LOS SATURNIANOS II En 2012, escribí un artículo pionero en la revista científica Universe en el que exponía algunos de los problemas que

se planteó la comunidad científica a raíz de la desclasificación por parte de la NASA de una serie de documentos relativos a la misión que los saturnianos enviaron a la Tierra a principios del siglo XXI. En aquel artículo me refería a algunas cuestiones controvertidas sobre la sociedad saturniana y sobre la observación de que fuimos objeto por parte de un reducido grupo de saturnianos que disponían de instrumentos de observación muy rudimentarios. Mi artículo despertó un gran interés entre mis colegas ufólogos, un colectivo que corría el riesgo inminente de desaparecer como consecuencia de la ausencia casi total de los avistamientos de naves extraterrestres desde el final de la guerra fría. Sin embargo, lo más destacable es el interés que se tomaron algunos científicos sociales por mis hipótesis y observaciones, que giraban en torno a los métodos, instrumentos y resultados de la observación saturniana. En efecto, apenas disponemos de datos sobre la apariencia y forma de vida de los saturnianos, que es lo que interesa a los ufólogos, mientras que abunda el material que aquella reducida misión recogió sobre la vida humana en la Tierra. Por ello, conocer a los saturnianos sólo es posible intentando comprender qué averiguaron de nosotros y de qué modo. Creo que no sería exagerado afirmar que nos encontramos ante el nacimiento de una nueva disciplina científica revolucionaria. Cierto que el número de disciplinas y especialidades ha crecido a un ritmo vertiginoso en el último siglo. Sin embargo, la estructura y naturaleza de esta nueva disciplina, que carece todavía de nombre, parece requerir un cambio de paradigma radical o, más exactamente, exige profundizar y acelerar la revolución epistemológica iniciada a partir de la constitución de la física cuántica y de la formulación del principio de indeterminación de Heisenberg. La explicación es sencilla: desde la perspectiva clásica, el objeto de estudio serían los saturnianos y su

medio. Sin embargo, carecemos de ambas cosas; disponemos sólo de ciertos materiales que ellos recopilaron sobre la vida humana. Así, acercarse a ellos es acercarse a nosotros mismos: el objeto remite al sujeto en una suerte de bucle diabólico. La nueva disciplina deberá recurrir a los métodos de la arqueología, en la medida en que su objeto inmediato de estudio son los rastros dispersos de una civilización que, al menos para nosotros, ha dejado de expresarse. Por otra parte, el trabajo de ordenación y taxonomía de los “restos” deberá apoyarse simultáneamente en el trabajo de los lingüistas y los lógicos en un permanente diálogo con los sociólogos y los críticos culturales. El reto consiste en encontrar relaciones significativas y estables entre los “restos” y el objeto de la observación, es decir, la humanidad, teniendo en cuenta que las observaciones se realizaron a una distancia de quinientos kilómetros de la tierra aproximadamente. En definitiva, la tarea es ardua: llegar al significante a partir del significado. Desde el punto de vista estrictamente científico el reto no se puede dejar pasar. La humanidad ha encontrado el punto de apoyo que buscaba Arquímedes y, efectivamente, ha movido el mundo y ha desatado energías que pueden poner en peligro la vida, por lo menos la vida humana, en la tierra. Sin embargo, el punto arquimédico sólo se ha aplicado hasta el momento a las ciencias naturales: nunca se ha hecho ciencia social desde el espacio, ni ética, ni ciencia política. ¿Qué nos puede traer esa nueva perspectiva? Estudiar a los saturnianos podría ser una aproximación al punto arquimédico aplicado a nuestra sociedad. ¿Qué energías podría liberar ese ejercicio? Siempre he sospechado, en base a una angustiosa experiencia personal, que acaso existe un conocimiento que, una vez desvelado, podría dar lugar a una especie de “reinicio” o de “game over” de la humanidad entera. El fin del mundo podría tener forma de bomba nuclear o de desastre natural pero también podría adoptar una forma mucho más siniestra. En otro artículo inspirado por las investigaciones sobre la misión saturniana, plantee uno de estos posibles finales. El artículo se titulaba “La Bomba Lógico-Verbal”. En él expuse la hipótesis de que el abuso del lenguaje –

la mentira, la manipulación, la verborrea-, particularmente en la comunicación verbal, podría dar lugar a una suerte de explosión semántica o, mejor dicho, a una irreversible implosión del sentido: nada tendría sentido de repente, no podríamos comunicarnos ya con el lenguaje. Profundizando en las posibles consecuencias de aprovechar nuestra conquista del punto de Arquímedes para estudiar a la humanidad, he llegado a plantearme otra hipótesis más terrible: que la perfección de nuestro conocimiento sobre nosotros mismos diera lugar a nuestra desaparición ipso facto, como desaparece una burbuja de jabón al sufrir el roce del aire. Este final podría tener lugar si nosotros fuéramos una idea o un pensamiento de una mente. Es de suponer que una idea, en el momento en que se conoce a sí y se descubre como idea, es decir, sin extensión, sin materialidad, automáticamente habría de desaparecer.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful