Sobre la teoría de la jovencita.

El deseo como campo de batalla
Publicado por Acuarela on miércoles 4 de abril de 2012 Etiquetas: Jovencita, Tiqqun

por Ana Chicote

“Nuestra disposición a deshacernos en relación con otros constituye la oportunidad de llegar a ser humanos. Que otro me deshaga es una necesidad primaria, una angustia, claro está, pero también una oportunidad: la de ser interpelada, reclamada, atada a lo que no soy, pero también movilizada, exhortada a actuar, interpelarme a mí misma en otro lugar y, de ese modo, abandonar el “yo” autosuficiente considerado como una especie de posesión.” Judith Butler (Dar cuenta de sí mismo, violencia ética y responsabilidad) Este libro de Acuarela Libros tiene la virtud de llegar en un momento idóneo. Si algo ha puesto en evidencia la crisis del capitalismo salvaje es lo que Richard Sennett vaticinaba en 1998 al final de La corrosión del carácter: "Un régimen que no proporciona a los seres humanos ninguna razón profunda para cuidarse entre sí no puede preservar por mucho tiempo su legitimidad".

tememos al compromiso. El sufrimiento puede interpretarse . sino desde dentro de los propios seres humanos. el deseo vacío. no se propone analizar con detalle las condiciones sociales e históricas en que uno se convierte en un cuerpo-valor de cambio y tampoco sigue un discurso lineal. las emociones. configura una especie de prisma que desde sus distintas caras describe de forma sugerente cómo la Jovencita experimenta cotidianamente lo que los autores llaman la “nuda vida”: la vida vacía. sino las prácticas que consisten en lo que ellos llaman el “proceso de jovencitización” o el convertirse en Jovencita: el deseo ensimismado. ahí podría residir también la posibilidad de resistencia: “Sólo en el sufrimiento es amable la Jovencita. A Tiqqun no le interesa describir quiénes son los sujetos que se adaptan a este modelo ideal de individuo. genética y socialmente el amor. por tanto. de rebelión contra el poder social. alienado. si. nos esforzamos por adaptar el propio cuerpo a los cánones de belleza y a los usos amorosos de nuestra época. el peligro. Con un lenguaje abstracto entre lo poético y lo filosófico. la crítica feminista al poder que se extiende hasta lo privado). La Jovencita es una “modesta empresa de depuración” de todo lo que no contribuye a la circulación del deseo mercantil vendible: la negatividad. la vida sin sentido porque nunca se compromete con nada. “lo que le queda de humanidad es la causa de su sufrimiento” -una imperfección. las pulsiones. La figura de “la Jovencita” encarna este deseo expropiado. Se trata de la interiorización de la lógica capitalista en lo que parecía un reducto inconquistable de “autenticidad”. el compromiso. su interés o su novedad radica en que no es un ensayo sociológico al uso. pues esto implica la renuncia y el cierre de otras oportunidades. cuerpos reducidos a meros continentes que no conectan con su “intimidad” ni con la de otro. como afirman sus autores. porque que todos somos consumidores de formas de vida atractivas (productos de marketing). la fealdad. etc. pasando por reflexiones de cosecha propia). Salta a la vista aquí una potencia subversiva del trauma”. nos obsesionamos por la juventud y la salud. El control de los ciudadanos ya no se ejerce desde un “afuera”. La Jovencita no está necesariamente adscrita a un cuerpo de mujer -aunque algunos de sus rasgos se asocien paradigmáticamente a la “feminidad” y por esto quizá sus autores hayan convenido en elegirla-. odiamos la soledad y rechazamos lo que hay de trágico el ser humano (siempre hay que pensar positivamente). y el mercado nos lo vende para que lo consumamos. la enfermedad. que alterna el tono grave con el irónico y en ocasiones humorístico.Primeros materiales para UNA TEORÍA DE LA JOVENCITA es una crítica feroz de cómo un sistema basado en el mercado ha colonizado lo más íntimo e idiosincrásico del ser humano: la subjetividad. Gombrowicz o Proust. tememos el encuentro con lo diferente y singular (lo que no se adapta a la garantía de lo conocido). que asumen el control de sí mismos para adaptarse a un deseo expropiado: la publicidad y la ciencia médica nos dicen en qué consiste biológica. hasta artículos de revistas femeninas. nunca se detiene auténticamente en nada fuera de sí misma. Escrito con citas dispersas de diversa procedencia (desde autores como Klossowski. vivimos en la inmediatez y redefinición permanentes. lo íntimo. la muerte… Sin embargo. el deseo indiferente al otro. nos desvelamos por nuestra apariencia. la misma capacidad de amar. el deseo singular. Aunque el asunto de este libro tiene precedentes históricos (el análisis del narcisismo consumista y de la sociedad del espectáculo. que también hay que erradicar-. la soledad.

