LOVE STORY

JENNIFER ECHOLS

Agradecimientos
Moderadora
aLexiia_Rms

Traductoras
aLexiia_Rms Josez57 Susanauribe hanna gaby828 LizC dyanna selene paaau

Correctoras
Maia8 hanna Mely

Correctoras 911
Aciditax Rodoni Amhelia

Musher

Traductoras 911
maia8 hanna aLexiia_Rms

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Recopilación y revisión
hanna

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aLexiia_Rms

Diseño:

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Índice
Sinopsis Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Sobre la Autora.. . 5 6 21 34 44 59 75 85 97 109 116 127 137 145 156 164 176 185 198 202

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Sinopsis
Traducido por aLexiia_Rms Corregido por hanna

ELLA ESTÁ ESCRIBIENDO SOBRE ÉL. ÉL ESTÁ ESCRIBIENDO SOBRE ELLA. Y TODOS ESTÁN LEYENDO ENTRE LÍNEAS.
ara Erin Blackwell, especializarse en escritura creativa en la Universidad de la Ciudad de Nueva York es el mayor sueño que le da la oportunidad de cumplir su ambición —su boleto fuera de los trágicos recuerdos que se ocultan en la granja de caballos de carreras de su familia en Kentucky. Pero cuando ella se niega a dedicarse a los negocios y a hacerse cargo algún día de la granja, su abuela recibe la matrícula de la Universidad de Erin, y promete heredarla a su mozo de cuadra extremadamente apuesto, Hunter Allen. Ahora Erin tiene que obtener prácticas profesionales y trabajar por la noche en un café para hacer sus sueños realidad. Ella debe despreciar a Hunter... entonces, ¿por qué está dentro de sus pensamientos como el héroe de su último escrito? Luego, el día en que ella está compartiendo esa tarea con su clase, Hunter camina dentro. Él se une a su clase. Y después de leer acerca de sí mismo en la historia de ella, las fantasías privadas de ella deben ser dolorosamente evidentes. Erin sólo espera persuadirlo para que no revele su secreto a todos los demás. Pero Hunter elabora una venganza creativa, escribiendo historias ardientes que impulsan a toda la clase a una loca curiosidad, y llenan el corazón de Erin con nostalgia. Ahora no es sólo imaginar lo que podría haber sido. Ella está escribiendo un final completamente nuevo de su romance con Hunter... excepto que esta historia podría hacerse realidad.

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Capítulo 1
Casi una Dama por Erin Blackwell
Traducido por aLexiia_Rms Corregido por Maia8

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l capitán Vanderslice era una especie de chulo. Tomó la mano enguantada de Rebecca y la besó en el punto más bajo de una profunda reverencia.

—Señorita O'Carey, está floreciendo en toda una joven. —Y usted, señor, se ve tan bien como siempre —mintió Rebecca, viendo como se enderezaba antes que ella. Alto y moreno, podría haber sido hermoso, pero por una bala perdida que había agarrado su mejilla durante la Guerra entre los Estados diez años antes, una gruesa cicatriz se excavaba de su nariz a sus ojos. Había rumores de que la herida visible no era la única que había sufrido durante la guerra, y que a pesar de su condición de soltero en un estado fronterizo privado de muchos de sus jóvenes por los estragos de la guerra, esta decepción en relación con la descendencia era el principal factor que había detenido a varias damas aceptar su mano en matrimonio. Sin embargo, la perspectiva de poner fin a la línea de sangre no le importaba a la egocéntrica-conmentalidad-empresarial abuela de Rebecca, que pensaba que él era un partido ventajoso porque algún día se fusionaría la granja de caballos del Gran Capitán Vanderslice con la suya. Eso le importaba a Rebecca. Se devanó los sesos por algo qué decir al Capitán que no fuera ni grosero ni estimulara su amor. —¡¿No es el clásico del Coronel Clark una delicia?! Habla sobre hacerlo un evento anual. —Nunca tendrá éxito —dijo el Capitán con altivez, haciendo girar el Julepe de menta1 de un vaso en su mano enguantada. —¡Oh! Considero las carreras un éxito, con diez mil asistentes —insistió Rebecca. Continuó intercambiando bromas desagradables con el Capitán, mientras sus ojos recorrían el salón de baile de ricos, en busca de una vía de escape antes de que la pequeña charla del capitán se dirigiera hacia el cortejo, como lo había hecho en todas las reuniones sociales tardías. La suerte no estaba de su lado. En un baile típico del país, uno de sus amigos del vecindario hubiera interrumpido de manera estratégica para un intercambio de parejas, aprovechando un agradecimiento a Rebecca para
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El Julepe de menta es un cóctel alcohólico típico del sur de Estados Unidos. Se hace tradicionalmente con cuatro ingredientes: menta, bourbon, azúcar y agua.

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alejarla de las atenciones del caballero. Este no era un baile típico del país. El Coronel Clark había organizado una carrera en la mejor zona de potros en las afueras de Louisville, y este baile era exclusivo en su mansión incluyendo sólo a las familias más ricas. En una reunión de tal vez cien, Rebecca estaba sola. Casi. Espiaba el movimiento con el rabillo del ojo. Enmarcado por la ventana de arco que dejaba pasar la fría noche de mayo, más allá del patio, la chaqueta oscura de David se mezclaba con las sombras, pero su cabello dorado y crujiente camisa blanca brillaban en la luz de las suaves velas reflejadas por los espejos en el salón de baile. Ella le había pedido un encuentro. Ella se había retirado a este rincón de la sala de baile con vistas al jardín antes de la noche, y miraba casualmente a través del arco en busca de él después de cada baile por cuatro cuadrillas, tres carretes, y una danza circular. Cuando lo divisó por fin, sintió como si los insistentes latidos de su corazón estuvieran en realidad moviendo el encaje sobre su pecho. —¡Señorita Rebecca! —Ella dio un respingo y casi rompió su corsé ceñido por la sorpresa. Pero no fue hasta que el viejo señor Gordon se interpuso entre ella y el Capitán Vanderslice que se calmó. Ella sonrió agradecida por la interrupción. Recientemente, en un paseo por el jardín de la finca de su abuela, habían compartido su opinión sobre el Capitán y los planes de su abuela. —Señor Gordon —Ella se inclinó y le dio la mano. —Gordon —dijo el Capitán brevemente. El Sr. Gordon se limitó a asentir en reconocimiento al Capitán. Para Rebecca dijo: —Estuve muy complacido con el rendimiento de su caballo en la tercera carrera de hoy. He oído que esta potranca fue entrenada por usted misma. —¡Entrenada por usted! —exclamó el Capitán, horrorizado por Rebecca. Rebecca mantuvo sus ojos en el señor Gordon, lo que parecía una buena política si el Capitán tenía la intención de simplemente ser sorprendido por todo el mundo en vez de participar en la conversación. —Ya ha oído esto de mi ayudante de establo —dijo ella—, pero me dan mucho crédito. Nuestro joven David Archer ha hecho la mayor parte de la obra. Yo sólo me limité a interesarme. —¿Y tomó esa potranca del establo para entrenarla? —preguntó el señor Gordon. —Bueno, sí —dijo Rebecca —, después de que discutiera sobre el tema con David. —Joven, dice —reflexionó el señor Gordon—. Buscando un lugar propio, debajo de la larga sombra de su talentoso padre famoso, tal vez.

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El corazón de Rebecca latía de nuevo, esta vez con alarma. Sabía que el señor Gordon estaba en esa conversación para distraer al Capitán de cortejarla, y apreciaba sus esfuerzos. Si tan sólo pudiera mantener a su sirviente-amante de ser contratado fuera de la granja de su abuela en el proceso… —Bueno, no sé si Archer esté con todo eso —Rebecca dio marcha atrás—. Probablemente tengo más de un ojo en la carne de caballo que de lo que me doy crédito por ello. No es propio de una dama el aceptar los elogios. —¡Tampoco es propio de una dama tomar tal interés en caballos en primer lugar! —estalló el Capitán olvidado—. Rebeca, ¿está loca? ¡Rondar en el granero va a arruinar su reputación! ¡Voy a hablar con su abuela! —¡Qué excelente idea! —dijo Rebecca—. Señor Gordon, ¿sería tan amable de ayudar al Capitán para encontrar a mi abuela? —¡Tiene que acompañarnos! —exclamó el Capitán a Rebecca, ofreciendo su brazo. Rebecca se quedó atrás. —No es necesario. Soy incapaz de disciplinarme a mí misma. Es mejor que llegue a la raíz del problema, y yo estaré aquí en la esquina con pensamientos y remordimientos por lo que he hecho. —¡Ven, capitán! —Oyó fingida indignación en el Señor Gordon. Cuando él puso una mano sobre el hombro del capitán para darle vuelta, cruzó su mirada con Rebecca. Le guiñó el ojo al señor Gordon. Ella apreciaba su ayuda, y sintió una punzada de culpa por engañarlo. Si estuviera enterado que iba no sólo a salvarla de un noviazgo vergonzoso, sino también evitarle uno ilícito, él no habría sido tan útil. Miró las espaldas elegantes de los dos hombres entre los asistentes a la fiesta que desaparecían a otra habitación en busca de la matriarca. Con una última mirada furtiva en torno a la fiesta, retrocedió hasta la puerta de arco. Se movía con una insoportable lentitud debido a la maldita moda de la temporada, un vestido bullía con una falda increíblemente ajustada, lo que le permitía sólo dar unos pocos centímetros por cada paso. El vestido era halagador para las mujeres que esperaban contraer matrimonio, según ella creía, pero muy inconveniente cuando una se escabulle hacia un mozo de cuadra. Finalmente pasó bajo el arco y al aire libre. El aire frío la hizo temblar en su vestido sin mangas, pero debía ocultar su malestar. La única manera de llevar a cabo este asunto sin ser echada de su casa hasta cierta edad, y sin que David fuera echado, o mucho peor, convertido en una víctima de la justicia del país, debía de tener una excusa disponible en todo momento. Su excusa en ese momento era que se había sentido mareada en el baile y necesitaba aire fresco. Tal cosa nunca le había sucedido —los ayudantes de establo le habían dicho que podía sostener su licor admirablemente para una dama—, pero había una primera vez para todo. Entonces, si alguna vez

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llegaba a David más allá del patio; su excusa sería que había dejado los guantes en el establo de su yegua favorita de carreras, y David reconoció los guantes y desconfió en dárselos a los trabajadores para que se lo dieran a ella. Al menos, esa era una excusa que Rebecca había inventado, y esas fueron las órdenes que había dado a David a seguir. Pero David había sido conocido por desobedecer las órdenes, y por escapar de las consecuencias con una sonrisa encantadora. Podría haberse cansado de esperar e irse a su casa después de todo. Normalmente, Rebecca no dejaba que los sirvientes tuvieran la osadía de tal falta de respeto. Pero David no era normal. Dedicado no era. Paciente, tampoco. De hecho, la organización de una cita romántica con él había sido como pastorear gatos, y en varios puntos había estado dispuesta a renunciar a él por completo e intentar un romance con el hijo de la verdulera, y así se lo había dicho a David. Que él difícilmente parecía movido por la única amenaza que le hizo quererlo más. La Guerra entre los Estados había comenzado cuando ambos no tenían más de cuatro años de edad, y aunque no había llegado a Louisville, había sido la preocupación de la comunidad, con amenazas de desalojo y preocupándose por la desaparición de hombres populares. El padre de Rebecca había sido comisionado como oficial del General Bull Nelson, había muerto de un balazo en el estómago en la Batalla de Richmond, y su madre se había dado por vencida en resistir que su corazón se rompiera. Rebecca perdió a sus padres terriblemente, pero no recordaba mucho de ese periodo, salvo la mar de tiendas de campaña blancas en el campo de entrenamiento del ejército de unión en las afueras de la ciudad. Cualquier crianza de la que hubiera sido objeto había llegado a través del margen de su abuela, quien estaba muy amargada por el dolor de la muerte de su hija, tal vez, pero Rebecca sospechaba que su abuela era naturalmente agria, por una actitud de tal intensidad y consistencia con la que sin duda había nacido, no hecha posteriormente. Rebecca había encontrado consuelo en los jugueteos vespertinos a través de los pastos, jugando al ejército y otras actividades inapropiadas y marimachas con David, el hijo del maestro de un establo, una amistad que hubiera sido duramente desalentadora si alguien estuviera prestando atención. Pero nadie lo hizo. Y mirando sobre su hombro y los molestos adornos blancos de su vestido, vio que nadie la observaba, incluso ahora mientras se escabullía de la gran mansión con velas derramadas sobre sus ventanas de arco, a través del patio, en el fresco de la noche. David se encaminó hacia ella, hombros anchos y caderas estrechas, pareciendo mucho más caballeroso para su granja, como de gala para ocasiones especiales: chaqueta larga, pantalones ajustados y botas altas de

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montar. Cuando él la espiaba, se agachó detrás de los setos, donde no podía ser visto por cualquier persona saliendo en el patio por aire. Giró en el seto y se asomó por el patio, al otro lado. Convencido de que nadie descubriría ese lugar, se volvió hacia ella y vio cómo lo miraba detenidamente. Él le sonrió, sus ojos trazando el escote de su vestido. Entonces, estaba extasiada con el estudio de su rostro después de varios días atrapados en el torbellino de bailes y carreras, y por lo tanto distraídamente hizo latir su corazón contra su esternón, pasó algunos momentos antes de recordar saludarlo. —Hola, David. —Hola, señorita O'Carey —Sus palabras fueron en la dirección correcta hacia una hija de un terrateniente de la aristocracia por parte de un ayudante de establo. De hecho, sus palabras siempre habían sido correctas, al menos en público. Fue la actitud detrás de su voz lo que le dijo que no se consideraba inferior a ella. Y eso es lo que la atrajo hacia él, una y otra vez. Lo que él dijo después no fue correcto del todo—. ¿Le importaría caminar detrás de los establos? Tendría que haberse reído. Nunca salían con una cosa así. Un testigo podría pasar, e informaría a su abuela sobre la gran tragedia antes de que algo sucediera, salvando la feminidad de Rebecca y arruinando su noche. Rebecca no se rió. David la miró expectante, sin humor en sus ojos color azul. —Quedarían rastros en mis zapatillas —murmuró—, y la criada se daría cuenta en la mañana. —Ella pateó la punta de su zapatilla dorada sobre más allá del borde de su vestido para mostrárselo—. Así que supongo que no podemos ir muy lejos. Su mano fuerte le rodeó la muñeca y la atrajo. Ella miró a los ojos azules con sorpresa, preguntándose a qué se refería. —Ven conmigo hacia los arbustos, Su Alteza —dijo—. Ven conmigo a la oscuridad. ¿No es eso lo que quería cuando me pidió que trajera un guante que no se le había olvidado? Por supuesto que eso era lo que ella quería. Pero no estaba dispuesta a admitirlo, y mucho menos seguir adelante. Él le dio un empujón. Y en ese instante, el calor estalló en su corazón e inundó su pecho, salpicando un sonrojo a través de sus mejillas, y un hormigueo corrió desde los dedos de sus manos hasta los dedos de los pies. Este mozo de cuadra —o en lo que se había convertido cuando ella no estaba mirando— era lo suficientemente fuerte como para llevarla hacia los arbustos quisiera o no. No había nada qué hacer salvo seguirlo. Incluso mientras lo hacía, él le susurró sobre su hombro:

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—Estoy empezando a pensar que no sabe mucho acerca del amor como usted dice. Parece sorprendida de que me haya hecho su farol. —Se detuvo en una rama con hojas cargado de fragantes flores blancas que brillaban en la luz de la luna. —Apostaría a que he aprendido tanto en mi gabinete como en tu establo — replicó ella—. Mi criada fue previamente empleada por el coro de la línea, aunque si hablas una palabra de eso con mi abuela, encontrarás vidrio molido en tu café. —Él exhaló brevemente por la nariz. Rebecca no estaba segura de si se trataba de una risa o un suspiro, porque su presencia tendía a provocar muchas reacciones a David. Luego él puso sus dedos en la parte inferior de su labio, el dedo índice por un lado, y el pulgar por el otro, y apretó suavemente, como si hinchara el labio para prepararlo. —Voy a besarte ahora, Rebecca. No grites. —Su risa nerviosa fue cortada mientras sus labios se encontraron con los suyos. Desde esos pasados días de verano juguetones, había considerado su amigo a David. Era lo suficientemente importante como para que ella hubiera escondido su familiar buque con cuidado de su abuela. Pero ahora ambos tenían dieciocho. En los últimos meses, el secreto mismo de su relación se había vuelto oscuro en su mente, y era necesario. David ahora era un hombre, ella una mujer perseguida por los demás, incitando este beso. Ella abrió la boca por todo lo que había soñado y esperado. Lo que no esperaba era las manos de David sobre su corpiño. Primero le agarró la cintura, luego pasó por su espalda y terminaron en su frente. Cuando su dedo trazó su escote, peligrosamente cerca de su pecho, ella rompió el beso con un grito ahogado.

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Me quedé sin aliento. Estaba tan aterrada que hice un ruido cuando leí mi propia historia, rodeada de mis compañeros. Mi copia de "Casi una Dama" miraba hacia mí desde la larga mesa de madera lustrada y oscura, del mismo modo que me quedé mirando a los otros seis estudiantes sentados alrededor de la mesa, sólo la mitad de la clase. Pero ninguno de ellos estaba leyendo. Dos de ellos cuchicheaban, otros dos leían libros de texto, y el último par leían algo en sus computadoras portátiles. Y ninguno de ellos se me quedaba mirando. Para disimular mi aliento por si acaso, di un largo suspiro, como si simplemente no me cansara del buen aire fresco de Nueva York. Después de inhalar de nuevo y sostenerlo, me concentré en mi corazón, que parecía estar palpitante. Yo estaba nerviosa. ¡Yo, nerviosa! Mi historia, por la suerte de suertes, sería una de las tres primeras criticadas en clase. Sólo esperaba que no fuera la primera. Confiaba en mi forma de escribir, pero nadie quiere ser el primero. Y no me importaba nada más que mis historias. Esta en especial. Había escrito de mi vida, más o menos, pero mi propio, un

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muy real mozo de cuadra estaba en Kentucky. Habíamos empezado como amigos, como David y Rebecca. Entonces algo terrible había sucedido y durante años no pude superarlo. Ahora nunca lo haríamos. Podríamos, en mi historia, sin embargo. Yo podría crear obstáculos al amor, al igual que en la vida real y luego —a diferencia de en la vida real—, podría derribarlos. Hacer que cada pieza estuviera en el lugar adecuado para mis personajes, escribiendo un final feliz poco realista, que me diera una carrera y me hiciera grande. Ese era el porqué quería ser un novelista. La gente de mi escuela secundaria de clase de escritura creativa no lo había sentido así. Pero ahora estaba en una clase de estudiantes de primer año de la clase destacada de escritura creativa en la Universidad de Nueva York, famosa por sus programas en la escritura creativa y editorial. Por supuesto, todos los estudiantes de primer año en el programa de escritura destacada tenían que tomar esta clase, y la mayoría de ellos no eran buenos en Español y puede que no se preocuparan por escribir ficción, pero estaba segura que algunos de ellos al ver mi historia, quedarían tan encantados como yo. Si eso fuera cierto, no serían capaces de desprenderse de la lectura y la relectura de mi delicioso romance. Sin embargo, extrañamente, parecía que estaban completamente entrados en sus vidas. Apenas podía escuchar sus respiraciones entre los sonidos de los teclados de las portátiles y el ruido del tráfico a finales de la tarde fuera de la ventana, pero estaba bastante segura de que nadie se quedó sin aliento. La chica más cercana a mi estaba escribiendo un mensaje en su aparentemente insidioso celular negro como si el tener que leer mi historia no fuera más que otro trabajo escolar que no cambiaría su vida. Fastidiada de todos ellos. Me sumergí de nuevo en mi historia.

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—¿Debo parar? —susurró David, besando la comisura de la boca de Rebeca—. Si nos atrapan, puedes ser confinada en tu habitación, pero yo voy a perder mi posición. Mi padre podría perder su posición, también, y entonces él me dispararía —David le besó la barbilla, dejó un rastro de besos por el cuello, la boca y el esternón. Dando un beso en el punto más bajo de su escote, entre sus pechos, hizo una pausa y la miró, su cabello rubio capturando los adornos de encaje de su vestido—. Será mejor que valga la pena. —Por todos los medios. —Ella respiró, una hazaña no muy fácil de hacer en su corsé. Si seguía haciendo esto podría desmayarse de la emoción fuertemente ligada. Con su permiso, su lengua lamió la piel sensible entre sus pechos. Pasó la lengua hacia arriba al otro lado de su escote, abriendo otro camino de besos hasta un lado de su cuello, y le acarició los suaves rizos de su cabello que su criada había arreglado con tanta dedicación.

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—Algunas cosas tendrán que esperar hasta que estemos realmente solos — gruñó él en su oído, enviando escalofríos por su cuello, y en sus brazos, el fresco de la noche—. Me gustaría poner mis labios aquí. —Vagó su mano en su seno otra vez, y tomó su pecho. El pulgar moviéndose adelante y atrás a través de su pezón, duro bajo el encaje. Ahora fue ella quien lo agarró, sus dedos buscando su camisa blanca debajo de la chaqueta de equitación, las palmas de sus manos deslizándose sobre los calientes y duros músculos en su pecho que había debajo. Ella lo besó en los labios. Luego él se hizo cargo del abrazo, agarrando sus hombros para sujetarla mientras exploraba su boca con la lengua. Rebecca no tenía idea de cuánto tiempo duró ese éxtasis cuando él se separó, jadeando, y puso su frente contra la suya. —Bueno, ha satisfecho mi curiosidad, señorita O'Carey. Gracias por una noche encantadora. —Sinvergüenza —Ella lo empujó a la ligera. Sonriendo como un sinvergüenza, se apoyó contra las ramas. Pétalos blancos cayeron sobre los dos. Buscó a tientas algo en sus pantalones. Ella había pasado en los últimos minutos lo más intenso de su vida, pero no era nada en comparación con la alarma, y el placer de vergüenza ahora corriendo por sus venas cuando se dio cuenta de que sólo estaba sacando su reloj de bolsillo. Echando un vistazo a esto, dijo: —Es mejor que vuelvas antes de que te den por perdida. —Muy bien. —Retrocedió un paso de distancia y lo observó con calma ahora que su corazón se había calmado. Él llevaba el reloj para medir el tiempo de los caballos, por supuesto, pero era fácil imaginarlo como un caballero, con el reloj de bolsillo de un caballero, con su ropa a la moda de un joven más elegante que un mozo de cuadra. Él podría fácilmente haber sido el gran partido de la comunidad, y en ese caso podrían haber estado casados. Pero no era así. Ella sacudió la cabeza para despejarse. Una cosa era concertar una cita con el mozo de cuadra, y otra muy distinta enamorarse de él. —Había perdido casi todos los medios para preguntar —dijo—, ¿pero trajiste mi guante, después de todo? —Él la miró fijamente por un momento, y ella pensó que no lo había traído, y que su abuela le demandaría a alguien que le explicara si Rebecca tuvo la desgracia de encontrarse con ella al volver a entrar en la fiesta. Pero esto era más de su habitual táctica para asustarla. Con una sonrisa él tiró su guante, enrollado, del otro bolsillo de su pantalón. —Supongo que no puedo dar un paseo durante la fiesta con la una excusa de que se me cayó —dijo—. Eso se vería un poco raro. —Sacó su retícula2 del
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Con la llegada del S. XVIII y el estilo neoclásico, desaparecen las enaguas bajo las faldas. Se empezaron a utilizar pequeños bolsos de mano llamados "retículas". Normalmente en las retículas se llevaba colorete, polvos faciales, un abanico, perfume, tarjetas de visita, una cajita para las tarjetas y sales.

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bolsillo e intentó meter el guante enrollado a través de la pequeña abertura. No podía meterlo. —Mira, déjame. —Instintivamente ella se apartó, no deseaba que llenara de tierra su guante y su bolso por sus dedos sucios. Ella lo miró con vergüenza. Por supuesto que se había lavado las manos antes de encontrarla. Sus dedos no estaban sucios, como era habitual en el establo. Estaba horrorizada de que hubiera pensado tal cosa instintiva, como si estuviera sucio permanentemente. Por su expresión sombría podía decir que él sabía exactamente lo que estaba pasando por su mente. Suavemente tomó el guante y la retícula de ella. Mientras lo miraba, él trabajó a través del guante, cuidando de no jalar mucho la retícula y romperla. —Yo vi una serpiente comer una rata, una vez —comentó él—, detrás del granero del norte de tu abuela. Lisiando su mandíbula para hacerlo. —Esto puede estar más allá de la capacidad de esa serpiente —dijo ella, y en ese momento la retícula permitió que el guante se colocara dentro. Ambos suspiraron de alivio. Él cerró la tapa enjoyada y le entregó la retícula de vuelta, sus dedos cepillaron los de ella. —¿Cuándo te veré otra vez? —Al amanecer, cuando nos lleves en coche de vuelta a casa, podría haber dicho ella maliciosamente. Pero él la miró seriamente, y algo le decía que el beso que habían compartido, finalmente había cambiado todo entre ellos. Tal vez ella no lo amara, pero no podía decepcionarlo. —Mi abuela se va por negocios a Frankfort mañana —dijo Rebecca—. Vamos a buscar una oportunidad. —Vamos a hacerlo —Él le tocó la punta de la nariz con un dedo, luego el labio inferior de nuevo—. Ten cuidado, y más con los Capitanes. Ella se rió y le dijo: —Siempre. —Entonces huyó de la enramada. Volvió a la fiesta, furtivamente examinando a los celebrantes cuando entró. Nadie tenía los ojos sobre ella, ni siquiera su abuela —a través de la sala—, o el Capitán Vanderslice, quien conversaba con la vieja señora Woodson, aburrida de su cada vez más cercana muerte. Todo el mundo parecía estar participando en sus actividades propias. El Julepe de Menta esta noche era el amigo de Rebecca, arrojando un velo sobre los poderes de la vista de los demás. Nadie la vio entrar o comentó sobre su retícula, obviamente, a punto de reventar. Ni siquiera tendría que usar su dinero para pagarle a su criada, como lo había hecho varias veces anteriormente cuando David la había encontrado en el granero. En ese entonces sólo habían jugado, no besado. Le había enseñado a balancearse

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en una cuerda desde el desván hasta el pajar de abajo como un pirata conquistando un castillo de popó. La cuestión era que ya estaba demasiado grande para jugar, y demasiado grande para jugar con el mozo de cuadra. Esto último no ha cambiado, pensó mientras miraba por la puerta que acababa de entrar. Cegada por la luz de las velas de nuevo, no podía distinguir las formas en la oscuridad como lo había hecho antes, pero detectó un flash de una cabeza rubia manteniendo su distancia a través del patio. Viéndola, y esperando.

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Dejé escapar un largo y satisfecho suspiro. Esta historia creada de la gran aventura de Rebecca y David, con un final de cuento de hadas —todo lo que había anhelado con mi mozo de cuadra—, era perfecta. A la clase le encantaría. Sólo deseaba que me fueran a tranquilizar diciéndome eso. Pero mantuvieron la cabeza baja, centrándose en su propio trabajo, como si estuviéramos esperando el metro. Tal vez más tarde en el semestre estaríamos lo suficientemente cómodos los unos con otros para iniciar una conversación mientras esperábamos a que toda la clase llegara. Pero sólo era nuestra segunda reunión. Aún así, normalmente hubiera comenzado una conversación conmigo misma. Odiaba el silencio. Hoy no era normal. Para mantener mi mente fuera del inminente fallo de mi meta en la vida, saqué la calculadora de mi mochila. Mi jefe me había ofrecido un doble turno en la cafetería, el sábado. Lo tomé, no sería capaz de ir a Broadway en la tarde estando fuera de mi alcance. Si no tomaba el turno y compraba el boleto a precio rebajado a Broadway, iba a tener que recurrir a mis ahorros del verano, que eran para hacer mi primer pago del dormitorio. La beca únicamente cubría la matrícula, y fui capaz de hablar con la Universidad para un plan de pago del alquiler ya que inesperadamente estaba en miseria desde la noche de graduación. Un boleto a Broadway podría haber sido un gasto frívolo cuando te enfrentas al desalojo. Pero quería estudiar la escritura en Nueva York desde que tengo memoria. Ahora me temo que no estaré aquí mucho tiempo. Y si no adquiría la mayor parte de mi experiencia, sería como si nunca hubiera estado aquí. A medida que crujían los números —Dios, mi salario por hora era bajo, y las propinas eran abismales sin importar lo bajo que llevara mi escote—, me resistí a mirar hacia arriba a los estudiantes que entraban en la habitación. Sobre todo evitando satisfacer los ojos de los dos chicos ruidosos que bramaron y se sentaron enfrente de mí, igual como el primer día de clase. Se conocían desde otro lugar, obviamente, y el chico de la India, en particular, era el tipo engreído que me podría hacer pasar un mal rato por "Casi una dama”. La gente se burlaba de mí por escribir historias románticas anteriormente. Esperaba que él y su amigo no conspiraran contra mí. Summer fue la última en llegar, y sentí que mi hombros se relajaban. Nunca había sido una de esas chicas tímidas que no podía dar un paso sin la

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sombra de su mejor amiga cruzando en su camino. Pero poner mi historia en frente de estos extraños era como desnudarse en un cuarto con hombres encarcelados grabando. Me volteé hacia Summer, esperando que la amigable compañera de habitación diseñara alguna pregunta para ponerme a gusto, como por ejemplo; ¿Cómo va Cálculo? Ella me miró de arriba abajo y gritó: —¿De dónde sacaste esa bufanda? —Llamó la atención de los chicos ruidosos. ¡Mierda! Traté de mezclar mis ropas caras que traje de casa con algo barato que pudiera pagar. Busqué una disminución gradual, elegante en la pobreza. Pero cuando me había vestido por la mañana después de que Summer se hubiera ido a las ocho, me había cansado. Me había puesto una camiseta, una bufanda, y mis pantalones vaqueros más cómodos, todo de diseñador. Debí haber sido más cuidadosa. Summer no poseía nada de diseñador, pero quería. Y lo supo en cuanto me vio. La miré sin comprender. —No tengo idea de qué estás hablando. —Me refería a que sabía exactamente de lo que estaba hablando, y que debíamos discutirlo más adelante. Pero habíamos sido amigas sólo cinco días, un tiempo demasiado corto para que descifrara mis mensajes no verbales. Ella me miró de arriba abajo de nuevo. —Y esos pantalones vaqueros —murmuró. —¿Perdón? —pregunté, todavía intentando darle a entender que se callara. Dejó caer su mochila en la silla ricamente tapizada, me agarró la muñeca, y me sacó de mi propia silla ricamente tapizada. Las dos nos tropezamos con el borde de la alfombra oriental cuando ella me llevó hacia la puerta. La mayoría de mis clases se llevaban a cabo en los edificios modernos, como era de esperarse en cualquier Universidad. Sin embargo, los estudiantes de primer año en la clase de escritura creativa destacada se reunían en una convertida casa de pueblo. Nuestro salón de clases era una larga sala de juntas con paneles de madera oscura, adornada con retratos de académicos muertos mirando hacia abajo a nosotros desde sus marcos. La grande y tallada mesa con grandes cómodas sillas reemplazaban los pupitres. La majestuosa sala hacía que la clase y nuestra escritura parecieran importantes. Cuando Summer paró, me tropecé con la alfombra, que nos recordaba que éramos estudiantes de primer año, después de todo, con pantalones cortos y sudaderas con capucha. O bien, en mi caso, una bufanda de diseñador y ¡pantalones vaqueros de diseñador! Por lo menos ya habíamos llegado al pasillo, y me apretó contra la pared antes de susurrarme esto sin ser escuchada por nuestros compañeros de clase:

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—Pensé que habías dicho que comprabas en la tienda de segunda mano. —Hago compras en tiendas de segunda mano. —Lo único que había comprado en realidad había sido un traje para mi clase de danza del vientre. Un poco extravagante, pero mucho más barato de lo que una nueva ropa deportiva hubiera sido. Y a menudo buscaba en tiendas de segunda mano, que contaba como ir de compras. —No hay manera de que consiguieras una bufanda de doscientos dólares en una tienda de segunda mano —susurró—. Y los pantalones vaqueros. Son del año pasado. El tamaño cuatro de mujeres no cayó muerto y le dio unos casi nuevos jeans de marca de diseñador a la caridad. Pensé que no tenías nada de dinero. Me dijiste que estabas trabajando en un café ya que tu beca sólo abarcaba la matrícula. ¡No dijiste que tuvieras una línea de crédito de vuelta a casa! —No lo tengo. La bufanda y los pantalones vaqueros fueron regalos. —No era una mentira. Mi abuela había comprado toda mi ropa durante los seis años que viví con ella. Summer me señaló. —Sabía que todos los detalles de tu historia eran un poco demasiado realistas. Eres realmente Rebecca, ¿no? ¿Sólo en el presente? ¿Eres dueña de una granja de caballos en Kentucky? —¿Qué? ¡No! ¿Por qué piensas eso? —La semana pasada, cuando Jørdis llevó el Sunday Times al dormitorio, te dirigiste directamente a la sección de caballos. —No hay ninguna sección de caballos en el The New York Times. Ella me empujó en el esternón. —Sabes lo que quiero decir. La parte de carreras de caballos está en la sección de deportes. —No éramos igual de altas, y bajé la mirada hacia Summer, tratando de aparentar la ridiculez de su teoría, que estaba, por supuesto, muy muy cerca de la verdad. Dije con arrogancia: —Ciertamente no soy dueña de una granja de caballos. —Mi abuela era la dueña. Incluso cuando estaba muriendo, nunca lo fui. Ella se había asegurado de ello. Summer me miró obstinadamente. Entonces sus ojos se movieron hasta el nivel de mis tetas. —Y esa camiseta. Debería haber sabido que nadie se ve bien en una vieja y regular camiseta, ni siquiera tú. ¿Quién la hizo? —Ella agarró mi brazo, me puso de espaldas, y chocó mi cara en la pared. Me sostuvo allí, y buscó la

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etiqueta en el cuello—. Sólo nos hemos conocido hace un par de días — murmuró ella—, pero siempre asumí que compartía todo con mi compañera de la Universidad, y no estamos comenzando con el pie derecho. Ella era una muchacha pobre que trataba de buscar ricos. Yo era una niña rica de repente pobre. Como una pelirroja alta, no podía parecer más diferente que Summer, una pequeña afro-americana, pero las dos éramos del Sur, y luchábamos por encajar aquí en Nueva York. Me había identificado por eso con ella inmediatamente, y yo le había guardado mucho cariño hasta que me sacó al pasillo y amenazó con hacer explotar mi apariencia. Estaba a punto de golpear con mi codo sus costillas para sacarla —tenía que esconder a toda costa la camiseta de diseñador—, cuando una voz susurró junto a nosotras: —Buenas tardes, señoritas. —Summer y yo nos apartamos de un salto. Gabe Murphy era nuestro profesor de escritura, un hombre rechoncho, con una nariz bulbosa y un montón de cabello blanco. Él parecía muy alegre, como Santa Claus, excepto que vestía una sudadera con capucha, pantalones cortos y chanclas, como la mayoría de la clase. Me imaginé que había sido una persona que practicaba surf en California hasta que un día se miró en el espejo, y se dio cuenta que tenía cuarenta kilos de sobrepeso y cerca de la edad de jubilación, y pensó que mejor que venir a Nueva York para realizar la carrera de escritor que siempre había pensado que tendría tiempo de sobra para más adelante. Yo lo llamaba nuestro maestro de escritura en lugar de nuestro profesor de escritura, porque no estaba segura de que él fuera profesor. Esa era una designación especial que la Universidad daba a personajes con títulos de fantasía. Yo dudaba que se aplicara a Gabe. No estaba segura de cómo llamarlo; Dr. Murphy o Señor. Murphy o simplemente Gabe. Él no se había presentado, y en el plan de estudios fue etiquetado como GABE MURPHY. Ni una pista. Ninguno de los otros estudiantes había tomado una posición sobre el tema, por lo que le hacía frente diciendo “Disculpe”, o… —Hola —dije sin comprometerme—. Summer estaba enderezando mi camiseta antes de la clase. Quiero dar una imagen profesional cuando hablemos de mi historia. —Somos escritores —dijo—. Somos propensos a la excentricidad. —Él inclinó la cabeza hacia el salón de clases, lo que indicaba que debíamos seguirle en su interior. Cuando él había desaparecido por la puerta, la sonrisa que Summer tenía despareció. Me señaló una vez más. —No he terminado.

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—¡Puedo explicarlo! —Cruzamos el umbral del aula y nos sentamos en nuestras sillas. No podíamos dejarnos caer porque eran enormes y tapizadas. Tirándolas hacia fuera y arrastrándolas de regreso a la mesa causando una conmoción en la sala de relajación. Incluso los chicos ruidosos frente a nosotros se habían callado con la entrada de Gabe. Ahora nos miraban con reprobación, como si fuéramos niñas-de-cinco-años jugando gato en la iglesia durante un funeral. Haciendo caso omiso del ruido, Gabe dijo unas palabras sobre la apreciación de aquellos de nosotros que habíamos sido lo suficientemente valientes como para compartir nuestras historias primero. Como si nos hubiéramos ofrecido para ello. Revisó las historias engrapadas delante de él, asegurándose de que las tres del día estuvieran allí. Él había dicho durante la primera clase-reunión que hoy los estudiantes de escritura estaríamos paranoicos acerca de compartirla, porque estaríamos asustados de que alguien viera el trabajo y lo publicara en Internet. Así que nuestras instrucciones eran dejar una copia de nuestras historias en la reserva en la biblioteca para que los otros estudiantes la leyeran. Luego, traer copias para todos. La clase tomaría notas durante el debate y pasarían las copias al autor original. No podía esperar a leer los elogios de mis compañeros brillando intensamente. —Estas historias tienen un orden natural y el flujo de bien de uno a otro — dice Gabe—, así que vamos a empezar con… —Hubo un golpe en la puerta. Oí mi suspiro de nuevo en la quietud de la sala de clase. Este no era un suspiro de satisfacción, sino un suspiro como de un-árbol-golpeando-algo-yen-este-momento-alguien-golpeaba-la-puerta. Gabe se levantó de su silla tapizada. Esto no fue instantáneo debido al peso de la silla y la circunferencia de su propio vientre por debajo de su camiseta. Abrió un poco la puerta y habló en voz baja al intruso. Summer y yo estábamos más cerca de la puerta. No podía mirar por encima de nuestros hombros y mirar a Gabe sin ser obvia, pero podía oír más sobre lo que decían. El intruso quería transferirse a nuestra clase. Gabe le estaba diciendo que tenía espacio para uno más, pero la clase de escritura creativa era una familia unida, y antes de que el intruso se nos uniera oficialmente, los otros estudiantes tendrían que aprobarlo. El intruso dijo que estaba seguro que no sería un problema. Reconocí su voz. O más bien, reconocí el tono de su voz. El tipo de la India era engreído, pero la arrogancia del intruso haría al amigo Indio parecer modesto en comparación. —¿Estás bien? —susurró Summer, haciendo sonar sus palabras muy alto—. ¿Estás preocupada porque la clase discutirá tu escrito? Te ves muy pálida de

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repente. Quiero decir, ya lo eres, pero es como si las pecas se estuvieran desvaneciendo. Un seco "Gracias", fue todo lo que pude decir. Yo no estaba bien. Estaba agarrando el borde de la mesa tallada con tanta fuerza, no me habría sorprendido si mis dedos se astillaban. El intruso era mi mozo de cuadra. Y no podía dejarle leer mi historia.

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Capítulo 2
Traducido por LizC Corregido por Maia8

―T

enemos un nuevo estudiante ―anunció Gabe, cerrando la puerta. Sacó su sillón a la cabeza de la mesa y se sentó―. Un nuevo alumno potencial. Está en el pasillo dibujando un caballo. Mientras tanto, ¿dónde estábamos? No me importaba dónde estábamos. Gabe revisaba las reglas para criticar las historias. Debería haberme importado, pero en mi mente estaba en el pasillo con Hunter Allen, tropezando con su codo para que así dañara su caballo. Todos nosotros, habíamos dibujado un caballo como una demostración de creatividad en el primer día de clase. El punto de vista de Gabe, creo, es que cada persona tiene una perspectiva única y algo que aportar a un grupo de escritura creativa… un tipo indio engreído sin duda tenía una perspectiva única. Él había dibujado el trasero de un caballo. Summer había dibujado la parte inferior de un caballo… inexactamente. Parecía no tener sexo, o al menos no genitales, como una Barbie o un muñeco Ken. Pero fue un punto de vista que no se me habría ocurrido, y estuve impresionada de ella. Yo no era una artista, pero había hecho mi mejor esfuerzo para capturar a un caballo en movimiento, no en una carrera elaborada para humanos, sino corriendo por el gusto de correr, un caballo siendo un caballo. Me hubiera gustado que lo primero que viera en la mañana por la ventana de mi habitación con la niebla elevándose desde la hierba azul, fuera los caballos competir entre sí cuando nadie estuviera apostando, porque eso es lo que hacían los caballos. Crucé los dedos para que Hunter dibujara un caballo que a la clase no le gustara. ―Y así es como nuestras críticas en clase funcionan ―dijo Gabe―. Tenemos que estar seguros de entender este proceso desde el principio... la dinámica en el salón de clases es muy importante ―Miró a su alrededor de la mesa al decir esto, con los ojos deteniéndose en cada estudiante a su vez como un instructor de escritura experimentado. Probablemente había estado enseñando escritura a tiempo parcial en la universidad en So-Cal durante años para financiar su adicción a la práctica del surf―. Tienen que confiar los unos en los otros con el fin de hacer su mejor trabajo. Una vez que la dinámica en el aula sale mal, es casi imposible de endulzar. ¿Hay alguna pregunta? Deteniendo sus ojos en mí, como si hubiera estado soñando despierta. ¿Quién, yo? De hecho, me sonrojé, porque quería que Gabe pensara bien de

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mí... la universidad dispuso como premio para el estudiante de primer año destacado en escritura creativa del semestre de otoño un trabajo como pasante en una de las editoriales más importantes durante el semestre de primavera. Eso podría asegurarme un trabajo en una editorial cuando me gradúe, incluso la publicación de mi propia novela algún día. Además de que eso paga más por menos horas que mi trabajo actual en la cafetería, lo cual me estaba matando, y no tendría que trabajar de pie. Gabe no parecía el tipo de persona que tendría un montón de poder sobre un comité de prácticas de publicación pero después de la decisión tomada, al revisar mi portafolio, es posible que le pregunten si era una persona fácil para trabajar. Tal vez llevarse bien con otros autores era el criterio más importante... de nuevo... ¿quién ha oído decir que los autores se llevan bien los unos con los otros? Mira a Hemingway y Stein, o Hemingway y Fitzgerald, o demonios, Hemingway y cualquiera. Otro golpe sonó en la puerta, y entró mi mozo de cuadra… sin la chaqueta y los pantalones de montar. Sus ojos eran de un azul intenso, exactamente el color de su polo. Podría haber sido acusado de vanidad, por usar ese color a propósito, excepto que su apariencia desaliñada dejó en claro que no se preocupa por ese tipo de cosas. Excepto que si lo hacía. Su desaliño era cuidadosamente planificado. Esperé a que esos ojos se encontraran con los míos. Por supuesto, me vio. Tenía cabello largo rojizo. Prácticamente brillaba en la oscuridad. Y cuando se puso de pie delante de nosotros a la derecha de Gabe, se reunió con la mirada de todos a su vez, al igual que Gabe había hecho, explorando la habitación. Todo el mundo lo miraba fijamente, excepto yo. ―Dinos tu nombre ―le dijo Gabe a Hunter―, y por qué quieres estar en esta clase. Se convincente. Esta es tu gran oportunidad. Hunter asintió con la cabeza. ―Mi nombre es Hunter Allen ―A la mayoría de los estudiantes universitarios se les había enredado la lengua en su camino a través de esta autopresentación, pero Hunter la abrazó como si estuviera de gira promoviendo sus DVD de auto-ayuda―. Quiero estar en esta clase, porque como los otros estudiantes de primer año destacados en las clases de escritura creativa, estoy en conflicto con mi clase de química. No puedo estar en dos lugares al mismo tiempo, un concepto que parece fuera del alcance de esta institución de educación superior. Mi horario es jodido ―Un sujeto resopló ruidosamente porque Hunter maldijo en clase, y varias de las chicas jadearon. Hunter estaba probando a Gabe. A Hunter le gustaba probar a las personas. Gabe pasó la prueba. No levantó ni una ceja, sólo estuvo sentado con su silla hacia atrás de la mesa, mirando a Hunter, dándole la palabra―. Además ―continuó Hunter―, mis compañeros de cuarto, Manohar y Brian… ―Señaló al sujeto indio y a su amigo―… me dijeron que esta clase no estaba llena, y que tenía un montón de hermosas mujeres.

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Ahora todos los chicos se echaron a reír, y una de las chicas en el otro extremo exclamó: ―¡Estás dentro! Summer se volvió hacia mí. ―Adoro a esta persona. ―Seguro lo haces ―murmuré. Las chicas siempre lo hacían. Incluyéndome. ―Su caballo, señor ―dijo Gabe. Hunter le entregó a Gabe una hoja de papel. Él tuvo el descaro de darnos una sonrisa sobre su hombro y saludarnos con dos dedos cuando salió de la habitación. Gabe examinó el papel, después lo sostuvo en alto para que pudiéramos verlo. Todo el mundo se inclinó hacia adelante, entrecerrando los ojos. Era el equipamiento de un caballo (la brida, riendas, silla de montar) todo en su lugar como si el mozo de cuadra los hubiera puesto en un caballo. Había incluso una escoba para el estiércol. Sólo faltaba el caballo. Era un mensaje. Para mí. Él había sido objeto de burlas por ser mi mozo de cuadra en los últimos seis años en la escuela, y, finalmente, ya no estaba debajo de mí. Ya no quería ser llamado un mozo de cuadra. No le iba a gustar mi historia. ―Todos a favor de que Hunter Allen se una a la clase ―dijo Gabe―, levanten la mano. Todo el mundo en la sala levantó la mano, excepto yo. Summer se volvió hacia mí y preguntó en voz alta: ―¿Por qué no estás levantando la mano? Después de esto Summer y yo íbamos a tener una charla acerca de la sutileza y el secreto, porque maldita sea. Yo dije: ―Creo que ya tenemos suficientes estudiantes. Es una clase destacada y estamos tratando de mantener el tamaño de la clase pequeña. Es hasta un tope de doce. ―Es hasta un tope de trece ―me corrigió Gabe. ―Debe ser un tope de doce ―dije―. Y ya hemos arreglado el programa para hablar de nuestras historias. Podía sentir a Summer mirando al lado de mi cara. ―¿Estás drogada?

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Levanté mi voz a través de las carcajadas de los chicos al otro lado de la mesa. ―Estoy labrando mi camino en la universidad, y estoy preocupada por conseguir el mejor valor para mi dinero duramente ganado. Summer se rindió y volvió a Gabe. ―¿Puedo tener el voto de Erin? ―No ―dijo Gabe. ―Entonces, ¿puedo votar dos veces? ―preguntó Brian. La clase rió entre dientes. Manohar le dio a Brian una mirada de indignación. ―¡Porque él es mi compañero de cuarto! ―exclamó Brian hacia Manohar―. Sólo porque soy gay no significa que me gustan todos los hombres, pervertido. Hunter abrió la puerta y se apoyó hacia el aula. ―No voy a fingir que no oí nada de eso. ―Se retiró y cerró la puerta. ―Ella está en desventaja de todos modos ―dijo Gabe―. Parece que tenemos un décimo tercer estudiante. ―Me miró y frunció los labios, perplejo... en medio de un aplauso de la clase, arrastró la pesada silla hacia atrás y se dirigió a la puerta para dejar que Hunter entrara. Los violines chirriaron en repetidas ocasiones, como cuando la heroína está a punto de recibir una puñalada en una película de terror, pero no creo que nadie más los escuchara excepto yo... los violines se fueron ahogando por los aplausos en aumento cuando Hunter siguió a Gabe en la habitación. Gabe se sentó a la cabecera de la mesa e hizo un gesto hacia la única silla vacía, a los pies. Mientras Hunter rodeaba la mesa, hizo una pausa para extender las dos manos y darle una palmada simultanea a Manohar y a Brian en la parte posterior de sus cabezas. ―No me advirtieron del caballo. Brian se precipitó detrás de él desde su silla. Hunter aceleró instintivamente, corrió un paso, luego ralentizó a su paseo habitual. Se dejó caer en la cómoda silla en el extremo de la mesa como si todo el episodio hubiera tomado una gran cantidad de energía de él. Inclinado sobre un apoyabrazos, miró a los ojos de la chica a su derecha por debajo de su cabellera rubia y dijo lo suficientemente alto como para que toda la clase escuchara: ―Estoy muy contento de estar aquí. Los chicos rieron, las chicas lanzaron risitas, y toda la química del salón de clases callado había pasado a ser de estudiantes de primer año miedosos a

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una clase de escritura acogedora, simplemente porque Hunter se había unido a nosotros. Gabe se estaba ocupando de nuevo de las tareas administrativas. Las copias de las historias tenían que ser entregadas al adicional estudiante… el sujeto, Kyle, cuya historia estábamos leyendo hoy, no tenía una copia extra para Hunter. Tampoco la otra chica. Yo sí, pero demonios si voluntariamente daba esa información. No importa... la chica sentada al lado de Hunter, Isabelle, ya había leído las historias en la biblioteca, como se suponía que todos habíamos hecho, y deslizó sus copias frente a él. ―Ya expliqué esto ―dijo Gabe―, pero vale la pena repetirlo. Cuando tu historia está siendo discutida, no te vas a unir a la discusión. Escritura creativa tiende a ser muy personal. Estamos más a la defensiva de lo que pensamos. Si se les permite responder a todo lo que sus colegas escritores dicen acerca de su trabajo, el debate rápidamente terminaría en una discusión. Tendrán la oportunidad de responder a la crítica, pero sólo al final. Gabe seguía hablando. Él estaba diciendo que íbamos a discutir la historia de Kyle, luego la de la chica. Diez minutos antes, me habría aliviado por no ser para nada la primera, pero ahora el retraso significaba dos tercios de un período de clase de tortura hasta que Hunter leyera mi historia. Pretendí volcar toda mi atención en la historia de Kyle en frente de mí, pero por el rabillo de mi ojo vi a Hunter. Se arrastró a través de las tres historias. Se detuvo en una, examinando el título. O la línea de fondo. La deslizó fuera de la pila y la puso en la parte inferior.

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Traté de responder inteligentemente a las dos primeras historias. Las había leído en la biblioteca y tomé notas sobre ellas... no eran de mi gusto. La historia de Kyle estaba contada desde el punto de vista de un lobo cuyo ecosistema se desvanecía, un cuento del medio ambiente apocalíptico, aunque me di cuenta de su descripción del bosque y su acento en clase que rara vez había explorado más allá de los límites de Brooklyn. La historia de la chica era acerca de un anciano sentado en un café y reflexionando sobre su arrepentimiento de las cosas que quedaron pendientes en su vida. Me hubiera quedado dormida, si el hombre no se hubiera enfocado en tanta cafeína. Sin embargo, las críticas constructivas eran parte de esta clase y parte de nuestro grado, por lo que en nombre de la comunidad de escritores y mi puesto de interno; hice lo mejor que pude al decir algo útil con una voz temblorosa que le dijo a Hunter que mi corazón estaba haciendo acrobacias a la espera de mi turno. Finalmente todo el mundo deslizó “Casi una Dama” de sus pequeños montones y lo pusieron en la parte superior. Mi estómago cayó como si acabara de alcanzar el pico más alto de una montaña rusa y estaba a punto de caer en picada al otro lado. La cabeza de Hunter estaba de lado. Si no había estado leyendo mi historia antes, ahora lo estaba.

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―Manohar ―dijo Gabe―, ¿por qué no empiezas por nosotros? ―Manohar miró hacia mí y me sonrió. Uh-oh. ―En primer lugar ―dijo él―, quería comprobar algo. ¿Estoy leyendo esto bien? ¿Este Capitán “Vanderslice”… ―Hizo la cita con sus dedos―… obtuvo sus joyas de la familia por un disparo en la guerra? ¿No es robado directamente de “También Sale el Sol”, de Hemingway? ―Disculpa ―dije con arrogancia―.... es como que te diga que no puedes tener a alguien cruzando la calle en tu escena, porque James Joyce escribió sobre alguien cruzando la calle una vez. ¿En toda la literatura sólo un personaje puede recibir un disparo en la cabeza? Todo el mundo alrededor de la mesa se inclinó hacia delante. Centré mi ira sobre Manohar, pero pude ver a los otros estudiantes en mi visión periférica y sentí como el aire de la habitación se calentaba. Sólo Hunter descansaba en su cómoda silla, leyendo mi historia, frío como siempre. ―Ahora estás usando el término “literatura” de manera muy informal ―dijo Manohar, con más citas con los dedos―. Se lee como una novela romántica ―Lanzó el cabello largo imaginario por encima de su hombro―. Ella lo vio desde el otro lado de la habitación y sabía que él era el indicado para ella, el mozo de cuadra. ―¿Has leído un montón de novelas de romance? ―le preguntó Summer. Varios sujetos abuchearon a carcajadas. Habría sonreído también, si no hubiera estado en mi lecho de muerte. Manohar se puso rojo, pero se reía. ―Yo… ―Comenzó a decir. Summer no se estaba riendo. ―Porque basarías ese juicio sobre algo, ¿verdad? ―Me sentí mal de que estuviera hablando fuera de turno en vez de mí, desobedeciendo a Gabe en mi nombre. Por otro lado, ella era mucho más linda que yo, y más difícil para estar enojada con ella. Manohar sólo inclinó su cabeza mientras ella despotricaba. ―Todo el mundo sabe cómo va una novela de romance… ―comenzó de nuevo. ―No, si nunca han leído una, no saben ―insistió ella. Él habló sobre ella. ―Todo lo que estoy diciendo es que no hay lugar para ese tipo de mierda en la clase destacada de escritura creativa ―Su voz se elevó al final de su declaración debido a que varias chicas jadearon cuando dijo mierda―. Sé

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que no soy el único en esta clase, que cree que sí. No se supone que escribas una novela romántica en una clase destacada de escritura creativa. ―No sabía eso ―dije, tratando de mantener mi voz uniforme, deseando sacar las lágrimas de rabia de mis ojos. ―¿Cómo podías no saberlo? ―insist ió él―. ¿En la secundaria, la gente no se burlaba de ti por escribir novelas románticas? ¿Incluso por leerlas? ―Por supuesto que sí. ―Mi mano golpeó la mesa. Todo el mundo saltó, incluyéndome a mí. Quité la mano de la mesa y me senté sobre ella. ―Mi error fue suponer que cuando llegara a la universidad, la gente no sería tan imbécil. Dios me libre de seguir una carrera escribiendo novelas de romance. El romance ocupa sólo el cincuenta y tres por ciento del mercado de libros de bolsillo, y me gustaría ganar un ingreso constante mientras que el resto de ustedes están viviendo en los sótanos de sus padres, escribiendo novelas acerca de lobos muertos… ―¡Hey! exclamó Kyle―… siendo rechazados del New Yorker, y acabándose a sí mismos. Dos chicos en el otro lado de Summer se echaron a reír juntos. Podía verlos sobre su cabeza. Uno de ellos dijo en voz muy alta en un falso acento más similar al de Tennessee que de Kentucky: ―¡Dios me libre! ―Estás asumiendo que esto es publicable… ―me dijo Manohar. Parecía seguro de sí mismo, un intelecto superior acabando a una chica sureña de la clase. Ahora sus cejas oscuras apuntaban hacia abajo en forma de V―. No es publicable. Podrías leerlo en voz alta y hacer un juego de “bebe uno” cada vez que dice seno. Y no creo que ninguna historia que aportes a la clase honorífica de escritura creativa deba contener ni siquiera en una sola instancia la palabra pezón. ―Corrígeme si me equivoco ―grité sobre las risas―, pero no hay nada en el plan de estudios de esta clase que diga que no podemos escribir pezón. ―¡Porque eso está sobreentendido! ―exclamó Manohar. ―¿En serio? ―le pregunté―. Tal vez sólo estás preocupado por el pezón personalmente. ―Todo el mundo está preocupado por el pezón ―dijo, cortando con golpes de karate a la gruesa mesa con cada sílaba―. Los escritores serios saben esto. No encontrarás un pezón en… el New Yorker. ―Ella no escribió esta historia para el New Yorker ―dijo Summer. Manohar hizo un gesto amplio con ambos brazos. Él golpeó a Brian en el pecho y no pareció darse cuenta.

