GABRIEL DEL CORRAL

La Cintia de Aranjuez
(1629) Ed. de Joaquín de. Entrambasaguas © CSIC,Madrid, 1945

Prólogo...................................................................................................................................3 Libro Primero.........................................................................................................................6 Libro Segundo......................................................................................................................43 Vexamen...............................................................................................................................63 Libro Tercero.......................................................................................................................78 Libro Quarto.......................................................................................................................106

PRÓLOGO
AL SEÑOR DON IORGE DE TOUAR VALDERAMA, Y LOAYSA. Ivan Bautista Annulo confiessa que le dió motiuo para escriuir vn libro que intituló de Picta Poesi, hallar vnas laminas ociosas en la oficina de vn impressor a que aplicò vnos emblemas de no pequeño gusto y erudición; assi yo imitando esta ingenuidad, confessaré a v. m. que todos los versos que contiene este volumen estauan escritos antes del intento; y para hazerlos tolerables, los engarzè en estas prosas y acompañe con estos discursos, no me atreuiendo a publicar rimas desnudas, donde tienen conocido peligro los ingenios mas sazonados. Si alguno reparara en la falta de vnion, aunque he procurado que sea menester intencion para echarla, menos disculparàme esta confession, y aun los menos malignos hallaran que agradecer. Lo que mas riesgo tiene, es dar a luz libro de entretenimiento, aunque honesto y exemplar quando de la opinion de mis estudios se esperauan mas importantes materias: mas v. m. sabe que justos respetos ocultan otro de mayor asunto que tuue cerca de la estampa, y atento a quien me pudo mandar hizo lo que segun Marcial raros hazen. Aurum, & opes, & rura, frequens donabit amicus Qui velit ingenio cedere, rarus erit Presto desquitarè este ocio con mas luzidas fatigas; entretanto no oído aplauso, sino paciencia, no hablo con los Patricios de la cultura, sino con el vulgo con quien Marcial se entiende tal vez diziendo, Vobis pagina nostra dedicatur. Y el nuestro Cordoues. Popular aplauso quiero, Perdonenme los Tribunos. Tengo por muy aspera aquella sentencia de Epicuro, aunque la venero, que mal quisto con el pueblo a quien por la mayor parte se escriue. Quanto se publica dize, Numquam volui popule placere, nam quae ego scio mon probat populus, quae probat populus ego nescio. Yo a lo menos aora deseo agradar al pueblo, y que se agrade de lo que escriuo que los Puritanos de la erudición bastan que me lean las fiestas, sin ocuparles todo el ingenio. Y si como dize Seneca, Pendemus toti ex alienis iudicijs. Quantos mas votos sobornaren mis burlas, mas negociado tendrè el aplauso, a que todos, por mas que lo disimulan aspiran; no afirmo que esta sea la senda de la inmortalidad, mas tengo experiencia que es dulcissimo alago de la vida. Y quando me faltara la aprouacion popular que la de los que se llaman prouectos no la espero; en la de V. merced, que tantos fauores me assegura, lo hallaré todo, y quedaré mas premiado. Assi lo dixo por mi Epicuro, Haec ego non multis sed tibi, satis enim magnum alter alteri theatrum sumus. Y Democrito en muy vezino sentido. Vnus mihi pro populo est, populus pro vno: Porque en vn gran pueblo no hallare yo tan excelentes partes, como juntas resplandecen en vuessa merced, de quien hablo con mas temor de su modestia, que del excesso en alabarlas, pues todos reconocen su entendimiento en su cortesía, su valor en su templança, la erudicion en sus escritos, lo afable en sus amigos, la generosidad en sus obligados; siendo oy perdida vniuersal de todos ver ocioso su talento criado en la dotrina del señor Iorge de Touar Valderrama su padre (sin lisonja, ni injuria mayor ministro de nuestros siglos) de quien heredò V. merced no solo tan ilustres obligaciones de su nombre, sino el merito de sus trabajos, casi

como vinculados en la capacidad del sujeto que en V. merced admiramos, a quien lustrosamente esmaltan las prudentes experiencias que consiguio el cuidado en los mayores puestos que ocupó siruiendo aquel exemplar y venerable (no solo padre a sus hijos, pero vniuersal de los afligidos) cuyos passos seguira vuessa merced gloriosamente, quando con mejor fortuna prosiga sus dignas ocupaciones. Finalmente alabe a vuessa merced el mayor Poeta de nuestros tiempos, con quien gloriosas las Musas ponen entre sus blasones la tiara, vnico honor de los ya desvalidos estudios, que haze felizes los numeros tan perseguidos de la venenosa ojeriza de la embidia. Nuestro santissimo Padre VRBANO VIII. Nam melle pascit recreatquè Ingenii tua vena mentes. Con que no se puede añadir alabança sin ofensa de ambos. Aora me falta disculpar con algunos, y satisfazer a algunos, y satisfazer a muchos auer dado tan alto nombre a tan humilde libro, a quienes parecerà osadia asiendo sido rezelo: porque quando le di tan grande amparo, bien conocí lo que peligrara, si fuera menor la defensa, con que parece que està disculpada la direccion: y mas si Marcial hablasse por mi, dedicando, aunque a menor Regulo vn libro en estos dos disticos. Cum tibi sit Sophiae par fama, & cura deorum, Ingenio pietas, nec minor ipsa tuo. Ignorat meritis dare munera, qui tibi libris, Es qui miratur Regule thura dari. Dedicar vn libro, es reconocer deidad a vn Principe, como lo fuera ofrecerle incienso, porque le atribuyen el poder que a vn Dios, a quien solo es dado enmudecer malignas vozes, que hasta en acciones tan pequeñas arrugan el ceño, y arman de veneno el aliento. Siendo assi que yo en mi misma humildad presumo seguridad, si es cierto que Alta petit liuor. Y quando se atreua la malicia, laurel tengo en que acogerme: Laurel amigo del sol el gran Velasco, a quien con supuesto nombre de Virginio parece que dixo nuestro santissimo Padre, Decus eruditorum, Amor Castalidum, rubar Quiritum Y en otra parte. Fallor an Cyrrhae comitata coetu, Palladis ductu, tibi se videndam Exhibet virtus Quien vio juuentud tan cana, donde anticipado el consejo, la prudencia espera a los años, culpando de perezoso al tiempo. A otro merito escriui estos versos, que aquí vienen, como si en vaticinio se huuieran escrito. Sentiriquè ingens; nam menten non capit aetas Sed micat angustis animus, robustior annis. Con este amparo pues osar a que vuessa merced publique mi Cintia, que si como pienso, la pluma se halla en mi ocio: desquitaré estas humildades con asuntos mas iguales a mi profession y estudios; que como desde que naci, escriuo lo proseguiré hasta que en esta milicia. Canitiem galenpraenam. Pues aora en este camino que hago a Roma sin libros, ni preuencion escriuo estos borrones, no para su estimacion, sino para dar a entender mi afecto, assi a la pluma, como a la atencion de las obligaciones en que V. merced me ha puesto, a quien Dios guarde, y aumente, como merece, y yo deseo.

Zaragoça, y Agosto 15. de 1628. Capellan de V. merced DON GABRIEL DE CORRAL.

LIBRO PRIMERO
Pastores con luzidos pellicos representauan a hermoso auditorio de zagalas acompañadas de garçones bizarros, esta egloga; a que dio principio la musica de quatro vozes con instrumentos sonoros. Dulce remora del viento, Coro entero en vna voz, Que fue mordaza inuisible De arroyo murmurador. Iman del risco, y del eco, Impossible imitacion, Y de un aliso pomposo Alada y parlera flor. Auecilla en fin quexosa De amor, si bien desmintio A las quexas el concento, y la musica al dolor. Calla tu cuidado, No le digas no, Que diran, si le cantas, Que, te falta amor. Como blasonas martirios, Si en los indicios del Sol Madrugan tus sentimientos A templarse con tu voz? Qual amante sus querellas Tan suaues disfrazo, Si el merito del amar Se pierde en la explicacion? Merezcate amor silencio, Imitemonos los dos, Aprende a morir callando, Agradecido al rigor. Calla tu cuidado, etc. Mas si ardor mas poderoso Sobra a la estrecha prision De tu pecho, aunque bien sabe, Rendirse a carcel menor: No te declares alegre, Que quien de veras amò, Las lagrimas, los suspiros, O quan retoricos son. No se dignan de la lengua Cuidados tan nobles no. Que por los ojos se manda Este generoso ardor. Calla tu cuidado, etc.

Al pie de vn alamo, Principe de otros pocos menores, que en cerco hazian el sitio sombrío, y le dauan natural obediencia, estaua vn pastor manteniendo la mexilla con la mano, indiferente a los ojos, si le ocupaua el sueño, o la melancolia; a quien otro dezia desta suerte. CORIDON Donde, Salicio, escondes tu alegria? O que nacion te la robò, que escusas A la amistad la lengua, el rostro al dia? Las ideas parece que confusas Pelean con tu claro entendimiento, Alcaçar hasta ahora de las Musas. Vista firme, y inútil mouimiento; Voz que solo suspiros articûla, Y sin ellos ignora humano acento. No solo tu tristeza dissimûla, Mas la ofrece tan publica, que entiendo, Que aun el dolor con su rigor te adûla. Pues te huyes del valle, preuirtiendo Deste desierto el cebo a tu tristeza, Donde aun el viento pisa sin estruendo. Si al lobo da temor tu fortaleza. Y el leon te rezela, si en diez Lunas De tu rebaño no faltò cabeza: Si al auaro logrero no importunas, Para sulcar tres leguas; y si el cielo Tan a su cuenta pone tus fortunas: Si el subito rigor del torpe yelo La locura a tus arboles perdona, Quando en hierto temblor eriza el suelo: Si la piadosa luz del Sol sazona Tus miesses enrubiando las espigas, De que primero Ceres se corona: Y si a la suerte (con pensarlo) obligas, Que obediente execute tu deseo, Sin esperar jamas a tus fatigas: Si la gala acreditas en tu aseo, Y si Fileno embidia tu pellico, Siluio tu ingenio, y tu valor Danteo, Si en tan igual amor te comunico, Como no me respondes? que accidente Te turba, siendo noble, moço y rico? Quien te aparta, Salicio, de la gente? Quien te obliga a tan sordas soledades, Y te tiene de valde tan doliente? Salicio, Pues que no te persuades A tanto afecto, y en injuria mia, Diuides dos tan firmes voluntades: Quexareme de ti: mas que seria (Con mi sospecha el rostro se concierta)

Que fuesse sueño, y no melancolia? Venciole acaso la quietud desierta Deste bosque, Salicio, assi consientes Oluidos? como amor no te despierta? SALICIO A mis cuidados, Coridon, no afrentes, Ni vasallos del sueño los Presumas, Que aun no admiten descansos aparentes. Amor los viste vigilantes plumas, Y velan igualmente con las aues, Del ramo flores, y del viento espumas, No permitidas penas tan suaues Al imperio de calma tan ociosa Diuierten dulces, y desvelan graues. Coridon, quien bien ama, mal reposa, No del sueño, vencida del cuidado, Extasi al alma ocupa generosa. Facil de la memoria arrebatado, El espiritu al cuerpo desampara, En objeto glorioso mejorado. Qual vista combatida de luz clara, Del sueño admite las lisonjas feas, Que a temporal oluido la entregara? Di que no amasa Argos quando veas, Que al halago fatal se rindió luego, De las que el dios compuso hojas Leteas. Quando mi libertad a arbitrio entrego De escrupulosas ansias, imaginas Que otro tendre que el vltimo sossiego Si mejor sus efetos examinas, Muerte creeras a amor, que de otra mano Nunca admitio impressiones peregrinas No mezcles lo diuino con lo humano, Quien muere amando, y a exceder seguro Al vil temor de desigual tirano; Como al soldado escusa sobre el muro La vil fatiga de la accion cobarde De voluble metal el golpe duro: Assi sin que mi amor al sueño aguarde, Me da Primero generosa muerte, Que aun la breue del sueño llega tarde: Si de mi necessitas, que igual suerte Licenciosa rindio nuestro aluedrío, Que viua has de dezir, no que despierte. Y los dos a la selua, al monte, al rio, A las fieras, las aues y montañas. Daremos atencion, piedad y brio: En dolor, y en aliuio me acompañas; Afina tu çampoña, y entretanto

De mis albogues ligaré las cañas. A Filida y Clarinda aplauda quanto Cairela el Sol con oro, y oficiosa Naturaleza viste verde manto. CORIDON Filida, tu que doras venturosa Nuestra edad, de ti sola competida, Que aun excedes los limites de hermosa. SALICIO Clarinda del amor obedecida Quando por singular, no por ingrata, Tu pecho estraña general herida. CORIDON El paramo escarchado que recata De amor el fuego, playa indiferente, Le llama amor entre cristal y plata. SALICIO Los indicios, adorno de tu oriente, Los dulces rayos digo abrasadores, Que fraguas en la nieue de tu frente. CORIDON Ingeniosa de negros resplandores Hazes balla a palenque de jazmines, Donde lidian deseos y temores. SALICIO Como flores repite en los jardines Solicito cristal assi el cabello Pretende que en la frente le examines. CORIDON Deciende ensortijado al blanco cuello Ebano docil, quando el Sol pudiera Con luz escura parecer tan bello. SALICIO Si las delicias el amor supiera, De tus ojos, de Chipre se oluidara, De su inmortal y alegre primauera. CORIDON Glorioso si el murice imitara El nacar de los labios y mexillas. La purpura del iris despreciara. SALICIO

Està admirando nueuas marauillas, Acechando la grana por cristales, Sin que a numero pueda reduzillas. CORIDON Ablanda risa minas Orientales Responden; cuyos granos por hazaña De amor entre si solo son iguales. SALICIO Tirio es raudal que breue cerco baña, De faciles rubies, o tu boca Rosa que la aue mas sagaz engaña. CORIDON Trozo de elada transparente roca De tanto cielo Atlante es la garganta, Donde se yela cuanto incendio SALICIO Cendal decente, si de gloria tanta Zelosa embidia impide al pensamiento, Modera el gusto. Aun no dio lugar de acabar el verso la apresurada venida de Perecindo, pastor mas graciosa, que rusticamente vestido. Las vozes que embiò adelante enmudecieron a los que recitauan, y alborotaron a los que oian. Llegò al fin embarazado de vn coxin y portamanteo de terciopelo con hierros dorados; y arrojandole sobre el verde teatro, dixo assi. Cesse ahora la representacion, que ay grandes cosas. Yo me estaua mirando al agua con ojeriza de que fuesse enemigo tan forçoso quando Dios y norabuena oigo ruido a mis espaldas: bueluo la cabeça, y veo vn rozin, pared en medio de cauallo, que traía casi colgados estos adereços: quise cogerle, mas al llegar me assentò, no se como se llaman las cozes pastoril cultura; dos destas en fin como para mi. Con la fuerça acabaron de desasirse estos ajuares, y el rozin mas que de passo se fue por essos prados adelante, bien quisiera desvalijar esta manga; mas pareciome poca fidelidad, y traigolo a vuestro registro con condicion que se me de la parte que me toca, como a fiel y legal hallador. A todos tocó, tanta curiosidad como codicia a Perecindo y de comun voto Cintia, que era Monarca de aquella soledad, tanto por el absoluto imperio de su hermosura, como por mantener aquel festiuo concurso de curiosos pastores de su misma hazienda, mando que abriessen vn pequeño candado: sacaron ropa curiosa delgada, y que en el olor daua indicios de hidalgo dueño: algunas joyas y dineros, a que se acotaua con todas veras Perecindo; y entre algunas curiosidades vn legajo de papeles, que ataua vn liston. Y si ellos dauan a conocer a quien los auia perdido, sacaron vno, luego en lo desigual de los renglones conocieron que eran versos; y entregandolos a vn pastor, leyó estos epigramas. EPIGRAMA PRIMERO A CINTIA Cintia, mas actiuidad En el fuego se presume, Quando en dos horas consume Voraz una gran ciudad,

Que quando durar permite Vna casa en lento ardor Dos años: fuego es amor, La breuedad le acredite. Auer encontrado primero con el nombre de Cintia, y casi tocado en su condicion y parecer, assimismo el epigrama agudo, y muy obediente a la ley que deuen guardar, obligò a todos a proseguir el papel; y assi dezia: EPIGRAMA 2.
A LA PLUMA

Renombre mas generoso Da la pluma sobre azero, Que si no escriuiera Homero, No fuera Vlisses famoso. Menos el valor presuma, Si a eternidades anhela: Porque si la fama buela. Quien la alcançarà sin pluma? EPIGRAMA 3. A ALCINO Ya Alcino que te acompañes Con muger en laço santo, No quieras que sepa tanto, Que te engañe, y no la engañes. Con la hermosura podras Viuir, Alcino, dichoso: Que al gusto lo mas hermoso Es lo que le sabe mas. EPIGRAMA 4. A DELIO De hombre el mayor coraçon, Delio, es tan corto manjar, Que a la hambre no puede dar De vn buitre satisfacion. Mas quanto le considero Pequeño (cosa admirable) Tanto es voraz y insaciable, Que no le harta vn mundo entero. EPIGRAMA 5. A FILON Prodigo de mal ganados Bienes, sin deuer amor Vn deleite, que furor Te esta Por diez mil ducados. Con este excesso, Filon, Ocasionó tu largueza

De vna muger la riqueza, De muchas la perdicion. EPIGRAMA 6. A DECIO Decio que todo lo alcança, Por nuestra mayor fatiga Iuzgò a la sed enemiga Del juizio, y de la templança: Que despues de su inquietud Peligros notorios son El vino de la razon, Y la agua de la salud. EPIGRAMA 7. A PERSEO Llamaste infeliz, Perseo, Porque Arsinda te dexò, Y con otro se casò, Mal logrando su deseo: Para, juzgarte dichoso Contempla el pobre marido, Si impaciente, aborrecido; Si sufrido, peligroso. EPIGRAMA 8. DE FAETÓN En fauor de su opinion Magnanimo, y generoso De su padre el carro hermoso Tomò a su cargo Faeton. Enmudecio el alto intento A los que del murmuraron; Las lagrimas deslustraron A tan noble atreuimiento. EPIGRAMA 9. A PINELO Llego Pinelo a entender, [fol Que la pluma con que hurtaste, Tanta hazienda, la sacaste De vn alon de Luzifer. Mas aunque amigo te aduierto, No te espero escarmentado, Que tu robas en poblado, Y yo predico en desierto. EPIGRAMA 10. DE LIUIO

Con los ojos tiende el suelo, Liuio, entre dientes murmura, Y dize que se las iura, Si alguna vez mira al cielo. De su ceño desleal Pienso que nacio el desden, Sin duda en ageno bien Consiste su mayor mal. EPIGRAMA 11. A SILUIO Dudas, Siluio, de que acierte La ley que el gentil admite, Quando al marido permite Dar a la adultera muerte: Antes con gran sutileza Disculpa al furor preuino, Que esse agrauio es como el vino, Que se sube a la cabeça. EPIGRAMA 12 A CELSO Celso, aquel Rey es perfeto, Que a negocios diligente Da el tiempo, y al confidente Priuado de su secreto; Que al digno da su fauor, Su atencion a la verdad, Al cielo su voluntad, Y a los vassallos su amor. EPIGRAMA 13. DE DEDALO Dedalo, en nueuo exercicio De bolar no alicionaua Al hijo a quien moderaua Poco tan piadoso oficio. Y dexando de bolar, Icaro dixo al caer: Padre, mas he menester Que me enseñes a nadar. EPIGRAMA 14. A FANIO CALUO Mal tus visitas recibo, Fanio, porque en mi conceto Huir de ti de discreto, Es un acto positiuo. Aun tus cabellos pidieron

Licencia a naturaleza Para huir de tu cabeça; Que buen gusto que tuuieron. EPIGRAMA 15. A FILIS Filis, cautelosa has dado En despreciarme, ya veo, Que como bestia el deseo Es diligente picado. Mas teme tambien tu daño; Y de picarle imagina; Que quando veloz camina Mas se acerca al desengaño. EPIGRAMA 16. A FABIO Persuadete amor, o Fabio, Que son falsos tus antojos, Hasta que ceues los ojos En la presa de tu agrauio. Malgastas tu vigilancia: Que llegar a tal estado, O es dicha en el agrauiado, O en el aue agrauia ignorancia. EPIGRAMA 17.
A UN ESCULTOR

Formò en bronze tu destreza Vn cauallo tan lozano, Que le permitio a tu mano Sabia la naturaleza. Fogoso espiritu anhela, Y a la ley del freno atento, Solo aguarda el mouimiento Al auiso de la espuela. EPIGRAMA 18. A EUANDRO Aprende, Euandro a morir, Llegaras a viuir bien; Y para morir tambien Aprende, Euandro, a viuir. EPIGRAMA 19. A ROSELO Aunque nos diferenciò Tan en mi favor el cielo, Dizes, que tienes, Roselo,

Igual credito que yo. Lo cierto en parte asseguras, Que nadie nos cree despues Que yo te alabo cortes, Y tu necio me murmuras. EPIGRAMA 20. A CLETO En el ingenio eminente Notorio riesgo señalo, Pues te auerguença lo malo Menos que lo indiferente. El cielo melibre, Cleto, (Que aunque estremo, no es distante, De Pensar como ignorante, Y de errar como discreto. EPIGRAMA 21. A LAUSO No ay pariente a quien no heredes, Del mundo eres venerado, Lauso, y quanto quieres puedes Mas temo, que de enojado Te haze Dios tantas mercedes. EPIGRAMA 22. A FELIS Felis, de tanto tropel De escritores, sin prouecho, Me fastidio, que sospecho Que encarecen el papel. Precipitanse a pie quedo Estos Icaros; y en suma De la tierra con la pluma No se leuantan vn dedo. EPIGRAMA 23.
DE LAS PALABRAS

Las palabras (cosa es clara) No tocan al que es discreto, Que en el bien templado peto Del desprecio las repara. Nada al sabio le prouoca, Que como de los sentidos Es señor de los oidos, Y el necio no de su boca. EPIGRAMA 24.
DEL REYNAR

Si los hombres alcançaran De reynar la ley seuera, Quan pocos reyes huuiera, Y quantos cetros sobraran. Que en el Rey (si ajusta fiel El gouierno, y la razon) Tiene mas juridicion El Reyno, que el Rey en el. EPIGRAMA 25. A CLORI Armandote cada día Contra mi, Clori, hazer quieres Flechas de los alfileres De la vista artillería. Tu espejo con preuencion Me auisa de tal fortuna; Que al juntarse Sol y Luna, Anuncios de guerra son. EPIGRAMA 26. A FEBO Febo, tu que al viento igualas, Sigues a Daphne inferior? O como es torpe tu amor, Pues le faltaron las alas. Siguiendo vn desden cruel, Sin vencerle has alcançado Mas honor; que mal logrado Fenece el vicio en laurel. EPIGRAMA 27. A LICINO Bato dixo vna malicia, Que siendo en edad, y en trage Hombre, estàs en pupilage En poder de tu auaricia Licino, en peligro igual Que riqueza ay estimable? No la goza el miserable, Y pierdela el liberal. EPIGRAMA 28.
A UN AMIGO DESTERRADO

Destierrate de tu hermosa Patria alguna vil cautela? Porque la virtud desvela A la enbidia perezosa. No llores, ni se te acuerde

De estimaría; que en perdella, Nada pierdes: antes ella Te llore, pues que te pierde. EPIGRAMA 29. A ARSENIO De ti suele murmurar Clenardo, aquel detractor, Que eres enxuto hablador, Pues no escupes por hablar. Alas aunque el naipe no dexes, Dizes siempre, y nunca paras, Yo se, Arsenio, que callàras Si tuuieras mis orejas. EPIGRAMA 30. A CAMILA Tanto rigor y crueldad, Mal te aconseja, si piensas, Que con injurias y ofensas Asseguras mi amistad. Con tu traición y desden, Camila, conseguiras, Que yo venga a amarte mas, Y te quiera menos bien. EPIGRAMA 31. DE BALBO Y CELSO Balbo rico, y con salud No ay cosa que no le sobre; Celso està enfermo, y tan pobre, Que da a entender su virtud Loca condicion injusta De fortuna inmoderada, Que con muchos es sobrada, Y con ninguno se ajusta. EPIGRAMA 32. A NISE Nise, en tan escura calma Se deslustra tu belleza, O muere; que la tristeza Es calabozo del alma. Da treguas al sentimiento, Y daras embidia al Sol: Que el mas hermoso arrebol Para el rostro es el contento.

A

EPIGRAMA 33. CLENARDO MAESTRO

Guiada a mayor nobleza Tu dotrina mejorò La que mi padre me diò, Tan ruda naturaleza. Tu, Clenardo, eres de quien El mayor lustre recibo, Que si por mi padre viuo, Solo por ti viuo bien. EPIGRAMA 34. A POLIDORO Aunque el rostro hermoso sea, Polidoro, te persuades, Que del alma las fealdades Lo lindo del cuerpo afea, Beldad del cuerpo es ociosa, Solo en el alma ay verdad: Que no emienda la fealdad Del huesped la casa hermosa. EPIGRAMA 35. A FABRICIO Fabricio, bien es verdad, Que si es la pobreza nota De vida, y vestido, agota La fuente de la piedad. Mas templese tu aspereza, Que nada se desperdicia, No atendiendo a la malicia, Sino a la naturaleza. EPIGRAMA 36. A LELIO Oye, Lelio, conociendo, Que quien no puede mostrando Su ingenio enseñar hablando Es razon que aprenda oyendo: Que el cielo te quiso dar, Si lo sabes aduertir, Dos orejas para oir, Y vna boca para hablar. EPIGRAMA 37. A LUCIO El mas rico, si està triste, Lucio, padece pobreza, Supuesto que la riqueza

Solo en el gusto consiste. No ay, mas seguro plazer, Ni mejor pagada renta, Que la pobreza contenta; Mas ya lo dexa de ser. EPIGRAMA 38. A SEUERO Siempre te miro, Seuero, Atento al cuidado ocioso De adquirir: para que ansioso Cautiuas tanto dinero? 15v.] Que vtilidad, que valor Tiene, quando llanamente Con el gusto es solamente El dinero intercessor? EPIGRAMA 39. A LICIO Licio, templa tus desvelos, Si puedes, quedando honrado, Supuesto que te ha picado La vibora de los zelos. No guardes a tu muger, Aunque estes mal satisfecho: Porque si es buena, es mal hecho; Si mala, no puede ser. EPIGRAMA 40. A FINARDO Finardo, a piedad mouio Al mismo rico auariento, Su importunar es tormento, En que ninguno negó. Pudierale castigar Por ladron qualquier juez: Que pedir mas de vna vez, No es pedir, sino robar. EPIGRAMA 41. DE SELIO La Soberuia condicion Que al propio conocimienio Engaña, es sueño violento, Y pausa de la razon. Selio enfermo deste mal, Vano desprecia al menor, Tiene embidia del mayor, y no se ajusta a su igual.

EPIGRAMA 42. A CASIO No tiene, Casio, razon, Tu sentimiento aduirtiendo, Que dio tu madre muriendo Muestras de su saluacion. Ningun mal da gloria igual, Y mejorando la suerte, Viene a dar gloria la muerte: Luego la muerte no es mal. EPIGRAMA 43. A MARCO Porque esta noche trauieso Destrozò en tu quadra vn gato De tu Leonida el retrato, Temes, Marco, un mal sucesso? Dexa essas vanas quimeras, Si la suerte se trocara, Y el retrato destrozara Al gato, temer pudieras. EPIGRAMA 44. A TAURO Tauro, arrogante no cuentes Tus riquezas, que las pones A peligro de ladrones, De amigos y de parientes. Poco de culpa discrepa Si el silencio la assegura: Ser rico, solo es ventura, Con que ninguno lo sepa. EPIGRAMA 45. A IULIO De todo gusto te prisas, Iulio, atendiendo a tu tienda, Solo por juntar hazienda, Con que descansado viuas. Has dado en notable error, Si descanso has procurado; Pues que con tanto cuidado Grangeas otro mayor. EPIGRAMA 46. DE TAURO A Leriano vn Letrado Nueuo Tauro examinaua, Que como testigo estaua

En vn pleito presentado, Respondio muy satisfecho, No se nada; y Tauro al Punto Le replicó: no os pregunto Cosa que toque al Derecho. EPIGRAMA 47. A ZOILO Con grande solicitud, Zoilo, la vida acaricias Con regalos y delicias Lisongeas la salud. Tu cuidado se concluya Que lo que has de viuir yà, Por cuenta del cielo está Y viuir bien por la tuya. EPIGRAMA 48. A GERSON En las balanças pusiste De tu necia estimacion Riqueza y virtud, Gerson; Y el mayor peso escogiste. Veloz al cielo subiò La virtud, y la riqueza, Conforme con tu baxeza Pesada al suelo baxò. EPIGRAMA 49. A CELIO Celebraste tu ventura, Celio, viendote heredado, Galan discreto, y casado, Con dinero y hermosura. Mas afiló, no sè quien, Tus sienes, y estàs quexoso: No te aflijas, que a vn dichoso Todo le parece bien. EPIGRAMA 50. DE ELISA Hazaña de hado inclemente Fue quitarla su marido A Elisa; a quien como Dido, Llorò atortoladamente. Mas aunque el dolor fue tanto, Ya se entretiene y passea: Ninguna cosa se crea Mas facilmente que el llanto.

EPIGRAMA 51. A LAUSO Contra lo que el cielo ordena Ya dispensa el mundo, Lauso; A la insolencia el aplauso, Y a las desdichas la pena. Que a la ley Solon famoso La llamò tela de araña, Que solo al pobre enmaraña, Rompiendola el poderoso.
A

EPIGRAMA 52. RUTILIO GOUERNADOR

Gouiernate cuerdamente, Rutilio, que deste modo A tu exemplo el pueblo todo Se compondra facilmente Pues si sombra tuya ha sido, Por impossible se nombra, Que se enderece la sombra, Estando el arbol torcido. Mas epigramas auia, mas aunque las celebraron por su elegancia, parecio que podrian cansar si se prosiguieran. Perecindo lleuaua mal la seueridad del Poeta, que no se deslizó a vn juguete, siendo tan vsados en semejantes composturas; y pidio licencia para leer algunos que el auia escrito. Solamente la noche fue de parecer que se remitiessen a otra luz, que el conclaue ya deseaua [fol oir alguna sazon suya; que aunque no era su ingenio muy delgado, ni sus estudios de consideracion, con todo era gustoso, y no vulgar con fraude del donaire. No se pudieron leer mas papeles, recogiolos la hermosa Cintia; y prometiendo a Perecindo el hallazgo, por si parecia el dueño, hizo que la lleuassen las demas alhajas. Recogieronse las zagalas, y los pastores las acompañaron hasta vn señalado sitio; dedonde les era vedado exceder. Solo quedò Danteo en poder de su melancolia, que a sazon a quien amor trataua tan mal, que de su poco valimiento se pudieran colegir sus meritos, huyò de su choza, por ser camino del sossiego y enredandose entre lo frondoso de vn monte, sin instrumento cantò assi. ROMANCE Tu deidad desacreditan, Amor, tan baxos respetos, Malquisto con humildades. Y cobarde con desprecios. Brioso te vio el temor, Y valiente el rendimiento: Muchos vencidos cruel, Pocos osados soberuio. Experiencias tiene el alma A costa de su sossiego En mal logradas verdades, Desconocidas por serlo. Mil vezes dixe mirando

Sin ambicion mis deseos, Mi ventura sin pension, y mi voluntad sin miedo: No puede el airado filo De la muerte, ni el seuero Imperio de la fortuna Romper lazo tan estrecho. Era Filiis (y oy es Filis) Blanco de mis pensamientos, Y de los rayos que blandos Flechan sus ojos mi pecho. En sus vmbrales gozaua Inmunidad contra el sueño, Las estrellas se dormian, Y el Sol se hallaua despierto. No mereciendo mirar Sus ojos (si bien el cielo Piadoso me los copiaua En sus mayores luzeros Se pagauan mis porfias, Viendo su cauaña; y viendo, Que para bordarla el alua Gastò el aljofar mas bello. Si liberal con mis ansias, Si atenta a mis sentimientos Moderò honrados desvíos, Cuerda la mano escriuiendo. Prodigo con los sentidos Era entonces el contento, Y el coraçon de los ojos Embidiaua el ministerio. Tal vez la nema, que hermosos Sus labios humedecieron, Perdio el ambar en los míos De su boca, y de su aliento De mi caricia oluidada, No huuo letra en todo el pliego; Pues de impression de mis labios, A mas las cupo que a sello. Solo en la margen ociosa Hallò el cuidado defeto: Que escrupuloso es amor! Que lince, quanto mas ciego! Quando en la aldea el disanto Filis entraua en el templo, Embidiada de zagalas, Y celebrada del pueblo. Solo mirè vna hermosura Iman, que si no violento, Valiente llamaua al alma,

Menos obligada al cuerpo. En caricia vrbana Filis, Descuidando aduertimientos, Mirada correspondia Entre desdenes risueños. Quando enjoyando el verano, Visitaua el valle ameno, Templando ardientes estios, Vistiendo pobres inuiernos. Claueles, frutas, y nieue, Solicitos aprendieron, Color, matizes, blancura Del rostro, mexilla, y cuello. Alli afable oya mis quexas: Ay Dios, y encantaua oyendo; Y en resistencia suaue Gozè fauores honestos. Que glorias para inmortales! Mas de fatales encuentros Los males viuen seguros, Y al bien solo assalta el riesgo. Triste estado el de vn dichoso, Pues parece que nacieron Las dichas en ojeriza De la fortuna, y del tiempo. Notò a vn pastor mi cuidado Con ordinarios passeos, De su vmbral frequente injuria, De mi amor forçosos zelos Pudieranme assegurar Sus cortos merecimientos: Mas el temor, en quien ama. No califica sujetos. Temi en fin, y mis desdichas No pararon en rezelos: Ay de quien tiene razon, Si es sobre agrauios el pleyto. Entre su honor vltrajado, Y mi ofendido deseo, Igualmente repartí Lastimas y sentimientos Estos de ingratas prisiones Fingieron limar los hierros, Y en libertad aparente Disfrazar mi cautiuerio. Blasonaua desenfados La lengua, y el noble afecto Del alma desde los ojos Los estaua desmintiendo. Solicitè en ocasiones

De falsos diuertimientos Tus iras, que imaginadas Fundè en ellas mi remedio A la que cerca de ti Llegò a merecer assiento, Dixe caricias eladas, Dixe comunes requiebros. Hallaua en estas acciones Tan torpe al entendimiento, Tan desairado al discurso, La lengua tan sin aseo. Que la menos aduertida, O me condenò por necio, O la descubriò mi mal El pulso de mis acentos. Por gozar de tus pesares Mira que inutil consuelo, A titulo de vengança Me violentaua grossero. No sè si es amor, bien sè, Que tal vez no te cupieron Los enojos en los ojos, Ni las iras en el pecho. Menandra y Laura que saben Parte de nuestros secretos Te consolaron quexosa, Y me culparon contento. Si en tus cenizas, o Filis, Ay, vn atomo de fuego, En la hoguera de mi amor Puedes presumir incendios. No hallo en que ocupar el alma, Si no la admites: ni tengo Donde entretener memorias, Donde pastar pensamientos. Suelde estas quiebras amor, Que no ha de auer, te prometo, Ni mas querida que Filis, Ni mas feliz que Danteo. En esto solo fueron venturosas las quexas este pastor, que se midieron tan puntuales a vn estruendo grande que se ofrecio que no se mal logrò al canto vna silaba; aunque con el sentimiento no cumpliera con vn largo processo. El ruido era de espadas, que con tanto silencio esgrimia la ira de sus dueños, que parecia que ellas por si sin braço lidiauan. Parò Danteo, y ya de mas cerca sintio passos que los que combatían, no los dexaua diuisar lo oscuro de la noche, que ya auia entrado poderosa. Con todo lo que pudo, con vozes, procuro despartirlos: mas no era ninguna de las dos colera tan bien, mandada, que se atajasse con tan poca diligencia. Lo que vltimamente no pudo hazer Danteo, fue, desgajar vn gruesso braço de vna encina, y con el acudir a los combatientes a tiempo que la primera voz que que oyò, fue, muerto soy: de que lastimado, sin acordarse de detener al delinquente, que veloz se desparecio entre los arboles, llego al herido, que en el suelo casi

sin aliento yazia Animòle, y como pudo le saco del monte, en cuya falda algunos pastores que acudían al cuidado del ganado de diferente profession y habito que Danteo le lleuaron a la choça de Leriano, que era la mas vezina; y en ella vieron vn gallardo mancebo, que en el vestido y rostro traía muda información de su nobleza. Desnudaronle, y hallaron vn braço herido, y en la cabeça un golpe, que fue el que le hizo creer, deslumbrandole que era la vltima herida: mas ninguna de las dos tenia peligro, antes hizo buen animo y refrescandoselas con vino, y los primeros medicamentos, le dexaron que descansasse en la cama; que con mas regalo que de pastor cubría seda, y regalaua olanda. Su contrario anduuo turbado largo tiempo por el monte, hasta que fiandose de su espessura, y no creyendo que podria vencerla aquella noche, al pie de vn arbol esperò al día, y con la primera luz salio de aquel rustico laberinto, guiado de los altos chapiteles de vn Palacio, donde el Sol formaua las primeras líneas de oro. No acostumbrado al desvelo y cansancio de la noche siguio el edificio, y cerca del hallo entre la yerua vnos papeles humedos con el rozio de la alua. Leuantòlos, y hallò que eran de su enemigo: agradecido a su fortuna, creyendo que el herido estaría en aquella casa, para socorro de su desgracia, no le parecio que le seria segura acogida: porque la compassion del doliente, sin mas examen de la ocassión, auia de engendrar odio contra el. El contento de los papeles que auia hallado; y el nueuo día, que sin duda es fuerça y alienta, le hizieron oluidar de sus fatigas. Saltò por vna cerca, y a pocos passos hallò el camino; y dexandole por su peligro, a la vista del, llego en pocas horas a Madrid, fin de su viage: alli descansarà algunos días, hasta que le llame la trauaçon de nuestra historia. El Cauallero herido a la mañana agradecio a sus huespedes el buen acogimiento; y admirando, que en vida pastoril cupiesse tanta delicia, y trages tan hermosos, y assimismo por escusarse de ser preguntado, cosa que por entonces temia, rogò a Leriano, que a los fauores que le auia hecho, añadiesse el dezirle que profession de vida tenia en aquella soledad, donde el vestido, y el tratamiento desmentian tanto al nombre que de pastor vsurpaua fuesse verdad lo hermosamente fingido de Sanazaro, y otros mas antiguos, de que baxauan pastores y ninfas a solo a atencion amorosa de sus dulces cuidados. Leriano se disponía va a darle cuenta de aquella curiosa Arcadia, quando entro en su choza Laurencio hombre de edad, mas jovial por estremo, mayordomo y gouierno de la señora Cintia, que auiendo sabido el sucesso de la noche passada, mando, que en el quarto de Laurencio se adereçassen algunas pieças, para lleuar a ellas el herido, si el peligro daua lugar a esta mudança. De nuevo atonito el Cauallero, se dispuso a obedecer lo que tan bien le estaua; y en vna silla de manos le lleuaron al Palacio, y en la parte que le tenian compuesta, hallò nueuas admiraciones en el costoso aliño, en el olor, en la caricia, de manera que muchas vezes creia, que lo que passaua por el, era representacion breue de sueño mentiroso. Haziendo diligencias para despertar, finalmente despues que con dificultad se conuenciò de que estaua despierto, estraño de nueuo las cosas que le auian sucedido: y teniendo presente la injuria de su enemigo, determinò dissimular su nombre hasta que su salud diesse lugar a mas dichosa vengança. Acomodado el huesped, Laurencio subio al quarto de la hermosa Cintia, y diole cuenta de todo y mas eficaz prolixa del talle, del rostro, de las galas, y cortesia del Cauallero herido. Era Cintia vn bizarro espiritu, vna voluntad tan hidalga, que jamas cobro amor vn pensamiento de tributo de su libertad; preciauase de no merecida, y estaua muy poco persuadida a muger. En el ançuelo pues de la relacion de Laurencio hallo seuo de curiosidad portillo en su condicion de tantos pertrechos. Encargòle por entonces su regalo, y como recien nacido pudo acallar facilmente al deseo que tenia de ver al forastero. Entrò el día y despues de comer retiròse al sossiego de la siesta con Filis: ocasion hermosa de las quexas de Danteo, y archiuo fiel de los cuidados de Cintia. Trataron del huesped, y no pudo oluidarsele a Cintia lo encarecido por Laurencio en razon de sus buenas partes. Despues de muchos rodeos se determino, que Filis le visitasse de su

parte, y le rogasse, que con libertad pidiesse lo que le agradasse, que aunque en el campo, de nada necessitaua aquella casa. Hizieron juizio las dos de que el coxin que auia traído el dia antes Perecindo seria sin duda deste Cauallero; mas estaua tristissima Cintia, de que descuidadamente se le auian perdido los papeles que allí auia hallado, que pudieran darlas luz de todo, y por faltar la del dia, no pudieron leer mas que los versos, y en las demas alhajas no auia indicio que les sacasse desta duda. Visitò pues Filis al enfermo, que ya casi sin dolor la recibio muy cortès, y aun con algunos indicios de agrado, ya por pagar el buen hospedage en aquella moneda, que se labra facilmente en la edad, y la lisonja; ya porque Filis era digna de todo rendimiento: mas quando oyó, que Cintia le embiaua a visitar, y que era a quien deuia todo aquel regalo, quiso guardar la inclinacion para este empleo; aunque en ciertos desvelos antiguos, y nueuos cuidados la tenia diuertida. Entre otras cosas admiró el Cauallero el trage de Filis, que era de tela riza de plata, sembrada de flores de nacar y verde, con guarnicion de caracolillos de oro sobre pestañas negras, de que era vn curioso sayuelo, y delantal con faldellin de la misma tela desparecida entre franjones de oro: bolante de plata suelto, y rizo el cabello con adereço de flores: gargantilla, garcillos, y manillas de rubies, por imitar mas preciosamente a los corales. En fin cultissima labradora, de manera que la hizo la misma pregunta que a Leriano: Tanto deseaua salir de la confusion, que la enigma de los trages le daua: mas Filis, remitiendo para mas espaciosa visita la relacion de aquel caso, viendo que en la pieça auia vna guitarra, mandò a Laurencio que la templasse sin fastidio del doliente. Y para hazerle mas preciosa la visita, cantò assi, sin ser importunada, ni aun rogada. Si tanto el silencio alcança, Enmudeced, pensamiento; Porque aun al menor acento Infama la confiança: Solo os dure la esperança De morir; mas no digais Que la muerte deseais: Dichoso padecereis, Pues entretanto que ardeis, Es forzoso que viuais. No os fieis de la humildad, Porque si aueis pretendido Callando ser admitido, Callar es temeridad: Que entiende toda deidad Quanto quiere, es presuncion Deuida a su perfeccion; Mas que lo quiere entender, Caso es que no ha de caer En vuestra imaginacion. Loco estais, si presumis, Que os atienden, solo es Lo desvalido interes: Mucho alcançais, si seruis. Mas si por dicha arguis, Que el que sirue mas perfecto Al noble, al hidalgo afecto De amar se ha de conceder: Yo no os sabre responder,

Preguntadselo al respecto. Grosero serà quien pida De su amor satisfacion, Sino hazer ostentacion, Y preciarse de la herida: Si se goza padecida, El peligro esta en viuir: Si esperar es presumir, Y si es baxeza esperar, No ay premio como callar, Ni vida como morir. Agradecio mucho el forastero a Filis el fauor, prometiendose con el breue y cierta salud; y despues de muchas cortesias se despidio la dama, que de nuevo solicitò con su relacion los deseos de Cintia, aunque los dissimulaua con mucho recato; no salia estos días de casa y assi lo passauan mal los pastores con la ausencia de sus zagalas, y determinaron embiar estos motes; a que ellas muy corteses respondieron en este modo. Señoras. Con ser tan gran mal la ausencia, muchas vezes es aliuio de los presentes rigores: con todo de las dos muertes, si no fuera groseria, escogieramos morir de ver, y no desear; pero la mejor de todas serà la que os pareciere. A Filis Danteo Filis A Elisa Lauro Elisa A Anarda Lucindo Anarda A Clarinda Leriano Clarinda A Rosela Gerardo Rosela A Silvia Liseno Silvia A Amaranta Que merece vn pensamiento: Que no admite otro ninguno? Que todos aprendan del. Quien aun no tiene esperança, No pierde nada en la ausencia, Sino el miedo de la muerte, Que es perdida, y es ganancia. A ausentarse el pensamiento, Fuera a la ausencia descanso, Quien tan mal està con el, Cierto es que no le merece El silencio, ni la ausencia, Aun no dan que merecer, Pues como os pudieran dar Lo que os ha negado el cielo? Dulce ausencia si me diera Licencia de desear. Desearla aun es licencia. Ocioso estoy, permitidme Que os ame, o por vos padezca. Pareceme que es mejor La ociosidad que el delito.

