Desnudo

Autoras
Ane Navarro, Ariadna, Carmen León, Carmina Canales, Catalina Correa Álvarez, Catalina Grajales, Clara G. Viguera, Cony Carranza Castro, Deisy Durango, E. Nebt, Eugenia Meneses, Iratxe López, Isabel López Oleaga, Isabel Paniagua, Jacoba Yerga, Lili, Luz Marina Murcia, Ma Teresa Álvarez, Maliva, Ma Victoria Rico Álvarez, Norma Maffare K., Susana Girone, Vicky Gómez Meneses, Zully Mercado

Desnudo integral © Munduko Emakumeak - Mujeres del Mundo “Babel” C/ Fika, nº 5, bajo - Bilbao Telf.: 94 400 54 17 E-mail: mujeresbabel@euskalnet.net Web: http://groups.msn.com/MUJERESDELMUNDOMUNDUKOEMAKUMEAK Primera edición: Noviembre de 2006 ISBN: xxxxxxxx Depósito Legal: xxxxx

Impresión: Imprenta Luna Ilustraciones:

Diseño y Maquetación: Iratxe López

Traducción: Mirentxu Egia Laka Pags. 7, 16, 70, 95, 127: E. Nebt Portada: Marta Eugenia Fernández Dorotea

Pags. 27, 49, 61, 79, 83, 85, 89, 99, 109, 113: Marta Eugenia Fernández Dorotea

Escribir

Prólogo

En el presente libro, sin adornos ni añadiduras cada autora se muestra para que cada una/o de nosotras/os, como lectoras/es descubramos en sus creaciones el propio reflejo: a veces el placer de estar viva/o, otras el dolor de las ausencias... Todo al descubierto, a la vista. Cada una de estas mujeres “cuece”, desde su estilo, el propio barro de la creación –tierra y agua, pan de vida -. Porque el barro se cuece de muchas maneras y sólo impone como condición la integridad de la manos que lo amasan. De esta manera, sin poner ni quitar nada, con la sazón de la propia identidad y la transparencia, encontramos esas vivencias que, en definitiva, nos hacen tan diferentes pero tan iguales. Recogemos aquí la invitación de estas veinticuatro voces que desde Desnudo Integral se atreven a ser y a decir para ti.

Mujeres del Mundo se implica una vez más con este libro, Desnudo Integral, en la presentación de diferentes voces de mujeres venidas de aquí y de allá. Voces que son vivencias, sueños y deseos que se encarnan en experiencias que son a su vez caminos, puertas y encrucijadas todas ellas convertidas en crisol para reflejarnos, desde las palabras, a todas/os. Porque las palabras urdidas a la luz de las emociones tienen esa magia transformadora e integradora que nos une y nos identifica.

Begoña Ibáñez y Marisa Arza

Aurkezpena

Liburu hontan, bitxikeririk gabe idazle bakoitza aurkeztu egiten zaigu, gutariko bakoitzak irakurle moduan, beraien sorkuntzetan norbere islada aurki dezagun: batzuetan bizirik izatearen plazerra, beste batzuetan galeraren mina... Guztia biluzturik, begiradaren eskura. Hemengo emakume bakoitzak "irakin" egiten du bere egiteko modutik, norbere sormenaren bustina- lurra eta ura, bizitzaren ogia -. Bustina modu askotan irakin egiten delako eta moldatzen duten eskuen integridadea baldintza bezela ezartzen du soilik. Modu hontan, jarri zein kendu ezean, norbere nortasun eta gardentasunaren garrantziarekin, hain desberdin baina aldi berean hain berdin bilakatzen gaituzten bizipen hoiek aurkitzen ditugu. Desnudo Integral-etik zeuretzako izan eta esatera ausartu egiten diren hogeitalau abolsen gonbidapena biltzen dugu hemen. Begoña Ibáñez eta Marisa Arza

Bizipen, amets eta nahiak diren abotsak, era berean bide, ate eta bidertz diren esperientzietan gorpuztuak, berauek guztiak ispiluetan bihurtuak, danoi hitzen bitartez isladatzeko. Izan ere, emozioen argietan sortutako hitzak eraldapen eta integratzailea den magia dute, elkartu eta nortasuna ematen digutena.

Munduko Emakumeak bat egiten da berriz ere Desnudo Integral liburu honekin, handik eta hemendik etorritako emakumeen ahots anitzen aurkezpenean.

RELATO
IRATXE LÓPEZ Un sueño para dos . . . . . . . . . . . . . . La playa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Una colección de picardías . . . . . . . Incendio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ANE NAVARRO El roce del amor . . . . . . . . . . . . . . . . 51 CATALINA GRAJALES Mi amor eterno . . . . . . . . . . . . . . . . . 53 DEISY DURANGO Sueño Infantil . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55 CONY CARRANZA CASTRO Mi niña Amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57 ISABEL PANIAGUA Media hora perdida . . . . . . . . . . . . . 59 ISABEL LÓPEZ OLEAGA Armaduras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 63 JACOBA YERGA Mis ojos verdes . . . . . . . . . . . . . . . . . 67

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ARIADNA Abrazos desiguales . . . . . . . . . . . . . . 35 Un rascacielos con memoria . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39 Una línea de lenguajes . . . . . . . . . . . 41 MALIVA Carta de amor . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43 SUSANA GIRONE Caldo para sentirse bien . . . . . . . . . 45 ZULLY MERCADO La cifra que me duele . . . . . . . . . . . 47

POESÍA
Ma VICTORIA RICO ÁLVAREZ Poema a un piano . . . . . . . . . . . . . Mirarse . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Poema a una Madre rota . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Adiós guitarra . . . . . . . . . . . . . . . . . Gracias Madre . . . . . . . . . . . . . . . . . CARMEN LEÓN Sinfonía amorosa . . . . . . . . . . . . . . Hoy . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Mar II . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Tú, poesía, niña Leticia . . . . . . . . . Niña Rocío . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . EUGENIA MENESES Esas manos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Amor humano . . . . . . . . . . . . . . . . . Amargas horas . . . . . . . . . . . . . . . . Soñar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Lo que yo deseo . . . . . . . . . . . . . . . Sonríe . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 73 74 76 78 80 81 82 84 86 88 90 91 92 93 94 96 DEISY DURANGO A todas las mujeres del mundo . . 107 CATALINA GRAJALES Somos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108 Me hiciste sufrir . . . . . . . . . . . . . . 110 ISABEL PANIAGUA La espumosa piedra me producía ternura . . . . . . . . . . 112 NORMA MAFFARE K. Dulce alma mía . . . . . . . . . . . . . . 115 Cuenta conmigo . . . . . . . . . . . . . . 116 CATALINA CORREA ÁLVAREZ La mujer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117 A mi madre . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118 MªTERESA ÁLVAREZ La dificultad de la recompensa . . 119 A mi hija . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 120 CARMINA CANALES Gracias, papá . . . . . . . . . . . . . . . . 121 JACOBA YERGA Torbellino de vientos . . . . . . . . . . 122 Barrio de infancia . . . . . . . . . . . . 123 E. NEBT Mujer, lucha . . . . . . . . . . . . . . . . . 124 LILI Señor doctor . . . . . . . . . . . . . . . . . 128 CLARA G. VIGUERA Mujeres que escriben . . . . . . . . . . 129

VICKY GÓMEZ MENESES Al corazón . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 97 Trasciende . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98 Ni un día más . . . . . . . . . . . . . . . . 100 Primavera . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101 El río de la vida . . . . . . . . . . . . . . 102 LUZ MARINA MURCIA MEDINA Sólo palabras . . . . . . . . . . . . . . . . 103 ARIADNA Súbete . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 104 Memoria de un faro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105 Busco tu nombre . . . . . . . . . . . . . 106

