementos involucrados y revisar
cómo es que están siendo integrados, para encon-
trar o imaginar así alternativas que lleven a la sim-
plicación. Por supuesto debe tenerse cuidado en
desglosar en exceso lo que se necesita y de acuerdo
con la regla 6, comenzar de cero si así lo amerita el
problema.
Por su parte, la regla 7 no sólo implica que analice-
mos en cada etapa del problema qué concepto o
proceso se está manejando (por ejemplo, alma-
cenamiento en disco, envío por red, despliegue
de información, actualización de datos, envío de
correo electrónico, etc.); sino que avancemos un
poco más e hilemos conceptos o procesos dentro
del problema, a n de ver si esta retahíla de ellos
realmente tiene coherencia y consistencia. Pen-
semos en una secuencia donde se articulan pro-
cesos: grabar en disco la bitácora, luego analizar la
salida y decidir si se envía a la base de datos o se
despliega en la pantalla.
Ahora bien, tal vez nosotros queremos un sistema
completo y nalmente se vuelve complejo. Pero
¿qué tal si consideramos las reglas 8 y 9 e intenta-
mos hacer un sistema en módulos independientes,
interconectados -si existen- o complementarios si
funcionan juntos? Lo que puede ser un error de
diseño (que suelen ser carísimos) podría resultar
una ventaja comercial. Éste ha sido el caso de algu-
nas compañías líderes en tecnología.
Irónicamente se nos dice que la última regla es la
primera regla a tomar en cuenta. Alguna vez el
autor realizó un sistema que parecía engorroso y
complicado, porque hacía demasiadas vericacio-
nes, daba muchos permisos y esperaba muchas r-
mas: era una cosa compleja; pero al nal, era lo que
el usuario requería, porque era para un tribunal.
Puede hablarse de entonces del valor de la plurali-
dad (en este caso de procesos).
En conclusión, basados en De Bono aceptamos que
la simplicidad es un valor que debemos considerar
a la hora de abordar un problema. Este valor epis-
témico debe estar orientado hacia las necesidades y
propósitos de la persona o grupo para que requie-
ren la solución. Aunque, en el contexto del ejem-
plo anterior, no siempre es deseable la simplicidad,
pues podría ocurrir que eso sea justamente lo que
no se está esperando sino a otros valores epistémi-
cos o ético-sociales. Pero una vez que estamos en
el camino de la simplicidad, las bases de nuestra
métrica son el esfuerzo y la satisfacción. Por ejem-
plo, en los cursos de Six Sigma, el Análisis Kano
ayuda mucho a este tipo de estudios, donde la e-
ciencia y la satisfacción van de la mano cuando de
servicios o bienes se trata. En computación se dice
así: KISS (Keep It Simple, Stupid!) O bien: “si no
está roto no lo arregles”.
Referencias
De Bono, Edward. Simplicity. Penguin Books. New
York, 1990.
De Bono. Six inking Hats: An Essential Approach
to Business Management. Little, Brown, & Com-
pany. New York, 1985.
www. debonobl og. com/edward_de_bono_
blog/2006/05/simplicity_desi.html
www.lab.dit.upm.es/~lprg/material/apuntes/o/in-
dex.html
es.wikipedia.org/wiki/Seis_Sigma
www.scribd.com/doc/14599651/modelo-kano
Mefisto
20
Usando un paralelismo con el lenguaje de las
matemáticas trataré de evidenciar las históricas
pérdidas económicas de las mujeres, para ubicar-
las dentro de un proceso continuo o, por lo menos,
mostrarlas como perdidas mediante una cantidad
numérica real.
Pareciera fácil dar con el común denominador cau-
sante de su desigualdad económica de las mujeres
con respecto a los hombres si parte uno de su fuer-
za numérica, ya que constituyen más de la mitad
de la humanidad, pero en su comparación con los
hombres muestran un nivel más bajo que estos.
Y eso es de entrada una impresión negativa. Y en
tanto que parte de un número desconocido, se tra-
ta de una incógnita.
Pero usando esa incógnita, podemos escribir una
ecuación para intentar despejarla. Mujer igual a in-
cógnita.
