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LA CORBATA CELESTE

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EÜENOS AIRES
AGENCIA GENERAL DE
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EDITORIAL BAYARDO
Sarmiento 865

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íüvadavia 1571 - 73

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Mi
tía

Zenobia

tia.

No sé qué sospechas o qué cavilaciones nacieron en mi Una mañana me llamó a su estrado, con un breve menque
la servía.

saje de laj o venmulata
a su pieza.

—I^nda^djecír mi amita

que,

si le

viene bien, se llegue

Para obedecerle, debía cruzar el gran patio cuadrado, de aquel caserón en que vivíamos, si no quería que me viese don Tarquino Fonseca, el portugués, que a esa hora ya estaba en el despacho de mi padre, departiendo con él de negocios Pero llovía a cántaros, y las gárgolas, estiradas como
vomitaban la primera agua del tejado. El verano había sido lluvioso, y los techos estaban limpios, por lo cual un viejo esclavo fué luego a cerrar los canales, a fin de que el agua cayera en el aljibe. A pesar de los años, veo en mi memoria ese aljibe nuestro, de mármol blanco, como lo vi en esa mañana lluviosa, ^olvidable, pues en tal día comenzaron las estupendas, risueñas y aun trágicas aventuras que nos envolvieron a mi padre y a mí. Nuestro aljibe era el orgullo de la familia, tal vez del barrio, por ser uno de los tres primeros construidos en Buenos Aires, hacía 1770, y de su agua famosa por lo fresca y pura, se surtieron los vecinos durante medio siglo.
serpientes,

o cualquiera que la atendía. y que esa mañana. diez a quince más de los que ella confesaba. o yo. que daba sombra al agua. y que si quiere hacer el favor de un cantarito de agua. pero tenía tan buenas carnes. le franqueaba la entrada. a una negra esclava de la familia del brigadier Azcuénaga. que vivía en el otro costado de la plaza. próxima a la catedral. sacudiéndome como un perro. Iva juve. porque la del aguatero no está asentada todavía. despreocupada con nos la . A mi tía. mustias con la sensación del otoño — Manda Y mo próximo. tan chispeantes los ojos sagaces o tiernos. ¿ Pero no te has mojado ? es nada. Por aquella reja trepaba una madreselva. hijo!. mi tía te haga un santo .. y tan negros los tirabuzones de su cabellera.iti4d es así. decir mi amito que cómo está su merced y cóestán todos por aquí. Más mustio estaba yo. Todo el día rechinaba la roldana de palo. . ¿te has mojado los pies? Jesús. azotada por la lluvia. Algunas gotas. me animé a cruzar el patio a grandes zancadas. tan ingenuo el oyuelo del mentón. y hasta le ayudaba a baldear. saboreando la satisfacción de que gente de tanta alcurnia acudiese a nosotros por algún servicio. colgada de una reja de hierro forjada en las fraguas de la lomillería de mi padre. Dios conserve muchos años..! 6 HUGO WAST Mil veces he visto llegar con un cántaro sobre la cabeza. la salud. y llegué a la pieza de mi tía. malí- — La — —Dios mucho — No — i ¡ . mi padre. según los casos. eran tan frescos los colores de su cara redonda. iba volteando sus flores. bendición. y como la lluvia no escampase y no me gustara encontrarme con el portugués. que sus afanes sentimentales y sus inofensivas coqueterías no le sentaban del todo mal. o mi tía Zenobia.Ze«©faTHrDios ya la había conservado en buena salud b"asfÍTites años. mi tía. Era de nariz respingada.

para propiciarse la voluntad de aquel poderoso abogado de las niñas solteras. donde mi tía colocaba tiestos con flores frescas. encontraba al momento una excusa Son por las intenciones de Juanita Carrizo. que ayer tarde. Era éste amplísimo. la mulata. y tenía dieny a menudo se reía. y estaba ahlajado con muebles hermosos. bañadas por ella misma. apodo de sus amigos. — O los arregle. una aparatosa cornucopia. pues. sobre el ancho estrado de su dormitorio. muchas velas se encendieron por la intención de mi tía. un solemne sofá de crin. donde hervía una pava. Me bastó. pero sólo muy de mañana nos era dado sorprendérselo. según el tes chiquitos. con la gruesa bombilla revol- vió la yerba en el mate de plata. aparte de ésas. Cuando eso acontecía.vo del siglo XVIII.ESTE 7 ciosa. herencia de la abuela. Desde temprano acomodábase sobre un "chuse". advertir la insolente mecha deshonrando la amable cabeza de mi tía. para comprender que algo trascendental la preocupaba. con una repisa al pie. con cuatro cajones rechinantes y tapa de mármol rosado. Tengo la sospecha de que. con su gran espejo de marco dorado envuelto en gasas. una cómoda de caoba. por Crucita Egaño. acolchadas y graciosas como damiselas del tiempo del miriñaque y en la pared principal una gran estampa de San Antonio y el Niñito. La hallé sentada a la turca. y encendía los martes dos velas de cera. junto a un braserito de cobre. para que encuentre pronto haga feliz. Ella lo sabía. para que el santo . no gustaba de que entraran a su pieza y si alguien veía las velas llameantes. o una lechera. muchas sillas de Jacaranda. Un mechón blanco la partía la cabellera.: I<A CORBATA CEI. según fuesen mates de agua o de ledie quien la — Son bien: Cuando llegué. en la plaza. en el estrado. nada más que por mostrarlos. vertió un chorrito de le- . por librarlo de las moscas. "ñata". se peleó con el novio . en cuyas entrañas había po'.

Echó un terroncito más de azúcar. con su mano blanca y regordeta. niño José Antonio. mate de agua. bastábale estar al corriente de los decretos del gobernador. . para entonar el estómago después de siesta. Malditos franceses refunfuñó entre dientes y pensar que hay criollos confabulados con ellos Mi tía era la única persona en la casa entendida en asun- — — ¡ ! — — ¡ tos políticos. que le traían a mi padre las carretas cor- — — : . Así debió ser. Sírvase. y chupó entreabrió la ventana y escupió las primeras chupadas. en la "Gaceta". — dije. tu padre. ni oírlos mentar quería. y al acostarse. me dijo ayer que tendrías trabajo desde muy temprano. Lo cogió entonces mi tía. el portugués. dobesas. Sólo mi tía. el socio de su rostro no dejaba lugar a duda de que mi padre en sus vastos negocios . federal de estirpe y de convicciones. y no existía en la casa ni había heredado su despego por la política y a la vez su adhesión a la causa de don Juan Manuel. para apresurarse a cumplirlos una hilacha celeste. está ahora en la pieza de Yo — tatita.! 8 . comentaba apasionadamente los sucesos y se empapaba en los chismes de las tertulias. mate de leche. —¿Has madrugado mucho? Baltasar. Don Tarquino. pero la luvía ha impedido descargar unas* cajas de mercaderías llegadas en un buque que ha forzado el bloqueo. mi tía. y leía con avidez los furibundos artículos de Marino. —¿Ya? La expresión de don Tarquino. Tres tandas de mate se tomaba diariamente. Mi padre. HUGO WAST che hirviente. para hacer tiempo. Gracias he tomado ya mi chocolate. Al levantarse. mate de tomillo. hasta que lo halló a su paladar. y me lo ofreció. Manuel de Rozas. un nuevo chorrito de leche. y empezó a sorberlo con deleite. don Juan y así su chaleco era color sangre de toro.

si no tengo novia? Qué no has de tenerla ¿ Por qué no te casas con . lomillería y estancias. i ! Leonor Matorras? No supe. Me senté intranquilo por su sonrisa enigmática. Mi tía me indicó una — Siéntate aquí. y aguardé su pregunta. producía la misma sensación que sus modales reservados. que ingresó como dependiente de la tienda de ropa hecha. Josg Antonio ¿ por qué no te casas ? -T^^^HÍtíli. y que por su actividad y mansedumbre. ! l^A CORBATA CEI^EST© le » de tienda. Mi tía. la inspiraba la misma re- ¿Sería verdad que don Tarquino Fonseca. y ella ni le quitó nunca las esperanzas. negro retacón y robusto. entrecerrando un ojo Jesús me ampare ¡Si te has impresionado. — — — . y bajé la cabeza para esconder la sonrisa. comentó alegremente. ¿Pero con quién. la amaba aún.: . o sonreír. dejando desdoblar la infinita dulzura que me llenó el alma al oír aquel nombre. . pero no fui capaz. Y como ni el amo historia de don Tarquino ni el siervo hablaron jamás de el portugués no salió nunca sillita sí. y. el portugués. guardándose quizá para altos destinos? ¿ más Pero quién era ese hombre ? Poco sabíamos de él que vino con Alvear después de la guerra con el Brasil. si arrugar el ceño. de paja. la la de categoría de leyenda. fundada por mi padre en la Recoba vieja. Tenía un esclavo brasileño. . de pronto. disgustado de que otros ojos que los de Dios espiaran mis sentimientos. hijo — ¡ ! . y su fisonomía her: mética. Resolví arrugar el ceño. tid? Estás en edad. segura del efecto. que estaba a su lado. cuyo nombre de Brumoso. y hablaremos. y después su socio. ni lo quiso aceptar. encanecido ya. pulsión que a mi. había amado. se hizo el brazo derecho del patrón.

me parecían idénticos a los que blanqueaban en las inmediaciones del matadero de la Convalecencia. bonita y pobre. con algunas bolsas de huesos. Pero. y sólo en pleno verano solía despojarse de una capa española. se escondía el "buen bebedor" del castizo refrán. que en mi ignorancia. bajo su pelo tupido.10 HUGO WAST Han corrido mil años sobre esas impresiones. y de noche suelto y embravecido. poniéndose colorada. ¿Qué era lo que yo sentía por aquella muchacha. atado al pie de la higuera. y puedo ahora confesar que ni^LtSnnnr Matnrras. cavando en las barrancas la Los Matorras vivían a Don Jerónimo. no se ocupaba más que en buscar el esqueleto del Mammuth Americano. sabíamos tanto como parecía saber mi tía. y no pensaba más que en el Mammuth. Pero no era el físico del buen caballero. Leonor era industriosísima. ni para qué le sirvió. más de una vez había servido de escondite a los conspiradores. nada arrogante en sus hombros. vivía temblando como una hoia. ni yo mismo. Ignoro cómo se le despertó la afición por desenterrar huesos antediluvianos. a primera vista hubiese creído que bajo la mala capa de Matorras. y Leonor decía. y de las maravillas de sus manos vivían ambos. casi transparente. Solia volver a horas inusitadas. que andaba por Lujan. en la calle del de antigua data. con su hija y con "los Leones". dos viejitos botica- . si el padre era fantástico. viudo y buscando el Mammuth. Su cabeza espumosa. Pero sí que de repente se ausentaba. de modo que nadie. Él. y el perro que cuidaba las gallinas. con más las dos chinas que les servían. rasgos prolongados y dulces. ni hablaba de otro asunto. Delgaducho. lo que podía autorizar tales díceres. distinguida. tres cosas unidas harto frecuentes entonces Potosí. Se decía que don Jerónimo era unitario y que su casa. ? vuelta de casa. tenía perfil ovejuno. crespo y blanco.

¿ La qué ? rios de la calle tertulios . pues —Tampoco afirmo Nunca he pensado en esto —Verdad que hablas más con dnnjfrnnimn que con la quieres. Me costaba una.. del oligoceno demostraba tan singular interés por cosas tan arrevesadas. del plioceno. i de la Universidad. . imperturbable. enrojecí de vergüenza. Yo acostumbraba ser de la reunión. no bien me quedaba a solas con . y tenía palabras para responderle. —En mi vida he engañado —Entonces confesarás que desde hace tiempo. dueña de sí. que mi experta tía Zenobia no tardó mucho en plantearse la cuestión: ¿Por qué le interesan tanto a José Antonio los huesos del Mammuth? Declaro que yo también me la propuse. el corazón se me enloquecía y en mi cerebro se hacía la absoluta tiniebla. — Vamos José engañar. Si así i lo lo .A CORBATA CEI. . tía. es es indicio de 'fymal. . es . . I. Leonor pero eso mismo Yo Leonor. eran los más asiduos conde mi tía.o un vaso de agua de rosas.ESTIS 11 — — — —Eso amor —La escucho. —Eso i ! es amor. pero no la había resuelto aún. y sonriente. del mioceno. cuando ella me echó encima com. violencia indecible dominar mis nervios. i ¿Lo deseas más claro ? como si me hablara en griego.. . y ay dueña también de mí. — fuera ¿por qué habría de negarlo? — No niegues. y me empapaba en las explicaciones de don Jerónimo acerca de los terrenos terciarios. la terminante respuesta: Eso es la flecha de oro pregunté haciéndome el desentendido. Yo que hallaba interesantes las disertaciones de Matorras sobre los terrenos terciarios. llenos de picardía. porque era ése mi permanente remordimiento.! ! . Antonio Supongo que no me querrás ! Alcé la cara y me animé la a afrontar los hermosos ojos. — certificó mi tía — ¿por qué no te casas? . para escucharla siquiera a ella.

me suelo decir: "Esta chica tan mona. donde hallo a los hijos de nuestros amigos de entonces. — prosiguió mi un gesto. de exigirme respuesta. Ahora que soy viejo.12 HUGO WAST No me extrañaba oírle una proposición matrimonial. paré: O — ceme que está Leonor. tía — Leonor : Matorras es pobre. vecinos entonces de la calle del Potosí.uchas cuadras alrededor de la plaza de la Victoria. pero siguió machacando en aquel clavo. Para unos. los razonamientos y la claridad son de una esterilidad que afrenta a la Lógica. mas. éstas eran cualidades muy apreciadas. se me echó encima con aquella pregunta. cuando asisto a reuniones de campanillas. que acababa de infringir uno de los principios de su escuela diplomática. y estos pollos estarían en el limbo". se gana su vida y apenas asiste a los safaos. para otros. . que en la mayoría de los casos. Pero los mozos de ahora no piensan así se fijan más en el peinetón. porque su abuela se estaba por casar con un moreno. le debe sus cabellos de oro a mi tía. que me dejó un minuto sin hablar? Ahora mismo no sé qué habría contestado. por encima de todas. En otros tiempos. cuando ella le hizo el noviazgo con un inglés". pues. las alusiones directas. ningún noviazgo en que ella no interviniese. Sabía muy bien. que en la persona. Felizmente mi tía. Sin aquel arreglo. Por eso ella no es la reina de los salones porteños. Yo continuaba perplejo sobre la verdadera intención de mi tía. no insistió en su pregunta. y Zutanito fraile. La diplomacia de la buena señora era en aquellos asuntos exquisita y sutil. que arregló una grave cuestión entre Fulanito y Zutanita. y aun en m. Era su especialidad creo que no llegó a cuajar en su barrio. hace cincuenta años. bien: "estos pollos existen gracias a mi tía. Los ojos se fijaron en mí. es Catalina Benavídez. — Yo asentí con Sólo que. en la mantilla y en un rico vestido. ¿Por qué. yo prefiero a Leandra Gómez. Fulanita habría sido monja. Agustina Rozas es la mujer más linda de Buenos Aires.

no bien hizo sus preparativos. se quedaba quieta. Pero sólo tiempos después obtuve la clave de lo que ese día no me pareció más que excesiva curiosidad. ¿Pero. I. la figura encapotada de _don ^Tarquino. . en efecto. y con un manotoncito disimuló el blanco mechón. Pues bien. la tienda. y yo tuve que esforzarme para disimular mi turbación al responderle: No creo que exista ninguna que la aventaje. y creí notar que la cucharilla temblaba en su mano graciosa y ágil. pensará seguir lloviendo todo el día? exclamaba el buen señor afligido. dirigióse a la joven muque le servía el mate Hija. acordándose también del tejado de su tienda. Ella debió de pensar cosa anáoga. que arrojaba el carbón semiapagado en la leche hirviente. y que cuando yo hablaba. qué. se obscureció el cuadro de la puerta. mientras don Tarquino — Y . y aguardó sonriendo a los dos personajes. Ya me había parecido que atendía demasiado a la conversación. ¿Dónde hallarías una criatura como Leonor? me ])reo^untó mi tía. — — . pídesela a su padre y cásate con ella. y un humo blanco y oloroso llenó la pieza. las — Gracias a Dios que ayer mi — Dicen que Recoba i desparejas baldosas. vieja se llueve a cántaros. formando un charquito sobre — — — . para darle aquel grato sabor de caramelo. Luego sentimos que ambos se paseaban por el corredor y yo me imaginé que de un momento a otro aparecería en la puerta del cuarto de mi tía.A CORBATA CELESTE 13 lata Después de un rato de silencio. Yo miraba en ese momento a la mulata.: . voz de mi padre. porque se rebuJó en er asiento y se tanteó el peinado. arrollé el tripe ! — exclamó — tía la Tal vez se está anegando se pasa las horas hablando de bueyes perdidos con tu padre. cébamelo con azúcar "quemada". La lluvia azotaba los cristales de la ventana y se colaba en hilos por las rendijas. Benita sacó del anafe una brasa v la echó en la azucarera. . En eso oyóse en la galería la.

tia se prendió al pecho la pañueleta roja. inclinándose hasta el dijo el portu- suelo. con que _B£jai^ le obsequiaba. el portugués. que hablaba con mi padre de los tejados de la recoba. a don Tarquino. y viéndole echábanse de menos en su indumentaria los zapatos de hebilla y el pantalón corto. y era su pelo un casquete color de azafrán. usaba entre casa un gorro de terciopelo negro bordado por mi tía. pero de pocas carnes. que puso en tal labor sus cinco sentidos. en cambio. de la inusitada alegría. gués. pequeñas y hábiles. en tanto. y su hablar meloso. la tertulia . sus manos de mujer. seguramente. echaba una mirada gatuna sobre mi tía. De vez en cuando. ¡Adelante! ¿no gustan ustedes algunos matecitos de — leche. y por miedo de constiparse.14 í HUGO WAST días. hirsuto como dos pinceles plantados por el cabo. hasta el bigote. bajo la fuerte nariz. sin las cuales habría podido pasar por una fiel reproducción del procer argentino don Juan José Passo. Al sentarse pareció quedarse en cuclillas. Era^ipadre un hombrecito de buena salud. Escaseábale el cabello. Y yo. Contrastaba su pelambre leonina con sus ojos azules. cavilaba sobre los motivos que la decidieron a acordarse de Leonor MatorraS y acariciaba la vaniciera frío supuse Mi . lánguidos y enamorados. Era muy alto. los naranjos de la huerta que pintaban manchas obscuras en el cendal de la niebla. — Buenos mi señora doña Zenobia — —Temprano comienza nos a nosotros? — preguntó mi padre. y como no hique alguna alegría desbordaba en él. alborotado e indócil que chorreaba desde el cráneo por las patillas. La sonrisa de mi tía se desvaneció. mirando por los cristales empañados. Sobrábale. al tomar o devolver el mate de leche. mientras pasa la lluvia? Los dos socios entraron. recelando. Usctfea gafas de oro. ¿ se recibe también Mi cabra. padre venía restregándose las manos. de pelo de y los acogió luciendo sus dientes y ruborizándose como una chicuela. y la sillita que le indicó mi tía muy baja.

La casa de don Juan Manuel. como borracho. pedí permiso para irme a la oficina. por la boca de cien víboras estiradas. lita? envolví en una capa jerezana con vueltas de terciome trajera de España don Pío León. se puso disimuladamente el dedo índice sobre la boca y guiñó tan levemente un ojo. y salí santiguándome. la hija de don Juan Manuel de Rozas. de tal modo que en los días de lluvia era una verdadera crugía el vadear los profundos arroyos de lodo amarillento. es hora de referirlo. porque mi buena letra y la gran amistad que lo vinculaba con mi padre me habían ganado el honroso cargo de oficial primero en su despacho. que sólo yo comprendí el sentido de su indicación: "Guarda secreto sobre lo que he dicho". Viendo a mi padre enfrascado con mi tía en el asunto de los tejados y no deseando conversar con el portugués. El agua de los tejados caía sobre la ^acera mal pavimentada de ladrillo. Diariamente iba a casa del Restaurador. mi tía de tiempo atrás. de color anteado.I. huyendo de los chorros o esquivando los charcos o las rejas voladas. distaba muy poco de la nuestra. ¿por qué había cambiado mi tía de propósitos? ¿Por qué pensaba ahora en Leonor. en la calle de la Biblioteca. y el pobre transeúnte veíase obligado a caminar zigzagueando. Pero. ¡Oh!. empeñaba en casarme con Manuelita. el boticario desplegué un inmenso paraguas de mahón. Me que . olvidando a Manue- — . venía tejiendo a mi alrededor una de sus amables intrigas. que se echaban sobre los desprevenidos. Porque. En aquellos tiempos tenía Buenos Aires escasísimas calles empedradas. pero llegué embarrado hasta los ojos. ¡no había riesgo! Mi defecto fué siempre el callar demasiado estoy cierto de que muchas de mis penosas aventuras acaecieron por tal causa. . pelo. Mi tía.A CORBATA CELESTE 15 dosa ilusión de que pudo ser ella misma quien la incitara.

jamás abierta. pero bien clasificados en la férrea memoria del Restaurador. restregándose la barba mal afeiha ido a Palermo. Mis lectores dirán si yo la detada. habían concluido por olvidarme. lo mismo se plegaba a las leyes que se alzaba contra las comodidades. me dijo. sin levan- . de vidrios chiquitos. atestada de papeles. cerradas sus persianas de hostil aspecto. — No — está se — fraudé. La pieza era larga. adquiridos a orillas del río. Sus visitantes. Pasé al despacho del Restaurador. siempre me dispensó su confianza. Desde allí. tan patio. solitaria bajo la lluvia persistente. a fuerza de verme en ese rincón. a media legua de la ciudad. y en cuanto a él. medio oculta en el hueco de una ventana. La veo ahora tal como la vi ese día.HUGO WAST Podría pintar exactamente cómo era la casa del dueño claros y fieles son mis recuerdos. aparentemente en desorden. No era el día de los más a propósito para paseos al campo. Allí trabajaba él. de terciopelo y de bronce a la vez. Una estera de esparto en invierno salvaba un poco la fría desnudez del piso enladrillado. mas aquel hombre singular. silenciosa y más imponente por la ausencia de guardianes y todo aparato militar. en el y señor de Buenos Aires. Por ese tiempo don Juan Manuel ocupaba sus ratos libres en rellenar unos terrenos bajos. y se despertó al oír mis pasos. y he atisbado algunas raras vislumbres del alma recóndita de don Juan Manuel. El viejo soldado dormitaba sobre un sofá de cerda. pobre de muebles. Entré en el despacho de don Juan Manuel /por la oficina del general Corvalán. úTSéa-^ ucrttr abferta sobre el fondo de aquella antesala. ante una mesita. he oído conversaciones que me cuajaban la sangre. En el fondo. mal iluminada por ventanales bajos. había ima gran mesa de algarrobo. poniendo en limpio o copiando los documentos que él me entregaba. donde yo trabajaba.

y cuidaba la elegancia de su postura.I^ CORBATA CEIfESTE tar la cabeza. inglés. fué que nadie como yo sabía cortar plumas a su gusto. sino el mismo don Juan Manuel que volvía malhumorado. Me dispuse a trabajar. Voy a mandarle una nota de mi puño. Wast: La corbata celeste a . que enfriaban la médula. que estaba abstraído en otras cosas. Sentí pasos en la antesala. H. veces pienso que toda mi gracia ante él. Pero yo adiviné que no Me me veía. ¡ — A ver eso — me — Señor. y obser- vé en su frente clásica una levísima. su juicio o su resolución. ni rasguear con tanta elegancia en los papeles de hilo agarbanzados. la línea sutil de sus labios. me había dicho Cuide que ésta no se la vea Arana. que entonces se estilaban. Difícilmente se hubiera encontrado un hombre más hermoso. está. destemplados. En la puerta del despacho se detuvieron temerosamente sus acompañantes. Generalmente destinábame las copias reservadas. miraba con aquellos temibles ojos azules. entregándome una nota para el ministro el día antes. y temiendo que fuera el ministro Arana. todavía no ! se me aproximó. Pero no era él. cuando las campanas de San Francisco dieron las nueve. Y él lo sabía. la posición de su cabeza. se —Quiero A a dejar bizco. hasta el movimiento de sus manos pulcras. Tenía la vanidad de su caligrafía y cuando había de dirigir una comunicación autógrafa a un gobernante extranpasaba días haciendo palotes para embellecerla. hacerlo rabiar al Rey guarda chanchos. acerca del bloqueo y sáqueme dos copias para mañana a primera hora. que lo va jero. horas y horas. escondí bajo un cartapacio el borrador. siniestra arruga. con 17 apuntando en cada papelote una linda letra española. dijo. Luis Felipe. — — — Al verme.

Y todavía no estoy seguro de que si fuese a Montevideo no se vestiría de celeste. que los hombres debíamos llevar en el sombrero o en el ojal de la chaqueta. ¿Por qué hacen eso. Bah La confianza que tengo yo en ustedes En su casa. blanco.. porque ella di- sipaba la cólera de don Juan Manuel. Efectivamente señor . que no me ocurrirá otra vez. . sólo mi amiga doña Zenobia es buena federal. Por ahí anda ese doctor Muñiz. aquella famosa cinta colorada. De pronto. Eso quiere decir que mis buenos federales no usan la divisa de puertas adentro. ¿ Se olvidó ? Sali en medio de la lluvia. y yo lo sentí. queriendo congraciarse con los unitarios. Este comenzó a pasearse. distinguí la de Manuelita. Sé hasta de qué modo llevan la divisa. mueran los salvajes unitarios". algo triste.. algunos. con la leyenda: "Viva la federación. yo seguía copiando la nota. : yo lo sé todo. . sin embargo. y no advertí que lo dejaba. que se dice más federal que yo. me dijo: ¡Hoy no se ha puesto el cintillo! Se usaba ya la divisa federal. Yo tenía sincero afecto y profunda admiración por el . daba la sensación de un mármol. si todo lo he de saber? Y recomenzó sus paseos de punta a punta de la sala en un inquietante silencio. En las antesalas se oían voces apagadas. que preguntó al general si estabfia ya de vuelta "su tatita". respondí un descuido. — — — — — — — ¡ ! ¡ ! — Señor — Mire. ¿No ha tenido la impudicia de visitar al general Paz con el cintillo puesto de ojal a ojal. . Balbastro ¡ ! . algún pensamiento grato relampagueó en su mente. No entró. 18 HUGO WAST j ! Nada de nervios Grande. en forma que sólo se leía: "la federación muera" f. Se sonrió. De fuera venía siempre rumor de conversaciones. envuelto en la capa..

en medio de los odios y de los hizo el que — — lo acechaban. ¿Entonces no sabes que conspiran contra mí? riesgos —Tu que — — El — —¡No puede ser! — sin embargo. lo vi regresar acompañado de don Juan Nepomuceno Terrero. —¿Los unitarios? ^Así es. las sumas están bien. . y sin embargo estoy engordando. puedes dedicarte a engordar. Ha mezclado lo mío con lo del Estado. aliviado con la ausencia del terrible gobernador. Me arrojó el papel sobre la mesa. ^Mire esto: es una cuenta. j^glbastro! ¿SeiRjl ? ¿ Su padre me cree ladrón ? Alcé la cabeza sorprendido. por riendas y sillas suministradas a — — — — ^ la interrogué. I<A CORBATA CELESTE 19 general don Juan Manuel de Rozas. que gustaba hacer conocer su maravillosa tranquilidad de espíritu. . — Los precios están bien. temeroso de que se hubiera ¿ Está mal ? deslizado alguno de esos errores que lo volvían implacable. Esta es una cuenta del Gobierno y en ella figura un repara mí ¿ Entiende cado que le encargué para mí lo mío lo pago yo. que se me pasa de la lomillería de su padre. país está tranquilo . y el gobernador se me había olvidado. — tropa. . . sólo como una vez al día. pero no podía evitar el sentirme desazonado en su presencia. y salió del despacho. Lo tomé cuando teaba. dijo don Juan Manuel. pero la cuenta está mal. — Y ¡ ! patria . Con mano segura entresacó un papel de la montaña de carpetas. no me lo paga la José Antonio? . uno de los pocos hombres a quienes tu- Terrero no advirtió mi presencia.. El Restaurador se rió con amargura. Trabajo como un burro. contestóle Terrero. duermo poco. gobierno es fuerte.

y entró el general Corvalán. y don Juan Manuel dijo. el hombre que me lo debe todo. desde mi juventud. que . que me abraza cuando me ve. que nadie se ^ la vea.. formulaba ciento y una vez. Aquellas palabras. ¿De qué hablaron aquellos tres amigos. puerta. pronunciadas con encono y dolor. — Hágalo pasar Salió Corvalán. reprimir un movimiento de curiosidad y miré Entró el presidente de la sala de Representantes. Don Juan Manuel tendió la mano al visitante. . pero con la imaginación ausente. llenaron nuestros oídos como una sentencia de muerte. con voz que me hizo estremecer: ¡Allí está uno de los federales que conspiran! ¿Quién es? ¿Quién creerás que es? El amigo entrañable. . . .. y no lo hice. Luego se acercó a mi mesita. con una sola palabra. para luego olvidarlas. y a quien yo quería más que a mis — — — hermanos. gobernador y le habió al oído. y me dijo: Puede copiar esa nota en la otra sala. Tenía el alma llena de sentimientos que me traían absorto. el doctor don Manuel Vicente de Maza. uno de los cuales debía en breve bautizar con su sangre la época del terror ? Se me encoge el corazón cuando pienso que yo pude. cambiar el destino de uno de aquellos hombres. Comprendí que Terrero había quedado tan sobrecogido como yo. era la pregunta que me "¿Por qué mi tía Zenobia?". No pude de reojo. — Recogí mis papeles y me fui a la otra pieza. Durante una hora copié aquel borrador con mi mejor letra. Esas cosas sólo me llegaban como el rumor de un mar lejano. la Se abrió se acercó al y los federales! Algunos federales.! 20 HUGO WAST —¡Los ¡ unitarios.

porque era su deño don Pío León. y no se olvide de la divisa. Copie esto. casado con su prima. esa cuenta a su padre. el caballo tobiano conocidísimo del doctor Muñiz. Sin embargo. y chispeaban las últimas gotas en las bocas de los caños. I. En medio de la calle existía un inmenso pantano. Ya en aquella sazón el doctor Muñiz padecía de la manía de don Jerónimo Matorras y desenterraba fósiles en las barrancas de Lujan. durante la cual todas las casas permanecían clausuradas. lleve Puede irse. el doctor Muñiz que visitaba a caballo a sus enfermos. Por no sumergirse en él. ni se la ponga como el maniático Muñiz El tiempo había mejorado. o "de los Leones". . y en la ciudad no circulaban más que los negros portadores de viandas. a pocos pasos de mí.A CORBATA CELESTE 21 horas de aquella jornada. en la calle de la Universidad encontré atado al poste de una esquina. doña . ya el Maza se había ausentado. los tenderos. envidiados de ellos pero no más feliz que ellos. . me dijo a las dos de la tarde. cuyos huesos regaló don Juan Manuel después del bloqueo al almirante Lepredour.. Brillaba un sol ardiente en los charcos de. Lo vi llegar hasta la otra esquina y entrar en la botica del León. con mis cartapacios misteriosos. se había apeado en la esquina y caminaba por la vereda altísima. llevando de comer a Fueron cayendo las nunca. — — — . . un sirviente cerró Ja recia puerta de algarrobo. doctor Dos o tres veces — . Había descubierto el Megaterio y el Gliptodonte de las Pampas. como la llamábamos. agobiado por el peso de los secretos propios y ajenos. larga como me llamó el Restaurador. el insigne médico de quien el Restaurador me había hablado. déme esa nota. pero él seguía conversando con Terrero. Balbastro. la calle. Extracte ese informe Yo cruzaba por entre los numerosos empleados de las oficinas. La campanita de San Juan acababa de anunciar la hora de la comida. Detrás de mí.

y aunque no era extraño. habría ido a golpear a la puerta de don Jerónimo Matorras. mis aventuras. Parecióme demasiada precaución la suya.. Ella me vio. un remedio. alineadas contra la pared. por cierto. . llegué hasta la plaza de la Vicencharcada y desnuda. su rival en la búsqueda del Gliptodonte y del he sido después. ¿por qué disimulaba sus andanzas? ¿Severdad que en la pobre casita de Leonor se conspiraba tanto o más que en la aristocrática tertulia del doctor Fernández ? ría tal idea. se me antojó que el doctor Muñiz no iba con ese destino. Mariquita León. Pero las palabras de don Juan Manuel esa mañana. y cruzada en todo sentido por los sirvientes que llevaban las viandas a sus amos. Pero si era así. radiante de sol. y se me ocurrió que de no divisarme. don Pío — i Yo no era entonces. que un médico entrase en una botica. con sus ladrillos recién lavados por la lluvia. y me acogió con sonrisas ^jYa está aquí. José Antonio! ¡Vamos a !a mesa! — . a pesar de suspicaz y había llegado al año 39 sin ni lo Mammuth. y penetré en el patio anchuroso. . quienes habían encontrado modo de incorporar otro león a su modesto comercio. Me aguardó en el umbral. habían aguzado mi atención. hacia aquel hombre. con voz fuerte. pintando una especie de gato amarillo en el mojinete. Una toma de Le Roy. Estaba a pocas varas de la casa de Leonor . Empujé la puerta de mi casa.! : 22 HUGO WAST . muy entender pizca de política. y perfumado por las flores que mi tía cuidaba en tinas Entristecido por toria. contestó a mi saludo y pidió . como confirmación del letrero.

que ella no pudo venir porque tuvo visitas. el señor Baltasar y el niño José Antonio. Mi padre y yo contestamos. que cómo están. que por qué no fué a verla anoche. que la esperaba. que no le ha salido tan bueno. y que aquí le manda un pancito regalado.. dijo mi tía. ¡Ave María Purísima! De lo de don Jerónimo. II La sospecha Un padre nuestro por el alma del general Quiroga anunció mi tía después de los postres. Dejó caer el rebozo. — — ¡ ! ¡ — . — — . Otro padre nuestro por el alma del coronel Dorrego Terminado el rezo. pero que con mate no ha de estar nada muy malo. que ha hecho para que lo pruebe. — . íbamos a levantarnos de la mesa. con aquellas preces recomendadas por don Juan Manuel a sus amigos. trayendo al brazo un canastón que olía a pan ca'iente. y dio su mensaje de un resuello Manda a decir mi amita. conociendo por la voz a la chinita de Leonor Sin pecado concebida Adelante Entró la muchacha arrebozada en un manto color pasa. cuando se abrió la puerta de calle. la niña Leonor. . Fué a hablar mi tía.. pero la muchacha prosiguió — — . y se puso a rezar.! : : . porque las sirvientas sólo descubiertas hablaban ante los amos. que cómo ha amanecido su merced.

levantó el mantelito de encaje. se espabiló y se aproximó a la canasta. a esperar café que me traería Benita. Con Yo sobre pensé que mi el tía se iría también. que la cubría y olió con avidez el dorado montón de pan el ¡ ! —Y : dulce. mi padre arriesgó dos o tres palabras aue quedaron sin contestación y luego se fué a dormir la esto. ¡ — Qué ricura La ! ¡ Benditas manos. Cómo latía mi corazón Tía Zenobia me echó una mirada. murmuró mi padre. y que ¡ ! estoy muy contenta. chinita ag^uardaba de mi tía la Pero la dama había fruncido el parecía atragantada. tía siesta. . Zenobia echó una mirada triunfante sobre mi padre. Don Tarquino el portugués habla de vender la tienda — quiere irse a —¿El? ¿a la estancia. ! 24 HUGO WAST dice que es para que lo tome en su nombre. oliendo la canasta.o el sol. . que lo voy a tomar en su nombre. que aquí le mando unas tabletas de San Juan. extrajo del bolsillo de la pollera un manojo de llaves y pasó un par de tabletas colocándolas en una fuente de plata. el y me arrellené sofá. en que claramente quiso decirme ¿ Has visto ? y mi padre. al oír el elogio y las — —Y — .. muy poquitas. Pero la dama acercó una sillita de hamaca. —Y apenas para que las pruebe con el señor don Jerónimo v que a la tarde le devolveré la canasta . que deió de oler el pan y enarcó las cejas. refulgente com. la estancia? . con señor Baltasar y con el niño José Antonio. La chinita salió. ceño. que está muy rico su pan. Enderezó hacia una rinconera de cedro. porque no ha llegado el arria de muías anunciada de tu niña Leonor respuesta de cajón. Dile a la niña Leonor. donde guardaba los dulces. y se sentó a mi lado.. que muchas gracias. que se adormecía en un sillón. Ah y decile a la niña que me han contado buenas cosas de ella.. que seguía yo también.

y puede ser que un malón se lo lleve. pero antes. y me escondía su verdadero propósito? Hizo un mohín de disgusto por mi silencio. Deja el empleo del gobierno y cría vacas. receloso de la esplendorosa sonrisa de mi tía. pues lo que no consumen los gringos. Si te casaras. me iría al fin del —Tiene buen ojo. Pero que ciertamente no pensaba: que se vaya. No . Nuestras horas eran medidas por la vieja campana del Cabildo. Yo no maliciaba a dónde iba le conversación y permanecí callado. y estuve a punto de contestarle: Si Leonor me quisiera por marido. cásate.. de Independencia. y a otros la inocencia. A unos los pierde la malicia. la ventana de la pieza de mi padre. mi tía! Ese campo está en tierra de indios.A CORBATA CEI<ESTE 25 la guerra ha subido el valor perjudica el bloqueo. lo consume el ejército. No sé bien qué me perdió a mí. y no me imaginaba viendo . podrías irte a la estancia en vez de él. I. ¿Por qué no hablé entonces? ¿por qué se me atravesó de nuevo el maligno pensamiento de que a mi tía se le importaba un pito de mí y de Leonor. Me quedé perplejo. Tenía yo diez años entonces. y sin añadir más. pero fué uno de esos estados del alma. la plaza de la Vicborde de todas las fiestas oficiales y de todas las revoluciones. salió del comedor. —¡Déjelo No dije otra cosa. José Antonio. — — mundo. Y endulcé con una risita la expresión de este mal deso. que convocó a los criollos Por quedar nuestra casa en frente de vivíamos al toria. asistí en 1828 a la sublevación de las tropas recién llegadas del Brasil. y conocí al general Lavalle. Con las de las haciendas. por cuya alma rezábamos todos los la Desde días. en —Tu porvenir y tu fortuna están en pestañeó y siguió diciendo: la estancia. que dos semanas después había de cometer aquel error fatídico del fusilamiento del gobernador Dorrego.

¿es verdad que se casa? Debió costarle un esfuerzo terrible aquella pregunta. y de luz en su fisonomía despejada. me imaginaba que algún día sería mía la tienda de ropa hecha que fundó mi padre en la recoba. Me divertía ver a los pobres provincianos y a los negros encandilarse ante aquellas maravillas. y rendirse a la tentación. —Niño José Antonio. — . y siguiendo por la antigua calle de los Mendocinos. en que traía el servicio celana. pequeños negocios ambulantes. hasta "el hueco de Lorea". cuando disipó mi somnolencia el rumor de unos pasos. sin que lograra interesarme. en que se exponían mil baratijas industriosas. Tomé la taza y la miré intrigado. Yo tenía afición por otras cosas. no obstante la cordial y respetuosa familiaridad con que nos trataban nuestros sirvientes. bruñida como un Estuve tentado de preguntarle la razón de su azoramiento. Niño José Antonio. pero mi pereza venció a mi curiosidad. donde mi padre tenía un saladero. oro. en sus ojos ardientes. donde en tiempos del Rey. Me había adormilado sobre el sofá.26 HUGO WAST al joven y brillante militar en su caballo tordillo a veinte pasos de mi reja. De raza africana. que el destino algún día me arrojaría en su ruta. — me Le temblaba la dijo Benita. — aquí tiene de por- el café. se vendían los esclavos. en su risa juvenil. En los días libres recorría las bandolas de la plaza. Conocía todos los sitios de Buenos Aires en que se comerciaba. y en la cual hizo su fortuna. hasta Barracas. me gustaba el comercio. oyendo zumbar las moscas. dejándose explotar por el bandolero. desde la plaza de Marte. desde la plazoleta de la Fortaleza. mano. Durante muchos años he pasado al margen de la política. Su voz era triste y ahogada. llena de gracia rústica en sus modales. Tendría la chinita diez y ocho años. había nacido en nuestra casa y era gentilísima de figura. sobre una bandejita de cobre.

. que como dos negros. y se atrevió a insistir. para que te atrevas a mancharla con tu lengua. a un paso sofá. reírse lo ojos. la Me tira. — Sus —¿No es verdad entonces? im—¿Por qué? pregunté con ya — ¿qué cosas? portan qué me puede importar pero a su — A mí no mercé. y por primera vez medí la in- . . ¿ ? sí . de vos. y con voz que debió herirla como un ! latigazo. tapándose los ojos con sus pequeñas manos negras y fuertes. — Sos charlatana en que estaba. se fijaron en mí.. ella permanecía junto al sofá.. — No — Por salvación de mi madre Pero quería prevenirle —^¿De qué? —De que niña Leonor tiene otros amores. niño José Antonio. puse de pie indignado. hace días que un mozo vive en casa de la niña Leonor . brillantes fastidio te estas i ! . j . la —¿Y es con niña Leonor? —¿Quién ha podido decir eso? —Mi amita. . . la increpé por su men- Bribona ¿ quén te paga por mentir ? Esa niña está a la altura del sol. Niño José Antonio. te lo Miró furtivamente al patio. No se movió del —¡Y sos audaz! ¿Quién ha mandado que hagas esa pregunta? —Nadie. — paseaba furioso por el largo comedor. . I. niño. —Te ha dicho por crees todo. murmuró ahogándose con las palabras indóciles. dejé la taza. Si no me cree ¿ por qué no va a Me — — — verlo? Me sentí acongojado.A CORBATA CEI^ESTE Benita? 27 —¿Qué te importa.. ! ! . pero extraordinariamente bonitas. . ¡ sitio del te i es cierto la 1 ! . avezadas al trabajo. . .

pero tenía — me dis- traer Era pequeño de un porte señorial. Aquí están estos borradores. . Una simple pared de soga. estaba la tarde muy avanzada. 28 HUGO WAST la infinita mensidad de mi amor en rimentaba. pronto. ¿ No te parece ? y tendríamos dos piezas Generalmente pasaba las tardes con — — — — — — — — un despacho para tí y otro para mí aquí abriríamos una puerta y estarías más independiente y más . él. No sé cuánto tiempo me estuve allí. dominó su resentimiento y se fué sin mirarme. — —Haríamos Sí. Si yo hubiera sido capaz de observar. y pásalos al libro copiador. . en sus gestos. continuó. en su porte. con las manos a la espalda. . . me mandó llamar. . . . Me senté a trabajar como un autómata y él empezó a medir a trancos la pieza. me dijo. tatita. prorrumpió de Aquí podríamos hacer un tabique. Porque no dudé que sus palabras eran la más penosa verdad que podía aprender. cómodo Cuando hube concluido casi entrado el sol. ponlos en limpio. Mi padre. despierto ya. . La vi cruzar el patio defendiéndose del sol de la siesta con su charola reluciente. absorto en sus planes. angustia que expe- —¿Por qué — Su mercé me ha No lloras? . habría notado en su cara. para espíritu de los cuidados de la fortuna.. como si lo asaltaran pensamientos alegres. estatura. Sacudió la cabeza. —¿Vamos el dijo a dar una vuelta por la Alameda? mi padre. rumiando esa amargura. Todos los días acostumbraba salir de paseo. y sentí un gran dolor por haberla herido. prosiguió mi padre. ayudándole en su correspondencia. una vivacidad desacostumbrada.

tráeme un paquete de saber. calculando las casas que se podrían construir. La campana de la Catedral tocaba a oración.. murmuró — . se metía en aquel antro a saborear el áspero condumio. llégate hasta la calle Potosí. Durante años. El ángel del Señor anunció a María. se infestaba con el tufo de los fondines. — — ¡ ! — rapé. y no imaginaba ningún pretexto. . y vé si don Manuel Masculino ha terminado la —Y tabaquera de carey con el retrato del Restaurador. que empezaban a llenarse de parroquianos. y abandonando el puchero chico o la carbonada de mi tía Zenobia. La plaza a tal hora. la atención atraída por ruecos sin edificar. tenía la pretensión de por el sonido que daban. —"Bien quemado" — murmuraba — o "mal quemado". Santiguóse al salir. — . comió en aquel fondín.: IvA CORBATA CEI. Y todavía. que te queda a una cuadra. le dije que debía hacer una diligencia. Si pasas por lo de Matorras. De cuando en cuando se detenía y golpeaba con su rico bastón algún ladrillo suelto. si y encontraba una pila de ellos. mojando los dedos en una pila de piedrasapo y tomó hacia el Fuerte. con un par de viejos de tiempos del Rey. que hace tiempo le encargué. los ojos avizores.KSTE 29 la los nariz al aire. Poco ganoso de acompañarlo en el monótono paseo. que solía terminar en un poyo de la Alameda. de qué horno procedían. famoso por el mondongo a la catalana. Mi padre olfateaba y decía mondongo a la catalana ¿ Sientes ? y señalaba con la contera de su caña los bajos de la casa de Escalada. j^ yo me encaminé con rumbo opuesto. i Ni que hubiera leído en mi pensamiento ! Tenía an- siedad de llegar a casa de Leonor. cuando empezaba a hacer su fortuna como dependiente de un tendero barcelonés. hacía sus escapadas como un colegial. para ver si me había engañado la mulata.

José Antonio! ¡Dios mío! ¡Qué fea era le dulcísima viejita! Tres almondiguillas echadas al viento. una es la cabeza de misia Mariquita León. se detenían en la calle al toque del Ángelus. otra es lo — — Y — — demás . recelosa. Yo me descubrí. José Antonio. picarón! ¿tú también? Vengo a buscar un paquete de rapé para mi padre. y aguardé con reverencia a que la dama terminara su rezo. : 30 HUGO WAST una chinita. corrió llena de agasajos. otra es la pechuga. Tenía ganas de gritarle: ¿Quién es ese hom- . pero debió mi desacostumbrada reserva. . cuando yo era niño. ruborizado como una niña. porque la sangre arrebatada me aturdía horriblemente. — — — — Entonces —Te busco a ¿ ? — . Leonor . de mayor a menor. No la conocía. Misia Mariquita León. ¡José Antonio. Todos. — — alcanzó a divisarme. Buenas noches. me contestó fría y Buenas noches. y se una señora anciana. Un martillo me golpeaba en las sienes: no sabía lo que hablaba. muy próxima a la casa de don Jerónimo Matorras. En la segunda esquina. No lo busco a él. que pasó seguida de arrodilló en la vereda. me dijo. recía construida — — — contesté. quedaba la botica de Los Leones. todavía me gritó con malicia ¡Ah.. pero en aquellos tiempos eso no era necesario para cambiar un saludo con todos los transeúntes. en verdad que a cierta distancia misia Mariquita pacon tres almóndigas.. hombres y mujeres. Leonor. como cerrándome el paso. pues se contuvo. alzándose.. chocarle al verme. tí. y mef dejó marchar. No está mi padre.. Pero cuando me arrimé a la puerta de Matorras. solía decir mi tía Zenobia. joven. de lo cual yo fingí alegrarme. que estaba entre sus potingues.. y se arrimó a la puerta. Me dijo que esa noche iría a jugar con nosotros a la lotería.

en el pretil de la catedral. y ella con ironía añadió. ¿Para qué me buscas? ¿Vienes airado contra mi? me dijo simplemente. para que Buenos Aires te conozca Ya la sombra llenaba el zaguán. advertí mi error. porque. para dominar su ira o su dolor. Leonor! ¿por exclamé con infinita pena qué piensas eso de mí? Y quise entrar. he hablado. al igual de los miseraque capitaneaba Cuitiño. aún entre quienes los utilizaban. porque te amo? Pero era tan hostil su actitud. ni lo que ella quería decir. no sé ni lo que he dicho. la puerta.. se apartó de mí y pegándose a la pared. mirándola. Leonor. pero ella volvió a cerrarme el paso. ¿No has comprendido que sufro? le hubiera dicho ¿que tengo celos. como si adivinase mis pensamientos ! — — y me —¿Quién vive aqui con ustedes? latores bles se Empujé despreciara. y de sopetón. no busco a nadie. pero yo alcanzaba a verla pálida y llena de angustia. contestó secamente No me — Pasa y ¡ registra Quedé embobado. y me pareció que toda palabra de amor sería vana y ri- — - — — — — — — ^ — " dicula. y los deiba a aquella casa. y entré al zaguán. No acababa de comprender ni lo que yo dije. esconde aqui?" contestó. Me vio vencido y me asestó un nuevo golpe. que me sentí perdido. . abriendo de par en par le puerta de calle ¿Están allí tus soldados? ¡que pasen! ¡Oh. la vi morderse los labios. En aquellos tiempos las delaciones eran frecuentes..! : : I^A CORBATA CEIvSSTE ¡ SI bre que vive en tu casa ? quiero contarlo mañana domingo. No bien pronuncié esas palabras. ¿A quién buscas. Y yo. empezaba a gritar: "¿Quién mal vistos. si no está mi padre? Estuve a punto de exhalar mi secreto de amor. Perdóname. tan desdeñosa la sonrisa fugaz que iluminó su rostro.

Dios te perdone.. sin preguntarte nada de lo que yo sé y habría querido que tú me explicaras. es que me voy. — ¡ ! — no imaginan cómo fué. un conspirador que ya tenía en su foja de servicio la sospecha de la traición que costó la vida a Dorrego? ¿Era. Era noche cerrada ya. se esperaba hallar en ella el movimiento y precisamente porque la vida y la militar Cien- que faltaba en las otras. la más solitaria y siniestra. o los pálidos quinqués de las pulperías. Era grande el silencio. que pasó disfrazado por allí. que alguien tocaba en la vereda. Anduve vagando por las calles lóbregas de aquella colonial Santa María de Buenos Aires. Llegué hasta la calle del Restaurador. Era ley. según se denominaba. porque en un momento se habían alejado nuestras ai|ps. y porque en mi corazón entraba el dolor como una fuente de amor y de expiación. y las mortecinas velas de sebo de los faroles públicos. porque veía en mí toda la culpa de aquel mal entendido. contestó con crueldad . en su descargo. mandarás otros que hagan la pesquisa. la calle de la Biblioteca. que las gentes de ahora — — — — — — — . ¿Era. ^Eso no me convence. ¿Quién ha pasado tm minuto de confusión y de amargura tan intenso? No la odié. Lo que puede probarte que no soy ni un espía ni un desleal. Poco tiempo antes habían fusilado a un fuegos. como dijeron. Leonor le dije suavemente y me alejé quebrantado. en honor de don Juan Manuel. hacía llegar el sonido de una guitarra. con la primera frescura del otoño. Leonor contesté desesperadamente. donde entras todos los días desde hace años. como dijo él. como amigo de mi padre? No dijo "como amigo n»?". señalaban más la temerosa obscuridad que nos envolvía. Cree lo que quieras. ansiando la muerte. envejecido. Un vientecito suave. a la puerta de su casa. un novio en trance de visitar a su amada con esa cautela? . 32 HUGO WAST ¿Qué dijistes entonces? ¿Por qué preguntaste quiénes viven en esta casa.

ganoso de llorar. Me asaltó su recuerdo al enfrentar sombrío caserón. que debía guardar un profundo rencor contra aquella chinita parlanchína e intrigante. Pareces un desenterrado. me dijo mi tía. —¿Fué a casa de niña Leonor? — —¿No halló a nadie? —No. hace tres días vive un señor. y me eché de boca en la cama. Di vuelta a la manzana. aquí le traigo una vela. y de veras. cuando fui a buscar las gallinas que la niña Leonor le mandó a mi amita. No — — — — Has i soñado pena. tropezando acá y allá con algún sereno. Desde la huerta lo vi esconderse.! : tA CORBATA CELESTE óá sabría contestar. ¿por qué había de mentir? H. inla Sí. la estaba hablando con dulzura. Yo. De seguro que su merced no entró a todas las piezas. Pero. fui. Entré al zaguán. Wast: La corbata celesU i . Y llegué a mi casa. ¿Estás enfermo? Yo no el — — — Sí —Tu padre pregimtó hace un momento por tía. me sacó del desvanecimiento en que caí Niño José Antonio. Bueno. Una voz dulce. Benita? le pregunté. examinándome a la luz de una palmatoria. No lo he engañado. niño José Antonio.gún borracho afirmado al poste de la esquina. ¿Le has traído el rapé? — — — corporándome. tí. ¿Por qué me engañaste. ¿ ? podría explicar qué era lo que trocaba mis sentimientos. La muchacha me miró con incurable como a un enfermo y se fué. que probara su error a la que me tomó por espía. me fui a mi cuarto. cuando ya empezaban a echarme de menos. Por qué me engañaste la No contesté nada. o en las puertas de las raras pulperías con a. ansié tener un mal encuentro. Yo lo he visto ayer. en el altillo del fondo.

no tenían más recurso que volverse a sus casas o sentarse en los bancos de ladrillo del Fuerte. mi padre y los tres o cuatro señorones concurrentes vespertinos de aquel paseo renunciaban a él. en frente de la plaza. frente a las pulperías había paso de medio ladrillo. Reducidos a dar melancólicamente algunas vueltas alrededor de la pirámide de Mayo. Fué necesario poner un centinela en algunos lugares donde se formaban pantanos. y que en las esquinas. y en la de Cangallo y de la Florida.e de la Reconquista. si sus viejas piernas se cansaban. No recordaban los viejos creciente mayor del Río de la Plata sus aguas cenagosas subían cuatro varas sobre las toscas más a'. esquina de la cal'. Las riñas y las chaco- A . que se dic Tal ocurría en la el caso de ahogarse algún transeúnte. pues de otro modo hubiera sido imposible transitar. Dios gracias que las veredas eran altísimas. Los terceros hinchados por las avenidas de los campos del sur. hasta los poyos de la Alameda Por cierto que en tales días. se volcaban sobre las calles. No era mala diversión aquella. cuando el viento era del sur. . y batían. tan profundos.III Pepa la Fedérala Las lluvias del verano habían sido tan copiosas que la ciudad se anegó en buena parte.tas delante de la fortaleza.

ofreciendo sus víveres en tipas de cuero o en canastas de caña. y abominaban el tufo de las empanadas fritas en sebo. Hoy re- cibo sesenta bueyes. las andanzas de las mujeres avispadas y risueñas. de modo que en el mes de mayo del año 39. o los soltaban a campo abierto. arriesgándose a introducirla. siempre necesitaba Buenos Aires algunas reses para el mercado. antes de perder los animales. De las quintas no llegaban verduras ni frutas y las doscientas o trescientas cabezas de ganado mayor. o de los chorizos asados en anafes o braseritos llas de barro. Pero mi padre y sus camaradas estaban hartos de aqueescenas. Más de cuarenta se han perdido en los pantanos del arroyo de los Perros. que los estancieros mandaban diariamente. se carnearon hasta los bueyes de los aguateros. con la rigurosa observancia de las leyes eclesiásticas. me dijo: No irás hoy a la oficina. se habían reducido a la cuarta parte. que jugaban y bebían. esperando repuntarlos cuando el tiempo mejorase. Las tropas se empantanaban y los troperos. formaban un cuadro original. Don Juan Manuel. donde estaba la casa de gobierno. y el consumo de carne se reducía mucho. le pidió que se mostrase buen federal. y donde el Restaurador albergaba a los personajes ilustres que visi- taban la ciudad. Una mañana en que recibió un chasque de sus troperos. y ciertos días no llegó al matadero un solo buey. Aunque era cuaresma. los volvían a su querencia.LA CORBATA CELESTE 35 tas de los soldados con chiripá rojo y chaqueta azul. sabedor de que mi padre tenía una novillada en las afueras. Con la inundación de los suburbios la ciudad estaba bloqueada. ya está conforme en ello Y — el Restaurador. Si todos sus amigos se . así lo hizo mi padre. bajo el puente levadizo. con el fondo imponente de la fortaleza. Acompáñame a la Convalecencia. No importa: don Juan Manuel quedará contento. y la humareda apetitosa de las fritangas preparadas al aire libre.

El debía acompañarnos. criado de don Tar quino. vestía a la par de todos los buenos federales. azul de los buenos federales. El maestro Pancho. recibió orden de ensillar dos caballos. postre predilecto. un tambero que diariamente nos traía aquella inolvidable mazamorra con leche. Jesé Antonio. Bien montados los dos. fumando chamico o silbando extrañas tonadas. salió pretextando que el mazamorrero llamaba. criollo — — — . uniformados sobre los trajes de don Juan Manuel. en efecto. con hábito de franciscana. el mazamorrero. Mi padre. pero con bastante distinción en la apostura. chaleco punzó y corbata blanca ciñendo el alto cuello puntiagudo.36 HUGO WAST resignaran a perder algo. pero a mi entender con ganas de vernos partir. y lo suplantó el negro Brumoso. generalmente excursionaba en una galera tirada a la cincha por briosas muías. no con tanta agilidad como en sus buenos tiempos. Aunque mi padre era hombre de a caballo. por cierta promesa hecha a San Antonio. como hoy el pan o la carne. que acababa de llegar de misa. por ser más conocedor que nosotros del camino. pero estaba atareado con una pared que construía en los fondos. chaqueta y pantalón azules. y así montó esa mañana. Estaba allí. nos dijo con gentilísima sonrisa. ofrecido entonces de puerta en puerta. Mi tía Zenobia. que el frac color pasa que te has puesto. la ciudad no pasaría estas penurias. porque no habría salido a cinco cuadras de la plaza Ma- yor. de los que mi padre tenía en un sitio ajeno a la huerta. cuando acompañados de Brumoso tomábamos Pero me gusta más la chaqueta por el medio de la calle. que pasaba horas bajo los arcos de la recoba. un albañil y carpintero incorporado a nuestra servidumbre. Pero esa vez no había que pensar en tal comodidad.

Mi padre tosió. —¡Bah. empezaban las quintas cercadas de tunales. a lo menos calló. que hablan de más. . ¡Ay! qué malos días había pasado yo. . y yo iba detrás revolviendo mis de tristezas. escudriñó los tunales del camino. Hace varias noches que no van a casa. o tapiadas y rodeadas de zanjones llenos de agua. . y van a la de nuestro amigo. José Antonio ¿ Pero por qué no se les vé?. ¿Qué ha oído.A CORBATA CELESTE 37 te lo que a ti dije yo para mi capote gusta más es lo que va adentro de la chaqueta azul. creyendo a ratos en la versión de Benita. Lenguas ociosas. He oído algunos chismes acerca de ellos.. . Que en lo de Matorras se juntan los unitarios. Ignoro si mi tía advirtió mi estado de ánimo. tata. y de su nombre. se- —¿Qué — dre. y de su casa. les pasará a los Matorras? preguntó mi paescarbando en mis propias cavilaciones. por primera vez se me ocurrió que mi amada tía tenía ganas de ser mi madrastra. Pero todavía no comprendí la razón que la moviera a estimular mis festejos a Leonor. los Leones tampoco. Ya éstos no se animan a ir a la casa de Diego Arana. cuyos ojos ardientes espiaban la casa de Matorras desde los fondos de la nuestra. porque el nido está descubierto. Yo respondí cualquier cosa. por salir del paso. I. Marchaba delante el negro Brumoso que conocía la profundidad de todos los baches. . Mi padre le seguía. huyendo de su presencia. Estoy cierto de ello. A diez -cuadras del centro. ¿Ya ella?. Felizmente no tuve ocasión de encontrarme con Leonor ni a solas ni delante de otros. — — — — — — — . . más que mediado el camino hacia la antigua Casa de Gálvez o Puente de Barracas. bah! — Y — El matadero de la Convalecencia quedaba a una legua la plaza de la Victoria. tata? interrogué con ansiedad.

Pasarán cien años antes de que la población se extienda hasta estos andu- — — I ! — rriales. que me tenía intrigado. Porque visiblemente mi padre se turbó al oír eso. por tranquilizarme a mí mismo. ¿A ella. De pronto lo vi sacar una pistola. ni los dueños querrán habitarla. — emocionado interlocutor. y con la mano trémula me señaló otro montón de ladrillos. que por convencer a mi — i ! — — — — — — — . Una luz inefable bañó su rostro bondadoso. qué novios le dan? Yo no sé de ninguno. pero nada he oído. Lo que es aquí. a la izquierda de la calle. y el ¡Buen tiro! negro se volvió a mirarnos. 38 HUGO WAST ñaló con el mango de la fusta un caserón medio hundido en el barro. que solía llevar en sus andanzas. exclamó mi padre alegremente. ¿Y qué piensas? contesté rotundamente. tata. más Que no tiene novio. Pero qué ganas de enterrar patacones exclamó Mira esa casa. Brumoso no decía palabra. que hoy es la calle San Juan a la altura de la de Salta. dijo. y deberías saberlo Así es. todavía distante. era envuelto por la edificación. José Antonio volvió a carraspear y concluyó su frase anterior. Pero tii andas más que yo. Yo pensaba en Leonor. en el casco de la ciudad. . y piensa lo que valdría construida en uno de tantos huecos. — — — — . sino que el mismo matadero de la Convalecencia. resultó! ¡Habían pasado cincuenta ciudad no sólo llegaba al sitio aquél.. y apuntar a un carancho posado en un arbolito a cincuenta pasos de él. sin sujetar el caballo hizo fuego y cayó fulminado el pa- ¡Qué mal profeta la años y jarraco. Negro Brumoso es bueno para esto dijo. chispeantes los ojos y lleno de orgullo. donde se habla de esto. y Cuánto ladrillo perdido.

mi quear. el terreno se alzaba. Oíase a lo lejos la gritería de los peones de mi padre. Algunos perros corrían con ellos. encarnizados en la persecución de algún buey. tío. donde se realizaría la faena de carnear. que arreaban la boyada. pasto. que atraía a los buitres y a las gaviotas. Pronto divisamos. el peón que había ido más leios a ataiarla. deseoso de lucir su cabal^^adura y cruzó por en medio de las bestias arremolinadas a la Cuando te^lriT puerta del corral. para encerrarla en el amplio corral de palo a pique. lo alcancé hablaba con el juez del matadero. acosada por jinetes que galopaban revoleando sus arreadores de largos torzales. Vuelta buey viejo Era una carrera desenfrenada. sacaremos yn matambre para churras- —Lársfuese.! I. algo apartados para no salpicarnos de barro. flotante a la espalda el rojo poncho de baveta. . escapado del rodeo.A CORBATA CELESTE 89 o ¿ Había o no acertado al decir qne no tenía novio ? ¿ Era no verdad que alguien se escondía en su casa? A medida que nos acercábamos al matadero. y del primer novillo qne carniemos. Nos acoeió con que del suelo no vn a npsar. Ya le he mandado cebar unos cimarrones. 'into Olmos. Mi padre picó espuelas. sobre la gran llanura cubierta de y franjeada de cbilcales. y el camino se volvía más seco. parienalegría. El paraje era despoblado. regresaba al trotecito. oue terminaba siempre — Y I ! j con el triunfo del hombre sobre la res indócil. con el cavallo sudoroso. de tal modo que pudimos galopar. obligada a volver a juntarse con las otras. pues en la vecindad del matadero reinaba un espeso olor de sangre corrompida. el remolino de la bacienda cbúcara y hambrienta. un mocetón gallardo y fanfarrón.

al arrimarnos. un chamberguito adornado por el cintillo con la implacable leyenda: "Viva la Federación. habiendo oído que don Juan Manuel no usó otra indumentaria en su juventud. La brisa ba en su renegrida melena que le llegaba hasta los bros. que nunca pude pasarlo. dijo mi padre que no gustaba de aquel duro manjar. dijo mi primo. no le caían mal todo era rico el flotante poncho de vicuña. mueran los salvajes unitarios. ojos zarcos. Quizás le hubiera perdonado estas manías. Vestía a lo gaucho. De una horqueta de la tranquera. y la bota de potro ennoblecida por las gruesas lloronas de plata. frente a la casilla del juez. y las prendas. ceñida por un tirador chapeado. en cuclillas. Uno de los paisanos. en sus chocarrerías." Yo no era bajo. saludando a dos o tres gauchos que hacían la tertulia del juez. y rubio como el azafrán. secas y blanqueadas. en su hermosura montaraz. asomábale por el del poncho. con el sombrero taba el fuego para el mate y el churrasco. Jacinto. el chiripá de paño rojo. que se le antojaban donosuras. — — Alrededor de la casilla. Se moría por ser admirado en su fuerza. la punta de un largo facón. Le sombreaba la arrogante cabeza. blanco de tez. sobre el calzoncillo de hilo cribado. voló un carancho. donde se sentó mí padre. y él oficiosamente fué a atar los caballos en un palenque. mi tía teníalo en grande estima. Era alto. señalándolo con el cabo del rebenque. avenjuga- homborde . pero Jacinto me superaba en un palmo . y cada vez que se agachaba. Me puse colorado como el chiripá del mozo. fuerte. Desmontamos. de no advertir sus asiduidades con Leonor.40 HUGO WAST Buenos dientes los tuyos. había varias cabezas de vaca. : — — y medio. la camisa blanca. sobre el suelo. No sé qué había en el carácter o en la figura del muchacho. Hoy van a estar de fiesta los mozos de fraque. y no vse aumentó mi simpatía por él.

trabaron conversación en su misteriosa lengua Mozambique. montando de un y echándose sobre el fugitivo. de grandes cuernos y ojos salvajes. restregándose los ojos llorosos. — gritó mi primo. Llamónos la atención ver llegar luego. y por la pinta. que traía en ancas a una morena de cierta edad. se había apartado a los alrededores tiempo atrás. porque enseguida. —A ese le carnearemos primero salto.! LA CORBATA CEIvESTE. en oliendo carne fresca Grandes risotadas acogieron a aquella mujer. y ceñida la cabeza con una vincha punzó. en un caballo de buena estampa. a juntar las achuras. y agraciada por don Juan Manuel con los galones de alférez. Debía de conocerlas. a un gauchito joven. que iba estrechándolos y quiso — escapar. chucaros. — — un rincón. rompió la línea de jinetes. Toda la hacienda estaba encerrada en el inmenso corral. grandota como un rancho. le dijo Jacinto que acababa de armar un cigarrillo en chala. Un novillito más nervioso y arisco que los demás. ¡La gran flauta! ¡ahí r"tí PrfíP ^'} Tvc\»r»\n^¡ ¡qué había de faltar. por encima de la palizada. marimacho fogueado en todos lo sentreveros que libraron unitarios y federales desde el año 28 hasta el 44. pinchó una astilla encendida. con displicencia. lo tomó de . hasta que de surgió una tropa de negras harapientas. 41 Todos tenían el igual catadura y llevaban ostentosamente cintillo federal. compadre. Eran los animales corpulentos. y se la alargó al juez del mercado. arrebozada en un manto canela. Pase el fuego. Lo alcanzó antes de que saliera del corral. y de todos los colores conocidos. Seguíala una nube de perros de todos tamaños y pelajes. se incorporó. y los peones se preparaban para carnear. desenvainó el facón. que caían como los caranchos en las horas de carneada. Cuando se encendió la leña. hambrientos de Brumoso. El paisano.

