La cuasi revolución keynesiana

Bruno Carballa Smichowski FCE – UBA Buenos Aires, Argentina bcarballa@gmail.com Septiembre - 2010

Resumen
El presente trabajo tiene por objetivo desentrañar algunos límites y contradicciones de la Teoría General de J.M. Keynes y poder entenderlos y explicarlos desde una perspectiva epistemológica. Para ello, se pondrá esta obra en perspectiva con los pilares teóricos y epistemológicos de la escuela económica de donde surgió, la neoclásica. Se identificarán rupturas con el pensamiento neoclásico, pero también dos importantes continuidades que harán que Keynes falle en comprender las categorías económicas fundamentales. El enredo teórico más importante que se desarrollará será el relativo al valor. Se verá que en la obra conviven tres teorías del valor incompatibles entre sí que dan cuenta del precio que Keynes pagó por no resolver las contradicciones que surgieron en su desarrollo. Finalmente, veremos por qué la Teoría General fue tan seductora para la academia de la ortodoxia de su época y a la vez constituyó un peligro que se iría neutralizando mediante su transformación y tergiversación. La llegada que tuvo la Teoría General pero que el marxismo nunca logró, el peligro que ésta supuso para la ortodoxia y los problemas y contradicciones teóricos de la obra de Keynes están interrelacionados. Buscaremos comprender esta relación y la razón de ser de sus componentes.

La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (TG), de John Maynard Keynes, es considerada un libro revolucionario en la literatura económica que dio origen a la macroeconomía. En efecto, al momento de su aparición en 1936, la escuela clásica había pasado a la historia y el marxismo circulaba lejos de Estados Unidos, hogar del mainstream. La escuela económica que dominaba el pensamiento occidental cuando Keynes publicó su obra magna era (y hoy sigue siendo) la neoclásica. Keynes logró cautivar rápidamente a la academia estadounidense. Supo hablar el mismo idioma de los neoclásicos (recordemos que era discípulo de Alfred Marshall) y los atrajo hacia su nueva escuela de pensamiento económico. Hubo respuestas críticas desde la ortodoxia, pero en cuestión de unos pocos años ya la mayoría de la academia vivía en un mundo keynesiano. Keynes logró lo que ni la olvidada escuela clásica ni el subterráneo marxismo habían podido: atraer al mainstream hacia su propio pensamiento. No obstante, con el correr de los años, el keynesianismo fue mutando y mermando. Las tergiversaciones de la TG que se dieron tanto desde el lado de los autodenominados keynesianos como desde los profetas de la síntesis neoclásica-keynesiana, sumadas a la embestida de los nuevos clásicos, mostraron que el mainstream rápidamente huyó de las ideas de Keynes. Desde un punto de vista más teórico, la búsqueda de los microfundamentos de la macroeconomía (que pasó a ser el Santo Grial de la ciencia maldita) refleja la desesperación de la escuela neoclásica por situar a Keynes dentro suyo. Parece entonces que el mainstream se ha estado proponiendo durante décadas destruir o fagocitar al keynesianismo. Cabe preguntar entonces por qué la escuela neoclásica, que en un principio se convirtió a las propuestas del keynesianismo, inmediatamente se esforzó por malinterpretarlo para adaptarlo a sus ideas o sencillamente destruirlo. ¿Y por qué Keynes logró seducir a la escuela neoclásica, mientras que el marxismo no? Otro interrogante nos surge como camino hacia las respuestas: ¿cuán revolucionaria fue la Teoría General en términos teóricos? ¿Qué rupturas y qué continuaciones hubo en la TG respecto a la teoría neoclásica a nivel teórico y epistemológico? El desarrollo que sigue tiene por objetivo responder a estos planteos.

Las bases teóricas y epistemológicas de la teoría neoclásica

Antes de dar el primer paso en nuestro análisis es conveniente definir cuáles son las bases teóricas y epistemológicas de la teoría neoclásica con las que compararemos la TG. Intentaremos mencionar brevemente sus componentes sin detenernos en su desarrollo, esperando que el lector tenga un conocimiento básico de economía neoclásica. Si bien la claridad expositiva y los objetivos de este trabajo llevan a presentarlos como puntos aislados, es importante notar que todos ellos se articulan entre sí y es justamente la interrelación de los puntos lo que construye el pensamiento neoclásico al que responde la TG. Nos referiremos a lo que consideramos que son los pilares teóricos y epistemológicos que subyacen en los autores neoclásicos en general, sin centrarnos en alguno en particular.

