Érase una vez el hombre solitario, acompañado por la soledad y numerosos animales.

Luego aparece el mismo hombre con una costilla menos. Obviamente, no pudo haberla perdido en el camino: por algún motivo ya no hacía parte de su cuerpo. Termina la conocida historia cuando el hombre encuentra la costilla, rodeada de muchas otras costillas, y de una estructura vermiforme de extrañas (atractivas?) curvas en su anatomía de más o menos la misma carne de la que él estaba hecho, sólo que con un poco más de tejido adiposo curvilíneamente (provocativamente?) distribuído. Termina la historia con un hombre y lo que posteriormente pasaría a llamarse, una mujer. Lo que no nos cuenta el relato es que al final de la historia ambos están solos. No porque no tuvieran a alguien para dialogar, divagar, molestar y sobre todo para… muchas otras cosas, sino porque cada uno veía en el otro a la perfecta mala compañía. Antes de seguir, es necesario hacer una aclaración lingüística y semántica respecto al género que los artículos gramáticos emplearán en cada uno de los predicados de las siguientes líneas. No se tendrá en cuenta la tradicional @ que ciertos movimientos parcializados desean incluir en el alfabeto castellano. Por esta razón, el lector no visualizará los ahora famosos “enamorad@”, “despechad@” o “cornud@” dos veces dentro de este texto.

Pero es hora de entrar en materia, y a hablar de aquellas mujeres que desean igualarse a los hombres en lo que respecta a condiciones sociales, económicas y por encima de todo, culturales. La idea es demostrar cómo el feminismo ha dejado de ser una ideología liberalista fundamentada en la igualdad, a convertirse en un buen resumen de muchos factores que podrían llevar a la decaída del hogar tal y como hoy lo conocemos. Para empezar, hubo un tiempo en el pasado (algunos sectores lo mantienen vivo actualmente) en el que la mujer era la más preciada pertenencia material de la que se podía disponer. Que más, sino una mujer, podía distraer a un hombre aún en sus noches más negras y pesadas? Y así se tratara de una amante solitaria o de un harén repleto de... concubinas, el papel último que desempeñaba la mujer en el hogar era: poner hijos. Dar descendencia al apellido paterno. Sumirse a las más básicas e instintivas exigencias del esposo para al final, prolongar su legado. Sin duda pensarán muchos hombres que era una época maravillosa para vivir. Considero sin embargo que es imposible regresar al pasado, y por más que lo quieran ninguna mujer decente querrá realizar en privado una clase de historia con su marido. De ahí proviene el gusto masculino por las mujeres “indecentes”. Volviendo al tema, el papel de mujer en la sociedad era simple y burdo. Si se era bella, con seguridad tendría “ocupación” en algún palacio real o como compañera pseudosentimental de

algún jefe del proletariado. Si no se disponía de esa belleza, siempre quedaba un empleo como vendedora ambulante, comerciante de estrato bajo o como “dueña” de otras mujeres que sí la tuvieran. Actualmente la cosa es un poco menos dramática. Simplemente la mujer bella e inteligente tiene abierta cualquier puerta. La que es bella, pero no inteligente, tiene que cuidarse de no terminar trabajando en malas profesiones. Y la que no es ni bella ni inteligente…. Pues, no diremos que tiene las puertas cerradas. Más bien que tiene que “ceder” el paso para que otras pasen antes de ella. Esto no pasa con los hombres, quienes depende laboralmente de sí mismos, sin importar su físico. Este último sólo le traerá problemas cuando de pareja se trate. Así que parece perfectamente natural el instinto femenino de querer estar al mismo nivel del hombre, par a par, como si fueran iguales…. Es decir, para que se les trate como igual. Con este fin han logrado a través de la historia grandes avances, tales como la aprobación del voto femenino, aumento de la equidad a la hora de realizar contratos laborales y la otorgación de pensiones para las que resulten jubiladas fortuitamente del harén. Pero pregunta entonces el hombre: y quién se va a encargar del hogar? Quién va a tener una comida siempre lista, una muda de ropa siempre limpia y una habitación en óptimas de aseo para cuando el macho-alfa-dominante, el masculino dueño de las propiedades decida visitarla? Buena pregunta es esa, y un matrimonio entre una feminista y un hombre que la acepte sin mayor reparo tendrá sus complicaciones. Tampoco quiere decir esto que el papel de la mujer está en la casa como simple empleada del hogar. Los oficios caseros deberían ser una labor conjunta, según el parecer del autor. Pero los niños que de un matrimonio surjan…. Los niños! Cómo poder olvidar a estas pequeñas criaturas integrantes de casi toda familia, feliz o humilde del entorno mundial? Que es el matrimonio, sino la promesa mutua de felicidad y descendencia? No es posible concebir un hogar donde la labor hombre-mujer se invieta, y los hombres tuvieran que ser los directos encargados de educar a sus criaturas. Sin duda, el muchacho aprendería rápidamente a consumir cerveza, sentarse a observar partidos de fútbol, y a mirar con deseo a cuanta mujer se cruce por su vista. Es esto lo que quieren las mujeres con su movimiento liberalista? Y para los que no hayan entendido el mensaje de las líneas anteriores, es fácil recalcarlo en otras palabras. Para elevar el ego femenino, las mujeres son las mejores educadoras que un niño pueda tener. La relación madre-hijo nunca será igual a la de padre-hijo, empezando porque no es el masculino el encargado de “parir” a la criatura para luego amamantarlo. Es ese instinto maternal de las

mujeres el que debería mantenerlas en casa cuidando a los hijos durante una parte del día, mientras el hombre regresa al hogar y se inviertan los papeles. Parece justo, no? Ambos trabajan, ambos colaboran en la casa, ambos aportan lo suyo a sus hijos. Pero, han pensado las feministas en eso? En su afán de querer laborar en los mismos campos del hombre se han olvidado que son las únicas criaturas que pueden garantizar la descendencia de la especie y la correcta educación de los que nos hereden. No falta actualmente la mujer que sale a primera hora del día y regresa en la noche, extenuada luego de una agitada agenda de trabajo para comentar con el marido: “amor.. cómo están los hijos?”, como si no tuviera que ver también ella en esta labor. El feminismo llevará irremediablemente a la inversión de los papeles. Y serán los hombres los que se pronuncien en el futuro reclamando por sus derechos olvidados. No faltaría eso! Que se crearan harenes de hombres! Asi que, dejaremos plenateada superficialemtne la idea propuesta.No quiere decir esto que la mujer sea un pseudevolucionado a partir de una frágil estructura ósea totalmente imprescindible, ni que el hombre fue la rata de laboratorio para la creación de un ser mucho más perfecto. Es toco cuestión de interpretación. Nada más.