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El Crash Course
en español

Chrls MarLenson

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

PróIogo ........................................................................................ s
¡nLroduccIón .............................................................................. ii
CupiLuIo 1: Tres creencIus .......................................................... is
CupiLuIo z: ¡u sIgIu "EEMA" ..................................................... is
CupiLuIo ¸: CrecImIenLo exponencIuI ........................................ ir
CupiLuIo q: EI probIemu es Iu IuncIón exponencIuI .................. zi
CupiLuIo ¸: CrecImIenLo IrenLe u prosperIdud ......................... zs
CupiLuIo 6: ¿Qué es eI dInero? .................................................. zo
CupiLuIo ;: Cómo se creu eI dInero ........................................... ss
CupiLuIo 8: ¡u Reservu ¡ederuI ................................................ sr
CupiLuIo q: BrevisImu IIsLorIu deI dInero usumerIcuno .......... «s
CupiLuIo 1o: ¡u InIIucIón .......................................................... «o
CupiLuIo 11: ¿CuunLo es un bIIIón? ........................................... sr
CupiLuIo 1z: ¡u deudu ................................................................ oi
CupiLuIo 1¸: ¡u IncupucIdud nucIonuI puru eI uIorro .............. oo
CupiLuIo 1q: AcLIvos y DemogruIiu ........................................... rr
CupiLuIo 1¸: Burbujus ............................................................... ss
CupiLuIo 16: ¡us cuenLus no cuudrun ....................................... os
CupiLuIo 1;u: EI pIco deI peLróIeo ............................................ ios
CupiLuIo 1;b: Economiu de Iu energiu ...................................... iis

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CupiLuIo 1;c: Energiu y Economiu .......................................... izz
CupiLuIo 18: EI medIo umbIenLe .............................................. izs
CupiLuIo 1q: EI IncIerLo IuLuro................................................. i«o
CupiLuIo zo: ¿Qué debo Iucer? ............................................... i«o


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PróIogo

hLLp://www.chrlsmarLenson.com/blog/el-crash-course-en-espanol/24286
Saturday, August 8, 2009, 4:54 pm, by cmartenson
Me enorgullece presentar el Crash Course en español como la primera
traducción completa del curso gracias a la incansable labor de Manuel
Talens, traductor de la totalidad del contenido, incluido el texto de cada
diapositiva, y de Atenea Acevedo, quien grabó el audio de cada capítulo.
El resultado de su esfuerzo es que, en lugar de contar con una versión en
inglés con audio en español, podemos ofrecer una versión completa en
español. Manuel y Atenea dedicaron muchas horas de trabajo voluntario
para difundir el mensaje del curso y su iniciativa es más que encomiable.

Agradecemos profundamente la profesionalidad y el trabajo desinteresado
de Manuel y Atenea. El Crash Course en español quedó estupendo y nos
llena de orgullo ofrecerlo al público de nuestro sitio web.
Por nuestra parte, trasladamos la traducción del texto, las diapositivas y el
audio en español en Final Cut y reprodujimos todo el contenido capítulo
por capítulo. Después hicimos todo lo necesario para cargar los capítulos
en YouTube y en nuestro sitio web. Este trabajo también exigió un
enorme esfuerzo para nuestro equipo y costó aproximadamente $5,000
dólares. No esperamos retribución alguna por esta labor, solo la
satisfacción de saber que el mensaje del Crash Course llegará a un
público mucho más numeroso y diverso. Queremos decir a quienes han
tenido la generosidad de donar dinero a nuestro proyecto que esta es una
de las maneras en que utilizamos los recursos a fin de ampliar la difusión
del Crash Course. El contenido del curso debe conocerse alrededor del
planeta; gracias a Manuel y Atenea, y a nuestros donantes, podremos
llevarlo más allá de los confines del mundo de habla inglesa.
Tengo además el gusto de compartir con ustedes la experiencia que
representó el proceso de traducción y voz enoff para Manuel y Atenea en

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sus propias palabras, y las razones y las motivaciones que los llevaron a
participar en este complejo proyecto.

Mis respetos a Manuel y Atenea por su arduo trabajo y por su maravillosa
contribución.
Saludos,

Chris Martenson


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El Crash Course en español y Tlaxcala

Mi interés por los fraudulentos mecanismos económicos que han puesto
contra las cuerdas al sistema capitalista me llevó en años pasados a
descubrir la inaplazable crisis energética que pronto tendrá lugar cuando el
petróleo empiece a escasear, mucho más grave y mortífera que la actual
crisis financiera, por mucho que políticos, economistas profesionales,
“expertos” televisivos y medios dominantes sólo se ocupen de esta última.
Debo agradecer a mi amigo Pedro Prieto, editor del sitio web Crisis
Energética, las largas conversaciones en las que me enseñó casi todo lo
que sé sobre el cenit o pico del petróleo, así como su invitación personal a
la 7ª Conferencia Internacional de la ASPO (Association for the Study
of Peak Oil and Gas), que tuvo lugar en Barcelona el pasado mes de
octubre de 2008, a la cual asistí con sumo placer.
Fue en aquellos días barceloneses donde se gestó —de forma totalmente
insospechada e indirecta— la futura traducción de este Crash Course que
hoy ofrecemos en lengua española. Todas las ponencias y textos allí
presentados tenían su interés, pero señalaré solamente dos circunstancias
que, al confluir, pusieron en marcha el motor que ahora me lleva a escribir
estas líneas. La primera fue el impacto que me causó la conferencia de
Charles A. S. Hall, profesor del College for Environmental Science and
Forestry, de la Universidad Estatal de Nueva York en Syracuse. Hall, un
auténtico entertainer sobre el estrado, la inició diciendo que los
economistas convencionales —que él denominó neoclásicos— no tienen
ni la más remota idea de lo que es la economía en la vida cotidiana… y así
nos va. Citó entonces una frase de Wassily Leontief, premio Nobel de
Economía en 1973, según el cual los modelos básicos de la economía son
“incapaces de proponer de ninguna manera perceptible una comprensión
sistemática del funcionamiento de un sistema económico real”.
La segunda circunstancia tuvo lugar ya de vuelta a casa, cuando empecé
a revisar la ingente cantidad de bibliografía que obtuve en la conferencia
de la ASPO. Allí estaba el Crash Course de Chris Martenson, que empecé
a visionar en la pantalla. De entrada, me fascinó por su claridad de ideas,
sus virtudes pedagógicas, su insistencia en el pico del petróleo y, sobre
todo, por el hecho muy evidente de que Martenson demuestra con

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candidez que no hace falta ser “experto” en economía para llegar a
entender perfectamente, si uno se lo propone, eso que los economistas de
altos vuelos parecen ignorar: que dos y dos son cuatro, no una retahíla de
fórmulas esotéricas y lenguaje ampuloso. Lo cual me llevó de vuelta a las
palabras sarcásticas de Charles Hall y me incitó a completar elCrash
Course. Añadiré que no sólo no me decepcionó, sino que fue entonces
cuando decidí escribir a Chris Martenson para proponerle mi traducción en
nombre del grupo de traductores activistas —todos ellos voluntarios— al
que pertenezco, Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad
lingüística. Chris, naturalmente, dijo que sí.
La tarea era compleja, pues ya no se trataba de traducir el típico artículo
de dos páginas que uno se quita de en medio en poco tiempo, sino de más
de 40.000 palabras, más las diapositivas de los vídeos. Y a ello se añadía
la dificultad de que iba a ser necesario doblar la voz de Martenson, pues
nadie en su sano juicio puede pretender que los posibles beneficiarios
hispanos del curso soporten una veintena de capítulos, algunos bastante
largos, leyendo subtítulos.
Pero Tlaxcala es un grupo heterogéneo y multinacional con múltiples
recursos. Una de nuestras traductoras, la mexicana Atenea Acevedo,
ejerce profesionalmente de intérprete de conferencias, tiene una preciosa
voz y aceptó encantada el reto que le propuse. El resultado de nuestra
colaboración trasatlántica —todavía en marcha, pues en este final de
mayo únicamente hemos completado la primera parte del Crash Course, el
resto irá apareciendo en junio— es lo que hoy sale a la luz.
Hemos decidido mantener el título del curso en el inglés original precedido
por el artículo determinado “el” lo cual da lugar al extraño híbrido El
Crash Course, pero no por gusto personal, sobre todo porque muchos
de quienes lo lean no sabrán al principio qué significa, pero el binomio es
uno de esos escollos endiablados que suelen amargar las vidas de los
traductores y no se nos ocurrió nada que reflejase fielmente en español la
intención significante de Martenson sin el estorbo del doble matiz
semántico que tiene course (“camino” y “curso académico”). Atenea y yo
pensamos que si lo traducíamos por "Curso (o camino) hacia el desastre"
invitaría poco a tomarlo (¿a quién se le ocurriría meterse en algo que lo
lleve al desastre?), mientras que si lo traducíamos como "Curso (o

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camino) del desastre" algún malpensado podría creer que el curso es una
porquería. Tampoco "Curso sobre el desastre" nos pareció ideal. Los
lectores (y espectadores) nos perdonarán, pues, el anglicismo.
Por último, añadiré que otra ventaja añadida del Crash Course es que dice
sin ambages las verdades que otros callan sobre la doble crisis actual
económica y energética desde la aceptación del capitalismo como
sistema viable, pero pervertido por el mal uso. Las palabras que lee
Atenea son las de un hombre convencido de que si se hacen las cosas
con rectitud el sistema capitalista puede pervivir. Excuso decir que ni ella
ni yo compartimos ese convencimiento, pero eso no tiene la menor
importancia, pues a estas alturas lo verdaderamente necesario es que la
ciudadanía sepa qué está pasando de verdad en el mundo, más aún si
quien les cuenta esta historia de terror económico es un honrado
usamericano que ama a su país el malhadado Imperio y quiere
mejorarlo.

Manuel Talens
Madrid, mayo de 2009

Muy pronto en el desarrollo de mi carrera como traductora e intérprete
advertí que este quehacer profesional ofrecía una veta extraordinaria para
estructurar mi activismo por los derechos humanos, la equidad de género
y el cambio social. Aun cuando la cantidad de información generada en la
actualidad no tiene precedente histórico, las voces divergentes o
sencillamente distintas se pierden con gran facilidad cuando los medios
dominantes dictan el ritmo de las creencias generalizadas.
Además de constituir mi principal medio de vida, la traducción y la
interpretación son pasiones que me han permitido dar voz a quienes no la
tienen, es decir, hacer inteligible un discurso articulado a contracorriente o
trasladarlo a un espacio de mayor difusión en donde puede manifestarse,
encontrar eco, sumar esfuerzos o aportar una muy necesaria pluralidad de

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pensamientos y formas de acción. Por otra parte, estoy convencida de que
un derecho humano fundamental es la posibilidad de expresarse y leer en
el idioma en el que cada cual sueña, en esa lengua cargada de resonancia
emocional e intelectual que define parte de nuestra identidad, y vivo como
un privilegio el poder contribuir al ejercicio de ese derecho.
En abril de 2007 conocí a Manuel Talens en el marco de un congreso de
traducción e interpretación activista celebrado en Granada, España. Sabía
de la labor de Tlaxcala y me interesaba unirme al colectivo, así que
cuando la providencia me sentó al lado de Manuel en una comida entre
sesiones de trabajo surgió un vínculo basado en la convicción compartida
en la diversidad lingüística como herramienta capaz de construir y
defender realidades alternativas. Parte de este espíritu explorador de
caminos se revela en dos neologismos que suelen distinguir las
traducciones de Tlaxcala al español: son Usamérica y usamericano o
usamericana para referirnos a lo que la mayoría denomina Estados Unidos
y estadounidense. La polémica política en torno al nombre de este país y
su gentilicio es añeja y no pretendemos reavivarla, sino invitar al público a
abrir la mente a ciertas licencias libertarias.
El Crash Course en español es una aventura que conjuga la impecable
traducción de Manuel con mi propia incursión en el mundo de la voz
en off o voice-over. Nuestra intención es hacer las ideas de Chris
Martenson más accesibles a la población usamericana de origen hispano,
pero también a las personas hispanohablantes del resto del globo que
quieren y tienen derecho de entender qué sucede con la economía y las
finanzas internacionales. Hemos intentado dar un toque más
latinoamericano que peninsular a la terminología del curso (y,
evidentemente, a su oralidad), aunque las diferencias regionales no son
pocas entre tantos millones de personas que nos comunicamos en este
idioma. El producto final no se habría consolidado sin el talento del equipo
técnico de Chris, con quienes también estamos en deuda por su difusión.

Atenea Acevedo
México, D.F., mayo de 200

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¡nLroduccIón
El usamericano Chris Martenson se doctoró en ciencias en la Duke
University (Durham, North Carolina). Es autor del Crash Course, que
rápidamente recibió grandes elogios y alcanzó una enorme popularidad en
su versión inglesa original. El Crash Course pretende ayudarles a
comprender la naturaleza de algunos retos de extraordinaria gravedad
para nuestra economía y su futura prosperidad. Lo que están ustedes a
punto de ver es una versión muy resumida de un seminario de entre 6 y 8
horas que Chris Martenson ha estado impartiendo desde hace cuatro años
en su país, Usamérica.
Gracias a Manuel Talens, quien ofreció gratuitamente su tiempo y esfuerzo
para traducirlo al español, nos complace presentarles el Crash Course de
Chris Martenson en español. Esperamos que les sea provechoso.
Hola, me llamo Atenea Acevedo y soy la presentadora de esta serie.
El Crash Course integra diversos temas aparentemente dispersos para
formar una sola narración. Hablaremos de economía, energía y medio
ambiente, y ello porque en la encrucijada de tales temas es donde se
cuenta la historia más trascendental de cualquier generación.

(Video de presentación)

Una vez concluida esta presentación ustedes comprenderán y pensarán la
economía de manera totalmente distinta. Voy a ofrecerles un marco que
clarificará lo que, para mucha gente, es un asunto profundamente confuso.
Chris Martenson necesitó varios años para recopilar y desarrollar la
información de este breve curso en una narración altamente condensada.
Debo advertirles que para algunos de ustedes no será fácil, porque
hablaremos de algunos cambios descomunales que, preciso es reconocer,
son muy dificultosos de concebir.
Pretendo cambiar sus opiniones e incluso puede que me enfrente a
algunas de sus creencias más arraigadas (por ejemplo, “El crecimiento es

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bueno” y “El futuro se parecerá al pasado” o “El dólar es un valor seguro”).
Trataré de convencerlos de que ya va siendo hora de que aprendan,
presten atención y actúen.
Les recomiendo que completen el Crash Course de principio a fin al
menos una vez y, luego, que regresen a él cuando necesiten refrescar
conceptos. Cada vez que lo deseen pueden acelerar las imágenes del
capítulo haciendo avanzar la barra inferior con la ayuda del ratón o bien
pueden pasar a otros capítulos pinchando en los números
correspondientes situados en la parte de arriba.
Con su ayuda y sus comentarios podremos mejorar esta presentación. Si
descubren algún error, si creen que algo puede mejorarse o si les parece
excelente… díganmelo, por favor. Parte de este material proviene del
propio Chris Martenson, pero en su mayoría pertenece a otros y él
únicamente lo ha compilado. Esta presentación debe considerarse, pues,
como una obra colectiva de personas motivadas y conscientes de muchos
lugares.
Les aconsejo que avancen en el Crash Course a su propio ritmo. Está
concebido para que puedan regresar a aquellas secciones que no les
hayan quedado claras para visualizarlas de nuevo. Es mi deseo que
lleguen a entender todo lo que aquí se dice.

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CupiLuIo 1: Tres creencIus

Es muy importante que distingamos entre hechos, opiniones y creencias.
Trataré con todas mis fuerzas de ser muy clara cuando presente hechos,
ofrezca una opinión o comunique mis creencias.
Lo dejaré claro desde el principio: tengo tres creencias que voy a compartir
con ustedes y, a continuación, les explicaré cómo fue que llegué a ellas.
La primera es que los próximos veinte años serán completamente distintos
de los últimos veinte. ¿Por qué es importante esta creencia? Pues porque
tendemos a basar nuestra opinión sobre el futuro en nuestra experiencia
del pasado reciente. Es algo que forma parte de la naturaleza humana,
pero que se convierte en un lastre gigantesco en momentos decisivos.
Déjenme decirles que somos testigos de un CAMBIO MASIVO. Cuando
empecé a impartir este curso hace tres años solía decir que un cambio
masivo se avecinaba. Pues bien, aquí lo tenemos, creo que ya está en
marcha y voy a decirles por qué.

(Video de presentación)
Mi segunda creencia es que es posible – subrayo posible – que el ritmo o
el alcance del cambio pueda sobrepasar la capacidad de nuestras
instituciones sociales y de servicios para adaptarse a él. El huracán
Katrina nos enseñó que una ciudad importante de Usamérica podía
quedar devastada y quedarse así durante años. He aquí un ejemplo de
cambio importante cuya rapidez de aparición sobrepasa nuestra capacidad
de respuesta. Los tipos de cambios que anticipo en nuestro paisaje
económico son peores que los del Katrina. Mucho peores.
Mi tercera creencia es que no carecemos ni de tecnología ni de los
conocimientos necesarios para construirnos un futuro mejor. De lo que sí
carecemos es de voluntad política, lo cual refleja el hecho de que

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"Nosotros, el pueblo" todavía no hemos elevado nuestras voces al unísono
para que tenga lugar un cambio fundamental y verdadero.
Recuerden, se trata simplemente de mis creencias ahora y me reservo el
derecho a cambiarlas si surgen nuevas informaciones que sugieran un
error por mi parte.

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CupiLuIo z: ¡u sIgIu "EEMA"

¿Qué es lo que quiero decir cuando afirmo que "un cambio masivo ya está
en marcha"? Bien, llegados a este punto tenemos que escarbar en una
sigla compuesta de cuatro letras, "EEMA", y tres conceptos, y en ello
pasaremos el tiempo restante del Crash Course.
La primera "E" de la sigla "EEMA" es la Economía, que es la lente a través
de la cual el Crash Course observa todo. La Economía se subdivide aquí
en cuatro áreas principales: 1) Dinero exponencial; 2) El primer colapso de
la historia de una borrachera mundial de dinero a crédito; 3) Una población
que envejece y 4) La incapacidad nacional para el ahorro. Si no les parece
claro lo que estas cuatro áreas significan, no se preocupen; vamos a
analizar cada una de ellas en detalle.
La segunda "E" de la sigla "EEMA" es la Energía y en ella analizaremos lo
que el pico del petróleo significa para un sistema económico basado en
una continua expansión. Este tema es lo bastante importante como para
que le dedicase en exclusiva un Crash Course, pero no puedo y, por eso,
no lo haré.
Y, por último, las letras "MA" de la sigla "EEMA" corresponden al Medio
Ambiente, el cual ejercerá un peso económico incognoscible, pero
significativo, debido a la disminución de los recursos y a otras presiones
del sistema cuando las dos "E" afecten su dinero y reclamen su atención.

(Video de presentación)
La historia que voy a contarles gira en torno a la sigla "EEMA" y tratará de
demostrar que nuestro sistema monetario está perversamente situado
fuera de la realidad, será víctima de una grave inestabilidad y,
posiblemente, terminará por colapsarse.
Justo es decir que nunca hemos tenido que enfrentarnos a sucesos o, si
se quiere, a problemas tan enormes como éstos.

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Nunca.
Habrá quienes se asusten y quienes se sientan estimulados, todo
dependerá de su modo de pensar. Una manera de mantener el control
sobre los acontecimientos es armarse de información precisa y detallada.
Esto es exactamente lo que pretende el Crash Course.
Si se consideran por separado, cada una de las subdivisiones de cada uno
de los componentes de la sigla "EEMA" podría acaparar por sí sola su
atención. Sin embargo, afirmo que tales problemas están tan entrelazados
que no es posible resolverlos de forma aislada. Los componentes de la
sigla "EEMA" deben por fuerza considerarse como una unidad.
¿Qué es lo que los vincula? Los vincula un factor todopoderoso, que
necesitamos desesperadamente comprender. Les ruego que me
acompañen en el Capítulo 3, dedicado al crecimiento exponencial.

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CupiLuIo ¸: CrecImIenLo
exponencIuI

En el Crash Course aprenderemos algunos conceptos fundamentales. El
más importante de todos ellos es el crecimiento exponencial. Una
comprensión cabal de este concepto mejorará nuestras posibilidades de
vivir un futuro mejor.
He aquí un clásico gráfico que muestra el crecimiento exponencial. Se
trata de una curva en forma de “palo de hockey”, que representa una
cantidad de algo a lo largo del tiempo. Para que una curva termine
pareciéndose a ésta, ese algo que representa debe crecer de forma
porcentual a lo largo del tiempo.
Cuanto más lenta sea la tasa porcentual de crecimiento más prolongado
será el tiempo que se necesita para que la curva adopte la forma de un
palo de hockey.
Otro concepto que debe quedar claro en este gráfico es que una vez que
la función exponencial empieza a “repuntar”, incluso si la tasa porcentual
de crecimiento se mantiene constante y, posiblemente, bastante baja, las
cantidades siguen aumentando cada vez con mayor rapidez.
(Video de presentación)
En este caso particular estamos ante una curva de algo que
históricamente ha crecido a una tasa inferior al 1% anual. Se trata de una
curva que representa la población mundial. Dado que crece
aproximadamente al 1% anual, se necesitan varios miles de años para
poder detectar esta forma de palo de hockey. La línea verde representa el
pasado, mientras que la línea roja es la proyección más reciente de
Naciones Unidas con respecto al crecimiento de la población durante los
próximos 42 años.

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Es muy posible que cualquier persona con mente matemática se esté
preguntando en este momento por qué no representamos esta información
como suele ser habitual o incluso por qué lo hacemos de forma imprecisa.
Esas personas con una mente matemática han aprendido a definir el
crecimiento exponencial por medio de la tasa de cambio, mientras que
nosotros lo presentaremos aquí por medio de la cantidad de dicho cambio.
Ambas formas son válidas, sólo que una expresa más fácilmente
una fórmula y la otra permite que la mayoría de la gente la
comprenda mejor de forma intuitiva.
Contrariamente a la tasa de cambio, la cantidad de ese cambio no es
constante, ya que crece cada vez más conforme va transcurriendo el
tiempo y ésa es la razón por la que para nosotros la cantidad es más
importante que la tasa. Se trata de un concepto tan primordial que
dedicaré el siguiente capítulo a su explicación.
Las personas de mente matemática podrían decir también que en una
curva exponencial no existe una fase de “repunte”, pues éste es un
artefacto que se debe a dónde situamos la escala de la izquierda. Es decir,
si el eje de la izquierda está ajustado correctamente, todo gráfico
exponencial adopta siempre la forma de un palo de hockey en cada
momento temporal.
No obstante, si se conocen los límites o la línea divisoria de lo que se está
midiendo, es posible establecer el eje de la izquierda y entonces el
momento del “repunte” será absolutamente real y de una importancia
excepcional.
Se trata de un detalle fundamental y nuestro futuro depende de que
muchos de nosotros lo comprendan.
Por ejemplo, se considera que la capacidad total de la tierra para acoger
seres humanos está situada en algún lugar de esta zona, con un margen
de error de unos pocos miles de millones, más o menos. Esto hace que el
momento del “repunte” sea algo muy real y de enorme importancia para
nosotros, no un engañoso artefacto gráfico.

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Lo único que deseo que recuerden es el concepto de “aceleración”, la
noción esencial de las funciones exponenciales.
El rasgo clave del crecimiento exponencial puede conceptualizarse de dos
maneras, ya sea como la cantidad que se va añadiendo conforme se crece
en cada unidad de tiempo adicional o bien como el menor tiempo que
transcurre entre cada una de las unidades de cantidad que se van
añadiendo. En ambos conceptos lo fundamental es la “aceleración”.
Lo explicaremos por medio del crecimiento poblacional: si empezamos con
un millón de personas y establecemos que la tasa de crecimiento es un
mero 1% anual, veremos que se necesitarían 694 años para alcanzar la
cifra de mil millones de personas. Cien años después habríamos
alcanzado los 2 mil millones de personas y para llegar a los 3 mil millones
sólo necesitaríamos 41 años más. Luego, 29 años, después 22 y, por
último, 18 años para alcanzar la cifra de 6 mil millones de personas. Así,
se necesita cada vez menos tiempo para añadir cada unidad de mil
millones de personas. Ahora nos ocuparemos de la “aceleración”.
Este otro gráfico representa el consumo de petróleo, que es quizá el
recurso natural más importante y que ha estado creciendo a una tasa
mucho más vertiginosa, de casi el 3% anual. La forma de palo de hockey
que adopta la curva puede detectarse al cabo de sólo 150 años. También
aquí podemos determinar el eje de la izquierda, puesto que conocemos
con una precisión razonable la cantidad máxima de petróleo que el mundo
puede producir. De nuevo, el “repunte” es de una importancia fundamental
para nosotros.
Y aquí tenemos la curva de la creación de dinero usamericano, cuyo
crecimiento exponencial ha alcanzado unas tasas increíbles, que oscilan
entre el 5% y el 18% anual. Ello hace que esta curva sólo haya necesitado
unas pocas décadas para adoptar el aspecto de un palo de hockey.
Y aquí tenemos el uso mundial del agua, la extinción de especies, la
sobreexplotación pesquera y la deforestación. Todos estos recursos son

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finitos, como también lo son otros recursos esenciales, bastantes de los
cuales están llegando a sus límites.
Éste es el mundo en que vivimos. No cabe la menor duda de que la
cadencia del cambio se está acelerando. Vivimos en un tiempo en el que
los seres humanos van a tener que enfrentarse por fin a la realidad de que
nuestro sistema de dinero exponencial y uso exponencial de recursos
naturales se topará contra los rígidos límites de la Física.
Y detrás de todo esto, lo que determina cada tramo de cada una de las
curvas es el número de personas que viven en el planeta.
Consideradas por separado, cada una de estas curvas podría llamar la
atención de cualquier persona sensata, pero es preciso comprender que,
de hecho, todas ellas están relacionadas y conectadas entre sí. Todas son
curvas de crecimiento compuesto y están animadas por fuerzas de
crecimiento compuesto.
Para resolver una sola de ellas es preciso comprender cómo se relaciona
con las demás, así como con otras que no mostramos aquí, porque todas
se entrecruzan y superponen.
El hecho de que vivamos aquí, en presencia de muchas curvas de
crecimiento exponencial que se relacionan con todo, desde el dinero hasta
la población, pasando por la extinción de las especies, tiene enormes
implicaciones para nuestra vida y para las vidas de quienes nos
sucederán.
Por eso hay que prestarles la mayor atención posible.
Veamos ahora un ejemplo que nos ayudará a comprender mejor estas
curvas.
Los invito a acompañarme en el Capítulo 4, titulado “El problema es la
función exponencial”.

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CupiLuIo q: EI probIemu es Iu
IuncIón exponencIuI

Esta breve presentación pretende ayudarlos a comprender el poder de la
función exponencial. Si la población, la demanda de petróleo, la oferta de
dinero o cualquier otra cosa aumentan con respecto a su proporción actual
y dicho crecimiento se expresa mediante un gráfico a lo largo de un
período determinado, dicho gráfico adoptará la forma de un palo de
hockey.
Dicho de manera más simple, todo aquello que crece porcentualmente a lo
largo del tiempo lo hace de forma exponencial.
Para ilustrar el poder del crecimiento exponencial utilizaré un ejemplo
tomado de un magnífico trabajo del Dr. Albert Bartlett.
(Video de presentación)
Supongamos que dispongo de un cuentagotas mágico y que deposito una
gota de agua en la palma de su mano izquierda. La magia del cuentagotas
permitirá que esa gota de agua duplique su tamaño cada minuto.
Al principio, parece que no está sucediendo nada, pero al cabo de un
minuto esa pequeña gota habrá alcanzado el tamaño de dos pequeñas
gotas.
Un minuto después, la gota inicial se habrá convertido en una pequeña
cantidad de agua de un diámetro ligeramente inferior al de una moneda.
Cuando pasen seis minutos en la palma de su mano habrá agua suficiente
para llenar un dedal.

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Supongamos ahora que llevamos ese cuentagotas mágico al estadio de
béisbol Fenway Park y que a las 12 en punto del mediodía depositamos
una gota de agua en el montículo del pitcher.
Para que este ejemplo se vuelva más interesante, supongamos también
que el Fenway Park es un estadio completamente hermético al agua y que
usted está esposado a un asiento en la parte más alta de las gradas.
Ahora le pregunto: “¿De cuánto tiempo dispone para quitarse las esposas
y escapar?” ¿Cuándo se llenará de agua el estadio? ¿En unos días? ¿En
unas semanas? ¿Unos meses? ¿Unos años? ¿Cuánto tiempo tardará en
llenarse?
Le daré unos cuantos segundos para que lo piense.
La respuesta es que tiene usted 49 minutos para quitarse las esposas y
escapar. En menos de 50 minutos la pequeña gota de agua depositada
por el cuentagotas mágico se las ha arreglado para llenar por completo el
estadio Fenway Park.
Ahora le preguntaré otra cosa: ¿A qué hora sólo un 7% de la capacidad
del Fenway Park se habrá llenado de agua y en qué momento se dará
usted cuenta del inminente peligro que corre?
¿Quiere adivinarlo? La respuesta es a las 12:45. Ha de saber que si
cuando el agua sólo haya cubierto un metro y medio de la altura del
estadio aún está usted tratando de quitarse las esposas o esperando que
vengan en su ayuda, sólo dispondrá de cuatro minutos para liberarse
antes de que le cubra.
Este ejemplo ilustra a la perfección las características fundamentales del
crecimiento compuesto. Las funciones exponenciales hacen que todo se
acelere y se complique en los últimos momentos.
Usted estuvo sentado durante 45 minutos y parecía que el nivel crecía con
lentitud y, de repente, en cuatro minutos, ¡el estadio se llenó! … y rebosó.

23

Este ejemplo se basa en un artículo extraordinario del Dr. Albert Barttlett,
que explica y describe de forma sencilla el proceso de crecimiento
exponencial; dicho artículo se encuentra en nuestro apartado “Lecturas
esenciales”. El Dr. Bartlett dijo: “La mayor debilidad de los seres humanos
es su incapacidad para comprender la función exponencial”. Y tenía toda
la razón.
Si han llegado a comprender esta función, empezarán a entender la
urgencia que me embarga, pues una vez que se llega a la parte vertical de
una gráfica de crecimiento exponencial ya no queda prácticamente
espacio de maniobra. El tiempo se acelera.
Esto hace que la función exponencial sea el concepto clave de
nuestro Crash Course.
Pero, ¿qué tiene esto que ver con el dinero, con la economía y su futuro?
Se lo voy a explicar en un momento. Los espero en el Capítulo 5, titulado
“Crecimiento frente a prosperidad”. Gracias por su atención.

24



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CupiLuIo ¸: CrecImIenLo IrenLe
u prosperIdud

Ahora voy a presentar el segundo concepto clave. Para ello, citaré a un
filósofo del siglo XIX.
He aquí la cita.
“Toda verdad pasa siempre por tres fases. Al principio se la ridiculiza.
Luego se la rechaza con violencia. Y al final se la acepta algo como
evidente.”
Esta perspicaz cita pertenece a ese hombre de aspecto tan feliz que
aparece aquí abajo a la derecha.
En algún momento de los próximos 20 años el concepto que voy ahora a
presentar será también “evidente”. Pero, por ahora, muchos lo consideran
ridículo.
Este concepto gira en torno al crecimiento.
(Video de presentación)

El crecimiento es bueno, ¿no? Todo el mundo desea que la economía
crezca, ¿no es verdad? Pero, ¿por qué? Pues porque si una economía
crece eso significa que estamos prosperando. El crecimiento ofrece
oportunidades y a todos nos gustan las oportunidades. A mí, al menos, me
gustan. Y ésa es la tendencia general en nuestros días.
Por eso, mucha gente está convencida de que crecimiento equivale a
prosperidad.
Pero, ¿acaso es verdad? ¿Y si no lo fuese?

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Si uno lo piensa con detenimiento, las cosas crecen como consecuencia
del exceso de algo. Por ejemplo, nuestro cuerpo sólo crece si le
aportamos un exceso de alimentos. Si las calorías que ingerimos
equivaliesen a las calorías que quemamos, nuestro cuerpo no aumentaría
de peso, pero tampoco lo perdería. Un estanque sólo aumentará de nivel
si le llega más agua que la que pierde.
Por eso, puede decirse que todo crecimiento depende del exceso de algo.
De manera similar, la prosperidad depende del exceso de algo. Veamos
otro ejemplo. Imagínese que su familia consta de cuatro miembros y que
su salario es de 40.000 dólares al año, con los cuales les alcanza justo
para vivir, es decir, cuando llega el último día del año a su familia no le
queda ni un solo dólar. Pero, de repente, a usted le suben el sueldo un
10%, es decir, 4000 dólares, y entonces su familia se ve ante la disyuntiva
de escoger entre tener un nuevo hijo, es decir, crecer, o gozar de una
mayor prosperidad utilizando los 4000 dólares para gastar un poco más
por persona. Lo que no podrá hacer es ambas cosas a la vez. En este
ejemplo, el exceso de dinero sólo le permite hacer una cosa de dos, así
que deberá escoger: ¿hará que su familia crezca con un nuevo hijo o
aumentará su prosperidad? Y lo que es verdad para una familia de cuatro
miembros lo es también para un pueblo, un Estado, un país y, claro, para
todo el mundo.
De este ejemplo podemos deducir un concepto muy sencillo pero
fundamental, y es que crecimiento no equivale de ninguna manera a
prosperidad. Lo que estuvo ocurriendo durante los últimos siglos nos
convenció de que ambos conceptos estaban vinculados, ya que hasta
hace muy poco siempre hubo suficiente exceso de energía como para que
pudiésemos disfrutar a la vez de crecimiento y de prosperidad.
Es decir, nunca tuvimos que elegir entre ambas cosas.
El economista Malcolm Slesser, del Resource Use Institute of Edinburgh,
en Escocia, ha calculado que más de la mitad de la energía existente en el
mundo se utiliza hoy en día simplemente para crecer.