La inspiración

RELATO

UN SUEÑO PARA DOS
Iratxe López

Sentada sobre el sofá de la pequeña sala, rodeada de esa soledad de calma pegajosa, vuelves a oír su voz ronca y severa saliendo del magnetófono, arrastrando las palabras con ese deje marcado con el que tu padre repetía cada uno de aquellos versos. Surge profunda desde el altavoz mientras lo recuerdas en su despacho, cuando aún eras una niña, escribiendo aquellos poemas que nunca se imprimirían sobre las hojas de un libro, condenados a morir en el cajón de su escritorio. Sabes que de eso hace ya demasiados años, demasiadas riñas y extrañezas el uno del otro. Extraño él porque no te entendió, porque era viejo y no comprendía tu negativa a volver a marcharte, a dejar esta ciudad y regresar a ese pueblo castellano que le vio nacer, ése en el que él creía poder reencontrar la inspiración, el de las heladas invernales y el horizonte dorado del verano. Y extraña tú porque superaste sus límites y su paciencia gritando y diciendo que no, que no abandonarías a tus amigos para seguirle. Que no harías las maletas como tantas otras veces persiguiendo una nueva idea, corriendo tras la palabra perdida, tras un sueño que no era el tuyo y que te arrastraba continuamente de lugar en lugar. Y que ya no habría reglas que él impusiera ni tú fueras a cumplir. Le escuchas en tu cabeza, anhelando siempre el regreso a
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casa, explicándote "mi pequeña", que allí está su inspiración, la verdadera, ésa que le hará salir del bloqueo que le mata. La paz con uno mismo, sin la prisa de esta ciudad que no le deja pensar. Allí, en su tierra. Y tú, en cambio, que sientes que aquélla, la de los campos de trigo y las llanuras inmensas no es la tuya. Tú que respiras el verde de cada montaña que arropa a esta ciudad. Los gritos de nuevo porque no quieres partir, dejar el hogar que te recibió hace años cuando él buscaba nuevos aires que removieran su conciencia y azuzaran su imaginación para parir "El Poema", ése distinto y especial que buscó siempre. Que impones tus dieciocho contra él y contra el mundo, contra sus razones para volver al pequeño pueblo que ahogaría tus ganas de vivir. Eras entonces joven y desconsiderada. Ahora comprendes, pero estás vieja para rectificar. Darías la vuelta a tantas cosas... a los momentos de ira y egoísmo. Darías la vuelta entera a tu vida, como él hacía girar las tortillas en el aire, con un golpe seco. Pero ya sólo puedes voltear la memoria y mirar hacia atrás, a aquellas tardes de columpio en el parque en las que tu padre te empujaba hacia el cielo y te hacía volar. O a los largos días de lluvia en los que él te llevaba de la mano hasta la playa para fundir en un mismo abrazo el frío del cielo con el temple del mar. "Escríbelo todo de regreso a casa -te decía- lo que viste y lo que sentiste". Y tú lo hacías siempre, con esa caligrafía jeroglífica de niña sobre la cuartilla cuadriculada que te compró. ¿Lo recuerdas igual que entonces o tu alma tiembla arrugada como tus manos? Esas manos que sacudiste al viento mientras decían adiós al antiguo tren en el que él partió, las que despidieron al viejo con sus maletas de regreso a casa, derramando quizá una última lágrima por la mejilla, la última pensando en ti.
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Rebobinas la grabación y con ella la memoria y recuerdas sus cartas amargas, dolidas por no tenerte a su lado mientras tú creces y lo hace también contigo el deseo de escribir. La herencia que se manifiesta y exige un folio en blanco. Y aquel primer manuscrito mecanografiado con la Olivetti que te había regalado a los quince años. Tu decisión de no quedar en las sombras como él, de llegar a ser una escritora y compartir con los demás tu forma de mirar el mundo. Se lo enviaste al pueblo por correo urgente y un mes después te lo devolvió con una nota que decía: "Antes de aprender a andar deberás caer muchas veces". Cómo lo odiaste entonces, a él y a su cobardía por no publicar ninguno de sus poemas, a su miedo a apostar por sí mismo... y por ti. Aún hoy, transcurrido el tiempo, sus palabras resuenan en tu mente cuando enciendes de nuevo el magnetófono y escuchas en la cinta ese deje cerrado que aún conservas nítido en tu memoria, a pesar de su muerte. Lo oyes hasta el final recitando a Machado, como lo hacía cada tarde antes de ponerse a escribir sus propios versos, mientras relees la pequeña carta que te hizo llegar el notario del pueblo tras su fallecimiento: "Aquí tienes grabado lo que fui capaz de hacer durante años. Es todo lo que tengo, ni mucho ni bueno. Busqué la inspiración en demasiados lugares, excepto dentro de mí mismo, huyendo del miedo a fracasar. Aprende esta lección, la única que te doy, y cumple mi sueño realizando el tuyo". Así se despidió de ti, padre y poeta. Hijo de una tierra rancia y egoísta, la misma que le apartó de tu vida y te ganó la partida, la que se quedó con su corazón y sus dudas. Aquella en la que ahora descansa. "A mi padre", fue la única dedicatoria que escribí pensando en él en mi cuarta novela, la primera que publicaron.

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LA PLAYA
Iratxe López

Hoy he vuelto a nuestra playa. He dejado las lágrimas en el rincón más oscuro de la casa para acudir hasta aquí con los ojos secos. Me he permitido ser infiel a su constante presencia sólo durante unas horas. Cuando regrese, retomaré mi luto y los adornos que lo infestan para recuperar la nada aciaga que me ahoga, la que mantiene tu presencia de triste fantasma y me convierte a mí, que aún estoy viva, en espectro de tus recuerdos. Hoy he vuelto a nuestra playa a pesar de la prohibición impuesta. He violado mi propia ley para pisar la arena que recorrieron tus pasos, aquellos últimos que diste, los que te alejaron de mí. Arena y grano, suave colchón el elegido antes de tu nana final, y el viento meciéndote en el océano. ¿Cuál fue, amor, el lugar?, la playa es amplia. ¿Qué remolino tragó tu cuerpo y me devolvió el despojo? Le he pedido a la brisa que me susurre su nombre para vengar tu abandono, pero ella calla. Todo es silencio cómplice en esta tumba de desierto. Quiero creer, necesito creer, que una tormenta dirigió tus pasos hacia la orilla. Que sus aullidos de relámpago y trueno envenenaron tu cordura. Que no me olvidaste mientras te hundías en el agua y que luchaste por nosotros hasta el último aliento, contra las olas, contra las algas que amarraron tus piernas y te arrastraron al fondo. Cualquier dolor será más leve que preten23

der que comprenda. Tus silencios en casa. Los poemas de Alfonsina y aquellos cuentos de Virginia Wolf que te empeñaste en releer una y otra vez. Las miradas perdidas a través del cristal de la ventana, buscando algún otro lugar donde sentirte bien. No las pasé por alto... fue la tormenta. He regresado a nuestra playa para gritar la pena, pero el viento me la ha devuelto en ecos como puñales. Tu ausencia, la herida. Mi derrota, el continuo correr de la sangre. Al fondo la línea del horizonte que marca la separación entre tu mundo y el mío. He buscado el recuerdo del primer beso, la luz de tus ojos más brillante que el sol de marzo, tu abrazo en la arena. Nada queda ya de ti en este horrible lugar. Tampoco de mí queda nada. Recorreré la orilla para que tus manos de agua puedan tocar mi piel. Será la última vez que lo haga. Después partiré, y conmigo se irá tu recuerdo, resguardado de peligros en este museo de memoria que es ahora mi vida. Acaricia mis pasos como antes acariciabas mis mejillas. Provoca mi risa con cosquillas de espuma. Dedícame la ola más alta de esta marea de decepciones para que pueda borrar con su fuerza el mar de dudas que me inunda. Y di adiós a esta náufraga abandonada a la deriva. Quizá el tiempo borre mis culpas... quizá también borre las tuyas.

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UNA COLECCIÓN DE PICARDÍAS
Iratxe López

El día que Nora Dalton descubrió que su marido le era infiel, llegó a casa pasadas las ocho de la tarde y se preparó un Martini bien cargado. De pie, frente al espejo del salón, fue contando una a una sus arrugas y revisó las zonas del cabello que necesitaban ya una sesión de tinte. Se acarició suavemente la mejilla y, con el dedo índice, revolvió el líquido mientras la aceituna que reposaba en el fondo rodaba arrastrada por la corriente. Entró en la cocina, donde cenaban juntos cada noche, con la segunda copa de vermut. Colocó el delantal sobre la ropa de calle y sacó del cajón el cuchillo de pelar verduras. Lo estuvo observando un buen rato, calculando la profundidad de la herida que su filo podría producir, antes de desechar la idea. Con él fue partiendo, uno a uno, tomates, cebollas y zanahorias sobre la tabla de madera, y cuando los tuvo suficientemente picados, los echó a la cazuela que ya había puesto al fuego. Antes de subir al cuarto a cambiarse pasó por el salón y se sirvió un tercer vaso. Contempló el cristal al trasluz de una lámpara, transparente, como si formara parte del mismo aire, lo vació de un sorbo y lo estampó contra la librería en la que su esposo guardaba una primera edición de "Los miserables". Lo hizo sin inmutarse, como si hubiera apartado una molesta mota de polvo. Tras un suspiro, continuó su camino hacia el cuarto,
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donde se deshizo de toda la ropa. La ducha la mantuvo en un estado de sopor anestésico. Abrió el grifo al máximo. El agua estaba fría, congelada, y su cuerpo parecía dormido tanto como debe estarlo el de quienes perecen en la nieve. Al acabar, se acercó al tocador e impregnó su cuello y muñecas con el mejor de sus perfumes, frotando los brazos para extender el aroma. Nora pensó que aquélla debía convertirse en una gran noche. Tomó del armario el vestido de gala que había lucido en la cena de aniversario hacía ya medio año y se lo puso lentamente, pero enseguida se arrepintió y se lo quitó. El traje quedó abandonado en el suelo mientras ella se dirigía a los cajones de la cómoda donde guardaba la ropa interior. La convenció un picardías rojo como la sangre. Delante del tocador tomó el cepillo y se soltó la melena. Pasó las púas por su cabello sin dejar de mirarse al espejo. Sentada sobre el taburete de piel, deslizó una liga a través del pie derecho y la hizo subir hasta el muslo. Allí quedó la prenda adornando su casi desnudez. Rescató los zapatos con más tacón que había encontrado y se los puso. Con ese aspecto bajó de nuevo a la cocina. Afuera el día ya había muerto y la luz cerraba los ojos para dormir hasta un nuevo amanecer. Terminó los canapés que había preparado y los sirvió en la vajilla que sólo utilizaba para las ocasiones especiales. Miró el reloj de pared, las nueve de la noche, aún tenía tiempo para tomarse otra copa. Esta vez se decidió por algo más fuerte, un güisqui añejo que Jon guardaba en el mueble bar. Sirvió dos vasos y bebió de uno de ellos. Chocó ambos cristales a modo de brindis y llenó de nuevo su vaso vacío, que dejó junto al otro. Tambaleante, pero aún con los miembros respondiendo a sus impulsos, se dirigió hasta el despacho. Le costó abrir la puerta corredera y, tras el esfuerzo, se le escapó una risita. Enseguida se reprochó esa sonrisa y su
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rostro volvió a adquirir el tono gris que había tenido hasta entonces. Con ambas manos desabrochó el colgante que rodeaba su cuello. Era una llave. Abrió con ella un cajón del escritorio y sacó la grabadora. Extrajo del aparato la cinta que contenía e introdujo otra virgen a la que había arrancado el plástico protector. Volvió a guardarlo todo. Antes de salir hacia la cocina se fijó en el abrecartas. La punta del objeto había atrapado su atención. Sacudió la cabeza y lo guardó boca abajo en el cubilete de los bolígrafos. Pasados dos minutos de las nueve y media su marido entró en la casa. La llamó varias veces, pero ella no contestó. El hombre dejó el maletín en el hall y aflojándose la corbata se acercó hasta la cocina, donde la cena debería estar preparada. Nora se había encargado de colocar velas por todos los rincones. Junto al frutero, sobre la nevera, dentro de la vitrina de cristal, y en el suelo, alrededor de la mesa. Sobre ella le esperaba, tumbada como una romana en plena bacanal. En su regazo se apoyaba la botella de güisqui, y muy cerca de su escote estaban el plato con los canapés y los dos vasos llenos. — ¿Tienes hambre, querido? –pronunció insinuante tocando con el revés de los dedos la parte visible de su pecho. — Pensaba que no –respondió él sin dejar de mirarle las piernas- pero quizá me haya equivocado. Los ojos impacientes del hombre recorrían el cuerpo de Nora. Se detuvo en la liga y pensó que le gustaría arrancársela. Le había sorprendido. Normalmente este tipo de números los organizaban los sábados. A él le gustaban especialmente. Tornó el vaso que le ofrecía y bebió un trago. — ¿Qué tal si te pones cómodo? –preguntó ella mientras abría levemente los muslos. Él se desprendió de su ropa por orden: corbata, chaqueta, camisa y pantalones. Con un pequeño salto subió a la mesa
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donde su mujer le esperaba. Apartó los canapés de un manotazo y decidió dejar cerca la botella. Lo primero que arrancaron sus manos fue el picardías. Después le tocó al liguero. Nora se movió como nunca. Gritó. Jadeó. Clavó las uñas en su espalda. Se agitaba frenética, histérica, agarrándole del pelo, mordiéndole los labios, estrechándole hasta casi ahogarle. Una y otra vez, insaciable. Y a él le excitaba aquella impetuosidad. Sus cuerpos rodaron sobre la mesa, se alzaron, agacharon y cambiaron de posición durante una intensa hora que acabó en el suelo de la cocina, con la mayonesa de los canapés esparcida por las baldosas y pegada a sus cuerpos. — ¿Te ha gustado, pequeña? –interrogó Jon como siempre lo hacía después de cada encuentro, valorando y puntuando su hombría a través de las palabras de Nora. — Me ha encantado, querido, como el resto de las veces –respondió ella con toda la convicción que pudo reunir–. Sírvete otro güisqui hasta que vuelva del despacho. Él conocía aquella costumbre. A punto de finalizar cada jornada, Nora se encerraba unos minutos en ese cuarto y ponía la grabadora a funcionar. No le gustaba escribir, así que grababa su diario en montones de cintas que tenía guardadas bajo llave en el escritorio. Nunca le había dejado escucharlas, en ninguno de sus años de matrimonio, formaban parte de su intimidad y allí Jon estaba de más. Con la piel cubierta de sudor entró en la estancia. Su marido la esperó en la cocina, saboreando el licor en su viaje a través del paladar, la mirada fija en las puertas correderas del despacho como si, tras ellas, se escondiera la nota del examen que acababa de finalizar. Ella no tardó demasiado en volver. Antes de hacerlo se había asegurado de dejar el colgante con la llave que abría el cajón bien a la vista, justo en el centro de la mesa. Eran ya las diez y media y al día siguiente había que madrugar. Dejaron los vasos manchados sobre el fregadero y apaga29