Uno de los elementos clave del pensamiento neoclásico es la confianza absoluta en el mercado. De acuerdo a esta escuela, éste es el mejor mecanismo de asignación de recursos posible y además siempre halla (bajo circunstancias “normales1”) su equilibrio. No sólo eso: una economía de mercado (un conjunto de mercados interrelacionados) siempre logra, bajo circunstancias “normales”, llegar al mejor estado posible, de pleno empleo, en donde todos los que quieren trabajar pueden hacerlo y la prosperidad sólo depende de la voluntad y la racionalidad inherente de los hombres, mientras que la distribución de la riqueza es la más justa posible. Esto implica que se cumple la Ley de Say, según la cual toda oferta crea su propia demanda. El aceite que permite el funcionamiento de los mercados es el dinero. Éste no cumple otra función más allá de la transaccional; es tan solo un numerario. Otro rasgo distintivo neoclásico es su metodología científica: el individualismo metodológico. El análisis que hace la economía neoclásica parte del individuo para explicar el todo. La teoría del consumidor y la teoría del productor explican cómo se comporta el individuo perfectamente racional, lo que a su vez explica el funcionamiento del mercado y así se termina determinando cómo funciona la economía. En el corazón de todas las explicaciones y justificaciones neoclásicas está entonces la maximización de la utilidad y de los beneficios de los individuos y las firmas. Hemos mencionado un concepto muy importante que tiene peso por sí mismo en el pensamiento neoclásico: la racionalidad. De acuerdo a la escuela neoclásica, todos los individuos son perfectamente racionales, entendiendo por racionalidad la búsqueda de la mayor utilidad o ganancia individual posible de la manera más eficiente dados los medios del individuo. Los individuos son aquí comparables a una computadora que optimiza constante y perfectamente pensando nada más que en sí mismos. Esta visión tan evidentemente apartada de la realidad ha ido modificándose con el tiempo desde la misma escuela neoclásica, pero su esencia nunca ha sido cuestionada. El desarrollo de la racionalidad limitada (bounded rationality) ha intentado relativizar el concepto de racionalidad alegando que si los individuos no responden a este arquetipo casi robótico es porque carecen de información perfecta o de la oportunidad, los medios o la capacidad de elegir lo que es óptimo para ellos. No obstante, si bien pueden tener sus limitaciones, los individuos siempre elegirán, dadas sus limitaciones, lo que resulte de optimizar su utilidad o ganancia individual. Esto significa que los individuos pueden ser o estar limitados, pero incluso limitados son guiados por la racionalidad más perfecta y nada más. Otro punto central en el pensamiento neoclásico es su teoría subjetiva del valor, la cual indica que el valor es generado por la utilidad subjetiva que los individuos le dan a los bienes y la escasez de éstos. Esto implica que todos los factores de producción (tierra, capital y trabajo) sean retribuidos por haber contribuido a producir algo que obtiene su valor fuera de la producción. Por último, podemos mencionar que todo esto se articula en el pensamiento neoclásico dentro del análisis marginalista, que funciona como marco analítico. Todas las acciones individuales que configuran el comportamiento agregado se realizan de acuerdo
Las condiciones normales de la escuela neoclásica son las de competencia perfecta, a saber: información perfecta, atomización del mercado, bienes homogéneos, costos de transacción nulos y libre entrada y salida del mercado. El lector podrá apreciar que en la vida real estas condiciones son más bien excepcionales por no decir irrealizables.
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comparaciones entre ingresos/utilidad/ contra costos/desutilidad hasta el valor marginal, lo cual permite determinar los equilibrios mediante la modelización matemática del comportamiento. El análisis marginalista, principal herramienta analítica neoclásica, es una herramienta de alcance limitado. Sólo se aplica al mercado, y por ende el análisis marginalista es un análisis del mercado y nada más. En resumen, podemos indicar que éstos son los componentes interdependientes que, relacionándose entre sí, constituyen el pensamiento neoclásico: • El mercado, mejor mecanismo de asignación de recursos posible, tiende al equilibrio bajo condiciones “normales”. Funciona con la ayuda del dinero, que tiene un carácter meramente transaccional. En una economía de mercado, siempre hay mecanismos autocompensatorios en la economía que logran que, mercados de por medio, se reestablezca el equilibrio y se pueda llegar a una situación de pleno empleo. El individualismo metodológico: el comportamiento agregado se puede explicar como la suma de los comportamientos individuales. La racionalidad: los individuos, aun limitados de diversas maneras, siempre actúan maximizando su utilidad/ingreso de la forma más eficiente posible. El valor de los bienes surge de y es proporcional a la utilidad subjetiva que generan en los individuos y su escasez. Análisis marginalista (que está circunscrito al mercado).

