En contra de los derechos humanos

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Suma de Negocios, Vol. 2 N° 2: 115-127, diciembre 2011, Bogotá (Col.)
Suma de Negocios
Vol. 2 N° 2,diciembre de 2011, 115-127
EN CONTRA DE LOS DERECHOS HUMANOS
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SLAVOJ ŽÌŽEK
RESUMEN
Coartada para intervenciones militares, sacralización para la tiranía del mercado, fundamento
ideológico para el fundamentalismo de lo políticamente correcto: ¿puede la “fcción simbólica”
de los derechos humanos recuperarse para la politización progresiva de las actuales relaciones
socioeconómicas?
ABSTRACT
Alibi for militarist interventions, sacralization for the tyranny of the market, ideological foundation
for the fundamentalism of the politically correct: can the ‘symbolic fction’ of universal rights be
recuperated for the progressive politicization of actual socio-economic relations?
RESUMO
Desculpa para intervenções militares, sacralizada pela tirania dos mercados e fundamento ideológico
para o fundamentalismo do politicamente correto: a “fcção simbólica” dos direitos humanos pode
ser recuperada por meio de uma politização progressiva das relações sócio-econômicas reais?
* Título original: Against Human Rights. Artículo publicado en New Left Review 34, july-aug 2005, pp. 115-131. Traducido al español por Juan
Pablo Bohórquez, -profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Programa de Trabajo Social, Universidad de la Salle- y María
Carlota Ortiz, historiadora, Pontifcia Universidad Javeriana, Bogotá. Correo electrónico: jubohorquez@unisalle.edu.co
INTRODUCCIÓN
Las aproximaciones contemporáneas a los de-
rechos humanos descansan por lo general, en
nuestras sociedades liberales capitalistas, en
tres supuestos. Primero, que tales acercamientos
operan en oposición a tipos de fundamentalismos
que naturalizarían o esenciarían rasgos contin-
gentes, históricamente condicionados. Segundo,
que los dos derechos más básicos son la libertad
de elección y el derecho a dedicar la propia vida
a la persecución del placer (más que sacrificarla
por alguna causa ideológica superior). Y, tercero,
que una aproximación a los derechos humanos
puede constituir el cimiento de una defensa contra
el “exceso de poder”.
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Slavoj Žižek
Comencemos por el fundamentalismo. Aquí, el mal
(por parafrasear a Hegel), reside con frecuencia en
la mirada que lo percibe. Tomemos los Balcanes
durante la década de 1990, sitio de extendida viola-
ción de los derechos humanos. ¿En qué momento
los Balcanes –una región geográfica de la Europa
Oriental– se “balcanizaron”, con todo lo que ello
implica para el imaginario europeo de hoy en día?
La respuesta es esta: a mediados del siglo XIX,
cuando los Balcanes comenzaron a exponerse
plenamente a los efectos de la modernización
europea. La diferencia entre las percepciones
tempranas de la Europa Oriental y la visión “mo-
derna” es notoria. Ya en el siglo XVI, el naturalista
francés Pierre Belon anotaba que “los turcos no
fuerzan a nadie a vivir como turcos”. Pequeña
sorpresa, entonces, que tantos judíos encontrasen
asilo y libertad religiosa en Turquía, y otros países
musulmanes, luego de que Fernando e Isabel los
hubieran expulsado de España en 1492, con el
resultado, en supremo giro de ironía, de que via-
jeros occidentales se mostrasen perturbados por
la presencia pública de aquellos en las grandes
ciudades turcas. He aquí, entre una extensa serie
de ejemplos, un reporte de N. Bisani, un italiano
que visitó Estambul en 1788:
Un extranjero que haya presenciado la intolerancia de
Londres y París, debe sorprenderse grandemente al
ver una iglesia entre una mezquita y una sinagoga y un
derviche al lado de un fraile capuchino. No me explico
cómo pudo este gobierno admitir en su seno religiones
tan opuestas a la propia. Debe ser por una degeneración
del mahometismo que este feliz contraste ha podido
producirse. Es más asombroso aún encontrar que el
espíritu de tolerancia prevalece de manera general entre
la gente, puesto que aquí veis turcos, judíos, católicos,
armenios, griegos y protestantes conversando juntos
en asuntos de negocios y placer con igual armonía y
buena voluntad que si perteneciesen a la misma nación
y religión. (2004, p. 233).
El mismísimo rasgo que Occidente celebra hoy
como signo de su superioridad cultural –el espí-
ritu y la práctica de la tolerancia multicultural– es
desestimado de este modo como un efecto de la
“degeneración” del Islam. El curioso destino de los
monjes trapenses de Etoile Marie es igualmente
diciente. Expulsados de Francia por el régimen na-
poleónico, se establecieron en Alemania, de donde
fueron expulsados en 1868. Puesto que ningún otro
Estado cristiano quería acogerlos, pidieron permi-
so al Sultán para comprar tierras cerca de Banja
Luka, en la parte serbia de la actual Bosnia, donde
vivieron felices hasta cuando quedaron atrapados
en el conflicto balcánico entre cristianos.
¿Cuándo entonces se originaron los rasgos funda-
mentalistas de intolerancia religiosa, violencia étni-
ca y fijación en traumas históricos que Occidente
asocia ahora con “la balcanización”? Claramente,
en Occidente mismo. A manera de un impecable
ejemplo de la “determinación reflexiva” de Hegel,
aquello que los europeos occidentales observan y
deploran en los Balcanes es lo que ellos mismos
introdujeron allí; y lo que combaten es su propio
legado histórico transfigurado en amok
1
. Recor-
demos que los dos grandes crímenes étnicos im-
pugnados a los turcos en el siglo XX –el genocidio
armenio y la persecución de los kurdos– no fueron
perpetrados por fuerzas políticas musulmanas
tradicionalistas sino por militares modernizadores
que pretendían liberar a Turquía del balasto de su
antiguo mundo y convertirla en un Estado-nación
europeo.
La antigua observación de Mladen Dólar –susten-
tada en una minuciosa lectura de las referencias
de Freud a la región–, según la cual el inconsciente
europeo se halla estructurado del mismo modo que
los Balcanes, es literalmente cierta: bajo la guisa
de la otredad de “balcanización”, Europa hace un
reconocimiento del extraño en sí misma, de su
propio reprimido. Pero debemos examinar también
las maneras en que la internalización “fundamen-
talista” de rasgos contingentes es en sí misma
una faceta de la democracia liberal capitalista.
1 Palabra de origen malayo que originalmente designaba a un elefante
enloquecido y luego se generalizó a un ser preso u atacado de una
furia incontrolable. Para el caso, signifca locura homicida vinculada
a un comportamiento cultural (nota del traductor).
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Está en boga quejarse de que la vida privada está
amenazada e incluso evanesciéndose por causa
de la habilidad de los medios para exponer los
más íntimos detalles personales a la luz pública.
Lo cual es verdad a condición que demos vuelta
al asunto: lo que en efecto está desapareciendo
es la vida pública, la propia esfera pública en la
que uno opera como un agente simbólico que no
puede reducirse a la vida privada, a un manojo
de atributos personales, deseos, traumas e idio-
sincrasias. El lugar común de la “sociedad del
riesgo”, según el cual el individuo contemporáneo
se siente “desnaturalizado” y considera hasta sus
rasgos más “naturales”, desde la identidad étnica
a la preferencia sexual, como elegidos, histórica-
mente contingentes, aprendidos, es profundamente
engañoso. Lo que hoy estamos presenciando es
el proceso inverso: una re-naturalización sin pre-
cedentes. Todas las grandes “cuestiones públicas”
se traducen en actitudes destinadas a regular las
idiosincrasias “naturales” o “personales”. Esto ex-
plica por qué, en un nivel más general, los conflictos
étnico-religiosos pseudo-naturalizados son la forma
de lucha que mejor conviene al capitalismo global.
En la era de las “pos-políticas”, cuando la propia
política viene siendo sustituida gradualmente por
la administración social experta, las únicas fuen-
tes de legitimación del conflicto son las tensiones
culturales (religiosas) o naturales (étnicas). Y la
“valoración” es, precisamente, la regulación de la
promoción social que se ajusta a esta re-natura-
lización. Quizá ha llegado el tiempo de reafirmar,
como la verdad de la valoración, la lógica pervertida
a la que irónicamente se refería Marx al describir
el fetichismo de la mercancía cuando, al final del
primer capítulo de El Capital, aludía al consejo de
Dogberry a Seacoal: “Ser un hombre favorecido es
un regalo de la fortuna; pero leer y escribir viene
por naturaleza”. Hoy en día, ser un experto en
computadores o un administrador exitoso es un
obsequio de la naturaleza, mientras que labios u
ojos hermosos son una apreciación cultural.
SIN LIBERTAD DE ELECCIÓN
Respecto de la libertad de elegir, he escrito en otra
parte de la pseudo-elección ofrecida a los adoles-
centes de las comunidades Amish, quienes tras
padecer la más estricta de las formaciones son
convidados, a la edad de 17 años, a zambullirse
en cada exceso de la cultura capitalista contempo-
ránea: un remolino de autos veloces, sexo salvaje,
drogas, licor y demás (The constitution is…, 2005).
Después de algunos años, se les permite elegir si
desean regresar a la forma de vida Amish. Puesto
que han sido educados en virtual ignorancia de
la sociedad americana, los jóvenes carecen de
preparación para lidiar con tal permisividad, que
en la mayor parte de los casos desata estados
violentos de intolerable ansiedad; la vasta mayoría,
por consiguiente, termina votando por regresar a
la reclusión de sus comunidades.
Este es un ejemplo perfecto de las dificultades
que invariablemente acompañan la “libertad de
elección”: mientras que por un lado se ofrece de
manera formal a los niños Amish el libre arbitrio,
las condiciones en que deben hacer uso de este
imposibilitan, del otro, la libre elección. La proble-
mática de la pseudo-elección demuestra asimismo
las limitaciones de la actitud liberal convencional
respecto de las mujeres musulmanas que llevan
velo: es aceptable si lo portan por su libre voluntad
y no por imposición de sus maridos o su familia. Sin
embargo, cuando usan el velo como resultado de
una decisión personal, su significado cambia por
entero porque no expresa ya un signo de pertenen-
cia a la comunidad musulmana sino una expresión
de individualismo idiosincrático. En otras palabras,
una elección es siempre una meta-elección, una
escogencia de la modalidad de elección en sí mis-
ma: es tan solo la mujer que opta por no portar un
velo quien efectivamente elige. Esta es la razón por
la cual, en nuestras seculares democracias libera-
les, las personas que permanecen sustancialmente
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fieles a una religión se encuentran en una posición
subordinada. Su fe es tolerada como elección per-
sonal, pero al momento de evidenciar públicamente
lo que esta significa para ellas, es decir, como un
asunto de pertenencia esencial, son acusadas de
“fundamentalismo”. Dicho de modo llano, “el sujeto
de libre arbitrio”, en el sentido “tolerante”, multicul-
tural, puede emerger tan solo como consecuencia
de un proceso violento de des-enraizamiento del
mundo particular de su existencia.
La fuerza material de la noción ideológica de la
“libre elección” existente al interior de la democra-
cia capitalista fue ilustrada magistralmente por la
suerte del modesto programa de reforma al sistema
de salud de la administración Clinton. La camarilla
médica, más poderosa aún que la camarilla del
sector defensa, logró convencer al público de que
la idea del servicio universal de asistencia médica
en salud podría atentar contra la libre elección
en este ámbito y toda la enumeración de hechos
innegables resultó infructuosa para desmentir tal
convicción. Nos hallamos aquí en el centro neu-
rálgico de la ideología liberal: libertad de elección
afincada en la noción del sujeto “psicológico”,
revestida de inclinaciones que él o ella aspiran rea-
lizar. Y esto prevalece hoy en particular, en la era
de la “sociedad del riesgo” en la cual la ideología
dominante se empeña en vendernos, cual si fuesen
la oportunidad de nuevas libertades, las propias
incertidumbres resultantes del desmantelamiento
del Estado de bienestar. Si la flexibilización del
trabajo significa que usted cambie de ocupación
cada año, ¿por qué no apreciar el hecho como una
liberación de los constreñimientos de una carrera
permanente, una oportunidad de reinventarse a
sí mismo para sí realizar el potencial oculto de
su personalidad? Si su seguro de salud y plan de
jubilación son precarios, lo cual implica que usted
deba optar por adquirir una cobertura extra, ¿por
qué no interpretar esto como una oportunidad
adicional para elegir, bien sea un mejor estilo de
vida o una seguridad en el largo plazo? Si tal pre-
dicamento le suscita ansiedad, el ideólogo de “la
segunda modernidad” le diagnosticará que usted
desea “huir de la libertad”, que padece de una
fijación inmadura en las antiguas formas de esta-
bilidad. Mejor aún: cuando lo dicho se inscribe en
la ideología del sujeto como individuo “psicológico”,
preñado de habilidades naturales, usted tenderá
automáticamente a interpretar todos estos cambios
como un efecto de su personalidad y no como la
consecuencia del desperdigamiento de su ser por
obra de las fuerzas del mercado.
LA POLÍTICA CONTRA EL GOCE
2
¿Y qué del derecho básico a ir en pos del placer?
La política actual se halla más preocupada que
nunca de facultar las vías para impetrar o controlar
el goce
3
. La oposición entre el Occidente liberal y
tolerante y el Islam fundamentalista se encuentra
por lo general más condesada que aquella entre
el derecho de una mujer a la libre sexualidad, de
un lado, incluyendo la libertad de exhibirse y ex-
ponerse a sí misma y provocar o perturbar a un
hombre, y los desesperados intentos masculinos,
del otro, por reprimir o controlar esta amenaza.
(Los talibanes prohibieron los tacones metálicos
en las mujeres porque el sonido del taconeo pue-
de despertar, bajo la burka que todo lo oculta, un
indomeñable deseo erótico).
Ambas partes, por supuesto, mistifican ideológica y
moralmente su respectiva posición. Para Occiden-
te, el derecho de las mujeres a mostrarse de modo
provocativo al deseo masculino ha sido legitimado
como su derecho de disfrutar a voluntad de sus
cuerpos. Para el Islam, el control de la sexualidad
femenina se ha legitimado como la defensa de
la dignidad de la mujer, para evitar que sean re-
ducidas a objetos de explotación masculina. Así,
cuando el Estado francés les prohíbe a las niñas
2 Jouissance, en el original, que se ha traducido indistintamente como
goce o placer (sexual) (nota del traductor).
3 Jouissance, en el original.
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musulmanas usar el velo en el colegio, uno puede
alegar que esta medida favorece el que dispongan
de sus cuerpos como deseen. Pero uno puede
argüir, por igual, que el aspecto realmente trau-
mático por el cual se criticaba a los musulmanes
fundamentalistas era que había mujeres que no
participaban en el juego de someter sus cuerpos a
la seducción sexual o para el intercambio y la mo-
vilización social inherentes a esto. De una manera
u otra, todas las demás cuestiones –matrimonios
homosexuales y adopción, aborto, divorcio– se
relacionan con el mismo asunto. Lo que ambos
polos comparten, si bien la orientación es distinta,
es su estricta aproximación disciplinar: los “fun-
damentalistas” regulan la presentación personal
femenina para evitar la provocación sexual y los
feministas liberales imponen una no menos severa
regulación de la conducta con el fin de contener
las diversas formas de acoso.
Las actitudes liberales hacia el otro se caracte-
rizan tanto por el respeto hacia la alteridad, una
apertura hacia esta, como por un temor obsesivo
al hostigamiento. En síntesis, el otro es bienvenido
siempre y cuando su presencia no sea intrusiva, a
condición de que no sea realmente el otro. Así, la
tolerancia coincide con su opuesto. Mi obligación
de ser tolerante con el otro significa, en efecto,
que no debo acercarme demasiado a él o ella,
invadir su espacio, en breve, que debo respetar
su tolerancia a mi exceso de proximidad. Tal cosa
ha ido emergiendo hasta posesionarse como el
derecho humano central de la sociedad capitalista
de avanzada: el derecho a no ser hostigado, esto
es, a mantenerse a una distancia segura de los
demás. E igual se aplica a la lógica emergente del
