Hernán Otero (2007) EL CRECIMIENTO DE LA POBLACIÓN Y LA TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA

El crecimiento demográfico es la resultante de la acción conjunta de dos saldos: el vegetativo (diferencia entre natalidad y mortalidad), y el migratorio (diferencia entre los niveles de inmigración y de emigración). Con el objetivo de incluir la pluralidad de aspectos relativos al crecimiento de la población, se abordarás las características de la transición demográfica argentina y de la transición migratoria europea, esenciales para la mejor comprensión del fenómeno; las etapas históricas del crecimiento demográfico, definidas a partir de sus niveles y componentes, el tamaño, el tiempo de duplicación de la población y sus diversidades regionales; el lugar del crecimiento demográfico en los debates de la población; etc. 1. En el origen del crecimiento: la transición demográfica argentina y la transición migratoria europea La evolución de la natalidad y de la mortalidad constituyen los elementos básicos del crecimiento vegetativo de una población. Dado que ambos mantienen entre sí relaciones consistentes en el largo plazo, resulta esencial emitirse a la teoría que mejor ha sistematizado esas interacciones: la teoría de la transición demográfica. La teoría de la transición postula que a lo largo de la historia las poblaciones atraviesan por cuatro fases claramente definidas: 1) una etapa pretransicional (Alta Estacionaria o Antiguo Régimen), en la que la mortalidad y la natalidad tienen altos niveles; 2) una etapa de expansión inicial, caracterizada por una baja notoria de la mortalidad, pero con mantenimiento del nivel pretransicional de natalidad, desfasaje que produce un incremento sustantivo del crecimiento; 3) una fase de expansión tardía en la que a continuación de la baja de la mortalidad se suma ahora la baja de natalidad y la consecuente disminución del ritmo de crecimiento; 4) una fase postransicional o de equilibrio bajo en la que ambos fenómenos se estabilizan dando lugar a un ritmo muy lento de crecimiento de la población. En líneas generales, la cronología de la transición argentina es bien conocida. La mortalidad y la natalidad comenzaron a bajar conjuntamente durante la década de 1870, iniciando un proceso secular e irreversible de disminución, no exento de retrocesos o estancamientos. Para los años treinta la tasa de natalidad atravesó la barrera del 30 por mil, considerada habitualmente un indicador clave del avance de la transición. La fecundidad, por su parte, inició su transición decisiva durante el segundo período intercensal (1895-1914), experimentando su más espectacular descenso durante el período siguiente (1914-1947) Vistas en clave comparada la natalidad y la mortalidad presentan para el caso argentino algunas peculiaridades en relación con la teoría general. Las peculiaridades del caso argentino se vinculan con los siguientes rasgos: a) un alto nivel pretransicional de la natalidad y la mortalidad en comparación con los niveles existentes en el antiguo régimen europeo; b) el temprano inicio del proceso transicional en relación con los demás países latinoamericanos; c) el inicio simultáneo de la baja de la natalidad y de la mortalidad que describen de tal suerte una evolución caracterizada por un notable paralelismo; d) la ausencia de de un período de crecimiento vegetativo acelerado o de expansión inicial. La transición argentina puede ser considerada tanto como un “modelo no ortodoxo” en relación con el viejo continente como también un subtipo especial de transición: la de los “países de inmigración de poblamiento europeo”. El crecimiento demográfico argentino fue acelerado de modo decisivo por la llegada masiva de inmigrantes europeos. La emigración europea implicó para los llamados “países nuevos” como la Argentina una notable expansión del crecimiento de sus poblaciones que compensó con creces la ausencia de expansión demográfica inicial causada por las bajas continuas de la natalidad y la mortalidad. La inclusión del concepto de transición migratoria resulta esencial no sólo para completar la descripción de los perfiles transicionales de los países de origen y destino de los migrantes, sino también para complejizar adecuadamente la propia teoría de la transición que, en su formulación más clásica, deja de lado el crucial aspecto de las migraciones internacionales, asumiendo implícitamente un modelo de población cerrada. A pesar de su carácter pionero la transición demográfica argentina no ha sido aún completada en su totalidad. La distancia que separa a las unidades espaciales de menor y mayor fecundidad así lo testimonia. 