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Don Juan

III- El Héroe

Don Juan
III- El Héroe
Matrimonio: Un ritual que desinfla el deseo

Ariel C. Arango

Arango, Ariel Don Juan III : el heroe. - 1a ed. - Santa Fe : el autor, 2010. 182 p. ; 14x21 cm. ISBN 978-987-05-8569-5 1. Psicoanálisis. I. Título CDD 150.195

Fecha de catalogación: 05/05/2010

2010 - ACA Ediciones. Primera edición Queda hecho el depósito que establece la ley 11.723 Prohibida su reproducción total o parcial Diseño Editorial: Diseño Armentano Imagen de portada: Rubens (1577 - 1640) Jardín del amor (1635) c Óleo sobre lienzo, cm. 198 x 283 Museo del Prado, Madrid

C

Un héroe es quien se ha levantado valientemente contra su padre, terminando por vencerlo.

Freud, Moisés y la religión monoteísta, I (1937).

Di te vir fabula narratur

De ti, varón, se habla en esta historia

Dr. Ángel Garma IN MEMORIAM

No sospechan, ciertamente, cuántos renunciamientos trae consigo, a veces para ambas partes, el matrimonio, ni a lo que queda reducida la felicidad de la vida conyugal, tan apasionadamente deseada.

Freud, La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna (1908).

Que me muera, oh Príapo, si no me da vergüenza decir palabras torpes y obscenas. Pero como tú, siendo dios, muestras tus huevos al aire dejando de lado el pudor, debo yo llamar a la concha, concha y a la pija, pija.

Priapeo, Corpus Priapeorum (siglo I d C)

Prólogo

La leyenda
El que hizo esto fue el primer poeta épico, y el progreso en cuestión no se realizó sino en su fantasía. Este poeta transformó la realidad en el sentido de sus deseos e inventó así el mito heroico. El héroe era aquel que sin auxilio ninguno había matado al padre. Freud, Psicología de las masas XII, b, (1921)

I a leyenda, como siempre, nació en el alma popular. El Burlador de Sevilla apareció en 1630, pero ya antes existían en numerosos países de Europa muchas narraciones populares, como así también distintos romances españoles, sobre todo en Galicia, Castilla la
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Don Juan - El Héroe

Vieja y en León que parecían anunciar a Don Juan1. Este romance castellano recogido en el pueblecito de Curueña, provincia de León, rayano con Asturias, es típico: Pa misa diba un galán, caminito de la iglesia, no diba por oír misa ni pa estar atento a ella, que diba por ver las damas las que van guapas y frescas. En el medio del camino encontró una calavera, mirándola muy mirada, y un gran puntapié le diera: arrengañaba los dientes como si ella se riera. —Calavera, yo te brindo esta noche a la mi fiesta. —No hagas burla, caballero, mi palabra doy por prenda. El galán, todo aturdido, para casa se volviera; todo el día anduvo triste, hasta que la noche llega. De que la noche llegó, mandó disponer la cena. Aún no comiera un bocado, cuando pican a la puerta; manda un paje de los suyos que saliese a ver quien era. —Dile, criado, a tu amo que si del dicho se acuerda. —Dile que sí, mi criado, que entre pa’cá norabuena.
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Prólogo

Pusiérale silla de oro, su cuerpo sentara en ella; pone de muchas comidas y de ninguna comiera. —No vengo por verte a ti, ni por comer de tu cena; vengo a que vayas conmigo a media noche a la iglesia. A las doce de la noche cantan los gallos afuera, a las doce de la noche van camino de la iglesia. En la iglesia hay en el medio una sepultura abierta. —Entra, entra, el caballero, aquí te voy a enterrar, para condenar tu ofensa.2 En todos estos cantos labriegos, romances o consejas se trata siempre, con distintas variantes, de un mismo tema: de un mozo disoluto, valiente y mujeriego; de un difunto que toma venganza de él; y de la celebración de un banquete fúnebre3. Freud vio en estos difundidos relatos reminiscencias, enmascaradas como en un sueño, de un hecho real tan tremendo como perdido en las tinieblas del tiempo4: un día los hijos de la horda primitiva se rebelaron contra su temido Padre pero como ninguno, cobardemente, se atrevía a acercarse a él, entre todos, lo mataron desde lejos… ¡a pedradas!5 (la lapidación, popular castigo aún en países donde rige la sharia, la ley islámica, es un vestigio de aquella estrategia prehistórica). Y luego, y además, crudo… ¡se lo comieron también! Don Juan, el gallardo hidalgo español, en cambio, es el héroe que, en su afán de conquistar hembras,
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Don Juan - El Héroe

enfrenta y vence al Padre… ¡solo y sin ayuda! Ésta es su historia:
«Pero dejad que suenen los clarines. Surge Don Juan»6

