ENRIQUE IV

LUIGI PIRANDELLO PERSONAJES Enrique IV La marquesa Matilde Spina Su hija Frida El joven marqués Carlos Di Nolli El barón Tito Belcredi El doctor Dionisio Genosi. Cuatro hombres de servicio que se fingirán oportunamente consejeros secretos. Landolfo (Lolo) Arialdo (Franco) Ordulfo (Momo) Bertoldo (Fino) Paje 1º Paje 2º La acción, en una villa solitaria de la campaña de Umbría. En nuestros días. ACTO PRIMERO Salón en la villa, amueblado de modo que aparente lo que pudo ser la sala del trono de Enrique IV, en la casa imperial de Goslar; pero, entre el antiguo moblaje, se destacan dos grandes retratos modernos, pintados al óleo, que cuelgan del muro, en el foro, puestos a poca altura del suelo, sobre un zócalo de madera labrada -ancho y saliente como un largo poyo- que se-extiende a, lo largo de la pared, aderecha e izquierda del trono, que, colocado en medio del muro, interrumpo el zócalo para insertarse en él, con su sillón imperial y su baldaquín bajo. Los retratos representan a un señor y a una señora jóvenes, disfrazados respectivamente de "Enrique IV" y de "Matilde de Toscana". Puertas a derecha e izquierda. Al levantarse el telón, los dos pajes, como si hubiesen sido sorprendidos, saltan del largo poyo en que estaban recostados y van a apostarse, como estatuas con sus alabardas, cada uno a un lado del trono. Poco después, entran por la segunda puerta de la derecha Arialdo, Landolfo, Ordulfo y Bertoldo, jóvenes pagados por el marqués Carlos Di Nolli, para que finjan ser "consejeros secretos", vasallo reales de la baja aristocracia, en la corte de Enrique IV. Visten, por tal causa, trajes de caballeros germanos del siglo XI. El último, Bertoldo, llamado Fino, asume el servicio por primera vez. Sus tres compañeros, entre burlas, le enteran de la situación. Toda la escena siguiente serárecitada con caprichosa vivacidad. Landolfo: (a Bertoldo, como si continuara explicándole). ¡Y ésta es la sala del trono! Arialdo: ¡En Goslar! Ordulfo: O si lo prefieres, en el castillo de Hartz. Arialdo: O en Worms.

Landolfo: Tienes que imitarnos en lo que representemos, y trasladarte con nosotros adonde el caso lo requiera. Ordulfo: ¡A Sajonia! Arialdo: ¡A Lombardía! Landolfo: ¡Al Rin! Paje 1º: (sin perder su compostura, chista moviendo apenas los labios). ¡Ps...! ¡Ps...! Arialdo: (volviéndose). ¿Qué sucede? Paje 1º: (siempre rígido; en voz baja). ¿Entra o no entra? (alude a Enrique IV). Ordulfo: No, no. Duerme. Tranquilícese. Paje 2º: (abandonando su compostura respira con alivio y va a tenderse en el banco del zócalo). ¡Por Dios, podíais habérnoslo dicho! Paje 1º: (acercándose a Arialdo). ¿Tendría usted una cerilla, por favor? Landolfo: ¡Ah, no; nada de pipa aquí dentro! Paje 1º: (mientras Arialdo le ofrece una cerilla encendida). Es un cigarrillo... (lo enciende, y fumando va a tenderse también él en el banco.) Bertoldo: (que ha estado observando entre asombrado y perplejo, recorre la sala con la vista, y mira luego su traje y el de sus compañeros). Ustedes perdonen... esta sala... esta vestimenta... ¿Qué Enrique IV ... ? No acierto... ¿Es quizá el de Francia? (Ante su pregunta, Landolfo, Arialdo y Ordulfo prorrumpen en carcajadas.) Landolfo: (sin dejar de reír señala a Bertoldo a sus compañeros, que también ríen, y dice como invitándole a mofarse de él). ¡El de Francia, dice... Ordulfo: (siguiendo la burla). ¡Ha creído que era el de Francia...! Arialdo: ¡Enrique IV de Alemania, querido mío! ¡Dinastía de los Salios! Ordulfo: ¡El grande y trágico emperador! Landolfo: ¡El de Canossa... ! ¡Aquí, día tras día, sostenemos la muy espantosa guerra entre el Estado y la Iglesia! ¡Oh! Ordulfo: ¡El Imperio contra el Papado! ¡Ah...! Arialdo: ¡Los antipapas contra los Papas...! ¡Oh...! Landolfo: i El rey contra los antirreyes! Ordulfo: ¡Y la guerra contra los sajones! Arialdo: ¡Y contra todos los príncipes rebeldes! Landolfo: ¡Y contra los mismos hijos del emperador! Bertoldo: (sosteniéndose la cabeza con las manos, como si quisiera defenderse de ese torrente de noticias). ¡He comprendido! ¡He comprendido! ¡Por eso me desconcerté, viéndome así vestido, cuando entré en esta sala! ¡Bien me lo decía yo: esta vestimenta no es del mil quinientos! Arialdo: ¡Pero no, qué mil quinientos! Ordulfo: ¡Aquí estamos entre el mil y el mil ciento! Landolfo: Tú mismo puedes sacar la cuenta; si el 25 de enero de 1071 nos hallamos frente a Canossa... Bertoldo: (confundiéndose aún más). ¡Oh, Dios mío, entonces esto es desastroso para mí! Ordulfo: ¡Claro, si creía estar en la corte de Francia! Bertoldo: Toda mi preparación histórica...

Landolfo: ¡Estamos a cuatrocientos años antes, querido mío! ¡Nos pareces un niño! Bertoldo: (enojándose). ¡Por Dios, podrían haberme dicho que se trataba de EnriqueIV de Alemania, y no de Francia! ¡En los quince días que me concedieron para prepararme, sólo yo sé los libros que he ojeado! Arialdo: Pero, oye, ¿no sabías que el pobre Tito era aquí Adalberto de Bremen? Bertoldo: ¡Qué Adalberto, ni qué... ! ¡Yo no sabía un cuerno! Landolfo: ¿No? Mira, es así: al morir Tito, el marquesito Di Nolli... ¿Qué le costaba decirme... ? Bertoldo: Pero sí fue justamente él, el marquesito. Arialdo: Tal vez creyó que lo sabías. Landolfo: El marquesito no quería substituirlo por ningún otro. Los tres que quedábamos le parecimos suficientes. Pero él comenzó a gritar: "¡Han expulsado a Adalberto!", porque a él no le pareció posible que el pobre Tito hubiese muerto, ¿comprendes? Creyó en cambio que por su investidura de obispo, Adalberto había sido expulsado de la corte por los obispos rivales de Colonia y de Maguncia. Bertoldo: (tomándose la cabeza con las dos manos). ¡Pero, si yo no sé nada de toda esta historia! Ordulfo: ¡Oh, entonces estás fresco, querido mío! Arialdo: Y lo peor es que tampoco nosotros sabemos quién eres tú. Bertoldo: ¿Tampoco vosotros? ¿No sabéis a quién debo encarnar? Ordulfo: ¡Hum ... ! "Bertoldo". Bertoldo: Pero ¿qué Bertoldo? ¿Por qué Bertoldo ? Landolfo: "¿Han expulsado a Adalberto? ¡Pues entonces quiero a Bertoldo! ¡Quiero a Bertoldo!" Así comenzó a gritar. Arialdo: Nosotros tres nos miramos a los ojos: ¿Quién será ese Bertoldo? Ordulfo: Y hete aquí, haciendo de Bertoldo. Landolfo: ¡Harás un brillantísimo papel Bertoldo: (rebelándose e insinuando el mutis). ¡Ah, no, no lo hago! ¡Muchas gracias! ¡Yo me voy! ¡Me voy! Arialdo: (deteniéndolo, ayudado por Ordulfo, y entre risas). ¡No, cálmate, cálmate! Ordulfo: ¡No serás de ningún modo el Bertoldo de la fábula! Landolfo: Y puedes estar tranquilo, pues nosotros tampoco sabemos quiénes somos. Él, Arialdo; él, Ordulfo, y yo, Landolfo. Así nos llama. Ahora ya nos hemos habituado, pero, ¿quiénes somos... ? ¡Nombres de la época! Un nombre de esa época será, por lo tanto, el tuyo. Bertoldo. Sólo uno entre nosotros, el pobre Tito, tenía asignado un bello papel, tal como aparece en la historia: el de obispo de Bremen. ¡Ah, parecía un verdadero obispo! ¡Magnífico...! Pobre Tito. Arialdo: ¡Ya lo creo, había podido estudiárselo bien en los libros! Landolfo: Y hasta daba órdenes a Su Majestad, se le imponía, lo guiaba, casi como un tutor o un consejero. También nosotros somos "consejeros secretos" pero así, de número; porque en la historia se dice que Enrique IV era despreciado por la alta aristocracia, por haberse rodeado en la corte de jóvenes de la baja aristocracia ... Ordulfo: Que es justamente lo que nosotros representamos. Landolfo: Sí, pequeños vasallos reales; devotos; algo disolutos; alegres ... Bertoldo: ¿También debo estar alegre? Arialdo: ¡Desde luego! ¡Como nosotros!

Ordulfo: Y no es nada fácil, ¿sabes ? Landolfo: Es una pena, porque como ves, no nos falta nada para estarlo. Nuestra vestimenta serviría para que fuésemos comparsas en una representación histórica, de esas que gustan tanto en el teatro de hoy... ¡Y habría en la historia de Enrique IV tela suficiente para hacer no una, sino varias tragedias, pero... ! Nosotros cuatro, y esos dos desdichados (señala a los pajes), cuando están rígidos, como empalados a los pies del trono, somos... somos nada, sin alguien que suba allí y nos haga representar alguna escena. Está, ¿como diría yo... ? Está la forma y falta el contenido. Estamos peor que los verdaderos consejeros secretos de Enrique IV; porque si tampoco a ellos nadie les había asignado un papel para representar, por lo menos ignoraban que debían representarlo; lo decían porque lo decían; no era un papel, era la propia vida, en suma; cuidaban sus intereses a costa de los demás; vendían las investiduras, ¡y qué sé yo! Nosotros, en cambio, estamos aquí, vestidos así, en esta bellísima corte... ¿ para hacer qué...? ¡Nada! Como seis muñecos colgados de un muro, esperando a, alguien que los tome y los mueva, así o así, y les haga decir alguna palabra. Arialdo: ¡Ah, no, querido mío! ¡Disculpa! ¡Es menester responder con precisión! ¡Saber responder con precisión! ¡Ay de ti si te habla y no estás listo para responderle como él lo desea! Landolfo: ¡Eso, eso sí que es verdad! Bertoldo: ¡Pues no has dicho nada... ¿Cómo hago yo para responderle lo que él quiere, si me he preparado para Enrique IV de Francia, y se me aparece ahora un Enrique IV de Alemania? (Landolfo, Ordulfo y Arialdo vuelven a reír.) Arialdo: Es preciso que lo remedies rápidamente... Ordulfo: Sí, no te preocupes, te ayudaremos nosotros. Arialdo: ¡Tenemos allí tantos libros! Te bastará por ahora con hojearlos. Ordulfo: Tendrás en seguida una idea... Arialdo: ¡Mira... ! (Hace que se vuelva y le muestra el retrato de la marquesa Matilde.) Por ejemplo, ¿quién es ésa? Bertoldo: (mirando). ¿Ésa... ? Pues, en principio me parece un desatino...! Dos cuadros modernos en medio de toda esta respetable antigüedad! Arialdo: Tienes razón. Y por cierto que antes no estaban. Hay dos nichos detrás de esos cuadros. Era menester colocar dos estatuas esculpidas de acuerdo con el estilo de la época. Como quedaron vacíos, se los cubrió con esos lienzos. Landolfo: (interrumpiéndole y continuando). ¡Que desde luego serían un desatino, si fuesen verdaderamente cuadros! Bertoldo: ¿Pues, qué son? ¿No son cuadros? Landolfo: Si te acercas y los tocas, sí; son cuadros. Pero para él (señala misteriosamente hacia la derecha, aludiendo a Enrique IV), que no los toca... Bertoldo: ¿No? ¿Y qué son para él, entonces? Landolfo: ¡Oh... yo no hago más que interpretar! Pero creo, en el fondo, que estoy en lo cierto. Son imágenes. Imágenes como... las que podría mostrarte un espejo, ¿me explico? Ése (indica el retrato de Enrique IV) lo representa a él, vivo como está, en esta sala del trono, que es también como, debe ser, según el estilo de la época. ¿De qué te asombras? Si te colocan ante un espejo, ¿acaso no te ves vivo, actual, aunque estés vestido así, con ropas antiguas? Y bien, aquí es como si

Lodolfo: Ésa es su más feroz enemiga: Matilde. hermana de Amadeo II de Saboya.) Juan: (de prisa y ansioso). amenazándolo con echarlo. acabad. no. vamos. Landolfo: (restregándose las manos). por favor. ! Ya verás cómo en poco tiempo te empapas de todo. vaya.. las señoras.) Bertoldo: (deteniéndose y mirando hacia el retrato). no retrocede uno ochocientos años en la historia.. Ordulfo: ¡No. Bertoldo: ¡Ah!. ? ¡Te divertirás! Bertoldo: ¿Y cómo habéis logrado vosotros aprender tanto? Landolfo: ¡Querido mío.. sácala! (Hace ademán de extraer la suya. ¡Esperad .hubiese dos espejos que reflejan imágenes vivas.. yo no quiero enloquecer aquí! Arialdo: ¿ Enloquecer. ¡Eh! ¡Ps! ¡Franco! ¡Lolo! Arialdo: (deteniéndose y volviéndose). burlonamente. con los otros. ¿quiénes son? . ¡Vamos. Landolfo: ¡Exactamente..) Ordulfo: ¡Enviado de Gregorio VII ¡Fuera! Arialdo: ¡Fuera! ¡Fuera! Juan: (defendiéndose.. como nosotros. Es un sortilegio ¿sabes? ¡El demonio evocado por el Mago de Roma! ¡Saca la espada.. que quiere ser joven.. en medio de un mundo que -descuida-. Un poco cada uno. ¡Oh! ¿Él aquí dentro? ¿Cómo es eso? Landolfo: ¡Un hombre del mil novecientos! Fuera! (Va a su encuentro.. ¿Qué quieres? Bertoldo: (asombrado de verlo entrar en la sala del trono vestido de frac).. Vaya..) Juan: (gritando). marquesa de Toscana. En ese momento aparece por la izquierda Juan. Arialdo: Pero las señoras. Ordulfo: El Papa Gregorio VII. La esposa del emperador es Berta de Susa. Ordulfo: Y el emperador.! Ha llegado el señor marqués con una comitiva... vamos! (Le toma del brazo para conducirle fuera de la sala.. vamos! (Se dirigen los cuatro hacia la puerta de la derecha. vestido de frac. la que hospedó al Papa. por la que entraron. Ordulfo: Y sabrás tanto como nosotros. ! En Canossa. viviendo entre nosotros... ya comprendo. tú no puedes poner los pies aquí! Arialdo: ¡Fuera! ¡Fuera! Landolfo: (a Bertoldo). Bertoldo: ¡Os pido por favor que me ayudéis pronto! ¡Aunque sólo sea enseñándome los datos principales! Arialdo: Déjanos hacer a nosotros. ¿Ha venido con señoras? Ordulfo: ¿Viejas? ¿Jóvenes? Juan: Hay dos señores. no puede soportarla y se propone repudiarla. ¿La esposa del emperador? Arialdo: No. Landolfo: Te ataremos los hilos y te pondremos en condiciones. Como el más adaptado y más cumplido de los fantoches. Bertoldo: ¡Ah. el viejo camarero. ¡Terminad ya! ¡No os hagáis los tontos conmigo. fastidiado). ya verás cómo se anima y vive también. ! No me habéis dicho quién es ésa...... sin llevar consigo un poco de experiencia! Arialdo: ¡Vamos. Arialdo: ¡Nuestro espantajo! ¡Vamos. ¡Está bueno ya..