2. Las etapas del crecimiento demográfico argentino a. El Antiguo Régimen: desde la Colonia hasta mediados del siglo XIX El crecimiento de la población fue muy bajo hasta mediados del siglo XIX, con valores inferiores al 20 por mil de crecimiento medio anual. Vista en conjunto esta etapa puede ser subdividida en dos períodos que tienen por punto de corte el último cuarto del siglo XVIII. Desde la conquista hasta la realización del Censo General de Virrey Vértiz en 1788, el crecimiento fue muy bajo o incluso negativo. Durante el segundo período (fines del siglo XVIII a mediados de la centuria siguiente), la población se recuperó en términos absolutos y ostentó tasas de crecimiento superiores que, para la década de 1850 rondaban el 20 por mil anual. b. El fin del Antiguo Régimen: de mediados del siglo XIX a la crisis de 1930

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Entre 1858, momento del censo de la Confederación Argentina, y la crisis de 1930, el país asiste al periodo de mayor crecimiento demográfico de toda su historia. La pacificación y la organización del país tras la caída de Rosas; la creación paulatina de instituciones estatales; el desarrollo de la infraestructura económica; los avances de la alfabetización y la expansión de las exportaciones agrícola-ganaderas; entre otros muchos factores, generaron entonces un incremento sostenido y espectacular de la población. La inexistencia de la fase de expansión inicial fue compensada por un flujo migratorio ultramarino que tuvo una extraordinaria influencia demográfica, social y cultural en la sociedad argentina. c. La larga marcha de la desaceleración del crecimiento, de 1930 a la actualidad La crisis del 30 inicia una larga etapa que se caracterizará por la reducción progresiva del ritmo de crecimiento de la población en cada período intercensal. Si se analizan los componentes del crecimiento, esta etapa se caracteriza ante todo por el hecho de que las variaciones del crecimiento vegetativo explican prácticamente por sí solas las variaciones del crecimiento demográfico total de largo plazo, hecho consecuente con la reducción progresiva del aporte externo. Vista en conjunto, la desaceleración del crecimiento demográfico de las últimas siete décadas testimonia tres procesos claramente identificables. En primer lugar, el espectacular avance de la transición demográfica, particularmente notable durante el período 1914-1947. En segundo término, el fin del ciclo de la inmigración europea que redujo el aporte exógeno de la migración neta a valores poco significativos. Por último e independientemente de sus efectos cuantitativos, la emigración neta de argentinos implicó un cambio cualitativo en los patrones migratorios de un país que hasta entonces no se había caracterizado por la perdida de su población nativa. d. ¿Hacia el fin del crecimiento? A pesar de que la transición demográfica argentina no ha completado la totalidad de su derrotero, el conocimiento acumulado sobre los parámetros demográficos permite conjeturar la evolución futura del crecimiento de la población. Si se toma como año de previsión el 2025, la tasa de natalidad continuará su marcha descendiente para alcanzar el 15 por mil. Algo similar ocurrirá con la tasa de mortalidad, que llegará al 8 por mil. Se estima que la Tasa Global de Fecundidad será de 2.1 hijos por mujer a partir del 2015. De no mediar cambios sustantivos en los saldos migratorios previstos el crecimiento demográfico total dependerá exclusivamente de un crecimiento vegetativo particularmente débil. 3. Tamaño, tiempo de duplicación de la población y diversidades regionales La población existente en los albores de la Independencia (618.013 habitantes en 1810) requirió 45 años para duplicarse. Entre 1855 y 1879 se asiste a una nueva duplicación, esta vez en casi la mitad del tiempo. Este lapso fue la regla en las dos duplicaciones siguientes para ampliarse nuevamente a partir de entonces. La siguiente duplicación será lograda hacia el año 2008, medio siglo después de la anterior. La dinámica demográfica global de la población no es más que la suma ponderada de dinámicas de subpoblaciones específicas tanto en términos de estratos socio-ocupacionales como espaciales, razón por la cual el crecimiento del país esconde fuertes variaciones. Si se parte, por ejemplo, de las tasas de crecimiento medio anual por provincias y por regiones del período 19141980, y su relación con el crecimiento del país visto como un todo, pueden observarse los siguientes rasgos: a) El crecimiento medio anual presenta notables heterogeneidades espaciales; b) La capital del país se caracteriza por