Buenas tardes, mi nombre es Lope Cuesta, miembro de Democracia Nacional Salamanca, y me gustaría dirigiros unas breves palabras en representación

de nuestra delegación, a la que como muchos ya sabéis sois todos bienvenidos, y es para nosotros un orgullo y un verdadero placer el poder recibiros con los brazos abiertos. Primero, pediros personalmente disculpas de antemano ya que en una iniciativa para que puedan participar el mayor número posible de nuestros compañeros, he sido el responsable de dirigirme a vosotros, a lo cual no estoy muy acostumbrado, así que espero que sepáis perdonar y pasar por alto todos los errores que pueda cometer al hacerlo. Por supuesto, desde Democracia Nacional Salamanca queremos agradeceros la asistencia a este acto y el esfuerzo que habéis realizado para poder acompañarnos en este homenaje a una figura tan representativa para nosotros como salmantinos así como para cualquier español que se precie de serlo, como es el Duque de Alba. Pero ahora mismo no quiero hablaros de esa figura en sí, si no de lo que este acto conlleva, de su significado, de su porqué. En pleno apogeo preelectoralista, con la ley de memoria histórica y su consiguiente retirada de símbolos que puedan identificarse de algún modo con la unidad nacional, con ese adoctrinamiento en la pasividad y en el becerrismo que pretenden llamar “educación a la ciudadanía” (Dios quiera que la ciudadanía se eduque a si misma porque si no…) Todo esto, unido a un constante bombardeo mediático, incomprensible y descaradamente falseado, hace que nos enfrentemos a uno de los declives más tristes y lamentables que pueden suceder en la vida de una sociedad. Una crisis que afecta a todos los españoles y españolas de bien. No me estoy refiriendo a la crisis económica, que a pesar de la insistencia en ocultarla, existe, y tampoco me refiero a la crisis social a la que nos vemos avocados por culpa de la inmigración ilegal que está destruyendo todo nuestro sistema de bienestar, llevando la calidad de vida de nuestro país a lo más ínfimo dentro de las sociedades occidentales. Me refiero a algo mucho peor, me refiero a la crisis de la valentía, a la crisis de la justicia, a la crisis de la inteligencia, a la crisis de la verdad, a la crisis de la crítica sobre lo que nos viene dado, a la crisis de la fraternidad entre nuestros iguales, a la crisis de la decencia, a la crisis de la solidaridad bien entendida, no como intentan vendérnosla, a la crisis del civismo, a la crisis del honor… En una palabra, me refiero a la crisis de los valores que durante siglos han diferenciado al ser humano civilizado de los animales. En un tiempo donde la única norma de comportamiento es el egoísmo y el “todo vale” ha desaparecido cualquier vestigio de estos valores. Desde los medios de comunicación se promueve el consumismo exacerbado y la hipocresía, desde el gobierno se promueve la permisividad y la injusticia hacia la gente honrada, en los colegios y centros de educación se forman títeres manipulables a merced de cualquier va y ven que les metan por los ojos. Y cuando por casualidad, alguien se atreve a pensar por sí mismo e intenta defender los verdaderos valores, se da de bruces contra un muro de intolerancia, reforzado a conciencia por los que se hacen llamar “tolerantes”. A lo largo de toda la historia estos valores han sido defendidos por personas nobles, personas dispuestas a dar la vida por que sigan subsistiendo y marcando la pauta entre los hombres, con el fin de tener una mejor convivencia entre compatriotas, con el fin de que el paso por esta tierra sea algo más que un cúmulo de fechorías y desavenencias con nuestros hermanos. Estos hombres han sido ejemplo de comportamiento, ejemplos de cómo una persona puede pasar de un simple estado de apatía, a convertirse en un héroe al servicio de los demás. Héroes como el Duque de Alba, que marcaron el camino correcto a miles de españoles de su época, y que adaptado a nuestro tiempo puede seguir marcando el camino a muchos de nosotros.

¡He ahí el motivo de este homenaje! Ahora que Democracia Nacional está en el punto de mira de todos (por odio quizás, más bien por miedo a que nuestra verdad llegue a la gente), ahora que se nos insulta, se nos acusa, y se nos criminaliza, ahora es cuando debemos demostrar a todos y cada uno de los que fijen sus ojos en nosotros, quienes somos realmente. Somos los defensores de los valores absolutos de nuestra civilización, somos la voz de todos los españoles y españolas que claman agonizantes por una España mejor, somos quienes se darán de bruces contra ese muro de intolerancia que han levantado los antiespañoles, y unidos conseguiremos derribarlo le pese a quien le pese. Somos quieres haremos de nuestro país, junto con la ayuda de todos los españoles y españolas orgullosos de serlo, una España de héroes.