Matemáticamente hablando: M=X.
Y si sustituimos con nombre de mujer la (m) y a las
(x) con salarios, los resultados son sorprendentes.
En las sociedades modernas existe el supuesto de
que hombres y mujeres devengan salarios idénti-
cos por realizar el mismo trabajo que los hombres
(sobre todo cuando así lo ordenan las leyes), más
si dedicaron igual tiempo a su formación para la
obtención de sus títulos universitarios o técnicos o
al proceso de capacitación para el trabajo. Pero no:
la realidad es muy diferente y negativa para ellas,
pues sus salarios casi siempre son más bajos. La
división del trabajo es una de las variables que no
se ve, pero bien se siente, y que tampoco ha sido
equivalente para varones y mujeres, por ejemplo el
trabajo en el hogar es mayoritariamente realizado
por mujeres y no se toma en cuenta ni el tiempo
ni la dicultad que implica realizarlo, más si es
una familia con niños. Así que es necesario denir
adecuadamente la problemática laboral tomando
este tipo de elementos.
Por ejemplo, cuando las mujeres llegan a vislum-
brar las razones de la desigualdad salarial en sus
centros de trabajo, entonces pretenden tomar la
iniciativa de luchar dentro de sus centros de traba-
jo, pero se paralizan ipso facto, cuando sus accio-
nes quedan supeditadas a las opiniones o consider-
aciones masculinas: “Tengo que preguntarle a mi
esposo” dicen, en una actitud más que lamentable.
Y es lamentable sobre todo porque se trata de una
respuesta personal, que va en sentido contrario a
quizá más de 20 años de empeño, de paciencia,
de estudios, de perseverancia, de la obtención de
buenas o excelentes calicaciones y del esfuerzo
redoblado para obtener títulos profesionales. En
contraste, ellos llegan a casa simplemente con la
novedad: “Nos unimos y votamos por la huelga”.
No llegan a preguntar, ni a pedir permiso.
Y está también otra variable, una discreta, palabra
que se le aplica al resultado diferencial del salario
entre hombres y mujeres. “Hombre, tú ganas más
que ella. Nada más no lo divulgues, no queremos
problemas”, escuchamos con frecuencia.
Lo sabemos en todo el mundo: las mujeres no ga-
namos igual que los hombres por idéntico trabajo;
pero, como se dice en México, “nos hacemos de
la vista gorda”. Aquí, en Estados Unidos, el sala-
rio mínimo, como en el resto del mundo, no es
nada halagador: $5.15 dólares por hora de labor
Mujer igual a X salario
(M=X)
Leticia Puente Beresford
Periodista independiente. New York, EUA.
Mefisto
21
en Georgia, el pago más bajo, seguido de $7.25 en
Nueva York, o bien, el más alto de la zona norte,
$8.25 por hora trabajada en Connecticut. Además,
en medio de la actual crisis económica, estadísticas
del gobierno norteamericano señalan que 4.4 mi-
llones de trabajadores y trabajadoras ganan menos
que eso. Esta clase trabajadora se ubica por debajo
de la línea de pobreza federal. Insostenible, tam-
bién, es el desempleo, que se ubica en 9 por ciento.
Y un aumento salarial, simplemente no procede.
La administración Obama nos da una variante
numérica, después de cinco décadas en las que las
mujeres estuvieron perdidas en esta lucha contra la
desigualdad salarial. Un reporte federal , el único
desde 1963 que toca el tema de la situación de la
mujer en Estados Unidos de América, encontró
que en este momento son más las mujeres que los
hombres que tienen títulos profesionales; pero e-
llas continúan ganando sólo 29 por ciento del total
del ingreso familiar en Estados Unidos. La revista
TIME del 21 de marzo del 2011, lo informa: “Cinco
décadas y la desigualdad salarial sigue siendo una
constante detestable entre hombres y mujeres.” En
dicho artículo se documentan las contradicciones:
Sí, por primera vez en la historia, las mujeres es-
tamos teniendo hijos a una edad más adulta, a los
30 años o más. En 1970 esta cifra sólo era un 4 por
ciento. En el 2007, el resultado fue del 22 por cien-
to. Sí, también las mujeres nos casamos igual que
los hombres, a mayores edades. Es decir, las mu-
jeres que se casaban en 1970, en edad adulta, a los
20.8 años cambió para el 2010, que aumentó a 26.1
años. Mientras los hombres, en 1970 se casaban a
los 23.2 años y para el 2010, a los 28.2 años.
