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LA RETORICA

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CAPÍTULO

P R I M E R O

y la dialéctica, de las tres artes liberales del trivium o primera parte de los estudios universitarios, y a la hora actual continúa dando su nombre a la clase super i o r en nuestros liceos .
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LA

RETÓRICA
1. U N ARTE DE ESCRIBIR

A r t e de componer u n discurso, en su origen, ha terminado abarcando toda la expresión lingüística y , con las artes poéticas, la literatura entera. Así comprendida, se basa en tres nociones, a saber: los g é estilos o tonos, y las figuras o medios de expresión^
n e r o s l 0 S

E l estilo —de stilas, punzón que sirve para e s c r i b i r — es la manera de escribir, la utilización por el escritor de los medios de expresión con fines literarios; cosa distinta, pues, de la gramática, que define el sentido de las formas y su corrección. Sólo interesa al estilo la lengua literaria y, por otra parte, su rendimiento expresivo; los "colores" —como se decía— propios para convencer al lector, agradarle, retener su interés, impresionar su imaginación mediante una forma más v i v a y pintoresca, más elegante y estética. E l conjunto de los procedimientos del estilo era entre los antiguos el objeto ele un estudio especial, la retórica, que constituye un arte del lenguaje, una técninn del lenguaje conceptuado como a r t e ; a l a vez gramática da la expresión literaria e instrumento crítico en la apreciación de las obras. Transmitida por la Antigüedad a la Edad Media, y renovada en la época clásica, constituye una estilística, a la par ciencia de la expresión y ciencia de la literatura, tal como podía ser concebida entonces. E n el medioevo forma parte, j u n t o con la gramática

Llevado a sus últimas consecuencias, escribir —según este c r i t e r i o — se reduciría a escoger el género que conviene al pensamiento que ha de expresarse, el género que implique el tuno, definido él mismo por caracteres lingüísticos determinados. Simples compilaciones de consejos y ejemplos, estas reglas del bien escribir se hallan codificadas en fórmulas rígidas por los gramáticos de la baja l a t i n i d a d y, recogidos con reverencia por los compiladores medievales para transmitirse luego al Renacimiento y a los siglos clásicos, flexibilizados y revivificados en un más íntimo contacto con sus fuentes antiguas, sobreviven hoy en nuestros 'artes' de escribir y de componer. L a retórica nació en Grecia como arte de componer un discurso ante el t r i b u n a l o en la t r i b u n a pública.
[ E l autor se refiere a F r a n c i a . E n l a A r g e n t i n a esta a s i g n a t u r a , e n f o c a d a pedagógicamente c o n c r i t e r i o normativo d e p r e c e p t i v a l i t e r a r i a , se enseñó e n l a s e s c u e l a s m e d i a s h a s t a 1939. D e s d e entonces, i n c o m p r e n s i b l e m e n t e , puesto que sólo cabfa r e c t i f i c a r u n método didáctico, h a d e s a p a r e c i d o de los planes de estudio s e c u n d a r i o s ] .
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El genio geométrico de los griegos, por u n análisis riguroso del orden de los problemas y de las condiciones de la expresión (naturaleza de la causa, composición del auditorio, efecto que se ha de obtener y recursos expresivos del l e n g u a j e ) , concibe una teoría de la elocuencia cuyos preceptos y modelos pide a los grandes oradores del período clásico. Conforme con los tratados —los más notables de los cuales son la Retórica de Aristóteles, De oratore y el Orator de Cicerón, y De Institutione oratoria, de Q u i n t i l i a n o , y que han servido constantemente de modelos— dicha teoría comprende cuatro partes, que serían: La 'invención' o búsqueda de los argumentos y de las pruebas que se han de desarrollar. La 'disposición' o búsqueda del orden en el cual tales argumentos deben ser dispuestos. La 'elocución' o manera de exponer, del modo más claro e impresionante, esos argumentos o esas pruebas concebidos aisladamente. La 'acción', que trata de la entonación, forma de emitir la voz, gestos y juegos fisonómicos. Se trata, pues, de un arte de persuadir, y la retórica se resentirá siempre de sus orígenes.

menos de la Poética de Aristóteles y del Arte poética de Horacio. La noción de género se convierte en la base de toda la literatura y se expande en categorías cada vez más numerosas y sutiles, conforme se la profundiza. Desde el siglo I V en Grecia se distinguen los géneros en prosa de los géneros en verso y, entre estos últimos, para la poesía lírica únicamente la expresión de los sentimientos personales y la de los sentimientos colectivos,, a los que convienen el nomo \ el prosodíaco -, la p a r t e n i a , la hiporquema , el d i t i r a m b o , el epinicio , el encomión , etc. Versificación, vocabulario, sintaxis y pían'"difieren según se glorifique a Diana o a Apolo, a un héroe olímpico o a un general vencedor. Los alejandrinos y los latinos heredan dichos géneros, que en parte adaptan y en parte renuevan. Nuevas situaciones históricas y sociales, culturales y lingüísticas tiaen consigo una transformación de los «roneros en la Edad Media, sin que por ello se relaje su tiranía. Cristiana y apologética en sus orígenes, la nueva literatura elabora géneros nuevos: las yjdas de santos, que dan nacimiento a las canciones de gesta, de donde procede a su vez la novela.
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2.

Los

GÉNEROS

Este análisis de la expresión oratoria será pronto adaptado y aplicado a los diferentes modos de la expresión literaria, y aquí incluso el análisis de las grandes obras del pasado lleva a distinguir géneros como teatro, historia, poesía lírica, etc., y a definir los procedimientos de invención, disposición y elocución propios de cada u n o ; esta teoría de los géneros se expone en innúmeros tratados que derivan más o

[ P o e m a compuesto en h o n c r de A p o l o . Podía ser c a n tado o recitado. l o s p r i m e r o s eran aulódicos y citaródicos; los segundos, auléticns y citarísticos]. r H i m n o er, honor de diversos dioses, e s p e c i a ' m e n t e D i a n a y Apolo. P o r lo general se entonaba en p r o c e s i o n e s ] .
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3 TSalmos o cánticos de sacerdotisas y d o n c e l l a s ] . * [ P o e m a I r ; ; n p r i e i o de versos cortos, q u e se a d e c u a b a con d e t e r m i n a d a s d a n z a s ] , T P o e m a de c r t a extensión y carácter lírico, c o n s a g r a d o a Dionvsos]. [ C a n t o c e ' e b r a t o r i o de v i c t o r i a s o sucesos afortunados, bélicos v d e p o r t i v o s ] . 1 [ P o e m a laudatorio e n honor de generales v e n c e d o r e s ] .
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E l teatro psico-mitológico de los antiguos cede lugar al drama litúrgico, en tanto que la sustitución del teatro antiguo por el atrio de la catedral engendra nuevos problemas técnicos —condiciones nuevas de las que surgirán los dramas y misterios medievales. L a renovación de los géneros se manifiesta sobre todo en la poesía lírica. E n efecto, el poeta medieval dispone de un sistema de versificación completamente nuevo; mientras que el verso griego o latino descansa en la alternancia de las breves y las largas, el verso francés —como el e s p a ñ o l — l i g a d o al número de sílabas y a la r i m a , genera nuevas formas, no menos numerosas, complejas y rigurosas. A los trovadores provenzales debemos los poemas de forma f i j a . Su arte poética, las Leys d'amors, menciona cuarenta y tres clases de rimas, diez tipos de metros, ochenta y dos de estrofas y doce de formas fijas. Sus sucesores no pondrán de manifiesto menos i n genio en perseguir hasta los límites de la lógica y del absurdo todas las potencialidades formales de la versificación numérica. Las 'artes poéticas' que aparecen a p a r t i r del siglo X I I y se m u l t i p l i c a n con los grandes retóricos en el siglo X V ofrecen una riqueza increíble en lo que atañe a juegos de rimas, de estructuras rítmicas y preceptos variados. Tales formas constituyen a l mismo tiempo géneros, esto es, sirven de vehículos a la expresión de pensamientos, sentimientos y situaciones determinadas. No se emplea indiferentemente la rotrouenge , el serven1