en la sala.. Esté usted tranquilo... cuida de los estragos propios de la edad con una recia pero inteligente caracterización que le compone una arrogante cabeza de valquiria.. Landolfo: (sorprendido).. ¿La marquesa. ¿Cómo? ¿Ella? ¿La marquesa.. doña Matilde Spina y la marquesita Frida.) Di Nolli: ¿Has dado bien las órdenes? Juan: Sí. Entretanto. Arialdo: ¿Y a qué vienen? ¿Puede saberse? Ordulfo: ¡Si la ve él. mientras se encamina con los otros). aquí? Arialdo: ¡Pues sí que va a ser "contenido" esto! Landolfo: ¡La tragedia se acerca de ve ras! Bertoldo: (curiosamente). ! Quieren entrar aquí. Arialdo: ¡Sí.. si es menester! Me lo han ordenado así. Juan se dirige a los pajes. ¿no lo entiendes? Landolfo: Su hija es la prometida del marqués. Bertoldo. Id ahora. Arialdo y Ordulfo salen por la segunda de la derecha. Pero. Landolfo. Juan: Es menester que lo entretengáis allí dentro. ¡Buena me la voy a ver! Juan: ¡Escuchad. Juan se inclina y se marcha. ¡Oh! ¿Y cómo? Ordulfo: (con sorpresa). señor marqués. vamos! Landolfo: (a Juan. Arialdo: (a Bertoldo). ¡por la fuerza. Juan se dirige entonces a la de la izquierda y la abre para dejar paso al marqués Di Nolli. ¡Cerrad esta puerta. sí? ¿Hablas en serio? ¿Y cómo? Arialdo: ¡Tú ya sabes cómo es! Juan: Pues. Arialdo: ¡Magnífico. uno de esos frecuentes médicos. uno de esos dos señores es un médico.? Arialdo: ¡Habla. con excesiva evidencia. Landolfo: (asombrado y consternado). di! Juan: Al parecer.. ¡Pero luego nos explicarás! Juan: (a gritos. la marquesa. Lo hacen primero el barón Tito Belcredi y el doctor Dionisio Genosi. tú traes buena suerte! Landolfo: ¡Verás cómo nos metemos en un puño al señor médico! Bertoldo: Y yo así. después. Vienen a darnos "contenido". aunque. es guapa y hermosa aún. por allá. tan de súbito . Doña Matilde Spina tiene alrededor de 45 años.. Landolfo: ¡Ah.) Id vosotros también. la marquesa! Arialdo: ¿Y los señores? Juan: No lo sé. ¿comprendes? Ordulfo: ¡Todos son enviados de Gregorio VII ¡Nos divertiremos! Juan: ¿Me dejaréis hablar. y esconded la llave! ¡La de esta otra habitación! (Indica la puerta de la derecha. es ésa.. sí.. detrás de ellos). has dicho? Juan: ¡Pues sí. Esta caracterización asume un relieve que contrasta y .. si se despierta. ¡Cerrad la puerta y guardad la llave! (Ambos salen por la primera puerta de la derecha.Juan: La señora marquesa con su hija. Ordulfo: ¿Ah.! ya comprendo... ¿Por qué? ¿Por qué? Ordulfo: (indicando el retrato).. bonito embrollo! Landolfo: Quizá ya no la reconozca. tal vez se ha despertado ya! Ordulfo: ¡Vamos. (Di Nolli sale un momento para invitar a los demás a entrar.

yo no miro! ¡Para mí. temerosos. Un tanto marchita por la lobreguez en que su madre. suscitan en los demás las burlas de la marquesa.no estuviese como envainada en una somnolienta pereza de árabe. doctor! ¡Se lo ruego. en el fondo.y al principio hablan en voz baja. por la muerte reciente de su madre.. breve y puntiaguda barbilla.) ¡Frida. desvergonzado y rubicundo. busca su retrato.)¡Ven! ¿No te ves en mi. mira. cosa que le permite reírse si su amiga se ve obligada a fingir que lo ignora. aunque quizá. que se revela en su curiosa voz.) ¡Dios mío. magnífico. qué impresión! (Luego. pero él no. Sería vivacísimo si su dúctil agilidad -que hace de él un temido espadachín. yo. a su costa. de modo que. El doctor Dionisio Genosi exhibe un hermoso rostro de sátiro. reírse siempre para responder a las risas que. Enjuto. ¿tu retrato? Matilde: ¡No. (Volviéndose al doctor Genosi) Diga usted. ¿No lo decía yo? Matilde: ¡Sí.. se ve afectada por esa sombra de la fácil maledicencia que aquélla provoca. ojos saltones. Frida? (La aprieta contra sí ciñéndola con un brazo por la cintura. en verdad. a quien ni ella.. mientras nacen en ella sentimientos dispares.hablar y divertirse. gravitan sobre él. elegantes maneras. ¡Ah.conturba profundamente en la boca. sólo él lo sabe bien.) ¡Sí. no consienta! Doctor: (entre dubitativo y sonriente).) Pero.. Afortunadamente. Viuda desde hace muchos años. Es casi calvo. Frida. ! (Llama a su hija.. según cree. ¿Y por qué no habría de consentir? . en verdad. ¡Ps! ¡No.) Belcredi: (dando la espalda.. no. los otros sí pueden -¡benditos sean!. allí está! (Mirándolo a distancia precisa. en el fondo. Matilde: ¿No te parece? ¿Cómo no lo encuentras parecido? (Volviéndose hacia Belcredi. imperiosa y demasiado vistosa. Entran consternados. mirando a su hija.. no! ¡Mira! ¡No soy yo: eres tú! Di Nolli: Sí. Frida es ya la prometida del marqués Carlos Di Nolli.. ni él lo sepa. magnífico! Matilde: (girando la vista. pero nunca lo habría creído tanto! (Estremeciéndose. tiene 19 años. Frida . descubriéndolo y acercándose). bellísima y dolorosa. un tanto nasal y arrastrada.. han tomado nunca en serio. la obliga a sumirse.. en el poco valer que se asigna. Tito! ¡Dígaselo usted! Belcredi: (sin mirar). un poco más joven que ella. precozmente canoso.. a priori. brillante como la plata. tiene una extraña cabeza de pájaro.. De todos está consternado por las muchas responsabilidades que. observando la sala con curiosidad -salvo Di Nolli. Yo lo quiera. ! Frida: Ah. ¿cómo.. como sacudida por un escalofrío. (El doctor se acerca.) ¡Mire usted. tiene por amigo al barón Tito Belcredi. doctor.) Belcredi: ¡Oh. sí. por lo menos en apariencia. no! Matilde: ¡Qué tonto! Cree hacerme un cumplido.! ¡Oh. muy indulgente para con los demás. ¡Ah. finge llamarlo a escondidas). la hija de la marquesa. no puede. magnífico! Doctor: ¡Interesantísimo! ¡Aun las cosas son una prueba del desvarío! ¡Sí.. no tanto para su propio daño como para el de la joven. Lo que Tito Releredi es para ella. es verdad. pero cerrado y terco. ni los otros. sino porque. mira.! Dios mío . allí? Frida: Pero. Viste de riguroso luto. joven rígido.

mientras que allí. nace con frecuencia de cosas imponderables.. sólo por el gusto de irritarme. y muchas cosas que allí no están. Dios mío. advirtiendo que alguien puede escucharles. (Señala el lienzo. siempre fijo en un determinado instante. miradas.. Por cada nimiedad. . casi con la cola entre las piernas.. ¡Pero. Doctor: ¿Yo? Belcredi: Sí.. ¿no lo sabe? Belcredi: (al doctor. Usted. Ha dicho que no es motivo de asombro. Matilde: ¡Eso. lejano y sin recuerdos para la marquesita. (Señala las dos puertas de la derecha. viéndolo avanzar). ¡Mírese los pies. me ha asombrado.) ¡Ése es mi retrato! ¡Y hallar en él a mi hija. Matilde: ¡Naturalmente! Porque ella no puede reconocerse en mi. y usted se ha asombrado. como yo era a su edad. se hace en todos un silencio embarazoso. estimado barón.) Ya nos hemos distraído bastante.. Doctor: (riendo).. acaso? Belcredi: (contestando a la marquesa). no! Después de todo. perdone que le pregunte.Matilde: ¡No le haga usted caso! ¡Es insoportable! Frida: Es tonto profesional. recupera el tono profesional. Advertí desde el principio que tú no compartías el estupor de tu madre. creo que no es motivo de asombro el hecho de que una hija se parezca a su madre. ahora vuelto hacia ella). señor. puede usted creerme. doctor. que alguien podría encontrar semejanza entre nosotros dos. dejemos este asunto. que lo dude! (Después de ese estallido de furor. Matilde: Es que él ha de malograr siempre hasta el mínimo abandono a cualquier sentimiento espontáneo. ¿No es así. y mi asombro.) Frida: (por lo bajo. gestos. fue de que ella encontrase tan exacto el parecido de ese retrato con igo. Y va a chocar contra cuatro piececitos de vidrio. si la cosa es para usted tan natural ahora? Matilde: (aún más irritada). El parecido.. Doctor: (deslumbrado por su propio ingenio. siempre lo mismo. o que. si de algo te sorprendiste. y le prohibo. dirigiéndose a Belcredi). ¿Por qué. caro profesor. puede revivirlas ahora en su hija. Doctor: ¡Perfecto! Puesto que un retrato está allí. Yo no he dudado de nada. en tanto que todo lo que puede recordarle a la señora marquesa: movimientos. Belcredi: (interrumpiendo la lección) . como es natural. ¿Por qué "paf"? ¿Qué sucede? ¿Qué ha dicho? Doctor: (cándidamente). Lo cual explica que.. con tono de disculpa). yendo hacia Belcredi). Belcredi: ¡Paf ! ¡Ya está hecho! Matilde: (excesivamente irritada. mírese los pies! ¡Los pies! Doctor: (vacilante). Di Nolli: Por favor.. Belcredi: (también por lo bajo. justamente eso! Doctor: (continuando. ha sido sincero. fastidiada).. sonrisas. ¡Tonto! ¡Tonto! ¡Precisamente porque es tan natural! Porque mi hija no está allí. yo puedo perfectamente reconocerme en ella tal como es ahora.. ¿Los pies? ¿Por qué? Belcredi: Tiene zapatos de hierro. una discusión.

Di Nolli: Mi madre ha muerto con la certeza de que este hermano suyo mejoraría pronto. Belcredi: Después que os habéis divertido tanto conmigo.) Di Nolli: Sí. no! Nos lo hicimos hacer muchos de los que tomamos parte en aquella cabalgata. Estando él. de que lo haría ver. a instancias de la madre de Carlos. Doctor: Y absorbidos por otros asuntos. deberíamos estar aquí. aludiendo a Enrique IV. doctor! No creo que deba dársele excesiva importancia.. y ni siquiera tenía novio. muchísima importancia a esos dos retratos que. ¿no es verdad? Matilde: Sí.. Doctor: ¿No podría decirme qué síntomas se lo confirmaban? Di Nolli: Al parecer. . Lo cedí tres o cuatro años después de la desgracia.que era hermana de él. están allí desde antes de la famosa. (Señala a Belcredi. Matilde: ¡Oh.. Di Nolli: Está allí desde hace alrededor de quince años. os ruego ¡si no sabéis todavía qué quiero preguntar! Yo doy mucha.. no. según creo.Frida: ¡Claro!. sino viajando. Parece que a él lo agitaba una súbita ternura.. . Lo adoraba. Alguien propuso reunirlos todos. en el salón de la villa en la que se hizo la cabalgata. y esta visita nuestra es una deuda contraída con mí madre. Perdone. Veamos. Muchas veces las mínimas causas. doctor. -esto es lo que quería deciros-. de la desventurada cabalgata.. Doctor: ¿Una conversación? Pues sería muy útil conocer algo de ella. para recuerdo. Tito.. ¡Qué ingratitud! Di Nolli: ¡Basta. que me dejó hace un mes. presagio. como en una galería. Tratemos antes de aclarar bien algunos puntos.. sí. señora.... desde luego. Matilde: Apenas estuvieron listos los trajes. Doctor: Cuando él estaba aún en su sano juicio. ¡Lleva más de dieciocho Doctor: Perdonad....) Matilde: (rápidamente). ¿cómo se halla aquí este retrato suyo? ¿Se lo regaló usted? Matilde: No. ya comprendo. vestido de "Carlos de Anjou". ¿le propuso él. del fin próximo de ella. antes de que muriera. Doctor: Sí. por cierto. (Señala a Di Nolli. En su lecho de muerte me arrancó la promesa de que no lo descuidaría nunca. Matilde: ¡Más aún! ... entonces.. Belcredi: Hasta yo me hice pintar. quizá. y hemos venido para resolver algo muy serio. tenga usted paciencia. Di Nolli: La desconozco totalmente. visitar. Me impresionó porque no lo veía desde hace muchos años.. está bien. Sólo sé que mi madre regresó muy angustiada de su última visita. cierta conversación extraña que él sostuvo con ella.. Ese retrato. Luego. veamos primero.. doctor. cada cual quiso guardar el suyo. (Hace un gesto hacia la derecha. que tú sabes cuánto me urge. Ni ella (por Frida) ni yo.) Doctor: .. Doctor: Por favor... hacer pintar este cuadro? Matilde: ¡No.. te lo ruego! Aquí está el doctor. Por eso me oponía a que viniese... señora marquesa.. Doctor: Sí. ¿A título de qué habría de regalárselo? Entonces yo era como Frida. Sólo para conservar un recuerdo de ella. Belcredi: ¿Sabe usted por qué?.

adornado con uno de esos extraños atavíos tradicionales de las antiquísimas ciudades estudiantiles de Alemania. Belcredi: Pero si Belassi no estaba cuando. Doctor: Le suplico. lo cedí sin ningún pesar. él estaría a mis pies como lo había hecho Enrique IV en Canossa. Sí... inducida a la elección por mi nombre. al estilo de la época a la que perteneciera el traje. (Señala a Di Nolli. claro está.. Sólo entonces comprendí bien por qué. En una de ellas estaba el emperador. o príncipe.. fue -lo recuerdo muy bien. Caballos enjaezados. o princesa. porque su madre.. Y la propuesta fue aceptada.. como él.. o puede que haya sido su hermana. está bien. en el Círculo. Matilde: ¡Vaya! . entonces. si le dijo que43la idea era suya.. Matilde: No le haga usted caso. dije que quería ser la marquesa Matilde de Toscana. doctor. Doctor: No . habiendo yo escogido el .Matilde: Y éste mío. no lo sé! Tal vez. Ese grabado me sugirió la idea. Perdone. de este siglo o de otro. con su dama al lado. Ni siquiera estaba esa noche en el Círculo. en lucha feroz contra el imperio germánico. reina. sin pensarlo apenas. a caballo.. A caballo. Matilde: Pues a mí me invitó Belassi. ¿es realmente necesario establecer a quién se le ocurrió? Doctor: Pues sí.) Doctor: ¿Y entonces él eligió el personaje de Enrique IV? Matilde: Porque yo.. La idea de la cabalgata. para secundarlo en sus pretensiones amorosas.. no! Fue ocurrencia mía. un rey. ¡babélica sería! Cada uno de nosotros debía escoger para representar. ¡Está usted en un error! Matilde: (al doctor). doctor. y vestidos. ¡No. otra cosa!. no comprendo bien qué relación hay .. ¿verdad? Mire. Doctor: ¡Otra cosa. Belcredi: ¡La idea fue mía! ¡Tiene gracia! No ha de ser para vanagloriarme después del desenlace que tuvo. como le dije antes. seguido por un séquito formado por otros estudiantes nobles. al pobrecito conde Belassi.) Doctor: ¿Sabe usted si fue él quien lo pidió? Matilde: ¡Ah. Sí. ilustrada -desde luego miraba sólo las figuras porque yo no sé alemán-.. Belcredi: ¿A Belassi?. Porque es menester que usted sepa que en el Círculo se pensaba en organizar alguna mascarada para el próximo carnaval. que murió dos o tres meses después.una noche. o emperatriz... Bonn.. a principios de noviembre. Doctor: Bonn. Me sería muy útil. al principio.. al hallarme fiel y celosa amiga del Papa Gregorio VII. también a caballo.. o emperador. yo sabía lo de Canossa. Belcredi: Apropiación indebida. Di Nolli: (inquieto por el temor de una nueva discusión).. por otra parte... cuando oí que me contestaba que. pero confieso que no recuerdo bien la historia. y recibí una curiosa daba impresión cuando la repasé para desempeñar mi papel con propiedad. no sé en qué ciudad universitaria en la que había sido estudiante. Propuse esa cabalgata histórica.. así. histórica por decirlo así. Hojeaba una revista alemana. tampoco estaba él (Aludiendo a Enrique IV. Se le ocurrió al pobre Belassi. Ni yo. como.. ¿se le ocurrió a él? Belcredi: (con rapidez).. Belcredi: Bonn.

) En primer término.. ¡Hay una considerable diferencia! Y además. ¡Naturalmente... ¡y entonces más que nunca! Pero debo hacer una confesión: puedo hacerla ahora. yo diría fríamente. Con remordimiento. . estimado amigo. volviéndose al doctor. soy. ¿comprende? Era además mujer y. quiso él estar a mi lado en la cabalgata.. a usted se le ríen en la cara.. Porque tal vez podía creerse en la promesa de aquellos ojos.. Aunque hubiese sido peligrosísimo.. entonces era muy joven. es verdad. era ya un poco exaltado. ¿Pelígrosísimo? ¿Por qué? Matilde: (con premura). Belcredi: (continuando)... Doctor: ¿Es decir.. de tanto en tanto. Matilde: (mordaz). Belcredi: ¡Vaya! ¡Es mejor que no sea a mis espaldas! Doctor: Vamos al asunto. naturalmente! ¡Y entonces más naturalmente que nunca! Belcredi: (señalándola). Belcredi: Tanto como de mí. (busca una palabra modesta) intolerante. Eso es lo que me interesaría mucho saber. Como desbordaba vida. no podía soportarlo! Matilde: ¡No es verdad! ¡No me era antipático. ? Belcredi: Por Dios. querido mío! En este caso no. le da la prueba más deslumbrante de que es un estúpido! Matilde: ¡No. intolerante para todo aquello que sea acompasado y denso. por supuesto. ¿cómo diría?. Justamente eso. más que un poco. (Con otro tono. ¡Justo. Porque él no era tan estúpido como usted. Belcredi: Sí.. y ella (indica a la marquesa) naturalmente. Cuando me reí así de él. Matilde: Usted provoca risa con la manía de disminuirse... Siempre me han dado risa. Entonces.. doctor. Matilde: ¿Por qué.. Porque él le hacía la corte implacablemente.. ¡Precisamente porque él no era como los otros! Y puesto que yo también. fríamente? Era así.personaje de su implacable enemiga. de unos ojos que nos miran con una intensa y contenida promesa de sentimientos perdurables. debía tascar el freno. entre las muchas desgracias que nos ocurren a las mujeres. concentrándose)... soy un poco así. mientras que a él le sucedía todo lo contrario. para decir la verdad.. vamos al asunto.. como Enrique IV. fue también por temor.... Y también me reí de él.. después de más de veinte años. por lo que voy comprendiendo. doctor. Doctor: ¡Ah! ¿Por qué? ¿Quizá. pero de una manera muy particular. Hubiera necesitado un valor que no tenía. porque vi que mi risa se confundía con la de todos los otros -necios-. y más tarde con un verdadero desprecio hacia mí misma. un tanto extraño.) ¡Nada más cómico! Si los hombres se viesen con ese "perdurable" en la mirada... al contrario! Sino que cuando veo a alguien que pretende ser tomado en serio. está la de vernos delante. Pero a él no se le podía tomar en broma... ya lo sé!.... querido doctor. ? Belcredi: Bueno. (Estalla en una risa estridente. ¡. que se burlaban de él. ¡Claro!. Matilde: ¡Ah. era extravagante. Doctor: (con vivo interés. Belcredi: Pues yo nunca he intentado hacerme tomar en serio.. sí. eso.

Matilde: Y comenzaron a fustigarlo . Ni una gota de sangre. qué rostro el suyo! Yo lo advertí en seguida. Al contrario: con frecuencia se exaltaba realmente.. ¿sabe usted? Di Nolli: Y con la locura se ha transformado en un actor magnífico y terrible. en cambio.. sí! Se mezcló con nosotros. en el primer momento. mejor que nosotros.. desenvainó la espada arremetiendo. es preciso decirlo. y. era un magnífico actor. E improvisaba. Belcredi: Entonces. que en el instante de su exaltación se veía a sí mismo exaltado.. Era una verdadera Babel. doctor ? Matilde: ¡Desde luego! Porque estabais todos como locos. para divertirse. Todos nos aterrorizamos. queríamos saber qué había sucedido y nos detuvimos. un poco de confusión en la cabalgata. desde luego. se abandonaba. Belcredi: Y eso desde el principio.. qué horror! Estaba junto a mí.. de repente. doctor. ¿querrá usted creer? Ni la más mínima herida. Doctor: E insociable.. porque esa repentina lucidez de verse representando lo colocaba. lo hacía en serio? Doctor: Ah. Matilde: ¡Ah. que se había encabritado. pero entonces él. según le he dicho ya. doctor.. . que surgía en él -no fingido.. con frecuencia. ¿también.. el valor de un acto de inteligencia. Aún más. Parecía inconstante.Belcredi: No digo que simulara su exaltación.. Matilde: ¿Se imagina usted. creímos que bromeaba. sí. ¿cómo diría?. y esto es lo que quería decir. Ésa es la verdad. también. Belcredi: Cada uno recitaba en broma su parte. a ratos. ¿comprende. Doctor: Se golpeó en la nuca. para suplir ese calor de sinceridad cordial que no tenía. Creímos que se había recobrado y que también él recitaba. Matilde: Y cuando dos horas más tarde. nuestro asombro.. como nosotros.. fuera de toda intimidad con su propio sentimiento. divertidísimos estallidos de ira contra sí mismo.. Pero podría jurar. Y creo que esto debía sucederle cada vez que actuaba espontáneamente. Pero recitaba muy bien.. sí. Belcredi: . Matilde: Sí. que se hubiese hecho mucho daño. de recitales de beneficencia. exageraba.como algo a lo que sin más debía darle su exacto valor.... Belcredi: Nosotros no creímos. Beleredi: ¡Eso no. ¿Y por qué? (Al doctor. Belcredi: (a Matilde). no es cierto! Ninguno de nosotros advirtió nada. -tenía las armas del rey-. de danzas. Tenía... ? Belcredi: ¡Sí. fatuo. es verdad.. estoy seguro de que eso le hacía sufrir. Belcredi: Sólo se le creyó desmayado. ridículo. ¿no era? Belcredi: ¡Todo lo contrario! le encantaba la sociabilidad. pero ya lo habían recogido y llevado hacia la villa. Matilde: No tenía nada.) Desde luego. Era famoso como organizador de cuadros plásticos.. porque era sincero.. porque. Hubo. doctor. para aturdirse y no contemplarse más. después que cayó del caballo. cuando comprendimos que él..reapareció en el salón de la villa.. ¿verdad? Matilde: ¡Ah. Lo vi entre los cascos del caballo... En fin. Hágase usted cargo de que cuando ocurrió la desgracia.

Por el debilitamiento del cerebro se fijó perpetuándose.Matilde: Nunca olvidaré aquella escena de nuestros rostros pintarrajeados. Eso puede producir idiotez o locura. al caer y golpearse la nuca. Bertoldo: Yo pido excusas. señor marqués? . Landolfo y Arialdo. señor... Una obsesión que se manifestaba ya en todo lo que hacía. Pues bien.. Belcredi: ¡Enrique IV! ¡Enrique IV en persona.. como para atraer la atención de los demás. las minucias. señor marqués . qué bromas? (A Di Nolli.. Doctor: (que ha quedado absorto. se fijó en él. ¿Me lo permitís? Perdonad.) Bertoldo: (irrumpiendo como quien no puede resistirse).. Lo que fue una obsesión momentánea. Di Nolli: Es uno de los cuatro jóvenes que tenemos aquí para secundar su locura. ¿Y quién es? Belcredi: Un desertor de nuestra mascarada. Di Nolli: ¡No hay excusas! Ordené que se cerraran las puertas con llave.. pero no lo resisto... (Por la misma puerta de la derecha aparecen. buscando amparo). es muy sencillo. y a Di Nolli).. Bertoldo: ¡Sí. frente a esa terrible máscara suya. señora.) Frida: (con un grito de espanto. (Pero se detiene de pronto. ¡Pero entonces no está tan tranquilo como decíais! Bertoldo: (con rapidez). y en lugar de ayudarle. señores. no! ¡No es por él! ¡Son mis compañeros! ¿Dice usted "secundar". abre las manos frente a su rostro. y se dispone a hacer su explicaci6n científica). Doctor: Comprendo.. señor marqués? ¡Ésos no secundan: los verdaderos locos son ellos! Vengo aquí por primera vez.. viendo el trastorno que suscita en los otros su aparición. doctor. Matilde: (a Di Nolli. que no era ya una máscara.) Tú tenías alrededor de cuatro o cinco años. (Pero de improviso se abre la primera puerta de la derecha. que debió influir en él la obsesión de aquella mascarada que había estado preparándose desde hacía un mes. un golpe en la nuca. ¡Zas!. y Bertoldo aparece con el rostro alterado. y allí ha quedado fijo: Enrique IV..) Landolfo: ¿ Puedo pasar? Arialdo: ¿ Me permite usted. y que ninguno entrase aquí.. ¿Os dais cuenta. y él. pero se detienen sin avanzar. ¡Oh. El asunto es. meditando. desencajados. ¿Es él? ¿Es él? Di Nolli: ¡No. en un rapto de furor! Matilde: Yo creo. con un brazo en alto para no verlo). señor. ¿Es usted quien debía tomar servicio esta mañana? Bertoldo: Sí. sino el rostro mismo de la locura.. señor marqués. no! ¡Tranquilizaos! Doctor: (asombrado). ¡No. Belcredi: (a Frida. Belcredi: ¡Hay que ver lo que estudió para prepararse! Hasta los más ínfimos detalles. consternada).. (Indica el retrato) helo ahí. (a Frida) a tu madre le parece que tú la has reemplazado en ese retrato suyo de cuando aún ni remotamente pensaba que te traería al mundo: yo tengo ya los cabellos grises. descompuestos. Dios mío! ¡Allí está! Matilde: (retrocediendo espantada.. pero yo no puedo soportar esto y le pido licencia para marcharme! Di Nolli: ¡Ah! . de prisa y afanosos..

mamá. No está armado. señor. doctor.. Es suficiente con que lo vea el doctor... ¡Ah. y quiere "juzgarlo" desde el trono. no. (Indica a Bertoldo.. Di Nolli: No. Estarán ellos. Arialdo: Creería que ha sido obra de una transformación diabólica. por favor. Belcredi: ¿El Papa? No está mal. señor marqués. Matilde: (con resolución). ¡Yo estoy lista!. Y si los señores han resuelto ya con qué trajes van a presentarse. ven conmigo. ven.. Iremos nosotros. se ha resuelto todo ya.. (Mostrando su traje.) Doctor: No.. No es necesario que tú asistas. Le tiene un miedo terrible. ¡Pero. Landolfo: Sí. Landolfo: Y quizá no sería nada eso..) Arialdo: Ordulfo solo no podrá contenerlo.) Usted dirá. (Volviéndose a Di Nolli. sino mamá. Frida: ¡Yo. as! al vernos él con nuestras ropas.) Si usted. cree que puede hacerle la visita en seguida. ¿Se puede saber qué ocurre? ¿Qué hacéis? Frida: ¡Ah. pero yo no puedo continuar así! Landolfo: ¿Por qué no puedes continuar? Arialdo: Huyendo hacia aquí lo ha echado todo a rodar. gracias.. ¿yo solo? Di Nolli: No tema usted. Ya no nos es posible contenerlo.. La que se armaría si viese a los señores con trajes actuales. no. Doctor: Habría que saber si aún continúa armado. si pudiésemos anunciarle vuestra visita en seguida. no he sido yo. pero tu temor es pueril. Arialdo: Se enfurecería.. Di Nolli: ¡Cerrad! ¡Cerrad esa puerta! (Landolfo va a cerrarla. no! ¡Yo me voy. muchas gracias. Doctor: Manía persecutoria. .) ¡Ya lo ve usted!. Lo acusa de poseer todas las artes diabólicas. . no!. . sí. me escapo! ¡Tengo miedo! (Va hacia la puerta de la izquierda. Di Nolli: Del mismo modo que a usted le parecen disfrazados ellos. Di Nolli: (a Belcredi). Carlos! Me retiro. Ha dado orden de que se le arreste. mis queridos amigos. Frida. doctor. (Señala a los tres jóvenes. lo distraeríamos. señor marqués.) Perdóname. . señor marqués. Decidme vosotros qué tengo que hacer.. Frida: Pues no... Suele decir que era un pagano".) Bertoldo: (protestando).. Doctor: Dice usted. le pareceríamos disfrazados nosotros.Di Nolli: Adelante. (Al doctor. Belcredi: ¿Es en verdad necesario disfrazarse de algo? Landolfo: Indispensable. Frida. . Landolfo: Lo ha hecho enfurecer. este tonto..) Di Nolli: (deteniéndola rápidamente).. Di Nolli: Sí.... no. no! ¡Yo. Tú misma quisiste venir. si él no hubiese de creer que había sido obra de su mortal enemigo. Landolfo: Sí señor. señor marqués.. digo si la señora marquesa. Y que invocaba a los muertos. (A Frida. ¿ Qué haces! Landolfo: Señor marqués. Belcredi: ¿El Papa Gregorio VII? Landolfo: El mismo... Y tú también.

Digo que siendo un disfraz corriente. (Indica a Arialdo. ¿para qué. si me está permitido. Landolfo: No hay peligro de que él lo recuerde. Con frecuencia recuerda que a vosotros dos os debe haber sido admitido en el castillo de Canossa. Matilde: ¡Pues no tengo ninguna necesidad de que lo haga! Belcredi: No digo que me necesite. Doctor: Pero.. ¿Cómo "ha venido"? Landolfo: No tema usted.) Y tú también. (A Arialdo. ve. es conveniente.. Landolfo: (a Arialdo).) Ve. ¿Habéis entendido? (Arialdo y Bertoldo se van por la primera puerta de la derecha. a quien le dice. Di Nolli: Nosotros nos vamos. Quiero verlo otra vez. Ven. que le tenía aterido. si ella se queda (indica a la marquesa) me quedo yo también..) Doctor: (a Landolfo). Belcredi: ¿Y yo? Landolfo: Usted manténgase respetuosamente apartado. y no aparezcas en todo el día.. Matilde: (imperiosa)... ¡Dejadme!. Frida: Pero. te lo ruego. Matilde: Eso me conviene también a mí. ¿Y el señor? (Indica al doctor.. apresúrate! (A Bertoldo. (Sale... Creo que habíamos dicho el obispo. Bien: el abate Hugo de Cluny. También tendré el gusto de volver a verlo. Monseñor fue siempre acogido con gran respeto aquí. señora marquesa. la madre. ve rápido a anunciar la visita de la "Duquesa Adelaida".) Y tú. Frida.. Arialdo: ¿El señor se refiere al abate?. de acuerdo. Usted también puede estar tranquila. nosotros nos retiramos. con Frida. vete. sí . muy nerviosa). Matilde: (irritada. Desde luego mi traje de Hugo de Cluny le inspirará simpatía. sí! Quiero estar yo también.. Sí.. mamá? Ven con nosotros. ante Gregorio VII. digo. Hará como que pertenece al séquito de monseñor.. Arialdo: Espera. Landolfo: De acuerdo . ¡Usted haría muy bien marchándose! .) Yo seré "Adelaida".) Tú tráete para aquí los indumentos que te dará él. Belcredi: Ah.. ? Belcredi: Procure encontrar un disfraz adecuado para mí. ¿el señor. quizá sea mejor que vayáis los tres. (Pero apenas los ve marchar.) Doctor: Ah. Arialdo.) Esperad. Mira más al hábito que a la persona.Matilde: ¡Sí. uno de clunicense. Bastará entonces con que la señora se ciña la corona ducal y se eche un manto que la cubra totalmente. La madre de la emperatriz Berta. Belcredi: ¿De clunicense? ¿Qué es eso? Landolfo: Un sayo de benedictino de la abadía de Cluny. (A Bertoldo. Doctor: (asombrado). después de haber esperado dos días en medio de la nieve. (A Arialdo. Landolfo: Sí. por la puerta de la izquierda..) ¡Ve.. (A Landolfo. Arialdo: Lo hemos utilizado otras veces. Landolfo: Ya ha venido aquí muchas veces. acompáñanos. Tito. Arialdo: Entonces.. y de "Monseñor Hugo de Cluny".. He venido para eso. El obispo Hugo de Cluny.) Di Nolli: Entonces. Landolfo: No tenga usted cuidado.

) ¿Me permite usted? Matilde: ¡Ay. (Luego a la marquesa. Viste.) Belcredi: (rápido. ¡Vaya!. ¡No. por Dios! . está palidísimo.. de evidencia casi pueril. deme.. para la marquesa. a escondidas.. Está usted demasiado turbada. es un tipo de locura que cuesta bastante. Muchas otras locuras hay que también. Tenemos un guardarropas completo de trajes de la época.. Quien provoca risa es usted. Matilde: (enojada). confeccionados con toda perfección. ! ¿No hay aquí un espejo.. señor. (Indica la puerta de la izquierda. están rubios por obra de una tintura.. Matilde: Esperad que me quite el sombrero. pero intentando disimularlo). Luego. entre Ordulfo y Arialdo. ¿también mujeres? Landolfo: Oh . magnífica! ¡Realeza auténtica! Matilde: (viendo a Belcredi y echándose a reír). sobre su trágica palidez.) ¿ Así? Landolfo: Bueno. pero en las sienes. aquí están las ropas. Landolfo: Están allá.. Doctor: Bueno.. indicándole que va a ceñirle la corona ducal. Frisa en los cincuenta. Volveré en seguida. un sayo de penitente como el que llevó en Canossa. será mejor. como mejor pueden. que lleva el manto y la corona... Matilde: El doctor pasa.... Antes.. haceates una seña para que callen anuncian luego solemnemente... ¡Ésa sí que es buena! Disfrazadas? (Indicando a la marquesa. sí. no se me hubiera ocurrido nunca. tiene como las muñecas un redondel rojo muy llamativo. Los busco en buenas sastrerías teatrales y cuestan mucho. (Lo hace.) ¡Váyase usted con cuidado.) Arialdo: ¡Su Majestad el Emperador! (Entran primero los dos pajes... Doctor: (a Landolfo). Belcredi: Cuando se dispone de un patrimonio para sostenerlas. ¡Quítese usted eso. y se lo da a Bertoldo. ¡Ah!. según los modelos antiguos. Belcredi: Que se prestan... (Toma su sombrero Bertoldo. sí.)Landolfo: Lo llevarás allá. (Matilde reaparece vestida con manto y corona. con los trajes de benedictinos. y tiene ya grises los cabellos de la nuca. Están a mi cargo.) Si la señora marquesa lo desea. y sobre la frente. Este manto. Matilde: Sí. la verdad. sobre el traje real. Muchas.) Belcredi: Esto de hacer de benedictino. ¡Estoy como estoy! ¡Déjeme usted en paz! (Reaparece Bertoldo con los vestidos. qué hemos de hacerle. Enrique IV. y es preciso buscar a alguien que se preste a ello.. Ah. años.. Mujeres también... Matilde: (herida. mordaz). Landolfo: Sí. Doctor: ¡Bah!. (Pérfido. a la marquesa.Belcredi: (bajo. Con frecuencia manda que se le presente tal o cual personaje. que respetuosamente se quedan un poco atrás. Belcredi: (riendo).. admirándola). que van a apostarse al pie del trono. está imposible! ¡Parece un avestruz vestido de monje! Belcredi: Mire al doctor . Hay en . ¡Oh. que esto se pone peligroso! (Se abre la segunda puerta de la derecha y aparece Arialdo que. eran mujeres de esas que. el doctor y Belcredi se visten. se entiende. en las pómulos. ¿Se reciben aquí muchas visitas? Landolfo: Depende. Entretanto.) Landolfo: (viéndolo entrar).

