"Brasil-Argentina: la hora de la verdad" Argentina: una enseñanza de Carnot

por Lyndon H. LaRouche El autor envió el mensaje siguiente a la cuarta reunión "Brasil-Argentina: la hora de la verdad", que se celebró el viernes 18 de enero en la ciudad de Passo Fundo, Río Grande del Sur, Brasil.

17 de enero de 2002
Hago llegar el siguiente mensaje de saludo a la estimada reunión de ciudadanos de Argentina y Brasil: En mi calidad de precandidato presidencial, siento una grave preocupación patriótica por el peligro que mi nación se viene ocasionando a sí misma y al mundo en general. El peligro proviene más de las consecuencias de las tonterías constantes de mi propia república que de cualquier aparente adversario externo. Expreso la misma preocupación respecto a los aliados naturales de mi república en este hemisferio, como lo son las repúblicas de Argentina y Brasil. A últimas fechas, hemos entrado, todos y cada uno, al período más peligroso, desde el Tratado de Westfalia de 1648, de la historia de la civilización europea extendida por el mundo. Siendo el pronosticador económico que ha acertado más sistemáticamente en los últimos treinta y tantos años, les aseguro que la crisis en la que hemos entrado este año no es una mera depresión económica mundial, sino la amenaza de la desintegración general de toda la civilización, cuya consecuencia, más bien inmediata, pudiere ser una prolongada era de tinieblas en todo el planeta. De manera inevitable, el estallido de los últimos meses de la fase terminal del hundimiento del sistema monetario y financiero mundial posterior a 1971 nos ha sumido en un nuevo período de intensa guerra mundial y otros conflictos homicidas. Los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001 y la creciente ola de guerra que se ha levantado desde entonces, deben apreciarse, de modo semejante a los golpes de Estado de Adolfo Hitler en 1933–1934, como una expresión coherente y correlativa del hundimiento del actual sistema financiero y monetario del FMI. Estos sucesos críticos confluyen con la insurgencia, preparada desde hace rato, de un llamado programa militar "utópico", al que están vinculados personajes estadounidenses como Zbigniew Brzezinski y Samuel P. Huntington, e inspirado en el precedente histórico inmediato de las Waffen-SS nazis internacionalizadas. El intento de golpe de Estado del pasado 11 de septiembre en contra del gobierno del presidente estadounidense George W. Bush, y los intentos de meter a los Estados Unidos en una forma utópica de alianza militar con la actual dictadura militar de Israel, para emprender una guerra mundial genocida étnico-religiosa, son la realidad en la cual se sitúan en lo inmediato las amenazas que enfrentan Argentina y Brasil. La amenaza militar de estos traicioneros utopistas contra la Constitución de los Estados Unidos y otros objetivos es lo que constituye la característica especial de la mortal circunstancia presente. ¿Cómo enfrentaremos el componente militar de esta amenaza? Haré una observación que no se debe subestimar en estas circunstancias. Desde que el presidente estadounidense Harry S. Truman echó al general Douglas MacArthur, la política militar de la OTAN y de los angloamericanos ha rechazado el principio del ciudadano soldado que fue la premisa de los grandes avances de la filosofía militar de los siglos 18 y 19. Esas tradiciones, que permitieron que los Estados Unidos