ron las velas que estaban a punto de consumirse. Nora subió primero las escaleras. Desde el rellano del segundo piso miraba como Jon se acercaba hasta ella. Asegurándose de que él la observaba, se llevó la mano al cuello y lo palpó: desnudo. — Amor –le dijo con tono falsamente suplicante– he debido dejar la llave sobre el escritorio del despacho. ¿Serías tan amable de traérmela? Él asintió y giró en redondo mientras la mujer continuaba hasta la habitación. Fuera ya de su vista, Nora bajó la escalera y se escondió tras las puertas correderas del despacho. Sucedía tal como lo había calculado. El hombre tomaba la llave y, en vez de cerrar el puño sobre ella, se agachaba hacia el cajón donde guardaba las casetes. Desde su escondite vio cómo sacaba la grabadora, la ponía sobre la mesa, se aseguraba de bajar el volumen para que ella no pudiera oírla y apretaba la tecla del "reverse"; después el "play". La voz de Nora surgía clara desde el aparato: "Jueves 30 de abril. He recibido a Jon con el picardías rojo. Tendré que asumir de una vez que es un pésimo amante... y seguir fingiendo". Tras sus palabras, la cinta vacía y el dedo de un hombre herido en lo más profundo de su orgullo sobre el "stop". Unos metros mas allá Nora sonreía abiertamente, el triunfo dibujado en sus labios. Antes de que él la descubriera, subió al dormitorio. Desnuda aún, se acostó en el lado derecho de la cama, el que le había pertenecido desde su boda quince años atrás. Podría marcharse mañana, pensó, hacer las maletas y abandonarle, pero lo dejaría correr por unos días. Aún quedaban en su armario picardías suficientes para dos semanas. El plan era sencillo. Hasta el día que decidiera irse, todas las noches esperaría a Jon una nueva sorpresa, y ella se encargaría de que en cada una su marido percibiera cómo disminuía el placer de sus jadeos. Cuantos menos, mayor el daño. Serían vela30

das como puñales, de suspiros aburridos y besos faltos de pasión. Cerró los ojos y se acomodó en la almohada. Con la mano derecha acarició una vez más sus arrugas y después pensó en sus canas. Tal vez se las tiñera de rubio.

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INCENDIO
Iratxe López

Rocé tu mano en una caricia no premeditada y aquel acto insignificante, simple reflejo de mis músculos, convirtió tu piel en la causa de mi infierno. Una leve sugerencia, un mínimo contacto, anestesiaron los motivos que me enfrentaban a ti. Atrás quedaron mis intenciones de reclamar airosamente, las dudas sobre el porqué de tus desplantes, las ausencias repentinas a media noche, la nula conversación, el desierto de nuestra cama. Ardí por dentro con el primero de tus besos, el que me sorprendió desafiando tus ojos de catarata. Yo toda hielo que se iba deshaciendo, tú fuego que derrite duelos adversos. Cuando fundiste tu pecho con el mío la hoguera de nuestro contacto quemó mis esperanzas de hacerte frente, y caí rendida una vez más. Me consumí entre tus brazos, rodeando tus piernas, amarrada a tu alma. Ninguno de los suspiros que escapó de mi boca pretendía sofocar tus llamas. La pasión siguió creciendo, convirtiendo la estancia en una nebulosa de humo caliente, vapor sudado que emergió de nosotros para contaminar el espacio. Me embriagó el baño turco de tus encantos. Aspiré tu esencia volátil para devorarte, te respiré, y pareciste mío después de demasiado tiempo. El incendio duró sólo unos minutos durante los que me sentí
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viva de nuevo. Cuando me separé de ti, el ochenta por ciento de mi cuerpo estaba cubierto por quemaduras de tercer grado. Lo supe al instante, había perdido una vez más. Cada vieja costra se abrió en herida y la sangre de tus mentiras corrió como lava incandescente contaminando mi tierra. Las cenizas del amor desgastado flotaban aún por la habitación. Escaparon a través de la ventana que se asomaba a la luz de la luna. Observé mi imagen desnuda en el espejo, consumida como una vela a la que apenas le queda mecha, y miré a mi alrededor. El incendio lo había arrasado todo. Mi voluntad. La esperanza de cambiarte. Ya no había paredes sobre las que colgar viejas fotos ni recuerdos. Las llamas del último adiós, tejido entre sábanas rojas, se lo tragaron todo. Fue fácil suponer las conclusiones del atestado: destrucción total por incendio masivo. Tampoco el seguro cubre los amores rotos.

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ABRAZOS DESIGUALES
Ariadna

Aquella tarde los sueños parecían derrumbarse frente al espejo, María intentaba encontrar algún sentido a lo sucedido tres días atrás. Pero sobre todo qué actitud debería adoptar en su próxima cita con Alberto, ya que lo que sentía en aquellos momentos era una especie entre dolor y rabia. Cómo había podido ser tan ingenua, jamás hubiera imaginado aquello del hombre al que amaba con locura. Por otra parte, no podía borrar aquella escena de su memoria mientras miraba a través de la ventana del comedor que daba a la calle. Repentinamente sus pensamientos retrocedieron cinco años atrás, cuando conoció a Alberto en la cafetería del aeropuerto, mientras se disponía a pedir un café con leche y por accidente le golpeó el brazo y el zumo salió disparado fuera del vaso. María se sintió avergonzada de su torpeza, y acto seguido hizo amago de llamar al camarero, entonces él le dijo: — No te preocupes, mi vuelo sale en veinte minutos. — El mío también. ¡Qué casualidad! —¿Qué vuelo coges? — El que sale hacia Madrid. — Entonces viajamos juntos. — Siento lo ocurrido. — Acepto tus disculpas, si a cambio me permites invitarte a
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comer una vez lleguemos. — De acuerdo –dijo María– aceptaré tu invitación, pero tendrá que ser una cena. — ¿Qué te parece mañana por la noche? –propuso Alberto. A partir de ese día comenzó su relación de pareja. En todo ese tiempo había sido inmensamente feliz ya que era el tipo de hombre que toda mujer deseaba. Atento, educado, detallista, cariñoso y ¡cómo no! guapo. Jamás había dudado de sus sentimientos hacia ella a pesar de las escasas veces que habían mantenido relaciones sexuales, y casi siempre era ella la que hacía pequeñas insinuaciones. Pese a todo, era feliz... hasta el pasado miércoles que María tenía la tarde libre en el trabajo y decidió aprovecharla para ir al cine a ver esa película de la que tanto le había hablado su compañera de trabajo. El argumento parecía interesante. Quedó con su amiga Irene para que la acompañase al cine y después irían a cenar juntas. Acordaron quedar en la cafetería. Mientras esperaba a Irene, miró a través de la ventana, se quedó sorprendida cuando vio a Alberto salir de su coche. ¡No podía ser! Pero fue mayor su sorpresa cuando, seguidamente, se acercó a un hombre de unos treinta años, moreno, de estatura media y lo abrazó cariñosamente. Aquello no estaba sucediendo. Cerró los ojos y los abrió de nuevo para creer lo que estaba presenciando. Los dos hombres entraron en el coche y sellaron su encuentro con un apasionado beso. Instantes después aparecía Irene, quien encontró a su amiga con la mirada perdida. — ¿Te ocurre algo? ¿Estás bien? Apenas podía articular palabra, estaba totalmente pálida. Cuando se recuperó, le contó a su amiga lo sucedido entre lágrimas y un llanto que le ahogaba la garganta. A partir de ese momento su vida se desvaneció por completo, sintiendo que el dolor le arañaba el alma. Ahora entendía su comportamiento tan correcto y afable.
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El martes de la semana siguiente la llamó Alberto para decirle que ya había vuelto y que quería verla. Le propuso quedar el viernes para ir a cenar: — Te recojo en tu casa a las diez. María no puso ninguna objeción. Él percibió algo raro en su tono de voz. Llegó el día de la cita y Alberto se presentó puntual con un ramo de rosas. Le hizo sentarse en el sofá, la notó distante. — ¿Te ocurre algo, estás bien? -le preguntó Alberto. — Lo cierto es que no. Tenemos que hablar. Y con cierta congoja María comenzó a relatarle lo sucedido. Él agachó la cabeza apoyándola sobre sus manos. Las palabras se le ahogaban en la garganta. ¿Cómo podía justificar su cobardía? Lo único que intentó decirle es que sentía el dolor que le estaba causando. Se levantó, la miró a los ojos y le dijo entrecortadamente: — Creo que nada de lo que pueda decirte justificará mi actitud, ni cambiará lo ocurrido. La abrazó con ternura, y seguidamente se fue. Tras él se iban cinco años de abrazos desiguales. Dos días más tarde María recibía una carta de Alberto donde le explicaba de la mejor manera posible su comportamiento. A medida que leía la carta, sentía cierta angustia en el pecho, sobre todo a la mitad de ésta, donde Alberto le hablaba de su relación paralela con Luis desde hacía aproximadamente un año, y del cual decía estar enamorado desde un principio. No podía dar crédito al contenido de aquella carta. Todos sus sueños se desvanecieron tras aquellas líneas de desmayo que darían paso al olvido bajo el ángulo confuso del espejo.