monseñor! Arialdo: (en voz baja. tanto más ostentosa cuanto más siente que es inmerecido su envilecimiento. y aun ante vos.. Enrique IV: (irguiéndose). alguien hubo que se prestaba a favorecer el repudio: el obispo de Maguncia. casi de mal grado y en tono amenazante.. el cetro con el águila y el globo con la cruz. es un monje de Cluny que acompaña al abate. monseñor. por haber impedido aquello! Mi vida toda está hecha de humillación: mi madre.. Adalberto. y como quien en un paréntesis de astucia repasa el papel. me humillo! (Se inclina profundamente y se queda así ante él. Enrique IV: (vuelve a espiar a Belcredi con desconfianza creciente y al notar que éste se vuelve suspenso y molesto a Matilde y al doctor. . que se le ha acercado. tiene ilícitos tratos con el obispo Enrique de Augusta! Belcredi: (viendo que Enrique IV permanece aún inclinado..) ¡Son "ellos"! ¡Siempre los mismos. Goslar. se lleva las manos al pecho. como solicitando consejo con la mirada.) ¡Os estoy agradecido. creedme ahora que os estoy agradecido. sí. os juro. ignaro. profanándolo todo. Pero esta infamia que se ha cometido con mi madre. ¡Ah. uno más codicioso que el otro. Monseñor. como sugiriéndole al doctor). robando. (De improviso cambia de tono.. y luego dice:) No os creo capaz. con el dedo amenazante apuntando hacia él. firmeza de conducta y paciencia ante la adversa fortuna! (Luego se dirige a todos. de mí. Ordulfo sostiene con ambas manos la corona imperial. ¡Es Pedro Damiani! ¡Es inútil.) ¿Es Pedro Damiani? Landolfo: No. mi santa madre.. Ellos. y luego. y contra ella se sirvieron de mí. se yergue y grita).) ¡Pero en estos momentos no debo hablar mal de los obispos! (Retorna humilde ante Belcredi. padre. negando). (Luego mira a Belcredi y va a inclinarse también ante él. que mis sentimientos hacia vuestra hija han cambiado! Confieso que si él (señala a Belcredi) no hubiese venido a impedírmelo en nombre del Papa Alejandro. para hacerle reflexionar). Señora. persuasivo. a cambio de ciento veinte poderes! (Un tanto extraviado mira a Landolfo. aun cuando. guiñando astutamente los ojos. Seis años tenía yo y me robaron a mi madre.) ¡Sé corregir los errores cometidos. no. ¿verdad? ¡Infamia! (Lo mira de hito en hito. y ahora este sayo que me veis encima. ésos! Enrique IV: ¡Nada les ha bastado a ellos! Un pobre muchacho. como doblado por una sospecha torva que ahora nace en él y le obliga a agregar. Arialdo. es rey. dice:) ¡No importa! ¡Claridad de ideas.. vuelto hacía Arialdo). con desconfianza. Tribur.. si. y pregunta en voz baja.) ¡Os juro. con un suspiro. Enrique IV: (volviéndose rápido). ¡Anno más que Esteban! ¡Esteban más que Anno! Landolfo: (en voz baja. No. se pasa el tiempo jugando. Majestad... yo la habría repudiado! ¡Sí.. Pedro Damiani. No. sin saberlo. y contra los poderes mismos de la dinastía. pero se vuelve a Landolfo. y dice con gravedad compungida. robando. hablar mal de los obispos. señora. en este momento. Pedro Damiani. y dice en seguida.. que miréis a la duquesa! (Volviéndose rápido hacia Matilde como para conjurar un peligro. ¡Oh. monseñor. perspicacia. los obispos rapaces! Doctor: (para sostener su papel. sí! No debo. (Se acerca al doctor y le tironea de la manga. ¡Oh.) ¡Siempre que no haya partido de vos la obscena injuria de que Inés.sus ojos una fijeza acongojante que infunde temor. en contraste con su porte que pretende ser de contrita humildad. Majestad.) Enrique IV: (inclinándose primero ante Matilde y después ante el doctor).

yo no necesitaría. así. y yo así (muestra el sayo que lo cubre). sino con maliciosa admiración. algo de lo cual vos no os dais cuenta..) ¡Por vos.. no.. porque si vos estáis ahora aquí. Pero no obstante. o remordimientos. ¿lo habéis querido vos? Yo no. todos nos hemos aferrado. (Pausa sostenida. Me dirijo a vos... (Luego. ¿nunca os ha ocurrido..) Mirad. monseñor? (Se acerca a la marquesa.. Sin embargo.) ¡Sí. se os resbala.. se os desliza. y observándole el cabello:) Ah.. aún están rubios. por lo tanto. sino -y tan sólo un poco. ¿Qué importa que para vos mi tintura no represente el verdadero color de mis cabellos? Vos. Enrique IV: (se vuelve y los mira).. con emoción densa. Majestad.) ¡Oh!. (Muestra a la marquesa. independiente de vos mismo.. Y que ella.. Términos de tiempo. señora? ¿Recordáis vos haber sido siempre la misma? ¡Oh.a vuestra imagen ante el . Pero algún indicio exterior contribuye. Dios! Es que un día.) ¡Líbreme Dios de mostrar disgusto o sorpresa! ¡Veleidad! Nadie querría reconocer ese poder oscuro y fatal que señala límites a la voluntad... ¡Ninguno de nosotros miente o finge! Poco hay que decir. por lo bajo. (Guiña un ojo. suceden muchas cosas que todos querríamos que no sucedieran. un anciano que quiere ser joven. ni a vos misma.. si supierais cuántos he hallado yo ante mí! ¡Con un rostro que era mi propio rostro. Vino aquí. se os escurre como una sierpe. y puedo. mientras vos os estáis rígido. Nacer. Sí.) Y no puedo llorarla siquiera.... pero sin sombra de desdén. Doctor: (por decir algo. duquesa... ( ¡Oh. también remordimiento. no se lo nombro! ¡Sé que le incomoda tanto! (A Belcredi. y hace un ademán expresivo. casi confidencialmente. está viva. no la revelaré a nadie!) Y que vos. Enrique IV: (rápido).. a un alto concepto de nosotros mismos. Landolfo: Majestad. monseñor.... surgen las veleidades. (Como para significar: fingida. deponer mi dolor... monseñor. quedaos tranquila. para reconfortarlo). Arialdo: (quedo y con dulzura.. que casi la hace desvanecerse. (Mira a la marquesa y se enternece. Luego. "aquélla" justamente! Nos hemos comprendido. desde luego . Me han dicho que ha muerto.. señora. entrambos independientes de nuestra voluntad. agarrado con las dos manos a vuestra túnica santa. y entre uno y otro caso. Ordulfo: Sigue en su convento... de buena fe. ¿me explico. pero veo que. ¡Ah.. como de paso.. monseñor! Y luego os sorprende cuando de improviso la veis existir ante vos.colma toda medida. casi con coquetería. vos también. ¡La vida. Enrique IV: Y he aquí que cuando no nos resignamos.... pero tan horrible que no he podido mirarlo! (Se acerca a la marquesa. ¿Qué opinión teníais?. Sí..) No puedo llorarla. y a las que nos resignamos de mala gana. la tintura que se ha puesto en los cabellos. despechos e iras contra vos mismo.) ¿Qué opinión? ¿Eh?. eso significa que yo tengo veintiséis años . mientras lo estudia atentamente). todos seguimos aferrados a nuestro concepto. señora. italiana.) A vos. pudierais ser amigo de aquel. Pedro Damiani.. así como los que envejecen se tiñen el cabello. a visitarme desde su lejano convento. de las mangas. ¿Cómo es posible? ¿Cómo habéis podido cometer aquella acción? (La mira tan intensamente en los ojos. ¡No. que debéis tener entrañas maternas. sí. de aquí. entonces. Pero puesto que nacemos y morimos. sonriendo dignamente.. Una mujer que quiere ser hombre. no os los teñís para engañar a los demás. hace ya cerca de un mes.

ninguno de nosotros puede valorar lo que hace. Pedro Damiani. y quitándose el sayo les grita.) ¡Este sayo! (Con alegría casi feroz. asediándolo aquí. dejando que los tres le pongan nuevamente el sayo sobre los hombros.) ¡Oh. y creedme que obro con discreción.. señora. ¿Pretenderíais reíros ahora de mí. mirad. Correr a Roma luego. cuando lo hace por instinto.espejo.. aceptar la ayuda de los obispos lombardos y apoderarme del Pontífice. vos también estáis disfrazada. y muchas. viéndome así? Seríais todos necios. ni por que llevéis ese manto ducal. Pedro Damiani! ¡Así será el mañana de nuestra vida de hoy! (Encolerizándose de pronto. ¡Gregorio VII estaría perdido! Me resisto a la tentación.. Acaso vos. mientras Arialdo. y permanece un momento así.. majestad. estamos aquí para interceder! Enrique IV: (de súbito arrepentido casi asustado. si no lo es? Enrique IV: (observando con temor). perdonadme. confidencialmente a Landolfo. Oh. en el castillo..) Landolfo: (en voz baja). sí.. que no es un pontífice. ¡es un pobre monje. sí. con la duquesa para interceder en vuestro favor! (Y a escondidas hace apremiantes gestos al doctor para que diga rápido alguna cosa. perdonad. exhortándolo para que calle).. señora. de lo que habéis hecho. sino un falso monje! Ordulfo: (con los otros dos. Vos lo hacéis en serio. majestad. eso. mientras hablo con vos. como si fuera un sueño. me parecen tan inexplicables.) ¡Mañana. que os ha complacido antes. de vuestro color rubio. si es que erais morena: la imagen de la juventud que más os guste. en el nombre de Dios! Arialdo: (lo invita con gestos a que vista nuevamente el sayo).) No sé por qué. ¡Mirad lo que decís! Landolfo: ¡Está aquí monseñor. porque no comprenderíais . y elegiros un antipapa. monseñor. Es éste un momento solemne y decisivo. Perdonad. ¡Ah.) Doctor: (sin saber qué decir). ¡Majestad. hoy no logro ser humilde ante éste. el recuerdo de lo que habéis sido. Arialdo y Ordulfo. ¿No es verdad?. siento todo el peso del anatema! (Se inclina tomándose la cabeza con ambas manos. con anhelante exasperación). en cambio.. podéis entenderme mejor que los demás. voz y sin cambiar el gesto. es sólo por ese recuerdo que habéis querido fijar en vos. ¡Pero no hemos de asombrarnos. Dios! (Se echa hacia atrás. por muy en serio que sea. o vuestro color moreno. majestad! Enrique IV: (dolorido. en Bressanon. ¡Os lo juro. Y vos también.. estrechar la mano de la alianza con Roberto Guiscardo. perdonadme. se os aparece ahora como reconocimiento de realidades pasadas que os quedan dentro. artificialmente.. y apretándolo contra sí con las manos convulsas). porque sois mujer. Landolfo y Ordulfo acuden asustados para impedirlo. como en espera de algo que va a caer sobre él. veintisiete obispos germanos y lombardos firmarán conmigo la destitución del Papa Gregorio VII.. como un sueño. Sé hacia dónde soplan los vientos y reconozco la majestad de quien puede ser un verdadero Papa. si pienso en ellas. ¿Por qué os obstináis en creer que es Pedro Damiani. Y a mi también. quedo. y no porque os ciña la frente esa venerable corona ante la cual me inclino. Yo lo hago por broma. dice.. Pero luego. Pero os aseguro que. ¿No es Pedro Damiani? Arialdo: No. simula arrancárselo. Podría. (E indica a Belcredi disimuladamente. señora. A vos. con otra. y tomándose el sayo. ahora mismo.

) ¡Heme aquí! ¡Me veis! i Y no hay arte de magia que él ignore! Y bien.) ¡Mirad! ¡Y no poder desprenderme más de esa obra de magia!. toda esta pobre vida mía de la que he sido excluido. se deja caer sentada. monseñor. señora. o de Papa! Eso sí. disfrazado de penitente. señora. Sí.. y así continúo. quizá sea él un tanto cruel ahora. y verle volver la cara hacia el foro. la recoge y la oculta bajo su sayo. al verlo en traje de prisionero? No.. por quien... Ahora soy penitente. Yo. los papeles podrían invertirse! Y. Luego.. que todo lo puede. ¿qué haríais vosotros entonces? ¿Os reiríais acaso del Papa. vuestra hija. Se precipita hacia ella. bajo la nieve! ¡Vos sois su madre! ¡Deberían agitarse las entrañas de vuestra misericordia e implorar con él (señalando al doctor) el perdón del Pontífice... Estaríamos en igualdad de condiciones. o aquélla. para.) TELÓN .) Ha venido conmigo. Doctor: ¡Lo haremos. Pensad. un favor: ¡arrancarme de allí! (señala nuevamente el retrato) y hacer que viva mi vida... pero al advertir a Belcredi. que se había apartado un poco para oír. os lo repito. ¡Hasta a los muertos invoca! (Se golpea el pecho. en seguida.. ¡helada por dos noches pasadas a la intemperie. entre la impresión y el estupor generales. La marquesa. casi desvanecida. él de prisionero. con una sonrisa astuta en los ojos y en los labios. sí. mañana. Estoy en vuestras manos. supone que va a robarle la corona imperial que está sobre el trono. Os juro que continuaré así hasta que él no me haya recibido.) No es suficiente con que me reciba. "todo". (Se vuelve de improviso a Belcredi. lo haremos! Enrique IV: ¡Y otra cosa! ¡Aún otra cosa! (Los atrae hacia sí y dice muy por lo bajo. como si hubiese dicho que no.) ¡Cambiado! ¡Cambiado por el afecto y la devoción que ha sabido manifestarme en este momento terrible! (Se detiene convulso por un gemido de ira y hace esfuerzos por contenerse.. que Berta. ya sea de rey. mi verdadera condena es ésta. Eso.. está abajo. vosotros dos deberíais implorar al Papa. (Casi con temor señala su retrato en la pared. hace como que se retira hacia la puerta por la que entró. profundamente conmovida. Vosotros sabéis que él lo puede "todo". ¡Mañana. con un hilo de voz).) ¡Señora! ¡Monseñor! (Y al inclinarse. luego se vuelve hacia la marquesa con dulce y doliente humildad. ¡que nos reciba! Matilde: (temblorosa. que pueda amarla yo como ella lo merece. Ha querido seguirme como una mendiga y está helada. Pero después que haya sido excomulgado. tan bien dispuesto como lo estoy ahora. ¿No se pueden tener eternamente veintiséis años. os digo. os lo aseguro. enternecido como lo estoy ahora por su piedad. (Se inclina. señora! Y yo os lo pido también por vuestra hija. en el patio. ¡Pero ay de quien no sabe ajustarse a su disfraz.cuál es el criterio político que ahora me aconseja este hábito de penitencia. mis sentimientos han cambiado.. hoy. vuelve a inclinarse repetidamente y desaparece. y le grita a la cara..

volviéndose hacia ellos). porque en el estado de inquietud en que se halla todo le interesa. sí! Es menester compenetrarse de esta psicología especial de los de mentes. naturalmente. (Se refiere al retrato de la sala del trono. el doctor. aunque le disguste. el suyo nos ha parecido mucho más trágico. y aceptarlo como tal. ha podido advertir rápidamente una diferencia entre su imagen y las nuestras. impidiéndole concentrarse para madurar un firme propósito que la azuza y la tienta. pero Matilde se aparta. pero crea que es solamente eso: una impresión.. ? ¿Qué dice usted..ACTO SEGUNDO Otra sala de la villa. esa imagen suya que está allí. a nuestras túnicas de benedictinos. por lo que indica la puerta correspondiente. al que se asciende por medio de dos pequeños escalones. Doctor marquesa. por cuanto él. ¡Ah. a su manto (señala a la marquesa).. a pesar suyo. ¿Qué ha dicho? (Oponiéndose luego. lo veo muy claro. para quienes la ficción y la realidad se mezclan en el juego. y dos a cada lado. Matilde: Yo. por la cual -mire usted. Continúan una conversación anterior. una puerta que comunica con la sala del trono. Matilde: (con ímpetu. una imagen. si. Pero luego se vuelve muy complicado en este sentido: que él tiene. puerta común. Lo que oye a Belcredi y al Doctor atrae su atención. A la derecha. En el fondo. desde otro punto de vista. doctor? En cierto modo. Pero. escucha. y aun creer.) ¿No es verdad. a quienes.. ¿me explico? Pues bien. realizado en torno del suyo.se puede estar seguro de que un loco advierte.) ¡Ah. Permítame hablar. lo dijo! Una imagen a la que se le enfrentan otras imágenes. las nuestras. pero ésa es mi impresión. Todos ellos están siempre armados de una desconfianza continuamente alerta. Por eso he dicho "pueril". ¿me . será como usted dice.. A él. ¿ Pueril. en nuestras imágenes. marquesa? Matilde: (desconcertada. Pero eso es todo. pero no por el motivo que usted cree! Doctor: Se refería a nuestras ropas superpuestas. volviéndose de nuevo. A la derecha. Doctor: (con una sonrisa de compasión propia de quien se dirige a personas incompetentes). Al levantarse el telón están en escena Matilde. comprendió que había en nosotros. pero hasta lo ha dicho. una mesa circundada por cinco asientos. en su delirio –agudo y muy lúcido-. se lo ruego. y muy claramente. señores. casi desafiándonos. porque instintivamente siente la necesidad de ser distraída. no ha debidode parecerle muy piadoso nuestro juego. uno a la cabecera. Belcredi: Perdone que insista. Todo esto es pueril. es mucho más complicado de lo que podéis imaginar. (Volviéndose a la marquesa. Y ha desconfiado. ha de tener conciencia perfecta de ser para sí. A la izquierda. dos ventanas que dan a un jardín. sobre un estrado de dos palmos de alto. puede advertir perfectamente que alguien está disfrazado ante él. una ficción. por el contrario. ante sí mismo. sí. hosca. del mismo modo que lo hacen los niños. querido doctor. Si. Belcredi: Sí. Es ya la media tarde del mismo día. y Tito Belcredi. Doctor: No digo que no. Es decir. provista de muebles antiguos y austeros.. desdeñosa).. evidentemente fastidiada por lo que dicen los otros dos. contigua a la del trono. doctor.) Belcredi: ¡Lo dijo! Doctor: Sí. Y a nosotros.

. Matilde: (otra vez impetuosa).. sin miramientos). ¡Tonto! Belcredi: Pero ¿acaso usted ha sido su esposa? ¿No ve que en su delirio.. si es que erais morena"? Ha recordado perfectamente que yo. sólo por usted? (Del tono de la pregunta ha de resultar casi explícita la respuesta: "Porque ha .! Matilde: (aun más decidida. Matilde: ¡No es verdad! ¡De mí! ¡Hablaba de mí! Belcredi: Sí..explico?.. su hija de usted es su esposa: Berta de Susa? Matilde: De acuerdo.. la que no debió venir es ella! Matilde: (abatida por la observación de Belcredi... doctor! ¡No es eso! ¡No es eso! Doctor: ¿ Cómo que no es eso? Matilde: (resuelta. rubia. dice que yo no debí haber venido. señores. presentándosenos con un poco de tintura en las sienes y en los pómulos. No. sea rubia o morena. casi rompiendo los. Belcredi: ¡Tiene gracia! ¡No me ha dejado un instante de resuello. dirigiéndose al doctor). desde el primer momento... así. no. Belcredi: Pero no.. y diciéndonos que lo había hecho de propósito. generalizando. muy dentro de ellos. Belcredi: (al mismo tiempo). pero está inquieta porque duda). vibrante). y de mí. ¡Yo estoy segura de que me reconoció! Doctor: No es posible. y dice que habló siempre con usted! ¡A menos que le haya parecido que también aludía a usted cuando hablaba con Pedro Damiani! Matilde: (con aire de desafío.. mirándome en los ojos.. se refería a mí. ¿Qué es lo contagioso?. Mis cabellos. Porque yo. también el suyo. esto es contagioso! ¡Esto es contagioso! Matilde: (lenta. impulsado por la desconfianza. se repone luego. nos lo ha querido mostrar justamente como un juego. entonces.. "entonces" era morena. usted mismo lo dijo. Belcredi: Pero si hablaba de su hija. Mi hija para él no existe. ha quedado por un momento absorta. hablaba de mí. ¡Doctor. Es que el fantasear es muy frecuente en usted.. como los de mi hija. la madre.frenos de la conveniencia)... y conmigo. si. ¡Os digo que me reconoció! Cuando se acercó a mi para hablarme. tal vez.. Ha dicho morena. Matilde: (rápidamente. ¿Cómo puede saber. cuando dijo. nunca la ha visto. ¿Y quién puede asegurar lo contrario? ¿Sabría usted decirme por qué él. no siendo ya morena -como él me recordabasino así. No es posible. son en verdad oscuros. .. ¡No! ¡No es eso. Me ha hablado siempre a mí.. si es rubia o morena? Belcredi: ¡Por Dios!..... como una burla. ¡Por eso comenzó a hablar de ella! Belcredi: ¡Si no conoce a su hija!. en seguida. ha sentido aversión por usted. me reconoció. a mí como yo era entonces! Belcredi: ¡Ah. me he presentado ante él como "Adelaida". ¡Si no la ha visto jamás! Matilde: ¡Justamente! ¡Usted no comprende nada! ¡Al referirse a mi hija. con desprecio). doctor.. el recuerdo de la juventud por el color de los cabellos.. ¡De mis cabellos teñidos! ¿No habéis advertido que agregó en seguida: "o quizá el recuerdo de vuestro color moreno. casi convulsa). son fantasías! Matilde: (sin escuchar. como quien pretende fijar de algún modo. Pero ¡no.

Si logramos sacudirlo -como os decía-. o a usted misma -como ya se lo figura. Yo la conozco bien. sus razones me han parecido plenas de un lamento por mi juventud y la suya. Belcredi: Se advierte.. que de pronto se queda suspenso. ¿cómo podría decirlo?.. en el jardín. porque soy un médico y no un taumaturgo. Doctor: Esperemos con paciencia.. por múltiples y bruscos llamados que lo arrancan -y esto es muy reconfortante. en aquella máscara de la que no ha podido desprenderse nunca.. si con este violento engaño que le hemos preparado. y del abate de Cluny.no de un estado de incipiente apatía.. Tanta. Pues bien..? Doctor: Desde luego. ¿qué quiere usted que le diga .. la desconfianza le hizo ver en mí a un enemigo: Pedro Damiani.enternecido por su piedad. doctor. Pero ¿cómo es posible que no regrese aún ese automóvil? En tres horas y media. Se lo aseguro." Belcredi lo advierte tan bien...puede estar también en el hecho de que le fue anunciada solamente la visita de la duquesa Adelaida. más bien. Matilde: Le ruego a usted que no le pida nada. quizá! Y entonces. Hallándose ante un tercero que no le había sido anunciado. Me parece que ahora le cuesta equilibrarse.. que podría haber estado de vuelta... relajada. Me lo dijeron sus ojos.. doctor. ansía separarse! Belcredi: ¡Sí! Para poder entregarse por entero a amar a su hija de usted. ya no es posible dudar.. Matilde: ¡Sí. pero.) Doctor: La razón -perdonen ustedes.¿Dónde está Frida? Belcredi: (asomándose a la ventana).. Matilde: (volviéndose hacia la ventana. una considerable actividad cerebral... doctor!. quebrar de un golpe... Quizá fue un instante. En suma. Doctor: (mirando su reloj).. y de la que quiere. y como perdido en una vana sonrisa. dejándolo fijo allí. ¡Por esa cosa horrible que le ha ocurrido. sino más bien de una mórbida adaptación a un estado de melancolía reflexiva. con el tono de una enferma que se lamenta). Doctor: ¿Cómo dice? Matilde: ¡El automóvil.) Frida. que un taumaturgo vería más que probable el milagro. Belcredi: Pero si no es temor. Y hasta más de cuatro. Matilde: Hace media hora. He estado muy atento a todo lo que ha dicho. y debe ser por la noche. Matilde: Que es mucha. sí. ¿sabe usted? Cuando se mira de cierto modo... por lo menos. Tal vez esté con Carlos. Matilde: ¡Pero si les indiqué con precisión dónde está guardado! (Muy impaciente. con un . Han pasado más de tres horas y media ya. propia de todo delirio sistematizado. Todo se hará rápidamente. Belcredi: Quizá no encuentren el traje... Doctor: ¿Me permiten ustedes que hable yo ahora? Yo no hago milagros. y repito que esa cierta elasticidad analógica. Doctor: Carlos tratará de persuadirla para que abandone su temor. marquesa. su teoría es razonable: un momento de lucidez. Belcredi: Sí muy bien. Matilde: Al respecto no hay dudas... que demuestra una. es evidente que en él está ya muy... Pero ella se empeña en que la ha reconocido..comprendido que usted es mi amante. en su personalidad sobrepuesta. que los elementos de su delirio ya no se sostienen con firmeza entre sí. es que se aburre. Y repito que muy alentadora.. sintió desconfianza.

como quien se presta a disgusto a una broma fuera de lugar). Carlos.. ¡Vaya!. Frida: ¡No. Quieta. que se inclina. Frida: Lo he visto. le dice con. Belcredi: (rápidamente). todavía.. no. Frida! ¡Si es mi propio retrato vivo! Doctor: Sí.. como con nuestros relojes en la mano. Estas arrugas. esperar que suene otra vez aquella hora -¡tac!.. los hilos ya flojos que aún lo atan a su ficción. arreglándola).. Belcredi: (adinirándola). la liberación de esa condena. perfecto.. de "Marquesa Matilde de Toscana". yo no resisto hasta la noche! Matilde: ¿Y por qué te lo has puesto tan pronto? Frida: Apenas lo vi . mira. ¡Dios mío! ¿Lo veis? ¡Quieta.. ¡Perfecto! ¡El retrato! Belcredi: Sí. entonces todo marcha bien. Dejar que te ayudara. pero tenemos que esperar a que anochezca. Matilde: (agitada). Ahora veréis. que a él mismo le parece condena.. la marquesa Matilde de Canossa! (Y en seguida entra Frida. mamá? Tuve que comprimirme para entrar.) ¡Lo sacudiremos!..) Hela aquí. (E indicando hacia la puerta. ¿Y Frida? ¿Adónde se ha ido? Di Nolli: Vendrá en seguida. Doctor: Ah. ..) Bertoldo: ¡Su Alteza. como a un reloj que se hubiese detenido a una hora determinada. si logramos que de súbito recupere el sentido de la distancia en el tiempo... sí.) Matilde: Ah. Espera.. no puede negarse es el mismo. ¡qué tipo! Frida: ¡No me hagáis reír. Eso. En suma. tranquilo desdén). Mira.. que estallo! ¿Qué talle tenías.. será muy difícil quitarlas. señora")..violento tirón. después de tan larga detención. Doctor: Podremos tener fe en recuperarlo. sí.. Está tan arrugado. y esperemos que vuelva a señalar su tiempo. de suerte que es la réplica viviente del retrato puesto en la sala del trono. ¿Tan estrecho te queda. ¡parece otra! Matilde: Parece yo... magnífica y bellísima.. Matilde: ¿Ah.. Doctor: ¿Ha llegado el automóvil? Di Nolli: Sí.. Doctor: Sí... Vean ustedes. devolviéndole lo que él mismo pide (lo dijo: "No se puede tener siempre veintiséis años. por lo menos. ¡La tentación fue irresistible! Matilde: Podrías haberme llamado. por favor. mamá. Matilde: (convulsa. sí? ¿Y trajeron el vestido? Di Nolli: Hace ya rato que está aquí. de veras? Frida: ¡Me ahogo! Es menester apurarse. ¿Y dónde está? ¿Dónde está? Di Nolli: (alzando los hombros y con triste sonrisa.) Frida: (pasando junto a Bertoldo. una sacudida-.. ¡Estará curado! (Silabeando con intención irónica. Pero son arrugas viejas. vestida con el antiguo traje de su madre. (Por la puerta del fondo entra Carlos Di Nolli. de Toscana! Canossa es solamente un castillo mío. (En el umbral del foro aparece Bertoldo anunciando con solemnidad. ¡De Toscana..

estimado barón. ¡Veinte años después! ¡Un desastre!. se ha detenido el tiempo...... doctor. renace aquí.. y resulta finalmente que sólo se ha descendido un escalón. son ochocientos! Un abismo.. puesto que el tiempo es más nuestro que de ellos. los viejos. doctor. Belcredi: Para obtener la sensación de la distancia en el tiempo. pero si para él. hablo seriamente. intentando rectificar). Amigos míos. Doctor: (molesto). Colóquese así. Si crees que bromeo.. ¿Ella también debe. como usted dice. que cuando caiga entre nosotros. La ilusión es perfecta. doctor! ¿Quién está más adelante? Nosotros. que parece una enormidad. Porque la vida. viendo a la marquesa vestida así todavía. Esta vida nuestra no tardará en ser real también para él.... doctor. Para nosotros son veinte años. por favor. ¿De veras quiere usted hacérselo saltar con un empellón? (Señalando primero a Frida y luego a la marquesa.... para darle aspecto de seriedad.. lo haces desde que viniste. Somos nosotros los que estamos más adelante. ¿por qué?. Di Nolli: Pero sí. No. doctor: envejecer repitiendo. (El doctor hace señas negativas con el dedo.) ¿Dice usted que no? Doctor: No. pero no es así. por ejemplo. ? . un poco más adelante. Belcredi: Ah. Belcredi: (riendo). no hagamos bromas. Claro.. acá. como ciertas pruebas. ¡No es verdad! Si apenas se nace se comienza a morir.... ¡Ya lo verá usted! Déjeme hacer a mí. no! Lo decía por... qué hallazgo! ¡Pero sí! ¡Mire usted a Frida y a la marquesa. quien ha comenzado primero está más adelante que los otros. Los jóvenes creen estar más adelante... e invitándola a avanzar cerca de Frida... sólo con intención de ver.... ¡no exageremos! Doctor: (muy turbado.......) Le juro. Belcredi: ¡No! ¿De qué? Si ellos (indica a Frida y a Di Nolli) han de hacer aún lo que nosotros ya hemos hecho. a una cierta distancia. Matilde: (volviéndose apenas hacia él). Tito. reflexionad un poco. ¡Por el traje. que aún no he logrado comprender su propósito. La ilusión es creer que salimos de la vida por una puerta que está adelante. (Apartándose luego.. para Frida. (Se inclina profundamente. desgarrándole de pronto la ilusión y revelándole que son apenas veinte los ochocientos años de que usted habla. Belcredi: ¿Cómo puedes creer eso? ¡Si hasta me he vestido de benedictino! Di Nolli: Sí.) Permítame. por ejemplo... Y el más joven es nuestro padre Adán. dos trajes y una mascarada. ¿ No? Belcredi: Bueno.. Belcredi: Bueno.. (Volviéndose luego al doctor.. mire usted.. Doctor: Eso sería si el pasado no nos alejara.. ¡Vaya! . doctor! ¡No son veinte años los del traje. pues lo decía por el traje. poco más o menos. Mire allí (señala a Frida) es ochocientos años más joven que todos nosotros: la marquesa Matilde de Toscana. en un cesto.. y se apoderará de él súbitamente... pero sin que la cubra.. si él vive allí (indica a Frida) con ella.. Belcredi: ¡Oh. Belcredi: ¡Ah!. las mismas tonterías. creo que si ha sido serio para los demás. Será.) ¿Desde allí hasta aquí? Lo recogerá a pedazos. la del salto en el vacío del rito masónico..Doctor: No importa. marquesa. ochocientos años atrás.) Di Nolli: Te lo ruego. digo que será tal el vértigo del salto.

.. Lo haremos así. ¿ Se llama usted Lolo. advirtiendo que el doctor se equivoca). de acuerdo. Belcredi: Ah.) Matilde: Pero antes hemos de fingir que nos marchamos. (Sale por la puerta del foro. querida.. Landolfo: Muy bien. Matilde: ¿Y entonces? ¿En qué consiste la abnegación? Belcredi: Es poca. para todas. Doctor: Sí. Frida: (llamándole aparte). Sólo la que usted necesita para no avergonzarse ante los demás. Di Nolli: Sí.. gimiendo arrepentido de todo lo que dijo y desesperado pensando en que no obtendrá la gracia. tendrán que ponerse nuevamente los trajes.. Frida: (mientras conversa por lo bajo con Di Nolli. Está allí. Bueno.. El doctor y la marquesa van a despedirse.. Di Nolli: Aunque sólo sea para que no desconfíe otra vez. Matilde: ¡Que por otra parte le debo! Belcredi: ¡No mienta usted!. pero sí para ofenderme a mí..) Usted. Como tú lo dispones. Matilde: ¿Lo veis? ¿Os dais cuenta de que me ha reconocido? . ¿qué? Belcredi: ¿En verdad. Si ustedes quieren hacer el favor.) Belcredi: (quedo... Matilde: ¿Y quién piensa en usted en estos momentos? Di Nolli: (avanzando).. sí. podría ser. Doctor: Es menester que tenga la absoluta. le interesa a usted tanto? ¿Hasta el punto de prestarse a esto? ¡Es demasiado para una mujer! Matilde: Para una mujer cualquiera. Di Nolli: Precisamente. a Matilde). como usted prefiera.. Quantité négligeable. y finge explicarles...) Tú puedes eludirlo. Entonces. ? Doctor: ¡Exactamente!. doctor! Doctor: (incómodo). no. Permitidme que os sugiera una cosa: la de agregar que también la marquesa Matilde de Toscana ha implorado con vosotros la gracia del Pontífice. escuche. Matilde: (volviéndose firmemente). Esto. comprendo! ¿Se hallará ante dos. (Por la puerta de la derecha entra Landolf o . Lo hago llamar para predisponerlo a vuestra partida.. adelante. lo eludiré.. Mire usted.. Belcredi: (moviendo la cabeza irónicamente). Pero entonces. (Volviéndose a Bertoldo. vamos. (Se aparta con los dos jóvenes. de modo que. hombre.. es un acto de abnegación.. De acuerdo. Venga. Y entonces. verdad? Landolfo: Lolo. Sabe que no va a rebajarse... ¿comprendes? Belcredi: Sí.seguido por Arialdo. Di Nolli: Bien. Quédate aquí. Les bastará con decir que han obtenido del Pontífice la merced de ser recibidos.. Bertoldo: En seguida.. Doctor: Voy.) Landolfo: Con el permiso vuestro. ¡Demonios!. sí. vamos ya... en sus estancias.. (A Belcredi. vaya a llamar a uno de esos tres. cuando él crea hallarse ante la marquesa Matilde de Canossa.... ¡Tanto da! Belcredi: ¡Ah.Doctor: ¡Desde luego! Ponerse ese otro vestido que está allá. o Landolfo. Landolfo: Esperad. la completa certeza de que nos hemos marchado.. doctor.. ¡De Toscana! ¡De Toscana.