tés , l a pastorela y, más tarde, la balada , el rondel simple o d o b l e , el lai , el virelai , etc. E l canto real, por ejemplo, se reserva, en los juegos de Ruán, para cantar a la Inmaculada Concepción. E l siglo X V I , al abandonar las formas fijas medievales, hace r e v i v i r los géneros antiguos. Ronsard ensaya sin éxito aclimatar la oda pindárica y el poema épico. Es más afortunado con la oda, la elegía y la epístola. L a tragedia debe abandonar el coro antiguo, pero en su conjunto invoca a los antiguos con las famosas reglas cuya caución se busca en Aristóteles. Andando el tiempo los géneros se adaptan y se renuevan, pero durante todo el período clásico la noción no se discute. Corrientemente se distinguen cinco géneros para la poesía y cuatro para la prosa, y dentro de cada una de estas categorías hay infinitas subdivisiones, cada cual con sus regla* rígidas.
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[Composición provenzal, de t e m a didáctico, m o r a l o político, e intención satírica]. [Poesía breve de e s e n c i a líricodramática c r e a d a en e l s i glo x m por los trovadores p r o v e n z a l e s ] . [ P o e m a de carácter n a r r a t i v o . D e origen nórdico. S e t r a n s p l a n t a a l mediodía europeo a fines d e l siglo x i v . Según a l g u n o s autores, sería e q u i v a l e n t e a l r o m a n c e español, pero esto i i i u n a e t a p a e v o l u c i o n a d a , pues p r i m i t i v a m e n t e estuvo a s o c i a da a l a d a n z a , según h a c e s o s p e c h a r l a etimología de l a p a l a b r a balada]. [ R o n d e l s i m p l e : pequeña poesía, c u y o o r i g e n se r e m o n t a al siglo XIV, c o m p u e s t a únicamente de ocho versos, u n a estrofa y sólo dos r i m a s . R o n d e l d o b l e : p r o c e d e d e l siglo x v . C o n s i s t e M tres estrofas, donde e l p r i m e r verso de l a p r i m e r a estrofa i»e repite como verso f i n a l de l a s e g u n d a y t e r c e r a . A fines • siglo x i x , M a n u e l Gutiérrez Nájera ensayó s u adaptación a l a poesía c a s t e l l a n a ] .
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[Forma poética de origen francés —siglos xn y x m — con semejanza con la 'letrilla' española, pues cada estrofa termina con un mismo verso o estribillo].
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alguna

[Poesía breve q u e e n s u de la b a j a l a t i n i d a d y e n s u temas fantásticos— tuvo gran • [ P o e m a breve francés d e l t i del lai].
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carácter lírico-elegiaco procede modalidad narrativa —tocando boga durante l a E d a d M e d i a ] . siglo x m , n a c i d o de u n a v a r i a n -

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E l género lírico, o expresión viva — y exornada de imágenes— de los sentimientos del alma, comprende la elegía, el epitalamio, la canción, la balada, el soneto, etcétera. E l género épico es u n relato en verso de aventuras heroicas y maravillosas. [Sus especies principales son: epopeya, canción de gesta, poema épico, romance, balada, etc.] E l género dramático, una representación de la vida en acción. [Comprende tragedias, dramas, comedias, etcétera.] E l género didáctico enseña verdades de orden m o r a l o físico e incluye la fábula, la epístola, la sátira, el epigrama y demás. E l género pastoral o bucólico es la pintura dramática de las costumbres y las bellezas de la campiña en forma de églogas o idilios. E l género oratorio, que puede ser demostrativo o forense, comprende las diversas formas de la oración y del discurso. El género histórico es el relato verdadero y la apreciación ~3e""Ios hechos importantes que constituyen la vida de una nación A más de la historia propiamente dicha, incluye los anales, crónicas y memorias. E l género didáctico en prosa tiene por objeto l a enseñanza de los varios conocimientos humanos: filosofía, crítica, etcétera. E l género novelístico — v a r i a n t e moderna de las antiguas formas épicas —es una narración de aventuras y u n estudio de pasiones, ora imaginarias, ora verdaderas y extraídas de la vida real. Se distinguen la novela pastoral, la de aventuras, la de análisis, la novela corta, el cuento, etcétera. L a importancia de tales clasificaciones no reside tanto en la noción de género en sí. En efecto, aun

cuando se hayan encontrado críticos que la nieguen, la existencia de géneros que viven por sí e independientemente del capricho del escritor es por lo general aceptada. Hay acuerdo en a d m i t i r , aun en nuestros días, que existen géneros naturales sometidos a una razón permanente y que tienen su origen en la diversidad de los espíritus y de la función literaria. Pero la retórica va harto más lejos al afirmar que para todo tema existe u n cuadro formal determinado, con sus reglas, estructura y estilo, que el escritor debe aceptar.
3. L o s ESTILOS

La noción de género es inseparable, efectivamente, de la de estilo. A cada género corresponden modos de expresión necesarios rigurosamente definidos y que determinan no sólo su composición, sino además su v cabulario, sintaxis, figuras y ornamentos. Los antiguos distinguen ya tres estilos o tonos elementales: el simple, el templado o mediano y el sublime, cuyos modelos hallan los comentaristas de la baja latinidad en las tres obras maestras de V i r g i l i o : las Qu¿¿jjcas, las Geórgicas y la Eneida, y que representan mediante la llamada 'rueda de V i r g i l i o ' , cuyos anillos indican la condición social que corresponde a cada uno de los tres estilos, con los nombres, animales, instruirentos. residencias y plantas que conv'ene atribuirles. Así, el aldeano se llama Caelius, trabaja su campo pl intado de árboles frutales, con su arado tirado por Ir eves. E l capitán se llama Héctor, está coronado de
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ÍAunque, p e r razones de síntesis, el autor i d e n t i f i c a f ti'o v tono, h a y entre ambos u n matiz diversificador de significado: l a circunstancia].
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laureles y, con su espada al costado, recorre el campamento montado a caballo. Se narrará en un estilo simple la vida del p r i m e r o , pero a las proezas de Héctor conviene el estilo grave.
j&gy'S Stylus

Ello significa comprobar que las palabras conservan el reflejo de las cosas que designan o de los medios que las emplean, p r i n c i p i o que tornamos a hallar en la estilística de Bally. Dante, con gran intuición lingüística, concibe ya el partido que se podría extraer de este carácter: en De vulgari eloqnentia hace notar que entre las palabras "algunas pertenecen a los niños, otras a las mujeres, tales a los hombres, cuales a la campiña, otras a la ciudad, y que entre estas últimas las unas están peinadas y son pulidas, en tanto que otras son rudas y erizadas". Estos principios, que hubieran podido renovar la retórica, por desgracia no se siguen, y la teoría de los tres estilos en su forma más dogmática se transmite a través del medioevo hasta los comienzos del siglo X I X . Volvemos a encontrarla en todos los gramáticos y críticos de los siglos X V I I y X V I I I .

En su Diclionnaire philosophique, Voltaire distingue el estilo simple y el elevado (artículo "Género de e s t i l o " ) . M a r m o n t e l , el sjmrjle, el medjp y el sublime o elevado (Encyclopédic, artículo " E s t i l o " ) . Darnfljson, el simple, el templado o mediano y el subl¿ae (Principes, I , 1 4 8 ) . M a u v i l l o n , el sublime o poético, el mediocre, o histórico y el f a m i l i a r o de conversación

T&yle, 7 1 ) .
La rueda de Virgilio. HUMILIS STYLUS, estilo s i m p l e ; pastor otiosus, pastor despreocupado de l o s asuntos públicos; Tityrus, Meliboeus, person a j e s de l a s " B u c ó l i c a s " ; ovis, o v e j a s ; baculus, c a y a d o ; pascua, p r a d o s ; jagus, haya. MEDIOCRUS STYLUS, estilo m e d i o ; agrícola, labrador; Triptolemus, Coelius, p e r s o n a j e s de l a s " G e ó r g i c a s " ; 605, b u e y ; aratrum, a r a d o : ager, c a m p o ; pomas, frutales. GRAVIS STYLUS, estilo s u b l i m e ; miles dominans, soldado vencedor y a u t o r i t a r i o ; Héctor, Ajax, p e r s o n a j e s de l a " E n e i da"; equus, c a b a l l o ; gladius, e s p a d a ; urbs, castrum, ciudad, c a m p a m e n t o ; laurus, cedrus, l a u r e l , cedro.

A l mismo tiempo no se deja de sutilizar esta clasificación. Féraud, en el prefacio a su Diclionnaire critique distingue " e l ej¡tilo__simple o de conversación, el cual no se debe confundir con el familiar, que tiene un grado más de soltura y l i b e r t a d " , y considera por otra parte los estilos "polémico, crítico, satírico, fes-^ li\o o jocoso, gracioso, cómico, marótico o arcaísta j y Imrlesco".
t

En
dición

consecuencia, el estilo es definido por la conde las personas y también por los géneros, por

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cuanto "cada género debe tener u n carácter de estilo análogo a su objeto" ( L a Harpe, Lycée, v i l , 2 9 6 ) . Y hay un estilo épico, dramático, lírico, bucólico, histórico, epistolar, de la fábula, del apólogo, etcétera. Todos los lexicógrafos gramáticos, comentaristas y críticos se apoyan en esta doble distinción que p r o cede —conforme se habrá echado de v e r — de la 'rueda de V i r g i l i o ' . Con arreglo a los mismos principios se componen diccionarios y repertorios de palabras clasificados según el estilo a que pertenecen. En su Traite de style, que data de 1751, M a u v i l l o n nos enseña que: "£afie [ f a z ] es del estilo sublime; yisage [ c a r a ] , del estilo mediocre garbe, ¡rime, jrimousse [cara en sentido f a m i l i a r ] , del estilo burlesco. "Perneare [ m o r a d a ] perlenece al estilo sublime; _&«.bitation [habitación], al mediocre; msmsiic [casa solariega, aunque por broma se designa hoy así a una casa c u a l q u i e r a ] , al cómico. "Mer orean [ m a r , océano] son de todos los^estilos; Vhumide, le moite élément, la plaine liquide [el húmedo elemento, la llanura líquida] no se dicen sino en estilo sublime." En la actualidad. Bally, en su Traite de stylistique, compone semejantes listas de sinónimos. Pero él hace constar un hecho en los casos en que el gramático clásico impone una norma y un criterio de j u i c i o en la apreciación de las obras.
4. L A S FIGURAS

