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Sobre Dios y ser homosexual

A, Cevallos (2012)

I

Justificación metodológica en filosofía y teología

i.

Introducción al metasentido.

Mi trabajo no es pretensioso. No cargo con trajes de oro ni mucho menos con corona; aunque siempre he dicho que las apariencias engañan. En cambio sí cargo con trajes de experiencia que me envuelven en una corona tormentosa, y me refiero tormentosa en tanto la convención de definir qué es lo que está enfrente de mí, al parecer no es bueno. He logrado adentrar los caminos de la historia filosófica del pensamiento y no tanto, en sí, de la materia pues a mi parecer subyace el pensamiento sobre la materia. A lo largo de mi trayecto filosófico ante la vida, Dasein*1, he logrado desarrollar cuestiones que al parecer no tienen respuesta. Mi trabajo demuestra la aceptación de un <sentido> más

puesto en sí mismo no es un sentido sino una intuición intelectual ya que reúne cinco sentidos previos para culminar con el metasentido, la razón de ser. Si al comparar los animales brutos con los antropoides humanos en tanto sentidos, ¿diríamos que ambos tienen cinco? ¿Qué ha pasado con el metasentido, aquél que le da una razón de ser a los sentidos. Hemos creído sin embargo que este <sentido> yace objetivo, como Dios, al común sin pensar de los sentidos, tal el animal bruto, que percibe y ve más no interpreta y pone un sentido, el metasentido. El metasentido debe ser aceptado y alegrado de serlo en tanto poner sentido a las percepciones, porque las percepciones están muertas, adolecen de vida. Existen tantas analogías, a través de la historia, que podrían cubrir mi propuesta inicial. Reconozco aún, que el humano en su tendencia natural de confort no logra hacer filosofía, porque filosofía es una tortuosa tarea, digna, de filosofar. La verdad está enfrente mientras buscan, los demás, alrededor. Existió, hace tiempo, una revolución que prometía unas imperantes cartas; el rey mandó sus aliados a entrometerse en la casa del dueño, buscaron y nunca encontraron, tumbaron la casa. La cuestión sería preguntar, ¿dónde estaban las cartas? La respuesta es, enfrente; sobre la mesa, envuelta en un sobre común y corriente, tanto que ni siquiera los malos podrían ver. Se podría decir, entonces, que el metasentido se ve implicado por regímenes morales. Lo curioso es que si se ve en retrospectiva se logra encontrar un eslabón perdido;

uno mismo y su metasentido. El prodigio de encontrarse y no tanto de encontrarlo. Aquí surge una filosofía nueva: La divinidad en uno mismo. No existe imaginación en el tiempo ni tiempo con imaginación, la vida no se presta para imaginar sino para hacer en honor de un metasentido; el tiempo va implícito de sentido más no de metasentido, pues el metasentido es atemporal y se le conoce en la contemplación y en su silencio, en la arguyera de razón. La verdad es que al parecer el humano se ha entregado a la historia textual y pierde de vista el presente con metasentido, un –darse- cuenta que las percepciones cobran un interés autónomo en su verdad y justificación. Me es curioso observar cómo el hombre busca tras atrás de la percepción, como si hubiese un más allá en los objetos. Me remito también a contradecir el metasentido en las matemáticas porque no existe matemática alguna en la percepción, porque tras la percepción no hay realidad, realidad que cobra metasentido a través de los sentidos – sensoriales-, conocidos hasta ahora como cinco. El metasentido no pretende ser, en sí, un sentido más sino una elaboración teórica de que el todo es más que la suma de sus partes (Gestalt*2); el cierre de percepción, el metasentido pone, vaya la redundancia, un sentido más elemental, de cierta manera, que los sentidos ordinarios, los comunes entre animales brutos y antropoides humanos, que son cinco. El metasentido, a reiterar, no es un sentido más sino su metasentido, lo trascendental, más allá de los

sentidos. Este sentido al parecer es universal y nos une en pensamiento a toda humanidad, nos da conciencia de sí misma a través de sentidos, como los animales brutos, y convergen con ideas que cada metasentido propone como constructora de idea. Se podría decir que la idea se forma a través de los sentidos brutos, pero no es, realmente, así. El metasentido, que supera a los sentidos, logra, al ser universal, elevarse sobre la materia y entrar a una era mental, en donde la materia sirve sólo como formación de una idea, más no, es una idea puesto la idea no viene a través de materia sino de metasentido; sin embargo, el metasentido sí se las ve con la materia para formar el metasentido. Me es curioso ver cómo la gente abomina a ciertos personajes de la época cuando en realidad no fueron error sino de la misma propia gente. Personajes, tal como Hitler; representa un metasentido torcido puesto el metasentido conviene en mayor grado con el Bien, y separándolo del metasentido teológico me subsumo más al enfoque de que Hitler nació a través, como culmen, de una segunda guerra mundial. ¿Qué esperaba la gente tras una guerra universal? Es cuando me ridiculizo en creer que Dios no existe porque Hitler existió, puesto Hitler fue el germen de una sociedad hecha por el hombre y hecha por Dios. Se podría decir que hasta aquí me fundamento para declarar que existe, de hecho, un espíritu metasensorial que converge con Dios. El humano y su sentido metasensorial no prometen nada sino tienen un propósito impreso, y que

indiscutiblemente se llega por fe, puesto la fe es como la imaginación, que se las ve con la materia y sus cinco sentidos; pero es sumamente preciso recalcar que la fe no tiene forma y por lo tanto no puede vérselas con la materia. Me subsumo en momentos de nostalgia cuando veo que la historia ha sido torcida por el humano mismo, ocultando crimen tras crimen, bajo inocente nombre. Reconozco que en la historia humana ha prevalecido el mal más que el bien, sin embargo el aceptar la naturaleza exacta de mis faltas hace que comulgue con Dios porque acepto que estoy condenado a la materia, por ello la contemplación es una virtud, la más excelsa del metasentido, su sentido mismo. Me impresiona, con qué facilidad, el humano se apodera del nombre de Dios, cuando Dios no tiene nombre mismo. La tierra prometida es aquélla que reflexiona su sentido y se logra iluminar con que el mundo, a pesar de ser materia y estar destinado al error, subyace inferior ante la mente, pues el metasentido es superior, es un extrasentido, un suprasentido, extrasensorial*3. Está inclusive comprobado por la Ciencia que las ondas magnéticas viajan en radiación por la producción de sonidos generando una impresión en la materia, sea en este caso el agua. Existe entonces un metasentido, que no es perceptible por los sentidos corporales más sí mentales. No son de hecho opuestos sino, podría decir, necesarios para el hombre; en este sentido el alma sí se ve vista prisionera de materia, y sentidos brutos sin metasentido. Dios ha muerto. Precisamente diría que

no, más el Dios que sí ha muerto es el metafísicoconceptual, más no metafísico-sensorial. Es aquí donde se une materia, particular, con mente, universal. No son dos cosas distintas, sino una misma. Podría decir que la mente sin materia es vacía y la materia sin mente es ciega, como los sentidos brutos materiales, corporales, más no mentales ó metacorporales. Podríamos decir que el metasentido es entendimiento en su justificación perfecta según lo percibido por los sentidos; más el metasentido no es precisamente entendimiento sino que se eleva hasta la razón pura y logra converger con una idea en particular, Dios. Es entonces todo esto una fe racional, sin forma, que tiene justificación en la medida de la argumentación misma, que viene precisamente del metasentido y no de sentidos corporales, brutos, ineptos e inclusive míseros en sí mismos, de hecho se podría decir que son nada, están impregnados de vacío que no prometen una propuesta al sí sentido metasensorial, el conducto que lleva al hombre con Dios. Creo que el problema parte del axioma de que Dios es objetivo, y está, incluso, fuera de nuestra percepción. Puedo proponer que Dios no está mezclado con las percepciones sino con el sentido metasensorial de Ser humano, a través de sus percepciones. Las percepciones, y la materia, no justifican una Deidad, más un metasentido sí lo justifica en tanto no converge, necesariamente de impresiones brutas, sino bien de un sentido puesto por el hombre; este sentido no es físico, es extrafísico, metafísico.

Es derrocharle a la Física que condena a la metafísica a cuestionar sus propios fundamentos en tanto contradicción a sus propias leyes físicas de la naturaleza. La mecánica cuántica no es una excepción en esta falsa científica. Los físicos creen, ingenuamente, que el mundo está reducido a cinco sentidos, y que no puede el hombre exceder esta línea, aparentemente, amarilla; cuando en realidad sí puede. La Física misma está sustenta bajo metafísica, aún cuando la condenan y la exclaman de especulativa, no es acaso la mecánica cuántica un especular de la razón; claro que lo es. Porque los sentidos, percepciones, no pueden serlo sin un metasentido, y a este metasentido le convive al humano. La cosa que más aborrece la razón es la arrogancia, y cosas que la filosofía me ha enseñado, porque sí se puede aprender a filosofar en la cuestión de interés, que el enemigo jamás podrá negar cuando su adversario está actuando Bien, bajo el impreso metasensorial; que tienda al Bien. ¿Entonces cómo es posible la maldad en el mundo, y no en el universo precisamente, si es que Dios finalmente existe? Cambiando paradigmas existen respuestas que antes no se reflejaban posibles, tal como la que presento anteriormente. El ejemplo del que vivifico mi escrito logra irse al trayecto en que Hitler no fue un error de la naturaleza, ni mucho menos de Dios, sino del hombre. Una ley universal unánime es que todo efecto tiene su propia causa. Con esto me adjunto dos problemas y una sola respuesta. Hitler es el efecto de la segunda guerra mundial;

y, los sentidos, cinco que se conocen, no son nada sin un metasentido, la causa propia. ¿Por qué esperar una recompensa reflejada en materia cuando nuestra ambición, y alma, están enviciadas y avariciadas por el poder? Hitler no fue la excepción ante las circunstancias trágicas de una guerra mundial, odio universal, contradictorio a la suma ley metasensorial, tender al Bien. La materia, en cambio, tiende al mal. Así es, y así será.

ii.

Sobre la objetividad en el metasentido.

Es difícil hablar de lo objetivo puesto lo objetivo es sólo uno, el Bien. Sé que a lo largo de la historia se ha tornada perversa pero desde los ángulos que lo justifiquen así. Es mi tratado de mostrar cómo es posible una concordancia entre el metasentido, en este caso el hombre, y Dios. La historia ha lastimado la conceptualización, aunque ésta no sea nada sino con un sentido, el metasensorial. Las interrogantes de oro han sucumbido a esta época, postmodernista, es también una evolución mental. Se busca mucho de la yoga, y mucho de otros tipos de metodología, en búsqueda del Bien, encontrarse uno mismo; no encontrarás a nadie, ni a Dios mismo, sino a ti mismo; y tú eres responsable de tener la conciencia limpia puesto el enemigo jamás negará el bien que una persona emplea. Al hablar de metasentido requiere romper la objetividad y hacerla, siempre subjetiva en tanto metasentido, más

objetivo en tanto materia, como “Ciencia”. La Ciencia verdadera es la filosófica, aquélla que te conduce a la Verdad. Se ha derrochado la filosofía. Nietzsche ignoró su propia ley, ir más allá del Bien y del mal. De cierta manera el mal comete al Bien, es necesario que el Bien se reconozca y éste reside en ti mismo. Es Virtud aceptar el mal que cargas contigo mismo, ¿Por qué? No sé; a decir, nuevamente, la fe simplemente no tiene forma. Cree el santo que por estar apegado a una estatua tendrá más conexión coparcial a Dios, cuando Dios no está atado a una figura, material, sino a ti mismo, en ti mismo.

iii.

Sobre Dios y los sentidos.

Es ingenuo creer que al percibir objetos, éstos se hagan cargo de nuestras percepciones. Lo único impreso es percepción, y no sentido. El sentido metasensorial, que no converge con la materia, podría decirse que sí está en una especie de condenación material. Los hechos lo están demostrando. El apocalipsis vendrá, y habrá terror, horror. Cosas que nunca creyeron capaces de concebir en tanto maldad de la materia. Un árbol científico, del Bien y del mal. Elevarse conceptualmente implica maestría. No es fácil de demostrar pero sí de pensar, y tener una justificación, que al parecer ahora sigue incognoscible, no al menos hasta ahora. Que propongo la introducción de mi filosofía a los Cánones de Dios. La iglesia Católica cree

que apegándose a hace 2,000 años sobrevivirá, la iglesia Católica, lo que necesita, es un concilio vaticano; y que piensen bien las cosas. Existe tanta contradicción en tanto lo que predican a cómo lo que piensan. Porque si una enseñanza es la pobreza entonces porque predicar con el hecho de riqueza. ¿Por qué prohibir al hombre comulgar con Dios cuando lo que predican contradice lo que hacen? No me acometo a faltas físicas, digamos más, metafísicas, metasensorial. ¿En nombre de qué la iglesia Católica dice que la homosexualidad es una enfermedad, que la <cruz> es abolir la sexualidad, quitarle el placer al humano porque éste es malo, y pertenece a ámbitos quiméricos de la fe el conceptualizarlos. La dignidad humana es unánime, el que cambia el sentido es un metasentido, implicado por el hombre; es el eslabón perdido, tu sentido. El hombre debe poner su propio imperativo categórico, que a pesar de que Kant lo logró resumir en una sola frase:

Obra de tal modo que la máxima de tu voluntad siempre pueda valer al mismo tiempo como principio de una legislación universal. – Kant
Puedo decir que esta colaboración intelectual propone mucho de mi trabajo, puesto aunque la razón pura no sea en

sí el metasentido, la razón logra congeniar con la materia más nunca será el sentido extrasensorial, metafísico, intangible e impensable, más sí justificable, y simplemente, hermoso, que es el Bien, el justificar el Bien es a través de un metasentido y no simplemente de la razón, aunque necesariamente el hombre tenga que vérselas, por cuál misterio, con ella, para poder llegar a su Bien, impuesto por cada humano, no afuera del humano sino dentro del humano; de uno mismo y de nadie más. La metasuma de Bien logra compensar el mal físico y sus matemáticas. La razón es el lobby al mundo metafísico, pero a mi parecer, la razón debe trascender a idea, es una nueva ciencia psicológica, fundamentada en su filosofía. La

metapsicología. Existen niveles en la realidad aparentes físicos que son menos sublimes a la interpretación que se les dé, en su sentido trascendental; por eso existe el arte, para darle calidad a la interpretación en su icognoscibilidad <conceptual>, impresa de alma. No es posible seguir con las matemáticas, éstas son arcaicas, y aunque logran contribuir al labor social, estás no son en sí, elementales para el alma que no converge con matemática, puesto es metafísico, y sólo se le conoce en el metasentido, distinto al animal bruto que sólo utiliza sus cinco sentidos. Lo chistoso es ver cómo los físicos escabullen con metafísica, y a la vez la niegan. Niegan la existencia de Dios, y se explican el mundo materialmente, físicamente,

numéricamente, divisiblemente, y solamente, y únicamente

perceptivo a través de cinco sentidos, los brutos. Todo logra cambiar cuando el hombre se ve potencializado, por cuál misterio, a dar un metasentido a esos sentidos físicos, que en sí, no son nada más sí representan algo fundamental cuando el hombre obtiene de sí mismo, una conciencia limpia; basado en la filosofía práctica kantiana, crítica, a la vez. Es a resumen que Dios no se las ve con lo físico, sino con su sentido metafísico. Dios no tiene contacto con los sentidos; sólo con su metasentido, el hombre siendo inferior a Dios sí se las ve con los sentidos, para <pasar información> a su metasentido. Aquí convergen la razón y el alma, siendo opuestos más apodícticos en el humano, como vía a Dios, el Bien.
*1 Dasein es el concepto que Heidegger propone para aquél que reflexione sobre qué es el ser. *2 Corriente psicológica *3 Diferentes formas de manejar el concepto metasentido.

II

Justificación del mal en Dios

i.

¿Qué es el mal?

Ciertamente el mal implica diversas cuestiones filosóficas, en tanto poder, verdaderamente comprender, qué significa que en el mundo haya mal. Sin embargo mi alma se arrulle en el arte y no permito que el mal me afecte porque me aflige que la iglesia es Católica como proclame sí, en que la

homosexualidad

mala,

verdad,

ingenuamente, fuese a proceder por un ente maligno con cola y cuernos, rodeado de fuego y en un rechinar de dientes. La iglesia Católica propone la discriminación humana y el racismo; la homosexualidad es buena, y puede, más debe, vivirse plenamente. Me apego siempre, en cuestiones razonables, y más, dignas al alma. Creo firmemente que la procreación no es, en sí, el fin humano, sino su felicidad, su Bien. La contradicción permanente en la iglesia Católica, y que me toca el deber de corregir, es pues, que se justifique a las personas heterosexuales sin procreación, con la premisa oculta de que eso unifica los lazos armónicos, metasensoriales, entre hombre y mujer. Sin embargo, subsiguen en la ingenua argumentación de que la homosexualidad es mala, y según el antiguo

testamento abominable ante Dios. La iglesia Católica justifica los actos sexuales heterosexuales, en matrimonio, sin necesidad de procrear. Porque unifica lazos. En la cuestión homosexual, el fin no es meramente procrear sino armonizar con otro lazo homosexual, en su felicidad y justificación de ser finalmente, homosexual. No puede venir alguien a decirte que es malo lo que en ello hay felicidad. Ama y haz lo que quieras, dijo Agustín; Obispo, hacia el 300 d.C., filósofo y teólogo místico, Católico; converso del <pecado> al Bien. Al camino de la filosofía, de la sabiduría. Porque finalmente la Verdad reside en uno mismo. En ti mismo. Es a fin de todo que el mal es la justificación de Dios. Gente ingenua, no logra ver para creer que el mal no converge con Dios, sólo al hombre le toca vérselas con el mal. ¿Por qué? Es un misterio, que logra, aquí, tener una ciencia metafísica bajo principios que me veré obligado a exponer posteriormente, para demostrar la argumentación que propongo como base de que la homosexualidad no es mala, y debe practicarse; los homosexuales son igual de dignos ante el alma Perfecta, que los heterosexuales, lo que se condene en la homosexualidad sea así en la heterosexualidad. Porque no hay mal por Bien, sino mal en Bien. No son separables. El humano está condenado al error, nunca podrá ser perfecto; siempre quedará la melancolía individual, ante el mundo y uno mismo. Dios, el Bien en el mundo; que sólo llegará a través de ti, en una conciencia limpia. En este apartado me

tomo la libertad de expresar que los siete pecados capitales y las siete virtudes cardinales son simplemente la naturaleza humana; todos estamos acometidos a ellos y sólo el virtuoso se preocupará por derrochar las capitales para entrar a un ámbito cardinal, donde existe el plano cartesiano, que unifica a Dios con el hombre, en una manera vulgar; nunca se podrá matematizar la fe, y el anhelo del alma. La iglesia Católica predica que los pecados capitales no son naturaleza exacta del humano, cuando, en realidad, sí lo son. El hombre está destinado a pecar, el virtuoso elegirá el acto menos pecaminoso, en virtud de guardar su alma en quietud. El mal impera en el hombre, no en Dios. El hombre no puede deshacerse del mal, y ciertamente la homosexualidad no es mala sino más bien se ha categorizado mala por su inefectividad procreativa, pero ese no es el fin humano; sino el amor, el Bien, la unión, y ésta se puede encontrar, no en la procreación, sino en el trato humano sin necesidad de procrear; por lo tanto le es lícito al homosexual practicar su naturaleza humana sin que caiga en <pecado>. Lo que es <pecado> en la homosexualidad, lo es en la

heterosexualidad; ir encontra del Bien, y el Bien no es procrear. A pesar de todo, elevarse conceptualmente es una maestría y dignos aquéllos que alcancen la Verdad. Que más decir que el mal es aquello que tiene interpretación de mal dentro de un metasentido, no es un mal objetivo sino

subjetivo; las circunstancias son justificables, el sentido no. Debe, pues, el Dasein entender qué es mal.

ii.

Sobre voltear la mejilla en Cristo.

Esta cuestión ha logrado ser una disputa teórica puesto el humano no tiende, instintivamente, a voltear la mejilla para que se la golpeen. Es abstención, a la venganza. Misericordia, no sacrificios. El sacrificio es cargar con una <cruz> de homosexual y no poder ser feliz a deber de un dogma infundado sobre el Catolicismo; que ciertamente es erróneo y se debe aplicar un concilio vaticano para que piensen bien las cuestiones que creen tratar sobre argumentos, irracionales, tal la homosexualidad. Es, pues, mi deber voltear la mejilla y contribuir con el Cristianismo, proponiendo una reforma teológica y por ende, filosófica. Esta reforma urge, los medios están aquí. La Cristiandad tendrá que poner su mejilla también, en la humildad, para aceptar dicho tratado que propongo desarrollar a lo largo de mi vida. Ciertamente el <voltear mejilla> no es sino un acto de humildad sin consentimiento a la

descriminalización. Pero, ¿no es acaso discriminación el que me nieguen la <comunión con Dios> por ser homosexual? El homosexual es tan digno como Cristo puesto el homosexual, ciertamente, puede llevar a cabo la tarea Cristiana, y la tarea Cristiana no es, precisamente, la reproducción sino la moral, el bien por el prójimo, la

conciencia

limpia

para

poder

entrar

en

terrenos

aconceptuales, el alma no tiene concepto, tampoco forma. El hombre ha creado dogmas de fe para subliminar la representación aconceptual pero estos dogmas de fe no son la forma de la fe puesto la fe no tiene forma, ni dogma. No es la virgen maría subiendo al cielo en cuerpo y alma, sino sólo una interpretación, una forma de fe; más no es fe, eso. La fe no puede ser implantada sino vivificada, en su metasentido. Esto no quiere decir que en el metasentido la fe logre cobrar forma; la fe es incognoscible. Es hora de justificar a Cristo en el metasentido, en su moral universal; que a la fecha perdura Santa, porque lo Santo no se puede manchar, y el Bien por el prójimo siempre es Santo; no puede ir manchado de premisas ocultas malas. El Bien por el prójimo, es pues, la constancia de que las enseñanzas de Cristo pueden llevarse, a cabo, en la actualidad. Dios tiene su camino, su ciencia; pero nunca podrá la impotencia racional adentrar los senderos de la fe. Estos son, en principio, individuales y no universales. Cada individuo contiene su justificación para llegar a Dios, y esta justificación es precisamente el mal. La mala intención metasensorial, no el mal material, que no afecta nada puesto es nada. Es pues, necesario voltear la mejilla y comprendernos similares; homosexuales y heterosexuales, llevados, ambos, al mismo fin; el Bien y su felicidad. El negro nunca será blanco, pero el negro es siempre tan digno como el blanco. Aunque uno esté limitado, aparentemente

en color, lo está más en estigmatización conceptual, de que es malo ser negro. Esto era al cabo una revolución hace unos setenta años; el blanco terminó aceptando al negro después de odiarlo. El heterosexual deberá aceptar al homosexual después de odiarlo; porque después del odio hay amor, después del mal está el Bien.

III

“Dios se hizo hombre”

i.

El hombre no es perfecto.

Dios no pudo haberse hecho hombre porque el hombre es imperfecto, si Dios se hubiese hecho hombre hubiese entonces que quitar la categoría hombre porque hombre no es perfecto. Es por lo tanto que Dios encarnó más no siendo hombre, sino Dios mismo. La frase de Nietzsche sobre la presunta muerte de Dios es sino un hecho coherente. El hombre muere y Cristo es representado como hombre, por lo tanto tuvo que haber muerto. Es de hecho que Dios murió, cuando Cristo murió. No es posible llegar a las tajantes a las que Cristo, Dios, llegó, puesto esas tajantes no convergen con el hombre sino con Dios mismo. Perfección; cuando el hombre es perfecto deja de ser

hombre y es, Dios. No es posible imitar a Cristo, es digno anhelar su conciencia limpia; es trabajo de uno, pues, elevarse como Cristo lo hizo. Elévate, y desciende a Dios, a través de ti mismo, no de los demás; porque la fe mueve montañas. Lo similar sólo puede entenderse en tanto sea similar a lo asimilado. Dios mismo. Es pues, en resumen, que el hombre puede llevar a cabo la enseñanza Cristiana para su conservación pero nunca será Cristo, porque Cristo no fue hombre; el hombre muerto cristiano, en efecto, murió. Ya no está físicamente, únicamente metasensiblemente, fe sin forma. ¿Qué es pues, la materia sin metafísica? Nada. Cristo enseñó la práctica para adentrar el alma a su sentido metafísico, moral subjetivo; no objetivo, como la iglesia Católica pretende que sea. Cristo no quedó manifestado a través de la historia. Cristo está manifestado en el sentido de vivir una existencia mala. El reino posterior intelectual que desconozco por completo puesto, la fe no tiene forma. Es el anhelo inextinguible de un humano, lo que descubre a Dios.

ii.

La inmortalidad del alma y el pecado.

No es acaso lógico que la inmortalidad del alma se vea justificada a través de la avaricia humana como imitación de aquella sublimación que desea alcanzar. La materia quiere imitar al alma, en su inmortalidad. El hombre, en su perversión natural humana, tiende a buscar la perfección, la inmortalidad. Ésta siempre será mortal puesto lo físico es

contingente, es nada. La trascendencia metasensorial justifica que el alma sea inmortal y que la muerte es sólo encarnada. El metasentido es pues, sino la metafísica inerte a la muerte que trasciende materia y logra unificarse a su universalidad extrasensorial, <el día de un juicio final>. Es pues, a fin de cuenta que el hombre debe llegar a ser superhombre, alguien que transgreda la moral, en el más allá del Bien y del mal; entendiendo que moral no es sino una convención social y no son leyes objetivas fuera del hombre, sino dentro,

eminentemente subjetivas. La homosexualidad se las ve con transgredir la moral convencionalmente aceptada,

aparentemente el <Bien>; es hora de edificar sobre este edificio; el hombre no progresa, evoluciona, únicamente en la materia, sino en el pensamiento. Es tiempo de evolucionar la razón, entrar a una era extrasensorial. El sentido humano inmortal, que permanece trascendental, sin tiempo ni espacio. Es, pues, un destello de descubrimiento el que la inmortalidad humana se vea justificada, en su sentido extrasensorial; ajena a su perversión, la materia, tiempo y espacio. ¿Qué pruebas puede el hombre pedir ante Dios cuando éstas están sobre la percepción individual? No son pruebas objetivas, son pruebas subjetivas; que sólo en la meditación y contemplación, filosofía, puede el hombre descubrir y ser poseedor de la tierra, porque la naturaleza tiende a su amo, el hombre. Es, entonces que, el alma es inmortal y el pecado es materia que no converge con el alma más sí es necesidad del alma tener materia con la cual pecar. Porque es naturaleza humana el

pecar, siempre serás pecador mientras seas virtuoso en algo; Cristo, nunca fue pecador, por lo tanto Cristo no fue hombre.

iii.

Dios es incognoscible puesto no es hombre, como Cristo tampoco lo fue; y si lo fue, murió.

Es fácil entender por qué ha sido difícil interpretar las enseñanzas Cristianas en un mundo tan cruel. El <voltear la mejilla> suena paradójico cuando se desea llevar a cabo en el mundo. Parece como si Dios, en hecho, no existiese; y a decir más, Dios en hecho no existe, porque los hechos consisten de tiempo y espacio, y Dios es atemporal, igual que él hombre en su metasentido trascendental. Las enseñanzas de Cristo estuvieron impregnadas de iluminación y el humano no se ve potencializado, a no ser de contemplar y reflexionar. Dichas virtudes conducen al camino de entender la Verdad incognoscible, siempre cuando se tengan los argumentos, sus fundamentos y circunstancias, al tanto. Porque la Verdad no es sino justificación en entendimiento. Dios no tiene forma pues, al igual que la fe. Las enseñanzas de Cristo, tampoco tuvieron forma ni manera; estás murieron en la crucifixión, sólo quedó el metasentido moral. Ver por el Bien del prójimo, al igual que el tuyo. Dios, por lo tanto, es incognoscible, pues no tiene forma; Dios reside en la justificación de aquél anhelo que el alma busca siempre. No existe el ateo, el ateo tiene a Dios, también en forma. Dios no es, pues, forma; materia. Tanto el ateo como el católico están erróneos en ponerle forma a Dios,

a la fe. A lo incognoscible que se justifica a sí mismo en la mediocre materia, sin sentido. Es pues, el hombre un metasentido que culmina gracias a cinco sentidos brutos previos; ver, oír, olfatear, tacto, deguste. Falta, pues, el metasentido de ver, oír, olfatear, tacto, deguste. No lo llamaría el sexto sentido puesto no es, en sí mismo un sentido tangible, sino un sentido metafísico. Es pues, el metasentido. Lo que priva a los animales brutos de no ser hombres; el hombre se priva, así, de ser Dios, en la medida que crea que Dios está afuera y no dentro de uno mismo. Porque Dios, puede cualquiera llegar a ser, actuando en fe.

La fe mueve montañas. – Cristo

IV

Conclusión

La moral no posee rectitud en cuanto acto, sino valor moral en tanto intención conforme a máximas individuales. Dios, es pues, subjetivo y no objetivo. La característica <objetiva> de Dios es el Bien, que no converge precisamente en el acto sino en la intención extrasensorial; el metasentido de las percepciones brutas. Este metasentido está impreso por leyes morales que rigen la conciencia hacia la tendencia del Bien. Por más perverso y trastocado que la apariencia engañe, el hombre siempre estará actuando bajo el régimen de conseguir algo Bueno para él mismo, ser Dios; inmortalizar su alma, sólo que esto no se logra a través de la materia y sentidos brutos, sino a través de la conciencia trascendental, universal y el metasentido; ser un superhombre que transgreda la convención social moral y permita liberar el alma humano hacia el entendimiento de qué es Dios, y no cómo es Dios. La fe no tiene forma y Dios es fe; Dios no tiene forma. Aquél eslabón perdido en la física cuántica, metafísica, no es sino un mismo reflejo de Dios. Aquello que reside sin conocer es lo incognoscible; Dios.