II Don Juan, apuesto, capa roja, sombrero de plumas, daga y espada al cinto,
a long plume waving, like sails new shrived in a storm7 «una larga pluma ondulante, como las velas flamean en la tormenta»

es el símbolo del varón indómito que no se somete al ritual del matrimonio: es el hijo…¡que no pide al Padre permiso para coger! El personaje encontró, por primera vez, un lugar en la literatura en El Burlador de Sevilla (1630) del dramaturgo español Tirso de Molina (1579-1648) y ahora es una figura universal como Don Quijote, Hamlet o Fausto. Su carácter inspiró a infinidad de artistas. El austriaco Mozart (1756-1791) vistió su ópera Don Giovanni (1787) con las galas de una música inspirada; el francés Moliere (1622-1673) en su Le Festin de Pierre (1665), hizo de él, con retozona prosa, un ateo mujeriego; y el inglés Lord Byron (1788-1824), alcanzó con su poema satírico Don Juan (1818-23) la cima de su arte. La leyenda nos cuenta que Don Juan, en el apogeo de su vida amorosa, muy variada y sin compromisos, seduce a una joven de noble familia y mata al padre
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Prólogo

que intenta vengar la afrenta. Viendo, tiempo después, una estatua del difunto, lo invita a comer con él. Y el espectro de piedra, puntualmente, arriba al convite como un presagio de muerte. Los nobles rasgos de Don Juan, alegre gustador de mujeres, arrogante coraje y oportuno humor, exaltan el valor dramático de la historia ya que el héroe, incluso, desafía a las fuerzas fantasmales de lo desconocido y enfrenta a la muerte sin arrepentirse jamás.

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Capítulo I

El burlador de España
Ahora su padre se convierte en un rival que se interpone en su camino y del que querría verse libre. Freud, Esquema del psicoanálisis, VII (1938).

I
«Guárdense todos de un hombre Que a las mujeres engaña, Y es el burlador de España»1

o que Don Juan no quiere es… ¡casarse! No quiere someterse al ritual de castración. Promete ponerse en el dedo el anillo funesto… ¡y no cumple! De hecho todas las burladas, Isabela, Tisbea, Aminta y Ana, no se quejan de que las haya cogido… ¡sino de que no se haya casado! En eso consiste su burla.
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A Isabela, bella aristócrata aún embriagada por la dulzura del goce:
«Duquesa de nuevo os juro De cumplir el dulce sí» 2

A Tisbea, la hermosa pescadora que fundía con sus cabellos el alma del seductor:
«Juro, ojos bellos Que mirando me matáis, De ser vuestro esposo»3

Y a Aminta, recién casada campesina que yacía en su cama aguardando a su flamante y rústico marido:
«Torciendo el camino acaso Llegué a verte, que Amor guía Tal vez las cosas de suerte Que él mismo dellas se olvida. Vite, adoréte, abraséme, Tanto, que tu amor me anima A que contigo me case»4

Don Juan les miente a las mujeres, es cierto. Pero no se burla de ellas. Sólo las engaña, ¿Y qué otra cosa podría hacer? Todas eran hermosas y su instinto, imperioso, lo impulsaba a poseerlas. Pero ellas le exigían, para poder gozar de sus favores, una condición tan indigna como cruel: ¡someterse al ritual de castración! Todo el día, todos los días de la semana y el mes, todo el año, siempre… ¡con la misma mujer!5. Era éste, sin duda, un trueque inicuo. La absurda exigencia se refutaba sí misma y su propia desmesura exculpaba el engaño. Tanto es así que hasta los más ásperos moralistas
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Capítulo I - El burlador de España