.: 42 HUGO WAST través y lo atropello tan violentamente en el encuentro de su brioso caballo. donde el bigote ponía una tenue sombra. Las negras y los perros. El animal saltaba en el suelo. (A ver si movés las tabas. se acercaron a la sombra de los lamer la sangre. . El increpado tan duramente. empezó entre los bueyes un furibundo y desgarrador concierto de bramidos. y te comedís a avudarnos! De seguro que algo han de llevarse vos y la Fedérala. Los perros que asesaban echados a palos. El tono con que el juez del mercado hablaba no era amistoso. mirando trabajar a los otros. maulas. cuando mi primo descabalgó. envolvía el paisaie. No tuvo tiempo de incorporarse el pobre animal. a despenar un bicho dijo Jacinto. desprendió el lazo de la grupa de su caballo y se juntó a los otros peones. será para el Ilus- Restaurador de las leyes. Un levísimo cendal de polvo dorado.jQué estás haciendo ahí como un pazguato? di jóle . el novillo del Restaurador estaba con las patas al aire. en cuva empuñadura había clavado una onza de oro. facón en mano y en dos tajos le cortó los jarretes. Al esparcirse el olor de la sangre del primero sacrificado. habían invadido ef corral. rasgado largo a largo por un tajo profundo y recto. se encogió de hombros y se mordió los labios finos. permanecía recostado al palenque. limpiando en la caña de la bota el rico facón. Desde que había entrado al corral. que lo tumbó. El gauchito bajó la cabeza. Cinco minutos después. Aprendan. y se volvió pausadamente a la casilla. desangrándose y mu- giendo.mi primo al eauchito que viniera con Pepa la Fedérala. corrían a dispu- tarse los bofes. por ser de buena carnadura. — tre Mi padre le dijo Este. y — — — — — no bien se empezaba a degollar un buey.

ver. vaho nauseabundo y cálido se difundía en el aire De la tierra húmeda se alzaba un vapor que esfu- contornos de las cosas lejanas. un ranchito de tapado con ¿estás barro. pero la había perdido de aquí. calculando probablemente las mejoras que él habría introducido en aquel cuartujo de adobes.'•- hA CORBATA CEI. respondió mi padre. contestó Pepa. Pepa ? La vista. Jacinto que estaba atento a la faena de la carneada. Por Casa de Gálvez. que abundaban los tipos curiosos. mozo. con displicenNada he oído — — — — — — cia. y se encaró con la mujer. !^e me aproximó sonriendo. que examinaba la casilla del juez. la mi amigo. si me hace prestar un cuchillo. conocía de tiempo atrás. — Bueno tendrás el costillar de regalo. 43 Un fresco. se ajustó las gafas. y yo no conozco más trabajo que el de la lanza. —A — ¿ En dónde vives. que se ha agenciado mi hombre. Aunque dicen que el salvaje unitario La valle está por darnos el gusto de echársenos encima. Su tata me ha de dar un costillarcito. días antes en casa de don Juan Manuel. cueros. no obstante lo despreciable de aquel rostro-marcado por la vida aventurera y azarosa. es toda mi . Yo sí había oído algo de ello. irguiéndose con altivez. Ya no hay guerras. pues has perdido la costumbre de ganártelo. se acercó a nosotros y dijo: Se habla de que los inmundos franceses se han entendido con el pardejón Rivera. . ri- queza. Los ojos de Pepa la Fedérala se encendieron. para ayudarlo al asesino Lavalle y a los salvajes unitarios. aún en esos tiempos en los maba Yo nunca .KSTE. —Lejos de —¿Te pagan tu sueldo? aviada? —De ande mi amo. había visto de cerca a Pepa la Fedérala. personaje tan pintoresco y original. ¿no es cierto? Mi padre. lo cual la hacía singularme^e simpática.

lo lo cogió por la cola. y me dirigí a la casilla. Pepa. Blandió el arma Pepa. sotreta! Parecióme airada de veras la voz. Hasta que una que le conocía la historia. — Casi me has pegado con intento. para impedir que se alzara de nuevo. a tiempo que Jacinto se encaraba con el gaucho de la — ¡Ahijuna! Fedérala. un riñoncito. tomándolo por la hoja se lo alargó. — ¡Déme cabeza. vejiga para llevar manteca al pueblo! le sobra. le tocó su la ! . gritó Pepa. tenían enlazado un buey. Yo me había aproximado al grupo. . ¡ -r- murmuró la éste. salvando el cuero de todo tajo. —^No fué de don. y se echó al medio del corral. entre ellos su gauchito. el chambón pasó cerca gauchito. que anda —¡Bien de los paisanos que entre sus barbas: acompañaban a Jacinto. de pronto los gritos del juez del matadero. echándosele en¡Este es mi costillar! cima. el Parece que lazo. y de un tirón acostó en el suelo. Uno muró haya la hembra patriota! Desenvainó el facón. donde los peones.. "mi alférez"! —Tuya será — contestó Fedérala. mur- — caro. ! 44 í HUGO WAST — Amalaya! — exclamó. Tome. ñá Pepa ¡ Si Todas las negras la acosaban y ella a nadie atendía absorta en la delicada tarea de desollar el buey. ña —¡Y a mí — Y ella misma lo degolló. —¡A mí. la tripa gorda! flaco. la la con voz autorioí taria. pálido y argolla. ¡yo te voy a enseñar a enlazar. ronco de rabia o de miedo. y no lastime el cuero. doña Pepa. revoleando del grupo donde estaba el juez. . mientras lo La forzuda mujer — — amarraban. y pulidamente.

Una negra despavorida. pues Jacinto lo volteó de un garrotazo en la cabeza.. pero yo lo abracé por Largó un juramento. y aquél. Uno de los compañeros de mi primo lo tanteó. se encrespó al oír el nuevo Era un mocito empacado. el gaucho yacía en tierra. lo aguardó no más. ¡Mejor! respondió éste. que se había turbado un — — poco — Qué ¡ — ha de ser mejor ! no te la va a perdonar : un otro te hallará donde pueda cobrarte la deuda. bañado el rostro en sangre. ante la gallardía con que el mancebo lo miraba. mas no alcanzó a sacarlo. entonces. Fué una escena vivísima. media voz uno de sus compañeros. Cuando nos acercamos. enarboló de nuevo el talero y fué a descargarlo sobre el hombre caído. dijo a Vale más que lo despene de una vez. y me eché sobre día u — — ¡ — Jacinto. empujón. y Jacinto fuera de juicio. ^No lo has muerto. No pude tolerar crimen tan cobarde. repeliéndome de un la cintura. se alzó el ala del sombrero. L/Os dos se miraron. gritó Ña Pepa. le están matando a su hombre Jacinto se estremeció. ¡ — Quién mata a un hombre —¡Yo! — contestó cínicamente. por su torpeza. y con la mano a la cintura esperó al otro. le tiró un revés con que habría podido matar a un caballo. Jacinto. Pero no hizo ni un movimiento. El gauchito se agachó y el terrible puñetazo castigó el aire solamente y acto continuo lo vimos echar mano al cuchillo. los otros compañeros parecían de acuerdo con este pronóstico. y con la mano izquierda del cuello: me agarró —¡Si no me soltás te estrangulo! . con su pesado talero de insulto. : ! ! lA CORBATA CELESTE 46 Humillado. hierro. así y le detuve el brazo. El era muy fuerte.

si lo querés salvar dijo despreciativamente. blandiendo el facón que chorreaba sangre. hijo. que no era capaz de matarlo caído — ¡ . me lo ha salvado! ¡Haga Dios que algún día pueda pagarle esta deuda! yo en mi pensamiento. — — exclamó ¡ ella poniéndose en jarras. Esa frase alivió la horrible tensión de todos los corazones La Fedérala. — llorosa. —¡Brumoso! ¡tráeme el caballo! Luego añadió en Has sido imprudente. ¿No estás muerto. muy emocionado y rendido por el esfuerzo. Abran cancha conmigo se las van a ver Ante aquella furia se clareó la concurrencia a nuestro alrededor. por contenerlo. ! ! 46 HUGO WAST Y lo hubiera hecho así. gritando como una gallina. ni en éste ni en el otro mundo. Ponele unos paños de árnica. Jacinto vio un nuevo adversario. Cuando guste.. de no llegar la Fedérala. me dije: Haga Dios que nunca nos topemos. y le hizo frente. Vamos a irnos. José Antonio. muerto ? Alzó la cara — Y — — — — — . No doy ahora un medio por la vida de Jacinto. se echó sobre el cuerpo del gauchito. buena mujer. pero voz baja: has hecho bien. impresionado por su fealdad y su bravura. Mi padre se me acercó. me vio y me dijo con una expresión de gratitud conmovedora: ¡Usted. Bien decía yo. junto al gaucho tendido en tier jra vSu imprecación era a la vez un desafío y una súplica: Jacinto vaciló ante aquella sangrienta y espantable figura. mi alma? ¿verdad que no estás — ¡ ! — . has salvado la vida de un hombre. y comprendió el ridículo de batirse con una mujer. tatita. niño. aunque mi padre clamaba y forcejeaba.

Se ha escondido un par de matambres entre las coronas y el recado. Don Tarquino tiene buenos dientes. mientras mi padre espoleaba suavemente su caballo para hacerle alargar el soi ! — — misma — Hum — mis horas brepaso. señalándomelo..15STE. y me puse a cavilar en lo que llenaba y mis días. 47 le se lo coma. y tomamos el camino del pueblo. pues se lo ha ganado. que sin invitarnos se había puesto a churrasquear. .A CORBATA CEI. Nos despedimos con alguna frialdad de nuestro pariente. respondí yo entre dientes. No han de ser para su amo. que es la honradez —Que con su pan — — — — hice yo. Delante iba Btüiuoscu Mira ese "Bribón me dijo mi padre. I. por lo visto.

conforme lo hacía cuando nervioso. en aparente desorden. y me puse a cortar unas plumas. pero bien clasificados en asistente trájole un mate. Encarpéteme este pliego me dijo. De pronto se detuvo y exclamó: Rivera me ha declarado la guerra De eso — ¡ ! habla esa carta. a el juzgar por encabezamiento. y póngale este título: "Locuras del pardejón Rivera". y reanudó el comentario sobre la guerra con el presidente uruguayo. si Dios me ayudaba. Un — Qué ¡ atolondrados son mis enemigos ! ¿ Sabe adonde . estaba Empezó a pasearse. Hágale una carpeta especial.IV Una canción en la noche Llegué temprano a casa del Restaurador. para hacer buena letra. con aire de burlona complacencia. cargada de documentos. que debía de habertraído alguno de sus espías de la Banda Oriental. entregándomelo con aquella mano pulcra y fina. tomó. que tan rudamente empuñó durante veinte años las rien- — — das del gobierno. Fué a sentarse ante una mesa grande. examinando un papel. Ocupé mi sitio. lo Era un retazo de papel ajadísimo. como la de una reina. y lo hallé solo. pues tenía los nervios excitados y el corazón lleno de angustia. y él lo su férrea memoria.

así el rey guardachanchos verá que no soy un bandido. al rey Luis Felipe.. por ese tiempo. Córteme unas plumas. Sin embargo. como ha dicho Thiers en la Cámara. En realidad. como que se pasó días enteros ensayándose. Desmenuzando en mi taza un H. Malos auspicios para una guerra. y ya no sabía qué cara poner para demostrar a cuantos sospechaban de mí. Seguramente Luis Felipe no sabe que sus buques se están pudriendo en el Río de la Plata. y con pueril satisfacción se puso a rasguear en una plana. cuando se firmó la paz. — — — . en aquellos días afanosos yo no cavilaba en otra cosa.. que no se me importaba un ardite de Leonor. Wast: La corbata celeste bizcochito fabricado por 4 . quiero ensayar la letra. me dio una noticia: ¿En qué andará la niña Leonor que ya le he visto tres veces en lo del señor Buitrago? ¡Qué me importa a mí lo que haga la niña Leonor! contesté con violencia. y los ojos de la mulata resplandecieron de alegría. encantado de los perfiles de su hermosa letra española. ¡De veras que es graciosa esta muchacha! pensé caras. ¿Por qué mi tía no encenderá un par de velas a San Antonio. pues estaban en plenas hostilidades. y su carta fué un modelo de caligrafía. pero lo hizo después. como la de los franceses. Voy a escribirle contándoselo. — — — — viéndola alejarse. con guantes y careta! respondí yo. mi pensamiento volaba lejos de las plumas. Le alcancé una pluma recién tajada. Será una mascarada. a ver si alguien se la lleva de una vez? Estaba harto de sentirme acosado por sus malicias.A CORBATA CEI^ESTE 49 — ha firmado Rivera la declaración? ¡En un baile de másdisfrazado de Moro. en cuya confección parecía absorto. por quien llegaba a saber algo de la vida de Leonor. Esa mañana Benita.. No le escribió. conforme a la intención de esta criatura. I. sin embargo.

y atisnita mi me puse a considerar si me contaba. tendría algún del Socorro. mientras cortaba las plumas. E. que un color se me cambiaba en otro. todavía no hecha. Estoy secando lo hallo Don Juan Manuel lo advirtió. / a mí.. — Pues No conoce mi quinta de Palermo? — No. señor gobernador. como Lo que me hace si falta — — i . El señor Buitrago.50 HUGO WAST tía. está nado y plantando árboles. intranquilo . —Bueno. y cómo somos de suspicaces cuando la pasión nos ciega! ¿Por qué no me expliqué todo recordando que don Tritón Buitrago. amigo? — No. y — noto mustio. Si era cierto que Benita había encontrado allí a Leonor.. mandaba bando secretos. podía decir yo como mi tía. cura a su fámula con pasteles. La mulatilla servía de mandadera a tía Zenobia. y mi tía que gustaba mucho de esas golosinas. a quienes vestían las manos industriosas de Leonor? Pensé tantas bobadas. señor. ni mi tía. siendo verdad lo que Besignificado especial. usted le hace falta el aire del lo —¿Anda enfermo. casada con un viejo músico de los granaderos de San Martín. ni la mulata Benita se preocupen de mis cosas.. y madre de un grimillón de criaturas.. para que volviera con un platito de dulce de Tucumán. en casos análogos: "mala tos le siento al gato". vivía con su hermana misia Inesita Buitrago de Corrales. anduviera en amores. o tomillo. era tucumano. ' A | I . y solían enviarle de su provincia. campo De un tiempo atrás ^ . y lo mejor del día se lo pasaba de casa en casa llevando mensajes y regalos a las relaciones. señor gobernador estuve a punto de exclamar es que ni V. miel de caña y chancacas. Bien podía ser. ¿ j I el ba- Un día lo voy a llevar. el viejo cura del Socorro. ¡Extraña anomalía.

y cuando enfrenté la puerta de Leonor pasé de largo ¿Qué podía decirle. es la lo lo visto lo . Di vuelta a la manzana.! . renacía mi resolución de volverme y entrar. . — No nombre. Estaba resuelto a ver esa tarde a Leonor. Corría por la calle. mire que pierde. venir varias — No nombraré. pero al aproximarme a la "Botica de los Leones". con la humildad de un penitente del tiempo de Teodosio el Grande.A CORBATA CEI. y me acerqué. pero ya he veces a de Matorras —¿Cómo anima a hablarme de en plena te lo tí.. cuando las paredes oyen? Suavemente la sumergí en el antro de su botica.. y si no fuera que noche de por medio vamos a la tertulia de Zenobita. no diga eso exQué mal pensaba. y a pedirle misericordia. hijito? Hace mil años que no te se ve. con los unitarios que emigran. . pero misia Mariquita León. me mire un poco Leonor. Iría a su casa. anda por darle un trancazo. para ser bien acogido. ¡ recer como un espía? medida que me alejaba de la casa de Matorras. Leonor! La campanita de San Juan tardó mil años ese día en marcar el minuto de mi liberación. y cuando ella saliera. se me calmaron los ímpetus. llamaría a su puerta. señora clamé temeroso de que su charla me pusiera en un com- —¿Por — salió al encuentro. porque verdad. .ESTE 51 que en cambio de lo que ustedes me dejen de mirar. ¡Tome un te de hojas de naranjo! me dijo don Juan Manuel cuando me despedí y acuéstese. por Dios. lo lo —Yo digo a hijo mío. A me qué andas tan perdido. Atkinson . ¡Oh. lleno de amante impaciencia. se esto calle. podríamos creer que el gringo Atkinson te ha llevado en su ballenera a Montevideo. I. me encontraría arrodillado sobre su umbral. j ! ¡ ! — promiso. . y no apa- — — — .

y sombrero en mano. Detrás de ella venía la mulata con otra charola más grande. calientitos. dorados. y salpicados . como leones asirlos. desconfiando de mi federalismo. Política. también de pasteles. abandonando la idea de hablar con Leonor. los de la patria? ¿qué nos importa a nosotros que los unitarios. ^¿Y eso qué tiene? Ella dice que en la ballenera de Atkinson se están escapando los unitarios. me habían alar- mado Empujé . como él sabe. con las — ¡ ! — — cuatro alitas abiertas. que ? Tía Zenobia llegó a tiempo de cortar la letanía de mi padre Estaba el horno frío dijo. y fué a repetirme algún chisme peligroso. la puerta de mi casa. depositando en un extremo de la mesa una bandeja de pasteles. política ¿ Por qué las mujeres se meterán en política? ¿No es mejor que atendamos nosotros nuestros negocios. que los franceses. contesté yo atándoLa misia Mariquita León. Las palabras de misia Mariquita acerca de las entrevistas de Atkinson con Matorras. que Mandeville. Tarde vienes. entré en el comedor. José Antonio.. que los federales. 52 HUGO WA^ST Me miró con fijeza. que Rivera. que Oribe. de azúcar. —¿Qué ocurre? Me ha detenido para contarme a gritos que ha visto al señor Atkinson entrar en casa de don Jerónimo. que cuadraba el gran patio. que Lavalle. que. cuando yo. que columbré en la trastienda la rechoncha figura de don Pío León. y se puso a golpear el vaso con el lomo del cuchillo. eché a correr calle arriba. Mi padre hizo un gesto de aburrimiento. mientras don Juan Manuel atiende. y donde ya estaba sentado a la mesa mi padre. que. les va a dar algún disgusto me al cuello la servilleta — — — — — ' — — a los Matorras.

tirándole un Bravo. Hasta el barbero cuando va a su casa le llama "el señor canónigo". El horno estaba frío. cuando . mi tía estaba para pintarla. recogidas las mangas en forma que se apreciaban los oyuelos de los codos.: IvA CORBATA CELESTE 53 vestidos caseros. Don Santiago Corrales. pasándose la yema de los dedos por donde casi la pellizcó mi padre. animada la tez y los ojos chispeantes. como las hornillas del fogón. fastidiado. con que salía cada tarde a desentumecerse en el paseo de la Alameda. observó mi padre. . Zenobia pellizcón al brazo. Ha sido tu maestro de latín. rellena -de brosa con pasas y aceitunas. porque el señor Buitrago era uno de los dos o tres camaradas. Mi padre me miró severamente. Le mandaremos una fuente al obispo Medrano. Con la — ¡ — — ! — — al título. y delicadamente se puso a partirle la pancita. será. que estaba con los brazos cruzados sobre el pecho. Conversaba medio en secreto con el señor don Santiago. atenta a la conversación y pronta a meter su cuchara. pinchando un pastel de la bandeja. y ! es bueno acostumbrarlo dije yo. re- le tiene — cordando lo que me contara Benita. aprovechó la circunstancia y dijo Ayer. José Antonio. Van con frecuencia. No me han salido muy bien. exclamó mi padre. hija. repitió ruborizada mi tía. en frente de nosotros. un delantal inmaculado ceñido a robusta cintura. para que nos diga de qué convento son. La mulatilla. fui con el mandado de su merced. ¡ — —¿Ya canónigo? pero —No — Pocas ganas que es es. era el marido de Inesita — — — — — — — Buitrago. no está bien que le pierdas el respeto. estaba la niña Leonor en lo del señor cura. y envuelta la cabeza con un rico pañuelo de espumilla. agregó la muchacha. Le mandaremos también al canónigo Buitrago. con aquella inverosímil confianza de las criadas de la época.

—Me duele —¿No vas a comer más? —No. lengua de trapo!—exclamó si mío.Como dicen que señor Santiago — contestó taimada y graciosa unitario —¡Dios bendiga. como en misa. Sin ganas de seguir comiendo. tía. En oyendo el nombre de Leonor en boca de Benita. como si se le hubiera quitado una preocupación. una taza de caldo con una yemita. como ahora. me levanté. provocada por las palabras de la mulata. nuestra cocinera. mi padre despanzurró el pastel. tomaré una ta- za. y lo alejó con el plato. mi voy a esperar la cabeza. y esperé a que rezaran los padrenuestros por las almas de Dorrego y de Quiroga. se acomodó las gafas. me en- Me mi tía — — . otro fué abollado por — ¡ ! el es — . Una sirvienta. yo me ponía inquieto a mi pesar. sino al final. te la criatura.. era para resucitar muertos. tata. Mi tía le clavó los ojos extrañada del interés que él manifestaba. se puso a engullir el despanzurrado pastel. el es o no . a ver si me ha acabado la tabaquera. y el que nos hacía mama Felisa. que guarnecía un rincón de la pieza. Habráse visto bachillera igual ¿ qué has querido decir con eso? Los pobres pasteles pagaron la nerviosidad. no al principio de comida. la y saldré a dar una vuelta. y niiró con fijeza a la joven... iba y venía con otros platos humean- Y y copiosos. En tomé. esos tiempos el caldo servíase. De una cuchillada feroz. tes — — bando mi irreverencia.54 iirCo WAST Mi tía arrugó la frente. el caldo.. dijo mi padre. pues. repro^En la mesa. No te olvides de pasar por lo de don Manuel Masculino. para pedir la bendición y marcharme. que batió amorosamente. riéndose. mi pa- dre. Uno quedó hecho picadillo bajo el tenedor de mi tía. y fui a sentarme en el sofá de crines.

lo sumo. aunque más tarde supe que con la apariencia nos engañaba. porque sus padres los encerraban.A COPvBATi.. I. son para que los coman los le . al alcance de las parroquianas. a esa hora el portugués había descabezado ya su siesta y en la trastienda jugaba a la malilla con dos o tres peninsulares. don Tarquino se atrevía a exponer sus mejores telas. más largo que la obra de la catedral. servía de tema frecuente a las conversaciones de mesa redonda en el café de Catalanes. que restringía la importación de mercancías europeas. el bloqueo de los franceses. que podían juzgarlos al pasar. En la desolada plaza. Almorzando temprano. desde mi casa veíanse los percales que desbordaban. voy a mandar unos pasteles que que muy buenos. A i . Don Tarquino salió al advertir mi presencia. para librarlos de riesgos y de travesuras. antes que sele un ardite de las cosas del gobierno. y teníasele por un buen partidario de don Juan Manuel. clavados sobre las paredes a uno y otro lado de la entrada. se veía uno que otro negro conductor de viandas. que acudían allí a matar el tiempo y a hablar de su comercio. CEIvESTE 5o aunque por la comendó mi padre. Socorro. La verdad es que entonces las gentes se inmiscuían menos en política. — — Era la hora sagrada de la siesta. — el pinta eso va a ser —Y si pasas por dímele a Inesita aunque no están niños. me gritó mi tía. Como quedaba debajo de los arcos de la recoba. Ostentaba sobre la escasa barriga un llamativo chaleco rojo. Ni chicos ni grandes andaban por la calle. La tienda de mi padre estaba abierta. se entretenía huroneando las bandolas. que al volver a su casa. . cuyas casas no tenían abrigo contra el sol y la lluvia y el polvo. los grandes porque dormían y los chicos. y trataban más de sus negocios que de los del estado. lugares de reunión muy concurridos. o en el de Mallcos. lo cual les era imposible imitar a otros tenderos.

y maqul nalmente me puse a barajar los naipes. ¿Y en qué podemos servirlo. en los días cálidos. — — : . como un cohete. versación ? Atolondrado. ni las figuras de los contertulios. ansiosos. atraído por mis modales se ubicó a mi lado y se dispuso a escuchar. señor don José Anto nio? Don Tarquino. me dij( Amito Fonseca juega con los amigos. Don Tarquino salió al advertir mi presencia. trascendía a abandono y a avaricia. aguardando que el manantial de mis palabras refrescara la agotada con- Pero detrás mostrador. del sin medias porque el armatoste salvaba las apariencias. apena. El obsequioso portugués se restregaba las manos. y hasta sin pantalones. que en nada. que lo asemejaba a su señor y se espabiló al sentir mis pasos. en mo — casi un personaje. en zapatillas. sintiendo la necesidad de aclarar lo que . sombrero de fel pa y rauda capa.56 HUGO WAST Bru ir. — le contesté amablemente y él. ¿Cómo está mi señor don Bernabé? ¿y mi seño rita doña Zenobia? ¿y su merced. levantando la tapa del mostrador para que pasara. diluida por la claridad que rendía un traguluz abierto ei No sabiendo yo a dónde el moso roncaba sobre — — el tejado. sin rumbo. ¿ Pero qué había ido a hacer yo a esa cueva lóbrega donde todo me era repulsivo. mostrador: ni aún dormido per día su aire servil y taimado. La verdad es. desde las horrendas zapatillas del portugués hasta los ronquidos de Brumoso. mi señor don Josí Antonio ? Había yo tomado asiento entre los amigos. que la anegaba. sir contar el olor a tripe de Bruselas. había salido de mi casa. como asistía a nuestras tertulias. de medio cuerpo pan abajo. con botas charoladas. señor don Tarquino. me fué a la tienda. antes qu( yo pudiera distinguir nada en aquella penumbra. co si le regocijara el verme.

hizo ¡vaya. en — — — — — los otros se rieran. me soltó una pregunta llena de miel. Ciertamente que no sería noticias de Leonor.. y dejó Toda la ciudad está llena de la noticia del casamiento del señor don José Antonio. un tal don José Alaguer. ¿Y cuándo es el casorio.. y me he venido a acompañarsiesta —La — sonrisa. compañero de don Tarquino. contesté amoscado. a esta hora me aburro en casa. y sin saber dónde hallaría las noticias. pulpero catalán.57 ocurría en la familia de Matorras. y los tres compadres se callaron. vaya!. Pues se llena con poco la ciudad murmuró el otro Eso cuentan en todas partes. de la plazoleta. terio. 1. ! .. temiendo haberme desagradado con su charla. — i — — — — cosa tan —¿Por —No . ñorita doña Ma nueHta Ortiz de Rozas^ Señor don~José. .A CORBATA CEI^ESTE . Con la hija del Ilustre Restaurador de las Leyes el Excmo. — .. cuando uno de los camaradas de don Tarquino. — me metí las manos en el bolsicon ganas de no haber dicho nada y de huir cuanto antes de allí. . no mente a esa hermosa niña. insustancial .. llo. me quedé tonio — —¿El ? Don Tarquino que casorio de quién? ¿el de don Tarquino? guiñó el ojo. adonde me darían las que necesitaba para aclarar el mis- no es vicio de todos dije fingiendo una que acompañaron mis tres oyentes. Porque vamos a ver. . los. ¡Así son las tonterías que se cuentan! La seEsta no lo parece. qué no había de ser cierto lo que todos dicen? se necesita más razón que la de no serlo. señor Gobernador . ¿ Con quién ? pregunté sobresaltado. . mi señor don José AnDada mi y explicación. mirándome con tanto cariño que alguien lo hubiera tomado por mi padre. allí.

me habría guardado muy bien de dejarme impresionar por ellas. no era una locura. Rivera Indarte se enamoró de ella. y en versos que hoy me parecen muy malos. en las cuales podía fundar una esperanza. Decíase que años atrás. como cantó también las glorias militares de . su padre. las declaraciones de Rivera Indarte se estrellaron en la indiferencia de Manuelita y su fervoroso cantor se hizo el más sangriento e implacable propagandista de la guerra santa contra don Juan Manuel. y recordé mil pruebas de la amistad de Manuelita Rozas. En fin de cuentas. Ella parecía inaccesible a todo homenaje. si lo que todo el mundo veía o creía ver.58 HUGO WAST Y yo me aquello que. pero que hacía tolerables la ingenuidad de los tiempos. j verdad ? Salí las sillas de la calles la tienda de don Tarquino a la hora en que empezaban a animarse y los tenderos a sacar a vereda de la sombra. ya por su situación de hija de don Juan Manuel. Me acordé del encargo de . y enteramente consagrada al cuidado de su "tatita" lo que no dejó de acarrearle disgustos. aunque no tuviera la defensa de otro gran amor. desde las tertulias. ¿por qué no hacer que fuera Fuese que la cillo pálido. o que no le hubiera llegado la hora de amar. si yo incurría en galanteos a su hija! Pero en mi estado de espíritu. Por mi parte. ya por la atracción de su persona gentilísima. concentrado de pasión. puse a pensar por qué no podía ser cierto algún tiempo venía susurrándose en Manuelita Rozas era entonces una gallarda moza. niña no simpatizara con aquel hombreque la perseguía con sus lánguidos ojos azules. si valoraba perfectamente las prendas de Manuelita Rozas. Cuan difícil se volvería mi situación en casa del Restaurador. cantó su belleza. a la que no le faltaban cortejantes. esa tarde no me pareció tan desatinada la aventura.

tengo un peinetón. Abajo de aquella cómoda. abría la cómoda y sacaba el costurero que estaba labrando para la cuñada del Restaurador. don Manuel Masculino dejaba sobre su mesita el buril o el martillito y le tendía los brazos ¡Qué! ¿Se está por ir ya? ¡pero hombre! no ha visto lo mejor. : LA CORBATA CEI^ESTE mi padre. Experimentaba la alegría de un día de asueto. envuelto en unos papeles de seda. con el re- Y — trato de don Juan Manuel y un él letrero que dice Fedepensaba yo en ración. Sentía mi corazón aliviado y me habría echado a correr. se levantaba con vivacidad ratonil. . Tengo allí en esa cómoda un costurerito que me ha encargado la señora doña Josefita Ezcuel me del — Y rra. sabía decir cuánTambién tos pesos de papel hacían un cuatro boliviano. Mientras exhibía tales maravillas. Pero ¡qué peiítietón! Media vara de alto. . y retrato 59 fui a ver cómo andaba la tabaquera con Restaurador. Por ejemplo. luego anunciaba algo superior.. si no bastaba el anuncio para detener al oyente. era mosca en nido de araña. ¡Como si en un minuto pudiera cambiarse el destino! Pasé a media cuadra de la casa de Matorras. cliente que llegaba. casi terminado. para mi señora doña Aniceta Villarino de Lagos. era un viejecito en quien el más lerdo habría adivinado a un artista. Don Manuel Masculino. en cuanto se movía. parecíame liberado para siempre de ese dulce tormento. como un pilludo de no temer encontrarme con alguno de nuestros graves amigos. y ni siquiera la miré. ignoraba el valor del tiempo. y eso que hasta ña Micaela. no conocía bien el valor de los billetes* que cada seis meses vomitaban las prensas de don Juan Manuel. vendedora de alfajores y boUitos en un zaguán de la calle de la Victoria. de carey finísimo. Con sólo haber pensado en que podía amar a otra persona que a Leonor.

Supe en casa que Inés Buitrago y doña Marica León y alguna otra vieja. En más de una ocasión aquella mulata coja me había calles las altas veredas. habían anunciado visita para esa noche. me fui al café de Mallcos. de mi clase. y empezaba ya a faltar a mi resolución. Pero el tiempo era espléndido. Como no había merendado. Los tiempos. como aderezado para la cuchilla. no — — — bien tuviera un tiempito. guardó sus tesoros. decían algunos. por su estilo. las dos charnelitas y resorte del cierre. me aproximé al puesto de ña Micaela en un zaguán de la calle de la Victoria. Tenía resuelto no acordarme de la gentil hija de Matorras. en el resplandor de la luna llena. y al oírlo yo. Y luego pulirla. cuyo disco de oro no tardaría en refulgir sobre el lomo oscuro del gran río. donde se reunían muchos jóvenes. le dije me No me muestre más peinetones inspiran malos pensamientos. Huyendo de ellas. no el me ir faltan más que cuatro rositas de oro que han de en las esquinas. y más que todo temiendo que llegaran Matorras y su hija. —El retrato las del Restaurador ya está. Las . y transitables sólo por sobre las que agonizaban a largos trechos las velitas de sebo de los faroles. y me dio f^alabra de concluir la caja de rapé. en frente del Colegio.60 HUGO WAST cómo lucirían los magníficos peinetones sobre las trenzas rubias de Leonor. no dejaba de estremecerme considerando la tierna blancura de aquel cuello. empezaban a asemejarse. peinadas en aquel estilo delicioso que la juventud alegre de la Revolución Francesa lla- mó "peinado de la guillotina". y le compré dos reales de tortas calientes. Ya hacia el este se diluía la noche. estaban tenebrosas. El señor Masculino me miró sorprendido.

ña Micaela.. lo que pareció enfadarla.. la buena mu- — . pero no me imaginaba tanta imprudencia en Leonor.. ¿Y de ahí.. ¿Por qué contrariar así las órdenes del Restaurador? ¡Vaya! ¿por qué él ha dado en la flor de mandar — un profundo agradecimiento hacia que en mí tenía. qué embustero! Bien dicen que con las glo- rias se pierden las memorias. — fuera no — Como usté no Sentí es cosas. me enros- exclamé. ahora hay ojos que lo miran de más alto. — ¡Jesús. aunque ande noviando con su hija. pensé yo.LA CORBATA CELESTE 61 servido de Mercurio para hacer llegar a Leonor algún mensaje intencionado. Potosí? ña Micaela. —No — Como —Ya — — — La luz vacilante del farolito descataba cómicamente su rostro. se le pueden contar las así. Por los gustos se venden los mantones. reír. sorprendido de que se hablara tanto de mis presuntos festejos a Manuelita Rozas. que traba mis opiniones de federal. la entiendo. dijo la mulata meneando la cabeza. que alumbraba la mesa La miré y me eché a — Pues ¡ yo me quedó con las que en su casa se visten de celeste! Era un desafío de esclava de unitarios. salió aquello. un espía de don Juan Manuel. como si desaprobara el cambio que presumía en mis inclinaciones amorosas. niño José Antonio? ¿no hay novedades por — —Usté la calle del sabrá. por sondear el conocimiento que Bah pudiera tener de lo que ocurría en casa de Matorras: ¿Quién ha visto a Leonor con trajes celestes? ¡ ! — — — —¡Yo! Si debería decirlo. Hace años que no paso por esa calle. jer por la confianza Yo sabía que los Matorras son unitarios.

encendió. Un mozo gallego. ñarla a Pepa la Fedérala. Me miró con desdén y escupió. y tengo hambre. no había mediado nunca una declaración franca. que lo han de querer más en la calle del Colegio que en la del Potosí. y pedí No — un candeal. — — . a cuya entrada ardía un reverbero. José Antonio! Quien hablaba levantándose de entre un grupo. me chistaron de diversos puntos del salón. silenciosa y hosca. la Saqué mis tortas calientes y las amontoné sobre les dije. donde mi amigo con otros camaradas se disponía a echar una partida al truco. Quedábame el consuelo de pensar que Leonor no siendo más lerda que otros. Sacó un cigarro de tabaco negro. Pero en esos días me acongojó el pensamiento de que hubiera valido más una frase corta y simple. con un estropajo indecente refregaba el marmol de una mesita. ¡Aquí. niño José Antonio. y se puso a fumar. tal vez habría penetrado — — — mi secreto. era Pedro Rodríguez. he merendado. cuando en mi alma re/nacía la amortiguada ilusión! Tienes más cara de enamorado que de hambriento i —No — mesa. Luego me dijo. En mis relaciones con Leonor. que aquellos imaginarios coloquios. tan antiguas y cordiales. que se me antojaban vulgares y rudas. compañero mío en la secretaría del Restaurador. que bullía como un colmenar. mirándome intensamente: No se imagine. Está buena usté para acompale contesté riendo. Yo creía entenderla y hacerme entender sin palabras. en chancletas y mangas de camisa. ña Micaela. Me turbó aquel dicho. abrió el farolito. o que tenga? Asi es. bien abrí la puerta del Café de Mallcos.62 HUGO VVAST desatinos ? ¿ No ha de ser dueña una de vestirse con los trapos que quiera. Sentéme con ellos. Pero qué había de sentir eso.

.! ! . que son forzudos. es verdad. — Ustedes dirán Es verdad que mañana les el tante. Sabíamos que el vencedor de Tablada y de Oncativo. dijo al oído. una vihuela y tu voz de ba¿No has repasado tu parte del Don Juan? rítono. Tenemos dos guitarras. quién recorre la ciudad con un Es un disparate — — — — — piano — Nosotros —¿Con como están? —¡Vaya! Nos acompañarán i ! ¡ j las cales los tres gallegos del café. dueño de un rico Stoddart de cola. — Si no lo niegan. ¿Pero a quién se le ocurre dar una serenata con piano? ¡A nosotros! gritaron los tres o cuatro camaradas que rodeaban la mesa. dijo Rodríguez: ¿Qué te parece la noche para una serenata? De lo menos oportuna: las calles son barriales. el más reputado de los milipor el tares unitarios.A CORBATA CEI^ESTE QS — respondió otro — — — de los amigos. Pero no nos pareció prudente divul garlo. Don Francisco Munilla se nos aproximó en ese ins- —Yo presto piano — hablándonos — pero ustedes me cuentan una —¿No será un secreto de estado? — preguntó mente Reyes. donde estaba el ilustre prisionero. pues días antes uno de nosotros copió la nota dirigida al jefe de la cárcel de Lujan. y antes de que yo me hiciera cargo de su observación. militar y empleado también del gobierno. jovial- ¡ ! ¿ llega el ge- neral la Paz? Nos quedamos calados. ¿Y eso puede estorbarnos? ¿sabes que don Francisco Munilla nos presta su piano? Munilla era el dueño del café. noticia . Antonino Reyes. excelente pianista. Se cambiaron una guiñada. y saldremos a la media noche. en libertad Res- taurador. . había sido puesto. I.

¿Es verdad que del sur de la provincia han mandado a la Banda Oriental un mensajero a entrevistarse con — — Lavalle ? manos. nada. aunque generalmente se le suponía más unitario que federal. Munilla. me quedé sorprendido. Nosotros jugábamos partidas tras partidas. quizás no lo diría. Munilla movió la cabeza. demoel . quien un cigarro hamburgués o un medio de tabaco de Virginia o una baraja. Yo no sabía nada. que era el filo de la media noche. pero no sé nasi —¡Lo — ignoro! — exclamó don Francisco. y me asaltó una aguda sospecha.. debe de saber lo que voy a preguntarle. y los mozos y aún patrón. don Francisco. Antonino Reyes aprovechó la ocasión para hacer una pregunta que podía tener su importancia política. Usted que anda bien con tirios y troyanos. De la pieza vecina nos llegaba el ruido de los tacazos y de las bolas del billar. a gritos. lo Así era en efecto. Pero en Buenos Aires. Queríamos salir cuando la ciudad estuviera dormida. esperando la hora propicia para las serenatas. para no tropezar con algún grupo de señoras. y tampoco lo negamos. recinto estaba lleno de gente. preocupado. 64 HUGO WAST —Piense — Me han tendrá la que le parezca. no se daban tiempo de echar un parrafito en cada mesa. Y hasta se le nombra: Marcelino Martínez Castro. en efecto.. se alejó de nosotros. dicho que no viene enteramente libre: que ciudad por cárcel.. . porque de todos lados se les llamaba. quien pedía un candeal. quien un chocolate o un café. alzando las [ está ya — Y El da. guardaba con nosotros y nuestros enemigos una neutralidad benévola. esperando una ballenera para cruzar el río. Si lo supiera.

se me ocurrió que podía ser el hombre. me pareció hecha de acuerdo con los compañeros. dijo Rodríguez. aún bajo la ola de plata que cubría la dormida ciudad. Oyendo mencionar a Martínez Castro. Wast: La corbata celeste S . La casa de don Juan Manuel. o del sirviente. veinte mozos nos echamos a la calle y el pesado Stoddart nos parecía ligero como una A — — guitarra. colores excecrados por los buenos federales. no hay cuidado de encontrar a nadie. Cuando la mulata se va con sus trebejos. Sentía de nuevo la tentación de enamorarme de Manuelita. Un centinela que cabeceaba afirmado contra un cañón de bronce clavado — — — — H. en la calle del Colegio. Esa es la última en apagarse. me abrasaba la duda: ¿es una intriga política? ¿es una aventura de amor? apuntó Y ha de ser José Antonio el que cante. Y creyéndolo así. Aunque no temíamos embarrarnos hasta la rodilla.LA CORBATA CELESTA 65 — — — la luz del farolillo del esclavo radas en alguna tertulia. podrían reconocernos. y como en aquellos tiempos. que se asomó a la esquina. Todos los faroles estaban apagados. aparecía siniestra y sombría. que me miraban maliciosamente. más que en los actuales. que les alumbraba el camino de sus casas. Una hora después. dijo Munilla envolviéndose en su capa. que según Benita. cantaba muy bien algunos trozos del Don Juan de Mozart. Reyes. estaba difundido el gusto por la buena música. Todavía hay luz en el puesto de ña Micaela. Tal indicación en labios de un hombre cuya capa estaba forrada de terciopelo azul claro. respondió Munilla. Tenía yo una hermosa voz de barítono. agradecimos cordialmente la ayuda que nos prestó la luna esplendorosa en la romántica hazaña. ha de ser para la hija del Restaurador. No me desagradó lo intencionado de sus palabras. por libertarme de Leonor. se econdía en su casa. La primera serenata.

ante aqueextraordinaria procesión de gente que llevaba al parecer un cadáver gigantesco. — Y primera canción va a para niña Ma— Ah eso me gusta sea. vieni a consolare il pianto mió. se abrió una última ventana. tomó asiento Munilla. y en la noche dulcísima. arriba de nuestras cabezas. Yo ataqué briosamente mi papel. buenos federaque andamos dando serenatas. rondeado de guitarras. . y se oyeron risas y cuchicheos detrás de las celosías. y que Munilla y los demás acompañantes vibraban con mi propia emoción. y más ventanas se fueron abriendo en las casas del barrio. Deh. y al callarnos para escucharlo. en el balcón de Manuelita. la ser la nuelita. . sin duda puse en la voz un poco de lo que me desbordaba en el alma. se enderezó lleno de estupor. ¡ ¡ Pusimos el piano en lo más parejo de la calle. —¿Y ese cajón? —Es un piano. Deh. luego tres.! ! 66 HUGO WAST la en esquina. le les. llena de los vagos perfumes de los jardines otoñales. se difundió la serenata inmortal. preludió alguno sacordes. vieni alia finestra o mió tesoro. dos. De pronto. No sé si canté para Manuelita o para Leonor pero sí que mis compañeros me miraban sorprendidos. ¡Alto ahí quién vive! exclamó preparando la tercerola lla ! i — — La —¿Quépatria — gente? —¡Qué gente quiere que amigo! — contestó riendo Antonino Reyes — gente de paz. y sentimos que un piano acompañaba al nuestro. Se neghi a me di dar qualche ristoro Devanti agli occhi tuoi morir vogl'io. una voz purísima de mujer repitió la primera estrofa. Una. aún contra mi voluntad.

doña Encarnación Ezcurra.LA CORBATA CEI^ESTE 76 Después se cerró la ventana. lóbrego y triste desde la muerte de su "mamita". y nunca supimos si la diva fué Manuelita o alguna de las niñas que generalmente la acompañaban en su caserón. .

que prefería esas horas.V Espía del Restaurador . que no sabia anclarme en una resolución definitiva. ansioso de ver a Leonor. Me fui a la catedral. con los atavíos lujosos de otras niñas. En Yo la balconada de Riglos. que estaba junto al comulgatorio. pues un minuto después de resolver enamorarme de la dulce y amable Manuelita. los cirios del altar Me pareció reconocer a la hija de don Juan Manuel en una elegantísima devota. a la hora en que daba cita la sociedad elegante. bien fuera por devoción. especialmente las muchachas que iban a alabar a Dios. sobre todo de mí. en balde agucé la mirada para descubrirla en el grupo de mujeres que oían aquella misa temprana. cubierto por una . cabeceando todavía en el templo. Tenía un soberbio peinetón. Volví a mi casa renegando de ella y de mí. la vi el domingo a Manuelita des- pués de la misa de una. antes había ido a la del alba en San Ignacio. y de paso a exhibirse en el ancho peristilo lleno de mozos paquetes. o bien por que no se comparasen sus tocados sencillos. alumbrado apenas por Y y por la dudosa luz del amanecer. ya estaba cultivando la secreta ilusión de conquistar a la otra. la sobre la plaza. a breve trecho de catedral.

A CORBATA CEI^ESTE 69 gasa negra en que jugueteaban las ligeras corrientes de aire de los ventanales. y para no escandalizar a los devotos con mis distracciones. En el peristilo había ya muchos hombres esperando la salida de la concurrencia. se aminoraba con la idea de que su hija. contestó que "la. Todos. después de él. de la que salvó por un azar increíble. pero cuando. dos años más tarde enviaron al Restaurador aquella máquina infernal. a lo menos del poder. Todavía callábamos. pues. que algunos personajes de autoridad. sin contestar. la idea había hecho tanto camino. Don Juan Manuel. — ! sas . El peligro de que don Juan Manuel. blanco de tantos odios. sonreí. empuñaría la vara del gobierno con mano tan firme como la suya. por contemplar aquella figur. y yo. por instintivo pudor. Manuelita Rozas no sólo tenía la donosura de sus veinte años y toda la gracia de las porteñas de estirpe. agachada sobre su libro de oraciones. al morisco. Algunos de mis compañeros debió de observar la frecuencia con que yo me distraía del santo sacrificio. Oyó la misa arrodillada sobre el "chuse" con flecos. José Antonio! ¡ya me han dicho que te casirvienta. con toda frescura. si no del trono. la esperanza de los federales.^ ¡Bravo. lo cual impedía verle la cara. tendió a sus pies una estilo y que le servía también para sentarse. al punto de que llegábamos a pensar en las conveniencias de establecer la dinastía de Rozas. sino el prestigio de concentrar en su persona. . le consultaron sobre el caso. busqué manera de abandonar el templo. que. miraban en Manuelita la heredera. Insensiblemente nuestros sentimientos republicanos iban deformándose.. pudiera desaparecer dejando inconclusa su obra. r. pobre diablo. niña se hallaba impuesta de los asuntos del gobierno". a Me . y no encontró desatinados a sus amigos.

me permitió creer que ella me sintió cantar ante su puerta cerrada. y vistiendo de negro todas las damas. Cuando el rumor de mis pasos no cubría los otros vagos ruidos de la ciudad adormecida. y un prodigioso don de gentes. Mas debo hacerme justicia. . presentaban como su novio. Se sonrió al saludarme.. y con los monumentales tocados de aquel tiempo de miriñaques y peinetones. no advertí en qué momento salió Manuelita de la catedral. y me dio la respuesta: "¡Deh. Mi tía Zenobia no me hablaba ya de su proyecto. mientras en mi casa dormían todos. que la hacía reina en los salones Entre tanta gente. yo hecho un duende recorría los corredores sonoros como claustros. mas no parecía haberlo olvidado. Me iba ganando de nuevo la tentaciófl de volver a lo de Matorras. qué pensaba ella sobre todo. vieni ¡ ! alia finestra. sin la belleza delicada y sorprendente de su padre. más nada en su sonrisa ni en su gesto. y yo me imaginé que recordaba la serenata de Don Giovanni. alguien más conspiraría contra mis ilusiones. como de un espía. o mió tesoro!" Pobre de mí Esa siesta. más de pronto alcancé a divisarla en el balcón de la casa de don Miguel de Riglos. 70 HUGO WAST quien los cuchicheos de la población. pues sorprendí en sus ojos un fulgor de inteligencia y de malicia. para saber qué pensaban de mi ausencia. sentía zumbar el Y viento y chirriar las veletas de las torres. junto con otras niñas. pero con una elegancia humana. En cambio sospechaba que debía ocultarme de mi pauna voz interior me advertía que en mi propia dre. Nunca vi en ella más que una joven agraciadísima. que se guardaba de mí. casa. La tarde era ventosa y fría. podía pavonearme con los honores de futuro príncipe consorte. conforme a los ritos sociales.

de media agua. la madre de Benita. han sido. y de buen aspecto. Algunos amoríos misteriosos. mama Felisa vigilaba núeshijo! —¿Qué hace. Allí reinaba. Oí los pasos ligeros de Benita. cuando iban loa ahijados de mi padre y de mi tía. no la habían hecho desmerecer en la confianza de mi tía. El reloj del Cabildo dio las cuatro. era como un miembro de la familia. y decirle: ¿Qué te hice para que así turbaras mi corazón con tu malicia? ¿Por qué me engañaste? Pero aquella voz que me prevenía en secreto. fumando. estaba sentada junto a la puerta. el viento alzaba columnas de polvo dorado. por no sé qué misteriosas evocaciones. 71 Siempre ese ruido inacabable y agrio y el sonido de la campanita de San Juan. bajo el sol de otoño.LA CORBATA CELESTE. y me adormecía. separado por una tapia. en la cual se apoyaba nuestra cocina. besando sus dedos amorcillados. En la plaza desierta. con su chimenea de ladrillos. ni la habían desmontado del orgullo de ser dueña y señora del segundo patio y de la huerta. — Y aguardando a mis ahijados. Mama Felisa. y hasta le pedía la bendición. Huyendo de su presencia me fui al segundo patio. y me pareció sentir su mirada escrutadora y ardiente. y en los días de fiesta. empenachada de humo. parecía mi congoja y mis decirme: "¡No te ha engañado!" dudas crecían. Yo la llamaba "mama Felisa". fuente de melancolías para mí. que cruzaba el corredor. mama —¡Estoy viviendo. con los ojos semicerrados. Aquella mulata cuarentona. que se retorcían y desmenuzaban alrededor de la pirámide de Mayo. a jugar a las cuatro esquinas o a la gallina ciega. con sus inolvidables cuentos de ánimas en pena. criada en la casa. ya olvidados. Felisa? Y . Debí llamarla. cuando de niño. ella me acostaba.

di algunos pasos por el patio. pues lo mismo apadrinaban a las rubias espigas de los O'Gorman y Atkinson. o de su cabeza. y asi se fueron llenando de ahijados de todos colores. Los domingos. sin inmutarse. seguía pitando. saber de dónde los sacó. llegaban después de siesta. Con las manos a la espalda. y jamás logramos cilio. en cuyo suelo. volaban a apedrear a los calle de los Aíendocinos. y la los casa estaba en calma. y luego la sacramental pregunta: ¿ Ya fueron a la doctrina ? — — ¡ ¡ — — madrina — Bueno. ! ! ! t -• 2 HUGO WAST y nos hartaba de tros juegos. Por ejemplo. Por su posición mi padre y mi tía eran muy solicitados como padrinos. deslizado en el bolsillo del pantalón por los discretos dedos de mi tía. y se acercaba uno a uno con las manos juntas: La bendición madrina Dios me lo bendiga y me lo haga un santo Un episcopal golpecito en el cachete. Duilio y Clandestino. Yo la . al pimpín serafín y no me corran los paaquellos chatortas fritas Qué habían de jugar al seráfico pimpín rrúas En palpando el "medio". un "medio" de plata. PoRutilio. llamábanse: Adocilio. que es lo más probable. la huerta zumbaba como ¡ ! — perros en la con una colmena demás ahijados. si de algún novelón romántico. que a los mulatillos mal habidos por las chicas de nuestra relación. la huerta : Felisa les dará de meren- dar. los cinco varones de Inesita Biutrago. pasen a ¡ Sí. Mama Felisa.. Ese domingo todavía no había llegado ninguno. Jueguen . Todo el mundo reconocía la capacidad de mi tía para elegir el nombre de sus ahijados. desentendido. y algunas de mama Felisa. escarbaban las gallinas. — ¡Qué caviloso andas! — me Me hice el dijo mama Felisa. Aún sin ellos. tos. curaba nuestros chichones bizcochitos y de dulces.

Me eché a reír. acerqué y le di una palmadita en el hombro. hijo mío! conoce por encima de — Si —¿Qué me conoce? —Que andas inquieto. Yo quería sondearla. —¿Quiere decirme quién ha traído ese chisme? ropa. ¿ ? . para ver qué sabía de mí. el . deseoso de que hablara. y la barrita de humo de su pucho. sin que yo — — — — — — la podías pedírmelas pero con — querés tortas otros modos. es se vez. lo le interrogase. Me le . el altera los lo te los altera es cosa. —No. parecía una clueca echada a la puerta de la cocina. — Bien podías habérmelo dicho más temprano. Felisa. te caso. como lechera con atada.. le dije en vez de pasarse espiando si cavilo o dejo con sorna de cavilar. pero aquel sitio era abrigado. — no preocupe. . Si fritas al rato. hijito? Su tono resentido y afectuoso me desarmó. mi plata! ¿qué víbora ha picado. José Antonio. y ella se levantó resoplando. Pero no se meta en que no importa. que otra — Por ejemplo — Por ejemplo. amor. El viento sacudía las veletas y zumbaba en las rendijas de las ventanas. ¡Bendita sea la flor de la maravilla! ¿qué te ha molestado en mi pregunta? La malicia con que la hizo. I. . —¡Adiós. cuando es mal recibida. Bien podría hacerme unas tortas fritas. No hay cosa bien dicha. y se fué a revolver sus trebejos para freírme las tortas. Será otra — Nunca tarde cuando hay corazón. Me quedé callado. — No haga mama No he tenido intención de ofenderla viento norte me nervios. subía plácidamente en el aire. le i se te se la la cría perdonando la comparación.A CORBATA CELESTE 73 miraba con el rabillo del ojo. — dijo — No quiero que se moleste por mí. Si es tarde. .

señor. cuando tenías dos años. que no andas triste? al trasper- servirían los años y el cariño. sin — — Estas cosas ! —El Antonio. tatita. ¡ ! las la aire ésas? der. Este es algarrobo bien seco. . que ya se ha arqueado. he de a viejo para andar viendo — Óiganle — exclamó volviéndose a mí. Se dirigió luego a mí. mejor que tu padre. — su delantal. me manda en su busca. no así el de la pieza contigua. si no te supiera de memoria. y me callé. no has conocido otra ma- enamorado y ¿De qué me dre que yo? Se enjugó los ojos que se le llenaron de lágrimas. si desde que murió tu santa madre. su tatita. claro. niño José dijo. Cuando llegué estaba golpeando con los nudillos el marco de la puerta. murmuró. ¿Me querrás decir ahora. con macintura y nos a de desafío — ¿qué visiones son si llegas si llegar visiones.. —-Bueno" nlkñana te haré semitas con chicharrón. las. Crea lo que quiera. ¡ zura hacia afuera. ¿Quieres acompañarme a lo de don Trifón Buitrago? ¿Está enfermo? No. Mi padre me aguardaba en su cuarto. yo de vos Y Cuando me se saben sin preguntarque nadie me lo cuente. Pero dígame ¿a quién se refiere? ¿de quién se le ocurre que estoy enamorado? Anda inocente exclamó empujándome con dul- duda por — — el humo de la cocina. mejor que tu tía. para hacerla cantar lo sé todo. disponía a replicarle. — Prefiero morir joven. llegó Benita. retorciendo nerviosamente la punta de Eelí sa la miró con embeleso. mama. ¿por qué había de estarlo? Como usted. los domingos a la tarde suele visitar a don Jerónimo Matorras J4ama — — — — — — — . 74 HUGO WAST —¡Vieja! ¡ya sus ojos no ven claro! —Tendrás pena de muerte. no a mi edad. sin y yo agaché la cabeza. .

y le produjo una singular noble. Mi padre se atusó las guedejas. su de costumbres. También ella parecía encontrar extraña la visita. Como Rivadavia andaba emigrado. otros que se detenían en la plaza. preguntó ¿Con que van a lo de don Trifón? arrugando la rosada naricilla. y se despidió con toda cor- — — tesía. sin mirar a mi tía. a jugar al tejo. respondió cualquier cosa. adelante yo. se puso colorada. acudiendo a un mensaje de mi tía. ella misma avivaba su fuego. En la calle azotada por el viento. Mi padre saludaba a todos con deferencia. y una charola de crujientes biscochitos recién horneados. flanqueada por un lunar con pelos. no se veían sino algunas mujeres arrebozadas que iban a los oficios o a las novenas de tal o cual cofradía algunos chicuelos que salían alborotadamente de la doctrina. y detrás mi padre. que se entretenía en gol- . Pero antes de salir. tenía yo interés de ir a casa de don Trifón a pispar algo acerca de Leonor. Tenía ya su anafe con rojas brasas. pero se advertía en su persona y en sus maneras al caballero de rancias costumbres. cuyas visitas allí me resultaban misteriosas como andanzas de conspirador. la yerbera y el mate de plata listos. si 75 Mi respuesta frente blanca — Se me antoja cambiar hoy . fuimos a su cuarto a tomar un mate de leche y a comernos una rosquita de maizena. que clavaba en él sus ojos perspicaces.. Caminábamos por las altísimas y escabrosas veredas. Pero no quieres ir . mi padre por no ser solo en usar aquellas prendas. I. había adoptado indumentaria más moderna. Por el contrario. Con una pantalla de palma. apedreando a los perros del arroyo. Hasta poco tiempo antes. él y don Bernardino Rivadavia conservaban el abolido pantalón corto y el zapato de hebilla del tiempo del Rey.A CORBATA CEI^ESTE confusión. comió una rosquita.

: — — — — i ¡ ! — mi madrastra. protesté yo. . ella le . La ciencia del amor no está en los libros.. y cómo se ha embellecido? ¿quién le daría la edad c[ue tiene? Eso es amor. ! . sí. Por varias cuadras me habló de un probable casamiento de ella con don Tarquino y casi me pide albricias para contarme su descubrimiento: Hace tiempo que Tarquino la quiere. hijo. Pero en vano Mi padre entendía de otras cosas más que de eso. — —Es Sí. esas . . : 7G HUGO WAST las pear con su bastón los cañones de bronce clavados en esquinas. antes. .. ! ¡ ¿ ser tan ver- sada ella y como decían del derecho natural los jurisconsultos romanos. visto se arregla. es lo que la naturaleza enseña a todos los animales quod natura anima animalia docuit. — de pronto. — una — Así habla Zenobia. el tía Sí es ¡ . tata. muy halagado. y prosiguió Se volvió a — Pero no correspondía. por averiguar si se había percatado de que mi tía quería ser el —Es Mi padre en ese tema? se echó a instinto . reír. Deseaba ponerlo en el camino de una explicación. son sus palabras y debe querer — placer y nace un sentimiento que — Ah ahora caigo Pero cómo puede dijo es flecha de oro. Ya lo he observado contesté.. significar. Está en la vida. —¿Y ahora? — Ahora ¿no has con cuánta coquetería le al reír. Pero no en la vida de ella. También tú? Eres perspicaz. — — — — —De casta viene galgo ser rabilargo. o yo no sé dónde tengo la nariz. en la vida. — El amor. tata Mi tía no puede entender de estas cosas. . del cual ! el dolor. estamos de acuerdo correspondencia fina y discreta a los afanes de . Eso es.

El cura jBuitrago que servía esa pobre parroquia. venía a quedar lejos de la ciudad aristocrática. porque . había dejado entender el ilustrísimo señor obispo Medrano. Guársecreto. IvA CORBATA CELÍSTIS él la 77 Tarquino. ce veinte ¡ ¿ Sabías que ! quiere en secreto desde ha- — Diablo — Más de el años? dame ¿ tanta constancia en ese hombre ? una vez me ha hecho confidencias. Tentado estuve la de explicarle que las pizpireta . entre cercos de pitas. donde florecían las mosquetas y al borde de las barrancas. de sus descubrimientos que hubiera sido crueldad destugués esa engañarlo. vivía allí como en un desierto. en la procelosa barriada de la plaza de Toros. dama no eran homenajes rendidos coqueterías de al por- y que el cielo no llevaba miras de premiarle de manera. Pero porque resignaba a desempeñar allí su ministerio. que sería como tirar margaritas a los goPero me contuve. propicias para los encuentros con la gente recia y de avería. más o menos: Padre mío. que pronto se le haría canónigo de la Santa Iglesia Catedral. Verdad es que pocos datos tenemos de su vida pasada. miar su tesón. El es rico y está en buena edad para hacerla efliz. y hasta conservó — — — simultáneamente. o del Retiro.. pero en veinte años que lleva aquí. pero siempre inaccesible. Por aquellos tiempos la iglesia del Socorro. se ha portado siempre como hombre de pro. porque parecía tan satisfecho rriones. o de San Martín. quien la ha traspasado con la flecha de oro no es don Tarquino sino su merced? prosiguió mi padre. se le Don siempre -"J^ri^fÓTi hacía mminente. Por fin parece que el cielo va a pre. años que aguardaba la canongía. diciéndole. ¿Con qué cara iba a hacerle yo una declaración por cuenta de mi tía. que todos esos nombres tuvo.

Después he sabido que antes se cortara la lengua que confiar a nadie los secretos que su pluma volcaba en el papel. como en — Invariablemente al finalizar la operación.! 78 HUGO WAST pla- nunca faltaba algún percance que desbarataba sus nes. el cura se pasaba el dorso de la mano por el mentón. y . y sin embargo en sus memorias aparecía como un acerbo historiador de aquellos tiempos tan turbios que ni los que no han vivido en ellos. los padres de San Ignacio cultivaban buenas relaciones con el Restaurador. Don Trifón nos acogió esa tarde con gran regocijo. con que se acariciaba los pálidos carrillos. — Toma ¡ Aprendí todo el latín que don Trifón podía enseñarme. Tenía miedo de que un día se empeñara en leerme unas memorias que redactaba para matar las horas de su destierro en la misma parroquia del Socorro. y sólo de tarde en tarde volví a su casa. se dirigía a una arrinconada petaca de cuero. envuelta en chala de panojas. y ese tiempo. cuando llegaba yo con mis cuadernos y el indigesto Nebrija. y si estaba bien descañonado. don Trifón los creía omnipotentes en la curia. —¡Son los jesuítas! — a seguir esperando. aunque me recibiera con inmutable cariño. ¡Algún día se pisarán. pueden juzgarlos sin pasión. y extraía una chancaca de Tucumán. Tenía para ello un muchachón que lo afeitaba después de la siesta. rasurados siempre como si acabara de salir de la barbería. amigo de don Juan Manuel. decía cariacontecido y resuelto la vejez se le echaba en- Estaba convencido. Porque don Trifón era federal. aunque cima. y recuerdo que al despedirme besaba con agrado aquella mano blanca y fina. y yo seré canónigo! Cuando yo era niño él me daba lecciones de latín. de que los jesuítas lo vetaban.

Corrales ha ido a la campaña. — . Ha venido con la más original de las ocurrencias Sin duda se habría callado. . pero el gesto avinagrado de mi padre y la displicencia que yo puse. el nombre de aquel servidor y protegido de don Juan Manuel. yo estaba solo y triste. — Usted sabe que es más ardiente devoto del Res—Desgraciadamente. prosiguió don Trifón Y ese día no está lejano bajando la voz. el . adentro. A pesar de mis ideas políticas. lo indujeron a — — porque tienen privanza con un día la perderán el Restaurador. LA CORBATA CELESTE corrió a su petaca a sacar algunas golosinas. . Don Trifón se ruborizó. dice que a traer una puntita de vacas para el matadero. contagiado por la ¡Así es! prevención del cura contra los jesuítas. que acercó más a nosotros. nuestras visitas no serán extraordinarias. — contestó mi padre. me era particularmente odioso. el explicarse. semiasesino y el inofensivo cura del Socorro? No le conocía tal amistad. nos dijo: que ha venido a verme el coronel don Vi¿ Sabe cente González. dijo mi padre con acento desdeñoso. taurador. —Cuando usted ejerza sus funciones en la catedral. Usted sabe lo que yo le he dicho. ¿Qué relación podía existir entre aquel montaraz semibufón. y ustedes vienen se — Inesita a alegrarme.. El futuro canónigo sonrió dulcemente. Se asomó a la puerta. y tartamudeó una excusa. — — — — — . Ellos son — hoy poPe- derosos. . eso se propala. le mandaban sus parientes de tierra 79 de las que está con la visita de otras mujeres. y luego volviendo a su silla. mis sobrinos se fueron a saludar a su madrina. ro respondió mi padre. —Lo dice mismo don Juan Maauel.

— Nos quedamos callados. creyendo muy capaz don Juan Manuel de una — ¿Se habrán hecho naturalmente? — Se han negado —¿Y usted piensa negarse. Pero siga. Y si acaso lo creyere. el él se los las te- tibios. sin llegar casi a la ciudad? Déjeme contarle.! ! 80 HUGO WAST —Lo den dirá. — — Se ha pedido a por consejo de don Juan Manuel! — Estupenda locura — gruñó entre mi padre. se pier- y su causa. una pretensión está resuelto a hacerlo él.. señor cura. ¿Y ha venido a pedirle que usted le haga el serlo los jesuítas. tamborileando con sus dedos marfileños el brazo del sillón de vaqueta . que don Juan Manuel fué concebido sin pecado original. Pues ha venido a confiarme que los jesuítas están a punto de caer en desgracia. imaginándonos al "Carancho del Monte". del del te". ¡ ! dientes a diablu- ra así.. así al dice es del hermano del Restaurador. fón. ¡ cruces. En la Guardia del Monte donde él vive. Jesucristo. ¿Cómo puede saber esas cosas un hombre que se pasa en el campo. como — respondió don Tri—A mí ha venido por món? ¡ día de Pentecostés! Nos echamos a reír. mirándolo. esperando que él . hay un párraco a quien tacha — — — él — Para un hombre de laya "Carancho Mon— observé dando a aquel miserable nombre manos mismo daba — que no tienen que ñidas en sangre. predicando en la iglesia de su pueblo semejantes desatinos. porque que amigo —Llama la de "federal tibio". serán federales cura. a consultarme si se puede sostener sin caer en herejía... cin creerlo. yo. don Gervasio Rozas y porque no ha podido inducirle a hacer en la iglesia un paralelo entre — Vaya — Pues ¡ ¡ el Restaurador y N. S. señor don Baltasar. desde el pulpito el los jesuítas? otra cosa.

¿A que no puede decirnos. gía. que entraba por la ventana. pero ni yo. conspiren. con miedo de acertar. dijo luego con indiferencia: ven. Se conspira en to. y se me ocurrió decir. Es posible. Yo me levanté a dar unos cuantos pasos. sin que lo sospechen ustedes !" mas . y los más leales partidarios de la federación están sirviendo sin saberlo. Me extremecí hasta las entrañas. Mi padre corrió a recibirla. que en un principio pareció preocuparse. Don Trifón. reconociendo la voz de Leonor. amparados por mi fama de buen federal. "Ni usted. se salió a la galería del patio en medio del cual crecía un árbol de toronjas. señor cura.! IvA CORBATA CEI^ESTE gl mismo nos dijera su respuesta. doradas por el otoño. —¿Te H. Leonorcita. sino a espiar — Pero aquí no pasa nada —Los tiempos son muy revueltos. Pero don Trifón se puso a contemplar el vuelo de las moscas en un haz de rayos de sol. ¡Ave María Purísima! dijo una voz dulcísima en son las vacas que ha ido a traer su — Don Trifón se — — — — el zaguán. Wast: La corbata celeste . don Baltas ar ¿ usted por aquí ? Algo defefó de notar mi padre en la sorpresa de la jo- — — ¡ ! porque le preguntó con cierta gravedad: desagrada el verme? Sentimos la risa de la hermosa hija de Matorras.. aún a mi lado. Adelante. es posible. y que otra vez pudiera creérseme espía del Restaurador. ni su cuñado Estuve a punto de decir: pero si Matorras. que otros cerca de mí. por tantear lo el terreno. Mi padre. de qué marca cuñado? puso como una amapola. ni mi cuñado. das partes.me contuve. Oh. en los tapujos de los unitarios. — Ese bribón no ha venido a pedir lecciones de teoloque pasa aquí. y no habló.

. a ratos temblaba suponiéndola complicada en complot. que viene a arreglar bendición de noche — Ni en catedral hay mejor sacristana! — agresividad es el altar esta i la a. no se prestaría a ampararla o refería lo poce supiera a don Juan Manuel. y se me : . — — — — — Con Leonor ¡ . mujerona agracia . Porque si don Trifón no estaba mezclado en triga. o cerraba su casa a la sitas de Leonor. cura que nada tenían que temer de mí. con cierta — Ah. y nos miró sorprendí recelosa. temiendo qu( al verme se confirmara en la desconfianza que y. Desgraciada te. No pude agregar una palabra en mi defensa. interrogó sobresaltado el cura. lleno de vergtierza y de dolor. Arrojé al azar mi respuesta. prendiendo que la denunciaba. como si un abismo S( biera abierto a media vara de él. que no dejaría de adivinar quién — — ¡ ! — 1. con el propósito de encontrarla. La existencia de Leonor era cada vez más extraña ojos y a ratos ardía en celos. Llegó en ese instante Inesita. no menos intranquilo qu( y agregó ¿ Entonces tú crees que ese truhán del C cho ha venido a espiarme? vSe me ocurre que sí y me alegraría saber qt se encontró con ella. ¡ ¿ No quieres que saludemos a Leonorcita ? — preguntó el cura Buitrago. I Leonor. ¿Ella? : tenía. ! 82 ¡ HUGO WAST la ocurrió que mi padre ido al Socorro. seguida de mi padre. Leonorcita.! . : puesto sobre aviso al pusilánime viejo. . Don Trifón se echó atrás. ansioso por revel. llevándose las manos a la c ¡ella conspira! ¡ahora caigo en que es verdad! Quedé aturdido. sospechando intrigas rosas. queriendo salvarla. Me sentía sin valor para levantarme. el resultado de mi observación fué distinto. Ah exclamó.

remachaba en el espíritu de Leonor. la convicción de que seguía sus pasos. miraba al cura. con los ojos muy abiertos. solución. ¡Tanto bueno por aquí! Una reserva glacial nos embargaba. ¿Cinco hijas. Inesita. Yo mismo con esa fuga. Cada uno de nosotros revolvía algún grave pensamiento. Inesita miraba a Leonor. don Baltasar. me miraba a mí. desesperado de que todos mis actos me hicieran más sospechoso. y — tres hijos.A CORBATA CELESTE 83 zalamera. envolví en una mentira mi rey me eché a la calle. para denunciarla al dueño de vidas y haciendas de Buenos Aires. no pasan años por usted. — —Al no? señor revés.. como diciéndonos: ¿"Qué les pasa?" Mi padre sonreía. I. tirando besos a Leonor y distribuyendo valientes estrujones de mano a los demás. tres hijas y cinco hijos Recogí mi sombrero. .

con una nota que debía pasarse a los ingleses. No lo leeré ¿ para qué ? si ya sé de qué se trata Olió el rapé con fruición.! VI ¿Por qué dudaste? Mi corazón era como la playa del mar. La primera ola borraba la última huella. bah dijo golpeando la tabaquera en la orilla del escritorio. cuando la esté firmando. Bah. halló manera de facilitarme la maniobra. se echó a reír bajito. me dijo don Juan Manuel. comprendió mi propósito. y tomando una narigada de rapé ¿Juan Manuel no quiere que lea eso? Yo asentí ruborizado y condolido. gracias que así fuera. La bonhomía de don Felipe Arana. Y — — — ¡ ! — ! — — ¡ j — — — . Una mañana fui a casa del ministro Arana. porque eso me valió para sobrellevar la tristeza de aquellos sucesos. ¿Usted lo ha leído? me preguntó cuando hubo firmado. que a veces tenía el capricho de no enterar a sus ministros de lo que les hacía firmar. y probó su pluma de ganso. Tápesela. Yo lo he puesto en limpio. En cuanto vio que yo doblaba en tres el papel.

Era prima hermana de la difunta esposa del Restaurador. hacía tiempo. y yo me acerqué. . . que Rivera se vaya a Europa. — — . Bajo un toldo de diamelas. dijo ella. Conozco al señor. ¿Dónde la he visto? pensé yo. se golpeó los muslos y se puso — . y que yo trataba de disimular. a reír. Y abrió otro dedo. preguntó Manuelita Ro¿ Podríamos ver a tatita ? • —¿Cómo — — — — . . . Pero él ya no se acuerda de mí Es verdad dije avergonzado. Alzó la mano cerrada. Cuarto. deville. LA CORBATA CELT^STE 85 < —Bueno. ¿Dónde había visto su semblante reservado y triste? Manuelita me saludó con la mano. pero no frecuentaba la casa.. procurando sonreír. Tercero. . Primero. que sombreaba el arco del segundo zaguán. — Y — — . que la Banda Oriental se declare en contra de Francia. Segundo. vi a Manuelita Rozas. diga si acierto: es una comunicación a Man- Me miraba por arriba de los espejuelos. que los argentinos emigrados. Pepa la Fedérala. cuyo nombre ignoraba. conversando con mi conocida del matadero. recordando haberla visto en casa de Matorras. . al caer la tarde. y una niña. espiando la impresión que me producían sus palabras. Haciéndole saber en qué términos la Confederación haría la paz con Rivera. ® abrió un dedo. que Oribe sea repuesto en la presidencia de la República. se la — — — — _ no he de saber de qué trata la nota si yo he sugerido? Volví a casa de don Juan Manuel. que indique Juan Manuel salgan de aquel país Abrió toda la mano. . ¿Conoce a ^sita Fue ntes? Pude observar en los oít5s"de la joven una sombra de temor.

la marcial cabeza descubierta. atienda a estas niñas. y sin esperar a que yo contestara agregó: Vaya adelante de nosotras y anuncie a Rosita y a mí. cuando anuncié a las niñas. mano. se deshizo en cumplidos. Yo era el único testigo de la escena. . Yo adiviné que la novia intentaba desviar el rayo que amenazaba a una cabeza querida. me interrogó con la mirada. . esta niña no debe temer nada Don Juan Manuel miró — — .. Una sonrisa amorosa embelleció su boca fina y reser- vada. le dije seguro de haBuen puño para el sable. se despidió con un vigoroso apretón de manos. porque ellas entraron. . y la vincha roja ciñéndole la frente. — — — — — No tuvo que dar orden de introducirlas. £6 HUGO WAST zas. Al ver a su hija se animaron sus glaciales ojos azules. Pepa la Fedérala . De repente se volvió hacia mí. . el rebozo caído sobre los hombros. y ella que ya estaba en deuda conmigo por mi acción en el matadero. que se puso mortalmente pálida. ¿Qué tendrá tatita? preguntó ansiosamente Manuelita viendo que se iba. Amigo Balbastro. lo. bendición —La — tatita la — Su prima. dijo Manuelita besándole la Rosita Fuentes. quiere hablar- a la niña. y se fué. Si el coronel Maza dije no está comprometido. . echó las manos a la espalda y empezó a pasearse. si supiera que he pronunciado su nombre en esta ocasión! Manuelita más sorprendida. lagarla. Manuelita misma se sintió conmovida por la preocupación que leyó en la terrible frente de su padre ¡Es la novia del conorel Ramón Maza! tartamudeó ella y don Juan Manuel. cuando él repetía el nombre. Jamás me perdonaría. ¿Rosita Fuentes? repitió don Juan Manuel contrariadísimo. — — — — — — — .

no dirá nada de lo que haya visto? — — Oh. llegó con unos papeles que dejó en la mesa cu- de cartapacios. Don Juan Manuel — ¿ No mirarme — es verdad. y se pasaba un rato examinándola.A CORBATA CEIyESTE 87 Rosita me miró con tanto dolor que mis sospechas se confirmaron. sobre aquella estera marcada por los espolines de don Juan Manuel. ante mi primo el Restaurador? Temblaba al hablar. de techo abovedado. Un viento desconocido agitaba aquella alma recóndita. las. Cada vez que llegaba a la pared del fondo se detenía ante una miniatura. ¿Cólera? ¿piedad? ¿justicia? ¿venganza? ¿Quién podía decirlo ? se había olvidado de mí o lo fingía. se presentó El salón era largo. señor Balbastro. Manuelita hablaba desatinadamente. surcada la hermosa frente por un pliegue tormentoso. como un claustro. y más glaciales que nunca los ojos azules. Don Juan Manuel se paseaba de punta a punta. ¿No es verdad que usted. y algún escribiente. las manos a la espalda. la tomó del brazo y ¡Tatita no viene más! bierta — Y — se la llevó. curioso por saber lo que ocurría. con pinturas en que dominaba el rojo. señorita —¿No es verdad ¡ que hará por salvarlo cuanto yo hu- biera hecho. Pero don Juan Manuel no volvía. presintiendo la tragedia y por templar la angustia de su amiga. Una o dos veces se asomó el viejo coronel Corvalán. Rosita Fuentes miraba con ansiedad la puerta por donde había desaparecido el hombre a quien había ido a implorar. que parecían sumergidos en visiones lejanas.! I. Balbastro que estoy muy me dijo de pronto sin bien en este retrato? — . y estaba tan pálida que yo temía que cayese redonda. como si don Juan Manuel hubiera estado espiándoapenas salieron. dijo.

sonrió. . le sopló el polvo. . seguía con su idea fija: niña la vida de un soldado es un juego de perecen en los combates a otros los pierde . novia del coronel . — Pobre ¡ . Aícé la vista para comparar el retrato con el original y me sorprendió la inmutable serenidad de aquel rostro.o HUGO WAST descolgó. . 88 I. Yo procuraba relacionar lo que decía con lo que acababa de ocurrir. — Es En el mejor retrato de V. Se echó visitantes cuadrito y tendió la la mano a sus — ¿ Saben ustedes quién es estremecí . llegó el ministro Arana con don Toal bolsillo el más de Anchorena. Maza ? nombre seguía preocupándolo Don Tomás de Anchorena dijo que sí el doctor Arana se encogió de hombros y se puso a examinar los paese Yo me peles desparramados en mi mesa. — o dije.. el amor las sor- Anchorena. que acababa de ver atormentado por impresiones igno- radas de mí. Dmi Jtian^ ]Vrann^1 Oji4rdo Rozas aparecía en el esplendor^F-suextraordinaria belleza. E. Era una admirable miniatura del pintor Descalzi. Baíbastro. allá cuando tenía treinta y cinco años. — ^A ver. traiga ese papel . y él hablaba más para mí que para sus dos viejos amigos. . si no me engañan mis recuerdos. tanto más que su — Es el ese momento único autorizado por mí. Don Juan Manuel ! azar Unos la paz. ¿La han visto salir? ¿Han notado qué pálida está esa niña? ¿Por qué las mujeres se enamoran tan fácilmente de los militares? ¿No comprenden que vivirán con — — Qué han de pensar en cuando prende — contestó distraídamente i el Jesús en ! la boca? eso. le Don Juan Manuel me militar. y me lo puso encima de la mesa. porque halagaba su gloria fama de hombre hermoso.

. No tienen pacien- aguardar mucho sus ascensos. Pensaba hacerlo general. Es mi compadre y he procurado olvidar que fué mi enemigo. y se la —Los alcancé: pierde la paz ni quieren — repitió. desertores de mis tropas. Don Juan Manuel pensó un momento y dijo: Ya lo sabía. y satisfecho de haber despertado el interés de don Juan Manuel por lo que iba a decir. le comprendí. han de preferir esto. Entre caer en mis manos o servir a los unitarios. Aspiró una pulgada. esquivos siempre a la disciplina militar o con nostalgias de la libertad de la pampa ilimitada. agregó: Ha ido un isleño a mi casa. ¡Ay de ellos si los aprehendían tropas federales! Eran infaliblemente pasados por las armas. No me extrañaría que se me diera cia. Pero es díscolo y ambicioso. 89 Cuando en tal forma nos daba una orden. yo al me imaginé que más que general Lamadrid se refería al coronel Maza. Como el día antes había hablado con vehemencia de la escasez de buenos generales en su ejército. vive en los sauzales del delta. Bueno. ¿Entonces es verdad que se prepara la guerra? — — — — — — . refugiándose en los montes. a propósito de una nota que le llevaron acerca del general Lamadrid. Me ha contado que los unitarios de la Banda Oriental. LA CORBATA CEIvESTi. Los gauchos. vuelta Al hablar de ese modo. — . muchos gauchos matreros. se han refugiado allí. porque los entorchados que le otorgó Paz no valen. Era tremendo el rigor con que en los ejércitos de la Confederación se trataba a los desertores. envían partidas a las islas del Paraná y del Uruguay a rejuntar leñeros y montaraces para el ejército. pues dijo don Felipe Arana golpeando con los dedos su caja de rapé. Vean ustodo este año lo he tedes lo que le pasa a Lamadrid tenido a sueldo. y evoqué el rostro impresionante de palidez y de dolor de la amiga de Manuelita. teníamos que adivinarle el pensamiento. se escapaban a la primera ocasión.

para invadir la provincia. donde él tiene su estancia en la Laguna de los Padres.! do HUGO WAST interrogó Anchorena. provincia también andan tramando algo. por el sur. ha de buscar puerto Lavalle. 'Don Felipe golpeó nerviosamente la tabaquera. el ¿ . con tanta impaciencia que tumbó la silla ¿a quién se le ocurre? Pues yo tengo noticias. — Con qué — interrogó duramente Restauraclavando en su amigo sagaces y ojos soldados que tengo? ¿y azules — ¿has contado se el la cabeza afirmativamente. . —Lavalle nos viene encima mejor —¡Lo recibiremos! — contestó Anchorena. que entró con un rollo de mapas. . ? los terribles tú los los generales ? ¡ Si Paz quisiera entrar a mi al servicio coronel José Arenales. — — — — — — — — — — — . para hacer señales a los barcos de la expedición. no obstante ciertas dudas que tenía acerca del federalismo del viejo militar. Excelentísimo Señor. prosiguió plácidamente don Felipe. apoyado el mentón en la mano. cuando la revolución contra Dorrego? Como si no hubiera oído la pregunta don Juan Manuel se aproximó al coronel Arenales y le gritó al oído: . Don Tomás Anchorena. y parecía hundido en cavilaciones. jefe del departamento topográfico. y don Juan Manuel que se había sentado. por lo que don Juan Manuel. contestóle movien- do dor. siguió haese En momento Corvalán anunció blando de —En lo que le el sur de la preocupaba. Extiéndalos sobre la mesa. cerrados los ojos. habló entonces: d Pero no lo fusilaron a Martínez Castro el año 29. Me trae los mapas de la costa ? Sí. y dijo: Por allí. que Marcelino Martínez Castro lo ha invitado a desembarcar en la costa del sur. día. Era sumamente sordo. y hasta ha juntado montones de leña en el cerrito de la Tapera. exclamó don Juan Manuel levan¡Qué locura! tándose.

y don Juan Manuel. le gritó en la oreja de Arenales ¿ Temería usted que un ejército desembarcara en la costa? Difícil es. lena le sirven para el caso. Juan José lo hicieron pasar a Montevideo. La Ensenada de Barragán. di orden de fusilarlo. a doce leguas de la capital. el tal Martínez Castro. Aparte de que ya le habrán — Sí y — No . me alegro de que esté vivo. En la Atalaya no pueden entrar buques de calado. los Ramos Mejía. invadió ese año mi estancia "Las Víboras". cito — Pues —Yo — — de — — La valle. después de la batalla del respondió sordamente don Juan Puente de Márquez Pero mi hermano Prudencio y tu hermano Manuel. ¿Mas a qué volver sobre cosas tan viejas? Tienes razón. con el dedo fué apuntando varios lugares. Se acercó a los mapas que el coronel Arenales había desplegado y los miró con mucha atención. Pedro Castelli. — — Lo — que quieren es juntar gauchos para hacer una revolución. para remontar con mis esclavos y mis caballadas el ejérchorena. han ordenado una yerra en sus estancias. — — — — Y chorena. para marcar sus haciendas. más que eso ya lo sé. y podía juzgar de las probabilidades favorables a la invasión por el sur. pero más al sur tiene la Atalaya de la Magda- la Boca del Salado. no se presta a movimientos de tropas por los bañados y tremedales. ¡Como si fuera el tiempo! observó AnQuerrán marcar terneros mamones. y otros. Lavalle perdería sus bagajes y sus — cañones. pero hay puertos que lo hacen posible — — — — — contestó el interpelado.LA CORBATA CELESTí. prosiguió el RestauraEso que me cuenta usted. dor. dirigiéndose a Arana Martínez Castro. Anchorena y Arana se arrimaron al mapa. . Conocía muy bien toda la provincia de Buenos Aires. 91 añadió Anseñor.

— — — ¡ — ' — .! ! : ! 92 HUGO WAST contado los inmundos franceses cómo les fué allí vez pasada. se volvió a don Felipe Arana que observaba atentamente la escena. Cuando el jefe del departamento topográfico hubo salido. lleno de confusión. sin dar su opinión. y anda la fuerza del mayor Vigorena. No lo mueva ponga otro dedo aquí de la otra . murmuró dulcemente. En por alli está la estancia de mi el otro no han de pensar hermano Gervasio. murmuró. cuando toparon con el mayor Miguel Valle. Don Juan Manuel le tomó la mano derecha. puso allí el otro índice. mi amigo. dócilmente ! ¡ dedo Arenales sin atreverse a levantar sus dos manos clavadas en la lejana costa de la provincia. Anchorena que también conocía aquellos lugares. — — ¡ — ! — — — i — — ¡ ! ¡ ! ¡ pueblo de Bahía Blanca. ahora creo que es verdad lo que nos i ! — — Ah. contestó don Juan MaEse no es un puerto en este tiempo ningún buque se recuesta a lugar nuel tan desamparado. Ponga un dedo aquí Arenales fijó el índice en el sitio donde aparecía señalada la ciudad de Buenos Aires. enrolló los mapas y empujó suavemente al coronel Arenales hacia la puerta. miraba despavorido al Restaurador que le ordenaba aquel absurdo. y don Juan Manuel le rugió al oído No lo mueva Ponga otro dedo aquí Se había corrido quinientas leguas al sur y le señalaba el Cabo de Hornos. el mano! Le apuntaba El anciano i militar. No me alcanzan las manos. Tampoco Arenales parecía convencido. i — Otro es caramba contestó don Juan Manuel verdad que no tiene más que dos manos! Se rió con sonoras carcajadas. La Laguna de los Padres. ¿ Sigue creyendo usted que desembarcarán en el sur ? No. como si confesara una culpa. movía la cabeza dubitativamente.

Debieran pensar que a la mulita no se yo soy como la agarra por la cola sino por la cabeza. La revolución está aquí. Castelli. le podría pesar lo que Me el volví a sentar. rnarcando sus terneros. Yo me sentía mal. na. calla. ni — Yo me bien oculto. don Tomás? —¿Qué piensas? — preguntó Restaurador. no. sin dejar de mirarme. dete> el » brazo. casi timidez el uno. que hagan lo irse. pienso que nada malo vendrá de afuera. que la expedición será sobre el Entre Ríos. dulzura y prudencia. .. quédese señor Balbastro Yo sé que es us- niéndole por el ! ted discreto. deteniéndose en mitad de la sala Ríos será su tumba. gesto displicente. Más que dijo: lo que el dice. que quieran dijo AnchoreUstedes sabrán cómo ata- — ! — jarlos — Bueno. tiempo del Rey. Anchoresin agregar otros datos. formando un singular contraste ambos amigos. ¿ Pero son tan brutos los unitarios ? exclamó don Entre Juan Manuel. I. enérgico y clarividente. levantándose para . ni por por el norte. dominante y duro. me . El Restaurador se me acercó. — — Y — la — Vaya ¡ mulita. Yo sé de alguno que está aquí. ^¡ No. y yo me levanté comprendiendo que debía retirarme para que hablase con libertad. y áspero caballero. y el otro. se fué con el ministro Arana. No todos esos estancieros del sur están ahora en sus estancias. —¿Quién — Pedro es? . no sé por qué. como los gentilhombres del Don Juan Manuel hizo un na que me miraba con fijeza. sur. . . Me miró con fijeza. Anchorena me tenía cierta ojeriza. pues yo admiraba lo mucho bueno que había en aquel patriota del año lo.A CORBATA CEI^ESTE 93 han avisado los amigos de Montevideo. bueno — murmuró tímidamente don Felipe — ¿Pero qué opina usted.

me sentí tan turbado. en vano habría buscado yo qué Pero bajo el relámpago azulado de los ojos que aquel hombre. puerta. Recuerdo que me fijé . como diciéndome que ni me creía. Las repetí como un eco. Yo adiviné lo que me iba a decir. yo no nada de — Hace mal mis amigos deben saberlo se así. sino —¿Usted no sabe dónde está? — No gobernador. vayase. Don Juan Manuel se encogió de hombros. estas cosas. Esperó mi respuesta. contestar. usted • . y él se rió. pero la ha- grueso aldabón de Leonor salió a abrirme. vestida con un sencillo peinador de muselina blanca. combinando con los unitarios la revolución del sur es Marcelino Martínez Castro. obra de sus manos. estando sereno. minporque acababa de comprender que aquel hombre escondido en casa de Leonor no era un galán. sé . mi joven amigo.. y la extraña reve- lación se hizo en mí. — contesté con un revolucionario. que no quedara mejor con un traje de reina. y él agregó: Pues bien. porque nada se me no es Pedro Castelli el que está en Buenos Aires. dijo de pronto.señor firmeza. . Empujé llé trancada. que apenas comprendí sus palabras. cuando vengo en son de amistad? Mi voz dolorida la impresionó. tan elegante. ni le importaba mi discreción. — Ya es hora. sentándose junto a mí. la el Volé a casa de Matorras. . Aun Balbastro? —¿Por qué turba — Señor gobernador. todo. No es Pedro Castelli el conspirador que está aquí. y tuve que llamar con hierro. tiendo. Y : — usted. pero yo ocurría. 94 HUGO WAST — — me imaginaba que Anchorena quiso aludir a los tapujos en que vivían los Matorras. — me dijo con sequedad. —¿Qué quieres? — Por qué me hablas ¿ como a enemigo. callé.

por cuya reja atendía al público. . muy coqueta bajo el limpio dosel de tul. aparte de su marquesita de Jacaranda. Juan Manuel. y que hoy se ha hablado de esto en su — — — — — casa. como de costumbre. me contestó. con sus dos sirvientas y la chinita de los mandados. Yo iba a entrar al comedor. le dije. o conversaba conmigo esa hora. ¿A quién nombran?. . pasando por su calle. y su acento al hablarme. picaba el tabaco sobre un banco arrimado a la ventana. la cabellera rubia repartida en dos trenzas apretadas que se ceñían como una corona de oro. y murmuró: ¡El es! Abrió una puerta que daba al patio. todos los enseres de aquella modestísima industria con que ganaba su vida y la de su padre.! . las maderas entornadas de la ventana.A CORBATA CELESTE 95 en su peinado. ¡ — —A — — —¡Allí está! . Conocía su interior. señalándole la puerta ceYo sé quién es irada del comedor. y cerró detrás de mí la grue¡Pasa! sa puerta de calle. lucían de nuevo para mí. sólo dejaban pasar una escasa claridad. y me señaló un altillo hacia el fondo del jardín. porque lo vi muchas veces cuando me arrim^ara a la reja de su ventana. ja. A Martínez Castro Agacho la cabeza. más luminosos que todos los astros. no quiso ejercer el imperio que tenía en mi alma. El dormitorio de Leonor era una pieza grande y bade techo de tejas a dos aguas. de donde venía un cálido olor de emY vengo a decirte que también lo sabe don panadas. que hacía retemblar la casa. I. preguntó sencillamente. Pero los ojos de ella. Supuse que deseaba ocultav de mis ojos a su huésped. ¡Que dijera una sola palabra y yo me hacia unitario! Pero nunca la dijo. pero e!la me indicó la otra puerta sobre el zaguán. Allí. me demostró que volvía a tenerme confianza. que era la de su dormitorio. Allí tenía ella.

hombre hace un año que no andas por aquí Vacilé en aceptar la invitación. Me por qué dudaste de mi honor? aturdió su respuesta como un golpe en la sien. el de Matorras aparecía desnudo y miserable. tervino.! . inteligentes y apasionados. Te quedas a almorzar tenemos un — — . No era ciertamente lujoso nuestro comedor. —Lo Tomé excusa. y cerrando un ojo. sintiendo que Era el viej itoHSI*klj¿u^. que me ha salido muy bien. Leonor. y sacó un paquete de rapé. la retiró. pero quise lealtad ? vengarme de lo que había sufrido. secostumbre. sus ojos azules. en el sitio que don Jerónimo con su dedo huesudo quiso das. Quédate. alguien llegaba. hasta que Leonor in- — — . aunque muy limpio. lo Mas ella. he preparado especial para tu padre. ¿ Por qué dudaste. Así estarás en frente de — ella. tartamudeé alguna —No. só- ¡Es verdad! ¿por qué dudé yo? La tomé la mano y fui a confesarle que mis dudas eran celos de amor. y expresó también su queja: —¿Tú. torras. Leonor rápidamente abrió una de esas petacas en que venía el tabaco del Paraguay. José Antonio me dijo Matomándome por el brazo. —Mandaré indicarme. y como un bobo. 96 HUGO WAST El corazón se me llenó de dulce gratitud. Al entrar ya las sentí el olor. . a la chinita con el mensaje de que te quey para que lleve el rapé y un platito de arroz con leche. chadito y con una gran nariz blanca y tan delgada la aga- como aguja de un reloj de sol. Leonor había desaparecido y yo me senté a la mesa. estofado con pasitas de uva y unas empanaditas. pero a su lado. en zapatillas de paño. gún su no te has de ir. de mi — Ella posó en los míos. el paquete. ¡ .

tatita. se hundió en la eternidad sin que yo cumpliera mi propósito. qué cargo tenía yo en la secretaría de don Juan Manuel. y voy a presentarte a don ^^'r^'iliv^ hablarP**^ ^^íirtínr7 -^^t^^-r" de quien habrás señor oído —Tengo . de la baja en el precio del sebo y de los cueros. y hallé en la galería a mi padre. Leonor. me dije a mí mismo. pero no parecía recordarlo. y hasta de las perspectivas de la invasión de Lavalle. sin duda.. que empezó a servir los platos.. De pronto. volviéndose a mí: — respondió — José Antonio. más admirable que él. — — Siéntese. sin que le declare cuánto pienso en ella y cuánto la amo. Leonor ? vas a perderlo ¿ Qué la puerta. al decir esto me guiñó el ojo. ¡Dios mío! ese día. No pasaré el día de hoy. mudio gusto en conocerlo. que me envolvió en sonrisas. Wasx: ía eerbaU celeste 7 . con las manos extendidas. como todos los anteriores. Leonor leyó en mis ojos cuanto le quise decir y de amor. dominado por su hija.A CORBATA CEI^EST^ 97 Como rado. haces. don Jerónimo que miraba por se levantó agitado. escogiendo las mejores pasitas. disponía mi plato de estofado. sé si No de gratitud del buen invierno que tendrían las haciendas por el mucho pasto. con tanta Y minucia que llegó a avergonzarme. i ella tranquilamente. Me pareció que ambos me aguardaban para juzgar por mi cara las impresiones de la visita. no sabría decir quién tuvo la culpa. a los cincuenta años de aquellos sucesos. Balbas- tro . yo me puse colono recordando que sus guiñadas eran un tic. Don Jerónimo se había vuelto a sentar. confiaba a mi amistad su destino y el de la conspiración. La muchacha tardaba en volver. Volví a mi casa en plena siesta. Hoy. a causa del bloqueo. Martínez Castro no ignoraba. y a mi tía Zenobia. ! I. — — H. que me miró con una extraña curiosidad. Al presentarme aquel hombre. y me hablaba del estado de los canipos. ella.

vil La noche del 26 de Junio r>nfin T nf^-sita ibrosio via con ^ Buitra po. y aun se dice que juró morir inconfeso si a la hora de la muerte no tenía a mano otro sacerdote que ése. encerraba por el este y por el sur la huertita del cura. tres viudas sin hijos. Era el caso. las higueras y unos plantíos de legumbres. la vigorosa compañera de don Corral^. Era don Juan Bueno. hermano el cura del Socorro. lia. una o dos. acortaban el plazo Je las visitas. algún suceso digno de mención llegaba a sus oídos. que en la misma manzana vivían las Bustamente. y se Un . hombre de misteriosos negocios. y de confesarse con don Trifón Buitrago. acaudalado y sin famimisa de su vecino y gastaba el resto de su tiempo en cuidar los naranjos. o las tres viudas. enía la suya don Juan Bueno. Por cierto que si antes de la hora. que siendo propietario de casi toda la manzana. Pared de por medio con la casa parroquial. vinififierosisima prole en casa de su. que después de la siesta. Oía diariamente la español. el día don Juan dejó de asistir al santo sacrificio en Socorro. iban a tomar mate y a comentar con Inesita lo acontecido en la ciudad. con que solía regalarse doña Inesita.

Más tarde. y en la política de la tierra. muy — ¡ — . y puesto a cavilar. ¡ni gallegos ni gringos! Al día siguiente don Juan llamó a un maestro albañil. Cuando él venga. coronado de espinosas hojas de tuna. cimarrones. donde se atascaban las carretas y hasta se ahogaban las caballerías. los visiteos de las tres viudas. se debieron hacer por la calle.I. mas no lo halló y en mala hora se trenzó con Inesita. ajustándose la faja de los calzones. inculpó también a las viudas del saqueo. Desde entonces. Pero observó éste un día alguna merma en el gallinero. que defendió bravamente a sus hijos y a sus vecinas. y pensó primeramente en las comadrejas y los gatos. sólo deben meterse los criollos. Quiso aclarar el punto con el cura. que bajaban de los montes vecinos hasta la misma plaza de la^ Victoria. pensó en los traviesos hijos de Inesita. cruzando un sitio baldío de don Juan Bueno. que en tiempos lluviosos era un fangal. formando escalerillas. y huyendo a refugiarse en su casa. porque es criollo. Pero las tunas se marchitaron o se desprendieron y las lluvias socabaron los adobes.A CORBATA CÜI^ESTlS 99 metían por los fondos de la casa parroquial. y en tiempos de seca un nauseabundo colchón de polvo amarillo. el baldío sólo se deslindó con una hilera de pitas y un frondoso tartagal. Mientras fueron amistosas las relaciones con éste. y aun en las bandas de perros. estaría en su derecho. y acabó gritándole por encima de la tapia: Gallego unitario! ¡pregúntale al salvaje de Lavalle dónde están tus gallinas! Se las habrás mandado a él para que engorde los chanchos del Rey Felipe. — i — ¡ Más unitario es tu marido ! — le contestó don Juan Bueno. para cercar el baldío con un tapial. a cuya sombra enclocaban las famosas gallinas catalanas del español. ya te pondrá la paleta en su lugar! Aunque fuese unitario.

mientras mi tía y mi padre dorsiesta. por Mme. y aunque lo azaroso tiempos ataba su lengua. Desde el día que me presentaron a Martínez Castro.. Una mían su —¿Qué — Nada hijo: acabo de levantarme. y en la galería cantaban los canarios estimulados por el chirrido de las veletas. y muy cruda. tarde de junio. andaba yo acongojado con mi secreto. Cottin. agua pero — usted quiere jarra tiene. y lo sentí rebullir y quejarse. a quien ya se mentaba en las tertulias como al jefe de una probable revolución. y se metían por los fondos. rezongaba don Trif ón. mi amiga. Estaba yo pared de por medio con la pieza de mi padre. las resueltas viudas salel lindero. "Matilde o las Cruzadas". gustaba de los chismes. está Si le llenaré la con agua recién sacada del aljibe. tatita? el me iba a lavar. . yo hojeaba uno de los libros en que mi tía bebía sus románticos anhelos. ! 100 HUGO WAST tre- a propósito para que aquellas agilísimas mujeres se paran a ¡ —¡Ave María Purísima! — Aquí estoy oyéndola Sin pecado concebida —Escuche. . curiosillo. nadie anda por estos rumbos. si algo valiese la no- — — ¡ ticia que traen Porque él también era ! . que redactaba a escondidas. novela que me encantó cuando aun concurría a la escuela de don Rufino Sánchez. vaban das arremangadas. y me asomé a ver si en algo podía servirle. receloso de la fría y penetrante mirada de don Juan de Manuel. y hasta decíase que los anotaba en las "Memorias de un Canónigo". noticia lo merecía. con las falal aire las allí esas cabras en oyendo cacarear a las gallinas ! — Ya están los encanijadas piernecillas. —¿Qué ha averiguado? —¿No nos nadie? ! ¡ la tapia: —Hable Cuando ¡ oirá sin la miedo.

cuando desocupemos la casa para irnos a la quinta de San Isidro. — — ¡ lo he visto más garifo tos ! . Lo haré en el verano. Ya el sol pintaba del color de moda el borde occidental del cielo. he ? ¡Si supieras. anunciaban una helada. que están apolilladas. gracias a Dios.ESTE 101 Yo mismo traje un cubo de aquella agua envidiada por toda la vecindad. Miré las vigas del techo. Quisiera hablar con el señor Biutrago. acerca de algo que le he oído al obispo Medrano. y con singular complacencia se miraba al espejo. porque tenía la certidumbre de que el buen caballero no pensaba en mi tía. no muy grises. I. José Antonio. después de chapuzarse a su gusto. cubrían con lienzos los jazmineros y las diamelas de los patios. que en todo se mete. Es su lumbago. quiero sacarle las ventanas voladas . se lo prometí a don Juan Manuel.A CORBATA CEI. Qué ha de ser vejez Nunca y donoso. A esta pieza. Quiero que vayas a decirle que se venga a merendar conmigo. que da a la calle. que cabalgaban sobre una larga cumbrera de algarrobo. ¿ Sí. finos troncos de palma. No es más que eso. ! — Empiezo a tenerle miedo al frío. y si no puede. Siento un . los pensamienque se me vienen Me puse serio. Cogí el sombrero y me embocé en mi capa. . Las minuciosas dueñas de casa. pero bastante ralos. me preguntó. y la pureza y delgadez del aire. Hoy no daré mi paseo por la Alameda.. — — — — . dolorcito en la espalda. tata. Se atusaba los cabellos crespos y cortos. un peine de asta. que lo aguardo al toque de ánimas. Después lo haré acompañar para que no transite solo por esos andurriales. ¿Será vejez. Mi padre tomó de una cola de vaca pendiente junto al espejo. para librarlos de ella. hijo? — — mirándome por encima de la toalla. y llené la palangana. y dijo: Ya es tiempo de cambiar esas vigas.

para pedirle una limosna. surgió un chico de entre los matorrales de la acera. Pocilio. Quién les ha enseñado a cantar eso? Adocilio. sitios donde sólo por necesidad o por costumbre. donde los aguardaba un aguatero que la traía del río. echábanlos al hombro. Por las asas de las ollas. la primogénita de don Ambrosio Corrales. relumbrosos de grasa. De los hombres vergüenza y horrorl. acarreando agua desde el pie de la barranca. Marchaban en fila. Duilio y Clandestino. pregunté a . Nadie más en las calles. vigilados por algunos guardianes atentos a cortar el camino a los transeúntes. pasaban unos palos. Cuando llamé a la puerta de don Trifón Buitrago. guarida de gente recia. . cargada de frutas amarillas. con una . llevando unas enormes ollas de puchero con "mote". se animaba uno a internarse en llegando la noche.! 102 HUGO WAST Al cruzar la plaza vi una hilera de presos. Rivera Indarte era el más enconado y eficaz adversario del Restaurador. y así entraron en la casa parroquial cantando a grito pelado el himno que Rivera Indarte. En esos días. En el segundo patio hallé a Juanita. ¿A quién busca? Me reconoció y a sus gritos aparecieron sucesivamente Adocilio. Rutilio. i patio — — Las Bustamante — me — anunció mi presencia ! — contestó. Venían con sendas tipas de cuero. La plaza del Retiro estaba en medio de quintas barrancosas. Pero yo era buen federal y no temía los malos encuentros con los facinerosos de la Mazorca. compuso en honor de don Juan Manuel y en contra de los unitarios: — "Asesinos de Ortiz y Quiroga. y marchaban. allá por el año 36. por lo cual repuntaba la fama de sus versos." . ¡ y desde ! : Mamá el primer aquí está José Antonio Bajo el crepúsculo se adormecía la vieja toronja.

Era Inesita hospitalaria y quejosa. antes de enfrentarla. Más de una vez. la niña las espantaba a puntapiés. Entré a la ahumada cocina de techo de paja y encontré a Inesita sacando velas de sebo. enjugó cintura. doblé la esquina. las mi hijita. Algimos granos saltaban a cada golpe de la pesada mano de ñandubay. y la bata arremangada. y di el mensaje para don Trifón. Una china le sostenía el molde. Se avergonzó. mandado ¡ — Ya decía mamá. con ironía. moliendo maíz en IOS un mortero de a' garrobo. que enrolló lue- go a — Dichoso quien José Antonio — Pues no hace tanto que estuve — Porque trajo tu padre. Daba luego un tironcito del palitroque donde se anudaban en hilera los pábilos. blancas y su — — tiernas. y salía blandamente la media docena de velas. vienes por la de él. y corrió a llamar a madre. para que el sereno las oree esta noche. que no venías por tus cabales. Y apuesto aquí. con miedo a que me espetara sus agravios. Me excusé. divisándola en la calle. cuyos ojos negros chispeaban de picardía. desafiando las risas de Juanita. sino — Cómo ha de ser — apoyó madre. que bañaba con agua hirviendo para aflojar la pasta. — Llévalas Y se la ¡ al zarzo. pero estoy yo. ser olvidados hasta de sus mejores amigos. te que ahora más que por tu cuenta. y las gallinas se precipitaban a atraparlos. se bajó las mangas. haciendo huir despavorido a un pato que rondaba el mortero. Cuando se le arrimaban mucho. el delantal. manos en te ve.! ! LA CORBATA CELESTE vincha roja. fabricadas por ella misma en un velero de hoja de lata. Ese es el destino de los pobres. ¡Aquí está José Antonio! \Q\ie pase adelante! Trifón no está. — i ! la .

abierto en un rincón. él sabrá lo que significa. La cocina estaba llena de humo. murmuró una personilla ¡Jesús. Llegó uno de los muchachos con una tipa de agua.104 HUGO WAST ¡Tiene tanto en qué pensar! Como que a la vuelta de su casa deja el ternero atado. pero de José Antonio nada sabemos. y me alegré. nos dirás si es cierto. Pero seguía en su tarea de sacar velas. en cuyo semblante se mezclaba la ingenuidad y la malicia. Vadijo Juanita. que vació en el cántaro y anunció muy agitado: En la huerta anda gente. explicó Juanita. — — — — no ha de tardar. y — — —¿Si qué? Pobrecito — exclamó —— No entiende ma.. buscando salida por un agujero. con se le pregunta ! fingida ¿ lásti- i lo Quieres que yo te lo explique? Aquella muchacha. porque era necesario tener muchas para la fiesta de la parroquia. me parecía deliciosa. y no se alejan del barrio. Apenas nos veíamos. Vaya. pues no deseaba que mis secretos anduvieran rodando tierra.. Comprendí luego que sus bromas no se referían a Leonor. y me in- tranquilizaba. al resplandor de la llama que temblaba en el fogón. que se pegaba al cañizo del techo. interrogué. Ángel de mi guardia qué susto me has dado . eso dicen de los que tienen novia. sin entender la me¿ El ternero atado ? táfora. que es cierto ! i Juanita. Sentimos cacarear a las gallinas y luego el rumor de unos pasitos. ahora que te han explicado lo que es el ternero atado. Inesita tenía el rostro arrebatado y los ojos llorosos. — —Así — — Mama — dice Ambrosio. mos José Antonio mi tío — — i ! — — ¡ ! — . María y José! que se metió de rondón en la cocina. Me voy a prender la lámpara. a guisa de chimenea. sino a Manuelita Rozas.

alumbrándonos las caras con su farolito. José Antonio — dijo una encarándome. . enmudecidas de espanto. y rodeado el cuello de una bufanda se nos acercó. honum nisi Vengan conmigo. Deus. — Aquí lado en de don Juan Bueno La fisonomía del cura se quedó sombría. ¡ lenguas. y otra mujer. El cuarto de Inesita era a milia. señor cura.! LA CORBATA CELESTE IQj exclamó Inesita. idéntica a la primera. Por amor de Dios. Agua fresquita. Bebieron por turno y a traguitos. ! i la 1 siguió la otra. torias. —¡Don Juan Bueno! — barbotó — ¡Nihil lo . mujeres. i fusilarlos ! la tercera. que se asomaba. Don Trifón se volvió a ellas: ¿Qué les pasa? —¡Hable bajito. Hola. cayó la última de las Bustamante. José Antonio sálvanos volvió a gemir una de las viudas. se coló en la cocina santiguándose. Inesita llenó un jarro de plata. José Antonio. Sólo Dios es bueno Ven. vez el la comedor de la fa- y sala donde pasaban las veladas. José Antonio ¿ cómo está tu padre ? Para servirlo. recién la trae el aguatero. Don Trifón. Nuevos pasitos en el patio. . mascullando jaculaleña. y por fin desliaron i ! ¡ ! ¡ ! Las — Sálvanos. y tras ella. — — las Pía Macedonia ¿ qué les pasa ? Balbina tres temblaban. . señor cura! — — — — — —¡Ellos ¡ i ! ¡ ! — están cerca! al . — Esos picaros andan tramando revolución — prohoy mismito — concluyó — Habría que —¿Están locas? ¿Qué andan diciendo estas mujeres? — refunfuñó desde afuera una voz. envuelto en su manteo. calada la teja. con un hacha de partir por lo que pudiera acontecer.

que ellas se fabricaban y manos finas. cuyas carnes se zangoloteaban al andar. ésta es Macedonia. lo gustarás mejor después de la merienda. las otras dos lo acababan de hacer o estaban por hacerlo.106 HUGO WAST Aunque sobre la mesa de pino brillaba una lámpara. bajo sus mitones de punto. tenían pies chiquitos. gran parte de la habitación quedaba en la sombra. medrosas. se habían planteado la misma pregunta: ¿Cómo se las compusieron sus maridos para distinguirlas? Viéndolas juntas. Dice mamita que lo pruebes que no está muy bien. Inesita y una china gorda. respondió algo -^No soy Balbina. picada la viuda. eso para luego. tejidas a cuatro agujas. José Antonio. — . Eran avispadas. ansiosos por escuchar a las Bustamante.. Las tres defendían el pecho escuálido y la espalda redonda con unas caperuzas coloradas. para servirla. Tengo la seguridad de que cuantos las conocían. me absorbiera totalmente la atención. Don Trifón miró fastidiado a la niña que interrumpía : . Separadas. porque hasta ahora no ha aprendido a quitarle el amargo. Decía usted. y los ojos se les iban cuando pasaban por frente a la librería de Ibarra. prestadas por sus relaciones. Balbinita. aportaron un enorme brasero de cobre. todavía era posible indicar "ésta es Balbina. azogadas. ésta es Pía". en cuyos anaqueles se amontonaban la flor de la literatura romántica. pues cuando una se la quitaba. parlanchínas. cayó Juanita con un plato de dulce de toronjas. soy Macedonia. y a su alrededor hicimos rueda. Es lo mismo. la conversación. Apretaditas de figura. tal clasificación parecía tarea. Las tres leían novelas. o de la Merced. calzados con borceguíes de prunela. ¿Decía usted que rccon»ció al general Paz? —Deja — — . tibiecitas.. y las tres debían de gozar de la misma temperatura. de adivino. Antes de que el relato de las Bustamante.

y estaba el general Paz. un color le iba y otro le venía. hijo de don Manuel Vicente. el coronel Maza. —¿No dicen que Martínez Castro y don Juan Manuel son dos hombres más hermosos de América? — Pues que estaba — confirmó Balbina — sólo los el allí Macedonia se explicó: podía ser él. pro- — eso? — preguntó Inesita que en- traba en ese instante. — estaba. sabedora de todas las biografías de la ciudad. Marcelino Martínez Castro. rectificó Balbina. El coronel Maza exclamé yo. a quien conocemos bien. En dos rasgos la viuda lo pintó. porque no le dieron audiencia. confirmó Pía. y a su lado el coronel Maza. explicó Macedonia. El cura fastidiado y nervioso imaginándose que su canongía nada ganaba con que al lado de su casa. daba su estampa. agregó Macedonia: Lo hemos hallado una tarde en casa de don Juan Manuel. —¿Quién ha dicho la mozo es rubio. paseándose por el patio. y vi que allí había una reunión de hombres. se y yo constaté que no engañaban. De unitarios. hasta la misma huerta de don íuan Bueno. y me acercando. se descubriera un nido de conjurados. a Juanita. y Manuelita no — — — ! — — siguió —Y en rueda un —Que dicen que Balbina. que conocía el casupo de su visita so y estimaba al general Paz. estaba él. interrogó con acritud: ¿Y quiénes más estaban? Entre tanto. agregó Pía. Sí. del 3. — . Al saltar la tapia sentí voces. señor cura. Bueno. acordándome de Rosita Fuentes."LA CORBATA CRI^ESTE 107 Sí. acurriicadita en el tartagal. También los vi yo. fui — — — — — — — — — — Porque ¡ don Juan Manuel no observó Buitrago. Su ansiedad me dio a entender que se interesaba por la suerte de alguno de aquellos personajes.

me llevó a su aiarto. tal que tú pon- pero es necesario que esas tres mujeres no digan palabra de lo que han visto. y el rosdon Trifón se fué anublando más y más. Mi propósito era impedir que se divulgara una especie comprometedora para el huésped de los Matorras. con gas empeño en recomendarlo a Manuelita. me besó la mano. — — Yo reflexioné un momento. Isidro. Echó pie a tierra. —¿Domiciano. Antes de contárselo quiero si averire- ocurrido en casa de don Juan Bueno tiene lación con lo de San Isidro. salva pagan bien. mi cuñado. que andaba en mi busca. ¿Alguna desgracia. Cuando él creyó que nada podían agregar. miró a hurtadillas y desapareció. dijo vi en el Sí . El de ellos es pésimo. Don Trifón se rebulló en su silla de vaqueta. me ai nombrarse a un capitán Duarte. sé qué había ido a hacer tan lejos. guar lo salvarse. ¿Quieres que ocultemos eso? ¿Cree usted que habría algún daño en hacerlo? ¿Sabemos acaso si no es una pura invención de estas mu- —Bueno. la calle al —Todo eso puede verdad — me — hoy negro Domiciano. caballito. así — Parece que — Sólo Corrales podría no. — dije yo. pordiosero? — venía en su desde San No ser . se puso colorada. donde habían dispuesto dos cubiertos sobre un veladorcito. si del inglés no es malo. porque le Parece que hay orden —¿También a Corrales? ¿Lo sabe Inesita? —Ella no sabe nada. y me dio un mensaje de Corrales. de fusilarlos a todos. jeres? . el cuero. Siguieron las viudas suministrando sus noticias.108 HUGO WAST cierto En tro de momento. por ventura? Dios lo dirá Lo han apresado entre un grupo de unitarios que trataba de pasar a Montevideo en la ballenera de Atkinson. — — ¡ ! — Mal —El negocio.

mientras su hermana plañía a lágrima viva. . y yo. y sin soltar la frase. el —Mi nuel te quiere lo —¡Tú me salvarás. y cuando se engestaba. ató su caballo a un poste del pretil. Bribón masculló el cura viéndolo surgir entre las sombras de la galería. LA CORBATA CELESTE 109 cejas Don Trifón meneó cas. y después de hablar con el cura y de dar vueltas por el barrio. había acabado teando. . Resobando el sombrero. Era de muy fos- color ceniza. como un unitario ve —De tapado? resultará — Señor cura: ¿está usted seguro de que su cuñado no comprometido en complot del vecino? — No estoy. veras. tomaba un cariz maligno. —Es preferible. y entró en la casa parroquial. te mano. en busca de Inesita. No món. regresó al Socorro. pero . mi Ambrosio! ¡me lo han tomado preso. hija? ¡El negro Domiciano! Y en efecto. y con los ojos en tierra. cuando llegó Inesita gimouna fuentada de huevos duros y ja- ¡Aquí está la merienda! ¡disculpen si no hay más! ¡Mi Ambrosio.. la cabeza. con unos unitarios. . oye! y —Haré que esté en lo José Antonio! ini ¡Don Juan Maes preciso . no se me alcanzan tus fines Golpeaba con los dedos la caja de rapé. antes el lo de que se divulgue esta noticia. empecé a alarmarme. ¿Iba a aparecer. a los ojos de tan celoso federal. el cura se puso a cascar los huevos sobre un plato. Sin agregar nada. el mendigo había querido vender dos veces su nueva en casa de Corrales. su fisonomía sua. aguardando mi explicación. dijo — — — — ¡ ! — negro: amito don Ambrosio me encargó que también se lo dijera a doña Inesita. entonces. obtener su libertad. sin abandonar sus quehaceres. en San Isidro! ¿Quién te lo ha contado.

y no era más que una senda escarj)ada. Ya demostraremos nuestro amor a la causa del Restaurador de otra manera. Bajó para y añadió — Y mucho no hacer denuncia mí por lución — Todo en manos de Dios a su hermana — An— Así sea — Luego Sí. seguro de hallarlas alrededor de la merienda. la — Don Trifón me ¿ Lo has pensado voz. ¡ ! — . — — — — — — — — — . jibero por Dios. Don Trifón se habia quedado triste. A la luz mortecina de unas estrellas glaciales. : lio HUGO WAST agarró de un brazo. ¡Los jesuítas quedarán contentos! dijo suspirando. Regresó más tranquilo. se divisaba en el bajo. la calle larga de la Recoleta. que arrancaba en el filo de la barranca y se internaba por las quintas franqueada de tunales. sólo ¿ si la estallara la revo- ? ¡ está ! i se dirigió : da a cuidar de tus hijos.! . nosotros nos preocuparemos de tu marido. Y que a ese negro le den un plato de mazamorra con leche. por lo muy transitada que era. Tienes razón Pero los tiempos nos obligan a ser menos caballeros y más federales. Me miraba comer en silencio. ¿ Por qué ? Porque pierdo una ocasión de hacerme de influencia. La mecha de la vela se carbonizaba. echado sobre el respaldo del sillón. No lo sabrán y aunque lo supieran. se escupió los dedos y la despabiló de un tirón. . y un par de reales. que aquellas tres no digan palabra! exclamó. apreciarían que es más noble callar que denunciar. Es hora de que vayamos a casa del Restaurador a interesarle por la suerte de ese hombre. embozado en su bufanda. bien cuidada. La nuestra pasaba a la derecha de la iglesia. saliendo precipitadamente en su busca. bien ? — señor. y con el farolito en la mano.

daba escalofríos. lOs del gobierno. sino de don Manuel Vicente. De trecho en trecho se detenía para hacerme una pregunta. . —¿Qué vas a decirme? ^- . Pegó sus labios a mi oreja. no hablo de otra cosa. don Trifón. y me dijo: No hablo del coronel Ramón Maza. señor — contesté. sabéis de la conjuración de Maza? Nadie podía oírnos. supongo que si hay algo. Como don Trifón — — — testé Anduvo dos o la tres pasos más. le sus ¡ la i ! te Escudriñó de nuevo en la soledad. ¿No te engañas.! LA CORBAIA CELESTE 111 conocía mejor el sitio. pero don Trifón miró a todas partes. su padre ¿ No sabéis nada ? En verdad algún rumor me había llegado.. — No. por lo solitario y silencioso... de las cosas que ocurren? conXo sabemos que ocurra nada extraordinario lantarse. Pero volví a negar. ¿Qué sabéis vosotros. la noche era profundamente obscura.Qué cara. —¿Qué está pensando. contagiado yo mismo con recelos. señor? ¿y no hemos quedado?. —¿Qué sabéis vosotros? — Nada —Entonces ahora mismo voy a llevarle denuncia a don Juan Manuel. — pero conviene que de esto no hable. un espeso membrillal. perdóneme que le hable con fran- — ¡ ! — — queza . sin que usted se lo diga. Nada sé yo. —¿No he hablado demasiado fuerte? — No.. lo llegará a saber don Juan Manuel. pues nunca hubo secreto que se guardara peor que el de la conspiración del año 39. déjelo adecon su oscilante farolito. en la que se transparentaban sus temores. se volvió y me alumbró —. José Antonio? —Señor. y el sitio.

cuando caía en ellas nuestra luz. y era enorme y pavoroso el silencio que aplastaba a la más grande ciudad sudamericana. Yo conocía bien los pecados de nuestros enemigos. y que sus culpas estaban bien pagadas con la perpetua angustia en que vivían. Yo comprendía muy bien sus tentaciones. nos espantaba a nosotros mismos. Me estremecí a mi pesar. La — — —Y ¡ ! ¡ — — — . y aun siento su horror. 26 de Julio del año 39. " Llegamos así a la calle del Empedrado. acabarían por ser descubiertos de la policía. Después de todo. como en Egipto. que será la voz de su conciencia. aun en boca de las damas. Parece que el ángel del Señor. Me has dado una lección de generosidad. Pero venció al fin su buena índole. todas pintadas de rojo. aquellos secretos mal guardados. y marchó largo rato sin hablarme. que rodaban por las tertulias. al menguado resplandor de los faroles de las esquinas o de los boliches. Fueran las noticias de la conjuración o el anuncio de la farolito. y calculaba cuánto favor podría valerle el revelarlo. Don Trifón agachó la cabeza.! lie HUGO WAST cara del futuro canónigo aparecía verde a la luz del Se leía en sus ojos la angustia de quien espera un consejo. ¿Ves? susurró don Trifón. mas parecíame que harto se vengaba de ellos don Juan Manuel. atrancadas como si se temiera una invasión. Una denuncia suya que perdiera a un hombre. le amargaría la vida. como se llamaba vulgarmente a la de Florida. Deje a la policía de don Bernardo Victorica el cuidado de las conjuraciones. El color de las puertas. ha pasado marcándolas con sangre. No se veía un alma. con lo cual el que se había de perder se perdería aunque él no hablase. José AnDios te lo pague tonio usted muchas de latín. Había sorprendido un terrible secreto. clamando contra su egoísmo. Me acuerdo de aquella noche.

^lis *•• pregunta de antes: palabras Z. dije. Todo irá bien. sur empezaba a zumbar en las calles. LA CORBATA CEtESTE guerra 118 inminente con Lavalle y con la Banda Oriental. Es así. 1 . Don Juan Manuel nunca se convencera de que yo no tuve noticias de las reuniones en lo de Bueno.» me sonaron a falsas. con el pretexto de pedirme sermones. en todas las almas habia una invencibie sensación de horror: y en el alma sombría del hombre por quien muchos mulares de argentinos estábamos dispuestos a dar la vida. oíamos voces humanas. Hi buen — Xü le hombre seguía acosado por sus ambiciones.\o hemos hablado demasiado fuerte? — ^«0 tenga miedo por eso. es asi Y no son ellos quienes puedan ya nada contra mi. y que descubra las cosas por otros rumbos. ¡Viva don Juan Manuel de Rozas! gritaba algún borracho. y en qué siniestra agonía pasó a(|iiella noche. llegábamos a la calle del Restauraen donde vivía don Juan Manuel. ^e calló asustado. lis posible que no las tenga tampoco él. dor. cuando cruzábamos por enfrente de alguna pulpería. ! Pronto verás cóestán peor que yo Restaurador les cobra todas sus maquinaciones. coronel don Vicente Gonzídez. como quien dice en mis barbas. que haya ocurrido novedad en su perjuicio ¿acay por conocer sus pensamientos agregué: sé — — so lus jesuítas?. —De esta hecha. ¡Ujala fuera así! Pero estoy pensando que el otro día acertaste al decirme que e. ¿ou más unitarios que Lavalle. clavando su facón en el mostrador. murmuró don Trifón adiós mi Kl viento del Sólo — — — — canunjjia. Me invadía el te- Wast: corbtta C4Íett0 I . Me eché a reir. y me repitió al la oído —¿. iba a esi — lah ! ¡ ellos mo e. para pedir más bebida. sólo Dios sabe lo que habia. — ¡ ! — — piarme..

por lo que pude colegir. Llegamos hasta la ancha puerta del dictador. N o era tarde generalmente a esa hora llegaban los contertulios de Aianuelita. no se hacian leyes. le si el excelentísimo no sabe mi nombre.entisimo señor gobernador! contesté. Matorras y su hija estuvieran más mor de que la suerte comprometidos. ¿Uuién es? interrogó una voz recia. — ¡ b-stá la le por él. la única no pintada de colorado. como si quisiera mostrarnos que para é. Pero en tal día la casa era una sola sombra. Un soldado. rechinó el cerrojo y se abrió puerta. . mientras yo iba a interceder por de Corrales. que me conoce? — Para qué he de decir usté no —Anuncíenos a JManuelita. La caiie del Restaurador. y aquel viento de invierno que arañaüa las paredes. Ll cura del Socorro y Balbastro queremos ver al exce. i^arga y obscura. y la presencia invisible del hombre que todo lo pudia. niño Jo^é Antonio. pasaba . buscando res(juicio por donde colarse. pues.: 114 HUGO WAST a esa hora. la — — — ¡ — ! ¡ y dijo con bastante suavidad Uueno. recibe esta es — noche. vacilando en llamar. con sus lucecitas agonizantes y las dos moles negras de sus casas. de las mejor edificadas y de más población. tierna y gentilísima. me echó en la cara la luz de una linterna. írentimos quitar la tranca. sacudía los nervios menos impresionables. agravaba el trágico silencio que nos impresionara en otros barrios. que todo lo veia. primera vez que cierran esta casa tan tempra! — respondí. dando con los nudillos en la gruesa tabla. hizo lo mismo con mi compañero. y nadie habría dicho que adentro velaba don Juan -Manuel. cerrada cuchicheó don Trifón. —¿Quién usted. terribles congojas — — Ls no. y que su hija. y nos detuvimos.

cuando nos da a nossu le ¡ ! lo otros cun la puerta en las narices. excamé gato ! arrebozándome er entre dien- le al — murmuró don Trifón. ni una palabra! ¡ Cuando se perdieron obscuridad. aquí nada tenemos que hacer. la tranca. vamos y ruego que no hable de don Tarquino. don Tri- fón. Don Tarquino Fonseca me contestó con ¡Hola. Vamos noches! a casa. — Como que recibe a usted. —Le acompañaré yo mismo.ESTB 11& —La y ia —¡Estamos frescos! — capa. No habíamos echado a andar. despabilando su farolito. — Vaya soy antiguo servidor y amigo del excelentisimo señor gobernador. — Vamos a tu casa. — Habrá venido con algún chisme que costará sangre. señor cura. señor don José Antonio! tes ¡ — — — indefectible melosidad. tor los ladrillos le y barriendo con el ala de la alumbró camino. y se entreabrió la puerta y salieron dos hombres. dije al cura: la sí I le al la el le .! tA CORBATA CSI. cuando oímos pasos en rumor de la tranca y del ceel zaguán y el consabido nojü. — ¡Tengan Brumoso y ustedes muy buenas vereda.inándose. con rumbo contrario nuestro. —¿Hl otro será Brumoso? —¡Asi es! — No conocía tan buenas relaciones con don Juan Manuel. Después me harás acompañar con maestro Pancho. — Mala tos siento i niña está durmiendo. moviendo pausadamente sus grai en la des zancas. el — nos dijo don de su casal Tar(|uino inc. él lo siguió. — Ese que es un bribón — ¿Sí? — hizo don Trifón recogiéndose sotana. —jAh. con esto cerró la puerta y le echó yo. José Antonio. para que no se empolvara cruzar calzada. buspeché de uno de ellos y le adumbré la cara.

Se reía animosamente. incapaz pensé en Leonor. que era el cubre fuegos para mayoría de los hogares. al tururo. Yo ras. quedó como dueña de una casa tradicional y rica. Al acercarnos a casa. o la de Huergo o la de don Diego Arana. y allí se relacionó desde niña con la flor de la canela del Buenos Aires de entonces. El boticario. a donde acudían los federales. a a la malilla. La excelente señora. pero suficiente para una mujer de sus prendas. Esa noche. mucho más cuando a la muerte de mi madre. preparándole a don Pío León su brebaje habitual. vimos salón filtrándose por los resquicios de las veny nos llegó un rumor de conversaciones. observó don la luz del tanas. los Matorras y los Leones. la miraba engolosinado. a donde los unitarios "paquetes" hallaban ambiente propicio para sus conciliábulos. esto es. Deben de estar jugando a la lotería. infundiendo calma y alejando mujercita! antes que a nadie. redujeron la tertulia a los vecinos de una cuadra a la redonda. la gorotada que . "una sangría''. Vinculación de barrio. si bien de familia menos empinde mi padre. el frío o los rumores revolucionarios. y pretendí adivinar si la hallaría de disimular las inquietudes de esas hoo dueña de sus nervios. Pero frecuentábala gente de pro y nos divertíamos bastante. ¡Oh. la brava y deliciosa Al abrir la puerta la vi mesa con tapa de mármol cuyo alrededor jugábamos lotería. o a la sospechas. siempre sediento y sudoroso. — — Trifón. había nacido en la aristocrática calle de Venezuela. afligida. secándose la calva color de pimentón con un pañuelo a cuadros. No era la tertulia de mi tía de tanto copete como las de Riglos.110 HUGO WAST Ya bía la hacía una hora que la campana de la catedral hadado el toque de ánimas. junto a la y torneados pies de caoba. un vaso de vino carlón con agua y azúcar. o la de don FeHpe Arana.

No sé por qué corazonada mi tía se dispuso a cantar esa noche. Sus aptitudes no eran para lucirlas ante mi padre. se apresuraba a encender sus bujías.! LA COKBATA CBUSSTS 117 glacial. y para defenderse del frío. oh viento. Esquinado de un rincón estaba el viejo piano. muy buena pianista. y don Trifón hizo una mueca: Caramba. alfombrado en parte con un tripe de Tucumán. que me ganaba aplausos dando serenatas. y parecían menos por lo vasto de la estancia y lo desnudo del sue'o de ladrillo.. caramba! ¡Aquí se cantan canciones itni- tarias . cada vez que se abría la puerta. Vestía el buen caballero de frac y pantalón azul. cortesano v sonriente. había hasta dos docenas de sillonciíos de caoba. Lo? muebles no eran muchos. alimentado con aceite de patas. mientras mi padre. chapaleado por dos generaciones de Balbastros. Alrededor de la mesa. ni ante Leonor. ocurrióseme que algún sentimiento exuberante desllos Cuando bordaba en ella. y había pedido permiso a las damas para conversar encasquetado su gorro de terciopelo. con anchas ventanas de y con un cielorraso de lienzo que hacía plaf plaf !. afamado por su cultura musical. llevaba al cuello un ponchito de vicuña. I Camino a la voz!" ~¡ Así cantó mi tía. moso. y alineados contra las paredes. ni siquiera ante mí. Y a sus lamentos responde Su cadena en ronco son: Ábrele. con asientos de esterilla: y en cada extremo un gran quinqué hu- La pieza era grande y i rejas voladas a la calle. . y soltar el trapo a la voz. " —Triste canta el prisionero Encerrado en su prisión. ante el cual acababa de sentarse mi tía. como lo mandaba don Juan Manuel. vi sus manitas regordetas y cuajadas de aniatacar con denuedo el teclado. y chaleco punzó.

y acudió a saludarlo.118 HUGO WAST tía Mi risas. y nos acogió llena de son- Dios nos libre Es música de Alberdi. las otras con su izquierda. ¡ hizo girar ! el taburete. Mi padre — sobre meditas. gorro. y estaba tan serena que la supuse ignorante de los sucesos. para pedirle las albricias. mi padre se lo llevó a un rincón. avanzando suavemente. para darle la noticia que le guardaba. es cierto . señor don Baltasar. cúbrase sáqueme pronto de curiosidad. lo acariciaba Doña Mariquita León reventaba de — — — — i ! Y —Para lo ya ti no es un secreto: hasta es posible que que quiero referirle al señor cura. que estiró un dedo y se puso a atusar nerviosamente la borlita del gorro de seda que mi padre conservaba en la mano. Leonor me había sonreído al saludarme. risa oyéndolo. turo canónigo. y le ponderaba las virtudes terapéuticas del pozo de su botica. los canta — —Pues — — muy bien. y aproximarme a Leonor. pero mi padre me retuvo suavemente. Don Pío León mirábala escanciar el agua de su brebaje. y sus innumerables aplicaciones en la far- macopea. decíale entretanto mi Pues lo he mandado llamar. No se no» Cúbrase. forman la base de mis drogas. su eterno abanico amarillo. como si marchara se quitó el . hija.. un poco derrengado por su lumbago. sepas . y con su abanico. padre a don Trifón La emoción del cura fué tan grande. Yo di un paso para alejarme de ellos. — x-4qua fontis et uncto sitie sale. No bien estrechó todas las manos que se le tendieron. ¡Señor don Trifón! Dios le pague esta obra misericordiosa de visitar a un enfermo. constipe. que la acompañaba invierno y verano. observó el fuQue no me parece in extrcmis. pero son versos de Zorrilla... . las unas con su derecha..