(A Belcredi.. señora marquesa!. . Es una buena idea.. Frida: También yo. es que cuando se hizo la cabalgata. usted se presentará nuevamente como la duquesa Adelaida. Belcredi: Tranquilízate... Con que siga usted el hilo de la historia. Además yo estaré cerca de ti.. yo me temo que todo esto sea como tratar de hacer agujeros en el agua. Y en ese caso. no! ¡Eso no. Doctor: (rápido. brusco.. Belcredi: Es preciso entonces hacerle comprender que esa aversión ha desaparecido. a oscuras. créeme! Frida: ¿Verdad que no está furioso? Di Nolli: ¡Qué ideas!. Di Nolli: ¿Cómo es posible. aún nos queda mucho por preparar.. Apenas se vea ante tu madre.. no resultaría. Frida? Frida: Hubiera sido mejor verlo antes. Estoy estremecida. tu misión habrá concluido.. Es que teme mucho la aversión de aquella marquesa que hospedó al Papa en su castillo. y los otros aguardando detrás de las puertas para acudir si fuera preciso.) Porque la historia especifica. No te hará daño alguno. pero estar allá. en lo que yo sé de historia -aunque de seguro los señores saben más que yo-.. Belcredi: ¡Entonces. por si usted no lo sabe.. no se menciona que Enrique IV amara secretamente a la marquesa de Toscana. Di Nolli: ¿Vuelves a lo mismo? Yo creo que el remedio es eficacísimo. y con él. Lo dice siempre. con fuerza). madre de la emperatriz. (El doctor. lo advierto en mí misma. Di Nolli: Además será cosa de un momento. No..Landolfo: No. Landolfo: Sin duda. ¡No.. De otro modo. Di Nolli: Sólo por un momento.... Matilde y Landolfo salen por la puerta de la derecha. ¿Por qué habría de estarlo ? Belcredi: (con irónica afectación sentimental). Está melancólico. Marquesa... yo tenía precisamente la intención de valerme de eso. predisponiéndolo en su contra.. Desde luego.. Landolfo: ¡Eso! ¡Es una buena idea! Matilde: (a Landolfo). Usted perdone. El efecto de la confrontación debe ser repentino. para demostrarle que ya no sentía por él tanto desagrado como él imaginaba. ¡Muy por el contrario! Landolfo: ¡Ya me parecía! Sin embargo él dice haberla amado.) Frida: Comienzo a sentir temor otra vez. la señora podría ahorrarse un doble disfraz y presentarse con monseñor (indica al doctor) en el carácter de marquesa de Toscana. Frida: Sí. Es primordial que él sepa que nos hemos marchado. que el Papa accedió sólo ante las súplicas de la marquesa Matilde y del abate de Cluny. Y teme ahora que el desdén que ella tuvo por ese secreto amor pueda influir en el ánimo del Pontífice. No se dice.. y luego nos despediremos.... sí... esto viene de perlas. ¿No has oído decir que te ama? Frida: ¡Qué gracia! Precisamente por eso. ¿no es verdad? Matilde: (rápido). Di Nolli: Pero ¡si no hay razón para temer nada.. Y lo que puedo asegurarle a usted. ¿No lo comprendes? Belcredi: En cambio. por favor! Lo echaría todo a rodar. querido Beleredi. No Perdamos más tiempo ahora. Es curioso.

¡En jurisprudencia. Mira: nunca he podido comprender por qué se diploman en medicina. Enrique IV: (se detiene y exclama con el tono de quien quiere hacer notar benévolamente y con ironía que eso no puede quedar así). pero ¿qué tiene que ver con esto la razón? Belcredi: Cómo. viéndola a ella (señala a Frida).. antes de salir. queridos míos. entran Ordulfo y Arialdo.) Enrique IV: (continuando la conversación que se supone iniciada. Doctor: ¡Oh!. ¿Qué razonamiento? Le presentamos una doble imagen de su misma ficción. poseen una felicidad que nosotros no advertimos. ni obstinado ni astuto.. ¡Ya están allí!. Di Nolli: (interrumpiendo. sí. Se abre la puerta de la derecha. Belcredi: (impetuosamente). en la sala del trono. ¿no te parece que es todo un razonamiento el que -según nosotros él debería hacerse. querida mía! Pura charla.. Pero ¿de qué felicidad hablas ahora? ¡Hazme el favor! Belcredi: (con fuerza). de ninguna manera. Enrique IV: (sonriendo complacido). Finalmente. ¡No razonan! Di Nolli: Bueno.. Di Nolli: ¡Ésa sí que es buena! ¿Y en qué pretendes que se diplomen? Frida: ¡Se hacen los alienistas! Belcredi: ¡Eso! . "Plasticidad analógica". viene! Di Nolli: Retirémonos entonces. ¡Es estupendo! Bertoldo: (que ha estado espiando por la cerradura de la puerta de la derecha). y Belcredi escapan por el foro..Belcredi: Es que los locos. viene. ¡Pronto! (Volviéndose a Bertoldo. como dijo el doctor. Di Nolli.. Pero ellos saben que cuanto más repitan que no son taumaturgos.. ¡por favor!. Pero sí queréis reservárosla toda para vos. más creerán los otros en su seriedad. Y entretanto. negándome aquélla. ¡Monseñor!.. ¡Vienen hacia aquí! Di Nolli: ¿Ah. Entre ellos. sí? Bertoldo: Parece que él quiere acompañarlos. quédese acá! Bertoldo: ¿Debo quedarme? (Sin responderle. inclinándose rápidamente. ¿cómo? ¿Yo? ¿Os parezco astuto? . no. como en el acto I. No hacen milagros..) Y yo os pregunto: ¿cómo podría ser astuto si luego me creen obstinado? Doctor: No. ¿sería para vos verdaderamente astuto ? Doctor: No.. ¡Sí.. Frida. dejando a Bertoldo suspenso y desorientado. Di Nolli: (aturdido). Y quien más sabe charlar más importante es. Os aseguro que la necesito. cuando lo primero que se necesitaría sería un milagro.. yo esperaba que.. pero caen siempre de pie. luego Matilde con el manto y la corona ducal.. y Landolfo entra el primero.. ¿Quiénes? Belcredi: Los alienistas. Obstinado no. y el doctor con el hábito de abate de Cluny. me concedierais por lo menos un poco de astucia. Entonces. lo primero que dicen es que no hacen milagros. fastidiado).) ¡Usted. aunque ellos mismos no lo sepan. "la sensación de la distancia del tiempo". Si la obstinación no es vicio que pueda ser acompañado por la astucia. y mucho. aparece Enrique IV con la vestimenta real.. y viendo a su madre? ¡Si todo lo hemos estructurado nosotros! Di Nolli: No.

He comprendido. monseñor? Las condiciones de las que el Papa hizo depender la revocatoria de la excomunión. os aseguro que ella ha rogado tanto como nosotros para obtener vuestra gracia. nada tienen que ver con las razones por las que me había excomulgado. y encara al doctor con ánimo y gesto totalmente cambiados.. nunca he creído.. (Volviéndose hacia el doctor.. que vosotros no creéis que yo la amo.. en el umbral. Enrique IV: ¿Y queréis que con todo mi amor.. ¿Aún? ¿Cómo decís aún? ¿Sabéis. Se vuelve al doctor con una sonrisa. con admiración y temor al mismo tiempo) ¡No seáis amiga de la marquesa de Toscana! Matilde: Sin embargo. majestad.. si tenéis la suerte de hallar a vuestra hija. Sí.) ¡Ah. Landolfo: (humilde). Enrique IV: He comprendido.. y le pregunta secreta y ansiosamente. pero os podría jurar que no la recuerdo casi nunca. ¿cómo se os ocurre? No lo parecéis en absoluto.. no hay duda de que la tengo. Enrique IV: Porque.) ¡Me habla de la otra! (Y excitándose más.. con toda mi devoción. estremecido). Quiere decir Enrique entonces.. en el patio del castillo de vuestra .. Tal vez. no. señora.. y luego dice:) ¿Y amáis a vuestra hija? (Breve pausa. precisamente por eso. como en confidencia).. Matilde: Así es. Decid al Papa Gregorio que volveremos a vernos en Bressanone. luego muy bajo. (La aparta un poco. Matilde: No. sí. no la siento. monseñor! . majestad. por cierto. aquí. Enrique IV: (la mira un instante.. agrega en seguida..) ¿Habéis visto.... Aún ahora debo tenerla. Y vos. allá abajo. ¡Nunca lo creyó nadie! ¡Nadie lo sospechó jamás! ¡Tanto mejor así! ¡Basta. en este momento sí. quiero decir unas palabras confidenciales a la señora duquesa. ciertamente..) ¿Amáis a vuestra hija realmente? Matilde: (confundida)... Será pecado. Pero lo más asombroso es que ni aun su propia madre la sienta en su corazón. ¡No me lo digáis! ¡No me lo digáis! ¡Por Dios. pero no la siento en mi corazón. que ella os importa bien poco. la recompense de los gravísimos errores que he cometido para con ella? Aunque no habréis de creer.¡Es tan cierto que yo no supe que tenía esposa hasta después.. basta! (Interrumpe.. se flora..) Con una insistencia. en las acusaciones idisoluto que me hacen mis enemigos.. quedo. monseñor. ¿queréis. muy tarde!. tarde. ? Matilde: (siempre confundida). (Interrumpiéndose para dirigirse a Matilde. Enrique IV: (rápido.. entonces..) Si me permitís. acaso? ¡Nadie lo sabe! ¡Nadie debe saberlo! Matilde: Quizá ella sí lo sabe. con exasperación. puesto que ha rogado tanto por vos. (Y temeroso de haberse permitido esa observación. ¿La amáis aún? Enrique IV: (consternado)... Enrique IV: Y bien. señora! ¿No veis el efecto que me hace? Matilde: (lo mira. yo no creo. Con una insistencia que no logro explicarme. Confesad.Enrique IV: No. ¿también tú sostienes que fue amiga mía? Landolfo: Sí. ¿Qué cosa? Enrique IV: ¿Que yo regrese al amor de vuestra hija? (La mira y agrega en seguida en tono misterioso.) Se entiende que me refiero a este momento.. para desvirtuaros la opinión contraria que hubierais podido concebir acerca de la marquesa de Toscana.

.. Pero ¿no es esto una superchería? ¡No hay remedio! Es su modo de pensar. Y tenían el aspecto de hacerlo por compasión. Salen Matilde y el doctor. que ríen apeadas de sus caballos..... en todo momento. Se de.. y trasladándose agitadamente de uno a otro lado. Basta. amarilla.) ¿Comprendéis?. quienes a su vez. al decirme que eran Berta. los despide correspondiendo a las reverencias que se le hacen.. No me avergüenzo. Pero ellos si.amiga la marquesa. ¡Basta! ¡Terminemos! ¡Me he cansado ya! (Luego. moviendo los ojos con nerviosidad. sin ropas. también he buscado alguna vez. ¡Cómo si no les hubiese impulsado yo mismo a disfrazarse. Os saludo. ni creerse.. para no enfurecer a un pobrecito que está ya fuera del mundo. oh!. se transforma en un fantasma! (Cambiando luego de tono.. ¡tantas!. colgado. (Confidencialmente.. Se manifiestan también en la vigilia. es natural. se reían. y se vuelve súbitamente transformado. Pero todas. rápidamente. como si después de haber reflexionado no pudiese detenerse. Él cierra la puerta. imperioso). Ya no se piensa en lo que somos. ¡Un piano de colores! Apenas la tocaba. sí. lo señala ante los tres compañeros que también están como perdidos por el aturdimiento.. hasta donde los ha acompañado. mira a sus compañeros. ser ella. y grita.. cuando por las noches veo ante mí tantas imágenes desconcertadas. tiene ante él.. más que asombrado.. qué impudicia!... ¡El traje. lo miran a él). fuera de la vida. que los fantasmas. tengo miedo hasta de mi sangre que late en las arterias. Y dan miedo... Veremos si logro conservarla a mi lado como. ¿qué puedo deciros?. y que venían de Susa -no sé por qué-.. todos los días.) ¡Dios. Presentarse ante mí con su amante al lado. os reverencio. aquella misma que yo.. rosa. ¿Cómo? Arialdo: ¿Qué dices? Ordulfo: ¿Pero entonces.. boquiabierto! (Lo sacude tomándolo por los hombros.. blanca.. era mi esposa. monseñor. Es natural. Pedro Damiani? ¡Ah! ¡Ah! ¡Perfecto! ¡Acertadísimo! ¡Se ha aterrorizado al comparecer nuevamente ante mí! (Dirá esto prorrumpiendo en alegría frenética.) ¡Bufones! ¡Bufones! ¡Bufones!.. señora. yo sin esta ropa. monseñor. ¿Y el otro.. de día. atemorizado por el repentino cambio. Otras veces.. y confidencialmente al doctor. pretenden que los otros sean como ellos pretenden... fuera del tiempo. cómo los hago comparecer ante mí? ¡Bufones amedrentados! i Y se espantan precisamente de eso.) ¿No comprendes? i No ves cómo los adorno... su modo .. ? Enrique IV: (ante estas exclamaciones se vuelve súbitamente.. hacedla subir. verde. De que pueda yo arrancarles sus máscaras bufonescas y descubra que están disfrazados.. para darme este gusto de simular que estoy loco! Landolfo: (demudado por la sorpresa. de pronto. ella también. sí. ¡Dios mío!. ve a Bertoldo. Ya os he retenido demasiado de pie. en el mismo estado. sabiendo que la tenía. no son. esposa y emperatriz.... más que pequeños desconciertos del espíritu: imágenes que no logramos retener en los reinos del sueño.. un hombre y una mujer. Muchas hasta hoy se han presentado aquí asegurándome. Yo tengo siempre mucho miedo. en el lecho.... (Delante de la puerta del foro.) Y yo pienso. cómo los aderezo. en general. como cuando en el silencio de la noche se escuchan los golpes sombríos de pasos en habitaciones lejanas. al fin y al cabo. ya podéis figuraros que ése no se hubiera prestado a una superchería semejante..) ¡Pero reparad en este imbécil! ¡Fijaos cómo me mira ahora. De otro modo.. hasta que.

¿es posible estarse quieto pensando que hay alguien. que se afana por convencer a los demás de que sois como él os ve. yo.. palabras que cada cual comprende y repite a su manera. Dios! ¿Pero entonces? Enrique IV: (rápido. ¡arrodillaos! ¡Arrodillaos! (Los fuerza a arrodillarse uno por uno. incierto.. ¿qué podría decir?... Despunta el día. ¿eh? ¡Claro que sí! ¿Pero cuál puede ser el vuestro? ¡El del rebaño! Mísero..) ¡Ordeno que os arrodilléis todos ante mí! ¡Así! ¡Y tocad tres veces el suelo con la frente! ¡Abajo! ¡Todos tenéis que arrodillaros ante los locos! (Al ver a los cuatro arrodillados. yo. ¿Qué sucede? Landolfo: (languideciendo de pronto). levantaos! ¿Me habéis obedecido?.. yo soy Bertoldo. porque lo estoy. El tiempo está ante vosotros...) Tú no comprendes absolutamente nada. asustados. ¡Saludad en mi nombre a todas las tradiciones. según el juicio que se ha hecho de vosotros?.. ¡Así os quiero! ¿Os parece que también es esto una burla? ¿El que sean los muertos quienes sigan haciendo la vida? Sí. salid de aquí. "imbécil". brusco)... de modo qué sintáis y veáis como ellos... ..) ¡Oh. Entre nosotros.. pero. ¿cómo te llamas? Bertoldo: En verdad. ¡Una mosca! ¡Toda la vida está aplastada así. a todas las costumbres! ¡Comenzad a hablar! Repetiréis todas las palabras que fueron dichas siempre. ¿eh? ¿Cómo te llamas? Bertoldo: Yo. (Luego. Pero si os he oído muchas veces llamaros unos a otros... os hablo y os doy órdenes a vosotros que lo estáis.. Decidme.. ¡Y así es como se forman las llamadas opiniones corrientes! ¡Pobre del que un buen día se vea marcado por una de esas palabras que todos repiten! Por ejemplo: "¡loco!".... de sentir.) ¿Os miráis? (Remeda a los otros con gestos simiescos. me llamo Fino. antes de golpearme la cabeza al caer del caballo. señor... digo. Enrique IV: (volviéndose. de pronto. e intenta fijaros en la estimación ajena... e imponiéndoles silencio).. ¡El alba! Este día que está ante nosotros -decís vosotros-..de ver.. "¡Loco.. se desvanece su alegría ¡y se desdeña. lo haremos nosotros.) Por eso. ¿Fino? Bertoldo: Fino Pagliuca. trastornados. por lo menos. loco!" Y no lo digo ahora. más que nunca. por el peso de las palabras! El peso de los muertos.) ¡Arriba.. No.. cuando ya lo hago por broma.. Miradme ¿Podéis creer seriamente que Enrique IV está aún vivo? Sin embargo.. ¿Creéis vivir? ¡Rumiáis la vida de los muertos! (Se para ante Bertoldo.. caduco.. o por ejemplo. Podíais haberme puesto la camisa de fuerza. os hacen aceptar y soportar el de ellos. ¡Aplastar a alguien con el peso de la palabra!. ¡Cada uno tiene el suyo propio! Vosotros también tenéis el vuestro. Aquí es una burla.) ¿Tú. tan sólo uno. con un estallido de alegría.. que está completamente idiotizado. 0. (Se contiene.. al sorprender las señas con que los otros tres reprochan a Bertoldo. sí.. a todas las vestimentas. ya veis. estoy loco! (Se torna terrible. id al mundo viviente. ¿Estoy o no estoy? ¡Oh. Porque. ¿Qué es eso? Nada. ¿Sí? ¿Vosotros?..) ¡Ah! ¡Oh! ¡Qué revelación!. te llamas Lolo? Landolfo: Sí. de pronto.. Enrique IV: Pero ¿qué Bertoldo? ¡Tonto!.. ovejas. (A Landolfo.. Enrique IV: (volviéndose nuevamente a los otros)... al advertir que los cuatro se agitan. se hacen esa ilusión. sí señor. ¿qué es lo que al fin consiguen imponer? Palabras. Y ésos se aprovechan. sino antes.

dime. Y es forzoso.. ¿Y sabes por qué? Porque no pueden resistir el oírles hablar. o el aire que respiráis?... asustados. Enrique IV: No. ja. cierto.. Sin embargo. no ríes? ¿Estás aún ofendido? ¡Vaya! No te lo decía a ti.si no es verdad? No se puede creer así porque sí en lo que dicen los locos.) Sé que tú te llamas Franco.... ¿Qué prueba? Enrique IV: ¡Pues ésta: vuestro temor! Porque ahora os parezco loco otra vez.. sin embargo. ¡oh.. o no? (Los observa un momento y los ve aterrorizados.) Y tú. el otro un impostor.) ¿Tú. en torno vuestro: la misma lógica de vuestras construcciones.) Landolfo: (en nombre de los demás. el otro. ¡Y eso porque te estoy pareciendo loco! ¡He aquí la prueba! ¡He aquí la prueba! (Y ríe... ¿qué queréis que sea?. y para ellos. Momo. lo sabéis.. ¿sabes? Conviene a todos. ni a ti. ¿por qué? Porque no os parece. entonces. qué les parece verdad a esos otros cien mil a quienes no se .. ja. con los ojos dilatados por el espanto.. un sucio libertino. Enrique IV: Sí. (A Bertoldo. escuchando. dime tú. exasperado). o con una lógica propia que vuela como una pluma. Nada es verdad.. (A Arialdo. tranquilízate. ¿lo ves? Bertoldo: Bueno. ¡Volubles! ¡Volubles! Hoy es así y mañana no se sabe cómo. porque. Mírame bien a los ojos. conviene hacer creer que algunos están locos para tener la excusa de encerrarlos. ¿y luego? Enrique IV: ¿Lo ves? ¿Lo ves? También tú tienes el miedo en los ojos.. ¡No es cierto! ¡Nadie puede creerlo! Pero todos me escuchan.. como el que sentiríais si algo os quitara la tierra que pisáis. Qué notable. envalentonándose. ¡Benditos sean ellos! Los locos construyen sin lógica. ¡Bendito sea Dios! Enrique IV: ¿Por qué? Si no tiene importancia. ja! (Landolfo. ja. Señor. Pues mientras vosotros os mantenéis aferrados. ¿comprendes?.. ¿por qué? Estoy tranquilo. Bertoldo: Si. ni a ti (señala a tres de ellos).. miro.Enrique IV: ¿Que ya no estoy loco? ¡Claro que no! ¿No me veis? Bromeamos a espaldas de quienes lo creen.. No digo que sea verdad..) ¿Lo veis? ¿No advertís que vuestra inquietud puede convertirse en terror. Sin embargo.. ja.. ¡Volubles! ¡Volubles! ¿Puede ser esto? -os preguntáis vosotros-. ? Ordulfo: ¡Es inexplicable. ¿Qué digo yo de esos que se fueron? Que la una es una zorra. ¿Por qué? -quisiera yo saber-. Y. entre la alegría y el susto. querido mío. Habéis creído hasta este momento que estoy loco. Pero vosotros afirmáis que no es verdad. ni a ti. ¿os dais perfecta cuenta de lo que significa hallarse ante un loco? Pues es hallarse ante alguien que sacude desde sus fundamentos todo cuanto habéis construido en vosotros... Arialdo y Ordulfo se miran entre sí.. Callad. sin embargo. (A Ordulfo. Nos reiremos entre nosotros. señores! Sería menester ver luego. extraviados. porque. ¿Porqué?.. Pero mírame a los ojos.! Enrique IV: Callad. inciertos. ¡Oh. Ordulfo: Momo. no. ellos no.) Landolfo: ¡Se ha curado! Arialdo: ¿Será posible. Nos reíremos con ganas. quizá creen que.. (Y ríe estruendosamente.) ¡Ja... todo es posible. amigos míos. ahí se están. Me creéis. ¿no? Landolfo: Pero.. ni a otros cien mil. ¿Es verdad. espera.

un poco de luz. mirad qué magnífico cuadro nocturno: el Emperador entre sus leales consejeros! ¿No os produce placer? Landolfo: (bajo. que se ha quedado absorto. aquí.. le decía: . abre la puerta y desaparece un instante regresando con una lámpara antigua... Sentaos allí. me cegaría.. (Lo coloca en la posición deseada. alrededor de la mesa. (A Arialdo.. os sumergierais para considerar esta horrible cosa que de veras enloquece: la de saber que si estáis junto a alguien. pues el que entra nunca será uno mismo... aunque todo sea opuesto a lo que os pareció verdadero ayer! ¡Ay de vosotros. tal como lo ve y lo toca. que ella sabe que han pasado ochocientos años. sí.. tú así. y por ello era feliz! Porque.. siendo niño. yo.. y que yo....) Y yo. sino otro. cada vez m4s alejados de Enrique -el gran enmascarado. (Volviendo la cabeza hacia una de las ventanas. sino de todos.. ¿Entonces.. (Va hacia el foro. avanzando).. sino en posiciones bellas y desembarazadas. y como buscando a los cuatro hombres que ya no siente a su alrededor.. aquí. a Arialdo.. dice:) Se ha puesto oscuro aquí. ¿qué cosa? Landolfo: (titubeante. podéis consideraros mendigos ante una puerta por la que nunca podréis entrar. ¡Y cuántas cosas me parecían verdaderas! ¡Y creía en todo lo que me decían los otros. contemplando una espantosa miseria que no es solamente suya. La lámpara. desconocido para uno mismo. Yo sé que a mí. que a lo que os parecerá verdadero mañana. Ordulfo: (rápidamente. con un aro. luego hace lo mismo con Bertoldo. Enrique IV: No.. Porque a él (indica a Bertoldo).. (Hay una larga pausa. siento que la necesito. y en la sala del trono también? Finjo no verla.tienen por locos... vosotros encendéis la luz eléctrica.. aquí. sentado a la ventana. La luna nos asiste. quiere?. Ordulfo: Bien.. y con frecuencia me olvido de mí mismo mirándola desde mi ventana. con su propio mundo interior. es que. me parecía real y verdadera la luna que se reflejaba en el pozo. ¿Pero acaso creéis que no sé que apenas vuelvo la espalda para irme a dormir con mi lámpara de aceite. que es el que ve y toca el otro. como yo.) Enrique IV: (tomando la lámpara e indicando la mesa que está sobre la tarima). (Lo acomoda. Eso.. de esas que se sostienen desde arriba.) Sería menester poder ordenar a la luna que nos enviara un hermoso rayo decorativo.. durante la cual las sombras comienzan a hacerse densas en la sala.. Quiero mi lámpara.. Estará ya pronta. si.. No.. ¿Qué te parece? ¡Si hubiésemos sabido que no era verdad. Enrique IV: Verdad. acrecentando la sensación de extravío y de profunda consternación que oprime a los cuatro enmascarados. (Él mimo va a sentarse. eso es. ¡ay de vosotros si no os aferráis más fuertemente a lo que os parece verdadero hoy... en su mundo impenetrable. ¿Quién podría creer.) Así. ¿Queréis que vaya a buscar la lámpara? Enrique IV: (con ironía). Él se recobra luego. y cuál es el espectáculo final de sus acuerdos.) Así. no pueda ser Enrique IV que contempla la luna como un hombre cualquiera? ¡Pero mirad. nos ayuda.. Ordulfo: ¡Ah! . que es nuevo en el servicio... y le miráis a los ojos -como yo miré un día a ciertos ojos-.. como excusándose).. justamente esta mañana. detrás de la puerta. sin querer romper el encanto)..) Y tú así. al mirarla. Pero no así. Por mi parte. la flor y nata de su lógica.

) ¿Quién es? Voz de Juan: ¡Deo gratias! Arialdo: (contentísimo por la broma que aún podría hacerse). no pueden ya cambiar.. ¡Mientras vosotros. ¡Ahora siento náuseas! (Casi para sí. basta ya! Ahora que vosotros lo sabéis. tomándolo de los brazos..... Y quién sabe si no confían verdaderamente en poder curarme. no cambian más.. entretanto. los hombres del mil novecientos riñen entre sí. y cada acontecimiento se desenvuelve preciso y coherente en cada uno de sus detalles. y con una sala como aquélla. dejemos que lo haga.. se arrebatan en un ansia sin reposo para saber cómo se determinarán sus casos.. Pero veremos. que era en serio.. severo).. ¡Bufones! i Quiero tener el placer de abofetear por lo menos a uno. (Se oye llamar a la puerta del foro... ¡Tonto! ¿Lo í ves? ¿Por qué? ¿Para burlarte a espaldas de un pobre viejo que representa su papel por cariño hacia mí? Landolfo: (a Ordulfo). ¡Me ensartará!... ¿comprendes?. sí.. repantigaros. con violenta rabia contenida. en ésta.... i Debe ser como de veras! ¿No comprendes? . dolorosas las circunstancias. Enrique IV: (rápido. el placer de la historia. efecto sigue obediente a su causa. tu ficción. dejemos que lo haga. Arialdo: (acudiendo en su ayuda). veremos. y hasta rascarte un hombro si sintieras algún escozor...... Y me traen a un médico para que me estudie. (Dirigiéndose también a los otros. tan colorido y sepulcral. sino así. a una distancia de ocho siglos hacia abajo. simplemente ser con él como sois a diario vosotros mismos. es Juan que viene como todas las noches a hacer de monjecito! Ordulfo: (restregándose las manos). admirando cómo cada. para ti mismo. dices? Landolfo: Sí."Lástima estar vestidos así. Enrique IV: ¿Que representábamos esta comedia sólo por burla? Landolfo: Porque creíamos. con tantos bellos trajes como hay allá. ásperas las luchas. a ése! Es un espadachín famoso. ¿entendéis? ¡Fijados para siempre...) Enrique IV: Y bien. En suma: ¡el placer.. bello. dormir.... ¿lástima. pensar que. conmigo! ¡Por muy triste que sea mi caso....) Ser así. pero.) ¡Sintiéndoos vivos.. yo no podría hacerlo más. no para representarlo ante mí. el que no supiéramos.) ¡Por Dios.) Por otra parte. en la corte de vuestro emperador Enrique IV! Y pensar desde aquí.. en cambio. Enrique IV: ¡Digo que sois tontos! Deberíais haber sabido construir el engaño para vosotros mismos.. ¡Oh. desde este reremoto tiempo nuestro. he de hacer que ella se arrepienta de haber venido! Se disfrazó de suegra ¡oh!. horrendos los hechos.. en la guardarropa. Sí.. si vosotros no habéis comprendido hasta ahora las razones. ante los que vienen aquí de visita de tanto en tanto. Y él de padre abate. con perfecta lógica. pudieses comer. sí.. que es tan grande! Landolfo: ¡Oh. si dice usted que. (A Bertoldo. (Señala a la del trono. muy bello! Enrique IV: ¡Bello. es Juan. sí. ya son historia. Claro. aquí. de modo que. Enrique IV: ¿Y cómo es. (Toma su lámpara para irse a dormir. ya estáis en la historia. verdaderamente vivos en la historia de mil ciento. entonces? ¿Os parece que no es en serio? Landolfo: Oh. para ver cómo se establecerán los hechos que los mantienen en tanta angustia y en tanta agitación. al punto de poder abandonaros..

Juan: (desenvuelve el rollo de pergamino y se dispone a escribir al dictado).. sólo ha podido huir de la destrucción esta vida mía escrita por un frailecillo que me es devoto. bisbisea desde el nicho. que da a sus aposentos. y no espera respuesta de esa oscuridad y de ese silencio terribles de la sala. (Cierra la puerta y avanza. Las telas de los dos retratos han sido quitadas. Se abre la puerta de la izquierda y entra Enrique IV. y Carlos Di Nolli.. hambre y miseria a los segundos.Enrique IV: ¡Justamente! Como de veras. Vuelve el rostro aterrado hacia la pared del fondo.. en las mismas actitudes de esos retratos. Buenas noches. tristísimo y cansado.) Aportó abundancia a los primeros. padre. de suerte que apenas se percibe la pared del fondo. que de pronto. sentaos aquí. Frida. (Pero asoma un poco la cabeza desde su nicho hacia el otro. levanta los brazos). Majestad . a oscuras. para atravesar la sala en dirección a la segunda puerta de la derecha. ¿Quién me llama? (No es una pregunta.. Y la lámpara cerca. (Comienza a bajar el telón. como desfalleciendo del miedo).) Frida: (ante ese acto de terror. para él. como apareció en el segundo acto. y vuelto al interior para hablar con los cuatro servidores que se suponen en la sala contigua. padre. con Juan.) Adelante. Yo me arreglaré solo.)Sentaos. TELÓN ACTO TERCERO La sala del trono. ¿en verdad querríais reiros de él? (Se dirige amorosamente a Juan. Porque sólo así deja de ser burla la verdad. Enrique. la escena queda vacía unos instantes. y no menos aterrorizada por lo que se prestó a hacer. (Va a abrir la puerta y hace pasar a Juan vestido de humilde frailecito. como quedaron al finalizar el acto segundo. (Posa junto a él la lámpara que tiene aún en la mano. y por un instintivo impulso de defensa. sosteniendo la lámpara por su aro. dentro de los marcos que han quedado circundando el interior del hueco de los nichos. en traje de Enrique IV. Estoy listo. se han apostado. con un rollo de pergamino bajo el brazo. han sido destruidos deliberadamente por mis enemigos. y. (Después. y lo invita a sentarse ante la mesa..) Todos los documentos que me favorecían. Enrique IV: (dictando). vosotros. de mi vida y de mi reino. y en sus sitios. esforzándose por desempeñar correctamente el papel que se le ha asignado. quedaos. repite un poco más fuerte). asumiendo un tono de trágica gravedad y desombrío resentimiento. Al levantarse el telón. vestida de marquesa de Toscana. padre. adelante.. El decreto de paz emitido en Maguncia favoreció tanto a los míseros y a los buenos cuanto molestó a los malos y a los poderosos. Enrique IV: No. Enrique.) Escribid. se han colmado de la sospecha de estar verdaderamente loco. es una exclamación que zigzaguea en un escalofrío de terror. por un navajazo en la espalda...) . Enrique IV: (deteniéndose al oír la voz.) Frida: (apenas ve que él ha traspuesto la línea del trono. quedaos. escribid. como si hubiese sido herido a traición.