militarismo humanitario o pacifista. La guerra es
aceptable siempre y cuando busque la prevalencia
de la paz, de la democracia, o las condiciones
para distribuir la ayuda humanitaria. ¿Y no aplica
lo mismo, con mayor fuerza aún, a la democracia
y los derechos humanos? Los derechos huma-
nos son pasables si se los “reconsidera” a fin de
incorporar a ellos la tortura y un estado de emer-
gencia permanente. La democracia está bien si
se la limpia de sus excesos populistas y se limita
su ejercicio a aquellos lo suficiente maduros para
practicarla.
Atrapados en el círculo vicioso del imperativo del
placer
4
, la tentación consiste en optar por aquello
que aparece como su antípoda “natural”, la violenta
renunciación al goce
5
. Este es, quizás, el patrón
subyacente a todos los así denominados funda-
mentalismos: el deber de contener (lo que ellos
perciben como) el excesivo “hedonismo narcisista”
de la cultura secular contemporánea haciendo un
llamado a la reintroducción del espíritu de sacrificio.
Una perspectiva psicoanalítica nos permite ver por
qué tal tarea se malogra. El solo gesto de apartar el
placer –¡Basta ya de decadente auto indulgencia!
¡Renunciad y purificaos!– produce un goce sustan-
tivo en sí mismo. ¿Acaso no todos los universos
“totalitarios” que demandan de sus súbditos un
violento (auto) sacrificio a la causa exudan el mal
olor de la fascinación con un goce
6
letal y obsce-
no? Una vida orientada hacia la procura del placer
requerirá, por el contrario, la ardua disciplina del
“modo de vida saludable” –trotar, guardar el régi-
men, practicar la relajación mental– si se la desea
disfrutar al máximo. El requerimiento del superego
al disfrute se halla inmanentemente entreverado
con la lógica del sacrificio. Ambos conforman un
círculo vicioso en el que cada extremo sostiene al
otro. Así, la elección no consiste sencillamente en
escoger entre cumplir el propio deber o procurarse
placer y satisfacción. Esta elección elemental es
sobrepasada por otra más, que consiste en optar
por elevar las propias aspiraciones al placer a un
deber supremo o cumplir con el propio deber, mas
no por el deber en sí mismo sino por la gratifica-
ción que conlleva su cumplimiento. En el primer
caso, los placeres son mi deber, y la aspiración
“patológica” al placer se encuentra situada en el
ámbito formal de la obligatoriedad. En el segundo,
el deber es mi placer y cumplir mi deber se halla
4 Jouissance, en el original.
5 Jouissance, en el original.
6 Jouissance, en el original.
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Slavoj Žižek
localizado en la esfera formal de las satisfacciones
“patológicas”.
¿DEFENSA CONTRA EL PODER?
¿Si los derechos humanos, en oposición al fun-
damentalismo y la aspiración a la felicidad, nos
conducen a contradicciones irreconciliables, no
son acaso, después de todo, una defensa contra
el exceso del poder? En sus análisis de 1848, Marx
definió la extraña lógica del poder como “excesiva”
por naturaleza propia. En El dieciocho Brumario
7
y
La lucha de clases en Francia
8
, “complicó”
9
de una
manera dialéctica adecuada la lógica de la repre-
sentación social (agentes políticos que representan
clases y fuerzas económicas). Al hacerlo, logró ir
más allá de la usual noción de estas “complicacio-
nes”, según la cual la representación política jamás
refleja de modo directo la estructura social: un solo
agente político puede representar diversos grupos
sociales, por ejemplo, o una clase puede renunciar
a su representación directa y delegar en otra la
labor de asegurar las condiciones jurídico-políticas
de su dominio, tal y como hizo la clase capitalista
inglesa al dejar en manos de la aristocracia el
ejercicio del poder político. Los análisis de Marx
apuntaban hacia lo que Lacan logró definir, más de
un siglo después, como la “lógica del significante”.
A propósito del Partido del Orden que se conformó
tras el aplastamiento de la insurrección de junio,
Marx escribió que fue tan solo tras la victoriosa
elección de Luis Napoleón del 10 de diciembre,
la cual le permitió deshacerse de su camarilla de
burgueses republicanos, cuando
el secreto de su existencia, la coalición de orleanistas y legitimistas
en un partido, se reveló. La clase burguesa se escindió en dos
grandes facciones –los latifundistas bajo la monarquía restaurada
y la burguesía industrial bajo la monarquía de julio– que alterna-
damente habían detentado el monopolio del poder. Borbón era el
nombre regio de la infuencia predominante de los intereses de una
facción, Orleans el nombre real de la infuencia predominante de los
7 El título completo de esta obra es El dieciocho Brumario de Luis
Bonaparte (nota del traductor).
8 El título completo de esta obra es La lucha de clases en Francia de
1848 a 1850 (nota del traductor).
9 En el mismo sentido, problematizó, complejizó (nota del traductor).
intereses de la otra. El resto innominado de la república era el único
en que ambas facciones podían mantener, en igualdad de poder,
el interés común de clase sin renunciar a su mutua rivalidad (Marx
& Engels, 1969, p. 83).
Esta es, pues, la primera complicación. Cuando
tratamos con dos o más grupos socioeconómicos,
su interés común solo puede representarse bajo la
guisa de la negación de su premisa compartida: el
común denominador de las dos facciones realis-
tas no es el realismo, sino el republicanismo. (Al
igual que en nuestros días, el único agente político
que representa de manera consistente el interés
del capital como tal, en su universalidad y por
encima de las facciones particulares, es el “social
liberalismo” o Tercera Vía). Posteriormente, en el
Dieciocho Brumario, Marx diseccionó el artificio de
la Sociedad de Diciembre 10, el ejército privado de
matones de Luis Napoleón:
Junto a libertinos arruinados, con equívocos medios de
vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos de-
generados y aventureros de la burguesía, vagabundos,
licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de
galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y
rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mo-
zos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afi-
ladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda esa
masa informe, difusa y errante que los franceses llaman
la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó
Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre
(…). Este Bonaparte, que se erige en jefe del lumpem-
proletariado, que solo en este encuentra reproducidos
en masa los intereses que él personalmente persigue,
que reconoce en esta hez, desecho y escoria de todas
las clases, la única clase en la que puede apoyarse sin
reservas, es el auténtico Bonaparte, el Bonaparte sans
phrases (Marx & Engels, 1975, p. 149)
10
.
La lógica del Partido del Orden es traída aquí a su
término radical. Del mismo modo que el único de-
nominador común de todas las facciones realistas
es el republicanismo, el único denominador común
de todas las clases es el exceso excremental, el
desecho, el remanente de todas las clases. Esto
10 La expresión del original en francés, sans phrases, signifca, sin
más palabras, sin excepción (nota del traductor).
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quiere decir que mientras el líder se crea situado
por encima de los intereses de clase, su inmedia-
ta base social no puede ser otra que el residuo
excremental de todas las clases, los desclasados
rechazados de cada clase. Y, tal cual Marx lo revela
en otro pasaje, es este apoyo del abyecto social
el que le permite a Bonaparte mudar su posición
a conveniencia y representar por turnos una clase
en contra de otra.
Como autoridad ejecutiva que se ha hecho in-
dependiente, Bonaparte siente que es su deber
salvaguardar el “orden burgués”. Pero la fortaleza
de este orden burgués reside en la clase media.
En consecuencia, posa de representante de la
clase media y promulga decretos en este sentido.
No obstante, es alguien tan solo porque ha roto el
poder de la clase media y continúa quebrantándolo
a diario. Por tanto, se presenta como el adversario
del poder político y literario de la clase media (Marx
& Engels, 1975, p. 194).
Pero hay más. Para que este sistema funcione, es
decir, para que el líder permanezca por encima de
las clases y no actúe como un representante directo
de ninguna, debe actuar también como el represen-
tante de una clase en particular: de la clase que,
precisamente, no se encuentra lo suficientemente
cohesionada para actuar como un agente unificado
que exige una representación activa. Esta clase de
personas que no puede representarse a sí misma
y solo puede ser representada es, por supuesto,
la clase de los pequeños propietarios campesinos
quienes conforman
una vasta masa cuyos integrantes viven en condiciones
similares sin establecer relaciones diversas los unos con
los otros. Su modo de producción los aísla entre sí en
vez de propiciar su trato mutuo (…). Por consiguiente,
son incapaces de imponer sus intereses de clase en
nombre propio, bien sea a través de un parlamento o de
una asamblea. No pueden representarse a sí mismos,
deben ser representados. Su representante debe figurar
al mismo tiempo como su amo, como una autoridad
superior a ellos, como un poder gubernamental ilimitado
que los proteja de las otras clases y les envíe lluvia y
luz solar desde lo alto. La influencia política de los pe-
queños propietarios campesinos encuentra por tanto su
expresión última en el poder ejecutivo que subordina la
sociedad (Marx & Engels, 1975, pp. 187-188).
Estos tres elementos unidos forman la estructura
paradójica de la representación populista bona-
partista: la posición por encima de las clases y
la habilidad de moverse entre ellas involucra una
dependencia directa del abyecto remanente de
todas las clases más la apelación final a la clase
de quienes son incapaces, en calidad de agente
colectivo, de exigir representación política. Esta
paradoja se basa en el exceso consustancial de la
representación sobre los representados. Al nivel de
la ley, el poder estatal representa tan solo los inte-
reses de sus súbditos: los sirve, se responsabiliza
de ellos y es en sí mismo sujeto de su control. Sin
embargo, al nivel del superego, el mensaje público
de responsabilidad se complementa con el men-
saje obsceno del ejercicio incondicional del poder:
“Las leyes no me atan realmente, puedo hacer lo
que me plazca, puedo tratarte como culpable si
así lo decido, puedo destruirte a mi voluntad”. Este
exceso obsceno es un componente necesario del
concepto de soberanía. La asimetría es estructural:
la ley solo puede sostener su autoridad si los súb-
ditos escuchan en esta el eco de la autoafirmación
obscena e incondicional del poder.
Este exceso de poder nos conduce al último argu-
mento en contra de las “grandes” intervenciones
políticas que propenden por la transformación
global: las experiencias terroríficas del siglo XX,
una serie de catástrofes que precipitó una funesta
violencia a una escala sin precedentes. De estas
catástrofes existen tres teorizaciones principales.
Primero, la visión tipificada por el nombre de Ha-
bermas: la Ilustración es en sí misma un proceso
positivo y emancipador carente de un potencial
“totalitario” inherente; las catástrofes que han
ocurrido indican tan solo que existe un proyecto
inconcluso y nuestra tarea debería ser la de llevar
este proyecto a su término. Segundo, la perspec-
tiva asociada con la Dialéctica de la Ilustración de
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Slavoj Žižek
Adorno y Horkheimer, y al presente con Agamben.
La inclinación “totalitaria” de la Ilustración es in-
herente y concluyente, el “mundo administrado”
es su verdadera consecuencia, y los campos de
concentración y los genocidios son una especie
de conclusión teleológica negativa de la historia
total de Occidente. Tercero, la óptica desarrolla-
da en las obras de Etienne Balibar, entre otros,
según la cual la modernidad ha abierto un campo
de nuevas libertades, pero a la vez de nuevos
peligros, y no existe garantía teleológica ulterior
de su desenlace. El debate permanece abierto y
por ahora, irresoluto.
El punto de partida del texto de Balibar (2002)
sobre la violencia es la insuficiencia del concepto
paradigmático hegeliano-marxista de “convertir”
esta en un instrumento de la razón histórica,
una fuerza que engendre una nueva formación
social. La brutalidad “irracional” de la violencia
es así aufgehoben
11
, “superada”, en el estricto
sentido hegeliano, reducida a un “mancha” par-
ticular que contribuye a la armonía universal del
progreso histórico. El siglo XX nos confrontó con
catástrofes –algunas dirigidas en contra de las
fuerzas políticas marxistas, otras originadas en
el propio compromiso marxista– que no pueden
ser “racionalizadas” de esta manera. Su instru-
mentalización en herramientas de la astucia de
la razón no solo es éticamente inaceptable sino
teórica, ideológicamente incorrecta, en el más
poderoso sentido del término. En su estrecha
lectura de Marx, Bilbar logra percibir, no obstante,
una oscilación entre esta teoría teleológica de la
conversión de la violencia y un concepto mucho
más interesante de historia como un proceso
abierto de luchas antagónicas cuyo desenlace
positivo no se haya garantizado por ninguna
necesidad histórica todo incluyente.
11 Aufgehoben, del verbo alemán aufheben que signifca trascender,
elevar, abolir, es decir, conlleva signifcados contradictorios entre sí
que justifcan su uso en la flosofía de Hegel, quien dota a la palabra
de la tensión dialéctica entre aquello que perece pero deviene a la
vez en otro (nota del traductor).
Balibar aduce que, por razones estructurales ne-
cesarias, el Marxismo es incapaz de reflexionar o
pensar sobre el exceso de violencia que no puede
incorporarse a la narración del progreso histórico.
Más específicamente, es incapaz de proveer una
teoría adecuada del fascismo y el estalinismo y sus
desenlaces “extremos”, shoah y gulag. Nuestra
tarea, por consiguiente, es doble: implica desple-
gar una teoría de la violencia histórica como algo
que no puede ser instrumentalizado por ningún
agente político, que amenaza con engolfar a ese
mismo agente en círculo vicioso autodestructivo;
e introducir el interrogante de cómo transformar el
proceso revolucionario en una fuerza civilizadora.
Como ejemplo contrario tomemos el proceso que
condujo a la Masacre del Día de San Bartolomé.
El objetivo de Catalina de Médicis era limitado y
preciso: la suya era una confabulación maquia-
vélica para asesinar al almirante de Coligny –un
poderoso protestante que alentaba la guerra contra
España en los Países Bajos– y hacer recaer la
culpa en la influyente familia católica de Guise.
De este modo buscó precipitar la caída de las dos
casas que suponían una amenaza a la unidad
del Estado francés. Pero su tentativa de enfrentar
a sus dos enemigos degeneró en un frenesí de
sangre incontrolable. Su implacable pragmatismo
la cegaba para ver la pasión con que los hombres
se aferran a sus creencias. Las agudas reflexio-
nes de Hannah Arendt son cruciales para el caso
puesto que enfatizan en la distinción entre el
poder político y el simple ejercicio de la violencia.
Las organizaciones regidas por un poder apolítico
directo –ejército, Iglesia, escuela– representan
ejemplos de violencia (Gewalt)
12
mas no de poder
político en el sentido estricto del término (Arendt,
1970). En este punto, sin embargo, debemos re-
cordar la diferencia entre la ley pública y simbólica
y su obsceno complemento. La idea del doble
complemento obsceno del poder implica que no
existe poder sin violencia. La esfera política no
es jamás “pura”, sino que involucra algún tipo de
12 Del original en inglés. Gewalt es una palabra del alemán que sig-
nifca violencia (nota del traductor).
En contra de los derechos humanos
*
123
Suma de Negocios, Vol. 2 N° 2: 115-127, diciembre 2011, Bogotá (Col.)
vinculación con la violencia pre-política. La relación
entre poder político y violencia pre-política conlleva,
por supuesto, implicaciones mutuas. No solo es la
violencia el complemento necesario del poder, sino
que el poder en sí mismo está presente siempre
en la raíz de cualquier relación de violencia en
apariencia apolítica. La aceptación de la violencia
y la relación directa de subordinación al interior del
ejército, la Iglesia, la familia y otras formas sociales
apolíticas, constituyen en sí mismas la concreción
de una lucha ético-política particular. La tarea del