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UN RASCACIELOS CON MEMORIA
Ariadna

Cada tarde se sienta en el mismo parque y lee distraídamente un libro que habla de abrazos rotos, de besos encontrados, de ojos que se buscan con deseo, de cuerpos que se atraen con los ciclos de la luna, pero sobre todo de unos labios que se ciernen en su memoria. Busca el paisaje por encima de su hombro y le susurra al viento un leve fragmento de su historia, de los textos que escribe bajo la ducha a medida que se le humedece el recuerdo, y observa a los niños en su vuelo de toboganes y siente el deseo de ser silencio y sumarse a sus juegos tan comprometidos con la vida. Con la inocencia atada a los cordones de sus zapatos, haciendo un inciso en su memoria, regresa de nuevo al instante curvado de sus ojos, a la pupila fría de su mirada desde donde se contradice su elevada estatura, mientras los días ojerosos le humedecen la frente y una noche ebria desaloja la luz de sus ventanas.

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UNA LÍNEA DE LENGUAJES
Ariadna

¡No podría vaciar esta locura en los bolsillos, no sabría qué hacer con ella tan desgastada en la memoria! Pero sí podría escribir algunas frases rotas con alguna de sus sílabas. Y presiento que pronto llegará una tarde de ceniza y otra con los pies descalzos. Y noches con lunas en primavera, y olvidaré el lenguaje antiguo y el frío de las palabras que interrumpen en pleno insomnio. Y todo ello será una tregua ante el cansancio de la espera. Quizá estaré más desnuda y vulnerable, pero más libre ante los espejos, y podré entonces enfrentarme a los naufragios más difíciles, un poco más allá que siempre.

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CARTA DE AMOR
Maliva

Hola mi vida: Hace seis años que te conocí y quién me iba a decir que serías mi gran amor. Me enamoré de tus ojos porque en ellos reflejas sinceridad y bondad encerradas en un cristal. En ti hay una hermosura inexplicable que sólo mi corazón enamorado puede ver y mis ojos contemplar. ¿Sabes? Te necesito como el agua al mar y la lluvia a la tempestad. Para estar sin ti es preferible no estar. Si te ocurre lo mismo no lo sé, pero todos estos años contigo han sido meses, y los meses días, y los días minutos que he disfrutado y quiero seguir disfrutando... cada segundo que me reste de vida. Por último me queda decirte que deseo que el próximo año estemos tan juntos y unidos como hoy, y que la llama del amor siga avivando nuestros corazones, amándonos más y más y más. Tu amada por siempre.

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CALDO PARA SENTIRSE BIEN
Susana Girone

INGREDIENTES: – – – – – – – 1 litro de agua cantarina 1 chorrito de aceite dulce 2 pizcas de cosquillas de sal Esencia de alegría 3 huevos de pájaro cantor 1 cucharadita de azúcar morena 1 ananás del Sur

PREPARACIÓN Prende la cocina con un fósforo largo de palo del árbol de la felicidad. Pon una cacerola con dos asas, amarilla y parlante, a fuego dulce. Versar el agua cantarina (recogida de la fuente en medio del pueblo), agregarle el aceite dulce cantando la canción de la alegría y, haciéndote cosquillas, agregar la sal. Una vez hervida, añadir la esencia, dejar evaporar hasta que termines de cantar la canción. En un bol bailón, batir los huevos del pájaro cantor con la cucharadita de azúcar morena regalada por la vecina mulata. Unir las dos preparaciones bailando alrededor de la mesa.
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Cortar el ananás del Sur en trocitos pequeños, como el primer beso de tu novio, juntar todo saltando, bailando y batiendo con pasión. Lo sirves en una taza musical.

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LA CIFRA QUE ME DUELE
Zully Mercado

8.527 velas que ya llevo prendidas desde que llegué a Bilbao. Llevo la cuenta, así puedo saber cuánto dinero le hice ganar a la dueña del "Todo a Cien". Esa cifra resume mi necesidad de mantenerme conectada a mis raíces; 8.527 pensamientos, a saber: qué estarán haciendo Matías, y Júnior (mi perro) y Luis (mi amigo), mis tres amores en ese orden de importancia. Cómo estarán Griselda, Eduardo, Erika y Christian, y papá. Al final la lista sigue pero más que pensamientos son preguntas. Todas ellas sin respuesta. Y miro la cifra tratando de leer en ella: 8.527 velas que pudieron haber sido besos para mi hijo, caricias para mi perro y reuniones con mi familia. Y hasta creo que ya le tomé cariño: 8.527 razones y más, para haber decidido dejar mi modo de vida allí y tratar de adaptarme a otras tantas de aquí. Muchas, diferentes a las mías: maneras de hablar, de cocinar, de relacionarme. Y me faltan tantas cosas: 8.527 cosas y más aún, pero no puedo hacer una lista concreta y concisa. Son abstractas sí, porque las cosas materiales son más o menos las mismas. Y aunque soy una habitante más aquí en Bilbao, en San Inazio, el barrio en el que vivo, no me siento ciudadana, ni inmigrante, ni extranjera. Me siento persona, que lo soy,
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pero con 8.527 razones para un día hacer las valijas y volver a mi tierra. Porque sólo allí están las personas, cosas, lugares, comidas y relaciones que me hubiesen evitado tener que prender 8.527 velas que compré en "Todo a Cien".

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EL ROCE DEL AMOR
Ane Navarro

Querido mío: Dicen que el roce lleva al amor y en nuestro caso es más que eso. Cada cita espero con impaciencia el momento en que nos frotemos y restreguemos. Es una comunión pasional, a veces suave, a veces fuerte y briosa. Me recaliento y me derrito sólo de pensar en el momento en que volvamos a tocarnos. Los minutos se me hacen horas y las horas días. En realidad en muchas ocasiones es una percepción objetiva, ya que por desgracia no siempre mantenemos la regularidad en nuestros encuentros. He probado otros muchos como tú en mi vida y sé que probablemente tú hayas probado otras, pero quiero decirte que para mí eres especial. Al principio te encontraba rígido, apenas podía penetrar entre tus cerdas. Sin embargo, con el paso del tiempo te has enternecido y he descubierto en ti maravillosas experiencias que me extasían y hacen que rebose espuma. Es por todo esto, querido mío, que he decidido traducirte en palabras todo lo que provocas en mí, y quiero que sepas que, aunque nuestros encuentros sean forzados, constituyen los mayores placeres de mi existencia. Tú haces que me funda. Siempre tuya:
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Colgate

MI AMOR ETERNO
Catalina Grajales

El fruto de mi amor, de mi pasión, de mi entrega total y desinteresada, eso eres tú. Sentirte por primera vez fue hermoso. Saber que eras parte de mí, fue delicioso. Estar tan unidos, fue maravilloso. Y el verte a mi lado, esplendoroso. ¿Cómo amarte tanto para que lo sepas constantemente, pero con el suficiente desprendimiento para dejarte libre, y que cuando quieras volar lo entienda y no pretenda marcarte con un hierro de propiedad? He compartido contigo lo mejor de mí, lo mejor de mi cuerpo, de mi corazón que late por ti, de mi mente que piensa en lo mejor para ti… y te amo. Tú eres el amor, ese amor único que no se extingue, ese amor que cada día crece, ese amor que sólo por ti se siente. Eres mi hijo, mi niño, siempre serás mi bebé y por supuesto mi eterno amor. Quiero hacer lo mejor que pueda por ti, espero que algún día te sirva para algo. Porque ahora entiendo el amor de mi madre por mí, seguro que por lo menos tan fuerte como el que me haces sentir tú a mí.

