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LUNES 11 DE JUNIO DEL 2012

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POSDATA

Rafael Ithier
Músico y director de El Gran Combo de Puerto Rico

Tengo 85 años. Nací en Río Piedra, en San Juan de Puerto Rico. Viví miseria extrema de chico: por eso si veo a alguien que está sufriendo, trato de ayudarlo, aunque me critiquen. Sé que El Gran Combo no le va a gustar a todo el mundo, pero me apasiona que la gente reconozca nuestro trabajo, nos acepte y nos dé su aplauso. Soy fanático de todos los deportes. Una virtud: no me gusta tratar mal a nadie. Un defecto: soy medio embustero.

“El Perú y Colombia son hoy las plazas más importantes de la salsa”
CLAUDIA FERNÁNDEZ BARRETO

El Gran Combo de Puerto Rico ha cumplido 50 años y los halagos quedan cortos. Durante su paso por el Perú, don Rafael Ithier, su alegre director, cuenta anécdotas poco conocidas de la agrupación. Pese a su sonrisa, no todos han sido momentos alegres. n agosto tendrá 86 años, pero cuando habla de la orquesta que dirige hace medio siglo parece un adolescente emocionado. Para don Rafael, un hombre muy sencillo y reilón, es su familia. — ¿Cuál es la fórmula para permanecer juntos tanto tiempo? Dudo que haya una palabra que indique la fórmula [risas]. Como grupo nacimos con un propósito: entretener a la gente y alegrarla. Somos un grupo accesible: nada de guardaespaldas ni limusinas; no venimos de Marte ni Júpiter. Y si tocamos y en el estadio no están ustedes, es deprimente porque mo-

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ralmente nos sentimos destruidos. Ese acercamiento con el público es, creo, un factor de la durabilidad de El Gran Combo. — ¿Cuál es la huella que está dejando El Gran Combo? El legado de El Gran Combo es su organización y el hecho de que es un buen ejemplo para cualquiera que quiera hacer un grupo de esta índole. No somos perfectos, cometemos errores, pero nos aceptamos con nuestras virtudes y defectos; nos conocemos hasta la respiración por tantos años que estamos juntos. —¿Cómo se formó usted musicalmente? Yo soy autodidacta, no tengo un entrenamiento musical: soy músico nato. Bueno, malo, regular o lo que sea pero músico [risas]. Me gusta lo que hago y a la gente también le gustan los disparates que hago, así que debe ser que estoy bien [risas]. — ¿Cómo nace El Gran Combo? Bueno yo era fundador del Combo de Rafael Cortijo. Estuve ahí como siete años pero las cabezas confundieron los placeres con el trabajo. Yo

La salsa es solo una palabrita a la que se le dio una promoción enorme. Y a mí no me importa cómo la llamen”.

En nuestra época más difícil, Andy Montañez, que cantaba con nosotros, hipotecó su casa para que hiciéramos un disco. Fue uno de los actos de mayor nobleza que he conocido”.

había estado en el Ejército, así que no me gustó la indisciplina y salí; otros músicos hicieron lo mismo. Me sentía frustrado pero los muchachos me fueron a buscar a mi casa y el vicio pudo más que la razón [risas]. Así es que nace El Gran Combo. — ¿Cuál ha sido el momento más difícil que han pasado como grupo? En 1968 ya teníamos arraigo en la gente y empezamos a hacer programas de TV y radio, pero no nos dimos cuenta de que nos exponíamos demasiado. Así pasaron como cinco años, y luego nos sacaron de la TV, de la radio y la compañía de discos nos despidió: ¡Pa’ fuera, pa’ la calle! [risas]. El Gran Combo, prácticamente, desapareció y otros ocuparon nuestro lugar. Tuvimos que emigrar de Puerto Rico porque no nos daban trabajo; empezamos de nuevo. Yo iba a hipotecar mi casa porque nos habían botado de la compañía, pero algo pasó. Entonces, el señor Andy Montañez, que cantaba con nosotros, hipotecó su casa para que hiciéramos un disco: ese fue uno de los más grandes actos de nobleza que yo he conocido. — Y después de tantos premios, ¿qué le falta a El Gran Combo? La música es una cosa infinita, es el idioma universal. La gente en Japón, Singapur, Corea no entiende lo que decimos pero le gusta el ritmo [risas]. Nos llamábamos El Gran Combo, pero tuvimos el atrevimiento de aceptar que nos pusieran un apellido: de Puerto Rico. Así que somos como un símbolo y eso es una responsabilidad muy grande. Siempre creemos que podemos hacer las cosas un poquito mejor. Somos un grupo de masa, del pueblo y el cariño de las personas ha sido nuestro mejor premio. —¿Qué significa la salsa para Ud.? La salsa es una palabrita. “Arroz con habichuelas” es un son montuno; “No hay cama pa’ tanta gente” es folclor de Puerto Rico; “Y no hago más na’ ” es una guaracha. Ahora a todo eso le llaman salsa. Es una palabra a la que se le dio una promoción enorme, y como es simpática, se quedó. Y a mí no me importa cómo le llamen [risas]. —¿Qué es el Perú para ustedes? La plaza para este género de música decayó mucho, sobre todo en Cuba, que es la cuna de todo esto; Nueva York está prácticamente cerrado. La situación ha sido difícil. Pero gracias a Colombia, el Perú, Venezuela, Costa Rica y México es que se puede tocar. Y, es más, yo diría que el Perú y Colombia son las plazas más importantes para nosotros y para este género. Eso significa el Perú para nosotros. —¿Cómo es la vida de un músico? No es fácil, es sacrificada, pero es la que escogimos para vivir. Aunque a veces confundimos los placeres con el trabajo y perdemos la calma, no estamos preparados para el aplauso... —¿Y la idea de que el artista es, de por sí, bohemio? Bueno, no somos ningunos santos tampoco. Lo que pasa es que ya no se puede hacer lo que se hacía antes... Pero sí nos hemos dado nuestras saliditas [risas].

MARCO AURELIO DENEGRI

BELLEZA MANUAL
“En el caso de la mujer, la belleza manual no se compadece con la del cuerpo”

egún Emil Ludwig, los dictadores tienen bellas manos; las tenía Stalin, por ejemplo. Y añade Ludwig haber descubierto este rasgo, no ocasionalmente, sino siempre. Walter Dornberger, director de la base de ensayos de cohetes de Peenemünde, que conoció personalmente a Heinrich Himmler y que lo ha descrito muy bien, dice que el temible jefe de la Gestapo tenía «manos finas y de una delicadeza casi femenina». (Citado por Fest, Los Dirigentes del III Reich, 126.) En el caso de la mujer, la belleza manual no se compadece con la del cuerpo. Compruébese ello fijando la atención en las manos de las modelos que lucen sus encantos en revistas como Playboy y Penthouse. Tienen, generalmente, manos feas. Entre los sukanos, de Africa, que viven en los confines de Abisinia, los jefes llevan brazaletes tan ceñidos, que llegan a inutilizarse las manos. Inutilización que les confiere distinción y dominio. Dominan, en efecto, a quienes tienen las manos normales o sólo parcialmente inutilizadas. Un jefe sukano cuyas manos sean tan inútiles que ya no le sirvan ni para llevarse la comida a la boca, adquiere enorme principalía. Las mujeres de estos jefes, que hacen el trabajo que ellos ya no pueden, se sienten orgullosísimas de que las manos de sus consortes desirvan. En el siglo XVIII, en Inglaterra, según información constante en el libro de Stuart Mason, Salud y Hormonas, tener un bocio discreto llegó a considerarse algo esencial para la estética del individuo. Lucir, pues, abultado el cuello, por tumoración del cuerpo tiroides, no repugnaba; antes bien, era atractivo y de buen tono, era fashionable. En el mundo extrapolítico de los grandes creadores, recuerdo a tres que tuvieron manos encomiables: Dostoievski, Nietzsche y Menéndez y Pelayo. Fiódor (Teodoro) Mijáilovich Dostoievski (1821-1881), el insigne novelista ruso, tenía, según su biógrafo Ricardo Baeza, «manos finas y aristocráticas». (Cf. Nota Preliminar de Ricardo Baeza a la traducción de Fernando B. Martos de las obras dostoievskianas, Las Pobres Gentes y Prohartchin, 46.) Lou Andreas Salomé afirma que las manos del notable filósofo alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche (18441900), «conquistaban las miradas». «Eran incomparablemente hermosas y finas, y el propio Nietzsche decía que revelaban su genio.» (Cf. Lou Andreas Salomé, Nietzsche, 37 y nota 8.) Gregorio Marañón, hablando de las manos de don Marcelino Menéndez y Pelayo, dice que “eran de una impresionante hermosura”. (Gregorio Marañón, Obras Completas, IV, 990.)

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