análisis crítico consiste en discernir el proceso
político oculto que sostiene todas estas relaciones
apolíticas o pre-políticas. En la sociedad humana,
la política es el principio estructural general, de
modo tal que cada intento por neutralizar algún
contenido parcial como apolítico constituye un
gesto político par excellence
13
.
LA PUREZA HUMANITARIA
Es en este contexto que podemos ubicar la temática
en derechos humanos más saliente: los derechos
de quienes padecen hambre o están expuestos a
la violencia homicida. Rony Brauman, quien coor-
dinó la ayuda para Sarajevo, ha demostrado que la
sola presentación de la crisis como “humanitaria”,
y la reconfiguración del conflicto político-militar en
términos humanitarios, se sustentó en una elección
eminentemente política, en esencia, tomar partido
por los serbios en el conflicto. La celebración de la
“intervención humanitaria” en Yugoslavia remplazó
el discurso político, según argumenta Brauman,
descalificando así por anticipado cualquier debate
conflictivo (2004, pp. 398-399 y 416).
A partir de esta percepción particular podemos
problematizar, en un nivel general, la política apa-
rentemente despolitizada de los derechos humanos
y plantearla como la ideología del intervencionismo
militar que sirve finalidades político-económicas.
Según ha sugerido Wendy Brown (2004, p. 453.)
a propósito de Michael Ignatieff, tal humanitarismo
13 Por excelencia.
se presenta a sí mismo como un asunto anti-político,
una defensa pura del inocente e impotente en contra del
poder, una defensa pura del individuo en contra de la
inmensa y potencialmente cruel o despótica maquinaria
de la cultura, el Estado, la guerra, el conflicto étnico, el
tribalismo, el patriarcado y otras movilizaciones o inme-
diaciones del poder colectivo en contra de los individuos.
Sin embargo, la pregunta es: ¿Qué tipo de politi-
zación, en contra de los poderes a que se oponen,
movilizan aquellos quienes intervienen a favor de
los derechos humanos? ¿Están del lado de una
formulación distinta de la justicia, o se oponen
a los proyectos de justicia colectiva? Está claro,
por ejemplo, que el derrocamiento de Saddam
Hussein, liderado por Estados Unidos y legitimado
en términos de conclusión del padecimiento del
pueblo iraquí, estuvo motivado no solo por inte-
reses político-económicos prácticos sino que se
sustentó en una idea particular de las condiciones
políticas y económicas bajo las cuales debía lle-
varse la “libertad” al pueblo iraquí: el capitalismo
liberal-democrático, la inserción en la economía
de mercado mundial, etcétera. El humanitarismo
puro, la política apolítica de prevenir simplemente
el sufrimiento, conllevan así una prohibición implí-
cita de elaborar un proyecto colectivo positivo de
transformación socio-política.
En un plano aún más general, podemos problema-
tizar la oposición entre los derechos humanos uni-
versales (pre-políticos) que posee el ser humano
“en cuanto tal” y los derechos particulares de un
ciudadano o miembro de una comunidad política
específica. En este sentido, Balibar (2004, pp.
320-321) se inclina por la “reversión” de la relación
histórica y teórica entre “hombre” y “ciudadano”
argumentando que es la ciudadanía la que hace
al hombre y no el hombre a la ciudadanía. Balibar
alude aquí a la apreciación de Arendt (1958, p.
297) respecto de la condición de los refugiados:
La concepción de los derechos humanos que descansa
sobre la supuesta existencia de un ser humano como
tal, se derrumbó en el instante mismo cuando aquellos
124
Slavoj Žižek
quienes proclamaban creer en ella enfrentaron, por
vez primera, a personas que habían perdido todas las
demás cualidades y relaciones específicas, excepto su
condición de humanos.
Esta línea conduce directamente, por supuesto,
al concepto de homo sacer de Agamben, es decir,
un ser humano reducido a la “nuda vida”. En una
dialéctica de lo universal y particular propiamente
hegeliana, es justo cuando se priva a un ser huma-
no de la identidad socio-política particular que da
cuenta de su ciudadanía específica –en un solo y
mismo movimiento– cuando deja de ser reconocido
o tratado como humano
14
. Paradójicamente, soy
despojado de derechos humanos en el momento
mismo en que se me reduce a un ser humano “en
general”. De este modo me convierto en el portador
ideal de aquellos “derechos humanos universales”
que me pertenecen independientemente de mi
profesión, sexo, nacionalidad, religión, identidad
étnica, etcétera.
¿Qué sucede entonces con los derechos huma-
nos cuando son los derechos del homo sacer, de
aquellos excluidos de una comunidad política, es
decir, cuando son inútiles porque son los derechos
de quienes, justamente, carecen de derechos y son
tratados cual inhumanos? Jacques Rancière pro-
pone una inversión dialéctica destacable: “Cuando
son inútiles, uno hace lo mismo que las personas
caritativas con su ropa vieja: se la da a los pobres.
Aquellos derechos que parecen inútiles en su lugar,
se envían al extranjero, junto con medicamentos
y ropa, a gente privada de medicamentos, ropa
y derechos”. Sin embargo, no se tornan vacuos,
porque “las denominaciones políticas ni los luga-
res políticos jamás logran volverse enteramente
hueros. El vacío es ocupado, en vez, por algo o
alguien distintos:
si aquellos que padecen de inhumana represión son in-
capaces de promulgar los derechos humanos que cons-
tituyen su último recurso, entonces algún otro deberá
heredarlos para esgrimirlos en su lugar. Esto es lo que se
14 See (véase) Agamben, G. (1998). Homo sacer. Stanford.
denomina el “derecho a la interferencia humanitaria”, el
derecho que asumen algunas naciones para el supuesto
beneficio de poblaciones victimizadas y, frecuentemente,
en contra del consejo de las propias organizaciones
humanitarias. El “derecho a la interferencia humanitaria”
puede describirse como una especie de “devolución al
remitente”: los derechos inutilizados que han sido envia-
dos a quienes carecen de derechos son devueltos a sus
remitentes (Rancière, 2004, pp. 307-309).
Así, para expresarlo en términos leninistas, lo que
“los derechos humanos de las sufrientes víctimas
del Tercer Mundo” significan realmente hoy, en
el discurso predominante, es el derecho de los
poderes occidentales, en el nombre de la defensa
de los derechos humanos, de intervenir, política,
económica, cultural y militarmente en los países
del Tercer Mundo de su elección. La referencia a
la fórmula de comunicación de Lacan (en la que
el remitente recibe de vuelta su propio mensaje de
parte del receptor en su forma invertida, es decir,
verdadera) aplica grandemente al presente caso.
En el discurso reinante del intervencionismo hu-
manitario, el mundo desarrollado está recibiendo,
de parte del Tercer Mundo discriminado, su propio
mensaje en su forma verdadera.
En el momento en que los derechos humanos son
despolitizados de esta guisa, el discurso que trata
de ellos debe cambiar: la oposición pre-política
entre el Bien y el Mal debe movilizarse de manera
distinta. El “nuevo imperio de la ética” del presen-
te, claramente invocado, por ejemplo, en la obra
de Ignatieff, descansa en un gesto violento de
despolitización que priva al otro discriminado de
cualquier subjetivización política. Y, según señala
Rancière, el humanitarismo liberal a lo Ignatieff
enfrenta inesperadamente la postura “radical” de
Foucault o Agamben respecto de esta despolitiza-
ción y su concepto de “biopolítica”, como culmen
del pensamiento occidental, termina apresado en
una especie de “trampa ontológica” en la cual los
campos de concentración aparecen como destino
ontológico: “cada uno de nosotros estaría en la
situación del refugiado en un campo. Cualquier
diferencia entre democracia y totalitarismo se
En contra de los derechos humanos
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125
Suma de Negocios, Vol. 2 N° 2: 115-127, diciembre 2011, Bogotá (Col.)
desvanece y cualquier práctica política demuestra
estar ya cautiva en la trampa biopolítica” (Rancière,
2004, p. 301).
De este modo arribamos a una postura “anti-
esencialista” convencional, una especie de versión
política de la idea foucaultiana del sexo como
generación de las múltiples prácticas sexuales. El
“hombre”, el portador de los derechos humanos,
es obra de una serie de prácticas políticas que ma-
terializan la ciudadanía; como tales, los “derechos
humanos” constituyen una universalidad ideológica
falsa que enmascara y legitima una política concre-
ta del imperialismo, las intervenciones militares y
el neocolonialismo de Occidente. ¿Es esto empero
suficiente?
EL RETORNO DE LA UNIVERSALIDAD
La interpretación sintomática marxista permite
evidenciar, de modo convincente, los contenidos
que dan al concepto de derechos humanos su
particular giro ideológico burgués: los derechos
humanos universales son, de hecho, el derecho de
los propietarios blancos varones de intercambiar
libremente en el mercado, explotar a los traba-
jadores y a las mujeres y ejercer la dominación
política. Esta identificación del contenido particular
que hegemoniza la forma universal es, no obstan-
te, apenas una parte de la historia. Su otra parte
crucial consiste en introducir una pregunta com-
plementaria más difícil: aquella que se relaciona
con la aparición de la forma de universalidad en
sí misma. ¿Cómo –en qué condiciones históricas
específicas– logra la universalidad abstracta con-
vertirse en “un hecho de la vida (social)”? ¿En qué
condiciones se sienten los individuos sujetos de los
derechos humanos universales? Es precisamente
en esto donde reside el meollo del análisis de Marx
del “fetichismo de la mercancía”: en una sociedad
en la que predomina el intercambio mercantil, los
individuos se relacionan diariamente consigo mis-
mos, y con los objetos que se encuentran, cual si
fuesen encarnaciones contingentes de nociones
universales abstractas. Lo que soy, en términos
de mis antecedentes sociales o culturales, se ex-
perimenta como contingente puesto que aquello
que en últimas me define es la capacidad universal
“abstracta” de pensar o trabajar. De igual modo,
cualquier objeto que pueda satisfacer mi deseo se
experimenta como contingente porque mi deseo
es concebido a manera de una capacidad formal
“abstracta”, insensible a la multitud de objetos
particulares que podrían saciar aquél, mas nunca
lo logran por completo.
O tomemos el ejemplo de la “profesión”. La noción
moderna de profesión implica que me asumo como
un individuo que no ha “nacido directamente” en su
rol social. Lo que sea de mí dependerá de la inte-
racción entre circunstancias sociales contingentes
y mi libre elección. En este sentido, el individuo
actual tiene una profesión, de electricista, camarero
o conferencista, mientras que carece de sentido
afirmar que el siervo medieval era un campesino
por profesión. En las particulares condiciones so-
ciales del intercambio de mercancías y la economía
de mercado global, la “abstracción” se convierte
en una característica indudable de la vida social
presente, la manera en que individuos concretos
se comportan y relacionan con su destino y entorno
social. A este respecto, Marx comparte la proposi-
ción hegeliana según la cual la universalidad solo
surge “por sí misma” cuando los individuos cesan
de identificar el centro esencial de su ser con su
situación social en particular; solo hasta que se
sientan desarticulados de ella para siempre. La
existencia concreta de la universalidad es, en
consecuencia, el individuo sin un lugar adecuado
en la edificación social. El modo de aparición de la
universalidad, su irrupción en la vida real, entraña
un acto en extremo violento de perturbación del
equilibrio orgánico precedente.
No basta con aducir el manido argumento de Marx
relativo a la separación entre la aparición de la
forma universal legal y los intereses particulares
126
Slavoj Žižek
en que esta se cimenta. En este nivel, la argumen-
tación contraria, esgrimida, entre otros autores, por
Lefort y Rancière, de que la forma jamás es “pura”
forma sino que involucra dinámicas propias que
dejan rastros en la materialidad de la vida social, es
enteramente válida. Fue precisamente la “libertad
formal” burguesa la que puso en marcha las muy
“materiales” demandas y prácticas políticas del
feminismo o el asociacionismo obrero. Rancière
enfatiza básicamente en la extrema ambigüedad de
la idea marxista de una brecha entre la democracia
formal –los Derechos del Hombre, las libertades
políticas– y la realidad económica de explotación y
dominación. Esta diferencia puede interpretarse a
la manera “sintomática” convencional: la democra-
cia formal es una expresión necesaria más ilusoria
de una realidad social concreta de explotación y
dominación de clase. Pero puede leerse, también,
en el sentido más subversivo de una tensión en la
cual la “apariencia” de égaliberté no es “mera apa-
riencia” sino una ficción simbólica que, como tal,
posee una eficacia propia que le permite movilizar
la rearticulación de relaciones socioeconómicas
reales a través de su “politización” gradual. ¿Por
qué no se debía permitir a las mujeres votar tam-
bién? ¿Por qué no deberían elevarse asimismo
las condiciones de trabajo a un asunto de interés
público?
Deberíamos aplicar aquí el viejo término, acuñado
por Lévi-Strauss, de “eficiencia simbólica”: la apa-
riencia de égaliberté es una ficción simbólica que
posee, como tal, una eficiencia real propia. Por
tanto, es preciso resistirse a la cínica pero com-
prensible tentación de reducirla a una pura ilusión
que encubre una realidad diferente. No basta tan
solo con proponer una articulación genuina de
una experiencia de la vida y el mundo de la que
luego se apropian nuevamente quienes detentan
el poder a fin de servir sus intereses particulares o
convertir a sus súbditos en dóciles eslabones de la
maquinaria social. El proceso opuesto resulta más
interesante en el sentido que algo que originalmen-
te fue una estructura ideológica impuesta por los
colonizadores pasa súbitamente bajo el control
de sus súbditos como un medio para articular
sus “legítimas”
15
reclamaciones. Un caso clásico
sería el de la Virgen de Guadalupe en el México
recientemente colonizado: tras su aparición a un
humilde indio, el cristianismo, que hasta entonces
había servido como herramienta de imposición
ideológica de los colonizadores españoles, fue
apropiado por la población indígena como un medio
para simbolizar su atroz condición.
Rancière ha propuesto una muy elegante solución
a la antimonia entre derechos humanos que per-
tenecen al “hombre como tal” y la politización de
los ciudadanos. Si bien los derechos no pueden
presentarse a la manera de un Más Allá esencialis-
ta y ahistórico respecto del ámbito contingente de
las luchas políticas, como “derechos naturales del
hombre” de carácter universal y ajenos a la historia,
tampoco deben descartarse cual si se trataran de
un fetiche re-cosificado, el resultado de procesos
históricos particulares de la politización de los
ciudadanos. La brecha entre la universalidad de
los derechos humanos y los derechos políticos de
los ciudadanos no supone, por consiguiente, una
brecha entre la universalidad del hombre y una
esfera política en particular sino que, por el con-
trario, “enajena a toda la comunidad de sí misma”
(Rancière, 2004, p. 305). Lejos de ser pre-políticos,
los “derechos humanos universales” señalan el
ámbito preciso de politización propiamente dicha
y pueden equipararse al derecho de universalidad
como tal, al derecho de un agente político de afir-
mar su disensión consigo mismo (en su identidad
particular), de asumirse como el “supernumerario”
o aquel quien carece de un lugar adecuado en la
edificación social y, por tanto, como un agente de
universalidad de lo social en sí. La paradoja es,
por consiguiente, bien precisa, y proporcional a
la paradoja de los derechos humanos universales
como los derechos de aquellos quienes han sido
reducidos a la condición de inhumanidad. En el
15 O auténticas, no falseadas por el otro.
En contra de los derechos humanos
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127
Suma de Negocios, Vol. 2 N° 2: 115-127, diciembre 2011, Bogotá (Col.)
preciso momento en que intentamos concebir los
derechos políticos de los ciudadanos sin referen-
cia alguna a los derechos humanos universales
“meta-políticos”, perdemos la política en sí misma,
es decir, la reducimos al juego “pos-político” de
negociación de intereses particulares.
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128
Slavoj Žižek

