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Tomo I

Amor Escondido
El presente fic, es un proyecto multiautor, en el cual el galán es el
mismísimo NEIL LEEGAN.

Les ruego a todas las chicas que se apunten para llevarle seguimiento que
sean respetuosas con este personaje, la mayoría lo odia, pero creo que la
base de toda convivencia es el respeto. Todos tenemos la oportunidad de
cambiar, o bien de dejarnos transformar por el amor, aunque sea sólo hacía
una persona.

Comprobemos que tan lejos nos lleva la imaginación en el trazo de esta
historia de amor, que de seguro será muy polémica.

Decidí darle comienzo la noche del estreno de ROMEO Y JULIETA... me
pareció un buen momento para marcar el inicio de una nueva relación para
Candy, alejada de su familia y seres queridos y muy susceptible después el
rompimiento con Terry.

Laurie

Escritoras del fic:
Laurie, Noemí, Raelana, Mirna, Soly, Alondrita, Perlita, Scarleth, Anabel

Diseño editorial:
Anamá
Amor Escondido
CAPÍTULO I. POR LAURIE..........................................................................................................................................................................................4
NUEVA YORK 4
CAPÍTULO II. POR NOEMÍ..........................................................................................................................................................................................8
EL DESPERTAR DE UN CORAZÓN. 8
CAPÍTULO III. POR RAELANA...................................................................................................................................................................................13
¿UN CAPRICHO? 13
CAPÍTULO IV. POR MIRNA.......................................................................................................................................................................................16
HERIDAS DEL PASADO 16
CAPÍTULO V. POR SOLY..........................................................................................................................................................................................20
UN ALMA AL DESNUDO 20
CAPÍTULO VI. POR ALONDRITA.................................................................................................................................................................................25
EL COMIENZO 25
CAPÍTULO VII. POR PERLITA....................................................................................................................................................................................28
PENSAMIENTOS 28
CAPÍTULO VIII. POR LAURIE....................................................................................................................................................................................31
ENTRE ROSAS… 31
CAPÍTULO IX. POR ALONDRITA.................................................................................................................................................................................38
POSIBILIDADES 38
CAPÍTULO X. POR RAELANA....................................................................................................................................................................................47
Y MAS POSIBILIDADES 47
CAPÍTULO XI. POR SCARLETH..................................................................................................................................................................................50
SOLO ESCÚCHAME 50
CAPÍTULO XII. POR ANABEL....................................................................................................................................................................................53
TE AMO 53
CAPÍTULO XIII. POR LAURIE....................................................................................................................................................................................56
MENTIRAS 56
CAPÍTULO XIV. POR ALONDRITA...............................................................................................................................................................................64
HAZLO SUFRIR 64
CAPÍTULO XV. POR NOEMÍ......................................................................................................................................................................................69
NUEVAS ESPERANZAS PARA UN AMIGO 69
Capítulo I. Por Laurie

Nueva York
Candy caminaba alegremente hacía el teatro como cualquier mujer emocionada. Sostenía con gracia
el ramo de flores rojas que en su color reflejaban la intensidad de sus sentimientos por Terry. Estaba
segura de que el mutismo y los nervios que atacaran al muchacho y le impedían ser más romántico
desaparecerían por completo en cuanto terminara la función y se esfumaran los nervios de su primer
protagónico. Sí, en cuanto eso pasara él recobraría su usual sarcasmo, su energía, su mirada
chispeante y entonces ella cedería por fin a sus propios deseos de perderse en un abrazo estrecho y
desafiar el frío clima de Nueva York, caminado abrazados.

Sus pasos la llevaban al teatro, mientras sus ilusiones y sentimientos la encaminaban a las escenas
que constantemente invadían su mente al estar recogiendo o cocinando. Se imaginaba que ese su
hogar compartido con su amor y cómo de magia se empeñaba más en los quehaceres como
procurando que al llegar, él se encontrara con el calor del hogar sencillo y amoroso que de seguro
formarían. El olor de las rosas resultaba seductor, sus ojos brillaban y las mejillas estaban
sonrojadas. A pesar de sus sueños e ilusiones el ambiente de glamour neoyorquino en una noche de
estreno, termino distrayéndola. Por todos lados veía el último grito de la moda, atrevidos escotes que
con solo imaginarse lucirlos la hacían sonrojarse, el allure de las más finas fragancias. La eLeegancia
era con mucho distinta a la que observaba siempre en la casa Andley, esta venía cargada de un
afanado deseo de llamar la atención y lucir desafiante ante la sociedad tradicionalista.

A pesar de las inclinaciones taciturnas y solitarias de Terry era obvio que se vería en la necesidad de
abrirse ante el mundo, especialmente el del teatro. Suspiró profundamente convenciéndose que eso
involucraría un cambio en su propia vida. En ocasiones a fuerza de acompañarlo tendría que
rodearse de esas personas y lucir tan elegante como ellas. Por una vez se vió a sí misma deseando
ser un poco más refinada y elegante, de ninguna manera le gustaría hacer quedar mal a su amado
Terry. Tendría que poner más atención a su apariencia y su conducta.

Llegó a las puertas del teatro y un cúmulo de personas rodeaban la entrada. Elegantes carruajes
llegaban constantemente y de uno de ellos vio llegar en medio de una nube de misterio y sofisticación
a Eleonor Baker. Su peluca oscura y el maquillaje que intentaba hacerla parecer bronceada no
fueron razones suficientes para que ella no la identificara. La bella madre de Terry estaba ahí y de
seguro se verían después. Le gustaría saludarla y platicar con ella. Estaba distraída viendo a la dama
alejarse cuando molestas voces la hicieron aterrizar de sus sueños y ponerse en alerta.

-¿Qué haces tu aquí? – en verdad que irritar a Eliza resultaba tan sencillo, con el simple
hecho de verla toda ella terminaba echando chispas.
-Vine al estreno de alguien – le respondió ella sonriente.
-Esta es una función muy exclusiva – menciono Eliza con toque despectivo.
-¿Qué haces aquí Candy?, Este no es lugar para ti – el tono tranquilo y altanero de la señora
Leegan sin duda era más ofensor que las viscerales reacciones de su hija.
-Vine a un estreno. Soy invitada del actor...
-Pero qué insolencia – respondió la señora Leegan acomodándose su saco.
-¿Qué ocurre?...- Neil Leegan llegó hasta su madre y su hermana después de haber
despedido al valet.
Su mirada encontró lo que menos hubiera esperado. ¿Qué hacía ahí Candy? No era que le molestara
verla, de hecho se recriminó a él mismo y tuvo que luchar contra si mismo para poder apartar la vista
de la hermosa chica. Se veía deslumbrante en ese vestido verde claro, era sencillo y sin duda no era
el más elegante de la reunión, pero aún así sobresalía entre las demás. Su mirada la recorrió de pies
a cabeza y de nuevo sintió la gran necesidad de estar junto a ella e invitarla a salir, como esa vez en
Chicago... sin embargo se dió cuenta de lo que ella sostenía en las manos y del porque estaba ahí.
Era por culpa de ese delincuente atrevido... Un ardor insoportable le invadió desde el estomago hasta
las entrañas y sin frenar sus reacciones, arrancó violentamente el boleto de la chica.

-¡Esto no sirve!- dijo con la mirada chispeante al tiempo que rompía el boleto en dos.

Los ojos de Candy veían atónitos la escena y vagamente el distinguió una cortina acuosa que
amenazaba con cubrirlos. Algo se movió dentro de él, pero no dio tiempo a que sucediera del todo.
¿Porqué ella reaccionaba así?... ¿Por qué seguía pensando en ese idiota?... el dolor que reflejó la
mirada de Candy lo hizo detenerse antes de hacer un corte más en la entrada. De pronto recordó la
forma en la que ella lo había defendido, lo amable que había sido al curarlo y se sintió sumamente
arrepentido por actuar así. Sobretodo al ver la sonrisa de satisfacción que tenía su hermana. Dejó
caer en un impulso los restos de la entrada y sin más pasó junto a Candy que se quedó inmóvil solo
viéndolos. Su hermana lo jaló del brazo y así entraron hacía el teatro.

Una súbita incomodidad creció en su interior al recordar la reacción de Candy... Desde el lobby del
teatro disimuladamente volvió la vista buscándola y puedo ver como ella desesperada intentaba
alcanzar una parte de la entrada... ¿Por qué diablos me siento así? – se preguntó a él mismo
tensando las sienes- Ella nunca me ha importado... ¿Por qué habría de hacerlo ahora?... es una
tonta... seguir pensando en Grandchester después de tanto tiempo...

-Dicen que Grandchester le ofrecerá matrimonio - Comentaba despectiva una señora con un
sombrero alto de plumas.
-Eso no compensa nada... la pobrecilla ha echado a perder su vida...
-Tan joven y hermosa, y ahora sin poder moverse, de seguro ese es el motivo por el que
cambiaron de protagonista.
-¡Por supuesto!, imagínate... una lisiada en un espectáculo... ¡Qué patético!
-De buena fuente me entere que él pensaba desposarse pronto, de seguro con ella, escuche
en el taller de mi joyero que había adquirido ya un solitario...
-Ella tiene suerte de que él la ame tanto...

¿Casarse Granchester?... ¿Con quien?... No, eso estaba fuera de toda lógica... No dejaría que Candy
se encontrara con él... no por lo menos esa noche... Y si así fuera se encargaría de fastidarles la
noche a ambos. Decidido caminó hasta la entrada y se dirigió al vigilante. Candy intentaba
inútilmente convencerlo de que su entrada era auténtica. Una idea le cruzó por la mente, se
encargaría de que todos le ratificaran a Terrence cualquier creencia.

-Cariño ¿Donde estabas?... ¿Porqué no has entrado aún? – se dirigió a ella sin inmutarse por
la rabia que había en su mirada – La señorita viene conmigo menciono ofreciendo la tarjeta de
reservación de un palco completo para la Familia Leegan, una de las ramas de los prósperos
banqueros de Chicago. Siguió con su usual altanería tomando a la chica del brazo.

El empleado pensó que ella se veía furiosa. De seguro era un matrimonio joven formado por
conveniencia, cosa aún usual entre los pudientes. Ella era muy hermosa y él... muy elegante, la
miraba de una forma muy intensa y por el tono de sus palabras dejaba claro que la sentía de “su
propiedad”. Con toda seguridad era de esos maridos prepotentes que dejan hasta el último a sus
esposas, de forma que termino perdiéndola y solo se acordó de ella hasta que noto su ausencia.
-Vamos dentro, la función esta por empezar y aquí hace mucho frío – dijo mientras intentaba
acomodar el cuello de su abrigo. Candy por supuesto reaccionó con rechazo, pero él fue más
rápido y la tomo con fuerza de la cintura – Sí quieres entrar, esta será la única opción...- Ella
intentó resistirse pero él aumentó la fuerza y cerca de su rostro volvió a hablar – Si haces un
escándalo, con menor razón te dejaran entrar. Vamos. – La tomo del brazo y comenzaron a
caminar.

Se sintió tan bien al llevarla así de su brazo, no era precisamente voluntario y eso le agradaba aún
más, podía sentir la fuerza de su ser luchando por algo... y se aseguro a sí mismo que podría llegar a
amar de la misma forma. Amar... ¿Acaso ella amaba todavía a ese bastardo? – el sólo pensar en ello
volvió a irritarlo en gran manera y aplicó más fuerza sobre el brazo de la chica. Pero esta vez en
medio del salón vacío, la chica pudo al fin responder aventándolo.

-¡Eres un cobarde Neil!- mencionó mientras echaba chispas con la mirada y su rostro se
tornaba carmín por la rabia.
-Necesitabas de mi ayuda... estamos a mano Candy – dijo con arrogancia y autosuficiencia.
Sus ojos grises brillaron como nunca con algo parecido a la burla y Candy creyó odiarlo como
nunca antes.
-¡Tu rompiste mi entrada!.. eso no es estar a mano.. debí dejar que te golpearan aquella vez y
te dieran tu merecido...
-¡Esos tipos!, por favor Candy, no luche con ellos, porque eran muchos, sí fuera uno sólo yo
le hubiera dado su merecido – respondió vehemente- Hoy me doy cuenta de lo equivocado que
he estado siempre sobre ti Candy... – respondió temerario acercándose a ella. En el fondo de sus
ojos distinguía un sentimiento que no sabía a bien que era, pero sin duda le agradaba...
¿nerviosismo, temor?.. ¿Se sentía ella afectada por él?- A pesar de lo que creas, nunca te
considere una tonta... por el contrario, siempre has sabido que hacer para salir beneficiada de
todo...
-¡No pienso seguir escuchándote!- ella sintió que era inútil discutir con semejante tipo y
decidió ir inmediatamente hacía su lugar, sin embargo un brazo fuerte le dio alcance y la retuvo
casi lastimándola...
-¿Sabes que eres una tonta Candy?... tantos años y seguir soñando con ese farandulero...
Esa gente no es de confianza.
-¡Suéltame! – se resistía intentando zafarse – Hay personas “muy dignas” en las que no se
debe confiar jamás, son peor que culebras...
-¿En verdad?, no sé de quien hablas – respondió con total cinismo... - ¿Sabes que Terry
compró un anillo de compromiso? – dijo de pronto. Candy se estremeció al escuchar aquello –
No te emociones querida, tal vez no sea para ti...
-¡Estas demente Neil!...
-Tu ídolo de papel, tiene una deuda de honor con una dama... tú quedaras en el recuerdo...

Un empleado se acerco a ellos pidiéndoles que pasaran a su sitio. Ella por fin pudo librarse y caminó
en sentido contrario a él, sin perderle la vista... un dolor comenzó a crecer en ella... ¿Porqué decía
semejante cosa?... ¿Por que con tal convencimiento?. Una voz interna le grito que él así había sido
siempre, sólo buscaba lastimarla. Vió a ese hombre de pies a cabeza, era eso justamente: un hombre,
alto y de figura espigada pero atlética, lucía impecable, la sonrisa siniestra y la mirada chispeante.
Su piel bronceada y su cabello trigueño muy bien peinado. En ese momento entendió todo el cotilleo
que se armo en el hospital el día que fue a buscarla. Era atractivo, era cierto, pero era solo
apariencia, por dentro era un demonio... Él le sostuvo la mirada de forma descarada y aún a la
distancia se atrevió a decir:

-Candy... cuídate, te estaré vigilando... – por primera vez semejantes palabras no parecían
una amenaza, sino más bien una afirmación amable.
Candy le dio por fin la espalda por demás irritada... ¡Él sería la última persona a la que recurriría!,
nunca le pediría un favor... En ese momento se sintió enojada, ofendida, ¡fúrica!... detuvo su caminar
dándose tiempo para respirar profundo una, dos, tres veces... en ese estado no disfrutaría la obra...
Comenzó a sentirse más despejada y entonces una gran melancolía entro en ella, sentía una gran
opresión en el pecho, una gran tristeza, el presentimiento de que algo malo pasaría. Levanto la vista y
el póster de la obra quedo a su altura... Terry se veía triste y Susana tenía una expresión como de
muerte... ¿Por qué ese afiche no fue cambiado?... ¿Por qué la protagonista era Karen Klaise?... Tomó
su ramo de rosas y se dirigió hacía su asiento.
Capítulo II. Por Noemí

El despertar de un corazón.

Su caminar era de derrota, tristeza y desolación combinadas con la frustración y el dolor que le había
ocasionado despedirse sin ni siquiera mirarse a los ojos.

- Terry … ¿Por qué así?.... ¿Por qué de esta forma?...

Continuo caminando por las frías calles de Nueva York ajena a la fría nieve y al aire frió que calaba
hasta los huesos, pero a eso ella no le importaba, si su corazón experimentaba tal frialdad que le era
tan ajeno el bullicio de la gente y la luces neones que iluminaban la hermosa ciudad, nada importaba
ya, solo aquel dolor que desgarraba el alma y que no cesaba en seguir despedazando su corazón,
recordó nuevamente el intento de suicidio de Susana.

- Ella lo ama mas que yo - volvió a repetirse para darse fuerzas y continuar firme en su
decisión y no dar vuelta atrás e ir por él.

El dolor se incremento al recordar las lagrimas de Terry y el adiós a todas aquellas ilusiones que
jamás se llevarían a cabo.

A lo lejos una gallarda figura la seguía en silencio y vigilando el paso de la joven, por primera vez
aquel personaje no se alegró por las lágrimas que eran derramadas por la rubia, ni por el dolor que se
sentía latente en la figura femenina que caminaba con pasos derrotados inclusive aquella mirada
siniestra y arrogante que era su sello característico se encontraba opacada por la preocupación .

- Candy – susurro con un dejo de melancolía, que el mismo se sorprendió, sin embargo no
quiso cuestionar aquellas reacciones tan extrañas en el.

Continuo siguiéndola unas calles mas hasta que al parecer la joven no tuvo mas fuerza y se dejó caer
en la fría banqueta mientras dejaba que su cuerpo se estremeciera debido a los amargos sollozos que
se escapaban sin cesar.

Corrió para incorporarla y la sostuvo en sus brazos, la rubia inmersa en su dolor se dejó abrazar por
aquel extraño

-Candy- susurro mientras la tomaba en brazos y la acomoda en su pecho .

Candy continuo desahogando su dolor sin percatarse de quienes eran aquellos calidos brazos que la
rodeaba, de aquellos susurros que la consolaban sabía que estaba mal llorar en brazos de un extraño
pero había algo en él, tan conocido y tan lejano, que no importaba en donde lloraba, si no descargar
el peso que su corazón cargaba a cuestas.

La cuerpo de la joven seguía estremeciéndose por los sollozos y él apretó un poco mas su abrazo,
intentando colmar el dolor que la rubia manifestaba.

- Maldito seas Terry… ¿Por qué así?
- Shss Candy no llores … tu nunca lloras…por favor – suplico mientras acariciaba su
cabello.

Candy volvió a buscar refugio en el pecho del chico sin percatarse de las emociones que despertaban
de golpe en el cuerpo de Neil y un sentimiento de sobreprotección se activo en el corazón del joven
que por primera vez descubrió que si tenia corazón, un corazón que había despertado y comenzado a
latir gracias a la rubia que yacía desecha entres sus brazos y un pensamiento prohibido escapo.

“Como me gustaría ser yo el causante de esas lagrimas”

Candy por fin dejo de llorar y levanto su mirada para mirar fijamente los grises de él y por primera
vez su reacción no fue de rechazo, sin embargo se separó un tanto confundida por las reacciones
calidas que Neil le había transmitido, incluido el aroma a maderas que se había impregnado en su
nariz.

Sin embargo no dejaba de preguntarse, el por qué de aquel consuelo, cuando en el teatro le había
pronosticado su ruptura con Terry, no pudo evitar preguntar con un dejo de amargura.

-¿De entre toda la gente por qué tu?

Neil endureció su mirada, sin embargo al ver la melancolía que reflejaba el rostro de la joven rubia
volvió a bajar la guardia.

-Acaso es necesario que te lo diga- dijo un poco sarcástico – ni siquiera yo mismo lo se.

La rubia desvió su mirada y por fin pudo notar, el aire frío, la nieve y aquella luces que no había
podido distinguir, sin querer un estornudo se escapó rompiendo un momento la tensión que se
había dado entre los dos jóvenes.

-Lo siento, me temo que voy a pescar un resfriado .

De inmediato Neil se quito su chaqueta y la colocó en los hombros de la joven. Aquel noble gesto los
sorprendió a ambos.

-Yo no puedo aceptarla ¿te puedes enfermar?- le dijo la rubia mientras se la entregaba de
nuevo.

Neil dibujo una media sonrisa, admirando aun más a la joven que como siempre pensaba primero en
los demás y luego en ella. Cosa que jamás se había percatado hasta ese momento.

-No te preocupes Candy… si yo enfermo tu podrás cuidarme – respondió en tono guasón –
después de todo eres enfermera.

La rubia abrió los ojos atónita, mientras un delicado rubor cubría sus mejillas.

-Yo… tengo que irme Neil… el tren partirá en unas cuantas horas.

Neil asintió con la cabeza mientras tomaba la mano de la joven entre las suyas. Candy parpadeo por
el ligero cosquilleo que aquel suave contacto le ocasiono.

-Déjame acompañarte- le pidió Neil.
-Pero yo..
-Por favor .
Candy no pudo menos que sorprenderse por las extrañas reacciones de Neil y debido mas por la
costumbre que por instinto se pregunto que plan tramaba en contra de ella.

-Lo siento – y echo a correr dejando a Neil parado en medio de la calle.

El chico maldijo en voz baja dejando que su orgullo y su característica arrogancia hablara primero,
pero luego como sobrevino aquel arranque de furia, la calma le sustituyo al ver a la rubia
desaparecer con su chaqueta puesta.

“Al menos no me la arrojo en la cara”

Finalmente un suspiro de resignación escapo de la varonil boca, conciente de que las reacciones de
Candy eran de lo mas natural tomando en cuenta cuantas veces el mismo la había lastimado.

“No te dejare sola en esto Candy… aun en contra de tu voluntad”

Se ajusto su saco para soportar el frió y comenzó andar directo a su hotel.

La joven enfermera miraba por la ventanilla como cada vez su corazón se alejaba de Nueva York y un
par de lagrimas cayeron sobre el dorso de su mano.

“Adiós Terry”

Sacó de entre su bolso una cajita de metal, con sumo cuidado la abrió en espera de que alguna
explosión se llevara a cabo, pero en su lugar una alegre musiquita comenzó a sonar, la rubia no
pudo menos que agradecer al inventor de tan lindo artefacto.

“Stear..si funciono... “

El llanto de un bebe la sacó de sus cavilaciones miro a la joven pareja que intentaba arrullarlo, una
imagen de Terry y ella arrullando su bebé le vino a la cabeza y nuevamente la tristeza se alojo en su
corazón,

“ Cuantos sueños que no se cumplirán ”

Se levantó de golpe ocultando nuevamente su dolor.

-Siéntese – le pidió a la joven que llevaba el pequeño en brazos.

Ambos jóvenes miraron con agradecimiento a la hermosa rubia que había tenido la bondad de
cederles su asiento. Candy solo sonrió y busco la salida del vagón, para despejar sus pensamientos,
sin percatarse que un par de ojos grises la vigilaban desde el fondo del vagón.

No dejaba de mirar a la rubia que yacía en su cama, ella deliraba debido a la alta fiebre ocasionada
por la pulmonía.
Su rostro parecía cansado debido a las dos ultimas desveladas que había compartido con el medico
de su familia .

-Vamos chico no te preocupes, ella es fuerte, veras que mañana estará bien.

El chico alzo su grisácea mirada y miro con agradecimiento al viejo galeno.

-Por favor Doctor Lewis, solo le pido discreción en este asunto, nadie de mi familia debe de
saber que me encuentro aquí con mi prima.

-Lo se Neil, pero aun así no deja de sorprenderme que tu madre ni tu hermana sepan de la
enfermedad de tu prima.

Neil le dio la espalda, para mentir nuevamente.

-Lo sé doctor, pero me llevaría un regaño si supieran que yo la lleve a Nueva York sin el
consentimiento de su tutor y además que presencia aquí podría levantar habladurías y
especulaciones y dañar su honor, por eso nuevamente le hago hincapié que nadie se debe
enterar de su paradero hasta que ella esté bien.
-Muy bien hijo, será como tú digas.
-Gracias doctor sabia que podía confiar en usted.

El doctor miró nuevamente a la linda jovencita y salió dejando solos aquellos jóvenes.

Neil volvió a tomar su lugar a lado de la rubia y entrelazó sus dedos con los de ella y un
estremecimiento recorrió su columna sorprendido que aquella joven fuera la causante de tales
emociones.

La miro detenidamente, era bella no lo negaba, pero desde temprana edad él había estaba rodeado
de mujeres quizás mas bellas que ella, que siempre estaban al pendiente de una mirada suya,
entonces ¿Qué hacia incomparable a Candy? quizás era su fuerza interna o esa pasión con la que
defendía sus ideales, haciéndola tan diferente a su hermana Eliza y a todas aquellas chicas de
alcurnia con las que se había rosado, siendo su única preocupación el vestido que se pondrían o el
ultimo chisme de sociedad.

Por primera vez se percato que las acciones de Candy nunca eran egoístas no tenia en todo su cuerpo
ni una pizca de aquel egoísmo que caracterizaba a los Leegan y Neil se sintió un poco avergonzado
por todas aquellas ocasiones en que se dejo llevar por su hermana, no tenia disculpa lo sabia, pero
ahora teniéndola enfrente de si, tan frágil y delicada, su alma se revelaba en contra de cualquier mal
que le pudiera ocasionar y protegerla se convirtió en su prioridad inclusive de si mismo y de los
sentimientos que comenzaban a tomar forma en su corazón

Siguió mirando el cuerpo inerte de la rubia, cuando un grito desgarrador irrumpió en el silencio de
aquella fría noche.

-Terryyyyyyyyyyy-

Neil se congelo por la angustia de Candy, pero de inmediato reacciono y sujeto los hombros de la
chica abrazándola .

Por vez primera, sintió la impotencia de no saber como consolar….¿Cómo hacerlo? si nunca se le
había enseñado …. Si lo único que había importado en su existencia eran sus frívolos caprichos y
el dolor que Candy exteriorizaba estaba muy lejos de su entendimiento, ¿Cómo podía amar aquel
actorcito y sufrir de esa manera? ¿Acaso eso era amar ……sufrir por alguien? …. No quiso seguir
cuestionándose, sobre todo por que el dolor de aquella rubia pecosa que había despreciado se estaba
convirtiendo en el suyo.

El cuerpo de Candy nuevamente se agitó mientras seguía susurrando el nombre de Terry, el joven
apretó los labios con rabia, acurruco un poco mas a la joven entre su pecho y se dejo llevar por su
instinto, acaricio con dulzura la cabecita rubia susurrando suaves palabras de consuelo que salían
de su corazón, sorprendiéndose así mismo dando por primera vez y no arrebatando como era su
costumbre.

“Candy…….. ¿Cómo borrar el pasado?
Capítulo III. Por Raelana

¿Un capricho?

Estaba sola. Candy abrió los ojos teniendo esa absoluta certeza en su alma. Terry... Era increíble
cómo un simple nombre podía hacer tanto daño, ser tan cruel. Le hubiera gustado dejar de pensar en
él pero no era capaz de controlar sus sueños.

A su alrededor todo era silencio, las pesadas cortinas de terciopelo estaban corridas pero dejaban
pasar un fino hilo de luz que aclaraba las sombras que cubrían la habitación. Una habitación que no
conocía. Las sombras se movían y parecían abalanzarse sobre ella, los sonidos del exterior le llegaban
como ahogados. Candy sintió que todo comenzaba a dar vueltas y cerró los ojos, deseando que todo
terminara de una vez.

El chirrido de la puerta al cerrarse la hizo volver a la realidad; y el perfume, una mezcla de enebro y
pino, consiguió llegar a su nariz constipada. No había estado sola pero la sombra que había velado
sus pesadillas acababa de marcharse.

Candy no tuvo tiempo para pensar en ello, pronto volvió a adormilarse y cuando sus ojos se abrieron
de nuevo contemplaron la amable sonrisa del doctor Lewis.

-¡Bienvenida al mundo, Candy! Pensamos que no sería nada pero has pasado una semana
delirando. Ya empezaba a pensar que no saldrías de esta.

Candy lo miró, confundida.

-No lo entiendo, doctor. ¿Cómo he llegado hasta aquí?
-Te trajo tu primo, por lo visto te desmayaste en el tren. Has tenido una pulmonía, Candy -el
doctor continuó reconociéndola-. Ahora ya estás bien. Pero quédate en casa unos días, no
tengas prisa por reincorporarte al trabajo. Se lo diré a tu primo que veo que te está cuidando
muy bien.

¿Su primo? ¿Pero Archie no estaba en Inglaterra? ¿Dónde estaba? Candy asintió con la cabeza, aún
confundida. Sin embargo, todas sus dudas se aclararon cuando vio la morena cabeza de Neil
aparecer por la puerta.

Se veía cansado y ojeroso, como si llevara noches sin dormir. Sin embargo una sonrisa se mostraba
abiertamente en su rostro, una sonrisa que no tardó en desaparecer cuando se acercó a ella y se
miraron a los ojos. Neil abrió la boca, como si fuera a decir algo pero se lo pensó mejor. Estaba
incómodo y nervioso. En los ojos azules de Candy aún se percibía el brillo de la fiebre y en oídos
resonaba la palabra que no había dejado de pronunciar durante las largas noches de delirio: Terry.

Los negros ojos de Neil se endurecieron al recordarlo. Candy lo miraba pero no parecía verlo, era
como si en el fondo ella siguiera en aquel teatro, con Terry. Permanecieron así, mirándose, durante
unos minutos que resultaron eternos. Después Neil se dio la vuelta y salió de la habitación. Su
perfume quedó flotando en el aire.

Eliza bajó del carruaje y entró en la casa corriendo todo lo que permitían sus zapatos nuevos, subió
las escaleras a toda prisa y entró en el estudio de su hermano sin detenerse a quitarse el sombrero.

-No tenías que haberte marchado así de Nueva York, Neil. No sabes lo que te has perdido. Se
montó una buena en la fiesta de compromiso de Mary Sinclair. Fue increíble. Ella está
embarazada, eso es seguro. ¿a qué viene tanta prisa si no? Neil... ¿qué te ocurre?

Eliza se había quitado el sombrero y los guantes sin dejar de moverse y parlotear hasta que,
extrañada porque su hermano no hacía ningún comentario, se había parado a mirarle. Neil tenía
muy mal aspecto. Las ojeras circundaban sus ojos y su boca temblaba como si estuviera conteniendo
un sollozo. Permanecía sentado en el sofá, con la mirada perdida en las molduras del techo. Al no
recibir respuesta, Eliza se puso en medio, preocupada.

-Neil ¿qué ocurre?

Neil clavó los ojos en los de su hermana.

-Eliza ¿cómo se consigue que alguien deje de odiarte?

Eliza se quedó sorprendida, sin saber qué responder. Acercó una silla y tomó asiento a su lado.

-Pero Neil, si a ti nadie te odia. ¿Quién podría odiarte? Eres el muchacho más encantador
que conozco. Tienes que estar confundido...
-Candy.

Eliza torció el gesto al pensar en ella.

-Sí -dijo al cabo de un momento-. Ella tiene motivos. Pero nosotros también la odiamos así
que estamos en paz.
-Y por qué, Eliza ¿por qué la odiamos? -Neil cogió la mano de Eliza y la apretó, ella era la
persona en la que más confiaba en el mundo. Las lágrimas que había intentado contener
comenzaron a salir de sus ojos-. Eliza, Candy... Está aquí.
-Ya veo -Eliza respondió al gesto de su hermano apretando la mano, aunque su voz se había
endurecido. No hacía falta decir nada más. Estaban demasiado compenetrados para no
entenderse perfectamente-. Tranquilo, hermanito. Déjalo todo en mis manos.

Una criada le trajo el almuerzo y otra distinta la cena. Candy no quiso preguntarles nada, se sentía
demasiado débil para levantarse y aunque deseaba marcharse de aquella casa desconocida no
hubiera podido mantenerse en pie mucho tiempo. Ya no se preguntaba dónde estaba, estaba claro,
esa era la casa de los Leegan. Era extraño que la hubieran traído allí. ¿Con qué intenciones? Ni por
un momento se le pasó por la cabeza que Neil hubiera querido ayudarla. Eso no podía pasar. Algo
estaban tramando y lo mejor para ella sería salir de allí cuanto antes, aunque fuera gateando.

La sopa pareció sentarle bien y estaba pensando seriamente en levantarse cuando una nueva figura
entró por la puerta. Eliza contempló a Candy de arriba abajo, el desprecio por la rubia enfermera
estaba impreso en sus ojos sin embargo, no la insultó ni le dijo nada ofensivo. Se sentó en el borde de
la cama y dijo un escueto:

-¿Cómo te encuentras?
-Bien -contestó Candy-. Creo que ya puedo marcharme.

Eliza negó con la cabeza, y parecía satisfecha de las noticias que iba a darle.

-No, me temo que no puedes. El doctor ha dicho que no te levantes en al menos tres días. No
queremos que nuestra querida "prima" tenga una recaída. Mi hermano ya me ha contado lo que
pasó. Menos mal que él estaba cerca para ayudarte. Si no es por él hubieras muerto en la nieve.
-¿Neil me salvó?
-¿Tan raro te parece? Mi hermano tiene muy buenas cualidades, aunque tú estés tan
obcecada con actorcillos de poca monta que no te das cuenta. Podrías haberle dado las gracias,
por lo menos.
-Sí, - Candy asimilaba aún la nueva información, y recordaba cosas que Eliza no sabía, el
momento en que la consoló en Nueva York, la calidez de sus brazos, el olor a agujas de pino-.
Sí, le daré las gracias.

Eliza pareció satisfecha y salió de la habitación, Candy seguía repitiendo para sí las palabras, como si
intentara convencerse de ella. "Sí, tengo que darle las gracias"

-Pero no ahora -dijo al cabo de un momento. Lo más importante era salir de allí cuanto
antes. Tal vez Neil había querido realmente ser amable con ella pero ¿quién podía estar segura?
Candy se visitó apresuradamente y se asomó al pasillo, no venía nadie pero tampoco conocía la
casa y no sabía en qué dirección estaba la salida. Confundida, regresó de nuevo a la habitación
y se acercó a la ventana. Estaba en un segundo piso y podía ver la valla que rodeaba el jardín y
lo aislaba de las calles de la ciudad. Sólo un segundo piso, no sería muy difícil bajar por ahí.
Con mucho cuidado abrió la ventana y salió al pequeño balcón, el suelo estaba cubierto de
nieve y las enredaderas que cubrían las ventanas estaban cubiertas de escarcha. Candy se
envolvió las manos en trapos y, sin pensarlo dos veces, comenzó a bajar por ellas.

Las recias ramas se resbalaban entre sus manos a causa del hielo, y hacía bastante más frío de lo
que había supuesto, Candy se deslizó sin problemas hasta el primer piso, lo más difícil ya estaba
hecho. No hacía tanto tiempo de cuando trepaba a los árboles y contempló una enorme rama que
casi llegaba al balconcito donde estaba, un pequeño salto y podría encaramarse a ella, sería más fácil
que continuar deslizándose por las enredaderas.

El salto fue perfecto y Candy agarró con fuerza la rama para no caerse, con cuidado fue gateando
hasta llegar al tronco del árbol cuando, sin que pudiera hacer nada por evitarlo, la rama se partió en
dos y cayó al suelto con gran estrépito. Las ventanas de la casa se abrieron y sirvientes y amos
contemplaron como una figura de largos cabellos dorados se levantaba con dificultad y se sacudía la
nieve.

Neil no lo pensó dos veces e inmediatamente bajó a socorrerla, llamando a sus sirvientes para que lo
ayudaran. Eliza contempló la escena desde la ventana.

-Espero que sea solo un capricho, hermanito -se dijo-. No desearía tener que aguantarla
mucho tiempo.
Capítulo IV. Por Mirna

Heridas del pasado

Tal vez nunca supe como tratarte
para mi eras una simple niña huérfana
Pero ahora todo cambio para mi
Desde esa vez que me salvaste
De mis pensamientos te adueñaste
No te miro mas como esa niña
Ahora te veo como la mujer que amo
Espero no sea tarde para mi
Espero que me perdones
Y algún día me veas no como ahora
Sino como un hombre de ti enamorado.

El pobre de Neil estaba muy cansado después del accidente no se alejo por ningún momento de su
lado. Que le dolía mas a este guapo chico, será la idea de pensar que ella le rechaza por completo
que haga lo que haga nunca será respondido por el pasado de los dos. Candy despertaba, se
aseguraron que estuviera bien, todo pareciera que fue un susto nada mas, pero ella quedo con
algunos moretones en cuerpo. Ella abría sus lindos ojos esmeralda y muy adolorida trato de medio
sentarse pero no pudo, estaba sin fuerzas y con moretones por todos lados especialmente en sus
brazos.

- Neil: que bueno que reacciones Candy..
- Candy: ahhh que ?? oh Neil, sigo aquí entonces..su mirada se agacho como signo de
desaliento cosa que le dolió mucho al joven que no había descansado nada en todo sus días de
enfermedad.
-Neil: lamento mucho causarte todo esto Candy, y todavía tienes que reposar por 3 o 4 días
mas dijo el doctor.

Ella trato de levantarse pero era inútil no tenia fuerzas y estaba muy adolorida por la caída.

- Candy: Neil, te quiero dar las gracias por haberme ayudado por salvarme la vida. Gracias?!!
- Neil: no tienes por que Candy....tienes hambre?
- Candy: No es necesario causarte molestias Neil
- Neil: Candy? se que no fui una persona a la cual le tengas gratos recuerdo pero por favor
por tu bien tienes que recuperarte y si no comes tardara mas que tu salud mejore. El se levantó
de la silla que estaba al lado de la cama donde descansaba ella. Sin decir mas nada se disculpo
para luego salir de la recamara.

Perdóname Neil, quiso decirle ella pera era tarde el había salido de la recamara sin escuchar lo que
ella le dijo. Al poco tiempo después llego Neil con un plato de sopa para ella.

- Neil: Come Candy para que mejores y pronto te vayas de aquí de este lugar que tanto daño
y malos recuerdo vividos.
El le coloco la comida en la cama para que se le fuera fácil para ella poder comer pero sus brazos
estaban adoloridos y con su mirada dio a entender que no podía, tenia hambre eran ya mas de
semana que no había comido nada y por tal era su debilidad. Neil ofreció
en ayudarla pero ella se negó al principio pero el insistió y le dio la primer cucharada de sopa. Candy
lo miro fijamente y acepto su ayuda, ella quería salir de ahí lo antes posible y Neil tena razón era por
no haber comido por tanto tiempo se sentía tan débil entonces.

- Candy: Gracias Neil por haberme dado de comer te lo agradezco
- Neil: no tienes nada que agradecer Candy, gracias a ti por permitirme que te ayudara...
- Candy: Neil??
- Neil: trata de descansar Candy, yo estaré para lo que se te ofrezca
- Candy: No por favor ya mucho as hecho por mi..
- Neil: No Candy esto no es nada mucho mas haría por ti.
- Candy: Basta Neil, no me hables así...
- Neil: perdóname no quise incomodarte, perdóname si.. discúlpame se que no soy para ti tu
mejor compañía con tu permiso.

El joven un tanto molesto por querer expresar sus emociones hacia ella, era rechazado. Se fue para
su cuarto y se tiro a la cama, “Candy por que no fui tu amigo en vez de hacerte la vida imposible
cuando llegaste a mi vida. Ahora soy yo quien sufre, sufre por tus desprecios, por ni tan siquiera ser
tu amigo. Cuando daría yo que el tiempo pasara y todo fuera diferente para los dos.....”

- Señora Leegan: Eliza, Neil ella es Candice White y desde ahora en adelante será tu
dama de compañía Eliza.
- Eliza: Yo no necesito dama de compañía, madre..
- Señora Leegan: Eliza!! no seas malcriada !!
- Neil: Bienvenida Candice a nuestro hogar...
- Candy: Gracias, eres un chico amable..
- Eliza: como que chico, tienes que llamarle señorito Neil !! oíste ..
- Neil: No ..Candice, por favor llámame Neil..
- Candy: Neilll!!
- Señora Leegan: Dorothy lleva a Candice a su recamara ..
- Dorothy: si madame…

Dorothy le enseño la pequeña y sucia habitación. Pero Candy era feliz ya que tenia
una familia con quien compartir. Dorothy no era de mucho hablar y solo le dio
recomendaciones en como actuar ante los Leegan. Candy se quedo solo en la
habitación y acomodo su poco equipaje cuando alguien llamo a la puerta. “Pase!!” dijo
la contenta niña. Era el hermano de Eliza quien entro y a ella le causo curiosidad su
visita.

- Neil: Candice iremos a galopar quisieras ir con nosotros..
- Candy: En serio, claro que si Neil gracias..oh pero no tengo la ropa adecuada para
poder ir con ustedes.
- Neil: de eso no te apures yo me encargo dame un segundo.

Así fue en menos de 15 minutos llegaba con unas ropas de Eliza quien con mucha
arrogancia se las presto.

- Candy: pero que bellos caballos!! dijo ella muy admirada con los animales
- Neil: si están muy saludables....te atreves a galopar sola o quieres galopar conmigo
- Candy: Neil, si quisiera galopar contigo y gracias por todo.
.....Neil le ayuda a subirse al caballo para luego hacerlo el. Se aburrieron de esperar a
Eliza y el se fue con Candy sin necesidad de nadie mas. Candy estaba embriagada
con percibir el aroma tan varonil que provenía de él. Sus ojos color miel puro, sus
cabellos castaños y brillosos muy bien cuidado. Su cuerpo muy deportivo y aun que
apenas era de unos 13 a 14 años era un chico atractivo y desde que lo conoció vestía
muy finamente. Su boca era una boca que seducía, las pestañas largas y crespas
asiendo resaltar sus bellos ojos. Esto era lo que pesaba la enamoradita de Candy, no
escuchaba lo que Neil le preguntaba pareciera que no estuviera ahí a su lado.

- Neil: Candy..Canddyyy!!!
- Candy: oh si Neil, dime..
- Neil: jajaja Candy te pregunte varias veces si te gustaba esta paisaje..., cuando ella
levantaba su mirada observó el bello paisaje. Todo era tan bello y tan mágico
entonces....

La mirada de ella se dirigió a su rostro como queriendo decir algo, Neil se sedujo por
sus lindos ojos esmeralda de ella y sin pensarlo se acerco donde ella robándole un
pequeño beso a la chica.

El joven fue despertado de tan lindo sueño, las voces de Dorothy lo devolvieron a su dura verdad, eso
nunca paso, y ahora era lo que mas deseaba en la vida que ella lo viera como una mujer ve a su
hombre de quien esta enamorado.

- Neil: que sucede Dorothy..??
- Dorothy: me dijo que le dijera cuando ella durmiera para poder cuidarla,
- Neil: si gracias Dorothy, voy a su recamara, ....el pobre chico se levanto de su cama para
poder estar a su lado aun que sea mientras ella duerme.

Candy estaba profundamente dormida, lucia cansada y débil. Neil se sentó al lado de ella. Neil
pareciera estar hipnotizado por ella, no hacia mas que verla todo ese tiempo que la tenia a su lado.
“Eres tan linda Candy, te has convertido en una hermosa dama. No culpo a nadie que de ti se
enamora, si eres tan bella por dentro y por fuera.” Neil decía esas palabras pensando que ella estaba
dormida pero el aroma que el tenia puesto la despertó de su sueño y no hacia mas que escuchar sus
palabras, en silencio.

- “Perdóname Candy por todo el daño hecho como desearía volver el tiempo y remendar todo
los malos ratos que te hicimos pasar mi hermana y yo...es justo que me enamorara de ti y sin
tener tu amor sufrir, tal como yo en el pasado te hice sufrir Candy, mi linda Candy”,

El tomo sus manos y las entrelazó con las suyas, para ese entonces se escuchaba su llanto, sus
cansados ojos se opacaron con lagrimas en ellos. Candy se alarmó desde que él tomo sus manos,
pero no tuvo fuerzas para soltarse y se dejo llevar como si siguiera dormida.

Neil beso sus manos, sus labios acariciaban la piel de ella, beso los moretones que tenia en sus
brazos marcados y de ultimo le robo un beso. Besó su labio lentamente y luego se introdujo dentro de
sus labios saboreando de su boca. Ella quiso detener todo eso pero su cuerpo no le respondía al
contrario, pareciera que mariposas volaban en su estomago dándole cosquillas en lugar de
rechazarlo, al no responder al acto de el, daba pasos a sus besos...
Capítulo V. Por Soly

Un alma al desnudo

Ya era una semana desde que Candy intentó escapar de la mansión de los Leegan, Neil se desvivía
por atenderla, que nada le faltara y que estuviera lo más cómoda posible.

A Candy todo le parecía muy extraño, pese a que su cabeza le decía que toda la actitud de Neil
llevaba doble intención, algo en su corazón decía lo contrario, le decía que confiara en él, solamente
eso “CONFIANZA”, su corazón quería darle a entender que era más que una palabra con nueve letras
y eso se repetía constantemente “CONFIANZA”, “CONFIANZA”, “CONFIANZA”...

Conforme iban avanzando los días, con sus cuidados Neil logró que Candy cada vez se sintiera
segura en esa casa, aunque ella no tenía ni la más mínima idea de los enfrentamientos por los que él
tuvo que pasar con su madre y hermana, pese a la aprobación del Sr. Leegan de apoyarlo en lo que
se refería a Candy.

Como todas las mañanas Neil fue a la habitación de Candy.

- Candy, ¿cómo te sientes?
- Muy bien, gracias – dijo sonriente.
- Hoy es un día hermoso, ¿quieres ir a dar una vuelta al jardín conmigo?

De momento, Candy no supo que decir, más bien su cabeza decía que no, pero su corazón decía que
sí, y le hizo caso a este.

- Sí Neil acepto, quiero ir contigo

Neil estaba impresionado, un “SI ACEPTO” de su querida Candy cambió por completo su día, un “SI
ACEPTO” simple a oídos de los demás pero para él, esas palabras eran la gloria.

- Gracias Candy – mencionó nervioso – diré a alguien de la servidumbre que venga a
ayudarte a vestirte.
- No gracias Neil, no es necesario – contestó un poco sorprendida
- Por favor – la tomó de la mano – estás muy débil aún, deja que alguien venga a ayudarte.
- Esta bien, gracias

Neil estaba a punto de salir de la habitación cuando Candy sorpresivamente lo tomó de la mano.

- Neil – al darse cuenta lo soltó no sin antes ruborizarse – gracias has sido muy amable
conmigo
- No tienes nada que agradecer, lo hago con mucho gusto.

Neil salió de la habitación y después de decirle a una mucama que ayudara a Candy, fue interceptado
por Eliza.

- Hola hermanito, ¿cómo estas?, hace tiempo que no te veo con tanta frecuencia – preguntó
un tanto burlona
- Hola Eliza, ¿qué deseas? – dijo un poco molesto
- Solo quería saludarte, me preocupo por ti, mira nada más que ojeras tienes, ¿no crees que
ya fue mucho tiempo de estar cuidando a esa...?
- ¡¡Fíjate como te diriges a Candy!!, no voy a permitir un solo insulto hacía su persona y para
tu información hermanita, la seguiré cuidando el tiempo que sea necesario.
- ¿Aún cuando ella no ha dejado de rechazarte?
- Eliza, no voy a permitir que...

Eliza no lo dejo terminar, en ese momento, Candy venía bajando las escaleras con mucho cuidado
pues aun se encontraba débil.

- Pero miren quien viene ahí?. Que tal Candy, como te sientes?
- Muy bien Eliza, gracias – Contestó con una frágil voz.
- Van a ir a pasear?
- Así es hermanita, y si no te importa nos retiramos.
- Como gusten, tengo cosas más importantes que hacer.
- Vamos Candy?
- Si vamos

Estando en el jardín, Candy sintió una tranquilidad enorme que se sentía tan contenta, aun cuando
su acompañante era Neil.

- Neil?
- Sí Candy
- No quiero que por mi causa tengas problemas con tu familia
- No Candy, tú no me causas ningún problema, aunque así fuera creo que lo merezco, quiero
revindicarme contigo y..
- Neil, quiero pedirte un favor – lo interrumpió
- Lo que me pidas te concederé
- Solo quiero saber si Albert y Archie están de regreso, deseo verlos.
- Es que no te sientes a gusto aquí?? – preguntó preocupado
- No.... digo sí, no voy a negar que has hecho hasta lo imposible para que me sienta bien y te
lo agradezco, pero ellos deben estar preocupados por mi, no crees?
- Esta bien, lo haré y en cuanto estés más recuperada te prometo que te llevaré a la mansión
de los Andley para que termines de recuperarte pronto, de acuerdo?
- ¡¡¡Gracias!!!

Sus ojos volvieron a tener aquel brillo que tenía días perdido, y para él fue suficiente saber que podía
hacer algo por aquella mujer que sufría un mal de amores.

Caminaron por el jardín Candy iba del brazo de Neil, él se sentía el hombre más afortunado del
planeta; después de caminar por un buen rato, se sentaron en una banca, Neil hablaba con Candy
sobre su niñez y dejó al descubierto lo que su alma guardaba.

- Candy, es lógico que tengas desconfianza, pero estoy dispuesto a cambiar por ti.
- Por mí???, no Neil, tienes que cambiar porque estas convencido de hacerlo por...
- Si lo estoy, pero para ser sincero eres el motor de mi vida
- Neil – quiso cambiar de conversación – cuéntame más de ti, quisiera conocerte.
- ¿Qué te puedo decir?, yo era un niño muy feliz, feliz como cualquier otro, recuerdo que le
hacía bromas a Eliza....
- ¡¡¡¿¿¿Bromas???!!!, como es eso??? – preguntó sorprendida
- Si, recuerdo que cuando tenía 7 u 8 años en el sótano había pintura... jajajaja, ahora me
acuerdo mejor... – movía la cabeza de un lado a otro – no fue una broma en sí, más bien solo
quería ayudarla...
- No me dirás que...
- Posiblemente es lo que te imaginas, Eliza había dicho que quería que nuevamente pintaran
su habitación y yo quise ayudar a hacerlo.... así que fui al sótano por la pintura, empezando
porque iba dejando gotas de pintura en el camino, después empecé a pintarlo, pero sin quitar
nada, así que cuando Eliza llegó, se espantó al ver como había quedado que gritó, tal fue el
grito que yo caí de la escalera donde estaba y a ¡¡Eliza le cayó la pintura encima!! Jajajajaja, fue
un desastre total.
- Jajajajaja – Candy reía, nuevamente volvía a reír como ya tenia días de no hacerlo – No
puedo creerlo, no me imagino la cara de Eliza
- Eso fue lo de menos, mi mamá me reto y quede castigado por una semana, aaayyy Candy,
si tu supieras, así como esa tengo varias que algún día espero contarte porque las he olvidado –
dijo melancólico
- Porque Neil???, que paso???, porque si tienes tantos recuerdos hermosos, los has
olvidado???
- Ahora soy muy solitario, como decirte, mira Candy, lo tengo todo, y sin embargo no tengo
nada.
- ¿Como es eso? – pregunto intrigada
- Tengo padres, un padre que se la pasa en sus negocios y una madre que solo busca su
vida social, por eso crecí así, tal vez egoísta, todo lo que pedía me lo daban, todo, nada me
negaban, excepto lo más importante que es el amor, la compañía, todo lo que conlleva la
palabra familia, me faltó familia unida

A sus ojos asomaban lagrimas, lagrimas amargas, Neil estaba abriendo su corazón, quería que Candy
conociera lo que él había guardado con recelo y que se había prometido no comentárselo a nadie,
ahora había cambiado de parecer y quería que la mujer que él amaba y que tenía enfrente lo
conociera.

- Eliza y yo nos unimos más, pero a ella le hizo más falta ese cariño, yo me dejé arrastrar por
lo que ella hacía, ahora quiero empezar de nuevo, quiero saber los negocios de la familia y
quitarme lo negativo que hay en mi.
- Y lo vas a lograr, estoy segura
- Si tengo un poco de tu apoyo y confianza, lo lograré más rápido
- Cuentas con ellos
- Vamos, es hora de que vayas a descansar y después iré a la mansión de los Andley para
saber si hay alguien de mis primos para que te vayas como te lo prometí
- Gracias Neil – y sin pensarlo lo abrazó

En cuanto Neil dejó a Candy en la habitación para que descansara, decidió ir a casa de los Andley
para ver si Archie ya se encontraba en ella.

- Neil, ¿qué haces aquí? – preguntó Archie molesto
- No te molestes, deseo hablar contigo, vamos Archie, escucha lo que tengo que decirte
- Esta bien, vamos adentro

Estando los dos en la sala, Neil les relató lo que Candy tuvo que pasar en Nueva York, llevaba días en
su casa, le contó todo lo que había pasado con Terry y que ella esta completamente desecha.

- No puedo creerlo, ¿te aprovechaste de la situación Neil? – Le comentó Archie muy molesto
con ganas de golpearlo
- Calma Archie, déjame hablar
- Quiero que sepas que en ningún momento me aproveche, simplemente quise cuidarla y
darle lo necesario para que se recuperara.

Neil no quería que aun se supiera que la amaba, se había hecho el propósito de hacer las pases con
la familia por el bienestar de Candy y que más adelante se enteraran de sus intenciones hacia ella,
pero solo cuando ellos estuvieran convencidos de sus buenos sentimientos hablaría del asunto.

- Solo vine a ponerte al tanto de la situación, mañana Candy regresará aquí para que se
recupere lo más pronto posible
- ¿Y porque no vamos por ella ahora?
- No, es mejor que hoy se quede en mi casa y mañana a primera hora la traeré
- ¿Cómo voy a confiar en ti?
- Debes hacerlo, no voy a perjudicarla, me interesa que recupere su salud
- Muy bien, pero si mañana no está aquí entonces...
- No es necesario tu amenaza, Candy estará de regreso, hasta luego.

Cuando llegó a su casa, se encontró con la sorpresa de que Eliza le había llevado la comida a Candy

- Esto no es normal, Eliza algo trama

Fue a buscarla a su habitación, pero no la encontró, había salido a realizar unas compras, entonces
se dirigió a la habitación donde se encontraba Candy

- Candy, te encuentras bien
- Sí, gracias, estás preocupado, pasa algo?
- Nada es solo que...
- Que pasa????
- Me dijeron que Eliza…
- AAAhhh eso, no te preocupes, no me hizo nada, se portó muy bien, hasta me extraño – dijo
guiñándole un ojo

Ese gesto fue hermoso a los ojos de Neil, aunque sabia que era la última tarde que la vería, le dijo
que al día siguiente se iría a su casa

- Sabes Candy????, mañana te llevaré a tu casa, Archie te espera
- ¡¡Archie!!, que alegría, gracias Neil, no sabes lo feliz que soy
- Candy, quisiera saber... si... – dudó en preguntarle – me permitirías ir a visitarte ahora que
ya no estarás mas aquí????
- Por supuesto, eso sí vas a tener que hacer las pases con Archie
- Claro que lo haré, por ti lo haré
- Muy bien, así será, voy a dormir, estoy agotada
- Duerme, te leeré un libro, que te parece “Sueños de Verano”
- Estupendo

Así Neil empezó a leer un capítulo, cuando creyó que dormía la tomó de la mano y dijo

- Candy, cuando voy caminando construyo tus recuerdos llenos de alegría y amor, no sabes
como envidiaba a mis primos y a ti, porque a pesar de estar solos, siempre estaban felices,
unidos ante toda adversidad y tu alegría tan contagiosa; que mal estaba al envidarlos, ahora
que se que tengo la oportunidad de entrar en tu vida, lo haré, poco a poco pero con el corazón
por delante para bien tuyo seré el mejor.
Sin decir más se retiró de la habitación, Candy no dormía y escuchó todo lo que Neil dijo, y hubo un
detalle en su ausencia que hizo conocer su lado sensible.

Al retirarle la comida, Candy se asomó por el ventanal y vio a lo lejos un lugar abandonado pero
resaltaban unas “Dulce Candy”

- Disculpe, esas rosas son...
- Son las que el joven Anthony plantaba en su portal, el Sr. Neil trajo dos rosas y las ha
cuidado con tanto amor, que ya dieron sus retoños, él quiere tener un rosal, pero esta en un
lugar olvidado, solo él y parte de nosotros sabe lo que tiene ahí, nadie más, es un secreto que
tiene guardado hacía su familia; cuando está triste se refugia en ese lugar. Se le ofrece algo
más Señorita Candy?
- No muchas gracias
- Con permiso

Candy se quedo contenta por el día que había tenido, había conocido el alma desnuda de Neil, y
pensó que se daría la oportunidad de conocerlo mejor y descubrir a fondo lo que su alma guardaba.
Capítulo VI. Por Alondrita

El comienzo

Ese día, todo, había salido mal, Eliza y la Sra. Leegan, aprovechando la ausencia del jefe de la
familia, hicieron el día imposible a Neil y, para coronar todo aquello Candy había rehusado a
acompañarlo a pasear.

- Yo no soy el responsable- gritaba y rabiaba –Candy… no soy responsable de tu cautiverio
en esta casa- hablaba a la nada desquiciado al tiempo que hacía su suerte a las pequeñas rosas
en su refugio, las despedazaba y dejaba salir toda aquella impotencia y todo aquel estrés que
hubo vivido por tanto tiempo ya.

- "Quise llevarte a Lakewood Candy, Eliza y mi madre no me han dejado y si me niego será
peor para ti. ¿Cómo vivir juntos si mi familia te odiara?, si ellas han pensado en que te quedes
acá es porque así estarás a mi lado, quieren forzarte a estar aquí más tiempo… no es lo que yo
quería pero…" pensaba mientras pateaba, arrancaba y despedazaba cada pedazo que
encontraba a su alcance.

Finalmente se arrojó con desespero al suelo, interpretando en derrota algo parecido a sus berrinches
de pequeño. Ya de rodillas a su vista queda una sola rosa que hubo quedado a salvo de su ira. La
tomó y sintió como enfocaba su dolor a un culpable – ¿Por qué no me escuchaste? ¿Por qué me
juzgaste nuevamente por mi pasado? He madurado- le decía a la rosa como representación de la
persona aquella que le dolía tanto.

-¿Cómo te atreves a hablarme de esa estúpida manera?, te crees con derecho de seguir
pisoteando mi orgullo.- Reflexionó un momento – Pero yo tengo la culpa de ello, estúpido tu- se
dijo golpeando a su cabeza. –Pero no más – aseveró con rabia mientras entre hacía incrustarse
las espinas de aquella rosa en sus manos y hacerle sangrar.

En una de las habitaciones de la casa una hermosa joven, aún delicada de salud, arreglaba una
forma escapar. Al salir por el vano de la ventana pudo percatarse del espectáculo que se llevaba a
cabo en un lugar apartado del jardín.

Pudo distinguir como el joven que por poco gana su confianza despedazaba aquellas inocentes rosas
que tanto representaban para aquella joven.

Aquella escena retuvo un tanto la huída de la chica al grado de desbalancearla y apenas salvarse de
una caída fatal. Fue entonces que tomó la determinación de no mirar más y seguir con su plan, la
muerte de aquellas Dulcecandy mermaban sus fuerzas, le dolían en el alma, sin embargo necesitaba
salir de ahí, y ahora más que nunca.

Abajo le esperaba Dyana para avisarle el joven Samuel, nuevo chofer de la familia Leegan, no podría
llevarla como habían planeado dado que Eliza decidió repentinamente salir de compras.
Candy caminó solitaria con rumbo a Lakewood, la servidumbre no podía acompañarle, ni el buen
jardinero, ni Dyana, ni nadie, ya que el nuevo administrador de la servidumbre les mantenía en
constante control y vigilancia en sus actividades y aún en su vida privada.

Una combinación de debilidad, desgaste ante el espectáculo observado, el sol, el viento y el dolor de
su corazón por Terry, renacido al estar nuevamente en soledad, cobraron su factura una vez más.
Candy pudo a penas sostener su cuerpo en el tronco de un árbol.

Un conductor que pasaba por ahí se detuvo y le ofreció llevarla, ella apenas pudo asentir con la
cabeza y se desvaneció. El joven Warren intentaba reanimarla y entablar conversación para
mantenerla conciente, no se veía nada bien. Entre sueños mencionó Chicago y entonces se decidió a
llevarla hacia allá, dado que era su destino casualmente.

-¡¿En dónde está?!- Reñía Archie a Neil, quien ante el vacío de aquella habitación en que
hubo estado la chica antes quedó en silencio.
-¡TODO FUE UN ENGAÑO NO ES ASÍ NEIL!-Gritaba con profunda molestia el joven,
mientras le acertaba un golpe y salía despavoridamente de aquel lugar.

La joven despertaba y conversaba con Warren…

- ¿Está bien?- preguntaba con preocupación Warren
- Si, gracias, solo estoy fatigada.
- ¿A dónde quiere que la lleve?, me tomé la libertad de dirigirnos a Chicago porque me
respondió que usted trabajaba ahí, espero estar en lo correcto, porque ya estamos muy cerca
- Eh!... Está bien, gracias- dijo ella y volvió a dormir.

Warren trabajaba en las oficinas del ferrocarril y, dado que la joven aún no despertaba, decidió bajar
a reportarse y después volver con ella a despertarle, pero al regresar a su auto se encontró conque
ella no estaba.

Un alboroto se desató en aquel lugar, habían encontrado a una joven desmayada, con un ligero
equipaje en sus manos.

- Es una Andley- gritaba un joven que había buscado entre sus cosas para hacerse de algo
que le dijera sobre la identidad de la chica, y encontrado una carta escrita por Terrence G.
Grandchester a la Srita. Candice White Andley.

Fue así que Candy terminó en la casa de los Andley en Chicago, teniendo por compañía a Annie,
Patty y Archie al despertar. Salió de esa casa después de verse enferma con su presencia la Tía
Abuela Elroy, acompañada por sus amigos, quienes la llevaron al lado del buen Albert, aún con
amnesia para ese entonces.

Los meses pasaron, Albert recobraría su memoria y revelaría a Candy su identidad después de un
intento de Neil por retomar aquel afecto adquirido y crecido en esos días en la mansión Leegan. Sin
embargo ahora su corazón no tenía capacidad de abrirse aún, estaba herido y le costaba trabajo
aceptar los constantes rechazos de Candy.

- Candy- dijo sorprendiendo a la chica fuera de su departamento.
- No quiero tener nada que ver con…

Pero sus palabras se vieron interrumpidas, él la tenía entre sus brazos y asestaba un apasionado y
arrebatado beso a la chica. Ella se resistía, pero él la sujetaba con fuerza. Se liberó y lo empujó hasta
hacerlo golpear con el suelo.

Lo miró con lágrimas en sus ojos y no emitió palabra alguna, solo estaba ahí, dejando al viento
interceder por ella, por sus palabras, recordando como fue mentira tantos cuidados y cariño que le
hubo brindado.

"Podía haberme librado antes" pensaba la chica Sorprendida al descubrir el gusto que le había
causado aquel beso robado "es un idiota Candy, un idiota y un maldito, no es que esconda su
corazón tras una máscara, es que es su cara en realidad" se repetía la chica mientras observaba al
joven ponerse en pie y mirarla con decisión y orgullo, de una forma que le hacía recordar esas
miradas dolorosamente protectoras y arrogantes de su amor del pasado. Pero en esta había algo más,
había un largo pasado, uno que Neil habría de confrontar y justificar como tal, como cosas de
juventud e imprudencia, antes de lograr si quiera en aquella joven cariño hacia él.

"Me amarás Candy, me amas lo se… me aceptarás, ese golpe no me duele más, te besé y eso
hace valer la pena todo esto, es solo el comienzo… me amarás con mi orgullo y elegancia, me
amarás porque tenemos historia juntos, me amarás porque te has clavado en lo más hondo de
mi alma" Decía en mudas palabras internas el joven mientras observaba a la joven y la
devoraba y desvestía con la mirada.
Capítulo VII. Por Perlita

Pensamientos

Realmente esa noche no era posible conciliar el sueño, una mezcla de tristeza, rabia e impotencia
invadían su alma. Contra todo lo que cualquiera hubiera pensado, contra todo lo que él mismo
hubiera deseado, su corazón se había rendido profundamente ante Candy.

El primer paso fue aceptarlo, el segundo, confesarlo a su familia, el tercero enterar a la chica. Poco
importaba cual había sido el paso más difícil, a final de cuentas, el resultado era que estaba sin ella.

De muy poco sirvió la influencia de su madre en la Tía Elroy, de muy poco sirvió ser de sus sobrinos
predilectos, nunca contó con que el "infeliz vagabundo" con quien vivía Candy, era ni más ni menos
que el mismo Tío William. Y por su orgullo, por su altanería manifestada siempre abiertamente a los
de menor condición social, ahora sabía que jamás contaría con el respaldo del jefe de la familia, y
mucho menos para obligar a Candy a ser su esposa. La chica había dicho un no definitivo, y la
palabra de ella era ley con el jefe de la familia.

Y él que para esas alturas ya esperaba haberla hecho su esposa, él que se disponía a cambiar todo lo
que ella le pidiera con tal de conservarla a su lado... pero Candy, necia y terca, como él la veía, no le
daba una sola oportunidad; lo había encasillado sin darle oportunidad a demostrarle nada.

Llevaba horas en la cama sin poder dormir, pensando en Candy, y pensando en lo que se había
convertido un sueño recurrente. Se encontraba con ella en un camino, trataba de darle un anillo de
compromiso y ella lo rechazaba. "¿Porqué?" le preguntaba "¿acaso él te lastimó tanto? ¿acaso haberle
dado una oportunidad a ese actor de cuarta, y haber fallado en conquistar su amor te dejó
incapacitada para siempre? Porque, como quiera que sea, quien tenía mala reputación y vicios
arraigados en el colegio era él, no yo. Yo, es cierto, era malo contigo, Candy, pero nunca obtuve una
mala nota, un mal reporte en mi expediente, ni cualquier actitud que a criterio de las maestras
ameritaran mi suspensión" y entonces, en lo profundo de su alma, ella le contestaba "él era malo con
todos, menos conmigo, y cuando fuiste malo conmigo, él me salvó de ti". Enseguida ella caminaba
hasta desvanecerse entre la bruma, y él quedaba solo.

No era nada agradable tener ese sueño y despertar llorando cada vez. Y la frustración se apoderaba
de su alma. Pasaba por todos los estados de ánimo, por todos los pensamientos posibles, desde los
más sublimes hasta los mas insanos, pensando en como convencerla, en como conquistarla, o en
como poseerla. "Si tan solo me dejara hablar" y apretaba los puños maldiciendo a su suerte.

Si había alguna persona que Eliza odiaba en este mundo, definitivamente esa persona era Candy,
después de todo, en su particular forma de ver la vida, esa maldita advenediza le había robado sus
oportunidades de ser feliz, de vivir el amor, dos veces. Pero, si había una persona que Eliza amara
verdaderamente, es decir, procurando su bienestar sin exigir nada a cambio, ese era su hermano, "y
ahora" pensaba Eliza "por culpa de esa maldita mi hermano está desperdiciando su vida, sus fuerzas,
en vano. Por culpa de esa hospiciana, mi hermano está sufriendo" .

Definitivamente, Candy no era el ideal de cuñada para Eliza, ya era bastante humillante que en las
reuniones sociales mas importantes, Candy siempre tuviera un lugar preferencial en la mesa,
mejores vestidos, y más atención de parte de los demás, como para pensar en la idea, terrible idea, de
compartir la mesa con ella de a diario. Pero estaba consciente que su hermano estaba enamorado de
ella, y aunque trató de persuadirlo de mil maneras, no soportaba verlo tan decaído, tan humillado,
tan deprimido. Y algo debía poder hacer ella para forzarla, o convencerla, de que lo mejor era que
aceptara esa unión con Neil.

Candy se sentía de muy buen humor, a pesar de no contar con un amor en su vida, tenía su
profesión, podía ayudar a los demás y eso la revitalizaba. Sus amigos eran felices, y siempre estaban
cerca de ella. Al saber que Albert era el jefe de la familia, se sintió más unida a él, y más unida a la
familia, encontrando la explicación de porqué el siempre aparecía cuando ella lo necesitaba. La tía la
medio perdonó por las atenciones que tuvo con Albert mientras este tuvo amnesia. Y todos esos
factores hicieron que ambas mujeres aceptaran de buen grado que Candy viviera en la mansión de
los Andley, así que ella por fin se sentía integrada en una familia. Si, realmente no deseaba nada más
en su vida ¿o eso quería creer?

Candy abandonó sus pensamientos cuando una de sus compañeras de trabajo le informó que tenía
una visita. Como faltaban unos minutos para su descanso, guardó unos materiales y se dirigió al
patio interior del hospital en el cual trabajaba, para encontrarse con una muy sonriente Patricia
O’Brian.

- Conocí a alguien, Candy, y voy a casarme- dijo la morena sin esperar siquiera al saludo de
su amiga.
- Patty, eso es... maravilloso- dijo mientras la abrazaba- pero, ven, siéntate, cuéntamelo
todo.
- Bueno, pues, está estudiando para ser abogado, lo conocí hace poco en una fiesta, es hijo
de unos amigos de mis papás... bueno, en realidad ya lo conocía cuando era niña, pero ahora
es muy diferente. Recuerdo que de niños me molestaba mucho por mis gafas, se burlaba
mucho de mi, pero ahora, es tan distinto. Te confieso, que hasta me sorprendí yo misma,
porque, nunca imaginé que él alguna vez tratara de conquistarme, y mucho menos pensé lo
rápido que yo le correspondería.

La mente de Candy, sin quererlo, inmediatamente voló hacia la imagen de Neil, a su comportamiento
con ella en los inicios de su adolescencia, y a como se comportaba en fechas más recientes
¿realmente una persona podía cambiar, en verdad cambiar, su manera de comportarse y de tratar a
los demás por amor? ¿realmente alguien podía llegar a amar a una persona que hasta hace poco
había odiado? ¿realmente Neil Leegan la amaba?

- Entonces Candy – la voz de Patty interrumpió sus pensamientos- ¿aceptas ser mi dama de
honor?
- Claro Patty, y, ¿cuando es la boda?
- Te lo acabo de decir, es en cuatro meses, apenas estamos con tiempo para mandarnos a
hacer los vestidos.
- Cierto, perdón, me fui un poco... ¿y dónde será la boda?
- Candy, ¿te sientes bien? También te acabo de decir que nos casaremos en Inglaterra. De
verdad que estás ida.
- Debe ser que te envidio un poco- dijo riendo, y provocando un poco la risa de su amiga,
pero, al mismo tiempo, se dió cuenta de la razón que tenían esas pocas palabras.

Candy se despidió de su amiga excusándose en que el descanso había terminado, y que tenía mucho
trabajo en el hospital, quedando de reunirse al día siguiente, día libre de Candy, para arreglar
detalles referentes a los vestidos de ambas.

Pero el resto del día Candy estuvo muy pensativa. Hasta unas horas antes, ella se sentía realizada,
pero, ahora que una de sus amigas decidía un camino distinto para su vida, se sintió incompleta. Si
de niña alguna vez soñó estar con su príncipe, si en su recién comenzada adolescencia se esforzó en
ser una dama para casarse con Anthony, si cuando ya había elegido una profesión, y antes de
separarse, deseó casarse con Terry, ¿que la había llevado a esa resignación en su soledad? ¿era quizá
un oculto deseo de no volver a sufrir? ¿o el hecho de creer secretamente que sus amigos, al igual que
ella, no buscarían la forma de ser felices? Y sobre todo, pensó en Patty, quien le dió a un joven la
segunda oportunidad que ella le había negado a Neil. ¿de verdad Neil no merecía otra oportunidad?

Y con esos pensamientos, le llegó a Candy el final de su jornada laboral. Salió del hospital con algo de
frío, así que caminaba con la cabeza baja, abrazándose a sí misma, cuando escuchó una voz que la
llamaba.
Capítulo VIII. Por Laurie

Entre rosas…

¿Qué ocurre cuando de pronto lo que tanto deseas se te niega?... ¿Qué pasa cuando por primera vez
sientes necesitar algo que no puedes conseguir a través del valor del dinero?... Es lógico que al
principio te exacerbes y llenes de ira. Culpar de ceguera o una gran diferencia de intereses, es una de
las primeras opciones... Después negocias un poco la situación y exploras tus virtudes, hasta que
finalmente mandas al diablo todo y le restes importancia... No era para mi, es quizá la frase final que
describe la derrota.

El valor del dinero... - recordó de súbito la forma en la que su madre y hermana habían intentado
influenciar las decisiones de la tía abuela, poniendo las cosas a su favor... Él estúpidamente pensó
que seria bueno hacerlo... podría ser la ultima jugada... pero podría ser tan peligrosa como afectiva...
Y así fue... Aun con todo el apoyo de la Tía abuela y la insistencia que su madre y hermana ejercían
sobre ella, nada se pudo hacer cuando El Tío William apareció y defendió a capa y espada a "su hija"
de cualquier imposición matrimonial... Era obvio que solo tendría a la chica a través del matrimonio y
siendo sinceros la idea le agradaba mucho... Si equilibraba sus sentimientos, se daba fácilmente
cuenta de que le gustara o no, estaban presos de la huérfana pecosa que llegó a su casa siendo una
chiquilla...

Bebió frustradamente el contenido de su copa de Whisky, ¡Diablos!... entre todas las personas
posibles su tonto corazón eligió justamente a la chica a la que gustaba de hacerle la vida imposible...
Recordó todas las burlas que solía hacer a espaldas de Anthony, cuando este vivía babeaba por ella
al igual que Stear y Archie... ¡Archie!... a ese mejor ni lo mencionaba... Annie Britter lo tenia
hechizado... los ojos le brillaban en su presencia, se comportaba de la forma mas cursi y se desvivía
por ella... Cada recuerdo de una burla realizada en otros en el pasado, era en verdad una gran
estocada para el mismo, por que le gustara o no tenia que reconocer que su temple lo abandonaba
cada que veía a Candy...

Llevaba gran parte de la tarde en su estudio, sin salir de ahí,: tratando de revivir todos los momentos
que había pasado junto a Candy... y como es que la influencia de su familia había sido fundamental
en ello... En ese justo momento estaba solo en la casa, su madre y hermana estaban en Lakewood
acompañando a la tía abuela, mientras su padre estaba de viaje de negocios. Sarah y Eliza no
quitaban el dedo del renglón y seguían ejerciendo presión discreta sobre la tía abuela... Ambas
insistían en que el matrimonio de Candy y Neil, era la mejor opción para el futuro de la familia.

Neil llego hasta la repisa de la chimenea y observo el cuadro de su familia cuando él era un niño
aun... La expresión de su madre no dejaba dudas, su elegancia y porte revelaban a una mujer de
mundo preocupada en exceso por convencionalismos... su hermana inevitablemente había seguido
esa escuela... ¿Por qué insistía en su matrimonio con Candy si la odiaba?... ¿Y si él la detestara como
antes?... ¿Seguiría de igual forma empecinada en esa unión?... Suspiro con algo de tristeza al
encontrar en su imagen materna la convicción del bienestar propio y no la sincera preocupación por
la felicidad de un hijo...

Sonrió tristemente resignándose con semejante madre... Contrario a su figura soberbia, elegante e
imponente, su padre se mostraba más bonachón... detuvo su vista por largos momentos en el óleo...
por primera vez su padre no le pareció demasiado cansado, pasivo o fuera de contexto... lo que más
importa es lo que no se ve a simple vista Neil, lo verdaderamente valioso se ve con los ojos ocultos...
sabes que existe solo hasta que lo sientes... y una vez que esto pasa, es como si una corriente
eléctrica te atravesara desde el cuerpo hasta lugares que jamás creíste que existieran en tu ser...

Apretó su copa y comprobó la veracidad de las que antes fueran "las estúpidas palabras de papa"...
Jamás sentí algo así... bien valió la pena el golpe... - se dijo a sí mismo mientras se acariciaba los
labios y rememoraba el seductor sabor de la chica- Esta furiosa conmigo... pero algo me dice que
debo insistir... no debo dejarme vencer tan fácilmente... sí ahora siento esto, tal vez nunca pueda
volver a sentirlo... tengo que convencerla de que soy yo quien le conviene... de que a mi lado será
feliz... Salió del despacho cuando una de las mucamas iba pasando, por poco y se estampaba con
ella... la joven se disculpo y otro recuerdo llego a su memoria... "Si le ofrece las flores con todo su
corazón, de seguro ella aceptara"... Tomo su saco y escucho las campanadas del reloj que le
indicaban era la mejor hora...

-¿Por qué saliste sin saco? - sintió el cálido saco de lana que él colocó en sus hombros... de
inmediato un inquietante y masculino olor a sándalo lleno su nariz...
-Creí que había quedado claro que no deseaba verte mas... - detuvo su paso enfrentándolo
con tanta fuerza como pudo, pero temblando en el fondo... el recuerdo de los hechos del
departamento llegó hasta ella, creando una interna lucha con las ideas que hasta hace poco
inundaban su mente... ¿Darle una segunda oportunidad?... ¿Se la merecía realmente?
-Si, pero debo decirte que no sé que me paso ese día... tengo algo de vergüenza contigo...
-¿Vergüenza tu Neil?... ¡Por favor!... - ella aceleró el paso sin quitarse el saco...
-Me vi muy mal... me derribaste de un solo golpe y eso no me agrada... Si deseas pelea puedo
dar una mucho mejor... - Candy se quedo sin habla... él muy... muy... la buscaba solo para
burlarse de ella... se sentía apenado, no por sus acciones, sino por lo mal que se había visto al
ser vencido tan fácilmente...
-¡Estas loco!... por favor déjame en paz...
-Quiero que me des la oportunidad de demostrarte que no te tengo miedo y que por tal no
estoy a la defensiva ante ti...
-¿De que hablas? - pregunto Candy sin entender nada...
-De un replanteamiento de nuestra relación... de una petición de disculpas y un ofrecimiento
de amistad... – mencionó en un tono muy diferente a los que Candy le había conocido... no era
un chiquillo caprichoso, ni un pedante altanero, pero tampoco el de alguien que temía... por
primera vez encontró masculinos matices en su voz que de nueva cuenta le hicieron pensar en
el beso robado del departamento...
-Neil... yo... creo que... tienes razón- contestó pero la debilidad de su voz para nada convenció
a Neil...- acepto que no has sido una persona precisamente agradable para mi, pero tu tienes la
culpa, siempre me has tratado mal, me has considerado menos y prueba de eso es que siempre
actúas sin mi consentimiento... Si lo que dices es cierto y en verdad te interesa mi amistad,
deberás tener en cuenta que no me agrada que ignoren mis opiniones...
-A mi tampoco Candy...
-Aunque cuando... cuando... estuve enferma, tengo que reconocer que fuiste muy amable
conmigo... y te lo agradezco... y por cierto... creo que ya habíamos hablado sobre replantear
nuestra amistad, cuando estuve en tu casa...- agrego tímidamente
-Sí, pero saliste huyendo, cuando me habías prometido no hacerlo... Faltaste a la promesa a
un amigo...
-Oye tu me...
-Olvidemos eso... dijo él tomándola por los hombros y caminando hacía su auto con prisa...
-Neil espera...- Candy detuvo la súbita carrera dándose cuenta de que se dirigían al auto de
Neil...
-Cuando haces una promesa, es necesario reforzarla con algo... y quiero darte una sorpresa
ahora mismo... ¿Vienes conmigo?
-¿Una sorpresa?...

El chico sonrió y se deleito en la naciente confianza reflejada en los ojos verdes. Identificar tal cosa lo
armo de valentía y gusto, haciendo que una idea le surgiera de pronto. La chica rompió el contacto y
se acomodo el saco en los hombros... el extendió su brazo para caminar a su lado mientras que
Candy se quedo estática, dudando en aceptarlo... sin embargo no era la duda la que le causaba el
mayor desasosiego... Eran los recuerdos de lo que había sentido la última vez que lo había visto... el
recuerdo del contacto de sus labios... su beso invasor y los brazos fuertes que la rodeaban e
inmovilizaban... El brillo reflejado en sus ojos le mostraba parte de una persona como antes no había
conocido... la mezcla de cinismo, ternura y algo de burla la desubicaban demasiado... un vago
recuerdo llegaba haciéndola aún sentir nostalgia, sin embargo entendía que eran abismalmente
diferentes. Él estaba lejos de su vida, de toda ella...

-Neil... me gustaría, pero...

¿Por que no aceptaste?... Candy seguía con la duda cambiando de posición una y otra vez en la
cama... A decir verdad se sentía tranquila de haber hablado con Neil y establecer de nueva cuenta
una tregua, muy en el fondo algo le decía que había sido una buena decisión y que no se
arrepentiría... No había accedido esa tarde a recibir la sorpresa de Neil, pero ante la negativa
disfrazada con excusas, él permaneció constante hasta que arranco un si para el próximo descanso,
que seria en dos días mas.

¿Qué tipo de sorpresa querrá darme?... Inevitablemente Candy se hacia esa pregunta una y otra vez.
Quizá algún regalo, porque dijera lo que dijera, Neil Leegan seguía siendo gente que pensaba en el
valor material de las cosas... ¿Aceptaría algo que viniera de él?... No estaba segura...

Dio una vuelta más en la cama e inevitablemente una zozobra mayor la invadía cuando recordaba el
contacto de sus labios... revisó en sus sentimientos y aun cuando no fue precisamente agradable, no
tenía tampoco porque decir que le había desagradado... Su segundo beso... robado también...
Después de esa ocasión vio a Terrence en muy pocas ocasiones y luego vino la inminente despedida...
Definitivamente no tenía porque ser igual, pero fue imposible no plantear la posibilidad... ¿Sí Neil se
fuera?... la Candy de siempre pensaría que era una bendición no saber de él, tenerlo fuera de su
contexto... Esa noche, sin embargo, Candy no supo si alegrarse o preocuparse ante el extraño
sentimiento que le surgía...

Candy caminaba en medio de la noche, sus pasos la llevaron hacia un prado de gran belleza, pero
lejos de alegrarla o animarla se lleno de gran tristeza con la imagen: sin piedad las rosas que tanto
amaba eran destruidas... Con toda furia Neil pasaba sobre ellas pisoteándolas y mancillando los
delicados pétalos, al tiempo que pronunciaba injurias incomprensibles, pero que al igual que sus
movimientos lastimaban. Sin poder evitarlo se fue acercando poco a poco hasta que se vio en medio
del cúmulo de pétalos blancos. Sintió escalofrío recorriéndole todo el cuerpo y trato de cerrar la más
la bata blanca que la cubría, misma que inexplicablemente se hacía más pequeña cada vez... volteo
la mirada y se dio cuenta de que era observaba con gran atención por parte de Neil..., quiso huir y
retroceder al ver su mirada penetrante llena de algo más que furia, sus ojos centelleaban un brillo
hasta ahora visto...

Completamente excitado Neil se acerco hasta ella y recorrió su figura sin represiones... Fue entonces
que Candy pudo dar un paso atrás y se dio cuenta como Neil se aproximaba... ella siguió
retrocediendo hasta que la distancia entre ellos fue inferior a un metro. El chico igualaba sus
movimientos y cuando ella quiso huir, su mano la retuvo fuertemente por un brazo sin separar la
mirada de su silueta...

-¿Por qué destruyes mis rosas?.. – pregunto al punto de las lagrimas... – Era tan excitante
verla así... tan susceptible, tan frágil... tan fácilmente alcanzable...
-Sí son como tu, volverán a resurgir... Además te hago un favor destruyéndolas... tu pasado
vive en ellas... y te quiero libre de él... cuando así sea... ya veras que volverán a brotar...
-¡A ti no te importa mi vida! – Espetó ella...
-Claro que me importa... te quiero libre, completamente libre... sólo así podrás amarme justo
como yo quiero... – decía mientras enredaba sus brazos alrededor de ella y estrujaba su cuerpo
encerrándolo entre el propio y un árbol...
-¿Neil que haces?... ¡Quítate!... a punto de las lagrimas se retorcía intentando escapar...
-Te demuestro que es lo que en el fondo deseas... – dijo mientras se hacía a un lado y
apuntaba los pétalos que ya no eran blancos sino rojos, mismos que trajeron el recuerdo de...
su último viaje... -
-¡Suéltame!- seguía diciendo sintiendo de nuevo la ansiedad de ver volar cientos de pétalos
rojos detrás del carruaje que llevaba a Terry y Sussana... luego el ramo dejado a los tramoyistas
después del berrinche con Neil... Sintió su rostro extremadamente cerca y su aliento sobre su
rostro... definitivamente era el dueño de la situación y eso la hacía sentirse muy nerviosa...
-¿Cuándo fue la última vez que te sentiste a mi merced? – Preguntó acariciando con su
aliento la mejilla suave y tersa. Sus movimientos eran firmes, mostraba con Candy la misma
piedad que con las rosas...– Fue en el San Pablo... ese tonto llegó a defenderte... ¿Qué hicieron
cuando se quedaron solos? – dijo rodeando su cintura por completo apretando el cuerpo de la
chica al suyo y reclamando una respuesta...

Candy siguió forcejeando y comprobó claramente que las veces anteriores que había “vencido” a Neil,
era en realidad porque no había utilizado su fuerza. El aroma de las rosas flotaba en el ambiente,
pero el almizclado olor que él desprendía era mucho más intenso... la calidez que irradiaba le
ocasionó sin quererlo cosquilleos en todo el cuerpo. El ejerció mas fuerza y entonces fue casi
imposible que se moviera, la respiración se le hacia difícil y lo único que alcanzaba a inspirar era el
aire cálido de almizcle...

-¿Te besó Candy?... preguntó cerca de ella - ¿Ese bastardo ha tenido tus labios?... – sus
manos rodearon el talle y lo oprimían ligeramente amenazando con subir. Candy se sintió
perdida al ver su expresión de seguridad y fuerza que cambio por otra que momentáneamente
fue furia y después algo de burla... – Apuesto a que nunca hizo algo así...

Y sin más dejo caer sus labios contra la chica con gran pasión... Candy intento negarse, resistirse,
pero algo dentro de ella se estaba derritiendo y la empujaba sin consideraciones a descubrir como era
el contacto con él... Estaba estática, la mente en blanco, toda ella se volvió como de trapo y se sintió
fuera de su cuerpo, solo alcanzaba a percibir el movimiento constante y opresor junto a sus labios, y
cuando percibió la calidez de su boca sintió que algo reprimido en su interior amenazaba con salir de
ella en cada presión de Neil contra su cuerpo. Había un dolor escondido y profundo que con cada
roce brusco y apasionado de Neil salía cada vez más a la superficie... le faltaba el aire y en medio de
la desesperación le llego la vaga idea de que abriendo los labios saldría un poco de ello... Sin
embargo, justo cuando lo hizo sintió el frío sobre su boca... él se había retirado...

Jadeando intensamente y excitado Neil abandono su boca apoyándose cerca de su oído... ¡Dios!...
era extremadamente deliciosa... si se condenaba eternamente por amarla y conocerla plenamente
bien valdría la pena... Su vista bajo y la piel blanca de su pecho que subía y bajaba lo
hipnotizo...suspiró profundo contra su piel y con mayor pasión invadió entonces su cuello...

La succión sobre su cuello era enloquecedora, pero ella no estaba asegura que fuera causa de los
besos de Neil... aún algo le decía que eso estaba mal, no era correcto, ella lo odiaba... ¿lo odiaba?...
no, no lo odiaba, pero tampoco lo amaba como para permitirle tantos avances, sin embargo la
sensación de que el dolor que cada vez salía más y más, la tenía desesperada... lo único que deseaba
era sacarlo por fin de ella y tal parecía que solo el contacto del hombre lo lograba... Cuando sintió sus
labios y dientes sobre uno de sus senos se convenció por completo.

Fue imposible resistirse ante los gemidos que comenzaron a salir de la boca de Candy... las manos de
Neil respondieron torturando a ambos con electrizantes sensaciones y en medio de toda esa pasión al
poco tiempo estuvieron piel contra piel sobre la alfombra de pétalos rojos...

Ya casi lo lograba, ya casi expulsaba esa pesada carga de melancolía, tristeza y añoranza... No estaba
segura de lo que estaba pasando, sólo se ocupada en percibir las sensaciones que echaban fuera al
enemigo... faltaba poco, muy poco... una molestia en la mitad de su ser apareció de pronto y la hizo
gritar, al momento que en medio de una luz cegadora el dolor por fin se iba.

Quedo en el limbo instantes más, se sintió exhausta y tuvo que aferrarse al cuerpo fuerte de Neil
para no desfallecer... todo estaba en quietud, por lo menos así lo pensó hasta que sintió un cálido
líquido derramarse por entre su piernas... Intento moverse pero el peso del hombre se lo impidió y en
ese momento apareció un nuevo dolor ardoroso en el interior de su cuerpo, en un espacio que hasta
hacía instantes no existía...

... Neil sabía que ella estaba ajena a lo que hacía, pero se daba cuenta de que necesita que
continuara con las caricias y besos y por ello se veía tan desesperada... a pesar de todo se sintió
eufórico al tenerla así... bajo él, completamente rendida... El íntimo contacto inició y por momentos
se rebatió en la duda de parar o seguir... claro que deseaba seguir, pero con ella conectada a otro
lugar no estaba seguro de que fuera lo mejor... apenas comenzaron sus dudas, sintió las caderas de
la chica aproximarse y sus muslos rodear su cintura empujándolo hacía ella con fuerza... lo
siguiente que sintió fue una gota descender de su cuerpo y una deliciosa humedad cálida que lo
rodeaba...

De nueva cuenta los movimientos se detuvieron y vio directamente a los ojos del hombre... Ya nada
podía hacer, él la poseía ya... Se miraron por largo rato y en los ojos oscuros distinguió algo de
preocupación que fue anulada de inmediato por una enorme sonrisa de satisfacción... Una lagrima
escapo de sus ojos verdes y sintiéndose libre gracias a él no hizo más que enredar sus brazos
alrededor del cuello.

Un nuevo proceso comenzó... él comenzó a moverse dentro de ella y la hizo muy conciente de lo que
pasaba... de nuevo ansiedad creció dentro de ella y de nueva cuenta él se ocupaba en calmarla, ahora
con la plena seguridad de que ella estaba conciente... la intensidad de las emociones continuó y fue
en ascenso haciendo que el dolor antes sentido se comparara con una pálida y efímera sensación...
justo antes de que el cúmulo de chispas que se formaban dentro de ella estallaran como amenazaban
escucho la voz de Neil...

-Jamás me intereso hacer algún bien por alguien... mucho menos por ti... Gracias por
dejarme ayudarte a echar fuera el pasado...

Y no supo mas se perdió en el estallido de su cuerpo... cuando todo paso y vio que él se retiraba, ella
se incorporó y se apeno en exceso de verse desnuda, con las marcas de él sobre su pecho y en
general sobre todo su cuerpo...

-Ahora estas libre ya... eres mía y podré tenerte cuando deseé....
-Tú... – Candy no sabía que decir, tenia cientos de sensaciones encontradas... Su primera
vez... ¿Con Neil Leegan?... aun cuando no había sido desagradable al final, no se mostraba
muy convencida... ella no lo amaba...
-Mira a tu alrededor – escucho la voz de Neil detrás de ella mientras la estrechaba por su
cintura... – sólo tu libertad y tu amor por alguien puede hacer esto...- Menciono mostrando el
campo de rosas blancas que florecían justo donde habían estado...los pétalos antes mancillados
ahora estaban rozagantes con la caricia del rocío aún sobre ellos... Creo que el nuestro era un
amor escondido...

Candy se despertó completamente agitada y algo asustada... ¿Qué tipo de sueño había sido ese?...

El día planteado llego... Candy salió de la clínica y tal como habían acordado ahí estaba Neil
esperándola. El pálido sol que comenzaba a anunciar el ocaso del invierno esparcía un agradable
calor en el ambiente. Neil estaba fuera de su coche apoyado en él, cuando Candy salió y lo vio,
aprecio de nueva cuenta su actitud desafiante y confiada ante la vida... Con solo verlo las imágenes
del su sueño se hicieron presentes ¿Por qué se sintió de pronto nerviosa por volver a verlo?... eso no
era común... sin hacer caso a sus pensamientos seguía caminando dirigiéndose hasta él. Una sonrisa
se formo en el rostro del muchacho cuando por fin la reconoció...

− Tardaste mucho en salir... - fue lo que dijo en medio de una sonrisa tan irritante
− ¡Que tipo de saludo fue ese!... - respondió Candy de inmediato...
− Bueno... quise decir que creí que tu salida era más rápida...
− Tengo responsabilidades Neil... no puedo abandonar todo por salir pronto...
− Esta bien... vayamos antes de que sea más tarde...
− Ir... ¿A donde?...
− Ya veras...

El coche fue avanzando y en medio de la plática Candy no se dio cuenta de todo lo que se alejaban...
De pronto vislumbro los alrededores del lago y una villa cerca del lugar... El lugar era espléndido, la
casa tenia un señorío indiscutible que le recordó sin duda la primera vez que estuvo en propiedades
Leegan...

− ¿A donde vamos Neil? - pregunto...
− Quiero mostrarte algo...
− ¿En esa casa?... Por que ahí... – el temor regreso a Candy al ver de vuelta la casa a la que
la había llevado aquella noche...
− No tengas miedo Candy, no te volveré a hacer daño...
Bajaron del auto y después de recorrer la vereda que llevaba a uno de los jardines Neil se detuvo de
pronto... Candy se desconcertó al ver los capullos florecientes de Dulces Candy...

− Hace tiempo en medio de una gran frustración destroce algunas de las flores de esta
especie... las que te había mostrado en mi lugar... – él comenzó a hablar lleno de nostalgia...
− Yo vi cuando lo hacías... – de nuevo el sueño regreso a la mente de la chica y prefirió
voltear el rostro hacía otro lugar...
− ¿Por qué no me dijiste nada? – pregunto el sorprendido...
− Me dio mucho miedo y tristeza... te habías portado tan bien conmigo y justo ese día te vi
destrozarlas... Yo amo esas flores y el ver como lastimabas algo que tu mismo habías
cuidado con tanto esmero, me... asusto... reconoció ella en voz baja, aun sin darle la voz...
− ¿Por eso te fuiste de mi casa? – el joven comenzó a verlo todo mas claro de pronto... Ella se
fue pensando que en cualquier momento el volvería a su actitud hiriente con ella...
− Yo... – Candy no respondió...
− Candy... he repetido muchas veces que no te haré daño... ya no mas... ya nada es como
antes... y sinceramente no entiendo como desconfías de mi que siempre he sido sincero
contigo y me he mostrado tal cual, y no de otros que con piel de oveja te han desgarrado...
− ¡No quiero hablar de eso!
− ¡¡No quieres hablar de algo que es necesario para que salgas al mundo... para que
sobrevivas igual que tus rosas!!
− Tu no sabes nada... – el deja vu tomo más intensidad...
− Eres muy obvia Candy... una muchacha tan alegre como tú, que de pronto no desea saber
nada del mundo no es nada normal... Ya es tiempo de que dejes atrás lo que te lástima...
debes resurgir como tus rosas...

Candy no respondió nada y el siguió hablando al tiempo que se aproximo hasta ella...

− Extraño a la revoltosa que cree que me pone en mi lugar cuando le hago algo y me
encantaría volver a verla... extraño a la chica libre que desentona en la alta sociedad que la
rodea... y que sin temor enfrenta la vida de forma natural... Me encantaría verla una vez
más y ver como reaccionaría ante esto...

Neil se acerco hasta donde Candy estaba y con delicadeza la tomo por los brazos... se acerco hasta
ella y se detuvo cerca de sus labios...

Candy inexplicablemente esperaba el momento del contacto...

− Te quiero Candy... ¿Será que me creerás algún día?....
Capítulo IX. Por Alondrita

Posibilidades

Temía sostenerla en sus brazos por tanto tiempo, la miraba furtivo, pero a la vez internamente su ser
se debatía por la posibilidad de perder aquellos centímetros de cercanía ganados, aquella pizca de
confianza… sin embargo…

La escasa distancia entre ambos resultaba peligrosamente aterradora para ella, por lo que solo atinó
a cerrar sus verdes ojos, como ahogando la multitud de sentimientos agolpándose en su pecho.
Estaba más allá de sus posibilidades, de su comprensión, no se entendía así misma ni a su cuerpo
entregándose sin resistencia. Sintió aquel aliento y como se estremecía entre aquellos brazos.

-No- escuchó decir mientras aquel aroma a labios se movía de un lado a otro como
asechando, vigilando, valuando a su presa. Después distinguió apenas un rose en sus labios
que no supo a ciencia cierta si eran los labios de aquel joven, su mejilla o uno de sus dedos, lo
que hubiera sido la hacía desfallecer. –Así no- exclamó aquella varonil voz y se apartó un poco.

Abrió entonces sus ojos lentamente y descubrió aún muy cerca de sí un par de ojos café en los que
podía bien mirar su propio reflejo. Ansiaba terminar con aquel martirio "ya bésame" decía su cuerpo
entero, mientras ella no tenía posibilidad alguna de pensar siquiera.

-Si- expresó después mirándola desafiante a los ojos y separándose más.

Ella salió del embelezo aquel y entonces prosiguieron con el paseo ahora sujeta a su brazo como para
no flaquear, para que su cuerpo le siguiera respondiendo con ayuda del de Neil.

Él estaba más allá de las nubes, en otro universo, deseando aprovecharse de todo aquel momento,
sin embargo supo al verla cerrar los ojos que resistirse a aquel manjar en ese momento le daría poco
a poco lo que más anhelaba, la confianza de Candy y después, tal vez, ella reconocería ese
sentimiento que hacia él emanan aquellos ojos verdes.

Caminaban a la vista tranquilamente, sin embargo sus corazones libraban batallas que, de
escribirse, serían las más increíbles y fabulosas que jamás hubiesen existido. Ella sentía temblar
como hoja, no se comprendía a sí misma… "¿por qué no te sueltas de su brazo?" se reprochaba "¿qué
te pasa?, te estás volviendo débil a caso?" se respondía. Neil parecía adivinar lo que en aquel interior
se libraba, sin embargo no quería pensarlo, quería disfrutar de aquel contacto, maliciosamente hacía
a un lado su percepción y saboreaba esa deliciosa piel, ese temblar inocente, esa discusión en ella.
Pero había algo nuevo en él "déjala, es lo mejor, que ella te busque cuando esté lista" le decía una voz
a su interior "sabes lo que pasa por ella, deja que sea libre completamente para que esté contigo, si
es tuya regresará" le llegaban por frases como recuerdo de lo que hubo hablado con un amigo suyo
en Ámsterdam unos meses atrás.

Era conciente, tenía conciencia, remordimientos, y ahora los localizaba y los comprendía del todo, no
podía ignorarlos, así que se decidió a apartarla dulcemente de su lado, dolorosamente para ambos,
para asombro de la chica.
Unos ojos miel habían visto todo aquello mientras los principales actores lo ignoraban. Un brillo
maldoso llegó hasta ellos, y una ráfaga furiosa y sin descifrar ni para ella misma le atravesaba. Pudo
ver cómo subían al coche para retirarse después de haber almorzado en el jardín, en ese estúpido
invernadero que tan celosamente guardaba Neil. Horas después lo vio volver y le esperaba para
reprocharle, para gritarle, se le antojaba arrancarle el alma, pero no comprendía del todo la razón.

-Eres un inepto Neil- había sugerido cuando entró él ya obscurecido el día prematuramente
por la finalización del otoño y llegada del invierno.

Se detuvo en seco y reconoció aquella voz, pero no respondió.

-La tenías a tu merced, te suplicaba por tus labios, sería tu prometida para esta hora ¿qué
estupidez dejarla ir?- se burló.
-¿Qué sabes tú del amor?- fueron las palabras que escaparan de su boca y le hicieran
arrepentirse inmediatamente de haberlas pronunciado a sabiendas de las burlas y armas que
acababa de dar a su querida y poco comprendida hermana.
-¿AMOR? en verdad que esa … mujer te tiene fuera de la realidad
-Esa mujer, como la has llamado, es una de las más privilegiadas chicas que hay y próxima
heredera de la fortuna de los Andley, recuérdalo. A nadie más que a nosotros nos es
conveniente una unión de este tipo, ya que tu has fallado con en todos tus intentos- sugirió
malicioso y en realidad buscando una excusa para librarse de las burlas de ella.
-A mi no me engañas, y lo sabes. Eres un bonachón, siempre he tenido que impulsarte para
hacer cualquier cosa, eres igual a papá.
-Y tú finges demasiada maldad, en verdad te sientes sola Eliza y tu reproche hacia Candy
siempre ha sido que hubieras deseado que nuestra madre la aceptara para tu amistad, que no
te vieras forzada por mantener las costumbres sociales a odiarla. Además desearías estar en su
lugar, tener los amigos, la suerte, decisión y capacidad de ella. No lo niegues, yo también te
conozco. Te sientes sola- dijo él por perorata.
-¡ja!, ahora eres todo un experto en eso ¿no?
-Eliza, no discutiré contigo.- y le plantó un beso tierno en la mejilla mientras ella fingía
rechazarlo. –No le hagas daño ¿quieres?, realmente me interesa.
-Está bien, pero no te vuelvas un perrito faldero como todos los que se cruzan por su
camino.
-No, eso nunca.- dijo él sintiendo como en su alma se encendía una idea para más
encuentros románticos y una mayor proximidad con la chica. –Si he cuidado de esas rosas no
es para recordarle a Anthony, sino para que vea cuanto la amo, además no soy yo en persona
quien se ocupa de ellas, para eso está Johan.
-Ahora te conoces el nombre de toda la servidumbre ¿no es así?, si que te ha influenciado
esa chiquilla.
-No me molestes Eliza, que estoy de muy buen humor- dijo mientras la cargaba y la hacía
girar por la habitación. –Me ama Eliza, estoy seguro de ello. Solo resta hacer que ella lo
descubra y creo tener la manera.
-Obséquiale joyas, eso nunca falla- sugirió desdeñosa.
-No, si algo he aprendido de Candy es que debo ser más listo que eso, me las arrojaría a la
cara tan pronto como se las pusiera en frente, aunque aún no entiendo la razón de esos
arranques que tiene… pero creo que es lo que más me gusta de ella, que luche, que se niegue,
obtener de su negativa sus deseos internos escondidos.
-¡NEIL!- exclamó y éste se ruborizó al percatarse que había hablado más de la cuenta, por lo
que la soltó y salió rápidamente de aquella habitación, sin perder su porte y distinción, en
medio de las risas reprimidas de su incomprendida y solitaria hermana.


