José Luis Pardo

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Estética (De Estética de lo peor, Pasos Perdidos, Madrid, 2011)

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A propósito de Crash, de David Cronenberg (Introducción breve)

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. Humano/inhumano

Quizá no es necesario advertirlo, pero lo más interesante de la

cuestión enunciada en este parágrafo es el título; y, del título, ni lo humano ni lo inhumano, sino la barra que separa ambos términos. Enunciar de este modo la cuestión (“Humano/Inhumano”) indica ya, gráficamente, que lo humano está separado de lo inhumano por una barrera, por un límite. Y ello quiere a su vez decir que, por una parte, lo humano sólo es humano si se mantiene a este lado del límite porque, por otra parte, si el límite desapareciera, si la barrera fuera levantada, lo humano se disolvería irreversiblemente en lo inhumano. La idea que nos hacemos de eso que hay al otro lado del límite tiene muchos nombres, pero está sin duda que el más general y más usado para ello es el de naturaleza. Durante mucho tiempo, la representación imperante de esa naturaleza inhumana, pre- o post-humana, ha sido la figura de lo animal y, en consencuencia, las definiciones antiguas de lo humano se esforzaban en señalar la diferencia que nos hace humanos como una diferencia respecto del animal, quizá como rémora de una edad arcaica en la cual la especie se veía obligada a competir en términos muy realistas, por la obtención de proteínas, con otros grandes mamíferos. El caso es que, sea cual sea su origen, esta representación de la naturaleza como animalidad
El presente texto procede esencialmente de una lección del curso Sonata de Espectros, dirigido por Doménec Font en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, que se tituló “El cuerpo y la máquina” y que tuvo lugar el 3 de Noviembre de 1999. Desarrollos y argumentos relacionados con los aquí expuestos pueden encontrarse en Complejidad y confabulación, revista Matador, Volumen D, 1999, ed. La Fábrica, Madrid, 2000, pp. 104-105, y en ¿El espectáculo debe continuar?, Revista Turia nº 49, junio de 1999, Teruel, pp. 137-143.
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al mismo tiempo que nos constituye. que nos distingue de lo inhumano. tan persistente en las cosmologías y en las físicas antiguas y medievales). junto con el tabú del incesto y el interdicto del asesinato. tan frecuente en las religiones antiguas. permite siempre preguntar por la finalidad de cada una de sus partes —pues en un ser vivo cada órgano cumple una función. es la conciencia de lo sagrado. la prohibición de comer carne cruda es. es decir. Para que la Diferencia entre lo humano y lo natural esté viva. lo que significa que debemos sentir lo que hay al otro lado del límite. cuya familiaridad con las anteriores descripciones es tan innegable como la deuda que he contraído con él al traerlas a colación. dos maneras que podríamos llamar la Sumisión y la Soberbia. y siempre es pertinente la cuestión “¿Para qué sirve esto?”—. respetar una Prohibición que. más en general. nos devolvería a una naturaleza de la que pensamos proceder: el ciclo de las estaciones. La erótica de la transgresión Georges Bataille. de ser algún día abolida. deja de estar viva y.1. Ser hombre significaría. nos fascina y nos aterroriza. Así. según ello. el ciclo de la vida. Nótese que también algunos animales respetan ciertas . en las cuales ella aparece con los perfiles de un gran animal vivo (la célebre idea de una naturaleza que. del animal sagrado como símbolo de ese límite cuya abolición representaría la pérdida de nuestra condición de humanos. cuyo respeto se convierte en hábito. la conocida idea de una naturaleza regida por un principio teleológico. como los organismos vivos. y también en este caso elegiremos el más habitual y general: diremos que la conciencia de ese límite que nos hace humanos. por así decirlo. como emblema de aquella diferencia que. señalaba que ese peligro de deshumanización que comporta la abolición del límite que nos separa de lo inhumano puede cumplirse de dos maneras inversas y complementarias. El mantenimiento de esa Prohibición también tiene muchos nombres. la Prohibición. tiene que ser una diferencia vivida. deja de estar vigente. el triple rostro que adopta a menudo la conciencia de ese límite. La prohibición de comer del animal sagrado y. que debemos sentir terror y fascinación por lo natural de lo que nos distinguimos si es que queremos realmente distinguirnos de ello.José Luis Pardo 2 desempeña un papel primordial en las antiguas concepciones de la misma. pierde conciencia de ella y. De ahí la representación. 1. el ciclo de la animalidad. por lo tanto. si uno simplemente se somete a la Prohibición.

y a veces ni siquiera eso— de las amenazas de la naturaleza. Ed. Tusquets. . si ese estar a este 2 Como todas las citas de Bataille en este texto. 1979. pero no lo hacen por tener conciencia de lo sagrado o por ser sensibles a la Prohibición. De modo que nos encontramos ante una situación formalmente paradójica: por una parte. ed. su emoción vital. de Minuit. e incluso respetan el tabú del incesto—. y.José Luis Pardo 3 prohibiciones —rechazan ciertos alimentos. Del mismo modo. corremos el riesgo de convertirnos en animales. del lado que llamamos sociedad y que justamente nos protege —hasta donde esta protección es posible. Por lo que respecta a la conciencia de la muerte (o de las Prohibiciones relativas a la muerte). que las instituciones sociales (especialmente la medicina) han convertido en algo invisible e insoportable. en rechazar la Prohibición. la pérdida de esa asociación (y la consiguiente vivencia de la sexualidad como “liberación de la Prohibición”) habría trivializado la sexualidad hasta el punto de despojarla de toda emoción erótica y de convertirla —como alguien ha dicho— en una forma benévola de gimnasia rítmica. París. en rebatir el hecho mismo de que haya habido alguna vez Prohibición. lo hacen meramente por instinto. la pérdida del sentido de lo sagrado tendría como efecto la desautentificación de la experiencia: puesto que la conciencia de la Prohibición es lo único que autentifica nuestra condición humana. «Si respetamos la prohibición. 1957. por otra parte. Por lo que respecta a la experiencia del sexo como relación con lo sagrado. Pero. denunciándola como desdichado prejuicio y torva superstición alimentada por las fuerzas represivas para amargarnos la existencia envenenando todo placer con los sombríos tintes de la culpa. Barcelona. trad. La Soberbia consiste. En ambos casos. esa banalización se traduciría en nuestra progresiva pérdida de relación con la muerte (con la capacidad de morir y con la capacidad de matar). por el contrario. trivializada. cuando el respeto de la Prohibición se ha convertido para nosotros en algo habitual (si es que los hábitos pueden considerarse como el equivalente “humano” de los instintos). ser humano es estar a este lado del límite. cast. es decir. al perder la relación con la muerte —que sería lo que autentifica la vida—. decía Bataille. simplemente nos sometemos a ella». esta procede de L’erotisme. El erotismo. «y entonces dejamos de tener conciencia de ella»2. la propia existencia habría perdido su autenticidad. la pérdida de esa conciencia por obra de la Sumisión o de la Soberbia desembocaría en una condición humana inauténtica.

al negar aquello que en nosotros mismos hay de natural (de animal). precisa y paradójicamente. nos negamos la posibilidad de una vida auténtica y de un auténtico placer. la que mantiene viva en nosotros la conciencia de la Prohibición es. En otras palabras. en el que la vive. la paradoja: que para ser auténticamente humanos. He ahí. una sensibilidad tan grande para la angustia que funda la prohibición como para el deseo que conduce a infringirla». cosa que. pues. como inviolable). es un mundo des-erotizado.. Para el caso particular del sexo. porque las raíces de ambas cosas —vida y placer— se hunden en el otro lado del límite. La conclusión se sigue inmediatamente. si por ello entendemos el mundo resultante de la modernización). como es paradigmáticamente el mundo moderno (o quizás el posmoderno. no podemos conformarnos con ser simplemente sociales. porque sólo en ese momento sentimos —en forma de angustia o de terror. con nuestra propia inhumanidad. es decir. Un mundo des-sacralizado. evidentemente. pero también de tentación— toda su vitalidad. toda su efectividad. nos hace efectivamente humanos) si la experimentamos como prohibición. convertido en pecado. la tesis de Bataille es que «La experiencia interior del erotismo requiere. conciencia de lo sagrado. experimentamos la angustia sin la cual la Prohibición no sería tal: es la experiencia del pecado». la transgresión. cuestión de contrato. La Prohibición es efectiva (es decir. en el terreno de lo prohibido. según Bataille. Por este motivo. Violar lo inviolable: ¿no hay en esta misma definición algo de.. el erotismo —la emoción propiamente humana asociada al placer sexual— es conciencia de la transgresión y. un mundo en donde el sexo corre peligro de reducirse a lo trivial de una simple “relación social”. entonces. de negar la naturaleza.José Luis Pardo 4 lado se lleva hasta el extremo de negar que haya otro lado. la relación con lo sagrado que nos hace plenamente humanos. perversión? Pero oigamos aún a Bataille: «En el momento de la transgresión. y Bataille la expresa con contundencia al sentenciar que «el erotismo. sino que hemos de mantener vivo algún hilo de comunicación con aquello que en nosotros mismos no es social. sólo es posible si como mínimo imaginamos la posibilidad de transgredirla. sobrevive mal a la libertad de un mundo que ya no conoce el pecado». La profanación de lo sagrado es ese tipo de relación con el límite que al mismo tiempo lo viola (puesto que efectivamente lo profanamos) y lo mantiene (porque para sentir la profanación como profanación hemos de seguir considerando lo profanado como sagrado. en esa medida. . es decir.

por desgracia. A primera vista.2. No sé si esta confesión puede constituir algo así como una clave interpretativa. yo diría que la percibimos como una película bastante antipática. quizá nos parecen antipáticos sus protagonistas: una especie de pareja de niños bien desocupados y riquísimos que se pasean por la vida en busca de nuevas emociones con las que combatir el tedio de los ociosos. pero tengo la impresión. una película que es difícil ver sin una cierta sensación de disgusto. y que también (y esto no es lo menos importante) le pasa al cine de nuestro tiempo. . de que el argumento explícito de la película tampoco es su argumento real. y plantear un problema para el cual. y de que una segunda lectura entrega una verdad (otra verdad) que. y en un segundo nivel intentaré poner de manifiesto el argumento implícito que late bajo la brillante superficie del tema más patente. creo que esta es la situación de partida de la película de David Cronenberg Crash. puede que el análisis de ese “disgusto” tenga que ver con algo que. por mi parte.José Luis Pardo 5 1. nos pasa a todos los que vivimos en grandes ciudades pertenecientes a sociedades tardomodernas. El contrato perverso Aunque sea de un modo algo paródico. Sin embargo. mi propio planteamiento tendrá dos niveles: en un primer nivel. no es ni siquiera la que el propio autor y director del film quiere desvelar. aunque para ello tengan que poner en peligro las vidas de los demás. en cierto modo. Hay una escena de la película en la cual uno de los personajes confiesa que los motivos explícitos de su conducta —una supuesta investigación acerca de la reconstrucción tecnológica del cuerpo humano— no son los motivos auténticos. no tengo solución. intentaré hablar de las relaciones entre lo humano y lo mecánico. asunto que aproximadamente coincide con el nivel argumental explícito de la película de Cronenberg. pero que también es una verdad de su película. posiblemente. Por esta razón.