en la escuela de las

e s cr i t v ra s

JUNTO A LOS RÍOS DE BABILONIA
LA EXPERIENCIA DEL EXILIO
En la escuela de las Escrituras 1

SUMARIO

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La ira de YHWH contra su pueblo
Los textos bíblicos interpretan la toma de Jerusalén en el año 587 y la deportación de su población como un castigo divino por haber abandonado a YHWH, que lo había sacado de Egipto. ¿Acabaría de este modo la historia de Israel?

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¡Cómo yace solitaria la Ciudad populosa!
El libro de las Lamentaciones

JEREMÍAS SE LAMENTA POR LA CAIDA DE JERUSALÉN. Obra de Rembrandt.

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en la e s cuela de las

Donde os he deportado
La vida de los deportados en Babilonia

escritvras
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¡Consuelen a mi pueblo!
En la adversidad Dios seguiría mostrando su poder y fidelidad a su pueblo. Durante el Exilio así respondió un profeta al pueblo que se lamentaba del olvido de Dios.

La voluntad del Señor se cumplirá.
Los sufrimientos de un misterioso Servidor de YHWH serán causa de salvación para sus hermanos.

HE AQUÍ QUE YO LOS REÚNO DE TODOS LOS PAÍSES A DONDE LOS EMPUJÉ EN MI IRA Y MI FUROR Y ENOJO GRANDE, Y LES HARÉ VOLVER A ESTE LUGAR
(Jer 32,37)
Los grandes anhelos de restauración de la era davídica cultivados durante el reinado de Josías acabaron bruscamente con su repentina muerte ante el faraón Nekó II. El orgulloso reino de Judá quedó completamente devastado, con su economía arruinada y su sociedad desmembrada. El último rey de una dinastía que había gobernado durante siglos fue torturado y encarcelado en Babilonia, y todos sus hijos, asesinados. El Templo de Jerusalén -único lugar legítimo del culto a YHWH- quedó destruido. La religión y la existencia nacional del pueblo de Israel pudieron haber desaparecido en aquel gran desastre. Sin embargo, ambas sobrevivieron. La historia del antiguo Israel y la elaboración de la crónica bíblica logró ir más allá de la muerte de Josías y de la destrucción de Jerusalén y el Templo, y de la caída de la dinastía davídica. Unos sucesos ocurridos en las décadas siguientes entre los desterrados en Babilonia y lo acaecido en la ciudad de Jerusalén tras el exilio determinaron el contenido de los textos bíblicos, que experimentaron en aquellos tiempos adiciones y revisiones de gran alcance, hasta llegar a lo que fue en esencia su forma final. La fe en YHWH como guía e impulsor de la historia fue el principal presupuesto teológico que permitió superar la gravísima crisis. Pero un segundo presupuesto ha sido la fe en Dios como creador del cielo y de la tierra, que está presente también en un país extranjero y que puede suscitar la salvación tanto allí como en la patria. Este Dios creador daba a los exiliados la esperanza de retornar a la tierra. El camino que va del Dios nacional al Dios universal pasa a través de la fe en la creación, idea que ha sido tomada de los pueblos del entorno. Fray Domingo Cosenza OP
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EL FINAL DEL REINO DE JUDÁ

LA IRA DE YHWH CONTRA SU PUEBLO
2 Crónicas 36,14-21 interpreta como un castigo divino la toma de Jerusalén en el año 587 y la deportación de muchos de sus habitantes, porque el pueblo había abandonado a YHWH, que lo había sacado de Egipto. Dios mismo habría provocado el desastre, advirtiéndolo previamente por medio de sus profetas. ¿Acabaría de este modo la historia de Israel?
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León rugiente modelado con ladrillos esmaltados. Avenida procesional de Babilonia.

l poder de Asiria venía menguando desde el final del reinado de Asurbanipal, y la constante presión de Babilonia sobre las tierras centrales del imperio moribundo amenazaban con desequilibrar el mundo antiguo y poner en peligro intereses de Egipto en Asia. Egipto decidió intervenir en favor de los asirios, y en 616 su ejército marchó hacia el Norte. Pero aquella decisión no detuvo el hundimiento de Asiria. Nínive, la capital, cayó en 612 y la corte escapó a Jarán: «Nínive quedará en desolación, árida como

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el desierto. Tal será la ciudad alegre que reposaba en seguridad, la que decía en su corazón: «¡Yo, y nadie más!» ¡Cómo ha quedado en desolación, en guarida de animales! Todo el que pasa junto a ella silba y menea su mano» (Sofonías 2,13-15). Dos años después, en 610, al morir Psamético y subir al trono su hijo Nekó, las fuerzas egipcias del norte se vieron obligadas a retirarse y los babilonios tomaron Jarán. Al año siguiente, Nekó decidió ponerse en movimiento y partió hacia el Norte.
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La tragedia de Megiddo
Josías, que aspiraba a recuperar los territorios del antiguo reino de Israel, necesitaba el derrumbe definitivo de los asirios y prefería ponerse del lado de los babilonios. Su predecesor Ezequías, que compartió la misma política antiasiria, ya había establecido contactos con la potencia emergente: «En aquel tiempo Merodak Baladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y un presente a Ezequías porque había oído que Ezequías había estado enfermo. Se alegró Ezequías por ello y enseñó a los enviados su cámara del tesoro, la plata, el oro, los aromas, el aceite precioso, su arsenal y todo cuanto había en los tesoros; no hubo nada que Ezequías no les mostrara en su casa y en todo su dominio» (2 Re 20,12-13).

Por eso, en una apuesta muy fuerte, Josías habría arriesgado su ejército contra los egipcios intentando frenar el avance de Nekó en el paso estrecho que lleva a Megiddo. Y entonces sobrevino la tragedia: «Subió Nekó, rey de Egipto, para combatir en Karkemish, junto al Eufrates; y Josías le salió al encuentro. Nekó le envió mensajeros para decirle: «¿Qué tengo yo que ver contigo, rey de Judá? No he venido hoy contra ti, sino contra la casa con la cual estoy en guerra; y Dios me ha mandado que me apresure. Deja de oponerte a Dios, que está conmigo, no sea que él te destruya». Pero Josías no se apartó de él, pues estaba decidido a darle batalla, sin escuchar las palabras de Nekó, que venían de boca de Dios. Y avanzó para librar batalla en la llanura de

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NABOPOLASAR de Babilonia se alía con el rey medo CIAXARES y avanza contra Asiria.

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NÍNIVE, la capital de Asiria, es destruida. ASURUBALIT traslada la corte asiria a Jarán, y resiste al avance babilonio.

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El Camino del Mar (Via Maris) era una antigua calzada que unía Egipto y Mesopotamia. Las caravanas comerciales y los ejércitos de las grandes potencias de la antigüedad que recorrían esta ruta debían atravesar la angosta franja de la tierra de Israel, ya que por un lado se encontraba el Gran Mar (Mediterráneo) y por otro el desierto. Este condicionamiento geográfico hacía tan importante el dominio del paso de Meguiddo y fue la causa de las continuas invasiones sufridas por Israel y Judá.

Meguiddo

Jerusalén

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Vista de MEGUIDDO (izquierda). Este lugar estratégico fue escenario de combates desde la época de Tutmosis III hasta la Primera Guerra Mundial. Salomón volvió a fortificar la antigua ciudad cananea (1) que permitía vigilar el paso (1 Re 9,15). Las tropas egipcias de Nekao II se habrían desplazado por el Camino del Mar, que conducía hacia el baluarte asirio, para socorrerlo de los babilonios. La moderna ruta (2) sigue el trazado de la antigua. Después de un sinuoso recorrido por los montes de Samaría desemboca en la llanura de Yizreel (3).

Megiddo. Los arqueros tiraron contra el rey Josías, y dijo el rey a sus siervos: «Llevadme fuera, pues estoy gravemente herido». Sus siervos lo sacaron del carro, y pasándole a otro carro que tenía, le llevaron a Jerusalén, donde murió. Fue sepultado en los sepulcros de sus padres y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías» (2 Cro 35,20-24). Otros opinan que Nekó habría marchado, después de su ascenso al trono, para obtener de sus vasallos la renovación del juramento de lealtad. En consecuencia, Josías habría sido convocado al fuerte egipcio de Megiddo para encontrarse con Nekó y prestarle un nuevo juramento de lealtad. Sin embargo, por alguna razón, Nekó decidió ejecutarlo: «En sus días subió el Faraón Nekó, rey de Egip-

to, hacia el rey de Asiria, junto al río Eufrates. Fue el rey Josías a su encuentro, pero Nekó lo mató en Megiddo en cuanto lo vio. Sus servidores trasladaron en carro el cadáver desde Meguiddo, llegaron a Jerusalén y lo sepultaron en su sepulcro» (2 Re 23,29-30). Tal vez la ofensiva de Josías hacia el Norte, al interior de las serranías de Samaría, amenazaban los intereses egipcios en el valle de Yizreel. O, quizá, un intento de Josías de expandirse hacia el Oeste afectaba los intereses de Egipto en Filistea. Lo cierto es que el historiador deuteronomista, que veía en Josías un mesías ungido por Dios y destinado a redimir el reino de Judá y conducirlo a la gloria, no supo cómo explicar que pudiera haberse producido semejante catástrofe histórica y dejó sólo una referencia breve y enigmática a la muerte de Josías. Los sue-

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NEKÓ II sucede a su padre Psamético en el trono de Egipto y marcha en auxilio de Asiria. NEKÓ II termina con la vida de JOSÍAS en Megiddo..