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Lo cual nos plantea la siguiente pregunta: ¿Que ocurrirá cuando lo que se
utilice simplemente para crecer ya no sea “más de la mitad”, sino el 100 %
de nuestro exceso de dinero o energía? Pues sucederá que la prosperidad
se estancará.
¿Y que ocurrirá si el exceso no alcanza ni siquiera para crecer? Bueno,
cuando llegue ese momento conoceremos lo que es un crecimiento
negativo y una prosperidad negativa, es decir, un decrecimiento y un
aumento de la pobreza, lo cual no es de ninguna manera el futuro que
deseo.
Por eso, el mayor desafío al que nos enfrentamos hoy es el de establecer
cómo queremos utilizar el exceso de dinero o de energía de que
disponemos para poder salir adelante. Por mi parte, deseo que continúen
los avances en eficiencia energética, tecnología médica y todo lo que una
sociedad moderna puede ofrecer. Y eso es lo que estamos poniendo en
peligro si nos permitimos hacer lo fácil, es decir, simplemente seguir
creciendo, en vez de hacer lo correcto, que es utilizar nuestro exceso de
dinero y energía para preparar un futuro más próspero.
De manera que ya lo sabemos: El concepto clave N.º 2 del Crash
Course es que crecimiento no equivale a prosperidad.
Y ahora que ya hemos descrito los dos conceptos clave, estamos listos
para explorar en el próximo capítulo eso que solemos llamar “dinero”.

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CupiLuIo 6: ¿Qué es eI dInero?

Antes de empezar nuestro viaje a través de la Economía, el Medio
Ambiente y la Energía, necesitamos comprender qué es esa entelequia
que solemos llamar dinero.
El dinero es algo tan consustancial a nuestra vida diaria que
probablemente no hemos pensado nunca en analizar qué es o qué
representa.
El dinero es una creación humana tan esencial que, si de repente
desapareciese, en su lugar surgiría espontáneamente otra forma de
dinero, que podría ser, por ejemplo, vacas, tabaco, pan, cáscaras de frutos
secos o incluso conchas de nautilo.
Sin dinero no existirían las complejas especializaciones laborales de la
actualidad, porque el trueque es algo muy incomodo y dificultoso. Pero lo
más importante es que cada tipo de sistema monetario tiene sus pros y
sus contras y todos ellos imponen sus propias reglas, favoreciendo
algunos comportamientos y restringiendo otros.
(Video de presentación)

Nos bastará con abrir cualquier libro de texto para saber que el dinero
debe tener tres características. La primera es que debe ser una reserva de
valor. Tanto el oro como la plata cumplieron perfectamente esa función, ya
que eran escasos, su extracción en las minas necesitaba mucha energía
humana y no se corroían ni deterioraban. Por el contrario, el dólar
usamericano no cesa de perder valor con el tiempo, lo cual penaliza a
quienes ahorran e impone la necesidad de especular o invertir.
Una segunda característica es que el dinero, como medio de intercambio,
necesita que la población lo acepte de intermediario en todas sus
transacciones económicas. Y la tercera característica es que el dinero
debe ser una unidad de medida, es decir, ha de ser divisible y cada unidad

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ha de ser equivalente a las demás. La “unidad de medida” usamericana es
el dólar. Los diamantes tienen mucho valor, pero no sirven como “dinero”,
ya que no son perfectamente equivalentes entre sí y su división les hace
perder valor. Por eso, los diamantes no son una buena “unidad de
medida”.
Bla, bla, bla… pero, entonces, ¿qué es de verdad el dinero? La definición
que a mí me gusta es muy sencilla:
El dinero es una retribución a cambio de un trabajo humano.
Con muy escasas excepciones, prácticamente todo lo que podemos
comprar con nuestro dinero requiere de trabajo humano. He dicho que se
trata de una retribución, no de una reserva, y ello porque el trabajo
humano en cuestión podría haber tenido lugar en el pasado o quizá
todavía no haya sido realizado.
El concepto de dinero como retribución a cambio de un trabajo humano es
importante y más tarde lo iremos desarrollando, especialmente cuando
lleguemos al concepto de deuda.
Tal como dijimos en una imagen anterior, literalmente cualquier cosa
puede ser considerada dinero, es decir, vacas, pan, conchas, tabaco, etc.
Sin embargo, el dólar usamericano, al igual que todas las monedas
modernas, es un ejemplo de dinero denominado fiat. Fiat es una palabra
latina que significa “hagamos que así sea”, y si el dinero fiat posee un
valor es porque un gobierno decreta que así sea. Su valor es, por lo tanto,
enteramente imaginario.
Lo cual nos lleva a una pregunta crucial: ¿Que es exactamente un dólar
usamericano?
En otros tiempos, todo dólar usamericano estaba respaldado por una
determinada cantidad de plata u oro de valor intrínseco. En este ejemplo,
podemos ver que el dólar portaba el nombre del Tesoro usamericano y
que estaba respaldado por una cantidad determinada de plata, pagadera
al portador a la vista, es decir, bastaba con sólo presentarlo.

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Por supuesto, eso era en los años treinta del pasado siglo, pero aquellos
días se fueron para no volver. Los dólares actuales son una deuda de la
Reserva Federal, entidad privada a la que se ha encomendado que
gestione la provisión de dinero usamericano. Esta función le fue concedida
en 1913 mediante una ley conocida como Federal Reserve Act.
Es de señalar que los dólares modernos carecen de cualquier indicación
de que el portador pueda cambiarlos por algo. Eso se debe a que ahora ya
no están respaldados por nada que sea tangible. En vez de ello, el “valor”
del dólar se basa en un juego de lenguaje: en el hecho de que es ilegal
rechazar dólares en pago de algo y de que son la única forma aceptable
para pagar impuestos.
La provisión de dinero de una nación necesita una gestión muy cuidadosa,
pues de no ser así la inflación podría destruir la unidad monetaria De
hecho, existen más de 3800 ejemplos de monedas en papel que existieron
en el pasado y que ya no existen. Muchos de esos ejemplos son billetes
usamericanos, que hoy tienen valor como objeto de colección, pero
carecen de cualquier valor monetario. No resulta difícil mostrar ejemplos
maravillosos, pero ya no funcionales, de billetes procedentes de Argentina,
Bolivia, Colombia y de centenares de otros países.
¿De qué manera la hiperinflación destruye una moneda?
Hay un ejemplo relativamente reciente que sucedió en Yugoslavia entre
los años 1988 y 1995. Antes de 1990, el dinar yugoslavo poseía un valor
mensurable: era posible comprar cosas con él. Sin embargo, a lo largo de
los años ochenta, el gobierno yugoslavo mantuvo un déficit persistente en
su balanza de pagos, que compensó imprimiendo papel moneda. A
principios de los noventa, el gobierno había agotado sus propias reservas
de divisas fuertes y empezó a saquear las cuentas privadas de sus
ciudadanos. Esto hizo que fuese necesario imprimir billetes de una
denominación cada vez mayor, lo cual culminó en este ejemplo asombroso
de un billete de 500.000 millones de dinares. La inflación en Yugoslavia
llegó a ser del 37 % al día. Lo cual significa que los precios se duplicaban
cada 48 horas, más o menos.

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Trataré de concretar la idea. Supongamos que el 1 de enero de 2007
usted tenía un centavo de dólar y con él podía comprar algo. A razón de
una inflación diaria del 37%, el 3 de abril de 2007 hubiese usted
necesitado un billete de mil millones de dólares para comprar la misma
cosa. Por el contrario, si el 1 de enero usted hubiese poseído mil millones
de dólares guardados en una maleta, el 3 de abril sólo habría podido
comprar algo por valor de un centavo.
Está claro que si hubiese tratado de ahorrar durante aquel período lo
habría perdido todo, lo cual quiere decir que los países cuyo dinero es
inflacionario penalizan a quienes ahorran. A la inversa, los países cuyo
dinero es inflacionario fomentan el gasto y exigen que el dinero se invierta
o se especule con él, para al menos tener la posibilidad de que su valor
aumente en la misma proporción que la inflación. Por supuesto, invertir y
especular implica riesgos, por lo que es lícito afirmar que los sistemas con
dinero inflacionario obligan a sus ciudadanos a que arriesguen sus
ahorros.
Vale la pena que reflexionemos sobre esto que acabo de decir: obligan a
sus ciudadanos a que arriesguen sus ahorros.
Pero como la experiencia muestra que la mala administración de las
monedas es algo muy frecuente, además de reflexionar sobre lo que
acabo de decir es todavía más importante que vigilemos a los
administradores de nuestro dinero para asegurarnos de que no están
actuando de manera irresponsable al crear demasiado dinero de la nada,
con lo cual destruyen nuestros ahorros, nuestra cultura y las instituciones,
a causa de la inflación.
¡Un momento! ¿He dicho que nuestros administradores crean dinero de la
nada?
Pues sí. Eso es lo que he dicho.
Se trata de un proceso tan importante para su futuro, mi
futuro, nuestro futuro, que dedicaremos los dos próximos capítulos a
aprender cómo se crea el dinero.
Si están listos, pasen al siguiente capítulo.


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CupiLuIo ;: Cómo se creu eI
dInero

En este capítulo estudiaremos el proceso mediante el cual se crea el
dinero.
Permítanme que les presente a John Kenneth Galbraith. Durante muchos
años fue profesor en la Universidad de Harvard y también intervino en el
mundo de la política durante los gobiernos de Franklin D. Roosevelt, Harry
S. Truman, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson; entre los diversos
puestos que ocupó, fue embajador de Usamérica ante la India durante el
mandato de Kennedy.
Fue uno de los pocos galardonados en dos ocasiones con la Medalla
presidencial de la libertad.
Se trata claramente de un personaje fuera de serie. Acuñó una frase
famosa sobre el dinero: “El proceso que permite crear dinero es tan
sencillo que nadie se lo puede creer”. A continuación vamos a ocuparnos
de ese proceso.
(Video de presentación)
No se preocupen si no comprenden esta primera parte que trata de la
creación del dinero, porque es algo verdaderamente difícil de imaginar y
mucho más de aceptar. Se trata de un proceso muy simple, pero muy
difícil de aceptar.
En primer lugar, veamos la manera en que los bancos crean dinero.
Si nos olvidamos por un momento de aclarar de dónde sale el dinero,
supongamos que una persona llega a una ciudad con 1000 dólares en el
bolsillo y que, por suerte, en esa ciudad acaba de abrir sus puertas un
nuevo banco, que todavía carece de depósitos. Esa persona deposita sus
1000 dólares en el banco, tras lo cual posee un valor activo de 1000
dólares (constituido por su cuenta bancaria), mientras que el banco tiene

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un valor pasivo de 1000 dólares (constituido por esa misma cuenta
bancaria).
Hay que saber que existe un reglamento federal, según el cual los bancos
pueden prestar una fracción, es decir, una parte del dinero que la gente les
deja en depósito. En teoría, a los bancos se les permite que presten hasta
90% del dinero que la gente les deja en depósito, pero tal como veremos
más adelante, la proporción se sitúa más cerca del 100% que del 90%.
Dado que los bancos guardan como reserva sólo una fracción del dinero
que la gente les deja en depósito, esa cantidad se denomina “reserva
bancaria fraccional”.
Pero volvamos a nuestro ejemplo. El banco tiene ahora 1000 dólares en
depósito, pero los bancos no obtienen ningún beneficio de esa manera,
sino más bien pidiendo dinero prestado a una tasa de interés y prestando
luego ese mismo dinero a otra tasa más elevada.
Dado que cualquier banco puede prestar hasta un máximo de 90% de sus
depósitos, el banco de nuestro ejemplo se las arreglará para encontrar a
alguien deseoso de que le presten 900 dólares.
Este prestatario, una vez obtenido el préstamo, se gasta dicho dinero
entregándoselo a otras personas, quizás a su contador, quien, a su vez, lo
deposita en un banco. Puede tratarse del mismo banco o de uno diferente,
pero eso no cambia de ninguna manera el sentido de esta historia.
Con ese nuevo depósito, el banco tiene otros 900 dólares en su haber y,
con suma rapidez, encuentra a otra persona deseosa de pedir prestado el
90% de esa cantidad, es decir 810 dólares.
Así tiene lugar un segundo préstamo, esta vez de 810 dólares, que el
prestatario no tarda en gastar y que otra persona vuelve a depositar en el
banco, lo cual quiere decir que dicho banco dispone de otro nuevo
depósito de 810 dólares disponibles para que alguien se los pida
prestados. Con lo cual el banco presta el 90% de los 810 dólares, es decir,
729 dólares, y la historia sigue su curso de la misma manera hasta que

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nos encontramos con que el depósito original de 1000 dólares ha
engordado hasta un total de 10.000.
Pero, ¿estamos hablando de dinero real? Pueden estar seguros de que sí,
sobre todo si los tienen en su cuenta bancaria. Pero si estudiamos lo
ocurrido con detalle nos daremos cuenta de que han sucedido tres cosas:
En primer lugar, el banco tiene 1000 dólares en reserva; en segundo, hay
un total de 10.000 dólares en varias cuentas bancarias y, en tercero, existe
una nueva deuda de 9.000 dólares. Los 1.000 dólares originales están en
reserva en el banco, pero cada nuevo dólar, es decir, los otros 9000, sólo
empezaron a existir una vez prestados y están “respaldados” por una
cantidad equivalente de deuda. ¿Qué les parece? ¿Se lo pueden creer?
Vale la pena señalar que si todas y cada una de las personas que han
depositado esos 10.000 dólares en el banco tratasen de sacarlos al mismo
tiempo, el banco no podría dárselos, puesto que no los tiene. El banco
únicamente tiene 1000 dólares en reserva. Ni uno más. Esto quiere decir
que este mecanismo de crear dinero a partir de nuevos depósitos funciona
de maravilla… siempre que a nadie se le ocurra no devolver su préstamo.
Si esto sucede, las cosas empiezan a complicarse. Pero ésa es otra
historia, que retomaremos más adelante.
Por ahora, lo que quiero que comprendan es que el dinero sólo empieza a
existir una vez que los bancos lo prestan. Por el contrario, una vez
devueltos los préstamos, el dinero “desaparece”.
Así es como se crea el dinero. Los invito a verificarlo por sí mismos. Un
lugar donde pueden verificarlo es la propia Reserva Federal, que ha
publicado un libro en forma de cómic, del cual yo he sacado este excelente
ejemplo. Pueden encontrar el vínculo en el sitio web de la Reserva
Federal, bajo el rubro Artículos esenciales.
Pero se habrán dado cuenta de que he dejado algo muy importante fuera
del relato: el interés. ¿De dónde sale el dinero para pagar los intereses de
todos los préstamos? Si todos los préstamos se devolviesen sin ningún
interés podríamos anular por completo todas las transacciones, pero si en

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ellos incluimos el factor interés veremos que, de repente, no llega el dinero
para pagar todos los préstamos.
Está claro que algo no cuadra en esta historia, así que necesitaremos
saber de dónde sale ese dinero. Una vez que lo sepamos aclararemos
otro ministerio: ¿De dónde proceden los 1000 dólares iniciales?
¿Cuál es el propósito de esta historia? ¿Por qué durante los últimos
minutos hemos estado estudiando el mecanismo de la creación del
dinero? Pues porque para poder apreciar las implicaciones de las deudas
descomunales que hemos acumulado, en primer lugar deben ustedes
entender cómo es que se crean las deudas. Ésa es una razón. Pero la
razón más importante está ligada a los gráficos exponenciales que hemos
estudiado antes, en el Capítulo 3. Veamos, entonces, la continuación de
esta historia en el Capítulo 8, titulado La Reserva Federal. Adelante.

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CupiLuIo 8: ¡u Reservu ¡ederuI

Veamos ahora dónde se crea el dinero. Sucede así:
Supongamos que el Congreso necesita más dinero del que tiene. Ya lo sé,
se trata de una suposición bastante imprecisa... Quién sabe, a lo mejor lo
necesita porque ha hecho algo históricamente estúpido, como por ejemplo
bajar los impuestos mientras que estaba metido en dos guerras al mismo
tiempo… Pero lo cierto es que el Congreso no tiene dinero, así que
transmite una solicitud al Departamento del Tesoro para gastos
adicionales.
Lo que ahora voy a decir puede que les sorprenda o que los deje
consternados, o quizá no, pero lo cierto es que el Departamento del
Tesoro vive en la precariedad más absoluta y raramente tiene dinero en su
poder para más de dos semanas.
(Video de presentación)
Así que el Departamento del Tesoro, con vistas a obtener fondos, le da al
botón de la impresora e imprime bonos del Tesoro, que son la manera con
la que el gobierno usamericano pide dinero prestado. Un bono tiene un
“valor nominal”, que es la cantidad por la que se vende, y tiene también
una tasa de interés que debe pagar al comprador. Eso significa que si
alguien compra un bono cuyo valor nominal es de 100 dólares y cuya tasa
de interés anual es de 5%, esa persona paga 100 dólares por el bono y,
un año después, obtiene 105 dólares.
Los bonos del Tesoro se venden en subastas programadas de antemano
de forma regular y puede decirse sin temor al error que la mayoría de tales
bonos se venden a grandes bancos, como los de China y Japón en fechas
recientes. En la subasta, los bancos compran los bonos y el dinero de
dicha compra se ingresa en las arcas del Tesoro, desde donde se
desembolsa para financiar los programas gubernamentales.

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Les prometí que les revelaría la manera en que nace el dinero, pero
todavía no lo he hecho, ¿verdad? Los bonos se compran con dinero que
ya existe. El dinero se crea en el siguiente paso, cuando la Reserva
Federal compra un bono del Tesoro a un banco.
La Reserva Federal hace lo siguiente: simplemente transfiere al banco una
cantidad de dinero equivalente al valor nominal del bono y, a cambio, toma
posesión de éste. Se trata de un trueque de bono por dinero.
Pero, ¿de dónde diablos salió ese dinero? Buena pregunta. El dinero
salió de la nada, ya que la Reserva Federal crea dinero cuando “compra”
esta deuda. El nuevo dinero de la Reserva Federal siempre se cambia por
deuda, así que ya lo saben.
¿No me creen? Lo que sigue es una cita textual de una publicación de la
Reserva Federal titulada Putting it Simply, que podríamos traducir
libremente como Diciendo las cosas claras. La cita es: “Cuando usted o yo
firmamos un cheque, nuestra cuenta bancaria debe tener fondos
suficientes para cubrirlo, pero cuando la Reserva Federal firma un cheque
no existe un depósito bancario del cual sacar el dinero para ese cheque.
Cuando la Reserva Federal firma un cheque está creando dinero.”
(silbido de admiración) ¡Eso sí que es tener un poder extraordinario!
Mientras que usted o yo tenemos que trabajar para ganar dinero, invertirlo
y correr un riesgo para hacerlo crecer, la Reserva Federal simplemente
imprime todo lo que le place, cuando lo desea, y luego nos lo presta a
través del gobierno usamericano, y además con interés.
Pero como es un hecho histórico probado que más de 3.800 tipos de papel
moneda (y también de moneda en metálico) han terminado perdiendo todo
su valor debido a una mala administración, ¿les parece insensato afirmar
que quizá deberíamos vigilar con sumo cuidado si la Reserva Federal está
actuando responsablemente, o no, con nuestra unidad monetaria?
Ahora ya sabemos que existen dos tipos de dinero.
El primero es el crédito bancario, un dinero que sólo empieza a existir una
vez prestado, como hemos visto. El crédito bancario es un tipo de dinero

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cuyo valor es equivalente al de la deuda a él asociada. Esta deuda tiene
un interés que debe pagarse.
El segundo tipo de dinero nace de la nada y eso es lo que estamos viendo
en estos momentos.
El proceso mediante el cual se crea dinero es tan simple que nadie se lo
puede creer, así que no se preocupen si tienen que volver a estudiar
varias veces este capítulo. Algunas personas han tenido que asistir cuatro
o cinco veces a mi seminario antes de empezar a comprender todas las
implicaciones de este concepto.
Por eso, si ya lo han comprendido, felicidades. Pueden sentirse orgullosos,
porque no es fácil.
Lo que ya han aprendido nos permite ahora formular dos nuevos
conceptos clave de extrema importancia:
El primero de ellos, el Concepto clave N.º 3, es que todos los dólares
están respaldados por deuda. En el banco, todo nuevo dinero empieza a
existir una vez prestado. En la Reserva Federal, el dinero se crea de la
nada y luego se trueca por deuda gubernamental con una tasa de interés.
En ambos casos, el dinero está respaldado por deuda. Se trata de una
deuda que paga intereses. De este concepto clave podemos deducir una
trascendente afirmación, a saber, “es ineludible que cada año se preste
dinero nuevo, el cual sólo empieza a existir después del préstamo, para
cubrir los pagos de los intereses de todas las deudas acumuladas”.
Si elaboramos un poco esta afirmación, veremos que, año tras año, toda la
deuda acumulada aumentará al menos en la tasa de interés que conlleva
dicha deuda. Esto quiere decir que, cada año, la deuda debe crecer a una
tasa determinada. Dado que nuestro sistema monetario, basado en la
deuda, crece continuamente a una tasa determinada, se trata de un
modelo de sistema exponencial. De lo cual se puede deducir que la
cantidad de deuda acumulada por el sistema siempre será superior a la
cantidad de dinero existente.

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Por mi parte, no voy a juzgar este sistema ni a decir si es bueno o malo.
Sencillamente, es lo que es. Sin embargo, si ustedes comprenden cómo
funciona, estarán en mejor situación para comprender que el futuro
potencial que le espera a nuestra economía no es ilimitado, sino que
depende de las reglas inherentes al sistema.
Lo cual nos conduce al Concepto clave N.º 4, según el cual el crecimiento
perpetuo es un requisito del sistema bancario moderno. De hecho, de él
podemos deducir una regla: Cada año se deberán conceder nuevos
créditos (préstamos) por una cantidad por lo menos igual a la de los pagos
por intereses acumulados dicho año. Sin un aumento continuo de la
provisión de dinero, las deudas acumuladas no podrían pagarse,
aumentaría la morosidad y, posiblemente, el sistema se vendría abajo. La
morosidad es el talón de Aquiles de un sistema monetario basado en la
deuda, cuyo funcionamiento ya explicamos en el ejemplo bancario del
capítulo anterior. Por eso, todas las fuerzas institucionales y políticas de
nuestra sociedad deben evitar tal desenlace.
El sistema bancario está obligado a crecer de forma continua, no porque
eso sea bueno o malo, sino simplemente porque es así como está
diseñado. Es algo inherente al sistema, de la misma manera que la
gasolina es inherente al motor de mi coche. Personalmente, me encantaría
que mi coche pudiese funcionar con agua, pero no hay nada que hacer,
porque no lo diseñaron así.
Si comprendemos la necesidad de un crecimiento continuo estaremos
mejor preparados para tomar decisiones informadas sobre qué puede
pasar en el futuro y qué deberemos hacer para aumentar nuestras
posibilidades de éxito.
Desde un punto de vista existencial, podríamos también preguntarnos cuál
es la viabilidad a largo plazo de un sistema que debe crecer
exponencialmente mientras que, al mismo tiempo, existe en un planeta
esférico, es decir, limitado. La cuestión clave que esto plantea es la
siguiente: “¿Es posible modificar nuestro actual sistema monetario para
que sea estable, justo y útil cuando no crece?”

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Así que estamos ante la siguiente disyuntiva: ¿Qué pasa cuando un
artificioso sistema monetario, creado por el ser humano, que está
obligado a crecer porque lo diseñaron así, se topa con los límites físicos
de un planeta esférico?
Otra de mis creencias es que durante mi vida adulta seré testigo de la
colisión entre un sistema de crecimiento infinito y un planeta de límites
finitos, y mucho me temo que esa colisión ya se ha iniciado. Siento una
enorme curiosidad por ver cómo terminará todo esto.
Se trata de algo de proporciones gigantescas, de algo más aterrador que
interesante. Bueno, si ustedes quieren que el futuro sea como el pasado,
estoy de acuerdo en que parece aterrador. Pero si su visión del futuro es
más flexible, entonces tienen la oportunidad de obtener el máximo posible
de lo que ese futuro nos ofrezca. Los tiempos que nos ha tocado vivir son
maravillosos, estimulantes y sin parangón alguno. Por mi parte, me
encanta estar viviendo aquí y ahora, con ustedes.
En el próximo capítulo nos ocuparemos de añadir contexto a nuestro
sistema monetario. En él aprenderán que nuestro sistema monetario
puede estudiarse desde dos perspectivas distintas, bien como una obra
maestra de sofisticada evolución o bien como un breve experimento
histórico que todavía no ha cumplido los 37 años. Los espero en el
Capítulo 9, titulado “Brevísima historia del dinero usamericano”.

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CupiLuIo q: BrevisImu IIsLorIu
deI dInero usumerIcuno

Antes de ocuparnos de los acontecimientos actuales debemos conocer las
circunstancias que nos condujeron a ellos.
Me propongo ofrecer una versión extraordinariamente breve de la reciente
historia monetaria usamericana. Este capítulo pretende demostrar que el
gobierno de Usamérica ha alterado radicalmente las reglas en situaciones
de emergencia y que nuestro sistema monetario es mucho más reciente
de lo que ustedes creen.
Después del pánico de 1907, cuando el banquero privado J.P. Morgan
intervino como prestamista de última instancia, los bancos iniciaron una
campaña a favor de una solución gubernamental. En 1913 se decidió la
creación de un cártel, auspiciado por el gobierno federal, que recibió el
nombre de Reserva Federal. Dicho cártel aparentaba ser gubernamental,
pero en realidad no lo era. La masa monetaria de la Reserva Federal
debía permanecer en manos de las entidades bancarias que formaban
parte del cártel, no el gobierno usamericano ni tampoco el público. Esta
situación no ha cambiado en la actualidad. Por eso, lo que denominamos
Reserva Federal es en realidad un cártel bancario auspiciado por el
gobierno federal y autorizado a crear dinero mediante préstamos.
(Video de presentación)
En los años treinta estalló una burbuja especulativa alimentada por la
Reserva Federal, lo cual dio lugar a numerosas quiebras bancarias y la
provisión de dinero disminuyó casi un tercio en tres años. A pesar de que
sus estatutos la constituían como prestamista de última instancia, la
Reserva Federal no logró impedir un catastrófico colapso bancario.
En 1933, el entonces recién elegido presidente Franklin D. Roosevelt
decidió enfrentarse al desplome de la provisión monetaria con medidas

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drásticas. Para lograrlo, confiscó todo el oro que estaba en manos
privadas e inmediatamente devaluó el dólar usamericano. Antes de la
confiscación, la onza de oro valía aproximadamente 21 dólares, mientras
que después su valor alcanzó los 35. No pasó mucho tiempo antes de que
las obligaciones contractuales del gobierno de Usamérica, tales como los
bonos pagaderos en oro, fuesen anuladas con el aval de la Corte
Suprema. Sirva esto de ejemplo de cómo los gobiernos, en situaciones de
emergencia, pueden cambiar las reglas y saltarse sus propias leyes.
Todo el oro confiscado terminó en las bóvedas de seguridad de la Reserva
Federal, en el Fondo Monetario Internacional o “en los libros” de la
Reserva Federal. En total se intercambiaron 11 mil millones de dólares por
261 millones de onzas del oro nacional. En otras palabras, el control
absoluto de la provisión de oro de la nación más poderosa y próspera de
la Tierra se entregó a cambio de 11.000 millones de dólares, todos ellos
creados de la nada, lo cual dio lugar a una enorme penuria en los
depósitos de la Reserva Federal. Por curiosidad, ¿han tratado alguna vez
de levantar ladrillos de oro de 32 kilos de peso?
En cualquier caso, para terminar con la zozobra de la Gran Depresión y de
la guerra, así como para sentar las bases de una recuperación mundial, en
1944 tuvo lugar una conferencia en Bretton Woods (New Hampshire), a la
que asistieron los principales países aliados. En reconocimiento de que
Usamérica constituía entonces casi la mitad de la economía mundial, el
dólar usamericano fue designado moneda de reserva internacional. Todas
las demás monedas tenían tasas fijas de cambio con respecto al dólar, el
cual a su vez podía canjearse por oro a 35 dólares la onza.
El sistema de Bretton Woods fue el preludio de un período de prosperidad
y rápida recuperación económica, pero tenía un fallo. Ninguna de sus
cláusulas impedía que la Reserva Federal usamericana incrementara su
provisión de billetes. Como era de esperar, el respaldo en oro de cada
dólar disminuyó sin cesar, de tal modo que no había suficiente oro para
respaldar todos los dólares emitidos.
Entre tanto, conforme se intensificaba la guerra en Vietnam, Usamérica iba
acumulando déficits presupuestarios e inundando el mundo con dólares de

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papel. Francia, en aquel entonces gobernada por el presidente Charles De
Gaulle, empezó a sospechar que Usamérica sería incapaz de cumplir con
sus obligaciones de Bretton Woods, las cuales le exigían canjear su
exceso de dólares por oro.
Cuando Francia cambió su excedente de dólares por oro, las reservas que
el Tesoro usamericano tenía de este metal disminuyeron de forma
alarmante. Por último, el presidente Nixon declaró fuerza mayor el 15 de
agosto de 1971 y “cerró de un golpe la ventana del oro”, eliminando la
convertibilidad del dólar. Esto es lo que suelen hacer los gobiernos en
tiempos de guerra y Usamérica siguió dicha tendencia. Pero esta vez el
mundo entero se vio afectado, porque la eliminación de la convertibilidad
del dólar en oro destruyó las bases del sistema de Bretton Woods.
Sin el respaldo del oro, desaparecieron los límites físicos que hubiesen
podido impedir la proliferación desenfrenada de billetes de dólar.
Puesto que ahora sabemos que todos los dólares están respaldados por
deuda, ¿qué creen que sucedió con la deuda usamericana una vez que
dejó de existir el rigor externo del oro? Tratemos de averiguarlo.
Este gráfico muestra la deuda federal usamericana desde 1959 hasta
2004. Es de señalar que se parece mucho a cualquiera de los gráficos
exponenciales que ya hemos estudiado. Pero fíjense que la curva empezó
a subir inmediatamente después de que Nixon cerrase de un golpe la
ventana del oro, es decir, cuando eliminó el último vestigio de limitación
física externa del sistema. Y fíjense también en la enorme celeridad con
que la deuda se ha incrementado en los últimos tiempos. Durante los
últimos años hemos sido testigos de la mayor y más rápida acumulación
de deuda federal de toda nuestra historia, y ello debido en gran medida a
un experimento que nunca antes se había puesto en práctica desde el
nacimiento de este país. Me refiero a la implicación en dos guerras
exteriores y al recorte de los impuestos, ambas cosas al mismo tiempo.
Esta rapidísima acumulación de deuda no es ningún proceso misterioso,
sino más bien una consecuencia totalmente previsible de haber cerrado de
un golpe la ventana del oro. ¿Cuánto tiempo podremos aguantar así? Por

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desgracia, no existe una respuesta convincente, aparte de ésta: “tanto
como nos lo permitan los extranjeros”.
Una segunda consecuencia, previsible y relacionada, tiene que ver con la
cantidad total de masa monetaria en circulación. Recuerden, todoel dinero
empieza a existir cuando lo prestan, de forma que la curva de la deuda
federal debería poder indicarles la tendencia de la curva del dinero
usamericano entre los años 1959 y 2007, representada en el siguiente
gráfico. Lo primero que hemos de señalar es que este país necesitó más
de 300 años, desde la llegada del primero de los colonizadores de Nueva
Inglaterra hasta 1973, para generar nuestro primer billón de dólares de
masa monetaria. Debo aclarar que, en español, un billón es un millón de
millones, es decir, la unidad seguida de doce ceros (1.000.000.000.000).
Todas las carreteras, los puentes, los mercados de cada rincón de cada
pueblo, los barcos y los edificios, desde la primera colonia hasta 1973,
sólo necesitaron un billón de dólares de masa monetaria.
¿Cuánto tiempo necesitó nuestro más reciente billón de dólares? Fue
creado de la nada durante los últimos cuatro meses y medio. Y ahora les
pregunto: “¿Qué pasará cuando nuestra nación cree de la nada un billón
de dólares cada cuatro semanas? ¿Y cada cuatro días? ¿O cada cuatro
horas? ¿Y si fuese cada cuatro minutos? ¿A dónde lleva esto, si no es a la
hiperinflación y a la destrucción del dólar y, por añadidura, de nuestra
nación?”.
Si observamos estos acontecimientos en orden temporal, veremos que la
Reserva Federal fue creada en 1913. Sólo veinte años después, en 1933,
nuestro país se adentró en una forma de bancarrota y entregó sus
existencias colectivas de oro, por imperativo legal, a la Reserva Federal.
Once años después de aquello, el dólar usamericano fue elegido moneda
de reserva internacional con un respaldo explícito de oro, el cual fue
unilateralmente eliminado por el presidente Nixon 27 años más tarde.
En efecto, el actual sistema monetario mundial de monedas sin respaldo
alguno sólo tiene 37 años. No fue algo planeado, simplemente surgió a
consecuencia de una crisis. El incanjeable dólar usamericano sigue siendo
una popular moneda de reserva por pura conveniencia, pero nada implica
ni garantiza que siga siéndolo.

