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Tomo II

Amor Escondido
El presente fic, es un proyecto multiautor, en el cual el galán es el
mismísimo NEIL LEEGAN.

Les ruego a todas las chicas que se apunten para llevarle seguimiento que
sean respetuosas con este personaje, la mayoría lo odia, pero creo que la
base de toda convivencia es el respeto. Todos tenemos la oportunidad de
cambiar, o bien de dejarnos transformar por el amor, aunque sea sólo hacía
una persona.

Comprobemos que tan lejos nos lleva la imaginación en el trazo de esta
historia de amor, que de seguro será muy polémica.

Decidí darle comienzo la noche del estreno de ROMEO Y JULIETA... me
pareció un buen momento para marcar el inicio de una nueva relación para
Candy, alejada de su familia y seres queridos y muy susceptible después el
rompimiento con Terry.

Laurie

Escritoras del fic:
Laurie, Noemí, Raelana, Mirna, Soly, Alondrita, Perlita, Scarleth, Anabel

Diseño editorial:
Anamá
Amor Escondido
CAPÍTULO XVI. POR RAELANA..................................................................................................................................................................................4
UNA NUEVA OPORTUNIDAD 4
CAPÍTULO XVII. POR SCARLETH................................................................................................................................................................................7
PRIMERO ERES TÚ 7
CAPÍTULO XVIII. POR LAURIE.................................................................................................................................................................................12
MOMENTO DE CAMBIOS 12
CAPÍTULO XIX. POR ALONDRITA..............................................................................................................................................................................20
TOTAL ENTREGA 20
CAPÍTULO XX. POR ANABEL...................................................................................................................................................................................27
RENUNCIA 27
CAPÍTULO XXI. POR NOEMÍ....................................................................................................................................................................................31
COMPLEMENTANDO EL SUEÑO 31
EPILOGO. TRATAR DE SER MEJOR.............................................................................................................................................................................42
EL AMOR ESCONDIDO DE ELISA 42
........................................................................................................................................................................................................................42
Capítulo XVI. Por Raelana

Una nueva oportunidad

Buscarla... Eso tenía que hacer, no dejarla sentir que había más hombres en el mundo. Ofrecerle
seguridad y constancia. Eso era lo que ella quería. ¿Realmente? Neil recordó todos los momentos
pasados junto a ella. Los besos, las caricias, la pasión. El fuego que lo consumía por dentro estaba
muy lejos de ser seguro.

Confiaba en ella, claro que sí. En quién no confiaba era en sí mismo. Tantas dudas, tantas noches
pasadas en vela pensando en ella, en que no era digno de su amor. No temía que ella dejara de
amarle. Lo que temía era que ella abriera los ojos y viera un hombre que fuera mejor que él, que
pudiera ofrecerle más cosas, más sensaciones, más amor del que él podía darle.

Albert. Albert era un rival. Un rival digno. No era Archie, patán enfurruñado y prometido a una amiga
de Candy. Archie no era un rival. Y Terry, un sueño de adolescencia, una tormenta pasada, Terry
tampoco era ya un rival, no después de los últimos sucesos.

Con Albert era distinto. Albert había sido su amigo, su confidente, casi un hermano. ¿Sería posible
que ella lo viera como un hermano y no como a uno de sus pretendientes? ¿Podía soñar con esa
posibilidad y que fuera realidad? Albert amaba a Candy. Neil podía verlo en sus ojos, en la caricia
leve de sus manos revolviendo el cabello de la huérfana que había adoptado. Ella se comportaba con
él como una hija. No se había dado cuenta de que los sentimientos del hombre hacia ella habían
cambiado conforme se iba haciendo mujer. Aún no se había dado cuenta.

¿Qué ocurrirá cuando se de cuenta? -pensaba Neil-. ¿Me abandonará, entonces? ¿Lo amará y correrá
a sus brazos? El es un príncipe maravilloso. Yo... Yo soy solo el cobarde de Neil Leegan.

Neil pasó tres días encerrado en casa, compadeciéndose a sí mismo y a su desgracia, llorando por ese
amor que era capaz de sentir pero que no sabía como dar. Lamentándose por las dudas que llenaban
su alma y de las que Candy no tenía culpa, pero se veía obligada a soportar. Al final, después de toda
esa espiral de autocompasión, Neil se dio cuenta de una cosa. Albert amaba a Candy, por lo tanto,
nunca le permitiría casarse con ella.

Durante esos tres días, Candy se sintió sola. La pelea con Neil la había dejado triste y enfadada pero
no había esperado que el joven desapareciera de su vida de la noche a la mañana. No sabía dónde
estaba ni tampoco quería preguntar por él. Quería que fuera él quien viniera a ella. ¿Lo haría, de
nuevo?

No había motivos para pensar que no terminaría volviendo, le había dicho muchas veces que la
amaba. No podía rendirse a las primeras de cambio. Hazlo sufrir. Sí, lo estaba haciendo sufrir.
¿Tanto como para que se alejara de ella definitivamente?
Albert fue a verla cada día durante ese tiempo, comieron juntos y pasearon por las tardes apacibles.
Cada vez que se veían Candy estaba tentada de contárselo todo, de explicarle la tormenta que
sacudía su interior y que la hacía estremecer pero por algún motivo no terminaba de hacerlo. Al
mismo tiempo, Albert estaba extrañamente callado y distante, como si también quisiera contarle algo
y no encontrara el momento oportuno para hacerlo. Se conocían demasiado bien para no saber que
ambos guardaban secretos que temían confesar. Y precisamente por eso temían el contenido de esos
secretos.

Al tercer día Neil la esperaba en la puerta del hospital, a la salida. Un enorme ramo de rosas ocultaba
sus ojos castaños, brillantes, ansiosos. Un ramo de rosas en el que Candy enterró su rostro para que
él no pudiera ver su sonrisa al recibirlo. -Lo siento, Candy. Confío en ti. Siempre confiaré en ti. -Neil
habló con los ojos bajos, temeroso de lo que estaba a punto de decir-. ¿Me das otra oportunidad?

-¿Otra oportunidad, Neil? ¿Cuántas van ya?
-Demasiadas -Neil levantó la vista, ella no había rechazado las flores y eso le daba
esperanzas-. Dime que sí y esta misma tarde hablaré con Albert y le pediré tu mano.

Candy dudó, de repente. Había sido una relación emocionante y secreta, llena de pasión y fuego. No
tenía claro que quisiera que dejara de ser secreta. No tenía claro que quisiera contarle a Albert sus
sentimientos por Neil.

-No tengamos tanta prisa, Neil. No voy a aceptar tu palabra cuando me has fallado ya tantas
veces. Si me amas, debes demostrarlo.

Neil se quedó mudo. Aquella era su Candy, hermosa y terrible. Pero ¿qué podía hacer él?

-¿Qué quieres que haga?
-Quiero que me demuestres que realmente confías en mi, que no volverá a haber otro ataque
de celos.
-¿Y cómo puedo hacer eso? -Neil estaba completamente desconcertado.

Los ojos de Candy brillaron, divertidos. Efectivamente, no era algo que se pudiera hacer de una vez,
no era comprarle un anillo o un ramo de flores. Requería constancia, confianza y amor, mucho amor.
Le agradó la confusión en los ojos de su enamorado y la sonrisa de la joven emergió de entre las
rosas.

-Seguro que encuentras la forma de hacerlo -concluyó, guiñando un ojo y tendiéndole la
mano para que la acompañara.

¿Neil? ¿Y Candy? Albert estaba completamente confundido. Había acudido al hospital con el firme
propósito de hablar con ella, había salido una hora antes del trabajo, se había apresurado para
encontrarla a la salida y se había encontrado con que alguien se había adelanto a sus propósitos.
Había permanecido en las sombras, esperando que el joven se marchara y acercarse él. Pero Candy
parecía contenta de ver a Neil y se habían marchado juntos. En verdad su sobrino estaba madurando
mucho más de prisa de lo que él nunca hubiera pensado.

Absorto en sus pensamientos, no se dio cuenta de que una figura se acercaba por su espalda hasta
que le cogió del brazo. Albert dio un respingo y se volvió, sorprendido.

-¡Annie! ¡Qué susto me has dado!
-¡Hola Albert! Venía a ver a Candy, creo que hemos tenido la misma idea. Se la veía muy
triste ayer y pensaba animarla invitándola a merendar.

-Creo que más de uno ha tenido la misma idea -comentó Albert, mirando en la dirección en
la que Candy ya había desaparecido-. Candy ya se ha marchado. ¿Puedo invitarte yo a
merendar?

Annie enrojeció ante la invitación. Albert iba a ser su tío político, pero también era el soltero más
deseado de la ciudad y ser invitada por él era todo un honor. Asintió con la cabeza y lo acompañó al
elegante salón de té donde había pensado llevar a Candy.

Candy y Neil no estaban allí. Albert los buscó con la mirada, deseando un encuentro fortuito pero no
tenia ni idea de a dónde habían podido ir. La dirección que habían tomado los hubieran llevado
directamente a ese local, pero evidentemente sus planes habían sido otros.

-Así que Candy se había marchado ya. Si siempre se retrasa en el cambio de turno. Debe
haber ido a recogerla su enamorado.

¿Su enamorado? ¿Neil? No, ni en su peor pesadilla Albert hubiera imaginado eso. Annie estaba
hablando de otra cosa. Y si Candy tenía un enamorado sería mejor que prestara atención.

-¿Un enamorado? Candy no me ha contado nada.

Las manos de Annie eran blancas y suaves, y jugueteaban nerviosa con la cuchara. Archie tenía
suerte de tener una novia tan dulce y que lo quisiera tanto, en vez de suspirar por una salvaje pecosa
que tenía enamorados en las ramas de los árboles.

-A mi tampoco -respondió la chica-. Pero se le nota. Cuando sonríe, cuando está triste.
Supongo que dentro de poco nos dará la sorpresa. No sé por qué todavía no nos ha contado
nada.
-Tal vez no está segura.
-Tal vez la familia del chico no la aprueba y está esperando a que él los convenza.
-¿Qué familia no querría a Candy? -Albert la miró a los ojos, asombrado-.Es una Andley, le
he dado un apellido y respetabilidad, nadie podría pedir nada mejor
-Cierto, pero también tiene enemigos. Los Leegan por ejemplo no han dejado de
menospreciarla y ponerla en evidencia desde que fue adoptada. Algunas familias lo tienen en
cuenta. Aunque no digo que este sea el caso.

Sí, claro. ¿Cómo no lo había pensado? ¿Y si era una nueva estrategia de los Leegan para despreciar a
Candy? Daba por hecho que las intenciones de Neil eran buenas pero ¿y si no lo eran? ¿No estaba
Candy en un serio peligro? ¿No debería hacer algo? Recordó de pronto todas las insinuaciones de
Archie, su mal humor, sus advertencias sobre Neil y todo estuvo de pronto claro en su mente. Annie
seguía parloteando pero Albert ya no la escuchaba, absorto en sus propias preocupaciones.

No dejaría que nadie le hiciera daño a Candy.
Capítulo XVII. Por Scarleth

Primero eres tú

Iban rumbo a Lakewood. Albert no podía pensar nada más que lo que daba vueltas en su cabeza
desde hacía algunas horas. Annie continuaba hablando al aire porque ninguna de sus palabras se
registraban en la cabeza del rubio.

-¿Me escuchaste Albert? – interrogó al verlo con la mirada perdida.
-¿Eh? … Sí claro – contestó saliendo bruscamente de sus pensamientos – llegamos Annie y
parece que Archie ya está aquí también – comentó al ver el automóvil de su sobrino
estacionado en la entrada de la mansión.
-Terminó temprano – murmuró cuando Albert abrió su puerta y la ayudó a descender.
-Eso parece

Una pareja entraba a un edificio. Él iba elegantemente vestido y llevaba un enorme ramo de rosas.
La muchacha usaba un conjunto sencillo pero de excelente gusto que resaltaba de manera absoluta
su belleza.

-Candy … comenzaré de nuevo – dijo cuando ella introducía la llave para entrar – Lo
intentaré otra vez.

La joven volteó a verlo con recelo.

-¿Me dejarías pasar un momento? – suplicó el hombre.
-Creí que no tenías gran cosa que decirme. A penas pronunciaste palabra durante el
trayecto – contestó mientras le quitaba el arreglo de las manos.
-Bueno, lo que pasa es que venía pensando en la manera de comenzarte a demostrar lo que
me pediste. No aceptas mi palabra porque he fallado infinidad de veces y estoy completamente
de acuerdo – aceptó entrando a ese acogedor lugar que tan buenos recuerdos le traía.

Sus pasos se alejaron repentinamente de la enfermera poniendo bastante distancia de por medio en
lo que se decidía a hablar.

-El problema no eres tú Candy, el problema soy yo – afirmó acercándose a la ventana.

Ella volteó a verlo con verdadero interés dejando las flores sobre la mesa del comedor.

-Neil …
-No lo entenderías Candy. Tendrías que estar en mi lugar para poder comprender o
vislumbrar un poco todo el remolino de sentimientos que tengo mezclados dentro de mi.

Avanzó hacia él. Sabía que era arrebatado, impulsivo, acostumbrado a tener todo lo que deseaba con
sólo chistar los dedos. Y también sabía que era un hombre enamorado que le había demostrado
cosas hermosas y cosas "horribles" que eran precisamente por lo que estaban en esa situación,
ciertamente nacida por lo que sentía hacia ella.

Colocó una mano sobre su hombro y él giró para verla un instante y grabarse esa linda cara en su
memoria.

-He tomado una decisión Candy. Soy un tonto y no puedo evitar pensar que no te merezco.
He ahí por qué me da tanto miedo el saber que puede venir alguien mucho mejor que yo y
arrebatarte de mi lado. Me vuelvo loco sólo de pensar que pueda suceder.
- Neil …
-Hay miles que me superan – interrumpió él – lo sé perfectamente y cuando alguien así
aparezca yo quiero que tú puedas verme con más cualidades, como alguien superior y digno de
admirar.

La chica estaba conmovida muy a su pesar. Comprendía perfectamente lo que eran los celos y el
sentirse menos. Ella los vivió en carne propia cuando apareció Susana Marlow y la vio por primera
vez en aquel Hotel cuando fue a buscar a Terry. Si alguien podía entenderlo era ella y su corazón se
apretaba de saber que ahora provocaba ese sentir en el hombre que amaba.

-"Hazlo sufrir" – volvió a aparecer en su mente – pero … ¿hasta qué punto debía detenerse? ¿Cómo
dejarlo con tanto sufrimiento si también su corazón se hacía pedazos al saberlo así? – su mano viajó
conciliadora hasta su mejilla y comenzó a acariciarlo lentamente.

-Soy un estúpido Candy – dijo mientras tomaba esa delicada mano y la besaba - pero ahora
quiero tomar el reto que me impusiste. No te llenaré el departamento de rosas ni te suplicaré
que estés conmigo – continuó hablando sobre esa blanca palma y recorriéndola con sus
ardorosos labios - Pienso ganarte de manera definitiva o morir en el intento.

La mujer estaba algo arrepentida de haber pedido algo así. Bastaba verlo como en ese momento para
que ella pretendiera olvidar todo lo malo y quedarse con los momentos tan excitantes que pasaban
cuando estaban solos. Quiso abrazarlo y besarlo. Necesitaba repentinamente un beso de esa boca
que la arrastraba hasta el límite de la pasión.

-Soy un hombre de honor – añadió de manera lenta y vehemente - Verás como te demostraré
que puedo lograr desterrar la inseguridad que tengo… no en ti… sino en mi. Y cuando eso pase
me tendrás parado frente a tu puerta para decirte: "Aquí estoy, lo conseguí. Vengo para pedirte
que seas mía por toda le eternidad. Sin miedos y sin celos de por medio".
- Y yo te recibiré con los brazos abiertos para acompañarte hasta el fin del mundo – contestó
con voz emocionada pensando que eso podría realmente suceder.
-Ahora es tiempo de irme y comenzar a luchar por mi objetivo.
-¿Tan temprano?- exclamó muy a su pesar arrepintiéndose de inmediato por la traición de
su subconsciente – Quiero decir … a penas son las 9.00 pm. Quédate a cenar conmigo.
-¿Las nueve? – exclamó horrorizado y recordando la cena que tenía con Albert en la
mansión. – ¡Dios! ¡Lo olvidé por completo!
-¿Qué pasa? ¿Qué olvidaste? – preguntó también asustada por el semblante que tenía el
muchacho.
-¡Le dije a Albert que hablaría con él hoy en la noche y no llegaré a tiempo!
-¿Hablar con Albert? ¿Para qué?- el asombro era bastante notorio en su voz.
-Bueno, verás …. El día que te vi con el tío abuelo y me porté como un loco pues iba a hablar
por la noche con él respecto a nosotros
-¿Qué? – exclamó más que sorprendida y con los ojos como platos.
-Tranquila … - dijo tomándola por los hombros y dando un ligero apretón sobre ellos.
-Pero ¿cómo se te ocurrió eso? – preguntó algo exaltada a pesar del tono de voz que estaba
usando Neil.
-Quería hacer las cosas bien … eso es todo. No quería esconderme y necesitaba su
aprobación.
-¿No hablaste nada con él?
- No después de nuestro pleito …
-¿Y entonces hoy? – su voz era insegura y a pesar de que confiaba que tendrían una relación
formal, todavía faltaba que arreglaran algunos detalles de su "noviazgo" para poder decir al
mundo su final decisión.
-Pues verás … inventé el arreglar con él algunos negocios que teníamos en puerta en Boston.
Esos negocios son reales pero no tenía intención de sacarlos a colación tan pronto, sólo que no
tuve una mejor excusa que usar y pues … como ya era tarde ... pospusimos la entrevista para
el día de hoy.
-¡Entonces vete!, no pierdas tiempo- gritó mientras lo empujaba hacia la salida con rapidez.
-Calma … si quieres que me vaya … de verdad que lo haré, pero no es necesaria tanta
amabilidad de tu parte – dijo con sorna al ver la preocupación de la rubia.
-¡Neil! ¡Basta! Si queremos el apoyo de Albert tienen que verte como alguien sumamente
responsable y de confianza.
-Creo que lo he sido .. aún contra todos los pronósticos – le aclaró recordando sin poderlo
evitar a Archie.
-Entonces tienes que ratificarlo – añadió empujándolo con más fuerza.
-¡Claro! … que no te quepa duda.

Ya estaban en la puerta y Neil se acercó a depositar un suave beso en la mejilla de la dama en lugar
de en sus labios.

-No será de otra manera hasta que estés convencida de que te puedo merecer – dicho lo
anterior se dio media vuelta y corrió a la calle lo más rápido que pudo para subir de un salto a
su auto y emprender el camino hacia Lakewood.

-Lamento el retraso – comentó Neil entrando al despacho donde le dijeron lo esperaría el Tío
abuelo.
-Por lo visto la responsabilidad y puntualidad no están siendo nuevamente tus prioridades –
le dijo con desdén al verlo entrar.

Estaba siendo rudo, quería desquitar el coraje que tenía pero también tenía que ser inteligente. Él era
la cabeza de los Andley … su palabra era ley y ahora lo probaría.

-Siéntate – le ordenó sin más al moreno.

Quedaron frente a frente. Los ojos azules brillaban con triunfo adelantado.

-Sabes Neil … he pensado mucho lo que voy a decirte y estoy seguro que es la mejor
decisión.

Supo que algo no andaba bien, su corazón le decía que un cambio fuerte estaba por venir y no sabía
si para bien o para mal, sólo esperaba que ayudara para su reivindicación con la mujer que amaba.

-He visto las opciones que me comentaste en Boston y he llegado a la conclusión que nadie
mejor para hacerse cargo de ellos que tú Neil …
-¿En verdad? – interrumpió entusiasmado por la oportunidad que veía frente a sus ojos para
consolidad su carrera empresarial – Para mí sería un honor.
-Lo sé Neil, por lo tanto he decidido que te establezcas permanentemente a Boston.

El color le desapareció completamente del rostro.

-¿Qué? – fue la palabra que salió de su boca al entender lo que significaba el asenso.
-Nada más saludable para los negocios que alguien capaz atendiéndolos en el lugar donde se
necesita.
-Pero tío – interrumpió con el corazón acelerado. Eso significaba separarse de ella … ¿Por
cuánto tiempo? .. quizá meses .. a lo mejor años …
-No hay alternativas Neil … es la única opción que te estoy dando y quisiera que partieras
mañana a primera hora.
-¿Mañana?
-Exacto, tendrás cosas que hacer desde mañana mismo.
-Pero tío, no tengo nada empacado … mis cosas … - murmuraba desconcertado viendo la
fría mirada de William Andley.
-Se te enviaran .. por eso no te preocupes .. yo me haré cargo.
-Pero …
-Ningún pero Neil .. confío en ti y se que sacarás esto adelante – concluyó poniéndose en pie
y saliendo del despacho – Que descanses.

El joven de ojos oscuros estaba helado. La dejaría de ver, no podía negarse, pero tampoco se
marcharía sin avisarle .. no por tercera vez.

-Mmmmmm – murmuraba la pecosa al despertar por la mañana – espero este día tenga
cosas positivas – pensaba imaginando qué haría Neil para reconquistarla y ganarse su
confianza.

Se levantó, preparó el desayuno ya que era su día libre y a media mañana se dispuso a salir. Fue
entonces que vio una nota en el suelo. La tomó y descubrió la fina caligrafía de Neil Leegan. Rasgó el
sobre de inmediato pensando en una carta de amor o algún bello poema dedicado a ella. Pasó un
minuto y lanzó un grito de desesperación y corrió hacia la salida dejando la carta tirada en el suelo.

Mi hermosa Candy,

Sin yo así desearlo el destino ha puesto la ocasión para intentar reivindicarme ante tus ojos. Esto
implica una separación que hará que añore cada parte de tu cuerpo y de tu risa todos los
segundos del día, pero si a cambio puedo ganarte como mi mujer me veré recompensado.

He sido asignado como el director general de la Banca de Boston y debo partir a primera hora.

No me marcharía sin decirte que forjaré mi futuro para que te sientas segura y protegida siempre.

Quiero tu admiración tanto como tu amor y la plena seguridad de que podré lograr desterrar los
celos y temores de mi vida y hacerme un hombre de bien para ti.

Te conquistaré de nuevo amor, no importa el tiempo que me tome. Espérame.

Te amo
Neil Leegan.
Estaba desesperada, quería alcanzarlo, quería verlo, pero sabía que era inútil. Él se había marchado
y ella no quería una separación así. Lo amaba y deseaba poder estar siempre con él. Se marchaba
para luchar por ella y ganarse su admiración, para ser un mejor hombre, sólo que ella quería estar a
su lado durante ese proceso. ¿Por qué la dejó entonces? …

Quizá porque no se lo dijiste expresamente Candy …
Capítulo XVIII. Por Laurie

Momento de cambios

La chica siguió con sus actividades en el hospital después de la partida de Neil. Lejos estaba aun de
su mente que el que estaba detrás de todo aquello, era Albert, honestamente jamás se hubiera
esperado algo así de él y por tal, ni siquiera pasaba por su mente semejante idea. Procuraba
involucrarse tanto como fuera posible en sus tareas de la clínica, aún cuando el recordar el paso de
Neil por aquel lugar la llenara de añoranza. Buscaba la forma de realizar el mayor numero de
funciones, desencadenando aquello en que terminara agotada noche tras noche y fueran ya varias,
las invitaciones de Albert que despreciaba.

Había recibido ya la primera carta de Neil desde Boston y en ella ambos comprobaban que el tiempo
en el cual pudieran verse con la frecuencia deseada estaba aun lejano. No le quedaba más por el
momento que resignarse y dejar espacio para que Neil dejara claro ante toda la familia que el era el
mejor prospecto, no solo por el apellido, sino por meritos propios. Sobre todo lo que más importaba
era convencer a Albert, puesto que no le gustaría hacer algo que a el le desagradara.

Ella sabía muy bien por experiencias previas que el amor dolía y necesariamente requería algo de
sacrificio. Aun en el fondo se recriminaba el haber sido tan fría con Neil las últimas veces que se
vieron. Si tan solo la última noche en su departamento hubiera cedido a todo lo que sentía, se
hubiera perdido una vez mas en los brazos del hombre que estremecía todo su ser... Le hubiera
reiterado todo su amor y borrado cualquier duda respecto a su cariño... ¿De donde se le ocurría a
Neil que Albert la pretendía?...

Inevitablemente una risilla nerviosa se dibujo en su rostro al imaginarse a Neil celoso... ¡Gran
tonto!... ¿Cómo se ponía así, si sabia bien que era el único?... Obviamente la risa se le borraba
cuando recordaba en medio de sus arranques... sin embargo ella sabia en el fondo que no seria mas
así...

-Es bueno verte feliz Candy - la voz de Albert le llego a los oídos a media calle...
-¡Albert!, no te había visto - dijo sonrojada por ir distraída, perdida en sus pensamientos -
¿Llevas mucho siguiéndome?...
- Desde las afueras del hospital. Vine por ti, porque me resisto a que no aceptes ninguna de
mis invitaciones...
- Albert, lo siento... pero estoy cansada... ha habido mucho trabajo en la clínica...
-Me imagino... - ¿Es en verdad eso, o es solo que no deseas verme... ¿Cómo pudo enredarte en
sus patrañas?...- Por lo mismo, no es justo que llegues ahora mismo a tu casa a preparar de
cenar, iremos a la mansión, a cenar en familia, debemos aprovechar que ninguno de los Leegan
esta cerca por el momento... - dijo casi inocentemente y se arrepintió al acto viendo la expresión
desdibujada de Candy...


-Buenas noches... ¿Por qué no me extraña que me excluyan?... - menciono Eliza al llegar
quitándose el sombrero y sentarse en la mesa exigiendo con la mirada su servicio... - ¡Hola
Candy!... te ves triste...- exclamo con mofa...
- Nos da gusto verte Eliza... - dijo Albert tratando de sonar conciliador, quizás la presencia de
Eliza, por una vez resultara favorable...
- ¿Por que no creo eso?- respondió ella de inmediato, pero haciendo más atención en su plato
que a las palabras de Albert.
-¿Te ha escrito Neil...? - pregunto Albert y aunque Candy hizo un esfuerzo inmenso por
permanecer impasible, al brillo de ansiedad en su mirada la delataba...
- Si, esta muy bien aunque extraña Chicago... ya sabes, amistades, relaciones...- clavo la
mirada en Candy, gozando inmensamente su cara de preocupación por que Albert descubriera
su relación.
- Es solo cuestión de tiempo... Neil es muy social... en el periódico aun hablan de todas sus
relaciones. Sobre todo la que tiene con Daisy...
-Eso es solo un ardid - espeto Eliza de inmediato, dándose cuenta que las intenciones de
Albert, eran perjudicar a su hermano- Neil nunca ha dado motivo... él esta interesado en otras
cosas...
- Por ahora los negocios, pero estoy seguro que no faltaran chicas en Boston que llamen su
atención...

Candy se negó a si misma a seguir escuchando... Era como si de pronto Albert se empeñara en
mostrar el peor rostro de Neil e inevitablemente su corazón padeció todas aquellas palabras... ¿Y si él
no volvía?... ¿Y si decidía quedarse junto a alguna de esas señoritas distinguidas?... Una heredera
hermosa, refinada... y virtuosa... De pronto le parecieron entendibles las reacciones celosas de Neil...
con distancia de por medio y competencia alrededor, hasta ella se sentía insegura...

Sin saber a bien como, pronto estaba compartiendo el coche con Albert, rumbo a su hogar... Este
último hablaba con entusiasmo... mismo que sin darse cuenta como fue virando en intimidad. Quizás
ella se dio cuenta hasta que sintió los firmes y elegantes dedos de Albert acariciando el torso de su
mano recargado en la pierna... sintió que quemaba, pero creyó que había sido un toque accidental...
Retiro su mano de inmediato y la señal del chofer le robó a Albert la intención de seguir...

Candy sin embargo comenzó a sentirse un tanto incomoda... justo como al encenderse las señales
internas. Llegaron al departamento y por primera vez el quedarse a solas con Albert no le agrado. Él
pasó, y entre nervioso y animado busco insistentemente su mirada y su cercanía; primero al sentarse
junto a ella, justo de la misma forma en que lo hacían cuando vivían juntos. Sin embargo el gusto se
le termino cuando ella se levanto de subito al intentar de nuevo tomar su mano...

Candy se coloco frente a la sencilla chimenea y cerro los ojos con fuerza... Por mas ingenua que
pretendiera ser, se dio plena cuenta de lo que pasaba y se sintió incomoda, sucia... ofendida... y
sobre todo ingrata... ¡Neil tenia razón!... ¡Tenia razón y ella lo había ignorado!...

-Candy... creo que desde que me fui de aquí las cosas entre tu y yo inevitablemente han
cambiado - la voz profunda de Albert le llego a los oídos-
-En mi todo sigue igual Albert... tu eres mi mejor amigo...
-Hay algo que no puedo seguir ocultando... - sonaba ansioso y las ultimas palabras de ella,
no hicieron mas que alertarlo. No. Él no deseaba ser solo su amigo...- Coloco sus manos
rápidamente sobre los hombros de Candy intentando acercarla a él... solo encontró resistencia y
poco después la chica sin voltear hacia él, se retiro...

Albert suspiro profundo y apretó los puños... sin embargo, sabía desde el primer momento que no
seria algo fácil... así que insistió y se acerco de nuevo. Enredo una mano en su cintura y sin mas la
volvió hacia él...
Candy definitivamente no estaba preparada para aquello. Su experiencia sensual se resumía a sus
encuentros con Neil, sus besos profundos, sus miradas dominantes, acompañadas de toda la ilusión
que el amor le despertaba. El ver sentimientos similares en la mirada de otro hombre, que para colmo
siempre había visto siempre como un hermano, le lleno el corazón de dolor y los ojos de lágrimas...

-Desde hace mucho yo...- Albert siguió hablando... la pasión de tener por fin la oportunidad
de declararse le entrecortaba la voz...- yo he querido decirte que...
- Nunca serás para mi mas que un hermano Albert... un gran amigo - agrego ella en voz
firme, sin ni siquiera dejar que terminara de hablar...
-Pero Candy yo puedo hacerte muy feliz... porque yo... yo te a...
-Me haces muy feliz tal como has sido hasta ahora, mi protector, mi hermano, un ser que me
brinda cariño puro y desinteresado...

Sin entender razón, Albert la tomo con más fuerza acercándose peligrosamente a sus labios... ella sin
hacer demasiada resistencia desvió el rostro, dejando la boca de Albert a punto de caer en su pelo...
El hombre sintió que sus intentos serian inútiles... ni la ausencia de Neil, ni todos sus comentarios
sobre sus supuestas relaciones con otras personas habían sido suficientes para que Candy se
desengañara...

... Aunque, bueno, eso no era aun definitivo... tal vez con un poco más de tiempo de por medio y
cuando eso sucediera, como siempre él estaría ahí para cuando ella lo necesitara...

- Hay alguien mas ¿verdad?- añadió buscando la forma de mantener su imagen de total
comprensión...

Ella no respondió, simplemente con delicadeza se alejo de él y asintió con la cabeza sin verlo a los
ojos...

- Espero que seas muy feliz Candy... y que esta vez, no te equivoques... Aunque si te soy
sincero, creo que no puedes esperar nada bueno…

Apenas lo vio salir, Candy se echo a llorar entendiendo todo... Albert estaba al tanto de todo y había
largado lejos a Neil con el único fin de alejarlo de ella... y ella ¡Gran tonta!... no había hecho nada, le
había dicho a Neil de forma confiada y descarada, que estaba equivocado, se había enfurecido con él
y había puesto fin a sus “dudas sin motivo”...

Candy estaba frenética haciendo su maleta. Recién se había decidido a ir en busca de su amor. Ya
otras veces lo había perdido por estar en espera de el y lo que fuera correcto, en espera del tiempo
adecuado y las condiciones idóneas...

Detuvo su labor de guardar una de las blusas y exhalo profundo pensando con anhelo en Neil… En
esta ocasión cualquier situación alrededor pasaba a segundo término... Él era ya parte de su vida,
de hecho la que por el momento le interesaba más y no estaba dispuesta a perderlo.

Se había propuesto a sí misma no decirle nada a Neil por el momento. Se dio cuenta de lo tonto de su
actuar, puesto que de seguro se daría cuenta de que había un motivo lo suficientemente grande,
como para que ella corriera a su lado. De igual forma, no podía estar segura de la acción que
tomaría al corroborar por boca de ella sus temores… ¿Y si decidía enfrentar a Albert?... ¡No!, la sola
idea la estremecía…
Sin embargo, tal vez haría bien en decirle todo lo que pasaba… Cuando Albert descubriría que no
estaba en su departamento, ni en la clínica… ni en el Hogar de Pony, con toda seguridad, sabría que
había ido en búsqueda de Neil y a estas alturas no sabía que reacción esperar de Albert… No podía
de ninguna forma poner en riesgo el desarrollo de Neil dentro de las empresas Andley, no esperaba
algo tan bajo de Albert y de alguna forma esperaba que su condición en las empresas no dependiera
de los designios de Albert, por tal necesitaba más tiempo para demostrar sus capacidades y ganar
terreno de forma limpia.

-Pero quiero verte Neil… te extraño mucho… te necesito… - y regreso a sus labores de
terminar su maleta.

Salio de la estación con el corazón amenazando estallar en su pecho. Boston... era la primera vez que
estaba ahí... Annie le hablaba siempre de que en ese lugar la eLeegancia se respiraba en el ambiente
y la sofisticación era parte del entorno y a primera impresión no tuvo más que darle la razón.
Acomodo su abrigo, puesto que aun en plena primavera, se sentía un clima húmedo y algo frió.
Abordo un carruaje con destino a la Banca Andley...

- Buenas tardes - saludo amablemente a la afanada secretaria perdida en un mundo de
papeles, cuantas, contratos, requisiciones...
- Buenas tardes- le lanzo una mirada descarada recorriendo su figura. Eso basto para saber
a que iba.
- Busco a...
- El Sr. esta muy ocupado... dudo que pueda atenderla el día de hoy...
-¡Mary! - un llamado se escucho desde el otro lado de la puerta y el corazón de Candy se
disparo a más... era él...

Sin darle tiempo a reaccionar la mujer desapareció del otro lado de la puerta dejando a Candy con
mirada de boba enamorada y un par de secretarias detrás de ella mirándola con curiosidad e
intercambiando risillas...

- Esta es otra que va a intentar...- alcanzo a escuchar los cuchicheos.
- ¡Es tan apuesto!... es lógico que tantas muchachas vengan a buscarlo...
- Y es muy justo que él, les de su merecido y no las reciba - mas risillas se escucharon entre
las dos-
- A algunas si las deja entrar a su oficina...
- Para despacharlas en menos de cinco minutos... Ya veremos como le va a esta...

Candy escucho todos los cuchicheos detrás de ella y sintió una rabia enorme al imaginarse todo ese
desfile de descaradas y también por ser parte irremediablemente ser parte de los cotilleos de las
empleadas... Antes de que pensara cualquier reclamo, la secretaria salio del despacho de Neil...

- ¿Sigue aquí?- dijo sin expresión...- Señorita, en verdad dudo mucho que el Sr. Leegan
acceda a atenderla...
- Por favor dígale que lo busca Candy, Candice White Andley, vengo de Chicago... - dijo sin
presunciones y agradeciendo internamente que la secretaria de Neil, fuera una mujer casada,
como lo representaba su alianza, y tan segura como un custodio...

La mujer palideció al escuchar el nombre de la muchacha y se puso rápido de pie mientras las
chismosas de atrás, decidieron hundirse ahora ellas en los papeles...
- Srita. por favor disculpe... no sabia que usted vendría... Puede pasar...

Sin dar ninguna explicación mas, ni oponer resistencia, Candy entro a la oficina... Era sobria, en
madera toda y colores sobrios... una planta de Dulce Candy estaba cerca de una ventana... libros
ordenados, una pequeña salita... un enorme escritorio presidido por el hombre que deseaba ver...
Elegante y sobrio... con su expresión altiva y superior... se veía tan seductor con los ojos bajos y las
sedosas pestañas haciéndoles sombra a los parpados... Todo olía a maderas finas obviamente, pero
entre ellas, notas ambarinas resaltaban...

- Neil... - no pudo decir mas, la voz pareció traicionarla

Él levanto la mirada incrédulo y se quedo pasmado al verla en la entrada a su oficina... era ella...
¡Santo Dios era ella!... la mujer que amaba y por la que no dormía bien desde hacia mas de un mes,
la que llenaba sus sueños igual que de glorias mientras se le entregaba, que de pesadillas, cuando lo
dejaba por otro... Completamente dichoso corrió hacia ella encerrándola en sus brazos y
comprobando que era real...

-Candy... mi amor... ¿Que haces aquí?...
- Vine a buscarte... has sido muy malo al no despedirte de mi... - la voz de ella salía llena de
gozo, pero quebrada al mismo tiempo por la emoción...
- Perdóname... no fue mi culpa, tuve que salir de pronto... - acaricio su rostro y su cabello,
hundiendo su mirada en la de ella para comenzar a esparcir besos en su rostro...- Albert
necesitaba que saliera de inmediato...

Esas palabras fueron el detonante final del llanto que intentaba contener... el verlo, estar con a su
lado, sentirlo después de tanto anhelo y que el sacara el nombre de Albert a la platica, todo la
conmovió impidiendo seguir apacible.

- Neil, mi amor... - se arrojo por completo a sus brazos, encerrándose en su pecho...
- Candy, ya sé que me amas, pero no veo porque lloras...
- Perdóname Neil, he sido una tonta, tu tenias razón...
-¿De que hablas? - aun sin que le contara nada, sabia de que hablaba y sintió que echaban
aceite caliente sobre él...
-De nada… quiero decir- dijo tomando compostura y secando sus lágrimas. Neil, acerco su
nariz a la de ella y siguió sonriendo feliz de verla ahí… en el fondo sospechaba el motivo de su
presencia. Era solo cuestión de tiempo… tarde o temprano sucedería…- quiero decir que te
extrañe mucho…
-¿Y has venido solo por eso?...- pregunto pícaramente- me encanta la idea…- dijo cediendo a
su natural deseo de besarla…

Ambos se perdieron en ese beso… tan anhelado y deseado. Neil la invadió con toda la pasión de la
que era capaz, deseando reclamar cada parte de su cuerpo como suyo… anhelaba que ella sintiera lo
mismo que identificara todo el amor que él le regalaba, lo mucho que la necesitaba y lo enamorada
que estaba de él… Se sintió en la gloria al reconocer su sabor, la tremulidad con la que le respondía y
lo aceptaba sin reservas… Atrapo sus labios jalando del inferior y deleitándose con la humedad que
despedía…Estrecho todo su delicado cuerpo con mayor fuerza y busco su cuello… ¡Era tan
enloquecedor tenerla así!... debía detenerse o no estaría satisfecho hasta llevar aquello al final.
Hundió el rostro en su cabello, sintiendo que su cuerpo despertaba por completo a la cercanía de la
chica…

-Me encanta tenerte cerca por fin… pero no te creo…
-Neil…
-Fue Albert ¿Verdad?... ¿Qué paso con él?... ¿Estás bien?... dijo conciliador, tomándola de la
mano y llevándola hacía el sillón. Cuando estuvieron ahí la sentó en sus piernas como a una
chiquilla... ¿Qué pasa?... habla o me obligaras a preguntarle a él…
- Albert no me ve mas como una hermana o una amiga... Por eso te ha mandado lejos... - y
levanto la mirada hacia él, quien sintió el corazón estrujado al ver las lágrimas correr- pero yo
te amo a ti... ¡Solo a ti!...
- Y yo a ti... con toda mi alma... - respondió de forma sincera y tierna cerca de su oído... No
encontró nada mejor que decir para consolarla...- ¿Sabe que estas aquí?...
- No le avise a nadie de mi viaje...
- ¡Candy!... pensara que te he secuestrado...
-He venido por libre voluntad... como he hecho todo lo relacionado contigo...
- Mi amor... ya no llores, estaremos bien, te lo aseguro... No dejare que te aparten de mi
lado... Tarde o temprano tendría que hablar con Albert… Lo que me preocupa ahora, es saber si
estás dispuesta a hacer algo que enfade… o lastime a Albert…
-Yo… lo aprecio mucho… pero nunca podría corresponder sus sentimientos como él desea…
-¿Estas segura Candy?... – su voz sonaba algo insegura y si mirada estaba expectante.
Candy supo que se sentía inseguro de su tío- ¿En verdad me amas a mi y no a él?…¿No te
arrepentirás algún día de…
-Claro que te amo – respondió ella tomando su rostro entre sus manos y colocándose casi de
frente y apoyándose sobre él.

No pudo decir más... Candy atrapo sus labios con toda pasión y desesperación, mismas que el
correspondió en el justo grado... se dejo llevar por la textura suave de todo el cuerpo de la chica
envuelta en aquel traje pálido y oliendo a rosas como siempre. Fue dominando poco a poco el beso,
deseoso a mas de desahogar todo el deseo contenido a las ultimas fechas... ejercio fuerza sobre la
cintura de la chica apretándola más hacía él y regocijándose al escuchar su exclamación de sorpresa
y placer... Paso sus manos por todo su torso por encima de la ropa y se separo de sus labios para
seguir en su cuello...

-¿Tienes idea de todo lo que quiero hacerte ahora mismo?- dijo completamente desinhibido y
apasionado…

Se retiro para ver el sonrojo de Candy… ella se acerco más a sus labios y sonrió tímidamente
antes de besarlo fugazmente…

-¿Tienes idea de lo dispuesta que estoy?...

Se entregaron ya a un beso apasionado…

Él le devolvió la mira llena de deseo y después la hizo a un lado para levantarse. Candy no sabía que
iba a suceder a continuación, sólo vio que cerraba la carpeta sobre su escritorio, tomaba su saco,
portafolio y sombrero. Luego se acerco a ella de nueva cuenta tomándola de la mano.

-¿A dónde vamos? – pregunto disponiéndose también a salir...
-¿A mi departamento?... ¿Dónde piensas quedarte?...sí me dices que en un Hotel, no lo voy a
aceptar... Son muy... incómodos...
-...Pero...- Candy comenzó a sentir que todas las entrañas se le hacían de gelatina y la sangre
se agolpaba en su rostro...
-Cuando Albert llegue, quiero que vea que soy capaz de cuidarte...

Salieron de la oficina y las secretarias no tuvieron más que entender la causa de los desprecios a
todas las demás chicas... La señorita Andley era deslumbrante y además, con su unión beneficiaban
enormemente a ambas familias.
-¿Muy dispuesta?...- pregunto Neil aprisionándola en el elevador que llevaba a su
departamento.

La completa aceptación de un beso fue la respuesta...

- Quiero bañarme... – dijo y él entendió que estaba incomoda del viaje...
- Pediré que te preparen al baño, por mientras checaré mi correspondencia – dijo para
calmarla, pero estuvo convencido de que no podría hacer menos que pensar solo en ella.

Después de dos horas, los sirvientes se hubieron retirado. Neil salió de su estudio, para dirigirse a la
habitación donde estaba Candy, misma que lo esperaba con un sencillo vestido que delineaba de
forma muy tentadora su figura... Tomo la cintura entre sus dos manos y se inclino para besar su
cuello de manera breve. La chica correspondió su abrazo y lo invito a besarla... en poco rato medio
vestido estaba fuera del cuerpo de Candy...

¿Qué hacer?... ¿Tomarla o no tomarla?... de ninguna manera quería que nadie de la familia fuera a
reclamarle, solo a ella, por alguna consecuencia, ¿Pero cómo superar las inmensas ganas que tenía
de hacerla su mujer de nueva cuenta?... Toda la tarde estuvo pensando en la salida que tomaría para
la oposición de Albert, la mejor salida, en la que ella no fuera perjudicada y sólo se le ocurría una,
pero necesitaba la plena convicción de ella para llevarla a cabo... De esa forma, Albert no podría
alejarla de su lado y aunque toda la familia se pondría pies de cabeza con aquella noticia, finalmente
no les quedaría más que aceptarla...

Sus manos acariciaron la suave y tibia piel de su pecho, encendiéndolo aún más... se separo para
echar fuera con mayor facilidad las prendas y se rindió. Opto al igual que Candy en dejar de pensar...
solo sentir...

Al poco rato estaba sobre ella, diciéndole al oído que la amaba, mientras sus manos besaban cada
parte de su cuerpo. Candy se le entregaba sin reservas y en su mirada oscurecida él identificaba la
íntima petición, misma que hubo de satisfacer con pasión y amor... Cuando creyó perder la cordura
por todas las sensaciones vividas y la supo dichosa, se retiro, dejándose liberar por fin.

Cansados y embriagados de amor regresaron a los temas que debieron aclarar desde el principio...

- ¿En verdad crees que Albert venga?...
- En más tardar una semana estará aquí, ya verás...
- Neil, yo no quiero que salgas perjudicado ahora que has comenzado tu vida ejecutiva...
- Nada va a pasar Candy, Albert es el líder de la familia, pero no la autoridad plena, mi
familia posee una buena parte del capital Andley, no puede echarme así como así... además no
creo que se atreva a tanto...
- ¿Y si quiere llevarme a mí?- pregunto Candy desde su pecho, la risa alegre de Neil le irrito
los oídos...
- Sabes defenderte muy bien... tus mordidas son memorables...- dijo estremeciéndose por las
risillas...
- ¡¡Neil Leegan!!... estoy hablando en serio- dijo ella medio levantándose teniendo cuidado de
cubrirse con la sábana y dándole de golpes con la mano...
- Yo también - siguió riendo y jalando la sábana para quitársela... Cuando lo hubo hecho se
lanzo sobre ella tendiéndola de nuevo en el colchón... y atendiendo con sus besos la parte
descubierta. Candy quería reclamar, pero sus deseos la dominaban...- Sí Albert quiere
llevarte... dile que tu no quieres – menciono antes de perder una de sus manos en el cuerpo de
la chica...- Sí te dice que debes obedecerlo porque es tu tutor...- la beso en la boca con toda
pasión, succionando, invadiendo...- le dirás... que yo soy tu esposo... ¿ok?... – término viéndola
directo a los ojos con una sonrisa dibujada con toda la cordura que la pasión permitía...
- ¿Esposo?... pero eso sería mentir...
- No, claro que no... Casémonos aquí mañana mismo ¿Qué dices?...
Capítulo XIX. Por Alondrita

Total entrega

Candy lo miraba temerosa, no podía creer lo que sucedía, no hubiera esperado tal cosa. Miraba a
aquel hombre algo desorientada y sin poder decir mucho. Era todo tan obvio que las palabras
sobraban, sin embargo no se dijo mucho y ella manejó la situación como acostumbraba hacer
cuando algo se salía de su control… fingió no tener idea de lo que podría estarse pensado de sus
acciones y se portó lo más natural posible, sin embargo habría algo para lo que no estaría preparada.

-¿Candy?- indagaba
-Si- fue su respuesta cuya brevedad tenía por fin evitar otorgar alguna razón o despertar
alguna sospecha que le delatara aún más.
-No esperaba, lo siento, espero no interrumpir.
-Pues lo haces- dijo Neil antes al tiempo que Candy decía:
-Pero qué ocurrencia- para después mirara a Neil, sin evitar sentirse delatada y expresar en
su cara tal sentimiento.

Albert pareció comprenderlo pues de inmediato giró la mirada, como evitando verla, no por prejuicios,
sino por el dolor que aquello le causara.

-Creo que es mejor que me vaya- señaló
-No es necesario- dijo Candy procurando en seguida cubrir el hueco de la desabotonada
camisa de la pijama de Neil que portara en aquel momento, al tiempo que miraba a Neil de
forma tal que le trasmitía sin palabras sus deseos.
-No, no lo es- respondió de mala actuación Neil –Puedes quedarte, esta es tu casa, hay varias
habitaciones como sabrás, puedes ocupar una de ellas, Candy la otra y yo la que me
corresponde- señaló casi incrédulo de sus propias palabras y sintiendo como subía el ardor de
la rabia que la frustración le provocaba en ese momento.
-Será mejor que no- dijo Albert apesadumbrado dándose media vuelta para salir por la
puerta que aún estaba abierta a sus espaldas –buenas noches.

Candy miró a Neil, mil pensamientos pasaron por su cabeza y un sentimiento de dolor invadió su
alma. Si bien no había posibilidad de que viera a aquel hombre de otra forma que no fuera como su
tutor, amigo o hermano, era por esa misma razón que igualmente el corazón se le resquebrajaba de
verle marchar desconsolado y en desilusión. Titubeó un instante y después salió del apartamento,
justo cuando Neil se acercara a abrazarla, no sin antes girar y lanzar una mirada de súplica a Neil,
quien la miraba y algo aturdido vio como desaparecía de su vista.

-¡Albert, Albert!- gritaba Candy, quien diera alcance al hombre ya a las puertas del elevador.
-¿Qué sucede?- dijo Albert casi sin fuerza y con el corazón amenazando por salírsele por la
boca, se atoraba en su garganta, pero a la vez con una mínima de esperanza de que ella viniera
a expresar lo equivocada que estaba… y que le amaba.

Candy no dijo nada, pero en su mirada se reflejaban las respuestas opuestas a las deseadas por el
joven magnate. Ella lo abrazó con fuerza y se hundió en su pecho. Él se resistió a aquel abrazo, pero
finalmente su nobleza apareció, no podía negarse, la amaba demasiado. Finalmente le abrazó y se
dejó consolar.
Era embriagante, se había percatado de pronto que los senos de la chica estaban libremente bajo
aquella camisa de dormir y que los pantalones le quedaban maravillosamente enormes. Era seductor
aquel cuerpo y sus reacciones no se dejaron esperar, escalofríos recorrían su alma mientras se
resistía a dejarse llevar por todo aquello. Era tan poco lo que le separaba de la gloria, era tan poco lo
que le separaba, qué maravilla le representaría asirla con él al elevador y poseerla. Maravillas de la
mente humana, toda su mente era un revuelo… pero no sería él de hacer tal barbaridad, y sobre todo
estaba el echo de que ella no le amaba. La apartó de él y la miró, entonces rió un poco y sujetó su
barbilla.

-Candy- dijo sereno y mirándola a los ojos.
-Perdona, no sabía de tus sentimientos y yo… bueno
-Puedo ver hasta lo más íntimo de tu ser a través de esa pijama, y más aún con ese
desabotonado camisón- señaló él algo conciliador e interrumpiendo a la chica para evitar se
hablara más del asunto, mientras al instante Candy se tornaba de todos colores y se
apresurada cruzaba los brazos sobre su pecho.
-¿Puedo verte mañana?- preguntó ya apartada de él y apenada en sobre manera.
-Sería un placer. Pero ahora debo ir a dormir.
-Acepta quedarte, por favor- suplicó ella.
-No puedo, realmente no podría.- dijo firme y nostálgicamente –solo una cosa más- regresó
un tanto sobre sus pasos ya con el elevador listo para su abordaje –cuídate Candy-
-Si- respondió ella recibiendo finalmente el más tierno beso que jamás le hubiese dado
Albert, para después verlo desaparecer entre el cerrar de aquellas dos puertas corredizas.

Candy volvió al departamento de Neil y cerró tras suyo la puerta, él no estaba donde ella hubiera
esperado. Se sentó en el sofá de la sala y pensó por un rato, estaba realmente triste, Albert le dolía
demasiado, pero sabía igualmente que enfrentaría esto tarde o temprano; además estaba Neil, él lo
valía todo, más aún, el amor y la felicidad que sabía tendría al lado del hombre que amaba era
suficiente para poder con aquello.

Finalmente sintió cabecear, estaba más que exhausta. El viaje había sido cansado, la pasión de hacía
unas horas le acrecentaba todo aquello y la llegada inesperada de Albert, aquel estrés en su alma, a
esas horas de la noche le fatigaron tanto que no podía más. Al sentir relajado su cuerpo el cansancio
se apoderó de ella. Decidió ir a dormir, al día siguiente debería aclarar todo con Albert y era mejor
estar descansada. En el camino al dormitorio pensaba en qué diría y qué haría. Miró hacia el lugar
donde sabía estaría Neil y su alma se trasportó a aquel sitio, pero su cuerpo y voluntad
permanecieron en la puerta del propio. Finalmente entró y decidió no encender luz alguna, suspiró y
tomó asiento en la cama, para después arroparse y conciliarse con Morfeo.

-Al fin llegas- escuchó decir desde el sofá a los pies de la cama que estaba en la oscuridad.
-¡Neil!- dijo ella en sobresalto e incorporándose –me has asustado

Entonces vio salir de las sombras al chico y un brillo singular le trajo una duda en la cabeza, la cual
desaparecería al acercarse a ella el joven y confirmar no se equivocaba, Neil estaba desnudo.

-¿Qué haces aquí?- preguntó cuBriando su cuerpo con las sábanas.
-Te esperaba- dijo tomando la mano de ella y colocándola sobre su pecho, para después
besarla y acercarla a su cuerpo en llamas.

Candy estaba exhausta, pero al sentir aquel beso y el calor en el cuerpo de Neil su alma despertó
nuevamente y las fuerzas regresaban. Ya no importaba cómo era que Albert había llegado tan pronto
a Boston, no importaba ya que se hubiera indagado si éste la mantuvo vigilada de alguna manera o
cuan casual habían sido su llegada, todo pasó a una página en blanco, ahora solo sentía como Neil
comenzaba a tirar de la camisa para sacársela sin desabotonarla.
Sentía aquel calor en sus senos, ella aún en cama y él en pie terminando de sacarle la prenda, pero
totalmente pegado a ella. Era extrañamente excitante.

