25 años de Democracia. El compromiso de los jóvenes.

Han pasado ya 25 años de aquel Diciembre en el cual todos los argentinos eran partícipes de la vuelta a la democracia. Quedaba graba en la retina de nuestros padres y abuelos la imagen de la boleta en la urna ese mes de Octubre y la asunción de un presidente electo por el pueblo ese 10 de Diciembre de 1983 despertaba la esperanza de toda una generación que jamás claudicó ante los inefables delirios de una dictadura cobarde. Se le abrían los ojos a aquellos que temían hacerlo, el horizonte se llenaba de colores para los que sólo la oscuridad les era compañía, el sendero sinuoso de la partida se convertía en la ruta esperanzadora de la vuelta, la impotencia y desesperación que generaba la exclusión del gobierno de facto, se transformaba en un abanico de nuevas oportunidades. Un gobierno democrático asegura a sus ciudadanos un máximo de libertad, como testimonio del respeto que merece la dignidad humana. Un máximo de libertad que al convierte, antes que en un sistema de gobierno, en una forma de vida, en una razón de vivir. La vivencia de esa libertad es el crisol en el cual se depura y perfecciona gradualmente la persona. La libertad que hoy como jóvenes ejercemos pero que nuestros padres carecían por completo. Nadie puede tomar nuestro lugar en la tarea de edificar nuestra propia vida y de participar en la construcción de la historia de la sociedad en al que estamos insertos. Esta tarea la hacemos junto con los demás, y exige de nosotros una participación consciente y responsable, así como el compromiso de convertirnos, como jóvenes de la democracia, en promotores de la participación, por ser ésta condición necesaria para que el hombre encuentre su propia expansión, interactuando con todos los otros. Por ello, y valorando el esfuerzo realizado por nuestros antecesores, como jóvenes reconocemos en el ejercicio de los derechos humanos y la participación libre, consciente y responsable, la condición indispensable para lograr el respeto a la dignidad humana, concebida como un ser racional, libre, insustituible, espiritual, imperfecto pero perfectible, condicionado pero no determinado, y que decide sobre su destino, a partir de su presencia en el mundo. La posibilidad y libertad de decisión que permite la democracia debe tener como base imprescindible e irrenunciable la tolerancia y respeto entre personas y colectivos de diferentes tendencias ideológicas, políticas, religiosas, étnicas y sexuales. El miedo y la ignorancia son las raíces que causan la intolerancia. Como jóvenes tomamos el compromiso de actuar para que el temor no gobierne nuestros actos y de aprender para que la ignorancia no detenga nuestro crecimiento. Resulta difícil modificar hábitos de comportamientos en las sociedades, más aún cuando éstas han sufrido años de aniquilamiento de sus derechos y años de observar como se ha perdido el respeto por el ser humano. Sin embargo, después de 25 años se abren nuevamente las puertas para modificar estos patrones de conducta que parecen llegar a un unto de quiebre en el cual ubican al joven en una disyuntiva para el progreso de la sociedad. En ese sentido, es una obligación para nuestra generación crear espacios de entendimiento y dialogo, comprensión y respeto, haciendo uso de los medios necesarios con el objeto de convivir en una sociedad que respire democracia. Nuestros padres tuvieron la valentía de luchar y defender sus derechos, la encomiable labor que significa la búsqueda incesante de la libertad y el regreso de la democracia. Es nuestro orgullo ser parte de este presente legado que nos permite proyectar y proyectarnos, ser partícipes del cambio y constructores de una sociedad más justa, tolerante y democrática. (610 palabras)

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