Fernández Díaz, Roberto: La España Moderna .Siglo XVIII. Ed. Historia 16, Madrid, 1993.

“No compartimos los esfuerzos de Fontana por separar por separar la corriente ilustrada castellana de la catalana del siglo XVIII. El argumento de que en las bibliotecas catalanas del siglo XVIII se encuentran pocas veces a Campomanes y Jovellanos es poco demostrativo, porque ciertamente en la bibliotecas castellanas de la época tampoco se encuentran abundantemente estos autores. La tónica ideológica de los libros presentes en unas y otras bibliotecas lo que refleja es la pobreza de la Ilustración en toda España” (pp 14) “Fueron muchos los ilustrados españoles que apostaron por la necesidad de aprender de los extranjeros… La confusión entre lo extranjero y el mal la fustigaba Clavijo y Fajardo en El Espectador…La salida de muchos ilustrados no va a ser otra que la nostalgia. Aquí están como testimonio las frasee de Jovellanos en su Epístola a Arnesto” (pp19-20) “[En 1791] Este entrenamiento ante los extranjeros alcanzó cotas enfermizas…El propio Floridablanca le decía al Rey que: estamos rodeados de franceses en nuestras casas y pueblos, empezando por el Real Palacio, ayudas de cámara, peluqueros, cocineros, comerciantes, militares, literatos… y otros innumerables forman una multitud capaz de seducir toda clase de personas y estados. Los reformistas fueron barridos. Cabarrús fue denunciado por el Santo Oficio y encarcelado en 1790, Jovellanos enviado a Asturias y Campomanes relegado.” (pp 25) “De estos afrancesados los hay colaboracionistas de primera hora como Urquijo, Cabarrús, Azara, Piñuela, colaboracionistas más tardíos como Sotelo, Llorente, Arjona, Lista o Reinoso, que inicialmente habían jugado la carta patriótica; y flotantes hábiles, siempre en el lado del poder, como Pedro Cevallos. En el lado de los patriotas, hubo de todo, desde intelectuales distanciados como Jovellanos (que moría en 1810) a románticos como Quintana o guerrilleros ultramontanos” (pp 34) “En tercer lugar, cabe decir que la Ilustración, en tanto que movimiento intelectual, era poco propicia a las pequeñas unidades políticas. En realidad, el universalismo inherente a las premisas de pensamiento ilustrado le llevó, también en España, a una honda dedicación a las Monarquías. Ello no fue incompatible, sin embargo, con otra evidente realidad secular: una profunda preocupación por las patrias. Jovellanos o Antoni de Capmany, ente otros posibles ejemplos, resultaron bueno paradigmas de esta dobles pasión. “ (pp 43) “El reforzamiento del soberano fue la táctica política, consciente o no, que la mayor parte de los reformistas apoyaron, a veces incluso al margen de sus teóricas ideas políticas. Sobre todo en el mundo de los gobernantes: desde Patiño a Campomanes, desde Ensenada a Jovellanos, todos parveen admitir este reforzamiento como algo necesario para la reforma de España” (pp 172) En 1792, en el nuevo gobierno promovido por Godoy, Jovellanos ocupa el ministerio de Gracia y Justicia. (pp 194) Jovellanos a favor de una división territorial guiada por la racionalidad en el tamaño y en las funciones. “Hombres como Macanaz, Patiño, Carvajal, Ensenada, Aranda, Jovellanos o Cabarrús, por mencionar sólo algunos nombres señeros, no abogaron por la desaparición en la vida española de la nobleza ni, por supuesto, del clero.” (pp. 228) “En términos generales, bastantes personajes ilustrados, en especial de las últimas décadas del siglo, estuvieron próximos a la masonería. Hombres como Campomanes, Jovellanos o Ceballos parecen haber estados entre las filas de esta sociedad que los Borbones

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no vieron con buenos ojos, pues fue prohibida por Fernando VI en 1751, siguiendo las indicaciones pontificias. Organización claramente elitista y selectiva, parece que no fue tampoco bien recibida por el conjunto de la población.” (pp 243)

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