Efectivamente, más mujeres que hombres nos in-
scribimos a la educación superior. Datos de 2008
indican que la presencia de las mujeres profesio-
nales era ya del orden del 57 por ciento, en tanto
que la de los hombres era de 43 por ciento. Y tam-
bién las mujeres sostenemos una tendencia mayor
de permanencia en los centros de trabajo, en tanto
los hombres son despedidos más fácilmente. De
diciembre de 2007 a diciembre de 2010, el porcen-
taje de mujeres en el desempleo fue del orden del 8
por ciento, cuando en los hombres el dato resultó
en un 10 por ciento.
Pero todos esos avances, notables avances para
la población mayoritaria, se derrumban cuando
hablamos de salarios, de disparidad salarial: en
2009 las mujeres recibimos 25 por ciento menos
de salario con respecto a lo que ganan los hombres
por la misma actividad. En otras palabras, las mu-
jeres nos sostenemos con un 75 por ciento del 100
por ciento del salario que gana un hombre, ambos
desempeñándose en trabajos iguales. Es decir, por
cada hombre que gana $100, una mujer sólo recibe
$75.
Queda claro, entonces, que el común denominador
que causa nuestra desigualdad salarial con respecto
del hombre no es medible cuantitativa sino cuali-
tativamente, puesto que aún persiste esa lacerante
idea de superioridad divina del género masculino,
destellando en la llamada “perfecta creación”: m=x
no nos dice nada de la situación actual de la mujer.
Referencias
Estadísticas laborales. Pew Research Center, 2011
Estadísticas salariales. Secretaría del Trabajo. EUA,
2011
Revista Time. 21 marzo 2011
Mefisto
22
Acertijos
1 Cierto número termina en 2. Cambiando de
lugar esta cifra y poniéndola al principio, el núme-
ro se duplica. ¿Qué número es?
2 Hallar un número que cuando se divide entre 2
da como residuo 1, cuando se divide entre 3 da un
residuo de 2, cuando se divide entre 4 da un re-
siduo de 3, cuando se divide entre 5 da un residuo
de 4, cuando se divide entre 6 da un residuo de 5,
y cuando se divide entre 7 no da residuo, sino que
se divide exactamente.
3 Un niño en un triciclo le tira su mercancía a una
señora que estaba vendiendo huevos en el merca-
do. La señora se enoja y reprende al chamaco, ya
que todos los huevos se rompieron. En eso llega la
madre del niño y con prepotencia le dice: ¿cuánto
vale su mercancía?, ¡yo le voy a pagar hasta el úl-
timo centavo! La vendedora le dice que no sabe el
número de huevos que traía, pero le especica lo
siguiente: cuando se agrupan de 2 en 2, sobra un
huevo; cuando se agrupan de 3 en 3, sobra uno; si
se agrupan de 4 en 4, sobra uno, al agruparlos de 5
en 5, sobra uno; si se agrupan de 6 en 6, sobra uno.
Pero si se agrupan de 7 en 7, no sobra nada. ¿Cuán-
tos huevos traía la campesina? ¿Cuánto tendrá que
pagar la madre altanera si cada huevo cuesta 1
peso con 20 centavos?
4 Se tienen tres contenedores a los que les caben
6 litros, 3 litros y 7 litros, respectivamente. El pri-
mer contenedor tiene 4 litros de pulque y el tercer
contenedor tiene 6 litros de pulque (el de 3 litros
está vacío). ¿Cómo hacer para repartir el pulque
en dos partes iguales usando sólo los contenedores
indicados?