lo que caracteriza la humanidad que hay en nosotros es la capacidad de que lo desconocido. incluso si a veces opone resistencia. expuesto en un escaparate e intercambiado por otra “cosa” que conserve o aumente mi posesión. “El Biopoder está disponible en cremas. Este ensayo es sobre todo una crítica a esas formas de vida sometidas. todo esto no es en realidad más que el comportamiento de una vasta reunión de células nerviosas y de las moléculas que están asociadas a ellas. Los hombresmáquina son autómatas emocionales que responden al dictado de la nueva ciencia médica. Es un deber moral estar sano. lo distinto. “El hombre convertido en cosa considera sus sensaciones con un curioso desapego: nada le pertenece exceptuando las cosas y solamente puede desear las cosas. Sin embargo. la comida que tomamos o los trabajos que desempeñamos). encarnando una suerte de “darwinismo social-mercantil” en el que sobrevivirán los fuertes. vuestros recuerdos y vuestras ambiciones. cómo se supone que debemos preparar a nuestros cuerpos. De nuevo la ilusión del individuo autosuficiente y omnipotente que nos vende la publicidad (como si no nos enfermara el aire que respiramos. píldoras y aerosoles”. nos cuestiona y nos cambia. “Habrá de un lado la comunidad de «sanos» y del otro lado los «enfermos». Esta ideología científica dictamina que el amor es una “simple reacción química” y ofrece prótesis para nuestros cuerpos desfallecientes (como por ejemplo el viagra): “La humanidad futura debe ser funcional y funcionar en todos sus aspectos. todos bio”. Esta es. si uno no cuida de su cuerpo y enferma será porque lo habrá querido y deberá responsabilizarse individualmente de su enfermedad. la segunda parte del libro titulada “Hombresmáquina: modo de empleo”. de que lo otro. la . Prestando atención al Nietzsche más dudoso. Empalmarse cuando toca o desaparecer”. o a los otros en la medida en que ellos mismos son cosas”. vuestro sentido de la identidad y del libre albedrío. nos cuestione y nos “deshaga” -como dice Butler en la cita con la que comenzaba este texto-. Cómo se convierte uno en objeto de deseo tiene que ver también con los “afectos estándar”.considerado como propiedad. repite Tiqqun. el sufrimiento que eso implica para nuestro “yo soberano”. Quizás lo que se echa de menos en el libro es el desarrollo de la idea de estas comunidades posibles.entonces como un síntoma de lo que no se adapta. El “yo” -afectos. las nuevas reformas sanitarias irán por este camino. Solo en las últimas páginas se hace un llamamiento a la emancipación de nuestros “cuerpos deseantes” para “comenzar a concebir la posibilidad de comunidades”. vuestras alegrías y vuestras penas. pulsiones.” Los cuerpos convertidos en mercancías. de corte biologicista-determinista: “vosotros. Como habría podido formularlo la Alicia de Lewis Carrol: “¡usted no es más que un paquete de neuronas!”. la primera huirá de la segunda como de la peste. con el riesgo. deseos. mecanizadas. Se trata de una ciencia médica que ha ocupado el lugar de la vieja moral para convertirse en un “moralismo fisiológico de masas”: “todos bellos. la angustia. moldearlos para que tengan una vida afectiva y sensual adecuada. “La comunidad (…) significa: realizar el potencial de insurrección y de invención de los mundos subyacentes a todo vínculo verdadero entre seres humanos”. con lo que se supone que debemos sentir. pero también como una oportunidad que nos moviliza. una ampliación del concepto de Jovencita. Cada disfunción representa una falta de eficacia que debe ser corregida. “He aquí el tiempo de la farmacología cosmética”. Sin duda. aquello que “deshace” la fantasía de ser sujetos omnipotentes. fundamentalmente.

se nos pretende vender. cuando la palabra y el cuerpo se reconcilian. Si en el capitalismo de las finanzas es el valor abstracto el que se pone en circulación permanente y no tanto el dinero concreto y real que podemos contar en nuestros bolsillos. paradójicamente. cuando escuchamos al ser humano que grita bajo esas “máscaras sin rostro”. en las relaciones humanas los seres humanos solo lo son en tanto que portadores de una serie de valores que una sociedad basada en el consumo favorece y premia. en paralelo a la crítica de las figuras de la Jovencita o de los Hombresmáquina. todos iguales bajo la apariencia de “marcas distintas”. sino de moldear nuestras emociones. codificándolas como “adecuadas” e “inadecuadas” para cosificarnos como formas de vida que. ahí comienza la libertad. Pero cuando el sufrimiento que esa violencia silenciosa y cotidiana ejerce se hace insoportable. Ya no se trata solo de que consumamos un producto. por eso el carácter de denuncia se hace. nuestras reacciones. cuerpos convertidos en monedas de cambio. . Cada sociedad construye o perfila a los ciudadanos ideales capaces de vivir en ella ejerciendo una cantidad menor o mayor de violencia sobre los sujetos para que se adapten a ella. difícil de asumir. oculto bajo una “normalidad” acrítica) y la ligereza del discurso hecho a base de fragmentos lo que invita a seguir con la lectura y lo que constituye su mayor acierto. de otras formas de relación entre los seres humanos. de experiencias liberadoras de vínculo y deseo. que ya no quiere hablar más “a través de la voz de otros”. en ocasiones. No obstante.descripción. La violencia que se ejerce en la sociedad del “capitalismo cool” (como lo denominan algunos) no viene dada tanto por las armas o por la imposición de normas sociales represivas. es precisamente la claridad con que perfila el comportamiento cotidiano de ese “estar en el mundo sin estar” (que por cotidiano pasa desapercibido. nuestras decisiones. como por la seducción.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful