Razones para privatizar: Argentina hace 120 años.

Carlos Newland Rector del Instituto Universitario ESEADE El primer gran debate sobre el rol empresarial del Estado se dio en Argentina a fines del Siglo XIX, cuando se discutió la privatización de los ferrocarriles y en particular el más importante desde el punto de vista económico, el Ferrocarril Oeste. Este fue el caso de una empresa que nació como un emprendimiento privado pero que se transformaría en una institución pública. Aunque la idea de sus iniciadores fue que su financiamiento se obtuviera mediante aportes locales, ello no pudo concretarse ya que el sector agropecuario en gran expansión y con gran rentabilidad atrajo los capitales disponibles. El financiamiento terminó siendo mayoritariamente de origen provincial-estatal y ello fue una de las razones que justificaron que pasara a la orbita de la gestión pública en 1863. Para la década del 80 el Ferrocarril Oeste era una entidad de enorme dimensión comparativa, sus vías cubriendo alrededor de 1000 kilómetros a lo largo de la Provincia de Buenos Aires. Pero con el tiempo fue creciendo la idea de que todos los ferrocarriles estatales debían ser privatizados, tanto por su funcionamiento deficiente, como por ser su venta un medio de obtener fondos para objetivos más prioritarios. El gobernador Máximo Paz, quien fue electo en 1887 Gobernador de la Provincia de Buenos Aires expresaba que su programa político era ofrecer el “maximum de Libertad y el minimum de gobierno”, limitando al Estado a todo rol que no fuera imprescindible. El Estado debia ocuparse fundamentalmente de la seguridad, justicia, salud publica y a obras de infraestructura básica que no podían ser proveídos por el empresariado privado, como canales, caminos, pavimentación de calles y puentes. El Estado no debía gestionar empresas y si brindar la regulaciones y controles para que las mismas funcionaran en pro de la comunidad. Acompañando las ideas de Máximo Paz se encontraba su Ministro de Obras Públicas Manuel Gonnet, un brillante y prestigioso abogado, periodista y político, profesor de la Universidad de Buenos Aires y gestor de la creación de Observatorio Astronómico y Museo de La Plata. Gonnet elaboró en su exposición, al tratarse la venta del ferrocarril a las Cámaras de Diputados y Senadores de la Provincia, las múltiples razones por las que no era conveniente que el Estado poseyera y gestionara empresas, argumentos que aun tienen vigencia. En primer lugar Gonnet sostuvo que una intervención pública acotada era una garantía para el funcionamiento del sistema republicano. Una sociedad funcionaba adecuadamente siempre que el gobierno no ocupara funciones que correspondían a los ciudadanos, como la gestión empresarial. Sin libertad económica no era posible la libertad política. En segundo lugar la empresa pública tenía siempre un funcionamiento ineficiente por múltiples razones. La primera era que injerencia política era habitual y cada nuevo gobierno con sus intervenciones afectaba a la eficiencia de sus recursos humanos. La designación política frecuente de nuevos cuadros directivos impedía la continuidad a la institución, afectando su administración. Asimismo los gobiernos utilizaban a las empresas para dar empleo a sus cuadros y clientelas, personas no preparadas adecuadamente para los puestos a desempeñar. Se generaba así empleados ineficientes que convivía con trabajadores eficientes, pero estos últimos no eran recompensados adecuadamente por su mayor productividad, debido a la homogenización de los salarios presentes en general en el sector público. Gonnet también opinaba que las empresas privadas reaccionaban más rápidamente ante las necesidades y demandas de los consumidores. El proceso de toma de decisiones

en empresas públicas era más lento y contaminado por consideraciones políticas. En las empresas del Estado no había una política optima de adquisición de materiales, y muchas veces había un sobre stock. Finalmente al no estar presente un propietario vigilante se fomentaba la negligencia e impuntualidad que se traducían en accidentes y retrasos. Otro problema grave consistía que el Estado era a la vez regulador y participante económico. Era difícil que sus regulaciones no afectaran la competencia que hacían los privados a la empresa pública ya que la prioridad del gobierno era que su gestión no fuera deficitaria. Los argumentos de Gonnet y la acción política de Máximo Paz tuvieron éxito y en Abril de 1890 el Ferrocarril Oeste fue vendido a una empresa privada de capitales británicos por 41 millones de pesos oro. La gestión del Ferrocarril Oeste permaneció en manos privadas hasta 1948, año en que fue nacionalizada por el gobierno peronista. En 1991 volvería a manos privadas bajo el formato de una concesión.

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