conceden, a veces, valor moral a la mentira. Así en el caso de la mentira piadosa o de la mentira sublime. Y además, como bien se ha dicho, en las mil ocasiones en que ahorra muchos males, la vergüenza o la muerte, «ya que no es siempre con amigos con quienes tenemos que tratar en este mundo mortal más tenebroso que sereno»6. Y, por supuesto, se justifica también, cuando, como en el caso de Don Juan, nos evita la frustración de nuestras ganas de coger. Campanella (15681639), el filósofo y poeta italiano, lo dijo sin ambajes: «Bella cosa es la mentira que procura un gran bien»7. Don Juan sabía de los peligros de desoír el llamado de un poderoso deseo. Quiquid amor iussit, non est comtemnere tutum, lo que el amor ordena es peligroso desdeñarlo: la temida angustia, el descorazonante abatimento o el mortal languor, constituyen un riesgo inminente y seguro. Aunque, bien es cierto, al joven hidalgo estos pesares le fueron ajenos ya que siempre fue leal a la voz de su instinto el cual le imponía sólo una cosa, pero sin atenuantes: ¡coger! (la paja o la abstinencia no son alternativas para el hombre viril). Una inclinación amorosa, vehemente, lo arrastraba:
«JUAN. Yo quiero poner mi engaño Por obra. El amor me guía A mi inclinación, de quien No hay hombre que se resista. Quiero llegar a la cama»8

II Don Juan, en suma, no se burla de las hembras sino… ¡del Padre! La mujer, por supuesto, busca casarse pero
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Don Juan - El Héroe

quien exige el matrimonio, quien impone el ritual de iniciación… ¡es el Rey! (el poderoso y temido Viejo Celoso)9. Es él, quien haciendo uso de su poder omnímodo, dispone de las mujeres que llegan en queja contra Don Juan casándolas según su voluntad:
«REY. Más estimo, don Gonzalo, Escuchar de vuestra lengua Esa relación sucinta Que haber visto su grandeza ¿Tenéis hijos? Gran Señor Una hija hermosa y bella En cuyo rostro divino Se esmeró naturaleza. Pues yo os la quiero casar De mi mano Como sea Tu gusto, digo, señor. Que yo lo acepto por ella. Pero ¿quién es el esposo? Aunque no está en esta tierra Es de Sevilla, y se llama Don Juan Tenorio.»10

GONZALO.

REY.

GONZALO.

REY.

Pero luego, al enterarse que Don Juan, con engaños, había gozado a Isabela busca reparar la afrenta
«REY. Casando a ese rapaz con Isabela»11

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Capítulo I - El burlador de España

Lo que le trae, después, la tribulación de haber casado, con poco tino, a una misma mujer con dos hombres distintos:
«REY. Pero, decid, Don Diego, ¿qué diremos, A Gonzalo de Ulloa, sin que erremos? Cásele con su hija, y no sé como Lo puedo remediar»12

Tan poca importancia tiene la opinión de los novios que ellos solo se enteran que son tales cuando lo decide el Rey:
«MOTA. El Rey la tiene casada Y no sabe con quien»13

Y es que el Rey es el dueño de todas las hembras y sólo ofrece a sus súbditos en matrimonio a las que no desea14. Y, en cualquier caso, nunca otorga a los maridos sobre sus esposas una propiedad absoluta sino precaria ya que, regiamente, se reserva con el derecho de pernada el privilegio de cogerlas antes que el esposo (Don Juan cuando se cogió a Aminta, la recién casada campesina, no hizo, de hecho, otra cosa que ejercitar ese rancio droit du seigneur)15. ¿Qué es el matrimonio?: los restos, las sobras, el descarte de los placeres del Señor… Don Juan rechazó esa limosna.

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Don Juan - El Héroe

III Las mujeres, sin embargo, no eran del todo inocentes… La duquesa Isabela y Doña Ana fueron cogidas por Don Juan haciéndose pasar, con una, por el duque Octavio, y con la otra, por el marqués de la Mota. Pues bien, ¿es posible creer que ellas no se dieran cuenta que quien las cogía era otro hombre? Respondamos con el romano Horacio (65-8 aC): Credat iudadeus Apella, non ego; que lo crea el judío Apela, no yo…16 Don Juan no lo creía tampoco. Y así se lo dijo a don Gonzalo de Ulloa:
«JUAN. A tu hija no ofendí Que vio mis engaños antes»17

Tisbea, la joven pescadora, no era, igualmente, tan cándida. Estando Don Juan desmayado sobre la playa luego del naufragio, ella supo por su sirviente Catalinón que él era un hijo de un Grande de España. ¡Cuánta ilusión tuvo de ser seducida! Don Juan conquistó a quien estaba muy pronta a rendirse… Y en cuanto a la campesina Aminta no hay excusas que valgan. Recién casada y esperando a su esposo en la cama (y en complicidad con su padre Gaseno) no dudó en abandonarlo para buscar nuevo matrimonio con el hijo… ¡del preferido del Rey! Las quejas de estas mujeres ofendidas son, en verdad, muy sospechosas. Arguyen que fueron engañadas en su buena fe pero más bien parece que todas… ¡fracasaron en su ardid! Por eso tanta indignación: no reclamaban tanto amor como casamiento. Y la duquesa Isabela lo reconoció con desparpajo:

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Capítulo I - El burlador de España «ISABELA. Mi culpa No hay disculpa que la venza; Más no será el yerro tanto Si el Duque Octavio lo enmienda»18

Y es que en realidad es muy difícil que una mujer sea sorprendida por el varón (en todo caso sucede al revés) ya que ella piensa, en las cosas del corazón, más seriamente que el hombre. Bajo su emotiva apariencia se oculta una mente mucho más calculadora y fría. Tan es así que, como diría Freud, es muy discutible que la vida amorosa de la mujer sea conducida por impulsos repentinos o poco meditados19. IV El Rey, al enterarse por boca de las propias mujeres que Don Juan las había cogido bajo falsa promesa de matrimonio, no titubea en dictar su implacable sentencia:
«REY. ¿Hay desvergüenza tan grande? Prendedle y matadle luego»20

La muerte es la pena por coger fuera de la ley. El mismo castigo con que los sacerdotes aterrorizan a los jóvenes en el ritual de iniciación de las sociedades primitivas (Don Juan: El Anillo Funesto, 2009)21. El Rey es el sacerdote, el sacerdote es el Rey, y ambos son el Padre. El Padre que amenaza al hijo con la castración si coge con su madre… Pero sucede que Don Juan es el hijo rebelde que, valientemente, corre el riesgo puesto que sabe que,
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Don Juan - El Héroe for gentlemen must sometimes risk their skin for that sad temper, a forbidden woman 22

«pues los caballeros han de jugarse a veces la piel por esa tentación fatal que es una mujer prohibida». Y por eso Don Juan, «hirviéndole en sus venas la sangre de toda su estirpe de nobles castellanos», junto con el matrimonio… ¡rechaza la circuncisión!:
Strike me dead but they as soon shall circuncise my head! 23

«¡Prefiero que me maten si circuncidan mi cabeza!» Don Juan no acepta llevar en el dedo, con el anillo funesto… ¡la marca del esclavo!24. V Don Juan es el hijo que no pide al Cacique de la horda primitiva permiso para coger. Y como no se somete al macho tampoco se somete a la hembra: qui potes is magis, potes is minor, quien puede lo más puede lo menos. Él es el hijo que no se somete al Padre… ¡ni a la Madre! Lo que no es poca cosa ya que como decía Samuel Johnson (1709-1784), el escritor inglés, la naturaleza dio tanto poder a la mujer que el derecho no puede darle aún más…25. Y por eso Don Juan… ¡es el héroe! ¿Cómo explicar, sino, la admiración que, a través del tiempo, su imagen suscita? ¿Cómo dar razón de la eterna lozanía de su gallarda figura? ¡Todo varón quisiera poder coger a la mujer desea30

Capítulo I - El burlador de España

da sin tener que casarse, sin tener que pagar el tributo del humillante ritual! Es el deseo más hondo que anida en todo pecho viril. ¡Quién no fuera Don Juan!

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Capítulo II

Promiscuidad
Las características de la moral sexual civilizada bajo cuyo régimen vivimos serían, según nuestro autor, las transferencias de las reglas de la vida sexual femenina a la masculina y la prohibición de todo comercio sexual fuera de la monogamia. Freud, La moral sexual civilizada y la nerviosidad moderna. (1908)

I reud estaba de acuerdo con las opiniones que Christian Freiherr von Ehrenfels (1852-1932), el filósofo austriaco, manifestara en su obra Ética Sexual (1907). Sobre todo, compartía con el distinguido barón (al que citó en varias de sus obras), la alarma sobre el daño que la civilización, limitando al macho su libertad de coger, le infligía a su salud1. Y, en su opinión, la
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Don Juan - El Héroe

coerción más seria consistía en exigirle comportarse, por medio de su sumisión al ritual del matrimonio, del mismo modo que la hembra: ¡la glorificación de la monogamia! Y no titubeaba, además, en afirmar que esa exorbitante pretensión constituía un método infalible para desinflar la pija. Y esto se debe a que el Ritual trata como iguales a quienes son… ¡desiguales!. El instinto es, por esencia, conservador, y a través del tiempo y el espacio siempre quiere lo mismo. A menudo no coincide con las leyes de la lógica, y, por supuesto, nada sabe de «derechos humanos». No obstante, y a su modo, también es radical. Su verdad, que afirma con honda obstinación, contradice cualquier opuesta actitud: Ecce corpus!, ¡he aquí el cuerpo!, resuena su voz. El macho y la hembra son espiritualmente tan diferentes como la pija y la concha. La disparidad es, por lo tanto, su genio (Los Genitales y el Destino, 1993)2 ¡La anatomía es el Destino! II El varón, abrumado por majestuosidad de la música (ya sea por la «triunfal» Marcha Nupcial de Mendelsson, cuyo toque de fanfarria es un emblema a la entrada o salida de las iglesias, o ya sea por las repetidas notas agudas que introducen el Coro Nupcial de Wagner, que acompaña el lento andar de la novia hacia el altar) y preso de la euforia que en él suscitan las fiestas y banquetes que celebran (y ocultan) la castración, se somete al ritual del matrimonio. Y lo hace para advertir, no mucho tiempo después, que como el frigio Atis 3, ha caído en una trampa donde la angustia, la tristeza y el aburrimiento ocupan el lugar del prometido paraíso.
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Capítulo II - Promiscuidad

Con lo que, por lo menos, se encuentra igual que antes de ponerse el anillo funesto en el dedo con el agregado de que, como bien lo dice Freud, tiene eine Ilussion minder, una ilusión menos4. No es éste, por supuesto, el caso de Don Juan. III A don Juan le gustan las mujeres. Y no sólo cuando las ve. También cuando las huele: ¡el olor de la concha! Mi pare sentir odore di femmina, me parece sentir olor de mujer, dice Don Juan a su sirviente en el Don Giovanni de Mozart5. Su poderoso deseo se derrama, ecuánimemente, sobre todas las hembras y, de ese modo, todas le lucen más bellas. Campesinas, camareras, y ciudadanas; condesas, marquesas y princesas; mujeres de toda condición, de toda forma y de toda edad:
V’han fra queste contadine, camariere e cittadine, v’han contesse, baronese, marchesane, principesse, e v’han donne di ogni grado, d’ogni forma, d’ogni età 6

(Como las mujeres maduras han sido ya cogidas asiduamente y tienen experiencia en el amor, un proverbio italiano comparte el aprecio de Don Juan por las mujeres de cualquier edad; una gallina vecchia fa miglior brodo ch’un altra, una gallina vieja hace mejor caldo que una joven) Don Juan, en todas, descubre un rasgo encantador:
Nella bionda egli ha l’usanza 35

Don Juan - El Héroe di lodar la gentileza

«De la rubia tiene la costumbre de alabar la gentileza»
nella bruna la constanza nella bianca la dolcezza.

«de la morena la constancia, de la blanca la dulzura»
Vuol d’inverno la grassota vuol d’estate la magrotta

«Quiere en invierno la gordita, quiere en verano la flaquita»
è la grande maestosa, la piccina è ognor vezzosa…7

«es la grande majestuosa, la pequeña es siempre graciosa» El deseo de Don Juan se difunde con anchura pero no sin discernimiento. Tiene favoritas. ¡Y vaya si las tiene! Porque,
sua passion predominante è la giovin principiante.

«su pasión predominante es la joven principiante»
Non se picca se sia ricca, se sia brutta, se sia bella; purchè porti la gonella, voi sapete quel che fa! 8

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Capítulo II - Promiscuidad

«No le importa que sea rica, sea fea o sea bella; con tal que tenga pollera ya sabemos lo que hace» Don Juan tiene preferencias pero no es excluyente. Como su instinto quiere coger sin dilaciones se acomoda, elásticamente, a cada hembra que tiene entre sus brazos y, de ese modo, las disfruta más. Y esta democrática amplitud de su mirada es un fruto de su libertad: como él no se somete al ritual del matrimonio no es riguroso en su elección de mujer ya que no se siente obligado a permanecer con ninguna y, por ello, a todas les busca sus cosas lindas… ¡para cogerlas mejor! El inquieto hidalgo no practica la abstinencia. Con que tenga pollera basta:
purchè porti la gonnella, voi sapete quel che fa!