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Los tres primeros lectores que envíen las soluciones correctas a todos los acertijos recibirán un
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Mefisto
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Acertijos
Solución a los anteriores
1 Ninguna de las opciones ofrecidas es correcta.
Este acertijo se resuelve calculando las fraccio-
nes de pan que comieron los leñadores y las que
le vendieron al cazador. Como al inicio había 11
panes y todos comieron la misma cantidad de pan,
cada uno comió 11/3, es decir, 3 y 2/3 de pan. En-
tonces el leñador que llevaba 4 panes sólo le vendió
1/3 de pan al cazador, mientras que el que llevaba
7 panes le vendió 3 y 1/3 de pan, o bien 10/3. Lo
justo sería que el primero recibiera 1 peso y el se-
gundo 10 pesos.
2 Este acertijo se resuelve comenzando desde el
nal del mismo. En cada paso se debe agregar la
mitad de lo que cada uno dejó para encontrar el
número de papas que encontró (tiene que ser la
mitad de lo que queda, para que al sumar sean tres
fracciones iguales). Como al nal quedaban 8 pa-
pas, entonces el tercero se comió 4 papas, y enton-
ces encontró 12 papas. De modo que el segundo
comió 6 papas, y encontró 18 papas. Por lo tanto,
el segundo comió 9 papas, de donde encontramos
que al inicio había 27 papas. Así pues, el segundo
tuvo otras 3 papas y el tercero otras 5 para termi-
nar de comer.
3 En este acertijo también se debe comenzar desde
el nal para hallar la solución. Como cada com-
prador llevó la mitad de lo que quedaba, quiere
decir que al llegar había el doble de las naranjas
que dejaron más una naranja, o sea, 2x + 1, con x el
número de naranjas que encontró al llegar. Enton-
ces tenemos que el sexto comprador, que no dejó
ya nada, encontró 2(0) + 1 = 1 naranja y ésa fue la
única que compró. El quinto comprador encontró
2(1) + 1 = 3 naranjas y compró 3/2 + 1/2 = 2 naran-
jas. El cuarto encontró 2(3) + 1 = 7 naranjas y com-
pró 7/2 + 1/2 = 4 naranjas. El tercero encontró 2(7)
+ 1 = 15 naranjas y compró 15/2 + 1/2 = 8 naran-
jas. El segundo encontró 2(15) + 1 = 31 naranjas
y compró 31/2 + 1/2 = 16 naranjas. Finalmente, el
primero encontró 2(31) + 1 = 63 naranjas y com-
pró 63/2 + 1/2 = 32 naranjas. La campesina llevaba
63 naranjas para vender.
4 En su afán de encontrar dinero, los campesinos
no se dieron cuenta de que no se habían repartido
todo el dinero de la cartera. En efecto, al sumar 1/3
+ 1/4 + 1/5 + 1/6 del dinero, se estaban repartiendo
57/60 del total. Lo restante se quedó sin repartir,
y eso fue lo que se quedó el jinete. Entonces re-
sulta que los 3 rublos que tomó el jinete son los
3/60 restantes, de donde resulta que al inicio había
60 rublos. Ahora bien, recordando que el jinete
agregó un rublo antes de repartir, los campesinos
encontraron 59 rublos, de los cuales 3 estaban en
un billete de 3 rublos y los otros 56 en billetes de
10, 5 y 1 rublos. La única forma de alcanzar esta
cantidad en 7 billetes es con 5 de 10, 1 de 5 y 1 de
1. Al agregar el jinete 1 billete de 1 rublo hubo 2 de
un rublo, y 57 rublos a repartir. Entonces al repar-
tir el dinero conforme a lo especicado al inicio, el
primero recibe 2 billetes de 10; el segundo recibe
1 de 10 y 1 de 5; el tercero uno de 10 y 2 de 1; el
último sólo 1 de 10. El jinete se queda con el bille-
te de 3 rublos porque los campesinos no habían
repartido todo el dinero entre ellos, y los campesi-
nos recibieron más de lo que pensaban porque el
jinete agregó 1 rublo.
1
/
3
1
/
5
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Sudoku
Fácil
Difícil
Solución al anterior
Solución al anterior
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1
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2
2
2
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