-¿Qué te pasa Candy?- se indagaba –dejé que se aproximara demasiado y … casi deseaba
desesperadamente- pero no se atrevía a decirlo, solo entrecerró los ojos mientras con sus dedos
acariciaba sus labios en recuerdo de todo aquello, de aquel anhelo. -¿Qué me está pasando?, la
próxima vez Neil Leegan no te será tan fácil, ya estoy mejor, no seré tan débil.- después razonó un
poco en los recuerdos –y sin embargo me tuvo a su merced y no se aprovechó de ello… y sin embargo
tiene razón en algo, necesito sacudirme esta estupidez… ¡Candy! Tú jamás has sido una cobarde,
¿qué dirían la Señorita Ponny y la Hermana María?, no, de ahora en adelante regresará la Candy
valiente, fuerte y sobre todo la que golpea a los Neil's del mundo cuando se lo merecen.- y evocó su
imagen reconociendo en ella un sentimiento de desdicha por haberse separado de él –y sin embargo
creo que Neil ya no es el mismo, sigue siendo altanero, caprichoso, impredecible, indomable, pero a la
vez… es tan tierno conmigo, se esfuerza tanto y mi corazón palpita tan rápido cuando lo tengo
cerca…

-No se cómo lo haré Candy, pero pasaremos más tiempo juntos. El Señor Grapper servirá en
ese motivo…

Una semana después de la sorpresa en aquel jardín Candy no había tenido muchas noticias de Neil,
por lo menos no contacto alguno, solamente una flor que llegaba a ella todos los días, sin remitente.
Al salir de su casa, por más temprano que lo hacía para descubrir a Neil haciendo la entrega o a
algún enviado, no lograba atraparlo y se encontraba un hermoso Alcatraz en la puerta de entrada
esperando por ella.

Ese pintaba para ser un día atareado, desde que llegó al hospital le habían llamado para atender
varios asuntos urgentes, entre ellos le habían especificado sobre algunos asuntos de rutina a
atender, algunos voluntarios a capacitar y nuevos pacientes para visitar.

Ya era más de medio día, de aquel agitado día de trabajo, cuando le recordó el Dr. McMillan debía
presentarse para atender a la capacitación de voluntarios. Fue sin más como todos los miércoles
hacía para aquel lugar, pero ahora había alguien más "será bueno tener más manos por acá" pensó
para sí y vislumbró a lo lejos una silueta en aquel salón.

-Buenas Tardes, soy la enfermera Candice White Andley y seré su instructora, o guía si así
lo prefiere, aquí tiene un…-pero no terminó su frase, porque en medio de aquel ajetreó no había
visto bien al voluntario, hasta que le entregaba unas hojas guías y se obligó a mirarlo a los ojos.
–¡Neil! ¿qué haces aquí?- preguntó desconcertada y algo a la defensiva, pero no le permitió
contestar, tomó los papeles de las manos de Neil intentando arrebatárselos para luego salir del
lugar hecha una fiera. –Si crees que esto es una broma Neil Leegan estás muy equivocado- le
espetó –cómo crees que hacerme perder el tiempo… y encima te finges con interés… y … creí
que-

Pero no logró terminar porque Neil la tomó por el brazo y la aproximó a él para silenciarla y hacerse
escuchar. –No siempre es por ti todo lo que sucede chiquilla malcriada- dijo él. –Sin embargo deja te
digo que te vez hermosa disgustada, haré cosas como estas más seguido, aunque debo anunciarte-
dijo antes de que ella le dijera algo y haciéndola callar con uno de sus dedos –que estoy aquí no por
ti, sino porque estoy interesado en aprender sobre todo esto, tal vez sea un buen negocio la cuestión
de hospitales e invierta en uno privado o bien a lo mejor así entiendo por qué tanto interés de
personas como tú en esto de "salvar vidas".- dijo por discurso más o menos preparado.
-Si claro, y lograste que fuera precisamente yo quien te diera la capacitación- respondió
molesta apartándose de él pero con mirada desafiante.
-Ese fue un plus, aunque realmente me dieron a elegir y pensé, por qué no darme el placer
de su presencia.
-Pues no te saldrás con la tuya hablaré con el Doctor…- pero estaban ya frente a una puerta
que se abría, era el despacho de MacMillan quien reaccionó como jamás se hubiera esperado
Candy.
-¿Tendría la bondad de esperar aquí Sr. Leegan?- había él preguntado mientras hacía a
Candy pasar a su despacho, quien hizo un mueín a Neil en son de burla, siendo descubierta
por el Doctor.

Afuera Neil estaba totalmente divertido ante todo aquello, sabía que ella era libre ahora, y más aún
notaba que su presencia la perturbaba y eso lo hacía sentir más que importante.

-Señorita Andley- dijo el doctor mientras le ofrecía asiento.
-Señor, permítame le digo….
-Usted no tiene nada que decir, estoy al tanto de su situación y comprendo su disgusto,
pero es usted la más capacitada para esto, por ello la he seleccionado, además de que se ve en
este joven una intensión de ayudar y de aprender, y aunque así no lo fuera es de una de las
familias más influyentes y resulta conveniente tratarle con aplomo. ¿Está claro?... y no quiero-
dijo interrumpiendo la alegata de Candy – hablar más del asunto, estoy ocupado. Buenas
tardes y buena suerte- dijo con risa burlona a la chica, quien salió echando chispas de aquel
lugar.

"Pues bien Neil Leegan, si crees que has ganado estás muy equivocado, hay muchas tareas
desagradables por hacer en un hospital, veremos si no sales huyendo de aquí." Pensó para sí
mientras con una seña despectiva hacía a Neil que la siguiera.

Neil obedeció no de muy buena gana, sin embargo decidió no mostrar su enojo y sacarle provecho,
así que siguió con su actitud de suficiencia y burla para con la chica.

-Bueno, hemos llegado- dijo ella después del recorrido por el hospital, uno bastante agreste y
que había causado expectación en los pacientes. –Te corresponde hoy limpiar los cómodos y
cambiarlos por nuevos… -ante la cara de desconcierto contenida de Neil ella prosiguió y pensó
"te haré huir más pronto de lo que pensé" –y después de que termines recuerda que es
importante recoger las muestras y entregarlas a los laboratorios, para eso tendrás una
supervisoras –dijo maliciosa- ella es- señaló a una chica que estaba en los laboratorios- Laurin
y te ayudará con ello, estarás bajo sus órdenes en cuanto te dediques a tomar las muestras. Te
dejo con ella.- Candy se va satisfecha de lo sucedido y prosigue con sus tareas en medio de un
humor que sus pacientes notaron extraño.

Pasaron días y Neil seguía al pie del cañón, Candy no podía comprender ¿Cómo lo había logrado? E
indagó, percatándose de que éste hacía las tareas, aunque ella estaba segura que había algún truco
en todo aquello, podía jurarlo. Y no se equivocaba, Neil había logrado que las enfermeras le ayudaran
en las tareas más molestas, aunque procuraba ayudar en lo posible para que no le negaran su ayuda
y fueran sus aliadas. Incluso los pacientes estaban extraños para Candy.

-Ese muchacho te gusta ¿no es verdad?- había insinuado una Señora de edad avanzada.
Que ante su sorpresa y negativa había soltado grandes carcajadas.
-¿GUSTARME?- se preguntaba indignada mientras caminaba por el corredor sin fijarse al
rememorar aquellas palabras -¿cómo podría… ese papanatas… ese…- Pero alguien la había
escuchado e interrumpido.
-¿Cómo que papanatas?
-¡Eh!...- y giró para ver a Neil. –Tonto- dijo ella y aceleró el paso.

- Pero ¿a dónde vas?- preguntó más tarde una voz masculina.
- No te importa- dijo sin pensar ni ver.
- Creo que no te visitaré más, te pones de un humor extraño…

Candy giró y se percató que no era Neil ahora quien le hablaba, se trataba de Archie. Ella se
avergonzó sobremanera y después regresó sobre sus pasos para abrazarlo. Hacía tanto que no lo
veía, desde que había partido a Europa para un diplomado.

Charlaron por largo rato pues era ya la hora del almuerzo y Archie había llevado algunos sándwiches
para tener una plática con Candy. Ellos no lo sabían, pero eran vigilados de cerca por Neil, quien les
había seguido hasta el parque que estaba cerca del hospital y rabiaba de celos ante la cercanía de
Archie, por las sonrisas de Candy hacia él y por sus deseos de tener él tanta suerte. Sin embargo le
tranquilizaba un poco saber que Annie y Archie eran pareja, pero no le saciaba del todo tal hecho.

-Eres maravillosa- había dicho Archie al tiempo que se ponía en cuclillas sobre la manta que
usaban para cubrir el césped en el que estaban sentados, para abrazarla y depositar un enorme
beso en su mejilla. –Annie estará contenta, esta sorpresa será fabulosa para ella.

Pero todas estas palabras no las había escuchado Neil y apenas y pudo contenerse para abalanzarse
sobre Archie, no le daría el gusto a ella ni a él de tal humillación, "ya ajustaremos cuentas" había
pensado refiriéndose a Archie "tu me suplicarás que te bese" había lanzado por promesa a los cielos
pensando en Candy.

Candy se despidió de Archie con un fuerte abrazo, sea cual fuere la sorpresa y sea cual fuera la razón
de esa visita no le interesaban a Neil, simplemente hervía por dentro, así que retomaría su arrojo
hacia Candy.

Fue entonces que le entregaran aquel sobre, un pequeño, y era la similar al primero que recibiera
unos días atrás, recordaba esas hermosas palabras escritas:

Ojos Verdes [1]
Apoya en el quisio de la mansebia miraba
encenderse la noche de mayo; pasaban los
hombres y yo sonreía hasta que a mi puerta
paraste el caballo. Serrana, me das candela?
Y yo te dije: Gache, ven y tomala en
mis labios que yo fuego te daré.
Dejaste el caballo y lumbre te di,
y fueron dos verdes luceros de mayo
tus ojos para mi.
Ojos verdes, verdes como la albahaca.
Verdes como el trigo verde y el verde, verde limón.
Ojos verdes, verdes, con brillo de faca,
que están clavaditos en mi corazón.
Para mi ya no hay soles, luceros ni luna,
no hay mas que unos ojos que mi vía son.
Ojos verdes, verdes como la albahaca.
Verdes como el trigo verde y el verde, verde limón.
Vimos desde el cuarto despertar el día y
sonar el alba en la Torre la Vela.
Dejaste mis brazos cuando amanecía y en mi
boca un gusto de menta y canela.
Serrana, para un vestio yo te quiero regala.
Yo te dije: Estas cumplio, no me tienes que dar na.
Subiste al caballo, te fuiste de mi y nunca una noche
mas bella de mayo he vuelto a vivi.
Ojos verdes, verdes como la albahaca.
Verdes como el trigo verde y el verde, verde limón.
Ojos verdes, verdes, con brillo de faca
que están clavaitos en mi corazón.
Para mi ya no hay soles, luceros ni luna,
no hay mas que unos ojos que mi vía son.
Ojos verdes, verdes como la albahaca.
Verdes como el trigo verde y el verde, verde limón.

Entonces corrió a un sitio aislado para poderla leer antes de reanudar sus labores, sin embargo no le
sería posible, sabía que debía cumplir con sus responsabilidades, así que la guardó y ansió leer ese
nuevo poema, aunque intuía de quién provenía, igualmente pensaba podía estar equivocada, o quería
pensarlo para justificar sus ansias por leerlo.

Así transcurrió su día, mientras esa carta le quemaba las piernas, sentía como le exigía ser leída. A
diez minutos de salir solo quedaba correr y apresurarse para no tener otro que hacer y salir corriendo
a leer aquella nueva carta. Sin embargo el destino tenía otros planes para ella. Justo antes cuando se
disponía a salir se topó con Neil y estuvieron a punto de comenzar una pelea que él había instigado
con un pretexto tonto pero llegó el Doctor McMillan y les obligó a olvidarse de todo con una
emergencia de grandes proporciones…

Un incendio se había suscitado y había necesidad de todo el personal disponible para ayudar. La
primera imagen fue desgarradora, una pequeña desfigurada por las quemaduras pasaba frente a
Neil, este casi devuelve todo lo que había comido, no estaba acostumbrado, pero al ver la fortaleza y
dulzura de Candy se forzó a soportar todo aquello.

Horas de labor habían transcurrido y Neil las había soportado apenas. Por fin hubo un respiro, pero
aquella pequeña le había arrancado el corazón, no podía quitarse su imagen. Candy le observó desde
dentro y finalmente se apiadó al verlo tan desconcertado y angustiado.

- Te dije que no era un trabajo fácil- dijo ella por saludo, sintiéndose mal al instante después
de mirar como Neil solo la observó y giró de nuevo la cabeza hacia el horizontes que ahora
estaba iluminado solamente por las luces artificiales y la luna. –Lo siento, no puedo evitar… fui
una estúpida insensible- dijo mientras se sentaba junto a él.
- Si, así es- dijo él por respuesta sin voltearla a ver.
- Bueno, yo solo quería…- "me lo merecía" pensó –Mejor me retiro- pero no pudo moverse,

Neil la sostuvo por la mano cuando ya estaba de pie lista para retirarse. Ella regresó y se sentó a su
lado. Neil la abrazó y entonces no pudo evitar llorar amargamente. Jamás había vivido algo como esto
y realmente le había costado mucho trabajo. Si bien las tareas del hospital las había librado con su
"encanto" con las demás enfermeras, en esta ocasión se vio cercado y sintió el rigor del mundo y las
penas de otros finalmente habían tocado a su corazón. No solo eso, habían dependido de él.

Estuvieron abrazados largo rato, Candy tenía un nudo en la garganta, pero no lloraba, no era su
costumbre, solo sostenía a Neil y sentía su dolor incrustársele en el corazón. Después de eso él se
puso en pie y se marchó sin mirar atrás, solo se detuvo para decir –Esto jamás sucedió- y se retiró
herido en su orgullo.

Candy quedó algo estupefacta, sin embargo, aunque sabía que Neil procuraría ocultar lo que esos
acontecimientos habían causado en él, no podría ignorarlo y le había afectado. Además supo con
certeza que no se iría de aquel hospital, y advirtió se había ganado su respeto y admiración por el
valor que había mostrado ante tanta tragedia.

Había ella olvidado su carta, se recostó más tarde lista a descansar, no iría a casa, se quedaría en el
hospital, no tendría tiempo para regresar.

A la mañana siguiente buscaría aquella nota por todas partes, la había perdido y la enfermera en
turno no le había avisado y llevó su ropa a lavar. Ella estaba aterrada, desesperada por encontrar
aquella nota, pero la encontraría echa pedazos y a penas legible. Se sentó finalmente a leerla a
mediodía… solo podía leerse lo siguiente:

de mirada serena
dejaron en mi alma
eterna sed de amar.

- ¡Pero qué lástima!- pensaba mientras giraba el papel para tratar de leerlo. Ya lo había
intentado mil veces en el día sin mayor resultado, solo esos tres renglones eran visibles. Estaba
desconsolada y fastidiada, sentada en la escalinata. Volvió a sus labores y entonces se percató
que no había visto a Neil más de dos veces y no habían cruzado palabra, sus ojos reflejaban
indiferencia o tal vez una concentración que jamás le había visto ¿sería que había madurado en
esas horas? ¿Sería acaso simplemente que estaba apenado?

Muchas preguntas y mucho más de que hacer, los herido de la noche anterior requerían un
constante cuidado y se le encomendó esta tarea, así pues tomó unas horas para descansar y
continuar su guardia nocturna, doblando turno para salvar aquellas vidas.

Una chica corría desesperada por el jardín del hospital.

- Si ha pasado tantas veces- se reprochaba y corría más, deteniéndose finalmente
recargando su espalda en un gran árbol –eres una llorona, no sirves como enfermera.- se decía,
al tiempo que se deslizaba hasta quedar en el suelo y abrazando sus piernas. Recordó aquel
trozo de papel e intentó consolarse con él, pero era demasiado lo que le había sucedido ese día
y solo pudo poner su cabeza entre las rodillas mientras sostenía aquel trozo de papel en sus
manos y trataba de contener las lágrimas.

Entonces sintió unos cálidos brazos la levantaban en peso, estaba semidormida ya de tanto llorar, de
tanto cansancio. Era de madrugada y su turno había terminado en el momento que aquella chiquilla
había fallecido. Volvió a mirar y era él, se aferró a su cuello y lo miró agradecida porque estuviera ahí.

Él trataba de resistirse, pero no supo si fue la oscuridad o lo terriblemente seductora que le pareció
la delicada Candy en sus brazos, pero la besó y para su sorpresa ella correspondió a este beso. Sabía
que le costaría después una bofetada o que dejara de hablarle por meses, o incluso que se alejara,
pero en ese momento el riesgo parecía valer la pena.

Ella lo abrazó y se aferró a sus labios, él la sostuvo con más fuerza y la bajó de sus brazos unos
pasos más allá de donde la hubo encontrado, haciéndola ponerse en pie mientras la rodeaba por la
cintura y la apretaba hacia su cuerpo. Era intenso, hermoso, lo más maravilloso que jamás le
hubiera a él ocurrido. Sentía cada parte de su ser gritar por ella y temía deshacer aquel beso y
encontrarse con los eternos temores de la chica.

Ese eterno instante sería para él el mejor de los recuerdos y le ayudaría a olvidar o que bien hubiera
valido la pena percatarse de los horrores que podían existir en la vida, de las tragedias a las que le
habían hecho ignorante y ajeno desde pequeño.
Por fin terminaron aquel beso y él se alejó titubeante. Candy lo abrazó, como pidiendo su compañía
en aquel abrazo. Él no se negó y terminaron sentados frente al departamento de Candy mientras
observaban el amanecer. No hubo palabra alguna, solo miradas, besos y caricias, hasta que ella cayó
finalmente dormida y él tomó sus llaves y la llevó dentro, depositándola en la cama y poniéndole
ropas más cómodas como todo un caballero, no sin desear mil y una vez hacerla suya. Pero había
algo que él deseaba más, que ella lo deseara igualmente y que su familia quedara complacida con su
actuar. Si la hacía suya antes del matrimonio Candy sería repudiada por todos, así pues solo le dio
un tierno beso y desprendió aquel papel que ella llevara en su mano durante todo ese tiempo.

Se percató que se trataba de un poema que le era familiar, así que decidió indagar para mas tarde
dejar el mismo completo en la mesilla de noche unas horas después, antes de que Candy despertara.

No durmió y encontró la información, completó aquel poema sin saber que Candy pensaba provenía
de él, pero era de un admirador más. No le importó, solo quería hacerla feliz, aunque mostrarle con
ello y con lo sucedido cuanto le importaba.

Neil no sabría hasta mucho después que su hermana era la autora de tales anónimos y que su
pretensión era acercarlo a Candy, esto le confirmaría entonces que dentro de toda esa capa de enojo
y afán por ser malvada había una persona dolida, solitaria, que necesitaba atención y cariño. Una
pequeña caprichosa que él se encargaría encontrara su camino en brazos del hombre a quien amaba
y había dejado ir, en brazos de aquel doctor que conociera en tiempos de guerra en un fiesta en
Lakewood.

Candy al despertar encontraría en su mesa un trozo de papel que ya conocía y otro más completando
el faltante… también se percataría que estaba en bata y recordaría lo sucedido la noche anterior.

Aquellos Ojos Verdes [2]

Aquellos ojos verdes
de mirada serena
dejaron en mi alma
eterna sed de amar.
Anhelos y caricias
de besos y ternuras
de todas las dulzuras
que sabían brindar.
Aquellos ojos verdes
serenos como un lago
en cuyas quietas aguas
un día mirare.
No saben las tristezas
que en mi alma han dejado
aquellos ojos verdes
que yo nunca besare.
No saben las tristezas
que en mi alma han dejado
aquellos ojos verdes
que yo nunca olvidare.

Encontré ese trozo en tus manos y quise completarlo. Espero no haber sido poco atrevido.
Neil Leegan
Capítulo X. Por Raelana

Y mas posibilidades

Al día siguiente, Candy fue temprano a trabajar. El cadáver de la niña ya no ocupaba una cama y un
nuevo enfermo había sustituido el pequeño cuerpecito que no habían conseguido salvar. Candy le
sonrió, aquel anciano no sabía qué había ocurrido la noche anterior, no tenía la culpa de nada y ella
debía tratarlo lo mejor posible. Como hacía con todos. Terminó la ronda casi a ciegas, haciendo sus
tareas mecánicamente, saludando a sus compañeras con descuido y sólo al terminar, justo al final de
la jornada, se dio cuenta de que en ningún momento se había cruzado con Neil ese día.

Lo había buscado. Había recorrido todas las salas del hospital esperando ver sus ojos insolentes al
cruzarse con ella. Había bajado y subido escaleras, se había asomado a las ventanas esperando ver
su garbosa figura entrando en el hospital pero en ningún momento lo había visto. Candy se sintió
repentinamente incómoda. Durante todo ese mes lo había visto a diario, lo encontraba en los lugares
más imprevistos. El conseguía cruzarse con ella todos los días y, al llegar a casa, Candy se dio cuenta
de otra cosa. No había poema ese día, ni la flor anónima que perfumaba todas sus mañanas. Se
habían volatilizado igual que su admirador.

-Me porté mal con él. Se ha esforzado por cambiar y yo no he sido capaz de darle una oportunidad.
Es normal que se haya enfadado -pensó Candy, y volvió a coger la hoja manuscrita que el joven había
dejado junto a los restos del poema, la única nota firmada, resultaba dudosa, dubitativa, como si
temiera la bofetada solo por atreverse a escribirla. Era normal que Neil prefiriera enviarle regalos
anónimos- Piensa que voy a rechazar todo lo que venga de él. ¿Y no es cierto? Me ha hecho mucho
daño pero... yo también se lo estoy haciendo a él. Soy tan mala como él.

Los sucesos de los días anteriores habían hecho pensar a Neil. Las cosas no habían salido del todo
como él hubiera deseado. Si, era cierto que el objetivo de su plan de conquista estaba cada vez más
cerca. Candy se había derretido en sus brazos la noche anterior y le había costado grandes esfuerzos
no hacerla suya allí mismo. Neil no era un hombre paciente, y obligarse a ello era más difícil de lo
que había pensado.

Por otro lado estaba aquel horrible incendio, las llamas lamiendo siniestramente un edificio hasta
reducirlo a polvo. Los rostros de las victimas, deformes e irreconocibles. Había tenido que atenderlos,
que ayudarlos. Había tenido que superar el asco que le provocaba nauseas y el cansancio que hacía
mella en su cuerpo poco acostumbrado a aquel tipo de actividad. Al final le había quedado un
amargo sabor de boca, y se había derrumbado entre los brazos de Candy, y había llorado amargas
lágrimas que hubiera deseado tragarse aunque le estallaran por dentro.

Pero no había podido, y las había dejado correr en un torrente que, sin embargo, parecía haber
ablandado a la muchacha mucho más que sus galanterías. Se sentía un poco confuso, Candy había
malinterpretado sus lágrimas, había pensado que eran de rabia, impotencia y miedo cuando eran
solo producto de la tensión del momento. No sentía ningún dolor por todas aquellas víctimas
inocentes; no eran más que escoria que vivía en edificios donde no estaba permitido habitar por
ahorrarse pagar un alquiler. Se tenían merecida su suerte y él había tenido que ensuciarse las manos
limpiando llagas purulentas que escocían al contacto. Y había tenido que tener cuidado porque
Candy estaba allí, vigilándolo, pendiente de sus gestos y sus acciones. Candy nunca debía saber que
había llorado por él, por ese amor que lo obligaba a realizar actos tan bajos, tan poco apropiados a su
categoría. Por la vergüenza de que sus amigos supieran lo que había hecho, que lo hubieran visto
trabajando como un humilde enfermero cuando era el heredero de una cuantiosa fortuna.

Cuando llegó por fin a su casa se había encerrado en su habitación y no había querido ver a nadie.
Eliza había aporreado su puerta varias veces pero ni siquiera ella podría comprender el dolor que le
embargaba, la conciencia de que no era Candy, sino él el que estaba perdido. ¿Cómo había podido
llegar a amarla tanto? ¿Hasta donde llegaría por conseguir ese amor que le dolía dentro del pecho?

Era ya muy tarde cuando Neil bajó las escaleras y llamó a la cocinera para que le preparara algo de
comer. Entonces se dio cuenta de la hora que era. No había ido al hospital, demasiado ocupado de
compadecerse a sí mismo. Candy se sentiría decepcionada, de nuevo. Había vuelto a fallar, se había
equivocado de nuevo. ¿Qué podía hacer ahora?

Neil durmió mal aquella noche, las pesadillas lo torturaban y la niña quemada del incendio se
transformaba en una pequeña Candy que en vez de un cubo de agua recibía aceite hirviendo cuando
llamaba a la puerta de su casa y se transformaba en un monstruo. Candy también durmió mal, en
sus sueños Neil se alejaba con los ojos tristes y le recriminaba su poca compasión y su orgullo.

-No debo cometer los mismos errores que han cometido ellos conmigo - se dijo Candy,
decidida, a la mañana siguiente. Aprovechó que era su día libre para acercarse a casa de Neil y
preguntar si le pasaba algo-. Estaba muy afectado después del incendio, y enfadado. Tengo que
hacerle comprender que estoy dispuesta a darle una oportunidad y dejarle ser mi amigo.

Candy se resistía a pensar en Neil como alguien más que como un amigo, sin embargo sus labios no
dejaban de recordar el beso que le había dado, y su cuerpo aún percibía el calor que le había
transmitido durante su abrazo. Candy no quería pensar en ello, era una posibilidad que la aterraba y
que no conseguía comprender del todo. Ya había sufrido mucho por amor, Anthony había muerto,
Terry la había dejado, algo en su interior no deseaba volver a sufrir de nuevo. ¿Pero no estaba ya
sufriendo, preocupada por la posibilidad de no verle?

Candy llegó a las puertas de la mansión, dudó. De repente sus manos no querían coger el tirador y
notó como sus piernas comenzaban a temblar con un nerviosismo que no tenía por qué sentir.

-¿Qué me pasa? -pensó.

Pero antes de que pudiera averiguarlo la puerta se abrió y una elegante Eliza salió por ella,
sorprendida al ver a la huérfana delante de su casa.

-¡Candy! ¿A qué vienes tan temprano? -Eliza se puso lentamente los guantes, como si diera
por hecho que esa visita no iba a interrumpir sus planes de salir-. Si buscas a mi hermano, no
quiere verte. Y me parece bien. Lo has tratado muy mal. Ahora está sufriendo por tu culpa,
menos mal que pronto se dará cuenta de que una mujer como tú no le conviene. Mi hermano se
merece algo mucho mejor que una huérfana recogida del arrollo.
Candy bajó los ojos, avergonzada. Por una vez le parecía que Eliza tenía razón. Realmente había sido
cruel no creer en sus buenas intenciones cuando tantas veces le había demostrado que eran
sinceras. ¿Era tan tarde, ya? ¿No habría forma de arreglar las cosas?

-¿Podría dejarle una nota? -preguntó Candy, y aunque esperaba una negativa, se sorprendió
cuando Eliza se encogió de hombros.
-Haz lo que quieras, pasa y escribe. Dásela a Stevens, él se la hará llegar. Pero no te hagas
muchas ilusiones -Eliza sonrió traviesa mientras se alejaba. Realmente habían hecho muy
buen trabajo si la huérfana había llegado para suplicar a su hermano.

Eliza había dejado la puerta abierta para que Candy pudiera entrar pero la joven enfermera sentía un
enorme respeto a hacerlo. El mayordomo le había traído papel y pluma y la condujo hasta un
escritorio donde podría escribir tranquilamente lo que deseara, incluso le ofreció una taza de te que
la joven declinó con una tímida sonrisa.

La tarea de escribir era ardua y complicada. Las palabras se agolpaban en su mente pero se resistían
a ponerse sobre el papel. Sus ideas estaban claras pero transformadas en palabras parecían
farragosas y sin sentido. Quería decirle que la perdonara, pero no que su carta parecía una
declaración de amor. Sin embargo no parecía conseguirlo y sus emociones, contradictorias, la
confundían más de lo que esperaba. Tras una hora de grandes esfuerzos y diez borradores
desechados, la nota quedó resumida en una simple línea.

"Por favor, perdona si te he tratado injustamente; me gustaría que pudiéramos ser buenos amigos".

-Espero que sea suficiente -pensó, y le pidió al mayordomo que se la llevara al señorito Neil.
-¿Sabe como se encuentra, Stevens? -le preguntó al mayordomo.
-No sale de su cuarto, señorita y está muy triste. Creo que ayudar en ese incendio le ha
afectado mucho.
-Sí, siempre es difícil ver morir a la gente delante de uno. Y Neil llevaba muy poco tiempo
como colaborador. -Candy asintió a las palabras del mayordomo y lo vio subir por las escaleras-
Tal vez Neil no está enfadado conmigo sino asustado por lo que vio esa noche, por todo lo que
pasó. Tal vez aún tenga una oportunidad.

Los verdes ojos de Candy resplandecieron de esperanza. ¿Debería esperar por si Neil deseaba verla?
¿Le habría dicho Eliza la verdad o le habría mentido como acostumbraba?

-Eliza me sigue odiando -pensó, convencida-. Neil ha cambiado, bajará cuando lea mi nota.
Capítulo XI. Por Scarleth

Solo escúchame

Esperó unos minutos y Neil no aparecía. El mayordomo había entregado el encargo pero él no daba
señales de vida.

-¿Me habré equivocado? – se preguntaba la rubia sintiendo una verdadera confusión en su
interior – No fingía … no creo que fuera capaz, su cara me lo decía, sus actitudes me lo gritaban
pero … acaso eres mejor actor que Terry y yo tan estúpida para caer?

Una verdadera avalancha de ideas se agolpaban en su cabeza. Por momentos se sentía feliz al poder
conocer otra faceta de Neil, pero ahora se sentía burlada … ¿habrá sido todo parte de un plan para
reírse de ella? Las palabras de Eliza fueron hirientes pero mientras no fueran reflejo de los
sentimientos de su hermano qué más daba, así era ella y no parecía haber posibilidades de que
cambiara.

No quería pensar más porque eran sólo malas ideas las que llegaban. Le daría el beneficio de la duda,
pero el arrogante Neil Leegan no la había recibido, no había bajado. Había despreciado su nota y la
había despreciado a ella. Venía a disculparse y pareciera que no importaba en lo más mínimo ¿Valía
la pena soportar este desplante?

Lo pensó mejor y se dirigió a la salida para comenzar a caminar y poder despejar sus pensamientos.
No podía olvidar lo vivido con él desde el momento que pasó lo del teatro en Nueva York, los cuidados
que tuvo durante su enfermedad y la tenía especialmente suspensa el recuerdo del sueño en el que él
invadía de una manera tan atrevida y deliciosa su cuerpo. ¿Cuándo había comenzado a colarse en
sus pensamientos y a protagonizar sus sueños?

Llevaba unos cuantos minutos sumida en sus cavilaciones cuando sintió que alguien la sujetaba
fuertemente del brazo y la obligaba a voltearse.

-Espera Candy
-¿Neil? – La joven se sorprendió y sonrojó al mismo tiempo. El color parecía explotar en su
cara, como si él pudiera adivinar lo que ella iba pensando.

Fue entonces que notó que su expresión era distinta, como si todos los sentimientos del mundo se
reflejaran en ese momento en cada una de sus facciones y en el brillo de sus ojos. No hubo más
palabras entre ellos, sólo la arrastró hacia una parte del bosque y se detuvo ante un gran árbol.

-No hables. Sólo quiero que escuches, quiero desahogarme y necesito hacerlo pronto.

Candy sintió que una alarma se disparaba en su corazón ¿Qué le pasaba a Neil? Su cuerpo
temblaba, estaba visiblemente excitado y no supo que podía esperar de él. La noche anterior había
llorado en sus brazos, había desnudado su alma, lo había visto sin caretas, sin fingir, sólo como
podía ser estando junto a ella: tierno, sensible y necesitado de amor. Pero también es cierto que
había otra parte de él que era capaz de cosas no muy nobles. ¿Cómo saber cuál era el que estaba de
pie en ese instante?
-¿Por qué Candy? ¿por qué todos pueden tener una oportunidad y yo no? ¿Es un pecado
querer cambiar? ¿Es tan malo el rectificar sobre mis errores? Ayer toda la noche pensé en lo
que ha pasado en este tiempo. Me desbaraté el cerebro tratando de encontrar una explicación.
¿quizá Neil Leegan se sentía herido en su amor propio? ¿Por eso ha estado en el hospital
haciendo labores tragándose su orgullo? Una parte de mi no ha cambiado Candy, puedo
asegurarte que al principio me sentía humillado por lo que me ponías a hacer. ¡Quise gritarle al
mundo que yo valía más que eso! Pero sin saberlo, me fui adentrando más y más en tu mundo,
en el hospital, en ser voluntario y justo anoche ... ayer algo cambió, quizá todo cambió … Esa
niña, esas personas .. ¿qué más podría darme? … de eso me traté de convencer durante horas.
Quizá se lo merecieran ... quizá ellos se lo buscaron … pero por más que lo repito … no puedo
olvidarme de eso ¿qué es lo que te ata a ti a vivir así siempre entre la vida y la muerte? ¿Por qué
estoy también yo metido en esto? … Me faltó valor Candy, me sentí tan destrozado, tan mal que
llamé a toda esa parte egoísta y superficial con la que he vivido y fallé, tontamente fallé porque
no he podido alejar de mi mente esos rostros.

Una lágrima corrió por su mejilla mientras crispaba los puños. Quería descargar su furia y
frustración sobre algo, necesitaba sacar todo el dolor y la rabia contenidas. Era un hombre, podría
ser un excelente hombre, sólo necesitaba que creyeran en él. Sólo quería que ella lo viera de manera
diferente, sin recelos, sin desconfianza, sin falsos temores.

-No he sido un modelo de hijo, tampoco fui bueno contigo Candy, pero he intentado
rehacerme, he suplicado por una oportunidad para estar cerca de ti. No te presioné para
aceptarme, tampoco lo haré ahora. Te pedí que me dejaras ser tu amigo, te pedí confianza …

Candy estaba muda, lo veía ante ella y era otra persona. Neil le había pedido silencio, no quería
interrupciones y no podría pronunciar aunque quisiera una palabra. Ningún sonido salía de su
garganta y sólo atinaba a mirarlo con los ojos fijos. El viento parecía arreciar en esos momentos y un
extraño frío comenzaba a instalarse en su cuerpo.

-Estoy mal Candy. No se si mi imagen cambie ahora, si me percibas distinto. Bueno o malo
… fuerte o débil … ganador o perdedor .. júzgame tú, pero necesito algo firme. Te quiero
Candice White, siempre lo he hecho y lo voy a hacer. Si tú me pides que siga en el hospital o
que me dedique a algo distinto lo haré pero necesito saber si sientes algo por mi. Tu cercanía y
tu cuerpo me lo gritan pero soy un hombre Candy, necesito escuchar de tus labios lo que
podría unirte o separarte de mi.

Definitivamente la joven no esperaba esto. Quizá estuviera preparada para un breve discurso
después de su disculpa, pero no podía siquiera pensar bien con el rumbo que estaban tomando las
cosas. Se limitó a escuchar y a sentir su corazón golpeando agitadamente su pecho.

Hubo un momento de silencio antes de que Neil volteara a mirarla directamente y avanzara hablando
con una voz sumamente intima, desconocida completamente para la rubia.

-No te prometo que todo será perfecto, hay demasiadas cosas que lo impedirán, pero sí
puedo prometerte que serás lo primero en mi vida, que te defenderé y protegeré de todos y que
por ti seré un hombre triunfador del que te sientas orgullosa … por ti.

La distancia entre ellos se reducía. Su cuerpo temblaba por completo por la emoción de su confesión.
La vida era corta, lo había visto hacía pocas horas … ¿para qué seguir esperando?. Quizá el corazón
de ella no le pertenecía, pero le urgía sincerarse. Si tan sólo se apiadara de él, si vislumbrara una
pequeña posibilidad de cumplir su más grande anhelo …

El le ofreció su mano y la atrajo hacia sí.
-Neil … yo … - las palabras se perdían en su garganta. Estaba aturdida y en shock. ¿Qué es
lo que le quería decir? ¿Cuál sería su decisión?. Tembló al sentir ese leve roce …
definitivamente algo había cambiado.
-Candy – la veía a los ojos y se perdía por completo en esas estrellas color esmeralda que tan
fácilmente lo desarmaban – Te quiero Candy …

Esas palabras llegaron hasta su corazón y resonaban una y otra vez en sus oídos llenando por
completo su mente.

-Esto es … - quiso decir ella.
-¿Precipitado? – interrumpió – lo sé, pero la vida es sólo un instante y desde hace tiempo
descubrí que ese instante para mí eres tú. Sé que muchas cosas pasadas nos separan, sé que
puedo quedarme sumido en la oscuridad si me desprecias, sé …
-Shhhh – en ese momento unos finos dedos acallaron sus labios y recorrieron suavemente
sus comisuras. Esos ojos que eran objeto de su veneración lo miraban como a un hombre
distinto, había algo fuerte y profundo que no quiso interpretar por temor a equivocarse pero …

La cara de Candy estaba sonrojada … ahora era la primera vez que ella lo hacía, y tenía la imperiosa
necesidad de seguir adelante así que sin más acercó sus labios hacia él y lo besó. Se sintieron
sumidos en un torbellino. Olas de sentimientos los invadieron al ser un beso deseado por ambos. Neil
temblaba y con la proximidad de su cuerpo se sentía a nada de tocar el cielo. Candy entre sus brazos
tenía una sensación de pertenencia como nunca antes lo había sentido. ¿Eso era acaso el amor? ¿Lo
amaba realmente?. Creía que sí, pero no lo podía asegurar, sólo sabía que había luchado por ella
como lo hacen los verdaderos hombres, que no le importaba doblegarse, que había hecho hasta lo
imposible por procurar su cercanía y se daría tiempo para descubrirlo.
Capítulo XII. Por Anabel

Te amo

El beso se intensificaba a cada segundo, haciéndolos perder el aliento y la cordura. No era la primera
vez que sus labios se encontraban pero sí la primera en que sus lenguas se entrelazaban, la primera
que ella abría su boca para permitirle a él invadirla, tomar el más íntimo de sus sabores y entregarle
el propio.

“Te quiero, Candy...” Esas palabras recientemente dichas por Neil retumbaban en su alma y en su
mente mientras lo besaba y se dejaba besar. “Pero... ¿puedo confiar realmente en ti? ¿Puedo
reconocer que te quiero también a pesar de todo?”

Finalmente ella se rendía ante el reconocimiento de sus propios miedos sobre el sentimiento que fue
creciendo de a poco en su maltrecho corazón desde la noche misma de su separación con Terry...
“Terry” pensó en medio de la pasión que la desbordaba y por primera vez se dio cuenta de que lo
hacía en señal de un adiós definitivo, aplastante, contundente. Terry era el pasado, ese pasado que
daba lugar a este abrumador presente inverosímil, jamás hubiera podido pensar que entregaría su
corazón de nuevo y mucho menos que el depositario de tal joya sería Neil, ese Neil que la poseía, ese
Neil que la aprisionaba en un abrazo interminable de labios y alientos, ese Neil que había logrado
meterse en sus sueños y pensamientos. ¿Podría finalmente reconocer que sí, que lo amaba, que a
pesar de todo lo amaba?

La respiración de ambos se agitaba pidiéndoles más de esa entrega, la excitación era angustiosa, no
dejaba lugar al raciocinio. Poco a poco la mente de Candy se fue nublando y dejó de pensar en sus
temores y en la incertidumbre que gobernaba sus emociones.

Él la empujó suavemente hacia el tronco de un árbol cercano y recargó su cuerpo sobre el de ella,
buscando el delicioso contacto de su viril miembro sobre el cuerpo femenino. Una ola de delirio se le
estrelló a Candy en el vientre al sentir el palpitar incesante de lo que reconoció como la vigorosa
manifestación de la excitación de su amante y se descubrió sorpresivamente a sí misma deseando
que la ropa no existiera, que el contacto de pieles y humedades fuera absoluto, se descubrió como
una mujer decidida y una amante libre de prejuicios, quería sentirlo, quería aprisionarlo entre sus
piernas hasta morir. ¿Había sentido esa urgencia antes? ¿Había entregado su pasión de esta forma a
otro? No... Nunca antes, ni en aquel beso en Escocia. Era sin duda la primera vez que perdía de vista
las buenas costumbres que toda “mujer decente” debe considerar, era la primera vez que lo que
sentía era más fuerte que lo que pensaba.

Ajeno a los pensamientos de Candy, Neil sentía que enloquecería si no lograba vencer el miedo a su
rechazo, ansiaba acariciarla toda, pasar sus manos y su boca por todo el cuerpo de su amada, que
sentía se le entregaba sin reservas, pero temía que las inseguridades y los miedos de la chica
volvieran al sentir sus avances y se rompiera así el mágico momento que compartían. Lentamente
deshizo el beso y la miró a los ojos obteniendo inmediatamente el permiso tácito que ella le otorgaba
para continuar sus avances sin temor.

Fue ella entonces la que buscó su boca, la que le acarició el alma con su lengua y sus ardientes
deseos desbordados. Él posó sus manos sobre sus redondos senos y los estrujó cadenciosamente
arrancándole gemidos de placer nuevo, de un placer desconocido para ella hasta ese momento. Neil
resbaló sus labios lentamente hacia el mentón, y luego hacia el cuello mientras rítmicamente
embarraba su cadera en la de ella sintiendo ambos una oleada de satisfacción en cada presión que se
hacía cada vez más intensa.

Candy echaba su cabeza hacia atrás, cerraba los ojos y se dejaba llevar por el placer de sentir en
carne viva lo que una noche sintiera en aquel sueño en el que Neil la hacía su mujer entre pétalos de
rosas.

Él volvió a su boca y la besó con mayor intensidad, con locura, con una ansiedad que subía desde su
vientre. Fue entonces cuando sintió que se desbordaba en el placer, tal vez por la abstinencia a la
que se había auto sometido durante meses como una forma de expiar sus culpas y demostrar su
amor por Candy, tal vez por el infinito placer de materializar finalmente sus deseos, el hecho es que
su vientre explotaba mientras sus embates contra el cuerpo femenino se intensificaban en la
búsqueda de una mayor satisfacción, logrando al mismo tiempo con ese violento roce que su amada
se convulsionara sumida en el éxtasis de un orgasmo simultáneo, en la novedosa sensación del
placer infinito manifestándose en su bajo vientre y extendiéndose al resto de su cuerpo como una
invasión poderosa, incontrolable, que la hacía temblar y gemir sin poder evitarlo mientras una tibia
humedad descendía de su interior.

El torbellino amatorio terminó dejándolos a ambos sumidos en el sopor característico del agotamiento
que el placer conlleva. Ella ruborizada hasta las orejas, escondiendo su rostro en el fuerte pecho
masculino, él al mismo tiempo satisfecho y avergonzado de no haber podido contener sus ansias por
más tiempo, posando sus labios sobre la cabellera rubia que se desparramaba bajo sus ojos.

Suavemente se separó de ella con la interrogante de lo que encontraría en esa verde mirada cuando
la viera de nuevo. Lo que encontró superó el más perfecto de los anhelos, ahí estaba ella, con los
labios aun palpitantes y húmedos, con la melena alborotada y llena de pequeñas ramitas y trozos de
corteza, testigos mudos de los intensos momentos recién vividos, llenos los ojos de satisfacción y
sorpresa.

Se miraron largamente, sin hablar, repasando cada uno en su interior el largo camino que debieron
recorrer para llegar a ese punto de encuentro cósmico, de complementación amorosa, hasta que él
sintió el frío golpearle la entrepierna y bajó su vista hacia esa zona de su cuerpo. Fue entonces
cuando ambos soltaron una sonora carcajada, al reconocer una amplia y húmeda mancha en su
pantalón como evidencia irrefutable de su sensual aventura.

La carcajada les entibió el alma, les despojó del último resquicio de tensión guardada y los devolvió a
la realidad, a esa realidad en la que quedaban conversaciones pendientes y miedos por vencer.

Candy se separó un poco, se sacudió el cabello y se acomodó la falda. Necesitaba encontrar la
claridad de ideas para poder explicarle a Neil sus sentimientos y sus temores.

Recordó entonces la promesa que él le hiciera antes de besarla: “No te prometo que todo será
perfecto, hay demasiadas cosas que lo impedirán, pero sí puedo prometerte que serás lo primero en
mi vida, que te defenderé y protegeré de todos y que por ti seré un hombre triunfador del que te
sientas orgullosa… por ti.”, y sintió la imperiosa necesidad de hablar, de decirle tantas cosas que
guardaba en su pecho y que por desconfianza había callado.

Ahora que su cuerpo había hablado por ella de poco o de nada valía que negara que lo amaba,
porque tal fue el descubrimiento que ella hiciera al final de ese intercambio de besos y caricias: ella lo
amaba, lo amaba en cuerpo y alma, con sus defectos y virtudes, lo amaba desde hacía tiempo, lo
amaba y con él a su olor y a su pelo y a sus manos y a sus ojos. Lo amaba como nunca, como
siempre, como jamás.
- Te amo… - susurró mientras Neil se sacudía el cabello y se acomodaba la corbata,
tomándolo por sorpresa y haciendo que volteara a verla lleno de asombro y confusión.

- Te amo… - repitió al ver el desconcierto habitar su mirada, sin embargo Neil no
reaccionaba, parecía estar en una especie de trance. Tantos años anhelando esas palabras que
ahora finalmente escuchaba, tantas noches soñando, eran demasiadas emociones y le estaba
costando trabajo asimilarlas.

Candy se acercó a él y suavemente le acarició el rostro.

- Te amo… - volvió a decir, esta vez a escasos centímetros de la boca del muchacho,
depositando luego un beso en sus labios, mientras gruesas lágrimas caían de los ojos de Neil.

Este, al sentir la humedad atravesando su rostro fue conciente de que nunca antes había llorado de
felicidad. Porque esas lágrimas eran de la más absoluta felicidad, esa que te llega cuando lo que más
anhelas en la vida se te concede.

- Candy – murmuró en medio de la lluvia de besos que ella le regalaba para entregarse de
nueva cuenta a la exquisita tarea de llenarse la boca y las manos de la mujer a la que amaba y
que finalmente le correspondía, ajenos ambos a un par de ojos intrusos que los observaban a
cierta distancia.
Capítulo XIII. Por Laurie

Mentiras

Neil y Candy estaban en el departamento de ella, lugar al que se habían dirigido después del bosque.
A pesar de todo Candy se sentía cohibida y algo apenada, los hechos habían dado ocurrido sin dar
oportunidad de que fluyeran los sentimientos. Estaba preparando un té para ambos cuando sintió
las manos de Neil sobre su cintura y su rostro sobre el hombro.

-Candy... – dijo en media voz, delatando la intimidad del momento.
-Dime...
-Quiero que sepas que te amo... lo que paso fue... maravilloso – decía mientras la volteaba
para encontrarse con su mirada – entiendo demasiado tarde que las condiciones no fueron las
mejores para que algo así sucediera, pero... no pude contenerme más... llevaba meses
esperando una señal de aceptación de tu parte...
-Neil, yo no me arrepiento de lo que paso, pero... estoy confundida...
-¿Confundida, de que hablas? – algo dentro de él reacciono de inmediato ante esa
respuesta... ¿Se estaba acaso burlando de él?
-Quiero decir... que me apena que pienses mal de mi.... yo... nunca antes me había sentido
así – dijo Candy en medio de gran rubor deseando intensamente refugiarse en su pecho. La
vocecilla frágil y pausada.
-Yo te amo Candy...- dijo el atrayéndola hacía su pecho adivinado la necesidad que tenia de
que le reafirmara sus sentimientos... – No quiero que vuelvas a dudarlo, reconozco de nuevo
que no he sido un santo contigo, pero ahora todo es distinto... por favor no vuelvas a dudar de
mi. Después de lo que ha pasado, creo que tendremos que hablar con la familia...
-¡Neil, la tía abuela me va a odiar...!- dijo ella llenándose de un infantil miedo a las
reacciones de la anciana...
-Por supuesto que no... Candy lo que ha pasado es nuestra intimidad, nuestra relación, sólo
tu y yo somos participes, nadie tiene porque enterarse de ello.
-¿Nuestra relación?- dijo ella cambiando las preocupaciones por otras dudas que resultaban
un tanto más agradables...
-...Nuestra relación... – afirmo él – Claro eso en el caso de que acepte ser tu novio...
-¿Qué quieres decir? – respondió ella frunciendo el cejo y tensando la espalda...
-Era broma Candy – y la retuvo entre sus brazos al ver su posición – Eres mi novia... bueno
de nombre, a partir de hoy, creo que somos mucho más que eso, ¿No crees?. Quiero gritárselo
al mundo...
-¿Cómo que gritárselo?, acabas de decir que todo quedara entre tu y yo...
-Claro que si... lo que quiero gritarles es que en breve serás mi esposa...
-¿Esposa?... – dijo ella borrando cualquier otra cosa de la mente.
-Si no aceptas, entonces si que la Tía abuela se enterara de...
-¿Hablas en serio Neil?...- ella seguía incrédula, la mirada se comenzaba a poner brillante y
Neil supo que estaba conmovida. Se embelesó viendo esa reacción en ella y se dijo a sí mismo
que haría lo que fuera por tener esa laguna verde todos los días de su vida, brillando así, solo
para él.
-Por supuesto que si, es algo necesario después de lo que ha pasado y además es lo que
deseo.
Se quedaron viendo por largo rato un poco más y disfrutando su iniciada relación. El té quedo en el
olvido, pero no la mancha en el pantalón de Neil. Candy lo tuvo entre sus manos y revivió con
ensueño semejantes escenas. Lavo delicadamente la parte de la prenda y después la seco con ayuda
de la plancha... Esposa...quien lo diría. Con una sonrisa realizaba la tarea, y tan entusiasmada estaba
que solo cuando percibió de vuelta los brazos de Neil se dio cuenta de que él estaba ahí... sin
pantalones...

-¿Te gustaría vivir en la casa de Lakewood? – pregunto cerca de su oído...
-Es cerca del Hogar de Pony y es muy hermosa... pero mi trabajo esta aquí...
-¿Trabajo?, Candy, creo que no sea conveniente que sigas trabajando...
-Pero a mi me gusta lo que hago..
-Sí lo sé, y sé que es importante para ti, pero piensa cuando tengamos una familia... podrías
contagiarles algo a nuestros niños, a mi... o tu misma enfermarte. Además sabes que los niños
requieren mucho cuidado, quien mejor que tu para que estés pendiente de ellos.
-¿Niños? – dijo Candy con gran ilusión...
-Por supuesto, creo que tenemos que pensar en eso... Ahora que te vi ocupada en mi
pantalón, pensé en que tu sólita podrías hacerte cargo de las labores de la casa... y te adelanto
que no lo permitiré, no deseo llegar y encontrar a mi esposa cansada y sucia...
-Neil yo...
-Sí Candy, ya sé que te gusta mantenerte ocupada y estaré de acuerdo, siempre y cuando no
excedas... cundo tengamos un hijo quiero que te dediques por completo a él... No quiero que
crezca entre nanas y sirvientes...
-Creo que te estas adelantando demasiado... ya pensaremos en eso cuando se de la
situación...
-Podría ser muy pronto. Tengo que hablar con Albert... y espero que me crea...
-Hablara conmigo y le diré que es verdad...
-Espero que no intente golpearme o matarme por seducir a su hija... -. Dijo pícaramente...
-Preocúpate por Archie, él si no te creerá fácilmente.- Neil recordó la platica tan efusiva y
alegre de Candy con Archie...
-¿Te importa mucho lo que Archie piense?...Él es muy importante para ti ¿Verdad?
-Por supuesto... es como mi hermano, y es el prometido de Annie... me ha dicho que se
casaran pronto y eso me hace inmensamente feliz, he esperado esa boda desde hace mucho
tiempo.

Neil suspiro aliviado para sus adentros. De seguro Candy lo había abrazado con tanto entusiasmo al
decirle él que se casaría con Annie. Sin embargo, tal como decía Candy, de seguro él si dudaría de su
relación con ella y posiblemente hasta se opusiera... Tendría que tener gran cuidado con él y sus
arranques.

-Aquí está tu pantalón...– dijo ella sin levantar la vista entregándoselo con la mano...
-Gracias – respondió secamente, tomándolo para colocarlo de inmediato sobre el
planchador... Pero así estoy cómodo – y se deleito en la mirada escandalizada que Candy le
mandó... – Aunque la situación es injusta – Y dejo caer lo labios sobre los de Candy al tiempo
que sus manos iniciaban una batalla con la falda...

¡Ese infeliz de seguro estaba planeando algo más!... claro que eso era... de ninguna manera había
quitado el dedo del reglón y ahora había logrado su objetivo... ¿Cómo es que su gatita había caído en
sus intrigas?. Ella sabia mejor que nadie que no era gente de confiar, muchas ocasiones había
padecido por sus estupideces ya hora sin más creía en él y aceptaba una relación...¡La estaba
besando!... ¡El muy patán, la estaba besando!... para su suerte de su vesícula biliar era todo lo que
había visto

Archie estaba como fiera enjaulada, conducía sin mucho cuidado hasta la oficina de Albert. no le
diría lo que pasaba, eso lo resolvería el mismo, esa era una deuda contraída con Anthony y Stear. El
bienestar de Candy era un común entre los primos, siempre fueron muy unidos, los tres, el tonto de
Neil sólo intervenía para mal... siempre lo echaba todo a perder. Tenía manos de estomago y de
ninguna forma permitiría que le hiciera daño a Candy... Solo dios sabía que artimañas abría utilizado
para hacerla caer en sus redes... pero eso era lo de menos, así tuviera que recurrir al mismísimo
demonio para llevar a cabo sus planes y alejarlo de ella lo haría. Afortunadamente tengo su dirección...
pensó mientras caminaba ya por los pasillos de las empresas Andley e irrumpía sin más en la oficina
de Albert.

-Archie ¿Algún problema?, te ves muy alterado...
-Tenemos problemas en la sucursal de Florida, al parecer una huelga esta por estallar y se
necesita de nuestra presencia - dijo Archie evidenciando preocupación.
- !Oh no! - estallo Albert lleno de frustración. Desde el primer día que llego a las empresas el
ritmo lo trabajo lo absorbió y alargó indefinidamente sus deseos de dedicarse a lo que
realmente le gustaba - George salió hoy hacia Washington, tenia cosas que arreglar allá,
mañana se firma el contrato con los europeos y yo debo estar presente...
- Por mi parte Albert tengo cosas que revisar de otro contrato, es una buena inversión y la
cita con los interesados también será pronto... además, mi compromiso con Annie esta por
anunciarse... Creo que es tiempo de que Neil se encargue de algo serio - menciono calculando el
tiempo necesario para alejar a Neil y platicar con Candy, además de...
- ¿Neil?... Hablas en serio... digo, no es que desconfíe de su capacidad, pero sabes que
participa en las empresas solo cuando quiere, para ejemplo, no se ha parado desde hace más
de un mes por aquí...

Demasiado ocupado seduciendo a Candy...¡!Imbécil!...

- Sr. Andley, su sobrino lo busca- la secretaria entro.
- ¿Mi sobrino?
- Albert necesito hablar contigo de algo muy importante... - Neil se presento en ese justo
momento. Archie secretó más ácido al pensar de lo que deseaba hablarle, al ver sus ojos
brillantes de triunfo y satisfacción.
- ¡Que bien que llegas Neil! - dijo inmediatamente de forma muy irónica... - Justo estábamos
hablando de ti...
- ¿Ocurre algo?

La expresión le fue cambiando en cuanto escucho lo que le proponían. No entendía porque ese par
que siempre había desconfiado de él, ahora de pronto le confería semejante labor. Por supuesto que
rebatió un poco, no tanto como se esperaría al valorar la situación, se dio cuenta de que no podía
contrariar a Albert, en esta ocasión no era una vulgar mesada lo que estaba en juego, si deseaba en
verdad ganar su confianza y aspiraba a que aceptara su relación con Candy tendría que mostrar que
estaba dispuesto a participar seriamente en los negocios de la familia, ese seria el comienzo...

- ¿Porqué no vas tu Archie?. Tienes mas experiencia, ¿No es lo que siempre pregonas?...
- Archie tiene otros asuntos, además esta preparando su fiesta de compromiso...
- ¿Fiesta de compromiso? - respondió con una irónica sonrisa- No me han dicho siempre que
la responsabilidad está por encima de todo.
- Justo deseamos que empieces a experimentarlo y te olvides por completo de cosas
imposibles... - le respondió Archie con una mirada penetrante que se adivinaba como
amenaza...
- De acuerdo, revisare el informe y partiré mañana...
-Partirás hoy, aquí tienes tu pasaje - respondió haciendo señas a las secretaria para que lo
entregara.
- ¡Hoy mismo!...- Archie tenia algo más en contra de él... y tal vez por la proximidad de los
hechos, se le vino de inmediato la idea de que estaba enterado de algo entre el y Candy... - De
acuerdo, solo espero contar con los mismos privilegios que tú cuando yo anuncie mi
compromiso - respondió deleitándose viendo como Archie se tensaba como tocino echado a la
cacerola y sus ojos intentaban asesinarlo... Era eso, su primo sabia algo y quería alejarlo.
- Tendrás mi apoyo cuando eso suceda - contesto Albert ignorante de la situación
alrededor...
- Ya te lo recordare Tío, me voy entonces... - se encaminó a la puerta y desde ahí se volvió de
nueva cuenta... - Espero que tu fiesta salga muy bien... te prometo regresar para esos días, tal
vez contrate a la misma agencia - dijo sosteniéndole la mirada a Archie - Cuiden a Candy por
mi...

Albert se quedo extrañando, pero no puso mayor atencion... hasta después de terminar de revisar
una hoja fue que reacciono...

- ¿Esta saliendo Neil con alguien?...
- No - Archie pensó mejor las cosas - ... No estoy seguro, siempre se a rumorado que entre él
y Daisy Simons existe algo...
- Entiendo... - el magnate siguió pensativo observando las reacciones de su otro sobrino... -
Dime algo Archie... ¿Hay algo que no sepa?, ¿Querías deshacerte de Neil?...
- ¿Cómo se te ocurre?... - menciono antes de salir de la oficina...

El té dejaba escapar nubecillas que se elevaban. Los dos hombres estaban frente a frente y a decir
verdad Archie jamás penso pedir ayuda de... ¿El mismo demonio?

- Me alegra saber de Candy... ¿Cómo esta ella?...
- Agradezco que hayas venido... pero iré al grano... Desde su viaje a Nueva York, Candy ha
estado muy extraña... Si no estuviera desesperado jamas te abría buscado...
- Eso lo sé, no tienes que repetírmelo, y por eso es que vine... deseo que ella sea feliz, así que
haré cualquier cosa por ayudarte...
- ¿Te has casado? - lanzo la pregunta directa haciendo que el hombre frente a él
inevitablemente sonriera por su urgencia...
- No lo han publicado los diarios...
- Quería comprobarlo... no todo lo que dicen es cierto...
- No me he casado... aún...
- ¿Qué sientes por Candy?... ¿La sigues...?
- Por supuesto que la quiero, siempre lo haré... pero lamento desilusionarte...
- ¿A qué te refieres?...
- A que de ninguna manera pienso interponerme entre ella y alguien mas, si es lo que
pretendes...
- ¡Maldita sea tienes que ayudarme! - respondió Archie soltando la taza de teé..
- Te comportas como si ella estuviera en las puertas del infierno... Candy es fuerte y jamas
haría algo de lo que se arrepintiera. Si ahora esta con alguien, aunque me duela, tengo que
aceptar que es lo justo... y si ella ha escogido, así tu y tu familia entera se retuerzan ella
terminara haciendo lo que quiera, pareciera que no la conoces... A propósito gracias por la
invitación a tu fiesta...
-No entiendes nada...
-¿Quién es el involucrado? - interrumpió con su clásico sarcasmo y altanería...- ¿Neil
Leegan? - menciono envolviendo sus palabras con una burlesca sonrisa, que cambio de
inmediato al ver la expresión de Archie... su taza hizo el mismo sonido al caer...

De pronto recordó el final de la función, la escena de las escaleras. Candy trataba de engañarlo, pero
la verdad es que estaba triste. Él se quedó en el filo de la escalinata viéndola alejarse... sólo por
momentos, después la siguió discretamente hasta que en la entrada al hospital vio a Neil Leegan que
la abrazaba y limpiaba sus lágrimas. En ese momento hubiera querido correr y arrancarla de sus
brazos, pero la madre de Sussana lo llamó y tomándolo del brazo lo alejo de ahí. Sin embargo en al
expresión de Neil vio por primera vez algo bueno, algo honesto... estaba enamorado de ella...

Habían pasado casi dos semanas y Candy no tenia noticias de Neil. En sus actividades de la clínica
se veía algo distraída y varias veces soportó la burla de sus compañeras por la ausencia de Neil. Le
sorprendió demasiado darse cuenta de que muchas de ellas se referían a él como su novio. Ahora
estaba en su departamento, discerniendo que seria lo mas adecuado para usar en la fiesta de
compromiso de Annie, seria la noche siguiente y no quería defraudar a su hermana. Le hubiera
gustado ir con él, aunque algo le decía que con seguridad iría a la fiesta.

Afortunadamente Candy no acostumbraba leer las paginas de sociales, porque de ser así, se hubiera
enterado de que Terrence Granchester acababa de llegar a Chicago en plan de encontrar el amor, por
lo menos así lo decían los diarios sensacionalistas, al mismo tiempo comentaban que los jóvenes de
la rancia sociedad buscaban establecer alianzas. El mas comentado caso desde luego era el de los
Cornwell-Brighten, su unión considerada de ensueño por ser una pareja joven y hermosa que
derrochaba amor, además de unir a dos de las más importantes familias de América en cuanto a
prestigio y poder. Sin embargo desde hacia días se dilucidaba también sobre todos los romances
inestables que tenia ya en su historial Neil Leegan, el mas estable dentro de toda la correría de
debutantes, era sin duda el que tenia con Daisy Simons.

Candy empezó a revisar los periódicos con la intención de recortar las fotos de Annie y Archie. Tomo
el periódico sin miedo de las noticias que se publicaran en las paginas de sociales. En eso estaba
cuando alguien llamo a su puerta.

− Hola Candice... - Sin invitación Eliza entro al sencillo departamento inspeccionando
todo... demasiado sencillo y simplucho para su gusto, pero no pudo evitar plantearse lo
extraordinario de vivir sola...
− Hola Eliza - a decir verdad encontraba poco o nada de gusto por la visita, por el
contrario se esperaba lo peor. Sin embargo era conciente que lo mejor seria la forma de ir
limando asperezas, o por lo menos intentarlo...
− He traído algo para ti... - y vio como la mirada se le iluminaba... - Albert mando fuera a
Neil por asuntos de la empresa... no pudo despedirse de ti y hasta ahora ha enviado
esto...- le extendió un sobre... No era que Neil no hubiera escrito nada... era más bien
que Archie “había colocado” un especial filtro para la correspondencia... Eliza considero
prudente mantener el juego de las cartas...
− Gracias...
− No sé a bien que es lo que te traes con mi hermano y esta de más decirte que no me
agradas - menciono despectiva...
− Eliza...
− Apoyare a mi hermano en lo que sea, pero si haces cualquier cosa contraria a él, te
darás cuenta que todo lo hecho hasta ahora fue mera cosa de chiquillos... Más te vale
hacerlo feliz, o de lo contrario... te las veras conmigo y no tendré piedad... - respondió
cerca de la salida...

Candy no presto mucha atención a sus palabras, en cuanto salió, rasgo urgida el sobre y comenzó a
leer en voz alta...

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
oñando en la mar amarga.

A media poema era otra voz era la que se escuchaba, una que definitivamente no era la que deseaba
escuchar en ese momento...

Candy se volteo incrédula para encontrar al dueño de esa profunda voz. Con su usual pose
sarcástica y su porte altivo, Terrence le sonreía abiertamente. Por supuesto que sintió gran gusto al
verlo ahí frente a ella, sobre todo al ver que ya no tenía el velo de tristeza y angustia sobre su mirada,
por el contrario. Vestido elegantemente, hacía honor a sus raíces aristocráticas. Sin embargo más
allá del gusto un leve temor interno se le formo, el temor de que el intentara hacerla regresar a su
lado.

-¿Tú?- fue lo único que sus labios pudieron decir.
-Veo que te da gusto verme – respondió de inmediato, sonriendo y comprobando que de
intentar reconquistarla sería inútil... ella ya no lo amaba... – Yo si estoy feliz de estar aquí...
-No me imagine verte tan pronto – ella seguía impresionada por la presencia de su “ex”... de
pronto se dio cuenta de que Eliza acababa de salir y se sintió una niña huyendo de los retos o
del descubrimiento de la hna. María.
-Hermoso poema, de mis favoritos... ¿Quién te lo ha mandado?, es digno de reconocer su
buen gusto... en todos sentidos...
-¿Cómo estas Terry?... – fue lo que atino a decir mientras saboreaba la sensación de libertad
por no conmoverse o alterarse con solo verlo...
-Estoy feliz de verte feliz – respondió él con una reverencia. Candy clavó su mirada en él y se
dio cuenta de que era sincero. Sin poder contenerse se arrojo a sus brazos buscando al amigo
que tanto estimaba - Me alegro muchísimo de tenerte así, de poder abrazarte sin miedos y sin
represiones... Pecosa, me alegro tanto de recuperar a mi más querida amiga...
-Terry... me alegro tanto de verte bien... ¿Cómo está...
-No quiero hablar de eso – respondió negándole a Candy el saber que en menos de lo que
esperaba Sussana dio por terminado todo afecto que pudiera tener por él – lo único que deseo
saber es... ¿Eres feliz?...
-Lo soy... – le contesto sin dudas.
-Es lo que importa...

Eliza espiaba la escena desde el pasillo. Habían dejado la puerta abierta y así se entero de todo,
honestamente pensó que de seguro Candy volaría a los brazos de Terrence, pero se encontró con la
mirada con algo de angustia estrujando la nota del poema. Decidió no actuar, las reacciones de
Candice al parecer eran fieles a su hermano.

Elegantes atuendos abundaban por doquier, la constante era clase y distinción, la mansión Andley se
engalanaba para darle la bienvenida a una nueva miembro del Clan, Annie en compañía de sus
padres se encontraba dichosa, sobre todo al ver que Candy lucía tan feliz como hacía mucho no la
veía. Se sorprendió demasiado cuando al inicio del baile ella irrumpió en la pista del brazo de Terry,
junto con Patty comentó que posiblemente se habían arreglado, sin embargo a media velada él acudió
a despedirse para abandonar la fiesta. Todo esta en orden Cornwell, no hay de que preocuparse, te
aseguro que Candy será feliz...

Terry se dirigía hacía la salida cuando un auto se aparco en la entrada, el piloto descendió y se quedo
de una pieza al ver quien estaba saliendo. Sin poder evitarlo se llenó de rabia y de celos, sobre todo al
ver que Candy lo abrazaba y besaba su mejilla. El ardor en su interior fue infinito y casi alcanzo a
escuchar como algo se quebraba dentro de él. No podía creerlo e insanamente no desprendía la vista
de la escena. Un sabor profundamente amargo le lleno la boca mientras sentía que el piso
desaparecía y él era el imbécil más grande sobre la tierra.

-¡Hola Neil! – la voz de Daisy Simons se escucho tras él - ¿Qué ocurre? – pregunto más que
sorprendida al ver la palidez de su rostro y lo fiero de su mirada...
-Nada... es solo un poco de cansancio...
-Magnífica fiesta- respondió ella como si nada, evidenciando lo poco que le importaba en
realidad su bienestar- Como todas las que organiza tu familia...

Neil no puso la menor atención a lo que decía, continuaba con la mirada fija en la entrada.

-¡Que suerte la de tu prima!... toda la velada ha estado pendiente de ella...
-¡Ella no es mi prima!- menciono de inmediato a borbotones de ira.
Justo en ese momento Terry comenzó caminar hacía la salida, pudo ver como se despedía de Candy
con un beso en la mano, luego se dio la vuelta y ella agito su mano, pero el no volvió la mirada atrás.
Candy se quedo sola en la entrada, una sonrisa melancólica se dibujo en su rostro y después elevo la
vista al cielo. Él decidió que era tiempo de hacerse notar.

-¡Neil espérame!, dijiste que entrarías conmigo – la chica casi corrió detrás de él que como
fiera se acerco a la entrada.
-¿Te diviertes? – pregunto con una voz ronca y baja, asiéndola fuertemente por un brazo...
-¡Neil!...- ella se sintió feliz, pero al ver a la muchacha que lo seguía y su mirada oscurecida
de rabia se sintió completamente contrariada, casi asustada y algo molesta cuando él comenzó
a caminar llevándola hacía otro de los jardines.

Caminando a gran velocidad y sin detenerse a pensar en su bienestar se detuvo finalmente
aprisionándola entre el tronco de un árbol. Sus manos sostenían fuertemente los hombros y su
rostro estaba por demás cerca del de Candy.

-¿Qué hacías con ese imbécil? – Fue su pregunta y una de sus manos rodeo su cuello sin
presionarlo. Candy sintió que la piel le ardía intensamente y no supo si era excitación, temor o
indignación lo que sentía por comportarse él de esa forma.
-Me despedía de él... sólo eso- se dio cuenta de que estaba muy celoso y adivinaba dolor en
medio de su reacción violenta.
-¿En verdad deseas estar conmigo?... ¿Te irás con él?... Más te vale que no Candy, porque
jamás lo permitiría – dijo al comenzar a ejercer un poco de presión en su cuello,
inevitablemente una lágrima lo traiciono y se sintió débil como nunca antes...
-Neil, mi amor, te extrañe tanto, no me dijiste que viajarías...

Neil la soltó de pronto y se enjugo las lagrimas, inmediatamente la agitada Daisy apareció. Él clavo
su mirada profunda en la de Candy por última vez y sin más se volvió para ofrecer su brazo a la boba
rubia detrás de él.

Candy se quedo de una pieza y salió casi corriendo de regreso a la mansión. Tropezó con su espalda,
pero no se detuvo, siguió su camino muy alterada. Los ojos de Archie la siguieron preocupados
desde el interior del salón, pero no hizo nada. Sólo cuando vio que Neil entraba solo y la buscaba por
doquier con la mirada fue que decidió intervenir...
Capítulo XIV. Por Alondrita

Hazlo sufrir

Cuando el amor parece tomar su curso se enfrenta a duras pruebas de sobre vivencia, pareciera que
el mundo estuviese a su favor y de pronto envidiase su suerte y se volteara por completo en su
contra. Quién podría decir a los enamorados el curso correcto de sus acciones, quién podría
aconsejarles de la mejor forma para el bien de su propia vida y de su relación. Cómo saber si el
mundo tiene para ellos un destino favorable o no, cómo saber si es erróneo o de acierto cada uno de
sus pasos, cómo saber más aún si se pertenecen uno a otro y si se han encontrado a su media
naranja o han errado en su mirar.

Candy se torturaba la mente en aquel oscuro sitio, girando de un lado a otro para contener las
lágrimas que ya había derramado. Había pasado de la pena, el temor, la tristeza y todos esos
sentimientos de un corazón dolido a la desilusión, desencanto, rabia e indignación por lo sucedido
unos minutos atrás. Su cabeza indagaba una y mil veces por la el trato de Neil hacia su persona,
pero no por analizarlo a él, sino a ella misma, ¿era que ella misma había permitido todo aquello? ¿Ya
no era la misma Candy? ¿Su lugar se había rebajado tanto como persona para permitirle tal
arranque de celos y, peor aún, ese trato y desconfianza hacia ella? ¿Realmente podría vivir con algo
así?

Después le hubo asaltado un temor y un razonamiento que dejó de lado por la confianza que tenía a
aquel hombre que poco había dado para ganársela… él había amenazado con hablar de su encuentro
amoroso con la familia si ella lo rechazaba, tal vez no bromeara y ella quiso creerle en medio de su
embelezo por él, había dicho que no la dejaría ir tan fácilmente… ¿quién se creía que era? ¿Su dueño
acaso?

Fue entonces que sus pensamientos se vieron interrumpidos por una voz, una familiar y profunda
voz que llegaba de un lugar que no pudo descifrar de inmediato.

- Y hasta ahora te preguntas si tus decisiones fueron las adecuadas- aseveró aquella
inconfundible voz. Ella giró rápidamente para encontrarse con la procedencia de aquel sonido
pero no había estado tan sumida en sí misma que apenas y le había sido audible.
- Pero quién…- preguntó a penas con los ojos temblando de rabia, las manos doliendo de
impotencia, el corazón constipado de dolor y la garganta atravesada y atorada por un enorme
nudo.
- Por acá Pecosa- Entonces ella giró y lo descubrió, estaba muy cerca suyo, pero en un lugar
que no hubiera adivinado en esos momentos de frustración y dolor.
- ¿Qué haces aquí?, pensé que ya te habías marchado- dijo ella.
- Si quieres así lo haré, pero no pude evitar ver aquella escenita que acaba de hacer tu novio
y la facilidad con la que te ha dejado huir y pensé en hacerte compañía… o bien fastidiarte un
rato más- dijo con aquel sarcasmo y burla tan de sí cuando trata un acercamiento pero le
cuesta trabajo. –Por cierto- dijo –creí que te encontraría trepada de un árbol para aliviar tu
dolor, ¿tanto has cambiado?

Guardaron silencio un momento y después Terry recomenzó su charla.
- Deberíamos irnos de aquí, estamos bastante cerca y a la vista, no me gustaría que tu
noviecito nos encontrara y te diera una paliza- dijo burlón desde aquella rama en la que estaba
totalmente relajado en apariencia.
- El no...- trató de defenderlo Candy, pero al ver aquellos ojos no pudo decir mucho.
- Qué lugar para fingir esconderte
- ¿Fingir?, ¿de qué estás hablando?- respondió ella indignada y a la defensiva con Terry.
- Si, de qué otra forma puede llamarse si llegas a este sitio que se encuentra tan a la mano
para que seas encontrada, supongo que es porque en tus sueños él te persigue y se arrodilla
pidiéndote perdón por sus arranques de celos.- sugirió él para forzar a Candy a moverse de
aquel lugar, pero sin bajar de aquella altura por si eran descubiertos no afectarla en ningún
momento.

Candy no dijo mucho, se limitó a girar la cabeza hacia uno de sus costados en ánimo de descontento
y pronunciar dos palabras “Yo… no”, pero era verdad, de cierta forma ella le facilitaba a Neil el
encontrarla, no era tan tonta para esconderse en un sitio así, tan iluminado y cercano a su pelea. “Es
verdad” pensó para sí “tan embobada estoy con él que incluso después de lo que hizo espero que
venga a buscarme para reconciliarnos, inconcientemente no busqué un mejor lugar para
esconderme, me traiciono a mí misma”.

- ¿Y bien?- preguntó a lo que ella asintió con la cabeza y esperó a que él bajara, pero éste
solo se deslizó un poco más abajo para extenderle la mano, ella reflejó su incógnita en la cara y
Terry dijo entonces –Sería más prudente escapar por los árboles ¿no crees?, o ¿aún deseas que
te encuentre?- Candy tomó impulso y brincó para sujetarse de aquella mano amiga, subió y
ambos fueron de árbol en árbol a un sitio aún más cerca de en dónde se llevaba a cabo la
fiesta, pero más escondido e inverosímil a la vez.
- ¿No eras tú el que decía que era obvia?- indagó burlesca Candy.
- Resulta que hay varias formas de esconderse, y el mejor lugar es el más inesperado, el que
por obviedad se descarta. Aquí estamos a salvo, nadie nos ve y nosotros si los vemos, además
así podrás volver a la fiesta para despedirte cuando lo desees.

Candy lo miró, sin duda era aún más inteligente y maduro. Ella trató de indagar en el corazón de él
pero éste no lo permitió, solo dijo “No estamos aquí para hablar de mí, eso ya lo hicimos, solo
agregaré que se tu no me amas más y ya hemos separado nuestras vidas… solo nos resta algo que
espero jamás perderemos y es nuestra amistad”.

Charlaron por largo rato. Terry indicó que comprendía, sin justificar, la reacción de Neil al verlo con
ella, sin embargo era imperativo que si ella pretendía tener una relación más seria con él siguiera
dándose su lugar como persona, que impusiera su fuerza espiritual ante la de él, así vencería y
tendrían alguna posibilidad. Se despedían finalmente, él partiría y ella entraría por aquella vidriera y
estaría en la fiesta sin acceder por la puerta principal.

- Hazlo sufrir- dijo por último adiós de esa noche Terry.
- Lo haré- dijo ella confabulada en aquella enigmática y arrolladora sonrisa.

Terry partió con un dolor en el corazón, en verdad aún era la dueña de él, sin embargo ella no le
pertenecía más, su corazón había cedido ante tanto dolor. Ahora era su turno de ser fuerte y dejarla
libre, el sacrificio algún día se vería recompensado, y de no ser así, él podría estar cerca para revivir
su amor si Neil Leegan no aprovechaba su oportunidad, siempre estaba esa posibilidad. Pero Terry no
sabía lo que el destino le tendría preparado, un amor inesperado aparecería en su vida en poco, una
chica conocida de antaño, de la que jamás podría imaginado enamorarse. En Nueva York se toparía
con Patricia O’Brian, en un accidente ellos dos se verían íntimamente ligados para vivir y ahí Terry se
permitiría conocer la fortaleza de aquella chica y encontraría a la mujer escondida en aquel capullo
que hubo sido en la época del Colegio San Pablo.
Por su parte Candy tenía aún mucho camino por recorrer. Tomó valor y se introdujo a la fiesta, no
sin ser advertida por cierta hermana suya y la de su ahora “galán fastidioso”, como le hubo llamado
Terry.

-¡Candy! ¿De dónde vienes?- indagó Annie y charlaron por un breve instante ante la mirada
fija de Eliza Leegan quien no perdía pista de todo aquello.

Eliza buscó a su hermano entre el despliegue de Andley de aquel lugar, pero no le encontró y decidió
cuidar los intereses de éste y dejarlo sufrir buscando a la chica.

“Eres un tonto Neil, gocé diciéndote como Candy y Terry charlaron en el departamento de ella y
haciéndote ver después de acentuar tus celos cómo se trataron cual viejos amigos y qué tan idiota
has podido ser al dejarla ir… se que ella es tu felicidad, pero sufrirás por haberla elegido, esto te
costará… no solo por mí, sino porque ella es una chiquilla maleducada y sin una pizca de gracia. Tal
vez después de todo termines odiándola de nuevo y… pero mientras tanto sufran ambos y aprendan a
comportarse.” Pensaba la chica entre mil conjeturas que se hacía. Era la espectadora más enterada,
ella sabía los comos y porqués, así pues podía disponer de artimañas para moverles como piezas de
ajedrez y divertirse un poco, aunque no haría daño a su hermano, no demasiado.

La fiesta había terminado ya cuando Neil volvió, Candy no le esperó, llegó a su departamento y se
acomodó para una larga noche de fingido sueño.

-¿Cómo es posible Neil?- se decía mientras subía por aquella escalerilla –De nuevo estás por
humillarte, eres tan estúpido… pero ella debió saber que… no debía estar con ese hombre, es
mi novia ahora y esta noche yo tenía la pretensión de anunciarlo. La burla en la cara de Eliza
jamás la podré borrar de mi mente… y la cara de Archie, ese idiota.- refunfuñaba cuando se
topó con la ventana y se dio un golpe que le dolió en el alma.

Candy giró y vio a alguien surgir poco a poco de su ventana, aprovechó la oscuridad y tomó algo para
golpear al intruso. Candy no emitió sonido alguno y se sitió tras él acertándole tal golpe que lo hizo
caer. Encendió la luz para ver horrorizada que se trataba de Neil. Éste último se levantó con
dificultad y la miró encolerizado por el golpe, ella miró aquella lamparilla aún en sus manos y la
escondió tras ella rápidamente, como una pequeña que había sido descubierta en una travesura.
Después recordó las palabras de Terry y volvió a empuñar su arma amenazadoramente en contra de
aquel intruso.

-¿Qué haces aquí?, ¿cómo te atreves?- Indagó ella.

Neil no dijo nada. Solo se quedó sentado bajo la ventana un rato, estaba aturdido y a la vez no sabía
qué decir a Candy. Ella finalmente se acercó al ropero y tomó un maletín que guardaba ahí, después
fue hacia Neil habiéndole ganado la preocupación por su bienestar, sin cambiar su expresión severa y
comenzó a revisar con fuerza aquel golpe.

Neil la tomó por la cintura y buscó sus labios, pero ella se negó sin inmutarse, mientras por dentro
sentía tantos deseos de aquel contacto. Neil debió notarlo porque no se dejó vencer y entonces pudo
ver cómo la luz develaba aquellos pechos a través de su bata blanca y los miró fijamente. Candy se
percató de ello pero ya era tarde, debía retirarse con cautela y tomar su sobrepuesto, sin embargo
Neil no la dejaría ir, aún ante sus exigencias de no tocarla.
-Te amo- dijo Neil finalmente y bajó su cabeza hasta besar aquellos pechos. Candy tomó aire
y cerró los ojos, debía ser fuerte.
-Apártate, amar no es solo usar palabras ¿sabes?

Neil la observó y sonrió.

- ¿Me perdonas? Jamás te trataré así de nuevo. Me volví loco cuando te vi a su lado.
-No puedo estar con alguien que no confía en mí- dijo ella terminando el vendaje y
separándose cruelmente de aquel abrazo. Para darle la espalda después.
-Candy, estoy apenado. No es que desconfíe de ti, no es eso del todo, tengo miedo, no
concibo aún- dijo dolorosamente y dejándose caer al suelo de nueva cuenta, haciendo a la chica
girar para mirarlo al producir un sordo sonido. –eres un ángel y yo no merezco ni he merecido
jamás tu amor, ni siquiera el que voltees a verme, eso me aterra y…- pero Candy no resistió y
se acercó a él.

-Lo siento, me volví loco de celos, pero no volverá a suceder… en verdad lo lamento. No lo
que sentí, pero si haberte tratado de esa forma. Haber- dijo mientras miraba el cuello de la
chica y se ponía en pie frente a ella- osado tocarte con tanta fuerza y lastimado- dijo al tiempo
que se atrevía a besarla en donde horas atrás estuvieron sus manos aprisionando aquel cuello.

Candy no dijo mucho, se repetía una y otra vez “Hazlo sufrir”… pero no podía, era Neil su debilidad.

Él la tomó por la cintura acercándose a sus labios peligrosamente. –Te amo- dijo y la besó con
pasión. Candy lo perdonaba, así de fácil, ¿era acaso la noche quién le llevaba a reaccionar así? O tal
vez sería que lo amaba demasiado para poder enojarse con él.

Pero no podía pensar más, él no se detenía, recorrió su cuerpo por la espalda hasta llegar bajo ella,
para sujetarla con fuerza y estrujarla contra él. Ella trataba de resistirse, pero lo deseaba, había sido
tan excitante todo aquello. Él subió su bata rápidamente y dejó al descubierto sus senos, para
después apagar aquella luz entrometida y grosera y arrojar a su amada lentamente a la cama. Quitó
su camisa y devoró aquel firme pecho, mientras Candy se debatía entre permitirle retirar su última
prenda y quedar totalmente al descubierto.

Besos, caricias, pasión, se desbordaban uno en el otro. Neil exploraba su vientre y después
traspasaba la barrera que cubriera tan vagamente su intimidad y tocaba con sus manos en lo
prohibido. Sentía como aquellos senos rozaban su varonil pecho y entonces se decidió a introducir
sus dedos en aquel ansiado sitio. Candy estaba perdida ya, lo habría dejado hacer de ella lo que
fuera.

Estuvieron así por largo rato, hasta que Neil quedara en ropa interior igual que ella y se posicionara
sobre ella abriéndose paso entre sus piernas. El roce era divino, casi tocando el cielo, sus manos
desesperaban al igual que las de ella y decidió unirlas en aquel éxtasis de placer. Ella gemía con
fuerza ante aquel vaivén y él luchaba por no quitar esas últimas prendas que los separaban del cielo,
por disfrutar todo aquello hasta donde habían llegado. Temía embarazarla, temía herirla y más que
nada se había prometido no tener relaciones con ella y eso, mientras no la penetrara con su virilidad,
podría justificarse para él como simples placeres de novios.

Introducía sus dedos una y otra vez, para después apoderarse de sus senos y terminar agitado
moviéndose con fuerza para satisfacer sus deseos, enloquecía, pero a la vez disfrutaba cómo Candy
de pronto se unía a él y disfrutaba todo aquello, parecía ser que el que no quitara esas prendas le
daba valor para tal disfrute.

Terminaron cansados y llenos del elixir del éxtasis, pero Neil debía irse antes del amanecer, así que
se vistió torpemente y con rapidez salió por donde había llegado, no sin devolverse una y mil veces a
besarla y tocar su cuerpo en medio de varios nuevos embistes de amor alocado en medio de “me voy,
me voy, me voy” como promesa entre besos y caricias arrolladoras. Finalmente parte mientras Candy
lo observaba aún casi desnuda por la ventana, escondiendo en el marco de esta su cuerpo y
asomando únicamente su cabeza para recibir de su amado esa mirada perdida y esos besos enviados
por el aire...

Ella pensaba para sí “hazlo sufrir… si, cómo lo he hecho sufrir. Pero no volverá a suceder. Y de ahora
en adelante la Candy de siempre estará presente. Sin embargo se que no debemos quedarnos solos,
no tengo la capacidad de detener sus embates. Habrá que anunciar pronto nuestro noviazgo o podría
ir a mayores… Neil, soy alguien de decisión y aunque tenga que estar con Eliza todo el día y con
Annie el resto del tiempo no volveremos a estar solos en estas circunstancias.” Pensaba y se indagaba
mientras él corría por en medio de la calle entre brincos y locos gritos ya a lo lejos. “Mejor me mudaré
a Lakewood, ahí no te será tan fácil llegar a mí… eres mi debilidad y ya lo sabes, eso es peligroso.”
Capítulo XV. Por Noemí

Nuevas esperanzas para un amigo

“Hazlo sufrir”…impón tu fuerza espiritual”

Aquellas palabras dichas por él aun parecían revolotear una y otra vez en su mente, mientras Annie
continuaba con la charla de telas e hilos para el vestido de dama de honor que luciría Candy el día de
la boda.

Un largo suspiro escapo de sus labios mientras los ojos verdiazul de Terry aun parecían burlarse de
ella ante el inconveniente que tenía ante sí.

-Candy, aun sigues pensando en Terry – protestó de pronto la trigueña al percatarse del
poco interés de su hermana – pensé que te irías con él, finalmente ya no hay nada que les
impida estar juntos – comentó la otra sin percatarse la reacción de la rubia.

Candy miro de soslayo a Annie aun no podía explicarle que si estaba pensando en Terry era por las
razones adecuadas y no por aquel amor de adolescentes que algunas vez los unió, ahora era un par
de ojos color café por lo que ella sentía un gran amor, pero eso aun era un secreto para su hermana
hasta que Neil regresara de otro viaje que “inesperadamente” había surgido y finalmente hacer
público su noviazgo.

Annie observó el rostro de la otra joven y un gritito de comprensión escapó de sus labios.

-¡Tu estas enamorada!- exclamó – pero no es de Terry ¿verdad? por eso él se fue y quedaron
solo como amigos- dijo la trigueña mientras cruzaba sus piernas y miraba expectante el rubor
que aparecía en el rostro de su hermana – dime Candy ¿de quién se trata?

La rubia se levantó de un salto para evadir la curiosidad de Annie y se dirigió hacia la ventana para
mirar las Dulcescandy de Anthony, y la última noche que compartió con Neil se le vino a la mente,
junto con su decisión de no estar a solas con él debido a las reacciones que extrañamente le hacían
comportarse de manera diferente, a la que generalmente era ella, posiblemente aun seguiría por el
mismo camino si no hubiera sido por Terry quien le abrió los ojos, mostrándole la manera en que su
espíritu se apagaría si no imponía también su fuerza de carácter, solo así esa relación podría
funcionar, y no dejaba de reconocer que aquellas palabras habían sido como un bálsamo para la
confusión que la actitud de Neil le había ocasionado.

-Aun no puedo revelarte nada Annie, ha su debido tiempo lo sabrás- respondió la joven
girándose para mirar la contrariedad de su hermana.

Mientras tanto Neil estaba furioso en contra de Archie, nuevamente se había salido con la suya y lo
habían mandado a Boston para finiquitar un contrato alejándolo nuevamente de su amada, aunque
ignoraba que su actitud para ayudar en las empresas estaba dando sus beneficios, pues Albert
comenzaba a tenerle confianza y eso haría la diferencia para obtener la mano de su novia aun por
encima de la opinión de Archie.
Caminó por la calles para disipar su coraje y sus pasos lo llevaron hacia una gran joyería se detuvo
por un momento en los escaparates cuando vio lo que necesitaba y con una gran sonrisa que
apareció en su atractivo rostro entró al establecimiento.

En Chicago Archie aun seguía pensando en la forma de separar a Candy de Neil, aun no lograba
comprender del todo los motivos de Grandchester para aceptar aquella relación y por consecuencia
estaba furioso por no haber logrado su objetivo.

“Maldición… no puedo permitir que él la lastime…”

No dejaba de pensar con preocupación sin saber que Neil muy pronto le demostraría el amor que le
profesaba a la rubia.

Mientras tanto Terry regresaba mas tranquilo después de haber visto a Candy, su corazón ya no
arrastraba aquel lastre que los había separado finalmente, aunque aun aceptaba que la amaba no
iba a permitir que su recuerdo lo lastimara por más tiempo, era hora de aceptar que sus caminos por
fin se habían separado y dio gracias al cielo que hubiese sido de la manera más dulce.

Debido a su distracción no se percató que una joven de cabello negro y ojos dulces caminaba
distraídamente en su dirección por lo que él contacto fue inevitable.

Los lentes de la joven salieron disparados, el actor sorprendido resbaló y sin poderlo evitar ambos
cayeron al piso, pero en el proceso Terry como el caballero inglés que era había girado el cuerpo,
dando como resultado que ella quedara encima de él.

Él sujetó con firmeza los brazos de la joven no sin dejar de sentir un ligero estremecimiento por todo
el cuerpo ante las suaves curvas femeninas de la chica que tenia encima.

-¡Dios de mi vida! – carraspeo la joven con el cabello ocultándole el rostro.
-¿Está bien?- preguntó a duras penas sintiendo con desconcierto la tibieza que irradiaba el
cuerpo femenino.
-¡Creo que si!- dijo ella con aprensión mientras se retiraba el cabello de su rostro.

El joven aristócrata dejo escapar un silbido al reconocer a la chica.

-¡¡Pero si eres la gordita!!- exclamó con sorpresa – aunque ya no lo eres- corrigió de
inmediato ante el rostro ruborizado de ella debido a la furia que la embargó al escuchar el
mote.
-Terry Grandchester – replicó molesta- ¿Cómo te atreves a ponerme apodos?- preguntó sin
percatarse que el atractivo rostro del actor estaba pegado al suyo.

El no pudo evitar sonreír con sarcasmo ante la simpática situación y sobre todo por que de pronto
notó las delicadas facciones femeninas, sus hermosos ojos castaños y más aun que su cuerpo
estuviera reaccionando ante la joven morena.
-Se que soy irresistible ante los ojos femeninos Patty y no me puedo quejar eres ligerita, pero
sinceramente me gustaría incorporarme si me dejas por favor- la sorna en la voz del joven sacó
de quicio a la morena que estaba sonrojada debido a la cercanía del actor, de inmediato se
levantó sacudiendo su falda sin poder evitar comentar.
-Pues para todos los ojos femeninos Terry, pero a mi sinceramente me dejas fría- expresó
desafiante ante la mirada cargada de sarcasmo del joven y sin saber que estaba lanzado un
reto.
-Que bien Patty eso me tranquiliza- manifestó el joven con burla – entonces puedo invitarte
a tomar un café sin preocuparme de que te lanzaras a mis brazos.

La trigueña abrió y cerró los ojos ante la desfachatez del actor y no pudo dejar de admitir lo atractivo
que era, sin embargo un poco de vanidad femenina le hizo negarse.

-Lo siento pero tengo que seguir estudiando – alegó alzando su fina nariz y Terry no pudo
evitar soltar una carcajada mientras se inclinaba a recoger los lentes de la joven.
-Esta bien hermosa Patty, nos veremos después- le dijo clavando sus ojos verdiazul en el
rostro de ella, mientras colocaba con suma delicadeza los lentes, ambos se miraron por un
momento sin saber que más decir, él finalmente se despidió haciendo una elegante inclinación
dejando miles de mariposillas bailando en el estomago de Patty en recuerdo de aquel suave
contacto.

Ella lo vio alejarse con su característico paso indolente, que lo hacía insufriblemente más atractivo y
arrogante de lo que ya era y no pudo dejar de pensar sin un suspiro.

“Me dijo hermosa Patty”…

Albert en Chicago tenía metida su elegante nariz en un montón de papeles, sus ojos analizaban con
ojos críticos las estadísticas que Neil trajera de Boston, sin dejar de sorprenderse por la recién
adquirida madurez del chico y por el talento que estaba demostrando en los negocios.

-Muy bien Neil lograste un buen acuerdo para el consorcio Andley, te felicito – comentó el
hombre mientras extendía su mano al joven arrogante que tenía enfrente.
-Gracias tío- aceptó el joven sin disimular una mueca de triunfo que le dirigió al joven
Cornwell que respondió con una mirada fría y amenazadora que no logró inmutar al feliz joven.
-Tío me gustaría hablar contigo – pidió Neil con solemnidad.

Albert levanto su mirada extrañado por el tono preocupado de su sobrino.

-¿Qué pasa Neil?... necesitas mas dinero para tu mesada – lo atajo Archie intuyendo lo que
vendría después.
-No es de tu incumbencia primo- contesto sarcástico
-Por supuesto que si – respondió el otro con agresividad.
-Basta – grito Albert al sentir la tensión que se sentía en aquella habitación – Será mejor que
lo que me tengas que decir Neil lo hablemos hoy en la cena, realmente me siento muy cansado
como para servir de arbitro entre tu y Archie.
-Lo siento – se disculpo el joven con cierto tono humilde que confundió un poco a Albert que
esperaba otra reacción – esta bien tío te veré en la cena.
-Neil – lo amenazo Archie- cuida lo que tengas que decir, por que si Grandchester no te
partió la cara yo si.
Neil comprendió de golpe que había sido el causante de la visita de Terry comprobando por fin que su
primo ya estaba al tanto de su relación con Candy, apretó los dientes con coraje, sin embargo esbozo
una sonrisa cínica que saco de quicio a Archie.

-Gracias primo, por fin pudo deshacerme de esa sombra, ahora ya estoy mas tranquilo.
-¡vete al diablo!- bufo el otro lanzando hacia Neil, que lo esquivo.
-Basta los dos – grito Albert desde su lugar – no entiendo que pasa con ustedes, pero no será
aquí en donde tengan que arreglarlo, por favor Neil te espero esta noche.

Neil asintió con la cabeza y se retiro dejando a un Albert atónito por la obediencia de su sobrino y por
el estado furioso de Archie, quiso preguntar pero el joven Cornwell salió furioso sin decir mas.

“¿Y ahora que diablos pasa con este par?”

Soltó un suspiro de resignación, nunca antes le había pesado tanto ser el patriarca, pero no tenia
mas remedio que continuar hasta que alguno de estos dos maduraran y lograran compaginar su
carácter y llevar de las riendas del consorcio Andley, Albert había estado observando los avances de
Neil y Archie y supo de inmediato que juntos harían que las finanzas de la empresa subieran como
espuma, si al menos intentaran llevarse bien, entonces solo entonces el podría ofrecerle algo a
Candy, su dulce Candy…pensó con una hermosa sonrisa reflejada en su atractivo rostro.

La brisa vespertina agitaba sus rubios cabellos, su delicada figura armonizaba con los suaves colores
anaranjados de la tarde pero sus pensamientos distaban de ser calmados como la tranquilidad
reflejada en las aguas azuladas del lago.

En ocasiones como esta es cuando su mente regresaba a los recuerdos de Anthony y Stear y por
supuesto en el joven Archie, sus tres caballeros que habían prometido cuidarla y protegerla de los
Leegan, una pequeña sonrisa irónica apareció en su bonito rostro y no pudo dejar de pensar que
posiblemente la protegieron contra las intrigas de los mellizos pero ¿quien protegió su corazón de
Neil?, ni siquiera la presencia de Terry pudo opacar aquel amor que la hacia cometer tantas locuras.

Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no sintió que dos pares de ojos la observan a la
distancia, el primero lleno de luz del cielo fue el primero en acercarse evitando el que dueño del par
de ojos cafés se detuviera abruptamente.

El suave aroma a maderas distrajo a Candy que de inmediato se giro para toparse con el atractivo
hombre que tenia enfrente, sin mas se lanzo a sus brazos, mientras el la recibía amorosamente.

-Candy – susurro Albert aguantándose las ganas de abrazarla y besarla, no como un
hermano si no como un hombre, pero aun no era el momento adecuado, primero tendría que
quitarse las cadenas que la responsabilidad de ser el patriarca de la familia Andley había traído
consigo, cuando obtuviera su libertad no esperaría ni un segundo para declararle su amor .

La joven se aparto con una gran sonrisa, sin ni siquiera sospechar las intenciones de su protector.

-¿Cómo esta el ejecutivo mas importante del país?- pregunto la joven divertida, ante el
mohín de fingida molestia que el joven magnate hizo.
-Un poco cansado, pero espero que muy pronto ese cansancio se vea recompensado –
respondió dándole doble intención a sus palabras, que la rubia no comprendió.
-Umm, en realidad tu estas mas cansado de que tanta joven casadera se ponga a tu pies.-
comento la rubia en tono triunfante mientras le picaba las costillas, él soltó una carcajada ante
el inocente juego de Candy .
-No me lo recuerdes por favor pequeña, todos los días recibo invitaciones para cenas y
almuerzos con familias que al menos tienen dos jóvenes en edad casadera, solo casándome
podré terminar con este martirio.

La rubia amplio mas su sonrisa ante el fastidio evidente en las palabras de Albert.

-Algo que dudo que estén en tus planes mas próximos ¿Verdad?.- cuestiono la joven.
-Pues no muy lejanos Candy.- respondió con añoranza – quizás muy pronto, de lo que
imaginas.
-Me alegro por ti, Albert mereces toda la felicidad.- comento la joven mirando nuevamente el
firmamento.

“Y tu eres mi felicidad Candy”- pensó el joven apasionadamente –“Muy pronto mi pequeña”

Ambos mantuvieron un agradable silencio, cada quien concentrados en sus pensamientos, ella
pensando en el joven que hacia agitar su corazón y él en ella .

-¿Te quedas?- pregunto.
-Si, necesito aclarar unas ideas- respondió ella con un dejo de melancolía que no paso
desapercibido para el joven.

El rubio ya no quiso preguntar, algo molestaba a su pupila y necesitaba averiguar que era, al menos
la sombra de Terry ya no pesaba sobre su cabeza, así que se alejo con la certeza que era otra cuestión
lo que preocupaba a Candy. Posiblemente algo relacionado con su trabajo pensó sin sospechar.

Las pisadas arrogantes de aquel atractivo hombre acabaron abruptamente con la tranquilidad de los
pensamientos de lo joven rubia, que sobresaltada se giro.

-¡¡Eres tu!!- su sonrisa se amplio con todo el amor que sentía por él, pero que
lamentablemente paso desapercibido para aquello fríos ojos cafés que se encontraban llenos de
rabia ocasionados por los celos que aquella inocente escena le había ocasiono.

La tomo bruscamente por la mano y la acerco de la misma forma hacia su pecho la joven
sorprendida, lo miro fijamente a lo que parecían dos trozos de hielo.

-¿Qué pasa?- pregunto incrédula por la rudeza del joven.
-¿Que pasa?- repitió el con furia- pasa Candy que siempre que regreso de viaje te veo en
brazos de otro- respondió apretando mas su abrazo y lastimando a la rubia.
-No entiendo – dijo ella mientras aguantaba el dolor de sus muñecas .
-Claro, siempre lo haces parecer tan inocente, no me digas que no entendiste, Albert
prácticamente te estaba declarando su amor y tu muy linda aceptando sus avances.

Aquella revelación golpeo de pronto a la joven que miro nuevamente a Neil.

-Él solo me estaba comentando sus problemas Neil, no hay razón para que te molestes de
esta manera – explico la joven molesta y tratándose de liberar de aquel par de tenazas que la
tenían prisionera- suéltame – le pidió ahora si furiosa.
-No, primero me explicaras que fue todo eso.
-Basta, que no puedes ver mas allá de tus celos- protesto mientras su furia se acrecentaba
debido a la desconfianza que Neil no ocultaba en aquellos arrogantes ojos cafés.
Se miraron como dos contendientes furiosos y de pronto se olvidaron de lo que había a su alrededor
siendo consientes la calidez de sus cuerpo, Neil dio un largo suspiro no sabia que le pasaba la amaba
con locura y su sola presencia le hacia olvidarse de que él era el arrogante Neil Leegan, y Candy por
su parte su cuerpo no hacia que clamar una y otra vez por las sensaciones que solo las caricias de él
despertaban en su ser y una sensación que la recorrió desde su vientre hasta la columna vertebral la
dejo paralizada y se odio por ser tan débil.

De pronto para la rubia y como destellos la suave voz de Terry se le vino nuevamente como bálsamos.

“Hazlo sufrir”…impón tu fuerza espiritual”

Sacando fuerzas de flaquezas se libero de los brazos del joven.

-¡¡Cuando logres confiar en mi búscame!! – exclamo furiosa.

El, frenético intento tomarla nuevamente y castigarla como la había hecho días pasados, pero en esta
ocasión no se detendría, haría suya a Candy solo así podría estar seguro y ella instintivamente
adivino sus pensamientos, nuevamente el joven se acerco, viendo solo una opción la rubia tiro una
patada en las espinilla de él, que incrédulo cayó dolorosamente al piso, ella lo desafío.

-Cuando realmente sepas amar Neil búscame, por que no pienso compartir mi vida con
alguien que solo se la pasa pensando mal de mi persona y de mis amigos y cuando te des
cuenta que tu arrogancia no cabe en esta relación búscame … solo así Neil Leegan podré ser
solo tuya, mientras tanto no te acerques.

Y echo a correr sin mirar atrás, mientras gruesas lágrimas resbalaban por su rostro.

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