ganaran la guerra de la independencia, la guerra civil de 1861–1865 y la Segunda Guerra Mundial, cada vez más ha sido socavada, subvertida y reemplazada por una nueva doctrina militar y estratégica. En realidad, el propio MacArthur, así como el presidente Dwight Eisenhower, el distinguido senador estadounidense William Fullbright, etc, atacaron estas perversiones de la política militar. Estas doctrinas militares perversas, "utópicas", tal como las presenta Samuel P. Huntington en su libro de 1957 The Soldier and the State (El soldado y el Estado), son un intento descarado de revivir la doctrina y práctica imperiales de las legiones romanas imperiales paganas. Esa tradición imperial romana fue repetida por los ejércitos privados que desplegara la Compañía de las Indias Orientales británica, y fue también el modelo utilizado para establecer el primer Estado fascista moderno, el del emperador Napoleón Bonaparte, y su copia directa, el de Napoleón III. Adolfo Hitler copió el fascismo de Napoleón y el de su seguidor Benito Mussolini. La tradición de las legiones romanas fue el modelo de la evolución internacionalista de las Waffen-SS nazis. Esa tradición pagana romana y el precedente de las Waffen-SS nazis han servido de modelo a la doctrina militar de los utopistas militares de los Estados Unidos, como Zbigniew Brzezinski y Huntington, promovidos por instituciones como las fundaciones Smith-Richardson, Olin, Mellon-Scaife y otros. Ese utopismo es la mayor amenaza presente a la existencia misma de los Estados soberanos de Brasil, Argentina, a toda la región de América Central y América del Sur, y a toda la civilización. Esta transformación gradual de la teoría y la práctica militares de los Estados Unidos, los angloamericanos y la OTAN se inició con la expulsión de MacArthur, la cual produjo de inmediato la tontería de una especie de guerra prolongada en Corea, que se reescenificó después de manera más extrema y desastrosa en la guerra de los Estados Unidos en Indochina (Vietnam, Laos y Camboya), y luego en el inicio, en 1979, de la prolongada guerra geopolítica en Afganistán por parte del utopista fanático Zbigniew Brzezinski. Vivimos hoy día en las circunstancias combinadas de la acometida de la desintegración del presente sistema monetario-financiero mundial y los esfuerzos de los cómplices de Brzezinsky de desatar un estado generalizado de "choque de las civilizaciones", de guerra religiosa y étnica planetaria. Hay ciertas enseñanzas de la historia moderna que deben recibir la mayor atención de las fuerzas políticas serias en todas partes. La enseñanza principal a tener presente debe ser el desastre que el emperador fascista Napoleón Bonaparte encontró en su campaña rusa de 1812, campaña en contra de la cual la mente militarmente superior de Lázaro Carnot previno explícitamente al propio emperador vuelto bandido.

La alternativa estratégica
Consideremos, pues, el concepto de ciudadano soldado y el principio de defensa que defendió y practicó Carnot, y que adoptaron los aliados rusos de Scharnhorst, entre otros, respecto a la campaña de 1812 de Napoleón en Rusia. El único propósito justificado de la guerra es crear una condición de paz más o menos duradera. Esta orientación exige derrotar al adversario, pero nunca el exterminio práctico o el aplastamiento del pueblo derrotado. La intención debe ser definir a la nación derrotada como un pilar esencial de una paz de posguerra; es mejor que su derrota provenga de que acepte ese papel futuro de brillante pilar de la paz en el orden de posguerra. MacArthur lo ilustró de modo brillante en la Guerra del Pacífico de 1941–1945, sobre todo cuando la línea de conducta de MacArthur se compara con las batallas sangrientas pero

innecesarias que libraron en el Pacífico comandantes estadounidenses de convicciones opuestas y erradas. El plan de MacArthur de bloquear al Japón había puesto a las islas al borde de la capitulación inminente e inevitable; el uso de bombas nucleares contra civiles fue una de las mayores necedades morales y estratégicas de los últimos cincuenta y seis años. En todo sentido, ni la guerra ni la búsqueda perpetua de nuevos enemigos plausibles por parte de legionarios locos son la condición normal de la humanidad. La guerra, en la medida en que esté justificada, es una fase en el esfuerzo de la humanidad de alcanzar ese orden "multipolar" preceptuado por el entonces secretario de Estado John Quincy Adams, como una comunidad de principio entre Estados nacionales republicanos perfectamente soberanos. Con este fin, el ansia del legionario por hallar nuevos enemigos víctimas, y librar nuevas guerras, debe enfrentarse con la insistencia filosóficamente republicana en el principio de la estrategia de defensa del ciudadano soldado, principio del que dan ejemplo Carnot y Scharnhorst. Tal como la estrategia de defensa derrotó a las supuestamente invencibles "Waffen-SS" del Grand Armée de Napoleón, así debemos apoyarnos hoy día en el mismo principio subyacente de una estrategia de defensa. El soldado debe ser un constructor de profesión, no un asesino. En contra de los aristocráticos guerreros de gabinete del siglo 18, Carnot fue un científico e ingeniero que defendió las enseñanzas de los métodos de defensa de Vauban. Scharnhorst fue un ciudadano educado de acuerdo con el programa diseñado por el gran Moisés Mendelssohn en la academia militar de Guillermo Graf Schaumburg-Lippe.

El soldado como ingeniero
En 1792–1794 Carnot derrotó a todos los ejércitos extranjeros empeñados en destruir y descuartizar a Francia; lo hizo no sólo con la leva en masa, sino con la combinación de principios excelentes de mando con el programa más grande de ingeniería científica emprendido en la historia mundial hasta ese momento. El concepto de Scharnhorst del papel esencialmente decisivo del ciudadano que sirve como soldado, y el desarrollo del principio del estado mayor general por parte de Carnot y de Scharnhorst produjo la forma más eficaz de programa militar moderno. Fue un programa basado en el principio de la defensa estratégica, y basado en el desarrollo educativo y científico-técnico del ciudadano del Estado nacional republicano soberano. Estas cualidades características subrayadas por esos grandes pioneros de la estrategia moderna de defensa se debe contrastar con los rasgos característicos de la moralidad y la práctica de los utopistas fascistas universales de la práctica militar y conexa contemporánea. Para los propósitos de la estrategia, la expresión clave de esa diferencia descansa en el hecho de que el ejército republicano vence construyendo potencial económico, en tanto que el utopista trata de vencer mediante sus intentos de destruir ese potencial. Ahí reside la clave para rebasar por el flanco la estrategia del utopista. Alrededor de la mitad del potencial económico per cápita de cualquier nación descansa esencialmente en el desarrollo de lo que se llama infraestructura económica básica. Esto abarca programas dirigidos por el Estado para revolucionar la calidad de la tierra mediante grandes obra hidráulicas, redes nacionales y regionales de transporte colectivo, redes nacionales y regionales de electricidad de creciente densidad de flujo energético, organización urbana y sistemas educativos que eduquen a toda la población según normas clásicas de educación en la ciencia y la cultura clásica. Anque algunas partes de esto las pueden realizar empresarios privados, la responsabilidad inenajenable de desarrollar, mantener y regular la infraestructura económica básica reposa en los poderes ejecutivos del gobierno nacional. Toda la estructura económica básica debe estar

regulada por las instituciones correspondientes de los gobiernos nacional, estatales y locales, así el trabajo lo hagan o no entidades gubernamentales o concesionarios privados. Históricamente, el cuerpo de ingenieros militares, o lo que son en efecto las mismas funciones realizadas efectuadas por los militares con otras designaciones, ha sido un elemento decisivo dentro del esfuerzo nacional total. Las contribuciones pasadas del Cuerpo de Ingenieros Militares de los EUA es ilustrativo. Los grandes dirigentes militares nunca pasaron por alto las implicaciones tácticas del adiestramiento de una fuerza nacional militar y sus reservas como un recurso de ingeniería. Las cualidades superiores de combate del soldado alemán, desarrolladas bajo Moltke de acuerdo con la intención de Scharnhorst, es una demostración impresionante de esta idea. En gran medida en este aspecto, el logístico, el soldado estadounidense, menos capaz que el alemán en ecuaciones de combate, cumplió su misión en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, combinando las dos experiencias nacionales, y las de otras naciones, debemos de reconocer el papel de la combinación de los programas de educación humanista clásica y el progreso técnico para crear las bases sociales para poner en práctica de modo exitoso la doctrina de Auftragstaktik de la que dependía sustancialmente la excelencia de la unidad militar alemana en el combate. A los que han caído en el garlito de admirar a los utopistas les decimos: "Soldado, ¿puedes reconstruir lo que acabas de volar en añicos?" Hoy en día, por todo el mundo, nos enfrentamos a una terrible reducción de la capacidad productiva del trabajo en comparación con el pasado. Argentina ofrece el ejemplo más claro de la destrucción del potencial económico de una nación por los efectos de la política de los EUA posterior a 1964, en especial posterior a 1971, así como la política hemisférica posterior a 1982. Por toda América, hay un enorme déficit de desarrollo de infraestructura ecnómica básica. Como en Argentina y Brasil, parte del potencial más vasto y rico de todo el planeta sigue desaprovechado merced (en lo principal) a la intromisión extranjera para evitar ese desarrollo de la infraestructura económica básica de la cual depende la realización de esas vastas posibilidades. Dadas las hordas de desempleo y mal empleo en masa, y dada la necesidad urgente de volver a poner a esas economías en condiciones físico-económicas de generar excedentes, la principal oportunidad inmediata de aumento rápido del empleo útil reside en ejecutar planes demorados de desarrollo de la infraestructura en gran escala. Para mucho de este trabajo, los equipos de ingeniería militar desempeñan un papel indispensable. Esta iniciativa del lado militar aporta luego el cuerpo principal del esqueleto sobre el que el lado civil de la construcción de infraestructura añade el músculo y la carne. El uso del principio de la soberanía perfecta del Estado nacional para someter sistemas financieros corruptos a reorganización por quiebra bajo la dirección del Estado, así como para movilizar y dirigir, simultáneamente, el crédito nacional creado para expandir en grande el empleo en la construcción de infraestructura y otras empresas productivas, es el único modo de defender y salvar naciones en las circunstancias presentes del mundo en general. Las alternativas a dicho conjunto de medidas son, todasd, consecuencias horribles para la nación y la humanidad en su conjunto.

La guerra al terrorismo
En conclusión, subrayo lo siguiente sobre el asunto de la llamada "guerra al terrorismo". Las directrices fascistas universales de utopistas decadentes como Brzezinski y Huntington vencen destruyendo lo que consumen. Han debilitado así las fuerzas mismas de las que depende la fuerza de su capacidad. Por desgracia, con esa misma lógica, la conducción

presente del despliegue militar estadounidense so capa de la "guerra al terrorismo" tiende a derrotar el propio propósito declarado de esa campaña. La fuente primera del problema se ubica en el erróneo uso popular actual de la palabra "terrorismo". Hay un fenómeno que corresponde a algo de eso que la política actual llama "terrorismo internacional". Por desgracia, la carencia de precisión en las definiciones de los términos crea un problema potencialmente tan mortífero como el terrorismo mismo. La palabra apropiada para el problema no es "terrorismo". El verdadero problema es la invención utópica de la llamada "guerra especial" en los últimos 50 años cuando menos. Las nuevas doctrinas y prácticas de la "guerra especial" se adaptaron de las nuevas condiciones definidas por el intento declarado de H. G. Wells y Bertrand Russell de usar las armas nucleares como una amenaza tan terrible que, como ellos lo afirmaron, las naciones le cediesen su soberanía a un gobierno mundial, para evitar la guerra. Los Estados, por lo tanto, se atuvieron cada vez más a formas encubiertas de "guerra irregular", en tanto medio de dirigir la guerra contra otras naciones, o contra grandes secciones de su propia población. Un ejemplo de ello es la manera en que los elementos fascistas italianos que los Estados Unidos y la Gran Bretaña incoropraron en la organización secreta de la posguerra "Gladio" se usaron como instrumento en las operaciones terroristas angloamericanas e israelíes en contra de Italia en la década de 1970. el asesinato de Aldo Moro fue un ejemplo notable; el asesinato previo de Enrico Mattei de Italia y los intentos de asesinar al presidente de Francia Charles de Gaulle, son también ejemplos del mismo método. Bajo Henry A. Kissinger y Zbigniew Brzezinski, asesores de seguridad nacional de los Estados Unidos, el uso creciente en gran escala de la guerra irregular con ejércitos privados financiados en gran parte mediante el tráfico de armas y de drogas, se convirtió en la política más importante a seguir. Ejemplo importante de esto fue el asunto "Irán-contra". La adopción de tales formas de "guerra especial", que inició Brzezinski a gran escala en Afganistán, corrió parejas con una purga acelerada en las instituciones militares, entre otras, en contra de las capacidades y perspectivas tradicionales, con creciente insistencia en convertir a los soldados en frenéticos "asesinos Nintendo". Para derrotar lo que legítimamente se ha denunciado como terrorismo internacional tenemos, primero que todo, que eliminar los sistemas de lavandería de dinero ligados al el tráfico de drogas y otros problemas conexo. Los gobiernos correspondientes, hasta el momento, no están dispuestos a hacerlo. Sin embargo, tenemos que hacer otras dos cosas. Tenemos que arrancar de raíz la capacidades de acción de los que hicieron el ataque del 11 de septiembre, capacidades que existe únicamente dentro de las instituciones militares de las principales potencias. Tenemos que rebasar por el flanco a los guerreristas utópicos con nuestra arma del crecimiento económico en contra del arma de la destrucción lunática. Si no sacamos valor para defender el crecimiento económico en contra las exigencias de desmantelar los elementos esenciales de nuestras economías, nosotros, por nuestra propia negligencia, nos habremos rendido ante el reino utópico de la destrucción general de toda la humanidad. Un patriota haría lo que sea con tal de impedir que esa era de tinieblas caiga sobre toda la humanidad.

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