Olimpo Amaranta

Quien muere ausente podra Dezir a que manos muere. —Pues no es remedio ni alivio, Vengança deue de ser.

Comunicaron los motes con el herido, que ya con mejoria conocida se leuantaua y como vio desembaraçado el lugar de Cintia, añadio este de su mano. A Cintia. Cintia —Quien sin ver ha deseado, Grande castigo merece, N. —Tendrale sin merecerle.

Ya daua la salud del Cauallero licencia para desenfadarse, y salir a gozar del aire las tardes a vn jardin, que parecia indice de quantas flores escriuio la naturaleza. Como necessitado de ropa blanca le regalò Cintia con mucha y muy curiosa: y estandolo ella mas cada dia traçò con Filis, que despues de algunos dias le lleuassen entre la ropa lauada dos camisas de las que hallaron en el portamanteo, por saber si era quien le auia perdido. Reconociolas el forastero, y por en cubrirse mas, despues de auer admirado que huiessen llegado a sus manos, de las de Cintia, sin dificultad cayò en lo que fue, y boluiolas limpias, diziendo que se y auian trocado con las suyas: de suerte que aunque no satisfecha, quedò Cintia tan engañada como antes; y el mal seguro, y inquieto con el acontecimiento, solo le dauan cuidado los papeles: donde despues de algunas letras quantiosas lleuaua vnas cartas de mucha consideracion. Quiso Cintia, que los pastores traçassen vna fiesta en el jardín para entretener a su huesped; y lo que es mas cierto para verle mas despacio. En breue se dispuso con musica y sarao vn certamen Poetico, y para ser admitido al ingenioso combate, supuesto que el juez auia de ser Cintia le rogaron se impusiesse nombre; y el muy cortès lo admitio, y quiso ser llamado Fileno. En tanto que el tiempo daua espacio a esta fiesta, Cintia tuno de Madrid nueuas de tanto disgusto, que a no dar que dezir, mandada cesar las preuenciones. Escriuiola vn criado que estaua en Madrid don Iuan de Toledo, Cauallero, en quien sus parientes auian hecho eleccion para que tomasse estado, y que andaua diligente buscando su casa y que sería fuerça, o guiar le adonde estaua, o venir Cintia a Madrid con breuedad, dexando la soledad a quien tan alegres horas deuia. No vino este disgusto solo, que a su sombra llego vn propio de vn tio suyo; que con la licencia de viejo, no solo la entristecio con el auiso, mas aun se estendio a reprehension, diziendole entre otras cosas, que don Iuan era su huesped; y que la impaciencia de vn amante era dificultosa de entretener; que en no viniendo luego, los dos estarían en su quinta dentro de quatro dias. A esto respondiò Cintia, que sentiria mucho su venida, y que ella estaua con poca salud, y gusto, que el señor don Iuan se diuirtiesse en Madrid o esperasse en Seuilla hasta que le auisassen que lo demas tocaua en violencia; y que seria darla ocasion a negarse del todo; y en cierto modo poniendo miedo a los dos, creyò hazerse fuerte en su casa, como poco inclinada a este estado, y menos a la sujecion que trae consigo; por otra parte la instancia de don Iuan era increible, porque disfrazaua a titulo de deseo y fineza lo que le importaua que esto se concluyesse con breuedad. Quexauase del rigor de no dexarse ver siquiera: porque aun se auia recatado tanto, que no permitio retrato suyo quando se tratauan los conciertos; y con esto persuadia al tio que le dixesse donde podrian ver a su esposa siquiera disfrazados, y sin que ella los pudiesse conocer. Esto le parecio bien a don Antonio de Portocarrero, que assi se llamaua el tio; y de terminando para cierto dia su viage con disfraz de labradores, no replicaron a la desabrida respuesta de Cintia, por assegurarla mas: bien que ella creyendo, que la solicitud de amor antes crecía en los estoruos, andaua cuidadosa encargando al criado que tenia en Madrid que se introduxesse con los dos y haziendose capaz de sus designios, la

diesse de todo preuenidos auisos. Era diligente Otalora, que este era el nombre del criado; y como acudia de ordinario a la casa de don Antonio, con facilidad supo el engaño, de que Cintia fue auisada con tiempo: y para escusarse a este registro, retiròse, fingiendo indisposicion, sin dexarse ver de otra que de Filis, y de vna criada; que aunque humilde, estimaua Cintia por su curiosidad y diligencia. Entanto ya del todo Fileno estaua sano; y deseando ver el rostro a Cintia, de quien le auian contado milagros, pidio ser admitido en la Academia pastoril. Hizo galas conformes a la profession, y viuia entre los demas, no solo entretenido, sino gustoso. Danteo era mas frequente en su comunicacion, y vna tarde que les apartó del galán concurso de los de mas pastores lo sombrio del monte, llegaron cerca, o al sitio donde ama sido Fileno herido despertando la memoria del sucesso el lugar. Como le parecio a Danteo, que la amistad consentia preguntas, le rogò encarecidamente que le dixesse la causa de aquel duelo. Fileno que no pudo hallar escusa legitima, antes creyò, que de escusarlo naciera sospecha; despues de auerle encargado el secreto, fingiò este sucesso por disimular el suyo. Hijo segundo de mi casa, que es de las principales de España (cuyo titulo y apellido pues le niego a tu amistad, creeras que importa a mis fortunas) naci tan fauorecido del amor de mis padres, y despues del comun de todo el pueblo, que a mi hermano don Lope; aunque digno por su gala y entendimiento de ambas caricias, le causen embidia; y sospecho que algun aborrecimiento; porque pocas vezes se desvian estos dos vicios. Mis padres, va por apartarnos, va porque en caminaban mis aumentos por la Iglesia, me mandaron que cursasse en la Española Ate nas: donde con el luzimiento que a mi de coro deuia assisti un año, diuertido en las trauesuras de moco, aunque puntual en mis estudios, que es en Salamanca baxeza desamparar lo que se professa. Rondaua, escriuia, passeaua a vna señora donzella. de buen nacimiento mas no igual a mi estado, deuiendome mas passos los ardores de mis años, que la inclinacion de mi volutad. Ella aun lo tomo mas de veras, creyendo algunas lisonjas mias, ya juzgando por possible, que pudiera amor igualar la distancia, v facilitar nuestro casamiento (esperança que ha profanado tantos honores) ya que realmente la mouio amor sin otra atencion, ni interes. Professè amistad con Carlos hermano suyo, para facilitar mi amor y contentauame con festejarla y escriuirla, sin que el deseo propusiesse cosa contra su honestidad: tan cortès, que merecí ser notado de corto de tibio; pues aun no vsè de ocasiones que tuue de entrar de noche en su casa. No temia de su amor, porque era bien nacido, la comun treta de los casamientos; que no sufriera esa violencia el poder de mis padres: mas aunque poco enamorado, temiame a mi; que no es facil de enfrenar la juuentud ocasionada: y mas que era yo tan necio que me pareciera obligacion errar. Cuidadosa estaua Clauela (que assi disfraçaua yo su nombre, y con esse permitiras que sea conocida en nuestro discurso) y dio en creer, que mi cortesía era ocupacion de otros gustos, sobreuiniendo a este cuidado vna arrebatada passion de zelos, tan declarada y prolixa, que como no aula amor que la hiziesse tolerable, aun el poco ella se gusto que tenia de diuertirme con ella se convertia en fastidio. Cosa es digna de notar, que siendo los zelos alimento de la llama de amor, y materia deste dulce incendio, quando no està fina la voluntad, la desmayen tanto, que totalmente cesse; mas la agua enciende vna fraua, apaga vna hoguera el fuego endurece el barro, y deshaze la cera. Cansauame descubiertamente de que lo que yo auia cultiuado para diuertirme gustosamente por esta vana imaginacion se huuiesse trocado en vn perpetuo desabrimiento, y en vn palenque de tan ciuil batalla. Retireme algunos dias, y lo que crei que fuera remedio, confirmò el accidente tanto, que faltaron pocos grados para decender en locura. Apassionada Clauela, viendo que faltaua yo al paseo a la noche, y aun a responderla a algunos papeles, atropellando el decoro de su estado. Ofreciose, que salio de casa con sus criadas y madre vna tarde a rezar en vn jubileo dé mucho concurso. Era va cerca de la noche; y aunque la Iglesia estaua lexos de mi casa, de industria Clauela, mezclandose entre la gente, se

perdio de su madre y ya que la luz del dia no daua distincion a los ojos, salio de la Iglesia con determinacion de saber que hazia tan retirado en mi casa. Yo me auia recogido con tiempo, y hallè en ella a Carlos su hermano con dos damas; que por ser hijo de familias, no podia regalar en su aposento, y me rogò permitiesse que merendassen en la mia franqueandome la vna, que para gallarda no me desagradò. Hize preuenir lo que con breuedad fue possible de regalo: y ya que la mesa estaua puesta, y la puerta de la sala cerrada, oimos en ella fuertes golpes, de suerte que antes de responder, fui de parecer, que en vna alcoba se escondiessen Carlos, y las demas: mas la turbacion, como es ordinario, dio mas ruido a los passos, especialmente en los chapines, de suerte que los pudo oir Clauela, que en abriendo la puerta vn criado, congoxada del cansancio, y encendida de nueuo de la ocasion en que me hallaba entro. Yo que la conoci, hizela eseñas, turbado, que callasse, señalando la alcoba, quando ella furiosa en mas alta. voz dixo assi: Supuesto que el desengaño de vuestras ingratitudes me ha de costar la vida, precio a lo menos que morirè desengañada, mas que si viuiera en burla vuestra, y necia seguridad mia Si pudiera dudarse quien sois, este termino tan desigual a vuestro nacimiento era testigo muy sospechoso. Es possible que no le valga a vna muger principal poner los pensamientos en vn hombre noble, entendido, y de obligacion, para escusarse de ser burlada? es possible que no aya seguridad en sangre para vna buena correspondencia? y finalmente que valgan tan poco los aduertimientos para las desdichas? y que con tantos exemplos no se acabe de persuadir la voluntad? Vos sabeis mentir? vos engañar, que me dexais por la gente vil, que nace para injuria de la naturaleza? Otro cuidado, y tan ordinario, que cursa vuestra casa, os adiuierte de las obligaciones que teneis a mi amor. No quiero callar, basta morir sin que me selleis los labios. Esto dezia a algunas señas mias tan mal entendidas, que tomò vna bugia del bufete, y guiando a la alcoba, hallò a pocos passos vn auanillo, que con el alboroto de la huida se le auia caido a alguna de las dos. Podreis, dixo, despedaçandole colerica, negarme lo que tan claro es? Son estos indicios, que pueden dexar de conuenceros? No quiero ser conocida por mi reputacion; que a ser tan ordinaria prenda como la que se escondio, no rezelara mi rostro, ni dudara mi vengança. Con esto se salio de la sala, sin poder, ni procurar detenerla. Mande que vn criado la acompañasse. Passado este turbion, no menos tempestad esperaua de Carlos, que auiendo, como era forçoso, conocido a Clauela, entre verguença y ira salio de la alcoba tan fuera de su rostro, que apenas le conoci. Finalmente entre mal pronunciadas razones concluyò, en que o me auia de casar con Clauela, o sacar con el la espada en defensa de su honra. En razon del casamiento respondi, que no lo haria sin interuencion de mis padres; y que porque no creyesse, que con esta esperança le pretendia entretener, tenia por cierto que no me darian licencia para tomar estado: y que en quanto al vltimo rompimiento le rogaua que se reportasse, assegurandole, que dado que era verdad, que auia seruido a su hermana, no excedi jamas de los terminos de su estado, ni me atreui a su mano, como ella confessaria. ¡No se satisfizo Carlos; y no me admiro, que es el honor muy escrupuloso, y las iras de Clauela dauan a entender mas que galantería. Finalmente dixo, que me esperaua solo de tras del Colegio de la vega con espada y capa. Yo que sin parecer cobarde, no pude de disculparme mas, despedi a las damas; vestido de corto salí al señalado puesto en vn rozin de campo que tenia, metiendo en las bolsas de los arçones ropa blanca y como quinientos escudos de oro, y algunas joyuelas mias, hallè en el a mi nueuamente enemigo. Apeeme, y dixele antes de sacar la espada. Carlos ya que tengo tan poco credito para con vos, que esto pudiera dar causa mas justa a nuestro duelo que quien no me cree me agrauia; no quiero disculparme, solo os juro por esta santa imagen, que no ay mas verdad que la que os tengo confessada; mas ya que es fuerça morir vno de los dos, mis padres son poderosos, y si no poneis diligencia, no podreis huir su vengança. Si yo muriere a vuestras manos, que serà la primera vez que no fauorece el cielo a la razon, en este

cauallo saluareis la vida; dineros hallareis en el, y lo que os importará para poneros en saluo. Obligo, y atemorizò la preuencion a Carlos y diziendo que por solo su honor viniera conmigo a lances tan sangrientos, sacamos las espadas: defendiase, y ofendia diestramente Carlos; yo hazia de mi parte lo possible, hasta que deui a la fortuna mi victoria porque por separarme vna punta, se retiro vn passo Carlos, y enredandosele los pies en el ferreruelo, siguiendole yo con otra, sin darle tiempo, a vn punto le heri, y cayo del embaraço en el suelo. Era la herida en el braço derecho, en el lagarto, de que salio luego tanta sangre, que se confesso rendido, y imagino muerto. Pusele en mi cauallo, y lleuele al Colegio para que confessasse, y yo caminè toda la noche hasta que a largas jornadas lleguè a mi patria, y secreto entre en casa de mis padres; que sabido el sucesso, me despacharon a Flandes, donde tenia un pariente en puesto de mucha autoridad. Militè luzidamente; porque las obligaciones de mi casa, los brios de mi edad, y la ambicion de mi condicion, eran nobles estimulos, que me alentauan. Los sucessos que aqui tuue, por largos, y fuera de nuestro caso, no te los contarè. Ya yo auia oluidado a Salamanca, y todo el pensamiento me ocupaua la disciplina militar, desbelandome en galas soldadescas, en bizarras empresas, y en esperanças grandes, quando se ofrecio hazer vn viage a Bruselas a cierto negocio importante. Era inuierno, y aquella tierra es pesada de lodos y aguas, de suerte que para poder aliñarme, sin darme a conocer, entre la noche que llegue, a vna hosteria. Cene, y vn criado me guiò a la sala que dixo estaua preuenida para mi: despedile, y quedè solo, mirando el vestido que auia de poner a la mañana; y adereçandole de algunas cosas que el criado auia oluidado, ya que estaua desnudo, entrè en el aposento de la cama, que estaba más adentro; y descubriendo el pauellon (aun ahora dize mi color la turbación que tuue entonces) vi acostado en mi cama a Carlos : a Carlos aquel, a quien yo auia muerto en Salamanca. Bolui a cerrar el paño lleno de horror, y a vestirme sin orden ni aseo, erizado el cabello, palpitando presuroso el coraçon, y inhabiles las manos: de espanto no pude boluer en mi en mas de media hora. 36 vuelto] Al cabo quando estuue para discurrir, pense mil disparates en razon de visiones y que era muy ordinario atemorizar los difuntos a los que los auian muerto; y que acaso la alma de Carlos queria pedirme algunos sufragios. Animeme, y muy en mi volui a la pieça a preguntarle aquello de parte de Dios, quando sobre vna silla, que cerca de la cama estaua, vi vnos vestidos; y mas reportado saquè a fuera los calçones, registrè las faltriqueras, y entre otros papeles hallè vna carta de letra conocida: leì la firma, y dezia Soror Isabel de S. Diego tu hermana; y lo que dezia en sustancia era esto, Que ella auia professado aquel dia en la Religion de Franciscas Descalças, que por el voto que hizo le juraua, que yo (nombrandome) no auia ofendido su honor, que oluidase tan injusta vengança; porque siempre mi razon tendria de su parte a Dios; y temiesse, que si la primera herida fue mortal, en la segunda no hallaria tan cerca el reparo; que sus padres le rogauan, y ella de su parte con mucha humildad le pedia, que depusiesse los odios, y viniesse a consolarlos con su presencia. Ya conoceras por este papel el intento de Carlos, el sucesso de Clauela, y la causa de estar en Bruselas. Entendiendo pues que el criado auia errado el aposento, con breue deliberacion bueluo a la cama, acerco la luz a vn bufete, y sin armas corro el pauellon, y digo con mas alta voz: Carlos, a Carlos despierta, que aquí tienes a quien buscas. Despertò Carlos, y auiendome mirado, y conocido, mas atonito y alborotado, aun no creía que estaua libre de la juridicion del sueño, hasta que leuantandose, sin acertar a pronunciar palabra entera, no pudo dudar de que no dormia, y que tenia delante a su enemigo: Espera, falso amigo, dixo, espera a que me vista, y despida la torpeza del sueño. Aparteme sin replicarle palabra; y el calçandose el jubon, y vistiendose las medias, en mucho tiempo no atinò a acomodar el vestido a los miembros, en que esta repartido. Finalmente desiguales las cintas, arrugadas las medias, confusas las ligas, y sin orden, los

botones, salio a la sala con la espada desnuda, y el ferreruelo mal acomodado al braço izquierdo; a quien yo esperaua mas en mi, pero con deseo de que su precipitada colera no me obligasse a matarle. Començamos la desesperada batalla, y a los primeros golpes cayo el bufete y la luz, quedando a escuras, tropeçando entre las sillas y bancos dando cuchilladas en vago, y siguiendo la voz del contrario. Incierta la execucion, y neutral el mouimiento, que lineas, que postura obseruara aqui la destreza, donde tan a dictamen de la fortuna se lidiaua? Fue tanto el estruendo de nuestra batalla, que se alborotò la casa. Acudio el huesped con gente, derribò la puerta, a tiempo que por no poder vsar de las espadas, auiamos venido a los braços. Y anhelando vno, y forcejando otro, caimos en tierra: rodando los dos por la sala con las luzes, y gente, se encrudecio la lucha, que del teson y corage ya brotaua la sangre por las narizes y boca, mezclándola en los rostros ferocissimamente. Con dificultad la gente nos apartó, y aumentando el ruido, acaso el Gouernador de la ciudad, en cuya demanda venia yo, pasaua por la calle de ronda: entrò en la casa, y despues de saber que no auia herida de consideracion, mando que nos pusiessen en la carcel. Yo entonces me di a conocer, con que el enojo que auia repartido entre los dos, cayò todo sobre Carlos, que con pesadas razones y tratamiento mandò que le lleuassen a vn calabozo. Yo le roguè con toda instancia que le tratasse bien, porque era vn cauallero principal de España. Finalmente me parecio que auia hecho mucho, quando le acabè de persuadir a que le tratasse con cortesía y escusasse de la molestia de la prision. Hizolo, pidiendome palabra de que no me atrauesaria mas con el; y obligòme a ir a su casa mas apacible: acetèlo con condicion que Carlos participasse deste agasajo. Todos admiraron mi proceder, y los dos aquella misma noche fuimos en casa del Gouernador, ya rendido Carlos de mi cortesia, seguro y afable. A la mañana despachè con mi ocupación; Y pidiendome licencia Carlos para venirse a España, yo que tenia mucho deseo de verla, determinè acompañarle, supuesto que tan felizmente auia cessado la causa de mi ausencia; y en muy buena amistad a largas jornadas lleguè a mi casa, que hallè sembrada de regozijo, de luzes y fiesta: pienso que se la aumente con mi venida, aunque a mi me costò el carecer de quietud y por poco de vida. La causa deste contento era celebrarse aquella noche el desposorio de mi hermano con vna principal señora igual en estado, y no inferior en riqueza, pretendida de muchos, y amada de todos, y solo merecida de don Lope. Halléme al desposorio, y a la cena, en que concurrieron parientes de ambas casas y entre los de la nouia vn Cauellero moço primo hermano suyo, que se me hizo notable en estar sin galas, en atender mas a Alfreda (que este serà el nombre de la desposada) que a la cena, y no auer comido de otro plato, que de sus ojos. Dissimulè, que no fue poco, por no turbar tan festiua noche. Y leuantadas las mesas despues de largos saraos fuese poco a poco desocupando la casa, que dando los forasteros que se hospedauan en ella; entre los quales, por serlo el primo, acompañó a los demas: y quando todos repartidos por sus pieças se disponían al descanso del sueño, a quien don Lope oficioso visitaua, y entretenia; leuantase subitamente vn rumor en casa, y fuera, mezclado entre vozes de fuego, juntamente el humo nos dio mas cierto auiso que quisieramos. Confusos todos nos embaraçauamos vnos a otros, sin acudir ninguno a atajar el daño, hasta que entrando gente de fuera, quitando de delante al fuego las alhajas, de piadosos las mudauan a sus casas. Mucha diligencia en efeto, y mucha agua quito el brio a la llama, y sossegò el incendio con perdida grande de hazienda, y ruina de edificios; sossegòse la gente, y yo sali a recoger lo que en la calle y vezindad aula restado a la ambicion del fuego, y codicia de los fauorecedores. Hallè cerca de mi casa vn hombre embozado, que nombrandome, me dixo, que si tenia honor, que le siguiesse. Hizelo, animosamente, sospechando si seria Carlos, que aun no acabaua de vencer sus iras. Sacòme al campo, y sin hablarme saco la espada, y al punto se pusieron a su lado otros dos. Quexème del trato doble, pediles la causa que les mouia a darme tan aleuosamente la muerte. Callaron a todo, y solo por

señas dezian que me defendiesse. Saquè mi espada, y aunque hize por defenderme quanto pude, no queriendo herirme (que pudieron con facilidad) me fatigaron tanto que tuuieron lugar de enredarme en vn ferreruelo, y lleuarme cubiertos los ojos a vna casa que no conoci; y en ella me metieron en vn sotano, diziendome, que estuiesse con buen animo, que no auia de padecer daño ninguno, con condicion que no diesse vozes porque la primera seria la vltima. Fue forçoso obedecer. En tanto que esto passaua por mi (como despues supe) en mi casa aunque se auia acabado el fuego, mayor alboroto le encendia. La causa era, que buscando mi hermano a Alfreda, no la hallo en todas sus pieças: creyò que el fuego la huuiesse ofendido; mas la sala en que auia quedado estaua muy apartada del. Pensando pues mas profundamente, hallò que faltauamos el primo, y yo; y creyendo que vno de los dos auia encendido la casa por robar la dama, parece que ocurrio a su duda el primo, que entonces entrò sin aliento, herido en la cabeça y quebrada la espada; en pudiendo formar acentos, dixo assi: Señor don Lope, las desdichas no buscan pechos menos generosos que el vuestro; que con serlo tanto, aun temo que la presente le ha de descomponer. Entre la confusion desta noche vi, que mi prima salia del vmbral acompañada de vn hombre: seguila, creyendo que a la casa de algun pariente iba, hasta que cessasse el fuego. Salimos de la ciudad sin que el hombre me hablasse palabra, atribuyendo yo este silencio a la desdicha presente, porque siempre crei que erades vos, y que a vuestra casa de campo lleuauades a vuestra esposa; mas despues de apartados del lugar, y aun del camino, me dixo: Cauallero, no necessito de vuestra compañia, bolueos desde aquí, que mi señora va segura, y con su gusto. Conoci entonces mi engaño, y viendo en otro poder a mi prima, que alborotada me dixo: Libradme, primo, de las manos de mi mismo hermano, que sin duda con cautela intenta algo contra mi honor, no respondi sino con las armas: mas vuestro hermano, que el era el falso Paris, no estaua desapercebido, vna pistola pequeña me puso a los pechos, y con la espada desvio algunas puntas, que colerico le tirè: viendo mi resistencia, quiso valerse del traidor instrumento; mas en esta ocasion piadoso, no emprendio el pedernal la poluora. Arrojòle al suelo, maldiziendo su primer inuentor, a tiempo que hallè a su lado tres hombres, trage, a lo que la noche me dio licencia, de soldados: y guardando el vno a mi primo, los tres me apretaron tanto que dandome algunas heridas, me dexaron por muerto, y se apresuraron con la presa. Ved el remedio que conuiene a tal infortunio que yo lastimado de tan triste sucesso con la primera luz saldrè de tan infausta casa y no veré la de mis padres, hasta que rodeando el mundo, busque vuestra esposa, y mi prima, y satisfaga esta aleuosia. Sin sentido acabò de oir don Lope el bien traçado enredo: y ya persuadido del dolor propio, y de las heridas del primo, ya creyendo de mí esta maldad sin dificultarlo el odio que me tenia, dexò al instante su casa, y fuese a vna que tenia de campo, por escusarse a pesames y visitas. Los huespedes tristissimos partieron otro día, y antes del el primo sin querer aguardar el efeto de sus heridas: mas el sabia que eran de poca consideracion. Yo en mi carcel estuue seis dias, sin ver la luz del cielo, mas muy regalado de comida, y bien acomodado de cama. Al fin dellos, vna noche auiendome assimismo vendado los ojos, me sacaron de mi prision; y trayendome por varios rodeos, me pusieron, a vista del lugar, y sin hablarme, cubiertos todavía los oios me dexaron solo. Estuue vn rato escuchando, y como me parecio que nadie me acompañaua, quitème el velo, y hallème solo. Estaua mas cerca la casa de campo que la ciudad; y por tomar alli vn cauallo, fui a ella. Llamé, abrieronme; y el primero que vi fue mi hermano don Lope melancolico, y sin color: Que discreto aueis andado (le dixe) hermano, en querer gozar los gustos de amor en esta dulce soledad. No me respondio a esto, sino dixome que le esperasse, que tenia que tratar conmigo cosas de mucho peso. Esperè confuso, y dentro de poco tiempo vi dos cauallos adereçados. Mandòme subir en vno, y el en otro. Salimos de casa sin criado ninguno. Anduuo conmigo tres días, hasta que la noche que sabes llegamos a este sitio.

Apeamonos, dixome que su intento era matarme, por la traicion que le auia hecho. Disculpeme, no quiso oirme: defendiame mal del; ya porque via que le ceguaua passion poderosa, ya por el respeto, que como a mayor le tenia, quando de la herida que viste cai en el suelo. El huyò, y tu me amparaste piadoso. Este es mi sucesso, que te ruego cierres con la llave del secreto, hasta que yo sepa, si don Lope está desengañado; y en tanto es para mi seguridad milagroso, agrado la compañia de tan discretos amigos. Ya con el fin del sucesso admirado de Danteo, y fingido de Fileno, auian salido del monte, quando Leriano los saludo, y dio nueuas de que la hermosa Cintia se auia sangrado; y al romper la vena los auia alborotado con vn desmayo. Todos lo creyeron, siendo la sangria tan supuesta como la indisposicion. Fueronse a la choza de Leriano; y apartados Danteo y Fileno escriuieron al sucesso de la sangria este soneto y romance, embiaron entre flores y juguetes a Cintia. DANTEO A CINTIA SONETO Disfrazando el remedio en breue herida, Se valio Cintia de vn rigor piadoso: Mas fiador de la vena el rostro hermoso Pagaba tanta purpura vertida Quietud maligna aprisionò atreuida, El mouimiento en sueño sospechoso, Y solo en el aliento presuroso Hallò el cuidado indicios de la vida. Violo amor y crecio sus marauillas, Padeciendo insensible, ardiendo frio Y en sus ojos tormenta fue la calma. Mas boluiendo el color a las mexillas, A la vista la luz, al cuerpo el brio, Cintia cobrò la vida, amor el alma. FILENO A CINTIA ROMANCE Descortès vn accidente Contra la vida conspira De Cintia, error fué del hado, Si la dudaua diuina. A su ordinaria templança Sobrò la sangre encendida: Que en los riesgos familiares Es donde mas se peligra. Mano ignorante escogieron, Para que fuesse atreuida: Porque en qual merecimiento Cupiera tanta osadia? Piadadosamente cruel Sin respeto el braço liga, Dando indicios de la vena Los aprietos de la cinta. Quando el marfil animado

Barbaramente ceñia: O quantas, sin merecerlas, Causò mas nobles embidias! Mas ay amor! ya veloz Abrio la preciosa mina, Cuyos corrientes rubes Campos de plata salpican. Como cuando Iris hermosa Borda playas cristalinas, Terminado pardas nubes En corua purpurea linea. Assi de agrauiada nieue Media esfera decendia De dos hebras carmesies Bien juntas, y mal torcidas. Este es sin duda el estambre, Que las tres hermanas hilan: Donde de mi vida el plaço Inexorable se libra. Pues senti como si fuera Toda la perdida mia, Mas debil el coraçon, Y las fuerças mas remissas. Que mucho, si a Cintia ya El susto mas que la herida Entorpece el mouimiento, Y la pura luz eclipsa? El accidente robò El nacar de las mexillas: Mas pues oluidò la plata, Mas fue crueldad que auaricia. De los labios el clauel. Hermosamente declina, Que como en cristal guardado No tan viuo se diuisa. Poco menos que mortal, Y mucho mas que dormida La ilustre fabrica yaze Aun hermosa en su ruina. El alma si no se ausenta, Parece que se retira; Y que consiente en el breue Parentesis de la vida. Mas ya apresura el aliento En los fines la fatiga. Ya (indicios son de que viue) Asperamente respira. Dulce sucede a vn suspiro La voz el pulso se anima; Y en la tempestad mas clara

Se restituye la vista: Que va liquidas estrellas Blandamente desperdicia, En cuvo raudal precioso Se esparce el alma y se aliuia. Ya viue en fin, y ya a amor Triunfante, o agradecida La venda ofrece del braço, Porque de cristal le sirua. Recibio muy afable Cintia la sangria, y en Madrid por diligencia de Otalora se supo breuemente su indisposicion, de que pudiera resultar muy contrario efeto del que Cintia pretendia: porque les parecio al forastro y al tio obligacion el visitarla; mas don Antonio, que sabia la condicion de Cintia, mas hondamente malicioso imaginò que la enfermedad seria achaque para eximirse de la ocasion presente; y para certificarse, tratò con vn medico, que por caricia le quiso embiar , que examinasse con mucha atencion, si era la indisposicion cierta. Supo don Iuan que iba el medico a visitar a Cintia, regalòle mucho, y prometiole mayores cosas: porque lleuando algunas joyas de precio, y curiosidades extraordinarias en nombre de sangria, de su parte fauoreciesse las suyas con Cintia tan pro digamente, que templasse su desvío. Bien pagado, y mejor esperançado el Fisico llegò al Palacio de Cintia: dixo que venia a orden de don Antonio Portocarrero a visitarla. Huso session entre Cintia y Filis sobre si entraria. Parecio que era forçoso, porque caia en descortesia: si su enfermedad no estaua bien creida, era negarle la puerta, confirmar la sospecha. Entro el dicho medico con venerable aspecto, y passos medidos; quiso registrar el pulso, Cintia se escusò con algun desden: llamòle aparte Filis, y dixo, que el recato de su condicion era en muchas ocasiones estremo, que entre otras cosas no fiaua el pulso a otro medico que vno que la visitaua de edad de setenta años, porque le parecia que a menos años no deuia fiarse su mano; y que como el era moço, por essa razon se le auia negado que rastreasse el mal por los ojos, por el semblante, y por el color. El lo hizo assi, y deseando hablarla sola, rogò a Filis que se apartasse algo de la cama: y con muchas saluas sacò tres caxas en estremo bien labradas, diziendo, que en otra mayor venían algunas niñerias vistosas, todo cuidado del señor don Iuan de Toledo. A titulo de sangria encarecio sus sentimientos, y deseos; y adonde se dilato grandemente, fué en encarecer su entendimiento, su gala, su talle, su afabilidad, y cortesia. Escuchauale, pero no le oia Cintia: antes fue mucho, que a la indignacion deste atreuimiento se resistiera su prudencia. Mandòle expressamente que boluiesse el regalo, que era mayor que dadiua de cortesia; y que persona de su estado no se obligaua con demostraciones materiales. Y vltimamente que el no boluiesse a visitarla, porque no todas vezes se atreuia a tener tan presente la templança que entonces experimentaua. Turbado a la seueridad de Cintia respondio el medico con vn silencio obediente. Llego Filis, supo el caso, celebròle a pesar del enojo de Cintia, diziendo muchas sazones en razón de la mezcla de oficios de medico y corredor de gustos. Procuro que llegasse a noticia de Perecindo: el qual escriuio esta silva al Doctor enquadernador del humano linage. Doctor, no de la Iglesia, graduado, Doctor de cimenterio, a cuyas manos Mueren las fieras, mueren los humanos. Yo vi desde un tablado Que vn Cauallero, cuyo nombre ignoro, Con vn recipe tuyo matò vn toro: Tu matas Por poder, cruel cautela.

Yo he visto que seuero O inaduertido matas vna vela No mas de con tocar al candelero: Mas lo que me atribula, Que andes a pie, por no matar la mula, Matar suegros a ti se te concede; Y si ay otros que viuan tan adrede. En qualquier casa que la mano pones No dexas moscas, pulgas, ni ratones, Ni te hazen los piojos perjuizio, Porque te espulgas con tu mismo oficio. A usarse Faraones Para librar valieras infinito De tanta sauandija al triste Egito. Matas a quien escriues; Y en fin todo se muere donde viues. Tu fisica fiereza Es tal, que liberal naturaleza? En vn año no cria Tanto como tu matas en vn dia. Viendo pues que eres rigida guadaña, Y que a este andar vendras en pocos años A despoblar a España; Por reparar los daños Arte nueua exercitas, Con que al mundo le das mas, que le quitas. Amistades compones, Y lances amorosos solicitas, Para que en estas dulces ocasiones Se engendre lo que matas. Tu de multiplicar la gente tratas, Y de matar tambien fin, principio, Por la cartilla Griega Te pudieran llamar Alfa y Omega. Si medico en efeto la destruyes, Fiel acomodador pueblas a Europa, Como quien saca sopa, y mete sopa: En tu fauor arguyes, Que es forçoso que tengas dos oficios: Porque a ser solamente Medico, no tuuiera el mundo gente: Y según lo aseguran los indicios; Si solo enquadernar tu oficio fuera, A tres mundos el numero excediera, Horca pienso que tienes y cuchillo En el lobrego Reyno de Megera: Cloto te da el ouillo, Y Atropos la tixera, Laquesi el copo, a tu poder mè humillo;

Pues te dan mano los escuros Manes Para que cortes, hiles y deuanes. Toda la melancolía de Cintia no pudo defenderse de algunos indicios de risa, oyendo la silua de Perecindo que se dilatò por los zagales, siendo celebrada de todos. Fileno aficionado a su buen gusto le hablò con mucha caricia; y en estimacion del donaire le dio vna sortija, rogandole que recitasse alguna cosa de gusto, el que aunque no estuuiera agradecido, jamas fue porfiado. Vnos epigramas dixo oì algunos dias ha. Soy aficionado a esto que llaman laconico: escriui algunos, no tan graues como los que digo. Si los quereis oir, aqui estan corrientes y molientes y diziendo y haziendo sacò vn papel, y leyó assi. EPIGRAMA 1. A LAZARO Lazaro zeloso, y viejo, A su muger ha encerrado, Y ella en su mismo cuidado Halla mejor aparejo. Publica de ella mas brauo Que vn toro (estrañò rigor!) Que es cuchillo de su honor, Y dize bien por el cauo EPIGRAMA 2. A XERXE. Xerxe juzga de manera, Que por matar a vn enano, Dize que es caso inhumano Dar a vn hombre muerte entera. Con muger pequeña hallò En fines de voluntad A vn galan; y en la mitad Del marco le condenò. EPIGRAMA 3. A CARAUEO Astrologo Caraueo Entiende sin duda alguna La conjuncion de la Luna, Del rubio Sol el passeo Y causame admiraciones, Que no acabe de entender De Quiteria su muger Passeos y conjunciones. EPIGRAMA 4. A MARTA. Sì en todo ganas, y yo Pierdo en todo, Marta auara; Y la que vendes tan cara,

Dios de valde te la dio: De gracia pudieras dar Lo que es gracia, si algo es; Y ya que nada nos des Vende barato vn pesar. EPIGRAMA 5. A DON COSME. Don Cosme de calua rasa, Vn Cauallero solene, A todos dize que tiene Doze pages en su casa. Mas supose, que a tres quartos Los señalò de racion: Muchos por mi vida sois. Los pagos, mas no son hartos. EPIGRAMA 6. DE ROBLES. Llora (quien lo imaginara DeRobles) tanto exagera Sus zelos: mas justo fuera, Que quien se los dio llorara. Mas viendo tan grande excesso En vn barbado, se duda Si llora, o si acaso suda La cabeça con el peso. EPIGRAMA 7. A DIEGO. Si de Menga la belleza Compra la purpura y nieue (Diego) y si a sus manos deue Mas que a la naturaleza: Pues de tantos deseada, Su esposo llegas a verte, Tenla Por muy buena suerte Que te ha venido pintada. EPIGRAMA 8. A IUANA Si ceguedad se interpreta Amor, aunque me resista, El serà quien a mi vista Pone antojos de vaqueta. Que en efeto vengo a ser tan ciego de puro amantè; Que teniendote delante Iuana, aun no te puedo ver.

EPIGRAMA 9.
A VNA DONZELLA

Ocho lustros (no lo creo) Dizes que intacta estuuiste: Donde los ojos tuuiste? Donde encerraste el deseo? A que donzella acontece Oluido tan singular, Pues que por no porfiar Ninguna se està en sus treze? EPIGRAMA 10. A MANCIO De los prouectos, y graues Sigues Mancio, los corrillos, Porque de algunos librillos Solo los titulos sabes. Y tan melindroso estàs, Ya que a ser discreto anheles Como el que de los pasteles Come el ojaldre, y no mas. EPIGRAMA 11. DE GIL. Gil, por flaca (con razon) A su muger desampara, Que es tan tenue, que no ay para Su congrua sustentacion. Que aunque sin carne, no està Seguro de algun error; Pues tiene contra su honor Hecha la flaqueza va. EPIGRAMA 12. A INES Siendo rica, y no pidiendo Rara aue en nuestro pais, Con ser piadosa; y en mis Faltas remedio y remiendo. No sabes por que te dexo, Y colerica terrible Pides la causa? es possible, Inés, que calla tu espejo? Muy fauorecido salio Perecindo del aplauso que tuuieron sus donaires, y Fileno muy contento de su festiuo ingenio. No lo llegò el medico a Madrid, que dando la aspera respuesta a don Antonio, y a don Juan, conocieron llanamente, que la enfermedad era a proposito de dilatar su casamiento. Sentialo don Iuan con estremo, porque sabia, que si duraua la tardança, auia de caer en gran nota; y mas quando supo, que el sitio que

habitaua Cintia, era peligrosissimo para el. No menos disgustado estaua don Antonio de la que el llamaua locura de Cintia, sin saber que medio elegir: porque el de disfrazarse ya don Iuan, lo reprouaua despues que llego a su noticia, que estaua Cintia en parte donde el no podia aparecer; pues obligar a Cintia a que viniesse a Madrid era intentar impossibles. Colerico el tio se determino a ir solo, y afearla su aspereza, como lo puso por efeto; y antes que pudiesse tener noticia Otalora, se puso en camino, y de autoridad absoluta entrò sin ningun pretexto a ver a Cintia: y despues de las ordinarias preguntas, quedando los dos solos, con mucha pausa la dixo assi: Aunque tiene, señora sobrina, vuestro entendimiento tan segura opinion, considerad, que nuestra edad no acredita tan extraordinario intento, ni vuestra experiencia autoriza vn pensamiento solo a proposito para fingido: porque toda nouedad es peligrosa; y en los labios del vulgo injuriada en la peor interpretacion; y no se contenta su censura con graduar por desacuerdo las nouedades, sino que aun mas profunda y maliciosa adelgaza el designio, hasta que misterioso resulte en infamia de su dueño. Assi que de retiraros al campo, y negaros a las justas obligaciones de estado, no solo se seguirà la nota de que os arrastra el dictamen de vn genio inutil: mas sera possible que diga alguno que para dilatar vuestra libertad os escondeis a los ojos del pueblo. Lo que inuentaron tan sanos juizios y mejoraron curiosos tantos siglos, que es el estilo ciuil de vida vrbana, quiere enmendar vuestro ingenio? Quien se desvía de la senda, y abre camino confuso en su idea, o huye de acertar, o pone a riesgo el credito de su cordura, que no es vna misma cosa que el ingenio, de suerte que no puede estar vno sin otro. Tan delicada es la fama de vna muger de vuestras rendas, que aun las alabanças la desluzen: pues que sera justo que temais de assunto, que no ha de tener voto en vuestro fauor? Para fiesta, para entretenimiento bastan, y aun sobran, los meses que aquí aueis estado. Don Iuan os espera tan impaciente, que si no os humanais mas, sospecho que ha de hazer nouedad en su buen juizio; y yo deponiendo el respeto que me deueis os lo suplico. Por dos caminos espero conuenceros, por el de vuestro decoro, y de mis ruegos; que yo me acuerdo, que algun dia tuuieron nombre de consejos, y en vos obligaciones de obediencia. No quiero (dixo Cintia) replicaros quan sin razon condenais el mayor blason del recato, que es carecer de todo lo hermoso y vario de vna numerosa poblacion por los seguros y desocasionados desvios del campo. Solo os suplico tan hija, tan obediente como siempre, que no me trateis por ahora de cosas que me dan pesar, ni por ageno gusto os fatigueis. Don Iuan espere, que no me deue poco en darle lugar a esto; y si trae tan executiuos los deseos, auierta, que en mi tiene mucho que conquistar; y yo mas que examinar en sus partes: sea tan cortès, que no pierda lo que vuestros consejos le han adquirido que yo en confirmando mi salud os dire lo que mejor estuuiere a estos aprietos. Don Antonio por no disgustarla, tratò de otras materias; y mal contento se despidio de Cintia, que a su parecer, libre de aquella molestia, quiso conualecer, y boluer a la compañia de sus pastores.

