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Por qué creemos...

Lo que el viento no se lleva.

Si existe algo que pueda caracterizar a nuestra época, es sin lugar a


dudas la temprana exigencia individual por parte de la cadena alimenticia
social, de dar su confianza a todo propósito y sin mucho análisis.
Y ello puede apreciarse tanto en la creencia en una divinidad
todopoderosa, impuesta desde la cuna, hasta en la confianza exigida en
tecnologías menos “espirituales” -pero de no menos dudosa credibilidad- como
el sistema financiero, la democracia, la técnica en sus aplicaciones tanto
médicas, políticas, psicológicas, y demases, de índoles más prácticas.
Desde el nacimiento, se nos exige creer en que dos más dos hacen
cuatro, que el metro, el triángulo y el átomo existen, que la moral sólo cabe en
quienes creen en dios, que el banquero, el político, el sicólogo, el médico, el
abogado, etc. sólo están para ayudarnos, que la democracia es el mejor
sistema de gobierno, el Estado, la única fuente de bienestar y orden societario,
la policía, la garantía única de seguridad, etc., etc... Y todo ello, a cambio de
nuestro esfuerzo cotidiano, retribuido por un montón de papeles a los cuales la
suma de creencias individuales ha otorgado todo su capital anímico de fe,
esperanzas, sueños y anhelos.
¿Pero es todo ello real?
Veamos...
Cuando somos niños, no apreciamos las cosas en términos de
permanencia, sino en términos de inmediatez: este juguete está aquí, lo ocupo,
me aburro de él, lo deshecho, y lo olvido hasta que mi liviana atención vuelve a
posarse sobre él... Toda la vida se resume a una constante satisfacción de
impulsos tan efímeros como espontáneos, tan fácilmente estimulables como
rápidamente relegados al olvido; nada permanece, si no es por un recuerdo
que la sola repetición día tras día garantiza. Se vive así en un eterno presente,
una comunicación incesante entre seres y objetos, seres y seres tan fluida
como espontánea y desinteresada, pero tan intensa como volátil...
Mas, todo ello cambia el día en que se nos exige creer, primero en la
necesidad del lenguaje, luego de un lenguaje en particular, y se comienza
paulatinamente a pedirnos fe en esto y en aquello, encauzando nuestra
energía instintiva, en parámetros a los que prealablemente se nos impuso la
creencia dogmática a palos (psicológicos, concretos, o ambos
alternativamente).
De ese modo, e independientemente del procedimiento de
adiestramiento cultural, nuestra primitiva naturaleza se verá encausada hacia
comportamientos astringentes y contingentes basados en un edificio de
creencias impuestas, que crecerá sobre una base coercitiva condicionada de
modo a convertirse pronto en una realidad tan palpable como las inexorables
leyes de la naturaleza.
El problema, es que si bien dichas creencias pudieron justificarse en los
primeros tiempos de la Cultura, el tiempo que revela toda cosa finalmente
manifestaría la real insustancialidad de la mayoría de ellas, dejando de
manifiesto su verdadera naturaleza ilusoria.
No obstante, la adolescencia de la Cultura debe sobrevenir tarde o
temprano, con sus dudas, sus temores y sus crísis de crecimiento, originando
el nacimiento de facultades que los conceptores iniciales de la cultura actual
habían preferido no despertar, por temor a ser luego superados por sus propios
hijos, y tener que cambiar todo el orden de creencias preestablecidas que
habían funcionado por tanto tiempo.
Y es lo que en estos últimos tiempos ha venido ocurriendo...
El problema de todo sistema de creencias es que no responde muchas
preguntas, las responde mal, o -peor aún- no las considera “preguntables”, y
todo esto termina por crear incertidumbre, dudas, desconfianza y rebelión, en
último término.
¿Por qué?
Por la sencilla razón de que la misma formación -aún precaria y
mediocre- del entendimiento humano necesaria a la implantación psicológica y
mental del sistema de creencia, conlleva en ciertos espíritus inquietos a
mutaciones que lo sacan del eterno presente y lo llevan a buscar aquello que sí
permanece en lo Impermanente, lo que podríamos llamar, aquello que el
viento no se lleva...
Y ahí comienzan los problemas.
En efecto, la particularidad de toda creencia es que es inmutable en su
estructura, se sostiene por la voluntad (colectiva) y no por el intelecto
(individual), y por consecuencia: debe arrasar con todo lo que no encaja dentro
de su cuadro de credibilidad, por lo que opera de modo monista, excluyente de
las diferencias, incluyente sólo de lo parecido, tiránica e intolerante hacia todo
lo que la ponga en duda -ya que amenaza el edificio completo- y con una
tendencia enfermiza al control, que potencia con estímulos constante a ese
miedo visceral y ancestral de todo ser humano: el miedo metafísico a lo
desconocido.
De tal modo, que en la práctica, la humanidad no difiere hoy mucho de
niños a los que se aleja de las barreras del mundo conocido con amenazas
dignas del más insípido cuento de hadas, materializadas con un perfeccionado
sistema de control coercitivo tan poco discreto como el tradicional bastón y la
zanahoria, pero dotado de una cuán más vasta paleta de herramientas muy
eficaces para la mayoría de los dissidentes.