violencia étnica y fijación en traumas históricos que Occidente asocia ahora con “la balcanización”? Claramente. un reporte de N. de donde fueron expulsados en 1868.116 Comencemos por el fundamentalismo. Para el caso. ¿En qué momento los Balcanes –una región geográfica de la Europa Oriental– se “balcanizaron”. es literalmente cierta: bajo la guisa de la otredad de “balcanización”. católicos. A manera de un impecable ejemplo de la “determinación reflexiva” de Hegel. el naturalista francés Pierre Belon anotaba que “los turcos no fuerzan a nadie a vivir como turcos”. cuando los Balcanes comenzaron a exponerse plenamente a los efectos de la modernización europea. y otros países musulmanes. en la parte serbia de la actual Bosnia. armenios. p. en Occidente mismo. luego de que Fernando e Isabel los hubieran expulsado de España en 1492. significa locura homicida vinculada a un comportamiento cultural (nota del traductor). con todo lo que ello implica para el imaginario europeo de hoy en día? La respuesta es esta: a mediados del siglo XIX. con el resultado. griegos y protestantes conversando juntos en asuntos de negocios y placer con igual armonía y buena voluntad que si perteneciesen a la misma nación y religión. en supremo giro de ironía. judíos. La antigua observación de Mladen Dólar –sustentada en una minuciosa lectura de las referencias de Freud a la región–. Recordemos que los dos grandes crímenes étnicos impugnados a los turcos en el siglo XX –el genocidio armenio y la persecución de los kurdos– no fueron perpetrados por fuerzas políticas musulmanas tradicionalistas sino por militares modernizadores que pretendían liberar a Turquía del balasto de su antiguo mundo y convertirla en un Estado-nación europeo. He aquí. Puesto que ningún otro Estado cristiano quería acogerlos. sitio de extendida violación de los derechos humanos. La diferencia entre las percepciones tempranas de la Europa Oriental y la visión “moderna” es notoria. se establecieron en Alemania. Es más asombroso aún encontrar que el espíritu de tolerancia prevalece de manera general entre la gente. según la cual el inconsciente europeo se halla estructurado del mismo modo que los Balcanes. puesto que aquí veis turcos. de que viajeros occidentales se mostrasen perturbados por la presencia pública de aquellos en las grandes ciudades turcas. Expulsados de Francia por el régimen napoleónico. aquello que los europeos occidentales observan y deploran en los Balcanes es lo que ellos mismos introdujeron allí. “degeneración” del Islam. el mal (por parafrasear a Hegel). (2004. Tomemos los Balcanes durante la década de 1990. un italiano que visitó Estambul en 1788: Un extranjero que haya presenciado la intolerancia de Londres y París. reside con frecuencia en la mirada que lo percibe. No me explico cómo pudo este gobierno admitir en su seno religiones tan opuestas a la propia. y lo que combaten es su propio legado histórico transfigurado en amok1. Europa hace un reconocimiento del extraño en sí misma. de su propio reprimido. Aquí. ¿Cuándo entonces se originaron los rasgos fundamentalistas de intolerancia religiosa. El mismísimo rasgo que Occidente celebra hoy como signo de su superioridad cultural –el espíritu y la práctica de la tolerancia multicultural– es desestimado de este modo como un efecto de la Slavoj Žižek . Debe ser por una degeneración del mahometismo que este feliz contraste ha podido producirse. Bisani. debe sorprenderse grandemente al ver una iglesia entre una mezquita y una sinagoga y un derviche al lado de un fraile capuchino. 233). donde vivieron felices hasta cuando quedaron atrapados en el conflicto balcánico entre cristianos. Pequeña sorpresa. El curioso destino de los monjes trapenses de Etoile Marie es igualmente diciente. entonces. Ya en el siglo XVI. que tantos judíos encontrasen asilo y libertad religiosa en Turquía. Pero debemos examinar también las maneras en que la internalización “fundamentalista” de rasgos contingentes es en sí misma una faceta de la democracia liberal capitalista. entre una extensa serie de ejemplos. pidieron permiso al Sultán para comprar tierras cerca de Banja Luka. 1 Palabra de origen malayo que originalmente designaba a un elefante enloquecido y luego se generalizó a un ser preso u atacado de una furia incontrolable.