la significación, el empleo y la corrección de las varias estructuras gramaticales, pero se ocupa de aquellas que poseen u n valor estético o expresivo particular. Bajo el nombre de figura designa " u n a forma de hablar más viva que el lenguaje o r d i n a r i o y destinada a tornar sensible la idea por medio de una imagen o una comparación, o bien a impresionar más la atención p o r su justeza o su originalidad '. La definición sigue siendo harto vaga. Los antiguos nos han legado u n inventario extensivo de las figuras con una terminología que generaciones de gramáticos han oscurecido incluso al transmitirse definiciones cuyo contenido no se percibe siempre con claridad y en las que, por otra parte, se confunden los términos griegos con sus equivalencias latinas:
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Las figuras de dicción se refieren a la pronunciación. L a metátesis, verbigracia, invierte el orden de los sonidos en una palabra o frase, y es nuestra v u l gar contrepéterie . Se distinguen, así: la prótesis, la paragoge, la aféresis, la síncopa, el apócope, la me2

[ E n l e n g u a española ese inventario h a sido recogido t a m bién e n n u m e r o s a s preceptivas y retóricas. P o r l a aceptación escolar que m e r e c i e r o n , cabe r e c o r d a r , entre o t r a s : Tratado de Retórica y Poétita, de P e d r o F . M o n l a u ; Arte de hablar, de José Gómez H e r m o s i l l a ; Elementos de literatura, de José C o l l y V e h i , etc., etc. A c u a l q u i e r a de ellos puede r e m i t i r s e e l lector p a r a l a aclaración de a l g u n a de l a s f i g u r a s q u e más adelante se e n u m e r a n ] .
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Estos preceptos no se l i m i t a n al vocabulario, y los diferentes estilos se definen al mismo tiempo por su sintaxis y de una manera general por lo que se denominaba 'figuras'. La retórica deja a la gramática la tarea de definir

[ E f e c t o fonético burlesco, c a r e n t e de s i g n i f i c a d o , q u e se produce a l s u s t i t u i r l a sílaba o sílabas i n i c i a l e s de u n a p a l a b r a por l a s de l a p a l a b r a siguiente. E n B u e n o s A i r e s , hace algún tiempo y a raíz del éxito de u n a pieza teatral en donde u n p e r s o n a j e cómico incurría frecuentemente en s e m e j a n t e s t r a b u c a m i e n t o s silábicos, se p o p u l a r i z a r o n varios de ellos en el h a bla v u l g a r , entre otros, cabizbundo y meditábalo, por m e d i t a bundo y c a b i z b a j o ] .
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tátesis, la diéresis, la sinéresis, la crasis o contracción, etcétera. Las figuras de construcción se relacionan con la sintaxis, el orden de las palabras, por ejemplo. E l h i pérbaton no es otra cosa que una inversión. Las p r i n cipales son: la elipsis, la zeugma, la silepsis, el pleonasmo, la conjunción, la disjunción, la atracción, la repetición, la oposición y demás. Las figuras verbales o tropos son cambios de sentido. L a más conocida es la metáfora. L a sinécdoque consiste, entre otras, en tomar la parte por el t o d o : una vela por un barco. De metonimia, el continente por el contenido: u n vaso de v i n o . Los principales tropos son: metáfora, alegoría, alusión, ironía, sarcasmo, catacresis, hipálage, sinécdoque, metonimia, eufemismo, antonomasia, metalepsis, antífrasis, etcétera. Las f i g u r a s de pensamiento toman la forma de las ideas mismas: la hipérbole consiste en exagerar el pensamiento, y la litote, en atenuarlo. Se distinguen asimismo la antítesis, el apostrofe, la exclamación, epifonema, interrogación, sujeción, comunicación, enumeración, concesión, gradación, suspensión, reticencia, interrupción, obsecración o deprecación, perífrasis, hipérbole, litote, extenuación, preterición, prosopopeya, hipotiposis y demás. Las figuras constituyen la base de una teoría del ornamento. Se distingue el ornamento fácil, que se funda en el empleo de los "colores retóricos", esto es, de las figuras de construcción o de pensamiento; y el ornamento difícil, caracterizado por el empleo de los tropos. E l mecanismo y la utilización de las figuras son minuciosamente analizados. Se enumeran hasta nueve especies de metáforas y se dan listas de vocablos sus-