— T. así! Me dicen que los — TUieno.señnr obispo. —Feria una obra de arte. caramba —. déjelos a ie. "Mueran los unitarios".Qué . ni del Restaurador.. sí.os él.So anda bien con su ilustrísima? — ¡Psb! ¡asi. obispo? .. '. estando vivo él? otro obispo.sucede? señor obispo se ba dirifrido pidiéndole nue proponga a la Santa Sede el — TTable — f^ue ?i. ejercería el gobierno de la diócesis el senado dero. restregándose las manos. a llevarle : — impaciente por saber "La usaré cuanseñor p^obernador no dudará de mi lealtad" me dijo. y les leyendas "Federación o Muerte". Yo me puse a mi- resiíínaflamente cómo doña Mariquita llevaba el com- música. pero antes de mucbo será asepruraba mi nadre a su asomb^-ado amigo. con su abanico. — ^Otro — — — de otro obispo. no sé a cual de los dos se le ha ocurrido — Y . Cómo ba soñado eso Oré me cuenta —Esta mnñana..a.. Usted no será canóniíjo.o pueden todo con — Xo piense en eso. aprovechando el sol. con el cual su señoría anda al tira v afloja. oij^a lo ocurrido: fui un reíjalito prometido tma divisa federal de oro sobre paño punzó.. Ksa es la palabra. quedó y muv a. obispo. do repiquen fuerte — el Trifón.radecido.. .. Con eso le crané el corazón y lo decidí a contarme lo que ahora quiero que usted sepa. sordo y casi ciecfo. Kn caso de sede vacante.. pás de la — — — i ! ¡ — Caramba.suítas. y puede morirse en un santiamén. por Dios! . bordada por las monjas capncbinns con el retrato del Restaurador. Fo cual no es del agrado del . respondió don Trifón. y i jesuítas. señor cura.! ! tA CORBATA CELESTE Mi rar 119 tía asesinaha de nuevo el piano. observó don Trifón. fui a visitar al obispo ^Tedrano. don : — Fxqm'^ita el resu'tado de la conferencia. al el 'Re'ítaurador nombramien- to Su señoría está enfermo.

] concluida ya su canción del prisionero. para explicar lo providencial de aquella idea. tanto en la muerte mía.. y había quienes recitaban de memoria largas tiradas. más sudoroso después de haber bebido la sangría. aplaudidos a rabiar. los . No había cruzado una palabra con !a hija de \Tatorras. donde están aquellos inflamados versos.Antonio? — me . dijo mi tía. donde un rato antes estuviera mil padre — . Leonor. amigo Balbastro Los últimos serán los primeros. y aunque no atendía aquel chicheo. me miró con una extra- ña inconfun—Tengo que hablarte. Bendito sea Dios dijo Buitrago en el colmo — : ¡ ! — de la emoción. es la de don Trifón Buitrago. Puse tus enemigos para escabel No sé cunnta'. en el Teatro Argentino: Estaba en boga entonces ¿Tbate. El que se humille será ensalzado y el que se ensalza será humillado. cuando cayó sobre mí la terrible invitación. de tus plantas. junto a Leonor. El maestro Esnao'a había puesto en música la escena segunda del último acto. ojos. Bienaventurados le — La persona que propondrá don Juan — ¡ ! pobres de espíritu. José Antonio. — me dijeron diblemente sus — Canta. ¿ lo conoce usted ? De menos nos hizo Dios. porque me alejé de ellos y me senté en la sillal vacía. fíieza. noche a noche. pues. Por qué no cantas. que atendía los relatos de don Pío León. losé . sin tomar resuello. cu- Yo estaba cerca de él. clara. m^s que hermosa ingrata? al más rendido amador se trata? ¿Cupo en tal belleza. Fementida hermosa. la el drama histórico "Macías" de Larra. 120 : HUGO WAST se primero la idea pero sí sé quién será la persona que propondrá me lo ha dicho el mi-smo señor obispo. tanta alevosía? ^ ¿Asi . por darpicor a los jesuitas. ^fanuel. imnrecación de Macías. creo que le sert' latir el corazón. jaculatorias y refranes y citas bíb'icas ensartó don Trifón.

haciendo saltar el enorme cintajo colorado que llevaba prendido al pelo. jamás se funde. y unas copas de agua. y cada uno se preocupó de elegir lo que más apetecía. a tiempo que Tengo que hablarte. Eso distrajo la atención general. Ya has tomado tu chocolate. \o hay nada más sano que el agua. Afortunadamente entró Benita con una bandeja de tazas. si cantas "Maclas".? En estos tiempos. sin recordar que a mí también me ?í. José Antonio. X'isiblemente la dama quería mandarnos al piano.LA CORBATA CELESTE lál —. contesté. si infundió sospechas . y se echó a reír convulsivamente. Una botica que : — — tiene algíbe. sin decir una palabra. como una fiera joven y brava. andando grácilmente. Se alejó.. en verdad. y unus platillos con dulce de batata. la boticaria me pareció hermosísima. Tía Zenobia volvió a la carga. y cría — te un marrano. de nuevo. observó éste — — — i ! — — — — escanciándola en su copa. Leonor acompañará. Pero. con una jarra de agua para don Pío León. los sirvientes más fieles venden a sus amos. con misteriosos fines.PoT ñaría qué no la cantas. José Antonio? te acomparepitió nti tía tarareando bajito la priLeonor — mera estrofa. Entró Benita. Es la base de todos los remedios aqua f antis et uncto sine sale. En ese momento. Benita nos brindaba sus golosinas. con panales. Ks de confianza e<5ta china? me preguntó Leonor. con su charola en alto. otras con chocolate.. incendiada por la luz de sus ojos llenos de inteligencia y de — — pasión. Jocé Antonio no quiere cambiar de postura observó maliciosamente doña Mariqtu'ta León. me dijo Leonor. Instintivamente miré a :a muiatilla y me sorprendió su fisonomía imperturbable y severa. cuánto distaba de serlo. . unas con almibares. — — . como un enigma.por qué me lo preguntas.

pero entonces parecido a la cicatriz de un escoplazo. fantástica. . coronada por un moño punzó para mayor afrenta de sus ruHtos grises. a la izquierda. terció en la conversación Si tú me acompañas. Y arriba de todo. que cada día prendía velas a' las ánimas pidiendo la muerte de . Leonorcita. conforme lo decretaba el Restaurador. — — : — Lavalle. cuando se aproximaba al brasero ojos suaves e inocentes. resoplando que sorbía. manos inquietas. pen¿Cuándo sabremos lo que pasa en las almas? saba yo. Que(\é así entre los cha' ecos rojos de don Jerónimo Matorras y de don Pío León. mientras disponía sus papeles en el atríL — — . plácido. suave. El moño mismo que Leonor llevaba en la cabeza. delicioso sin duda cuando tenía quince años. cuando vio a Leonor levantarse para ir al piano.123 HUGO WAST Sobre un esmirriado cnerpito. ima frente interminable. con su tono chirón. espantado de la calma de Leonor. rosaditas. que empezaba a mirar al techo. expansivo. En la barbita mórbida un oyuelo profundo. sí! dijo. yo cantaré la imprecación de ^facías. era tan ostentoso como el de doña Mariquita León. ¡Si. No hay para qué describir el fogonazo de ira que ardió en los ojos de mi gentilísima tía Zenobia. Mi tía le pagó con un cariñito aqiiella picaresca observación pero no contó con la huéspeda. y rezumando por la calva la grasa del marrano de su botica. . éste sonriende satisfacción. Leonorcita. armadas del enorme abanico de encajes amarillos.A ver: ¿cuál de los dos es más partidario de don Juan Afanuel"? parecían gritar ambos chalecos. aqnel acoquinadito. **. Mejillas amortiguadas. pero se apagó tan rápidamente como se encendió. con aire de no haber hecho en su vida otra cosa que desenterrar huesos antediluvianos. a cada trago te. porque mi padre. una cabezota nunca derecha.

. Y mi padre gemía: "¡Ay de quien al mundo para amar nació lAy de aquel que muere por mujer ingratal ¡Ay de aquel que amor tirano maltrata Y que aun desdeñado. por ¡a fresca belleza de la otra. La voz de mi padre hizo temblar los vidrios de la sala. ¡Qué emoción ponía en las vehementes expresiones de amor! Miraba a Leonor y le descerrajaba en la oreja los dodecasílabos rugientes de Macías. jamás olvidól. y yo -que también conocía su secreto. Me canto puse a mirar a mí tía. se habría derrumbado el inmenso poderío de don Juan Manuel de Rozas. para quien cada palabra del era como una aguja que traspasaba el acolchado del sofá. estas palabras: "tengo y yo estaba cierto de que una insoporta- congoja le llenaba el alma. agachadito sobre la mesa. donde estaba sentada. cabeceando. ¿Cómo podía esconderse un conspirador debajo de aquel pálido pellejo? así y hoy creo que si los unitarios para tejer sus intrigas. y la pobre sangre mía se cuajó en mi cosin Y embargo era tenido . pero sus ojos chisporroteaban. adorablemente. Pero ¿por qué se mezclaba e!Ia en las maniobras oscuras y trágicas de los unitarios? ¿Qué era lo que ataba su corazón a una política ambiciosa y pérfida? ¿Acaso su padre se la inculcaba? Miré a Matorras. ble Le había oído hacía un minuto. hubieran razón." I . me alegraba de verla derrotada. partidarios tan abnegados y discretos como Leonor y su padre.LA CORBATA CELESTJ5 183 que hablarte". En ese minuto comprendí que mi padre estaba enamorado de ella.. delgado como un cortapapel. cual si Sonreía aquella música la en- cantara. y abriendo los ojos asustados a cada ruido que sentía. en aquel año de 1839.

que yo corrí a auxiliarla. sacrificaría mis convicciones y mi vida por ella. y al hallarse con mis oíos. i hablarte. Desorientado. un poco más atenta a los rumores de afuera. pero moriría con mi secreto. T"'^n repentino despej^o por los secretos de su alma. sin levantarse del taburete. La serviría siempre como un esclavo . en los momentos en que su padre se jugaba !a vida. se difundió en la mía como un bálsamo.oniosamente como lo habría hecho en un salón de Versnlles. pensé en lo que podría ! . aver. ¡y nada más! Cuando cesó el canto. suavizando mi áspera amarjí^ura. forrar de nuevo. mi padre les dio las gracias. Desde mi sitio la veía de perfil. Leonor? enferma? gestas De nuevo se volvió hacia el piano. y me contestó sin — i — Voy a — — en pa- dijo hacerlo — — mirarme Tengo que — —Habla. No son las cerdas las que pinchan ! le habría dicho a j^ritos. le dije en voz baja — -íQ'^é te pasa. encendida por viejas me! — morias. si hubiera tenido espíritu para reír. —¡Oh..o^onzado de amarla. Me puse a buscar en las líneas purísimas y valientes de su rostro alguna alteración que traicionara sus impresiones. y el!a se volvió.. cuando se abría la puerta. decir- . revolviéndose \ Jesús estas cerdas se sueltan sando mano por las crines del sofá. Ya no me interesaba lo que me había de hablar Leonor.: • 134 HUGO WAST ¡ — Qué quita hermoso es amar así exclamó doña MariLeón abanicándose la faz. bajo la llama de su eran moño federcl. cerem. la Macías! su asiento — — ! contestó mi tía. aturdido. José Antonio pues . se pintó en su cara tan repentina y tan intensa angustia. ¿De qué bronce eran sus nervios que le permitían desencadenar sobre el teclado una tormenta de corcheas y semicorcheas. y yo perdía mi esperanza? Un poco más pálida que de costumbre.

hola exclamó mi padre ¿se nos hace trasnochador ? El portugués desparramó unas cuantas sonrisas entre ¡ ! — — — y dijo con voz melosa: graves noticias políticas. y no se me ocurrió que pudiera apuñalearme con aquellas cuatro palabras que me dijo: Tú ¿ por qué no hablas ? Quizás me confiaría el secreto del — — Va ¡ ! no tengo nada que —¡Ya.! . señor don Tarquino! — respondió . lijos en los versos de Macias. cura tendiéndole desvelado. recién descubierto por mi. que acaban de darme en lo de Faunch. —Hay — — —Algo del atolondrado de Lavalle. aún sobre e* atril. con sorpresa — ¡has dicho . fué a expresar algo más. rozando las paredes. 125 hablaría de la conspiración. pero impenetrable como un enigma. quizás me explicarla por qué se mezclaba en las aventuras de los unitarios. ñoras y mis señores. y se dirigió a mi padre. viendo su frente inteli^jente. ¿verdad? . y al ver que mi padre encendía el farolito de don Jerónimo. El farolito de Matorras tembló en su mano y Leonor se lo tomó. Cerró los ojos. se alejó de mi lado. pero se morcon despecho. . la mano. LA CORBATA CELESTE me. señor Cura. En todo pensé. y para quién era una corbata celeste.. Hn al ese instante se abrió sin ruido la puerta que daba zaguán. sus labios cerrados.. Pestañeó ante la luz de la lámpara. y apareció don Tarquino. — el Por io visto anda usted Hola. quizás me amor de mi padre. buenas noches mis se—¡Áluy buenas.! ya. — Buenas noches. repitió ella Leonor. que un día la hallé bordando. — decirte. sus ojos tristes. ¡Jesús nos ampare! exclamó doña Mariquita León y mi tia saltó: todos. señal de que se redió los labios tiraban.

a punto de sublevar — — — . inmóvil y de pie. agadiando la cabeza. mi señorita. estaba transfigurada. estaba Benita. No. pues la policía ha descubierto una conjuración de . y aguardó la noticia. — — — — su regimiento. su pregunta incisiva y mi desesperada respuesta. llenos de sagacicad los ojos. por qué no hablas?" Conociendo los detalles de la conspiración. no pensaba sino en sus amigos comprometidos. sobando las vueltas de seda caído otros ratoncitos en de su capa. y aquella escena de un rato antes. pero ciertamente nada en sí misma.. No era la que un minuto antes se dejó ver en su debilidad y su dulzura femeninas al preguntarme: "¿Tú. se oía el chisporroteo de las velas. Pero seguramente habrán la trampa. Don Trifón me miró angustiadísimo. interrogó don ¿ No se tienen noticias de Lavalle ? Jerónimo suavemente. Erguida junto a su abatido padre. con su bandeja cargada de golosinas. satisfecho de la expectativa suscitada. — Desgraciado — j ¡ ! ¡ ¡ ! — ! — ! balbuceó Matorras. Pocas veces se ha visto algo tan impresionante como la actitud de Leonor en ese momento. y el portugués lo envolvió en una — — . Santo Fuerte qué va a salfr de esto le oí murmurar. —¿A — No Leonor preguntó: quiénes más? se dan otros nombres. respondió don Tarquino. se habían borrado de su memoria. La abommable política exclamó mi padre. Todos callaron. ¿Quiénes son los comprometidos? Han prendido al coronel Maza.os unitarios contra la vida del Ilustre Restaurador de las Leyes . tal vez en su padre. El portugués sonreía.128 HUGO WAST Dio una chupada al mate de tomillo. que Benita le acababa de servir. que era toda oídos: Bueno. Junto a mi tía..

que eran en raí confusos. Hicimos las dos cuadras sin cambiar palabra. y se interesa por ellas. me atreví a preguntar a Leonor: ¿ Y tu huésped está salvo ? Mace ya tres horas que cruza el río de la Plata. era amigos están solos. con un ñngido preguntóle: —¿Ha descubierto nuevos huesos del Gliptodonte? nada más. y luego. en se levantó. Nuestros . y dejó desbordar un poco de la amargura que llenaba su cosusj^iré a. podía confiar en mi lealtad. José Antonio? — Iba a pedirte permiso para hacerlo.I. y yo me danzas. Cuando entramos en el oscuro zaguán de Matorras. y Leonor le dio el brazo. alumbrando el camino. pero ya hace tiempo. y ella comprendió que aún siendo de otro partido. yo delante. está — ¡ ! — — i acerqué. y salimos ios tres. Leonor me buscaba con los ojos. en señur gol)ernador tiene noticias de sus an— pelvis. rumbo a ^'o la Banda Oriental. —¿yuieres acompañarnos a casa. agitados y tristes. — Un trozo de barrancas de Lujan. pensé yo Diablo ¿ desde cuándo el portugués tiene tanta relación con don Juan Manuel? una doble intención en sus palabras y se me ocu\ rrió que las andanzas a que se re feria no eran las paleontoJógicas. Lo que ha sucedido esta noche. y mola cabeza. — — una lancha. Matorras contestó cuak|uier cosa a don Tarquino. como solia. razón. las i-'orque el También el doctor Muñiz haciendo trabajos j)arecidos.A CORBATA CEtESTB 127 sonrisa interés. que le impedia acompañarnos.iviado. Esiuy seguro de que mi tia bendijo el lumbago de mi padre. entregaflo cada uno a sus pensamientos. como ac|uella noche. ¿-So cuentan acaso con La valle? — — fatal. vió desalentadaiiiente que tenía algo de irónico y algo de servil.

como si no debiera verlo más. sí! manos. que habían puesto su esperanza en la venida de su — — — — — brillante general. Se las estreché con etusión. en una despedida más afectuosa que nunca. y unos tras otros los unitarios de Buenos Aires irán cayendo en poder de Rozas. murmuró Matorras. ¿ Y si Martínez Castro lo decidiera a venir sobre Buenos Aires? ¡No! El general Lavalle nos abandona. Yo sabía que don Juan Manuel se reía de los unitarios. Se irá a Entre Ríos a ganar batallas y a perder tiempo. ¡ — 1 — — .12S HUGO WAST El general Lavalle no piensa en nosotros. tendiéndome las dos ¡Sí. prefiere pasar a Entre Ríos. Lavalle decía a menudo Lavalle no vendrá no sabe que a la mulita se la agarra por la cabeza.

estoy cierto de que los hallaríamos al comienzo de cada capítulo. Mi padre. traidores unitarios. de trágica memoria. a los hombres más pacíficos. adaptarse a !os usos y encabezar sus cartas y hasta sus apuntes privados con los apostrofes sacramentales.Wast: La corbata seles** . sin las furibundas inventados por la malicia la .VIII La corbata celeste —"¡\'iva reno! la federación! la calle ¡Las seis han dado. y que desde entonces se enhebraría con el canto de las horas la monstruosa retahila de div:terios de don Juan Manuel. ^. y sainetescas sentencias. «esde que se hizo costumbre aquel encabezamiento. **j Viva Federación! ¡Mueran los salvajes. No adiviné. í^i se descubriesen las memorias secretas de don Trifón Buitrago. vendidos al inmundo oro francés! ¡Muera el rey guardachanchos Luis l'elipe! ¡Las seis han dado y sereno!" El Evangelio dice que de la abundancia del corazón nacen las palabras y sin embargo hemos visto en aquella época tormentosa. que no volveríamos a oír pregón tan sencillo. no ^'ejó pasar ni los libros de su lomillería. y se- Este grito en me anunció el amanecer de aquel 27 de jimio. el hombre menos carnicero que he conocido. aunque a renglón seguido protestara contra las arbitrariedades de la mazorca. por cierto.

tatita ? me contestó acercándose la luz Mírame.: 180 HUGO WAST Era raro el día en que el alba sorprendiera al buen señor en la cama. y atusándose los cabellos con mi peine. le dije besándole la mano y La bendición tatita. dormilón impenilo . quiero decir que lo hacía para ambos. bien rasurado y vestido de frac. y juzga. A tiempo que me desperezaba llegó mi padre alumbrándose con una palmatoria. No tente. Se quitó el gorro de terciopelo. sospechando que su rejuvenecimiento nacía de lo que la noche anterior me causo tanta amargura. y ella chupaba un abominable pucho de tabaco paraguayo. dije le verdad que hoy lo encuentro muy guapo a mi pesar. a abrirme los postigos. descolgándome de mi alta marquesa de Jacaranda. me preguntó . recio Ya — — a la cara. abandonaba su fría y solitaria alcoba para ir a la tibia cocina. de modo que cuando digo que mama Felisa le cebara mates. él olía una narigada de rapé. — — — En — — entristecido — — ^ # . y que uno tomaba mi padre y otro ella. y que entre mate y mate.:Xo te parece que el gorro me avejenta? En eso estaba pensando. El coloquio duraba hasta que en la casa renacía la actividad. ¿ Cómo ha amanecido. era el caballero muy puntilloso en esa materia. el maestro Pancho. se levantaba la numerosa servidumbre. ni era nadie entonces. y tía Zenobia comenzaba a gritar a Benita y por último asomaba sus anchas narices rojas y su cara jovial. y se oía la campanita de los aguateros y la charla de las negras que pasaban al mercado. cacareaban las gallinas. monumental bajo su dosel encarnado. a que mama Felisa le cebara mates amargos. a esa hora había sonado en la puerta de calle e! aldabonazo del lechero. Oscuro aún. notando la poca gracia que me hacía.

Se echó las mano a la espalda. y para ello se confabulan con los extranjeros. y tratando de ver cómo lo hallaba. lindando con la de misia Agustina. ¿Cuándo los argentinos serán una sola nación y un solo partido? ¿Acaso no es posible servir a la patria y hacer buenos negocios usando este chaleco? ¡Sí.! LA CORBATA OSLESTB 181 —Pues dejaré. ¿No le ha contado el señor cura el asunto de su cuñado Corrales? —Así la — — ¡La abominable política! ¿Pero qué cordura de esos hombres empeñados en derrocar un gobierno como el de don Juan Manuel. De allí. — Hola quedará usted gallardísimo — exclamé lo ¡ ! . mirándome a hurtadillas. que iba al mercado con su tipa de cuero. pasaré a de don Juan Manuel. por unas relucientes botas de charol. La compré días pasados. Pobre de mí que me entristecía con lo que a él lo alegraba hasta rejuvenecerlo La puerta de calle se abrió. me habría ¡ contado su secreto. pero yo era en el mundo la única persona a quien no podía hacer tal confidencia. tata. —¿No teme resfriarse? — No. y sentimos el ruido de las chancletas de mama Felisa. Mi padre me dijo: En cuanto te desayunes quiero que vayas con Pancho a ver mi nueva casa. y hay que repa- Ay ! ¡ — rarla. sin rastros ya de su lumbago. en desmedro de su patria. sí! es — — — . y empezó a pasearse Observé que había abandonado mientras yo me vestía. Se sonreía solo. enfrente del paredón de San Francisco. porque me he mandado hacer una peluca. porque les manda usar chalecos punzó. No es sólo por eso. ! re- gocijadamente. la madre del Restaurador. Pocos cargos más tendrán que hacer. los zapatos de orillo. lo lo haré. tatita respondí. Probablemente si le hubiera tirado de la lengua.

También esa mañana se atrevió a hablarme. Yo sabía que su pensamiento me rondaba. —¿Y por qué no contó sabía? ¿y por contó hizo ignorante? cuando —No — dijo sencillamente muchacha. niño. supiste eso? — —Vi ¡ — en efecto. que han llegado hasta nuestros días. la cual los fabricaba en su casa y los vendía al público. te lo triste. inmortalizando amablemente el nombre de una de las damas de alcurnia. y estaba seguro. insistí: sor- las lo ¡ ! la el tía Ze- ? la lo ella si lo qü* él lo se la sé la .113 HUGO WAST Al hablar con mayor vehemencia que de costumbre. yo le hubiera contado antes que don Tarquino. una bandejita de olorosos bollitos de Tarragona. cuando repentinamente me volvía a mirarla. ¿ Sabías. la prisión de Maza ? Sí. lo que él les contó. y aun le oí exclamar: — darles ? la seña. acaso. Lo supe. da y —¿Y he de creer también que adivinas cosas? — No. — Vamos — exclamé súbitamente interesado por portugués con nueva — ¿a qué hora habló nobia —A eso de oración. oyendo a don Tarquino que contaba a mi amita. niño: ¿no le hice señas de que tenía noticias que ! ¡ — La comedor. se golpeaba el pecho. pero no yo ! la entendí. ¿Cómo —¿Quieres que crea? y — Yo nunca he engañado — exclamó con voz como una queja. La presencia de la joven mulata me inquietaba siempre. y su rostro pálido se encendía en un ligero rubor. y me trajo como obsequio especial de mi tía. Me i fui al pérfida política Cuánta amargura y cuánta sangre nos costará todavía! Benita me había preparado el chocolate. Vaciló ella en explicarme. niño José Antonio. de hallar sus ojos ariscos y hermosos observándome. Anoche.

donde se depositaban los aperos de nuestros caballos de silla. Mi padre empujó la puerta y se metió conmigo en el cuarto y sacó de a'. amén. Hablaba en plural. Vamos a despertar a ese guaso dormilón. que le daba una permanente expresión risueña. gritó A qué hora te habrás acostado. Minutos después. ¿Te has dormido? ¡qué milagro! ¿No sabes que al Como al — ¡ ! — — — — — — — que madruga Dios lo ayuda? —Así dicen — respondió con indiferencia. —¡Uno por madrugar se encontró una bolsa i ! de oro! carrilluda y amarilla como una guitarra. el maestro Pancho y yo doblábamos le bello se — —¿Has i — . y su barba corta y espesa. y donde e! maestro Pancho dormía v tenía su taller. envuelto el cuello con su ponchito de vicuña. Mi padre en el patio. señor. y la huerta bajo el sol. estaba zahumada con el amargo perfume de los naranjos. ¿No es imperdonable que a las siete de la mañana un criollo no —Nada — hava visto el sol? el pampero soplara toda la noche. Pedazo de trompeta ¿ no te ordené que madrugaras hoy? Ks verdad. cerrada aún. Pancho. como los obispos. aunque el ca- Se entreabrió la puerta. cuya voz era ronca. estaba listo para salir y me ilamaba. repitió mi padre. Llegamos a la ringlera de piezas techadas de paja. niño. pero nos hemos dormido.H al mañero y calmoso tío. con su gruesa nariz arremangada. aunque muy frío. oído? ¡una bolsa de oro! Vaya. Y como nadie le contestara. y asomó su carota conservaba renegrido. calmándose amanecer. ya blanqueando. el día era espléndido. cambió de tono ¡Alabado sea Dios! respondió el maestro Por siempre jamás. bribón mi padre dando puñetazos en su puerta. pues! Más madrugaría el que la perdió.: LA COKBATA CBLISTS 18S —¿No sabes nada más? más.

Se levantó. exclamé en el silencio de mi corazón Dios mío ¿la he perdido para siempre? ¿no es una pesadilla lo que me imagino haber visto? ¿cómo puede arrebatármela nadie? Mi ardiente y desesperada imprecación pareció llegar alma sensible de la joven. y mirarme J reconocerme sin sorpresa. ocupado en clavar en la pared de afuera a uno y otro lado de la entrada. Era la época en que los tenderos lo sabían todo y en todo se metían. En el pretil de San Francisco. Las bandolas estaban ya instaladas. y disimuladamente le pedí al maestro Pancho que me dejara rezarle una salve a la Virgen. Lo alcanzaré en el acto. el famoso tendero de aquella esquina. a la que vi temblar como la llama de un cirio. para que sus "marchantas". a breve trecho de la casa a donde íbamos. y me dijo con voz apa- — — ¡ ! — a' . iluminado apenas por unos ventanales encortinados. Le di las gracias. y luego volverse a mí. ellas al pasar. y por la palpitante estrellita de oro que — — — — ardía ante el Santísimo. unas piezas de tartán. Buenos días. despertando con su exposición de baratijas la curiosidad y la codicia de las negras. amiguito. acabo de ver entrar allí a Leonorcita Matorras. y había tan poca gente que muy pronto descubrí la inconfundible silueta de la hija de Matorras.134 la HUGO WAST esquina de los altos de Escalada. arrodillada junto a la pila del agua bendita. y se reía muy satisfecho. Por lo que pueda interesarle. Estaban diciendo misa. Tardé un rato en acostumbrar mis ojos a la tibia penumbra del templo. se me acercó. Señalaba la iglesia de San Francisco. pudieran juzgar de . cruzando la calle. hacia la calle de la Reconquista. vimos a Rábago. con el martillo en la mano. según se llamaba entonces a la actual de la Defensa. señor don José Antonio me dijo.

y yo también me arrodillé. con su desaparición. embargado por la reciente iin- presión. José Antonio. como si fuera a morir. para vencer mis nervios y no huir de una confesión. le contesté. concluida la misa. junto a la ventana de su tienda. ¿ Pero por qué me miró en ese momento. si vas a casa — traña fijeza. hoy. salió del templo. se hallaría en la mía.! LA CORBATA CELESTE 135 gada y tranquila. Rábago y unos amigos tomaban mate. seguida. sin mirarme. a media cuadra de San Francisco. Sin acordarme de ellos. y tuve que clavarme las uñas en las palmas de las manos. . luego. pero que produjo una marejada en mi pobre corazón: N'uestro Padre San Francisco te ha hecho venir José — Antonio. lores. Creo que si Dios permitiera a los hombres ver las almas. como una cicatriz. con involuntario dessuponiendo que fuese un paquete de rapé para mi padre o una pañuelada de tabletas o alfajores para mí tía. yo me soimaginándome que me iba a hacer la declaración de amor. inmaterial y fugaz. Se alejó de mí y se prosternó junto a la pila. que entró en Me pareció que el dia se nublaba. después de mil años.a mirada de Leonor. —Tengo — Iré en ¡ De qué miserable barro estamos hechos algo que darte. con tan expego. nos habría salvado de muchos do- ¿Qué iba a brecogí de vergüenza. la memoria de un hombre. observando la calle. todavía en ese momento. que yo no le había hecho. y quisiera llevar mi recuerdo a la eternidad? No comprendo cómo una deja tan hondo y perdurable rastro en mirada. decirme? Vaciló en continuar. Un rato después. abierta sobre el pretil. la huella de aquel'. pues la campanilla del acólito anunciaba el "sanctus". seguí con los ojos a Leonor hasta su casa. que.

ni de que llueva sangre. — . Con estr> cerró. y sin darme paso. como si saliera en mi busca. Miró a uno y otro l?do. antes de que franriueara el umbral. me tendió un paquetito envuelto en papel de seda y atado con un cordón celeste. Teniéndolo por el más cordial de los amij^os del Restaurador. Ni de que el sol se ennegrezca. Me volvi al ruido. conforme se lo había prometido. Y en efecto. Le pide la niña que no lo abra hoy.! 186 HUGO WAST y qne no volvería a verla más y necesité violentarme para no correr a go'. Más intrigado aún por tan sibilinas palabras. y me hizo olvidar el encarjTn de mi padre. corrió a mí. sino mañana. hasLniversidad. me abrió la criada. afrontando las miradas de los matina¡Olí. en ese momento que ncnrria en mi Me encaminé a su casa. no menos temib'e de don Pío León. cu?mdo de nuevo se abrió su puerta. y yo me (piedé en la acera vacilante entre volverme. pues me dijo agitadamente: ÍToy no es día de asomb-o. No he visto nunca un hombre más pá'ido que él. no salió ella. padre del teniente coronel Maza apresado el día antes. ni de que un hijo clave el puñal en el corazón de su madre. los labios le temblaban cuando me dio los buenos días. Apenas me había apartado unos iiasos de la casa de Matorras. con peliíjro de pasar por frente a la casa. don \'icente Manuel de l\Iaza. Pero ocurrió \m suceso que cortó mis dudas. sin esperanza de que saliera. contesté su saludo con la mayor reverencia mas debió notar mi sorpresa. y por persona de f^randes méritos. y me quedé atónito viendo al presidente de la Le$?islatura. amigo Balbastro. lo de — la Rábaj^o. que durante mucbo tiempo de ella. miré la les conte^tidios de ta .pear aquella puerta roja. y llairé. o sej^uir calle adelante. lo cual era un dictamen contra la federación. y al divisarme. iba a ver hasta en sueños cerrarse detrás Leonor! ¡qré poco sabias tú.

la que clama contra mi. deteniéndose. Yendo por la calle del Potosí. mi hijo. con Salomón a la cabeza. no! Yo paso ahora por unitario. Y a Ramón. al verlo consternado. la de la Hiblioteca o por otro nombre de! Restaurador Rozas. y apreté el paso. y me pareció que alguien espiaba la por un postijjfo entreabierto. que se empeñaba en calle — — — — — — — : escuchar. ¿No sabe que ayer. y es la Sociedad Restauradora. y echó a andar rápidamente. Han redactado una nota pidiendo mi destitución a la Sala de Representantes. Hl rldctor Maza me cogió del brazo. y empezaban a trancarse las puertas. De alli partian los gritos era sin duda una reunión en plena calle y enfrente de alguna pulpería. Hl tumulto crecia: ya se asomaban algunas caras a los postigos. lo han apresado. .LA CORBATA CELESTE r casa 187 de Matorras. y yo presté oídos a ima inquietante algarada. ¿Oye? me dijo. clamando con los ojos llenos de lágrimas "¡mi hijo. Necesito que me acompaiíe a casa de Guerrico. ¿Qué quieren de mi? Sobre todo ¿qué van a hacer de él? La casa de Guerrico estaba a pocas cuadras. arrastrando a mi compañero. —<iQ"é gritan? —Gritan ¡muera Yo que me ! Maza! había criado sabiendo la privanza de que gozaba con don Juan Manuel. hacia el poniente. ¿Con qué objeto? No tardé en adivinarlo. en la calle del Tacuari y aunque el aspecto de la ciudad era el de siempre. donde tenia su casa don Juan Manuel. tan poderoso un dia antes. me aterraba la agitación de aquel hombre. medí la desgracia en que había caído. cuando salía de la Cámara me asaltaron esos foragidos? pregunté ¿Quiénes? ¿acaso los unitarios? ¡Ah. mi hijo '. quedaba a una cuadra de distancia.

en la posta de Vergara. ¿Por qué no ha de recibirme? ¿Se deshace en un día la obra de tantos años? Lo tomé de nuevo por el brazo.. a a quien el Restaurador. poco tiempo antes le dispensó su amistad y sus favores. . Maza hizo un violento esfuerzo para sere- espantado ¿ cómo cruzará por entre ésos que piden su muerte? Acabáhamos de distinguir una voz que pregonaba esta sentencia: "¡Muera e'. pues yo mismo. y le dije: Yo iré. Yo leía en su rostro noble y triste que ya no era su vida la que le importaba.. — . que hace cinco días. sino la de su hijo.. inmundo traidor y salvaje unitario José Vicente Maza!" me contestó ¡Quiero salvar a mi hijo! ¡Juan Manuel era mi gran amigo Hasta ayer a nadie quería ¡ ! — con — Ahora ustedexclamé — — Sí. importaba una sentencia. reclamándole el envío de Cullen. — — — — — Cullen? Me impresionó tal noticia. ! 138 HUGO WAST El doctor narse. doctor. me dijo de pronto. Echó a andar. que se había refugiado en su territorio. pero ahora apartémonos de aquí. temblando. Temía agravar la suerte del desgraciado joven ocultándose o huyendo de la ciudad. — ! como los brazos desalentado. Tal misiva. ¿No sabe. había copiado una carta de don Juan Manuel para el Gobernador Ibarra de Santiago del Estero. y le trasmitiré lo que usted me encargue. lo han fusilado a Domingo —A a mí Dejó caer . ¡Ese también era un gran amigo de Juan Manuel! di jome el doctor Maza. despacio. y yo lamenté la muerte de aquel hombre ilustre. i — ¿Usted Iré va a ver a Juan Manuel? — — — . doctor. pero no podía sorprenderme. y repitió: nadie quería como a mí y nadie le tenía tanto cariño como yo.

con tinas. tomaban mate en el zaguán. el hecho es que pude observar en la fisonomía del desprevenido don Juan Manuel tan desusado celaje. dándome a conocer de los que guardaban la entrada de aquella casa. allí veo Déjeme. que me sobrecogió de temor. todo sea para bien de la patria! Y echó a andar con pasos más firmes. pero el patio cuadrado. Sea que no se sintieran mis pasos. para lo de Guerrico. contra el "asqueroso traidor José Vicente Maza". Es seguro que en la huerta había alguna tropa apostada. • .LA CORBATA CELESTE 139 Pero se irguió en seguida. Me encaminé en el acto hacia la casa del Restaurador. muerte se le Ka perdonado la enorme influencia de que gozó. en mitad de la habitación. estaba desierto y corrí das las persianas de las habitaciones. amortiguados por la estera o que no diese tiempo a que me anunciaran. a quien ni después de su trágica últimas palabras que oí de aquel hombre. sa! —¡Dios dos cuadras. armados de tercerolas. el las Fueron marido de Inesita. no sea que piense que tengo mievenir a —Faltan Juan Nepomuceno Terrero. en que perecían miserablemente algunas plantas. Con gran esfuerzo logré pasar. Estaba solo. a la cual empezaba a ir yo con cierta dolorosa emoción. con las manos a la espalda. La calle del Restaurador estaba llena de gente que clamaba. y su voz al hablarme fué más tranquila. sobreponiéndose a su destino. salve a mi hijo! ¡por él y por su joven espo¡En cuanto a mí. impaciente por hablarle de don Ambrosio Corrales.. pero no le hable él me acompañará. Tal silencio y tal soledad en día de tanta agitación. y terriblemente fruncido el ceño. Balbastro. Vaya a su oficina. de mí a Juan Manuel. Dos gauchos emponchados.. agachada la cabeza. do. me impresionaron tristemente.

no leyera en mis ojos la mentira. No tiene es se tne atreví a preguntar. esperando su respuesta a mi saludo. Balbastro. Pa'íé un minuto de congoja. . y se me encaró transfigurado. De pronto me dijo. donde pendía aquella preciosa miniatura con sn único retrato auténtico. respondí. vendo a mi escritorio. con alguna violencia Fin embarco. y sin atreverme a ocupar mi lus^ar. las señoras agolpadas en el trayecto no tenían oíos sino para mí. Asi y todo. En ese momento no había en su rostro una arrufa que delatara siquiera un pliegue de su alma inaccesible. . más temible porque —Un años. Conoce tisted a Marcelino Martínez Castro? No sé a qué santo me encomendé. para que la terrible mirada azul. ¿No lo ha oído? yo era el que le echaba y seíialó el retrato. — cuesto de la mano imperiosa. i — Y — — — — —Kn Me detuvo con un ese tiempo. con su traje de parada. sos- pechando nve me tendía ima celada. señor. Oré dominio sohre los nervios ¡ los unitarios me dicen "mulato" ! exclamó sonriéndose. que no soy todavía un real mozo? ^'uecencia tiene bien manada fama de tal. hasta que deió de mirar la miniatura. yo nresidía el duelo.De quién habla? — rival i es joven. y mientras desfilábamos por la calle. él se me puso al lado. El día de los funp'^alps de Dorresro.Le parece. Y no mi amisro! —. tierra a Ans^el Pacheco. . me han contado que tengo un rival. dicen que — Con decirle treinta — — No. • — . hombre más hermoso de A menea.! : 140 HUGO WA8T Nunca más lo vi así! I Al sentirme entrar se volvió hacia otro lado y se quedó mirando la pared. Cómo porlía en tan amargos momentos pensar en semeiantes vanidades? ?e me anroximó para que lo mirase bien de cerca.

— Pues cuentan Sumergióse conozco! de mirarme. y así lo sirviéramos. querrá decir! Pero no pase cuidado por él. cavilación. — — — . El gobernador se explicó: Como no cree que yo fui concebido sin pecado Me acordé de la visita del Carancho del Monte a don Trifón. y llegué a había olvidado. y así voluntariamente cerráramos los ojos a sus extravagancias y a sus crímenes? De la calle nos llegaban las vociferaciones de los mazorqneros. ¡Un buen tonto. Yo buscaba manera de iniciar la conversación acerca del pobre Corrales. Necesito que haya entre los unitarios algunos pobres de espíritu. El señor cura del Socorro. si se la ofrecían.. ¿Usted me quiere hablar de Corrales? También es un buen federal. que se descubran solos y sin querer descubran a en una profunda pensar que me — — — i — — — . ¿Entonces el cura Buitrago no quiere ser obispo? exclamó repentinamente. le dije es un fidelísimo servidor de V.. y admiré la manera cómo el Restaurador quería hacerme saber que no estaba satisfecho del cura.! LA CORBATA CEI. E.SSTB Ul —^¡No Y se lo él — No señor. fué a espiar la casa de don Juan Bueno. . Dentro de algunos días le abriré la jaula. cuando don Juan Manuel me brindó la oportunidad. ¿Qué filtro nos hizo beber aquel hombre a la mitad de los argentinos. para que así lo amáramos. aunque pudiera parecer otra cosa de las andanzas de sus parientes o de sus vecinos. pareciéndome imposible que don Trifón pudiese declinar la mitra. murmuró: ¡Es raro! han presentado en lo de Matorras? lo sin dejar — ¿No que es muy buen mozo: tal vez mejor que Pacheco. Me eché a reír.. cuando con el pretexto de pedirle un sermón acerca de ese punto. y en la antesala sentíase el rumor de empleados y oficiales que aguardaban órdenes.

en mi propia mesa escriben los que me están vendiendo Me puse pálido. Le hablo de Enrique Lafuente. Ante mi sorpresa agregó: Sí. y me puse a escribir. 142 los - HUGO WAST demás. Y Lafuente no apareció más. y con razón. Andaba en tratos con los franceses. Por él se ha divulgado aquella carta mía a Ibarra. el mismo a quien encontré en la calle. faltan traidores en las mías. dijo. Ahora hace tres días que anda a salto de mata. como sincerándose mismo que Cullen me ha pagado las hechas y por hacer. . Era uno de los escribientes de su secretaría privada. A Dios gracias. y le dijo: "Este lindo pelo tiene olor a pólvora" . cuando iba con el doctor Maza. Mi hijo Juan Manuel ha espantado esa liebre. Mis ami- — Bueno consigo — — gos no están con los que me combaten. pero logré resistir su mirada. fluyente y querido.. Recomenzó sus paseos. . Terrero no vaciló en hablar delante de mí. y sin intención. Ahora dirán que era mi amigo. . y buscan mi muerte Se abrió la puerta y entró don Juan Nepomuceno Terrero. socio en sus estancias y amigo in. pues la ha hecho publicar a Montevideo. porque Salomón le andaba ya sobre el rastro.. La otra mañana lo encontró en la oficina. —Juan Manuel. previniéndolo contra el gallego Cullen. Lo he mandado fusilar.. en mi casa. en mi despacho. Un rumor que venía de la pieza vecina lo arrancó de sus pensamientos: . hasta ahora no fautan en sug filas. — le dijo severamente. Aquí.. le echó una bocanada de humo en la cabeza. — ¿vas a de- jar morir a ese —¡A José Vicente Maza! ¿No —¿A quién hombre? es tu te refieres? amigo? ¿No es nu . — Ni Luego agregó con voz sorda: — — es que se sepa. Era pariente del Restaurador. Enrique Lafuente..

voló en busca del doctor Maza. pagado yo? Si hoy está vivo. él. — ¡Ah!. conteniendo a duras penas sus ímpetus y respondió con piensas — — Es tu amigo. pero resonó en la sala. pues los dos que la oíamos.. y será su perdición. —¿Qué Don Juan Manuel movió.. me ha servido como —¿Pero qué sabes debe a mí. Pero don Juan Manuel no contestó. vas a hacer de su hijo? La pregunta fué hecha en voz baja. habíamos suspendido hasta el aliento. ni se un paso adelante. Dile que renuncie a sus cargos y que huya. y que respondió a . el hijo. la Mazorca lo ressa. —¿Sabes dónde está ahora José Vicente Maza? — está en casa de Guerrico. buscándolo para asesinarlo. a una pared. si los dientes apretados. Con aquella respuesta enigmática que Terrero no comprendió. — No huirá. casi arrinconado por Terrero. Y tus soldados no estani estabas tú para salvarlo. Donde quiera que esté hallarán. . . que dio ni habló. Después supimos que éste no quiso aprovechar aquella puerta que le abría la mano de don Juan Manuel.. —¿Y su hijo? — Su fuga no empeorará destino de su Sí . porque eso sería condenación de su petaría. acabo de hallarme con — Lo has visto —Sí. él le he ca- lo la ? te le el la hijo. lo . Slade. tA CORBATA CELESTE amigo? 148 ¿No te ha servido en todo con fidelidad? ¿No que su sangre pesará sobre tu nombre? La estatura del Restaurador creció en ese instante. echó atrás los puños cerrados. ban allí. sino al rato. me —En tu nombre Mazorca asaltó anteanoche su tú. —¿Entonces ha dicho que yo he ofrecido refugio cónsul de Estados Unidos? en casa de Mr. Estaba inmóvil. Don Juan vara de la IManuel no respondió. Irguió la magnífica frente. para defenderlo Si él fuera mi amigo de verdad.

que me tocaba a mi recoger. comprar traidores. hija? j . y yo me levanpara alejarme. y vi iluminarse su rostro sombrío con la luz purísima del amor. ella mi —¿Qué —¡Tatita! — clamó tiene. Balbastro? ¿cree usted que debo dejarlos conspirar. y pagar aseamos contra mi. té — — El Restaurador me miró estupefacto. hijita? — preguntó don Juan Mael con rostro pegado en tie- rra. me Apenas salió Terrero. se abrió tímidamente — — — le nuel. todos se están volviendo locos. Aiiré a don Juan Manuel. y apareció Manuelita Rozas. Al ruido de mi silla. Un dia se cansan de mi. el Restaurador. juntar ejércitos. aliviado de su . me matan. y se meten a conspiradores. pero la gentil muchacha no se arrojó en ellos. se dirigió a mí La locura de Lavalle es contagiosa — — — — denado a En la puerta. vivir entre serviles y traidores ese momento. Era un lamento de su alma atormentada. en mi propia casa? ¡Mis amigos! ¡qué sarcasmo! ¿qué clase de amistad es la suya? He gobernado a mi antojo. ¡Mis amigos! repitió con acritud. sino que se echó a sus pies sollozando. ¿Cómo está su cabeza. ¡si estoy con¡ presencia. tratando de soliviarla. debió pensar la única persona que me ¡He aquí liabla con el corazón! Le abrió los brazos. no han tenido lengua sino para alabarme. Manuelita alzó la cara y me dijo: No se vaya ^¿Va a hablarme delante de José Antonio.! : ! Ii4 HUGO WAST SU amigo: "¡Sea lo que Dios quiera! Si matarán en mi puesto". ¿Pero de qué se quejan? ¿Cuálas mismas cosas que ellos han les son mis crímenes ? aplaudido! El Restaurador estaba en uno de esos momentos de espontaneidad a que se dejan llevar los hombres más disimulados y menos sinceros. Su aparición produjo en la sala el efecto de un sol que nace.

las caricias. lo que la atormentaba. pocos días antes de casarse con el teniente coronel Maza. ¿ de su padre. por qué está apenada ? ¡Miserable de mi. ya él era señor de sus nervios. La corbata e«Uste i* . sin comprendena y sin ayudarla! La niña quedó un rato muda. acariciando la adorable cabeza de kv joven. . venido Rosita Fuentes. y he — Ha Animada por — H. Sentí un escalofrío de horror. hija! ¿está ena¡ ! — — — morada ? Al decir esto el Restaurador me echó una mirada irónica y se rió suavemente. hábleme . pobre criatura! Nada te será concedido contra su voluntad^ De pronto adivinó aquella otra escena. Y cuando lo miró. Y a tal pensamiento visiblemente se ennegreció la frente del gobernador de Buenos Aires. recordando en el mismo lugar. hija Yo sentí impulsos de gritar ¡No pidas nada. golpeándole con la yema de los dedos la pálida mejilla. abrazada a las rodillas ¡ — Sí — Bueno. ¿Qué le pasa? ¿por qué ha llorado? ¿Va a hacer lo que yo le pida tatita? Quién sabe qué está por pedirme. que lo presencié todo. A'Ianuelita no sorprendió aquella sucesión de aspectos en la cara de su padre. él me comprenderá .! LA CORBATA CELESTE 146 él me ayudará. . presenciada también por mí. — — — i : implacable. -y¡Ah! ¿con que ella la ha hecho llorar a mi hija? La castigaremos ¿no le parece. por eso tuvo ánimo para sonreír. alzándose del suelo. y a la que asistió Rosita Fuentes. mojada en llanto. le habló llena de ilusión. ! tatita. y me ha hecho llorar. Wast. y le repetía alegremente. y poniéndole las manos sobre los hombros. ¿quién o exclamó él tomándola por los hombros Vamos me le ha hecho mal? ¿es alj^^una locura de Biguá alguna broma de Ensebio? ¡cuénteme. ante usted. a pedirle la vida de su Ramón. José Antonio? Ella habría querido venir conmigo. pero usted no la quiere.

Juan Manuel esquivó la mirada de su hija. Ramón le ha escrito desde la cárcel. exclamó alegremente Manuelita decía yo. lo ella lo mostrado. lo leyó el papelito de manos de . venga sola siempre que tenga que hablar a su tatita. mi hija Acuerdeescribir eso.. para que a su lado. tatita. a todos que no es verdad? Don Juan Manuel. aquí lo tengo. Se ha quedado en mi pieza llorando. tatita. — — no es verdad.: . ni quién es federal no quiero saberlo.. y ¡ —Eso — Ya — — le respondió ¿Por qué se mete en política? ¿no sabe que se le va a arrugar la frente de tanto pensar? Yo no sé nada de política. su porque nada sabe que hoy lo fusilarán. me ha billete le . —El no debió —En toda ciudad la ¡ y lo tiró al suelo. que no era verdad! Don. él le que Rosita Fuentes no debe —¡No! no debe que —Ese ha mandado —El no ha mandado ningún —Yo he visto.. . y yo me llorar ? —¿No sentía triste a morir. le prometí al se- Ha hecho bien. — — — — — ja y fea su tía Josefita? el Manuelita tenía rostro iluminado por la esperanza. l46 HUGO WASt venido sola. . pararnos. "A mi no me dirá que no". llorar. ¿No ve prosiguió él como se ha puesto de vie. se habla de — ! . billete . mi hija. . . sin odiar a nadie. . ni sé quién es unitario. comunicándole que lo van a fusilar.. haya siempre una persona que lo quiera. se echó a reír: No hable con tanta vehemencia. es verdad. ni engañar a nadie. Don Juan Manuel tomó hija. ¿Por qué deja decir eso? ¿por qué no hace saber tatita.

se ilusiona y se asusta sola. Aquellas palabras que a mí me herían como dardos. . LA CORBATA CELESTÍ se 14Í mi pobre Encarnación. resbalaban sobre el alma de bronce de don Juan Manuel. Porque él le acababa de decir. Usted no se habría enamorado de un enemigo de su padre.! . si usted me pro- rosa. — —¿Quién ha dicho nada. usted no me ir pobre ha prometido perdonar a su Juan —¿Le ha dicho ella que es inocente? — interrogó Manuel con mucha malicia. que no se metía Parézcase a ella y no a su tía Josefita. — es inocente — Bueno entonces se va a salvar por qué se ¡ don Si. — Aianuelita pensó. —¡No. y me vio tan triste que dio un grito: ¿Entonces no lo va a perdonar? ¿entonces lo va a de su mamita. que era verdad algo de lo que se atribuía al coronel Maza. si alguien quisiera ofenderlo. Usted nunca en esa situación. Manuelita no me había mirado. besándola: -^Vaya. . y dígale que su Ramón está más seguro en el Fuerte que yo en mi casa. pero sensible y gene- reaccionó: lo defendería a usted con mi cuerpo. . ni hubiera venido a pedirme la vida de quien busca la muerte de su no podría estar tatita. ~Yo Y metiera perdonar a sus enemigos. en sus ojos la inconfundible luz de la esperanza. sí . pero en ese momento se encontraron sus ojos con los mios. — Yo no tengo corazón para a decirle a esa fusilar ? le Usted amiga que marido. no sentiría morir. brillaba . . pues? —¡Cómo no ha casaron de afligirme! ¡No hace un mes que ! se interrumpió el Resaurador. . mi hija? ¿No vé? misma se da cuerda. Su hija no comprendía que el nada le había prometido. en política. cuya sonrisa era aterradora. ¿ afli- ge. ! ¡ Si yo estuviera en su situación no! — . tal vez. consuele a su amiga. y cuando salió de la pieza.

Hice lo que pude. había sido zonzo como un unitario. que en lo de Mahayan presentado a Martínez Castro. no más. La pluma me tembló en la mano. Se ha ido contenta pero la voy a hacer llorar. Es inteligente. que quedará viuda a los veinte días de casada y la pena que eso causará a Manueliía. El miraba los movimientos de mi mano trémula. y se reía socarronala los — — — — . y yo no podía seguir mintiendo con aplomo. le — Es — — no policía. en el patio se va a encontrar con Manuelita. Ponga cara más alegre. y él lo advirtió. le contesté sólo considero la desesperación de su joven esposa. torras exclamó de pronto. amorosa con Se interesa de corazón hasta por mis enemigos. Vaya también usted. por eso le dije que no se metiera en política. Así es. mi amigo — José Antonio. hijita — Mi y me dijo: es tierna. díga. y don Juan Manuel gritó: ¡ — Que entre Victorica Volvió a mi lado y me dio un mensaje. y no quiero que al verlo triste. cribía. para mirar lo que es. una joya. . Vea. — Me puse de ahora. vi en el patio a Sí. Felizmente. si quiere evitarse un disgusto.. su padre y muy . ¿Cómo quiere que haya disciplina en ¡ ! — tropa y me dejen en paz. cuyos informes debían ser de la mayor gravedad. adivine la suerte de ese pobre Maza. porque en efecto. Aquella idea lo acosaba. mente. si no hago un escarmiento con los traidores? Señor. Balbastro. Inútilmente quise reanudar mi trabajo. A Ramón Maza tengo que fusilarlo.e a Matorras q«e salga cuanto antes de Buenos Aires. en la antecámara se oyó la voz del jefe de raro. pie. defender a la patria contra franceses.! 148 HUGO WAST Don Juan Manuel se aproximó a la mesita donde yo seguía copiando algunas notas reservadas puso las manos sobre el respaldo de mi silla.

sin emnoticia. me engañaba enviándome con mensajes para los que mismo había desterrado. pero es así ¿Le afligirá mucho esta ausencia. buenos amigos los Matorras han salido hoy y se ! ignora para dónde. Tenía le la nor cuando seguridad de que Manuel ita pensaba en Leome preguntaba si me afligiría su ausencia. bargo que dijo: me Parecía contenta y. y no me miró más. ni cuando le dije adiós. 149 Mamielita. Así muchos pensaban librarse de peligros. sí! piestro. '. me Tengo que darle una mala — Sus — ¡ Me esforcé por sonreir. precipitación de aquella partida. En la huerta.. y el enorme silencio de la ciudad era si- — contesté ¡Sí. No sabrá entonces que se han ido . fa. Habían cesado todos los rumores.B. y me pareció justo desquitarme.. — — — . exclamé El señor Gobernador No puede ser me acaba de dar un mensaje para ellos. José Antonio? Ese espíritu de maldad que todos tenemos me dictó Estaba furioso contra don Juan Manuel. El corazón se me apretó al hallar abandonado al viejo caserón. tan rondado por mis pensamientos. IvA CORBATA CEIvBSTE llamó. refrescando el federalismo de sus decoraciones.. . En un minuto llegué a casa de Matorras. Un negro pintaba de rojo una puerta.taba el perro como Pero re- y el lazo suelto al pie de un naranjo . entristecida. haciendo sufrir a la inocente criatura que me hablaba con la sonrisa en los labios y una luz en los ojos proque él fundos. y rudamente: ¡mucho!. . Con las gallinas escarbaban y se arrullaban las palomas todos los días. sin extrañar la ausencia del ama. La calle ardía bajo un sol meridiano. ¿Pero por qué se han ido? ¿qué crimen han cometido para que así los destierren? Ella guardó silencio. la respuesta. los pobres desterrados apenas se llevaron lo más preciso.

como no me respondiera. cor- se desenvolvió aquella bata de espumilla celeste. hablando a mis ojos. de las profundas y santas pasiones que habían agitado el corazón de Leonor. En el patio recuadrado por tinas de flores. mordimientos "José Antonio: : Me . Los cuartos estaban cerrados. para acompañarlos en la buena y en la mala fortuna. Servirás mejor a tu patria podrás morir por libertarla". 150 HUGO WAST velaba que había seguido a sus dueños. había escritp "a nosotros" . porque ya algunos chicuelos habían destrozado las plantas. Debajo. sentí más que en ninguna parte la desolación y el abandono. pues no era ni su hermano ni su novio: ¡Esa corbata no es para un federal! ¿para qué uni- — Y — tario la colía. Allí mismo. de que un día tuve celos. Oh. La pluma había vacilado. Con ella venía un billetito. en letra más pequeña. y te acercarás a mí". . le dije con una dureza a la cual no tenía derecho. Ante mis ojos encantados ¿Para quién bordas esa corbata? pregunté esa vez a Leonor. me había mandado decir. — —El Y bordas? tiempo lo dirá — me contestó con dulce melan- allí estaba en mis manos. . cuya frente se había enrojecido. Leonor pensé con ira ¿ cómo has podido — j ! — — irte así? • Me acordé del paquetito envuelto en papel de seda: "Dice la niña que lo alDra mañana". desbordante de ideas en su color emblemático. Pero no era dueño de mi voluntad.. que leí crispado de re- voy con la esperanza de que algún anudada a tu cuello. Al cambiar de partido no habrás cambiado de ideas. y sobre las palabras "a mí día veré esa corbata . venía una frase enigmática: "Me consuela el pensamiento de que ahora me comprenderás. llenos de lágrimas. con mano impaciente desgarré el envoltorio. como un jirón del cielo.

y cuando hube repetido mil veces aquella expresión.A CORBATA CI5I.ESTE 151 Pero yo seguí leyendo "te acercarás a mí". r/. . pero sólo Dios sabe si algún día podré adornarme contigo.I. la besé efusivamente y dije en mi corazón: Soy digno de guardarte. con la cara vuelta a la pared..} eché a llorar. Doblé la corbata celeste. como un niño que no quiere dejar ver sus lágrimas.

esa frase llegó a ser en sus labios una terrible sen¿Cómo es posible que alguien la haya invocado tencia. enviándome con un mensaje a casa de los Matorras. mas por su inocencia no pondría un dedo en el fuego. Todos. es toda- vía una herida mal cerrada en la memoria de muchos argentinos. que yo mismo ignoraba. En ese punto no tenía más pecados contra él. Y después para defenderlo? Desde que me jugó aquella pasada. unitarios y federales. y seguía . desterrados de la ciudad por su orden. hemos vivido en la ansiedad y en la consternación. que guardar con adoración en el fondo de mi petaca una corbata de espumilla celeste. Sin embargo no había perdido su confianza. Parecía adivinar la evolución imperceptible de mis ideas políticas. a modo de advertencia o de amenaza: "No siempre se puede contener el entusiasmo federal del pueblo".SEGUNDA PARTE Celos de mi tía El recuerdo de aquella primavera del año 39. me miró con algún recelo. Aun hoy no podría fijar la parte de culpa que tuvo don Juan Manuel en las fechorías de la Mazorca. bordada por manos unitarias. Muchas veces le oí decir.

— ¡ ! ¡ —Y i _ . Un boyero que le habían traído del norte. y a las zurras que daba con esa máquina infernal llamábase "friegas de cascara de novillo". por las artificiosas manos del maestro Pancho. Vivía huyendo de mis propios pensamientos. qué haces que no acabas de moler ese maíz! Ya las gallinas te han comido la mitad.lo" Tenía la buena señora un arriador trenzado de cuatro. en mi niñez. malas noticias de Santa Fe. en cuya ciudad se refugiaron los Matorras. a pesar de las opiniones contrarias de la moderna pedagogía . Y de nuevo los gritos de mi tía: vos mulata zanguanga. y recibía con alivio todo lo que me apartaba de ellos. y en las campaniNi sé en qué pensallas fragantes de las madreselvas. y donde la primavera estallaba en los morados racimos de las glicinas. donde mi tía había reunido sus mejores p'antas. separada por una tapia cubierta de rosas trepadoras. los canarios cantaban alborozados. Alguna vez. porque a ciencia cierta sabía que mi padre la amaba. China trompeta Ref regá bien esa olla Una pausa. con una friega de "cascara de novi'. con mi mejor letra. Ya no me era lícito pensar en la ausente bordadora de mi linda corbata. ¡Vas a ver cómo te pongo la paleta en su lugar. Debo referir que el humor de mi tía. tan parejo y apacible. En la huerta. sentíase el trajín de la servidumbre y las voces de mando de mi tía. Eran días muy tristes para mí se habían recibido ba. llenaba la casa con su silbo de oro.no había nada más eficaz contra las veleidades de los niños desobedientes o de las chinitas díscolas.! ! LA CORBATA CELESTE 163 ocupando mi sitio en el hueco de la ventana de su despacho y copiando notas reservadas. Una tarde de Octubre me paseaba por la galería del seo'nndo patio de mi casa. he gustado esa medicina del alma. y declaro que mi tía sabía administrarla y que. se venía agriando en forma inquietante. El gran patio estaba solitario y silencioso. .

. Se puso roja de indignación o de vergüenza dió la lengua. la sobrina del cura Buitrago. Juanita? Tu edad no es para ! — Qué ¡ i ! ¡ Y — dije.. Qué más he de hacer mamita me manda. — — andar con esa —Tengo cara de todos ! cara. pero algo que ver con la partida de los Matorras? mi padre en una de las raras discusiones que sostuvieron. y se mor- Si verdaderamente había ella cometido la mala acción de intervenir para que don Juan Manuel desterrara a aquellos infelices. Si buscas a mi tía. Pero si la visita — Y — . picando una cemita con chicharrón que yo le arrojara a pedacitos. Una gallina había salvado la puerta desvencijada de la huerta. cuando sentí un aldabonazo en la puerta de calle. lo cual — me contestó miel es- rándome de hito en hito.: 154 HUGO WASf ella ¿Tuvo No sé. acompañada de uno de aquellos pilluelos que cantaban a gaznate herido el himno de Rivera Indarte contra los unitarios "Asesinos de Ortiz y Quiroga . has venido en mal momento. sino éste. porque la ausencia no es siempre buen remedio contra el amor." le con estos días sólita vas por esas calles estrechándole la mano pequeña y bonita. con pude admirar plendor de sus ojos negros y la frescura de sus labios. bajando la vista: Como tú no andas sino con los ricos. Salí yo mismo a abrir. y no tengo quién me acompañe. que venía en mandato de su madre. Riéndome la hice entrar al comedor. Era Juanita Corrales. y se estaba en la galería. porque está rezongando como un trompo. te olvidas de las caras de los pobres. pareció echárselo en cara. no sé qué provecho obtuvo. la los días. asaz estropeada por los trabajos caseros. contrastando con sus mejillas pálidas. añadió dulcemente. ¿Por qué estás triste.

con lo cual disipó mis temores. muchacha advirtiendo el coloquio tienes confianza conmigo? con gesto desabri— — ¿no conoces casa? ¿o no ! le dijo la Mamita le manda estas velas de cera. resguardadas por las gruesas paredes de adobe y por la empinada techumbre. en la media luz del comedor. Juanita. . sino a otra cosa. i — Qué do. es eso. no había razón para sofocarse tanto. La muchacha se ruborizó. haciéndome ver que era más discreta de lo que podía la — — ¡ ! — — alusión. aspiró la fragancia con un profundo suspiro. Me levanté. pero adentro. exclamó.. i ! la los barrios del sud. Afuera el sol esplendía. te que tener flores. iuzgarse por sus años. contemplando un jazmín cómo no! — No hay nada más trisCabo enteramente florecido. amantes del calor. — . pero mi tía se acaloró y empezó a echarse aire con la punta del delantal. porque también estoy triste. los até con mi cintillo federal y se los di. ¿A qué has venido. — lió a agasajarla. y se prendió el ramo en el pecho. con sus puertas y ventanas entornadas. haciendo cantar a las chicharras. ¡ yo no he venido a tu casa. Juanita? Entretanto el píllete de su compañero había entrado hasta el fondo de la casa anunciando la visita y mi tía sa- Y — Vaya que estuviéramos pelando —Eso quisiera yo. serás bienvenida. corté algunos jazmines. y no saber a quién darlas. LA CORBATA CELESTE es 155 —¡Y para mí. ¿ pregunté alarmado por Por qué ? ¿ quién es ella? Pero la muchacha se rió sin contestar. para dejarte sin flores y sin cintillo. para que lo alumbre a San Antonio por la intención que quiera. — Psh La flor de canela está en ! ni la pava . No se los darías a ella atados con esta cinta exdel — clamó. La hija de Corrales pronunció estas palabras con mucha simplicidad. poniendo una carita de inocente.

— Por qué. el cura. vaciló un momento. He estado haciendo un poco de jabón. dice tó —¿Y sabes quiénes son asesinos? Sociedad Restauradora. misia Zenobia Resmuy amigo taurador pero todavía no ha hecho en — Bah los es la contes- la hija Corrales. y poniéndose más colorada. la siesta hemos sabido que lo han degollado en su cama.! . La cera es de las colmenas de don Tuan Bueno. pero se limitó a desenvolver el paquete de sus velas. — que — Se en voz muy baja de —¿Y de padre qué hay? — Preso siempre Tía Zenobia meneó cabeza. v que me baga un fogoncito debajo de una ramada en la huerta. adornadas con bonitos moños colorados. tu noticias i la i le ser contestó. levanté emocionado mi tía miró las velas. — Eso pasa por no un buen federal Juanita no — Y peor que señor no anda tampoco derecho. ! 156 HUGO WAST tía me miró y yo no pune menos de sonreirme. esperando que su incorregible picardía le dictara la respuesta que merecía la disimulada señora. Miré a Juanita. es lo tu tío. — ¡ ! ca 'a cera? Juanita fué a responder. ¿ ? ¡ él es del ! I ! así lo dice . y con gran sorpresa nuestra se puso a llorar.. Observóle esto con voz sorda. El se la mandó a mamá hace unos días. resentida de que no hn- . y como si los moños colorados fuesen marcas de sangre. Cuánto se las agradezco a tu madre ¿ De dónde sa. y el fuego me ha soasado la cara. descontenta. dijo: i Mi ella — Esa cocina es intolerable ! Hoy mismo le diré al maestro Pancho que le abra una ventana al naciente.. los desató con las manos trémulas y los tiró debajo del sofá he- — Y Me . chos un bollo. No sabemos qué sería. su iglesia la función del retrato. diciéndole que tenía hoy a un favor que pedirle.

en demostración de júbi-o por haberse descubierto la conspiración de Maza. que se ha vuelto Paréceme. el teniente coronel Ramón Maza fusilado por orden de don Juan Manuel a la madrugada siguiente. y no he de regalarte el oído con su nombre. veces a Juanita escuchaba con profundo interés. Y a mí me parece. y yo estuve en todas. la interrumpí yo. había sido asesinado al anochecer del 27 de Junio. mirándome unas . infausta para mí. contestóme sin resollar. usted más federal que el Carancho del Monte. Me sorprendió la acritud de esas palabras. qne te estás haciendo unitario. A mal tiempo te brota esa idea. V tuve el honor de tirar el carro del retrato. y se hilanado con flores y banderas coloradas. arrancaron aquellas fiestas en que se exhibió en los altares el retrato de don Juan Manuel y se le llevó por las caJes empavesadas. porque en tal día a Leonor por última vez. que evidentemente aludían a la pobre Leonor pero me encogí de hombros. El infeliz presidente de la Sala de Representantes del Tribunal de Justicia. los dos sangrientos cadáveres fueron conducidos al cementerio en un innoble carro de diendo policía. mí y otras a mi tía. que una a una fueron rinal Restaurador todas las parroquias de Buenos Aires. y en San Telmo. vi Desde esa fecha. el día del Arcángel. estando ausente la que te dejó la mala semilla en retrato? —¿Qué Ya — — — — — — el corazón. y no me pesa porque oí lindos sermones. . para hacer la fiesta del se ha hecho en la Catedral. Mi tía siguió arguyendo: zo doblar la rodilla a la tropa frente al armatoste enga- aguarda don Trifón.LA CORBATA CELESTE biera 157 rendido aquel homenaje. y en San Miguel. adivinando la causa del despecho. y su hijo. y en la Merced. tía ? quién hablo. en forma que pocas horas después. doctor José Vicente de Maza. ^ — Por quién — Bien sabes de d lo dice.

como diciéndome Qué burro eres. — —Todavía se —¿Qué alega? —Que no todas — — niega. si quieren sacar sano y salvo a tu infeliz padre. José Antonio! ¿ Y don Trifón.! 168 HUGO WASt — Esta de pronto se echó a reir. Me manda a pedirle que le preste el retrato del Restaurador para hacerle una fiesta en el Socorro. de su gracioso peinado. las parroquias harán la fiesta. no demoren. así que pudo serenar su turbación. hijita! interrumpió mi tía con vehemencia ¿no ves que es la parroquia de Salomón? afirmé yo. También me miró mi tía. y dijo golpeando dulcela nivea mejilla de la muchacha: Este cachito de gloria te convendría traernos a casa Juanita se puso más roja que la divisa federal. Juanita me miró honda y tristemente. cuando le llegue. y seguí paseándome por el largo comedor. que en Barí. que diga como la gallina que fué a casarse a las nubes "si de ésta es. por ejemplo no se ha hecho. . pregunté. porque ese malhechor no Se hará allí San Nicolás de — — — — desperdiciará su turno. fastidiado ¿ Pero ella va a cantar la misa ? de que así cundiera esa abominación. consiente ahora? pregunté a la mii- mente — ¡ j ! ¡ — — — — — : j chacha. nunca más bodas al cielo". y que era idéntico al que la familia del Restaurador prestaba a las parroquias para hacer la fiesta. ¡Pero se hará. pero no se hará en San Ignacio los jesuítas morirán antes que poner en su altar la imagen de don Juan Manuel. y yo recordé que su padre seguía encarcelado y en peligro de muerte. ¡Allá ellos! Pero ustedes. y yo estuve a punto de gritarle a mi tía: No hace mu"Qué pronto cambia usted de parecer cho me indicaba otro rumbo!" Pero me callé. — : capo y no muero. Pues le ha adivinado el pensamiento a mamita dijo la joven. Y si sale. Se fué a la sala a descolgar el óleo que pintó don Cayetano Descalzi para mi padre.

me dijo en voz baja. aijo mi ría. qué bien te una corbata celeste! En ese momento Kegó Benita. envolviendo el retrato en un percal. ofrecido por mama i — — — quedaría — — — — — Felisa. — — — ajenas. ^ Te lo llevará Benita. es verdad? Y yo. Es tarde y tu barrio está lejos. descalza. Ella. Quizás era al- . sin ruido. ganado por la penetrante melancolía de la hora. Me duelen las tristezas naranjos florecidos de la huerta. para quitarle a la pintura algunos lamparones de humedad y de polvo. por saber qué pensaba ella de esas cosas. murmuró Juanita ¿no Tú también estás triste.LA COkBATA CEtESTÉ l6* Iba cayendo la tarde. y con las sombras que se insinuaban en el comedor. y qué sabía de Leonor. y dije simplemente: No son alegres los tiempos. Llamamos a Adocilio. qué pensaba de mí. — Los unitarios ! éste curioso fuera mi verdadero pensamiento. lia — foscata. Me contuve empero. clavándome sus sagaces y magníficos ojos. de quien había sido Y íntima amiga. que al amor de la cocina saboreaba un plato de arroz con leche. parecía no estar convencida de que ¡ —¿Nunca has sentido no ser unitario? — No — contesté secamente. estuve a punto de confiar mi secreto de amor a aquel virginal corazón que se acercaba a mí. me pre- guntó : se han unido con los extranjeros para luchar contra su patria. Mi padre no había vuelto de la Alameda. y detrás cayó mi tía con un plumero y un estropajo. trayendo el cuadro. Y yo te acompañaré agregué. yo la observaba. y yo me aproveché de ese movimiento para disimular la emoción que me produjeron las palabras enigmáticas de Juanita. cuando la joven se levantaba. No cesó de mirarme . Sin embargo. nos llegaba en la brisa el perfume de los y el de una gran magnoque reinaba en el segundo patio.

desde el tiempo de los Virreyes. ¿Alguna vez le hablaste de política? — — — — — — — Nunca . . tenía ojos de lince.aza. ni tampoco está mi tío. — ^ p. ruborizada y nerviosa. con sus barriletes y pandorgas de papel. que en su casa. Cuando la acera no estaba enladrillada. Sé discreto. o de ia plaza de armas. iban delante Adocilio y Benita. respondió dulun cemente. ¿Nunca has vuelto a hablar de mi padre "con don Juan Manuel ? me preguntó Juanita. y bajando la voz añadió: ¿ Y nunca le has oído hablar a don Juan Manuel del capitán Duarte? Me extrañó la pregunta. Lo he conocido en casa de Leonor. El chico tomó por el medio de la calle. para retirarla en seguida. Juanita tendré cuidado con lo que hable en tu presencia.! 160 HUGO WAST gimo de los señorones que desdé la plaza divisábamos paseándose orondamente por la misera avenida de ombúes que llamábamos "L. embobándose ante los muchachos que regresaban del bajo del rio. que a ratos apoyaba la mano en mi brazo.a Alameda". Siquiera allí no podrá meterse en mayores compromisos. está más seguro en el Fuer- — — — — te. y cambiar saludos con ellos. Juanita. ¿ Qué diría él de mí. Los vecinos que habían merendado ya. que No es ninguno de ellos. como eras con Leonor. — — . Juanita suspiró. me dijo la muchacha. para sentarse en mangas de camisa a ver quiénes pasaban. No sabía que conocieras a ese buen mozo. sacaban sus si. con su cuadro a cuestas y en pos Juanita.las a la vereda. No tengas miedo por él. nuestros pasos no hacían ruido y sentíamos los acordes de una guitarra que algún parroquiano rasgueaba a la puerta de una pulla Cruzamos pería. . si me viera llevando retrato del Restaurador para hacerle una fiesta? Ya veo que eres unitaria.

como las de anteSí^oiTüiirn soí 3b Ií:ííí :u^(\ii.. sJlf. pero ella siguió maehacándcs. Wast: La corbata eaUstt »» ...perro.-rr decía. .. ¡necesario saltar. y me entristecía qu^. ces habla y.. vertím eavn^ salpicaduras de sangre.flcii9.:í.: —En casa dieun iui^?i¡iederíd. — adelantada' — ¡Quéme dice mamá: . jie = ..rnedjjo Jiianitav... . escarbaran: en mi pobr^ corazón..:: -o:. !no: son.folis Le hablarías dcílaníor. A feelas niñas .de..'— -^L impresa tu.. CELESTE ¿Y: de -qué hablabas guntó con malicia.í: ¡^ íVan Todo esto es por tus amigQS. LA CORBáLTJ.-:-..chft ique nosuquiáieran. y no le contósté.-ji { . ' ^^ salvo. con sin igual desparpajo T^RKc^^^nf-f h-.oirroifíA -y^ol^ . rmú ú. Yo -vohía larcara a otro lado y ¡plum! la chica saltaba^ ai arroyo..tí'5>^=no será canóniga! --í -n .^ ¡u A esa Jiora estaba yar suelto oin^terrib'e mastín.ídí)n . ella jnu-Á y í:ü.. que teñían las: manos. que pasaba ej día encadenado ai tronco de la toron ja././. Juanita. i .: nie niires l'-. pero J nanita eqnpcí a un.de visita! í. al que Ádocilio retenía del coll^rj.a Leola . y se sacudía el alegre J5 primaveral yestidoíblaneo de owseiina..as^W!aha.-. la¡Maz9tca tos corifeos. . n :r-T-¡Perp ^iaqui no.o'/"_Un silencip-íúnebr? pesaba.. oí) i:i:jjntjvniyj ot oh Don Trifón había hecho poner en el segundo^ <arjCO. ^vier4ad?3u otu-j rj u:\ Yo no gustaba de^^qiie así de hoy. Juanita l^i-or-jf:' . — Y — " le contesté. iJwanMtínyeí^ ^. ' • ..-iyo 'me ponía ' — .-•'! .:era. Me encantaba al mirar láv:pí>!r<ju!e:n>e recordaba ..^í. entonces P-r^ttiíncl pre.<. secreto para levantar desdé ajuera la gruesa alcayata :qn0la¿..— — . í-. vnpjgntr^. . .dé las: veredas -altkimas.:'_} .iíiiientras.'.: No ' nor.-ainibas soñaraniconelamór uniíariofr otros las de un y per..4el zaguán una cancela de JierfDJ h'O/rr r.. :< ... : .:i í.. .ui:ifí:noo n-// — H.J^terrun^dOj rójo por el -jLadjrJdaí^el .: Encontramos:: ci^rrada la puerta -d<3 Ja casa parroquial. —-.. i — —Asi — no ¡ estás.Jiay nms buenos federales que los que vienen . spbre íajípa^a^y pobre e^ barrip. ¿iCl — con eUa.:r :'/.•!.í 3nu vní' oX En cada 'hocacalle iros deteníamos para ijuscar la -escalenta por 'doínde-se bajaba.j:¡ -iiifit. jmii.

Recién sacadito de la paila quizás esté un poco tibio. . ¡En el carro de la policía! añadió otra. ¡Vaya! no tengo la cabeza para estas fruslerías. no! eso no ha podido trago — habrá dicho que un buen — ¡Cabalmente! Dijo que un bienaventurado. en agua de cal. te ? Inesita. apuntóle Juanita. sin embargo murmuró con rencor la tercera. No he aprendido a quitarle del todo el amargo. . — — ¡Ah! ¿me traes Restaurador? Bueno. Me llevó a su cuarto y me hizo sentar en aquel majes- . que me parte el corazón. es y que le abriría la jaula. — — . observó — j ! — ! — — — — j Inesita — aunque sean salvajes unitarios. sabes eso ? — — preguntó le dij'e. sé él señaba ¿ latín. José Antonio. No hay que hablar mal de los muertos. pronto — Ven conmigo. ¡Dios te lo pague! ¿No quieres un casquito de dulce de toronja? Antes de que le contestara voló a la despensa y trajo un plato del rico manjar. Ya lo han llevado a ese pobrecito dijo una de ellas. Me tendió la mano y yo se la besé. Mi pobre Ambrosio sigue preso no me dejan verlo y escribe cada carta. es federal. una noche al sereno. lo decir. lo dicho. . ocupado merme el dulce a bocaditos. señalando la casa de don Juan Bueno. receta: hay que dejar las toronjas partidas. ¡ inofensivo! ¿ — Ya — Cómo está convencido. el entró sin que yo lo viera. replicó Bui- es tonto. como cura Buitrago qne estaba en coen- como cuando me — Lo porque me ha — Qué ha dicho — interrogó con ansiedad — Que don Ambrosio Corrales un buen — — ¡No. Bien merecido lo tenía. ya Leonor le dio la Mama. Sabe Dios cuándo se convencerá don Juan Alanuel de que ese hombre es el retrato del — — — .Í62 HUGO WASt las Hallamos a Inesita cuchicheando en su pieza con tres Bustamante.

. mis ilusiones. ¿Recuerdas la fábula? pero no he pensado en ella.! I. señor Estoy resuelto a defender mi dignidad. Se les tenía por federales . re- — — . adivinando el significado de mi ¡Sí. Hace bien! Me lo dices con un aire que tal vez podría significar el "nolo acerbam sumere". le temblaron las carnes. aun a costa de tuoso sillón del coro. ¡Señor. ! heroicamente don Trifón el ¡ te ti Don Trifón no murmuró: dijo nada. qué has de hacer. Vengo de estar con el padre Berdugo. de la zorra: "están verdes las uvas". Asentí con — ¡Mi tió un ademán.A CORBATA CEI. — Lo fusilarán — exclamó — pero no expondré retrato.ESTK 163 que se había hecho construir para pregustar y que nunca cedía a nadie.. repidignidad aun a costa de mis ilusiones! con vehemencia. las delicias — — — — — ¡ — — . y se habla de pasarlos a degüello. y jesuítas no harán esa fiesta inicua! Prefieren destierro o la muerte. Señor! ¡si yo tuviera la fibra de mártires que ellos tienen! Si no te la ha dado Dios. cuánto más las de aquel obispado de que una noche le hablara mi padre. y las pálidas mejillas se le colorearon — levemente. Comprendí que el hombre haba perdido las esperanzas de la canongia. mucho más al precio que don Juan Manuel las pone. Sí. — tes — lo Yo no expondré el retrato quemaré mi iglesia ande mancharla con esa abominación! Doña Inesita que entraba alzó los brazos al cielo: ¡Jesús te libre de esa barbaridad! Al día siguiente me ¡ ! . Ya no pienso en esas cosas. a este pobre cura suburbano. y ahora en casa del Resel — ¡Los taurador se les llama salvajes unitarios. si! Siéntate: más te corresponde a tí que compasiva mirada. murmuró. — Y fusilarán también a i fusilan a mi pobre Ambrosio.

.desde la -fecha de las Malas -í^ cartas.unitario. . búscan-do un par de chancacas con qué convidarniieí' í^^sh'íí. rtte extyañ4 nó sentiría y me di vuelta a mirarla.' ii-'i"-l^' guerra dificultaba las ccmiiniGacioüeS. naie permitía atarearse demasiado.. y para mí.íTí:í HUGO WAST^f AJ füosoíicamente SU hértriaEta..^^ '^¡5 ••'<.dear esto no pensahia en Benita.que intéf cedería nuevamente por -Cof^a'. y eran inseguiros los caminos a causa de los indioSi-qü€' aguardaban las . sin duda porque eran de su letra. para €5pañtai*'-'stts' miedos.— Sabrás. De manera qué bien po-í dían háí)érJt)úlirridO' cosas peores. á los demás.. Sentí aproximaba. Tentado estuve de. hablarla. De Leonor apenas se hablaba en las éartás.. temerosa de algún -^-la'í>lvidé.í ^.. Durante un rato escuché el suave rumor de sus pies desnudos que herían la tierra."jí 'jH'j^ki l.osé Antonio.' I CaUi íplicó .. quebrantada por el viaje.!.troicas de carrejas para asaltarlas..'^[^¡'jiioh ^ n ^-l- Reflexionando acerca de í>íro al va. ^í-i'í. >í:--j' habíamos feéibfdo' pbf: lá'pósta de Santa íi Fe. y estaba pasando miserias muy enfermo. pero su salud. se -fmsa a hurgar íí.. . . -Han 4ado' los federales en decir que soy. se í ^ cfuzaba por entre quin- espesó la sombra entre ^ que la muchacha se me mal encuentro. '-'--^ 'v.> -'''<\ . pe- un zaíijón. Yo con s- iba delante golpeando las cárrHDsas hojas de las pitas mi flexible bastón. que ahora me afeitó yo mismo. caminá'ndo sin ruido.^y.:.. Después -noticias : tunales adustos. Don Tritón meneó la cabeza mekncólkaffieinte. legendario escondrijo.' y el r. hice llamar á -la mulati'"ítá. la ¡de triste cornt) un perro a quien el amo desdeña.es. y tomamos que a tales alturas los los Alendocinos -tas. «mprendimos el regreso. después de proméíéí.m-. . ni recuerdos. — 'Iniiti . . •:•.^^-- y--: '^i> o-:::. Ya José Antonio me ba 'traído el retrato. Ei pobre Matofras había fundado allí una escuelita. y los Unitarios siguen diciendo que soy federal j de modo que no me animo a entregar a na<iie mi garganta? ^•"• Porque no se me hiciera tarde. y ella detráá. "^' Cuando dejamos la calle del Juncal. -. J.i.. . pero la tenía entre ojos.

y t^hé acorfef €n.. olviclando ja.. .---v!ii.^-. a que. sé incorporo..teja-' • - ) Estas loca? ¿vas a tenerme aquí....:.:<] fr-jifjrs .mp-.. JTenía las rnanos. . y yp ... . me avergoncé de burlarme de su ignorada congoja. . fr^^pr.ea.--. . . . :Conap un mGfónir-íjfTorT..t„. su madre.^. Dirae quién. vuelva el habla '^ -.tra.fiesa que.^^f...^ .: ¿Qué viaraza te lia dado. -.p.. y se m&jocurrió .|d^.. a tu santo serMÍcioíj aguardando que te.que un :clia me dijo.r^ r\ << --. A la luz de las estrellas. y erguía la cabeza...[ . arrimada a un postt.& . se tapó la cara. embelesadaen. .<-':-'} -r^^a v r-i y ella me miró con tan hondo y doloroso reproche^ que. .. ..^acaso est^s:e..^.r. le vi los dedos brillantes dé lágrimas.tuxhsM^O.. y.. ¿Acerté? ¿De veras que estás enamorada? No bien dije eso. sordamente. Permaneció silenciosa. ps^ra malquererla.eré..I.desden. ./..p ^^¡^ VaraoSr hija..>..Lr'" te —¿Qué piensa en la .. V.. se epjug^ 'OS oíos. nregnsité...-^ criatura. y aquel.dulzura. ..-t--rr-.q of^nnln-jq 'íni> o..:.'. hermosura -c^usaJ7a_£n ^: ¡ aquel sitio yenaquella:bor?!M... . A corta distancia la hallé.^^1 c.A C0R3ATA Ci^ESTE t im^ Había desap^recick>í.:^ _^^ *. en son .4iJG al cabo. : pas^i..^ enamorada.SU. alguien te hace...^^ ov-rT Le brillaban ¡ríos ojos.-— No quise gritaría.-:. y empezó a caminar... vimientos de su cara:^ ^.. M^segtí... te. . con. conio estre'Jas. .busca.... patíecer con. ^ no resplandor le iluminaba jel rostrO..que teiiía.^ ^.ras .:r^.?n... y. Jas manos y^se puso a llorar con un suave gemido.ir^T '}...^ te havas trastornado ?j.b.. pida perdón. es.: eon.resq. enternecido. Me acordé de las pala.-.ípolivQ paja..rT -t! ^rn^-o No Tne respondió. oZ —¿Quieres que mate? -p-lc.'> r--.^-^ry.í:n1 ... ...i . [_'. ¿ ]^q.. de rodillas.te-'..r . r^e repente sacudió ía cabeza. L?i liarle con más . rpulatar? .'v?.de burla -r : . .: te — Me quiero morir.'n ^.¡1..:-'-!> crispadas sobre el poste.tengo.„ j.o .^^..^". le diie^: pspla^^q Ip^.n£érr^a? Naáíe artu/edad.ríL?ones ..fr.suírir. . — . Qué impresión <le fiereza y . muerte.que anduyiera. . d^yado en un cruce de sendas. donde s€r — — — i : ri-:» desteñían las postreras luces del crepúsculo. niirábahaciavel-p^nientei..u pr.. r. . .. y la hicieran...r . . . ..f..

No fui yo! Decía sin duda la verdad. bribona. — — i — — — — ¡ ! — no tuvieras culpa. También pudieron matarlos. no llorarías. ¡es claro! te pesa la infamia.é . respondió sí. sin ¡ no te ocurre. niño! yo supe cuando él los denimció a misia Josefita Ezcurra. Yo conozco desde chica. y sentí impulsos de vengarme. ! ! ! 166 HUGO WAST si te —Nada tengo que perdonarte. pensó que no la perdonaría nunca. i ! ¡ . ¿callas?. y . Pero el remordimiento te vende. y parecía un fantasma do de mí. no ¡no diga eso qv. habrá que agradecerles respondí con aspereza.. ¿S\ tú no fuiste. merezco tu confianza ¿por qué no has . Perdóneme.. Una indescriptible angustia se pintaba en su rostro. para nue ella los hiciera desterrar. ¡Tú los denunciaste y por culpa tuya estuvieron a punto de morir No necesitaba nombrarlos para que ella comprendiera.. Se detuvo y se atrevió a mirarme. quién fué?. — Kl bandido cuánto habrán bardía — Oh. de hablar? Caminaba rápidamente. Pero quién que no lo hicieran. pero algo tuviera perdonaría que antes me contaras qué — Nada — Eso mentira.. Ya sé cuál es tu pecado. — Don Tarquino —Sí. y se acrecentó su llanto.. huyen- Tuve sospechas de que su remordimiento se relacionara con el destierro de los Matorras. No fui yo Como yo no hablara se asustó de mi silencio. f es te te has de criado en mi casa madre eres hija de la mujer que ha hecho conmigo. Si i — — — — ? — es él —¿Para nombrarlo?. volvió a decir. pero yo me negué a creerlo.. tengo culpa. . le pagado por esa co- ! i ! Me sorprendió el dolor que vibraba en esas palabras..

— ¿Tú ganarías también algo con ese crimen? te Si. por — Ya sabré cómo castigarlo se acordará de mí Y intervino otra vez en su defensa. me limité a contestar. Estuve a punto de enrostrar a la muchacha aquel episodio. por Dios. no queriendo que leyese en su cara la respuesta pero inútilmente porque era la primera vez que yo sospechaba de mi tía.é te importa de él? ¿es tu amante? Por primera vez. ¿qué ganabas? . y gimió dulcemente. recordé haber oblía más la del pobre — — niño. ¿Qv. y yo compadecido y a la vez intrigado por su misteriosa actitud. la dije con blandura Si supiste la denuncia ¿por qué no me hablaste? ¡Lo habría muerto al miserable! Dio un salto y se colgó de mi brazo. la furtiva amistad del portuque nadie en la casa conoció. — Toda culpa no fué de —niño José Antonio — Entre qué gentes vivimos exclamé. Por eso me callé! ¡porque usted lo iba a matar! qué te importaba !a vida de ese perro ¿ no va- —. . enronquecido servado.Qué da por defenderlo? callada y crecer mi cólera.i. pero. — Quieres ¡ ! la cólera: ¡ ella i la él. ¡ ! ¿ que el pensamiento de denunciar a los Matorras no nació de él? Agachó la cabeza. como si ella tuviese culpa de las antiguas relaciones de su madre. como un martillazo hundió un nuevo dolor en su corazón. en todos mis años. siendo muy gués con mama Felisa. acaso don Jerónimo te hacía daño? ¿por ventura la odiabas a ella? Esta pregunta. decir . que escondió la cara.niió sentí — — — ¡ i Y ! Matorras? ¿Andarás enamorada de él? ¿no ha perdido sus mañas de negrero? Soltó mi brazo y se dejó caer en tierra. clamando: No le insulte.: ! ! LA CORBATA CEI^ESTE 167 miré con desconfianza a la pobre mulata.

. áoy sti esGlá'va?!'^-^' ¡dijo: afTodiílada en el polvo .i n v te qíié mando que sirvas a mi padre antes qu« á 1©¿ . pecho dse la infeliz! !''. blanco flameando desvergonzadamente en su cabeza. -Cuando llegué a casa/ cerrada' ya lá noche. — sí! vtodo jy qiie . con una cara ria — vehemencia. cuando sepns de estas cc«as me' lo cuentes.:.- infamia! La muchacha no Y sé también ^qué mifás ttiV(3..''>Gf'aciás'a Díos^/Cpue dé -nada sertirá isii intriga.del otros y -v'..i'-q i — No. velo a tu padre . : < n. •—íVo. tiene ^ue darte un : . ¿No sabías que Leonor es su novia? ¡Qué suspiro mezcla de dolor y de alivio. sí.¡-jr:j costumbre.. ' . -. ' -í^'^-máíideme' morir. y el : mechón . F^ dijo. muy peripuesto.: se-escapó.''<¡.. "ii^o wA^r>- f--' — dije eonveitcído.cííÜívI i^rnrííí í\in í^'íí-. .. : .:[¡ Y. . . -rr -1© Qpnte^tjé. r .(h:il-. y pronto la perdí>de vistax' no o.' 'con' siSlo-íheibJará tiempo.'} jrn :.-'/' mande!? ¡y todo lo'cfue esté :r eii mi mano. .: ahora ^de^acerlo.? de. 'c A Há está ¡anda. BenitaJ No quiso oírme más se puso de pie.!_ajYa sé.!. bajo la lu. Ah BeiVita! sabes <lemasiado..3'¡riO<-: ov yin^ .''í o[ Estaba éK buen caballero. . .: Bendito sea Dios! notición! —Por siempre jamás amén. si alguna otra vez te ocurreeso. ¡Si. y proseguí: '^'-^Pudiste^ librarlo de una gran pena'. y -coin extraordina- -jíYo no hice caso . íür^Miini s-r/ í. (.í. !oíim vm or') •io''i . . más alegre ¡íque de — i i I ¡ ..— 1^ í. un qujijqué de espaldas a su bufete. . sabes todo le qité pueden saber lois espías de don Jüaft Manuel. la -primera persona que me salió al encuentro fué mi tías..' : " ^He recibido miiy raalas moticaaS: de Saptft. pobladas. pero no te sirves de ello sino para malí Ayúdame ir. 07ií!. Qtícaminándome -hacia la pieza de nli padrej --)]\vvji íi. — qüiéh ideó * pHrfietx) esa -jn. ?-M''-í'!. desheclio :el íocado. juntando !as maiios.í tíí mí^ji .í -h o. me dijo.':: o. ípr-! tJ^ • : — . — contestó: 'í--'^í> 'I '' "^ ''''Qy^- .v.7í:¡:i. . aunque me cuete la vida! Echó á correr hacia las calles más. -si <]uiere!<í.. terriblen'íente avinagrada.

'... porque era un buen amigo.. ¿cómo queda? Mi padre se pus^iderpié-solemneniente. í' \. A sí es no debe sorprendernos.7 í. f - .•^'. :j\< '' „.. y I.?.. ccjm.QrUn chicuelp¿.. .: ' no zúl-^^J . I -".:. — respondí con un resto de —¡Hombre! ¿tengo acaso cara de fiestas? ¡Ha muerto al .í! VA n.'v. puse..-..'.?• f: • •• •'' .ino'l .^.' I - -ir. r'-'^.')'] r'^'c^ ¡: [liniv í. .3:!::"/ i'\''í>. me tomó la cabeza con inmenso cariño. Mrítorras!. :.i! . ^-n?.humor.. í.'! .í'-'^ 'r. la pobre Leonor. ¿ La querfás mucho.2u:j:: ": : ?:-n:ia. ja llorar. '»:!-. qyeríar ella^^íijato — — — — Y .n-)'> .j' i :í:i. yo.iíúO oinh • ':'!>• \'j íí'? í-Áí''' -^-''' '"''^ .¡. ! I. verdad ? pte.í'AyW) -í iii w''. Refrené mi emoción.'í i'oi) -.:r :i'. —No se creería verlo.. pié.l ¡V' }. No pude contenerme. Y ella.ESTE 169 nia'. '.¿':.foi.ti- i.'. :'.. me besó y me dijo: De ella cuidaré yo en adelante voy a casarme con Leonor. '}': ¡pM/ílñn j vü íiiiír-Tr. y pronuncié el nombre adorado que yo no pronunciaba nunca. pero sí apenarnos.. y dije tranquilamente: Estaba muy enfermo. i-Ii !. " '.A CORBATA CEI.í .>U:.

espuelas de plata. esa vez algo en él denuncinto ciaba un próximo viaje. La peligroso. y hasta creo que en el barrio pero la novia estaba en Santa Fe. y me ericé de miedo. antes de qne yo saliera. porque me era cordialmente antipático. Todo estaría bien estudiado y resuelto por mi padre. sin exponerme a mil sufrimientos. poncho de vicuña. y en este caso ¿a quién confiaría tan delicada misión? Por un momento pensé que podría pedirme semejante servicio a mí. mi padre se había difundido ya en la casa. Aunque habitualmente Jacinto vestía traje de campo. ancho tirador chapeado con soles peruanos y flotante pañuelo de seda rojo al cuello. chiripá. . con su edad y sus achaques? ¿la haría venir. a noventa leguas de camino noticia del casamiento de . a mil traiciones de mi propia voluntad? Porque un viaje a Santa Fe. noche y en el estrecho cajón de una galera tirada a la cincha. No me apresuré a ir a su encuentro. ¿Se iría él en su busca. llegó a casa JaOlmos el juez del mercado de la Convalecencia. simplemente? ¿O enviaría a buscarla?.II Casamiento por poder Aquella mañana. ¿ Cómo iba a negarme yo sin darle razones. significaba vivir con ella. hombro con hombro. y cómo obedecer. botas de potro. día. durante una larga semana.

y los avahares que esmaltaban el oscuro naranjal. el Era la tierra estaba — — Estaba tomando su mate amargo. /:Hn qué anda maestro? ¿está preparándose para algún viaje? ¡Amalaya fuera yo el del viaje! acabo de llenarlos de . Mientras yo me preguntaba si la presencia de aquel badulaque. Quise escaparme de Jacinto. caña doljle ¿Y quién es el favorecido? Ahí verás yo mismo no sé. crecían los yuyos.. ¡ ! — — La iniciación de la primavera ha tenido siempre la virtud de conmoverme. Tenía unas medias habas pegadas en las sienes. hendía el susurro del naranjal.ESTE 171 pues de tiempo atrás. tendría algo que ver con el asunto. El señor Baltasar me ha dicho que apronte la galera. con- . siones que todos esos preparativos suscitaban en mi alma. y alternaba las chupadas a la gruesa bombilla de plata. de los que ella misma preparaba con tabaco paracruayo y que mi pulcra tía no desdeñaba fumar a escondidas.A CORBATA CEI. dije apenado con las viSe los agarrará Lavalle. allí mullida y cubierta de plumas. mediante postillones propios. y escondrijo de las gallinas en las horas de sol. I. creaban un ambiente dulcísimo. — — — — | ! . donde las flores a lo largo de las tapias. y mande un chasque para que en las postas le tengan caballos. que las abejas perseguían. con otras a un cigarro negro. venía sosteniendo una activa correspondencia con los Matorras. con cara de tanta tristeza? me pregimtó mama Eclisa. que me vio pasar. entre el negro follaje. con su arrullo emocionante. y me refugié en la huerta. r'Oué haces allí. llegó el maestro Pancho con un par de chifles. especialmente las santamarías con sus estrellas de oro. Me senté detrás de la cocina. que iba al cuarto de mi tía. Una tórtola invisible. en una pila de adobes listos para algima fantasía arquitectónica de mi padre. Al pié de los naranjos.

..' ".^' : ^'1 ^fs'u!. r- ....-. . -vj't Ustedtiene más vueltas qtte un misal viejo.-!. .] --:.. >. mama ? — me haba ' le pregunté alzando los ojos plantado en jarras. ..(>.j. . hunai^o-.. . . r-i hasta ... ^^^l^-La inocencia te valga. -. que se .17^ -. -o -j'I. iVl. -. .[. ¡.. -Experimenté un desencanto.^.... frente a * frente.'.^^ '). ' .. .j-r¿ De veras. j. no lo has ma' iciado ?.i tra el dolor de cabeza... . —¿A — .a mujerona se echó a reír.[... mano. — Vaya! \Qué ganas de hablar tiene o.. . _ . Intranquilo y temeroso de ser yo el aludido por^.!. :..f.>. cosas..1 :... .:.-.. con tma risita de conejo.. — ... insistí con alguna violencia:-. si no me saca de. ^V'.p^.. y otro de plata.. ...->::r-:-... ^. por librarlos del. necesito qui^ me . en que a Jacinto Olmos se le revienta la hiél.. ?/ _-j?— Porque Dios todo lo sabe. me A'oy. bienl Otros q^ueri^an.:>r!i n/f:'nrt!/ ' ._ ^j7--Y vos qué ganas de negar la luz..TT-Por lo visto también a vos se: te..me va.. tu • :' n- ir.rStt .^-rrTrYo soy asi. ..! ^rr-¿Por ejempla? ..„.r.. 'í\\r. ..— ' >!.!•.-•.hí4^r .--. —¡Demasiado. obsequios ( r de4 rnaestro don Pancho.al^nin Dren...tagar^^ • .v)^-\<:'\ i:\'\V'.-.... í.. ^ rr.. y en el dedo meñique un anillo sacado de la cola de una iguana. . Qvé ella.de. de pura envidia ?....r . .llena de malicia.\\^\\> ur'-) ..roi:V...-:-. I ....Ti--¡ Óiganle al niño interesante! ¿No hascaido . mama peHsa.. ni me viene en esa historia? ¿Acaso nó ha elegido bien mi padre su nueva compañera i*. .! ¡'i nn'' ¡^íT lo'v oT.tenido su . - \ ..A\i. . i ustedrl-. .-.. mama Felisa?. i Qi^ién es el nue hoy envidia a mi padre? . '. al par que me miraba. . querríamos que nos arrancaran a tirones nuestros secr^<)5. r...-pr>^: Pero qi'é... ...-. ^ ..^-...: rf MÍ..!i -¡r — Kl casorio de padre.x^A: hu:-s? -M . ntoíl. moríiíero. Bueno. .?•....[ ^\..' ^-. . . Estaba encuno de e^sps roo-! méntos en que sin hablar deseamos ser adivinados y. 7 .> gíTTT-Menos averigua Dios y perdona.? quién se refiere.. r..K-curiosidad.su^ enigmJiticas palabras..._. angelito. han indigestado estas cosas... r:. .. .'. ..- ....'-í:. . ^¡.. entornados losi ojos....T HUGO WAST > /.

. que ternura y lástima.wc ::o ¡hiri^coc.íj los ojos en tierra.. -.rij..írvn-.>o.' I - : '.-. —Te perdoné -nO'! tentación de.'Pero " : r - prenflía entonces qué sentimientos luchaban eii su pobre :u:.. Benita-..¿. te movió a ha^^5'' -^ -^^' ^í-ui^-^íÜ::^ ^. con í:í:./iCSiCÍ — hiciste eso? ^i'--"^'^ :i:r.! I^A COSITA CiítESTE ijáffíiró í?5 '^Séahtr<¿6 Benita a llamar a su madre.i i-. las manos juiítas. ¡/ Mama Yo anduvo - tín^ rato :. eso adivinabas ¿por^qué no me lo dijiste?' .: procuraba expíicarme -su -Gonducfa.zim::. -• ¡^ ¡Yo no sabía que usted.' En el acto me arrepentí de mi ingenuidad.r-o/í:b>o i'b va .••:':. Mi respuesta fué una qtieja tardía e injusta: ^i^-í j. -- < ¿r-í^^ij'-4 .. Yo no cóm-¿-¡.. y la mulatilla dando vueltas por la cocina.-nJ . eso. .r-:b . pero luego obedeció a Htnálfuerza mjís 'grande que su instinto de discreción. {Xor fin.n¿ Por qué lo creías ? ¿ alguna vez te ha hablado -de rní ? ---^í Nunca Pero es cosa que se adivina. la^queí-ía' tanto!' '^ ' "-^¿No sabías? le dije con desdeíiosa amargura ¿qué sabías entonces.— Habiale prometido perdonarle el daño y el dolor -que me causara.soorii:'ü cer la denuncia?^ -La muchacha se -detuvo cerca de mí.i:rn si hablabas ¿¿"i-'? ^'^'J'fH-^ i i:: ño me ha perdonado. - :... Yo que a na- — : — — i- • .-^ ^¿Qiié caras son esas? ¿quíéiá te. "'^ í:. alma llena de misterios.: vm •'-' í::0 .r. ' — — .. '^"^- como •: si quisiera alejar violentamente —^¡Nó.. íjiartiriza? iíi !'? ¡^-í vattárfiente ' — — - - * i '• —¡Nadie! ¿Por qué .-.no másl Hizo una breve pausa. desgraciada?--'" orr. . -.ij:_5í.:.' y dijo í - .^rj Sacudió ía • la cabeza. '. responderme. '.: -! r. qué.almas. sin envanecerse de una sagacidad que yo no tenía yí que le permitía leer en ia¿. ¿ Vas a decirme.. niño 1 si está pensando en '.: -.s/íjIosij ! — i Mi hijita qtie sos linda ¡ amalaya no te fueras tanto Felisa se alejó.. -y me sentía capai de haberlo si ella me revelaba las razones' que la impulsaron. '-"'^ í:... >. -'-' Dijo ésto sencillamente.fji ímh '-' Greía que ella^ no másí lo quería a usted.' niño.

caía el sonido de una campanita lejana. yo no sabía". Qué extraña sugestión me hacía proceder así ? Repitió la frase de antes. era un insondable misterio y a la vez una maravillosa síntesis de poesía y de belleza. Las líneas dulcísunas de su rostro aparecían marcadas por un extremo desencanto. El maestro Pancho. servil a ratos y a ratos orgullosa y sensible a las injurias como una hija ds blancos. y temblaba. el universo infinito. Viéndome. hija de esclavos. que acudieron a su grito. Tenía los ojos llenos de lágrimas. cuando él se aproximó a la muchacha para contarle algo al oído. con tan conmovido acento que me impresionó. en el brazo extendido con que tiraba los granos. como si con cada palabra se hundiera un puñal en carne viva. se posaron en sus hombros. estaba esclava. como una gota de agua sobre un cristal: ¡clin. y veía pintarse delante de mí la divina figura de Leonor. clin! Mi espíritu evocaba escenas del templo. como la vi una mañana de junio. El mundo entero. en el atrio de San Francisco. Pero mis ojos eran ciegos para toda hermosura y mis oídos sordos para toda armonía. con suave susurro de alas. niño José Antonio En ese instante no era la altiva y reservada mujer que yo conocía. Yo no sabía que usted la quería tanto. Las palomas volaron. y fué a echarles maíz a las gallinas. entró en la huerta. se me acercó — ¡ ! : ¡ y me — dijo ¿ Sabes quién es el que se va a tomar esto ? . clin. extraña mezcla de razas. Y no la comprendí Se alejó sintiendo pasos. en su cabeza. En el ambiente diáfano.: ! 174 HUGO WAST desnudando mi alma ante una ¿ die confiaba mis secretos. Aquella infeliz. Algunas palomas se arrojaron del tejado sobre ella. llevando siempre los codiciados chifles llenos de caña. y con los labios trémulos y doloridos repetía su inútil disculpa "yo no sabia. no tienen más arcanos que nuestro pequeño corazón.

Y ahoel lo que juntar fuerzas. Sofocado por esas visiones salí de casa. al solo pensamiento de que mi padre pudiera confiar a Jacinto Olmos la delicada misión de acompañar en el largo viaje a su ra tiene pedirse. hubieran sido muy distintas de lo que íueron. hijo! Pero va a ser mozo del matadero. rodeaban al animal admirando más que todo la riqueza del chapeado. y no enviado de tatita respondió el maestro Pancho Por cuenta de él.. Me era imposible dominar mi inquietud. con pasadores también de plata. y haciendo rodar las coscojas del freno. y la onza de oro clavada en la frentera. frente a la puerta de calle. sí Ahora olfateando amorosamente la tapa de los chifles. —¿Se han dicho o es adivinación? — Tu padre está muy viejo para estas andanzas.! . Pero se irá por cuenta de él. Algunos chicuelos desharrapados. . rogando a Dios que abriera los ojos de mi padre. los gruesos estribos de plata. — — ¡ ¡ ! — — futura esposa. aguardaba el magnifico flete bayo del viajero. los Como Don Juan Manuel pasaba por graves lla cuidados en aque- época. Ha venido ese mozo a desporque se va a Santa Fe. Al cruzar el primer patio. las riendas de cuero. maestro Pancho — ¡Dios te oyera. las vías de Dios son obscuras. cavando la tierra con casco impaciente. deslumbradora bajo el sol de Octubre. Atado al poste. nadie pudo prever extraños sucesos que se originaron de aquella resolución. .. Me fui a la oficina airado y triste. ! tA CORBATA CELESTE ¡ 175 — Será usted. está de conversación con tu tía. vi a mi tía hablando con vehemencia y en voz baja a Jacinto. —¿Jacinto Olmos? —Así parece. Sin ella mi vida y aun la de mi padre.

': ces en el carnpo.''. En '. su partido haJbríá. . aL sur ..-.. ' '• / jvhélada expedición del general Lavable. voluntacles. íu. cuando fué eleg^ido por primera Vez..r. la an.postrera •. y .-' ^j'-í -i>.algvmos días el Restaurador vivió preocupado y ^'. revolución en la dudad.í -:.. y hqn' fracasado.:-.'.. i.iy..i!jr..:.. Pero un dia X llegó a constatar todas las. con fuerzas mayores. socavando su poder..r Uno de seía eh ...de.ene .. RÁraAsivia y Dorrego han gobernádo/con los ^morales. •^'•j\í-' Cuando el Restaurador.-7 Lli . en los primeros días de Sep- délos unitarios. el fanatismo y número» que ya no era el centro de y que. de ^gobierno. Juan Manuel.!•. /.vy a los indios crueles y bravx)s.ou Durante.. •" . ¡•nd jt-i . que lo conjuaraba a' Uevar sus buques. -í ansioso.¡:j/u cuiU . hizo abortar "-y! la dcí Maza..bied él íléscubriaiiiento de fCÍQn estaba -íí >(. sino tambrcn a la dase ititermedía de modestos estancieros y comerciatites. donde se estaba organizando la. -Í0& fásicos''. quedaron sus raí- la nconiuraeíón . tíO' Si I vavalle hubiera cedido a los ardientes :daiñorES.de -fMartínez: Castro.:í:. sus motivos de orvallo era ^ el prestigio que poj: laxampañade^ Buenos Aires. revolujrjqióa.1o vetieraban Como a tm dios. 'ignorando el rumbo de su adversario. la provincia de Buenos Aires.: toria definitiva contra don. ' ^ no sólo al paÍ3atiaj& ignaro.':: . iatnparados por la escuadra francesa. oLii-Sá.^ Eia2'jde' Septiembre de ese año había zajpado de la isla de Martin García. que lo adinif&hñ'ylo temia.^/ '•>: : - : ..'. ganado catorce años antes Ha vic. "El pueblo de la República se divide en <Jos clases: los físicos y los moraies.:].:. qué con empeño y labor se iban enriqueciendo y adquiriendo imporasí Llamaba toi Gobernar cofn los físicos el ¿ra tener en su f avot la í uer- 'jza. Yo gobernaré con cierta ocasión.> tí q oÍíbook. iídlusióa ^ande.vr---:'] t.í! : í^SUGO WA9T. >. en el ceTitro-:del Río de la Plata. <(. una -sorcla y misteriosa oposi. •-•:. qué . desarrolló ante mi padre atónito su' programa. Pero el jefe unitario tenía un plan más vasto: quería -conquistar primero las provincias^ para hiarcliar contra Buenos Aires.

arriba de mi mesa hallé una carpeta con el rótulo escrito de su puño: "Cosas de Dolores". y en ella un papel enviado por el juez de paz de aquel pueblo.Venga. por el contrario. Ilus- trisima el señor obispo de las Balchitas. Wa3T. Esa mañana. sino el hijo espúreo de un portugués Aicardo. de color morado.: ! LA CORBATA CKLÜSTIi 177 tiembre recibió la nueva de que su implacable enemigo se había ido a librar batallas inútiles a Entre Rios. por vendido a lo cual no era extra- ño que se hubiera los unitarios. hallado en la calle. nacía de otra cosa.-7. W. advertí más despejado su ceño. ¿Habría recibido nuevas satisfactorias ? No había tal. se abrió con estrépito la puerta de su despacho y entró un personaje con vestiduras talares.. Su traviesa alegría de esa mañana. Balbastro: voy a presentarle a S. en el cual se anunciaba que pronto "ensartarían al tirano Rozas y a sus viles aduladores en las lanzas de la pirámide de Mayo.. Pero don Juan Manuel. más fácil amena su terrible palabra. Fué por entonces cuando él mismo echó a rodar la espepecie de que ese hombre no era un Rozas. S. y mientras yo estupefacto me preguntaba qué obispo era ése. que presentir el fin de un reinado en las almas fuertes y sencillas de los hombres de las estancias. agua lleva". con su limpia y hermosa letra española. según se decía. La corhala celeste i 2 . . se frotó las manos alegremente ¡ Lavalle es una espada sin cabeza hiriente para la vanidad del Restaurador. — Ya decía yo que Nada más y su indignación crecía con la sospecha de que el promotor de la insurrección era su hermano Gervasio." El juez de paz transmitía en una nota su opinión: "tal "pasquín" no era más que un desahogo de gente discola. escribió al pié de la inocente comunicación: "Cuando el río suena. No bien hube acomodado los papeles para empezar mi tarea. don Juan Manuel se puso de pie y corrió a recibirlo. sin importancia".

Nadie podía extrañarse de las bromas pesadísimas y de las escenas grotescas que el Restaurador hacía soportar a sus adversarios y aun a sus amigos. lo mandaría a predicar en el Socorro lo que el cura Buitrago no se animó a sostener. Se presentaba tal como lo hizo en 1838. esperando por momentos que el Restaurador lo arrojase a puntapiés de su despacho como so/ia acontecer. V.! . Don Juan Manuel se echó a reir. Se lo va a llevar el diablo. ante don Estanislao López. el gobernador de Santa Fe. para que oyesen los de afuera. y jugaba al — — ¡ ! . El innoble personaje no sabía qué cara poner. No me atreví a contestar. que yo fui concebido sin pecado. y venga a besar el anillo de su Ilustrísima Hice de tripas corazón. Si éste animal supiera hacer un sermón. puerta de su despacho. .. E. por miedo de inducirlo con la contradicción a poner en práctica esa barbaridad. pero no avanacababa de reconocer al famoso histrión de la cé más casa del Restaurador. se escondían propósitos graves y aviesos. exclamó don Juan IVTanuel.. : Me — ¡Arrímese Balbastro. sabe que yo soy librepensador. respondí con ironía: Señor. don Trifón Buitrago. como fué el caso del general López. en el Puente de Márquez... Balbastro Pero tiene razón este puerco hace mil años que no se lava. 178 HUGO WAST aproximé dos pasos al recién llegado. señalando al desgraciado bufón. vaya su Ilustrísima a ver de mi parte a mi excelente amigo el cura del Socorro. abriendo la Bueno. en aquella burla trágica con que don Juan Manuel amargó los últimos clias de su viejo amigo. y digak que si él se halla achacoso para hacer en su iglesia la fies- — — — — — . el mulato Eusebio de la Federación. y no resolviéndome a prestarme nauseabundo besamanos. me dijo. — estúpidamente con su pectoral de estaño. Pero bajo la aparente frivolidad de aquellas truhanerías. Kl obispo de las Balchitas aguardaba con la cabeza gacha las órdenes de su amo.

. Leonor. dre. —¿Cómo? — ¡ — ! exclamé apretando los puños. En ese momento la recordé con rubor. Una vez le habia oído sentar una terrible verdad "Dicen que yo me burlo de los hombres. — ba Mi padre salió a mi encuentro y me dijo: La cuestión está resuelta Se me hacía ¡ ! cuesta arri- el rosos. Júzguenme otros: no quiero aducir argumentos en mi mi vida. —¿Ah. ! — — Ella me ha dado solución: no me — Y quién se casará? — interrogué con la el casaré yo con el corazón pal- pitante.! : Si LA CORBATA CELESTE ta del i* 179 Su Señoría lo sustituirá. el patio. i — Ya conoce en cara — Pero Zenobia es una mujer de oro. lo . jMí tía se nos había reunido. pero ellos lo merecen. había entrado en casa un viento de alegría. defensa: prefiero contar héroe. Hallé a mi tía Zenobia en sas. sintiendo que al callarme y seguir a su servicio me hacía merecedor de su desretrato. aunque siento los bríos de un mozo. y aquélla quedóseme en la memoria para siempre. . sin presentarme como Durante mi ausencia. — cozón : dén. sí? — De oro en paño —¿Y cómo ha descubierto ese metal se le la ¡ ponerme en tan largo viaje con tiempos tan azaa mi edad. y de un pesechó afuera. y guiñó que con picaresca sonrisa me contestó Se casará Jacinto Olmos ojo a mi padre. ¡ en ella? pregunté seguro de alguna marrullería de la excelente hermana de mi madre. por su servilismo". espulgando sus roy mirando a hurtadillas hacia el despacho de mi padonde sentíase el monótono rumor de una voz que recitaba algo. No eran frecuentes en él tales expresiones de sinceridad.

aspirando a plenos pulmones la vida y los perfumes del día primavese paseaba por el ral.]80 HUGO WAST Sí. ternal. Mi padre y yo sus callaba secretos. y a Mi tía nos miraba alternativamente mí me sonreía con aire compasivo y ma- Dios sabe lo que hizo cuando creó hembra a mi tía Zenobia. como un delincuente. lo habría suplantado con sus arterías y su dijo. primer patio. Por lo difícil de las comunicaciones. que teme descu- brir a los dos. le he otorgado poder para efectuar el matrimonio en Santa Fe. que de haber nacido varón. los casamientos por poder. no es Urquiza el que derrota en Caseros a don Juan Manuel. eran entonces azás ^Jacinto ñor — — — frecuentes. tengo locro de lia al comedor con una sopera humeante trigo. era un escribano y se marchó haciendo reverense iba a Santa Fe explicó el buen sepor algunas diligencias. Salió en ese momento la persona que estaba en el despacho. porque antes ella diplomacia. que hoy parecen extravagantes. Se casará por poder mío ! Acabo de firmar la escritura. Pero como no sería correcto que viajara una joven soltera en esas condiciones. Pero aquél me pareció una locura. anchuelo y estofado con pasitas de uva. vino a despedirse y Zenobia encontró que la ocasión era de perlas para que se trajera a Leonor. — — — . ¡ — cias. viendo que Benita marchaVamos a comer.

pero los extraordinarios sucesos que me estaban acaeciendo. atizando. Lo primero que traté de aclarar. don Tarquino pareció empeñarse también en que el enamorado caballero se saliera con la suya. yo me empeñaría en que se llevara al sepulcro la palma de la virginidad. al efecto. los fuegos amorosos de don Tarquino.III Una mentira ¿Quién conociendo mi secreto. suscitaron en mí una artificial sagacidad. y lo que es más raro. Si ella aspiraba a ser mi madrastra. Sospechaba que si intervino éste en el destierro de los Matorras. sin dejarme sentir. me hubiera creído aliami padre en su noviazgo? Sin embargo. fué el propósito de mi tía al meterse con Jacinto. única vez que el taimado lusitano pisó el poncho y no debió tardar en comprenderlo. . En aquella edad más bien pecaba de ingenuo. Ivos caminos de la dama eran tenebrosos y sólo pude vislumbrar que nunca facilitaría el casamiento de mi padre con Leonor. y me dispuse a contrariarla. Y fué sin duda "^e la . fué inducido por mi tía. Yo no he sido nunca malicioso ni suspicaz. que se guardaría bien de explicarle por qué deseaba el alejamiento de do de Leonor. eso ocurrió.

porque más tarde se volvió mazorquero. los tenderos. padre. Desde la testera la ciudad de nuestro salón presidía nuestras fiestas el magnífico retrato de don Juan Manuel. como entonces ocurría con frecuencia. No debemos faltar.182 HUGO WAST pues pronto sentí que don Tarquino se empeñaba tanto como yo en favorecer los planes de mi padre. y yo mismo pude observar más frialdad en los ojos azules de don Juan sin Y Manuel. para desvanecer las sospechas de la policía. v tomó un polvo. que recorría a diario. un tanto preocupada — ya . En del bolsillo una caia de rapé. ¡Vaya! — — dijo mi tía. aunque no estoy muy cierto de que nuestra presencia les sirva para el caso. Por donde su malicia vino a aliarse con mi inexperiencia. tatíta? alarmado. por el gusto de charlar con : . que probablemente se transformaría en un baile. y a menudo escuchaba conversaciones graves y mi tía la más activa propagandista de la Federación. . interrogué. sospechosas. Porque en casa de don Juan Manuel observan que no somos los de antes y que nuestras relaciones son — — — — — — — . obra de Descalzi yo era depositario de muchos secretos políticos. un conspicuo señor de aquellos tiempos. respondió mi padre. Mi tía nos dijo: Quieren tenernos en su tertulia. un tanto i Por qué lo dice. y a quien no nombraré. tapa del precioso objeto resplandecía la efigie del Restaurador. El clia!eco de mi padre era el más rojo de Sacó la ni Marino lo tenia igual. tenido por unitario. embargo sentía ser verdad lo expresado por mi Rumores nos habían llegado de que en casa del Restaurador se murmuraba de nosotros. en las tiendas de la ciudad. envió a sus hijas a que invitaran a mi tía Zenobia a su tertulia. Al día siguiente de partir Jacinto.

: ! LA CORBATA CELESTE ¿\ 183 palabra de ir a esa tertulia. sin puntada es por marrullerías tuyas. sa'imos. el escote confortable y firme como una mesa de mármol y prendido el moño colorado de rúbrica sobre el mechón blanco. Por cierto que nuestros abuelos y sobre todo nuestras no necesitaban mayores estímulos para aquellas inolvidables "reuniones caseras". Don Juan Manuel por contrariar a los emigrados. la cintura briosamente ceñida. complacíase en que se realizaran testulias y fiestas. así que iban llegando visitas. que se derramaba en negros tirabuzones sobre los hombros. Yo daba el brazo a mi padre. Benita alumbraba nuestro camino con un farolito por- . con su vestido de tul. Al toque de ánimas. que ponderaban su tiranía. que envolvía en un manto de plata la desnuda piabuelas. pero sobre él. Mi padre no era hombre festivo y menos en esas circunstancias en que se hallaba. y terniinaban a las doce. Y agregó más bajo. y delante iba mi tía como una chicuela que lleváramos a la fiesta. duda. esponjada como una lechuga. no bien empezaba a bostezar el más viejo de los dueños de casa. ctiardo mi padre se alejó: —Si se habla de nosotros. y enviaba a sus hijos. rámide de Mayo. lo que se ha de empeñar que se funda. que era bienquista aún en su casa de sus enedon migos. bajo la mirada fría de la luna. sin nudo oh amada Zenobia. a media pierna. del cual no había ni noticias en la artificiosa cabellera. que se iniciaban a las nueve de la noche. a Juan Manuel o Manuelita. será por chismes de don la Tarquino. ^ Contesté para mi coleto. había concebido la esperanza de que Juan Manuel la ayudase en sus empresas amorosas. af^radable carita de mi tía considerando la traviesa y —¡Si no que no das Ella. como sobre todos. pesaba la obligación de mostrarse alegre. Cruzamos la plaza dormida.

en especial las muchachas. entoldado por un soberbio parral de hojas tan tiernas. al atardecer recogían las sirvientas para llenar los copones de los santos. Apreté el paso. huerta nos traía la brisa tibia de la noche el enervante perfume del naranjal. me invitara a sentarme en la paz del jardín. y entramos al primer patio. Salvamos el zaguán donde se quedó Benita. tana — Mira — mí padre. los jóvenes. mi tía llevaba a la gentil que solía darle noticias al regreso. Oíanse ya los compases de minué con que se iniciaba el baile.184 FIT'GO WAST tado a ras del suelo. esa índole. pero cuadrando el patio alzábase un segundo piso con balcón. los artificiosos y monumentales peinetones. cuyas frágiles florecitas. envidiando a las niñas los ricos vestidos. El caserón era chato. poco afecto al bullicio. En la sombra del segundo zaguán parecióme ver una silueta que se escurría. se agollas puertas del salón. . Mi tía y mi padre entraron al salón yo. señalándome aquella — ¿no recuerda balcón de Julieta? — Oh Romeo. y al desembocar en el otro patio me hallé con el aludo sombrero y la flotante capa de don Tarquino Fonseca. y talvez los gaal paban ante lanes. vacilé en hacer lo mismo. que la luz de la luna las atravesaba como un cristal verde. Romeo — murmuró mi dijo te el ! i ven- tía enterneci- da por la De la sentimental reminiscencia. el ancho y lóbrego zaguán de las casas de entonces amontonaba la servidumbre que acompañaba a sus amos al baile. o sentados en el umbral que daba En se patio. Siempre que salíamos a fiestas de y maliciosa criada. y admiraban la fiesta. las alhajas. . Los criados viejos se dormían acurrucados en los rincones. No fuimos de los primeros en llegar. con galerías de arcos macizos. en que se enredaban las guías de un maravilloso jazmín de lluvia. deseoso más bien de que alguno de los dueños de casa.

Don Tarquino esbozó algunas genuflexiones y desapareció. —No crea que me extraña — tiempo acá. cubiertos con el clásico chaleco rojo. porque caer en su gracia era obtener patente de buen federal. bajo el parral. Miguel de Rij^los. la cuñada del Restaurador. Sólo yo me incliné. No contestó..ESTfí 1S5 le repliqué. bailando el minué con el señor don Pedro de An- — ¡ ! gelis Balbastro.o de las que daban áov. ni era la tertulia del viV. — — — . Sin ser íntima de la casa se había introducido hasta la huerta y me pareció que don Tarquino ya había hablado con ella esa noche. atendiendo a tanta buena moza que lo codicia. le una tertulia — me — — Federación. por la manera cómo acogió sus palabras. ponían reflejos de sangre en las cabelleras de las mujeres. provocando la envidia de muchos. No era muy grande el salón. donde flameaba el moño colorado. su lengua viperina! contestó sonriéndose complacida. de un ocurren cosas nuevas. personaje prominente en la política interna de la —¡Hola! ¿Usted por aquí? —Raro es en verdad hallarme en respondió. LA CORBATA CEI. . sin responder al saludo que nos hizo. Las radiantes arañas de caireles. ¡Vaya con don Tarquino Fonseca! ¡está perdiendo la buena costumbre de acostarse temprano! Me volví rápidamente. cuando debería estar en el salón. tendré el gusto de entrar al baile. o doña —¡Acalle . Si misia Josef ita quiere honrar mi brazo. y parecióme que sus ojos descoloridos me miraban torvamente. Mi señora doña Josef ita Yo la hacía en el salón. Lo extraño es que usted ande todavía al sereno. y yo penetré en el salón conduciendo a la dama y despertando celos realmente. y reconocí en la figura chiquita y nerviosa que se nos acercaba a doña María Josefa Ezcurra. a ver quién hablaba. y en el pecho de los hombres.

deseos. Balbastro. que quiero agradecerle el canasto de papas de Francia que me ha mandado. CasteUi y demás conspiradores. cuyo ejército los unos deseaban que cayera sobre Buenos Aires y los otros que se disipase como una tromba y dia a día también nos llegaban rumores de lo que tramaban en el sur Martínez Castro. anlielando uno lo que temía el otro. iba a la reunión cargado de preocupaciones. cuyos ojos avizores habían medido ya el grandor de los moños colorados en todas las cabezas. y el rico dulce de tomates hecho por Zenobita. y federales distinguidos. no Manuelita había penetrado mi secreto. Dígale a su tata. porque de no ser así. Cuando entré su mirada pareció decirme que compartía mis penas. se amasaba en mi alma con todo género de pesadumbres. recelos políticos. Estaba ella junto al piano. y acallando el latido del corazón. pues. por unitarios de la flor y nata. y empecé a buscar manera de alejarme de misia María Josefa. ¿Pero hasta dónde adivinaba las cosas de mi alma? Cambié algunas palabras con los dueños de la casa. los Ramos Mejía. donde mesa con manteles de vieios encajes y vaPero aún asi. Una ancuya clave nadie poseía. y volvía las hojas de la música que una amiga tocaba. engaños de amistad. avalle. Cada uno. Habíase refugiado en esa ocupación para huir de su corte de admiradores falsos y empalagosos. Seguramente son ustedes buenos federales. y tasado la alegría que podía existir en cada uno de los corazones. ¡ ! — . estaba muy bien concurrida jilla de oro. sus ojos no me habrían atraído con tan dulce imán. Día por día habíamos estado recibiendo noticias acerca de I. desencantos de amor. en sus fastuosas mansiones. Oh. gustia. que pudiera revelar los recónditos se tendía la . Sólo yo no sabía qué me era lícito esoerar. y los dulces y licores con que se convidaba eran de lo más exquisito que fabricaban las monjas. Rico.186 HUGO WAST Mariquita Mandeville. que se arrime un ratito.

muerta de curiosidad por saber lo que despertaba tanto regocijo en la vieja dama. risas. joven.LA CORBATA CEI<ESTE pero las 187 papas demuestran que andan en tratos con los franceses. la cuñada de don Juan Manuel se le- . misia Josefita contestó mi padre que se arriMu las ha traído en su ballenera en ese instante. das. Desde breve distancia mi tía nos devoraba con los ojos. tita ? cosas que se cuentan no lo son. — mó — — . hasta que él mismo no me diga lo que ocurre desde ayer. un ami^TQ ¿e Montevideo. No diga! podría creerse que los hombres resuelven un casamiento sin darle la importancia que le damos las mujeres. responmientras mi padre se hacía fresco con una pantalla. ¿Pero es cierto lo que me han contado. Como quiera. se disponía a ceder su asiento a mi tía. cariños. interrogó mi padre. y cuando una joven que estaba junto a misia Josefita. nos ocuparon un medio minuto. señora'* to por la mortificante risita de la sagacísima señora. si era menester. y se precipitó hacia nosotros. . preguntas y respuestas rápi. inquie. se la agradezco con la mucha agua los zapallos se han achinchado. Desde ayer. dí yo. Xo se vaya. de su ta- — No. ruborizado como un colegial. al oír a mi padre. Saludos. pero me golpeó el brazo con el abanico. para terciar en el debate. Hice yo una reverencia para alejarme. No recuerdo que ayer ocurriera nada interesante. y ningún regalo más oportuno podía haberme hecho. cae? ¿es verdad que se ha cansado de su viudedad y se nos casa? Habia un gran calderón en la música que se tocaba en — ¡Ah! — Ahora ese momento se hizo un silencio mi tía percibió las últimas palabras. exclamó ésta. — — Muchas — — — — — — i — — .

señor Balbastro. . La pianista cesó de tocar y se volvió en su taburete a conversar con uno de los mozos. colombiana. buscando un lugar donde sentarnos. Se alejaron los dos y yo me incliné solemnemente delante de mi tía. se lo acercó a la oreja y se puso a escuchar los misteriosos rumores del mar. le dijo Vamos. y al cabo de un rato abandonó aquella íntima conversación que estaba despertando . José Antonio. : 188 HUGO WASX .! . Si pudiéramos oír así los secretos de las gentes Qué han de interesarle a usted los secretos de na- — i — ! — ¡ die! — —¿Por qué no? ¿acaso no tengo amigos? con — Sus amigos no tendrán —Así debería —. vantó con agilidad de ardilla. Me alegró verla disgustada. y me aproximé a Manuelita. que sonaban allí dentro.Y no — No. tan bonita. Aunque ella también parecía desear mis confidencias no encontró el camino de ellas. . que se había puesto más colorada que su moño. es así? la su corazón y dígame. ponga mano sobre ¡ secretos usted. Le ofrecí el brazo y nos alejamos de allí. y nunca los tendría para usted. mirándome honCómo habla el mar damente. que había como apreta papel encima del mueble. y respondí tengo secretos para nadie. no sea desatento con sus amigas hágame dar unas vueltas en esta contradanza — . y cogiéndose del brazo de mi padre. No me atrevía a confiar a la amable muchacha la inmensidad de cosas que desbordaban en mi alma pero tenía deseos de que me arrancara pedazo a pedazo mi lamentable historia de amor. —No el pecho. y Manuelita tomó un caracol marino. ser. Puse mi mano sobre . que continuaba junto al piano. exclamó. : .

se haElla seguía hablándole bía sentado cerca de nosotros. y como una sirvienta le alcanzara el rico mate de plata que iba circulando por toda la rueda de señoras. vido. norcita ¡Ji. con mucha animación. Doña María Josefa. la sala y se puso a hablar de cosas tatita me dijo de pronto. pasión mortífera. ¿Has oído.! LA CORBATA CliLKSTfí 189 mucha curiosidad en circunstanciales. — No do sobre mi una angustiosa mirada. —¡Y ha mandado a casarse por usted! lo . enterada ya del no- . y a cada final de frase restallaba ¡ — Vea a su Mi ! — y se había puesto lícomo si hubiese visto flotar sobre su cabeza una amenaza más grande que la muerte. Su interlocutor parecía aterrado. — contestó mi padre quedamente. hasta que lo consumió. se puso a chuparlo concienzudamente. Lo que es el amor! ¡Ji. José Antonio? — —Sí. . Doña María Josefa no tra presencia. su risita majadera. pareció incomodarse con nues- —¿Pero no sabía usted. tatita. amigo mío los vientos — dijo — que Ja- cinto Olmos ha bebido Matorras? sabía. padre. créalo I^.íi padre se pasó la mano por la frente. humedecida en un sudor de agonía. . prosiguió: Pero le queda un recurso — — ¡ ¿ Cuál ? loca se pintó en el rostro de mi paque aguardó la respuesta abriendo los ojos. y las manos y la boca. — Quiero ¡ ver que le pasa ! — dije a Manuelita y nos acercamos. durante años por Leoechanji. ji. La vieja señora me hizo una guiñada. — —¡Jesús! — exclamó Manuelita. ji! Se casará por su propia cuenta. ji! En los viudos es una La esperanza más dre. acompañando a doña Maria Josefa.

sin haber podido escuchar el resto de la conversación. Me que doña María Josefa. no baga tan tristeza que advertía. Todas esas cosas se me presentaban a la imaginación De lO único que estaba cierto era de revueltas y vagas. en la sombría habitación. un negro pianista. malos augurios para un amigo tan bueno como don Bal- — tasar. maldiciendo mi cobardía. No quería hablar con ella. la yo. y mi padre fuese herido en su más cara ilusión. contratado pala tertulia. por mi culpable silencio. y metía un torrente de rayos plateados por la ¡ ! ventana abierta. que de mi torturado corazón no se borraría nunca la imagen de Leonor. prevenida taba de suscitar los recelos de mi derado. contradicciones del pobre corazón humano Yo estaba en contra de mi tía. escabulléndome de las miradas de mi tía. Eso mismo hubiera hecho había dado cuenta de por el portugués. Leonor corriera los más graves peligros. . aún cuando fuera para hacerme sufrir. El maestro Roquito. Se formaron nuevas parejas. Oh. La luna había hecho un buen camino. y relacionándolo con la misteriosa Tía Josefita. Varios contertulios habían salido al patio. que me llamaba con mal disimulada ra desesperación. y resignándome a que. daba de lleno sobre el balcón. trapadre contra su apo- mor de que me confiaran a mí fiaron. a respirar tm sorbo de aire. un apuesto militar me tomó mi compañera. y lo que me atraía en Manuelita era el saber que ella podía decirme algo de la hija de Matorras. todo lo que anhelaba. compuesta por él. lo refería inconscientemente a ella. ocupó en ese momento el taburete y empezó una briosa contradanza. salí al patio. y en favor de mi padre. o a fumar un cigarro. en mí. y yo. bajo el parral.190 HUGO WAST viazgo de mi padre. a no mediar el temisión que a él le con- Había pasado un día de intranquilidad. Todo lo que veía.

las arenitas crujían bajo nuestros el pies. Recordé entonces lo que había oído contar de la pasión que el hijo mayor de la casa alimentaba por la hija de don Juan Manuel. estaba una de tantas negras que en aquellos tiempos vendían alfajores y tortas a la salida de las reuniones. templó mi voluntad. la despertó a puntapiés. porque excecraba al Restaurador. cabeceando junto a su tipa. _ Al cruzar la plaza. Abandonamos el salón a la media noche. En la acera. y contestó con sequedad las dos o tres preguntas que la Tomó — No es — — . curioso de oír lo que dijeran pero mi padre no tenía ganas de comer ni de hablar. Yo los seguía a un paso de distancia. pero no lo encendió. para agasajar a mi padre. en el zaguán. que estaba de mal humor. Mi tía se le acercó y le compró una pañuelada de bizcochos delgados. observó mi padre menester. oíase el melancólico bordo- neo de una guitarra. y añadió por lo bajo: Se encierra así. Se le prendió del brazo y lo convidó. calientitos aún.LA CORBATA CELESTE 191 Cuando el pianista callaba. cuando viene la niña ]\Ianuelita. y mi tía. El ejemplo de esa alma viril. ella le hizo. hay un luna espléndida y estamos a pocas cuadras. hallamos a la nuestra. me contestó con un gesto significa¡Es el niño! tivo. donde se habían dormido todas las criadas. Quizás no hubiera sido mal acogido por ésta. como que tiempo después murió en las fi- — — — — — las del ejército unitario. pero nunca le habló. ¿Quién toca allá arriba? pregunté a una criada que ofrecía sorbetes de guinda. Yo también sabría dominar mis sentimientos para ser leal con mi padre. — China ¡ trompeta ! ¡ Yo te voy a hacer dormir en ca- sa ajena! muchacha su farolito. haciendo más notorio imponente silencio de la .

de románticas arcadas en que el resplandor de la luna pintaba sombras inmóviles. ¿ se los te es. él ? ¿ Por qué no habló ? por qué no hablé yo. que- — — — i — — — — — Siéntate Yo me senté emocionado y confuso.. El corazón me latía con fuerza. aunque él callara — No ha sido misia Josefita Me dices fué otra persona — señor. sentí un movimiento casi de alegría y también de confusión. . . la que me ha dicho esto. . hilo voz. Oíanse distintamente los pasos del sereno. sobre la vereda enladrillada. al trancar la puerta de calle. Se levantó muy agitado y dio algunos pasos por la pieza. . tan cumplido y afectuoso. y se fué a su pieza. por haber sido tan poco sagaz. Hasta entonces era verdad lo que respondía. señor. . no respondió. murmuró. yo esperaba que terminara su frase para echanne en sus brazos y confesarle — ¡ ! — — toda ¿ la verdad. —¿Vas a decirme verdad? — —¿Has tenido algún compromiso con Leonor? — No. pero mi poco valor me hizo caer luego en una mentira a que me aferré por cobardía y amor propio. y el gran patio. : l'üS HUGO WAST ciudad dormida.. Cuando hoy me lo diEs extraño jeron. ¿ que ha mentido ? Sí. Llegados a casa.! . la Sí. mi tía interrogó a mi padre ¿De qué te hablaba esa cotorra vieja? El. señor. Si será verdad exclamó mi tía despechada que la María Josefa es una espía de don Juan Manuel! gritó mi padre ¡ven! ¡José Antonio! La puerta del cuarto de mi tía cerróse tras ella con violencia. — Entonces mienten o engañan que daban por su novio? —Así — respondí con un de ¡ dó silencioso y vacío. Ahora.

que puedo ser su tatita ? estuviera esto? enamorada de algún otro ..! . muchos jóvenes unitarios habían abandonado la ciudad para internarse en la provincia. — Nada habrá entonces. — No podrás. — Sabes que todos que salen de ciudad. yo no me creo digno. partiré yo. buscando ocasión de pleH. hay que partir a la madrugada. ¿Lo crees imposible ? Nos lleva un día de ventaja.. sin pai ! . pensando en su dama. tatita? ¿No quieres ir tú? Oh. don Juan Manuel no dará permiso. Partiendo yo. contestó mi padre con Menos me acobardará a mí. ni capaz — — — — — — . me he dado cuenta de que no me engañaba. —Eso me digo yo ¿por qué no ha ella ? ¿ Volví la cara y mi gesto pareción una negativa. Í. a raíz de la campaña del general Lavalle.. y mi padre. elijo: No hay que perder tiempo en vanos reproches. ¡ — — — — Bueno. — Partiré sin su permiso. Wast: La corbaia celeste 13 . Necesita hombres adictos a su lado. para alcanzarlo . tras un rato de reflexión. —¿Y tú por qué no me advertiste? — No estaba del todo seguro.A CORBATA CELESTK 193 —¿Y crees que me querrá a mi. un ademán medioeval. padre — Por qué no ha de quererlo. y eso era verdad. Alcanzarlo Sí . —Y yo acompañaré. ¿Pero no sabes Jacinto Olha festejado? mos ¿Por qué ha dado esa misión? Eso — Eso Mi padre me miró extrañadísimo.. Balbucié esa vergonzante excusa.. Oyendo esto mismo a ¡ si la ¡ si ! ¡ sí ! le lo otros. . ! de quererme? Si ¿ Sabes algo de — Nada sé —respondí amargamente. ¿Va a partir usted. lo te ¿ los la saporte tienen pena de muerte? En efecto. y es hombre a quien no acobarda un galope largo.

que. — Me El tenía los ojos llenos de lágrimas. me quedé dormido. he pensado que me habías escondido tus sentimientos y que tal vez te burlabas viéndome enamorado de la misma mujer que te amaba a ti. Oyendo lo que otro me decía. Parecíame que esto me hacía digno de conservar. ya que no de usar. Sobre mi almohada. aquella corbata celeste. — tienes — . y yo me refugié junto a su pecho. con la exaltación de su amor. y me retiré a preparar mi maleta. confesé que sentía un placer íntimo en marcharme forma tal. Hijo mío exclamó mi padre. El Restaurador. . cualquiera que sea mi suerte. me dijo con voz entreque perdonar. éste me tratase como a enemigo. sin pronunciarme en contra de don Juan Manuel. mojada en un llanto que me llenaba de vergüenza. 194 HUGO WAST al llamado Ejército Libertadlor. abriéndome sus brazos. y quiero acompañarlo. Ya era tarde para hablar. Cerré la boca y oí todo lo que me quiso decir. Luego me mandó a despertar al maestro Pancho. dio un decreto considerando desertores a los que garse así se me importa. volví a besarle la mano. — No No la marchaban.. y que yo en adelante guardaría escondida hasta de mis propios ojos. furioso contra esas fugas que relajaban la moral de sus tropas. que su antigua dueña debía de haber olvidado. para aprontar los caballos. cortada. en — i ! — sollozo. Cumplida su orden. he pensado mal. Dios sabe a qué peligros se expondrá usted. ahogando un de ciudad.

que traía el pasaporte de mi padre y del maestro Pancho y orden de don Juan Manuel para que yo fuese temprano a la oficina. al alba. para templar con ese gesto familiar la dureza de su voz. y no lo reconocimos hasta que llegó. IV La Dos revolución del Sur recios aldabonazos dados en la puerta de calle. despertaron Era un —No puedes acompañarme — mi padre mente. le abandonen amigos exclamé con ira así trata él a Peor que a sus esclavos. Tú no sabes qué motivos tendrá el Restaurador para no dejari ! ¡ — Sus — — — sus amigos! — — te partir. Razones dijo triste- . Todavía no era día claro. asesando .. que corría a nosotros como rueda una bola. iré ! los tendrá don Juan Manuel para impcidir que sus amigos. José Antonio. —¡A pesar de todo con usted — respondí — ¿están prontos caballos? —No hay que tentar a Dios. me esclavo de doña María Josefa. Le interrumpió un personaje pequeñito y obeso. absorbiendo un polvo de rapé. Verdad es que nosotros nos ganamos sus manoseos con nuestro servilismo. ¿ Por qué hablas así José Antonio ? me increpó él severamente.

Se la han llevado a don Juan Manuel que dormía. reAhí está Antonino Reyes sentido por la duda y las palabras de su viejo amigo. Don Juan Manuel se ha vuelto loco Me lo acaba de contar Antonino Reyes. confirmó lo dicho por don Pío. tan de madrugada — Baltasar.. Anoche. se los han llevado también. dijo don Pío León. — Pío. . ? . Así que han venido otros partes. i sudor que le rezumada la boticario apoderándose con avidez del que traía cebado una criada. . estando éste en el Teatro Argentino. Reyes. . con la cara vuelta contra la pared y sin pronunciar pa- — Me ¡está loco! parece. ni ha respondido siquiera. con otros oficiales de la secretaría. él que es tan madrugador. no contesta palabra. contestó mi padre que hoy te has desayunado con algunas "sangrías copetonas" y como hubiera acabado sus preparativos de viaje le tendió Parto ahora mismo la mano en señal de despedida. Pregúntale a él. dijo. Y sigue durmiendo. La noticia de la revolución del sur había herido tan profundamente en su orgullo al señor de Buenos Aires. quiero llegar a Flores. devolviendo el mate a la cebadora. y no ha querido levantarse. que era el jefe de oficina en la casa de gobierno. ¿ el Tenía la lengua pegada al paladar. Brevemente. tal es la impresión que le ha causado — ¡ ! la noticia. que estuvo horas y horas recibiendo los partes urgentes. ¡ ! . les han dado la noticia traída por un chasque de que en el pueblo de Dolores ha estallado la revolución. y viéndonos solos. Pío — — — — — — — labra. noticias. Oímos un nuevo aldabonazo en la puerta de calle. . hay graves — Cálmate quieres un mate — Dame — exclamó Sí. empleado de su secretaría. antes de que salga el sol.! : 196 HUGO WAST el y secándose con un pañuelo calva.. que salió a traer otro. . Escudriñó con ojos azorados los alrededores.

a pesar de sus Al fin. la calle ir mayor En para estaba ya la tropilla que llevaría mi padre. celoso de su poder y ambicionando arrebatárselo. sobre la fuerte bota había amarrado unas lloronas de plata. que pesarían su par de libras. mas. Deseaba ponerlo a buen recaudo. había sustituido al cántaro de las tertulias o al gorro de terciopelo. o lo dejaría huir en caso de no poder apresarlo sin violencia. Después había dicho a Reyes: Llame a José Antonio Balbastro. al confiar tal misión a persona de tan pocas agacomo )o. quiero mandarlo a que me traiga vivo o muerto a ese cachafaz. y la luz del alba que inun- plaza de la Victoria. y debajo de la chaqueta. chisporroteaba el cinturón chapeado. que decía conocerlo. un hombre buscado por don Tarquino. un tremendo facón. y el mango de plata de grillado. mudando cabalgadura en el camino. conspiraba contra él. y que sonaban a cada paso como si mi padre caminase enUn sombrerito cantor medio echado atrás. se aseguraba de que se lo traería vivo. poco faltó para que me riese. y por debajo asomaban los flecos del calzoncillo cribado. destacó bien la figura de mi padre.eda con su frac color pasa y su bastón de ballena.lA CORBATA CKI.lam. se había trastornado. — llas palabras. — la Santo Dios! exclamó Benita. si podía. Cuando salíamos a daba la la puerta. que aquel ponchito de vicuña con que se envolvía el cuello en los días crudos. don Gervasio Ortiz de Rozas. y hacer "el viaje con mayor rapidez. También estaba allí el baqueano. a pesar de lo que me apenaba verlo partir. Estaba de chiripá.ESTE 197 cuando sus ayudantes pensaban seriamente que se incorporó y dijo: "Ese es Gervasio". que había salido a puerta con un mensaje de mi tía para el viajero ¡pei — — . No había más señales del atildado caballero. pues abrigaba la sospecha de que el menor de sus hermanos. de entre casa. que solía pasear por la A-.

y nos miró a todos. ¿Qué tal? ¿no es verdad lo que dice la muchacha? quería decirnos ¿podrá conmigo ese pillo de Jacinto? — — aquella mirada. a don Pío León. fuertes como un cable. la piel muy fina. volvió a decirnos la mirada de sus her-¿Que tal? mosos ojos inocentes. la cabeza pequeña. recordando el caballo árabe de Lamartine. y estribando apenas saltó sobre el caballo. las narices suaves y fogosas. que le acomodaba el estribo del brasero. a mí. De buena estampa. como lo llamaba mi padre. a don Tarquino que llegaba en ese momento. Empuñó las riendas. lindero de una — — ^ estancia nuestra. a Antonino Reyes. adaptados así por la naturaleza para las marchas en los arenales de la pampa. pero flexibles y suaves como una seda. muy manso. y palmeó en el pescuezo a su zaino pangaré. de excelente silla. me abrazó tiernamente. flete al maestro Pancho enhorquetado ya en un buen escarceador. empezaba a llenarse de espuma la boca. Era un parejero inapreciable para un viaje como aquel. pero bien conocido. al baqueano. que no bien sentía sobre el lomo el peso del jinete. "vareado" por el indio en los guadales y en los médanos. . orejano. un caballo de pura sangre criolla. que medio retirado aguardaba la orden de partir rondando la tropilla. a pesar de las muchas cosas que habían visto. que tenía su tribu en las orillas del arroyo Conlonquelú. Tal era Said. gruesos de corvejón. capaz de correr boleado. tan fino era el trenzado de sus tientos. una estrella en la frente. cambió algunas palabras en voz baja con don Tarquino. como regalo de un cacique tehuelche. y sus remos descarnados. pero tan generoso. para que montase. Estrechó la mano de todos.198 HUGO WAST si ro es ! un verdadero gaucho! ! i no le ofendan mis pa- labras ¡ Qué habían de ofenderle Mi padre le pagó con una sonrisa aquel elogio. debajo de la cual se dibujaban palpitantes las arterias y la turgente musculatura.

esperando aún que mi tía se asomara a despedirlo. Teníamos allí mucha y buena hacienda. el maestro Pancho. Mi padre miró la puerta de calle. conociendo ron mis recelos. proporcionado por el portugués. conocedor de toda la provincia. como se llamaba a la actual calle de Rivadavia.USTK 199 exclamó entusiasmado Buen flete y buen gaucho Antonino Reyes. pero no se disipa- Antonino Reyes era sargento mayor el año treinta y menudo usaba traje de ciudadano. que sobre todas sus habilidades tenía la de ser "muy gaucho". Yo no había podido verle bien la cara al tal hombre. Así lo creía yo. exclamó. camino de Flores.I. no obstante que me llevaba cinco o nueve. en la frontera con los indios. viendo que la» golondrinas Vamos anunciaban alegremente el nuevo sol. y parecía mayor. Detrás de él corrían. Rozó con las espuelas los jares del zaino y arrancó al galope. pero a seis años bien cumplidos. en un remolino de polvo. ha llegado trayendo una tropa de bueyes para el matadero. di j ele a éste. porque el uniforme no la daba ninguna marcialidad. Es Venancio Acuña. silencioso Era hombre y formal. enderezando hacia la antigua calle de las Torres^ o de la Federación. la sin él ? don Tarquino. Yo era más alto. don ¡ ! — — i — — — — — Y cómo queda estancia — dijo humildemente —Yo mismo — y en mis manos estará bien guardada. constantemente amenazada por las correrías de los salvajes. ¿ Baltasar se lo lleva. Pero la dama parecía re¡ ! — — sentida. buen servidor del es- . de modo que aquél debía ser hombre de agallas.A CORBA'l"A CKI. ¿De dónde ha sacado ese guaso? ¿No lo conoce? ¡si es el capataz de los Toldos Viejos! Era esa una de las estancias de mi padre. iré. y el baqueano arreando su tropilla. al sujeto. y como es baqueano del camino a Santa Fe.

Amor. — — — reces diez años más viejo. Qué grato me hubiera sido en aquel momento dejar que mi alma se volcara en la del amigo. que conoció muchos secretos unitarios. alivió como pudo los sufrimientos que presenciaba y que a veces tenía que infligir por orden del terrible Gobernador. celos. Me las dicta el recuerdo de esa mañana en que me llevó a casa de don Juan JManuel. ]\Tucho ha tenido que sufrir después. buenos propósitos. condenado por crímenes ajenos. y hasta se ha viscondenado a muerte. malas obras. no comprendieron mi tortura. callado. respetando la pena que adivinaba en mí. yo creía que mi cara las pregonaba a gritos. aunque a veces. capaz de resistir la tado. me dijo AnHas cambiado mucho. . José Antonio. y aun salvó la vida y la honra a más de uno de sus enemigos. tonino Reyes cuando nos aproximábamos a la* casa de don En seis meses te has empalidecido y paJuan Manuel. y morderme los labios para no gritar. y de estar a punto de exhalar mi queja cuando debía callar. La^ noche antes había resistido a la dulce tentación de confiar mi secreto a Manuelita Rozas. Pero se libró escapándose. exponiendo la propia. por no haber podido acompañar a mi padre. Estas sencillas palabras no pretenden ser un panegírico. no sé cómo todos los que me vieron en aquella época. a las mil tentaciones a se que le lo sometia su posición y enorme influencia que atribuía. y por otras cosas que él ignoraba. como un asesino. todo se mezclaba el en torbellino de mi sangre. permanente remordimiento de no haber hablado cuando debí. y tenía que oprimirme el pecho con las manos. porque me intimidaba el tumulto de la fiesta. ordenó to don Juan Manuel. Justo es decir que ese hombre.2Q0 . De veras. HUÜÜ WAST y probo. vergüenza. a partir del año cuarenta. y como cómplice en las matanzas que. Se detuvo y aguardó mi respuesta. fué un amigo discreto y leal.

con inmenso toldo de cuero. arrebozada en un manto del Carmen. cerrando tras ellos con estrépito las puertas de calle. ¡ ropa. cajas de alfajores. Pasó una. Debía venir de lejos. Sentimos un desenfrenado galope de caballo. acobardado y medroso presintiendo los latigazos del impío perrero de la iglesia. Estás enamorado. — Más vale — Y hasta puedo decirte quién es —¿Quién es? — Álanuelita Rozas i así ! la que te quita el sueño. cargada de productos cuyanos. Una rechinante carreta de bueyes. . y reanudamos la marcha. Detrás de ella trotaba un cuzquito. y sufri un desencanto que mi deseo de hacerle confidencias. por la calle de la Universidad. y si esa razón existía. pintadas de rojo. dije con acento desesperado.! ! LA CORBATA CELESTE Pero el 201 profundo sosiego de la ciudad. cruzó por la plaza zangoloteándose en los baches. como se Ha- . Esclavos con sus tipas salían a compras. cualquiera que fuese. petacas de pasas. Alguna razón debía de existir para que Reyes no se acordara de Leonor. En el aire sutil de la mañana se disolvía la voz de una campanita que llamaba a misa a las beatas madrugadoras. ¡ esperaba oir otro nombre. yo debía callar y morir con mi secreto. patay. tabletas sanjuaninas y cueros de arrope. José Antonio ? No necesitas contestarme! Es cosa que se te advierte por encima de la ^: — . pues su cabalgadura nos pareció enfrió Yo — — exhausta. La calle empezaba a animarse. . a la puerta de la casa del chasque se apeaba de un Era un soldado. — repuse. — ¡ Un chasque ! ¡ noticias del sur el Echamos a correr y llegamos Gobernador a tiempo que salto. y nos dio los buenos días. y vimos llegar un jinete. altísima de ruedas. uno de los "montaraces". me invitaba a hablar. ¡A qué hablar de mí! Sacudí la cabeza. a esa hora.

fueran simples soldados. dijo. contestó por el ojo de la ¡Carancho del Monte! — — — Y ¡ ! — llave — — traigo un parte. en aquella casa. que andaba papando moscas en las paredes. maba El hombre subió al umbral de la puerta. — — . constituía en la campaña una de las columnas más fuertes de la causa federal. donde sentíase la presencia del poderoso Gobernador. nada más que con ver las caras de cuantos andaban por allí. José Antonio a la mesa a escribir con su letra firme. o se quedaba quieto horas enteras. — ordenó Antonino Reyes. que con su regimiento de caballería. Su cara se iluminó con una siniestra alegría. El único indiferente a los azares de la política era el bufón Ensebio de la Federación. que dejaban ver los flecos embarrados del calzoncillo. Me devolvió apenas el saludo. que daba la sensación de lo irrevocable.202 HUGO WAST a los del coronel Vicente González. Una gorra de manga. granate fuerte. fumando chamico y rogando al cielo que su amo no se acordara de él. Don Juan Manuel se había encerrado en un tormentoso mutismo. ¡Dejen entrar! santo y seña. Quién vive le gritaron de adentro a punto que nosotros llegábamos. fueran generales. Un machete al cinto y una tercerola a través del recado eran sus armas. Llevaba terciado un poncho de paño azul. cuya silueta movediza alcancé a divisar en el fondo del segundo patio. el "Carancho del Monte". y se sentó Ya no lo necesito. camiseta de bayeta punzó. colgante sobre el pescuezo. en actitud de atisbar quiénes llegaban. y cogió con avidez el parte recién llegado. como el chiripá. fuera la misma doña María Josefa Ezcurra. dando el entramos los tres. alguna resolución al pie de la nota que acababa de leer. para alcanzar al llamador. asentada la lacia y renegrida cabellera. arrinconado.

no necesita ya de mis servicios. José Antonio? tono de reconvención lleno de afecto y con esa voz cálida y hermosa que llegaba hasta el fondo de los corazones. Confieso que al oír esa miserable calumnia. acompañar a mi padre. Necesito de todos. unas veces inofensivas. volvió a decirme el RestauraYa no lo necesito La gente mandada dor sin levantar los ojos del papel. . aludiendo a la especie de que antes hablé.ie — ¡ ! — — por su ]\íajestad Caranchísima el Marqués de la Calavera. poniéndome colorado de indigSi V. el mmca . sustituyeran su apellido de Rozas por el de Cardo. .. nes de estado para permitir la salida de su padre. . bajando la voz fíe Vaya uno a motivos tuvo para hechura de él. o el foragido Salomón. para desprestigiar a su hermano Gervasio. lleva es seguro. hoy más — — que — Mi padre va con un — Pero baqiieano que —¿Lo conoce acaso V. le dije. le ha echado la zarpa a Gervasio Cardo. En sus frecuentes bromas. y hasta a firmar sus notas con él. don Juan Manuel había inducido al pintoresco coronel Vicente González a tomar el burlesco título de Marqués de la Calavera. \>nancio Acuña. dijo. solo. Se sonrió maliciosamente y — No se de don Tarquino.. inventada l^or el caprichoso Gobernador sentí vergüenza de servirle. otras veces sangrientas. criado. Y — — — — me respondió con un ¿Está loco. dispuesto a pedirle me permitiera volar en pos de mi padre. que acaba de partir a Santa Fe. ? : LA CORBATA CEI^ESTF. 203 Yo estaba suspenso de sus gestos. (ji. Ha habido razocuando quería ganar las voluntades. permítame nación. E. había per mitido que hombres como el periodista Marino. — Ah i ! ¿no es el capataz de la estancia de los Toldos Viejos? — Sí. darle a mi buen amigo un saber qué bribón. pero eso no se puede repetir. E.

Yo lo creía un buen federal. la Volviéndome lermo. para adelantarse a sus posibles traiciones. Nada le . den de fusilarlo._ espalda mandó a un asistente a preve- nir la galera para irse a su quinta de San Benito de Pa^ "' —Usted y Reyes me acompañarán. . Pero resultaba un enigma para mí el cómo había llegado a penetrar la mala intención del portugués. excelentísimo señor. Apunté esto recordando que una noche lo vi hacer una misteriosa visita a don Juan Manuel y que también andaba en conciliábulos con doña María Josefa. porque ese no es su nombre. y en é acto mandé un parte a Flores. Nada sabía excelentísimo señor. Esc no tenía más explicación que su costumbre de hacer espiar a sus propios espías.204 . Ha estado oculto en los Toldos Viejos. Debía varias muertes y era cuatrero afamado. — diga al portugués. es un gaucho matrero me dijo. que ignoraba quién fuese. y Fonseca le consiguió un pasaporte para salir de la ciudad. se vino aquí. Yo se lo firmé anoche. Cuando se sintió descubierto por la policía. Yo estaba confundido. pero sin motivos reales en qué fundar mi desconfianza. Siempre había sospechado del portugués. El gobernador adivinó el sentido de mis palabras. y darle a su padre otro baqueano más — Pues — No lleva! si ha partido con ese hombre ! ¡ es el baqueano — — seguro. HUGO WAST ¡ que irá muy lejos contestó tranquilamente don En Flores hay quiénes lo esperan. — — Venancio Acuña o como se llame. . contesté sinceramente agradecido de su maravillosa astucia. al servicio de su padre. Dios se lo pague. — dijo secamente. y le cobren las hechas y por hacer. Todos son buenos federales. con orJuan Manuel.. Don Tarquino es un — — — — pozo de secretos. y malos cuando les da por hacer su propio juego. cuando me sirven. para que lo detengan cuando pase.

la muchacha no quería alejarse un momento de su tatita. y puertas y ventanas cerrábanse con miedo. Comunique a los ministros y a los jefes militares. ¿Es verdad que don Baltasar ha salido para Santa Fe? me preguntó en voz baja. Recorrió las piezas contiguas. En aquellas horas defíciles. . ¿Y es verdad que usted quiso acompañarlo y que tatita no lo dejó? ^Todo es verdad. tirada a la cincha por dos reses de muías trotadoras.A CORBATA CELESTE 205 El general Corvalán entró alicaído. que a las dos de la tarde los aguardo en Palermo. hizo temblar a los empleados con las más insignificantes observaciones. en que poco a poco había instalado diversas oficinas del fuerte. El conductor tenía orden de cruzar la ciudad a toda rienda. pareciéndome advertir un relámpago de alegría en sus ojos obscuros. por la mala noche que había pasado. y él se echó a reír. Una vieja que iba a la iglesia. se santiguó. desde que se descubrió la conspiración de Maza. Manuelita nos acompañaba. y pasó a los fondos de la casa. en que rato a rato ¡legaban los partes de la campaña con noticias contradictorias. mientras Manuelita se ponía pálida y triste. ¿por qué no me consigue usted ese permiso? — — — — — — — — .1. Eran las ocho de la mañana cuando subimos a la galera.. al vernos esa mañana. entristecido. Media docena de oficiales a caballo. lo que hacía fruncir el ceño al prepotente señor.. La gente conocía cuando pasaba la galera de don Juan Manuel. rodeaba el — vehículo. Manuelita. _ . Sí le contesté. y en que se adivinaba en la ciudad un fermento de rebeldía. Estaba sentada a mi lado. que había de acarrear nuevos peligros y nuevas tragedias. ¿Va a casarse con Leonor Matorras? Así es. donde pernoctaba un piquete de soldados.

Me estremecí como un criminal a quien el juez le enrostra su crimen con indulgencia en la mirada y dulzura en i la voz.. que ni con sus 3CXD cañones lograban dominar la altanería del Restaurador. — que es Si se ha apagado el fuego en su corazón. Don Juan Manuel cío de naves. No lejos de la costa divisábase la arboladura de la fragata "25 de Mayo". perdida años antes. y aparte de ese detalle. pocos son los que han columbrado los tesoros alma insondable de Manuelita de Rozas! Su posición. la calle Me envuelta en un torbellino de polvo seguía larga de la Recoleta. tatita lo dicho. camino de Palermo. ser. porque escudriñaba el inmenso piélago vael bloqueo francés había muerto el comercio. —Va seguro me ha —Puede pero yo habría querido peligros —¿No cree que mejor que no vaya? . —¿Por qué mejor que me quede? — usted estuviera seguro — respondióme. I. Entre la arboleda aparecía el techo pajizo de las casas. es quedé mirándola un rato. Había quintas a uno y otro lado. 'la exponía indefensa a la diatriba y a la calumnia. podría ir sin ex- ponerse. ningún indicio más de que aquel estuario hubiera sido foco de un intenso tráfico. En balizas exteriores. pues se adivinaba en su pregunta una velada intención a mis escondidos sentimientos. Viéndolo absorto en sus meditaciones. podían verse los palos de las 17 naves bloqueadoras. proseguí la conversación con Manuelita. del Qué . frente a la Recoleta.a galera. y por eso. con un buen anteojo.206 HUGO WAST irse? él los —¿De veras quiere —Quiero acompañar a mi padre. dormidas en su sombra fragante. ai lado del terrible señor a quien servía y amaba. compartir con del viaje.

Desde el primer momento puso centenares de peones a cavar zanjas. José Antonio? —No entiendo que Manuelita. terraplenes y Sólo existía allí una casita derruida a medias. yo mismo no sé lo que debajo de esas cenizas. recomendado de mi padre. Para los que ignoraban el don de iniciativa de aquel hombre. que no saben de no saben nada. las ¡ el ! es fácil los del los sin liay duda — es mejor no haber ido. —¿Debajo de cenizas de su olvido no hay algunas chispas que puedan prender otra vez? —¿A qué alude? — tartamudeé avergonzado.LA COliBATA CELESTU los 207 los li- —¿No me responde. construir plantar miles y miles de árboles. su voluntad de hacerse reelegir o de abandonar el gobierno así que se venciera el plazo. — contesté suspirando — lo bros. mientras el maestro Santos Sartorio. ella más que lo que cuentan dice. Era todavía un misterio hasta para los ojos de sus íntimos. la adquisición de esos pantanos era una locura. — Hágase zonzo Ya veo que más conocer mar que secretos suyos. Así son los hombres no saben lo que quieren ni lo . de modo que sólo faltaban cuatro meses para que terminara el período. Pero el ardor que ponía en activar los trabajos de su quinta de San Benito de Palermo y las proporciones mag- . que aborrecen. le construía la mansión en que invirtió millones de pesos con la idea de sentar allí sus reales. Manuelita. —Tiene razón. y la ocu- pó. Don Juan Manuel había sido elegido gobernador por la Legislatura de Buenos Aires el 7 de Marzo de 1835. Hacía cuatro años que don Juan Manuel había comprado los terrenos en la intersección del Río de la Plata con el Arroyo Maldonado. un excelente albañil. rellenar bajos.

para talleres y caballerizas. I-rOS últimos chasques le habían hecho saber que contra los pueblos sublevados de Dolores y Chascomús.208 HUGO WAST ñas que ie daba. llevando hoy un escribiente y mañana una oficina. para oficinas. sus avenidas pavimentadas de piedrecillas del Río de la Plata. a ia sombra de los sauces nuevos. en su quinta de Pamedida que adelantaba su construcción habilermo. su propio hermano Prudencio de Rozas y los coroneles Gon- Ya en la y Granado. Podía descontar la victoria. San Benito de Palermo con sus patios andaluces. sería el centro de la turbulenta . cuando la servil Legislatura de Buenos Aires ofreciera de nuevo a don Juan Manuel "la suma del poder público" por un nuevo período de cinco años o por toda la vida. para archivos. movilizaban sus aguerridas milicias. para cuarteles. me hubiera encogido de hombros. casa que existía antes de iniciar los trabajos. su capilla central. el general Pacheco. Esa mañana. Jitaba dependencias. y citaba a sus ministros y a sus jefes militares. que permanecía indiferente ante esos problemas políticos. Ahora ejecutaba igual maniobra. Tan absorto vivía yo en mis cavilaciones. que sin duda zález . Andando el tiempo. solía instalarse. cuando deseaba sustraerse al tumulto de la ciudad. quizáz me hubiese alegrado pensando que de tales sucesos pudiera nacer la ocasión de ostentar algún día mi corbata celeste. hizo de su casa en la calle de la Bibliocon lo cual tuvo en teca la verdadera casa de Gobierno su mano y bajo su propio techo. A Y política federal. Si don Juan Manuel me hubiera dicho: "Quiero ser rey del Río de la Plata". hacían pensar que tenía el proyecto de eternizarse en el poder. todos los resortes de ia Administración. su poderosa voluntad no lograba esconder su mortificante preocupación. Pero su soberbia estaba mortalmente herida por aquella rebelión. sus arcaicas galerías.

320 ciudadanos que votaron. despidió a sus ministros. Sobre 9. con noticias. solamente ocho se pronunciaron en contra. Ya no era el dios de los campos. y adivinaba la tormenta que rugía en su alma. en la provincia. manifestó a la Legislatura que no le bastaba para sentirse ungido. — — 'í Wast: La corbata celeste 14 . — Y muy bajo. Dicen que el Restaurador es un hombre flojo. y con Mannelita del brazo fué a dar un paseo por la playa del rio que estaba — don Juan Manuel. contemplábamos las dos luetas que se alejaban sobre las toscas. provincia no se la consultó. no se hubiera hallado uno que no lo aclamase con delirio. A — "Actos — neral". desde lejos. se habían levantado contra los /evoluhasta que cionaiios y cían fieles a Y que las peonadas de ias estancias permane- ¡Los físicos son míos! dijo al leerlo. y exigía que cada uno de los habitantes de la ciudad expresara su voluntad en aquel curioso plebiscito de los días 26 y 28 de Marzo. por ser cosa innecemuy repetidos y testimonios muy inequídecía en su nota al respecto el presidente de la vocos.tA Corbata ckí^este 209 juzgaba sacrilega. Yo lo veía pasearse caviloso y solitario en esa mañana. donde dominaban los "físicos". según su frase. el voto de los representantes del pueblo. vSi en la ciudad. fundamento de su orgullo y de su fuerza. su fisonomía cambió. sólo ocho ciudadanos lo repudiaron. Cuando en 1835. si- Reyes y yo. en Tapalqué. versal el sentimiento que anima a los porteños en gela saria. y se cuenta que nadie se abstuvo. por una galería que daba hacía el gran río. ahora sentíase enfriarse aquella adhesión. hablaba seguro de contar con la mayoría de la opinión porteña. han puesto de manifiesto que allí es uniLegislatura. sacudida por la mano imperiosa del vencedor de Lavalle. uno trajo la de que los indios del cacique Catriel. l^no tras otro fueron llegando chasques. al elegirse gobernador.

Al rato en una de las ventanas se entreabrió — i Soy yo ! — un postigo. y subí por una el calleja serpen- de la barranca. tras repetidas libaciones de caña paraguaya. y dígale a Buitrago que antiyer. a solas con fusilar al día siguiente. y estimularlos a la guerra santa contra los unitarios. íbamos por la calle Larga. teante que ascendía hasta habitado.os a la ciudad. . Las noticias del sur. resonó como en un caserón desfilo . Las calles tenían un aspecto más siniestro que de costumbre el golpe que descargué con el llamador de la puerta de don Trifón. No quiso hacerlo. Ball)astro me ordenó. hilos de la conjuración. regresam. pudo matarlo a mansalva. podían exaltar ese día los entusiasmos de aquellos capitanejos de bandidos. el Restaurador tenía cara de júbilo y no me extrañó el mensaje que me dio para el cura del Socorro. lo han Levado en procesión hasta la plaza. quedó largo rato. I\Ie apeé de la galera. — Sin enibarj^^o. . día de difuntos. la hora en que los vecinos que no se habían singularizado por su federalismo. llegaban al delirio federal. Quédese aquí. en Chascomús han sacado mi retrato de la iglesia. y lo han arcabuceado. merecen que les quiten los santos y les pongan un burro celeste para que — — — lo veneren. que cruzaba cerca de la parroquia de don Trifón. entraban sus sillas de la vereda. y trancaban la puerta de calle. a quien Esa tarde Maza que estaba armado y era joven y fuerte. Era la hora en que los parroquianos de las pulperías. fué a dar este el coronel Maza. que se llamaron Salomón y Cuitiño y Parra y Santa Coloma. Cuando entraba la noche. porque era un enemigo leal pero don Juan Alanuel demostró por su parte que no le temía. Si las iglesias de los buenos federales no lo desagravian. y se murmuró mandó Reyes.210 HLTGO WAST en Julio. gentes de pelo en pecho. dije aproximándome. poseyendo los mismo paseo.

¿por qué había de mandarme'as? — Habrá cambiado de novia o de divisa — dije ríen' — Imítalo! — Mi corazón no cambia.: ! I. le traigo un mensaje. Se quedó callada y yo comprendí que no deseaba revelarme sus secretos. es todo lo que sé! . Apuesto a te le do. Juanita — — — — — — Iba a pasar adelante. Quiere ser canónigo. no Juanita. Ese ya sé que es ¿y tu tío? De ése. nadie sabe nada. hijo! exclamó Inesita.. que no oiga mamita! Con tristeza agregó — Xo recibo noticias. No has de tener la conciencia tranquila.A CORBATA CELKSTE 211 La — la — voz de Juanita tranquilizó los corazones. el paso. ¿Vamos allá? La voz de Inesita clamaba: Por Dios. mi tata. — ¡Ábrame. — respondió seriamente. me tienen intranquila esos cuchicheos! —¿Qué saben del Sur? — También apostaría. — Cállate por Dios.Y ésta es una casa de federales? le pregunté jocosamente.. es José Antonio ¡Adelante... Salió al pues! — — qne recibes noticias del capitán Duarte. Va lo creo Mamita y mis hermanos son tan federales como Santa Coloma. asomándose a alep^re ¡ Pero si — reja. — Pobre niña i tienen noticias la del Sur? sido — insistió ¡ ! ¡ revolución ha sofocada. ¡ zaguán Juanita y me explicó Tuvimos miedo de que fuese un mazorquero. expliqué yo. y ella extendió la mano cerrán- — — ¡ ! — — ¡adelante hijo! — —¿De veras. . ¡ dome tenías noticias le respondí a que de que se tramaba una revolución.

eso. royendo algo que supuse sería un buñuelo. i ! . y aun al mismo Corrales. Se levantó a ver. ! .. Sentíase un susurro de conversaciones detrás de la puerta. eran las tres Bustamante. . señor cura pues haremos aquí la fiesta del retrato. I^a noticia de mi visita había atraído a todos los muchachos. ¿Dónde — — i ! — está: Surgió don Trifón. que después del asesinato de don Juan Bueno. a quien podían ])C teres . j se cosas mensaje que llevaba y quedó cariacontecido. hallaban más expedito el paso por los fondos de la -huerta abandonada. porque después de obdi el Le tenida su libertad. — —Más vale — Ojalá acordara para otras . me llevó a su pieza. exclamaron a una. que llegó el último. empuñando una cacerola. ¿Un mensaje de don Juan Manuel? preguntó cerrando la puerta. 212 nuco WAST Quedóse llorando. le dije Me tomó de la manga. Tres sombras aparecieron en la puerta. Traigo un mensaje para don Trifón. Todo sea por Dios Días pasados el loco Eusebio vino con la pretensión de cantar misa en el Socorro ¿El me lo mandó. Kn realidad era un ¡xibrc hombre. que eran extraordinariamente ávidos de sensaciones políticas. y caminando muy quedo. a la luz de una vela bañada. No es para tanto. y halló agolpadas a las cinco mujeres llenas de curiosidad. . en el patio profundamente obscuro. se dedicaba ostensiblemente a menesdomésticos. para que no volvieran a tomarlo pof conspirador. Inesita en su cuarto. Veo que se acuerda de mí — — — — — — — . freía unos buñuelos. con sus zapatones de orillo. Haga preparar muchos para mañana. ansiosas de José Antonio mis novedades. no se aflija. verdad? Hice una seña afirmativa.

!

hA CORBATA CKI.RSTE

213

donársele las veleidades unitarias, en gracia de que para despistar a la policía, vivía enseñándoles a sus hijos los furibundos himnos federales, que aparecían en la Gaceta.


lian

Don Trifón habló desde su sillón En la plaza de Chascomús
¡

de cuero.
los

salvajes

unitarios
las

fusilado
los ojos

el

retrato

del

Ilustre

Restaurador de

L,eyes

de Juanita brilló una llamarada, cuyo senyo comprendí. Corrales bajó la vista. Horror de horrores exclamaron las Bustamante. prosiguió don Trifón, La parroquia del Socorro, se honrará mañana haciendo una función de desagravio, con tanta pompa como ninguna otra. Yo lo miraba con asombro. Realmente don Trifón sal)ía poner buena cara al mal tiempo. Encendido el rostro en santa cólera federal, no parecía el mismo que desde tres meses atrás venía haciéndole
tido sólo

En
i

— —

!

riscos

a la fiesta del retrato.

Ténganlo presente mis jóvenes lectores de hoy, cuando alguien les pondere el fiero carácter de sus antepasados. De todo hubo en la viña del Señor. La codicia y el miedo han realizado en el corazón de los políticos, idénticos milagros en los tiempos heroicos que en la corrompida época actual. explicó lueUna función de sobrepelliz y de palio 1^0 don Trifón, sobándose las suaves manos; y su hermana y las tres viudas mirábanse despavoridas, porque eso significaba que deberían pasarse la noche frotando los candelabros y los ciriales, y vistiendo los santos. Y después de la función, un ambigú federal para la


concurrencia.
Tnesita juntó las manos, desesperada, calculando los dispendios de las francachelas con que terminaban siempre tales fiestas.

Corrales,
]o

del

hombre de buen diente, se entusiasmó al oir ambigú, y se echó al patio, a la cabeza de su prole,

.

.

:

214

HUGO WAST

cantando

el famoso himno de Rivera Indarte, tan nauseabundo y tan prosaico

"Sepa

el

mundo que

existe un gran Rosas,

El baluarte de nuestra nación, Y gustosos con él moriremos Defendiendo la federación..."

Humillado ante mis propios
viendo,

ojos,

por

lo

que estaba
;

me

despedí.

En la soml)ra del zaj^uán, lloraba Juanita yo comprendía su pena, pero no me sentí divino de consolarla. Pasé de larj^o. Doña Tnesita qne me seguía apresuradamente, sin ver a su hija me chistó. ¡José Antonio, qué desastre! ¿de dónde sacaremos para tanto gasto? Si don Juan Manuel quisiera ayudarnos Yo eché mano al bolsillo. No piense en él, misia Inesita; yo puedo facilitarle cuanto necesite. Dios te lo pague!... ¡qué vergüenza, Seiíor! Hnyó con el dinero, y yo abrí la puerta de calle, cuando me sentí llamar por don Trifón. ; Sabes, José Antonio, que los jesuítas van de capa


.

:

.

— —

i

caída

— — Me
?

lo

imagino, señor cura, pero nada sé en conel

creto.

¡Hombre! ¿no has hablado con _— No nunca lo veo. Ks el confesor de tu tía.
;

— — —

P. Majesté?

^'^a

lo

sé.

.

tenía

mi tía veneraba, quizá porque gran predicamenlo en casa del Rertaurador. pero a qnien yo aborrecía, tal vez por la misma razón, suponiéndolo intrigante y desleal con su Orden. Yo era grande amigo de los otros padres de San Ig-

Era un

jesuíta a quien

nacio,

en especial del superior,
el

el

inflexible

y docto
no

P.

Berdugo.

—Pues

P. Majesté

me ha

dicho, pero tú

lo di-

.

l,A

CORBATA CULESTE

215

que don Pedro de Angelis ha tenido una entrevista con el P. Berdugo. Y le ha propuesto que cambien de superior, y lo elijan al mismo Majesté. ]\Ie parece que don Pedro de Angelis, que es un liomhre muy experto, no ha podido dar tal paso. Al superior no lo nombran aquí, sino en Roma, el padre general. ¿ Cómo ha de ignorar eso ? De Angelis ha ido en nombre de don Juan Manuel, que no se cuida de estas minucias. ¿ Y qué le han contestado ? Lo que tú dices, que no se puede, y que aunque se pudiera, no se haría. ¿Te imaginas cómo habrá quedado el Restaurador? Me lo imagino! El P. Majesté habría hecho la fiesta del retrato; ahora no hay esperanza. El mejor dia la Mazorca asaltará Ya don Tomás Anel colegio y degollará a los jesuítas. chorena y el ministro Arana, han sacado sus hijos de allí, lo que es mala señal. contesté por decir algo No creo que pase nada, que me convenciera a mí mismo, de lo infundado de ese horrendo vaticinio. Son hombres tercos y con don Juan IManuel no se jnega ya me ves a mi tampoco yo quería cantar misa delante del retrato. <;pero qué remedio hay? La puerta se cerró tras de mí, y todavía alcancé a oit al cura que refunfuñaba, con tono más de admiración
gas,

sigilosa

— — —

— —

i

;

;

;

que de censura:

verdad! contesté para mi pensando que el mismo don Juan Manuel debía de sentir en el fondo de su alma, un gran respeto por aquellos únicos sacerdotes que "suaviter in modo", conforme a sus hábitos, se le resistieron hasta que los expulsó de nuevo el año 1841.
coleto,

— Son hombres tercos. — ¡Pero son hombres de
.

V
La
fiesta del retrato

— Mi
la

amita amaneció con jaqueca
siguiente,
solitario

díjome Benita

n

mañana

amplio y

cuando comedor.

me

sirvió el chocolate en

el

extrañó lo más mínimo que la excelente señora hubiera pasado una mala noche, pues la repentina partida de mi padre la había enfurecido. sabes si don Tar quino se ha puesto en viaje j No

No me

también ? ha. m.uchacha había andado de aquí para allá toda la mañana, y era probable que tuviera noticias de ello. Don Tarquino, el día antes me había anunciado que se iría a la estancia, y yo no quería perderle pisada. vSeguía observando en el escurridizo portugués, un interés especial por Benita, y deseaba sondear el alma de aquella criatura, que parecía con cara de gloria en día de tantas preocupaciones para todos. Me respondió que don Tarquino estaba a esa hora mateando a la puerta de su tienda, después de haber barrido los dos arcos de recova que le correspondían sin dar señales de próximo viaje. Bien enterada estás, Benita, de las cosas del barrio. Es que muy al alba me mandó mi amita a ver lo mismo.

hA COÜBATA

CKI^ESXi-

217

mucho en los mandados, y que te gusta curiosear los percales de la tienda. No percibió lo intencionado de mi sonrisa. Me han dicho que te has agenciado un novio de fuste, el más rico de los tenderos de la recova. Se le encendió la cara. Alzó la frente, donde se advertía mejor que en ningún otro rasgo de su persona, que en su sangre latía el orgullo de la raza blanca. Recibió mis palabras como una injuria, y me contes-

— Hola Viste a Brumoso —No, niño; no vide. —Me han dicho que tardas
¡

!

¿

?

lo

—Lo han engañado, niño.
¡

amargamente:

Qué sorprendente mezcla, de pasiones debía de haber en aquella alma impenetrable a mis ojos! Sólo el color de la piel denunciaba a la descendiente de esclavos. Porque las líneas de su figura eran caucásicas, y tenía en sus gestos un no sé qué de americano, bravio y dulce a la vez.
qué no había de enamorarse don Tarquino de queriendo desvanecer en su espíritu cual¿Dónde ya encontrar quién quier sospecha equívoca. te aventaje en lo hacendosa y lo bonita? Como en otra ocasión, advertí que la sobresaltaban
tí?
le

—¿Por —

dije,

mis palabras.

Pugnaba por explicarse, obligaba al silencio.
j\Iiraba
al

pero una fuerza íntima
el

la

suelo,

encapotado

semblante,

respirando

apenas.
lo

— No

seas necia; no te lo habría dicho, de saber que

— Por Dios, niño, nunca me hable Tontamente respondí riendo: —Cuando me llevaré conmigo,
le

tomarías tan a mal. Alzó la cara con presteza:

así.

case, te

y

así

no

lo ve-

rás
rés

más al portugués. La ligereza con que yo
para
ella,

debió

trataba cosas de tan hondo intedesencantarla, y hacerla desconfia-

!

218

HUGO WAST

da, pero yo no tenía espíritu para ocuparme sino de lo mío, y aun eso lo abandonaba ciegamente en las manos de Dios. Qué hal)ía de preocuparme, pues, la desesperada tristeza que se pintó en el rostro de la graciosa muchacha! Parecióme hipocresía, porque al fin y al cabo, podía sentirse honrada, con aquel festejo, siendo el portugués hombre rico y de mejor clase. ]\Tas, ¿por qué inducía yo que la predilección de don Tarquino por Benita, eran indicio de un amor senil, que le hacía olvidar su antigua pasión por mi tía? Mal podía explicar el alma de otro, cuando nunca he podido entender la mía Se me ocurría que estaba desengañado, respecto a mi tía, y que libre de esa ambición, volvía a sus mañas de traficante de esclavos, su primer oficio, según decían, tentado por la hermosura de la joven. La penetrante voz de mi tía, que desde su cuarto gritaba a su criada, volvióla a ésta a la prosaica realidad <ie sus quehaceres y yo, me fui a casa de don Juan Manuel, a inquirir noticias de mi padre. me dijo Manuelita, a la No pase penas por él que hallé pronta a salir con una amiga.
¡

¡

;

violín llevaba le coronel Santa Coloma, que se había acercado a nosotros, y que era quien cumplió las órdenes y tra-

— — ¿ha pasado por Flores? —¿Se han según — — contestó tranquilamente, — y dieron otro baqueano. denes de —¿Y que llevaba?... — pregunté temblando. — hemos "tocado —Al que y violón"
recibido noticias?
le

Sí,

allí,

ór-

tatita.

el

respondió
jo
la

el

noticia.

Al decir "violín y violón", serruchábase
con
el

la

garganta
des-

Me

dedo. dio asco mirarlo, y

él

se encogió de

hombros

deñosamente.

Acompañé a Manuelita hasta una puerta falsa, abierta sobre la calle transversal. Su coche colorado aguardábala allí, con el cochero adormilado en el pescante bajo

IVÍnuelita visitábala a menudo. Minas. un negro emponchado. cuando cerré la portezuela del vehículo. pues don Juan Manuel estimaba en mucho su fama entre esa gente y servíase de ella para espiar a amigos y enemigos. Congos. Mandingas. Mozambiques. a pesar de que mi padre era infaltable a ellas y mi tía llevó sus entusiasmos hasta uncirse con otras damas al carro en que pa. cuando sentí una banda de música c^ue rompía a tocar en la . explicó Manuelita. habían dado nombre a la pintoresca barriada de los libertos y sus descendientes. en que el instrumento musical predominante era el tambor. Qué agradable sería hacer un viaje en aquel coche y con tan buena yunta En dos días habría alcanzado a mi padre. con "tamangos" de cuero en los pies desnudos. y facón a la sacudiese su implacable arreador sobre las cintura.LA CORBATA CEI. Me había entregado a mi trabajo de escribiente. Sus fiestas y "candombes". muías. donde habitaban los negros. eran famosas por lo trotadoras. como ¡ ! — — — — una orden: ¿No va a la función del Socorro? Le han asegurado a tatita que estará muy lucida.seal)an el retrato del Restaurador por las calles de Buenos Aires. Banguelas. Manuelita me dijo con sonrisa insinuante. — — Voy a ir. al La muchacha me pagó con una afectuosísima dio sonrisa y la un abanicazo cochero para que pusiera en marcha carretela. Si concluye temprano daré una vueltita por allá. Me mordí los labios de fastidio. La hija del Restaurador gozaba de una inmensa popularidad en los suburbios. Antes de que el cochero. en tribus más o menos bien definidas por nacionalidades. — contesté. y dejaría de pasar angustias por él. Me voy al barrio del tambor. Las muías enjaezadas con ostentosos pompones federales. Hasta entonces había podido eludir mi presencia de las fiestas del retrato.ESTE 219 un sol de justicia y una nube de moscas.

En tal forma. Salomón y otros por el estilo. para que no los olvidara. y entró una oleada de personajes. Don Juan Manuel. se agregaba a la función en la iglesia. una solemne procesión hasta la calle del Juncal. Parra. a quien el Restaurador lo denominaba "coronel". notificó a don Trifón que el único retrato reconocido por el gobierno era el que él tenía en su casa. Al ruido de los tambores. en gracia a los servicios que le prestó. En vano mi tía facilitó a Inesita Buitrago el cuadro que adornaba nuestra sala. aparte de los que revestidos de sobrepelliz aguardaban en el Socorro para cantar en la fun- Y estaban también el Guido y Pinedo. cuando aquél peleaba contra los federales. que no perdía detalle. batieron de nuevo los tambores y .220 nuco WAST puerta de calle los rabiosos acordes de un himno federal. reconociólo general. llevando y trayendo el retrato. El primer patio estaba lleno — ¡ ! — — ciles de militares. y los generales coronel Uriburu. y ción. Estaba Lamadrid. Un minuto después. Cuitiño. con el juez de paz de la parroquia. ¡Allí vienen por el retrato! me dije. exclamé con sincera pena Dios mío ¿ que no haya en Buenos Aires otra gente para tales actos? A Dios gracias. cuya fama y cuyo aspecto no desmerecían en la comparación. se abrió a dos batientes la ancha puerta de calle. Don Trifón se consolaba con saber que le ayudarían en los oficios los más campanudos canónigos de la ca- — — tedral. Más tarde. desconociéndole el grado que le diera Paz. y prestaba gustoso a los señores curas. vestidos de parada. Eran momentos difíen que podían ser llamados para mandar los ejércitos de la causa federal. y una buena porción de canónigos. y tenían empeño en mostrarse más adictos que nunca a don Juan Manuel. la había. el brigadier Soler.

el delantal de cuero blanco. por las inofensivas y blancas manos de las monjitas de San Juan: "Excecración. con cenefas blancas. su difunta hermana. y la de Manuelita. el largo sable a la cintura. fallecida los el Al rumor de año anterior. y chaqueta azul con peto rojo. en que se habían puesto los retratos del Gobernador y de su esposa. por cinco de largo y tres de ancho. a agasajar a los ciudadanos que venían por el retrato. fementidos. el uno al frente de los granaderos a caballo con altos y peludos morriones napoleónicos. me el turno de hacer el papel de cabaesfuerzo físico quitábame las ganas de pensar. la coraza y la lanza del cacique Chocorí. menos las Ignacio.LA CORBATA CELESTE 22l llegaron los generales Mansilla y Rolón. ocupado por altos problemas de gobierno. con otras damas de la familia. el otro. anatema. con sus bruñidas herramientas. "Muera el pardejón Rivera y el asesino Lavalle". y era una penosa peregrinación arrastrar por las calles sin pavimento aquel monumental armatoste de nueve varas de alto. y excusó la ausencia de don Juan Manuel. y acabó por indicarlos que se llevaran también el retrato de la Heroína Federal. Las campanas de todas las iglesias. mandando el vistoso cuerpo de zapadores. El sol apretaba cuando nos echamos a la calle y empezamos a tirar del carro. asesinos. iglesia del Socorro estaba a veinte cuadras. traidores unitarios". y la brillante tercerola. tambores. La maldición. a cuyo paso las tropas rindieron armas. doña Encarnación Ezcurra. y leyendas bordadas en oro. Todo iba tapizado de seda punzó. Al pie de los retratos se amontonaban algunos trofeos de la campaña al desierto. flechas y banderas. y a las de San puer- Cuando me tocaba llo. odio eterno a los salvajes. repicaban como en sábado de gloria tas de las pulperías se quemaban cohetes. salió doña María Josefa Ezcurra. y en la cúspide de aquella máquina el gorro colorado de la libertad. y limitaba a ir buscando manera de aliviar no mi carel .

concitaban contra éstos y contra su patria. a las gentes que se a. para combatir contra sus enemigos. motivos de sobra teníamos para sufrir ese error. sírvanos de excusa el que se equivocó también con nosotros. que en una carta memorable ofrecía su esj^iada a don Juan Manuel. que aparejadas conmigo en las varas. el corazón se me llenaba de malos sentimientos. no sólo su esfuerzo de hijos rebeldes.rrodillaban al pa- . y cuando el Ejército Libertador del General Lavalle. el Libertador de Chile y de! Perú consideraba los negocios argentinos con el ánimo limpio de pasiones po- Y Y líticas. si nosotros nos equivocamos. sino el dinero. cuando sentíamos el cañón de los buques franceses abatiendo en la isla de Martín García a la bandera argentina. y vistosas colgaduras de d. Pero cuando otros ciudadanos y ciudadanas me disputaban el honor de seguir uncido al carro triunfal. sin embargo. sino la de unas damas. adornados con ramos de olivo y de laurel. Es de imaginarse cómo quedarían aquellas sutiles medias blancas y las esponjadas polleras de muselina. que pudieran tener razón los que por combatir a un gobierno constituido por voluntad de la mavoría de sus conciudadanos. tiraban entusiastamente. el más glorioso de los argentinos de todos los tiempos. No creía.222 FiUGO WAST ga. nacidos tal vez al influjo de aquella corbata celeste que guardaba en el fondo de mi petaca. manchados todavía con sangre de nuestros hermanos. iniciaba su campaña en esos mismos buques. licos Si estuvimos errados los que en aquellos tiempos bépaseábamos en triunfo el retrato de don Juan Manuel. por no ver en las aceras y en los balcones. el General San Martín.amasco. hundiendo sin reparo sus pequeños borceguíes de raso en el polvo espeso y caliente del arroyo. las armas y las tropas del extranjero. Todas estas cosas me las iba diciendo yo con la cabeza gacha. y yo abandonaba en sus manos ávidas el trozo de cuerda que me tocara.

el 8 de junio de 1S36.. Parra. Me separé de la procesión y apreté el paso para llegar al Socorro. Yo no pasaba nunca por aquel sitio suburbano. tedral. por don Juan Manuel. por su estudiada solemnidad. y mirar la tierra que me parecía enrojecida. suscitara forzadas alegrías. el Restaurador mandó fusilar a 110 'indefensos. todavía gozaba don Juan Manuel de prestigio la un aunque ya sentíase formadable armazón de su poder. cura de la ca- — — — . Desde el pretil. ¡ el ! dije. la vida en los oídos la gritería de enloquecidos de terror. — El obispo chico — murmuré yo. 223 les entonaban vítores y arrojaban flo- Cuitiño. bajo su casulla dorada. . ¡ se le cía. LA CORBATA CELESTE SO de los retratos. Salomón y de los otros bribones. sin sentir un imaginario olor a sangre. espiaban el arribo de Me quedó para toda infelices. en la sacristía.. y se destacaba entre los demás sacerdotes de sobrepelliz. aquellos la gente. a quien veneraban como a un dios. pues nombre daba a causa de su gran valimiento. . estaba radiante. hombre! pero habla más bajo. . res. crujir levemente En la plaza del Retiro. la procesión doblaba. clamando en el momento de morir. Me cucliicbeó al oído: De esta hecha está seguro aquéllo! ¿El sillón del coro? ¡Sí. iban cola deándose con los generales independencia y algunos respetables canónigos. Es posible que el miedo que inspiraban. Van a cantar la misa conmigo el señor don Felipe Palacio.. sin par. porque allí. Pero en el Buenos Aires del año 40. tal i el . — Más bajo. más bajo! Y doctor don Miguel Gar— Ese es más que obispo — —Me han dicho que vienen muchos generales — ! . El cura. las Bustamante. siguiendo por entre quintas la calle del Juncal.

y bajo el palio de oro. y si acaso. entre ciriales. el anunciando final Antes de que las campanas repicaran. Pero viene Lamadrid le contesté con Ah "¡ Mi compadre" no falta el mismo tono con que un día le oí contestar a don Juan Manuel. anunciaron que los dos retratos entraban a la iglesia. bailar un pericón. de la fiesta. Hacía un calor insoportable en al patio . La verdad es que nuestra dignidad de hombres había venido sufriendo singulares desmedros. donde más granado de la concurrencia. Un leve desencanto dibujóse en el pálido rostro del futuro canónigo. apenas había sitio para . Al poco rato. ! : ! 224 líUGO WAST ¡ Me hizo agachar y añadió Me sonreí con lástima y : Que viene el general Paz observé Pero no es el Paz que usted querría ver en su fiesta. echar un brindis. el general Gregorio Paz. para ser colocados sobre el altar. ticia. en efecto. la iglesia.. con mucho regocijo le avisó que a una de esas funciones había asistido el bravo tucumaPero más fe le tengo al no "i Mi compadre no falta mastuerzo!" Aludía al parentesco espiritual que los unía y a la escasa confianza que le merecían las dotes militares y los entusiasmos federales de Lamadrid. Las tropas quedaban afuera . cuando alguien. el que viene es otro Paz. no es el vencedor de la Tablada y de Oncativo. volvió a pelear contra el Restaura- — le — — — : ¡ ¡ ! ! — ! ¡ dor. plebiscito. las campanas echadas a vuelo y los cla- rines del general Mansilla.en orden de parada. que antes de un año. a uno y otro lado del sagrario. y los cohetes quemados en las pulperías. y me salí lo Inesita había dispuesto allí las tablas. ¡Y co- menzó la misa la ! . Y tal ocurrió. desde año del 1835. y conformándose en nosotros una conciencia acomodaardía el Me cara de indignación. iría a comer un bocado. . a beber un trago.

de botas y de sable saltó sobre la mesa.as y era tan y tan bien timbrada la recia voz.enzó a hablar. Las lenguas empezaron a desatarse. que han tenido la vileza sin ejemplo de venderse a los indignos agentes de la Francia. y sabrosa. i Viva la Confederación Argentina las jefe le Ilustre Restaurador. que su discurso se me imprimió en la memoria. que estaba cerca de él. una terrible inquietud. corbata celeste it * Wam: La . Sus grandes ojos negros lanzaban llam. para invadir y mancillar la independencia de la patria. y el primero de todos.si lo enfurecieran las palabras de el su colega.: IvA CORBATA CELESTE 225 la media docena de personajes que se sentarían a la ca- becera de la mesa. tibia pero los siniestros facones de los mazorqueros. Cuando los canónigos bebieron. y no necesito volver a leerlo en sus Memorias para estamparlo aquí "Brindo porque los traidores unitarios. y para que se convenzan los soberbios franceses de que su poder no es bastante para arrebatar a los argentinos su gallarda su apostura independencia. vengan cuanto antes con sus despreciables amos a recibir el castigo que mierece su infamia. el general Lamadrid. yo observé en coronel Santa Coloma. y las bebidas a agua fresca y a algunas damajuanas de áspero vino carlón. cuchillos y esas manos trascenderían a sangre humana. Los manjares reducíanse a trozos de carne con cuero. y tenía fama de bravo. como. Así que el otro bajó. a quien enrostraba su generalato obtenido de manos del unitario Paz. con un vaso lleno en la mano y empezó a vomitar la usual retahilla de alabanzas y dicterios. cortaron Meses más tarde esos las viandas a quién lo solicitó. saltó él sobre la mesa. No había cubiertos. indeleble y dolorosamente. acogido por un aplauso. se dio la señal de empezar los brindis. pues era un criollo de magnífica planta.' de traidores a su patria!" 1Viva su eminente Leyes! ¡Mueran los ¡ Desde que Lamadrid com.

como lo tomaran prisionero y lo llevaran enancado en un caballo ante ¿ general Urquiza vencedor. en que se derrumbó el gobierno del Restaurador. Desenvainó el facón que llevaba a la cintura. aún . que no era tampoco tierno de entrañas. que sin arredrarse en peligros ni compromisos dan la cara de frente. en que se reflejaba la impresión de la orgía. el día de la batalla de Caseros.. para que expiara su barbarie. pero sus palabras se ciertamente. "por la nuca". y lo blandió con gestos impresionantes." Accionaba como un energúmeno y su facón arrojaba crudos reflejos de sol por encima de las cabezas de sus oyentes. doce años en que él fué una plaga de Dios. Doce años más tarde. mostrábase gentil en todas partes. matarlo a palos y puñaladas.^. Sí. y a todo el que se conozca enemigo de Nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes. pareciéndome que la. "Es preciso desengañarse Es llegado el caso de salir con palo y puñal por las calles. señores. Consagrada a servir y a amar a "su tatita". "Brindo por todos los federales. No pensaba que moriría conforme a sus deseo. Corrí a recibirla. — — En el momento en que Santa Coloma saltaba abajo de su tribuna. lo mandó degollar allí mismo. embocóse en el patio una polvareda que venía de la calle. éste." No reñrieron a él . sino degollando franceses y unitarios. y después asociarse a los inicuos unitarios y a los asquerosos franceses . y no con venir a brindar aquí en im sentido." vociferó. vista de tanta barbarie endurecería su corazón.. Llegaba Alanuelita Rozas. éste es el verdadero modo de ayudar a nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes. y a librarlo de los peligros. y fui premiado con una sonrisa triste. cuya presencia debía contribuir al brillo de la función. como si ante la puerta se hubiera detenido un carruaje. pues yo pido al Todopoderoso que no me dé una muerte natural. Me apenó.226 HUGO WAST miró al general Lamadrid.

porque siendo la única que podía contradecir a su padre en sus caprichos. que terminaba con las imprecaciones de ritual: la "j Viva la Federación ! ¡ Viva ! ran los salvajes unitarios Luis Felipe guarda sucios su sirviente Juan Lavalle!" ¡ ! ¡ el Porteño Rozas MueMueran los anarquistas de Muera el mulato Rivera y ! . se echaron sombreros al aire. a ver ele qué gaznate salían aquellas jaculatorias. Manuelita logró apartarse de la mesa. unos por miedo y otros por interés. quedando resguardada por una columna. se trepó penosamente arriba de las tablas. empinaba la limeta o la damajuana. con las mejillas encendidas y !os ojuelos chispeantes. — — — — —¿Y Sí. al igual que nosotros. empuñó bandera con que don Juan iManuel hiciera la campaña del desierto. no se atrevía a hacerlo. arrebatado de entusiasmo. aquel fuego de adoración que ardía en el suyo. — respondí. en estos brindis Siempre se dicen atrocidades. coreaban los vivas y los mueras. para mantener encendido en los corazones. y echó su correspondiente brindis.LA CORBATA CELESTE 227 contrariando sus instintos de mujer delicada y fina. Después de beber un vaso de vino aguado. Yo permanecía a su lado pero estaba mudo. El brigadier Soler. Yo sentía en la batahola el chillido de las tres Bustamante. se llenaron de nuevo los vasos manchados y se bebió por ella. han dicho que mi tío Gervasio no es hermano de tatita? . la agitó a dos manos. y callaba. con voz tan estridente. censurándola en el secreto en mi corazón. espantado de — . que cada vez alguien se vis^Jvía erizado. no sabe que eso ha llegado a oídos de mamita? . y apoyándose en el asta. El que no tenía vaso. lo sé. Estoy afligida me dijo.-:De misia Agustina? pregunté yo. ¿ Sabe que el otro día en una función. Al verla llegar se alzó un inmenso clamoreo de vítores. que arrinconadas.

tatita? que ningún hombre bueno puede pensar mal de bajé la frente y asentí. para que sólo yo pudiera oírlas. casi llorando me dio a conocer la respuesta de la anciana: Ha dicho que tatita lo ha propalado. tonio. pero terrible.. entristecido por el asesinato del doctor Maza. y donde pronto debía morir También le ha mandado decir que querría levantarse para agarrar un puñal y clavárselo en el pecho. y el honor de s-i — Y ¿ — — madre . pero la la Restaurador. aguardó que el ruido ahogara sus palabras.o un rayo mi devoción por aquel hom- pero la bre. . maldición de la madre de don Juan Manuel había quemado com. : 228 (jue HUGO WAST alguien hubiera osado llevar a la madre de don Juan Manuel aquel chisme estúpido. y que por su culpa murió abuelito. Qué ha contestado su mamita ? Manuelita. y concluyó ei mensaje que la madre de don Juan Manuel enviara a su hijo. — ¡Eso dicen de Yo La voz de Manuelita murió en un y lo sollozo. donde la parálisis la tenía clavada. desde su lecho. José Anél. . adminisrespetaba y la temía. porque infama las cenizas de su padre. dicen en mi propia casa! ¿porqué lo calumnian de ese mjodo ? ¿ No es verdad. Doña Agustina López Osorio de Ortiz de Rozas era al el tino única persona que podía hacer frente Este había heredado de la altiva señora trativo y la indomable firmeza. sólo por no verla sufrir. Hizo una pausa.

nuestra cocinera. en poder de aquel truhán? Mientras más revolvía esas angustiosas cuestiones. entraba en la despensa sin darle aviso. ¿Había logrado su objeto? ¿había fracasado? Y en tal ¿qué era de Leonor. No —Bien ! merecido lo tienes. — ¡ Has caído en tu propia red drastra ¡ Dios no quiere que seas mi ma- primeros días. se enfriaron notablemente sus actividades domésticas. Hacía un mes que partiera mi padre en seguimiento ác Jacinto Olmos. que en tiempos normales. dar a Jacinto tan delicada misión. cuando mi padre partió reventando caballos. sin suscitar sospecha en mi tía. las gallinas ponían los huevos que se les daba la gana. Aunque harto lo pagó también ella. ! — dije entre mí. más encono sentía contra la que ideó el desatino de encomencaso.VI Primeras noticias de Leonor Comenzaron los días más aciagos de mi vida. sin que ella intentara medirla los En Mama el maíz a las gallinas sin tasa ni cuenta. y por su parte. Felisa. vivía observándolas para zambullirlas en una tina y repartía ^s agua fresca no bien amenazaran enclocarse. y recibía la mazamorra en la puerta de calle. . soy capaz de descubrir la sorda rabia que se apoderó de mi tía. y no teníamos ninguna noticia de él.

230

HUGO WAST

De pronto cambió. Algún suceso grato debió llegar a su conocimiento, porque volvió a ser lo que fuera, limpia y sutil como la luz y entrometida como el aire; empuñó de nuevo el timón de la casa, y se interesó por la suerte de dos o tres noviazgos, que iban cuajándose en
el barrio, sin

que

ella interviniera.

¿Qué

noticias había obtenido?
se

tradicción

me
!

Por puro espíritu de conantojó que yo debía entristecerme en

proporción a su creciente alegría. Ciego de mí Llegaría el tiempo en que yo imploraría el perdón de la buena señora, por haberla calumniado en mi pensamiento, y haber creído que la mayor desgracia nuestra sería que se cumplieran los planes de su diplomacia. Mi casa parecía una "prisión de enemigos. Todos vivíamos mirándonos a hurtadillas, y enfureciéndonos de las sonrisas ajenas, o gozándonos de las congojas, y sin hablar palabra. Yo espialDa a mi tía y a Benita y a don Tarquino, sintiéndome espiado por ellos y llegué a desconfiar de mí mismo, suponiendo que no desconfiaba lo bastante de los otros. Así terminó el año 39. Una vez me resolví a pedir a don Juan Manuel permiso para ir en busca de mi padre, pero caí en tan malas circunstancias, que hube de aplazar mi proyecto. Estaba de pésimo humor. Un paquete inglés recién llegado, había traído una carta de su gran amigo el general San Martín, dirigida al ministro Arana, comunicándole que no podía aceptar el nombramiento de plenipotenciario en el Perú, con que le había honrado el gobierno argentino Los federales sentíamos por el Libertador una admiración tanto más grande cuanto que conocíamos su adhesión a la política internacional de don Juan Manuel y sabíamos que le había ofrecido su concurso para luchar contra los franceses, aliados de los salvajes unitarios. El Restaurador se enorgullecía de ello, a punto que en la lista de federales adictos, publicada ese año de 1840
¡

;

.

I,A

CORBATA

C]^T,1;STE:

231
el

por la Gaceta, el primer nombre era seguido por el del Almirante Brown, y
quiza.

de San Martín
general

el del

Ur-

La carta estaba escrita en Grand Bourg, cino de París, a 7 de octubre de año 39, párrafos, elocuente por lo que presentaba con más relieve que todos los bronces que mos levantado, decía así:

pueblecito ve-

y uno de sus
al Libertador después le he-

"Hay más, y éste es el punto principal en que, con sentimiento, fundo mi renuncia. S. E. al confiarme tan alta misión, tal vez ignoraba o no tuvo presente que, después
de mi regreso de Lima, el primer Congreso del Perú m.e nombró Generalísimo de sus Ejércitos, señalándome al mismo tiempo una pensión vitalicia de nueve mil pesos anuales; esta circunstancia no puede menos de resentir mi delicadeza al pensar que tendría que representar los intereses de nuestra República ante un estado a quien soy deudor de favores tan generosos, y que no todos me supondrían con la moralidad necesaria para desempeñarme con lealtad y honor. Hay que añadir que no hubo un solo empleo en todo el territorio del Perú, que ocupó el Ejército Libertador en el tiempo de mi mando que no fuese quitado a los españoles, o poco afectos, y dado a los hijos del país y esta circunstancia debe haberme hecho una masa de hombres reconocidos, lo que comprueba el que, a pesar de mi conocida oposición a todo miando, no haya habido crisis en aquel estado, sin que muchos hombres influyentes de todos los partidos me hayan escrito exigiendo mi consentimiento para ponerme a la cabeza de aquella república. Con estos antecedentes. ^;Cuál y qué crítica no debería ser m.i posición en Lima? ¿Cuántos no tratarían de hacerm.e un instrumento ajeno a mi misión ?" y en oposición a mis principios Al copiar aquí este párrafo de la carta, siento en mi corazón la solemnidad de tanta grandeza.
;
.

.

.

esa carta debe procurarle
loco,

— Señor — —¿Está

dije,

cuando don Juan Manuel terminó una completa satisfacción. José Antonio? ¿no vé que los unitarios

.

:

!

**'^

232

HUGO WAST

explotarán el hecho para decir que San Martín se pone de su parte? proseguí ocasiones en que el GeneNo faltarán ral manifieste de nuevo su amistad a V. E. y su adhesión a su gobierno, como lo hizo con motivo del bloqueo. Entre tanto su renuncia comprueba su desinterés demuestra que cuando le ofrece su espada, no lo hace pensando en cómo se lo pagará V. E.... Pronuncié estas frases con verdadera convicción y sentí con qué halago el Restaurador acogió mi juicio. Se desvaneció el pliegue siniestro de su frente, y me sentí impulsado a pedirle noticias de mi padre. Me adivinó por mi emoción, y me interrumpió, poniéndome sobre el hombro, aquella mano omnipotente que doblegaba a todos los enemigos, desde el rey Luis Felipe abajo: No pase pena por su padre; está seguro. Salí desanimado y triste, por no haber sido capaz de formular la terrible pregunta que me quemaba la lengua: "¿Y ella, Leonor, es ya su mujer?" En mi casa, encontré a mi tía. tarareando una canción criolla, mientras con dedos pulcrísimos repulgaba unas

;

empanadas
Sonriente y discreta, como persona que cultiva esperanzas en su jardín interior, se daba tiempo para atender la casa desde el zaguán hasta la huerta, y hacer dulces, y hornear pan, y perseguir las hormigas de los patios, y poner un clavel más en una cacerola desportillada, y todavía llegó a la mesa fresca como una lechuga, en su arrepollado vestido blanco de holán. Un padre nuestro por el alma del general Quiroga! dijo a los postres Padre nuestro que... Yo no contesté al rezo, y ella, sin molestarse, concluyó su oración, y me dio a besar sus dedos blancos y suaves como natillas. Dios te haga un santo, José Antonio No pude aguantar más, y estallé ¿Qué noticias tiene de tatita?

—— — —

I

¡

.

..

.

.

l.A

CORBATA CHiKSTE

238

era agresiva, como tomándole cuentas de saber el asunto. Achicó la boca, y enarcó las cejas de ébano: Cómo tengo las mismas que tú Pues yo no tengo ninguna. Podrían haberlo comido los indios o haberlo fusilado los unitarios, y yo tan tranquilo y tan ignorante de todo. Algo de las dos cosas ha estado a punto de ocurrir respondió ella calmosamente. Es raro que no lo sepas, pues todas mis noticias las tengo por mensajes de

Mi voz

más que yo en

— —

¡

!

i

!

don Juan Manuel. ¿ Los indios, dice ? ¿ los unitarios ? Parece que el baqueano del portugués no era trigo limpio, y en Flores le tocaron el violín. Eso lo sabía. Y que el otro baqueano que le dieron por orden de don Juan Manuel, fué muerto en la Posta de Vergara por un negro

— — — —

.

.

.

.

.

.

negro ? Sí por Brum.oso, en una riña. Yo creía que Brumoso estaría en la estancia. Así lo creía yo también, porque lo dijo don Tarquino. Ahora resulta que éste supo, no sé cóm.o, tal vez por esa cotorra de María Josefa Ezcurra, la muerte del primer baqueano, y diz que porque a tu padre no le faltase un hombre de confianza, envió tras él a Brumoso. ¿Y es ese el hombre de confianza que tenía mi padre? ¿y usted lo sabía en peligro y no me advertía? Yo no sabía nada de esto. en cuanto a peligro, nunca tu padre ha corrido otro que el de no llegar a tiempo a Santa Fe. Vaciló un momento, se llenó de rubores y al fin decidióse a explicarme: Yo creo que el Restaurador tenía ganas de fastidiar al portugués. ¿Al portugués? Sí don Tarquino estaba impaciente por que tu padre llegara a Santa Fe

_

— — —

¿

Un
.
.

.

.

.

.

— —

Y

— — —

;

.

.

.

!

23:1

iiuno
tía,

WAST

— vSupongo,
te estaría

le

interrumpí,

— que más impacien-

Y

le

mi padre, puesto que iba en busca de su novia. guiñé un ojo con verdadera maldad. No se dio

por aludida. vSea lo que fuere; don Juan Manuel quería que Baltasar no llegara a su destino, y le puso un baqueano que había de extraviarlo y don Tarquino, advertido de la maniobra, envió a su negro para que lo estorbase. exclamé Aquí hay gato encerrado, señora ¿Qué le importaban a don Juan Manuel, estos nimios asuntos? ¿Confesará, tía, que alguien más lo inspiraba? Piensa lo que quieras contestóme resentida yo te cuento lo que sé; pero algún día te lo explicarás mejor. ¿Y cómo don Tarquino adivinaba las órdenes del Restaurador ? Vaya un misterio Lo habrá puesto sobre aviso la María Josefa, que está al cabo de todas las cosas políticas. exclamé golpeándome la rodilla, al ¡Acabáramos! recordar que entre mi tía y la cuñada del Restaurador existía una antigua rivalidad. Don Tarquino, para sus planes, se había ganado la voluntad de doña María Josefa, deseosa de contrariar a mi tía, cuyos empeños amorosos adivinaba; pero ésta había cogido la sartén por el mango, decidiendo en su favor la influencia de don Juan Manuel. ¿Vas comprendiendo, hijo? ¡Oh. dama sutilísima! ¡qué delgado hila su merced! Paladeó con gusto el elogio de sus artimañas, desdeñando hacerse cargo de la ironía con que lo aderecé, ¿Y a todo esto, señora, ¿quién pudo más? ¿don Juan Manuel o don Tarquino? Quien lo puede todo respondió contoneándose Tu padre está ahora en en la silla hamaca de mimbre Córdoba sano y salvo Y furioso, me imagino contestóme sin inmutarge. No creo ... ¿Y ella? interrogué por fin.

;


;

— — —

i

!

— —

— —

¡

!

— —

.

.

.

— — —

i

.

1,A

CORBATA

CTSI^ESTE

2^5

—¡Tarde acuerdas de —¿Dónde está? —En Santa Fe, como siempre. —¿Y Jacinto Olmos? — ¡Vaya! no puedo informarte
te
ella!

acerca

de

todo.

Por

ejemplo, de éste nada sé.

Estábamos en el comedor, entornada la gruesa puerta, para aislarnos del resplandor del sol. Era el día caluroso en extremo y la ciudad se adormecía en la paz de la
siesta

Bajo la galería dormían los pájaros en sus jaulas, asesando y con las alas abiertas. Pero las espesas paredes de adobe conservaban en nuestro refugio la frescura del aire de la madrugada, única hora en que se ventilaba. Mi tía sintió el ligero rumor de unos pies descalzos, y
indicó que callara. Entró Benita trayendo a dos manos una paila de tunas recogidas en la huerta, esa mañana. Sin mirarnos,

me

pero atenta la oreja, depositó la vasija sobre el suelo, en el rincón más sombrío y salió a traer un balde de agua recién sacado. Mi tía no hablaba y yo estaba impaciente, quem.ado por sus sonrisas maternales. Chirrió la rondana del aljibe y al ratito volvió la muchacha con el agua, que vertió sobre las tunas. Estarán bien frescas para después del baño, dijo, y volvió a salir. —Cerra la puerta, chinita, ordenóle tía Zenobia, y de nuevo quedamos solos, en hospitalaria penumbra. La dama corrió su silla para estar más cerca de mí. ¿Es posible que no tenga noticias de Jacinto Olmos,

— —

tía?

Me

pareció que

la

ansiedad con que hice

la

pregimta

le

supo a mieles.

—¿Te —No —¿Es

interesa tanto la suerte de ese

es

respondí secamente. por él, por Leonor, entonces?

mozo?

.

:

!

!

:

23(1

Hroo
Sí,

V.

AST

— por interesas José Antonio — Tarde temiendo una por mala — agregó, — dicen que don Juan — Nada de Manuel averiguó que había caído en manos de Lavalle. — Más vale Amalaya fusilen — Mal corazón
ella es.
.

i

te

ella,

Palidecí,

noticia.

Jacinto,

¡

así

!

;

lo

¡

tienes

!

No m.e atreví a hablar más de Leonor, avergonzado de no apesadumbrarme, sabiendo que mi padre no había llegado hasta ella. Í3 di jome, y se levantó Me voy a echar un sueñito, con sandunguero rumor de enaguas almidonadas. Si yo había de averiguar de Leonor, debía ser en otro lado ; Pero, en dónde. Dios mío ? A cuantos fuera a preguntar de ella, se les ocurriría el mismo pensamiento "José Antonio está celoso de su padre ..." En mi cuarto, fresco y sombrío, con las maderas entornadas, perfumado por el alma del jardín, hallé a Be-

.

.

.

nita disponiendo sobre mi velador un ramo de claveles en una jarra de plata. Me sorprendió la tristeza de su fisonomiía. Desde hacía

tiempo, aquella muchacha era un viviente secreto. ¿Cómo van tus amores, Benita? le dije cuando

se iba.

Se volvió, con la mano puesta en el picaporte, y fijó en mí sus ojos ardientes y fieles. Laio de estos días tendrá noticias de la niña Leonor. ¿Quién me las traerá? pregunté ansioso, y la emoción de mi pregunta am^ortiguó su mirada.

— — — —Yo mismo, niño. —¿Me contarás que mi sepa? — No, niño que yo cuente no sabrá nadie. —Y a ¿quién contará? desgano Me contestó con — Don Tarquino espera un chasque de Santa Fe. — Ah — exclamé sonriendo estúpidamente y creyendo halagarla. — Es verdad que hombre no
lo
tía
;

lo

le

lo

te lo

visible

¡

!

j

el

tiene se-

cretos para

!

Dios te

lo

pagará,

si

sabes arrancarle cuan-

que le tenía. . por lo que instintivamente nos guardábamos de ellos. . Las almas de los pobres mortales son como las estrellas.. y las que más cerca brillan no son las que más conocemos Quise hacerle una última pregunta.A CORBATA CKI. pues no bien me sintió levantado. y noté que lloraba silenciosamente. que quise respetar.a antes de la hora habitual. y me sacó de la cam. No se desvaneció con esto la prevención — — . quebrantada por un misterioso dolor. ]. Dios ha hecho que el corazón humano sea un vaso de misterios. El calor sofocante no me dejó dormir. pero me contuve y entorné sin ruido mi puerta. y lo fué con una lealtad y una abnegación que muchas veces llegó hasta al heroísmo. Todavía seguí creyendo en sus rarezas. cerrando mi puerta. las familias más aristocráticas . a pocos pasos. ! En aquellos tiempos. Dice mi amita que pase al comedor a comer tunas y que si quiere acompañarla al río a la tardecita De mil amores que voy en seguida . . Por ellos pudo ver y oír y recordar lo que ocurría. pegada la frente en la pared. A mi tía debió ocurrirle otro tanto. se envían su -luz a la distancia y no se juntan nunca. Ahora podemos hablar así pero en los días del terror.ES'IK '¿¡37 to' sepa 3^^ contármelo Salió. me envió una jarra de plata con agua fresquísima del aljibe. Pero lo que yo he visto es lo contrario. la servidumbre tradicional de nuestras casas sacrificó a menudo su interés por ser fiel a sus amos. y me asomé al patio. No me. y una garrafita con sorbete de guindas.igos. vio. Es posible que eso ocurriera. porque no comprendí por qué lloraba. Dicen que bajo el gobierno de don Juan Manuel los esclavos le sirvieron de espías. . obedecíamos a la creencia general de que don Juan Manuel disponía de los esclavos y sirvientes. . no sólo en las casas de sus adversarios sino también en las de sus am. hacia el año 40. Estaba en la galería.

día en que los padres franciscanos y dominicos bautizaban el agua. pues ya iba a cerrar el neel río. no muy rígida. echándose aire con vma pantallita en la calva sudorosa. a pie. Este no tenía nada de particular en su tocado. que ofrecía a las damas. Tal baño era una institución. Don Tarquino Fonseca. Tía Zenobia baja me dio un codazo y me advirtió en voz le llame la atención. blandiendo su abanico. Grande era la algazara reinante en la costa. cuyas cascaras echaba a rodar por la calle. iba con su frac color aceituna y el sombrero de paja en la mano. había arrojado de sus casas a toda la población. bañándose ellos mismos. el vaho de horno que pesaba sobre la ciudad. casi religiosa.: 238 HUGO WAST tenían la pintoresca y saludable costumbre de bañarse en en el bajo de las Catalinas. que se chapuzaban algo apartados de sus amos. Al oscurecer. comiendo sandías. y un negrito para cuidar la ropa en la playa. numerosas caravanas de familias. y se deshizo en saludos. —Este nunca —Algo habrá se baña. Los más iban a bañarse. repliqué. pero es curiosillo. A veces nos seguían dos o tres sirvientes. Al vernos se metió precipitadamente y salió de chaqueta y sombrero. tomaba el fresco a la puerta de su tienda. pidiéndonos permiso para acompañarnos. gocio. Sonrió sin contestar. donde se establecía cierta separación de sexos. bajaban al río. como que no se practicaba sino después del ocho de Diciembre. El boticario y su esposa eran siempre de nuestra comitiva. arrebujándose con donaire en la especie de albornoz que la envolvía hasta el cuello. Llegó misia Mariquita León en paños menores. con que se defendía de los pellizcos de don Pío. pues recuerdo a don Pío León boyando sobre las olas y yendo de grupo en grupo con cartuchitos de pasta de Orozuz. bien envuelta en una sábana de baño. que — . sin embargo.

los inmundos y salvajes uni- A A tarios. y en días como ése. De sus bordas carcomidas suspendía con todo mimo el frac. rectifiqué yo. O acqua flmninis. Cuando entraba la noche. parecía llamear el horizonte. iban a ver y a travesear.. . dores del crepúsculo. y alzara el puño. Don Pío fué primero en obedecer. — osé Antonio sálganse ¡ ! — gritó mi tía cuando" Su voz aguda — — — se sobrepuso al melancólico rumor de que se desmenuzaban en la playa. calurosos y límpidos. y salió resoplando. denunciando las curvas y los pliegues indescriptibles de la barriga. José Antonio. Cuando al rato me le acerqué. en balizas exteriores. con los ojos abiertos y los cañones prontos.. se fué de un trotecito a su chalupa. la figura del boticario era inolvidable. enrojecido por los resplanlo lejos.. los calzones y el chaleco punzó Un cuarto de hora después estábamos todos en el agua. se empinara sobre las toscas. que en cueros y chorreando agua. Es lo mismo. — Don i Pío ! ¡ J empezó a las olitas el tiritar. luces rojas y verdes anunciaban a Buenos Aires que permanecía allí la escuadra del rey Luis Felipe. Observando que yo lo miraba. en las que el sol ponía su último destello. Don Pío León se desvestía al reparo de una chalupa. Imagínate qué sería de — nosotros sin esta bendición del cielo. lo hallé vomitando palabrotas . No faltaba en ocasiones. podían percibirse las cofas de los buques franceses. algún enardecido federal. ! LA CORBATA CELESTE 239 zalbetes de pero Otros. gozando del imponderable deleite de sumergirnos en el trémulo cristal de nuestro magnífico río. que se ponía quilla arriba desde veinte años atrás. Dios no ha hecho nada mejor que el acqiia fontis. y entre esos todos los pilluelos y algunos momi edad. maldiciendo al rey guardachanchos y a sus aliados. tal hora. Con la ropa de baño pegada al pellejo.

. póngase . Yo lo seguía convulso de risa. a babor y a estribor de la embarcación. me — Esos —¿No dejó quien — Desgraciadamente. iba escudriñando en las caras de los pihuelos que hallábamos al pasar. Con alguna leve esperanza. sin calzones y de frac. entre los magníficos acordes de una marcha. don Pío metió el busto desnudo en el chaleco punzó. ensabanadas. al tranquito. Echamos a andar por el bajo. en sicos. militar Fuerte para ir la esquina de las calles Perú y de la Victoria. y encima se abotonó el frac. cariacontecido. y la algazara de los muchachos que llevaban los atriles y los farolitos de los mú- Mas. que salió del como de costumbre. Don Pío. mal? queda muy bien . sin más resultado que acrecentar su amarga certidumbre. seguro de llamar a tocar la llegar a su casa sin atención. extrafalaria que la del boticario sin camisa. —¿Quedo muy — No. ¿Y cómo me vuelvo a casa? gimió. porque en mi vida no he visto figura más . para no agitarse y echar a perder su baño. Cuando cruzábamos la plaza era ya de noche. 24ii HUGO WAST i zones no. a popa y a proa. ne adelante. Registró arriba y abajo. pilletes ! han robado la camisa y los cal- se los cuidara? — —A ver. Don Pío empezaba a cobrar ánimos. don Pío zapatos de género. No habían advertido el suceso. Se enfundó en los holgados calzoncillos. lleno todavía de bañistas. Venían a cierta distancia las mujeres. el frac — — le dije. una banda la retreta. — Puede ser que no se advierta.. si no sería alguno de ellos el autor de la broma. de modo que hicimos todavía un par de cuadras. nos dio alcance. y se puso los en la media luz del Camianochecer nadie advertirá que le faltan prendas.

con una canasta cubierta por blanquísima toalla. de las diez. a la escaza luz de los farolitos de los atriles y de algunas lámparas encendidas en los zaguanes. vigilaban. pero notábase una extraña inquietud entre las familias vinculadas a las cosas políticas. — — Estaba malhumorada. sentadas en sillas junto al cordón de la vereda. La negra Micaela. Sentía que ante H. recién horneados Nadie parecía tener informes de la batalla. alguna flor y hasta algún billetito con el dueño de sus pensamientos. como si se hubieran recibido o se estuvieran esperando graves noticias. contestando saludos y premiando con sonrisas los disimulados piropos de los buenos mozos. y ofrecía rosquitas de maizena. Pero no impidió eso que después de vestirse y de merendar. Las damas de edad. que deseaba tomar lenguas sobre unos rumores de batalla librada en la Banda Oriental. aquel inofensivo tendero. José Antonio. y las luces de la calle atraían oleadas de mosquitos hambrientos. que detenerla de don José Olaguer. se colaba por entre los grupos. a donde acompañé a mi tía. lo halláramos en la retreta.. W'a'jt: ella se refrenai6 La corbaia celeste . dijo mi tía a cosa Vamos a casa. rengueando. . alfeñiques. que no dejaban de aprovecharse de las sombras para cambiar alguna palabrita. que a la siesta jugaba a la malilla con don Tar- La cía quino ¡El mísero no sabía lo que costaba propalar en 1840 noticias semejantes! La calle hervía de gente. que unos acogerían con pesadumbre y otros con alegría. LA CORBATA CELASTE 2ál Creo que desde ese día don Pío León no fué a bañarmás de frac. pancitos de dulce de coco y bollitos de Tarragona. Las niñas vestidas de blanco se paseaban. a las muchachas. noticia habíasela trasmitido una sirvienta. y en la que se daba por vencidos a nuestros amigos los se entrerrianos. La noche era sofocante.

sospechándola demasiado adicta al gobierno. se desbordaban los acordes de un piano. mienUnitarias han de ser ¡Quiera Dios que no sea tras nos dirigíamos a casa. gritó — Hasta — la reja. supo cjue la policía se lo a — para que no mi — Bien hecho. a pesar de tanta derrota. y vencido a . medida que nos alejábamos de la retreta. Mi ¡ tía se : detuvo ante trofa. con una victoria de los suyos. lugar de la Banda Oriental.! 212 HUGO WAST las conversaciones de muchas amigas suyas. y una copita de guindado. — propalar cosas que regocijan a — Pero que hay de en que dice dijo tía había llevado. se ¿ cierto lo Mama Felisa había sido más afortunada que mi en sus averiguaciones. nos internábamos en el silencio y en la lobreguez de la ciudad dormida. Seguimos adelante. se pondrían intratables. llegado de !a Colonia en una chasquera. que Benita se puso a partir. Al vernos cayó miama Felisa. aquella noticia que él mismo le diera. los unitarios. Don José Olaguer. Una muchacha tocaba en la oscuridad y cantaba: ban — ¡ ! — — A Tengo un En las tío de cadete guardias españolas. y cuando terminó de la es- i Buenas noches ! mañana — le contestaron adentro sin reconocerla. Que en pidiéndole Echa mano a las dinero pistolas. gobernador de Entre Ríos. murmuraba ella. alarmadísima. verdad lo que nos han contado! Estas gentes tan altaneras. Sobre la mesa del comedor nos esperaban unas sandías. había contado que en Cagancha. las tropas del pardejón Rivera habían deshecho al ejército invasor del general Echagüe. a inquirir mayores detalles de. Por una ventana abierta. hacia la calle. porque al ir al tenducho de don José Olaguer. se metan ? tía.

la mañana siguiente. jefe de aquella revolución que serás protegido por la Legión que mando. que fundaron tantas esperanzas en la revolución del sur. a levantar el corazón de los tenía fecha del 24 de Noviembre. por haber soltado la lengua. en forma que apenas pudiera quedarnos recelos de su veracidad. aun la prisión de don José Olaguer. Se conocía. que se refería con detalles.BSTE los 248 la vez al el bamos general Urquiza.. Desde la conspiración del coronel Maza se nos habían anunciado tanto las fantásticas expediciones del general Lavalle y de los franceses sobre Buenos Aires. me despertaron los llantos de mama Felisa. destinado Y revolucionarios. José Antonio. que ha- — — — bíamos acabado por no creer en ellas. y se te parEl mordaz el difundir Y A — — ¡ ! ¡ tirá el alma! . en Buenos Aires una carta interceptada por hombres de don Juan Manuel. indicaba la importancia que el gobierno atribuía al suceso. que regresaba del mercado con su tipa de cuero llena de víveres. escribía el general L^ valle al "Puedes estar cierto de desgraciado Castelli. en caso — — necesario". tres semanas después de ser vencida la revolución y degollado este mensaje. Pero lo de Cagancha no era el anuncio de futuras y legendarias proezas. sentíanse cruelmente desencantados. que año 40 como uno de los más firmes federales considerásostenes del Restaurador. razón les soobservó mi tía Si eso fuera asi bra a los unitarios para estar contentos. Estoy cierto de que mi tía pasó una mala noche. Allí en la plaza anda !. IvA CORBATA CE1. y salí al patio. Los mismos unitarios. sabiendo cuánto desalentaría con ella a sus enemigos. sino la noticia de un hecho real. ¡El pobrecito! ¡quién se lo dijera! Me vestí de prisa. Castelli don Juan Manuel se había apresurado a contenido de las misivas.

y sintiendo que' me alejaba más del hombre a quien yo servía. o saban en la se po- boca. desdentada y sangrienta. Los ojos del muerto. Las moscas verdes zumbaban a su alrededor. . sublevada mi conciencia por aquel crimen alevoso y cobarde. hundidos en sus cuencas y cerrados. no reflejaban la angustia con que debieron ver llegar a los asesinos. Me acerqué lleno de piedad.244 HUGO WAST En efecto. No se veía un alma en los alrededores. Una infinita serenidad había en la frente blanquísima. Un hilo de sangre coagulada descendía hasta el suelo. El siniestro despojo había ahuyentado a la gente. En muí punta de lanza de la verja que rodeaba la pirámide de Mayo estaba clavada la cabeza del mísero Olaguer. coronada por ralos cabellos encanecidos.

"Don Juan Manuel cuida de Baltasar". aunque hubiera de caer en manos de Lavalle. y ponerme en viaje. como veinaños atrás. y yo calcinado por el deseo de salir de la ciudad. nada. De Leonor. si es que no lo había utilizado ya. arrostrando el peligro de que los unitarios me fusilasen por federal. y yo no me decidía a escu- La guerra te charla sin recelos. la misma ignorancia. Entonces resolví abandonar el servicio del Restaurador. que seguía haciéndola objeto de misteriosas confidencias. De tarde en tarde Benita me contaba algo de lo que le llegaba a don Tarquino. A ser cierto lo que me informaban. si es que antes . alegando que no sabía más. Pasamos el otoño temblando y sin noticias de los ausentes. mi padre seguía recluido en Córdoba.VII Un minué federal Transcurrieron largos meses marcados por preocupaciones. el dolor y las civil ardía en toda la república. sin explicarse mayormente. y de Jacinto Olmos. me decía a menudo mi tía. y en Buenos Aires los mazorqueros habían tomado la calle del medio para sus fechorías. a quien yo suponía impaciente por utilizar el famoso poder. muy satisfecha de que el buen señor no pudiera dar un paso hacia Santa Fe.

pero fué incapaz de impedir que el general unitario salvase buena parte de su ejército. aquella respuesta era conocida en todr. respondió con una frialEl hombre se nos acerca dad que traslucía su preocupación. . bastó mirar si la cara era alegre 'O despavorida. para marchar sobre Buenos Aires. llegó muv agitado a comunicar a don Juan Manuel la nueva de que en Tala. asestando Lavalle un buen golpe al general Pacheco. y que el general I^avalle tomaría sin esfuerzo a Buenos Aires. que la escuadra francesa haría un desembarco e» el bajo de la Recoleta. vencido por Rivera en Cagancha. jefe de las vanguardias federales. fie dicho ya que don Juan Manuel tenía mucha confianza en su destino y un gran desdén por el genera! unitario. creían que la campaña se sublevaría. Antes de Caseros.246 HUGO WAST salir de no me habían degollado los federales por de- sertor. que el paisanaje correría a engrosar sus filas. realizada por un ejército semivencido. había ocurrido el primer encuentro. cruzara el Paraná. Pero esta vez no lo vi sonreír. no tenemos có- Una mañana Marino. ciudad. Los unitarios no cuidaban de disimular su regocijo. llenó de estupor a los federales y enardeció de tal modo a los unitarios que para saber las convicciones políticas de cada uno. mandante la "Gaceta". y code serenos de la ciudad. Horas después. y en la escuadra francesa. se acababa de desquitar contra Lavalle. en la batalla de Sauce Grande. redactor de del cuerpo - — — —Y mo la atajarlo. nunca se vio más cerca de su definitiva derrota que en Agosto del año 40. Sólo me retenía la consideración de que iba a traicionar mis antiguas convicciones políticas en los momentos en que palidecía la estrella de don Juan Manuel. en Entre Ríos. Esta valiente maniobra. El general Echagüe. ya no fué menester sonsacar a la servidumbre.

traje soldadesco. dijo cuando hubimos Se vé que no me recuerda. y multitud de jóvenes entusiastas. Una mañana. Te diré la verdad. Pero Lavalle se desgastó en vanas escaramuzas. gracia. mermaban los amigos y se multiplicaban los adversarios del que iba a caer. ni en la ciudad brotó la revolución. se escapaban por la costa de San Isidro. ¿Y vos? — — — — — — — — — — . . a siete leguas de la ciudad. T^A CORBATA CELESTE 247 como sucede en trances tales. asistiendo impasible a las hazañas de los mazorqueros. Benita me anunció que un paisano quería me pregunté cuan¿Dónde he visto yo esta cara? do entró un mocetón de bigotito negro. me acuerdo de haberte visto. para enrolarse en el ejército unitario acampado en Merlo. la Así empezó la siniestra primavera del año 40. Yo. lanceando unitarios. hablarme. ¡Vaya con mi mala memoria! ¿Y qué es de la vida dehesa prenda? Anda en campaña. Y . arisco de mirada.. cuando los corazones estallaban de ansiedad. ni en la Recoleta desembarcaron los franceses y un día. Ni las campañas se sublevaron. pero de buena apariencia. pero no sé dónde. se supo que el general Lavalle emprendía la retirada por el camino de Santa Fe . dando tiempo a que don Juan Manuel organizara la resistencia en Santos Lugares. el hombre de Pepa la Federala! respondió con cierto énfasis. vi llegada la ocasión de huir de la ciudad. cambiado un saludo. que al aproximarse el ejército unitario creí en caída del Restaurador y me sentía vinculado a su des- cuando lo vi triunfante. esperando por minutos que tronara el cañón en Santos Lugares. sin disparar un tiro. ¡Yo soy Anselmo Pereyra. No confié a nadie mi proyecto y empecé a buscar un baqueano seguro que se atreviera a desertar conmigo.

—También — — — — • — Nada —¿Y de. mno. donde estaba mi gracias a las artimañas de mi tía? ¿A Santa Fe. — Cómo i le gustaría a tatita verla en ese traje . Mientras Anselmo Pereyra iba por su lado a buscar los buenos pinfjos que necesitábamos. lY de tatita no hay noticias por allá? ticias. Kl corazón empezó a latirme con fuerza. y le pedí que buscase caballos para partir a la mañana siguiente. Parecióme fresca y juvenil como nunca. I \ se sabe . vestida de claro. alcancé a balbucear. Jacinto Olmos? El joven paisano. donde estaba Leonor? Ese mismo día las circunstancias lo decidieron. Cerré los ojos y me animé a formular mi terrible pregimta ¿Está soltera? •«< SI mno.— 248 : : ! ! ! HUOO WAST yo. Hemos andado por Santa Fe. porque yo empezaba a mirar las cosas con n-!ejores ojos . como de costumbre. como prisionero. . Mi tía regaba sns plantas. y vengo mandado de ella a tfr. que un día estuvo a punto de ser asesinado por mi primo. se estremeció y me respondió sordamente y sabiendo que podía contar con su adhesión. a mi secretaría. así le — Cómo hubiera tragado — Ojalá fuera — si lo la tierra contesté. yo me dispuse a ¿Hacia qué rumbo iría? padre. ¿A Córdoba. le expuse mi ardiente deseo de salir de la ciudad. y una niña le manda un saludo. 1. presintiendo a quién iba a nombrar. y quise decirle algo agradable. HlHas visto a Leonor? 1. vSentíame aliviado de la pesada coyunda con que don jtian Manuel ataba nuestros corazones y nuestras volunir tades.irle noque han de ser de su gusto.

y ha mandado invitarnos. IvA CORBATA CFXESTE 249 Sonrió donosamente. y me dio la mano. festejando la retirada de Lavalle. como de haber chasqueado a los que de antemano festejaron su caída. sino un correo de don — — — — . Sin embargo. el Me disgustó Don Juan Manuel . que parecía adivinar mis Densamientos. limpia del inquietante ceño. después de la muerte de doña En- carnación y seguramente el Restaurador esperaba llenar sus salones de unitarios. Nada en su rostro revelaba las preocupaciones y la fatiga de esos días de trabajo febril. Sentía una inmensa alegría. con pliegos secretos para el general Garzón.. asegurando mi viaje. lo encontré en su despacho. a través de Entre Ríos. ¿No sabes que esta noche estaremos de baile? Yo contaba con partir después del toque de ánimas. pues ya no sería un desertor. y en su frente. para encargarse de la defensa de la ciudad y acampaba en Santos Lugares . el pálido terror de las almas. resplandecía el orgullo. cortó unas diamelas de tropical perfume. me dijo Acaba de salir Manuelita pero la voy a llamar porque tiene algo que encargarle. Lavalle querrá tomar esa ciudad. La emoción me incapacitaba para contestar lo más mínimo. ¿Dónde y a qué santo es la fiesta? En lo de Manuelita Rozas. Mientras tanto él. . pero esa mañana. creo que su espíritu mordaz. y me las puso en el ojal. me decía: Voy a mandarlo a Santa Fe. hora en que ya nadie transitaba por las calles. para establecer comunicaciones fáciles con la Banda Oriental. no se complacía tanto de haber salvado del peligro. Un asistente corrió en busca de la niña. Recibióme con alegría. había delegado el mando en su ministro doctor Arana. y adivinar bajo sus sonrientes homenajes. — — — anuncio. Era el primer : baile. }' tal anuncio me desconcertó. y en su mirada azul.

por el marido de Pepa la Fedérala. Quiero que haga el viaje con la rapidez de un chasque. ¿ No será como aquel bribón que llevó su padre ? Es Anselmo Pereyra. empeñándose en disimular una inquieque no podía escapar a mis ojos prevenidos. y me mortificaba servir algún oculto propósito del Restaurador.. Sí. . y que le dé recuerdos de mi parte a Leonorcita y que me alegraré mucho de que las cosas ocurran a su gusto y que alguna vez todos nos veremos en Buenos Aires . . Llegó azorada. : . En las postas le darán buenos caballos de muda. pues al verme se ruborizó. . Ella titubeó. cuando su voz me — — — . Bajó Manuelita los ojos. pero temía una celada. Niña. y a la primera palabra del Restaurador se puso triste. tatita ? La besó en la frente. Ha venido licenciado miró fijamente. lleno de bolados y ceñido por cinta rosada. momentos antes? ¿Acaso de mí ? Tal podía creer. irse a es . señor. Hágale su encargo y le dará un gusto.. . en su vestido blanco.. y murmuró: Que le vaya bien.. anunciaba Manuelita la primavera. . con gran ternura. aquí está José Antonio. — — — — . lo miró como implorándole que no la sometiera a esa tortura. 2B0 HUGO WAST . El la tomó de la mano dulcemente. —¿Pensaba José — señor — contesté —¿Tanto su apuro en desertar. y ella se fué más inquieta y confundida de lo que vino.. volvió a la realidad. me la puso delante y volvió a decirle Dele no más el mensaie que ha de llevar a Santa Fe. E. Me Antonio? Santa Fe? sin vacilar. ¿ Nada más. Me había quedado pensando si debía alegrarme o lamentar la intervención que don Juan Manuel parecía dispuesto a tomarse en mis asuntos. ¿De qué le había hablado él. Juan Manuel Ya una tud. . para usted y su baqueano ¿ Tiene alguno ? Sí. quizás lo conozca V. empeñado en irse a Santa Fe.

Me acordé entonces de que mi tía una vez me dejó entender que el Restaurador estaba arrepentido de haber desterrado a los Matorras. y mi respuesta afirmativa pareció alegrarlo extraordinariamente. •-No. No tenía Manuelita los ojos claros y asfudos de su padre.e atrevía a mirarla. he de saberlo yo mismo? que puedo morir.. pero aquellos esplendentes luceros de su rostro de morena. Nada afligía tanto a aquel hombre. ¿Se iba sin despedirse de mí? ¿piensa que lo habría perdonado si así se fuera? Sonreía con tristeza al reconvenirme. No pude vencer un movimiento de vanidad. —¿Cómo tos peligros. ¿Era en efecto yo aquella persona temible para don Juan Manuel ? ¡Bendito sea Dios que así levanta a los pequeños! En el acto me avergoncé de tales cosas. Manuelita. como la preocupación de que su hija se casara.A CORBATA CELESTE 251 Tampoco me animé a disimular esa verdad. aún no me voy. Guando — — —¿Cuándo viaje? — Saldré —¿No olvidará de mi mensaje? — No me olvidaré de que han migo —¿Y no volverá nunca. se los sido buenos con- . Me aguardan tan- . I. alcanzóme una china del serde Manuelita: Dice la niña que quiere hablarlo. verdad? es el al alba. y que le haga el gusto de ir al segundo patio. y en el acto comprendí las intenciones. . abondonándolo en la espantosa soledad espiritual que él mismo creó a su alrededor. con una aguda sagacidad de mujer. salía vicio de la casa. y yo confundido apenas m. también sabían penetrar en las almas. Se me ocurrió que aquella persona era yo. porque solamente Leonor podía impedir que una persona se enamorase de Manuelita y se hiciera querer de ella.

bajo un parral del patio. . ganoso de sondear sus secretos. . la brisa. no exclamó sacudiendo enérgicamente la no morirá. agitando aquellas hojas nuevas. y con los ojos llenos de lágrimas. producía un tierno y apacible rumor.. La hice llamar y vino. : . me anunciaron que Inesita Biiitrago y su hija estaban con mi tía y que la joven había preguntado por mí. ¿se hará unitario? le ha dicho eso? entonces? creerle. un suspiro. . y ver si aquella cabecita de quince años. Bien haya la niña que llora. alzó el noble pecho de la joven. temiendo descubrirme. Estábamos solos. y voy a ¡ Nada ¿Lo respondí. dejará a tatita?. Cuando llegué a casa. perceptible sólo por mí. ! . dejándome triste.. porque no la llevan partir. No. Desde que un día aludió Juanita a los secretos de Leonor. parecía inicuo Me Me Si mentirle. 252 HUGO WAST ¡ — — cabeza. consideraba serinmente las cosas graves que llenaban nuestra vida. se alejó. pero tampoco volverá a Buenos — ! — Aires . . — ¡Oh. tendió la mano y me dijo con bondad —No Y falte a mi baile esta noche . terminación de guerra i al baile! dice así I festejar la la civil . se había trasformad(\ belleza pueril. de . yo temía y a la par me interesaban sus confidencias. no hubiera tenido una irrevocable resolución de conmovidas me habrían detenido. . Con un dejo de orgfullo me habló del capitán Duarte. Manuelita! ¿quién — Nadie —¿Cómo puede imaginarlo —Dígame que no. —¿Quién que no me llevan? ¡Ojalá fuera ¿Qué voy yo a en casa de don Juan Manuel? —Lo que todos. que la primavera iba llenando de mariposas verdes. sus palabras — — exclamé. a quien una tarde acompañé. agitada por una intensa emoción. Kn pocos meses aquella criatura No era la muchacha turbulenta..

. merecías toda nuestra confian¿a — • — — gría. y en sus ojos se encendió una llama de reconcentrado furor: Ya lo han descubierto . Su salvación está en tu mano . me dijo.. repitió — o en la mía . Vive en la ciudad. hizo temblar el tono resignado de estas últimas pa- prosiguió Juanita Una vez me dijo Leonor que aun siendo federal. . le dije. me explicaron todo.. a la luz del día. Juanita? ¿Lo ves siempre por arriba de las tapias de don — — — — — — Juan Bueno? Lo veo.LA CORBATA CELESTE uno de los valientes revolucionarios.. — ¡Eso dijo Leonor! — exclamé yo ebrio de — ¡Bendita pues me vuelves paz! —Así me habló siempre puede contar todo. ¿Sabes que corre un peligro inmenso? Sí lo descu- — — — — bren lo fusilarán sin piedad .. tú. es oficial en los cuadros de don Juan Manuel. 253 que a duras penas escapó vivo en Chascomús. José Antonio? — Si qué pasa te • • ale- seas.. Se puso más pálida. .. Su reserva y emoción. ¿Duarte sigue siendo unitario? Asintió con un ademán. Me labras. ¿ ? Espió a su alrededor para día oiría. i — —¿En mi mano? ¿cómo — En tu mano — ! puede ser? con vehemencia. atrayéndola al fondo de la Ya comprendo habitación. pero no de ese modo.. ¿Cómo no he de acordarme de los que te quieren. ¿ Escondido ? No. la ¿ se te . constatar que nadie po- —^¿Tienes miedo? ¿cómo puedes haber cambiado tanto que eras valiente como Lavalle? ¿de qué tienes miedo? . . Creía que te hubieras olvidado de él viendo que yo recordaba sus palabras de aquel día.

— — y — El va a enrolarse con Lavalle José Antonio de Leonor? corbata ¿conservas — Oh. y tiene ceJos de Duarte. — . brindó por que los federales no se cansaran de degollar militarote. recordando cil que sobre una mesa. temiendo comprenderlo demasiado —Ha descubierto quién y me ha dicho que no .lé^-ala al campo de Lavalle . .. unitarios. consiguiéndole un pa- respondí. no — — ¡ ! — . ! ! ! . importa . y le dije: Habrá descubierto que estás de novia. — Mañana me voy él . Pero le llozos. la celeste j ! el se la . . . ¿ comprendes ? bien.. No quise manifestar de pronto mis temores. En aquella época... . yo voy al servicio del Restaurador. pero no tiene celos. la desgracia más grande que podía caer sobre una joven. — respondí alarmado. Ha descubierto que es mi novio.. No hizo ella con un gesto vehemente. era el ser distinguida con el amor de algunos de esos bribones. . ¿ ser tu divisa ? ¡ I. ! . . ¿ todavía no comprendes? Escondió la cara y rompió a llorar con violentos sotiene celos . Juanita — exclamé embriagado por dulce recuerdo — ¿cómo sabías de esa corbata? por qué no ha de ayudé a bordar —Yo i —Ayudarlo a saporte. . . . es ha puesto un precio a la vida de Duarte un precio que está en mis manos . ¡ —¿Me —¡Sí! —¿Qué dijiste que yo puedo salvarlo? debo hacer? salir de la ciudad. a Santa Fe. 264 j HUGO WA8T se — Santa Coloma me ha declarado — Ki miserable — murmuré con ¡ ! ira. en el patio del Socorro. — le — No comprendo. Elévalo contigo No querrá venir.

según muchos hacían. Juanita. Muchas un postrer adiós. sobre figurines parisienses. — ¡ ! — elegante simplicidad de la época: llevaba un traje confeccionado por ella misma. abiertas de par en par. de no menos rancia estirpe. habían Ezcurra. No necesitaba Manuelita pedir prestados muebles a sus vecinos. y a mitad de — Deserta. campo camino nos separaremos: él se irá al ejército de Lavalle. LA CORBATA CELESTE 2*5 el Me a mí. Cómo no ha de quererte Leonor exclamó Juanita deslumbrada y aturdida. como ella. Conversaba con el apuesto militar. y corrió a juntarse con su madre. que estaba en el zaguán despidiéndose de mi tía. de quien me había hablado. . Pero salvaré a tu novio: mañana al alba saldré de la ciudad. Sería una traición. y que las niñas pobres se industriaban para copiar. y yo a donde es mi destino Confieso que al hablar así. y a pesar del ambiente de fiesta. dejaban ver . y en sus ojos la ternura de ido al baile con la sonrisa helada y el corazón oprimido.! . Las puertas bajas. parecía que era el acento de Leonor que llegaba — No la ¡ de al puedo. Sobre la cabellera. sangraba un manojo de claveles. se notaba en sus modales el esfuerzo de la simulada alegría. que saliendo ciudad en servicio de don Juan Manuel me pasara unitario. y debo cumplirla. pues — Ya no tiempo. Me apretó largamente las manos. . partida al medio. que recibían las damas de fortuna. pues aunque no era su casa de las más ostentadoras de la ciudad. sentía lágrimas en mis ojos y en mi voz. atado con una cintita federal. y de los Ortiz de Rozas. Lo llevaré de asistente. la tenía alhajada con los hermosos muebles tradicionales de los otras. Vestía con aquella . Esa noche la encontré en el baile. es he aceptado una comisión. antiguos dueños de "aquella mansión.

militares de uniformes galoneados. Yo había oído aquel minué. iniciaron el baile con el ceremonioso minué federal. llenas de donaire versallesco. acompañada por el general Pacheco. y pude responder a Manuelita: También yo lo he oído. alumbrado por araivlanuehta. apareció una cara. que a todos nos debió producir la misma sacudida penosa como un presentimiento. Una instantánea asociación de ideas iluminó mis recuerdos. hice yo presentándolo. No me ha saludado Juanita. . a Juanita Corrales. . donde al comenzar el baile. damas descotadas. que era la reina de la fiesta.. a la hija del Restaurador. tocado en la guitarra. . perfumados por la prima- vera. también me dijo: Yo he oído cantar ese minué. — — — — — . Mandeville. y acabé por mezclarme a la danza. como una despedida sin esperanza. Ella conmovida. que cuando se sofocaban adentro. llenó el gran salón. vi a Juanita con su novio. llevando del brazo. tal era la . — . . con la mano tendida. eu que se diseminaba la concurrencia. el ministro inglés. — . De pronto en el cuadro de luz. La melodia penetrante de la música.. 256 HUGO WAST la hilera de piezab tapizadas de damasco punzó. presénteme al capitán.¡Duarte! La ventana aquella daba a la calle. . pero no podía acordarme dónde Seguía con interés los movimientos de las parejas. civiles de frac y chaleco rojo. como un preciado trofeo.. . ¡Es verdad! ¡A ella fué! dijo Manuelita acercándose a la sobrina de Buitrago. . a pesar del cuidado que ponían algunos vigilantes en mantener despejada la acera. se salian a respirar a los patrios frescos y sombrios. dando el brazo a y haciendo pareja con otra dama de alcurnia. donde se amontonaba una muchedumbre de curiosos. conversando en voz baja. pero no sabría decir a quién Llegábamos al hueco de una ventana. ñas de caireles en que chisporroteaban bujias coloradas. Estaban allí todavía. contra la reja. Mr. y acompañado de una letra desgarradora.

y al punto desapareció. A la primera estrofa temblé de pies a cabeza. presos de indefinible malestar.. al coronel Martín Santa — — ¡ ! ¡ ! — — Coloma. como si se hubiera librado de un peligro.IvA CORBATA CEI^ESTEÍ 267 expresión de los ojos fulgurantes y negros que envolvieron a Juanita en una ávida mirada. mordiendo nerviosamente punta del cerdoso bigote. H. y ése era el capitán Duarte. Anda y no bebas el agua De la fuente del olvido. con un gesto elegante y sumiso. por salvarla. exclamó Manuelita. ¡Santo Dios. Hablando así. Manuelita quiere oírte cantar el minué que se ha la . Juanita me miró con angustia. cuyo brazo Santa Coloma sentí temblar. había dicho una palabra. amor mío. Buenas noches contestó el otro desde la calle. — ... Trajeron una guitarra. rogó al pianista que le cediera el taburete. la le dije. y sentada en él. apoyado el pie en el barrote de una silla. me estremezco al recordarlo! yo la perdí. alegre. gruesa voz a mi espalda. arrastrando el sable. cuando vimos acercársenos. la letra. Ninguno de los que allí estábamos." Ese minué se llama "La Despedida". la "Dicen que te vas mañana.. y Juanita. — dijo Manuelita — pero con— No recuerdo bailado.. donde se quedó Santa Coloma. servo una imborrable impresión de ese minué. y de la torva sonrisa de la boca sombreada por el espeso bigote. cantaba para uno solo de todos los que le oían. — — — — Si eso complace. en quien clavó los ojos. Vete con Dios. y yo. — respondió Juanita inclinando cabeza. se puso a templar el instrumento. Le hicimos círculo. arebatada por su emoción. y callaron todas las conversaciones. Wast: La corbata celeste — — dijo una 17 . porque la imprudente niña. nos habíamos alejado de la ventana.

para quien la noticia tenía una enorme importancia. . me evitó la pena de decir lo que yo mismo ignoraba. recién llegado de Monte- A . Entró en ese instante.. que en cada movimiento se golpeaba contra la bota. al ver lágrimas en sus ojos. y sólo acercándome a sus labios. . y sentí como una puñalada en el corazón. — ¡ ! . Manuelita ¿ llora ? esta música me hace llorar siempre y esa niña Sí la canta con toda el alma Bajó más la voz. como en su famoso retrato. el Restaurador. Es santa mentira no es buena. Pero aquel anuncio de "paz con los franceses". — —¡Sí! —Y no volverá nunca Un . 258 HUGO WAST Sin volverme.lgunos hombres salieron a buscar detalles. para festejar la paz con los franceses. y el tumulto de la gente alarmada. No era todavía la paz con los franceses. callaban y los hombres se ponían de pie.. . supe quién hablaba." que yo había oído y no recordaba a quién Manuelita con voz angustiosa. inclinándose como ante un rey y él con su glacial sonrisa. por la altanería del acento y el torpe ruido de sable. pero el almirante Mackau. . "Dime que Aunque no Si la te vas con pena sea verdad. la caridad. José Antonio? es lo —Esto —exclamó — — ¡ ! . iba apaci' guando los nervios tendidos: No tengan miedo Son cohetes que están quemando en la policía. y yo la miré. . xA. alcancé a recoger estas palabras: ¿Se va mañana. . era un nuevo dolor para muchos. . Oh. . ¿ verdad ? repentino estrépito de tiros. vestido de gesu paso las damas neral.. Pronto fué precisándose la especie echada a rodar por don Juan Manuel. Cesó el canto y se reanudó la danza. entre ellos el capitán Duarte.

Aproximándonos al Socorro. alumbrando el camino.T. Así se libraría de los rudos agasajos del coronel Santa Coloma. donde las quinla noche tenebrosa. ¿Por qué no nos vamos? ¡Es tan tarde y vivimos tan lejos! — — Yo — Qué ¡ las acompañaré hasta el Socorro. . había iniciado las iiegociaciunes. que permanecía en su rincón. Habían venido a pie. devorándome con los ojos. ¡Habla. bueno eres exclamó Inesita. Juanita callaba. y ni a Duarte ni a él los vimos en toda la noche. su clara silueta me tas dormían en Yo impresionaba como un fantasma. Desde esa hora sentí crecer la ansiedad de Juanita. y las músicas militares. apretándome el brazo. Pero éste también había desaparecido. y a pie cruzamos la ciudad entera. empezando ! — allí mismo a despedirse. y los cohetes de la policía. — Y — —¡En —¿Oyes? — la me dijo Juanita. o comiendo casquitos de dulces. no pudiendo costearse el lujo de un coche. Estaba palidísima. Juanita se había refugiado entre un grupo de señoras que no bailaban. que sólo raras familias poseían en aquel tiempo. Juanita! ¿Qué te pasa? le dijo su madre. huerta de don Juan Bueno! fué su primera palabra. ¡Y fué también la última! Habíamos llegado a la puerta de la casa parroquial. pues preferían estarse arrinconadas cuchicheando y absorbiendo mates de leche. sentimos rumor de voces. hasta los barrios despoblados del norte. con lo cual los unitarios perdían definitivamente los recursos y la ayuda de Francia. me llamó. animados por las canciones de las pulperías. Cuando me volvía para prevenirlas de algún mal paso. iba adelante. desde los barrios del sur. Cuando sonaron las doce en el reloj de San Francisco. y la niña siguió callada. y yo participaba de sus temores.A CORBATA ClSLKSTlí 259 video. y sin atender a la charla de Inesita.

sobre el charco de sangre. con un quejido infantil. y durante una hora fué enfriándose en los brazos de su madre. Y en esa alba tristísima emprendí yo mi jornada.260 HUGO WAST iiiisia y cuando la Inesita se adelantaba. llave en mano. que tibio aún. se llevó las manos a la frente. pero no creo que un rayo mate con más rapidez que aquel gran dolor. alumbrando con mi fa- un cuerpo tendido sobre el umbral y sintiendo que mis pies se pegaban a un charco viscoso. Pero la infeliz no necesitaba verlo. Yo no he visto morir a nadie fulminado por un rayo. yo —¿Qué : detuve con violencia: es esto? — ! exclamé. de bruces. hasta que se apoderó de ella el inmutable frío de la muerte. y cayó redonda. habían dejado allí. envolviendo Madre de Dios rol — ¡ — con su chai la cabeza de su hija. exclamó Inesita. No habló nada. para que no viese quién era el muerto. [ . La alzamos de^ suelo.

enviadas para batir aquellos refugios y hallar hombres que incorporar a las filas. . vencieron mis postreros escrúpulos de federal. y partí como desertor. su aproximación huían los paisanos a los inaccesibles pajonales de las islas del Paraná. y la dulce novia que se abatía apretándose la frente. sacando más de veinte mil caballos para remontar su ejército. a buen andar. aquel umbral obstruido por un cadáver. que de las partidas de don Juan Manuel. y huían lo mismo de las tropas unitarias. se el seguir a su servicio. aquel charco de sangre en que se pegaban mis pies. Pero ni quise llevar una tropilla para ir cambiando los que montábamos. no bien se fatigaran. situadas cada ocho leguas.TERCERA PARTE Desertor Entre Buenos Aires y Santa Fe hay ocho o diez jornadas. Yo no trataba de ilusionarme respecto de mi situación. Aquella confusa visión en las sombras. ni podíamos contar con las cabalgaduras de las postas o dormidas. salí de la ciudad con todas las seguridades de un chasque del A me hizo intolerable Restaurador. y con caballos de refresco. Lavalle había arreado las haciendas de toda la región. pero después de la noche del baile.

Antojábaseme que no bien valle. No avisé a nadie sentía horror de referir . Era el alba de mi Hb(Mt:id. Recorrimos en silencio la recta y lóbrega calle de las Torres. con la noticia llegara al ejército de Lade los nuevos crímenes cometidos por las los mazoí'queros. y a vestir un holgado trade campo. ! 262 HUGO WAST le — ¡Yo Y haré jusíida! el — dije la Todavía siento mjs espaldas grito de con ira. oue acababa de ver. en busca de mi guía.santo y seña. que clamaba a José Antonio! ¡Ella era tu hermana! yo huía por la barrancosa calle del Juncal. })ero yo estaba triste. No me volví a mirarla. le dije. estas sencillas pala- ijras viaje Que Dios le ayude Reconocí a Benita. desde una ventana. volverían bridas. . El joven paisano me esperaba en el corral de mi casa. — llegará alba — Ensilla al ¡ ! . madre. Instantáneamente. una voz afectuosa triste. aquellas tropas fatigadas. v con andar cauteloso. dando a las patrullas nuestro . . me arrojó como mía flor. indignadas como yo. y entrarían triunfantes en ensangrentadas calles de Buenos Aires.A esta hora? ¿con dos caballos? La tropilla recién — . para partir hacia las filas unitarias. ¡ ! — Buen i . Se desleían en el firmamento las tintas de la noche. — . abandoné la casa. . A la madrugada habíamos pasado la liltima línea de centinelas de Santos Lugares. y Cuando monté. . je lo Corrí a despojarn]e del frac. — (Véngala. se me habían in fundido las ilusiones que animaron a todos los que lucliaban contra don Juan Manuel. y el airecito que zumbaba en nuestras orejas se volvía más delgado v fresco.: : . ni contesté el saludo. Anselmo Pereyra. y arranqué al galope. Ensilla vamos a salir.

Al pie de un ceibo. Ya hemos salido de la ciudad le dije. y soy un desertor. y creía conseguirlo. Los caballos estaban cansados. . solemne y soíbamos a campo traviesa para acortar distancias. en cuyo follaje verde claro. la primavera parecía haber volcado un balde de sangre. y me contestó: Yo iré a donde usté vaya. Le conté lo que viera esa noche. me palpitaba con fuerza. yo me iré solo a buscar a La valle. dominándolo todo. y puedes volverte. sin interrumpirme. Se puso de pie. tan rojas eran sus flores. Creía haber olvidado a Leonor. Anselmo Pereyra encendió fuego para matear. y ya no pensé más que en llegar a vSanta Fe a salvar a la joven de un gran peligro. y me senté sobre mi apero a considerar lo que debía hacer. Quiero hablarte con franqueza: desde hoy dejo de ser partidario de don Juan Manuel. y él me escuchó. pues no tenía plan alguno. si la suerte nos libraba de caer en manos de las partidas que asolaban los campos. Anselmo Pereyra me había dicho: Anoche me han dado noticias de ese hombre. Kl grito desapacible de un chajá nos anunció la proximidad de una lagunita. Sí.. acomodando ramitas sobre la llama. Le — —¿A quién —Al juez El corazón te refieres? del matadero. I. Ya lo sabes. y seré lo que usté sea. . y evitar los malos encuentros. tierra La y nos detuvimos para darles de beber. apreté la mano. por la cual deseaba combatir. Ni un minuto en . hasta la idea de la patria. se rascó la cabeza. Sabes bien que los desertores tienen pena de muer- — — — — — — te? — señor. Sólo deseaba incorporarme al eiército de Lavalle. emergía de entre las sombras.A CORBATA CEI. Pero repentinamente se levantó su imagen.ESTE 263 litaria.

le perdonaron la vida. escuchó el canto del agua que empezaba a hervir. .. V ayer estuvo en la ciudad. es fácil i . entregando . se bien.A Santa Fe? — — Maldición — dando un .Ydeahí? —Dicen nue . dices? . ! exclam. v me eché ?obre mi añero. respondió tranquilamente. como hacía cuando me formulaba algima observación: No vamos a tener fletes para mucho. Pero logró escaparse. — Sabes con qué rumbo — Con mismo de nosotros —. miró los caballos sudados que se revolcaban y düo. llegar antes que él a Santa vSi él lleva . salido • .Oiié has sabido de él? ¡Yo lo creía muerto! También yo parece que lo a. se bote.f^arraron los unitarios cuando su viaje a Santa Fe. según cuentan. resoondí. y con mucho apuro. si rastros anuí. si no les da- — mos un Nada resuello. . excusó de no haberme ha- — Oué mal —Yo ienoraba. blado antes. que —¿Crees que podremos Fe? buen baqueano — no — En marcha. . señor. Anselmo. —. .v ahora dónde está? — Me he venido fijando hav de que haya pasado por pero no ve —. .De modo que ha ya? —Aver mismo. y lo mandaron al Entre Ríos. ? el . . — — : — Estuvo. poroue sabía curar con palabras los caballos embichados.é. y caballos de repuesto. sorprendido. — HUGO WAST 264 el día dejaba de pensar en el fatídico poder que mi padre había otorg^ado a anuel picaro. pues! hiciste! señor. Sí. El paisano se sonrió. tocándose el sombrero. le interesaba.

sin '"ndicio pudiera sernos hablar útil.. y la pamviento como el mar. cuando no había árboles. dije yo con pena. ansioso de descubrir alguna silueta. IvA CORBATA CEI^ESTE 265 mi suerte y la de Leonor a la experiencia y a la sagacidad de Anselmo. y seguimos al trote. si me encontraba con Jacinto Olmos? Aunque llevaba dos pistolas en el cinto. no consideraba capaz de imponérmele. Cuando emprendimos de nuevo la marcha. En tizal : cierto momento me dijo. . guido. Yo devoraba el horizonte. Con sus plumas hacen los gauchos metreros plata para sus vicios. al movernos se alzó una bandada de garzas blancas. y una escopeta inglesa de doble caño cruzada sobre los bastos. un ombú solitario. No han de ir tan lejos. para arrebatarle me el docum. . y él miraba la tierra como quien no quiere la cosa. su vista asombrosa había descubierto en indicándome un palo. se santiguó. Ardía el sol pa ondulaba al — — — — — Anselmo conocía palmo a palmo aquella región y se orientaba por el más nimio detalle. que rumbeó hacia el noroeste. un charco. comido de los caranchos. que con tan infernal astucia había consecontar. Se descubrió al pasar. De la lagnnita a cuya vera habíamos acampado.ento. mirando aquel fácil avanzar de las aves. Hace años mató un rayo. en los pastos plateados de rocío. atisbando cuanto Anselmo Pereyra. Lo encontramos a los pocos días. ¿Pero qué iba a hacer yo. con cuya ayuda podía taba cerca de mí. que el ondulante pas- —Esa aquí lo es la cruz de mi compadre Vilches. el caballo y también él. tropalabra. La peculiar altanería de su apostura y la marca de . ya era día claro. me contestó el paisano son pájaros de las islas. Van también a Santa Fe. un arbusto. escudriñando por si advertía los rastros.

al que viene a quedar detrás de aquella isleta. que por su ademán y por su tono. lo primordial era ganar la delantera a nuestro adversario. repitió él. las infalibles boleadoras. y tuve que declararle que no veía nada más que la pampa infinita. las le dije posta. tras- Si quiere. y que lo mismo le servían para abatir a un enemigo en disparada. logré . y prendidas a los tientos iban "las tres Marías". daban más valor a su Era todo un hombre aquel mocetón ágil. como de un hombre que se conoce y no se descuida. y arrepintiéndome de no haber querido las dos yuntas de muda. — a una noche? —De acortando camino. Allá! Frunciendo las cejas. infundíanme confianza los modales de éste. que una tropilla de avestruces. Busqué la isleta. instrumento prodigioso en sus manos. para cambiar caballos esta — ¿no será —Anselmo. — I — . Cuando pensaba en mismo. Bajo su chaqueta de paño azul. que me había preparado esto. Mas para lograr éxito. Aunque Jacinto Olmos era mucho más fuerte que mi compañero. apuntaba la empuñadura de una daga. que apenas podía andar a pie. parecióme que estaría a un tiro de piedra. lleamistad. señalándome un rumbo. y sombreándome los ojos. sin otra señal de vida. vaba un trabuco. y tan gaucho como él. hemos dejado a "dormidas" — me respondió. y atado a la cabecera del recado. que pasó ante nosotros como un refucilo. nacido en las pampas y tan habituado al caballo. considerando tros traer me sonreía con lástima de mi menguadas fuerzas de nuescaballos. que para agarrar a la carrera un toro salvaje o un ñandú. mano todas —¿Pero aun podríamos dar con alguna? rancho de Carmencita. mesurados y cautelosos. 266 HUGO WAST voluntad de su rostro expresivo.. como el océano. Sobre el anca de su cabalgadura caía un lazo enrollado. enderezaremos — posible llegar intento las Pereyra.

De cuando en cuando yo alcanzaba a mi guía una limeta de ginebra. y las enredaderas.I. saturaba el ambiente. tendidas de árbol a áry las salientes raíces a flor de tierra.os andando. Tomamos esa dirección y picamos espuelas. inmenso olor a menta.A CORBATA CEIvüSTE el 267 mont-e divisar una manchita oscura. y él echaba un trago sin sofrenar su pingo. por entre la despareja fronda de los árboles. admirado de allí? Allí lo i ! su sentido en la orientación. Cerraba ya el crepúsculo cuando entramos al monte. Nunca he sentido tan palpable la inmensidad de la pampa. se sacó el sombrero y se volvió a santiguar. —¿Llegaremos Anselmo cía zal. veíamos despertar las estrellas. a través del sonoro pasti- — se sonrió. y que Anselmo descubría en la sombra.os a tiempo. fuso pastizal. Los caballos se hundían hasta en encuetro. llela boca. A medida que avanzábamos iba adquiriendo la desesperante certidumbre de que no llegaríam. na de espuma y allí por fuerza debimos acortar el paso. pues desde el alba en que tomáramos algunos m-ates amargos no habíamos vuelto a detenernos. En un lugar. arriba en el cielo claro. Los caballos empezaban a aplastarse y jadeaban. de árboles no muy altos. — — Que descanse en paz — murmuré yo. Era enmarañado y espinoso. abiertos como una gran sombrilla. en el probol. retorcidos y hostiles. algarrobos. Nosotros no estábamos mejor. sin acortar la marcha: retirada la isleta. que él declaró ser detrás del cual tenía su rancho Carmencita. —Está —¿Quién murió "basurearon" a un sobrino de Carmencita. y me dijo. Un V . Seguim. y algunos ñandubays. que para mí no tenía ninguna particularidad. chañares. y talas. a la siesta? pregunté 3^0 cuando hauna hora que galopábamos. hacían imposible marchar sino por los senderitos que abriera el paso caprichoso de las haciendas.

sobre la tierra pelada. estando él en las islas. y barbudo a lo que pude colegir. Hablaba con soltura. y durante algunos instantes nos sentimos espiados. nada espaciosa. Era un matrero. Ahí está Carmencita me señaló al cerdudo gaucho que entraba. que poca gente conocía. miraba el fuego. un gaucho grandote. renegrida de hollín. anchota. que espantó a chicotazos a los perros. Buenas noches. pero pocas noticias tenía. Mi baqueano se dio a conocer. Una mujer en cuclillas. llena de humo. y en cuanto a Jacinto Olmos. le dije yo. y entonces apareció de atrás de una ramada en que dormían las gallinas. Alzó la cabeza y me respondió pausadamente: Güeñas Pero yo soy ña Tomasa. carneando ajeno en la pampa ilimitaMilagro que lo encontramos da. En el centro. que vivía huyendo de las partidas. y si a mano venía. perdida entre las barbas negrísimas y taladrada por dos ojuelos chispeantes. su mujer sintió ladrar ¡ . Se había informado por Pereyra de quién era yo. ña Carmencita. ardía el fuego en que chirriaba un asado y una pava. — — Y — ¡ ! ¡ ! puerta.! 26S HUGO WAST al Era de noche cuando llegamos cita. Nadie contestó al pronto. y Anselmo dio las buenas noches. ensimismada y silenciosa. barbotando la deliciosa canción del mate. alzando un cuero de potro que hacía las veces de puerta. Era una pieza cuadrada. no podía decirme otra cosa que esa mañana. rancho de Carmen- ¿Quién era Carmencita? No lo había indagado aún cuando ladraron los perros. agachándose para no topar con la frente en el dintel de la — . y no tuvo reparo en mostrarme su cara. "nutríando" y "carpincheando" en las islas del Paraná. ¡Bien haiga la hora de llegar! ¡Abájensen! Desensillamos y dimos libertad a nuestros caballos para que se revolcaran en el corral y entramos al rancho.

o de los unitarios. que seguía Yo mirando el fuego. . Ese detalle podía perdernos. y añadió trisSon ellos. bajo un zarzo de cañas.A CORBATA CEI. tarde.. Mientras churrasqueábamos. pero entretanto nos servíamos de ellos. en señal de pertenecer al ejército de la Confederación. . ¡Excelentes caballos los nuestros! Eran dos azulejos. Cada vez que ladraban los perros se levantaba. I. . . no se por qué a Pepa la Federala.ESTE 269 mucho a y supuso que habrían venteado gente monte. sobre el recado de Carmencita. con la oreja cortada. Habrán visto algún zorro. cuando ni siquiera sabía de quién debía huir. no le. a cuyas filas no había llegado. Echaba un vistazo al monte lóbrego. vía a decirnos: No hay cuidado. para curar el "aire" eché un sueñito. si de los federales. Pronto estuvo el asado. salió con Anselmo en busca de sus dos únicos caballos. limpiaba su cuchillo hundiéndolo en las paredes pajizas del rancho y se asomaba. a la vacilante luz de una pella de sebo que ardía en un plato. reemprendimos nuestra jornada. Dos horas más . hasta una cascara de peludo llena de grasa de iguana. y lo torean Satisfecha el hambre. — jos de allí. de cuyo campamento desertaba. levantando la cortina de cuero. nos daba las noticias que tenía. para cruzar el océano ilimitado. desde una guitarra. y entonces la mujer nos dijo: está pueden servirse No me olvidaré nunca de aquel gaucho hospitalario. velado por aquella mujer silenciosa. en un rincón. que me auxilió en horas de tanta angustia para mí. en que había de todo. nos llevan quince leguas y van bien montemente: los perros el extraña en — — — tados. Llamaba "mi comadre". mientras tanto. guiándonos per las estrellas. y vol- —Ya . que pastaban acollarados. afirmó mi baqueano.

y sin recursos. Un hombre a pie. Bastóme saber que me proponía tenderme sobre aquella hierba blanda y fresca. Me dormí tan profundamente que no advertí que el sol declinaba. que emeigía como una raya negra sobre la clara verdura del campo. envolvía la inconmensurable llanura. Junto a mi recado tenía un par de chifles con agua. en busca del rastro. ¿Cuáles fueron sus i'iltimas palabras? ¿cómo y cuándo partió? No lo sé. y dijo con aquella estupenda seguridad del ¡ A baqueano —Estam. Por ese rumbo damos con la posta de Vergara. pero yo no podía más. en aquel descampado. por la abundancia de aves acuáticas que encontrábamos. ¿Qué era de mí? ¿Seguía soñando acaso? Me hallaba solo. para rendirme a la invencible . Día claro ya. ¿Y no hay indicios de que nos hayamos aproximado — a Jacinto y su escolta? El paisano reflexionó observó que me caía de sueño. Anselmo Pereyra no había vuelto.: 270 ! HUGO WAST Cielo y pastizal De cuando cu cuando una islcta de monte. que la primavera había erizado de hojas tiernas. Raro que no hayamos topado con nadie. y desensillamos para que los caballos descansaran un rato y pastearan. ignorante de la región. está perdido como un náufrago en alta mar. mientras yo dormía a la sombra de un ombú. nos detuvimos. y . pues ni siquiera le oí terminar la frase.os a cinco leguas de la frontera de Santa Fe. la derecha columbrábamos a veces los sauzales de la costa. tentación. Anselmo cogió un puñado de hierba y la mascó. y teníamos la certeza de no habernos alejado mucho del río. El parecía inaccesible a toda fatiga. y que una noche fresca y purísima. hacia la izquierda. y se ofreció a hacer una cortada por el campo. y mi propio caballo había disparado. miró a su alrededor.

una escarapela • • celeste.tA CORBATA bebí iargamentc. que anunciaba ios mxOvimientos de la hacienda o de la gente al borde de los bañados. ensillado con otro apero. que en la madrugada cayeron sobre mí y me rodearon. y barbas descuidadas. 271 y no bailando que sin duda baqueano. Echado de espaldas sobre el apero. los sencillam. sario. pues. aquel joven paisano que me debía la vida. civiles y militares. desde el vigilante grito del chajá. a uno y otro lado. que — Es más preguntón que un comiparecía —¿Unitario? — interrogué.bra se hacía rnás densa. la som. de largas y lacias melenas. y sólo me desperté al vocerío de una partida de soldados. emponchados. ser el jefe. y de todos los campos. La noche resonaba con los mil rumores del campo argentino. . en trance de devorar un ratón. pues! — respondió riendo mismo. y observé que a corta distancia. en forma que no habría podido saber a qué ejército pertenecían de no observar en el sombrero de uno de ellos. que pierde las alforjas exclamó y el caballo.ente. y que mis alfor¡ — — jas las tenía —¿Quieren decirme quiénes son? —¡Vaya. Di algunos pasos alrededor del ombú. —¡Y de buenos! —¡Me alegro! — contesté — yo tamel él. Eran seis.e adormecí de nuevo. vestidos con toda clase de prendas. me había traicionado? No me resolvía a creerlo. se llevó el CEI<ESl'E las alforjas. y comenzaban los montes. hasta el chillido horripilante de las lechuzas. y todavía tiene alma de dormir! uno de ellos. Bien haya el mozo distraído. echando pie a tierra. considerando esas cosas. ¿Así. Entonces descubrí que venía montado en mi propio caballo azulejo. me resigné al hambre. pero no hallaba cómo explicar su desaparición. m.

mocito. disciplina. el mocito no es lerdo. y eso es lo que nosotros precisamos. lo yo. llevó hasta los suburbios de Buenos Aires. azulejo. La entonación Cada soldado unitario era dueño de su albedrío.. de su hablar. Y me parece que usted es de la misma opinión que yo. dijo. y arrastró después en su retirada sobre Santa Fe. Reinaba en el Ejército Libertador una inverosímil incorrentinos. — 272 HUGO WAST Fe a ofrecérmele al ge- bien soy unitario. Y a lo que parece es baqueano de estos pagos. con la señal de Rozas y le señalé la oreja cortada de ! — — Hombre — ¡ — si es — mi en — Pero era suyo. Ya tendrá tiempo de contarnos todo. que traía de Buenos Aires. el el lo . . Dice que es unitario. y voy a Santa neral Lavalle. para que aire- . lo tiene. marchaba o dejaba de marchar. he hallado enredado monte — Pero como usted he podido tener Se éste . Mucho patriotismo debía existir en aquellas almas. comprendiendo que tomaban la declaración de mi nueva fe política. y que éste. Y monté sin mirarle la oreja. Por la pinta. también usted monta en caballo patria. El aplomo con que contesté. uno que nos lleve en buena cansó el . hízome suponer que eran seguramente del ejército que el gobernador de Corrientes don Pedro Ferré. y en un rancho lo cambiaron por éste. Óiganle al unitario nunca es tarde cuando la dicha es buena! Me encendí de rabia y de vergüenza. produjo buena impresión en el jefe de la partida. después de la indecisa batalla de Sauce Grande. cedió a Lavalle. como "una manera de salvar el pellejo. según se le antojara. mirando a sus compañeros. y anda montado en caballo ¡ ! ¡ — patria! ¡ exclamé dominando mi mal humor por eso. juzgando que era bueno. me me — — derecera.

y con voz de mando que grité: — ¡Aura muchachos! ¡por aquí! — y me largué a la aventura. ^migazo exclamó el correntino tendiéndom. Echaron pie a tierra. Miré con fijeza a todos los puntos del horizonte. y respondí que sí.. cuando dos horas después. y uno de ellos sacó de entre las caronas del recado un matambre gordo. cogí un puñado de pasto. y lo masqué. que lo seguían a través de todos los infortunios. y yo me encomendaba a Dios para mi audacia m. En buena te has metido. La corbata celeste i8 . minadas por la deserción. Cuando fuera el momento de marchar ¿hacia dónde rumbearía? No tenía la menor idea de la buena dirección. desensillaron. si está dispuesto a servirnos de baqueano Vacilé un momento. Mi mala suerte me había hecho caer en manos de una. Diga de una vez. que trataba de incorporarse al grueso de las tropas. José Antonio pensé yo.e la mano. pero no era cosa de andar con repulgos. hicieron fuego. I. Ninguno de aquellos astutos paisanos pudo jactarse de haberme visto trepidar. que marchaban al azar. pero confiaba en mi estrella. relinchó el jefe de la partida ¡Me gusta el mozo! tiene ojos azules. — — ¡ ! — ! ¡ — — — — — . monté en el caballo que me dieron. ^- Wast. que ensartó en un palo y puso a asar contra el viento. . Choque. pero es un gaucho hecho y derecho ... y manos blancas parece una señorita. Pero las alas del ejército disgregábanse en partidas. .e resultara bien.. — —Luego que churrasquiemos . asolando las campañas. A CORBATA CEI^ESTE 278 dedor del general hubiera siempre un núcleo de valientes.. y dije lo que le había oído a Anselmo Pereyra: Estamos a cinco leguas de la frontera. ¿Vamos a partir en seguida? — . Otros cebaban mate.

me congracié su clemencia. Mi hermoso reloj fué a parar al bolsillo del jefe. Al siguiente día llegué a presencia del general Lavalle. despertó la curiosidad y la codicia del jefe de la partida. Ocupé entonces el lugar que me correspondía y marché a retaguardia. que me regalara mi padre en un cumpleaños. y con eso y el resto de mis prendas repartidas entre los otros. y a eso debí la salvación. y los decidí a guiarse ello? mismos.II El ejército libertador Un excelente reloj Breguet. ciudad de bastante importancia entonces. Ya no me quedaba sino morir por mis nuevos ideales. y «il anochecer del segundo día. sin que los correntines advirtieran que no sabía ni a qué lado nace el sol. Era inútil luchar . entramos en Coronda. Mientras yo vagaba por todos los caminos de la provincia. Mi comedia no duró tres días. aunque irremediablemente decaída ahora. contra el destino. Al quinto día hallamos gente de Lavalle. seguramente Jacinto Olmos había hecho su jornada sin perder un minuto. y supimos que el Ejército Libertador estaba sitiando a Santa Fe. para que la pobre Leonor pudiera acordarse de mí con mayor dulzura.

trasparentábase en todos sus modales. Estaba en su carpa de cuero. José Antonio. muerte de las esperanzas unitarias. imperioso y dominante. confiándome un puesto en su secretaría. : — . Félix Frías. responderme así. y aceptó mis servicios. Ven a mi carpa. o Rivera. pero dominarse El vino está sacado. más propia de Quiroga.ÜSrF. que del brillante oficial de la independencia. en mangas de camisa. estudiada para conquistar el corazón del pueblo con las mismas armas que a don Juan Manuel le ganaron tanto prestigio. sentado sobre una cabeza de vaca. a tal significaba la Eso con la definitiva punto que pudo. Le referí mi aventura y le di la dolorosa noticia de. y Mascarilla ha disparado a esconderse en los bosques del Chaco. y que me acogió con inolvidable cordialidad. Tengo aquí tres mil hombres que sólo me obedecen a mí y acabo de obtener una gran victoria he tomado a Santa Fe. en cuya frente fulguraba el genio de las batallas. que en Buenos Aires se festejaba como un hecho concluido las negociaciones de paz de Rozas con los fran- A ceses. en justicia. 275 acamj^ado en las chacras de Andino a siete leguas de Santa Fe. y hay que beberlo. tengo hambre de saber las cosas que ocurren en mi patria. Agradeció mis noticias. Me sorprendió su indumentaria. para qi-e templaran — : . educado en los principios militares de San Martin. pero de buena estirpe. pesar de esa transformación. Yo también deseaba contárselas. Actuaba como jefe de ella uno de los mozos porteños más distinguidos. a quien yo conocía. Viéndole comprendí el ascendiente de que gozaba en el Ejército Libertador. Era un caballero de leyenda. después de un momento de reflexión en que lo vi padecer.lA CORIiATA CfíI-. al hombre culto. o Artigas. consolidación de la dictadura.

bajo las banderas unitarias! qué no los fusilaron ustedes. y sangre. que dirigió el el sentíase la espectativa suscitada por jefes vencidos. Se esperaba general Iriartc. y que si no se sacrificaba a los prisioneros. entre ellos fusilados en el acto. que influyese en mí la delirante alegría del campamencausada por aquel triunfo. con aire de alucinado. Lavalle se levantó. mirando a lo lejos. Sangre inocente en las calles de Buenos Aires. ¡ — ! — exclamé con una emoción que No — acompañaban dejarían el servicio. en momentos en que entraba una comisión de oficiales unitarios. Aquel silencio era una cobardía de todos. 276 HUGO WAST aquel incurable optimismo de que padecían. y que los conducía a irremediables derrotas. había abandonado el campo federal. y sentía en mi brazo la mano crispada de Frías. Se pasó la mano por la frente. y contestó con voz sorda. ¿Por qué me piden eso? El coronel Vega explicó que debía hacerse un escarmiento. la acción.blaba.! . Se aguardaba la definitiva respuesta. Yo tem. — ¿Por Lavalle. a exigirle la muerte de los prisioneros. — i . iban a ser Quedé aturdido al oírlo. también los oficiales cjue lo No ¡ inocente. y anuncio de c[ue los general Gazcón. puedo describir mi desaliento al oírle. en Santa Fe? Yo tengo sobre mi corazón la muerte de Borrego Pasó un rato de trágico silencio. respondió: . me tocaba asistir a una — Eso no ¡ ! inútil y cruel represalia. como para ahuyentar la dolorosa visión que lo perseguía. y he aquí que al iniciarme bajo las banderas unitarias. mirando el suelo. postrer fulgor de la espada al de Lavalle. Hablen señores . y le hablé amargamente. él y Frías compartió. sin to. Corrimos a la carpa del general en jefe. es posible acabaríamos nunca de arrepentimos . Por el horror a la sangre.

Hubiera querido probarte que somos más humanos parecía decirme su desesperación. se apresuró a recibirla. — y su rostro apareció radiante de júbilo. lyconor exclamé. — —¿Ah. que no bien le anunciaron la embajada. lleno de congoja y de vergüenza. Llegó el general Lavalle. Frías. señora. ¡José i\ntonio! . Oh.A CORBATA CEI.a palabra me produjo un intenso dolor. ¡ ! — se conocían? Ni ella ni dijo ia viuda de Cullen.No sabe. Al punto se quitó el crespón. yo contestamos. la Oímos conversación.ESTE 277 Pero qué habíamos de decir Molestado el general por la idea de que pudiera creérsele débil. y yo estaba solo cuando un asistente me anunció que unas damas santaiesinas clamaban por ver al general. y la dulcísim. viuda de don Domingo Cullen. en un violento arranque. mas para mí no tenían sentido . Antes de que hablase. una fuente de generosidad. y salimos todos de su carpa. que Rozas! Pero una hora después descubrí en el ardiente torbellino del alma de Lavalle.i hermano ? Tal fué su grito. como ella. y nos apartamos.: ! I. adivinaba mis pensamientos. Di jólo con gesto sombrío y doloroso. que es — como m. mi corazón la reconoció. fusilado el año anterior por orden de Rozas. pronunció el fallo j terrible —Está bien: los prisioneros serán fusilados. Acompañábala otra dama de luto. echado el espeso crespón a la cara. l'Vías lleno de esperanza y yo fluctuando entre la alegría y la duda. la inolvidable escena Se había sabido en Santa Fe la condena de los jefes prisioneros. y doña Joaquina Rodríguez del Fresno. venía a implorar la clemencia del vencedor. Frías redactaba con él los partes de la toma de Santa Fe. tendiendo los brazos hacia ¡ — — ¡ ! ella.

. Nos encontraremos de nuevo en el campo de batalla. entreírado al saqueo. y sólo me al — ¡Adelante. empeñado en ahuyentar de su espíritu la fatídica visión que lo acosaba.. general estrella se esconde y la suya se levanta. pero mi Hoy es mi vencido. Leonor le interrumpió ¡Acuérdese áe la otra orden. y tendrá sü desla — — — — quite. el que ha de enorgullecerse de tu bravura? Los pocos segundos que tardó Lavalle en responder. están en manos de Dios. su último puñado de valientes. que llegó entre un piquete de soldados. Garzón se inclinó ante ella. hasta Famaillá.! : 278 otras palabras que acuerdo. nublada la noble frent. valiente Leonor! pensé yo ¿quién es tu dueño. en que. — su vida y la voz impetuosa del general Lavalle se negó perdón porque no debía contradecir la orden ya dada. general! ¡acuérdese de Dorrego Lavalle quedó mudo. con aquel gesto habitual. Reinabn el terror en Santa Fe. envió a llamar al más ilustre de sus prisioneros. El generoso coraanunciaba la serie de infortunios que lo aguardaban. — esta niña vive en mi donde tendré el honor de reci- birlo.. El mismo le quitó las esposas. ¡Oh. al general Garzón. ni no. La soldadesca se había . Cuando — — — — dijo. No contestó ni sí. y sonrió a Leonor. La viuda de Cullen lloraba en silencio.\ por esa sombra de dolor que lo acompañó siempre: le dijo. sería pulverizado por los ejércitos de Le zón le Rozas.. Puede agradecer a estas señoras. • — Señor — me dijo la viuda de Cullen al partir casa. Lavalle lo miró de hito en hito. hizo un saludo militar y salió. fíUGO las WAST de ellas de Leonor. y le vimos pasarse la mano por la frente. antes del año. al verlo ante su puerta general! de sus compañeros. me parecen todavía una época.

tino —¿Qué Córdoba ? interrogué sorprendido del repensabes? ¿está en rubor que anirnó sus pálidas mejillas — — . había un loro que cantaba a grito herido canciones religiosas. Dame la pata. y cuando vino Leonor.ESTE 279 Las iglesias servían de refugio a multitud de familias. cada palabrota del pajarraco. —¿No vino Jacinto Olmos? cree — No Mal recibido quién viniera ejerce ignora por cuenta de y — íJace un año que no nada de mi padre. lorito le oímos decir.i. guió hasta la sala y voló a anunciarme. Felizmente.A CORBATA (. de quien Leonorcita hablaba a me- nudo. se el oficio. Leonor? — Quién ha de quererme. sobre un granado que florecía en el patio. sé sa- bes tú? —Sí. ? tó i ! ¡ sería si ! vSe le espía.i. con sus puertas cerradas. emergían los techos de teja de las casas coloniales. ¿ nueva divisa. la viejita se inquietaba en su sillón. siendo tan pobre — contessonriendo. y se llenaba de vergüenza. 1. salpicándolas con algunos compases del Carnaval de Venecia. . Llamé a una de ellas. y salió a abrirme una viejita temblorosa y risueña. encantada de conocer a José An-tonio Balbastro. en que un soldado me dijo que vivía la viuda de Cullen. y bastantes zafadurías. y anunciarle mi A — i ! — —¿Te has casado. Entonces pude hablar con Leonor. No volvió más. Entre los naranjales de su quinta. que procuraban salvar sus personas y lo más valioso de sus pobres bienes. se sentó junto a nosotros para compartir las noticias Me que yo llevaría. hasta que se levantó para ir a cambiarlo de sitio..

alejados del presente. — exclamé tartamudeando — — Y tú no temes viajar? — No. . él lo morir. —¿Conservas siempre aquella corbata? . .blando. acaso? — No ha revocado aquel poder. .. tal. me preguntó con ternura: ¿Y tú. lleve .. no tenía ánimo para interrogarla más. qué harás? Yo soy ahora un soldado de Lavalle. irte. Se ha visto envuelto en las revoluciones. comunicaciones son inseguras prisionero. aprovechando una propuesta de escolta que le ha hecho don Juan Manuel Eso me ha escrito. estoy hecha a —¿Vas a pues? me manda y yo obedezco. y voy a morir Guardó silencio un instante. Qué miserable cosa es nuestro corazón! Cuando concluyó de explicarse. Iremos a la Banda Orienal gó mi padre . futuras. vas. Cada palabra suya engendraba en mí un nuevo dolor. . Sólo una cosa he exigido: no quiero vivir en Buenos Aires. . dije yo. la : esté el viaje.. . esta — Con y tardías. . Sí. Sí . hundían una vaga mirada en las cosas ¡ Yo — — . 280 . ¿ . Sus ojos profundos. ignorando lo que ocurría en su tierra y ansioso de noticias de ustedes. los peligros. — algo más — contestó con frente encendida — preparada para me encarga que —¿Te Leonor? —¡Sí! —¿A dónde? —A Buenos Aires enviará persona de confianza que me —¿A Jacinto Olmos. y ha resuelto volverse a Buenos Aires. . . Ha como . ? ¿ tú. como me encar— . HUGO WAST guerra vivido las —¿Nada más? — tem.

porque era digno ya de usar mi corbata celeste. y yo salí triste. y huyó adentro. . LA CORBATA CEI<ESTE 281 — Bueno —¡Sí! : el día de la batalla. Se tapó la cara. para evitar que yo viera su llanto. adórnate con ella .. pero lleno de orgullo. .

Lavalle no contaba con la escuadra francesa para llevar sus tropas al otro lado del Paraná. y entró victorioso en la ciudad de Córdoba. que ansiaba una batalla. encabezando aquella efímera "Coalición del norte". a su frente.. No teníamos otro camino que buscar la ayuda de Lamadrid. se alzó contra el Restaurador. iniciando una desesperante campana de recursos. la estrella del general Lavalle palidecía. Pero no bien tuvo aquellas tropas bajo su mando. Juan Pablo López. Catamarca y Jujuy. con un poderoso ejército. El general Lamadrid. en Coronda. a recoger en Tucumán los restos del ejército federal que combatió contra el presidente Santa Cruz. poco tiempo antes. Salta. acampaba ya el general Oribe. sus espaldas reaccionaba el fugitivo gobernador de Santa Fe. había sido enviado por Rozas. Lá Rioja. retirándonos hacia Córdoba. L^n mes y medio Ya no Un A Y . y se hizo de nuevo unitario. formada por las provincias de Tucumán. Nos perdió la indecisión y la inercia. de Bolivia.]11 La vuelta En tarias. verdad. concentraba todas las voluntades en las filas unipoderoso rival le disputaba el prestigio. como él mismo lo había dicho.

No tuve. ni estallaba la revolución.. estaba deses- perado. ¡ ! tierra que pisaba. y me acusan de indecisión y de ingratitud. comentaba con dolor las palabras de su amigo el doctor Várela. en ima carta que lo ha descorazonado. Cuando a mis espaldas merodeaba Mascarilla. se disgregaba en la indis- después de ciplina. para hacerse caudillo. aniquiló mis : — Hay me dijo: iiltimas ilusiones. Un día una cosa triste nuestros amigos no creen ya en nosotros. Frías. Por todas partes enemigos. empero. Ya no tienen confianza en mí.A CORBATA CSLESTE 283 la infructuosa victoria de Santa Fe. Había en el general Lavalle una perpetua animosidad . . Sólo de cobardía no me acusan. que explotaba el nombre. ni una sola adhesión. engendrado con tantos dolores y centro de tantas esperanzas. La escena a que asistí m-omentos después. y su ejército de gauchos se me fué de entre las manos. asegurándome que el prestigio de Rozas era un artificio y que la campaña entera se pronunciaría en mi favor. I. . No he sido dueño nunca sino de — — . y frente a mí se volvía inexpugnable el campamiento de Santos Lugares. y los que tanto han hecho por la gloria del general. me lancé contra él. del otro López. desecho . Esto se lo escribe Florencio Várela. llegué a Santa Fe. más vivamente le hirieron. y vencí y él está intacto y yo estov la Y Y . El Ejército Libertador. Sea ¿ Pero qué culpa tengo yo de que mis partidarios me engañaran? Me incitaron a marchar sobre Buenos Aires. hoy se burlan de él. todavía vivaqueábamos en sus suburbios. Agitaba la carta con la mano crispada y leía a saltos algunos de los párrafos que. conocedor de las notas que el general Lavalle cambiaba con sus amigos de Montevideo. me resolví a castigar a ese bárbaro. y ni desembarcaban los franceses en Buenos Aires. El general Lavalle dictando la respuesta.

y l:i impetuosa pluma de Florencio Várela se lo enrostraba. : ! . . anulando su reciente victoria. ciones. el tiempo se le hizo corto para librar la batalla. cuando con tanta ilusión inició su infecunda cruzada contra Rozas. No besaría más la frente de sus hijos. El. aquel glorioso día del 2 de julio del año 39. El parte de la victoria. que lo despidieron en el puerto de Montevideo. elogiado por vSan Martin. seguro ya de su inexorable destino. militar de escuela. Uno como él las llamaba con desdén. para dictarnos luego la respuesta. Esto lo veían y lo comentaban sus amigos. firmado por Eópez. su apellido que por sus condi- de los más penosos recuerdos de su carrera miliera aquella derrota del Puente de Márquez. leía el general en voz alta. "Todos. era de una sangrienta ironía. se encontró frente al caudillo de Santa Fe don Estanislao López y seguro de su gran superioridad. pero indomable.. Tan gloriosa como su .. . atrayéndolo como la voz de una sirena. "Persuádase que necesita consejo". le acusan de no tener la menor consistencia en sus ideas: de adoptar hoy un plan y olvirior a aquél. " 284 HUGO más por v. No volvería a su hogar. tar. en 1829. los años de aquella acción. que a Eavalle le hirió más que la mis- ma derrota.. fatigado.ast contra Ivópez. que quisiera des"¡ adiós tatita viarlo de su deber Era un adiós definitivo. Sentía constantemente el grito de uno de sus hijitos. en que su brillante caballería fué sableada por las milicias gauchas "del año 20". lo ponía A — — — darlo mañana". muy infeen aprietos. les comunicó la situación y ordenó aquella lenta y fatal retirada sobre Córdoba. de derrota en derrota. Lavalle vertía lágrimas de despecho y de dolor. que lo han tratado de cerca. Seguía imperturbablemente hacia donde estaba escrito que había de ir. Reunió luego a sus oficiales. . otro López. pero principalmente los marinos franceses.

a donde llegamos exhaustos. el general Lavalle. CEI. o si la retirada se hubiera emprendido tres días antes. la liber- inmolándose por su Y vez así fué. recién vencido en Quebracho Herrado. El general Mansilla. y un diplomático francés. y toda la artillería. emparentado con Rozas. confiando en la ayuda de Lamadrid. sería su muerte. M. tad de su patria. Fué el 28 de noviembre de 1840. ni era dudoso el resultado. estaban en manos del vencedor. siguió su Calvario. Dos días antes se había retirado de ese lugar la división de auxilio que tanto necesitábamos. con mil seducciones a cambio de la paz. toda la caballada. Había caído prisionero en la mañana triste de Quebracho Herrado. y tuvo energía para reprochar al comisionado francés la deslealtad de su gobierno. Ya en esa época yo no estaba con él. Habíamos salido de Santa Fe el 12. y acosados por las tropas de Oribe. por el cual Francia abandonaba a sus aliados.E. llegarían al campamento del guerrero. a comunicarle oficialmente el tratado de paz firmado el 29 de octubre. nos habríamos librado de un fatal encadenamiento de circunstancias. no quiso recibir a Mansilla. Al mediodía.STE ^5 ideal. Halley. en los páramos de la frontera de Córdoba. el Ejército Libertador había sido pulverizado por las tropas federales. sin esperanzas. con sólo un puñado de hombres. que venía de parte de don Juan Manuel. El punto de cita era el Quebracho Herrado. No era posible eludir la batalla. todos los bagajes. marchábamos impacientes por reunimos con los refuerzos pedidos a Lamadrid.LA CORBATA vida. y otra hubiera sido la suerte de nuestras armas. y nunca más volví a verle. Si aquella l^atalla hubiera podido retardarse tres días más. Este había faltado a la cita. Y Y . el Algunas semanas después demostraría una más temple de su alma.

Este es mió yo lo conozco es un desertor exclamé yo. Yo me moría de sed. y a nadie podía pedir una gota de agua. cómo contesto yo a esas cosas Parecía ejercer algún mando en el ejército. Ya verás. carcajada. y Lavalle designó una pequeña escolta para que lo acompañara a través del desolado campo de al batalla. Un tendal de soldados borrachos dormía cerca de mí me llegaban en alas de la brisa el hedor de la sangre y los ayes de los moribundos. . — — — . pariente. Rescatado el prisionero. tenemos tma cuenta vieja que arreglar.! ! 286 HUGO WAST Conservábamos con nosotros. Un grosero desdén animaba sus palabras y no no pude contener mi indignación. le dije. En el no halló limites salva- jismo de los federales. Rufino Várela. el amargado de sobrevivir a tanta alborozo de la victoria. y yo iba ruina. se interpuso un ginete. a un paso de la carpa de Oribe. —Al alba Su te fusilarán propósito era claro — me : dijo. oficial. habían atado contra Desde entonces no me habló. Era el momento de reintegrarlo a las filas de su partido. un árbol. Cayó primero Rufino Várela. hasta la tienda de Oribe. y yo comprendía que la espera no sería larga. Lo mandaba un joven con él. general Garzón. y no perderás nada con esperar un tiempito. Jacinto Olmos Si. Jacinto había desaparecido. necesitaba congraciarse la vo- . pero hizo un violento esfuerzo para reirse. y soltó una agria — — — ¡ ! ¡ ¡ ! — ! ¡ . en carácter de prisionero. Sin embargo. empezó la cobarde masacre de la escolta. porque las tropas iban a marchar picando la retaguardia ¡ Me de los vencidos. y cuando me tocaba el turno a mi. ¿Por cuenta de quién espías ahora? Se puso lívido de rabia temblaron sus labios. llegó la noche sin que se hubiera levantado el campamento. pues todos se apartaron dejándome en su poder.

.

hA CORBATA

CEI^ESri-;

287

Iimtad de algún jefe poderoso, con una hazaña cualquiera, que bien podía ser el sacrificio de un desertor. Hasta muy entrada la noche, vi lucir en la carpa de Oribe una luz; cuando se apagó, pensé: "El alba está próxima, y con ella el descanso; Señor, perdona a mis enemigos y salva a mi patria ..."
Senti un tropel de caballos, y divisé algunos bultos que se movían en la sombra. El aire parecía más fresco y puro, y hasta percibía el perfume de las flores que se abren al amanecer. Los aves habían cesado, y a mi alrededor segj.iía durmiendo la tropa cansada. ¿Dónde será la carpa del general? preguntó alguien a mi lado, y esa voz me hizo estremecer. Yo la conocía, pero no recordaba dónde la oí. Ea pregunta había quedado sin respuesta. ¡Canejo! ¡que no se diga que Pepa la Fedérala no A ver, muchachos sabe mandar Nadie respondió. Por una abra del monte, veía diluir-

— —

!

!

¡

.

.

.

!

se las sombras, hacia el oriente.

— clamé. — Pepa en Ea mujerona, a —¿Quién me llama? —¡José Antonio Balbastro!
¡ .

Era

el alba.

.

.

!

tientas,

la

oscuridad, se acercó a mí.

—Vaya,
dónde

niño ...

¿en qué anda por aquí ?

.

.

.

¿

pero

está?.

Una

sincera alegría vibraba en sus palabras. Alcanzó
le

a tocarme.

al

—¿Qué pasa? — Estoy atado, y me van a — Quién ha hecho con tan buen federal — rugió indignada, — ¿entre quiénes estoy? ¿acaso me he metido campamento unitario? en campo —No; unitario soy yo; — ¡Vaya por Dios! — exclamó tanteándome. ~ No
fusilar ...
¿

esto

?

el

estás

federal.

.

se

veras que está atado, y con nudos potreadores! ¿Quién lo ha puesto así? Estos que duermen han de ser, no más, salvajes unitarios... repetí. El unitario soy yo.
burle, niño.
¡

De

.

.

.

.

.

!

.

288
le
. .

HUGO WAST

—No creo —Vas a creerme cuando me veas
hora.

fusilar, antes

de una

Todo ha sucedido como un
.

sueño.

Ayer hubo una

batalla, y el ejército de L,avalle quedó deshecho. Yo _,~ estaba con él. No le creigo ... no le creigo seguía diciendo Pepa, tratando de aflojar mis ligaduras. Yo sentía que lloraba, y algunas gruesas y cálidas lágrimas caían sobre mis manos. Sea como sea, yo no voy a dejar que lo

gran

¡

!


;

maten. Aquí tengo una tropilla de caballos, y tres hombres con mi marido. ¿ Tu marido, Pepa ? he dado con él Bueno, ya está desSí, niño atado ... Cuando me incorporaba, estirando los brazos magullados, sentí la voz de Jacinto Olmos: Alto ahí, quién vive

— —

.

.

.

.

.

.

.

¡

Pepa

se alzó

como una

fiera,

enristrando la lanza que

dejara en tierra. ¡Ahí juna!

es el que yo andaba buscando! Ese es el que me ha atado, el que me iba a fusilar.

— —

gritó,

reconociendo a Jacinto


oído

¡éste

le dije

yo

al

—y

Se produjo un entrevero de sombras, sonó un trabucazo, que ametralló la tierra a un jeme de mis pies, y vi, a su resplandor, que la brava mujer saltaba ilesa, asestando un feroz lanzazo a su enemigo. le gritó a guisa de recomenda¡Jesús te valga! de parte a parte, bandido Corra niño ción del alma


.

¡

!

José Antonio, aquí tengo los caballos. Que se lo lleve el Ahí queda eso diablo al general Oribe Arrojó un papel, y escapó llevándome en vilo, como una leona que lleva un cordero. Sa había producido una espantosa confusión: alaridos, ayes, relinchos de caballo, tiros, voces de mando y en medio de la batahola, las carcajadas de Pepa la Fedérala, que se burlaba de los que se atropellaban en la oscuridad, cien pasos del árbol estaba su sin maliciar qué ocurría.
. . .

.

A

.

!

LA CORBATA CEI^ESTE

289

escolta, alarmadísima y en trance de huir, temiendo haberse metido en el campamento unitario. ¡Pronto, muchachos! ¡aquí está el niño José Antonio! ¡dale tu pangaré, Anselmo, y monta en otro!

— — Niño José Antonio — exclamó alborozado hacía muerto de cuánto ha paisano. — Yo
¡
! ¡

el

joven

lo

Me apretó entre sus brazos nervudos, me ayudó a montar, y en un santiamén, echamos a correr, burlándonos de las tercerolas que tiraban al acaso, detrás de nosotros. Cuando hubimos corrido algunas cuadras, nos detuvimos para cobrar aliento y forjar un plan. Entrábamos a un monte, que se espesaba a medida que
avanzábamos. Difícilmente, aunque era ya
el

alba clara,

podrían descubrirnos. Sonaban los clarines despertando al fatigado ejército de Oribe. dijo la Fedérala, pen¡Ya habrá estirado la pata! sando en Jacinto Olmos. Lo bandié, como a un cuero de arrope. Siento haber perdido la lanza; pero no tuve tiempo de sacarla Vamos, niño, cuéntenos lo que le ha pasado. Ya tendrán tiempo de saber lo mío. Denme agua, si tienen, y hablen ustedes, que yo estoy sin fuerzas...

.

.

.

.

—A

los tientos
el

hay un

chifle,

dijo

Anselmo, seña-

lándome

recipiente prendido al recado.

Sentí al beber un dehcioso renacimiento de todo el organismo, y sólo entonces agradecí en lo que valía aquella "gauchada" de mi amiga. Yo venía con un parte de don Juan Manuel exclamó entristecida. Hace treinta días que vivo a campo, buscando al general Oribe, para dárselo. Pero él andaba como alma en pena de un lado a otro. Será la primera vez que Pepa la Fedérala no cumple lo mandado. Ahí les tiré el papel. Quiera Dios que no lo piso-

¡

!

.

.

teen.

leguas,

Cuando por el sol calculamos haber hecho unas cuatro me sentía pedí un descanso a mis compañeros
;

desvanecer de fatiga. Echados sobre el pasto fresco y fragante, y tomando
H.

Wast: La corbata

celeste

t9

2^0
inates

HUGO VVAST

^

y comiendo chicharrón de! que llevaban en las alme refirió Anselmo Pereyra, lo que le había ocurrido el día que se alejó de mí. Cruzando la pampa, en busca de las huellas que le indicarían el rumbo de Jacinto y de su gente, dio con una partida de federales, que andaba juntando gauchos matreros, para el ejército. Lo acogieron con júbilo y lo arrearon como a una res. Para que no hicieran lo mismo conmigo, se resignó a abandonarme, y entró de nuevo al servicio con otro nombre. En Santos Lugares halló a Pepa, que acababa de ser ascendida a teniente. reCuando Lamadrid se dio vuelta en Tucuraán firió ella me le alcé de la escolta, pasé por Córdoba y llevé a Santos Lugares la noticia de la revolución. Por eso me dieron un galón, y me comisionaron para traerle al general Oribe eso que le he dejado. Ya lo sabe todo,
forjas,

niño.

he visto Como que traigo un mandado tengo tres meses de licencia para curarme unos tajos que me han hecho...
¡

—Todo no, — niño. —¿Y has Se puso a — Vaya
Sí,
si

Pepa.

¿Has

estado en Córdoba?

visto a
lo

mi padre?
!

reir maliciosamente.

suyo.

Aura soy

libre;

en Córdoba su tatita. Pasó a Buenos Aires, y me ha dado la comisión de llevarle a la niña de sus ojos que anda por Santa Fe. Tengo pasaporte para cuatro soldados que lian de acompañarme. Si gusta, lo enrolo en mi compañía.
está

—¿Dónde —Ya no

lo viste?

Se puso a
le

reir,

y yo, que no quería ver más a Leonor,

volviera,
¡

— No puedo acompañarte, Pepa. en Santos me — Se auga en bajo Su
fusilarían
río
!

contesté:

Soy un

desertor,

y

si

Lugares. tatita nos aguarda en

la

.

.

.

.

I,

A CORBATA CIÍI.KSTE

291

quinta de San Isidro. Nadie sabrá que cnírc mi gente va vSerá un soldado como los demás su merced Tengo que volver al Ejército Libertador contesté con tristeza, abrumado por la imagen de la sangrienta jornada de la víspera. ¿Pero quién me aseguraba que existía algo de aquel ejército? Ni siquiera podía afirmar que el General Lavalle había sobrevivido al desastre. Pepa miró el sol y dijo, con acento de mando: No hay tiempo qué perder. Vamos muchachos. Yo no discutí la orden ensillé el caballo que me diera y partimos, arreando la tropilla por entre el espinoso

.

.

.

;

monte
Así volví a Santa Fe, cuando la ciudad se entregaba a alegría de la derrota de Lavalle. No sospechaba la desgraciada población que su inconstante gobernador Mascarilla cambiaría de divisa ai poco tiempo, y aquel mismo Oribe se encargaría de castigarlo, entrando a sangre y fuego en la ciudad, y dejando tal memoria, que hiciera palidecer la que dejó el Ejército Libertador. Esa fué la suerte de las provincias argentinas en aquella época: cada año cambiaban de dueño y cada cambio se marcaba con sangre, cualquiera que fuese la divisa,
la

celeste o roja.

Yo no llegué hasta la casa de Leonor. Atamos nuestros caballos a la puerta de una pulpería suburbana, y allí aguardamos su galera, para acompañarla durante su
viaje.

Cuando me
federal.
¿

vio

entre los

puso pálida, y yo comprendí que
.

soldados de su escolta, se la indignaba mi cintillo

— Fuiste vencido — me preguntó — y y Pepa me salvó de lado. — Y has cambiado de — No Pero no podría acompañarte, no que — :Has perdido corbata
.

.

?

Sí;

caí prisionero,

ser fusi-

¿
j

divisa

?

!

si

llevara la

llevo

.

.

la

celeste?

•292

HUGO WAST

atiné a salvar otra cosa, después de la batalla. ruborizó, mi vehemente respuesta. La- fina espumilla, formaba sobre mi corazón, debajo de la chaqueta militar, una leve prominencia.

— No
La

—He
En

prometido morir con
la

ella,

le

dije.

sus ojos brilló unitarios, que renacía sus derrotas.

esperanza de los siempre de las cenizas de todas

inextinguible

contestóme Qon voz solemne anudaré a tu ¿uello. Será para triunfar o será para morir... Así iniciamos la vuelta a la gran capital del sur, donde mandaba don Juan Manuel de Rozas, y a donde yo tendría que llegar con nombre cambiado. Prevalida de sus pasaportes y de su fama, Pepa seguía el camino real, sin temor de ser detenida por las partidas de soldados federales, que pululaban en aquedía,

—Un

yo misma,

como un juramento,

la

región. En cuanto a los unitarios, el viento de la derrota los había barrido hacia el interior de la república. Leonor iba en ima desvencijada galera del siglo anterior, único vehículo que pudo encontrarse en aquella Santa Fe, saqueada por todos los ejércitos. Era un armatoste asaz incómodo, sostenido en sopandas a guisa de
lla

elásticos,

y acolchado con algunas mantas.

Seis muías, guiadas por dos postillones azoteras, tiraban a la cincha el carruaje,

armados

de sacudiéndolo

despiadadamente en los rudos caminos. Yo galopaba junto al estribo, sin ver casi a Leonor, pero deseoso de que nunca llegáramos. Sentía una inmensa dulzura en tenerla cerca de mí. Las noches eran de luna, y las aprovechábamos para viajar con la fresca, sin agotar nuestras cabalgaduras. A eso de las nueve de la mañana, cuando el sol picaba, Pepa daba la voz de alto. Nos deteníamos a la sombra de algún árbol copudo, y reposábamos, mientras los peones componían los aperos, engrasaban los ejes de la galera y se procuraban carne, boleando alguna res, en
aquellos

campos

abiertos.

Así recorrimos el largo camino. Cuando estuvimos que será la cerca. a la luz de la luna. Leo- nor? . fundamente triste. nada respondió escondiéndose en el fondo de la galera. ¡Las quintas de San Isidro! exclamé yo con el corazón palpitante. divisamos sobre el horizonte la marcha de una arboleda. La quinta donde mi padre pasaba los veranos quedaba • De trecho en mudábamos A . : Leonor . ¿Qué tienes? Nada. El camino llegaba mos blanquear — — Hablan de amor a — te los que han de amar. pues iba a abrazar a mi padre.ESTE 29S ces trecho encontrábamos una posta. a veces pasábamos de largo. y reinaba en su seno un majestuoso silencio. preguntó Leonor. callada y pro. No dijo palabra. — — — — i ! — a orillas del río. ¿Por qué preguntas eso. plantados por mi padre. turbado solamente por el melancólico rumor del río que batía la playa. mas parecióme. — al pie de una escalinata que ya veíaa la luz de la luna. —Ven conmigo. sacó la cabeza por el postigo y contemoló el paisaje largamente. azotados por el sol. Se bajó del coche y apoyó su mano en mi brazo.IvA CORBATA CEI. porque en aquellos ranchítos de barro. ¿ Por qué tiemblas ? ¿ tienes miedo ? Retiró la mano y siguió a la par mía. velos tiros. casa. de árboles añosos. Leonor se hallaba menos a gusto aue a la orilla de la primera laguna entre un ceibal florido. La blancura de su rostro parecía aumentada por el negror de sus vestidos. hice detener a la escolta. con¿De qué hablan las olas? templando el trémulo horizonte. era lóbrega. que a mí se me antojó breve y en una noche clara. que su rostro adquiría una palidez cadavérica. y de muera los que han de morir. La quinta. yo conozco los caminos de nii tuya. Leonor me oyó.

dijo mi tía.. me reconoció. y tú Oculté el lostro llt-. — i ! — dos. y habría caído en tierra.no de confusión en el confortabK' Y — — . en que el dedo rosado de mi tía señalaba algunos detalles. y en un mismo abrazo nos estrechó a los — — . aquella I ' empezó a subir En el la escalinata. exclamé Tatita Se levantaron los dos.o WAST Se detuvo y me miró hondamente. ñal para que mirase por la ventana abierta del comedor. Aquí harás la pieza para ellos. 291 iivr. loco! qué ¡ m mí me no dijo al oído: dijiste ripor me que la ama- bas ? yo me puse a llorar. Leonor me hizo ifna sey enrejada Sobre la mesa. La has traído para tí. que había sentido nuestros pasos. mi padre estudiaba un plano. ! . con el alma en los alma cuyo enigma nunca descifré. . la miró a ella. ¿ Pero por que dudaste de tu padre ? Oyendo tan dulce queja alcé los ojos y me encontró con los brazos abiertos de mi tía. José Antonio? Ya ella me ha abrazado. lo desorientó. a no detenerla rodeándole la cintura con el brazo. Pero irguió la cabeza con un gesto de magnífica resolución. delante de mí. . que suscitó en el noble rostro de mi padre otra igual. . y a — ¡Loco. — Hijos míos Nos besó larganiente. Me miró atónito. Cuando llegamos a la galería. ¿Para cuándo me dejas. José Antonio.ido. como lloré el día en que él nij habló de eso mismio y yo lo engañé. . y la oscura barba que me había dejado crecer durante la campaña. y me vieron entrar como una aparición Hacía más de un año que mi padre no me veía. v ojos. con una sonrisa triunfante. alumbrada por un quinqué. Leonor lanzó un gem. bosque chillaba una vigilante lechuza.

.. y realmente columbré en el fondo del piélago azul de sus ojos. saber si también podía descubrir aly miré a Leonor de muy cerca. al oír el fiel ella. prendado de la hija del rey. I. . Y . me eché de cabeza en el dulcísimo mar. . te lo ojos. go. la divina joya del amor.. dulce dolor miraba mucho y leyó en tus —Ella.. entonces. que susurró al oído. . como aquel pescador de la balada. Quise. A CORBA'!'A CKLKSTK 295 seno de mi tía.. ! ella. y le me —¿A qué no adivinas quién reveló todo a padre? — Quién — Manuelita Rozas —¿Y cómo sabía? — balbuceé. . tu ? .. penetrado de un nombre de mi amiga. ¿ ¡ me besó con ternura maternal.

Señor don Tarquino. asistía impaciente y gozoso a los preparativos de mi tía para levantar el vuelo. le dijo. . evitando así las tentaciones de denunciarme. está usted en buena edad para casarse. Estoy segura de que será de su gusto. Don Tarquino.. Oculto en mi piepara que la servidumbre no advirtiera mi arribo. y encargado de la estancia a Anselmo Empezaron a Emigraríamos a Pereyra. la tomó de la mano y se la presentó con muclia gracia. Ella misma había negociado con don Tarquino la lomillería y la tienda. y yo le tengo dispuesta una novia. El portugués olió en el aire que se tramaba una fuga y sirvióse de ello para sacar ventaja pero mi tía era un genio diplomático. la Banda Oriental. — — — — .IV Emigración za.. Sin que el portugués asintiera. el la])sus era colosal.. que tenía a mano siempre los más extraordinarios recursos. le parece esta novia ? ¿ Qué Pocas veces la buena señora incurría en lo que se llama vulgarmente "meter la pata" pero cuando sucedía. a quien ella sospechaba enamorado de . correr horas febriles.. por falta de tiempo mi tía llamó a Benita.

la predilección del portugués por la mulatilla. bajo aquel huracán. muchacha.. y el portu¡Jesús me ampare! gués agachó la cabeza. se escapó. me . — . dijo don Tarquino. alzó la frente humillado y miró a la bravia mujer con aire de preguntarle: — Esto .. Seguramente se le ocurrió que el portugués seguía pensando en ella. : -* I. Mi tía cada vez más colorada. que me dio palabra de casamiento.. ni he de entregársela yo mientras no me cumpla la palabra. y me impresionó advertir en la fisonomía del taimado personaje. con un gesto de desolación y arrepentimiento. y me engañó.. avergonzada y conmovida. alzando los bra-Me pasa. Cuando mama Felisa le hubo dicho cuanto se le vino a la punta de la lengua. insistió: ¿Pero qué le pasa don Tarquino? ¿xA. cuando alguien maldecía de él. trayendo a Benita. Mama Felisa entró en ese momento. y se ofendía de que le propusiera la mano de una criada. se le plantó en frente y cerró contra él Eso le pasa por camandulero por no hablar a tiempo hace mil años que debió contarle a mi ama. exclamó mi tía. y usted no se la merece. Yo también había observado. tartamudeó. Yo asistía al coloquio a través de una rendija de mi — puerta.A CORBATA CEI^ESTE 297 la gentilísima criada. él repitió. zos. Pero no se atrevió a continuar. y que Benita es su hija. cayó en una extraordinaria confu- sión. una inesperada efusión de ternura. y el dolor de ésta. y la Yo merezco lo que me pasa.caso no es de perlas esa criatura? — Y tambaleándose: pasa por. interrogó mi tía poniéndose ¿ Pero qué le pasa ? — — — — — colorada. Fué un golpe de luz para mí. .. — — Y — ¿ Nada más ? y se sintió vencido vio a Benita y le abrió los bra- zos.

Arrojó una significativa mirada sobre la puerta. en manos de aquetrás de la cual asistía — — — — — — dos enérgicas mujeres. ¡Desgraciada! exclamó a su indiscreta sierva. tía. y mi tía se contoneó orgullosamente. no había visto a Leonor en todo el día. . dirigiéndose a don Tarquino: ¿Tendrá alma de hacerla sufrir? El portugués se frotó los lagrimales. a quien alejaban los múltiples negocios que debía ultimar. amén.: . ¡Que venga el cura en el acto! inexorable. antes de la partida. blando como la cera. Su madre la miró con tristeza. y dijo. Por si acaso el hombre no merecía la confianza que empezaba a ganarse. escudriñando a su alrededor. exclamó ¡Hágase lo que usted mande. mi tía no lo dejó partir. que aun ignoraba mi llegada. ña Felisa! respondió ella. por si alguien más podía escucharle: —¿Qué temen de mí? Cuanto podían contarme ya lo sé. Atllas Yo kinson. y con el aire de un César que salva un Rubicón. fijada para esa noche. Benita. y apenas había hablado con mi padre. y todos quedaron fríos. se sometió. y me voy a y no la verá más. me hago Montevideo con mis amos. como si ese casamiento fuese también obra de su diplomacia. donde experimentaba una sensación desconocida. 298 nvMU) WAST Pero nada: mama Felisa la contuvo y soltó esta otra andaunitaria. — Los ojos de don Tarquino chisporrotearon. le dijo Nada perderá en acompañarnos este día y don Tarquino. la Si no me cumple. se encendió en un repentino rubor. por los siglos de los siglos. y me — llevo. El comprendió los recelos que inspiraba. deyo a la escena. se avergonzó y dijo. en una embarcación de Mr. — nii tapándole la boca Mama Felisa palideció y se mordió la lengua^ temerosa de haber hablado de más.

Sintióse un ensordecedor redoble en el tejado rachas de fres. — se entristecía. día tormentoso y el estado del rio nos pre- Al caer la tarde empezó a llover. en gruesas y cálidas gotas. y yo observaba que su presencia causaba en Leonor un indefinible malestar. amos y criados.: 1. salvaje y apasionado di jome por lo Nunca le he tenido confianza bajo Leonor. recordando el primer día de su destierro. y me pareció que — — . — — — Y . Esta nos contemplaba con ojos amorosos. y cuando mi padre le dirigía la palabra. cura entraban de la quinta. ruborizábase como una colegiala que tropieza con su galán. ¡ ! — ¡ ! — . Era nivierno y íatita estuvo a punto de morir en el camino. la muchacha se había convertido en una real belleza. le daba un aire inquietante. para nuestra última merienda en tierra argentina. Yo sí le contesté con algún aturdimiento es capaz de morir por nosotros.A CflRHATA CUi. vSe encendieron las luces y nos sentamos alrededor de la mesa. Había empezado a granizar copiosamente. dijo Peor que éste fué el tiempo que nos hizo cuando nos desterraron a Santa Fe. Durante la ausencia. y sobre sus cabellos de oro viviente bajo la simpática luz de nuestra lámpara.ES'il-'. y aquellas flores celestos eran como un desafío a la roja divisa de mi tía. exclamó mi tía. que se enterraban en el polvo de los caminos. Mi padre. 299 Era un ocupaba . lyconor estaba junto a mí. Benita nos servía. La porción de sangre africana que corría por sus venas. se indignaba al solo recuerdo de sus penurias. ¡Mal tiempo para viajar! Leonor. embelesado de oírla hablar. Sorprendió a Leonor mi respuesta. había prendido un ramillete de jazmines del Paraguay.

amigo padre al recibir el pliego. Cesó la lluvia y repentinamente se despejó el cielo y esplendió to el reloj la . salió al corredor a recoger a puñados la piedra caída. Con mano trémula abrió mi padre el pliego. a pesar de su poncho. ¡Buen viaje!" La lectura de esas dos líneas m. Nos levantamos con sobresalto. estaba hecho sopas y su caballo asesaba fatigado. El soldado se encogió de hombros y permaneció en la oscuridad de la galería. — — — — . sobresaltagiro de la conversación. preguntó mi padre. Mi padre estaba el Todo listo. ¿Vas a contestarle? ¿Qué podrás decirle que equivalga a esas palalDras? Busqué un pliego de papel y escribí: "Su corazón. y sólo encontró un sobre dirigido a mí. consultaba a cada momenpero no había noticias de caballo que se de- Mr. De pronto sentimos rumor de un tenía al pie de la escalinata. ¡Letra de Manuelita Rozas! empinada sobre mi hombro. y corrimos a cerrar puertas y ventanas. Atkinson.e llenó de emoción. porque. que venía con un pliego. di jóle mi Mala noche para estas andanzas. — — exlamó con ira — quién provocó Don Tarquino empezó da ante alegría el a resoplar y mi tía. — — — . que se amontonaba en los rincones. luna. murmuró mi tía. Era una esquela con dos líneas: "Atkinson está preso pero a la media noche otra ballenera atracará en las barrancas de San Isidro. Debía de haber galopado largas horas bajo la lluvia. Era un soldado del ejército de don Juan Manuel. y con una fuente de crema confeccionó los mejores helados que he gustado en mi vida.: -•-^^^ 300 HUGO WAST i Quisiera saber vuestro destierro. propuso con juvenil — ¿ Hagamos helados ? Se levantó impetuosamente y con mama Felisa y la muchacha.

patria Iban con nosotros don Tarquino. y se desprendió de la cabellera el ramillete de jazmines del Paraguay. Mi padre leyó y dijo: Es verdad: será incompleto el relato que se haga sin mencionarla Leonor. para cuando algim día pudiéramos volver. . dijo el maestro Pancho. en silencio. Un rato después. preocupada siempre de aquellas cosas. xA-unque faltaban dos horas para la media noche. El pie se hundía en el barro de los senderos. ordenó mi padre. y nuestros corazones se estremecieron. regresaba a la ciudad el chascjfee de Manuelita. . Cerramos la casa. — — — — a la barranca. id i tía. ¡Grítala. Guiados por el maestro Pancho. corrió a un espejo. Nuestra casa quedaba en sus manos. y caminábamos uno detrás de otro. dominando su ansiedad. hacia las toscas del rio. . descendimos la barranca. Ea servidumbre dormía. debíamos huir de un sitio que de un momento a otro podía ser rodeado. Una hora antes de la fijada. lo guardó en el mismo sobre en que iba mi billete y le agregó esto: "Era mi divisa y la pongo a sus pies". Minutos después la ballenera atracaba nita. LA CORBATA CELESTK 301 Manuelita. pues de aquella misiva desprendíase que la Mazorca sabía mi venida y nuestros propósitos. que había asistido a la escena. Anda en nuestra busca.. pues! Resonó su alarido en la noche. mama Felisa y Bepero ellos no partirían. incapaz de expresar la amargura de abandonar la — . columbramos sobre el río la línea sutil de una ballenera que avanzaba forzando los remos. que esa noche adoptaba unos aires majestuosos. merecerá en la historia de este tiempo una página más hermosa que muchas batallas". le había arrancado a don Tarquino la promesa de realizar cuanto antes las ilusiones de mama Felisa. a media voz.

Sentada en la tierra. Mas para Benita esas palabras no tenían sentido. ! ! 302 HTTGO V/AST Mi dejar patria ¡ padre se volvió a conteniplar el paisaje que iba a y se agaclió rápidamente y besó el suelo de la ! — En se. Sentí que mi padre rezongaba. Los marineros habían izado la vela y la barca hundía valientemente su proa en las olas del gran río. que lo eres. y con arte exquisito la anudó a mi cuello. — exclamó santiguándola Unos cuantos golpes de remo. y adivinábase que estaba llorando. ¡ sin ¡ ! ¡ te tú. había escondido la cara entre brazos.Tarquino y mama Felisa pernianecieron de pie. cuando ella. nombre sea de Dios y sallamos a bordo. y luego. dijo desplegándola. y dócil embarcación empezó a alejarse de la barranca. volví la cara. los en- lo esta- lado. seguro de que Leonor lo había peneCallé trado también. por consolar a la buena mujer. —¿No adivinas? — me respondió Leonor. y vi que —¿Conservas — Aquí —¿Por qué no La saqué y —Un día me fuera digno de —Hace tiempo ¡ la corbata celeste? te la está ! pones? se la di. un rato.c la pondrías. ¡Algún día volveremos! había dicho mi padre — — ternecido — —¿Por qué yo a media voz. dijiste que tú m. le pregunté: ¿Tienes confianza ahora en ella? — —Ahora . duda — No porque vas José Antonio lloras así? le dije . mientras en mi alma se aclaraba aquel enigma. y se borraban los contornos del grupo.. — . sí — respondióme con los ojos llenos de lá- grimas Nos habíamos alejado bastante de la costa. que ba a mi — Porque nos vamos. Don.

. y como ella insistiera. espiándonos de reojo. noviembre de 1920. tan diestras para hacer pasteles. mi — — Buenos Aires. Y mi tía sonrió con impagable picardía. le tomó las manos liei'namente y se las retuvo prisioneras. y hoy no puedo decir cuánto tiempo conservó mi padre en las suyas aquellas manos suaves y regordetas de mi tía. Zenobia! contestó mi padre con firmeza. A CORIiAlA CKI<KSTK ^ 303 tía estaba empeñada en ponerle otra corbata celeste. como para disponer matrimonios. para salvarlo de riesgos en tierra oriental.I. Pero nosotros nos desentendimos de ellos. ¡Déjate de políticas.

152 170 181 J95 216 229 2i5 II. —Una canción en noche V. VIH . ''-i.—La corbata celeste SEGUNDA PARTE I. — La fiesta del retrato VI. ¿ 4§ 68 84 98 129 '. — Pepa Fedérala IV. — Un minué federal TERCERA PARTE I . tía 5 II . 2^ 9^. — La revolución del Sur V..««i¡. . de mi tía — Casamiento por poder III. — Primeras noticias de Leonor VII.-k.índice PRIMERA PARTE Págs. — Por qué dudaste? VII — La noche del 26 de Junio I . — Espía del Restaurador VI.— La IV. —Emigración 261 274 282 296 '.. —Mi Zenobia — La sospecha III. .T^i^-ítfí-' . —Desertor —El ejército vuelta libertador III.— Celos II. f.-l- . ' la la .. — Una mentira IV.

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