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Únicamente Usamérica es capaz de utilizar su cada vez más erosionada
moneda de reserva para pedir dinero prestado e imprimir billetes de dólar
con los cuales financiar sus déficits de la balanza comercial. Sin embargo,
conforme el dólar vaya perdiendo su situación privilegiada de moneda de
referencia a causa de estos excesos, Usamérica se verá obligado a
escoger entre exportar más para pagar las importaciones o seguir
incrementando sus deudas de forma exponencial. Si tales acciones hacen
que el dólar siga cayendo, otros países se verán tentados de devaluar sus
propias monedas para no quedarse atrás y seguir siendo competitivos.
Es evidente que estamos al borde de un período inflacionario, lo cual nos
lleva al Capítulo 10, titulado “La inflación”.

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49

CupiLuIo 1o: ¡u InIIucIón

Antes de adentrarnos en el estudio de las condiciones económicas
actuales nos ocuparemos de un nuevo concepto clave, que es la inflación.
La mayoría de nosotros cree que la inflación se debe al aumento de los
precios, pero no es así. Imaginemos que una manzana y una naranja
valen 1 dólar este año, pero 10 dólares al siguiente. Dado que su gusto
por las manzanas y las naranjas no cambia de un año para otro, lo que de
verdad ha cambiado es su dinero, pues ha perdido valor.
La inflación no está causada por el aumento de los precios. El aumento de
los precios es más bien un síntoma de la inflación. La inflación
está causada por la presencia de demasiado dinero circulante con
respecto a los bienes y servicios que de verdad existen en la realidad. Lo
que nos suele sorprender es el aumento del precio de las cosas pero, de
hecho, la inflación es simplemente la pérdida de valor del dinero debido a
su exceso en el mercado.

(Video de presentación)

Veamos un ejemplo. Supongamos que alguien está en una balsa
salvavidas en medio del mar y otra persona a bordo tiene una naranja que
desea vender. Sólo una de las personas presentes en la balsa tiene
dinero: 1 dólar. La naranja se venderá, pues, por 1 dólar. ¡Un momento!
Justo antes de que le vendan la naranja a esa persona usted encuentra un
billete de 10 dólares en el fondo de su bolsillo. ¿Cuál cree que terminará
siendo el precio final de la naranja? Exacto, 10 dólares. Pero sigue siendo
la misma naranja, ¿no? Lo que ha cambiado de la naranja de un minuto al
siguiente no es su utilidad o sus características, sino más bien la cantidad
de dinero que hay en la balsa. Así que podemos formular el siguiente
principio: La inflación, siempre y en todas partes, es un fenómeno
monetario.

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Y lo que es verdad a bordo de una pequeña balsa salvavidas en medio del
mar también lo es en un país. Voy a ilustrar esto que digo por medio de un
largo recorrido a través de la historia usamericana.
Estamos viendo un gráfico que representa los niveles de los precios en
Usamérica. Se inicia a la izquierda en 1665 y progresa más de 300 años
hasta 2008, situado a la derecha. Pero en este momento únicamente
vemos en el gráfico la inflación del período que va desde 1665 hasta 1776.
En la columna vertical las cifras indican los niveles de los precios, no la
tasa de inflación. Ahora bien, me podrían preguntar: “¿Cómo se pueden
comparar los precios de 1665 a los de 1776 o, menos aún, a los de 2008?
La vida ha cambiado mucho a lo largo de todo ese período.” Incluso si ha
sido necesario que me tome algunas obvias libertades, lo que se aquí se
compara son las cosas básicas de la vida. En 1665 la gente tenía que
alimentarse igual que en 1776. La gente debía utilizar un transporte, recibir
una educación y vivir en casas en 1665 igual que en 1776. Lo que aquí se
compara es el costo relativo de la vida en un período con el
costo relativo de la vida en el siguiente. Es decir, la inflación.
En 1665, al costo básico de la vida se le ha atribuido un valor de “5”. Lo
que a mí más me sorprende de este gráfico es que desde 1665 hasta
1776 no hubo ninguna inflación. Durante 111 años un dólar ahorrado era
un dólar ahorrado. ¿Son capaces de imaginar lo que significaría vivir en un
mundo en el que fuese posible ganar 1.000 dólares hoy, enterrarlos en su
jardín dentro en una cajita y que 111 años después alguno de sus
tataranietos los encontrase al plantar un árbol y pudiera comprar las
mismas cosas que esos 1.000 dólares permiten comprar en la actualidad?
No se trata de una pregunta fantasiosa sacada de una novela barata: hubo
una época en que ésa fue la realidad en nuestro país. Durante aquel
período la economía de este país se basaba en el estándar de la plata y el
oro y gozó de un enorme desarrollo con una estabilidad casi perfecta de
los precios en tiempos de paz. Sin embargo, estalló una guerra, la
denominada Guerra revolucionaria o Guerra de la independencia contra
Gran Bretaña, y el país fue incapaz de costearla con el oro y la plata del
Tesoro.

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Así que fue necesario imprimir un papel moneda que se llamó “continental”
y que en un principio estuvo respaldado por una cantidad especificada de
oro o plata en el Tesoro. Pero la guerra fue mucho más costosa de lo
esperado, y ello obligó a seguir imprimiendo “continentales”. Hasta que los
británicos, conscientes de los efectos corrosivos de la inflación en una
sociedad, empezaron a falsificarlos y a distribuir enormes cantidades de
falsos continentales, hasta que la nueva moneda empezó a perder valor.
No pasó mucho tiempo antes de que apareciese la inflación y Abigail
Adams, la mujer de John Adams, el segundo presidente de Usamérica, se
quejó amargamente de lo caro que se había puesto todo.
Según puede verse en el gráfico de la inflación, la guerra revolucionaria de
independencia hizo que el nivel de los precios pasase de “5” a “8”.
Después de la guerra, la ciudadanía rechazó tajantemente los
continentales, pues prefería seguir con el oro y la plata. Vale la pena
señalar que los precios regresaron pronto a sus niveles de antes de la
guerra.
El segundo episodio de inflación también tuvo lugar durante una guerra y
también a causa de la superabundancia de papel moneda. De nuevo, a la
conclusión de la guerra los precios volvieron relativamente pronto a los
niveles anteriores a la guerra y se mantuvieron estables otros 30 años. A
estas alturas ya hemos avanzado casi 200 años en el gráfico, pero el
costo de la vida seguía siendo el mismo que en 1665. Es algo fascinante.
Pero, de nuevo, estalló una guerra –esta vez la guerra civil–, que fue única
en su género. Para financiarla, el Norte se vio obligado a imprimir un tipo
de moneda cuyo nombre sigue vigente, pues no es otro que el de nuestra
moneda actual. Por supuesto, en aquel tiempo el reverso del billete era
verdaderamente verde. Y de nuevo regresó la inflación, directamente
relacionada con la guerra, pero desapareció una vez que ésta terminó. Ya
han transcurrido 250 años de esta historia y el costo de la vida seguía
siendo el mismo que al principio. ¿Se lo pueden imaginar?

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Pero vino otra guerra, ésta mucho peor que cualquiera de las anteriores y,
de nuevo, regresó la inflación.
Y luego otra, muchísimo mayor que cualquiera de las precedentes y, ¿lo
adivinan?, también fue inflacionaria. Pero esta vez sucedió algo extraño.
La inflación no desapareció, siguió su curso hasta el inicio de la siguiente
guerra. Pero, ¿por qué? Hubo dos razones. La primera fue que el país ya
había abandonado el estándar del oro por un estándar de papel
moneda fiat administrado por la Reserva Federal, y los ciudadanos ya no
disponían de ningún otro dinero al cual regresar. Y, en segundo lugar, ésta
fue la primera vez que la maquinaria de la guerra no fue desmantelada
tras la conclusión de las hostilidades.
En vez de ello, se mantuvo una movilización total para una prolongada
guerra fría, que fue un conflicto tan inflacionario como la peor de las
guerras.
Y, si observamos en retrospectiva todo este período histórico, podemos
formular un principio muy obvio: Todas las guerras producen inflación, sin
excepción alguna.
Pero, ¿por qué? Es muy sencillo. Cada vez que el gobierno aumenta el
déficit crea las condiciones necesarias para la inflación. Sin embargo, si el
gasto que produce dicho déficit se utiliza para infraestructuras
provechosas, tales como carreteras o puentes, esa inversión se volverá
rentable lentamente al estimular la productividad y favorecer la creación de
nuevos bienes y servicios que “absorberán” este gasto con el tiempo.
Las guerras, sin embargo, son algo especial. En ellas se derrochan
enormes cantidades de dinero en cosas que sólo sirven para destruir. El
dinero se queda en casa, pero los productos creados con él se envían
fuera para destruir otros bienes. Cuando una bomba estalla no deja
beneficios residuales en la economía nacional. Por eso el gasto de una
guerra es el más inflacionario de todos los gastos. Es una doble maldición,
porque el dinero permanece y sigue ejerciendo su mágico maleficio,
mientras que los productos creados desaparecen. E incluso si los
productos creados no se destruyen al hacerlos explotar, los beneficios

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económicos residuales que dejan son prácticamente nulos para tratarse de
una maquinaria tan especializada, por muy extraordinaria que sea su
tecnología.
Lo extraño es que los medios dominantes usamericanos han presentado
las dos guerras más recientes como algo relativamente “indoloro” para el
ciudadano medio, y ello a pesar de los aplastantes indicios de lo contrario.
De hecho, en este gráfico de los precios de materias primas durante 15
años observamos que por más de 10 años tales precios oscilaron en una
estrecha banda limitada por las dos líneas verdes paralelas. Sin embargo,
y espero que no les resulte sorprendente, poco después del inicio de la
guerra en Iraq los precios de esas materias primas empezaron a subir y en
los cinco años que han transcurrido crecieron casi un 140%. Lo que pagan
ustedes ahora por la gasolina y los alimentos lo confirma.
Así que si alguien trata de decirles que no han hecho ningún sacrificio a
causa de esa guerra, díganle que es mentira, pues ya han sacrificado una
parte importante de sus ahorros y de su salario.
Pero volvamos a nuestra historia. Aquí vemos la inflación entre 1665 y
1975. Puesto que ahora sabemos lo que hizo Nixon el 15 agosto de 1971,
¿cuál creen que será el aspecto que adoptará gráfico entre 1975 y hoy en
día?
Éste es el mundo que hemos conocido. Hemos vivido durante tanto tiempo
en la abrupta subida de la curva y estamos tan acostumbrados a ella que
casi la consideramos normal.
El hecho de que la inflación sea hoy algo permanente y vaya aumentando
a una tasa porcentual hace que nuestro dinero pierda valor de forma
exponencial.
Eso es lo que esta gráfica en palo de hockey nos está diciendo a gritos.
¿Qué significa vivir en un mundo donde el dinero pierde valor de forma
exponencial? Ustedes saben bien lo que significa, porque viven en él.
Significa que uno debe trabajar cada vez más y con mayor ahínco para no
quedarse atrás y significa verse obligados a tomar decisiones

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enormemente arriesgadas a la hora de invertir, en un intento de hacer
crecer nuestros ahorros lo suficiente como para evitar las pérdidas
producidas por la inflación.
Significa que ahora necesitamos dos salarios, mientras que antes nos
bastaba con uno, y significa que nuestros niños crecen solos, porque tanto
al padre como a la madre no les queda más remedio que trabajar fuera.
Un mundo en el que el dinero vale cada vez menos resulta diabólicamente
complicado y no deja margen alguno para el error, sobre todo a quienes
carecen de los medios necesarios o de las conexiones apropiadas.
Y eso no tiene por qué ser así. De hecho, durante la mayor parte de la
historia de nuestro país no fue así. Me cuesta mucho creer que la inflación
sea algo obligatorio y con una función esencial para el bienestar, puesto
que entre 1665 y 1940 este país fue testigo de un enorme progreso sin
que hubiese ningún tipo de inflación continuada.
Este capítulo tiene como objetivo mostrarles que nuestro país no siempre
vivió bajo un régimen de inflación perpetua y que, desde un punto de vista
histórico, la inflación es algo muy reciente.
Para añadirle perspectiva a todo esto, veamos ahora los momentos en que
nuestro país abandonó el estándar del oro, primero de forma interna y
luego por completo.
Es posible que se queden sorprendidos, como a mí me sucedió, al
descubrir que la inflación no es una de esas leyes misteriosas que rigen la
naturaleza, como lo es la ley de la gravedad, sino un claro asunto de
política económica.
De manera que ya podemos conceptualizar el Concepto clave N.º 5: La
inflación, siempre y en cualquier lugar, es un fenómeno monetario.
Y, si lo expresamos de otra manera, también podremos decir que la
inflación es un acto político deliberado.
Alguien dijo con sarcasmo: “El papel moneda termina siempre por volver a
su valor intrínseco, cero”. Ese alguien fue Voltaire, en 1729. Por supuesto,

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fue demasiado pesimista en su evaluación, su valor intrínseco no es cero,
como bien lo prueba la fotografía de esta mujer alemana, que la muestra
aprovechando la energía intrínseca de estos billetes para quemarlos en su
caldera y transformarlos en calor.
John Maynard Keynes, el padre de la rama de la economía que hoy
domina nuestras vidas, dijo lo siguiente sobre la inflación:
“Lenin tenía toda la razón, no hay manera mejor, más sutil o segura de
destruir las bases de una sociedad que corromper su moneda.
Mediante un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden
confiscar, en secreto y sin que nadie se dé cuenta, una parte importante
de la riqueza de los ciudadanos.
Este proceso utiliza todas las fuerzas ocultas de la economía para destruir
y lo hace de una manera imposible de diagnosticar.”
Dado que los arquitectos y administradores de nuestro sistema monetario
son muy conscientes de los efectos destructores y corrosivos de la
inflación, es lógico que nos preguntemos qué es lo que buscan.
Para terminar, en este Capítulo 10 del Crash Course señalaremos las
conexiones de tres detalles muy importantes:
1: En 1971, Usamérica y, por extensión el mundo entero, eliminaron la
última relación con el oro y las limitaciones que éste imponía; a partir de
entonces el endeudamiento federal inició una escalada sin retorno.
2: Al mismo tiempo, la provisión de dinero “inició a su vez su escalada sin
retorno” y empezó a crecer a una velocidad mucho mayor que la de los
bienes y servicios existentes en la realidad.
Lo cual nos lleva al punto 3, que es la inflación, es decir, el resultado
totalmente predecible de los puntos 1 y 2.

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Pim, pam, pum. Uno, dos y tres. Los tres están interconectados, los tres
expresan lo mismo y ejercen una influencia devastadora para nuestro
futuro.
Si son ustedes de la opinión que no pasa nada si estos tres gráficos
siguen creciendo de forma exponencial hasta el infinito, ya pueden
abandonar el Crash Course.
Pero si no lo creen, probablemente les interese continuarlo.
Es de una importancia fundamental que comprendan la manera en que
estos tres puntos se interconectan, que evalúen los riesgos que corren y
que tomen las decisiones que se imponen ante la posibilidad de que el
futuro sea radicalmente distinto del presente.
Ahora, una vez que hemos estudiado la función exponencial, el dinero y la
inflación, disponemos ya de las herramientas necesarias para abordar los
restantes capítulos del Crash Course.
Pero antes debemos conectar unos cuantos puntos más. Los espero en el
Capítulo 11, titulado “¿Cuánto es un billón?”. Adelante.

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CupiLuIo 11: ¿CuunLo es un
bIIIón?

A lo largo del Crash Course nos encontraremos a menudo con cifras
expresadas en billones. ¿Cuánto es un billón? He de confesarles algo: Ni
yo mismo estoy seguro de poder imaginarlo.
Un billón es una cifra extraordinariamente grande y me parece que vale la
pena que dediquemos un par de minutos para tratar de aclarar el
concepto.
En primer lugar, hablemos de números.
1.000 es un 1 seguido de 3 ceros.
Un millón es 1.000 veces mil y se expresa con un 1 seguido de 6 ceros.
Hasta aquí no tengo problemas para conceptualizar las diferencias entre
ambas cifras. No es lo mismo tener 1.000 dólares que 1.000.000 de
dólares en el banco. Eso está claro.
Un millardo es mil veces mayor que un millón, se trata de 1.000 millones y
se expresa con un 1 seguido de 9 ceros.
Un billón es mil veces mayor que un millardo y se expresa con un
1 seguido de 12 ceros.
De manera que un billón está formado por mil millardos y, por lo tanto, es
un millón de millones. He de confesarles algo: ¡No logro imaginarme lo que
eso significa! No soy capaz de visualizarlo, así que utilizaré otro método
para tratar de que les quede claro.
Supongamos que a cualquiera de ustedes le doy un billete de 1.000
dólares y le digo que se lo gaste con un amigo en una sola noche. Estoy
seguro de que se divertirían mucho.

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Supongamos ahora que tuviesen en sus manos un fajo de billetes de
1.000 dólares, es decir, un fajo de 10 cm de espesor. Si así fuese, los
felicito, serían millonarios.
Pero supongamos ahora que deseasen entrar en la elite de privilegiados
que poseen un millardo, es decir mil millones de dólares. ¿Qué altura
alcanzaría el fajo de billetes de mil dólares necesarios para alcanzar un
millardo?
La respuesta es que ese fajo alcanzaría una altura de 109 metros, es
decir, un tercio de la altura de las Torres Petronas, de Kuala Lumpur
(Malasia).
Veamos ahora cuál sería la longitud de un fajo de billetes de 1.000 dólares
que totalizase el billón de dólares. ¿Qué altura tendría? Piensen en una
respuesta.
Pues bien, ese fajo alcanzaría los 108 kilómetros de altura.
Y estoy hablando de un fajo, es decir, de billetes puestos uno sobre otro,
no uno tras otro. Estoy hablando de un sólido fajo de 108 kilómetros de
billetes de 1.000 dólares. Eso es un billón de dólares.
¿Todavía no son capaces de imaginarlo?
Muy bien, imagínense que van en un coche por una carretera y en la
veredas de la derecha hay depositado un larguísimo fajo de billetes de
1.000 dólares. Es decir, una hermosa, compacta y rectangular columna de
billetes de 1.000 dólares que serpentea a su derecha junto a la carretera
conforme van manejando.
Ustedes avanzan sin parar durante más de una hora, rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, y
durante todo el trayecto el fajo de billetes de 1.000 dólares los va
acompañando.
Dicho de otra manera, el dinero creado de la nada por nuestro sistema
económico durante los últimos cuatro meses y medio, convertido en
billetes de 1.000 dólares y depositado en un fajo a lo largo de la carretera,

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cubriría el trayecto desde Springfield, en Massachusetts, hasta Albany, la
capital del estado de Nueva York.
Así que ya lo sabemos: pueden visualizar el fajo conduciendo su coche
junto a él o andándole por encima o de cualquier otra forma que quieran
expresarlo.
Pero no se equivoquen, un billón es una cifra descomunal, gigantesca,
desorbitada, y no deberíamos confiarnos demasiado por el simple hecho
de que sus proporciones fuera de lo común no nos permiten
conceptualizarlo. Al contrario, lo que deberíamos hacer es reaccionar.
Tengan en mente esto que les digo cuando hablemos de las deudas
totales y los pasivos de Usamérica, que alcanzan muchas decenas de
billones de dólares. Los espero en el Capítulo 12, titulado “La deuda”.

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CupiLuIo 1z: ¡u deudu

Con este capítulo iniciamos la segunda parte del Crash Course. Aquí
encontrarán la información que nos llevó a mí y a mi familia a hacer
profundos cambios en nuestras vidas, nuestra casa y mi trabajo, o incluso
en dónde comprar nuestros alimentos. Con los conocimientos que han
adquirido hasta ahora ya pueden comprender de qué manera los
componentes de la sigla EEMA, es decir, Economía, Energía y Medio
Ambiente, se entrecruzan y convergen en una estrecha ventana al
futuro: Los próximos veinte años. Los datos que presentaré a partir de
ahora me han llevado a la conclusión de que los próximos veinte años van
a ser totalmente distintos de los últimos veinte. Debo advertirles algo: este
material puede ser espeluznante y quizás algunos de ustedes lo
encuentren difícil de soportar.
Así que empezaremos esta segunda parte con “La deuda”. Estudiaremos
dos nuevos conceptos clave, de los cuales uno es esencial. Se trata del
siguiente: Las deudas que no cesan de crecer dan por supuesto de forma
implícita que el futuro va a ser mejor que el presente.En este capítulo
examinaremos con todo detalle dicha afirmación.

(Video de presentación)

Pero antes necesitamos aprender unas cuantas definiciones.
Una deuda financiera es la obligación contractual de devolver una cantidad
específica de dinero en un momento dado del futuro. El concepto de
deuda está perfectamente caracterizado en el Derecho, de tal manera que
podemos decir que una deuda es un contrato legal mediante el cual se
entrega hoy dinero a condición de que se devuelva en el futuro… con
intereses, claro.
Las deudas pueden adoptar muchas formas. Las hipotecas y los
préstamos para comprar un coche se denominan “deudas garantizadas”,
porque siempre existe un bien recuperable ligado a la deuda. Las deudas
de las tarjetas de crédito se denominan “deudas no garantizadas”, ya que

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no existe ningún bien recuperable ligado a dicha deuda en caso de
omisión del pago debido.
Para los ciudadanos ordinarios sólo hay dos maneras de cancelar una
deuda. Pagarla por completo o no pagarla, en cuyo caso se incurre
en mora. Si las personas poseyesen una prensa de dinero, como es el
caso del gobierno, tendrían una tercera opción: imprimir dinero para pagar
la deuda. Este método es un impuesto disfrazado, ya que elimina
artificialmente valor de todo el dinero existente y transfiere valor a los
acreedores. En lo personal, lo considero como una forma de morosidad,
que castiga preferencialmente a quienes ahorran y a los más indefensos
frente al impacto de la inflación.
En abril de 2008 las obligaciones de la deuda pura del gobierno
usamericano alcanzaban los 9 billones (9.000.000.000.000), 444 millardos
(444.000.000.000) de dólares. Esto es sólo la deuda. Una vez que se
añaden los pasivos del gobierno, en especial el Medicare y la Seguridad
Social, la cifra se multiplica entre 5 y 8 veces. En el próximo capítulo
analizaremos los pasivos, de manera que por el momento los dejo de lado.
Ahora nos centraremos simplemente en la deuda; nos bastará con saber
que la deuda es sólo una parte de la historia.
Bien. A continuación veamos este gráfico de la deuda total de Usamérica,
es decir la suma de las deudas federal, estatal, municipal, corporativa y
privada, representada por la línea roja, en comparación con la renta
nacional total, representada por la línea amarilla. La deuda total
usamericana actual asciende a más de 48 billones (48.000.000.000.000)
de dólares. Vale la pena recordar que se trata de 48 fajos de billetes de
1000 dólares, cada uno de los cuales mide 108 km.
Si ajustamos esos niveles de deuda a la población y a la inflación a lo
largo del tiempo para poder comparar cosas iguales, veremos que en 1952
la deuda total equivalente por persona era de 76.000 dólares, mientras
que hoy es de 183.000. Una deuda de 183.000 dólares per cápita significa
que hoy en día la media por familia de cuatro personas en Usamérica
alcanza los 732.000 dólares de deuda. Esta es una manera muy útil de

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enfocar la deuda, puesto que no importa si quien la debe es una agencia
gubernamental, una corporación o un individuo, se trata de deudas de
nuestro país y es la ciudadanía quien reembolsa todas ellas. Por eso, el
estudio de las deudas per cápita o por grupo unifamiliar ofrece un cuadro
real de la situación.
¿Pueden las deudas seguir creciendo más rápidamente que los salarios
necesarios para devolverlas? No, de ninguna manera. En algún lugar de la
ecuación existe un límite matemático.
¿Estoy acaso diciendo que todas las deudas son “malas”? No, de ninguna
manera. Ha llegado el momento de ofrecer una nueva definición. La
denominada deuda de inversión permite que ésta se pague por sí sola. Un
ejemplo sería la típica beca de estudios que ofrece la oportunidad de
obtener en el futuro un mejor salario. Otra sería el préstamo que se pide
para aumentar el número de mesas de un exitoso restaurante. En la jerga
de los banqueros esos ejemplos se denominan “deudas que se pagan por
sí solas”, porque esos préstamos aumentan las ganancias necesarias para
la devolución de la deuda. ¿Y qué decir de los préstamos cuyo fin es el
consumo, como son los que se toman para comprar un coche más lujoso o
para ir de vacaciones o para fabricar más armamento? Esos préstamos se
denominan “deudas que no se pagan por sí solas”, debido a que no
generan ninguna ganancia futura. Así que NO TODAS las deudas son
malas, únicamente lo son las improductivas.
Durante los últimos 5 años la deuda usamericana ha crecido en más de
16 billones y la mayor parte de ella pertenece a la categoría de deudas
que no se pagan por sí solas. Lo cual tiene profundas implicaciones para
el futuro, porque los préstamos que no se pagan por sí solos no generan
liquidez y la renta nacional ordinaria futura deberá utilizarse para pagar el
consumo de hoy en día. Esto significa que habrá menos liquidez para
gastos discrecionales en el futuro.
Entonces, ¿qué es realmente una deuda? Una deuda consiste en obtener
dinero ajeno para gastarlo hoy. Puede ser para comprar un coche mejor y
poder disfrutarlo hoy mismo. Pero, en el futuro, los montos que deberemos

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dedicar a reembolsar esa deuda no podremos utilizarlos para comprar
otras cosas o para ahorrar. De manera que podemos decir que una deuda
representa el consumo del futuro, pero disfrutado en el presente. Siempre
que sea yo quien decida endeudarme y pagar personalmente dicha deuda
el problema será únicamente mío.
No obstante, si consideramos que nuestros niveles actuales de deuda
exigirán el esfuerzo de futuras generaciones para devolverla, entramos de
lleno en los aspectos morales de esta historia. ¿Es realmente justo que
una generación gaste muy por encima de sus medios y espere que las
generaciones posteriores renuncien a su propio consumo para pagar la
deuda de quienes las precedieron? Como podemos ver en estos gráficos,
esa es precisamente la situación en que vivimos hoy. A menudo me
pregunto si mis hijos aceptarán semejante acuerdo. Lo dudo mucho.
En el Capítulo 4 aprendimos que el dinero es una retribución a cambio de
un trabajo humano y ahora acabamos de aprender que la deuda es la
obligación de pagar con un dinero retribuido en el futuro, de manera que
podemos combinar estas dos definiciones para llegar al Concepto Clave
N.º 6: La deuda es la obligación de pagar con la retribución que se
obtendrá a cambio de un trabajo humano futuro. La deuda es la obligación
de pagar con la retribución que se obtendrá a cambio de un trabajo futuro.
Cuando lleguemos al capítulo que se ocupa de las personas nacidas
inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y del reto
demográfico al que se enfrenta nuestro país recordaremos este importante
concepto.
Si los actuales niveles de la deuda se estudian con perspectiva histórica y
se comparan con el Producto Interno Bruto (PIB), se observa que no
tienen precedente alguno y el gráfico incluso sugiere que estamos viviendo
en la mayor burbuja crediticia de todos los tiempos. La deuda crediticia
total actual se eleva a más del 340% del Producto Interno Bruto (PIB). Tal
como podemos ver en este gráfico, la última vez que la deuda tuvo un
parecido, aunque sólo remoto, con los niveles actuales fue en los años
treinta, lo cual es ya en sí mismo una explicación. Las laxas políticas
crediticias del gobierno federal dieron lugar a los “locos años veinte”, que

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se vieron seguidos de inmediato por una burbuja crediticia, la cual provocó
once años de contracción económica y penurias, todo ello comúnmente
denominado Gran Depresión. Nótese que la curva que representa la
relación entre la deuda y el PIB no empezó a subir hasta después de
1929. ¿Cuál es la explicación? ¿Acaso hubo más préstamos? No, la curva
del gráfico empieza a subir en 1929 porque las deudas permanecían,
mientras que la economía se iba hundiendo, lo cual dio lugar a ese pico.
Fuera de la anomalía de la Gran Depresión, nuestro país ha mantenido
siempre una deuda inferior al 200% de nuestro PIB. Fue sólo a partir de
mediados de los años ochenta cuando esa relación dejó de respetarse, lo
cual nos permite afirmar que nuestra experiencia nacional con tales
niveles de deuda es un fenómeno históricamente corto, de sólo veintitrés
años. ESTE gráfico, más que ningún otro, me ha llevado a concluir que los
próximos veinte años van a ser totalmente distintos de los últimos veinte.
No alcanzo a ver de qué manera podríamos evitarlo si observamos la
curva rodeada de la elipse de color rojo.
Sobre la base de la curva de este gráfico, puede afirmarse que la totalidad
de nuestro universo financiero ha emitido una hipótesis sustancial y
colectiva con respecto al futuro. Puesto que una deuda es la obligación de
pagar con un dinero que se espera ganar en el futuro, cada expansión
incremental del nivel de la deuda da por supuesto que el futuro será mejor
que el presente.
Se trata de una suposición totalmente descabellada. Y me estoy refiriendo
a la suposición de que el futuro será mejor que el presente. Explicaré por
qué:
Una deuda se paga siempre en el futuro y los préstamos se otorgan con la
suposición de que serán devueltos junto con los intereses devengados. Si
este año se otorgan más créditos que el anterior, eso significa que se
espera, que se supone, que en el futuro existirá la capacidad de devolver
esos préstamos. Y dado que nuestros niveles de deuda superan hoy en
día el 340% de nuestro PIB, se da por supuesto que nuestro futuro PIB
será superior al actual. Inmensamente más elevado. Se venderán más

66

coches, se consumirán más recursos, se ganará más dinero, se
construirán más casas… y todo ello será muy superior a hoy en día,
únicamente para tener la posibilidad de devolver los préstamos QUE YA
NOS HEMOS GASTADO. Pero vemos que cada trimestre que va pasando
nos metemos en más deudas a una velocidad cinco o seis veces superior
al crecimiento de nuestra economía. Incluso si somos muy optimistas con
respecto al crecimiento futuro, dicha trayectoria es insostenible.
Nuestros bancos, nuestros fondos de pensión, nuestra estructura
gubernamental y todo lo que está ligado a una continua expansión de la
deuda impiden ese crecimiento perpetuo. De manera que podemos ya
formular el Concepto clave N.º 7 del Crash Course.
Nuestros mercados de la deuda dan por supuesto que el futuro será
(mucho) mejor que el presente.
Pero ¿qué sucederá si eso no es verdad? ¿Qué pasará si en el futuro no
podemos pagar todas esas deudas? Bueno, se puede decir que si eso
sucediera se llegaría a un mismo resultado pero de dos
maneras diferentes. Ese resultado único es que las deudas deberán
disminuir, mientras que las dos maneras diferentes de llegar al resultado
son la mora en los pagos o la inflación. El concepto legal de mora es fácil
de explicar: las deudas no se pagan, con lo cual los deudores se
convierten en morosos, y los acreedores de tales deudas impagadas no
reciben el dinero que se les debe. El sistema, pues, estalla. Los pasivos
disminuyen. ¿Qué pasa si el futuro no es lo bastante mejor para pagar las
deudas? Las moras son simplemente una manera de no pagarlas.
En cambio la inflación es algo más confuso, así que veamos un ejemplo:
supongamos que usted vende su casa a alguien y acepta que el
comprador le firme un pagaré por valor de 500.000 dólares, el cual deberá
abonarle en un único plazo de 650.000 dólares al cabo de 10 años. Bien,
pero ¿acaso esos 650.000 dólares, incluso si el comprador se los llega a
pagar en el momento pactado, serán suficientes para que usted,
teóricamente, pudiese comprar la misma casa? Es verdad que a usted le
han pagado, pero la obligación que usted aceptó de su deudor para que

67

éste le pagase con un dinero futuro ha quedado muy reducida por la
inflación. En el caso de que su deudor escoja la mora, su dinero sigue
teniendo un valor, pero el problema es que a usted no se lo devuelven. En
el caso de que se llegue al resultado a través de la inflación, a usted le
pagan, pero difícilmente podrá comprar algo con ese dinero. En ambos
casos su futuro fue peor que su presente y el impacto es casi el mismo,
aunque las maneras de llegar a él son muy distintas.
Así que deberá usted hacerse las siguientes preguntas: ¿Se ha metido en
demasiadas deudas que deberá devolver en el futuro? Y si es así, ¿qué
escogerá, incurrir en mora o enfrentarse a la inflación? Las decisiones que
deberá tomar en su vida futura serán muy distintas y dependerán de si su
respuesta a la primera pregunta es “SÍ” o es “NO” y de si su respuesta a la
segunda pregunta es “mora” o es “inflación”. Así que vale la pena que se
lo piense bien.
Veamos ahora lo que acabamos de aprender:
1. Concepto Clave N.º 6: La deuda es la obligación de pagar con la
retribución que se obtendrá a cambio de un trabajo humano futuro.
2. Nunca antes ha sido tan alta la deuda per cápita de este país. En
este país nos hemos metido en un atasco sin precedentes.
3. Durante los últimos cinco años la deuda se ha incrementado en
16 billones de dólares y prácticamente todo ese dinero fue para el
consumo. De ello se deduce que el futuro consumo deberá reducirse
enormemente o bien entraremos en un período de destrucción de la
deuda, ya sea por mora o por inflación.
4. Y, por último, el Concepto Clave N.º 7: Nuestros mercados de la
deuda dan por supuesto que el futuro será mucho mejor que el presente.
Este último punto incide en dos áreas fundamentales, que serán objeto de
futuros capítulos del Crash Course.
Nuestro sistema económico y, por extensión, nuestro tren de vida, se basa
en la deuda, y la deuda se basa en la suposición de que el futuro será
siempre mejor que el pasado. Por lo tanto, es vital que estudiemos
detenidamente esta suposición, porque si es falsa también lo serán otras

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cosas que ahora damos por descontadas. Los espero en el Capítulo 13,
“La incapacidad nacional para el ahorro”.


69

CupiLuIo 1¸: ¡u IncupucIdud
nucIonuI puru eI uIorro

Si han completado el capítulo anterior sobre la deuda, puede que se estén
preguntando si sus ahorros o sus activos les permitirán hacer frente a tal
endeudamiento. En el próximo capítulo me ocuparé de los activos.
En este capítulo presentaré pruebas fehacientes de que Usamérica se ha
mostrado incapaz de ahorrar dinero en todos los estamentos de su
sociedad, lo que convierte a su gobierno en insolvente. Les aclaro que
utilizo el término insolvente con todo el peso de su significado. Mientras
que la quiebra es un proceso legal que se inicia cuando los desembolsos
de dinero no alcanzan para pagar las deudas, la insolvencia tiene lugar
cuando los pasivos exceden a los activos, lo cual es el primer paso en el
camino que lleva directamente a la quiebra.
La finalidad del Crash Course consiste en ofrecerles el contexto y los
datos necesarios para que sean capaces de evaluar con precisión las
probabilidades y los riesgos que correrá nuestra economía durante los
próximos años. Mi opinión es que los próximos veinte años van a ser
completamente distintos de los últimos veinte, y en apoyo de esta
afirmación me propongo guiarlos por el terreno de seis áreas esenciales.
La Deuda, el Ahorro, los Activos, la Demografía, el Pico del petróleo y el
Cambio climático Cualquiera de ellos puede plantear gravísimos
problemas por sí solo, pero la combinación de dos o tres a la vez… bueno,
prefiero dejar que lo evalúen ustedes.

(Video de presentación)

Este gráfico muestra la tasa de ahorro personal desde el año 1959. La
tasa de ahorro personal es la diferencia entre los ingresos y los gastos de
todos los ciudadanos de Usamérica, expresada como porcentaje. Un 10%
indica que por cada dólar que se ganó se ahorraron, es decir, no se
gastaron, 10 centavos. Fíjense que la media histórica de la tasa de ahorro
personal a largo plazo de la ciudadanía usamericana, entre 1959 y 1985,

70

fue del 9,2%. A título comparativo, la ciudadanía europea ahorró el 10% y
la población china un sorprendente 30% de sus ingresos.
Los ahorros son algo importante desde el punto de vista individual, ya que
nos permiten salir a flote en tiempos de dificultades económicas, mientras
que en el plano nacional son esenciales para la formación de un capital de
inversión (es decir, propiedades, plan económico y equipamiento, todo ello
fuente de futura riqueza).
Es posible que hayan leído en fechas recientes que la tasa de los ahorros
personales ha descendido hasta los mínimos históricos de la Gran
Depresión. De hecho, la tasa de ahorro personal ha disminuido
ininterrumpidamente desde 1985 hasta la fecha, lo cual indica que los
titulares que les estoy mostrando no son un problema pasajero, sino la
culminación de una erosión del ahorro que se inició hace 23 años y se ha
convertido en un rasgo cultural de los ciudadanos de Usamérica.
Sin embargo, no somos una nación de términos medios y este gráfico
oculta de alguna manera el hecho de que los muy ricos están ahorrando
increíbles cantidades de dinero, mientras que las tasas de ahorro de los
muy pobres son profundamente negativas.
¿Por qué esto que acabo de decir es importante? Porque el gran filósofo
griego Plutarco ya lo dijo una vez: “El desequilibrio entre ricos y pobres es
el problema más antiguo y fatídico de todas las repúblicas”.
¿Qué otra cosa podemos observar en este gráfico? Para los no iniciados,
la caída persistente de los ahorros nos dice que la ciudadanía tiene el
convencimiento implícito de que en el futuro habrá crédito disponible, lo
cual hace que hayamos sustituido la vieja mentalidad, que consistía en
“ahorrar antes de gastar”, por otra que nos impulsa a “comprar ahora
mismo y pagar mañana”. Como vemos en este gráfico, la tasa de ahorro
empezó a declinar en torno a 1985.
Hummmm… esperen un poco… ¿Se acuerdan de que ya estudiamos este
mismo período histórico en el último capítulo, cuando hablábamos de la
deuda? Pues sí. Claro que lo estudiamos. A pesar de que este gráfico

71

muestra juntas TODAS las deudas en todos los sectores y el que
acabamos de ver se refiere sólo a los ahorros personales, debemos tomar
nota de que nuestra tolerancia nacional con respecto a la deuda empezó a
crecer en 1985, es decir, exactamente en el mismo momento en que
nuestros ahorros empezaron su largo declive hasta cero.
Para creer que el futuro será mejor y más esplendoroso que el presente es
preciso creer antes que vivir sin ahorrar y tener muchas deudas es el
camino que conduce a la prosperidad. Como mínimo diré que yo no me lo
creo, porque me parece que tiene poco sentido, ya que eso transgrede
varias leyes de la naturaleza.
Otra categoría de ahorro es la de las pensiones y los fondos para la
jubilación. También las autoridades estatales y municipales han dejado de
ahorrar, lo cual hace que las pensiones muestren unos números rojos que
ascienden a 1 billón de dólares. Esto significa que, dado que el dinero
provenía de los impuestos, tanto los estados como las municipalidades
escogieron gastárselo en otras cosas, en vez de invertirlo en fondos de
pensiones. Supongo que la idea era gastar hoy, a la espera de que a
alguien se le ocurra cómo pagarlo mañana. Bueno, para muchos estados
el futuro ya no es mañana: está aquí.
Cuando afirmo que las pensiones estatales y municipales muestran
números rojos por valor de 1 billón de dólares, ¿qué significa eso? ¿Cómo
se calcula? Los números rojos por valor de 1 billón de dólares son lo que
denominamos Valor Neto Actual o, si lo prefieren, “VNA”.
El cálculo del Valor Neto Actual consiste en sumar todas las entradas de
dinero (en este hipotético ejemplo, 1000 dólares por año durante seis
años) y restarles los futuros desembolsos de dinero, para así hallar el valor
NETO. Dado que un dólar de hoy vale más que un dólar del futuro, los
futuros desembolsos de dinero han de descontarse y contabilizarse en el
PRESENTE. Hallamos el NETO de todas las entradas de dinero y de los
desembolsos futuros y los descontamos en el PRESENTE para determinar
si el valor es negativo o positivo. Eso es el Valor Neto Actual.

72

Esta es la metodología utilizada para calcular el valor de los fondos de
pensiones estatales y municipales. Al crecimiento del valor de los activos
de los fondos de pensión, más los ingresos futuros en concepto de
impuestos, se les restan los desembolsos monetarios a los pensionistas y
el valor alcanzado se retrotrae al presente. Todo indica que para que los
fondos de pensión simplemente tuviesen un valor de cero sería necesario
inyectarles hoy mismo 1 billón de dólares.
Los cálculos del VNA nos dejan ver bien claro que el futuro ya está
calculado, de manera que no vale la pena esperar que sea diferente y
mejor, porque la cosa no funciona nunca así. Si para llegar a un valor cero
hemos de ingresar 1 billón de dólares en los fondos hoy mismo, pero no lo
hacemos, el año próximo la cantidad a inyectar será mayor. La única
manera de que fuese menor sería que hubiese menos gente cobrando sus
pensiones de jubilación o bien que los activos de los fondos creciesen muy
por encima de la supuesta tasa de crecimiento que hemos utilizado para
calcular el VNA.
Siguiendo con esta historia, vemos ahora que las corporaciones están
obteniendo los mayores niveles de beneficios desde hace décadas, pero
también han optado por descuidar sus fondos de pensiones para dar
preferencia a otras formas de gasto y muestran unos números rojos de 1
billón y medio de dólares en su Valor Neto Actual.
Dado que los fondos de pensiones se invierten típicamente en bonos y
acciones en una proporción, grosso modo, de 60/40, cualquier recesión o
caída del mercado aumentará los pasivos. En parte, estos números rojos
de los fondos de pensiones se deben a las extremadamente bajas tasas
de interés hoy disponibles, por cortesía de Alan Greenspan y Ben
Bernanke, los dos últimos gobernadores de la Reserva Federal, y también
porque el Standard & Poors 500, principal índice del mercado de valores,
es prácticamente el mismo desde hace nueve años. Y eso solamente si
NO ajustamos los resultados a la inflación. Si lo hiciéramos, la cosa sería
más grave. Dado que la mayoría de los fondos de pensión dan por
supuestos unos intereses anuales de entre el 8% y el 10%, y dado que las

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ganancias en el mercado de valores han sido nulas durante nueve años,
los números rojos de los fondos de pensiones son comprensibles.
Pero si volvemos nuestra mirada al gobierno federal, las cifras empiezan a
dar realmente miedo. David Walker, el recientemente jubilado contralor de
Usamérica, quien para mí es un auténtico héroe por haber denunciado con
valentía y sin descanso los imponentes números rojos del gobierno
usamericano, dijo una vez refiriéndose a éste:
1. Su situación económica es “peor de lo que admite”.
2. Sigue un modelo de “negocio ruinoso”.
3. Le esperan “déficits presupuestarios, de la balanza de pagos, del
ahorro... y de liderazgo”.
Tiene toda la razón. Aquí vemos cómo algunos datos lo confirman. Tomé
esta tabla del informe anual del gobierno de Usamérica, que se encuentra
en el sitio web del Departamento del Tesoro. De nuevo, veamos las cifras
de VNA. La primera es un pasivo de casi 9 billones de dólares, que
representa el Neto total del gobierno usamericano, pero sin incluir el
pasivo de la Seguridad Social y el Medicare.
De nuevo, eso significa que, al día de hoy, TODAS las entradas del
gobierno usamericano, MÁS el valor de todos sus activos, MENOS sus
desembolsos implican que necesita 8,9 billones de dólares para poder
equilibrar pasivos con activos.
Pero eso no es ni siquiera la quinta parte del todo. Si a esa cifra le
añadimos los desembolsos futuros de la Seguridad Social y del Medicare,
el pasivo asciende a más de 53 billones de dólares, según los propios
cálculos del Departamento del Tesoro.
¡Híjole! ¡Un momentito! [con asombro] ¡Eso es más de cuatro veces el PIB!
Lo cual significa que el gobierno americano es insolvente. Pero entonces,
¿por qué esa insolvencia no es el tema número uno de la campaña
presidencial? El futuro de un país tan endeudado es tan incierto que se
dirige derechito a la bancarrota.

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En caso de que estén pensando que quizá el gobierno usamericano tenga
dinero disponible en algún lugar, algo así como el que esconde plata
debajo del colchón, vean esta fotografía, en la que George Bush posa
junto a la totalidad del Fondo Fiduciario de la Seguridad Social. Eso es
todo, no hay más... la totalidad del fondo fiduciario se encuentra en una
carpeta de tres anillos con hojas de papel en las que se dice que el
gobierno usamericano se ha gastado todo el dinero y lo ha reemplazado
por bonos especiales del Tesoro.
Pero… ¿acaso los bonos del Tesoro no son una obligación del gobierno
de Usamérica? ¿Cómo es posible que el gobierno se deba dinero a sí
mismo? No es posible. Todas las entradas del gobierno proceden de los
contribuyentes o de préstamos, de manera que cuando llegue el momento
de cancelar esos bonos especiales, el dinero sólo podrá provenir de los
contribuyentes o de préstamos adicionales. Si fuera posible que uno se
debiese dinero a sí mismo y lo devolviese con intereses, todos seríamos
inmensamente millonarios con sólo firmar cheques a nuestro propio
nombre. No cabe duda de que estamos ante una noción absurda,
fácilmente desmontable.
En cualquier caso, según la agencia gubernamental de la que uno obtenga
las cifras, el pasivo del gobierno federal se encuentra en algún lugar entre
53 billones y 85 billones de dólares. Es una cifra tan descomunal que
incluso a este monito se le han puesto los pelos de punta. Como para
probar que el crecimiento es imposible con un Valor Neto Actual negativo,
esta cifra ha crecido en casi 40 billones de dólares durante los últimos 10
años, ya fuese en malos tiempos o en tiempos de bonanza.
Y, por último, el ahorro está relacionado con la inversión. Según la
Sociedad Usamericana de Ingenieros Civiles, también en eso andamos
con números rojos. En el año 2005, esta sociedad evaluó el estado de
conservación de 12 categorías de infraestructuras, entre ellas puentes,
carreteras, canalizaciones de agua potable y plantas de depuración de
aguas negras. La Sociedad Usamericana de Ingenieros Civiles catalogó a
Usamérica con un grado “D” y calculó que harían falta 1,6 billones de
dólares durante los próximos cinco años para reparar los desperfectos

73

según los estándares mundiales. Dado que aquella evaluación se hizo en
2005 y la inflación de los productos fabricados con metal y asfalto ha
crecido enormemente, habrá que redondear esa cifra a 2 billones de
dólares.
Y si ponemos junto todo lo anterior, veremos que nuestra incapacidad
personal para el ahorro es el reflejo de la incapacidad de estados y
municipios para el ahorro; que ambas son la imagen especular de una
incapacidad corporativa para el ahorro y que todas ellas quedan
empequeñecidas por la gigantesca incapacidad del gobierno federal para
el ahorro. Por si eso fuera poco, también sufrimos una profunda
incapacidad para invertir. Todos estos déficits me hacen concluir que los
próximos veinte años van a ser totalmente distintos de los últimos veinte.
Éste es nuestro legado –el mundo económico y físico que vamos a dejar a
quienes nos sucederán– y la mayoría de todas esas facturas deberán
pagarse durante los próximos veinte años. ¿Es eso demasiado lejano en
el tiempo como para empezar a preocuparnos? De ninguna manera, si
consideramos el alcance de los déficits.
¿Cómo pudimos llegar a esta situación? ¿Cómo pudo suceder? Yo, que
fui consultante de algunas compañías incluidas en la lista Fortune 500,
encontré una explicación para esta situación, que empieza desde la
cúpula. Cuando los directivos de una de las compañías que evaluaba eran
unos insensatos desde el punto de vista económico o consideraban con
desprecio a sus subordinados, el mismo comportamiento se iba reflejando
de forma descendente, en todas las capas de la compañía.
Nuestro gobierno ha actuado con una política insensata de acumulación
de deudas mientras que, al mismo tiempo, dejaba de ahorrar y de invertir;
igual hicieron los estados, las municipalidades, las corporaciones y los
ciudadanos de a pie.
David Walker tenía toda la razón cuando dijo que “al gobierno de
Usamérica le esperan déficits… de liderazgo”. Es la cúpula quien marca el
paso. Estas cosas deberían ser el centro de nuestros debates políticos,

76

pero no se discuten en ninguna parte. Vivimos en un profundo déficit de
liderazgo.
En el próximo capítulo nos ocuparemos de los activos y veremos cómo
reaccionan frente a nuestras deudas y frente a nuestra incapacidad
nacional para el ahorro. Allá nos vemos.

77

CupiLuIo 1q: AcLIvos y
DemogruIiu

Tal como hemos aprendido en los dos capítulos anteriores, nuestra nación
padece unos niveles de endeudamiento hasta ahora desconocidos y
muestra asimismo una incapacidad histórica para el ahorro.
Como algunos podrían rezongar que no es justo que miremos únicamente
del lado de la deuda y de la incapacidad para el ahorro, ahora vamos a
ocuparnos de los activos. Al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene si alguien
no ahorra nada y debe 1 millón de dólares, si posee 10 millones de dólares
en el banco? Esa es una buena pregunta, así que veamos los activos.
Para empezar, ¿qué es un activo? Una definición podría ser que los
activos son bienes que alguien posee en propiedad y que son convertibles
en dinero; por ejemplo, recursos totales de una persona o negocio, tales
como dinero en efectivo, pagarés y cuentas por cobrar, carteras de
valores, existencias, fondos de comercio, mobiliario, maquinaria o
propiedades inmobiliarias.
(Video de presentación)

Un activo es algo de valor que puede cambiarse por dinero, que da acceso
al dinero o que ayuda a ganar dinero. También podríamos decir que los
activos son depósitos, bienes inmobiliarios, acciones o bonos, así como
las cosas que poseemos, lo cual incluye la mayor parte de eso que
solemos considerar activos.
Aquí sólo vamos a estudiar los activos domésticos, puesto que, como ya
vimos antes, los pasivos y los activos del gobierno federal y de los
diferentes gobiernos estatales de la Unión son, en realidad, pasivos de sus
ciudadanos. Pero no olviden que en el Capítulo 13 vimos que el valor neto
total del gobierno de Usamérica arrastra un pasivo de entre 50 y 85
billones de dólares en números rojos. De hecho, ese desequilibrio entre

78

activos y pasivos no es una pesada carga que el gobierno de
Usamérica lleva sobre los hombros. No, de ninguna manera. Son ustedes
y yo y todos los demás ciudadanos quienes la llevamos
sobre nuestros propios hombros. Las deudas y los pasivos nacionales son,
por lo tanto, nuestros. En el ámbito privado, los activos de las compañías
pertenecen por completo a los accionistas y propietarios de bonos de las
compañías, no a las compañías en sí mismas. ¿Y a quién pertenecen las
compañías? En última instancia, a ciudadanos privados. Dado que la
ciudadanía constituye el ámbito privado o doméstico (del latín domus, es
decir, hogar), podemos examinar los activos domésticos, deducir algunos
pasivos importantes y obtener así una perspectiva bastante clara de cuál
es la situación.
Y lo haremos así porque la Reserva Federal busca el valor doméstico neto
y estos datos suelen aparecer ampliamente en los medios. De hecho,
según la Reserva Federal, el valor doméstico neto se ha incrementado en
casi 20 billones de dólares en sólo cinco años –una proeza increíble–, una
“riqueza” bastante superior a la que nuestro país logró amasar desde su
nacimiento hasta finales de los años ochenta. Y es de señalar que se trata
sólo de activos netos, de manera que la Reserva Federal y mucha gente
de los medios pretenden que esa cifra, sólo ligeramente inferior a 60
billones de dólares de valor neto, demuestra que a los usamericanos les
va muy bien y que los niveles de endeudamiento que padecemos no son
motivo de preocupación, por muy rápido que crezca la deuda.
Pero antes de que echemos las campanas al vuelo a causa de esa
sorprendente riqueza de las cifras, será preciso señalar que dicho informe
contiene dos errores fundamentales y una falacia, de los cuales han de ser
ustedes conscientes. Porque, como siempre, el diablo se encuentra en los
detalles. Antes de que les explique, quiero que observen este período que
va desde el año 2000 al 2003. Esa caída en el valor doméstico neto se
debió al colapso del mercado bursátil que tuvo lugar entre 2000 y 2003, y
que provocó tal pánico en la Reserva Federal que Alan Greenspan bajó a
toda prisa la tasa de interés hasta un 1%, y dio así el pistoletazo de salida
a la mayor burbuja crediticia e inmobiliaria de toda la historia. Esa caída en
el valor doméstico neto conduce a la siguiente observación: Las deudas
son fijas. Cuando alguien se mete en una deuda, su valor no fluctúa, sólo

79

va creciendo plácidamente hasta que el deudor termina por pagarla. El
valor de las deudas no varía con las condiciones económicas generales ni
tampoco si el deudor tiene trabajo o lo ha perdido. Los activos, en cambio,
son variables, fluctúan: a veces ganan valor y a veces lo pierden. Lo cual
nos lleva al Concepto Clave N.º 8 del Crash Course: Las deudas son fijas,
pero los activos son variables, fluctúan.
Bien. ¿De dónde procedían esos 19,8 billones de dólares de nuevo valor
doméstico neto? En torno al 80% de ese crecimiento procedía del
aumento de activos financiados, mientras que el 20% restante procedía
del crecimiento inmobiliario y de otros activos tangibles.
Ahora sabemos que el 72% del valor doméstico neto total consiste en
activos financiados, que totalizan unos 41 billones de dólares, mientras
que los activos tangibles son el 28% restante y ascienden a unos 16
billones de dólares.
Y si ahora examinamos esos activos con mayor atención, veremos que los
41 billones de dólares de valor neto en activos financiados consisten en
cosas como fondos de pensión, activos de negocios en manos privadas,
depósitos, acciones y bonos, que se pueden recomponer
aproximadamente en estas cuatro clases: Acciones, bonos, dinero en
metálico o en depósito, y los activos de negocios en manos privadas.
Los otros 16 billones de dólares en activos tangibles consisten
principalmente en bienes inmobiliarios, que constituyen el 75% de este
grupo, y en bienes de consumo duraderos, que podrían ser su coche, su
secadora o su horno de microondas, si es que tienen uno. Excepto en el
caso del dinero en metálico, para poder obtener la riqueza inherente a
cada uno de estos bienes es necesario venderlos primero.
He aquí una regla general de los mercados de bienes de consumo: Las
cosas SUBEN de precio cuando hay más compradores que vendedores, y
BAJAN de precio cuando hay más vendedores que compradores. No se
olviden de esta regla, porque la necesitaremos dentro de un momento,
cuando estudiemos la demografía.
Veamos ahora la enorme falacia que esconde el informe de la Reserva
Federal sobre la riqueza doméstica. Para explicarla voy a centrarme en el

80

mercado inmobiliario. Supongamos que poseen una casa que compraron
por 250.000 dólares y que, en los últimos tiempos, digamos desde hace
cinco años, ha aumentado de valor y ahora vale 500.000 dólares. La
Reserva Federal considera que su riqueza neta aumentó 250.000 dólares.
Bien. El problema es que no resulta fácil obtener en mano esa riqueza. Por
supuesto, es posible pedir dinero prestado dejando la casa en garantía,
pero eso no libera la riqueza, únicamente transforma parte de ella en
deuda. Pero supongamos que venden la casa. ¿Qué pasaría si quisieran
mudarse a una casa equivalente? Porque en algún sitio hay que vivir.
Todas habrán subido de precio también, de manera que será necesario
gastarse 500.000 dólares para comprar una casa equivalente, así que la
supuesta riqueza sigue sin aparecer por ninguna parte. De hecho, la única
manera de liberar dicha riqueza y obtenerla en metálico consistirá en
comprar una casa menor (o vivir de alquiler). Pero eso conduce a la
pregunta retórica del día: ¿Es posible que todo el mundo se pueda
comprar una casa menor? Quizá ustedes puedan, pero no todos podrán.
Al menos no sin crear en el camino una superabundancia de casas
grandes y una desesperante escasez de casas pequeñas. Y si no todos
podrán hacerlo, eso significa que es imposible obtener el valor total o la
riqueza material en todas las casas. De manera que el numerito de la
riqueza con el que nos obsequia la Reserva Federal es muy gracioso si se
mira individualmente, pero carece de sentido si se considera la totalidad
de la población. La misma dinámica se pone en marcha con los demás
activos: Es necesario que haya suficientes compradores, porque de no ser
así, la riqueza es tan inútil como una barca encallada en la playa.
Dije también que hay dos grandes errores en el informe de la Reserva
Federal sobre la riqueza doméstica: el primero es que, por alguna razón
misteriosa, la Fed no incluye los pasivos generales del gobierno cuando
calcula la riqueza doméstica neta. ¿Acaso no sería sensato que en la
Reserva Federal los redujese de la riqueza doméstica? Al fin y al cabo,
¿quién que no sea contribuyente en el ámbito doméstico va a terminar
pagando esos pasivos? Nadie, por supuesto. Si la Reserva Federal los
dedujese, el valor doméstico neto caería por debajo de cero, así que no es
difícil adivinar por qué la Fed se cuida mucho de incluir esos pasivos. Pero
yo soy de la opinión que un buen administrador de la política monetaria

81

nacional debería preocuparse por presentar la situación de la manera más
exacta posible, tal como es.
El segundo error es que los datos están presentados como si se aplicasen
a todos los ciudadanos del país de forma equivalente. Pero no es así. Es
de señalar que el 1% de los ciudadanos más acaudalados posee el 35%
de TODA la riqueza doméstica y el 56% del valor de TODAS las acciones.
Si no distinguen bien ese 1% de ricachones en esta imagen les pido
disculpas; se trata de una delgadísima raya roja situada por encima de la
porción verde de la columna. Está ahí, no se ve, pero se bifurca en dos
flechas rojas. Lo extraordinario es que nuestro mercado bursátil sigue
subiendo, pero por cada billón de dólares que crece, 560 millardos se van
a los bolsillos de una de cada cien familias.
El 20% de los ciudadanos más acaudalados (la porción verde de la
columna) posee el 85% de TODA la riqueza doméstica neta y el 80% del
valor de TODAS las acciones. Eso significa que el 80% inferior de los
ciudadanos de este país, representados en color amarillo, sólo posee el
15% de la riqueza total e incluso entre ellos la distribución de la riqueza se
acumula en su parte superior.
Recuerden, ya lo dijo Plutarco: El desequilibrio entre ricos y pobres es el
problema más antiguo y fatídico de todas las repúblicas. Lo primero que
viene a la mente es que ese estado de cosas hará que nuestra crisis
crediticia sea peor de lo que nos dicen. De la misma manera que a finales
de los años veinte, antes del inicio de la Gran Depresión, la enorme
brecha que existía entre ricos y pobres hizo que la gravedad de la crisis no
dependiese de la media de la riqueza, sino de su distribución, ASÍ
SUCEDERÁ AHORA. Si una amplia franja de la población carece de los
medios para capear el temporal, éste será más largo y más penoso de lo
que podría haber sido. ¿Qué significa que el 80% de nuestra población
sólo posea un escaso 15% del total de la riqueza? Significa que los
recientes esfuerzos de la Reserva Federal para poner cantidades masivas
de dinero a la disposición de los bancos más ricos e importantes, a
expensas de las clases más desposeídas, no solamente fueron un grave
error, sino también algo cruel y fuera de lo común. Lo cual me lleva a
hacer una fácil predicción: La disparidad de la riqueza en Usamérica

82

dificultará nuestra recuperación y hará que empeore nuestra situación
económica.
Sigamos. Para poder comprender por qué he estado insistiendo en esta
noción de activos cuyo valor fluctúa y depende de la proporción de
compradores frente a vendedores, haremos ahora una rápida incursión en
el terreno de la demografía.
Recuerden que el gobierno de Usamérica no sólo ha sido incapaz de
ahorrar en cualquiera de los programas de ayuda social que controla, sino
que todos ellos muestran cantidades astronómicas de números rojos, del
orden de decenas de billones de dólares. Esta situación ha sido posible
porque tales programas de ayuda social no son cuentas de ahorro, sino
que se nutren de las transferencias de riqueza que produce el trabajo y,
por lo tanto, dependen de que la relación entre trabajadores activos y
personas jubiladas sea positiva. Los déficit de estos programas se han
visto exacerbados por una perturbadora tendencia. En 1950, había siete
trabajadores activos por cada persona jubilada y el sistema estaba
equilibrado. El año 2005, la relación había bajado a sólo cinco
trabajadores activos por persona jubilada y el sistema ya emitía señales de
peligro. Cuando llegue el año 2030 la relación habrá caído a un valor
impracticable de menos de tres trabajadores activos por persona jubilada.
Esta tendencia se debe al denominado boom de la natalidad, es decir, el
enorme número de personas que nacieron inmediatamente después de la
Segunda Guerra Mundial debido a la esperanza que alimentó la llegada de
la paz. Veamos ahora los datos demográficos de Usamérica. Cada barra
horizontal representa a todas las personas vivas, en un momento dado,
por grupos de cinco años de edad: los denominados grupos etarios. El eje
vertical muestra la relación de todos los grupos etarios, desde menos de 5
años de edad hasta más de 100, y el eje horizontal expresa el número de
millones de tales personas. Pues bien, en el año 2006 las personas que
nacieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, esas
que la lengua inglesa denomina baby boomers, constituían un grupo
compacto de 75 millones, distribuidos en las cuatro barras rojas centrales.
Observemos ahora ese “espacio vacío” de población que se encuentra
cercado de verde por debajo de los baby boomers. No parece muy grande,

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pero constituye un peligro de graves proporciones para nuestros
programas de ayuda social, pues complicará enormemente nuestros
esfuerzos por resolver los niveles de deuda que acarreamos y nuestra
incapacidad nacional para el ahorro.
Esta imagen muestra una distribución más “normal” de la población, tal
como era en Usamérica en 1900. Los humanos habían evolucionado así
durante milenios. Se trata de una pirámide. También aquí vemos la
distribución por grupos etarios de cinco años de edad. Los varones están
situados a la izquierda, en rojo, y las mujeres a la derecha, en amarillo.
Una distribución así está perfectamente preparada para financiar
programas de ayuda social como los de Usamérica, basados en
transferencias directas de riqueza desde los trabajadores a las personas
jubiladas.
Pero si representamos este mismo tipo de gráfico de acuerdo con los
datos del año 2000, el “bulto” panzudo que se observa, debido a losbaby
boomers, es muy aparente. Este perfil demográfico no solamente pone en
peligro los programas de ayuda social, sino que supone un reto todavía
mayor a la hora de resolver nuestros problemas de deuda e incapacidad
para el ahorro, e incluso para el valor de nuestros activos.
Explicaré por que: Las personas nacidas después de la Segunda Guerra
Mundial, es decir, los baby boomers, son la generación más rica de la
historia, poseen casi todos los activos existentes y van a necesitar
enajenarlos para costear sus jubilaciones.
¿A quién creen ustedes que los baby boomers piensan vender sus
activos? ¿A este muchacho? Incluso si la generación de este muchacho
pudiese de alguna manera permitirse comprar esos activos, el problema
es que no es lo bastante populosa como para comprarlos.
Lo repito, para poder costear sus sueños de jubilación, los baby
boomers van a tener que vender sus activos. Pero ¿a quién?
Y, por último, si el endeudamiento masivo acumulado durante los últimos
23 años se debió al convencimiento de que el futuro iba a ser mucho mejor
que el presente, también deberíamos preguntarnos cómo podrá ser eso
posible, si los baby boomers están empezando a jubilarse y la gente que
viene tras ellos es menos numerosa. ¡Carajo! Lo mejor que puede hacer la
generación que ahora está entrando en el mercado es prepararse para

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trabajar duro, muy duro. Lo más penoso es que esos jóvenes empiezan a
trabajar sobrecargados con el mayor endeudamiento personal de la
historia, debido a los préstamos que tuvieron que solicitar para costear sus
estudios.
Este tipo de perfil demográfico nos va a acompañar durante décadas,
pues no hay manera de hacerlo desaparecer a voluntad ni mediante
política alguna. Se trata de algo inherente a la vida y más nos vale
reconocerlo y enfrentarnos a él, no ignorarlo.
La jubilación de los baby boomers ya ha empezado y su cadencia se irá
acelerando durante los próximos 15 años, lo cual hará que los próximos
VEINTE, lo repito, sean completamente distintos de los últimos veinte.
Y, ahora, ha llegado el momento ocuparnos de las burbujas artificialmente
creadas en torno a los activos. Si de verdad desean saber qué es lo que
nos espera en el futuro inmediato y por qué la Reserva Federal ha
sucumbido al pánico, es necesario que comprendan cuáles son los
mecanismos destructores de tales burbujas. Los espero en el Capítulo 15,
titulado “Burbujas”.


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CupiLuIo 1¸: Burbujus

Ahora, una vez estudiados los activos de Usamérica, dedicaremos este
capítulo a comprender las denominadas burbujas, para saber qué son,
cómo se forman y cuáles son sus consecuencias. De manera específica
examinaremos con todo detalle la burbuja inmobiliaria, porque está
sucediendo en estos momentos y es la mayor de toda la historia, además
de, probablemente, la más destructora.
A lo largo de la historia, el estallido de las burbujas financieras ha sido casi
siempre traumático. Las agitaciones sociales, políticas y económicas
tienen la mala costumbre de suceder a las burbujas financieras, toda vez
que la destrucción de la riqueza es uno de sus rasgos característicos.
En todo comportamiento económico irracional puede que resulte difícil
distinguir entre una burbuja, una obsesión y un mero toque de
exuberancia. El término burbuja se reserva para el colmo de la locura, y ya
se sabe que la historia es rica en locuras.

(Video de presentación)
Antes, las burbujas solían aparecer una vez en cada generación, ya que
se necesitaba tiempo para olvidar el dolor que causaban sus daños. En
estos momentos nos estamos enfrentando al estallido de una segunda
gran burbuja financiera, la burbuja inmobiliaria, pero entre el estallido de la
primera, que fue la burbuja de las punto.com, y esta de ahora sólo han
pasado 10 años, lo cual es algo asombroso y, desde luego, no tiene
precedentes.
Pero ¿cómo podemos saber que estamos en medio de una “burbuja
financiera”? ¿A qué se parecen estas burbujas y cuándo debemos esperar
su estallido?
La Reserva Federal suele decir en sus comunicados que no es posible
predecirlas, así que las descubrimos cuando estallan. Pero sí que es

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posible y su definición es bastante simple: “Existe una burbuja cuando la
inflación del precio de un bien de consumo crece por encima de lo que los
salarios pueden soportar”. Una burbuja es la imagen metafórica de las
personas cuando abandonan la razón y la prudencia en manos de la
esperanza y la codicia.
De entre la lista burbujas, obsesiones y excesos que acabo de mostrar,
veamos ahora una de las burbujas más interesantes, que tuvo lugar en
Holanda en el siglo XVII. Por alguna razón, la gente de aquella época se
encaprichó con los tulipanes y vio en ellos un camino infalible hacia la
riqueza, tras lo cual se inició una obsesión financiera. Sí, estoy hablando
de los tulipanes, esas flores que nacen de bulbos. La burbuja empezó
cuando se desarrollaron hermosas y únicas variantes de tulipanes en
diversos colores, después se incrementó el comercio de los bulbos y tuvo
lugar una locura especulativa. En el momento álgido de la burbuja, un solo
bulbo de la variedad más codiciada, la Semper Augustus que vemos aquí,
valía exactamente el mismo precio que la mejor casa del mejor canal.
Pero llegó un momento en que se dieron cuenta de que es posible cultivar
muchos tulipanes si uno se lo propone y que aquellos bulbos eran, al fin y
al cabo, sólo bulbos.
Dicen los anales que la locura de los tulipanes terminó todavía más
repentinamente de lo que había empezado, casi de un día para otro al
principio de la nueva temporada de ventas, en febrero de 1637. Aquel día,
empezó a soplar un viento silencioso que únicamente los perros y los
compradores podían escuchar, y los precios mordieron el polvo.
Este ejemplo ilustra las características de las burbujas. La primera es que
se autorrefuerzan en la subida, lo cual quiere decir que la subida de los
precios se convierte en la justificación para que suban todavía más y, la
segunda, que una vez disipada la ilusión, el globo se desinfla en un
momento y para siempre.
Un segundo ejemplo de burbuja tuvo lugar en el siglo XVIII y ha pasado a
los anales con el nombre de “La burbuja de la South Sea Company”.

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La South Sea Company, que en español podríamos traducir como la
Compañía de los Mares del Sur, fue una empresa a la que se otorgó el
monopolio del comercio con América del Sur mediante un tratado con
España. De hecho, los beneficios de la compañía eran bastante ordinarios
antes de que el monopolio gubernamental animase a la gente a especular
a lo loco sobre la base de su futuro valor potencial, de manera que el
precio de sus acciones subió como la espuma. Los especuladores ni
siquiera se detuvieron a pensar en un hecho muy extraño, que la South
Sea Company se anunciaba como “Una compañía para llevar a cabo una
empresa muy ventajosa, pero nadie sabe cuál”.
A Sir Isaac Newton le preguntaron una vez sobre la subida continua del
precio de las acciones de la South Sea Company, y respondió que “no
podía calcular la locura de la gente”. Es posible que inventase el cálculo y
describiese la ley de la gravedad, pero terminó perdiendo más de 20.000
libras esterlinas cuando estalló la burbuja, lo cual demuestra que la
inteligencia no garantiza estar a salvo de los instintos animales
despertados por una burbuja en expansión.
En 1720 surgió una obsesión que es un ejemplo de libro de burbuja
financiera. En ella están reflejados dos rasgos esenciales y adicionales de
las burbujas. Son aproximadamente simétricas en el tiempo y en el precio.
Quiero decir que, sea cual sea el tiempo que tarde en crearse la burbuja,
tardará aproximadamente el mismo tiempo en estallar, y los precios en
volver a sus niveles anteriores, si no es que más bajos. Aquí podemos ver
esos rasgos perfectamente plasmados. Observen esta forma. La
volveremos a ver otra vez, y otra, y otra.
Y esto es un gráfico del índice Dow Jones que se inicia en 1921. La
burbuja bursátil que precedió a la Gran Depresión siguió la misma
trayectoria descendente y necesitó el mismo tiempo para inflarse como
para desinflarse, tras lo cual los precios descendieron aproximadamente a
los mismos niveles del comienzo.
Aquí, la línea azul representa el precio de las acciones de General Motors
entre los años 1912 y 1922, mientras que la línea roja representa el precio
de las acciones de Intel entre 1992 y 2002. En esos dos períodos las
acciones de las dos compañías se vieron envueltas en una burbuja. Es de

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señalar que los datos sobre los precios de ambas acciones son muy
similares, y ello a pesar de que una era una compañía fabricante de
automóviles y la otra se dedicaba a la fabricación de microchips de alta
tecnología y que, además, las dos burbujas estuvieron separadas por un
lapso de 80 años.
El hecho de que las burbujas muestren los mismos comportamientos en
los precios a lo largo de los siglos quiere decir que no son artefactos de
sistemas financieros particulares, sino más bien algo creado por las
emociones humanas, en especial la codicia, el miedo y la esperanza.
Tales emociones no han cambiado con el tiempo y esa es la razón por la
que uno debería agarrar con fuerza su billetera cada vez que escuche las
palabras “Esta vez es diferente”.
En algún momento la gente empezó a creer lo que se decía de las casas.
Todo el mundo parecía convencido de que una casa era el camino que
lleva a la riqueza. Y que, además, era un camino mágico capaz de
transportar a la gente a un mundo ideal, incluso si pasaba el día sentada
en un sofá bebiendo cerveza.
Pero es imposible que eso sea verdad, deberíamos haberlo sabido. El
problema es que las burbujas enloquecen a las masas. A pesar de lo que
diga la gente, lo que establece el precio de la vivienda a largo plazo es el
costo de construir una casa nueva, lo cual quiere decir que el precio lo
establece la inflación.
Este sorprendente gráfico del precio de la vivienda ajustado a la inflación,
diseñado por Robert Shiller, muestra que entre 1890 y 1998 el precio de la
vivienda siguió estrechamente, y en paralelo, el recorrido de la tasa de
inflación. Cada vez que la línea del gráfico sube, el precio de las casas
sube con mayor rapidez que la tasa de inflación y cada vez que la línea
baja, pierde terreno con respecto a la inflación.
A lo largo de todo este período de 118 años la media del índice del precio
de la vivienda fue de 101,2, lo cual significa que el precio de la vivienda
ajustado a la inflación fue aproximadamente similar durante todo ese

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período. Los precios del mercado inmobiliario fueron estables en
comparación con la inflación, luego cayeron antes y durante la Gran
Depresión, se estabilizaron de nuevo y, más tarde, subieron
espectacularmente después de la Segunda Guerra Mundial.
¿Ven esa pequeña joroba que hay aquí? Se debió a una burbuja
inmobiliaria que todavía recuerdo, porque tuvo mucho impacto en la zona
del noreste del país donde vivía en aquel momento y no he olvidado que
pasaba con mi bicicleta junto a muchas casas abandonadas a medio
construir. He de señalar que esta burbuja inmobiliaria regresó a la línea de
base de manera simétrica, al igual que había sucedido con la burbuja de
1989.
Pero si las dos burbujas que acabamos de ver fueron inmobiliarias, ¿qué
es esta? Esta burbuja inmobiliaria no tiene precedente histórico ni puede
compararse con nada que hayamos vivido antes, ni siquiera remotamente
para servirnos de guía con respecto al impacto que pueda tener.
Y veamos también que esta burbuja no apareció de repente en 2004.
Empezó en 1998 y, cuando llegó el año 2000, ya había eclipsado a las dos
anteriores. Podrían preguntarse: “Si la Reserva Federal tenía acceso a
estos datos y sabía que estábamos metidos en una burbuja inmobiliaria ya
en el año 2000, ¿por qué entonces continuó bajando agresivamente las
tasas de interés hasta el 1% y las mantuvo en ese porcentaje durante un
año, entre 2003 y 2004?”
Se trata de una pregunta muy pertinente, a la que voy a responder
enseguida.
Si nos basamos en este gráfico, ¿dónde y cuándo se puede predecir que
la burbuja regresará a los niveles de precios del inicio? Bueno, las leyes
de la simetría sugieren que ese momento se situará en torno al año 2015,
mientras que la historia sugiere que los precios bajarán un 50% en
términos reales.
Otra manera de mirar el problema es según la capacidad de comprar de la
gente. Lo repito, a largo plazo es imposible que el precio medio de la

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vivienda suba más rápidamente que la media de los salarios. Pero, ¿por
qué? Pues porque la cantidad de dinero que la gente puede destinar al
pago limita el precio de las casas.
Este gráfico compara la media de los salarios con la media del precio de
las casas. Las burbujas de 1979 y 1989 no parecen muy importantes en
este gráfico, pero lo fueron. Están señaladas por flechas negras. El hecho
de que la media de los salarios no se desviase mucho de los precios de la
vivienda anteriores a las burbujas ayudó a limitar el impacto del estallido
de ambas burbujas, por muy doloroso que fuese, ya que el recorrido de los
salarios y los precios de la vivienda no fue muy largo antes de
reencontrarse de nuevo.
Pero ¿y esta vez? Lo repito, carecemos de precedentes históricos para
analizar la diferencia entre las subidas de los salarios y del precio de la
vivienda y vemos que, ya desde 1999, existían signos preocupantes de
que las cosas se estaban saliendo de control. Si nos basamos únicamente
en el aumento de los salarios, ¿cuánto debería caer el precio de la
vivienda para que ambas líneas se reencuentren otra vez? La respuesta
es un 34% en el ámbito nacional, lo cual indica que todavía no han bajado
lo suficiente: y como las burbujas son propensas a pasarse cuando van
cuesta abajo, tampoco se puede descontar que la caída sea de entre el
40% y el 50%. También podemos estimar al azar que el precio de la
vivienda podría tocar fondo entre 2000 y 2015. Recuerden que existe una
burbuja cuando la inflación del precio de un bien de consumo crece por
encima de lo que los salarios pueden soportar. Y eso es exactamente lo
que vemos en este gráfico.
¿Y que hacían los de la Reserva Federal durante todo ese tiempo?
Estaban escribiendo trabajos de “investigación” en los que se convencían
a sí mismos de que no había burbuja inmobiliaria, como puede
comprobarse en este estudio de 2004: “Are Home Prices the Next
Bubble?”, [es decir, “¿Será el precio de la vivienda la próxima burbuja?”].
El resumen inicial del estudio empezaba bien: “Los precios de la vivienda
han subido mucho desde mediados de los años noventa. Se teme que

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formen parte de una burbuja y sean vulnerables a un colapso, lo cual
podría afectar a la economía usamericana”.
Pero luego la conclusión principal del texto daba un volantazo y se salía de
la carretera. Veamos: “Sin embargo, un análisis cuidadoso del mercado
usamericano de la vivienda en años recientes no encuentra motivos para
esa inquietud. La subida de los precios se debe ampliamente a
características intrínsecas del mercado: los precios de la vivienda suben
cuando aumentan los salarios familiares y bajan cuando sube la tasa de
interés hipotecario.”
¡Un momento! ¿Qué dicen? ¿Que “suben cuando aumentan los salarios
familiares”? ¿Cómo? Uno de los hechos mejor conocidos de estos tiempos
es que los salarios familiares no han subido NADA durante los últimos
ocho años si se ajustan con la inflación, y ése es uno de los principales
fracasos de esta década. Una afirmación así demuestra que la Reserva
Federal está plagada de investigadores ineptos o parciales, y si yo tuviera
que elegir una de esas dos categorías para que nos saque de este
desastre, no sé cuál de ellas sería peor.
Pero a los investigadores de la Fed les pasó simplemente lo que a otros
muchos millones de personas: que fueron víctimas de la absurda frase
“Esta vez es diferente”. Así son las burbujas. La gente pierde el sentido
común, se aferra a todo tipo de razones para justificar lo que hace y, de
repente, un día desaparece la ilusión y lo que parecía más claro que el
agua deja de tener sentido. Y el día que eso sucede, el destino de la
burbuja se reduce a calcular la velocidad con la que estallará.
¿Qué importancia tiene eso para nosotros? Mucha, porque sufriremos sus
secuelas durante mucho tiempo.
Aunque resulte tentador echarle la culpa de lo que está sucediendo a la
burbuja inmobiliaria, vale la pena recordar que el tremendo aumento del
precio de las casas fue en sí mismo un síntoma de una burbuja crediticia
enloquecida.

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A finales del año 2000, cuando la burbuja crediticia estaba estallando, el
crédito total concedido se elevaba a 27 billones de dólares. A finales de
2007 era ya de 48 billones de dólares. Este aumento de 21 billones de
dólares en préstamos es cinco veces mayor que el aumento en el PIB
usamericano durante el mismo período. Cualquier intento que se haga
para entender la burbuja crediticia debe tener en cuenta este aumento
masivo de la deuda.
Pero, tal como señalamos en un capítulo anterior, esta burbuja crediticia
se ha estado creando durante 25 años. Para poder desentrañar la maraña
multigeneracional de esta parranda crediticia van a hacer falta muchos
cambios de actitud y de costumbres.
Una de las razones de que cualquier burbuja, pero en especial una
burbuja inmobiliaria como ésta, sea tan destructiva es que las inversiones
que suelen hacerse son malas.
Se construyeron demasiadas casas, demasiados centros comerciales,
demasiados departamentos, y casi todos ellos demasiado grandes y mal
situados con vistas a un futuro en el que la energía será muy cara.
Lamento decir que todos esos billones de dólares se fueron al cubo de la
basura y lo peor es que el mal uso impidió que se los dedicara a otras
cosas de verdad necesarias.
La Escuela Austríaca de Economía ha definido de forma escueta e
históricamente certera la manera en que suele terminar una burbuja
crediticia. Según Ludwig Von Mises,
“No hay manera de evitar el colapso final de un boom debido a la
expansión del crédito
Sólo hay dos alternativas: que la crisis llegue antes, tras el abandono
voluntario de la continua expansión del crédito, o después, tras la
catástrofe final y completa del sistema monetario implicado.”
Personalmente estoy de acuerdo con esa definición y por eso prefiero
colocar mi dinero fuera de la senda que lleva a un potencial colapso del
dólar. Como nación, hemos hecho desesperadamente todo lo posible para

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no abandonar la expansión del crédito, lo cual hace que el destino más
probable de nuestra moneda sea su hundimiento definitivo.
En cuanto al momento, la verdad es que no se hubiera podido escoger
peor. El hecho de tener que ocuparse de una burbuja inmobiliaria es lo
último que necesitábamos en este momento de la historia, pero eso es lo
que hay. Tanto la Reserva Federal como Washington han mostrado una
incapacidad administrativa y un descontrol tales que se les debería caer la
cara de vergüenza.
¿Qué podemos esperar de una burbuja crediticia que estalla? Dicho en
pocas palabras, todo lo que se alimenta y crece a consecuencia de un
crédito excesivo y fácil termina por colapsarse. Desconfío especialmente
de las acciones bursátiles, de los bonos de alto rendimiento y, por
supuesto, del mercado inmobiliario.
Creo que hay pocas maneras convencionales de proteger los bienes que
poseemos y, por eso, los invito a que empiecen a preguntarse (y, si tienen
un asesor o una consejera, a que empiecen a preguntarle también a esa
persona) cuál es la mejor manera de proteger sus bienes. Si lo hacen se
alegrarán.
Recuerden: esta vez probablemente NO es diferente.
Los espero en el Capítulo 16, en el que estudiaremos hasta qué punto nos
hemos complacido en creer medias verdades y otro tipo de mentiras. Su
título, “Las cuentas no cuadran”.

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CupiLuIo 16: ¡us cuenLus no
cuudrun

¿Qué pasaría si fuese verdad que, como Kevin Phillips afirmó
recientemente en un artículo de la revista Harpers, “Las estadísticas son
instrumentos vitales para calcular el vigor de la economía usamericana,
pero desde los años sesenta Washington ha estado embaucando a su
ciudadanía y acreedores con estadísticas oficiales manipuladas”?
¿Que pasaría si nuestras decisiones individuales, corporativas y
gubernamentales estuviesen basadas en datos profundamente inexactos,
cuando no totalmente falsos?
Ésa es la razón por la que en este capítulo vamos a estudiar los métodos
que sirven para calcular la inflación y el producto interno bruto, también
denominado PIB.
(Video de presentación)

Como ustedes ya saben, la inflación es un acto político deliberado. Si es
demasiado baja nuestro actual sistema bancario corre el riesgo de
quebrar; mientras que si es demasiado alta la mayoría de la gente pierde
sus ahorros y crece el nerviosismo político. Así que el truco está en
mantener la inflación a la temperatura de Ricitos de Oro, ni demasiado
caliente ni demasiado fría.
La inflación tiene dos componentes. El primero es la simple presión que
ejerce sobre los precios debida a la existencia de una cantidad demasiado
grande de dinero circulante. El segundo depende de las expectativas que
tenga la gente sobre la inflación que se avecina. Cuando la gente cree que
la inflación permanecerá bajo control, se dice que las expectativas están
bien ancladas. Pero si la gente esperauna subida de los precios, entonces
tiende a gastar su dinero antes de que pierda valor, lo cual retroalimenta la
inflación y la hace subir. Cuanto más rápido gasta la gente, más rápido
aumenta la inflación. Zimbabwe es un perfecto ejemplo moderno de esta
dinámica.

96

De acuerdo con estos principios, la política oficial sobre la inflación consta
de dos componentes: el primero consiste en regular la emisión de moneda
y el segundo en anclar las expectativas inflacionarias.
¿De qué manera se anclan? Con el tiempo, esta manera ha ido
reduciéndose a poco más que decirle a la gente que la inflación ha bajado
un poco o, a veces, mucho más de lo que lo hizo en realidad.
Los detalles de cómo se las arregla el gobierno para hacer esto son más
complicados, pero vale la pena estudiarlos. Dejaré claro desde este
momento que los trucos y las artimañas que vamos a estudiar no han sido
obra de un gobierno en particular o de un partido político concreto. En
realidad fueron aumentando con cada gobierno durante los últimos 40
años.
Con Kennedy, a quien le molestaban sobremanera los altos índices de
desempleo, se introdujo una nueva clasificación que eliminaba de los
titulares a los denominados “trabajadores desmoralizados”, es decir,
aquellas personas que ya ni siquiera buscaban trabajo, lo cual hizo bajar
las cifras de desempleo.
Johnson creó el “presupuesto unificado” que disfrutamos hoy en día, el
cual transfiere los fondos excedentarios de la Seguridad Social al
presupuesto general, donde se gastan pero no se incluyen como parte
integrante del déficit.
Richard Nixon nos legó la denominada “inflación central”, que excluye los
alimentos y la gasolina, lo cual, tal como dijo con sorna Barry Ritholtz,
equivale a publicar sólo la exflación de la inflación. Por último, Bill Clinton
nos dejó el inextricable laberinto estadístico que constituye hoy en día el
método oficial con el que calculamos la inflación.
Cada uno de los cambios fue dando lugar a una nueva manera de calcular
y notificar la inflación que, inevitablemente, presentaba los resultados no
como son, sino de color de rosa, es decir, según tales datos la actividad
económica iba siempre en aumento, la inflación era menor (muchísimo
menor) y había empleo para todos. Por desgracia, el impacto acumulativo
de todos estos datos manipulados ha dado lugar a que nuestros cálculos

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económicos hayan perdido toda relación con la realidad. La verdad es que
nos estamos siempre contando mentiras podridas, que distorsionan
nuestras decisiones y ponen en peligro nuestro futuro económico.
Empezaremos por la inflación, que depende del Bureau of Labor Statistics,
en español algo así como la “Oficina de estadísticas laborales”, más
conocida por su sigla, BLS. El BLS comunica la inflación mediante un
índice específico, denominado índice de precios al consumidoro IPC.
Si ustedes tuviesen que calcular la inflación, probablemente tratarían de
saber el precio de una canasta básica de un año para otro, restarían
ambas cantidades y hallarían la diferencia entre ellas. De hecho, ese
método sería el mismo que se utilizó oficialmente en este país hasta
principios de los años ochenta.
Pero en 1996 Clinton puso en práctica los resultados de la Comisión
Boskin, con los cuales ahora se calcula la inflación por medio de tres
rarezas: Sustitución, coeficiente de ponderación y hedonismo. Para
empezar, a causa del denominado efecto de sustitución ya no se calcula
simplemente el costo de bienes y servicios de un año para el otro. Gracias
a la Comisión Boskin hoy damos por sentado que cuando el precio de algo
sube, la gente compra otra cosa más barata. Así que, por ejemplo, cuando
el precio del pescado sube demasiado, se le elimina de la canasta básica
y se le sustituye por otro alimento más barato, como pueden ser las
salchichas. Mediante esta metodología, según el BLS el precio de los
alimentos subió un 4,1% de 2007 a 2008.
Sin embargo, el Farm Bureau, que podríamos traducir al español como
la Oficina de agricultura, no calcula la inflación de esta manera, sino que
de un año para otro utiliza la misma canasta básica con treinta productos.
Pues bien, según el Farm Bureau, los precios subieron un 9,2%, no el
4,1% que pretendía el BLS. Como verán, se trata de
una enorme diferencia. Si he de fiarme de cómo lo vivimos en mi familia a
la hora de comprar, creo que fue el Farm Bureau quien estableció la
verdadera tasa de inflación.
Una de las consecuencias del uso del factor sustitución es que el cálculo
de la inflación deja de ocuparse del costo de la vida y pasa a ocuparse
del costo de la supervivencia.

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Además, cualquier cosa cuyo precio sube demasiado rápidamente queda
sometida al denominado “coeficiente de ponderación geométrica”, con lo
cual la ponderación de tales bienes y servicios es menor a la hora de
establecer el IPC, porque se supone que la gente los comprará menos. Si
echamos mano de dos fuentes estadísticas distintas del gobierno,
encontraremos que la asistencia sanitaria constituye el 17% de nuestra
economía total, es decir, del PIB, pero en los cálculos de la canasta
básica, que sirve para calcular el IPC, sólo representa el 6%.
Y puesto que los costos de la asistencia sanitaria están subiendo con
enorme rapidez, el resultado de haber incluido una ponderación mucho
menor es una reducción artificial de las cifras de la inflación. Si en vez de
eso se utilizase el porcentaje real del gasto sanitario, nuestro IPC sería
significativamente mayor.
Pero el ajuste más descabellado de todos se obtiene a través del factor
denominado “hedonismo”, palabra griega que significa el placer como fin
supremo de la vida. Se supone que el factor hedonismo ajusta las mejoras
en la calidad, sobre todo las que conducen a un mayor provecho o utilidad
del producto, pero se ha trampeado su uso.
Veamos un ejemplo. Tim LaFleur es un especialista en televisores a
sueldo del Bureau of Labor Statistics, que como sabemos es el organismo
gubernamental donde se calcula el IPC. Me imagino que Tim trabaja en un
sitio parecido a éste. En 2004 observó que un televisor de 27 pulgadas se
vendía por 329,99 dólares, es decir el mismo precio que en 2003, pero la
pantalla era de mejor calidad. Una vez tomada en cuenta esta mejora
subjetiva, ajustó a la baja el precio de dicho televisor, es decir, le rebajó
135 dólares, lo cual le permitió concluir que la mejor calidad de la pantalla
equivalía a una reducción del 29% en el precio. El precio reflejado en el
IPC no fue el de la tienda, es decir, 329,99 dólares, que es lo que la gente
debía pagar, sino 195 dólares. ¿No es extraordinario? Para él, sí. Bureau
of Labor Statistics los televisores cuestan menos, lo cual significa que hay
menos inflación. Lo malo es que cuando uno va a comprarlos tiene que
pagar 329,99 dólares.
El hedonismo es un viaje sin boleto de regreso. Si este año compro un
nuevo teléfono para sustituir al viejo y ese nuevo teléfono tiene más

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botones, el BLS dirá que el precio ha caído. Pero si el nuevo aparato sólo
me dura ocho meses en vez de los 30 años que he tenido el viejo, nadie
se ocupará de ajustar esa pérdida. En pocas palabras, el factor hedonismo
se basa en la improbable suposición de que las nuevas mejoras son
siempre beneficiosas y equivalen a una rebaja del precio.
Con el tiempo, el BLS ha ampliado el uso de los ajustes hedonísticos y
ahora los aplica a todo: DVD, autos, lavadoras, secadoras, refrigeradores
e incluso libros de texto universitarios. El factor hedonismo sirve hoy en
día para ajustar el 46% del IPC total.
¿Qué pasaría si eliminásemos todas esas confusas manipulaciones
estadísticas para calcular la inflación como en los viejos tiempos? Por
fortuna alguien ya lo hizo. John Williams, del sitio web shadowstats.com,
se ha dedicado a rastrear minuciosamente todas las modificaciones
estadísticas realizadas a lo largo del tiempo y ha anulado sus efectos.
Según Williams, si hoy calculásemos la inflación de la misma manera que
a principios de los años ochenta, ésta se situaría en torno al 13%, en vez
del 5% que nos cuentan. Lo cual es una diferencia apabullante del 8%,
que explica a la perfección lo que vivimos en el día a día. Eso explica por
qué la gente tiene que pedir prestado más y ahorrar menos. Sus
ingresos verdaderos son inferiores a lo que se nos dice. Una tasa mayor
de inflación quiere decir mercados de trabajo más frágiles y niveles de
deuda más elevados. Representa con mucha mayor fidelidad el
crecimiento de la masa monetaria, y muchas cosas que resultaban difíciles
de explicar con los datos oficiales de baja inflación de repente adquieren
sentido.
El costo social de engañarnos a nosotros mismos es enorme. Para
empezar, si la inflación se calculase como antes, los desembolsos de la
Seguridad Social, cuyos aumentos se basan en el IPC, serían un 70% más
elevados de lo que son, pues dado que los aumentos del Medicare están
asimismo vinculados con el IPC, los hospitales tienen cada vez más
dificultades para equilibrar sus presupuestos y el resultado es que muchas
comunidades pierden servicios. Ésas son las verdaderas consecuencias.

100

Pero además de pagar menos con los cheques de ayuda social debido al
falseamiento de la inflación, los políticos sacan provecho de otra
manera muy importante.
El producto interno bruto, el PIB, sirve para saber si nuestra economía va
bien o mal. En teoría, el PIB es la suma total de todas las transacciones
con valor añadido en el interior de nuestro país durante un año dado.
Pero veamos un ejemplo de hasta qué punto el PIB se ha extraviado en
los meandros de la irrealidad. La cifra oficial del PIB en 2003 fue de 11
billones de dólares, lo cual implica que en 2003 hubo transacciones
económicas con valor añadido, basadas en dinero, de 11 billones.
Pero en realidad nada de eso sucedió.
En primer lugar, esos 11 billones incluían 1,6 billones de imputaciones, en
las que se suponía que se había creado un valor económico, pero en
realidad tales transacciones nunca ocurrieron.
La mayor parte de tales imputaciones correspondió al “valor” que el
propietario de una casa recibe por el simple hecho de no tener que
pagarse una renta a sí mismo. ¿Ahora entienden? Si usted ya ha pagado
su casa por completo y no debe nada de la hipoteca, el gobierno añade la
renta que supuestamente debería pagarse a sí mismo por vivir bajo ese
techo y añade dicha cantidad al PIB.
Otro truco es el beneficio que usted recibe por el hecho de que su banco
no le cobre por las transacciones de su cuenta bancaria. A esas
transacciones gratuitas el gobierno les imputa un valor, ya que si no
fuesen gratuitas usted debería pagar por ellas. Más claro, agua. Así
que ese valor se calcula al azar y se añade también al PIB. Calculadas
juntas, estas dos imputaciones añaden más de 1 billón de dólares a
nuestro PIB.
Pero, además, el PIB contiene muchos elementos hedonísticamente
ajustados. Por ejemplo, las computadoras están hedonísticamente
ajustadas para tener en cuenta el hecho de que, como son más rápidas y
tienen muchas más prestaciones que en años pasados, ayudana que
nuestra producción económica aumente.

101

Ese truco permite que cuando se vende una computadora por 1.000
dólares su contribución al PIB sea siempre superior a los 1.000 dólares.
Por supuesto, todo ese dinero extra es ficticio, ya que ni existe ni nunca
cambió de manos.
Lo curioso es que, en el cálculo de la inflación, los ajustes hedonísticos se
utilizan para reducir el precio aparente de las computadoras, mientras que
en el cálculo del PIB se utilizan para lo contrario, es decir,
para aumentar su precio aparente. Por ello, el factor hedonismo es una
maniobra para reflejar precios mayores o menores, aunque siempre falsos,
según resulte más conveniente.
¿Y a cuánto ascendieron los ajustes hedonísticos totales en 2003? A la
escandalosa cifra de 2,3 billones de dólares. Tomado en su conjunto, eso
significa que 3,9 billones de dólares, es decir, el 35% de nuestro PIB, se
basó en transacciones inexistentes, que nadie pudo ver, registrar o tocar.
Puritito humo. Eran transacciones inventadas, modeladas o imputadas,
pero que no aparecen en ninguna cuenta bancaria, pues no hubo dinero
alguno que cambiase de manos.
Por eso, cada vez que alguien les diga cosas como “nuestro nivel de
endeudamiento es todavía bastante bajo con respecto al PIB” o “el
porcentaje del PIB que representan los impuestos es el más bajo de la
historia”, no olviden que, como el valor del PIB está artificialmente elevado,
toda operación matemática que utilice CUALQUIER COSA como
numerador y el PIB como denominador dará un cocienteartificialmente
bajo.
A continuación procederemos a vincular inflación y PIB. El PIB que publica
el gobierno está siempre ajustado a la inflación, lo cual quiere decir que ya
se le ha restado la inflación. Eso es lo que se denomina PIB real, mientras
que antes de haberlo ajustado a la inflación es el PIB nominal. Se trata de
una operación importante, porque se supone que el PIB representa la
producción real, no el impacto de la inflación.
Por ejemplo, si toda nuestra economía consistiese en producir lámparas
de lava y fabricásemos una un año y otra al siguiente, deberíamos calcular
que el crecimiento de nuestro PIB es cero, ya que la producción habría
sido exactamente la misma.

102

De manera que si vendiésemos una lámpara de lava por 100 dólares un
año y por 110 dólares al siguiente, y al PIB no le restásemos el aumento
del precio, nuestro cálculo habría introducido inadvertidamente un
crecimiento del 10%. En este ejemplo, la economía real de la lámpara de
lava posee un valor de 100 dólares, mientras que el valor de su
economía nominal es 110 dólares. Pero lo que cuenta es la economía real,
porque lo que el PIB trata de medir es la producción, no el precio.
¡Aaaaaah! Ahora empezamos a entender la segunda razón por la que a
Washington le encanta que la inflación oficial sea baja: es porque el PIB se
expresa en términos reales. Los datos del gobierno indican que en el
tercer trimestre de 2007 nuestro PIB experimentó un fuerte y asombroso
crecimiento del 4,9%. Por aquellos días, muchos políticos declararon con
orgullo que aquella excelente noticia se debía a la bajada de los
impuestos, etc., etc. Lo que no dijeron, o si lo dijeron fue con la boca
pequeña, es que el PIB nominal era del 5,9%, del cual se dedujo una
inflación tan ridícula que deja con la boca abierta –el 1%– para poder
llegar a ese magnífico resultado final del 4,9%.
En caso de que alguien quisiera creer en la veracidad de ese porcentaje
del 4,9% que nos endosaron, tendría antes que aceptar sin pestañear que
nuestra inflación nacional era del 1% justamente durante el mismo período
en que el petróleo valía cerca de 100 dólares el barril y cuando en todo el
mundo se disparaba de forma irrefutable.
Para que no lleguen a pensar que he escogido maliciosamente un caso
aislado de astucia estadística, veamos ahora este gráfico del
denominado deflactor del PIB, que es una medición específica de la
inflación que se sustrae del PIB nominal para revelar el PIB real. Como
pueden ver, durante los pasados 15 trimestres, el Bureau of Economic
Analysis, es decir, la Oficina de análisis económicos, ha estado tranquila y
sistemáticamente sustrayendo porcentajes cada vez menores de inflación,
lo cual es un insulto al sentido común, sobre todo si se tiene en cuenta la
inflación en el mundo real. Recuerden, cada porcentaje de inflación que
se subestima es un porcentaje del PIB que se exagera.
Si esto que les digo no es engañarnos a nosotros mismos, entonces habrá
que pensar que estamos delirando. Me gustaría que se acordasen de esta

103

trampa falaz cada vez que alguien les diga que “nuestra robusta economía
sigue en expansión”.
Si en vez de hacer caso de las cifras oficiales las calculásemos nosotros
mismos o utilizáramos las de John Williams, veríamos que hace ya
bastante tiempo que entramos en recesión. ¡Vaya, vaya!
De repente muchas cosas que resultaban difíciles de entender adquieren
sentido. Negocios que pierden fuerza, ejecuciones hipotecarias, pérdidas
de empleo, aumento de los déficits presupuestarios, reducción de las
entradas públicas en concepto de impuestos, disminución de las ventas de
automóviles… todo eso se debe a la recesión, no a ninguna expansión.
Y los mismos trucos estadísticos que acabamos de desenmascarar se
utilizan en los datos de la renta, el desempleo, el precio de la vivienda, los
déficits presupuestarios y prácticamente en cualquier otra estadística
económica gubernamental. Cada uno de esos datos está sesgado por una
serie de truculencias estadísticas que los muestran de color de rosa.
Estamos en medio de una temible crisis crediticia, en una burbuja que ha
estallado y en la primera ola de jubilaciones de baby boomers, de manera
que lo que necesitamos es información creíble para poder salir del hoyo,
no mentiras. Terminaré con otra cita de Kevin Phillips: “…es posible que
nuestra nación lamente un día el haberse olvidado de la historia, del riesgo
y del sentido común”.
Esa es la razón por la que deberían preocuparse de aprender algo tan
aburrido como la manera de calcular el PIB y la inflación.
Y ahora ya saben por qué las cuentas no cuadran. Los espero en el
Capítulo 17, Parte A, en el que hablaremos del pico del petróleo y su
relación con nuestro futuro económico.

104



103

CupiLuIo 1;u: EI pIco deI
peLróIeo

Este capítulo sobre el pico del petróleo es trascendental. Recordarán que
en el Capítulo 3 dije que vincularíamos los componentes de la sigla
“EEMA”. Por el momento vamos a vincular Economía y Energía. Se trata
de uno de los capítulos más importantes del Crash Course y deseo
reconocer públicamente mi deuda con los cientos de estudiosos que, con
suma dedicación y paciencia, fueron reuniendo los datos aquí presentados
y trabajaron sin descanso para avanzar en la comprensión del papel que
desempeña la energía en nuestras vidas. Rindo aquí homenaje a esas y a
muchas otras fuentes.
La energía es la sangre que da vida a cualquier economía. Pero cuando
una economía se basa en un sistema monetario de deudas exponenciales
y al mismo tiempo necesita para funcionar un suministro también
exponencial de energía, la oferta existente de dicha energía exige la
mayor atención.
Si nos detenemos en el consumo de energía en Usamérica, representado
aquí por este gráfico del Departamento de Energía, veremos que el
petróleo representa más del 50% de nuestra energía anual. Si se
consideran juntos el petróleo y el gas natural, ese porcentaje alcanza y
sobrepasa el 75% de nuestra energía, calculada en cuatrillones de BTU,
es decir, de British Thermal Units o unidades térmicas británicas, que
representan la cantidad de energía necesaria para elevar un grado
Fahrenheit la temperatura de una libra de agua en condiciones
atmosféricas normales.

(Video de presentación)

Vamos a examinar el petróleo con todo detalle, pero prácticamente todo lo
que diga sobre el petróleo puede aplicarse al gas natural.
Para poder comprender lo que significa el “pico del petróleo” es necesario
que sepamos cómo están físicamente estructurados los yacimientos y de

106

qué manera se extrae el petróleo. Existe la falsa idea de que basta con
colocar una plataforma petrolífera encima del yacimiento, perforar luego un
agujero y por fin insertar una tubería para que, a través de ella, empiece a
brotar el petróleo proveniente de un gran lago subterráneo hasta que, un
día, cuando ha salido todo, el pozo se seca.
No es así. En realidad los yacimientos subterráneos están formados por
roca sólida y el petróleo se encuentra en rocas porosas, como arenisca,
las cuales permiten que el petróleo fluya a través de grietas y poros. No
existen grandes cavernas o lagos de petróleo en el subsuelo. El petróleo
ha de ser extraído cuidadosamente de una matriz rocosa muy sólida.
Para entenderlo mejor, se puede comparar un yacimiento de petróleo a
un Bloody Mary, en el cual el petróleo sería el cóctel de vodka y tomate,
mientras que la roca sería el hielo picado. Cuando se perfora un
yacimiento, la cantidad de petróleo que brota al exterior sigue un patrón
previsible a lo largo del tiempo, que termina pareciéndose a una curva en
forma de campana. Al principio, para seguir con el símil delBloody Mary,
cuando descubrimos la bebida, nuestra copa sólo tiene un popote para
sorber, pero luego, con la excitación que provoca, otros se apuntan y le
van introduciendo cada vez más popotes, lo cual hace que aumente la
cantidad de líquido que sale al exterior. Pero llega un momento en que,
por muchos sorbetones que se den o muchos popotes que se añadan,
el Bloody Mary ya se terminó y lo único que queda en la copa es el hielo.
Así es como funciona un pozo de petróleo.
Cada uno de los yacimientos de petróleo explotados hasta la fecha ha
mostrado ese mismo perfil de extracción. Y lo que es verdad para un
yacimiento es también verdad para todos los demás considerados en su
conjunto, porque si los pozos individuales alcanzan un pico, la suma de
todos los pozos también la alcanza. Por eso, el pico del petróleo NO es
una teoría abstracta, sino la descripción de un fenómeno físico
perfectamente caracterizado.
Lo que sí es algo teórico es cuánto petróleo queda por descubrir, pero el
proceso mediante el cual los pozos petrolíferos se agotan está
perfectamente comprendido. El pico del petróleo es un hecho
incuestionable. También es preciso añadir que pico del petróleo NO

107

equivale a “fin del petróleo”. Cuando se alcanza el pico, todavía queda
más o menos la mitad del petróleo en el interior del pozo.
Pero una vez que se llega a esta mitad del camino sucede algo muy
interesante. Mientras que, al principio, el petróleo brota del subsuelo con
mucha presión, una vez que ya sólo queda la mitad debe ser
laboriosamente bombeado hacia afuera, obviamente a un alto precio. De
la misma manera que durante la parte ascendente de esta curva en forma
de campana de extracción de cada barril es barata, la parte descendente
de la curva se vuelve cara y cada nuevo barril es más costoso en tiempo,
dinero y energía necesarios para su extracción. Hasta que llega un
momento en que cuesta más extraer un barril de petróleo que su valor
neto y es en ese momento cuando se abandona el pozo.
Veamos ahora nuestra propia experiencia en Usamérica. Desde el primer
pozo que se perforó en 1859 hasta el año 1970 la extracción de petróleo
procedente del subsuelo, representada por la línea azul, fue en aumento.
Pero después de aquel punto empezó a disminuir. Por lo tanto, se dice
que Usamérica alcanzó el pico de su producción petrolífera en 1970, con
una cantidad inferior a 10 millones de barriles al día. En la actualidad,
produce menos de 5 millones de barriles al día. Ésos son los hechos.
Si se considera SOLAMENTE nuestro consumo de petróleo en este país,
la diferencia hasta alcanzar los 15 millones de barriles que consumimos al
día debe obtenerse mediante importaciones. Lo cual quiere decir que
importamos 2/3 de nuestras necesidades diarias.
Pero si alguien quiere producir petróleo primero tiene que descubrirlo,
¿no? Porque lo difícil es bombear algo sin haberlo encontrado antes.
Los hallazgos de yacimientos de petróleo en Usamérica llegaron a su pico
en 1930, lo cual quiere decir que entre aquel año, 1930, y el pico de
la producción de 1970 transcurrieron 40 años. No olviden esa cifra, 40
años.
Veamos una interesante aportación al margen: Supongan que quisiéramos
eliminar nuestra “dependencia” del petróleo importado y decidiésemos
reemplazar esos 10 millones de barriles diarios por otras formas de
energía. Esos 10 millones de barriles de petróleo que importamos

108

equivalen en poder energético a 750 centrales nucleares. Pero si
pensamos en los problemas que hemos tenido con las 104 que ahora
funcionan en nuestro país, creo que no exagero si digo que la energía
nuclear no es una candidata realista para compensar la reducción de las
importaciones de petróleo. Entonces, ¿hasta qué punto deberíamos
incrementar nuestra producción actual de energía solar, eólica y de
biomasa? Bien, deberíamos multiplicarla por un factor de 2.000. Ojo, no
estoy hablando del 2.000%, sino de 2.000 veces nuestra producción
actual.
Pero si ahora desviamos nuestra mirada hacia los hallazgos de
yacimientos de petróleo en el resto del mundo, veremos que fueron
aumentando década a década hasta la de los sesenta y, a partir de
entonces, empezaron a disminuir también década a década. Las
proyecciones futuras son incluso más sombrías. ¿En qué momento se
sitúa el pico exacto de los hallazgos de pozos de petróleo? Exactamente
en 1964, hace ahora más de 40 años, lo cual no es ninguna teoría, sino
otro hecho cruel, frío e incuestionable.
Recuerden, para poder producir petróleo primero hay que descubrirlo.
Y éste es el tercer y último hecho incuestionable que quiero presentarles
sobre la producción: Se trata de un gráfico que muestra solamente la
producción de crudo convencional en el mundo, es decir, no incluye los
biocombustibles y otros líquidos que, en conjunto, ascienden sólo a 10
millones de barriles al día. El crudo convencional posee el mayor poder
energético de todos los combustibles y, por sí solo, es el responsable del
crecimiento mundial de los últimos 100 años. Aquí podemos ver que, por
la razón que sea, la producción de petróleo se ha estancado en una curva
de recorrido plano, horizontal, desde mediados del año 2004. Desde
luego, el precio no ha tenido nada que ver con ese recorrido plano, porque
subió de 50 dólares el barril en 2005 hasta 120 dólares en 2008.
Y si alguna vez el mercado necesitó petróleo con urgencia fue esta vez.
¿Es posible, pues, que este gráfico nos esté diciendo que la producción de
crudo convencional ha llegado al pico? Desde luego, la doble señal de un

109

rápido aumento del precio junto a una producción de recorrido plano
parece indicarlo claramente. Vale la pena recordar que el pico mundial de
los hallazgos de petróleo ocurrió exactamente 40 años antes de que la
curva de este gráfico de producción dejase de subir, lo cual parece ser una
repetición de los 40 años que también transcurrieron en Usamérica entre
el pico de los hallazgos locales de yacimientos y el pico de producción de
éstos. Expresado de esta manera quizá no parezca grave, así que lo diré
sin pelos en la lengua: Si de verdad hubiésemos llegado al pico del
petróleo mundial, tal como estos datos sugieren que es posible, la
situación sería gravísima.
Sin embargo, lo verdaderamente inaplazable en este momento no es la
identificación del momento exacto del pico del petróleo, que no es más
que un dato académico de cara a la galería, sino el hecho peligrosísimo de
que los trastornos económicos empezarán tan pronto como exista una
diferencia entre la oferta y la demanda.
Este gráfico nos ofrece una manera muy sencilla e inteligente de entender
el problema de la oferta y la demanda. Lo desarrolló un geólogo de Dallas
llamado Jeffrey Brown y lo denominó Export Land Model, que podría
traducirse por Modelo de exportación interna. Supongamos un hipotético
país que produjese 2 millones de barriles de crudo al día y cuya
producción estuviese disminuyendo a una tasa del 5% anual. Vemos aquí
que ese país podría exportar 2 millones de barriles, pero al cabo de 10
años las exportaciones habrían disminuido a 1.250.000 barriles al día.
Hasta aquí no parece haber problema. Pero ahora supongamos que ese
mismo país necesite petróleo para su consumo interno, como les sucede a
todos los países, que consumen 1 millón de barriles al día y cuya
demanda interna aumenta a una tasa del 2,5% anual. Eso también parece
razonable.
¿Qué sucederá con las exportaciones en este modelo? Pues que al cabo
de 10 años caerán a cero. Éste es el milagro del interés compuesto que ya
estudiamos al principio del Crash Course, pero a la inversa, pues las
exportaciones disminuyen tanto por el declive del propio petróleo como por
el aumento del consumo interno. Se trata de un escenario muy realista,
porque hoy en día ya podemos observar que la producción está en

110

declive, incluso si la demanda está subiendo en muchos países. En el
caso de México, que en la actualidad es el tercer exportador de petróleo a
Usamérica, el declive de su producción y el aumento de su consumo
interno eliminarán por completo sus exportaciones en 2011 o 2012.
¿Dónde encontrará Usamérica una nueva fuente de petróleo en los
próximos tres o cuatro años?
Lo que está en disputa es el momento preciso en que tendrá lugar el pico
del petróleo, ya que las estimaciones varían entre ahora mismo y dentro
de 30 años. Pero, tal como ya he dicho antes, el momento preciso de
dicho pico es sólo un dato académico de cara a la galería, puesto que el
auténtico problema es qué pasará cuando la demanda mundial de petróleo
supere a la oferta disponible. Será en ese preciso momento cuando los
mercados petroleros cambiarán para siempre y, con toda probabilidad,
sucederá de la noche a la mañana. En primer lugar, seremos testigos de
incrementos masivos del precio del petróleo, eso será algo ineludible.
¿Recuerdan cuando la “escasez” de alimentos nos sorprendió de repente
en febrero de 2008? Se debió a la percepción de que la demanda excedía
a la oferta, lo cual condujo a que muchos países prohibiesen de forma
inmediata las exportaciones de alimentos. Esta misma dinámica de
acaparamiento nacional será con certeza uno de los rasgos del mercado
mundial del petróleo cuando surja la percepción de que existe escasez de
crudo. Cuando suceda, nuestras inquietudes con respecto al precio
pasarán a segundo plano, reemplazadas por el terror que nos producirá la
escasez.
Pero si queremos comprender por qué el petróleo es tan importante para
nuestra economía y nuestra vida diaria es preciso que sepamos antes qué
es lo que nos proporciona sin que, aparentemente, nos demos cuenta. Si
valoramos cualquier fuente de energía es porque podemos ponerla a
nuestro servicio. Por ejemplo, cada vez que ustedes prenden una bombilla
de 100 vatios es como si tuviesen a su servicio a un ser humano que
pedalease con todas sus fuerzas para mantener iluminada esa bombilla.
100 vatios es la energía que utiliza una sola bombilla. En la sombra, sin
que nadie los vea, es como si cuando ustedes dejan correr el grifo, se
duchan con agua caliente o quitan el polvo con el aspirador tuviesen 50
empleados pedaleando desesperadamente para producir la energía que

111

requieren esos actos cotidianos. Cincuenta “esclavos” son muchos más
que los que poseían los reyes del pasado. Por eso podría decirse que, hoy
en día, todos vivimos como reyes en este país, sin embargo no le damos
importancia, porque nos parece la cosa más normal del mundo.
Veamos ahora cuánto trabajo humano equivalente contiene un galón, es
decir 3,78 litros de gasolina, que es nuestro líquido favorito. Para saberlo,
introduzcan un galón de gasolina en el depósito de su coche, manejen
hasta que se agote y, luego, regresen a casa empujando el coche. Es la
mejor manera de enterarse. Para expresarlo en cifras, un galón de
gasolina, es decir, 3,78 litros, contiene la energía equivalente de 500 horas
de dura labor humana, es decir, 12 semanas y media de trabajo a razón
de 40 horas por semana.
Entonces, ¿cuánto vale un galón de gasolina? ¿4 dólares? ¿10 dólares?
Si tuviesen que pagar a razón de 15 dólares la hora a este pobre hombre
para que empujase el coche hasta su casa, el galón de gasolina
alcanzaría el valor de 7.500 dólares.
Veamos otro ejemplo. Se calcula que la cantidad de alimentos que el
usamericano medio consume cada año requiere el equivalente energético
de 400 galones, es decir, de 1.512 litros de petróleo en concepto de
producción y transporte.
A razón de 4 dólares el galón, la factura asciende a 1.600 dólares, lo cual
a simple vista no parece exagerado. Sin embargo, si consideramos que
esos 400 galones representan la energía equivalente de 100 seres
humanos trabajando todo el año 40 horas por semana, la cosa cambia por
completo. Vista desde este ángulo, su dieta personal hubiese estado fuera
del alcance de la mayoría de los reyes del pasado. Para ponerlo en el
contexto real, digamos que la producción y distribución de alimentos
acaparan 2/3 de nuestra producción interna de petróleo. Ésa es una de las
razones por la que el cese de las importaciones sería, por decirlo
suavemente, problemático.
Pero aparte de que el petróleo trabaja sin descanso en la sombra para
facilitarnos la vida, y ello sin parangón alguno con cualquier momento
histórico anterior, este líquido es un milagro en otros muchos aspectos.

112

Esta fotografía muestra a una típica familia usamericana a la que se le
pidió que exhibiese delante de su casa todos sus objetos derivados del
petróleo. ¿Que les parece?
¿Creen que sería fácil reemplazar el petróleo de nuestra economía,
basada en el consumismo y el crecimiento? No, no sería fácil. En la
actualidad utilizamos el petróleo principalmente para el transporte, que
acapara en torno al 70% de todo el consumo, como muestra la línea roja.
Dicho porcentaje puede descomponerse en bloques, que incluyen el
transporte en sí mismo, en azul; las necesidades de la industria, en rosa;
el hogar, con la calefacción y las idas y venidas entre el hogar y el trabajo,
en amarillo. ¿Saben a que corresponde esa delgada banda color violeta?
Al petróleo utilizado para generar electricidad. Exceptuando los
biocombustibles, que comentaremos más adelante, lo único que
producen todas las fuentes de energía renovable es calor o electricidad, lo
cual significa que incluso si TODA la electricidad y la calefacción que
ahora nos ofrece el petróleo pasáramos a producirla con energías
renovables, lo único que habríamos solucionado sería esa delgada banda
color violeta.
Por no hablar de los procesos industriales, en los que el petróleo alimenta
prácticamente de forma exclusiva innumerables necesidades de la vida
diaria, como son los fertilizantes, los plásticos, las pinturas, las fibras
sintéticas, innumerables procesos químicos y los viajes en avión. El
problema es que si consideramos otras fuentes potenciales de energía, la
triste realidad es que son incapaces de proveer tales necesidades.
Los biocombustibles y el carbón podrían potencialmente ocuparse de tales
funciones, pero desde luego no sin un programa masivo de reinversiones
y, de ninguna manera, a corto plazo.
Veamos ahora unos pocos hechos incuestionables. Para poder producir
petróleo primero hay que encontrarlo, ya lo hemos dicho; por eso, el
Hecho incuestionable N.º 1 es que el pico de los hallazgos mundiales de
petróleo se alcanzó en 1964. En Usamérica, el pico de los hallazgos
nacionales de petróleo se alcanzó en 1930 y, 40 años después, sobrevino

113

el pico de la producción. Hoy, en 2009, hace ya 45 años que se alcanzó el
pico de los hallazgos mundiales de petróleo.
El Hecho incuestionable N.º 2 es que la producción mundial de crudo
convencional ha permanecido plana durante los últimos cuatro años, y ello
incluso si los precios subieron un 140%. Si se consideran juntos los
hechos incuestionables 1 y 2, podría decirse que existe laposibilidad de
que hayamos alcanzado el pico del petróleo. Si fuese verdad, más nos
valdría haber empezado a prepararnos hace una década, si no más, para
este momento.
El Hecho incuestionable N.º 3 es que la importación usamericana de
petróleo equivale en energía a 750 centrales nucleares, lo cual es siete
veces el número de centrales nucleares que ya tenemos y casi el doble del
número total de centrales nucleares que existen en el mundo.
Retomemos ahora los conceptos claves del Crash Course. El Concepto
clave N.º 9 es que el pico del petróleo es un proceso bien establecido, que
describe desde el punto de vista físico la manera en que envejecen los
yacimientos de petróleo. Disponemos literalmente de miles de estudios
sobre esto, de manera que no es un concepto abierto al debate. Lo único
que cabe discutir es cuándo llegará este pico.
El Concepto clave N.º 10 es un secreto a voces del que ni siquiera nos
damos cuenta: La cantidad de trabajo que el petróleo realiza para el
usamericano medio equivale al trabajo de cientos de esclavos que éste
tuviese a su disposición. Es ese trabajo que realiza el petróleo lo que hace
que nuestras vidas sean como son, asombrosamente confortables en
comparación con los modelos históricos del pasado. El tipo de vida que
lleva cualquier familia de clase media en Occidente sería la envidia de los
reyes medievales.
El Concepto clave N.º 11 es que el petróleo es una sustancia mágica, de
abastecimiento finito, pero de una importancia ilimitada. No se trata de
ninguna exageración.
La transición desde una fuente energética a otra es una proposición
endiabladamente cara, que plantea retos descomunales en lo que
respecta al costo, a la escala y al tiempo. Los humanos necesitaron
muchísimos años para pasar desde la madera al carbón como fuente

114

energética mejor. Luego, durante varias décadas hicieron la transición
desde el carbón al petróleo, por la misma razón que sus antepasados, la
mejora energética. Sin embargo, los candidatos que hoy existen
para sustituir al petróleo carecen de capacidad energética para mejorar la
del propio petróleo. La tecnología no es una fuente de energía –puede
ayudarnos a explotar nuestra energía con mayor eficiencia–, así que
confundir tecnología con fuentes de energía es un enorme error.
Y, por último, es fundamental que nos preparemos para cuando la oferta
de petróleo se vea excedida por la demanda. Lo cual da lugar al Concepto
clave N.º 12: Las exportaciones de petróleo están bajando por dos
razones: el aumento de la demanda y la disminución de la producción. Lo
cual significa que el momento en que las naciones del mundo se den
cuenta por fin de que no hay bastante petróleo para todos puede llegar
mucho más pronto de lo que cree la mayoría. Las funciones exponenciales
son un concepto difícil de entender para los seres humanos y las
exportaciones de petróleo están sujetas doblemente a este concepto,
razón por la cual la tasa de declive en la producción de petróleo es
sorprendentemente elevada.
Con dichas palabras se termina este brevísimo recorrido por el pico del
petróleo. Si todavía no conocen en profundidad lo que es el pico del
petróleo deberían darse prisa en aprenderlo, porque es algo de suma
importancia para su futuro. En mi sitio web pueden encontrar toda la
información necesaria sobre libros esenciales, artículos esenciales y
páginas sobre recursos.
En el siguiente capítulo hablaremos de la intersección entre Energía y
Economía. En él demostraré por qué no fue algo casual que nuestro
sistema monetario, basado en la deuda, empezase a crecer precisamente
en el mismo momento en que se descubrió una fuente de energía de alta
calidad, capaz de crecer exponencialmente a su lado, el petróleo.
Los espero en el Capítulo 17, Parte B, titulado “Economía de la energía”,
en el cual estudiaremos la importancia de la energía para nuestros
sistemas económicos y monetarios particulares.

113

CupiLuIo 1;b: Economiu de Iu
energiu

En este capítulo entramos en la línea de pensamiento que guía mis
hábitos adquisitivos y de inversión, y que se me ha ocurrido llamar
economía de la energía.
Cuando se empezó a utilizar por primera vez el petróleo con fines
industriales, la población mundial contaba con 1.500 millones de personas
y los barcos de vela todavía surcaban los mares junto a los barcos de
vapor. Desde entonces, la población mundial se ha cuadruplicado, la
economía es veinte veces mayor y el uso de la energía se ha multiplicado
por más de cuarenta.
Todos somos conscientes de los enormes beneficios obtenidos de esta
explosiva liberación del potencial humano. Para poder apreciar la fragilidad
que pone en peligro la persistencia de tal abundancia deberemos
comprender el papel que la energía representa actualmente en la
conformación de nuestra sociedad.
(Video de presentación)

En el Capítulo 5 del Crash Course expliqué que tanto el crecimiento como
la prosperidad dependen de los excedentes. Pero no sólo el crecimiento y
la prosperidad dependen de los excedentes, también es el caso de otro
importante elemento social. Si consideramos que este rectángulo amarillo
representa la totalidad de la energía alimentaria disponible para los seres
humanos de una sociedad y luego establecemos la cantidad exacta de
alimentos que esos seres humanos necesitan únicamente para obtener
más alimentos y permanecer con vida, veremos que su sociedad sería
muy rudimentaria y no demasiado compleja.
Si en vez de eso fuesen capaces de producir un poco más, es decir 1,2
calorías por cada caloría gastada, habrían alcanzado el mismo equilibrio
energético que existía en los tiempos medievales. Ese escaso 20% de

116

excedente energético basta para que existan jerarquías acaudaladas,
aparezcan especializaciones en el trabajo y se construyan grandes obras
arquitectónicas.
Con el necesario excedente energético, los seres humanos pueden llevar
a cabo en poco tiempo importantes y complejas creaciones, como
demuestran estas dos fotografías de Dubai, país rico en petróleo, tomadas
con una diferencia de 17 años.
Lo cual nos lleva a formular el Concepto clave N.º 13 del Crash Course:
“La complejidad social se basa en la energía excedentaria”. Las
sociedades que pierden complejidad sin desearlo son claramente lugares
poco agradables para vivir. Si se tiene en cuenta lo que acabo de decir,
¿acaso no deberíamos determinar con atención cuál es nuestro excedente
de energía… y de dónde procede?
A continuación vamos a estudiar la noción de presupuesto energético. Es
exactamente lo mismo que el presupuesto doméstico, pero en su ecuación
no se utilizan dólares. Funciona de la siguiente manera:
En cualquier momento dado existe una cantidad definida de energía
disponible para el uso que uno quiera darle. En este bloque amarillo
incluiremos todas la energías disponibles, solar, eólica, hídrica, nuclear,
del carbón, petróleo, gas natural… y cualquier otra que se nos pudiera
olvidar en este momento.
Se trata de nuestra energía total para darle el uso que mejor nos plazca.
Pero si queremos disponer de más energía al año siguiente, es obvio que
deberemos reinvertir algo de esta energía en tratar de encontrar más
energía. También deberemos invertir en construir y mantener la
infraestructura que nos permita acumular y distribuir energía, y mantener
una sociedad compleja. Se trata de carreteras, puentes para oleoductos,
torres de alta tensión, edificios, etc.
El resto de la energía se dejará para el consumo. Una parte va a las
necesidades básicas para vivir, tales como agua, alimentos y vivienda, y
otra para consumir a discreción, ya se trate de viajes de placer, fiestas o
regalos.

117

Para simplificar esto un poco más, podemos dividir el uso de la energía en
dos grandes bloques: La energía que debe reinvertirse para mantener todo
en marcha (en rojo) y la energía que se utiliza a discreción (en verde).
Este presupuesto energético se gestiona exactamente igual que el de los
ingresos económicos. Supongamos que su familia dispone de 50.000
dólares al año y que sus impuestos sobre la renta ascienden el 30% de
esta cantidad. Eso significa que su familia dispone de 35.000 dólares para
comprar alimentos, gasolina para el coche, pagar la vivienda y,
probablemente, algunas otras cosas. Si por alguna razón esto se invirtiese
y, de improviso, su familia dispusiera de sólo 15.000 dólares para los
gastos del hogar, la situación cambiaría drásticamente. Es posible que su
familia sólo pudiese entonces costearse los alimentos y la vivienda, y
tuviera que renunciar al coche, a nuevos aparatos electrónicos y a las
vacaciones. Su vida se vería simplificada por la fuerza, porque no podría
costearse ciertas cosas. No sería agradable.
Me gustaría que empezasen a reflexionar sobre la cantidad de energía
que sería necesario reinvertir para obtener más energía, algo así como si
se aplicasen a sí mismos un impuesto sobre su salario.
Les diré por qué.
Olvídense de cuánto cuesta la energía, porque eso es irrelevante, sobre
todo en los tiempos actuales, en los que el dinero se imprime de la nada,
sin respaldo alguno. En vez de eso, vamos a centrarnos en cuánta
energía se necesita para obtener más energía y voy a demostrarles
que eso es lo único que importa. Por fortuna, se trata de un concepto fácil
de captar: se denomina “Energía neta”.
Para calcular la energía neta hay que dividir la cantidad de energía que
obtenemos por la cantidad de energía que hemos utilizado para
obtener dicha energía. Es decir, la energía obtenida dividida por la
energía invertida. La energía invertida equivale a los impuestos, mientras
que la energía obtenida equivale al salario que traemos a casa. Imaginen
que toda la energía necesaria para perforar un pozo de petróleo fuese un
barril de petróleo y que de dicho pozo se obtuviesen 100 barriles.
Podríamos decir que la energía neta obtenida sería el cociente de 100

118

dividido por 1. Los impuestos pagados serían un barril por cada 100 o,
dicho de otro modo, el 1%. Otra manera de expresarlo, que encontrarán
con frecuencia en los textos anglófonos dedicados a la energía,
es Energy Returned on Energy Invested, o bien su siglaEROEI. En
español esto significa “energía obtenida de la energía invertida”. Por el
momento, en este capítulo, vamos a utilizar únicamente el concepto de
“energía obtenida dividida por energía invertida”, ya que es más fácil de
visualizar y esencialmente se trata de la misma cosa.
Vamos ahora a visualizarlo comparando con imágenes la relación entre la
energía obtenida y la energía invertida. La parte roja de este gráfico es la
cantidad de energía invertida, mientras que la parte verde es la cantidad
de energía obtenida, o energía neta. Están dispuestas de tal manera que
la suma de ambas es siempre el 100% (véase la ordenada del gráfico). En
este primer escenario la energía obtenida, dividida por la energía invertida,
produce 50 unidades energéticas, lo cual quiere decir que se utilizó 1
unidad de energía para producir 50 unidades de energía (véase
la abscisa del gráfico). En otras palabras, se utilizó el 2% de la energía
para encontrar y producir energía, lo cual nos dejó un 98% de energía neta
para utilizar a placer. Podríamos también denominar esta parte verde
como “energía excedentaria disponible para la sociedad”.
Incluso si el cociente de energía neta subiese a 15, la energía
excedentaria disponible para la sociedad seguiría siendo bastante alta.
Por supuesto, esta energía excedentaria es la que sustenta todo nuestro
crecimiento económico, nuestro progreso tecnológico y nuestra
maravillosamente rica y complicada sociedad.
Quiero que ahora presten atención a lo que sucede en esta parte del
gráfico, entre las unidades energéticas 10 y 5 de la abscisa. La energía
neta disponible para la sociedad, representada con el color verde, empieza
a adoptar una forma de palo de hockey, que debería serles familiar tras
haber estudiado el capítulo que trata del crecimiento exponencial. Pero
este palo de hockey es descendente. Por debajo de la unidad energética
“5”, la línea del gráfico se despeña y se convierte en cero al llegar a la
unidad “1”. Cuando se necesita 1 unidad de energía para obtener 1 unidad
de energía, el excedente energético es cero y ya no vale la pena

119

molestarse en obtenerlo. Por debajo de la unidad energética “5” estamos
ya al borde del precipicio de la energía.
Para poder entender en toda su profundidad la importancia de este gráfico,
veamos nuestra experiencia con la energía neta en lo que respecta al
petróleo. En 1930, las estimaciones eran que por cada barril de petróleo
utilizado para encontrar petróleo se producían 100 barriles, lo cual
significaba que la energía neta era de 100 por 1 y, por eso, el botón azul
que representa a 1930 está situado a la izquierda superior del gráfico. En
1970, los yacimientos eran mucho menores y el petróleo con frecuencia
más profundo y difícil de extraer, por lo que la energía neta obtenida había
bajado a un valor de 25 barriles por cada 1 utilizado para extraerlos. Pero
seguía siendo una buena relación y la zona verde situada por debajo del
botón azul correspondiente es todavía muy grande. En los años noventa
esta tendencia decreciente continuaba y la energía neta obtenida estaba
situada entre 18 y 10 barriles por cada barril.
¿Y cuál es la situación hoy en día? Se estima que el petróleo extraído en
fechas recientes está arrojando una energía neta de sólo 3 barriles por
cada barril utilizado para la extracción. ¿Por qué ha disminuido tanto la
energía neta? Porque en el pasado se necesitaba una cantidad
relativamente escasa de energía para crear una pequeña plataforma
petrolífera de metal y los yacimientos que se encontraban eran masivos,
abundantes y relativamente poco profundos. Ahora se necesita mucha
más energía para encontrar energía. Los barcos destinados a la
prospección submarina y las plataformas petrolíferas son descomunales
cuando se comparan a escala con las humildes plataformas de los años
treinta. Y hoy se perforan pozos a grandes profundidades para encontrar
pozos cada vez menores que producen cada vez menos petróleo, todo lo
cual afecta enormemente el valor de la energía neta.
¿Y qué puede decirse de las cantidades supuestamente masivas de
petróleo que contienen las arenas y la pizarra bituminosas? Sí, me refiero
a esas que en un tiempo alguien describió como equivalentes a “varias
Arabias Sauditas”? Los valores de energía neta de las arenas bituminosas
y de la pizarra bituminosa son especialmente bajos y su energía neta no
es de ninguna manera comparable al 100 por 1 que existía en Arabia

120

Saudita. Además, los costos en agua y en deterioro del medio ambiente
asociados con estos yacimientos son inquietantemente altos.
¿Y qué decir de las fuentes de energía renovable? El metanol que puede
obtenerse de la biomasa exhibe un valor de energía neta de 3, mientras
que la energía neta del biodiésel es de aproximadamente 2. El etanol
obtenido del maíz, si somos generosos, podría producir una energía neta
justo por encima de 1, pero según algunas fuentes su energía neta
también podría ser negativa. Si añadimos todas las demás nuevas fuentes
de combustibles líquidos que acabamos de mencionar veremos que
seguimos estando situados en algún lugar “del precipicio energético”. A
menos que encontremos rápidamente la manera de incrementar la energía
neta de esas opciones, simplemente obtendremos cada vez menos
energía excedentaria para nuestras necesidades básicas y para el uso a
discreción.
Las energías solar y eólica son capaces de producir cifras bastante altas
de energía neta, pero producen electricidad, no combustibleslíquidos, para
cuya distribución y uso ya hemos hecho grandes inversiones. Por cierto,
¿dónde meteríamos aquí la denominada “economía del hidrógeno”?
¡Aquí!, porque no existen reservas de hidrógeno en ningún sitio de la
Tierra, ya que deben crearse a partir de otras fuentes de energía, sin
energía neta alguna. En otras palabras, el hidrógeno es un pozo sin fondo
que pierde toda la energía que se le introduce. Para crear
hidrógeno perdemos energía, y cuando digo esto no es que sea pesimista,
sino que estoy refiriéndome a una ley. Para ser exactos, a la segunda ley
de la termodinámica. Dado que el hidrógeno es un transportador de
energía, no una fuente de energía, resulta más preciso que lo describamos
así: el hidrógeno es una batería.
Supongamos ahora una hipótesis absurda: que el Congreso tomase la
decisión de, ejem, hacer funcionar nuestra sociedad con etanol de maíz.
Espero que nuestros políticos no lo hagan, porque demostrarían que están
completamente locos. ¿Que podríamos esperar? Bien, si ajustamos
nuestro gráfico para que refleje esa hipotética decisión, lo que vemos es
una zona enorme de color rojo y una estrecha banda de color verde. Los
impuestos serían demasiado elevados, mientras que los ingresos

121

familiares serían mínimos. Lo curioso es que, de todas las alternativas
energéticas posibles, ésta es la que propuso el Congreso.
Aparte, por ejemplo, de enviar barriles de petróleo a la atmósfera (los creo
capaces), resulta difícil imaginar una idea más absurda.
Vale la pena señalar que, incluso si el gobierno subvencionase por
completo el etanol, hasta tal punto que éste se vendiese a 1 centavo el
galón, no pasaría mucho tiempo antes de que todos estuviésemos
arruinados.
Las razones de esa ruina hipotética ya las hemos explicado. Cuanta
menos energía excedentaria haya, menos compleja puede ser la sociedad.
Bajo el régimen del etanol muchos de nuestros trabajos más valorados
desaparecerían. Los especialistas que regulan la idoneidad de los aditivos
alimentarios, por ejemplo, tendrían que convertirse en agricultores. Los
oncorradiólogos pediátricos se convertirían en curanderos. Los
coordinadores de comunicaciones regionales del Midwest para los Juegos
Paralímpicos… bueno, ésos perderían el empleo o tendrían que buscarse
cualquier otro trabajo. Y así sucesivamente. Si tratásemos de vivir con el
etanol como combustible líquido, perderíamos rápidamente todos los
puestos especializados que asociamos a la idea de una sociedad
moderna, porque no habría prácticamente energía excedentaria.
El gráfico del principio, que mostraba un rico equilibrio entre energía
reinvertida y consumida, se convertiría rápidamente en esto a causa de la
mínima energía neta obtenida, puesto que el etanol y otras fuentes de
escasa energía son incompatibles con nuestro estilo de vida actual. Esta
imagen se convertiría en esta otra.
Antes de terminar, veamos los dos Conceptos clave que debemos retener.
El Concepto clave N.º 13 es: “La complejidad social se basa en la energía
excedentaria”. Esto hace que tanto el etanol de maíz como el hidrógeno
estén descartados de antemano. El Concepto clave N.º 14 es: “El precio
de la energía es irrelevante. Lo que cuenta es la energía neta.” Si
queremos mantener nuestra sociedad tal como es, deberemos dominar
este concepto… y sin perder ni un solo segundo.
Los espero en el Capítulo 17, Parte C, titulado “Energía y Economía”.

122


CupiLuIo 1;c: Energiu y
Economiu

Por fin ha llegado el momento de vincular la economía con la energía. ¡Por
fin!
En una reciente entrevista, Peter Schiff, de Euro Pacific Capital, describió
la Economía como “la ciencia de satisfacer demandas ilimitadas con
recursos limitados”. Si les diesen a escoger, la mayoría de los seres
humanos preferirían vivir como multimillonarios, pero está claro que no es
posible, incluso con la superabundancia de energía excedentaria que
tenemos. Hemos sido lo suficientemente afortunados como para disponer
de cantidades ingentes de energía excedentaria con la cual trabajar.
Y aquí es donde la historia se vuelve interesante de verdad. ¿Se acuerdan
de los gráficos exponenciales que les mostré? En teoría, no habría nada
malo en vivir en un mundo lleno de curvas exponenciales de crecimiento y
de declive, siempre que dicho mundo no tuviese fronteras. Sin embargo,
las funciones exponenciales adquieren una enorme importancia cuando se
acercan a los límites físicos, como parece ser el caso del petróleo en un
futuro muy cercano. Tanto los hallazgos como la producción de petróleo
indican que podríamos haber llegado ya al límite exponencial del petróleo.

(Video de presentación)

Tanto la población como el dinero y el petróleo exhiben un
comportamiento exponencial. De estos tres factores, podemos afirmar sin
temor a equivocarnos que la población y el sistema monetario dependen
totalmente de la expansión continua de la energía petrolera.
Lo cual da lugar a las siguientes preguntas: ¿Qué pasaría si nuestros
sistemas económico y monetario, basados en la función exponencial, más
que una prueba sofisticada de la evolución humana en grado superlativo,

123

fuesen únicamente un artificio debido al petróleo? ¿Que pasaría si nuestra
fecunda complejidad social y todos nuestros billones de dólares de riqueza
y deudas fuesen simplemente la expresión humana de la energía
excedentaria que bombeamos del subsuelo? Se trata de preguntas de
ningún modo banales.
Pero, de forma mucho más inmediata, todos nosotros estamos en nuestro
derecho de inquietarnos por lo que sucederá cuando el petróleo empiece a
disminuir. Y fíjense bien que no hablo de inquietarnos si empieza a
declinar, sino cuando empiece a declinar, porque sucederá, de eso no
cabe la menor duda. Durante ese período, ¿qué será de nuestro sistema
monetario exponencial, basado en el endeudamiento? ¿Podrá incluso
seguir funcionando en un mundo en el que el crecimiento constante haya
dejado de existir? Son preguntas muy pertinentes, que merecen
respuestas adecuadas.
Mi opinión es que la inestabilidad financiera que experimentamos hoy en
día se debe, al menos en parte, a los primeros balbuceos de este proceso.
Y si emplazamos el consumo del petróleo en un contexto temporal de
cuatro mil años, enseguida vemos surgir toda clase de dudas
perturbadoras, más aún si le superponemos una curva de crecimiento
poblacional. Juntos, estos gráficos nos dicen que necesitaríamos al menos
una pequeña dosis de planificación sensata que reemplazase el habitual
blablablá de los discursos electorales.
Los bancos centrales alcanzaron la madurez de forma coincidente con la
aparición de una fuente de energía exponencialmente explotable y, tras un
breve lapso, llegaron a ser todopoderosos y reverenciados. Hubo sistemas
de dinero fiat que nacieron y que el viento se llevó, pero el actual avanza
empujado por un viento de cola energético de 1 billón de barriles de
petróleo que está a punto de convertirse en ciclón devastador.
El hecho de distribuir participaciones cada vez mayores de dinero durante
un período de crecimiento constante es una tarea agradable, que goza de
gran apoyo político y popular. Pero el hecho de desempeñarse en un
mundo de energía evanescente es una perspectiva totalmente nueva para
cualquier institución política o financiera, pues convierte la ciencia de
satisfacer demandas ilimitadas con recursos limitados en algo todavía más

124

difícil, si no imposible, ya que el sistema no está capacitado para esa
eventualidad.
Así que nos corresponde a nosotros preguntarnos qué deberíamos
esperar en el futuro de un sistema monetario cuya piedra angular es, para
empezar, errónea. ¿Qué pasaría si el convencimiento de que el futuro no
sólo será mejor, sino exponencialmente mejor que el presente,
fuese incorrecto?
Este convencimiento, esa certeza, salta a la vista en el gráfico que
compara la deuda de Usamérica con su PIB. La elipse roja deja bien clara
la profunda creencia de que el futuro será muchísimo mejor que el
presente. Piensen que la economía total de Usamérica asciende a unos
meros 14 billones de dólares, mientras que el total de su deuda crediticia
sobrepasa los 49 billones de dólares. Eliminen unos cuantos ceros y
redondeen las cifras, y se darán cuenta de que es lo mismo que si un
banco presta 500.000 dólares a alguien cuyo salario sólo asciende a
140.000 dólares.
Si supiésemos que el porcentaje actual de carga fiscal de ese deudor se
va a duplicar, y luego a triplicar, ¿sería lógico concederle el préstamo?
Para nuestra nación, el fin del petróleo barato significa una reducción
mantenida y permanente del dinero que nos quedará en el bolsillo
después de pagar los impuestos.
Lo cual da lugar a mi siguiente pregunta: ¿Quién, en su sano juicio,
prestaría cada vez más dinero a alguien cuyos ingresos tienen garantizada
la disminución?
He aquí la síntesis de todas estas cuestiones: Veamos en primer lugar las
certezas. Sabemos que la energía es la fuente de todo crecimiento y
complejidad. Sabemos que la energía excedentaria está disminuyendo.
Sabemos que la era del petróleo barato se ha terminado. Y sabemos que,
a causa de todo eso, los costos del petróleo exigirán una proporción cada
vez mayor de nuestro presupuesto.
Y todas estas certezas hacen que corramos algunos riesgos: el riesgo de
que nuestro sistema de dinero exponencial deje de funcionar en un mundo

123

cuya energía excedentaria disminuye. Sencillamente, no está preparado
para esa eventualidad.
Y existe el riesgo de que nuestra sociedad se vea obligada a reducir su
complejidad. Si lo piensan bien, esta última frase está cargada de tragedia.
Y, por último, existe el riesgo de que, incluso si el petróleo disminuye, el
impulso del sistema monetario siga creando las condiciones necesarias
para la hiperinflación.
Cada una de dichas certezas incrementa los riesgos y este Crash
Course trata de eso: de evaluar tales riesgos y de decidir lo que una
persona adulta y prudente debería hacer, si fuese posible hacer algo, para
adaptarse a la realidad y enfrentarse a los riesgos.
He considerado detenidamente todo lo anterior y, tras pensarlo bien, he
aquí mis predicciones. Recuerden, ya lo dije al principio y lo vuelvo a
repetir: me reservo el derecho a cambiar mis opiniones en el caso de que
surjan nuevos datos que lo permitan.
1. Se mantendrá a toda costa el statu quo. Los políticos ocultarán la
verdad; las estadísticas económicas harán que los números cuadren cada
vez menos y los bancos centrales continuarán inyectando cada vez más
dinero en un sistema que, en esencia, vive alejado de la realidad.
2. Habrá hiperinflación. El precio de cualquier cosa está en función de la
masa monetaria y de la cantidad existente de dicho producto en el
mercado. Y puesto que literalmente todos y cada uno de los sistemas
monetarios fiat se derrumbaron por esas mismas razones, se puede
razonablemente concluir que el futuro será testigo de una cantidad cada
vez mayor de dólares sin respaldo. Al mismo tiempo, la disminución de la
energía excedentaria hará que cada vez haya menos bienes en el
mercado. Ambas cosas, juntas, significan inflación.
Los puntos 1 y 2 darán lugar, con toda lógica, al punto 3. El nivel de vida
bajará. Sin embargo, mi caso es la prueba viviente de que, incluso si el
nivel de vida de una persona baja, la calidad de su vida puede aumentar.

126

Sí, es perfectamente posible que esté refiriéndome a acontecimientos que
duren largo tiempo, incluso décadas, y es casi seguro que tales
acontecimientos se verán influidos por cambios en el comportamiento y la
tecnología. Pero hay algo imposible de negar y es que estamos
desperdiciando un tiempo precioso, más la energía que todavía tenemos a
nuestra disposición, en un intento desesperado, insensato y, a fin de
cuentas, sombrío con tal de preservar el statu quo. No deberíamos caer en
esa trampa. No, no deberíamos caer en esa trampa.
Y, con estas palabras, hemos llegado casi al final. Lo siguiente que nos
queda por hacer es vincular la Economía y la Energía al Medio
ambiente en un capítulo que tratará de la extracción exponencial de
recursos naturales y de la modificación/agotamiento de ecosistemas
fundamentales.
Los invito a acompañarme en el Capítulo 18, titulado “El medio ambiente”.


127



128

CupiLuIo 18: EI medIo
umbIenLe

Los felicito, acaban de llegar al último de los capítulos del Crash
Course dedicados a la acumulación de datos. Los dos capítulos restantes
estarán dedicados a resúmenes y conclusiones.
Permítanme empezar diciendo que no voy a hablar del calentamiento
global. En vez de ello, quiero centrarme en inquietudes más mundanas,
menos complicadas y, con toda seguridad, mucho más inmediatas.
El objetivo principal del Crash Course consiste en mostrarles la
discordancia existente entre un sistema monetario exponencial, que
impone un credo de crecimiento constante, y el hecho incuestionable de
que vivimos en un planeta esférico. En este capítulo, algunos de ustedes
se van a quedar sorprendidos cuando sepan que nuestro planeta es
muchísimo más pequeño de lo que creían.
Esta curva explica por qué. Es una curva poblacional.
(Video de presentación)

Sepan que la población mundial sobrepasó en 1960 la cifra de 3.000
millones de seres humanos y que las proyecciones indican que habrá que
añadir otros 3.000 millones en sólo 42 años más. De modo que toda la
historia de la humanidad necesitó llegar hasta 1960 para alcanzar los
3.000 millones de habitantes pero, ahora, en sólo 40 años habremos
añadido 3.000 millones más.
¿Recuerdan el ejemplo que les di en el Capítulo 4, el del estadio de
béisbol Fenway Park, en el cual se necesitaban 44 minutos para llenar de
agua el 3% de su volumen, pero sólo 5 minutos más para llenar el 97%
restante? Ésa es la dinámica de este juego.

129

Antes de que consideremos el hecho de que en sólo 40 años habremos
duplicado nuestra población, déjenme mostrarles el lío en que nos hemos
metido quienes ya estamos en este mundo.
Este año habrá 70 millones más de seres humanos que el año pasado
sobre la superficie del planeta. Sí, 70 millones más. Para que puedan
conceptualizar esto que les digo, sepan que esa cantidad multiplica por
tres el número de habitantes que viven en las diez ciudades más
populosas de Usamérica. El crecimiento de la población mundial es
equivalente a la población conjunta de esas 10 ciudades multiplicada por
tres cada año durante los próximos 40 años. Así funciona el valor
exponencial.
Más gente significa más necesidad de recursos. Más aluminio, más
alimentos, más bienes de consumo transportados a más lugares… y más
coches. Siempre más coches.
Y en caso de que alguno de ustedes cometa el error de creer que no es
tan grave, porque lo más probable es que esa gente vivirá en China, en un
tugurio sucio, con un burro y un cesto de mimbre para ir tirando,
permítanme que les muestre una de las ciudades de mayor y más rápido
crecimiento del planeta. Se llama Shenzhen y está en China. En muchos
aspectos es más nueva y más moderna que la mayoría de las ciudades
occidentales. Esto es a lo que aspira todo el mundo.
La gente es igual en todas partes. Todos queremos vivir en ciudades
esplendorosas y a todos nos gusta comprar cosas bonitas en barrios
elegantes. Al margen de esto, les contaré que las estimaciones de la
población china varían entre 1.300 y 1.600 millones de habitantes. Eso
significa que podrían ser 300 millones más… o 300 millones menos. El
margen de error es de 300 millones. De manera que, para los chinos, los
300 millones de usamericanos seríamos eso, un “margen de error”.
De hecho, las cinco ciudades más populosas de Usamérica, juntas, tienen
menos habitantes que la ciudad más grande de China.

130

Pero permítanme que regrese a la estimación anterior, según la cual
dentro de 40 años habrá otros 3.000 millones de personas sobre la
superficie del planeta.
Una característica que los seres humanos compartimos con todos los
organismos vivos es que hacemos uso en primer lugar de los recursos
de mayor calidad que obtenemos con mayor facilidad. Cuando se trata de
los recursos naturales del planeta, siempre empezamos por las tierras más
fértiles, los árboles más altos y los bancos de peces más populosos. Es
decir, está en nuestra naturaleza el explotar en primer lugar los recursos
de mayor calidad.
Llegados a este punto, les recordaré que el petróleo es un recurso natural
finito y, por esa razón, cada pozo individual y todo el conjunto de los
yacimientos petrolíferos del planeta exhiben un perfil clásico de extracción,
que se asemeja a una curva en forma de campana.
Este ejemplo particular, referido al petróleo, puede generalizarse para
crear un perfil general de extracción de todos los recursos naturales,
según el cual empezamos a explotar primeramente los recursos más
cercanos, más ricos, más accesibles y de mayor calidad, para después
pasar a explotar otros recursos cada vez más dificultosos, más pobres,
más escasos o más distantes. El corolario de ese comportamiento es que,
con el tiempo, conforme nos vemos obligados a explotar recursos más
dificultosos, la energía necesaria para obtenerlos va en aumento y, con
ella, los costos. Sobre eso no cabe la menor duda, es un hecho
incuestionable.
Veamos un ejemplo: los primeros europeos que llegaron a este país se
encontraron con cosas realmente espectaculares que estaban a la vista de
todos, como puede ser esta enorme pepita de cobre. Pronto, todas
aquellas enormidades desaparecieron y entonces hubo que centrarse en
pepitas de menor tamaño que, por supuesto, no tardaron en desaparecer
también. Lo siguiente fue explotar las menas de mayor concentración.
Para quienes no lo sepan, una mena es un mineral, extraído por minería
de un yacimiento, del cual se puede obtener un metal mediante un
proceso metalúrgico.

131

¿Y qué hacemos en la actualidad?
Ahora nos dedicamos a explotar yacimientos como el de la mina de
Bingham Canyon, en Utah. Mide 3 kilómetros de anchura y 1.200 metros
de profundidad y, cuando se empezó a explotar, era una montaña. De ella
se extrae mineral cuya concentración de cobre es del 0,2%. ¿Creen
ustedes que sus propietarios iban a hacer todo ese esfuerzo si todavía
pudiesen encontrar pepitas de cobre en el lecho de un arroyo? De ninguna
manera.
Pero estudiemos este asunto con mayor detalle. ¿Ven ese camión ahí
abajo? Su motor funciona con un combustible derivado del petróleo; con
diésel, para ser más exactos. Si no existiese combustible para hacer andar
ese camión, ¿con qué creen que transportaríamos fuera de la mina el
mineral extraído? ¿A lomo de burro? Esos camiones transportan 255
toneladas por carga. Supongamos que un burro podría transportar unos 65
kilos en cada viaje. Eso quiere decir que el camión transporta en un solo
viaje el equivalente a la carga de unos 3.500 burros. Son muchos burros.
¿A dónde quiero llegar? Pues a que un agujero en la tierra que mide 3
kilómetros de anchura y 1.200 metros de profundidad es una demostración
espectacular de despilfarro energético. En los tiempos que corren, ahora
que la energía empieza a escasear, me parece improbable que podamos
excavar muchos más hoyos como éste, lo cual quiere decir que el cobre
empezará a escasear también.
Y aquí es donde esta historia se vuelve interesante de verdad. La cantidad
de energía y de dinero que se necesitan para extraer cualquier mineral o
metal está en función del grado de la mena. El grado de una mena es el
porcentaje de la sustancia deseada que se encuentra en su interior. Por
ejemplo, una mena de cobre con un grado del 10% contiene 10% de cobre
y 90% de cualquier otra sustancia. Esa otra sustancia, que se desecha, se
denomina ganga. Si calculamos cuánta ganga tenemos que extraer de la
mena –y luego desechar– para obtener el metal puro deseado, podremos
representar gráficamente la operación de esta manera: ¿Les resulta
familiar? Debería, porque se trata de un gráfico exponencial.

132

Este gráfico nos dice que si tuviésemos una mena con un grado de cobre
del 2% (véase la abscisa) necesitaríamos extraer 500 kg de mena (véase
la ordenada) para obtener 1 kg de cobre. Sepan que si en este gráfico he
utilizado el grado del 0,2% se debe a que es exactamente el mismo de la
mina de cobre de Bingham Canyon. Un porcentaje tan bajo explica por
qué el agujero es tan descomunal. Y también nos explica que, sin la ayuda
de esos camiones gigantescos, probablemente no podríamos extraer
minerales de un grado tan bajo. Lo cual quiere decir que hemos llegado al
extremo de la derecha de esta curva en forma de campana, tanto en lo
que respecta a laenergía como al costo.
Pero, ¿acaso nos dedicamos a explotar yacimientos tan poco productivos
como el de Bingham Canyon porque nos gusta el desafío que representan
las menas de bajo grado? No, lo hacemos porque ya hemos acabado con
todas las menas de alto grado –habidas y por haber– y ahora tenemos que
conformarnos con éstas. Lo hacemos porque no tenemos otra opción. Lo
hacemos porque en solo 200 años hemos acabado con todas las menas
de alto grado.
Veamos otro ejemplo, esta vez relacionado con el carbón. La producción
de carbón, calculada en toneladas extraídas, ha venido creciendo sin
descanso al ritmo del 2% anual desde los años cuarenta. Este tipo de
crecimiento –estable, continuo y exponencial– es exactamente lo que
exigen nuestra economía y nuestra sociedad. El presidente Bush afirmó
una vez que tenemos por delante 250 años de carbón, con lo cual quiso
decir que esta flecha roja que aquí ven puede seguir subiendo en esa
dirección durante 250 años más. En otras palabras, no corre ninguna
prisa, porque disponemos de una ingente cantidad de carbón a la espera
de que vayamos a buscarlo.
Pero ese cuento tiene truco. El carbón se presenta en la naturaleza de
varias formas, cada una de ellas con grados distintos de concentración. La
forma más apetecible es la antracita, un carbón de aspecto negro, duro y
brillante. La antracita es el carbón que desprende más calor al arder, tiene
un bajo contenido de humedad y es muy apreciado en la industria del
acero. Luego viene el carbón bituminoso, con algo menos de energía por
kilo de peso. Después, el subbituminoso. Y, por último, el denominado

133

lignito, cuyo alto contenido de humedad y muy baja energía hacen que
sólo sirva para quemar. Después del lignito vienen… bueno, las piedras,
que arden sólo ligeramente menos que el lignito.
Veamos entonces cuál es la historia minera de la antracita en Usamérica.
¿Han observado la tendencia de este gráfico? La razón por la que ya casi
no se extrae antracita es que está prácticamente agotada. En cuestión de
unos 100 años hemos agotado la antracita que nos legó la naturaleza y
que se había ido formando a lo largo de cientos de millones de años.
De manera que, una vez agotada la antracita, hemos pasado a explotar la
forma de carbón que le seguía en calidad energética, es decir, elcarbón
bituminoso. Y vale la pena señalar que en 1990 la producción de carbón
bituminoso empezó a declinar. ¿Sería acaso porque dejó de interesarnos
este carbón de menor grado? No, lo que sucedió es que también empezó
a agotarse. Naturalmente, pasamos entonces a explotar el que venía
después en calidad, el carbón subbituminoso, que vemos aquí
completando la diferencia. Y ahora incluso el lignito ha entrado en el juego,
pero yo no espero de ningún modo que esa línea verde y descendente
vuelva a subir antes de que lleguemos al pico del carbón subbituminoso.
Y ahora veamos la parte más interesante de esta historia. ¿Se acuerdan
de que les dije que el contenido en calor o energía libre disponible del
carbón empeoraba progresivamente con cada grado de concentración? Si
representamos en un gráfico la cantidad total de energía obtenida, el
100%, no las toneladas extraídas de carbón, el cuadro cambia por
completo. Mientras que las toneladas, representadas por la flecha roja,
han ido aumentando a una tasa del 2%, aquí vemos que la energía total,
representada por la línea verde, se ha estancado sin subir nada en
absoluto durante los últimos nueve años. ¡Aaaaaah! ¿Significa eso que
estamos utilizando energía y gastando dinero para extraer cada vez más
carbón y, sin embargo, obtenemos cada vez menos energía de tales
esfuerzos? Veamos esta imagen de nuevo. ¿Dónde creen que estamos en
esta curva? ¿Están aún por llegar los mejores años? ¿Se sienten seguros
con los “250 años de carbón” que el presidente Bush dijo que teníamos
por delante?

134

La energía neta del carbón varía ampliamente, pero al extraer lignito
estamos ya muy abajo en la curva de energía neta.
Bueno, de acuerdo, pero podemos cambiar al uranio, ¿no? ¿Les parece
que nos olvidemos del peligro radiactivo y construyamos cientos de
centrales nucleares?
Bien, pero el problema es que este cuento también tiene truco. Si
observamos los grados de las menas de uranio existentes, veremos que
varían desde una alta gradación, del 20%, hasta una muy baja, del
0,007%. Sólo el 30% de todas las menas conocidas o supuestamente
existentes son de una concentración superior al 0,1%, lo cual deja un 70%
por debajo de ese porcentaje. Únicamente un país, Canadá, tiene reservas
probadas de un grado superior al 1%, mientras que 11 países ya han
agotado por completo sus menas de uranio.
Teniendo en cuenta estos grados de concentración tan extremadamente
baja, los rendimientos son bastante mediocres, como cabía esperar. En
esta parte de la curva es donde se encuentra el 70% de las reservas
conocidas de uranio, que requieren la extracción de entre 1.000 y 20.000
kg de mena para, una vez procesada, poder obtener 1 kg de óxido de
uranio.
Está claro que, al igual que sucede con el cobre, estamos bajando por la
cuesta de unas concentraciones cada vez menores de uranio… y eso
exige matemáticamente cada vez más energía a un costo mayor.
Para quienes no lo sepan, les diré que Francia obtiene el 90% de su
electricidad de centrales nucleares, pero su propia extracción de uranio
llegó al pico a finales de los años ochenta, mientras que Usamérica
sobrepasó antes su propio pico, a principios de la misma década. Ambos
países han dejado bien atrás el pico del uranio. De manera que si el uranio
es la energía del futuro, el futuro estará en cualquier sitio, menos en esos
dos países.
De hecho, esta misma regla natural se aplica a cualquier cosa en la que
los humanos hemos metido nuestra mano. El fósforo (un mineral esencial

133

para la agricultura), la pesca marítima y cada uno de los metales nos
cuentan la misma historia. Nos estamos quedando sin materias primas de
alto grado. Ya existe escasez de la mayoría de ellas o bien está a punto de
aparecer durante las próximas décadas. Y, sin embargo, todas esas
evaluaciones suponen que existe suficiente energía para poder excavar
cuantas minas kilométricas al aire libre nos apetezcan, a la búsqueda de
las últimas menas de bajo grado.
Pero lo que de verdad nos cuenta esta historia es que nosotros, la especie
humana, ya hemos agotado las menas más ricas del planeta, ya hemos
arrasado todas las fuentes accesibles de energía y ya hemos
sobreexplotado las tierras más fértiles. Hay quien dice que por cada
fanega de trigo que llega al mercado se pierde una fanega de la mejor
tierra. En tal sentido, dado que se necesitan cientos de años para formar
unos pocos centímetros de la mejor tierra, podríamos decir que nuestros
agricultores están explotando el suelo como si fuese una mina.
Durante los relativamente pocos años transcurridos desde que se
descubrió el petróleo, hemos consumido las menas y la energía que
habían necesitado varios cientos de millones de años para depositarse y
hemos agotado la tierra fértil cuya creación necesitó miles de años. No
exagero al decir que, a escala humana, una vez que todo eso desaparece,
desapareció para siempre.
Otra prueba del efecto mortífero de la actividad humana es que algunos
ecosistemas están empezando a emitir señales de estrés. Un ejemplo de
ello es la extinción de especies, pero hay otros muchos, tales como las
zonas muertas que están apareciendo por todo el globo en los mares poco
profundos.
De hecho, basta con mirar a nuestro alrededor para ver lucecitas rojas que
se encienden por doquier en nuestro tablero de mandos colectivo, las
cuales van desde la extinción de especies hasta el agotamiento de los
océanos, pasando por la depauperación de los acuíferos, la aridez de
tierras fértiles, el declive de la energía y otras muchas más.

136

En mi caso, cuando se enciende una luz roja en el tablero de mandos de
mi coche, me detengo y voy a ver qué está pasando. Pero observo que en
vez de hacer lo mismo, el mundo pisa con más fuerza el pedal del
acelerador.
Todo este capítulo se reduce a lo siguiente: en nuestro planeta cada año
nacen 70 millones de seres humanos. Lo cual significa que a lo largo de
los próximos 40 años deberemos resolver el problema de cómo vivir en un
mundo cuyos recursos se agotan si, al mismo tiempo, la población
aumenta a una tasa descomunal del 50%.
Mi opinión es que, si somos inteligentes, podríamos resolverlo. Pero si
escogemos seguir creciendo porque eso es lo que exige nuestro sistema
monetario y porque ésa es la posición inamovible de nuestros políticos,
entonces lo más probable es que sigamos avanzando a toda velocidad
hasta estrellarnos contra un muro. La lección parece clara: o cambiamos
voluntariamente ahora o nos veremos forzados a cambiar
involuntariamente después.
Pero regresemos a la Economía. Su principal suposición, según la cual el
futuro no sólo será mejor, sino exponencialmente mejor que el presente,
va a tener que enfrentarse con esta realidad. Sostengo que las
limitaciones que se oponen a esa presunción económica van a ser muy
reales durante los próximos 20 años.
De manera que, por fin, ha llegado el momento en el Crash Course de
interconectar los tres componentes de la sigla “EEMA”.
¿Recuerdan? Economía, Energía y Medio Ambiente. Nuestra ECONOMÍA
se basa en un sistema monetario exponencial que explícitamente instaura
un paradigma de crecimiento continuo e implícitamente supone que el
futuro será mucho mejor que el presente. El crecimiento requiere energía,
no hay manera de eludir dicho principio. La tendencia decreciente que se
observa en el ámbito de la ENERGÍA se opone por completo a la
suposición sobre la cual se basan nuestro sistema económico y nuestro
estilo de vida. El pico de la energía es algo muy real y muy cercano.

137

En el ámbito del MEDIO AMBIENTE, está fuera de duda que los seres
humanos ya hemos agotado prácticamente todos los recursos de alto
grado y ahora estamos en camino de hacer lo mismo con los recursos de
bajo grado, todo ello para mantener nuestro estilo de vida. El estrés del
biosistema ya ha empezado a emitir señales de alarma en nuestro tablero
de mandos. El plan de seguir consumiendo como hasta ahora, mientras
que la población mundial aumentará en un 50% durante los próximos 40
años, es irrealizable. De hecho, es cualquier cosa menos un plan.
Puesto que somos testigos del agotamiento de los recursos, cuyo grado
energético no cesa de disminuir, la extracción exponencial y continuada de
recursos es una actitud fantasiosa, carece de sentido. Pero cuando
asociamos esa realidad a lo que ya sabemos de nuestras reservas de
energía, esta historia se vuelve todavía más irrealizable.
Pues todos y cada uno de los recursos medioambientales clave de alto
grado, de los cuales dependemos –metales, minerales, tierra fértil, agua,
pesca marítima y todo lo demás–, ya están agotados y la continua
extracción de los recursos de bajo grado no hará sino aumentar la
competición a la búsqueda de una energía cada vez más escasa, que
necesitaríamos más bien para el transporte, para construir viviendas y
para protegernos del frío.
Si consideramos esto como un todo, está bien claro que nuestro auténtico
desafío consiste en adaptarnos a un mundo obligado a decrecer, no a un
mundo que siga creciendo; un mundo en el que deberemos dedicar más
energía a gestionar cuidadosamente la que tenemos, no a buscar nuevas
fuentes energéticas para seguirlas explotando. Tenemos un sistema
económico, cuya razón de ser es crecer, emparejado con un sistema
energético que no puede crecer… y ambos están vinculados a un mundo
cuyos recursos se están agotando a toda velocidad. De los tres
componentes de la sigla EEMA, será el Medio Ambiente quien nos
impondrá el ritmo del cambio. Tenemos la obligación de estar preparados.
De eso trata el Crash Course.
Lo diré de forma todavía más sencilla, porque deseo que les quede
absolutamente claro: nuestra economía debe crecer para sostener
unsistema monetario que requiere crecimiento, pero a esto se opone

138

un sistema energético incapaz de crecer y ambos sistemas están
vinculados a un mundo natural al borde del colapso.
Terminaré diciendo que, si estuviese convencida de la insolubilidad de
estos problemas, no habría dedicado a tiempo pleno, por mi cuenta y
riesgo y sin ayuda económica de nadie, los últimos cuatro años de mi vida
para poner a punto este Crash Course. Me considero optimista y quiero un
futuro mejor para todos.
No podemos permitir que nadie nos venga con cuentos chinos de que nos
esperan 250 años de carbón. Debemos enfrentarnos a la realidad.
Debemos desarrollar el sentido de las prioridades y olvidarnos de
posiciones adolescentes, según las cuales no puede a pasar nada…
porque hasta ahora no ha pasado. Ya va siendo hora de que empecemos
a preocuparnos de las generaciones futuras. ¿Cómo queremos que nos
juzgue la historia? ¿Cuál es nuestro legado?
Para bien o para mal, nos ha tocado vivir en uno de los momentos más
cruciales de la historia de nuestra especie, igual de trascendental como
fue la bipedestación de los seres humanos primitivos. ¿Cuál es el papel
que nos gustaría representar? ¿Deberíamos vivir acosados por el miedo o
desarrollar un sentido de la responsabilidad?
La única manera de que un obstáculo se convierta en infranqueable es
dejarlo crecer sin hacer nada.
Dicho lo cual, ha llegado el momento de que evaluemos todos estos
obstáculos y decidamos un plan de acción para hacerles frente. Los
espero en el Capítulo 19, titulado “El incierto futuro”.