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―¡Exactamente! ―sacudí mi cabeza―. No creo que esto sea acerca de mi historia en absoluto. Creo que es acerca de ti, Manohar. Se nota que leer esta historia te hace sentir incómodo, y me pregunto por qué. O eres un virgen muy curioso, o quieres un mozo de cuadra para ti solo. Manohar se quedó boquiabierto. Él no dijo nada. No tenía que hacerlo. Todos los chicos en la clase gimieron: —¡Oooooooooooh! ―Menos Brian, quien levantó la mano y dijo: ―Um, no, ese sería yo. ―Y excepto Hunter. Estaba bastante segura que Hunter no se había unido a los gemidos. No me atrevía a volver la cabeza para mirarlo. Mi cara ardía de rabia por Manohar, y de vergüenza porque me había hecho perder la calma y lo ataqué con una broma digna de la caballeriza de mi abuela, y preocupada por lo que Hunter podría decir. Leí los labios de Gabe más que escucharlo. ―Nunca hemos discutido qué tipo de escritura era aceptable para esta clase. Los estudiantes se silenciaron entre sí como si se hubiera puesto de pie y dio un puñetazo sobre la mesa, a pesar de que había hablado con su voz suave de costumbre, como si estuviera fuera tomando un café con uno de nosotros y hablándonos de agarrar una ola en el Pacífico. Ahora había un rumor pequeño de las preguntas: ―¿Qué dijo Gabe? ¿Ha dicho algo acerca del tipo de escritura de Erin? Pero nadie quería admitir que no había prestado atención. Después de todo, era sólo nuestra segunda clase. ―A favor de Erin ―dijo Gabe―, no hay un género específico. Espero que cada uno de ustedes se sienta libre para explorar el tipo de historias que los mueven, y para perfeccionar su arte para sus propios fines. Con ese fin… ―Se volvió a Manohar―… nuestras críticas del trabajo de cada uno de los demás deben ser constructivas ―Se volvió hacia mí, y traté de no rehuir―. Y tenemos que responder a esas críticas de una manera que deje el campo abierto a la comunicación honesta. El aire estaba cargado de tensión, todos los ojos en mí. Si esto hubiera sido la secundaria, me hubiera sentado en silencio y mortificada. Pero, ¿sabes qué? Un año de envejecer (no voy a decir madurez, teniendo en cuenta como acababa de perder los estribos, pero al menos envejecer) me había cambiado. Y la pasantía en una editorial era como la zanahoria sostenida más allá de mis labios, motivándome. Gabe había estado tomando notas durante todo el tiempo que Manohar y yo discutíamos. Debería haber sido más cuidadosa con lo que dije delante de él. Había escrito una historia sobre Hunter y no sabía si iba a volar mi tapadera. Así que me obligué a sonreír y dije:

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―Gabe, lo siento de verdad. Ahora veo cómo soné, y prometo que lo haré mejor la próxima vez. ¡Es difícil ser uno de los primeros! Él asintió con la cabeza, y Summer y algunas de las otras chicas se rieron nerviosamente. Manohar miró con desprecio hacia mi historia. Escribí PASANTÍA con letras mayúsculas en mi cuaderno de notas, como un recordatorio. ―¿Brian? ―soltó Gabe―. ¿Qué piensas de la historia de Erin? ―Me gustó ―dijo Brian―. Ese fue un buen mozo de cuadra. Tragué saliva y no miré a Hunter, y garabateé florituras alrededor de PASANTÍA. Una chica junto a Brian dijo que la primera línea de mi historia era la cosa más divertida que jamás había leído. A su lado estaba sentado Kyle, el chico que había escrito sobre el lobo. Dijo que mi primera línea había arruinado toda mi historia para él. Las próximos dos personas incurrieron igualmente en contradicciones y por lo tanto en inútiles comentarios, y luego vino Hunter. Sin embargo, Gabe saltó a Hunter para darle más tiempo para leer, y le pidió comentarios a Isabelle... las chicas restantes dijeron que les gustaba mi historia... a los chicos restantes no les gustó. Ya no me importaba nada. Mi debut como autora en Nueva York ya estaba arruinado. Ahora estaba sólo preocupada por si se habían dado cuenta de que el mozo de cuadra sobre el que había escrito era en realidad el mozo de cuadra sentado al final de esta mesa. ¡Una imagen extraña, dirían! ¡Una descripción sorprendentemente precisa! ¡Obviamente escrito por alguien enamorada de Hunter Allen! Pero poco a poco me di cuenta de que nadie se había dado cuenta de que esta historia era sobre él. Nadie sospechaba que había puesto un personaje en mi historia que, un período de clases más tarde, al azar se presentó en la clase. Ni siquiera saben que nos conocíamos. A menos que él les dijera. Summer tomó su turno, apresurándose en mi defensa con tal entusiasmo que era evidente que estaba hablando como mi compañera de habitación, no como una colega escritora. ―Ah, y una cosa más ―Ella miró directamente a Manohar―. ¡Pezón! ―La clasese rió. Le sonreí a Summer y ella me sonrió a mí. En ese momento la quería mucho y casi la perdonó por el anterior alboroto sobre mi ropa. ―Hunter, ¿qué te parece? ―preguntó Gabe. Todos en la sala miraron a Hunter a la expectativa. Yo miré hacia abajo. ―Oh, no debería comentar ―dijo Hunter, uno de los lados de su boca se curvó en una sonrisa encantadora y una que mostraba hoyuelos. Yo no lo vi porque estaba mirando a David hojeando el pezón de Rebecca. No tenía que ver la sonrisa encantadora de Hunter para saber que estaba allí. Él continuó: ―No he tenido la oportunidad de leer con suficiente atención.

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―Has comentado en las dos primeras historias ―señaló Brian. ―Eran más cortas ―dijo Hunter.

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―Esta fue una historia larga ―afirmó Isabelle―. Casi tuve un ataque al corazón cuando la vi en la biblioteca. Son trece páginas de largo. Para mí, escribir cinco es como sacar dientes. Sobre el áspero murmullo general de aprobación que se produjo acerca de la duración de la maravillosa “Casi una dama”, Manohar me habló sobre la mesa. ―Felicitaciones. Has escrito una historia muy larga. Le saqué mi dedo medio. Gabe agarró mi mano, la bajó suavemente a la mesa, y le dio dos suaves golpecitos sin mirarme. Se aclaró la garganta... la clase se tranquilizó, y preguntó de nuevo: ―¿Hunter? Hunter había estado hablando con Isabelle. Ahora miró a Gabe, luego volvió sus hombros deliberadamente y se encontró con mi mirada. Él sonrió. Yo había conocido a Hunter por un largo tiempo. Ésta no era su encantadora sonrisa despreocupada. Era tirante y falsa. Nunca deliberadamente la mostraría, pero sospechaba que estaba furioso conmigo. ―Erin ―dijo―, soy de Long Island, pero he pasado algún tiempo en torno a Churchill Downs, en Louisville, y he estado en fiestas con gente a caballo. Has captado perfectamente la experiencia. Isabelle dijo: ―Su historia está ambientada en los mil ochocientos. Hunter asintió con la cabeza, con los ojos todavía en mí. ―Las fiestas no han cambiado. ―Muy bien, Erin ―murmuró Gabe―. Es finalmente tu turno para hablar. Abrí mis labios. Tenía mucho que decir en defensa de mi historia hace treinta segundos antes. Pero no podía pensar ni en una sola réplica con Hunter mirándome a través de esos ojos azules claros, llevando esa sonrisa tensa. Él nunca había estado en una fiesta de caza hasta donde sabía... lo más cercano que había llegado era la noche del Derby en mayo del año pasado, cuando me silbó desde el patio y me entregó mi reproductor de música y audífonos, los cuales había dejado en el estante de la oficina del establo. Ahora estaba recordándome que mi granja de caballos ahora era suya. Mis caballos, mi casa, mis fiestas.

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Durante el verano, probablemente lanzaría fiestas por sí mismo. Miré hacia abajo y dibujé fuegos artificiales explotando alrededor de la PASANTÍA. ―Dije todo lo que quería decir cuando hablé fuera de turno. ―¿Estás segura? ―me preguntó Gabe―. Va a la una, va a las dos... ―me mordí el labio y asentí con la cabeza―. Es una gran cosa el ir primero ―Gabe se dirigía a toda la mesa―. Y creo que todos estos autores merecen un aplauso. Hubo aplausos, y vítores, y alguien gritó: ―¡Pezones! ―Escriban duro ―dijo Gabe―, y nos vemos el jueves. Las patas de las sillas rechinaron hacia atrás contra el piso de madera. Todo el mundo estalló en conversaciones, que habían estado reprimiendo por tener unos con otros en su camino a clase; antes de que Hunter hubiera llegado a aflojar todo. En medio de este bullicio al salir, Gabe inhaló profundamente por la nariz, expandiendo su pecho corpulento. Sacó un pañuelo teñido de su bolsillo y lo puso en su frente. ―Oh… ―Estaba a punto de decir “Gabe”, pero me detuve ya que todavía no estaba segura de cómo llamarlo―, ¿eso es por mí? Lo siento mucho si hice que te limpies la frente. Él se rió entre dientes. ―La primera sesión de crítica es siempre la más difícil. Y algunos semestres son más difíciles que otros. Lo voy a lograr. No te preocupes por mí. Seguía sonriendo mientras deslizaba su copia de “Casi una Dama”, salió de su silla, y dejó la habitación. Pero me preguntaba: ¿había querido decir que debería estar preocupada en cambiar mí persona, mi escritura, mi grado, mi carrera? Mientras las personas pasaban detrás de mí para escapar de la habitación, dejaban caer sus copias de mi historia delante de mí. Normalmente las hubiera ojeado inmediatamente para leer los comentarios, a pesar de que iba a llegar tarde al trabajo. Pero necesitaba hablar con Hunter primero. Y él estaba coqueteando con Isabelle. Me esforcé para escucharlos sobre el murmullo de otras voces. ―Cálculo me está pateando el trasero ―le dijo. ―¿Va demasiado rápido para ti? ―se burló ella de él. ―No, parece vagamente familiar a la secundaria. Esta Asistencia Técnica, no sé de dónde es, pero... ―¿Tenía un acento muy interesante en Inglés?

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―¿Estaba hablando Inglés? Sinceramente, no lo sé. Isabelle se echó a reír.

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―Reclama. No debería haber sido puesto al frente de una clase si sus alumnos no lo pueden entender. ―No quiero ser la persona que le quite a este tipo su beca. Sí, claro, juega la carta de la empatía. Hunter era bueno en hacer que las personas piensen que le importan, hasta que los apuñalaba por la espalda. ―Consigue uno de esos programas de computador que te enseñan una lengua extranjera ―sugirió Isabelle. ―Esa sería una buena idea si supiera en qué idioma estaba hablando. Hunter era gracioso. Esta era una conversación divertida que debería estar teniendo conmigo en lugar de esa perra, ¿quién se creía que era? Poniéndome de pie, forcé los ejemplares de “Casi una Dama” en mi mochila, junto con mi libro de Cálculo de trece kilos y mi libro de veintitrés kilos para el estudio de Principios de Literatura Norteamericana (no es mi materia favorito, mucho sobre la predicación puritana sobre la virtud, ¡bah!) y mi ordenador portátil. Manohar estaba de pie junto a su silla, también, mirándome y aún sonriéndome. Dejé mi mochila en mi silla y me incliné sobre la mesa con tanta rapidez que dio un paso atrás. Me las arreglé para no reírme ya que lo había asustado. Extendí mi mano. ―Sin rencores ―le dije―. No estoy de acuerdo con tu crítica, pero la aprecio. ―Creo que me tomó la mano sólo porque estaba muy sorprendido. ―No hay problema ―dijo. Parecía recuperarse, y tomó mi mano lo suficientemente fuerte para que doliera―. Disculpa si estuve fuera de lugar. Saqué mi mano fuera de su agarre. ―No te preocupes. Lo tendré presente. Si escribes una mierda machista ultraviolenta de acción y aventura para tu primera historia, tu trasero es mío. Había pensado que Summer estaba en una profunda discusión con el sujeto a su lado, pero cuando dije esto, ella gritó de risa, y dijo entre risa más bajo “lo siento” y se volvió hacia el otro sujeto. ―Que empiece el juego, Kentucky ―me dijo Manohar. Sonriendo como si de verdad le tuviera ganas al juego (lo que lo hacia el único de los dos), se pasó una correa de su mochila al hombro y salió. Isabelle finalmente había dejado solo a Hunter.

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Levanté mi abultada bolsa de libros y caminé a lo largo de la mesa. Hunter estaba sentado en su poderosa silla como si estuviera a la cabeza de la mesa en lugar de los pies, escribiendo en su copia de mi historia. Mientras me acercaba, me miró y me lo ofreció. No sonrió cuando dijo: ―Hola, señorita Blackwell. Al tomar la historia de él, me di cuenta por primera vez ese rastrojo madrugador dorado que brillaba en su duro mentón. Chillé: ―Hola, Hunter. Él sonrió entonces, la sonrisa carismática que conocía de la escuela. ―Gracias por no volar mi tapadera acerca de ser de Louisville. Les dije a mis compañeros que soy de Long Island. ―¿Por qué? ―le pregunté. Porque eso es un poco extraño, teniendo en cuenta que has robado mi granja de caballos en Louisville, quería añadir. Tracé la S de PASANTÍA con mi dedo en el muslo de mi pantalón y mantuve la boca cerrada. ―Porque la gente aquí piensa que los del Sur son estúpidos ―dijo―. Además, realmente soy de Long Island. Le fruncí el ceño y me volví para asegurarme de que todos los demás en la sala se habían ido. Sólo Summer me esperaba en la puerta, apoyada contra el marco y hablando con Brian. Miré de nuevo a Hunter y dije suavemente: ―Te mudaste de Long Island a Kentucky antes del séptimo grado. ―Nunca sentí como si perteneciera a ese lugar ―di jo él. Hasta ahora. Había tanta ironía en las palabras no dichas entre nosotros. De alguna manera tenía que intervenir el pasado y conectarme con él. ―Te oí quejarte de tu instructor de cálculo ―le dije―. Siempre y cuando est és reorganizando tu horario, tal vez podrías transferirte a mi clase. Tengo que ir a trabajar ahora, así que no me puedo quedar y decirte al respecto… ―Esa era una débil excusa. Me habría dado un plazo adicional de treinta segundos para darle el nombre de mi instructor y el horario de clase―, pero tomo un descanso a las nueve. Si quieres pasarte por ahí, estaría encantada de hablar contigo. Estoy en la cafetería en la esquina de… Él asintió con la cabeza. ―Sé cuál es. Te he visto allí. Iré a las nueve. ¿Me había visto allí? No lo había visto desde la noche de graduación, cuando él y mi abuela dieron el golpe. Me moría de ganas de abofetearlo. O darle un beso. Pero no había ninguna muestra física de la emoción pasando entre nosotros, capa sobre capa, los estratos superiores empujando a los inferiores

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bajo una enorme presión. Simplemente me di la vuelta y salí del salón de clases, “Casi una Dama” flotando por delante de mí. Pero necesitaría para mí esas capas cuando lo encontrara solo. Tenía que callarlo antes de que él le dijera cualquier cosa sobre mí y mi mozo de cuadra a Gabe. No podía dejar que Hunter Allen arruinara mi vida. Una vez más.

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Capítulo 3
Le di un vistazo cauteloso cuando pasé a un lado en el pasillo fuera del aula. Yo esperaba que me siguiera por las escaleras. Brian había desaparecido, pero Hunter, sentado a los pies de la mesa, todavía podía oírnos. —¡Sí, de verdad! ―Ella me siguió por las escaleras—. Tú eres un perro de ataque. Te he visto en acción. Nunca me olvidaré de cómo le ladrabas a ese taxista el otro día. —Tienes que ladrarle a los taxistas o toman ventaja de ti. En realidad, yo nunca había hablado con un taxista antes, porque yo nunca hubiera tenido el dinero para tomar un taxi. Pero justo después de encontrarme a Summer hace cuatro días, me acuerdo de derrochar y compartir un taxi hasta el MoMA con ella, y terminó discutiendo con el taxista sobre el excesivo precio. Desde entonces, yo había deseado devolver el dinero. —Pero comenzamos a discutir tu historia, ¿y te derrites? —preguntó Summer. Habíamos llegado a la parte inferior de la escalera, y ella empujó la puerta delante de mí, a la calle. El crepúsculo me sorprendió —como siempre. En Kentucky, en este momento, una hora de la luz del día se habría mantenido, con suavidad en retirada por las colinas cubiertas de hierba, en el borde de los árboles de la pradera occidental. Allí los edificios de cinco pisos, creaban un cañón artificial, paredes bloqueando el sol. La noche llegó pronto. Summer pareció no darse cuenta. Ella estaba sobre mí. —Tuve que ir en tu defensa. Gabe finalmente te dio la oportunidad de hablar y no dijiste nada. Si yo no te conociera, diría en un momento, ¡que el tonto de Manohar te hizo llorar! Tú debías tener algo en el ojo. —Debí tenerlo. —Volví a mirar a la entrada del edificio para asegurarme que Hunter no nos había seguido. Luego señalé hacia abajo de la acera en dirección a la cafetería. Mis cinco minutos de control de daños con Hunter ya me habían retrasado. No había libertad de acción en mi agenda. —No quiero que te desanimes a causa de alguien como él —insistió. Yo estaba caminando rápido, y ella tuvo que seguirme el ritmo. La gente corriendo a casa del trabajo con nosotras a un lado y viendo el alboroto por las esquinas de sus ojos a medidas que nos pasaban—. Vas a terminar de escribir tu novela, ¿no? —No.

―¡N

o puedo creerte!―exclamó Summer.―¿En serio?

Traducido por hanna Corregido por Mely

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—¿Por qué no? —insistió—. ¡Me encanta la historia! A todas las chicas de la clase también, no es que escucharas sus comentarios. Después de que Manohar fue tan duro, te encontrabas en el espacio exterior. Tú sólo escuchaste los comentarios negativos. Yo estaba mirando. Tus orejas tiesas cuando el Chico-Lobo dijo que odiaba la primera línea. Pero muchos de nosotros disfrutamos de tu historia. ¿Por qué no terminas la novela para tratar de que sea publicada? Olvídate de Manohar. —El mercado de novelas románticas es más estrecho de lo que solía ser. Ella se encogió de hombros. —Estoy segura que todavía publican nuevos autores. —Correcto, si los autores siguen las reglas del juego. Para un escritor nuevo tratando de entrar, eso es muy importante. “Casi una dama” no sigue las reglas. —¿Qué pasa con ella? —Ella sonaba realmente curiosa, por lo que me pedía, torció el cuello para mirar hacia arriba en la parte superior de los edificios. Nada dijo de su temor sureño, y yo esperaba que ella estuviera sobre él antes de que me hiciera quedar como un paleto por asociación. —Una heroína histórica tiene que ser toda inocente y virtuosa y toda esa mierda —le dije—. Ella no sólo puede querer a alguien como Rebecca. Y mi héroe, David, es completamente erróneo. Un héroe histórico no puede tener la misma edad que la heroína. Él es mucho mayor. Es respetado en la comunidad, o de lo contrario deberían respetarle, si sólo no hubiera sido sospechoso de asesinato. ―¿Qué? ―Summer estaba escuchando ahora. ―Es como estas historias van ―le dije―. Pero el héroe histórico se librará del crimen en el transcurso de la historia. ¡Tal vez la heroína le ayudará por su cuenta y riesgo! Y el héroe histórico tiene toneladas de dinero. Podría haber heredado un título, también, porque las novelas históricas se realizan principalmente en Inglaterra en el siglo XVIII. Si se realiza en América está pidiendo ser rechazada. Por lo que hace a mi héroe un mozo de cuadra. ―Entonces, ¿por qué no escribir de esa manera? Pensé que estabas tratando de conseguir publicar una novela. ―Yo escribí la historia que ha estado en mi cabeza ―Tomé una respiración profunda y terminé con: ―Hunter es el mozo de cuadra. ―Esperé un momento. Vi una rata. Ella se lanzó a la calle lateral por dónde estábamos pasando, hacia un contenedor de basura. ―¡Mi primera rata en Nueva York! ―me dijo por encima del hombro―. ¡Es tan linda!

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―Cuidado ―dije, de nuevo―. Saltan. ―El adorable bicho saltó hacia ella porque estaba gritando en la calle. Summer se acercó y me sacudió por los hombros. ―¿Por qué no me avisaste? ―Debido a que estabas persiguiendo una rata, diciéndome lo linda que era. Dejó ir mis hombros, pero siguió frunciéndome el ceño. ―¿Hunter es el mozo de cuadra? Pensé que David era el mozo de cuadra. Con la mención de Hunter, Nueva York se agudizó para mí: la calle azul tatuada con líneas amarillas. Un edificio de ladrillo marrón en un lado de la calle y otro de mármol gris en el otro. Pequeños árboles plantados en la acera, hojas ya de color rojo ruborizado a mediados de septiembre. Un escaparate que reflejaba mi cabello, una mancha de color naranja en medio de la ciudad. Había pensado que mi verano aquí había sido la experiencia de toda una vida, pero la sola idea de Hunter intensificaba eso―porque me había tomado casi fuera de mí. Y él no podía quitarme ahora. ―Vamos ―dije a Summer―. Voy a llegar tarde. ―Cuando ella trotó a mi lado otra vez, tres pasos por dos míos, expliqué: ―David es el mozo de cuadra en mi historia. Está basado en el modelo de Hunter, de la clase. Hunter de penetrantes ojos azules y soñadores, buena apariencia y el invisible caballo. ―¡Oh, Hunter! ―dio una palmada con ambas manos sobre su boca, luego jadeó―. ¿Cómo sucedió esto? ¿Te reuniste con él en el dormitorio y basaste ese personaje en él, pensando que nunca lo leería porque no estaba en nuestra clase? ¡Qué humillante! ―No exactamente ―murmuré―. Quiero decir, sí, es humillante, pero yo lo conocía de antes. Me miró. ―¿De tu verano aquí? Habíamos llegado al borde el parque, donde dos caballos policías, uno castaño y el otro gris, estaban atados a longitudes de distancia. Mientras esperaban, ellos relinchaban el uno al otro necesitando asegurarse que no estaban solos en esta extraña ciudad. Sentí una punzada, y un impulso de repente de tocar un caballo, de recorrer mis dedos a través de una dura capa. Podría ser arrestada. Me aparté de los caballos y tragué saliva. ―No, desde casa. ―¿En Kentucky? ―chilló―. Pero cuando se presentó en la clase, dijo que era de aquí. ¡De Long Island!

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Asentí.

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―Su padre solía trabajar con los caballos en Belmont. Fue por eso que mi abuela contrató a su padre en primer lugar. Él y Hunter se trasladaron a la granja cuando Hunter y yo estábamos en la escuela media. ―¿Quieres decir, que se mudó a tu ciudad y trabajó en tu finca? No, significa que en realidad se trasladó a tu granja, ¿no? Oh, Dios mío. ―Bueno, tenemos casas pequeñas, y eran solamente ellos dos. La mayoría de las familias no quieren vivir en la granja, pero ellos lo hicieron. ―Hay casas pequeñas ―repitió con incredulidad. ―Hunter y yo fuimos amigos al principio, y luego nuestros padres tuvieron una riña ―Sacudí la cabeza para no detenerme en esa horrible noche―. Él y yo nos evitamos el uno al otro por el resto del verano. Y cuando la escuela comenzó en el otoño, alguien descubrió que su padre trabajaba para mi abuela, y que Hunter ayudaba en la granja, también, a veces, y todo el mundo comenzó a llamarlo…esperando que… ―Mozo de cuadra ―entonó Summer. Entonces me agarró el brazo―. ¡Yo tenía razón! ¡Eres Rebecca en tu historia! ¡Estas cargada de dinero! ―Estaba cargada ―murmuré. ―Sin embargo, Hunter está cargado también ―insistió Summer.―Él llevaba un Rolex. ―Me di cuenta. Fue un bonito detalle por parte de mi abuela. Lo que ocurrió fue…―La miré cuando dio un paso adelante. Vi el movimiento más allá de sus hombros. En un instante lancé mi brazo delante de ella sólo antes de que caminara fuera de la acera y en el camino de un taxi. ―Hey ―se quejó. Entonces vio el taxi. Sus ojos se abrieron―. Whoa. Me llevé la mano a mi corazón y respiré por la nariz para calmar la adrenalina. ―Tienes que estar más alerta hasta que estés acostumbrada a c aminar por la ciudad ―la regañé―. Los accidentes ocurren. ―Todo el mundo en mi escuela secundaria hablaba acerca de una chica editora de un periódico de hace mucho tiempo ―exclamó Summer―. Ella fue a Nueva York con una beca y fue asesinada en un cruce de peatones por un taxi en su primer día. ¡Casi fui esa chica! ―En mi escuela secundaria decían la misma historia ―le aseguré―. Es un mito urbano diseñado para asustar y mantenerte en casa. Basta con mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, ¿de acuerdo?

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Parpadeó al zumbante tráfico delante de nosotras hasta que la luz cambió y entramos en el cruce de peatones. ―Lo que pasó fue…―me pidió. Eché un vistazo a la calle otra vez, ahora paranoica sobre los taxis a toda velocidad. Estábamos cruzando la Quinta Avenida. Las casas de la ciudad de cinco pisos se convirtieron aquí en elegantes hoteles de veinte pisos, tallados en piedra en todos los rincones de los edificios. Diez cuadras más arriba, el edificio Empire Estate, ya resplandeciendo blanco contra el cielo rosa, se asomaba alrededor de los hombros de los edificios más pequeños frente a él. Me acerqué a la acera opuesta. ―Cuando mi abuela tenía nuestra edad, obtuvo un título en negocios aquí en Nueva York para que pudiera hacer funcionar la granja de caballos de su familia. Ella quería que yo hiciera lo mismo y asumir el control algún día. ―Creo que estás especializándote en Inglés ―protestó Summer. ―Lo estoy. Unos días antes de graduarme de la secundaria, admití que yo quería venir a la universidad aquí, pero que no estaba interesada en los negocios. Yo estoy interesada en español para poder escribir novelas románticas. ―¿Y ella enloqueció? ―preguntó Summer. ―Mi abuela no enloqueció ―Sentí mis fosas nasales mientras pensaba en ella―. Esperó hasta la noche de graduación, cuando yo había llegado para cambiarme entre la ceremonia y la fiesta. Ella me llamó a su oficina. Hunter ya estaba allí. Ella me informó que no me necesitaba de todos modos. Puesto que la sangre no era claramente mejor que el agua, ella le daría a Hunter mi dinero para la universidad. Él estudiaría negocios aquí, a continuación, llevaría la granja de caballos. Y cuando ella muera, él heredará la granja de caballos por su lealtad. ―¿Qué? ―chill ó Summer. Pero tuvo que colocar su paso detrás de mí, en una sola fila. Habíamos llegado a una parte de la acera con una sobrecarga de andamios para construcción para que los trabajadores de construcción del edificio no consideraran la caída de algún peatón con los bloques de cemento. Seguí hablando sobre mi hombro cuando entré en el pasillo lleno de gente que forman dos carriles de tráfico. ―La peor parte es que debería haberlo visto venir. Nuestros compañeros de secundaria hablaban de la Universidad de Louisville y la Universidad de Kentucky. Hunter siempre movía la cabeza y decía: “Yo voy a salir de aquí”. El pasaje se redujo a un sólo carril. Un gran charco de la lluvia de anoche bloqueaba la mitad de la anchura de la acera, colillas de cigarro y un

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envoltorio de galletas de la fortuna flotando en el borde, como tímidas aves zancudas en un océano frío. ―Así que no tiene sentido para mí que él aceptara la oferta de mi abuela para hacerse cargo de la granja ―dije mientras me abría paso entre la multitud alrededor del charco―. Sí, va a obtener una educación gratuita, y está saliendo de Kentucky por algunos años. Pero entonces tendrá que volver. Por el resto de su vida. Sabiendo cómo se siente, estoy sorprendida de que estuviera de acuerdo con el plan. Incluso por el dinero. Incluso por ella. Había sido un tiempo desde que Summer me había interrumpido, lo cual era inusual. Una posición firme contra el charco, esperando cortésmente una interrupción en los peatones que se acercaban. ―Avance ―La mujer vestida de sari detrás de Summer la reprendió con un acento retintín―. No vamos a estar aquí todo el día. Di un paso atrás en la corriente de gente, dejé que me arrastraran de nuevo cerca de Summer, y la agarré por la muñeca. Tiré de ella más o menos contra la corriente, haciendo caso omiso de la media mirada de los demás peatones. Mi mochila golpeó a un hombre en el hombro y me dijo algo brusco. Aferré la mano de Summer y la saqué de debajo de los andamios. Nos fuimos a la luz del abierto crespúsculo. Suspiró con alivio. Y yo contuve mi propio suspiro. ―¿Cuánto tiempo te llevó para cambiar de una agradable, normal sureña a una endurecida residente de Nueva York? ―exigió. ―Un par de horas, pero yo estaba viviendo en un pequeño apartamento de dos dormitorios en la cocina del infierno con cinco compañeras de habitación. Miré mi reloj barato, ya que había dejado mi propio Rolex en mi caja de joyas en la casa de mi abuela. Ya estaba muy retrasada para el trabajo. Aumenté mi paso, y Summer prácticamente corría a mi lado. ―Durante el verano yo tenía dos trabajos y mandé lejos el dinero. Estaba demasiado ocupada para pensar en lo que mi abuela y Hunter hacían. Sin embargo, la semana pasada, comencé a obsesionarme con Hunter. Sabía que él estaba aquí. Sospechaba que estaba en el programa de honores y vivía en nuestros dormitorios de honores. Tal vez estaba un poco entretenida fantaseando en que podíamos conectar, que de algún modo resolviéramos nuestros problemas en lugar de empeorarlos. Escribí la historia para disfrutar de esa fantasía. No tenía idea que iba a aparecer en la clase. ―A pesar de que la cafetería estaba a la vista, me detuve en la acera y me volví hacia Summer con exasperación, recordando lo que había hecho―. Traté de mantenerlo fuera de la clase, ¡Señorita Puedo Tener El Voto De Erin! Tenemos que desarrollar un lenguaje mejor que el silencio si vamos a ser amigas. Cuando gima como que me estoy muriendo, quiere decir: no dejes que me destrocen en la clase de escritura creativa. Mi historia es acerca de él.

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Summer dio un respingo. ―Lo siento. Y tú lo sientes. Puedes pedirle disculpas.

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―No me importa él ―mentí―. Me preocupo por ganar las prácticas editoriales de las que te hable. ―¡Oh, no! ―Se dio una palmada con las manos sobre su boca. Ella sabía lo mucho que necesitaba las prácticas. ―No quiero que Hunter le diga a Gabe que es el mozo de cuadra ―le expliqué―. Porque entonces Gabe va a pensar que no estoy en serio en la clase de escritura creativa. Todo lo que Hunter tiene que hacer es abrir la boca y va a arruinar todas las oportunidades que he tenido en este trabajo. ―No llores en la calle ―susurró, caminando junto a mí―. Dicen que atrae a los ladrones. Fue entonces que me di cuenta que mi voz había aumentado a un grito histérico que hizo eco en contra de los escaparates de cristal. Los empresarios ni siquiera me miraron cuando se apresuraron a pasarnos. Miré a nuestro alrededor y me aseguré que Hunter no estuviera entre ellos. No lo estaba. ―Voy a verlo en la cafetería a las nueve ―le dije a Summer―. Para tratar de persuadirlo de que no diga nada a Gabe al respecto. Pero yo no agrado. La gente lo mira a él y quiere ir a su lado y ayudarle. La gente me mira y quiere ganar cualquier juego que están jugando conmigo. Esperaba estar medio equivocada en esto, pero Summer no lo negó. ―Sólo porque eres tenaz. Tú llamas a los problemas. Es una buena señal que Hunter estuviera de acuerdo de encontrarse contigo, por lo menos. Eso significa que no puede estar muy enojado contigo. ―Sí, él puede. Hunter puede estar furioso contigo, y seguir siendo cortés ―Al igual que mi abuela. Se me hizo tarde. Me despedí de Summer y le dije sobre mi hombro: ―¡Gracias por escuchar! ―Cuando me lancé a través de la calle hacia la entrada de empleados de la tienda. Dejé caer mi mochila y esquivando el orificio del cuello del delantal, grité: ―¡Lo sé! ¡Estoy tarde! ¡Lo siento mucho! Al mismo tiempo mi jefe gritó: ―¡Llegas tarde, Blackwell!¡Hemos hablado de esto! Rápidamente me até el delantal detrás de la cintura y me dirigí al frente al mostrador. Empleos de salario mínimo habían por montones en Nueva York. Yo ya había tenido siete de ellos. Pero la caza de otro me costaría tiempo y

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dinero―dinero que no puedo permitirme el lujo de perder, especialmente si Hunter decidía arruinar mi vida. De nuevo. Vaporicé la leche y serví café durante horas antes de que el negocio comenzara a desacelerarse lo suficiente para poder echar un vistazo a la copia de “Casi una dama” haciendo un agujero en el fondo de mi mochila. No se suponía que debía hacer la tarea en la tienda. Mi jefe probablemente lanzaría comentarios acerca de mi historia en esa categoría, en lugar de la categoría en la que esta actividad pertenecía: a la de algún lugar donde soy best-seller donde podrías tomar leche de soya y Empujar Esa categoría. Pero esta vez no me importaba lo que pensara. Él estaba en la parte trasera de la tienda, y esto era importante. En primer lugar iba a leer la copia de Gabe de mi historia, porque su comentario me importaba más. Cerré los ojos por un momento y me permití cuadrar lo que quería que dijera sobre mi escritura. Había utilizado esta técnica mucho durante el verano. Si me imaginaba a mí misma teniendo éxito, tenía más probabilidades de tener éxito. Cada vez que lo había hecho durante el verano, había abierto los ojos aún inédita, seguía siendo pobre, viviendo con cinco compañeras en un sucio piso, y a punto de ser despedida de mi trabajo de paseador de perros. La esperanza es eterna, sin embargo, y antes de leer los comentarios de Gabe sobre mi historia, lo imaginaba delirando sobre mi forma de escribir y sugiriendo que aplicara a las prácticas de publicación. ¿Ah, sí? Diría yo. ¡No había pensado en eso! Abrí los ojos y me volqué a través de mi historia. No había una barra de lápiz de color rojo sangre apuñalando a mi prosa. Página tras página estaba limpia. Había reservado sus comentarios para la última página medio en blanco, donde había garabateado a lápiz suave:

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Erin, he leído muchas historias de los estudiantes de honores de las clases de escritura creativa. En comparación con los talentos de los últimos estudiantes, el entender del diálogo y ritmo es notable. Tienes un don, y has trabajado duro para perfeccionar el mismo. Ya estoy deseando leer lo que escribes para el resto del semestre y ver en qué medida tú puedes sacar adelante esto. En cuanto a Rebecca…tuve dificultades para conectar con ella y preocuparme por ella, porque nunca se dice lo que quiere de la vida. No se trata sólo del mozo de cuadra.
Mis mejillas se estremecieron cómo si Gabe me hubiera abofeteado. En el fondo de mi mente sabía que me había dado un cumplido de algún tipo en su primer párrafo, pero registró el insulto en el segundo. Por supuesto, todo lo que Rebecca quería era al mozo de cuadra. Era el punto principal. ¿Qué quiere Gabe que ella desee? ¿Se supone que tengo que hacer de ella una chica sola en el mundo, que lucha para ganarse la vida en la gran ciudad? ¡Sería una obra medio llena de risa de Theodore Dreiser!

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La sensación de estar siendo vigilada me hizo levantar la cabeza. Yo había pensado que la tienda era moderna y adorable con sus sillas sin coincidir, paredes de ladrillo y el arte de los estudiantes de mi universidad, exactamente el tipo de lugar donde siempre había querido trabajar, excepto que mi jefe había gritado lo suficiente aquí en las últimas dos semanas como para arruinar tal efecto. La tienda estaba vacía. Mi compañero de trabajo para el cambio había desaparecido atrás junto a mi jefe, y ni un sólo transeúnte quería cafeína en este momento de la noche. Puse mi cabeza hacia abajo. Mientras que mi estómago estaba atado en un nudo, también podía leer los comentarios de Hunter. Busqué a través de las copias de “Casi una dama” hasta que llegué a su copia, que había conseguido de Isabelle y firmado su nombre en toda ella como si fuera suya, no de Isabelle, no mía. En la paginación a través de ella, vi que había un montón de escritura con bolígrafo azul en una página cerca del final de la historia, su letra casi ilegible, como si él ya hubiera estado en el negocio por sí mismo durante cuarenta y cinco años y si los demás no podían leerlo, no era su problema. Seguí hojeando y no vi nada más, ni siquiera en el reverso de las páginas. Volví a la ofensiva página. Él había encerrado en un círculo “Yo vi una serpiente comer una rata, una vez” y escribió en el margen:

David no diría eso. Es torpe. Él no pronunciaría una metáfora cargada de sexualidad con el riesgo de rechazar a una mujer. De hecho, él no correría el riesgo con su trabajo, con el trabajo de su padre, y esto “la justicia del país” menciona a una chica en primer lugar. Él tiene otras chicas.
―¿Sobre qué tanto estás pensando? Sacudí la cabeza en alto con la voz de Hunter. Estaba de pie en el mostrador, su cabello rubio y ojos azules que me miraban. Me pregunté cuánto tiempo había estado allí, y si mis labios tenían en mi boca el “ouch” de cuándo leía. Empujé la pila de papeles debajo del mostrador. Podía haber visto lo que estaba leyendo y reconocido su puño y letra, sin embargo. Por lo que admití: ―Estaba pensando que no voy a disfrutar de los honores de escritura creativa de primer año como yo esperaba. ―Date un respiro y un poco de tiempo ―dijo en el tono que se utiliza para conciliar a las niñas pequeñas―. Estas invirtiendo en esa clase, y tienes una primera crítica dura. Qué consejo tan agradable, y qué inocuo. Es evidente que se estaba editando, tal y como lo había dicho, David habría omitido cualquier metáfora sexual cuando debía aliviar el equipaje de Rebecca. Yo podría haberle

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preguntado a Hunter por la variedad de café que él quería. No lo hice. Yo le coloqué en una mesa en la ventana que daba a la calle con luces de neón, y luego hice un latte. Esa era la bebida con la cabeza espumosa en la que un talentoso barista haría un diseño con él, como una flor o una delicada hoja de palmera. Toma en cuenta que he dicho un talentoso barista, no una chica que había estado trabajando en una tienda de café durante dos semanas. Me habían enseñado cómo hacer un corazón. La parte inferior salió muy redondeada, y cuando la volteas al revés, se parece a un trasero. Serví una taza de café negro para mí, llevando el latte de corazón de Hunter hasta el mostrador, y le dije a mi jefe que me estaba tomando mi descanso. Comencé a salir de detrás del mostrador y a avanzar por el suelo de la tienda con total confianza. Pero a medida que me acercaba a Hunter, me di cuenta de que además de las clases, esta era la primera vez que estaba frente a él desde la noche de la graduación en Kentucky, cuando se paró detrás de mi abuela. Se apartó de la ventana y sus ojos azules se centraron en mí. Caminé más lento. Mi corazón latía con tanta fuerza en mi pecho que tenía miedo de que lo oiría si me sentaba frente a él. Nota mental: Debo dejar de tomar tanto café mientras trabajo en la cafetería si es que la pizarra entra en palpitaciones cada vez que el mozo de cuadra me lanza una mirada. Cuando me senté frente a él con mi taza de café negro, empujé el latte sobre la mesa para él, con las mejillas del trasero. Sólo entonces me di cuenta de la importancia de llevar a Hunter un latte con un corazón dibujado en la espuma después de haber conseguido estar con él sólo en ficción. Hubiera tratado con la hoja de palmera. Aunque ya era demasiado tarde para eso. Pero él no se dio cuenta del centro, por lo menos, no inmediatamente. Miró por la ventana y golpeó los pies debajo de la mesa como si estuviera ansioso por salir. Eso era una diferencia en él. Se veía cómodo en cualquier situación, aún si quería estar ahí o no. El encanto estaba siempre encendido. Una campana tintineo. Estudiantes riendo empujaron a través de la puerta de la cafetería y se acercaron al mostrador. Hunter les siguió con la mirada y, por último, muy lentamente, miró su taza. Frunció el ceño y le dio la vuelta en el plato, tratando de averiguar de qué figura se trataba. ―¡Oh!―exclamó―Me dibujaste un pequeño corazón. ―Es un trasero. Inclinó la cabeza hacia un lado para obtener una visión diferente del mismo. Colocó su taza en la posición original. ―Ahora lo veo ―Me dio un guiño―. Lo que quieres decir es, que se suponía que era un corazón, pero te diste cuenta demasiado tarde de que dibujar un corazón en mi latte sería vergonzoso después de leer tu historia.

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Capítulo 4
Traducido por Selene y Maia8 Corregido por hanna

É

l tenía una extraña forma de pronunciar café, con una A redonda. Nunca había tenido un gran acento de Nueva York, ni siquiera cuando se mudó a Kentucky. Sólo se le notaba en algunas palabras. Estaba tratando de no salir corriendo de la tienda mortificada. —No, el dibujo en tu café es un trasero —le espeté defendiéndome—. También le dibuje una especie de bazo. Sus cejas se levantaron ligeramente― esa era una de las pocas formas que tenía de saber que había llegado a él. —¿Puedes hacer un hígado… —me preguntó— con bilis? Esta charla no iba como la había planeado. Para convencerlo de que mantuviera la boca cerrada sobre el mozo de cuadra, tenía que ser agradable. Me hubiera gustado escribir unas instrucciones en la superficie de mi latte como recordatorio. Le sonreí con toda la amabilidad que pude reunir. Mis mejillas dolieron. —Dame otra semana de entrenamiento. Sólo he estado trabajando aquí dos semanas. Sus cejas bajaron. —Pensé que habías tomado un autobús hacia acá el día después de la graduación. Mi papá me dijo que te había llevado a la estación de autobuses. ¿Te refieres al día después de que robaron mi vida?, pensé, con una dura sonrisa. En voz alta sólo le dije: ―Lo hice. Primero trabajé en una tienda deli, pero siempre estaban diciéndome qué hacer, lo cual lleva algún tiempo acostumbrarse. Lo dije como una broma, pero Hunter no se rió. Él sólo me miró parpadeando a través del borde de su taza de café. —Luego me enteré de un trabajo de paseador de perros —me apresuré—. Eso no funcionó.

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—¿Por qué no? —preguntó Hunter—. Tú amas a los animales. —Parecía como si estuviera tratando de convencerme. —Los perros no son caballos —le dije—. Pero deben tener dientes en la boca. —Puse mi mano en forma de garra al lado de mi boca, para representar a un caballo. Hunter miró fijamente mi mano y luego a mí como si él no lo entendiera, bajé mi mano. —Me encantaba mi trabajo en la biblioteca, pero me despidieron cuando me atraparon con marihuana. Él me miro boquiabierto. —¡Erin Elizabeth Blackwell! Ignoré su preocupación con una mano, casi tirando mi café.

—La marihuana no era mía. Yo tenía un montón de compañeros de departamento y eran un desastre. Uno de ellos escondió su marihuana en mi mochila y luego se olvidó de ella. Ser despedida fue lo menos. Tuve suerte de ser despedida, ¡y no detenida! Caminé todo el camino de regreso al departamento, pero cuando estaba en la acera mirando hacia la ventana, planeando mi espectacular salida del departamento, pensé, ¿a dónde voy a ir? Estaba de vuelta en la acera de ese caliente y solitario día de julio, tenía el cuello adolorido de tanto mirar hacia arriba, en mis ojos picaban las lágrimas. Summer y Jørdis se había quejado estos últimos días en el dormitorio, el hacinamiento, el ruido. No me quejé. Cinco sucios compañeros de departamento me habían enseñado el valor de dos limpios. —¿Estás segura que no fumaste un poco? —Hunter se tocó los labios con el pulgar. —¡No tengo tiempo para eso! Sus ojos azules se abrieron. Y me di cuenta de que mis manos estaban abiertas, también, gesticulando con exasperación. Todavía estaba atrapada en ese horrible día de julio. Necesitaba que mi mente se fuera de allí. Esta conversación con Hunter fue completamente diferente recordando esa horrible situación, y ya no estaba tan desesperada como lo había estado en aquel entonces. No todavía. Me aclaré la garganta. —¿Quieres la información en mi sección de cálculo?

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—Sí —dijo rápidamente—. Esas secciones son como jugar a los dardos. Si no soy cuidadoso, podría trasladar Europa del Este, directamente al continente. —Él sacó el último modelo de teléfono móvil, un paso de gigante a partir del modelo escueto que había llevado de vuelta a casa. Mientras le daba el nombre del instructor de la clase y la hora, introdujo la información en él con sus pulgares. Varias veces sus pulgares tropezaron y apretó los músculos de su mandíbula fuerte, que era la forma de Hunter de murmurar "joder" con frustración. O bien acababa de conseguir su teléfono y no estaba acostumbrado a él todavía, o estaba realmente de mal humor. —¿Por qué estás tomando cálculo de todos modos? —pregunté—. ¿No deberías estar en matemáticas comerciales, ya que estás especializándote en negocios? —Por la misma razón que tú estás en cálculo cuando te estás especializando en Español —Terminó su sesión de recogida de datos con un martilleo especialmente fuerte de su pulgar, y metió el teléfono en su mochila—. La universidad no quiere estudiantes de honor asistiendo a las clases fáciles. Puede ser una fácil sobresaliente, pero las matemáticas comerciales podrían tener todavía sentido para un negocio importante —razonó. Giró el cuello hasta que tronó—. ¿Por qué estás tomando danza del vientre? Eso no tiene sentido para una especialidad en Español. Sentí un destello de sospecha. ¿Cómo sabía que estaba tomando danza del vientre? Pero también había sabido en donde trabajaba antes de decirle. Él debe haberme visto toda la semana pasada sin que yo lo viera. Claramente habíamos estado evitando al otro. —Estoy tomando danza del vientre porque puedo —le dije casualmente—. Pero si tú estás tomando cálculo, te estás perdiendo en una clase de matemáticas comerciales que necesitas para tu especialización. Miré en el catálogo. De hecho, me considero un especialista en negocios como mi abuela quería. —Esta vez reaccionó. No había otra manera de describirlo. Parecía muy sorprendido. Y puesto que Hunter nunca mostró su sorpresa, estaba más convencida que nunca de que aquí había algo malo con él. —¿En serio? —preguntó―. Sí, durante unos cinco segundos —Recuperando su calma, tomó un sorbo de su latte, mirándome por encima del borde de la taza como si estuviera esperando una señal de mi parte de que había deslizado algún veneno en ella—. No es que tú supieras esto —dijo él, llevando su taza hacia abajo―. Pero el funcionamiento de una granja de caballos es muy complicado. Se trata de algo más que añadir columnas de números. Necesito conocer el derivado* del “Caballo de Campo” y la transformación lineal de Boo-Boo. —Yo estaba tomando mi propio café, y esperaba que la taza escondiera mi cara mientras hacía una mueca de dolor. Boo-Boo era mi caballo.

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Hunter se inclinó hacia delante y me miró directamente.

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—Este mozo de cuadra necesita una educación. —Sí, Hunter nunca se mostraba sorprendido, nunca, jamás, mostraba enfado. Y ahora parecía enfadado conmigo. A pesar de mi estómago retorciéndose en nudos, me tomé con indiferencia otra taza de café como si estuviera tranquilamente considerándolo. Yo postergaría esto el tiempo suficiente. —Hunter —comencé—, lo siento en verdad el asunto del mozo de cuadra en mi historia. Espero que no lo tomes de la manera equivocada. —Él me miraba de manera constante, las cejas hacia abajo en lo que podría haber jurado era una indignación casi controlada. Me di cuenta por primera vez de que los bordes de sus ojos eran de color rojo. —¿De qué forma quieres que lo tome, Erin? —Mis dedos dolían de presionarse con fuerza contra mi taza caliente. —Tal vez te tuve en mi mente porque asumí que podrías vivir en mi dormitorio o inscribirte en algunas de mis clases. Pero nunca tuve la intención de que pudieras leer mi historia. No te estaba molestando, si eso es lo que piensas. —Seguía mirando hacia abajo. Entre mi cara caliente y el café por debajo de mi barbilla, sentí como si estuviera sentada en una sauna. Finalmente le pregunté: ―¿Por qué estás enfadado conmigo? Se sentó en su silla. —¿Por qué dices que estoy enfadado? —Puedo decirlo. Por alguna razón, estás deslizándote un poco. —Me dio una sonrisa irónica. —Estoy enfadado porque lo que has hecho es insultante. Sólo hay dos posibilidades. En primer lugar, sabías que iba a estar en esa clase, y escribiste esa historia deliberadamente para meterte conmigo. Pero la historia estaba fechada hacía varios días y me acaba de transferir a la clase hoy. No veo cómo podrías haberlo sabido. —No lo sabía —le aseguré. Chico, no lo sabía. —Lo que nos lleva a la otra posibilidad. Escribiste tu primera asignación de tu grado de escritura creativa sobre mí. Lo que significa que estaba en tu mente. Lo que significa que te gustaba en la escuela intermedia y secundaria, así como Rebecca llevaba una antorcha por David, a través de seis años de esos niños imbéciles en la escuela que me llamaban tu mozo de cuadra, y nunca dijiste una cosa. —No podía creer lo que estaba

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escuchando. No sólo estaba enfadado, también admitía por primera vez que no le importaba cómo la gente hablaba de él en relación a mí. Eso me asustó. Cuando Hunter y yo habíamos comenzado séptimo grado, él era el nuevo chico en mi escuela. Podría haber hecho las cosas más fáciles para él y presentarle a mis amigos. No lo hice. Hice como que no existía. Eso probablemente contribuyó a que los estúpidos niños se burlaran de él cuando se enteraron de que estaba viviendo en el suelo de mi granja. Y siempre me había sentido culpable por eso. Pero justo después de lo que pasó entre nuestros padres, no podía mirarlo, mucho menos mantener la amistad que había empezado alrededor con él en la escuela. Todavía no podía hablar de ello. Mi propia ira brotó en defensa. —No entiendo por qué crees que sólo hay dos posibilidades para lo que está pasando en mi mente —Bullí—. Cuando ni siquiera somos amigos. Suena como una simplificación por tu parte, para hacerte sentir mejor acerca de lo que estás haciendo. Aunque te sientas mal por haber robado el patrimonio de una niña que tenía un alma. Pero en tanto que soy una chica superficial, austeramente trazada en blanco y negro, infiernos, robar. —El color se deslizó en sus mejillas por debajo de su bronceado. —No estoy robando nada. Todavía no. —Ah, ¿sí? —lo desafié—. ¿Qué hora es? —En un acto reflejo miró su Rolex. ¡Punto! Golpeé de nuevo—. ¿De dónde sacaste el dinero para la escandalosamente cara camiseta que llevas? ¿Se la dejé puesta a Boo-Boo, antes de salir de casa? Porque la última vez que lo comprobé, estabas de compras a través del río en Indiana, en la tienda de segunda mano al lado del centro comercial, sólo para asegurarte de que no llevabas algo a la escuela que uno de tus amigos hubiera tirado. —Había pasado por el estacionamiento y visto el camión de la granja que mi abuela dejaba que llevara a la escuela. Sabía lo que estaba pasando. Lo había empujado demasiado lejos, y contuve la respiración por su reacción. Nunca le había visto perder la calma por completo. Ahora estaba a punto de verlo en mi lugar de trabajo y ser despedida de mi trabajo de nuevo. Su mirada concentró en mí. Su mandíbula se endureció. Y entonces se rió. Echó hacia atrás la cabeza y dejó escapar sonoras, masculinas y ruidosas risitas como si yo fuera la más divertida chica del mundo y me hacía feliz. Hunter perdiéndose en su risa —la que había visto. Pero la usaba estratégicamente, como cuando el profesor de química de secundaria o el presidente del banco o la orientadora ayudándole a solicitar este colegio fuese uno haciendo la gracia. Le pregunté con suspicacia: —¿Has estado bebiendo? —Me sonrió.

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—¿Beber?

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—¿Fuiste a beber después de la clase de escritura? —Se encogió de hombros. —Manohar, Brian y yo tomamos un par de cervezas —Pensé que había tomado más de un par de cervezas. —Y cuando tomas un par de cervezas con Manohar y Brian… Oh Dios, sólo podía imaginar las carcajadas. —¿De qué hablaste? —Sostuvo la misma expresión de jovial cortesía, como si no pudiera oír lo que estaba diciendo. Me aferré al borde de la mesa con ambas manos—. No hablaste sobre mozos de cuadra, ¿verdad? —sonrió hacia el techo. —Puede ser que lo haya mencionado. —Hunter.—Miré hacia abajo en mi taza en la mayoría llena de petróleo crudo, mi estómago hundiéndose—. Eso es lo que quería hablar contigo. —¿En serio? —Su hermoso rostro llevaba una sonrisa irónica—. Pensé que querías hablar conmigo sobre cálculo. —Me sentí como una tonta. Me había mentalizado para esta conversación, preocupada porque era muy importante, y él se había preparado por emborracharse. Dije gravemente: —Creo que tengo una probabilidad en las prácticas de publicación que otorgan al final del semestre. Esto pondría una gran cantidad de presión sobre mí. Pero para conseguirlo, tengo que hacerlo bien en esta clase. Necesito que Gabe me tome en serio. No quiero que se entere de que hay un mozo de cuadra real. Hunter agarró su taza. La inclinó muy ligeramente hacia él. Todavía podía ver la superficie de su café con leche, y lo vi aspirar el corazón con la boca. —Vas a hacer negocios con mi abuela —le dije—. Sé que quieres dejar al mozo de cuadra atrás. Estoy tratando de dejar mi vida entera detrás y salir de tu camino. La pasantía me ayudará a hacer eso —Su lengua se asomó de su boca. Se pasó la lengua por el corazón de espuma fuera de su labio superior—. Sé que estás enojado conmigo, Hunter, y entiendo por qué. Pero honestamente nunca tuve la intención de ofenderte. Mi único crimen real es hacerme a un lado y darle una puñalada a millones de dólares y ciento cuarenta y dos caballos. —Ciento cuarenta y siete —me corrigió. Por supuesto que habían comprado, vendido y criado a lo largo del verano. Debido a que estaba borracho, no pudo resistirse a recordarme que la finca continuó sin mí. Llevó su taza

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abajo—. No voy a decirle a Gabe. —No hice caso de su tono condescendiente. Estaba cada vez más desesperada por momentos. —No se lo digas a nadie, tampoco. Podría llegar a Gabe. —La esquina de su boca se torció en una sonrisa. —No lo haré. —Y dile a Manohar y Brian de no difundirlo. —Voy a pedirles. No puedo prometer nada. Es posible que les debamos un favor. Me quedé sin decir nada. Estaba descaradamente jugando conmigo ahora. Hunter era muy persuasivo. Él podría haber convencido a Manohar y Brian de cualquier cosa si hubiera querido. No quería. Y, ¿qué tipo de favor podría yo hacer por ellos? A diferencia de la pasada primavera cuando podría haber conseguido que los admitieran en el club de Churchill Downs, no tenía ninguna influencia, nada de dinero, nada más que ofrecer. Quizás esa era la intención de Hunter. Había hecho todo lo que podía hacer para salvar mi práctica, sin embargo. Mi jefe estaba de pie en el mostrador, recordándome que mi tiempo de descanso casi había terminado. Regresé de nuevo a mi silla. —Gracias, Hunter. Y de nuevo, siento mucho esto. Sé qué tanto nos hubiera gustado volver a disfrutar de Nueva York y fingir que el otro no existiera. — Alcancé mi taza para llevarla de nuevo al mostrador conmigo. Antes de que mis dedos tocaran la cerámica, Hunter me agarró la mano y me miró. Odiaba que mi cuerpo respondiese como si fuera mi novio, no mi compañero de clase o incluso mi enemigo declarado. Tal vez el calor se ha disparado en mi pecho sin tener en cuenta por qué era guapo, seguro, una fuerza de la naturaleza. Pero yo tenía miedo de que me hubiera hecho la mayor parte de este daño a mí misma. En la vida real no habíamos participado en una conversación amistosa desde el verano antes de el séptimo grado, salvo una noche brillante el pasado Mayo. Pero en mi mente ya había escrito “Casi una dama”, la novela entera. En mi mente, habíamos dormido juntos. Su mano todavía apretaba mi mano. Su pulgar recorrió mi mano, y mientras yo miraba las pupilas dilatadas en sus brillantes ojos azules. Me pregunté si en su mente habíamos dormido juntos también. Me soltó la mano y asintió con la cabeza hacia mi silla. —Siéntate otro segundo. Tu abuela quería que te trajera algo que dejaste en casa. —Alcanzó su mochila. Obedientemente me desplomé en mi silla porque

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mis piernas se sentían débiles, y porque realmente lo necesitaba a mi lado. Pero me apresuré a decir: —No lo quiero. —Puso una sonrisa playboy, como si estuviéramos coqueteando en lugar de bailar en torno a un tema tan delicado. —¿Cómo sabes que no lo quieres? Ni siquiera has visto lo que es. —Sea lo que sea, lo dejé a propósito. —Lo sacó de su mochila y lo puso sobre la mesa entre nosotros. Mi reproductor de música y auriculares. La última vez que me dio mi reproductor de música, en la fiesta del clásico de mi abuela el pasado mayo, me había salvado de una conversación con Whitfield Farrell, un desertor de veintiún años de la vieja escuela que heredaría la finca de la famosa puerta de al lado. Whitfield era ampliamente conocido por sus hazañas de borrachos en las fiestas de caballos, y se rumoreaba que quería meterse en mis medias. Mi abuela me había ordenado ser amable con él porque hacia negocios con su padre. Así que Whitfield puso su mano en mi culo. Yo no estaba muy lejos de abofetearlo y de luego tomar cualquier castigo que mi abuela me infligiera, cuando Hunter tocó en la ventana y levantó mi reproductor de música, que había dejado en el granero. Cuando vio que no podía alejarme de Whitfield, llegó dentro de la mansión. Una gran conmoción se hizo en ella, también, pisoteando con sus botas de las cuadras a través de la antigua alfombra persa. Whitfield se alejó para encontrar otro whisky. Hunter lo vio alejarse, entonces se volvió hacia mí. Y entonces coqueteó conmigo como coquetearía con cualquier chica en la escuela hasta que mi abuela lo vio y le preguntó en un enfadado susurro qué diablos pensaba que estaba haciendo dentro de su casa. La cosa era que esto había parecido completamente fuera de lugar para Hunter. Él era el seductor, el salvador, el líder, el héroe de cada chica. Cuando el grosero barrio apuntaba a una chica por la noche, por supuesto Hunter hábilmente intervendría, incluso en contra de los deseos del jefe de la chica. Por cualquier otra. No por mí. Durante años, Hunter y yo habíamos mantenido nuestra distancia. Cuando entró, empecé a pensar en él diferente. Pensando mucho sobre él. Proyectándolo, no como el héroe de todos los demás, sino como el mío. El baile ya había pasado, pero la graduación se acercaba. Nos dirigíamos a la misma universidad. Debido a nuestro pasado juntos, tendríamos mucho que arreglar, pero tal vez la universidad era nuestro momento para hacerlo. Y entonces robó mi vida. Me las arreglé con una leve sonrisa durante varios meses atrás para el bastante-un-poco borracho Hunter, como si el reproductor de música representase un período de hace mucho tiempo de mi infancia en lugar del pasado Mayo.

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—Definitivamente lo dejé en Kentucky, a propósito —le dije—. No me hará ningún bien aquí. No puedo permitirme nuevas canciones. —La mandíbula de oro cayó. Puso los ojos en blanco. Debía estar cubriendo algo. —Las canciones no son tan caras —dijo. —Cada poquito ayuda —le dije—, cuando estoy tratando de pagar el alquiler y la experiencia de Nueva York ―hablé directamente sobre “Nueva York” como si no me hubiera oído. —Te encanta la música. —Lo hacía cuando estaba intentando acallar todo a mí alrededor. Ahora estoy tratando de dejar todo dentro. Quiero oír a Nueva York en lugar de a cualquier canción que descargue. Quiero oler Nueva York. Bueno, Nueva York huele a basura. A basura vietnamita, a basura mexicana, basura lituana, basura nigeriana todo ello en un paseo de tres bloques. Incluso el olor es parte de la experiencia. Quiero prestar atención. —Inclinándose hacia adelante, cubrió mi mano y el reproductor de música y auriculares sobre la mesa con sus grandes manos. Mi cara enrojeció como si hubiera tirado un café con leche en ella. —No quieres tu reproductor de música, porque tu abuela te lo dio —dijo—. Admítelo. —Traté de sacar mi mano de debajo de la suya. La esquina del reproductor de música clavándose en mi dedo. Me puse de pie. —Siéntate —Su voz sonaba autoritaria, y de repente muy sobria. Me apretó la mano sobre la mesa—. No hemos terminado. —Sí, sí lo hicimos —Solté mi mano y la puse sobre su hombro—. Algunos de nosotros trabajamos para vivir. —Me volví hacia al barra. Antes de que pudiera deslizar mi mano, la agarró de nuevo. —Dame tu nuevo número de teléfono móvil —me reí brevemente ante la ironía: el soñador Hunter pidiendo mi número, cuando yo no podía dárselo de todos modos. —No tengo un teléfono móvil. —Él cerró los ojos y los mantuvo cerrados por varios segundos, como si esperase que cuando los abriera de nuevo, mi segunda cabeza hubiera desaparecido. A la luz de dos lámparas disparejas en las mesas cercanas cada una de sus rubias pestañas proyectó dos largas sombras por sus curtidas mejillas. Abrió los ojos.

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—¿Cómo puedes no tener un teléfono celular?

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—Demasiado caro. —Sacudiendo la cabeza, tiró de mi mano hasta que la dejó sobre la mesa frente a él. Sacó una pluma de su bolsillo e hizo clic para abrirla. —Aquí está mi número, entonces. Si me necesitas alguna vez, encuentra un teléfono y llámame. —Estuve tirando con fuerza durante todo el tiempo. A pesar de mis mejores esfuerzos, en el momento en que dejó de hablar, ya había escrito Hunter a través de la palma de mi mano, en caso de que me olvidase de quien era el número que estaba escrito allí, y su código de área. —Hunter. —Miré alrededor de la cafetería, con miedo de hacer una escena en el trabajo, pero realmente no quería el número de Hunter tatuado en mi mano. —Hunter, esto puede ser difícil de entender para ti cuando estás en un extremo del robo de la herencia en vez de la victima final. Si necesitase ayuda, eres la última persona en la tierra que llamaría. —Di a mi mano un último y duro tirón y se tambaleó hacia atrás un par de pasos. Su pluma había dejado su número de teléfono completo en la palma de mi mano, además de una línea debajo de mi dedo corazón y la punta—. Mi descanso ha terminado y ya estoy en problemas por llegar hasta tarde. Quitando mi taza de la mesa, me apresuré, zigzagueando entre las mesas llenas de mucha gente ahora con la ola de adictos al café nocturno. Mi jefe me miró fijamente con sus puños en las caderas. Sólo podía esperar que Hunter, el futuro presidente de una multimillonaria empresa equina y heredero de una fortuna, entendiera adonde estaba llegando como una chica sola y luchando económicamente. Esperaba que me concediese un poco de holgura acerca del mozo de cuadra. Como si pudiera.

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OOO
Nueva York es la ciudad que nunca duerme, pero se cansa. Sus párpados se hacen pesados y quiere dormir delante de la televisión. Cuando mi jefe me dejó salir del trabajo a las once, todas las otras tiendas estaban cerradas. El tráfico era escaso. Sólo unos pocos transeúntes pasaban por la calle. Las luces no eran menos brillantes, pero la noche había formado una cúpula sobre ellas, como si estuviera caminando por un escenario de película hecha para parecerse a la ciudad en lugar de una cosa real, y nunca volvería a ver muy lejos por las calles del lado oscuro aun cuando amaneciera. Me sentía como la única persona despierta y caminando en el mundo para el momento en que llegué a la residencia de estudiantes honorables. Sin embargo, todas las ventanas en la parte delantera estaban encendidas aún,

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incluso la mía, débilmente, con la luz filtrándose a través de la puerta de entrada a partir de las habitaciones exteriores de Jørdis y Summer. Incluso puede ser que encontrase a Hunter en el hueco de la escalera. Esa debería haber sido la última cosa que quisiera, pero no lo era. Me entretuve en mi buzón en el vestíbulo, tamizando a través de folletos sin fin de eventos programados en el campus cuando yo estuviese en el trabajo, y tirando cada uno de ellos en la papelera de reciclaje. Finalmente me arrastré hasta un tramo de escaleras y abrí la puerta de mi habitación. La primera cosa que vi fue a Summer y a Jørdis sentadas con las piernas cruzadas en la cama de Jørdis, recortando imágenes. La segunda cosa que vi fue mi traje de lentejuelas verdes de danza del vientre colgado en la parte de atrás de mi puerta. Cuando lo había traído a casa por primera vez desde la tienda de segunda mano, había planeado mantenerlo en el armario que compartía con Summer, pero Jørdis me pidió que lo colgase a la vista en la habitación porque le gustaba el brillo. Ella era una especialista en arte. Quizás así fue como Hunter había sabido que estaba tomando clases de danza del vientre. Aumentando de temperatura, me pregunté si en la última semana había estado en mi habitación. Summer levantó la vista de sus tijeras y me sonrió. —¿Y bien? ¿El mozo de cuadra llegó a su cita? —Me miró fijamente, y luego miró fijamente a Jørdis. Summer y yo realmente, realmente necesitábamos trabajar en nuestro lenguaje de silencio. Summer desestimó a Jørdis con una floritura de sus tijeras. —Jørdis sabe todo al respecto. Brian nos visitó. Dijo que tanto él como Manohar y Hunter salieron y se emborracharon, y Hunter les dijo que él era el mozo de cuadra. —Por lo general, yo era muy cuidadosa con mis pertenencias, ya que sería necesario para que me duraran mucho tiempo. Mi mochila era una bolsa de cuero de diseño que había rara vez usado en casa. Necesitaba que me durara la universidad y más allá, porque nunca sería capaz de permitirme otra igual. Y la dejé caer al suelo con un ruido sordo, incapaz de sostener el peso de mis libros y “Casi una dama” por otro momento. Jørdis sacó un tercer par de tijeras, su oferta de instrumentos cortantes no tenía límites, y me las tendió. —Mientras estamos hablando de esto, ven y corta para mí. Te ayudará con tu agresividad. —Jørdis era danesa y sin tonterías, suavizada únicamente por los pañuelos de seda que teñía y se ataba alrededor de su pelo para mantenerlo fuera de su pintura.

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Parecía una persona la suficientemente agradable y aún no se había quejado de mí pasando una y otra vez a través de su habitación a horas extrañas para llegar a la mía cuando trabajaba hasta tarde. Ella sólo parecía distante por culpa de su duro acento escandinavo, que destruía su afecto, y el hecho de que ella siempre pasaba desapercibida, con su cama hecha apretadamente, o sentada en su cama con cuidado a fin de no desordenarla, sujetando unas tijeras. Cuando ella, Summer y yo la conocimos, nos había dicho de inmediato cómo su nombre era escrito, que la “o” en su nombre tenía una diagonal. Summer y yo la habíamos llamado “Jørdis con una diagonal” a la espalda durante varios días hasta que decidimos que no era tan mala. Una cosa en que era muy buena, sorprendentemente, era haciendo amigos. Ella ya había decidido que su proyecto para su exposición en la galería de la universidad al final del semestre sería una serie de collages enormes compuestos de pequeños recortes de caras. Esto significaba que cada vez que Summer o yo teníamos un momento libre, Jørdis tendía un par de tijeras a nuestras manos y vertía una pila de revistas viejas o fotografías en nuestros regazos. También reclutaba a la gente que conocía en el vestíbulo o en el pasillo para volver a la habitación y cortar caras con ella. Cansada como estaba, no pensé que el manejo de un instrumento cortante fuera una buena idea. Pero sabía por experiencia que no había discusión posible con Jørdis. Me escabullí en su cama y acepté un par de tijeras y una copia de diez años de “Rolling Stone”. —Hunter prometió no decirle nada a Gabe —murmuré—, pero como se emborrachó con Manohar y Brian y les dijo, ya estoy jodida. Ellos lo extenderán por todas partes porque soy la broma del programa de estudiantes honorables. —Brian no lo hizo sonar de esa manera en absoluto —Summer colocó una cara perfectamente recortada en la pila en la parte delantera de la de Jørdis y pasó la página de su copia de Tiger Beat—. Hunter estaba impresionado y halagado por tu historia, y se emborrachó con Manohar y Brian, ya que estaban discutiendo si tienes una cosa por él. —Durante un largo momento, delicioso, le creí a Summer. Luego el recuerdo de mi conversación con Hunter me golpeó. —¿Te contó Brian qué es lo que pasó —pregunté—, o ésta es tu interpretación de los hechos? —Es mi inter… —Correcto —Embestí—. Hazme un favor y deja de interpretar. A Hunter no le importa si tengo una cosa por él, porque él no tiene una cosa por mí. —No estoy tan segura —Jørdis se mordió el labio y cortó con cuidado

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alrededor de la oreja de alguien por un momento dolorosamente largo antes de que ella continuase: —Encontré a tu Hunter delante de la puerta leyendo nuestros nombres, hace varios días. Le hice entrar y cortar por mí. —Wow —Asentí con la cabeza hacia la puerta de mi habitación privada―. ¿Te preguntó a quién pertenecía el traje de danza del vientre? —Lo hizo —dijo. Misterio resuelto. —¿Acaso echó un vistazo a mi habitación? —Era pequeña, sólo el ancho de la ventana de la bahía que ocupaba toda una pared, y suficientemente grande como para una cama individual y una miniatura de vestidor y escritorio. Cada habitación en la parte delantera de la residencia de estudiantes avanzados alojaba a dos compañeros de cuarto en la cámara exterior y uno en este hueco. Había oído en torno a la residencia que los estudiantes mataban por las habitaciones de la ventana a la bahía, y los estudiantes mayores las llamaban “parné”. Pero Jørdis dijo que el pequeño cuarto la hacía claustrofóbica y le recordaba su verano en Japón, donde había tenido que dormir en un tubo. Entonces Summer no saltó en ella, así que yo lo hice. Me encantó la pequeñez, la cercanía, y la puerta que se podía cerrar. Era todo muy Virginia Wolf, hasta que recordé que ella se suicidó, lo que eliminó un poco la diversión. No, yo amaba mi pequeña habitación, pero tenía que guardar la mayoría de mis cosas en el armario de Summer —más grande que mi habitación. No habría sido mucho para Hunter mirar dentro de mi habitación. Yo todavía quería saber si la había visto. —Él no miró —dijo Jørdis—, pero me sonsacó información sobre mis compañeros de habitación, sobre ti, hasta que le pregunté si te conocía. — Summer se inclinó hacia delante con expectación y dejó caer la revista y las tijeras. —¿Qué dijo? —Dijo “no realmente”. Summer se volvió hacia mí. —¿Ves? Él está confundido por tu rápida salida de Kentucky. Jørdis le preguntó si él te conocía y él dijo melancólicamente: “No realmente", como si quisiera volver a contactar contigo, pero no sabe cómo.

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Me deslicé a través del centro de la imagen que estaba recortando. Estaba demasiado cansada para discutir con Summer, pero deseaba salir a recoger los pedazos rotos de mi vida e intentar reconstruir algo romántico fuera de ellos. Eso es lo que yo había tratado de hacer en "Casi una dama," y eso es lo que me había metido en este desorden. Señalé a Summer con mis tijeras. —Hunter cualquier nada. Ahí acerca de mismo. dijo que pediría a Manohar y Brian no decirle nada Gabe o otra persona sobre el mozo de cuadra, pero no pudo prometer es donde entras tú, eres amiga de Brian. Pídele guardar silencio esto como un favor hacia ti. Hazte amiga de Manohar y haz lo

—¡Guau! —Ella sujetó a Tiger Beat como un escudo—. Ya defendí tu historia. ¿Acaso no he hecho lo suficiente? —Seis palabras. —Las conté con mis dedos, las tijeras colgando desde mi pulgar—. ¿Puedo. Tomar. El. Voto. De. Erin? —Summer se rió de nuevo. —No puedo imaginarme pidiendo un favor a Manohar. Ya le has oído en clase. Él me odia. —Entonces vas a tener que contar del uno al ochenta y dejar de enemistarte con él en clase —le dije—. Si él me quiere decir que las novelas románticas no son aptas para limpiarse el culo, sólo continúa y déjalo decir eso. Mi pasantía es más importante que mi orgullo. —No estaba segura de que esto era cierto. Mi orgullo era bastante malditamente importante. Pero estaba cansada, cortando con un sólo ojo abierto ahora. Si tuviera esa pasantía, no tendría que trabajar durante seis horas en vez de asistir a clase y estudiar por doce. Summer hizo una mueca de dolor. —Mi padre me advirtió específicamente de no amanerarme en la universidad y llevar a casa un niño blanco. Intercambié una mirada breve con Jørdis. Yo era más fluida en mi lenguaje silencioso con ella que con Summer. Jørdis y yo nos preguntábamos cómo habían hecho Summer para saltar de no antagonizar con Manohar a llevarlo a casa en Mississippi. Continué: —Manohar no es blanco. —Peor —dijo Summer sin levantar la vista de su página de la revista—. Para mi padre. —No te estoy pidiendo entablar una relación seria con Manohar y llevarlo a casa para conocer a tu padre racista. —Los labios de Summer se

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presionaron en una línea dura. Esperaba con interés que mostrara a su papá que estaba a cargo de su vida. Yo lo había hecho ya. Continué: —Te estoy pidiendo coquetear con Manohar y obtener alguna información de él. Y si rompes su corazón, bueno, eso es carne de novela romántica, y sólo se lo merece, ¿verdad? —Correcto —dijo con falsa desgana. De repente, parecía absorta en recortar cuidadosamente una cara nueva. Ella estaba decidida a no mirar hacia arriba y dejarnos leer en su expresión lo que ya habíamos adivinado: ella estaba apabullando duramente a Manohar y estaba encantada de tener esta excusa para ir tras él. Jørdis se echó hacia atrás contra la pared y me sonrió con admiración. El silencioso mensaje era tan evidente que me habría preocupado que Summer lo leyera también, excepto porque Summer no tenía ni idea. Sí, yo era buena en la lectura de las personas. Los estudiaba para poder ponerlos en mis novelas. Si sólo pudiera leer al mozo de cuadra.

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Capítulo 5

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Traducido por hanna y aLexiia_Rms Corregido por Maia8

espués de unos minutos de recortar caras y reír silenciosamente con Jørdis sobre la absoluta falta de sutileza de Summer, di las buenas noches, encerrándome a mí misma en mi propia habitación, y estudié. Me senté allí durante tres días. Al menos, eso era lo que sentía. Lo dejé durante tres días. Fui a clase, y pasé muchas horas en la cafetería. Sin embargo, la experiencia de Nueva York que había deseado se escapaba de mí, no por mi falta de dinero en efectivo, sino porque estaba tan abrumada con que no podría llevar la tarea a cabo mientras estuviera ocupada haciendo cafés. Y amaba mi pequeña habitación. Es cierto que casi no había espacio para guardar, pero no me había traído un montón de cosas conmigo de Kentucky de todos modos, y no tenía el dinero para comprar los lindos organizadores de pared que había visto en las salas de otras chicas en los otros pisos. Mis paredes estaban llenas de tachuelas con coloridos óleos abstractos que había tomado de Jørdis. Y, por supuesto, la mayor parte del espacio se llenaba con la ventana de la Bahía: una pared ancha de vidrio en la parte frontal del edifico, y una diagonal estrecha a cada lado. Podía abrir las cortinas y enfocar para ver a la gente en la acera, pasar la construcción, y continuar por la acera hasta que desaparecieran en las interminables hileras de casas del siglo XIX. Podía imaginar los muchos estudiantes antes de mí, que habían dejado de lado su tarea de cálculo para ver el tráfico peatonal. Me podía imaginar a hombres y mujeres jóvenes con sus mejores galas que habían estado en la misma ventana que era parte de la sala de su familia. Ellos habían mirado hacia la calle polvorienta, con mariposas revoloteando en sus vientres, esperando el carruaje tirado por briosas bahías encontradas que les llevarían al centro. Mi única pequeña estantería encima de la mesa estaba cubierta de mis libros de texto. No deseaba tener mi estante con nuevos adornos en Nueva York como lo hacía Summer. Lo necesitaba para centrarme no en no estar aquí, sino en estar aquí, estudiando mucho, escribiendo bien, haciendo una pasantía. La locura que dejé era el imán de la ciudad de Nueva York que había traído conmigo de Kentucky, el edificio Empire State, el edificio Chrysler, el puente de Brooklyn y la Estatua de la Libertad se apilaban y reproducían en el mejor plástico pintado. Lo había tenido por años. Lo miraba de niña, con ganas de venir aquí algún día. Y ahora se quedaba pegado en el archivador de metal que hacía las veces de mi mesita de noche, recordándome que era mejor no tirar todo por la borda.

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La música de barrio subía varios pisos por encima de mí, lo que indicaba una de las partes. Había oído a Manohar y a Brian hablando en clase de escritura creativa, unos días antes. Había sentido la inundación del obvio sonrojo en mi cara, y la dura mirada de Hunter en el extremo de la mesa, donde se echaba a reír con Isabelle. Si nuestro dormitorio tenía una fiesta, sin duda él estaría allí. Pero cuanto más me mantuviera alejada de Hunter, mejor para los dos. Incluso sonreí a Manohar durante la clase cuando disparó unas cuantas púas hacia mí acerca de la terrible romántica historia de Isabelle. Después de clase, mientras caminaba con Summer, me pareció oír a Manohar relinchar hacia mí. No le hice caso. Ahora que la baja línea de la canción de rock estrechaba la ventana de la bahía, pasé la página en mi libro de historia. Y deseé mi reproductor de música, después de todo. Casi había recuperado mi concentración, centrándome en las palabras más que en el golpe, cuando la puerta se abrió y golpeó contra el escritorio. ―¡Vamos a la fiesta de la playa! ―anunció Summer, ya mostrando signos de irse―. ¡Ponte tu traje de baño! Eché un vistazo alrededor del marco de la puerta en la habitación más grande, en donde ella estaba estirando un bikini de color amarillo brillante de su tocador ―La cafetería ocupa gran parte de mi tiempo ―le dije―. Tengo que estudiar mientras pue... ―Se volvió hacia mí y sacudió los puños, una pieza de bikini oscilando en cada uno. ―Querías que coqueteara con Manohar para traerlo a tu lado. ¡Esta es la oportunidad perfecta, y yo no voy a una fiesta en el baño de hombres en bikini yo sola! De mala gana saqué el bikini de mi tocador. Era de diseñador, del año pasado. Por suerte, era de color azul acero sólido, no un patrón en negrillo que lo situara en una colección en particular. Y no estaba usado tampoco. No había conseguido ningún uso de él en absoluto durante mi largo y caluroso verano de trabajo en Nueva York. Una de las diferencias entre la ropa cara y la ropa barata, había descubierto ahora que en realidad había intentado algo en el sótano de negocio de tiendas por departamento de Nueva York, era que la ropa cara podría hacer al usuario mejor. Mi bikini no era la excepción, drapeado en graciosos pliegues que recuerdan a una estrella de 1950. Pero una larga mirada a Jørdis en el espejo me recordó que no había nada que el más hermoso bikini de diseñador podría hacer por mis pecas. Este verano tuve cero oportunidades de adquirir un bronceado ligero, así que mis pecas se destacaban como una maldición sobre mi piel blanca. En Orgullo y Prejuicio, Lydia llama a una niña de barrio “mala cosa pequeña y pecosa”. En silencio Elizabeth está de acuerdo. El lector no simpatiza con Lydia, pero

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ella simpatiza con Elizabeth. Amo a Jane Austen con todo mi corazón, pero no podía perdonarla por eso. Summer llamó: ―Creo que, si estoy pasando por esta extraña noción de coquetear con Manohar, tengo que retocar el maquillaje y lucir como que hablo en serio. ―Eso fue una indirecta de Summer, me había quitado mi maquillaje para la noche, y ella no estaba de acuerdo con mi look para una fiesta. De mala gana saqué mi crema para la cara de mi bolsa de maquillaje. Ya casi estaba terminada. Y nunca compraría esta crema milagrosa de nuevo. Era ridículamente cara, me di cuenta ahora de su precio en comparación con el alquiler del dormitorio. Me molestaba tener que perder una porción de esto, sólo para callar a Manohar sobre la cuestión del mozo de cuadra. Summer me vio luchar con el tubo. ―Dóblala como pasta de dientes. ―Estoy más allá de ese punto. Creo que puedo conseguir otro mes de él si lo corto para abrirlo, pero he intentado con todas las tijeras de Jørdis. No son lo suficientemente afiladas ―suspiré con alivio cuando tuve una prueba y mi cara hidratada. Entonces, alcancé mis polvos. ―¿Estás tratando de cubrir las pecas? ―Summer me miraba en el espejo por encimas de su tocador―. No estoy diciendo que debas. Pero yo uso una marca de base que es mucho más gruesa que la tuya. ―No, no estoy tratando de encubrirlas. Es inútil. Lo he intentado todo y he hecho las paces con ello ―mentí―. Lo que más puedo esperar es rebajar el tono con una mirada de la frescura del rocío. ―Pasé la brocha para polvos por mi nariz una vez más. Había vivido una vida larga y había perdido mi aspecto ya. O tal vez eran los círculos oscuros bajo los ojos del estudio de la tarde. De todos modos, no me arreglaba para atrapar a un hombre. Summer estaba salvando mi pasantía, y yo iba con ella, en traje de baño, así que me sentía aún más desnuda y expuesta de lo que estaba en la sesión de crítica por primera vez en la clase de escritura, casi como si Hunter hubiera planeado la fiesta de esta manera. ―Te ves hermosa ―dijo Summer a mi reflejo. ―Tú eres hermosa ―le dije. Ella brillaba con energía en su bikini brillante. Yo quería, en ese momento, poder cambiar de lugar con ella, que fuera yo la despistada sureña con los ojos abiertos en Nueva York, con ganas de nada más en la vida que un fabuloso trabajo profesional y una relación de amor significativo, extasiada ante la perspectiva de coqueteo obligatorio con un chico de clase. Cerramos la puerta exterior y abrimos la puerta a las escaleras.

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―Estoy emocionada ―aventuró. Su voz sonaba hueca en la escalera―. Tal vez lo próximo que podría escribir es una historia de espionaje para Gabe. Es como si fuera una espía. Una espía del amor. ―Se mantuvo hablando, pero la música había ahogado su voz en el momento en que llegamos a la tercera planta. Seguimos subiendo y abrió la puerta del quinto piso. Yo había estado yendo a fiestas de caballos desde que tenía catorce años. En la retrospección, me di cuenta de que ello no era porque mi abuela pensaba que yo era lo suficientemente madura como manejar el alcohol y el cotorreo con chicos mayores como Whitfield Farrel. No lo era. Era porque me estaba preparando, incluso entonces, para asumir el control. Cuatro años más tarde, Hunter se estaba apoderado de su lugar, y yo en la miseria, con un montón de fiestas en mi haber. Incluso me había hecho tomas con algunas celebridades que llegaron al Kentucky Derby sólo durante la temporada y que pensaron que eran parte de la gente si bebían whisky y llevaban sombrero. Y ahora, entrando en una fiesta universitaria en el quinto piso de la residencia de honores ―¿podría sonar más patético?― me puse nerviosa, me acobardé, extendí las manos sobre mi barriga al descubierto, y hubiera dado marcha atrás si Summer no me hubiera agarrado la mano y tirado de mí a través de la multitud fuera del baño. ―Te gusta Hunter más de lo que quieres admitir ―dijo en mi oído mientras abría la puerta―. Pero tal vez no estará aquí. ―Me empujó dentro. La habitación estaba en penumbra, con unas pocas luces de colores giratorias, y la niebla caliente en remolino hacia más difícil el ver. Los cabezales de la ducha en cada puesto de rociado de agua estaban abiertos al máximo con agua caliente, a juzgar por la niebla. La habitación era más como un sauna que una playa. Pero los chicos habían trabajado duro en la escena de la playa. Unas pocas macetas con palmeras enmarcaban la puerta donde nos encontrábamos. Aproximadamente la mitad de las treinta personas en la habitación de pie en un círculo cerca de los sumideros, bateaban una pelota de playa de ida y vuelta. Un chico de clases superiores había establecido un bar frente a los orinales. Cortaba el hielo en una licuadora y lo mezclaba con jugo de fruta y vodka, y adornando las bebidas con sombrillas de papel. Y sobre los hombros desnudos de los chicos, de inmediato vi a Hunter despejado, en su traje de baño y chanclas. Por primera vez en meses y meses, aquí estaba lo que había visto casi a diario durante tantos veranos en Kentucky: Hunter sin camisa. De vuelta en casa sus músculos habían trabajado bajo su piel, apilando pacas de heno, con un semental trozado. Los músculos de esa manera, en un cuerpo tan bello como una máquina, deberían haber hecho ruido mientras trabajaba, un poco de música bajo trituración, en lugar de deslizarse a lo largo de su tarea en silencio. En clase o en la cafetería, había sabido que los silenciosos músculos estaban allí, disfrazados con una

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camiseta de algodón crujiente o un polo azul para que otra chica los descubriera. Ahora otra chica los había descubierto bien. Apoyando una mano contra la pared de azulejos mojados, Hunter se acercó y habló con una mujer rubia, con la misma confianza y naturalidad como si hubiera conocido a una chica de nuestra secundaria rival fuera de la tienda de pretzels en el centro comercial. Esperaba que él me viera en la puerta, me diera una sonrisa de suficiencia, y volviera a ella. Eso me dejaría saber que estaba interesado en mí y trataba de darme celos. Nunca me miró. No dejaba de hablar con ella como si yo no estuviera allí. Summer se dio cuenta, también. Convenientemente haciendo caso omiso de su accesorio rubio, ella jadeó: ―Dios mío…el cuerpo de Hunter. ¿Son esos los músculos por ser un mozo de cuadra? ―Me temo que sí ―En realidad, no lo sabía. Esa era la forma en la que había desarrollado los músculos, en primer lugar, pero seguro que mi abuela no le había hecho trabajar por su sustento durante todo el verano. Tendría que haberse ablandado y desvanecerse al banco en la luz de una lámpara eléctrica de su cara oficina de estilo. No lo hizo―. ¿Sabes de qué es esa cicatriz? ―preguntó Summer, tocándose un lado en la ubicación aproximada de la larga cicatriz blanca de Hunter. Ahora sabría que estábamos hablando de él, si nos mirara. Eso no parecía probable. La rubia lo miró a los ojos y ladeó la cabeza, su cabello largo desplazándose húmedamente por encima del hombro al descubierto ―Cirugía ―le dije―. Se rompió algunas costillas. Un caballo le cayó encima. ―¿Qué? ―exclamó Summer―. ¿Cuándo? Me encogí de hombros ―¿En octavo grado? ―¡Oh, no! ―exclamó―. ¡Era tan joven! ¿Lo visitaste en el hospital y te sentaste junto a su cama? ¡Qué dulce! ―Hunter iba a escuchar incluso a través de la música palpitante. ―Shhh ―le dije―. No, no nos estábamos hablando. ―Erin ―protestó―. ¿Por qué no?

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Debido a que sólo había pasado un año desde que mi madre murió. Yo había estado aterrorizada por él, pero si hubiera ido a visitarlo, no habría sabido qué decir. Asentí con la cabeza hacia el bar frente a los urinarios ―Vamos a tomar un trago. ―Me puse a andar por el suelo resbaladizo, sin esperar su respuesta y pedí al chico de clase superior una limonada sin vodka. ―Muy bien ―dijo cuando me alcanzó―, pero hay mucho más de este mozo de cuadra que no me estás diciendo ―pidió un daiquiri de mango con un montón de ron. Había pensado que un encuentro con Manohar era mi mayor temor. Después de vislumbrar a Hunter y a la rubia otra vez, la posibilidad de conversar con Manohar parecía francamente acogedora. Él y Brian estaban sentados en las sillas de salón en la esquina, con gafas de sol. Summer rebotó hasta Manohar y sin miramientos se movió para que se deslizara sobre su silla. Eso significaba que podía posarme en el borde de la silla de Brian. Por desgracia, esto significaba que me enfrentara a Hunter de nuevo. La rubia estaba de pie en el agua de la ducha con los ojos cerrados, el agua caliente salpicando su cara y transmitiéndose por su cabello y corriendo hacia el piso de baldosas rojas alrededor de sus uñas perfectamente pulidas. Mientras observaba, Hunter se acercó y le acarició con su gran mano la corona de su cabeza con el cabello oscuro mojado, en medio de la corriente de agua. Su cabello debía sentirse tan suave y caliente para él, casi como su propio cuerpo, como si nada. ¿Cómo pudo hacer algo tan íntimo con ella? Casi no la conocía. La habitación estaba llena, y cuando un cuerpo con el torso desnudo, o bikini pasó delante de mí y me cerró el punto de vista, me di cuenta que estaba mirando. Volví mi atención a la conversación con Summer, Manohar, y Brian sobre la comida en el comedor, que nunca había comido de todos modos porque le pedí a un consejero universitario que me dejara salir del demasiado caro plan de comidas. Sin embargo, los cuerpos semidesnudos seguían adelante, y mi mirada tonta volvería a Hunter. Podría haberme preguntado por el resto de la noche que el que estuviera prestando atención a otra chica era la manera de Hunter de decirme que estaba interesado en mí en su lugar. Yo era una escritora romántica. Volvía los escenarios como yo quería que fueran. Pero eso me volvería loca. Podía prever todo un semestre de actuar como una estudiante de séptimo grado, obsesionada por si me gustaba Hunter, o peor aún, en el conjunto de cuatro años de universidad. Si yo fuera capaz de permanecer aquí tanto tiempo. En su lugar, utilizaría la técnica que había desarrollado para hacer frente

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después de la muerte de mi madre, poniendo todo ese dolor en una pequeña caja para que el resto de ella fuera alejado de ella. Barbilla arriba, vi a Hunter mirando a la rubia, con la mano deslizándose por su espalda desnuda. Me dije a mí misma, a Hunter le gusta a esta chica y no yo. No quiero a Hunter de todos modos porque se robó mi granja y está confabulado con mi abuela. Él no tiene ningún interés sentimental en mí. Todavía estoy bien. Y entonces me di la vuelta. Había un montón de otros chicos con los que hablar en la sauna, y algunos de ellos se veían casi tan buenos como Hunter con el vapor desenfocándolos. Por ejemplo, el “Chico-Lobo” Kyle se dejó caer en el extremo de la silla de Manohar junto a Summer, que ya bastante borracho no se dio cuenta de la expresión pétrea de Manohar detrás de sus gafas de sol, de la manera en que Manohar lenta y deliberadamente renunció a la posesión de la silla, apoyando las piernas y girándolas para que ella se sentara sobre él como un banco y su muslo denudo tocara a Summer. Kyle se inclinó hacia mí a través del espacio entre las sillas. ―Tú eres la que escribió la historia cachonda en escritura creativa. Tienes algunas pelotas. Summer lo empujó a la ligera. Manohar ladró una risa. Brian se sentó, murmurando: ―¿Qué dijo? La música palpitaba y se hizo eco contra las paredes de azulejos. Mantener una conversación involucraba la lectura de labios, así como escuchar. Me aclaré la garganta. ―Por el bien de la conversación cortés, Kyle, voy a elegir pasar por alto la metáfora mixta de género confuso. Y mi historia no era caliente. Todo el mundo, incluso Summer, se quedó boquiabierto mirándome. Me eché a reír. ―Bueno, creo que lo fue. ―Reconocí cuando Hunter se sentó a mi lado en el extremo de la silla de Brian. Hunter sonrió a todo el mundo menos a mí. ―¿Me he perdido la clase? ―Quería preguntarle a dónde se había ido la rubia. Ahora que lo veía, ella había desaparecido de la ducha, y no estaba colgando detrás de él con la mano en su hombro. Pero no debería haberlo deseado, de todos modos, y probablemente no tenía idea que estaba haciendo que mi piel quemara en el lado donde estaba sentado.

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Me esforcé para centrarme en la conversación del grupo, que había vuelto a Gabe. ―Estoy un poco decepcionada de él ―Summer estaba diciendo―. Mi compañera de habitación, por otro lado, Jørdis, creo que las has conocido, Hunter… ―Hunter le sonrió a Summer. No me miró―, es una estudiante de segundo año, y dice que su profesor primer año de su clase de escritura creativa era una mujer esbelta con una capa que llevó a su clase a misiones de observación a través del Wets Village durante la clase. No creo que vayamos en cualquier misión de observación. Gabe se sienta, nos escucha y sorbe su café. ―Si realmente es café ―dijo Manohar―, es tan tranquilo, como si estuviera en una niebla alcohólica. ―Escucha, escucha. ―Kyle chasqueó la taza de plástico contra la mía en un brindis. Mi estómago dio un vuelco. Me sentí extrañamente defensiva de Gabe. ―Sé que es un café ―le dije―. Viene a la tienda donde trabajo. A veces se pasa después de clase. ―Hablando de eso… ―Hunter se acercó, tomó mi copa de mi mano, y probó la granizada limonada. El Hunter que conocía no era tan grosero como para beber de mi copa sin haber sido invitado. ¿Estaba coqueteando conmigo? Mi reacción adecuada sería la indignación, sobre todo después de que tuviera sus manos en toda la rubia. Traté de no mirar sus labios mojados ―¿Cómo sabes que Gabe no está atacando el café? ―preguntó Brian, arrastrándome de nuevo en la conversación. Yo no sabía eso. Pero parecía extremo el equiparar a Gabe estando tranquilo con Gabe estando borracho en el trabajo. Y aunque estos muchachos ebrios estaban disparando la mierda a espaldas de su profesor, me sentí mal por Gabe ya que él no estaba allí para defenderse. ―Esa es una idea ―susurró en mi oído Hunter―. ¿Quieres que repunte por ti? ―Negué con la cabeza. ―Tengo que hacer la tarea más tarde. ―Su hombro desnudo junto al mío se hundió como si estuviera decepcionado. No podía desperdiciar energía sorprendentemente cuando tenía que rescatar la reputación de Gabe. Gabe me importaba, y Hunter no. —Me agrada Gabe —dije lo suficientemente alto para transmitir—. Me recuerda a alguien. —¿A quién? —preguntó Hunter—. ¿Tommy? —A pesar de que había sido difícil escucharnos entre todos antes, lo que dijo Hunter pareció haber sonado tan claro como el día para todo el mundo.

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—¿Quién es Tommy? —preguntó Kyle, y los otros esperaron a escuchar la respuesta. No pensé que este fuera el momento ni el lugar o la compañía para afirmar que Tommy era el relajado padre de Hunter, y que Hunter y yo nos conocíamos desde tiempo atrás. No podía confiar en el “Chico-Lobo”, además de a todos los demás, el secreto del mozo de cuadra. Hunter estaba pensando la misma cosa. Cambió el tema. —Me gusta la forma en que Gabe confía en nosotros para comentar las historias de cada uno. —Él se pasa —dijo Brian—. Pedagógicamente hablando, una cosa es crear un aula centrada en que el estudiante pida la opinión de los demás. Y otra cosa es dejar demolerse uno al otro. —¿Es demoledor el que expreses tu opinión? —preguntó Manohar. Por alguna razón, estábamos teniendo dificultades para escucharnos de nuevo. Él estaba gritando—. Si dejas que una estudiante de escritura creativa crea que su historia es genial cuando no lo es, ¿estás perjudicándola? Si ella apesta, lo necesita saber para que pueda cambiar su especialidad antes de que sea demasiado tarde. Abrí la boca y rápidamente la cerré de nuevo. Mis ojos estaban puestos en el premio, manteniendo a Manohar lejos de ir a Gabe con el secreto del mozo de cuadra. Si el precio era que le permitiera decir críticas fáciles contra mí en público, podía pagarlo. Summer dijo lo que no me atreví a decir. —Estás asumiendo que el estudiante presenta su opinión sabiendo de lo que está hablando. ¿Y si le dice a otra escritora que apesta, y la desalienta, cuando su trabajo es muy bueno? ¿Qué pasa si la opinión del estudiante es, por ejemplo, una especialidad de economía, y sólo toma escritura creativa, en primer lugar porque el programa de los honores lo requiere, y en realidad él no sabe una mierda? —Esto es sólo una repetición de la clase —dijo Hunter—. Si vamos a hablar de escritura creativa, vamos a ser menos específicos. —Deseaba que él viniera en mi ayuda, pero sabía que sólo estaba tomando el control y mantenimiento la paz, como de costumbre. Ya había tenido suficiente. —Yo no creo que sea posible hablar de escritura creativa, sin ser específicos —Me volví a Kyle, frente a mí—. ¿Tienes una navaja muy afilada? —Él parpadeó, luego miró su vaso. —¿Esta es una pregunta capciosa? —No. Sólo vine aquí porque tengo que pedir prestada una navaja muy afilada, y pensé que tú podrías tener una. —No añadí que pensar en él, como

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"Chico-Lobo", me había llamado a la mente la necesidad de una navaja en el desierto. Esta conexión no tenía sentido ya que de todas formas él era de Brooklyn. Brian levantó la mano y gritó: —Tengo una navaja muy afilada. —¿Puedo pedirla prestada? —pregunté. —Mi padre me la dio. —Lo miré a través de la niebla. —¿Puedo tomarla prestada sin que le digas a tu padre? —Porqué no vamos por ella a nuestra habitación —dijo Hunter pasando su vista de mí a Brian—. Entonces iremos a la habitación de Erin, y ella la usará. Nunca dejará tu vista. Apreté mis dientes para no decir nada acerca de la presunción de Hunter de “nosotros”, su decisión de que si usaba la navaja de Brian necesitaba de la presencia de Hunter. No podía olvidar sus manos sobre la chica. Brian frunció el ceño detrás de sus gafas de sol, pero nadie era inmune al encanto de Hunter. Se puso de pie y asintió con la cabeza a Summer. —Aparta mi asiento, ¿okey? —Kyle lo va a apartar, ¿verdad, Kyle? —preguntó Summer—. Me siento cómoda aquí. —Ella me guiñó un ojo. Supuse que era la señal para mí de que se sentía cómoda con Manohar, más que cómoda. El daiquiri de mango probablemente estaba ayudando. Me sentía inquieta dejándola allí. Pero después de todo, la mitad de las personas que llenaban el baño eran chicas, y la casa tenía tres pisos más abajo. Con cuidado, crucé el piso resbaladizo, suponiendo que Hunter y Brian me seguían. Llegué a la manija del baño, pero la mano de un hombre pasó junto a mí y la abrió primero, Hunter, lo vi sobre mi hombro. Entré en el pasillo, el aire estaba seco y frío en comparación, y me dije que el cambio de temperatura era la razón por la que me estremecí. —Por aquí. —Puso su brazo alrededor de mí y tocó mi hombro. Caminó delante de Brian y yo, tres puertas más abajo se detuvo. Brian buscó la llave en el bolsillo de su traje de baño. Hunter llegó a la suya primero y abrió la puerta. Su habitación estaba configurada exactamente como la mía, pero parecía totalmente diferente. Mientras Brian abría un cajón de la cómoda para recuperar la famosa navaja, examiné su piso de collages de carteles psicodélicos hasta el techo. Hunter tranquilamente se sentó en la cama contraria. Su pared estaba en blanco, casi como si él y Brian estuvieran teniendo un empate en diseño interior. Me quedé con torpeza entre ellos.

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—¿A Manohar le dieron la habitación pequeña? ¿Cómo ocurrió eso? He hablado con un montón de gente en esta residencia y siempre hay una historia detrás para conseguir la habitación pequeña. Hunter dio unas palmaditas a su lado en la cama, una invitación para que me sentara. Sofocada, negué con la cabeza. Habló sin perder el ritmo. —Yo no la quería. Esa habitación es claustrofóbica. —Y yo salí del closet cuando tenía trece años —Brian se volvió hacia nosotros, blandiendo una brillante navaja—. Y no voy a volver entrar. —Él vino hacia mí con la navaja, maniobrándola. —¡Brian! —Hunter saltó de su cama—. No se la des a cuando nunca ha usado una antes. —Ella me lo pidió —dijo Brian—. ¿No es por eso que estamos aquí? —Vas a alejarla de ella. O lo haré yo —Hunter tomó la navaja por el mango— . A veces Erin no sabe lo que es bueno para ella. —Maniobró la cuchilla como un hombre de la selva listo para apuñalar a la serpiente pitón que se cruzara en su camino, y se la llevó cuando salimos de la habitación. Brian y yo intercambiamos una mirada, y lo seguimos. —¿Para qué la necesitas, de todas formas? —preguntó Brian en las escaleras. —Ya casi se acaba mi crema para la cara, y no puedo darme el lujo de otro tubo. Si lo abriera y lo pusiera en una bolsa de plástico, creo que podría sacarle otro mes, tal vez seis semanas. Hunter se volvió bruscamente en la escalera debajo de nosotros. Brian y yo saltamos hacia atrás, pero Hunter sabía manejar mucho mejor la navaja. La navaja estaba de su lado. —¿Eso es de lo que se trata? No necesitas crema para la cara. Te ves muy bien. —Eso es porque la he estado usando —le dije al mismo tiempo que Brian: "Eso es porque ella ha estado usándola", y rodó los ojos. Salimos de las escaleras al segundo piso. Abrí la puerta, los dejé pasar, y abrí la puerta para mi pequeño dormitorio. —¿Cuál es tu historia, entonces? —preguntó Brian, ya husmeando en mis cosas—. ¿Cómo acabaste en el closet? —Me ofrecí —dije desde la puerta. —Me gusta —Hunter susurró—. Siempre preferiste estar en el closet. —Me abracé mientras un escalofrío recorrió mi piel.

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No me miraba a los ojos. Estaba tocando el tejido vaporoso verde del traje de danza del vientre en la parte posterior de mi puerta. En un tono normal, dijo: —Todavía no puedo creer que estés tomando danza del vientre para tus créditos físicos. Nunca te hará algún bien. —¡Creo que es genial! —exclamó Brian. En el fondo de mi mente sabía que debería haber agradecido a Brian por venir a mi defensa. Todo lo que veía era a Hunter, tocando a la otra chica en la ducha y ahora teniendo el descaro de meter la nariz en mis asuntos. —¿Qué crédito físico me haría bien? —pregunté con recelo—. ¿Montar a caballo? —Tú lo has dicho —murmuró—. Yo no lo hice. —Me gustó la idea de conseguir poner mis abdominales en forma —dije con sinceridad—. He estado haciendo esto durante tres semanas y mira. — Señale mi barriga expuesta para mostrarle. Era plana. No es que le importara. Brian sacó la cabeza fuera de mi habitación para ver. —Deberías perforarte el ombligo. Di que te ejemplifica. —Desapareció por la puerta otra vez. —¿Estás bromeando? —dije—. ¿Sabes cuánto costaría, por no mencionar el precio de una pieza? —Tu abuela se pondría furiosa —susurró Hunter—, al igual que la última vez que te perforaste. —Él tocó con un dedo del diamante a un lado de mi nariz. Nos mantuvimos viéndonos por un largo, eléctrico momento. Toqué su mano y susurré: —Todo lo que hago no está diseñado para hacer enfurecer a mi abuela. No me importa un bledo lo que piense. Me fui a mi habitación. El hurgamiento de Brian no me había molestado en absoluto, pero ahora que Hunter venía detrás de mí, miré a mi alrededor frenéticamente. Nada estaba fuera de lugar. Nada me traicionaría más que mis secretas fantasías sobre Hunter. Él ya las conocía todas, de todos modos. Brian paró delante de un barato marco clavado en mi pared. —Wow, una carta de rechazo. Deberías tirarla. ¿No te desanima? Uf, me había olvidado de la carta de rechazo. Significó mucho para mí que apareciera. Ese verano había terminado la novela rosa que había trabajado

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en mi año entero de escuela secundaria. La envié a la editorial a la que había escrito. Después de sólo un mes, había recibido una carta de rechazo, fue muy rápido. Tienen que haberla, realmente, odiado. Busqué en mi cajón de la cómoda la crema. —No, me anima. Es mi primer paso firme hacia la carrera de escritora que quiero. Brian me miró por encima de su hombro. —¿El rechazo es un paso de la carrera de escritora que quieres? —No —dije—. Todos los escritores reciben rechazos. —No los que son publicados —señaló Hunter. Tomé la crema, y la moví a él entre mis dedos. —La navaja, por favor. —En vez de darme la navaja, él tendió la mano para el tubo. Se lo di. Lo puso encima de mi escritorio y preparó la hoja del cuchillo por encima. Brian y yo nos inclinamos a mirar. Quería estar segura de que Hunter no rompiera el tubo y derramara su precioso contenido, y descubrí que mientras más me acercaba a él, el aire que lo rodeaba era más cálido. Mi piel se calentó deliciosamente sin tocar la suya. —Esto es como una cirugía. Con un hacha. —Ligeramente cortó el tubo en la parte inferior por el prensado, y luego en la parte superior donde estaba la tapa, y por el centro, conectando los cortes superior e inferior. Con la punta de la hoja, levantó una de las solapas que había hecho. —Se abre como un transbordador espacial de carga. —Genio —dije—. Mi héroe. Se enderezó y me miró. Brian y yo nos enderezamos, también, porque cuando Hunter se enderezó, el cuchillo se acercó a nosotros. —Por lo tanto, ¿tienes una bolsa de plástico para evitar que se seque? — Hunter me preguntó. —Sí —dije. Cuando no me moví, él miró a Brian, y luego a mí. —Ponlo lejos y vuelve arriba con nosotros —me dijo—. Sigue adelante. Asentí con la cabeza hacia mi libro Norteamericana (¡bleh!) sobre mi escritorio. de principios-de-literatura-

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—Tengo un montón de lectura que hacer. —Su rostro se ensombreció. Ya sea porque era aún mejor actor de lo que pensaba, o se sorprendió realmente que me negué a regresar a la fiesta con él después de que tan gallardamente llevó a cabo la cirugía de mi crema facial.

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—Fue muy divertido, sin embargo —dije—. Absolutamente buena vista. —A Brian le dije: ―Hazme un favor y asegúrate de que Summer llegue a casa segura. —Lo haré. —Brian ya había dejado mi habitación y se dirigía hacia la puerta exterior. Hunter se quedó un momento más, con sus cejas rubias bajas, desorientado debido a que otro hombre había sido puesto a cargo. Luego se recuperó, restaurando su rostro en el modo, por defecto, guapo. —Que tengas una gran noche, Erin. Nos vemos en clase. —Gracias, Hunter —dije en un tono que corrió hasta el borde del sarcasmo sin pasarse. Lo acompañé a la puerta, cerrándola con llave detrás de él, y corrí de vuelta a mi habitación para quitarme mi bikini húmedo y ponerme algo antes de congelarme. Cuando terminé de cambiarme, escuché sus pisadas. Donde mi ventanal terminaba por un lado, mi habitación compartía una pared con la escalera. No quería cambiar mi almohada hasta el otro extremo de la cama porque me sentiría vulnerable con mi cabeza cerca de la puerta, pero algunas noches tenía la tentación cuando los estudiantes y gritos llenaban los pisos superiores en las primeras horas. Esta noche me alegré de oír la mezcla del paso rápido de Brian, aferrándose a la barandilla, con el de Hunter más lento, deambulando más pesado por el peldaño. Los escuché ascender entre los pisos segundo y tercero, tercero y cuarto, cuarto y quinto, sus pasos desaparecieron detrás de la pesada puerta del quinto piso. De esta forma supe que se habían ido de verdad. La puerta estaba cerrada en la fiesta. Hunter podría volver con su rubia, y yo podría volver a trabajar. Unas horas más tarde, dos juegos de pisadas saltaron hacia abajo: una más rápida, otra más ligera y vacilante, borracho. La voz de Brian se rió entre dientes en la puerta exterior de mi habitación. La puerta se cerró. Sólo las pisadas borrachas tropezaron entre las camas, y después Summer entró por mi puerta, empujando mis libros a un lado y acurrucándose en mi regazo. Cepillé su cabello negro lejos de sus ojos cerrados. —¿Qué pasa? —bostecé. —Le mencioné el mozo de cuadra a Manohar —murmuró—. Él se enojó conmigo. Piensa que en realidad no me gusta, y la única razón que estaba coqueteando con él fue para buscar algo por ti. Pude haber sido evasiva y dicho: “Yo pensaba que sólo estabas coqueteando con él para conseguir algo por mí. ¿Realmente te gusta, después de todo? ¡Oh!” En lugar de eso, dije con dulzura: —Él vive en tu residencia y tendrás clases con él todo el semestre. Tendrás muchas oportunidades para solucionarlo. Va a entrar en razón. —Se dio la

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vuelta y se rascó la espalda desnuda entre las correas de su bikini de color amarillo brillante hasta que Jørdis vino del estudio de arte. Me dediqué a leer principios-de-literatura-Norteamericana (bleh!) todo este tiempo, pero apliqué mis palabras para Summer. Por primera vez, lo creí. Summer y Manohar eran geniales y divertidos, y siempre podían intervenir más allá de las barreras creadas por sus propios egos, no había nada que se interpusiera entre ellos. Al menos, eso es lo que esperaba. Cada noche durante mi descanso de quince minutos en la cafetería, miraba a los clientes, tomaba a dos de ellos juntos, y una lluvia de ideas de un final feliz para ellos. Por lo general eran estudiantes, porque la cafetería estaba muy cerca del campus. Ellos no tenían problemas reales. Sus padres estaban pagando sus estudios superiores. El precio de uno de sus mocas nocturnos me hubiera mantenido con galletas de mantequilla de maní durante dos semanas. Cualquiera de estos hombres y mujeres jóvenes podría ser el uno para el otro. Ellos simplemente no lo sabían, y nunca se presentaban entre sí, excepto en un archivo en mi computadora portátil. Pero a veces los clientes eran jóvenes profesionales. Los chicos con el último corte de cabello, chicas con el cabello rebelde, pero halagadoramente extraños y sin maquillaje, todos con los más caros salidos-de-bastidores trajes que podían permitirse. Yo sería esa chica con el tiempo. Si jugaba mis cartas y ganaba las prácticas de publicación, podría ser esa chica en Enero. Le encantaría su trabajo, y crearía de por vida. Ella no podría creer su suerte cuando el chico caliente del departamento de ficción para adultos en su casa editorial se acercara a su mesa y le pidiera salir con él. Atesoraba esos quince minutos al día de escritura. Vivía para ello. Por mucho que me agradara Summer, sentí una punzada de molestia cuando rebotó en la cafetería durante el descanso, casi una semana después de la fiesta en la playa. Más problemas tenían que haber brotado entre ella y Manohar. La cafetería estaba fuera de su camino. —¡Hey! —dije—. ¿Qué pasa? —Ella se deslizó en la silla frente a mí. —Estaba regresando de la biblioteca. —¿Dirigiéndote a la residencia? Esta no es tu ruta. —Sí. Quería preguntarle algo —Ella reprimió una sonrisa—. ¿Has leído las historias de la clase de mañana de escritura creativa? Señalé a ella. —¡No! Lo hubiera hecho, pero me retrasé en mis lecturas, y cuando salga del trabajo tengo que estudiar para un examen de cálculo para mañana. Voy a dejarlo para el último momento —Hice una mueca ante la involuntaria metáfora de carreras de caballos—. Haré la lectura de las historias, justo hasta antes de la clase. ¿Por qué?

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—La historia de Hunter es sobre ti.

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—¿Qué quieres decir con “su historia es sobre mí”? —pregunté lo suficientemente fuerte para que mi jefe se asomara por la puerta trasera y pusiera sus puños en las caderas. —Uh-oh —susurró Summer—. Mejor me voy antes de meterte en problemas. Demasiado tarde. Pero no podía dejarla ir todavía. Mi corazón latía tan fuerte, que podría morir de la curiosidad. —¿Hay una pelirroja en la historia de Hunter? —No, pero… —Muy bien, gracias por la advertencia. Leeré mañana. —Cerré mi portátil, me despedí, y volví a trabajar. Mientras hacía un capuchino para mi próxima víctima, mi corazón se desaceleraba. Yo no estaba en la historia de Hunter. Esto era más de las ilusiones de Summer. Mentalmente escribí una historia de su idea. Me ayudó a pasar mi noche en el trabajo, horas de estudio, y un examen de cálculo con bastante éxito a la mañana siguiente a pesar de que Hunter estaba sentado en la habitación. Pero una hora antes de la clase de escritura creativa, a solas en la biblioteca, absorta en sentido literal y figurando en la historia vaporosa de Hunter, no estaba tan segura.

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Capítulo 6
Visión borrosa por Hunter Allen

Traducido por Josez57 Corregido por hanna

S

us amigos crearon una "fiesta playera" en el baño de hombres en su piso de la residencia abriendo las duchas al máximo. Ellos dijeron que en la residencia había una caldera enorme que nunca se quedaba sin agua caliente, al igual que cualquier casa de piedra rojiza construida en Nueva York. Esto le pareció extraño porque él era de campo, donde las vallas estaban hechas de peñascos de piedra caliza que los trabajadores habían excavado del suelo en 1900, donde los cultivos se secaban en graneros pintados de negro para aprovechar mejor el calor del sol, donde la hierba era verde todo el año a causa del sol y la lluvia y la piedra caliza rompían profundamente la tierra. Los humanos y los elementos vivían en armonía en el lugar. Él no tenía conocimiento de la ciudad, donde el gran número de seres humanos abrumaban por completo los elementos, sin embargo, la caldera no se quedó sin agua caliente. ―Esto se siente tan bien ―dijo la chica bajo sus manos. El amigo en la barra le había informado que la muchacha se había tomado tres daiquiris de fresa ya. Estaba en posesión de un cuarto, pero ella lo había equilibrado en la jabonera, mientras entraba en la ducha de agua caliente, empapando su traje de baño. Ella lo miró a través de sus ojos medio cerrados. Vio cómo las gotas de la lluvia rebotaban en las paredes enmohecidas y chapoteaban en el vaso de plástico transparente, formando una capa de agua caliente en la parte superior, debajo una segunda capa de granizado derretido teñido de fresa. Ya no parecía apetitoso, pero ya había bebido lo suficiente para sus propósitos de todos modos―. Esto se siente bien. Deslizó la mano a su alrededor, hacia su dorsal. Él esperaba este movimiento sin problemas, pero su piel contra la de ella se sacudió con la tensión húmeda. Apenas había comenzado y él necesitaba lubricación ya. Sus amigos se reirían de él por pensar eso. Todos los hombres tenían que ir a la universidad con experiencia. Ellos debían conocer cómo dar masajes a una chica en la ducha en frente de la mitad de la residencia y actuar amable al respecto. Ellos debían conocer cómo llevar a esta chica a la cama poco después y hacerle creer que era una buena idea. Él nunca habría admitido esto a sus amigos o a cualquier otra persona, pero él no tenía experiencia. Y la razón principal por la que no lo había hecho en la escuela secundaria acababa de entrar por la puerta del baño directamente detrás de él. Él no podía verla porque estaba de espaldas. No podía escuchar su voz ronca. Pero podía oír la risa de su amiga en todas partes. Y vio la niebla de las duchas establecerse en capas como hielo y en los saborizantes artificiales en el vaso en la jabonera empotrada en la pared. La niebla de las duchas se

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arremolinaba cuando ella y su amiga abrieron la puerta del baño. En su lugar, paz y silencio, así como todo el mundo se redujo a un trote, un paseo, un alto con las orejas tiesas cuando ella se acercó. Su mirada quemaba un agujero entre los omóplatos de él. Ella podía mirar todo lo que quería pero él no iba a darse vuelta. Nunca más. Ella había dejado muy claro desde que tenían doce años que él no era lo suficientemente bueno para ella. Si había cambiado de opinión ahora que él tenía su mano sobre la espalda de otra chica en un baño público, ella podría comerse su corazón. Poniendo su barbilla sobre el hombro de la chica, vio a su propio dedo índice abrir un camino de plata a través de las gotitas de agua pegadas a su espalda. Su punta de los dedos llegó a su columna vertebral y trazó círculos pequeños, una muestra de lo que iba a hacerle a otras partes de ella más tarde. Se preguntó si ella ya estaba demasiado aturdida para sentir su tacto y entender las insinuaciones. Con los ojos aún medio cerrados, ella levantó la barbilla y abrió los labios para un beso. En lugar de besarla, presionó su dedo en sus fosas lumbares laterales, las muescas en la parte baja de la espalda, y se detuvo. Ella era una muchacha hermosa, sin duda, y sabía su nombre. La situación no había llegado a ese nivel de todo cliché. Pero él no sabía lo que a ella le importaba, o lo que pensaba hacer en su carrera, o de que ciudad de Jersey era. Sus amigos se burlarían de él si se enteraban que esto le molestaba. La chica de su ciudad había atravesado la habitación detrás de su espalda y se instaló en una reposera. Él podía oírla, uniéndose a una conversación como si ella no estuviera haciendo un agujero a través de él. Tal vez no lo estaba. Eso decidió su asunto. Besó a la chica delante de él. Cedió hacia atrás hasta que ella quedó atrapada entre su cuerpo y la pared mohosa. No es que él necesitara atraparla. Ella abrió la boca, de buena gana para él. Tal vez ella sabía lo que era importante para él y de que pueblo era. Él no se lo había dicho, pero tal vez lo había descubierto. O tal vez realmente no le importaba. Esto es lo que se dijo mientras apretaba su lengua en su cavidad oral. Sus labios superior e inferior eran zonas erógenas. El beso era cada vez más fuerte, más rápido, sus sensores despedían mensajes en el núcleo accumbens en el cerebro. Ese centro, a su vez envió una sensación de hormigueo al monte de Venus de ella, despertando la posibilidad de lo que vendría próximamente. Ella y él eran de diferentes estados, después de todo, y probablemente no guardarían ninguna relación, y la detección de eso a través de sus feromonas al parecer era la motivación que ellos o cualquier otro necesitaba para iniciar el ciclo reproductivo. Él estaba recorriendo con su lengua justo por encima de la clavícula cuando ella apretó las manos en sus músculos pectorales, fingiendo una petición de hacer una pausa. ―Esta terriblemente atestado aquí ―susurró, su aliento se encrespaba con el vapor―. ¿Podríamos ir a tu habitación donde es más privado? ―Ella había hecho el primer movimiento. Él conseguiría lo que había buscado sin sentirse culpable. Aspiró profundamente con satisfacción, disfrutando de ese

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momento, ―y olió el moho creciendo en las paredes. Antes de que él pudiera echarse atrás de la situación, la agarró de la mano, epidermis con epidermis, y tiró de ella hacia la puerta. La muchedumbre era densa, la niebla más espesa, las luces se encendieron y se balanceaban en una aproximación a una discoteca, y todavía alcanzó a vislumbrar a la chica que él esperaba no estuviera realmente a sus espaldas, mirándolo. Fuera del baño, en el pasillo frío, los pezones de su compañera endurecidos debajo de su bikini con la liberación de testosterona a causa del alcohol, y la oxitocina de sus manos en ella. A medida que la llevó a su habitación, ella se tropezó. Redujo su ritmo y con el generoso apoyo de su glúteo mayor para que no se cayera antes de llegar a su destino. Cerró la puerta detrás de ellos. Ella tropezó en su cama, se sentó y se quitó las chancletas. Ella era mucho más lista que él. Sus amigos se horrorizarían si se enteraban que dudaba. No había nada malo con este escenario. Nada. La llevó hasta el pie de la cama, echó hacia atrás las mantas y la sentó de nuevo sobre las sábanas. Algodón, Gossypium hirsutum, en lugar de seda, una secreción de Bombyx mori, pero él estaba en la universidad y nadie perdía su virginidad en circunstancias ideales. De lo contrario no habría una historia para embellecer cuando tuviera cincuenta. Suavemente la atrajo sobre él. Abrió su traje de baño y lo empujó al costado. Mientras el núcleo accumbens en su propio cerebro se inundada de actividad, él se preguntaba en qué especie de monstruo se había convertido.

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―Un monstruo que consigue lo que quiere ―murmuró Kyle mientras todos estaban colocando la historia de Hunter en la cima de nuestras pilas. Pero ese comentario fue por debajo de la mesa, por así decirlo, no era parte de la discusión del debate oficial. La discusión oficial, comenzando con la opinión de Manohar, fue aún peor: ―Sólo quiero dar las gracias a Hunter por ser tan valiente y compartir su primera vez con nosotros. La respuesta fueron bufidos y carcajadas de los hombres de la clase, y marcó el tono del debate de la historia de Hunter. Yo esperaba que alguien, tal vez incluso un traicionero Manohar o Brian, señalara que el narrador era de "Horse Country", es decir que su lugar de origen no estaba en Long Island. Las cercas de piedra caliza, los graneros de tabaco negro, y la hierba verde en invierno son icónicos de Kentucky, Región del Bluegrass, y cualquiera hubiese podido leer entre líneas y haberse dado cuenta de que Hunter era mi mozo de cuadra. Pero nadie mencionó eso. Estaban demasiado ocupados riéndose a carcajadas sobre el sexo. Las mujeres tartamudeaban sobre cómo cambiar la historia, lo vulnerable que era el narrador, y lo interesante que

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era conseguir un tipo así desde el punto de vista del noviazgo. Esto fue amable de ellas y escondió lo que realmente querían decir, que era obvio que todas estaban calientes por Hunter desde antes, y ahora ellas no lo podían soportar. Se había convertido en una estrella de cine. Los hombres se rieron y dijeron que pensaban que la historia terminó demasiado pronto, que era su manera de decir que se dieron cuenta de que todas las mujeres estaban calientes por Hunter y que deseaban que se les hubiese ocurrido esa maniobra a ellos mismos. Ellos trataban con tanto empeño elegir la ropa adecuada, el peinado correcto, y el dinero para las citas. Ninguno de ellos había pensado en utilizar la clase de escritura como un punto a favor. Summer apoyó su mentón sobre el su puño y miró a través de la mesa a Manohar. ―¿De qué te parece que se trata esta historia, Manohar? ―Ella se apoyó en mí y le dijo a Gabe―. Le ruego me disculpe por hablar fuera de turno, p ero creo que esto es importante ―Ella se volvió hacia Manohar―. No crees que esta historia es sobre amor no correspondido en absoluto, ¿verdad? Piensas que solo se trata de acostarte. ―¡Sí! ―exclamaron la mayoría de los hombres, mientras que la mayoría de las mujeres chirrió: ―¡No! Gabe y Hunter, en los extremos opuestos de la mesa, ambos mirando a través de sus papeles garabateados sin levantar la vista. Hunter estaba sentado cómodamente en su silla, como si la clase se refiriera a su escrito todos los días. ―Aun cuando es tan penosamente poco sexy ―preguntó Summer.―Hay mucho más en juego aquí. Hunter es más inteligente que eso. ―Estás dándole demasiada importancia a ello ―dijo Manohar―. Él está burlándose de una cierta otra historia supuestamente sexy escrita para esta clase. Él está mostrando cuán clínico y predecible y poco atractivo era realmente. Abrí la boca para decirle a Manohar que ya había tenido suficiente. Una cosa era que él insultara mi historia, mientras la discutíamos en clase. Era demasiado que insultara mi historia, mientras discutíamos la de otra persona. Él ya me había hecho saber que odiaba mi forma de escribir. Ya lo entendía. ¡Basta! Como de costumbre, Summer se me adelantó. ―No estoy segura de si Hunter lo hizo a propósito o si ni siquiera se da cuenta de que lo hizo, pero no hay una dicotomía entre el lenguaje hermoso que usa para las dos muchachas. La chica que está con él en la ducha la describe en términos anatómicos, como un objeto. Incluso la llama 'esta' una vez, casi al principio. "Esto me hace sentir bien". ―El salón se llenó con el estrépito de pasar las páginas, luego una pausa, mientras todo el mundo buscaba el pasaje.

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―Noooo ―dijo Manohar―. Es la respuesta de él a la chica diciendo: "Esto se siente tan bien. " "Esto” equivale a 'esto', lo que significaba estar de pie en la ducha juntos. Summer habló por sobre él. ―La chica que está tratando de hacer poner celosa nunca fue descrita físicamente en absoluto. Él transmite solamente sus emociones a su alrededor. Él la ama tanto que ni siquiera puede verla. Yo había decidido no mirar a Hunter, mientras la clase estaba hablando de su historia. Tampoco di un vistazo hacia él ahora para calibrar su reacción. Si Summer quería descifrar algo más de la relación de él conmigo cuando yo estaba allí, era su problema, no mío. Tenía un gran interés en mantenerme al margen de cualquier enredo que involucrara a esta clase de escritura creativa en intersección con la vida real. Para recordarme a mí misma de esto, he trazado PASANTÍA una y otra vez en una hoja de papel, ―no en mi copia de la historia de Hunter, la que tendría que pasar de nuevo a él. ―¿Erin?―Gabe preguntó. En este nanosegundo paralizante, pensé que Gabe estaba preguntando a Hunter si yo era la chica que amaba tanto que no podía ver. En el nanosegundo horrible siguiente, me di cuenta de mi estúpido error. Mientras que yo había estado soñado, todos en la clase habían comentado la historia de Hunter. Summer había perdido su turno ya que ella ya había respondido a Manohar. Gabe estaba llamándome para que diera mi opinión. Suspiré mientras la sangre se me subió a la cara. La sangre se me subía a la cara cada vez que Hunter movía el dedo pequeño en esta clase. Justo enfrente de mí, Manohar debía pensar que tenía rosácea. ―Este no es mi tipo de historia ―comencé, pasando un dedo por el borde de la primera página. Cogí mi mano y me di cuenta que me había hecho un corte con papel, y me senté en mi mano herida―. No puedo amar una historia en la que los personajes no consiguen lo que quieren. ―Oh, yo creo que consiguió lo que quería ―dijo Kyle. Otros muchachos se rieron entre dientes. Yo levanté la voz. ―O no saben lo que quieren. Todos hemos oído la crisis existencial un millón de veces. Dicho esto... Hunter...―Él me miró cuando lo llamé por su nombre. No diría esto a la clase en general, hablando sobre él en tercera persona. Este mensaje era para él, y yo quería que lo escuchara―. Pensé que tu escritura era lírica y descriptiva pero completamente evidente. Podría ver ese escenario en el sauna. ―Casi como si estuviera allí ―comentó Brian ―. En serio. Yo levanté la mano para callar a Brian sin apartar los ojos de Hunter.

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―Fue la mejor historia que he leído de esta clase. ―Hunter inclinó la cabeza para garabatear algo en su historia, una pequeña sonrisa tirando de sus labios. ―¿Mejor que la tuya? ―gritó la clase en risas. Por supuesto que sería un asno cuando yo estaba tratando de ser amable. ―Como dije, este no es mi tipo de historia. La otra cosa que me gustaría señalar, sin embargo ―Todo el mundo se calló y se inclinó hacia adelante, colgando de mis palabras. Ellos esperaban otra actuación como respuesta entretenida para Manohar con mi propia historia―. Es que no hay diálogo. ―Terminé. ―No hay diálogo ―dijo Brian―. La chica dice: "Esto se siente tan bien". ―No pudo resistirse a imitar a la vos sensual de chica―. Y entonces él dice:… ―Sí, ella dice algo ―interrumpí―. Y luego él dice algo. Sin embargo, la definición de diálogo es hablar juntos, intercambiando ideas. Estos personajes no lo hacen nunca. Y el personaje principal nunca intercambia ni una sola palabra con la chica misteriosa que es mucho más importante que la chica de la ducha. ―Creo que Hunter lo escribió así a propósit o ―dijo Kyle. ―Tal vez lo hizo ―dije―. Esta elección tiene algún mérito artístico. Por otro lado, los personajes importantes que se comunican entre sí e interactúan habrían sido más difíciles de escribir. Tal vez Hunter tomó el camino más fácil ―Esta vez me miró sin sonreír. Por fin, levantó la barbilla, abrió sus ojos azules, y me reconoció a través de la mesa como si finalmente escuchara lo que estaba diciendo―. Mientras no haya diálogo ―le hablé directamente a él―. No hay conexión entre los personajes, n o hay nada que realmente suceda en esta historia. Todo está en la cabeza del personaje, y no hay acción. ―Me parece que él tiene un montón de acción. ―Este comentario similar a los hechos por Manohar fue hecho por un muchacho que casi nunca dice nada en clase. Si sintió que era seguro tirar un disparo hacia a mí, machacar el tema no tenía sentido. Miré a Gabe, mi señal de que había terminado. ―Tu turno, Hunter ―llamó. La clase se quedó en silencio mientras Hunter terminó de escribir una nota en su historia, o fingió terminar de escribir una nota para causar efecto. Luego sonrió brillantemente a nosotros. ―Gracias por sus comentarios. Estaba un poco nervioso por ser mi primera vez ―Todo el mundo se echó a reír porque él era tan divertido―. Pero no fue tan doloroso como yo pensaba. Su retroalimentación será muy útil cuando revise la historia para mi carpeta al final del semestre. ―Sonaba como una carta en forma humana.

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―¿Quieres decir que dejarás de lado el diálogo? ―Summer lo presionó―. ¿Era muy difícil escribir como Erin dice? ―Siguió sonriendo mientras la sonrisa desapareció de sus ojos azules. ―Gabe puede hacer una excepción a esto, pero siento que mi contribución a clase el día de hoy se trata de si mi historia es una historia misma. Luego me dices lo que piensas de la historia, y aprendes de eso. Yo no debería tener que responder a tu pregunta. Esto no es más Estudiantes de primer año de la clase destacada de escritura creativa. Esto es Estudiantes de primer año de la clase destacada de psicología, y yo no necesito ninguna terapia de conversación. ―Tal vez tú no ―dijo Isabelle, a su lado―. Tal vez escribiste algo en tu historia que nunca deseaste. Puedes aprender mucho sobre ti mismo de esto. ―Yo siempre hago exactamente lo que pienso ―espetó Hunter. Trece personas se le quedaron mirando. Hunter no perdía la calma. Yo sabía esto por los seis años yendo a la escuela con él. Incluso sus nuevos amigos conocían esto de él ya. Él parpadeó, dándose cuenta de lo que había hecho. Una lenta sonrisa se dibujó en su cara otra vez. Hizo un guiño a Isabelle―. Pero gracias por el consejo. Sinceramente aprecio el trabajo que todos hacen en criticar mi forma de escribir.

OOO
La discusión se trasladó a la escritura de otro compañero de clase, pero mi mención de "mi tipo de historia" generó otro argumento más adelante en la clase entre Summer y Manohar sobre géneros apropiados para el curso. El tiempo de clase corrió. Tenía que levantarme e irme antes de que Gabe nos despidiera, y aun así, se me hizo tarde para entrar a trabajar en la cafetería. No importa. La historia de Hunter fue lo único que pensé durante mi turno. Yo sabía exactamente de lo que Summer estaba hablando cuando entré en nuestra habitación seis horas después. ―He estado contándole todo a Jørdis. ―Ella me invitó a la cama de Jørdis con un par de tijeras. ―Mi mozo de cuadra era rubio ―protesté, tomando las tijeras y la revista que Jørdis me entregó y me instalé en la almohada a su lado―. Si esta chica soy yo, ¿por qué no tiene el pelo rojo y un rostro tapado de pecas? No soy difícil de describir. ―Exactamente ―dijo Summer―. No pudo escribir sobre tu pelo rojo. Todo el mundo en la clase sabría que eras tú. Nadie sospechaba que él era el mozo de cuadra en tu historia, porque él no había aparecido hasta incluso aun cuando desviaste tu historia. Sin embargo, esta chica eres tú. Es obvio. Desde que tenía doce años, esta chica lo ha hecho sentir como si la tierra se

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detuviera. Él todavía sigue virgen, porque si no podía tener a esta chica en la escuela secundaria, no quería a nadie más. Ella incluso tiene la voz ronca. Hice una mueca. ―Sí, eso grita sexo, ¿no? ―Yo había tomado una excepción a la descripción de la voz ronca. El hecho de que yo fuera contralto3 no significaba que tenía que hacer que sonara como un puma. ―¿Y? ―insistió Summer―. ¿Cómo puedes ignorar el hecho de que está hablando de ti? Yo no lo estaba ignorando. Me di cuenta de que estaba hablando de mí. Pero también sabía que él no iba en serio con nada de esto. Si realmente había sentido esto fuertemente por mí, no me habría robado mi fortuna. Sin embargo no usé esto para explicarle a Summer, porque iba a encontrar una manera de torcer el robo de ciento cuarenta y siete caballos en una insinuación romántica. Negué con la cabeza. ―Incluso si la chica fuera yo, el chico de la historia no es Hunter. El tipo en la historia conoce todo acerca de la anatomía. ―Hunter está tomando clase de anatomía ―dijo Summer. Mis tijeras detuvieron su progreso a través de la página de la revista, y el raspado metálico de las tijeras de Summer y Jørdis llenó mis oídos como las campanas de alarma. Me obligué a empezar a cortar de nuevo antes de que notaran que me había detenido. ―No, no lo está ―le dije a Summer―. Él tiene un gran negocio. ¿Por qué tomaría anatomía? ―No sé ―admitió―. Pero vi su libro de anatomía en su cama cuando pase por la habitación de Manohar ayer. ―¿Y por qué fuiste a la habitación de Manohar ayer? ―preguntó Jørdis con insinuación tanto como su acento danés le permitía. ―Oh, no era nada de eso ―le aseguró Summer―. Estaba pasando por el pasillo fuera de su habitación… ―Debido a que tú casualmente estabas paseando hasta tres pisos arriba, en la planta de los hombres, sin ninguna razón aparente. ―Le seguí la corriente. Riéndose, ella puso su mano sobre mi boca. ―Y él me llamó al interior porque estaba haciendo sopa de curry angloindia y quería que yo la probara. ―Jørdis y yo soltamos una carcajada, cuidando de mover nuestras tijeras a un lado antes de doblarnos de la risa en la cama. Summer sonrió tristemente a nosotras. Finalmente Jørdis logró hablar.
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Voz más grave femenina.

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―¿La sopa de curry angloindia estuvo bien?

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―Estuvo bien ―dijo Summer―. Tendría que acostumbrarme a ello. ―Eso hizo que Jørdis y yo nos riéramos más. Tosiendo por la risa, le pregunté a Summer. ―¿Vas a probar su sopa de curry angloindia otra vez? ―Sin dejar de sonreír, ella negó con la cabeza. ―A veces sopa de curry angloindia es sólo sopa de curry angloindia. ―Oh ―dijimos Jørdis y yo juntas. Me quedé decepcionada de que Summer no hubiera hecho progresos en su romance con Manohar. Ojalá pudiera enviarla a otra misión, ya que ella parecía necesitar una excusa para justificar hacer un movimiento hacia él, pero no me atreví. Si Manohar había sido tan loco como Summer dijo acerca de ser manipulada con respecto al tema de mozo de cuadra, yo no quería empujarla. Gabe no me había llamado a su oficina para una charla severa a estas fechas, la tercera semana de clase. Tal vez había esquivado una bala. ―De todos modos ―dijo Summer―. Hunter está tomando Anatomía. Todo lo que sucedió en la historia es exactamente igual a lo que realmente sucedió en la fiesta playera. Eso quiere decir que está caliente por ti, Erin. ―Eso también significa que se acostó con la chica rubia ―señalé. ―Si lo hizo, al menos él quería que tu lo vieras ―dijo Summer. ―Tengo que encontrar una manera de leer esta historia ―dijo Jørdis. ―Pero no se acostó con esa chica ―dijo Summer, descartando la idea agitando la tijera abierta―. Recuerda que abandonó la fiesta contigo y Brian. Él y Brian regresaron. Vi a la chica rubia unas cuantas veces más, pero nunca con él. ―¿Quién se fue primero? ―le pregunté―. Yo podía escuchar la música todo el camino hasta aquí. Tú tenías una discusión con Manohar y dejaron la fiesta un par de horas antes que terminara. Hunter tuvo un montón de tiempo para conectar con ella. Parece que lo hizo.

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OOO
Bien entrada la noche me desperté. Había estado en la cama durante un largo tiempo sin darme cuenta de que estaba despierta. Por último, algo me hizo dar vuelta y mirar por la ventana cercana a la cabeza de mi cama, en la calle oscura, justo a tiempo para vislumbrar a Hunter regresar a la residencia de estudiantes. Estaba un piso más abajo, a pocos pasos de distancia de la escalera de entrada, y las hojas crujientes de color rojo en los árboles echaron en las

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sombras de las farolas. Pero yo lo conocía por la forma en que se movía. Su abrigo se abría para revelar los pantalones vaqueros y una camisa, casual pero costosa, por debajo. ¿Abrigo? Era apenas otoño, no hacía suficiente frío―pero mirando el reloj en mi gabinete de archivos, me di cuenta de que debía hacer suficiente frío para que él necesitara esta capa extra en la quietud de las cuatro y media de la mañana. El viento atrapó la espalda de su chaqueta y azotó detrás de él cuando agarró la barandilla de la escalera con una mano. Saltó a la escalera, como si gastar su última gota de energía valdría la pena, ya que conseguiría irse a la cama mucho más rápido. Conocía el sentimiento. Había desaparecido bajo el toldo ahora. A través de los pisos y paredes, atrapé el más leve susurro de sus dedos sobre los botones cuando le dio un golpe en la combinación de la cerradura, el quejido de la puerta que se abría para él. La cerró en silencio―cosa que yo no esperaba. Nunca había notado la forma en que abren y cierran las puertas cuando los demás estaban dormidos, pero él me había causado tantos problemas personales que esperaba que cerrara la puerta de un golpe. No lo hizo. Casi no registré su cierre ante mis oídos, recogí sus pasos en la escalera, rápidos en un primer momento, estaba entusiasmado con ir a la cama, más lento cuando llegó a mi piso. Estaba lo más cerca que podría estar de mí, deslizándose alrededor de la baranda del segundo piso en su camino a la escalera siguiente, apoyando su peso en él, cada vez mas agotado. Si yo saltara de la cama y corriera hasta la habitación de Summer y Jørdis y saliera al pasillo, podría atraparlo. Sus ojos azules soñolientos se ampliarían por la sorpresa, a continuación, se reducirían de nuevo cuando viera que era yo. Y luego se fue, arrastrando los pies hasta los primeros escalones de la segunda escalera con renovada energía, disminuyendo al llegar a la cima. Una pausa cuando llegó a la barandilla del tercer piso. Sus pasos eran apenas perceptibles ahora, la desaceleración a medida que se desvanecía. Un chillido cuando abrió su propia puerta en el quinto piso. Un golpe cuando la cerró. Abrir y cerrar, acabado. Cerré mi corazón a él, entonces. Pensé que había logrado olvidarlo diez veces más. Cada vez me había equivocado. Se las arregló para encontrar su camino en mi corazón otra vez y sabotearlo desde el interior. Esta vez sería la última. En medio de la noche él había ido a visitar a la chica rubia, y ahora había vuelto a casa.

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Capítulo 7

Traducido por Josez57 Corregido por Mely

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i siguiente historia era justo al día siguiente. Pude haber escrito acusándolo de acostarse con esa chica. Pero nunca había previsto que lo llamarían a él en primer lugar, y desde luego no iba a escribir otra historia acerca de él ahora. El problema era que yo había perdido el gusto por la escritura romántica. Por lo menos, para que estas personas lo leyeran, y Hunter sonriendo alrededor, y Manohar burlándose de la historia. Mi portátil y yo todavía desempeñábamos el papel de Cupido en el descanso en la cafetería, una hora de lujo que podía prescindir de los fines de semana, escribiendo y observando a la gente en el parque. Pero eso era para mí, no para enseñarlo al resto. Para la clase escribí una historia sobre una chica sin nombre tratando con una tragedia, encerrada a sí misma en un armario de una casa enorme, vacía, con una figura malvada que rondaba en los pasillos y que enviaba a los criados para chequear a la niña en el armario, nunca aventurándose por ella misma. Dos semanas más tarde, mi próxima historia era sobre el séptimo grado, obsesionada con la idea de que si ganaba el concurso de ortografía de la escuela media y llegaba a la siguiente ronda, iba a ver a su padre ausente en la audiencia. ¡Él había llegado por ella! Pero nunca llegó a esa ronda, porque había deletreado con una deserción de doble “s”. Tal vez estaba tratando de decirle a Hunter un poco sobre mí con estas historias, y disculparme de una manera muy indirecta por no conectar con él en la escuela secundaria. Por lo general, no podía decir si estaba afectado por ello o no, porque en la clase sus comentarios fueron de apoyo, con suavidad, y sobre el papel escribió útiles observaciones de carácter técnico. Suspiré. Pero yo pensaba que estas historias me acercarían más al internado de publicación, si Gabe tenía alguna influencia. Parecía entusiasmado con ellos durante la clase. Él escribió a lápiz en los márgenes que me vio tomar riesgos y crecer como escritora. Mis compañeros de clase parecían impresionados con los relatos, también, y los discutieron animadamente e inventaron profundos significados de lo que eran esencialmente las páginas de mi diario de la escuela media. Estaba sorprendida y decepcionada de que a mis compañeros de clase les gustaran estas historias tanto, porque yo las odiaba. Llegado a este punto decidí que todos en la clase debían estar clínicamente deprimidos. Unas semanas más tarde, las chicas de la clase, incluso Summer, se rieron detrás de sus manos de lo mucho que esperaban con interés las historias ardientes de Hunter. Pero me pareció que su fortuna como narrador era el tomo número dos de la “Unidad de Anatomía: El sistema reproductivo". Y su historia no era su manera de dar a entender que yo le gustaba. Ni el hecho de que él se sentó en la cama de Jørdis el viernes por la tarde cuando yo

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cruzaba el cuarto usando mi traje de danza del vientre. Sí, yo estaba un poco acomplejada por caminar por la calle así, y mi abuela moriría, pero con la chaqueta en la parte superior no se veía mucho más raro de lo que algunas de las rarezas de otros neoyorquinos llevaban en público. Yo estaba muy inhibida por lo que llevaba puesto delante de Hunter. —Hola, Erin —dijo Hunter, sin levantar la vista incisivamente. —Hola, Hunter — le dije sin disminuir la velocidad. Me metí en mi pequeña habitación y empujé la puerta hasta que quedó abierta sólo una rendija. Me quedé mirando las ventanas salientes por un momento. Normalmente cerraba las cortinas de las ventanas. Poco a poco llegué a halar con fuerza en la primera sombra. Pero incluso después de que había cerrado todas ellos, cambié de parecer sabiendo que Hunter estaba en el otro lado de la puerta mientras me cambiaba, me sentía tan cálida y expuesta como si las cortinas hubieran sido abiertas. Colgué mi traje de danza del vientre en un gancho en mi habitación, en lugar del exterior de la puerta, donde por lo general lo colgaba. Eso sería una maniobra dolorosamente obvia por la atención de Hunter. Me hice una cena gourmet abriendo un paquete de galletas de mantequilla de maní, y me instalé en mi cama para estudiar. Escuchando a Hunter en la habitación exterior. Esperé a que irrumpiera. Por supuesto que no lo hizo. Me molestaba que no viniera a molestarme, y él lo sabía. Sin embargo, me había prometido cerrar mi corazón a él, y lo decía en serio esta vez. Hice mi mejor esfuerzo para introducirme en mi lectura de historia. Pero vamos, era Historia vs. Hunter. Después de media hora de tortura, me asomé por la puerta. Me hubiese sentido tonta si yo me hubiera enfocado en Hunter perdiendo media hora de tiempo de la tarea preciosa, cuando ni siquiera estaba allí. Él se quedó dormido. Sin poder creer lo que estaba viendo, me acerqué de puntillas por la habitación para ver de cerca. La luz del techo y las lámparas a cada lado de la cama de Jørdis brillaron sobre él como un ejemplar en un quirófano, pero estaba muerto para el mundo. Había curvado su cuerpo grande en el extremo de la cama de Jørdis. Sus párpados no aletearon cuando me puse sobre él. Sus largas pestañas rubias severas sombreaban su mejilla suave. Su costosa camiseta se había alejado de la cintura del pantalón para mostrar su lado estrecho, muscular y la cicatriz blanca. Sus visitas nocturnas a la rubia lo habían desgastado. Enojada como estaba, me solidaricé con él. Si hubiera sido capaz de tomar una siesta en otra habitación de la residencia o la biblioteca, yo no hubiera querido ser despertada. Por lo que sólo deslicé las tijeras con mucho cuidado por las puntas de sus dedos, lejos de sus ojos, y las puse sobre la mesita de noche. Luego volví a mi habitación. Pero no pasó mucho tiempo antes de que Summer rebotara en el extremo de mi cama, y parecía mucho más emocionada de lo que yo estaba por la presencia de Hunter.

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—Está mostrando su cicatriz —susurró. Sacó el labio inferior en simpatía—. Tienes que ir frotarle la espalda o acariciarle el pelo o algo así. —No es un perro —le susurré de regreso—. Y dudo que me lo agradeciera. Él no está aquí por mí. —¡Él está aquí por ti! —insistió. —Él está cortando caras para Jørdis —la corregí—. Todo el mundo en los dormitorios ha cortado caras para Jørdis en un momento u otro. —Sí, pero la mayoría de ellos no vuelven por más. Ella tenía razón. Y, a decir verdad, yo creía que Hunter estaba allí por mí. No sabía por qué. Resoplé un suspiro y susurré: —Él ya tiene mi matrícula y mi herencia y su carrera en mi granja. Él no tiene ninguna razón para ligar conmigo, a veces, y algunas otras más veces me insulta y trata de hacerme sentir mal por alejarme de mi abuela. —Le gustas —susurró Summer—. Más que gustarle. Él está interesado en ti románticamente. —Ah, ¿sí? ¿Entonces por qué se tocaba con la rubia en la fiesta en el baño? —Estaba tratando de ponerte celosa —dijo Summer con paciencia exagerada—, al igual que en su historia. Él te está dando pistas obvias, y tú estás optando por no tomarlas. —Esa es la diferencia. Si él me quiere, ¿por qué no salir y decírmelo? Ella se encogió de hombros. —Estás tan a la defensiva. Tienes un chip del tamaño de Kentucky en tu hombro, y el incidente con el mozo de cuadra del relato no sirvió de nada. No estoy diciendo que te culpo por nada de eso. Yo estaría a la defensiva también. Estoy diciendo que hay un obstáculo, él está tratando de eludirlo, y tú sigues bloqueando su camino. Quería creerle, pero me pareció demasiado simple. —¿Sabes por qué está dormido en este momento? —Ella sacudió la cabeza— . Él se va a las once y media y vuelve a las cuatro y media, tres o cuatro noches a la semana —Por su mirada extraña que me hizo, me apresuré a aclararle—. No estoy espiándolo. Me despierto cuando llega a la escalera, y lo veo caminar por la acera. Más tarde lo veo regresar. —Le hice un gesto hacia mi ventanal. —Tal vez él tiene un trabajo —dijo. —No necesita un trabajo. Él tiene a mi abuela. Él no pondría en peligro sus calificaciones perfectas por dinero extra. Y no hay un patrón para sus días. Yo siempre trabajo desde las cinco hasta las once de lunes a jueves. La

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única razón por la que mi horario de fin de semana es irregular es porque es nuestra momento más activo y mi jefe quiere que haga café con leche con tan pocos malos como sea posible para reducir el daño —Sentí que mis fosas nasales hiperventilaban cuando dije—: Hunter está visitando a esa rubia. Summer me dio una mirada severa. —Tú has hecho eso. Él había salido con muchas en la escuela secundaria, pero las chicas con las que salía hablaban de él como si fuera un perfecto caballero. No estaban más que tristes y confundidas, porque no les había pedido salir de nuevo. Él no era el tipo que se queda a dormir. Definitivamente no era el tipo para que duerma alrededor y luego escribir-todo-eso en una historia para una clase de la universidad. Por otra parte, ¿qué sabía yo realmente de Hunter? Sentía una conexión tan fuerte con él, porque nuestras vidas durante los últimos seis años han estado entrelazadas. Pero no éramos amigos. Y esta conexión que sentía con él... tal vez me lo inventé, también. Después de todo, yo era un novelista. —Él va a ver una adivina en su segunda historia —sugerí. Esto realmente no lo creía. Yo quería que Summer me tranquilizara. Puso los ojos en blanco. —Hunter Allen no está teniendo sexo con una adivina. Él está entreteniendo a los hombres en la clase, fascinando a las mujeres, e incitándote. ¿Escuchas cómo te ha incitado? Estás completamente caliente ahora mismo. Eres como un omellet enloqueciendo. Ella se recuperó frente a mi cama y volvió a entrar en su habitación. Pasaron unos minutos en los que no había hecho ningún deber en absoluto. Yo podía oír su buscapersonas en silencio a través de un libro. Por fin, oí el colchón en el lado de la habitación de Jørdis. Una almohada dio un vuelco en el suelo. Entonces pude escuchar a Hunter y Summer hablando. Summer: —Despierta, dormilón. Hunter: —Jesús. Lo siento. Summer: —No deberías cortar las caras para Jørdis cuando estás tan cansado. Te fuiste demasiado grueso en el borde alrededor de ellas. Ella ya va a llegar. Hunter, después de un bostezo: —Ella tiene que hacer un borde más grueso para que pueda superponerlos cuando se los pega en la lona. Ella no ha pensado en esto. Summer: —Sólo te estoy advirtiendo. Hunter: — Gracias por la advertencia.

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La conversación terminó, y después de unos momentos de silencio me di cuenta que estaba poniendo mis oídos para escuchar a través de la pared en lugar de leer historia. Incliné mi cabeza a mi libro. —Hey —dijo Hunter, cerniéndose sobre mí. Yo dejé escapar una especie de chillido estrangulado, y mi libro y el ordenador portátil se fueron volando en diferentes direcciones. —Lo siento, lo siento —me tranquilizó, sujetando a la vez mis manos hasta calmarme—. Me olvidé de lo fácil que te asustas. —¿Qué te pasa? —gritó Summer asomando la cabeza por la puerta—. ¿Qué le has hecho? —Ella se sobresalta fácilmente. —Hunter no parecía en lo más mínimo un poco molesto—. Fue un accidente. Summer me dio una mirada inquieta, entonces me guiñó un ojo y desapareció. Yo respiré hondo e hice una mueca al latido de mi corazón duro, rápido. Al aceptar la portátil que Hunter recuperó del suelo para mí, y luego el libro de historia, me las arreglé para decir: —No te escuche cruzar la habitación. ¿Qué eres, un ninja? —Tal vez. Cuando se sentó a los pies de mi cama, su sonrisa libertina me hizo sospechar su historia al lado de la clase de Gabe sería un ninja en circuito. Pero era tan difícil estar a la defensiva con esa sonrisa con soñolientos ojos azules. —Yo no tenía intención de quedarme dormido por ahí. Pensé que saldrías a hablar conmigo en tu traje de danza del vientre. Él miró triste a la gasa verde que se había caído de su gancho en la esquina. Pensando que lo que quería decir era esto, que quería poner sus manos sobre esa chica en la ducha y luego escribió una historia acerca de lo que hizo con ella. Yo también escribí una historia acerca de un adivino. Así que no veo por qué él de todo el mundo vino a la habitación de Jørdis para coquetear conmigo. Esto parecía ser lo que él quería decir, pero yo no podía estar segura. —Tengo un montón de tarea —le dije. —Y yo tengo una propuesta. —Okey —le dije con cautela. Traté de mantener mi tono llano, pero me moría por saber lo que era.

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—Yo te prometí que no diría a Gabe sobre el... —Abrió la mano en su muslo. Sintiéndose el vergonzoso mozo de cuadra de mi historia. Continuó—: Pero yo te dije que no podría prometer sobre Brian o Manohar. —Oh, no —le susurré. —Escucha —Él puso su mano sobre mi tobillo—. Brian no va a decir nada. Le gustas, y le gusta Summer, y ella ha trabajado duro en él. Pero Manohar necesita un favor. —Asentí con la cabeza para que él continuara, con la esperanza de que yo sería capaz de oír sobre el latido de sangre en mis oídos. Sobresaltada tenía sólo la mitad del efecto en el pulso de Hunter sobre mi tobillo . —Manohar esté precipitándose a una fraternidad —dijo Hunter—. Algunos de sus hermanos de facultad mayores y muy influyentes tienen un viaje a Belmont Park previsto para mañana. Si ayudamos a Manohar tendría en su favor si trae información privilegiada de carreras de caballos. Yo le fruncí el ceño. —¿Quieres que perjudique las carreras para ellos? ¿No irás? Tú podrías hacerlo. —No como tú puedes —dijo—. Yo estaba interesado en el lado de la formación, y me gustaba predecir los potros bien entrenados, pero durante las carreras no observaba. Yo estaba en el establo —Él me apretó el tobillo duro, y me pregunté si esto era inconsciente—. Tú eras la que estaba en las gradas, tomando notas en el cuadro grande. Yo podría haber discutido con él. Sabía tan bien como yo que las carreras de caballos eran impredecibles. A pesar de que probablemente podría hacer conjeturas acerca de qué caballo era mejor, nunca había imaginado utilizar mis conocimientos para hacer apuestas en Belmont Park a través de un socio mayor de edad. Si yo hubiera pensado que podía hacer eso para ganar dinero, yo no habría estado trabajando en el shop. Pero si hubiera argumentado este punto, me gustaría hacer a mí misma un argumento de promesa de silencio de Manohar. Así que le dije: —¡Genial! —Uno de los chicos nos presta una limusina de negocios de su padre —dijo Hunter—. Él va a recogernos frente a la residencia de estudiantes al mediodía. Miró su mano sobre mi tobillo, como si él no se hubiese dado cuenta de que estaba allí. La apartó. Casi me olvidé de preguntar: —¿Puedo llevar a Summer?

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—Por supuesto —dijo en un tono que me dijo que había estado esperando esta pregunta. Summer asomó la cabeza en la habitación de nuevo. —¿A dónde vamos? —¡Hunter! —resonó Jørdis desde su habitación—. ¿Qué has estado haciendo con estos bordes? ¡Te advertí que no cortaras un borde tan grande! Hunter me dio una sonrisa cómplice que dijo que entendía tanto a Jørdis y su tendencia a la exaltación de corte. No compartiría la sonrisa, pero no podía evitarlo. Hunter podría hacerme sentir ese compañerismo con él, incluso cuando yo no quería. —Dulces sueños, Erin. Él salió para aplacar a Jørdis.

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Al mediodía del día siguiente, Summer y yo caminábamos por las escaleras frente a la residencia atravesando una manada de seis chicos. Varios de ellos dijeron: —Lindo sombrero. —Yo llevaba un sombrero de terciopelo de ala ancha que mi abuela me había comprado para la caída del otoño en Churchill Downs el año pasado. Lo necesitaba en esta tarde fresca, soleada. No necesitaba más pecas. Y, bueno, tal vez quería hacer alarde a Hunter de que todavía tenía un ápice de sentido de la moda. Me había vestido con un suéter de cachemira teñida verde y una falda de gamuza marrón a juego con el sombrero. Hice que los chicos parecieran criados en granjas en comparación a mí, con la excepción, por supuesto, de Hunter, quien había anticipado que iba a vestirme bien para una carrera de caballos, incluso en New York. Él llevaba pantalones y una chaqueta. Con su pelo rubio estilo despeinado y un poco también por la brisa, se parecía a su padre, dueño del club de campo. —Gracias —dije—. Bonito coche. “Niewiarowski e hijos funeraria” decía pintado color dorado con estilo cursiva en la puerta de la limusina. —Oye —dijo el muchacho que había estado sirviendo copas en la fiesta en el baño—. Tienes suerte de que no trajeron el coche fúnebre. No vale la pena el esfuerzo, quería decir en respuesta a su acento. Pero estaba jugando a ser agradable y callar para siempre a Manohar, así que me limité a sonreír dulcemente a comparación de la horrible expresión de Summer cuando el muchacho abrió la puerta de la limusina para que nosotras entráramos.

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Me deslicé todo el camino hacia la puerta opuesta. Summer se acurrucó junto a mí. Ella debe haber estado un poco con los pelos de punta por la idea de ir en la limusina de una funeraria. Se agachó y miró debajo del asiento. Los chicos cerraron la puerta detrás de nosotras. Parecía que estaban hablando en voz baja. Pensé que podrían estar planeando algo. Efectivamente, cuando se abrió la puerta, Hunter se sentó en el asiento mirando hacia nosotros y se deslizó hasta llegar a la puerta opuesta, justo enfrente de mí. Manohar se sentó junto a él, al otro lado de Summer. Él se alegró de que ella hubiera venido, incluso si era demasiado terco para decirlo. Dos chicos más se apilaron en nuestro lado, y los otros dos subieron en la parte delantera. Hunter me observaba, tan claro y brillante delante de mí con su pelo rubio y ojos azules en la limusina negra, pero nos salvamos de una conversación torpe porque los otros chicos habían aumentado la voz de nuevo. Eran bulliciosos y adorables si tienes gusto por los nerds del Programa de Honor. Los muchachos en la parte de atrás con nosotros gritaban frases de películas a través de una pequeña ventana a los muchachos en el frente. Por debajo del ruido, Summer y Manohar habían iniciado una conversación por su cuenta. Yo esperaba un corto paseo por Manhattan, pero los chicos estaban dispuestos a bloquear mi visión atravesando el túnel de Midtown. Me asomé a la ventana y observé la ciudad pasar. Nueva York era inmensa, pero todo lo que veía diariamente eran los edificios universitarios y casas urbanas. La Sexta Avenida era un mundo diferente. Pasamos por la calle Cuarenta. Dos cuadras más adelante, Manohar dijo que debíamos mirar calle abajo para echar un vistazo en Times Square, pero yo todavía estaba inclinaba hacia Hunter y mirando hacia atrás sobre mis hombros hacia el edificio de Kensington Books, preguntándome si trabajaría allí, me comería mi almuerzo y tomaría mi descanso para escribir en el gran parque cercano. Unos minutos más tarde, Summer enloqueció cuando Manohar le señaló el Rockefeller Center. Yo estaba buscando en la otra dirección, en la manera extrañamente dura del edificio Simón & Schuster, que parecía sacado de una película de Charlie Chaplin sobre la gente en la Gran Depresión temiendo al futuro. Al principio del semestre, cuando visitamos el MoMA, arrastré a Summer conmigo a mirar con añoranza al edificio de HarperCollins, una monstruosidad moderna a rayas negras y blancas. Pero miré hacia arriba de nuevo, imaginándome a mí misma entrando a esa editorial a través de esas puertas de vidrio. Nunca saqué los ojos de encima cuando Summer exclamó: —¡Y mira, ahí está la escultura de AMOR! Yo seguía mirando a la ventana de rascacielos a través de la parte de atrás de la limusina cuando doblamos de golpe en el Parque Central, tirando a Summer hacia mí. En la conmoción resultante, que involucró a Hunter mirando indignado como Manohar y otro chico se desprendían de su propio regazo, Summer me susurró:

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—Estos chicos de la ciudad no pueden conducir. Asentí con la cabeza. —Hunter lo hará. Sus ojos se abrieron. —¿Por qué?

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—No puede soportar ser un pasajero porque no está a cargo. Te garantizo que va a encontrar una manera de llevarnos a casa. —¿Bebidas, señoritas? —El camarero, que era quien conducía, me entregó una botella de whisky de Kentucky a través de la ventanilla. Los muchachos en la parte de atrás tomaron vasos del compartimiento secreto en la parte posterior del asiento del conductor de la limusina― y repartieron el whisky alrededor. Hunter puso la mano en un gesto de rechazo. Así como yo había pensado. Después que todo el mundo se emborrachara, podría llevar la limusina a la casa porque sería el último en pie. —¿Bebes? —Hunter me ofreció. Uno de los muchachos estaba tratando de darme un vaso a través de la limusina. —No, gracias —dije. Cuando el volumen de los varones aumentó de nuevo, él me preguntó en voz baja: —¿Más tarea de Historia esta noche? —Cálculo —le dije—. No lo puedo hacer mañana. Estoy trabajando doce horas. Me había cuidado de no usar un tono insolente. Sin embargo, yo esperaba que las palabras mismas lo callaran. No hubo suerte. Él dijo: —Te ves muy cansada. —No estoy cansada —Yo lo miraba con desconfianza—. ¿Cómo puedes saber si estoy cansada? —Tal vez yo había sido demasiado tacaña con los restos de mi crema milagrosa, y tenía que usar un poco más bajo mis ojos. —Cuando estás cansada, tú tienes la cabeza en alto —Él hizo la demostración, levantando la nariz en el aire—. Luces más altanera de lo habitual. —Ah, bueno —le dije. —No fue mi intención decirlo de esa manera.

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Él extendió aún más el brazo a lo largo del alféizar de la ventana, un tobillo sobre su otra rodilla, teniendo más de su parte del espacio, como siempre. Luego me dio una sonrisa arrogante. —Me gustas altanera. Yo no sabía qué decir a eso. Él estaba coqueteando conmigo otra vez. Traté de no estar halagada. Él había coqueteado conmigo en la fiesta en la playa justo después de poner sus manos sobre la rubia. El coqueteo no significaba nada para él. Dije evasivamente: —Yo creo que es el sombrero. —¿Qué? —gritó Summer en el coche a Manohar—. Apenas puedo oírte. — Ella se volvió hacia los demás chicos—-. ¡Bajen el volumen! Es como un loco campamento de Boy Scouts aquí —Luego se volvió a Hunter—. Intercambia tu lugar conmigo. Sin protestar, Hunter se agachó y permitió que Summer se deslizase más allá de él y se sentara entre la puerta y Manohar. Hunter se volvió, se sentó a mi lado, y procedió a poner el tobillo sobre la rodilla opuesta y su brazo a lo largo de la parte posterior del asiento detrás de mí. Summer estaba tratando de explicar el fenómeno del Sur de barro a Manohar y Manohar expresaba incredulidad. Sin embargo, entre las oraciones y su vaso de más de whisky, se tomó el tiempo para darme un sonrisa socarrona. Traté de ignorar el hormigueo a lo largo de mi cuello y los hombros, donde el brazo de Hunter accidentalmente me tocó. Miré por la ventana.

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En la pista, los muchachos querían comprar bebidas —esto sería un proceso largo que implicaba muchos puestos de bebida, ya que de las seis personas que estaban bebiendo, sólo dos de ellos tenían veintiuno― y había que encontrar un lugar en las gradas. Ellos no entendían que la apuesta a los caballos con cualquier aplomo tomaba un poco de trabajo. Mientras que el resto de ellos reía en medio de la multitud bajo los árboles otoñales, Hunter y yo agarramos las hojas de la punta y nos situamos en la cerca del potrero, viendo el desfile de los pura sangre que correrían en la primera carrera. Esto fue un Déjà Vu, de pie junto a Hunter en una valla con los caballos en el otro lado. Yo no quería que me gustara o que pasáramos un buen rato en ese momento. Yo deseaba que el semental en frente de nosotros no me recordara a Boo-Boo, y que yo no tuviera ganas de tocarlo, sólo para sentir su piel caliente y poder absoluto en mi mano. —Hey, es Boo-Boo —dijo Hunter. Él señaló al caballo, pero decidí llevarlo más literal. Desplazándome por la hoja de consejos, dije:

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—No, el linaje de este caballo es de California.

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Entonces miramos el folleto para el próximo caballo sacudiendo su melena frente a nosotros. El semental era de mi granja. Nunca había estado tan impresionada con su padre a pesar de que había ganado el Stephen Handicap Foster, pero la potranca era de una granja de prestigio, y ganó el Kentucky Oaks. El resultado final fue que las carreras de caballos no eran cosas seguras. Por eso la gente apostaba por ellos. Y toda la información disponible para mí acerca de estos caballos estaba disponible para todos en la pista. Todo lo que podía hacer con mi trasfondo era darle el peso adecuado. Dije: —Esto no es nada que los amigos de Manohar no sabrían hacer si hubiesen hecho su tarea. —Es una fraternidad —dijo Hunter—. Ellos quieren el camino más fácil. Tú eres la tarea. A medida que hablaba, algo cobró mucha importancia en la esquina de mi visión. Los dos nos volvimos hacia el potrero a tiempo para ver un mozo de cuadra conducir al próximo pura sangre, un enorme bayo con puntos negros. Este caballo parecía fuerte y veloz, las venas le sobresalían en su pecho mientras tensaba sus músculos con el esfuerzo de mantenerse encima de la valla del potrero, a través de la multitud, y hacia fuera en el aparcamiento, sólo por diversión. Él era el tipo de caballo al que habría tenido miedo de regreso a casa. —Ese es un hermoso caballo —murmuré al mismo tiempo que Hunter respiraba: —Ese es un hermoso caballo. Nos miramos. Él me sonrió. A pesar de mí misma, le devolví la sonrisa. —¿Le dirás a los muchachos que apuesten por él? —preguntó. Sacudiéndome el frío que había provocado a través de mí cuando me sonrió, consulté el catálogo de nuevo. —No con ese jinete. —Estás loca. —¿Quién se supone que es el prodigio en caballos aquí, tú o yo? —Vas a conseguir estar en la lista negra de Manohar —dijo, pero él no me miraba. No tenía toda su atención en la conversación. Seguí su mirada a un potro pura sangre bayo con un resplandor blanco. El caballo parecía fuera de su liga en una carrera como ésta. Entonces me di cuenta que Hunter no estaba

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mirando el caballo. Él miró al mozo, un larguirucho, de cabello blanco, hombre afro-americano. Me di cuenta de esto cuando los ojos del mozo se pasearon casualmente sobre la multitud y se detuvieron en Hunter. Sus ojos se agrandaron, su boca abierta, y luego sonrió. Hunter hizo una gran sonrisa, también. Levantó un dedo de la valla en señal de saludo. El hombre se dio cuenta de que aún estaba conduciendo el caballo. Por su lado, aplanó la mano, indicando a Hunter que esperara. Hunter asintió con la cabeza. Luego, a medida que el hombre conducía el caballo delante de nosotros e hizo la vuelta en el potrero, hizo unos círculos con su dedo a su lado, pidiendo a Hunter reunirse con él de vuelta en los establos, supuse. Casualmente, Hunter se enderezó y estiró los brazos sobre su cabeza. —Voy a caer por atrás y tratar de hablar a mi manera en los establos. Dudo que funcione, pero nunca se sabe. —¿Es un amigo tuyo? —pregunté—. ¿Tu padre trabajaba con él cuando vivías aquí? Hunter me miró con sorpresa. —Sí. Tenía la esperanza de que podría encontrarme con él, pero nunca pensé que él me reconocería. Asentí con la cabeza. —¿Debido a que tenías doce cuando te fuiste? —Sí —Sus ojos siguieron al mozo y al potro saliendo del potrero—. Se ve exactamente igual. —Adelante —Asentí con la cabeza en la dirección que el mozo se había ido—. Yo te cubriré. No voy a dejar que los demás sepan que eres humano. Él me dio una mirada que yo no supe leer. Se agachó, pasó por debajo del ala de mi sombrero, y me besó en la mejilla. Y entonces él se había ido, a través de la molienda pavoneándose ante la multitud alrededor de la cerca, sosteniendo su chaqueta al hombro con dos dedos.

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Capítulo 8

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V

i el resto del desfile de caballos por el paddock 4, examinaba atentamente la hoja de consejos, y le dije a los chicos por qué caballo apostar. Les di mi advertencia de que las carreras de caballos no eran una ciencia exacta y que mi conocimiento del deporte podría darles una ventaja o llevarlos directamente a la casa de los pobres. Sin embargo, apostaron por el caballo que escogí, el caballo ganó veinticinco a uno (todos los demás en la pista habían apostado en impresionante raya), y después los chicos no hicieron más caso a mis palabras de advertencia. En el momento de calma antes de la hora del último mensaje de la tarde, los chicos estaban borrachos y codiciosos. Habían insistido en que eligiera la trifecta5 para ellos, lo cual significaba que los caballos venían en primero, segundo y en tercero, en fin. Si lo golpeaba, pagarían posibilidades increíbles, precisamente porque golpearlo era casi imposible. Ellos estaban tan emocionados que se alejaron de las gradas hasta la valla donde podían animar a sus caballos al lado de la pista. Me alegré. Cuando perdieran sus completas ganancias de la tarde en esta primera carrera, yo no quería estar a su lado. Pero Manohar y Summer se habían olvidado por completo de las apuestas. Se habían emborrachado y se habían enamorado. Habían hablado con las cabezas muy juntas toda la noche, y por lo que pude escuchar por casualidad, nada de eso tenía algo que ver con los caballos. Acurrucados cerca y tomados de la mano en el reposabrazos entre los asientos, no parecían darse cuenta de cuando Hunter entró en nuestro stand y arrojó su chaqueta en el respaldo de su asiento, sus sienes brillantes por el sudor como si hubiera hecho algo de trabajo en los establos. ―¿Viste a quien querías ver? ―le pregunté, mirando remolque de la puerta a la línea de partida. ―Un montón de viejos amigos ―sonrió para sí mismo. el tractor de

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Lugar donde se exhiben los animales que van a participar en una carrera canina o hípica. Una trifecta es, en la terminología de las carreras de caballos, un tipo de apuesta en la que el apostante debe acertar los caballos que finalizarán primero, segundo y tercero, en el orden exacto.

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Lo miré, y luego de vuelta al campo frente a nosotros, que se llenaba con la luz del sol caliente y las sombras oblicuas de la tarde. ―Esta pista es enorme. La primera vez que viniste a Churchill Downs, ¿te pareció pequeño? ―Nunca he visto mucho de él ―dijo―. Yo estaba de vuelta en los establos, no en la pista ―Pero tal vez se dio cuenta de que sonaba como una grabación pegado en la reproducción―que solíamos hacer tanto, recordándonos a nosotros mismos lo que solía ser, y lo que nos habíamos hecho uno al otro―porque tomó un respiro y continuó―: Tuvimos nuestra propia casa aquí en Long Island. La alquilamos, pero parecía como nuestra. Y fuimos mucho a la ciudad. En Louisville vivía en la granja de la abuela y eso es todo lo que había. Churchill Downs en comparación parecía pequeña, sí, pero también lo era el mundo entero. ―Entonces, dime algo, mozo de cuadra ―llamó Manohar desde su asiento―. He estado dándole vueltas a esto. Si has robado el derecho de nacimiento de Erin en la noche de graduación… ―Hunter abrió la boca para protestar, pero Summer interrumpió. ―Vamos a acabar con esto, Hunter. Los preguntándonos acerca de esto. dos hemos estado

―… ¿cómo fuiste admitido en la Universidad tan pronto? ―preguntó Manohar―. Te has elogiado a ti mismo como un inocente a quién le entregaron la fortuna de Erin… Solté un bufido. Entonces me di cuenta de que no debería haber resoplado mientras estaba usando un sombrero elegante de otoño. ―Exactamente ―señaló Manohar―. Para ser admitido, Hunter debió haber aplicado a la escuela antes de ese tiempo, cuando tú lo hiciste, Erin. Así que la toma del poder corporativo ha sido premeditado. ―Eso no pasó ―dijo Hun ter. No pude enojado. ver sus ojos detrás de sus gafas de sol, pero sonaba

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―Yo siempre pensé en venir a la escuela aquí. Soy de aquí, y quería volver. Me dieron una beca. La misma que Erin, en realidad. Pero no fue suficiente, y si no hubiera sido por la abuela de Erin, me hubiera quedado atrapado en Kentucky. Lo corté. ―Dios no lo quiera. ―En realidad ―La voz de Hunter se levantó―. Erin obtuvo la idea de mí de venir a la escuela aquí, y no al revés.

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Yo había mantenido una distancia curiosa en esta conversación, viendo a Hunter retorcerse desde unos pocos metros de distancia. Pero debería haber sabido que Hunter le daría la vuelta para quitarse la culpa. Me dejé caer en el asiento entre él y Manohar, exclamando: ―¡Eso es ridículo! Mi abuela fue a la escuela aquí. Ella quería que yo viniera aquí, y cuando hice algunas investigaciones y descubrí que tenían un gran programa de escritura creativa, estuve de acuerdo. Pensaba en eso todo el tiempo. Fue sólo cuando ella insistió en un importante control en mi carrera y en mi vida que todo se vino abajo. ―Eso no es lo que pasó ―dijo Hunter de nuevo―. Cuando te conocí, juraste que irías de nuevo a California. ―¿Volver a California? ―interrumpió Summer―. Erin nunca me dijo que te mudaste a Kentucky desde California. Hunter le habló directamente a ella. ―Sólo se interesó en Nueva York cuando le dije lo bueno que era, y le di un imán con la Estatua de la libertad y el edificio Empire State y los otros puntos de interés en él. Mi abuela me lo dio antes de salir de Long Island, y te lo di, ¿y tú vienes a sentarte allí y decir que te robé la vida? Me alegre de llevar gafas de sol y sombrero, porque pude sentir que mi rostro ardía. ¿Podría ser realmente Hunter la fuente de mi imán tesoro de Nueva York? Los meses que rodearon la muerte de mi madre eran un borrón para mí ahora. Yo realmente no recuerdo de dónde había venido el imán. Me daba vergüenza que no pudiera decirlo con seguridad, y aún más vergüenza que no hubiera considerado que pudiera tener una abuela, también. ―¿Qué has hecho? ―murmuró Summer a Manohar. ―Hey, chicos ―dijo Manohar―. Tenía curiosidad acerca de la fecha. No quise decir na… Con el rostro endurecido, Hunter me dijo: ―Has plagiado mi vida. Eres como una estudiante de séptimo grado. Tomas notas de Internet, olvidas de dónde proviene la información, y lo copias directamente en el periódico de la escuela. Plagiaste mi vida sin siquiera saberlo. Una campana sonó en mi cabeza. Después de unos segundos de mirar la cara endurecida de Hunter, y pensando que me estaba volviendo loca, me di cuenta de que la carrera había comenzado. Los cuatro nos levantamos y nos acercamos a la barandilla.

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―Erin, ¿cuál caballo dijiste que iba a llegar primero? ―preguntó Summer. ―Número nueve ―le dije, con la esperanza de que Hunter no pudiera oír en la multitud que mi voz temblaba de emoción. Me aclaré la garganta―. En las sedas rosas y blancas ―Está regresando de vuelta a la manada ―dijo Manohar. ―Espera ―murmuré―. He visto al jinete durante años. En ese caballo, logrará llegar. ―¿Cuál dijiste que vendría en segundo? ―preguntó Summer. ―Diez, en el amarillo ―le dije. ―Creo que está bien ―dijo―. Es el segundo por el momento. ¿Los chicos ganan algo si aciertan sólo en uno? Hunter se inclinó hacia mí. ―¿Les dijiste el cuadro de los caballos? Odie como mi pulso se aceleró cuando la manga de su camisa rozó mi suéter, asentí con la cabeza. ―Sí, ganan algo ―Hunter le dijo a Summer―. No es tanto como si llegaras a la trifecta. ―¿Cuál dijiste que vendría en tercero? ―preguntó Summer. ―El número siete ―le dije―. En azul. ―¿Qué me hiciste, mujer? ―exclamó Manohar―. ¡Ese caballo es el último lugar en el campo de entre catorce! ―Espera ―dije de nuevo―. Es una pista grande y una carrera larga. Me desconecté, atenta a la número de la suerte. Amaba de esos largos músculos y descarga de adrenalina y caballo―aunque no un caballo y controlado. Hubiera querido sentía bien y podía. multitud, centrándome en el siete, el ver a los caballos corriendo, la ampliación luchando más allá de nosotros, en una barro. Me hubiera encantado ser un de carreras, criado y entrenado y estimulado volar en algún plano, corriendo, porque se

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―Erin ―Summer empujó a Manohar fuera del camino y se quedó entre nosotros en el carril. Me apretó la mano―. Erin, aquí vienen los caballos. ¡Oh, Dios míos! ¿Qué pasa si tuviste razón? ―¡Vamos, número nueve! ―gritó Manohar. Esto estaba fuera de carácter para él. Estaba más alto en el peldaño inferior de la barandilla y levantaba los puños en el aire.

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―¡Número nueve! ¡Número diez!

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La manera del espacio en que el grupo se acercaba a la recta final, así que había unos diez segundos para el final, cuando el número nueve lideraba seguido por el diez, y el número siete era el tercero, y Summer se recuperó a mi lado y apretó mi mano con más fuerza y más duro, y Manohar gritó más fuerte. Yo esperaba que el caballo número cuatro, que casi ponía en la trifecta, viniera detrás, pero no lo hizo. El ruido de la multitud se lanzó más y más alto, a un clímax cuando los caballos llegaron más cerca de nosotros. El ruido de la multitud murió, pero Summer seguía chillando. Manohar estaba gritando: ―Erin Blackwell, te amo y lo siento por todos los comentarios negativos que he hecho acerca de tus historias lascivas. Muy por debajo de nosotros en la valla que rodeaba el campo, otros cuatro muchachos borrachos aplaudían. Hunter se echó a reír a mi lado. ―Erin ―dijo―. Acabas de ganarle a los hermanos de la fraternidad de Manohar nueve mil dólares.

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Como había predicho, después de las carreras los muchachos de la fraternidad estaban demasiado borrachos para conducir. Celebraron su victoria con otra cerveza cada uno, mientras que los apostadores que perdieron molían las gradas. Bebieron más inyecciones de whisky de regreso en la limosina. Hunter se deslizó sin esfuerzo en el asiento del conductor. Los chicos bulliciosos se amontonaron en la parte posterior. Con Summer y Manohar inseparables, me dejó en la parte delantera al lado de Hunter. ―¿A dónde vamos? ―le pregunté al pasar la entrada para el Cross Island Parkway. ―A la bahía ―dijo―. Un poco de productos marinos en conjunto que he extrañado ―Me miró―. Yo invito. Tiene que haber adivinado lo que estaba pensando: la cena no estaba en mi presupuesto. Pero estaría condenada si hubiera aceptado, después de lo de plagiar su vida. ―No, gracias ―dije―. No necesito tu caridad, o la de mi abuela, tampoco. Los gritos de risa entraron por la ventana procedentes del atrás. asiento de

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―Los muchachos te deben la cena de sus nueve mil dólares ―dijo Hunter.

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―Tal vez, pero están demasiado borrachos para darse cuenta. ―Bueno, no estarás sentada en la limosina, mientras ent ran y comen ―Su voz se hizo más fuerte―. Alguien va a comprarte la cena y vas a comer, o le diré a Gabe que soy el mozo de cuadra. Resoplé con exasperación. ―Yo sólo he resuelto este problema con Manohar. He pagado mis deudas. No puedes sostener lo del mozo de cuadra sobre mi cabeza y hacerme hacer lo que quieras. Sacó la limosina a una parada del semáforo. ―Sí puedo. Nos miramos durante unos segundos. Yo lo miraba con enojo. Estaba enojada con él por manipularme, y más enfurecida conmigo misma por dejar que viera que estaba enojada. Él medio me devolvió una sonrisa, las cejas levantadas en cuestionamiento. Luego miró su rolex, un gesto planeado estratégicamente para mirarse casual. Yo sabía que estaba puesta en escena y el mensaje era claro: tengo la tarjeta de crédito de tu abuela, y tú no. Entonces, ladeó la cabeza hacia un lado. La sonrisa se desvaneció, y bajó la voz hasta un ofendido gruñido. ―Es sólo una cena. Tocaron el claxon detrás de nosotros, pero él me mantuvo la mirada durante unos segundos más antes de echar a andar la limusina. Entonces preguntó: ―¿Cuánto peso has perdido desde que has estado aquí? El quince porciento de los estudiantes de primer curso ganan quince libras, no las pierden. Normalmente, Hunter era la persona más cortés que yo conocía ―en la superficie, de todos modos. Únicamente había hecho este comentario grosero, porque estaba enojado con él mismo por obligarme rudamente a ir a cenar. Esperé a que se escuchara y se sintiera más culpable. Mi respuesta más eficaz a Hunter era no decir nada en absoluto, si lo podía soportar. Esperaba una réplica de mí. No esperaba el silencio. ―Te ves muy bien ―dijo rápidamente―. Siempre te ves muy bien. Sólo quiero decir…―Su voz se apagó. Lo observé debajo del ala de mi sombrero. Frunció el ceño a la carretera, balanceando la limosina en tan apretada vuelta como pudo en la intersección llena de restaurantes y hambrientos habitantes de Long Island. ―Me has dicho antes que no estás gastando cada centavo que haces en el dormitorio. Todavía vas a obras de teatro y películas, ¿cierto?

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Podrías pasar algo de ese dinero en comida. Los restaurantes son una gran parte de la experiencia en Nueva York. ―La mantequilla de maní y las galletas están bien ―dije alegremente―. Veo lo que quieres decir, pero tengo que trazar una línea en alguna parte. Manohar se dio la vuelta y se dirigió a través de la ventana. ―¿Por qué no te vas de la residencia? ―preguntó. ―No ―dijo Hunter en voz baja. En algún lugar en el asiento trasero, Summer chilló: ―¡No! Manohar continuó: vivir en un apartamento con una gran ―¿No sería más barato cantidad de compañeros de habitación? No es tan bonito, tal vez, pero al menos te lo podrías permitir. ―No ―dijo Hunter de nuevo. Esta vez Manohar estiró el cuello para mirarlo. ―Sí ―le dije a Manohar―. Sería más barato. Lo hice el verano pasado. ―Y tuvo una mala experiencia que la asustó ―dijo Hunter. ―No me asustó ―le dije―. Sólo me hizo enojar mucho y salir disparada. ―No tendría que haberte asustado ―dijo Hunter―. Manohar, no ha vivido aquí lo suficiente como para saber en quién puede confiar. Ella necesita estar en el dormitorio con una mesa de registro y seguridad. No ponerla nuevamente. ―Eso no tiene sentido ―insistió Manohar―. ¿Cómo puedes confiar en sus compañeros de dormitorio asignados al azar? Jørdis con una diagonal, ¡por el amor de Dios! ―Ella te parecerá menos peligrosa a medida que la conoces ―dije. ―Y Summer puede ser un asesino en serie ― dijo Manohar. Summer se rió desde el asiento trasero. ―Es mi vida, Hunter ―le dije―. Y vas a tener que confiar en mi juicio. Lo siento. Sin quitar los ojos de la carretera, Hunter alcanzó detrás de él y deslizó la ventana cerrándola de un portazo. ―¡Eres tan terca! ―estalló, lo suficientemente fuerte para que los chicos en la parte posterior se calmaran, escuchando a través de la ventana

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por el oscuro camino que había tomado la conversación―. Estás haciendo todo esto para vengarte de tu abuela ―dijo―. ¿Cómo puedes seguir insistiendo en que no perteneces a esa granja? ¿No tomas la trifecta como un signo? ―Sabes tan bien como yo que golpear la trifecta fue pura suerte. Casi tomo el caballo número cuatro para mostrar. ―Pero no lo hiciste. Este negocio está en tu sangre. El sol se estaba poniendo ahora. Mientras Hunter sacaba trabajosamente la limosina de un congestionado estacionamiento, luz de color naranja brillaba directamente en sus ojos azules, lo que le hizo entrecerrar los ojos. Parecía un niño de nuevo, el niño de doce años que había conocido hace mucho tiempo en un verde campo rodante en el verano, la luz del sol brillando en su cabello rubio. Todavía deberíamos ser amigos. Fuimos creados para ser amigos, no enemigos. Tal vez reconoció la locura de nuestra situación, también, y es por eso que él estaba tratando de convencerme de robar de vuelta el derecho de nacimiento que me había robado. ―No está en mi sangre ―Bajé la voz porque no tenía ningún deseo de compartir esto con la limusina―. Los novelistas de romance escriben acerca de sus heroínas todo el tiempo. No tiene ningún sentido, que el caballo de granja esté en la sangre de la heroína. O la ciudad está en su sangre, o la salvaje costa del Pacífico, o la plataforma de extracción de petróleo en la vasta finca de sus padres en Texas. No estaba en la sangre de la heroína, Hunter. El simple hecho es que ella se crío allí, y su arrogante abuela insistió en que volviera allí, y la heroína finalmente cedió… ―¿En serio? ―preguntó Hunter, elevando sus cejas rubias. ―En las novelas románticas, Hunter, no en la vida real, y entonces todo el mundo recordó por unanimidad que lo llevaba en la sangre, para hacerla mejor acerca de regresar a la granja de caballos cuando ella no quería. Pero no se sentía mejor. Sentía lo mismo que siempre sintió, que quería ser escritora y que no quería hacerlo en una granja de caballos en Kentucky. ―Todavía no ―Hunter detuvo la limosina a lo largo del borde de la playa de estacionamiento llena de gente y apagó el motor―. Pero podrías, porque te cansas de ser pobre. Lo sé porque he sido pobre y apesta. Si no fueras rica, nunca, jamás te alejarías de la oportunidad de llevar la granja de tu abuela. No quieres ser escritora. Nunca se te ocurriría darle apoyo a la familia para poder ver cómo vive la otra mitad. Y eso es todo lo que es para ti. No estás viviendo la vida de un artista muerto de hambre. Sólo estás visitando. Puedes encadenarte a base de becas y sugerencias de la cafetería, pero si alguna vez pierdes tu trabajo, o eres arrojada a la cárcel por posesión de alguna

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otra sustancia, o te lastimas, tu abuela estará allí para encontrarse contigo cuando caigas. Lo sabes, y ella lo sabe. Acéptalo. Nunca serás pobre, no importa cuánto te esfuerces. Y con el tiempo vas a darte cuenta de eso. ―¡Déjala en paz! ―gritó alguien desde el asiento trasero. Entonces―. ¡Cuadra tu peso, Allen! Hunter parpadeó, pero no reconoció de ninguna manera los gritos de los chicos de la fraternidad. ―Erin, balsear por la vida con gracia y confianza sólo proviene del dinero viejo. Nunca te inclinarás ante nadie como una persona que ha crecido en la pobreza. Incluso si necesitas desesperadamente un bocado de comida para no morirte de hambre, se podría pensar que estás pidiendo, pero la gente con la comida te pondría alguna porque piensa que están a cargo. No podrías pedirlo si tratas. ―Se bajó del coche y cerró la puerta. Si bien habían estado hablando, los chicos y Summer se habían recatado en el asiento trasero. Me encontré sola en el silencio, mirando por encima de los edificios de ladrillos antiguos golpeados por los vientos del Atlántico, un extraño en una tierra extraña. Los chicos eran de aquí. Incluso Summer parecía mezclarse mejor ahora, ¿pero yo? Tenía un sombrero de hongo de ala ancha primlyon en mis rodillas. Salté cuando Hunter abría la puerta. ―Lo siento. No fue mi intención asustarte. ―Me tendió una mano para ayudarme a salir de auto.

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Un par de horas, una cena enorme de camarones, y un paseo en limosina mucho tiempo después, Hunter nos dejó delante de la residencia de estudiantes. A medida que el camarero se derrumbaba al lado del pasajero para poder dirigir a Hunter en la conducción de la limosina de nuevo a la funeraria, me ofreció mil dólares por mi consejo que le había dado a él y a su amigos nueve mil. Calculé en mi cabeza cuantas horas en la cafetería el dinero me compraría. Y podía sentir los ojos de Hunter en mí, juzgando a la pobre niña rica. Le dije que no. Manohar y Summer habían parecido tan fuertes toda la noche, que me sorprendió cuando ella me siguió hasta la habitación. Pero a medida que se quitaba la falda y se quedaba mirando vacilante nuestro armario abierto, la cabeza en el marco de la puerta, me di cuenta que estaba cambiando su linda ropa cómoda de tarde-en-laciudad, por la sutilmente sexy traje de noche-con-nuevo-novio. Brian tiene que estar fuera de la habitación en una cita. Me preguntaba qué estaba haciendo Hunter esta noche.

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Ella casi se cae tirando de sus apretados pantalones vaqueros. Apenas había dicho una palabras desde que entró pero me di cuenta de que quería hablar conmigo acerca de a dónde iba, pero no sabía cómo decirlo. No le dije por temor a avergonzarla y asustarla en marcha de su proyecto. Dos extraños, reunidos al azar, la suerte de caer enamorados―no había nada más romántico, y nada de lo que ella se sintiera avergonzada. Pero estaba avergonzada de todos modos. Se sentó a mi lado en la cama, donde yo estaba cuidadosamente puliendo las caras y muy cómodas botas que había desgastado en Belmont. ―Si no vengo esta noche… ―comenzó. ―¿Mm-hm? ―le solicité, difundiendo las extra uñas en la punta gastada de la bota. ―No te preocupes por mí. Voy a habitación privada como tú. estar arriba. Manohar tiene una

―Eso suena bien ―Le miré y sonreí―. ¿Tal vez dejarás de beber? Debido a que es una gran noche. ―Potencialmente ―Asintió con la cabeza―. Estoy harta de beber por la noche. Estoy sobria. Er. No sobria pero más sobria. ―Está bien. ―Sin embargo, estoy preocupada por ti ―Se quitó el suéter y se situó en la puerta del armario otra vez, esperando por uno mejor al parecer―. Hunter y tú estuvieron realmente en ello un par de veces. Nunca entendí por qué salió mal. Yo le di mi atención a la punta de mi bota, acumulando más pulidor en un lío de profundidad en el cuero. ―Creo que estar cerca de los caballos nos recordó por qué nunca nos llevamos en primer lugar ―No desde séptimo grado, de todos modos―. ¿Él está planeando una de sus caminatas nocturnas esta noche? ―Esa fue mi impresión. Ella sacó un suéter por la cabeza y me miró con sus manos en las caderas. El suéter negro fuera del hombro la hacía parecer aún más sexy y sofisticada de lo que se daba cuenta. El efecto haría sido justo lo que estaba buscando si Manohar no hubiera ido balanceándose ligeramente. O tal vez eso ayudaría. Ella dijo: ―No quiero abandonarte. ―No me vas a abandonar ―le dije con un movimiento de desdén, liberando el olor de las uñas―. Después empezamos a pasar por

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reuniones sólo para apoyarnos mutuamente en nuestras neurosis, tenemos que hablar de un ajuste en nuestra relación. Pero mientras estás allá arriba… Odiaba pedirle otro favor, ya que la primera vez que le había pedido la bomba de información de Manohar, habían discutido y se había transformado en una temerosa por tres semanas. Pero todo fue bien, ella y Manohar estaban a punto de compartir su pequeña habitación. Decidí que estaba bien preguntarle. ―¿Podrías averiguar a través de Manohar, donde va Hunter tan tarde en la noche? Ya le he preguntado. Manohar no lo sabe. Hunter dice que no puede decirme ahora que la seguridad de Manohar ha sido violada. Lo que eso signifique. Ella se puso derecha y con orgullo se reventó el pecho. ―Lo cual también significa que está yendo a algún lugar que no quiere que conozcas. Estuve de acuerdo. Pero a mí me parecía probable que en algún lugar estuviera el sofá de terciopelo drapeado de la tienda de la adivina. O bien, ouch, la habitación del dormitorio de la rubia. Summer ladeó la cabeza hacia mí. ―Amas las botas, ¿no? ―se rió, dándome cuenta de lo difícil que había estado puliendo el dedo del pie. ―Me gustan estas botas. Por otra parte, mi abuela hizo una gran cantidad de dinero para estas botas cuando estaba en la escuela media. Probablemente nunca seré capaz de pagar por un par de botas como estas otra vez. Han quedado atrás los días en que llegaba a casa y las echaba fuera, las echaba en el armario porque si se habían llevado una paliza, podía comprar otro par. Estoy tratando que duren con esta limpieza y pulido para guardarlos con cuidado ―Le di al tacón una triste pasada limpia―. Es toda una Pequeña Casa en la Pradera 6. Se acercó y las miró. ―Si se trata de la Pequeña Casa en la Pradera, envuélvelas en papel y ponlas en un estante alto. ―O cavo un pozo para ellas en la tierra y lleno el hoyo con heno para mantenerlas frescas y frías.

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Little House on the Prairie, La Casa de la Pradera (título para España), Los Pioneros (en México), La Pequeña Casa de la Pradera (en Venezuela y Chile ) o La Familia Ingalls (en América del Sur y Centroamérica), fue una serie de televisión estadounidense, producida y transmitida por la [[National Broadcasting Company|NBC]. Se convirtió en serie televisiva, después del éxito que obtuvo la película de televisión del mismo nombre, filmada meses antes en el mismo año 1973.

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―O empacarlas en un barril de sal. ―Jesucristo ―le dije―. Son botas, no arenque. ―Deberías tener miles de dólares ―dijo―. Te los mereces.

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Esperé hasta que se fue para su tranquila noche con Manohar. Entonces arrastré toda mi ropa de su barra del armario y la dejé caer sobre mi cama. Saqué mi ropa interior del cajón de mi tocador e incluso apilé mis libros de texto sobre la almohada. Todos los elementos que poseía justo en la cama. Dividí los objetos en dos montones: los artículos que mi abuela había comprado y artículos que había comprado con el dinero que había ganado desde que me mudé a Nueva York. Veía muy, muy cuidadosamente la pila de mi abuela y consideré tirarla a la basura. Podía arrojar todo de ella, pero había una cosa que simplemente no podía separarse de mí. Mi ordenador portátil. Que bien podría lanzar mi carrera de escritor lejos. Y si no podía tirar absolutamente todo lo que me había dado, el ejercicio no tenía sentido. Cuánto más lo pensaba, más me daba cuenta que no había manera de moverme por el argumento de Hunter. Sólo una niña rica considera lanzar una preciada posesión sólo porque era un regalo de alguien con quién estaba enojada. Era un gesto de ser muy privilegiada. Me quedé mirando todas mis cosas. Basta ya de esto. Estaba perdiendo el tiempo. Tenía que hacer la tarea, y un trabajo para entregar a las seis de la mañana. Levanté todos los libros de texto de la almohada, excepto el de cálculo. Sonaban pisadas en la escalera. Miré hacia arriba como si pudiera ver a través de la pared. Estos podrían ser los pasos rápidos de Hunter. Este era el peor momento de la noche. Pero era fin de semana, y Summer había dicho que pensaba que él se iría. Efectivamente, cuando la pesada puerta del edificio se cerró y me asomé por la ventana de la bahía, era la alta figura de Hunter la que vi mezclarse entre la multitud por la noche en la acera con su abrigo colgando del hombro, listo para su posterior viaje en las horas de la madrugada cuando el aire sería frío y negro. El jueves siguiente, en la clase de escritura creativa discutiríamos todavía uno de sus historias. Añadiría el cuarto de atrás de la barra de una camarera a la lista de posibles en algún sitio. La única manera de averiguar a dónde iba Hunter por la noche era dejar de embromarlo y me lo dijera. La historia que compuse durante la próxima semana era diseñada para hacer que hiciera precisamente eso.

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Capítulo 9
Traducido por Shapira, Rodoni , paau y hanna Corregido por aLexiia_Rms y Mely

Eran las 11:55 del viernes. Me senté frente al mostrador del vestíbulo de la biblioteca de cinco pisos en una moderna silla de piel roja, que escogí porque se veía desentonada y adorable, excepto por lo muy desgastada y las manchas misteriosas. Agarré Cualquier Cosa Es Posible con las dos manos, doblándola a la mitad, manchándola con mi sudor, arruinando sus perfectas condiciones, que siempre he preferido para mis historias, porque parecían más profesionales y hacía menos probable que los lectores las rompieran durante las discusiones en clase. El enorme reloj digital detrás del mostrador del vestíbulo parpadeó de 11:55 a 11:56. Necesitaba cambiar esta historia, pero no podía. La había escrito para un propósito específico: desechar el estereotipo de Hunter sobre buscarme, callarme, y escribir una historia sexy de alguien más. Si esta historia no lo motivaba a decirme lo que realmente sentía, nada lo haría. El problema era que la insistencia de Hunter por reducir sus defensas había bajado demasiado las mías. Las otras historias que había escrito para la clase habían sido “ficcionalizadas” a mi vida. Ésta no era del todo ficción. A las 11:57 estaba dudando de mí misma. ¿Por qué había escrito esta historia, de todos modos? ¿Qué me había poseído para que hiciera esto? Rápidamente podía escribir otra historia como remplazo. Apestaría, pero al menos podía proteger a mi alma de las miradas indiscretas de la clase. Pero no podía correr el riesgo. Gabe podría tener algún método para saber cuándo una historia había sido entregada tarde. O por lo menos, algunos de mis compañeros podrían entrar a la biblioteca y pedir la carpeta de reserva durante los próximos minutos para que pudieran leer las historias antes de comenzar su fin de semana. Sería atrapada, mi calificación sufriría, mis sueños de las prácticas se esfumarían. No valía la pena el riesgo. A las 11:59 me limpié mis manos húmedas en la silla roja, crucé el vestíbulo, y le pedí al chico detrás del mostrador que agregara mi historia a la carpeta de reserva para mi clase. Antes de que

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ero el día en que debía, no podía dejarla ir. Los estudiantes cuyas historias se discutieron el lunes tenían que poner las siguientes el próximo viernes al mediodía.

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cambiara de parecer, me dirigí al otro lado del vestíbulo, más allá del grupo de sillas, y subí las escaleras. Mi dinero del verano se estaba agotando más rápido de lo que había esperado, y había firmado por horas extra en la cafetería por todo el fin de semana. Tuve una tempranera encuesta de Literatura Americana (¡bleh!) para terminar en la ventana dos horas antes de mi clase de danza del vientre, y no había tiempo que perder. Me acomodé en una mesa del balcón del segundo piso con una pared de vidrio por debajo del riel para poder ver el vestíbulo. Este era uno de mis lugares favoritos para estudiar. El ruido de fondo de los cinco pisos de la biblioteca era la música perfecta mientras que tuviera un reproductor y auriculares. Nada cambiaría del ruido de fondo, estaba bastante segura. Los escaners7 en la caja del mostrador debajo de mí pitaron en voz baja, el ascensor se deslizó hacia arriba y hacia abajo, y detrás de mí unas chicas tenían una conversación demasiado alta para una biblioteca. Pero algo cambió. Algo me hizo mirar desde mi portátil a la recepción en el primer piso. Hunter estaba mirando las historias. Tomó la carpeta y entregó a cambio su credencial de estudiante, se dirigió al grupo de sillas donde hace poco había estado sentada. No hay nada raro en eso. Era el lugar conveniente para leer si venías sólo a la biblioteca para leer las historias de la clase. Él no escogió la silla roja encrespada. Se sentó en la más grande y labrada silla tapizada de terciopelo dorado, un estilizado trono. Pero no lucía como un rey, por una vez. La enorme silla lo hacía ver más pequeño en comparación. Parecía joven, acurrucado con las historias, una pierna doblada debajo de él. No había visto que se sentara así desde la escuela media, cuando leía debajo de un árbol en los campos de mi abuela. No se sentaría de esa manera si supiera que la gente lo estaba mirando. Es extraño lo que las miradas le hacían a Hunter. Lo miré. Sabía que estaba leyendo mi historia en lugar de otra porque mi papel era de mayor calidad, de un color blanco brillante, uno de los pocos lujos que surgieron de más. Miró fijamente una página por mucho tiempo, volteó unas hojas para leer el pasaje de nuevo. Hizo una mueca. Traté de averiguar cuál de las muchas secciones dolorosas estaba leyendo, a juzgar por cuántas hojas parecía haber terminado. No podía decirlo.
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Se refiere a los escaners de códigos de barras.

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Llegando al final, estiró y metió su historias. Pero el guardó de nuevo biblioteca.

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levantó la historia y la miró durante unos minutos. Se cuello, luego se acomodó más abajo para leer otras dos brillo blanco de mi historia volvió a salir. La leyó, y la en la carpeta, giró la carpeta en la mesa, y salió de la

Había marcado una gran cantidad de comentarios en su cuaderno sobre las otras dos historias, pero después de leer la mía, la primera y la segunda vez, no había escrito ni una palabra. Tal vez estaba ahorrando sus comentarios para decírmelos en persona. Todo el fin de semana casi esperaba que me confrontara mientras trabajaba en la cafetería, o leía sobre una manta con Summer en el parque, o escribía en mi habitación, o escucharlo en la escalera. No me confrontó. No lo vi. Mi historia no le había afectado de la forma en que había esperado. Él había conseguido reírse después de todo. Eso es lo que pensaba hasta la clase del lunes.

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Cualquier cosa es posible por Erin Blackwell Llamó a la puerta del armario, luego la abrió lentamente. Su hija probablemente tenía sus audífonos como de costumbre y no oiría el golpe de todos modos, pero trató de advertir a su hija lo mejor que pudo. Su hija tenía una respuesta de sobresalto exagerada, los médicos habían dicho que el ser testigo de violencia doméstica podría haber causado esto. Su hija levantó la vista fácilmente desde su nido de almohadas en el armario y le sonrió. ―Hola. ―Hola ―Ella se hundió en la suavidad esponjosa en frente de su hija―. ¿Qué estás leyendo? ―Su hija le mostró la portada: Orgullo y Prejuicio―. ¿No lo has leído antes? ―Como en cuatro ocasiones. Pero se pone mejor cada vez. Ella no dudaba de su hija. Ella no era una gran lectora, pero había visto algunas películas y versiones de televisión, y las más recientes eran definitivamente mejores. ―Bueno, estoy regresando ―mintió―. No te acuestes muy tarde leyendo, ¿de acuerdo? ―No lo haré ―prometió su hija. Había inclinado la cabeza hacia el libro de nuevo antes de que ella hubiera cerrado la puerta del armario. Sospechaba que su hija estaba mintiendo también.

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Libre de esa responsabilidad, se apresuró a bajar la escalera, con cuidado de no lucir como si estuviera corriendo. Balseó recto más allá de la oficina donde su madre todavía se esclavizaba a través de los libros para el negocio, deseosa de encontrar una manera para ser más inteligente, más ágil, mejor y más rica, y sumamente más aburrida. Si su madre salía de la oficina en este momento, podría decirle que se dirigía a la cocina a tomar un aperitivo. Pero su madre, al igual que su hija, se quedó donde estaba detrás de la puerta cerrada. Mientras se escabullía, oh, tan tranquilamente por la puerta lateral, cuidaba el chillido cuando se abría demasiado, y empezó a sentirse tonta. Tenía treinta y dos años, demasiado vieja para andar a escondidas detrás de la espalda de su madre y su hija. Sin embargo, treinta y dos era demasiado joven para tener una hija de doce años. A los dieciocho, se había escapado a Hollywood para huir de la mano de hierro de su madre y probar su valía por sí misma como actriz. A los veinte años, había tenido un bebé. Ahora, había huido de regreso a casa para escapar de la mano de hierro del padre de su hija. No voy a quedarme aquí, se dijo cuando saltó de la escalera de entrada sobre la esquina del camino de grava crujiente a la hierba húmeda de rocío en la que no sería escuchada. Moverse a través de la húmeda noche hacia el granero, era como acercarse a su destino en la vida después de un largo rodeo sin fruto. Su nuevo hombre la hacía sentir como si todo fuera posible. Llevarse a su hijo y a su hija, huir por su cuenta, y hacer una nueva vida para sí mismos. Ellos no habían discutido eso, pero sabía que saldría. Igual como tu carrera de actriz de Hollywood funcionó, dijo una voz en su cabeza. Pero si hubiera escuchado la voz en su cabeza, nunca hubiera llevado a cabo sus sueños. Por supuesto, sus sueños no habían funcionado, en realidad, pero era mejor para ella seguirlos que haber estado aquí cuando tenía dieciocho años, y haber colgado sus sueños en un granero negro junto con los tallos de tabaco para curar la edad y la sequedad. La enorme casa de su madre estaba rodeada por grandes colinas cubiertas de hierba, como un barco sacudido por quince metros de los mares. En el fondo de la colina, ella podía ver nada más que estrellas encima de ella en el cielo. Subiendo la colina, poco a poco se veía cada vez más largo, bajo establo de caballos. No tenía características del antiguo edificio visibles en la noche. Era sólo un bloque negro que obstruía la luz de las estrellas, una puerta abierta llena de brillante luz, y el olor del humo de cigarrillo. Él estaba esperándola. Se sorprendió por la intensa ola de deseo que se extendió a través de ella. Se había sentido así un centenar de veces

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en la escuela secundaria, una y mil veces durante ese año brillante en Hollywood, cuando todavía había pensado que el mundo era suyo. Así que rara vez se había sentido así desde, tal vez un par de veces, con el padre de su hija. Cada vez que él la golpeaba, y se disculpaba al día siguiente, llamar al deseo se hacía más difícil. Agarró velocidad a través de la hierba húmeda de rocío, hasta que corrió hacia ese sentimiento. El hombre la había visto venir y aplastó su cigarro bajo su bota de montar. Ahora él se reía y la tomaba en sus brazos y la hizo girar en círculos fuera del establo. No se había criado aquí, como ella lo había hecho. Había crecido en algún lugar lejano, pero similar, y se sentía como si lo hubiera conocido hacía más de un mes. ―No cambiaste de opinión. ―Colocó su frente contra la de ella y se rió entre dientes por esas palabras para ella. Era un hombre alto, fuerte, con una ligereza acerca de él, riéndose mientras hablaba. Él no la juzgaba por quererlo. ―No he cambiado de idea. Tomó su ruda mano y lo condujo a través del laberinto que tan bien conocía. Más allá de la oficina del granero, por el oscuro pasillo principal con caballerizas a ambos lados, a la sala de las literas en la parte trasera. Ella había traído hombres aquí antes, cuando era una adolescente con nada que hacer allí. Ella no se había arrepentido de sus acciones entonces. Ahora, mirando hacia atrás, tal vez esas transgresiones silvestres y la reacción de su madre cuando se enteró que había tenido el más caliente fuego encendido debajo de sus pies y la había enviado a dos mil kilómetros de distancia. Temía la reacción de su madre todavía. Pero con un poco de suerte, su madre no se enteraría hasta que su relación con este hombre, de exactamente su edad, fuera feliz y estable. ―Eres una mujer hermosa ―Él le sonrió, pasando sus ásperos dedos a través de sus rizos―. Aquí pensé que había encontrado un trabajo en el paraíso, y luego de pronto apareció un ángel. ―No fue de pronto ―se burló de él―. Fuera del sabueso Grey dos treinta de Glendale. de las

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Mordió su labio inferior, con el deseo de no haber hecho esa broma tonta. Como un adolescente que habría realizado decenas de chistes como éste, en rápida sucesión, sin ningún chico para atreverse a mantenerse al día con ella. El padre de su hija había tomado estos chistes en el sentido de que ella pensaba que era más inteligente que

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él, y el doble de esto había sido la razón por la que diera un puñetazo. Exactamente el doble. Ella mantuvo la puntuación. Pero su nuevo hombre sonrió y tocó ligeramente con la yema del dedo su nariz. Suavemente la ayudó a recostarse sobre el flácido colchón cubierto con una colcha limpia de desvanecidos colores pastel. Con una fuerza sorprendente, llevó su boca a la de ella. Ella saboreó los cigarrillos y menta y confort. Más tarde se vestían. ―Ponlo. ―Él bromeó desde el colchón, y ella se puso su ropa mientras pretendía moverse en sentido inverso. Ella dio un paso fuera del establo con él mientras fumaba un cigarrillo. Ella no fumaba, y en cualquier otro momento el olor y le hábito le hubieran molestado, pero parecía una parte de este hombre, una parte imperfecta, pero honesta. Él le ofreció un cigarrillo, y ella debió haberlo tomado, y uno más. Entonces hubieran permanecido afuera con espacio para correr cuando el padre de su hija irrumpió por la puerta principal de la gran casa de su madre y salió por la puerta lateral. Pero ella se negó, y en los pocos minutos más pensó que podía prescindir de su madre antes de que finalmente regresara en la noche y tal vez buscara a las dos para asegurarse de que no se había escapado una vez más, le pidió a este buen hombre que le mostrara los caballos. Ella había visto todos la primera vez que había llegado a casa. Se había quedado con las manos sobre ellos para hacerles frente y había ejercitado alguno de ellos, pero quería ver a través de sus ojos. Entraron en un puesto con un semental castaño masivo. Se movieron un puesto para discutir sobre un potro blanco, y después un potro negro. El hombre dijo que había oído que el dique de la yegua tenía era exactamente igual que esa potranca, y había estado en la granja cuando la mujer se fue catorce años antes. La mujer pensaba que debía estar equivocado. Ella no quería que estuviera equivocado, pero no reconocía a ese caballo. Quitó la mano de la cruz de la yegua y la colocó sobre el pecho con la velocidad medida del hombre, por lo que la yegua no se asustó. ―¿Has oído algo? ―El hombre la miró con incredulidad, y luego miró en dirección de la puerta del granero. Hubo un choque, una maldición, el nombre de la mujer fue llamado con brusquedad por el padre de su hija, y más débilmente por su madre, a la distancia. Y entonces, una silueta llenó la puerta abierta de la cabina.

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No había tiempo para explicarle a su amante que el intruso era el padre de su hija, que debía haber sospechado que había regresado con su madre y finalmente la había localizado. No había tiempo para explicar al padre de su hija que nunca debía gritar en torno a un caballo. La potranca criando. La mujer trató de esquivar, pero su amante estaba detrás de ella. La herradura de la potranca con miles de libras detrás, la golpeó en la sien. Ella murió en el acto, o al menos eso me dijeron. Tal vez me lo dijeron para consolarme, y su muerte sin dolor era la mayor mentira de todas. Nunca lo sabremos con seguridad. Yo estaba en el armario con mis auriculares, leyendo Orgullo y Prejuicio por quinta vez. Pero si ella se mantuvo consciente durante un rato, yo sé en lo que estaba pensando. Cuando estás empezando de nuevo y todo es posible, “cualquier cosa” incluso una muerte temprana.

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Capítulo 10

Yo estaba acostumbrada a que la clase estallara en risas cuando Manohar comentaba mis historias. Este estallido fue más de una explosión, como si todos mis compañeros de clase habían estado conteniendo la respiración durante dos semanas, esperando mi turno para escribir una historia, junto al siguiente turno de Manohar para describirlo. ―Supongo que es mejor que el primero ―dijo él después de que las risas se calmaron―. Pero sigue siendo tan increíble. Ahora he entendido. Hunter había leído mi historia en la biblioteca, corrió hacia Manohar y le contó lo que había escrito. ¿No sería divertido si me molestaban en clase diciendo que mi historia era increíble, cuando era la cosa más verdadera que había escrito aún? Al comienzo de la clase, había pensado que Hunter parecía enfermo en su extremo de la mesa, y me había preguntado de nuevo si lo había afectado con mi historia. Ahora sabía que no, y lo odiaba. ―¿Por qué siempre vas primero?―grité antes de que Manohar pudiera decir otra cosa. Él miró a su alrededor. ―Porque estoy en la silla de ser el primero. Me volví a Gabe. ―¿Por qué Manohar siempre va primero? No es justo. Gabe puso una mano sobre la mía y dijo en voz tan baja que no estaba segura de que lo que iba decir era algo que quisiera que la clase escuchara. ―No es un juego. ―No tiene ni idea. ―Esto me concierne ―dije, y quería que toda la clase escuchara―. Manohar anuncia que mi historia no es realista. Él está poniendo esa idea en la cabeza de todos, y ahora el resto de los comentarios seguirán esa misma línea. Me pregunto si alguien más honestamente piensa que mi historia no es realista, o si es sólo Manohar siendo Manohar.

―E

Traducido por hanna Corregido por Mely

s la primera historia de la hermana mayor con problemas, quebrada y en rehabilitación ―dijo Manohar.

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―Yo pienso eso también ―dijo un chico al otro lado de la mesa, medio levantando la mano. ―Yo también ―dijo Chico-Lobo. ―Pero ésta historia está situada en el mismo lugar que mi primera historia ―señalé―. Todo el mundo hizo un comentario acerca de cuan realista fue la primera historia. ―O tal vez sólo Hunter lo dijo. ―Esta es realista en cuanto a configuración ―explicó Manohar―. Es tan realista la parte superior del drama. En la primera historia tenía una joven pareja que va detrás de los arbustos a hacer algo desagradable. Summer lanzó su pluma sobre el escritorio de él. ―Cerdo. ―Manohar se agachó. ―Por lo menos la primera historia no era descabellada. Pero esta vez tú tienes un triángulo amoroso, una cita a media noche, y una muerte trágica. Es como una película hecha para la televisión. ―¿Qué está mal con las películas hechas para la televisión? ―pregunté, preparándome a mi misma en este terreno resbaladizo. ―Ellos emplean una gran cantidad de personas, muchos actores, y un montón de escritores, he estado trabajando y hasta ahora no tengo los medios para escribir las PRÁCTICAS en mi cuaderno de notas. Creo que puedes hacerlo mejor que eso ―Manohar dijo. ―¿Cómo? ―exigí. ―Creo que puedes escribir unja historia más realista que esto. ―¿Cómo sabes que esto no sucede? ―Pensé haber escuchado mi voz sonando en todo el techo, lo que significaba que era demasiado fuerte, pero el reto de Manohar se había hecho personal. ―Esto no podría haber ocurrido ―dijo. ―¿Cómo lo sabes? ―Nos cortó Hunter―. Manohar, ¿pens aste alguna vez que la historia podría ser real? Puso sus manos sobre la mesa. ―¿Y cómo sabes? ―Manohar le preguntó a Hunter. Sin embargo, se frenó al decir eso, y pude ver en su cara que estaba registrando el hecho de que Hunter y yo nos habíamos conocido antes, Hunter conocía mi historia, y Hunter conocía esta historia. ―Puedo ver que está disgustada ―Hunter hizo un gesto hacia mí, y luego se volvió hacia Manohar―. Puse dos y dos. Tengo las habilidades sociales más desarrolladas que tú. ¡Busca allí!

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Ahora los restos de la voz de Hunter sonaron en todo el techo. El silencio que siguió fue pesado y oscuro, como el cielo por la ventana. La tensión se aceleró por debajo a medida que el tráfico se acercaba por calle abajo. Quienquiera que tomara la palabra y rompiera el silencio podría cambiar el estado de ánimo de la clase y el uso de la palabra. Debo hacer esto. Debería tomar una participación en la discusión de mi propia historia. Eso demostraría a Gabe la gravedad de lo que yo estaba en mi oficio. No pude. Mantuve mis ojos en el “Cualquier cosa es Posible” en frente de mí, mi estómago atado en nudos corredizos. —Lo siento ―Hunter soltó―. Lo que dije estaba fuera de lugar. Gabe, lo siento por hablar fuera de turno. Y Erin… ―Hizo una pausa, esperando que mirara hacia arriba. No quiso seguir adelante. El silencio descendió de nuevo hasta que lo reconocí. Me asomé para mirarlo desde debajo de mi flequillo―. Lo siento, Erin ―Esbozó una sonrisa de confidencía hacia mí, y furiosos ojos azules―. Sé que puedes defender tu propia historia. bien? —Isabelle puso ―¿Estás una mano reconfortándolo, como si estuvieran saliendo. sobre su muñeca,

―No ―murmuró―. Estoy cansado ―Miró a la mesa―. Ahora he perdido mi pluma. ―Isabelle y las otras tres más cercanas a él agacharon la cabeza debajo de la mesa en busca de ella. ―¿Brian? ―dijo Gabe de pronto. ―¿Yo? ―Brian parpadeó hacia Gabe―. ¡Oh, mi turno! Me encantó esta historia. Es un cruce entre Danielle Sreele y National Velvet. ―La clase entera se reía con inquietud, y nunca se recuperaron del estallido de Hunter. Ahora que había plantado la semilla de la historia real, estuvo de puntitas alrededor de mis sentimientos y no dijo mucho. Yo estaba escuchando de todos modos. Me aferré al borde de la mesa con los dedos blancos y traté de ralentizar la respiración, la mirada fija en mi historia, pero consciente de la presencia de Hunter un poco más allá de mi visión periférica.

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OOO
Salté hacia fuera cuando Gabe dio por terminada la clase. ―Erin ―me llamó Summer. ―No puedo quedarme ―dije sobre mi hombro―. Voy a ser despedida. Mi jefe dice que siete retrasos y estoy fuera. ―Gabe abrió su boca como si fuera a hablar conmigo. Corrí junto a él, fuera del edificio de la aulas, hacia la acerca.

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Viento cortante y frío perfumado con diesel explotó en mi cara. Hice una pausa para hacer malabarismos con mi mochila y encogiéndome de hombros en el abrigo. Entonces me apresuré hacia la cafetería, pasando por dos agentes de policía montada en el borde del parque, los caballos vacilantes entre sí. Traté de sacudir mi historia y la enferma sensación que tuve cuando pensé en Hunter, al pie de la mesa. Estaba haciéndonos a ambos enfermos. Estábamos en Nueva York, partiendo de nuevas vidas. No había ninguna razón para que nosotros diéramos la vuelta lentamente hacia el otro, lanzándonos a Kentucky en la cara del otro. Cuando entré por la puerta de los empleados, me comprometí a traer una sonrisa a los rostros de los clientes para las próximas horas, y no pensar en otra cosa que servir una maldita taza de café. Había una primera vez para todo. Pero cuando estaba detrás mesa junto a la ventana, estaba directamente en mi cliente y esperaba a que el sillas vacías. del mostrador para tomar los pedidos, la donde Hunter y yo estábamos sentados, línea de visión, cada vez que servía a un siguiente pasara, miraba hacia la mesa, las

Por último, cuando hubo una pausa, fingí necesitar jarabe de chocolate de la despensa, y traje mis copias de “Cualquier cosa es Posible” al frente conmigo. Contuve la respiración mientras hojeaba la pila y encontré la copia de Hunter. Exasperantemente, había garabateado su nombre a través de la página del título, sin hacer otra sola marca. Gabe escribió a lápiz al final de su copia:

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Erin, creo que vas en la dirección equivocada, ¿no?
Y luego Manohar, Brian y Summer se acercaron al mostrador. ―Un café con leche, por favor ―dijo Summer, lo suficientemente fuerte como para que mi jefe escuchara en el cuarto de atrás―. Y dibuja un pequeño corazón en la espuma. Eres buena en eso ―En voz baja preguntó: ―En realidad no era una verdadera historia, ¿verdad? ―Asentí con la cabeza, mirando de reojo a Manohar y Brian, que se agolpaban en el mostrador para escuchar―. Pero no es sobre ti, obviamente ―dijo Summer―. Contigo viva y todo. ¿Tu madre? ― Asentí con la cabeza. Los ojos de todos se abrieron. Summer preguntó: ―¿Ella está…? La expresión de mi rostro la interrumpió. Eso no detuvo a Brian. ―Pero…¿tu padre es su marido en la historia?

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―No el marido ―dijo Summer, en voz baja―. El padre de su hija. ―Como sea ―dijo Brian―. ¿Qué pasó con él? ―Abrí mi boca y no salió nada. Mi mamá había muerto. ¿Por qué sus preguntas acerca de mi padre me herían aún más?―. ¿Dónde está? ―insistió Brian. Tragué saliva. ―Vancouver, lo último que oí. ―¿Cuándo fue eso? ―preguntó Summer. ―Hace seis años. ―Seis años, tres meses, dos semanas y tres días. ―Y su amante en la historia… ¿qué pasó con él? ―preguntó Manohar. Parecía genuinamente curioso acerca de este drama de la vida real. ―Él todavía trabaja en la granja de caballos de mi abuela ―les dije. Summer parecía querer preguntar y lo confirmé―. El padre de Hunter. ―¡De ninguna manera! ―exclamó Brian. Los tres q uedaron boquiabiertos mirándome. Miré hacia la puerta de atrás, esperando a que mi jefe apareciera con las manos en las caderas. Miré a Brian. ―Señor, ¿puedo tomar su orden? ―¿Hunter se parece a su padre? ―Summer quería saber. ―Sí ―Si ellos no me decían lo que querían, iba a servirles café negro―. Esto está bien, ¿correcto? ―¿Te pareces a tu mamá? ―preguntó Brian. ―No ―le dije―. El cabello rojo se salta una generación. Me parezco a mi abuela. ―Pero si tu mamá y el papá de Hunter conectaron ―insistió Brian―. ¿Eso los hace a ti y a Hunter hermano y hermana? ―¡No! ―Summer, Manohar y yo le gritamos al mismo tiempo. Eché un vistazo hacia el cuarto de atrás de nuevo―. Mira, v as a meterme en problemas. Cuando escribí esa historia, pensé que estaba sacándolo fuera de mi pecho para hacer frente a Hunter. En su lugar, me siento un millón de veces peor, y no quiero hablar de eso, ¿vale? ―¿Cuándo tienes un descanso? ―preguntó Manohar. ―A las nueve ―dije con cautela. ―Voy a volver ―dijo Manohar. Es evidente que él tenía su propia interpretación de “No quiero hablar de ello”. Tomaron sus tazas y

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vagaron fuera de la cafetería, dejándome guisándome en mis propios jugos. servir a los

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extraños y

Y como un reloj, a las nueve, Manohar reapareció solo. Él me dio un pequeño hola y se sentó en la mesa de Hunter por la ventana. Me senté frente a él y le deslicé un latte con un tope establecido en la espuma. Él ni siquiera lo miró. Centró su mirada oscura sobre mí. ―Summer no me obligó a esto. ―¿Fue Hunter? ―¡Hunter! ―exclamó―. Hunter ha estado falto de tuercas todo el fin de semana. Tuercas para Hunter, es decir. Tranquilo y antisocial. Pensé que tenía gripe. Ahora me doy cuenta de que debe haber leído tu historia el viernes ―Se inclinó hacia delante―. No tenía idea de que tu historia tuviera un grano de verdad en ella, Erin. No habría dicho esas cosas en clase, si lo hubiera sabido. Lo miré parpadeando, ni creyendo en un primer momento lo que estaba escuchando: una disculpa, o una especie de ella, de parte de Manohar. Después de toda la ansiedad que me había causado en los últimas seis semanas, no estaba lista para besarlo y dejarlo hacer, pero me las arreglé para encogerme de hombros y decir lentamente: ―No te preocupes por eso. ―Estoy preocupado por eso. Traté de pedirle disculpas a Hunter después de clase, ¡y me dijo que me fuera a la mierda! ―Se desplomó contra el respaldo de la silla con exasperación―. Decidí trabajar al final de la ecuación. Irónicamente, pareces ser la parte más razonable. Suspiré y puse la barbilla en mi mano. ―¿Podemos volver a la parte en la que lo sientes? Hizo un gesto con las manos en el aire. ―No quiero llevarlo demasiado lejos, claro está. Sabiendo historia se basa en la realidad, no te eleva mi mente. ―Gracias. ―Levantó las manos para hacerme callar. ―Nuestro instinto es que si estamos tomando una historia de la realidad, automáticamente será realista. Pero eso no es cierto. Por ejemplo, mi padre toca banjo bluegrass. Ama la música country. Es un corredor de bolsa, pero piensa que perdió el llamado. Y en casi todas las historias que escribo, pienso en poner a un padre indio que interprete banjo bluegrass. Es algo familiar en mí. Podría escribir la mierda sobre ello. El banjo haría un gran símbolo. De algo. Pero la gente puede decir que mi escritura no es realista. que tu

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Abrí la boca para decirle que esto era lo más interesante que había aprendido de él, y lo más increíble. Por primera vez, parecía como una persona real con una familia embarazosa en su pasado, no sólo un muchacho Indio apuesto con mala actitud. Prefería haber leído una historia acerca de su padre amante del banjo que la papilla despótica que por lo general entregaba para la clase. Sin embargo, añadió: ―Además, cada vez que escribes algo remotamente parecido a la realidad, se trata de Hunter de alguna manera. Hunter está en calma y arrogante de todo, excepto de ti y tu escritura. Así que si no te importa, para mantener la paz, adhiérete a tus fantasías románticas a partir de ahora. Pero deja a Hunter fuera de esto.

OOO
Cuando caminé a casa desde la cafetería poco después de las once de la noche, me encontré a Summer sentada en su cama, leyendo. Yo había esperado que estuviera en la habitación de Manohar. Sabía que se dirigía hacia ahí ahora porque todavía usaba maquillaje. Me estaba esperando. Dio unas palmaditas en la cama. Puse mi bolsa de libros cuidadosamente abajo, para preservarla, y me senté junto a ella, después me mantuve sentada y me recosté hasta tumbarme en sus almohadas y miré fijamente el agrietado techo. ―Lo amas tanto. ―La oí decir. ―No, no lo hago. ―Simplemente no puedo entender cómo las cosas han ido tan mal entre ustedes dos durante tanto tiempo. Yo no quería hablar de esto, pero mirar hacia el techo era más fácil. Mi estómago se retorció en nudos y contuve el aliento frente al dolor, a continuación solté: ―Después de que mamá murió, no podía mirarlo, porque su papá había estado allí cuando ella murió. Cada vez que miraba a Hunter, todo se repetía en mi cabeza. No podía mirar a su padre, tampoco. Eso no duró mucho porque mi abuela le dijo a su papá que me regresara en un caballo de inmediato para no tener miedo. Pero en ese momento, la escuela había comenzado y Hunter era el chico nuevo y la gente lo llamaba mi mozo de cuadra y yo no había hecho nada para detenerlos. ―Oh ―dijo, como si ese fuera el final de eso y ella lo sentía por haber preguntado. Seguí adelante, ahora que había empezado. ―Luego se lesionó. Ya sabes, ¿la cicatriz? Y fue como si mi madre se estuviera muriendo de nuevo. Quería verlo. Caminé hacia su casa para pedirle a su papá que me llevara al hospital con él para ver a Hunter.

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Pero me quedé en el camino por un tiempo y no pude llamar a la puerta. Cuando Hunter regresó a la escuela, parecía resentir eso, también, y de esa manera pasó el resto de la escuela media. Las personas se burlaban de él por ser mi empleado y se burlaban de mí por ir detrás del mozo de cuadra, y las chicas me decían que era perfecto para mí. Ellos nunca entendieron lo mucho que él me odiaba, o por qué. Entonces éramos senior y competíamos entre nosotros por una beca para estudiar en la misma universidad. ―Oh ―dijo otra vez. Esta vez, se acercó y me acarició el pelo en la almohada. Eso hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas. ―La noche del Derby hizo algo bueno por mí ―me atraganté―, tenía la esperanza de que estuviéramos comenzando de nuevo. Y entonces él me robó la granja. Se quedó en silencio durante unos minutos. Finalmente dijo: ―Eres un comunicador extremadamente malo. Me sorprende que desees ser novelista. O tal vez es por eso que quieres ser novelista. Me senté, secándome el cabello de mi cara mojada. ―Te quiero ―le dije. Ella soltó un bufido. ―Soy fácil de amar. ―No…―Me incliné hacia delante y la abracé, así como así. Mi estómago se retorció de nuevo cuando lo hice, pero la abracé. La apreté duro. Me frotó la espalda y dijo con dulzura en mi hombro. ―Te quiero, también ―Entonces ella me detuvo con el brazo extendido―. Vamos a ver una película de media noche. Nunca sales. Negué con la cabeza. ―Tengo que leer historia ―Entonces miré hacia el techo de nuevo―. Ve al piso de arriba. Manohar te está esperando. Me tomó un tiempo para convencerla, pero a la larga se fue. Me dirigí a mi habitación y descargué los libros de texto de mi bolsa. Pero la soledad de la habitación vacía esta noche era inmensa, y la sola idea de caminar sola a través de los antiguos campos de batalla de mi historia me retumbaba en la cabeza. Me tomó un viaje rápido por el pasillo hasta el baño para eliminar el maquillaje y limpiarme a mí misma del olor del café. Estaba tan harta de pasar largas noches de pie y servir café con leche en la cafetería que me gustaría comentar que prefiero el olor de la basura de Tailandia.

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Me tendí en la cama, medio dormida ya. Los pasos de Hunter se hicieron eco en la escalera a través de la cabecera de mi cama. De repente despierta, me di vuelta y miré fijamente a la pared, dispuesta a defenderme si Hunter estallara a través de ella. Me incliné hacia delante sobre mis puños, la cabeza hacia abajo cuando el ruido descendía. La puerta principal de la residencia chilló abierta y cerrada dando un vuelco. Salté al otro lado de mi cama y me asomé por la ventana cuando Hunter se alejaba por la acera, sobre todo soplando abierta detrás de él. Ya era suficiente. Tenía que saber. Me metí en la ropa que había llevado ese día, me puse mis zapatos, y me encogí de hombros sobre mi propio abrigo. Corriendo por la puerta, cogí un pañuelo de mi cama. Las bufandas estaban pasadas de moda y yo todavía no había necesitado una por el calor. Esta noche era funcional. A medida que bajé corriendo la escalera, la até alrededor de mi cabello rojo. Cuando abrí la puerta delantera, él todavía era visible a una cuadra en la acera casi vacía. Me apresuré tras él, lo más rápido que podía ir sin correr y llamar la atención si llegaba a echar un vistazo alrededor. Corrí cuando dobló una esquina, y casi esperaba no asustarlo cuando dobló la esquina. En su lugar, vi su pelo rubio mientras trotaba por las escaleras del subterráneo. Yo había montado mucho el subterráneo cuando llegué por primera vez a Nueva York, ¿por qué no, cuando compré una tarjeta mensual de viajes ilimitados? Me sorprendía que me llevara a cualquier lugar de la ciudad. Entonces me había roto un par de veces. Ha habido períodos en que la construcción era horrible y seguí llegando a la línea equivocada y siempre me escupían en la TriBeCa. Últimamente casi no he montado en absoluto. Cuando la clase se había iniciado en Septiembre, mi Manhattan se había reducido a un estrecho círculo de residencia, clase social, cafetería, biblioteca, dormitorio. Ahora subí a la escalera y bajé a las entrañas de la ciudad. Desde éste ángulo, la escalera parecía suavizar en una cinta transportadora. Eso era en lo que mi vida se había vuelto, y, a juzgar por los círculos oscuros bajo los ojos de Hunter últimamente, tal vez su vida también; una máquina implacable, nos masticaba en pedazos. En la parte inferior de la plataforma del subterráneo y del techo curvo. Tendría que el fin de que no me detectara. de evitar eso. escalera, se adelantó a la luz de la desapareció de mi vista debajo del borde mirar hacia atrás, mientras yo seguía con Si lo hacía, me iba a ver. No había forma

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Había estado lo más discreta posible, pero aun así me iba a ver a menos que me escondiera detrás de un pilar, lo que despertaría las sospechas de los otros pasajeros y la policía. No sabía a dónde iba,

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así que no sabía qué iba a estar allí y por qué puede ser que quiera ir allí solo por la noche. Yo estaría devastada. Y cuando fuera arrestada, no tendría ninguna excusa, sólo la verdad: “Voy a morir si no puedo saber acerca de su amor secreto”. Me bajé de la escalera mecánica cuando el tren hacia el norte se retiraba junto a la plataforma. Lo observé a bordo, y me metí en el mismo vagón a través de la puerta trasera. El subterráneo llevaba los suficientes pasajeros para fundirme en la masa de abrigos oscuros, pero no tantos que Hunter tuviera que ponerse de pie y dar su asiento a alguna señora mayor. Él abrió un libro. Desde la parte de atrás del vagón, lo vi leer. En una cercana, se guardó el libro, se levantó y agarró la barra por encima de su cabeza. Bajé la barbilla, preparándome para el descubrimiento. No miró hacia mí. Cerró los ojos, agarrando fuerte la barra para mantener el equilibrio en el balanceo del vagón. Las puertas se abrieron. Él salió con la multitud. Me quedé unos veinte pasos atrás, mi corazón palpitaba cada vez más fuerte a medida que subía las escaleras hasta la calle. Si el viaje terminó en un salón de cócteles, me gustaría saber cómo se deslizó en el interior, que su historia más reciente de la clase no era ficción, después de todo. Si él entraba en una tienda de adivinos, me quedaría en la nube de humo de incienso que flotaba fuera y estaría consciente que debería dejarlo ir. Lo que me preocupaba era la ambigüedad. Mientras me apresuraba por la acera detrás de él, yo esperaba que se metiera en una farmacia para poder espiarlo como él lo hizo, con la rubia de la fiesta en la playa, que trabajaba como chica de ventas detrás del mostrador. Por lo menos entonces yo sabría. Pero si utilizaba una llave para algún edificio de apartamentos, y cerraba la puerta detrás de él, yo estaría en la calle rechazada y frustrada, no sabía si estaba tomando un juego clandestino de póquer o comprando éxtasis o llevando a cabo una aventura con su profesora de cuarenta y tantos años. Delante de mí se detuvo en una intersección muy transitada. Me quedé atrás, avanzando a la esquina cuando la luz cambió y él cruzó. Acudió a mí el pensamientos de que su destino podría ser el edificio directamente en frente de mí. No podía ser, me decidí. Esperé a virar hacia el lado y continuar por la acera al lado del edificio, hacia su verdadero destino. Un hospital se alzaba en los diez relatos más vidriosos de la intersección, su brillante sala de emergencias tallada en la esquina, las ambulancias parpadeaban ominosamente, azul y rojo en la entrada. Las luces bailaban sobre el cabello rubio de Hunter, cuando su silueta cruzó la calzada, subió entre las ambulancias, y desapareció en el brillante Lobby. Mis ojos ardían picados por las lágrimas una segunda

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vez esa noche. Mi corazón golpeaba contra mi pecho. Mi mente corría frenéticamente a través de las posibilidades, cada una más terrible que la anterior. Hunter estaba saliendo con una hermosa cerebro de cirujano con un gusto por los hombres más jóvenes. Hunter estaba devotamente visitando a su novia rubia de la ducha, que había caído enferma. Hunter mismo estaba enfermo. Se estaba muriendo lentamente. Quería que el resto de su corta vida fuera lo más normal posible. Es por eso que no me hacía saber a dónde iba. No quería que mi abuela le arrebatara su educación universitaria ahora que no podía cumplir con su obligación como su heredero. Tenía que averiguarlo. Salí a la calle. Por el rabillo del ojo vi que se acercaba un taxi. Sabía que había hecho mal, pero ya era demasiado tarde para saltar hacia atrás. Un golpe en la cadera, y entonces me arrastraba por el asfalto sobre mi espalda. Todo se detuvo. Estaba mirando hacia arriba entre las cimas de los edificios en el resplandor anaranjado del nublado cielo nocturno, y la calle a mi alrededor parecía extrañamente tranquila, pero en mi cabeza escuché el eco de los neumáticos chirriantes. Debería salir de la calle. El próximo coche me iba a matar. Puse las manos detrás de mí para empujarme de pie. Mi espalda ardía como el fuego. El dolor en mi cadera me dejó sin aliento. El taxi se detuvo en frente de mí, una pequeña abolladura en el capo. La puerta se abrió, liberando la música rock del Medio Oriente. El conductor se puso de pie detrás de la puerta, me señaló y me insultó en árabe. En la esquina, en frente del hospital, cuatro personas en batas verdes estaban junto a una camilla, esperando que el semáforo se pusiera antes de cruzar la calle. Rodé del insoportable dolor en mi cadera. Boca abajo, examiné el asfalto, pequeñas cosas blancas que mostraban por donde el azul base de petróleo se había gastado. La gente en batas con el tiempo se aproximaron con su camilla. Cuando me preguntaron a quién deberían llamar por mí, les di el único número de teléfono que podía recordar.

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Capítulo 11
Traducido por Susanauribe Corregido por Aciditax

H

unter llenó la abertura en las cortinas privadas. Usaba traje médico verde como los doctores y enfermeras que me habían quitado del pavimento. Por un segundo lo confundí con un adorable doctor que se parecía mucho a Hunter. Supe que era Hunter cuando me miró boquiabierto con una mezcla de horror y atrocidad, su rostro pálido, y demandó: —¿Qué hiciste? —dijo. —Crucé la calle —dije—. De mala manera. —Haciendo una mueca, me levanté de la camilla, puse mi peso en la mano y la cadera en buen estado. Sólo unos minutos habían pasado desde que me trajeron dentro, asegurándose de que no estaba muriendo, y dejándome aquí. Todavía me siento muy conmocionada del impacto de haber sido golpeada. Pero no quiero enfrentar a Hunter tendida. En dos pasos, él se inclinó hacia mí y envolvió sus brazos alrededor de mí. Fue cuidadoso de no presionar mi traje de hospital contra mi espalda donde la marca de la carretera estaba, pero su contacto en mis hombros irradió dolor en las partes heridas. Hice una mueca otra vez. —Oh Dios, lo siento. —Me soltó pero se cernió encima de mí, poniendo sus manos grandes en mis hombros. Estaba tan cerca de mí que el aire se sintió caliente—. ¿Por qué te hiciste daño? —Esto sólo es por derrapar en la calle. —Hice ademán hacia mi espalda y luego me estremecí con el escozor en mi piel mientras moví mi brazo. —¿Hasta dónde baja la herida? —Mi espalda se sintió fría mientras él levantó una solapa de mi vestido de papel y miró. Mantuve mi cabeza hacia abajo, mis mejillas rojas ocultas. Estaba mirando mi espalda en la parte donde faltaba piel. ¿Qué podía ser más sexy? Incluso si las circunstancias hubieran sido más felices, yo no estaba usando maquillaje y estaba segura de que mi cabello estaba enmarañado fuera de mi bufanda. No había razón para que mi sangre hirviera como si estuviéramos en una cita en vez de una camilla, pero mi cuerpo no escuchó a la lógica en lo que respectaba a Hunter. Él no estaba examinando mi herida. Él estaba cautivado por la vista de mi adorable e intachable trasero. Yo era una novelista. Podía soñar pero no preguntar ligeramente: —¿Vas a preguntar dónde tengo grava incrustada en mi trasero? —Por el amor de Dios, no.

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Hunter soltó mi vestido y se puso de pie.

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—El doctor dijo que el auto golpeó tu cadera —insistió—. ¿Está rota? Me di la vuelta en mi costado y lo miré. —En verdad duele —dije—. Si estuviera rota creo que en verdad no podría respirar. Él asintió. —Cuando me quebré mis costillas no pude respirar. —Eso es porque tus costillas perforaron tus pulmones. ―Señalé. —Es cierto —Luego inclinó su cabeza hacia un lado, cabello rubio cayendo hacia adelante—. Estoy sorprendido de que recuerdes eso. Hice una mueca de nuevo, no de dolor físico esta vez. Había dolido tanto que me importara Hunter y enterarme de su accidente por un tercero. Y había sido mi culpa. Yo debería haber cuidado nuestra naciente amistad antes de que todo se hubiera vuelto incómodo. Tuve mis excusas, pero era yo quien se había refugiado en el armario y le puso seguro a la puerta. Y ahora estábamos tan lejos que ninguno de los dos tenía idea de por qué el otro estaba en el hospital. —¿Trabajas aquí como recepcionista? —pregunté. Él negó con su cabeza. —Me ofrecí como camillero. —¿Por qué te dejan ver pacientes entonces? —Iba a verte quisieras o no, porque eres tú —Sus ojos se oscurecieron mientras lo veía—. Pero el doctor de turno me deja sentarme en los que necesitan inspección, algunas veces. Ella sabe que quiero ir a la escuela de medicina. Ahora algo diferente pasó detrás de sus ojos. Se estaba dando cuenta de lo que accidentalmente me dijo. —¿Quieres ir a la escuela de medicina? —pregunté con incredulidad. Él abrió sus labios. Su amplio pecho se expandió en una profunda respiración debajo de la ropa verde. —Sí —dijo con un suspiro. —Es por eso que estás tomando anatomía y cálculo en vez de matemáticas financieras. Eres un especializado en pre-medicina. —Sí. —Siempre había visto a Hunter como un oportunista suave. Recordando, no estaba segura de porque asumí que estaba cumpliendo la voluntad de mi abuela.

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—No tienes la intención de graduarte en negocios y manejar la granja después de la graduación. —No. Sin admiración, dije: —Sólo estás “ordeñándola” por todo lo que vale. Ahora que sabe que fue atrapado, él me seduce con una gran sonrisa. —Básicamente. Estuve agradecida de que nos hubiéramos enfrentado y que yo finalmente hubiera curioseado la verdad de él mientras estaba apoyada. Pero mi cadera dolió como nada que había experimentado antes, y simplemente ya no me pude balancear más en mis huesos débiles. —Cualquier estafador de mi abuela es amigo mío. —Salió como un gemido mientras me dejaba caer hacia adelante para tenderme sobre mi estómago en la mesa, una mano en mi trasero para asegurarme de que mi trasero no se salía para revelar un poco más de mi cuerpo roto hacia Hunter. Sus brazos se dispararon hacia mi pecho para sostenerme mientras me tendía. Me pregunté si él sabía exactamente que estaba tocando debajo de mi vestido de papel, pero seguramente eso era el pensamiento más lejos de su mente. La mayoría de las personas no tenían pensamientos sucios sobre eso en un momento como este. Sólo yo. Él se sentó en un taburete y lo rodó hacia mí. —Eso explica lo que estoy haciendo aquí —Él puso su barbilla en el borde de la camilla, como un gran perro amigable—. ¿Qué estás haciendo tú aquí? Él era tan soñadoramente hermoso, mirándome con preocupación en sus ojos, y su tono era tan amable, que casi le respondí. —Me seguiste —dijo él. Me moví en la camilla, tratando en vano de encontrar una posición más cómoda. Mi cadera en verdad dolió—. Querías saber a dónde iba tan tarde en la noche —dijo—. Te he visto verme por la ventana. Nota para mí misma: cuando los hombres te miren de vuelta cuando los estás viendo por la oscuridad afuera de su ventana bastante iluminada, pero sus expresiones no cambian, tú te relajas, asumiendo que en verdad no te ven viéndolos, cuando en verdad lo están haciendo. No hay forma de evitarlo. —Tenía miedo de que las historias en la clase de Gabe fueran ciertas — murmuré, las cejas de Hunter se dispararon hacia arriba. —¿De qué estaba teniendo sexo con una mesera? ¿Y me seguiste para descubrirlo? Para alguien que me odia, en verdad estás interesada en mi vida sexual.

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—No te odio, Hunter. —Sentí los ojos ya húmedos con lágrimas otra vez. Tenía dolor de varios grados y tipos, pero lo que me llevó a las lágrimas fue un dolor de seis años antes y ochocientas millas de distancia. Sus dedos tocaron los míos. Al principio pensé que él tiraría de mi vestido de nuevo. Luego sus dedos se deslizaron por mi palma y los entrelazó con mis dedos. Había sabido que sus manos serían callosas por el trabajo en la granja incluso ahora, una adaptación de una vieja vida de la cual le tomó un tiempo deshacerse. Incluso ahora, estaba sorprendida por la sensación rasposa de su piel contra la mía. Su mano se movió para acariciar mi cabello. Se sintió tan bien, y las cosquillas corriendo por mis brazos eran deliciosas, que peleé contra la urgencia de cerrar mis ojos y ronronear. Era extraño, pero ahora que sabía que él no estaba teniendo aventuras sexuales, sospeché que él parecía más sexy. Habíamos llegado a un lugar adulto donde las personas en verdad tienen relaciones con el otro y la hacen funcionar, si son muy afortunados. Con el repentino pensamiento, me moví lejos. —¿Qué hay sobre la rubia? —¿Qué rubia? —preguntó, sorprendido. Sus rasposos dedos se movieron por mi cabello. —Actúas como si yo fuera tan tonta como para creer que tus historias son verdaderas, pero estuviste con la rubia en el baño. —¡Oh!, claro, olvidé su nombre. No la he visto desde entonces. Le dije que quería hacerte molestar y le pedí que me dejara manosearla por unos minutos. Encontré difícil molestarme con él cuando sus dedos estaban en mi cabello, acariciándolo ligeramente. Hice mi mejor intento. —Entonces actuaste sorprendido cuando yo estuve molesta. Antes, había pensando que no te gustaba mucho. —¿Incluso después de la historia del mozo de cuadra? —Dijiste que era mentira. Él suspiró y puso su barbilla en su mano, poniendo su codo cerca a mí en la camilla, acariciando mi cabello con la otra mano. —Todo lo que haces me sorprende. Así es como mantienes mi atención. Miré hacia él, observando profundamente sus ojos azules que reflejaban las luces fluorescentes en el techo. Mantuve su atención. Lamí mis labios y tomé una profunda respiración para preguntarle qué quería decir. Antes de que pudiera hablar, él dijo:

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—Se supone que debo llevarte a Rayos- X en unos minutos.

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—Que mal —Negué con mi cabeza y mi cabello se movió hacia adelante y atrás en la cobertura de papel de la camilla—. Voy a rehusarme, y agradecería ayuda acelerando eso. Su mano se detuvo en mi cabello. Él dijo oscuramente. —No puedes rehusarte. —Es mi derecho y tengo que hacerlo. Mi abuela me sacó de su seguro de salud. Estoy en el seguro estudiantil más barato de la universidad, lo cual significa que obtengo trato de emergencia pero tengo que ir a la salud estudiantil primero o no pagarán. No puedo pagar unos Rayos-X y mi habitación, también. —¿Qué si tu cadera está quebrada? —Ambos acordamos que probablemente no lo está. De todas formas, lo descubriré mañana en la mano cuando la oficina de salud estudiantil abra. —No estaba ansiando pasar el resto de la noche en tanto dolor y estaba asustada de bajar mis pies, pero no había otra forma. —No te vas a ir —me ordenó. Una enfermera apareció afuera de la cortina. Hunter miró por encima de su hombro hacia ella, luego se acercó más a mí y bajó su voz, pero su tono era tan intenso como antes. —No te voy a dejar ir hasta que veas a un doctor. —No puedes detenerme. —Encontré su mirada y traté de lucir tan determinada como él lo hacía, lo cual era difícil con mi cadera doliéndome en una nueva manera. Algunos de mis músculos habían estado tan sorprendidos por el golpe que se habían olvidado de doler al principio. Lentamente, estaban recordando. De repente, él se sentó, su rostro claro y amigable. —Lo resolveré. Estaré de vuelta en un segundo. —Se alejó de la cama, lanzando el banco en el que estaba sentado hacia atrás por la cortina abierta. Volteé mi cabeza hacia un lado y cerré mis ojos contra la luz blanca, tratando de estar cómoda, uniendo mi cuerpo con la dura camilla. Estaba tan somnolienta. Era después de media noche. No pude imaginarme a Hunter quedándose despierto y alerta, noche tras noche. —Hey —dijo en una suave voz. Abrí mis ojos, entrecerrándolos por la luz. Su mano estaba en mi cabello de nuevo, y se inclinó para ayudarme. —Te ayudaré —dijo—. Vamos a ir a Rayos-X. Yo me haré cargo de eso por ti.

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Me quedé sin habla. No quería ir, pero sus brazos estaban debajo de mí, ayudándome hacia el borde de la camilla y una silla de ruedas esperándome con almohadas. Estaba asustada de que cualquier resistencia resultara en otro juego de cucú con el vestido del hospital. Me puso tan suavemente en la silla de ruedas así mi espalda y cadera no dolieron. Empujándome fuera de las cortinas en la bulliciosa sala de emergencia, se inclinó hacia mí y susurró: —Lo arreglé. Van a perder los reportes de tu visita así que nunca te llegará la factura. Pero eres mi novia. —¿Qué quieres decir con que soy tu novia? ¿Qué clase de delicioso chantaje es ese? ¿Y vale el precio? Tal vez podría soportarlo. —Tuve que hacerlos pensar que tenía un interés particular en ti —susurró— . Nunca hubieran estado de acuerdo en perder tu reporte si les decía que fuiste amiga mía cuando teníamos doce pero a los dieciocho ya no tanto y en resumen había robado el derecho de nacimiento de tu granja familiar. ¿Ves? Hey, Brody. Chocó la mano con otro chico en uniforme llevando una camilla vacía en la dirección opuesta. El hombre me miró, le movió las cejas a Hunter, y siguió caminando. —¿No podrías haber dicho que éramos amigos y dejarlo ahí? Necesité seguir con la fachada de que no me gustaba la idea en absoluto. Al mismo tiempo, estaba asustada de que Hunter retirara la charada. —Tengo muchos amigos —explicó, llevando a la sala de espera marcada como Rayos- X. Rodeó la silla y se arrodilló frente a mí. Detrás de él, una puerta estaba entreabierta. Un artilugio que supuse que era la máquina de Rayos-X era visible a través de la abertura. Miró por encima de su hombro hacia la puerta, luego se volvió hacia mí de nuevo. —Perdón por esto —murmuró mientras deslizaba ambas manos en mi cabello y me besó. Todo lo que pude hacer al principio fue sentir. Sus labios estaban en los míos. Sus manos me mantuvieron quieta, así no podía alejarme si lo intentara, pero no lo intentaría. Brillantes cosquilleos se esparcieron de sus labios por mi rostro y por mi cuello hasta mi pecho. Anhelé acercarlo más. Me recordé que estábamos fingiendo esto por una razón. No quería hacer este beso más necesario de lo profundo en caso de que él lo acabara. Hunter apasionó el beso. Su lengua pasó por mis dientes y se movió por mi boca. Una de sus manos liberó mi cabello y acarició mi hombro, bajando. Entre más lejos llevó el beso, más emocionada me sentí. Mi labio casi dolió y el dolor de mi espalda se había ido. Me pregunté hasta dónde bajaría su mano. Nunca lo descubrí. Una sombra se paró en el umbral y se aclaró la garganta.

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Dejé de besar a Hunter y esperé que saltara lejos. Se retiró, pero muy lentamente. Se sentó en cuclillas y miró la técnica de Rayos-X como si ella tuviera mucho coraje. Sus mejillas estaban rojo brillante. —Entonces, Hunter —dijo pícaramente—. Esta es tu novia. —Hulla. —Le di un pequeño saludo con la mano. —¿Y fuiste golpeada por un auto cuando estabas cruzando la calle para visitar a Hunter? ¡Eso es tan romántico! ¿Han visto “Algo para recordar”? —No es romántica —dije sin emoción—. Odio esa película. No se conocen hasta la última escena. No se besan en ningún momento. Demasiado tarde me di cuenta que le estaba pidiendo más a Hunter. —Pero en esa película —dijo la tecnóloga—, hablan sobre “Algo para recordar”. ¿Has visto esa? Deborah Keer está cruzando la calle para encontrarse con Cary Grant y es golpeada por un auto. Años después él regresa a ella y ella está paralizada de la cintura para abajo. — ¿Llamas a eso romántico? —Me escuché gritar—. ¡Eso es repulsivo! Hunter se puso de pie y puso una pesada mano en mis hombros mientras empujaba mi silla de ruedas para pasar a la tecnóloga y por la puerta hacia la máquina de Rayos-X. —Erin está en mucho dolor —le murmuró a la tecnóloga—. Y no quiere pensar en estar paralizada de la cintura para abajo. Después de eso, la tecnóloga fue mucho más amable, porque Hunter tenía ese don con las personas. Hunter me levantó hacia la mesa y se fue de la habitación así no sería radiado o vería mi trasero huesudo. La tecnóloga me rodó alrededor de mí tan suave como pudo. Luego Hunter me volvió a llevar detrás de la cortina. Finalmente una enfermera me dio pastillas para el dolor, y ahí fue cuando la noche comenzó a desvanecerse. Recuerdo que una enfermera limpió y vendó mi espalda. Eso fue intenso. Había estado bromeando sobre la gravilla metida en mi espalda, pero él encontró unas pequeñas piedras, como era de esperar, y las dejó caer en una bandeja de metal y me las mostró, y Hunter le gritó. Recordé que el doctor me dijo que mi cadera no estaba rota pero tendría el moretón del tamaño de una uva o, ya que la fruta cítrica estaba fuera de temporada, un calabacín. Yo me reí con esto pero Hunter no. Se quedó ahí de pie con sus brazos doblados. Algún truco de las lámparas fluorescentes encima de mi cabeza formó profundas sombras debajo de sus ojos. Él comenzó a hablar de irse. Mencioné el subterráneo y se molestó, pensé, así que no lo presioné. Mi abrigo fue recuperado, gracias Dios, porque no podía permitirme comprar otro, pero me quitaron mi ropa cuando ingresé. Hunter fue a cambiarse su traje y robó unos para mí. Hacia la mañana estaba muy dormida para protestar cuando se paró entre las ambulancias que brillaban en el camino

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de entrada, nos pidió un taxi, me bajó de la silla de ruedas y me puso dentro del auto. Me tendí en el asiento en mi cadera buena con mi cabeza en el fuerte regazo de Hunter y sus manos callosas acariciando suaves patrones en mi cuello donde mi cabello no estaba. En un ataque de adrenalina podría haber gritado en la calle que quería rock del Medio Oeste que estaba sonando en la radio, pero el taxista era del tipo de música disco. Bajo el sonido vibrante pregunté. —¿Por qué estás de voluntario como camillero en mitad de la noche? —Soy un hombre blanco así que necesito cualquier ayuda que pueda obtener para la escuela de medicina. Lo asumido es que si eres un hombre blanco, tienes todas las ventajas —bostezó. —¿Por qué quieres a la Escuela de Medicina? —pregunté—. ¿Cuándo tus costillas quebradas se volvieron en algo bueno para ti, y has estado loco por ser médico y ayudar a las personas, desde siempre? —No. —Pensé que él se había reído un poco, pero no podía escuchar bien por la música. Miré hacia él y vi las luces de las discotecas brillando de rosa y verde por su rostro. Mirarlo me hizo moverme, lo cual dolió, así que me dejé caer hacia atrás y cerré mis ojos de nuevo. Hablarle fue fácil, especialmente considerando mi próxima pregunta, —¿Estás enfermo? —De repente sentí el mismo miedo que me había impulsado hacia la calle en el hospital sin mirar a ambos lados. Lo alejarían de mi antes de que supiera que juego estábamos jugando. —No —dijo. Suspiré en alivio muy lentamente y cuidadosamente contra sus muslos así él no notaría. —¿Tu madre está enferma? Él hizo una pausa lo suficientemente larga para hacerme pensar que había llegado a una terrible explicación. Pero sus dedos no dejaron de acariciar mi cuello. Finalmente dijo: —No. Ella vive en Nueva Jersey, no interesándose mucho por mí. Mi padre no tiene buena suerte con las mujeres. ¿Por qué preguntas? —Estoy tratando de averiguar porque no vas a hacer una maestría en negocios en la Universidad de Louisville. Sé que querías regresar a Nueva York, pero eso te podría tomar cinco o seis años y hacerlo por tu cuenta en Louisville. Estafar a mi abuela por educación universitaria, ser voluntario por las noches… estás teniendo muchos problemas aquí. —Eso es cierto. Esperé por su explicación. Cuando no me dio una, supuse.

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—¿Le dijiste lo de la Escuela de Medicina a un profesor de la secundaria que te dijo que no lo lograrías? Esta vez sus dedos se detuvieron en mi cuello. —Eso es —declaré—. Sabías que no estabas bien y tu madre no estaba. Asumieron que no eras material para la medicina. Entonces te volviste material para la Escuela de Medicina. Eres Gatsby. Estás haciendo tu destino. Probablemente tienes un diario donde mantienes la lista de tus calistenias. —Necesitas aprender a no decir todo lo que entra en tu cabeza. —Su áspero tono cortó a través del ritmo disco. —Tienes razón —dije inmediatamente. Finalmente había alcanzado un lugar amigable con Hunter, muy amigable, si tomabas la cita fingida para el propósito medico de mi sistema médico, y luego lo arruiné. ―Hunter, lo sien… —En la oficina del consejero de la secundaria —me interrumpió—. Lo que te dicen es: “Podemos encontrarte una buena universidad donde aprenderás a como ser multimillonario.” Lo que me dicen a mi es: “Podemos conseguirte un trabajo en UPS. Puedes ascender desde ahí. Si quisieras tomar unas cuantas clases en la universidad para sentirte como si estás yendo a algún lugar, eso está bien en cuanto no interfiera con el trabajo. Algún día tal vez puedas manejar un camión”. —En verdad lo siento. Había visto a Hunter molesto, pero nunca lo había visto cortante, y desesperadamente necesité arreglar lo que había roto. Alejé el dolor así pude sentarme derecha y lo miré. Él me sostuvo con un pesado brazo. —No, lo siento. Sólo… —Él me miró mientras pasaba sus dedos por mi cuello de nuevo, ahora más deliberadamente, como si estuviera forzándose a sí mismo. —No es extraño que esté engañando a tu abuela para pagar por mi educación. Es extraño que tú no lo estés. Podrías haber mentido sobre especializarte en negocios tomando clases de inglés. Todavía puedes hacerlo. ¿Por qué es tan importante que ella no te ayude, y que ambos entendamos que ella no está ayudándote? —Porque sí —grité la palabra. El taxista giró un poco en su asiento. Lo miré para asegurarme de que pusiera los ojos de vuelta en el camino de nuevo y no golpeara a ningunos novelistas amantes estrella.

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—Mi madre quería ser actriz y mi abuela le dijo que estaba cortándole el presupuesto, sorpresa. Así que mi mamá a se fue a Los Ángeles cuando tenía dieciocho. Tal vez lo hubiera logrado si no se hubiera embarazado cuando tenía 20. —De ti —dijo Hunter. Asentí en su agarre. —Incluso después de que yo nací tuvo unos cuantos papeles, pero principalmente trabajaba como secretaria, y luego se entrenó como paralegal. Mi papá principalmente no trabajaba. Eso fue la gran cosa cuando se dieron cuenta. Siempre tenía una razón por la cual no trabajaba. Siempre decía que ella era la que tenía una familia rica, que porque no le pedía dinero a su madre, y siempre decía que ella no le iba a pedir a esa perra ni mierda, no después de lo que su madre le había dicho cuando se fue. Pero ella no se casaría con mi papá tampoco, y nunca supe por qué, pero ahora me pregunto si fuera porque no lo quería oficialmente en su familia, con acceso al dinero familiar del que habló tanto y parecía codiciar tanto. —Así que eres una bastarda —dijo Hunter. La pregunta me pilló fuera de guardia. —¿Quieres decir… qué nací fuera del matrimonio? Sí. —Entonces te gané en una. —¿Qué quieres decir con que me ganas en una? ¿Estamos en una clase de concurso? ¿Un concurso de correcto nacimiento? Miré mientras las luces de las tiendas que pasamos se reflejaban en el asiento de vinilo. —No importa. No respondas eso. Supongo que lo estamos. Después de seis años, admitimos que nos gustamos. Nos ha tomado una hora y media odiarnos de nuevo. ¿O no lo hacemos? Su mano se movió a mi rostro, alejando mi flequillo un poco de mi frente con sus dedos callosos. —Entonces tienes que ganar la pelea con tu abuela porque eso probará que ella estuvo equivocada. Si ganas, tu madre gana. Ajusté mi cabeza en su muslo, incapaz de encontrar una posición cómoda. Él era demasiado músculo para ser una almohada. Y murmuré: —Mi madre está muerta.

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Capítulo 12

Traducido por Dyanna Corregido por Amhelia

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n lo profundo de la noche me senté en mi cama. Summer y Jørdis me susurraban preguntas. Me perdí entre el sueño y los analgésicos, pero en algún punto durante el siguiente día o el siguiente, Summer me trajo una caña de excusión y un desayuno enorme y dijo que Hunter les había caído. Cuando regresé cojeando a la clase, él comenzó a sentarse a mi lado en cálculo —sin flirtear conmigo o pegarse a mí, sino que actuaba habitualmente agradable y me torturaba con el asombro de si realmente había querido darme un beso en la noche del hospital. Summer estaba agitada con el incidente. Ella estaba de acuerdo con la tecnología de rayos X si al conseguir ser golpeada por un taxi mientras cruzaba la calle podía ver a Hunter era romántico, hasta que le mostré el moretón negro en mi cadera y la lenta curación de las gubias en la espalda. Pero luego de una semana y media después de mi accidente, cuando ya había regresado a la cafetería y le entregaba una taza a Hunter por su largo viaje al ser voluntario en el hospital, Summer asomó su cabeza en mi habitación y me preguntó con los ojos bien amplios si yo había leído su nueva historia. Yo sabía de ella por entonces. No quería hacerme ilusiones. Podría haber corrido a la biblioteca y haberla leído cuando estaba previsto que la pusieran ahí para nosotros, pero entonces habría estado obsesionada con ello hasta en la hora de clase. Lo sabía mejor que nadie. Esperé hasta el último minuto, el jueves, después de un almuerzo de galletas de mantequilla de maní, y cojeé hacia la biblioteca para leer todas las historias de la clase. Hunter era el último. De esa manera me enojaba sólo diez minutos, el espacio de la caminata entre la biblioteca y el edificio de aulas de honores, antes de enfrentarme a él.

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El Espacio Entre Nosotros por Hunter Allen Su profesor de octavo grado de ciencias trataba de explicar cuán grande era el espacio. El espacio era tan grande, al parecer, que apenas había algo en él, de ahí su nombre. Espacio. Él no lo entendía, y quería entender. Odiaba las raras ocasiones cuando no entendía algo en clase. Así que esa noche después de haberle dado de comer

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a los caballos y comer la comida que se había calentado por sí mismo en el microondas, y su padre se había instalado frente a la televisión con un paquete de cigarrillos y un refrigerio de cervezas a sus pies para ahorrase los viajes a la nevera, se sentó a la mesa de la cocina con una almohadilla y una calculadora y calculó la relación entre la magnitud del planeta y la escala del espacio entre nosotros. Comenzó haciendo a Mercurio del tamaño de una pelota de béisbol, pero que hizo al Sol de sesenta y seis metros de ancho. Encogió todo de nuevo. Mercurio era ahora del tamaño de un borrador de lápiz, y el Sol era de seis pies de ancho. Mercurio estaba a ochenta y cinco metros de distancia del Sol. Todavía no lo entendía. ¿Podría ser el espacio realmente tan grande? Decidió salir del modelo. Entonces él lo entendería. Cruzó la línea de visión de su padre y abrió la puerta principal. De pie en el porche, se podía ver la pelota naranja del sol que desaparecía detrás de la colina cubierta de hierba en la que se encontraba la casa del jefe. Las negras siluetas de los árboles cortaban a través del cielo de color rosa brillante. Se inclino hacia atrás a través de la puerta y llamó a su padre: —Voy a ir a dar un paseo. —Aléjate de esa chica —dijo su padre. Él no respondió a eso. No tenía que hacerlo, porque su padre estaba viendo la TV, no a él. Simplemente cerró la puerta y salió a la luz del crepúsculo, le quemaba el rostro, el pecho se le apretaba con la vergüenza, la ira, el temor y el deseo. Se bajó del porche de madera, en la pasarela de adoquines de piedra de cien años. Guiándolo hacia un banco de hierba en el camino de grava que serpenteaba por toda la finca enorme. En Nueva York, desde donde él había venido no mucho tiempo atrás, en la temprana primavera, la hierba todavía habría sido marrón. Aquí, en Kentucky, ya era larga y verde y jugosa para los caballos. Recuperó una cinta de medir de la camioneta. De pie en el camino de grava frente a su pequeña casa, miró a la derecha. El camino desaparecía sobre el monte, pero él sabía que había una colina cubierta de hierba y otra colina cubierta de hierba, hasta que finalmente se encontraba en la carretera de dos carriles a una milla. Esa era la dirección que su padre quería que él tomara. Miró hacia la izquierda. La carretera había desaparecido sobre esa colina, también, pero él sabía que seguía sobre la parte superior y en lo más alto de

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las colinas cada vez más altas hasta que llegaban al sitio más alto de la granja, donde se encontraba la casa del jefe. Esa era la dirección a la que su padre le había prohibido ir. Tomando una roca caliza de la muralla de un siglo de edad, junto a su casa —Joder esta casa, de todos modos— la puso sobre el extremo de la cinta de medir para mantenerla segura en el medio de la carretera. Luego empezó a subir la colina. La cinta métrica tenía sólo cien metros de largo, así que tuvo que marcar su lugar en la carretera y empezar de nuevo con el fin de realizar progresos. Después de ochenta y cinco metros, se detuvo y miró a su alrededor. Estaba de pie junto a un enorme y viejo roble. Si el Sol era de seis metros de ancho y se sentaba justo en frente de su casa, este era el lugar donde Mercurio estaría a escala, un borrador de lápiz apenas visible. No estaba seguro que sus compañeros de clase entendieran esta analogía, pero él lo hacía, y agradecía por primera vez la inmensidad del espacio, el vacío, el vacío. Caminó otros sesenta y cuatro metros por la carretera, la grava crujía bajo sus botas de trabajo. El cielo que se había hecho más profundo ahora se levantaba sobre él, y podría haber estado preocupado porque un coche lo atropellara sin poder volver en la oscuridad, excepto que no había nadie aquí para atropellarlo, sólo el jefe, y las personas que trabajaban en la granja, la mayoría de los cuales ya habían ido a casa para pasar la noche, o vivían aquí al igual que su padre en un antiguo edificio construido de época en que era aceptable para los trabajadores vivir en la tierra de sus empleadores. Se detuvo y miró a su alrededor. Estaba de pie junto a una gran roca cubierta de musgo que sobresalía de la hierba, tal vez era un marcador de algo que había desaparecido hacía mucho tiempo, tal vez era una lápida, tal vez sólo una piedra. Se había preguntado sobre ello desde que había llegado aquí a la granja. Ahora puso su cinta de medir en la carretera y se acercó a la roca. El musgo era suave, con una especie de flores blancas que brillaban como una luz exótica que a la luz desaparece. Volvió a mirar hacia su casa. Estaba como a un campo de fútbol y medio de distancia ahora, y si el Sol estuviera a dos metros de ancho en el frente de su puerta, Venus estaría aquí, del tamaño de la uña de su pulgar. Deslizó un trozo de papel del bolsillo de sus pantalones vaqueros y revisó sus cálculos. Tiró de la cinta de medir por lo que al final ésta se escapó de la última piedra que había colocado sobre ella en la carretera. La cinta métrica se comprimió de nuevo en el caso. Hizo una nota mental para recoger todas sus rocas cuando hubiera terminado. Si un camión de la granja era dañado por atropellar una, su padre lo mataría. Él fijó el final de la cinta de medir en la carretera de nuevo y la aseguró con una nueva pieza de la valla de la granja. De Venus, él se dirigió otros sesenta y cuatro metros, por el otro lado de la colina y la mitad de la siguiente, y se detuvo. Si el Sol era de seis metros de ancho en la parte frontal de la puerta

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de su casa, él no podía ver nada debido a que la colina estaba en el camino, pero él sabía cuán lejos estaría la Tierra aquí, también del tamaño de la uña del pulgar. Miró a su alrededor. Ahora podía ver la casa del jefe en la cima de la colina más alta de todas, se cernía majestuosamente de ladrillo pintada de blanco sobre la naturaleza y las verdes colinas de rodadura, como una dama victoriana en una partida de caza. Él consideró sus cálculos de nuevo. Pensó que el experimento estaba funcionando bien. Por supuesto, si él realizaba esta demostración en la escuela, iba a tomar un rato a partir de la clase de ciencias. Él llevaría a toda la clase en un paseo fuera del aula (Mercurio), por el pasillo (Venus), el exterior del edificio (la Tierra). Ellos tendrían que caminar un tercio de milla para llegar a Neptuno. Ese era el único inconveniente. Pero Neptuno tenía que estar a un tercio de milla de distancia, o tendría que reducir los planetas tanto que nadie podría verlos, lo que no era bueno para los propósitos de la demostración. Él pensó que su profesora podría negarse a tomar de la clase quince minutos para ir a pie dos tercios de milla, sólo para ver donde se encontraría Plutón a su alcance en la más oscura de su órbita, porque pensaría que estaban perdiendo el tiempo y no estaban haciendo la tarea cuando nada podría estar más lejos de la verdad. Pero a medida que se estremecía en el crepúsculo, se dio cuenta de que ella podría tener un punto. Él mismo no tenía deseos de caminar las dos terceras partes enteras de un kilómetro y medio a Plutón por otras ocho colinas y hasta un grado a los establos. Tres planetas habían sido suficientes para él y había conseguido lo esencial. Plutón había sido degradado a planeta enano de todos modos. Satisfecho —realmente quería terminar lo que había comenzado y caminar el resto del sistema solar pero estaba frío y lo suficientemente satisfecho— se guardó sus cálculos, comprimiendo la cinta de medir, echó a andar hacia su casa, recordando una vez más que tenía que recoger las piedras y volver a ponerlas en la valla al lugar al que pertenecían. Por el rabillo del ojo, vio un movimiento en el valle verde, por debajo de la mansión blanca. Era la chica, impulsando a una yegua negra al galope, con el pelo flotando tras ella. Había pensado que podría encontrarse con ella, pero él había dado por sentado que si lo hacía, estaría mirando hacia ella. Ahora estaba en el hueco, y él estaba en la cima de una colina, mirando hacia abajo.

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Casi no podía respirar cuando Gabe me preguntó qué pensaba sobre la historia de Hunter. Yo definitivamente no podía pensar. Dije algo acerca de su afición por la jerga científica que distraía al lector de la emoción de la historia, y me pregunté, junto con Summer, si estaba escribiendo de esa manera a propósito.

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No pregunté en voz alta si él se había trasladado al escenario de su historia a Kentucky con el fin de sugerirle a Gabe que lo conocía y habíamos estado jugando unos con otros en nuestras historias. No le dije lo que pensaba de su historia. Después de vivir la vida hecha a mi misma de un pollito durante los últimos cinco meses, y de tener a Hunter psicoanalizando esa experiencia para mí, me di cuenta de que tal vez era una ventaja después de todo, crecer con dinero. Tal vez pensara mejor de mí porque mi abuela tenía una granja de caballos en Kentucky. No me preocupaba tanto cuando alguien como yo tenía su último paquete de fideos, o cuando fui atropellada por un taxi. Sabía que si alguna vez me dignara a pedir ayuda, ella enviaría el dinero. Pero si yo realmente tuviera esos sentimientos de superioridad, ellos no sobrevivirían cuando Hunter escribía una bella historia contemplándome como si yo fuera alguien a quien compadecer. Me vi a mi misma exactamente como él me veía. Y eso me hizo enojar. La interminable clase finalmente terminó. Gabe me dio una mirada a la que yo realmente no presté atención, se levantó de su silla y se marchó. El resto de la clase se levantó riendo, como siempre. La charla sobre Hunter que inesperadamente resultó ser un espacio nerd ya había cambiado a la charla sobre la partida hacia el comedor, justo al pasar por debajo del umbral de la entrada. Hunter se quedó parado con la espalda contra la puerta abierta, ladeando su cabeza rubia hacia mí en cuestión. —¿Vamos? —me preguntó Summer. Negué con la cabeza, sin apartar los ojos de Hunter. Ella se quedó a mi lado un momento más, su mano calmada sobre la mesa. Me di cuenta de que estaba mirando de él a mí, sintiendo la electricidad, sabiendo que nos habíamos comunicado algo terrible el uno al otro a través de una historia. Otra vez. —Voy a estar esperándote. —Caminó por la puerta. Escuché su voz, la de Manohar y la de Brian descender por el pasillo, pero no lo hicieron. —¿Todo está bien? —me preguntó Hunter. Él sonaba como un amigo común preguntando por mi salud. Parecía como una loca sentada en la mesa después de que todos los demás se habían marchado, mirando fijamente "El Espacio Entre Los Dos."

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Yo iba a sonar como una loca, no importaba lo que dijera después. Tenía que decirlo. Me quedé con mi bolso de libros, tomé "El Espacio Entre Los Dos" sin una sola seña de él, lo tomé en el puño. Caminado alrededor de la mesa, le empujé su historia en el pecho. Él tomó el papel. —¿Cuál es el problema? —preguntó inocentemente. Pensé en Summer, Manohar, y Brian junto a la puerta, escuchando. Yo no quería que se enteraran de esto. Pero si le pedía a Hunter que se alejara de la puerta y la cerrara para que entonces pudiéramos tener una conversación privada, podría mostrarle lo mucho que me importaba. Terminar con esto. Me acerque aún más a él y le sostuve la mirada. —¿Estoy por debajo de ti? —No sé de lo que estás hablando —dijo de manera tranquila, mirándome directamente a los ojos, obviamente esperando la respuesta exacta por este altercado, lo que demostraba que en realidad sabía de lo que estaba hablando, y ya había tenido suficiente. —Te diré de lo que estoy hablando —Toqué mi pulgar de la mano opuesta—. Escribí una historia acerca de lo mucho que me gustabas. Nunca tuve la intención de que lo leyeras —Toqué mi cuarto dedo—. Tú escribiste una historia acerca de lo mucho que me odiabas —La sonrisa de Hunter se derritió de su rostro. Tomó aire para decir algo—. No, tienes razón —le interrumpí—. No una historia. Tú escribiste tres historias acerca de eso — Toqué mi tercer dedo—. Yo escribí una historia sobre mi madre, con la esperanza de que podríamos hablar de ello —Toqué mi dedo anular—. En respuesta, escribiste una historia acerca de mirarme como inferior —Toqué mi quinto dedo, en realidad lo golpeé con el otro dedo, hasta que se inclinó hacia atrás y me dolió—. No escribas más historias acerca de mí, Hunter. Y yo no voy a escribir más historias acerca de ti. ¿Trato? —Me giré hacia la puerta. —Espera —dijo. Lo que sea. Yo había llegado al umbral. La luz era más brillante en el pasillo, y Summer, hablaba con Manohar y Brian, me miraba con preocupación en sus ojos. —Erin. —Su mano caliente estaba sobre mi hombro. Él me hizo volver a la sala, contra la puerta, fuera de su línea de visión. Se acercó. Debe haber sido porque él no quería que los demás lo

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escucharan, pero casi podría haber fingido que quería estar cerca de mí cuando él gruñó contra mi mejilla. —Si eso es todo lo que tienes que decir acerca de mi historia, que te odio, es que no eres un lector atento. A pesar de que mi corazón se aceleró con su cercanía, incliné la cabeza y lo miré sin comprender. —No sé de qué me estás hablando. —Dos podrían jugar ese juego. Me di la vuelta lejos de él y di un paso cruzando todo el marco de la puerta. Él me atrapó y me llevó de vuelta. Sujetándome contra la puerta. Aplastado mis labios contra los de él. Dejé que barriera su lengua dentro de mi boca y se hiciera cargo de mi cuerpo en la sala durante un minuto, largo y tenso. Entonces me di cuenta de lo que estaba haciendo, y de lo que él estaba haciendo. Empujé sus hombros. Hunter no se apartaba fácilmente. Lo empujé fuerte y casi me caí sobre mí misma, rebotando mi adolorida cadera contra la puerta y cayendo. Hunter cogió mi antebrazo antes de caer. —¿Qué pasa? —preguntó él, con los ojos vidriosos. Empecé a hablar y me di cuenta de que estaba presionando mis dedos contra mis hormigueantes labios. Puse mi mano abajo. —¿Qué es lo que siempre pasa? Serás agradable por las próximas dos semanas, y me atormentaré sobre que queremos decirnos el uno al otro. Entonces tú escribirás otra historia para la clase. Tu experiencia conmigo de como se juega con las chicas en tus historias. Todas mis historias son acerca de ti. Y yo no puedo seguir con esto. Tiré de mi brazo fuera de su alcance y salí de la sala, pasando a mis amigos con los ojos muy abiertos. Cuando descendía por las escaleras, agarrándome a la barandilla para no tocar la dolorosa cadera, escuché a Summer susurrarle una frase a Hunter. —¿Qué le hiciste ahora? La cafetería estaba llena y sólo conseguía llenarse más cuando la noche transcurría, y la noche se prolongaba. Un nuevo comienzo de Broadway en el teatro de al lado había recibido buenas críticas —quería desesperadamente

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verlo, pero no había tenido un segundo libre— y cuando terminaba cada noche, dejaba a los clientes en la tienda, sedientos de un latte. De alguna manera me las arreglé para escribir mi historia para la clase del próximo lunes de todos modos. Yo escribía frases en los recibos desechados y en unas cien servilletas cuando mi jefe no estaba mirando y me los guardaba en el bolsillo de mi delantal. Tarde por la noche cuando salía del trabajo, me preguntaba si Hunter esperaba que yo le trajera café de nuevo para su viaje al hospital. Caminaba con dificultad en otra dirección, a la biblioteca, donde escribía todos los recibos y las servilletas en mi ordenador portátil, e imprimir el archivo en el laboratorio de computación se convirtió en mi historia a la recepción antes de que pudiera convertirme en gallina. He construido mis oraciones del acero más fuerte, perfeccionando los puntos finos, y lanzándolos directamente hacia el corazón de Hunter.

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

Antes de que ella pudiera acobardarse o arrepentirse.

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Capítulo 13

D

Traducido por aLexiia_Rms Corregido por Aciditax

emasiado temprano a la mañana siguiente, él estaba arrodillado en el pequeño espacio de suelo entre mi cama y la puerta, preparando mi maleta.

Apoyándome en mi codo, lo miré fijamente para asegurarme de que estaba viendo lo que pensaba; sus hombros musculosos trabajando debajo de un delgado suéter de cachemira mientras doblaba cuidadosamente mi ropa, la luz solar matutina se filtraba a través de las sombras y resplandecía en su cabello rubio. Murmuré: —Hunter, ¿qué demonios? —Grosera. Estás de mal humor porque no has estado durmiendo lo suficiente —Me miró. Alcancé a ver círculos oscuros bajo sus ojos antes de que volviera su atención a la maleta—. No hay nada malo con este vestido, pero quiero que lo uses con estos zapatos, ¿de acuerdo? No uses una boa de plumas con él, o un cisne en el cuello, promételo. Te veías genial cuando fuimos a Belmont, pero tu estilo es ecléctico para la ocasión. —¿Adónde voy? —pregunté. —Vamos —dijo. Resoplé mi impaciencia. —¿Adónde vamos? —A casa. Tu abuela solicita tu presencia en la Copa Breeders8. La historia que acababa de hacer para la clase de Gabe se llevaba a cabo en Louisville. Por un momento pensé que Hunter la había leído y estaba burlándose de mí, desafiándome a volver allí y demostrar que la historia no era ficción. Pero no podía haberla leído. No, a menos que hubiera ido a la biblioteca entre las dos y las ocho de la mañana. No, esto era más pesado, pesado porque era real. Si él me hubiera dicho hace dos meses que mi abuela solicitaba mi presencia, le hubiera pedido que le transmitiera que se lo metiera por donde pudiera. Hace ocho semanas hubiera abarrotado más mi boca de lo que pudiera masticar. Hunter tenía que ser muy cuidadoso en cumplir sus deseos, para que no hiciera demasiadas preguntas sobre la carrera de negocios que no estaba
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Breeders ' Cup. Serie anual de carreras de caballos pura sangre.

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cursando. Quería ayudarlo a ponerla en ridículo. No quería causarle problemas al negarme ir con él. O... tal vez lo hacía, ahora que sabía que él me miraba con desprecio. Él estaba mirándome con desprecio ahora. Oí sus pasos rápidos en todo el suelo de madera y sentí el calor de su cuerpo en el frío cuarto mientras se arrodillaba al lado de mi cama. Puso su mano sobre mi brazo. —Erin. —No iba a dejarme en paz. Ni siquiera me dejaba ocultar mis lágrimas. Me rendí, rodé sobre mi espalda, arqueándome para evitar la presión de mis raspones recientemente cicatrizados en contra de la camiseta de New York City con la que había estado durmiendo, y gimoteé. —No quiero ir a ninguna parte contigo, especialmente a Louisville. —Eso no era cierto, y lo supe tan pronto como lo dije. Me había robado mis derechos de nacimiento y engañado a mi abuela, estaba mirándome despreciablemente y todavía quería estar donde él estuviera, con la remota posibilidad de que podríamos hacer esa conexión que quería desde hace tanto tiempo. Él sintió esto. Su pulgar se movió en mi brazo, seductor como siempre, pero me miraba sombríamente, como si me tomara en serio por una vez. —Tengo que trabajar todo el fin de semana —dije. —No, no tienes. No estás programada por el fin de semana para hacer malos lattes con dibujos de bazos de espuma. Sólo remplazas los fines de semana, y no te han llamado todavía. He hablado con Summer antes de que se fuera a clase. —Pero todavía podrían llamarme —murmuré. Y después de tres días fuera de trabajo con una cadera magullada la semana pasada, necesitaba desesperadamente dinero. Lo que me recordó: —No tengo el dinero para un boleto de avión. —Me soltó el brazo, buscó en su bolsillo de la chaqueta, y me mostró el pase de abordar: Erin Elizabeth Blackwell—. Voy a perder mi clase de danza del vientre esta tarde. Rodó sus ojos. —¿Cuántas veces te la has saltado antes? —Nunca. Me aseguro endemoniadamente de no sabotear mis posibilidades de una pasantía en una editorial con una D en danza del vientre. —Se me quedó mirando, esperando a que admitiera lo pobre que eran las excusas que daba—. Tengo un trabajo de Historia que debo presentar el lunes — protesté—. Y un enorme examen de cálculo. Ya lo sabes. Tienes la misma prueba. Salir de la ciudad este fin de semana sería un suicidio académico.

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—Tengo una prueba de anatomía, también. Vamos a estudiar en el avión en el camino de ida —dijo con una voz suave—. Y también en el camino de regreso, de todos modos, vamos a regresar la mañana del domingo. No es más que un sábado de estudio lo que vas a perder. Alzó sus rubias cejas hacia mí. De repente me di cuenta del hecho de que estaba sobre mí, y yo estaba en la cama, vestida con una camiseta y bragas —sin sujetador. Tal vez él no supiera porque estaba medio cubierta con la sábana, pero yo sí. Y me preguntaba cómo la vida sexual de Hunter Allen encajaba en este complicado rompecabezas. Había tomado el dinero de la matrícula de la universidad que mi abuela había planeado darme. A cambio, estaba obligado a cumplir sus órdenes y llevarme a verla. No había lugar en esta ecuación para una relación entre él y yo, sin embargo estaba sobre mí y mi cuerpo hormigueaba. —Tu padre va a estar ahí —dijo. Me quedé paralizada por un momento, mirando sus ojos azul claro. Hunter me tocó y Hunter me convenció, y yo tamicé a través de cada una de mis reacciones, pero mi reacción a la idea de ver a mi padre no tuvo ningún sentido en absoluto. Salté de la cama, olvidando que me avergonzaba que Hunter me viera en mi camiseta y bragas, y le arrebaté el pase de abordar para examinarlo más de cerca. —Dios mío, ¿vamos a alcanzar este vuelo? ¿Por qué no me despertaste antes? —Le devolví el pase y me fijé qué cosas puso en la maleta. Me puse mis flip-flops y agarré mi bolsa de productos de baño. Al pasar a su lado en mi camino hacia la puerta, porque la habitación era muy pequeña, lo empujé—. Voy a tomar una ducha. No olvides empacar mi sombrero.

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OOO
Nos quedamos en silencio en el taxi camino al aeropuerto, y en la sala de espera. Hunter alternó entre leer un libro con un torso sin piel en la portada —el hígado y los pulmones y el corazón expuestos—, y fruncir el ceño a un montón de fichas cubiertas con su letra ilegible. Fingí leer Historia. Lo intenté, pero mi mente estaba en otro tipo de historia. Mi cerebro giraba alrededor de mis primeros doce años en California; mi padre gritando a mi madre que no tenía dinero, mi madre gritando a mi padre que podríamos tener un poco más si él moviera su culo, lo que culminó en el enfrentamiento en el establo de mi abuela que no había presenciado. Tenía que haber alguna explicación para el comportamiento de mi padre de ese entonces, y de su posterior desaparición. Había una razón perfectamente válida de por qué me había dejado con mi abuela después de que mi madre

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muriera, y por qué nunca me había contactado de nuevo. Venía a Kentucky a verme y me iba a aclarar todo. Hunter había comprado los boletos demasiado tarde por lo que no contamos con asientos juntos, hizo las cosas peor para mí. Nadie que conociera me miraba, así que fingir leer Historia era un punto discutible. Miré por la ventana, preguntándome sobre mi padre, y quise que el avión volara más rápido. Tenía muchas ganas de verlo. Perdonaría seis años de abandono con tal de sentarme a sus pies y mirarlo como un dálmata mantenido en un corral. En el momento en que aterrizamos en Louisville, había trabajado en un frenesí de preguntas. —¿Cómo sabría mi padre que estaría aquí? —pregunté, corriendo tras Hunter en la terminal. Él siguió mirando las señales que nos señalaban el reclamo de equipaje. Ninguno de los dos era muy bueno en los aeropuertos, nos dimos cuenta. Cuando él y su padre se habían mudado a Louisville, y cuando mi mamá y yo nos habíamos escapado a Louisville, todos habíamos viajado en autobús. —No lo sé —dijo Hunter. —Tal vez pensó que mi abuela y yo nos llevamos bien —reflexioné, corriendo detrás de Hunter mientras doblaba en una esquina—, y por supuesto, me gustaría volver a casa a verla por la Copa Breeders. —Tal vez —dijo Hunter, deteniéndose ante el carrusel de equipaje. —Eso no tiene sentido —dije—. Dudo que él pensara en la Copa Breeders. Él no sabe nada acerca de caballos. Nos quedamos en silencio hasta que el suelo del carrusel cobró vida. Hunter agarró su maleta. Puso una mano en mi brazo cuando iba a agarrar la mía, y la levantó de la cinta transportadora por mí. Empezó a atravesar la amplia sala hacia la salida de pasajeros con las dos maletas a cuestas, pero le quité la mía, diciendo: —Tal vez la Copa Breeders es una coincidencia. Supuso que estaría viviendo en la casa de mi abuela, que estaría aún en la escuela secundaria, porque ha olvidado la edad que tengo. —No lo sé —dijo Hunter de nuevo. De forma sospechosa en esta ocasión, lo miré a los ojos mientras caminábamos. Cuando se encontró con mi mirada, inmediatamente le prestó atención al mango de su maleta de nuevo, supe que no me estaba diciendo todo lo que sabía. —¿Qué pasa? —insistí. —Mi padre —dijo, asintiendo con la cabeza hacia las puertas corredizas de vidrio y se puso sus gafas de sol.

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Tommy había estacionado la gigante camioneta “Granjas Blackwell” en la acera. Cuando las puertas del aeropuerto se abrieron, dejé que el peso de la maleta con ruedas me ralentizara como un ancla. Hunter llegó primero. Tommy le dio un abrazo de oso y palmearon sus espaldas. Ambos eran rubios y tenían rasgos similares, pero la cara de Tommy estaba degradada por el sol, y llevaba una gorra “Granjas Blackwell” de béisbol y una chaqueta que lo hacía parecer extraño abrazando a Hunter en un suéter de cachemira y gafas de sol caras; obviamente, el heredero de una fortuna de caballos. Tommy sujetó a Hunter con el brazo extendido y le sonrió. Tommy tenía toda la amistad de Hunter, sin ningún no-me-interesa de Hunter. Era difícil imaginarlo como el padre distante de la historia que Hunter había escrito para la clase de Gabe, pero algunos aspectos eran auténticos. Tommy era alcohólico, lo sabía. Había sido un fumador, pero Hunter lo había acosado hasta que dejó de fumar. Tommy se había quejado de esto en el establo todos los días durante un año. Ahora rodaba un palillo de dientes en la comisura de su boca, riéndose de algo que Hunter había dicho. Entonces Tommy se volvió hacia mí con sus brazos abiertos. —¡Erin! ¿Cómo está la princesa? —Hey, Tommy —dije, alcanzándolo para abrazarlo. Mi abuela siempre me había desanimado a abrazar a los empleados. La avergonzaba. Abracé a Tommy, dejé que me cargara y bajara. —Hunter dijo que habías perdido peso —Tommy me palmeó la barriga por debajo de mi ropa—. Lo bueno es que estás usando ese abrigo o saldrías volando. En ese momento, el viento helado sopló a través de la entrada de la terminal. No sabía mucho acerca de Kentucky cuando me mudé aquí de California, y me sorprendió el invierno tenue que iniciaba en noviembre: un cielo nublado que escupía diminutas partículas de hielo en vez de nieve. Me sequé la humedad de mi cara. —¿Ya llegó mi papá? —¿Tu papá? —repitió Tommy, haciendo rodar el palillo de dientes al otro lado de su boca—. ¿No es que ustedes dos tienen que permanecer lejos el uno del otro? No debí haber preguntado. Las lágrimas picaron mis ojos. Apenas podía ver. Es por eso que tardé en comprender la mirada inquisitiva que Tommy le estaba dando a Hunter, y la expresión pétrea que Hunter regresó. Creo que pude haber exclamado "¡No!", y poner mis manos sobre mi boca. No estaba muy consciente de lo que estaba haciendo además de mirar la señalización al lado de las puertas corredizas de cristal, saludando a los visitantes que no estaban

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familiarizados con el área, con las varias pronunciaciones del nombre de la ciudad:

LOOAVULL. LUHVUL. LEWISVILLE. LOOAVILLE. LOOEYVILLE.
—Hijo… —Tommy comenzó. —No quiero escucharlo —le interrumpió Hunter—. La señora Blackwell quería verla y no sabía otra forma de llevarla al avión. Aquí podría haberla colgado encima de mi hombro, pero eso es mal visto en New York. Erin, vuelve. Mientras caminaba por la acera de la terminal, levanté un dedo para hacerles saber —o al menos dejar que Tommy comprendiera— que necesitaba un minuto. Hunter no podía importarle menos lo que necesitaba. Pisoteé la acera, las lágrimas se mezclaban con los hielitos en mi cara. Dejé que el viento frío me secara, para poder volver. Excepto que más lágrimas seguían llegando mientras pensaba en mi padre. Él no había hecho nada. Nada nuevo. Hunter sólo había arañado la costra de la herida. Hunter, del quien seguía confiando, por alguna razón. ¿Por qué creía que estaba de mi lado? Él estaba estafando a mi abuela. Él podía joderme más también. Una sombra a mi lado me hizo volver la cabeza. La camioneta “Granjas Blackwell” se deslizó hacia a lo largo de la acera, a la par conmigo. La ventana bajó y Tommy gritó: —Erin, entra en la camioneta antes de que Seguridad Nacional te arrastre por el culo. Di un par de pasos más, pero me estaba quedando sin acera. UPS9 hacía a Louisville uno de los aeropuertos más concurridos del mundo, pero el lado de salida de pasajeros del aeropuerto era pequeño, para que coincidiera con la ciudad, y la terminal terminaba justo por delante. No tenía ganas de pasear por el páramo industrial de la planta de Ford. Me acerqué a la camioneta, abrí la puerta y me desplomé en el asiento trasero, gritando: —¿Por qué me dijiste eso, Hunter? ¿Qué es lo que te pasa? —Hunter se inclinó entre los asientos delanteros hacia mí, las gafas de sol oscureciendo sus ojos azules en una tarde nublada. —Era la única manera que pude pensar para traerte hasta aquí. Incluso con la amenaza de ir a Gabe con la historia de mozo de cuadra no te haría regresar a Kentucky para ver a tu abuela, y ella realmente quería verte. Estaba histérica cuando le dije que te había atropellado un coche. No tenía muchas opciones. —No dijo que lo sentía. Ni siquiera parecía ni un poco arrepentido detrás de sus gafas de sol. Admitió su transgresión sin disculpas. Muy parecido a papá.
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UPS. United Parcel Service, Inc. Empresa norteamericana encargada de entregar paquetes y correspondencia.

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—¿Quieres decir que no tenías otra opción si querías quedarte con el dinero de mi herencia para la universidad? —corregí a Hunter—. Espero que nada importante venga de nuevo, porque el mozo de cuadra es todo con lo que me puedes chantajear ahora. Molestarme con mi papá sólo funciona una vez por toda la vida. —Mozo de cuadra —murmuró Tommy, sacudiendo la cabeza. Por suerte, la granja no estaba muy lejos, así que no tenía que sentarme en la camioneta con Hunter durante mucho tiempo. Por supuesto, pasaría la tarde, todo el sábado y el domingo por la mañana pegada a la casa de mi abuela. Yo le había jurado que nunca más me volvería a ver y ahí estaba yo, sólo cinco meses después. Me rendí, también, o le habría dicho a Tommy que me dejara en un motel. En su lugar, él conducía la camioneta en la interestatal, desviándose hacia el estrecho y sinuoso asfalto a través de las colinas de la granja, y luego nos metió al herboso arcén debajo de un gran arce de color rojo fuego. —Afuera, los dos —ladró. Tommy no ladraba a menudo. La lluvia de hielo se había detenido, por lo que no podía usar la calefacción como excusa. Me deslicé en el asiento hacia afuera, carente de emoción y con mi mano temblando, miré hacia abajo a los pies de Tommy y Hunter, de pie delante de mí. No tenía nada de qué avergonzarme… Hunter era el que debería estar avergonzado, pero tenía miedo hasta el infierno de que me pusiera a llorar, y no quería que me viera así. Era una idiota, me dieron ganas de llorar de nuevo. —No voy a pasar el fin de semana con ustedes intentando matarse el uno al otro —dijo Tommy—. Erin, vamos a resolverlo de este modo, vamos a resolver las cosas en el establo cuando tu abuela no esté mirando —Él asintió con la cabeza hacia Hunter—. Golpéalo. —No la obligues a hacerlo —dijo Hunter a Tommy—. Se va a romper la mano. —¡Ja! Crees muchísimo en tu mentón cincelado —dije, pero Tommy me ahogó, gritando: —¡Deja que te golpee o te golpearé yo mismo! —Esto es una excelente crianza de hijos —Hunter recalcó sus palabras con un signo okey con sus gruesos dedos. Su Rolex brilló en la luz del sol antes de que él bajara su mano—. Aquí, Erin. —Él cerró los ojos y alzó la barbilla. Me acerqué a él, mi puño cerrado, ya me estaba sintiendo mejor. —Abre los ojos —dije—. Quiero que lo veas venir. —Si abro los ojos, te voy a esquivar —dijo con total naturalidad, como si estuviera acostumbrado a resolver sus diferencias de esta manera con otras manos estables.

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Cerró los ojos otra vez. Lo golpearía, mientras que tuviera la oportunidad. No me detuve a pensar en la técnica o posición adecuada para mi puño, con el pulgar dentro o fuera, sólo cerré mi puño y lo golpeé. Sin embargo, en una fracción de segundo antes de que mi mano conectara con su cara, vi un recuerdo de uno de los apartamentos de mi familia en Los Ángeles, era de los primeros, ya que vislumbré el océano a través de la ventana de la habitación, y con el paso de los años habíamos tenido cada vez menos dinero, y nos habíamos mudado más lejos y más lejos del mar. Vi a mi padre golpear a mi mamá. Redirigí mi puño, sólo rocé la barbilla Hunter, y tropecé a un lado de la camioneta. Un fuerte brazo agarró el mío y no me dejó caer. Hunter me atrajo hacia él, riéndose entre dientes. —¿Estás bien? —Lo aparté de mí, me metí de nuevo en la camioneta, y cerré la puerta. Él ni siquiera estaba arrepentido, y yo no había podido vengarme. Nada estaba bien. Con un estornudo definitivo, abrí mi libro de Historia, deseando que no hubiera venido. No sé qué argumento utilizó Hunter fuera de la camioneta, pero era previsible que se pusiera en el asiento del conductor, y Tommy en el lado del pasajero para el corto trayecto hasta la granja. Pasaron unos minutos en el que la camioneta zumbaba, vibrando música country en la radio, y leí el mismo párrafo de mi libro de Historia cuatro veces. Entonces, Tommy preguntó: —Así que, ¿todavía no se acuestan? —Tommy —chillé—. ¡Qué pregunta! —¿Qué? —Él se volvió a medias hacia mí—. Sólo preguntaba. —Si no nos hubiéramos acostado —dije—, esa pregunta sería incómoda y embarazosa. Y si lo hubiéramos hecho, sería… —…torpe y vergonzosa —dijo Hunter. Tommy vio conducir a Hunter por un momento. La expresión de Tommy era inescrutable, y pude ver por el espejo retrovisor que la de Hunter también. —Así que se han acostado —concluyó Tommy —Por supuesto que no —dije—. Hunter conoció a su novia en el baño. Él tiene una adivina y una camarera al lado. —Nunca digas que no subes de clase —Tommy se volvió completamente hacia mí—. ¿Y cómo lo sabes? —Vivimos en el mismo dormitorio. Tommy sonrió.

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—Uh-huh. Son de la misma ciudad, la misma granja, incluso viven en el mismo dormitorio, saben todo acerca del otro, pero no lo han hecho. Cuando lo pones de esa manera, ¿por qué no? Él lo hizo sonar como si los requisitos previos para conectar fueran familiaridad, cercanía... y él debe sentir el deseo, por lo menos un poco. Él no entendía las complicaciones, las humillaciones, los cientos de razones por las cuales no, esas que murmuraban por debajo de nosotros como el sonido interminable de tráfico de Nueva York, o el zumbido de la interestatal Kentucky, detrás de los árboles en otoño. —No es asunto tuyo, papá. —Tal vez fue porque apenas podía oír a Hunter sobre el motor y la radio, pero estaba sorprendida por lo avergonzado que sonó, y nostálgico. Doblamos la última curva. Los árboles se abrieron para revelar la imponente mansión de mi abuela. Alzándose sobre la colina más alta de todos los continuos pastizales que formaban la granja. Al igual que muchos de los edificios históricos en —y alrededor de— Louisville, fueron construidos en el estilo italianizante de la década de 1870. Si una foto de una mansión clásica del Sur se mostraba en un computador, hasta los techos y ventanas serían ridículamente altos —la mansión era este estilo exagerado de arquitectura, tan elegante e imponente que amenazaba. —Aquí estamos, princesa. —Tommy empezó a presumiblemente para sacar mi maleta de la cajuela. abrir su puerta,

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—Yo no me quedo aquí —dije rápidamente—. Hunter puede quedarse en mi habitación, donde pertenece. Yo me quedo contigo, Tommy. Tommy y Hunter miraron por encima del asiento hacia mí con sorpresa. Tommy dijo: —Eso no es lo mejor. Tu abuela se enojará y deprimirá. —De ninguna manera —dijo Hunter. —Me lo debes. Capté la mirada de Hunter y asentí con mi cabeza a la casa. No tenía ninguna intención de decirle a mi abuela que él la llevaba a dar un paseo, pero Hunter no lo sabía. Por lo menos esperaba que no lo hiciera. Los ojos azules de Hunter me miraron el tiempo suficiente para activar mis palpitaciones del corazón. Entonces pronunció una obscenidad y salió de la camioneta, arrastrando su maleta a través de la puerta gigante de la casa de mi abuela. —Tu abuela irá a mi casa y te traerá ella misma —dijo Tommy cuando manejaba de regreso por el camino.

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—Ella sabe que me puede impulsar sólo hasta cierto punto —le dije—. La manzana no cae lejos del árbol, por desgracia. Se estacionó al lado de su pequeña casa, y salté de la camioneta antes de que pudiera cambiar de opinión. Esta casa podría haber estado en una zona de Louisville con otros bungalows como este, y no habría llamado la atención. Pero aquí en la granja, me llamó la atención. Era de madera blanca por encima, y local piedra caliza por debajo, con un tejado de pizarra, al igual que todas las dependencias. Coincidía con la portería —y la cocina histórica con un gran horno de ladrillo— y el granero. Yo no habría elegido vivir en la casa de un criado que hacía juego con el granero. Por la última historia de Hunter para la clase de Gabe sabía que se sentía de la misma manera. Crucé el porche de madera y esperé a Tommy para desbloquear la puerta principal. Hunter había estado en casa de mi abuela un montón de veces. Incluso había estado en mi habitación, en momentos de niñez, hace mucho tiempo cuando éramos amigos. Yo nunca había estado en su casa. Seguí a Tommy a través de los pasillos estrechos, más allá de una cocina remodelada en los años 1970, a una pequeña habitación con una enorme ventana que daba a la callejuela de enfrente. —Aquí tienes, hijo. Está tal como la dejaste —bromeó Tommy, dejando mi maleta—. Te voy a dar unos minutos para refrescarte, pero tengo que volver a Churchill Downs. Luego, tu abuela quiere que me asegure que tú y Hunter lleguen a la fiesta en la noche de los Farrell. ¿Una fiesta en la casa de Whitfield Farrell siendo compartida con sus padres? Este viaje aparentemente era más y más como toda mi antigua vida que había estudiado minuciosamente para mi nueva historia de la clase de Gabe —la que Hunter aún no leía— y volviéndose a recrear. —No voy —dije rápidamente. No tenía ningún deseo de vivir esa fantasía en mi contra. —Haz lo que quieras —dijo Tommy—, pero se te va a ser muy difícil evitar la fiesta mañana por la noche. Es aquí. Retrocedió por el pasillo. Oí cerrarse la puerta y vi la camioneta pasar enfrente de la casa, hacia la mansión. En pocos minutos la camioneta pasó de nuevo, rumbo a la interestatal. Tommy estaba en el asiento del pasajero y Hunter estaba conduciendo. Ahora que ya se habían ido, miré a mi alrededor. Estaba sentada en la cama de Hunter Allen. ¡Sáquense sus corazones, chicas de la clase de Gabe! Y vi porque Hunter había parecido tan horrorizado ante la idea de que me quedara en su casa. Las paredes estaban cubiertas de posters de brillantes coches de carreras y aspirantes a estrellas de cine que llevaban tangas. Esto no debería haberme sorprendido. Es probable que los hubiera pegado cuando tenía catorce años. Me sorprendió de todas formas descubrir que

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Hunter fue un adolescente, después de todo, y que era —¿cuál fue la palabra que había usado en su comentario sobre mi primera historia?— torpe. Me arrastré a la cabecera de la cama, disfrutando mucho más de lo que debería la sensación de su áspera colcha frotando mi piel, y conseguí una mirada más cercana a sus paredes. Pegados entre los posters estaban diplomas por sus méritos académicos. El primer lugar, torneo de matemáticas de séptimo grado. El primer lugar, feria de ciencias de décimo grado. Primer graduado de la clase. Había ganado todo, menos los concursos de escritura. Aquellos eran los míos. Me senté de nuevo en contra de su cabecera, donde debió sentarse muchas noches, y examiné el completo fondo de diplomas blancos como rectángulos superpuestos en las imágenes más grandes de la basura cultura pop. Fue entonces cuando vi el sol de cartón, de seis pies de diámetro, detrás de la cómoda donde un espejo debería estar, con los pequeños planetas flotando en frente de él, la Tierra del tamaño de la uña de su pulgar.

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Capítulo 14

Traducido por hanna Corregido por Amhelia

A

brigada en contra del frío, caminé por el sendero, más allá de la mansión de mi abuela, y sobre la colina a los establos, construidos cien años antes con madera sólida y piedra caliza y cubierta de hiedra, pintoresca para un turista que no lo supiera. La mayoría del personal se había ido a Churchill Downs. Sólo una plantilla mínima se quedó para cuidar de los caballos de carreras que no fueron. Me deslicé con facilidad en la oficina y me metí en la ropa de montar que había dejado en el armario, y mi casco. Muy importante: siempre usar casco. Podía sentir que mi ropa estaba más floja de lo que había estado cuando me fui, pero por suerte la oficina no tenía un espejo. Trasladé la manzana que había tomado de la nevera de Tommy del bolsillo de mi abrigo hacia el bolsillo de mi chaqueta de montar. Caminé por el resto de la cuadra frente donde guardábamos los caballos que ganaban dinero ―porque nos gustaba que los visitantes vieran a los ganadores de la carrera, a sus padres e hijos, a través de un gran patio vacío de grava, pero por unos metros mantenían su olor a sí mismos en el aire frío, en la parte posterior del establo y alrededor de la esquina. Parpadeé al caballo blanco en el establo de la esquina. O me había olvidado del diseño de la granja en cinco meses lejos, o Boo-Boo había desaparecido. Cavando las uñas en la manzana en mi bolsillo, me dirigí rápidamente a través del frío establo, echando un vistazo a los caballos que asomaban fuera de sus puestos de venta, buscando a un mozo de cuadra. Cuando me encontré con un chico nuevo preparando a un castrado castaño, traté de mantener mi voz calmada pero salió como un graznido. ―¿Dónde está Boo-Boo? ―Me miró, sorprendido. Vi la comprensión correr a través de su rostro: ésta era una extraña, esta extraña tenía el pelo rojo como la señora Blackwell, ésta era la nieta pródiga de la que todo el mundo había estado hablando, la arrastraron de vuelta de la Universidad por el chico de Tommy Allen. Entonces un poco de miedo, porque los establos habían vendido el caballo favorito de la chica y a ella le daría un ataque. Este hombre parecía que había sido abofeteado por un niño mimado antes. ―Boo-Boo ―dije con impaciencia―. Alto y Poderoso. Alto de Rocky Mountain por fuera y poderoso por dentro.

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―¡Oh! ―A medida que se dio cuenta de que no estaba en problemas, relajó los hombros. Señaló con el cepillo de preparación hacia el otro extremo de la parte trasera del establo―. Rock Star le ha dado brillo. Le trasladamos a su lado porque ella lo tranquiliza. ¿Quieres que lo ensille para ti? ―No, gracias ―le dije, corriendo hacia mi caballo. El nuevo chico no había recibido la nota de que nadie ensillaba los caballos para la nieta de la anciana. Tommy se había ocupado de ello. Él me enseñó que si quería algo bien hecho, tenía que hacerlo yo misma. Alivio me invadió cuando Boo-Boo asomó la cabeza fuera de su puesto para ver quién venía, sus orejas tiesas. Cuando me vio, sus orejas se movieron hacia delante. Si yo hubiera tenido doce años, me gustaría comentarle y jurarle a cualquiera que quisiera escucharlo, que Boo-Boo me reconocía y me amaba. Sin embargo, tenía dieciocho años. Lo sabía mejor. Estaba sosteniendo la manzana en frente de mí. El tiempo en el establo era siempre el más difícil para mí. Mi cuerpo se tensó, esperando que el caballo se hiciera hacia atrás, y mi cerebro seguía repitiendo el accidente que no había visto. Boo-Boo era un pura sangre, inminente y nervioso como todos ellos. Pero ella era relativamente de temperamento dulce. Tommy la había elegido para mí cuando mi abuela insistió en poner un nuevo caballo una semana después de que muriera mi madre. Los suaves y sorprendentemente ágiles labios de Boo-Boo arrancaron la manzana de mi mano. A medida que la mordía, acaricié el costado de su cabeza firmemente, como Tommy me había enseñado. La arrullé “Boo-booboo-boo-boo”, presionando el terror fuera de mi cerebro. La manera de estar segura era nunca dejar que un caballo supiera que yo tenía miedo. Me sequé el jugo de manzana en mis pantalones vaqueros y levanté la mano para asegurarme de que estaba usando mi casco antes de aventurarme más en el establo oscuro para encontrar el rumbo. Montar a caballo era peligroso, con la amenaza constante de ser arrojado y pisoteado, pero irónicamente, una vez que estaba en la silla de montar y lejos de las piernas de Boo-Boo, me sentía segura. La dirigí hacia fuera del establo —ella estaba de muy buen humor hoy, levantando los talones y sacudiendo la cabeza como si estuviera presumiendo a los caballos que iba a correr y los demás no lo harían, por lo que ja, ja—, la troté a través del potrero hacia el pasto nuevo. Normalmente me encantaba, también, la hierba pasada verde parpadeándote, los árboles de otoño brillante, el viento frío en mi cara, la sensación siempre extraña de un animal galopando por debajo de mí. Hoy estaba adolorida. Cada paso del

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caballo sacudía mi cadera y enviaba ondas a través de mi espalda. Incluso mi puño agarrando las riendas estaba dolorido después de golpear la dura mandíbula de Hunter. Después de unos minutos de equitación me acostumbré al dolor y me instalé en un largo viaje. Por lo general, Boo-Boo y yo salíamos a galope después de la escuela, y luego tenía amigos o tarea de la que ocuparme. Hoy decidí que exploraría cada rincón de la finca. No tenía nada más qué hacer además de estudiar historia y cálculo, y nunca podría estar de vuelta. Algo dentro de mí murió aquella tarde, mientras que Hunter estaba en las carreras. Al final perdí toda la esperanza en mi papá. Él no iba a venir por mí. Él no albergaba un secreto deseo de volverse a familiarizar conmigo. No se estaba muriendo por completar nuestra familia, pero era impedido por los espías extranjeros. Él me había dejado enterrar a mi madre y mi abuela me provocó, y él se había movido a su vida. Si tenía algo que ver con eso, yo nunca oiría de él de nuevo. Pero lo más probable, es que iba a morir antes que yo, y podría recibir la noticia justo cuando estaba a punto de casarme o dar a luz o embarcarme en mi gira nacional de mi best-seller. Había estado esperando el regreso de mi padre como el punto culminante de mi historia. Ahora sabía que iba a arruinar un día feliz para mí, un giro argumental inesperado. Boo-Boo mordía las riendas cuando la detuve de un corto galope. Habíamos llegado a una media de pastos, muchas colinas ondulaban la casa y el granero. En una roca de piedra caliza de pie bajo el dosel de oro de un roble estaba el caballo que había matado a mi madre. Ellas dos habían estado en el tiempo y habían hablado de tratar con ella en el Derby de la primavera siguiente. Después del accidente, mi abuela nunca la corrió, aunque potencialmente perdió millones de dólares por la inacción. Solamente puso a la potranca en los pastos. Si la decisión hubiera sido mía, le habría disparado yo misma. Pero como Tommy había explicado, los caballos no tenían ninguna mala intención. Eran animales asustadizos tratando de escapar del peligro. Sin embargo, no eran cabras de montaña. Boo-Boo bailó con impaciencia mientras yo miraba hacia el caballo negro en la roca gris bajo el árbol amarillo. ¿Cómo había llegado hasta allí? La parte posterior de la roca se inclinaba más suavemente de lo que yo recordaba. Esa era la explicación. Pero mi corazón no redujo la velocidad. En la historia reciente de Hunter, miraba a la chica hacia abajo montando una yegua negra. Me pregunté una vez más lo que su historia había querido decir.

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OOO
Me despertó el ruido de platos en la cocina y el olor del tocino. Me desenredé de la ropa de cama de Hunter y deslicé el libro de historia de mi cara, miré

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de reojo la oscura ventana. Aun no amanecía. En la tenue luz que brillaba intensamente debajo de la puerta de la habitación, sólo podía distinguir los planetas pegados al sol por encima del tocador de Hunter. ―Tommy ―exclamé en la mesa desbordante de la cocina―. No tienes que cocinar todo esto. Casi no como nada por la mañana. Voy a tomar un café. ―Café ― repitió exactamente con el acento de Long Island que Hunter utiliza cuando dice café. Girando una sartén con huevos, Tommy señaló con la espátula hacia una silla vacía en la mesa―. Come. Hunter me dijo que estás viviendo de galletas de mantequilla de maní. Come o estarás caminando a Churchill Downs ―Dejó caer los huevos en mi plato―. ¿O te escondes aquí todo el día? ―Se sentó en su propio lugar y me dio un plato de galletas. Ocultarse sonaba como una idea excelente, pero no era lo que tenía en mente. ―Necesito dinero ―dije. Dejó de comer y me miró desde el otro lado de la mesa. La mirada que me estaba dando… nunca había visto esa mirada en él antes. Me pregunté si, por primera vez, estaba viendo al padre de la historia de Hunter. Yo había pensado que Tommy era un alma vieja de Happy-Go-Lucky, que me daría la camisa de su espalda, pero tal vez había recibido esa impresión sólo porque nunca le había pedido nada. Rápidamente aclaré: ―Quiero trabajar para ti hoy. ¿Te vendría bien una mano extra? Págame lo que sueles pagarle a Hunter. Arqueó las cejas y masticó y tragó antes de responder. ―Es el dinero de tu abuela, ya sabes. ―Por lo menos me lo habré ganado. En su gruñido oí consentimiento, también la impaciencia de complacer a la pobre niña rica. Podría haberle dicho que no importaba, él no tenía que satisfacer mi antojo. Pero no quería pasar el día en Churchill Downs. Y no quería pasarla en la casilla de los propietarios con Hunter y mi abuela. En la oscuridad, ayudé a Tommy a cargar un caballo de color marrón y una yegua parda en el remolque.

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Happy-Go-Lucky es una comedia británica realizada en el 2008 y protagonizada por Sally Hawkins, Eddie Marsan, Alexis Zegerman, Sylvestra Le Touzel y Samuel Roukin. Adaptada y dirigida por Mike Leigh. La historia se centra en la alegre y optimista profesora de educación primaria y las relaciones personales con su entorno.

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Regresamos a la vacía carretera interestatal por el barrio de casas de estilo del siglo XIX de mi abuela. En la mancha naranja de la salida del sol por el cielo gris, llegamos lentamente a través de la puerta a Churchill Downs, toda la madera pintada de blanco, con dos torres que se elevaban sobre las tribunas. Entonces comenzamos a trabajar. Di de comer a los caballos, irrigué a los caballos, acicalé a los caballos. No los ejercité porque estaban cerca de sus carreras, el entrenador quería gentes específicas con experiencia para montar a los caballos, sintiendo los problemas. Yo, sin embargo, llevaba a los caballos de un lado al otro, y cuando un caballo se encabritaba y daba patadas en protesta porque lo regresaban al remolque Granjas Blackwell, yo daba un salto hacia delante para agarrar las riendas y hablarles despacio. Actué automáticamente. Fue sólo quince minutos más tarde, cuando el camión que llevaba el remolque se apartó y Tommy me apretó el hombro, que mi corazón latió con fuerza por el peligro en el que había estado.

OOO

Una hora después me di cuenta de que no había estado usando un casco. Grupos de agentes, compradores y asistentes de mi abuela vagaban en nuestra granja por la parte de los establos y otra vez hablando de negocios con bourbon en vasos de plástico, encendiendo cigarrillos después de que se hubieron alejado de la paja. Yo solía ser parte de esos grupos. Yo colgaría en la periferia con otros herederos adolescentes borrachos en las haciendas de caballos, a menudo Whitfield Farrel. Esperaba ver a mi abuela en uno de esos grupos. Me asomé varias veces sobre el vientre del caballo para buscarla sin lucir como si la estuviera mirando. Nunca la vi. Alrededor del medio día, sin embargo, vi a Hunter. Sonreía con un agente de mediana edad y el anciano abogado de mi abuela, hombres poderosos, útiles para saber si pretendían hacerse cargo de una empresa venerable que había estado en otra persona de la familia durante cinco generaciones. Se quedaron en la cálida luz del sol que quemaba por último a través de las nubes. Tomó un sorbo de whisky y me miró por encima del borde de su vaso. Y entonces se estaba riendo de algo que había dicho el abogado. Se había unido al grupo de chicos con una gran personalidad, buena apariencia, y sin ningún esfuerzo. No estaba segura de que hubiera estado observándome por encima de su vaso. Él era la luz del sol, después de todo, y yo estaba en la oscuridad. Él no podía verme. Permanecer de pie y cuidando de los caballos durante todo el día me había hecho bastante daño; mi cadera magullada comenzó a latir, y mis hombros dolían por mantener seguro constantemente al asustado caballo. Me di cuenta de otros mozos de cuadra bebiendo refrescos y fumando cigarrillos al lado de la vasta playa del estacionamiento, pero nunca pedí un

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descanso, y Tommy nunca me sugirió que tomara uno. Sospechaba que le estaba dando a la princesa, exactamente lo que ella quería. Justo antes de la última carrera del día, después de que habíamos enviado a nuestro mejor caballo al potrero para ser mostrado, Tommy volvió la cabeza hacia la pista, y me dijo que lo siguiera. En la luz del sol, me liberé de mi chaqueta de Granjas Blackwell y la até alrededor de mi cintura. Encontramos un espacio en la valla blanca donde pudimos ver la pista ―lejos de la línea de meta, delante de las tribunas, pero con una gran vista de la cuarta curva. Nos compró a ambos un perro caliente de un carrito. Mordí el mío de inmediato, dándole las gracias con la boca llena. No había comido nada desde que él me había alimentado aquella mañana. Mientras comía, lo miraba dar grandes bocados. Todo el perro caliente sólo le llevo cuatro. Hunter no comía de esa manera. Hunter podía comer un perro caliente con un cuchillo y un tenedor y hacerte pensar que todo el mundo se lo comía igual en Long Island. ―¿Qué es? ―me preguntó Tommy. Un poco de mostaza se aferraba a la esquina de su boca. Le entregué mi servilleta como una sugerencia. ―¿Estabas enamorado de mi madre? Mantuvo la media sonrisa en su lugar en los labios. Él y Hunter eran buenos sonriendo a través de cualquier cosa. Pero vi su reacción en sus ojos. Se estremecieron un poco, profundizando las patas de gallo y luego se relajaron en una fracción de segundo. ―No tengo tiempo ―dijo, limpiándose la boca. ―Entonces sólo era lujuria ―dije. Él entrecerró los ojos hacia mí. ―Nnnnnn… tal vez. Ella era hermosa. También era muy divertida. Al igual que tú. Y tu papá no la trataba bien. Cómo él no te trataba bien a ti. Era mi turno de hacer una mueca de dolor. No había perdonado a Hunter por arrastrarme hasta aquí con esa pretensión. ―Lo que era una gran cantidad de eso ―dijo Tommy―. Ella me necesitaba. Ella dijo que me necesitaba. El accionamiento para rescatar a la doncella del dragón es muy fuerte y muy duro para que un hombre lo resista. Esa historia nunca termina bien, y sabía que iba a ella. Miré a lo largo de la pista. Estábamos enfrente de la parte posterior de la puerta de salida. Los palafreneros llevaban a los caballos a él uno por uno. Nuestro caballo de la granja no quería ir. Nariz adentro, apoyó las patas

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traseras fuera de la puerta para que ellos no pudieran acercársele. Dos de nuestros palafreneros pusieron sus hombros contra su trasero y empujaron. Le pregunté a Tommy. ―¿P or qué mi abuela no te despide? ―Tommy veía el programa en la puerta también, o lo parecía. ―¿Por qué no enviamos a la potranca fuera como alimento de perro? ―Debido a que la potranca no pretendía hacer daño ―recité lo que Tommy me había explicado cuando fui más vieja y lista para escuchar. Los palafreneros lograron empujar a nuestro caballo en el interior de la puerta y colocaron las puertas en su lugar detrás de él antes de que pudiera golpear sus cabezas. Se alejaron fregando su frente con la manga, mientras otros palafreneros se acercaban a la puerta con el caballo al lado de la alineación. ―Honestamente ―dijo Tommy―. Creo que me mantuvo a causa de Hunter. Ella sabía que este era un buen lugar para él. A ella siempre ha querido a Hunter. ―Se ve a ella misma en él ―dije―. Los dos son manipuladores y locos como un zorro. ―No es eso ―dijo secamente, mirando a lo largo de la pista, como si mi abuela y Hunter no le importaran en absoluto. O como si le importaran mucho. Ambas emociones se veían igual en Tommy. Le pregunté: ―Cuando Hunter y yo vivíamos aquí, ¿le dijiste que se mantuviera alejado de mí? Tommy se volvió rápidamente hacia mí. En el momento en que lo miré, la sorpresa había desaparecido de su rostro, pero había visto que hizo un movimiento brusco. Con cuidado dijo: ―Lo hice. Tu abuela no hubiera querido verlos juntos. ―Pero dijiste que ella quería a Hunter ―señalé―. Le está dando su maldita finca. ―Al menos eso es lo que ella pensaba. Tommy asintió con la cabeza. ―Hunter tiene un cerebro como nunca he visto antes. Es inteligente, como su madre. Va a hacer lo correcto para esta finca, ya que tú no quieres. Pero una cosa es si se pone en el negocio de tu abuela. Y algo completamente diferente si lo consigue. Él no es… ―Lo suficientemente bueno, es lo que

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Tommy no dijo. Las palabras no dichas flotaban entre nosotros. Me pregunté si él pensaba que esto era lo que mi abuela creía o lo que él creía. ―¿Por qué nos estas empujando a Hunter y a m í a estar juntos, entonces? ―le pregunté con exasper ación―. Te sentaste en la camioneta ayer y nos preguntaste si estábamos conectando. ―No los estaba empujando juntos ―dijo Tommy con calma―. Estaba comentando lo que vi, y era que ya han estado juntos. Lo pude ver en toda su cara. ―Tommy sacó un palillo de dientes de su bolsillo y lo puso en su boca. ―¿En serio? ―le pregunté, deseando que fuera cierto, con la esperanza contra toda lógica y sentido común de que Hunter se hubiera enamorado de mí y que su padre había sentido eso. ―Siempre he encontrado el rostro de Hunter ilegible ―Tommy rodó el palillo de dientes a un lado de su boca y habló alrededor―. Tiene mi cara. ―Cierto ―dije, mientras sonaba la campana de inicio y se golpeaban las verjas de la puerta abiertas.

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Capítulo 15

Traducido por Josez57 Corregido por Rodoni

V

arias horas más tarde, Tommy y yo descargamos un par de caballos en la granja, desenganchamos el remolque, y bajamos la colina a su casa. Se dirigía a una celebración en otros establos. El caballo de mi abuela había ganado la última carrera en la Copa Breeders. Cada vez que recibía una bolsa de cinco millones de dólares, era su costumbre enviar una botella de buen whisky a los demás ayudantes de establo. Era bienvenida. Yo era una ayudante de establo, lo he decidido, y no quería saber nada con whisky. Mis músculos me dolían hasta el punto de que podía sentir las fibras individuales raspando contra la otra cada vez que me movía. Todo lo que quería era que este viaje horrible hubiese terminado. Tropecé en el dormitorio de Hunter, y arrojé las facturas que Tommy me había dado para mi trabajo, sobre la cama. Aterrizaron junto a las tarjetas de notas de Hunter de anatomía, apiladas cuidadosamente y aseguradas con una banda elástica. Las recogí y volteé con curiosidad, como si no hubiera visto nunca un premio tan exótico. Él definitivamente no las había dejado allí para que las encontrara por alguna razón. Él podría hacer eso con su llave de la habitación del dormitorio o su billetera, pero no jugaría rápido y perdería libremente su tarea. Debe de haber estado buscando algo, sin duda había tenido la intención de llevarlas con él a la universidad, aunque yo no lo sabía― y se las había olvidado. Él las necesitaba de vuelta. Deslizando la pila en el bolsillo de mi chaqueta de granja, cerré la puerta de la casa de Tommy, detrás de mí y caminé por el sendero hacia la casa de mi abuela, teniendo cuidado de permanecer en el verde césped, bien fuera de la carretera. Todo el mundo entraba y salía de la fiesta luciendo borracho. Desaceleré cuando me acerqué a la mansión que se elevaba por encima de mí, de tres pisos blancos apuntando hacia una luna llena en el cielo estrellado. El camino estaba lleno de coches de lujo. Yo sería reconocida incluso con una de mis buenas ropas de chico si entraba por la puerta frontal, arrastrándome de un grupo a otro de estáticas personas mayores de edad, hasta que me viera obligada a enfrentarme a mi abuela. Me metí entre la fría hierba alrededor de la casa, al otro lado del patio, y de puntillas entré por la puerta lateral. Hunter estaba en el pasillo, con las dos manos en una mesada de mármol del siglo XVIII, teniendo una mirada de sí mismo en un enorme espejo. Me detuve. Sabía que no me había oído entrar porque no se había movido. Podría entregarle las tarjetas de notas y luego... no estaba segura de qué. No me atreví. Él se quedó mirándose, inclinándose hacia adelante, como si estuviera excesivamente preocupado por los círculos oscuros bajo sus ojos.

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Pero se quedó de esa manera durante tanto tiempo que finalmente di unos pasos hacia él. Pasé la entrada de la cocina, la música del baile de la banda en vivo que se filtraba desde el salón de baile, y seguí caminando hasta que lo vi desde un nuevo ángulo. Tenía los ojos cerrados. Él no estaba mirándose a sí mismo. Estaba fortaleciéndose, y vi como respiró hondo y finalmente se empujó fuera de la mesa. Me deslicé en la cocina antes de que él me viera. Caminé hacia atrás hasta que me encontré frente a la isla ―ay, mi granito arrancando apenas curado de la piel ―y me di la vuelta a un tintineo detrás de mí. Una figura de cabello oscuro se irguió con las manos en torno a un plato de ensalada de papas. Whitfield Farrell estaba pasando por la nevera de mi abuela al igual que lo hacía cuando vivía aquí. —Erin —exclamó—. Supongo que me has oído. Whitfield y yo no habíamos terminado en buenos términos. La última vez que lo había visto fue en el partido del Derby, cuando Hunter le había dicho que mantuviera las manos fuera de mi culo ―la inspiración para mi desafortunada historia del mozo de cuadra. Si Whitfield hubiera estado sobrio, hubiésemos pretendido olvidar todo eso. Por el bien de nuestras familias para llevarnos bien y hacer negocios, nos hubiésemos abrazado, dado marcha atrás, y conversado amablemente, como si hubiéramos sido entrenados. Pero Whitfield no estaba sobrio. —He oído que le dijiste a tu abuela que no querías su granja de mierda — dijo arrastrando las palabras—. Te escapaste a Nueva York —Dio un tirón a la ensaladera de papa lo suficiente para enviar la envoltura de plástico volando hacia arriba y que aterrizara en la parte superior de la isla de granito—. Y ella le dio su finca a Hunter Allen. —Estás bromeando —le dije—. Y... Levantó el dedo a modo de silencio, casi dejando caer la taza. Corrí por toda la isla y agarré la taza antes de que cayera, luego la puse sobre el mostrador. Eso fue un error, porque ahora yo estaba sólo a un pie de Whitfield. Me quitó la gorra y la tiró al techo. Sonó una gran olla que colgaba de la rejilla sobre la isla. —He oído que estás jugando a moza de cuadra ahora. No te entiendo en absoluto. —No tienes que hacerlo. Te veo por aquí, ¿de acuerdo? Había pensado que preferiría morir antes que poner los pies en la fiesta de mi abuela, pero ahora la música de baile y el vestíbulo lleno de gente en la puerta principal eran el menor de los males. Di un paso en esa dirección. Él me detuvo con una mano en mi cadera magullada. —¿Por qué eres tan dura contigo misma? Mírame a mí.

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Debería haberme apartado de él. Él habría estado sobre mis talones en cuanto entré en el hall de entrada, pero luego habría podido escapar entre la muchedumbre borracha y jovial. Su tono y sus palabras me detuvieron. —Mírame —habló con ternura, la forma en que habría deseado que me hablara un héroe con un mensaje importante para mí. Le miré a los ojos, que eran verdes como la hierba de invierno. Había hablado con él de cerca un centenar de veces antes. Nunca había notado de qué color eran sus ojos. Y como mi vida giraba más y más a la historia, acababa de vuelta en la clase de Gabe, haciendo una nota mental de añadir este detalle a mi historia cuando lo revisara para el final del semestre. —No tienes que ser tan dura contigo misma —canturreó Whitfield—. No es un crimen heredar millones de dólares. —No creo que sea un crimen —protesté—. Yo sólo… Él asintió con la cabeza. —Quieres vivir tu vida sin que te digan qué hacer. Su rostro se acercó más al mío, y mi deseo de alejarme se disolvió mientras observaba sus labios. Él entendió exactamente de donde venía. Hunter no lo hacía. —Haz lo que te dicen, Erin —susurró Whitfield—. Vas a tener la última palabra al final porque serás millonaria, y ellos estarán muertos. —Whitfield —llamó Hunter bruscamente desde la puerta de la sala de atrás —. Quita tus manos de ella. Traté de caminar lejos de Whitfield, pero sus dedos se clavaron en mi moretón. Whitfield negó con la cabeza hacia Hunter. —Sólo porque tú lo dices no quiere decir que la gente vaya a hacerlo, Allen. Puedes tener control sobre la vieja de mierda, pero nadie podrá olvidarse de dónde vienes. —¿Sabes qué? —lo interrumpí, tratando de volver a alejarme, mientras Whitfield me sostiene con firmeza donde me dolía—. Yo sólo voy a... —Vamos a hablar acerca de este pasado mes de mayo —tronó Hunter—. Quita tus manos de ella o haré que se te caigan los dientes. Whitfield miró boquiabierto a Hunter. Yo contuve la respiración. Hunter dio un paso adelante. —¡Está bien! —exclamó Whitfield, levantando las manos—. No quiero hacer una escena en tu casa, Hunter —Se volvió hacia mí—. Recuerda lo que dije. Hunter dio otro paso hacia él.

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Mirando a Hunter, Whitfield agarró el cuenco de ensalada de papa y se escapó por la puerta de entrada al hall. —Bueno —exclamé—. Eso estuvo tenso. Hunter me miraba, las cejas hacia abajo, los ojos azul oscuro. —No estoy hecho para esto. —Rodeó la isla, me eludió, y siguió a Whitfield al vestíbulo. Al principio pensé que iba a tratar de atrapar a Whitfield, pero por encima de la multitud vi la puerta de entrada abrirse y cerrarse, y sabía que Hunter se había ido. Me empujé a través de la fiesta detrás de él. Las personas mayores me paraban y me abrazaban y le decían a los camareros que me trajeran algo para tomar y me preguntaban si era cierto que mi abuela estaba preparando al hijo de Tommy Allen para hacerse cargo de la finca en vez de mí. Eran exactamente las conversaciones que había temido, que yo había desafiado al regresar aquí para ver a mi padre. Mi corazón se aceleró ante la idea de que Hunter se alejaba de mí. Si mi abuela me llamó aquí, ella insistiría en tener una larga conversación conmigo. En el momento en que me escapé, Hunter se había ido. No podía dejarlo ir, no cuando él había jugado a ser mi héroe de damisela en apuros por segunda vez. No de nuevo. Finalmente me desprendí y me arrastré a abrir la puerta de entrada. Fuera, en la luz de la luna fría, la hierba verde brillaba en ondas largas, pero no había un muchacho alto y rubio atravesándola, o caminando a lo largo del carril. Él realmente se había ido. Entonces oí gritos y risas de hombre sobre el camino de los establos. Mi abuela había enviado el bourbon a los mozos de cuadra. Estarían jugando al baloncesto. Efectivamente, doblé la esquina de la cuadra, sin aliento y enferma de preocupación, justo a tiempo para ver a Hunter, con el torso desnudo, vestido sólo con pantalones caqui y encaje de los zapatos de su caballo del heredero de la finca como uniforme, navegando por los aires en una bandeja perfecta. Su espeluznante piel blanca brillaba a la luz. Él estaba empezando a sudar en el aire frío, y la cicatriz de su costado se destacaba como un marcador con un poco de magia antigua. La bola se zambullo en el aro y aterrizó sobre sus pies en el estacionamiento de asfalto. La mitad de los hombres gimieron un triunfante: —¡Oooooh! Y la otra mitad con un derrotado: —Aaaaaw. Luego, otro hombre sin camisa señaló en mi dirección. —Erin.

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El juego se detuvo mientras me deslizaba en un banco de madera blanca contra la pared de piedra. Varios mozos de cuadra se dirigieron a mí. —Buen trabajo hoy, Erin —gritó Tommy por encima de ellos. Borracho, estaba mucho más feliz con el trabajo que yo había hecho de lo que había estado sobrio—. Un buen trabajo como Hunter nunca hizo, y ella no se queja como Hunter. Varios de los hombres empujaron a Hunter en diferentes direcciones. Él no parecía importarle. Me sonrió, mirándome… orgulloso, ¿me atrevo a decir? —¿Quieres jugar con nosotros, Erin? —me preguntó otro hombre. Yo no creí que quiso decir algo con eso, pero los otros le insinuaron en él y gimió. —No he tomado suficiente bourbon para esto —le respondí de vuelta—. Voy a sentarme aquí y ver, y voy a llamar al 911 cuando alguien se arranque un ligamento. La mayoría de ellos dio la vuelta, volviendo a sus posiciones para el juego. Sólo Hunter siguió mirándome con su rubia cabeza inclinada hacia un lado, el musculoso pecho desnudo, brillante, con la pelota de baloncesto en la cadera. Parecía genuinamente desconcertado cuando dijo: —Tú no tienes un teléfono. Abrí mis manos y me encogí de hombros. Me di cuenta de esta inusualmente lenta captación de Hunter por nuestra conversación en la cafetería de dos meses antes. Él estaba borracho. —¡Bola! —Los otros hombres llamaron. Hunter volvió y tiró el balón a la muchedumbre. El juego comenzó de nuevo. Vi a los hombres esquivarse entre sí, lanzar uno sobre el otro, perder el equilibrio y tropezar borrachos fuera de la zona de juego, a continuación, todo de nuevo otra vez. Vi los músculos de Hunter trabajar por debajo de su piel, su cuerpo conservaba la gracia sorprendente a pesar del bourbon que había desacelerado su cerebro. El sudor oscureció su pelo rubio en las sienes. Él aumentaba su temperatura mientras yo me enfriaba más, reduciéndome en mi chaqueta de Granjas Blackwell en el duro banco de madera. Cuando dos hombres saltaron por el balón una vez y cayeron en un enredo en el asfalto, Tommy gritó: —Tenemos que llamar esto. Entren. La siguiente ronda corre por mi cuenta. Los hombres con el torso desnudo se daban palmadas chocando los cinco y se trasladaron a través de una puerta desde donde salía luz dorada, en la oficina del establo. Sólo Hunter se quedó atrás. Él tiró de la camisa de un árbol cercano. Mientras él mismo la abrochaba, dijo: —Hola, señorita O 'Carey.

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—Hola, David.

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Traté de mantener mi voz que temblaba de frío y anticipación. Se pasó el jersey de cachemir sobre su cabeza. —¿Te acordaste de traerme las tarjetas de notas de anatomía que yo me había olvidado? Así que él había dejado las tarjetas de notas en su dormitorio a propósito después de todo, para darme una excusa para encontrarnos en la fiesta. Con hormigueo en los dedos metí la mano en la chaqueta y le entregué las cartas. Él las guardó, una sonrisa socarrona tirando de una esquina de su boca. —¿Qué pasa con el acento británico? —pregunté—. Ellos no habrían hablado así en los Estados Unidos en 1875. Podrían haber tenido una persistente inflexión escocés-irlandés debido a que muchos de ellos eran inmigrantes recientes y no tenían televisión para aplanar el acento. Se me quedó mirando. En mi manera inconstante, yo había mandado demasiada información. Él había empezado la conversación de "Casi una dama". Yo no estaba segura de qué quería decir con esto, pero yo estaba emocionada por descubrirlo. Así que empecé la conversación. —Hola, David. ¿Le gustaría caminar detrás de los establos? —Lo haría pero mis pantuflas se cubrirán con tierra —dijo él —, y la criada se daría cuenta en la mañana. Él estaba recitando mi historia, pero también me estaba rechazando. Me levanté y puse una sonrisa en mi cara para demostrarle que era todo por diversión. —Oki-doki. Tommy dijo que no nos puede llevar al aeropuerto mañana, porque él estará abandonando Churchill Downs demasiado pronto, pero uno de los otros chicos nos llevará. Nos vemos en el… Antes de que pudiera dar un paso de distancia, él se acercó y me agarró del codo. —Yo estaba haciéndote una broma. —Sobre como nuestras posiciones se están cambiando, ¿tú siendo el dueño de la granja y yo trabajando como moza de cuadra? Eres muy gracioso. ¿Sabes lo que debes hacer con ese tipo de talento? Deberías ir a la universidad en Nueva York y estudiar escritura creativa. Él también se rió de todo corazón en este, tirándose a mi lado. —Vamos. Traté de frenar mi respiración. Se formaron nubes blancas en el aire gélido y Hunter podía ver lo excitada que estaba.

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—¿A dónde vamos? —pregunté. —Detrás del establo —dijo con exasperación.

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Él me empujó hasta que pasé con él a lo largo del muro de piedra y más allá de la última curva. Cuando dimos la vuelta y pateó a través de la grava en contra de la pared del fondo, dijo lo obvio. —Nunca he estado tan borracho en mi vida. Me reí entre dientes. —Es parte de la descripción del trabajo. Sus ojos se abrieron. —¡Lo es! Realmente lo es. Y no es tanto el volumen como la longevidad. Creo que tuve mi julepe de menta por primera vez a las diez de esta mañana. Se deslizó en el banco solitario contra la pared posterior de la cuadra, donde los compradores potenciales pueden ver a los caballos al trote por el potrero. Me senté junto a él, pero no demasiado cerca, todavía no estaba segura sobre lo que estábamos haciendo aquí. Más allá de la valla del corral, las verdes colinas rodaban y rodaban bajo las estrellas, suavemente descendiendo de la línea de árboles. Nos sentamos allí en el silencio y el frío durante unos momentos. Traté de memorizar esto: la granja inmensa abajo, el cielo sin profundidad arriba, y Hunter a mi lado. Sin tocarme. Sólo existiendo para mí. Él rompió el silencio con un suspiro. —Esto es tan loco. Deberías estar haciendo tu camino a través de sangre azul de Kentucky, no yo. Me encogí de hombros. —No voy a mentirte. Estoy adolorida ahora mismo. Pero he tenido un montón de diversión siendo una moza de cuadra ahora. En Nueva York nunca estoy deseosa por fiestas de cuadrillas o los caballos de las personas, pero echo de menos a los caballos. —Sí. Papá dijo que tomaste a Boo-Boo para un largo viaje ayer. Me alegró oír eso. Apuesto a que ella estaba tan feliz de verte. —¿Por qué? Estoy segura de que no me reconoció. —¿De qué estás hablando? —exigió Hunter—. Boo-Boo te ama. Ella siempre lo hizo. —A ella le encantaría cualquier persona al azar con una manzana. Sus labios se abrieron y sus cejas rubias se hundieron en una expresión de preocupación. De repente hizo un gesto con la cabeza lejos de mí y

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estornudó. Yo no recuerdo haberlo visto antes estornudar, incluso con todo el heno y el polvo constantemente en el aire en los establos. Pero Hunter estornudó, y lo que yo pensé que era su principal preocupación por mí, ahora tenía realmente expresión de estornudo y resfrío. Luego se volvió hacia mí. —Erin —dijo con gravedad—, esa es la cosa más triste que jamás he oído. Esa historia que escribiste para la clase de Gabe. ¿Acerca de la niña sola en la mansión, con nadie con quien hablar? —Asentí con la cabeza—. Yo no estaba allí en tu casa contigo, obviamente, así que no lo sé —dijo—. Pero al verte con tu abuela en los establos inmediatamente después de que tu madre murió, parecía que las dos realmente no hablaban. ¿Te acuerdas que tu abuela hizo que mi padre te consiguiera de vuelta en un caballo la semana siguiente? Me reí brevemente. —Nunca me olvidaré de eso. —Él me dijo que no parecías estar bien. Él pensó que tu abuela no hablaba contigo acerca de lo que pasó y tú no tenías manera de tratar con ello. Después que esto se prolongó durante unas pocas semanas, él quería que yo intentara hablar contigo. Yo lo miré parpadeando en la oscuridad. —No lo hiciste, de todos modos. —Ya estábamos en la escuela para entonces. Tus amigos se habrían burlado de mí. Yo tenía doce años. Mis funciones superiores del cerebro no se habían desarrollado plenamente. Estaba muy enamorado de ti. El frío había tejido su camino en la tela de mis pantalones vaqueros y se estableció como una capa de hielo en los pliegues de mi chaqueta. Ahora me calenté de nuevo, desconcertada por las palabras de Hunter. Yo no sabía si tomarlo en serio. —Tu amor por mí era un síntoma de que tu cerebro no se había desarrollado, o… —Cállate —Se volvió hacia mí—. Estoy borracho y estoy tratando de confesarme, así que déjame hacerlo, ¿de acuerdo? Me había enamorado de ti durante el verano. Después esa cosa horrible te sucedió y dejaste de hablar conmigo. Pensé que me culpabas a mí, o a mi papá. Lo que merecía. —No —protesté —. Fue un acc… —Yo lo tomé como un rechazo —Puso su mano sobre mi rodilla y me miró fijamente a los ojos—. Me ha tomado todo este tiempo averiguarlo. Pero me arrepentí todos los días. Y yo lo siento de veras.

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Él se recostó contra el banco y se enfrentó a las estrellas. El lugar donde su mano se había posado en mi rodilla se sentía más frío que nunca. —Yo también lo siento —dije—. Así que estamos a mano. Yo no te visité en el hospital cuando fuiste aplastado por un caballo. Por las mismas razones sobre el amor y el rechazo y el hecho de ser joven. Y ser una perra fría; nacida y criada, me dije a mí misma, porque él estaba tratando de hacer una conexión conmigo, y yo ni siquiera podía conocerlo ni a la mitad. —Se prolongó durante seis años —dijo—. Tú no me hablabas. Yo no te hablaba. Tú no hablabas con tu abuela. Y ahora ella te ha desheredado. Así que en todo este tiempo, ¿nunca le dijiste cómo te sientes? —¿Cómo me siento? Me incliné hacia delante, con verdadera curiosidad por lo que me decía. —Amas los caballos. Te encanta la granja. Pero todo esto te recuerda a tu madre muriendo y a tu padre dejándote. Nunca lo afrontaste en aquel entonces. Estás tratando de lidiar con eso ahora. Te has ido muy lejos a un lugar sin caballos y muy poca hierba, y estás estudiando la forma de escribir una historia con un final feliz. Si puedes escribir el final por ti misma, tal vez puedas volver. Escuchar esto era como ver una caja de origami colorida desplegarse. Sólo que era Hunter mostrándome el contenido. Eso me hizo sentirme muy incómoda. Me senté y crucé los brazos sobre mi pecho, abrazándome contra el frío. —Cuando te traje aquí —dijo—, pensé que tu abuela iba a llamarte. Ella debe estar esperando que tú vayas en cambio. Ahora veo que tú y yo podemos volar de regreso a Nueva York mañana, sin que ninguna ceda. —Hmm. —Estuve de acuerdo. —Pero si tropezaran una con la otra y tuvieran una conversación… —Se volvió hacia mí y tomó mi mano esta vez, calentándola entre las suyas—. ¿Puedes por favor decirle cómo te sientes? Negué con la cabeza. —No. Él me soltó la mano y se puso cabizbajo contra el banco. —Me gustaría que lo hicieras, porque no estoy seguro de cuánto tiempo puedo aguantar esto.

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—Estoy seguro de que puedes aguantar un poco más —le dije alegremente, desesperada por salir de debajo de el tema pesado—. ¿Cuánto te gusta la universidad en Nueva York? Él sonrió. —Me encanta la universidad en Nueva York. Me encanta estar simplemente en la ciudad. Me encantan mis clases. Me encanta el hospital. Ojalá yo no estuviera allí a las dos de la mañana, porque también me encanta dormir, pero me gusta el hospital. Me encantan Manohar y Brian. En una especie de amor viril, por supuesto. —Por supuesto —dije, las comisuras de mi boca tensas, tratando de no reírme—. Tú te llevas muy bien con todo el mundo. Porque eso es lo que haces. —Porque eso es lo que hago —Estuvo de acuerdo—. ¿Te gusta la universidad en Nueva York? Suspiré, una bocanada de aire grande de color blanco. —Yo amo la universidad en Nueva York. Últimamente he estado tan ocupada con el trabajo y la tarea que bien podría estar en Iowa, pero recuerdo amar la universidad en Nueva York hace un mes. Me temo que puede estar llegando a su fin, sin embargo. Él se inclinó más cerca. —¿En serio? —Si tengo ese internado —le dije—, yo podría continuar. De lo contrario, estoy en problemas. Me moría de ganas de empezar mi carrera editorial en la meca de la publicación. Pero tal vez eso no es posible para mí ahora. Puedo escribir en cualquier lugar, supongo. Me eché a reír. Él no se rió. —¿Qué vas a hacer, entonces? —Podría intentar en California —le dije—. Es casi tan cara como Nueva York, sin embargo. Y está contaminado en mi mente porque mi madre lo intentó con la peor de las suertes. El movimiento de Hunter hacia mí fue tan repentino que instintivamente retrocedí. Entonces me di cuenta que estaba llegando a mi lado. Él me tomó en su mano caliente otra vez, frotando mi mano con el pulgar encallecido. Su voz era suave como una canción cuando él dijo: —No amaría la universidad en Nueva York si tú no estuvieras allí. De repente me ruboricé en la noche helada. —¿No? —susurré.

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—No. Cuando dije que me encanta, hice una lista de todas estas cosas que me gustan de allí. Te dejé fuera —Él dejó mi mano y tocó con su dedo mis labios—. Te amo. Me quedé mirándolo estúpidamente. ¿Estaba bromeando de nuevo, recitando otra línea de mi historia? Yo no recuerdo haber escrito esto. Se inclinó y me besó. Yo no respondí durante unos segundos. Mi mente rezagada a lo que mi cuerpo se sentía. —Dilo —susurró contra mis labios—. Sé que esto es difícil para ti. Dímelo. —Te amo. Al escuchar mis propias palabras, yo me quedé sin aliento en la punta de la emoción. Llevó sus manos a ambos lados de mi quijada y tomó mi boca con la suya. Mi mente seguía parloteando que algo andaba mal con esta imagen. Mi cuerpo dejó de preocuparse. Me agarré de su suéter y lo acerqué más. Movía sus labios a mis mejillas, a mi oído, a mi boca. Nunca me habían besado así en mi vida. Cada vez que pensé que debía protestar porque había asuntos pendientes entre nosotros, Hunter me besaba más fuerte, obligando a las preocupaciones a salir de mi mente. El aire frío se calienta hasta que nos rodea. Él desabrochó la parte superior de mi chaqueta y metió la mano en el interior. La palma de su mano tibia cubrió el pecho debajo de mi camisa. Luego se incorporó, parpadeando hacia mí, y apartó la mano. —¿Qué pasa? —pregunté. —Bien —jadeó—. Yo voy a patearme mi trasero por esto en la mañana, pero no quiero hacer esto mientras estoy borracho. Y yo no quiero hacerlo detrás del establo. Quiero que todo sea perfecto entre tú y yo —Me acarició el cabello de mi cara—. ¿Estás loca? —¿Loca? —chirriaba—. No. ¿Caliente? Sí. ¿Frustrada? —Sí. Él puso su frente contra la mía. —Sí —Estuve de acuerdo—. ¿Loca? No. Él me miró con ojos serios. Su mirada se posó en mi pecho. Cerró los cierres que había desabrochado unos momentos antes, a continuación, puso sus manos sobre mis hombros. —Estoy tan agradecido de que por fin estamos juntos. —Yo también —le susurré.

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Me sentí incómoda al decir eso. Hubiera querido tener un teléfono celular para poder llamar a Summer para verificar que no estaba cometiendo un terrible error. Pero ella me gritaría y me diría que dejara de ser estúpida. Yo no necesitaba su permiso para enamorarme. Me besó en la frente, se puso de pie, extendiendo la mano hacia a mí. —Voy a conducirte hasta tu casa. Le tomé la mano y me hizo girar a medida que dábamos la vuelta al establo, de nuevo al camino por donde habíamos venido. —Voy a conducirte hasta tu casa —le dije. —No —dijo con exagerada paciencia—, yo voy a conducirte hasta tu casa. Con la otra mano hizo un gesto hacia la parte superior de la mansión de mi abuela, apenas visible sobre el lugar. —Yo no voy a dejarte pasear en la noche con toda esta gente borracha y, Dios mío, Whitfield Farrell y su tazón de mierda. Me reí. Me hizo increíblemente feliz saber que él estaba celoso de Whitfield Farrell. —Estás borracho, sin embargo. Puedes tropezar en la carretera y ser atropellado por un coche. —Ellos lo lamentaran —dijo—. Yo abollaría su coche. Soy fuerte como un buey. Me eché a reír, y él se rió conmigo. Era tan guapo en la suave luz de las estrellas, y se veía tan feliz. Yo no recordaba haber estado así de feliz. Todavía estaba casi en bancarrota y mi abuela me odiaba y yo tenía un trabajo de historia para el lunes que no había empezado a escribir, pero podía manejar todo esto con Hunter riendo a mi lado. Apreté su mano caliente. —Voy a cruzar de nuevo a través de la pastura, si te hace sentir mejor. Dejo caer mi mano, él pasó su brazo alrededor de mí y me atrajo para darme otro beso en la frente. Él me acompañó todo el camino a su casa, me arrinconó contra la puerta de entrada, y me dio un beso de buenas noches.

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Capítulo 16

Traducido por Susanauribe Corregido por Rodoni

S

algo de la cama. La luz del sol se filtraba por la ventana. No tenía intención de dormir hasta tan tarde. Necesitaba comenzar con la tarea de historia. Quería ver a Hunter.

Tomé una ducha y me vestí en tiempo record. Mi estómago rugió cuando vi que Tommy me había dejado un gran desayuno en la cocina, pero podría volver por él más tarde. Me encogí en mi gran abrigo y salí a la calle. Afuera de la gran mansión de mi abuela, me paré a los pies de un árbol de nogal, mirando a través de las hojas amarillas hacia mi ventana, dos pisos hacia arriba. Cuando había vivido allí, nunca había tenido la oportunidad de salir a hurtadillas de mi habitación. En la parte del mozo de mi historia una chica había tenido un pensamiento soñador. Pero me había asegurado de que se hubiera escapado si lo necesitaba. Había estado planeando mi escape de este lugar por mucho tiempo. Ahora podía entrar a hurtadillas. Mi cadera dolió mientras daba grandes pasos en el árbol de nogal, cuidadosa de que las ramas no arañaran mi rostro antes de mi primera vez con Hunter. Mi abrigo extra grande se enganchó algunas veces y me dio pánico otra vez por la idea de romperlo y morirme congelada en la Ciudad de Nueva York porque no podía comprarme otro, pero eventualmente alcancé mi ventana. La antigua ventana, enormes cristales rizados por la edad, estaba sin seguro, justo como la había dejado en junio. Le levanté para abrirla y me dejé caer adentro en mi habitación, la cual lucía gigante para mí ahora. Era cuatro veces el tamaño de la habitación de Hunter, y dieciséis veces el tamaño de mi mini-habitación en el dormitorio. Me di la vuelta hacia mi cama. Estaba hecha pulcramente. La maleta de Hunter estaba abierta en el cobertor. Él ya estaba despierto. Después de una decepcionante mirada al baño vacío, fui de puntitas al pasillo. Él ya estaba en otra parte. Si podía encontrarlo sin encontrarme con mi abuela primero, podría atraerlo de vuelta a la habitación, y terminar lo que hicimos anoche. Él había querido la perfección en nuestra primera vez. Esta lo sería. Después de unas miradas rápidas a sala de arriba, el cinema y la librería, me escurrí por la ancha escalera curva, mis dedos trazando la ebanistería tallada tan suave como la seda por una historia de manos trazadoras. Cuando alcancé el final, me detuve y me senté en la última escalera. Pude escuchar a Hunter y mi abuela por el umbral de la puerta hacia la cocina, diciendo mi nombre. —Erin se dio cuenta de que me voy a graduar en pre-medicina en vez de negocios ―dijo Hunter.

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—Hunter Allen —lo regañó mi abuela. Podía imaginar la enojada línea entre sus cejas exquisitamente arqueadas—. ¿Cómo pudiste dejar que eso pasara? —Estoy en el programa de honor con ella —explicó Hunter en la voz más persuasiva, controlada y razonable, la que hacía que las mujeres se enamoraran de él—. Me pediste que estuviera en unas cuantas de sus clases así podía mantenerla vigilada. Pero funciona de ambas partes. Si estoy lo suficientemente cerca de ella para averiguar cosas, ella averiguará cosas sobre mí. Mi abuela protestó: ―Pero qué vamos a… —Me encargaré de eso —la interrumpió Hunter. Nadie interrumpía a mi abuela, o así había pensando—. Le dije que sólo estoy engañándote para entrar a la universidad, y no tienes idea de que yo estoy en pre-medicina. Mi abuela río socarronamente. —Esto es bueno. —Bueno, funcionó —dijo Hunter—. Por ahora. Pero no sé por cuanto… —Sólo arréglalo, Hunter —dijo mi abuela—. Puedes arreglar todo con tu encanto. Todo lo que tienes que hacer es convencerla de que te vas a graduar en negocios y vas a dirigir la granja. ¡Y asegurarte de que ella no me esté engañando como tú la estás engañando! ¿Seguramente eso no tomará mucho? Dijiste que ella estaba muriendo de hambre. ¡Veamos si puede pasar una navidad sin mis pralinés! —Me interpondré antes de que ella tenga hambre —dijo Hunter, y pienso que detecté un tono desaprobatorio hacia mi abuela. Sorprendente con lo que este chico podía salir—. Pero tienes razón. Me estoy acercando a convencerla. Traerla fue una buena idea. Me recordó cuánto ella ama este lugar. Uno de los chicos en el establo le dijo a mi papá que ella estuvo fuera por horas con Boo-boo. —¿Con quién? —Boo-boo, su caballo. Tú sabes, Grande y Poderoso. Por la Montaña Rocosa salido de La Fuerza es Poder. —Los platos del desayuno sonaron—. Felicitaciones por ganar ayer, por cierto. —Ese caballo seguramente se ganó de vuelta el precio de un viaje a Dubai para comprarlo —dijo mi abuela, y la conversación fácilmente se convirtió de manipularme a comprar caballos. Me senté en la escalera y los escuché por unos cuantos minutos más. Me podía quedar ahí hasta que terminaran el desayuno y salieran de la cocina descubriéndome, y podía confrontarlos. O podía asaltar la cocina ahora. O podía arrastrarme hacia arriba por las escaleras de la manera que había

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llegado, pero no importaba que ellos supieran que yo sabía. Todo lo que importaba era que ambos me habían traicionado incluso más profunda y descaradamente de lo que había imaginado, y que el amor que pensé que había crecido entre Hunter y yo era la peor clase de mentira. Cada paso que él había dado hacia mí, actuando como mi mozo de cuadra de la historia tuvo un efecto en él, escribiendo sus propias historias sexys, llevándome a Belmont, besándome en el hospital, arrastrándome a casa; me habían hecho enamorar de él así él podría guiarme para tomar los pasos de mi abuela. Si hubiera hecho lo que él dijo, ella me hubiera dado libertad. Mientras crucé hacia mi habitación, me paré en el árbol, y cerré la ventana detrás de mí, me las arreglé para machacar mis sentimientos por Hunter en una pequeña caja, como apretando mi dolor en una caja cuando mi mamá murió. Me dije a mí misma: A Hunter nunca le gusté. No debería quererlo de ninguna manera porque él está confabulando con mi abuela. Él no tiene ningún interés meramente romántico. Todavía estoy bien, estoy bien, estoy bien. No estaba funcionando. Entre más lejos iba, más me daba cuenta de cuánto lo quería y necesitaba, necesitaba desesperadamente conectar con él, incluso si era sólo físicamente. Necesitaba su toque, estaba hambrienta por eso. Me estaba concentrando tanto en eso que fallé en mi último punto de apoyo en el árbol y caí al suelo, directamente en mi cadera magullada. El dolor me atravesó. Lágrimas ardieron en mis ojos. Cojeé hacia la tierra. Justo cuando alcancé el camino hacia la casa de Tommy, escuché un auto encima de la colina. Mi abuela estaba en el asiento trasero de la limosina. Me miró por las ventanas tintadas mientras pasaba, sus ojos ocultos por las grandes gafas de diseñador, su boca en una mueca desaprobatoria. Respondí con un golpe en la puerta de Tommy.

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Hunter hizo ademán hacia el camión de la granja esperando en el sendero. —Tu carroza espera. —Luego me empujó dentro, donde el conductor no nos pudiera ver, y me besó fuerte en la boca.

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—Buenos días. Después del que el taxi nos dejo frente a mi dormitorio, Hunter me acompañó hasta mi habitación y me empujó contra la pared del pasillo. —Sólo porque estamos aquí en Nueva York no quiere decir que volvamos a ser como éramos antes —dijo él, acariciando mi mejilla—. Tenemos un día

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duro mañana y necesitamos tiempo para resolver esto, pero las cosas serán diferentes entre nosotros ahora. Prométemelo. —Lo prometo. —Mi voz sonó demasiado brillante para mis propios oídos, mi salida demasiado irónica. Pero Hunter jugó al nuevo novio devoto toda la mañana en el aeropuerto. No pareció notar que yo lo traté con lujuria y silencio de piedra. Diez horas después estaba encorvada encima de mi laptop en mi escritorio, lidiando con el último párrafo de mi tarea de historia, cuando escuché una conmoción en la habitación exterior. Rodé mi silla de escritorio y miré por el marco de la puerta. Summer estaba con Manohar, Kyle, Isabelle, Brian, y el nuevo de novio de Brian, todos inclinándose hacia los otros, entonados. En la parte trasera, parado en el umbral, estaba Hunter. —¡Erin! —gritó Summer cuando me vio—. Vinimos por ti. ¿Todavía no has terminado con tu tarea? ¡Vamos a una discoteca, nena! Mi corazón dio un brinco. Summer, Jørdis y yo habíamos pasado un buen rato la semana antes de que comenzaran las clases. No había tenido tiempo de ir desde entonces. —Tengo un examen mañana —dije—. Casi he terminado mi tarea, y luego me iré a la cama. —Eso es, iba a ir a la cama. A pesar de mis mejores instintos, eso dependía en lo que Hunter estaba haciendo. Tan enojada como estaba con él, no lo dejaría ir a una discoteca con Isabelle. —No necesitaba todo ese sueño sólo para pasar un examen —dijo Brian—. Necesitas relajarte y sacar tu mente del estudio un rato, y puedes hacer eso en la discoteca. —Oh, ¿qué es esto? —exclamó el novio de Brian, mirando uno de los trabajos en progreso de Jørdis. Ella había comenzando a pegar rostros en la tabla. Todos a la vez, intentaron explicar el arte de Jørdis, y a Jørdis. Hunter caminó hacia mí y se inclinó en el marco de mi puerta. Su sombra se mezcló con mi sombra en la pared detrás de él hasta que no podían decir quién era quién. —¿Vas a ir? ―me preguntó suavemente. Estaba a punto de estallar con rabia. Debería decirle que sé todo sobre su trato con mi abuela. Pero entonces nuestra relación, incluso nuestra amistad, estaría terminada. ¿Lo quería fuera de mi cuerpo, verdad? De otra manera me pregunté cómo hubiera sido el resto de mi vida con él. Soñaría con él. —Voy si tú vas —dije, mirándolo directamente a los ojos. Él desapareció en la gran habitación. Y lo escuché decir. ―Ella va a ir.

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—¡Hurra! —Luego Summer metió su cabeza en mi habitación y susurró roncamente—. ¿Quieres beber algo antes de que nos vayamos? ¿O beber mucho? Manohar tiene un termo de… no sé qué es, honestamente. —Oh, Dios, no —dije. Justo lo que necesitaba en mi examen de cálculo. —Sírvete tu misma —Ahora ella desapareció de mi puerta. Ella dijo más fuertemente—. ¡Hunter, Manohar tiene un termo misterioso! —Oh, Dios, no —dijo Hunter. Mis dedos se pausaron sobre el teclado de mi laptop. Él no podría haber escuchado por error mi conversación con Summer. Sin embargo estábamos diciendo las mismas cosas, sintiendo lo mismo en el mismo momento, preocupados por la escuela y francamente un poco exasperados con nuestros amigos y muuuy cansados y sin embargo desesperados por estar el uno con el otro. Siempre había visto a Hunter diferente a mí, mi opuesto, en verdad; y ahora lo odiaba a fondo, sin embargo esta noche era la persona más parecida a mí en el universo. —¡Vamos, Erin! —gritó Summer, rodé hacia atrás mi silla y me incliné por el umbral yo misma. —Vayan sin mí. Ya estaré ahí. He perdido mi hilo de pensamientos en esta tarea. No puedo terminar con ustedes parados ahí. —Vamos —los reprimió Hunter —. Déjenla en paz. Ella irá en un rato. Gruñeron de mala gana y se fueron. El último en irse, Hunter miró hacia atrás por encima de su hombro y me preguntó: —¿Verdad? —Asentí. No veía cómo, honestamente. Había perdido mi cabeza con la tarea. No veía cómo podía perderme esta noche con Hunter, tampoco. Pero treinta minutos después terminé, me puse mi atuendo para la discoteca y me miré en el espejo. Definitivamente yo no era la belleza rubia clásica. Pero siempre había hecho lo mejor con lo que tenía. En esta noche en particular, agotada por los días de preocupación, trabajo duro y poco sueño, supuse que podría haber sido una modelo en una heroína chic en una revista de modas. Sí, lo haría por Hunter. Escuché la música de la discoteca a una cuadra de distancia. No podía ver las luces, las ventanas estaban tintadas, como si algo delicioso y secreto estuviera sucediendo dentro, y en las sombras cercanas a la puerta, Hunter se recostaba contra la pared de ladrillo, esperándome. Se encontró conmigo en mitad de la cuadra y caminó conmigo. —No te debería haber dejado venir sola —gruñó—, pero para el momento que me di cuenta de eso, estaba asustado de que si iba por ti, vendrías por otro

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camino y te pasaba sin verte. ¿Por qué eres una jovencita en Nueva York sin móvil, de nuevo? —¿Estás bromeando? Un móvil cuesta cien paquetes de fideos de ramen cada mes. Antes de que me diera cuenta de lo que estaba haciendo, estaba pagando mi entrada en la discoteca. Traté de protestar, pero él no me podía escuchar por la música. Nos movimos por la multitud retorciéndose. Hunter me llevó de la mano. Summer y Manohar bailaban en el borde del suelo, ¡Manohar, bailando! Cortesía del termo, y Summer nos señaló unas butacas libres en la semana con vasos y una jarra de soda. Hunter se deslizó en el banco de terciopelo rojo contra la pared. Podía sentarme en el banco frente a él; o podía sentarme en el banco con él. No tenía que sentarme junto a él. Él actuó todo el día como si estuviéramos juntos y él no podía esperar a cerrar el trato. Si me sentaba junto a él, haría la primera movida hacia seducirlo de vuelta, aunque sabía completamente que lo dejaría antes de que él tuviera la oportunidad de dejarme. Decisión echa, caí junto a él en el asiento junto a él sin mirarlo. Él dijo algo. No lo pude escuchar. ―¿Qué? —pregunté, volteándome hacia él. Él me miró intensamente, luces estroboscópicas brillando por su larga nariz y en su cabello rubio. Él me inclinó un dedo, diciéndome que me acercara. Sólo así podría escuchar lo que me quería decir, ¿verdad? Me incliné hacia él. En ese momento, dejó de inclinarme su dedo y puso esa mano de vuelta donde había estado, encima de la parte superior de la silla. Así que incliné mi cabeza hacia su boca, su brazo estaba medio en mí. —¿Estás tan cansada cómo lo estoy yo? —preguntó. Todavía apenas lo podía escuchar por encima de la música, pero sabía que él estaba hablando duro porque su aliento en mi oído hacía mi piel bailar. —Estoy muy sobrio —dijo él—. Y me siento más borracho de lo que me sentía ayer. Lo que dijo sonó tan cierto, tan inesperado y absolutamente verdadero para mi vida en ese momento, que me reí, y le sonreí como si fuera mi amigo, y no pude dejar de reír. Él rió también, dando risitas primero, mirándome, inseguro de si lo estaba burlando. Luego se rió conmigo, una risa de cuerpo completo que nos tuvo a ambos inclinándonos hacia adelante en el asiento, hacia el otro. Finalmente el mareo pasó, más que todo porque mi boca estaba doliendo de sonreír. También porque unas chicas pasaron por la mesa y miraron en nuestra dirección y estaba asustada de que nos sacaran por estar consumiendo Éxtasis. Pero el adorable sentimiento, el calor de la risa, la

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cercanía de Hunter, sonriéndome. La sonrisa se quedó en sus labios, pero sus ojos parecían preocupados mientras se inclinó hacia mí y dijo: —No estoy seguro de que pueda con pre-medicina. Me alejé lo suficiente de él para mirarlo a los ojos. Él estaba mortalmente serio, lo que dijo sonó como verdad. Asentí. —Sé exactamente cómo te sientes. Pero te sentirás mejor mañana. A penas recordarás sentirte así esta noche. Él me miró, sus ojos serios. ―¿Por qué me sentiré mejor mañana? Me encogí de hombros. —Porque tus exámenes terminarán, y descansarás un poco estaba noche — Pensé que lo que quería decir era obvio. Extraño que lo entendí perfectamente, y él no me entendió en absoluto. —¿Sí? —Él se inclinó para hablar en mi oído de nuevo, pero esta vez su mejilla tocó la mía, y su barba la acarició también, dejando una sensación de cosquilleo atrás. Si nuestros amigos en la pista de baile miraban en nuestra dirección, no serían capaces de decir que nos estábamos tocando. No pensarían que nos estábamos inclinando cerca para escucharnos, como antes. No tendrían idea de que cada nervio en mi cuerpo saltó a la vida y ardió mientras él gruñó en mi oído: —¿Te gustaría bailar? —Le di un pequeño asentimiento. Él se puso de pie y me extendió una mano. Puse mi mano en la suya. Él me guío a la pista de baile, un espacio despejado en una esquina oscura cuando la luz estroboscópica no alcanzó y el reflector de luz no pasaba. Acercándome, puso un brazo en mi cintura y puso su otra mano en mi mejilla. —He hecho todo mal —susurró en mi oído—. Quiero volver a empezar. Con la sensación de su respiración en mi lóbulo de la oreja, mi corazón se estremeció, enviando un cosquilleo por mi pecho. Mis labios se abrieron. Moví mi mejilla hacia su mano así que él la acarició suavemente. —Esta es una canción de country lenta —susurró, su voz audible por el palpitante ritmo electrónico sólo porque sus labios se movieron contra mi oído—. Y estamos solos. Luego me besó. Sus labios estaban en los míos, presionando fuerte y hambrientamente. Sus manos estaban en la parte trasera de mi cuello, sus dedos moviéndose en mi cabello, sosteniéndome mientras él abría mi boca con su lengua. Sus manos se movieron de mi cuello para bajar por mi

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espalda y alrededor de mi parte delantera, no muy lejos para acunar mis pechos, pero lo suficiente lejos para decirme lo que quería. No podía ver a nadie viéndonos. Él no miró. Sus ojos estaban cerrados, sus puños agarrando mi blusa de seda, sus labios en los míos, como si nunca me dejaría ir. Mi corazón estaba latiendo fuera de mi pecho. No quería hacer esto con Hunter cuando sabía que él estaba jugando conmigo. No quería hacer esto frente a mis amigos. Eventualmente se enterarían de que él estaba jugando conmigo, y que lo supe y lo había dejado. Pero no había manera de que yo rompiera este beso. Su cálida lengua estaba en mi boca, enredándose con la mía, barriendo por encima de mis dientes, reclamándome como suya. Mi sangre corrió por mis venas y pareció vibrar hacia él como la marea del océano apuntando hacia la luna. Era una de las cosas en la vida de un escritor que necesitaba experimentar: sentirse enamorada, rendirse indefensa, ser tomada. —Tenemos que regresar al dormitorio —murmuró contra mis labios. Asentí sólo un poco, lo suficientemente suave para no alejar mis labios de los suyos. Esta vez fui yo quien lo llevé de la mano por la multitud. Estaba sorprendida de que él siguió con todo eso por la pista. Debió haber razonado que si me tenía lo suficientemente feliz para llevarme a la cama, lo escucharía sobre mi elección de carrera, él me hablaría de regresar a mi abuela, y una educación universitaria sería suya. Él se dejó ser guiado. Summer alzó su mirada de su baile enredado con Manohar. Sus ojos se abrieron. Le había dicho que en la tarde la llenaría con los detalles de mi fin de semana con Hunter después de que terminara mi tarea de historia, pero no había implicado, o pensado, que lo estaría llevando fuera de la discoteca de la mano más tarde. Ella le habló a Manohar. Él movió su cabeza usando su expresión de asombro. Así que Hunter tampoco le había dicho a Manohar sobre nosotros. No que es hubiera un “nosotros” para contar. Nos apresuramos por la fría noche aromatizada con basura italiana, sostenidos de la mano, apenas hablando. El dormitorio tenía silencio de noche de sábado mientras me empujaba contra la puerta exterior de mi habitación y me besaba fuertemente. Sus manos alcanzaron mi cintura, encontraron su camino subiendo por mis pechos y los tocó por mi blusa y sostén esta vez. Puse mis manos en su cabeza para acercarlo, pero para ese momento él rebuscó en mi bolso y puso mi llave en la cerradura. La puerta se abrió detrás de mí. Cruzamos la gran habitación rápidamente y nos encerramos en mi diminuta habitación. Mientras nos abrazamos de nuevo, comencé a entender el error que estaba cometiendo. Él estaba en mi cama, y yo nunca podría ser capaz de volver a dormir ahí sin pensar en él. Él me besó, y mientras abrí mis ojos, pude ver mi mesa de noche, mi gabinete de suplementos, sosteniendo el imán de la Ciudad de Nueva York. Él se tendió encima de mí, y por encima de sus hombros pude ver mi laptop

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brillando. Lo olí y saboreé y ahora cuando viniera aquí cada noche, pensaría en él, lo que era exactamente lo que nunca, jamás, quería hacer.

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Capítulo 17

Traducido por Gaby828 Corregido por Musher

M

edio dormida, abrí los ojos y me desconcerté por lo que estaba viendo. Hunter Allen estaba a mí lado. Su musculoso brazo desnudo rodeándome. Alcanzó mi archivador y tocó el imán de New York City.

A la luz de las farolas exteriores, se deslizó por la cama. Lo vi ponerse los pantalones y moverse hacia la puerta. No se abrochó el cinturón. Tal vez no se abrochó el cinturón, ya sea, porque le sentaban muy bajo en las caderas, tan bajo que me habría volteado a verlo ir si hubiese pasado en el pasillo así. Con la mano en el pomo de la puerta, miró hacia mí y me vio contemplándolo. Regresó y se arrodilló al lado de la cama, se inclinó hacia adelante y besó la punta de mi nariz. —Vuelve a dormir —susurró. Luego se marchó, con cuidado al abrir la puerta, sin un chirrido y cerrándola detrás de él. La puerta exterior del pasillo se cerró suavemente. Lo sentí más de lo que oí, un pequeño golpe a través del edificio. Sonaban pisadas en el hueco de la escalera, más y más alto en las paredes. Luego silencio. Tomé una larga respiración, disfrutando la última parte de su calor persistente en las sabanas a mi alrededor. Mientras mi pecho se movía, las sábanas calientes se deslizaban sobre mi piel, como si aun estuviera aquí. Pero todo estaba terminado y él se había ido. Finalmente, la respiración tuvo que salir de nuevo como un suspiro y yo estaba llorando, tosiendo. Me di la vuelta y tosí en mi almohada para no despertar a Summer y Jørdis. La almohada olía a él. Tuve la suerte de darme cuenta en Kentucky, que había sido engañada todo este tiempo. Me acosté con él para sacarlo de mi sistema, y el plan había fracasado. Él había saltado e hizo su camino hacia la puerta y hasta su piso tan pronto como volvió en sus sentidos y se dio cuenta de dónde estaba. Si hubiera esperado algo diferente, seguiría siendo la tonta que había tratado con tanto empeño en no ser. Se escucharon pisadas de nuevo en el hueco de la escalera. Descendiendo. No era Hunter. No podía ser él volviendo a mí. O si lo era, simplemente se dio cuenta que había dejado su abrigo en mi habitación, y su camisa… y su ropa interior. La puerta del vestíbulo se golpeó cerrada. Mi puerta se abrió. Sostuve mi aliento. Reuniría sus cosas y haría una salida apresurada. Cerró la puerta suavemente detrás de él. Se despojó de sus pantalones en la luz suave y se deslizó en la cama junto a mí. Debido a que había rodado para llorar en la almohada, había menos espacio para él ahora. Se presionó contra mí hasta que se deslizó con mi espalda contra él. Pequeños clicks sonaban detrás de mi cabeza, y luego el más mínimo pitido. Debe haber

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recuperado el Rolex de su habitación. Estaba poniendo el despertador. —Nunca te quitas esa cosa —susurré, esperando que mi voz no sonara temblorosa por el llanto—. ¿Por qué no lo usaste esta noche? —No quería saber qué hora era —susurró de vuelta—. Todavía no, pero estoy paranoico de perder esa prueba de anatomía. Prefiero quedarme aquí contigo para siempre. Lo dijo con tanta naturalidad. El reloj sonó unas cuantas veces más. Pero el calor se extendió por mi pecho, la adrenalina por la emoción y el horror. ¿Estaba diciendo lo que yo pensaba que estaba diciendo? Para verificar, susurré: —Pensé que este cuarto te hacía claustrofóbico. —No contigo aquí. Puso su Rolex en mi archivador, con un hueco sonido metálico. Luego se puso en mi contra como una cuchara, cubriendo mi cintura con su brazo. Beso mi cabello. Mi cama era un suave nido, rodeada por ventanas de la fría ciudad, pero sentí mis brazos aguijonear con golpes de frío cuando me besó. No estaba actuando como si me hubiera seducido por dinero. Actuaba como si estuviera feliz de estar conmigo y reacio a abandonarme. Si estaba en lo cierto esta vez, no le iba a gustar la historia que había escrito con ira la noche del jueves, la que discutiríamos mañana en la clase de Gabe.

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Me despertó besando mi boca en la luz gris de la mañana. —Mi prueba de anatomía es a las ocho —susurró entre beso y beso—. Mis libros están arriba —Me besó más profundamente, suspiró como si le estuviera tentado y finalmente se hubiera rendido. Se derrumbó sobre mi cuerpo desnudo—. No me quiero ir, pero tengo que. —Se levantó de encima y buscó sus ropas en el piso. Miré con recelo hacia él, pero supongo que era lo suficientemente temprano para que confundiera mis dudas con somnolencia. —Te veo en cálculo, ¿ok? Y escritura creativa. Mi cuerpo se estremeció cuando se inclinó y me dio un último y persistente beso. Luego abrió la puerta. Murmuró algo en la habitación más grande. Summer se rió. La puerta exterior se cerró. Me puse una sudadera y asomé la cabeza en la habitación más grande. Jørdis, en pijama y gafas de montura gruesa y pesada, hacia ruidos insatisfechos en danés mientras recortaba caras de su collage y tiraba el papel arrugado en la papelera. Summer se situó en el espejo de su tocador, igualando completamente su pelo con una púa. —Lo siento mucho, chicas —dije mientras entraba—. Debería haberles

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—Ridículo —sonrió Summer. Jørdis asintió.

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pedido permiso para que Hunter durmiera aquí. Es sólo que sucedió.

—¿Por qué crees que corta cabezas para mí? No creo que disfrute cortando cabezas —Estaba intentando digerir el hecho que ella pensaba en su arte como “cortar cabezas”, lo que era desconcertante, cuando continuó—. No me importa lo que hagas con él mientras no sea yo quien duerma en la recámara pequeñita. —Bueno, no tienes por qué preocuparte por eso —dije—. No volverá a suceder. —¿No lo hará? —chilló Summer, poniendo la foto abajo—. ¿Qué quieres decir? —¿Has leído mi historia para la clase de Gabe? —le pregunté. Ella asintió con la cabeza. —Fue diferente. Brutal. Quería preguntarte acerca de ella. Parece como si estuvieses deprimida cuando la escribiste, o cansada. —Enojada —corregí—. Se trata del chico del que Hunter me ayudó a alejarme el mayo pasado. Sus ojos se agrandaron. —¿Lo ha leído Hunter? —Obviamente no —dije. —¿Cuál es el asunto con esta historia? —preguntó Jørdis. —Es increíblemente sucia —dijo Summer. Ella y Jørdis se volvieron hacia mí, sus rostros indignados al pensar que iba a tratar a un caballero como Hunter de esa manera. —Honestamente, chicas —dije—, muchas cosas han pasado entre Hunter y yo,y nuestras familias en los últimos años. Más de lo que ustedes saben. Pensé que me estaba usando anoche. Estaba molesta y lo usé de vuelta. Pero ahora que ha pasado, creo que puede haber algo más entre nosotros que usarnos el uno al otro. Y si eso es verdad al final, sólo lo he jodido todo con esta historia. —¿Por qué sigues haciendo eso? —chilló Summer. —Estoy escribiendo lo que se —murmuré. —Tú no sabes una mierda —dijo Jørdis—. Ese chico claramente te ama. Se sienta aquí en la cama y recorta mis fotos con la esperanza de que pases. —¿Qué hago? —susurré.

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—¡Llámalo! —Summer forzó su teléfono en mi mano. Sintiéndome débil, me hundí en la cama de Jørdis y marqué el número que sabía de memoria. —Ocupado. —¿Quién llama tan temprano en la mañana? —Escríbele —dijo Jørdis. Deje caer el teléfono en mi regazo. —No puedo molestarlo con esto ahora. Se dirige a una enorme prueba de anatomía —Sacudiendo mi cabeza, le devolví el teléfono a Summer—. Intentaré hablar con él en clase de cálculo. Pero él entró en cálculo sólo para la asistencia técnica pasando de la prueba, probablemente porque había tomado más tiempo con su examen de anatomía. Se sentó a mi lado y me dio su sonrisa más brillante. Pero no podíamos hablar. Y mientras yo todavía estaba luchando con los números imaginarios, el volteó su prueba y se fue. Tuvo que haberse dirigido a la biblioteca a leer mí historia. No pude seguirlo porque tuve que ir a historia para convertir mi trabajo. Es por eso que me senté en la clase de escritura creativa en la tarde, estudiando detenidamente mi historia, leyéndola como Hunter la leería. Los otros estudiantes me miraban y susurraban mientras venían y se sentaban en sus sillas tapizadas. Puse mi mano sobre mi boca anticipando lo peor.

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Obediencia por Erin Blackwell —Harás lo que se te diga —decía su abuela—. Tu matrícula universitaria es un regalo, y no estoy obligada a dártelo. Si decides no seguir mis pasos, estudiar negocios y dirigir la granja de la familia…escojo no ayudarte. —La chica miró alrededor de la oficina de su abuela, al candelabro de cristal, la alfombra de seda persa, los libros encuadernados en rico cuero en las estanterías de nogal, y consideró las palabras de su abuela. Si ella tomaba la oferta de su abuela, renunciaría a su sueño de convertirse en artista. Pero, ¿cómo podía mantenerse a sí misma en el mundo? Estaría en la miseria y por lo tanto tan… bajo. La chica tomó su decisión. —Tienes razón —dijo ella—, y estoy segura que te agradeceré este duro amor cuando sea mayor. —Ese es el camino —Su abuela sonrió, un perfecto arco de lápiz labial color rojo sangre. Estiró el brazo con una mano perfectamente cuidada y sacó el cabello lejos de sus ojos por primera vez desde que esta discusión había empezado varias semanas antes—. Ahora que hemos establecido esto, ¿sabes lo que me haría incluso más feliz? La fiesta comenzó poco después de su charla. BMW, Mercedes y raros coches

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de colección estaban aparcados en el camino de entrada de su abuela en lugar de los entrenadores y finos caballos de ayer. La chica estaba en la alta ventana del frente, tirando hacía atrás la cortina de seda, mirando a su destino. Su familia era propietaria de la finca vecina, y su abuela había sugerido que juntos hacían una pareja excelente. ¿Y por qué no? La chica llamó a un camarero a su lado y tomó su tercera copa de vino de la bandeja. Él descendió su nariz en señal de desaprobación. No le importaba, ella estaba arriba y él abajo. ¿Correcto? —Correcto —dijo el chico, asegurando su propia copa y tomándola de la mano. Mientras la empujó a un rincón oscuro en la fiesta, él le susurró—. Me encanta verte de esta manera. —¿Cómo qué? —preguntó ella—. ¿Inútil? —Los herederos de una fortuna no son inútiles —la corrigió—. Nosotros simplemente socializamos. ¿Quieres socializar conmigo? Deslizó su mano dentro de su chaqueta de punto, desabrochó su blusa de seda por debajo y forzó sus dedos más allá de su sostén de encaje a su pecho. Suavemente le pellizcó un pezón. Electricidad se disparó directamente a su entrepierna. ¿Era esto lo que su abuela tenía en mente? Estaba segura de que su abuela la alabaría un montón por hacer amistad con el heredero de la finca de al lado, como instruyó. Ella no estaba segura de si su abuela aprobaría que el chico pellizcara su pezón en público. Así que le preguntó: —¿Has traído tu propio coche? —Como siempre. La tomó de la mano de nuevo. Esta vez la llevó serpenteando entre los cuerpos oscuros, bebiendo y riendo. La luz había empezado a difuminarse, pero le pareció ver sonrisas intermitentes a ella y al chico. ¡Ellos eran una pareja tan dulce y perfecta! Al pasar entre la pared y una masiva mesa de buffet que los protegía de la vista, el chico metió la mano bajo su falda y dentro de sus pantis. La pesada puerta frontal de la mansión de su abuela parecía abrirse para ellos como moviéndose y cambiando en frente a los personajes de una obra de Broadway o una producción de una película romántica de la época de la Depresión. Mientras se tambaleaba detrás del chico, fuera de la mansión y en el amplio patio, se dio cuenta que estaba a punto de perder su virginidad en un elegante Porsche negro, que sin duda no era humilde. Bien por ella. Colapsaron dentro en los asientos individuales negros de suave cuero. El chico se dio la vuelta hacia ella y la persuadió. —Desabrocha mi cinturón, Erin...

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—Buenas tardes —nos sonrió Gabe mientras cerraba la puerta detrás de él

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y se acomodaba en la silla tapizada en la cabeza de la mesa. Estaba contenta de que la clase estuviera comenzando. Había estado temiendo esto durante todo el día. Estaba un poco agradecida de que Hunter no estuviera. Me preguntaba dónde estaba. Esperaba que no estuviera actuando una de sus historias sexys para vengarse de mí. Y me hubiera gustado haber terminado de leer por encima mi historia de nuevo, imaginando qué pensaría él cuando lo leyera. Gabe levantó sus cejas blancas a la silla vacía de Hunter, a los pies de la mesa. Sonriendo a todo el mundo otra vez. Sonaban pisadas en la parte inferior de la escalera debajo de nosotros. —Hoy vamos a empezar con la historia de Erin, ¿de acuerdo? —dijo Gabe—. Ninguno de nosotros será capaz de pensar en otra cosa hasta que lo saquemos del camino. —La clase rió entre dientes. Summer me miró, su rostro simpático. Los pasos más pesados en el hueco de la escalera. —Manohar —dijo Gabe—. ¿Por qué no comienzas...? Hunter explotó a través de la puerta del aula, agitando mi historia en mi cara. Wow, debe estar muy enojado para tomar materiales de reserva de la biblioteca. Eso no estaba permitido. Probablemente tenía las alarmas y la policía del campus detrás de él, y debe haber dejado su identificación de estudiante. Eso estaba pensando cuando me gritó: —¿Querías que viera? ¿Querías que todos vieran? Me gritaste por no escribir el tipo correcto de historia, Erin y tienes un montón de valor. Cada historia que has escrito en esta clase, la has calculado para apuñalarme y torcer el cuchillo, desde que me diste el papel como tu mozo de cuadra en este pedazo de mierda de pornografía. —Lanzó “Obediencia” en la mesa frente a mí. Gabe nos estaba gritando. Gabe, que nunca había levantado la voz en el aula antes o mostrado algún tipo de rabia, estaba de pie delante de su elegante silla tapizada, su cara roja, gritando acerca de como en cuarenta años de enseñanza de escritura creativa nunca había encontrado tanta insolencia. En realidad uso la palabra insolencia. Me puse de pie, también, porque mientras estaba sentada, era inferior a Gabe y Hunter. Le dije a Hunter: —No parecía importarte la jodida pornografía anoche. —¡Lo estábamos haciendo, Erin, no escribiendo sobre ello para que todo el mundo lo lea! —¡Bueno, solo arréglalo, Hunter, puedes arreglar todo con tu encanto! El frente de su camisa se levantó y cayó con su rápida respiración, botones brillando bajo la luz de las lámparas de vidrieras de colores. Y en su mirada, vi todo lo que estaba pensando. Yo había escuchado lo que mi abuela le había dicho. Me había dado cuenta de que ella le estaba pagando para ver por mí, y él había fingido sus sentimientos por mí para ese propósito. Me había acostado con él de todos modos, y fingí mis sentimientos por él, a su vez. La única cosa con la que no había contado era que en algún momento durante los últimos meses, o la semana pasada, o anoche, sus sentimientos

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por mí se habían vuelto reales. Él pensaba que los míos seguían siendo falsos. Y a Hunter no le gustaba ser utilizado. Gabe nos estaba dando una charla. Todos en la sala quedaron boquiabiertos hacia mí. Una chica en el otro extremo de la mesa susurró: —¿Hunter es el mozo de cuadra de Erin? —Y me puse a llorar. Summer palmeó mi mano sobre la mesa. —Ve —dijo ella. —¿Dónde? —le pregunté. Mi voz rota. —Gabe dijo que lo esperaran fuera de su oficina —susurró. Efectivamente, Hunter se había volteado para salir, y Gabe me miraba fijamente con los brazos cruzados. Nunca había estado en la oficina de Gabe. Seguí a Hunter pisando fuerte hasta el tercer piso del edificio. Cuando salí de la escalera, lo descubrí en el otro extremo de la sala, la mochila colgada sobre su hombro, los brazos cruzados sobre el pecho, mirando por la ventana a la calle. A su lado estaba un sillón de aspecto cómodo, el único asiento en la sala. Di un paso hacia allí para esperar a Gabe, pero Hunter se volvió y me miró. Regresé a la escalera, decidiendo que esperaría fuera de clases en la cafetería del sótano. En el tiempo que la clase terminó, había escrito veinte páginas de una nueva historia y dejado de llorar. Subiendo la escalera de nuevo, vi que Hunter no se había movido. Se quedó mirando por la ventana ahora oscura, con su carga de libros al hombro. Esta vez no dejaría que me alejase del sofá. Caminé por el pasillo, me dejé caer sobre la silla y abrí mi libro de historia, como si fuera a engañar a nadie. —Bueno —La voz de Hunter se quebró al decir esto. Se aclaró la garganta—. Ahí va tu pasantía. —Que es exactamente lo que tú y mi abuela querían —dije sin levantar la vista de mi libro. Después de un momento dije alegremente—. Tal vez todavía tengo una oportunidad. Dudo seriamente que Gabe este en el comité. No me va a dar una recomendación estelar de la clase, pero puedo tratar de dejarlo de lado y presentar mi portafolio al comité. —Él está en el comité —dijo Hunter. —No está en el comité —insistí. Al menos, yo esperaba que él no estuviera en el comité. Había asumido que no lo estaba, pero era como si Hunter supiera algo que yo no. Tartamudeé—. Solo los peces gordos del departamento de Ingles están... —Te lo estoy diciendo —dijo Hunter—. Él está en el comité. Es el jefe del comité. Ha ganado la O. Henry y el Pulitzer. —¿Gabe? —A pesar de que me quedé boquiabierta hacía Hunter, me di cuenta que debe ser verdad. Un departamento de Inglés de Universidad con

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tan buena reputación no contrataría a un rechazado de una escuela secundaria varado para enseñar los honores de la escritura creativa. Él no se vestía como un vagabundo de playa porque estaba tan abajo en la pirámide que podría salirse con la suya. Se vestía así porque estaba muy arriba. Puse mi mano temblorosa en la boca sin habla por una vez. Hunter se sentó a mi lado en el sillón. —No eres la única con algo que perder. Si Gabe nos suspende, puedo darle un beso de despedida a la escuela de medicina. Todavía voy a estar arrastrando mi promedio fuera de este agujero cuando sea mayor. —Estas siendo un poco melodramático —dije débilmente. —¿Yo? Eres tú la que escribe relatos sobre… —Se detuvo—. No importa ahora. Sólo dime sobre Whitfield. —Su rostro era de piedra blanca. —¿Qué te importa?—repliqué—. Cada cosa que has hecho conmigo o para mí desde que llegaste a Nueva York lo has hecho porque mi abuela te pagó. No eres mi novio. Ni siquiera eres mi verdadero amigo, y no es de tu incumbencia. —Lo hiciste de mí incumbencia anoche —insistió. Miré en su intensa mirada azul por un momento. —Mí historia es ficción. Me miró ceñudo. —Tu nombre está en ella —¿Qué? No, no lo está. Lo escribí en tercera persona acerca de una chica sin nombre. —Tu nombre está, Erin —insistió. —Deslizamiento Freudiano —Uh-oh—. Quiero decir, es una especie de noficción —retrocedí—, pero sucedió hace un tiempo. No este fin de... Cerró los ojos y levantó la mano —Simplemente. Deja. De. Hablar. Estaba a punto de señalar que él era el que había comenzado a hablarme, cuando escuché rápidos pasos viniendo hacía nosotros debajo de la sala, demasiado rápido para ser Gabe. Isabelle corrió hasta nosotros y jadeó: —Erin. Gabe estará aquí en cualquier momento. No sé lo que te va a pasar o si te voy a volver a ver de nuevo, así que pensé que era importante decirte algo. —Está bien —dije, con cuidado de no mirar acusadoramente a Hunter. Esto tenía que ser sobre él.

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—Me encantan tus historias —aventuró, demasiado efusiva, inclinándose para poner su mano en mi antebrazo—. Las amo. Las espero cada dos semanas. Le he dicho a toda mi familia acerca de ellas. —Gracias —dije en vez de lo que realmente sentía, que era, no te creo. Te hubiera creído al comienzo del semestre, pero no ahora. Esto debe de ser una broma. ¿Dónde está la cámara? —No te he defendido en clases porque Manohar parece tan seguro de sí mismo —dijo—. Es difícil argumentar en contra y me he sentido terriblemente porque te he fallado. Pero me has inspirado. No sabía que a un gran escritor se le permitía escribir una historia así. —Al parecer, no lo soy. Es por eso que estoy en problemas —Le di unas palmaditas en la mano—. Aprecio esto, Isabelle —La cabeza blanca de Gabe apareció en el hueco de la escalera. Escenificando, susurré—: Te escribiré historias desde la prisión. —¡Esta bien! —se rió como si estuviera bromeando y pasó a Gabe en su camino de regreso por el pasillo. Me tensé mientras se acercaba a nosotros, y podía sentir los músculos de Hunter tensarse, también, a pesar de que no me tocaba. Sin embargo, Gabe había vuelto a su yo amable. Incluso nos sonrió mientras abría la puerta de su oficina y nos condujo hacia dos sillas en frente de su desordenado escritorio. Creció aterrador una vez más, mientras él mismo se metía en su silla y se apoyaba en sus codos sobre el escritorio. Con una mirada severa a mí y luego a Hunter, dijo: —Yo no pierdo la calma. ¿Me entienden? —Sí, señor —dijo Hunter. Hice una mueca y asentí con la cabeza. —Vamos a hablar de esto para que nunca pase en mí clase de nuevo —Gabe cambió su peso hacia atrás en la silla y juntó sus manos—. Así que, Hunter, ¿eres el mozo de cuadra de Erin? —Ninguno de los dos quería derramar nuestras entrañas o los secretos de nuestras familias a un anciano que probablemente nos suspendería a los dos. Pero cuando le expliqué el impulso para mi historia del mozo de cuadra, Hunter tuvo una opinión discrepante. Cuando Hunter defendió su historia del cuarto de baño, empecé a decir que no estaba diciendo toda la verdad. Fuimos dando vueltas y vueltas de esta manera hasta que Gabe finalmente dijo: —Soy de California y pensé que esa gente estaba jodida, pero Kentucky se lleva el premio, ¿no? Podrían escribir una historia acerca de esto —Se echó a reír. Hunter y yo no. Gabe se frotó un ojo—. Lo que nos lleva a la historia de Erin hoy, y lo que ocurrió durante el fin de semana que finalmente rompió a Hunter. Hunter frunció el ceño. No le gustaba la caracterización ni un poquito. Le di una patada mientras Hunter estaba abajo. Le pregunté:

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—¿Cuál era exactamente la directiva de mi abuela? —pensé que lo negaría, incluso ahora. Sin embargo, Gabe lo miró expectante, también, y con una lenta mirada hacia Gabe y una lenta mirada hacia sus manos una vez más, Hunter comenzó a hablar. —Se suponía que debía entrar en algunas de tus clases —Levantó la vista hacia Gabe, y miró hacia otro lado—. Tratar de ser tu amigo de nuevo. Hacerme amigo de tus amigos, así podía mantener control sobre ti. Llevarte a comer tan a menudo como sea posible para que no murieras de hambre. Mantenerte alejada de cualquier bueno para nada, pedazo de mierda, que tratara de meterse en tus pantalones. —Vamos —dije—. ¿Mi abuela dijo “pedazo de mierda”? —Ella pudo haber dicho “canalla”. —Eso suena más como ella. —¿Eso es todo lo que tienes que hacer? Él negó con su cabeza. —Traerte a casa en el Copa Breeders10. —¿Incluso si eso significaba mentirme para llevarme ahí? —No discutimos los métodos. Estaba desesperado en ese momento —Él se volteó hacia mí por primera vez en una hora—. Lo siento. —Hablando de métodos —dije—. ¿Se suponía que ibas a dormir conmigo? — Sus ojos se agrandaron, luego se deslizaron a Gabe y de nuevo a mí. —No, quiero decir, ya sabía que tu abuela no cree que sea suficientemente bueno para ti. Pero en el caso de que no estuviera claro, me lo deletreó específicamente. Sonreí diabólicamente, lo que era apropiado, porque me sentía como el infierno. —Por lo tanto, todo lo que tengo que hacer es llamarla… —No tienes teléfono. —... y decirle que dormimos juntos, estarás tan cortado como yo. —Ya lo hice —dijo. Jadeé audiblemente. —¿Cuándo? —Esta mañana antes de mí examen de anatomía —suspirando, cerró los ojos y puso su codo en el reposabrazos de la silla y su barbilla en la mano.
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Es un campeonato anual de carreras de caballos pura sangre.

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Se veía cansado en las últimas semanas. Ahora se veía derrotado. Lo estudié, este apuesto, brillante hombre, cuya vida no debería haber sido tan dura. Lo recordaba mirándose a sí mismo en casa de mi abuela. Al menos, eso es lo que había pensado al principio. Había dado unos pasos más y me di cuenta que sus ojos estaban cerrados, tal vez examinándose a si mismo desde el interior. —Hunter —dijo Gabe—. ¿Por qué no consigues un par de refrescos? — Hunter asintió brevemente y se levantó—. Espera —Gabe se inclinó hacia delante, sacó su billetera del bolsillo trasero del pantalón y agitó un billete entre sus dedos—. Suena como que puedes necesitar esto. —Divertido —dijo Hunter. Sin embargo, tomó el billete. Mientras se retiraba a la puerta y la cerraba detrás de él, me estaba mirando. —Erin —dijo Gabe, volviéndose hacia mí. —Sí, ¿señor? —pregunté en mi mejor imitación de Hunter. —Tienes un problema con la autoridad. —Sí, señor. —No puedes aceptar las críticas. —¿A qué te refieres con que no puedo aceptar criticas? —exigí. Gabe no se rió, así que dije—. Ja, ja, que broma. —Pero estoy tratando de darte el beneficio de la duda —dijo—. Lloyd Peters me dijo que eres una estudiante brillante y que escribiste un ensayo fenomenal para su temprana investigación de Literatura Americana. —¡Bleh! —dije automáticamente—. Quiero decir que, estoy encantada de que el Dr. Peters disfrutara de mi ensayo. —Él dijo que le rompiste a Nathaniel Hawthorne uno nuevo. —Como disparar peces en un barril —dije muy seria. —Y en mí clase —dijo Gabe—, aunque tu conducta en ocasiones ha sido menos que profesional, has asesorado fenomenalmente a tus compañeros escritores. De hecho, de acuerdo con las declaraciones de tus compañeros, has sido más útil que cualquier otro estudiante. Brian me ha comentado que unas cuantas sugerencias tuyas lo han ayudado. Summer. Isabelle. Hunter… —Chasqueó sus dedos—. Cual-es-su-nombre, como-lo-llamas, Chico-Lobo. —Kyle. —Y hace muy poco, Manohar. Estaba particularmente sorprendido por eso. Si hubiera sido tú, y Manohar hubiese dicho esas cosas acerca de mí primera historia, habría golpeado su obstáculo fuera —Todo eso lo dijo con

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una sonrisa jovial en su rostro angelical—. Y tienes un don —dijo. Esas palabras significan mucho más para mí ahora, después de todo lo que ha sucedido, que las que tenían cuando se las escribió a mi historia del mozo de cuadra. Dejó las palabras colgar en el aire entre nosotros como el encantador aroma de una vela en una tienda funky de SOHO. Tenía un don. —Creo que la historia original era mejor —dijo—. Las criticas de esa historia, de la clase, te enviaron en un viaje que no querías tomar. A veces es bueno para nuestros cimientos ser sacudidos. Lo que no nos mata, nos hace más fuertes. —Supongo —dije con amargura. Todavía no entendía por qué Manohar tenía que comentar primero. Gabe continuó: —Estabas escribiendo lo que pensabas que era una buena historia. No sabías que Hunter iba a estar en la clase, así que no estabas tratando de atacarlo. No estabas exorcizando demonios o volviendo a contar la historia de tu familia. Estabas inventando una agradable fantasía para ti misma. Todos hacemos nuestro mejor trabajo cuando escribimos una historia que queremos leer. Entorné los ojos, decidida a no llorar de nuevo. —No estoy segura si esta termina bien. —Termina de la manera que tú dices que termine —dijo Gabe gentilmente. —Creo que Hunter podría decir algo sobre eso. La silla de Gabe crujió cuando se inclinó hacia delante. —No estamos hablando de tu vida, Erin. Estamos hablando de tu escritura. Tu imaginación. Tu creatividad. Y es tiempo que aprendas que hay una gran diferencia entre tu escritura y tu vida. Para hacerlo bien, tu escritura toma una increíble cantidad de trabajo. Tu vida toma más. —Asentí con la cabeza lentamente. —Lo creas o no, he estado tratando de reparar mí vida. He planeado solicitar las prácticas profesionales de publicación. Gabe levantó sus blancas cejas hacia mí. —En serio. —Sí. Por tu tono de voz, suena como si me estuvieras diciendo que no tengo oportunidad de tener una bola de nieve en el infierno, y no debería molestarme.

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Separó su boca floja de su línea sombría para decir: —Eso es lo que estoy diciendo. Contengo la respiración. No podía llorar no pensar en mí vida en Nueva York, escritura desvaneciéndose frente a mí, quien también perdí. Pensaría sobre lágrimas. No ahora.

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delante de él. No de nuevo. Traté de mis pasantías, toda mi carrera de todo por mí enredo con Hunter, a eso más adelante y soltaría las

—Pero, Erin —Gabe tocó con su dedo sobre la mesa al compás de sus palabras—. Si estas tratando de hacer una carrera de escritura por ti misma, serás rechazada una y otra y otra vez —Tap. Tap. Tap. Tap—. Tienes que seguir adelante. Tienes que aprender a no aceptar un no por respuesta. Salí de su oficina insegura de si debería sentirme mejor o peor acerca de mis posibilidades en las prácticas profesionales, las posibilidades de publicación de mis escritos, y la increíble cantidad de trabajo que va a tomar ser amiga de Hunter de nuevo. Estaba sentado en el sillón, con tres botellas de soda junto a él en el cojín. Mientras lo pasé, me entregó una botella de soda. Tomé grandes tragos de refresco mientras caminaba por la oscura calle, pensando mucho. Estaba a mitad de camino a la cafetería cuando me di cuenta que tenía noventa minutos de retraso para el trabajo, y que había sido despedida.

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Capítulo 18

Traducido por aLexiia_Rms Corregido por Musher

U

na semana y media más tarde, leímos la historia de Hunter para la clase. Tenía miedo de que fuera algún tipo de recriminación; de un hombre que se venga de la perra que arruinó su vida. Pero parecía ser la reconciliación de la relación con su padre. Tenía la esperanza de que fuera verdad, y pensé que la historia era hermosa, pero el resto de las chicas en la clase no ocultaron la decepción de que no se tratara de su vida sexual. El mayor tema de discusión fue la hilarante historia de Manohar sobre un agente de bolsa indio uniéndose a una banda de bluegrass, que la clase argumentaba no era realista —todo el mundo menos yo. Después de la clase, fui a mi habitación y encontré un nuevo tubo de mi costosa crema para la cara en mi cama. Summer no sabía de dónde había venido, y dijo que no había dejado a nadie en la habitación. Jørdis dijo lo mismo, pero parecía culpable. Después de que Hunter se fue al hospital esa misma noche, me escabullí a su habitación y puse mi imán de la Ciudad de Nueva York en el pomo de su puerta. El proyecto de arte de Jørdis se incluyó en la galería de la universidad la semana siguiente. Todo el mundo había cortado caras para ella, lo que significó que casi todos en el dormitorio estaban allí para admirar nuestra obra. Uno de los más grandes collages tenía miles de fotos que a distancia formaban un retrato de Summer y yo. Un collage aún mayor, titulado “Watchdog”, mostraba a Hunter durmiendo, acurrucado en la cama de Jørdis con mi traje de danza del vientre colgando en la puerta en el fondo. Hunter estuvo en la apertura. De hecho, en un momento nos miramos el uno al otro a través de ese collage. Cuando regresé al dormitorio, una tarjeta de regalo para el restaurante en la esquina de la residencia había aparecido en mi cama. Summer quería que fuera con ella a su casa en Mississippi para Acción de Gracias, pero ninguna de nosotras tenía el dinero para comprarme un boleto de avión. Incluso Jørdis se dirigía a la casa de un amigo de Brooklyn. Summer intentó convencer a Jørdis que me llevara, también. Las ignoré. Yo iría al comedor a la triste cena de Acción de Gracias para los estudiantes extranjeros que no podían ir a casa y no tenían amigos locales, y me agradaría conocer gente nueva y fascinante. No hay problema.

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—Te conozco —dijo Summer—. No hay manera de que vayas a cenar el día de Acción de Gracias en el comedor. Vas a estar aquí en la sala, hirviendo fideos. Había pensado que estaría aliviada cuando Summer y Jørdis se fueran el martes, no porque me molestaban, sino porque sería bueno tener un lugar tranquilo y para mí, y podría escribir. Desde mi charla con Gabe, había estado trabajando en mi portafolio final del semestre. Me di cuenta de una forma de salvar a mi curso, también el de Hunter, y obtener mi pasantía, después de todo. Había incluido mis historias de la clase, además de las historias de Hunter que había fotocopiado en la biblioteca. Y alrededor de ellas, había rellenado el verdadero viaje que Hunter y yo habíamos tomado. Las historias en sí todavía podían ser explotadoras y corruptas, pero el portafolio en conjunto tenía cierto sentido de esta experiencia, y —apenas me atrevía a decir— una obra de arte. Todo lo que tenía que hacer era conseguir el permiso de Hunter. Trabajé duro al principio, a mitad del camino feliz me habían despedido, y decidí sacar el máximo provecho de este golpe de suerte de tiempo antes de encontrar un nuevo empleo. Sin embargo, las horas y el silencio me pesaban. Me encontré acostada en mi cama, mirando por la ventana, deseando que alguien interesante caminara, esperando cualquier ruido del piso de arriba, sólo para saber que había alguien en el edificio conmigo, haciéndome compañía. Me aferré a ambos lados de la cama cada vez que oía pisadas en la escalera. No sonaban como las de Hunter. Me pregunté si él había ido a casa. El miércoles por la mañana me desperté con mi computadora portátil abierta en mi barriga. Hunter estaba hurgando en mi armario, haciendo mi maleta. Bostecé y me senté. Mi laptop se cayó sobre las almohadas. —¿Mi papá va a estar allí? —Absolutamente no —dijo Hunter, sin levantar la vista de la ropa que doblaba cuidadosamente—. Pero me han dicho que estás sin trabajo, así que eso no es excusa para quedarte. Hay muchos vuelos a Louisville para… —El fin de la caída de mes —murmuré. Echaba de menos los caballos. —El final de la caída de mes —aceptó—. Y, ya sabes, Acción de Gracias, que sueles pasar con las personas que más quieres. Y ahí estoy yo. Dejó de doblar. Intercambiamos una larga mirada. —¿Has comprado los pases ya? —pregunté—. Pensé que mi abuela te desheredaría cuando le dijiste que nos acostamos.

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—Así era —dijo—. Pero ella me ha estado llamando para saber sobre ti. Creo que sigo siendo empleado por ahora. —¿Incluso después de que fueras tan malo? —Incluso después de eso. Ella no puede admitir esto, pero todo lo que realmente quería saber era que estabas bien y no la odias. Parpadeé. —Yo no la odio —dije, dándome cuenta de esto por primera vez. —Ven conmigo a Louisville, y díselo. —Está bien —Fingí resistencia—. Dame unos minutos para terminar este escrito y estar lista. Él asintió con la cabeza y señaló hacia el dormitorio más grande. —Voy a esperarte allí. Jørdis necesita muchas más caras cortadas para su proyecto el próximo semestre. —Qué alegría. Cuando se fue, abrí mi computadora portátil. Mientras me duchaba, imprimiría la colaboración en la que había estado trabajando para que Hunter pudiera leerla en el avión. Esperaba que aceptara. Rogaba que lo hiciera. Había una pequeña y resplandeciente posibilidad que a él le encantaría. Por suerte, estaba a punto de imprimirla, pero no tenía ningún título. Pensando en Hunter, cuya opinión me importaba más que la de Gabe en ese momento, escribí:

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Y me eché a reír. En el dormitorio más grande, conecté la computadora portátil en la impresora de Summer, y luego salí por la puerta con mi bolsa de artículos de baño, dirigiéndome a la ducha. Al mirar hacia atrás, Hunter levantó la vista de su revista y las tijeras, y me sonrió. Esta sonrisa era real.

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Sobre la Autora...

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ennifer Echols es una escritora americana de ficción romántica para

adultos jóvenes. Editora de un periódico, y ex-profesora de universidad, que actualmente trabaja como redactora independiente. Vive en Alabama — donde nació— con su esposo e hijo. Su primera novela, Crush Mayor, se basó en sus propias experiencias como la primera mujer del tambor principal de la banda de su escuela. Varias de sus novelas son ligeras comedias románticas, pero más tarde las novelas Going Too Far, Forget You y Love Story fueron más intensas y dramáticas. Crush Mayor ganó el premio del National Reader's Choice, y yendo demasiado lejos fue finalista de la RITA, el National Reader's Choice Award, y el Book Buyer's Best, y fue nominado por la American Library Association como el Mejor Libro para jóvenes Adultos. El Romantic Times describe a Jennifer Echols como “una escritora de enorme talento con un verdadero regalo para el desarrollo de las relaciones”.

LOVE STORY

JENNIFER ECHOLS

202

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