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TEMA 1: LA LITERATURA DEL SIGLO XVIII El siglo XVIII es conocido como siglo de la Ilustración porque en esta centuria se pretendió

"ilustrar" a la población acerca de los nuevos conocimientos científicos y filosóficos. En el año 1700 se produjo en España un cambio de dinastía: el trono fue ocupado por los Borbones, partidarios del despotismo ilustrado. En el siglo XVIII se inicia la prensa literaria y científica, así como el periodismo crítico (El Pensador, El Censor). Paralelamente se crearon academias, museos y otras instituciones. Además, hubo dos tendencias literarias en el siglo XVIII. En la primera mitad los escritores continuaron con los modelos barrocos tanto en la poesía como en el teatro y la prosa. Sin embargo, se produjo un notable auge del ensayo, que sirvió de expresión de las ideas ilustradas. En el segundo cuarto surgió la figura pionera de Benito Jerónimo Feijoo con su Teatro crítico universal. Por otro lado, se publica la Poética, de Ignacio de Luzán, quien plantea la necesidad de una literatura más clara y útil. En la segunda mitad surgió el neoclasicismo, que proponía nuevamente el respeto por las reglas de espacio, lugar y tiempo, estrofa y unidad métrica de versos. Las características en esta mitad serán el concepto de buen gusto, el equilibrio, sencillez y simetría, así como la utilidad, es decir, el arte debía aunar lo agradable y lo útil. En este contexto, se desarrollaron dos géneros importantes del siglo XVIII: el teatro y el ensayo. TEATRO: en la primera mitad del siglo, continuó con la producción de obras barrocas con las comedias de enredo. A mediados de la centuria se observan síntomas de cambio hacia un teatro neoclásico. Las nuevas propuestas fueron fríamente acogidas y sólo alcanzaron éxito en el XIX. Paralelamente, se desarrolló un teatro costumbrista mediante los sainetes, piezas breves que presentaban costumbres populares del siglo XVIII, donde destacó Ramón de la Cruz. Los autos sacramentales fueron prohibidos en 1765, al igual que las comedias de santos años después. A mediados de centuria apareció el teatro neoclásico. Se apoyaba en la claridad, la sobriedad y la naturalidad, respetando la regla de las tres unidades, atendiendo al decoro y teniendo como objetivo la imitación de acciones humanas. Además, el número de personajes no debía exceder los ocho o diez. Había varios tipos de teatro: la tragedia neoclásica, escrita en verso y cuyos personajes eran nobles o reyes. Tenía una finalidad didáctica, sirviendo de escarmiento a todos, especialmente a reyes y personas de mayor poder. El mensaje era que la pasión debía someterse a la razón y obligación. Destaca Raquel, de Vicente García de la Huerta. Por otro lado estaba la comedia neoclásica, escrita en prosa o verso, que mediante hechos protagonizados por personajes comunes (burguesas y sus criados) ridiculiza los vicios y errores de la sociedad, recompensándose al final la verdad y la virtud en aras de la razón y el buen sentido. Destaca Leandro Fernández de Moratín, autor de tres comedias en verso: El viejo y la niña, El Barón y La Mojigata, y dos en prosa: La comedia nueva o el café y El sí de las niñas (1801), estrenada en 1806. También encontramos la comedia sentimental, distinguida por exaltar nuevas virtudes cívicas como la sensibilidad, la humanidad, la laboriosidad y la honradez. Destaca El delincuente honrado, de Jovellanos. ENSAYO: en este género vinculado a la prensa donde se manifiesta una opinión sobre algún aspecto de la realidad (carácter reflexivo), destacaron tres escritores: Feijoo, autor de Cartas eruditas y curiosas y del Teatro crítico universal, cuya finalidad en sus escritos es combatir los errores científicos o populares, para lograr la modernización de la mentalidad española. Sus obras abordan temas variados: economía, filosofía, política, geografía, ideas religiosas, supersticiones... Están destinados a un amplio público de lectores, con un estilo familiar, cercano, que a veces incluye el humor; Cadalso, cuya obra más destacada fue Cartas marruecas, un ensayo escrito en forma epistolar que trata sobre España, vista desde tres visiones diferentes; y, por último, Jovellanos, la figura más representativa de la Ilustración española que dirigió sus escritos a las autoridades, con la finalidad de que se produjeran reformas para el desarrollo del país. Entre sus obras (informes, memorias, discursos) que abordan temas políticos, jurídicos, sociales, económicos y educativos, cabe mencionar el Informe sobre la Ley Agraria.