ceptibles de empleo metafórico, con las situaciones a que convienen y los grados de estilo que caracterizan. La utilización de las figuras toma creciente importancia en la época clásica con la búsqueda del estilo noble. Todos los procedimientos propios para "elexar el estilo" se consignan y enumeran en los tratados. Porque, así como lo quiere R i v a r o l en su Discours île l'universalité de la langue française, "los estilos son clasificados en nuestra lengua como los subditos en Questra monarquía. Dos expresiones que convienen a la misma cosa no convienen al mismo orden de cosas. Y el buen gusto sabe marchar a través de esta J£; rarquía de los estilos".

5.

L A COMPOSICIÓN

La r£tóxka es no sólo una gxmtáÜC.a..áe.Ja_^xrjr_e„-„ gión, sino además u n tratado general de la composición literaria. L a invención define los procedimientos que p e r m i ten desarrollar u n pensamiento o u n tema, y en el limite, encontrar ideas. Se basa e n la amplificación, en la cual se distinguen basta ocho especies, entre ellas la interpretación, la prosopopeya y la descripción. La interpretación consiste en acumular vocablos en ele una misma idea. Puede ser la enumeración <\r términos vecinos o afines, la repetición de una idea m formas diferentes. U n procedimiento que se tiene r u mucho consiste en desarrollar la etimología de una palabra, en j u g a r con el nombre de un personaje p o r lo demás, etimología imaginaria, casi siempre—.
l o m o

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Es curioso notar que la etimología constituye un procedimiento de invención en Mailarmé o Valéry .
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La prosopopeya consiste en hacer hablar a personajes ausentes o muertos, o inclusive a los objetos. Mediante un procedimiento afín se interrumpe la narración para dirigirse a un personaje real o i m a g i n a r i o , que es a menudo una abstracción personificada. Esto constituye el apostrofe al amor, a la muerte, etc. Pero el procedimiento de amplificación más usual es la descripción. Los tratados medievales distinguen las descripciones de personajes, objetos y escenas, cuyos tipos definen y de los que dan ejemplos. Ya Cicerón enumera once puntos en la descripción de un personaje: nombre, naturaleza, género de v i d a , condición y demás. E l orden y el plan se definen estrictamente. Se describe la fisonomía, luego el cuerpo, acto continuo la vestimenta. E n la fisonomía se estudian sucesivamente — y en este o r d e n — la cabellera, frente, cejas, espacio interciliar, ojos, mejillas, boca, dientes y mentón. Las descripciones de los animales, estaciones del año, jardines, batallas, mujeres a caballo, etc., se determinan de manera similar. A tales procedimientos de desarrollo de las ideas se agregan medios de invención ex nihilo. Se redactan listas de proverbios y lugares comunes que no hay más que ubicar en sitio conveniente y desarrollar según la fórmula: fuga del tiempo, f r a g i l i d a d de la vida, grandeza de Dios, inconstancia de las mujeres, y a los que se denomina topoi. Sólo resta disponer las ideas halladas y desarro[ E n español anteceden los e j e m p l o s ilustres de Quevedo y Gracián].
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liadas. Los antiguos tratados de arte oratoria d i s t i n guen el exordio, la división, la confirmación, la r e f u tación y la conclusión. Estas partes, que convienen al discurso oratorio, son adaptadas a los diferentes géneros. Existe un orden natural y también u n orden a r t i f i cial, y para cada uno de ellos, ocho tipos diferentes. Se trata de la manera de comenzar, continuar conforme al tipo de exordio adoptado, y concluir. Se puede empezar, verbigracia, por el p r i n c i p i o , el medio o el f i n ; y en cada caso es posible comenzar mediante u n p r o verbio o un ejemplo. De esta suerte se obtienen ocho especies de órdenes artificiales.

6.

LUGAR Y L Í M I T E S DE L A RETÓRICA

T a l es la retórica en sus líneas principales. Conforme se echa de ver, constituye a la vez u n arte de escribir y un arte de componer. A r t e del lenguaje y arte de la literatura. Doble carácter, éste, que tornamos a hallar en la estilística moderna. La retórica es la estilística de los antiguos. Constituye una 'ciencia del estilo', tal como podía concebirse entonces una ciencia. E l análisis que nos ha legado del contenido de la expresión corresponde al esquema de la 'lingüística moderna': lengua,..pensamiento, elocutoj. Las figuras de dicción, 3e construcción y verbales definen la forma lingüística en su t r i p l e aspecto fonético, sintáctico v léxico. Las figuras de pensamiento, la forma del penlamiento. Los géneros, la situación y las intenciones i l i l sujeto parlante. I*uede parecemos ingenua por algunos de sus aspeci i i - m u c h o menos, p o r lo demás, de lo que se cree-

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ría—, pero es ciertamente de todas las disciplinas antiguas la que merece mejor el nombre de ciencia: la amplitud de las observaciones, la sutileza del análisis, la precisión de las definiciones y el rigor de las clasificaciones constituyen u n estudio sistemático de los recursos del lenguaje, del que no se ve en parte alguna el equivalente en los otros conocimientos humanos de aquel tiempo. Su importancia es considerable por cuanto refleja no sólo una concepción del lenguaje y de la literatura, sino una filosofía, una cultura y un ideal intelectual. Antes de examinar las causas históricas que han traído consigo su descrédito y su abandono es indispensable subrayar aquí el lugar que podría y debiera ocupar en la estilística moderna. Claro está que no tiene ya razón de ser en cuanto cuerpo de preceptos normativos. U n tratado de recetas para el bien escribir no corresponde ya a la idea que nos formamos hoy de la vida y del hombre, del pensamiento y de la lengua. Más de un espíritu culto puede incluso estimar que nuestras 'artes de composición', ciertas formas esclerosadas de la explicación de textos y muchos manuales que son el orgullo de la 'claridad francesa' se hallan entre las taras fundamentales de nuestra enseñanza. No por ello deja de mantener todos sus derechos el estudio de la retórica, derechos que harto a menudo se le desconocen en el d o m i n i o de la lingüística y de la historia literaria.

a la luz de métodos nuevos. Con gran clarividencia lo hace notar Valéry: " S i pienso — n o s dice—- informarme acerca de esos empleos, o dicho mejor de esos abusos del lenguaje que se agrupan bajo el n o m b r e vago y general de ' f i g u ras', no encuentro nada más que los vestigios m u y olvidados del análisis sobremanera imperfecto que los antiguos habían intentado hacer de esos fenómenos 'retóricos'. A h o r a bien, tales figuras, tan descuidadas por la crítica de los modernos, desempeñan un papel de primera importancia no tan sólo en la r¿o£sía, declarada y organizada, sino además en esta poesía perpetuamente aciuante que atormenta el vocabulario fijado, dilata o lestringe el sentido de las palabras, opera sobre ellas mediante simetrías o conversiones, altera a cada instante los valores de esa moneda f i d u c i a r i a ; y ora por boca de! pueblo, ora por las necesidades imprevislas de Ta expresión técnica, o bien bajo la pluma vacilante del escritor, engendra esa variación de la lengua que insensiblemente va tornándola del todo distinta. Nadie parece haber emprendido aún la labor de retomar dicho análisis". (Varíete, m , p. 45. "Questions de poésie"). Tal es, por cierto, una de las tareas de la estilística moderna.' Por otra parte, el estudio de la retórica conserva | p o i entero su lugar en la crítica literaria, puesto que es imposible juzgar e l estilo de un autor sin tomar en i nenia la idea que él mismo se ha hecho del estilo. Al alabar en V i l l o n la espontaneidad y autenticidad d i la experiencia, juzgamos según nosotros. Muchas Imágenes llenas de aparente frescura no son sino lugaI C H comunes y procedimientos de escuela, y esa esponlineidad, cuando existe, sólo es quizá un accidente, insensible para el a u t o r y para su público. La Edad

C

La estilística de la expresión tal como la ha concebido Bally procede — c o n recursos nuevos—- de la a n tigua retórica. E l estudio que esta última hizo de las figuras no ha sido superado hasta el presente; ofrece un conjunto de observaciones y definiciones que el lingüista tiene el deber de reconsiderar y profundizar