una constante disminución de su ritmo de crecimiento; c) El crecimiento del Área Metropolitana fue posible gracias al crecimiento de los partidos del conurbano, que recibieron continuos aportes migratorios, tanto internos como limítrofes; d) La región Litoral durante todo el período, y la región Centro-Noroeste, hasta 1970, ostentan menores niveles de crecimiento que el total nacional; a) Cuyo y Nordeste alternan niveles de crecimiento superior e inferior al total del país; b) El Área Metropolitana, hasta 1970, y la región Patagónica, durante todo el período, se caracterizan por niveles de crecimiento superiores al total del país; c) Las heterogeneidades existen asimismo cuando se desciende al nivel provincial, especialmente en las regiones de composición más heterogénea como Nordeste y Centro-Nordeste. Durante el período posterior (1980-2001), la tasa media de crecimiento de la población fue mayor en el grupo de provincias formado por Tierra del Fuego, Neuquén, La Rioja, Santa Cruz y Formosa, que superaron durante todo ese lapso el 24 por mil anual. 4. El crecimiento demográfico en los debates de la población: la lenta languidez del poblacionismo argentino

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La máxima alberdiana de “poblar el desierto” sintetizó con notable precisión los objetivos de una vasta política de población orientada al crecimiento demográfico por vía de la inmigración ultramarina. Ese proyecto, tuvo un éxito notable, no sólo por los instrumentos jurídicos y económicos desplegados para su consecución, sino también porque la coyuntura europea fue favorable a la emigración de millones de sus habitantes. La convicción en las virtudes del crecimiento demográfico por vía inmigratoria, ampliamente consensual en las elites políticas e intelectuales del período constituye probablemente el más logrado ejemplo de política de Estado de la historia argentina. La reducción del crecimiento migratorio a partir de 1914 y sobre todo de 1930 dio paso a profundos debates sobre las vías para garantizar el crecimiento de la población, al que seguía viendo como uno de los pilares esenciales del crecimiento económico. Los debates de los años precedentes al IV Censo de Población de 1947 operaron un cambio cualitativo de importancia: el paso de una reflexión global sobre el crecimiento de la población a preocupaciones más centradas en sus componentes específicos. . La baja de natalidad, notable a partir de 1930, disparó asimismo la preocupación por revertir ese fenómeno, a partir de evaluaciones que llevaron a muchos pensadores a ver en ella un síntoma de decadencia inequívoca. Motorizada por la prosa de Alejandro Bunge la problemática de la denatalidad argentina desembocó en una reflexión mayor sobre otros aspectos íntimamente vinculados a ella. El peronismo (1946-1955) impulsó una activa política de crecimiento demográfico, apoyada en las dos vertientes del poblacionismo: el crecimiento endógeno mediante la recuperación de la natalidad, y una nueva política de puertas abiertas a la inmigración europea. La convicción sobre las virtudes del crecimiento demográfico fue igualmente fuerte durante los gobiernos desarrollistas, iniciados con Frondizi y continuadas por el gobierno militar de Onganía. Los múltipls efectos sociales regresivos de la apertura de la economía –iniciada por el Golpe Militar de 1976 y continuada por los gobiernos democráticos posteriores– operaron desde entonces una marginalización creciente de la problemática del crecimiento demográfico de los debates argentinos. Varios factores se encuentran en el origen de este fenómeno: a) la existencia creciente de sectores de la población excluidos del mercado de trabajo y de niveles mínimos de bienestar, fenómeno que desintegra la ecuación crecimiento de población/ crecimiento económico/ desarrollo social que como un leitmotif atravesó la historia argentina hasta entonces; b) la adopción de políticas y doctrinas neoliberales que, al confiar en el mercado, inhibieron la planificación estatal de mediano y largo plazo, requisito esencial de una política demográfica; c) el desplazamiento de la problemática global del crecimiento a debates sobre sus componentes y los derechos de las personas. En suma, el crecimiento de la población ha ido desapareciendo progresivamente de la agenda demográfica argentina en tanto problema global, esto es, en tanto reflexión sobre qué niveles de crecimiento son deseables para el crecimiento económico y el desarrollo social. 5. El crecimiento demográfico argentino de largo plazo en perspectiva comparada En el caso argentino, pasados los años treinta, la disminución de la inmigración internacional y la transición demográfica implicaron una notable desaceleración del crecimiento. Desde entonces, la Argentina creció a una velocidad menor que países como Brasil y México, en los que la reducción de la mortalidad y la fecundidad todavía no habían dado pasos decisivos. Conforme a los perfiles transicionales específicos y a la historia migratoria de cada país, los periodos de máximo crecimiento demográfico ocurrieron más tardíamente en el resto de los países, como lo ilustran los casos límite de Paraguay y Bolivia (máximos durante 1970-1980 y 1980-1990 respectivamente). Un segundo elemento a tener en cuenta es el de la duración de los periodos de alto crecimiento. Si se toma como umbral de demarcación la vigencia de tasas iguales o superiores al 25 por mil anual, se destacan claramente los casos paraguayo y mexicano que crecieron a esos ritmos durante toda la segunda mitad del siglo XX y, en menor medida, Bolivia y Brasil que lo hicieron en sólo dos de los cuatro períodos intercensales considerados. De modo natural, las diferencias observadas en los ritmos de crecimiento tuvieron como efecto la variación de la proporción de cada país en el total de habitantes de la región. 6. Crecimiento económico y crecimiento demográfico: algunas claves para la agenda Las relaciones entre crecimiento económico y crecimiento demográfico han sido desde siempre objeto de debate de las disciplinas que convergen en el estudio científico de la población. A pesar de ello, el tema ha sido poco abordado para el caso argentino. La asunción implícita por parte de los economistas de que el crecimiento demográfico juega un rol marginal o incluso inocuo en el desarrollo económico en las sociedades modernas actuó probablemente también en el mismo sentido. Sin embargo, las etapas del crecimiento demográfico y del crecimiento económico argentino permiten en principio establecer algunas conclusiones que cuentan con un nivel de prueba razonable. En primer lugar, el periodo de mayor crecimiento de la población se caracterizó asimismo por un elevado crecimiento económico. El crecimiento de la economía durante la etapa agroexportadora fue capaz de absorber el enorme crecimiento de la población y de mantener niveles de pleno empleo y un alto ingreso per cápita. En segundo lugar, el crecimiento económico, sumado a indicadores más generales de desarrollo e íntimamente asociados a la expansión de la economía, constituyen elementos predictores de innegable importancia para explicar la transición demográfica. Las eventuales mejoras futuras de la economía deberían favorecer la reducción de la mortalidad y la fecundidad hacia valores más cercanos a los que ostentan las zonas y clases sociales de mayor desarrollo relativo del país, fenómeno que a su vez debería acentuar la

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disminución del crecimiento demográfico. Vista la relación en sentido inverso –vale decir los efectos del crecimiento demográfico sobre el económico– no se observan en términos macro-económicos y macro-demográficos argumentos en apoyo de las principales proposiciones de la teoría malthusiana, al menos para el análisis del país como un todo. Según la formulación neomalthusiana clásica, el crecimiento de la población tiene efectos negativos sobre el crecimiento económico ya que provoca la emergencia o acentuación de situaciones críticas en diversas áreas. Para el caso argentino, la producción de alimentos fue continuamente creciente a lo largo de los dos últimos siglos, tanto gracias a la incorporación de trabajadores inmigrantes en un primer momento, como gracias al notable aumento de la productividad del sector a partir de mediados del siglo XX. El aumento del desempleo (notorio a partir de la década de 1990), por su parte, coexistió con un nivel de crecimiento demográfico muy bajo. Las consideraciones precedentes no agotan la complejidad de la interfase crecimiento económico-crecimiento demográfico, dos fenómenos que son a su vez subdividsibles en múltiples dimensiones e indicadores. Resta aún, por ejemplo, contar con más estudios sobre la tesis de inspiración neomalthusina de la reproducción intergeneracional de la pobreza, según la cual la alta fecundidad de los sectores pobres favorecería la continuidad en dicha situación de sus descendientes.

[Hernán Otero, “El crecimiento de la población y la transición demográfica”, en Susana Torrado (compiladora), Población y bienestar en la Argentina del primero al segundo Centenario. Una historia social del siglo XX, Tomo I, Edhasa, Buenos Aires, 2007, pp. 339-367]

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