.. Tito Belcredi. Ordulfo. no.) Matilde: ¡Y desde hace ya mucho tiempo! ¡Lo ha confesado a sus servidores! Di Nolli: (ahora más indignado que asombrado)..Enrique IV: (prorrumpe en un alarido y deja caer la lámpara de sus manos. Enrique IV: ¿Y no era "tu" madre? Di Nolli: ¡Mi madre.. también vestida de marquesa de Toscana.. después del primer momento de terror..)i Frida: (salta del nicho sobre el zócalo. (Indica a los cuatro servidores. En tal punto resurge ya con la clara idea de asumir como verdadera la ficción que le habían preparado.. a la que obligaste hasta el último momento a presentarse aquí como tu madre. acuden presurosos a socorrer y confortar a Frida. espiando ora al uno. ¿Que se haya reído también de su hermana. Di Nolli: ¿Que no era de veras? ¿Qué decís? ¿Está sano? Doctor: Por lo que parece.. y grita como enloquecida).. se ha curado! Di Nolli: (con asombro). Arialdo.. por la puerta de la izquierda irrumpen todos: el Doctor. luz extraña. de modo que sólo resulta viva en lo alto... Estoy contigo.. Doctor: (acudiendo con los otros).. ¡Cómo es posible.. (Y mientras Di Nolli salta a su vez al zócalo y de allí al suelo. Belcredi: Pero sí. y a las nuestras. Continuar. Frida.. ¡No! ¡Tengo miedo! ¡Tengo miedo! Matilde: Pero ¿de qué? ¿No ves que era una broma?. Uno de los servidores da en seguida luz a la sala. si hasta hace poco. ¿Y qué sabes tú si yo no la he llorado largamente. producto del tumulto de su alma... ora al otro.. Estoy aquí. Tú acabas de bajar de allí (señala el nicho) nuevecito. sí.. Hablan todos confusamente. Bertoldo. y gime. continúa! Di Nolli: (aturdido por los gritos). aun así vestido? .. justamente! Enrique IV: Pero tu madre. era sólo una broma! Frida: (aterrorizada). mi madre. di. ¿Curado? Belcredi: ¡Tranquilízate. ¡Continúa. Tengo miedo.. Si no era verdad.. bajo la acusación y el escarnio por lo que todos creen befa cruel. y le grita al sobrino). ¡Enrique!. Inés. "viejo y distante"... imprecisa aún por obra del despecho que siente. Belcredi: ¡Pues claro!. que tiembla todavía. e intenta huir... ¡Enrique!. Aunque yo creo que. Di Nolli: ¿Mi hermana? Me refiero a la tuya. se aprieta la cabeza con ellas. Frida!. Acaban de decirlo ellos. hasta el día de su muerte? Enrique IV: (que se ha quedado agazapado. y ha demostrado. Matilde: ¡Se ha curado... largamente. casi desvaneciéndose ya. que medita una venganza.. ¡Basta! ¡Basta! No hay nada más que hacer. Di Nolli: ¿Pero es posible?. que de buena fe... en secreto. ¿qué? Enrique IV: No habrá muerto "tu" hermana solamente. sin preocuparse de Enrique IV. Juan.) Di Nolli: ¡No.. se me ha muerto a mí.. que se queda mirando idiotizado esa irrupción inesperada. que aún lo estremece. ahora revelada.. Tengo miedo.. para socorrer a Frida que continúa gritando convulsivamente. Matilde. Fingía para reír a espaldas tuyas. Landolfo.. Los otros... y se desvanece entre los brazos de su prometido.. en el relampaguear de sus ojos. de lámparas ocultas en el cielo raso. ¡Míralo!. Es una.

los dos juntos. Para un loco. Yo mismo vine esta mañana vestido de. ¡Magnífico.) Belcredi: Sí.) Ya puedo quitarme este disfraz para irme contigo.) ¡Oh.. pero no para que todo esto acabe tan pronto como tú crees! (Se encara con él... a Belcredi). Pero ¿qué dice? Doctor: (impresionadísimo.) ¡Ah.) ¡Vos. a mis ojos. no lo azuce usted! Belcredi: (sin prestarle atención. embarazado).. vestidos así? Matilde: ¡Cállese usted! ¿Quién piensa ya en los trajes. No he reído creyendo que. me parece! Frida: (aterrorizada aún. Enrique IV: ¿Qué digo? ¡Estoy preguntando a todos si no era Inés la madre de Enrique IV! (Se dirige a Frida... mirando a los otros).. ¡Me lo han dicho ellos! (Señala a los cuatro servidores.. en verdad dijimos que os habíais curado. ¿Yo? Vosotros habéis vaciado esos dos nichos. ahora que estoy curado?. ¿no te parece? Belcredi: ¡Conmigo! ¡Con nosotros! Enrique IV: ¿Adónde? ¿Al Círculo? ¿De frac y corbata blanca? ¿O a casa de la marquesa.. Belcredi: No. doctor. y finalmente se mira el traje que tiene puesto. Despacio. más fuerte). No.. marquesa. ¡No. ¿no es así? (Se vuelve para mirarlo. doctor. Belcredi: ¡Basta ya! ¡Terminemos! (A Matilde.. no es el delirio.. por favor.. tú y yo? ..) A él.. señores.) ¡Ah! (Y súbitamente se vuelve hacia el doctor. marquesa.. esto le parecerá ahora una mascarada fuera del tiempo. que corrió usted el riesgo de hacer que la noche retornara a mi cerebro? ¡Bendito sea Dios! Hacer que los retratos hablen. cuando él está en verdad curado? Enrique IV: ¡Curado.Matilde: (consternada. ¡Es que vuelve a fingir. es una combinación magnífica! Dos parejas.. despacio. podrías pensar que. Enrique IV: ¡Que estaba loco! ¿Y no te provoca risa verla a ella así. y a usted.. después mira a la marquesa.. Él está ahora ante mí como Enrique IV.. ¡Por el amor de Dios.) ¡Ellos! ¡Ellos! Enrique IV: (mirándolos).. (Contempla a Frida y a Di Nolli. observándolo). yo no! Doctor: Despacio. terminemos ya con esta burla! Enrique IV: ¿Quién ha dicho que es burla? Doctor: (fuerte. deberíais saberlo. su aspecto ahora. como si fuese verdaderamente la marquesa de Toscana.. doctor.. Sin embargo. magnífico!. que se salgan vivos de sus marcos. despacio.. el delirio reaparece.. si... abrazándose más a Di Nolli).) ¿No sabes que desde hace veinte años nadie ha osado presentarse ante mí como tú y ese señor? (Señala al doctor. (Se interrumpe por un impulso de desdén.) ¿No le parece que resulta de una puerilidad intolerable el verlos a él (señala a Di Nolli). ¿Vosotros? ¿Habéis dicho que era burla? Landolfo: (tímido. a hacer la comedia! Enrique IV: (rápido).) ¿Es usted un médico? Doctor: Yo. ¡Cómo no había de saberlo!. Enrique IV: De monje. yo no. Enrique IV: ¿Y la vistió usted de marquesa de Toscana a ella también? ¿Sabe. Belcredi: ¡Oh. (Señalando apenas a Belcredi... si! ¡Estoy curado! (A Belcredi. Belcredi: Y tú me tomaste por Pedro Damiani.

desapareció. a mi caballo enjaezado..) Pero ¿adónde? ¿A hacer qué? ¿Para que todos. Belcredi: Sí. a escondidas.) Y tú lo sabes.... a traición. Enrique IV: ¡Ah. no lo sé.. (Y en seguida.. Doctor: ¡Ah! . (Se detiene y se vuelve al doctor... que todo se había derrumbado.... no podían detenerse a esperar que yo sanara. no sé por cuánto tiempo. ¿Y duró mucho tiempo? Enrique IV: (rapidísimo. vamos. pero lo supongo. poco a poco. ¡Había vuelto a ver el aramente!. haciendo de Enrique IV. doctor! ¡Estúdieme. en el corazón de la mujer que amaba.. que todo había sucumbido.. mucho. era en broma! Enrique IV: Mírame los cabellos.) ¡Y el no ver ya nada más de todo aquello que sucedió después de aquel día de carnaval! El cambio de las cosas... Lo sé. al reabrir los ojos. estuve loco de veras. no. Enrique IV: (rápido).. ¿entiendes? Y sin que yo lo haya advertido siquiera. sí!. pero ya no así.. solo. al doctor). de este íncubo! ¡Que se abran las ventanas y se respire la vida! ¡Vamos. ¿comprendes?. Como él dice (señala a Belcredi).) No podría decir cómo. con horror). Matilde: (rápida.. como a ti te parece... vaya. permanecer aún aquí. el sitio que otros tomaron.) ¡Caso interesantísimo. hasta hacerlo sangrar... te ensañabas contra los que intentaban defenderme. Aquí. ¡despojémonos de este traje de enmascarado. Si. después de haberte liberado de la desgracia que te había ocurrido. el mal que estaba aquí (se toca la frente). Es que al caerme del caballo y golpearme la cabeza.. Toqué una cosa y la otra. que hayas querido continuarla. perdona. cerca de doce años. para perpetuar. Eso. corramos afuera! (Conteniendo de pronto su arrebato. punzaron. y no supe al principio si era sueno o vigilia. pero los demás. más que ninguno. Enrique IV: Desde luego. Me refiero a lo que pasó después. lo que fue una desdichada broma en un día de carnaval? Es increíble.... para que se encabritara y me volteara!. me señalen con el dedo como a Enrique IV. Di Nolli: (impresionado).. Me di cuenta en un solo día.. porque comprendí en seguida que no solamente mis cabellos. detrás de mí... volviendo a hablar con Belcredi.... los que habían muerto. de repente. Finalmente advertí que estaba despierto. ¡Ni pensarlo siquiera! ¡Sí ha sido una desgracia! Enrique IV: ¡Pero si ya todos me tildaban de loco antes! (A Belcredi. (Le muestra sus cabellos en la nuca.. los que habían desaparecido... también yo los tengo grises! Enrique IV: Sí.. Belcredi: ¡Oh.. te lo aseguro. Un día. cómo me traicionaron. entre los queridas amigos de la vida? Belcredi: ¡Pero no! ¿Cómo se te ocurre? ¿Por qué habría de ser así? Matilde: ¿Quién se atrevería?. un día. ¿Cómo? ¿Cómo? Enrique IV: ¡Sí. ¿Después?. acá. y fue espantoso. pero con esta diferencia: que a mí se me pusieron grises. todo esto. los amigos. ¡Pero esto lo se ahora! ¡No me había enterado antes! .. acaso. sino todo mi ser debía haberse puesto gris... Reabrí los ojos. y que con un hambre de lobo llegaría a un banquete ya terminado.... ¡Ah!.Belcredi: ¡Adonde quieras! ¿Querrías. Belcredi: No.. Pero ya ves. su evolución..... tú que. no fue para mí una burla. estúdieme usted bien! (Hablando se estremece íntegramente. ni siquiera aquellos que.... doctor.) Belcredi: ¡Oh. sino del brazo contigo... yo no digo eso.

Fueron todos los que continuaron después en el banquete. un día de noviembre. ¡cuando usted triunfaba!. marquesa.. para ustedes y no para mi.. sin saberlo.. como si nada fuera. ni del lugar en que se encontraba. ¿Oyes?. Le vi abrir los ojos sonrientes. cuando usted (mira a Matilde y le indica a Frida) ¡mírese en ella. y estos cuatro consejeros secretos y.. siguiendo aquella antigua y famosa mascarada que había sido. ¡Les doy las gracias! (Volviéndose bruscamente al doctor. nos disfrazamos de lo que creemos ser. y que estuviese la sala del trono. pero yo los acuso ahora.. ¡No hubiese estado mal!. doctor!. Que todos estuviésemos enmascarados aquí. y se pasea más fácilmente aún.. y mejor.) ¿Sabes? Uno se acostumbra fácilmente. ¡Mire usted. lo había olvidado todo. anegado en la dorada delicia de aquella tibieza que a él debía parecerle casi estival. en la cual somos involuntariamente payasos (indica a Belcredi) cuando.. Matilde: ¿Quién fue? ¿Quién se hallaba detrás de nosotros dos? Enrique IV: Ya no importa saberlo. salvo Matilde.) Y entonces. sus sobras de magra o blanda piedad. Sí lo estoy.. por el derrotero de mis pasos. encarnando a un personaje trágico (lo hace).. y al pasar le hizo cosquillas con ella. por cierto que era irlandés y apuesto. aquí. Enrique IV: Es menester perdonarlos. o alguna espina de remordimiento en el plato sucio. marquesa!. la burla de un día. mire usted si el caso no es verdaderamente nuevo en los anales de la locura. doctor. ¿eh?.. debía revestirla en seguida. y volvió a sus ojos la misma seriedad que ya habéis visto vosotros en los míos. a espaldas vuestras? (Estalla en una carcajada que. Conque vosotros. que dormía al sol.... con un brazo apoyado en el respaldar de un banco. de cada minuto.. tan escuálida y vacía. no tendré ya necesidad de vosotros y seréis despedidos. y dibujársele en todo su rostro la risa bienaventurada de su sueño. sino en una realidad. por supuesto. a mi vez! ¿No lo sabéis? ¿No habéis visto que ellos creyeron que la burla continuaría conmigo. y que ya sólo hubiesen dejado para mí.) Quisiera saber qué habéis ganado revelando que estoy curado. con todos los colores y los esplendores de aquel lejano día de carnaval.. ya no en una burla. para siempre. Soñaba. Y quién sabe qué soñaba. -perdonadles-. no logran verlo aún como parte de sus mismas personas. imitan todos aunque desconcertados. y vengarme así de la brutalidad de una piedra que me habla magullado la cabeza. Porque los curas irlandeses .. vivirla con la más lúcida conciencia.) Belcredi: (a Di Nolli). preferí seguir loco. la realidad de una verdadera locura. ¡Ah.. Esta soledad. y obligar a todos aquellos que se presentaban ante mí. en el cuello.. a continuar. así porque sí. y se puso rígido dentro de su hábito sacerdotal. traidores. en una sala como ésta. Pasó un bribonzuelo que había arrancado una flor con todo su tallo. Confiar en alguien. eso sí es realmente cosa de locos... tal como se me presentó reabriendo los ojos. Di Nolli: (a los cuatro jóvenes). Recuerdo a un cura.. al hallar aquí todo dispuesto para este deleite de nuevo género: vivir mi locura. (Volviéndose nuevamente a Belcredi. Esto (amarra su propio traje). pero puedo asegurar que en seguida recobró su compostura.. esto que es para mí la caricatura evidente y voluntaria de aquella otra mascarada continua. Ese disfraz. (Se vuelve de pronto hacia ellos. Podemos estar seguros de que en aquel momento no tenla conciencia de que era cura.Enrique IV: Eso también habrá sido una broma. en una plaza pública. Hacer que se convirtiera para siempre.

porque Enrique IV soy yo. doctor. como fascinados. aquí. fuerte. pues yo la conozco así (señala a Frida y se le acerca). que tomaste en mis desgracias con ella (indica a la marquesa. ¡Déjala! ¡Déjala! ¡Tú no estás loco! Enrique IV: (fulmíneo. ¡Eres mía! ¡Eres mía! ¡Mía! ¡Mía por derecho propio! (La ciñe con los brazos. al Doctor. en la que habéis envejecido. supongo que podría también quedarse a vivir aquí. Pero como corren para desasir a Frida de entre sus brazos. el doctor le advirtió que no azuzara." Pero yo no soy un loco de los suyos. que vivís vuestra locura con tanta agitación. porque sé perfectamente fingirme loco. pequeña.) Belcredi: (se libra rápidamente y se arroja contra Enrique IV). Matilde: ¡Usted es un insolente! Enrique IV: (rápido.) ¡Detenedlos! ¡Detenedlos! ¡Os ordeno que los detengáis! (Los cuatro servidores. Belcredi: ¡Mira qué curioso! ¡Ahora hemos llegado a la conclusión de que los locos somos nosotros! Enrique IV: (con un arrebato que se esfuerza por contener). él asume una actitud terrible y grita a sus cuatro servidores. ¿Que no estoy loco? ¡Mira! (Lo hiere en el vientre. mientras todos gritan aterrados. Penoso es para vosotros. se lo he dicho ya! "Mostrar lo que éramos entonces.) Y tú. como nunca. Acuden todos a socorrer a Belcredi. Sin embargo. y lo que somos ahora.) Di Nolli: ¿Te ha herido? . te han hecho persona viva. provocando un general alarido de horror. (A Matilde. desde hace veinte años. (Se vuelve a ella. en su aturdimiento. señores. Yo sé bien que aquél (indica a Di Nolli) no puede ser yo. te has asustado verdaderamente por la broma que te indujeron a hacer. y para mí es ésta siempre.) Pero ¿cómo quieres que me conmueva ya lo que ocurrió entre nosotros. fascinada por ésta. Pero es que si tú. ¿habríais podido venir a verme juntos? Belcredi: Yo. en esta eternidad de máscara! Esos veinte años los ha vivido ella.modo que yo no pueda reconocerla ya. tu "consciente" locura. extrayendo la espada del flanco de Landolfo. riendo como un loco. No se preocupe. que está junto a él). aquí. Él sigue azuzando.. y lo hago tranquilo. señora. Estoy curado. vine creyendo que el loco eras tú. los ha gozado ella (indica a la marquesa) para transformarse -allí la veis.) ¿ Esto es lo que quería usted decirme? ¿Quería usted demostrarme esto con el sacrificio de vestirse así por consejo del médico? ¡Oh.) Vestida usted como está ahora. Veo que está como encantada por todo lo que tú dices. yo no la he vivido. y ella (señala a la marquesa) no estuvieseis locos. ella no sé. francamente. sin comprender que para mí no podía ser el juego que ellos creían. o lo que él representa ahora para. aplacándola). (A Frida. magnífica idea. tratan automáticamente de contener a Di Nolli. indicando a la marquesa). doctor. marquesa. ¿comprende? ¡Fijo.defienden la seriedad de su fe católica con tanto celo como yo defiendo los sagrados derechos de la monarquía hereditaria.. (Volviéndose a Belcredi. sin conocerla y sin verla. y luego se vuelve a ella indicándole a Belcredi). Eras allí una imagen. ¿Y ella? Belcredi: Ah. ni la parte. exclamando tumultuosamente. sino este prodigio terrible: el sueño que cobra vida en ti. Parecéis niños que se asustan de mí. Enrique IV: (rápido. No se preocupe. usted? ¡Mi vida es ésta! ¡No es la vuestra! La vuestra. y a Belcredi. yo.

juntos. y siguen gritando a dentro.. como buscando amparo. con los ojos desorbitados.) ¡No está loco! (Salen por la izquierda. hasta que por encima de sus voces se oye un grito más agudo de Matilde. gritando. y ahora para siempre. aterrorizado por la vida que ha cobrado su propia ficción. entre Landolfo.Bertoldo: ¡Lo ha herido! ¡Lo ha herido! Doctor: ¡Ya lo decía yo! Di Nolli: ¡Frida. ven! Matilde: ¡Está loco! ¡Está loco! Di Nolli: ¡Sujetadlo! Belcredi: (mientras lo transportan hacia la salida de la izquierda. aquí... que repentinamente lo ha empujado. TELÓN . (Llama a sus servidores junto a sí.. Arialdo y Ordulfo. al que sigue el silencio. Ahora sí..) Enrique IV: (que ha quedado en escena..) Aquí. a mi lado. al delito).. por fuerza. con feroz protesta que por encima de sus voces se oye.

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful