Selección de artículos de

LE MONDE
diplomatique

ECOLOGÍA Y DESARROLLO SUSTENTABLE

Seleccifjn de artículos publicados en le Monde Diplomatique (Presentación de Sara Larraín)

EDITORIAL A Ú N C R E E M O S EN LOS SUEÑOS

© 2003, Editorial AÚN CREEMOS EN LOS SUEÑOS
La editorial AÚN CREEMOS EN LOS SUEÑOS

publica )a edición chilena de Le Monde Diplomatique. Director: Victor Hugo de la Fuente Suscripciones y venta de ejemplares: Huérfanos 1022 of. 1208, Santiago-Chile Teléfono: (56 2) 671 75 54 Fax; (56 2) 671 76 80 E-mail: edición.chile@lemondediplomatique.cl Diseño: Carlos Muñoz Baeza Copyright 2003 Editorial AÚN CREEMOS EN Los SUEÑOS. ISBN: 956-8134-21-2 Registro Propiedad Intelectual N° 133.651

ÍNDICE Presentación Entre la vida y los negocios: la agenda política post Johannesburgo
Por Sara Larraín 7

Salvar el planeta
Por Ignacio Ramonet 15

Desarrollo sustentable, una idea desvirtuada (Inédito)
Por Sadruddin Aga Khan 19

Necesaria crítica al capitalismo (Inédito)
Por Jean-Marie Harribey 25

Ceguera ante una amenaza mortal (Inédito)
Por Frédéric Durand 29

Oscura alianza para el desarrollo de África (Inédito)
Por Agnés Sinaí 39

Lo que el Norte le debe al Sur
Por Walter Alberto Pengue 45

Observaciones sobre el proceso de globalización y el equilibrio ecológico en América Latina (Inédito)
Por Jaime Massardo 55

Lucha sin vigor contra la desertificación
Por Pierre Rognon 71

El "granero del mundo" se desertiza...
Por Jorge Morello y Walter A. Pengue 77

Preservar los recursos forestales
Por Gérard Sournia 81

¿Van a desaparecer los elefantes?
Por Hubert Reeves 85

El clima, rehén de los lobbies industriales
Por Gérard Sournia 89

Entre la vida y los negocios: la agenda política post Johannesburgo
Por Sara Larraín*

"Salvar el Planeta ", titulo del texto de Ignacio Ramonet con que se inicia este libro, encarna aspiraciones largamente expresadas por la ciudadanía mundial durante los últimos 30 años. La agenda ambiental es, sin duda, fruto de décadas de demandas ciudadanas evolucionando desde lo estrictamente ambiental en la década de los 70, hacia la Agenda del Desarrollo Sustentable en la década de los 90; enfrentando luego graves obstáculos para su implementación debido a la hegemonía del crecimiento económico como dogma del desarrollo. El proceso hacia Johannesburgo y los resultados de dicha Cumbre ilustran claramente estas dificultades. jLa Conferencia sobre Medio Ambiente Humano (1) desarrollada en Estocolmo en 1972, a partir de la cual se inauguró la dimensión ambiental en la agenda política internacional fue fruto de la expansión industrial, la contaminación de los ríos y la lluvia acida en los países industrializados. Allí nacieron el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente y las primeras instituciones ambientales nacionales.
* DIRECTORA DEL PROGRAMA CHILE SUSTENTABLE Y EX CANDIDATA PRESIDENCIAL.

7

Los procesos de persistente deterioro ambiental a nivel nacional e internacional con posterioridad a Estocolmo, las nuevas evidencias científicas y el movimiento ecologista (2), generaron a partir de los 80 un nuevo consenso que permitió vincular defiínitivamente las problemáticas del medio ambiente y del desarrollo. Este consenso se reflejó en los acuerdos de la Cumbre de Medioambiente y Desarrollo, -llamada Cumbre de la Tierra- realizada en Río de Janeiro en 1992. El informe "Nuestro Futuro Común" (3) encargado por Naciones Unidas a la ministra noruega de la época -Oro Brundland-, y publicado en 1987, expresa claramente el desafilo de compatibilizar las actividades humanas con la productividad y conservación de los ecosistemas; si es que la especie humana desea sustentarse en el tiempo. El informe Brundland, mostró las áreas de incompatibilidad crítica entre medioambiente y desarrollo y sus recomendaciones defiínieron la agenda de trabajo de los gobiernos y del sistema de Naciones Unidas hacia la Cumbre de la Tierra. La dimensión ambiental incorporada a los e.scenarios sociales, culturales y políticos interpeló profundamente la ideología y las concepciones del desarrollo y abrió cauces para reorientarlo. Pero durante los 90, la implementación de la globalización económica neoliberal, la persistencia de la deuda externa y la reducción de la cooperación internacional, abortó cualquier posibilidad de avanzar hacia el desarrollo sustentable.

Las promesas incumplidas:
La evaluación sobre la implementación de los compromisos de Río no es positiva. Los gobiernos no concretaron la voluntad política, ni los recursos suficientes para cumplir con las tareas establecidas en los 40 capítulos de la Agenda 21 y, tal como explican Frederic Durand, Fierre Rognon, Jorge Morello y Gerard Sournia en este libro, tampoco lograron avances significativos en las Convenciones de Desertificación, Biodiversidady Cambio Climático. Durante los 90, el nuevo contexto geopolítico marcado por una intensificación de la globalización comercial yfinanciera,en lugar de ayudar a revertir las tendencias de degradación ambiental y social,

las agravaron en extremo. Como consecuencia, hoy enfrentamos peores niveles de inequidad social e insustentabilidad ambiental. Esto, unido a la degradación de las democracias, hacen difícil retomar el camino hacia el desarrollo sustentable. El proceso de evaluación de los acuerdos de Río permite constatar que la continuidad de la agenda económica impulsada por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional después de 1992, junto al incumplimiento de los compromisos de la cooperación internacional, y los nuevos regímenes de comercio establecidos en el marco del Gatty de la Organización Mundial de Comercio, intensificaron la destrucción ambiental y la inequidad social ya denunciados en Río; y peor aún, han obstaculizado persistentemente la implementación de la sustentabilidad. Las cifras del mismo Banco Mundial y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo corroboran este fracaso (4): el ingreso de las naciones ricas es 3 7 veces mayor que las naciones pobres. A esta inequidad, se suma la insustentabilidad ambiental que también afecta a los países pobres: los costos de degradación ambiental en la mayoría de los países en desarrollo es entre 4% y 8% de su PIB anual, (5) lo que agregado a los problemas de la deuda externa, los condena a un espiral de empobrecimiento casi irreversible.

El desmantelamiento de la agenda del Desarrollo Sustentable
En sólo 2 años los gobiernos "guardianes de la tierra " en Río, se convirtieron en "vendedores de la tierra " en Marrakech (6), fruto de los acuerdos del Gatt y la creación de la Organización Mundial de Comercio en 1995. Asila agenda de protección y uso sustentable de los recursos naturales, dio paso a una agenda de apertura incondicional, para que el empresariado mundial pudiera acceder y explotar los ecosistemas, las comunidades y los recursos hasta en los territorios mas recónditos del planeta. Río promovió el compromiso de los estados para avanzar hacia el bien común y la cooperación para asegurar la sustentabilidad del planeta y del desarrollo. Marrakech debilitó el rol regulatorio de los estados para favorecer la movilidad de las empresas transna-

dónales en base a la competitividad de mercado. Las prioridades políticas nacionales e internacionales, pasaron así desde el logro de la equidad, la sustentabilidady la democracia, hacia el logro de la competitividad y la liberalización de mercados, de inversiones, de servicios y del sector financiero, convirtiéndose en las únicas opciones del desarrollo dominanteTal como ilustran Sadruddin Aga Khan, Jean Marie Harribey, y los demás autores de este libro, a 10 años de Río lo único que se perpetuó es el crecimiento económico para algunos; agravándose los problemas de inequidad social, degradación ambiental y la pérdida de poder político de los estados para responder a las necesidades de la población. En consecuencia, el poder económico empresarial ha tomado el lugar del poder político; desarrollándose procesos de mediatización y mercantilización de la actividad política. Así, cualquier posibilidad de retomar procesos de decisión democrática sobre el desarrollo, resulta cada vez más lejana. Hoy podemos decir muy claramente, que el régimen económico establecido por el FMIy la OMC a partir de Marrakech, destruyó la Agenda de Río, al situar el ambiente y los derechos humanos, económicos,sociales, políticos y culturales en el marco de la competencia económica. La batalla de Johannesburgo A pesar de una calurosa "Declaración Política", el "Plan de Acción" (7) aprobado en Johannesburgo muestra poca voluntad política y ningún avance con relación a la Cumbre de 1992. La batalla de Johannesburgo se centró en salvar la Agenda de Río, la cual peligró durante todo el proceso de negociaciones, desde la formulación de los principios mismos. Parte importante de las discusiones se centraron en mantener dentro del Plan de Acción el "Principio Precautorio" y el principio de "Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas " (8) ya consagrados en 1992. Quedando el primero vaciado de sus fundamentos ético-políticos y reducido a promover la toma de decisiones con fundamento científico, y procedimientos de evaluación y gestión de riesgos (9). El Plan de Acción de Johannesburgo, focaliza acciones en 6 10

áreas cruciales ya establecidas la Agenda 21: la erradicación de la pobreza; la modificación de las modalidades insostenibles de producción y consumo; la protección y gestión de la base de recursos naturales del desarrollo económico y social; la salud y el desarrollo sostenible; medios de ejecución y marco institucional para el desarrollo sustentable. Las recomendaciones más reiteradas en el Plan de Acción, promueven la integración de los países en desarrollo a la economía global a través del mercado. El leit-motiv es el trade related: asistencia técnica relativa al mercado, (10) desarrollo de capacidades relativas al mercado, etc., restringiendo la noción de desarrollo y la posibilidad de alcanzar la sustentabilidad, a la mercantilización e inserción global. Dos excepciones a rescatar son, la recomendación de medidas y regulaciones para promover la responsabilidad empresarial y la recomendación de apoyar el trabajo de Organización Internacional del Trabajo- OIT sobre las dimensiones sociales de la globalización. Johannesburgo no acordó compromisosfinancierosadicionales para financiar el desarrollo sustentable. La creación de un Fondo Solidario que ayude a "reducir en 2015 a la mitad la cantidad de pobres con ingresos inferiores a 1 dólar / día" es voluntario, y no establece montos, ni plazos, lo que equivale a crear un bolsillo sin fondos (12). En cambio, al igual que el "Global Compact" (13); la iniciativa empresarial para financiar las Naciones Unidas; la Cumbre de Johannesburgo inauguró la fórmula de los "partnership" (14), entre gobiernos, entre empresas y gobiernos y entre empresas y ONG 's, buscando atraerfondos del sector privado para implementar el desarrollo sustentable. Este mecanismo, además de no clarificar prioridades, ni control político, constituye un claro proceso de privatización de la implementación del Plan de Acción de Johannesburgo. Los medios de implementación del Plan de Acción, también están centrados en la intensificación de los mecanismos de la globalización económica: facilitar el flujo de inversión extranjera; crear condiciones para facilitar el aumento de inversión extranjera directa (15); y facilitar el acceso de los países en desarrollo al 11

mercado mundial. Con excepción de la recomendación de mecanismos para aliviar la deuda extema, el Plan de Acción, está dominado por las recomendaciones de la llamada "Agenda Para el Desarrollo " de la OMC, emanada de la reunión de Doha. En síntesis, la integración de los países al mercado global se presenta como " la vía "para alcanzar el desarrollo sustentable. Esta propuesta enunciada tímidamente en Rio, es expresada clara y directamente en Johannesburgo. Estas recomendaciones y la voluntad política que ellas manifiestan significan la mercantilización de la agenda del desarrollo sustentable. Este enfoque, también ha invalidado la posibilidad de alcanzar los objetivos de las demás "cumbres sociales"desarrolladas durante los 90, tales como las de Copenhague, Beijingy Habitat, y adicionalmente ha empezado a amenazar a todos los acuerdos internacionales consagrados en el Sistema de Naciones Unidas. La atmósfera de cooperación que hizo posible imaginar el desarrollo sustentable en Río, ciertamente se esfumó en el camino hacia Johannesburgo. Los países mayoritariamente negociaron desde una posición que les permitiera mantener sus actuales ventajas competitivas. ¿A qué futuro podemos aspirar? Hoy, la sociedad planetaria enfrenta dos tendencias de estructuración política, social y económica: la consolidación hegemónica de la actual globalización económica neoliberal, o un cambio en el rumbo hacia diversas modalidades económicas, políticas y sociales enfocadas hacia la sustentabilidad. Ambas tendencias implican el desarrollo y consolidación de modelos económicos y culturales estructuralmente antagónicos, la lógica de la vida y la lógica de los negocios. Las lección de Rio y de Johannesburgo es que la sustentabilidad no será implementada bajo la conducción de los gobiernos o de la comunidad empresarial mundial. Si creemos que un mundo sustentable es posible este ciertamente deberá ser concretado desde las comunidades, los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales.
12

Actualmente se manifiesta una crisis de gobemabilidad de la globalización. La confrontación entre los intereses del mercado y de los ciudadanos han sido los de mayor fuerza y visibilidad en el escenario político de los 90. Seattle significó la primera masiva y multisectorial confrontación a las reglas y actores de la globalización; y luego se avanzó en generar espacios para la articulación de las múltiples experiencias ciudadanas hacia sociedades sustentables. Sin embargo, a pesar del crecimiento y consolidación del movimiento antiglobalización a nivel planetario, aún no se ha consolidado una agenda de iniciativa política que supere el enfoque eminentemente reactivo a la agenda globalizadora. El futuro de la Agenda de la Sustentabilidad depende del liderazgo de la sociedad civil planetaria y de que este sector pueda influir para establecer políticas públicas en esa dirección, a través de sistemas democráticos participativos. Concretar la equidad, la sustentabildad ambiental y la gobemabilidad democrática requiere al menos i enfoques estructurales: el cuestionamiento del estilo de desarrollo de los países industrializados, como un modelo posible de ser universalizado en un planeta de recursos limitados; el desacoplamiento de la Agenda de la Sustentabilidad de la Agenda del Crecimiento económico, priorizando la subsistencia de las comunidades humanas y la productividad de los ecosistemas por sobre los imperativos del crecimiento de la economía; y el establecimiento de un enfoque re-distributivo de convergencia, que enfoque simultáneamente los desafíos de erradicación de la pobreza y los de erradicación de la riqueza. Es la tarea que enfrentamos hacia Johannesburgo y que seguimos enfrentando más claramente aún después de Johannesburgo. •

1

Conferencia de Naciones Unidas sobre IVIedio Ambiente Humano, Estocolmo, Suecia, 1972.

2

Curiosamente esos mismos años los activistas pacifistas, ecologistas y sus organizaciones conformaron las primeras instituciones internacionales: Fríends of the Earth, Greenpeace, etc.

3 4

Naciones Unidas. Banco Mundial, \nforme sobre el Desarrollo Mundial 2000/2001: Lucha contra la pobreza.

13

5

Banco Mundial, Making Sustainable Comunities Estrategia Ambiental para el Banco Mundial, 2000.

6

Boíl Foundation "The Jo'burg Memo: Fairness in a Fragile World", Berlín, Germany, april 2002.

7

Naciones Unidas, Plan de Acción de la Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable, Johannesburgo. Sudáfrica, septiembre de 2002.

8 9

Principio 7: Declaración de Río sobre ^1 Medio Ambiente y el Desarrollo. Párrafos 22 y 4S-e: Plan de Acción de la Cumbre Mundial de Desarrollo Sustentable, Naciones Unidas, septiembre de 2002.

10 11 12

Párrafos 45,45a, 45 b, 45 c y 45e del Plan de Acción. Párrafo 6 (b): Capitulo 11 Erradicación de la Pobreza. Plan de Acción. Instituto de Ecología Política -Comunicado de Prensa- Santiago, Chile, 5 septiembre de 2002.

13

Global Compact es la iniciativa de Kofi Annan con las grandes transnacionales Shell, Monsanto, Nestle, GM, etc., para el financiamiento del sistema de Naciones Unidas.

14 15

Párrafos 25,43, 44,45, 68. 118, 128, 136-b, etc, en varios capítulos del Plan de Acción. Párrafo 78-a y siguientes. Plan de Acción.

S.L.

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Salvar el planeta
Por Ignacio Ramonet* El desafío de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable a celebrarse en Johannesburgo, que reunirá a Jefes de Gobierno y participantes de 180 países, consiste en revertirías tendencias ya señaladas en la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, que se han acelerado y agravado con las políticas globales de la última década. El recalentamiento climático, la escasez de agua potable, la desaparición de bosques, la amenaza de extinción de múltiples especies, la pobreza que se extiende, resultan de un esquema de consumo y producción inviable. Indisociables de las crecientes desigualdades, estas prácticas, de no revertirse, podrían amenazar a la especie humana misma.

Del 26 de agosto al 4 de septiembre de 2002 Johannesburgo, en Sudáfrica, será sede de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable. Se trata de un acontecimiento fundamental que reunirá a la mayor cantidad de Jefes de Estado y Gobierno que nunca se hayan reunido en los últimos diez años, y a unos 60.000 participantes procedentes de 180 países. Intentarán responder entre todos a las preguntas más graves que conciemen al conjunto de la huma* DiREaoR D LE MONDE DIPLOMATIQUE, FRANCIA. ARTICULO PUBUCADO EN EL N ° 22 DE E LA EDICIÓN CHILENA DE LE MONDE DIHOMAVQUE, AGOSTO DE 2 0 0 2 .

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ni dad: ¿Cómo preservar el medio ambiente? ¿Cómo erradicar la pobreza? ¿Cómo salvar nuestro planeta? Porque la Tierra está mal. Muy mal. Sin embargo, el diagnóstico sobre los principales males que la agobian se hizo hace diez años, en Río de Janeiro, en ocasión de la Primera Cumbre de la Tierra. Ya se había hecho sonar la campana de alarma: el clima se recalienta, el agua dulce escasea, los bosques desaparecen, decenas de especies vivas están en vías de extinción, la pobreza total hace estragos en más de mil millones de seres humanos... Los dirigentes del mundo habían admitido entonces que "la causa principal de la degradación constante del medio ambiente mundial es un esquema de consumo y producción no viable, sobre todo en los países industrializados, sumamente preocupante en la medida en que agrava la pobreza y los desequilibrios". Habían adoptado dos convenciones decisivas sobre los cambios climáticos y la biodiversidad, como asimismo un plan -denominado Agenda 2 1 - para generalizar el desarrollo sustentable. Este plan se funda en una idea simple: el desarrollo es sustentable si las generaciones futuras heredan un medio ambiente cuya calidad es al menos igual al que recibieron las generaciones anteriores (1). Este desarrollo supone la aplicación de tres principios: el principio de precaución, que favorece una aproximación preventiva antes que reparadora; el principio de solidaridad entre las generaciones actuales y futuras y entre todas las poblaciones del mundo; y el principio de participación del conjunto de los actores sociales en los mecanismos de decisión (2). Diez años después, en muchos terrenos las cosas no han mejorado. Por el contrario, con la aceleración de la mundialización neoliberal el "esquema de consumo y producción no viable" incluso se reforzó. Las desigualdades alcanzaron niveles nunca vistos desde la época de los faraones. La fortuna de los tres individuos más ricos del mundo supera la riqueza acumulada de los habitantes de los 48 países más pobres... La polución ecológica del mundo rico sobre la biosfera también se acentuó. Mientras que los treinta países más desarrollados representan el 20% de la población mundial, producen y consumen el 85% de los productos químicos sintéticos, el 80%) de la energía no renovable, el 40%) del agua dulce. Y sus 16

emisiones de gas con efecto invernadero por habitante son diez veces más elevadas que las de los países del Sur... (3). En el curso de la última década, las emisiones de gas carbónico (CO2), principal causa del calentamiento climático, aumentaron en un 9%... Las de Estados Unidos, principal contaminador del planeta, crecieron en el mismo período un 18%. Más de mil millones de personas siguen careciendo de agua potable, y casi tres mil millones (la mitad de la humanidad) consumen un agua de calidad deplorable. Debido a la ingestión de esta agua contaminada, mueren a diario 30.000 personas. Es decir, diez veces por día la cantidad de víctimas de los abominables atentados del 11 de septiembre de 2001. Continúa la devastación de las selvas; cada año desaparecen 17 millones de hectáreas, que representan el cuádruple de la extensión de Suiza. Y como ya no hay árboles que absorban los excedentes de CO2, el efecto invernadero y el recalentamiento se agravan. Por otra parte, cada año resultan exterminadas unas 6.000 especies animales. La extinción masiva que amenaza al 13% de los pájaros, al 25% de los mamíferos y al 34% de los peces sólo puede compararse en la historia de la Tierra con la desaparición de los dinosaurios... Esto da una dimensión de la esperanza que suscita la Cumbre de Johannesburgo. Una esperanza que podría verse defraudada si prevalecen los egoísmos nacionales, la lógica productivista, el espíritu mercantil y la ley del lucro. Como sucedió en el pasado mes de junio, en Bali, en ocasión de la Conferencia Preparatoria que no logró adoptar un plan de acción sobre el desarrollo sustentable y concluyó en un fracaso. Para salvar el planeta, es imperativo que los poderosos de este mundo adopten en Johannesburgo al menos estas siete decisiones capitales: 1) un programa internacional a favor de las energías renovables, centrado en el acceso a la energía en los países del Sur; 2) compromisos a favor del acceso al agua y su saneamiento con vistas a reducir a la mitad, de aquí a 2015, la cantidad de personas privadas de este recurso vital, que es por cierto un bien común de la humanidad; 3) medidas para proteger los bosques, tal como están previstas en la Convención sobre la Biodiversidad adoptada en Río en 1992; 4) resoluciones para implantar un marco jurídico que instituya la responsabilidad ecológica de las empresas y reafirme 17

el principio de precaución como previo a toda actividad comercial; 5) iniciativas para subordinar las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) a los principios de las Naciones Unidas sobre protección de ecosistemas y a las normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); 6) reglamentos para exigir a los paises desarrollados que se comprometan a consagrar un mínimo de 0,7% de su riqueza a la ayuda pública al desarrollo; 7) por último, recomendaciones para anular la deuda de los países pobres. Al destruir el mundo natural, la humanidad hizo a la Tierra cada vez menos viable. Esta Cumbre de Johannesburgo debe tratar de invertir las tendencias que ineluctablemente pueden conducir a una catástrofe ecológica integral. Desafío central de este comienzo del siglo XXI. O el género humano mismo se veiá amenazado con la extinción. •
1 Edouard Soldsmith, Le Tao de l'ecologie. Une visión ecologique du monde, Éditions du Rocher, Monaco, 2002. 2 Ver el dossier "Environnement et developpement. Le défi du XXIe siécle", Altematives economíques, julio-agosto 2002. 3 State ofthíe World2002, Worldwatch Institute, Washington, 2002. Consultar también el sitio oficial de lá ONU sobre la cumbre de Johannesburgo: www.un.org

La "reacción verde ". (Inédito)

Desarrollo sustentable, una idea desvirtuada
por Sadruddin Aga Khan* El dogma del desarrollo sustentable es engañoso por naturaleza: confunde las mentes, tal como lo ha hecho, más graves para la y hasta la supervivencia apropiado en su tiempo, la idea de que la Tierra era plana, pero con consecuencias infinitamente de la vida sobre el planeta. Las empresas se han del concepto, desvirtuándolo,

Organización

de las Naciones Unidas (ONU) trabaja en ese sentido.