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«Los reyes de todo el mundo fueron convocados a la gran batalla del Gran Día del Dios Todopoderoso. Los convocaron en el lugar llamado en hebreo Har Maguedón» (Apocalipsis 16,14.16).

El recuerdo de la funesta batalla en la que murió el justo rey Josías quedó grabada en la memoria del pueblo y reclamaba una venganza. Casi 500 años más tarde el autor del libro del Apocalipsis menciona ese sitio como el lugar donde se librará el combate final entre las fuerzas del bien y del mal. Por contraste, una inscripción actual levantada en el sitio arqueológico (izquierda) expresa el anhelo de que algún día, en lugar de la guerra, pueda prevalecer la paz sobre la tierra.

Dercha: Jeremías contempla la visión de la olla derramada. Biblia de Winchester (S. XIII).

ños de aquel rey fueron silenciados brutalmente en la colina de Megiddo. De la noche a la mañana se vinieron abajo décadas de renacimiento espiritual y esperanzas para el futuro. Josías había muerto, y los israelitas volvían a estar esclavizados por Egipto.

El comienzo del fin
Tras la muerte de Josías, el gran movimiento de reforma se vino abajo. Joacaz, sucesor de Josías volvió a las prácticas religiosas de los reyes anteriores (2 Re 23,32). Pero reinó sólo tres meses:

«El Faraón Nekó lo encadenó en Riblá, en el país de Hamat, para que no reinara más en Jerusalén y puso un impuesto al país de cien talentos de plata y diez talentos de oro. Nekó puso por rey a Elyaquim, hijo de Josías, en lugar de su padre Josías, y le cambió el nombre por Joaquim. A Joacaz, lo tomó y lo llevó a Egipto, donde murió. Joaquim entregó la plata y el oro al Faraón, pero para dar el dinero según la orden de Faraón, cargó de impuestos al país, a cada uno según sus bienes; apremió al pueblo de la tierra acerca del dinero que había de dar al faraón Nekó» (2 Re 23,33-35).

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JOACAZ sucede a su padre Josías en el trono de Judá. NEKÓ II sustituye a Joacaz por su hermano JOAQUIM como rey de Judá.

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ntonces me fue dirigida la palabra de YHWH en estos términos: «Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí. Yo dije: «¡Ah, Señor YHWH! Mira que no sé expresarme, que soy un muchacho». Y me dijo YHWH: No digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte -oráculo de YHWH. Entonces alargó YHWH su mano y tocó mi boca.

Y me dijo YHWH: Mira que he puesto mis palabras en tu boca. Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para peder y derrocar, para reconstruir y plantar. Nuevamente me fue dirigida la palabra de YHWH en estos términos: «¿Qué estás viendo?» «Un puchero hirviendo estoy viendo, que se vuelca de Norte a Sur». Y me dijo YHWH: «Es que desde el Norte se iniciará el desastre sobre todos los moradores de esta tierra. Porque en seguida llamo yo a todas las familias reinos del norte oráculo de YHWH - y vendrán a instalarse a las mismas puertas de Jerusalén, y frente a todas sus murallas en torno, y contra todas las ciudades de Judá, a las que yo sentenciaré por toda su malicia: por haberme dejado a mí para ofrecer incienso a otros dioses, y adorar la obra de sus propias manos. Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No desmayes ante ellos, y no te haré yo demayar delante de ellos; pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra. Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo de YHWH - para salvarte» (Jer 1,4-10.13-19).

Estas dramáticas circunstancias hacen que las palabras de un joven profeta comiencen a ser pronunciadas con más decisión. En los buenos tiempos, cuando las iniciativas de Josías hacían soñar en una época dorada, el pequeño Jeremías ya padecía pensamientos perturbadores sobre calamidades que se acercaban. La euforia que se vivía en torno a él y su propia conciencia de ser apenas «un muchacho que no sabe expresarse» (Jer 1,6) pueden ser la razón de que su voz pasara prácticamente desapercibida hasta entonces. Pero había llegado el momento en que Jeremías se volvería, tal vez, el personaje más conocido de Jerusalén.

El profeta comenzó por hacer al pueblo un llamado a asumir el momento difícil que atravesaba el reino y a no quedarse detenidos en la nostalgia: «No lloréis al muerto ni os lamenteis por él: llorad, llorad por el que se va, porque jamás volverá ni verá su patria» (Jer 22,10). El destierro de Joacaz era el signo evidente del dominio egipcio, así como la sumisión de su hermano Jaquim era la señal de la libertad perdida. El hablar claramente al pueblo, sin disimular el crítico momento que se vivía durante el

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NABOPOLASAR de Babilonia acaba con el imperio asirio.

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vivió una existencia dramática que muestra de un modo ejemplar la naturaleza de la misión de todo profeta. La irrupción de Dios en su vida y la vocación para la misión la experimentó de un modo violento pues, siendo un hombre pacífico, tuvo que amenazar con terribles castigos a sus conciudadanos. Para un servicio tan exigente este hombre solo podía encaminarse forzado, resultándole imposible resistirse. Pero algunas veces llegó al límite de sus fuerzas, como expresa abatido en sus confesiones. Esta pasión de Jeremías pone de manifiesto que la experiencia vocacional transformaba la vida del profeta, haciéndolo distinto de los demás hombres, y dejándolo sumergido en la soledad. Sin embargo, la Palabra de YHWH, no reconocida por sus oyentes y habitualmente temible para quienes no querían tomar conciencia del peligro que se acercaba, era la que sostenía al profeta, que la saboreaba como un hambriento.

Jeremias

«Se presentaban tus palabras, y yo las devoraba; era para mí tu palabra un gozo y la alegría de mi corazón. Nunca me senté en el banquete de los que ríen. Bajo la presión de tu mano me senté solo; pues me has llenado de ira» (Jer 15,16-17).

reinado de Joaquim, bajo las opresivas condiciones impuestas por Egipto, fue para Jeremías el comienzo de una larga serie de sufrimientos. La fidelidad a la palabra de YHWH lo movió a hablar de un modo cada vez más duro contra la injusticia del soberano, contra el culto formalista y vacío de los sacerdotes, contra la mentira de los falsos profetas que no querían hablar de la desgracia que se avecinaba: «Recorred las calles de Jerusalén, mirad bien y enteraos; buscad por sus plazas, a ver si topáis con alguno que practique la justicia, que busque la verdad, y yo la perdonaría. Pues, si bien dicen: «¡Por vida de YHWH!», también juran en falso. Yo decía: «Naturalmente, el vulgo es necio, pues ignora el camino de YHWH, el derecho de su Dios. Voy a acudir a los grandes y a hablar con ellos, porque ésos conocen el camino de YHWH, el derecho de su Dios». Pues bien, todos a una habían quebrado el yugo y
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arrancado las coyundas Bien me engañaron, la casa de Judá y la casa de Israel -oráculo de YHWH- Renegaron de YHWH diciendo: «¡Él no cuenta! ¡no nos sobrevendrá daño alguno, ni espada ni hambre veremos! Cuanto a los profetas, el viento se los lleve, pues carecen de Palabra» (Jer 5,1-5.11-13). El pico de mayor tensión en la relación de Jeremías con los dirigentes, sacerdotes y demás profetas de Jerusalén se dio cuando levantó su denuncia en los mismos atrios del Templo: «He aquí que vosotros fiáis en palabras engañosas que de nada sirven, para robar, matar, adulterar, jurar en falso, incensar a Baal y seguir a otros dioses que no conocíais. Luego venís y os paráis ante mí en esta Casa llamada por mi Nombre y decís: «¡Estamos seguros!», para seguir haciendo todas esas abominaciones. ¿En cueva de bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que

Las confesiones de Jeremías
«Tú me has seducido, y yo me he dejado seducir; tú has sido más fuerte y me has dominado. Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí. Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: «Violencia, devastación!». Porque la palabra de YHWH es para mí oprobio y afrenta todo el día. Entonces dije: «No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre». Pero había en mi corazón como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía» (Jer 20,7-9).

