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Nos reunimos hoy para conmemorar el quinto aniversario de la entrada en vigencia de la Ley N° 20.084, que establece un Sistema de Responsabilidad de los Adolescentes por Infracciones a la Ley Penal, que fundamentalmente regula la responsabilidad penal de los adolescentes por los delitos que cometan, el procedimiento para la averiguación y establecimiento de dicha responsabilidad, la determinación de las sanciones procedentes y la forma de ejecución de éstas, además de la situación de estos menores cuando son responsables de faltas. Se trata de un momento propicio para develar los logros de esta ley y, también, para evaluar sus deficiencias, en aras de su perfeccionamiento. En esta oportunidad quiero destacar la trascendencia de contar con una legislación especializada y respetuosa de los derechos fundamentales de los menores. La dictación de un cuerpo legal que regulara, en particular, la responsabilidad penal de los adolescentes era, hace cinco años, un imperativo que no podía ser postergado. En efecto, con la entrada en vigencia de la Reforma Procesal Penal, el año 2000, se advirtió la necesidad de que la justicia penal juvenil se adecuara a las garantías consagradas, tanto en la Constitución Política de la República, como en la Convención sobre los Derechos del Niño. Lo anterior, fue consignado expresamente en el Mensaje del proyecto que dio origen a esta ley, donde se señaló: “Se da la inconsecuencia que el sistema especial de menores, nacido para proteger los derechos de los niños, ha terminado por desmedrar su posición jurídica, situación que se ha hecho aún más evidente a partir del perfeccionamiento de la justicia penal de adultos con la entrada en vigencia del nuevo sistema de enjuiciamiento penal”. Hasta entonces, existía un régimen jurídico indiferenciado, para la sanción de los adolescentes por hechos punibles y la aplicación de medidas de protección por vulneración de derechos, lo que, ciertamente era una anomalía que debía ser corregida. Es fundamental que el sistema penal juvenil garantice, efectivamente, los derechos fundamentales de los adolescentes, de manera que lo dispuesto en el inciso primero del artículo 2° de la Ley N° 20.084 sea plenamente aplicado. Señala dicha disposición que: “En todas las actuaciones judiciales o administrativas relativas a los procedimientos, sanciones y medidas aplicables a los adolescentes infractores de la ley penal, se deberá tener en consideración el interés superior del adolescente, que se expresa en el reconocimiento y respeto de sus derechos”.

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Asimismo, se debe tener muy en cuenta el respeto de los derechos contemplados a favor de los menores en el artículo 37 de la Convención sobre los Derechos del Niño, a saber: - La prohibición de que el niño -es decir, todo ser humano menor de dieciocho años, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 1°- sea privado de su libertad ilegal o arbitrariamente. - La obligación de que la detención y el encarcelamiento o la prisión de un niño se lleven a cabo de conformidad con la ley, y se utilice tan sólo como medida de último recurso y durante el período más breve que proceda. - El derecho de todo niño privado de libertad a ser tratado con la humanidad y el respeto que merece la dignidad inherente a la persona humana, de manera que se tengan en cuenta las necesidades de las personas de su edad. - El derecho de todo niño privado de libertad a estar, por regla general, separado de los adultos. - El derecho de todo niño privado de su libertad a un pronto acceso a la asistencia jurídica, así como derecho a impugnar la legalidad de la privación de su libertad ante un tribunal u otra autoridad competente, independiente e imparcial, y a una pronta decisión sobre dicha acción. Nace así un sistema de enjuiciamiento de menores adolescentes de la ley penal, que amplía el rango de responsabilidad hasta los 14 años, que termina con la ineficiente figura del discernimiento, que da paso a la creación de una modalidad de justicia especializada que se funda en su construcción en la compleja situación de estos menores, a quienes se reconocen sus derechos, aplicándose a sus respectos, las normas del debido proceso. Surgen como acciones prioritarias la educación y reinserción social. Coadyuvan a dichos fines las instituciones que conforman el circuito reformador, educativo y judicial, esto es, el Ministerio Público, la Defensoría Penal Pública, el Servicio Nacional de Menores y los magistrados. Ratifico, en esta oportunidad, el compromiso del Poder Judicial en el respeto de los derechos fundamentales de los adolescentes infractores de la ley penal, y la aplicación justa de la legislación para ellos establecida, en concordancia con los derechos garantizados en la Carta Fundamental y los tratados internacionales. No obstante, resulta necesario también considerar el desarrollo integral, que en muchos casos, sufren o afectan a algunos menores, especialmente de menos de 14 años, que

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infringen dramáticamente la ley penal, quienes requieren de un tratamiento distinto, que con mayor preocupación y asistencia de todo orden, los alejen del camino delictual, y posibiliten su recuperación. No puedo dejar pasar esta ocasión sin destacar el esfuerzo del Servicio Nacional de Menores en la rehabilitación de jóvenes infractores de ley, a pesar de que aún es mucho lo que falta por hacer, principalmente por el aumento de los requerimientos a dicho órgano y las limitaciones presupuestarias. Es una buena noticia, aquella que este servicio será prontamente reformado para que, con mayores recursos humanos y materiales, accione en mejor forma y con mayor eficacia en la atención, asistencia y recuperación de los menores. Por último, agradezco especialmente la donación del mural pintado por jóvenes del Centro Semicerrado Calera de Tango. Confío en que dichos jóvenes culminen con éxito su proceso de rehabilitación y reinserción social, de manera que sean un ejemplo para otros adolescentes que se encuentran en similar situación, y puedan aportar con sus habilidades al desarrollo integral personal, de sus familias y de su entorno social. Muchas gracias.

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