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Jueves VI de Pascua Vosotros sois responsables de lo que os ocurra Lecturas: Hech 18, 1-8; Sal 97; Jn 16, 16-20 Este episodio de la vida de San

Pablo ilustra una verdad inconveniente para muchos, por lo las consecuencias personales que tiene, pero que es bien real. Comienza Pablo su actividad en Corinto, donde surgirá una comunidad a la que Pablo dirigirá dos importantes cartas. Allí se encuentra con un matrimonio judeo-cristiano, Aquila y Priscila, que viene de la expulsión de Roma decretada por Claudio en el 51. Interesante dato, pues nos dice que ya ha llegado el cristianismo a Roma a través de viajeros y comerciantes judíos, sin que aún haya llegado ningún apóstol. De hecho Corinto era el puerto marítimo más importante de Grecia. En un primer momento Pablo sufre las consecuencias económicas de su largo periplo viajero: se ha quedado sin recursos, por lo que tiene que limitar su labor misionera a los sábados en la sinagoga “esforzándose por convencer a judíos y griegos”; el resto del tiempo lo dedica al trabajo. Hasta la llegada de Silas y Timoteo (otro destinatario de dos cartas suyas) no despliega Pablo su dedicación exclusiva a la misión: “Pablo se dedicó enteramente a predicar, sosteniendo ante los judíos que Jesús es el Mesías.” Y aquí ocurre de nuevo un viraje en la acción del apóstol que debe alertarnos a todos. San Pablo lo explica de esta manera: “como ellos se oponían y respondían con insultos, Pablo se sacudió la ropa y les dijo: «vosotros sois responsables de lo que os ocurra, yo no tengo culpa. En adelante me voy con los gentiles»”. Pablo muestra que el anuncio de salvación debe hacerse a todos, y nadie debe quedar excluido, pero hay un tiempo para todo. Como ya le pasó en Derbe, puede ocurrir que haya personas que se resisten a creer, por lo que hay que tomar una decisión. San Pablo cambia de destinatarios, abandona a los rebeldes para ampliar su campo a los gentiles. Él no se obsesiona con convertir a todos, si no tienen interés o no quieren o lo rechazan explícitamente, hay que dejarlos, no hay perder más el tiempo. Pero ahora San Pablo expone la responsabilidad personal e intransferible que cada uno tiene respecto al destino de su vida: “vosotros sois responsables de lo que os ocurra, yo no tengo culpa”. He aquí un aviso importante para los que justifican su alejamiento de la fe y de la Iglesia echándole la culpa a tal cura que dijo esto o tal monja del colegio, a que si el Vaticano tiene esto o lo otro, a que si la Iglesia dice que esto es pecado y yo no estoy de acuerdo, etc. Es verdad que esas circunstancias pueden influir, pero quede bien claro a todos que cada uno es responsable de sus decisiones, y no se puede culpabilizar a otro por lo que uno hace o deja de hacer, y más si ha recibido los sacramentos. Si tú no eres cristiano o no practicas, si has abandonado la Iglesia, la “culpa” es exclusivamente tuya, pues es tu vida la que está en juego, y no la de Pablo, o la de tal catequista o cura. Tú tienes que afrontar las consecuencias de tus decisiones cuando te presentes ante el tribunal de Dios, y allí no valen las excusas, echar la culpa al otro como Adán a Eva (aunque sea verdad). San Pablo nos recuerda algo que olvidamos: cuando hay que hacer un juicio sobre lo que uno hace o deja de hacer, se presenta solo, y lo único que cuenta en todo caso es el bien que he hecho a otros, y no el mal que ha padecido, pues el Señor puede decirte: ya te enseñé a perdonar, y tú no lo has hecho. En este sentido, la práctica de la confesión frecuente es un antídoto contra la tentación de abandonar la Iglesia por los comportamientos de sus miembros, al tener que presentarme ante el Señor en la desnudez de mi pecado personal, y al recibir la misericordia, aprender yo también a ser misericordioso. Ya es momento de madurar y no de actuar como un adolescente caprichoso que le echa la culpa de todo a sus padres, a

la Iglesia, a los curas, al gobierno o cualquiera sabe a quién. Recuerda: ha sido tu decisión personal e intransferible, y de ella tendrás que dar cuenta, tarde o temprano, pues en esto consiste la verdadera libertad: eres dueño de tus decisiones.