SIN LIBERTAD DE ELECCIÓN Respecto de la libertad de elegir. las condiciones en que deben hacer uso de este imposibilitan. Hoy en día. su significado cambia por entero porque no expresa ya un signo de pertenencia a la comunidad musulmana sino una expresión de individualismo idiosincrático. como elegidos. Bogotá (Col. desde la identidad étnica a la preferencia sexual. la propia esfera pública en la que uno opera como un agente simbólico que no puede reducirse a la vida privada. quienes tras padecer la más estricta de las formaciones son convidados. mientras que labios u ojos hermosos son una apreciación cultural. precisamente. 2005). se les permite elegir si desean regresar a la forma de vida Amish. Todas las grandes “cuestiones públicas” se traducen en actitudes destinadas a regular las idiosincrasias “naturales” o “personales”. El lugar común de la “sociedad del riesgo”. aludía al consejo de Dogberry a Seacoal: “Ser un hombre favorecido es un regalo de la fortuna. como la verdad de la valoración. licor y demás (The constitution is…. Sin embargo. en un nivel más general. es profundamente engañoso. la lógica pervertida a la que irónicamente se refería Marx al describir el fetichismo de la mercancía cuando. Y la “valoración” es. a zambullirse en cada exceso de la cultura capitalista contemporánea: un remolino de autos veloces.) . deseos.En contra de los derechos humanos* 117 Está en boga quejarse de que la vida privada está amenazada e incluso evanesciéndose por causa de la habilidad de los medios para exponer los más íntimos detalles personales a la luz pública. Quizá ha llegado el tiempo de reafirmar. Vol. Lo cual es verdad a condición que demos vuelta al asunto: lo que en efecto está desapareciendo es la vida pública. Este es un ejemplo perfecto de las dificultades que invariablemente acompañan la “libertad de elección”: mientras que por un lado se ofrece de manera formal a los niños Amish el libre arbitrio. al final del primer capítulo de El Capital. ser un experto en computadores o un administrador exitoso es un obsequio de la naturaleza. la vasta mayoría. Después de algunos años. cuando usan el velo como resultado de una decisión personal. Lo que hoy estamos presenciando es el proceso inverso: una re-naturalización sin precedentes. una elección es siempre una meta-elección. pero leer y escribir viene por naturaleza”. la regulación de la promoción social que se ajusta a esta re-naturalización. los jóvenes carecen de preparación para lidiar con tal permisividad. del otro. históricamente contingentes. 2 N° 2: 115-127. Esto explica por qué. por consiguiente. drogas. las personas que permanecen sustancialmente Suma de Negocios. a la edad de 17 años. diciembre 2011. que en la mayor parte de los casos desata estados violentos de intolerable ansiedad. una escogencia de la modalidad de elección en sí misma: es tan solo la mujer que opta por no portar un velo quien efectivamente elige. cuando la propia política viene siendo sustituida gradualmente por la administración social experta. sexo salvaje. En otras palabras. en nuestras seculares democracias liberales. aprendidos. En la era de las “pos-políticas”. las únicas fuentes de legitimación del conflicto son las tensiones culturales (religiosas) o naturales (étnicas). termina votando por regresar a la reclusión de sus comunidades. he escrito en otra parte de la pseudo-elección ofrecida a los adolescentes de las comunidades Amish. La problemática de la pseudo-elección demuestra asimismo las limitaciones de la actitud liberal convencional respecto de las mujeres musulmanas que llevan velo: es aceptable si lo portan por su libre voluntad y no por imposición de sus maridos o su familia. a un manojo de atributos personales. Puesto que han sido educados en virtual ignorancia de la sociedad americana. según el cual el individuo contemporáneo se siente “desnaturalizado” y considera hasta sus rasgos más “naturales”. Esta es la razón por la cual. traumas e idiosincrasias. la libre elección. los conflictos étnico-religiosos pseudo-naturalizados son la forma de lucha que mejor conviene al capitalismo global.

Así. el ideólogo de “la segunda modernidad” le diagnosticará que usted desea “huir de la libertad”. cual si fuesen la oportunidad de nuevas libertades. Nos hallamos aquí en el centro neurálgico de la ideología liberal: libertad de elección afincada en la noción del sujeto “psicológico”. Para el Islam. La oposición entre el Occidente liberal y tolerante y el Islam fundamentalista se encuentra por lo general más condesada que aquella entre el derecho de una mujer a la libre sexualidad. bien sea un mejor estilo de vida o una seguridad en el largo plazo? Si tal predicamento le suscita ansiedad. ¿por qué no interpretar esto como una oportunidad adicional para elegir. en el sentido “tolerante”. Si la flexibilización del trabajo significa que usted cambie de ocupación cada año. una oportunidad de reinventarse a sí mismo para sí realizar el potencial oculto de su personalidad? Si su seguro de salud y plan de jubilación son precarios. logró convencer al público de que la idea del servicio universal de asistencia médica en salud podría atentar contra la libre elección en este ámbito y toda la enumeración de hechos innegables resultó infructuosa para desmentir tal convicción. Para Occidente. ¿por qué no apreciar el hecho como una liberación de los constreñimientos de una carrera permanente. puede emerger tan solo como consecuencia de un proceso violento de des-enraizamiento del mundo particular de su existencia. es decir. Slavoj Žižek . el control de la sexualidad femenina se ha legitimado como la defensa de la dignidad de la mujer. lo cual implica que usted deba optar por adquirir una cobertura extra. el derecho de las mujeres a mostrarse de modo provocativo al deseo masculino ha sido legitimado como su derecho de disfrutar a voluntad de sus cuerpos. son acusadas de “fundamentalismo”. Jouissance. Su fe es tolerada como elección personal. usted tenderá automáticamente a interpretar todos estos cambios como un efecto de su personalidad y no como la consecuencia del desperdigamiento de su ser por obra de las fuerzas del mercado. pero al momento de evidenciar públicamente lo que esta significa para ellas. Y esto prevalece hoy en particular. multicultural. incluyendo la libertad de exhibirse y exponerse a sí misma y provocar o perturbar a un hombre. Mejor aún: cuando lo dicho se inscribe en la ideología del sujeto como individuo “psicológico”. del otro. para evitar que sean reducidas a objetos de explotación masculina. en el original. “el sujeto de libre arbitrio”. un indomeñable deseo erótico). bajo la burka que todo lo oculta. que padece de una fijación inmadura en las antiguas formas de estabilidad. en la era de la “sociedad del riesgo” en la cual la ideología dominante se empeña en vendernos. La camarilla médica. como un asunto de pertenencia esencial. y los desesperados intentos masculinos. Ambas partes. que se ha traducido indistintamente como goce o placer (sexual) (nota del traductor). en el original. más poderosa aún que la camarilla del sector defensa. LA POLÍTICA CONTRA EL GOCE2 ¿Y qué del derecho básico a ir en pos del placer? La política actual se halla más preocupada que nunca de facultar las vías para impetrar o controlar el goce3. las propias incertidumbres resultantes del desmantelamiento del Estado de bienestar. Dicho de modo llano. cuando el Estado francés les prohíbe a las niñas 2 3 Jouissance. mistifican ideológica y moralmente su respectiva posición. de un lado.118 fieles a una religión se encuentran en una posición subordinada. revestida de inclinaciones que él o ella aspiran realizar. (Los talibanes prohibieron los tacones metálicos en las mujeres porque el sonido del taconeo puede despertar. La fuerza material de la noción ideológica de la “libre elección” existente al interior de la democracia capitalista fue ilustrada magistralmente por la suerte del modesto programa de reforma al sistema de salud de la administración Clinton. por reprimir o controlar esta amenaza. preñado de habilidades naturales. por supuesto.

en efecto. Así. Pero uno puede argüir. esto es. en breve. Lo que ambos polos comparten. El solo gesto de apartar el placer –¡Basta ya de decadente auto indulgencia! ¡Renunciad y purificaos!– produce un goce sustantivo en sí mismo. invadir su espacio. Mi obligación de ser tolerante con el otro significa. Así. diciembre 2011. aborto. a condición de que no sea realmente el otro. Atrapados en el círculo vicioso del imperativo del placer4. el deber es mi placer y cumplir mi deber se halla 4 5 6 Jouissance. En síntesis. en el original. el patrón subyacente a todos los así denominados fundamentalismos: el deber de contener (lo que ellos perciben como) el excesivo “hedonismo narcisista” de la cultura secular contemporánea haciendo un llamado a la reintroducción del espíritu de sacrificio. practicar la relajación mental– si se la desea disfrutar al máximo. 2 N° 2: 115-127. por el contrario. y la aspiración “patológica” al placer se encuentra situada en el ámbito formal de la obligatoriedad. que consiste en optar por elevar las propias aspiraciones al placer a un deber supremo o cumplir con el propio deber.En contra de los derechos humanos* 119 musulmanas usar el velo en el colegio. todas las demás cuestiones –matrimonios homosexuales y adopción. mas no por el deber en sí mismo sino por la gratificación que conlleva su cumplimiento. en el original. de la democracia. la tentación consiste en optar por aquello que aparece como su antípoda “natural”. La guerra es aceptable siempre y cuando busque la prevalencia de la paz. quizás. a mantenerse a una distancia segura de los demás. una apertura hacia esta. El requerimiento del superego al disfrute se halla inmanentemente entreverado con la lógica del sacrificio. Jouissance. la tolerancia coincide con su opuesto. La democracia está bien si se la limpia de sus excesos populistas y se limita su ejercicio a aquellos lo suficiente maduros para practicarla. Bogotá (Col. En el segundo. el otro es bienvenido siempre y cuando su presencia no sea intrusiva. la elección no consiste sencillamente en escoger entre cumplir el propio deber o procurarse placer y satisfacción. que no debo acercarme demasiado a él o ella. guardar el régimen. Jouissance. ¿Y no aplica lo mismo. la violenta renunciación al goce5. como por un temor obsesivo al hostigamiento. uno puede alegar que esta medida favorece el que dispongan de sus cuerpos como deseen. En el primer caso. o las condiciones para distribuir la ayuda humanitaria. es su estricta aproximación disciplinar: los “fundamentalistas” regulan la presentación personal femenina para evitar la provocación sexual y los feministas liberales imponen una no menos severa regulación de la conducta con el fin de contener las diversas formas de acoso. con mayor fuerza aún. ¿Acaso no todos los universos “totalitarios” que demandan de sus súbditos un violento (auto) sacrificio a la causa exudan el mal olor de la fascinación con un goce6 letal y obsceno? Una vida orientada hacia la procura del placer requerirá. Tal cosa ha ido emergiendo hasta posesionarse como el derecho humano central de la sociedad capitalista de avanzada: el derecho a no ser hostigado. Este es. la ardua disciplina del “modo de vida saludable” –trotar. divorcio– se relacionan con el mismo asunto. Vol. Una perspectiva psicoanalítica nos permite ver por qué tal tarea se malogra. a la democracia y los derechos humanos? Los derechos humanos son pasables si se los “reconsidera” a fin de incorporar a ellos la tortura y un estado de emergencia permanente. que debo respetar su tolerancia a mi exceso de proximidad. en el original. si bien la orientación es distinta. De una manera u otra. Suma de Negocios.) . los placeres son mi deber. por igual. Las actitudes liberales hacia el otro se caracterizan tanto por el respeto hacia la alteridad. que el aspecto realmente traumático por el cual se criticaba a los musulmanes fundamentalistas era que había mujeres que no participaban en el juego de someter sus cuerpos a la seducción sexual o para el intercambio y la movilización social inherentes a esto. E igual se aplica a la lógica emergente del militarismo humanitario o pacifista. Ambos conforman un círculo vicioso en el que cada extremo sostiene al otro. Esta elección elemental es sobrepasada por otra más.

licenciados de tropa. sin excepción (nota del traductor). en una palabra. saltimbanquis. junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía. Slavoj Žižek . 1975. Marx definió la extraña lógica del poder como “excesiva” por naturaleza propia. jugadores. la única clase en la que puede apoyarse sin reservas. el interés común de clase sin renunciar a su mutua rivalidad (Marx & Engels. p. el desecho. que se erige en jefe del lumpemproletariado. El resto innominado de la república era el único en que ambas facciones podían mantener. en igualdad de poder. que reconoce en esta hez.120 localizado en la esfera formal de las satisfacciones “patológicas”. Borbón era el nombre regio de la influencia predominante de los intereses de una facción. difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos. Esto 10 La expresión del original en francés. carteristas y rateros. 149)10. (Al igual que en nuestros días. desecho y escoria de todas las clases. después de todo. toda esa masa informe. su interés común solo puede representarse bajo la guisa de la negación de su premisa compartida: el común denominador de las dos facciones realistas no es el realismo. licenciados de presidio. La clase burguesa se escindió en dos grandes facciones –los latifundistas bajo la monarquía restaurada y la burguesía industrial bajo la monarquía de julio– que alternadamente habían detentado el monopolio del poder. no son acaso. en su universalidad y por encima de las facciones particulares. Marx diseccionó el artificio de la Sociedad de Diciembre 10. dueños de burdeles. es el auténtico Bonaparte. significa. según la cual la representación política jamás refleja de modo directo la estructura social: un solo agente político puede representar diversos grupos sociales. sans phrases. nos conducen a contradicciones irreconciliables. Posteriormente. se reveló. sin más palabras. huidos de galeras. problematizó. una defensa contra el exceso del poder? En sus análisis de 1848. es el “social liberalismo” o Tercera Vía). la coalición de orleanistas y legitimistas en un partido. caldereros. tal y como hizo la clase capitalista inglesa al dejar en manos de la aristocracia el ejercicio del poder político. 1969. Orleans el nombre real de la influencia predominante de los 7 8 9 El título completo de esta obra es El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte (nota del traductor). mendigos. Marx escribió que fue tan solo tras la victoriosa elección de Luis Napoleón del 10 de diciembre. En El dieciocho Brumario7 y La lucha de clases en Francia8. afiladores. Del mismo modo que el único denominador común de todas las facciones realistas es el republicanismo. mozos de cuerda. complejizó (nota del traductor). vagabundos. cuando el secreto de su existencia. la cual le permitió deshacerse de su camarilla de burgueses republicanos. Al hacerlo. el remanente de todas las clases. escritorzuelos. ¿DEFENSA CONTRA EL PODER? ¿Si los derechos humanos. timadores. pues. que solo en este encuentra reproducidos en masa los intereses que él personalmente persigue. intereses de la otra. más de un siglo después. lazzaroni. o una clase puede renunciar a su representación directa y delegar en otra la labor de asegurar las condiciones jurídico-políticas de su dominio. 83). p. organilleros. como la “lógica del significante”. con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia. Cuando tratamos con dos o más grupos socioeconómicos. el ejército privado de matones de Luis Napoleón: Junto a libertinos arruinados. en oposición al fundamentalismo y la aspiración a la felicidad. En el mismo sentido. el único agente político que representa de manera consistente el interés del capital como tal. Esta es. por ejemplo. el Bonaparte sans phrases (Marx & Engels. formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre (…). en el Dieciocho Brumario. la primera complicación. el único denominador común de todas las clases es el exceso excremental. A propósito del Partido del Orden que se conformó tras el aplastamiento de la insurrección de junio. La lógica del Partido del Orden es traída aquí a su término radical. tan afines a él. logró ir más allá de la usual noción de estas “complicaciones”. El título completo de esta obra es La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850 (nota del traductor). alcahuetes. “complicó”9 de una manera dialéctica adecuada la lógica de la representación social (agentes políticos que representan clases y fuerzas económicas). traperos. Este Bonaparte. Los análisis de Marx apuntaban hacia lo que Lacan logró definir. sino el republicanismo.

De estas catástrofes existen tres teorizaciones principales. Al nivel de la ley. precisamente. posa de representante de la clase media y promulga decretos en este sentido. Por consiguiente. es alguien tan solo porque ha roto el poder de la clase media y continúa quebrantándolo a diario. p. Su representante debe figurar al mismo tiempo como su amo. las catástrofes que han ocurrido indican tan solo que existe un proyecto inconcluso y nuestra tarea debería ser la de llevar este proyecto a su término. se presenta como el adversario del poder político y literario de la clase media (Marx & Engels. Su modo de producción los aísla entre sí en vez de propiciar su trato mutuo (…). el mensaje público de responsabilidad se complementa con el mensaje obsceno del ejercicio incondicional del poder: “Las leyes no me atan realmente. 2 N° 2: 115-127. Primero. son incapaces de imponer sus intereses de clase en nombre propio. puedo tratarte como culpable si así lo decido.En contra de los derechos humanos* 121 quiere decir que mientras el líder se crea situado por encima de los intereses de clase. Vol. al nivel del superego. La asimetría es estructural: la ley solo puede sostener su autoridad si los súbditos escuchan en esta el eco de la autoafirmación obscena e incondicional del poder. debe actuar también como el representante de una clase en particular: de la clase que. Pero la fortaleza de este orden burgués reside en la clase media. como una autoridad superior a ellos. Por tanto. 187-188). Sin embargo. diciembre 2011. En consecuencia. puedo hacer lo que me plazca. los desclasados rechazados de cada clase. es este apoyo del abyecto social el que le permite a Bonaparte mudar su posición a conveniencia y representar por turnos una clase en contra de otra. la visión tipificada por el nombre de Habermas: la Ilustración es en sí misma un proceso positivo y emancipador carente de un potencial “totalitario” inherente. Como autoridad ejecutiva que se ha hecho independiente. Este exceso de poder nos conduce al último argumento en contra de las “grandes” intervenciones políticas que propenden por la transformación global: las experiencias terroríficas del siglo XX. para que el líder permanezca por encima de las clases y no actúe como un representante directo de ninguna. Estos tres elementos unidos forman la estructura paradójica de la representación populista bonapartista: la posición por encima de las clases y la habilidad de moverse entre ellas involucra una dependencia directa del abyecto remanente de todas las clases más la apelación final a la clase de quienes son incapaces. Para que este sistema funcione. por supuesto. el poder estatal representa tan solo los intereses de sus súbditos: los sirve. su inmediata base social no puede ser otra que el residuo excremental de todas las clases. La influencia política de los pequeños propietarios campesinos encuentra por tanto su expresión última en el poder ejecutivo que subordina la sociedad (Marx & Engels. Y. No obstante. Bogotá (Col. de exigir representación política. Esta paradoja se basa en el exceso consustancial de la representación sobre los representados. como un poder gubernamental ilimitado que los proteja de las otras clases y les envíe lluvia y luz solar desde lo alto. 1975. Esta clase de personas que no puede representarse a sí misma y solo puede ser representada es. Bonaparte siente que es su deber salvaguardar el “orden burgués”. Este exceso obsceno es un componente necesario del concepto de soberanía. 1975. la clase de los pequeños propietarios campesinos quienes conforman una vasta masa cuyos integrantes viven en condiciones similares sin establecer relaciones diversas los unos con los otros. una serie de catástrofes que precipitó una funesta violencia a una escala sin precedentes. No pueden representarse a sí mismos. tal cual Marx lo revela en otro pasaje. no se encuentra lo suficientemente cohesionada para actuar como un agente unificado que exige una representación activa. es decir. pp. deben ser representados. en calidad de agente colectivo. se responsabiliza de ellos y es en sí mismo sujeto de su control. 194). la perspectiva asociada con la Dialéctica de la Ilustración de Suma de Negocios. Segundo. bien sea a través de un parlamento o de una asamblea.) . Pero hay más. puedo destruirte a mi voluntad”.

una oscilación entre esta teoría teleológica de la conversión de la violencia y un concepto mucho más interesante de historia como un proceso abierto de luchas antagónicas cuyo desenlace positivo no se haya garantizado por ninguna necesidad histórica todo incluyente. Su implacable pragmatismo la cegaba para ver la pasión con que los hombres se aferran a sus creencias. Las agudas reflexiones de Hannah Arendt son cruciales para el caso puesto que enfatizan en la distinción entre el poder político y el simple ejercicio de la violencia.122 Adorno y Horkheimer. reducida a un “mancha” particular que contribuye a la armonía universal del progreso histórico. La idea del doble complemento obsceno del poder implica que no existe poder sin violencia. debemos recordar la diferencia entre la ley pública y simbólica y su obsceno complemento. sin embargo. 1970). El objetivo de Catalina de Médicis era limitado y preciso: la suya era una confabulación maquiavélica para asesinar al almirante de Coligny –un poderoso protestante que alentaba la guerra contra España en los Países Bajos– y hacer recaer la culpa en la influyente familia católica de Guise. irresoluto. entre otros. no obstante. según la cual la modernidad ha abierto un campo de nuevas libertades. en el estricto sentido hegeliano. y los campos de concentración y los genocidios son una especie de conclusión teleológica negativa de la historia total de Occidente. Más específicamente. En su estrecha lectura de Marx. por consiguiente. Iglesia. El punto de partida del texto de Balibar (2002) sobre la violencia es la insuficiencia del concepto paradigmático hegeliano-marxista de “convertir” esta en un instrumento de la razón histórica. e introducir el interrogante de cómo transformar el proceso revolucionario en una fuerza civilizadora. sino que involucra algún tipo de 12 Del original en inglés. Gewalt es una palabra del alemán que significa violencia (nota del traductor). Nuestra tarea. En este punto. es decir. La brutalidad “irracional” de la violencia es así aufgehoben11. Bilbar logra percibir. La inclinación “totalitaria” de la Ilustración es inherente y concluyente. y no existe garantía teleológica ulterior de su desenlace. elevar. una fuerza que engendre una nueva formación social. el Marxismo es incapaz de reflexionar o pensar sobre el exceso de violencia que no puede incorporarse a la narración del progreso histórico. es incapaz de proveer una teoría adecuada del fascismo y el estalinismo y sus desenlaces “extremos”. Tercero. quien dota a la palabra de la tensión dialéctica entre aquello que perece pero deviene a la vez en otro (nota del traductor). shoah y gulag. Balibar aduce que. abolir. y al presente con Agamben. escuela– representan ejemplos de violencia (Gewalt)12 mas no de poder político en el sentido estricto del término (Arendt. por razones estructurales necesarias. “superada”. De este modo buscó precipitar la caída de las dos casas que suponían una amenaza a la unidad del Estado francés. que amenaza con engolfar a ese mismo agente en círculo vicioso autodestructivo. del verbo alemán aufheben que significa trascender. es doble: implica desplegar una teoría de la violencia histórica como algo que no puede ser instrumentalizado por ningún agente político. Como ejemplo contrario tomemos el proceso que condujo a la Masacre del Día de San Bartolomé. el “mundo administrado” es su verdadera consecuencia. 11 Aufgehoben. Slavoj Žižek . conlleva significados contradictorios entre sí que justifican su uso en la filosofía de Hegel. Las organizaciones regidas por un poder apolítico directo –ejército. El siglo XX nos confrontó con catástrofes –algunas dirigidas en contra de las fuerzas políticas marxistas. Su instrumentalización en herramientas de la astucia de la razón no solo es éticamente inaceptable sino teórica. ideológicamente incorrecta. en el más poderoso sentido del término. otras originadas en el propio compromiso marxista– que no pueden ser “racionalizadas” de esta manera. pero a la vez de nuevos peligros. El debate permanece abierto y por ahora. Pero su tentativa de enfrentar a sus dos enemigos degeneró en un frenesí de sangre incontrolable. la óptica desarrollada en las obras de Etienne Balibar. La esfera política no es jamás “pura”.

Bogotá (Col. descalificando así por anticipado cualquier debate conflictivo (2004. Según ha sugerido Wendy Brown (2004. tomar partido por los serbios en el conflicto. Vol. que el derrocamiento de Saddam Hussein. la Iglesia. La celebración de la “intervención humanitaria” en Yugoslavia remplazó el discurso político. se sustentó en una elección eminentemente política. La aceptación de la violencia y la relación directa de subordinación al interior del ejército. LA PUREZA HUMANITARIA Es en este contexto que podemos ubicar la temática en derechos humanos más saliente: los derechos de quienes padecen hambre o están expuestos a la violencia homicida. 2 N° 2: 115-127. en un nivel general. de modo tal que cada intento por neutralizar algún contenido parcial como apolítico constituye un gesto político par excellence13. estuvo motivado no solo por intereses político-económicos prácticos sino que se sustentó en una idea particular de las condiciones políticas y económicas bajo las cuales debía llevarse la “libertad” al pueblo iraquí: el capitalismo liberal-democrático. La relación entre poder político y violencia pre-política conlleva.) . conllevan así una prohibición implícita de elaborar un proyecto colectivo positivo de transformación socio-política. la familia y otras formas sociales apolíticas. A partir de esta percepción particular podemos problematizar. el Estado. 453. sino que el poder en sí mismo está presente siempre en la raíz de cualquier relación de violencia en apariencia apolítica. 398-399 y 416). una defensa pura del inocente e impotente en contra del poder. una defensa pura del individuo en contra de la inmensa y potencialmente cruel o despótica maquinaria de la cultura. pp. Balibar (2004. ha demostrado que la sola presentación de la crisis como “humanitaria”. en esencia. el tribalismo. podemos problematizar la oposición entre los derechos humanos universales (pre-políticos) que posee el ser humano “en cuanto tal” y los derechos particulares de un ciudadano o miembro de una comunidad política específica. p. movilizan aquellos quienes intervienen a favor de los derechos humanos? ¿Están del lado de una formulación distinta de la justicia. según argumenta Brauman. Balibar alude aquí a la apreciación de Arendt (1958. la pregunta es: ¿Qué tipo de politización. Sin embargo. diciembre 2011. la política es el principio estructural general.) a propósito de Michael Ignatieff. No solo es la violencia el complemento necesario del poder. El humanitarismo puro. p. implicaciones mutuas. constituyen en sí mismas la concreción de una lucha ético-política particular. por supuesto. etcétera. la política aparentemente despolitizada de los derechos humanos y plantearla como la ideología del intervencionismo militar que sirve finalidades político-económicas. quien coordinó la ayuda para Sarajevo. la política apolítica de prevenir simplemente el sufrimiento. o se oponen a los proyectos de justicia colectiva? Está claro. 297) respecto de la condición de los refugiados: La concepción de los derechos humanos que descansa sobre la supuesta existencia de un ser humano como tal. la guerra. 320-321) se inclina por la “reversión” de la relación histórica y teórica entre “hombre” y “ciudadano” argumentando que es la ciudadanía la que hace al hombre y no el hombre a la ciudadanía. pp. tal humanitarismo 13 Por excelencia. liderado por Estados Unidos y legitimado en términos de conclusión del padecimiento del pueblo iraquí. el conflicto étnico. en contra de los poderes a que se oponen. En un plano aún más general. se derrumbó en el instante mismo cuando aquellos Suma de Negocios. La tarea del análisis crítico consiste en discernir el proceso político oculto que sostiene todas estas relaciones apolíticas o pre-políticas.En contra de los derechos humanos* 123 vinculación con la violencia pre-política. y la reconfiguración del conflicto político-militar en términos humanitarios. En este sentido. la inserción en la economía de mercado mundial. el patriarcado y otras movilizaciones o inmediaciones del poder colectivo en contra de los individuos. Rony Brauman. por ejemplo. se presenta a sí mismo como un asunto anti-político. En la sociedad humana.