«Pues andad ahora a mi lugar de Siloh, donde aposenté mi Nombre antiguamente, y ved lo que hice con él ante la maldad de mi pueblo Israel» (Jer 7,12).
Ruinas del santuario de Siloh, que fue la sede del Arca de la Alianza. Jeremías advierte que si no hay conversión el Templo de Jerusalén tendrá el mismo destino.

se llama por mi Nombre?... Yo haré con la Casa que se llama por mi nombre, en la que confiáis, y con el lugar que os di a vosotros y a vuestros padres, como hice con Silo, y os echaré de mi presencia como eché a todos vuestros hermanos, a toda la descendencia de Efraím» (Jer 7,8-11.14-15). Jeremías se atrevió a relativizar aquello que constituía la mayor seguridad con la que Jerusalén especulaba para su salvación. Por este motivo los sacerdotes y profetas pidieron a los jefes del pueblo su sentencia de muerte. Ante el tribunal Jeremías reiteró la amenaza de Dios, pero también la oportunidad de cambiar el destino: «YHWH me ha enviado a profetizar sobre esta Casa y esta ciudad todo lo que habéis oído. Ahora bien, mejorad vuestros caminos y vuestras obras y oíd la voz de YHWH vuestro Dios, y se arrepentirá YHWH del mal que ha pronunciado contra vosotros» (26,12-13).

Jeremías fue salvado de morir en las manos del pueblo gracias a que los jefes se inspiraron en el ejemplo de la tolerancia que años atrás el rey Ezequías había tenido ante las duras palabras de Miqueas, y también gracias a la intercesión de Shafan, escriba colaborador de la reforma de Josías (26,16-24).

Llamado urgente a la conversión
Egipto mantuvo durante varios años más el dominio sobre los territorios occidentales del antiguo imperio asirio, y parecía concretar su sueño de restaurar la antigua gloria faraónica. Pero en Mesopotamia el poder de los babilonios iba constantemente en aumento. Después de la caída de Nínive, Nabucodonosor, el heredero de Nabopolasar en el trono de Babilonia, aplastó al ejército de Nekó en Karkemish, provocando la huida hacia el Nilo de las fuerzas egipcias, dominadas por el pánico. Jeremías no dejó pasar la oportunidad de condenar la soberbia de los
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«Nabucodonosor, el príncipe de la cancillería, se puso al frente de su tropa y se dirigió a la ciudad de Karkemish, a orillas del Eúfrates. Cruzó el río contra las tropas de Misir [Egipto] establecidas en la ciudad y trabaron combate. Las tropas egipcias se echaron para atrás, las derrotó y las aniquiló. Al resto de las tropas que habían escapado el ejército babilonio les dió alcance en el territorio de Hamat y las derrotó. Ni uno solo volvió a su tierra». Crónica Babilónica

egipcios, que se habían mostrado prepotentes como vencedores de Judá, pero ahora eran humillados por un enemigo más fuerte: «Sobre el ejército del Faraón Nekó, rey de Egipto, que estuvo sobre el río Eufrates, en Karkemis, al cual batió Nabucodonosor, rey de Babilonia, el año cuarto de Joaquim, hijo de Josías, rey de Judá. ¡Cómo es que ha huido Apis y tu forzudo no se ha sostenido! Es que Yahveh le empujó. Hizo menudear los tropezones, hasta hacer caer al uno sobre el otro; y decía: «Arriba, y volvamos a nuestro pueblo y a nuestra patria, ante la espada irresistible» (Jer 46,2.15-16). Con aquella derrota, el imperio asirio quedó definitiva e irrevocablemente desmembrado y Nabucodonosor, entonces rey de Babilonia, procuró imponer totalmente su dominio sobre todas las tierras situadas al oeste. Para Jeremías quedaron claros aquellos confusos pensamientos que lo habían perturbado
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desde niño. El desastre que venía del Norte y que había contemplado en la imagen de una olla derramada no era otra cosa que la ola invasora de Babilonia, más temible y menos confiable aún que los egipcios. Pero Jeremías, igual que Isaías un siglo antes, no contempla los hechos como resultado de simples causas políticas, militares o económicas. Los interpreta como decisión divina de castigar a su pueblo, que se niega durante años a obedecer a Dios, que le habla a través de los profetas: «No escuchasteis -oráculo de YHWH-, me irritasteis con las obras de vuestras manos, para vuestro mal. Por eso, así dice el Señor de los ejércitos: Puesto que no escuchasteis mis palabras, yo mandaré a por los pueblos del norte y a por Nabucodonosor, rey de Babilonia, siervo mío; lo traeré a esta tierra, contra sus habitantes y los pueblos vecinos; los consagraré al exterminio, los convertiré en espanto, burla y ruina perpetua. Haré cesar la voz alegre y la voz gozosa, la voz del novio y la voz

«El cuarto año Nabucodonosor, rey de Akkad, recorrió victoriosamente el país de Hatti hasta el mes de kislimu. Todos los reyes de Hatti vinieron a su presencia y recibió un importante tributo. El rey de Egipto lo oyó y puso en movimiento sus tropas. En batalla a campo abierto lucharon cuerpo a cuerpo uno contra otro y se infligieron mutuamente una gran derrota. El rey de Akkad y sus tropas dieron la vuelta y regresaron a Babilonia». Crónica Babilónica

Crónica Babilónica conservada en el Museo Británico. Describe las campañas de Nabucodonosor, entre ellas la expedición fallida contra Egipto y la toma de Jerusalén de 597 aEC.

de la novia, el ruido del molino y la luz de la lámpara. Toda esta tierra quedará desolada, y las naciones vecinas estarán sometidas al rey de Babilonia durante setenta años» (25,7-11). Pero, a diferencia de Isaías, Jeremías no consideraba a Nabucodonosor un simple instrumento de castigo en las manos de Dios (Is 10,5), sino que le da un título honorífico: ¡mi siervo!. A Jeremías le fue prohibida la entrada al Templo. Pero él no dejó de intentar de cualquier modo la conversión de todo el pueblo. Para eso dictó a su secretario las palabras ya predicadas, de modo que fuesen leidas públicamente en el

Templo un día de ayuno, ante los peregrinos que llegaban a Jerusalén desde todo el reino (Jer 36,56). El libro terminaría en el fuego después que el rey se apoderó de él, sin producir el menor indicio de arrepentimiento: «Ni se asustaron ni se rasgaron los vestidos el rey ni ninguno de sus siervos que oían todas estas cosas, y por más que Elnatán, Delaías y Guemarías suplicaron el rey que no quemara el rollo, no les hizo caso» (Jer 36,24-25). El rey Joaquim se sometió a Babilonia «durante tres años» (2 Re 24,1), pero después se re-

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NABUCODONOSOR, el heredero del trono de Babilonia, aplasta al ejército de Nekó en Karkemish.

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BARUC lee un libro en el Templo con las palabras predicadas hasta entonces por JEREMÍAS.

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Sello con la inscripción «De BARUC, hijo de Neriyías». El profeta le había dictado todas sus palabras pronunciadas hasta entonces para que fuesen leídas en voz alta en el Templo el día del ayuno, con la esperanza de que se presentaran súplicas a YHWH, y se volviera cada uno de su mal camino (Jer 36,7). Pero el rollo fue incautado por orden del rey Joaquim, que lo fue quemando hoja por hoja a medida que se lo leían. Jeremías volvió a dictarlo. Y sus amenazantes palabras se cumplieron.

«Entonces fue dirigida la palabra de YHWH a Jeremías - tras de haber quemado el rey el rollo y las cosas que había escrito Baruc al dictado de Jeremías - como sigue: «Vuelve a tomar otro rollo y escribe en él todas las cosas que antes había en el primer rollo que quemó Joaquim, rey de Judá. Y a Joaquim, rey de Judá, le dices: Así dice YHWH: Tú has quemado aquel rollo, diciendo: "¿Por qué has escrito en él: Vendrá sin falta el rey de Babilonia y destruirá esta tierra y se llevará cautivos de ella a hombres y bestias?" Por tanto, así dice YHWH a propósito de Joaquim, rey de Judá: No tendrá quien le suceda en el trono de David y su propio cadáver yacerá tirado, expuesto al calor del día y al frío de la noche. Yo pasaré revista a sus culpas y las de su linaje y sus siervos, y traeré sobre ellos y sobre todos los habitantes de Jerusalén y los hombres de Judá todo el mal que les dije, sin que hicieran caso» (Jer 36,27-31).

beló. El revés sufrido por el rey de Babilonia en su expedición contra Egipto pudo hacer que Joaquim no tomara en serio el poder de Nabucodonosor, quien no reaccionaría por el momento. En 597 Nabucodonosor pudo hacerse cargo nuevamente de la rebelión que Joaquim había iniciado. El trono de Judá había sido recientemente ocupado por su hijo Jeconías. Las palabras de Jeremías respecto al nuevo rey fueron lapidarias. Según él, los registros genealógicos deberían inscribirlo como: «Un sin hijos, un fracasado en la vida»; porque ninguno de su descendencia tendrá la suerte de sentarse en el trono de David y de ser jamás señor en Judá» (Jer 22,30). De hecho, logró reinar sólo tres meses, ya que Jerusalén fue tomada el 16 de marzo de ese año,

según la crónica babilónica. Por su parte, el relato bíblico confirma que no lo sucedió un hijo suyo, sino su tío: «Nabucodonosor deportó a Babilonia a Jeconías, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país; los hizo partir al destierro, de Jerusalén a Babilonia. Todos los hombres de valor, en núnero de 7000, los herreros y cerrajeros, un millar, todos los hombres aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó deportados a Babilonia. El rey de Babilonia puso por rey, en lugar de Joaquim, a su tío Mattanías, cambiando su nombre en Sedecías» (2 Re 24,15-17). Si quedaba esperanza para el futuro de Israel, ésta ya no podría en adelante apoyarse en sus reyes, pues durante sus gobiernos el pueblo

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NABUCODONOSOR es derrotado en Egipto.

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JOAQUIM aprovecha para rebelarse

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«El séptimo año acampó contra la ciudad de Judá, conquistó la ciudad el mes de addar el día segundo e hizo prisionero a su rey. Puso en ella un rey de su gusto; tomó y se llevó a Babilonia su importante tributo».

N

Crónica Babilónica
EGIPTO
Jerusalén

JUDÁ

Babilonia

AKKAD

ÉRSICO GOLFO P

debió andar como un rebaño sin pastor. Porque YHWH seguía siendo fiel a sus promesas, él se encargaría de cuidar a su pueblo, suscitando un descendiente digno de David para que reinara con verdadera prudencia y justicia: «Pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán medrosas ni asustadas, ni faltará ninguna -oráculo de YHWH. Mirad que días vienen - oráculo de YHWH - en que suscitaré a David un Germen justo: reinará un rey prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra. En sus días se salvará Judá, Israel vivirá en paz, y le darán el título: YHWH, justicia nuestra» (Jer 23,6). Otros profetas hicieron también su lectura de los acontecimientos que se estaban viviendo.

Habacuc no dudó en concluir que el auge babilónico respondía al juicio de YHWH que castigaba la crueldad asiria: «Mirad a las naciones, contemplad, quedad estupefactos, atónitos: voy a hacer yo una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara. Pues he aquí que yo suscito a los caldeos, pueblo acerbo y fogoso que recorre las anchuras de la tierra, para apoderarse de moradas ajenas» (Hab 1,6). Pero, ¿no estaba demostrando este pueblo que era tan sanguinario como el anterior? Ciertamente su maldad iba más allá de la misión encomendada por YHWH y tampoco quedaría impune. Pero mientras el pueblo estaba soportando sus consecuencias. A esta aflicción el profeta respondió con un nuevo llamado a la confianza:

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JECONÍAS sucede a su padre Joaquim en el trono de Judá.

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NABUCODONOSOR sitia y captura Jerusalén. Jeconías es desterrado con su madre y otra 3000 personas a Babilonia.

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«Sepa mi señor que estamos observando las señales de Laquish según todas las indicaciones dadas por mi señor, pero no vemos las de Azeca...»

Óstracon encontrado en las ruinas de Lakish, describiendo los últimos momentos de la independencia de Judá, a medida que los fuegos de señales de las localidades vecinas se apagaban al ser capturadas. Este sombrío informe se ve confirmado por el libro de Jeremías, que menciona a Laquish y Azeca como las últimas ciudades de Judá que resistieron el ataque babilonio.

«Habló el profeta Jeremías a Sedecías, rey de Judá, todas estas palabras en Jerusalén, mientras las fuerzas del rey de Babilonia atacaban a Jerusalén y a todas las ciudades de Judá que quedaban: a Lakísh y Azecá, pues estas dos plazas fuertes habían quedado de todas las ciudades de Judá» (Jer 34,7).

«He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta, pero el justo vivirá por su fidelidad» (Hab 2,4). Con esa confianza invitaba a confiar en la salvación de Dios aún en medio del desastre: «La higuera no volverá a echar brotes, ni habrá nada para recoger en las viñas. Fallará la cosecha del olivo, los campos no darán alimento, faltará el ganado menor en el aprisco, no habrá ganado mayor en los establos ¡Pero yo en YHWH exultaré, me alegraré en el Dios de mi salvación! YHWH mi señor es mi fuerza» (Hab 3,17-19).

rigió a los reyes de Edom, de Moab, de los ammonitas, de Tiro y de Sidón por medio de los embajadores que se encontraron con Sedecías. Les advirtió que una alianza con Egipto no significaba ninguna seguridad y que la única salvación estaba en la sumisión a Babilonia, ya que su rey había recibido el señorío universal: «Yo hice la tierra, el hombre y las bestias que hay sobre la haz de la tierra, con mi gran poder y mi tenso brazo, y lo di a quien me plugo. Ahora yo he puesto todos estos países en manos de mi siervo Nabucodonosor, rey de Babilonia, y también los animales del campo le he dado para servirle. Así que las naciones y reinos que no sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que no sometan su cerviz al yugo del rey de Babilonia, con la espada, con el hambre y con la peste los visitaré - oráculo de YHWH - hata acabarlos por medio de él. Vosotros, pues, no oigáis a vuestros profetas, adivinos, soñadores, augures ni hechiceros que os hablan diciendo: "No serviréis al rey de Babilonia", porque cosa falsa os profetizan» (Jer 27,5-10).

Destrucción de Jerusalén
Nabucodonosor habría sustituido al desterrado Jeconías por su tío Sedecías, quien podría ser un vasallo aparentemente más dócil. No fue así. Sedecías conspiró con algunos reyes vecinos para sublevarse, organizando una cumbre en Jerusalén. Mediante un signo Jeremías se di-

597
NABUCODONOSOR deja como rey en Jerusalén a SEDECÍAS.

588
SEDECÍAS cede a las presiones de Egipto y de otros reyes y se rebela contra Babilonia. NABUCODONOSOR marcha con su ejército contra Judá

16 En la escuela de las Escrituras

«... el hambre apretó a la ciudad, y no había pan para la población. Se abrió brecha en la ciudad, y los soldados huyeron de noche, por la puerta entre las dos murallas, junto a los jardines reales... y se marcharon por el camino de la estepa. El ejército caldeo persiguió al rey; lo alcanzaron en la estepa de Jericó, mientras sus tropas se dispersaban, abandonándolo. Capturaron al rey y lo subieron a Riblá donde el rey de Babilonia, que lo sometió a juicio. Los hijos de Sedecías fueron degollados a su vista, y a Sedecías le sacó los ojos, lo encadenó y lo llevó a Babilonia» (2 Re 25,3-7).
Sumisión de SEDECÍAS. Obra de W. Hole. Después de la caída de Lakish y Azecá sólo quedó Jerusalén. La descripción de sus últimas horas resulta estremecedora. Los ojos del útimo rey de Judá tuvieron que contemplar un horrible espectáculo antes de ver por última vez la luz.

Como era de esperar, Nabucodonosor llegó con su formidable ejército, saqueó el campo y las ciudades periféricas fueron cayendo una tras otra. Entre sus escombros se hallaron varios óstraca (fragmentos cerámicos con inscripciones), con órdenes desesperadas de movimientos de tropas y transporte de provisiones. Durante el sitio de Jerusalén se acusó a Jeremías de traición: «Hágase morir a este hombre, porque desmoraliza a los guerreros que quedan en esta ciudad y a toda la plebe, diciéndoles tales cosas. Porque este hombre no procura en absoluto el bien del pueblo, sino su daño» (Jer 38,4). Así, su voz fue silenciada en el fondo de una cisterna vacía. En julio de 587 Jerusalén cayó. Los hallazgos arqueológicos atestiguan la intensidad de la última batalla: signos de un gran incendio e innumerables puntas de flecha en las casas y cerca de las fortificaciones. Así como quedaron se encontrarían las piedras quemadas un siglo y medio más tarde (Neh 2,13).

«El día siete del quinto mes -el año decimonoveno de Nabucodonosor, rey de Babilonia- Nebuzaradán, comandante de la guardia, que prestaba servicio ante el rey de Babilonia, entró en Jerusalén. Incendió la Casa de YHWH, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las casa de los nobles. Después, el ejército de los caldeos que estaba con el comandante de la guardia derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén. Nebuzaradán deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos. Pero dejó parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores» (Re 25,8-12).

587
Las fuerzas del Faraón HOFRÁ presionan a los caldeos y logran levantar el sitio de Jerusalén. El ejército de Babilonia retoma el sitio de Jerusalén, que es capturada y el Templo destruido.

En la escuela de las Escrituras

17

¡AY, CÓMO YACE SOLITARIA LA CIUDAD POPULOSA!
Después de la destrucción de Jerusalén y del Templo se habrían compuesto la serie de poemas que conocemos con el nombre de Lamentaciones. Usados en ceremonias penitenciales durante y después del Exilio Babilónico, hoy forman parte de la liturgia judía de la conmemoración de la destrucción del Segundo Templo (Ti’sha be-Av) y de la celebración cristiana del Viernes Santo.

Folio 42 del CÓDICE SINAÍTICO (siglo IV EC), con el final del libro de Jeremías y el principio de las Lamentaciones.
18 En la escuela de las Escrituras

JEREMÍAS se lamenta por la caída de Jersusalén. Obra de Rembrandt.

«Jeremías compuso una elegía sobre Josías, y todos los cantores y cantoras hablan todavía hoy de Josías en sus elegías; lo cual se ha hecho costumbre en Israel. Están escritas entre las Lamentaciones» (2 Cro 35,25).

En la escuela de las Escrituras

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Escenas de la toma de Lakish, donde se exhibe la crueldad del conquistador a través de las ejecuciones y la partida dolorosa de los desterrados.

a conmoción por la caída de Jerusalén y la pérdida del Templo había adquirido tales dimensiones que a través de estos cantos se quiso ayudar al pueblo a expresar su dolor. Pero también se fomentó una toma de conciencia de su culpabilidad y la confesión de su esperanza. Sin embargo, sus autores eran conscientes de que a la gente se le hacía difícil apelar a Dios con confianza. El libro de las Lamentaciones hace una importante distinción entre la lamentación y la plegaria. La celebración lamentatoria cede amplio lugar para los actos penitenciales. En ellos la llamada al arrepentimiento y a la paciencia tienen primacía. Se prepara de este modo el camino al mensaje de salvación del Segundo Isaías (pág. 22) como respuesta a la lamentación y a la súplica del pueblo. La historia de YHWH con su pueblo está escrita desde la cólera y la misericordia. En los textos siguientes vemos expresados el dolor por la desgracia, la toma de conciencia y la esperanza de un nuevo comienzo por la misericordia de Dios.
20 En la escuela de las Escrituras

L

«Nuestra piel quema como un horno, por los ardores del hambre. Han violado a las mujeres en Sión, a las vírgenes en las ciudades de Judá. Los príncipes fueron colgados de las manos, no se respetó la dignidad de los ancianos. Los jóvenes arrastraron la piedra de moler, los niños se doblaron bajo el peso de la leña. Los ancianos ya no acuden a la puerta de la ciudad, los jóvenes ya no tocan sus cítaras. Cesó la alegría de nuestro corazón, nuestra danza se ha cambiado en luto. Se ha caído la corona de nuestras cabezas: ¡ay de nosotros, porque hemos pecado! Por esto nuestro corazón está dolorido, por esto se nublan nuestros ojos: porque el monte Sión está desolado y los zorros se pasean por él. Pero tú, Señor, reinas para siempre, tu trono permanece eternamente».
Lamentaciones 5,10-19

«La culpa de la hija de mi pueblo supera al pecado de Sodoma, que fue aniquilada en un instante sin que manos en ello se cansaran. YHWH ha apurado su furor, ha derramado el ardor de su cólera; encendió fuego en Sión que ha devorado sus cimientos. Nunca creyeron los reyes de la tierra ni cuantos moran en el mundo, que el adversario y el enemigo entrarían por las puertas de Jerusalén. ¡Fue por los pecados de sus profetas, por las culpas de sus sacerdotes, que en medio de ella derramaron sangre de justos! Y aún se consumían nuestros ojos, esperando un socorro: ¡ilusión! Desde nuestros oteros oteábamos a una nación incapaz de salvar. Se acechaban nuestros pasos, para que no anduviéramos por nuestras plazas. Cerca estaba nuestro fin, cumplidos nuestros días,sí, llegaba nuestro fin».
Lamentaciones 4,6.10-13.17-18

«Esto revolveré en mi corazón, por ello esperaré: Que el amor de YHWH no se ha acabado, ni se ha agotado su ternura; cada mañana se renuevan: ¡grande es tu lealtad! ¡Mi porción es YHWH, dice mi alma, por eso en él espero! Bueno es YHWH para el que en él espera, para el alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de YHWH. Bueno es para el hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se siente solitario y silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de oprobios. Porque no desecha para siempre a los humanos el Señor: si llega a afligir, se apiada luego según su inmenso amor; pues no de corazón humilla él ni aflige a los hijos de hombre».
Lamentaciones 3,21-33
En la escuela de las Escrituras 21

PROCURAD EL BIEN DE LA CIUDAD A DONDE OS HE DEPORTADO
(Jeremías 29,7)

Cuatrocientos años de historia de Judá concluyeron a sangre y fuego. El Reino de Judá quedó completamente devastado, con su economía arruinada y su sociedad desmembrada. Muchos miembros de la élite judaíta sufrieron el destierro. La situación había tocado fondo y parecía como si la historia del pueblo de Israel hubiera llegado a un final amargo e irreversible.

P

ero no era así. El capítulo final del libro de los Reyes y el libro de Jeremías nos informan de que una parte de la población de Judá sobrevivió y no fue deportada. Las autoridades babilonias les permitieron, incluso, cierta autonomía y nombraron a un funcionario llamado Godolías, hijo de Ajicán, como gobernador de quienes habían quedado en Judá: «Sólo a los más pobres entre el pueblo, a los que no poseían nada, Nebuzaradán, comandante de la guardia, los dejó en el país de Judá, asignándoles en aquel día viñas y terrenos» (Jer 39,10). Mispá, una localidad modesta situada al norte de Jerusalén, se convirtió en centro de la administración de Godolías y refugio para otros judaítas, como el profeta Jeremías. Godolías intentó persuadir a las gentes de Judá para que cooperasen con los babilonios y reconstruyeran sus vidas y su futuro, a pesar de la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén. Pero no

tardó en ser asesinado junto con otros funcionarios judaítas y representantes del imperio babilonio. Los supervivientes de la población local decidieron huir para salvar la vida y dejaron Judá prácticamente deshabitado: «Iojanán, hijo de Caréaj, y todos los jefes de las tropas tomaron a todo el resto de Judá, a los que habían vuelvo a residir en el país de Judá, después de haber sido dispersados entre las naciones vecinas: a los hombres, las mujeres, los niños y las hijas del rey, a todas las personas que Nebuzaradán, comandante de la guardia, había dejado con Godolías, hijo de Ajicam, hijo de Safán, y también al profeta Jeremías» (Jer 43,5-6). La Biblia nos da pocos detalles acerca de la vida de los desterrados durante los cincuenta años siguientes. Nuestras únicas fuentes son las alusiones indirectas presentes en varias obras proféticas. No podían hacerse la ilusión de un pronto regreso. De modo que para muchos el

22 En la escuela de las Escrituras

«Junto a los ríos de Babilonia, nos sentábamos a llorar, acordándonos de Sión. En los sauces de las orillas teníamos colgadas nuestras cítaras. Allí nuestros carceleros nos pedían cantos, y nuestros opresores, alegría: «¡Canten para nosotros un canto de Sión!». ¿Cómo podíamos cantar un canto de YHWH en tierra extranjera?» (Sal 137,1-4).

EL RIO EUFRATES al atardecer.

único consuelo era esperar que algún día Babilonia experimentara lo mismo que había hecho padecer a otros. Encontramos algunas expresiones de odio acumulado entre las palabras de los profetas y de los Salmos: «¡Me ha devorado, me ha consumido Nabucodonosor, rey de Babilonia! ¡Me ha dejado como un plato vacío! ¡Me ha tragado como el Dragón, ha llenado su vientre con mis delicias y me ha expulsado! ¡Que la violencia hecha a mi carne caiga sobre Babel!, dice la que habita en Sión. ¡Caiga mi sangre sobre los habitantes de Caldea!, dice Jerusalén.» (Jer 51,34-35). «¡Ciudad de Babilonia, la devastadora, feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste! ¡Feliz el que tome a tus pequeños y los estrelle contra las rocas!» (Sal 137,8-9). Otros, en cambio, intentaron emprender una nueva vida. Jeconías, el rey davídico en el exilio

—y no Sedecías, caído en desgracia y cegado— mantenía, probablemente, algún tipo de autoridad sobre la comunidad, como muestra el final del libro de los Reyes: «El trigésimo séptimo año de la deportación de Jeconías, rey de Judá, el día veintisiete del duodécimo mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, en el año de su entronización, indultó a Jeconías, rey de Judá, y lo hizo salir de la prisión. Le habló amigablemente y le asignó un sitial más elevado que el de los reyes que estaban con él en Babilonia. Le hizo cambiar su ropa de prisionero, y Jeconías comió siempre en su presencia, durante toda su vida. Su mantenimiento fue asegurado por el rey con una asignación regular para cada día, durante toda su vida» (2 Re 25,27-30). Por lo que se deduce de algunas referencias dispersas en el libro de Ezequiel, los asentamientos judaítas se hallarían en zonas subdesarrolladas del reino de Babilonia, cerca de canales
En la escuela de las Escrituras 23

BAB-ILANU, LA PUERTA DE LOS DIOSES
En los siglos VII y VI aEC Babilonia era la ciudad más poblada de Mesopotamia. Saqueada en los siglos siguientes, quedó finalmente abandonada, y se consumió de a poco entre el polvo y las filtraciones del Éufrates. En el siglo XIII el viajero judío Benjamín de Tudela llegó a ver el palacio derruido de Nabucodonosor. Pero después desaparecería debajo de los sedimentos amontonados. De 1898 a 1917, el arqueólogo alemán Robert Koldewey excavó las ruinas de Babilonia, revelando al mundo el esplendor de su pasado. Los restos se encontraban a una profundidad promedio de 12 metros (a veces alcanzó los 24). En la remoción de la tierra y los escombros trabajaron 200 obreros.

1 2 3

24 En la escuela de las Escrituras

Lo primero que se encontró fueron los restos de dos grandes muros que corrían paralelos (1). Era la avenida procesional de Babilonia. Luego descubrió el templo de Ninmah (2), la Puerta de Ishtar (3), el Zigurat (4) y el palacio de Nabucodonosor. En el ángulo noroeste del mismo creyó identificar los famosos jardines colgantes de Babilonia (5), aunque hoy se cree que se trataba de un sector administrativo.

4

5

En la escuela de las Escrituras

25

Texto que especifica la ración otorgada a Jeconías en Babilonia. El cambio de situación bajo Avilmarduk es visto como un signo de esperanza en medio del destierro.

«Cinco litros para Ya’ukin, rey del país de Judá. Cinco para los hijos del rey del país de Judá»

«En el año treinta y seis de la deportación de Jeconías, rey de Judá, en el mes doce, el veinticinco del mes, Evil Merodak, rey de Babilonia, hizo gracia en el año en que comenzó a reinar, a Jeconías, rey de Judá, y lo sacó de la cárcel. Le habló con benevolencia y le dio un asiento superior al asiento de los reyes que estaban con él en Babilonia. Jeconías se quitó sus vestidos de prisión y comió siempre en la mesa del rey, todos los días de su vida. Le fue dado constantemente su sustento de parte del rey de Babilonia, día tras día, hasta el día de su muerte, todos los días de su vida» (Jer 52,31-34).

recién excavados. El propio Ezequiel y algunos sacerdotes desterrados vivieron durante un tiempo en un asentamiento situado sobre un antiguo montículo llamado Tel Aviv (Ez 3,15). A falta de Templo, juntos se reunirían en las casas para mantener su práctica religiosa (Ez 8,1). No se nos dice mucho sobre el tipo de vida que llevaban, excepto para señalar que los desterrados se instalaron para una larga estancia siguiendo el consejo de Jeremías, que ya no sonaba tan escandaloso: «Construyan casas y habítenlas; planten huertas y coman sus frutos; cásense y tengan hijos e hijas; casen a sus hijos y den a sus hijas como esposas, para que tengan hijos e hijas: multiplíquense allí y no disminuyan. Busquen la prosperidad del país adonde yo los he deportado, y rueguen al Señor en favor de él, porque de su prosperidad depende la prosperidad de ustedes» (Jer 29,5-7).

Aún queda una esperanza
Según la difundida lógica de las religiones de la antigüedad, la derrota de un pueblo significaba también el sometimiento de su dios nacional al dios de los vencedores, ya que los dioses nacionales eran los que daban el triunfo a sus pueblos. Así YHWH había vencido en el pasado a los dioses de Egipto al liberar a los esclavos hebreos. Pero ahora el Templo de Jerusalén había sido totalmente destruido y la ciudad incendiada. Los objetos del culto habían sido llevados a Babilonia por los vencedores, junto con gran parte de la población que no había muerto en el asedio. Todo parecía mostrar que YHWH había sido vencido por Marduk, el dios de los caldeos, y que Israel había terminado de perder todo lo que constituía su identidad como su pueblo de YHWH: la Tierra prometida a los antepasados, el Rey que representaba al pueblo ante Dios y el Templo en que residía la presencia divina.

587
SEDECÍAS es llevado cautivo a Babilonia después de que sus hijos fueron ejecutados. 832 deportados.

582
Nebuzaradán, jefe de la guardia, deportó a otros 745 de Judá. En total: 4.600 personas desde 597 AEC.

26 En la escuela de las Escrituras

PUERTA de ISHTAR, una de las ocho puertas monumentales de la ciudad. Fue erigida por Nabucodonosor II. Museo de Pérgamo. Berlín.

Si no era así, ¿cómo debían interpretarse, entonces, estos sucesos? Una puesta al día de la epopeya escrita bajo Josías, esta vez sin triunfalismos, ayudaría a explicar la desgracia a partir de la infidelidad del pueblo, no la de Dios: «YHWH envió contra Joaquim bandas de caldeos, de arameos, de moabitas y de amonitas; las envió contra Judá para aniquilarla, conforme a la palabra que YHWH había pronunciado por medio de sus servidores los profetas. Fue únicamente por orden de YHWH que sucedió esto en Judá, para apartarla de su presencia, a causa de los pecados de Manasés, por todo lo que él hizo, y también por la sangre inocente que derramó, hasta inundar con ella a Jerusalén: YHWH no quiso perdonar» (2 Re 24,2-4). Pero si era necesario una toma de conciencia sobre la infidelidad de pueblo, aún más necesario

era renovar la confianza en la fidelidad de Dios. Y así, en medio de la desgracia, algunos profetas que amenazaron con el castigo también anunciaron una Nueva Alianza de Dios con Israel: «Ahora, pues, en verdad así dice YHWH, el Dios de Israel, acerca de esta ciudad que - al decir de vosotros - está ya a merced del rey de Babilonia por la espada, por el hambre y por la peste. He aquí que yo los reúno de todos los países a donde los empujé en mi ira y mi furor y enojo grande, y les haré volver a este lugar, y les haré vivir en seguridad, serán mi pueblo, y yo seré su Dios; y les daré otro corazón y otro camino, de suerte que me teman todos los días para bien de ellos y de sus hijos después de ellos. Les pactaré Alianza eterna - que no revocaré después de ellos - de hacerles bien, y pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto a mí» (Jer 32,36-40).

562
AVILMARDUK sucede a Nabucodonosor y saca de la prisión a Jeconías.

En la escuela de las Escrituras

27

Inscripción en la Puerta de Ishtar en Babilonia.

ISAÍAS 40 - 55

¡CONSUELEN A MI PUEBLO, DICE SU DIOS!
Aunque el pueblo se había mostrado infiel en la prosperidad, Dios volvería a manifestar en la adversidad su poder y su fidelidad. Por eso podía esperarse la llegada de una nueva intervención salvadora de YHWH. Con este pensamiento durante el exilio un profeta respondió al pueblo que reprochaba el olvido de Dios.

l libro de Isaías comienza con unas precisiones cronológicas, que ubican el ministerio de este profeta en tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y de Ezequías, reyes de Judá (Is 1,1). Se trata de los 780-687 aEC, aunque, según el relato de su vocación, no habría comenzado a predicar hasta el año de la muerte de Ozías en 740 (Is 6,1). Sin embargo, en la sección comprendida entre los capítulos 40 y 55, se hace mención a la reconstrucción de Jerusalén que será ordenada inminentemente por Ciro, el rey de Persia (Is 44,28). Esto sitúa esos oráculos en torno al año 540 aEC, es decir, 200 años después del llamado de Isaías. Por tanto, el contexto original de la profecía del retorno es el destierro en Babilonia.
28 En la escuela de las Escrituras

E

El profeta ISAÍAS. Obra de Rafael.
En la escuela de las Escrituras 29

Ciro de Persia conquista Babilonia
«El mes de tishrí, el decimosexto día, Ugbaru, gobernador del país de Gutium y las tropas de Kurash [Ciro] entraron en Babilonia sin combate. Más tarde Nabonid, cuando regresó, fue capturado en Babilonia. Hasta el final del mes, los soldados con escudo de los Gutium rodearon las puertas del templo Esagil; no se ocasionó ninguna interrupción en el culto del Esagil y de los otros templos, y no pasó fecha alguna sin sus ritos. El mes de marheshván, el día tercero, Kurash entró en Babilonia... quedó establecida la paz para Babilonia... Desde el mes de kisleu al mes de addar volvieron a su santuario los dioses del país de Akkad, que Nabonid había bajado a Babilonia» Crónica de Nabonid
Después de unificar en un solo reino a los medos y los persas en 549 aEC, Ciro cruzó el Tigris y comenzó su marcha conquistadora sobre el imperio caldeo, dirigiéndose hacia Babilonia. La ciudad misteriosamente cayó el 29 de octubre del 539 sin que tuviera lugar ningún combate. Los caldeos, como cualquiera de los pueblos vencidos por ellos, podrían haber temido la destrucción, crueles represalias e imposición de los dioses de los vencedores. Nada de eso sucedió, sino que el rey persa procedió con un respeto inusual entre los anteriores conquistadores de Oriente. El registro de los acontecimientos fue consignado en la Crónica de Nabonid de los años 556-530 aEC (arriba). En la página siguiente: Guardias persas del cuerpo de Los Inmortales.Relieve del Palacio de Susa.

Durante el destierro Israel sufrió mucho, fue humillado, despreciado, enviado a la muerte. La nación parecía desaparecer de la historia exiliada en un país extranjero, como a tantos otros pueblos les sucedió. ¿Quedaría después de todo esto alguna esperanza para Israel? Para muchos no tenía ya sentido esperar: «¿Por qué dices Jacob, y lo repites tú, Israel: «A YHWH se le oculta mi camino y mi derecho pasa desapercibido a mi Dios?» (Is 40,27). «Sión decía: « YHWH me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí» (Is 49,14).

rramó contra él el ardor de su ira y el estallido de la guerra; lo envolvió en llamas, pero él no comprendió; lo quemó, pero él no hizo caso» (Is 42,24-25). Si Dios parecía haber abandonado a su pueblo, éste debía darse cuenta de que él antes había abandonado a su Dios. Dios no era impotente frente al poderoso Imperio que los había sometido. Todo lo contrario. Era el Señor Universal. Los soldados caldeos no habían sido más que instrumentos de su ira.

YHWH, el Único Señor
Otros, en cambio, hicieron suyo el pensamiento de los profetas que, antes del destierro, cuestionaban el triunfalismo que adormecía las conciencias de tantos en Jerusalén: «¿Quién entregó a Jacob al despojo, y a Israel a los expoliadores? ¿No es YHWH, contra quien hemos pecado por no querer seguir sus caminos y haber desoído su Ley? YHWH de30 En la escuela de las Escrituras

Pero, precisamente a partir de este despertar de la conciencia, un profeta se dedicó a consolar y exhortar a la esperanza. Si el pueblo se había mostrado infiel y débil, su Dios manifestaría en esas circunstancias su poder y su fidelidad. Por eso podía esperarse la llegada de una decisiva intervención salvadora de YHWH. Y así respondió al pueblo que reprochaba el olvido de Dios:

«Levanten los ojos a lo alto y miren: ¿quién creó todos estos seres? El que hace salir a su ejército uno por uno y los llama a todos por su nombre: ¡su vigor es tan grande, tan firme su fuerza, que no falta ni uno solo!... ¿No lo sabes acaso? ¿Nunca lo has escuchado? El Señor es un Dios eterno, él crea los confines de la tierra: no se fatiga ni se agota, su inteligencia es inescrutable. El fortalece al que está fatigado y acrecienta la fuerza del que no tiene vigor. Los jóvenes se fatigan y se agotan, los muchachos tropiezan y caen. Pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, despliegan alas como las águilas; corren y no se agotan, avanzan y no se fatigan» (Is 40,28-31). De esta manera el profeta recordaba quién era el que decidía la historia del mundo. La fe en YHWH como guía e impulsor de la historia fue, entonces, el principal presupuesto teológico que permitió superar la gravísima crisis. Pero un segundo presupuesto fue la fe en Dios como Creador del cielo y de la tierra, que está presente también en un país extranjero y que puede

suscitar la salvación tanto allí como en la patria. Este Dios creador daba a los exiliados la esperanza de retornar a la tierra. Si los ejércitos de Babilonia habían sido los instrumentos de su ira ante el pecado del pueblo, ahora debían mirar con atención el desarrollo de la historia y comprender también que los ejércitos persas eran los instrumentos que usaría Dios para redimirlos. De una manera que resulta sorprendente, el profeta señala a un rey extranjero como el Ungido (Mesías) para desempeñar esta misión: «Así habla el Señor a su ungido, a Ciro, a quien tomé de la mano derecha, para someter ante él a las naciones y desarmar a los reyes para abrir ante él las puertas de las ciudades, de manera que no puedan cerrarse. Yo iré delante de ti y allanaré los cerros; romperé las puertas de bronce y haré saltar los cerrojos de hierro. Te daré tesoros secretos y riquezas escondidas, para que sepas que yo soy el Señor, el que te llama por tu nombre, el Dios de Israel.
En la escuela de las Escrituras 31

CIRO, EL LIBERTADOR DE LOS DESTERRADOS

En el 538 aEC el rey Ciro de Persia autorizó a los deportados de Judá a regresar a la tierra de la cual habían sido arrancados (Esd 1,24). Si bien el registro bíblico es el único testimonio sobre el texto de este edicto, su contenido concuerda sustancialmente con el conservado en un conocido cilindro de arcilla (imagen arriba; texto a la derecha). Los repatriados judíos formarían parte de la provincia de Transeufratina. Algunos podrían formar parte de la delegación retratada en el Palacio de Persépolis, en Irán (pág. siguiente).

«Desde las ciudades de Nínive, Assur y Susa, Akkad, el país de Eshnunna, las ciudades de Zamban, Meturnu, Dêr, hasta la región del país de Gutium, ciudades sagradas al otro lado del Tigris, cuyo asentamiento había sido establecido desde antiguo, volví a su lugar a los dioses que habitaban en ellas y establecí una morada eterna; reuní a todas su gentes y las volví a sus lugares de origen».

Por amor a Jacob, mi servidor, y a Israel, mi elegido, yo te llamé por tu nombre, te di un título insigne, sin que tú me conocieras. Yo soy el Señor, y no hay otro, no hay ningún Dios fuera de mí, Yo hice empuñar las armas, sin que tú me conocieras, para que se conozca, desde el Oriente y el Occidente, que no hay nada fuera de mí. Yo soy el Señor, y no hay otro» (Is 45,1-6).

del pasado, cuando Dios rescató a los antepasados de la esclavitud egipcia y creó el pueblo de la Alianza. De nuevo, como a orillas del Mar, YHWH se mostraría como implacable guerrero (Ex 15,3), y nuevamente dará de beber a su pueblo como cuando hizo brotar el agua de la roca (Ex 17,6): «YHWH irrumpe como un héroe, se enardece como un guerrero; lanza un grito de guerra, un alarido estridente, se arroja como un héroe contra sus enemigos» (Is 42,13). «¡Salgan de Babilonia, huyan de los caldeos! ¡Con gritos de alegría anuncien, hagan oír estas cosas! ¡Divúlguenlas hasta los extremos de la tierra! Digan: «El Señor ha redimido a su servidor Jacob». Ellos no sufrieron sed, cuando los llevaba por los desiertos: él hizo brotar parea ellos agua de la roca, partió la roca y fluyeron las aguas» (Is 48,20-21).

EL NUEVO EXODO
Pero ese acontecimiento político, más allá de las consecuencias liberadoras para Israel, era apenas un preliminar de lo que Dios iba a realizar con su pueblo. Dios iniciaría con él una nueva relación de amistad. Para describir este acontecimiento salvador el profeta del exilio alentó a los desterrados con la esperanza de una renovación de los hechos
32 En la escuela de las Escrituras

Pero el nuevo acontecimiento superaría al anterior. Por eso, si el pueblo conmemoraba la salvación del pasado, ahora debía mirar al futuro para celebrar lo que Dios estaba por realizar: «Así habla el Señor, el que abrió un camino a través del mar y un sendero entre las aguas impetuosas; el que hizo salir carros de guerra y caballos, todo un ejército de hombres aguerridos; ellos quedaron tendidos, no se levantarán, se extinguieron, se consumieron como una mecha. No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?» (Is 43,16-19). Así como en el pasado hubo un guía para llevar al pueblo a la libertad, también ahora habría un nuevo enviado de Dios que se pondría al frente de Israel. No se trataba simplemente del rey extranjero que terminaría con el yugo babiló-

nico. Si el acontecimiento salvífico de Dios era un nuevo Éxodo, el que guiaría al pueblo en esta empresa debía reproducir entonces los rasgos de Moisés, el «servidor de YHWH» (Ex 14,31). La tradición que fue leyendo críticamente la historia de Israel a la luz de la Alianza consideró la figura de Moisés como prototipo de todo profeta. Así expresó la convicción de que, después de la desaparición del héroe del Éxodo, Dios suscitaría un profeta semejante a él y pondría sus palabras en su boca, de modo que él dijera todo lo que le ordenara (cf Dt 18,18). Del mismo modo el nuevo Servidor recibe la misión que antes había recibido Moisés: «Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas, para decir a los cautivos: «¡Salgan!» (Is 49,8-9). Pero no hay que olvidar que Moisés sufrió mucho.
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La siguiente secuencia fotográfica se ubica a lo largo de la ruta que une Irak y Jordania. El mismo terreno fue el que debieron atravesar los exiliados en Babilonia para regresar a su tierra.

«Ya llega YHWH con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz» (Is 40,10-11)

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«Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino de YHWH, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios! ¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies! Entonces se revelará la gloria de YHWH y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca de YHWH» (Is 40,3-5)

Arriba: La ruta Bagdad-Amman, cerca de Ramadi (Irak). Abajo a la izquierda: Un rebaño pasta en Deir ez-Zor (Siria). Abajo a la derecha: Comienza a llover en el desierto, cerca de Palmyra (Siria).

«Los pobres y los indigentes buscan agua en vano, su lengua está reseca por la sed. Pero yo, YHWH, les responderé, yo, el Dios de Israel, no los abandonaré. Haré brotar ríos en las cumbres desiertas y manantiales en medio de los valles; convertiré el desierto en estanques, la tierra árida en vertientes de agua» (Is 41,17-18). En la escuela de las Escrituras
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En el centro del barrio judío de Praga, casi escondido detrás de la Sinagoga, en medio de un jardín, se encuentra este MOISÉS realizado por el escultor checo Frantisec Bilek en 1905. A raíz de la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial, la estatua fue destruida. Pero fue reemplazada por una réplica en 1948. Este Moisés, «el héroe más solitario y poderoso de la historia bíblica», según Elie Wiesel, es muy diferente
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al Moisés de Miguel Angel en Roma, una figura cuyo rasgo dominante parece ser el poder. En el Moisés de Praga puede contemplarse a una persona con todo el aspecto de estar angustada después del descenso del Monte Sinaí. Y muestra a un hombre de espalda poderosa, replegado sobre sí mismo en una postura dramática, cuyo rasgo dominante parece ser el sentido de responsabilidad.

LA FIGURA DEL SERVIDOR SUFRIENTE

LA VOLUNTAD DEL SEÑOR SE CUMPLIRÁ POR MEDIO DE ÉL
A medida que se anuncia el mensaje de esperanza en el destierro va surgiendo, misteriosa, la imagen de un Servidor de YHWH, cuyos sufrimientos serán causa de salvación para sus hermanos. A lo largo de la historia se ha repetido la pregunta por la identidad de este Servidor. ¿De quién habla el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?

l modo en que es utilizado el título de Siervo en el Segundo Isaías hace difícil la tarea de identificar a quién se está refiriendo, ya que 14 veces se aplica a Israel, mientras que las otras 7 veces parecen aludir a un individuo. Pero también hay que tener en cuenta que la manera de describir a ambos Siervos es es bien diferente. Al pueblo se lo describe como una nación indócil y pecadora, ciega y sorda, cuestionada por los profetas, cuyos pecados le han merecido el exilio: «Ya ha satisfecho por su culpa, pues ha recibido de mano de YHWH castigo doble por todos sus pecados» (Is 40,2). «Era yo [YHWH], yo mismo el que tenía que limpiar tus rebeldías por amor de mí y no recordar tus pecados. Házmelo recordar y vayamos a juicio juntos, haz tú mismo el recuento para justificarte. Pecó tu primer padre y tus intérpretes se rebelaron contra mí. Destituía los príncipes de mi santuario; por eso entregué a Jacob al anatema y a Israel a los ultrajes» (Is 43,25-28). Por el contrario, el otro Siervo, el individuo anónimo, es inocente y heroicamente dócil a Dios: «El Señor YHWH me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos; el Señor YHWH me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás» (Is 50,4-5).
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E

Israel,
el Siervo de YHWH
El Siervo Israel es testigo pasivo ante los gentiles del poder de YHWH que lo ha liberado.

A SEMEJANZA DE MOISÉS

L

«Y tú, Israel, siervo mío, Jacob, a quien elegí, simiente de mi amigo Abraham; que te así desde los cabos de la tierra, y desde lo más remoto te llamé y te dije: «Siervo mío eres tú, te he escogido y no te he rechazado» (41,8-9). «¿Quién está ciego, sino mi siervo? ¿y quién tan sordo como el mensajero a quien envío? Por más que has visto, no has hecho caso; mucho abrir las orejas, pero no has oído. YHWH se interesa, por causa de su justicia, en engrandecer y dar lustre a la Ley. Pero es un pueblo saqueado y despojado» (42,19-22). «Vosotros sois mis testigos - oráculo de YHWH - y mi siervo a quien elegí, para que me conozcáis y me creáis a mí mismo, y entendáis que yo soy: Antes de mí no fue formado otro dios, ni después de mí lo habrá» (43,10). «Ahora, pues, escucha, Jacob, siervo mío, Israel, a quien yo elegí. Así dice YHWH que te creó, te plasmó ya en el seno y te da ayuda: «No temas, siervo mío, Jacob, Yesurún a quien yo elegí» (44,1-2). «Recuerda esto, Jacob, y que eres mi siervo, Israel. ¡Yo te he formado, tú eres mi siervo, Israel, yo no te olvido!» (44,21). «A causa de mi siervo Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre y te he ennoblecido, sin que tú me conozcas» (45,4). «¡Salid de Babilonia! ¡Huid de los caldeos! ¡Anunciad con voz de júbilo, hacedlo saber, proclamad hasta el extremo de la tierra, decid: YHWH ha rescatado a su siervo Jacob!» (48,20). «Me dijo: «Tú eres mi siervo (Israel), en quien me gloriaré». Pues yo decía: «Por poco me he fatigado, en vano e inútilmente mi vigor he gastado. ¿De veras que YHWH se ocupa de mi causa, y mi Dios de mi trabajo?» (49,3-4).
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a expectativa de un nuevo Éxodo salva dor en Is 40-55 invita a reconocer en el Justo obediente la figura de Moisés, llamado en la Biblia 39 veces «Siervo de Dios (YHWH)». En efecto, por su obediencia a la misión encomendada por Dios, Moisés padeció burlas y desprecio, no sólo de parte del rey de Egipto, sino también de su propio pueblo. Su aspecto no despertaba respeto y no se dio crédito a sus palabras. Tuvo que interceder por los pecados del pueblo y, finalmente, caerá sobre sí el castigo por esa rebeldía. No podría esperarse, pues, algo diferente para la misión tan alta que se le encomendaba al nuevo Servidor de YHWH. Esta dimensión de sufrimiento y debilidad marcan la diferencia entre el Servidor de YHWH y su otro elegido, el rey Ciro. Permiten ver así la trascendencia del acontecimiento salvífico que supera la sola liberación de la cautividad babilónica. Mientras que Ciro adquiere admiración y gloria, el Servidor de YHWH arrastra el desprecio de todos. El rey persa conquista el mundo por el poder de las armas, pero el Siervo cuenta sólo con su sufrimiento. Pero el dolor y la muerte le dan una victoria definitiva, más duradera que la de Ciro. Con el Cuarto Canto del Siervo de YHWH se alcanza una de las cumbres teológicas de la literatura bíblica. Hasta entonces nunca se había hablado del valor redentor del sufrimiento. Hasta el momento se veía en las dificultades de la vida una oportunidad que Dios daba para aprender el camino de una vida virtuosa. «No desdeñes, hijo mío, la instrucción de YHWH, no te dé fastidio su reprensión, porque YHWH reprende a aquel que ama, como un padre al hijo querido» (Prov 3,11-12). Pero prevalecía la idea de una correspondencia entre sufrimiento y culpa: «¿No sabes tú que desde siempre, desde que el hombre en la tierra fue puesto, es breve la alegría del malvado, y de un instante el gozo del impío? Un fuego que nadie atiza lo devora, y consume lo que en su tienda aún queda, Los cielos ponen su culpa al descubierto, y la tierra se alza contra él. La hacienda de su casa se derrama, como torrentes, en el día de la cólera. Tal es la suerte que al malvado Dios

el Siervo
reserva, la herencia de Dios para el maldito» (Job 20,4-5.26-29). Pero este profeta en el exilio se atrevió a cuestionar este principio. Si bien los profetas hasta el momento habían insistido en que la desgracia de Jerusalén estaba ligada a sus terribles pecados, no se podía dejar de admitir que la tragedia cayó sobre muchos inocentes y que en Judá había muchos justos que fueron llevados a Babilonia, como Ezequiel, o tuvieron que huir a Egipto, como Jeremías. ¿Cuál era su culpa? ¿Qué sentido tenían sus padecimientos? El profeta responde que no había sido en vano la muerte y los sufrimientos de tantos que no llegarían a alegrarse de nuevo con la visión de la tierra de sus padres. Lo mismo le había sucedido a Moisés: «Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros. Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca» (Is 53,3-7). Los sufrimientos del justo habían tenido una eficacia que a otros les permitiría luego emprender una nueva vida. YHWH había recibido la muerte y los sufrimientos de los justos y la había transformado en una ofrenda expiatoria de las culpas de los pecadores. El padecimiento del inocente conseguiría, además, la conversión de sus hermanos después de tantos siglos de rebeldía: «YHWH quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad de YHWH se cumplirá por medio de él» (53,10).

sufriente de YHWH
Este Siervo tiene una misión activa de enseñanza y deberá sufrir mucho para realizarla.

«He aquí mi Siervo a quien yo sostengo, mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi Espíritu sobre él: dictará ley a las naciones» (Is 42,1). «Yo confirmo la palabra de mi Siervo y hago que triunfe el proyecto de mis mensajeros. Yo digo a Jerusalén: «Serás habitada», y a las ciudades de Judá: «Seréis reconstruidas». ¡Yo levantaré sus ruinas!» (44,26). «Ahora, pues, dice YHWH, el que me plasmó desde el seno materno para Siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a él, y que Israel se le una. Mas yo era glorificado a los ojos de YHWH, mi Dios era mi fuerza: «Poco es que seas mi Siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra» (49,5-6). «El que de entre vosotros tema a YHWH oiga la voz de su Siervo. El que anda a oscuras y carece de claridad confíe en el nombre de YHWH y apóyese en su Dios» (50,10). «He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera. Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana - otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán» (52,13-15). «Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes» (53,11-12).
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40 En la escuela de las Escrituras

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