EL Bien Absoluto: la Energía.


Veamos, sin embargo, cuáles son los objetivos perseguidos por las
creencias que hoy sustentan todo nuestro edificio cultural.
Primero, que toda la humanidad crea en una divinidad única, creadora de
todo lo que existió, existe y existirá, resulta una muy cómoda herramienta a la
hora de dirigir la energía humana hacia metas predeterminadas por el grupo
que por sí solo se adjudicó la intermediación entre esa hipotética divinidad
aludida por él y la vasta y creciente masa de sus seguidores. Efectivamente,
nacer en una familia monoteísta (católica, judaíca o musulmana) hoy en día
parece naturalmente justificar una creencia autorizada por toda la cadena
generacional de creyentes que le han dado su confianza, pero eso, siempre y
cuando no se ponga en tela de juicio al primer profeta o predicador que a dios
rezando y con el maso dando, impuso a nuestros colonizados ancestros aquel
ramazijo de cuentos de hadas contradictorio y barato de la biblia, el sepher
berechit y el al corán...
A uno le cuesta claramente imaginarse que pudo existir otra cosa cuando
ya nace en una situación dominada por una versión de las cosas, pero... ¿Y si
sus madres hubiesen abortado a Moisés, a Cristo y a Mahoma, creeríamos
igualmente en sus jehová, dios y alá? Lo más probable es que ni siquiera
existirían tales nombres...
Pero así como la fe mueve montañas, la voluntad las destruye y construye a su
antojo, y basta que existan almas crédulas buscando comodidades
intelectuales satisfactorias para no seguir preguntándose porque el sol sale al
Este y se acuesta al Oeste y esa clase de cosas, para que -del día a la mañana-
ya el mundo tenga a un celoso padre, y debamos conseguir nuestro pan
cotidiano -cada día más caro- con el sudor de nuestra frente...
La energía humana dentro de todo este mecanismo de la creencia es el
último eslabón de la cadena, o su objetivo primario si prefieren, y
extrañamente -y tal como lo desarrollamos en Bases Teóricas para una
Campaña Individual por el Ahorro, partes I, II y III1- dios y el sistema financiero
tienen mucho parecido en cuanto a utilidades se refiere...
Es más, diríase que sin el hábito de la creencia alimentado por las
religiones monoteístas, es casi inconcebible que un sistema de rapacidad y
vampirización tan grosero como el sistema crediticio, la finanza mundial, la
banca, la bolsa de comercio y valores, la balanza comercial, y en general, todo
el sistema monetario planetario hubiese llegado adonde llegó.
Lo más probable, es que de no existir jehová, dios y alá, seguiríamos
intercambiando servicios y cosas reales, por servicios y cosas no menos reales,
tendríamos políticos que cumplen lo que prometen, el estado ni siquiera
existiría, ya que la sociedad civil dejaría de ser ese conglomerado de
minusválidos sicodependientes actual, y se las habría ingeniado para
organizarse y lograr su bienestar por sus propios medios y sin ayuda de un
tercero interesado y parásito... En resumidas cuentas, toda aquella
intermediación actual entre el individuo y la realidad jamás hubiese siquiera
podido aparecer como la única manera de vivir, sentir y pensar que hoy impera
en las mentes mediocres de nuestra no menos mediocrizada humanidad...
¿Por qué creemos?
Es claramente la incógnita que sostiene todo este peligroso castillo de
cartas, y su respuesta quizá nos ayudaría a realizar aquel arriesgado paso
hacia la evolución Hominal, hacia el verdadero propósito que nos espera al
nacer y que postergamos indefinidamente, creyendo, y no pensando...
Vimos que de niños se nos imponen categorías mentales por la razón de
la fuerza; categorías que -con el tiempo- terminamos asumiendo como
propias, y luego, defendiendo absurdamente con cuerpo y alma, pero que no
resisten en última instancia a ninguna fuerza de la razón, ya que sólo existen y
viven en nosotros por la costumbre, por la comodidad de certezas que nos
permiten seguir obrando en una tranquilidad muy cercana a la anestesia y la
lobotomía, pero que tienen el acicate de mantenernos en al zona neutral de la
“normalidad”, donde no despertamos agresividad ni perturbamos el entorno,
donde somos como somos y queridos como tales...
Claro está, todo ello implica un renunciamiento que se produce
precisamente en la adolescencia, y se reactualizará periódicamente durante
toda nuestra vida, a medida que nos encontremos confrontados con la cruda
realidad de nuestra propia vacuidad: en aquellos momentos, redescubrimos
que todo lo que creíamos válido no lo es, y sólo nos permitió seguir actuando
en un sistema frágil de modo débil, y que así como la fuerza alimenta la fuerza,
nuestra debilidad endémica engendró un profundo estado de fragilidad
psicológica necesitando cada vez muletas mayores para paliar el vacío dejado
por la ausencia individual de perspectivas y metas que ningún auto nuevo,