La escuela neoclásica se encarga entonces de estudiar la economía buscando los equilibrios mediante un análisis marginalista y basándose en las acciones racionales de los individuos. Podríamos señalar otros elementos clave de esta escuela, pero consideramos que se trataría de elementos derivados de los ya mencionados. Por ejemplo, la teoría cuantitativa del dinero surge, como muestra Keynes en la TG, de combinar la idea del dinero como un numerario con el cumplimiento de la Ley de Say.

Rupturas con la tradición neoclásica en la Teoría General

Cualquiera que haya leído la Teoría General tiene claro desde el prefacio que Keynes se rebela contra muchos de los componentes teóricos y epistemológicos comunes a las teorías neoclásicas. Mencionaremos contra cuáles y analizaremos qué propone Keynes para reemplazarlos y así intentar fundar su propia escuela. La Teoría General tiene por uno de sus principales objetivos demostrar que si bien la economía tiende a generar equilibrios, éstos difícilmente sean óptimos a nivel agregado. No hay según Keynes mecanismos autocompensatorios en la economía que garanticen el pleno empleo, “el mejor de los mundos posibles”. Esto no se debe a que no se cumplan las condiciones de competencia perfecta o condiciones “normales” (que más bien deberían ser llamadas “condiciones excepcionales”). Keynes llega a sus conclusiones sin introducir problemas de competencia imperfecta o de desequilibrio, a diferencia de lo que muchos llamados keynesianos2 eligieron interpretar. Keynes explica esto señalando que los mercados de trabajo, de bienes y el de capital, que en la teoría neoclásica funcionan como mecanismos de compensación en el sistema económico, no logran reestablecer el equilibrio general. En efecto, demuestra que no puede existir un mercado de trabajo, sino que el nivel de empleo se determina unilateralmente de acuerdo a las expectativas sobre la demanda. Por otro lado, critica la concepción del mercado de capital neoclásica para proponer una versión propia en la que todo ahorra no se convierte en inversión necesariamente, lo que impide que la economía tienda por sí sola al pleno empleo. Por último, la determinación de precios generales de la economía se da en Keynes como el último eslabón de la cadena causal, una vez determinado el nivel de empleo, y no como interacción entra una oferta y una demanda global. El esquema de mercados altamente interrelacionados que se compensan en el agregado es reemplazado por un sistema en el que la economía es una cadena causal en la que cada mercado determina una variable que luego afecta al mercado siguiente. Así, todo queda determinado en un punto que sólo por casualidad o designio puede ser el de pleno empleo. El mercado por sí solo no es entonces un asignador óptimo de recursos. El dinero es otro de los puntos de ruptura centrales con la escuela neoclásica en la Teoría General. Keynes muestra que éste tiene más funciones que la transaccional. El dinero es también una reserva de valor en la que se manifiestan las expectativas y es el nexo entre el presente y el futuro. Puede incidir en el volumen de la producción, a diferencia de lo que sostiene la escuela neoclásica, la cual se aferra a la teoría cuantitativa del dinero. Un aspecto interesante de la Teoría General es que su análisis en ningún momento recurre al individualismo metodológico. Por ejemplo, Keynes analiza el consumo como un todo en la economía que es función del ingreso. Hace la diferencia entre los factores objetivos y subjetivos que pueden llevar a las personas a gastar una mayor o menor proporción de su ingreso, pero no aplica el concepto de maximización de utilidad en ningún momento. Analiza los conceptos y las variables desde el agregado para luego ver qué puede hacer que los individuos modifiquen su acción (y por ende, el valor de las variables), pero no trata de analizar al individuo para luego deducir los conceptos y el
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Por ejemplo, Leijonhufvud y Mankiw.

