Siglo

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zan así con absoluta fluidez, se funden en un fresco pleno de sentido. Incluso los más refractarios a cierto confusionismo cultural habrán de reconocer que en dicha época, más que nunca, muchos fenómenos de la vida española se presentan como un totum revolutum de ingredientes más bien heterogéneos: una actitud ambivalente hacia el pasado (memoria y olvido, ajuste de cuentas y recuperación), que se proyecta hacia un futuro incierto (miedo, esperanza), mientras se vive de modo frenético el presente: destape, transgresión, compromiso, movilización, movida, desencanto... Por todo ello podemos comprender y aceptar que en el análisis de Mainer (inevitablemente más específico y polémico que el de Juliá) aparezcan Valdano y Adolfo Domínguez, Nadiuska y Ramoncín, junto al movimiento contra Lemóniz y los premios Planeta. Una «pintoresca promiscuidad», como aquí mismo se reconoce, que en cualquier caso, nos guste o no, se constituye en escaparate o reflejo exacto de lo que fue aquella época: estimulante pero también hortera, gozosa y desmedida, cheli y canalla. Conviene, en cualquier caso, subrayar que no deben buscarse aquí grandes novedades. La finalidad era, según se apuntó antes, trazar un ajustado resumen de la efervescencia cultural de la transición. Si, pese a los aparentes desmadres (el «libertinaje» contra el que advertían los nostálgicos recalcitrantes), la moderación fue, según Juliá, el signo o la clave que marcó decisivamente el comportamiento político de los españoles durante esos años, bien pudiera hacerse extensible tal virtud a los propios autores, que en el análisis de ese revuelto panorama saben mantener un excelente criterio de distanciamiento y hasta de pretendida frialdad. No es menos cierto que ello tiene su envés en algunas páginas de Mainer, densamente cargadas de autores y títulos en forma de retahílas academicistas, y en algunas apreciaciones quizás en exceso complacientes (como cuando se trata del nivel de la ciencia española). Pero en conjunto el balance es más que positivo: el lector encontrará en estas páginas una de las síntesis más completas de lo que supuso culturalmente para los españoles el reencuentro con la libertad. s

Del destape a la movida: la cultura de la transición
RAFAEL NÚÑEZ FLORENCIO
JOSÉ CARLOS MAINER Y SANTOS JULIÁ

El aprendizaje de la libertad, 1973-1986
Alianza Ensayo, Madrid 296 págs. 2.115 ptas.

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esulta incuestionable a estas alturas —y ya prácticamente asumido con todas sus consecuencias— que el breve intervalo cronológico etiquetado como «la transición» (en el contexto hispano huelgan más especificaciones) se ha erigido en uno de esos períodos privilegiados que atraen de modo inagotable la atención —casi al nivel de la guerra civil, y al paso que vamos, con visos de superarla— de los más diversos cultivadores de las ciencias sociales, y aun también, por desgracia, de los simples aficionados. Prácticamente no hay faceta de este proceso —el entramado institucional, la cuestión militar, el terrorismo, la prensa...— que no cuente ya con una densa nómina de aportaciones, muy desiguales en verdad, pero por ello mismo más necesitadas del escrutinio serio y desapasionado. Algo —esto último— que sin duda irá facilitando el paso del tiempo. Mientras tanto, ha llegado el momento de empezar por lo menos a poner cierto orden —una mínima limpieza higiénica, como se postula en el volumen que comentamos— en esa mescolanza de datos (a veces sesgados), memorias y revelaciones (a menudo selectivas o interesadas) y supuestos providencialismos. Tal es en el fondo la causa motriz de este volumen por lo que toca al torbellino cultural de aquellos inquietos y contradictorios años, en los que (por un cúmulo de circunstancias, pero en particular la libertad recobrada) los cánones tradicionales aparecían tan alborotados como el pelo a los ritmos ye-yé. El objetivo primario, por tanto, es trazar una síntesis clara y coherente, destilar lo esencial y significativo, resaltar unos hilos conductores entre tanta maraña interpretativa y documental generada por los acontecimientos y protagonistas de un tiempo (quizás en exceso) feraz.
Septiembre, 2001. Nº 57. REVISTA DE libros

Peter Witte.

Para ello, el análisis se dispone y despliega en dos secciones muy desiguales, claramente diferenciadas, que responden por un lado a la división convencional entre el nivel socio-político y la vida cultural propiamente dicha, pero que resulta por otra parte sumamente funcional para delimitar los respectivos campos de especialización de los autores: así, Santos Juliá se encarga del apretado resumen inicial sobre «Cambio social y cultura política», y José Carlos Mainer trata en las páginas siguientes (que constituyen en extensión el grueso del libro, sus tres cuartas partes) de lo que tradicionalmente se entiende como «cultura popular» y de la cultura en su sentido más estricto (o sea, la vida literaria, artística y universitaria). Pese a esta partición tan nítida, el libro presenta una homogeneidad más acusada de lo que en principio sería previsible y, desde luego, bastante superior a otras obras recientes de similares características. No estamos, por decirlo claramente, ante una mera yuxtaposición. En buena medida, la razón de ello puede desprenderse del propio encabezamiento —El aprendizaje de la libertad—, que es en realidad más que un título: un tono, una óptica, un sentido, una interpretación que permea todas sus páginas, y que posibilita de un modo falsamente natural (es decir, resultado de una profunda reflexión previa)

lo que en el fondo son las dos mayores virtudes de la obra. En primer lugar, como antes se sugirió, el criterio de que es la recuperación de la libertad el factor determinante de los comportamientos individuales y colectivos de la época, fuera cual fuese su ámbito y manifestación. No en vano Juliá titula su capítulo central «Aprendiendo el lenguaje de la democracia», y Mainer pondera «la mutación sin precedentes de la moral española, que hoy debe ser una de las más comprensivas de Europa». En segundo término, y concatenado con lo anterior, destaca una gran flexibilidad metodológica en el tratamiento de los temas, que desemboca en una especie de mirada transversal y omnicomprensiva, a tono con la antes aludida dinamización que entraña el fin de la dictadura. Flexibilidad, dicho sea de paso, que se hace extensiva a la delimitación cronológica, teóricamente los tres lustros escasos que median entre el asesinato de Carrero y la integración política en Europa, pero que en la práctica se toman como enmarques de un cuadro complejo que cabalmente necesita para ser entendido de múltiples incursiones en el pasado, incluso en los decenios en que el franquismo distaba mucho de ser la «estaca podrida» que cantaba Lluís Llach. El objeto de estudio y el observador, la realidad y la perspectiva, se armoni-

Rafael Núñez Florencio es doctor en Historia y profesor de Filosofía. Autor del libro Tal como éramos. España hace un siglo.

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Del nacionalismo liberal español
estas alturas, si se me permite la alusión desengañada al presente, casi habría que empezar diciendo «Érase una vez» o «Hubo tiempo atrás» –no tanto, por otro lado– un proyecto político que concitó los esfuerzos de los mejores y que aunaba cimentación nacional (sin complejos), inspiración liberal (sin melindres) y una resuelta apuesta de renovación cultural. Bien es verdad, para no engañarnos, que buena parte del atractivo de ese proyecto, como explícitamente plantea Mainer, podría derivarse paradójicamente de haber tenido la suerte de no haber logrado imponerse del todo. Sería, por tanto, esa quimera a la que crípticamente alude el título, esa entelequia, aspiración o fábula que resultó ser, por la fuerza de las circunstancias, el sentimiento nacionalista español de estirpe «liberal y progresista». De eso trata básicamente este libro, «de la doma y montura de esa Quimera que es el contenido del nacionalismo español» (p. 17). Si digo con cautela básicamente es porque, como nos tiene acostumbrados Mainer en casi todas sus obras, esa línea medular, aunque se mantiene a lo largo de estas densas páginas, se ramifica en múltiples y variadas incursiones indagatorias que la desbordan, desde la formación de una cultura proletaria –explícita alternativa al «liberalismo burgués» («Notas sobre literatura obrera en España»)– a la negación tajante de esa cosmovisión liberal que supone la ideología fascista («Conversiones: algunas imágenes del fascismo»). De hecho, el propio autor termina por reconocer en una coda final que el «nexo de unidad» de los diversos estudios que componen esta obra es mucho más desvaído, una «reflexión sobre la cuestión intelectual en España». No se entiendan estas puntillosas alusiones como demérito, sino más bien todo lo contrario, pues aquí podrá hallar –más el especialista que el aficionado, como luego argumentaré– un conjunto de calas, a cual más interesante, en el complejo panorama español del primer tercio del siglo XX, desde el impacto del 98 en la literatu-

SIGLO XX RAFAEL NÚÑEZ FLORENCIO

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ra hasta los principales ismos de la época (pero en especial el regeneracionismo y el modernismo), pasando por el período formativo o de primeras armas de los que son indudablemente los dos grandes faros del momento: Ortega y Azaña. La doma de la quimera apareció originalmente en 1987, con el mismo sentido y casi el mismo formato en que hoy vuelve a presentarse: se trataba, y se trata ahora, de una recopilación de ensayos diversos, escritos la mayoría con ocasión de sucesivos encuentros o congresos. La diferencia de esta edición, además de algunas ampliaciones puntuales, estriba en la adición de dos nuevos estudios: uno sobre las huellas del desastre en los escritores españoles, jóvenes y consagrados, y el otro sobre algunas expresiones de la literatura fascista, que se prolonga en consideraciones sobre la estética de ese movimiento. En contra de lo que suele ser usual en un volumen de esas características, aquí esa aparente heterogeneidad halla una aceptable resolución como obra coherente gracias al enfoque y tratamiento con que el autor aborda los diversos temas. Esquematizando, me atrevería a sintetizar en tres los principales rasgos que confieren esa unidad al conjunto. El primero y más patente, el carácter decididamente empírico del acercamiento de Mainer: no estamos ante el típico ensayo de índole global que adelanta hipótesis brillantes sin gran fundamento o simplemente contempla generalizaciones más o menos aceptables, sino ante el examen crítico y minucioso de uno de los mejores especialistas en la materia, que hace descansar permanentemente sus argumentaciones en una catarata de datos; este rasgo, como es obvio, dota a la obra de un carácter impagable para el estudioso del período a la par que probable e inevitablemente ahuyente a quien busque tan solo una panorámica de conjunto. En segundo lugar, la deliberación conceptual. Sea cual sea el asunto que se trate –movimiento literario, planteamiento estético, presupuestos políticos, influencias intelectuales, sustrato filosófico, etc.–, Mainer dedica siste-

máticamente un amplio espacio a la reflexión sobre los fundamentos, sentido y límites de la propuesta en litigio, llámese ésta simbolismo, vanguardismo, regeneración nacional, «nueva sensibilidad» o «educación proletaria». Por último, el tercer elemento que aglutina el conjunto es la consideración misma de cultura, no como un entramado meramente ideológico o autosuficiente sino, muy al contrario, como expresión social en su más profundo sentido, es decir, como resultado de las necesidades, aspiraciones y expectativas de unos estratos sociales concretos. A partir de estas premisas, como corolario inevitable, el análisis se extiende hacia el trasfondo y anhelos políticos de aquellos sectores en cuestión, y de ahí se pasa de modo natural a considerar la lucha política propiamente dicha hasta llegar, por último, como adivinará el lector avisado, a las coordenadas económicas que constituyen su determinación en última instancia: de este modo, por decirlo de manera inmediata y simplificada, lejos de ser inocentes, los distintos supuestos culturales esconden o, en su caso, manifiestan abiertamente unos determinados «intereses de clase». Debe aprovecharse la ocasión de que aparezcan tales acuñaciones para efectuar una somera reflexión sobre cómo ha afectado a estas páginas el paso del tiempo. No pretendo decir que lo que dio en llamarse «historia social de la literatura» haya perdido su crédito, entre otras cosas porque más bien es lo contrario: se ha asentado y consolidado hasta un punto que hoy nos parece normal, de pura asimilación, lo que hasta hace bien poco era una perspectiva rupturista e innovadora. De hecho, una pequeña parte de las páginas de este libro –así, determinadas precisiones en torno al 98– parecen detenerse excesivamente en combatir lo que ya son fantasmas del pasado. Pero es que algunos de los ensayos que componen este libro datan de los años setenta, y eso inevitablemente se nota. No es tan solo una cuestión de incorporar bibliografía reciente sino de que –por poner un ejemplo– se ha escrito tanto en los últimos años sobre la crisis de fin de siglo, que ponderar la

José-Carlos Mainer LA DOMA DE LA QUIMERA. ENSAYOS SOBRE NACIONALISMO Y CULTURA EN ESPAÑA Iberoamericana/Vervuert, Barcelona 360 pp. 25

necesidad de una contextualización en este sentido parece insistir en algo ya plenamente aceptado y establecido. No lo digo, obviamente, en detrimento del autor, sino como constatación y, en todo caso, como reconocimiento, porque él fue pionero y exponente privilegiado de esos estudios renovadores. En otros casos, se trata más de un problema de forma

Portada de la revista satírica Gedeón. Madrid, 9 de junio de 1898

que de fondo o, si se prefiere, de matices en el acercamiento a una realidad que hoy convenimos en que se resiste a dejarse anclar con esquematizaciones tan diáfanas y categorías tan rotundas como «pequeña burguesía radical», «pequeño-burgueses profesionales», etc. (véanse en especial pp. 27-29). No dejan de ser en todo caso reparos o, aun ni eso, observaciones puntuales, que apenas afectan al conjunto: la pormenorizada investigación de Mainer sobre la efervescencia cultural de aquellos años puede leerse con el mismo provecho que hace más de dos décadas. Lo cual, para los tiempos que corren, ya dice mucho, del libro, y del autor.
revista de libros número 102 junio 05

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ESTUDIOS CULTURALES

Para entender mejor nuestra literatura última

ÁNGEL BASANTA
PROFESOR DE LITERATURA Y CRÍTICO LITERARIO

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l catedrático zaragozano José-Carlos Mainer es uno de los más fecundos maestros con que cuenta la universidad española en nuestros días. Sus estudios abarcan los siglos XIX y XX, con preferencia por este último y con atención frecuente a la literatura de hoy. No en vano Mainer fue uno de los primeros profesores universitarios con verdadera solvencia que se adelantaron a dar entrada en los estudios del mayor rango académico a temas, libros y autores actuales, teniendo en cuenta siempre la importancia de los mismos y operando en el análisis de sus obras con el rigor exigible en los estudios de literatura clásica. No como otros, que, por desgracia, abundan en la universidad española y, sobre todo, en la estadounidense, que han hecho desperdiciar energías y dinero en el estudio y la publicación de miles de páginas sobre autores vivos con muy escasa relevancia. En el caso de Mainer nunca ha sido así. De él puede decirse lo que sólo a muy pocos conviene con entera propiedad: nunca ha publicado una página insulsa. Sus estudios incluyen todos los géneros literarios, con preferencia por la novela, la poesía y el ensayo. Su enfoque multiabarcador se beneficia de la tarea polifacética del profesor, historiador, crítico y ensayista de arraigada curiosidad y saberes múltiples, que le permiten abordar los estudios literarios y culturales con los conocimientos necesarios de historia, teoría y crítica literarias, literatura comparada y aquella «deseable capacidad de tener razón» que Robert Musil reclamaba para tales estudios. Algunas obras de Mainer son recopilaciones de trabajos publicados en revistas, libros colectivos o actas de congresos de hispanistas celebrados en universidades españolas y extranjeras. Es el caso del presente, compuesto por una docena de ensayos escritos en los diez últimos años, publicados casi todos o a punto de publicarse, e inéditos hasta ahora el segundo y el último.Todos coinciden en la confluencia de lo académico y la actualidad literaria,

pues incluso en los dedicados a la posguerra se proyecta el diálogo intertextual con referencias y alusiones al presente. El marco temporal acotado queda explícito en el subtítulo: Para entender la literatura española, 1944-2000, de donde he tomado el epígrafe que encabeza este comentario.Y los doce trabajos se agrupan en tres partes bien diferenciadas y justificadas en el breve prólogo: «Tramas», por las que se relacionan temas y motivos que expresan una época; «Libros», que ponen de relieve el significado de algunas obras en diálogo con otras del mismo período; y «Nombres», donde se pasa del análisis de un texto a la trayectoria personal de algunos autores. Dos de los cuatro ensayos de «Tramas» acometen el asedio crítico a sendos años literarios de la posguerra: «Por ejemplo, 1944. Un año cualquiera» indaga en las coincidencias y diferencias emanadas de dos obras emblemáticas como Hijos de la ira y Sombra del paraíso, de Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre, respectivamente, con oportunas consideraciones sobre otros aspectos, como la irrupción de Cela como estrella fulgurante en el franquismo. «1952: en el cincuentenario de una quinta» parte del poemario de José Hierro Quinta del 42 y lo relaciona con otros libros cómplices con el fin de explicar la lucha por la dignificación literaria en tiempos de miseria bajo la dictadura. Los otros dos ensayos de esta primera parte ofrecen sendas exposiciones acerca de la interiorización del mal en obras gestadas en aquellos tiempos de dolor e impotencia: «El otoño del miedo» es un lúcido repaso por las sucesivas versiones de la imagen del dictador y su réplica en la literatura (Juan Goytisolo,Valente, etc.) y el cine (de Saura a Gutiérrez Aragón) nacidas de la herida espiritual en años de archiprovinciana grisalla.Y «El peso de la memoria o la imposibilidad del heroísmo en el fin de siglo» se centra en el pensamiento español de los años noventa, en diálogo con el pasado, con la transición y sus desencantos, con atención al rescoldo de la guerra en la memoria colectiva y su mitificación en novelas de Cela, Mu-

ñoz Molina, Marsé y Cercas, sin descuidar la atención crítica a la candidez de ciertos exorcismos de intelectuales acomodaticios y su evolución desde aquellos grupos de «abajofirmantes» a estas covachuelas del poder. La segunda parte, «Libros», contiene otros cuatro ensayos cuyo interés se centra en obras concretas, abordadas en su relación con otras muy cercanas en el contexto históricocultural o en la actitud de sus autores, como se manifiesta en la impronta machadiana de Sánchez Ferlosio al hablar de su libro Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Los trabajos de más enjundia están dedicados a textos que marcan la literatura de su tiempo, desde los años cincuenta hasta el presente. En «Síntomas de solidaridad: una lectura de Los bravos y El Jarama» se abordan las similitudes ambientales y formales de dos novelas que anticiparon la nueva mirada crítica de los jóvenes de la Generación del Medio Siglo en los años cincuenta. La literatura de los setenta y ochenta resulta iluminada en «Identidad y desencanto en tres novelas de la transición», con el análisis comparativo de tres novelas del conocimiento debidas a Millás (Visión del ahogado), Guelbenzu (El río de la luna) y Pombo (El héroe de las mansardas de Mansard), partiendo de su consideración como novelas generacionales de la nueva promoción del 68 que acomete su exploración del pasado a través del exorcismo y la memoria.Ya entre los siglos XX y XXI encuentra el estudioso las obras consideradas en «Ensayos, dietarios, relatos en el telar: la “novela a noticia”» como representativas del mestizaje o hibridismo genérico en que se mueve la corriente más vanguardista de la narrativa actual, en lo que Claudio Guillén, el mayor de nuestros comparatistas, ha llamado «la querencia multigenérica», aquí ejemplificada con textos autobiográficos, de autoficción, relatos reales a caballo entre la prosa de ficción y el reportaje periodístico, debidos a Vila-Matas, Cercas y Javier Marías, entre otros cultivadores de diversas modalidades de la literatura del yo.

José-Carlos Mainer TRAMAS, LIBROS, NOMBRES Anagrama, Barcelona 360 pp. 19,50 €

Finalmente, la tercera parte, «Nombres», añade otros cuatro trabajos dedicados al estudio de autores con notoria relevancia en las últimas décadas. En «Algunos poetas en el campus» se revisan libros de Antonio Martínez Sarrión, Guillermo Carnero y Luis García Montero, con atención, aquí algo forzada, a los diarios de Trapiello. Los tres últimos estudios completan este amplio recorrido desde lo más panorámico a lo más personal del autor en su obra, con sendas exploraciones críticas en la trayectoria narrativa de Pombo, Millás y Martínez de Pisón: la reflexión de alcance moral y filosófico en «Introducción al realismo de Álvaro Pombo», los exorcismos familiares y la fabulación de la extrañeza en «El orden patriarcal, el orden del mundo: motivos en la obra de Juan José Millás», y las narraciones del aprendizaje, entre el cuento y la novela, en «Ignacio Martínez de Pisón: contando el fin de los buenos tiempos». En suma, he aquí una oportuna recopilación de ensayos críticos sobre diferentes épocas, obras y autores, todos importantes desde la inmediata posguerra hasta hoy. La perspicacia hermenéutica de Mainer se acompaña de guiños cómplices al lector, como, por ejemplo, rematar el capítulo dedicado a Millás con una locución recurrente en los textos de este autor («En fin...») y resulta enriquecida por una prosa muy rica y sugerente. Lo cual se aprecia en idéntico grado en la última aportación del estudioso: Moradores de Sansueña (Lecturas cervantinas de los exiliados republicanos de 1939), que acaba de publicar la Cátedra Miguel Delibes (Universidad de Valladolid, 2006) y que contiene las explicaciones del profesor Mainer en un curso impartido en el Graduate Center de la Universidad de Nueva York al final del cuarto centenario cervantino conmemorado en 2005.
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