Regresó a ella y tiró de los pantalones, jalando al mismo tiempo con desespero la prenda íntima de la
chica, como para no perder un instante más. Lanzó aquellas ropas lejos y giró a ella de nuevo, le
ayudó a ponerse en pie sobre la cama y la levantó en peso para recargarla en la pared de inmediato y
aprisionarla con su cuerpo.

-Te esperaba- repitió, pero ahora en un tono más profundo y algo arrebatado, como
intentando borrar sus celos, mientras lenta y profundamente la hacía suya, a lo que Candy solo
podía responder con un gemido que él difícilmente distinguía si era placer, dolor o angustia,
pero no rechazo, de eso estaba seguro, pues se aferraba a él con todas sus fuerzas. -Te amo
Candy.

Neil la tenía para él y con aquella posesión había decidido reafirmar su lugar en el mundo de Candy;
era suya, nadie más podía tenerla, lo era. Pensaba en ello y hacía sentía reafirmarlo fundiéndose con
ella en aquel encuentro de almas, rompiendo incluso las propias barreras que en la intimidad se
habían establecido.

Candy, tomada por sorpresa del todo y aunado a su amor profundo por aquel hombre, no fue capaz
de hacer nada más que entregarse totalmente, sintiendo como había mil formas distintas de intimar
con aquel a quién ahora indudablemente pertenecía y el cual igualmente le era propio.

Un sordo sonido les interrumpió en medio del éxtasis más profundo, se hacía más grande…

-¡La puerta!- alcanzó ella a decir –Neil- susurró casi comiéndose aquel nombre por la
agitación y éxtasis en que estaba.
-¿Cuál puerta?- preguntó él de igual forma mientras su paso en ella se hacía mayor y como
respondiendo sin pensar.
-Detente- dijo entre cortadamente, pero él no podía y no lo haría…

Entonces el ritmo del llamado se intensificó de tal suerte que Neil no pudo ignorar. Con enfado
aminoró su amar, pero retornó a él como decidiendo no escuchar.

-Puede ser importante- señaló Candy en contra de sus deseos de proseguir con todo aquello.
-Está bien- dijo él profundamente irritado depositándola en la cama –pero no te salvarás,
esta noche serás mías y de ahora en adelante –señaló con una expresión que a Candy ya no
asustaba, sabía de su temperamento y mal humor, así que solo le sonrió. –Ni esa sonrisa te
salva- aseveró ante aquello colocándose la ropa- espérame justo como te estoy dejando o me las
pagarás- le ordenó y amenazó sin poder contener una sonrisa que a Candy le revelara había
vencido.

Candy esperaba en su habitación indagándose en lo correcto de su actuar y permitir, pero al
transcurrir unos minutos y percatarse que Neil no volvía decidió escuchar. Se acercó a la puerta,
pero nada escuchaba, así que decidió ponerse su bata para salir, pero entonces escuchó pasos y
voces y de inmediato detuvo su incursión.

-No es molestia- refunfuñaba Neil contenidamente.
-Disculpa Neil, pero reconsideré quedarme cuando en el hotel me dijeron que no había
vacantes por un evento especial. –señalaba la voz que reconociera pertenecía a Albert.

Supo entonces que los planes de su amado no se llevarían a cabo, sintió algo de pesadez por ello y
desilusión, aunque a la vez le divertía un poco aquella situación.
Finalmente volvió a la cama tratando de conciliar el sueño, pero al paso de una hora se percató no
sería así. Salió del cuarto a la cocina, donde unos brazos le atraparon. Neil escuchó la puerta de la
chica abrirse, tampoco podía dormir, y decidió cuidar de su posesión, no fuera que cierto magnate
tuviese intensiones erróneas… aunque a la vez, en el fondo, sabía no sería así.

-Neil, por favor- suplicó la chica al sentir su aliento tras ella en la oreja y después una de
sus manos entrar bajo su bata y disfrutar lo terso de su piel –Neil, detente- insistió.

Pero él no se detendría, ella lo sabía, era indomable, algo que había aprendido en sus diversos
encuentros donde de forma fallida intentara detenerle. Así pues reunió la poca voluntad que para él
tenía y detuvo aquel andar por su cuerpo. Para dulce pero firmemente acabar con aquello.

-Te amo Neil- señaló –pero no podemos, no debemos- y al ver la duda en la mirada de él
siguió –falta poco, nos casaremos en poco, tú lo has dicho, esperemos Neil.

Pero él no escuchó razones, aquel rechazo le hería el orgullo, aunque ya Candy le había
acostumbrado a doblegarse ante sus desplantes, sin embargo Albert estaba ahí y él tenía la imperiosa
necesidad de reclamar lo que sentía suyo, pero que sentía aún pudiese arrebatársele por lo escondido
de aquel amor. El que ella recordara de pronto el incumplimiento moral le pateaba en lo más
profundo de su ser, era un golpe al hígado. Se marchó molesto y azotó la puerta de su habitación al
pasar por el marco de la misma.

Candy tomó asiento para beber un vaso con agua y reponerse de sus deseos que seguían encendidos,
incluso había cambiado de opinión “Albert estaba dormido, por qué no pasar esa noche en brazos de
su amado”. Se descubrió en tales pensamientos y metió la mano en el vaso para después chispear su
cara y su pecho tratando de despabilar aquellos pensamientos. Sintió una presencia tras ella y se
alegró, Neil había vuelto por ella y esta vez sedería, estaba segura de no ser capaz de oponer
resistencia.

No dijo nada, extendió tras de sí la mano a obscuras para alcanzar la del joven, sintió su calor y
como se aproximaba a ella. Temía, pero a la vez deseaba aquella excitación de lo prohibido. Él no
habló, solo la abrazó por detrás y sintió como se derretía a su tacto, como se estremecía, lo que
interpretó en una lucha entre proseguir y detenerse.

Cerró sus verdes ojos y buscó los labios de aquel que en pie tras ella se inclinaba para recibir sus
labios.

-¿Me amas?- preguntó él después del primer contacto y ella respondió afirmativamente con
la cabeza sin pensar recibiendo un nuevo beso, mientras una duda en la oscuridad atravesaba
por su mente.

Abrió los ojos y distinguió algo diferente. Estaba ya en pie entre aquellos brazos, recibiendo un beso
más del que se desprendiera inmediatamente.

-¡Albert!- dijo en conmoción.
-Te amo- susurró él tomándola con fuerza por la cintura y acallando las palabras de la
chica, ahogándola en el amor que él sentía por ella.
-No- se escapó de sus labios mientras se apartaba de los de él –lo siento, esto es un error-
señaló atemorizada y horrorizada de haber besado a alguien más que no fuese Neil.

Albert no dijo más, comprendió de súbito todo aquello. Una rabia se apoderaría de su ser, haber ido
al cielo y caído de vuelta al infierno le rompería el corazón en pedazos. Se aproximó a ella y la miró
con severidad ya a la luz de la luna que entraba por la ventanilla.
-¿Esto es lo que sucede entre ustedes? ¿Has permitido tanto Candy?- preguntó mordaz
mientras ella apenada y asustada se encogía de hombros, como descubierta.

Albert la sujetó y acercó a él por la fuerza. Había furia en su mirada, dolor emanando de sí. Pero ella
solo cerró los ojos y sintió como su ser se sumía en dolor. Él no tuvo corazón para dañarla. Tomó su
mentón y le habló.

-Vendrás conmigo, no estarás… más con él a menos que… - titubeó por el dolor que las
siguientes palabras le causaran –la formalidad de su unión se haya concretado- señaló con
firmeza mientras la soltaba -¿Sabes? Te habría dado mi alma, mi vida… - dijo apesadumbrado
mirándola fijamente -y ahora te las entrego en pos de tu felicidad.- reflexionó -Vamos, empaca,
saldremos inmediatamente.
-No- dijo ella finalmente recobrando su fortaleza, para sorpresa de Albert –eres mi tutor y el
mejor de mis amigos, sin embargo decido quedarme- hizo una pausa reflexiva –por lo menos
hasta hablar con Neil, después te acompañaré y cumpliré tus deseos por la gratitud que te debo
y siento.

El joven no esperaba tal reacción, pero sabía respetar los deseos de la chica. Se sintió mal por tratar
de imponerle su voluntad. Después de despedirse volvió a su cuarto y reflexionó, sintiendo como
aquel contacto con los labios de su amada le quemaba aún en los propios, tratando de contener el
ardor en su ser por el calor emanado de aquella chica, por el contacto de un cuerpo desnudo de
ataduras y asido al suyo, limitado solo por una tela sumamente delgada.

El despertar se dio sumamente temprano para Neil. Candy hacía gala de su costumbre de madrugar,
mientras Neil malhumorado giraba y renegaba por la hora.

-Neil- decía ella –Neil
-Déjame dormir- refunfuñaba
-Neil- insistía
-¿Qué es lo que… quieres?- dijo entreabriendo los ojos y percatándose que recién
despuntaba el sol e iluminaba la piel en las piernas desnudas de su amada. El ver esa
desnudez le dio una razón para olvidar su acostumbrado mal humor de las mañanas.

La tomó por la cintura y tiró de ella hacia la cama, buscando sus glúteos para percatarse de su
desnudez total. Sólo llevaba el camisón y eso era algo que él aprovecharía, sin indagarse la razón de
aquella actitud de arrojo de ella. La depositó sobre él mientras iniciaba con un encuentro
maravillosamente pasional y disfrutaba notoriamente aquel nuevo reencuentro de cuerpos. Candy
había sido vencida una vez más, no podía negarse, ya no… incluso lo había buscado. Olvidó la razón
para llamarlo y simplemente cedió a aquella fusión de cuerpos, dejándose caer con suavidad para
amarse.

-¿Me amas?- preguntaba él agitando el cuerpo de ella en medio de un movimiento
fabulosamente excitante –dilo, di que me perteneces- ordenaba muy acorde a su carácter.
-Te pertenezco, soy…- trataba ella de hablar, pero era inevitablemente entrecortado su
diálogo por la sensación fascinante de estar cercana al éxtasis –tuya ¡tuya! ¡tuya! ¡tuya!- dijo
con desesperación, para en seguida morder el labio de su amado, mientras este oprimía
fuertemente sus senos y se deslizaba a morder de forma voraz el cuello de la chica, sin reparo
alguno, simplemente dejándose llevar.
-¿Qué haces aquí?- preguntó él- no es que me sienta infeliz por tan bella sorpresa- señaló
deteniéndose un poco y venías con toda la intención de obtener mis favores por lo que veo-
presumió al tiempo que retomaba aquel cuerpo.

Candy le sonrió… pero entonces Neil recordó algo de la noche anterior…

-Albert está aquí- se detuvo en medio de todo aquello y la miró en son de pregunta -¿cómo es
que tú te has atrevido…? ¿Será que mi pequeña traviesa está tomando malos ejemplos de mí?

Candy volvía a sonreír y respondía –Se ha ido hace unos minutos. Quedé en reunirme con él más
tarde –comentó.

-No comprendo- dijo él desconcertado, pero ante las caricias de ella y la posición tan
seductora en que la tenía no pudo más que relajarse y dejarse llevar, como tratando de
recuperar lo que la noche anterior le hubiesen arrebatado tan amargamente.

Se desprenderían dolorosamente sabiendo que la hora de partir llegaría pronto, eran ya dos horas de
amarse y de, en desmedida forma, entregarse uno al otro, por lo que aún en medio de mil ansias de
continuarse amando, se separaron.

Neil la llevó a empujones y en juegos eróticos al baño, pensando que sería prudente apresurarse
antes de la llegada de los sirvientes, donde tomarían un delicioso y sensual baño que terminaría en
una nueva incursión de intimar de cuerpos. Eran un par de jóvenes enamorados, que realmente
necesitaban contraer matrimonio según expresó Neil a carcajadas mientras ella se cubría algo
nerviosa para que no la viera más desnuda, como si no la hubiese reconocido ya bastante.

Candy llevaría entonces un anillo de compromiso en su mano, era hora de hacer lo que deseaban, no
dilatarían más, se amaban y no esperarían, como ya no habían podido más hacerlo para entregarse
el uno al otro.

-Aprovecharemos que Albert está aquí- señalaba Neil mientras salían del apartamento. No
había querido desayunar en casa, era tarde para ello, además comprendieron que sería difícil
estar a solas sin buscar entablar sus juegos amorosos una y otra vez.

-Hola Albert. Buen día- Saludó Candy lLeegando a la cita algo retrazada.
-Buen día Candy- respondió, para después pasar su mirada sobre el hombro de la chica –veo
que no has venido sola- aseveró observando como Neil se había quedado atrás en atención a la
privacidad que Candy le había solicitado.
-No- respondió ella sonriendo –pero no estará aquí por mucho tiempo, es solo que tiene algo
que hablar contigo.

Neil entonces se reunía con ellos y tomaba por la espalda amable, pero a la vez, familiarmente a
Candy para hacerla tomar asiento. Ambos hombres se saludaron y Neil comenzó sin rodeos su
charla.

-Quiero decirte- reflexionó un poco –bueno, supongo que más bien- miró a Candy –ratificarte
lo que ya has de tener por conocido. Candy y yo nos amamos –declaró firmemente tomando la
mano de ella por debajo de la mesa y poniéndola a la vista de Albert –le he pedido que sea mi
esposa.
El joven los miró sintiendo un dolor intenso en su corazón, sabía que podía suceder, de echo le dolía
pensar que Terry hiciera exactamente lo mismo años atrás, sin embargo con Neil esperaba más un
robo, que desafiaran el todo y simplemente sin tomar en cuenta a nadie, menos a él, contrajeran
matrimonio… si esto era lo que habían planeado.

-Tu aprobación es importante para Candy- prosiguió Neil e hizo una pausa –al igual que lo
es para mí- confesó con profundo respeto para sorpresa de Albert.

Albert miró entonces algo que no estaba ahí una noche atrás, una hermosa sortija adornando la
mano de su amada, una que no le entregara él. No podía hablar de súbito, pero decidió hacerlo.

-No la necesitan, pero créeme Candy que te apoyo en todas las decisiones que tomes-
comentó para girar su mirada a Neil y volverla algo severa –y las tuyas.

No hubo más charla, Neil se despidió para atender los negocios, dejando a Candy y Albert a solas
para charlar.

Acordarían entonces en aquella charla que Candy estaría bajo su protección por el tiempo necesario
para los preparativos a la boda, así como el enfrentar juntos todo lo que conllevara esto para con sus
amigos y familia. La relación de Candy y Neil parecía tener un rayo de luz esperanzador, como
lLeegando al final de un camino sinuoso, difícil y oscuro.
Capítulo XX. Por Anabel

Renuncia

Los gemidos y jadeos de los amantes perturbaban el plácido silencio de la noche y se clavaban en su
alma cual filosas dagas impregnadas de celos y de impotencia. Hacía varias noches que el ritual se
repetía con rigurosa exactitud. La tirante situación en la cena en la que todo lo llenaba un tenso
silencio roto de vez en cuando por algún comentario sobre los planes para la boda, después las
despedidas respetuosas, la expresión de los deseos de pasar una noche agradable y descansar; luego
cada uno se retiraba a sus habitaciones y era ahí cuando comenzaba la tortura.

Treinta minutos después de que las puertas se cerraban, cuando era de suponerse que todos los
habitantes de la casa dormían, se escuchaba el casi imperceptible ruido las bisagras de una puerta
abriéndose, seguido de sigilosos pasos recorriendo el pasillo hasta que se oía de nueva cuenta el leve
rechinido de otra puerta, en esta ocasión dos veces, al abrir y al cerrarse. El silencio imperaba
entonces por algunos minutos para desvanecerse luego y dejar paso a los intensos ruidos que
delataban la puesta en práctica de un acto amatorio urgente, desesperado.

Era entonces cuando su propio cuerpo despertaba llenándose de deseo, de ese mismo deseo que
envolvía a los amantes en su loca carrera por encontrar el éxtasis, era una especie de contagio que
flotaba en el aire y que le alcanzaba inmisericorde estrellándole en la cara su propia soledad. Él se
dejaba llevar por el placer ajeno ocultando bajo él su profundo dolor. Desde su baño podía escuchar
cada palabra, cada suspiro entrecortado por la excitación, así que se sentaba en un taburete que
servía para sostener la bata de felpa que ocupaba al salir de la ducha, y se sumergía en la fantasía de
ser él quien poseía a la mujer que se retorcía de placer entre los brazos de otro hombre.

Ya antes había soñado una y mil veces que rozaba su piel desnuda, esa piel que debía ser
blanquísima y suave como la seda, que enredaba sus dedos en los rubios rizos, que bebía su aliento y
mordía cada espacio de su cuerpo delicado y fino, y algo de ese paraíso pudo probar la noche en que
ella misma lo besara al confundirlo con Neil entre las sombras. Pero ahora que la escuchaba gemir,
que podía sentirla vibrar a la distancia, la fantasía cobraba una dimensión casi perfecta, lo único que
faltaba era que fuera él y no su sobrino el que disfrutara de aquellas caricias prodigadas con tanto
deseo como amor.

Sus ojos habían sido testigos en más de una ocasión de la intensidad de las miradas que ellos
compartían, de la complicidad en cada uno de sus actos. Emanaban una energía sexual que podía
ser percibida por cualquiera y para él, que era un observador atento, no había pasado desapercibida
esa situación.

Había sido una bofetada encontrarla en casa de Neil cuando vino desesperado desde Chicago tras
ella, aun cuando lo intuía, verla enfundada en ese pijama que le venía holgadísimo, sin más prendas
cubriendo su desnudez fue la confirmación de la más terrible de sus pesadillas. Ella amaba una vez
más a otro en cuerpo y alma, había entregado la totalidad de su ser al hombre al que había elegido y
eso le desarmaba por completo, le quitaba la más mínima posibilidad de colarse en su corazón. Había
corrido tras una estúpida quimera y ahora pagaba las consecuencias en ese doloroso acto de
autosatisfacción que debía realizar cada noche para calmar la necesidad de su cuerpo y de su alma,
acompañado únicamente de los restos de la candente entrega que se llevaba a cabo tras la pared de
su frío cuarto de baño.
¿Cuándo se había convertido en un ser carroñero de amor, que se conformaba con las migajas del
atestiguamiento del placer ajeno?

Esa interrogante llegó a su mente al sentir la tibieza del líquido que se derramaba en sus manos, y se
sintió el hombre más miserable y absurdo del planeta entero.

Había cedido ante las súplicas de Candy de quedarse unos días más en Boston para buscar junto
con su prometido el hogar en que vivirían una vez casados. Él les ofreció la casa que ahora
habitaban, pero la ilusión de ambos de buscar un lugar propio desde el principio pudo más que la
comodidad de permanecer en ese palacete que había pertenecido a la familia por generaciones.
Candy, libre como era, deseaba tener un espacio independiente, en el que no tuviera restricción
alguna en cuanto al estilo y la decoración, un hogar propio en el que encontrar finalmente la
sensación de pertenencia de la que tantos años careció.

Vivirían en Boston dada la ratificación que el mismo Albert le había dado a Neil en su cargo de
Director General de la institución bancaria propiedad de la familia. Los resultados financieros y
operativos que su sobrino había logrado desde su llegada eran notables, la empresa iba mejor que
nunca, así que no había motivos para que fuera destituido de su cargo. Además, los tres
consideraban prudente que el matrimonio se mantuviera alejado del resto de la familia, que
seguramente no vería con buenos ojos la unión entre los “primos”, especialmente la Tía Abuela. El
mismo Albert sentía que lo mejor sería poner distancia de por medio para que su corazón sanara, si
la tenía cerca le sería imposible olvidarla.

Ahora se recriminaba ferozmente el haber cedido ante los deseos de Candy, pero aún más ante los
propios deseos de continuar viviendo clandestinamente parte de la intimidad de la pareja. Hacía
cinco días que Candy y Neil le dieran la noticia de que habían encontrado el lugar perfecto para vivir,
sin embargo Albert había desarrollado ya una especie de adicción a ser testigo, aunque indirecto y
distante, de los encuentros sexuales entre ellos, y había argumentado la necesidad de permanecer en
Boston unos días más para dejar completamente ultimados los detalles de la ratificación de Neil
como cabeza del banco.

Sin duda había sido un grave error y ahora lo comprendía. No podía seguir dando rienda suelta a sus
bajas pasiones, debía recuperar las riendas de su vida y tratar de dejar atrás el doloroso capítulo que
significaba el desamor de Candy. Sacudió su mano con un gesto de asco, comprendiendo al fin que
debía poner fin a esa situación que lo rebajaba y lo hacía indigno ante sí mismo. Se dio un baño y se
metió a la cama decidido a exorcizar sus demonios y a partir al día siguiente hacia Chicago en
compañía de Candy.

La más absoluta felicidad le envolvía el corazón, su amada dormía a su lado, bellísima, casi etérea.
Le gustaba contemplarla por horas después de que el sueño la vencía tras la agitada batalla amorosa
librada una y otra vez cada noche. Le parecía imposible que esa mujer en apariencia indefensa y
vulnerable pudiera ser tan desinhibida y complaciente a la hora de hacer el amor. Sin duda había
aprendido muy rápido y él se regodeaba ante la certeza de haber sido su único maestro.

El alba comenzaba a despuntar y supo entonces que era el momento de regresar a su habitación ya
que debían seguir guardando las apariencias ante Albert, a pesar de que estaba seguro de que el
rubio sabía perfectamente lo que sucedía noche tras noche en aquel cuarto.

Cuidadosamente se deslizó de la habitación de Candy y comenzó a caminar por el oscuro pasillo.
- Necesito hablar contigo Neil – escuchó la voz grave de Albert decir en las tinieblas. Su
corazón dio un vuelco al sentirse sorprendido por su tío.
- Tío... yo... – titubeó pensando en la posible reacción negativa del patriarca ante la evidencia
de su incursión nocturna a la cama de Candy y las repercusiones que esto podría traer en los
acuerdos de matrimonio que ya habían realizado.
- Hoy mismo regresaré con Candy a Chicago – dijo Albert con voz impasible.

Neil recordó entonces que el mismo Albert había pospuesto el viaje días atrás y le resultó muy
inquietante que ahora tuviera tanta prisa.

- ¿Has terminado tus pendientes en Boston? – preguntó tratando de averiguar los verdaderos
motivos del rubio ante tal precipitación.
- Así es, de ahora en adelante todo quedará en tus manos – respondió Albert sin permitir que
sus sentimientos se filtraran en sus palabras.
- ¿Puedo saber el por qué de la premura? – inquirió de nuevo suspicazmente.
- Es simple. Debo retomar mis asuntos allá y los preparativos para la boda no pueden seguir
esperando – espetó lacónico – Supongo que tú serás el primer interesado en que así sea todo
esté listo lo más pronto posible.
- Si, lo que más deseo es que Candy se convierta en mi legítima esposa cuanto antes.
- Entonces supongo que no tendrás inconveniente en que partamos hoy al medio día.
- No, ninguno.
- Muy bien, entonces prepararé mi maleta – dijo Albert dando la media vuelta y entrando de
nuevo a su habitación.
- Tío – murmuró Neil para llamar de nuevo su atención. Necesitaba saber hasta qué punto
Albert había hecho sus renuncias y no se trataba de una jugarreta más para separarlos – Sé
que no soy el hombre que hubieras escogido para Candy, pero quiero que sepas que estoy
dispuesto a hacerla feliz contra todo y contra todos.

Albert percibió las veladas intenciones tras el comentario de su sobrino.

- No te preocupes Neil, conozco la decisión de Candy y la respetaré contra viento y marea.
Puedes estar tranquilo... no haré nada que pueda lastimarla, soy el primero en desear su
felicidad – dijo comprendiendo que debía reconocer ante Neil su decisión de dejar a un lado sus
sentimientos en pos de la felicidad de la mujer a la que amaba.
- Gracias.
- No tienes nada que agradecer. Y si acaso hubiera algo que ameritara tu agradecimiento
hazlo entonces dándole a ella toda la paz y felicidad que merece – finalizó para inmediatamente
después extender su mano hacia Neil, misma que éste estrechó aliviado – Nos veremos en
Chicago.

La despedida fue dolorosa aun cuando ambos sabían que era necesaria para poder realizar su sueño
de pasar el resto de la vida juntos.

- Te amo tanto – decía ella entre lágrimas y besos – Te extrañaré como una loca.
- No más que yo, mi amor. Contaré cada segundo que pase antes de volver y entonces ya
nada nos separará – murmuraba él conteniendo las inmensas ganas de llorar que le invadían.
- Se hace tarde – carraspeó Albert quien ya esperaba en el pescante del vagón – debes subir
Candy.
- Si – respondió la chica limpiando sus lágrimas antes de dar un último y profundo beso al
hombre que amaba.
Capítulo XXI. Por Noemí

Complementando el sueño

Los gritos que se escuchaban en la estancia de la solariega mansión, estremecían los muros haciendo
que los sirvientes huyeran asustados para no atravesarse en medio de aquella acalorada discusión.

Todo aquel alboroto obedecía a un motivo muy sencillo: Sarah Leegan seguía reprochando a su
vástago las decisiones que había tomado, sin haberle consultado.

− Vamos madre no soy un chiquillo al que puedes seguir manejando a tu antojo – gritaba
el joven mirando desafiantemente a su madre.
− ¡Lo siento!- respondió con ironía y algo de prepotencia- No puedo permitir que te cases
con ella, no ahora que tu padre esta haciendo negocios con el Sr. Frederick Wellington y
quiere que conozcas a su hija Audrey, ¿Sabes la importancia que llegaríamos a tener si
tu te llegaras a casar con ella? – espeto la mujer con calculada frialdad.

Neil no pudo evitar mirar con rabia a su madre, percatándose lo egoísta y materialista que era y que
una parte de ese mismo egoísmo había sido trasladado a su forma de educarlos; claro ejemplo había
sido su propia hermana y hasta él mismo, si no hubiera sido por su rubia pecosa y lo que había
ayudado a cambiar su vida, quizás aceptaría con gusto lo que su madre le estaba sugiriendo. Frunció
el entrecejo furioso dispuesto a defender su amor aun por encima de su arrogante madre.

− No me interesa madre, además no estoy solicitando tu permiso, solo te estoy avisando
que me casare con Candy.

El bello rostro de la dama se contrajo de furia al escuchar el reto pronunciado en labios de su hijo y
el mero nombre de aquella huérfana que la había puesto en evidencia ante la sociedad puso en
manifiesto todo el rechazo que sentía en contra de Candy.

− Ella te rechazo… ¿Qué te hace pensar que ahora si se casara contigo?- alego con los ojos
brillando por el enojo que sentía.

Neil esbozo una media sonrisa reflejando un poco la tristeza que la actitud de su madre le
ocasionaba, pero estaba decidido y no había vuelta de hoja.

− Es una pena madre que ni siquiera estés enterada de lo que tus hijos hacen por el día y
por la noche, que tu mundo se limite solo a tus frivolidades, sin percatarte que lo mucho
que mi hermana te necesita y lo que yo alguna vez llegue a necesitarte.