LIBRO SEGUNDO
El retiro de Cintia, que quiso que se tuuiesse por indisposicion, la auia hecho deseada; y quien en esta materia se auentajaua a todos, era Fileno, que en quinze dias que salía al campo, le auia costado muchos deseos el ver muger, de quien tenia tan singular conceto, por la relacion de los que auian visto: de suerte que para igualar a su esperança, tuiera grande peligro a ser otra que Cintia. Salio pues al campo arrimada a Laurencio acompañada de Filis, y cercada de todo el hermoso numero de zagalas, que aquel dia pudieron salir seguras de competencia, aunque otras ocho amassara el cielo de estrellas en su oposicion. Fileno casi en extasi, anegado en el raudal de tanta hermosura, por poco la turbacion le estoruara cumplir con la deuida cortesia. Llego pues con grandes su missiones, hablò poco, y no muy concertado, en agradecimiento de su liberal hospedage. Cintia le animò, y respondiò muy afable; y entre otras cosas, que no era acciòn la que es timaua para ser agradecida, por ser en ella tan natural, como hablar, y ver; mostrò que estimaua el nueuo pastor, en lleuarle junto a si; y hablar con el fuera de la medida de su ordinario desdén. Contentase de su buen talle, y discurriò en si seria hombre noble: mas corrida boluio en si. Reprehendio su imaginacion, pareciendola, que se encaminaua a mas cuidado del que su condicion sufria. Mas que poco valen diligencias, quando amor quiere que se rinda la voluntad, por mas defendida que este de la aspereza y altiuez. . No ay duda: naturaleza nos engañò, pues nos dio los ojos con nombre de atalayas, y en los peligros vienen a ser espias: ellos dan entrada al deseo, tan dissimulado enemigo, que hasta arruinar el alcazar de nuestra libertad, no es sentido. Cintia corre peligro pertrechada de tanta arrogancia? de tanto desprecio de quanto nacio? que seguridad como su intratable seueridad, que pone coto a los ojos? No es Cintia vn velo hermoso? No es vn rayo inaccesible? No blasona desde su mismo conocimiento essenciones inuiolables? Sea assi: mas Cintia mira, y a mirar, no ay castillo fuerte; todo prostra a la tacita persuasion de la vista. Amor sin duda nacio con ojos, aunque despues cegò: que no ay mas cierto principio de cegar que mirar. Miraua Cintia y los ojos hurtandose al entendimiento por no sè qual atraccion, se burlauan del cuidado que en vano los queria corregir. No sentia Cintia el veneno que disfrazaua en vn dulce descuido efetos crueles: y como confiada se ceuaua en el riesgo que crecia al passo que le despreciaua, no se enredaua Fileno con tantas circunstancias. Amo el lazo, rogò a las prissiones, y preciòse de su rendimiento. Entonces estimò la libertad, quando la hallo tambien perdida, que la juzgò empleada. Importunaua el alma el cautiuerio, y los sentidos hazian gala de las señales de su esclauitud, pareciendoles que jamas auia tenido amor hierros tan dorados. Despedido finalmente de otra esperança, determinò Fileno de perder la vida en la empresa, no en la conquista de Cintia; y entonces (o como es mas lince amor!) se le ofrecieron las visitas del medico, y del tio, que ambas traian consigo sospechosos indicios. Por quien intercederia el medico? A quien propondria el tio? Cuidado fue este que sombra de su amor, desde el primer dulce pensamiento sembrò, el amargo acibar de sus zelos, de manera que a Fileno de vn mismo vientre le nacieron amor y zelos, para que no se alabasse que aula tenido gloria sin merito. Penso que con dadiuas y caricia podria penetrar en los secretos de Cintia : para esto ninguno le parecio mas a proposito, como ni mas dificultoso que Laurencio. Con todo se resoluio intentarlo, aunque aquella anciana autoridad parecia delito tentarle con sobornos, para que excediesse de los límites de su fidelidad: mas a esto se respondio, que no auia de ser contrato desnudo, sino con arte, y dissimulacion; que sin traçarla, las ocasiones mismas la suelen disponer. En tanto que se fraguauan tantos pensamientos entre los dos,

muy a lo de Palacio los pastores y zagalas se cortejauan; y Danteo enfermissimo de zelos, ya imaginaua, que el nuevo garçon le pretendia echar de la posession de sus esperanças: y rodeando el pensamiento, examinaua a Filis en razon de lo que le parecia el pastor, que falsa le alabaua mucho, con que apuraua su paciencia tanto, que apenas el de coro podia tener a raya sus iras. Lauro encarecia a Elisa su amor, y calificaua su desconfiança; y ella contenta de lo primero, en blanda entereza fomentaua lo vltimo. Olimpo persuadia a Amaranta, que el desuio no se compadece con hermosura, ni nobleza y ella a el: que desear ser querido no es obligacion, sino arrogancia. Gerardo daua a escoger a Rosela en su muerte, o en su deseo a que respondia que supuesto que lo vno le estaua a el mal, y lo otro a ella, facil era la eleccion. Liseno porfiaua con Siluia, que el sobrado desden era soberuia; y ella, que lo que se llama correspondencias, liuiandad. Lucindo pedia vn fauor a Anarda, y ella respondia, que no se dauan a precio de atreuimientos. En estas questiones se entretenian quando Perecindo llegò al assiento de Cintia y con graciosas reuerencias la dio vn papel, que dixo ser el certamen que ella recibio con muestras de gusto; y mas sabiendo que estaua a cargo de Perecindo el vexamen. Repartiase en quatro arboles, que cada vno daua dos assuntos. Eran los arboles oliua, laurel, mirto y yedra. Escriuiòse sin competencia, assi porque en mayor variedad huuiesse mas hermosura, como porque professauan igualdad los que auian de escriuir a el. Dedicóse a vn Heroe de los mas insignes que tuuo el tronco de los Guzmanes, de quien Cintia era hermosa rama. Captado el silencio con los puntos primeros de la musica, Gerardo cantò assi. Ya dizen de nuestro amor Los zagales de la villa, Que es tu tardança desden, Y mi firmeza porfia. Y viendo con quanto espacio Ingrata me martirizas, Atribuyen a crueldad La que llamas cobardia. Quando Persuaden tus labios Al deseo que me estimo: Mas colorados se ponen, Como saben que es mentira. Que esperas, Menga, si el tiempo Mi voluntad acredita, Y permanece constante Al examen de los dias. En la escuela de los años Vanamente me exercitas; Pues es para merecerte Corto termtno vna vida. No te detenga el recato, Que haze amor quando se afina, Las temeridades cuerdas, Las locuras discursiuas. Si no sabes que es deseo (Como sospecho) no digas Que tienes amor; pues son Los dos vna cosa misma. Y si por dicha deseas, Rebelde no te resistas:

Para que con quien te adora Tan inutil valentia? Ya que no por mi, a lo menos Por tu buen credito mira; Que entenderè que me engañas, Mientras no te determinas. Al fin de mis esperanças O que espaciosa caminas Que solamente en tu idea Amor sin alas se pinta. Para lo que se professaua en aquel retiro parecio a las pastoras descortès la materia del Romance: mas fue tan bien cantado, que doro este desabrimiento y luego que tuuo lugar Lucindo con gallardo despejo, y voz sonora orò assi. SILUA La contienda pretendo soberana, Cantar luzes hermosas deste Polo, Tenientes claros del diuino Apolo: Adonde apenas la porcion humana Se atiende en superior naturaleza Absorta, heroico trono de Deidades Donde el entendimiento, y la belleza Conseruan no ordinarias, amistades. Deste rustico cielo, gloria vrbana, Digo que la contienda soberana Cantar pretendo: anime mi Talia Minerua, y pues es tuva la victoria, La voz no se desdeña de ser mia. Y tu Rey que con cetro de tres puntas Imitar al trisulco de tu hermano Cortes permite el triunfo a tierna mano, Preciate de la gloria De ser vencido, lograrè mi intento, Si inspirado de dos deidades juntas Consentis fauorables en mi aliento, Borrarè de Virgilio la memoria; Pues la Diosa eloquente Me nombra al mundo y sin estoruo alguno Abre camino facil el Tridente Por el humido Reyno de Neptuno. Palas diuina, la que no se deue Al origen vulgar de lo criado, Ni pecho delicado Aplicò el labio breue. La que nacio prouecta sin noticia De la primera liquida caricia, Conceto hermoso de inmortal idea, Efeto semejante A la mente de Iupiter tonante. Aquella que hermosea

La frente de la Paz, y de Belona, Con ramo diferente, aunque sagrado, Que el invierno respeta, no perdona: Y el Dios que rige las campañas llenas De piadosos delfines, De vorazes vallenas, Los paramos azules mas seguros, Que en mezclado alboroto Al Austro riza, y enfurece el Noto, Despues que se ciñò de hermosos muros La ciudad que los dos edificaron La palestra de ingenios generosos Escuela de la humana policia, Ambos apellidarla desearon; Y en la graue porfia, Afinando del labio mas la rosa, Esto propuso en su fauor la diosa. En rigor a mi me toca; Pues tan bella arquitectura Deue a mi mano hermosura, Titulo la de mi boca: Nombra, o Neptuno, vna roca De la salada Region; Que a tan firme perfeccion Lustre inconstante no diste, Ni con tus piedras tuuiste El dulce iman de Anfion. Si del discurso inuiolable Es ya condicion fatal, Que ha de durar inmortal . Esta maquina admirable. Como siendo tan mudable, Que al soplo sigues del viento, A este humano firmamento Quieres dar nombres, y en el Preuengo mansion fiel, Que hospede el entendimiento? El anciano Monarca de las olas, Quanto mas poderoso mas airado, Que de su enojo las estrellas solas Viuir pueden seguras: Si bien suele alabarse jatancioso Que las ha salpicado, Quando en iras sacrilegas perjuras Escala como Enzelado ambicioso, El muro de diamantes engastado, Quando atreuido en fabrica espumosa Sobre el valiente Olimpo pone el Osa La oposicion juzgando por afrenta, Iamas mouio en tan aspera tormenta

Las ondas de su furia Impaciente por ser la vez primera Que a su soberuia se atreuio la injuria Mouiendo la cerulea cabellera, Ira la vista enciende; Que este alquitran bastardo en el mar prende, Quien eres, que parece que me igualas, Deidad, o humana seas, dixo a Palas? Quien eres, que parece Que me igualas, deidad, o humana seas: Si deidad, solo Iupiter merece Competirme: si humana, como empleas En alto atreuimiento Cera facil al Sol, plumas al viento? Si por hija te atreues De mi hermano, veràs si me apasiono. Por mas que en tu fauor mi amparo lleues: que airado, ni aun a Iupiter perdono. Que tan alta porfía Primero es, que la sangre, y cortesia. Mas ya que mi vengança No puede honrar tu sexo, a la experiencia Permite mas vrbana mi templança Esta que te permito competencia, Fuerças conmigo mide, La ciudad del mas fuerte se apellide. No te llanto a los braços; Que en mi pues no es amor, fuera flaqueza: Y quien no se rindiera a tus abraços! Assombros ha de ver naturaleza, Y tus veras temores Quando vencida mi Poder no ignores Dixo, y veloz deshaze Tres pasos que repite en firmes huellas Antes que le amenaze, El rico tiembla que la atiende enfrente: Y al poderoso amago del Tridente Que hendiendo el aire despertò centellas Aunque constante, no espero valiente: Disforme herida al golpe se anticipa. Abrió la piedra las entrañas duras Y entre asperas roturas Bastantes Para el Parto de Tifeo, Del Prodigioso vientre de la gruta Nacio vn mostruo no feo: Antes naturaleza Le dio tanta belleza, Quanta pudo caber en forma bruta. Encendiole los ojos Prometeo Con la robada llama, y animoso

El Zefiro le dio su ligereza, Y el ardimiento Marte generoso, Del hombre tuuo instinto y osadia Y de España leltad y gallardía. Dio los primeros passos ambicioso De ser mirado el animal brioso. Vencio al rayo violento en la carrera Y en grauedad seuera Compassaua galan el passo tardo Templando lo feroz con lo gallardo. Minerua dize, espera, No estès tan satisfecho, En vn cauallo has hecho La mas hermosa fiera. MiPadre es de la Esfera, Luz y gouierno, aduierte, Que si me ayuda, es facil el vencerte O padre soberano, Cuya diuina frente Deidad me dio valiente, Sin disfrazarte humano, Da que entienda tu hermano, Que es menos poderoso, O temele arrogante y ambicioso. Hija me llamas, muestra Por heroico camino, Que tu poder diuino Trasladas a mi diestra: Assiste a la palestra, Donde de mi victoria Interessas el credito, la gloria. Harè que monumentos Eternos te dediquen, Y tus aras salpiquen Sacrificios sangrientos: Condensaràn los vientos Negras nubes Sabeas, En tu honor vences, si por mi peleas. Dixo y la hasta que la blanca mano Armaua, vibra a la valiente Diosa; Y en agil mouimiento Embaraçò con el cabello el viento. Decoro dio su padre soberano: Con el luciente azoro que corona El bien labrado fresno el suelo hiere. O prodigio admirable! Con torcidas raizes aprisiona La tierra, el hierro su dureza muere; Y atenuandose en venas mas afable, De su primera madre venerable

El humido alimento reconoce, Resucitando el fresno a mas gallardo, A mas vtil verdor el tronco crece: Y aunque el oro reboce De rustica corteza el gauan pardo, Mas noble a su aspereza se agradece. Ya pomposo adolece, Liberal apresura La tierra su hermosura Sin librarsela en plazos Perezosos De vno v otro verano: Y el que esteril en montes cautelosos Aumentó el vulgo, rustico villano; Y quando mas anciano Le destinò al sustento Segur infame del voraz Vulcano, O al exercicio duro del sangriento Dios, que a los odios ministrò mortales El poluo abrasador el instrumento Emulo de las iras celestiales, El que antes fue grossero Pauellon del cansado pasagero; Oy con hermoso fruto, Y con verdor eterno No le desnuda el salteador inuierno, Tirano de los campos absoluto, Que oliua viuidora Sus rigorez ignora. Rindio a Neptuno el ramo misterioso Del pacifico tronco venerando Deidad oculta en el verdor hermoso. La Diosa, pues vsando De tan noble victoria. La ciudad intitula; y en memoria Del heroico duelo Atenas la nombrò, que en Griego idioma Suena lo que muger; y sin rezelo De los hados si madre destinauan De las armas a Roma, A Atenas en gloriosas competencias Madre la apellidaron de las ciencias Al nueuo honor del campo, al noble huesped Del olmo altiuo al mas humilde cesped. Assi te saludauan, Y las futuras glorias presentauan Tan viuas, que dixeras, Que en sus hojas ligeras De la sabia Sibila se leia La inmortal poesia. El laurel no embidioso,

Aunque vio competido Su verdor generoso; Y aunque su duración mirò agostada, Cedio a tanta hermosura La pomposa frescura Del mirto, a Venus sombra delicada, Y la yedra sagrada Al Dios que vnio dos tigres al bizarro Pertigo al yugo del dorado carro, Quando al domado Oriente Ley dio non mancillada Del furor dulce, del licor valiente, Prostrando en reuerente Aclamacion al Zefiro eligieron, Y en su lengua lasciua Al nueuo huesped, a la noble oliua, Estos futuros hados preuinieron. Salue generoso tronco, Que eternamente vestido Al inuierno preualeces, Y resistes al estio. Salue otra vez inmortal, Opuesta a mudables siglos, Verde a pesar de los años, Y a pesar del tiempo rico. Quando case la concordia Con el ocio, y en festiuos Aplausos de la abundancia A su sucession principio; Muro seràs de ambas sienes, El mas verdadero amigo Del cielo, y dorado freno Del implacable Gradiuo. Tu fruto si diligente Le liquida el artificio, Alumbrarà en breue hoguera De la noche el negro abismo. Honor serà de las aras, Quando en religiosos vidros Copados de plata aumente Respeto a bultos diuinos. Mas lo que a mayores glorias Te destina, si benignos Los hados como preuienen, Disponen mi vaticinio. Lo que a mas heroicos grados Te leuanta: a quanto admiro Feliz la edad que ennoblece La noticia de Felipo! De aquel que Quarto darà

Leyes al Planeta quinto; Y seuero a las estrellas Gouernarà su aluedrio. Del que esconderà en su nombre De Iupiter vengatiuo El assombro formidable En distantes estallidos. El que darà poderoso Honor a sus enemigos: Y pues no es possible opuestos, Se acreditaran vencidos. El que al Belga pertinaz, Y a ti, o vil huesped, indigno De tan altos pensamientos Honrarà con su castigo. Entonces pues deste Polo El mas politico arrimo, Que del jayan Africano Hará verdad el oficio. Delicia de los ingenios, En cuyo sagrado asilo De Hipocrene viuiran Los cristales defendidos El Guzman honor del bueno, Sin que en tierno sacrificio Dé con purpura viuiente Aspero esmalte al cuchillo. A quien postrarà, rompiendo Del hado el orden preciso, El acuerdo de los astros, Y el conclaue de los signos. Cuyo gusto dispensado, Aun menos que obedecido, Cancelarà de la suerte Los no alterables designios. Caricia de la fortuna Tan constante, que al fastigio Mas alto que vista humana No se atreuera el peligro. Segundo voto de España, A quien el genio propicio Harà en la abundancia afable, Y en la priuança bien quisto. Este pues Heroe que admiras, Ha de coronar contigo Sus blasones de Oliuares, Dignandose al apellido. Sagrado a tanta deidad, No embidies al lauro esquiuo De Apolo, aunque a doctas sienes

Le trasladen sus ministros. No a la yedra trepadora, Que con abraço lasciuo Ciñe el cuello de Lieo Entre sonadores tirsos. No a la imagen del deleite, De su Diosa verde mirto; A quien desnuda del Boreas El primer aliento frio Con los tres te aclaman Rey Tanto frondoso obelisco, Tanta copada aspereza, Y tanto gigante fixo. Haziendo lenguas sus hojas, Y articulando mil silvos, Te adoran: ya en quantas ramas Medras, tantos cetros miro. Las frentes aun mas rebeldes Que los ceños de los riscos, Por mas que los soliciten Del Abrego los gemidos: Humildes hasta tu tronco Dieron de obediencia indicios. La rustica Monarquia Gozas inmortal! Ya he dicho. La oliua propuso vna cancion Real al desamparo de Andromeda por Perseo, y por cumplir con su obligacion un soneto, celebrando vn heroe de la excelente casa de los Guzmanes. La cancion recito Lucindo. Crueles con Andromeda las ases Quando mas lastimadas de su engaño La solicitan muerta y no dormida: Dulces auisos rompen los suaues Lazos del sueño, causa de su daño, Parentesis forçoso de la vida No bien restituida Al mouimiento, precedio la mano A la lengua y abraço el aire vano, Dudosa en sus enojos, Fieles testigos apelò a sus ojos. Mas ya quando los tres su mal no ignoran. Ella tiembla, esta calla, aquellos lloran. El lecho desocupa, y repitiendo, Interrumpido el nombre de Perseo: Que cada letra en vn suspiro suena. Al aire da el cabello sin aseo, Y la planta de plata guarneciendo En el oro limado de la arena. En la enemiga eterna El lino conocio del animoso

Viento preñado, y que el zafiro vndoso Rompe quilla violenta, Que en esferas de aljofares argenta: Y estas, si bien sentidas, mal logradas Quexas esparce del dolor dictadas De vna muger, O siempre vitorioso! Terror de montruos de sorberuias freno Huyes? que deshonor cobardemente; Bien que de lauros, y de triunfos lleno, A tu valor opuesto generoso Viene a ser mi desdicha aun mas valiente? Si a la fiera inclemente Fatal me expuso rigurosa suerte, Y tu peligro dilatò mi muerte; Ahora fementido, Como al monstruo me expones de tu oluido? Mas aunque assi se aumenta mi tormento Te estimo, que mejoro de instrumento. Mas ay que mis suspiros el abeto Impelen con el Noto conjurados, Y al mar robustos hombros da mi llanto Entre azules abismos anegados, Los ojos me confunden el objeto, Que tanto adoro, y me aborrece tanto. La prission del espanto Rompe el hidalgo pecho a tanta llama: Remedie tanto mar, o el que derrama Mi dolor, pues le excede. Batel me espera humano; y si concede El hado que el timon toque a tu naue, Tendra mi amarga vida fin suaue. Dixo, y por sendas asperas corona Viuo y puro cristal roca eminente; Y sobre el mar pendiente, Oro, purpura, y plata no perdona: Intrepida se arroja, y en los braços Del Dios piadoso hallò mas fieles laços Borrando de Perseo Las memorias, caricias de Himeneo. El soneto fue de Liseno. Celebrò anticipado en vaticinio al heroe generoso don Gaspar de Guzman. Rebelde el Belga la ceruiz leuanta Que fecunda se aumenta en sus heridas: Rompe el Ingles con armas fementidas Del honor y del cielo la ley santa. En vna y otra babara garganta, En parte a su furor agradecidas, Pues soberuias se precian de vencidas. O feliz! pones vna y otra planta. El sacrilego yaze interessado,

Que tiene y (aun por esso te importuna) Vsura en quantos glorias te dispone. Triunfa o Gaspar! del cielo eres cuidado, Y por acreditarse la fortuna, De parte de tus meritos se pone. No se irà alabando Guzman, dixo Perecindo, que por vida de Polimnia que ha de lleuar mi soneto entre ceja y ceja. Serà possible que quando le lea, quiera (que bien podra) darme vna conducta de Canonigo. Aparad entretanto el dicho soneto. Del rayo de la fama ardiente trueno, Que al Sol la luz ganaste en vna rifa: Cuyo nombre escriuio con letra grifa, Y le cercò de encomios como heno. Tu de virtudes y de honores lleno Hasta rebote, mira en su alcatifa De hinojos el Alcaide de Tarifa, Que se rinde a tus pies de bueno a bueno. Diz que tienes el grano del elecho, Diz que fue la fortuna tu comadre Y Venus con las gracias te dio el pecho. No hay gloria de Guzman que no te quadre Mas aunque tantas son, ninguno las ha hecho, O Gaspar, mejor cosa que tu padre. El laurel señalò dos temas. El primero, glossando vna redondilla de aquel grande y excelente ingenio de Salicio. Y el segundo, vnas liras de a seis a Dido sobre la espada de Eneas. La glossa leyò Leriano. Es el engaño traidor, Y el desengaño leal: El vno dolor sin mal, Y el otro mal sin dolor. El engaño lisongea Al amor, gustos le ofrece; Y midiendose a su idea, Le da a entender que merece Todo aquello que desea. La caricia, y el fauor De vn Dios, y de vn Rey amor, Ved, si esta bien empleado, Pues que su mayor priuado Es el engaño traidor. Porque suspende el engaño Al dolor la execucion, Le admite el alma: o estraño Error! que la dilacion Antes acrecienta el daño. Espere el golpe mortal De su sangre liberal Quien quiere ser firme (se) amante: Diga la verdad constante, Y el desengaño leal.

No da meritos el bien, Quien a padecer inclina, Del dolor goza tambien: Porque el amor se examina En el crisol de vn desden. Si dos con amor igual Siruieron, menor caudal De paciencia ha menester, Quando sucede tener El vno dolor sin mal. Amor prueua combatido Su tolerancia, y assi Por exercicio ha tenido, Y animado contra si, Zelos, deseo, y oluido. Amor siempre es vencedor Rendido, siendo en rigor Estos muerte sin consuelo, Aquel vida con desvelo, Y el otro mal sin dolor. Gerardo tomò a su cargo las liras, y cumplio assi. Dido esparce estas quexas, Amenazando al hierro, cruel me incita La espada que me dexas. Tan ligera la naue solicita El cometido excesso, Que aun quisiste aliuiarla deste peso. Disteme en tu partida La causa de morir, diste el azoro; Y para que homicida Executes el golpe, el filo fiero Encamina tu mano, Que es la que yo te di, falso Troyano. Infeliz variamente Muere Sicheo, y huyo presurosa; Y de mi patria ausente Huye Eneas, y muero: ay triste esposa, Que lobregas, que feas En mi talamo ardieron ambas teas. De tanto amor no infieres Mi afecto? y discursiuo al fin no arguyes En mis ansias que eres Mi vida, pues que muero quando huyes? Que la espaciosa herida Bien hallarà dolor, pero no vida. Iurada se la tenia yo, dixo Perecindo a la señora Dido; y yo sè que si supiera que yo auia de escriuirla liras, no delirara tanto; mas quien tal haze, que tal pague. Allà van las sobredichas.

Desde vna galera Con el estoque en la turbada mano Assi Dido dezia Al que escurriò la bola, infiel Troyano, Que le dio vn perro muerto, Por ser muy blanda en el primer concierto. Ingrato, que es possible, Que sin sentir cayesse en tu desgracia? Soy puente de Mantible? No cayeron las Reynas de Dalmacia? Y tambien (quien lo estraña?) Cayò la gran Princesa de Bretaña. Prestame tus orejas, Que ay quien diga, que son del alma aldaua Possible es que me dexas Quando yo imaginè que te gustaua Lo que al fuego condeno, Mas que la fruta del cercado ageno. Siendo tu quien no tienes Limpio trato, me pones en colada: Ingrato tus desdenes, Y el amor me condena a chamuscada como animal de cerda; Y pues no te merezco, a que te pierda. Hallè junto al estoque (Que en tus oluidos prenden mis memorias) Porque amor me prouoque, Tu justillo de grana, y tus gregorias, Dixe, aunque despobladas: Ay dulces prendas por mi mal halladas. Luego la punta espera Por el neuado pecho, y inocente, Cayò en la llama inquieta, Y luego con vn plato entre la gente. Dixo tu triste hermana: Denme Para enterrar esta Christiana. El Mirto repartio dos temas. Vno de quatro octauas al pasar Cesar el Rubicon. Otro de tantas dezimas a vn amor sin esperança. Lauro admitio las octauas, y executò felizmente. Del origen humilde de vna fuente, Ni visto hermoso, ni gustado frio, Breue da al Rubicon licor corriente, Que en la primera sed beue el estio; El poluo le sepulta facilmente, Mal tributario al mar se jacta rio, Por dar en cortos pasos de distancia Vna margen a Italia, y otra a Francia. Este insolente va porque gozaua, No claros de los Alpes los fauores, Sesgo insolentes olas pronunciua,

Prendiendo troncos, degollando flores: Tirano en la campaña dilataua El turbio imperio, y ya de sus errores El pastor rezelaua, yel rebaño: que el mal nacido es rico en comun daño. Al que apenas la planta humedecia Tres lunas antes Cesar ambicioso, Que aspiraua a tan alta Monarquía, Si no cobarde, le atendio dudoso: Y el cauallo que en purpura tenia Dorado auiso, menos animoso Le enfrenan en la orilla assombros vanos Del agua sacudida de las manos. El rubicon vio a Cesar fluctuante, Cesar aquel que el pielago perjuro Intrepido oprimio vaso constante En el barco de Amiclas mal seguro. Quebròle al fin la frente al arrogante; Y el patrio Tibre, lince en lo futuro, Predixo horrores: mas tan alto intento Igual le canta Cordoues aliento. Aunque a Olimpo cupo la suerte de las dezimas agradado del assunto, las quiso dezir Fileno, que fueron estas. Señora, en tan alto empleo Premio el pensamiento alcança, Que es gloria de la esperança La ociosidad del deseo: El peligroso rodeo Que de vno y otro accidente El alma tiene pendiente, Descompone su sosiego: No es mi generoso fuego Ambicioso, aunque es valiente. Lo mismo que te ofreci Me ha dado que interessar: Que tiene que desear Quien puede morir por ti? Quando la vida perdi Grosero juzaua al consuelo, Y ansi dixe sin rezelo: Vna vida, poco importa, Pues de perdida tan corta Bastante vsura es vn cielo. Quando estimaras mi amor Quedaras menos pagado, Tanto que aun he imaginado Que me està mal tu fauor Mas deuere a tu rigor, Que borras agradecida

El mento de la herida, Y si no me has de priuar De amarte, vendre a estimar Muerte en que me va la vida. No tengo que pretender, Quando muero por quererte, Con que consienta la muerte Que te quiera en su poder: Mayor gloria es merecer Que alcançar, que no es accion Heroica la possesion: Con amarte me contento, Y por agradecimiento Me sobra tu permission. Con tanta priessa iba disponiendo a Cintia el amor, que creyò que las dezimas hablauan con ella: pensamiento que la encendio el rostro, mas con tanto decoro, que no se permitio a otra noticia el subito accidente, quando Perecindo, yo tambien, dixo, tengo mis cuidados, y se enamorar de filigrana, y hablar de argenteria, verbi gracia. Oy que amanecio despacio Me barruntè cauallero, Iuanarda, seruirte quiero Al estilo de palacio: Yo te dare vn cartapacio, Que como por alambique Tu voluntad purifique, Y responderas a bulto A mi retruecano culto Vn critico tiquemique. No aspiro a ser admitido, Solo anhelo a tu rigor (Gran palabra) que ya amor No ha de ser en mi Cupido: Las alas que me han nacido Son para tan alto empleo Alas de ganso pigmeo, Que no compone la pança, Del verde de la esperança Aunque estè hambriento el deseo. La bastarda voluntad, Que se arrima al interes, Entre los Principes es Redonda comodidad Pulase nuestra amistad, Y entre vraño y zahareño Tanto ha de poder tu ceño, Que llore amor, y yo y todo, Contactos de ningun modo, Vniones ni por vn sueño. Mas mira Iuanarda mi.,

Que en pidiendome, desprecio El respeto, porque el precio Excluye la cortesia; Irà por donde solia El agua sin que se trate Deste inutil disparate, Que atento a la conclusion, A la primer peticion Sentenciarè de remate. La hiedra por ser arbol de Dios tan alegre, permitio que los dos assumptos que repartia, fuessen de burlas, o se escriuiessen de veras: propuso vn Madrigal moralizando las propiedades del camaleon, y vn Romance descriuiendo vn terremoto. Olimpo se quiso desquitar, y escruio al camaleon de donaire. El Tuliano tres vezes, autor graue, Dize que ay animal a quien sustenta El viento sin ser aue, Y que por desayuno se contenta, (Que saçonado almuerzo) Con vn assado petason del Cierço, Ahora de comer es muy deuoto De vna olla del Abrego, y del Noto: Y atento a vn aforisimo de Auicena, Vn gigote del Zefiro se cena. Este le nutre a palmos; linda vida, Tener siempre guisada la comida. Tiente otra gracia el dicho animalillo, Que se viste de azul y nacarado, De verde, rosa seca y amarillo, Y del color que se le pone al lado. Lesbia si tu comieras tan barato, Yo te acudiera liberal al plato, Y si fueras iman de los colores, Gustara que vistieras los mejores: Mas que lo cargues todo a mi costilla, que por ser tu Adan no tenga euilla; Perdona, que no quiero Ir contra el parecer de mi dinero. El terremoto descriuio Danteo en este romance Ronco gemido estremece El centro, y aunque distantes, Confusamente baraja Los montes y las ciudades. Por las plantas nueuo horror, Las cumbres turba inconstantes Y en inquietas ruinas Todo prostra, y nada yaze. Que de arrogancias vacilan, Quanto rezela cobarde Edificio que a los vientos

Apostaua incontrastable. No por vezino del cielo Goza el risco inmunidades, Ni por su puntal valiente Perdona el temblor a Atlante. El pino, el robre flexibles Humillan las frentes graues, Como al imperio del viento De flor tierna el cuello facil. Los que sospechò la fiera Alborotos familiares, Huye veloz, y parece Que los busca en todas partes. Nido es el viento a la turba Atonita de las aues: Porque no ay peña, ni ramo, Donde el riesgo no las halle. Para romper de la tierra La prision forceja el aire, Que lo que al hombre sepulta No sufre el viento por carcel Como el que brama animando De Perilo el bronce infame, Ansi mayor su soberuia Se estrecha en tumba tan grande. A solo vn soplo se mueuen Las firmezas mas constantes: Si eres muger, quien se admira Taida de verte mudable? No me lleuaran por ahi, dixo Perecindo, que tengo yo el ingenio pintiparado para terremotos; y si no, escuchen mi horrisono romance. Con tantos años a cuestas, Y tantos siglos a montes, Impudica aun se menea La gran madre de los Dioses. Si de algún dolor de tripas Tiene estos retortijones, O si tirita al principio De alguna terciana doble. Lastima tengo de verla Que como no ay quien la arrope, Como otros diente, con diente, Dando esta torre con torre. Ya son las piedras harina., Poluos de escriuir los bronzes: Los edificios se estrellan, Tortilla se hazen los hombres. Quien viue, baila a pie quedo Con mouimientos disformes,

Que juraràs que lo hazen Cosquillas en los talones. Meciendose estan los rios, Y bazucando los robles, Bamboleanse los valles, Y columpianse los roncos. Sigue el rumor de las fieras, Las fugas y caracoles, Y como perro con maça El riesgo tras ellas corre. Calla el lobo como en Missa, Aunque las ouejas tope, Y no dizen chus ni mus A las garças los halcones. En el sotano del mundo Desperezandose torpe Algun Galafre de Flegra Serà possible que ronque. Mas de parto (quien lo duda?) Seran aquestos dolores: Desta hecha se proueen Los corpus de gigantones. Despide animosamente Todo el aire que recogen Los fuelles de los carrillos, No me pregunten por donde. Buen animo, Berecintia, Que ya la fuente se rompe, Y poco a poco se van Abriendo los coliflores. Deste empujon se concluye Valgate el Señor San Iorge, Dete buen alumbramiento De Iupiter la consorte. Mas no sabe la comadre Por qual de tantos chichones Parira la dolorida Todos son minas de azogue. Pero ya nacio vn jayan, Que harà la mamona al orbe, Cocos al cielo, y visages Al lobrego Flegetonte. Ansi dieron fin las poesias, y desemboluiendo Perecindo vn cartapacio, mesurandose mucho, sacò vnas cedulas que se las auian dado necessitados, y comencò a leer en esta forma. 1. Quexanse estos campos, y estos zagales de que aquellos Angeles con sayuelos quieran nombrarse pastoras, supuesto que no hazen caso de sus ganados, ni de sus perdidos: suplicaseles que vistan lo que son, o sean lo que visten.

2. Los poetas son celebrados del pueblo, pregonados de la fama (que esto tienen mas de perdidos) honrados de los Principes, y taz a taz preferidos de las damas: que les falta pues a los poetas que siempre se quexan? sospecho, que dinero, como quien no dize nada. 3.Oyò dezir vna destas madamas, que las Musas eran nueue, y pregunta si hay mas musas que poetas. 4. Vn poeta conualeciente de ciertos causones cultos està con notable hastio de la lengua Castellana, pide licencia para morder de vn empero de rato en rato, dado que es agrio, y de hazer vnas gargaras en Latin, y promete no tocar al Griego, ni por sueño. 5. Dizen las damas que esperan que con los traslados de mi vexamen se ha de poder enfriar la beuida. No importa, que yo gusto de que el donaire sea frio, por que si es caluroso, serà don Buchorno. 6. Pregunta esta cedula, que labran estas labradoras? A mi me parecen tan jarifas, que solo puden labrar vna rica manga. En acabando las cedulas tosio, que son maduratiuos a la voz dio vn passagonçalo al hozico, y començò el vexamen, para cuya inteligencia se diran los defetos de los bexados, sobre que cayeron las burlas, entendiendo que van encarecidos.

VEXAMEN
Estrañò vn curioso que huuiesse hospitales de tan diferentes gremios y naciones, y que faltassen de poetas, auiendo tantos malos: mas embaine la admiracion que ya la diligencia politica viendo derramado el mal por el mundo, le ha reducido a mansion señalada, que a imitacion del hospital general llamòle Hospital perenal con hermandad a los Orates de Valladolid, y al nuncio de Toledo. Acuerdo fue digno de hondo caletre, porque ha llegado la necessidad poetica a tal estado, que de hambre mas quede intencion si no se comen, se muerden vnos a otros. No es trato la poesia que ha dado hasta oy principio a algun mayorazgo, porque los romances y sonetos, aunque sean del señor Danteo, vn año con otro no valen nada: solo para esta nueua fundacion faltara Medico, ya porque juzgauan la cura destos enfermos impossible, ya porque auia pocas esperanças del estipendio: y yo mouido a justa indignacion, que dicen irrita los metricos numeros, prorrumpi en esta exclamacion. Padre Apolo, que aunque padre Te precias de boquirrubio De copete vicemono, De guedejas, y de tufos. Ya con orbita ligera Rubriques de luz el mundo, Y des en tus signos fe De los fatales influxos: Ya con soror Melpomene, Y las demas a los puntos De tu citara suaue inquieto mueuas los muslos: Ya por toldada arboleda Persigas desden segundo, Y huya la ninfa de ti Como si fuera por Iulio: Dexalo todo, socorre Los que llamas hijos tuyos Los que te adoran deidad, Y ofrecen sagrados humos. Tu que al barbon de tu hijo Sin farmacos y sirupos Empirico le enseñaste Los simples y, los astutos. Los secretos que en las yeruas La naturaleza puso, De las aguas las virtudes, Y de las flores los çumos Dignate de quien te adora, Baxa a curar tus alumnos, Que tu mano celestial Merecen, sagrados pulsos. No nos fies, sabio padre,

A mortales sustitutos, De los que atiento recetan, De los que curan a bulto. Tus pozimas nos refresquen, A cuya virtud, a cuyo Poder dan los años, Y se remozan los lustres. Ya parece que te veo Con tu mula y tu apatusco, Y a tu sombra mal fardado, Trotando vn gallego çurdo. Ya en la izquierda los mugrientos Guantes y preso vn carbunclo En oro, ademas brillante Y terso, hablando a lo culto. O Ya que quitas la prision Nacarada a los coturnos, Y diez mentidos juanetes Sepultas en vn pantuflo: Mas o piedad! no es aqueste? De su semblante lo arguyo, En los rayos que suaues Flechan los ojos, me ofusco. Cafila doliente, albricias, Ya al hermoso Dios le plugo, Desdeñando de la aurora Los claueles y ligustros; Descender de carro de oro, Y a falta del potro ruzio, Sobre vna fisica dueña En nuestro vmbral le columbro. La imaginacion fue caso, en el mismo disfraz se me ofrecio el Dios guiado de los indicios de su deidad, le adore; y el con mudo agradecimiento me mando que le lleuasse a la enfermeria; y en esta forma dispuso su visita. Aduiertase, que Lauro era algo flaco.

CAMA PRIMERA.
No vio Apolo bulto en medio, sino el que podía causar vna mano de carnero, a no ser la cabeça en el almohada, la passara en blanco. Pidio por el cuerpo de aquella cabeça Apolo, y yo: muy bien esta dicho cuerpo, si se entiende no solo de difunto, sino algo mas alla. Esqueleto tan roido le tiene su enfermedad, que aunque se muera en Viernes santo, o, està la tierra segura de no quebrar con el ayuno. Dexanle andar por acà los difuntos sobre su palabra, para que como mandadero traiga y lleue recados deste al otro mundo. Mas lo que ay que admirar, es, que ha pocos días que andaua este enfermo por el mundo batallando valientemente: mas que mucho, si en faltandole lança, daua los botes consigo mismo. Mandole pues que sacasse lo que llamaua braço (la verdad estuuiesse en su lugar.) Luego que le tentò, creyò que era alguna fistula de geringa. Finalmente buscando mas agugeros que pulsos: y lastimado Apolo de su alma, que la consideraua aprensada entre dos çarços, de declaròle por hetico y tisico; y era assi, porque se auia desainado de

consonantes, y padecia fluxo de sonetos, y colica de romances a cuyos achaques socorrio con esta receta. Para que por buen camino Egorde este cecinado, Esqueleto amortajado En pieles de pergamino: Recipe vna gauioneta Tan cortès y comedida, Que le quiera, y no le pida; Y abstengase de Poeta. Aduiertase que Liseno era pequeño de cuerpo, algo enamoradizo.

CAMA SEGVNDA.
Vicio es destas camas de hospital, dixo Apolo, mirandola, criar pulgas: espantad aquella que està en el almohada y veamos al enfermo. Pecador de mi, dixe yo, que esse es el enfermo. Si es de su tamano la enfermedad, replico Apolo, poco nos dara en que entender el doliente. De que adolecio me dezid. Señor, le respondi, este es vn atomo de la naturaleza; desde que su madre le pario no ha crecido mas que pelo de lunar. Amores le tienen en el hospital; que como cabe en todas partes, tiene mucho que enamorar. Aunque visitando a una muger casada, y trayendole su marido sobre ojo, supuesto que no le pasara mucho, entro a deshora y cogiole dentro: mas la dama aduertida, se quitò vn dedal, y escondiole debaxo del donde estuuo toda la noche passeandose con mucha comodidad. Enfermò del susto que le dio caer en vn vidro de aloxa, donde se ahogara indubitablemente, si no le sacaran con vna cuchara; y aun lo aplico a milagro: y ofreciendo la tabla votiua, la subscriuio en esta forma. Libròme de onda tan fiera La Virgen del Buen sucesso, A quien di (que tanto peso) Vn escrupulo de cera. Haziendose estaua cruzes Apolo de ver vn hombre tan en guarismo, y con gran mesura le dixo estas poeticas pesadumbres. Consuelate, que la muerte No podra hallar donde herirte; Que aun en ti todo no ay para Dos bocados de vna chinche. Que fin podra dar de ti, Aunque su guadaña afile; Pues eres tan antes nada, Como tan despues nilnihil. Apartome para hablarte, Que es fuerça que o no respire; O que como oro batido Al aire te desperdicies. Que los que alcançan a verte, Quieren, llamandote lindre, Que por ser menos que lindre, Vna letra se te sise. Y aun digo yo, que mirarte,

Solo se permite a vn lince, O a quien en los ojos traiga Vna legion de alguaziles. Lo que en otros es comer, En ti es pelear, pues dizen, Que cuerpo a cuerpo valiente Se te defiende vn confite. Con Bonami cierta tarde Oyo dezir que reñiste,[ fol. Y te embiò para mortaja Vno de sus escarpines. El aire del auanillo Quando a las damas visites, Temeras, que no aura cosa Que mas dellas te desvíe. Y yo tambien tus enojos Temo, y a tus pies humilde Deseo que afablemente Conmigo te reconcilies. Que en ningun lugar ni tiempo Pienso que de ti estoy libre, Sino es que pliegue por pliegue Camisa, y calçon registre. Apartòse Apolo y fue a otra cama sacudiendo la capa, por si acaso se le auia asido a ella el enfermo. Aduiertase que Leriano era corto de vista, y algo caluo, preciado de pies pequeños, amigo de dezir donaires.

CAMA TERCERA.
Al enfermo que la ocupaua se le adelantauan algunos crepusculos de calua: y como carecia del preterito de la vista, al buen olor de los guantes de Apolo, creyendo que era el Viatico, salto diera de la cama, que parecia vn gauilane, diziendo que no merecia el poco peligro de su enfermedad tan honrada visita. Desengañaronle, y brujuleando los bultos se sossegò: y, yo respondiendo a la tacita, dixe: Señor, el doliente que veis sin que el nos vea, es muy presumido de pies, y pretende enamorar a cozes. Y ignorando el pecador, que la cabeça es primogenita de la gala, antipauo en los pies, forma la rueda. No faltò, empero, quien se los glossasse. Pues atento a que la cabeça no le sirue de cosa desta vida, y que el cabello se le va ausentando a toda diligencia; y los ojos son como si no fueran, teniendo lo interior contra si la sospecha, pues de vn Poeta ninguno presumio sobrada poblacion sobre el celebro. Diola por no cabeça, y los pies por tan pequeños, que se acomodo a la reglita juridica: Parum pro nihilo; y con estos supuestos dixo assi: Formòme, medio mogate, Casi sin, pies ni cabeça, Y hizo en mi naturaleza Vn discreto disparate. Està enfermo de la vista, que tiene treinta y nueue para ciego; y aunque apuntale los ojos con cristal, teme que se le han de caer, y quedar tan sin prouecho como aguja desojada. Pide remedio, y para ello &c.

Apolo le dio esta receta. Para que tu enfermedad Se temple, y tus desconsuelos, Mezcla dos onzas de zelos, Y tres de curiosidad. Y en breue estaras tan bueno, Que los atomos veràs Iunto al Sol; y lo que es mas, Divisarás a Liseno. Assi como oì dezir zelos me acorde del famoso Danteo, que es zeloso por estremo, y ocupaua la CAMA QUARTA. Viole Apolo casi frenetico delirando con esta fiebre: y todo el mal, como el dezia apoderado de la cabeça. Suele dezir, que sus zelos no son bastardos, sino hijos legitimos de su amor; y con este frenesi dio en vna peregrina sofisteria. Es a saber, que, el se llama juntamente con el Danteo Luxan. Dixo pues a su dama, que supuesto que de nombres a hombres ay tan poca distancia, que no auia de consentir que quisiesse tan cerca de los hombres. Calificò, en efeto este disparate con esta dezima. Zelos, señora, me dan Mis nombres, assi os gozeis Que digais a quien quereis, A Danteo, o a Luxan: Escoged al mas galan, Y tenedle mucho amor, Tratando con gran, rigor El otro, tendre (mi bien) El merito del desden Con el premio del fauor. Persona es que ha reparado en que su dama no tenga en su cama cobertor en ningun tiempo, que es masculino sino colcha, que es femenino: v por la misma razon no azericos, sino almohadas; y en los colchones no algodon, sino lana, rogandola que no besa vino, sino agua; y no en vaso, sino en taza; y otras menudencias a este tono: de suerte que la pobre señora por obedecerle, no come carnero, sino perdiz, ni viste gorgoran sino tela, ni lienço sino olanda, que no es poca lastima. Su enfermedades de vn sobresalto que le dio vn sueño, en que se le representò que su señora tenia los ojos azules. Despertò despauorido, sin pulsos, sin aliento, diziendo, que lo auia hecho adrede, por darle zelos en lo que el mas miraua. Aborrece tanto este color, que dizen que el dio el arbitrio para que no se gastasse azul, y para que lo vistiesse el verdugo: y oy afirma que ha de desteñir al cielo, o poco ha de poder. A aquel sueño le sobieuino este delirio, y enferma in vtroque. Apolo dixo, fuera de sofisteria, Enfermedad son los zelos, y para ella no hallo remedio eficaz sino este. Tendras, aunque sin sentido, La saltad que no deseas, Con que cuatro meses seas Praticante de vn marido. Que es necedad sin escusa, Y capricho singular, Venir vn hombre a enfermar De cosa que no se vsa.

CAMA QVINTA.
Aduiertase que Lucindo era muy atento a su gala, melindroso, y amante de si mismo. Admirò a Apolo el cuidado deste enfermo, pues aun en la cama traía peto; y estaua tan rizado, que parece que fue concebido en guedeja original. Pregunto de su dolencia, y yo respondi, que a lo que el afirmaua, era de ojo, porque dize que mirandose vn dia al espejo, se le oluidò de dezir, Dios me bendiga. Es hombre (sabe Dios con quanto escrupulo lo digo) que para parecerlo, deue mas a la borra que a la naturaleza: de manera que ay quien le llama pelota semouiente, como el paralitico; sino el grauato, trae consigo los colchones de su cama. Pocas vezes sale de casa: porque en verano dize que le sepulta el poluo, en inuierno que le tabica el barro, y en otoño y primauera que le hacen mal quantos le miran. Festejole vna dama con musicas, con, dadiuas, con diligencias: mas resistiose tan honesto, que no pudo auerle. Finalmente (tanto pueden las ocasiones contra el recato) pareciole bien vna señora, fue a visitarla vn dia, y hallòla comiendo. Boluio desconsoladissimo a su casa, y embiòla esta quintilla. Por Angel, no desde ayer, Mas desde dos mil ayeres Te adorè, ya echo de ver, Pues comes, que eres muger, Y vo no adoro a mueres. Pidiole otra señora que la fuesse a ver vna noche; y el muy congoxado respondio: Pues si me encuentra alguna muger determinada, y haze de mi lo que quisiere, que remedio tengo yo de tener? Y que dira de mi el mundo? Apolo dixo: Sin duda este lindo està fascinado (que aun no huyò del termino físico) haganle vnas fregaciones de piernas: Si por cierto, dixo el doliente: bonito soy yo para mostrar las piernas. Ay, Dios me perdone, que dixe vna desverguença; y, esto con tan meliflua voz, que cansado Apolo, le dixo: Muy moço estais, auiendo tanto tiempo que passò la quema de Sodoma, Dios os barbe con bien; y entre tanto elegid sexo por vida vuestra, para que sepamos en que enfermeria aueis de estar para vuestro mal: ya pienso que quedais santiguado, passe por Evangelio deziros que sois necissimo, y por receta esta epigrama. Los que os miraren, Lucindo, Tan guedejudito, y tan laniplenado, diran: O que lindo. Mis crenchas doradas rindo A vuestros rizos lograda Tal vez, que si la traslada De arroyuelo cristalino Mansa lisonja, Que hareis otra narcisada.

CAMA SEXTA.
Aduiertase, que Gerardo era alto de [folio cuerpo, jugador, y que escriuia sus versos con algun genero de libertad venerea. Faltauanle algunos dientes. Que desmesurado jayan es este (dixo Apolo) que parece maroma arrojada de la polea del cielo? que descomunal estatura? sospecho que podra en cuclillas espulgar a Golias; y que le pueden seruir de diges las torres de S. Saluador, y Santa Cruz. Por este se deuio de dezir antes que por Polifemo, que arrellanado en este monte puede batir essas estrellas con el dedo. Restañè sus hiperboles, y disele a conocer. Ya, dixo Apolo, ya caigo en el. Valgame Dios, lo que

ha crecido: yo me acuerdo que quando era tan pequeño, que solo alcançaua a escupir en las azuteas de la plaça. Que grande estàs, Gerardico, en verdad que te puedes casar: mas dezidme su enfermedad, que realmente me pesa de qualquier mal que tenga este rapaz, Señor, respondi, padece gran cantidad de pintas, que le han gasado la virtud, y aun el vicio que pudiera tener con la hazienda que le han consumido por bracos, piernas, y rostro, le aflige gran numero dellas de treses y cincos, y vna que se le subio a las narizes, que pintaua en la suya; rascase por ellas en las faltriqueras, y todo es dar mas fuerça al mal: Iuan Volay le desvía de otros amores, y ansi no se le conoce dama, sino la primera que se topa: en vez de villetes mantiene su corespondencia con cartetas. Si regala con dulces, son de azares: y si haze visitas, de encuentros solo no juega los dientes, aunque los pierde, supuesto que la falta que tiene dellos, se atribuye a vn duelo que tuuo con el Gigante neguijon. Deste sarpullido de pintas parece que como contagion se le pegò a los versos que escriue, tan ardientes son, que es menester tener auanillo para leer qualquier poesia suya: trae a las musas como su madre las pario. Ansi, ya tengo noticia desto, dixo Apolo que aun allà llamamos a las coplas deste purpureo poeta los Adanes del Parnaso; de suerte, que le hemos mandado que los ponga lampazos: en esto le querria enmendado, y en lo que me dezis de tahur, que he oydo que me juega antes de nacer. Bien se yo que le dieran la vida vnas vento sas mas serà pecar contra la prematica de seda sobre seda; para que se enmiende leedle estas redondillas algunos dias en la semana. O maña, o prudencia ten, Que por consequencias claras Aueriguo que si paras No puedes parar en bien. Podras de tu colorada Vena, porque te consueles, Hazer mas finos papeles, Que en, Guadix, y que en Granada

CAMA SÉPTIMA
ADV. Que Olimpo escriuia en donaire, y no le parecia a Perecindo que tenian mucho calor las coplas. Antes de llegar Apolo le salio a recebir el mal del enfermo pues estaua tiritando de manera, que oyera seis leguas al rededor: viendole dar diente con diente, entendio que era el frio que vltimo despedia al calor natural: mandole que se pusíesse bíen con Dios, que ya sabia que no estaua en gracia, añadiendo, Lastimame este miserable, que no parece que hablò jamas con el prouision Real, porque ni tiene saltad, ni gracia, ni sepades. Como el camaleon que nos recitò he pensado que se sustenta de aire, y que sus donaires fueran mas propiamente llamados don frios: solo tiene vna cosa en su fauor, que se parece mucho a aquella fuente que celebrò mi amigo Garcilasso, y en el verano mas que nieue elada, de suerte que ay persona mas curiosa, que en vn soneto suyo pone a enfriar la beuida: de ninguna suerte le sangre, que es todo su mal resfriado, y será atajo para la muerte, yo pienso que este accidente no declinara porque aun en el pulso se le conoce que es mas indeclinable que gelu, mas aunque no me atreuo a quitarle el frio, he hallado empero modo para que dure, y diziendo y haziendo escriuio ansi. Porque a lastima me mueue Este que en la Scitia viste, Que en carambanos escriue, Y con plumas de agua nieue. Le escusarè la mortaja,

Y durarà algunos dias Entregandole a Charquias Que le conserve entre paja. Cansado Apolo no quiso proseguir las visitas: sentose en vna silla, y despues de auerme passeado con la vista desde la frente a los pies, tan atento que crei que me corriera; y el (dize) que enfermedad tiene? El tratamiento de el me sacò de tino, mas baxè mis orejas y respondi: Yo señor no por enfermo, sino por pobre estoy en el hospital, a ser indice de las dolencias de mis hermanos, y hazerles a todos la cama. Digolo (replicò) porque he visto que se ha estremecido no se quantas vezes, y sin duda algun frio se le ha encastillado en essos huessos, es ansi (dixe) algunas crudezas tengo: mas V. m. me dexe con mi frio, que con el me harà Dios bien, y si sabe algun recipe para curar de pobreza, vengale manifestando, que essa es mi enfermedad. Desahuciòme el Dios por que dixo que era enfermedad incurable, demas que yo tenia cedula de pobre, y subitamente dexando el físico adorno, en sus mismos esplendores, en sus propias galas se permitio a la vista, y conuirtiendose la silla en dorado trono, como si fuera a la trompa del vltimo tribunal, se leuantaron buenos y sanos los señores poetas, a quien en su mismo furor calente dixo desta forma. A quien para tanta empresa Inuocarè? que Deidades Seran en fauor de Apolo A los que le inuocan facil? Mas que dudo si me assiste Hermoso coro admirable De Ninfas, que de mi monte Adora el numero graue. Ilustre honor de su siglo, En quien compiten iguales Perfecciones compatibles, Que merecio juntas nadie. Quien vio sabia la hermosura. Quien los meritos afables, Quien la honestidad sin ceño, Y quien la gala sin arte. Sus diuinas excepciones, Que adoran nuestras edades, Donde el recato es cortès, Y el desden no es arrogante. Dadme de genios tan nobles Fieles intentiones, dadme Materia de honor copiosa En vuestro ingenio elegante. Musas me inspirais, ya prueuo Abismos intolerables A mis braços, a mis brios, Conducid blandas mi naue. Mas que Faeton atreuido, Dadme que varones cante, Que si sus nombres merecen Haràn eternos los jaspes.

Colon de Liseno el plectro Playas descubre orientales, Quien sin rendirse le atiende, Quien le oye sin mejorarse. En laminas que me deuan Color, y al viento el esmalte, Glorioso de Lauro el nombre Viue en eterno carácter. El espíritu valiente, De Lucindo fenix nace. O si los cielos midiessen Merecimientos a edades. En matrimonio feliz Los coturnos, y las sales Vnio Gerardo, reflexo Del sol de Cordoua grande. O quanto atiende a Danteo, El ameno Mançanares, Porque espera en sus fauores Glorioso triunfo del Ganges. Oraculo es Leriano, El dudoso, el ignorante, Consultele, y tan felizes Noticias le desengañen. Reuerente aclamacion, O no repita tirante al nueuo Fileno aplauso De cuidados celestiales, Que Caton de ceño oscuro. Vistio seuero el semblante, Que no se templò de Olimpo Quando escuchò los donaires? Todos sois excessos mios, Solo a mi afecto imitables, Todos dignos de los braços, Que no mereci de Dafne. Dixo el Dios, y en nube de oro Viste de nacar el aire, Y sulcando las esferas Rompe del mar los cristales. Dio fin el certamen muy aplaudido de las pastoras; mas los garçones, aunque en gracia no quisieran oir encarecer defetos suyos delante de quien pretendian agradar. Con todo ayudaron alegres a la celebridad, Cintia que ya estaua preuenida, en vna vendeja Indiana presentò ocho coronas a los combatientes tan curiosas, que quando no lo deuieran cuidado, merecian estimacion: quiso añadirsela, con que de mano de las pastoras se trasladassen a las frentes de los zagales, y por misteriosa traça suya, aunque en publico dixo, que por el decoro que se deuia a su estado, quiso que trocassen la caricia de manera, que ninguna coronasse a quien la cortejaua, por que ansi pareciesse mas premio que fauor, de suerte que coronò EIisa a Lucindo, y Anarda a Lauro, Clarinda a Gerardo, y Rosela a Leriano, Siluia a Olimpo, y Amaranta a Liseno, Filis a Fileno la misma Celia a Danteo:

con esto quedaron todos embidiosos, y Danteo confirmadamente zeloso atribuyendo a Filis la inuencion del trueco de las guirnaldas, y la traza de acallarle con el nueuo fauor de Celia. Desta suerte contentos y quexosos se despidieron todos, y acompañando Laurencio a Fileno le fue disponiendo para reducirle a la relacion de los sucessos de Celia que culpando sus ojos por auerla puesto en cuidados estrangeros de su entendimiento, y enemigos de su libertad, se recogio con Filis. El afecto ya poderoso le ponia en la boca el nombre de Fileno y ella, oponiendose tarde a su defensa, alguna vez pecaron los labios en el medio nombre pronunciando libres Fil. mas por dissimular aun cometido el medio delito proseguia diciendo: Filis mia, que te parecio del entretenimiento desta tarde, escusando solicita los indicios de su reciente llaga, que se aumentaua resistida? Tal se hallò en fin, que si se pudiera confessar amor sin passar por el registro de agena noticia, no negara su rendimiento, bien conocia Filis que estaua fuera de su ordinaria quietud, mas no sospechaua la causa de su desassossiego. En tanto Fileno que secretamente blasonaua de su herida, con engañosos rodeos cercana la fidelidad de Laurencio, hasta que se le ofrecio la fortuna sin fatigar el inenio. Entre algunas joyas que acompañauan a Fileno, que de muchas de gran precio fiaua su rescate, quando la suerte se quisiesse alçar con lo que tenia como en este caso, era vn relox tan curioso, que se abreuiaua al circulo de vna sortija, señalaua las horas en el dedo con vn blando estimulo. Cercauale de diamantes de mucho precio: y ansi por lo extraordinario, como por lo costoso era joya digna de mano Real. Laurencio que no era pobre, en los adornos y galas de su cuarto tenia otro relox de bronce, que libraua su valor en el artificio porque con el mayor que hasta entonces auia visto, el indice de las horas era vna luz que las iba alumbrando y señalando, a cuyo primor atento Fileno en los dias de su conualecencia auia escrito este soneto. Esta tremula lumbre, que del viento Viue sobresaltada y mal seuura, Atalaya del tiempo, que apresura De las horas el facil mouimiento: Este, o Lelio, alumbrado aduertimiento: Que generoso luce lo que dura, Que ignorante de noche de hora oscura La vida ha vinculado al lucimiento: Indice claro, auiso es eloquente, Si de otro que la vista necessitas, Y del estudio noble de tu idea, Para que pues del ayre estas pendiente, No a tan breue periodo permitas, Accion que de la luz indigna sea. Entonces pues estauan hablando a su luz, y alauandole de nueuo Fileno, Laurencio con mucho encarecimiento le rogò que se siruiesse del. Aceptòlo sin porfia Fileno, y nombrandole suyo, le dixo: Vos me aueis dado vna cosa que yo he deseado mucho, y si de vuestros ofrecimientos no he vsado con la llaneza que oy, fue por considerar que os quedauades sin relox, que para estas soledades es alhaja muy necessaria, y ansi os ruego que tengais este, que es lo menos curioso, no queriendo que sea recompensa, sino que el fauor que vos me hazeis quede en su fuerça, y este sea memoria de lo mucho que os estimo. Bien conocio Laurencio, que en el precio de la sortija con grande excesso, mayor, mas obligado al despejo con que auia recebido su dadiua Fileno, no pudo escusarse, aunque quisiera, a este ofrecimiento. Con esto se despidio sagaz aquella noche, sin preguntarle cosa que tocasse a su intento, hasta que a la mañana creyendo que agradecido

Laurencio le iria a vissitar, se detuuo en su aposente hasta que sucediò como lo imagino: y tratando de varias materias, con ocasion de vnos retratos que adornauan la quadra, preguntò cuyos eran Fileno, porque no estauan subscriptos, y Laurencio. Este (dixo señalando vn bizarro varon) es padre de mi señora Cintia, cauallero que por su valor y sangre tuuo grandes puestos. Cosa estraña es, replico Fileno, que contento con el encanto desta selua no aya tenido curiosidad de saber quien es Cintia, y que sucesso la retirò a este ameno sitio? yo os prometo, respondio Laurencio, que es bien digno de saberse si fuera licito de contarse: mas a personas de vuestra calidad, (que ya al resplandor de vuestras acciones se conoce que no sois vulgarmente nacido) seguro pudiera fiar lo graue deste secreto, si de materia que no os importa no presumiera antes vuestro fastidio que vuestro entretenimiento. Antes, dixo Fileno, pues no ay ocupacion que os estorue, estimarè mucho que me hagais capaz desta nouedad que aun a mi que la experimento, me parece galana ficcion de ingenioso poeta, escuchad pues la historia, aun que mas acomodados estaremos en el jardin, baxando los dos a el, en vn sitio fresco y poco registrado començo Laurencio en esta forma. Deuereisme la noticia deste sucesso, mas no aueis de obligar a que os diga los nombres de los que en el se han de introducir, que aunque contandoos lo principal, parece impertinencia negaros lo accesorio con todo es necessario para cierto intento, y ansi solamente los nombres seran supuestos. En lo demas no me apartarè de la verdad vn punto, y con esta preuencion escuchadme. Perdio Cintia quando la amanecio el discurso a sus padres, de quien, y de vn tropel de muertes de parientes heredo gruessa hacienda: no la daua la edad suficiencia para gouernarla, aunque el discurso se la adelantò tanto, que desde que supo hablar, pudiera regirse sin desorden: entrò en poder de vna tia de parte de madre, que auiendo habitado en su juuentud el palacio de los Reyes, por estrañeza de su condicion no admitio iguales casamientos que le propusieron, hasta que de mercedes Reales, y de propio patrimonio rica quiso retirarse a su casa, y quando en ella recibio a Cintia, estando dispuesta su tierna edad a toda impression trasladò en ella la tia aquel singular retiro de pensamientos vulgares, aquel estilo soberano, que no se permite abajar de la mas decente imaginacion. Fue en Cintia esta doctrina caracter constante, y conformandose con su inclinacion, excedio aun a su maestra. Llegó Cintia en su escuela a los quinze años, numero feliz, que acompañado de la hermosura que aueis visto, y de la copiosa hazienda que os refiero, no dexò noble deseo que no arastrasse: mas Cintia cuidaua tan poco de todos, que con vn mismo desden los castigaua: entre otras tenia Cintia vna criada, que llamaremos Finea, que por assistirla al aliño del cauello, comunicaua con ella mas de ordinario: era forçoso que viuiera en casa tan recogida con gran decoro; mas a lo que despues se conocio no le nacia muy de condicion. Sucedio pues, que auiendo de mudar cochero, por grandes fauores que interpuso, recebi como mayordomo vn moço muy galan, y lo que el oficio le permitia bien vestido, por estremo cortes, y de buena conuersación, cantaua marauillosamente, en razon de bailar no vi jamas tan compassada agilidad, de suerte que yo le queria bien por las muchas partes que conocia en el, y toda la casa trataua muy bien a Luis, que ansi dixo llamarse este galan cochero. Finea con mavor afecto se contentò de tantas gracias, es verdad que no se diuisaua el accion vulgar, sino respetos tan ahidalgados, que muchas veces crei que alguna noble desdicha le auia dado los indicios sin poder darle el caudal, Luis sin diferencia cortejaua y regalaua ligeramente, mas con mucho arte a las mugeres de casa sin señalarse con ninguna, porque esto durara en casa que tardara en sospecharse. Finea que con los ojos se explicaua sobradamente perdia el juizio de no ser entendida, y mas sabiendo que no era necio: mas publicas demostraciones destruyeran su intento, y su opinion, aunque lo primero temia mas. En este estado estaua la casa, quando Lisardo vn cauallero moço de lo mas principal y quantioso de Guadalajara, ciudad donde assistia

entonces Cintia. Era entre los muchos pretendientes el que merecia mas, ansi por ser su nobleza conocida, como por tener talle, rostro, y partes dignas de todo buen empleo: y lo que mas le calificaua en mi opinion, fue, que no libraua en demostraciones publicas su amor, antes raras vezes, y ninguna sin ocasion passeaua nuestros vmbrales: si miraua, aunque le brotasse el afecto por los ojos, mesuraua tanto el impetu, que si no le dissimulaua se notaua menos. Ya sabia la Iglesia donde acudia Cintia, aunque muchas vezes oia Missa en su Oratorio, en ella estaua antes que Cintia entrasse muy al descuido, y salia primero con la misma atencion a su secreto, que si no amara. Vn dia entre otros beuiendo descuidos de Cintia blandamente traidores sus ojos; vna Gitana que acaso estaua en la Iglesia, aduirtio sutil la dissimulacion amorosa de Lisardo, y guiandose por sus mismos ojos, como por tan cierta punteria, dio en el blanco a que assestaban tan aduertidos descuidos: breuemente o se informaria, o sabiendo quien era Cintia, y quando Lisardo saliò de la Iglesia, siguiole, y a pocas calles con el prologo de sus embelecos le pidio limosna; mandò Lisardo que se la diesse vn criado, y ella como en agradecimiento. Ven aca, dixo, cauallero hijo de buenos, que por mi fe que te tengo de dezir vn secreto: finalmente tomòle la mano llegando a su casa, pidio que los dos quedassen solos, y el fiando de si que no le engañaria, riendose de sus inuenciones, mando que los criados despejassen, y ella despues de aquello de larga vida, y de mil mentiras, en el monte de Venus, dixo que tenia vna señal felicissima en sus amores, y que si la daua un doblon, le diria el nombre de la dama a quien mas queria El que imaginaua que solos sus pensamientos pudieran dezirle secreto que tan a costa de su vida no se auia desmandado de los archiuos de su alma, la dio el doblon, prometiendola visa gran dadiua si acertasse. Ni el doblon, dixo ella recebire, porque no pienses que te quiero engañar por codicia vil de dineros, que sabete que soy muy poco gitana en esta materia. Tu estas adorando a vna señora muy graue que se llama N. y dixoleel propio nombre de Cintia: quedò atonito Lisardo, oyendo tan ciertas señas de amor tan oculto, que apenas le auia fiado de los labios, y, negando a los principios por conseruar su secreto, ella que en la turbacion conocio su acierto necio eres le replicò en amar sin diligencia: que premio espera tu voluntad, si aun la ignora quien sola puede premiarla? No digo yo que te declares de manera que pierdas el dulce engaño con que te entretiene amor, mas que con alguna traça discreta tientes el vado desta dificultad. Ya sabes que las gitanas tenemos para lances amorosos razonable ingenio: no te quiero persuadir (que no me pareces ignorante) que con hechizos podre hazerte dueño de su memoria: intente el odio tales remedios, que amor no sabe atossigar a quien desea, la industria es la que vence con mas seguridad estas dificultades: y si me crees, hallaras en la mia gran disposicion a tus deseos. Amaua vehementemente Lisardo, no auia hallado medra en el silencio, y cada dia el amor daua vna buelta al deseo, estaua ya la paciencia en los vltimos terminos. Ofreciasele a su parecer ocasion que buscada era digna de estimarse y no quiso despedir a la fortuna, que dizen que vna vez despreciada se enoja y no buelue. Y despues de breue pausa, quando esso fuera ansi (le dixo) que remedio darias, que emparejasse con tantas dificultades en mi entendimento graduadas de impossibles? Libre soy respondio Esperança, (que assi dixo llamarse la gitana) y si te determinas, dame habito decente, y no temas de mi lengua, que yo procurarè entrar en casa de tu dama y seruirla: y vna vez dentro del tiempo y de las ocasiones nos aconsejaremos. Pareciole marauillosamente a Lisardo el principio, y sin dar cuenta a ningun criado, dio a Esperança los dineros que le parecio que bastauan: y asiendo comprado vestido, otro dia hablò a vn Padre de la Compañia, que era confessor de la tia de Cintia, y fingiendo vna larga historia, quanto infeliz, acreditandola con algunas lagrimas, obligò al Padre a que la propusiese para criada, de suerte que para no cansarte, tuuo efeto que entrasse en casa, y para disimular los descuidos de la voz, y el color, dixo que era de Andaluzia, y llamose Elena, siruiendo con tanta puntualidad y fidelidad, con

tanto agrado y acierto que en pocos dias era el fauor de sus dueños. Lo primero que trazò, fue que con algunas joyas de valor y dineros de oro la buscasse en casa de sus señores vn forastero, y delante de algunas personas se las diesse con vn pliego de cartas. Esto corrio por cuidado de Lisardo, y las mejores joyas suyas con doscientos escudos de oro, metio en vn bolso muy curioso, y escriuio de letra disfraçada la carta como entre los dos auian traçado, y con persona de fiar, aunque no conocida en la ciudad, se las embiò a Elena, diziendo que venia de Malaga. Ella le recibio con mucho contento, y preguntò por sus padres, a que respondio muy a proposito, por que iba industriado el mensajero: dixole que boluiesse por la respuesta, y abriendo la carta hizo como que no acertaua bien a leerla, y diosela a Luis el cochero, que la leyò delante de algunas criadas, y de mi, que a todo esto me hallè presente: en suma la carta como de su madre dezia muchos sentimientos acomodandose a la historia que auia contado al Padre confessor, y que en tanto que dauan lugar sus desdichas, se regalasse, que para esse efeto le embiaua algunas de sus joyas y aquel poco dinero, que para su decoro le parecia muy bien estuuiesse en casa tan principal, mas que se estimasse en lo que era, y que estuuiesse en su compañia, no en su seruicio. Ella como que le pesaua de ser tan conocida, le quito la carta diziendo: Bien està señor Luis, estas son finezas de madre, y bañandosele los ojos en lagrimas, que las tenia muy bien mandadas se retirò a su aposento . Luego se divulgo en casa la carta, y huuo quien dixo, que Elena era señora de titulo. Supolo Cintia, rogole (que va no se atruia a mandarla) que la enseñasse las joyas y el pliego: ella lo hizo con muchos encarecimientos, y admirada del resplandor de las piedras, creyò que no eran aquellas prendas de humilde fortuna. Hizose tan res petada con esto, que aun la importunauan porque assistiesse en comun mesa con las señoras; mas ella muy modesta no admitia sino raras veces este fauor. Llego a tenerle tanto con Cintia, que casi se vino a introducir en sus mismos pensamientos, y tal vez con mucho tiento le tratò de tomar estado, mas hallò su condicion remotissima deste cuidado o que no se le causaua pequeño, por verla por defendida de su aspereza. Vn dia todas partes entre otros tratando de la nobleza de Guadalaxara, que es bien lata materia, a titulo de pregunta dixo a Cintia, que si tenia noticia de las partes de Lisardo. Cintia, que su imaginacion no auia llegado la pretension de Lisardo, con mucha llaneza la respondio, que le tenia en opinion de vn bizarro cauallero, muy noble y muy rico, y que la gala cortesia, demas de ser manifiestas no era alabança que la tocaua. A esto Elena, si yo no temiera, dixo, dos cosas, comunicara con mi señora vn pensamiento mio, que me trae con algun cuidado. Di los temores (dixo Cintia) y si no fueren legitimos, podras dezir lo que has pensado, y ella: Temo lo primero, señora mia, la estrañeza de tu condicion, que parece que hizo el cielo tu hermosura para que esteril se contentasse con la inutil censura del espejo, pereciendo en tu desvio los mas preciosos dones de la naturaleza, que sin vso vendran a malograrse, como si no se huuieran tenido: y ansi todo aquello que no se midiere con tu despego diras, que es liuiandad, negando al pensamiento su centro, que es el amor. Y lo segundo temo que Lisardo te mira con ojos tan discretamente mudos, que tu has entendido que te adora, o al estruendo de tu rigor has ensordecido: lo primero, dixo Cintia, no es culpa mia, inclinacion es que te ruego examines pocas vezes, mas no soy tan aspera, que no sepa que es amor afecto poderoso, ni tan ignorante, que le juzgue por liuiandad, aspirando a honestos fines: a lo segundo solamente a ti te respondiera. Yo estoy poco atenta a ojos agenos, lo que te asseguro, que jamas sospechè de Lisardo esse pensamiento, antes por esso le he querido menos mal que a los inquietos moços desta ciudad, cuyas demostraciones me fastidian sumamente: di agora lo que quisieres, y quando sea necesario para tu descanso, dispensarè algo en mi recato y condicion. Agora echo de ver, Cintia mia, lo que te deuo, dixo Elena, pues humana tus respetos a mis passiones. Ya sabras que por mi calidad merezco noble esposo, he pensado que si no te celebra a ti la assistencia y atencion de Lisardo, seria possible que

conociesse mis padres, porque he oido, que el suyo fue Andaluz, y que no se dedignasse de cortejarme con tan decente titulo: seria possible, dixo Cintia, y si tu estas inclinada (que lo merece sin duda Lisardo) yo harè de mi parte lo que no se oponga a mi decoro, Agradecida Elena con mil caricias le beso las manos y la rogo con otros tantos encarecimientos, que las vezes que encontrassen a Lisardo, templasse su desabrimiento, le mirasse cerca de afable, porque temia que por huir de disgustarla, desistiria Lisardo de los indicios que sospechaua de su voluntad. Ansi lo prometio Cintia, sin cuidado de la cautela en que Elena la iba enmarañando: y ella contentissima con tan buenos principios, auiso a Lisardo que estaua Cintia muy en su fauor, cosa que acrisolò su juizio, pues fue muestras de tener mucho no acabar de perderle con nueua tan poco esperada. Vn tanto Finea padecia en poder de sus deseos en la liuiandad de su condicion mas vehementes; no hallaua modo con que declararse, porque la sucedian mal quantos intentaua de su caricia, de su atencion, y de los fauores que a sombra de descuido le hazia. Bien conocia Luis su mal, mas no se queria dar por entendido, dissimulandose obligado, y todo con gallardo rodeo lo aplicaua a gala y cortesia. Enloqueciase Finea y llegaua a estremos de desesperación de ver que vn hombre ignorasse solamente lo que mas claro le dezian; imaginando finalmente que de industria desentendia su amor, dio en pensar que aspiraua a otro cuidado, y mas juntandose a estas sospechas auerle visto muy oficioso en seruicio de Elena, y que ella se agradaua de su diligencia. Con estos indicios para sustanciar sus zelos, vn dia que pudo verse sola con el le dixo: Dichoso eres Luis en amores, pues mas de vna ay en casa que sin atender a tu ministerio, te hiziera fauor. Mas de vna, dixo Luis, mucho me da que pensar V. m. mas yo soy tan poco presumido, que creerè que todo es entretenimiento, y querer ocassionarme a que parle a mi modo, y prouar de los requiebros que se vsan entre Talauera y Esquiuias: pues por Dios que tambien se me entiende algo de filateria, y que los cocheros no son bestias. Ni aun muy entendidos, dixo Finea, mas para lo que te quiere Elena harto deues de saber. Elena, replicò Luis, me quiere? no creas en sueños señora Finea, que fuera desorden increible despues de la aueriguacion de tan alta estirpe hazer empleo tan desigual, como en sueños, señor socarron, dixo Finea, si ella misma me pone a mi por tercera, y me dize que no lo ignoras, y que dexaria hablarse por las rexas baxas que salen al rio? En poco me està el engaño, respondio Luis, si es burla, ya pierde el donaire con darme yo por entendido si no, por Dios que tengo de prouar la mano con esta dama de auenturas, que aun que la cara no es muy allà, oro me alegra, y diamantes me sacan de tino. Señaleme V. m. el dia, y fie de mi que esperarè aunque seis infiernos me vengan a echar de la calle. Fuese, y Finea quedo confirmada en sus zelos y traçando engaños y venganças. Passaronse algunos das, que con mas continuacion, o persuasion de Elena, salia Celia de casa: tenia todos los auisos Lisardo, seguia el coche, ya , en otro, ya a cauallo, hallaua muy conforme a la relacion de Elena el rostro de Cintia, y viuia en vn dulcissimo engaño con suma felicidad, animandose a mayores demostraciones. Luis el cochero traia sobre ojo ya a Lisardo, y adiuinando la ocasion aborrecia su diligencia, y haziale todo mal passage desuiando el coche, despareciéndole, y tal vez quando se acercaua con el suyo Lisardo, estendia el açote, y lleuaua de bola el cochero, o espantaua a los cauallos: cosa que Lisardo lleuaua con notable impaciencia. Finea con la vltima resolucion de sus deseos, señalò noche a Luis para el efeto dicho, que le recibio a fauor y preuenido para ella essa misma, Elena escriuio a Lisardo, que por la misma parte, por ser secreta, le queria hablar. Llegò al puesto primero, hallò que Finea le esperaua, y estando hablando vino Lisardo solo, que de nadie fiaua su amor, aunque a la luz de los fauores que el creia, se iba descubriendo mas de lo que gustara. Hallò embaraçado 104 recto] el puesto, y por saber quien era el gallan, escuchò que Luis dezia esto: Señora Finea, mucho tarda mi señora. Bien dixe que me engañauades, yo os certifico, dezia Finea, que vendra, y que el

amor que os tiene es tan cierto, que no me pesa a mi poco, porque me lastima que vna muger tan principal y rica aya hecho esta eleccion, aunque por vuestra persona mereceis toda caricia, por vuestro entendimiento y buenas partes con que podra emendar la humanidad de vuestro exercicio. Passo señora Finea, replicó Luis, que cochero es honrado oficio, y yo lo soy, y tan bien nacido, que merezco toda la merced que mi señora me haze. No creia a sus mismos oidos Lisardo, que conocia a Finea y al cochero, tratauan de esperar a su señora, que creia era Cintia: para negocio de amor mucho fue viuir, que perder el juicio era el menor mal que pudo sucederle: perdiole en fin, y desnudando la espada acometio a Luis, que apercibido le esperaua con muy buen denuedo. Estando en esto Cintia y Filis, venian a la soledad del sitio donde los dos estauan, y hallandole ocupado acompañadas de los mismos se recogieron, quedando por entonces indecisa la historia.

LIBRO TERCERO
Que duros terminos, que desabrido transito es el de la libertad a la seruidumbre? Y quanto es mas infeliz en el alma, como mas noble? Tal es amor, que aun sabe sazonar este infortunio, y en la cadena misma pone el hechizo de sus deleites: mas lo que excede a su poder, es el disgusto, que no se escusa, de confessarse rendido vn espiritu valiente, que blasonó siempre arogantes desenfados, porque entra con el la verguença de desmentirse, que aun toca en punto de honra. En este infeliz estado estaua Cintia impaciente consigo misma, que no ocurriò al primer desorden de los ojos, de donde nacieron tantas desdichas. Pues si en los principios ponia amor tanto acibar: que cuerdamente haze quien huye de su poder sin esperar los fines de enemigo tan declarado? Filis conocia su tristeza, no se atreuia a preguntarle la causa; y ella ya que fuesse forçoso declararse, deseaua ser muy importunada. Suspiraua tal vez Cintia, y todavia atada a su respeto: Filis no osaua examinar este nueuo accidente; y casi la atormentaua mas con su silencio, que el amor con sus rigores. Finalmente por hablar en Fileno. Cuidadosa estoy, dixo, de Fileno (hasta aquí verdad dezia) porque por sus heridas le di lugar a que se hospedasse en mi casa, creyendo, que en curando dellas, prosiguiera su viage. Oy ha tomado trage de nuestra soledad, y nombre de nuestra profession; y parece que tiene animo de quedarse aqui; y en razon desto hallo algunos inconuenientes. El primero, que estè en nuestra casa, donde solo Laurencio viue, a quien su edad pudo dar esse priuilegio: y Fileno, o le mirè como forastero, o me parece que es muy galan, y moço de gallardo brio. Parecete que es assi Filis? Sin duda, señora, respondio Filis, no vi jamas hombre mas digno de ser amado Gustaua Cintia de que le alabasse Filis, porque la parecia que disculpaua su amor con la aprouacion agena; y detuuose en esto algun tiempo. Al fin prosiguio; pues siendo tan galan resulta de que habite en nuestra casa sospecha contra alguna de nosotras, que lo sintiera yo mas que si fuera contra mi (tambien era esto verdad) y la embidia de nuestros zagales, de que se le permita de assiento lo que a ellos se les veda de passo. Siendo esto assi, hallo por impossible despedirle cortesmente; y por indecente y sospechoso permitirle mas tiempo. Dime, qual de estos inconuenientes juzgas por el menor? Filis deseando sossegar los zelos de Danteo, que se fundauan en imaginar, que duraua en casa Fileno a su intercession: y a esta causa, ni la via, ni escriuia, hallando tan buena ocasion; assi respondio: Quantos nos siruen con el decoro que sabes, tienen la nobleza y las partes que conoces. De Fileno solo conocemos el talle, el modo el modo en el que escriuio la naturaleza su hidalguia. Es aduertencia digna de tu recato la que propones: y para executarla sin descortesia, oye vn medio, que me parece a proposito. No lexos desta tienes otra casa; si menor, de bastante capacidad, manda a Laurencio que passe a ella: con pretexto, de que por ser estio, quieres viuir las pieças que el tiene, como mas frescas. Mas possible le parceio a Cintia el modo que quisiera. Ya la pesaua de auer dado en esta delgadeza; pues de lo primero que quiso hazer en fauor de Fileno, que era tratar y hablar del, auia resultado el desviarle de si: mas pareciendola que era fuerça, con la misma Filis embiò a dezirselo a Laurencio, mas triste que antes, y mas desesperada, de que su decoro se determinasse a perder vn atomo de su entereza. Luego que supo Fileno el orden de Cintia, aunque cayó en la causa que tenia esta mudança, dissimulò su sospecha; porque menos de para salir de la selua, no le estaua bien darse por entendido; y no tenia empeños que le permitieran esta de terminacion. Siguio a Laurencio, que tambien maliciò algo. En la materia pudiera satisfazer esto los zelos de Danteo; mas en el eran ya naturaleza. Con todo, si no se satisfizo, se holgò, quedandose con la sospecha antigua,

añadiendo de nueuo, que supuesto que Fileno era tan bien entendido, no podia ignorar què Cintia le auia despedido tacitamente, con aquella mudança de Laurencio: y que pues passaua sin ausentarse por aquel desaire, gusto, y no pequeño, le obligaua; y que este solo podia ser en Filis, por los indicios que le calificaua, y el atropellar por todo por assistirla: y que también podria ser que Filis, por assegurarle a el, huuiesse traçado el que saliesse de casa, y mandandole que no se aussentasse: que si el estaua en aquel pensamiento, el sucesso que le contò podria ser fingido, o a lo menos la parte que daua color a su assistencia. Muchas cosas tiene amor de villano; mas las malicias parece que las tiene el villano de amor. Batallando pues con estos tan embarazosos enemigos, viuian sin querer, y atormentaua por fuerça a Filis, que, no hallaua modo para templar prolixa passion, de forma que aun quisiera (con ser todo amante ambicioso) que el amor fuera menos, porque a este passo menguan los zelos. No se descuidaua entretanto la fortuna de hazer nouedades: porque don Iuan en Madrid viendo impossibilitada la breuedad de su pretension (que como he dicho, en ella consistia el efeto) obligò a don Antonio a que escriuiesse a Cintia, que pues tomaua tan mal el casamiento propuesto, don Iuan tenia determinacion de boluerse a su patria: que para que en todo tiempo se supiesse que el auia hecho de su parte lo que deuia a ley de quien era; y para que en otra ocasion le fuesse licito tratar de tomar estado, le librasse de la palabra que a sus deudos auia dado, y le assegurasse que no casaria con don Iuan de Toledo, para que se entendiesse, que por su causa auia cessado el concierto. A este tenor escriuio el tio la carta, y don Iuan en disfraz muy desconocido quiso lleuarla a Cintia, por ver como dezia el rostro de muger, que en la condicion lo parecia tan poco. Legò pues a la casa de Cintia. Pidieronle el pliego, dixo que importaua darle en mano propia. Entrò en fin, y turbado dexò caer en el suelo el pliego. Leuantòle Filis, y en tanto que leia Cintia, don Iuan sin sentido, ceuaua el alma, que se arrojo por los ojos en tanta hermosura y gallardia, quedando mas perdido, y mas determinando a auenturar en la empresa la vida y la reputación. Retiròse a responder Cintia con muestras de mucho gusto; y don Iuan en tanto con la humildad que correspondia a su trage, la preguntò a Filis el modo de entretenerse tantas hermosuras en aquella soledad. Filis, que era muy afable, no quiso desconsolarle; antes por mayor le dio cuenta de su ordinario estilo, con que tuuo lugar de escriuir Cintia. Dio la carta al mensagero; que despedido, en saliendo de la puerta abriò la oblea, que aun estaua humida: y estando en el campo, descogio la carta, que dezia assi: De las buenas partes que me aueis, señor, escrito que tiene el señor don Iuan, a lo menos ya no dudarè de su buen discurso; pues como tan cuerdo entendio lo que significauan las dilaciones que opuse a su instancia. Yo confiesso que he estimado, y estimarè su persona; mas en razon de mi estado ninguna del mundo me parece a proposito: y assi, si para su libertad es necessario, digo que absueluo al señor don Iuan de Toledo de qualquier obligacion que a su palabra tenga: y que ahora, y en ningun tiempo tratarè con su merced de casamiento. Si me fuera licito, lo jurara; mas firmarelo a lo menos. Cerraua con la fecha y firma: de cuyo sucesso estaua tan contento don Iuan como enamorado. Quien creera este enigma, sin entender que o don Iuan auia perdido el juizio, o yo la memoria deste sucesso? Pues sin duda a don Iuan le estaua muy bien este desden. Pareciole pues despedirse otro dia de la casa de don Antonio; y como para resguardo suyo quiso lleuar la carta de Cintia: la qual contenta del sucesso, le parecio que estaua libre de vn cuidado que la daua mucho que discurrir. Y fuera desta obligacion parece que su recato dio vn poco de mas licencia al gusto, para admitir mas segura a Fileno; y sin dar cuenta desto a Filis: que en estas materias nadie quiso que participasse de sus secretos, la dixo, que gustara de oir hablar a Fileno, si pudiesse darse traça como el no supiesse quien le oia. Dificultòlo Filis por lo que podria resultar en razon de los zelos de Danteo: que lince de todas sus acciones era muy possible que lo llegasse a saber, y no tendria disculpa

con el, o le auia de descubrir su engaño: cosa que aunque se auenturaran muchas honras, y mas vidas, no era possible. Bien le parceio a Cintia el temor de Filis; y mas que tenia noticia de la delicada condicion de Danteo. Tratando pues quien seria a proposito para este efeto, conformaron en Clarinda; que informada del caso, sin examinar causa, se ofrecio a hazerlo de su parte; pues le lleuò Perecindo vn papel, en que le rogaua que aquella misma noche a hora señalada, la viesse por el terreno. Recibio Fileno con mucho agrado a Perecindo, leyò el papel, que era breue, y sin pluma respondio que haria lo que le mandaua. Quiso Perecindo lleuar la respuesta, y Fileno le detuuo, diziendo, Bueno seria que faltasse yo al vulgar consejo de meter el buen dia en casa, ya que os encareceis tanto, que no os dexais ver, sino por jubileos. Este tan señalado dia digno de que le notara vna perla, no le tengo de perder. Parlemos vn rato, que esto no corre por ahora prisa. Muchas vezes, dixo Perecindo, vendria a veros, pero sois tan cumplido, que temo que me aueis de dar cada dia vn diamante, y que atribuireis a interessadas mis visitas, o las tendreis por costosas. Con que no me deis nada, os cansarè muchas vezes. Yo tendre el modo que deuo en esso, dixo Fileno, supuesto que tengo tanto gusto en dar: que si los queria para darlos, alabo que llorasse Alexandro porque no auia mas de vn mundo. Possible es, dixo Laurencio, que vn hombre como Alexandro llorò? Y como si llorò, dixo Perecindo: preguntadselo a este soneto, en que reprehendi sus pucheros; que tal vez mi musa se pone a tu por tu con los heroes. Va de soneto. Señor don Alexandro, vna Persona Que sabe tirar tajos y rebeses. Y ha casi que nacio docientos meses, Mancha el rostro con lagrima poltrona? Despues de hazer a vn mundo la mamona: Despues (si puede auer otros despueses) De ser hombre por vanos interesses, Llorais? que mas hiziera una tusona? Tomad exemplo en mi, que sin camisa, Sin pellico, sin cama en que me acueste, Con bolsa ociosa, y vientre vagabundo Soy el mejor cofrade de la risa: Y quien viuiendo, de mohatra en este No ha llorado jamas por otro mundo. Celebróse con todo aplauso el soneto, y rogandole Fileno que dixesse otro, respondio: Cum sanctis sanctus eris, & cum poetis, &c. Yo jamas dixe versos donde no los escuchasse, que es mucha soberania el oir sin poner nada de su casa. Si es assi, dixo Fileno, yo dirè mi soneto, que es a otro heroe, no menor, al Emperador Carlos Quinto, passando el Albis. Brama el Albis soberuio, è insolente Con vulgo aduenedizo sedicioso, Que a parda nube dese, y espumoso Ni margen sufre, o termino consiente. Intrepido se opone al impaciente Raudal el mayor Cesar, glorioso Carlos, templando en subito reposo Las altas rugas de la turbia frente. Mas si a sus plantas yace amedrentado Quanto Oceano libre quilla yerra, Desprecie tan humildes vencimientos.

O Carlos de los cielos el cuidado! Iman de mundos! Yugo de la tierra! Freno del mar! silencio de los vientos! Tempestuoso es el sonetazo, mas yo tambien, bien, si bien me acuerdo, celebre esse mismo passo. Sacò del seno vn cartapacio, y a pocas hojas dixo, Este es mi soneto. Estaua el Señor Albis mas hinchado Que Portugues con luas è baeta, Mas tumido que comico Poeta Del dedo de vn albeitar señalado. Llega Carlos, santiguase, y guiado De un pastorcillo, alija la maleta; Y en el agua cimbrando la vaqueta, Como si fuera anade se entra a nado. O hueso de la fama! el firmamento Te ha estrellado, y ahora yema y clara Te ha pasado por agua en vn momento Si yo a passar el Albis me arrojara, Sin duda como en todo cuanto intento, Aquella vez in albis me quedara. Gallardo soneto dixo Laurencio: Si serà, respondio Perecindo; mas no penseis corrernos: el vuestro dezid sin rogaros. Yo jamas escriui versos, dixo Laurencio; y solo tengo embidia a quien los haze; mas Perecindo dixo: Como negais que sois Poeta? parece el Parnasso es tan malo para patria como Galicia; pues yo he leido versos vuestros. Porfiando Laurencio que no era possible: Yo tengo, replico Perecindo vn romance vuestro, que escruistes a vna dama, que os tripulaua por viejo. Negaua Laurencio ser suyo; y en confirmacion de que dezia verdad, Perecindo leyo este romance. Ya se niña, que no quieres Consejos, pues te desvias De mi anciana autoridad, De mi experiencia erudita: Dineros te quiero dar, Si acaso al refran te aplicas. Que docil te considero A tan sabrosa dotrina. Mas oye, pues que te pago, Y no es mucho que te pida Las orejas, si en sus riendas, Los mercaderes las fian. Por vejez me has tripulado, Porque de ti no se diga, PQue sin consideracion Me dexas por niñerias, Mas sabete que lo yerras, Que vn viejo, si bien lo miras. Sabe, aprouecha, y deleita; Y prueuolo en esta guisa. Sabe el diablo, por ser viejo, Y yo por la causa misma, Y sin duda sabrè bien,

Porque soy carne manida. Prouecho, ya tu lo sabes, Que antipodas mis visitas, A las del medico siempre Pagan el suelo que pisan. Vn viejo es como la cama, Que al entrar en ella enfrìa, Y dentro de vn quarto de hora Ragala, alienta, y abriga. Si quando se dobla el oro Por antiguo, es mas de estima: Humilde siempre a tu gusto, Vn doblon serè sin liga. Ya sabes que el vino anciano Tiene mayor valentia, Que el mosto que haze brauatas, Que hierue nueuo en las pipas. Y quando todo lo niegues, El cantarcillo lo diga: Por lo menos no soy malo, Para trasto y baratija. Si por las canas señora Me desprecias, y me oluidas, Si es que no afectas candores Si tantos Alpes te enfrian: Yo sin tener familiar, Si gustas ire en vn dia De Canas a Negroponto, Y de Albacete a Mandinga. Yo ire a Segouia, yo harè Que con la lana fina, Milendez en la Caldera De los limistes me tiña. O si no en fe de mi amor, Si de mañana me auisas (Como se vsò antiguamente) De que color vas vestida: Saldre barbado de azul, Quando esta color te vistas, Y quando te desesperes Sacarè barba amarilla, Y si me quieres constante, Agotarè las legias, Encarecerè el azige, Despoblarè las boticas. Andarà el peine de plomo Por alto, si no me obligas A que de ageno cabello Me desmienta Caluinista. Desto en fuera te prometo,

Porque a tus braços me admitas Dar a mi celebro luto, Y pauonar mis megillas. Aunque quien la flor entreue Me cante por las esquinas, Viejo verde, viejo verde, Mas negro vas que la tinta. Yo no afirmarè, dixo Fileno, que los versos sean de Laurencio. Mas el sucesso parecese mucho a su edad. Yo confessarè, respondio Laurencio, entrambos delitos, si en todo el cartapacio estuuiere escrito el soneto de Carlos, ni este romance que me prohija Perecindo; pidiosele Fileno, y hallòle todo en blanco, dedonde conocio el subito engaño que su feliz vena les auia hecho: admirò y alabò mucho la facilidad, que aun para mucha preuencion estauan los versos lisos, airosos, y no sin concepto. Diole Fileno dos doblones, y el los recibio diziendo: Poco respeto me teneis, no os deuo obediencia; pues yo me vengarè de vos, que por mi fe que todas las vezes que me deis algo lo tengo de tomar. Con esto se despidio a llenar la respuesta, y en tanto que llegaua la noche, estando sin registro, ni ocupacion, Fileno rogò a Laurencio que prosiguiese su historia, que auia mucho que lidiauan los dos Lisardo y Luis. Anduuo pues, prosiguio Laurencio, tan alentado y tan airoso Luis, que aunque ocupado en el furor de su colera: no le parecio a Lisardo la gallardia y entereza de Luis de braço humilde, ni de animo comun, ya con mas cuidado del que creyò a los principios que auia menester, le parecio que a lo menos en brio tenia enemigo igual. A este tiempo salio gente de en casa de Cintia, que Finea con el susto de ver en tal riesgo a su galán, alborotò la casa diziendo que quatro hombres matauan a Luis, multiplicando los tres el miedo. Llegaron a meter paz, y viendo que no era possible resistir a la multitud por no ser conocido a largos passos se retirò Lisardo. Entrò Luis en el çaguan, y hallaronle vna herida en el costado derecho, donde el santo soslayo le dio esperança de la vida: mas miraron la espada, y tambien la vieron con indicios de vengança, porque en los vltimos tercios estaua manchada de sangre, y era ansi, que Lisardo lleuaua vna herida por el pecho, que por no topar en vaso ninguno fue de mas miedo que peligro. No sabia Luis quien era el autor de su herida, aunque sabia que el brio y ademan le indiciaua de noble. Lisardo no acabaua de admirar entre si la braueza y denuedo del cochero, Y por la opinion de Cintia, y aun tambien por la suya, quiso que el cirujano no diesse noticia de su herida, luego que supo que no era de peligro, y fingio para que las visitas no le descubriessen, que se auia ausentado a negocio vrgente sin poder despedirse: solo Elena no pudo dudar que auia sido Lisardo el que acuchillò a Luis, y para reprehender mas dulcemente su locura, por no añadir dolor al doliente, mandò a vn estudiante que acudia a nuestra casa alicionar a Cintia en Latinidad, que sin que nadie lo supiesse, que le escriuiesse en verso vn papel reprehendiendo a vn galan, que auia sacado la espada a la puerta de su dama. El le escriuio sin saber el misterio: y despues deste sucesso cayò en la ocasion, y publicò el papel, que por quedar en mi poder, sospecho que me acordarè del. DEZIMAS El mismo cielo podra Amor sin armas vencer, Pues buelan de su poder Las que el engaño le da, Mal el hierro acertarà, Que a tan blanda persuasion Inutiles prueuas son

Las que assegura la espada. Sin duda la ley armada Tiene miedo a la razon. [ fol. Si es cielo, o te lo parece Cintia, renuncia el desuelo De las armas, porque el cielo De amor, fuerça no padece. Precio la espada merece, Que ampara en honor y vida Lo amado: mas si atreuida Prorrumpe sin ocasion, Executa en su opinion Cruel la primera herida. Recibiole Lisardo, y diole pena que su sucesso estuuiesse en versos, que para publicarse, es la mas poderosa y dulce diligencia, aunque Elena le assegurasse que nadie lo sabia. Conualecio en breue, y saliendo secreto vna noche de su casa, otro dia a hora que huuiesse quien le viesse entro con mucho ruido y gala por el lugar, con que acredito su ausencia. Luis tambien estaua ya buen conualeciente. Solamente Cintia y su tia lleuaron muy mal que en su casa huuiesse ruido de espadas, y sospechando ya por la turbacion con que llamo gente, ya por las demostraciones que en su enfermedad y antes auia hecho Finea, que entre los dos auia menos honesto trato del que era justo: en estando bueno me mandaron que le diesse mil reales a Luis y le despidiesse: hizo mucha instancia porque le dexassen en casa, y della misma resultaua en su pensamiento mas culpado: de suerte que fue forçoso perdiendo el respeto a intercessiones y buenos seruicios, que saliesse de casa, no quiso recebir el dinero, antes muy bizarro entre los criados repartio algunas cosas que tenia mas curiosas de las que de su estado presumieras. Tambien a Finea le comprehendia la expulsion, mas atendiose a su reputacion, porque fuera notoria la causa de despedirla, si a vn mismo tiempo con Luis saliera de casa, y para que quedasse, pudo mucho la intercession de Elena. Lisardo que supo que estaua desacomodado Luis, mandò que vn criado suyo le hablasse, y viesse si queria seruirle, el admitio el ofrecimiento con condicion que no le auia de dar racion ni salario; cosa que le puso a Lisardo en mas cuidado. Al fin aceptò el partido Lisardo por aueriguar sus zelos (ya con esta demonstracion mas posibles) y Luis por no perderle de vista, y saber sus aumentos, lo aceptó. En muchos dias Lisardo no passò por la calle de Cintia, ni acudio a la Iglesia que frequentaua, de que Elena estaua con mucho pesar, casi determinada a dexar la casa: mas ella estaua tan acariciada, que le parecio bastante grangeria de su engaño, la estimacion que auia adquirido. Vna tarde que Lisardo se hallò solo con Luis en el campo, le preguntò la causa de auerle despedido en casa de Cititia. Teniale ya cultiuado con mucho agasajo, y tratauale mas como amigo, que como a criado: y obligado desto Luis, viendo que la ocasion era poco importante, se la contò como passo, que fue resucitar las ya muertas esperanzas en Lisardo, abraçandole y dandole tantas gracias de lo que le auia contado, que conocio Luis claramente que esperaua otro sucesso de mas cuidado, y aunque le seruia con mas gusto viendo que auia desistido de la pretension de Cintia, desde entonces anduuo mas aduertido, pero sin necessidad, porque ya publicamente cortejaua Lisardo a Cintia, y aun el notaua que le miraua con mas afable rostro que a los demas. Elena contenta con que boluiesse Lisardo a su antiguo pensamiento, quiso hablarle vn dia de secreto, y su ingenio supo traçar como fuesse facil (solo tuuo noticia desto Cintia, que para su condicion parecieron impossibles estas permissiones) trataron los dos del estado de las cosas, y para auiuar su diligencia Lisardo, prometio a Elena de casarla con Luis, sin darse por entendido de lo que el le auia dicho. Ella se lo agradecio mucho, y le dio muy

ciertas esperanças en su empresa. Boluio a casa, y luego que tuuo a Cintia sola, començò a hablarla en esta forma. Los gustos de amor se gozan dos vezes: la primera en la ocasion, y en la comunicacion la otra. Yo mi señora con tu misma aspereza armè mis oios, sin distincion aborreci los hombres, no crei que merecia pensamiento mio quien tuuiesse este nombre; mis peregrinaciones nacieron de mis desprecios. Mas que violento es aquello que està fuera de los terminos de la naturaleza! Ya tu confiessas que encaminado a fines honestos es digno amor del mas casto entendimiento: a este blanco mira mi voluntad: hablè a Lisardo (imaginame desapassionada) tanta gala, tal discurso, tal dulçura no puso el cielo en criatura humana, que cortesia! que decoro! apenas le deuio mi rostro vn desorden de su vista. Pues pensaras que con este encogimiento le faltò donayre: mas sazones le oi que palabras, que no es poco sin salir de los limites de la cortesia, hablar con despejo. Las partes que desde lexos agradan: vistas de cerca encantan, la voz dulce que el mismo concento sin esperar clausula entera, persuade; el rostro (aunque en los hombres no es parte essencial para estimacion) tan bien mezclado, que ni por lo hermoso es afeminado, ni por lo no visto horrible: hasta en el vestido lleuaua mil laços, mil redes para la mas rebelde libertad. El olor tan hermanado con su aso, que indiferente no acertaras qual salia mas el ambar, o el aliento. Bueno està (dixo Cintia) Elena, que lo que dizes de tu galan, es mas como le deseas que como le deuo creer, y para que yo entienda que arrastra tu misma passion, o que ingeniosa quieres disculpar tus deseos encareciendo, lo que experimentado serà a la par de los demas hombres, modera tantos hiperboles: lo que mas seguro, esso solo guarda para ti, que muchas vezes me ha pesado de la primera permission que te di en esta materia, pues vsas tanto de licencia que yo di tan limitada: no te enoges, dixo Elena, mi señora, que solo a tu diuino ingenio me atreuiera a dar parte de tantas dichas: piensas que fiara yo a otros oidos alabanças de vn hombre, que tanto es mas digno de ser querido, quanto menos ciertas parecen! Solo te suplico, que no me tengas por de tan abatidos pensamientos que los pusiera en hombre de menores partes: yo he visto la mas luxida juuentud del mundo en la Corte de nuestros Reyes, mas de infinito numero no se pudiera componer vn Lisardo: y porque entiendas que el amor que le tengo no me ciega, sino que solamente deseo que hombre tan singular sea alabado como merece, dexa vn dia dormir tu recato, hablale ansi te gozes, y veras con quanta razon le celebro. O nunca visto ardid! que aya ingenio que para introducir a vn hombre en pecho ageno, use de sus propios deseos, y que con lo que sin querer sucede como es apetecer lo alauado y querido de otro, solicitasse esso mismo, haziendo assechança de lo que al parecer temia combatida: pues de tan valiente estratagema, tanto mas peligrosa, quanto menos rezelada, casi titubeo Cintia en su constante desden mas corrida de su duda boluio en si bizarra, casi con enojo pidio a Elena que no la tratasse jamas de aquella materia, o se dispusiesse a no hablarla en ninguna. Admirada la harpia de su resistencia, con todo no se desconsolò, creyendo que aquella semilla de fuego que sembrò en su memoria, auia de adolescer, y como veneno hazer su sin sentirse, hasta que al apellidar el remedio sea tarde. Finea en tanto ausente de su galan padecia desesperados martirios. Esto tiene amor de malo, que muchas vezes viue en humildes casas, y tan valiente es para vn liuiano antojo, como para generosos empleos. Determinò Finea comunicar su amor a Elena, que la tenia por discreta, y entendia que no corria el secreto peligro en su poder, y de lo vno esperaua remedio, y de lo otro seguridad. Elena no era tan necia que dudasse lo que la contaua Finea, mas conociendo astuta lo que puede descomponer el menor criado en vna casa, y porque no se la confirmassen algunos zelos que sabia auia tenido della, muy afable la respondio prometiendo hazer en fauor desto quanto fuesse possible. Ya tenia Elena con la promessa de Lisardo esperança del casamiento de Luis, y tuuo a dicha saber los designios de Finea para estoruarlos con pretexto de que la fauorecia: encargòla pues, que auisasse a Luis que la hablasse, pues podia sin ser notado, y que dexasse a su disposicion el remedio

de sus ardores. Ella lo hizo ansi, y con la misma dissimulacion que antes le escriuio, que Elena queria hablarle, a que el hazia muy buen rostro, por parecerle que era quien tenia las llaues de toda su dicha. Por otra parte Lisardo daua prisa a Elena para que diesse lugar de ser hablada. En esto huuo muchos lances: finalmente Elena por salir de su empeño, y por el marido tan galan que esperaua en Luis, se resoluio a vna maldad digna de tan vil nacimiento como el suyo. Escriuio a Lisardo que Cintia estaua muy de su parte, mas que la aspereza de que auia hecho ostentacion, no se compadecia con rendimientos voluntarios: demas que la terrible condicion de su trono vendria jamas en la eleccion de marido: y que ansi era necessario que se tomasse por medio una violencia permitida, y que la robasse con voluntad suya, para cuyo efeto estaria en su jardin quando le auisasse, y que con solo vn criado (que para brio y fidelidad le parecia que fuesse Luis) teniendo preuenidos dos cauallos, huyessen donde por algunos dias pudiessen estar ocultos, y que desde alli seria facil de componerse todo: y por mas seguridad le embiò como de parte de Cintia vna canela de cristal con algunas pastillas atada con vna colonia verde, preuiniendole que sacaria otra deste color en vna joya el primer dia que saliesse a Missa. Que deseo no pecò en ser sobradamente credulo? Quien amò que no esperasse? y que esperança no quita el juizio quanto diuisa el efeto? Adorò las prendas; creyò el engaño, y en agradecimiento escriuio a Cintia este Soneto. Prendas nobles de vn cielo remitidas, A cuya luz temeridades prueuo, Cifras ocultas en caracter nueuo, Aunque mas aplicadas que entendidas. De mi ignorancia facil posseidas A imaginaros mias no me atreuo. Mas esto solo a mi silencio deuo, Con el sois dignamente agradecidas. Bien contra el parecer de mis temores Os quiere interpretar el pensamiento, No menos que curioso reuerente. Llama al cristal Narciso de la frente, A la fragancia embidia del aliento, Y preuencion gloriosa a los colores. Para apercebirse al hecho de tal hazaña, ya que auia visto que correspondio en la colonia Cintia el primer dia de fiesta, que fue facil ponerla Elena en la joya, y viendo que Cintia le miraua con mas atencion como a hombre tal alabado, pareciole que era ya fuerça dar cuenta a Luis: y retirandose con él, le dixo assi: Supuesto Luis que con escusarte a los gages de mi casa, no permitiste que yo te tuuiesse por criado, quando fueras el mas humilde della, tus buenos respetos te hizieran digno de mi amistad en la que has estado hasta oy, mas subes ya a mas alto grado, que le estimaràs, pues eres discreto. En fin te entrego la llave de mi vida, y deposito en tu hidalguia el mayor afecto que tiene mi entendimiento. El lance es seguro, mas tiene con todo mucho de temeridad, di me si sabras por mi auenturar la vida, que te juro que yo no lo rehusara, si fuera necessario a comodidad y gusto tuyo. Luis animosamente se le ofrecio, y el agradecido le dio cuenta del estado de su pretension, y de lo que se auia traçado para efeto de sus deseos, y que oyò Luis con increible alteracion, y a los fines vio que le buscaua vn criado de Elena: retirase con el, y batallando Luis con sus pensamientos, tuno otro papel de Finea, en que le señalaua aquella misma noche para hablar a Elena, respondio que iria sin falta, quando salio Lisardo casi asustado y inutil la voz del sobrado contento, que aun no le sabia en el pecho, y dixole con palabras en tres pieças como aquella noche estaua destinado el rapto,

que mandasse adereçar dos cauallos, y el se preuiniesse. Ansi lo hizo Luis, entanto aquel inquieto ingenio de Elena, para vltima diligencia , auia persuadido a Cintia que hiziesse algunos dias antes oraciones que contenian palabras santas por librarla de sus escrupulos, prometiendola que al cabo la mostraria escrito en el cielo el nombre del que auia de ser su esposo. No pudo ser preso con lazo menos fuerte que el de la curiosidad, tan libre entendimiento. Finalmente la noche que estaua preuenido el robo, era la misma en que Elena auia de mostrar a Celia este prodigioso secreto, ya Lisardo cuidadoso esperaua la hora, y buscando antes a Luis, para que estuuiesse todo a punto, mas no le pudo hallar, y vio que faltaua vn cauallo suyo. Fue assi que preuenido Luis fue al puesto que Lisardo le auia señalado, aun no auia salido la luna y Finea con el cuidado de ver a Luis estaua va en el jardin: oyò que abrian vna puerta secreta, y llegandose a ella, sintio que entraua Luis, que no podia creer que fuesse otro. Dixole: Sois vos, señor mio? el creyendo con el alboroto que era presa de mas precio, no conociendo la voz, que con la turbacion y sobresalto ; y hablar Finea tan passo, y tan poco, fue muy facil. Yo soy, dixo con el mismo tono, y aqui tengo cauallo para sacaros, si gustais, desta esclauitud. No pudo oir cosa mas a su proposito Finea, y sin replicar salio del jardin, y pusose a las ancas del cauallo a tiempo que entraron en el jardin Elena y Cintia, a la prometida prueua. Auia ya la luna salido, lleuauan vn espejo de cristal; y poniendose en frente de la luna, tomando el espejo en la mano, de suerte que se retratasse en el rostro de la luna, vio en ella Cintia, mirandola en el espejo, que tenia escrito en letras distintas el nombre de Lisardo. Turbada desta marauilla, arrojò el espejo en tierra, creyendo que era encanto, siendo facil artificio, que estando las letras escritas en el espejo mismo, quando se mira en el rostro de la luna, parezca, que en ella, no en el cristal, estan escritas. A esta turbacion sucedio otra mayor, que fue sentir ruido de espadas a la puerta del jardin, y vozes de muger, de que las dos se asustaron en estremo, y llamaron a los criados. El ruido era, que andados pocos passos encontrò Lisardo a Luis, que conocio con la luna; y viendo que lleuaua consigo muger, refrescandosele los zelos antiguos, y no dudando que aquella seria Cintia, acometio a Luis, que veloz saltò del cauallo para defenderse; y en no disculparse conocio que era cierta su sospecha. Ambos eran valientes, y de vna edad; lidiaron, dando y recibiendo heridas, hasta que salimos al puesto, donde hallamos a Lisardo muerto, y a Luis muy mal herido, reboluiendo inquieto el cuerpo entre la mezclada sangre: solo pudo dezir estas vltimas razones: Cintia, por ti muero, no soy quien has pensado, tu hermosura me obligò al exercicio humilde en que te serui, queriendo, que la industria, pues el poder no bastaua, domasse tu aspereza, conoceras quien te amò, si entiendes los secretos de vn medio anillo, y papeles que hallaras en vna caxa que traigo conmigo; y con el vltimo Iesus espirò. No parò aqui la tragedia, que Finea viendo su amante muerto, con la daga que estaua en el suelo, se escapò del dolor que le auia de dar su eterna ausencia muriendo barbara sobre el cadauer amado, buscando si tenia aliento Luis. Hallè la caxa, admirè las señales, porque estaua en mi poder el medio anillo correspondiente al que tenia. Vi los papeles, conoci la letra, que era del mismo padre de Cintia, que al tiempo de su muerte me auia entregado la mitad de aquel anillo, diziendome, que quien truxesse la otra mitad, sin duda era su hijo, y de vna principal señora, que en el tiempo que siruio a su Magestad en Flandes auia tenido; y que si viniesse, le hiziesse el mismo tratamiento que a Cintia. Por las cartas se supo mas claro el sucesso. Viniendo pues en busca de su padre, y mi señor, al passar por Guadalaxara se enamorò de Cintia; y por no saber quien era, no quiso descubrirse en su habito, pretendiendo en aquel disfraz alimentar su amor siquiera en los ojos de Cintia, que sintio la muerte del infeliz hermano, y la del mal logrado Cauallero, hasta dar señal la lastima en sus ojos. Atonita estaua Elena al horrible espectaculo de tanta sangre, y loca del dolor entre mal formadas razones descubrio sus engaños; y quando la ira de todos iba a castigarla veloz huyò de entre todos, dexandonos en nueuas confusiones. Supo el caso la

tia de Cintia, diola tan gran susto, que atribuyen a el su muerte, que fue en breue. Y Cintia viendo tan manchada de sangre su casa, y tan llena de luto, vino a Madrid, donde sus parientes cuidaron de dar dueño a su hermosura, que tanta sangre costaua ya. Ella vino en ello, tratòse de consentimiento suyo con vn Cauallero muy principal. Hicièronse los conciertos; y pienso que está en Madrid, pidiendo el cumplimiento dellos. Bien podra Cintia dilatarlo, mas no serà possible descomponerlo; aunque adorando su libertad, procura no rendirse a arbitrio ageno. A este efeto vino aqui ha pocos dias vn pariente suyo; y de no poder eximirse desta obligacion, resultan sus enfermedades y melancolías. La causa de estar en esta soledad, fue, por retirarse a ocasiones; y para festejarla, sus amigas vinieron juntas a verla, y contentas de su compañia, con gusto de sus padres se quedaron con ella: de donde se siguio, que sus galanes pidieron licencia de venir a seruirlas, y ser zagales en la fingida Arcadia que instituyeron. Permitioseles con honestissimas condiciones que se guardan inuiolablemente. Esta es la junta que admiras, estos los sucessos que ignoras; prenda no pequeña de lo mucho que deseo seruirte. Acabò Laurencio su triste historia, y quedòlo mucho mas Fileno de ver que tenia dueño forçoso Cintia, quisiera prorrumpir en locuras zelosas, mas compusose. Y viendo que era hora de acudir al llamamiento de Clarinda, se despidio de Laurencio, que no poco le dio que sospechar su tristeza, su silencio, y su turbacion. Auian passado tres horas de la noche, quando Danteo y Leriano apenas auian sentido su presencia, diuertidos por el campo en dulce conuersacion, que rematò en la cruel passion de zelos, y en aueriguar la causa: por que son mas vehementes en vnos hombres que en otros. Culpaua Leriano a los que sobradamente se entregan a este mal, que no consentia que se llamasse accidente, sino locura: porque assi como el que se descuida con el entendimiento, y no corrige sus primeros desordenes de mal acostumbrado, prescriuiendo en la permission, o el descuido, se estraga hasta el vltimo grado de locura. Assi quien da lugar a toda sospecha, y va adelgazando sin tiento esta materia, se enreda sin sentir, y consiente en esta dolencia, que se causa por los excessos del pensamiento, añadiendo, que Danteo, por ser negligente en los principios, tenía no solo vn ramo, pero vn arbol desta locura: pues de la mas licita accion sofistico despertaua agrauios, siendo el instrumento, y el paciente. A lo qual replicò Danteo: Los zelos estan en el numero de las enfermedades, en que se incurre, como dizes, por el excesso de vn pensamiento. Quien los tiene tan asustados, que pueda escusarlos vn desorden? De manera que dexarse lleuar mas de los temores, que de las confianzas; es destemplança de humores, o mas alegres, o mas melancolicos. Y que diras, si las estrellas influyen esta passion, o como tu quieres vicio de los zelos: pues sabete, que lulio Firmico Mateano dize, que si el signo ascendiente en la hora del nacimiento se halla en los fines de Venus, y la genitura es nocturna: y si Marte estuuiere en las mismas partes, serà dichoso en casamiento, mas zeloso: y que si la luna se halla en las mismas partes, y es assimismo la genitura nocturna, serà zeloso, y entendido: y si en el ascendiente se halla la segunda parte de Piscis, incluye arrebatamiento, y zelos mas peligrosos. Mira pues (dexando al cuerdo arbitrio la fe que se deue dar a esto) si influencia de estrellas es euitable: especialmente que assi como todos nos amamos a nosotros mismos, a este passo somos zelosos, como dize Filon. De donde procede, que las mugeres que tienen mas de amor propio, sean mas zelosas. Pues concluyo con que todos tienen el fomes de los zelos, sino que las ocasiones hazen, que vnos los descubren mas que otros. Y tu, si como creo quieres bien a Clarinda, passaras sossegado, si le vieras con otro entretenida ? Si, dixo Leriano, que Clarinda no auia de admitir a vn mismo tiempo dos cuidados, ni corresponder a mas de vn deseo. Y persuadiera me a que para algun efeto hablaua con otro, de que la rogara me diera razon, no por la duda, sino por el amor que tiene ya en vso examinar semejantes acciones. Riòse Danteo de su cordura, quando llegaron al terreno de la casa de Cintia: que, quien quiere bien, tiene los pies tan enseñados al sitio que

frequenta, que guiados del mismo deseo, o lo que parece mas cierto, y es mas admirable de oficio, sin otro dictamen van adonde acostumbran. Oyeron voz, aunque muy baxa: acercaronse mas, y escucharon estas razones: Mucho es, señor Fileno, que alabeis mi entendimiento, porque es condicion, y no lo aprueuo de los que le tienen tan auentajado como vos, no se contentar de otro ninguno; y ay otro agrauio de que me quexar, y es, que cuando alaban a vna muger el entendimiento, es a falta de hermosura, y la condenan tacitamente por fea, siendo la mencion de lo vno descontento en lo otro. No esperò Danteo mas del nombre de Fileno, para prorrumpir en mil estremos tanto, que oluidado de su buen juizio, no dexò ciuilidad de ingrata, ni vulgaridad de plegue a Dios, que no sacasse a plaça. Mas Leriano herido mas profundamente, le pidio que se sossegasse: que ya que conocia a Fileno, no sabia con quien hablaua. Entre mil suspiros no cabales, boluio a escuchar a tiempo que oyò que dezia Fileno: Sin duda aqui quiso amor hazer verdad la fabula del Lothos, pues plantò en esta selua otros tantos arboles como hermosuras: y la vuestra, señora Clarinda, es tan poderosa, que no dexarà potencia para libertad, ni alma para vida. Boluio a ella Danteo, oyendo el nombre de Clarinda, y Leriano con sospechosa quietud se arrimó a vn arbol. Llegò a el Danteo, y hallòle casi sin aliento, presurosa la respiracion, y los miembros bañados en sudor frio. Y esta es, le dixo, vuestra prudencia? No sera possible, que Clarinda trate de otras materias? Ea, donde està vuestro animo tan fuera de todo zeloso accidente? Mas viendo que a sus vozes no respondia, antes desapoderado vino al suelo, diolas para que le socorriessen. Llegó Fileno, quiso saber Clarinda la ocasion de aquel alboroto, y quisiera no auerlo sabido, quando la dixeron que Leriano estaua desmayado, porque creyo que auia oido que hablaua con ella Fileno; y fue gran prueua de su respeto, no maldezir a quien dio ocasion a tal desdicha; teniala presente, y solo con las lagrimas supo explicarse. Dexaron la reja las zagalas, contenta Cintia de que auia oido hablar a Fileno. Triste Clarida del accidente de su pastor, y Filis estimando a su aduertimiento, no estar en semejante, o peor estado. Lleuaron a su choza a Leriano, que con agua boluio facilmente del desmayo. No quiso dezirle muchos donaires que se le ofrecieron Danteo, assi por no le afligir, como por estar presente Fileno. Despidieronse para que sossegasse Leriano, aunque el no lo pudo acabar con sus cuidados. A la mañana Leriano, no tan corrido como sentido del sucesso, que amor no le daua lugar a gastar la paciencia, ni el pensamiento en otra cosa que en sus zelos; y aun le faltaua tanto, que le parecia, que aun no quedauan medio sentidos. Tomò la pluma, bañòla en el veneno de su indignacion, y escriuio algunos versos: y estando en esta ocupacion entrò Danteo con animo de burlarse de sus seueras proposiciones. Estaua tan ocupado en lo que escriuia, que no sintio a Danteo, hasta que vsando de la licencia de amigo, le quitò el papel: y aunque le rogò que no le leyesse, y con estar borrado, pudo sin atencion a lo vno, ni estoruo en lo otro, leer assi. DECIMAS Clarinda, no he de culpar Tus mudanças, porque son Galas en tu condicion, Tener mucho que mudar. Ni me tengo de quexar, Que no llega a ser perdido Lo que no fue posseido; Pues es ganancia notoria, Que a vn breue instante de gloria Sucedan siglos de oluido Inconstantes elecciones

Inquietan tu fantasía, Que tu ingenio en solo vn dia Admite mil impressiones. A amor nueuas alas pones, Si al gusto agrada el rodeo: Que lugar tendra tu empleo? Que atencion tal breuedad? Que tiempo tu voluntad? Que materia tu deseo? Si yo fuera maldiziente, Dixera, que sin ser mar, Por lo que tiene de amar, Eres fuente propiamente: Hazes cara como fuente A quanto en ti se mirò, Luego que el agua borrò Las señales conocidas, Por el que se sigue oluidas El labio que te tocó. En fe pues de tu mudança, Y mi burlado deseo Colgarè en tu vmbral el feo Cadauer de mi esperança. No hauia mas versos escritos, y Danteo, sospecho, dixo, que los cuerdos, y los miserables se parecen en algo; pues vn hombre entendido quando haze vna necedad, es mayor de marca: y vn miserable quando gasta vn dia, es prodigo. Assi vos como aueis sido tan reportado, quando salis de madre, hazeis tales excessos, a quien se pudieran escriuir cosas como estas? Sin duda os desquitais aora de todo quanto tiempo aueis sido cortès y medido; no quiero trataros con la seueridad que pudiera, que por Dios que me pesa de tener materia de vengarme tan a costa de vuestro sossiego: mas bolued en vos, que como no acostumbrado al duro rebenque de los zelos, os hazen perdei el juizio. Las primeras señales ay de mi paciencia que ya se ha obstinado a semejantes castigos. No respondia Leriano, solamente en su silencio daua muestras de conuencido: y quando el dolor siempre presente daua licencia a la lengua, y con voz entre doliente y furiosa començaua a dezir Danteo: Amigo, sera possible mi agrauio? parece que siguiendo su razon, dixo Perecindo: Ciertos son los toros, pastores ilustres, que entonces acertò a entrar en la posada de Leriano. Creyò al principio Danteo que los auia estado escuchando, y que respondia en su ordinario humor a cerca de lo que se trataua: mas prosiguio diziendo, Nuestra ama Cintia ha mandado que de su vacada truxessen seis destos impacientes animales, a quien no se sabe por qual demerito armo la frente la naturaleza con estos sambenitos de la paciencia En fin mañana se corren, por esso todo toreador se disponga, que ya tiene en quien quebrar rejones, a quien hazer salpicon con la tajante tizona: mas notando la tristeza de Leriano, preguntò la causa. Escusaronse de dezirsela; y Danteo le rogò que recitasse, si tenia algo escrito en la materia de zelos. Mas al uso escriuo yo, respondio el. Vn romance escriui en soliloquio de vn marido que sustentaua casa, y galas sin renta, ni pedir prestado, sin oficio, ni limosna Y el tal como es, tiene este tenor. Quierome sentar un rato; Y por este campo ameno Esparcidos echarè

A pacer mis pensamientos Erame yo vn pobre moço, Que vine a la Corte en pelo Encomendado a mi industria, Animado de mi aseo. Di en el mal vicio de page Y de tinelo en tinelo En abstinencias y ayunos Pareci page del yermo. Por mas que lo procurè, Iamas en mi concurrieron La ropilla y el jubon, La camisa y los greguescos. Ceñi espada: veisme aqui Gentilhombre hecho, y derecho, Muy obligado de vn sastre, Muy deudor de vn çapatero. Crespa guedexa, y mas culto El vigote que vn soneto, Suplidissimo de borra, Y rectissimo de cuerpo. Mirè Dios y norabuena A doña Ines de Toledo, Alua y Sol en nombre y ojos, Y en lo demas microcielo. Enamoreme, y seruila Con cien varas de paseos, Treinta pieças de suspiros, Y una arroba de requiebros. Concertó las voluntades Amor, y con gran secreto Rezelosos de los Alues, Que son sus tataradeudos. Nos casamos: lleuè en dote Dientes, manos, y cabello; Que por Perlas, Plata, y Oro Me lo trocaua un platero, Verdad es que hallè su casa Parecida a mi aposento, Vna primera de sillas, Y vn flux de almohadas de cuero. Traguè no sè que malicias, Mas yo procedi tan cuerdo, Que no se lo di a entender; Que es açar entrar riñendo. [foi Tuue de alli a pocos dias Omenage tan soberuio, Que parecia mi casa A la del Duque mi suegro. Tan esplendida es mi mesa

Que doy de mano al carnero Que me oliscan las perdizes, Y me cansan los conejos. Doña Inés brilla en diamantes, Oro arrastra, y lame el suelo Con lamas de mas colores Que vsa retorico el tiempo. Yo el numero no he sabido De los vestidos que tengo: Mas lo que sè, que jamas Los rompo, ni los estreno, Siruenme quatro criados, (Lo que mas me admira es esto) Sin salario, y sin racion, Bien vestidos, y contentos. Tiene mi muger tres dueñas, Cinco damas, y dos negros; Y de barba venerable Vna trinca de escuderos. Sin mayorazgo, ni oficio, Sin rentas, juros, ni censos Lo sustenta todo Ines, Ques es muger de gran gouierno. Quando juego sin picarme, Docientos escudos pierdo: Ines los paga, no se Si ella se pica por ellos. Tengo amigos que me buscan Y dizen que soy discreto: En fin mienten tan de valde, Que ni les doy ni les presto. De donde a mi tanto bien? O yo deuo de ser necio, O tiene doña fortuna Conmigo algun parentesco. Azicalese el discurso, Arguya el entendimiento Faltarà Ines a quien es? No es posible, lo creo. Pena me dio a los principios Vn sacristan barbi espesso, Que en dos cunas de ramplon Se le estan los pies meciendo. Mas es vn alma de Dios, Y si me duele el celebro, Me aliuia el dolor al punto Que dize los Euangelios Vn escolar presumido Manos blancas, largo pelo Cariampollar guedexudo,

A Ines regala con versos. Deste no ay que imaginar, Que es tan pobre, que me acuerdo Que le prestè veinte reales, Y nunca me los ha buelto. Serà acaso don García Peligroso? que es mancebo, Viste bien, pisa gallardo, Gasta largo, y habla tierno. Iesus, este es muy seguro, Porque fue primo tercero De vna tia de mi suegra Don Carlos Sanchez su, abuelo. Socarronissimo viene Cierto sacristan moreno, Que en mirandola, los ojos La claua en el pulgarejo. En quatro palabras suyas Ay ocho cauallos griegos: Yo confiesso mi pecado, Este solo es el que temo. Que los demas que en mi casa Visitan de cumplimiento, No ay tomarlos en la boca, Todo es santo, todo es bueno. La duda se quede en pie: Pero yo en que me desvelo? Pues que no me falta nada, El diablo me mete en pleitos. Pareceme necedad Sin disculpa, tener zelos, Y mas vn hombre, a quien Dios Tantas mercedes ha hecho. Bien està, señor discurso, Dexemonos de rodeos, Que es gran locuta inquirirlo, Si ha de doler el saberlo. Lo vltimo a lo menos viene muy a proposito a nuestro caso, dixo Danteo; mas passando a otro en honor de que fiesta se haze la de toros? Solo quiere Cintia, respondio Perecindo, que tan ajustado conclaue, y amor tan cierto no tenga a los ojos animal tan contrario; y assi manda que mueran todos los toros. Los dos tratauades de zelos; que en vos, danteo, es la leuadura de quanto dezis. Leriano contra su ordinaria templança está cabizbaxo; ved si en esta sentencia de Cintia correis peligro, y huid con tiempo. Toda burla era veneno para Leriano; y viendo, que aun el quexarse contenia infamia, procurò que le dexassen solo; y con breue consulta aquella misma noche dexò la selua, aunquè le rogò Clarinda, que para cosuelo suyo la hablasse. A la mañana se cerco con facilidad vn espacio llano, y quadrado que auia delante de la casa de Cintia, que a la tarde con mucha gala cercada de sus compañeras ocupo vnos balcones; y a los zagales dio lugar en vnas rejas baxas. Cercò mucho vulgo el palenque de la plaça; y en el coso no faltò gente que corriesse los toros: que ferozes, como criados en las margenes de Xarama, no consentian

que se les acercassen mucho. Despues que con diestras suertes, sin riesgo, que no diesse mas gusto que lastima, murieron dos toros, entrò Fileno en vn bizarro cauallo, siendo iman de los ojos de todo el teatro; y con rejon en el tercero y quarto toro hizo gallardas suertes, hasta que en el quinto la sobrada lealtad del cauallo, y su confiança dieron lugar a vn riesgo. Hirio Fileno al valiente animal, que con el furor de la herida acometio al cauallo, y degollòle con las adustas armas con tal presteza, que sin dar mas passo cayó en tierra muerto, preuiniendo Fileno desocupar la silla antes de la caida: y quando con la espada iba a herir al toro, hallo a su lado vn bizarro moço: y entre los dos dieron al toro tantas cuchilladas, que, mezclando su sangre con la del cauallo, a vn mismo tiempo murieron ambos: de suerte que parecio mas fortuna que vengança. Baxaron los zagales de sus assientos, y lleuaron a los dos consigo. No le costó a Cintia poco alboroto el sucesso de Fileno: y si la lengua dissimulò el susto, las mexillas cambiando colores, le dieron a entender. Acabòse la fiesta, quando al salir de la puerta Fileno se hallò abraçado de vn hombre, que con el sobresalto estrañò, y despues conocio que era vn criado de su casa. Apartòse con el, dixole que le llamasse Fileno, y que despues le hablaria mas despacio. Estauan con grande inquietud, porque conocio, que el que le auia socorrido era su enemigo el mismo que le hirio la noche que dio principio a los sucessos referidos: y apartandose con el del concurso de sus compañeros, oyòle estas palabras. Ya nuestros enojos no tienen sobre que caer; y assi, si vos gustais, de que oluidando competencias, boluamos al antiguo estado de nuestra amistad, con el mismo aliento que oy (aunque no era igual vuestro el peligro) me puse a defenderos, pondrè mil vidas por vos. Bien dezis, dixo Fileno, que cessa la causa de nuestros disgustos; que yo tengo ocupada la voluntad de manera que no sabrè acudir a obligaciones de mi reputacion, porque me lleuan poderosos empeños de la inclinacion a otros fines muy diuersos: y assi si vos teneis modo con que os admita la ocasion de nuestra enemistad, yo ayudarè a vuestro intento, y sera la mayor causa para boluer a vuestra amistad, supuesto que tengo justas quexas de vos; y que sagaz me aueis atado las manos con la demostracion que oy aueis hecho en mi fauor. Mas yo que no considero agrauio, que solo la fortuna pudo hazer que yo cayesse, y vos: que ya se que fuistes tambien herido, pudiessedes quedar en pie: digo, que no por vuestra contradicion, sino por mi misma voluntad, y por facilitar otros deseos, consiento en que conquisteis la mano de doña Guiomar; y os doy mi palabra en fe de Cauallero, no contradeziros jamas en vuestra pretension. Muchas cosas (dixo el forastero) tengo que agradeceros. La primera, admitirme a vuestra amistad, sin reparar en enojos passados. Y la vltima, desembaraçarme la pretension de doña Guiomar; que yo tengo en tan buen estado, que solo espera a saber, que vos no hareis contradicion para ser mi esposa. De forma, que si supiesse que vos consentis en nuestro casamiento, no le dilatara vn dia; mas es muger, y temerà, que yo con el deseo que he mostrado de su mano, hare siniestra la relacion; y assi si gustais que esto tenga efeto, vuestra letra ha de confirmar este consentimiento. Y yo os juro por quien soy de no mostrarsele, hasta que tenga otro de su mano. Yo fiarè de vos, dixo Fileno, tan gran desvio, creyendo que si no tuuierades su voluntad muy de vuestra parte, no necessitauades de papel mio; y assi me ofrezco a escriuirle. Con este concierto de nueuo se dieron los braços; y quando ya se recogian, de entre vnos arboles salio vn hombre cubierto el rostro; que poniendose delante, empuñando la espada, y en la siniestra assestando vna pequena pistola, con trage de vandolero dixo assi: Fileno, vos me teneis, si no agrauiado, descontento; y assi no aueis de escusaros de reñir conmigo. No rehusarè daros gusto en esso, dixo Fileno, mas hazedme cortesia (aunque parece que la venis a pedir al vso de sierra morena) de dezirme la causa porque os enfado; y si sabeis que soy Cauallero: porque para desafiarme a mi, estais obligado a serlo; y por Dios que no dize el trage en fauor de vuestra nobleza. Con vna respuesta os quiero satisfazer a entrambas dudas. La ocasion que me pone mal con vos, es la misma

que os detiene en esta selua con el fingido trage de pastor. Yo he merecido fauores suyos, y vos los pretendeis, ved si es justa causa. Y si prueuo que os igualo, pues tengo la misma pretension que vos; y no con menor desigualdad, que ser yo admitido, y pretenderlo vos. Dezis muy bien, dixo Fileno, forçoso es nuestro duelo, porque yo no pienso dexar la empresa, aunque no soy admitido, ni de desear que muera quien me estorva; mas yo estoy sin armas, que en la seguridad desta soledad no crei que eran necessarias. Esperadme, que yo os doy mi fe de boluer sin armas de fuego. Las que tengo, dixo el disfrazado, son solo para si no os hallaua solo, como sucede, que yo las arrojarè en Xarama, quando os halle como dezis. No perdamos tiempo (dixo el forastero) yo soy amigo de Fileno, y su misma persona: arrojad la pistola, que yo harè el campo con vos. Poco remedian mis zelos, dixo el encubierto, si viue Fileno, su vida me estorua solamente; que de vuestra muerte ningun fruto espera mi amor: mas a proposito me parece que deis vuestra espada al amigo, y el buelua por si. Rehusaualo el forastero, por ser mengua no participar del peligro: mas persuadido de que quando truxera armas Fileno, deuia en ley de honor ser neutral en tanto que durasse el duelo, le dio a Fileno espada y daga. El encubierto arrojò la pistola, y començaron a pelear animosamente, hasta que al ruido de las armas Gerardo y Lucindo con gente del campo acudieron, y con ondas y palos los despartieron: y conociendo a Fileno, siguieron al disfrazado, que por lo mas espesso del monte se procuraua esconder. Miraron si estaua herido Fileno, hallaronle sano, y fueron en su compañia hasta la casa de Laurencio, donde hallò al criado que le auia abraçado al acabarse las fiestas. Preguntòle como auia aportado a aquel sitio: el le contò el cuidado con que estaua su hermana de que huuiesse passado tanto tiempo sin escriuir; y que le embiaua a Madrid para saber la causa de su silencio, creyendo que era falta de salud; mas que antes de llegar auia sabido aquella fiesta de toros, a que el era muy aficionado, y que en ella le auia visto con mucho contento suyo; pues si passara a Madrid, no hallara acaso rastro del. Mandòle que se recogiesse a descansar Fileno, y hospedò al forastero; y aquella misma noche escriuio a su hermana con ciertas instrucciones que entregò al criado, y al amanecer le despidio, mandandole que dixesse quedaua en Madrid. Cuidadoso estaua Fileno del que le auia acuchillado, creyendo que era aquel Cauallero que le auia contado Laurencio que estaua concertado de casar con Cintia: de donde vino casi a desesperar de su empresa, y a desconfiar de su vida, si proseguia, mas con ser este miedo en otro bastante para quitar la fuerça al mas poderoso amor, el de Fileno a Cintia era tan valiente, que no le desanimò, antes en muestras de su firmeza, no dudò de dar al forastero el consentimiento que le auia pedido, con que le despacho muy contento. Los pastores que auian seguido por el monte al disfrazado, no pudieron alcançarle: porque llegando a Xarama, se arrojò a nado, y passò de la otra parte. Supose luego este sucesso, y turbo no poco a Cintia, assi el peligro de Fileno, como pensar que don Iuan incitado del passado desprecio, intentaria tan descortes vengança. Diuirtio algo estos cuidados el de Lucindo y Liseno, que en honor de Fileno escriuieron estos dos romances, celebrando su destreza y gala del dia passado en los toros: dieron copia a los pastores, y a Fileno le embiaron otras que dezian assi. LUCINDO A FILENO Quien serà aquel Cauallero, Que aun apenas se diuisa, Y del pueblo aclamaciones No vulgares le anticipan? De su parte està la fama, Pues en honras preuenidas Por sucessos gloriosos Los intentos le confirma

Tan tempranas alabanças O quantas obras le obligan No menos tantos aplausos Le empeñan que le acreditan. Mas sobre vn ruzio Andaluz Gallardo la plaça pisa Vn garçon, donde la gala Vrbanamente se cifra. Ya no le dudan los ojos, Mas el vulgo le apellida, Fileno es, si, que ninguno Tanto aplauso merecia. Que de Marte en la priuança, Y de amor en la caricia, Ya en el campo, va en la Corte Causò cobardes embidias. En quantas fieras le guardan, Tantos triunfos le destinan; Y en ser menos el aumento De su destreza peligra. Mas vn bruto, cuyo ceño Arman dos sierpes torcidas, Adusto le emprende; a fiera, Feliz seras, si te libras. En la diestra fresno breue Ciñe el Heroe y diestro anìma Al cauallo; ya se acerca, Ya desea que le embista. Rayo es el bruto enojado, Poco de los cuernos fia: Trepa el aire, que a los dientes Aun apelaron sus iras. Yugo leue impone el jouen A la ceruiz vengatiua, A quien su furia ensangrienta, Y sus impetus lastiman. Con nueuas armas rompiendo El rejon, la frente eriza Sin vicio en el ademan, Y sin desaire en la silla. De la amenaza del bruto Pocos passos le desuian, Y con sereno semblante De riesgo y accion se oluida. Muere la fiera, y en otra Repite la suerte misma, Quan en vano la fortuna, La primera se prohija! Tan diestro el primer agrauio Las fuerças al bruto quita:

Que aunque el furioso no resta Fiera a la segunda herida. Todas postran a su mano; Si no escusan fugitiuas, La execucion poderosa Del rayo que las fulmina. Guarda el rebaño Xarama De las fieras que te habitan; Que despoblar solamente Puede un braço tus orillas. Vu braço que quanto fresno Por muchas edades crian, Los montes en un instante Traslade al coso en hastillas. Y tu Fileno gallardo, Ya que al animo no rindas, Parte de fortuna otros Serà justo que permitas. Dexe que hazer a otra mano, Constante tu valentia, De manera que a licencia Se atribuya y no a fatiga. Que tan ambicioso yerre Ya el rejón, ya la cuchilla, Que al numero de las fieras Esfuerça que sobre el dia. No quiso Lucindo cantar la muerte del cauallo, y a Liseno le parecio esta la mayor suerte, celebrandola en su romance que fue este. LISENDO A FILENO La gala de mançanares, Que tiene embidioso al Tajo, Corrio valientes nouillos La vispera de vn disanto. Parecieron de la plaça En ventanas y andamios Hermosuras no plebeyas, Y zagales y villanos. Antes que diesse el clarin Fiera velos al teatro De las vezinas aldeas Mil zagales le ocuparon. Los toros son perseguidos, Ya su fiereza es espanto, Cobarde su ligereza, Y temerosos sus passos. Dos yazen al diestro hierro Del pueblo animoso, quando Entrò vn garçon preuenido De los vulgares aplausos.

Que firme ocupa la silla! Que compuesto! que bizarro! Lo que el semblante le adquiere, Que bien lo aumenta el agrado! Galan busca (sin deuerle Tantos riesgos vn cuidado) Fieras, a quien dio Xarama Verde poluora por pasto. Adusto animal despeja El coso tan irritado, Que si conoces sus iras, No le esperarà vn peñasco. Aun Alcides temeroso Le atendiera, o temerario, Ni se fiara seguro En las alas del Pegasso. Mas ya el garçon le combida, Y al breue hierro gallardo Del fresno opone la diestra De su furor al reparo. Assi obedecio al intento La herida, como si al arco Deuiera el acierto, y fuera De la ceruiz, firme el blanco, Añadiendo nueua furia El nueuo dolor, y dando Armas nueuas a su frente, No pudo morir vengado. Quando al penetrante yugo Rebelarse quiso en vano, Mordio la arena rendido En el vltimo desmayo. Descubrio accion tan heroica, Embidiosos, mas no ingratos; Pues fue el gusto de los pechos Aclamacion en los labios. En otra fiera, y en otras Rompio feliz fresnos tantos, Que no hallaua la destreza Lugar adonde clauarlos. La sangre que derramò Sobraua al igual espacio Del coso: pues era ya Inundacion y no rastro. Guiaua vn hijo del Betis, Nieto del Zafiro blando, Mas que Cyllaro galan, Y mas ligero que Alastor: Tan brioso, y tan fiel, Tan aduertido, y tan cauto,

Que escusarse a los peligros, Aun no le costò tres passos. Porque le negò la voz, Vino en sospechas de avaro El cielo, aunque en el instinto Le recompensò el agrauio. De los triunfos de su dueño Iba a la parte el cauallo, Prohijandose ambicioso Las hazañas de su braço. Para castigar su embidia Vn bruto salio tan brauo, Que en el mal lunado ceño Fue general sobresalto. En su oposicion creyeras Que los vientos eran tardos; Y el tigre reciente el robo Aun te pareciera manso. Cercò a la fiera fatal El cauallo tan osado, Que en su misma confiança Cupo siniestro presagio. Y ya del jouen herida En su desprecio lozano Insultaua, a la vitoria No se acordò del recato. Al mezclarse con la fiera Yacen sin aliento entrambos: Decendio el jouen brioso, Que aun no cayò desairado: Que para que se atribuyan Los sucessos a su mano, Muere aquel, a quien la embidia Quisiera torpe aplicarlos. Toda es tuya la vitoria, Garlon heroico, que al campo De Xarama nueuo honor, Y nueua nobleza has dado. No dispensa en tus aciertos Fortuna, el valor no es caso, Lo que es denuedo, no es suerte, Ni lo que experiencia, es hado. Viue feliz, y si el cielo Solicita tu descanso, Lea la edad venidera Tus hazañas entre marmol. En caracter tan constante Que el tiempo las honre vrbano, El oluido las acuerde, Y las celebren los años.

Generalmente fueron celebrados los romances, y Cintia agradecio a los pastores este cuidado, sin darselo a entender, alabandolos mucho del de Siluia, y Anarda. Cintia estaua ya impaciente, y el amor que encubria mas vehemente con su resistencia, no podia ya pedir a Clarinda, ni a Filis que hiziessen sombra a sus deseos, porque ya era darles a entender su voluntad declaradamente; cosa que aun intentada abominaua su recato. Esto era impossible tambien por la estraña condicion de Danteo y Leriano: que despues de aquella, para el, infausta noche, no auia parecido, ni se hallaua rastro del, aunque Cintia para satisfazerle, le auia mandado buscar con diligencia; pues sufrir mas tan colerico incendio, no se compadecia con sus fuerças, bastaua para el mayor decoro lo resistido, sobraua lo callado. Era primeriza en materia de voluntad, y el desusado ardor, sacandola de su ordinaria quietud, congoxauala sumamente; por otra parte via que era forçoso tomar estado, y condenaua por necedad sin disculpa dexar esto a disposicion de otro, que el mismo gusto, que es el pariente mas cercano. Costauala ya este cuidado la resolucion que tomò en despedir a don Iuan. Vltimamente temia, que siendo Fileno poco atreuido, y ella sobradamente recatada, no seria possible tener efeto sus deseos. No dudaua que Fileno la adoraua; que muy ciego es quien no oye lo que hablan los ojos. Por vna parte estaua bien con el encogimiento de Fileno, por ser tan conorme a su condicion: por otra quisiera que se atreuiera, por abrir senda a su correspondencia. Combatida de tan contrarios pensamientos llegò con Filis y con Elisa a las rejas del terrero a tiempo que oyeron cantar este romance muy acomodado al pensamiento de Cintia. Glorioso estaua el amor, De que siendo ciego vè, Mas oy, no es menor hazaña, Que mudo se da a entender. Tan retorico silencio Voz articulada es, Que en excessos tan diuinos No tiene el labio que hazer. Sospecho que con mas gala Para explicarme callè, Porque hablar a vna deidad, Es tratarla de muger. Si es cierto que de los ojos El caracter entendeis, [ fol. Y que para vuestras cifras Es mi coraçon papel. Pudiera el alma a la lengua Castigar por descortes, Si secretos diuulgara Que no ha llegado a saber. Pues aun con fauor del arte No pueden copiarse bien, Tan delgados los afectos, Siendo tan tosco el pincel. Si percebis mi silencio, Misterioso vendre a ser Entendido en lo que callo, Discreto en lo que no se. En tanto abismo de luzes Quien no ha de anegarse? quien

El Oceano a la boca Loco presume hallar pie? Perdieronse mis acentos, Quando en distinto tropel Amenazado de rayos, Y de flechas me mirè: Pero de asombros tan dulces No me quise defender: Porque aun en morir por vos Halla mi amor interes. Bien conocio Cintia que Fileno era el que cantaua, y bien quisiera hablarle, mas no podia sin dar sospecha despedir a Filis, y a Elisa. Y mas que como es ordinario, entonces estuuieron mas pesadas; pues dexando de alabar la voz, por ser materialidad celebrar lo que llamauan gracia, fuera del alma. Començaron a arguir, qual era mas fineza, o mayor muestra de amor, sanar amando, como dezia el romance, o sin poderse resistir, brotar por la lengua los poderosos efetos del amor; y siguiendo la opinion del silencio Filis, dixo assi. Si el amor se ofende de quanto sabe a interes; y para ser fino se deue apartar de lo que parece contrato: quien ama tan cortès, que reboza con silencio sus ansias, [folio no solo no es interessado, mas aun parece que huye del premio. Rara modestia de voluntad, que se desvie de obligar, y renuncie el comun refugio de la esperança, que podria resultar de la noticia de su afecto. No parece falta de brio, no dar ventaja al peligro: que la mayor valentia no se fia desarmada a su contrario. Mas el amor que dissimulado padece, y opuesto a exercitos de desconfianças, a muros de temores, no usa de las armas de la lengua, que suele vencer lo vno, y prostrar lo otro, heroica muestra da de sus brios. En los efetos de la voluntad la muger lo auentura (poco dixe) lo pierde todo; y el hombre de qualquier forma gana nuestro caudal. Pues si alguno poniendose de la parte de nuestra flaqueza, escusa nuestras perdidas, enemistandose con sus deseos, y vtilidades, no es bizarro estilo de seruir? Muchas vezes se haze sorda el alma a las grosseras persuasiones del cuerpo; mas si ella es la que persuade, poca fuerça tiene esta material carcel para resistirla: pues quando amor esta tan vnido a vna alma, que no parecen separables, que ha de dictar a los sentidos sino amor? Mas que aya lengua tan constante, que a tan poderoso impulso se defienda, que contra todo el imperio del alma se ate al respeto, a la adoracion! Partes tiene para merecerla. Ninguno conoce quien es amor como el que calla, pues da a entender que por si solo vale tanto, que por ningun accidente puede crecer, por ser superior a todos los bienes que reciben aumento en la comunicación, y mas haze que ambicioso de su dolor. Admite a amor en la parte que es aspero y desabrido, pues no le explica, temiendo que el remedio le aliuie la pena; y por el consiguiente le mengua el merito. Que honor se rezelarà de quien tan obseruante calla lo que padece, que despierta al dolor, y pone en duda la vida? Muchas cosas que se me ofrecen, dexarè de industria, porque he sentido que Elisa con risueños desdenes, y misteriosos mouimientos està de contrario parecer. Mucho temiera la agudeza de su ingenio, si no estuuiera tan de mi parte la razon. Era assi que Elisa sentia diferentemente y confessandolo con gracioso despejo, començò assi. Si se considera amor a bulto, sin distincion, caeremos en mil confusiones o amor es hidalgo inuencible de cuyo imperio nada viue libre, o es vna vana complacencia; que de ser admitido, o no, fenece languido, o prosigue poco brioso, si es como dixe primero, y se apodera de vna alma, enseñado a no ser resistido. Que muros? que exercitos respetarà? y mas la lengua dispuesta, no solo a obedecer mandada, mas aun a deslizarse inaduertida. Regular las causas por los efetos, filosofia es permitida a nuestra capacidad. Quereis saber quanto ama vn hombre? pues ponderad sus acciones, puede callar, resistese al fuego, rebelase al alma. Poco es el incendio, poco el poder; que si llegara a la

perfeccion de amor, enagenado renunciara el silencio, y fuera de si pronunciara su ardor. Dios ya entiende las cifras de nuestros pensamientos, y con todo nos obliga a que los expliquemos no por que las ignora, sino porque agradece más a quien le ruega, que al artifice que le traslada en imagen de oro. Miente pues quien dize que nos adora, si nos niega el mayor indicio de adoración, que es rogarnos. Si nos persuaden que se mueren los que aman, como no se valen de la vltima diligencia, que es dar se a entender? porque no ay otra puerta para el agradecimiento que la noticia de lo que se deue. Pues que fatiga hay tan inutil como aquella con la que a nadie se obliga? Confiesso que es desprecio la intempestiua explicacion de vna passion amorosa mas quando por sus grados y numeros saborea con arte al entendimiento, deueremosle no parecer ingratas. Y tal vez puede tanto amor en vna muger, que auenturara el recato anticipado, si no le salieran al camino combidando la inclinación. No es valentia esta dissimulacion, supuesto que por la mayor parte quien siente tan baxamente de si, que teme, que el declararse, y despedirle, no ha de ocupar dos tiempos, por fomentar este dulce cuidado, y no se apresurar a los amargos vmbrales del desengaño: entretiene callando lo que perdiera, si se diera a entender; que nadie sabe, sino es quien lo experimenta, quan blandamente engaña la esperança; y quanto fauorece la duda al entendimiento; y en este transito no se atreue a perderlo todo: y quien no se atreue, mas tiene de cobarde, que de valiente. En fin el que mas calla, quiere que le entiendan, metiendonos (que grosseria) en el vano cuidado de escudriñar sus pensamientos. Parte tiene licita el amor, desta trato, que no ay otra, En esta no es merito callar, porque no ha de dissimular vn hombre aquello mismo, de que se deue preciar; antes ofende su eleccion con el inuiolable sigilo de sus labios. Iamas se arguye sin que la voz salga de su ordinario tono. Assi pudo Fileno oir la disputa, quando Cintia, confessando en el semblante su indignacion, question es, dixo, tan fuera de nuestras obligaciones la propuesta, que os ruego que jamas perdais tan mal el tiempo. Sea conclusion breue de todo lo arguido; no ha menester hablar vn hombre para defender nuestro decoro. El pensamiento peca tan grauemente, que sobra mucho delito al castigo de vil desprecio. Todas admiraron el preciso desden de Cintia, y con Fileno, por poco bastara a condenar sus esperanças mas Cintia hablò con aquella breuedad, por no dar lugar a mas discursos, sintiendo que Fileno escuchaua. Pensaua pues como despedir a Filis y a Elisa, quando vn instrumento lexos de su reja ayudò a su industria. Nueua musica, dixo, es aquella: ved quien canta, que yo quiero quedar sola. Las dos fueron al señuelo de las cuerdas y Cintia, no como quien llamaua, mas como quien daua a entender que estaua alli, hizo algunas acciones, que pudieron aplicarse a descuido. Templaua Fileno en tanto ardor, y inutiles los pies, y casi la lengua, se llego mas a la reja. Preguntò si era Clarinda mas Cintia què sabia, que la auia oido hablar, no quiso usar del velo que le ofrecia; porque siendo conocida, pareciera mas liuiandad hablar con aquel disfraz, y le diera mas indicios de su voluntad. Cintia soy (dixo) señor Fileno, que estoy muy contenta de que cuidados de Clarinda os traigan a este puesto; mas quisiera que fuerades con libertad dueño de su voluntad; que temo que competencias, y zelos han de descomponer nuestro sossiego. Verdad es; dixo Fileno, que preguntè por Clarinda; mas es también cierto que no la buscaua, y que no turbarè yo tan cortes quietud dando ocasion a competencias. No puedo negar que amo, que mi assistencia me desmintiera; mas lo que yo adoro no puede ser competido ni aun deseado. Y es mi amor tan obstinado, que sè que no puedo merecer; y con todo deseo no conseguir sino seruir. No dixe bien, en que lo que adoro no puede ser competido antes sè que tiene ya forçoso dueño. Que muerte ay tan cruel, pues el respeto sella mis labios, sintiendo tanto, que apenas es capaz el alma para encubrirlo . No os sabrè responder a proposito, dixo Cintia, ignorando la causa de vn cuidado, supuesto que me assegurais que no es Clarinda; mas vos teneis para conmigo tan buen credito, que merecera quien lo fuere essas finezas. Yo os confiesso la aspereza de mi

condicion; mas para animaros, me atreuer a dezir, que oigo mas afable agenos pensamientos. No os pregunto, aunque os animo, el vuestro; que lo que fuera fauor mio, si lo escuchara, no es justo que me cueste diligencia. Ya, señora (dixo Fileno) que no puedo en ley de discurso esperar, que ganancia se me puede seguir de profanar lo sagrado de mi silencio? Si no tuuiera tan euidente desengaño; a caso la esperança del remedio me persuadiera a explicarme. Mas si hablando, y callando tengo de morir, deuame esta lisonja mi amor; que a lo menos no le hize comun, viua en el alma, que no le merecen los labios, ni cabe en la voz. Pareceos, dixo Cintia, que la voluntad no tiene mas de vn camino para lograrse? Mal pensais, porque antes desmerece; quando està fauorecida de la esperança (grosero priuado de amor) de manera que obligareis, si es cuerda a quien amais, quanto menos interessado os viere, muy en fauor vuestro desconfiais; porque es el mas breue camino de obligar, premio principal para quien hidalgamente quiere. Temo, dixo Fileno, que lo que vengo a merecer por essa parte, lo perdere, diziendo mi amor. Y si me tengo de quedar en el mismo estado, callando pierdo menos; y mas quando yo se que mi silencio es entendido, y no es en mi arrogancia, sino conocimiento, que vn ingenio diuino lee los ojos, y oye los pensamientos. Deseando, y temiendo estaua Cintia que se declarasse Fileno, que ya daua no pocos passos en su explicacion; y dixo: Mucho sabeis, si estais cierto que os entienden y no sois tan humilde como os imagine a los principios no se yo qual arrogancia iguala a la vuestras pues por fuerça aueis de creer que quien os entiende, os mira con cuidado. No aueis oido dixo Fileno, que quien hiere a caso sin verlo, tiene cierto auiso en el braço, que llamamos quedar sabroso, que le da a entender, que tuuo efeto el golpe, y que sacò sangre, pues desta suerte quien sin sentir me hirio, no se pudo escusar del auiso del braço, sin que la costasse cuidado, ni atencion esta noticia. Delgadamente, dixo Cintia, disculpais vuestra confiança, quiero que me agradezcais que no os replico, supuesto que pudiera: sólo parece que con esta preuencion pudierades dezir sin agrauio de lo amado, quien os cuesta tantos rezelos. Si dirè, dixo Fileno, pues me absolueis del delito que imaginè que cometia. Ya es tarde, dixo Cintia que Filis y Elisa vienen: no os vean, que no las tengo enseñadas a excessos mios. Sin despedirse se partiò Fileno: llegaron las dos zagalas, cuya venida Cintia agradecio con su recato, y maldixo con su amor. Dixeron, que el que cantaua era Perecindo, y lo cantado vnas dezimas a su dama, que le auia mandado que la oluidasse. Pedimosle traslado, y por vn liston nos dio el que dixo borrador ya auian dexado la reja, y con la luz leyò Filis assi. Manda, si satisfazerte Quieres de mi rigurosa, Que no te regale, cosa Que sentire a par de muerte. Si vn vestido quiero hazerte, Manda que te haga vn soneto, Aunque empeñe de discreto El caudal que Dios me dio: Mas que te oluide, esso no, Que es riguroso decreto. Mandame, o flor de las Iuanas, Antes que de amar te dexe, Que me vista paño herege Y camisas luteranas; Y que mate a las mañanas A la hambre por tu ocasion. Mandame que en mi rincon Me passe con cinco platos,

Que me acueste sin çapatos, Y leuante sin jubon. Iten manda que no aya En el Cairo de mi nueua, Y que cuando nieue o llueua, A visitarte no vaya. Manda al fin que me den vaya, Si de burlas, ni de veras Tocaras mis faltriqueras, Ni lo que en ellas se guarda: Mas oluidarte Iuanarda, Es pedir al olmo peras. Ser mas firme te prometo, Que rueca en medio del mar: Como te puedo oluidar, Sin preciarme de discreto? Y aunque en el vltimo aprieto Tu rigor el laço tuerça, Esto a lo menos me esfuerça. Quien bien ama, tarde oluida; Quien no come, mal combida; Quien ayuna, nunca almuerça No sintio mal Fileno de su esperança, hallando a Cintia menos aspera que la auia crecido su temor. Consolase mucho con verla tan cerca de afable; y dezia a sus deseos: La caça espera, o culparè a la destreza, o serà presa de mis aciertos; mas luego boluia a la relacion de Laurencio, y al que disfrazado le acometio pocas noches antes, que todo imaginaua que era vno; y por mas que se animaua, la esperança desfallecia a los inconuenientes que le cercauan. Passaronse en estos rezelos de Fileno, y en deseos de Cintia algunos dias, en tanto tuuo tiempo de venir el criado de Fileno, y luego pidio a Cintia licencia para festejar al conclaue de los discretos pastores; y teniendola, començò sobre el rio a fabricar vn teatro capaz para oyentes, y fiestas, traçando a su disposicion nubes, tronos, naues, y otras tramoyas, con mucho arte y curiosidad: los barcos que tenia el rio juntò, y compuso de jarcias, velas, vanderolas, y remos todo de labores vistosissimas: de suerte que el intento solo parecia magnifico, y el aparato Real. Hazia tiempo en tanto que se disponia esto, llamando a los zagales, y dandoles la traça y modo de las inuenciones que auia ordenado, repartiendo entre todos telas y sedas, para vestir sus figuras. Estos cuidados ocupauan el cuerpo; mas el alma siempre anhelaua a su centro, que tenia en Cintia, sin dexar noche que no visitasse el terrero; mas nunca tenia ocasion para hablarla: porque temiendo, que si cantaua, concurriria gente a hazerle daño en forma de lisonja, lo mas secreto y dissimulado que podia passaua el sitio; y en hallandole ocupado, por no ser descubierto, no se detenia, hasta que la noche que peor le estuuo, passeando sin registro el terrero, oyò que en vna reja auia ruido, y diuisò bulto. Cintia era que por si Fileno passaua. Manda, Filis, dixo, que no me inquieten, que parece que me busca aqui el sueño, que no me halla en la cama. Conocio la voz Fileno, y tambien se dio a conocer, diziendo, dadme licencia, que no es justo que estorue vuestra quietud. Esso viniera a proposito, dixo Cintia, quando yo os detuuiera, o supiera, que estauades tan cerca. Pareceme que ahora me venis a rogar lo que yo casi os pedia, y no se si acabareis conmigo lo que entonces os confiesso que lleguè a desear. Ved quanto importa vsar presto de la ocasión que ofrece la fortuna: mas a otra pregunta me respondereis primero, a que ocasion leuantais tan alto teatro, y hazeis preuenciones tan costosas, que traeis

embarazados a todos, y vos no lo andais poco. Quien duda, dixo Fileno, que estareis muy fuera de lo que os responderè, no porque no sea assi, mas porque estrañarèis que yo lo sepa, fiesta es esta para vuestras dichosas bodas. Dexemos, dixo Cintia, que es cosa la que dezis que no me deue pensamiento; y vamos a lo que os parecera menos importante. Tanto gustais de que yo me case, que con tan anticipadas diligencias os preuenis a la demostracion deste contento? Sin duda, dixo Fileno, serà el tumulo de mi muerte el dia que siruiere este teatro de festiuo aplauso a vuestras bodas. Tampoco quiero que os pese tanto, dixo Cintia, pues ni perdeis en que sea, ni interessais en que dexe de ser: que si me obligais a vuestros cuidados, serà edificar muy a mi costa. Que hallados estauan los desdenes en Cintia; pues aun quiriendo bien, se la ofrecian a la voz, sin darlos licencia la alma. Sola vna cosa, dixo Fileno, podrè hazer fuera de la obediencia vuestra, que es morir, porque aun no llegara a estar en mi mano; y quando pudiera no morir, me pareciera grosseria: y en esta parte no me apreteis, que dirè lo que no querais oir. Diuertidos tan dulcemente, no sintieron que Leriano, a quien los zelos de Clarinda auian desterrado del valle, los estaua escuchando: que conociendo a Fileno, para ratificar sus sospechas, era sombra suya quando Cintia ya fuera de duda, suspuesto que nunca la tuuo; y declarado bastantemente Fileno, le dixo sin responderle: De quantos habitan esta soledad se los apellidos, la patria, y la calidad: vos solo deueis mas a mi confiança, pues he passado por ignorar quien sois. Bien se que os deue otro la relacion de vuestros sucessos: yo os ruego cierta de que no lo escusarà vuestra cortesia, ni me engañareis, que me digais vuestro nombre y sangre. Con que primero sepais (dixo Fileno) que tengo tan altos los pensamientos, que llegan a vos misma, harè lo que me mandais. En Seuilla naci, rama de los excelentissimos Aluas, donde con hazienda igual a mi nobleza viui, sin fiar el alma a cuidados de amor. Acaso, para que no desprecieis mi rendimiento, pues no tengo experiencia de otro. Trataron mis deudos de casarme con vna nobilissima señora de la casa de los Guzmanes, singularissima en ingenio, vnica en hermosura, y no imitada en recato: de suerte que la demasia aun en esta virtud se le atribuye a vicio. Comuniquè mi dicha con vn amigo, que embidioso della, sin darme parte, vino a ver mi empleo tan ciego de su hermosura, que tratando despues de acompañarme en esta selua, quiso que desistiesse de mi empresa, o la muerte del vno la desocupasse para el otro. Saquè con el la espada; hiriome, herido el primero: cai al tiempo que sabeis me socorrio Danteo, mi nombre; y al dezirle, aduertido boluio a reconocer el puesto; hallo vn hombre que le escuchaua: saco la espada; fuese Cintia, y los dos lidiaron, donde quedaran para acudir a otras atenciones.

LIBRO QUARTO
Seguro estaua, a su parecer, Fileno de que otro que Cintia pudiesse ir a la parte en secreto que tenia tan guardado; mas aunque tarde, agradecio a su cuidado mirar quien le oia. Antes de dezir su nombre, de que Cintia no poco desabrimiento recibio, Leriano, que ya estaua con bastante satisfacion, diose a conocer a Fileno, y dixole, que creyendo era otro, auia procedido mas curioso que fuera justo, que lo que le auia oido guardaria en secreto quanto tiempo fuesse necessario, y que las armas no tenian causa de ensangrentarse . Colerico estaua Fileno de la descortesia de Leriano: Y si tan altas esperanças como iba fomentando, no le ataran las manos, sin duda viera aquel campo la tragedia de vno de los dos, o de ambos; mas al fin mal contento se sossegò, pidiendo con gran encarecimiento a Leriano, que fuesse su silencio en lo que auia oido muy semejante a oluido. Recogieronse los dos, y Cintia passando inquieta la noche en el cuidado de su amor, y en la duda de quien seria Fileno, cierta de su nobleza, ya tacitamente le admitia esposo, contenta de las partes de su entendimiento, quando a la mañana Filis la visitò, y dixo, que vna dama muy hermosa forastera la esperaua auia algunas horas. Cintia se vistio con breuedad, y no con prisa; y saliendo a recebirla, admiro su rostro, que era por estremo hermoso: y de su trage coligio su nobleza. Despues de los ordinarios cumplimientos rogòla que quedassen solas; en estandolo, con algunos assomos de la grimas començò assi. Por la distancia, señora, no auras tenido noticia de mi; mas de mis deudos y casa no puedes dexar de tenerla. Naci en Seuilla entre las blandas lisonjas de la fortuna; y a las primeras luzes de mi discurso hallème sin madre mas acariciada querida con muchos estremos de mi padre, aunque le merecia mas amor vn hermano sucessor en mi casa, de mas años que yo. Era mi galan mi padre, tan cuidadoso, que aun antes que yo lo imaginasse, me traçaba y hazia galas luzidissimas, y joyas muy nueuas y ricas, queriendo acompañar esta, que a su natural passion parecio hermosura, con aliño y riqueza tan grande, sin descuidarse, en que con destreza cantasse y dançasse: habilidades que tanto requiere la gala y edad nuestra. Lo ordinario es pensar vna muger destos años, y destas partes, que llena los ojos de todos. Yo te confiesso mi ignorancia, assi lo creia, no tan sin fundamento, que no viesse frequentada mi calle de los mas nobles mancebos de Seuilla, sin faltarme en la Iglesia, ni perderme de vista en la ciudad, quando acaso salia de casa con mi padre; que a titulo de gala, queriendo que todos le imitassen en quererme, no mostraua enfadarse de los que me seguian. Yo al contrario lleuaua tan impaciente estas demostraciones, que tal vez me culpò mi padre de grossera, gustando tambien de mi desvio. Entre el gallardo numero que me cortejaua auia vn Cauallero forastero de conocida nobleza, a quien miraba menos aspera, pero no apacible: mas por cumplir con la naturaleza, que por dictamen del gusto. Este solicitaua mis criadas con muchas dadiuas; y assi era entre ellas tan bien admitido, que pocos dias dexauan de hablarme en el, ni me enfadaua, ni me agradaua de sus diligencias, recibiendolas con vn descuido muy parecido a desprecio. Era galan sobre entendido don Mauricio (que este era el nombre deste Cauallero) y como conocia que no tenia mi voluntad hombros para cargarle mucho peso, agradeciendo lo que hazia (aunque era tan poco) con el contemporizaua con mis desdenes. A este tiempo visitaua a mi hermano, y estaua de ordinario en mi casa vn Cauallero moço natural de Seuilla, bizarro de condicion y talle, muy sazonado en qualquier conuersacion, tan galante, que parecia, que de sus labios participaua sal y donaire quanto dezia, diestro en todo; muy liberal y despejado solo don Pedro (que es el que te digo) no me galanteaua en Seuilla. Mira la vana ambicion de mi gusto, pues solo su descuido labraua en mi mas

cuidado, que las diligencias y fineza de tanta gallarda juuentud. Trataua con libertad de amor, y seguia lo mas facil, sin cautiuar (como el dezia) la mas preciosa prenda de su libertad. Reiase de ver mi calle tan fatigada de la que el llamaua recua de galanes, haziendo con mucho donaire burla de todos. Gustaua yo de oirle, ya porque se confrontaua con mi condicion en quanto no admitia leyes de amor, ya porque mis desdichas me iban poco a poco labrando la red, en que estaua destinada mi perdicion, que sin duda me puse a pensar (esto bastò la causa porque don Pedro no me auia dicho siquiera vna palabra que pareciesse a voluntad, teniendo tanto lugar y ocasion; que la continua frequencia la daua ya a tanta llaneza, que alguna vez le pedi guantes; y siendo prodigo, galanamente me los negaua. No sabia yo si a titulo de respeto y decoro procedia conmigo con este descuido: mas sabia, que quando esto sucede oprimido el amor, brota por los ojos; mas ni me atendia, ni menos que en burla me dixo jamas cosa que respondiesse a mi cuidado. Don Mauricio, que no auia cosa en que no discurriesse en orden a buscar ocasiones de agradarme, y verme con muchas veras, començò a grangear la amistad de don Pedro; que aunque tan facilmente pudiera conquistar la de mi hermano, quiso euitar la sospecha que se seguia del interes de su pretension, que era publica; y como siempre don Pedro, y mi hermano estauan juntos , pareciole que lo mismo era ser amigo del vno, que serlo de ambos. Assi fue, que ya con la misma familiaridad se tratauan los tres, saluo que no entraua en mi casa, sino raras vezes, y essas en el quarto de mi hermano, que estaua aparte de la casa, aunque con puerta que se correspondia a nuestra viuienda. Aqui jugauan tal vez, otras tratauan de sus trauesuras, otras recitauan versos, hazian comedias de repente con graciosissimos disparates: especialmente don Pedro, que no hablaua palabra que no mereciesse risa. Cansaràste destas menudencias, señora, mas aun esto es requisito para mi sucesso, las mas vezes acusada de las criadas, creyendo que hazian en fauor de su encomendado. Por la puerta oia, y via sus trauesuras: en las quales hallè tan remisso a don Mauricio, tan mesurado, que temia arromadizarme de sus donaires, y me hazian dar diente con diente sus gracias: si bien yo sola era deste parecer, y pudo engañarme no quererle bien. El despejo y desenfado de don Pedro hiziera [folio mella en un bronze. Tenia auiso de mi curiosidad don Mauricio, y sospechando en fauor de su esperança, que era a deuocion suya, animòse mas, y escriuiome vn papel. No se atreuio la criada a quien le encomendò, a darmele sin algun pretexto, y assi estando conmigo hablando de otras cosas, saco vn lienço, y de industria rebuelto en el el papel, que al desemboluerle cayo en el suelo. Papel dixe yo, y ella se fingiò turbada, como que no quisiera que yo le huuiera visto. Fue a recogerle, leile; en la veneracion con que estauua escrito, conoci que no era para ella. A pocas bueltas, como quien no queria defenderse, sino solamente ser rogada, confessò cuyo, y para quien era. Corrime del engaño que le conoci luego, y enfadème del atreuimiento de manera, que la mandè que saliesse de casa, sin bastar ruegos de mi hermano, y de mi padre, para que boluiesse a mi gracia, hasta que me lo rogò sin mucho encarecimiento don Pedro: auisò a su don Mauricio; que como le hizo este sucesso desandar algunos passos que tenia dados en su esperança, lo sintio finissimamente: no se si fue ostentacion, mas hizo cama, y fue visitado de sus amigos, dandome don Pedro cuenta de todo con mucha gala, diziendo que por mis desdenes padecia aquel infeliz amante, aun me parecio poco brio lo que otra agradeciera, que no me inclinè jamas a hombre que dexasse de parecerlo; y trataua por entretenimiento del melindre del doliente, preguntando si se auia desmayado al sangrarse, y otras cosas, a que con mucha sazon me respondia don Pedro. En esta enfermedad faltaua el entretenimiento de los tres amigos, mas yo pocas vezes dexaua de registrar lo que hazian. Oye el primer passo de mi perdicion. Vna tarde estando escuchando, oì voz de muger en el aposento, y luego a don Pedro. Cubriòme una forçosa turbacion, y el coraçon fuera de su sossiego apresurò el mouimiento. Casi me temblauan las manos, y los pies aun

no podian mantener el cuerpo. Quien duda que seguiria el color a estas nouedades? Al fin tuue lugar de verle el rostro, y conoci que era vna dama vezina mia de lo principal de Seuilla casada, y a quien yo visitaua, y recebia en mi casa. Pareciome que tenia los ojos bañados de agua, y con ella encendidos, quando le dixo assi, descubriendo la voz mas clara mi sospecha: Entanto que no crea yo que dexais el gusto que teneis de mugeres ordinarias, no tendrè seguridad del vuestro, y ved quan impossible es siendo natural en vos esta mecanica inclinacion, de manera que con rezelo os embio a visitar con la mas humilde criada mia; y de cuidado quiero que vaya sin aseo: mas aun esso creo que os agradarà mas. Certificoos, que para teneros mas de mi parte, he deseado ser menos; y ahora teugo aueriguado, que quando os dieron auiso de que me podiades ver, estauades (que viles zelos me dais!) vos sabeis con quien: es possible (no digo que os obligue mi amor, sino vuestra limpieza) que vuestra gala y ingenio tenga tan desigual empleo, que os ofendais de mi voluntad, y que sigais ocasiones que fueran indecentes para vuestros criados? Finalmente que ya que me martirizais, , sea con tan infame instrumento. Si os viera diuertido en otro cuidado grande, sin duda creyera, que mis obligaciones no auian de permitiros ageno: mas en tan humildes ocasiones, es fuerça que tengo de ser agrauiada, porque no puedo yo, aunque quisiera, daros lo que alli os da el descuido y negligencia de aquellas damas, que tanto os agradan. Corrome, y son mis lagrimas tan en mi reprehension, como en vuestro desprecio, quando veo que es fuerça sentir ofensa de tan baxas manos. A esto a media risa respondio don Pedro: Ya aura dicho v. m. y llorado su poquito: Pues mi señora, quando yo fuera de la baxa inclinacion que v. m. reprehende, viuiera con gran comodidad, pues me escusara de vnos zelos llorados a canto de organo; y de la representacion de obligaciones, y sus dos dedos de moralidad. Assi Dios buelua a v. m. a su juizio, no es pesadissima cosa gastar el tiempo en tan vana question, como si hablais, o no hablais? He tomado yo en la boca jamas este desatino, siendo v. m. mas digna de ser apetecida? Pues como no aprende v. m. de mi cortesia? que siempre ha escusado darla este enfado. Digamos que sea verdad que sigo facilidades, aunque si lo son, no dan trabajo de ser seguidas. Ay gusto mas cuerdo de donde al peligro, el melindre, la puntualidad, la fineza, los enfadosos dimes y diretes de papeles estan tan desviados? no me cuesta pensamiento el deseo, ni el empleo cuidado, ni el diuertimiento zelos: y por no perder la decencia que deuo a esta magestuosa hermosura, no explico todas las comodidades que ay en esto: mas caso negado que fuera assi, ni v. m. a ley de entendida lo deue sentir; pues la parte noble del alma està segura en tan altissimos merecimientos, que se pierden de vista. Los antojuelos yentes y vinientes que importa que anden mas humildes? que assi como v. m. no puede ser competida, assi tampoco puede ser agrauiada: que es requisito la igualdad para la justicia. Buelua v. m. essos ojos, que yo no los se otro nombre, y mireme de trino, echando en la manga el ceño, y el sobre cejo por la ventana, que la prometo por vida de sus lagrimas bien empleadas, pero mal perdidas, de no hablar a menos que personas de don, ni ver de mis ojos estameñas, ni çapatos de tres suelas. Ve aqui v. m. lo que yo digo, apenas huuiera yo dicho esto a las tales damas de menores ordenes, quando estuuieran mas serenas que mar pintado; y v. m. se està tiesa que tiesa con su enojo; pues va yo he hecho mis diligencias; si canso a v. m. vayase a descansar, que yo me orearè dentro de dos horas primeras siguientes. Esto con vna tan socarrona picardia, y con vn halago tan despejado, que aunque deseaua lo contrario, disculpara el rendimiento de la dama, que despues de muchos seguros le dio mas afable la mano, quando yo impaciente hize ruido; y para estoruar, llamè a una criada como a caso; de que alborotados los dos dexaron la visita; y la dama, como supe, se entro en una silla. Considera la desdicha mia, pues lo que a otra diera justa ocasion , a desden y desengaño, a mi por contrario efeto me obligò

inquietud, ni experimentada, ni creida de mi. Ofreciese presto ocasion de ver a don Pedro, mas no le recebi con el agrado ordinario. Estrañò esta nouedad, y creyendo que auia sabido algo de su visita, y que me enojaua de que vsasse de mi casa para estos fines, sin mas misterio retiròse de verme, y casi su desenfado mostraua estar vergonçoso de que yo me huuiesse dado por entendida. No era lo que yo pretendia que dexasse don Pedro de verme: y moderando mi aspereza, dile a leer en los ojos la licencia de hablarme. Considera que pequeños principios tienen desdichas grandes, que parece que cauteloso el mal, por no amedrentar el animo, se abreuia a los principios, y en especie de nada, si en nada la puede auer, se va introduziendo de suerte, que se siente a vn tiempo con el efeto. Ya passaua de burla lo que se parlaua entre los dos, y ya (en esto conoci que era contra mi decoro) rezelauamos de quien nos miraua que te canso. A esto sucedieron los papeles (incentiuo blando del amor) el estilo de don Pedro tan sazonado en las veras, y tan sustancial en las burlas, dio en breue alcance a mi libertad. Eran las visitas peligrosas, y hazianse mas cortas de lo que quisieramos; y aunque por cifras comunicauamos algunos pensamientos, no todo se podia explicar, de suerte que nos alargamos al medio comun de las noches: y como era fuerça acompañar algunas, y las mas a mi hermano (aduierte el ingenio de los hombres) ya le auia dado parte, de la correspondencia que tenia con la dama casada: cuyo nombre por su estado disfrazarè en el de Marcela; pues iban los dos a su casa las mas noches, y pedia a mi hermano que le entretuuiesse al marido jugando en tanto que hablaua a Marcela; y desta forma los embarazaua a los dos, teniendo libres ambos campos, supuesto que las mas noches me assistia en la calle, que aun no me atreuia a fiar de su libertad; aunque con grandes seguros prometia ser mi esposo. Tendrasme por mas necia, si te confiesso que crei que me quiso bien: mas si es defeto en mi entendimiento, fue disculpa en mi voluntad. En este tiempo no se si maliciosamente visitandome Marcela, despues de grandes rodeos me contò con mucho encarecimiento al secreto el de sus amores, rogandome, que pues con tanta llaneza entraua don Pedro en mi casa, le representasse las obligaciones que tenia su voluntad: y estando tratando desto, don Pedro descuidado de la visita, entrò a verme al estrado. Yo porque no me lo negasse despues, como hasta entonces auia hecho, con mucha grauedad le reprehendi su mala correspondencia, y le roguè que estimasse a Marcela como deuia. A que el respondio sin turbarse, que Marcela era dueño de su voluntad; y que no tenia otro cuidado importante, que por ella estaua dispuesto a perder mil vidas; y que se desengañasse, que sola ella daria siempre materia a su cuidado, y otras cosas con muchas veras y caricias, que me pusieron a pique de perder el decoro a mi opinion. Fingiendo pues indisposicion, me eximi de la prolixa visita, y en mi aposento se hartaron mis pesares de lagrimas. Era vispera de San Iuan, fiesta que celebran mucho las donzellas en mi patria; y quando me leuantaua a tomar la pluma, bañada en mi llanto, y guiada de mi indignacion, vna criada entrò con vn azafate de flores, y vna vela blanca, diziendo de parte de don Pedro, que adornasse mi altar con aquellas flores; y que a la luz de aquella vela sossegaria aquella noche. Despedila desabrida, y vengandose mi enojo en las inocentes yeruas. Tambien participò de mi furor la vela, que partiendola a raiz del pauilo, arrollado hallè vn papel suyo. Templòse algo mi colera con el ingenioso ardid: porque si procurara por otro camino darmele, aunque yo lo sintiera, despues fuera forçoso romperle, o no le recebir. En fin le lei, satisfaziame, con que era fuerça en la ocasion en que yo le auia puesto, dar a entender, que me queria bien, si a mis ruegos, y tan sospechosos, no respondia de aquella suerte; mas que le diesse licencia, y que el delante de mi la diria muchos desdenes, aunque excediesse los terminos de cortesia; mas que mirasse bien que conuenia aquello assi. Concluia con muchos encarecimientos, y con pedirme que me dexasse ver aquella noche; y que vn relox que venia entre las flores, le pusiesse a la par, que el de mi oratorio. No me di por satisfecha,

aunque hize lo que me rogò, y me sosseguè mas acudiendo a la fiesta que tenia traçada con mis criadas, y algunas donzellas amigas, quando de mi relox dieron las doze, me puse a vna ventana a oir suerte, y al mismo instante entrò por ella un limon de oro, que cercauan curiosamente te esmaltadas estas letras. Si llega a ser tan dichoso, Don Pedro serà tu esposo. Parecio que se abria por arriba, y quitando un tornillo, se diuidio en ocho partes iguales como melon, teniendo en todas engastados riquissimos diamantes; y en vn pequeño hueco vn papel. Llegaronse las compañeras a ver mi suerte; mas no alcançaron a leer las letras, aunque vieron el papel. Alabaron mucho la curiosidad; y yo ya desenojada (ved quan justamente llaman niño al amor) me retirè en tanto que las demas oian el pronostico de sus sucessos, a leer mi papel, que era vna firma con grandes seguros de que seria mi marido. Apenas le comencè a leer, quando en la calle se oyò vna musica concertadissima de muchos instrumentos y vozes. Yo en tanto que las demas estauan diuertidas en esto, sali a vna ventana, por donde solia hablar a don Pedro. Hallèle alli con igual cuidado: diome muy grandes satisfaciones del error passado, que el llamaua acierto; y quando estauamos en lo mas fino, oimos ruido de espadas. Sin importar mis ruegos, fue don Pedro a donde se oian, y hallò que vna quadrilla de embozados acuchillauan, y retirauan ya a sus criados, que los de la fiesta huian muy como musicos; y, los demas como pareciendoles que no los vian, hasta que llegò don Pedro, que en conociendole, auergonçados boluieron mas animosos, y retiraron a los contrarios sin herida, ni desgracia ninguna, aunque desto resultaron despues tantas como oiras. El dueño desta accion era don Mauricio, que con mucho brio no muy acompañado acometio a la hazaña: milagro que atribui yo al amor. Conociò a don Pedro, y por no ser conocido, contento con desbaratar la fiesta, huyò cuerdamente. No los siguio don Pedro a mis ruegos; y por gozar a mis ojos en el campo desembarazado el laurel de su vitoria, que por no juntar gente, tuue por bien que se recogiesse, como lo hizo. Don Mauricio que confirmò con esto la sospecha de que don Pedro me galanteaua, y que yo no le miraua a mal, arrepentido del medio que auia tomado para su pretension, y persuadido del furor mismo con que auia salido de la pesadumbre pasada, como quien sabia, por auerse introduzido en la amistad de don Pedro, muchos lances de los que passaua con Marcela: vicio nunca emendado en la juuentud, no vsar de los amigos [folio con tal moderacion, que no den cuidado quando lo dexen de ser. Dio pues en el mas infame modo de vengança que pudo caber en hombre de su nacimiento, que aunque no era conocido, se jataua por cierta bastardia de hidalga sangre, llamandose hijo de don Aluaro de Guzman Cauallero bien notoriamente ilustre. Turbose a esta sazon Cintia, y la dama, aunque lo notò, atribuyendolo a otra causa, prosiguio su historia, diziendo. Escriuio pues vna carta, sobreescriuiendola al marido de Marcela, y disfrazando su letra, tuuo orden como sin saber de que mano llegasse a las suyas. Recibiola pues, y leyò en ella sin velo ninguno el trato amoroso de don Pedro, y de su muger, dandole cuenta de la parte donde se vian, y de otras particularidades, que solo pudiera saberlas tan familiar registro. Disimulò el indicio sagaz el marido, y mintiendo agradò, creyò tanto a las ordinarias caricias, que aun pudiera caber sospecha en la nouedad para el menor aduertimiento. Cuidadoso notaua las acciones de Marcela, sin que ella pudiesse caer en su solicitud, y de sus descuidos sustanciò bastantemente los indicios, hasta que finalmente vna tarde que don Pedro con muchos encarecimientos me auia pedido que le viesse por el aposento de mi hermano; y yo auia prometido que lo haria debaxo de todo seguro, y juramento; salio el marido de Marcela de casa, diziendo que iba a la comedia; y quedandose a pocas casas, vio que Marcela salia en su silla sola sin escudero. Siguiòla, y paro en vna Iglesia que estaua cerca de mi casa, y de alli despidio la

silla, señalando hora: y Marcela cubierto el rostro fue al quarto de mi hermano sin perderla de vista su marido. Entrò en el, y rogòle que no dixesse a don Pedro que estaua alli; mas que pues auia de venir, le dexasse en la pieça con ella. El se lo prometio assi a tiempo que don Pedro tocaua ya la puerta. Escondiose Marcela en la alcoua de la cama; y despidiendose breuemente mi hermano, lleuò una llaue, y dexò otra a don Pedro. El que esperaua verme tuuo a dicha, que sin traça suya se dispusiesse tan bien su deseo. Luego que yo supe que mi hermano auia salido fuera, con vna llaue comun a todas las puertas de casa, entrè en la pieca, donde con toda cortesia me dixo muchas caricias, y no oyò pocas de mi, quando hablamos de la burlada Marcela, haziendo el muchos juramentos, que la aborrecia en todo estremo; y que yo era el dueño absoluto de su gusto. Añadiò a esto contra la dama algunos donaires vezinos a desprecios, quando saliò Marcela, creyendo los dos desapercibidos del caso, que era espiritu, o fantasma, que se auia aparecido en su defensa. Con dificultad pudo hablar de colera, y esso que hablò, todas fueron injurias a don Pedro, y reprehensiones a mi de poco recato, y falsa amistad. De mi no ay que dudarlo, mas aun en el desenfado de don Pedro faltaron palabras, especialmente viendo el mayor secreto nuestro en la lengua de zelos tan furiosos: mas a esta turbacion sucedio otra tanto mas importante, que nos hizo oluidar de la primera. Sentimos llaue en la puerta, y a vn mismo tiempo a mi hermano en la pieça, que boluia por alguna cosa que se le auia oluidado, o a saber como le iba a don Pedro con Marcela. En fin entrò, y viendome a mi, quedò suspenso, sin saber que se imaginar, ni los dos que le dezir. En esta suspensión quedò abierta la puerta, sin acordarse ninguno de cerrarla, como oluidados todos de si, quando por remate de desdichas vimos entrar al marido de Marcela, sin color, y vio nos a todos en el mismo semblante que traia. Hizieronse despues de algun espacio las cortesias ordinarias, tan mal pronunciadas, que cada palabra era vn nueno indicio, hasta que mas cortes mi hermano, y mas sereno dixo, Vs. ms. mis señoras se bueluan a su estrado, ya que han cumplido el deseo de ver los desaliños del aposento de vn hombre moço: que la merienda que se deue a la visita, allà la tendran con mas comodidad; y de camino lleuen estos guantes. Abriò vn contadorcillo, y sacò con los guantes vnas caxuelas de cristal y oro, y otras niñerias, y cosas de olor, con que subimos a la sala; y el marido de Marcela parecia que hablaua gustoso sin sospecha de auernos hallado alli. Merendaron, y el comio con gusto, y regalò a Marcela y a mi de suerte, que parecio a todos que estaua satisfecho. Despedimonos, y don Pedro con su agudeza facilmente persuadio a mi hermano, que estaua en sus zelos tan intolerable Marcela, que para templarla fue fuerça llamarme, con que a nuestro parecer quedaua todo sossegado; mas yo sospechè mal, aunque acertè, sabiendo de alli a dos dias que Marcela estaua en la cama no sin peligro de su vida. Visitèla, y todo esse tiempo a titulo de caricia no se apartò el marido de su cabecera, con que me bolui, sin que me pudiesse dar indicios de su mal: aunque algunas vezes, mirando al marido, me apretaua la mano, feneciendo la accion en vn suspiro. Quatro dias se passaron despues , y el vltimo en la noche vino vn criado de Marcela con vn baul grande de parte de su marido, diziendo, que Marcela le auia mandado se me diesse aquel baul de galas suyas: por su vltima voluntad que la encomendasse a nuestro Señor, que en aquel punto acabaua de espirar. Alborotòme en estremo esta nueua. Bien supe que el marido con secreto veneno auia causado su muerte, aunque en las demostraciones de sentimiento procuraua que se creyesse lo contrario. Pusieron el baul en la pieça donde yo dormia, y por ser ya de noche, recogime, y quise acostarme, pensando en la infeliz muerte de la mal lograda Marcela. Despues que despedi las criadas, y estuue para dar mas libertad a mi melancolia sin luz; oygo (cosas te cuento marauillosas, mas infalibles) oygo ruido, y vna voz flaca y ronca, que nombrandome dixo: Amiga, que me muero, librame destas penas. No es necessario dezirte si me turbe, ya veras si el sucesso era para tener animo. Persuadime que era mi imaginacion la que hablaua. Rezè deuotas oraciones; y por si era

el alma de Marcela, prometi dezirla a la mañana muchas Missas. En estas oraciones y promessas oigo de nueuo la voz indubitable, quexandose de mi porque no la socorria. Di vozes sin aliento: acudio gente, y despues de vn breue desmayo contè lo que me auia sucedido. Riose mi padre de mi ignorancia, y mi hermano atribuyendolo a la vehemente imaginacion que tenia fixa en la muerta Marcela. Por quitarme la ocasion, mandò que baxassen a su quarto el baul, y dexòme acompañada de criadas, mandando mi padre que los demas nos recogiessemos. Estandolo ya mi hermano, oyò assimismo el ruido y voz que yo le auia contado. Turbòse tambien, mas como hombre de mas animo; y auiendo dexado luz encendida en su aposento, pregunto quien era, y adonde estaua? Respondiole la voz que en el baul, de que el quedò de nueuo alborotado. Quiso llamar criados, mas la voz le rogò que tuuiesse mas animo, y que solo le sacasse [fol,. de alli. Determinòse, y con vna daga quitò la cerradura; y alçando la tapa, leuantòse casi sin brio don Pedro perdido de color, sin aliento, y muy cerca de la muerte. El espanto se trocò en admiracion: desnudo le metio en la cama, y hizole beuer con algunos dulces, hasta que auiendo buelto en si, le dixo desta suerte. Amigo, auiso es este de Dios, que si no mella mi dureza, serà hazerme capaz de su eterno enojo. En la indisposicion de Marcela me di a creer, que algunos desvios de mi condicion se la auian causado; y por aliuiar su mal, o saber la causa, determine verla en la cama: y asiendo salido su marido entre a este efeto en su casa; mas diziendome que moria con veneno, y que yo me librasse de su aleuoso enojo, sentimos que venia en tal aprieto, que solo pude para esconderme, meterme en esse baul, que cerrò Marcela ya sin brio muy cerca de la vltima hora. Entro el marido, y viendo que se iba ya acabando, no quiso apartarse de su cabecera; y ella rogòle con muchos encarecimientos, que supuesto que por quedar moço se auia de casar, a lo menos algunas niñerias suyas que estauan en aquel baul no las gozasse quien sus braços, que importauan poco, y tendria mucho consuelo en que las gozasse vuestra hermana; y fuese tan presto, que se la embiassen luego. Casi estas fueron sus vltimas palabras; y al punto por mostrarse muy en amor de la difunta, la embiò luego estas prendas, sin querer abrir el baul. Hablè en el aposento de vuestra hermana, y el espanto hizo el efeto que sabeis, hasta que a vuestro animo y amistad deuo la vida; que con la falta de respiracion iba ya perdiendo a toda prisa. Admiròse de nueuo mi hermano. Passaron la noche, y yo que para remedio de mi espanto supe todo el sucesso, alegre del buen fin procurè a hablar a don Pedro, mas hallèle tan conuertido, y tan mudado, que me dixo llanamente, que auia prometido ser Religioso; y que assi le diesse lugar a que no se frustrasse tan santo intento. Menos que mucho amor no pudiera replicar a esta determinacion. Hizele algunos discursos en razon de que se seruia Dios de vn conforme casamiento, y no todos eran a proposito para el estado de la Religion, aunque mas perfeto; y mezclè con las santas platicas algunas caricias que el estrañaua con no creido melindre: de manera que por entonces lo dexè en este estado, determinada, a que si el elegia el que me auia dicho, yo en vn conuento daria al cielo lo restante de mi vida, y pensamientos. Llegando la muerte acelerada de Marcela a oidos de don Mauricio, y creyendo que a su culpa auia sucedido aquella desdicha; y que si se aueriguana algun dia el caso, se auia de descubrir su traicion: y viendo finalmente que no auia remediado nada en su esperança, pues vinia don Pedro, y yo le auia quitado todas las ocasiones que se le pudieran dar: ausentòse, escriuiendome quien era, y dandome a entender, que mi ingratitud le auia obligado a intentos crueles; y con el papel me embiò vna carta de su padre don Aluaro, en que le trata como a hijo, que es esta. Miròle Cintia, y confirmòse en su sospecha, sabiendo que era este su infeliz hermano, el que con nombre de Luis le siruio de cochero, y murió en la tragedia passada. Prosiguiò pues la dama, diziendo, tambien el marido de Marcela se retirò de la ciudad a vna aldea suya. En esta ocasion muriò mi padre, y tratando de casarse mi hermano con vna señora principal en Madrid, los dos amigos

vinieron a las vistas, y mi hermano quedò aqui entretenido en el dulce encanto de vuestros ojos, a lo que dizen sus demostraciones. Don Pedro, que solo pudo ver a la dama que estaua para esposa de mi hermano, de su consentimiento la pretende, y aun tiene muy a los alances. Yo, señora he venido a suplicarte, si no tiene muchos empeños tu voluntad con Fileno, que es mi hermano, le mandes acuda a sus obligaciones, que assi don Pedro no faltarà a las suyas; o quando quieras hazer tan dichoso a Fileno, con tu gallardo discurso dispongas de manera mi remedio, que ni el se enoje de mi liuiandad, ni don Pedro se canse de mi amor. Antes que pudiesse Cintia responder, entrò Filis a decir, que su tio, y vn Cauallero pedian licencia para hablarla. No lo pudo escusar Cintia, aunque de la historia de la dama le auian nacido mil confusiones, de que deseaua salir. En fin la forastera se retirò, y Cintia se dispuso a la visita; quando entraron su tio, y el mismo; que como mensagero la auia traido la vltima carta con muchas galas, y muestras de ser vn Cauallero de altas prendas. Del retiro donde la dama estaua, pudo ver, sin ser vistas, a los dos: y atenta mas de lo que pensó a lo que se trataua, oyò, que despues de las cortesias, que preceden a toda conuersacion, el tio propuso esto. Supuesto que todo amor es milicia, y que las cautelas son en ella alabadas, las que ingeniosamente sabreis, señora sobrina, pues no tocan en [folio vuestro decoro, os seruireis de perdonar, y admitir afable lo que se os propone. Por firma vuestra me consta que no teneis gusto de admitir a don Iuan de Toledo Cauallero, a quien os elegieron por esposo vuestros deudos; y el es tan cuerdo, que sin querer violentar vuestra voluntad, en este que firmò se conforma con vuestro gusto. Esto cessò desta manera; y aunque el señor don Pedro de Arellano hasta oy me hizo creer que era el mismo don Iuan, fundandose en que es tan amigo suyo, que pudo tomar su mismo nombre; yo estoy bien informado de sus partes, y tendre por acierto la eleccion, si os agrada para esposo, que ya es tiempo que no os descuideis, y cessen los rezelos de nueuas desdichas. Perdia el juizio la dama forastera, viendo que don Pedro (que este era su galan) escogia religion tan hermosa para cumplir su voto; y queriendo salir de la pieça, la detuuo la voz de Cintia, que despues de agradecer el ofrecimiento, y estimar la persona de don Pedro, le rogò que solo la hablasse. Dio lugar el tio, dexandolos en la quadra, quando le pidio Cintia licencia para entrar en el aposento de la dama, a quien hablò; y sabiendo que don Pedro era el mismo que contenia su historia; salieron juntas. Turbado, y conuencido don Pedro, viendo la dama, no tuno necessidad de otra respuesta; aunque en tono de reprehension le dixo Cintia: Estos son los engaños que no pueden tener perdon, señor don Pedro, porque se oponen a vuestra nobleza, nobleza, y a la opinion de muger tan principal, a cuyo amor deueis tan grandes correspondencias. Ved lo que en esto serà justo hazer, porque no procedereis como quien sois, si aqui luego no pagais de mano tan justas obligaciones. Assi es, dixo don Pedro, yo las reconozco, y quiero pagar; mas sea mi palabra en vuestra presencia poderosa: y dure mi señora doña Alexandra de Toledo (este era el nombre de la dama) en vuestra compañia; que yo sin que su hermano rezele lo passado, dispondrè, y obligarè su gusto. 171 v. ] En esta conformidad quedò contenta doña Alexandra, y satisfecha Cintia, y se despidieron don Pedro y don Antonio. Bien se que tengo de ser murmurado de auer hecho tanta junta de pastores, y tanto alarde de zagalas, y que no ayan seruido de otra cosa a mi discurso, que de numero; mas tambien fuera proceder prolixamente, si de todos contara iguales sucessos a los referidos; y si fueran menores, no lleuara corriente la historia diuertida en tan cortos episodios. Siruan de compañia y adorno, como en vna curiosa pintura los payses, los celages, los arboles, y las flores. Ya estaua Leriano satisfecho, y auia hablado a Clarinda quexosa de que de su firmeza huuiesse pensado tan baxamente; y ya los zagales estauan preuiniendo a toda prisa sus inuenciones, y trages para la naumachia, fiesta de agua que a tanta costa y trabajo hazia Fileno. Estando pues por sobrestantes con el Leriano, Danteo, y Perecindo,

porque el tiempo no se les passasse menos entretenido con vil quaderno de versos de aquel nunca imitado ingenio, que quien està mas gloriosa Cordoua, que por sus Senecas y Lucanos; quiso Fileno que se echassen suertes, y que sobre los versos que saliessen a la plana de la mano derecha, dixessen ellos por sus suertes otros versos suyos. Agradò a todos la inuencion, y quiso la primer suerte Fileno, a quien cupo esta copla de vn excelente romance suyo. Ambar espira el vestido Del blanco jazmin de aquel, Cuya castidad lasciua Venus hipocrita es. Pareciole a Fileno a proposito para esta glossa. Estas flores inconstantes Casi tanto como bellas, Vertiendo rayos fragantes, Que con ambicion de estrellas Trepan, al cielo arrogantes; Por Principies del florido Pueblo obligan al sentido Con intratable belleza, Y en señal de su nobleza Ambar espira el vestido. A su imperio limitado Presta reuerencia muda El campo, y como heredado, Sino temido, sin duda Es su imperio venerado. A la rosa, y al clauel Manda (rendidos a el) Que esta se humille inferior: Que la obediencia en honor Del blanco jazmin dè aquel. Mas quando el aire conuierte En su aliento, y sin rezelo Consorte exemplo no aduierte, Nace a morir, sin que el cielo Dè vna vispera a su muerte. Flor, tu blasonas altiua? Cuya vida es fugitiva, Cuyo imperio es vn instante, Cuya hermosura inconstante, Cuya castidad lasciua. Quando sus luzes imites, Al cielo no has de ascender Primero que te marchites; Que aun no mereciste ver Dos vezes a quien compites. No es bien que tan vana estès Por casta, quando pisada Eres de rusticos pies;

Y en tu nieue disfrazada Venus hipócrita es. Escrupulos huuo en razon del segundo verso, por auer hecho verbo aquel de, desquiciando el sentido de la redondilla; mas culparon el arte, y alabaron el artificio; y entrando en suertes Pereeindo, le cupo este verso del Polifemo. Cisne, de venus es pauon de Iuno. Y Perecindo dixo: Pues las reuerendas Venus y Iuno me han cabido: tratarè de ambas; mas quiero boluer por Iuno en el tuerto que la hizo Paris, no la dando la mançana, segun mas largamente en esta silua se contiene. Iupiter una fiesta de verano Habitaua vn fresquissimo entresuelo Del Palacio del cielo, Y Ganimedes con maestra mano Vn Olandes pañuelo Humido en açares ventilaua, Y del rostro las moscas arredraua. Dormia el socarron, pernitendido Sobre vn catre de raso y algodones, Infundiendole Baco dulce oluido Aquel bastardo hermano de Cupido. Roncando estremecia los rincones Del cielo el gran Tonante; Y la espumosa basa Del mosto por las barbas le colgaua. En tanto el Troyanejo vigilante Del labio el lacre sella Con indice de plata, Sin permitir grossero negociante Ni cien passos en torno estampar huella De pie diuino, ni de humana pata, Quando fruteramente vocingleras Iuno, Venus y Palas, Quitando de los dedos las conteras A ciuil vñarada, Como trinca de airadas vendederas, Alborotauan las empireas salas. Venus encarnizada Mas que fiebre en otoño, A Iuno asio del forastero moño, Y fuese tras la mano: quedò en Iuno Publico el caluatrueno: Que como vn rayo en impetu gatuno [folio La sajò las mexillas, y arremete Al rizado copete: Oxala fuera ageno No padeciera Venus infelizes Ruinas, en que se hizo las narizes. Palas empero viendo vitoriosa Su calua emulacion, como valiente

Se puso frente a frente: Mas la soberuia Diosa Hizo vn chapin en su cabeça hastillas, Y vna oreja la hirio con las virillas. Quedò del golpe Palas aturdida, Mas recobròse luego, y con el puó Se vengò del rasguño. Tres dientes le hizo menos, y ofendida Iuno como vna vibora, y mas braua Otros tres que restaron la mostraua, Que parecio su boca en tal estado Al tridente del humido cuñado. Crecio el rumor, y Marte como amante [folio De Venus se enojò con su madrastra, Que sacrilega arrastra Las que osculò reliquias quando preso Del tiznado Herrerillo claudicante. Dio embidia mas que lastima su excesso. Passaran los enojos adelante: Mas Iupiter se opuso a los rumores De la Paua, la Mendez, y la Flores: Porque semidormido pian Piano, Lleuandole Mercurio de la mano, Con las medias caidas, Haziendo con el cuerpo garabatos, Y mal enchancletados los çapatos, El jubon sin botones, Pendientes de vna cinta a los calçones. La ocasion del estruendo, y las heridas Quiso saber, y Iuno airada valde, Valiose de tener el padre Alcalde. Por ti dixo, por ti, villano, ofende El Rabadan de Troya Mi hermosura, y a Venus de la joya. A Venus madre del lasciuo duende, Muger diò ollin torpe de la fragua, Hija al fin de la colera del agua. Yo no soy tu muger? y quien modera El rayo de tu mano? A quien has dado imperio soberano Sobre la ley seuera De la fortuna? El fin yo no reparto Desde vn doblon a vn quarto? Pues quien (si del proposito no sales) Puede ser mas hermosa que cien reales? Ay cosa mas discreta que vn escudo? y no es vn real de a ocho Estimado en Madrid, y en Castromocho? No es mas bello el bellon que amor desnudo? Y que la gala en cueros?

Que alcazares no escalan los dineros? Qual no vencen decoro? Tu lo sabras que te llouiste en oro.[ folio Del exemplo vencido el venerable Monarca de regiones cristalinas, Antes que Venus hable, Sacò vn estuche de herramientas finas, Y en quatro quarterones Niueles a cabales proporciones, Diuidio la mançana: Las tres entre las emulas reparte, Y el lleuò la otra parte Que aunque sea la Audiencia soberana, Al juez que a sentenciar hazienda llega Vna parte a lo menos se le pega. Sossegòse la trapala, y mas vana Iuno que la muger de vn sastre en coche, Por propina dio a Ioue mala noche. Alabaron la inuencion, y el arte de los versos, y Leriano pidio suerte: salio esta redondilla. Para leer los testigos Del processo ya concluso Que publicar mandò el hado, Qual mas, qual menos perjuro. En la materia de fortuna y hado quiero reprehender, dixo, a vn hombre que en su mala vida hazia complices a las estrellas; y sea el metro vn romance. En, vano, o Lauso, disculpas El desorden de tu vida, Si a imperio de las estrellas Torpes efetos aplicas. Es verdad que con licencia De Dios influyen actiuas Seaundas causas, que tienen Parte de su Monarquia. Mas en Christiana verdad No fuerçan, puesto que inclinan; Aunque persuaden, no mueuen; Y aunque aconsejan no obligan. Libre naciò el aluedrio, Las estrellas le encaminan; Si se resiste valiente, No es la obediencia precisa. Aun los Gentiles tuuieron Por constante esta dotrina, Aunque templos, aunque altares A la Fortuna dedican Del hado, y de las estrellas Señor al sabio apellidan; Y quando puedes mandarlas,

Mejor podras resistirlas. Y assi a sus Heroes curiosa Dio la Religion antigua De estrellas nombre, y con ellas El manto a la noche pinta: Que la virtud siempre fue Espiritu que se anìma, Hado que se haze dichosa, Y estrella al fin que se guia. Que mucho que de las ondas El sesgo raudal se rinda, Si ocioso el braço le, entregas, Si torpe el cuerpo le fias? Quien al risco culparà Si temerario combidas Los riesgos, y de su cumbre Furioso te precipitas? Si consientes con el Te expones a su malicia; Mas si puedes no querer De sus rigores te libra. Y ya que son tus costumbres, No tus estrellas malignas Peca sin supersticion, Seran tus culpas sencillas. El vltimo Danteo pidio tema al libro, y leyò en el Polifemo, quando descubrio a Galatea, y a Azis: y lo que entonces no permitio el enojo, explico en estas cancioncillas, hablando assi por Polifemo. Como tu menos que hombre, a mi te atreues? A mi mas que deidad? que apagar puedo Estas que luzes breues Iuzgas humildes? A mi que igual sucedo Al Africano asombro, Y en onze esferas no fatigo vn hombro? Aun me atiendes? Sin duda amor te habita, Si el temor no te embarga el mouimiento, Pues no te precipita El poderoso impulso de mi aliento: Vfano te retiras, Que arrogante blasonas de mis iras. Huye, que opuesta a la grandeza mia Tu humildad quando mueras, mas parece Acierto, que osadia. Huye, que solo Iupiter merece Tan valiente duelo: Ruina es breue a mi amenaza el cielo Y tu ninfa del liquido diamante, Afrenta hermosa, que en tan vil empleo [folio En tan indigno amante,

Hija, te dissimules de Nereo, Ya que a mi me aborreces, Porque a menores meritos te ofreces. Morirè en tu desgracia, mas aduierte, Que darà mi furor, mi atreuimiento Ocasion, a tu muerte En la del loco amante, aunque violento Le dè tosco obelisco A mi impulso la frente deste risco. No ya a mi amor te obligo, que no quiero Querer lo que no quieres; y en tu oluido Aun mas dichoso muero: que en tu ingrata memoria aborrecido; Mas es mayor la pena, Huyendo de ser mia verte agena. Mas es mayor la pena, Huyendo de ser mia verte agena. Mas quando en tu beldad viuir no pueda Ociosa, y dulces hurtos te aconseje, Estima a quien me exceda, Y dame al fin que sin razon me quexe; [folio Que de tu amor injusto Resultan los agrauios a mi gusto. Antes que tuuiessen lugar de alabar los versos de Danteo, los diuirtiò vna voz que oyeron en el rio acompañada dulcemente de vn instrumento: pararon atentos, y parecio que no lexos de alli sonaua la musica. Siguieron la voz, diziendo Perecindo: Esta Xarameña ninfa, Que a tal hora canta, y tañe, O es sirena de sus ondas, O es basilisco en su margen. A pocos passos descubrieron en medio del rio vn barco, que disfrazado de arbol, apenas se conocia, sino en el blando mouimiento; no se via quien le ocupaua con el verde toldo de ramos y con tanto tiento remauan, que aun no se quexaua el agua, ni estoruaua a la voz que oyeron, que cantaua assi. Quantas flechas mal logradas Resisten otros desprecios,[ fol. Todas, riguroso amor, Las conuiertes en mi pecho. Mas si generosa herida No padecio rendimiento, Tus armas hago cobardes, Puesto que no me defiendo. Las dificultades hazen Glorioso al atreuimiento; Que las mas vezes la dicha No consiste en los sucessos. Quien da credito a impossibles En amor, y por lo cuerdo Escusa temeridades,

Quiere tibio, o pica en necio. Asombra de inconuenientes Tienen los gustos aumento; Y para vnir voluntades, Son los mas dulces terceros, Quando la desconfiança Conuence al entendimiento De bienes no imaginados, Mas deleitan los efetos Exercicios son de amor Los peligros; que si es ciego En tentarlos, si los vence, Se acredita de discreto Al oro piedra examina, Y assi el amor de mas precio Opinion de fino cobra En lo duro, y en lo aduerso Estimaciones añaden A la vitoria los riesgos, Que no perseuera el gusto En faciles vencimientos. Tan voluntaria conqltistal Que se anticipa al deseo, Poco cuesta, nada vale, Y viene a estimarse en menos. Vista da la venda a amor, Valor los impedimentos, Los embaraços camino, Y breuedad los rodeos. A los que tu vista estoruan, Estoy, o Lisis, opuesto, y prodigios a su passo, Mi firmeza va creciendo. Mas los peligros me animan, O quan premiado peleo, Pues soy, si muero, dichoso; Y tan dichoso, si venço. Fama ganarè inmortal Con solo morir; mas temo Ser ignorado cobarde, Que fulminado soberuio Si compones, Lisi hermosa, Tu voluntad a mi exemplo, Fatigarè a la fortuna: Tanto amando me Prometo Intrepido, a ser possible, Ruinas me veran del cielo, Hasta que en el tuyo goze Blanda muerte, o dulce premio.