A pesar de todos los discursos sobre las necesidades vitales y la lucha contra la pobreza (y de varias décadas oficialmente dedicadas al desarrollo) el número de personas que viven en la indigencia más extrema continúa aumentando. La noción de "sustentabilidad" se convirtió en un piadoso encantamiento, en lugar de impulsar una acción urgente y concreta, como debería haber sucedido.
* Tío D K A R I M A G A K H A N IV, ACTUAL Y 49° JEFE ESPIRITUAL DE LOS ISMAELITAS, EL E PRÍNCIPE SADRUDDIN A G A KHAN TRABAJÓ EN LA UNESCO; FUE ALTO COMISARIO DE LA O N U PARA LOS REFUGIADOS Y ENCARGADO DE MISIÓN DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ONU Y EN LA COMISIÓN DE DERECHOS DEL HOMBRE. PRESIDE LA FUNDACIÓN BELLERIVE, QUE S DEDICA ESPECIALMENTE A CUESTIONES ECOLÓGICAS. ARTICULO PUBLICADO EN EL N ° 42 E DE LA EDICIÓN C O N O SUR DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, DICIEMBRE 2002.

Traducción: Gustavo Recalde.

19

Sin embargo, existe una realidad: 80 países tienen un ingreso per cápita inferior al de hace diez años; el número de personas que viven con menos de 1 dólar diario de hecho no disminuye (1.200 millones), mientras que el número de individuos que ganan menos de 2 dólares diarios es de aproximadamente 3.000 millones. Se necesitarían 109 años para que un pobre obtuviera lo que el futbolista francés Zinedine Zidane puede ganar ¡en un día! El desarrollo sustentable fue desvirtuado de cinco maneras: en primer lugar, por el mundo de los negocios, que lo convirtió en sinónimo de crecimiento sustentable. Se trata en este caso de un oxímoron (1) que refleja el conflicto entre una visión comercial y una visión medioambiental, social y cultural del mundo. Se convirtió así en un eslogan para las empresas multinacionales y los sectores de negocios. Peor aún, desgraciadamente abrió camino a una "reacción verde", es decir, la desviación progresiva del movimiento ecológico por un supuesto "realismo empresarial". Inclusive los términos ecologista y "defensor de la naturaleza", pueden en la actualidad designar indistintamente a aquellos que destruyen los bosques o matan animales para obtener sus pieles. Actualmente semejantes prácticas se ocultan bajo dudosos eufemismos tales como rendimiento o cosecha de los frutos de la flora y fauna naturales. En segundo lugar, la idea de desarrollo sustentable fue desvirtuada por la de "utilización sustentable", una abominación orquestada por una corriente promotora de un supuesto "uso racional", mientras que se trata de ocultar prácticas totalmente contrarias. Este movimiento sirve de coartada a conductas destructivas y, de una forma totalmente lamentable, se ha infiltrado en instancias claves como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y la Comisión Ballenera Internacional (CBI). De esta manera, la "utilización sustentable" de los recursos marinos significa la matanza de ballenas, mientras que la "utihzación sustentable" de la fauna natural ha generado una industria muy lucrativa de la carne de animales silvestres, especialmente en África. Los adeptos a la utilización sustentable esperan convencer a los africanos y a los asiáticos pobres de no matar animales que les reportan el equivalente a varios años de salarios, mientras que los ricos europeos y estadounidenses, ávidos de trofeos, los cazan por placer. 20

Algunos ecologistas, convertidos en "serios y científicos", se alejaron de cuestiones morales como el comercio de pieles o los circos (reservados a los idealistas emotivos). Pero que una actividad sea económicamente sustentable no la hace deseable, o incluso aceptable, desde un punto de vista ético. En un discurso ante los delegados de la CBI, el director general adjunto de la Agencia de Pesca Japonesa -y también representante de su país en la CBI- reveló que Tokio había firmado acuerdos de pesca con 8 países y había gastado 400 millones de dólares en ayudas. Esto es lo que se denomina literalmente "ir a la pesca de votos". En tercer lugar, las empresas de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) destinarían 80.000 millones de dólares por año en sobornos, para obtener ventajas o contratos. Una suma comparable a la que permitiría erradicar la pobreza, según la ONU. El comercio ilegal de animales vivos y de productos derivados de sus huesos se convirtió en la segunda fuente de ingresos -después del narcotráfico- para el crimen organizado en el mundo. Este tráfico, que constituye efectivamente una fuente de ingresos con bajo nivel deriesgo,llevó a especies como losrinocerontesy los tigres al borde de la extinción. En cuarto lugar, la idea de desarrollo sustentable favorece el dominio de las grandes empresas intemacionales. Según el nuevo principio "el que paga al lobbista fija las reglas", luego de la elección de George W. Bush sólo se piensa en el intercambio de favores con el mundo de los negocios estadounidense. Durante el Foro Económico Mundial de Nueva York, en febrero de 2002, Richard Parsons, presidente de Time AOL, declaró -aparentemente, sin considerarlo preocupante o anormal- que "en una época, las Iglesias habían desempeñado un papel importante en nuestras vidas, luego fueron los Estados, y actualmente es el tumo de las empresas". En todas partes, para resolver los males del planeta, se alaban las virtudes de las soluciones basadas en el mercado:filantropía,autocontrol, responsabilidad social de las empresas y códigos de buena conducta voluntarios. Sin embargo, ninguna de estas propuestas podría reemplazar la responsabilidad estatal, las políticas y la reglamentación. Incluso la ONU coincide con el movimiento, tomando iniciativas tales como Global Compact, con la participación de cincuenta de
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las más grandes empresas del mundo (2). Tal como señaló The Guardian de Londres: "La ONU se está convirtiendo en una suerte de gendarme de la economía mundial, que ayuda a las empresas occidentales a acceder a nuevos mercados eludiendo los reglamentos, únicos medios para hacerlas rendir cuentas". Finalmente, lafilosofíadel desarrollo sustentable también trajo consigo una idea execrable: la del consumo sustentable. Mientras que en todas partes sólo se habla de dinero y de consumo desmesurado, este vocablo ilustra hasta qué punto la noción de sustentabilidad se perdió en los caminos del neohabla, tan querido por Orwell. El desarrollo sustentable, tal como lo define el informe Bmndtland (3), exige no solamente continuar con el crecimiento actual, sino acelerarlo de 5 a 10 veces.

Nueva dirección
800 millones de personas sufren de desnutrición mientras que un pequeño porcentaje se atraganta de sobrenutrición. La cuestión de la industria alimenticia destaca la importancia de temas como las asociaciones de consumidores, las desigualdades mundiales y el debilitamiento de los poderes públicos. La apertura de un gran mercado mundial en nombre del librecambio, las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el control de las ayudas consolidan y centralizan la industria alimenticia: diez compañías dominan el 60% de este sector (semillas, abonos, pesticidas, industrialización, expedición). Existen aproximadamente 200 tratados internacionales sobre medio ambiente, de los cuales el 75% fue ratificado durante los últimos treinta años. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los compromisos asumidos con una gran difusión mediática -especialmente en la Conferencia de Río, en 1992- se han convertido en letra muerta. Peor aún, su eficacia es muyfi^ecuentementedestruida por su carácter vago y la laxitud utilizada para hacer que se respeten. Tal vez ya sea demasiado tarde para cualquier "sustentabilidad". Probablemente muchos procesos ya son irreversibles. La respuesta a las crisis medioambientales, como a los cambios climáticos, no esperará indefinidamente a que dispongamos de resultados científicos 22

"concluyentes". Tal vez sea el momento de postergar todas las innovaciones científicas o tecnológicas que conlleven potenciales efectos negativos sobre el planeta y la sociedad. Sin duda, la ciencia -o lo que con cierto temor podemos denominar la ciencia empresarial- parece estar siempre a punto de lograr un descubrimiento mayor que, aunque parezca peligroso, viene indefectiblemente acompañado por una oleada de comentarios tranquilizadores sobre sus potenciales beneficios... Si es que se mantiene el caudal de subvenciones para la investigación. ¿No podemos tomar una nueva dirección, basada en la regeneración, en vez de en la sustentabilidad de un statu quo insostenible, en un buen "economato" (una especie de "economía ecónoma") (4) de lo existente, en vez de en el desarrollo y la búsqueda desenfrenada del crecimiento? El economato presenta la ventaja de ir más allá de los simples principios económicos -por más importantes que seanrestaurando un equilibrio mediante la atención, también sostenida, al medio ambiente, la ética y la espiritualidad, que son los elementos vitales de toda civilización verdadera y viable. •
1 2 Epíteto que, unido a una palabra, parece contradecirla. Creada por la ONU en julio de 2000, Global Compact es un foro que reúne a las empresas líderes en su sector, los organismos de la ONU, organizaciones no gubernamentales y sindícales. Su objetivo es "contribuir al surgimiento de valores compartidos y de principios con vistas a un mercado mundial con un perfil humano", wvwv.unglobalcompact.org 3 Lleva el nombre de la doctora Gro Hariem Brundtland quien, en 1983, presidió la Comisión IVIundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo. En este informe se basará la Conferencia de la ONU para el Medio Ambiente y Desarrollo de 1992, llamada "Cumbre de Río". 4 Jean-Marie Harribey, L'économie économe. Le développement soutenable par la réduction du temps de travaíl, L'Harmattan, colección "Logiques économíques", París, 1998.

S.A.K.

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Combatir la pobreza y preservar el ecosistema. (Inédito)

Necesaria crítica al capitalismo
por Jean-Marie Harribey* Pensar en la resolución de las graves carencias que en el crecimiento imaginar cambio en el patrón económico, suena tan imposible de distribución actualmente aquejan como existente.

hoy a cientos de millones de seres humanos, sin pensar la satisfacción de aquellas necesidades sin un drástico

Lia idea de desarrollo sustentable se convirtió en una referencia obligada para los responsables políticos y las instituciones internacionales. De hecho, este concepto'llegó en el momento indicado para ayudar a las clases dirigentes a recuperar una legitimidad lesionada por la explosión de las desigualdades desde hace veinte años y los daños ecológicos del desarrollo (1). El concepto se basa en una ambigüedad congénita e incluso en una contradicción insalvable. Según la concepción de sus promotores institucionales, el desarrollo sustentable debe conciliar tres imperativos: el crecimiento, la reducción de la pobreza y la preservación de los ecosistemas. Ahora bien, la continuación del crecimiento económico es considerada una condición necesaria del éxito de las demás.
* PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD DE BURDEOS-IV, AUTOR DE Í.A DÉMENCE SÉNILE DU CAPITAL, FRAGMENTS D'ÉCONOMIE CRITIQUE. LE PASSANT, BÉGUS, 2002. ARTÍCULO PUBUCADO EN EL N" 42 DE LA EDICIÓN C O N O SUR DE LE MONDE DIPLOMATIOUE, DICIEMBRE DE

2002. Traducción; Gustavo Recalde.

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Implícita o explícitamente, la ONU, los gobiernos, las empresas, las ONG y los economistas partidarios del desarrollo sustentable adoptan la distinción entre crecimiento y desarrollo, otrora establecida por el economista Fran^ois Perroux, que ha sido fiíndadora de la economía del desarrollo en los años '50 y '60 (2). El crecimiento designaba el aumento de las cantidades producidas, independientemente de su calidad y de su impacto social y ecológico; el desarrollo englobaba el crecimiento, pero lo superaba cualitativamente al tener como objetivo el bienestar del hombre. Ahora bien, para perpetuarse, el crecimiento necesita alfabetizar, cultivar, mejorar la salud, etc. Éste incluye siempre los cambios cualitativos que distinguía Perroux. La distinción entre crecimiento y desarrollo padece pues una grave debilidad lógica: según los economistas que la defienden, el crecimiento genera infine los cambios de estructuras económicas y sociales que, precisamente, constituyen la característica del desarrollo según Perroux. Allí reside la contradicción: en un primer momento, el crecimiento es considerado simplemente una condición necesaria del desarrollo; con el tiempo, se convierte en una condición suficiente (tornando sin objeto la distinción). El desarrollo se reduce así al aumento, eterno por supuesto, de las cantidades producidas. El ardid liberal puede entonces operarse: equiparar el desarrollo de todos los pueblos con el de los países ricos sometiéndolos a los mandatos de las instancias internacionales que hacen gala de sustentabilidad. Paradójicamente, los economistas no liberales, incluso opuestos a la mundialización capitalista, coinciden en este sentido con los economistas liberales recientemente convertidos a la sustentabilidad. Para los primeros, el crecimiento, sacrosanto, sólo puede producirse en un marco liberal, siendo el mercado el que establece la regulación ecológica, a tal punto que el crecimiento sustentable reemplaza a menudo al desarrollo sustentable. Para los segundos, el crecimiento tiene efectos negativos, pero el desarrollo es "sustentable por defmición"(3), lo que conduce a la siguiente contradicción: según la definición incluso de los economistas del desarrollo, es innegable que el Norte se ha desarrollado (educación, acceso a la salud, esperanza de vida, etc.); y, sin embargo, este desarrollo ha provocado los daños que estos economistas utilizan para distinguir crecimiento y desarrollo; 26

en consecuencia, el desarrollo contiene lo que éstos niegan como propio del desarrollo. Es entonces comprensible la crítica radical, que consiste en decir que el desarrollo no sería la solución sino el problema. Porque el tipo de desarrollo social y ecológicamente devastador que prevalece en el mundo es el que surgió en Occidente, impulsado por la búsqueda de beneficio con e! fin de acumular capital. Y también porque, al imponer este desarrollo a todo el planeta, el capitalismo produce una desculturización masiva: la concentración de las riquezas en un extremo genera la tentación de la abundancia inaccesible a miles de millones de personas ubicadas en el otro extremo y cuyas raices culturales son lentamente destruidas. Sin embargo, sería un error rechazar la idea de desarrollo (4). En efecto, las necesidades primordiales de una buena parte de la humanidad continúan insatisfechas. Los países pobres deben pues vivir un tiempo de crecimiento de su producción. Porque para que desaparezca el analfabetismo, es necesario construir escuelas; para mejorar la salud, es necesario construir hospitales y distríbuir agua potable; para recuperar una amplia autonomía alimentaria, es necesario fomentar la agricultura. Elfi-acasodel desarrollo en el siglo XX, es al menos tanto el producto de las relaciones de fuerzas que derivaron en la ventaja exclusiva de la gente pudiente, como el fracaso del desarrollo en sí mismo. Es preciso pues liberarse tanto de las trampas del "desarrollismo" como de las del "antidesarrollismo" y del frágil consenso en tomo a la sustentabilidad. El desarrollo conocido hasta ahora está históricamente vinculado a la acumulación capitalista en beneficio de una clase minoritaria. Del mismo modo, su otra cara, el subdesarrollo, se relaciona con las intenciones imperialistas del capital, especialmente en su fase de acumulación financiera. Disociar la crítica del desarrollo de la del capitalismo que es su soporte, sería como eximir a éste último de la explotación conjunta del hombre y de la naturaleza. Ahora bien, sin la primera, el sistema no habría podido sacar partido de la segunda; sin la segunda, la primera no habría tenido ningún sustento materíal. De ello se desprende que "salir del desarrollo", sin hablar de salir del capitalismo, es un eslogan no solamente erróneo sino a la vez mistificador. 27

El contenido del concepto de desarrollo debe ser considerado junto con el crecimiento del cual es indisociable. ¿Podría entonces pensarse en un desarrollo diferenciado en su objeto, en el espacio y en el tiempo, para establecer prioridades en fiínción de las necesidades y de la calidad de las producciones, y permitir el crecimiento a los más pobres y la desaceleración de éste a los más ricos? Porque el desarrollo necesario de los más pobres implica la renuncia al desarrollo ilimitado de los ricos. •
1 Maniere de voir, N" 65, "La ruée vers l'eau", París, septiembre de 2002. 2 3 Fran^ois Perroux, Pour une philosophie du nouveau développement, Unesco, París, 1981. Rene Passet, "Néollbéralisme ou développement durable, il faut choisir", documento de ATTAC, París, 2002. 4 Serge Latouche, "Les mirages de l'occídentatisation du monde: en finir, une fois pour toutes, avec le développement". Le Monde díplomatlque, París, mayo de 2001. Véase también Frantois Partant, Que la crise s'aggrave. Parangón / TAventurine, París, 2002.

J.M.H.

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Dos décadas de retraso frente al efecto invernadero. (Inédito)

Ceguera ante una amenaza mortal
por Frédéric Durand* A fines de la década de 1980 los primeros estudios importantes de muestras de hielo antartico reforzaron las presunciones sobre la existencia de un recalentamiento del planeta, en estrecha relación con las emisiones de gas carbónico producidas por las sociedades humanas: desechos industriales, consumo doméstico de los países ricos, deforestación (favorecida por esos mismos países) de los países pobres. Esas presunciones se han confirmado y agravado, pero el trabajo de los lobbies industriales impide encarar soluciones.

H a c e dos décadas, la incertidumbre era aún muy importante, dado que en 1988 los modelos estimaban que el recalentamiento podría ir de 0,4° a 8,33° centígrados para fines del siglo XXI, aunque los valores generalmente admitidos van de 2° a 5,5° (1). Tales resultados eran preocupantes: durante la última era glacial, hace 18.000 años, la temperatura promedio, a escala planetaria, había sido inferior de
* DIRECTOR DE CONFERENCIAS DE GEOGRAFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE TOULOUSE II-LE M I RAIL, FRANCIA; AUTOR DE ¿ A JUNSLE, LA NATION ET LE MARCHÉ, CHRONIQUE INDONÉSIENNE, L'ATALANTE, NANTES, 2 0 0 1 ; TIMOR ¿OROSA'E, PAYS AU CARREFOUR DE L'ASIE ET DU PACIFIQUE, UN ATLAS GÉOHISTORIQUE, PRESSEStJNivERSiTAiRES DE MARNE-LA-VALLÉE/IRASEC, 2002. ARTICULO PUBUCADO EN EL N ° 42 DE LA EDICIÓN CONO SUR DE LE MONDE

DiRLOMATiQUE, DICIEMBRE DE 2002. Traducción: Carlos Alberto Zito.

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apenas 4° a 5° respecto de la actual. Si las previsiones pesimistas se confirman, los cambios climáticos que se producirían el siglo próximo podrían ser de la misma magnitud que los de una glaciación, aunque en sentido inverso. El efecto previsible no era un recalentamiento homogéneo de varios grados en todas las latitudes, sino una fuerte variación que hasta podría causar la suspensión de la Corriente del Golfo, lo que daría a Europa y a América del Norte un clima de características polares; o bien la multiplicación de las "anomalías" climáticas como las tormentas o el fenómeno de El Niño (2). Otra consecuencia, el aumento del nivel de las aguas de hasta un metro, a causa del deshielo de las masas árticas y antarticas, implicaba el "riesgo" de sumergir una parte de las costas, deltas y planicies donde se concentra la mayor parte de las tierras fértiles y de la población del planeta. Esas transformaciones a su vez significaban un "riesgo" de movimientos migratorios incontrolables, junto a otros fenómenos difíciles de prever, como la llegada a los países del Norte de enfermedades tropicales del tipo del paludismo o del dengue hemorrágico.

"Riesgo incierto"
Por supuesto, el "punto débil" de la argumentación era la palabra "riesgo". A falta de certidumbres, importantes Estados y la comunidad internacional, a través del Grupo Intergubemamental sobre la Evolución Climática (GIEC), consagraron sumas considerables para establecer el nivel de probabilidades de esas previsiones. El primer informe del GIEC, publicado en 1990, confirmó el recalentamiento, pero sin poder precisar su magnitud. Sin embargo, la inquietud fue suficiente para que, en mayo de 1992, en Nueva York, se adoptara una Convención sobre los cambios climáticos que al mes siguiente, en ocasión de la gran conferencia de la ONU sobre el medio ambiente realizada en Río de Janeiro, fue firmada por 154 Estados. En esencia, esa Convención proponía a los firmantes trabajar para "estabilizar las concentraciones de gas de efecto invemadero en la atmósfera a un nivel que impida cualquier perturbación antrópica peligrosa del sistema climático". Ese ambicioso objetivo estaba mitigado por el hecho de que el nivel en cuestión no se precisaba. Sin embargo, el artículo 3 de la Convención estipulaba: "Cuando hay riesgo de 30

perturbaciones graves o irreversibles, la falta de certidumbre científica absoluta no puede servir de excusa para aplazar la adopción de medidas de precaución para prever, prevenir o atenuar las causas de los . cambios climáticos y limitar sus efectos nefastos". La comunidad científica, política o mediática muy pocas veces invocó este último párrafo. En abril de 1996 un segundo informe del GIEC, redactado por dos mi! especialistas internacionales, siguió alimentando los temores, a pesar de las extremas precauciones terminológicas de los expertos. Según ellos, un "conjunto de elementos sugiere que hay una influencia humana sobre el clima". ¿Por qué seguir utilizando una formulación tan reservada a pesar de la acumulación de pruebas? La explicación es que también sefinanciaronnumerosas investigaciones para tratar de mostrar que el papel humano en las emisiones de gas no estaba "probado", que el fenómeno podía deberse a un aumento de la actividad solar, o que migraciones de burbujas dentro del hielo hubieran podido exagerar la magnitud del fenómeno. La disputa tuvo verdaderamente lugar un año y medio después en Kyoto, en diciembre de 1997. Estados Unidos (4% de la población y 22% de las emisiones de CO^) propuso, "como máximo", estabilizar en 2012 sus emisiones al nivel de las de 1990, agregando a esa propuesta la creación de un mercado de "derechos para contaminar", en el cual los países ricos que no llegaban a cumplir con sus objetivos podían comprar toneladas de carbono a los países más virtuosos o más pobres. Los europeos, más ambiciosos, defendían una reducción global de los países industrializados del 15% respecto de 1990, pero evitando que esas medidas limitaran a los llamados "países en desarrollo". Como en muchas conferencias internacionales, el resultado fue un arreglo que no dejó conforme a nadie: una propuesta de disminución del 5,2%o en 2012 respecto del nivel de 1990, aplicable únicamente a los países industrializados. Para Estados Unidos o Japón ello significaba una obligación de reducir sus emisiones de gas en un 18% y un 16% respectivamente. Para la Unión Europea, cuya economía estaba estancada, el objetivo era menos difícil de alcanzar, pues la baja global era de apenas 5%, y de sólo 1% para un país como Francia, a causa de su compromiso con la energía nuclear. Por otra parte, el texto dejaba en suspenso la cuestión de los llamados 31

"países en desarrollo", a los cuales, en la lógica del "desarrollo industrial para todos" era difícil imponerles limitaciones, a pesar de que algunos de ellos, como Corea del sur. China o India, mostraban un rápido aumento en las emisiones de gas de efecto invernadero. Sin embargo, el objetivofijadopor el protocolo de Kyoto es irrisorio. Según algunos expertos, corresponde a una reducción de 0,06° sobre un aumento de 2° estimado para 2050, es decir, 3% del esflierzo previsto para frenar efectivamente el recalentamiento (3). Las organizaciones ecologistas, luego de haber denunciado esas proposiciones por blandas y débiles, se aferraron a dicho texto como a un madero en medio de un naufragio. Siguiendo esa línea, los medios de comunicación y algunos gobiernos organizaron una defensa contraproducente y hasta peligrosa. En efecto, existen dos hipótesis: o bien el calentamiento es una ficción, en cuyo caso todo ese esfuerzo prácticamente no sirve de nada; o bien es real, y entonces resulta indispensable actuar en serio y no limitarse al 3% del esflierzo mínimo necesario. Algunos objetan, de buena fe, que el protocolo de Kyoto es un "primer paso en la dirección correcta". Pero cuando se ven las increíbles dificultades que tienen los países industrializados para alcanzar a duras penas ese 3%, resulta difícil imaginar cómo se podrían implementar esfuerzos treinta veces mayores (es decir, el restante 97%) en un plazo razonable. Aun más teniendo en cuenta que las grandes reuniones sobre el clima ílieron registrandofracasosy renuncias cada vez más importantes. En noviembre de 2000, los países que se consideraban "progresistas", dirigidos por el holandés Jan Pronk, enviado especial del secretario de Naciones Unidas, lucharon en La Haya para oponerse flindamentalmente al principio de los permisos para contaminar y de los "pozos" de carbono que permiten mantener los desechos a condición de almacenar el carbono en alguna parte. De hecho, la conferencia terminó en un durofracaso,pues Estados Unidos se retiró de las negociaciones, arrastrando a sus socios del llamado "Gmpo Paraguas" (Australia, Canadá, Japón...). En 2001, el triunfo de George W. Bush, a quien se considera con estrechas relaciones con los lobbies petroleros, no arregló para nada la situación. En un tercer informe importante, en 2001, los expertos climatólogos mundiales del GIEC revelaron que era "muy probable" que el nivel de concentración en dióxido de carbono jamás haya sido tan 32

importante en veinte millones de años y que varios otros gases de efecto invemadero -como el metano, el dióxido de azufre o los óxidos nitrosos - habían alcanzado un nivel nunca antes conocido (4). Esos aumentos se manifiestan en una elevación de la temperatura media del planeta de 0,6° en el siglo XX, con una sensible aceleración a partir del fin de los años 1960, correspondiente a más de 0,2° cada diez años, aunque se registraban períodos de estabilización. Se comprobó además una muy fuerte aceleración a partir de 1990, pues la última década del siglo fue la más caliente desde hace al menos mil años. El nivel del mar subió entre 10 y 20 centímetros, a la vez que se comprobaban o se preveían modificaciones localizadas, como el aumento del fenómeno de El Niño, el adelgazamiento en un 40% de la capa de hielo ártica desde la Segunda Guerra Mundial, o perturbaciones en los monzones asiáticos. Pero el informe terminaba señalando que las perturbaciones más importantes tendrían lugar "sin dudas" en los países tropicales. Esa previsión, más que dudosa, reforzó paradójicamente la posición permisiva de los países industrializados -sobre todo de Estados Unidos- ya que serían los países del Sur los que más sufrirían por esos cambios climáticos. En efecto, mientras que en la década de 1990 la existencia de un agujero en la capa de ozono, que amenazaba principalmente a la población del hemisferio Sur, había generado una rápida reacción con la firma del protocolo de Montreal en 1997, ninguna voluntad similar se manifestó contra el efecto invemadero.

Nuevas concesiones
En julio de 2001 los organizadores de una nueva conferencia climática, en Bonn, fueron obligados a realizar nuevas concesiones sobre los derechos para contaminar y los "pozos" de carbono, en particular respecto de Japón, Canadá y Rusia, a fin de "salvar" el protocolo de Kyoto, reduciendo las obligaciones a una simple estabilización de las emisiones al nivel de 1990 y no ya a una baja del 5,2% como en 1997. El mismo mes, sobre la base de un modelo creado por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), un equipo de investigadores estadounidenses llegó a un porcentaje de probabilidades de recalentamiento del 90%) (5). Sin embargo, eso no alcanzó para modi33

fícar la posición del presidente Bush, que prefirió apostar al 10% de probabilidades de que el planeta no se encamine a una catástrofe. Pocos meses después, e l l 0-11-01, al cabo de una pulseada sin precedentes en los anales de la ecología, Europa logró convencer a 167 países de firmar el acuerdo de Marrakech, que implementaba las reglas jurídicas necesarias para la ratificación y la aplicación del protocolo de Kyoto. Mientras que en 2001 Estados Unidos registraba un aumento del 3,1% de sus emisiones de gas de efecto invemadero (el mayor crecimiento anual desde 1990) dos nuevos estudios independientes de la ONU aparecidos en abril de 2002 llegaban a la conclusión de que probablemente el cambio climático había sido subestimado y el aumento de la temperatura se situaría más bien entre 5,8° y 6,9° alrededor de 2100 (6). Presentando como un axioma el hecho de que resulta imposible pedirle a los ciudadanos estadounidenses que cambien de modo de vida, la administración Bush se limitó a seguir pidiendo a los industriales que desarrollaran iniciativas espontáneas, a la vez que declaraba, sin sonrojarse: "Estados Unidos está comprometido en numerosas tareas que ayudarán a la nación y al resto del mundo a reducir su vulnerabilidad y a adaptarse a los cambios climáticos" (7). ¿Qué se puede hacer? A la ineficacia del protocolo de Kyoto se agregan considerables efectos perversos. El lobby nuclear, que en la década de 1990 había sido seriamente cuestionado, aprovechó la brecha que dejaba ese texto. Aimque aún se ignora la forma de deshacerse de los residuos nucleares -que conservan su toxicidad durante miles de años- los promotores de esa industria la presentan como un modelo de limpieza (pues no libera gas carbónico). Junto a ese primer lobby, el de las compañías forestales encontró un buen argumento. Desde la década de 1970 los empresarios del sector en los países tropicales eran criticados por la prensa y por las organizaciones no gubernamentales (ONG) ecológicas. Kyoto y los avatares de Bonn y Marrakech, otorgaron a los países industrializados la posibilidad de crear "pozos de carbono" en lugar de reducir la contaminación. Los proyectos de reforestación en zonas tropicales pueden entrar en esa categoria, más aim teniendo en cuenta la crítica deforestación que allí se registra desde hace décadas. Pero los bosques 34

densos en general se hallan en una situación de equilibrio, y hasta de emisión de carbono; por lo tanto, los industriales del sector no tienen mejor solución para proponer que talar los bosques antiguos (cuya madera pueden explotar de paso) y remplazados por árboles jóvenes de especies de crecimiento rápido (acacia, eucalipto...) que absorben mucho más rápidamente el carbono. Y todo ello financiado con primas a la protección ambiental. Climáticamente inútil, el protocolo de Kyoto se convirtió además en el primer promotor de la energía nuclear y de la deforestación en zonas tropicales. Sobre los escritorios de los tecnócratas expertos, la lista de proyectos para capturar el carbono es cada vez más larga. Y esos especialistas se ven apremiados por los dirigentes mundiales para hallar soluciones alternativas (sin contar con que el carbono no es el único elemento responsable, y que otros productos registraron un fuerte aumento paralelo, como el metano, a través de la agricultura por riego y sobre todo de la ganadería). Así, algunos proponen plantar más bosques en el extremo norte canadiense o europeo, pero esa vegetación absorberia la energía solar habitualmente reflejada por la nieve y el resultado sería nulo, sino desfavorable. Se podría aprisionar el carbono en los grandes fondos oceánicos: eso podria perturbar aún más el papel clave de los océanos, que ya absorbieron una parte de los residuos carbónicos humanos. Se podría sobrealimentar el plancton en las zonas árticas inyectándole altas dosis de carbono, pero existe incertidumbre sobre la resistencia del medio marino a ese tratamiento. Se podrían modificar genéticamente ciertas plantas para aumentar su potencial de absorción (allí entra en acción el ¡obby de los Organismos Genéticamente Modificados). Incluso, algunos iniciaron estudios sobre productos capaces de reducir las flatulencias del ganado ¡pues los gases vacunos son ríeos en metano! Otros consideran la idea de rociar la atmósfera con aerosoles especiales, y hasta de enviar cohetes para instalar pantallas o espejos en el espacio, con el objeto de filtrar una parte de la radiación solar y reducir el recalentamiento. No hace falta decir que existe una total incertidumbre sobre las consecuencias de tales proyectos. Mientras tanto, se acumulan los elementos coincidentes sobre los cambios que ya se están registrando. En un estudio aparecido en 2001 en la revista Nature, un equipo brítánico-noruego mostró que 35

el caudal de la Corriente del Golfo disminuyó en al menos un 20% desde 1950 (8). Si ese fenómeno continuara, se podrían cuestionar las evaluaciones de la comunidad científica occidental respecto de que los países del Sur serían los más afectados. En marzo de 2002, un fragmento del casquete antartico, de 3.250 km^ (más grande que Luxemburgo) y de 12.000 años de edad, se fracturó en miles de icebergs de un volumen total de 720.000 millones de toneladas de hielo. Esos signos no cuentan. En nombre del "rigor" científico, la comunidad de investigadores y de políticos prefiere esperar hipotéticas "certidumbres" antes que tratar de aplicar el principio de precaución. Ellos se limitan a decir que se ignora la naturaleza y la magnitud del cambio, y que lo más importante es hacer nuevos estudios. Por supuesto que esos estudios son útiles, y hasta indispensables, pero ¿qué investigación climática podrá brindar alguna vez la "prueba irrefutable" de que vamos rumbo a una catástrofe? Esos estudios tienen además la ventaja considerable de permitir afirmar que se hace algo, a la vez que no cuestan casi nada comparados con lo que representarían medidas concretas, y necesariamente radicales. De manera metafórica podría decirse que los expertos responsables de "Kyoto" cejaban admitiendo que la humanidad posiblemente se había vuelto loca, y que nuestro modelo de "desarrollo" se parece a un auto que va a 100 kilómetros por hora en dirección a un pared, y que por lo tanto es urgente reducir esa velocidad a 97 kilómetros por hora... ¿Pero qué responsable político o qué gobierno de país industrializado se atreverá a reconocer que el tipo de vida y de consumo que defiende representan un enorme riesgo para una parte importante de la especie humana y quizás, incluso, para nuestras civilizaciones? •
1 Fierre Thuilíier, L'humanítésñ> e par í'effet de serré. La Recherche, París, 1992. 2 El Niño es una perturbación irregular del clima en el océano Pacífico tropical, que incluye una modificación del régimen de vientos y de temperatura del agua, lo que causa principalmente fuertes precipitaciones e inundaciones, a la vez que importantes sequías. 3 Ver principalmente: Antoine Bonduelle, "Dix défauts du protocole de Kyoto", Institut d'évaluation des stratégies sur l'énergie et l'environnement en Europe (Inestene), Paris, 2001; y Franck Lecocq, "Distribution spatiale et temporelle des coüts des politiques publiques de

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long terme $ous incertitude: théorle et pratique dans le cas de l'effet de serré", EngrefCNRS, París, julio de 2000. 4 GIEC, "Third Assessment Report, Summary for Policymakers", UNEPAVMO, Ginebra, febrero de 2001. 5 6 7 Science, Washington, 20-7-01. Associated Press, 17-4-02. United Status Envíronemental Protection Agency, "US Climate Action Report 2002", Washington. 8 Bogi Hansen y al. "Decreasing overflow from the Nordic seas into the Atlantic Ocean through the F^roe Bank channel since 1950", Nature. Londres, 21-6-01.

F.D.

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Cumbre Mundial de la Tierra sobre Desarrollo (Inédito)

Sustentable

Oscura alianza para el desarrollo de África
por Agnés Sináí*

i i n el marco del contraste entre las grutas prehistóricas de Sterkfontein y los rascacielos posmodemos del nuevo barrio comercial de Sandton, donde se llevaron a cabo a partir del 26 de agosto pasado, en presencia de más de 20.000 delegados, las negociaciones de la Cumbre Mundial de la Tierra sobre Desarrollo Sustentable, se trató el destino de la humanidad y la perennidad de la vida en una tierra cada vez más ultrajada. La ciudad de Johannesburgo es una metáfora sorprendente de los males del planeta, como si el desarrollo no sustentable pudiera leerse allí a libro abierto. Las casuchas de chapa amontonadas que forman los squatter camps y los townships, se unen sobre colinas enrojecidas por la sequía y los incendios forestales, cerca de barrios opulentos y arbolados, con jardines bien regados, construidos a lo largo de avenidas privadas y amuralladas. Aquí, nadie se sorprende de los alambrados de púas electrificados, trenzados o cubiertos con hojas de afeitar. En este lugar abundan los carteles de la empresa de vigilancia ADT que indican "Armed Response" (respuesta armada), advirtiendo a los eventuales agresores.
* AUTORA DEL DOCUMENTAL PLANÉTÍ EN OTAGE, DISPONIBLE EN FILMS DU VILLAGE, A PARTIR D 2003. MIEMBRO DE LA COMISIÓN FRANCESA DE DESARROLLO SUSTENTABLE. ARTICULO E PUBUCADO EN EL N ° 42 DE LA EDICIÓN CONO SUR DE LE MONDE DIPLOMAVQUE, DIOEMBRE

2002. Traducción: Gustavo Recalde.

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El apartheid parece formar parte de estos paisajes urbanos surcados por vías rápidas, donde la mayoría de los automóviles son conducidos por blancos, mientras que unos pocos peatones, negros, caminan por las banquinas o venden rollos de bolsas de plástico en los cruces. En algunos lugares, los escoriales de las minas de oro forman colinas artificiales que, los días de tormenta, esparcen su polvo amarillo sobre los barrios pobres cercanos. Detrás del aeropuerto, las ocho chimeneas de una central térmica de la compañía nacional Eskom (Electricity Supply Commission), alimentada a carbón, recuerdan que Sudáfrica desprende emisiones de gas de efecto invernadero con niveles comparables a los de los países del Norte. A lo largo de los accesos rápidos, los carteles publicitarios celebraron la cumbre: imágenes de pueblos provistos de agua e iluminados gracias a la electricidad, primeros planos de hombres y mujeres agradecidos: una consigna generosa "Some, for all, forever " ("Un poco, para todos, para siempre"), sintetizaba el proyecto de desarrollo equitativo y sustentable. Chrysler y BMW se sumaron también con su compromiso: en una ciudad que ofi"ece escasos transportes públicos, eran innumerables las publicidades creadas para la ocasión a favor de una "movilidad sustentable", resumida por un ostentoso BMW a pilas de combustible, que se exhibía a pocos metros del centro de conferencias donde se desarrollaba la Cumbre de la Tierra. La empresa de diamantes De Beers, que desde el fin del apartheid trasladó su sede a Gran Bretaña, no escatimaba sus mensajes de "Ecology isforever". Reemplazar el crecimiento clásico, cuya pesada huella ecológica es inviable a mediano plazo, por una forma sustentable de desarrollo planetario... ésta era la ecuación básica o la cuadratura del círculo de la Cumbre de Johannesburgo. Pero esta ecuación no termina aquí. La huella ecológica (1) promedio de un africano o de un asiático es de sólo 1,4 hectáreas, mientras que la de un europeo occidental alcanza las 5 hectáreas, y la de un estadounidense, las 9,6 hectáreas. Mozambique, Burundi, Bangladesh y Sierra Leona se ubican al final de la clasificación: menos de 0,5 hectáreas por habitante. Podría considerarse que la cumbre de Johannesburgo se proponía reducir las diferencias existentes entrericosy pobres del planeta, mediante una asignación equitativa de recursos y una modificación cualitativa de los modos de producción. 40

Mientras comenzaba la cumbre, en presencia de unas 163 empresas transnacionales (2) agrupadas en la Business Action for Sustainable Development (3), la arrogante plaza fuerte blanca de Sandton vio desfilar una decena de miles de campesinos sin tierra y de habitantes que llegaron a pie desde Alexandra, el township vecino. Sus 400.000 habitantes se amontonan sobre unas 500 hectáreas, en viviendas tan insalubres que el año pasado estalló allí una epidemia de cólera que amenazó con contaminar el agua potable y piscinas de Sandton. Rodeados por los carros antidisturbios heredados del apartheid y por rollos de alambre de púa, estos hombres y mujeres, condenados a vivir como inmigrantes del interior, habían venido a reclamar por el cese de las privatizaciones, los cortes de agua y de electricidad en sus barrios miserables, y a manifestar a viva voz su rechazo a la Nueva Estrategia de Cooperación para eí Desarrollo Africano (Nepad) (4). Lanzada en el G8 de Genova, en junio de 2001, por los presidentes Thabo Mbeki (Sudáfrica), Abdelaziz Bouteflika (Argelia) y Olusegun Obasanjo (Nigeria), la Nepad cuenta con el apoyo de James Wolfensohn, director del Banco Mundial (BM) y los primeros ministros Anthony Blair, de Gran Bretaña, y Jean Chrétien, de Canadá. Pero la "sociedad civil" africana la cuestiona porque no participó de manera alguna en su elaboración y porque no es sino la continuación de las políticas neoliberales. Presentada como el antídoto contra el subdesarrollo heredado del colonialismo, la Nepad es un plan de desarrollo concebido para atraer inversiones extranjeras a África, sobre la base de un objetivo de crecimiento anual del 7%. La Nepad se propone alentar a los inversores del Norte, describiendo la ambición africana de renacer de sus cenizas gracias a una mayor competitividad en la economía mundial, y ofrecer condiciones locales más favorables luchando, por ejemplo, contra la corrupción (5). El 1° de septiembre, en el hotel Hilton de Sandton, Reuel Khoza, vicepresidente de la Business Action for Sustainable Development y presidente de Eskom, compañía sudafricana de electricidad, cuarto productor mundial gracias al carbón del subsuelo africano, se pronunciófrenteal panel del Business Doy, ante una sala repleta. En su discurso elogió la Nepad, que abre a Eskom nuevos mercados continentales. Sin embargo, esta "nueva alianza" corre elriesgode confinar 41

a África a la periferia del mundo, reproduciendo los esquemas del mal desarrollo, sin que las poblaciones involucradas obtengan de ésta algún valor agregado. Pese a sus intenciones de diversificar la producción, la Nepad corre el riesgo de canalizar las inversiones en la explotación de materias primas, carbón, oro, diamantes, petróleo, donde África posee una ventaja comparativa. Estas materias primas dependen de las cotizaciones mundiales y su explotación (por una mano de obra negra oprimida y rodeada de ejércitos privados), destruye los ecosistemas; daños a la salud y desplazamientos de las poblaciones autóctonas, poluciones, pérdidas de biodiversidad. En este terreno, Sudáfrica es un tipleo ejemplo, pues heredó al salir del apartheid un pesado tributo de empresas tales como la británica Cape, responsable de cientos de muertes como consecuencia, de la explotación del asbesto y actualmente acusada de envenenamiento por 7.500 demandantes. La empresa minera Anglo-American, quefigurabaentre los mecenas de la cumbre de Johannesburgo y en su página de intemet hacía alarde de objetivos de desarrollo sustentable, estuvo involucrada en este escándalo y en otros, ya sea por su reticencia a entregar a sus mineros medicamentos antiretrovirales para el tratamiento del sida, o por su contribución a la calda del rand (6) en 2000-2001, cuando repatrió su capital a Gran Bretaña. En los tiempos del apartheid, la empresa Eskom proveía de electricidad a las explotaciones de minas de oro y celebraba acuerdos preferenciales con los propietarios afrikáners de minas de carbón para poner en flincionamiento sus usinas de producción. Industria clave del régimen, en los años '80 Eskom se convirtió en un Estado dentro del Estado, al punto de contar con su propio ejército y de ofrecerlo durante las sangrientas represiones desatadas contra los opositores al apartheid y durante la guerra civil del comienzo de la siguiente década. En la misma época, Eskom suministraba las tres cuartas partes de la producción eléctrica de Sudáfrica, gracias a los préstamos otorgados por el BM y por bancos suizos e internacionales, a pesar del embargo intemacional que sancionaba al régimen del apartheid. Durante este desbarajuste, Eskom efectuaba cortes de electricidad en los townships donde la mano de obra negra, privada de derechos civiles, pagaba su electricidad a precios más altos que los 42

abonados por las grandes compañías mineras. En 1978, Eskom convocó a Framatome para construir la central nuclear sudafricana de Koeberg, equipada con una instalación de distribución eléctrica por la empresa sueco-suiza ABB, convertida también, desde entonces, al desarrollo sustentable. Desde el fin del apartheid, Eskom conectó a la red a más de cuatro millones de hogares. Pero durante el mismo período, unos 10 millones de sudafricanos sufrieron cortes de electricidad debido a las tarifas inadecuadas e injustas, insuficientemente subvencionadas para las categorías más pequeñas. En cambio, los precios mayoristas de Eskom, establecidos para las industrias de extracción y las acerías, son los más bajos del mundo y fomentan la multiplicación de centrales térmicas altamente productoras de gas de efecto invemadero. De hecho, la conversión de Eskom a favor del desarrollo sustentable no fonna parte del orden del día: 25 veces menos de inversiones en energías renovables que en energía nuclear, y megaproyectos de grandes represas hidráulicas en toda África, con la bendición del BM y de la Nepad: Angola, Botswana, Camerún, República Democrática del Congo, Ghana, Malí, Mozambique, Suazilandia, Tanzania y Zambia (7). En el marco de la Nepad y de las alianzas de carácter público/privado promovidas por la ONU, las subvenciones públicas y la ayuda intemacional para el desarrollo,financiadaspor los contribuyentes, servirán para atraer inversiones tan "sustentables" y "socialmente responsables" como la represa de Lesotho en Sudáfrica. Porque las disposiciones del "Plan de acción" aprobado alfinalizarla cumbre no bríndan sino oríentaciones vagas a favor de las energías renovables, sin excluir lo nuclear ni las grandes represas hidráulicas. En cuanto a la iniciativa europea "Agua para la Vida", anunciada el 3 de septiembre pasado por Romano Prodi, consiste a lo sumo en una gran licitación a la medida de inversores como Suez, Thames y Vivendi. Johannesburgo no habrá sido solamente una cumbre donde la regla del denominador común más pequeño prevalecerá en casi todos los capítulos. El "Plan de acción de Johannesburgo sobre Desarrollo Sustentable", aprobado el 4 de septiembre pasado, al cabo de dos semanas de negociaciones, propone impHcitamente ima reínterpretación del desarrollo sustentable, que termina de desviarlo de su sentido inicial y lo suma a la globalización liberal. 43

El resultado más anunciado de la cumbre fue el compromiso de reducir a la mitad el número de personas sin agua, desde ahora hasta el 2015, lo que tendrá la ventaja para industriales como Suez o Vivendi de no implicar una modificación en los modos de producción, ya que, indudablemente, el agua es una materia prima, pero privatizable. En cambio, ningún compromiso concreto será asumido a favor de las energías renovables, pese a ser las que mejor se adaptan para proveer gratuitamente de electricidad a las poblaciones de los países pobres, sin incrementar ei efecto invernadero y el riesgo de cambio climático. Eskom no pone en riesgo, al menos en el corto plazo, la competencia de proyectos micro-hidráulicos o solares, que serían financiados por micro-créditos y por el producido de una hipotética tasa mundial para el desarrollo sustentable y aportarían una electricidad casi gratuita y sustentable a las poblaciones de los townships de Soweto y de Alexandra. •
1 El concepto de huella ecológica propone un método de cálculo inédito de las consecuencias del desarrollo no "sustentable" actual. La huella ecológica se expresa en función de la superficie del suelo productivo necesaria para producir los recursos y absorber (os residuos correspondientes, en diversas categorías de consumo: alimentación, vivienda, transporte, bienes de consumo y servicios. El estado de los recursos permite calcular el techo de la huella ecológica por habitante del planeta: un máximo de 1,9 ha por persona. Sin embargo, el consumo promedio de recursos naturales es de 2,3 ha por habitante, es decir, 0,4 ha mayor de lo disponible. 2 3 Entre otras, Areva, Micheün, Suez. Texaco, DuPont, Aol Time Warner, Rio Tinto... Surge de la fusión del Consejo Mundial de Empresas para el Desarrollo Sustentable (World Business for Sustainable Developement) y la Cámara Internacional de Comercio. 4 Sanou Mbaye, "L'Afrique noíre face aux piéges du libéraüsme". Le Monde diplomatique. París, julio de 2002. 5 Pero es sabido que ta corrupr' T es generada por los propios inversores: un escándalo reciente Involucró al BM en un asunto de sobornos pagados a la autoridad local de la provincia de Lesotho, donde se construye una enorme represa hidráulica. 6 7 Moneda nacional sudafricana. Cf. Patrick Bond, Unsustainable South África, The Merlin Press, Londres, 2002.

A.S.

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Comercio desigual y "deuda ecológica "

Lo que el Norte le debe al Sur
por Walter Alberto Rengue* El concepto de costo ambiental, escasamente considerado en los países del Sur -que deberían ser los principales interesadoscobra vital importancia y asegura un novedoso enfoque ante la insostenible presión por el pago de la deuda externa en América Latina. El caso argentino, de notable actualidad, es ejemplar Los dos temas tienen una relación básica, posible de confrontar, que ha comenzado a ser analizada recientemente, en particular por académicos y ONGs del Sur (Acción Ecológica de Ecuador, Rural Advancement Foundation International -RAFI-, Grupo de Reflexión Rural-GRR-, Jubileo 2000, Grain) apoyados por muchos de sus pares de los países desarrollados. La "deuda ambiental" se arrastra desde la colonia, se ha agravado en el siglo XXy es perfectamente cuantificable en términos económicos. JLos seres humanos no degradan voluntariamente su medio ambiente. Ningún agricultor sueña con dejar a sus hijos un campo destruido, con su capa fértil lavada, el agua contaminada y el terreno cubierto de cárcavas. Ninguna comunidad se somete
* INGENIERO AGRÓNOMO ESPECIALIZADO EN MEJORAMIENTO GENÉTICO. MAESTTÍIA EN POLÍHCAS AMBIENTALES, G E P A M A - C E A - U N I V E R S I D A D DE BUENOS AlRES. ARTICULO PUBLICADO EN EL N° 19 DE M EDICIÓN CHILENA DE LE MONDE DlPLOMATlQUE, MAYO 2 0 0 2 .

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voluntariamente a un desgaste azaroso. Sin embargo, las sociedades toleran el cautiverio de la deuda extema, aun cuando su origen es distante de su cotidianidad (1). Una deuda extema que contiene un alto componente de ilegitimidad y ya ampliamente pagada, si se tienen en cuenta no sólo el flujo financiero y las tasas de interés pagadas -impuestas unilateralmente- sino también el de bienes y recursos naturales baratos exportados. "Si calculamos solamente cuánto hemos cubierto en exceso de intereses, cuando además la banca internacional decidió por sí misma en 1982 subirlos del 6 al 20%, es posible demostrar que la deuda está pagada y en exceso. Para obtener estos fondos y enviarlos como pago de la deuda extema, nuestros países se ven obligados a exportar cada vez más, en condiciones de poca equidad comercial y, lo que es más grave, a cualquier costo" (2).

Ecológica y colonial
Además del tremendo impacto que el peso de la deuda tiene sobre las sociedades de los países en desarrollo, debe tenerse en cuenta la presión sobre el patrimonio natural. Jacobo Schatan indica que "el volumen de exportaciones de América Latina ha aumentado desde 1980 hasta 1995 en un 245%. Entre 1985 y 1996 se habían extraído y enviado al exterior 2.706 millones de toneladas de productos básicos, la mayoría de ellos no renovables. El 88% corresponde a minerales y petróleo. Haciendo una proyección hacia el 2016 se calcula que el total de exportaciones de bienes materiales de América Latina hacia el Norte sería de 11.000 millones de toneladas. Entre 1982 y hasta 1996, en catorce años, América Latina había pagado 739.900 millones de dólares, es decir, más del doble de lo que debía en 1982 -unos 300.000 millones de dólares- y sin embargo seguía debiendo 607.230 millones de dólares" (3^ Desde la perspectiva Sur-Norte se puede definir a la "deuda ecológica" como "aquella que ha venido siendo acumulada por el Norte, especialmente por los países más industrializados, hacia las naciones del Tercer Mundo, a través de la expoliación de los recursos naturales por su venta subvaluada, la contaminación ambiental, la utilización gratuita de sus recursos genéticos o la libre ocupación de su espacio ambiental para el depósito de los gases de efecto invemadero u otros 46

residuos acumulados y eliminados por los países industrializados" (4). A esta deuda generada por la sobreproducción, el sobreconsumo y la superproducción de desechos actuales y pasados de los países del Norte, debería sumárseles (¿por qué no?, al menos para tenerla en cuenta), la "deuda colonial" por la extracción y usufructo de recursos naturales y minerales no reembolsados (5). Los daños ambientales generados por este comercio ecológicamente desigual se replican en todo el mundo subdesarrollado, especialmente en América Latina. Sin embargo, no han sido percibidos cabalmente ni aparecen en las agendas de los decisores políticos. Como señala Joan Martínez Alier, catedrático catalán de la Universidad de Barcelona, "es sorprendente la vigencia de antiguos agravios históricos sobre límites geográficos y el gran empeño que di versos países latinoanTericanos ponen en defender o rei vindicar su herencia territorial, en comparación con la iriconciencia con la que ceden la herencia recibida de patrimonio natural" (y también de patrimonio cultural y social). Esas continuas cesiones podrían interpretarse como una amenaza a la propia seguridad. Desde el Sur puede afirmarse que el Norte ha producido y produce una cantidad desproporcionada de contaminación y degradación y se apodera o presiona para transformar una cantidad desproporcionada de recursos naturales, lo que pone en peligro la seguridad ecológica del Sur. Debido en parte a este comercio desigual y a la adopción de algunas tecnologías importadas degradantes, Argentina tiene regiones erosionadas en casi todo su territorio (6). Los sistemas de producción ovina aplicados en la Patagonia desde el siglo XIX, que en menos de cien años la convirtieron en desierto, o la eliminación de los quebrachales en la zona chaqueña, son un claro ejemplo de depredación de la naturaleza, subvaluación del recurso, exportaciones mal pagadas y tecnologías pobremente adaptadas a la realidad regional.

Nutrientes, pesca y petróleo
Una situación muy similar se suscita en la región de suelos más ricos del mundo, la Pampa Ondulada. A causa de la presión exportadora de una agricultura industrial muy dependiente de insiunos extemos y energía, la estructura y calidad del sustrato se está perdiendo rápi47

damente. Argentina exporta millones de toneladas de nutrientes naturales -especialmente nitrógeno, fósforo y potasio- que por supuesto no se recuperan de manera natural. Se pretende mantenerlos mediante el uso de fertilizantes sintéticos, tal como se promueve desde la esfera pública y privada. Sólo con sus principales cultivos -soja, trigo, maíz y girasol- el país exporta anualmente alrededor de 3.500.000 toneladas de nutrientes. La soja, el motor de la agricultura argentina exportadora, representa casi el 50% de esta cifra. Sin embargo, se impulsa a los agricultores a que sigan pagando para recuperar lo que pierden con esos métodos de cultivo. Se los obliga a aumentar la aplicación de los fertilizantes sintéticos (7) en lugar de utilizar las prácticas ancestrales de recuperación y rotación de suelos u otras antes habituales en el campo argentino: las rotaciones de agricultura por ganadería permiten, por ejemplo, un importante período de descanso y recuperación de suelos y un sistema productivo más diversificado, además de un menor consumo de insumes, si se utilizan prácticas de pastoreo racional. El fuerte proceso de agriculturización de los últimos diez años, impulsado por una irrestricta apertura al ingreso de insumos extemos (agroquímicos, fertilizantes, maquinaria, que además contribuyó a la ruina de las industrias locales) no favoreció un proceso de enriquecimiento genuino. Solo benefició a ciertos sectores concentrados de la exportación que ahora obtienen además ganancias fabulosas con la apreciación del dólar. Costo social: un tendal de productores quebrados, impulsados a la "pseudo-tecnificación" del agro. Estos modelos de explotación despiadada de recursos naturales se globalizan hacia los países de economías más debilitadas y dependientes. En Argentina se repiten en casos como la pesca (destrucción de la industria pesquera nacional mediante la concesión indiscriminada a barcos-factoría; nulo control de las incursiones pirata) o el petróleo. Este último caso es extremadamente grave ya que se hace entrega de un producto no renovable a compañías multinacionales interesadas en el lucro inmediato (8).

Recursos irrecuperables
Muy pocos países cortaron el nudo gordiano de apoyar su creci48

miento con la sobreexplotacion de materias primas para reincidir solamente en más deuda y dependencia. La mayoría nunca alcanzó a financiar su propio desarrollo, por falta de verdaderas políticas independientes. En las crisis anteriores de la deuda extema "como las de 1875 y 1890, Argentina pudo salir con una combinación de pago de aranceles y aumento de los precios internacionales de la lana, pero nunca, ni en sus años dorados, ha podido o querido financiar el propio desarrollo. Tal vez una clase -la agropecuaria- pudo haber acumulado capital y volcarlo hacia otras inversiones productivas, pero no lo hizo y siguió apostando al campo. Y el campo, con sus precios, irremediablemente iba decayendo. Entonces los ingleses nos hicieron los ferrocarriles, los estadounidenses las empresas de servicios y las multinacionales, el sistema bancario" (9). Lo mismo sucedió con los recursos forestales, pesqueros y petroleros. Se sobreexplotaron, malvendieron y muchos se tomaron irrecuperables. Tampoco se cumplió con la premisa formulada en los 70 por el economista del Banco Mundial, Salah El Serafy: "sembrar el petróleo", en alusión a la reinversión de los fondos de ese origen en el sistema económico, para fomentar el desarrollo. En realidad, esos fondos fueron a parar a las compañías petroleras que obtienen en estos parajes tasas altísimas de ganancias, mientras los países siguen en un estado de "subdesarrollo sustentable". Poderosísimos lobbies se oponen a cualquier decisión independiente que implique desarrollo y una distribución más equitítativa de la renta de los recursos naturales yfinancieros.Basta ver los fuertes movimientos en contra de la Cumbre de la Tierra en Bolivia (10), del MST en Brasil, de la revolución bolivariana en Venezuela (11), o la brutal presión extranjera contra las retenciones petroleras en Argentina. Expresados en dinero, los componentes de esta "deuda ecológica" son fácilmente identíficables, salvo en algunos casos complejos. Se vinculan por ejemplo con los costos de reproducción o manejo sosteníble de recursos renovables exportados, como la reposición de los nutrientes incorporados en las exportaciones agrarias, o los costos de reparación de los daños locales producidos por las exportaciones: daños a la salud por el uso de agroquímícos prohibidos en sus países de origen, disminución productiva por sobreexplotacion, contaminación con mercurio, relaves de minas, costos actualizados por la 49

indisponibilidad futura de recursos no renovables como el petróleo o la biodiversidad. Todos estos costos no son considerados en el precio, por lo que son pagados por el país exportador y sus generaciones futuras. Otro costo no reconocido por los países desarrollados es el de los servicios ambientales (12), Un ejemplo es el proceso de cambio climático, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero hacia la atmósfera, del cual son esencialmente responsables los países desarrollados. Los daños a la producción y economías de todo el mundo, la inestabilidad e incertidumbre sobre sus futuras e impredecibles consecuencias (desertización, inundaciones, daños a la biodiversidad), no son tenidos en cuenta. Mientras Estados Unidos genera emisiones de cinco toneladas por persona y por año (la Unión Europea la mitad), países como Argentina emiten menos del 10% de esta cifra, pero "colaboran" como sumideros de carbono gracias a sus ricas áreas selváticas, sin recibir retribución alguna por estas vitales fiínciones. Deben considerarse además como relevantes servicios ambientales el reciclado de nutrientes, la depuración de aguas en los humedales, los centros originarios de biodiversidad y recursos genéticos, la evaporación y evapotranspiración del agua, la estabilización de zonas costeras, los procesos de formación de suelos, la disponibilidad de biomasa para otras especies, todos aportados esencialmente por los países menos desarrollados. Son vitales para la estabilidad planetaria, pero no han sido hasta ahora reconocidos por las economías mundiales, ni en precio ni en valor. Por ejemplo, el servicio ambiental brindado por la biodiversidad agrícola a la seguridad alimentaria mundial se centra en el proceso de conservación in situ, llevado adelante por las comunidades campesinas e indígenas. Existe ya una conciencia generalizada en muchas sociedades de América Latina respecto de este valor intrinseco, que ha despertado un profundo sentimiento de protección comunitaria de los recursos frente a la biopiratería. Los litigios sobre patentes o intentos de patentes sobre plantas o sus atributos, como los casos de la ayahuasca, la sangre de drago, la quinoa, la uña de gato, el neem o el jaborandí, son sólo algunos ejemplos. El necesario reconocimiento a la importantísima función que cumplen estas comunidades, que utilizando prácticas agroecológicas y agricultura 50

tradicional logran mantener productivas regiones donde cualquier proceso de agricultura industrial fracasaría, debería obligar a repensar el actual proceso de desarrollo agrícola y reconocer a su vez, en valor y en especie, la valiosa fLmción que estas regiones rícas en biodiversidad bioecológica y socio-cultural cumplen para el mundo.

El derecho a reclamar
Las economías más desarrolladas utilizan no sólo nuestros recursos sino nuestro propio espacio vital. El concepto de "huella ecológica" o uso desproporcionado del espacio se vincula con el hecho de que sólo una quinta parte de la población mundial (6.100 millones de personas) habita en las naciones desarrolladas: Europa, Japón, EE.UU. y Australia. Sin embargo, éstas utilizan mucho más territorio y recursos que los de su propia superficie: se sirven de unas 8 hectáreas por habitante, generando una "huella ecológica" sobre las economías más desprotegidas, que se encuentran en el límite de su espacio vital, con menos de 2 hectáreas por persona (13). Esta "huella" (el cálculo de tierras necesarias para cultivo, productos forestales, vivienda y área marina explotada como fuente de alimento) es cuatro veces más grande en las regiones industriales que en los países en desarrollo. Las economías más ricas tampoco pagan cuota alguna por este "alquiler" del espacio vital de otras naciones. Resulta por lo tanto sumamente importante institucionalizar la prudencia como instrumento de manejo de estos servicios y recursos (14) y discutir igualitariamente la distribución de riesgos emergentes de ¡as nuevas tecnologías, que por lo general impactan de manera inequitativa sobre las comunidades más desprotegidas (15).

El lenguaje del dinero
Según Eric Toussaint, en "doce años, entre 1980 y 1992, los países del Tercer Mundo han pagado 1.662.200 millones de dólares, una cifra tres veces superior a su deuda de 1980, que era de 567.000 millones. Cada año, el servicio de la deuda drena desde los países del Tercer Mundo entre 160.000 y 200.000 millones de dólares hacia los bancos privados, especuladoresfinancieros,el FMI, el Banco Mundial 51

y los países ricos" (16). En Argentina, "entre 1976 y la actualidad la deuda externa pasó de 7.600 a 132.000 millones" (17); 214.000 millones si se agregan la deuda pública provincial (22.000 millones) y la deuda privada (60.000 millones) (18). El reclamo por una "deuda ecológica", generado por el comercio ecológicamente desigual, el pago de los servicios ambientales y el reconocimiento de la "huella ecológica" debe ser expresado en el lenguaje que mejor entiende el Norte: el dinero, el bottom Une en la cuenta de pérdidas o ganancias. Asi, podría constituir un fuerte impulso desde el Sur para que el Norte encamine su economía en una dirección más sostenible. La cancelación de parte de la deuda extema a cuenta de la deuda ecológica disminuiría la presión sobre los recursos naturales de los países del Sur, al tiempo que mejoraría la situación de pobreza y contribuiría a un "ajuste ecológico" del planeta. El Sur tiene cabal derecho de reclamar el pago de su "deuda ecológica" (19). Es necesario comprender los orígenes de este comercio desigual, valuarlos en lo posible y proponerlos en la agenda de los actores de la sociedad nacional e internacional. El tema de la deuda extema no debe continuar siendo abordado de la manera tradicional. Deberán reconocerse las consecuencias ecológicas y humanas -¡las extemalidades!- que ha causado y que aún no han sido reconocidas. •
1 Patricia Adams, Deudas Odiosas. Un legado de insensatez económica y saqueo ambiental. Editorial Planeta, 1993. 2 Aurora Donoso, Ecológica! Debt: South Tells North "Time to pay up", Acción Ecológica, Quito, 2000. 3 Jacobo Schatan, Deuda extema y neoiiberalismo: el saqueo de América Latina, Fundación CENDA, Centro de Estudios Nacionales de Desarrollo Alternativo, Santiago de Chile, 1999. 4 Aurora Donoso, Deuda externa, mecanismo de dominación y saqueo. Acción Ecológica, Quito. 2000. 5 Entre 1503 y 1660, los archivos de Sevilla dan cuenta de la extracción de nrietales preciosos: unos 185.000 kilogramos de oro y 16.000.000 de plata, obtenidos a costo cero. 6 Jorge Morello, y Silvia Matteucci, "La Argentina agredida. Ambiente y Territorio", Realidad económica, W169. Buenos Aires, 2000. 7 En la última década Argentina pasó de un consumo de 300.000 toneladas/año (unos 6 kg/ha), a casi 2.000.000 de toneladas/año en la campaña actual.

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8

Alfredo Eric y Eric Calcagno, "YPF, otra privatización ruinosa", i e Monde dipJomatique, edición Cono Sur, julio de 2001.

9 10 11

Clarín, entrevista a Félix Luna, Buenos Aires, 6-1-02. "Tierra a debate", Revista Pulso. La Paz, Bolivia, 29-11-01. Luis Bilbao, "Revolución y contrarrevolución en Venezuela", i e Monde diphmatique, ción Cono Sur, Buenos Aires, enero de 2002. edi-

12

Joan Martínez Alier, "Deuda ecológica vs. Deuda externa. Una perspectiva latinoamericana". Parlamento Latinoamericano, 1998.

13

Pulsos de ¡a Tierra, National Geographic, Editorial Televisa Internacional, México, julio de 2001.

14 15

Martine Rémond-Gouilloud, El derecho a destruir. Losada, Buenos Aires, 1994. José Antonio López Cerezo, seminario "La democratización del conocimiento". Cátedra CTS+l, Organización de Estados Iberoamericanos, Centro de Estudios Avanzados-UBA, Buenos Aires, octubre de 2001.

16

EricToussaint es presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), Bruselas.

17

Carlos Gabetta, "Y la sociedad dio un grito". Le Monde diplomatique, edición chilena, Buenos Aires, enero de 2002.

18 19

"Deuda Externa: Una moratoria obligada por falta de fondos". Clarín, Buenos Aires, 24-12-01. Joan Martínez Alier, Economía Ecológica, Editorial Rubes, Barcelona, 1999.

W.A.P.

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Cumbre Mundial de la Tierra sobre Desarrollo (Inédito)

Sustentable

Observaciones sobre el proceso de globalizacion y el equilibrio ecológico en América Latina
por Jaime Massardo*

«Todo progreso en la agricultura capitalista no es sólo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de éste durante un lapso dado, es un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa misma fertilidad». (Karl Marx)

S i nos atuviéramos solamente al espejismo de homogeneidad que muchas veces, nos ofrecen las cifras, (1) América Latina parecería estar viviendo una importante expansión económica y los compromisos contraidos por los poderes económicos y políticos locales frente a las exigencias del capital internacional (2) habrían comenzado por fin a rendir sus frutos para la felicidad de todos. El examen de este «éxito económico» en sus conexiones con la vida social y cultural tanto como en sus consecuencias para el medio ambiente del continente latinoamericano, sugiere sin embargo una lectura radicalmente diferente de estas mismas cifras. En términos muy
* PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD ARCIS Y DE LA ACADEMIA DE HUMANISMO CRISTIANO. ARTÍCULO PUBUCADO EN LA EDOÓN FRANCESA DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, ENERO DE 2000..

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generales, dada la naturaleza de esta presentación, (3) las líneas que siguen intentarán mostrar cómo la subordinación del modelo económico a los mecanismos de Xaglobalización, vale decir, a la lógica que precede la actual fase de acumulación a escala mundial, (4) conlleva efectos desastrosos para el equilibrio ecológico de la región, cuestionando la aparente neutralidad de las cifras y el propio éxito económico que ellas intentan reflejar. En esa perspectiva, conviene de recordar brevemente aquí que, durante milenios, en la parte de América que después de la segunda mitad del siglo XIX se ha llamado «latina», la naturaleza había venido ritmando la vida social, cumpliendo una función cultural esencial (5). La irrigación, las técnicas de lucha contra la erosión, el tiempo de reposo dado a la tierra, la utilización de abonos, los métodos de siembra y de cosecha o la organización vertical de diferentes terrazas ecológicas donde cada una de ellas estaba dedicada al cultivo de una flora específica, en armonía con el microclima, nos suministran la prueba que el medio ambiente estaba integrado de una manera privilegiada en la economía política y en la visión del mundo las formaciones sociales amerindianas (6). Las huellas que podemos encontrar, por ejemplo, en las diversas manifestaciones del arte precolombino, (7) muestran que el respeto de la naturaleza, lejos de constituir un « paraíso perdido »inventado por algunos historiadores y antropólogos nostálgicos (8) impregnó fuertemente su imaginario colectivo. Este equilibrio entre el hombre y la naturaleza permanece como un dato constante a través de la compleja evolución histórica de las formaciones sociales ammerindianas y no será destruido sino por el grand toumant que representa su contacto con un mercado mundial que la propia América va a contribuir a desarrollar. Empujada por una demanda anónima siempre en expansión, (9) la conquista española y portuguesa, tenía necesidad de una escala de producción creciente. El excedente minero y agrícola (10) obtenido por las comunidades indoamericanas como valor de uso para el autoconsumo se transforma rápidamente así en mercancía (11). Para obtenerlo en cantidades necesarias, la conquista, apoyada por la fuerza de su poder militar y religiosa, va a introducir ritmos de trabajo y tecnologías que van a provocar la explotación de las riquezas 56

naturales sin otro límite que la voracidad del mercado, y además, la cuasi exterminación del hombre americano como productor, (12) agotado por la intensidad de un trabajo que sobrepasaba toda resistencia fisiológica (13). Estos rasgos que van a dar forma a las sociedades latinoamericanas van igualmente a reorientar los senderos por los cuales pasará su propia historia. «La formación de una economía exportadora, los progresos técnicos y la concentración de capital vinculada a esta nueva economía y a la transferencia de modelos sociales impuestos por los colonizadores -escribe, por ejemplo, Jacques Chonchol-, debían influenciar de manera decisiva el porvenir del Nuevo Mundo durante más de cuatro siglos» (14). La separación de Espaiía, obtenida después de los enfrentamientos diplomáticos y militares que se desarrolla entre 1808 y 1824, no hará sino reforzar estas tendencias, transformando a los grupos criollos en una nueva oligarquía que, a partir de los años 1860, acrecentará su participación en el comercio internacional suministrando alimentos y materias primas a la revolución industrial, ampliando la frontera agrícola a través de la expoliación de las tierras de las comunidades indígenas, acordando cada vez más concesiones al capital -británico, en la ocasión- (15) y consagrando bajo nuevas formas la inserción subordinada y dependiente de América Latina en el mercado mundial. Impidiendo al Ángelus Novus de Walter Benjamín de «despertar a los muertos y unir a los vencidos» (16), la «modernización» del siglo XIX va a desplazarse en la misma dirección que la época colonial, estableciendo con ésta una suerte de continuidad y desempeñando su cometido con tal fuerza que puede reconocerse en ella, sin demasiados esfuerzos, «el temporal que le impide cerrar sus alas» (17) todavía soplando en un cierto tipo de literatura (18). La ideología de la «civilización», de la «modernización», del «progreso», va a legitimar así una visión de mundo apoyada en el dominio -control, utilización, uso-, de la naturaleza, concepción que implica de forma tácita que ésta es inagotable (19). El proceso de industrialización que comienza a generarse lentamente en América Latina durante el curso del conflicto mundial de 1914-18 (20), vendrá a reforzarla, introduciendo cierta noción de desarrollo. Esta, tal como nos lo recuerda Armand Mattelart (21), irá a aparecer en el lenguaje de las relaciones internacionales a

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partir de 1949 -o sea justamente en el momento de fundación de la CEP AL- (22), para designar su contrario, el subdesarrollo, como el estado de la población del planeta que debía aún recorrer el mismo camino que habían hecho los países desarrollados para acceder a la «felicidad». Prisionero de esta ideología del desarrollo (23) el problema del equilibrio ecológico va a permanecer durante mucho tiempo obtinadamente ausente de la discusión de los proyectos de sociedad. Paralelamente, la población de América Latina, que se estimaba en alrededor de 100 millones de habitantes en 1930, va a duplicarse hacia los años 60, al mismo tiempo que el peso de su componente urbano pasa del 30 al 50% del total, (24) coincidiendo con la llegada de inversiones portadoras de nuevas tecnologías que van a limitar la absorción de la fuerza de trabajo que la modernización del campo libera de una forma constante (25). El paisaje urbano va entonces a cambiar gradualmente y la ciudad va a comenzar a conocer problemas cada vez más graves de polución industrial, de reducción de los espacios verdes, da habitación, de salud pública, de higiene, de transporte, de agresión visual, problemas que van a afectar los sectores más desvalidos de las clases subalternas, mostrando, a través de una sociedad fuertemente marcada por sus propias desigualdades, que no existen relaciones entre el hombre y la naturaleza que no comporten siempre una dimensión social concreta (26). En la América Latina de los años 60, esta problemática estará en la base del ascenso de movimientos sociales que, en países como Brasil, Bolivia, Chile, Uruguay, Argentina, irán a acceder al gobierno a partir de proyectos y programas de carácter netamente popular. Estos gobiernos, aunque de corta duración y, vistos en perspectiva, verdaderos paréntesis en la vida política de América Latina, van a marcar un hito en la historia de las clases subalternas del continente, estimulando un clima social de libertad, dinamizando la sociedad, generando profundas experiencias culturales y provocando una radicalización política que no tardará en estrellarse con los mecanismos de conservación del poder que van a imponer la solución militar (27). Serán estos gobiernos militares los que van a dar los pasos políticos previos -léase \os pasos politicamente indispensables del 58

punto de vista del capital- para la llegada de laglobalización, desarticulando las organizaciones de trabajadores, destruyendo sus expresiones políticas, y liquidando o cooptando sus élites (28). Cumplida esta tarea, la vía quedará libre para aplicar las medidas de liberalización, de privatización, de desregulación, de desreglamentación que, en la convicción de que la sociedad no es más que un monopoly games, van a ofrecer al capital fuerza de trabajo a bajo precio. La incorporación de América Latina al proceso de globalización se realiza entonces sin ningún real debate interno y en condiciones donde, excluida de las decisiones políticas, una gran parte de la población no podrá pronunciarse ni sobre la implantación del modelo ni sobre sus consecuencias económicas, sociales, culturales y ecológicas. En la ausencia de condiciones democráticas, la organización de la producción es administrada así, defacto por una minoría ligada a los intereses del capital (29), minoría que va a conducir la mutación de una estructura productiva que, orientada por la necesidad de satisfascer una demanda siempre creciente, conlleva un constante aumento de la productividad (30). Así, la producción de cobre, de hierro, de gas natural, de café, de oleaginosos, de soya, de trigo, de maíz, de plátanos, de caña de azúcar, de algodón, de crustáceos, de petróleo -el principal producto de exportación de la región- y sus derivados (31), muestra un incremento de las cantidades exportadas tanto más significativo cuando, en la mayoría de los casos, éste debe compensar la caída de los precios en el mercado internacional. Ahora bien, -y a esto se reduce lo esencial del problema-, en un continente como América donde la casi totalidad de las exportaciones fuera de la región consisten en materias primas y productos agrícolas, el equilibrio ecológico, resiente de una forma particular este aumento de la productividad provocado por la globalización (32). Así, si examinamos el sector agrario, podemos constatar que, con el ñn de satisfacer el aumento de la demanda mundial de alimentos -estimulada por la desreglamentación-, van a formarse en el continente latinoamericano complejos agroalimentarios que irán a reemplazar las explotaciones tradicionales y que, por hacer frente al aumento del volumen de la demanda van a agotar en pocos años la frontera agrícola (33). Sólo entre 1970 y 1980 -vale decir cuando la 59

globalización no estaba sino introduciéndose en la región- (34), la superficie de tierras laborables (arable land) se extendió de 98 a 117 millones de hectáreas, lo que quiere decir que 19 millones de hectáreas fueron incorporadas a la explotación (35). El decenio siguiente, entre 1981 y 1989, la superficie agrícola total explotada en América Latina va a aumentar todavía de 117 a 128 millones de hectáreas, vale decir, el equivalente de casi 11 millones de hectáreas (36). Si tomamos como base los años 1989-1991 (19891991 = 100), el volumen físico de la producción agrícola pasa, para el conjunto de la región, de 60, en 1970, a 81, en 1980 y a 111 en 1995 (37). Este crecimiento vertiginoso no excluye ningún país. Así, tomando siempre como base los años 1989-1991, podemos observar que si un país como Argentina pasa de 78, en 1970, a 90, en 1980 y a 110 en 1995, Belice, Paraguay y Venezuela pasan también, durante los mismos años, respectivamente, de 43 a 75 y a 135, de 40 a 58 y a 105, y, de 56 a 78 y a 120 (38), y que en Brasil, la participación de la agricultura en la generación del PNB aumenta en un 8,7% en 1980, en un 9,8% en 1990 y en un 10,5% en 1995 (39). Si examinamos la cosa un poco más de cerca, podemos observar que, además, este crecimiento concierne esencialmente determinados productos. Las cift-as muestran que la producción de plátanos pasa de 20 millones de toneladas en 1970 a 26 millones en 1990 y a 29 millones en 1995 (40), la del café, de 2 millones 170 mil toneladas en 1970 a 2 millones 970 mil en 1980 y a 3millones 922 mil en 1990 (41). Si nos atenemos a la evolución de las cifras examinando los años 1970, 1980,1990 y 1995, podemos ver que la producción de porotos secos pasa de 3 millones 746 mil toneladas a 3 millones 688 mil, a 4 millones 635 mil y a 5 millones 283 mil (42), la caña de azúcar pasa de 277 millones de toneladas a 356, a 488 y a 496 (43), el girasol (sunflower) de 1 millón 220 mil toneladas a 1 million 756 mil, a 3 millones 454 mil y a 5 millones 805 mil (44), el maíz va de 38 a 45, a 49 y a 73 millones de toneladas (45). Siempre durante los mismos años, la soya pasa de 1 millón 928 mil a 19 millones 814 mil, a 33 millones 667 mil y a 41 millones 381 mil toneladas (46), mientras que entre 1970 y 1995, la superficie cultivada de este vegetal se acrecienta de 1 a 19 millones (47). Este aumento de la producción, al cual es necesario agregar el algodón -el más contaminante

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de todos- y la ganadería, se realiza bajo la presión de la búsqueda de ganancias a corto plazo. Embarcados en la competencia mundial, los complejos agroalimentarios, para permanecer rentables, deben utilizar cada vez más fertilizantes químicos, pesticidas y nuevas tecnologías (48). Así, de las 2 millones 883 mil toneladas de fertilizantes utilizadas en la agricultura latinoamericana en 1970, pasan a 7 millones 484 mil en 1980, y llegan ya a 9 millones 263 mil en 1994 (49). La explotación de la tierra en las condiciones de competencia generadas por la mundialización comporta asi un costo elevado para el medio ambiente provocando un fuerte desequilibrio ecológico (50). Este se traduce, primero, en un proceso de desforestación (51). De los 998 millones de hectáreas de bosques que América Latina tenía en 1970, no quedan sino 958 millones en 1980, 919 en 1990 y 913 en 1994, lo que equivale a decir que cada año 3,5 millones de hectáreas, más del 0,3% de la riqueza forestal de la región, se convierte en humo (52). Estas representan por otra parte más del 60%) de la cantidad cortada en el conjunto del planeta (53). La desforestación adquiere una dimensión especial en Brasil que pasa de una participación del 2,20% en las exportaciones mundiales de madera llamada «dura» (hardwoods), en 1989, a 8,05%, en 1995 (54). Se estima hoy que la tasa de destrucción de la foresta amazónica es de 5,8 millones de hectáreas por año (55). Esta progresa cada año. Así su destrucción entre 1995-96 es superior a la de los años 1992-94. Los estudios científicos no garantizan que pueda cumplirse el ciclo necesario de regeneración que supone de 25 a 30 años (56). A los destrozos generados por la desforestación se agrega los que provoca la erosión. En los años sesenta, 210 millones de hectáreas, vale decir el 10% del conjunto del territorio latinoamericano, la sufría. A pesar de la evidencia del problema, los datos sobre éste son escasos. Nicolo Gligo, uno de los investigadores que ha trabajado de manera más minuciosa la problemática del medio ambiente en América Latina, escribe que «los estudios sobre la erosión son cada vez menos numerosos, quizás para no hacer frente a cifras catastróficas» (57). En Argentina un estudio que concieme el 80% de la superficie total del país muestra que la erosión afecta el 31% de ésta. Para México, llega al 85%) del territorio nacional (58). La desforestación 61

y la erosión no son los únicos efectos del modelo de acumulación, el agotamiento de la química de la tierra ya a comienzos de los años 90, concernía igualmente 68,2 millones de hectáreas, mientras que la salinidad de la tierra y la sedimentación de los cursos y nichos de aguas afectaban más o menos el 40% de las tierras irrigadas, lo que representa, en su conjunto, aproximadamente el 11% de la superficie cultivable (59). Además, la pesca alcanza hoy 10,5 millones de toneladas mientras que el potencial de peces de reserva es de alrededor de 20 millones de toneladas. Los crustáceos o moluscos están también en peligro. Así, por ejemplo, Ecuador obtiene hoy un 15% de sus divisas a través de la exportación de camarones. Existe, por último otro efecto de la mundialización, el de la destrucción de la biodiversidad. Sabemos que en América Latina ésta es particularmente rica (60). Se pueden distinguir más de 120 mil especies y si se agregan los musgos, los heléchos y los liqúenes, la cifra llega a los 180 mil (61). Con la desforestación y la erosión estas especies disminuyen cada vez más. En este ámbito también los estudios son raros. Por otro lado, es necesario subrayar aquí que, como producto de las nuevas tecnologías, la expulsión de campesinos hacia la ciudad que había comenzado durante los años 1950-60, se acelera. Para no tomar más que una sola referencia, en 1970 no había sino 630 mil tractores, diez años después éstos son ya 1.096.000, en 1990 llegan a 1.472.000 y en 1994 han aumentado a 1.512.000 (62). Correlativamente, en 1990, entre los 450 millones de habitantes de América Latina, más del 70% viven en espacios urbanos (63) y según los últimos censos que fijan la población del continente en 480 millones de habitantes, esta tendencia se profundiza (64). El rápido crecimiento de las exportaciones agrícolas va a encontrar así un complemento en el mercado interno, pero esta misma rapidez del crecimiento urbano, sumado a la extrema polarización de la estructura de consumo y a la ausencia de una reglamentación eficaz -tributaria de la concepción liberal de un Estado reducido a sus funciones puramente represivas-, va a multiplicar los problemas de medio ambiente y, en particular, de ecología urbana. La más evidente entre ellos es el de la contaminación del aire. Dos factores parecen determinantes en este problema : el crecimiento de la actividad industrial y el aumento 62

del número de automóbiles. En México, el ozono es el más elevado del planeta. En Sao Paulo es el monóxido de carbono. En Santiago de Chile, en los últimos 15 años el número de vehículos se ha multiplicado por tres. Estas tres ciudades concentran casi 45 millones de habitantes (65). No son las únicas: Bogotá, Caracas o Buenos Aires muestran cifras igualmente alarmantes. A la contaminación del aire es necesario agregar la contaminación de las aguas. En Buenos Aires y en México, el agua potable para el consumo regular de la población se obtiene a través de napas superficiales que se estima que están contaminadas en su totalidad (66). En Brasil, en los años 80, de cada 25,2 millones de habitantes, solamente 14 millones tenían agua potable y menos de 7 millones tenían conductos excretores (67). Pero existe aún la contaminación provocada por las deshechos del consumo familiar y por los tóxicos. Las dificultades que encuentran las organizaciones territoriales locales para administrar el amontonamiento de basuras y deshechos industriales, de los hospitales y de los derivados del consumo familiar, aparecen aquí estrechamente vinculadas al desmantelamiento de las funciones sociales del Estado provocadas por las políticas del modelo de acumulación (68). En efecto, para el sistema, la administración de los deshechos -igual que la salud pública o la educación de los niños provenientes de los sectores populares o los trabajos públicos en las zonas llamadas «marginales»- (69) no siendo rentable, debe ser abandonada a la «mano invisible» del fantasma de Adam Smith, «mano invisible» que permite a los Estados que concentran un importante poder económico y militar, resolver sus propios problemas de medio ambiente enviando sus deshechos hacia otros territorios (70). En esta dirección, un estudio de la CEPAL citado también por Nicolo Gligo muestra que «la mayor parte de los deshechos peligrosos se introducen en la región a través de los acuerdos entre Estados Unidos y México... este último había aceptado hasta 1988 que 30.000 toneladas de estos» (71). Quedan todavía los problemas derivados de la destrucción de la capa de ozono que conciemen a América Latina. Así por ejemplo, «la tasa de cáncer de la piel de los chilenos de Punta Arenas, no cesa de aumentar» (72)... Las tendencias que revelan las breves consideraciones que aquí escribimos a propósito de la evolución económica de la región y su 63

impacto sobre el medio ambiente son bastante diferentes de las que nos ofrecen los apologistas del sistema. Ellas muestran, incluso en su brevedad, que estamos frente a una racionalidad productiva que, estructurada sobre la base de las «ventajas comparativas» (73) representadas por la mano de obra barata y los recursos naturales subvalorados que ofrecen al capital los Estados latinoamericanos debilitados por las políticas neoliberales, conlleva la destrucción del equilibrio ecológico. Ellas muestran que mientras la naturaleza continúe a ser tratada como mercancía no habrá ninguna salida posible, y que, dado que la globalización como cualquier otra fase de acumulación de capital no hace sino expresar una relación de ílierzas entre los intereses contradictorios de los grupos sociales que en ella participan, toda posibilidad de lograr relaciones de equilibrio entre el ser social del hombre y la naturaleza no representa ni un problema «técnico» ni un problema «económico» sino un problema esencialmente político, lo que liga indisolublemente el problema del equilibrio ecológico con el de la democratización de la sociedad en su conjunto (74). Todo programa que apunte a la restauración del equilibrio ecológico debe pasar entonces necesariamente por la ruptura con la actual lógica de acumulación de capital, debe pasar por la proposición de una organización alternativa de la producción que, junto con sustraer la naturaleza de su papel de mercancía impuesta por las relaciones de producción dominantes, plantee las bases de una cultura planetaria que ponga al ser humano en el centro de su preocupación. La defensa de la naturaleza y la lucha por mejorar el medio ambiente deberían así, quizás, recordarnos que, como decía Ernesto Guevara, «detrás de la técnica está siempre el que la utiliza» (75), deberían recordamos los argumentos de José Carlos Mariáteguí que muestran el carácter ficticio del progreso (76), deberían recordamos sobre todo que es necesario pensar la naturaleza como un soporte material que forma parte del mismo proyecto concebido para la reconstrucción, quizás todavía posible, de las sociedades humanas. Ello demanda voluntad política... •
1 El momento que va dar origen a este optimismo puede ubicarse inmediatamente después de 1990: el PIB aumenta en 3.8% en 1991, en 3,0% en 1992, en 3,2% en 1993 y, si consideramos de una manera global el período 1990-1994 en relación con el de 1980-1989, ést« pasa de 1,2% a 3,6% mientras que entre 1992 y 1993, el PIB per cápita pasa de -0,8% a 1,9%; el

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quantum de productos exportados aumenta 6,3% en 1991, 9,3% en 1992 y 8,7% en 1993; la transferencia de recursos que hasta 1990 había sido negativa se vuelve positiva. Cfr., CEPAL, Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, Nations Unies, 1996, Tableau 53 : Gro\Arth of gross domestic product, p. 74; Tableau 54: Gro\Arth of per capíta gross domestic product, p. 75 ; Tableau 87 : Latín america and the Caribbean exports of the ten Leading producís by their percentage shake each year, p, 116; Tableau 279: Net transfer of ressources, p. 490. 2 Es interesante de observar como los análisis ligados al gran capital subrayan este éxito: Cfr., por ejemplo, «Amérique latine : renaissance du Nouveau Monde», Conjoncture, n° 11, Paribas, de diciembre de 1992; «Sítuation économíque de l'Amérique latine en 1993», editado por el banco Sudamerís, junio de 1993 ; «Under Construction. A Survey of Latín America», The Economist. 13 de noviembre de 1993. 3 Se trata aquí, evidentemente, de un estudio exploratorio de las tendencias generales del fenómeno. 4 Cfr., por ejemplo, GROUPE de LISBONNE, Limites a la compétitivité, París, la Découverte, 1995; AMIN, Samir, Les défís de la mondialisation. París. L'Harmattan, 1996 ; FERRER, Aldo, Historia de la globalizadón. Orígenes del orden económico mundial, Buenos Aires, México, Fce, 1996; URRIOLA, Rafael, (Coordinador), La globalizadón de los desajustes, Caracas, Nueva sociedad, 1996. 5 Cfr., ROJAS RABIELA, Teresa, SANDERS, William T., (editores). Historia de la agricultura. Época prehispánica. Siglo XVI, Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH, México, 1985; SILVA, Osvaldo, Civilizaciones prehispánicas de América, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1985. 6 Jacques Chonchol escribe que, «pour irriguer, pour gagner des terres agricoles dans les zones de montagnes á forte pente, pour proteger la terre contre l'érosíon ainsí que pour utiliser de fa^on écologíque les différents milieux complementa!res ríen ne surpasse aujourd'hui ce que firent les indígénes andins et mexicains avec leurs systémes hydrauliques et de terrasses pour Tirrígation, et de complementante de production vivríéres en fonctíon des étages montagnards», CHONCHOL, Jacques, Systémes agraires en Amérique latine, París, Institut des Hautes Etudes de l'Amérique latine, 1995, p. 12. 7 Cfr., por ejemplo, LAVALLE, Daniéle, et LUMBRERAS, Luis G., Les Andes de la Préhistoire aux Incas, París, Gallimard, 1985. También puede verse, a modo de ejemplo, los motivos ecológicos en la magnífica artesanía de Valdivia y de Chorreras, en Ecuador. 8 Entre otros, Cfr., MADARIAGA, Salvador de, L'Essor de l'Empire espagnol d'Am^rique, París, Albín Michel, 1953. 9 Píerre Chaunu calcula que, entre 1503 y 1660 fueron enviadas de Améríca hacía España 300 toneladas de oro y más de 25 mil de plata. CHAUNU, Pierre, L'Amérique et les Amériques, Paris, Armand Colín, 1964. 10 DORE, Elísabeth, «L'hístoíre miníére latino-américaíne», Ecologie etpolitique, n° 17, París, été1996,pp. 125-153. 11 WALLERSTEIN, Immanuel, The modern world-system, Capitalist-Agriculture and the Orígins

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of the European Worfd-Economy in the Sixteenth Century, Academic Press, New York, 1974. 12 13 Cfr., SCHMIDT, Alfred, El concito de natural&ta en Marx, México, Siglo veintiuno editores, 1976. Richard Konetzke estima que en 1942 en América Central y en América del Sur vivían cerca de 75 millones de indios; sólo en México, entre 1519 et 1532, murieron 8 millones, KONETZKE, Richard, América Latiría, decimosexta edición en castellano, Vol. (I, La época colonial, Madrid, Siglo veintiuno, 1984 14 15 Cfr., CHONCHOL, Jacques, Systémes agraires en Amérique latine, ed. cit., p. 57. Cfr., KAPLAN, Marcos, Formación del Estada nacional en América Latina. Buenos Aires, Amorrortu, 1976. 16 BENJAMÍN, Walter, «Théses sur la philosophie de l'histoire», Essais 1935-1940. Traduites de l'allemand par Mauríce de Gandlllac, París, Denoel/Gonthier, 1983, Vol ti, p. 200. 17 18 Ibidem. Cfr., por ejemplo, SARMIENTO, Domingo Faustino, Facundo, civilización y barbarie, Buenos Aires, Juan Roldan, 1914. 19 Nicolo Gligo escribe que en la mayoría de los análisis «la notación de recursos naturales y la situación ambiental no pasan de ser datos estadísticos generalmente constantes. Resulta paradójico que no consideren las fluctuaciones anuales del patrimonio natural, cuando todos los análisis de la economía se realizan sobre la base de fluctuaciones anuales», GLIGO, Nicolo, «Situación y perspectivas ambientales en América Latina», Revista de la CEPAL, n° 55, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, abril de 1995, p. 117. Seguiremos aquí de cerca la argumentación planteada por este artículo. 20 Proceso reactivado después de (a crisis de tos años 30 y particularmente después de la gue> rrade 1939-45. 21 Mattelart señala que la noción de subdesarrollo nació en la Ca$a Blanca en un discurso del presidente Truman conocido como « El punto cuatro », Cfr.. MATTELART, Armand, La communication-monde, histoire des idees et desstratégies, Paris. La Découverte, 1992, p 176. 22 SANTA CRUZ, Hernán, «La creación de (as Naciones Unidas y de la CEPAL», Revista de la CEPAL, n" 57, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, diciembre de 1995, pp. 17-32, 23 Conviene recordar aquí que el proceso de industrialización de los países del socialismo de Estado, en el Este, se funda sobre la misma lógica, lo que limita aún más la eventualidad de un discurso crítico, 24 Marx escribe : «Con la preponderancia incesantemente creciente de la producción urbana acumulada en grandes centros de la producción capitalista, ésta por una parte acumula la fuerza motriz histórica de la sociedad y por otra perturba el metabolismo entre el hombre y la tierra, esto es, el retorno al suelo de aquellos elementos constitutivos del mismo que han sido consumidos por el hombre bajo la forma de alimentos y vestimenta, retorno que es condición natural eterna de la fertilidad permanente del suelo», MARX, Karl, Et Capital, Tercera edición en castellano, México, Siglo veintiuno, 1975, Tomo I, Vol. II. sección IV, capítulo XHI, 10, p.611, 25 lANNl, Octavio, La formación del Estado populista en América Latina, segunda edición, México, Era, 1980.

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26

Diversos trabajos están marcados por una concepción general y abstracta en relación con ios problemas del equilibrio ecológico. Así, por ejemplo, sin ninguna consideración de orden histórico o social, Bertrand Charrier escribe, que «le conflit homme-nature est au centre de cette problématique», (CHARRIER, Bertrand, Bataille pour la planéte, París, Económica, 1997, p. 89). Mucho más cuidadoso, Christian Parker observa que «on a t'habitude de réduire la conception du milieu ambíant exclusivement au théme de l'écologie et dorK aux rapports de l'homme et la nature», Parker, Christian, «Modeles culturéis et développement durable: une Vision du Sud», Alternatives Sud, Louvain-la-Neuve, Centre Tricontinental, CETRI, París, L'Harmattan, Vol. II (1995), 4, p. 76.

27 28

MARINI, Rui Mauro, Subdesarrolio y revolución, décima edición, México, Siglo XXI, 1980. Por supuesto existen también transiciones hacia la nueva fase de acumulación de capital que se vienen realizando bajo formas civiles, lo que no implica que la violencia no haya estado también presente en elías: México y Venezuela son, quizás, los ejemplos más evidentes.

29

Para un análisis de la evolución económica latinoamericana, Cfr., por ejemplo, BENAVENTE, José Miguel, CRESPI, Gustavo, KATZ, Jorge, et STUMPO, Giovannl, «La transformación del desarrollo industrial de América Latina», Revista de la CEPAL. n° 60, Publicación de Naciones Unidas, Santiago de Chile, diciembre 1996, pp. 49-72.

30

Cfr., por ejemplo, CORREIA de ANDRADE, Manuel, «Globallza^o e modernidades» Perspectivas. Revista de Ciencias Sociais. Vol. XVII/XVlll, 1994/1995, Universidade Estadual Paulista pp. 13-20; FERRER, Aldo, «Desarrollo y subdesarrolio en un mundo global. Los problemas de América Latina», El Trimestre económico, Vol. LXIII (4), n° 252, México, octubre/diciembre de 1996, pp, 1367-1374; MONTOYA, Aquiles, «Globalización... ¿Y nada más?». Estudios Centroamericanos, n° 570, Dossier: « Los desafíos de la globalización y la modernización », abril 1996, pp. 289-305;

31

SÁNCHEZ, Fernando, «Globalización y reestructuración energética en América Latina», Revista de la CEPAL, n° 56, Publicación de las Naciones Unidas, Santiago de Chile, agosto de 1995, pp. 125-136.

32

Aún cuando los productos industriales hayan aumentado su peso en las exportacones de cada país, et análisis de ]as cifras muestra que se trata esenc¡a\mente de exportaciones intraregionales. El examen de los diez principales productos latinoamericanos de exportación revela que la exportación hacia otros continentes continua a efectuarse sobre la base de productos primarios, Cfr., CEPAL, Statisticalyearbook for Latin America and the Caríbbean. ed. cit, Tableau 87 : Latin america and the Caribbean: exports of the ten leading products by their percentage share each year, p. 116.

33 34

Cfr., CHONCHOL, Jacques, Systémes agraires en Amérique latine, ed. cit. Cfr., por ejemplo, DRUVOT, Kubert, et MARTINIERE, Guy, «Líbéralísme et dérégulatíon en Amérique latine», Dossier, Cabiers desAméríques latines, n° 14, París, Institut des Hautes Etudes de l'Amérique latine, 1992. pp. 32-118.

35

CEPAL, Statistical yearbook for Latin America and tbe Caribbean, ed. cit., Tableau 310: Arable land, p. 604.

36

Ibidem.

67

37

CEPAL, Statística/yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit, Tableau 305: Quantum indexes of agricultural production, p. 594-595.

38 39

Ibidem. CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit., Tableau 62: Shake of agriculture, forestry, hunting and fishing in the generation of the product p. 83.

40

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean. ed. cit., Tableau 324; Production of bananas and pJatains, pp, 638-639.

41

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit., Tableau 325 : Production de green coffee, pp. 640-641.

42

Cfr,, CEPAU Statístícalyearbook for Latín America and the Caribbean. ed. cit, Tableau 327 : Production of dried beans, pp. 644-645.

43

Cfr., CEPAL. Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit, Tableau 326 : Sugar cañe production, pp. 642-643.

44

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit, Tableau 328: Production of sunflower, pp. 644-645.

45

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit, Tableau 329 : Maize production, pp. 646-647.

46

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit.. Tableau 331: Production of soya beans, pp. 650-651.

47

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean. ed. cit, Tableau 319: Soya beans, área harvested, pp. 628-629.

48

Marx escribe : «iTodo progreso en la agricultura capitaliste no es sólo un progreso en el arte de esquilmar al obrero, sino a la vez en el arte de esquilmar el suelo; todo avance en el acrecentamiento de la fertilidad de este durante un lapso dado, un avance en el agotamiento de las fuentes duraderas de esa fertilida », MARX, Karl, El Capital, tercera edición en castellano, México, Siglo veintiuno, 1975, Tomo I, Vol. It, IV, XIII, 10, p. 612.

49

CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean. ed. cit., Tableau 334: Total consumption of fertillzers, pp. 656-657.

50

En los últimos años algunos trabajos han subrayado esta tendencia: Cfr., por ejemplo, GONZÁLEZ, Anabet «Comercio internacional y medio ambiente». Comercio Exterior, Vol, 43, n° 9, México, septiembre 1993, pp. 827-838; MILÁN), Carlos, «Les rapports commerce/environnement et les dangers de l'écoprotectionnisme», Cahiers des Amériques latines, n° 20, París, Institut des Hautes Etudes de l'Amérique latine, 1995, pp. 5-28; PARKER, Christian, «Modeles culturéis et dévefoppement durable: une visión du Sud», ed. cit; SCHOLZ, Imme, «Comercio exterior y medio ambiente»; experiencias en tres sectores exportadores chilenos». Revista de la CEPAL, n° 58, Publicación de Naciones Unidas, Santiago de Chile, abril de 1996, pp. 129-144;

51

Es necesario tener en cuenta que, dado que países como Chile no realizan su censo forestal sino una vez cada veinte años, estas cifras deben ser interpretadas con precaución.

52

Cfr., CEPAU Statístical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit, Tableau 310: Forestarea, p. 610.

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53

Según Bertrand Charrier, «prés de 20 millions d'hectares sont coupés annueUement», CHARRIER, Bertrand, BataiUe pour la pianéte, ed. cit., p. 80.

54

Cfr., Relatório Gilney, Brasilia, 1997. -(O Relatório procura contextúa I izar histórica, política e ambientalmente o desenvolví mentó regional da Amazonia, do quat a atividade madeireira é parte, seja nacional ou transnacional, européia ou asiática. Particularizando no objetivo inicial da investiga^áo, o Relatório procura estabelecer um diagnóstico da presen^ das empresas madeireiras asiáticas ou de empresas sob controle nacional dos países asiáticos, identificando-as, os seus investimentos e sua estrategia de atua^ao. Dentro deste contexto avalia-se o impacto ambiental efetivo e potencial da industria madeireira, com o aporte de mega-madeireiras asiáticas, em conexáo com diversas formas de ocupa^áo do solo, uso e explorado da Floresta Amazónica).

55 56 57

Ibídem. Ibídem. GUGO, Nicolo, «Situación y perspectivas ambientales en América Latina», ed. cit, p. lOS.Para un marco teórico. Cfr., SUNKEL, Osvaldo, et GLtGO, Nicolo, Estílos de desarrollo y medio ambiente en América Latina, 2 Vol., México, Fce, 1980

58 59 60

GLIGO, Nicolo, «Situación y perspectivas ambientales en América Latina», ed. cit. Ibídem. Cfr., por ejemplo, VAREA, Anamaria, (compiladora), Biodiversidad. bioprospección y bioseguridad, ILDIS, Quito, Ecuador, 1997.

61

Se trata del trabajo de V. Toledo, A Critícal Evaluation of the Floristic knowledge in Latín America and the Caribbean, Washington, D. C, Report to the Nature Conservancy Program, 1985. Citado por, GLIGO, Nicolo, «Situación y perspectivas ambientales en América Latina», ed. cit, p. 110.

62

CEPAL, Statistical yearbook for Latín America and the Caribbean. ed. cit., Tableau 335 : Number of tractor, pp. 658-659.

63

Conviene retener aquí que, como dice Jacques Chonchol, « le grand probléme rencontré par les systémes agraires á l'époque coloniale est cetui de la main d'oeuvre... I'expansion agricole du XlXéme siécle et du debut du XXéme siécle a amplifié ce besoin de main d'oeuvre... (Cependant maintenant) les systémes agraires en Amérique latine sont passés á une situation de surabondance de cette main d'oeuvre ; en conséquence cette derniére est rejetée des grandes entreprises agricoles oú elle n'est plus employée qu'á temps partiel », CHONCHOL, Jacques, Systémes agraires en Amérique latine, ed. cit., pp. 169-170.

64

CEPAL, Statistical yearbook for Latín America and the Caribbean, ed. cit, Tableau 121 : Total population, p. 175.

65 66 67 68

CFR., GLIGO, Nicolo, «Situación y perspectivas ambientales en América Latina», ed. cit. Ibídem. Ibídem. El Groupe de Lisbonne recuerda que en América Latina «l'Etat-providence est apparu timidement aprés la Seconde Guerre mondiale, mais sa portee a été séríeusement réduite et son

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existence a été menacée á partir des années 1970 », GROUPE DE LISBONNE, Limites é la compétitivíté, ed. cit., p. 81 69 Cfr., por ejemplo, LARRAIN, Patricio, «NéoliberaJisme et ségrégation socio-spati¿ile á Santiago du Chilí», Cahiers des Améríque ¡atines, n" 18, París, IHEAU 1994, pp. 103-112. 70 Convienes señalar aquí que la mayoría de los análisis críticos sobre ecología distinguen entre «países desarrollados», que serían supuestamente responsables de esta situación, y « países su bdesar rol lados», que la sufrirían, haciendo así de la noción de país una categoría irreductible del punto de vista metodológico y, de paso, confundiéndola con la de Estado, (Cfr., por ejemplo, CASTRO, Fidel, «Discours á Rio de Janeiro». Granma intemational, Supplément spécial, 28 de junio de 1992, pp. ii-viü; CARDOSO, Fernando Henriquey Discurso a la Reunión Rio+5, Río de Janeiro, 18 de marzo de 1997; P.P. A.A., f é t a f de la planéte, París, Económica, 1997). Todos las tendencias actuales de la acumulación de capital muestran sin embargo hoy un mundo donde la estructura de los intereses de clase al interior de los llamados «países subdesarrollados» se organiza en estrecha relación con los centros de poder económico y político del planeta, dando lugar a una complejidad que de ninguna manera puede ser reducida a la oposición «norte» / «sur», o, «país desarrollado» / «país subdesarrollado» y ni siquiera a la de «país / «país». 71 CEPAL, Sustancias y desechos peligrosos: impacto del movimiento transfronterízo hacia la región de América Latina y el Caribe y posibles acciones preventivas y de control, LC/R 1303, Santiago de Chile, 1993. Cité par GLIGO, Nicolo, «Situación y perspectivas ambientales en América Latina», ed. cit, p. 115. Véase también, «Economía ecológica», Intervista al Nobel Douglass North, Liberazione, Roma, 5 dicembre 1997, p. 19. 72 73 CHARRIER, Bertrand, Bataille pour la planéte. ed. cit., p. 121. Para una crítica de esta noción, sacada del ejemplo clásico de David Ricardo, Cfr, AMIN, Samir, «El comercio internacional y los flujos internacionales d« capitales». Imperialismo y comercio internacional, segunda edición, México, Cuadernos de pasado y presente, n° 24, 1972, pp. 63-95. 74 A pesar de todos sus límites es necesario decir aquí que la Cumbre de Río incorporó la dimensión política del problema, uniéndose de esta manera al itinerario marcado por el Club de Rome, en 1970, el de la Conferencia de la Naciones Unidas en Estocolmo, en 1972 y la de la CNUMAR, en 1989. 75 76 GUEVARA, Ernesto, Obra revolucionaria. Novena edición, México, Era, 1980, p. 384 Cfr., por ejemplo, MARIATEGUI, José Carlos, «Dos concepciones de la vida». Obras, La Habana, Casa de las Américas, 1982, Vol. I, pp. 407-411.

J.M.

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Una de las más preocupantes evoluciones ecológicas

Lucha sin vigor contra la desertíficación
Por Fierre Rognon*

Vinculada con el crecimiento demográfico, la explotación desmedida de los suelos y las desigualdades, la desertíficación progresa en casi todo el planeta. Los compromisos para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero suscriptos en Kyoto en 1997 no se cumplieron. Ahora, luego del fracaso de la Conferencia de Naciones Unidas sobre los cambios climáticos en La Haya, el 25 de noviembre pasado, las diferencias entre Europa y Estados Unidos (los más contaminantes del planeta) no permiten predecir que vaya a cuestionarse el modelo de desarrollo mundial responsable del desorden climático.

L/a gran crisis ecológica que ha afectado al Sahel (África) durante cerca de veinte años (designada con el término de desertificación), conmovió a la opinión pública y tuvo consecuencias catastróficas para los pueblos afectados. A partir de 1968 aumentó en todo el mundo la demanda de programas científicos -casi inexistentes hasta entoncessobre las "zonas áridas". El fenómeno provocó una gran curiosidad entre los investigadores, que se tradujo en cientos de publicaciones, libros o literatura de dudosa seriedad. Invitados a pasar a las explica* PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD FIERRE ET MARIE CURIE, PARÍS VI. ARTÍCULO PUBUCADO EN EL N° 7 DE L4 EDICIÓN CHILENA DE LE MONDE DIPLOMATIQUE, ABRIL DE 2 0 0 1 .

Traducción: Le Monde diplomatique, España.

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clones a partir de una ciencia todavía embrionaria, los científicos aportaron respuestas divergentes y a menudo contradictorias, sobre todo en las Conferencias de Naciones Unidas sobre la desertificación (UNCOD) en Nairobi, en 1977 y 1981. Los desacuerdos se produjeron en puntos tan esenciales como la propia definición de la desertificación y sus mecanismos, seguramente climáticos en el origen, pero también socio-económicos y, cada vez más, demográficos. Dada la amplitud y la evolución de la catástrofe y para alentar el esflierzo de solidaridad internacional, algunas científicos llegaron a predecir un irreversible avance del desierto de más de 5 kilómetros al año y propiciaron estrategias de lucha -como las "barreras verdes"- que algunos Estados adoptaron sin estudios previos. Ante la gravedad de las hambrunas y la ruina de las economías de los países del Sahel, la mayor parte de los miles de millones de dólares aportados por los grandes organismos internacionales y los Estados del Norte se dedicó a la ayuda material y menos del 10% a proyectos de lucha o investigaciones de largo plazo sobre las causas. Para distribuir esos créditos, la Agencia de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) pidió a cada país afectado que presentara un Plan de Acción Nacional (PAN). Pero esos Estados, independientes desde hace sólo dos o tres décadas, no estaban preparados para producir tales documentos y, excepto países como Túnez (1985) o Malí (1987), sus esfiíerzos sólo han conducido a propuestas dispersas, irreales y sin evaluación financiera (ver "Planes"). Todavía más grave ha resultado la proliferación de organismos internacionales y oficinas de estudios en relación con el Plan de Acción para Combatir la Desertificación (PACD), y la desconsiderada multiplicación de reuniones de coordinación, expertízaciones, recomendaciones e informes, que han absorbido la mayor parte de los créditos en perjuicio de las acciones de lucha efectiva. En 1991, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) reconoció el fracaso en un informe que constataba que las superficies afectadas por la desertificación iban en aumento. En mayo de 1992, por iniciativa de Francia, se creó el Observatorio del Sahara y el Sahel para "observar" los progresos de la desertificación. Con medios financieros muy inferiores a las ambiciones anunciadas, concentró la mayor parte de los créditos en la observación, a costa 72

de los programas de lucha contra la degradación. En la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (junio de 1992), la Convención Contra la Desertificación (CCD) figuró entre las tres acciones destinadas a salvaguardar el medio ambiente mundial (1). Para justificar su carácter planetario, la CCD amplió sus competencias al conjunto de paises amenazados, incluidos los de Europa mediterránea, siempre con África en primer lugar. Aunque ya durante la crisis del Sahel en los años '70 ftie muy difícil precisar objetivos prioritarios, la acentuada diversidad geográfica supuso la yuxtaposición de regiones muy diversas que por lo tanto requieren medios de lucha diferentes. ¿Cómo elegir una estrategia aceptable para el conjunto de los 170 países representados, cada uno de los cuales tiene el mismo peso en las discusiones y, más todavia, para los países donantes, muy conscientes de la debilidad del soporte científico de esta convención? Esta dificultad explica por qué el último plan de lucha, de junio de 1994, se adoptó con muchas reticencias (dados los escasos resultados anteriores) y ante el nerviosismo de los países del Norte, muy solicitados desde la crisis del Sahel. Mientras que las convenciones en las que los expertos proponen acciones de carácter general para luchar contra el efecto invernadero, el agujero de ozono, el empobrecimiento biológico, etc., se reúnen periódicamente, en la Convención sobre Desertificación los PAN son sometidos a la reunión de los Estados miembros ("Conferencia de las partes"), que seleccionan los proyectos que hay quefinanciar.Nos encontramos con la misma estrategia anterior, con la diferencia de que, en los años 1970-80, se adoptaron resoluciones de urgencia para hacer frente a las hambrunas y evitar la ruina de las economías de los países del Sahel. En los años '90 surge una perspectiva de largo plazo, a partir del concepto de "desarrollo sustentable". Esto explica el importante papel que desempeñan en esta convención las consideraciones de orden político: el desarrollo sustentable afecta de hecho todos los aspectos de la vida de un país. Es por eso que a pesar de las reticencias de los medios religiosos, resulta evidente que un crecimiento demográfico particularmente rápido en el Cercano Oriente, el Magreb o México favorece a largo plazo el progreso de la desertificación. En muchos aspectos, la situación actual se parece a la que rei73

naba poco antes de Río de Janeiro, aunque haya mejorado la estrategia puesta en marcha. La ayuda al desarrollo ya no produce beneficios en los países desarrollados. Fijada en Río en el 0,7% del PIB, está en retroceso en todas partes: ha pasado del 0,64% (1994) al 0,38% (1999) en Francia, y se sitúa en tomo al 0,1% en Estados Unidos

Cómo tener más agua
Sin embargo, la lucha contra la desertificación puede volver a tener su oportunidad; las estadísticas han revelado que el 20% de la población del globo vive con menos de 1 dólar por día. La conciencia de este hecho puede reactualizar el interés por una de las principales causas de la pauperización y el creciente endeudamiento de algunos Estados, sobre todo africanos, o de la afluencia de emigrantes clandestinos hacia los países del Norte (2). Si la ONU, con el apoyo del Banco Mundial, ha decidido lanzar un amplio programa de lucha contra la extrema pobreza, como se ha pensado en la Conferencia del Milenio en septiembre de 2000, quizá sería posible confiar a un organismo único la puesta en marcha de planes de desarrollo, que intervendrían, simultáneamente, para frenar la degradación del medio ambiente y la caída de la renta en los pueblos afectados. Este organismo tomaría el relevo de la CCD para juzgar acerca de la calidad de los proyectos y para gestionar los créditos concedidos por los países donantes, tareas para las que no estaba preparada la convención que salió de la Conferencia de Rio. Entonces, la CCD podría dedicarse a la búsqueda de soluciones "globales" para la degradación medioambiental, que es el objetivo de las otras dos conferencias surgidas de Río. A diferencia de la CCD, donde la política prima sobre lo científico, las convenciones sobre el clima y la biodiversidad se elaboraron bajo la presión de los investigadores que ya habían alertado a la opinión pública antes de Río. En cambio, el Comité de la Ciencia y la Tecnología (CST), sobre ei que se apoya la Cotivención contra la Desertiñcación, está estrechamente subordinado a la instancia política (La Conferencia de las partes), que nombra a los cerca de 200 expertos del CST, representantes de sus países más que de una especialidad científica. En las breves sesiones anuales exponen su
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criterio sobre las cuestiones planteadas por la Conferencia, pero la mayor parte del trabajo la realizan grupos temáticos de una treintena de expertos, elegidos en las listas presentadas por la Conferencia. Desde 1996, las tres conferencias y las múltiples reuniones de expertos han debatido sobre "indicadores de desertificación" (1997), el inventario de los "saberes tradicionales" (1998) y los métodos de "alerta precoz" (1999). Estos temas no carecen de interés, pero el primero se limita a una actitud pasiva de observación de los progresos de la desertificación y cabe preguntarse para qué servirá en diez o quince años, puesto que entonces la degradación se habrá hecho irreversible. .. El segundo favorece la búsqueda de soluciones muy locales y raramente traspasables, y el tercero se refiere a la previsión, con algunos meses o algunos años de anticipación, de los riesgos de las grandes sequías o ¡a desertifícación. El doble lenguaje del CCD es chocante. Tiende a dramatizar los riesgos de desertifícación cuando se trata de convencer a los socios para quefinancienlos PAN, pero se niega a dotarse de verdaderos medios de lucha cuando se trata de fijar los objetivos prioritarios. En las regiones áridas y semi-áridas, donde las investigaciones están menos avanzadas que en las regiones más húmedas, hay una gran necesidad de soluciones innovadoras, teniendo en cuenta el rápido progreso de los conocimientos en todas las ramas científicas. Por no citar más que un ejemplo, la búsqueda de nuevos recursos de agua constituye un aspecto prioritario. De hecho, todo los países en vías de desertifícación deben aumentar sus superficies irrigadas y su producción de agua potable para paliar la erosión de los suelos y responder al crecimiento demográfico, a menudo exponencial en las ciudades del Magreb, el cercano Oriente o el Sahel (3). Todas las previsiones demuestran que en la próxima década las técnicas actuales no permiürán responder a las gravísimas penurias hidrológicas y que para responder a ese desafío sería necesario un esfiíerzo de innovación tecnológica comparable al que siguió a los shocks petroleros.

Desencanto en la opinión pública
Esas soluciones existen y sólo se necesitan algunos años de investigación y financiación adecuadas para desalar el agua de mar con 75

técnicas menos costosas que las de hoy; para almacenar grandes volúmenes de agua al abrigo de la evaporación, adaptando las técnicas de recarga artificial de los acuíferos puestas a punto en regiones templadas; para aumentar la eficacia de las precipitaciones gracias a las técnicas de lluvia provocada, etc (4). Este último objetivo ñie el único citado, en 1994, en la Convención sobre la Desertificación (cloud-seeding; articulo 17,1-g). Actualmente se están llevando a cabo investigaciones muy prometedoras al respecto en Sudáfrica y México, pero con créditos muy limitados. Pidiendo a los políticos y a los socios capitalistas que financien tal programa, la CCD habría podido movilizar a los investigadores y los medios en tomo a una cuestión realmente prioritaria, como ha hecho la Convención sobre el clima para reducir las emisiones de C02, de metano o de CFC. Se entiende que la opinión pública, escaldada, se desinterese de un discurso que tiene tan poca relación con una lucha eficaz contra la desertificación y que los medios, mientras se hacen ampliamente eco de las convenciones sobre el clima o la biodiversidad, apenas relaten las asambleas anuales de la CCD. Un desencanto especialmente lamentable. La desertificación no ha dejado de progresar durante la última década y todavía se agravará más en los próximos años: el crecimiento demográfico, aunque frenado, continuará hasta el 2030; las previsiones sobre las consecuencias del calentamiento climático indican que sobrevendrán sequías, más largas y más frecuentes, sobre todo en torno a los desiertos tropicales y del Mediterráneo... •
1 El texto oficial de la Convención ha sido publicado por United Nations Convention to combat desertif ¡catión (Unep), Ginebra, 1995. 2 Saslcia Sassen, "Mais pourquoi émigrent-ils?". Le Monde diplomatíque, París, noviembre de 2000. 3 Informe del Banco Mundial: "From scarcity to security. Averting a water crisis in the IVIiddIe East and North África (1995)", Banco Mundial, Washington, diciembre de 1995. 4 Fierre Rognon: "Pourra-t-on faire face á la pénurie d'eau dans les pays en voie de désertification?". Conferencia UNESCO 'Water a loming crisis?", París, junio de 1998.

P.R. 76

El "granero del mundo" se desertíza...
Por Jorge Morello y Walter A. Pengue*

Lta desertifícación es un proceso que afecta profundamente a la mayoría de los países en desarrollo, resultado del impacto de la presión humana sobre ecosistemas en regiones áridas y semiáridas. Los semidesiertos y áreas subhúmedas son vulnerables por su inestabilidad natural innata que es función de la amplia variación de las precipitaciones -estacionales y anuales- lo que permite una capacidad de uso de tierras limitada. Sus efectos se relacionan con la degradación y desaparición de los recursos naturales y el incremento de áreas que se transforman en desiertos. La desertifícación es un proceso complejo, de efecto duradero, que se ve fuertemente intensificado por las sequías y por la acción antrópica a través de prácticas inadecuadas de producción y cultivos inapropiados -altamente demandantes de insumes, sobrepastoreo y desmonte de bosques. Si se tiene en cuenta que más del 75% del país posee climas áridos y semiáridos, concluimos que unas 187.000.000 has. deben recibir un manejo especial y apropiado acorde a su potencialidad y grado de sustentabilidad, cosa que no ocurre actualmente. A poco que se mire, la degradación y erosión de suelos tienen en Argentina una gravedad desconocida por muchos: hay 14.400 millones de hectáreas con erosión cólica, a las que se suman otras 9.000 millones de erosión cólica moderada. Las causas se deben al
*PROGRAMA DE MEDIO A M B I E N T E - C E A - U B A . ARTÍCULO PUBUCADO EN EL N ° 7 DE M EDICIÓN CHILENA DE LE MONDÍ DIPLOMATIQUE, ABRIL DE 2 0 0 1 .

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desconocimiento de la estructura y dinámica de los ecosistemas, al inadecuado manejo de las cuencas hidrográficas, a los sistemas de desmonte, al uso irracional del fuego, a la invasión de especies vegetales de vida corta y escasa cobertura, a la intensificación de la agricultura y a la sobrecarga ganadera, condicionados generalmente por una sobreexplotación económica insostenible de los recursos. El deterioro es un proceso que ocurre a una escala más lenta que la dinámica económica, motivo por el cuál se subvaloran sus consecuencias. Las áreas degradadas son de muy difícil y costosa recuperación y se distribuyen en las ecoregiones de Patagonia, la Puna y el Monte y la porción más seca del Gran Chaco, a los que debemos sumar los mejores suelos del país -los de la Pampa Húmeda- que presentan procesos de erosión en distinto grado, pero en general, factibles de ser recuperados con prácticas adecuadas. En la cuenca del Plata hay cuatro áreas de erosión potencial alta (120 a 360 toneladas/hectárea/año) y muy alta (mayor de 360 t/ha/año), al igual que en otras cuencas altamente productivas, como las de los ríos Arrecifes y Carcarañá, afectadas estas últimas por procesos de erosión hídrica. Las prácticas de deforestación han hecho que más del 80% de la tierra -con bosques y arbustales- con potencial agrícola de secano se hayan perdido en las ecoregiones Pampeana, Selva Tucumano Gránense, el Gran Chaco, el Espinal y hasta la selva Paranaense. En muchos casos, las nuevas tecnologías agrícolas insumo depedientes (1) facilitan el avance de la agricultura extensiva sobre áreas antes vedadas, lo que favorecería un proceso de degradación del ecosistema oculto bajo los niveles de productividad de los cultivos de alta respuesta. La fuga de materiales -resultado de la erosión- sumado a una extracción minera de nutrientes por parte de la agricultura y al abandono de las rotaciones con ganadería, hará necesario en poco tiempo que los suelos más ricos del país -que se hallan entre las seis regiones de más alta fertilidad del mundo- tengan que ser fertilizados masivamente con agroinsumos sintéticos. Degradación, erosión y desertificación tienen una directa consecuencia escasamente perceptible hasta su materialización: la imposibilidad productiva, que por supuesto se traduce en el aumento de la pobreza, la deva78

luación económica de los recursos y el aumento del costo social. La enfermedad ecológica más grave de un país agroexportador como Argentina, está vinculada al proceso de desertificación y a su manifestación más evidente hasta en los climas superhumedos: la erosión. •
1 Walter Pengue. "Peligra la soberanía alimentaria argentina", l e Monde dipiomatique edición Cono Sur, septiembre de 2000.

J.M. y W.A.P.

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Fauna y bosques tropicales en peligro

Preservar los recursos forestales
por Gérard Sournia* La protección de los recursos naturales merece algo más que espectaculares reuniones, a menucio improvisadas. Tras el fracaso de la Conferencia sobre Biodiversidad -celebrada en La Haya en abril de 2002- la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible -que se realizó en Sudáfrica en septiembrey la Convención sobre Especies Amenazadas -que se realizará en Chile en noviembre próximo- corren el riesgo de no lograr grandes resultados. La Comisión Ballenera Internacional no tuvo éxito, la caza de elefantes se reanudó con mayor intensidad, y en todas partes, incluso en África, los bosques tropicales pierden cada vez más terreno. Pero el movimiento ecologista occidental detie revisar algunas de sus posiciones, adaptándolas a las necesidades de los países del Sur, acuciados por sus necesidades de desarrollo. D e los tres pulmones verdes del planeta -la Amazonia, el Sudeste Asiático y los bosques africanos de la Cuenca del Congo- este último es el que relativamente sufre menos agresiones. En algunos países, se produce el fenómeno inverso: las sabanas, una vez abandonadas por el hombre, son recuperadas por las masas forestales, especialmente en Gabón, en África Central y en el Congo.
* ESPECIAUSTA EN MEDIO AMBIENTE, COAUTOR DE ATLAS DES FORÉTS D'AFRIQUE. PUBLICADO EN EL N " 2 4 DE LA EDICIÓN CHILENA DE LE MONDE DIPLOMAVQUE, ARTICULO OCTUBRE

DE 2002. Traducción: Gustavo Recalde.

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Sin embargo, persisten las críticas desde determinados sectores consagrados a la "protección de la naturaleza": tocar el bosque sería condenarlo a la desaparición. En esta nueva religión que el mundo occidental exporta, talar un árbol para su comercialización se convierte en un crimen de lesa ecología. Este breviario verde omite algunas realidades: los países forestales de África dependen principalmente de sus recursos naturales. En el corazón de estos bosques habitan poblaciones que obtienen allí su sustento: el 95% del consumo de proteínas proviene de la fauna salvaje, ya que la cría de bovinos es casi imposible. La agricultura itinerante, devoradora de espacios, es la causante de la reducción del 90% de las superficies. La apertura de las obras forestales constituye una puerta de entrada para los agricultores, quienes utilizan los caminos de acceso y transporte una vez quefinalizala explotación. La industria forestal representa para algunos países una parte fundamental de los ingresos generados por sus exportaciones. Esa actividad no está exenta de críticas y a menudo funciona como simple recolección. Pero el concepto de gestión racional de los recursos, el crecimiento de los movimientos ecologistas, o los llamados a boicotear los bosques tropicales llevaron progresivamente a los grandes explotadores -muchos de ellos franceses- a rever sus posiciones, a aceptar el debate, a solicitar asesoramiento... Finalmente, se abrió un canal de diálogo entre las ONGs, los gobiernos, los representantes forestales y la Organización Africana de la Madera (OAB). Los socios capitalistas -Francia, el Banco Mundial, la Unión Europea y ofros- financiaron planes de gestión y explotación racional. Así, se crearon espacios protegidos para la fauna; los explotadores aceptaron destinar una parte de sus concesiones para la conservación e investigación; los sindicatos profesionales celebraron acuerdos con organizaciones protectoras de la naturaleza; se elaboraron programas para la cría de animales de caza, destinados a la alimentación de los trabajadores de las obras forestales... Los socios de los países productores tienen luz verde. El verdadero debate se centra en el respeto de las reglas para una buena gestión de la riqueza forestal por parte de los administradores locales. Muchos gobiernos de la región convierten el bosque en una cuenta bancaria que utilizan para amasar fortunas personales o sobrellevar meses difíciles en 82

la función pública, como ocurrió recientemente en Camerún (1). Insidiosamente, se otorgaron facilidades a grandes compañías forestales asiáticas (malayas, chinas, indonesias), sin respetar los códigos vigentes tanto en lo que respecta a la calidad y a la cantidad de bosques talados como a la superficie concedida. Sólo la crisis económica asiática pudo detener este movimiento, que sacaba provecho de la fragilidad de los regímenes locales sacudidos por crisis y conflictos permanentes. Pero la demanda asiática de madera es tan grande que este respiro es provisorio. Los informes de los investigadores del Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agrícola para el Desarrollo (CIRAD), los únicos que dieron la voz de alarma, podrían servir de base para llevar a cabo negociaciones pragmáticas con estos explotadores forestales, en un marco que contemple tanto el componente ecológico como las dimensiones sociales y económicas. El bosque como santuario de la biodiversidad, por el mero placer de la conservación, es sin duda un discurso seductor, pero que no se sostiene frente a la situación que atraviesa la mayoría de los países del Sur, especialmente africanos. Los ex presidentes Félix HouphouétBoigny de Costa de Marfil o Didier Ratsiraka, de Madagascar, se regodean recordándoles a sus interlocutores que, en su momento, Francia destruyó su masa forestal y gran parte de su fauna, con el fin de alimentar a la población. ¿Cómo pretenden entonces los europeos convencer de la necesidad de tomar medidas para la conservación de una especie, inclusive de un habitat sensible, cuando la eliminación de su propia fauna los obliga a reintroducir especies (osos, quebrantahuesos, buitres, linces...), o cuando los retomos naturales (como el del lobo) generan la resistencia de otros usuarios del espacio? El debate en Europa sobre la reglamentación de la caza, las pasiones e incluso las actitudes violentas que despierta no dejan de sorprender a los africanos. Y qué decir de los reiterados intentos de Japón y Nomega (la patria de Gro Harlem Brundtland, gran defensora del desarrollo sustentable) de capturar ciertas especies de ballenas, que llegan, en el caso de Tokio, incluso a comprar votos de pequeños países para satisfacer sus ambiciones mercantiles y criminales. El conjunto de estos interrogantes remite a la naturaleza misma de las discusiones: muchos compromisos ecologistas son a menudo 83

producto de un sentimentalismo propio de nuestras culturas occidentales, que los poderes y pueblos africanos no comprenden. Practicamos, sin decirlo, una injerencia ecológica a menudo desfasada con respecto a las realidades locales y además sin ofrecer, en la mayoría de los casos, los medios financieros. Frente a estas cuestiones, que deberían ser la clave de una verdadera negociación, el purismo y la rigidez de algunos impidieron todo diálogo constructivo. Este discurso debe centrarse nuevamente en la relación entre el usuario y el recurso, para que no se desconecte más de su entorno humano, social y natural. ¿Cómo justificar la captura necesaria de especies destructoras en Europa, y negar ese derecho a las poblaciones afrícanas, sujetas localmente a las mismas exigencias? Se trata, en cambio, de llevar a cabo una gestión inteligente, racional, susíeníable de) recurso, que sirva principalmente a quienes dependen de él, y a los terrítorios donde se desarrolla. No es de extrañar que los políticos no reparen en estas implicancias. Pero la posición asumida por algunos sectores ecologistas resulta más inquietante. Durante las recientes campañas electorales en Francia, la cuestión del desarrollo de los países del Sur -pocas veces tratada-jamás se abordó desde el punto de vista de los recursos naturales y de su gestión al servicio del desarrollo, ni tomando conciencia de que en los países pobres son fuentes de vida, e incluso de supervivencia. El compromiso político de los ecologistas europeos, su incidencia en la opinión pública, su forma de plantear los temas sociales, sus interrogantes sobre las problemáticas de consumo son seguidos con interés en África, donde cumplen una verdadera ñinción de formación pedagógica a distancia. Pero estos militantes deben evitar ceder con facilidad al síndrome de la "aflicción del hombre blanco", y apreciar en su justa medida las realidades y objetivos africanos. •
1 El gobierno de Camerún aceleraba las autorizaciones de tala de bosques para recuperar dinero fresco. Bajo la presión internacional fue destituido el Ministro a cargo de los bosques.

G.S.

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Responsabilidad de los consumidores

¿Van a desaparecer los elefantes?
por Hubert Reeves*

L a s manadas de elefantes representan una de las más increíbles maravillas de la naturaleza animal, y un bien preciado de África: los niños del mundo entero suelen conocer mejor esta fauna silvestre que la de sus propios países... A fines de la década del '80, en el momento más crítico de las masacres de poblaciones de elefantes provocadas por la fuerte demanda asiática de marfil y facilitadas por los disturbios y guerras civiles que asolaban el continente africano, Francia fue el país occidental que denunció con mayor firmeza el dramático tráfico internacional de marfil y sus efectos locales. Esta iniciativa tuvo dos consecuencias afortunadas: la prohibición del comercio de marfil y la inclusión del elefante africano en el anexo I de la Convención de Washington sobre las especies amenazadas (CITES). El resultado obtenido, con el apoyo de varios países de habla francesa -Burkina Faso, Níger y Chad- fue recibido como un gran logro internacional. Estas decisiones irritaron a los países del sur de África y a Japón, perofiíeronrecibidas con un entusiasmo comprensible para la época, en momentos en que se perfilaba y precisaba el concepto de "desarrollo sustentable". Satisfecha por estas conquistas, Francia no reparó en las maniobras de los defensores del antiguo orden y no tuvo en cuenta,
* ASTROFÍSICO, PRESIDENTE DE LA UGA PARA LA PRESERVACIÓN DE LA FAUNA SALVAJE (ROC). ARTICULO PUBUCADO EN EL N ° 24 DE LA EDICIÓN CHILENA DE LE MONDE

DlPLOMAVQUE, OCTUBRE DE 2002.

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entre otras cosas, que desde hacía algunos años África estaba cambiando y que Asia y Estados Unidos tenían interés en ese continente, mientras que los soviéticos desaparecían de la escena política africana. Francia había perdido su influencia. Frente al mercantilismo que genera la mundialización, y a pesar de todos los obstáculos, Francia puede volver a ser el país escuchado, si presenta propuestas que permitan enriquecer el debate, mantener el diálogo, encontrar soluciones que contemplen tanto la protección de los elefantes como los intereses de las poblaciones locales. Francia no debe actuar aisladamente, sino intentar armonizar su posición con la de sus socios europeos y africanos, para mantener la llama que fuera encendida tan felizmente en 1989 y que a partir de ahora es necesario reavivar. Para los dirigentes africanos, el marfil representa un recurso natural que puede ser valuado. Japón, gran vencedor en la reanudación del comercio en 1997, restablece sus stocks amenazados por la erosión, respondiendo a la demanda de su poderoso lobby pro-marfil, para poner en funcionamiento su industria y la fabricación de artesanías. ¿Cuáles son las consecuencias concretas para África? ¿No existe un terreno de negociaciones sin explotar? ¿No puede hacerse un análisis más profundo de la situación? ¿No puede privilegiarse la solución que apunta al trabajo local del marfil obtenido de los elefantes que mueren naturalmente o son cazados en forma legal? Esta alternativa contempla una actividad generadora de empleo, con transferencia de tecnología que permite obtener ganancias y cuyos beneficios serían transferidos a un fondo para la naturaleza administrado conjuntamente con instituciones responsables, que formaría parte de esta red comercial. Muchos países africanos se mostraron favorables a esa altemativa. La posibilidad de rastreo se convirtió en una exigencia para la c;; ,r)rtación. La idea de crear este fondo fue nuevamente discutida en la Conferencia de La Haya, en abril pasado. ¿Por qué no hacer que las organizaciones internacionales y los países consumidores, especialmente los asiáticos, asuman sus responsabilidades? A quienes consideran ilusoria una medida semejante habria que recordarles que durante la prohibición del comercio de marfil, los japoneses (una vez más), aterrorizados por el fantasma de la escasez, negociaron con los 86

rusos la compra de marfil de mamut: luego de arduas negociaciones, se llegó a un acuerdo sobre la base de una rebaja de los precios de venta, compensada por el aporte de capitales japoneses con el fin de transferir el trabajo de este marfil a artesanos locales. La supervivencia de una especie tan emblemática y tan amenazada como el elefante es un desafío que debe tenerse en cuenta, un formidable incentivo para garantizar la permanencia de la vida silvestre, incluidas las especies más "devoradoras de espacios". Conservar esta vida silvestre es una excelente forma de proveer a África los recursos vitales que necesita. Existen en África asociaciones protectoras de la naturaleza que se comprometieron "con los elefantes" y están satisfechas de haber encontrado una Alianza (1) dispuesta a brindarles su apoyo en Gabón, Níger y otros países de habla francesa. Estas asociaciones ayudan a apreciar en su justa medida las realidades africanas y a buscar soluciones acordes a la realidad local: los valores ecologistas tienen allí su espacio, con la condición de que contemplen de manera realista el estado de las economías locales (ver artículo de G. Soumia pag. 67). •
1 La Alianza "Por los elefantes" está integrada por la Fundación Liga Francesa de los Derechos del Animal (LFDA), la Fundación Treinta Millones de Amigos (FTMA) y ROC, Liga para la preservación de la fauna silvestre.

H.R.

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¿Por qué fracasó la conferencia de La Haya?

El clima, rehén de los lobbies industriales
por Gérard Sournia* ¿ Venecia anegada, Bangladesh sumergido y las Maldivas borradas del mapa en menos de den años? Este escenario catastrófico no surge de siniestras predicciones milenaristas, evolución lugar libre informe actividad sino de un conjunto de hiipótesis científicas sobre la

del clima. El resonante fracaso de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los cambios climáticos, que tuvo en La Haya en noviembre al recalentamiento científico de la atmósfera, en el que la de 2000, deja el camino

humana tiene un papel decisivo, según el tercer de Naciones Unidas sobre cambio presentado en enero de 2001 en Shanghai.

climático,

C-omo muchos temían, la Conferencia de La Haya sobre cambios climáticos realizada en noviembre de 2000 concluyó en unfl"acaso.Las razones de este fiasco se deben a la intransigencia de Estados Unidos y sus aliados (Japón, Canadá, Australia) -el bien denominado grupo del Paraguas (Umbrella)- que del Protocolofirmadoen Kyoto en 1997 durante la conferencia anterior (I), sólo aceptaron los mecanismos de flexibilidad. Una interpretación tan liberal que, a pesar de la presión de
* INVESTIGADORA EN L'ÉCOLE DES HAUTES ÉTUDES EN SCIENCES SOCIALES ( E H E S S ) , PARÍS. ARTICULO PUBLICADO EN EL N ° 24 DE LA EDICIÓN CHILENA DE LE MONDE DIPLOMATIQUE,

OCTUBRE DE 2002. Traducción: Pablo Stancanelli.

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Londres, los negociadores de la Unión Europea (UE), conducidos por la ministra francesa de medio ambiente Dominique Voynet, se negaron a suscribirla, ya que mediante una serie de escapatorias, hubiese vaciado el texto de contenido. Entre estas estratagemas figuran: el recurso ilimitado a los derechos de emisión (los famosos "derechos de contaminación"), en lugar de la reducción efectiva de las emisiones de gas de efecto invernadero (GEI) (2) por medio de políticas nacionales, y una amplia inclusión de los bosques en la contabilización de los esfuerzos de cada país, que se saldaría, al fin de cuentas, con un aumento del 12,5% de las emisiones de GEI en los países del Norte. Sin contar los más que imprecisos pliegos de condiciones de las transferencias de "mecanismos de desarrollo limpio" hacia los países del Sur, que podrían incluir las centrales nucleares. Con el riesgo de ofrecer a las petroleras multinacionales y a otros grandes productores de energía la posibilidad de disfrazarse de ecologistas para obtener apoyosfinancierospúblicos a inversiones poco respetuosas de las exigencias ambientales.

"Oposición constructiva"
Estos lobbies son omnipresentes en los pasillos de los encuentros internacionales como el de La Haya. En su mayoría son grupos estadounidenses, agrupados en un frente común bajo la bandera de la Cámara de Comercio Internacional (CCl). Su estrategia evolucionó, ya que luego de haber vapuleado sistemáticamente las negociaciones sobre cambio climático, las empresas transnacionales invocan ahora un enfoque más "constmctivo". En cambio, se apegan a obtener un uso ilimitado de los mecanismos deflexibilidadinscriptos en el protocolo de Kyoto. Esta retórica de la flexibilidad y las escapatorias defendidas por el grupo del Umhrella surge incontestablemente de su influencia sobre los negociadores estadounidenses. Empezando por el comercio de los permisos de emisión: mientras que este mecanismo, según los términos del protocolo, entraría en vigor sólo en 2008, el corretaje de estos permisos ya es un sector especulativofloreciente:el monto global de estos jugosos mercados a término se elevaba ya en 1999 a 50.000 millones de dólares (4), y podría alcanzar proporciones astronómicas -calculadas en billones de 90

dólares- en pocas décadas. De ahí la anticipación de los mercados, que especulan aun antes de la puesta en práctica del protocolo de Kyoto. El Banco Mundial puso en pie un prototipo de Fondos para el carbono, que apunta a alentar proyectos de implantación industrial en los países del Sur. Shell y Mitsubishi, así como el gobierno de los Países Bajos, figuran entre los primeros inversores. A cambio, este Fondo propone a los inversores -gobiernos y empresas- créditos de emisión a bajas tasas. Una manera de financiar una parte de los mecanismos de "desarrollo limpio" especulando sobre el gas carbónico. En la misma línea, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED) participó en la creación de la Asociación Internacional del Mercado de Emisiones (International Emissions Trading Association), que agrupa protagonistas como la Bolsa de Australia, la International Petroleum Exchange, Shell, British Petroleum, Amoco, Statoil y Tokyo Electric Power. El propósito de esta colaboración, esencialmente compuesto por empresas de los países del grupo del Umbrella, es establecer un mercado global de emisiones, cualquiera sea el futuro del protocolo de Kyoto y, llegado el caso, al margen de este. Otros grupos, como la Société Genérale de Surveillance, Trexler y Asociados, Winrock International, Evolution Market LLS, también entraron en danza. Richard Sandor, de la Compañía de productos financieros ambientales (Environmental Financial Products Company), expone su proyecto; "Nuestro objetivo es hacer converger mercados de capitales y mercados ambientales" (5). A los mercados de emisiones se incorporarán los de productos derivados, y los fondos especulativos de altoriesgo(hedge funds) se sumarán a esta nueva economía de casino. Otro de los estribillos de los negociadores del grupo del Umbrella: la inclusión amplia de los pozos de carbono, de las plantaciones de bosques y de territorios agrícolas (denominados, en la jerga, LULUCF por Land Use, Land Use Change and Forestry Activities), en los mecanismos de "desarrollo limpio". El American Farm Burean Federation (AFBF) es uno de los lobbies más poderosos de Estados Unidos y sus revindicaciones políticas desbordan el marco de la agricultura. En efecto, la mayoria de sus miembros no son agricultores, sino especuladores que contribuyen a la cartera de inversiones del AFBF, evaluada en 4.000 millones de dólares, y donde se encuen91

tran firmas como Philip Morris, Sweyerhauser, Union Carbide y Ford Motor. Además de poner en duda que las actividades humanas contribuyan al recalentamiento del planeta (6), su preocupación está centrada en "los impactos que los acuerdos internacionales sobre el cambio climático podrían tener sobre la competitividad de la agricultura estadounidense (.,.). Es importante que las negociaciones en curso garanticen una flexibilidad máxima, de manera que Estados Unidos pueda disponer plena e inmediatamente del carbono secuestrado por las actividades agrícolas" (7).

Garantes industríales
La AFBF lanzó la agrupación de los Farmers Against the Climate Treaty (Granjeros contra el Tratado Climático, FACT) que, como lo indica de manera más que clara su denominación, se opone a toda negociación sobre el clima. ¿El motivo? La aplicación del protocolo de Kyoto traería aparejada una caida vertiginosa de los beneficios del sector, "teniendo en cuenta sus necesidades intensivas en carburante y energía", según el senador republicano Chuck Hagel, uno de los activos representantes del FACT en el Congreso estadounidense (8). Igualmente explícito es el mensaje, de uso interno, dirigido en un correo del 11-9-00 por el vicepresidente de asuntos ambientales de la firma papelera SmurfítStone, Alien Koleff, a W. Henson Moore, presidente de la American Forest and Paper Association (AF & PA). En esta misiva, Koleff insiste en felicitar a Henson Moore por el "viraje de 180 grados del Departamento de Estado" respecto a la inclusión de los pozos de carbono en la negociación sobre el cambio climático: "No dudo de que esta 'epifanía' por parte del Estado es resultado de los esflierzos sin tregua del grupo de trabajo sobre cambio climático de la AF & PA" (9). Sin contar el importante refuerzo de think-tanks a veces difíciles de identificar, como el Science and Environmental Policy Project, que en su sitio en Internet se define como una organización sin fines de lucro. Allí se ecuentra Fred Singer, uno de los principales representantes del revisionismo climático, que difunde sus mensajes de rechazo a las precauciones ante el recalentamiento climático en las columnas del Washington Times, periódico que pertenece a la secta del reverendo Sun Myung Moon. 92

También lafirmaMonsanto puede regocijarse de los beneficios que le permitiría una amplia inclusión de los territorios agrícolas en los controvertidos mecanismos de absorción del gas carbónico inscriptos en el LULUCF. Esta sería una ocasión para hacer valer su herbicida Roundup como "amigo del clima" {climatefriendly), de la misma manera que sus semillas transgénicas Roundup Ready, sin contar los futuros beneficios de plantaciones de organismos modificados genéticamente (OGM), de alta absorción de gas carbónico. Monsanto ya se había mostrado muy activo al margen de precedentes conferencias sobre cambio climático, yendo hasta hacerse representar ante el GIEC, grupo de expertos autorizado por las Naciones Unidas autor, en mayo de 1999, de un informe especial sobre el LULUCF. Los ¡ohbies europeos tampoco se quedan atrás: la Unión de las Confederaciones de la Industria y de los Empleadores de Europa (UNICE) y la Mesa Redonda Europea de Industriales (ERT) (10), que agrupa a los directivos de cuarenta y cinco de las mayores firmas europeas, acordaron un compromiso "voluntario" en la lucha contra el efecto invernadero. Producir más sin consumir más energía, fuera de todo cuadro regulador y de todo control, beneficiándose al mismo tiempo de la canasta de mercados de permisos de emisiones y del apoyo del Fondo Mundial para el Medio Ambiente para la implantación de proyectos industriales "limpios" en los países del Sur. Merced a su trabajo de lobhy, el desarrollo durable vendría a quedar "garantizado" por estos grupos industriales, algo en verdad poco convincente. •
1 Monique Chemillier-Gendreau, "Marchandisation de ta survie planetaire". Le Monde diplomatíque. Paris, enero 1998. 2 Dióxido de carbono o gas carbónico (desechos industriales, explosión de los transportes automóviles y aéreos), clorofluorocarbones (utilizados en la fabricación de líquidos refrigerantes, propulsores a gas o agentes de fabricación de espumas y solventes), metano (de origen agrícola, relacionado con el avance demográfico), óxido nitroso (combustión de vegetales, utilización de abonos nitrogenados). 3 West Coast Environmental Law Research Foundation, "Sinking the Climate: wiil Canada's approach to carbón sequestratíon sink the Kyoto Protocol?", Vancouver, septiembre 2000. En Internet: http;//www.wcel.org 4 The Wall Street Journal europe, 17-10-00.

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5 6

Financial Times, Londres, 4-11-1999. Domínique Frommel, "Ola de ca\or sobre el planeta". Le Monde diplomatique. edición Cono Sur, diciembre 1999.

7

Correo dirigido el 13-11-00 (primer día de negociación en La Haya) a Dan Glickman, secretario de Agricultura estadounidense, firmado en conjunto por American Farm Bureau Federation, American Soybean Associatíon, National Cattiemen's Beef Association, National Corn Growers Association, National Farmers Union.

8

El senador republicano de Nebraska, Pat Roberts, realizó un llamado solemne al "despertar" de la población rural de Estados Unidos, felicitando al FACT por su oposición a todo tipo de tratado. Fuente: www.fb.org

9

Esta carta no contiene una firma manuscrita, pero está dactilografiada sobre papel con encabezado.

10

Véase el libro de referencia sobre la cuestión de los lobbies europeos: Belén Balanyá, Ann Doherty, Olivier Hoedeman, Adam Ma'anit Erik Wesselius, Burope Inc. Agone, Marsella, 1999.

A.S.

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