1 Publicadas en nuestro Blog: www.guardian.blogger.com y en el periódico Prometeo


Liberado Nº1 de Enero 2008.
paseo al mall, liposucción o implante de silicona podría jamás colmar...
Creer es entonces ilusionarse, es aceptar cualquier mentira con
apariencias de verdad con el compromiso de nunca rasgar mayormente su
barniz autocomplaciente, y dejar entonces al descubierto su falsedad
socialmente asumida.
¿Ahora bien, cómo podemos saber a ciencia cierta que las creencias de la
época actual no son sino mentiras?
En otras palabras: ¿Cómo distinguir la verdad de la mentira? ¿La creencia
del pensamiento? ¿La Ilusión de la realidad?

El Criterio de la Verdad
Por más paradójico que parezca, es hoy un buen primer criterio de la
verdad el observar su... popularidad, y en regla general, su visto bueno oficial...
Más de uno de ustedes sonreirá al leer estas líneas, pero resulta patético
el observar cómo los ideas hoy más comúnmente repudiadas por la autoridad,
en general repercutidas por los medias, y en corto plazo, por la inmensa
mayoría de sus bulímicos espectadores, son a contrario sensu las pocas
capaces de estimular el espíritu crítico, el análisis, el juicio propio y el
pensamiento. No obstante, si a pesar de dicho anatema logran hacerse un
camino, no tardarán en ser enunciadas por mil voces, pero sin nunca llegar a
ser realidad social, política, o cultural, lo que también sigue hablando bien de
ellas, ya que -aunque banalizadas para la masa como un petardo mojado-, ese
mismo trato garantiza de que significan una amenaza para la creencia global y
por ende, para la facultad misma de la creencia, puesto que estimulan las
facultades que le son inmediatamente superiores. En otros casos, serán
ligeramente modificadas en su concepto, de modo a devenir un verdadero
andrógino cultural: ser lo que no es...
Tomemos un ejemplo.
Cuando teóricos disidentes occidentales comenzaron a atacar el
monismo político, el pensamiento único, la monocracia financiera a comienzo
de los ochenta, ¿Cómo reaccionó el sistema? Al principio, les cortó toda
posibilidad de edición de sus obras, aplicándoseles todo el arsenal de la guerra
financiera individual, luego, como algunos persistían en su propósito, se les
atacó personalmente, por el descrédito público, la falacia ad hominem (atacar
la persona y no el argumento que ella emite), la imputación de falsos delitos, y
en general tirándoles encima todo el aparataje legal y policiaco del Estado. Sin
embargo, y paralelamente, se encargaba a las putas intelectuales del sistema
de retomar sus conceptos centrales e ideas fuerzas con el objeto de
reformularlas de un modo controlable que no perturbase al anestesiado
público2. En los noventa, surgieron entonces innumerables autores -ellos sí
publicados con bombos y platillos- hablándonos de la pluralidad, del
multiculturalismo, del alternalismo y del mundo bi-polar, o directamente
multipolar, nacerían en esa época toda clase de conceptos híbridos que
adornaban la democracia financiera de un arsenal de plug-in que la hacían de
pronto más aceptable por la voces de la opocisión, apaciguando los radicales a

2 Repitiendo lo que ya había realizado numerosas veces en su historia, como lo


muestra el uso por parte de los jesuitas de las teorías de Galileo para
convencer al emperador de China de la superioridad del conocimiento
astronómico de Occidente, mientras que en Europa, los mismo jesuitas
amenazaban al pobre hombre con la hoguera si no se retractaba de esas
mismas ideas “heréticas”...
punta de arreglines financieros que dejaban contentos a las nuevas fuerzas
surgentes y arribistas, las que habían visto en esas ideas, un caballo de batalla
ideal para conseguir lo que efectivamente conseguirían: su tajada de la torta
mundial. La famosa pluralidad -ahora en boca de todos- terminaba siendo una
nueva forma de repartirse el queso sagrado, y exigir mayor “participación” a
los jóvenes, las masas proletarizadas, los marginados, las etnias discriminadas,
y otros extralegales que se irían incorporando al proceso productivo con mayor
eficiencia: todo concluía en un notable acrecentamiento de la masa energética
aprovechable -antes desperdiciada- y ahora disponible a la punción de este
optimizado sistema de vampirización de las finanzas...

La Crisis de Confianza
Ahora bien, una de las desventajas mayores de jugar con las ideas, es
que tarde o temprano esto errosiona el capital de la confianza, fuera de dudas,
el fundamento mismo de todo el edificio ilusorio moderno.
Y este juego puede sencillamente consistir en una saturación sensible
-como diría Enzo Talarico en su Teoría del Conocimiento-, cito in extenso:
–“ ...El exceso de bienes de consumo y necesidades artificalmente creadas e
introducidas muy rapidamente a través de los medias, obliga el
pensamiento a ocuparse continuamente de cosas y objetos concretos, y por
consecuente atrofia su sentido metafísico (…) de este modo, la concepción,
en cuanto facultad cognoscente, se atrofia.3”
Esta atrofia repercute en una hipertrofia de la facultad de la creencia, la que
queda forzosamente a cargo de todo lo que dice relación con “lo espiritual”,
pero traduciéndose en una aceptación de dogmas teóricos sin mayor
coherencia que una lógica superficial y en absoluto conceptual, a la que se nos
pide atenernos para encajar en el sistema...
Podemos ilustrar muy fácilmente este proceso con cualquier dogma moderno...
Veamos:
La democracia -se nos dice- ha solucionado el problema de la participación civil
en la formación, el implemento y la competición de toda clase de opiniones y
visiones políticas, aún adversas, permitiendo su libre acceso al poder mediante
el juego de la convicción, para la elección posterior de los candidatos que las
plantean.
El joven de hoy, sin embargo, no necesita dos dedos de frente para percatarse
de que tal “participación” no es sino un auténtico fraude concerniente a las
minorías étnicas, los disidentes, y en general: todo pensamiento
independiente; los que, al no lograr un financiamiento de su campaña
electoral, ven coartada inevitablemente toda posibilidad de sus líderes de
llegar siquiera a ser descubiertos dentro la gigantezca masa de la oferta
política predeterminada por el poder financiero, detrás de los partidos ya
predefinidos por él...
Es más, si rasca un poco el barniz político, no tardaría en descubrir que los bien
llamados “partidos4 políticos” consisten sustancialmente en un polo de
atracción de ambiciones personales que pronto chocan con la realidad política
3 Tesis de Doctorado: Théorie de la Connaissance, LIBRO IV, p.532. Edición electrónica:
www.scribd.com en la página del grupo: Mouvement de Philosophie Culturelle.
4 Literalmente partes de una misma torta: el asentimiento societario. Frente al pluralismo
del espíritu, el pensamiento único nos recrea una representación de pluralidad de
opciones cuya vastedad no tiene parangón más que con su hipocresía práctica, ya que
a pesar de toda la buena voluntad de sus miembros, a la hora de entrar en el escenario
del poder, la factura es tan alta que ahoga todo ideal en su cobro de intereses...
mundial: el político con futuro es el que más está dispuesto a prostituir sus
ideales, y jamás el más honesto ni sincero... El sistema de captación de líderes
que significa toda estructura partidista, sólo busca conseguir nuevos rostros
que reactiven precisamente la confianza del electorado por sus caras de
Dorian Gray todavía vírgenes, mientras su retrato (o consciencia, si prefiere)
comienza su inexorable proceso de corrupción... Y esto, porque dadas las
características de nuestra sociedades (concentración urbana, mediatización
generalizada, sistema financiero universalizado, etc.) todo acceso a la masa
tiene sus canales -los famosos mass media- y estos... sus dueños, los cuales
controlan todo aquello que se puede decir, ver, creer, y en último término:
reflexionar, ya que como lo vimos, el pensamiento es aquí imposible. Todo ello
ha transformado la arena política en un verdadero circo, en que cada nuevo
payaso intenta atraer los aplausos del público -y los favores del productor del
circo por añadidura- con las más variadas demostraciones de locuazidad hacia
el primero, y servilismo hacia el segundo...
Finalmente, nuestro joven podría constatar que sea cual fuere el partido en el
poder, las metas reales que buscará concretar estarán en la perfecta
continuidad estratégica y geopolítica fijada por la Alta Finanza Internacional y
aplicada a la letra por su antecesor -aunque total adversario ideológico-,
contradiciendo de modo asombroso, los mismos valores e ideas políticas que,
minutos antes de su elección, defendía con cuerpo y alma5... ¿La explicación de
esto?
Simple: Todo proyecto político requiere de al menos 20 años de
implementación para llegar a producir los efectos buscados en su planificación.
Ahora bien, todos sabemos que las probabilidades de que un gobierno se
perpetúe en el poder durante ese lapso en un sistema democrático son muy
pocas, y menos ahora que se ha bajado el periodo democrático presidencial a
cinco años, en nuestro país, por ejemplo (y en muchos países más últimamente
-EEUU, Francia, Italia, etc.).
Por otro lado, para quien conoce un poco el origen de todo futuro político, no se
hace muy difícil entender que la carrera política es eminentemente
contingente, y permite muy poco estudio profundizado, tanto a nivel personal
como colectivo del partido al que se adscribe, o que se forma en el peloteo de
la conquista de un espacio en la solicitada arena política.
Si añadimos a ello, el circo democrático de las campañas electorales 6, nos
encontramos con que ningún político buscando el poder tiene ni puede
físicamente dedicarse a concebir un plan -ya no hablemos de una doctrina- que
no sea un ramazijo de soluciones contingente para problemas contingentes, y
que muy poco tienen que ver con la llamada Gran Política: esa que transforma
sociedades, que aporta una nueva visión integrada, que renueva valores, y
afirma principios por los siglos de los siglos...
No.
Para el payaso moderno -político, perdón- todo es correr para ganar las

5 Baste para confirmar aquello con ver como al llegar recién en el “poder”, Michelle
Bachelet comenzó a aplicar las medidas muy poco socialistas, pero sí muy neoliberales
de su oponente de derecha: Sebastián Piñera. Otro ejemplo patético y más reciente
sería el de Barak Obama, renegando ante el AIPAC -el más poderoso lobby sionista e
israelita de Estados Unidos- todo lo que había prometido anteriormente concerniente a
la guerra con Irak, y jurando apoyar a dos manos la muy próxima guerra con Irán...
6 Según el INEP, portal mejicano de ciencias políticas, existirían más de 27 prácticas
antidemocráticas en toda campaña política... Fuentes: www.inep.org
elecciones7, tener un año o dos de descanso haciendo ejecutar por la
administración -y recursos fiscales mediante- los planes de los verdaderos
amos de la política, y luego... bueno... preparar la siguiente elección8...
¿Y nuestro voto en todo eso?
Una asombrosa pérdida de tiempo, una autocomplaciente relegación formal de
un poder inexistente de lo civil, en manos de monigotes prediseñados por los
expertos de marketing político9 para dejarnos con la consciencia tranquila,
mientras la finanza internacional orienta todos los recursos de nuestro Estado
seudo “Nacional” -esa maquinaria a moler carne y chupar sangre- hacia un
cada vez más perfeccionado y optimizado sistema de punción de los recursos
tanto naturales como humanos del país, y todo ello, pues, dedocráticamente:
–Tú, serás nuestra-o presidenta-e...
¿Y nos sorprendemos que los jóvenes ya no crean en la política? Vamos...
La política ha muerto, y los pokemones y otras groseras caricaturas de nuestra
juventud son los gusanos sobre su cadáver.
Lo más cómico de todo esto, es que la Casta Financiera se da hasta el lujo de
ridiculizar sus propias prostitutas, mosqueándolas con esas tan irreverentes
como prácticamente inofensivas bofetadas de CQC10, y otros divertidos
payasos de la farándula pseudo intelectual, dándonos el placer mórbido de
creernos realmente en un mundo donde todo puede decirse abiertamente,
mientras no salga del orden de lo políticamente correcto, claro...
El show debe continuar. ¿Pero podrá seguir haciéndolo por mucho tiempo?
Tal es la pregunta que la crisis financiera mundial actual no puede sino obligar
a plantearnos.
Es bien sabido que una crísis de valores repercute en toda la actividad
humana, ya que los valores son los recipientes de la energía social y cultural:
jugar con ellos significa, a término, fugas de esa energía que ha construído y
sustendado el edificio cultural, social y económico. Si los conceptos liberadores
de la confianza se derrumban por falta de realidad patente, y bien, todo cae
con dicha crisis de confianza, incluído el lado más contingente de lo social: el
intercambio energético sensible llamado actividad comercial...

El globo inflado.
Una de las características notables del financiero es su habilidad para construir
castillos de viento... con más viento. Ejemplo patético de ello lo proporciona
indudablemente la Bolsa de Comercio, una entitad tan etérea como las
transacciones que hipotéticamente ocurren en ella, y que sin embargo, tiene
esa extraordinaria virtud de derrumbar las economías de naciones enteras, y
más a menudo, de enriquecer uno que otro tiburón financiero... En realidad, y
tal como lo dice su nombre, ella no es ni más ni menos que una bolsa en la que
sueños especulativos estimulados con anzuelos suficientemente creíbles,
7 Sin temor a presidencializar las elecciones locales si necesario, como ocurre hoy entre
el oficialismo y la oposición chilena.
8 Todo lo cual reduce la frase de Julieta Guevara en su Obra, el frágil equilibrio de la
Democracia: “La Democracia (...) es camino y no destino” a una mera declaración de
buenas intenciones...
9 Muy poco imaginativos, sea dicho de paso, si comparamos la simetría entre la campaña
de Angela Merckel en Alemaña y la de Michelle Bachelet en Chile, y recordamos que
Ségolène Royale sufrió cirugías estéticas durante los cinco años previos a su campaña
-Botox incluido- Lo cual nos conduce a preguntarnos realmente si en la actualidad: sin
siliconas políticas, no hay paraíso...
10Caiga Quien Caiga, programa televisivo chileno, réplica del programa Argentino del
mismo nombre.
conducen a llenar con confianza acumulada (el dinero), esperando que otros
crédulos harán lo mismo, para seguir colmando la bolsa, hasta el momento en
que se repartirán los dividendos proporcionales, resultantes del paso de esa
bolsa por el sistema de creencia mundial, la economía planetaria, o mejor
dicho: el cúmulo real del esfuerzo civil depositado en términos de confianza-
dinero en la traicionera banca...
La banca, que ha adquirido en su historia un poder absoluto sobre el Estado, ha
obtenido con el tiempo el poder de crear dinero-confianza con sólo otorgar
créditos (confianza pervertida11), lo que significa en la práctica, una manera
sutil de vaciar la riqueza nacional a través del endeudamiento público y del
Estado (por el respaldo y la garantía estatal de los depósitos) y del particular
que pide el crédito.
Pero, desafortunadamente, ahi no para el engaño: la banca, asi-mismo,
teniendo en sus manos capitales reales (los depósitos de sus clientes) y
prestando hasta 20 veces su capital real, pone para colmo todo ello en juego
en nuestra famosa Bolsa, uniendo en paquetes: fondos sólidos como los
depósitos, con fondos inciertos como los créditos hipotecarios -de mucho
menos segura recuperación- que lanza en esa bolsa de viento de la Bolsa de
Comercio, poniendo así en peligro el destino de hogares, y por qué no,
naciones enteras.
Si a ello, sumamos herramientas financieras tan dudosas y complejas como las
inversiones a futuro – auténticas proyecciones virtuales de viento-, y bueno:
con tanto viento, una maldita tormenta es lo mínimo que podíamos esperar...
Y es que por donde se mire, esa bolsa es una mentira que todos quieren creer,
hasta que algunos de los malabaristas se excede en el juego y queda -y en
todo sentido- a descubierto... Si los demás malabaristas no lo apoyan en su
mal momento (comprando su “negocio”, para que no parezca lo que en verdad
es: humo puro12) el despertar súbito del hechizo financiero se expande como
roguero de pólvora, amenazando con colapsar el edificio completo.
Afortunadamente, dirán los economistas, existe el Estado, esa entidad tan
abstracta como el resto del circo, que en realidad sólo existe por nuestro
asentimiento -como casi todo lo demás, sea dicho de paso- y que -impuestos
mediante- es el primus inter pares de los vampiros, y bueno... respaldará en
última instancia la banca -su nodriza- con la garantía estatal de los depósitos...
Pero eso, siempre y cuando la crisis de confianza no sea tan profunda como
vieja, porque de lo contrario, sálvese quién pueda...
En la historia de la Finanza, las crísis bursátiles son cíclicas13: el globo se infla,
infla, y pronto, revienta. Lo singular, es que los financieros terminan más ricos
después de ellas, y los países que los sustentaron: lógicamente más pobres, si
ya no directamente en la ruina (si no, pregúntenle a Argentina en el 2001, y a
los centenares de familias que emigraron apresuradamente antes de ella a

11El crédito es una perversión de la confianza como lo demostré en Bases teóricas para
una campaña individual por el Ahorro, Parte I, II y III. Op. Cit p.4.
12Sin olvidar despachar al gerente con un cheque de 100 millones de dólares por su
excelente estafa... gestión, perdón.
13 Y esto, no necesitábamos del cínico Marx para saberlo: ya que las crisis del capital
financiero no significan en modo alguno una crisis de confianza hacia el capitalismo,
sino que son más bien el resultado de una credulidad planetaria permitiendo que más
peces cayeran en la bolsa de los tiburones... Es más, la actual crisis mundial está
planificada de modo a imponer mañana regulaciones ya no locales sino planetarias, con
una moneda única -¿el Eurodólar de Eberhard Hamer?- y una ley única en ese famoso
hyperimperio anticipado por el financiero Jacques Attali...
Israël, con obesas cuentas en Suiza)... El problema, es que cuando una
economía se globaliza, sus crísis también se vuelven globales.
Todo queda en saber si esta crísis es capaz de tomar consciencia de ella
misma, y de desintegrar la estructura lógica del hechizo, y ya no sólo ser una
inútil constatación de lo vacía que estaba aquella bolsa de viento del sistema
financiero mundial...

CRISIS DE PROFUNDIDAD
Esto nos conduce a profundizar en los procesos psicológicos que
intervienen en el fenómeno de la creencia en sí, como facultad y necesidad
psicológica, y sobre todo, nos invita a decidir si la creencia puede realmente
seguir siendo el sustento de nuestro mundo, tanto individual como colectivo, o
si es preferible edificarnos sobre una nueva y más sólida base intelectiva...
Cuando observamos la Cultura, descubrimos prontamente de que casi
todo lo que la constituye son ilusiones, y esto, porque frente a lo Incierto del
mundo natural, ningún proto-filósofo hubiese podido convencer a sus
congéneres de actuar en un sentido más que en otro, sin emplear para ello
ilusiones, engaños, mentiras que se justificaran por la nobleza del fín, hacernos
reunirnos en sociedades y enfrentar las fuerzas del cosmos del mejor modo
posible: unidos bajo un mismo propósito...

La creencia en este proceso era el primer eslabón de la Cultura, la primer


facultad propiamente humana, que liberaba el proto asentimiento y encausaba
la energía instintiva hacia metas que sublimaban el orgullo animal en esa
fabulosa facultad de la Voluntad, en su primer etapa colectiva.
Claro está, y dado el grado de desarrollo facultativo aún incipiente, resultaba
en esos tiempos imposible crear ilusiones demasiado alejadas de las fuerzas
cósmicas que aquejaban diariamente a la humanidad. El espíritu aún en
pañales no era capaz de creer cualquier cosa, y menos cosas demasiado sutiles
y rebuscadas, demasiado ilusiorias, en último término. Era preciso que la
creencia fuera tan conceptual como la potencia del rayo o lo destructor del
fuego; de otro modo, nadie creería en tus versos.
Sin embargo, con el tiempo y el desarrollo paulatino del lenguaje y la
socialización, las representaciones irían alejándose cada vez más de su matriz
natural, para convertirse progresivamente en un sistema autónomo y
autolítico14, cuya única conexión con la realidad terminaba siendo su alimento:
la energía volitiva de sus creyentes...
Así, dios, el ser, el dinero, la técnica, el estado, la ley, la democracia, etc.,
devendrían -una tras otra- creencias tan palpables como la hoguera, la nada, la
quiebra personal, la bomba atómica, la policía, la jaula o la prisión política, para
quienes seguían dudando de ellas y se rehusaban a entrar en el marco...
No obstante, de no existir el primer asentimiento hacia la primera ilusión15, es
indudable de que nuestro mundo sería muy diferente a lo que hoy es.
Pero, ¿Acaso ello significa que la creencia sea una facultad peligrosa?
No.
Sólo nos indica que quedarse en dicha etapa de nuestro proceso formativo es
insuficiente, involutivo y antihumano...
¿Por qué?

14 Que se alimenta con consigo mismo.


15Léase al respecto la Obra del británico Richard Dawkins: La ilusión de Dios, donde
este resulta el mayor adormecedor de conciencias...
Por la falta de profundización a que conduce toda creencia.
Creer es en efecto aceptar y no dudar, ya que una creencia con dudas lograría
lo contrario de su propósito inicial: ser una fortaleza, un apoyo para la voluntad
en lo desconocido; la duda-volviendo a introducir ese factor X en lo cierto del
edificio de la fe- sería como el grano de arena del mecanismo...
Al no existir dudas, se descartan consciente o inconscientemente las preguntas
e ideas peligrosas: Las ¿Qué tal si? Lo que no tarda en conducirnos hacia un
impase evolutivo, ya que el conocimiento crece por la pregunta, esa
puerta abierta a precisamente aquello que no conocemos, aquella cabeza de
puente lanzada en el vacío, y que permitirá edificar un puente sobre la Nada,
para seguir avanzando en el descubrimiento de si-mismo.
Creer es no cuestionar tampoco lo que hay, y en tal sentido, resulta la mejor
herramienta de control psicológico jamás implementada, ya que es una
herramienta interna, un implante inconsciente, un tirano personal vigilando
cualquier desliz hacia lo Incierto, reprimiendo cualquier cuestionamiento que
haga tambalear la estructura, aún si la realidad de lo creído grita ante la
inconsecuencia.
En tal perspectiva, la Razón -en cuanto sentimiento neutro- se hace imposible
en el creyente, ya que este último opera desde su creencia en forma binaria16:
el todo y la nada, el creyente y el herético, la verdad y la mentira... En última
instancia, todo se justifica por la fe, y no por argumentos que salgan de dicha
polaridad anímica. La razón se encuentra frente a la creencia sin medios de
acción, ya que debe aceptar la premisa del monólogo, y cualquier intento por
escuchar la otra campana interrumpe dramáticamente el dialogo de la creencia
con ella misma y la transforma a ella, en blanco de sus ataques ofuscados.
Bajo esa mirada, creer y pensar son eminentemente incompatibles, ya que el
pensamiento es esencialmente cuestionador y no admite certezas definitivas,
si no pasan periódicamente por el desestabilizante filtro de la Realidad...
Pruebas de lo involutivo de la creencia es que en vez de ser una herramienta
de individuación, es comúnmente gregarizante, y por ello, nos mantiene
amarrados a un colectivo primitivo en su desarrollo instintivo, temeroso, y
celoso de sus adquiridos. Imposibilita de ese modo la afirmación individual, el
paso a la adultez psíquica, manteniéndonos umbilicalmente conectados a la
matriz primigenia de la Cultura, sin posibilidad de seguir el camino hacia la
Hominalidad...

Creer en el Pensamiento
Pues bien, hasta ahora, se nos ha pedido creer en cosas, seres, ideas,
dogmas exteriores.
Lo que propongo en cambio, es que creamos en lo único que nadie puede
controlar:
El Pensar...
Resultará quizá contradictorio al lector, pero esa creencia inicial en la propia
Facultad del Pensar, a diferencia de las anteriores, permitiría un salto
cualitativo mucho más grande que lo que parece: sería el auténtico inicio de un
auto-apoderamiento del destino individual, de una recuperación de aquellas
16 Resulta interesante constatar que todas las creencias del mundo actual nos obligan
siempre a elegir entre la aceptación “normalizante” o el rechazo “repudiante”. Intente
por ejemplo negar prácticamente la autoridad del Estado y vea que pasará acto seguido
con su libertad constitucionalmente garantizada... En Chile, el mapuche tiene muy claro
que es libre de vivir donde quiera, mientras su vivienda no perturbe de pronto algún
proyecto hidroeléctrico o forestal...
riendas que conducen nuestro propio desarrollo individual hacia su evolución,
cedidas equivocadamente a manos extrañas e interesadas, de una abertura de
nuestra mente a posibilidades de crecimiento insospechadas...
Creer aquí, sería claramente una etapa del camino y no un destino, un primer
paso que oriente nuestra energía volitiva hacia nosotros mismos,
transformando nuestro cuerpo, alma y espíritu en un campo de
experimentación en su interacción con la Vida, permitiéndonos devenir los
conceptos que nuestro espíritu acogió como válidos, tras someterlos al amplio
espectro de herramientas cognoscentes de la Duda, la Crítica, la Analogía, la
Razón y el Juicio...

Tal creencia debiera introducirse en la niñez junto al desarrollo lingual 17,


otorgando al niño la inmediata compensación de la Facultad Ilusoria del
lenguaje con un paralelo crecimiento de las Facultades de dudar, de críticar y
someter a juicio, de hacer uso de una Razón que -si bien incipiente al
comienzo- le permitiría ir contrarrestando la constante polarización de sus
instintos, haciéndolo una persona más equilibrada en sus tendencias, y menos
extremista en sus decisiones, más crítica hacia la palabra palabra y más
atraída por la palabra concepto y la palabra acción: convirtiéndola
paulatinamente en una entidad circunspecta integrada en sus propias fuerzas,
y consecuentemente, con la totalidad del Cosmos; esto es, en un individuo
imposible de engañar y manipular porque vigilante per se...
En efecto, Creer en el Pensamiento significaría de pronto cesar de buscar
muletas psicológicas afuera del Si-Mismo, en esa selva del Yo compuesto de
orgullo, miedo e inseguridad, que acostumbra refugiarse en creencias que lo
hacen el blanco preferido de las más increíbles manipulaciones, y convertiría a
aquel animal humano en lo que nunca debió dejar de ser:
El peldaño de la Cultura conduciendo al Hombre...

Christian Leonardo Talarico

17 Aquel Etos humano compuesto de signos, estímulos, con los que tejemos nuestras
propias quimeras y que Enzo Talarico desarrolló en su tratado del mismo nombre: El
Lingual, publicado en: Le Livre de Philosophie Culturelle nº23,
Paris,1994.