valor de las variables. Esta es una ruptura epistemológica clave, ya que Keynes está rompiendo con la tradición neoclásica del individualismo metodológico, intuyendo que, en la economía, la suma de las partes no es igual al agregado y que para estudiar a esta ciencia social hay que estudiar a la sociedad, no al individuo. Para Keynes la economía debe buscar las leyes sociales, no las individuales, ya que ambas categorías no son ni iguales ni equivalentes. Asimismo, como veremos a continuación, el concepto de racionalidad deja de ser la única herramienta detrás de los movimientos de la economía, lo cual complica el uso del individualismo metodológico. Otro ejemplo de la ruptura con el individualismo metodológico en la TG es la introducción de las expectativas acerca del comportamiento de la sociedad como herramienta de análisis del economista y de los individuos que la componen. Todo movimiento en la economía neoclásica es una acción racional de individuos. Para Keynes, en cambio, esto no es así: los individuos no se comportan siempre racionalmente. Esto ocurre no porque tengan una racionalidad limitada (bounded rationality), sino porque el hombre también tiene comportamientos económicos basados en expectativas, sensaciones subjetivas, temores, incertidumbre, animal spirits y demás. Esto significa que los individuos no persiguen siempre las situaciones que maximicen su utilidad, sino que muchas veces se comportan de acuerdo a lo que sienten o esperan, independientemente de si eso es racional en el sentido neoclásico de la palabra. Esto impide una modelización precisa, ya que los comportamientos no racionales no siguen pautas que se puedan predecir. El mundo keynesiano introduce entonces la incertidumbre como uno de los generadores de la irracionalidad, algo hasta entonces ilógico para los neoclásicos, quienes concebían una economía compuesta de individuos racionales situada en el pleno empleo y capaz de regresar a él por sí sola ante cualquier shock externo.

Continuidades con el pensamiento neoclásico en la Teoría General

Si bien hemos señalado muchas importantes rupturas con el pensamiento neoclásico en la TG, es preciso analizar los puntos en los que Keynes continuó con la tradición académica en la que fue educado. Trataremos de mostrar que intentó aferrarse a dos de los pilares del pensamiento neoclásico: la teoría del valor y el análisis marginalista. Entendemos a este último no sólo como herramienta, sino también como corral que limita el análisis al mercado. Expondremos por separado qué problemas teóricos le causó intentar sostener cada uno de estos pilares, pero el lector podrá apreciar las conexiones que iremos haciendo entre ellos. Esto se debe a que ambos se unen para formar las fundaciones del edificio neoclásico. Cuando se examina la TG en busca de una teoría del valor se encuentra que en realidad hay una mezcla de teorías según el capítulo o el párrafo que se lea. Podemos hallar en Keynes una teoría del valor trabajo, una teoría del valor por la utilidad y una teoría del valor por escasez. Keynes dice explícitamente:

“Simpatizo con la doctrina preclásica [se refiere a la clásica, BCS] de que todo es producido por el trabajo, ayudado por lo que acostumbraba llamarse arte y ahora llamamos técnica, por los recursos naturales libres o que cuestan renta, según su escasez o abundancia, y por los resultados del trabajo pasado, incorporado en los bienes que también tienen precio de acuerdo a su escasez o con su abundancia. Es preferible considerar al trabajo.... como el único factor de producción.”3 Antes de eso, dedica el capítulo cuatro a mostrar que las unidades más aptas para la medición económica son el trabajo y el dinero, como para señalar la importancia de medir el valor correctamente: dado que el trabajo lo genera, es en trabajo que debería medirse. La teoría del valor trabajo es la oficial y más desplegada en la TG, pero sin embargo Keynes termina recurriendo en algunos momentos a otras teorías del valor para salvar sus dificultades teóricas. La teoría del valor por escasez puede encontrarse también en el capítulo 16. Este capítulo está dedicado al capital (entendido tal y como lo entiende la teoría neoclásica, como maquinaria o todo objeto físico que participe de la producción) y afirma que el capital es valioso porque es escaso. El retorno que ofrece, dice Keynes, se debe a que es escaso. Podemos advertir que existen varios problemas con esta explicación. En primer lugar, Keynes toma un proceso de valorización complejo y social y lo esquiva diciendo que simplemente el valor que recibe quien posee el capital a lo largo del tiempo es una consecuencia de una propiedad del capital, la escasez. Así, desliga al capital del proceso de producción social. Si el trabajo es el único que produce y el capital tan sólo ayuda, la única razón para remunerar al capital debe ser, a ojos de Keynes, que éste posea una fuente de valor diferente. Con esto Keynes mantiene una idea neoclásica clave, la de que el capital crea valor. Es lo que está implícito en su análisis marginalista en el que el capital aparece como factor de producción. Por otro lado, Keynes no es consecuente consigo mismo cuando analiza el capital, ya que en ningún momento menciona que el trabajo es el único factor que produce los bienes de capital, por lo que no está reconociendo que el trabajo participa al menos parcialmente en la forja del valor de los bienes de capital. No obstante, se está justificando por qué el capital posee valor, no por qué genera un excedente de valor. En ningún momento se explica por qué la escasez, además de darle valor al capital (valor que luego podría “transmitirse” al bien final), hace que éste arroje más valor que el necesario para producirlo. Vemos entonces que Keynes recurre a una doble teoría del valor en el capítulo 16 para poder darle cabida a la retribución al capital. Es importante resaltar algo sobre lo que Keynes no se explaya: el trabajo es el único que produce, lo cual no implica que es el único que genera valor. Deliberadamente o no, Keynes hizo una interpretación libre de los clásicos, en donde el trabajo es lo único que genera valor. No obstante, en el capítulo 4 Keynes mide el valor utilizando al trabajo y al dinero como unidades de medida… Parece que nunca hay una definición concreta al respecto, ya que cualquier posición resaltaría las contradicciones que estamos exponiendo. En segundo lugar, la utilización del valor por escasez es errada. David Ricardo señala en su Principios de Economía Política y Tributación que los bienes que poseen valor por escasez son aquellos que no son reproducibles. Keynes, no obstante, aplica el concepto de escasez de manera un poco más amplia, como lo hicieron los padres de la economía neoclásica como León Walras, cuando esa escuela aún discutía el valor. La
John Maynard Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, capítulo 16, apartado II.
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escuela neoclásica considera que todos los bienes tienen valor por escasez pues todos los bienes serían, sin importar si son reproducibles o no, escasos por definición. Keynes parece retomar de los neoclásicos la utilización del concepto de escasez para bienes reproducibles y lo aplica tan solo a los bienes de capital. Llegamos al tercer punto problemático de la teoría del valor por escasez: su inconsistencia con las otras teorías del valor presentadas. El capital parece ser un tipo de bien que por estar limitado por la tasa de interés es escaso, mientras que los demás bienes no. Eso hace que tenga una fuente de valor diferente o al menos complementaria con la fuente del valor de los demás bienes de acuerdo a Keynes, el trabajo. No se explica cómo es que la escasez valoriza el valor ni qué relación hay entre estas dos fuentes de valor. Además, dado que Keynes identifica al dinero como un bien durable (un bien de capital) más, esto hace que el capital se mantenga escaso por competir contra sí mismo, algo que sin embargo no ocurre con los bienes de consumo. Como si las contradicciones no fueran ya suficientes, parece existir en la TG una tercera fuente de valor muy neoclásica: la utilidad. Cuando Keynes quiere explicar por qué la tasa de interés es la que pone el freno a la eficiencia marginal del capital, dice que el dinero es un bien de capital que, como cualquier otro, ofrece un retorno. La particularidad del dinero estaría en que es el bien de capital cuyo retorno (la tasa de interés) disminuye más lentamente a medida que aumenta su producción. Esto ocurre, según Keynes, porque existen tres atributos que poseen los bienes de capital: producir algo (asistiendo la producción u ofreciendo un servicio), desvalorizarse o implicar costos de mantenimiento durante el tiempo y ofrecer una prima por liquidez. El dinero ocuparía el lugar privilegiado por tener costos de mantenimiento casi nulos y la mayor prima de liquidez siempre. El valor del dinero entonces, está dado por la prima de liquidez que puede ofrecer. Ahora, ¿qué es esta prima sino una utilidad que genera el bien dinero? Puede observarse que Keynes está diciendo implícitamente que lo que le da valor al dinero es la utilidad que genera. En su afán por descubrir por qué tiene valor de cambio el dinero, termina concluyendo que éste posee una propiedad intrínseca (la de ser muy líquido, ser valor de cambio) que le genera una utilidad a su poseedor, lo cual explica la tasa de interés. Keynes no muestra qué es lo que le da valor al dinero y hace que pueda igualarse en el intercambio con otros bienes, sino que postula la capacidad del dinero de intercambiarse con los bienes y transforma esa capacidad en una utilidad que le daría origen al valor del dinero y explicaría la tasa de interés. Tenemos entonces una tercera teoría del valor para un tercer bien, el dinero, que el propio Keynes identifica como un bien durable más. Se puede apreciar esta contradicción: los bienes durables, vale repetir, poseen y generan valor por ser escasos…. Parecería que Keynes intenta salvar los problemas que le genera profundizar a nivel teórico acera de las categorías elementales recurriendo a una fuente de valor conveniente cada vez. En la escuela neoclásica, debido al amplio uso del término “escasez”, la teoría del valor escasez y la del valor por utilidad forman una sola. Aun así, Keynes incurre en graves contradicciones al emplear estas tres teorías, que no son dos porque la escasez parece aplicarse a todos los bienes durables menos al dinero. Es importante señalar que esta utilidad es, de acuerdo a Keynes, algo determinado socialmente y no subjetivamente como en la teoría neoclásica4. Otro problema que surge de la teoría del valor por
“La concepción de lo que contribuye a la “liquidez” es en parte vaga, ya que cambia en el tiempo y depende de las prácticas sociales y de las instituciones”. John Maynard Keynes, The General Theory of Employment, Interest and Money, capítulo 17, p. 240. Traducción de BCS.
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utilidad es que, aplicada nada más que al dinero, nos está diciendo que lo que le da valor al dinero está desconectado de lo que le da valor a los bienes, cuando el dinero debería expresar el valor de estos últimos. La confusión es aun mayor si volvemos al capítulo cuatro (“Unidades de medida”), en el que Keynes, haciendo uso del análisis marginalista, toma la condición de salario real igual a productividad marginal para justificar la ponderación de los distintos trabajos y así lograr la homogeneidad de el trabajo. El salario, al ser un precio medido en dinero, se mezcla con el trabajo para obtener el valor de la economía en general. Se genera una amalgama de teorías del valor para explicar, por caminos distintos y contradictorios, el valor de toda la economía. Aun así, Keynes no incluye la teoría del valor escasez para medir el valor que genera el capital en la economía. Quizás porque cree que éste se refleja en las horas de trabajo de quienes son empleados cuando hay retornos del capital. Pero eso no lleva a Keynes a intentar justificar la absurda transformación del valor por escasez en un equivalente valor trabajo, o al menos a preguntarse si no es que el trabajo es la verdadera y única fuente del retorno que ofrece el capital. También hay una inconsistencia con la fuente de valor del capital, la escasez. Si el dinero no es más que un bien de capital más (posee las mismas tres propiedades que los otros, sólo que en una proporción particular), parece injustificable que tenga una fuente de valor que no sea la escasez. Otro de los componentes del pensamiento neoclásico que pueden hallarse en Keynes es el análisis marginalista. Éste no es utilizado para explicar el comportamiento de los consumidores, pero está presente en el resto del sistema económico. En efecto, Keynes sostiene explícitamente el primer postulado del mercado de trabajo neoclásico, el cual surge de la maximización del beneficio de las empresas mediante un análisis marginal. El valor de los salarios nominales y de los precios es entonces determinado por la productividad marginal del último factor de trabajo agregado. Este análisis marginal implica la aceptación de la teoría del valor neoclásica y la explicación de las ganancias neoclásica. Según esta escuela económica, el hecho de que el capital produzca bienes que tienen valor y la retribución a los factores de acuerdo a la productividad marginal del último factor explican, rendimiento marginal del trabajo decreciente mediante, las ganancias en la economía. Al respecto, Keynes señala que en realidad el trabajo no es cada vez menos productivo cuanto mayor es la cantidad de trabajadores, sino que ir agregando trabajadores hace que, dado un capital fijo, se pueda obtener cada vez una proporción menor de producto per cápita. Además, Keynes dice que sólo el trabajo produce. Cabe preguntarse: si el capital no produce, ¿por qué es retribuido? Ese problema, ya relevado y analizado en los párrafos precedentes, no lo lleva a descartar el análisis marginalista como método para dilucidar las principales categorías económicas, sino que lo conduce por el arduo camino del valor. El resultado, como ya hemos visto, es sumamente problemático. Además del problema de la ganancia, vamos a encontrar otras dificultades que surgen como consecuencia de aferrarse al análisis marginalista del mercado. Estas dificultades que mencionaremos se encuentran Tres Keynes en la Teoría General5, de Axel Kicillof, y tienen que ver con el dinero. El primero de estos problemas es que Keynes presenta dos teorías de determinación de la tasa de interés incompatibles entre sí. En un principio, analizando al dinero como bien en un mercado (aferrándose al marginalismo), explica que la tasa de interés es el precio
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Kicillof, A. “Tres Keynes en la Teoría General”. Documentos del CEPLAD, noviembre de 2002.

de mercado que surge de una oferta (cantidad de dinero disponible) y una demanda que depende de la preferencia por la liquidez, la cual a su vez se debe a distintos factores de la psicología social. Más adelante, ya en los capítulos oscuros, Keynes presenta al dinero como un bien de capital más. Como todo bien de capital, dice, su retorno o tasa de interés medida en términos de sí mismo depende de en qué medida se manifiesten sus tres propiedades ya mencionadas: producir algo (asistiendo la producción u ofreciendo un servicio), desvalorizarse o implicar costos de mantenimiento durante el tiempo y ofrecer una prima por liquidez. Por un lado tenemos un enfoque de mercado marginalista, mientras que por el otro se recurre a la caracterización del dinero como un bien de capital más y se explica la tasa de interés recurriendo a argumentos totalmente distintos. Cuando Keynes debe explicar por qué cuando el dinero es el bien de capital cuya tasa desciende menos al aumentar su producción, da dos razones. La primera es que su elasticidad de producción es muy baja o cero, o sea, que es muy difícil o imposible para un privado producirlo. La segunda es que cuando el valor del dinero sube, no hay tendencia a sustituirlo por otro bien, ya que la utilidad del dinero se deriva únicamente de su valor de cambio. Al respecto, Kicillof comenta que la primera razón es una condición necesaria pero no suficiente para distinguir al dinero: todos los bienes no reproducibles la poseen (pero, irónicamente, el dinero, que como el capital es entonces también escaso, no deriva su valor de su escasez). Por otro lado, Kicillof muestra que la segunda razón no explica nada, sino que vuelve al razonamiento circular. “Un bien es dinero ¡precisamente porque posee esta ‘peculiaridad del dinero’! Se comporta como dinero porque es dinero.” Este gran problema teórico es el resultado de intentar introducir al dinero ex nihilo. Keynes intenta explicar al dinero (que él mismo señala como un elemento clave que los neoclásicos pasaron por alto) a través de su manifestación más tangible, la tasa de interés. Explicándola, pretende entender qué es el dinero, y ahí es donde falla. En el marco de nuestro desarrollo, el hecho de que Keynes introduzca al dinero desde afuera y no penetre en las categorías económicas se debe a que se aferra al método marginalista, que no sólo es una herramienta sino un corral que limita su análisis al mercado, al fenómeno. Keynes, al conservar este método, conserva también la restricción propia del análisis marginalista, lo cual lo lleva al fracaso teórico a la hora de entender una pieza clave de su propio análisis, el dinero. Por último, podemos señalar que el análisis marginalista lleva consigo una teoría de costos de los precios que Keynes utiliza implícitamente a lo largo de su obra. Nuevamente, aferrado al análisis marginalista y sus limitaciones inherentes, cae, como los neoclásicos, en dos razonamientos circulares. Por un lado, la teoría de costos dice que un precio es la suma de sus costos. Ahora, los costos no son nada más que otros precios. Por ende, los precios son determinados por precios. Si rastreamos los costos de los costos podemos seguir ad infinitum sin encontrar jamás una explicación. Por otro lado, si los precios (y por ende los costos, que son precios) se explican por la oferta y la demanda, sigue habiendo un problema, pues las teorías del consumidor y del productor implican la utilización de precios para formar las curvas que luego determinarán el precio. Nuevamente, el razonamiento es circular. Estos dos razonamientos circulares subyacen en la obra de Keynes, que aplica un análisis marginalista constante, lo cual restringe su visión científica acerca del objeto de estudio y no le permite indagar en los determinantes del precio reales.

Conclusiones

Hemos visto que Keynes realiza en la TG una ruptura tanto teórica como epistemológica respecto a la escuela neoclásica. Sin embargo, la ruptura no es total: se aferra parcialmente a la teoría del valor neoclásica y utiliza un análisis marginalista circunscrito al mercado. Decimos que se aferra parcialmente a la teoría del valor neoclásica no sólo porque, no totalmente depurado de los “pecados” neoclásicos, utilice la escasez y la utilidad como determinantes del valor en algunos momentos y en otros recurra al trabajo. Lo importante es que Keynes intenta llegar a las mismas conclusiones que los neoclásicos en lo que respecta al valor (capital que genera valor, y por ende ganancias legítimas que justifican al capitalismo) creando una amalgama de teorías del valor contradictorias y llenas de problemas teóricos cuando su análisis lo conduce a un terreno en el que la determinación de la fuente del valor lo llevaría a poner en duda las bases del pensamiento neoclásico. En ese sentido, si bien las justificaciones teóricas de Keynes escapan en algunos momentos a la teoría del valor neoclásica, Keynes sigue manteniendo de algún modo esa teoría. En cuanto al análisis marginalista, está claro que Keynes lo aplica durante toda su obra. Lo que parecía ser tan solo una poderosa herramienta analítica muestra su lado oscuro: es también una circunscripción al mercado. Mantener el análisis marginalista implica mantener un elemento teórico clave del pensamiento neoclásico que conlleva una visión acerca del objeto de estudio y de cómo estudiarlo. Keynes no puede eludir del todo en su análisis la visión que tiene la escuela neoclásica de la economía, de cómo estudiarla y por ende del recorte que realiza de la misma. Conservar algunos de los elementos del pensamiento neoclásico lo lleva a escapar sólo parcialmente a la cosmovisión y modus operandis científicos de dicha escuela. Es eso lo que a su vez también lo lleva a incurrir en grandes problemas teóricos en la TG. El análisis marginalista hace que estudie las categorías económicas fundamentales desde sus manifestaciones y falle en indagar más allá del fenómeno. La máxima expresión de estas dificultades es el hecho de que los ciclos de la economía sean explicados en última instancia por estados psicológicos de la sociedad que afectan a la inversión y no sean considerados una característica inherente al modo de producción capitalista. Al mismo tiempo, el análisis circunscrito al mercado le impide a Keynes romper con la teoría del valor neoclásica, que surge de justamente de las manifestaciones del capital en el mercado. Queda claro entonces cómo es que la TG pudo ser una revolución respecto a la escuela neoclásica en muchos sentidos (ruptura con el individualismo metodológico, fin de la creencia en los mecanismos autorregulatorios del mercado, individuos no racionales en el sentido neoclásico, fin de la neutralidad del dinero…) y a la vez una continuidad parcial del pensamiento neoclásico. Finalmente podemos volver a los interrogantes que inspiraron este desarrollo y decir que el keynesianismo tuvo la capacidad que no tuvo el marxismo de atraer y convertir a la academia neoclásica porque ofreció respuestas a problemas teóricos y prácticos (pensemos en la Crisis del 30) sin trastocar de fondo el pensamiento neoclásico, lo que

le permitió a su vez conservar su lenguaje y atraer así a más miembros de la ortodoxia. El marxismo cuestionaba a la escuela neoclásica de principio a fin, mientras que Keynes sólo lo hizo parcialmente, conservando los elementos clave de su pensamiento necesarios para no ser rechazado por la academia. Los intentos constantes en la TG de no ser tildado de socialista y de legitimar el capitalismo dan prueba de que Keynes entendía que corría el riesgo de haber creado una teoría demasiado enfrentada con la neoclásica. Pero el haber conservado dos piezas clave del pensamiento neoclásico le permitió no ser apartado de la academia y posibilitó el inicio de la revolución keynesiana. No obstante, las diferencias con la escuela neoclásica eran muchas. Eso fue lo que llevó a la academia neoclásica a intentar absorber por medio de tergiversaciones al keynesianismo y así poder reestablecer como verdades poco a poco los elementos del pensamiento neoclásico que Keynes había combatido. Irónicamente, lo que le abrió las puertas a la revolución keynesiana fue el hecho de no haber sido una revolución acabada. Y es porque la revolución no fue total que Keynes encontró graves limitaciones, problemas irresolubles e inconsistencias teóricas en su obra. La TG partió de la teoría neoclásica y logró superarla en una nueva teoría que la reinterpretó, por lo que la incorporó para lograr esa superación. No obstante, también conservó elementos que debería haber dejado de lado para que la superación fuera mayor. Las contradicciones y los problemas teóricos que señalamos dan cuenta de la potencialidad superadora que existe en la TG. De haberse sumergido enteramente en el río Estigia, la Teoría General no habría llegado a la superficie nunca, pero se habría vuelto verdaderamente fuerte…

Bibliografía
Keynes, J.M. (1936).The General Theory of Employment, Interest and Money. Londres: Macmillan Kicillof, A. (2002). Tres Keynes en la Teoría General. Buenos Aires: Documentos del CEPLAD.

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