Las palabras de reproche de Neil calaron en el fondo de su alma y sin más soltó una bofetada a su
vástago, descargando un poco el enojo que la embargaba, el joven levanto su cara con un rictus
amargo dibujado en su atractivo rostro, pero Sarah no se inmuto.

− Eres un malagradecido, todo te lo di y ¿con que me pagas?
Neil apretó los puños para detener el torrencial de sentimientos que invadieron su alma, y no
despotricar en contra de aquella que para bien o para mal era su madre, sin embargo una voz
respondió antes que él.

− Tienes razón madre nos diste todo – respondió la voz arrogante de su melliza,
instintivamente Neil se preparo para otra discusión al ver entrar a su hermana con la
gracia y la arrogancia que la caracterizaba, mientras Sarah sonrió con satisfacción al
encontrar apoyo en su hija – nos diste lujos, buenos colegios, doncellas, inclusive mi
padre trajo a una huérfana para que nos hiciera compañía – una amarga sonrisa
apareció en el rostro de la joven y Neil frunció el ceño - éramos tan incapaces de
encontrar amigos que tuvieron que conseguir a una niña que jugara con nosotros … ¿no
es eso mediocre madre? Y aun peor, resulta risible que ahora esa misma huérfana sea la
causante de la felicidad de tu hijo - la mirada escandalizada que Sarah dirigió a la joven
hicieron que Eliza continuara con una sonrisa sardónica, expresiva de su amargura –
¿Habrá respuesta madre si te pregunto las veces que acudiste en mi auxilio cuando yo
me asustaba por las noches?...mmm o ¿Cuántas veces me consolaste cuando Anthony
murió?...y ¿las veces que pasaste una toalla para limpiar mi sudor cuando yo tenia
fiebre? Ahh y por supuesto y quizás lo más importante… ¿Cuándo me diste un sabio
consejo o una palabra de amor?

Todas las respuestas exigidas por Eliza se quedaron atoradas en la garganta de Sarah que
incrédula miraba como los ojos de sus dos hijos le reprochaban por que la única respuesta
verdadera y valida era un sencillo nunca, la cual cayo como un balde agua fría calando en los
mas profundo de su ser totalmente desconcertándola.

− ¿No me contestas madre? – continuo la joven implacable al ver el mutismo en el que se
había sumido su madre – te voy a decir quien fue el único que compartió todas esas
pequeñeces que tu te negaste a compartir con nosotros – la joven hizo una pausa
deliberada mirando a Neil que le respondió con una sonrisa de cariño, la que siempre
utilizaba solo para ella - fue mi propio hermano que se convirtió en mi amigo, mi
cómplice y en mi eterno compañero… y eso es lo único que te puedo agradecer a parte
de la cantidad de cosas materiales que me proporcionaste a cambio de tu compañía …
por que procuraste darnos lo único necesario materialmente pero lo único que
necesitábamos era tener una madre cosa que negaste a cumplirnos.

Eliza miro a su madre con amargura, mientras Sarah en su necedad levanto su miraba con
arrogancia, recuperando el aplomo.

− ¿Y ahora pretendes vendernos al mejor postor? – pregunto la joven con ironía.
− Eliza… no puedes estar de acuerdo en que tu hermano se case con esa advenediza -
alego la mujer escandalizada – ¡Tu la odias!.
− La odiaba madre – corrigió la chica con rapidez – pero al ver la mirada de felicidad que
los ojos de Neil reflejan, es suficiente para comprender que Candy White la huérfana del
hogar de Ponny no es tan mala como siempre creí.

Los ojos de Neil reflejaron todo el amor fraterno que sentía por su melliza, siempre había sido más
que una hermana y ahora con sus acciones confirmaba que siempre contaría con ella y él siempre
estaría para ella.

− Hablare con William él no lo permitirá – respondió la dama recuperada del impacto
inicial y se enfrento a su dos hijos.
− Estoy de acuerdo con ese enlace Sarah – la profunda voz de Albert se dejo escuchar por
la estancia que los tres se giraron para ver parado al patriarca en la puerta.
Albert había ido a visitar a su hermana para que iniciara los preparativos de la boda de Candy y Neil
cuando escucho toda la conversación entre Sarah y sus hijos… aun se encontraba sorprendido que
fuera Eliza quien defendiera esa relación… pero sospechaba que ella había sido enterada desde el
principio. – Candy y Neil tienen mi consentimiento para casarse.

− Pero William – suplico la mujer
− Lo siento Sarah … si Neil y Candy si quieren casar yo no seré impedimento para que esto
suceda… al contrario haré todo lo que en mano este, para que esa boda se realicé

Neil miro a su tío y se percato finalmente por que Candy le tenía tanto amor y respeto.
Sin embargo Sarah que extrañamente se había quedado callada meditaba su siguiente movimiento.

Eliza miraba con un poco de interés el jardín que aun conservaban las hermosas rosas de Anthony y
un suspiro de tristeza escapo de su labios al recordar al jovencito que llego a amar y que la rechazo
por la huérfana del hogar de Pony. La vida le había dado dos reveses; Anthony había sido el primero
de ellos cuando la rechazo. En ese instante ella también deseo morir con él y su odio hacia la rubia
pecosa se acrecentó.

El segundo fue cuando creyó que el recuerdo de Anthony quedaría en el olvido gracias a un joven
arrogante que se coló por sus pensamientos e imagino que él seria el complemento perfecto para
ella… nuevamente se equivoco por que no solo ella había sucumbido con el encanto del chico si no
también su odiada enemiga. El golpe definitivo fue cuando la humillo públicamente enfrente de sus
amigas escupiéndole la cara… quizás su único consuelo es que ella tampoco se quedo ni con Anthony
ni con Terry… Ahora quizás debería odiarla mas por que se llevaba lo único bueno que tenia en su
solitaria vida, el único compañero que le había dado su apoyo incondicional, que la había aceptado
con sus defectos y virtudes y que la quería a pesar de saberla un ser egoísta… Sin embargo al ver los
ojos felices de su hermano, se percato que Neil era absolutamente feliz y que la culpable de ello era la
joven que mas había odiado en su corta vida… ahora lo único que esperaba era encontrar algún día
ese amor que Neil y Candy compartían y que, debía reconocer, tanta envidia le ocasionaba…

Se acerco lentamente hasta las rosas blancas… un gesto de dolor se reflejo en las delicadas
facciones.

“Al menos Candy tiene con que recordarlo de por vida “

− ¿Son hermosas verdad?- la suave voz del patriarca entro como brisa por la mañana a su
cerebro y ella lentamente se giro.
− Si – respondió lacónicamente mirando fijamente los ojos azules de Albert y se sorprendió
al ver el enorme parecido que tenía con los de Anthony – Anthony tenia un gran don para
cultivar rosas y esta es bellísima.

Las tristes palabras de Eliza sorprendieron a Albert quien puso mayor atención a su sobrina, era
muy hermosa, su delicada figura enfundada en un vestido azul marino enfatizaba la belleza de su
rostro y la blancura de piel, sus bellos ojos siempre opacados por la dureza de su alma se
encontraban en este momento tranquilos revelando su belleza y la soledad a la que estaba sometida.

− Anthony fue un ser especial y esta rosa lo demuestra, aun a pesar de que lleva el nombre
de ella – comento la joven con un suspiro.
− Si es hermosa y más lo que significa, pero no es hora de hablar del pasado, supongo que
tu visita es mas por otra causa.
Albert tomo con delicadeza la mano de la chica y la condujo hasta una banca, Eliza aun sorprendida
por el temblor que recorrió su ser solo atino a decir.

− Es por mi madre, se niega aceptar que mi hermano se case con Candy y me preocupa la
visita que la Tía abuela le hizo ayer en la tarde.

Albert dio un suspiro de frustración, la tía abuela tampoco había estado de acuerdo con el enlace de
los jóvenes y aun no lograba comprender sus motivos, ya que en un principio había apoyado a Sara
en su necedad de obligar a Candy a casarse con Neil y ahora que su inicial propósito estaba por
cumplirse, se oponían de manera determinante para que se realizara el matrimonio.

− ¿Y tu que opinas al respecto? – pregunto Albert clavando sus ojos en los cafés de Eliza
que sostuvo su mirada a pesar del nerviosismo que estos le ocasionaban.
− Supongo que están buscando la manera de sabotear la boda y como solo se me ocurre
una manera de evitarlo – respondió la joven con un dejo de diversión – creo que me veré
en la necesidad de buscar trabajo por que a mi casa no creo que me vuelvan a permitir la
entrada.

Albert sonrió un poco divertido por que ya imaginaba lo que la chica estaba planeando, y sin embargo
aquella faceta que la pelirroja le estaba demostrando, la hacia verla con nuevos ojos, instintivamente
tomo su mano y le dijo.

− Hagas lo que hagas serás bienvenida en esta casa.

Las dulces palabras de Albert calaron en los mas profundo del ser de Eliza, que se incorporo con el
rostro ruborizado ignorando lo encantadora que se veía, sorprendiendo al patriarca.

− Gracias - respondió apenas sin poder enfrentar la dulce mirada de Albert.

El joven patriarca también se incorporo, tomo la barbilla de la chica para levantar su mirada que aun
seguía escondida en algún punto del piso.

− Todo estará bien Eliza…no sé por que pero confió en que harás lo correcto.

Las palabras de Albert la reconfortaron, que solo asintió con la cabeza sin poder articular mas
palabra que un simple gracias.

La hermosa sonrisa de Candy reflejaba la felicidad que sentía y la emoción de los preparativos de la
boda hacían que su rostro brillara por si mismo reflejando la belleza de su alma.

Archie miraba con cierto fastidio la escena entre su prometida y la rubia que escogían las telas para
los vestidos de Annie, Patty y Eliza que serian sus damas de honor. Su molestia inicial era mas por lo
vano de sus intentos para evitar que esa relación siguiera. Ahora era demasiado tarde, se daba
cuenta por que el rostro de la pecosa que juro proteger junto con Stear y Anthony reflejaba el amor
que sentía por su primo Neil…golpeo la mesa frustrado y se incorporo para entrar a la mansión ante
la mirada sorprendida de su prometida y de Candy.
Albert se encontraba tomando una copa de coñac para aliviar un poco el dolor que le ocasionaba la
felicidad de su pupila cuando Archie irrumpió en la habitación molesto.

− Me he preguntado un sinfín de veces en estos últimos minutos que ¿fue lo que le vio?

Albert soltó una risita forzada comprendiendo de golpe la molestia del chico.

− Tranquilo Archie él la ama y ella también… ese es motivo suficiente para comprender …
no busques mas … no encontraras mas que objetivos reales basados en su amor.
− Pero Albert … - insistió el chico dejándose caer pesadamente en el sillón – ni siquiera me
creo que Eliza este de acuerdo a menos de que ella saque una tajada de todo esto.
− Tranquilo… Eliza quiere a su hermano no haría nada que lo dañara.
− Pero…
− Eliza es un ser solitario que siempre ha contado con la ayuda de su hermano, él ha sido
su apoyo… por lo tanto ella no haría algo para dañarlo…cree cuando te digo que Eliza
jamás volverá a dañar a Candy, no cuando este de por medio Neil. Además Archie, jamás
hemos intentado acercarnos a ella, ve a Candy si ella se enamoró de Neil es por que algo
bueno vislumbro en su alma y supongo que Eliza también tiene escondido algo así…
solo que jamás le hemos dado la oportunidad de mostrárnoslo…dejemos que el tiempo
nos demuestre mi teoría.

Archie miro incrédulo a su tío al ver la convicción con la que hablaba de la siempre egoísta Eliza
Leegan, sin saber que en un futuro no muy lejano el mismo aceptaría ayudar a su prima para
alcanzar su felicidad al lado del hombre que estaba a su lado.

− Si tu lo dices – respondió el joven alzándose de hombros mirando a su prima lanzarse en
brazos de Neil. – pero si lLeegan a lastimarle yo seré el primero en responder.
− No será necesario Archie ellos se aman – alego el rubio con el dolor carcomiéndole las
entrañas, al mirar la misma escena y sintiendo como su pupila se le escapaba de las
manos.

Annie miraba con cierta envidia y a la vez con sorpresa como su amiga se lanzaba a los brazos de su
prometido y como la mirada siempre arrogante cambiaba por una llena de amor que Neil no podía
disimular. Los jóvenes se besaron tiernamente, Neil dirigió una mirada a la trigueña que dando un
poco de espacio a la amante pareja seguía mirando las telas.

− Buenas tardes Annie. – saludo el joven galantemente y besando el dorso de la delicada
mano.

Annie miro asombrada el gesto sin embargo se recupero de su sorpresa inicial.

− Bien Neil, supongo que querrás estar a solas con Candy, así que me retiro
− No por favor – la atajo el joven – mi visita es breve solo vine a decirle a Candy que mi
madre no estará presente en la boda y que Eliza y mi padre serán las únicas personas
que me acompañen.

Aquella noticia entristeció a la joven al mirar la melancolía en los ojos de su prometido.

− ¿Estas bien? – pregunto con preocupación.
− Claro que si preciosa – respondió el joven depositando un beso en la tersa frente de la
chica. – mientras tu estés conmigo… todo estará bien.

Annie comprendió que el amor que se profesaban los dos jóvenes era suficiente para el éxito total de
aquel matrimonio que en un principio le pareció descabellado, pero al ver el par de esmeraldas brillar
de felicidad no pudo dejar de pensar que formaban una hermosa pareja.

− Bien Candy tengo que retirarme… tengo un par de pendientes con mi padre y creo que tu
tienes mucho trabajo por delante. – dijo mientras besaba la mano de la chica que hizo un
gracioso mohín.
− Neil seguro que estarás bien – pregunto nuevamente la chica.
− Estaré bien cariño…y estaré mucho mejor si tu te apresuras con esos preparativos y nos
casas mas rápido – bromeo el joven con una sonrisa picara revelando lo que quería decir
y la rubia no pudo evitar ruborizarse al recordar aquellas noches de pasión que hubo
vivido en días pasados.
− Yo también así lo espero – susurro ella acariciando la mejilla Neil – por cierto quería
saber si Eliza vendrá a hacerse las pruebas de su vestido.
− No te preocupes ella prometió estar aquí, muy puntual.

La chica soltó un suspiro.

− Calma Candy ella ya no es mas tu enemiga.- comento al ver cruzar una sombra de
angustia por el rostro de la rubia.
− Sabes que yo haré lo que sea por ganarme aunque sea solo el respeto de Eliza, si para ti
es importante.

El joven la miro agradecido.

− Gracias no sabes lo importante que es tenerlas junto a mi.

El joven se retiro con rapidez dejando nuevamente solas.

− No estés triste Candy, si vino avisarte es para que estés enterada de la situación y no te
tome desprevenida – comento Annie mirando la angustia que reflejaban los ojos de la
rubia.
− Es que me preocupa mucho, Neil adora a su madre – expreso la joven sin saber que la
situación ya no era la misma – y también la reacción de Eliza, tu sabes el odio que siente
por mi.

Annie tomo la mano de la joven para consolarla.

− Tranquila, mira entre tu y Neil también había mucho odio y resentimiento que se ha
quedado en el olvido, y ve ahora se aman tanto que envidia me dan – comento la joven
con una sonrisa.
− Tienes razón Annie pero no deja de preocuparme la actitud de la madre de Neil así como
la actitud de la Tía abuela ha tomado en contra de este matrimonio.
− Es raro que ahora estén en contra cuando en un principio intentaron obligarte. –
comento Annie pensando seriamente que tendría que hablar con Archie y con Albert para
proteger a Candy por si había represalias por parte de aquel par de damas que no se
quedarían con las manos cruzadas, ignorando que cierta joven ya estaba trabajando en
el asunto.

Eliza miro a las dos damas que seguían conversando en la salita privada de su madre, sus ojos se
abrieron con sorpresa al escuchar las dos ultimas palabras, secuestro y Candy.

Sus ojos se oscurecieron por la rabia que la embargo al pensar lo egoísta y desalmadas que eran su
madre y su querida tía, de pronto se pregunto si ella estaba recorriendo el mismo camino y la
respuesta le llego como el rayo.

“¿Eso es lo que quiero? … una vida llena de frivolidades y prejuicios tontos… ¿que pasara el día que
tenga a mis hijos? … no quiero que ellos sufran la ausencia de una madre… no lo mismo que yo
sufrí”

Su mirada se torno tormentosa y triste al sentir como el anhelo comenzaba a llenar su corazón.

“Yo quiero lo que mi hermano ha logrado… con Candy… un amor sin reservas que me amen tal y
como soy… por ser Eliza Leegan y no como la heredera de una cuantiosa fortuna”

Un sollozo escapo de su garganta y salio con lentitud para hablar con Albert.

Los minutos pasaron con rapidez convirtiéndose en horas, días y semanas para dar paso a la
esperada ceremonia la cual se llevaría acabo en la mansión de Lakewood, para ser precisos en el
portal de las rosas. La mansión era un hervidero de gente que iba y venia por todo el jardín llevando y
trayendo gente, mientras en la privacidad de su habitación una joven rubia era ataviada con un
precioso vestido estilo imperial al que sus madres terminaban de darle los últimos arreglos ante la
mirada nerviosa de Annie que no hacia más que dar ordenes a diestra y siniestra.

− ¡¡Oh Candy te ves preciosa!! – exclamaba la señorita Pony y la hermana Maria al ver a la
hermosa jovencita que tenían ante si y todos los sueños que alguna vez compartieron
juntas se vieron realizados al ver a Candy, su querida hija, vestida con aquel bello
vestido de novia.

Ambas mujeres no pudieron evitar derramar lágrimas de felicidad que Annie compartió con ellas.

− Por favor tranquilas hermana Maria y Señorita Pony o echaremos a perder el momento.
− No te preocupes Annie – comento la hermana Maria – todo será perfecto para nuestra
querida niña.
− Así es Hermana todo saldrá bien el día de hoy.

Albert y Archie no eran la excepción pues Dorothy también los apresuraba para que se arreglaran o
su sorpresa no estaría lista a tiempo.

En un páramo no muy lejos de ahí Eliza Leegan hacia un trato extraño.

− Solo será por un par de horas cuando sea el momento indicado las dejaran libres y en la
dirección que les acabo de señalar… no les hagan daño o no recibirán su paga –
puntualizo la joven con acritud al par de rufianes.
− Esta bien señorita – acepto el mas temible de los dos, ¿pero usted me asegura que la
policía no estará al tanto?

Eliza miro con arrogancia al hombre.

− No mientras no hagan su trabajo inicial – señalo la joven - todo estará bien para ustedes
si hacen lo que les estoy pidiendo.
− Muy bien señorita cuente con ello.

Eliza miro con satisfacción como los dos hombres se retiraban.

“Será una excelente lección”

Rió un tanto divertida sacando un poco de su parte perversa que aun conservaba, mientras se dirigía
a la mansión Leegan a vestirse para la ocasión.

La música nupcial dio inicio y un nervioso Neil esperaba que la novia apareciera, no espero
demasiado al ver el objeto de su amor caminar del brazo de su protector y siempre amigo Albert
William Andley y detrás de ellos las tres damas de honor ataviadas con un hermoso vestido palo de
rosa que resaltaba la belleza de cada una.

Albert descubrió el rostro de la joven que lo miraba con todo el amor fraternal que ella poseía para el,
por un momento el patriarca se atrevió a fantasear, pero de inmediato recupero la cordura y la beso
en la frente mientras susurraba entre triste y melancólico.

− Se feliz pequeña que te mereces serlo – luego se dirigió hacia el novio – Neil, te entrego mi
tesoro mas preciado. Cuídala.

La boda fue mas que emotiva y los novios no tenían mas ojos que para si mismos mientras tres
corazones se despedían mentalmente de la mujer que una vez habían llegado amar y que ahora se
desposaba con el que menos hubieran esperado, sin embargo la nobleza de su alma les deseaban
toda la felicidad que ellos mismos esperaban alcanzar con la persona adecuada y fue precisamente
por ese motivo que tres gaitas se dejaron escuchar cuando el padre dijo finalmente:

“Los declaro marido y mujer”

Mientras Neil tomaba el rostro de su amada y lo besaba con toda la pasión.

El sonido de las gaitas invadió a los novios, Candy levanto su mirada sorprendida y agradecida se
acerco al trío de jóvenes que de alguna manera se despedían, ella dejo derramar las lagrimas al
escuchar los que sus corazones le cantaban y finalmente ella también decidió cerrar aquel pasaje de
su vida. Primero lo hizo con aquel a quien le debía tanto y al cual amaba como un hermano, se
acerco y deposito un beso en la mejilla de Albert que dejo escapar una lagrima en respuesta, después
se acerco al único de sus tres caballeros, los otros dos la vigilaban desde el cielo .

− Este beso vale por tres y es para Anthony, Stear y por supuesto para ti Archie- susurro
la joven besando su mejilla.

Archie dibujo una débil sonrisa intentando ocultar la tristeza que lo embargaba, su gatita se había
casado.
Y por ultimo lo dejo aquel joven de arrogante mirada que le ayudo a enfrentarse al dolor de una
peculiar manera y que siempre tendría un espacio en su corazón, sus caminos se habían separado
debido a las circunstancias, pero estarían los recuerdos del amor que alguna vez compartieron, se
acerco a él y beso su mejilla sin poder evitar susurrarle en el oído.

− No sabía que tocaras también la gaita.
− Por ti… hasta una trompeta – respondió el pícaro joven haciendo reír a la novia – se feliz
pecosa.

Ella asintió con la cabeza dedico una ultima mirada aquel trío y luego se acerco a su marido para
continuar con su camino.

Y las tres gaitas continuaron despidiéndose a su manera de la joven.

La fiesta estaba a punto de terminarse Candy y Neil junto con Terry, Patty, Archie y Annie bailaban
mientras en una esquina Albert y Eliza conversaban con complicidad.

− ¿No tardarán en llegar verdad? – pregunto Albert al mirar su reloj.
− No mira ahí vienen – señalo la joven al ver a Sarah Leegan y a la Tía abuela acercarse
con paso decidido hacia ellos, era obvio su enojo y Albert y Eliza se prepararon para lo
peor Albert sintió el estremecimiento que recorrió a la pelirroja y sujeto su mano con
firmeza.
− Tranquila todo estará bien.

Eliza le dirigió una mirada de agradecimiento, cuando una mano le volteo la cara ante la
incredulidad de los pocos invitados que aun quedaban.

− No pensé que tu mi propia hija me hubiera echo esto – gritaba Sara fuera de control.

Albert miro con dureza a su hermana y la tomo de la mano cuando intento golpear nuevamente a
la joven.

− Ni siquiera lo intentes… ¿Quieres que llamemos a la policía? y les demos una larga
explicación del comportamiento de las dos.

La tía Elroy que había permanecido callada levanto su mirada y mejor se alejo antes las miradas
curiosas.

− Es inconcebible que ustedes se aliaran en contra nuestra.
− Es mas inconcebible lo que las dos planeaban – reclamo Albert protegiendo con su
cuerpo a Eliza que se sujetaba la mejilla - ¿Pensaban que no íbamos a tomar cartas en el
asunto?, da gracias Sarah que Eliza pudo detener tu plan o bien en este momento
estarías rindiéndole cuentas a la policía. Decide en este instante si le das explicaciones a
Neil o bien prefieres que este tema se quede entre nosotros.

Sarah levanto orgullosa su barbilla pero se contuvo al ver a su hijo y a su marido acercarse no le
quedo mas remedio que salir nuevamente de la mansión no si antes advertirle a su hija.
− No se te ocurra regresar a la casa.

Eliza también levanto su barbilla.

− No te preocupes mis cosas ya no se encuentran ahí.

La escena paso a segundo plano cuando Albert tomando la mano de Eliza se dispuso a dar un ultimo
brindis en honor a los novios.

Neil y Candy se despidieron de cada uno de los presentes, la ilusión de una vida en común evitaba
que miraran mas allá de sus propios corazones y Albert y Eliza se encargaron de encubrir aquel feo
episodio.

Los susurros y las dulces palabras invadían la habitación mientras una joven pareja de amantes
consumaban su unión.

− ¿Eres feliz? – preguntaba el joven mordisqueando con pasión el cuello de su mujer.
− Sabes que si – respondió ella apenas aguantando la respiración al sentir como la mano
de su marido acariciaba su entre pierna.
− Eres mía – comento el joven con fiereza – en tu corazón solo estaré yo.
− Solo tu – respondió Candy alzando las caderas para permitir la dulce invasión que Neil
inicio con delicadeza como si fuera la primera vez.
− Te amo Neil – susurro la rubia apenas conteniendo el aliento cuando su marido la
asalto llenándola de gozo.
− Y yo a ti para siempre y por lo días que nos queden por vivir.
− Así será – respondió la joven antes de abandonarse a la pasión que desbordaba su
marido.

La pasión continuo por toda la noche para aquel par de jóvenes que tuvieron que recorrer todo un
camino para encontrar el amor que se encontraba oculto entre el odio y resentimiento que alguna
vez habían compartido. Ahora serian largas noches de amor las que los bendecirían por siempre
complementando finalmente aquel sueño que ambos tenían pendiente.

Fin…
Epilogo. Tratar de ser mejor

El Amor Escondido De Elisa

Abro mis ojos y comienzo a girar
no existe el tiempo ni tampoco un lugar
existen ganas de querer cambiar
un mundo nuevo, alguien en quien pensar
Sigo esperando que vuelvas
y duermas junto a mi
que ya no pienses en la actuación
esto no es mentira
te lo digo yo
Dame una razón
porque no me creas
yo siempre te doy lo que sea
y no puede ser
que no creas que esto es cierto
quiero que lo digas
que me ames de verdad
una y otra vez te lo pido
No te distraigas
en querer mostrar
que si no vale no te vas a entregar
sólo te pido que me dejes ver
que hay dentro tuyo que te pueda mover
(Diego Torres)

Fijó sus ojos castaños en la regia figura de Alberth Andley, no dejaba de pensar que su protector era un
hombre muy especial en todos los sentidos dibujó una mueca de desden al verlo saludar a la
servidumbre con su habitual amabilidad como si fueran sus iguales, de pronto una delgada figura
también salio del coche y frunció el ceño, pues le era particularmente familiar.

“¿Quien diablos es?” pensó desdeñosa al ver las sencillas ropas de la joven.

Salio con paso arrogante para conocer a la extraña y en el pasillo se encontró con su mucama.

-Señorita Elisa ¿no se va a cambiar de ropa?

Ella ignoro a la mujer y salio disparada hasta el recibidor para encontrarse con Alberth y la joven, no
pudo evitar mirarla con petulancia al ver la sencillez de la misma, era de cabello negro que llevaba
recogido en una coleta, Elisa pudo comprobar que era bonita pero nada del otro mundo, sus ojos
eran de un color chocolate cubiertos por unos lentes, de figura alta y delgada, pero lo que mas llamo
su atención fue el brazo de la chica que tenia en un cabestrillo.

-Hola Elisa - saludo Alberth acercándose a la chica - ¿Como estas?
-Bien Alberth - respondió ella con elegancia.
-Mira Elisa te presento a Flamy Hamilton pasara una temporada con nosotros.

Elisa miro a la joven y finalmente la recordó.

-¿Eres amiga de Candy?

Flammy sostuvo la fría mirada de la pelirroja y recordó de pronto la joven caprichosa que daba
ordenes a diestra y siniestra en el hospital y su mirada también se enfrió al recordar aquella ocasión.

-Así es señorita Leegan - respondió la joven.

Elisa asintió con la cabeza en toda respuesta.

-¿Cuándo regresas a Chicago? - pregunto la pelirroja dirigiéndose a Alberth.
-No muy pronto Elisa, esta señorita esta a mi cuidado, por ordenes especiales de Candy así que
llevare mis negocios desde aquí.
-Bien, me alegro, también por usted señorita Hamilton.
-Gracias - respondió escuetamente la joven enfermera.

Pronto una rutina se estableció y para el fastidio de la pelirroja también estaba incluida la enfermera,
Alberth pasaba bastante tiempo con ella y eso le desagradaba pues aun no encontraba como encajar
aun en el rompecabezas de su propia existencia y la distancia entre Neal y ella cada día se
acrecentaba a pesar de las constantes llamadas que su hermano realizaba, pero no era lo mismo , su
cómplice , su confidente cada días mas parecía mas compenetrado con su rubia pecosa olvidándose
de su pequeña hermana que a diario añoraba aquellas travesuras que tanto les divirtió a ambos,
soltó un suspiro lleno de melancolía pues a pesar del tiempo ella aun no encontraba el amor que
tanto anhelaba para ella y que tanta envidia le ocasionaba cada vez que escuchaba la voz feliz de
Neal.

Azuzó mas a la bonita yegua que montaba para calmar un poco el desasosiego de su corazón y
comenzó una loca carrera atravesando los campos de Lakewood dejando que un par de lagrimas
resbalaran por su rostro en esta ocasión no estaba su hermano para limpiarlas para reconfórtala y
ayudarla a sentirse mejor, tal como hacia en cada momento difícil de su vida, como había hecho
cuando Anthony, Stear y Archie le mostraban su franco rechazo o cuando Terry la humillo, y también
cuando sentía miedo a mitad de la noche; solo Neal la había consolado pero ahora… no estaba cerca ,
tendría que arreglárselas sola.

Decidió despejarse de ese sentimiento lleno de añoranza, ella misma había cedido a que su hermano
y Candy estuvieran juntos y hasta los había ayudado, pero tenía que reconocer que el imaginarse a
Neal entregado completamente a otra mujer le era extraño, mucho más teniéndolo tan lejos.
Nuevamente azuzó a la yegua y se dirigió hacia los obstáculos, iba a gran velocidad justo como le
gustaba desde pequeña, comenzó a saltar temerariamente sin percatarse de la mirada preocupada
de un joven que la observaba a distancia.

-Se va a matar si sigue saltando de esa manera - dijo mientras maniobraba las riendas de su
caballo.

Comenzó a seguir a distancia a la chica que continuaba con su loca carrera a punto de reventar su
caballo y el joven apretó los labios, furioso por el trato al animal y por la vida misma de la chica, no lo
pensó más y fue tras ella.

Su visión estaba nublada por el centenar de lágrimas mientras pensaba una y otra vez.
“ No voy a llorar … no mas…”

Tan sumida estaba en su soledad que no se percató cuando otro jinete se le emparejo y tomo las
riendas de sus caballo, reacciono furiosa e intento golpearlo con el fuste, pero el la sujeto con fuerza
para pasarla a su caballo sabia que la maniobra era arriesgada pero no podía hacerlo de otra manera
para que ella no se lastimara, la sujeto con firmeza por la cintura y la coloco enfrente de su grupa.

-¿Qué diablos haces?- pregunto ella cuando el detuvo su caballo él se bajo buscando con la
mirada - responde, ¿no sabes quien soy yo?
- Una loca desconsiderada – contesto el sin el menor recato, hombre acostumbrado al trato duro
y a las palabras sinceras.
- ¿Cómo se atreve?... – comenzó a forcejear para librarse de él… nunca había estado tan cerca
de un hombre y menos de un vaquero hosco… Yo soy…- espeto apunto de revelar su nombre
envuelto en todo el orgullo que eso le generaba y la rabia que ahora mismo sentía…
- Sinceramente no y no me interesa saberlo - contesto el joven fijando un par de penetrantes
ojos cafés en el rostro de ella sosteniendo una lucha de voluntades
-Voy a ir a la policía e informare de esto - dijo ella con aire petulante ocultando con ello la
turbación que le ocasiono sentirse observada por él.
-Como guste señorita, salude al comisario de mi parte - respondió apenas él dirigiéndose a la
yegua blanca que respiraba agitada, la reviso con rapidez, frunció el entrecejo furioso pero se
contuvo - tiene suerte su yegua se encuentra bien.
-Esa una yegua especialmente entrenada para pruebas rudas… y yo soy una buena amazona…
-Debería tener más cuidado estuvo a punto de lastimarla – siguió diciendo como si no hubiera
escuchado la última frase.
-¡Eso a ti no te importa!- respondió hosca y mirando furiosa como él continuaba con su
escrutinio al animal olvidándose de ella.
-Me importa por que es un animal que no tiene la culpa de sus frustraciones, pudo haberla
lastimado.

Elisa abrió los ojos totalmente furiosa, como se atrevía ese hombre a tratarla de esa manera. Y
¿¿Cómo diablos se atrevía ella a pensar aunque de forma fugáz que ese tipo era atractivo??... se
preguntó casi inconcientemente, pero siguió admirándolo… demasiado atractivo diría ella, a pesar de
la sencillez de su ropa. Era mucho más alto que ella de hombros anchos y dueño de un cuerpo
atlético que se marcaba con el pantalón de mezclilla que portaba. El joven levantó su rostro y ella
perdió el aliento al ver las facciones, una barbilla cuadrada y firme que denotaba autoridad, una
nariz recta y perfilada en conjunto de un par de ojos profundos y enigmáticos con el color del
chocolate fundido. Facciones recias y gallardas, la joven no pudo evitar sentirse atraída por el
apuesto vaquero y eso la desconcertó al punto de no reaccionar cuando el poso sus manos en la frágil
cintura para ayudarla a bajar.

-¿Cómo te atreves? - grito con el rostro ruborizado debido al cosquilleo que recorrió su vientre.
-Me atrevo por que es mi caballo, a tu yegua dale unos minutos de descanso y podrá llevarte a
casa - dijo esto montando nuevamente al alazán.
-Pero…
-Hasta luego - el caballo dio media vuelta y comenzó a trotar.
-¡Avisare a la policía vaquero!, esto no se quedara así – siguió iracunda sin entender que le
molestara la forma del vaquero de comportarse por demás grosero e indiferente con ella, sus
reacciones de jovencita tonta e ilusa o en verdad que hubiera detenido a la yegua.
-Como guste, salude al comisario de mi parte…- respondió subiéndose al caballo- Tom Stenves,
para que le diga quien le salvo la vida - respondió con un dejo de burla y dirigió una ultima
mirada a la joven y se lanzo a galope dejando una Elisa totalmente furiosa
-Idiota- le grito pisoteando el piso.

Los días siguieron su marcha y para Elisa el encuentro con aquel joven la había marcado, muy a su
pesar y no dejaba pensar en aquella miraba penetrante.
-Era un bruto sin modales - refunfuño por enésima vez en el día.
-¿Pasa algo Elisa?- pregunto Alberth con curiosidad al ver a la joven con un gesto arrogante.
-Nada solo estoy pensando en boberías- respondió ella apenas.
-Como digas solo quería avisarte que en la tarde llega la cuadra de caballos, quiero que los examines.
-Pero yo no soy una experta - alego ella sorprendida por la petición del patriarca.
-Pues me extraña, eres muy buen jinete - razono el de pronto - es mejor que comienzas a recordar
todas aquellas clases de equitación, espero no las hayas tomada a la ligera.

La joven no pudo evitar ruborizarse al recordar que el tiempo que estuvo en clases había sobresalido
por su elegancia y su porte, pero había sido un fracaso en relación al cuidado de los animales ya que
consideraba esa actividad como trabajo para sirvientes. Ahí estaba su mente cuando de nueva cuenta
y sin permiso aquel par de ojos color chocolate se introdujeron en ella, quien furiosa dio un golpe en
el piso sorprendiendo a Alberth.

-¿Qué pasa Elisa?… ¿te sientes bien?
-Yo… esta bien Alberth me encargare de examinar , pero no soy tan buena.
-Vamos Elisa hemos hablado al respecto necesitas ocuparte en otras actividades.
-Lo sé Alberth… pero no puedo cambiar de un día para otro las costumbres que mi madre me inculco
desde pequeña y no me gustaría hacer una mala elección para tu cuadra.
-Elisa… eres una chica inteligente y sé que en parte has comprendido que dedicarte solo a la compra
de zapatos y vestidos es un verdadero insulto a tu inteligencia… Eres capaz de bastantes cosas,
revise los libros de contabilidad y veo que llevas perfectamente la administración de la mansión, así
que tendré que pagarte el sueldo que generalmente recibiría un administrador.
-Oye espera - lo detuvo ella con cierto enojo - yo solo lo hice cómo un favor especial hasta que
encontraras quien sustituyera a Collins pero no lo quiero de trabajo permanente, no quiero ser una
asalariada, no soy Candy – agrego firmemente al final.

Alberth levanto una ceja ante la explosión de la joven, dio un largo suspiro, había logrado avanzar
mucho con Elisa al menos ya no era tan grosera con la servidumbre como un principio, pero aun
faltaba mucho camino por recorrer, y rezaba por que la joven encontrara el amor en manos de un
buen hombre que no buscara solo su apellido si no su espíritu.

-No lo tomes como un insulto, Candy no tenia la necesidad de trabajar Elisa, lo hacia por que
siempre ha sido un ser generoso y agradezco tu ayuda, y la verdad por hoy si necesito que te
encargues de la cuadra.

Ella bajo la mirada avergonzada, un gesto que ya comenzaba hacerse costumbre entre los dos, pues
el tiempo que llevaban conviviendo Alberth había penetrado en la corraza de superficialidad con la
que Elisa se cubría demostrando que tenía un corazón deseoso de amor que no se atrevía a exponer
por miedo a ser rechazada. Ella por su parte había terminado rindiéndose a la alma generosa del
patriarca que tanto le recordaba a Anthony, por lo que siempre lo tomaba en cuenta, pero aun así no
dejaba de extrañar a Neal.

-Lo siento… yo - intento disculparse, Alberht le dedico una sonrisa tranquilizadora.
-Tranquila, todo esta bien, tienes razón hay costumbres que no se olvidan con facilidad, solo te pido
que aceptes el dinero que te doy en pago por los servicios de administración.
-Pero yo vivo bajo tu techo seria una manera de pagar lo que me has dado.
-Olvídalo Elisa es tu dinero y gástalo en zapatos si quieres- alego el rubio acariciando la mejilla de la
chica que ya no parecía tan renuente ante la idea - y por favor piensa lo de la cuadra por favor.

Ella respondió con un asentimiento de cabeza, en ese momento Flammy se reunió con ellos para
avisarles que el desayuno estaba listo, Elisa frunció el entrecejo y Alberth intuyendo le dijo.

-Tranquila Elisa, Flammy es una buena persona.
La joven respingo.

-¡Dios!, creo que me pides mucho - respondió con tristeza imaginando el grito que pondría su madre
si supiera que compartía la mesa con una simple enfermera.
-No esta tu madre a la vista para que te critique.

Ella en toda respuesta dio un suspiro de resignación, en esos últimos días entre la enfermera, el
zorrillo que llamaban pupétt y Alberth - que siempre vestía como su fuera un vagabundo- su mundo
estaba mas al revés. Aunque no negaba que disfrutaba mas en la compañía de ellos que estar vestida
elegantemente, rodeada de gente que solo veía la calidad de sus zapatos.

Miraba con distracción como sus hombres dirigían los caballos que pondría a la venta, cada uno
había sido criado y domado con especial cuidado, sabia de antemano que muchos correrían la buena
suerte de quedarse con los Andly que eran amantes de estos animales, pero otros no tendrían la
misma oportunidad quedándose en manos de gente tan egoísta como la joven que le toco rescatar
días antes, su ceño frunció nuevamente era la tercera ocasión que recordaba a la bella pero arrogante
chica.

-Hola Tom - la voz afable de Alberth lo saco de sus cavilaciones.
-Hola Alberth - respondió el joven - mientras observaba como el patriarca desmontaba su caballo y se
dirigía a él con paso firme, pero lo que mas llamo su atención fue la joven pelirroja que lo
acompañaba.

Ataviada con un par de pantalones ajustados, botas altas y una camisa de seda blanca Elisa era la
elegancia en persona, su presencia iba mucho mas allá de ropa, su claro aire de superioridad que
destilaba en cada uno de sus gestos y movimientos, dejaban clara su burguesa posición. El joven
vaquero no pudo evitar admirar la belleza de la chica, sin embargo frunció el ceño debido a ciertas
sensaciones que se clavaron en su ingle.

Elisa desmonto su caballo con lentitud ocultando su incredulidad al toparse con aquel par de ojos
que la miraban con insolencia.

-Elisa, quiero presentarte a Tom Stevens, del rancho Stevens, ¿Lo recuerdas?, fue muy amigo de
Anthony y hermano de Candy.

Elisa abrió los ojos sorprendida por la información.

-Un placer conocerla señorita - le tendió una mano a la chica que ella rechazo con un gesto de
molestia, Tom alzo una ceja pero retiro la mano ante la grosería de la chica.
-Elisa - la regaño Alberth con enojo.
-No te preocupes Alberth - dijo Tom conciliatorio sin despegar su mirada en el rostro altivo de Elisa -
la señorita Leegan y yo ya no hemos visto con anterioridad, la primera vez fue cuando conocí a
Anthony gracias a que asusto a mis caballos y tiraron la leche que tenia que ser repartida y la
segunda ocasión apenas hace un par de días.

Elisa se cruzo de brazos e hizo un mohín despectivo ganándose otra mirada de enojo de Alberth y
una de diversión por parte de Tom, ocultando con ello su turbación.

-Bien Alberth aquí están los caballos - comento Tom olvidándose de la soberbia chica.
Alberth y Elisa miraron en dirección a la que el vaquero señalaba y la belleza y majestuosidad de los
animales les quitaron el aliento, en especial una bella yegua pinta que sin saberlo Elisa, era la
preferida de Tom.

-Esa es preciosa - señalo la chica - es soberbia.
-Se llama Casandra - comento Tom - tiene dos años y es muy buena para el trote y salto de
obstáculos, como los que saltaba hace unos días señorita - señalo el vaquero mirando el rostro de la
joven que no pudo evitar ruborizarse ante el solo recuerdo de aquellas masculinas manos en su
cintura, la intensidad de ese recuerdo le provoco el deseo de agredirlo con algún comentario pero la
presencia de Alberth no le permitía ir mas allá.

-Bueno Elisa tu serás la que escoja, por cierto Tom no tendrás algún chico de estos mas tranquilo,
para una joven que no sabe aun montar muy bien.

Elisa frunció el ceño con molestia al intuir de quien se trataba, pero se detuvo antes de meterse en
más problemas con el patriarca.

-Sí, mira aquel es Azul es un chico muy tranquilo, ideal para el trote, creo que le gusta más que
galopar - señalo el joven mientras sus ojos orgullosos se perdían ante la hermosura de sus caballos,
Elisa no pudo dejar de admirarlo y sintió envidia por la calidez que mostraba el vaquero ante ellos.

-Perfecto, inclúyelo en la lista que Elisa te dará, bien los dejo chicos nos vemos en la noche.
-¿Tu no te quedas? - pregunto la chica con aprensión.
-No Elisa, voy al pueblo para que revisen a Flammy del brazo.
-Pero… Alberth - estaba aterrada de quedarse sola con ese ranchero creído y arrogante, y adema con
la responsabilidad de escoger la cuadra “ayudada” por él… decidió alegar calladamente a Albert ante
la mirada socarrona de Tom.
-Claro que si - manifestó Alberth - ya has hecho tu primera elección y muy buena por cierto, además
Tom te asesorara.
- No se preocupe señorita, yo no permitiré que se lleve ningún caballo mal seleccionado, si o confía en
su conocimiento pongo el mío a su servicio…- con evidente saña y burla Tom dijo eso y al juzgar por
la mirada chispeante de la chica alcanzó su objetivo…

Albert pensó que esos dos traían algo entre manos cada uno… ¿Qué sería lo que había pasado entre
ellos?... bueno, eso lo averiguaría después, por el momento se estaba divirtiendo bastante y tal vez no
sería tan malo dejar a la elegante señorita Leegan con un poco del mas sincero, llano y humilde
trato…

- Albert… - Eliza se acerco a su tío, hablando en murmullos… - ¿No vas a dejarme con ese tipo o sí?
- Tom es un excelente ganadero Eliza y su conocimiento sobre caballos es invaluable… ya veras que
te será de grana ayuda…- ¿Podía creer que su tío le respondiera eso?... ella no habalaba ya de la
tonta cuadra… ¡Hablaba de ella misma!... de su aversión por ese… ese…
- Yo cuidare de la calidad de tu cuadra y de tu sobrina Albert, no te preocupes nos vemos después…
- Es justo lo que le decía Tom… - menciono el rubio ya a alejándose…
¿Acaso me tiene miedo señorita Leegan? - susurro el joven para que solo la chica lo escuchara y
aquello sonó como un reto para la joven que apretó los labios furiosa y dejo marchar a Alberth.

Ambos vieron como si fuera de sumo interés la partida de Alberth hasta que se perdió y Elisa no
pudo contenerse más.

-¡Eres un patán igualado!... pero no me extraña, si eres hermanito de la huérfana de Candy y por lo
tanto has de venir del hogar de Pony.

Tom entrecerró los ojos ocultando su enojo.
-No veo por que tenga que hablar de mis orígenes, de los cuales por cierto estoy muy orgulloso, su
presencia aquí es meramente de negocios y no le permitiré intromisiones a mi vida personal, si tanto
es de su molestia, esperare a que Alberth regrese él solo y elija los caballos que le interesan -
respondió el joven categóricamente y Elisa abrió la boca para responder pero él nuevamente la acallo
- le sugiero señorita Leegan se retire si no es de su agrado mi presencia.
-Eres un patán - lo insulto - y no me voy a ir sin esos caballos.
-Lo siento mucho si mis modales no son de su agrado, aunque déjame decirte que los tuyos dejan
mucho que desear, fuiste tú la primera en no responder mi saludo.

Elisa abrió y cerró la boca y mayor fue su enojo cuando el joven se giro y la dejo parada mientras
gritaba.

-Jhon, asesora a la señorita Leegan - y se alejo sin mirar atrás.

Elisa sintió que ese era el peor insulto que había recibido en su vida, olvidándose por completo el
sufrido a manos de cierto duque.

“Me las vas a pagar hospiciano”…

??

-¿Pasa algo Tom? - la voz ruda de su padre lo saco de sus pensamientos.
-¿Por qué lo preguntas padre? - pregunto el a su vez.

El sr. Stenves dirigió su mirada al punto en el que su hijo miraba con evidente interés.

-¡Vaya que es hermosa!, ¿Quién es? - pregunto el hombre con un silbido de admiración.
-Elisa Leegan - respondió el joven sin poder ocultar su irritación.
-¡¡Leegan!! - exclamo el hombre con sorpresa - ellos nunca vienen personalmente, adquirir caballos es
un actividad que les viene prosaica- se detuvo un momento al ver el destello que vislumbro en las
profundidades de los ojos de su vástago y frunció el ceño al intuir - Ella no es para ti Tom, tu eres
demasiado especial para una jovencita tan superficial.

Tom sonrió medio de lado, sorprendido de las afirmaciones de su padre y lo abrazo, asustado de las
palabras de aquel hombrunazo de otros tiempos ahora ligeramente más pequeño que él, en todo el
tiempo juntos lo conocía mejor que nadie, casi con una visión futurista de lo que haría su hijo.

-¿Qué cosas dices padre?
-Te conozco chico - respondió el hombre afable y Tom soltó un suspiro - sé que te he estado
molestando con que me des un nieto Tom, pero no te precipites hijo.

El joven soltó una carcajada ante las ocurrencias de su padre sin percatarse de la mirada profunda
que Elisa le lanzo por enésima vez durante esa tarde.

Alberth se encontraba en un extraño estado de paz, excitación y expectante casi inconcientemente de
algún cambio en su vida. No tenia claro de que se trataba pero intuía que la huésped de su casa de
campo fuera la causa. Flammy Hamilton había entrado a su vida para darle un poco de aire a su
soledad y de alguna manera se sentía agradecido que fuera Candy quien le hubiera solicitado su
ayuda para proteger a la joven que había regresado herida de Francia. Alberth miraba que a pesar de
las constantes manifestaciones orgullosas de la chica había comenzado a bajar la guardia y parecía
ya disfrutar un poco mas de su presencia.

-Es muy hermoso - comento la chica al ver al caballo que había elegido para ella.
-Se llama Azul - respondió - es muy tranquilo, además así aprenderás a montar con mayor facilidad.
-Pensé que todas las chicas aprendían a montar a edad muy temprana - una voz maliciosa se dejo
escuchar en la caballerizas y Alberth frunció el ceño por la mirada de burla que Elisa le dirigió a
Flammy que sin dejarse intimidar levanto la barbilla.
-No todas las chicas gozamos de ciertos privilegios como los suyos, a la mayoría el obtener lo que
queremos nos cuesta mucho más que mover un dedo, muchas tenemos que trabajar jornadas
completas para poder comprar un par de zapatos nuevos pues nuestra sonrisa no es suficiente.

Flammy se giro y se retiro con los ojos echando chispas.

-¿Qué te pasa Elisa?- pregunto Alberth furioso por la actitud de la pelirroja.

Elisa volvió a soltar un suspiro, ¿Por qué le era tan difícil cambiar?, ¿Por qué se dejaba llevar por los
moralismos sociales y de etiqueta?... estaban tan arraigados que le daba miedo enfrentarse, no era
tan fuerte, nunca lo había sido y por eso necesitaba a su hermano para no sentirse desprotegida.
Alberth vio en aquellas profundidades la lucha constante que la joven libraba día a día entre la vieja
Elisa y la actual aunque había modificado algunas costumbres aun había mucho de su hermana
Sara en ella, el patriarca soltó un suspiro.

-Elisa, debes pedirle una disculpa a Flammy, ella ha sufrido mucho y no es justo que nosotros
también la importunemos.
-Lo siento Alberth - respondió ella jalándose nerviosamente un rizo que se había escapado de su
peinado.
-Deja de sentirlo no puedes seguir disculpándote de tus acciones, yo no soy un ogro y aunque no sea
Neal sabes que cuentas conmigo, Flammy es una gran chica dale la oportunidad de conocerte y de
conocerla.

Elisa soltó otro suspiro pues había mucha razón en el patriarca las pocas veces que había estado en
presencia de la enfermera había vislumbrado en sus ojos negros una tristeza y una desolación que
parecía carcomer el alma de Flammy. Sin embargo intento alejarse, no quería decir o hacer algo que
la hiciera sentir peor, pero al verla junto a Alberth y la manera que brillaban sus ojos sintió de nuevo
como la envidiosa Elisa resurgía y no pudo detener sus comentarios a tiempo, ahora se sentía mal
por haber sido grosera.

-Esta bien - acepto ella de mala gana y haciendo un mohín que arranco un risa de su protector.
-No tienes remedio - comento el rubio abrazándola por los hombros y encaminándose hacia el jardín
en donde Flammy pasaba bastantes horas arreglando el jardín de Anthony otra cosa que
internamente le agradecía la pelirroja.

Alberth las dejo solas y Elisa con paso titubeante se acerco a ella, su orgullo comenzó a protestar
diciendo que lo que había dicho era lo justo, pero por otro lado la conciencia que comenzaba a
renacer le indicaba que no era lo correcto, ¿Y desde cuando Elisa Leegan hacia lo correcto?… desde
que su hermano demostró ser capaz de cambiar a base de esfuerzo para demostrarle su amor a la
mujer de su vidas aun cuando tenia todo un pasado en su contra, dio un largo suspiro que ya se
estaba convirtiendo en una costumbre y se acerco a la morena.

-Yo lo siento… - ¡Dios no fue tan difícil!... tendré que contenerme o podría hacérseme un mal vicio esto
de las disculpas a todo mundo - No debí haber dicho eso.
-¿Por qué no? - la cuestiono Flammy aun sorprendida - es lo que piensas ¿no?, que estoy en un lugar
que no me corresponde.
-Te corresponde mientras Alberth así lo decida y no soy yo quien debe decir lo contrario.
-Estoy aquí solo por petición de Candy… soy solamente la amiga de Candy - alego ella con amargura
que sorprendió a la pelirroja y dejo la ultima frase con un dejo de duda.
-Yo no tengo muy buenas relaciones con Candy así que me da igual - confeso Elisa ganándose una
mirada de comprensión -pero si comprendo que no debí mostrarme grosera.
-Yo tampoco era muy amiga de Candy - revelo Flammy para consternación de Elisa - de echo la odie
por ser tan atolondrada y entrometida y por mas intentos que hice por no dejarme llevar por su
encanto no pude dejar lamentarme por no haber aceptado su amistad en aquel entonces, ahora
gracias a ella que me encontró en un hospital de mala muerte, en donde presta sus servicios
voluntariamente es que estoy aquí.
-¿Por qué estabas herida? - pregunto Elisa con curiosidad, tomando asiento a lado de la morena.
-Estaba prestando mis servicio en la guerra, cayo una bomba en el hospital ambulatorio en donde me
encontraba, murió mucha gente yo fui muy afortunada en solo presentar fracturas múltiples y por lo
tanto me regresaron de Francia hasta un hospital en Boston en donde Candy me encontró de
casualidad.

Elisa guardo un momento silencio recordando a Stear que también había muerto en aquella terrible
guerra aun siendo muy joven en aquel entonces solo se presento al funeral como pura formalidad
pero después comprendió que jamás volvería a ver a su locuaz primo que había muerto injustamente,
también recordó a Michel el joven doctor que aun se encontraba en el frente y que esperaba regresara
con bien.

-No prometo ser tu amiga señorita Hamilton pero sí haré el intento - Elisa extendió su mano y
Flammy hizo un amago de una sonrisa.
-Prometo lo mismo señorita Leegan.

La invitación del Rancho Stenvens llego muy temprano aquel sábado por la mañana y Alberth les
informo a ambas jovencitas su deseo de ir juntos. Elisa hizo una mueca de desagrado diferente a la
de entusiasmo por parte de Flammy.

-No es de caballeros participar en un rodeo Alberth - alego la pelirroja ocultando un poco la
turbación de volver a mirar aquel par de ojos insolentes.
-Eso es de hombre capaces – acepto Albert en una de las pocas frases aventureras que en el resto de
su vida recordaría Elisa, los ojos de su tío brillaban con entusiasmo, - Elisa, recuerda que Anthony
lo hizo y puso muy en alto el nombre de los Andley.
-Pero fue por culpa de Candy, ella lo instigó hasta convencerlo…
- Lamento tanto que mi pupila no este aquí… - siguó Albert añorante de algo de diversión aventurera-
Vamos Elisa será divertido -insistió el patriarca- ve con tu vestido mas sencillo y bonito y
divirtámonos - le pidió Albert con animosidad.
-Mi madre terminara de desheredarme en cuanto se entere- bromeo la chica ante el entusiasmo de
Alberth y sobre todo agradecida de que èl la incluyera - así que espero tu resuelvas eso no
olvidándote de mi…

Alberth y Flammy no pudieron evitar las risas ante el comentario de la pelirroja que hizo un mohín de
fastidio y se alejo directo a su recamara para cambiarse.

Tom se encontraba distraído mirando sin aparente interés la gente que se encontraba alrededor en
donde un cocinero preparaba la barbacoa en honor al cumpleaños de su padre, había mucha gente
de la región incluidas la madre Maria y la señorita Pony que junto con los niños disfrutaban de la
charla amistosa que se esparcía por el lugar, levanto su profunda mirada cuando vio un elegante
carruaje apearse en frente de la casa y para sus sorpresa salían dos bellas jovencitas y la figura regia
de Alberth que vestía en esta ocasión vaqueros y una sencilla camisa a cuadros.

-Alberth pensé que no llegarías - saludo el joven con un fuerte apretón de manos.
-Claro que si Tom, no me perdería ver al campeón de rodeo en acción.
-Pues creo que tengo competencia si hablamos de ti.
-Si tú lo dices - respondió el rubio con diversión - mira te presento a la señorita Flammy Hamilton
amiga de Candy y bueno a Elisa ya la conoces.

Tom miro brevemente a Elisa que se veía hermosa con aquel vestido de manta blanco pero se dirigió
a la hermosa morena de ojos penetrantes.

-Un placer señorita Hamilton - saludo el chico depositando un beso en el dorso de la delicada mano.

Elisa lo ignoro olímpicamente fingiendo interés en el ambiente que realmente era muy fuera de lo
común para ella, que siempre se vio rodeada de gente elegante y finos modales y susurros como
modo de conversación muy diferente al ambiente festivo que ahí se respiraba, franco y amistoso tal
como pudo apreciar. Y de paso se arrepintió de llevar esas botas blancas de tacones franceses, eran
cómodas, pero en medio de toda esa tierra acabarían hechas un desastre, además de resultar un
peligro inmenso de caídas…

-¡Vaya! nunca imagine tener el honor de su presencia - el suave aliento en su oído, ocasiono que un
calorcillo subiera hasta su vientre y se giro con el rostro ruborizado.
-No fue idea mía - se defendió la chica mirando a Alberth que se acercaba a saludar a dos mujeres a
una la recordó como la monja que una vez estuvo de visita en su casa.
-Ah eso quiere decir que estas en contra de tu voluntad- se burlo él con una media sonrisa que le
robo el aliento.
-A mi nadie me obliga - alego ella dando un paso hacia atrás sin acordarse por el arrebato del
inconveniente de los zapatos… pensó por una milésima de segundo en caer, cuando sin más él la
sujeto por la cintura pegándola a su pecho en su intento por sostenerla. Elisa se quedo muda, no
sabia si la estaba elevando o algo así, pero no sentía el piso bajo sus pies, estando así quieta,
atrapada entre esos fuertes brazos ella pudo aspirar el fresco olor a jabón combinado con el olor
natural de la piel del vaquero y por primera vez pudo comprobar que no era necesario tanto perfume
francés para que un hombre le fuera tan atractivo como le era Tom.

Sorprendida por sus pensamientos miro con altivez al joven que mantenía fija su mirada en las
delicadas facciones de ella y la voz se le esfumo… pero a él no.

-Eres una mujer hermosa señorita Leegan, pero es una pena que mires por encima de tu hombro,
jamás encontraras lo que tus ojos buscan.

Ella parpadeo por el comentario, él la soltó con brusquedad y se alejó de ella a grandes zancadas
como si algo le persiguiera.

-Idiota - refunfuño la joven haciendo una pataleta que Alberth alcanzo a ver junto con un par de ojos
mas viejos y sabios. El festejado sacudió la cabeza al mirar lo que para otros no era tan evidente.

El transcurso de la tarde paso con rapidez y para su consternación Alberth participaría en la doma
de caballo y ella intento disuadirlo a como diera lugar pero todo fue inútil y cuando le vio subir al
caballo que se sacudía ferozmente un nudo se formo en su garganta.

-Lo hubieras detenido Flammy - reclamo la pelirroja con enojo.
-¿Yo’, pero si es tu tío - respondió la otra ocultando su diversión al ver a la distinguida señorita
totalmente asustada – vamos, no le pasara nada.
-Anthony era un buen jinete y se mato - comento ella con melancolía entremezclada por la
preocupación sincera del bienestar de Alberth.
-No pasara nada Elisa además Alberth parece disfrutarlo.

Ella soltó un suspiro mientras veía a Alberth maniobrar al salvaje caballo para luego salir volando
por los aires mientras el padre de Tom gritaba el tiempo que había durado en lomos, todos
aplaudieron por la hazaña lograda y Alberth se acerco a las dos jovencitas, Flammy lo recibió con
una gran sonrisa mientras Elisa pataleaba el piso ocultando su miedo.

-Ya ves no paso nada - comento Alberth aun sacudiéndose el polvo, ella lo ignoro.

El siguiente al turno fue Tom y de la boca de Elisa escapo un gemido.

El joven miro sobre su hombro localizando el par de ojos castaños que se estaban convirtiendo en
una obsesión, los cuales no se encontraban cubiertos por su acostumbrada arrogancia ahora
reflejaban un miedo que le cimbro el alma, grito que se encontraba listo y se concentro para hacer el
mejor tiempo.

Elisa miraba con un nudo en la garganta los enormes esfuerzos del caballo de Tom por desprenderse
de su carga indeseada y temió lo peor para él, sus manos se crisparon cuando lo vio volar sobre el
caballo, se quedo quieta como si mirara una escena ajena a ella y el corazón pareció detenerse
cuando el quedo boca abajo. Al poco rato lo vio incorporarse con el ruido de los aplausos a su
espalda, cruzaron sus miradas, fue entonces cuando una bella jovencita se acerco a él y limpio la
sangre que corría en un hilillo sobre su labio inferior. Desde su lugar la joven rompió el contacto con
aquella mirada y se alejo rumbo a las caballerizas ofuscada y molesta sin saber como detener el
torbellino de emociones que se desataban cada vez que miraba a Tom. Eran una extraña y compleja
mezcla de atracción y desaprobación. No podía de ninguna forma negar que la extraordinaria
presencia física del vaquero robaba sin el menor reparo sus pensamientos y despertaba sensaciones
poco elegantes… Él en si, no tenia nada de elegante, su presencia era fuerte, veraz, como un aire de
fortaleza que no había visto antes… su voz era tan pero tan penetrante, que en las noches antes de
dormir, le parecía escucharla burlándose… y ahora, en medio de la excitación de ver su dominio
sobre el quino, de pronto la enfrentaba a un temor que jamás se imagino sentir… y menos por él…
Respiro profundo… si era un hombre muy atractivo, fuerte, deslumbrante… pero era un hijo de
Pony…

Se detuvo hasta una cerca en donde se hallaba una yegua y su potrillo, descanso su mirada en la
maternal escena, cuando escucho el crujir de unos pasos fuertes y decididos cada vez más cercanos,
no era necesario que le dijeran quien era, el olor masculino ya comenzaba a serle familiar… No se
dejaría llevar, no se dejaría engañar por los deseos… pondría un alto a esos sentimientos tontos y sin
rumbo…

-Anthony se mato de esta manera, ¿Por que insisten en ponerse en peligro?... Me parece lo más
salvaje que existe…
-Anthony…¿Aun lo recuerdas?- pregunto el joven mirando la espalda de la chica que se encontraba
rígida.
-¿Quién no lo recuerda?... si no hubiera sido por Candy, él quizás estuviera vivo - el tono de
reproche y amargura no paso desapercibido por Tom.
-Candy no tuvo nada que ver, fue un lamentable accidente - alego el joven y Elisa se giro enfrentando
a Tom.
-Maldita Candy, por que todo el mundo la defiende, ¿Qué tiene ella?

Tom miro sorprendido el arranque de rabia de la joven y respondió desviando sus ojos hacia le yegua
y el potrillo.
-Un corazón señorita Leegan, un gran corazón que reparte a la gente que tiene la suerte de conocerla,
y una mentalidad que le impide catalogar personas por su simple apariencia… y ejemplo de ello es su
hermano que tuvo la fortuna de casarse con ella.

El tono cariñoso de Tom no paso desapercibido por la pelirroja que sintió como la sangre le hervía por
los celos, unos celos que le estaban amargando de nueva cuenta el alma.

-Bien entonces sigan disfrutando del corazón de Candy - respondió despectiva ocultando con ello el
dolor.
-Tu no entiendes.

Ella lo enfrento y con suma tristeza que le llego a Tom respondió.

-Tu tampoco comprendes Tom.

La joven se giro pero el vaquero la tomo por la mano.

-No me pidas lo que no sabrás cuidar Elisa.

Elisa miro sorprendida los ojos del vaquero que la miraban con sinceridad y un brillo que aun no
supo definir.

-Tu no sabes - respondió ella soltándose y alejándose con rapidez.

Elisa comenzó a participar mas en las actividades de la cuadra entre vigilar la dieta de los animales
hasta la limpieza de los mismos, todo ello con el fin de caer rendida por las noches y olvidarse de un
vaquero que se había colado entre sus sueños, librando una lucha entre lo que para ella seria
conocer al apuesto joven y lo que su madre opinaría del mismo ya no digamos su madre si no toda la
sociedad que conocía a la muy refinada Elisa Leegan.

Aun era de madrugada cuando con ayuda del mozo alisto a Casandra, el sueño parecía haberla
abandonado por lo que considero oportuno un poco de ejercicio para despejar un poco su mente.
Durante un buen rato estuvo saltando cada obstáculo con limpieza y técnica, hasta que se dio cuenta
que la yegua ya estaba un poco cansada y decidió descansar; busco un lugar con la mirada hasta
que se topo con una figura que ya le era tan familiar y quiso darse la vuelta e irse, sin embargo,
como si fuera aquel hombre un imán ella se fue acercando poco a poco hasta llegar en donde el
vaquero se encontraba recargado con los brazos cruzados.

-Hola - saludo el primero y aquella voz hizo que Elisa se estremeciera.
-Hola - respondió ella.
-Eres muy buena ¿has pensado en competir?
-No creo - respondió la joven recordando las miles de ocasiones que quiso pedirle permiso a su madre
para hacerlo, pero al pensar en la respuesta lo dejo en el olvido - ¿Y que haces tan temprano
vaquero?

El joven le dedico una media sonrisa por el tono afable de Elisa.

-Digamos que últimamente el insomnio se ha convertido en un compañero asiduo… ¿Y tu princesa?
- Digamos que tenemos la misma compañía - respondió la joven con una sonrisa al escuchar el tono
jocoso de Tom.
-Entiendo.
Ambos guardaron silencio sin saber que mas decir, Elisa decidió romperlo preguntado lo primero que
se le vino a la cabeza.

-¿Cómo fue tu vida en el hogar de Pony?

Tom entrecerró sus ojos con desconfianza, pero al ver la mirada sincera de Elisa respondió.

-Muy feliz, siempre fui libre y jugaba con el resto de los niños y al lado de mis dos hermanas.
-¿Hermanas? - indago ella con incredulidad.
-Si…Annie y Candy, eran un peligro juntas - respondió él soltando un suspiro de añoranza
combinada con la nostalgia de aquel ayer.
-¿Las querías como hermanas?
-Aun las quiero - recalco él mientras se acomodaba el sombrero -aun intercambiamos
correspondencia y a pesar de que Annie se fue mas tiempo que Candy, continuamos compartiendo el
amor fraterno que siempre nos tuvimos.

Elisa no pregunto mas guardándose aquella información sin poder contener la secreta y profunda
alegría que le ocasiono escuchar aquello…

-¿Y que hay de Elisa Leegan?

Ahora fue el turno de la joven mirar con desconfianza al apuesto vaquero… Tom la miro esperando la
respuesta y se dio cuenta de cómo las cosas cambiaban…

-Creo que ya sabes de mí, creo que la mitad del pueblo siempre cotillea sobre la arrogancia de mi
familia.
-Pero siempre hay algo más detrás de la fachada.

Elisa soltó un suspiro pensando que podía contarle al joven vaquero, pero ninguna de aquellas cosas
eran de interés, ni siquiera para ella pensó sorprendida, porque antes hubiera respondido sin pensar
dos veces lo fascinante que era enterarse de la vida de la gran sociedad, sus estiradas fiestas y sus
insípidas existencias y sintió vergüenza por aquel estilo de vida tan frívolo, ¿desde cuando había
comenzando a pesar de manera diferente? Se cuestiono de pronto.

-No lo sé vaquero, nadie antes ha apostado por conocer detrás de la envoltura y no sé que rumbo esta
tomando mi vida por que no tengo respuesta, antes solo era vivir una parodia que mi madre se
encargo de inculcarme desde pequeña… pero ahora - respondió con cierta renuencia sin saber hasta
donde confiar en el joven vaquero pero al mirar el interés sincero en sus ojos color chocolate, Elisa no
pudo menos que dejarse llevar por los dictados de su corazón que ya comenzaban a tener voz propia
y confiar se convirtió para ella en un segundo paso - parece que las cosas sencillas que nunca tome
en cuenta toman mayor validez que las aprendidas por mi familia.
-¿Alberth en que parte encaja?...- eran familia, pero por la forma en que Elisa siempre estaba
pendiente de él, más valía despejar esa duda… y debía aprovechar que al parecer por ese día los
insultos y la rabia se le estaban escapando a la Srita Leegan.

Ella dedico una sonrisa de ternura a su protector.

-Él ha sido de mucha ayuda… digamos que me salvo de ser repudiada por mi madre, y con su
peculiar manera de ser me ha hecho comprender cosas que jamás en la vida le hubiera tomado
interés… creo que sabes a lo que me refiero.
-Si él es muy especial a pesar de ser rico no es un déspota - comento el joven sin percatarse de la
mirada herida de la chica.
-Yo si también entro en la categoría de déspota ¿Verdad? - Pregunto ella con enojo y Tom la miro un
poco apenado.
-Solo por que tu así lo has querido - respondió Tom después de cortar una florerilla silvestre y
ofrecérsela a ella - me disculpo si te ofendí.

Ella tomo aquella oferta de paz y sus dedos se rozaron brevemente haciéndola temblar.

-Ser Elisa Leegan es un estigma - comento la joven ocultando su ofuscación.
-No importan los apellidos, ni el lugar de donde provienes o la riqueza o pobreza con la que cuentas
si no lo que tu quieres ser.
-Eso mismo me dijo Alberth - sonrió la chica - pero llevo mucho viviendo con las ideas
supuestamente claras de mi madre.
-Toda una vida - contesto él - pero no es para siempre si ya has empezado a romper cadenas, sé que
no es nada fácil de pronto ver todo con ojos distintos… y creo que no debes hacerlo, solo debes abrir
los ojos al resto del mundo… la “alta sociedad” es una minoría - comento el fijando sus ojos en los
rasgos de ella percatándose que cada parte del cuerpo de la chica delataba su elegancia, sus finas
maneras y por ende la altivez de su actitud, pero se dijo que había mas de ella de lo que realmente
quería demostrar y así lo confirmo cuando obtuvo su respuesta.
-Es constante mi lucha, no se a donde vaya a terminar- respondió ella soltando un suspiro.
-Terminara hasta que estés satisfecha contigo misma.
-Antes pensaba que así era.
-No lo es cuando la envidia y el dolor representan más un aliado que la gente que te rodea.
-¿Tu que sabes?
-Quizás no mucho pero si comprendo que aun cuando estés rodeado de gente que dice estimarte solo
por los hermosos vestidos que portas o por el último par de zapatos que calzas este par de
compañeros se vuelven parte de ti.

Tom tomo su mano y comenzó a guiarla a través del bosque hasta llevarla a un pequeño riachuelo la
vegetación era mas notable y la combinación de la vida animal con la silvestre hicieron que la chica
perdiera el aliento ante semejante belleza, aquel suspiro fue mas que suficiente para el vaquero que
sonrió satisfecho cuando ella se dejo caer en el pasto disfrutando de su caricia, él sentó a su lado.

-¿Esto es mejor a lo que tenias? - pregunto Tom y Elisa clavo sus ojos en los de él.
-Si antes me hubieras traído, me hubiera burlado terriblemente- añadió una risa que a Tom le
pareció el alicientre perfecto para ese día que tantos problemas le había traído con las reces, su padre
y algunos empleados… - Es distinto… ahora esto parece darme una paz que no puedo lograr explicar
y prefiero mil veces esta sensación a tener que seguir ocultando mis verdaderos sentimiento entre
gente que solo esta al pendiente de si misma.

El asintió con la cabeza y se recostó en el pasto.

-Yo siempre vengo aquí para conseguir un poco de soledad.

Elisa observo el indolente cuerpo del vaquero tendido en la alfombra verde y con juegos luz y sombra
efecto de las copas de los árboles caer sobre su rostro, un cosquilleo calido subió hasta su vientre y
no pudo dejar de admirar sus masculinos rasgos, el cabello castaño y la firme línea de su boca…
comprendió que no solo era su físico si no también su modo de ser rudo y tierno a la vez lo que lo
mantenía tan peligrosamente cerca de su mente… amenazando con pasar pronto a su sentir…

Ambos se quedaron callados hasta que finalmente Elisa a regañadientes decidió regresar a la
mansión Andly.

??

-¿En donde te escondes chico?
Tom se quedo parado a medio camino del establo, se giro y enfrento la mirada sabia de su padre.

-Fui a revisar unos cercos que se habían roto - respondió el joven.
-Tom, sabes que jamás me he metido en tu vida salvo en aquella ocasión en la que te comprometí con
aquella dulce niña - comenzó a decir el hombre, recordando con una sonrisa pícara lo que ahora veía
como una travesura; Tom se detuvo en su intento por quitarle la silla al caballo.
-Padre si tienes algo que decirme hazlo de una buena vez - pidió el chico endureciendo un poco su
expresión al intuir de que se trataba el asunto.
-Esta bien chico, sé que no debo meterme pero si no lo hago saldrás lastimado.
-Habla de una buena vez - pido el joven soltando un suspiro ante la mirada preocupada de su padre.
-Esa chica Leegan no es buena para ti… son de mundos diferentes, ella es fina, elegante y
caprichosa y tu eres un buen hombre trabajador y noble.
-Padre por favor…
-No, escucha Tom, eres mi hijo y te quiero, no quiero que te lastimen.
-No lo hará - aseguro el joven mirando a su padre a los ojos.
-Claro que la hará, a propósito o no terminara haciéndolo… y quizá ella resulte herida… No creas que
no he visto como te brillan los ojos cuando ella viene o como te levantas al alba para ir en su
encuentro en la pista de entrenamiento de los Andly- alego el hombre con preocupación.
-Padre, ya soy un hombre, confía en lo que hago por favor.
-Confió en ti Tom tu sabes que tienes toda mi confianza es solo que no confió en ella y no quiero verte
sufrir, no la veas mas por favor.

Tom miro con amor a su padre, le debía tanto aquel fuerte hombre, pero por primera vez no
obedecería y así se lo hizo saber.

-Lo siento padre no me pidas eso, si he de sufrir por ella que así sea.
-Pero hijo…
-Por favor - pidió Tom y el hombre mayor bajo su mirada derrotado al ver la determinación en los ojos
del joven.

-No sé por que insistes en ocultar lo que es evidente - la voz de Elisa era como un látigo para Flammy
que ocultaba su orgullosa mirada a la pelirroja.
-¿Tú que sabes?.
-Quizás no más que tu, pero no te quedes como muda en espera que él adivine lo que piensas.
- Estas dando un consejo que tu no tomas Elisa… ¿No crees que ese termino aplica no solo para mi?
- pregunto Flammy con burla y Elisa la miro con enojo, sin embargo al toparse con la mirada serena
y firme de Flammy cedió poco a poco a su temor… ¡Cielos! Estaba perdida, hasta esa enfermera que
tan poco la conocía había adivinado ya sus dudas… ¿Acaso por eso Alberth había solicitado la
presencia de su amgi para revisar una cuadra que estaba perfecta?...
-Hay muchas cosas que me separan – cedió en el enfrentamiento de miradas, bajándola y hablando
en un tono bajo que sonaba a resignación…
-Solo por que tu lo crees así - comento a quemarropa la enfermera - vamos Elisa tu mirada brilla
cada vez que el viene con el pretexto de revisar los caballos.
-¡No es pretexto! - alego ella ruborizada tratando d convencerse a si misma de la idea muy retorcida
de Albert haciéndola de celestino -… además no estábamos hablando de mi.
-No es lo que tú piensas.
-Si lo es Flammy Hamilton, pensé que eras más valiente y que a diferencia mía… tu no pensabas en
las diferencias…
-No lo soy.
-Si lo eres cuando aceptaste ser amiga de la frívola señorita Leegan.
-No continúes por favor Elisa, no es lo que piensas.
-Como quieras, solo tu te engañas por que es evidente lo que tu corazón quiere ocultar.
-Doctora corazón cuando necesite de sus servicios usted será la primera que tomare en cuenta.
-Eres una tonta - alego la pelirroja con frustración.

Alberth que acababa de regresar de Chicago se quedo parado viendo a las dos bellas chicas que
nuevamente discutían, aunque eran pacificas sus discusiones a pesar de los temperamentos de
ambas no dejaba de preocuparse.

-Vaya me voy y están discutiendo, regreso y continúan discutiendo.

Las dos jóvenes se giraron para encontrarse con la atractiva figura del patriarca de los Andly, Elisa
dibujo una sonrisa maliciosa que Flammy alcanzo a vislumbrar.

-Ni se te ocurra Leegan - murmuro la joven para que solo Elisa la escuchara - no querrás que yo
aplique la misma medicina en Tom.
-Eres mala Flammy… peor que yo - manifestó la pelirroja que se acerco a su Tío depositando un beso
en la mejilla masculina - Hola tío es un gusto verte de nuevo.
-A mi también me da gusto verte Elisa- respondió el rubio con una sonrisa al mirar a su sobrina.
-¿A ti no te da gusto verlo de nuevo Flammy? - Pregunto con malicia la pelirroja y la enfermera le
lanzo una mirada de advertencia - vamos Hamilton demuestra de que estas hecha.
-¿De que hablan niñas? - pregunto el patriarca confundido por la situación que se estaba
desarrollando ante una Elisa maliciosa y una Flammy que miraba a su sobrina con ojos asesinos.

Elisa levanto una elegante ceja hacia la enfermera y salio con una sonrisa del jardín no sin antes
decir.

-Creo tío que Flammy tampoco es adivina y tú tampoco lo eres, que situación tan difícil para dos
corazones mudos.

Alberth y Flammy se miraron a los ojos mientras una joven pelirroja se escapaba dejando una
situación algo embarazosa.

Elisa salio como ya era su costumbre al amanecer, sus largas platicas con Tom aligeraban un poco
su soledad y aunque terminaban siempre en largas discusiones la chica no dejaba de agradecer la
compañía del vaquero, pero también había algo mas que no deseaba profundizar pero estaba
constante cada vez que se encontraba en su compañía.

Como siempre recorrió la pista de obstáculos para terminar y reunirse con el joven que se encontraba
recargado observando su desempeño. Seguían ambos con cientos de dudas, pero de manera interna y
sin hablarlo entre ambos ni con nadie más, decidieron por serpeado regalarse esa etapa… Era la
primera vez que Elisa experimentaba una emoción así y haciendo a un lado perjuicios y prudencia
decidió continuar con ella por un tiempo más. Después de todo algún día se iría de ahí y dejaría
atrás esos recuerdos… aunque siendo sinceros esa intención cada día quedaba más pequeña y
lejana…

-Buenos días vaquero -saludo la joven con una sonrisa que se amplio al ver el rostro apuesto del
joven recibirla con igual similitud.
-Buenos días a ti también princesa - respondió el joven acercándose a ella y ayudarla a bajar, sus
manos se posaron en la cintura de la chica.

La joven como siempre sintió mil descargas con el breve contacto pero ya era una costumbre que le
agradaba demasiado muy a su pesar. Era casi el inicio de un mágico ritual que precedía a un platica
tranquila, unas cuantas bromas… galopeo o trote en el caballo… y que ese día según Tom acabaría
en una sorpresa…

-Casandra se esta convirtiendo en una experta- comento la joven ruborizada.
-Será por el jinete- respondió con caballerosidad.
-Tom no me halagues que ya tengo el ego muy grande - bromeo la chica y Tom soltó una risa.
-Lo se, pero honor a quien honor merece .
-No lo pongo en discusión.
-¿A dónde iremos esta vez? - pregunto Elisa como niña pequeña.
-Es una sorpresa, ya te lo había - respondió él tomando su mano.

La llevo hasta donde un manantial abastecía al rió y ella sonrió complacida por la belleza del lugar,
una pequeña cabaña se encontraba construida en medio de la vegetación dando un toque muy
pintoresco al lugar, Elisa se soltó de la mano del joven y comenzó ella sola a inspeccionar, lo que vio
le resulto bastante hermoso.

-¿A quien le pertenece esta parte? - Pregunto preocupada - ¿no se molestaran si nos ven
merodeando?
-No, por que hace mucho tiempo se la compre a mi padre y solo la utilizo cuando necesito un poco de
paz.

Elisa abrió los ojos sorprendida por aquella revelación.

-Es bellísimo - comento la chica.
-Vamos te muestro la cabaña - sugirió tomándola de la mano nuevamente.

La cabaña era pintoresca muy lejana a lo que Elisa tenia por concepto de cabaña, pero pudo percibir
que la falta de lujos era compensada por la calidez que emanaba el lugar cada esquina, cada mueble
revelaba el vaquero indolente que era Tom y la joven no pudo menos que comentar.

-Me gusta mucho Tom- le dijo con una sonrisa.
-Me alegro por que aquí desayunaremos - revelo mientras se dirigía a una pequeña cocinita.
-En serio ¿y quien va a preparar la comida? - Pregunto y Tom alzo una ceja divertido - te advierto
vaquero no se guisar.
-Créeme princesa que aprecio mucho mi salud como para arriesgarme a probar algo de esas manitas
delicadas.
-¡Tom Stevens! - grito la chica haciendo un mohín y el joven desapareció detrás de la puerta soltando
un par de carcajadas…
- Puedes ayudarme a poner los platos…- pero por favor no vayas a romperlos…

Elisa deseo grítale de nuevo, pero cedió a su tono de burla que finalmente la hizo sonreír, le gustaba
tanto la voz profunda de su vaquero… de pronto se detuvo… dijo “su vaquero”… se quedo pensativa
un momento analizando aquella situación… sí respondió un poco mas tarde si era su vaquero por
que en estos momentos no lo compartía con nadie, solo era de ella y de nadie mas.

El desayuno preparado por Tom fue jugo de naranja, huevos con jamón unos panecillos recién
hechos por la cocinera de Tom y mermelada de frutas, Elisa saboreo como si fuera comida francesa y
se pregunto si también tenia que ver con la presencia de Tom.

-¿Qué piensas?- pregunto el joven mirando directo a los ojos de la chica y ella sonrió pensando que
con èl no había secretos ni mascaras, todo era tan sencillo, no había motivos para fingir y tampoco
tenia deseos de hacerlo, quería por primera vez ser ella misma y dejar que Tom vislumbrara aquella
Elisa que nadie conocía… sin embargo aún no sabia como expresarlo, como fluir por completo ante el
joven que tenia enfrente.
-En nada, la tranquilidad del lugar me agrada mucho - mintió ella bajando su mirada al plato.
Tom intuyo la lucha interna que libraba Elisa, había cambiado era cierto pero aun conservaba
algunas cosas que el no cambiaria después de todo era parte de su misma esencia.

-No cambies todo de ti - le dijo tomando su barbilla y levantando su rostro para que lo mirara.
- Ya me has dicho eso y no veo como podría mantenerme así toda la vida… - pregunto con
vulnerabilidad, no sabia como expresar lo que sentía o quería su corazón, pues nunca le dieron la
oportunidad de hablar por que su madre así se lo enseño – aqupi es fácil vivir de la forma libre y sin
ataduras de la que siempre hablas… pero… cuando deje esta casa y regrese a Chicago…
- Sencillo… ¡No regreses nunca! – agrego él tratando de hacer más ligero el momento para la
muchacha… ambos rieron con la nostalgia que les dejo el saber que tal cosa no sería fácil… -Eres
especial Elisa, siempre lo has sido… ya veras que encontraras el justo lugar que te mereces…
-¿Por mi apellido, por mi dinero? - Pregunto ella con ironía, pero se arrepintió al ver cruzar una
sombra en los ojos de Tom – No es lo que quiero ahora…
-No lo sientas- le pidió el fijando su mirada en el rostro de ella - alguna vez te has preguntado ¿a
parte de tu dinero y tu apellido que has entregado a cambio?
-No entiendo - respondió ella
-Dime Elisa a parte de Alberth y de Flammy ¿quien más te aprecia y ha estado contigo en tu exilio
voluntario?

Los ojos de Elisa brillaron con rabia

-Tengo muchas amigas Tom y de familias muy prestigiadas.
-Sí - se burlo el vaquero - ¿Cuantas te han visitado?
-No te burles Tom - se incorporo de un salto furiosa con él - tu solo tienes al hogar de Pony.
-¿Qué te ha hecho el hogar de Pony para que hables de esa forma?-le pregunto ante el tono
despectivo que uso.
-¿Sabes que me hizo?, pues te lo voy a decir , me mando a una niña que me quito lo que mas amaba,
que se interpuso entre mis sueños y a las personas que me gustaban y que finalmente se caso con mi
hermano.
-Candy no es culpable de lo que ha sucedido, tu también has intervenido en esa lucha que insistes
en ganar, pero al final solo seguirás odiándola sin sentido y terminaras vencida.
-Te odio a ti y ella - grito con ojos fríos que el joven también se incorporo para enfrentarla.
-Pues continua sola Elisa, por que mientras odies a Candy, al hogar de Pony y por ende a mi, jamás
encontraras la paz que tanto buscas.

Ella le lanzo una mirada llena de rencor y salio furiosa de la cabaña dejando a un Tom pensativo.

-Si al menos pudieras dejar de luchar en contra de tu corazón te dejaría ver lo que hay en el mió.

??
En Boston una pareja salía de la habitación con rumbo al mundo que los esperaba durante el día.
Candy atendía a su marido antes de que este saliera hacía su trabajo en la banca Ardly, disfrutando
cada momento a su lado. Neal siempre revisaba algunas cosas antes de salir de su casa y cada
semana en especial recibía unos informes desde Chicago con suma importancia y que lo dejaban
pensativo. En esta ocasión más que concentración Candy vio un dejo de preocupación en la cara de
su esposo…

-¿Qué pasa querido?... Es una mala noticia…
-El preámbulo de una…
- Cada semana recibo informes del albacea de mi padre, yo no pude seguir con el manejo de la banca
leegan por venir hacía acá y ahora me entero que mi padre a toma de decisiones erradas…
- ¿Es muy grave?...
-Creo que mamá deberá olvidarse por mucho tiempo de si cambio de guardarropa cada temporada…
y quizá de la casa en Chicago… probablemente de la de Lakewood y de muchas otras cosas más…
-Eso será terrible para ella Neal… ¿hay algo que puedas hacer?...
- Mi padre no desea que intervenga en el manejo de la banca, se ofendió bastante cuando cedí al
empeño de Albert de hacerme cargo de esta sucursal…, si no es por Stewart no me hubiera enterado
de nada… Mis padres desean dejar esto fuera de mi conocimiento… y…
- Te preocupa Eliza…
- Mucho… sé que Albert esta al pendiente de ella y que la cuida, pero… tengo miedo de que mi mamá
la vea como un anzuelo… Según el albacea mi padre se ha endeudado con un hombre al que ví muy
pocas veces y que tenía muy mala reputación…
- Creo que esto debe ser muy difícil también para ella Neal, no puedes dejar que tu mamá decida su
vida…creo que deberías ir ahora mismo a enterarte a bien de lo que pasa…

Siguieron hablando sobre eso. No podía dejar de momento la empresa, pero si podría ir buscando
alguien de su confianza a quien dejar al frente por un tiempo… Además una visita a Chicago no les
caería nada mal… habían pasado cerca de ocho meses desde su matrimonio…

- Podré visitar el Hogar de Pony… - dijo Candy con añoranza…
- Podrás hacer lo que gustes…

Ambos se vieron a los ojos recordando la plática que muy seguido tenían… era extraño que después
de 8 meses de intensa vida marital aun no hubieran encargado su primer hijo…

Elisa entro con paso firme a la estancia de la mansión Andley, su enojo era tal que no se percato de
la elegante dama que se encontraba sentada en espera de su llegada.

-Es un idiota, un hospiciano sin educación - murmuraba furiosa.
-Elisa no son maneras de una señorita - la voz de su madre le taladro el cerebro y la chica se detuvo
abruptamente

“Genial, lo que me faltaba”

-Hola a ti también madre… yo estoy bien gracias por preguntar. - respondió la chica mirando a su
madre con un gesto despectivo que era el mismo que su madre tenia en ese momento.
-No me vengas con tus desplantes Elisa, si sabes quien te educo ¿verdad?
-Si madre, todo te lo debo a ti.
-¿Qué quieres decir? - pregunto su madre levantando una elegante ceja.
-Madre mejor dime ¿A que has venido? - pregunto la chica cruzándose de brazos.

Sarah Leegan miro de arriba para abajo a su hija como si estuviera sopesando una mercancía y aquel
frió recorrido de los ojos castaños de su progenitora ocasiono que Elisa se estremeciera.

-Que injusta eres Elisa después de lo que me hiciste - respondió la mujer dramatizando pero la joven
sonrió con sarcasmo.
-Vamos madre no me vengas con eso por favor, recuerda que me has cortado con la misma tijera con
la que fuiste cortada tu.
-Elisa soy tu madre y no te importo que nos secuestraran en lugar de Candy…
-Madre te dije cual era mi posición y no iba a permitir que interfirieras en la felicidad de mi hermano
solo por mero capricho tuyo - respondió Elisa sin poder ocultar su enojo.
-Bueno olvídalo, solo vengo por tu padre que te necesita.
-¡¡Mi padre!!
-Sí tenemos una reunión con unos hombres de negocios muy importante y bueno necesita que lo
acompañemos ya que Neal se encuentra en Boston son su esposa.
-Madre ¿Qué tramas? - pregunto la chica entrecerrando los ojos.
-¡¡Elisa!! no me hables de esa manera - la mujer se enfrento a la mirada dura de Elisa - Hazlo por tu
padre, necesita de nuestra compañía - alego la mujer sin poder ocultar su satisfacción al ver un
titubeo en los ojos de su hija - es esta noche, aquí en Lakewood, abra un vestido esperándote.

Elisa miro como su madre se alejaba y fue entonces que vio a Flammy en el jardín y fue en su
búsqueda.

Flammy miraba distraídamente las rosas que había dejado Anthony como legado aun se encontraba
sorprendida por que las más hermosa de las especies que había conocido llevara el nombre de su
condiscípula.

-Cuanta gente te ama Candy, a pesar de todos los sufrimientos que padeciste siempre hubo gente
que se preocupo por ti - murmuro pensando en un rubio.
-¿Y no te da coraje pensar que todo mundo la ama? - la áspera voz de Elisa la saco de sus
cavilaciones.
-No, por que es un ser generoso que merece ser amada - respondió la enfermera con total convicción
que Elisa parpadeo sorprendida - ¿Por qué la odias Elisa?.

La pelirroja soltó un suspiro, pensando en eso ¿Por qué la odiaba realmente?... por Anthony… no fue
por eso… fue desde que la conocí… desde que mi hermano a pesar de intentar ocultarme sus
sentimientos nunca lo logro, no me pasaron desapercibidos sus celos por Anthony cada vez que veía
que Candy suspiraba por él, ella marco la primer barrera entre mi hermano y yo, seguíamos siendo
cómplices, apoyándonos, pero había cosas que Neal que ya no me compartía más… y yo estaba
segura que tenían que ver son ella… o fue quizás la libertad que la rubia gozaba o bien su dulce
carácter.

-Realmente no sé por que la odio - respondió en un susurro dejándose caer en una banca, Flammy
dio un suspiro y se sentó a su lado.
-Será por que te sentiste invadida por su manera de ser, por que a pesar de todo siempre esta riendo
y siempre quiere ver lo bueno de las personas o por que ella disfruta de una libertad que tu y yo no
nos podemos permitir.

Los ojos de Elisa se agrandaron incrédulos y Flammy continuo.

-Sí Elisa, yo sentí el mismo rechazo por ella, pero no me permití darle mayor importancia a pesar del
enojo que me ocasionaba ver que las maestras, los pacientes y los doctores la querían por su carácter
tan singular, además en aquel tiempo ella tenia el amor de un chico atractivo, estaba rodeada de
cariño mientras yo solo contaba con mi amargura, sin embargo, debajo de toda esa feliz apariencia
Candy ha padecido y sin embargo sigue conservando su esencia, ¿Por qué no liberamos el corazón
Elisa?, quizás sea menos dolorosa la vida.

Elisa guardo silencio recordando la voz profunda de su vaquero.

“Candy no es culpable de lo que ha sucedido, tu también has intervenido en esa lucha que insistes
en ganar, pero al final solo se seguirás odiándola y terminaras vencida”

??

La fiesta se encontraba en pleno apogeo cuando ella arribo del brazo de Alberth, la gente se giro
cuando vio al atractivo trío llegar. Alberth y Elisa habían convencido a Flammy para que fuera. En un
principio la morena se había negado y Elisa le había dicho que había ciertas jóvenes casaderas detrás
de su flamante tío, así que muy a su pesar la morena pesco el anzuelo de la pelirroja.

-Esto es demasiado lujoso - susurro Flammy.
-Pues acostúmbrate mi tío tiene que asistir a muchos eventos de estos - respondió Elisa con malicia
mientras Alberth y Flammy se quedaban atónitos ante la implicación de aquellas palabras.
- ¡Oh! lo siento, ya sé que no debo hablar de mas - y se retiro soltando una alegre carcajada.
-Voy a matarte Leegan - dijo Flammy, pero se quedo callada al ver como un par de ojos azules
tranquilos como el cielo la miraban enigmáticamente.
-Creo que tu y yo tenemos una larga charla - comento el rubio mirando con intensidad el delicado
rostro de la morena - pero será mas tarde - tomo su mano y entraron a la mansión Leegan.

Elisa de inmediato se vio rodeada por sus viejas amistades y por primera vez pudo observar detrás
del cristal el mundo que una vez fue su propia convicción.

-Elisa, queridita ¿Cómo has estado? - pregunto Daisy con evidente hipocresía.
-Amiga la verdad te extrañábamos - dijo otro besando su mejilla y Elisa no pudo dejar de pensar en el
beso de Judas.
-Sí querida tu ausencia ha pesado en todas esta temporada, si vieras la cantidad de cosas que te has
perdido - comentaba Alicia
-Es verdad- reafirmo otra- como la fuga de Maggie con su sirviente.
-No lo recuerdes por aquí anda su madre - revelaba otra con una sonrisa burlona.

La pelirroja miro con evidente desagrado como entre ellas se mordían unas a otras y aquella farsa se
le antojo lo más despreciable que había visto y de nueva cuenta se percato lo ciega que había estado,
siempre al pendiente de las vidas de otras en especial de Candy, sin poder disfrutar la suya.

En ese instante de una de las chicas que repartía bebidas al grupo de sus amigas tropezó debido a su
nerviosidad y mancho el vestido de una de las respetables señoritas que eran sus amigas.

-Estupida - grito Daisy arrojando lumbre por los ojos al ver una ligera manchita en su vestido y
comenzó a insultar a la mucama que bajo su mirada ante la agresión a pesar de haber perdido
disculpas, Elisa frunció el entrecejo molesta y tomo a la chica.

-Yo lo siento señorita Leegan- se disculpo nuevamente la mucama al ver el ceño fruncido de la
pelirroja
- Ve a la cocina Allis yo arreglo esto- le pidió con amabilidad Elisa que la mucama abrió los ojos
desmesuradamente era bien sabido que Elisa Leegan era una chica déspota y no perdonaba con
facilidad este tipo de situaciones - anda ve y pide quien venga a limpiar.
-Si señorita - respondió la sorprendida muchacha.
-Vamos Daisy no hagas tanto escándalo o vamos a pensar que no tienes mas dinero para comprarte
otro.

Las palabras frías de Elisa dejaron mudas a sus amigas y a Daysi se le colorearon sus mejillas al
recodar que Elisa era una de las pocas personas que sabían de su situación económica.

Sarah Leegan se acerco en ese momento al grupo de señoritas.

-Hola hija - saludo la mujer besando las mejillas de Elisa - veo que ya te has integrado, en cambio
Willians, deberías hacerle compañía Alicia recuerda que mi hermano aun sigue soltero.
-Mi tío no esta solo madre déjalo en paz - respondió la chica ante el tono despectivo usado - no
necesita que le busques novia por si no te has dado cuenta.

Sarah miro furiosa a su hija.

-Que tonterías dices, esa chica es amiga de Candy.
-Sí madre, de la esposa de tu hijo.
-No vamos a discutir, estas imposible - dijo la mujer abanicando mas deprisa - pero que tiradero
déjame ir a la cocina para pedir que limpien esto.
Sarah llego hasta la cocina sus ojos se mostraban enojados debido al cambio notable que había en
Elisa y supo que en parte era culpa suya por exagerar el asunto de Candy pero en este momento la
necesitaba mas que nunca, ya que era el único eslabón para poder salir de aquel problema que tenia,
se detuvo de pronto al escuchar el cotilleo que había entre los sirvientes.

-No me lo creo Allis, dices que la señorita Leegan te trato con amabilidad y que no te corrió cuando le
vaciaste el refresco a la Señorita Daysi - comentaba Fred el cocinero.
-Si en serio a mi me sorprendió me dijo que me retirara y que pidiera alguien que limpiara, pero sin
gritarme y sin ofenderme como era su costumbre.
-Entonces los rumores son ciertos.- dijo Meg otra mucama.
-Sobre ella y el dueño del Rancho Stenves - respondió Allis soltando un suspiro.
-Si dicen que todos lo días salen a pasear y que ella lo trata como si fuera su igual a pesar de sus
diferencias.
-Pues que bien realmente le ha hecho cambiar.
-Es una pena pues Tom Stevens es un chico muy guapo - comento otra y las demás respondieron con
una sonrisita.

Sarah no llego hasta la cocina su tez se encontraba pálida por escuchar aquel chisme, su hija con un
vulgar vaquero, ella que le inculco sobre la diferencia y la importancia de cuidar el buen nombre de la
familia, ella que anteponía hasta el propio bienestar por cuidar la nobleza de su apellido. Después de
todo con Neal había sido diferente, ahora que la unión era ya un hecho, no tenía más que
resignarse… y dada la situación de su familia, aquello había sido lo mejor, llego incluso hasta
celebrar que Albert hubiera realizado tal locura… su hija adoptada era tan legítima para el como si
fuera de sangre y no corrían el riesgo de una descendencia tarada… en cambio en ess situación
Candy era la siguiente en la línea después de William tarde o temprano aquel matrimonio de su hijo
mayor tendría los frutos necesarios. Pero Elisa con un vaquero antes muerta…

Elisa pudo comprobar que su padre se veía un poco desmejorado y se preocupo por él, sobre todo
cuando lo vio junto con un elegante hombre alto y delgado cuyos ojos eran de un penetrante color
gris, atractivo no había duda, pero había algo en èl que le pareció repulsivo y que la hizo sentirse
sumamente incomoda cuando él recorrió su figura con una mirada llena de lascivia.

-Hola hija - saludo Aaron Leegan - estas bellísima
-Hola padre - respondió con un beso en la mejilla del hombre.
-¿Cómo has estado cariño?, ¿Alberth te trata bien?
-Sí padre, el Tío William es un buen hombre.
-Me alegro cariño, te presento a Gerald Hannover.

Elisa miro de reojo al hombre y extendió su mano a pesar del estremeciendo repulsivo que recorrió su
cuerpo al sentir la mirada grisácea sobre ella, sobre todo ahora que había menos distancia entre ellos
y el revelador vestido que le regalara su madre la ocasión la hiciera sentir como un una exhibición.

-Es un placer conocerla señorita Leegan.
-Para mi es un honor Sr. Hannover - se obligo a responder la chica.
-Que bien, hija ya conoces a Gerald - la voz de su madre hizo que la joven aprovechara para retirar
su mano.
-Si madre mi padre me acaba de presentar.
-Me alegro cariño pues tendremos mucho contacto con èl ahora que esta haciendo negocios con tu
padre, así como con Neal y Archie.
Elisa hizo un amago de sonrisa y se mantuvo quieta unos momentos mientras su padre y Gerald
continuaban hablando, para su tranquilidad en ese momento también Archie y Annie se acercaban,
la pareja de recién casados acababa de llegar de su luna de miel.

-Hola tío - saludo el joven -Elisa ¿Cómo estas?
-Bien gracias y ¿Ustedes? - pregunto la chica con cortesía.
-Que bien que ya regresaron así William no se sentirá solo y Elisa podrá regresar a casa ¿verdad
cariño?- comento Sarah y Elisa frunció el ceño.
-Lo siento madre pero si Alberth no me pide que me marche me temo que no regresara a la mansión
Leegan.
-Pero hija Archie y Annie acaban de regresar - dijo la mujer con satisfacción - no necesitaran de tu
presencia.
-Yo también lamento desilusionarte Sarah, la presencia de Elisa es muy importante para mi y cuando
ella no quiera estar bajo mi protección será por decisión propia, no te preocupes por la llegada de
Archie y Annie la casa es demasiado grande.
-Así es tía, no te preocupes seguiremos cuidando de Elisa - lo secundo Archie.

Elisa miro agradecida al par de jóvenes que la rescataron.

El resto de la velada fue un tira y saque de su madre insistiendo que se quedara en la mansión, lo
que mas llamo su atención fue la insistencia de Sarah para que atendiera personalmente a Gerald
Hannover, ese hombre le daba muy mala espina inclusive Archie le dijo que se mantuviera alejada de
él, ¿Por que? No se lo dijo muy tarde comprendería aquella petición.

Era el quinto día que acudía muy temprano a la pista pero no había señales de Tom, sus ojos se
pusieron tristes nuevamente y su corazón se fue a estrellar al piso.

-Yo soy la culpable - se dijo a si misma mientras azuzaba a la yegua para iniciar una carrera pero en
esta ocasión sin lastimar al animal, cabalgaba tranquila pero con un aire de ausencia y así llegó sin
percatarse hasta los linderos marcados por el Rancho Stevens. Desmonto con agilidad y comenzó a
inspeccionar el campo, camino por un momento hasta que a lo lejos alcanzo a ver a un grupo de
jinetes que guiaban el ganado, se recargo en una cerca con la esperanza de divisar a cierto vaquero
de cabello castaño.

Tom guiaba el grupo de hombres que llevarían las reses a pastar hasta un prado más amplio, tenia
toda su concentración en los pendientes del rancho utilizando ese ultimo recurso para no estar
recordado cierto par de ojos castaños. Ahora estaba pendiente de que los pies de cría no fueran a
lastimarse entre las cercas, de pronto Jhon el capataz se acerco a él.

-Jefe mire - le señalo el joven muchacho y el vaquero entrecerró los ojos para visualizar apenas una
silueta femenina que se encontraba recargada en el cerco.

“Elisa ¿Que demonios haces aquí? Pensó irritado intentando acallar los latidos de su corazón.

-Apresúrense tenemos que llevarlas antes del atardecer - grito apenas reprimiendo sus ganas de ir
hasta ella.
-Jefe ella se dirige hasta aquí.

Tom giro con brusquedad el caballo y se topo con la figura decidida de Elisa que se acercaba hasta él,
frunció el entrecejo y le dijo a Jhon que era el único que se había percatado de la presencia de la
pelirroja
-Esto se queda entre tú y yo Jhon, nadie debe saber - dijo el vaquero con voz amenazadora.
-Lo que digas jefe me llevo rápido a los chicos, pero apresúrate no tardaran en reconocerla.

Y lanzo su caballo a galope para detenerla y evitar las habladurías de la gente, llego hasta ella y se
paro de golpe sin poder ocultar su enojo le pregunto.

-¿Qué diablos haces aquí?

Elisa abrió los ojos sorprendida, por que el tiempo que habían convivido jamás la había tratado con
tal rudeza, su orgullo se activo para esconder el dolor que sintió, giro con brusquedad a Casandra y
salio disparada a campo traviesa Tom maldijo para sus adentros y fue tras ella. Iniciaron una lucha
de voluntades Elisa sentía la presencia del vaquero a su espalda y azuzo más a su yegua queriendo
escapar de sí misma.

“Para que”…”¿Qué caso tiene”… “Siempre seré Elisa Leegan… ni siquiera Tom se atreve a ver mas
allá”...”¿Para que vine maldición?...”Te odio Tom”.

El joven se emparejo.

-Detente.

Elisa no se molesto en obedecer y continuo con su loca carrera demostrando, ¿Qué cosa? Ni ella
misma sabia, Tom alcanzo a mirar los ojos de la chica que reflejaban su rencor y al mismo tiempo
pedían ayuda, sujeto bien su montura y tomo de la cintura a la chica haciendo la misma maniobra
para cambiarla de caballo, Elisa quiso aferrarse pero comprendió que no solo su vida corría peligro si
no la de él y no se resistió mas, Tom sujeto con firmeza su cintura disminuyo la carrera de su caballo
y comenzó un paso mas ligero. Elisa soltó un bufido al sentir la calidez del cuerpo del vaquero en
directo contacto con él de ella, el movimiento del equino haciéndolos chocar constantemente, su
corazón se desbocaba en rabia e incertidumbre por estar en tan cercano contacto con él. La
respiración de ambos estaba desbocada y al siguiente instante ella se encontró sus brazos rodeando
el portentoso talle del muchacho, aferrándose a él con desespero… El caballo fue disminuyendo su
velocidad y la calma les fue llegando a ambos en medio de la sensación de por fin estar justo como
tantas veces habían deseado. Él soltó un suspiro al aspirar el olor a flores que el cabello de la chica
desprendía.

-Estas loca - murmuro a su oído.
-No me regañes- respondió ella recargando su cabeza en el pecho del joven, él recargo su barbilla.
-¿A que has venido?- pregunto el chico muy a su pesar.
-A verte - fue la sencilla declaración de Elisa y el corazón de Tom se acelero.
-Yo también tenía muchas ganas de verte - declaro el chico y Elisa soltó un suspiro olvidándose por
completo de los motivos que los habían separado.

Durante un rato estuvieron cabalgando en silencio sin impórtales el lugar ni el tiempo, solo su simple
cercanía.

-¿Ya comiste algo? - pregunto el vaquero al ver la hora que el sol indicaba por sus sombras.
-No, Salí muy temprano - respondió apenas.
-¿Quieres desayunar conmigo?
-¿Es una cita vaquero? - pregunto la chica con un dejo malicioso y Tom rió por lo bajo.
-Sí es una cita - le confirmo él.
-Vamos entonces.
- No deberías buscarme más Eliza… - dijo Tom y ella sintió eso como una puñalada… - Cualquier día
de estos no te dejare regresar a tu casa…
-Correré el riesgo…- respondió ella… - eres muy impulsivo y no tolerarías a esta niña consentida… -
lanzó finalmente con una mirada pícara…
Ambos aceptaron lo que deseaban, velándolo tras la cortina de la broma, escondiendo detrás de ella
el implícito deseo de que fuera posible…

Regreso muy tarde a la mansión Andly en su mirada se reflejaba la ilusión de nueva cuenta por lo
que no se percato que un par de ojos fríos fueron los primeros en verla llegar.

-¿Qué hora de llegar es esta, Elisa?

La joven se detuvo abruptamente pero el solo recuerdo de su vaquero impidió que su madre le
arruinara el día.

-Hola a ti también madre.
-No seas insolente Elisa, al parecer Alberth no te ha marcado limites, espero que no haga de ti otra
Candy.

Aquel comentario la lastimo profundamente, por que no buscaba ser la copia de alguien más si no
ser ella… simplemente Elisa, mantuvo la calma y enfrento a su madre.

-Alberth es un ser muy especial madre es una pena que no llegaras a conocer a tu propio hermano.
-Es un excéntrico - respondió la mujer mayor despectivamente
-Un alma pura que jamás llegaras a comprender - contraatacó la chica con vehemencia.

Sarah miro con ojos furiosos el cambio bastante claro en su hija y se percato que cada vez más la
chica se alejaba de ella, debía detener eso antes de que fuera demasiado tarde.

-Bueno no discutamos más, tu padre necesita que estés presente en la mansión Leegan este fin de
semana es importante para nosotros tu presencia.

Elisa frunció el ceño, algo estaba mal, conocía de sobra a su madre y algo planeaba, algo muy malo al
ver la malicia reflejada en aquellas pupilas arrogantes.

-Esta bien madre, Alberth y Archie ya saben ¿Verdad?
-Ellos no están incluidos hija, solo tu es una cena familiar para alegrar a tu padre - replico Sarah
apenas parpadeando y para la pelirroja fue suficiente para saber que su madre si tramaba algo.
-Como quieras - se limito a responder - te veo entonces el viernes.
-Muy bien cariño- respondió la mujer satisfecha -despídeme de Willians y de Archie, te veo después.

Y la mujer se retiro con paso triunfante mientras Elisa entrecerraba los ojos con cierta preocupación.

“¿Que planeas madre?”

Archie y Alberth miraban la escena entre Ellisa y su madre y Archie frunció el entrecejo al ver el
rostro preocupado de su prima, a pesar de no haber sido una de sus personas favoritas Elisa había
echo notables cambios en su conducta a parte de que Alberth le tenia un cariño especial. Se dio
cuenta que él tampoco había hecho un solo intento por acercarse a ella. Tal véz ya era tiempo de
resolver aquello y quizá se llevaría otra sorpresa equiparable con haber encontrado que la enfermera
amiga de Candy y la pelirroja habían llegado a llevarse bastante bien a pesar de su diferencias y de
sus temperamentos. Alberht parecía disfrutar de aquellas discusiones acaloradas, además de que
había visto ya un brillo muy especial en los ojos de su tío y que aparecía solo con la presencia de
Flammy.
-No es bueno que Gerald Hannover visite la mansión Leegan- comento Alberth.
-Lo sé pero hasta ahora no he podido ver los estados financieros de las empresas Leegan.
-Neal ¿Qué dice a todo esto?
- Creo que ya esta enterado y me parece que vendrá pronto, pero si lo sabe fue bajo engaños, su
madre lo culpa por haberlos abandonado por la banca Andley
-¿Entonces?
-Tienen problemas y no lo quieren decir, no sé como Neal se ha enterado, solo sé lo que Candy
escribió en una carta a Annie, ella me pregunto esperando yo supiera algo…
-¿Por qué Sarah siempre hace las cosas tan difícil?
-Es su manera de ser - respondió Archie con una sonrisa al ver como Elisa hacia rabiar a Flammy-
será mejor que bajes, ya se están poniendo los guantes de box.

Alberth soltó una risa mas cuando vio a Annie intervenir pero las dos chicas la callaron dejándola en
medio de la acalorada discusión.

-Mejor baja tú, Annie te necesita o saldrá muy mal parada.

Archie no lo pensó dos veces pues Annie se encontraba en medio de las dos temperamentales chicas.

Elisa miraba como el sol comenzaba a despuntar y soltó un suspiro, era viernes y tenia un
compromiso que le preocupaba a sobremanera, sobre todo por que la ultima llamada que le hizo su
hermano la dejo con una zozobra en el alma.

-Habla con mi padre Elisa, Gerald Hannover es un prestamista que se hace llamar Conde, pero
realmente ha hecho su fortuna a través de la gente necesitada que le pide dinero prestado a cambio de
grandes intereses, mi padre por orgullo no me ha dejado revisar su contabilidad ni siquiera a Archie ,
por lo que te pido intervengas por que mi madre ha estado haciendo un lió de todo este asunto, por otro
lado cuídate no estés mucho en contacto con ese tipo tiene muy mala reputación, ¿sabes a lo que me
refiero?.

Esa ultima frase la dejo con una gran angustia.

-¿A que te referías hermano?- murmuro la joven.
-¿Te preocupa algo Princesa?- la voz de Tom la saco de sus cavilaciones y ella ladeo su rostro para
mirarlo.
-Pensaba en mi padres - respondió la joven aceptando una florerilla de las manos del vaquero - creo
que tienen problemas económicos y lo peor del caso es que por orgullo no han aceptado ayuda por
parte de mi hermano y de mi tío.
-¿Has hablado con tu padre?- pregunto el joven de antemano sabia que el Sr. Leegan no era tan…
especial, como lo era la señora Leegan.
-No, esta noche lo haré en la reunión que hará mi madre.
-¿Tienes fiesta? - pregunto Tom sin poder ocultar sus celos.
-¿Celoso vaquero?- cuestiono la pelirroja con una sonrisa encantadora.
-Solo si tú lo quieres - respondió el otro incorporándose y extendiéndole una mano para ayudarla y
dejar zanjado el tema- Vamos a desayunar.
-Que bien me muero de hambre.
-Sí, el caso es que te mueres de hambre a diario pero no haces nada por cocinar… dime…- comento
con ironía.
-Tom Stevens… puesdo ayudarte esta vez
-Olvídalo no quiero una indigestión.
-Tom Stevens.
-Calla Elisa vamos a desayunar.
Elisa soltó una carcajada llena de felicidad y Tom solo movió su cabeza de un lado a otro mientras
una mirada de un brillo indescifrable calaba en el corazón de la pelirroja.

Cerca del medio día llego a la mansión y un mal presentimiento se incrusto en su corazón cuando en
lugar de sus padres se vio recibida por Gerald Hannover, ella frunció el entrecejo, mientras el miedo
se colaba en su alma al ver la mirada lasciva que el hombre le dirigió. Quiso darse media vuelta y
correr pero se obligo a si misma continuar no le daría la satisfacción de verla con el temor que
estremecía su cuerpo.

-¡Buenas noches Elisa es un placer verte de nuevo!- saludo el caballero depositando un beso en el
dorso de ella.
-¿Cómo esta?- las buenas costumbres hablaron en ella- ¿Mis padres?
-No se preocupe en un momento bajan yo quise tener el honor de recibir a tan hermosa dama.

La chica no respondió al cumplido y se siguió de largo escoltada por él.

La mesa ya estaba dispuesta para cuatro personas como pudo observar y aquello se le hizo aun mas
extraño, la voz de su madre se dejo escuchar por la estancia y ella se puso alerta.

-¡Cariño que bella estas!, ¿No es así Gerald?- comento la mujer besando su mejilla con frialdad.
-¿Cómo estas madre y papá? - pregunto la joven.
-En un momento baja cariño ¿Quieren algo de beber?

Elisa apenas asintió mientras dejaba que su madre se comportará como la anfitriona perfecta,
después pediría explicaciones y su instinto le dijo que no le iba a gustar nada lo que le dijera su
madre, su padre bajo con un aspecto bastante desmejorado y la chica se le fue el alma a los pies al
ver las grandes ojeras y el cansancio que se vislumbraba en el cuerpo ahora mas envejecido de su
padre, mientras Gerald y su madre parecían ser los únicos que disfrutaban de aquella reunión,
intercambiando miradas llenas de complicidad.

Por fin la parodia termino cuando su madre le pidió que la siguiera hasta el despacho de su padre
para platicar de una noticia que le alegraría, pero al ver que también Gerald las seguía, la chica sintió
que nada estaba bien.

-Querida -comenzó Sarah- el motivo de esta reunión es para hacerte saber que el Sr. Hannover ha
solicitado tu mano en matrimonio, lo cual tanto tu padre y yo hemos aceptado.

La noticia no pudo haber llegado de manera mas brutal para la joven que comenzó a temblar,
mientras su rostro adquiría un tono pálido y sus ojos se llenaban de lágrimas, sin embargo se obligo
a enfrentar la situación y levanto su barbilla.

-¿Padre tu estas de acuerdo?- pregunto la chica.
-Yo Elisa - no pudo terminar el hombre pues una sombra de culpabilidad cruzo por sus ojos y la
joven pudo comprender de que se trababa.
-Sr. Hannover le pediría que por favor me dejara hablar este asunto entre mis padres y yo- la joven
enfrento con su característica frialdad al hombre que la miraba cual objeto acaba de adquirir.
-Con gusto Elisa, solo debo agregar que tiene muchas ventajas sobre este matrimonio más de lo que
yo ganare.

Elisa se contuvo de agraviar al hombre y fingió una sonrisa y respondió.

-No se preocupe Sr. Hannover se realmente cuanto es mi valor. Aquella respuesta dejo satisfecho al
hombre que salio con una gran sonrisa.
Cuando la puerta se hubo cerrado Elisa enfrento a su madre.

-Me hubieras dicho desde un principio de que se trataba todo esto madre, después de todo yo seré la
mercancía que vas a intercambiar.
-Elisa no digas tonterías, hija es lo que siempre soñaste, él hombre es muy rico y esta enamorado de
ti, te hará feliz para el resto de tus días.
- no sé como pudo hacerlo si me ha visto dos veces, y tu que opinas padre.
-Elisa, querida yo - no pudo continuar el hombre bajando la vista avergonzado.
-¿Por cuánto es el cambio?- pregunto ella con acritud
-Las empresas Leegan están en riego, necesitamos capital y yo, yo… - respondió su madre
-¿Por qué no pidieron ayuda padre?- pregunto la chica.
-Por que tu padre no tiene nada que ver en este asunto.

Elisa agrando sus ojos con incredulidad al recordar el gusto de su madre por el juego de canasta.

-Perdiste las empresas Leegan a manos de este tipo en un juego de cartas- dijo la joven dejándose
caer al sillón.
-Fue un error, pero ese no es el caso los accionistas están presionando a tu padre y nosotros ya no
somos dueños de la empresa para saldar esa deuda.
-¿Y para ti fue mas fácil venderme verdad?- pregunto la chica con rencor.
-Es por tu padre Elisa - grito la mujer al ver el odio reflejado en las pupilas de la chica - lo están
presionando los accionistas, además lograras mas ventajas con este acuerdo que con el vulgar
vaquero con el que sales.

Elisa se detuvo de pronto.

-No sabes lo que dices madre es una pena que no te educaras junto con Alberth.

La chica se giro para salir pero su madre la tomo de la mano.

-Él es poca cosa para una Leegan - dijo Sarah con acidez.
-¿Tu que sabes?, si nunca has amado, nunca has sentido cariño ni siquiera a tus propios hijos.

La bofetada que su madre le dio hizo que trastabillará pero Elisa se incorporo y la enfrento mientras
su padre miraba todo con el rostro horrorizado lleno de vergüenza y al mismo tiempo de una
fragilidad que hizo que la joven se detuviera.

-Solo por mi padre - dijo y salio con el corazón hecho trizas.

Salio sin rumbo fijo mientras corría gruesas lagrimas resbalaban por su rostro, sin percatarse el
camino que tomaba y que unas nubes negras se vislumbraban ya por el horizonte.

Mientras sus pensamientos se dirigían aquel chico que la había sacado de su soledad, a su vaquero
que a pesar de su rudeza le había demostrado una ternura que nadie antes tuvieron con ella, como
decir adiós a aquella ilusión, si su corazón se negaba con firmeza a continuar con la decisión que
acaba de tomar.

-Tom - grito con fuerza - Tom

Y continuo con su loca carrera sin sentir como la lluvia comenzaba a mojar su rostro quizás, por que
ya se encontraba empapado de lagrimas, corrió y corrió hasta que fatigada se dejo caer al piso
mientras un rayo estremecía su alma y por instinto grito el nombre de su hermano

-Neal, no me dejes sola… quisiera que estuvieras aquí… tengo miedo…- de pronto recordó a Candy,
¿sentiría lo mismo en aquella ocasión en que intentaron obligarla?... ella había terminado
enamorándose de su hermano, ahora estaban casados y eran felices… ¿Podría ella hacer lo mismo?,
podría pensar igual ahora que estaba plenamente segura de quien tenían entero su corazón entre sus
manos…

Tom se encontraba mirando como la lluvia comenzaba a calar termino de arreglar el cerco y se
incorporo mientras pensaba que seria mas fácil ir a la cabaña, muy pronto una fuerte tormenta se
desataría.

Sin proponérselo recordó la imagen altiva de su princesa que a pesar de todo su presencia parecía
encajar con el austera cabañita, sus rostro siempre indignado debido a las constantes bromas y su
manera tan encantadora de fruncir su nariz cada vez que algo no era de su gusto, rió por lo bajo por
que cada vez aquella niña caprichosa se colaba mas y cada vez mas en su corazón, no había habido
manera de detener el avance si desde que la vio no pudo resistirse a ella.

“Elisa”

Monto su caballo y se lanzo a galope la lluvia era mas fuerte cada vez mas, se detuvo abruptamente
cuando a lo lejos distinguió una figura tirada en el piso y salio en su auxilio.

Bajo del caballo de un salto y vio con preocupación que era una dama, pero lo que mas llamo su
atención era que el cuerpo de la mujer se convulsionaba y entendió que lloraba, se acerco mas y su
sorpresa fue mayúscula cuando la reconoció.

-Elisa - susurro el chico.

Ella apenas si lo miro y se lanzo a sus brazos buscando su protección.

-Princesa ¿Qué pasa?

Ella no paraba de llorar solo entre suspiros le dijo.

-Llévame lejos de aquí, no quiero volver más a mi casa…

Aquella suplica hizo temblar al joven que la tomo en brazos, la subió al caballo mientras ella se
acurrucaba en el pecho del chico, sintiéndose segura por primera vez.

Desnude mi alma
entendí quien soy
me llene de calma
conocí el amor
tuve una esperanza
pude ser mejor
se de donde vengo y hacia donde voy
viéndome al espejo
vi mi corazón y al sentirte lejos
me acerque a Dios
se que donde estoy viviendo no es el paraíso
se que yo no soy un ángel pero se quien soy
he vivido dando vueltas en un laberinto
pero se me abrió la puerta, pero se me abrió la puerta para' mirar el sol
y para' saber quien soy para mirar el sol para saber quien soy
Y no me arrepiento
de lo que paso
digo lo que pienso y se pedir perdón
tengo mil defectos por q humano soy
todo tiene un tiempo
hago lo que hago por amor
se que donde estoy viviendo no es el paraíso
se que yo no soy un ángel pero se quien soy
he vivido dando vueltas en un laberinto
pero se me abrió la puerta, pero se me abrió la puerta para' mirar el sol
y para' saber quien soy para mirar el sol
Para' saber quien soy...
se repite varias veces para mirar el sol para saber quien soy
desnude mi alma
entendí quien soy.....(Reyli)

Ella miro su torso desnudo y atlético sin un solo gramo de mas sus músculos se marcaban en
sincronía con sus movimientos mientras acomodaba mas leños para darle calor a la pequeña cabaña.

Elisa se sintió de repente muy femenina y delicada en comparación de la poderosa masculinidad que
el cuerpo de Tom le trasmitía y por vez primera se pregunto si le parecía lo suficientemente hermosa
para que el se detuviera para mirarla, las lagrimas se agolparon en sus ojos al comprender
finalmente que estaría dispuesta a mas a que solo gustarle físicamente, un gemido salio de su boca lo
que tanto intento ocultar amenazaba con escapar de sus propios labios y que su madre se había
encargado de enterrar.

El joven pareció intuir la confusión de la chica y se giro para mirarla profundamente mientras su
mirada viajaba por la delicada silueta envuelta en una sencilla colcha, su cuerpo reacciono al
recordar que debajo de aquella sencilla manta el cuerpo femenino se encontraba desnudo y las
ansias se clavaron con profundo dolor en su ingle, jamás había deseado tanto algo como la deseaba a
ella, la fragilidad de su mirada penetro con profundidad clavándose en su corazón , con lentitud se
incorporo sin despegar su mirada en los ojos de ella, se detuvo un momento solo para admirar un
hombro que había quedado al descubierto con descuido revelando la piel mas perfecta que Tom había
visto, con un dedo la acaricio ocasionando que el cuerpo de la chica gimiera de placer ante el simple
contacto.

-Elisa - pronuncio su nombre con voz ronca evidenciando con ello el tumulto de emociones que
parecían escapársele de las manos.

Ella poso sus ojos en los labios de él olvidándose por completo de las amenazas de su madre, si iba
ser castigada de por vida por haberse enamorado del hombre que su madre consideraba poca cosa
para una Leegan al menos se llevaría con ella el recuerdo de sentirse deseada y amada, sin
importarle las consecuencias que tuviera el día de mañana, además Gerald había comprado a la
Señorita Leegan y no la princesa de Tom Stenves. Con esta idea en la mente se abandono a por esa
noche ser solo la princesa del vaquero y nada mas, quizás mañana tendría que enfrentar el verse
vendida con aquel despreciable hombre pero ahora solo le robaría uno momentos al destino y si dios
tendría que juzgarla y condenarla por amar, que así fuera.

-Ámame - susurro ella y Tom parpadeo - por favor.
-No necesitas pedírmelo sabes que ya lo hago.
-Enséñame a amarte - ahora su tono fue de suplica y Tom acarició la suave mejilla, ella tomo su
mano en el camino y deposito un beso en la áspera mano haciendo temblar el cuerpo del vaquero.
-Elisa - susurro apasionadamente- no me pidas lo que mi corazón desea.
-¿Si lo deseas que te detiene?
-Tu
-Yo
-Si, tu que me miras con tus grandes ojos suplicando, pero no quiero tu suplica quiero tu amor.

Aquellas palabras hicieron gritar de felicidad a Elisa y que de inmediato respondió.

-Siempre ha sido tuyo desde aquella tarde en que te volví a ver.

Tom no pidió mas, su corazón finalmente se rindió a lo que con tanto esfuerzo había luchado
negándose a enamorarse de la caprichosa señorita Leegan pero no hubo poder humano que evitara
rendirse ante aquella confesión que desnudaba el corazón y el alma de su princesa, olvidándose de
su arrogancia y su altivez.

-Te amo Tom - susurro la pelirroja mientras se despojaba de la colcha revelando ante los ojos de Tom
su belleza.

El vaquero soltó un suspiro tomando al mismo tiempo los delicados labios de Elisa.

Aquella noche fue perfecta para dos corazones que se unían a pesar de las muchas diferencias que
había en medio pero solo eran un hombre y una mujer amándose y entregándose.

Elisa conoció el placer de sentirse amada y adorada en manos de Tom, mientras el vaquero conocía el
placer despojar de toda mascara a la mujer que se entregaba a él sin inhibiciones.

Despuntaba el Alba cuando Elisa termino de escribir su sentencia, se acerco al lecho en donde el
cuerpo indolente de su amado reposaba, depósito en el buro un papel doblado, para luego mirar con
lágrimas en los ojos el rostro apuesto de su vaquero, dio un suspiro mientras acomodaba un mechón
rebelde que caía sobre su frente.

-Te amo Tom , mi corazón, mi alma y mi ser se quedan contigo.

Y salio con paso lento y derrotado tal como prisionero a la horca.

Había pasado una semana desde que Elisa había abandonado la mansión Andley y Alberth había
tenido que mandar a llamara a Neal y a Candy, temiendo lo peor para la chica. La pareja llego poco
tiempo después, el viaje lo habían planeado. Neal entendió todo y se preocupo cuando no encontró a
su hermana, ni en la residencia Ardley, ni con los Leegan, sus padres tampoco estaban. En la
mansión Archie y Annie, junto con Albert, Candy y Neal recibían también a Terry como invitado de
Albert por una temporada.

-Alberth tenemos que hacer algo -la desesperación de Neal se vislumbra en su voz.
-Tranquilo Neal.
-No puedo pensando en que mi hermana puede estar pasándola mal a lado de ese cerdo.
-Cariño - intervino Candy- ya tu padre esta haciendo las investigaciones pertinentes junto con
Archie.
-No puedo estar tranquilo Candy, Elisa significa mucho para mi es mi cómplice, mi hermana
pequeña, la niña asustada y caprichosa - soltó un golpe en el escritorio con frustración.
-Y la mujer que amo…

Todos voltearon a mirar en la dirección en donde aquella profunda voz procedía.
-Tom - susurro Candy acercándose al vaquero con el rostro preocupado - ¿Sabes en donde esta?

El joven negó con la cabeza y Candy vio la desesperación en sus ojos, él le entrego un papel, solo en
ella confiaba, Annie también se acerco y lo abrazo al ver la tristeza reflejada en su faz.

Candy leyó la carta y un nudo se formo en su garganta, jamás pensó que su hermano y su cuñada…

Archie entro en ese instante con los pagares que el padre de Elisa había firmado.

-Ya los tengo - dijo el joven triunfante.
-De que sirve Archie no sabemos en donde se encuentra Elisa.- respondió Neal desde su lugar
mirando a Tom con desconfianza.

Candy leyó nuevamente la carta y de pronto algo se vislumbro en su mente.

-Dime Alberth dentro de cada castillo ingles cuenta con una capilla ¿Verdad? - pregunto con
entusiasmo la rubia.
-Así es Candy ¿A dónde quieres llegar?
-Sencillo - respondió una voz de acento ingles que la rubia reconoció con placer, pues había sido
invitado por Alberth para hacer un anuncio de suma importancia el cual quedo relegado debido a la
situación de Elisa.

El continuo con la explicación que continuara la pecosa

-Si Gerald quiere casarse con Elisa lo hará dentro de una de sus propiedades y la única que se que
tiene vicaria es la que se encuentra afueras de Chicago.
-Es verdad - concordó Neal - el hablo de ella, de su elefante blanco.
-Vamos entonces que esperamos- dijo Tom.
-Espera pero abra problemas Gerald no es un tonto tendrá vigiladas las entradas.- comento Archie.
-Por supuesto - dijo Terry con ironía - pero si algo me sirvió ser hijo de un duque es que siempre se
me permitió explorar y creo saber por donde podemos entrar, así que quien se apunta.

Sus ojos se encontraban llenos de rabia y frustración al verse ataviada con un virginal vestido blanco,
más sin embargo no de se quejaría de forma directa, tal parecía que todas las burlas que había hecho
sobre el tono del vestido exasperaban más a su madre que una negativa por su parte; con esa actitud
se dio la ultima vista en el espejo, burlandose de nueva cuenta, y esto hizo que su madre frunciera el
ceño con molestia.

-Vamos Elisa es lo que siempre esperaste casarte con un buen partido.

Elisa miro con tristeza a su madre , si siempre lo quiso por que en ese entonces estaba cegada con
las apariencias y ser llevada al altar con el mejor postor era para que la gente comentara sobre lo
hermosa que estaba la novia y del buen partido que era el marido, olvidándose de todas aquellas
cosas importante como el amor… el amor que solo tendría con Tom, por que con otro hombre jamás,
ella ya había entregado el corazón y no había vuelta de hoja, cerro los ojos recordando las palabras y
caricias de su vaquero.

-Tom - susurro ella con un gran dolor, pero no era el momento para dejarse caer su padre también la
necesitaba, levanto la barbilla con altivez y enfrió sus ojos.

-Tu me condenaste, será como tu quieras madre - dijo la joven saliendo de su habitación para
enfrentarse con el destino que su madre le había vendido a Gerald.
Cinco silenciosas figuras se deslizaban por las afueras de aquel grandioso castillo, un joven ingles
era su guía.

-Vamos por aquí
-Será que nos apresuremos acaban de sonar las campanas por segunda ocasión y eso quiere decir
que la ceremonia acaba de empezar.
-No seas desesperado Neal - respondió Archie .
-Silencio - pidió Tom al escuchar pisadas, su corazón latía a mil por hora debido a la adrenalina que
corría por sus venas y por la desesperación de no llegar a tiempo.

Las cinco figuras se detuvieron Alberth saco la cabeza cuando ya se escucharon más ruidos.

-Vamos - les ordeno

Las cinco figuras siguieron deslizándose.

-Si hay algún impedimento para que esta boda no se realice hable ahora o calle para siempre.

Elisa quería salir corriendo o al menos alguien respondiera y dijera que había todo en contra de aquel
matrimonio, bajo su mirada con tristeza, finalmente derrotada, su destino ya estaba marcado sin su
vaquero.

-Esa mujer es mía.

Aquel reclamo en la profunda voz de Tom se escucho por todo el recinto y Elisa se giro con lentitud
para encontrarse con aquel par de ojos color chocolate que eran su delirio , su madre de inmediato la
tomo de la mano al ver la indecisión en lo ojos de la chica.

-Elisa - la amenazo su madre.

-No tengas miedo Elisa - la voz profunda de Alberth también se escucho y la joven miro a los cinco
hombres que se encontraban escoltando a Tom.

El vaquero estiro su mano y ella como pudo se soltó de su madre y se lanzo en brazos de su vaquero
que la esperaba con los brazos abiertos.

-Estas aquí - lloraba la joven.
-En donde mas, si no en donde tu estés.
-Tom perdóname te amo.
-Y yo a ti princesa… y yo a ti - respondió el joven con un suspiro.

Alberth, Archie y Neal tramitaban la terminación de aquel contrato que firmara días atrás la madre
de Elisa, Gerald amenazaba con demandarlos pero Alberth con voz firme lo reto a que lo hiciera y la
Familia Andley se encargaría de que la noticia de su fallido matrimonio se publicara y el arrogante
hombre desistió de su idea.

Mientras una sarcástica sonrisa se dibuja en la faz de un atractivo ingles.

“Quien me hubiera dicho que yo salvaría a Elisa Leegan, le hubiera propinado un buen golpe, pero al
verla en brazos de aquel vaquero creo que ha valido la pena”
Soltó una risita recordando que también el había encontrado nuevamente el amor en manos de una
maestra de escuela.

Aquella sencilla ceremonia en donde solo estaban la gente que mas la conocía entre ellos, Alberth,
Flammy que apenas habían anunciado su compromiso, junto con su hermano Neal, Candy, Terry ,
Paty , Archie y Annie, incluido su padre se encontraban mirándola recorriendo el pasillo en manos
de su ahora esposo Tom Stenves, su sonrisa era radiante por que a partir de ese momento ya no
volvería a cargar con esa loza de ser Elisa Leegan.

La pareja salio hasta las puertas de la sencilla capilla y un centenar de voces infantiles gritaron
mientras lanzaban pétalos de rosas.

-No te arrepientes princesa, ellos son mi pasado, mi presente y mi futuro jamás renegare de mis
orígenes - señalo el vaquero apretando la mano de ella.

Ella miro a los niños del hogar de Pony y sonrió al mirar cada una de las caritas, como renegar si
gracias a ellos y al par de mujeres que miraban con alegría a su hijo, habían sido responsables de
educar a un ser maravilloso como lo era Tom y con voz firme y segura respondió.

-No Tom por que amo todo lo que tu significas, incluyendo el hogar de Pony.

Tom no pudo menos que tomar los labios de su esposa y posar una mano en su vientre aun plano,
acariciando la vida que ya se gestaba gracias al amor que habían compartido aquella noche en la
cabaña.

Candy y Neal veían aquella escena contentos cada uno por su respectivo hermano, las risas de los
niños del hogar invadían el ambiente y de forma muda Neal entendió la petición de Candy… aunque
para gusto de ambos siguieron empeñándose por dos años más sin resultado cual ninguno. La
paternidad no venía a su encuentro y ellos optaron por salirle al camino… después de todo el hogar
estaba lleno de niños deseosos del privilegio de una pareja de padres felices y enamorados…

F I N.