termina apresado en una especie de “trampa ontológica” en la cual los campos de concentración aparecen como destino ontológico: “cada uno de nosotros estaría en la situación del refugiado en un campo. política. 307-309). según señala Rancière. etcétera. lo que “los derechos humanos de las sufrientes víctimas del Tercer Mundo” significan realmente hoy. Cualquier diferencia entre democracia y totalitarismo se Slavoj Žižek . Y. (1998). a gente privada de medicamentos.124 quienes proclamaban creer en ella enfrentaron. porque “las denominaciones políticas ni los lugares políticos jamás logran volverse enteramente hueros. para expresarlo en términos leninistas. excepto su condición de humanos. La referencia a la fórmula de comunicación de Lacan (en la que el remitente recibe de vuelta su propio mensaje de parte del receptor en su forma invertida. religión. denomina el “derecho a la interferencia humanitaria”. pp. no se tornan vacuos. al concepto de homo sacer de Agamben. es justo cuando se priva a un ser humano de la identidad socio-política particular que da cuenta de su ciudadanía específica –en un solo y mismo movimiento– cuando deja de ser reconocido o tratado como humano14. el derecho que asumen algunas naciones para el supuesto beneficio de poblaciones victimizadas y. Aquellos derechos que parecen inútiles en su lugar. su propio mensaje en su forma verdadera. cultural y militarmente en los países del Tercer Mundo de su elección. el humanitarismo liberal a lo Ignatieff enfrenta inesperadamente la postura “radical” de Foucault o Agamben respecto de esta despolitización y su concepto de “biopolítica”. es decir. un ser humano reducido a la “nuda vida”. entonces algún otro deberá heredarlos para esgrimirlos en su lugar. nacionalidad. justamente. G. el discurso que trata de ellos debe cambiar: la oposición pre-política entre el Bien y el Mal debe movilizarse de manera distinta. por ejemplo. uno hace lo mismo que las personas caritativas con su ropa vieja: se la da a los pobres. de aquellos excluidos de una comunidad política. De este modo me convierto en el portador ideal de aquellos “derechos humanos universales” que me pertenecen independientemente de mi profesión. Esta línea conduce directamente. por vez primera. de parte del Tercer Mundo discriminado. soy despojado de derechos humanos en el momento mismo en que se me reduce a un ser humano “en general”. El vacío es ocupado. frecuentemente. en el discurso predominante. Paradójicamente. Stanford. se envían al extranjero. de intervenir. como culmen del pensamiento occidental. en contra del consejo de las propias organizaciones humanitarias. descansa en un gesto violento de despolitización que priva al otro discriminado de cualquier subjetivización política. El “derecho a la interferencia humanitaria” puede describirse como una especie de “devolución al remitente”: los derechos inutilizados que han sido enviados a quienes carecen de derechos son devueltos a sus remitentes (Rancière. en el nombre de la defensa de los derechos humanos. verdadera) aplica grandemente al presente caso. en vez. Sin embargo. Esto es lo que se 14 See (véase) Agamben. carecen de derechos y son tratados cual inhumanos? Jacques Rancière propone una inversión dialéctica destacable: “Cuando son inútiles. es decir. claramente invocado. cuando son inútiles porque son los derechos de quienes. el mundo desarrollado está recibiendo. por supuesto. ¿Qué sucede entonces con los derechos humanos cuando son los derechos del homo sacer. 2004. En el discurso reinante del intervencionismo humanitario. junto con medicamentos y ropa. El “nuevo imperio de la ética” del presente. identidad étnica. es decir. En el momento en que los derechos humanos son despolitizados de esta guisa. Así. económica. ropa y derechos”. en la obra de Ignatieff. Homo sacer. a personas que habían perdido todas las demás cualidades y relaciones específicas. En una dialéctica de lo universal y particular propiamente hegeliana. por algo o alguien distintos: si aquellos que padecen de inhumana represión son incapaces de promulgar los derechos humanos que constituyen su último recurso. es el derecho de los poderes occidentales. sexo.

¿Es esto empero suficiente? fuesen encarnaciones contingentes de nociones universales abstractas. Marx comparte la proposición hegeliana según la cual la universalidad solo surge “por sí misma” cuando los individuos cesan de identificar el centro esencial de su ser con su situación social en particular. 2 N° 2: 115-127. su irrupción en la vida real. Lo que sea de mí dependerá de la interacción entre circunstancias sociales contingentes y mi libre elección.) .En contra de los derechos humanos* 125 desvanece y cualquier práctica política demuestra estar ya cautiva en la trampa biopolítica” (Rancière. la “abstracción” se convierte en una característica indudable de la vida social presente. como tales. no obstante. Su otra parte crucial consiste en introducir una pregunta complementaria más difícil: aquella que se relaciona con la aparición de la forma de universalidad en sí misma. La existencia concreta de la universalidad es. entraña un acto en extremo violento de perturbación del equilibrio orgánico precedente. el derecho de los propietarios blancos varones de intercambiar libremente en el mercado. Lo que soy. los contenidos que dan al concepto de derechos humanos su particular giro ideológico burgués: los derechos humanos universales son. la manera en que individuos concretos se comportan y relacionan con su destino y entorno social. Vol. de hecho. los individuos se relacionan diariamente consigo mismos. de electricista. El “hombre”. ¿Cómo –en qué condiciones históricas específicas– logra la universalidad abstracta convertirse en “un hecho de la vida (social)”? ¿En qué condiciones se sienten los individuos sujetos de los derechos humanos universales? Es precisamente en esto donde reside el meollo del análisis de Marx del “fetichismo de la mercancía”: en una sociedad en la que predomina el intercambio mercantil. cualquier objeto que pueda satisfacer mi deseo se experimenta como contingente porque mi deseo es concebido a manera de una capacidad formal “abstracta”. Bogotá (Col. apenas una parte de la historia. se experimenta como contingente puesto que aquello que en últimas me define es la capacidad universal “abstracta” de pensar o trabajar. de modo convincente. Esta identificación del contenido particular que hegemoniza la forma universal es. camarero o conferencista. p. O tomemos el ejemplo de la “profesión”. El modo de aparición de la universalidad. es obra de una serie de prácticas políticas que materializan la ciudadanía. en consecuencia. una especie de versión política de la idea foucaultiana del sexo como generación de las múltiples prácticas sexuales. el portador de los derechos humanos. cual si Suma de Negocios. En las particulares condiciones sociales del intercambio de mercancías y la economía de mercado global. De igual modo. y con los objetos que se encuentran. A este respecto. en términos de mis antecedentes sociales o culturales. solo hasta que se sientan desarticulados de ella para siempre. 301). De este modo arribamos a una postura “antiesencialista” convencional. No basta con aducir el manido argumento de Marx relativo a la separación entre la aparición de la forma universal legal y los intereses particulares EL RETORNO DE LA UNIVERSALIDAD La interpretación sintomática marxista permite evidenciar. La noción moderna de profesión implica que me asumo como un individuo que no ha “nacido directamente” en su rol social. insensible a la multitud de objetos particulares que podrían saciar aquél. En este sentido. el individuo sin un lugar adecuado en la edificación social. los “derechos humanos” constituyen una universalidad ideológica falsa que enmascara y legitima una política concreta del imperialismo. el individuo actual tiene una profesión. mientras que carece de sentido afirmar que el siervo medieval era un campesino por profesión. mas nunca lo logran por completo. 2004. diciembre 2011. las intervenciones militares y el neocolonialismo de Occidente. explotar a los trabajadores y a las mujeres y ejercer la dominación política.

el resultado de procesos históricos particulares de la politización de los ciudadanos. Lejos de ser pre-políticos. por el contrario. en el sentido más subversivo de una tensión en la cual la “apariencia” de égaliberté no es “mera apariencia” sino una ficción simbólica que. Un caso clásico sería el de la Virgen de Guadalupe en el México recientemente colonizado: tras su aparición a un humilde indio. Por tanto. Slavoj Žižek . por Lefort y Rancière. entre otros autores. 2004. de “eficiencia simbólica”: la apariencia de égaliberté es una ficción simbólica que posee. una brecha entre la universalidad del hombre y una esfera política en particular sino que.126 en que esta se cimenta. y proporcional a la paradoja de los derechos humanos universales como los derechos de aquellos quienes han sido reducidos a la condición de inhumanidad. “enajena a toda la comunidad de sí misma” (Rancière. El proceso opuesto resulta más interesante en el sentido que algo que originalmente fue una estructura ideológica impuesta por los colonizadores pasa súbitamente bajo el control de sus súbditos como un medio para articular sus “legítimas”15 reclamaciones. acuñado por Lévi-Strauss. la argumentación contraria. p. no falseadas por el otro. fue apropiado por la población indígena como un medio para simbolizar su atroz condición. En el 15 O auténticas. La brecha entre la universalidad de los derechos humanos y los derechos políticos de los ciudadanos no supone. 305). por consiguiente. los “derechos humanos universales” señalan el ámbito preciso de politización propiamente dicha y pueden equipararse al derecho de universalidad como tal. bien precisa. es enteramente válida. al derecho de un agente político de afirmar su disensión consigo mismo (en su identidad particular). como un agente de universalidad de lo social en sí. por tanto. Esta diferencia puede interpretarse a la manera “sintomática” convencional: la democracia formal es una expresión necesaria más ilusoria de una realidad social concreta de explotación y dominación de clase. ¿Por qué no se debía permitir a las mujeres votar también? ¿Por qué no deberían elevarse asimismo las condiciones de trabajo a un asunto de interés público? Deberíamos aplicar aquí el viejo término. posee una eficacia propia que le permite movilizar la rearticulación de relaciones socioeconómicas reales a través de su “politización” gradual. una eficiencia real propia. Pero puede leerse. Rancière enfatiza básicamente en la extrema ambigüedad de la idea marxista de una brecha entre la democracia formal –los Derechos del Hombre. también. de que la forma jamás es “pura” forma sino que involucra dinámicas propias que dejan rastros en la materialidad de la vida social. tampoco deben descartarse cual si se trataran de un fetiche re-cosificado. como tal. En este nivel. Fue precisamente la “libertad formal” burguesa la que puso en marcha las muy “materiales” demandas y prácticas políticas del feminismo o el asociacionismo obrero. el cristianismo. como tal. por consiguiente. Rancière ha propuesto una muy elegante solución a la antimonia entre derechos humanos que pertenecen al “hombre como tal” y la politización de los ciudadanos. No basta tan solo con proponer una articulación genuina de una experiencia de la vida y el mundo de la que luego se apropian nuevamente quienes detentan el poder a fin de servir sus intereses particulares o convertir a sus súbditos en dóciles eslabones de la maquinaria social. La paradoja es. de asumirse como el “supernumerario” o aquel quien carece de un lugar adecuado en la edificación social y. esgrimida. que hasta entonces había servido como herramienta de imposición ideológica de los colonizadores españoles. las libertades políticas– y la realidad económica de explotación y dominación. es preciso resistirse a la cínica pero comprensible tentación de reducirla a una pura ilusión que encubre una realidad diferente. como “derechos naturales del hombre” de carácter universal y ajenos a la historia. Si bien los derechos no pueden presentarse a la manera de un Más Allá esencialista y ahistórico respecto del ámbito contingente de las luchas políticas.

En contra de los derechos humanos* 127 preciso momento en que intentamos concebir los derechos políticos de los ciudadanos sin referencia alguna a los derechos humanos universales “meta-políticos”. H. rancière. The Origins of Totalitarianism. 103. Hamburg. diciembre 2011. From Philanthropy to Humanitarianism. 5. E. & engelS. la reducimos al juego “pos-político” de negociación de intereses particulares. New York. arendt. The Guardian. (2004). es decir. South Atlantic Quarterly. Marx. New York. BIBLIOGRAFÍA jezernik. On Violence. South Atlantic Quarterly. Human Rights as the Politics of Fatalism. Selected Works. I. Vol. Bogotá (Col. 2-3. London. k. BaliBar. Moscow.) Historisch-Kritisches Wörterbuch des Marxismus. Suma de Negocios. H. (2004). in Fritz Haug. 2-3. (1958).) . R. BrauMan. arendt. vol. & engelS. (2002). Wild Europe: The Balkans in the Gaze of Western Travellers. F. South Atlantic Quarterly. W. W. Moscow. South Atlantic Quarterly. Gewalt. (2004). xi. 2-3. (1975). B. 103. 103. Long live proper politics (2005. BaliBar. (ed. (2004). F. 2 N° 2: 115-127. k. (1969). 103. perdemos la política en sí misma. Marx. (1970). vol. Brown. 4 June). (2004). Is a Philosophy of Human Civic Rights Possible?. Who is the Subject of the Rights of Man?. 2-3. The constitution is dead. Collected Works. E. vol. J.

128 Slavoj Žižek .

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