You are on page 1of 3

PREMATURIDAD Y NECESIDAD DE CONTACTO

Jul 18th 10:47
El Almanaque [juanluis@elalmanaque.com]
[almanaque] El Almanaque Nº 2488 Lunes 17 de Julio de 2006

POR MARÍA J. PÉREZ
No se parecen a los bebés rollizos de los anuncios de televisión. Son
pequeños, tanto, que a veces caben en la palma de la mano. Para la
mayoría, abandonar la incubadora significa el final del peligro. Sin
embargo, muchos de los más precoces en salir del útero materno inician
con este paso un camino de dificultades que no sólo padecerán ellos,
sino toda su familia. Entre 37 y 42 semanas es el tiempo que un bebé
necesita permanecer en gestación para que su organismo madure y
pueda funcionar con normalidad desprendido de la madre. Un signo de
desarrollo es el peso: más de dos kilos y medio es un indicio de salud,
aunque, a veces, los nacidos a término (a partir de la semana 37)
pueden pesar menos. El desarrollo de la Medicina ha disparado la
esperanza de supervivencia y desarrollo sin secuelas importantes de los
bebés nacidos a partir de la semana 32, con más de un kilo y medio.

Las principales dificultades empiezan por debajo de estos
indicadores. En especial, "el gran reto para los obstetras son los niños de
500 a 1.000 gramos, los que caben en la palma de la mano", explica
José Antonio Clavero Núñez, catedrático de Obstetricia y Ginecología de
la Universidad Complutense de Madrid. Uno de cada diez recién nacidos
en España es prematuro. Los que tienen un peso inferior a 1.500 gramos
son muchos menos, cerca de un dos por ciento, pero este porcentaje se
ha doblado en la última década, según un estudio del Hospital Doce de
Octubre de Madrid. Esto tiene que ver, según Clavero Núñez, con dos
tendencias en alza: el incremento de la inmigración y el auge de las
técnicas de reproducción asistida. En el 23 por ciento de los nacimientos
prematuros atendidos en el Gregorio Marañón de Madrid, en 2005, las
madres eran inmigrantes. En el 26 por ciento, los niños habían sido
concebidos mediante técnicas de reproducción asistida.

Actualmente, 14 de cada cien bebés que nacen por debajo de los
1.500 gramos no sobreviven, y la mitad de ellos necesitan ayudas
suplementarias para llevar una vida normal, según Carmen Medina
López, jefa de la sección de Neonatología del Hospital Doce de Octubre.
Un estudio realizado en este centro indica que de cada 100 bebés
supervivientes nacidos con menos de un kilo y medio, seis padecen una
discapacidad moderada tras siete años de crecimiento. Es decir,
necesitan mecanismos que les ayuden a superar sus dificultades, como
los audífonos, pero no dependerán de nadie para hacer vida normal.
Cuatro de ellos requerirán la ayuda de otros durante toda la vida. En
cuanto a los otros, 13 de cada 100 sufren secuelas leves, principalmente
motoras, y 25, en la misma proporción, muestran altas dificultades para
aprender. Estos bebés más afortunados están sanos, no presentan
limitaciones funcionales. Con apoyo podrán desarrollar una vida
normal aunque su desarrollo pueda ser más lento. "Esto no significa que
sean tontos: tenemos que seguir trabajando con ellos porque pueden ser
perfectamente normales", afirma Medina López. Esta es la media. Los
riesgos empeoran cada semana de más que el bebé nace antes.
La especialista en neonatología añade que el nivel educativo alcanzado
por los niños que nacen con menos de 1.500 gramos es inferior al de los
nacidos a término. Además, según Medina López, su cociente intelectual
suele ser menor. Y este dato depende mucho de la semana de gestación
en la que hayan llegado al mundo.

"Una buena familia aquí es básica para el niño, para que alcance un buen
desarrollo", explica Medina López. Es importante que el niño esté
sometido a seguimiento hospitalario y que reciba un tratamiento de
estimulación motora y cognitiva. No es fácil para los padres. "No me
siento madre", es una de las frases que a Medina López no le extraña
escuchar. "El impacto de ver la "cosita" que han tenido es tan
espectacular... no ya por el tamaño, sino por el aspecto". Hoy se
aconseja que los hospitales permitan a los padres, en la medida de lo
posible, estar junto a sus retoños, abrazarlos, acariciarlos. Eso ayuda a
incrementar su apego por el niño y a verlo más como su hijo. Otra
idea que va calando cada vez más en los facultativos es la de molestar al
niño en la incubadora lo menos posible. Muchos intentan disminuir las
inyecciones y la frecuencia con la que se toca al bebé para comprobar
que todo va bien.

La prevención de los partos prematuros comienza por la salud de la
madre. "El embarazo es una prueba de esfuerzo. Cuanto mejor esté la
madre, mejor lo llevará", plantea Clavero Núñez, como lo demuestra que
una de las enfermedades más relacionadas con los prematuros, la
preclampsia, casi no tenga incidencia en España pero sea frecuente, por
ejemplo, en Perú, debido a la pobre alimentación generalizada en el país.

Se puede salir adelante. Clavero Núñez insiste en que es necesario un
estudio más riguroso de esta enfermedad. Y para ello, es preciso que
cada centro tenga estadísticas sobre la mortalidad de los bebés nacidos
en función de su peso y de las semanas de gestación, así como las
consecuencias leves o graves que estos arrastran. Afirma que "sólo así
se podrá informar adecuadamente a los padres para que tomen una
decisión". Desde el mismo hospital, el Gregorio Marañón, Ángel
Aguarón está de acuerdo. Considera que son necesarios más recursos
para continuar los programas de seguimiento del estado de salud de los
niños prematuros, para así obtener datos que permitan mejorar la
atención a estos. Y, también, para sensibilizar a médicos y a padres de
que es importante que los bebés permanezcan el máximo tiempo posible
en el seno materno. "La prematuridad es un hecho irreparable y no
deseable", afirma Medina López. Pero se puede salir adelante. Así lo
demuestran Alba y Carlos. Son los hijos, ambos prematuros, de Elena y
David. "Cuando nació Alba, no me lo esperaba. Si no lo ves y no lo vives,
no sabes lo que es", recuerda Elena. Hoy, los niños tienen dos años y
cinco meses y un año y tres meses, respectivamente. Su padre prefiere
centrarse en el presente: "Ahora mismo estamos pensando en el
colegio... tampoco vas más allá, cuando la niña tenga
18 años, porque no tiene sentido. Vamos poco a poco. El futuro es un
interrogante".
isabel miralles