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Periódico Reforma, México, domingo 6 enero 2008, Suplemento cultural “El

Ángel”.

Generación MP3: Viven en un mundo aparte
Francesco Manetto

Especialistas exponen las ventajas y desventajas en el uso del MP3 y el iPod,
que en casos extremos pueden llevar al aislamiento

(6 enero 2008).- Lucas tiene 13 años y durante unas ocho horas al día no
escucha a nadie ni habla con los demás. Ese tiempo no es el que dedica a
dormir. Son las horas que pasa con los auriculares de su reproductor MP3
puestos. Mientras oye las canciones de sus grupos favoritos hace todo lo que
haría si apagara su iPod. Navega por Internet, se queda en su habitación a
fantasear, intenta hacer sus deberes, acompaña a sus padres al supermercado
o sale a pasear por el barrio con sus amigos. Sólo hay un detalle atípico: en su
vida faltan las palabras y la comunicación directa.

Al igual que muchos de los adolescentes menores de 15 años, Lucas es usuario
habitual de un reproductor MP3. Lo que le diferencia de la mayoría de jóvenes
de su misma edad es que su afición se ha convertido en una obsesión. Por esta
razón, su caso está siendo tratado.

Los reproductores MP3 e iPod se han convertido, en menos de una década, en
uno de los productos de la industria del ocio más vendidos de la historia. En
2007, Apple alcanzó los 100 millones de iPod vendidos; iTunes es la mayor
tienda del mundo de canciones, discos y programas pregrabados (podcasts)
pensados especialmente para estos dispositivos portátiles. Tanto es así que, en
los últimos meses, los expertos han empezado a preguntarse si su abuso, más
allá de las posibles pérdidas auditivas, acarrea riesgos psicológicos y puede
convertirse en un problema social.

Javier Abril, psicólogo que ha estudiado casos parecidos al de Lucas y docente
de la Universidad San Vicente Mártir de Valencia (UCV), tiene las ideas claras al
respecto.

"El abuso de estos aparatos provoca el aislamiento de los más jóvenes, tanto
en el entorno familiar como entre los amigos. Además, puede inducir a la
aparición de ansiedad, afectar a la autoestima y magnificar algunos miedos de
la adolescencia. De todas formas, el problema fundamental es la falta de
autocontrol en una edad en la que los padres deben ejercer su función de
guías".

Un amplio estudio sobre la relación entre nuevas tecnologías y comunicación,
realizado por un equipo de psicólogos de la clínica universitaria de la UCV, deja
claro que el uso de las tecnologías no suele constituir la única causa de estos
problemas. Aunque, añade Abril, la utilización excesiva de esos reproductores
puede despertar en los menores de 15 años no sólo problemas de carácter
psicológico, sino que implica también el sedentarismo físico.

"Los chavales pueden pasarse el día entre el sofá y el ordenador sin hacer
ningún tipo de ejercicio físico".
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Todo lo contrario de lo que ocurre con los que utilizan los reproductores MP3
mientras hacen ejercicio en el gimnasio o salen a correr. Porque, generalmente,
se trata de otras generaciones de usuarios. De todas formas, si las
organizaciones de consumidores y algunas asociaciones de padres
recomiendan, ante todo, "el sentido común", hay expertos que recuerdan que
cualquier actividad, incluso la lectura, puede ser mala, si se utiliza para huir de
la realidad y aislarse. Pero ¿quién decide? Y, sobre todo, ¿es posible definir
límites?

En opinión de Abril, entre los indicadores que pueden alertar de una especie de
adicción al MP3 se encuentra el uso durante más de dos horas diarias.

"Aunque es importante destacar que más que una cuestión de tiempo se trata
de una cuestión de formación y de educación", dice. "Los padres tienen que
aprender a decir que no y, si no pueden hacerlo, pedir ayuda a los
profesionales".

Porque es muy importante que los adolescentes aprendan a comunicar y
compartir sus opiniones con los demás, a partir de los padres y el entorno
familiar, y a defenderlas ante ellos.

Sin embargo, los MP3 no son sólo el símbolo de millones de adolescentes.
Desde finales de los 90, han entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana
cuando nos desplazamos en el metro o practicamos algún deporte, por la calle,
en el trabajo, incluso en el coche. Y los estudios prevén que, ahora que las
compañías de telefonía móvil han empezado a implementar ese dispositivo en
los celulares, su difusión crezca cada vez más. Tanto es así que, en febrero, un
senador demócrata de Nueva York, Carl Kruger, propuso, por razones de
seguridad, multar con 100 dólares al que cruzara una calle con un teléfono
móvil, un reproductor de música o consola de videojuegos portátiles
encendidos.

La iniciativa no prosperó, mientras que, por ejemplo, sí tuvo éxito otra,
impuesta por la federación estadounidense de baloncesto (NBA). ¿El resultado?
Algunos jugadores estrella tienen prohibido encender su iPod cuando faltan 20
minutos para los partidos: "Para no aislarse o perder la concentración, y
acordarse de que no van a jugar solos".

La música individualizada

Estamos en una discoteca de Málaga o un club de Alicante, un fin de semana
cualquiera. En la pista, los asistentes empiezan a bailar. Sin embargo, en lugar
de moverse todos al mismo ritmo, lo hacen al compás de rock clásico, hip-hop,
salsa, música electrónica, jazz, house... Todos al mismo tiempo. Porque cada
uno lleva unos auriculares inalámbricos conectados al canal de música que
prefiere.

El mercado del ocio conoce sus gustos y esta Fiesta Silenciosa, lanzada en
2005 por una productora andaluza, ya es una marca registrada. Uno de sus
promotores, el malagueño Manuel Rincón, incide en sus ventajas.

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"Escuchar en soledad puede convertirse en la posible solución de toda aquella
sala que no está debidamente insonorizada o que no tiene licencia de música
hasta altas horas de la madrugada; ya que se garantizaría el descanso a los
vecinos y aseguraría la diversión de los clientes y la comunicación", dice.

Más allá de las buenas intenciones de los promotores, este formato de fiesta
casa con las actitudes de una generación que maneja muy bien las nuevas
tecnologías, ha crecido conectada a Internet y se mueve a sus anchas entre
comunidades online. Un sector de jóvenes que tienen entre 18 y 36 años
llamado por la psicóloga estadounidense Jean Twenge Generation Me
(Generación Yo) en su libro homónimo.

Esta profesora de la Universidad de San Diego destaca en una investigación
que los estudiantes universitarios nacidos después de 1982 suelen ser, por
regla general, más narcisistas e individualistas que sus predecesores.

Ante todo, dice, es imposible hacer cualquier tipo de retrato generacional sin
tener en cuenta las innovaciones tecnológicas.

"Propongo un nombre para la generación de jóvenes nacidos entre 1981 y
1999: iGeneration, o iGen. Esta generación ha sido profundamente influida por
las nuevas tecnologías, incluyendo Internet y, por supuesto, los iPod. Esa i
engloba también la esencia de mi descripción de la Generación Yo: puede
sustituir la primera persona singular o sugerir la primera letra de la palabra
clave: individualismo".

Acto social

En otro frente, los defensores de estos dispositivos esgrimen argumentos
opuestos y consideran que, incluso en el mundo individualista en el que
vivimos, se han convertido en una especie de símbolo del compartir, en
referencia a la posibilidad de intercambiar archivos a través de programas
online. Si escuchar música puede ser un acto individual, buscar un disco o una
canción en una página web, comprarlo y compartir el archivo para que otros
usuarios lo incluyan en la lista de su reproductor MP3 puede ser considerado
como una especie de acto social.

Para muchos docentes de educación musical, además, el conocimiento y
manejo instrumental de estas tecnologías, la forma de interpretar o de
relacionarse con la realidad a través de ellas y las implicaciones sociales que
todo esto conlleva ya forman parte de la cultura de nuestro tiempo.

Ésta, al menos, es la opinión de un equipo de pedagogos y musicólogos,
autores de un manual para un curso de formación organizado por el Ministerio
Español de Educación y Ciencia.

Noemí López y Manuel Gertrúdix Barrio hacen hincapié en las posibilidades que
ofrecen los reproductores MP3: "Ahora toca aprovechar las oportunidades
didácticas de un mundo en el que nuestros alumnos se mueven entre
descargas de archivos MP3 en su dispositivo portátil, el uso de videojuegos o el
intercambio de información a través de la Red... A la hora de realizar

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actividades de audición podríamos pedir que busquen en Emule o en Limewire
alguna versión del Réquiem de Mozart y que se descarguen el Lacrimosa...".

Según Javier Abril, incluso los padres más familiarizados con las nuevas
tecnologías pueden aprovechar los reproductores MP3 para fomentar la
educación musical de sus hijos.

"Aunque el simple acto de escuchar música no supone necesariamente el
saber valorarla o el aprender algo sobre ella".

Los riesgos

Lo más importante para los psicólogos, de todas formas, es que los padres de
adolescentes sean conscientes de que el uso prolongado de los lectores MP3
puede provocar adicción.

No es una casualidad que muchos médicos prohíban el uso de estos
dispositivos a los pacientes que ingresan en algún centro de rehabilitación de
farmacodependencias. Porque, para rehabilitarse, es ante todo necesario
volver al contacto directo con la realidad y a la comunicación directa con los
demás.

Con respecto a los riesgos para la audición, la fundación de la empresa de
audífonos y corrección auditiva GAES puso en marcha hace unos meses la
campaña No te olvides de tus oídos, que pretende concienciar a los más
jóvenes sobre el uso prolongado de estos dispositivos. Y es que la mayoría de
reproductores permiten escuchar música a un volumen que puede llegar a los
112 decibeles.

Según los expertos, una exposición prolongada a ruidos de más de 85
decibeles puede causar problemas auditivos que, en algunos casos, consiguen
lesionar el oído interno. Un ejemplo: tan sólo una hora escuchando la música a
todo volumen con un reproductor y con los auriculares puestos puede causar
daños permanentes que reduzcan la capacidad de oír.

Todavía no hay estadísticas precisas al respecto, aunque en México, Estados
Unidos y Reino Unido algunos usuarios han demandado a Apple por pérdidas
auditivas.

Hasta ahora, ningún demandante ha conseguido ganar. Sin embargo, tal vez
hagan un uso más prudente de los dispositivos de la nueva generación de MP4.
Sobre todo porque, con esos reproductores con pantalla se trata de tener
ocupados oídos y ojos. De momento, se libran dos sentidos: el gusto y el olfato.
¿Durará?

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