Quiso Fileno conocer la voz, mas no dio credito a tan ciego sentido como el oir; y siguiendo el barco con mas cuidado, diuertidos los que remauan en la musica, no sintieron que el barco se deslizaua por el corriente de vna pesquera, hasta que el ruido del agua repressada los acordò el riesgo a tiempo que ya fuerça no pudo oponerse al raudal que arrebatò al barco, y le despeñò por las piedras que detenian el agua. A este punto se oyeron vozes dentro, y sin detenerse todos quatro se arrojaron al agua; y llegando a tiempo, cada vno fauorecio a vna zagala; y diestros en nadar, las sacaron del agua entre la turbacion y el peligro casi sin aliento. Fue prodigio, quando estuuieron en la orilla lo que todos se admiraron. Fileno hallo en sus braços a su hermana, Danteo a Clarinda , y Leriano a Filis, quando entre Perecindo y don Pedro salio a la orilla Cintia. No huuo lugar a otra cosa que a la admiracion; y con breuedad en vn coche, que cerca estaua, las pusieron en su casa, quedando por condicion, mas que por legitimo indicio, zeloso de nueuo Danteo, de que Filis huuiesse ocupado otros braços; aunque por no ocuparlos, muriera en el agua. A tanto llega esta ciega passion, que aun desto hazia mucho caso Danteo: mas lo que tuuo mas apretados lances, fue hallarse otra vez juntos don Pedro, y Fileno, que le agradecia mucho el socorro que auia dado a Cintia, y el que tuuo lugar en su agradecimiento para qualquier demanda, le dixo assi. Don Iuan, yo he sido vuestro amigo, como lo dize larga experiencia de nuestra comunicacion. Oy lo soy mas, como lo dira la fineza que me deuereis. Es verdad, que enamorado ciegamente de Cintia, intentè, que muriendo el vno de los dos, fuesse del que restasse; [folio que en execucion desto saquè con vos la espada. Verdad es, que la pretension que tuue en Madrid con nombre vuestro valiendome de vnos papeles que hallè en este mismo campo, fue para quitaros la ocasion de gozar su mano: y lo que mas os admirara, es verdad, que Cintia es doña Guiomar, vuestro primer pensamiento, y vuestro segundo cuidado. Yo he sido vos en tanto que aqui aueis estado cortejandola, instando por medio de sus tios y parientes a que casasse conmigo, que fingia vuestra persona, y nombre; y alcancè tanto, que tengo firma vuestra, de que no casareis con la misma que estais deseando, y de Cintia; que como os digo, es doña Guiomar, de que promete no elegiros por esposo. Esta es, porque no lo dudeis. Y oy finalmente, si yo no socorriera su peligro, no la pudierades gozar viua; pues si yo os tengo obligado con su vida, y os entrego firmas, que tan inaduertido escriuistes, bien me podrè prometer que hareis por mi cosa que antes de obligaros creyera que no me negarades. No os tengo por tan pertinaz, que ahora os acordeis de enojos, ni por tan necio, que os admireis de las inuenciones que traça vn amor que llega a cautiuar los sentidos, y a no ver otra cosa que la senda de sus deseos pues los yerros que comete entonces el entendimiento, nacen disculpados: y si os he dado enojo, compensadle con los gustos que oy os ofrezco, y vereis en quanto os alcanço, y que de justicia me deueis lo que de fauor os pido. A esto Fileno admirado de los engaños que le acontecian: No ay cosa le respondo, que os pueda negar, assi por las obligaciones que confiesso, como porque experimenteis quan oluidado estoy de las estratagemas con que aueis emprendido priuarme de mi gusto. Dezid pues lo que quereis, y tenedlo por concedido antes que lo pidais. Dessa suerte, dixo don Pedro, ya os puedo dar los braços como a hermano, siendo mi esposa vuestra hermana, y mi señora. D. Alexandra. Si por cierto, dixo Fileno, que nadie pudiera con mas seguridad afirmar nuestra amistad que el blando laço del parentesco ; de que yo me honro, y alegro tanto. Abraçaronse los dos con mucha caricia; y Fileno, que deseaua entender como auia venido su hermana a compañia de Cintia, quiso saberlo de su criado: el qual le dixo, como dandola cuenta de lo que auia alcançado a saber, le mandò, que de secreto la truxesse a aquel sitio; y el auia obedecido a su gusto, que le pesara que no tuuiesse Fileno a bien tanta obediencia. Fileno le y en mayores animò esperanças pidio licencia a Cintia para visitar a su hermana a tiempo que las dos estauan tratando del sucesso passado, no fuera de la turbacion y alboroto que les auia

causado, alabando la presta diligencia de los pastores, y la mas presta misericordia del cielo. Permitio a Fileno Cintia la visita, que ya sabia que era don Iuan de Toledo, a quien ella a vn mismo tiempo amaua, y aborrecia, siendo lo mismo que deseaua de lo que se procuraua desviar: solo sentia que la huuiesse estimado en tan poco, que firmasse en su desprecio el papel que auia visto, aunque en la misma culpa se corria burlada: y de estimarla auia nacido aquel desprecio, dexandola por ella misma nueua inuencion de amor aborrecer aquello que se adora, y huir de lo que se pretende. Entrò Fileno, hizo de cumplimiento la visita a Cintia, porque estauan con ella Clarinda, Filis, y Elisa, y su hermana, a quien despues de las cortesias ordinarias hablo a parte, riñendola con alguna suauidad su determinacion, que ella disculpaua con los deseos que tenia de verle. Propusole el casamiento de don Pedro, a que ella con sereno semblante respondio, que el estaua en lugar de padre, y que en materia de estado en essa, o en otra ocasion solo hallaria en ella la obediencia. Agradecioselo mucho Fileno, y boluiendo a Cintia, y a las demas zagalas, hablaron de varias cosas, todas dignas de tantos oidos: especialmente de la maquina que leuantaua Fileno sobre el rio, ya tan publica, que tenia puesto en cuidado a toda la comarca, para quando se celebrasse tan festiua ostentacion: señalò el dia Fileno; y despidiendose con mucho agrado de todas, luego se diuulgó el plaço de la fiesta, que hauia de ser vn torneo en el agua. Escriuiose el cartel, combidando auentureros, con presteza la lleuó la fama a todas partes, y dellas juntò gran concurso, especialmente de Madrid: que llegando a noticia de los padres, hermanos, y deudos de las fingidas pastoras, no quisieron perder fiesta, en que tenian tanta parte. Ya el dia de tanto regozijo se acercaua, y muchos antes heruia el feliz sitio de Aranjuez (que este era el que habitauan estos gallardos pastores antes que viniesse a ser delicia Real.) Hospedaronse los parientes en casa de Cintia, que con grande ostentacion y curiosidad tenia aposento para todos. Y confiriendo entre si el fin de tan peregrina inuencion de vida, conformaron en que los zagales posseyessen sus merecidas prendas; y con esto todos quedaron premiados, ilustre aquella junta, y con digna ocasion aquella fiesta. Trataronlo con Cintia, que ya no se dudaua que estaua de parte de don Iuan. Ella vino en ello, y con los contrayentes ya se ve que seria facil de concertar. Diuulgaronse las bodas, con que se animaron mas las fiestas. Danteo depuso los zelos, gozando feliz la mano de Filis. Leriano se oluidò de sus sospechas, nombrandose esposo de Clarinda. Lucindo trasladò quanto amor tenia a su gala. En la dulce possession de Anarda: Lauro se vengò de las tibiezas de Elisa, obligado ya a mostrar el amor que honesta encubria. Olimpo señalò ya el deseado termino a su esperança con tan dichoso fin, nombrando suya a Amaranta. Liseno dio libelo de repudio a sus temores en la hermosa vnion de Siluia. Y en fin Fileno menos que su gozo apenas fiaua de euidencias, quando se imaginaua esposo de Cintia contento, y obligado, y pagada, y contenta. Don Pedro, Alexandra dieron fin a sus sucessos, començando otros mas quietos, y felizes: hasta Perecindo, antiguamente Perez; y ya buelto a su menester, pidio, y alcançò a su querida Iuanarda, alioquin Iuana, siruienta estrenua de Cintia, a quien dotò largamente. Concertado esto assi, Lauro de tan feliz como facil ingenio. Escriuio a tantas bodas vn epitalamio, aunque en principal assunto a las de Cintia y Fileno: y la vispera de la fiesta juntandose el mas graue auditorio que cupo en vna gran sala, aun todavia con los trages del campo, leyò assi. De natural, si culta primauera, Lecho blando, y fragrante, en quien las flores Variauan perfumes y labores: Tan defendido de la luz seuera Del dios que a los errores De amor opuesto es malicioso indicio Por el piadoso oficio,

De los braços de Alcides Ensortijados de lasciuas vides, Que fingen pauellon, y es edificio Poblado de harmonia De tanto alado precursor del día, En libre coro, y no dictado acento [folio Partènopes del viento, Sin que causen (pension del gusto graue) Riesgo al entendimiento, Ni çoçobra a la naue Permitida a la vsura mas suaue De la vida Erycina Se negaua diuina, Pues no la priuilegia torpe el sueño, Que blando acariciaua los sentidos Vanaglorioso en quanto se imagina, En breue tirania dulce sueño De acciones celestiales, Que oscuro en pausas sepultò mortales Al sueño soberano se oponia, Su beldad elegantemente muda De cendal transparente Velo sutil celaua, y no escondia, Su hermosura desnuda A la curiosidad honestamente, A fabrica valiente Dio materia cristal mas delicado A trechos de supuesta Purpura matizado, Al marfil de la frente cerca honesta Pompa de mano docil, no confuso Laberinto intricado, Dos corvas lineas visten su librea Arcos de ocultos rayos Matizados de Flora y Amaltea. Las mexillas habitan cultos Mayos: En nacaradas linas brujulea El gusto codicioso Dos ordenes de perlas que diuisa; Mas permitidas de graciosa risa. El claro assiento deste cielo hermoso Caracteres esmaltan de Turquesas Cifras que amor entiende, Ondas forman trauiesas De liquidos zafiros, Cuyo raudal deciende, Y en mas crecido curso se dilata Entre animada plata Blanco no libre de amorosos tiros, Que del bastardo la veloz saeta

El pecho de su madre aun no respeta. Desde ceñido estrecho se dilata Promontorio de nieue, Adonde beue sed, quanto mas beue, Ambicioso el deseo: El pie en coturno breue Es deuda que los ojos agradecen Al liberal descuido, al desaseo. Sus luzes en el mismo blando Ocaso Alegres amanecen; Que el resplandor que se huye al sueño escaso Actiuo sobra a mantener el dìa; A la estacion sombrìa Esquadra de trauiesos Cupidillos Parte en buelo veloz, y en igual passo [folio Parte con vnas armas; decendia Quai vanda de pintados paxarillos, Que buscan de cristâlina corriente La secreta harmonia. Aquel niño valiente, El ciego Rey, que por vassallos cuenta Quantos viuen humanos coraçones, Sin que su yugo ardiente Estrañe el mar, sin que de sus harpones Aya fiereza essenta, Tirano de los cielos respetado, En igual juego viene acompañado Del esquadron volante. Mas sintiendo de Venus la presencia, Por escusar la voz con el semblante, Los obliga a quietud, y en reuerencia De la deidad dormida Con vn indice sella tanto labio. Tanto estruendo de turba inaduertida; Y sin hazer a su descanso agrauio, Se texe blandamente entre sus braços. El coral como niño, y como abeja Solicita el clauel. Venus sintiendo Ageno aliento, y amorosos laços, La ociosidad del torpe sueño dexa. Responde a los abraços Antes de abrir los ojos, consintiendo En delicias mejor imaginadas: Mas despierta del todo conociendo. Al hijo afloxa el nudo, Que del cristal desnudo Ya formaua confusas las laçadas, Y quando diuertido su sossiego, Mirado de su madre, hablarla pudo, Assi propuso nunca menos ciego

Amor, y en cada acento Daua a beuer a Venus el aliento. Hija mas blanca de la blanca espuma, Afrodite diuina, Incendio que del agua se fulmina: [folio Cuyas aras con ambares perfuma, Sin que Ioue lo estorue, A emulacion de Paphos todo el Orbe. Oy se que eres mi madre, oy que sucedo A tus sacros ardores: Oy que baño en purissimos amores Tanta neuada castidad, y puedo Grauemente vencida Notar tanta deidad con blanda herida. A las nobles zagalas, con las quales Competencias escusas, Mas que las Gracias, menos que las Musas Que de Xarama beuen los cristales, A donde a morir viene Como al mar el corriente de Hipocrene. Aquellas hasta ahora burla ociosa De mi poder inmenso, A quien no deues religion, ni incienso; Y agradeces desprecios, con ser diosa, Sacrilegos premiadas Pues son (y lo consientes) adoradas. Aqui mis flechas me engañaron ciego, Y mi ardor soberano Frustrado en ellas, fue oponer en vano A montañas de yelo poco fuego, Y en fabrica tan fria Mi temblor confessaua cobardia. Prudencias sin veneno, que al encanto Del deseo suaue Cerrar supieron con dorada llaue Los sentidos; y aun oy al yugo santo, Y coyundas felizes Se rebelan las candidas ceruizes. Tan sin rastro de humano el pensamiento Tan alto, y desuiado De mortales acciones el cuidado, Que si hago de ti y dellas argumento, Trocando dignidades, Creerè que eres muger, y ellas deidades. Estas pues ya componen mi trofeo, Clarinda a Leriano La libertad ofrece con la mano: Ya es vno solo Filis y Danteo, Como a tronco valiente Del olmo yedra se inplicò serpiente.

Ya Anarda por Lucindo se desvela, Ya Elisa a Lauro admite, A su Olimpo Amaranta se permite: De Gerardo se nombra ya Rosela, Y Siluia de Liseno: Cintia, si, Cintia digo, es de Fileno. Cintia aquel cielo humano, que auassalla Dichosos coraçones, Concurso de diurnas perfecciones, Que disculpada puedes embidialla, Si miralla mereces Digna del pomo, aunque sobornes juezes. Cintia, que deidad casta, de la luna Es ventaja constante, [folio En luz solo a si misma semejante, Tan sin concurso Tan sin concurso hermosa; en fin tan vna, Que en ella no desea, Sino copiarla, la diuina idea. Como el Fenix hermoso, en quien la lumbre Del Sol ha trasladado Su singularidad aquel criado, Mas por ostentacion, que por costumbre; Que ser solo es indicio, De que fue mas acierto, que artificio. Este prodigio pues no competido De meritos humanos, Alto assunto a cuidados soberanos, Cintia Guiornar, que ilustra el apellido De los Heroes Guzmanes Repetido en valientes Capitanes En principes gloriosos continuado Que eterno aplauso aclama, Y ocupan cien acentos a la fama, Oy en ti heroicamente mejorado, Cintia, que el cielo huellas; Y estampado en caracteres de estrellas Temiendo de la edad descortesias, Y que con punta dura Sacrilegas profanen su hermosura Las no sentidas flechas de los dias: Di dueño a tal belleza, Aumentando la dicha en la Dixo amor, y la silaba postrera En los maternos espirò rubies Y el numero de amores semejante En la edad, en las armas, y el semblante En media hermosa esfera La esmalta de claueles, y alelies En marfiles heridos

De instrumento purureo dio elegante Respuesta en blanda risa Citerea, Que de esquadra a Eritrea Granos como del nacar produzidos, Publica en dos hileras concertadas A los labios hermosos obligadas, Que en voz suaue, y regalado acento Impusieron dorado freno al viento. Hijo, causa dichosa De mi soberania, Por cuya industria me venera diosa El orbe trino, a cuya valentia Deuo tantos blasones, Aras, templos, aromas, y oblaciones. Cuya atreuida mano Nunca frustrò saeta, Por quien desnuda luzes mas vfano, Feliz, alumno Iupiter decreta, Quando en dulces errores De Sidonia mordaz talò las flores. Quando Cisne por Leda Vistio neuado abrigo, Y en palido granizo, sin que pueda Censurarlo el Alcaide, ni el testigo, Oro se desperdicia A deleitar de Danae la auaricia. Quando casto se miente En forma de Diana, Con la que en cerdas erizò la frente Su consorte cruel, su dura hermana; Cuyas luces no admite En su Palacio diafano Anfitrite, Tu que has introduzido En el cielo paciencia, Tan amado de mi como temido; Que aun yo de tu rigor tengo experiencia Quando la paz del labio Se dissimula en mi mayor agrauio. El jouen que deseas Hazer de Cintia esposo, En quien de tanto Oriente el cetro empleas, Alta eleccion ha sido, pues dudoso Ioue en tan grande empeño No supo dar a tal belleza dueño. Mas prouida no quiso Obrar naturaleza Para yermo tan fertil paraiso, Para inutil milagro tal belleza, Que en igualdad amable La perfeccion consiste en ser sociable.

Consorte has señalado Digno (admirale atento) De tal prenda que dese a mi cuidado El candido que tu dulce alimento, Que al Sol su Oriente deue, A tres ninfas su voz, su ingenio a nueue Con deseado agrauio La fuerte edad perfila La blanca margen del rosado labio Ya Cloto las vitales hebras hila En el copo primero Dorado estambre, que inmortal espero. De celestiales dones Es tan fauorecido, Tan concurso de humanas perfecciones, Que el Frigio, que del aguila fue nido, [folio En hermosura excede, Y la dorada copa seruir puede. Quando oprime ginete El bruto mas lozano, Aunque con pie solicito le inquiete, Se sossiegue al imperio de la mano, No la fuerça le rige, Que al respeto, y destreza se corrige. Natural eloquencia Del arte ennoblecida Esmaltan generosa su prudencia; Gracia no al torpe tiempo concedida, Que madrugò temprano En edad oriental discurso anciano. En el intacto coro Abrid geniales venas Vuestro primor, ya buelue el siglo de oro, Ya se os propone liberal Mecenas, Que al Sol restituidas Desagrauie las ciencias ofendidas. [folio Este cielo señala Por dueño de otro cielo: A este si humano merito la iguala Se dese el Fenix del Hesperio suelo; Y pues tu lo deseas, Ardan en su fauor festiuas teas. Beuiola amor la voz no fenecida, Que hizo otra vez purpureo maridage En los labios que auiua el dulce Y la argentada concha preuenida Por el cuidado de la turba alada La popa ocupa, que de vagos velos Vengalas entoldaron De plata en breues lineas atenuada,

Con listas de la insignia de los zelos Al yugo de jacintos entregaron Con arrullo lasciuo El cuello manso las volantes pias, Y en el timon amor no tan altiuo, Como aquel que abrasò tantas regiones: De cuyo incendio aun viven los carbones, Las riendas rige, y las espaldas frias Al viento sulca, señalando rastro Voluble el alabastro, Que guarnecen diamantes, Y que estrellas rodean, Coronan los amores circunstantes El apice del trono, y lisonjean Con buelo interrumpido La hermosa madre; y en el viento herido De tremulas cuchillas La preceden, formando Inquieta nube. Desta suerte, quando Del Oceano dora las orillas El Fenix de la luz, numerò inmenso De paxaros menores De atomos boladores Forman circulo denso, Y en orbe bullicioso Al caminante assiten fatigado, Que de copia tan vil importunado, Con diligente mano la fantastica niebla esparce en vano, Y el globo numeroso A vnion restituido, Mas prolixo le insulta resistido. Notò Acidalia sendas transparentes, Y quantos pueblos, quantas soledades Sobredorò su luz, bañò de amores. Abraços dieron liquidos las fuentes A los troncos, las flores Iuraron con el Zefiro amistades. En alcandaras verdes filomena Dissimulò su pena, Oluidando crueldades Del barbaro Tereo. La tortola admitio nueuo deseo; Y renunciando la viudez combida Nueuo consorte a talamo segundo. En la patria de vidrio, en el profundo [folio Pais donde naciò reconocida A su instabilidad, mezclò suaue Apacibles estragos Y de la incauta naue

Tres musicos halagos Himnos la consagraron Marinos Heroes, tiernos anudaron Sus consortes y en diafanas alcouas Lecho oprimieron de mullidas ouas Poderosa sin limite, sin modo Goza en todo pacifica obediencia, Impera blanda en todo, Leal la sirue el Orbe y sin violencia Reyna en el aluedrìo, Al cielo reuelado señorio Simon se nombra su vassallo el gusto, Con quien possibles terminos excede: Que como puede mas de lo que es justo; Apuesta a poder mas de lo que puede. Declinaron las ases, mas guiadas De instinto de costumbre repetida, Que de las floxas riendas descuidadas A la mansion dichosa donde anida El Sol de España, Oriente, en que admirable Amanece incessable Su consorte Real, que en luzes bellas Promete al mundo exercitos de estrellas. Salue, dize la diosa venerable, Madre de cetros, madre de tiaras, De laureolas madre, a quien el cielo Agradece inmortales ciudadanos, La Fè valientes braços, con que amparas Su entereza; las ciencias doctas manos Con nobles plumas, que en perpetuo buelo Registran esplendores soberanos; Mapa, hermoso del pueblo de Zafiro, Y en tu grandeza firme Oceano de fuego, Pues para persuadirme (Puesto que no lo niego) Que eres mi centro en las entrañas miro De tus piedras ardor correspondiente A mi espiritu ardiente. O coraçon de España generoso, Salue otra vez: mas suspendiendo entonces La voz sonoros bronzes, Decendio el carro al sitio deleitoso Del no bastantemente celebrado Aranjuez, y su Palacio hermoso De barbaros verdores vio cercado: Que a fixas poblaciones Vrbano salteador robò el cuidado: Tela de palpitantes coraçones En viuidora yedra

Viste la anciana piedra. De Faeton las hermanas Plateadas Sobre verdor remiso Del loco precipicio consoladas, Se acercaron a gala semejante De aquel jayan fragante, Del que en su olor acuerde el paraiso. La oliua, cuyo parto prodigioso A Minerua dio el triunfo competido, Y a Atenas apellido, El mirto del inuierno temeroso, De la frente de amor sombra frequente, Y de Lacedemonia honor lozano. En fin quanto admitio huesped villano A pauellon sombrio, en siesta ardiente Con excepcion de mal peinada encina, Que inutil a Vulcano se destina. De original candor rudo alimento, Y de la firme oposicion del viento, Tosco, y constante roble, En oficio mas noble En mas cortes ocupacion se emplean, Y la entrada festiuos recatean. Decendio la diuina Madre, y introduzida del contento Al intimo retrete agradecido: Mas a los ojos de Guiomar, que al día, Vio el celestial portento Excesso de mortal merecimiento: Donde alado Cupido, Codicioso de cielo, labrò nido Feliz, que alli podia De Ioue despreciar la Monarquia. Miròla, y suspendiose La diosa, deseando Sucederla en belleza, no igualarla. Llega, y al saludarla, Indeciso calmò el acento blando; Y a la luz de mayor deidad turbòse. Las Gracias la assistian, No huespedas perpetuas moradoras De su donaire graues y canoras. Nueue hermosuras sabias suspendian De mente infatigable El agitado peso En circulo trauieso, Coro de ninfas se mezclò agradable Con orden implicado, Y confuso concierto Con huella repetida con pie incierto

Burlauan de los ojos el cuidado. El cabello de flores variado Vndoso se exponia Del aire a la gentil descortesia, De lasciuo cristal el descubierto Braço el viento texia La mano diligente Mas blanca en marfil hueco respondia A citara eloquente; Y al diestro moumniento A la apacible ley del instrumento. Ya buela acorde presurosa planta, Ya espaciosa se mueue lentamente, Y en batalla briosa Aquellas siguen, y estas se retiran; Y al amago sonoro de la mano Aquellas se retiran, y estas siguen: Ya en torno alegres giran, Y en ademan lozano, Sin que agiles fatiguen De Berberisca alfombra el bozo blando Versatiles se mueuen estriuando casi en el viento leue el cuerpo airoso, No ay pie que se rebele a la obediencia Del plectro numeroso, Que en igual conueniencia Eco es del instrumento inimitable Con aspereza afable, Con decente, y no dura resistencia, La ya aclamada esposa Al talamo florido conduzida, De aplausos celestiales persuadida: Sucedio temerosa A breue paraiso, Donde el Nardo, el Acanto El suelo enladrillauan. En sudor perezoso De balsamo Precioso Las flores se anegauan. Exhalauanse densas varias gomas De fragantes aromas Y de pastas el humo se oponia A la luz que en sus ojos vencio al dia. Iuno la recibio, que reuerente Por el honesto virginal decoro La cortina corrio florida de oro. La tea sucedio resplandeciente, Y en los talamos castos igualmente Ardio lumbre sagrada. No cupieron en numero las teas,

Ninfas y semideas. Himeneo clamaron venerada Deidad, en el primer casto deseo Tantas luzes llamauan a Himeneo, Tanta voz, tanto aplauso, y alegria, Que enbarazado solo diuidia El afecto en los talamos dorados: Mas con acuerdo justo graduados, Quando el arco las cumbres discurria, Estas vozes le hizieron compañia. O nunca muera, o Fenix resucite CORO 1 CORO 2 La caricia primera. O Fenix resucite, o nunca muera La primera caricia. Dones naturaleza desperdicia, Dones vierte gloriosa, Duraràn sin agrauios El clauel en sus labios, Y en su rostro la rosa. Siglos verà de esposa: Que en verdor permanente Este vigor reciente La edad no le marchite, O nunca muera, o Fenix resucite La caricia primera. La que oy Iuno Lucina mas sincera En cristal aprisione Por nueue lunas bellas Sucessiuas estrellas, Que logre, y que sazone, Vulgo noble corone Su mesa de la madre Hermosura, y del padre Valor heroico adquiera. O Fenix resucite, o nunca muera, La primera caricia. En el poluo glorioso, en la milicia De su gallarda mano Tiemble el luziente azero El apostata fiero Y el rebelde Africano; Y quando el tiempo cano de plata venerable Cerque el semblante amable, Que al de Apolo compite O nunca muera, o Fenix resucite La caricia primera. Viue, Guiomar feliz, pues te venera

CORO 1

CORO 2

CORO 1

El orbe celebrado Prodigio de hermosura, De virtud y cordura; Y en tanto que el dorado Siglo, no torpe el hado, Te traslada al eterno De amor el laço tierno, Que a los dos confedera. O Fenix resucite, o nunca muera. Venus cessando el coro, dio al sossiego. Licencia, que cobrando La primicia dichosa El exercicio suspendiesse blando. Murio el festiuo fuego, El talamo la diosa bañò luego Con nube de Ambrosia, Esmaltando de perlas sus matizes, Donde temieron el dichoso dia, Y donde siglos viuiran felizes.

Celebraron los elegantes versos, y la breuedad que fue marauillosa, casi se acabaron los versos con el dia; y amaneciendo el que se auia de celebrar con la preuenida fiesta, rodeando curioso vulgo el claro Xarama hasta adonde alcançasse de juridicion la vista mas de vn clarin dio señal al principio de la fiesta, que fue en este modo. En medio del rio, por donde mas llana y espaciosa plaça de cristal tenia, leuantaron vn espacioso teatro: en medio del qual entonces estaua fingido vn monte tan gallardamente imitado, que aun no faltauan ossos, conejos, liebres, y otros animales, que secretamente presos, corrian hasta donde la prision les daua licencia. En los arboles todo genero de ases, que con lagos no podian desembaraçar las ramas las quexas de visas, y los gorgeos de otras: todo passaua por musica. En el desconcierto admirable, y en la variedad hermosa, de la cumbre deste monte, como natiua, decendia vna fuente, que en obliquo raudal se apresuraua a morir en el rio: mas con no menor artificio todo el corriente poblado de pezes de diuersas suertes. Pudo gozarse esta curiosa aspereza, porque la gente dias antes auia visto despacio su artificio; y admiradolo tanto, que les parecio pudiera solo esto seruir por fiesta. Dando pues principio a ella, despues de musica de instrumentos de bronze, y de otra de vozes y cuerdas, abrio el monte vna horrenda boca, que dio lugar a vn monstruoso jayan; si bien muchos crecieron el numero viendo que reboluia a todas partes tres cabeças, que jugaua diuersas armas, con seis manos; y en cada passo assimismo señalaua seis huellas. Todos conocieron que era Gerion aquel monstruo Español: ficcion gallarda de los antigos, para dar a entender, que en España los hombres valen por tres, cuando mas bizarro insultaua, juzgandose por dueño de todo, en vn pequeño risco sobre el agua se le acercò Alcides, o en su figura Fileno, que luego que tocò al monte, y saltò sobre el risco, se escondio en el agua. Colerico Gerion de que se atreuiesse nadie a sitio que el gozaua, aunque pudiera en los despojos del leon Nemeo, y en la herrada claua conocerle, le acometio furioso. Nunca Alcides en mas dura lucha se prouò: porque ceñido de seis braços, y impedido de seis pies, casi le perdia su destreza, y su esfuerço. Dissimulauasse tan anhelante el conflicto, tan ardidoso, que parecia sobrado para representacion. Finalmente venciendo Alcides, arrimò el monte al gigante, que se le sorbio con mucha velozidad, y al instante se perdio a los ojos todo el monte, y en su lugar parcelo vn castillo murado hermosamente, a cuya altura apenas alcançauan los ojos. Admirò de nueuo la transformacion, quando por vna puerta del edificio salieron ninfas

acompañadas de musicos, que con dulces y varios instrumentos le cantaron la vitoria, y coronaron, entrando por la misma puerta con ellos el vencedor. no tuuieron lugar de celebrar tan vistosa entrada, porque atropellandose admiraciones, vieron venir sobre la agua vna sierpe espantosa de siete feas cabeças, y por todas vomitando fuego tan rebelde, que aunque se passeaua inquieto sobre el agua, no perdia de su actiuidad. En su espalda venia armado de armas escamadas de oro y verde, a modo de la misma serpiente, Danteo, que por traer el rostro descubierto, pudieron] conocerle; y, llegando al castillo por la senda de vno de los vastos cuellos decendio al tablado, y en figura de Cupido, vn page, que le lleuaua la visera: el qual dio a los juezes esta letra. Dos enemigos quisiera Vencer, pues contra el mayor De mis zelos traigo a amor, Y contra Alcides la fiera. Luego desde lo alto del castillo dio la señal vn clarin de que auia auenturero; y a vn lado y otro del hizo el muro lugar a dos tiendas de oro y seda en vistosos labores. De la vna salio Fileno con gallardas armas de escaques de oro, enlaçado el yelmo al son de Marciales instrumentos. Dio el passeo con airoso passo, y esta letra a los juezes. Oy de Gerion alcanza Vitoria la dicha mia, Pues vence mi cobardia, Temor, y desconfiança. Y en tanto se ponia en la otra tienda Danteo el yelmo: y despues de los ordinarios passeos con mucha cuenta y gala, se acometieron con las lanças; y rotas, apelaron a los golpes de espada, que con tanto corage los alternauan, que de los dos azeros se engendrauan y produzian centellas de fuego. Feneciò la lid, y a este punto en medio del teatro parecieron los premios. Vna pluma de diamantes dieron los juezes a Fileno, por la inuencion y lança, premiando la espada de Danteo con vna firmeza rica engastada en preciosas piedras, quando las recebian Cintia y Filis. Casi como si naciera del agua, tan improuisa salio, vieron, cerca de si vna naue con todas sus jarcias, y velas, lo que daua lugar la capacidad del vaso compatible al fondo, y hombros del caudal de Xarama. Venia con secretos remos que parecia que las velas la guiauan; y de vna y otra vanda quatro sirenas con diferentes y sonoros instrumentos, cantando tan dulcemente, que lo que fue fingido en las del mar, pudieron hazer estas verdad. Al arbol venia arrimado Leriano con armas esmaltadas de azul y plata en labor de ondas. Llegò con esta musica al teatro sin zaloma, por fingirse todos los compañeros dormidos. Vna de las sirenas le siruio el yelmo, otra la lança, la tercera la espada; y la vltima dio esta letra a los juezes. Precie el alma su desvelo, Que en Clarinda entretenida Pierde no solo de vida Lo que duerme, mas de cielo. A la señal del clarin salio Fileno con nueuas armas granadas ricamente de oro, con nueuas plumas y vanda; y al son del parche rompieron briosos las lanças, y lidiaron con las espadas gallardamente. Salio premiada la lança de Leriano con vnas memorias cercadas de rubies y diamantes alternatiuamente clauados, que dio al dueño de su voluntad a tiempo que por el rio vieron venir vna selua hermosamente vestida de arboles, que a la musica dulce de Liseno, que en forma de Orfeo en medio diestrissimo tocaua vna harpa: a cuyo son dixeras, que los arboles se acercauan, que los riscos rodauan sin ruido, que las aguas enfrenauan su inquietud, que las ases que pendian sobre el tenian

embargado el buelo, y la voz. El leon sobre las manos leuantando la cabeça, juraras que celebraua con su silencio y mansedumbre la destreza del sagrado musico, y los demas animales, depuesto el natural ceño, imaginaras que perdian su fiereza. Atentos a tan suaue encanto lleuò los ojos de todos: apenas mouian las pestañas, representando en lo atonito y suspenso la misma fabula, quando abordando al teatro vna aguila que le atendia, le precedio con la visera, y el leon sobre los pies recto dio a los juezes esta letra. Quien de mi amor no creyera Que baxara donde Orfeo Por ti? Y quien de mi deseo Que tambien no te perdiera? Al mismo indicio del sonoro bronze salio Fileno con nueuas galas, en tanto que Liseno por las manos de quatro ninfas que le acompañauan se armo de vnas armas, en que se grauauan diferentes y vistosas aues, y fieras, siendo el penacho del yelmo de quantos colores, y diferencias de plumas se pudieron hallar. Los dos combatieron con marauilloso denuedo. Premiaron los juezes la letra de Liseno; y el dio a su Siluia vna vanda bordada de laços de oro y plata, con flores de perlas y aljofar, que fue el premio. Ya ocupaua la arena de cristal vna admirable maquina. Tres gigantes de fiero semblante, y no comun estatura, tenian en los braços leuantados en amenaza tantos riscos contra Iupiter, que representaua Olimpo, que en vna nube secretamente firme en la tabla, parecia que estaua en los hombros del aire: al llegar a vista del castillo, despidio el rayo que asestaua a los tres en el modo que los antiguos le imaginaron, llamandole trifulco, de tres puntas, y encendido artificiosamente, se diuidio en tres rayos, que cada vno estaua guiado a vn gigante, heridos; pues cayeron todos doblandose en vn instante aquellos cuerpos, que parecia que ocuparan todo el rio: de suerte que se encerraron en las mismas peñas, con que amenazauan a Iupiter: el qual baxò con armas variadas de estrellas sobre ellas mismas; que llanas dauan assiento a la planta, quando llego al palenque; y de los huecos de las peñas salieron Mercurio, y Ganimedes. Vno lleuaua el velmo, y otro dio esta letra a los juezes. Ser Iupiter no quisiera, Porque me adorasse el suelo; Mas porque dandote el cielo, Lo que te deuo te diera. Al mismo ruido del parche se mezclaron los dos en mas que batalla fingida con tanto ardimiento, que se temio la refriega de veras. Al fin los juezes premiaron la inuencion a Olimpo con vna cadena que se enlaçaua de pequeñas sierpes; y en la cabeça tenia cada vna vn diamante: con lo qual ocupo las manos de su Amaranta. Sucedio luego en el paramo de vidro otra no menos ostentosa fabrica, y de sutil inuencion. Repressadas en quadro las aguas, cogian en medio vn fiero monstruo marino en frente de vna peña, a cuyo estremo estaua honestamente desnuda Andromeda, y Perseo sobre la cumbre de la peña en el alado Pegaso, despidiendo vn dardo a la espalda escamosa del marino monstruo, con tan feliz acierto, que herido del golpe, respondio luego largo diluuio, con que tiñò espumoso el sitio que cercado le prendia. Nadie creyera en el mouimiento del monstruo, en las vascas, en la sangre que vertia, sino que padecia, y que tenia vida; y aun robò el sobresalto de la fiera el color a muchas de las hermosuras circunstantes. Finalmente en buelo assegurado arriba artificiosamente Perseo, a quien representaua Lucindo, baxò al agua, y con el Harpe alfange de Minerua acabo al monstruo, y dio libertad a la hermosa Andromeda, que cubierta de vn velo listado de plata, siruiendole el yelmo, y dando juntamente esta letra a los juezes.

En tus desdenes, Anarda, Mayor fiereza venci, Y mas premio gozo en ti. Baxò Lucindo del cauallo, y parecio en el palenque con armas sembradas de culebras de oro enroscadas en correspondientes laços vnas en otras, y en el pecho vn Sol. Midiò lanças con el mantenedor; y aunque le juzgaron todos por delicado y ingenuo, a todo certamen les entro el contrario muy brioso. Dieronle por premio de gala vn relox de cristal con caxa de oro, cerrado con vn diamante que dio a su Anarda, para que apresurasse las horas que restauan al dulce efeto de sus deseos. Porque no faltasse a tanta fiesta el dia que de buen gusto parece que se iba entreteniendo, se ofrecio en la liquida palestra mucho numero de troncos ardiendo; y por el suelo parecia que corrian torrentes de llamas: vistosa inuencion, y mas considerada en agua. Entre estos ardores assomauan hombres adustos ya con los rostros quexosos de su incendio, quando de en medio de la selua abrasada en vn carro que tirauan dos cauallos, vomitando fuego entrò en el agua Faeton, y arrojado en ella con artificio, salio al tablado armado con vnas armas que esmaltauan llamas, aun al parecer no apagadas en el trecho de agua que auia nadado. Estauan por la parte en que aportò, dos alamos blancos, de cuyos troncos salieron dos hermosas ninfas sus hermanas, que le seruia la vna el yelmo, y la otra dio esta letra a los juezes. Si por regir su carroza, Muerte a Faeton amenaça, Que harà quien al Sol se abraça? En semejante duelo a los passados dio en que entender al mantenedor; y ambos luzieron en el combate auentajadamente: de suerte que neutrales los juezes, partieron entre los dos el premio, que fueron dos cauallos con ricos jaezes; ambos de vn color, de vna hidalguia, y de vnos padres. Ofrecieronlos a sus zagalas, y antes de acabar se sintio en la plaça transparente otro auenturero. Parecio vn prado florido con algunos arboles; y al pie de vno rumiando la yerua vna blanca vaca, en cuya anca por marca tenia vna O. que en medio cerraua vna I. señal que haze el buey en la huella, y letras de su nombre, quando humana que era la infelice IO. en su guarda Gerardo de pastor, bizarramente vestido llegò al palenque con manso mouimiento; y quando pisò la tabla de la valla la vaca, desnudando el tosco trage, quedò en forma de vna hermosissima ninfa: y el perdiendo el habito de pastor con visas armas sembradas todas de ojos, y el penacho matizado de ojos: que fue gala bien admirada. Lleuaua la ninfa el yelmo, y dio a los juezes esta letra. No ha de ser ciego mi amor, Antes Argos ha prestado Cien ojos a mi cuidado, Por poderse ver mejor. No tardaron en venir al certamen, que fue entre los dos celebrado. Finalmente los juezes premiaron a Gerardo por mejores armas con vn papagayo en vna jaula de varas de coral anudado de agatas, que ofrecio a su Rosela, quando oyeron mucho ruido de cascabeles, y muchas vozes, que con la seña grossera de la carreteria venian arreando vnas mulas que tirauan de vn carro manchego, con sus ruedas; que sobre tablas, y barcos con grande artificio venia sobre el agua, y carreteandola con su montera buelta atras la faldilla, y ceñido con vna toalla, y los demas requisitos de carretero. El insigne Perecindo saltò del carro, y dio por su persona a los juezes esta letra. A gozar de tus pedaços, Iuanarda hermosa, y discreta, Vengo por mar en carreta.

Al punto se abriò como vna granada el carro por la parte de arriba, y se desparecieron las mulas, sucediendo a los cascabeles inquietos el rumor de adufes, morteruelos, ginebras, y otros instrumentos, en que no cabe tono, ni solfa, en manos de vna quadrilla de fregonas, con bastante indicio de su ocupacion en el sombrerillo, chinela, y despejo llegaron, y dieron a los juezes su letra. Al mejor de nuestros Pares Celebra el coro brioso De las ninfas del famoso Medio real de Mançanares. Despues desta pandorga se seguian quatro gigantones de descomunal estatura, que traian el yelmo de Perecindo con penacho de martinetes de gallo; y los demas peto, respaldar, y lança. De los dos primeros el vno traia sembrado el vestido de majadericos de hazer randas, y el otro con vn botarga, sin escrupulo quiero dezir, muy justa; en las espaldas vna S. grande, y entre los dos traian escrita esta letra, el de los majadericos. Yo soy un gran majadero, Aunque a todo el mundo pese, Y continuando el de la S. Yo soy S. De los siguientes el primero traia la cabeça de nouillo hasta el medio cuerpo, que fenecia en cauallo, como Centauro; y el segundo vestido todo de pajas. El de nouillo traia escrito en las espaldas esta letra. Yo soy vn nouillo, y tengo En la frente dos migajas; Y el de pajas proseguia, Y yo pajas. Alabaron todos el ingenio de Perecindo: el qual armado de sus armas, que parecia que se auian hallado en compaña del Cid. Al lidiar con Fileno, deteniendose al tiempo de quebrar la primer lança, dio en vago; y assi mismo el cuerpo todo de Perecindo, que no poca risa causò. Dieronle premio de la mejor caida, que fue vn maço de agujetas de cuero, que dio a su Iuanarda, diziendo de repente este requiebro. Gastaré en vuestro seruicio, Estas cintas, mi señora, Dando de mi amor indicio. Otros muchos ventureros vinieron, especialmente don Pedro; cuyas inuenciones y galas pedian mas espaciosa relacion: mas el dia no dio lugar a tanta fiesta; y por remate della se mezclaron todos en la folla, donde fue apacible espectaculo tanta hermosura, sin necessitar de la variedad para parecerlo. Ya se desparecia el suelo de las hastillas de las lanças, ya resucitaua el dia a las centellas que de las armas resultauan a los golpes de las espadas, auiendo aqui hecho nueua muestra de su gala, y esfuerço subitamente. Al son de quatro trompas bastardas vino al agua toda la fabrica del castillo, y la torre del, haziendo acertada ruina, cayò a la parte donde estaua Cintia, y las demas zagalas; y se transformò en puente, quedando el sitio hecho vn vistosissimo jardin con vna fuente en medio, que del cuerno de vn Triton, de los ojos y los oidos daua plata tirada a vna taza de jaspe. A las quatro partes deste jardin ardian quatro antorchas que alumbrauan vistosamente todo aquel espacio. Cerca de la fuente se leuantaua vn cenador cubierto de yedra y parras; y en el vna mesa, donde la curiosidad competia con la riqueza. Por la puente baxaron las zagalas al jardin, y con los deudos mas cercanos cenaron regaladissimamente; y despues de muchos saraos y musica, en coches, y en sillas de manos sucedieron al Palacio de Cintia, donde tantas felicidades, tantas bien logradas esperanças tuuieron dulce y capaz

alojamiento. Descansaron deleitosamente alli algunos dias, siendo cada vno celebrado de los pastores, alternando el cuidado, y la costa, diera en que entender a vna curiosa pluma todo lo que en estas alegrias sucedió. Mas aunque parece que lo ha estado la mia, ya la llaman mayores atenciones. Desampararon sus chozas los pastores, y combinados de su curiosidad, y de la amenidad del sitio, las ocuparon algunos vezinos de los lugares cercanos, siendo este el principio de su poblacion, que oy està mas aumentada, y ennoblecida. Finalmente vinieron los regalados esposos a Madrid, donde con eterna memoria del principio de sus dichas viuieron todos sin tocar el enojo sus vmbrales, sin que el talamo casto profanasse disgusto descortes, ni sospecha mal nacida.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful