Primer Foro de Salud Mental de Tierra del Fuego

Palabras de apertura por Luis Camargo
Quiero darles la bienvenida al Primer Foro de Salud Mental de Tierra del Fuego, y agradecer, en primer lugar a Fabiana Rios y a su equipo de Salud, la Dra. María Grieco, el Dr. Juan Gómez Carrillo y al Diputado Gorbacz, por haberme convocado a pensar con ellos el devenir del área en la provincia, y luego a todos los colegas de Río Grande y de Ushuaia, por el esfuerzo que hicieron para organizar este evento de tanta trascendencia, al Dr. Juan Dobón por asistir y colaborar desinteresadamente con este proyecto y por supuesto, a todos Uds. por haber aceptado el desafío de acompañarnos. Este Foro es un punto de inflexión, de llegada y también de partida. De llegada porque resume y concentra, a mi juicio, años de historia de la Salud Mental en Tierra del Fuego; pues lo primero que hay que decir, es que Tierra del Fuego tiene historia al respecto. Para empezar, aquella mítica, de la cárcel del Fin del Mundo, que fue el albergue de no pocos “locos asesinos” allá por las décadas primeras del siglo pasado, como Mateo Banks (“El místico” como lo apodaron, que había matado a ocho familiares para quedarse con su fortuna), o el famoso “Petiso Orejudo”, el adolescente psicópata que conmocionó a la sociedad porteña de entonces por haber matado salvajemente a tres chicos y haberlo intentado con ocho más… Ya entonces, los locos desembarcaban aquí! Y para seguir, ya bastante más cerca en el tiempo, la historia que labraron muchos de los aquí presentes, a través de sus profesiones y oficios, con sus “haceres” con el malestar subjetivo, con los desencuentros familiares y las patologías sociales, en los Servicios de Salud Mental de los hospitales, en los Gabinetes Psicopedagógicos, en las instituciones de Minoridad y Familia, en los CAADs, en las escuelas especiales, y en tantos otros sitios (públicos, y privados) donde la Salud Mental de la particular población de esta provincia ha sido asistida. Cada quien aquí podría referenciar seguramente algún espacio, alguna iniciativa, que pueda contabilizarse en esta pequeña historia del campo “psi” fueguino. De mi parte, puedo aportar aquellos seminarios de psicoanálisis que dictamos con un colega allá por el año 94/95, cuando nunca se habían hecho del estilo hasta entonces (al menos en Rio Grande, que yo sepa), o la agrupación Agalma del Sur, con un grupo de colegas –algunos aquí presentes-, con quienes hacíamos múltiples actividades, de las cuales formó parte importante Juan Dobón.. Y precisamente fue con Juan Dobón, quien además de Director de Salud Mental de Htal. Piñero de Bs.AS. es Director del Instituto de Investigaciones del Campo Psijurídico, con quien armamos las 1ras. Jornadas de Psicología Jurídica de la provincia, allá por el año 1997, inaugurando aquí el estudio y la investigación en el cruce del Derecho y el Psicoanálisis, con producciones conjuntas, creo, de sumo interés. Pero también es punto de partida, un punto cero, un espacio inaugural, un espacio de apertura. Una apuesta, en fin. ¿Una apuesta a que? A que a esta historia de la salud mental en Tierra del Fuego, comencemos a abrocharle una política, considerando que aunque esto no la haya hecho inoperante ni mucho menos, la salud mental en la provincia hasta la fecha ha carecido

de una política en la cual sustentarse, o si la ha tenido: a) no ha sido jamás explicitada y mucho menos consensuada, b) no ha vinculado sus posibles acciones al resto de las políticas de Estado (salud en gral., ingresos, seguridad social, etc.), y c) ha dependido de la buena voluntad y esfuerzo personal y/o grupal de los agentes, de los efectores de la SM y de las adicciones de los distintos subsectores del sistema general de salud. Y aquí estamos ya en el título de este encuentro “hacia las políticas de SM y adicciones en TDF para el periodo 2008/2012”. Como es obvio, el periodo elegido en el título, es el que, si todo va bien, abarcará el próximo gobierno. Un colega de Ushuaia, con mucha pertinencia me señalaba que quizás hubiese sido mejor no limitar las políticas a fechas, sino hacerlas trascendentes a los gobiernos. Y tiene razón. Pero si hizo mención a ese periodo en el lema del evento, es por suponer ya una voluntad política en el gobierno por venir: y es que esta gestión parece haberse dado cuenta que Salud Mental es algo más que un puñado de profesionales voluntariosos en servicios de hospitales generales, o que el problema de las adicciones en nuestra provincia no puede resolverse sin un debate serio y profundo sobre el tema. Si me he animado a proponer un par de cosas, entre ellas las que hoy nos reúnen aquí, es por suponer, por apostar a que la salud mental va a ocupar un espacio crucial y creciente en las instancias de decisión y ejecución de políticas generales de gobierno y particulares del área salud. Por eso, este Foro. ¿Que es esto de Foro? Ahora vamos a la cuestión “política”, pero antes, digamos dos palabras sobre la idea de “foro”. Ahora están de moda los foros de Internet, pero antiguamente, el Foro Romano (Forum Romanum, aunque los romanos se referían a él comúnmente como Forum Magnum o simplemente Forum) era la zona central en torno a la que se desarrolló la antigua Roma y en la que tenían lugar el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de justicia. Hay otra referencia al equivalente del foro en la cultura ateniense que me gusta más. La lei en Cornelius Castoriadis. Este filósofo y psicoanalista señala que la lengua griega antigua y la práctica política de los atenienses ofrecen una distinción preciosa entre tres esferas de la actividad humana, que, a su vez, la institución global de la sociedad debe separar y articular: el oikos (la casa, la familia), el agora (el mercado-lugar de reunión) y la ecclesia (la casa del poder, del gobernante), que, traducidos libremente, serían la esfera privada, la esfera privada/pública y la esfera (formalmente y en sentido fuerte) pública, que correspondería con lo que se define como poder explícito. El equivalente ateniense al foro romano sería el agora. Digo que me gusta más porque pone en juego categorías (lo privado y lo público) que como mínimo en nuestras sociedades son complejas, con límites permanentemente cambiantes. Allí donde, por ejemplo, las cuestiones públicas se transforman en decisiones privadas (familiares, digamos), donde la privacidad rápidamente adquiere status público (Internet, por ej,), un espacio de ágora, un espacio de encuentro y discusión entre lo privado y lo público, se hace imprescindible para las distinción de esos espacios, lo que no puede hacerse sino en una verdadera democracia, pues la democracia no es así sino el régimen donde lo público es verdaderamente público, pertenece a todos, es responsabilidad de todos, y convoca a la participación de todos. En un régimen totalitario, ejemplo que cita Castoriadis, la esfera pública absorbe cualquier cosa, y, al mismo tiempo, en realidad no es pública en absoluto, pues constituye la propiedad del Aparato totalitario que detenta y ejercita el poder. Y al nombrar “participación”, que es lo que hace al foro, al ágora, estoy hablando de la preocupación de la ciudadanía por lo público y de la deliberación como mecanismo de

obtención de consensos y de líneas de acción política. Y para eso estamos acá. Para refutar la idea de “democracias delegativas” (Guillermo O´Donell), y generar algún puente de cruce entre la protesta y la propuesta, entre la inacción colectiva y la acción participativa, entre sistemas de baja responsabilidad a compromisos responsables de nuestro hacer laboral y social cotidiano. Para acercarnos minimamente a ese ideal de la democracia que ubica en la participación la reducción de la brecha entre gobernantes y gobernados. La cuestión política: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados", decía Groucho Marx. En verdad, nuestras sociedades democráticas tienen mas políticos que Política, en el sentido griego del término, es decir, “lo relativo al ordenamiento de la ciudad”, ya que Política, con mayúscula, si la entendemos despojada de la cuestión del ejercicio poder en el sentido del “amigo/enemigo” -como querría una definición a lo Karl Schmidt-, es el conjunto de acciones orientadas ideológicamente a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos determinados. Por eso, como tenemos más políticos que Políticas, vivimos mas de campañas electorales que de ejercicios reales del poder ciudadano, pues los políticos saben más de enfrentamientos imaginarios, de amigos/enemigos, que de “ordenamientos de la ciudad”. Pero en fin… ¿Qué implica la existencia de una Política? Que las acciones del oikos no estarán desanudadas de la ecclesia, por que si se desanudan, es decir si vacila la esfera pública/pública, si no hay una Política ordenadora, en el campo de lo privado (y aquí pienso a lo institucional como privado) aparece todo aquello que atenta contra el espacio del trabajo: la burocracia, el hastío, la irresponsabilidad, la corrupción, la inercia laboral, etc., etc. Es decir, y hay que subrayarlo fuertemente, una Política es aquello que permite que pueda sostenerse cabalmente la escena del trabajo. Esa escena del trabajo es la que a su vez hará posible el cumplimiento de los objetivos. Ahora, ¿cuales serían los objetivos de una política de salud mental? Hacia allí iremos durante esta jornada. Para las obras sociales o las pre-pagas, habitualmente –y aunque se esmeren en desmentirlo-, los objetivos de cualquiera de sus políticas de salud, incluidas las de salud mental, suelen ligarse a sus finanzas empresariales. Pero para el Estado, la salud mental no puede, o al menos no debería ser una cuestión de finanzas. La OMS sostiene que el presupuesto de Salud Mental debe ser aproximadamente el 10% del de la Salud pública en general. Rio Negro 6%, Bs.As. 8%. ¿Cuanto tendrá Tierra del Fuego? No es seguro que exceda el 2%... Lo que sí es seguro, es que el Estado tiene responsabilidades en el área, que hasta ahora en cierta medida ha escamoteado. Lo que sí es seguro es que nosotros, en tanto integrantes del campo “psi”, e incluyo aquí también a profesiones no caracterizadas por ese prefijo “psi”, como los trabajadores sociales, los terapistas, los abogados, etc., tenemos obligaciones insoslayables: Tenemos la responsabilidad de preguntarnos, primero qué entendemos por Salud Mental, pues no va de suyo. Y creo yo eso va de la mano de la concepción de sujeto que como campo, el campo “psi”, nos hagamos: si se trata de un sujeto definido por las leyes del mercado (el consumidor, el usuario) será una cosa, si se trata del ciudadano,

del sujeto de derechos, será otra. Si consideramos al sujeto definido en su dimensión singular, en su dignidad y en su capacidad de transformación activa de su realidad, la salud mental será una cosa: si se trata de un sujeto a adaptar, a “re” (resocializar, reeducar, reinserta), será otra cosa. Y luego, de allí partirá la segunda responsabilidad, la de preguntarnos qué políticas le corresponden a esa concepción de la salud mental, que tampoco va de suyo, pues ahí allí un terreno de elecciones que son de tipo ética. En la historia de las políticas de la salud mental de nuestro país, éstas han pasado por extremos biologicistas, comunitarios del estilo “open door”, transitando desde el higienismo de principios de siglo hasta los psicoanalismos militantes del fin de siglo, para llegar a la reactivación de los supuestos neurocognitivos de los últimos años. Siempre es bueno recordar que no siempre hubo manicomios, que fueron el resultado de una política de salud de un momento determinado de la historia social de nuestro país. Nosotros no tenemos manicomios, por lo tanto no hay que desmanicomializar. Pero esto nos exige aun una responsabilidad mayor: armar dispositivos creativos para la patología mental y que alojen al enfermo sin segregarlo: porque que no haya “loqueros” no quiere decir que no se segregue al loco. Entonces, es preciso elegir, participativamente y desde el Estado, elegir. No hay política posible sin elección, y la elección política jamás será legítima si no es con la participación de todos los afectados por las consecuencias de esa elección. Desde el poder, desde la ecclesia, se ha elegido jerarquizar a la salud mental, dándole rango de Dirección dentro de la estructura ministerial de Salud. Se tratará ahora saber si desde el agora estaremos o no a la altura de esa jerarquización. Las preguntas que deben guiar este Foro son aquellas que deben dar cuenta qué modelo de salud mental querremos de aquí a futuro para la Tierra del Fuego: ¿Un modelo hospitalocéntrico, centralizado? ¿Un modelo basado en prestaciones privadas o prepagas, o de subvención estatal? ¿Un modelo de teorías hegemónicas, o que apueste a lo “inter”? ¿Propiciaremos un modelo de redes, o permaneceremos enredados en nuestros propios soliloquios? ¿Articularemos nuestra política realmente algunas vez con otros sectores (educación justicia, derechos humanos, etc.), es decir lograremos conformar estrategias intersectoriales o nos dedicaremos a reforzar procesos de homogeneización, de uniformización y de control social? ¿Seguiremos discutiendo si a ese pibe lo atiende el hospital o gabinete, o minoridad, o permitiremos que algo de su padecer psíquico pueda alojarse en algún sitio de este Estado fragmentado y poco solidario? Seguiremos considerando que si Juancito no quiere dejar de drogarse, pues hay que mandarlo del Estrecho hacia arriba, o propiciaremos opciones más flexibles y adecuadas a las características y posibilidades subjetivas de los usuarios de drogas? En fin, estos y otros interrogantes debatiremos e iremos planteándonos aquí, para plasmar, al final de la jornada, los documentos que puedan ayudar y ayudarnos a la

construcción de esas Políticas de Salud Mental y Adicciones que estimamos indispensables para nuestra provincia. Ese será un punto de llegada. Y un punto de partida, lo será el compromiso que hoy podamos conseguir aquí, de sostener este espacio, sostener este ágora, para articular lo privado de nuestra práctica, que no es la práctica privada sino la responsabilidad que a cada uno nos toca en nuestra praxis profesional, en nuestro hacer laboral, con lo publico que es su sustento, su razón de ser. El compromiso de poder fundar hoy y aquí, un espacio diferente, en el cual alojar nuestro hacer, de tanto en tanto. Un espacio de debate, un espacio de propuestas, de disensos y consensos, un espacio de intercambios, un espacio de trabajo, un espacio de reunión, de diálogo, triálogos y multiálogos si es preciso, pero de las palabras con las que es preciso abonar nuestra tarea, para que no sea un puro actuar. Un espacio, en fin, “Inter”, como lo es acaso, el deseo…. Quizás demos hoy el primer paso hacia esas políticas de salud mental que postulamos basales a nuestras prácticas. Nos quedará mucho camino por delante, pero, como diría Castoriadis, "si acaso debemos, yo y los otros, encontrar el fracaso en ese camino, prefiero el fracaso en una tentativa que tiene un sentido, a un estado que permanece más acá del fracaso y del no fracaso, que permanece irrisorio”. Muchas gracias. Luis Camargo