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LA ESTILÍSTICA

LA RETÓRICA

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Media no propendió nunca directamente, en literatura, a la expresión de lo v i v i d o , y las partes más trabajadas de la obra de V i l l o n , aquellas que coronaban sus pares y con las cuales hubiera podido contar para asegurar su memoria, son ejercicios de versificación, como la balada del concurso de Blois: Je meurs de soif emprés d'une fontaine... [muero de sed j u n t o a una f u e n t e ] , que no constituye sino u n laborioso topos. L a gloria de los líricos medievales la han hecho el virtuosismo de la forma y el desarrollo de lugares comunes vaciados de toda sustancia concreta. Y Dante — a l cual, después de todo, se puede conceder algún crédito — a d m i r a entre todos los poetas a A r n a u t D a niel, el más a r t i f i c i a l de los trovadores y para quien la poesía no constituye sino un juego de rimas gratuitas. No de otro modo piensa Petrarca y considera que entre los poetas de aquel tiempo " e l primero era A r naut Daniel, gran maestro del amor, que con su bello estilo, siempre nuevo, honra aún a su tierra n a t a l " . Imposible emitir u n j u i c i o acerca del estilo y el mér i t o de una obra sin u n íntimo conocimiento de los objetivos que ésta se asigna y de los medios de que dispone. E n las postrimerías del siglo X V , los grandes retóricos nos parecen alcanzar el colmo del absurdo con sus poemas, que pueden leerse empezando por el f i n a l o saltando u n verso, sus rimas a caballo sobre varias palabras, sus versos en cruz, en losange o en forma de botella, y que es posible leer, como acontece con el poema de Meschinot, "de treinta y dos maneras diferentes, y habrá siempre sentido y r i m a " . Con todo y eso, aquellos consejeros de Carlos el Temerario y secreta rios df M a r g a r i t a de Austria son la gloria de su tie po. Teman la poesía m u y por lo

serio v se vacila en juzgar a los contemporáneos de Luis x i , de Gutenberg, Cristóbal Colón, Fouquet, Josquin de P r é s . . . A n o d u d a r l o , tenían ellos otra escala de valores, históricamente t a n legítima como la nuestra. Por lo demás, l a retórica no ha sido siempre tan rígida y esclerosada. Sólo hemos podido presentar aquí un esquema superficial de ella, que no muestra sino sus líneas principales en su aspecto más dogmático. E n hartos casos la compulsión o coacción es más aparente que r e a l : las formas fijas del medioevo constituyen una l i b e r t a d por su misma diversidad p r o d i giosa. Más tarde los géneros se multiplican y el autor dramático, por ejemplo, puede escoger entre la tragedia, la comedia, el drama burgués, el vodevil, etc. A más de esto, los géneros evolucionan. Corresponden concretamente a la función de la literatura y a las circunstancias en que ésta se desarrolla, y con sobrada frecuencia las clasificaciones o las reglas sólo son comprobaciones a posteriori que hace la crítica. Los géneros se adaptan a la realidad histórica. Ronsard no ha podido hacer revivir la oda pindárica y todas las tentativas que se han llevado a cabo para restaurar la epopeya. fracasan a p a r t i r del instante en que no llena ya sufujición sociaL) Por último, las peisoriaTiaad"es fuertes h a n sabido eludir siempre, en cierta medida, las compulsiones de l o s géneros y del estilo, al menos desde el siglo X V I en adelante. Montaigne quería que su estilo f u e r a "soldadesco" y " t a l en e l papel como en la b o c a " ; y se «iibleva contra esas " r i c a s y magníficas palabras" que disimulan el vacío d e l pensamiento. Descartes estima que "los que tienen el razonamiento más fuerte y digieren mejor sus pensamiento a f i n de tornarlos claros c Inteligibles, podrán siempre convencer m e j o r de lo que proponen, aun c u a n d o no hablasen, sino b a j o bre-

C A P Í T U L O

S E G U N D O

LAS DE

F U E N T E S M O D E R N A

LA ESTILÍSTICA

1.

U N A NUEVA CONCEPCIÓN D E L L E N G U A J E Y D E L ESTILO

A partir del siglo x v m se inicia u n movimiento que con el Romanticismo hará estallar los marcos de la retórica. Ligado a una revolución que tiene orígenes lejanos, no ha terminado aún su ciclo. Según se echó de ver, la .retórica es otra cosa que una mera compilación de reglas: constituye la expresión de una cultura, y la idea que nos formamos de la creación literaria y del lenguaje es llevada a cambiar al propio tiempo que la del h o m b r e y de l a sociedad. Esto sentado, diremos que el siglo X V I I I señala la frontera —naturalmente, afaz vaporosa y flotante— entre dos visiones d e l mundo que generalizando — y mucho— se podrían denominar respectivamente eseni-ialista y existencialista. La Antigüedad, así como la Edad Media, vive en un mundo creado. Las cosas y seres, todas las categorías de la razón, la afectividad y sensibilidad, las nociones del b i e n , del mal y de lo bello, preexisten de toda