4 LA VANGUARDIA

INTERNA CIONA L

25-26 DICIEMBRE 2007

Las transformaciones del pueblo judío El futuro incierto de los kibutz
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Los kibutz han renunciado a sus ideales socialistas para asegurarse la supervivencia

formen familias”. Honline está convencido de que este proyecto contribuirá al aumento de la emigración a Israel. En el último cuarto de siglo, la población judía de Europa Occidental se redujo un 5% y alcanza hoy poco menos de un millón. En Europa, la comunidad más numerosa es la francesa, con 490.000 personas, seguida de Reino Unido, con 295.000, y Alemania, con 120.000. En los últimos años son cada vez más los judíos franceses y británicos que han emigrado a Israel o han comprado apartamentos en el país, donde pasan periodos cada vez más largos. El pasado verano, en las calles y playas de Tel Aviv se oía hablar francés cada vez más, y a esta ciudad algunos la llaman ya le petit Paris. Las crecientes tensiones con la comunidad musulmana en su país ha llevado a muchos judíos franceses a plantearse la posibilidad de instalarse en Israel. Esta tendencia despierta un debate en las comunidades judías sobre si hay que educar a la juventud para la Alia (ascensión en hebreo, o sea, la inmigración a Israel), ya que esto podría

“Continuamos aquí”

EN DECLIVE

La emigración de la minoría cristiana
]La ocupación israelí y

el integrismo islámico han empujado a la minoría árabe cristiana –más rica y educada– a emigrar de forma masiva, sobre todo a Canadá y América Latina. En Tierra Santa, los cristianos sólo son el 2%, con la lógica preocupación de las autoridades religiosas, que ven como el número de fieles se reduce a marchas forzadas. debilitar seriamente a la diáspora. Un alto dirigente de la comunidad francesa se quejaba recientemente de que los judíos de su país han elegido celebrar en Israel todos los ritos significativos de su vida hebrea: circuncisiones, Bar Mitzva, bodas y entierros, por lo que “se vacían” las sinagogas de Francia. El demógrafo De la Pérgola opina al respecto que “la emigración a Israel es muy positiva, ya que allí hay más posibilidades de continuar siendo judío”. Sin embargo, matiza: “Israel tiene que estar interesado en la existencia de una diáspora fuerte, paralelamente al Estado judío”. En el pasado, el movimiento sionista consideraba que la inmigración a Israel era la única opción desde el punto de vista ideológico. En el siglo XXI y en la era de la globalización e internet, se plantean otras alternativas que acerquen a los judíos del mundo a Israel. El nuevo presidente, Shimon Peres, por ejemplo, estudia la posibilidad de crear en Jerusalén un Senado donde estén representados todos los sectores del pueblo judío y quiere organizar un encuentro mundial para debatir sobre el futuro de su pueblo.c

AMIR COHEN / REUTERS / ARCHIVO

Limpieza tras el ataque. Un joven habitante del kibutz Zikim, en Israel, limpia su vivienda tras el impacto de un cohete lanzado por Hamas desde la franja de Gaza, en un ataque ocurrido el pasado 16 de diciembre
GEMMA SAURA Mashabei Sadeh. Enviada especial

D

esde lo alto del depósito que abastece de agua el kibutz, Dov Kalay ve caer el sol sobre el desierto del Neguev. “Nuestro kibutz es un oasis”, dice con orgullo. A sus pies se extiende Mashabei Sadeh, con sus casitas unifamiliares de tejados rojizos, sus calles arboladas, su polideportivo, su zoo, sus parques de hierba mojada. A su alrededor, la inmensidad árida del Neguev. Desde que Dov y su esposa Zehava llegaron en 1965, con veintiún años recién cumplidos y grandes ideales en las maletas, muchas cosas han cambiado. Hoy, Mashabei Sadeh recuerda más a las urbanizaciones para jubilados de Florida que al comunitarismo agrícola autosubsistente que durante tanto tiempo encarnaron los kibutz y que fascinó al mundo entero. Apenas diez de los 200 miembros adultos trabajan en el campo o con animales. Más de la mitad de los ingresos provienen de la fábrica de válvulas de alta tecnología, con clientes en el Reino Unido, Alemania o Suiza, entre otros. La segunda fuente de ingresos es el hotel, con 82 habitaciones, ya que el entorno bucólico atrae a visitantes durante todo el año. No es un caso único. Los casi 300 kibutz israelíes han ido gradualmente renunciando a los principios socialistas de sus orígenes. Hace más de veinte años, por ejemplo, que los niños de

Mashabei Sadeh ya no viven separados de sus padres. La caseta de los bebés (adonde se les llevaba nada más llegar del hospital) está en obras: ahí se ubicará el futuro museo del kibutz. También hace algunos años que los miembros pagan por la electricidad y el agua que consumen, o por la comida en el refectorio, para evitar el despilfarro. Pero lo que ahora está en juego es mucho más que simples medidas correctoras. Sesenta años después de su nacimiento, los miembros Mashabei Sadeh debaten si seguir el camino de otros kibutz hacia la privatización para asegurarse la supervivencia, aun a costa de traicionar sus principios fundacionales. La media de edad ronda la cincuentena y el envejecimiento preocupa a los mayores, que tras una vida de duro trabajo no tienen pensiones o propiedades para costearse la jubilación. “Necesitamos gente joven para sobrevivir, pero a ellos no les gusta esta vida”, dice Zehava, cuyos cuatro hijos han marchado. El desafío de atraer a nuevos miembros los ha empujado a plantearse la construcción de complejos residenciales en parte de sus terrenos. Los compradores no están obligados a ingresar en el kibutz, pero pueden disfrutar de los servicios sanitarios y educativos pagando una cuota. El atractivo es evidente: excelente educación y sanidad, un entorno alejado de los peligros de la ciudad, en plena naturaleza y con precios más asequibles. El experimento ha resultado bastante rentable para otros kibutz, que

INCENTIVAR EL ESFUERZO

Mashabei Sadeh debate poner sueldos como han hecho con éxito otros kibutz
FIN DE UNA ERA

“Vivir en un kibutz era como una misión; hoy el individualismo ha ganado la partida”

Ronda tensa palestino-israelí
]Los negociadores israe-

líes y palestinos se reunieron el lunes para seguir con las negociaciones de paz en un clima enrarecido por la decisión israelí de construir 750 casas en Jerusalén Este. Los palestinos se negaron a abordar ninguna cuestión hasta que Israel se comprometa a congelar los asentamientos en los territorios ocupados. Por su parte, los ministros israelíes debatieron rebajar las condiciones para la liberación de presos palestinos. Esto permitiría liberar a Maruan Barguti, un hombre fuerte de Al Fatah, entre otros. / Reuters

han visto engrosar su población. En Mashabei Sadeh se discute estos días sobre la necesidad de introducir sueldos proporcionales a la aportación económica. Hasta ahora, todos los miembros cobraban sus sueldos en una cuenta comunitaria y recibían una asignación en función de sus necesidades. Todos los beneficios se reinvertían. “Era una idea muy bonita, pero no funciona. Sin incentivos no todo el mundo se esfuerza y unos acaban trabajando por el resto”, reflexiona Zehava. “Todo ha cambiado –dice Dov–. Antes, vivir en un kibutz era como una misión, la dedicación superaba todo lo material. Hoy se ha perdido el ideal, el individualismo ha ganado la partida. Por eso hay que adaptarse a los nuevos tiempos”. En febrero, el kibutz Degania, el más antiguo de Israel, aprobó en asamblea la adopción de sueldos. En Mashabei Sadeh cada vez hay más partidarios, pero un paso de este calado requiere una mayoría absoluta. Dov lo tiene claro: “No hay alternativa. Es renovarse o morir”. Pero, con cambios tan drásticos, ¿no corren el peligro los kibutz de desvirtuarse, de convertirse en simples urbanizaciones residenciales? “Seguimos siendo una comunidad, una comunidad que toma decisiones en asamblea y comparte servicios de máxima calidad. Y eso, al final, es lo esencial”, dice Zehava. Y Dov insiste: “Cada vez que introducimos cambios la gente en seguida exclama: ‘¡Es el fin de los kibutz!’. Pero la realidad es que continuamos aquí”.c