139



140

CupiLuIo 1q: EI IncIerLo IuLuro

Han llegado al capítulo en el que todo lo aprendido hasta ahora en
este Crash Course confluye en un mismo punto. A continuación les
ofreceré una panorámica exhaustiva de cómo todos nuestros problemas
se relacionan entre sí, de tal manera que es necesario considerarlos en
conjunto si realmente queremos encontrarles solución.
Revisemos, pues, las tendencias fundamentales, que parecen converger
en una estrecha franja del futuro.
El curso se inició con una idea general del dinero y dejó claro desde el
primer momento que éste sólo empieza a existir una vez prestado, con
intereses, lo cual da lugar a enormes presiones para que la cantidad del
crédito, o el dinero, crezca constantemente a un porcentaje anual. Ésta es
la auténtica definición del crecimiento exponencial, fácilmente demostrable
en nuestro dinero y, por supuesto, en los gráficos que representan la
inflación.
(Video de presentación)

Una vez que tuvimos esta dinámica en mente, afrontamos los datos sobre
la deuda, que es la obligación de pagar con un dinero aún inexistente y
que se ganará en el futuro; dicha deuda excede con creces todos los
parámetros históricos. La otra cara de la moneda, que en sí misma
representa ya una tendencia sociológica, es la constante erosión del
ahorro, observada durante exactamente el mismo lapso en que crecía la
deuda, de tal manera que nos encontramos al unísono con los mayores
niveles de endeudamiento junto a los menores niveles de ahorro de la
historia.
A continuación vimos que nuestra incapacidad para el ahorro afecta a
todos los niveles de la sociedad y se ha trasladado incluso a una
desesperante ausencia de inversiones en infraestructuras.

141

Lo siguiente que aprendimos fue cómo los activos, en especial la vivienda,
fueron creciendo ficticiamente en el interior de una prolongada burbuja,
que hoy en día está explotando y cuyos mortíferos efectos tardarán
muchos años en desaparecer. Al estallar, las burbujas crediticias provocan
un pánico financiero que destruye gran parte del capital. En realidad, eso
que acabo de decir no es del todo verdad; la siguiente cita lo explica
mejor:
“El pánico no destruye el capital, únicamente revela hasta qué punto el uso
de dicho capital para obras totalmente improductivas ya lo había destruido
de antemano”.
- John Stuart Mill, economista político (1806-1873)
Aprendimos entonces que las autoridades gubernamentales no suelen
arreglar el daño producido por una burbuja al estallar, ya que sus intentos
para limitar más daños suelen errar el tiro. El daño estaba hecho de
antemano. Se debió a la construcción desaforada de demasiadas casas,
de demasiados centros comerciales, vendidos luego a precios demasiado
altos, así como a la superabundancia de demasiados bienes importados y
comprados a crédito. Todo eso era un daño anterior al estallido de la
burbuja. Así que ahora toca encontrar a los responsables, pero esa gente
del gobierno se las está arreglando para asegurarse de que sean ustedes
quienes la pagarán.
Después, aprendimos que el déficit más profundo del gobierno
usamericano se sitúa en el ámbito demográfico, detalle que lo convierte en
un problema imposible de arreglar mediante políticas, leyes o,
simplemente, optimismo. Se trata de un hecho incuestionable, de una
inconveniencia debida a circunstancias sociológicas, tan fuera de nuestro
alcance como la ley de la gravedad, pero un hecho al fin y al cabo.
Y ese hecho tiene que ver con los baby boomers. Supimos que los activos
con los que estos baby boomers solían alardear de su riqueza (es decir,
sus acciones, sus bonos y sus viviendas) tenían que ser vendidos como
condición sine qua non para que los boomers obtuviesen liquidez. Y fue en
ese momento cuando planteamos que la población nacida después de
ellos era menos numerosa y no había bastante gente para comprarlos.

142

¿Qué suele suceder en situaciones como ésta? Pues que cuando hay más
vendedores que compradores, el valor disminuye.
Durante mucho tiempo las cifras económicas que el gobierno solía
mostrarnos habían sido manipuladas de antemano, hasta tal punto que
dejaron de reflejar la realidad. Y si es un hecho que los datos falsos
conducen siempre a tomar malas decisiones, no es de extrañar que hoy
día nos encontremos sumidos en esta situación. Si queremos preparar un
plan estratégico y con sentido común para el futuro, es imprescindible que
hagamos antes una evaluación fidedigna de cuál es nuestra verdadera
situación.
Más tarde, en tres capítulos fundamentales, aprendimos que la energía es
la fuente de cualquier actividad económica y que el petróleo es, de lejos, la
fuente de energía más importante de todas. Nuestro edificio económico
está construido sobre la suposición de un crecimiento ilimitado de
suministros energéticos, lo cual es un concepto fácilmente refutable.
Todo pozo petrolífero y todo el conjunto de los yacimientos petrolíferos del
mundo inician su declive al llegar al denominado pico del petróleo. El pico
del petróleo no es una teoría, sino una observación real del envejecimiento
de los pozos petrolíferos. Continuamos luego explorando la obvia tensión
entre un sistema monetario que implanta como norma el crecimiento
exponencial y el hecho de que nuestra principal fuente energética ya ha
llegado al pico… o lo hará muy pronto. En cualquier caso, Usamérica ni
siquiera ha empezado a invertir en un futuro que se caracterizará por la
ausencia de petróleo barato. Ni siquiera se nos ocurrió hacer un “plan B”.
Por último, observamos que el medio ambiente –es decir, los recursos y
los sistemas naturales de los cuales dependemos– está dando claros
signos de agotamiento, toda vez que nuestra población también crece de
manera exponencial y eso acelera la explotación, asimismo exponencial,
de tales recursos. El resultado es que asistimos a un rápido y alarmante
desfallecimiento de los ecosistemas. Vimos que, incluso cambios mínimos
en los ecosistemas, como pueden ser los patrones pluviales, pueden
generar costos masivos, generalmente no planificados, que serán
prioritarios por delante de otras necesidades.

143

Es verdad, de la misma manera que en el pasado tuvimos que
enfrentarnos a otros problemas, en el futuro tendremos que enfrentarnos a
éstos. Lo inquietante es que todos aparezcan a la vez.
Ahora ha estallado la burbuja inmobiliaria, justo en el momento en que
empieza a jubilarse la primera oleada de baby boomers. Al mismo tiempo,
cuando llegamos al pico del petróleo la demanda excede a la oferta, lo
cual obligará a hacer ajustes enormemente caros, con costos aún
desconocidos que se asociarán a la disminución de los recursos, y todo
ello junto a un cambio climático que merodea en el entorno y hará su
aparición en un futuro no lejano. Y, por encima de todo esto, como una
espada de Damocles que limita nuestras opciones, están nuestra
incapacidad nacional para el ahorro y la inversión, y nuestros
descomunales niveles de deuda, que no tienen precedente histórico
alguno.
Todos estos eventos cronológicos, que irán apareciendo desde ahora
mismo hasta el año 2020, representan retos masivos que convergen en un
excepcionalmente corto período.
Y de todo ello surgen las siguientes preguntas: “¿De dónde saldrá el
dinero para enfrentarnos a todos esos retos, si carecemos de ahorros y
nuestras deudas son insuperables?”
Cualquiera de estos acontecimientos, por sí solo, será ya una pesada
carga para nuestra economía nacional. Dos de ellos, si suceden a la vez,
podrían ser perturbadores. Pero ¿y si fueran tres los que surgen
simultáneamente? No es difícil prever que el resultado podría ser la
destrucción económica de nuestro país o, quizá, la caída del dólar como
reserva de riqueza.
¿Cuántos billones de dólares necesitaremos para financiar la jubilación de
los baby boomers? ¿Cuántos billones para renovar nuestra infraestructura
del transporte o para hacer frente al pico del petróleo? ¿De dónde saldrán
las decenas de millones para compensar los déficits de los programas de
pensiones y ayuda social? ¿De qué manera podríamos cumplir nuestras
promesas de jubilación y ayuda social, si estamos ya agobiados por la

144

pesada carga de este endeudamiento, el mayor de toda nuestra historia?
¿De dónde saldrá el dinero para reparar el desastre provocado por el
estallido de la burbuja crediticia? ¿Hasta qué punto subirán los precios de
los alimentos y los minerales en el futuro, ahora que el petróleo ha llegado
o está llegando al pico y el aumento poblacional exige cada vez más de
unos recursos cada vez menos abundantes?
Cada una de esas tendencias o amenazas necesitará años, si no décadas,
para ser resuelta y, sin embargo, las tenemos ya estacionadas frente a
nuestra puerta, sin que por ello exista todavía en el ambiente ninguna
discusión o planificación nacional digna de ese nombre. Cada día que
pasa perdemos un tiempo precioso, mientras que los problemas van
creciendo, aumentando su costo y volviéndose más difíciles de resolver.
Ganar tiempo no es una estrategia y el tiempo demostrará que, en el
fondo, es una táctica que lleva al desastre.
La madurez de una nación se demuestra enfrentándose a la complejidad y
planificando el futuro. Pero, en mi opinión, con muy pocas excepciones,
nuestra dirigencia política y corporativa no hace nada. Tenemos que
cambiar eso.
Ya va siendo hora de que abandonemos nuestra idea adolescente de que
el pastel es nuestro, de que tenemos derecho a comérnoslo… y a pagarlo
con dinero prestado.
Ya va siendo hora de que volvamos a vivir ateniéndonos estrictamente a lo
que nos permita nuestra situación económica. Tenemos que establecer
prioridades, hacer un presupuesto y respetar ambas cosas.
¿Y ustedes? Si no lo han hecho ya, deberían admitir la posibilidad de que,
quizá, el camino hacia el futuro no sea derecho. Quién sabe si será
tortuoso y los lleve a algún lugar inesperado. El azar ha hecho que estén
viviendo uno de los momentos históricos más interesantes de la especie
humana, en el que grandes cambios pueden ocurrir. Tales cambios
pueden ser aterradores o estimulantes, en sus manos está elegir qué
pretenden que sean.
¿Qué debemos hacer? ¿Qué pueden hacer ustedes, cuáles son los pasos
a tomar de inmediato?

143

Los espero en el último capítulo del Crash Course.

146

CupiLuIo zo: ¿Qué debo Iucer?

Este capítulo integra definitivamente todos los anteriores y trata de
responder la pregunta “¿Qué debo hacer?” La formularé de nuevo.
“¿Qué debemos hacer?” Porque los posibles cambios que es preciso
llevar a cabo no los puede hacer una sola persona.
El Capítulo 20 no va a ser una simple lista de cosas que hacer. En vez de
ello, reflejará mi objetivo de que cada persona asuma la responsabilidad
de sus propias acciones.
El Capítulo 20 ofrecerá un marco de acción. Se trata de una manera de
estructurar la multitud de cosas que podrían hacer dentro de una lista de
prioridades que realizarán. Considérenlo como un plan personal para
minimizar los riesgos.
En estos momentos estoy preparando una serie de videos que expondrán
en detalle las soluciones que propongo para el país y para el mundo.
(Video de presentación)

Bueno, si ya han visto todo el Crash Course serán conscientes de que la
Economía, la Energía y el Medio ambiente están interrelacionados. De
manera más específica, ya estarán al corriente del desajuste que existe
entre un modelo económico que está obligado a crecer y el mundo físico
del pico del petróleo y de la disminución de los recursos. Lo más probable
es que no podamos resolver por separado ninguno de los problemas de
estos tres componentes de la sigla EEMA, ya que, de hacerlo,
simplemente crearíamos nuevos problemas en los otros dos. En realidad,
no hay solución posible dentro del statu quo,
lo cual significa que es bastante posible que nuestro futuro colectivo no
sea una extrapolación lineal del presente. Nuestro reto como individuos
consiste en aceptar la posibilidad de que el futuro será muy distinto del
presente.

147

Creo que el futuro no se decide tirando los dados y que podemos
minimizar los desajustes de nuestras vidas en el futuro si actuamos hoy
mismo.
En cierto sentido me alegro de haber tardado en escribir este último
capítulo, porque eso nos ha permitido asistir al pánico financiero que tuvo
lugar en los últimos meses de 2008 y ahora nos permite vislumbrar
adónde nos llevará todo esto.
Los rescates multimillonarios con los que diversos gobiernos han intentado
salvar a los bancos en todo el mundo pretenden al 100% preservar el statu
quo.
Pero ninguno de esos problemas se va a resolver salvando el sistema
bancario; de hecho, algunos empeorarán. El hecho de que nuestros
dirigentes hayan escogido aumentar nuestra deuda en unos cuantos
billones de dólares, en un intento desesperado de conservar el
sistema que teníamos, indica que, en la balanza, el peso de los problemas
se ha inclinado algo más del lado de la ciudadanía y las pequeñas
comunidades.
Parte de las complicaciones con las que me he topado a la hora de escribir
este capítulo sobre “¿Qué debemos hacer?” es que no sé que es lo que
ustedes piensan. Todo el mundo ocupa un lugar preciso en la amplia
gama de certezas posibles, que va desde suponer que la situación actual
será sólo una pequeña interrupción del crecimiento económico hasta
quienes están convencidos de que vamos directo a un crack monumental.
Todos tenemos nuestra propia idea preconcebida.
Y dependiendo de dónde nos situemos, tanto el número de cosas que
podríamos hacer como la urgencia de acometerlas es mayor o menor.
Según esto que acabo de decir, ¿por dónde empezamos? ¿Por dónde
empezaríamos, con tantas variables y cosas por hacer?
Está claro que necesitamos un plan de acción.
Este plan de acción consta de cuatro pasos. Lo primero que han de decidir
es si van a reaccionar. Sin este compromiso no tiene ningún sentido

148

continuar el curso. En segundo lugar, necesitan conocer su situación y,
para esto, les propongo que lleven a cabo eso que en ciencias sociales
denominan el Análisis FODA, es decir, la evaluación personal que les
permitirá descubrir sus Fortalezas, Oportunidades,Debilidades
y Amenazas. En tercer lugar, deberán escoger entre la infinita lista de
cosas que podrían hacer y, en cuarto, deberán establecer prioridades
dentro de esa lista, porque es imposible hacerlo todo. El conjunto de esas
cosas constituirá su plan de acción.
Empecemos por el paso N.º 1 – El plan de acción.
Pero en primer lugar, añadiremos algunos detalles al conjunto de cosas
que he mencionado. En este momento podríamos quizá evaluar los
posibles trastornos que pueden preverse, empezando por ninguno en
absoluto, es decir, la preservación del statu quo, lo cual significaría que los
principales riesgos desaparecerían rápidamente. El siguiente paso sería
una prolongada recesión con todo lo que eso conlleva. A continuación
situaríamos un derrumbe del sistema económico y, por último, podríamos
vislumbrar el colapso de los servicios que en la actualidad presta el Estado
a todos los niveles.
Sé positivamente que nuestro futuro está en algún lugar de este abanico
de posibilidades; el problema es que no sé exactamente dónde y no puedo
descartar ninguna de ellas, así que necesito sopesarlas todas.
Imaginemos cómo podría discurrir una de ellas y veamos cómo podríamos
reaccionar. Vayamos, por ejemplo, a la tercera posibilidad: el derrumbe del
sistema económico.
Sin preocuparnos sobre si habrá o no crisis financiera, digamos
simplemente si esa posibilidad nos parece verdadera o falsa. Es decir,
puede ser que suceda o que no suceda. Espero que todos estemos de
acuerdo en que la dualidad de posibilidades “verdadera/falsa” cubre la
totalidad de los posibles escenarios.
Y, siguiendo con este mismo procedimiento, diremos que o bien estaban
preparados de antemano para la crisis o no lo estaban. De nuevo, la

149

respuesta que elijan para mitigar el impacto de una crisis financiera es
verdadera o falsa.
Veamos ahora qué sucedería si fuese verdad que la crisis tiene lugar y
que estaban preparados lo mejor posible para ella. Enhorabuena, hicieron
todo lo que estaba en su mano.
Pero ¿qué sucedería si la crisis no tuviera lugar y no se hubiesen
preparado para ella? Enhorabuena de nuevo, hicieron lo que estaba en su
mano. Como verán, los resultados son equivalentes, por lo que podemos
eliminarlos del marco de decisiones. En cada caso, el resultado fue el
mejor posible, de manera que no vale la pena compararlos.
Pero ¿qué sucedería si la crisis no tuviera lugar y sí se hubiesen
preparado? ¿Qué podría pasar? ¿Qué es lo peor que podría suceder en
este caso? Bueno, probablemente perdieron algo de dinero (quizá la
oportunidad de obtener ganancias de capital en el mercado de valores) y
perdieron algo de tiempo, pero lo peor es que terminaron sintiendo cierta
vergüenza, lo cual no es muy agradable.
Comparemos ahora las casillas en las que la crisis financiera sí tuvo lugar
pero no se prepararon. ¿Qué podemos enumerar aquí? Es posible que
sufriesen grandes pérdidas si trataron de hacer ajustes repentinos bajo
presión, con poco tiempo y escasos recursos, en cuyo caso se
recriminarán por el hecho de haber acertado en sus predicciones y de no
haberse preparado en consecuencia. Es evidente que podrían
recriminarse muchas cosas más, pero para lo que aquí nos interesa, basta
con eso.
Ahora lo que tenemos que hacer es comparar estas dos casillas. Eso es.
¿Cuál es el peor de los escenarios? ¿Dónde les gustaría estar? Todos
somos diferentes, claro está, pero yo soy de aquellos que no se
perdonarían nunca el hecho de haber previsto lo peor sin prepararme en
consecuencia. Podría perdonarme más fácilmente el errar en las
predicciones y haberme preparado. Pero eso vale únicamente en mi caso.
Cada uno debe decidir cuál de ambas casillas le corresponde mejor. Pero
si escogieron las casillas de arriba, tendrían que preguntarse: “¿Qué es lo
que me impidió reaccionar?”

130

Se trata de algo más que simplemente responder “verdadera o falsa”.
Supongan que repasamos de nuevo lo que hemos elegido con respecto a
la posibilidad de una crisis financiera, que va desde “preservación del statu
quo” hasta “el sistema se va a derrumbar y dejará de funcionar durante un
tiempo”. Vamos a suponer que cada uno hace una evaluación diferente y
veamos cuáles son las posibles consecuencias.
Podríamos encontrar que una persona considera como extremadamente
difícil que ocurra algo muy malo mientras que otra pretenda casi lo
contrario. En cierto modo, ambas coinciden en que la posibilidad de que
algo malo suceda es superior a cero. Cuando una posibilidad puede tener
un impacto muy grande, un adulto prudente podría reaccionar a dicho
riesgo, incluso si es poco probable.
Siempre que exista un riesgo potencial y que los costos potenciales de no
reaccionar sean menores que los costos de reaccionar, no vale la pena
hacerlo. Nos enfrentamos a un dilema: reaccionar o no reaccionar.
Bueno, consideramos que han decidido reaccionar, pero ¿dónde? En
este Crash Course hemos estado hablando de cambios muy importantes.
¿Por dónde empezar en este enorme universo de posibles acciones?
Llegados a este punto les recomendaría que dedicasen una hora a evaluar
su situación personal. En mi sitio web,
www.ChrisMartenson.com, encontrarán la manera de hacerlo en la
sección ACT (actuar).
Tiene 3 componentes. Su evaluación personal debería incluir sus
necesidades actuales y futuras, sus ganancias actuales y futuras, lo cual
incluye todos sus bienes, así como algunos detalles relativos a cómo
acceder a ellos.
Otros detalles, que yo denomino fundacionales, son igual de importantes,
si no más, que los puramente económicos. Por último, es preciso
considerar todas sus necesidades físicas Lo bueno de llevar a cabo su
propia evaluación personal es que se darán cuenta de que sus vidas
dependen enormemente de muchas cosas que dan por supuestas.
Una vez completada su autoevaluación, tendrán una idea más clara de
dónde están sus fortalezas y dónde sus debilidades. La autoevaluación

131

personal es, por lo tanto, el punto de partida, representa su posición con
respecto al mundo exterior.
Ahora, debemos ir al mundo exterior y enumerar por orden de
posibilidades los riesgos que existen para compararlos con nuestra
evaluación personal.
Las tres dimensiones que utilizaremos para evaluar los acontecimientos y
riesgos son: el tiempo (es decir, la cercanía o la urgencia del riesgo o
acontecimiento); el impacto (grande o pequeño) y la probabilidad del
acontecimiento.
En el caso del tiempo, agruparemos los acontecimientos según su posible
aparición. El primer horizonte temporal yo lo establezco entre 0 y 2 años y
en él tendrá lugar el estallido de la burbuja inmobiliaria, el estallido de la
burbuja crediticia y, posiblemente, un derrumbe bancario sistémico. Poco
después, preveo el cruce de la oferta y la demanda de petróleo, problemas
con la jubilación de los baby boomersy el posible inicio de una elevada
inflación. Todavía más tarde, preveo grandes problemas como la
insolvencia nacional, quizá el fin del dinero fiat y el inicio de un nuevo
modelo económico.
Dado que no puedo responder a todos esos retos a la vez, me centraré en
los que me parecen más cercanos. De nuevo, podrían incluir cosas muy
diferentes en cada uno de esos horizontes futuros y serían las cosas que
deberían utilizar en su análisis personal. Estas que vemos aquí son las
mías. Para ilustrarlo mejor, veamos un ejemplo basado en la posibilidad de
una bancarrota bancaria sistémica.
Luego, dividiré las cosas según su impacto y su posibilidad. Si entienden
de seguros, ya habrán comprendido el proceso que viene a continuación.
Piensen en el seguro contra incendios de una casa. No lo presento aquí
porque sea un acontecimiento probable (no lo es), sino porque su impacto
es catastrófico. Es decir, en este caso una persona prudente combinará
impacto y probabilidad para llegar a la decisión de que el hecho de
asegurar su casa contra el fuego tiene mucho sentido.

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Así, esta manera de proceder vale para los demás aspectos de su vida.
Supongamos que construimos un gráfico sencillo de 2 x 2 casillas y que en
este eje dividimos la probabilidad de acontecimiento en “alta” y casilla
“baja”, mientras que en el otro eje dividimos el impacto en “alto” y “bajo”.
No deberíamos malgastar nunca ni nuestro tiempo ni nuestro dinero en
algo que tiene un bajo impacto y también una baja probabilidad. No vale la
pena preocuparse por este tipo de cosas.
Si algo tiene un alto impacto y una gran probabilidad se trata de una
urgencia. Estas cosas pasan siempre al primer lugar.
Las cosas que tienen un alto impacto pero poca probabilidad requieren
una mayor consideración, pero generalmente nos ocupamos de ellas en
esta otra casilla. Después, a veces nos ocupamos de cosas que tienen un
bajo impacto pero alta probabilidad, sobre todo si tienen un buen y fácil
remedio.
Y éste es el terreno en el que podrían suceder las cosas que me
preocupan. La manera en que rellenen estas casillas dependerá de su
edad, de sus medios económicos, de su situación familiar y de otros
factores.
Dado que considero que existe un 50% de posibilidades de que haya un
colapso económico sistémico durante los próximos dos años, considero
que se trata de algo con un alto impacto y una alta probabilidad, lo cual
quiere decir que su riesgo exige mucha atención por mi parte.
Continuemos con este ejemplo. Con esta parrilla en mente, debemos
establecer los riesgos asociados con un colapso económico sistémico
mediante el uso de una tabla como ésta.
En primer lugar, evaluaremos la probabilidad de que haya cierres
bancarios masivos como “alta”, el impacto como “alto” y, por lo tanto, el
rango de este acontecimiento como “alto”.
A la misma conclusión llegaremos con los bancos en los que guardamos
nuestros ahorros. Pero podríamos también evaluar el riesgo de trastornos
de la distribución de alimentos como “medio” y el de la destrucción del

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dólar como “media”, porque ambos tienen un alto y un bajo que, juntos,
dan medio. Los recortes presupuestarios del gobierno podríamos
clasificarlos como de riesgo “bajo”. Éstos son algunos ejemplos. A esta
lista habría que añadirle otras cosas.
Aquí se trata de evaluar la probabilidad y el impacto de cada
acontecimiento que, según nosotros, se aplica al escenario que estamos
estudiando. Cuando hayan completado esto, tendremos una lista
clasificada por orden de mayor a menor.
Les recomiendo que cuando hagan este ejercicio, procuren rodearse de
amigos que compartan sus ideas, ya que ellos pensarán en cosas que a
ustedes se les podrían olvidar, es más divertido y se termina más
rápidamente.
Ahora tienen que crear una lista. Lo hacen filtrando aquellos
acontecimientos que sean más inminentes, probables y con mayor
impacto según su autoevaluación. Les garantizo que, cuando lo hagan,
terminarán con una larga lista de cosas que podrían hacer.
Ahora ha llegado el momento de establecer prioridades.
En primer lugar la lista puede dividirse en cosas que quieren o pueden
hacer y en otras que no quieren o no pueden hacer. Puede que una
persona se sienta capaz de poner sus bienes a producir mientras que otra
los tenga bloqueados en un fondo.
Las cosas que puedan o quieran hacer las dividiremos en tres niveles de
acción, tales como el nivel 1, que se iniciará y completará antes de pasar
al nivel 2, el cual se hará siempre antes que el nivel 3. Esto hace que sea
mucho más fácil empezar, dado que las listas son más manejables.
De las cosas que no pueden o no quieren hacer, sus opciones incluyen las
de encontrar a alguien que pueda hacerlas (aquí se integra la comunidad)
o dejarlas como están y no preocuparse de ellas nunca más.

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Pero volvamos a nuestro ejemplo: supongamos que después de haber
filtrado sus acontecimientos clasificados a la luz de su autoevaluación
concluyan que tienen una larga lista de acciones que les gustaría llevar a
cabo. Lo más seguro es que haya demasiadas cosas para poder hacerlas
a la vez y habrá llegado el momento de utilizar el sistema de los tres
niveles para identificar las que sean más fáciles, con un menor costo y con
mayor probabilidad de éxito.
¿Cuál es el nivel 1? Consiste en las cosas más fáciles, rápidas y de menor
costo, que exigen menos ayuda exterior y no precisan ningún cambio en
su modo de vida. En este ejemplo, podríamos definir que si sacásemos un
poco de dinero en metálico del banco, éste nos protegería del riesgo de no
poder comprar en el caso de que los bancos y los cajeros automáticos
dejasen de funcionar. Esto es fácil de hacer. El mayor riesgo que se corre
es poder pensar más tarde que fue una tontería si no sucede nada, de
manera que entonces simplemente depositamos el dinero de nuevo el
banco. Podríamos también diversificar los depósitos, en caso de que la
parálisis bancaria no fuese universal, sino que afectase sólo a algunos
bancos. Por último, podríamos decidir cubrirnos contra una gran pérdida
del poder adquisitivo, como la que se sufrió en la Argentina con el cierre
de bancos. El oro es uno de los métodos más seguros de conservar un
valor similar al dinero, pero fuera del sistema bancario. Haremos todas
estas cosas antes incluso de empezar a pensar en pasar al nivel 2.
Luego, pasaremos al nivel 2, que consiste en aquellas cosas capaces de
solucionar las mayores deficiencias de su autoevaluación y requieren una
gran inversión de tiempo, dinero y energía.
Por ejemplo, inicie un programa de ahorro para que pueda permitirse
cosas necesarias o piense en la manera de crear una protección
alimentaria para su comunidad o de implicarse mucho más con sus
vecinos y la gente de su localidad.
Una vez realizadas estas cosas del nivel 2 habrá llegado el momento de
pasar al nivel 3, que es el más difícil de todos. Se trata de las decisiones
que implican los mayores cambios en su vida, tales como la mudanza a
otro lugar lejos de su residencia o el aprendizaje de nuevas habilidades o

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incluso el cambio de trabajo. Lo más importante es que deberán resistir el
impulso de perder tiempo o energía en estas acciones hasta que hayan
hecho grandes progresos en las de los niveles 1 y 2.
Si todas estas cosas les parecen difíciles y esperaban que el Capítulo 20
consistiera en una lista más sencilla de “cosas que hacer”, lo único que
puedo decirles es que no existen respuestas fáciles para la magnitud de
los retos a los que nos estamos enfrentando. Este capítulo podría
constituir por sí mismo un curso entero y en mi sitio web pienso incluir
algunos videos que exploren dichas cuestiones en mayor detalle
Lo que he estado tratando de hacer hasta ahora es prepararlos
mentalmente para la idea de que los próximos veinte años van a ser muy
distintos de los últimos veinte.
De manera más específica, creo que todos necesitamos estar preparados
para una catástrofe económica, y eso no porque estemos seguros al 100%
de que sucederá, sino porque no estamos seguros al 100% de que no
sucederá. Lo prudente de toda persona adulta es identificar los riesgos y
hacerles frente.
Y creo que necesitamos estar preparados para la posibilidad –he dicho
bien la posibilidad– de que nuestros sistemas de sostén más básicos
cesen de existir. La sociedad actual suele considerar “impensables” las
cosas que han ido surgiendo de este análisis, pero hace unos 100 años la
absoluta dependencia que hoy tenemos de un sistema que nos permite un
suministro puntual de cosas básicas habría sido considerada una locura.
En último lugar, creo que el futuro va a desplazarse desde la cultura del
“Yo” a la cultura del “Nosotros”, de regreso a una era de antaño en la que
los vecinos no eran necesariamente amables entre ellos, pero sí se
ayudaban. En tanto que personas informadas, a partir de ahora tienen la
responsabilidad de ayudar a los demás lo mejor que puedan. Es posible
que los demás lo sepan y lo consientan, pero también lo es que tengan
que actuar de manera más indirecta si advierten que no están preparados
para enfrentarse a los cambios.

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Y termino rogándoles que reaccionen. Ahora que ya han completado
el Crash Course, espero que estén de acuerdo en que los retos a los que
nos enfrentamos no reciben la atención adecuada ni en nuestra nación ni
en el mundo. He creado el Crash Course para llegar a la gente, persona
por persona, porque creo que algunos de los riesgos a los que nos
enfrentamos avanzan con mayor rapidez que el proceso político. Creé
el Crash Course para que puedan comprender lo que está sucediendo y
para ayudarles a descubrir que el futuro podría ser muy diferente del
pasado.
Necesito su ayuda para poder difundir este mensaje. Cientos de miles de
personas ya han seguido el Crash Course en todo el mundo sin que yo lo
haya publicitado. Esto se debe a que gente como ustedes se lo ha pasado
a sus amigos, a sus parientes o a sus compañeros de trabajo. Pero yo
quiero que lo vean millones de personas. Tenemos que crear un impulso
que haga imparable la concientización popular en estos asuntos.
He dedicado cuatro años de mi vida y buena parte de mis ahorros para
crear este curso y ponerlo gratuitamente a la disposición de todo el
mundo. Cualquier ayuda de su parte sería bienvenida. Si creen haber
obtenido algo de él, si les ha conmovido o si ha cambiado su manera de
pensar, espero que consideren la posibilidad de “retribuir” lo recibido
donando algún dinero. ¿Cuánto? Yo diría que una cantidad que no fuese
ni excesiva ni minúscula.
Es necesario que el Crash Course se estudie en todos los ámbitos de
poder, necesito entrenar a otros para que puedan enseñarlo, he de
desplazarme a todos los lugares posibles, procurar su traducción a
muchas lenguas y expandir su contenido, añadir nuevo material y lograr
que este esfuerzo siga avanzando.
Necesito cualquier ayuda que puedan ofrecerme, incluso si se trata
únicamente de enviar el enlace de Internet a otras personas para que
puedan hacer el Crash Course. Yo haré mi parte, ustedes la suya. Lo
prometo, porque al fin y al cabo somos nosotros quienes definiremos el
futuro. Gracias por su atención.




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