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SUEÑO INFANTIL
(Casualidad de un sueño infantil de una niña de tan sólo cinco años de edad)

Deisy Durango

Era la quinta de ocho hermanos. Recuerdo que en una noche de verano, con una luna llena grande y muchas estrellas jugaba con mis hermanos en el jardín donde había un palo de naranja y mi padre no quería que jugáramos porque era de noche, pero era la primera vez que mis primos nos visitaban. No se olvida todo... era tan claro y el futuro muy lejano. Nunca imaginé que esa noche tuviera un sueño tan extraño. Recuerdo que contábamos estrellas, formulábamos deseos y yo pedía que no me cayera en las piedras porque sabía que me pegaría mi padre. Yo siempre tenía las rodillas con heridas a causa de las piedras. Esa misma noche soñé con algo que yo nunca había visto. Era como una cápsula de cristal muy grande que llegó hasta donde estábamos todos jugando, se abrió la puerta y entramos. Aquello despegó de la tierra y se fue alejando. Pasamos por una parte oscura. En el año dos mil me quedé sin trabajo en mi país y como me habían dado un finiquito de nueve años y medio que no llegaba para nada, se me ocurrió viajar al extranjero. Qué sorpresa para mí que en la ciudad de Madrid, y después de muchos años, vi por primera vez algo parecido a lo que había soñado.
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MI NIÑA AMOR
Para Larissa, mi sobrina

Cony Carranza Castro

Hoy vuelve a ser domingo, uno de esos domingos tan temidos sin familia, vacío, que deja la rutina de todos los días entre el trabajo y las personas amigas, y pone en evidencia la soledad y aflora la nostalgia. Mi mayor deseo sería deslizarme en el tiempo y salvar la distancia que nos separa, y así volveríamos a despertarnos en la misma cama, a pasear y correr por el parque, a dormitar con tu cabeza sobre mi hombro en el autobús que nos lleva a casa, a ver tus ojos vivarachos con los ricitos de tu pelo y tu dulce voz, a poder decirte lo que te quiero y extraño que, a pesar y más allá del tiempo y de la distancia, tu recuerdo no me abandona nunca porque tú eres mi motivo para cruzar el Atlántico y la fuerza que me impulsa a seguir. Por eso no quiero que leas como abandono, sino como una prueba de amor, ese simple empeño en el que me he dejado la vida. Por eso quiero que las lecciones caramente conseguidas en cuarenta años de corridos, sirvan de plataforma para impulsarte en el despegue hacia lugares inexplorados, sin más limite que tus capacidades y la fuerza de tu empeño. En medio de este domingo, tantas veces repetido, quiero susurrarte al oído, niña de mi amor, que ya no temo que nues57

tra relación presente de tía y sobrina repita mi relación pasada de madre e hija, como círculos en espiral que se cierran sobre nosotras atrapándonos. Simplemente somos dos mujeres separadas en edad y lugar que viven vidas que corren paralelas, capaces de retroalimentarse, siendo cómplices de tu vuelo feliz y libre.

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MEDIA HORA PERDIDA
Isabel Paniagua

El tiempo está apresado en el reloj de la plaza, esa esfera sobre la que giran todos los habitantes, la plaza es circular, el nombre de la ciudad es Transito. Todos los relojes ocultan su historia. En esa ciudad hubo un alcalde, se llamaba Sinesio, vivía obsesionado por el tiempo, decía que cada ciudad debe buscar el suyo. Al principio decidió estudiar a sus habitantes por su ritmo. Se sentó a observar y sintió que no existía la sincronización, todos perdían mucho tiempo para realizar sus tareas, a unos les sobraba a otros les faltaba. Los niños lo desperdiciaban viajando a Babia sin cesar, los ancianos sólo hablaban del pasado. Muchos lo desgastaban esperando. Aprendieron mal la fórmula del espacio partido por tiempo que el maestro Arsenio les enseñó con ahínco en las clases de física. Al observar se le ocurrió una idea: si todos emplearan el mismo reloj, si hubiera un tiempo grande, dentro del tiempo de cada uno, las vidas de todos y de la ciudad sería más armónica y todos vivirían el presente. El reloj estaría en el Ayuntamiento, un edificio civil, donde también los ateos como él podrían sentirse acogidos. Lo mandaría hacer a Suiza donde los relojes funcionan mejor, donde sus ruedas dentadas giran sin chirriar. Así lo hizo. El reloj vino de Suiza cansado, se había golpeado en el viaje,
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tenía magulladuras por su cuerpo metálico, sus agujas estaban perfectas, su esfera amarilla brillaba, pero el número doce romano parecía un once y medio. Reclamaron a Suiza. La fábrica se negó a hacerse cargo de la reparación. Reclamaron a la empresa de transportes, que tampoco quiso asumir los desperfectos, alegando que era culpa de los diferentes países que había atravesado aquel reloj encerrado en el tiempo. El alcalde Sinesio y la junta municipal reunida decidieron por unanimidad adoptar aquel reloj. Desde entonces todos los habitantes de su ciudad dispondrían de media hora para matar el tiempo. El resto del día debían sincronizarse.

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ARMADURAS
Isabel López Oleaga

Huyen los truenos. Aquí dejaron un hueco, una viga rota que se rompió de vieja. Mucha lluvia invade la alcoba. La tormenta estival altera a don Alonso, quien se detiene sorprendido en el recién abierto agujero del tejado que descubre un tesoro oculto por años entre las maderas. Es un libro. Otro. Un viejo ejemplar del Amadís. ¡Qué dicha y honra que el destino lo ponga en su camino! — Seguro que la buena fortuna me acompaña si encuentro a la persona propietaria de esta joya -piensa el caballero. Sí, joya, porque cuando ha abierto por una página al azar junto a la minúscula ventana, su cara se ha iluminado y los rayos de luz han multiplicado su efecto por toda la alcoba debido a las grafías doradas del manuscrito. Una copia antigua y áurea. Algunos vocablos en francés, otros en latín. Los rectos labios de don Alonso no quitan su posición en "oh" de permanente asombro. Él que lo había leído todo, o eso creía. Pero la luz de lo nuevo entre sus manos le devolvió a años atrás, cuando no salía de su biblioteca leyendo sin parar, devorando libros y devorado también por la angustia de un tiempo que pasó, de una vida que fluye sin detenerse, del amargor de sentir el anacronismo de su propia existencia, de no estar a gusto con el mundo que lo rodeaba y no tener tácticas para luchar. Pero eso ya pasó. Ahí
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residía su locura, que era su armadura, su búsqueda y, quizá, eterna infancia. Y de pronto sintió que llevaba horas detenido en su aposento leyendo las letras doradas de su nuevo libro raro, sin haber comido, ni dormido, ni miccionado, abandonado a una fuerza misteriosa que nutría su espíritu. Ya rayaba el alba cuando la última página pasó y, ¡oh sorpresa!, apareció una mancha en tinta azabache, era la última frase, el testamento del libro, un enigma que destacaba en letras oscuras frente al resto de grafías doradas y que así rezaba misterioso: "Los puntos cardinales son tres: el norte y el sur." Él pensó que esta progresión aritmética descendente, cuatro, tres, dos, podía continuar en uno, ¿acaso Dios?, o en cero, ¿sería la nada?, pero acababa en el dos. En lo dual. El norte y el sur. La adivinanza le sumía en un trabajo continúo para dar con el indicio que le llevara por el camino adecuado. Ya tenía una misión que cumplir: encontrar a la persona propietaria, que no sólo le traería suerte sino que además era su deber de caballero. Esa negra y atrayente última frase empezaba por la rosa de los vientos, infinita, agrupada en cuatro grandes puntos cardinales, abierta en caminos incontables, en innumerables decisiones que construyen la vida misma, por el nacimiento en un punto de esta rueda. La brújula del ser. O simplemente significase que quien encontrara el libro hallaría a su alma gemela ¿Acaso acabaría junto a su amada Dulcinea? ¿Era ése su fin? Claro, la suerte del amor se cumpliría si efectuaba dicho cometido. Partiría para El Toboso esa misma mañana con el Amadís en la mano. Seguía descifrando. El libro estaba escrito en oro, que a veces significa cincuenta años. También contenía una cita en color negro, el del luto. El fin. Y si por nacimiento empezaba, entonces era un círculo de vida. En estos pensamientos andaba y se dirigía a llamar a su escu64

dero para ensillar los caballos, cuando atravesó la pared un espectro mirándole con unos ojos de agua resonando entre piedras de río. La mujer lo cogió de la mano y ambos se sentaron en el borde del lecho. Ella llevaba el yelmo abierto y dejaba entrever un flequillo canoso, vestía encima una coraza de pechos forjados y armadura antigua y refulgente. Desconcertado estaba Don Quijote. La dama era dulce y seria, sabia y bella. Don Alonso miró al espejo y se vio a él mismo. Hacía cincuenta años que ella había dejado aquella habitación repleta de libros una tarde estival de tormenta. Tras su muerte subastaron todos los que encontraron, ya que nadie quiso heredar tan polvoriento legado, y fue el comprador de los cientos de ejemplares un tal Don Jaime, quien los llevó a su hacienda donde envolvieron el mundo por el que lucharía su sobrino. Esos libros, que se subastaron, fueron sólo los que quedaron después del incendio que provocó la tormenta de hacía ya cincuenta años. Otros libros y saberes que la alcoba guardaba y que fueron compilados por la bella mujer, de los que bebió su sabiduría, se perdieron en el fuego. Habían sido libros prohibidos, no sólo por las grandes religiones, también las civilizaciones antiguas los destruyeron, los recluyeron al ostracismo, y tuvieron estos conocimientos que buscar salidas subversivas, transmisiones orales, recopilaciones secretas, asociaciones catalogadas de ocultas desde que las guerras innecesarias tomaron protagonismo y la paz deterioro. Pero no siempre había sido así. Hubo un tiempo muy lejano donde lo dual se abrazaba, y que por desgracia desde hacía siglos el uso indiscriminado de guerras borró de la historia. Eso decían sus ojos y por fin ella le habló: —¿Por qué buscas a Dulcinea? — Es mi pareja, la que yo elegí para darle mis posesiones dijo don Alonso. —¿Le preguntaste a ella? Dulcinea te inspiró a salir al mundo,
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si no nunca hubieras pasado a la historia. —¿Debí preguntárselo? -replicó don Alonso. — No busques pareja como mandan los cánones. Encuentra primero todas las parejas de tu ser. Lo racional y lo atávico, lo masculino y lo femenino, la fragilidad y la dureza. Haz espirales con tus numerosas dualidades. Deja que salgan todas tus posibilidades de crecer. Y dime, ¿quién soy yo, Alonso? — Eres la parte de mí que intuye otras sabidurías. Eres todos los libros que no me han dejado leer porque los borraron. Ella asintió y continuó diciendo: — Yo, como tú, vivía inquieta en el mundo de las personas que estaban vivas. Hacían y pensaban casi de manera uniforme. Ahora sigo igual, fuera de las gentes vivas. Nada ha cambiado, salvo mi forma. Pero sabes, a veces consigo llegar a tiempos donde yo, mujer de armadura forjada en sumisiones, lucho por encontrar mi libertad en una realidad y lo consigo. Don Quijote la rodeó con sus brazos dispuesto a abrazar ese mundo.

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MIS OJOS VERDES
Jacoba Yerga

Hace unos días me lancé al abismo de unos ojos verdes que me incitaron a la esperanza.. Creí ver en ellos equilibrio y tolerancia, también ilusión y búsqueda. Quizá la misma que yo reclamo; cuando los encontré parecieron sorprendidos, atentos, se observaron con los míos. Directos me invitaron a seguirlos, divertidos me hicieron reír, seductores y amigos. Advertí que era fácil dejarse llevar por el verso de su mirada. He seguido el ritmo de esos ojos al compás de mi presión sanguínea, al tiempo que de mis pálpitos racionales. Aún hoy, evito entregarme por algo tan efímero como una sencilla mirada, pero imploro tener razón para arrebatarme por ella. Hay un duende en la mirada, no es un tópico, se le ve escondido, saltimbanqui, tímido, juguetón, coqueto, bondadoso y cruel. Verlo no resulta difícil, lo costoso es atenderlo. Interesarse por la vida de una mirada es involucrarse, compartirla, sufrirla. Al intentar acceder a la vida de mis ojos verdes, encontré que se mostraban distantes y, aunque se dejaban sostener, una incómoda tristeza los ocupaba. ¿Qué pudo ocurrir...? ¿El duende se había escondido... había perdido interés?
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Mis ojos verdes se delatan inquietos ante la mirada limpia. No ven que la prudencia no tiene gesto pero que sí entiende la realidad. Si pudieran, huirían despavoridos o quizá sucumbirían ante la certeza de encontrarse el alma.

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La poesía

POESÍA

POEMA A UN PIANO
Ma Victoria Rico Álvarez
Hoy he querido mirar y he mirado. Hoy he querido ver y he sentido, he sentido que mi salón realmente está vació. He sentido me arrancaban de raíz el trozo de tu alma que aún estaba conmigo. Hoy me he visto llorar y mis lágrimas correr por mis mejillas significando un grito. ¡Triste vacío! En ti se albergaban deseos, ilusiones, melodías, promesas, sentimientos, poesías. En ti se albergaban besos sin ser besados, caricias sin ser acariciadas, palabras sin ser dichas, miradas sin mirar. En ti se albergaba su música, su peculiar y mejor forma de comunicar. Hoy he querido soñar y he soñado, hoy he querido reír y he reído. Hoy he sentido la magia de tu música llenando mi salón vacío. Hoy he sentido de nuevo la esperanza en mi corazón. Hoy he necesitado pensar y he rezado. Hoy he necesitado amar y he amado. Hoy he necesitado volver a llorar y he llorado.

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MIRARSE
Ma Victoria Rico Álvarez
¿Qué quieres ver tú en mi mirar, que tan profundo me miras? ¿Me miras porque me admiras o sólo por mirar me miras? Yo, entender quisiera tu mirada, con la mía en la tuya entrelazada, pero a mirar y ser mirada, nunca estuve acostumbrada. Despierta del sueño y vuela, mi dormida fantasía, imagínate sus ojos y mis ojos mirándose en armonía. Pero... en tu mirar ¿qué miras? ¿Me miras porque me admiras o sólo por mirar me miras? Yo no sé lo que tú miras pero si sé lo que siento: son emociones vividas, olvidadas hace tiempo. No dejes de mirarme así, que tu mirar me ilusiona y me hace sentir el alma despierta y soñadora. No dejes de mirarme así, que tu mirar es mi sueño que se esfuma en la vigilia, pero queda el sentimiento. No dejes de mirarme así,
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ya no quiero más morir; permite que tu mirada, me ayude un poco a vivir. ¿Es tu mirar de altos vuelos? o ¿miras a ras de suelo? A mí me gusta volar y surcar el ancho cielo; a mí me gusta soñar, pues sin sueños, hoy, me muero. Pero...en tu mirar ¿qué miras?

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POEMA A UNA MADRE ROTA
Ma Victoria Rico Álvarez
Nunca hubiera querido escribir este poema, pero a veces la vida cambia nuestros deseos hacia otra meta. Siento contigo el desgarro de tu alma y mis entrañas se revuelven, apoderándose de mí nuevamente la tristeza y la impotencia. Mi pensamiento está en Laura, joven sensible y risueña, que en el amanecer de la vida se la han llevado las estrellas. Pero, no. No quiero que mi poema sea triste. Me pregunto porqué lloro, qué significan mis lágrimas. Son un grito. Un grito rebelde. También un grito que relaja mi alma, que la hace sentir más serena. Un grito que sacude a la impotencia y a la desesperanza de mi ser. Pero dónde ¿dónde buscar una brizna de fe? Tú has sido el sol que dioó luz y vida a Laura. Ella te entrega ahora ese cofre tan valioso que, paso a paso, irás abriendo,
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tomando de él confianza y amor. A veces se esconderá el tesoro, otras no sabrás darle su valor. Pero estoy segura de que un día comprenderás porqué a Laura se la llevaron las estrellas. Tú le diste la vida, ella te la devolverá con creces, nacerás de nuevo, Mari Sol.

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ADIÓS GUITARRA
Ma Victoria Rico Álvarez
Me he despertado llorando, se me ha roto mi guitarra. He sentido una angustia hasta ahora inexplicada. No parece que el perro la mordisqueara, ni que un golpe la descascarillara. Simplemente, se ha roto. Pero... ¿cómo? Sí, lo presentía, lo intuía, casi, casi lo sabía. Pero... me he despertado llorando. La he cogido entre mis manos, la he acariciado, he tratado de arreglar el trozo agujereado. He intentado rasguear sus cuerdas para sentirme de nuevo mujer, para volver a sentirme poeta. He intentado, pero no he podido y me ha embargado una pena. Lo he intentado y me he sentido impotente de no poder hacer nada por ella. Y he llorado, he llorado, pero quizá... no haya llorado aún toda mi pena. ¿Qué te sucede guitarra? ¿En qué piedra has tropezado que necesita tu alma de unas manos artesanas? Yo te cantaría canciones y te leería cuentos, pero veo que estás muy herida,
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no sabes vivir tu tiempo. Volvería a rasguear tus cuerdas, contigo hacer mil arpegios. Me da pena, guitarra, mucha pena. He aprendido del ayer, no creo en los sortilegios, yo no te puedo sanar. Adiós guitarra. Deseo puedan curarte unas manos ARTESANAS.

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GRACIAS MADRE
Ma Victoria Rico Álvarez
Hoy quiero darte las gracias madre. Gracias por haberme dado el refugio de tu cuerpo. Gracias por recibirme en este mundo con esperanza. Gracias por darme lo que sabías y podías. Gracias por haberme comprendido cuando mis deseos no entendías y en silencio tú sufrías. Gracias por haber entendido la vida de otra forma que aquellos que te aconsejaban. Gracias por confiar en mí cuando nadie en mí confiaba. Gracias por estar a mi lado y en la sombra yo te sentía. Gracias por haberme enseñado a amar y en herencia dejarlo a mis hijos. Gracias por el consuelo que diste a los frutos de mi amor cuando estaban tristes. Gracias por la abundancia que rezumas. Gracias madre por todo. Gracias madre por darme la Vida.

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SINFONÍA AMOROSA
Carmen León
Do ¿Dónde estás, amor? Re ¿Recuerdas los besos? Mi Mi pasión te llama Fa Fantástico sueño Sol Sólo tú en mí vives La Labios que yo anhelo Si Sílabas dulzonas Do Dormida te espero

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HOY
Carmen León
Hoy quisiera encontrarme adormecida, sin sentidos olvidada. Flotando en el aire allá en el infinito, cual masa gaseosa uniforme. Hoy quisiera no sentir ni ver ni tampoco oír. Hoy quisiera evitar el sufrimiento. Permanecer impasible insensible a distancia en lejanía. Hoy quisiera no vivir en el planeta en que vivo, huir de él, esconderme,
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irme para no ver tanto engaño, tanta muerte tanto olvido y locura... Hoy quisiera no existir para no morir de pena.

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MAR II
Carmen León
Ruges hoy, mar misteriosa, ¿qué pretendes?: ahuyentar, incomodar, asustar. Grandiosa eres ¡oh Mar! Hermosa eres ¡tú, Mar! Violenta eres ¡la mar...! Acariciadora eres ¡mi Mar! Traicionera eres ¡¡MAARRR!!

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TÚ, POESÍA, NIÑA LETICIA
(Esta poesía surge tras la lectura de "Poemas de la época alegre", de Leticia Bergé, niña poetisa)

Carmen León
No en vano dijo el poeta que poesía eras tú, pues a través de tu mano el alma abres con ternura. Me estremece tu lectura, me conmueve y me fascina. Siendo tan pequeña niña haces brotar en tus versos de la nada limonada del caramelo el anhelo de la nieve mermelada del cielo vaporoso velo y del sol un corazón. Niña Leticia tú eres flor de loto margarita talismán, tiramisú, tarta helada, mantequilla,
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turrón del blando, nocilla pan de higo, pitisú... pues bien dijo aquel poeta que poesía eras tú.

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NIÑA ROCÍO
Carmen León
Hoy me han dicho, niña, nena, que se comercia contigo que te violan, hieren, vejan y que mancillan tu flor. Esa flor aún en capullo, ésa que ajan y secan. ¡Pobre niña! niña, nena, tan menuda tan pequeña.

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ESAS MANOS
Eugenia Meneses
Esas manos llenas de silencio que se extienden hacia el cielo, implorando protección para los seres que quiero. Ésas son mis manos, las que he sentido, las que siempre he tenido en actitud suplicante por mis seres queridos.

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AMOR HUMANO
Eugenia Meneses
Soñé que el amor humano era maravilloso, un arcano, pero más tarde descubrí que en vano amaba con amor tal vez profano. Por eso desistí de hacerlo, aunque con todo mi ser quisiera poseerlo, arrancarlo con fuerza de mi alma y borrarlo de mí, pero en serio. Terminar sin amor y abandonada en medio de algo que no existe, y poder resistir la marejada de ese sueño que tú me impusiste. Sólo al despertar he visto la realidad de mi vida reflejada, soñando seguiré si existo para amar sin amor, no cuesta nada.

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AMARGAS HORAS
Eugenia Meneses
Amargas horas, ya se fueron y nunca volverán, pues sólo por amor se viven y por ser amargas un día morirán.

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SOÑAR
Eugenia Meneses
Soñar que es verdad lo que acaba de pasar, soñar sin despertar para así ver el final. Así los sueños llegarán para ver la realidad, y algunos sólo soñando en un sueño vivirán.

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LO QUE YO DESEO
Eugenia Meneses
Una Colombia grande es lo que yo deseo, llena de mucho amor pero de amor sincero. Sin odios ni rencores, sin afanes ni lucha, una Colombia linda es la que a mí me gusta. Una patria unida por la fe y el calor, un terreno abonado para sembrar amor. Por eso pido al cielo que, en todos los rincones, se produzca ese cambio en nuestros corazones. Para que en esos campos en donde el odio anida, renazca el Amor y se respete la vida. Pues sólo hace falta un serio compromiso de todos los que aman
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sean pobres o sean ricos. Porque este país hermoso se nos está acabando, y todos debemos luchar para poder lograrlo.

Creación

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SONRÍE
Eugenia Meneses
Sonríe, sonríe no lo dudes que la sonrisa es tu vida, sonríe si estás perdida en ese carnaval de nubes. Sonríe antes que se acabe el perfume que en tu alma es la esencia que brota en calma, y revive tu amor aunque no sabe. No sabe que esa tu sonrisa exhala la esencia contenida en medio del alma muy aprisa. Y tú sin querer la vas permitiendo, luego volverás a percibirla si tú te lo propones sonriendo.

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AL CORAZÓN
Vicky Gómez Meneses
Duele el corazón cuando te engañan, cuando te prometen lo que no es, cuando te piden demostrar, cuando creen que no tienes nada que ofrecer, cuando presumen de saberlo todo. Duele el corazón y más duele cuando has renunciado a casi todo, cuando crees que lo de los demás es mejor, cuando te hacen sentir que nada te pertenece, cuando te recuerdan constantemente que ése no es tu sitio, cuando no eres de acá y tampoco de allá. Duele el corazón cuando sin ser feliz finges que lo eres, cuando la vida pasa y se ve venir sin ninguna razón. ¡Basta! ¡Detente! ¡Escucha! Late el corazón, mi corazón late de ilusión, mi corazón late de esperanza por un mañana mejor. Mi corazón goza con razón, mi corazón vibra sintiendo la magia del amor.
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TRASCIENDE
Vicky Gómez Meneses
Diamante en potencia, déjate pulir, déjate alisar, brilla, brilla más y más, reluce, sé luz para otros, resplandece en la oscuridad, brinda paz, alegría, serenidad, trasciende en la eternidad.

98

NI UN DÍA MÁS
Vicky Gómez Meneses
El acecho constante de la muerte, ese final prometido, declarado, escenificado, casi ejecutado, esa muerte tantas veces anunciada. Miedo: te encaro, te tomo de frente. Hablaré, pediré ayuda. Ni un día más. Me veo grande, alentada, estimada con la fe puesta en mí y segura de que habrá un mañana.

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PRIMAVERA
Vicky Gómez Meneses
Brota la vida, es Primavera. Cuánta energía, cuánta bondad. Hay vida sobre la tierra, muchos recuerdos florecen ya. El sol calienta, la tierra quema, ya se despiertan, no duermen más. Naturaleza cómo te acercas anunciándonos felicidad.

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EL RÍO DE LA VIDA
Vicky Gómez Meneses
Río tranquilo que arrastra troncos perdidos, plantas flotantes, flores de colores, gritos, lágrimas, sentimientos, pesares, cuerpos que buscan descansar en un lecho de paz. Río sereno que a su paso deja huellas, promotor de afluentes de menor dimensión, testigo del canto de un millar de pájaros, de pescadores buscando alimentación. Río calmado, de corriente lenta pero segura, alterado por una tormenta fuerte, capaz de arrasar vidas, recuerdos, ciudades enteras. Oh río tranquilo, sereno y calmado.

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SÓLO PALABRAS
Luz Marina Murcia Medina
Papel: donde escribo el diario de mi vida. Madera: lo importante y necesario, con lo que se hacen camas para descansar, con lo cual tengo mi juego de alcoba. Silla: me siento a descansar y recordar un poco el pasado. Mesa: disfrutamos poniendo los alimentos que vamos a comer. Canasto: se lleva al mercado para hacer las compras en mi país. Dolor: sentirlo por las personas que sufren tanto..., dolor nuestro también.

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SÚBETE
Ariadna
Súbete a mi memoria de arena, al tacto de mi piel donde más duele, y dime qué cuentan los ajetreados pasos que suben las aceras. Cómo nos ven desde sus ventanas de agua, cómo conciben los arqueados abrazos que damos en esta época de pensamientos hilvanados de esos besos desnudos, que me das a medias. Mejor cerramos la puerta que hace de testigo, y exploramos las flores de este otoño que suben a los relojes, porque a fin de cuentas qué importancia tiene la tentación maniatada de los ángulos que circunda el deseo.

104

MEMORIA DE UN FARO
Ariadna
Siempre leía los mismos libros. Siempre contaba las mismas historias. Pero nunca pronunciaba su nombre. Lo cosía a su lengua. Lo resguardaba del frío en los días de pleno invierno. Lo hilvanaba a sus ojos para que no emergiese en la boca de los otros. Todo un ritual que imprimía en los retratos que se alzaban bajo las sábanas de espuma. Siempre con la memoria en desconcierto y bebiéndose el paisaje como único recurso de supervivencia, frente aquel acantilado que arrastraba sus sueños, mientras recogía a solas un único pensamiento imposible: morder los labios de quienes reposaban en su orilla, abrazar las pieles desnudas contra el horizonte bajo los relojes de arena del aire.

105

BUSCO TU NOMBRE
Ariadna
Busco tu nombre en los bolsillos, en los retratos que siguen oscilando en la memoria, en esta noche que no encuentra sueño, en la luz de una vela que respira el tic-tac de mi almohada. En la costumbre de dormir abrazada a la misma sombra, en la supervivencia de los mismos domingos que siempre se repiten, en los más borrachos de los besos que aún desconozco, pero sobre todo bajo mis sábanas donde se almidona el deseo y se alzan océanos bajo un lenguaje de naufragios y de cielos rasgados, de ojos huérfanos que persiguen la vida... mientras yo intento imaginar cómo será tu boca durmiendo a la intemperie.

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A TODAS LAS MUJERES DEL MUNDO
Deisy Durango
Andando en la fresca arena en mi triste andar, vi en el ancho y profundo mar mil rosas volar. Su fresco y perfumado pétalo, aroma de mujer, se acercaba a mí con ternura, sonrisa llena de esperanza y costumbres que enseñan. Siente una estrella brillar en la oscuridad del camino y con su luz alcanzarás tu sueño.

107

SOMOS
Catalina Grajales
Somos como la luna y el sol. Un marciano y un humano. El mar y la tierra. Somos dos mundos distintos, dos planetas diferentes. Yo debajo del ecuador, tu encima de él. Y aún así te amo. ¿Luchar contra la corriente? ¿Por qué nadie puede creer en este amor? Y ¿para qué sufrir? ¿A quién le importa lo que podamos sentir? Déjalo todo o déjame a mí…. Yo ya lo dejé todo por ti y no me vale menos. Ámame, quiéreme, bésame, deséame, tócame, huéleme, siénteme, mírame... pues yo quiero amarte, quererte, besarte, desearte, tocarte, olerte, sentirte, mirarte… Pero si no sientes lo mismo, no pasa nada, sigue tu camino, yo seguiré el mío. Las cosas son así de simples, amigo.

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ME HICISTE SUFRIR
Catalina Grajales
Me hiciste sufrir, sufrir mucho. Mi corazón no latía. Mi estómago no respondía. Mis sentidos se perdían. Y no sé cómo vivía. Vivir sin vivir es morir en vida. Y cuánto yo te quería y cuánto daño me hiciste. Cada día me preguntaba: ¿por qué nunca me quisiste? ¿Para qué el engaño? ¿Para qué la mentira? Pues todo es más sencillo, pues sencilla es la vida. Se quiere o no se quiere. Se sufre o no se sufre. Se llora o no se llora. Hay mil cosas para elegir. Elige lo que quieras, pero elígelo lejos de mí, pues yo de ti no quiero saber, no quiero saber de tu vida. Ahora ya no me pregunto: ¿por qué no me quería? Ahora mi vida sin ti, es vida. Ya no me robas la ilusión, las ganas de vivir, la belleza y la energía.
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Ese poder ya no lo tienes, lo siento mucho, querido, ahora mi vida es mía. Ahora ya no me vale que me digas que me quieres, has mentido tanto... que ya ni tú te lo crees. Vive lejos, lejos de mí, pues yo sin ti he aprendido a ser feliz. ¿Quién lo diría...?

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LA ESPUMOSA PIEDRA ME PRODUCÍA TERNURA
Isabel Paniagua
Mi infancia fue fría y cortante. Montaba en una barca, cada día con velas de promesas, y de huidas, pero nunca partía, la duda me anclaba en tierras acuosas. Crecí entre viscosos espacios de hierro. La curiosidad era la seda por la que patinaba mi horizonte, trepaba por las ramas del saber a ciegas, y mi inocencia se fue vendando con el tiempo. Mi pequeña vida era rugosa y áspera, y la espuma de la piedra me producía ternura. Con la mentira me abrigaba de la gente y la gomosa verdad me producía monotonía. Las palabras eran brillantes y satinadas, en cascada se deslizaban por mi memoria. Su sonido enroscado, rebotaba en el vacío y la curiosidad me enganchaba al infinito de la vida. El paso del tiempo era lento y oscuro. Apreté mis carnes frente al resbaladizo futuro. Soñaba cada noche y mis pies se adherían a caramelos de miedo, los saboreaba, y perdían el sabor amargo. y con energía empujaba con fuerza hacia la consciencia. Mis modelos eran blandos como el papel, y lentos como la aceleración de la música. En la cotidianidad, nada les empujaba hacia delante, se pararon, en la contemplación del mundo.
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Empuñé espadas de trapo, para defenderme de lechosos fantasmas, en la lucha las heridas se quedaron dentro, y estancadas y crecieron conmigo. Tenté a lo imposible en muchos instantes. Hice cosquillas a lo desconocido, para huir de lo conocido que me abrasaba, soñaba, hasta agotarme, y desgastaba la tersa piel de los sueños. La blanda mano acariciaba con dureza la piel sumisa, su tacto no la despertaba del sueño, Mis manos pronunciaban sonidos vacíos y mi otra piel de agua, se abrasaba. Sin sentido seguí mi vida, a la deriva, montada en las crestas de las olas extraviadas, conjugué todos los tiempos a destiempo, y navegaba en aires ilimitados. Sola me consolaba de niña y me asomaba al azulejo del alma... Planchaba el pelo e iniciaba el vuelo, para palpar lo imposible me perdía tanto, tanto ..., que a veces no quería volver. Las sombras entraban dando golpes, y retumbaban en mi pequeño y acelerado corazón. dóciles sentimientos temblorosos se deslizaban por mis venas y yo endurecía la plastilina con esperanza. Grité al verme aplastada por el dolor de la luz, y supe que estaba viva, y que nunca dejaría de estarlo, aunque me empeñase en resbalarme por los columpios empinados de la tierra.

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DULCE ALMA MÍA
Norma Maffare K.
Dulce alma mía no te ausentes, ven, calienta todo mi ser. Necesito que tú estés presente y mi camino poder emprender. Ver el vagar de tu mirada, tu sensual y fresca boca besar. No importa tu vida pasada, necesito tu cuerpo aprisionar. Dulce alma mía, tesoro hermoso. Jamás, jamás, jamás te ausentes. Eres para mí lo más precioso, quiero tenerte hasta la muerte.

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CUENTA CONMIGO
Norma Maffare K.
Tesoro mío, dame tu mano para estrecharla junto a las mías. Vas a saber cuánto te amo, la vida entera por ti daría. ¡Dime qué sientes! ¿Por qué te callas? Sé que me mientes, nunca te vayas. Si tú no estás llega el hastío, quédate siempre cerca de mí, cuenta conmigo en tu desvarío. Mi vida toda será de ti.

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LA MUJER
Catalina Correa Álvarez
Mujer, tú que eres tan bella llena de luz como las estrellas. Tú que has traído tantas vidas al mundo, que llenas la tierra de orgullo. Mujer, palabra que significa amor y sabiduría, todo lo haces con mucha alegría. Te doy un abrazo porque llenas de fortaleza todos los días del año. Feliz día de la mujer les desea Catalina.

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A MI MADRE
Catalina Correa Álvarez
Mi mamá es dulce como la miel y siempre me tocaba con su suave piel. Ella era la mejor persona que conocí, hasta que se fue a viajar y la perdí. No creí que esto pasara, pero ella quiso que pasara, sólo puedo pensarla cada vez que llama... Tuve la ilusión cuando vino, pero pasaron las vacaciones y se tuvo que haber ido.

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LA DIFICULTAD DE LA RECOMPENSA
(Estos versos nacen como respuesta al poema “A mi madre”)

María Teresa Álvarez

Qué difícil tomar la decisión, qué difícil dejar tu país en la lejanía. Pero es más complicado dejar lo más grande de tu vida: el disfrutar de tus hijos y compartir su amor y compañía. Pero el tiempo te enseña, te ayuda y te demuestra que no todo ha sido en vano... Tu sufrimiento, tu perseverancia, te vuelven una gran maestra y te llevan siempre de la mano. Al final de ese camino, que con esfuerzo y lágrimas has construido, está esa gran recompensa: un mejor futuro lleno de amor y de esperanza.

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A MI HIJA
María Teresa Álvarez

Naciste del amor que siempre te he inculcado, tú me diste el título de madre del cual he disfrutado. Aún en la distancia, juntas compartimos alegrías, logros, penas y temores. Te quiero. Cada día estoy más orgullosa de ti A L I A

por fuerte y capaz, dándome fortaleza, siendo uno de mis cuatro motores. pesar de extrañarte tanto sé que estaremos juntas, así haya peros y piedras en el camino y cuando legue ese momento deseo que la vida me permita llenarte de besos, de caricias que con tanta lusión te las daría, pero hija mía la distancia y las dificultades no impiden que sienta este mor tan grande que ni aún muriendo terminaría.

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GRACIAS, PAPÁ
Carmina Canales
Perdí a mi padre cuando tenía once años, ahora tengo setenta y cuatro. Creo que no ha pasado un solo día que no lo recuerde. He tenido necesidad a lo largo de mi vida de tenerlo a mi lado en todos los momentos malos y buenos que me ha tocado vivir. Recuerdo momentos de mi niñez, cuando estábamos todos. No son muchos, pero lo que nunca se me ha olvidado es esta poesía que me escribió cuando yo tenía ocho años desde el sitio donde la Guerra Civil le había llevado: He puesto el dedo en un día de la página del año, y un arcángel picaruelo se escapó del calendario. “¿Qué quieres?”, yo te pregunto y tú contestas: “tu regalo”. Es verdad que en cada fecha, entre un año y otro año, la promesa se hace nube para mi hijita adorada. Sólo puedo festejarte con un beso y un abrazo, que las auras de diciembre para tu fiesta llevarán.

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TORBELLINO DE VIENTOS
Jacoba Yerga
Torbellino de vientos que se empujan y oprimen, sin tregua al espacio de silencios; rotos por el origen de las brasas, que se enredan y abrazan a moléculas de un tiempo vacío... de vértigos que asaltarán, de soledades que consumen, de pasiones que se ahogan. Quiero liberarme del aire que me asfixia, que por respirarlo puro me devora. Quiero sentir la respuesta de la calma, la humildad del horizonte, la belleza de la luna, el corazón de lo ajeno... y creer en la voluntad de mis deseos, sin sazonarlos de ideas racionales que sólo sirven para adormecer la vida. Soy un torbellino de vientos que se empujan y oprimen, sin tregua al espacio de silencios.
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BARRIO DE INFANCIA
Jacoba Yerga
Barrio bajo de Tarantos, de Calistos amparados, de longevos solitarios, de progres trasnochados. Calles de entrañas gitanas, de corazones payos. Gueto de chunteras y algarrobos, cuna de flamencos horteras, de jondos primaveras. Barrio de mis años viejos, de mis noches buenas. Natividad de palmas y desgarros de guitarras, de chocolate caliente y rosquillas de anís. Polvorín de colores, trabuco de serpentinas, relámpagos de nieve, destellos de papelinas. Barrio de altos fondos y de bajos vuelos, estanco de mis consuelos.

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MUJER, LUCHA
(En homenaje a todo ser maltratado para que luche por romper sus cadenas y se pueda liberar de ellas)

E. Nebt
Mujer, lucha, hay muchas. No estás sola en la batalla. Defiende tu propia vida. No permitas que una mano mezquina borre de tu rostro la sonrisa. Mujer, lucha, defiende tu vida. Tienes derecho a una existencia digna. No busques el amor en una cloaca vacía. Busca el amor en ti misma. Mujer, lucha. No pierdas el derecho de ser tratada con justicia. No te dejes alienar por los que entienden el amor como una enfermiza y dependiente locura. ***
124

Un momento de silencio para cada cuerpo mutilado. Un momento de silencio por cada corazón destrozado. Un momento de silencio por cada espíritu maltratado. *** Ya no te tengo miedo. Ya no siento tus amenazas. Ya no te veo ni enorme, ni deforme, pobre hombre... sino pequeño, mezquino, diminuto, por querer, en tu ignorancia, someter a otro por la fuerza. Por no saber ganarte el amor sin utilizar la violencia, la manipulación y la insistencia. Ya no te tengo miedo. Si una vez te quise... hoy, sin dudarlo, ya no te quiero. *** Lucha, mujer, por el derecho de tu propia vida. Lucha, mujer, por vivir a tu manera. Lucha, mujer, por alejar de tu lado sombras mezquinas. Lucha, mujer por el derecho a ser tú misma. ***
125

Sola. Me siento sola. Él se ríe y se mofa y mientras, mi lamento se ahoga. Sola. Me siento sola. Sin origen ni destino junto al aliento de un ser mezquino. Sola. Me siento sola Como si mis quejidos no se oyeran, como si mis sentimientos no contaran en esta lóbrega estancia. Sola. Me siento sola con el miedo a mis espaldas que no deja crecer mi alma. Sola. Me siento sola, mientras el hombre que ayer me" amaba"... hoy me maltrata.

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Amor

SEÑOR DOCTOR
Lili
Señor doctor: ¿Qué se puede hacer con el mal de amores de mi hija Asunción? Me dijeron que fuera donde el cura Amancio, que él podría ayudar a la pobre Asunción, pero éste no tiene solución a problemas de corazón. He marchado donde mi amiga Matilda, con gran dolor me ha recomendado a Don Fagor, el que cura el mal de ojo de todo el pueblón. Y ni sus hierbas de pringa-moza ni el jengibre, ni el mata-ratón le han curado el corazón. ¡Ay de mi Asunción! Viendo que nadie puede curar a mi hija, recurro a usted: ¿Qué se puede hacer con este corazón? Mire usted Señora Flor, su hija lo que tiene es roto el corazón. Por lo que puedo comprender ni el párroco ni el curandero han hecho el remendón. Viendo esos ojos grandes, de color marrón, y ese cuerpo de violonchón, lo único que puedo hacer es calmar ese mal de amor y llenar el corazón de la pobre Asunción. Muchas gracias Señor Doctor, ya sé lo que se puede hacer con este mal de amor, todo por usted que ha puesto los ojos en mi hija Asunción.

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MUJERES QUE ESCRIBEN
Clara G. Viguera
Escribo para ellas, mujeres valientes que un día soltaron amarras y dejaron parte de sus vidas en lugares lejanos. Mujeres valientes que se encontraron y reunieron en un país extraño para darse calor. Mujeres valientes que se atrevieron ante un papel en blanco y lo llenaron de abrazos y colores, de risas y llantos, de música y esencias. Mujeres que nos han enseñado lo que su corazón siente dejando que sus manos jueguen sobre el papel. Escribo para ellas, porque ellas lo hacen para mí, para todos nosotros, demostrándonos que sí, que es verdad: las mujeres somos escritoras de sueños, de vida.
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