Facultad de Filosofía Departamento de Filosofía y Humanidades

3er Informe de Lectura: “Ludwig Wittgenstein; Conferencia sobre ética”

Profesor: Roberto Saldías. Ayudante: Constanza Terra. Alumno: Ignacio Sanfurgo. Fecha: Martes 25 de Octubre.

El autor con el correr de su obra, a pesar de creer que faculta de significado hablar de bueno y malo, niega la posibilidad de la existencia de proposiciones de ética; parafraseando a Wittgenstein: todo en el mundo sucede como sucede y es como es, y en él no hay ningún valor. Sin embargo, el autor asegura que si hay un valor que tenga valor debe quedar fuera de la esfera de lo que ocurre; los esfuerzos de la ciencia respecto a los valores de bueno y malo son inútiles. Por lo tanto, se puede afirmar que no hay distinciones de valor absoluto, lo que no quiere decir que la frase “distinciones de valor absoluto” en sí, carezca de significado. Para el autor todas las proposiciones poseen el mismo significado. Con lo anterior, lo que el autor intenta desarrollar es que lógicamente hablando todas las proposiciones facultan del mismo valor. No existe por así decir, un principio lógico o conjunción de proposiciones lógicas, que fundamenten los valores éticos; no hay uno que ocupe un lugar excepcional o preferencial. Para el autor, ni la necesidad lógica ni el valor absoluto son parte de lo ocurrido, sin embargo, la primera de estas faculta de poder expresarse, no así el valor absoluto; los principios lógico pueden expresarse como una necesidad. Sin embargo, como revisábamos anteriormente, las proposiciones lógicas no proporcionan ayuda alguna para los juicios éticos, debido a que en la medida que se presentan juicios de valor absoluto, la lógica solo cumple un rol relacional; el carácter ético no queda demostrado en el simbolismo. Si yo pudiera expresar un juicio ético, alguien podría negarlo, y naturalmente no tendría sentido afirmar que ambos teníamos razón. Según el autor, no tendría sentido corroborar un juicio de valor absoluto desde algo ocurrido, acaecido o descubierto. No así los principios lógicos, que sí pueden ser corroborados o falseados. Estas ideas pertenecen más específicamente al primer Wittgenstein, ideas que se podrían inferir en el Tractacus, pero difícilmente desarrollarse debido a las ideas o concepciones que el autor sostenía respecto al lenguaje y a su sentido. En una posterior obra del autor, a saber, Conferencias sobre ética, indagará expresamente en la pregunta sobre la ética y su objeto; el bien. Para el autor, con el correr de la historia de la filosofía, muchos autores han indagado sobre este tema, llenando volúmenes y volúmenes respecto al buen accionar y sobre qué es lo correcto y qué es lo incorrecto. Para el autor todos estos discursos se hacen o se han hecho desde el lenguaje. Un lenguaje que se

ha sobreestimado, es decir, que se ha considerado capaz de acceder a la esfera de lo absoluto, con el fin de describir esto superior, lejos de lo arbitrario y contingente. Como ya revisábamos anteriormente, según el autor, el lenguaje en la medida que se hace parte de nuestro mundo, faculta de proposiciones y es capaz específicamente de describir el estado de las cosas; toda proposición describe estado de cosas, que es una relación entre objetos. Lo único que podemos saber de estos objetos es que son los últimos de la realidad, pero el qué son, queda por determinar. Por lo tanto cualquier proposición que podamos tener respecto a estos objetos nos remonta necesariamente a estados de cosas y relaciones entre ellas; el lenguaje es capaz de hablar de ellos. Afirmará el autor que la proposición es la descripción de un estado de cosas y el total de las proposiciones es el lenguaje. Por lo tanto, en la medida que nos hacemos consiente de los límites del lenguaje respecto a estos objetos, necesariamente aflora la pregunta sobre si es posible el discurso ético. Según lo antes revisado, si la ética refiere a la bueno desde un grado absoluto, parece imposible el discurso ético. Al comienzo revisábamos que Wittgenstein no niega la legitimidad de los enunciados éticos, en la medida que somos capaces de traducir esos enunciados en enunciados de hecho; pasan a ser enunciados o afirmaciones respecto a lo bueno en sentido relativo. Según Wittgenstein, la ética no comprenderá este tipo de discurso debido a que de ninguna afirmación de hecho puede desprenderse un enunciado sobre el bien absoluto. Esto le da un carácter restrictivo a la ética, a saber, no podemos hablar del objeto de ésta, no forma parte de los hechos del mundo y no puede pensarse. Sin embargo, para el autor, la ética es mística; los discursos sobre el mundo, la ética, la lógica, la estética, etc. Son lo místico, lo que está más allá de la comprensión del mundo. Esto los hace restrictivos respecto a discursos sobre el mundo, debido a que transgreden el límite delimitado por el lenguaje y el mundo cuyas estructuras, según Wittgenstein, responden al espacio lógico. La ética pretende hablar en términos absolutos apartándose de un mundo del cual el darse y no darse es propio de la contingencia de éste. Con esto volvemos a lo que comentábamos al comienzo, en el mundo todo es como es, y todo sucede como sucede, el sentido de él debe residir fuera de él; si hay algo que tenga valor, debe suceder fuera de todo, debido a que todo

acontecer es casual, y lo que los haría no casuales debe estribarse necesariamente fuera del mundo. Con todo esto podemos confirmar la importancia que tiene el lenguaje para el autor, como fuente perfecta de expresión de la realidad, en él todo cabe, debido a que la realidad está sujeta a lo que puede decirse. Y esta es la objeción primordial del autor respecto a los históricos discursos esbozados sobre esta esfera de la filosofía, a saber, los discursos que van más allá de los hechos: carecen de sentido. Wittgenstein asegura que lo místico no cabe en el lenguaje –como él lo considera-, pero siente frente a este espacio, un profundo respecto que lo expresa al final de su conferencia, afirmando la existencia de lo inexpresable, reflejado en lo místico. Al final de su conferencia el autor señala una posible salida, expresada en dos distintas pero compatibles formas de mirar un hecho. La primera que apela a interpretarlo como un milagro o aquella que explica el hecho desde una forma descriptiva. Pero necesariamente vemos que incluso en la postura milagrosa nos encontramos con hechos que son descriptibles, los cuales no son objetos de la ética.

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