IV Don Juan, al impulso de su desbordante deseo, multiplica su trato con las hembras. Las busca con gentileza, las frecuenta con holgura y las goza sin mezquindades: él es un hombre sociable. El varón castrado, en cambio, selecciona a las mujeres con suma ponderación y cuidado, disimulando su miedo a coger sin permiso tras fútiles y vanos pretextos: «A ésta no la cojo porque es gorda, a aquélla porque es pobre, a ésa porque es vieja…» (Freud decía que ante toda persona que en una ocasión favorable a la excitación sexual desarrollase predominante o exclusivamente sensaciones de repugnancia no titubearía en diagnosticarle una histeria)9. Y no es para menos tanta prolijidad en quien sabe que una vez que optó… ¡es para siempre! La esposa es la sombra del varón10.
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Don Juan - El Héroe

El Ritual, en suma, torna al macho más huraño. El hombre casado ahoga los llamados de la sangre y limita los roces de su piel y, de ese modo, empobrece su vida amorosa ya que en lugar de unirse se aísla de los estimulantes cuerpos de las hembras. El hombre casado es más adusto; el hombre libre más jovial. V Don Juan gracias a su libertad instintiva era un hombre cabal. Él disfrutaba de las hembras sin prejuicios ya que estaba decidido a abandonarse al monojronos hedoné, al placer de cada momento. Del joven hidalgo puede repetirse (aunque el español era de un carácter mucho más recio e impulsivo que el amable griego) lo que el poeta romano Horacio dijera del filósofo Aristipo (435?-366 a C) al afirmar que, omnis Aristippum decuit color et status et res, temptantem maiora, fere praesentibus aequum (Epist. I, 17, 23-4):
A Aristipo cualquier color y condición y cosa le convenía, ya que si bien aspiraba a lo mejor, se adaptaba a lo que tenía a mano.11

VI Don Juan es promiscuo. Y lo es porque la naturaleza así lo quiso. Ella, a quien sólo le preocupa la specie, quiere que la siembra se produzca siempre; que nunca falte la simiente en el anhelante y feraz surco de la hembra. Y, por eso, hizo al macho un sembrador. Y por eso también, cuando él es fiel a su destino, su felicidad se llama: ¡coger!
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Capítulo II - Promiscuidad

Y así lo expresa, en la zarzuela, la densa y acariciante voz del barítono (La Rosa del Azafrán, 1930):
«Vuela la simiente de mi puño cae sobre la tierra removida siente sus caricias el terruño y abre sus entrañas a la vida»12

La mujer, en cambio, no es promiscua. La naturaleza pretende de ella otra cosa. En la vida amorosa la hembra compromete más su cuerpo. El macho es un visitante; ella la anfitriona. Y sólo abre sus puertas con cautela. La misión del macho es más superficial ya que él, únicamente, siembra; la misión de la hembra es más profunda ya que ella recibe la semilla para que germine en su carne. Y allí la atesora a la espera de la dulce primicia. La responsabilidad de la mujer en el artis amatoriae es más grande porque, aunque ella no piense en el hijo, el instinto nunca deja de hacerlo. Por esa razón, y para desconcierto del impetuoso varón, sólo se entrega con precauciones. Y no es para menos: ¡es la prolongación de la especie la que se juega entre sus piernas! De allí que para la mujer la seducción puede ser juguetona pero la voluptuosidad nunca es frívola. Para ella coger, inconscientemente, es siempre algo serio. La esperanza de un retoño, por supuesto, también está presente en los lujuriosos afanes del macho. Pero de un modo más lejano. A él lo domina, casi obsesivo (como a Don Juan), la búsqueda de la satisfacción inmediata porque su deseo urge. Sólo cuando se ha metido con una hembra el ansia de disfrutar de su vientre repleto comienza a merodear en su mente. Pero, por lo común, coger es para él una empresa más ligera. Lo que no debe extrañarnos: ¡el embarazo no acontece dentro suyo! No lo experimenta en su cuerpo; lo siente desde afuera…
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Don Juan - El Héroe

La naturaleza hizo del varón un semental. Él es así: se complace con su familia pero no es ciego a los encantos de otras hembras. El mundo lo atrae y llama. Y Don Juan era consciente de ello: Man’s love is for his life a thing apart. ‘Tis woman’s whole existence13,
«El amor es para el hombre una cosa aparte. Y para la mujer la vida entera.»

VII Don Juan es tan promiscuo como lo es todo varón, aunque sean pocos los que se animen, como él, a satisfacer su instinto con libertad. Y esto es algo que podemos observar, cotidianamente, en cualquier niño no sometido aún al miedo a la castración (Don Juan: El Varón Castrado, 2010)14. Juanito es un caso famoso. Era un pequeño de cinco años psicoanalizado por Freud en el año 1909. Fue el primer psicoanálisis realizado a un niño y, curiosamente, tuvo lugar… ¡por correspondencia! El padre, un admirador de Freud, condujo el tratamiento bajo su asesoramiento epistolar. Juanito no sólo disfrutaba metiéndose en la cama con su madre para que ella «le hiciera mimitos», sino que se mostraba, también, muy emprendedor y conquistador con unas niñas amigas a las cuales abrazaba y besaba con tanto placer como frecuencia. Una tarde, a una de ellas llamada Berta, de cinco años, cuando salía de su cuarto la estrechó en sus brazos diciéndole con ternísimo acento: «¡Cuánto te quiero Berta!». Esta apasionada declaración, no obstante, no le impedía hacer la misma protesta de cariño a otra amiga suya, Olga, de siete años, y también le gustaba mucho una chica mayor, de catorce,
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Capítulo II - Promiscuidad

que solía jugar con él. Una noche cuando iban a acostarlo dijo: «¡Quiero que Maruja duerma conmigo!»15. El pequeño, obviamente, como nuestro héroe Don Juan, no ponía límite a sus deseos, y Freud no titubeó en ver en esta amorosa inclinación, tan pujante como variada, la temprana manifestación de una «enérgica virilidad polígama»16. Por mi parte, conozco a un chico de apenas dos años, que gusta de meterse en la cama con su madre, con su abuela… ¡y con su tía también! Y a la manera de un auténtico sultán, si bien tiene en la madre su «favorita», no desdeña, igualmente, en «encamarse», a piacere, con las otras mujeres de su «harén» (el día que, definitivamente renuncie a su madre, sin darse cuenta, renunciará también a todas). Una vez, jugando en el parque y viendo que tanto su madre como su tía se disputaban sus abrazos, decididamente, se puso en el medio y poniendo un brazo en el hombro de cada una de ellas, les dijo con su rústico lenguaje: «¡Ash dos!». Y tenía razón: ¿por qué optar si las quería a ambas?. Cuenta el historiador griego Diógenes Laercio (siglo II d C), que cierta vez el filósofo Aristipo de Cirene, hallándose en Sicilia, cuando Dionisio, tirano de Siracusa, le pidió que eligiera entre tres hermosas jóvenes de su corte él, como un genuino Juanito, alegremente… ¡se las llevó a las tres!17 VIII Ovidio (43 a C-17 d C), el poeta romano, relata en Las metamorfosis que, cierta vez Júpiter, ebrio de vino y buen humor, declaró a Juno, su esposa:
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Don Juan - El Héroe Sostengo que el placer vuestro es más grande que el nuestro18

Pero como la diosa no compartió su opinión consultaron al adivino Tiresias y éste, que conocía las dos caras del amor porque durante siete años había sido transformado en mujer, concedió la razón al padre de los dioses: la mujer es la reina de la cama (aunque, a veces, sea más renuente para llegar a ella). El inefable deleite que experimenta al coger se debe a que sólo en su vientre el instinto cumple con su eterno afán de crear una nueva vida. La voluptuosidad que ella siente al acabar es casi ya la promesa de un hijo… El anhelo de la pija es más acuciante, pero el placer de la concha más intenso y amplio; el macho tiene apuro por dejar su semilla pero la hembra, como madre, es más prudente en recogerla; aquél concluye su tarea al derramar la leche, la de ella se inicia al recibirla. La misión de uno termina donde la de la otra comienza: el hombre cuando acaba, satisfecho, tiende a salir del agujero donde entró con ímpetu pero ése es, justamente, el momento en que la mujer, más que nunca, quiere… ¡que permanezca adentro! De allí su ruego conmovedor: «¡No te vayas!», «¡dejála un rato más!»… IX La urgencia torna a la pija promiscua; la responsabilidad, a la concha, cauta. La mujer puede tener un hijo en un año, el varón… ¡cien!19 La anatomía es el Destino: ¡cómo tratar como iguales al hombre y a la mujer si tan diferentes son sus anhelos! La igualdad entre desiguales es desigualdad. Quique sum; a cada uno lo suyo.
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Capítulo II - Promiscuidad

Don Juan fue fiel a su pija. X Freud dice que puede afirmarse que el hombre feliz jamás fantasea, y sí tan sólo el insatisfecho porque el instinto busca en la imaginación lo que no obtiene en la realidad20. El varón insatisfecho en amores vive en los ensueños, ya sea en las deliciosas promesas de un futuro lejano o ya sea en el nostálgico recuerdo de un dulce pasado. Pero no vive en la realidad puesto que el tiempo presente es el único real: el pasado y el futuro sólo existen en la mente. Don Juan, que complacía sin demoras sus ganas de coger, era un varón satisfecho, y por eso, disfrutaba siempre, con ávido amor por la vida gozada intensamente, del solaz de cada momento. Él no era un soñador sino un hombre práctico. Y es que nadie que quiera, enérgicamente, satisfacer su instinto renunciará a un placer presente y seguro por uno incierto y futuro. El varón potente toma siempre lo que tiene a mano. Carpe diem!, ¡atrapa el día!:
«DOM JUAN. Ah! n’allons point songer au mal qui nous peut arriver, et songeons seulement à ce qui nous peut donner plaisir»21

«No pensemos en las cosas malas que nos puedan suceder, sino únicamente en aquellas que pueden darnos placer» XI
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Don Juan - El Héroe

Don Juan es un hombre satisfecho… ¡pero el varón castrado no! Su deseo frustrado se convierte en angustia (así como el vino, dice Freud, se transforma en vinagre)22, y por otro lado, toda su agresividad, la misma que no descargó contra su rival en amores, se vuelca sobre sí mismo a modo de desprecio y burla por su cobardía. Es un infernal círculo vicioso en el que el miedo coarta el instinto y el instinto insatisfecho, a su vez, incrementa el miedo. El varón castrado se atormenta asustándose a sí mismo: ve peligros que lo acechan por doquier; imagina para sí el más desgraciado y obscuro futuro; alimenta su mente con inquietantes supersticiones y obscuros presagios y vive preso de la desoladora amenaza de enfermedades incurables (que en ocasiones, inconscientemente, se las provoca también). Y, además, se siente viejo, a veces irritable y a veces abatido, y casi siempre inquieto. Y a menudo teme y piensa en la muerte… Don Juan, en cambio, que no se somete a la amenaza de castración y que, por eso, satisface su deseo con libertad, es alegre, rebosa de vitalidad y simpatía y sólo se ocupa del placer, que en tiempo presente, le ofrece la vida. Para él no es necesario viajar, como lo hizo el conquistador español Ponce de León (1460-1521), a las lujuriosas y floridas islas del Caribe en busca de la fuente de la juventud, ya que sabe, por deliciosa experiencia propia, que la fuente de la vida, su manantial inagotable, es la leche que fluye del surtidor repleto de una pija hinchada y deseosa. Coger es la fuente buscada.

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Capítulo II - Promiscuidad

XII La satisfacción instintiva no sólo brinda al varón un sólido sentido de la realidad sino que, además, disuelve la angustia ya que l’amour est l’absence de la anxieté, el amor es la ausencia de ansiedad. Y al disminuir la angustia disminuye también, como lo enseña Freud, el temor a la vida y el miedo a la muerte23. Y Don Juan, que no temía ni a la una ni a la otra, lo atestigua con su ejemplo: su libertad amorosa no sólo lo hacía más feliz sino más sano. Y su vida confirma la verdad de la célebre afirmación del creador del psicoanálisis de que «en una normal vita sexualis no es posible la enfermedad»24. XIII El matrimonio no es un problema para la mujer. ¡En absoluto! Para ella, por el contrario, es un destino manifiesto. Es la meta de su vida: formar una familia y gozar, como esposa, en el calor del nido, plácidamente de su maternidad. Por eso, instintivamente, es constante en el amor: ¡quiere conservar al macho que le hizo los hijos para que la ayude a criarlos!25 Pero el matrimonio sí es un problema para el varón. Como su instinto es promiscuo él está orientado hacia la diversidad y el cambio, pero resulta que el Ritual al «transferir las reglas de la sexualidad femenina a la masculina prohibiendo todo comercio sexual fuera de la monogamia»… ¡quiere castrarlo!26 Menudo problema. ¡Quién no fuera Don Juan!

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Índice
Prólogo Capítulo I. El burlador de España Capítulo II. Promiscuidad Capítulo III. Echando piropos Capítulo IV. Una valiente espada Capítulo V. El conquistador Capítulo VI. Un hidalgo español Capítulo VII. El uno y el otro Capítulo VIII. El pornoshow Capítulo IX. Elogio de la libertad Epílogo. Final heroico Notas Guía Bibliográfica 17 23 33 47 59 73 83 97 115 133 157 159 171

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